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  • Como una madura me hizo lesbiana por un día

    Como una madura me hizo lesbiana por un día

    Esto pasó ya hace un tiempo, tendría unos 25 años, en aquella época era soltero y aunque estaba interesado en una relación estable lo cierto es que tenía otra vida de entretenerme teniendo conversaciones calientes en apps, si bien era buen parecido no era muy bueno para el “ligue” tradicional por lo que no solía ligar tanto en fiestas sin embargo en esas apps tenía mucho éxito, solía tener muchos matchs y puesto que no buscaba nada serio por ahí, solía ir directo al grano y invitar al sexo. Algunas me seguían el juego, otras me borraban, lo normal.

    Usualmente no pasaba a mayores, cuando mucho sextear por whatsapp, mandarnos fotos, hacer video llamada, etc., pocas veces me vi realmente con alguien, lo que sí es que cuando la plática lo permitía yo aprovechaba para contar mis fantasías más sucias, esas que no cuentas en general y que al contar me ponía aún más caliente.

    En una ocasión hice match con una mujer madura, tendría unos 45 años, no recuerdo su nombre, me hablaba de cosas sobre la sexualidad como esperarías de una mujer que yo describiría como “hippie” que se dedique a la sexología (no es que hasta donde yo recuerde ella se dedicara a eso) pero el punto es que era digamos “efusiva” en temas de sexualidad y por ello, puesto que la conversación lo permitió. Yo empecé a contar muchas de mis fantasías más digamos “poco comunes”

    Le conté una de ellas que requiere un poco de contexto: (quizá pronto cuente más historias sobre ello en otro relato) pero el resumen era el siguiente: desde niño solía ponerme ropa de mujer a escondidas, conforme llegué a la adolescencia empecé a hacerlo más seguido, comprarme mi ropa, etc., básicamente me veía al espejo y me excitaba mucho sentirme una “mujer sexy” y a veces la fantasía evolucionaba a tener de pareja a otra mujer eventualmente la fantasía se convirtió en yo siendo una mujer femenina e inocente que era seducida por otra mujer más dominante y tenían sexo fuerte.

    En fin… Le conté un poco de esa historia y pues ella me leyó con intereses, ella, por su parte me contó que era divorciada y bisexual que solía tener una relación abierta con su exesposo pero que finalmente no había funcionado, finalmente me invitó a su casa y aunque no me insinuó nada sobre sexo, quería seguir platicando.

    Aunque me daba nervio acepté ir, contar mis fantasías y escuchas las suyas me excitaba mucho y aunque nunca me mencionó su intereses en vivir mi fantasía conmigo decidí llevar una pequeña maleta con mi ropa de mujer favorita “por si acaso”.

    Como en aquel tiempo vivía con un roomie que conocí por internet y no éramos tan amigos, tenía algo de privacidad lo que me permitía tener una sección en mi closet cerrada con llave con todos mis “outfits” femeninos.

    Antes de salir, me rasuré bien, y escogí mi ropa favorita en aquel tiempo, un pequeño calzón tipo bikini con estampado floreado sin costuras, un pantalón de mezclilla negro skinni que sentía me daba forma, unos flats color piel que me gustaban porque soy alto y si me transformo me gusta sentirme femenina, me puse un brassier blanco con estampado a rayas azules que por alguna razón me hacían sentir como “niña de casa”, una blusa de tirantes igual con rallas azules, también saque una peluca de color castaño ondulado y finalmente un poco de maquillaje.

    Finalmente llegué a su departamento, era un departamento más bien juvenil, no algo que esperarías de una mujer madura pero estaba lleno de detalles “hippies”, cuarzos, y cosas así, ya luego me contó que cuando se divorció empezó a vivir con un roomie que efectivamente era más joven.

    Empezamos a platicar, era muy raro estar con una señora que me doblaba la edad pero era interesante explayarse tan abiertamente en temas de sexo, entre las cosas que me contó me dijo que tenía una pareja mujer con la que luego tenía relaciones (lo cual a mi excitaba mucho escuchar) y que usaban un dildo/strapon, le dije que me invitará cuando pasará algo, se rio y me dijo que no.

    Seguimos tomando y contando, yo le conté de mis experiencias y ya desinhibido y caliente decidí acercarme a ella, le tome la pierna y en un momento ya estábamos en su habitación.

    Esta fue la primera vez que estaba con una mujer madura, lo cual por si solo era muy excitante, recuerdo que nos besamos y le empecé a quitar la ropa y lamer todo su cuerpo, cosa que me encanta hacer, un recuerdo que tengo muy grabado es que me dijo que “su clítoris” era muy grande cosa que por alguna razón le daba pena pero para mi fue curioso y le dio cierto más picor a la situación.

    Me baje a darle sexo oral, por supuesto lamí su clítoris lo cual parecía encantarle, y efectivamente era muy grande, creo que nunca me ha tocado uno así, como yo estaba muy caliente y pensando en mi fantasía no quise avanzar más en algo “tradicional” y mejor le dije:

    “oye y tienes ese dildo, no lo quieres usar conmigo”

    Lo pensó un poco y luego se paró y fue por el a su closet, lo tomó con una cara picara, estaba sobre un cinturón de piel puesto que era para ponérselo, y pues aproveché y le dije:

    “oye y si quieres traigo mi ropa femenina, quieres hacer lo que te conté”

    Ahora sin pensarlo me dijo si, obvio eso significaba “pausar” el momento pero no iba a desperdiciar la oportunidad, me puse mi ropa como puse, salí corriendo a mi coche y traje mi maleta, al regresar ella ya se había cambiado por una nueva lencería, brassier negro de encaje, tanga negra transparente y encima de todo su arnés con un pene de plástico.

    Me quedé parado y dije “wow” y sonreí “que sexy eres”.

    Vacié mi maleta en su cama, el ver mi ropa parece que la prendió y me dijo:

    “entonces quieres ser mi putita”

    «si por favor» – dije

    “Ponte tu ropa pues, ahora te llamaras Tamara“ – me dijo

    Dije “ok”, mientras me ponía mi ropa, como tenía una erección tremenda tuve que apretarme el pene contra mis piernas y subirme el pantalón para apretar bien.

    “Te falta un poco de maquillaje Tamara, ven aquí” – me dijo

    Me puso labial rojo que traía yo y como que el resto pienso no le gustó me dijo :

    “Deja traigo de mi maquillaje quedarás muy linda”

    Saco un delineador de ojos negros, y una poco de polvos y demás, mientras yo estaba sentada (a partir de ahora soy Tamara en esta historia y hablaré en femenino) me maquillo la cara, me delineo los ojos, cuando estaba lista me dijo:

    “quedaste hermosa Tamara”

    Me llevó al baño, cuando me vi al espejo quedé congelada, era toda un mujer, con mi cara blanca y ojos marcados, mis labios rojos y resaltados, debajo de mi blusa se asomaba el tirante de mi brassier que al ser push up alzaba un poco mis pechos pequeños, mi pantalón marcaba mi cadera que no era grande pero tenía buena forma, y mi cabello castaño delante de mi hombro me hacía ver hermosa. Ahora si, estaba lista para tener mi primera vez.

    “Que te parece” – me dijo

    Ella veía también al espejo donde yo podía verla en su lencería negra y su pene de plástico totalmente erecto.

    “Wow, muy bien” – Fue lo único dije, no tenía muchas palabras estaba borracho de excitación.

    Regresamos a la cama, lo primero que hice fue hincarme y tomar su pene, y chuparlo, lamerlo completo con mi lengua y “masturbarlo” como si fuera de verdad, ella solo me vía gimiendo como si realmente fuera un pene de verdad.

    Me quité la blusa quedando en brasier y seguí dándole sexo oral, ella me decía como “que bella zorrita mi Tamy” y cosas por el estilo.

    “súbete a la cama” me dijo y procedí a hacerlo sin chistar, “quítate el pantalón”, y me lo quite dejando salir mi clítoris totalmente erecto.

    “Eres una zorrita Tamy ¿lo sabias?” – me dijo

    “Si lo se cógeme, soy tu putita” – le dije

    Me quito ella mi calzón y me empezó masturbar mi clítoris, le dije “no espera”, estaba a 2 de explotar, y aún faltaba.

    “cógeme por favor» – le dije

    “Ok ponte de perrito hermosa” – me dijo

    Me puse de perrito en la cama.

    “Que rico culito tienes” – me dijo

    Fue a su closet por un poco de lubricante, se subió a la cama (puesto que no era tan alta su pene daba a mi ano).

    “Puede que duela un poco voy poco a poco” -me dijo.

    Puso lubricante en su nuevo pene y en mi ano y empezó a metérmelo, poco a poco, si dolía pero era demasiado excitante, una vez dentro empezó a sacar y meter y sacar y meter, yo no podía de la excitación y gemía entre placer y dolor.

    “Voltéate” – me dijo después de un rato.

    Quedé volteada viéndola de frente, se quitó el dildo, tomó un condón nuevamente de su closet, me lo puso, se bajó la tanga, me empezó a montar, la verdad no paso mucho tiempo cuando exploté, mi ojos se nublaron, nunca había tenido un orgasmo como ese, ella siguió y tuve un segundo orgasmo nunca había tenía doble orgasmo tampoco, sentía que sacaba ríos de leche, si no tenía condón yo creo que le hubiera chorreado

    Después de eso no recuerdo mucho todo fue muy raro como si todo hubiera sido un sueño, lo poco que recuerdo es despedirme de ella y (no me pregunten porque) borré su contacto de mi celular y la bloquee, quise buscarla más adelante pero ya no había forma de contactarle, ni siquiera recuerdo bien donde vivía pero me dejo un recuerdo inolvidable.

    [email protected].

  • Me convertí en puta sin darme cuenta

    Me convertí en puta sin darme cuenta

    Me hice muy popular en la universidad desde que ese chico me hizo salir a caminar en público con mis pies llenos de leche, pero también las ofertas me empezaron a llover. Obviamente el chico corrió la voz y muchos hombres se me acercaban a pedirme lo mismo o me escribían a mis redes. No supe qué hacer al principio porque muchos eran hombres asquerosos o simplemente no se me hacían guapos, o me ofrecían poco dinero.

    Pero la verdad yo me obsesioné con la sensación del semen en mis pies, y pensé que no sería mala idea hacer negocio con eso. Primero les respondí a los que me escribían a mis redes y les dije que podía hacerlo pero no aceptaba menos de $1000. Y así poco a poco empecé a hacerlo con varios chicos.

    Cada que me veía con un chico le pedía a una amiga que me acompañara y que me esperara hasta que terminara para que no me hicieran nada malo, y yo se los advertía a ellos, pero nunca me internaron lastimar. Y así poco a poco empecé a ganar dinero masturbando a chicos con mis pies. Algunos me empezaron a pedir que los dejara grabar mientras los masturbaba o fotos de mis pies llenos de su leche cuando se venían. Y empezaron a subir mis fotos y videos a una página de fetiche de pies.

    Cada vez más hombres me pedían hacerles footjobs, hasta que un día un chico me dijo que si estaría dispuesta a hacerlo con 5 chicos a la vez. Entonces recordé mi primera experiencia en la zapatería y les dije que sí. No podía dejar de recordar ese día cuando todos esos hombres me llenaron los pies con su esperma, y pensar en que podía volver a sentir lo mismo me dio mucha emoción.

    El día llegó, fuimos a un hotel y entré primero yo con el chico que me escribió. Entramos al cuarto y empezamos a platicar, y después de un rato tocaron la puerta y llegaron sus amigos. Al final no eran 5, llegaron 7, más el que me invitó. En total eran 8, pero me dijeron que me iban a pagar lo de cada uno. A mí no me molestó para nada, de hecho me puse más caliente al pensar que sería más leche en mis patas.

    Empezó la acción, se pusieron alrededor de la cama y yo me acosté. Llevaba puesta una blusa blanca, un short de jeans y unos huaraches blancos. Me quité el top, el short y quedé desnuda, sólo con mis huaraches. Les dije que primero les iba a enseñar mis pies y que mientras ellos se la jalaran viéndome. Me los acariciaba, los frotaba con mis manos, jugaba con mis huaraches y luego me los quité. Les abría y cerraba los dedos enfrente de sus caras pero no los dejaba acercarse a tocarme. Y luego a uno por uno los iba dejando.

    Al primero le pedí que me escupiera en los dedos y con su saliva en mi pie le empecé a jalar la verga. Luego le dije a otro que se acercara y también lo empecé a masturbar. De repente uno no aguantó y se vino en la alfombra del cuarto, pero para no desperdiciarlo, me bajé de la cama y empecé a pisar el semen y a embarrar mis plantas con él.

    Me chuparon los pies, me los escupieron, me pasaban la lengua entre los dedos, les acariciaba la verga, los huevos, algunos me pedían que los masturbara usando mis huaraches, etc. Y uno por uno se empezó a venir, todos sobre mis pies. Yo estaba completamente mojada, caliente como nunca, disfrutando esas vergas bien duras viniéndose en mis patas. Estaba turbo mojada, pero mis dedos ya no eran suficientes para satisfacerme. Y sin esperarlo, le pedí al más guapo que me la metiera porque yo ya estaba muy caliente.

    Le dije que se acostara en la cama, me monté sobre él dándole la espalda, le agarré la verga con los pies y poco a poco me la fui metiendo. Fue una experiencia inolvidable, sentir cómo me metía la verga mientras yo se la agarraba con mis pies. Sin avisarme se vino adentro, pero estaba tan caliente que no me importó. Me saqué su verga y dejé que la leche escurriera de mi vagina y cayera encima de mis pies. Fue mágico.

    Mi negocio estaba prosperando, y sin darme cuenta me convertí poco a poco en una puta, la puta con los pies más deseables de la universidad.

  • Gran escuela de hostelería (parte 6)

    Gran escuela de hostelería (parte 6)

    El lunes por la mañana voy a la escuela, ya es la última semana antes de las vacaciones de Navidad, y me reúno con el grupo, entramos a clase y cuando aparece Jorge, se me para el corazón, me da vueltas la cabeza y Carlota me da un codazo, muy evidente, y levanta las cejas dos veces. Mierda, se acuerda de lo que dije en la fiesta y no ha podido ser menos disimulada. Me pongo roja y me parece que Jorge a puesto cara de sorpresa después del estúpido gesto de Carlota, pero sigue su camino, miro con cara de odio a Carlota y me giro para asegurarme de que esta todo normal, pero mis ojos se encuentran con los de Jorge que, para mí sorpresa, está girado igual que yo. Se me vuelve a parar el corazón y me mareo, me giro y me cojo a la mesa que hay al lado, pero no es suficiente y me siento en suelo. Oigo voces, un montón de gente se pone delante mío, me dan agua, y me preguntan si estoy bien. Intento asentir, pero todo se queda negro.

    Me despierto en una camilla tengo en el brazo un brazalete para tomar la tensión y veo una mujer sentada en una mesa, le pregunto donde estoy.

    – Estas en la enfermería, ¿Como te encuentras? Nos has dado un buen susto, parece que ha sido una bajada de tensión y te has desmayado, comete esto, te ira bien. – me ofrece una barrita energética, y la acepto, aunque no tengo hambre.

    – Me encuentro bien, algo atontada. – empiezo a comerme la barrita.

    – ¿Has desayunado esta mañana?

    – La verdad es que no… nunca desayuno antes de venir, no tengo hambre a primera hora.

    – Pues ahí tienes el resultado de comer… tienes que empezar a hacer bondad.

    – Lo sé… gracias por la barrita, creo que me voy a clase, no quiero perderme la clase. Gracias por atenderme.

    – No hay de que, pero no deberías ir a clase, vete a casa y descansa.

    – Pues creo que seguiré el consejo. Gracias de nuevo.

    Cruzó la puerta de la enfermería, recojo mis cosas y me marcho a casa.

    Mis padres estaban asustados, los llamaron desde la escuela, me tomo el resto de semana de descanso y ya no volveré hasta después de navidades.

    Esa misma tarde viene Roel a verme a casa, mi madre trabaja, mi padre duerme, mi hermana pequeña está en el colegio y mi hermano mayor en el trabajo.

    Roel me abraza con pasión al verme, también estaba asustado, me besa y a mi se me vuelven a caer las lágrimas.

    – ¿Que te pasa? ¿También te has asustado? Lexa, tienes que comer más, últimamente a penas comes y nos has asustado a todos.

    Asiento con la cabeza y reanudo el beso que ha sido interrumpido por mis lágrimas, le quito la chaqueta, el cinturón, la camisa y el empieza a quitarme la blusa del pijama, me envuelve en sus brazos, y tiro de él hasta llegar al sofá, le empujó y le hago sentarse, me pongo de rodillas frente a él y le desabrocho el pantalón dejando al aire su erección, se la cojo, la masajeo y me la meto en boca, empiezo a subir y a bajar, me la meto hasta el fondo y la acaricio con dientes mientras subo de nuevo, Roel se arquea y de golpe suelta todo, esta delicioso, me lo trago con gusto. Me levanta la cabeza y me da la otra mano para ayudarme a levantarme, me coge de la cintura y me tumba en el sofá, me quita los pantalones del pijama con facilidad y me recorre el cuerpo con besos, cuando llega a mi sexo, su lengua lo recorre y lo succiona, se centra en mi clítoris mientras con la mano derecha mete 4 dedos de golpe, me estremezco mis piernas tiemblan y caigo en la espiral se me tensan todos los músculos del cuerpo y me arqueo.

    Cierro los ojos con fuerza y solo aparece un pensamiento, Jorge. Me repongo enseguida, Roel se dispone a hacer el misionero, pero lo paro con la mano y me pongo a cuatro patas, noto en su gesto una pizca de decepción, pero me coge la cadera y me penetra de una embestida fuerte y deliciosa, gruño y me pego más a el con cada embestida que me da, cada vez más rápido y más duro, cuando voy a llegar al clímax de nuevo, me pongo de rodillas, Roel me coge por los pechos y cuando él también llega al clímax me muerde el hombro, duele, pero extrañamente, me excita todavía más, haciendo que el orgasmo sea mucho más intenso. Cuando estamos, nos desplomamos los dos en el sofá. Cuando nos recomponemos, nos levantamos y nos vestimos rápidamente, le digo que estoy cansada, y que me voy a echar un rato en la cama, lo despido en la puerta y se marcha.

  • Confesiones de una mujer infiel (cap. 1)

    Confesiones de una mujer infiel (cap. 1)

    Esta es la historia de cómo conseguí que ascendieran a mi esposo y le dieran un significativo aumento. También es la historia de una mujer infiel, mi historia. La historia de una mujer traidora a la que le gusta humillar a su marido, ponerle los cuernos con hombres mejor dotados que él y salirse siempre con la suya. Así que si no te va este tipo de relatos, te sugiero que no leas lo que viene a continuación.

    Pero permítanme hablar un poco más de mí misma. Soy una mujer de 38 años muy atractiva: alta, piel canela, rasgos exóticos y un cuerpazo trabajado a conciencia en el gimnasio. Tengo las tetas grandes y macizas, una cintura lo suficientemente estrecha, caderas amplias y un culo de campeonato. Y me encanta el sexo. Adoro el sexo.

    Cuando mi esposo y yo nos casamos, él era una fiera en la cama. Con los años, nuestra relación se volvió rutinaria, al igual que nuestros polvos. Nos queremos mucho y formamos una estupenda pareja, pero la chispa sexual solo se avivaba de vez en cuando. Julián, al igual que yo, estaba muy enfocado en su trabajo, pero mientras en mí la libido y el deseo iban en aumento a niveles siderales, mi esposo parecía haber perdido el interés por follar.

    Divorciarnos no es una ni ha sido nunca una opción, pues tenemos un hijo, muchos planes a futuro y patrimonio en común. Además, yo sólo quiero una relación sentimental con él. Así que empecé a buscar lo que no me daba Julián en otros hombres. Hombres atractivos, altos, musculosos, de pollas enormes y que sean muy viciosos en la cama. De preferencia por lo menos diez años menores que yo, aunque me he acostado con algunos a los que solo les llevaba cinco. Y por mi condición de mujer súper atractiva y exitosa, no me ha sido difícil encontrar hombres que cumplan con mis exigentes condiciones.

    En los últimos años he tenido una docena de amantes. He follado con otros en mi propia casa, pero también en hoteles, departamentos, etc. Me encanta que un joven semental me reviente la concha sin contemplaciones. Gozo como una cerda cuando un macho mejor dotado que mi marido me da por el culo en mi cama matrimonial. Me encanta ser infiel. Me excita el riesgo de poder ser descubierta y el morbo de saber que, mientras mi querido esposo se encuentra trabajando, yo puedo estar cabalgando la polla de uno de mis amantes en algún hotel, o tragándome con vicio el semen de un desconocido.

    Suelo conservar a mis amantes un mínimo de tres meses. Con algunos he durado todavía más, porque no es tan fácil conseguir un buen semental. Muchos hombres solo tienen la apariencia de serlo. Como mi marido ahora. Todavía es guapo, conserva ese porte atlético de sus primeros años, pero su polla se desinfla con facilidad. He dejado de contar las veces que he tenido que fingir orgasmos cuando lo hacemos.

    En fin, mi último amante había sido el novio de una amiguita del trabajo bastante menor que yo. Lo llevó alguna vez a una de esas reuniones del trabajo en alguna discoteca y el chico me encantó. Menos de 30, cara de muñeco, alto y fornido. Se llamaba Paolo. A las dos semanas, los invité a él y a su noviecita a una discoteca. Fuimos con algunos otros compañeros del trabajo. Nos relajamos después de tomar unos tragos y enseguida inicié mis ataques.

    Estuvimos en aquel lugar un par de horas, y Paolo y yo bailamos varias veces y pude coquetear con él a mis anchas. Al salir de ese lugar, les pedí a él y a su novia que me dieran un aventón a mi casa, porque estaba “un poco mareada” y no podía manejar. Como soy la jefa de su jefe, a ella no le quedó más remedio que aceptar, aunque pude notar que estaba incómoda. Me senté en el asiento del copiloto, junto a su novio.

    Durante el recorrido, le pregunté a ella donde vivía y cuando me lo dijo, dije a Paolo que la dejara primero a ella y que luego por favor me acompañara hasta mi casa. Hubo un silencio incomodo pero nuevamente, a ella no le quedó más remedio que aceptar. Cuando dejamos a su novia en su casa Paolo me preguntó cuál era mi dirección, pero le respondí:

    – “Llévame a tu casa. Quiero que me invites un último trago.”-

    Nos miramos un segundo y posé mi mano sobre su muslo, acariciándolo suavemente. Fue todo lo que necesitó y en seguida se puso en marcha. Mientras manejaba hacia su allá, escudada por la oscuridad de la noche, le desabroché la cremallera y me tragué entera su preciosa verga y succioné sus bolas. Llegamos a su departamento y apenas entramos, empezamos a besarnos y a meternos mano. Nos fuimos a su habitación.

    Una vez allí me quité el vestido y las bragas y completamente desnuda me puse en cuclillas para bajarle los boxers mientras que él terminaba de quitarse el resto de su ropa. Liberé su enorme polla, gruesa y dura, la succioné como si en eso me fuera la vida. Mientras acariciaba sus nalgas duras él me tomó de los cabellos acariciándolos y luego con ambas manos dirigió el ritmo de la mamada.

    Me la empezó a clavar literalmente hasta el fondo de la garganta, y por instantes la dejaba allí un rato y me tapaba la nariz con los dedos, para que me atragantara con su portentosa tranca. Su pollaza estaba cubierta por mi saliva que se derramaba por el tronco hasta los huevos, y yo tenía los ojos enrojecidos mientras trataba de recobrar el aliento.

    Por un momento pensé que Paolo quería correrse en mi boca y yo estaba a dispuesta a tragarme su lefa sin desperdiciar una sola gota. Sin embargo, el se contuvo y me llevó a la cama. Empezó a succionar mis tetas y bajó rápidamente hasta el ombligo, sin dejar de presionar fuertemente mis muslos y nalgas, me comió el coño y lengüeteó vorazmente mi clítoris haciéndome venir por primera vez en la noche.

    Se preparó para follarme y me colocó a cuatro patas, al estilo perro, y me penetró desde atrás. Al principio lo hizo con penetraciones lentas y profundas, dejándome sentir cada centímetro de aquella enorme barra de carne. Su verga entraba clavándose hasta los huevos y luego salía casi por completo, lo que provocaba que mi cuerpo entero se estremeciera de placer. Poco a poco, fue incrementando la velocidad y la potencia de sus embestidas hasta llegar a un ritmo verdaderamente bestial, en el que el violento sonido de su pelvis chocando contra mis nalgas era increíblemente excitante. De vez en cuando me daba azotes en el culo que me hacían gritar desaforadamente.

    En esa posición, tuve un fuerte orgasmo, mientras Paolo no paraba ni un segundo de bombearme el coño con su magnífica herramienta, en el instante en que sus manos me apretaban las tetas con fruición. Me corrí lo que me pareció una eternidad mientras él seguía embistiendo sin darme tregua. Grité y gemí completamente abandonada al placer que me estaba proporcionando aquel semental.

    Paolo todavía no se había corrido y luego de hacerme poner de pie, metió sus brazos por debajo de mis muslos, me cargó en vilo y me clavó en su verga de nuevo. Yo me cogí de su cuello desesperadamente mientras él empezaba a hacerme saltar sobre su enorme tranca una y otra vez. Me jodió varios minutos en esa posición e hizo que me corriera tres veces antes de que sintiera la inminencia de un nuevo orgasmo.

    Entonces, me depositó de nuevo en la cama, puso mis piernas en sus hombros y me dio con toda la potencia de la que era capaz. El orgasmo fue brutal, con oleadas de placer recorriéndome entera y haciendo que me retorciera sobre el suelo de la habitación. Paolo sacó su polla instantes antes de correrse, y terminó eyaculando en mis tetas y en mi cara. Fue un polvo monumental.

    Tomamos un descanso, y yo aproveché para llamar a mi marido para avisarle que no iba a llegar hasta el día siguiente porque me quedaba en casa de una amiga y que por favor llevara a nuestro hijo a su clase de karate al día siguiente. Antes que todo soy una buena esposa y madre.

    Paolo se recuperó rápido y luego de comerme el coño un buen rato, lo cabalgué como si no hubiera un mañana. Fue un polvo aún más largo e igual de intenso, en el que me regaló dos orgasmos más. Esta vez se corrió en mi interior y pude sentir los potentes chorros de leche llenándome la vagina por completo.

    Esa primera noche, Paolo me pegó tres polvos y yo se la mamé un par de veces. Me comió el culo, tuvimos sexo anal y después se pajeó en mis tetas. Fue una noche pletórica de sexo. Por la mañana, pegamos un último polvo antes de ducharnos juntos y que me llevara de regreso a casa.

    Durante casi un año disfruté de este joven semental cada vez que se me vino en gana. Nos veíamos todas las semanas, en especial los viernes. Generalmente la rutina era la misma. Estaba con su novia hasta las once y luego volaba a su departamento, donde yo ya lo estaba esperando. Siempre me quedaba hasta el día siguiente con el pretexto de quedarme en casa de una amiga.

    Algunas veces yo manipulaba esos encuentros. Como ya conté, yo no era su jefa directa pero si era jefa de su superior y muchas veces utilizaba mi posición para saturarla de trabajo, a veces solo para divertirme, pero especialmente los días en que iba a encontrarme con su novio, mi amante. Esas veces solía pasar por su escritorio para despedirme y desearle un buen fin de semana, sabiendo que estaría trabajando hasta altas horas de la noche.

    Esos encuentros eran los mejores, sin ninguna duda. A Paolo le encantaba que fuera tan dominante, y que obligara a su novia a hacer cosas en el trabajo. De hecho, algunas veces lo planeábamos juntos y el morbo mejoraba mucho el sexo. Recuerdo sobre todo una ocasión en la que mi esposo estaba de viaje y para poder pasar el fin de semana con Paolo, obligué a todo el equipo de su novia a trabajar en un proyecto urgente para el lunes.

    Ese par de veces Paolo y yo nos la pasamos follando como animales casi tres días en su departamentito de soltero. Em ambas ocasiones dejé a mi hijo con unos primos con los que se lleva de maravilla y de esa forma no tuve que regresar a casa. En vez de eso, cabalgué sobre la polla de mi joven amante y se la mamé hasta asegurarme de extraerle la última gota de semen que sus pelotas almacenaban. Todo eso mientras la cornuda de su novia estaba enterrada bajo una montaña de trabajo.

    El día de su boda se acercaba y la semana en la que se celebraron las despedidas de soltero, estuve particularmente ocupada. Primero, asistí a la despedida de la novia y quien me recogió de la fiesta no fue mi marido, sino el novio. Mi amiguita del trabajo seguiría celebrando con globos y alguna banda de cuarta, mientras que yo cabalgaba furiosamente y me corría sobre la soberbia tranca de su futuro esposo. Paolo y yo no paramos de follar hasta que salió el sol. Nuevamente, el morbo fue extraordinario y contribuyó a que el placer se elevara a niveles siderales.

    Luego vino la despedida Paolo. Le ordené que se asegurara de que fuera una celebración corta y de emborrachar a mi marido, al que hice ir a la celebración poniendo como pretexto que ambos conocíamos a los novios, ya que los habíamos visto un par de veces en reuniones. De esa forma, los recogí a él y a mi esposo de la fiesta y fuimos a mi casa. Le dejé que me follara por el culo en la misma cama en la que duermo todas las noches con mi marido como regalo de despedida, hasta entonces no habíamos tenido sexo anal en casa. Me perforó el ano con toda la fuerza de la que fue capaz y me lo llenó de leche, mientras mi esposo roncaba en la habitación de invitados.

    Finalmente, el día de la boda, me aseguré de que Paolo emborrachara a su esposa, porque mi intención era que esa primera noche de casado iba a ser mío. Me obedeció sin chistar, así que cuando toda la fiesta empezaba a tambalearse por la borrachera, despaché a mi esposo y le dije que se fuera a casa diciéndole que iba a seguir la juerga con mis amigas en otro lado. Como últimamente se ha convertido en un ser aburrido me hizo caso de inmediato.

    Mientras tanto, yo subí a la habitación que los recién casados tenían reservada para pasar la noche y me la pasé follando con mi joven amante toda la, mientras que mi compañerita de trabajo estrenaba su vida de casada profundamente dormida en un sillón. Me gusta tomar la delantera, dominar a mis amantes y aquella experiencia fue de lo más excitante. Cuando regresó de su luna de miel, Paolo me llamó y me dijo que podía conservar el departamento de soltero para que pudiéramos seguir viéndonos.

    Sin embargo, después de su boda no volví a acostarme con él. Corté la relación y quedamos como amigos, porque no me gustan las complicaciones. Fue una relación larga, a la que le saqué todo el provecho que pude, pero consideré que era el momento de terminarla. Tal vez algún día vuelva a acostarme con él, pero ese momento no ha llegado. Desde entonces no había estado con otro hombre, y de eso ya habían pasado tres meses y medio…

  • Me estrenaron el culo

    Me estrenaron el culo

    Hola empezaré contando que desde siempre he sentido placentero tocarme mi zona anal y no se diga introducir mis dedos o algún objeto. Ya de grande a los 48 años me decidí poner un anuncio en una página de Internet. Tuve muchos prospectos pero me vencía la pena y el miedo.

    Después de múltiples intentos me encontré a alguien que supo conducir conducirme hasta feliz término con sus comentarios y consejos para pasarla bien.

    Me aconsejó buscar unas páginas de tips para disfrutar de un placentero anal, incluido el bientar el momento con alguna ropita sexy y fragancia femenina.

    El día y la hora del encuentro pronto se llegaron y ni tiempo tuve de pensarla tanto como otras veces. Llegamos al motel que él ya había elegido y desde el momento que me subí a su auto sentía el revoloteo de las mariposas en mi pancita. Recuerdo que le dije ahora entiendo lo que siente una mujer cuando sabe que va rumbo a donde la harán sentir toda una hembra. Quizá llevaba una mezcla de nerviosismo con alegría de poder cumplir mi deseo más allá de auto tocarme o meterme algo por mi culito.

    Llegamos al esperado lugar, luego me metí a la regadera y al salí mi varón ya tenía una música instrumental muy padre. Se pasó el a la regadera y por mientras yo me arreglé para el momento.

    Me calcé unas medias hasta la base de las nalgas, una tanguita roja, una mini roja con su blusa del mismo color y en mi cabeza un pañuelo.

    Su salida de la regadera fue muy excitante toda vez que salió con su pene bien erecto y vaya sorpresa que me llevé por su gran tamaño. Nunca me imaginé que estuviera tan dotado, le tuve que decir que hasta me estaba dando miedo, pero también supo manejar ese miedo mío, y me dijo, no te preocupes lo vamos a hacer con mucho cuidado, y si después de todo eso no entra no pasa nada, pero ya verás que lo vamos a disfrutar.

    Sentí confianza y empezamos el cachondeo, primero abrazándome por la cintura y yo por su cuello. Luego bajó sus manos a mis nalgas y las acarició suavecito, primero por encima de la tanga y después por abajo. La cosa se puso más interesante cuando comenzó a tocar mi hendidura entre las nalgas de arriba hacia abajo, muy pero muy suavecito y me hacía retorcerme de placer y no se diga cuando me pasaba los dedos por mi zona anal.

    A la vez me empujaba de la cadera contra su paquete, mismo que chocaba con el mío. Pero lo que yo disfrutaba era el cosquilleo eléctrico entre mis nalgas. Sin decirme nada me giró de mis caderas y me puso de 71 apoyando mis manos sobre la cama, yo el 7, él el 1. En esa posición me colocó una lámina de látex muy suave y me paso la lengua por toda mi raja trasera, dando más atención a mi culito caliente y después dio varias veces intensos besos negros.

    Para ese momento yo ya estaba gimiendo de placer auténtico y él lo aprovechaba para hacerme lo que él sabía que me hacía disfrutar más el momento. De repente sentí una sensación fría en mi zona cular y percibí algo que me sacó un gemidote, resultó que entró dentro de mi esfínter, fue justo cuando recordé la sugerencia para ese momento; aflojar el cuerpo y pujar como si fuera a defecar para permitir la entrada de ese intruso. Después de un rato introdujo otro más y me estaba haciendo arder de deseo, pero no fue todo después agrego un tercer dedo, que lo metió poco a poco hasta que entro todito, se quedó un rato dentro para después reiniciar el bombeo.

    Terminado eso me dijo soplando cerca de mi oído y mordiendo mis orejas; ahora si chiquita, te voy a hacer mía. Me tomó de las caderas y me giró quedando mi cuerpo acostado de cucharita, luego me dobló la pierna izquierda y sentí su caliente verga en la boca con un condón sabor fresa y mientras yo la mamaba él con su mano traviesa me seguía taladrando el culito. Con mi manada se puso mas grande y dura y llegó mi momento más esperado.

    Se puso tras de mi y sentí su caliente prepucio en mi entrada trasera, mi culito palpitaba de deseo y fue muy rico disfrutar la entrada de la puntita, descansó un rato dentro de mi mina, después entró más y repitió la misma espera, y así lo hizo hasta que me entró todo aquel tremendo monstruo. Obvio al entrar toda se volvió a quedar todo dentro de mi orificio anal, para después comenzar lentamente el mete y saca, me hacía gritar y gemir de placer, quizá hasta los vecinos lo escucharon. Y es que ha decir verdad si me dolía pero también era rico.

    Cuando ya eran solo gemidos comenzó a aumentar el ritmo de los embates y la verdad es que para mí ya todo era puro placer. Después se tiró de espalda y me monté sobre él dándole mi espalda para dejarle ver como me la tragaba por mi caliente culo. Un bien rato estuvimos así hasta que me puso en 71 y me la dejó ir toda, eso fue todavía más delicioso, no se que tocaba dentro pero me volvía loca de placer.

    Estuvimos así un buen rato, luego jaló una silla, se sentó abrió su piernas dejando todo su paquete a mi disposición, me senté sobre su verga que entró como pancho por su casa y me hizo experimentar riquísimo placer, sentía mariposas por todo mi vientre. Luego pasó sus manos hacia mi abdomen y me arrejuntó a su cuerpo para ponernos de 71, me culeó así un rato y nos subimos a la cama sin salirse de mi, para cogerme perrito, lo cual fue lo máximo para los dos, fue un placer super, me retorcía de placer y sentía toda una puta dándole mi culito a un macho bien caliente.

    Fue tanto el placer que sentí como se empezó a contraer el esfínter con unos fuertes y felices espasmos y la llegada inminente de mi doble orgasmo, tanto dentro de mi culo como en mi pene. Pero eso no fue todo, mi orgasmo con los espasmos que experimenté, hizo que mi galán también soltara su carga de semen dentro de mí, lo cual aumentó mis orgasmos que estaba teniendo.

    Después fue bajando su erección, no sin antes salirse de mi con mucho cuidado. Nos quedamos tirados exhaustos y después de un sueño al despertar mi macho otra vez la tenía bien parada, así que le puse su condón de sabor fresa, se chupé un rato y volteé de perrito. De pronto se puso tras mis nalgas y sin ninguna dificultad me dio para dentro poco a poco, pero como ya había camino recorrido le pedí que aumentara sus arremetidas. Me tomaba de los hombros o de la cintura y me daba duro, yo por mi parte hacía lo opuesto con mi trasero a sus movimientos, para no dejar ni un milímetro fuera de mi culo que gozaba al máximo esa rica vergota.

    Como ya no cambiamos por ser lo más rico para ambos después de media hora, oí los jadeos de mi semental muy cerca de mis oídos y me mordisqueó las orejas, que me puso china mi piel y me hizo llegar a mi segundo par de orgasmos. Apenas me la había sacado y sonó el teléfono de la habitación. El tiempo de las 4 horas se había terminado. Mi galán tuvo que hacer medio pago más para asearnos, vestirnos y salir del lugar.

    Por varios días anduve con mi cola adolorida y hasta tuve un poco sangrado, pero fue muy poco. Después repetimos por algunas veces cada vez que podíamos, hasta que un día por cuestiones de trabajo se tuvo que ir a Guadalajara Jal.

    Nos perdimos la pista y ahora me gustaría conocer a alguien que quiera disfrutar conmigo esos momentos. Vivo en Juárez Chih México. Agradezco sus comentarios.

  • Por la puerta equivocada

    Por la puerta equivocada

    Hola, buenas noches, soy nueva por aquí y estoy muy emocionada de poder escribir mis aventuras sexuales.

    Me animé a escribir porque quiero tener una especie de diario en dónde pueda contar mis aventuras sin riesgo que me descubran.

    Soy una mujer de 48 años casada hace 20 años con un hombre al que amo con todo mi corazón y con quién tengo dos hijos hermosos que también amo. Pero mi esposo jamás ha sido suficiente para mí en la cama, yo soy muy apasionada, me encanta el sexo fuerte, las nalgadas, los gritos, los gemidos, me gusta que me traten como una puta, que me dominen y de vez en cuando también dominar. Él en cambio es de sexo tradicional, pocas posiciones, cero ruidos y lo peor es que dura muy poco.

    Al principio de nuestro matrimonio traté de que nuestra intimidad fuera más a mi gusto, pero él tajantemente me dijo que yo no era una puta sino su esposa y que jamás me iba a tratar mal. Después de varios intentos fallidos abandoné la misión y mejor me conseguí un amante, que me cogiera tan rico como a mí me gustaba y a partir de ahí he tenido un matrimonio feliz.

    Pero las aventuras con mis amantes, porque en 20 años han sido muchas vergas y panochas las que he probado, se las iré contando poco a poco si es que les gustan mis relatos.

    Por el momento les quiero contar cómo fue que mi marido me cogió el culo.

    Estábamos ya acostados dispuestos a dormir y empezó a arrimarme su verga, que además de todo es delgada y pequeña, yo estaba sin calzones porque así es como me gusta dormir, sólo con un camisón, me la restregaba bien rico en la entrada de mi culito y me empecé a calentar, a mí me encanta el sexo anal, pero él no lo sabe, él jamás me había cogido el culo (estúpidamente él piensa que el culo no está diseñado para ser penetrado) si supiera jajaja.

    Pero bueno, yo me acomode de tal manera que su verga entro en mi culo y me empecé a mover deliciosamente, yo sentía muy rico y le dije «mi amor que rico me coges el culo» él se detuvo un instante y preguntó «en serio es tu culo??? Pensé que era tu vagina».

    No ma, no supe si enojarme o que, pero mejor seguí disfrutando de la culeadita que me dio por error y no lo dejé salirse hasta que me llenó el culo de leche.

    Ya después me dijo que como era posible que me hubiera gustado eso y que no lo volveríamos a hacer, que era antihigiénico jajaja.

    Y yo pensé, no lo volverás a hacer tú porque lo que es yo ufff le voy a seguir dando el culo a quién me lo quiera coger.

    Espero les guste y déjenme sus comentarios si quieren que siga escribiendo. Besos!!!

  • Mis primeros cuernos. ¡Delicioso! (parte 1)

    Mis primeros cuernos. ¡Delicioso! (parte 1)

    Mi esposa y yo siempre hemos compartido todo cuanto hacemos. Una noche de mucho sexo, viendo porno le dije que me super excitaba ver como los hombres les daban permiso a las mujeres para cogerse a otro hombre. Ella me preguntó: me permitirías darte ese placer? Me quedé sorprendido, pero de inmediato le dije que sí. Le pregunte que como podríamos hacerlo, y ella me conto que tenía 3 compañeros de trabajo que siempre andaban insinuándole cosas, pero que a ella le llamaba la atención un morenito que se veía muy bien y al parecer podría tener un verga grande y gruesa. Le propuse que lo hiciéramos el fin de semana.

    Mi esposa es enfermera en un hospital en turnos fijos y el candidato tiene turnos rotativos, por lo cual tenía que saber cuándo el dispondría de tiempo para tener una cita con ella. Un jueves por la tarde me dijo que había encontrado al compañero y que como siempre la había invitado a salir por ahí para poder verse, y ella le dijo que lo llamaría para ponerse de acuerdo.

    Como siempre lo había rechazado jamás esperaba que mi esposa le aceptara la invitación, y un tanto desconcertado le dijo que esperaría su llamada a la hora que fuera. Cuando lo llamó lo hizo en mi presencia en alta voz, pero yo no dije ni una palabra.

    Contesto de inmediato y de manera efusiva le dijo: “Preciosa como estas? No te has arrepentido, verdad?”. Mi esposa: “Hola, no para nada, creo que ha llegado el momento que te goces lo que me has pedido siempre”. A lo que él contesto: “Genial, creí que nunca aceptarías y la verdad quisiera que fuera hoy mismo”. Mi esposa: “No comas ansias, te espero en mi casa el sábado por la noche, me prepararé y me pondrá algo muy especial para ti”. “Excelente voy a llegar a las nueve, cuando salga de turno me voy hacia tu casa… pero tú tienes esposo… Como le vas a hacer?”. Mi esposa: “No hay de que preocuparse el saldrá de viaje desde el viernes y regresará hasta el lunes”. “Pues no se diga más le respondió, te veo el sábado”.

    Esa noche cogimos 3 veces pensando en el sábado y como me haría cornudo, Ella se excitaba solamente de saber que estaría en otros brazos y con otra verga. (las mujeres siempre desean tener relaciones con otros hombres pero son más recatadas que nosotros los hombres),

    El viernes volvimos de trabajar y nos dimos otra tremenda cogida y yo le preguntaba. “Que es lo que más te excita del sábado?”. “Que a él siempre le han dado mucho morbo mis nalgas (tiene un precioso trasero bien paradito) y va a hacer hasta lo imposible porque yo le entregue mi culito me imagino. Por cierto si insiste no voy a poder resistirme a que me coja el culo”. “No te preocupes por eso, tienes que disfrutar todo lo que pase ese noche”, le dije.

    No te pierdas la segunda parte… porque viene lo bueno…

  • Una tarde de verano con mi prima

    Una tarde de verano con mi prima

    Eran las cinco de la tarde de una tarde de verano cuando decidí ir a visitar a mi prima Martina, todavía hacía calor, pero había una brisa suave. Luego de unos minutos ella me abrió la puerta.

    -Hola Paula, que gusto me da verte- me abrazo y ambas nos dimos un beso en la mejilla.

    La mire y me di cuenta de que llevaba puesto un vestido de color azul, le quedaba muy ajustado a su bello cuerpo, sus tetas amenazaban con salirse del vestido y cuando me saludo se le subió muy arriba dejando ver un poco de sus nalgas.

    Luego fuimos a su dormitorio y me informó de que sus padres no estaban.

    Hablamos sobre ropa y ella me dijo que le encantaba mi falda que tenía puesta en este momento.

    Encendimos el televisor y pasaron una escena de dos chicas besándose apasionadamente.

    Mi prima miro con mucha atención esa escena y me pregunto: -¿Alguna vez besaste a una mujer?

    -Muchas veces- le confesé.

    -¿Qué se siente?

    -Es muy rico, a mí me gusta meter mucha lengua y tomar las nalgas de las chicas mientras las beso.

    -Ay Paula, eres toda una pervertida.

    -Pero tú tienes curiosidad.

    -Mucha curiosidad, me encantaría experimentar.

    Me levante de su cama y me puse en pie delante de ella.

    -Experimenta conmigo, si no te gusta nos podemos detener- le dije mientras ella también se ponía en pie.

    Los ojos oscuros de Martina brillaron como nunca los había visto brillar.

    Le toque su bello rostro, se acercó a mí y unimos nuestras bocas.

    Al principio ella no había cerrado los ojos, pero luego se entregó por completo al beso.

    Yo no quería ser tan pasional porque era su primera vez besando a una mujer, pero luego mi prima misma me demandó más pasión.

    Nuestras lenguas se pusieron a jugar y a enredarse sin parar en ningún momento.

    Mis manos recorrieron su cuerpo y fueron a parar a sus nalgas que se las apreté fuertemente, Martina se sorprendió ante este gesto, pero luego me puso ambas de sus manos en mi cintura para poder acariciarme la espalda.

    Cuando terminamos de besarnos yo todavía tenía sus nalgas en mis manos.

    Le subí el vestido y su culo quedo completamente desnudo para mí.

    -¿Qué tal te pareció?

    -Espectacular- me dedico una sonrisa y volvió a besarme.

    Este otro beso sí que fue un verdadero festín de pasión, ya que Martina estaba mucho más segura, le terminé por sacar el vestido lentamente y luego yo misma me quite mi pollera, top y ropa interior.

    Martina me miro asombrada y lujuriosa a la vez.

    Mi vista primero fue a sus tetas y luego hacia su concha.

    -Tengo unas ganas terribles de comerte la vagina- le dije.

    -¿Me vas a hacer un oral?

    -Si eso es lo que tú quieres.

    -Me encantaría.

    Se acostó en la cama con las piernas bien abiertas invitándome a devorar su concha.

    Hundí mi cara por completo en su concha, pues, me encantaba sentir una bonita concha palpitando entre mis labios, luego le agarre ambos de sus muslos para separárselos y que no los cierre. Después me dediqué por completo a darle placer lambiendo su vagina con mucho frenesí.

    Ella se estremecía de placer e intento cerrar las piernas varias veces, pero no se lo permití, sus gemidos tan sensuales me hacían querer chuparle la concha todo el día y por eso aumentaba la velocidad en el sexo oral.

    Mientras mi lengua se hundía en su clítoris le metía dos de mis dedos y luego se los sacaba, así le fui estimulando su concha durante unos buenos minutos, le di unas cuantas mordidas en el medio del sexo oral que a Martina por el tono de sus gemidos le provocaron más placer.

    -Me voy a correr- me dijo muy excitada.

    -Cariño, correte en mi boca- le respondí yo y luego le di las últimas lambidas hasta que una buena cantidad de eyaculación femenina me inundó la garganta.

    Me tome hasta la última gota y les aseguro que es lo más rico que existe en el sexo lésbico.

    Martina me sonrío y luego se subió encima de mí, me agarro mis dos senos y me los empezó a chupar mientras los acariciaba.

    -Gracias, a ti he descubierto que me encantan las tetas- me confesó.

    -Y a mí me encanta esto- le respondí, luego le tome sus nalgas con fuerza para dejarles marcas y empecé a hacer movimientos con mi pelvis contra su concha.

    A pesar de ser inexperta en el sexo lésbico lo que hizo luego fue digno de una profesional, me tomo de las caderas y yo quede moviendo mi pelvis encima de ella.

    Martina tomo mis senos y se los llevó a la boca, así que me chupaba las tetas y hacia los movimientos bien ricos al mismo tiempo.

    Lo que continuo después fue muy delicioso tanto que no lo puedo describir con palabras.

    Fueron sensaciones inexplicables las que ella me causaba con su suave lengua en mis senos y su concha uniéndose a la mía mediante los movimientos de las dos fue lo más lindo.

    Nuestras vaginas estuvieron frotándose mutuamente hasta que ambas caímos rendidas y cansadas.

    -El mejor sexo de mi vida- me dijo.

  • Mi cita con la profesora (2)

    Mi cita con la profesora (2)

    Hola me llamo Luna tengo 21 años. Soy bajita (155 cm) de contextura delgada. Soy de piel blanca, ojos y pelo castaño. Bueno esta anécdota le conté a mis amigas y me hacía ilusión escribir esta anécdota. Después de la primera cita con mi ex profesora ( a la que llamaré Sofía) yo me sentía algo confundida. Era un sentimiento muy raro de confusión pero excitación. Me gustaba ella pero me sentía rara por qué era alguien que no me imaginaba besar.

    Por unos días seguimos chateando como si nada hubiera pasado. Ella era bastante picante y jugaba con el doble sentido. Yo intentaba guardar la compostura y hacerme la difícil. Aunque debo admitir que era bastante difícil a veces. Nos citamos un viernes a las 2 de la tarde en el carrusel de la 21 de Calacoto. Yo me senté al frente del restaurante de empanadas. El clima estaba muy bonito, el cielo estaba despejado y hacia bastante calor. Yo llevaba unos jeans rasgados con croptop negro. Ella llegó unos minutos después, vestida con un vestido negro con una polera blanca que le quedaba muy bien. Su pelo estaba recogido en una coleta y llevaba unas gafas de sol. Nos dimos un beso en la mejilla y me propuso pasear por el parque. A lo que yo algo nerviosa acepté. Mis manos me sudaban y mis piernas temblaban. Para mala fortuna había mucha gente en el parque debido a que era vacaciones de verano. A lo que Sofía me dijo que podíamos ir caminando a Auquisamaña por qué ahí hay un parque más tranquilo. Yo toda nerviosa le dije que si. Mientras caminábamos ella no perdía el tiempo en agarrarme por detrás poniendo sus brazos en mi estómago. Debo admitir que me gustaba sentir su boca cerca de mi cuello y sus pechos en mi espalda.

    Llegamos a un pequeño parquecito oculto en la calle costanera. Era muy bonito y las casas de su alrededor parecían lujosas. Nos sentamos en una banca en medio de los árboles. Para ese punto yo estaba bastante tensa y muy nerviosa. Me daba un poco de vergüenza de que alguien nos pudiera reconocer en la calle.

    Ella notó que yo estaba un poquitín nerviosa así que intento masajearme en el cuello. Para los que no sepan mi cuello y mis rodillas son mis puntos débiles. Son los lugares más sensibles. Cuando sentí sus manos largas en mi cuello mi mente se fue de viaje a las nubes. Era una combinación de relajación y excitación. Yo estaba cediendo a sus intentos. Casi por inercia coloqué mi mano derecha en su muslo izquierdo y comencé a frotarlo lentamente.

    De repente, con la poca fuerza de voluntad que me quedaba me di cuenta de lo que yo estaba haciendo y me detuve. Le dije a Sofía que quería que fuéramos más lento porque toda esa situación me abrumaba un poco. Ella con toda la serenidad del mundo entendió lo que yo me refería. Sofía me dijo que entendía que me sintiera nerviosa. Pero qué ella estaba muy enamorada de mi y que yo le gustaba mucho.

    Yo para ese momento no sabía que responder, me estaba derritiendo. Entonces ella colocó su mano derecha en mi muslo izquierdo y la otra mano la colocó en mi cachete derecho. Yo solo atiné a lamerme los labios con la lengua, casi como si fuera un instinto. Nuestros rostros se acercaron lentamente y nuestros ojos se cerraron. Yo di una exaltación profunda producto de la excitación que sentía y de la combinación de nerviosismo y ansiedad. Nuestros labios se tocaron delicadamente. Y justo cuando estábamos por completar el acto escuchamos a un niño gritar. Con mucha vergüenza en nuestros rostros nos alejamos una de la otra. Las dos estábamos rojas de la vergüenza, nuestros rostros eran evidencia de eso.

    Mientras el niño y su madre pasaban enfrente nuestro nosotras intentábamos disimular la extrema vergüenza mirando alrededor. En el momento en que la madre y su hijo se alejaban Sofía me propuso ir a su departamento a escuchar música. Me dijo que su hijo estaba en la casa de su exmarido. Yo sabía que no era una buena idea, pero eran las 4 de la tarde y yo estaba bastante excitada. Así que me agarro de la mano y tomamos el primer taxi que vimos. Yo llamé a mi mamá para decirle que iría a la casa de una amiga a pasar el rato. Al final de todo, no era una mentira (del todo) solo omití algunas cosas. Obviamente mi madre se mostró algo confundida pero entendió.

    El departamento de Sofía (mi ex teacher de inglés) se encontraba en Achumani. Un barrio bastante acomodado de la ciudad en una calle bastante tranquila y bonita. Salí del taxi y mientras Sofía pagaba al conductor yo me puse a observar la fachada del edificio. Recuerdo que era un edificio pequeño pero bonito. Pintado de color blanco y con unas rejas a la entrada. Se podía observar desde afuera que el edificio tenía un ascensor en el centro del pequeño lobby.

    Ella me agarró de la mano y me llevó hasta la puerta del ascensor. Toco el botón del ascensor y estuvimos esperando un buen rato a que baje. Se sentía una tensión en el ambiente. No pronunciamos ninguna palabra pero se sentía una tensión en el ambiente. Las dos nos miramos con una mirada cómplice. Yo me mojé los labios con la punta de la lengua. De repente, la puerta del ascensor se abrió.

    Las dos entramos inmediatamente. Una vez cerradas las puertas nos fundimos en un apasionante beso. Ella colocó sus manos en mi cadera y yo puse las mías alrededor de su cuello. Nos veíamos como dos novias, como dos amantes que no se habían visto en años. Por un instante sus manos tocaron mis glúteos.

    Yo estaba en las nubes, estaba a merced de quien fue alguna vez mi profesora. Sofía tenía absolutamente el control en mi. Si ella me hubiera dicho que me desnude yo lo hubiera hecho sin dudar. Era solo una marioneta de esta impresionante titiritera.

    Una vez llegamos al piso de su departamento. Nos alejamos y guardamos la compostura. Para ese entonces ya eran las 5:00 de la tarde. Ella abrió la puerta con toda la delicadeza del mundo y me hizo pasar.

    Para enterarse cuando subo la siguiente parte síganme en mi Instagram:

    @lunaluccari.

  • Mi tía me seduce

    Mi tía me seduce

    Había ingresado recién a la universidad, tenía 18 años, viva como todo joven en casa de mis padres, también vivían con nosotros mis tíos, recién casados, Jairo, el hermano menor de mi madre y Liana, su esposa, antes de casarse ella era nuestra vecina, venía de una familia común y corriente, sus padres y 2 hermanas, se hicieron novios de muy jóvenes y finalmente se casaron, ellos fueron a vivir a casa de mis padres.

    La vida transcurría con normalidad, mis padres trabajaban todo el día hasta las 8 pm que volvían a casa, mi tío era marino mercante, por lo que viajaba constantemente por semanas dejando a mi tía sola en casa, ella se dedicaba solo al hogar, yo estudiaba por las mañanas, por lo que tenía toda la tarde en casa cuando no me quedaba fuera con mis amigos.

    En las tardes hacia mis trabajos que dejaban en la universidad y mi tía me acompañaba casi siempre, conversábamos mucho y cogimos mucha confianza, nuestra relación era más de amigos que de tía sobrino, con el tiempo tal fue nuestra confianza que empezó a preguntarme por mi vida sexual, yo era muy tímido en ese tiempo, había tenido enamoraditas más nunca había tenido sexo, me daba mucha vergüenza pero finalmente terminé contándoselo.

    Después de eso ella cambio mucho conmigo, se me acercaba más de lo normal, cuando hacía tareas se acercaba a leer lo que escribía, siempre chocaba sus tetas con mi espalda, agarraba mi pierna, hacia movimientos que parecían accidentales y tocaba mi paquete que por cierto estaba bien tieso cada vez que ella se acercaba, me lo tocaba como accidentalmente, eso se repetía día tras día.

    Hasta que un día se sentó a leer lo que hacía con su mano en mi pierna como siempre lo hacía, pero está vez puso su mano sobre mi paquete bien duro, yo estaba con un buzo, por lo que se notaba claramente mi erección, vi que ella de reojo lo miraba sin sacar su mano, yo estaba muy excitado en ese momento, cogí primero su mano como instintivamente e hice que ella agarre muy bien y apriete con su mano sobre mi buzo mi pene erecto, ella no dijo nada.

    Le pregunté en doble sentido si le gustaba, ella me dijo que si, mucho, yo instintivamente guíe su mano y la metí dentro del buzo e hice que me agarre directo el paquete, ella solo se dejó llevar y una vez con su mano en mi pene erecto, ella misma empezó a masturbarme, no decíamos una sola palabra simplemente ella me masturbaba hasta que finalmente terminé en su mano, ella se rio y se fue.

    Yo fui a ducharme. Después de ese día está acción se volvió un ritual, ella se acercaba dónde estaba yo, se sentaba al lado mío conversábamos y me masturbaba todos los días que estábamos solos hasta que un día cuando ella llegó, no resistí y la bese, apenas ella cogió mi pene, ella correspondió mi beso, nos paramos y sin dejar de comernos nuestras bocas fuimos hasta su habitación.

    Parecíamos 2 bestias en celo, nos quitamos la ropa, yo no tenía más experiencia que la que había visto en las películas porno que veía, cuando quedamos totalmente desnudos, simplemente procedí a penetrarla, ella me araño la espalda simplemente recibía lo que le daba, estaba tan excitado que solo dure unos minutos y si pensarlo termine dentro de ella, fue muy rica esa sensación de vaciarme dentro, ella solo me cogió del culo y empujó hacia ella como queriendo que todo mi semen quede adentro.

    Después de eso, pasaron unos minutos y volví a estar erecto, está vez ella me guío a hacerle sexo oral, está vez si estuve siguiendo sus instrucciones por buen tiempo hasta que ella misma se volvió loca y pidió que se la meta, nuevamente lo hicimos, está vez si pude gozar ese rico cuerpo, después de ese día, lo hicimos a diario en casa, mi tío había salido la noche anterior de viaje, él se fue por 3 semanas, por lo que todo ese tiempo lo hicimos.

    Cuando el volvió, ambos nos dieron la noticia que ella estaba embarazada, todos los felicitaban, yo también hice lo mismo, hasta el día de hoy no sé si ese niño es mío o de mi tío, nunca más volví a tirar con mi tía, pero los juegos de ella de acercarse, tocarme y hasta coger mi pene erecto se dan hasta el día de hoy, tal vez en algún momento pueda volver a pasar.