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  • Trío con el vecino, se adueña de mi mujer

    Trío con el vecino, se adueña de mi mujer

    Después de la experiencia de ser un cornudo, platicamos para volver a tener una sesión de sexo así de caliente, sin embargo aún no se daba la oportunidad después de 3 meses, ya hasta se nos había bajado un poco el ánimo y tampoco lo buscábamos. todo siguió normal por un tiempo.

    En el relato pasado no les describí a mi esposa, Jesica es una chica de 24 años, mide 1.60 m y tiene unas tetas grandes y jugosas, tiene un culo sabroso, y apretadito, cuando camina rebota robando las miradas morbosas de la gente. Sus piernas definidas le acentúan más sus atributos, tiene cabello a la altura del hombro, perfecto para jalarlo mientras está en cuatro. llevamos 4 años juntos y espero vaya para largo, porque lo que estoy a punto de contar es algo que cambió nuestra relación para bien.

    Todo comenzó cuando se mudó a la casa de al lado un joven de 22 años, al que llamaremos Oscar, él tenía casi 22 años, media 1.70 m y aunque un poco pasado de peso no se veía mal, era alegre y muy amable, tanto que nos invitó a tomar unas cervezas a su casa para conocernos ahora que seríamos vecinos, nosotros accedimos y preparamos una carnita asada, en su patio trasero, solo éramos nosotros tres, nos comentó que le había dicho a los otros dos vecinos de al lado y enfrente pero ninguno le confirmó.

    Todo iba bien él tenía mucha platica y era divertido, mi esposa empezó a sonreír más, a darle más atenciones, y yo ya sabía que se estaba haciendo la coqueta, le brillaba la cara cada que él le veía discretamente el escote de mi mujer, yo me hacia el que no me daba cuenta, aunque ya intuía cómo iba a terminar esto, y me empecé a emocionar. Jesi puso su mano sobre la pierna de Oscar y el un poco nervioso, se apartó y dijo que iría por más cervezas a la cocina, mi esposa rápidamente se paró y le dijo si podía entrar a su baño, ambos entraron a la casa, tardaron un poco, pero regresaron juntos, yo sabía que ya se le había insinuado para hacer nuestra fantasía otra vez realidad, pero me sorprendió por que no se tocó el tema ni nada parecido. únicamente note que en el transcurso de la noche mi esposa jugueteaba sus dedos en la pierna de Oscar y este al contrario de la primera vez la dejaba como si nada.

    Terminó la reunión y nos fuimos a nuestra casa, un poco mareados, en cuanto cerré la puerta principal Jesi me planto un beso apasionado, y me empezó a tocar la verga, que no tardó nada en ponerse dura, le dije:

    -Me prendió mucho ver como coqueteabas con el vecino.

    -No solo fui coqueta, cuando fui al baño, fue para quitarme mi tanga, y dársela. mira revísame

    Yo le baje rápidamente el short que traía, y en efecto no tenía la tanga negra, que se había puesto en la mañana, me calentó tanto saber que volveríamos a cumplir nuestra fantasía, Me dijo con voz excitada:

    -Puedo hacerte cornudo con Oscar?

    -Si amor, que te haga su puta

    -Hoy seré tu zorra papi, follame en el patio trasero para que la escuche

    Así lo hicimos fuimos al patio trasero de nuestra casa y empezamos a cogerla gemía fuerte para que Oscar la escuchara. Cabe mencionar que nuestros patios solo los divide una barda de 2 m de alto, y de hecho las casas están hechas de tal manera que si te asomas por la ventana trasera del 2 piso podrías ver a nuestro patio y viceversa, esa era la intención de mi esposa puta exhibirse con Oscar, ya que la casa del otro lado no está habitada, solo Oscar podía vernos y oírnos.

    A la mañana siguiente invitamos a desayunar a nuestra casa a Oscar con el pretexto de curarnos la cruda, de las cervezas de anoche, yo recibí a Oscar con una cerveza y un plato de chilaquiles que había preparado Jessi, empezamos a comer él y yo, pues mi esposa se estaba bañando, le avise que ya había llegado y ella salió a propósito, solo envuelta en una toalla, lo saludó de beso y abrazo, Oscar quien es un poco güero se puso rojo de las mejillas, yo en tono de broma le dije:

    -la deberías ver sin toalla, vas a terminar desmayado de tan rojo que te pondrás.

    Todos nos reímos y Jesi se fue a vestir. platicamos los tres un rato más sobre cualquier cosa, hasta que él nos dijo que se tenía que ir que iba a ver a unos amigos. Antes de irse le dije que si el próximo sábado repetimos las cervezas pero ahora en nuestra casa, él aceptó de inmediato, y Jesi le pidió su número de teléfono con el pretexto de mandarle unas fotos que se tomó el en su celular.

    En el transcurso de la semana, Jesi me dijo que le había mandado una foto de más a Oscar que era una donde ella está desnuda y en cuatro, me dijo que empezaron a cachondear por notas de voz, y ella le propuso hacer un trío, la próxima vez que tomemos, el aceptó, ella le pidió que no me dijera nada a mí porque quería que fuera sorpresa, eso era lo que habíamos acordado, para darle un toque más caliente.

    El sábado llegó y la noche comenzó normal, comimos, bebimos y bailamos, ya estando un tanto borrachos, salí con el pretexto de ir a comprar unos cigarros, Oscar me dijo que me acompañaba pero me negué, le dije que se quedara con Jesi, para que la cuidara porque estaba un poco mareada, mi esposa solo me guiño un ojo en señal de que iniciara el juego que con tantas ansias esperábamos los tres. Tarde unos 20 minutos en regresar, cuando entre a casa ya no estaban en la sala, se escuchaban gemidos en el cuarto, sigilosamente me acerque y abrí la puerta, Oscar me vio y de inmediato se detuvo, tartamudeo nervioso sin decir nada, yo solo le dije que siguiera disfrutando de mi putita esposa, que hoy ella mandaba, ella me dijo:

    -Ya tengo tu lugar reservado, cornudo, en primera fila para que veas a tu mujer con otro macho.

    Señaló una silla enfrente de la cama y yo tome asiento como el cornudo obediente que ahora tenía que ser, ella continuo dándole sexo oral a Oscar, pasaba su lengua desde los huevos hasta punta, recorría y llenaba de saliva todo el miembro de su nuevo amante, su pene era de tamaño promedio, pero con una apariencia gorda que lo hacía ver más grande, Jesi se lo restregaba por las tetas, en una paja rusa, y Oscar de vez en cuando le daba una cachetada para después meterle la verga hasta el fondo de su boca, ahogándola, ella solo decía:

    -Si papi, follame la boca, hoy soy tu puta.

    Empecé a masturbarme y le dije a Oscar:

    -Ya dale verga a la puta o ya no te la presto.

    Ella respondió con voz de mando:

    -Tú no puedes prestarme, porque ya soy de Oscar.

    Eso lo prendió más y de inmediato la abrió de piernas y la empezó a penetrar, le metió la verga de un solo golpe, y ella soltó un grito:

    – ¡¡Que grande, creo que no me va a caber!!

    Él le apretó las tetas y le dijo:

    -Descuida, se cómo abrirle la vagina a las putas apretadas como tú.

    Y empezó a darle empujones lentos, pero desde la punta de su vigoroso miembro hasta la raíz, chocando sus huevos sobre las nalgas de mi esposa, ella lo abrazaba con las piernas mientras pedía a gritos más.

    Cambiaron de posición unas cuantas veces, hasta que Jesi me pidió que me desnudara y me acostara en la cama, obedecí, ella me acomodo de forma que mi cabeza quedaba a la orilla de la cama, se me trepo en 69 y le pidió a Oscar que la penetrara, él comenzó a darle verga mientras sus huevos rozaban mi cara, Jesi le dijo a su macho que dejara que su cornudo le chupara la verga, porque le raspaba cuando la penetraba y que su palo gordo necesitaba saliva de puta para poder entrar bien. Yo obedecí y le chupe su verga, con mi lengua recorrí toda su cabeza, y me la metió hasta la garganta, Después siguió penetrando con vigor a mi esposa, y alternaba ya por gusto entre su panocha y mi boca.

    Óscar entre jadeos, dijo que ya sentía que se iba a venir, Jessi se acostó de lado y le dijo que quería que le llenara el ano de leche, quería sentir como la llenaba por dentro con su rico semen calientito. yo empecé a chuparle entonces el ano para que estuviera bien lubricado, cuando le pude meter 3 dedos, Oscar de inmediato empezó a meter su gorda verga mientras yo le abrió las nalgas a mi esposa para facilitar las cosas, ella empezó a mover su culo de una manera sexy y provocativa, estimulando y llevando el control de la penetración, ella quería hacer venir a Oscar, a su ritmo, y lo logró, Oscar le dejó ir la verga en un fuerte empujón y se descargó en mi esposa, ella ya estaba extasiada de tanto placer y morbo que le causaba todo esto que concluyó con un apasionado beso con Oscar, yo estaba atrás de mi mujer viendo cómo se devoraban a besos, mientras de su culo escurría la leche de su macho.

    Ella se paró y acercó a mí que estaba sentado en la orilla de la cama, se sentó en mis piernas y me dio una cachetada, metió su mano en su culo aun lleno de leche y me la embarro en la cara, me dijo:

    -Este si es un hombre, y no una puta como tú, con tu verga no me satisfaces, por eso ahora Oscar será mi macho y podrá venir a cogerme cuando quiera.

    Yo asentí con la cabeza y eyacule sobre sus piernas, era tan excitante que me tratara así, que no me queje cuando me ordenó ir por una cerveza para su macho, al regresar con lo pedido, ella estaba acostada junto a Oscar, recargada en su pecho, frotando gentilmente el pene ya flácido de su hombre. Oscar con una voz algo tímida o insegura me dijo:

    -Cornudo hoy te tocara dormir en el sillón, mi putita quiere que duerma con ella.

    Cachondo todavía le dijo obediente: -Si señor.

    Cerré la puerta y me instalé en el sillón, en el silencio de la madrugada pude oír un breve segundo coito, yo solo me masturbe imaginando lo que hacían. Esa noche dormí como nunca, hasta que Oscar me despertó a la mañana siguiente:

    -Socio, ya me tengo que ir tengo un compromiso, Jesi quiere que vayas con ella, creo que te va a tocar un mañanero, ¡¡Suertudo!! tienes tremenda fiera, como esposa.

    Llegue todavía adormilado a nuestra habitación, aun olía a sexo y a cigarro, me recosté a lado de Jesi, quedamos de frente y pude ver cómo le brillaban los ojos de alegría y placer, me acaricio la mejilla, y con su voz dulce y amorosa me dijo:

    -Hazme el amor.

  • Ruedas, sexo… ceguera y trio

    Ruedas, sexo… ceguera y trio

    Era un día cualquiera en el centro de rehabilitación, Sandra, la chica nueva que se anotó en braille, no solo es preciosa tiene curvas que me dan ganas de salir corriendo hacia ella, solo que no hago eso desde hace 20 años, justamente después del accidente que destrozó mi columna al estallar mi espalda contra el asfalto.

    La pija se me siguió parando, la gente piensa que no pude coger más y realmente luego de mi primera rehabilitación lo que más disfruto es de buenas mamadas y de chupar pezones duros y clítoris erguidos como faros sexuales.

    Sandra tiene tetas puntiagudas, puedo percibir que es friolenta, suele abrazar su campera rosa y afirmarla en sus senos que siempre están con los pezones paraditos como si necesitaran calor de mis labios y lamidas calientes de mi boca.

    Desde que llegó al centro la verga se me pone más dura que nunca la imagino con ese culo hermoso sentada sobre mi pija y cabalgando agarrada de sus rodillas. Llego a casa y me desnudo y sentado en mi silla la veo gatear hacia mí, olfateando mi glande lechoso como un topo caliente buscando su presa, pero esta vez solo para chuparla hasta ahogarse y hacer arcadas.

    Llega y suelo ponerme en su camino solo para que casi tropiece y yo tenga la oportunidad de apoyar un poco mis manos en su cuerpo, ella es alta y usa un perfume con notas de flores frescas, un día en estas trampas que organizo, apoyó sus manos en mi bulto y las dejó y sonrió, me preguntó como me llamo y yo le sostuve la mano y le hice sentir mi erección, al instante ella se lamió los labios y respiramos profundo los dos ella ciega yo paralítico, los dos con ganas de coger como si el mundo no existiera.

    Tome su mano y ella solo tomó mi espalda y dijo vamos, la conduje al garaje, no había nadie, Sandra dice me calienta tu voz el sonido de tu silla y adoro tus chistes, Mirta me contó que estuviste sexo con ella y que tu pija es rica suave y venosa que tus huevos son grandes y que chupas concha como el mejor… yo pensé, Mirta? mmmm y en cómo le gusta que le haga el orto es tan puta, Mirta también es ciega y chupa poronga como nadie.

    Sandra notó que al hablarme de Mirta la pija se me paró mucho, se arrodilló y empezó a clavarse la punta en la garganta y la mía el tronco refregando sus teta contra mis bolas, le pido subir a la camioneta se pone en bolas, se siente caliente y muy fogosa… Sentada me impide que le chupe la concha la pajee, que rica concha, depilada, húmeda, jugosa, se chupa las tetas, muerde y lame sus pezones y me dice llamamos a Mirta, se ríe, yo me río, le digo es lo que vos querés?… me contesta que sí, la llama y en 10 minutos Mirta llega se mete a la camioneta y entre las dos me cogen chupan mi culo, bolas, pija me meten el dedo en el orto, son dos bestias cogiendo…

    Qué manera de gozar mientras a una le hago el culo, la otra me hunde la concha en la boca, las dos se manosean, Sandra le dice tenías razón este hijo de puta la chupa como nadie, de repente me doy cuenta que el cuidador se está pajeando, mientras nos mira, toda una locura, empiezo a acabar las dos tragan pijas chocan sus lenguas la leche se la tragan, la vuelven más putas, toman leche y se besan y escupen sus tetas con mi semen, quedamos exhaustos.

    Esto debería ser común en la vida de todo ser humano libre, sexualidad inclusiva y deseante de expresar cogidas colectivas.

  • Trío con una madura

    Trío con una madura

    Silvia es una señora grande y le gusta la verga, hemos tenido pláticas sobre cómo sería tener un encuentro con un hombre. Ella tiene un gran gusto por montar vergas y hablando de eso le comenté de un amigo al que me gustaría que conociera, ella me dijo que con gusto, pero si pasaban otras cosas que me abriera a experimentar cosas nuevas.

    Así lo hice y nos reunimos con mi amigo, José se llama, alto, maduro y atractivo; además de tener una plática muy amena. Esa noche reímos tomamos vino escuchando música suave. Fue un momento en el que fui al baño, ya que había bebido más de la cuenta, en ese momento dejé de escuchar risas y se me hizo raro, abrí la puerta despacio para que no se escuchara ningún ruido, me asomo y con asombro y morbo vi que Silvia, ya estaba mamando la verga de José…

    No sé de momento me quedé sin saber qué hacer y seguí observando cómo él le quitaba la blusa, luego el sostén… ella de inmediato se retiró y subió su falda, se quitó los calzones y puso la picha en la boca de José… aquello fue un espectáculo que no podía creer…

    Mi vagina ya en ese momento se encontraba mojada y palpitaba, metí los dedos y seguí viendo como José le comía la picha a Silvia, ella no dejaba de gemir, yo creo que se olvidó de mi porque lo hacía fuerte y sin pudor…

    En ese momento José se levanta y la pone en cuatro, observa atento el gran trasero de Silvia que aunque mayor lo tiene bien formado, le da unas palmadas fuertes a esas nalgotas y le dice que se va a comer ahora toda la verga por su culo y en eso le da una estocada que ella dio un grito entre placer y dolor…

    Yo para ese momento ya temblaba y no dejaba de dedearme, creo que hice un gemido porque en ese momento José volteó a verme, extendió su mano para que yo me acercara y así lo hice, mientras él seguía cogiendo el culo de Silvia yo lamía el ano de José… fue tan fantásticamente erótico todo eso que él no pudo aguantar más y nos hincó a las dos delante de él y nos bañó con su líquido seminal la cara y las tetas.

    Cuando terminó de tirar leche tomamos su verga y se la limpiamos las dos con la lengua, nuestras bocas se rosaban y fue inevitable se unieran. Silvia metía su lengua hasta mi garganta, era tan caliente y excitante, yo respondí tocando sus tetas llenas de leche.

    La recosté en el sofá y comencé a comerle su picha, estaba escurriendo, estaba muy caliente, pasé mi lengua por sus labios, los succioné, llegué a su clítoris qué ya estaba muy hinchado, jugué con él, le di pequeñas mordidas, Silvia ya fuera de si gemía, bufaba y daba pequeños gritos, mientras José ya estaba detrás de mi haciendo lo mismo con mi ano, era un maestro comiendo el ano, lo ensalivaba, lo succionaba, pasaba su lengua desde mi clítoris hasta llegar a mi ano y penetrarlo con su lengua lo más profundo qué podía, el placer era inmenso, yo comiendo la picha de Silvia y José comiéndome el ano.

    Sentí que Silvia se ponía rígida, puso sus manos detrás de mi cabeza y jalaba mi cabello para pegarme más a su picha, estaba a punto de estallar y justo cuando Silvia empezó a escurrir en mi boca en un inmenso orgasmo y sentí como la verga de José entraba de una sola estocada en mi culo, toda hasta el fondo, sus huevos chocaban con mi picha y mi ano dilatado recibía esa verga gruesa y dura llenándolo de leche.

    Se escucho un grito de los tres al mismo tiempo, Silvia y José de que se estaban viniendo y yo de recibir ese trozo de carne muy dentro de mí y venirme también.

  • El cornudo no quería ver

    El cornudo no quería ver

    Hola a todos los lectores, en esta oportunidad hablaré por primera vez de mis aventuras como corneador ya que en otros relatos he contado mi vida oculta que ha sido bastante distinta a esto pero ahora nos enfocaremos en el tema cuckold que también ha formado parte de mi vida.

    Hace unos años antes de casarme yo estaba en mis andanzas secretas (que pueden leer en mis otros relatos) como hice mención anteriormente y por casualidad encontré una página de swingers a la cual me suscribí, monté unas fotos y completé un perfil buscando parejas, para mi sorpresa en unos días me contactaron desde la ciudad de Valencia en Venezuela una pareja que estaba interesada en mi, yo sin dudarlo pacté con ellos e hice un viaje desde caracas para conocerlos.

    En aquél entonces tenía algo más de 23 años, cuando llegué al sitio a donde cenaríamos me encontré con una pareja mucho más adulta que yo pues ella tenía unos 45 años y él como 50, la mujer era bella cabello casi amarillo con mechas y la piel bronceada con grandes senos piernas torneadas y gran culo, estaba extremadamente elegante y olía espectacular, el señor era igualmente elegante bien vestido medio gordito pero nada que ver con ella.

    Mientras cenábamos y bebíamos un vino conversamos de lo que ellos querían, de verdad fueron muy abiertos y el hombre sobre todo era el más conversador, ella sin embargo era un poco más callada solo hacía gestos o se reía pero casi no hablaba, para resumir la conversación se basó en que él había tenido problemas de virilidad y aunque ella lo consideraba y no le reprochaba nada habían tenido conversaciones en donde él le proponía a ella estar con otros hombres para que siguiera disfrutando de su sexualidad pero con la condición de que él siempre estuviera presente y no pasaran cosas sin su consentimiento, hasta ese momento no lo habían hecho y estaban buscando con quién iniciarse.

    Entre otras cosas se conversó que ella no estaba muy segura de hacerlo ya que era su esposo y el papá de sus hijos y temía que su matrimonio se destruyera por ese tipo de encuentros pero dependiendo de la situación podría intentarlo pero que eso le dolía mucho porque tenían más de 25 años de casados y nunca había estado con otro hombre, de verdad fue una conversación muy abierta y profunda a la vez porque ellos depositaron su confianza en mi y yo estaba fascinado de ser el posible elegido.

    Hasta ahí todo estaba bien pero ocurrió algo que cambio mi perspectiva de la situación, el hombre fue al baño y la esposa se me acerca y me dice: “Mi esposo no sirve y nunca ha servido para nada” si me vas a coger hazlo bien porque lo necesito y seré tuya las veces que quieres, luego de eso llegó el esposo y luego era el momento de irnos.

    El hombre me agradece por venir y me dice que me llamarán para ver si podemos pactar el encuentro y yo hice el comentario que venía de otra ciudad y me quedaría en un hotel que por favor me recomendaran uno porque pensé erróneamente que me iba a quedar con ellos, El hombre dijo que era muy pronto porque nos acabábamos de conocer y la mujer dijo “vamos a acompañarlo al hotel”, se miraron y nos fuimos.

    Nos fuimos a un hotel y cuando subimos el hombre se desnudó completamente se sentó en una silla frente a la TV y se puso a ver una película pornográfica dándole la espalda a la cama como si no quisiera ver nada y dijo estas palabras “hagan lo que tengan que hacer pero nada de anal”

    Pues ella y yo empezamos a besarnos mientras nos desnudábamos y nos empezábamos a comer, después de mamar sus tetas bajé a comer su cuca mientras ella gemía y se estremecía como una perra en celos, luego de un rato hicimos un 69 donde se escuchaba las arcadas de ella y el gemido de los dos ya que ambos aprovechamos de chuparnos y lamernos el culo mutuamente, de verdad el hombre no volteaba a ver nada era impresionante la actitud que tenía mientras la mujer se desbocaba conmigo en un sensual encuentro.

    Ella se acostó y abriendo sus piernas le dijo al esposo “voltea a ver como me coje otro hombre” él no volteó y solo dijo “nada de anal”.

    Pareciera que el demonio se metió en mi cabeza y en vez de llevar mi pene a su cuca lo apoyé en su agujero trasero, ella me miró y me dijo que “no” con la cabeza por lo que procedí a meterlo en la vagina, tuvimos un rico momento en esa posición acompañado de besos y mucho sudor mientras el esposo quería que ella le narrara todo lo que sucedía pero sin ver nada, por ejemplo ella le decía “me está cogiendo con las piernas abiertas” “ahora me voy a sentar encima” “lo voy a chupar” era como si él quisiera saber todo pero no se atrevía a verla.

    Al ponerla en cuatro patas me dijo al oído “si quieres te quitas el condón y me acabas dentro pero es un secreto” eso me excitó mucho pero lo primero que se me vino a la mente es que ella quería que la preñara entonces ya sin condón en vez de apuntar su cuca lo puse de nuevo en el culo, ella giró un poco su cabeza y cerró suavemente los ojos mientras yo empujé fuertemente y se lo metí entero haciendo que ella pegara un grito desgarrador, en ese momento el gordito se paró como molesto diciendo “por el culo no” mientras yo ya la estaba bombeando en 4 patas ellos empezaron a tener una conversación y me di cuenta que el hombre tenía un pene verdaderamente pequeño y no tenía erección

    Él: por qué le das el culo perra?

    Ella: no se lo di papi, él lo tomó (mientras yo bombeaba durísimo)

    El: Pero yo nunca lo he penetrado

    Ella: Tranquilo amor mi culo es tuyo

    Yo soy tuya

    Mi culo es tuyo

    Yo soy tuya

    Mi culo es tuyo

    Yo soy tuya

    Gritaba cada vez más duro mirando fijamente al bolsa de su marido aguantando el dolor de la culeada que yo le estaba dando, eso fue muy excitante hasta exploté dejándole el culo lleno de leche ante los ojos de su marido que jamás se lo había comido.

    Al terminar conversamos los tres y el hombre confesó que su erección siembre fue muy pobre y aunque a veces lo intentaron nunca pudieron hacer sexo anal, sinceramente para él era como una humillación pero en la conversación que tuvimos se soltó mucho y entendió que su mujer lo necesitaba, ella confesó que nunca lo había hecho por atrás pero que le había encantado esta primera vez aunque le dolía «obviamente era más puta de lo que su esposo imaginaba y estoy seguro que no era su primera vez» pensé… luego de un rato le pidió a su esposo que quería hacerlo de nuevo por detrás antes de que yo me fuera y que él intentara por delante y propuso una doble penetración.

    Pues se sentó encima de mi dándome la espalda clavándose mi yuca en su culo mientras el hombre pudo levantar su miembro un poco y lo metió en su vagina, así estuvimos por un largo rato hasta que él acabó y la llenó de leche, posteriormente yo la puse boca abajo y la rematé con todas mis fuerzas para llenar de nuevo de leche ese estupendo culo ajeno que nunca olvidaré.

    Luego de ese encuentro mantuvimos contacto telefónico y por correo electrónico por un tiempo pero no los volví a ver.

  • Con mi amante en la cabaña

    Con mi amante en la cabaña

    Él era dueño de sí mismo, ella solo una chica insegura de 20 años. Pero sus manos parecían haber sido hechas como piezas exactas para encajar una con otra, con los dedos entrelazados para no separarse jamás.

    Era una tarde fría, con viento y mucha lluvia. Una tarde ideal para hacer el amor, por eso nos encontrábamos mi amante y yo en una bonita cabaña.

    Estábamos acostados, desnudos y abrazados.

    Me desperté, él todavía estaba durmiendo. Lo mire y me di cuenta de que él es lo más hermoso de mi vida, lo bese repetidas veces en la mejilla y le recorrí con mis manos sus pectorales.

    Le toque su barba negra, esa que tanto me gusta y que lo hace más atractivo que cualquier otro hombre de este mundo.

    Apoye mi cabeza en su pecho y luego de unos minutos sentí una mano que me acariciaba mi cabello negro con total ternura.

    Levanté mi vista hacia él y nuestras miradas se encontraron.

    -Hola mi vida- me dijo en un susurro.

    -Hola, mi rey- respondí.

    -¿Qué hora es?

    -Las 6 de la tarde.

    -Dormimos mucho.

    -Sí, es verdad, pero aún tengo ganas de ti- le solté de repente, me acosté arriba de mi amante y lo bese en los labios demostrándole todo mi amor.

    Él puso sus cálidas manos en mi desnuda espalda y me acarició hasta llegar a la zona de mis nalgas, cuando llegó a esa parte, me apretó fuertemente y el beso se hizo más ardiente.

    Me encantan sus besos, con su barba tocándome la mejilla, me encanta la presión de sus manos contra mis nalgas y en este momento nos estábamos besando muy delicioso.

    Él siguió presionando mi trasero y deslizó un dedo por el mismo para introducirlo en mi agujero.

    Pero yo me incline, llegue a la zona de su pene, lo tomé con ambas de mis manos y entró directamente a mi boca para hacer contacto con mi lengua.

    Él dio un gemido de satisfacción y yo seguí con el ritmo del sexo oral.

    Mientras yo le chupaba su gran miembro con los movimientos frenéticos, pero sensuales que a él tanto le gustan y disfrutan. Él siguió metiéndome un dedo en el agujero de mi culo, luego metió otro y yo sentía que los introducía bien al fondo, para después sacarlos húmedos de mis fluidos y chupárselos así los volvía a introducir otra vez.

    Con la mano que le quedaba libre la utilizó para manosearme las nalgas.

    Él siguió jugando con sus dedos en mis nalgas durante unos minutos más hasta que yo sentí el caliente líquido que ya tanto conocía, era su eyaculación, la que tanto me gustaba tragar, ya que amo el semen de este hombre.

    Me lo trague por completo sin desperdiciar ninguna gota y disfrute mucho de su sabor que me enloquecía de placer.

    Sin darle tiempo a nada más me subí a horcajadas sobre mi amante, agarre devuelta su verga y la coloque dentro de mi vagina.

    Me empece a mover sobre el como a mí me gustaba, de arriba hacia abajo dando pequeños saltos para que él pueda disfrutar del movimiento de mis senos brincando sobre su rostro.

    Él me agarro fuertemente de la cintura y también puso su propio ritmo al acto sexual.

    Amaba hacer el amor con él, y todo lo que eso significa, ya que disfruto mucho del sexo salvaje que siempre tenemos. El sexo con él es intenso, puro fuego y pasión.

    Esas sensaciones me encantan, me hacen temblar de éxtasis y placer, mi vagina late de las deliciosas embestidas que recibo de parte de este maravilloso hombre.

    Estaba absorta en estos pensamientos, cuando él me dio una bonita sorpresa, puso ambas manos en mi cintura y con un movimiento me puso de costado, me levanto una de mis piernas bien alto y me empezó a penetrar en esa hermosa posición tan romántica e intensa.

    Me agarro fuertemente los senos y me dio numerosos besos en la mejilla hasta que encontró mi boca y nos unimos en un ardiente beso.

    Su pene penetraba muy profundo en mí, podía sentir eso en cada embestida, cada vez se hundía más en mi interior. Hasta podía sentir sus testículos chocando contra mí.

    No pare de besarlo en ningún momento hasta que sentí una nueva descarga de semen dentro de mí.

    Él me soltó y se quedó acostado.

    -Una buena cogida para comenzar la tarde- me dijo.

    -Y aún nos quedan muchas horas más.

    -Te amo, hermosa.

    -Te amo mi príncipe -le respondí.

  • Tan cerca que quema (2)

    Tan cerca que quema (2)

    Luego de que tuve el encuentro con mi vecina y la posterior invitación, tuve que viajar por temas de trabajo y familiares.

    Cuando regresé, tenía presente la invitación. Como se venía un fin de semana largo, renté una casita en la playa por esos días, sólo con la fé porque aún no invitaba a mis vecinas. Habiendo concretado la reserva, le hablé a Javiera y le dije “Hola ¿cómo estás? ¿Continúa en pie la oferta?”

    J: Si, claro ¿que tienes en mente?

    Tengo una cabaña en la playa por todo el fin de semana ¿qué te parece?

    J: Por mi, maravilloso ¿invito a mi mamá?

    Cuento con ello.

    Un par de horas más tardes, me escribe Javiera y me dice que todo está acordado, así que agarré un bolso, recogí un poco de ropa, toallas, etc. y por supuesto algunos víveres para comenzar. Acordamos salir a las 7 al día siguiente.

    Al otro día, con lo caliente que estaba no veía la hora de partir… llegó el momento y me estaciono frente a su casa. Quedé hipnotizado al ver a Javiera con unos leggins que más parecían tatuados que puestos… y un top que dejaba ver que no había nada mas abajo, tragué saliva y luego se asoma su madre… ¡madre mía! si la hija era buena, la mamá se escapó como 100 metros… nunca la había visto vestida así, muy similar a la hija, pero con unas caderas tremendas y unas tetas de esas que te quitan el aliento.

    Me bajo del auto para saludar y abrirles la puerta y me saludan con un beso en la comisura de los labios, ya la suerte estaba echada y solo había que dejar fluir todo.

    Javiera decide irse en la parte delantera, mientras que su madre viajaba en el asiento trasero, desde donde me miraba y abría las piernas, los labios de esa vagina se dibujaban claramente y yo conducía con mucha dificultad porque me tenían un tanto desconcertados.

    Luego de unos 90 minutos, llegamos a la cabaña, una casita de 2 habitaciones grandes y con todas las comodidades. Comimos algo y decidimos salir a caminar para conocer el lugar. La zona no era muy turística que digamos, pero si tenía sus encantos, sobre todo un lugar entre los roqueríos, donde había una especie de mini playa, en la cual, nadie podía verte desde el camino.

    Tendimos las toallas para sentarnos y Amalia, que es como se llama la mamá de Javiera me dice “y cuéntame Roberto ¿cómo estás? ¿qué esperas del viaje?”.

    Buena pregunta la que me hizo, no quería parecer muy directo pero vaya que era difícil no ser obvio.

    “Bueno pues, desde que enviudé no he salido mucho y me he dedicado principalmente al trabajo y… ya sabes, con las carencias que ellos implica.”.

    A: Pero eso podemos arreglarlo ¿no? Poniendo su mano en mi paquete… ”no creo que viniéramos solo a ver las olas”, a lo que me planta un beso que me tomó por sorpresa haciéndome caer sobre la toalla.

    En ese instante, Amalia se sienta sobre mi y me empieza a besar y a mover su cuerpazo sobre el mío, Javiera que no se había percatado nos ve y dice “¿pero partieron sin mi?” y se suma a la labor de su madre, corría un viendo frío con un poco de garúa, así que rápidamente nos volvimos a la cabaña.

    Una vez ahí, fue entrar y comenzar a desnudarnos unos a otros, que espectáculo tan increíble, ni en mis mejores fantasías lo hubiera imaginado, de pronto tenía a ambas hembras desnudas, cada una con su belleza y mis manos paseando por cada uno de sus cuerpos, sintiendo la humedad en su entrepierna, ya esto no tenía vuelta atrás.

    Seguimos besándonos, luego Javiera comienza a hacerme sexo oral, mientras se acomoda para que yo le hiciera lo mismo en un rico 69, pero no contaba con que Amalia se sentaría en mi cara, dejándome todo su rico tesoro cubriendo mi boca, mientras toma por las caderas a su hija y comienza a saler su vagina y su ano. Eso provocó que Javiera comenzara a mamar con más fuerza y me tenían como loco… ¡y recién estábamos comenzando!

    En un movimiento rápido, Javiera deja de chuparme, mientras yo tenía mi boca impregnada de los jugos de Amalia, el sabor de ambas era delicioso… cambiaron de posición y fue el turno de Javiera de poner su conejito en mi boca, que ya estaba muy mojado gracias a la lengua de aquella que le dio la vida. Asimismo, Javiera comía del punto donde vino al mundo mientras que su madre me devoraba al amigo fiel.

    Estuvimos así un rato y Amalia se endereza y se alista para sentarse sobre mi verga, si bien no soy un actor porno, algo tengo y logré penetrarla con facilidad, esa mujer hervía por dentro, sentía como casi me quemaba con su interior, no tardó mucho en tener un orgasmo que se sintió delicioso, porque con las paredes interiores me apretaba el pene.

    Ni bien termina su madre, Javiera, cual atleta toma la posta y se sienta sobre mi, no sólo apresándome el pene, sino que moviéndose en círculos, luego de lo cual, tras algunos minutos, terminó en un largo y húmedo orgasmo con squirt incluido y que termino por hacerme acabar, pero cuando estaba por hacerlo, les anuncié… voy a acabar, a lo que ambas se pusieron de rodillas al costado de la cama y esperaron por la ración de leche que, sorprendentemente fue mucha, más de lo que recuerde haber tenido antes… ver su rostro embarrado con mi semen y luego verlas limpiarse la una a la otras con sus lenguas para terminar fundidas en un beso mientras yo comía sus tetas… era indescriptible.

    Terminamos exhaustos, pero para ser la mañana del primer día, creo que no estuvo mal.

    Les iré contando como terminó ese fin de semana.

  • Sexo anal con mi papá

    Sexo anal con mi papá

    Cuando vi que era mi hermano al que me había comido, me quedé paralizada por un momento. Pero de alguna manera me provocó mucho morbo, y quise más.

    Me acerqué a él y estaba temblando. Y traté de calmarlo. Lo agarré del brazo y le dije: “Tranquilo, no pasa nada, nadie tiene que saber de esto. Trata de relajarte otra vez.” Mientras le decía esto, bajé mi mano hacia su verga y empecé a masturbarlo. Me pare de puntitas para alcanzarlo (porque es mucho más alto que yo), y le di un beso.

    Nuestras lenguas empezaron a frotarse, nuestra respiración se aceleró, y poco a poco nos acercamos a la cama para volver a coger como nunca lo hubiéramos imaginado. Él se puso sobre mí y empezó a penetrarme. Su verga entraba y salía de mí, y la otra chica se acercó a escupir en la verga de mi hermano para lubricarnos. Fue un trío perfecto.

    Me cogió en todas las posiciones que pudimos imaginar, hasta que obviamente me pidió que lo dejara metérmela por el culo. Para mí no era algo nuevo, pero para él sí. Le pregunté si sabía cómo hacerlo y me dijo que no. Así que entre la chica y yo lo guiamos poco a poco. Ella le enseñó que primero debía estimularme el ano, y ella me lo empezó a mamar. Podía sentir cómo la lengua de la chica entraba en mi culo y me escupía para lubricarlo y meterme los dedos. Comenzó metiéndome un dedo, luego dos, y luego le dijo a mi hermano que metiera sus dedos.

    Después de un buen rato de estimularme el culo, finalmente le dije que ya estaba lista. Me puse en 4, mi hermano se acercó y metió su verga poco a poco y comenzó a follarme el culo. Nunca sentí tanto morbo en mi vida como ese momento al pensar que mi hermano estaba metiéndome la verga por el ano, mientras una completa desconocida me chupaba los pies. Fue un momento mágico.

    Pasaron varios días y mi hermano no podía verme a los ojos cuando llegábamos a la casa. Entonces una noche entre en su cuarto, desnuda, y le dije que no podíamos seguir evitándonos. Me metí en su cama, debajo de las cobijas y comencé a masturbarlo con mis pies. Su verga no se ponía dura y me dijo: “es que tengo miedo de que mis papás nos escuchen”. Y yo le dije que no se preocupara, que seríamos muy discretos. Sujeté su verga todavía blanda usando mis dedos de los pies y escupí sobre ellos. Poco a poco su verga se puso dura.

    Cuando me aseguré de que la verga de mi hermano ya estaba muy dura, le dije: “llename el culo con esa leche tan rica, te la voy a sacar toda y a dejarte seco”. Me puse en 4, me abrí las nalgas con las manos y le ofrecí mi culo. Me volví adicta a esa sensación, a esa verga tan dura. Y aunque no la tenía grande, sabía cómo moverse.

    Pero pasó algo inesperado. Mientras su verga estaba todavía dentro de mi culo, pude ver de reojo que la puerta se abrió muy poco. Estaba oscuro y no pude distinguir bien lo que estaba pasando. En ese momento, pude ver que una silueta entró a la habitación. Mi hermano ni siquiera se dio cuenta, pero yo lo podía ver de reojo. La sombra no dijo nada, y yo estaba tan excitada que no quise parar. La silueta comenzó a moverse de manera extraña, hasta que pude distinguir que se estaba masturbando viéndonos follar a mi hermano y a mí. Era mi papá… y ni siquiera me importó.

    Pasó un rato jalándose la verga, hasta que no pudo resistirse más, y susurrando en voz muy baja le dijo a mi hermano: “Sergio”. Mi hermano volteó como si hubiera visto un fantasma. Y quiso quitarse de encima de mí, pero mi papá le puso la mano en la espalda y le dijo: “No no, tranquilo, tú sigue, no voy a decir nada.” Mi hermano se quedó quieto sin saber qué hacer. Y mi papá le insistió: “Síguele Sergio!”

    Como mi hermano no respondió ni hizo nada, mi papá le dijo: “Entonces quítate a la verga, te voy a enseñar, pinche chamaco”. Lo hizo a un lado, se puso detrás de mí, y sin ningún aviso mi papá me metió la verga y comenzó a cogerme el culo. Lo hacía con mucha fuerza y de forma agresiva, pero eso me prendió mucho más. Entonces mi papá le dijo a mi hermano: “párate ahí enfrente”, y después a mí me dijo: “y ahora tú chúpasela”. Mi hermano se paró frente a mi cara, abrí la boca y se la empecé a chupar. Por un lado tenía la verga de mi hermano en la boca, y por otro tenía la verga de mi padre penetrándome el ano. La sensación me volvió loca, sentí una contracción en mi vientre y mi vagina se abrió como una fuente para sacar el squirt más explosivo que he tenido en mi vida

    Las sábanas se empaparon, la verga de mi padre quedó totalmente bañada de mi venida, pero eso no lo detuvo. Me jaló con fuerza del cabello y siguió follándome, hasta que sentí su leche llenándome el culo.

  • Esta noche te ceno

    Esta noche te ceno

    Esta noche te ceno.

    Te sirvo sobre lecho de mil hojas

    con virutas de versos y canciones.

    Te adorno con alguna luz perdida

    o con la guarnición de un corsé rojo.

    Te caliento despacio,

    al fuego lento y torpe de mis manos,

    hasta que empiece a hervir sobre tus labios

    el beso que te viene desde el alma.

    Te gratino después con la mirada,

    con el brillo fugaz que se despierta

    al contacto de ésta con tu pubis.

    Te aderezo con voces susurradas,

    te sazono a mi antojo,

    te libro de la celda de las medias

    y de la indignidad de la conciencia,

    y te llevo a mi boca.

     

    Te saboreo por partes,

    te degusto despacio, lentamente,

    con cuidado, hasta que el paladar

    quede impregnado todo con tu nombre.

    Ya sabes que de ti

    me gusta hasta tu sombra.

    Después lamo mis dedos,

    empapados del jugo de tus carnes,

    uso de improvisada servilleta

    tu diminuto tanga,

    y vuelvo a hundir los dedos en tu cuerpo

    hasta obtener licor de tus entrañas.

    Borracho ya de ti,

    saciado por completo,

    me quedaré dormido

    abrazado a los restos del naufragio.

    Y si cuando despierte

    me cruzo por azar, y por sorpresa,

    con tus formas desnudas por la casa

    sabré que ya no hay sitio para el hambre.

     

    Te dejaré una nota en la mesita,

    arrinconada y yerma de la entrada,

    en la que no diré lo que me gustas

    ni tampoco lo mucho que te quiero,

    sabes bien que soy un tanto rudo,

    como sabes, también,

    que mi vocabulario

    es mucho más perverso y más obsceno,

    en ella solamente te habré escrito:

    “Amor, esta noche…

    Esta noche te ceno».

  • Diego compra dildo de sorpresa para Luisa

    Diego compra dildo de sorpresa para Luisa

    En las últimas semanas, la vida sexual de Diego y Luisa se había vuelto aún más emocionante. Después de haber compartido sus más íntimas fantasías, sus encuentros íntimos se habían cargado de una tensión sexual palpable. La fantasía de incluir a otro hombre en su relación les excitaba a un nivel que ni ellos habían imaginado antes.

    Como parte de su intento de hacer realidad esta fantasía, Diego decidió tomar medidas concretas. Se aventuró en un sex-shop especializado, decidido a encontrar el juguete perfecto para llevar a cabo su deseo. Tras explorar las opciones, eligió un dildo de tamaño regular, un objeto que se convertiría en el primer paso para hacer la fantasía un poco más realista.

    El solo hecho de comprar el juguete encendió aún más la pasión entre Diego y Luisa. Imaginaban cómo sería usarlo, explorando cada rincón de su deseo. Cada conversación sobre sus deseos ocultos, cada mirada lujuriosa compartida, los acercaba cada vez más a la materialización de su fantasía. La anticipación y el deseo los consumían.

    Luisa se excitaba enormemente al pensar en la idea de tener dos penes a su disposición, satisfaciendo todos sus anhelos sexuales. Los mensajes provocativos y las insinuaciones en sus conversaciones cotidianas solo alimentaban el fuego de su deseo. Diego y Luisa sabían que estaban a punto de explorar un nuevo territorio erótico juntos, y estaban más que ansiosos por llevar a cabo su plan y hacer realidad sus más salvajes fantasías. Cada día que pasaba, la pasión entre ellos crecía, y sabían que estaban a punto de sumergirse en un mundo de excitación y lujuria sin precedentes.

    Al llegar a casa con la sorpresa en la bolsa, Diego no podía contener su emoción. Luisa, que estaba en el salón, notó de inmediato la mirada pícara de su esposo y se preguntó qué tenía en mente. Diego se acercó a ella y, con una sonrisa traviesa, le entregó la bolsa que contenía el juguete que había comprado en el sex-shop.

    Cuando Luisa vio lo que había dentro, sus ojos se iluminaron de deseo. Efectivamente, el simple hecho de ver el dildo desató una oleada de excitación en ella. No pudo evitar sentir un cosquilleo entre sus piernas y, sin siquiera tocarse, comenzó a mojarse. La sensación de tener un objeto tan íntimo y sugerente en sus manos, elegido por su amado esposo para cumplir sus deseos compartidos, era extremadamente erótica.

    Diego observó la reacción de Luisa, complacido al ver el efecto que tenía el juguete en ella. Sabía que estaban en el camino correcto para llevar a cabo su fantasía, y esta revelación solo fortaleció su deseo de hacerla realidad.

    Con el ambiente cargado de excitación, Diego y Luisa se fundieron en un apasionado beso, sus lenguas entrelazándose con deseo. En medio de la fogosidad de su encuentro, Luisa no pudo resistir la tentación de bajar los pantalones de Diego. Sin mediar palabras, comenzó a acariciar su miembro erecto por encima de su ropa interior, sintiendo su calor a través de la tela.

    Diego, dejándose llevar por la pasión del momento, ayudó a Luisa a liberar su pene. Mientras su esposa acariciaba con destreza su pene, él se concentró en acariciar las suaves nalgas de Luisa, apretándolas con fuerza y deseo. Sus dedos comenzaron a explorar la húmeda vagina de su esposa, deslizándose con suavidad y firmeza entre sus labios. Luisa, entregada al placer que ambos compartían, gemía de forma sugerente cada vez que su marido metía más sus dedos.

    Con la excitación creciendo, Luisa, deseosa de llevar a su marido al límite del placer, se inclinó hacia abajo y tomó con avidez el miembro de Diego en su boca. Sus labios lo rodearon con pasión mientras su lengua lo acariciaba en movimientos sensuales. Los gemidos y susurros de placer de Luisa resonaban en la habitación, excitando aún más a Diego.

    Mientras Luisa se entregaba al placer de su tarea, Diego, animado por los gemidos de su esposa, no pudo resistirse a explorar más a fondo. Con un dedo inicialmente, comenzó a penetrar suavemente la vagina de Luisa, sintiendo su humedad y calidez. Luisa gemía aún más, y entre chupadas profundas y gemidos excitados, le pidió a Diego que la penetrara con otro dedo. Sin perder tiempo, Diego introdujo un segundo dedo, sintiendo cómo el interior de su esposa se estrechaba alrededor de ellos.

    El éxtasis llenó la habitación mientras Diego continuaba estimulando a Luisa con sus dedos, y ella respondía con pasión al placer que él le proporcionaba con su lengua y sus labios alrededor de su miembro.

    Diego, sintiendo el estremecimiento de Luisa, supo que era el momento de llevar su placer al siguiente nivel. Decidió retirar sus dedos de la intimidad de Luisa y, con una sonrisa traviesa, tomó el dildo que previamente había preparado. Sin dejar de mirar a Luisa a los ojos, deslizó el juguete hacia la entrada de su vagina, sintiendo cómo ella se tensaba anticipando la sensación de ser llenada.

    Luisa dejó escapar un gemido entrecortado cuando el dildo comenzó a penetrarla lentamente. Se apretó contra el juguete mientras continuaba chupando a Diego. Los movimientos de sus caderas se volvieron más desesperados a medida que se acostumbraba a la doble estimulación, sintiéndose completamente poseída por el placer.

    La boca de Luisa rodeaba el pene de Diego con avidez, sus labios se deslizaban rítmicamente mientras sus gemidos aumentaban de intensidad. Cada succión era una muestra de su devoción y anhelo, mientras que el dildo dentro de ella provocaba una sensación abrumadora de satisfacción.

    Diego controlaba el ritmo de ambos, aumentando la velocidad de las embestidas del dildo en el momento adecuado, lo que hacía que Luisa se retorciera y gimiera con mayor intensidad. La habitación se llenó con los sonidos del deseo compartido, creando una atmósfera ardiente que solo los dos entendían.

    Un momento de calma llegó cuando Luisa, incapaz de resistirse al placer abrumador, dejó de chupar a Diego. Jadeando y con los ojos llenos de deseo, estaba a punto de detenerse, pero Diego, consciente de que estaban en medio de una fantasía ardiente, no se lo permitió.

    Con una mirada feroz y un agarre firme en su cabello, Diego instó a Luisa a continuar. La excitación fluía por sus venas, y la idea de dominar a Luisa en este momento, de llevarla a los límites del placer, lo impulsó aún más.

    «Vamos, mi amor», murmuró Diego con voz ronca. «Sabes que lo quieres, sigue chupando, siente cómo te llenamos».

    Luisa obedeció de inmediato, retomando su tarea con entusiasmo. El dildo la llenaba profundamente mientras sus labios apretados rodeaban el pene de Diego, creando una sensación embriagadora de placer. Sus gemidos resonaban en la habitación, y el fuego de su deseo ardía más intensamente que nunca.

    Los gemidos de Luisa se mezclaban con los de Diego mientras continuaban explorando las deliciosas sensaciones que su fantasía les ofrecía.

    El dildo, con su ventosa, ofrecía una nueva dimensión a la experiencia. Diego rápidamente lo fijó en la pared, y después, tomó a Luisa firmemente del cuello. La excitación de ser dominada por él la recorrió de arriba abajo. Su deseo ardía sin control, y el placer de estar en medio de su fantasía era más intenso de lo que jamás habían imaginado.

    Diego la besó apasionadamente mientras la colocaba de manera que era penetrada por el dildo, observando cada expresión de lujuria en el rostro de Luisa. Cada beso era un deseo ardiente, un recordatorio constante de lo que compartían en ese momento. Luisa gemía y gemía fuerte y sexy.

    Diego no podía resistirse a la tentación. Mientras seguía besando a Luisa con pasión, su deseo creció más allá de lo que hubieran imaginado. La tomó de su cabello y lo usó para guiarla hacia abajo, hacia su pene que estaba duro como roca. Cada movimiento de su cabeza descendiendo parecía llevarlos más profundo en la lujuria.

    El placer se intensificó a medida que Diego la embestía en la boca con una pasión desenfrenada. Cada embestida hacía que Luisa se moviera y fuera embestida por el dildo que permanecía fijo en la pared. La sensación de estar atrapada entre los dos, con su boca llena de Diego y el dildo llenándola profundamente, era abrumadoramente excitante.

    El rostro de Luisa reflejaba una mezcla de sumisión y ansias de más, mientras que Diego se perdía en el ardor de la intensidad. La idea de que esta era solo una de las muchas fantasías que podrían explorar juntos los enloquecía.

    Cada vez que Diego le embestía en la boca, metiendo su pene en sus labios húmedos y cálidos, un gemido apasionado escapaba de ella, aunque su boca estuviera ocupada. Diego la animaba, susurrando palabras excitantes entre jadeos: «Sí, así, sigue, cariño…»

    Lo que hacía que este momento fuera aún más ardiente era el constante movimiento de Luisa. A pesar de que Diego no la embestía con fuerza, Luisa no podía evitar seguir moviéndose, buscando sentir la penetración profunda del dildo. Sus caderas se movían en círculos, sus ojos brillaban de excitación y su cuerpo se estremecía con cada embestida que Diego le daba.

    La habitación se llenaba con los sonidos eróticos de su pasión. El gemido incontrolable de Luisa mientras continuaba disfrutando de la doble estimulación, los susurros sugerentes de Diego que la animaban a seguir y el rítmico sonido de la ventosa del dildo pegándose a la pared. Ese instante, donde el placer se fundía con la sumisión y la lujuria se apoderaba de ellos, fue inolvidable.

    Diego entre tantas embestidas se detuvo, sacando su pene de su boca y tomando a Luisa del cabello. Los ojos de Luisa brillaban mientras Diego la miraba con deseo, preguntándole con voz sensual, «¿Es esto lo que realmente quieres, Luisa?»

    Con un tono lleno de lujuria y voz de chica mala, Luisa respondió, «Sí, papi, esto es lo que quiero. Quiero sentirme cogida y chuparte al mismo tiempo. Quiero sentirme completamente tuya y, a la vez, entregada al placer.»

    Esa afirmación excitó aún más a Diego. Quería satisfacer sus deseos más profundos. La pasión los llevó a un punto sin retorno. Diego bajó a Luisa de nuevo hacia su pene, y esta vez la embestía en la boca a un ritmo frenético. Ella gemía de placer y sus ojos se nublaban de excitación mientras disfrutaba de la ardiente sumisión que tanto deseaba. Cada embestida de Diego llenaba la habitación con el sonido erótico de su lujuria compartida. Habían cruzado un nuevo límite y no había vuelta atrás.

    El ardiente encuentro continuó con una pasión incontrolable. Luisa no podía contenerse, y mientras tenía a Diego entre sus labios, lo jalaba de las piernas, instándolo a empujar aún más profundo en su boca. Las embestidas de Diego la hacían gemir y disfrutar del dildo que la llenaba. Su excitación estaba en su punto máximo.

    Diego, sin poder más por la sensación de Luisa moviéndose alrededor del dildo y su boca cálida y húmeda, finalmente alcanzó su límite. Dejó escapar un gemido profundo y se derramó en su boca. Luisa siguió moviéndose, sintiendo cómo Diego la llenaba con su cálido y espeso semen. Pero siempre sin dejar de moverse en el dildo que la satisfacía por completo.

    El intenso clímax los dejó momentáneamente exhaustos. El semen de Diego era tan abundante que, por la excitación y la cantidad, comenzó a escaparse por las comisuras de los labios de Luisa. Paró de moverse y, cuando sacó el pene de Diego de su boca, una impresionante cantidad de semen brotó, expulsada como si se tratara de un manantial de pasión desbordada. El fluido recorrió su rostro y cuerpo, una muestra de la lujuria y la pasión que compartían en ese momento ardiente.

    Ambos se sentían extasiados, como si hubieran tocado el cielo en ese torbellino de pasión.

    Luisa, con el rostro aún salpicado de semen, tomó aliento y miró a Diego con ojos traviesos. «Diego, -dijo con voz jadeante-, «eso me ha excitado tanto, pero aún siento que me falta… algo más grande.»

    Diego, intrigado, le preguntó: «¿Más grande? ¿Qué tamaño tienes en mente, cariño?»

    Luisa rio entre dientes y bromeó, «¡Estoy bromeando! Jaja…» A lo que Diego le parecía que no «Mm, ya no te creo, te conseguiré una más grande para la próxima» . Finalmente Luisa rio y bromeó » Jajaja, bueno ¡La más grande, Diego! Quiero una que me destroce de placer.» Ambos rieron, satisfechos por lo que habían compartido y emocionados por las futuras aventuras que les deparaba su intensa relación.

  • Exhibiendo a mi esposa, transparentando su ropa (3)

    Exhibiendo a mi esposa, transparentando su ropa (3)

    Continuaré con este recuerdo que me trae demasiadas sensaciones, gracias por leer mis relatos y motivarme seguir escribiendo lo que me sucede.

    Recapitulemos… Una tarde donde el morbo de ver a chicas con transparencia y marcando su ropa interior me llevó a hacer un plan con mi esposa, esa noche salimos a cotorrear y vaya que todo iba muy bien con una felicitación de un tipo que ni siquiera conocía, al finalizar el tiempo de la cena con una corrida mía que se quedó en mis pantalones y un orgasmo encapsulado en un gemidito de mi esposa tan rico que aún lo escuchó.

    Ahora si, les contaré que sucedió después de ese momento tan excitante, y en donde nos olvidamos de lugar, tiempo y existencia, y nos concentramos en el placer de venirnos solo con caricias y el excitante momento. Bueno, después de regresar de ese éxtasis que nos llevó a la luna y nos regresó en un instante, reaccioné y solo vi a mi esposa que abrió los ojos y reaccionó a esa situación con su respiración agitada y diciéndome -amooor- y me sonrió.

    Tratamos de disimular la situación pero la verdad no supe si alguien de los que estaban sentados alrededor del dieron cuenta. Nos incorporamos y pedimos la cuenta. Al pagar, noté que la chica que nos atendió solo nos miraba como si supiera algo, noté que veía mis pantalones y esa mancha así es que agarre el suétersito de mi esposa y lo cargaba como disimulando, nos levantamos, mi esposa se dirigió al tocador al igual que yo. Ahora si no supe si alguien veía a mi esposa que apuesto que la seguían viendo pero la verdad me preocupe porque no vieran esa mancha en mi pantalón. Al llegar al sanitario, solo le di una nalgadita a mi esposa, ella volteó y me sonrió, yo me metí al sanitario y con papel me limpié lo más que pude. Aún seguía con excitación pues el momento era memorable.

    Saliendo de ahí me encontré con mi esposa en el pasillo, y volví a ver ese tremendo cuerpo que a mis ojos es perfecto luciendo ese vestido delgado ti y resaltando todo de ella, se veía más fresca mientras tanto yo muy incómodo por tener el pantalón con semen. Me extendió la mano para tomarla y me preguntó que si está listo mi sorpresa fue que entre su mano en puño me dio su tanga mojada y le asenté con una sonrisa mientras ella me dijo -estás loco- sólo sonreí y salimos de ahí. El tipo encargado de traerme mi carro estaba atento a mi esposa pero no pudo hacer mucho ya que espere el auto para abrirle la puerta a mi mujer. Cuando subió al carro me dijo que la ayudara, ella se acomodó en el asiento y abrió las piernas para que le viera todo su sexo y vaya que esa imagen me dejó paralizado. Mi corazón se aceleró de nuevo y me volvió a sonreír, le di propina la chavó subí al carro y tome camino mientras hablábamos de esa noche. Ella me dijo que su vestido estaba mojado y que ocupaba cambiarse.

    Yo le di una mochilita que había dejado en los asientos de atrás, pues al salir de casa tome una licra de color gris y una micro ganga de hilo rosa. Se rió y me dijo que ya iba preparado asenté con mirada y sonrisa pícara y le dije que se cambiara ahí mismo, ella lo pensó un poco solamente y así comenzó a quitarse su vestido, no tenía más que eso pues no llevaba nada de ropa interior, se puso su micro tanga de color rosa y su mallon gris, pero no lleva playeras, ni camisas ni bra, solo el mallon y la tanga a lo cual solo se puso ese suetersito delgado que llevaba con su vestido.

    Solo tenía 2 botones esa prenda o lo cual su pecho en cualquier momento se saldría juguetón de ese suéter, yo al ver eso comencé a sentir la verga en acción, le dije que me quitaría mi ropa también, yo suelo llevar ropa de gym pues saliendo de trabajar en ovaciones pasó a ejercitarme, pero no llevaba bóxers solo un pans entallado, pero no pegado de color gris. Me detuve a cambiarme y al bajarme el pantalón aún sentado en el lugar del piloto mi verga salto pues la imagen de mi esposa cambiándose en mi carro me puso así la verga, ella abrió más ojos cuando noto que solo me pondría el pans sin bóxer. Me dijo que se me veía mucho pero no había de otra. Así es que continuamos en el camino mientras hablábamos, la charla era de cosas cachondas y yo quería más de esa sensación.

    Me detuve en una tienda para comprar algo de beber y mi esposa bajo conmigo, el chico de la tienda se sorprendió al ver a mi esposa, ahí no pasó a mayores pues íbamos concentrados en comprar de beber, aunque yo le veía el culo y vaya que se le notaba bien con ese mallon, pero al subir al carro le pregunté que si no tenía frío me contestó que si pero no había con que taparse, le dije que yo también tenía pero ella se rio diciéndome que no me creía y volteo a verme la verga la agarras y me dijo:

    – párese que estás muy caliente aun.

    Se me vino a la mente seguir con el juego así es que me dijo ti a un starbucks al abrirle la puerta del carro le dije que era la última parada antes de ir a casa que la noche aun no acababa y así le extendí la mano para tomarla, ella me abrazo y me dijo:

    – cerraremos con broche de oro-

    Me agarro la verga y se volteó para cerrar la puerta yo estaba atento a sus movimientos, se inclinó para verse en el espejo del copiloto y yo vi su culo embellecido con una microtanga de color rosa que sentí el palpitar de mi corazón en la verga así se quedó por unos segundo mientras yo no me quitaba de ahí, movía su cola presumiéndomela, ese mallon se le veía increíble se notaba claramente el color de la tanga y el color de su piel, hice una excelente selección de su ropa, pensé.

    Le agarre el culo y con voz de desesperación le dije:

    – no mames mi amor, estás bien pinche buena, te quiero coger, y quiero comerme ese culo-

    Ella solo dijo

    – yo estoy ansiosa por que me lamas el culo y te comas mi con juta pero quiero mi café- mientras caminaba hacia la entrada.

    En el café al abrir la puerta varios comenzaron a vernos, yo sentí algunas miradas de chicos y chicas pues no llevaba bóxers, y mi esposa con el suéter sin brasier éramos los más llamativos claro, no formamos y le agarre el culo mie atrás esperábamos a que la fila avanzara, me la pegaba al cuerpo y ella metía su pierna en las mías, muy disimulada frotaba su vagina en mi pierna y sentía mi verga.

    De repente se volteó dándome la espalda me tomó de la mano y se la puso en entre su cuello por arriba de su hombro derecho y me metió la mano en el suéter, me quedé frío pero al sentir sus pezones solo los disfrutaba. Llegando al mostrados ella no se despegaba de mí pues tenía la verga parada y claro ella no quería que nadie más lo notara, nos quedamos abrazados hasta que nos sentamos ella me dijo que no me parara pues la verga se veía demasiado, al escuchar nuestros nombres anunciando que nuestro pedido ya está listo, ella me dijo que disfrutara.

    Se levantó, y contemple su culo una vez más dándome show, se empinó más de 3 veces a alcanzar nuestros vasos de café, servilletas, póster y lo que fuera para darme el gusto de verla. Pero había como 3 chavos esperando sus cafés mi esposa no me dio espectáculo solo a mi, también los chavos disfrutaron de tremendo culo, y de la transparencia que hacía que se antojara ese culo. Un bato se agarró la verga acomodándosela, yo estaba a 100 cuando regreso a mi lugar los chavos no la perdían de vista, y wow la imagen que vi, al estar sentado y ella parada se le marcaban sus labios vaginales perfectos metidos en su mallon, se notaba claramente el relieve del mini triángulo de su tanga adornando su vagina y comiéndose esa tela de su mallon, todo eso me puso más cachondo nos fuimos al carro pero al salir un chavo me hizo gesto de satisfacción son su manos derecha. Le conteste con un Gracias con la palma de la mano.

    Ella seguía abrazándome pues no quería que me vieran, al salir del café se despegó de mí y me agarró la verga y me dijo:

    – vamos, que ya no aguanto-

    Me tomo de la mano y en el carro se di una empinada nivel dios y recordé a las chicas de ese mismo día por la tarde o por dios estaba tan cachondo y mi esposa igual. Le di una palma dita en el culo y acaricié sus piernas me volteó a ver así empinada y pase mi mano entre su vagina estaba ya húmeda así es que ella gimió levemente y se volteó se sentó bien y me dijo ya vámonos.

    Al subirme al carro y avanzar mi esposa comenzó a acariciarme por encima de mí pans me sorprendí cuando ella se tocaba y gemía, me pedía que me apurara que ya quería llegar, mientras se tocaba la concha y se pellizcaba suave los peatones, sus pechos ya estaban libre, yo como un loco manejaba para llegar lo más pronto posible pues ya quería reventar de nuevo pero no de la misma forma.

    Llegamos a casa por fin, subimos al departamento sin hacer ruido mientras subíamos me levantaba el culo y yo se lo iba acariciando noté que ya su mallon traía una mancha de sus líquidos y mi verga ya quería salir libre de mi pans,

    Por fin llegamos, solo cerramos y se lanzó sobre mí y me pegaba su sexo en mi pierna se movía para sentirme y gemía riquísimo, así me la lleve a la cama y la empine en 4 le quite el mallon y le puse el vestido que llevaba en la cena, con esa microtanga rosa Wow era de infarto, después le levanté un poco el vestido y comencé a lamerle el culo, vaya que mamadota de culo de di, me comí sus jugos le metí la verga le daba nalgada esa noche disfrutamos como locos de nosotros, la acosté boca arriba mientras se tocaba le metía la verga y ella gemía muy rico, no le quite el vestido pues era lo excitante, hasta que ella explotó y me llenó de sus fluidos, yo sin aguantar más me corrí dentro de ella, disfrutando de todo el monumento de mujer que estaba en mi cama, mientras daba los últimos movimientos le pellizcaba sus pezones, le lamia su pecho, y ella sin recuperar la respiración.

    Fue una noche increíble, así dormimos un rato, después nos levantamos de la cama y nos duchamos, volvimos a dormir.

    Un gusto compartir con ustedes este momento, sigan pendientes pues tengo otros relatos para escribir.

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