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  • Domadas en el crucero

    Domadas en el crucero

    Mi nombre es Noelia, tengo 27 años y lo que estoy por contarles fueron sin duda las mejores vacaciones de mi vida.

    Sucedieron hace 2 años, cuando tenía 25. En celebración por nuestra graduación en la universidad, una compañera de clases (y mi mejor amiga de toda la vida) llamada Betzaida y yo decidimos gastar parte de nuestros ahorros en un viaje al Archipiélago Los Roques. Una agencia vacacional estaba ofreciendo un paquete que cubría viaje ida y vuelta por una de las aerolíneas que cubrían la ruta y un hospedaje de 15 días en una posada llamada “La Nonna De Los Roques” con desayuno, almuerzo y cena incorporados. El paquete cubría solo para dos personas en una habitación y la verdad nos pareció algo caro pero queríamos consentirnos, así que aceptamos.

    A la semana de aceptar el paquete, nos fuimos saliendo del aeropuerto de Maiquetía con rumbo a la isla Gran Roque, el corazón del Archipiélago, donde se encuentran el aeropuerto, todas las posadas y la mayor cantidad de habitantes del grupo de islas. Al salir nos dirigimos a la posada, regentada por inmigrantes italianos. Era bastante linda, con paredes forradas en madera, de 2 pisos, y quedaba a orillas de una de las playas más bonitas de la isla, ofreciéndonos una espectacular vista del mar azul cristalino. De hecho, la posada contaba con un restaurant pequeño cuyas mesas estaban en la arena de la playa, cubiertas por supuesto con su debido techo de madera. Las habitaciones, como pudimos apreciar cuando entramos a la nuestra, no eran muy amplias pero sí bastante cómodas, y tenían hasta una pequeña cocina incorporada, con nevera y todo.

    En la recepción nos atendió el señor Antoniolli. Un hombre de unos 55 años de cabello canoso y rostro arrugado, algo gordo y de piel blanca pálida. Su español era fluido. Verifico la reservación que teníamos mi amiga y yo, aunque algo distraído por nuestras figuras corporales, y luego nos dio la habitación número 5. Esta quedaba en el segundo piso. Al subir por las escaleras pude apreciar que al lado de la recepción había un pequeño salón con unas 6 mesas de ping pong.

    Para hacer el cuento largo corto, Betzaida y yo llegamos y nos tumbamos en nuestras camas (habían dos en la habitación). Tomamos una ligera siesta, ya que eran las 2 de la tarde para el momento en que habíamos llegado a la posada y estábamos agotadas. Una hora después nos levantamos y decidimos ducharnos, metiéndome yo primero y ella después, para luego colocarnos nuestros mejores bikinis y salir a caminar por la playa.

    Es cierto que nos pareció un poco caro el precio del paquete del viaje, pero la verdad, valía la pena. El cielo azul, el mar cristalino, la tranquilidad, todo parecía valerlo. El señor Antoniolli nos trató bastante bien al momento de recibirnos, y cuando salimos a caminar también. La arena en mis pies descalzos se sentía deliciosa. Caminamos Betzaida y yo un no muy largo trecho, hasta llegar a un sitio donde se concentraba una buena cantidad de gente junto a una tarima sobre la cual había un DJ poniendo a bailar a todo el mundo con música techno. Al acercarnos unos cuantos hombres se dirigieron a nosotras ofreciéndonos bebidas, todos musculosos, en traje de baño tipo tanga, bronceados. Betzaida y yo nos miramos con cierta complicidad y nos guiñamos el ojo, aceptando las bebidas.

    Algo que deben saber es que Betzaida y yo nos contamos todo. Pero todo, TODO. No en vano es mi mejor amiga de toda la vida. Somos confidentes la una de la otra, nos contamos hasta las fantasías sexuales, todo, sin tapujos. Y si algo es cierto es que nosotras somos unas mujeres muy… ¿cómo decirlo? Fogosas. Nuestro fuego uterino es muy difícil de apagar. Y la verdad, por la cuestión de los estudios, etc., ambas habíamos visto poca acción sexual en nuestras vidas salvo en vacaciones. Y este viaje era seguro que no lo íbamos a desaprovechar en absoluto. Así que nos quedamos en el jolgorio, bebiendo y hablando con todo aquel que quisiera compartir con nosotras, en su mayoría, hombres.

    Y no era de extrañar ese punto, ya que ambas teníamos (y seguimos teniendo) un cuerpo explosivo. Por mi parte, mido 1.70 centímetros. Soy de piel blanca, cabello negro, largo y liso, y tengo una cara bien bonita según dice (yo también lo considero así modestia aparte). Mi cuerpo es la envidia de muchas: tengo unos enormes senos, firmes y bien paraditos, uso una talla de sujetador 38DD. Siguiendo hacia abajo, una cinturita con una curva bien pronunciada, de vientre plano, y para finalizar unas caderas algo anchas y con un culo de nalgas bien carnosas y duritas, bien apetitosas para el género masculino. Todo esto es soportado por dos piernas bien torneadas de muslos bastante generosos en carne.

    Por su parte, Betzaida también era otro monumento de mujer. Ella tiene los senos operados, usando sujetadores iguales a los míos: 38DD. Además de eso también una bella cintura curva y terminada en unas caderas anchas (más que las mías) y con unas nalgas bien proporcionadas (naturales y mucho más carnosas que las mías) ponía a los hombres a devorarla con la mirada. De rostro, yo soy la más linda, pero esto no quiere decir que ella sea más fea que un carro por debajo, al contrario, es muy hermosa de rostro también. Es rubia natural, y para ese momento, ella tenía mechas negras pintadas.

    Y así comenzaban nuestras vacaciones. Rodeadas de muchos hombres, todos buenotes, con dinero ofreciéndonos todo con la intención de una aventura en la cama. Y nosotras no nos íbamos a negar. Luego de un rato, a la tarima subió un hombre vestido con una camisa guayabera blanca y unos shorts por las rodillas, quien tomo un micrófono y comenzó a dirigirse a la audiencia.

    -Buenas tardes mi gente, les habla Rodrigo Antoniolli, y en este momento comienza lo que todos estábamos esperando: la elección de ¡¡¡“Miss Trasero Los Roques”!!! –comenzó a decir. –Muchos ya saben la mecánica del concurso, pero para los que son nuevos por estos lados del Caribe, les explico la mecánica: 20 chicas esculturales del publico subirán aquí a competir para ver quien tiene el mejor trasero…mejor dejémonos de palabrerías tontas: 30 chicas se subirán aquí a ver quién es la que tiene el mejor CUUULO –continuo diciendo el animador, quien al decir la palabra “culo” alborotó al público asistente. –todas las chicas pasaran por una corta serie de pruebas para competir por la corona y el premio de ¡mil bolívares! Además claro, de ser la ¡¡¡MISS CULO LOS ROQUEEEES!!! Como dirían los de fulanito: ¡que comience la fiesta! El primer paso es la selección de 20 bellezas del público por parte de nuestro jurado. ¿Alguna voluntaria?

    Muchas mujeres levantaron la mano. Muchos hombres que nos rodeaban señalaron hacia nosotras también, y a la mierda, estábamos de vacaciones y queríamos alocarnos un poco, así que Betzaida y yo también la levantamos. Una a una las chicas seleccionadas iban subiendo a medida que las llamaban, pasando por donde estaba el animador y diciendo sus nombres, además de dar “una vueltica” para apreciar sus atributos con detalle. Y por supuesto que Betzaida y yo fuimos muy aclamadas cuando dimos esa vueltica bailando y moviendo el culito. Una vez completa la selección, comenzó la primera prueba, que no era más que bailar “tambor” con el jurado rodeando a la chica. En esta prueba 5 chicas quedarían eliminadas de la prueba, y Betzaida y yo no estuvimos entre ellas, ya que una de las cosas que nos caracterizan tanto a mi amiga como a mi es que tenemos un movimiento de caderas infartarte. De hecho, en esa primera prueba me gane el apodo por parte de todos los presentes de “La batidora”.

    La segunda prueba seria ligeramente más cómica. Las ahora 15 participantes debíamos decir un piropo que sea bastante gracioso sin importar lo vulgar y asqueroso, dedicado al culo. Las 10 mejores pasarían a la siguiente fase, y de nuevo Betzaida y yo pasamos sin problemas, ella diciendo “mami con esas nalgas dedícame un pedo” y yo “mami con ese culo debes de cagar bombones” (sí, me lo han dicho unos cuantos). La tercera prueba era un poco más divertida y activa, ya que se nos colocaría una copa de tallo largo entre las nalgas, la cual sería llenada y debíamos transportarlas de un lado al otro del escenario tratando de no derramar tanto líquido. Al final, las 5 que llevaran más líquido al otro extremo serían las ganadoras. Y de nuevo Betzaida y yo estuvimos entre las 5 mejores.

    Por último, las 5 chicas debíamos hacer un striptease, vistiendo unos trajes sexys que ellos ponían a nuestra disposición, aunque sin quitarnos los bikinis obviamente. Si hubiera un empate entre el jurado, el público haría la elección final mediante gritos y aplausos. Betzaida tomo un traje erótico de policía y yo uno de sirvienta francesa porno. Mientras nos cambiábamos, el DJ puso música y puso a todo el público a bailar. Llegado el momento, una a una fuimos saliendo para bailar y desvestirnos hasta el bikini. Betzaida y yo competimos contra una enfermera, una “gatúbela” y una “diablita”, y si bien sus shows fueron excelentes (así como sus cuerpos realmente majestuosos), a la final, Betzaida y yo fuimos las favoritas del jurado, quedando empatadas con la máxima puntuación. Así que al público le toco decidir, y a la final se decantaron por Betzaida luego de una dura decisión ya que ambas fuimos animadas con muchos gritos y aplausos.

    Ricardo le dio el premio a Betzaida, colocándole una corona, entregándole los mil bolívares en efectivo y colocándole una banda alrededor de sus caderas que rezaba “Miss Trasero Los Roques” (por alguna extraña razón no escribieron “culo”). A mí me regalaron una cadena bien bonita que se colocaba alrededor de mis caderas también y 500 bolívares de consolación.

    Volvimos al público, ya era de noche, exactamente las 7 p.m. la fiesta se extendió hasta pasadas las 11:30 de la noche, o al menos a esa hora decidimos volver Betzaida y yo a la posada. Ella con su banda de Miss puesta aun alrededor de sus caderas y su corona en su cabeza y yo con mi cadena alrededor de mis caderas también. Habíamos bebido bastante, aunque no tanto al punto de quedar borrachas ni nada. Al regresar, vimos al señor Antoniolli y a su hijo Rodrigo, el animador del evento, jugando ping pong en el salón. Estaban en compañía de otros dos hombres musculosos, quienes tenían un vaso de cerveza en sus manos y veían el juego. Al vernos, el señor Antoniolli hizo una pausa tomando la bola de ping pong con una mano.

    -¡Caramba! Un placer verlas de nuevo señoritas, veo que el largo paseo rindió sus frutos… -nos dijo, en referencia al concurso.

    -Jajaja señor Antoniolli, usted siempre tan detallista…si, fuimos los dos mejores traseros del concurso… -dijo Betzaida.

    -Y con mucha ventaja… -dijo Rodrigo.

    -¡Eso no lo dudo! –dijo el señor Antoniolli, viéndonos de arriba abajo.

    -Veo que les gusta el ping pong… Betzaida y yo somos buenas jugadoras… -les dije.

    -¿Quieren echar una partida? –nos dijo el señor Antoniolli.

    -¡Claro! –dijo Betzaida.

    -Esperen niñas, esperen… -Dijo uno de los hombres, quien tenía un bóxer azul puesto y una franela blanca. –las cosas no son así…Nos gusta que todo sea interesante.

    -¿Y tú eres…? –le pregunte.

    -Mi nombre es Ricardo y él es Kevin. –me contesto el mismo hombre. –Somos amigos cercanos de la familia Antoniolli…

    -Ya veo… ¿de qué manera te gustaría poner esto interesante? –le pregunte.

    -No lo sé niña… ya sabes que me refiero a apostar, pero la cosa es ver ¿Qué apostaremos? –dijo Kevin.

    -Prendas de ropa –dijo Betzaida, quien luego de decir esto me vio guiñándome un ojo con picardía.

    -Me parece una excelente idea…Deberíamos dividirnos en dos equipos…yo propongo hombres contra mujeres… -propuso Rodrigo.

    -De acuerdo. –dije yo.

    Nos pusimos manos a la obra. Obviamente íbamos a tardar en derrotarlos, dado que padre e hijo tenían más prendas de ropa puestas que Betzaida y yo, quienes apenas íbamos con nuestros bikinis puestos y descalzas. Padre e hijo, en cambio, llevaban zapatos sin medias, camisas guayaberas, pantalones de tela suave y en cuyos bordes superiores se podían apreciar los bordes de sus ropas íntimas. Y la verdad es que luego descubrimos que nos tardaríamos más, ya que el primer punto fue para nosotras, y cuando reclamamos que nuestros rivales se quitaran una prenda, el que se la quitó fue Ricardo, deshaciéndose de su franelilla. Cuando intentamos reclamar, pues, Kevin nos dijo “mujeres” señalándonos a nosotras dos “contra hombres” señalando al señor Antoniolli, a Rodrigo, a Ricardo y a el mismo. Decidimos afrontar el reto, excitadas por vernos superadas en número, y la verdad es que a los 5 minutos ya Betzaida y yo estábamos totalmente desnuditas y descalzas ante los 4 hombres quienes conservaban prácticamente toda su vestimenta a excepción de Ricardo quien solo perdió su franelilla.

    -Jajajaja tal parece que son pésimas jugadoras –dijo el señor Antoniolli quien tenía mi hilo en sus manos.

    -Esto aún no termina… -dijo Betzaida

    -¿Ah sí? ¿Qué más quieres perder catira? –le pregunto Rodrigo.

    -Una partida más, a 20 puntos. Si pierden, nos llevaran de paseo en yate y pagaran todo lo que consumamos. –continuo Betzaida.

    -Nada mal… ¿y si pierden que darán? –pregunto Ricardo.

    -Mmm no lo sé… -dije yo. -¿Qué pedirían ustedes?

    -Buena pregunta… Mmm si nosotros ganamos ustedes harán absolutamente todo lo que nosotros deseemos por un día completo, sin objetar nada, ni rechistar. ¿Qué te parece batidora? –me dijo el señor Antoniolli.

    -Interesante… ¿tu qué dices Betzaida? –le pregunte a mi amiga, excitada con imaginarme que nos pondrían a hacer.

    -Por mi está bien… -me contesto ella.

    -Entonces ¿Qué esperamos? –Dijo Rodrigo, tomando una raqueta y nos pusimos a jugar.

    A los 20 minutos, Betzaida y yo estábamos de rodillas ante ellos, con nuestros talones en contacto con nuestras nalgas y las manos en la cabeza, Tal como el señor Antoniolli nos lo había ordenado luego de lograr el punto que les dio la victoria. Perdimos 20 a 1.

    -¡Excelente! Nunca me imaginé que fueran buenas perdedoras y estén dispuestas a obedecernos en todo -dijo el señor Antoniolli.

    -Que va papa… -dijo Rodrigo, su hijo -debiste verlas en el concurso, estas son putas facilonas buscando fiesta…

    -Y sin duda aquí la acaban de conseguir… -dijo Kevin con una sonrisa maliciosa dibujada en su rostro. -esos culos deben ser capaces de muchas cosas además de lo realizado en el concurso… ¿no les parece?

    -Es cierto -le respondió Rodrigo. -veamos una prueba de resistencia. Inclínense sobre la mesa putas… -nos ordenó. Betzaida y yo obedecimos al instante, poniéndonos de pie y reclinándonos sobre la mesa, aplastando nuestras tetas contra la superficie de la misma. Vi cuando Rodrigo tomo una raqueta y se puso tras nosotras. -que belleza de culos, sin duda se merecen los premios que ganaron… debo decir que la vista es muuucho mejor ahora que no tienen nada y se les ve el bollo… Como dije, será una prueba de resistencia. La ganadora es la que aguante 30 se llevara un JUGOSO premio, mientras que la primera en expresar dolor perderá la prueba y recibirá 30 más…

    -¿30 que? -pregunto Betzaida. PAF! sonó un fuerte azote que la hizo brincar de sorpresa tanto a ella al recibirlo, como a mí al oírlo.

    -30 raquetazos, y nos debes respeto, no te vuelvas a dirigir a mí ni a ninguno de nosotros así… -le contesto Rodrigo. Yo hice un gesto con la cabeza, a modo de burla hacia Rodrigo y de repente PAF! Sonó otro azote, el cual sentí en mi nalga izquierda. -eso también va para ti puta, quedas penalizada con 30 más por burlarte, por estúpida.

    Enseguida, comenzamos a recibir una lluvia de azotes en nuestras nalgas, todos dados al azar entre nosotras. Betzaida en su azote 21 expreso dolor Emitiendo un ligero grito, lo contrario a mí, que logre aguantar los raquetazos ante la atenta mirada de los machos. Las nalgas me ardían muchísimo, ya que los azotes fueron dados con bastante fuerza. Aun así recibí 30 raquetazos más los cuales conté en voz alta y dando las gracias por cada uno, ya que era mi castigo, así como Betzaida recibió 30 más por perder. Ahí me di cuenta que los azotes fueron dados por Rodrigo y su padre, acercándose este último a mí, poniéndose a mi lado, y pasando 2 dedos por mi vulva, recorriendo suavemente los labios vaginales, los cuales estaban húmedos por la enorme excitación que sentía a pesar del castigo al que fui sometida. Note que Rodrigo tomo a Betzaida por los pelos y la aparto de la mesa, mientras Kevin y Ricardo se subían a ella arrodillándose ante mí.

    -Hora de tu premio putita… -Oí que dijo el señor Antoniolli, y sentí que alguien clavaba su rostro entre mis piernas, momento en el que voltee y vi como Rodrigo tenia a Betzaida sometida, de rodillas tomándola aun por el cabello y clavando su rostro en mis genitales. También vi al señor Antoniolli saliendo del salón, pero no pude ver más ya que fui tomada también por el cabello por Kevin, quien me hizo voltear hacia ellos y notar que tenían sus vergas al aire, totalmente erectas y con las puntas brillando de líquido pre seminal. Sin darme tiempo a nada, Kevin llevo su enorme miembro a mi boca, la cual abrí gustosa para engullir ese enorme falo con hambre y deseo, mientras sentía como Betzaida me daba lengua en mi cuca, separando mis labios para abrirla e introducirla moviéndola cual serpiente. Sentía su respiración, su nariz en mi agujero anal, así como deliciosos temblores de placer recorriendo mi cuerpo. Debo admitir que me dio cierto reparo el tener a una mujer entre mis piernas, pero me deje llevar por la calentura del momento, la cual también influyo en la mamada que le hacía a Kevin quien follaba mi boca como si fuera un culo, sosteniéndome por el cabello con firmeza. Yo le mame el güebo con fuerza y deseo, tal y como sentía que Betzaida me mamaba la cuca a mí. Luego de unos minutos, Kevin saco su verga de mi boca y fue sustituido por Ricardo, quien lo tenía ligeramente más grande que su amigo, y también repetimos la operación, aunque con el aliciente que yo tuve un delicioso orgasmo en la cara de Betzaida. No paso mucho tiempo para que Ricardo acabara en mi boca, sentí unos 4 chorros de leche caliente y espesa que casi me hacen ahogar.

    -Enséñanos la leche –me ordeno Ricardo, yo abrí la boca viendo hacia él y Kevin, enseñándole la leche que tenía adentro. Kevin, quien se masturbaba viendo la escena, aprovecho la ocasión para acabar también, haciendo que los dos primeros chorros de esperma cruzaran mi rostro, pero apuntando mejor los 3 últimos que fueron a parar al interior de mi boca, la cual deje abierta mostrándoles la mezcla de ambos líquidos y mi saliva en mi boca. Ellos sonreían satisfechos.

    -Jajajaja genial… -dijo Kevin –Es como estar en una porno.

    -Jajajaja si… -dijo Ricardo. –Trágatela putita. –me ordeno.

    -¡No, espera! –hablo el señor Antoniolli quien al parecer había regresado hacia unos minutos al salón. –Aún falta un jugo más. –termino de decir, momento en el que sentí que Betzaida era separada de mis partes nobles, para subirla a la mesa y colocarla en cuatro patas ante mí, con su culo apuntando a mi rostro. Tenía las nalgas enrojecidas aun por la tanda de raquetazos que nos fue dada, y entre sus nalgas se notaba un escaso líquido blanco que escurría hasta su vulva. Rodrigo se ubicó delante de Betzaida sin subirse a la mesa, de la cual ya se habían bajado Kevin y Ricardo.

    -Déjalo salir Betsy. –le dijo a mi amiga. No me dio tiempo a preguntarme siquiera que era lo que ella iba a dejar salir, ya que apenas Rodrigo dio la orden, Betzaida expulso de su culo un líquido blanco, disparado a presión directo a mi cara, bañándome completa de él e inundando mi boca. Todos comenzaron a reír a carcajadas viendo la escena. –Ahora si puta, traga… -me termino de ordenar Rodrigo entre risas. Yo obedecí, y sabía a leche de vaca aunque un poco más raro, y que además estaba mezclada con el semen que ya tenía en mi boca.

    -Espero te haya gustado el premio zorrita tragona… -me dijo el señor Anotniolli. –Bueno, vamos a limpiar este desastre

    -Espere, ¿dijo “vamos”? –le pregunto Kevin.

    -Sí, claro… -le respondió el señor Antoniolli

    -No vale… ¿Por qué nosotros? Total, tenemos a un par de sirvientas aquí… putas, ya saben qué hacer, queremos todo reluciente. –nos ordenó Kevin. Betzaida y yo nos vimos a la cara y con una sonrisa respondimos “si señor” y nos pusimos manos a la obra, yendo a buscar junto con Rodrigo los implementos de limpieza al cuarto donde estaban guardados. En ese momento me fije y tenían un conjunto para aplicar enemas, con el cual le introdujeron la leche a mi amiga por el culo. Una vez con los implementos en mano volvimos al salón.

    Antes de comenzar se nos ordenó a las dos ponernos en cuatro patas, cosa que por supuesto hicimos. Rodrigo tomo a Betzaida por el cabello y guiándola la llevo a mi culo, haciéndola lamerle el ano. Yo seguía tremendamente excitada, y eso por supuesto solo hacía que creciera más y más la excitación, la verdad es que se sentía divina la lengua de Betzaida, más aun cuando intentaba penetrar mi agujerito anal con ella. Luego de unos segundos, fue llevada ante mí, y tomándome del cabello con autoridad, Rodrigo llevo mi rostro hacia el culo de Betzaida, haciéndome lamer también su agujero anal, y mientras lo hacía, el señor Antoniolli se ubicó tras de mí, y me coloco un dedo en la entrada de mi ano, para empujarlo lentamente hasta que logro introducirlo por completo.

    Me sentía tremendamente humillada, ya que siempre considere que el culo era algo sagrado. Nunca antes había hecho sexo anal en mi vida, lo veía tremendamente humillante. Pero la verdad, es que en ese momento la humillación que sentí era muy placentera. Me sentía totalmente dominada y controlada, y este gesto del señor Antoniolli remarco más esos sentimientos, haciéndome ver a los cuatro hombres como seres supremos, como dioses a quienes les debía total devoción, entrega y obediencia.

    El señor Antoniolli movía su dedo en mis entrañas, explorando, hurgando con curiosidad. –esto está muy rico y apretadito… -fue lo que dijo, antes de escupir en mi ano y posar otro dedo más, forzándolo poco a poco lo que me produjo algo de dolor y muchísimo placer, hasta que lo introdujo por completo. Movía los dedos en círculos, los rotaba, dilatando poco a poco mi culo. Con su mano libre me comenzó a masturbar frotando mi clítoris con suma maestría, lo que me estaba provocando un intenso placer. Rodrigo en ese momento saco su verga de su pantalón y se lo metió a Betzaida en la boca, haciéndola mamar deliciosamente.

    Acto seguido, el señor Antoniolli me saco los dedos del culo, momento en el que sentí como mi culo se relajaba aunque no por mucho, ya que sentí como me introducía algo frio. No pude voltear a ver ya que Rodrigo aún tenía mi cabeza sostenida por mi cabello y me mantenía con la cara entre las nalgas de mi amiga quien le seguía mamando el güebo intensamente. Lo siguiente que sentí era que un líquido frio llenaba mis entrañas poco a poco, sentía como mi estómago se hinchaba cada vez más, para luego de unos minutos, sacar lo que sea que me haya metido en el culo y meter rápidamente otra cosa un poco más gruesa e incómoda que mi anillo anal apretaba con fuerza.

    Me ordenaron ponerme de pie, cosa que hice rápidamente y ver hacia atrás como pude. Note mis nalgas enrojecidas aun, y vi que lo que tenía metido en el culo, era el mago de una raqueta de ping pong. No fue difícil adivinar que me pusieron un enema y taponaron mi culo con la raqueta. A Betzaida le hicieron lo mismo, le abrieron bien el culo y luego le aplicaron el enema, para taponarle el culo con otra raqueta metida por su mango. Antes de dejarla ponerse de pie, Rodrigo acabo en la cara de Betzaida, llenando su cara y su cabello de leche espesa.

    -Ahora si perritas, a limpiar. –nos ordenó el señor Antoniolli. Betzaida y yo nos pusimos manos a la obra bajo la atenta mirada de nuestros poseedores, quienes se reían al vernos con las ganas de evacuar típicas de tener un enema aplicado y quienes además para divertirse tomaron otras raquetas de ping pong y nos azotaban las nalgas una que otra vez. Cada cierto tiempo detenían a una de nosotras para que hiciera alguna tontería que les causara gracia, como bailar “la macarena”, la “bomba” o el “gangnam style”, haciéndonos ver muy ridículas ya que estábamos desnudas y nuestras enormes tetas brincaban de acá para allá sin control además de tener las raquetas metidas en el culo. Y fue en uno de esos bailes donde las raquetas se salieron de nuestros culos dejando escapar todo el líquido, teniendo que comenzar de nuevo con la limpieza, entre bailes y azotes.

    Una vez terminada la limpieza, Ricardo decidió que era hora de limpiar a sus “juguetes”, refiriéndose a nosotras, por lo que fuimos llevadas detrás de la posada, donde se hallaba el restaurant en la arena de la orilla de la playa. Dada la hora estaba totalmente vacío y no había moros en la costa (nunca mejor dicho). Fuimos colocadas contra una de las paredes de la posada, y Rodrigo busco una manguera la cual tenía una pistola en el pico para regular la presión y el modo de dispersión del agua. –Arrodíllense zorras –nos ordenó y una vez de rodillas comenzó a dispararnos con agua a presión a nuestros cuerpos, mojándonos todas y limpiando bien nuestros cuerpos con agua fría. En un momento dado nos metieron el pico de la pistola en el culo y nos llenaron, aunque no con agua presión, y nos dejaron expulsar el agua en ese mismo momento.

    Acto seguido fuimos adentro de nuevo, directo a nuestra habitación. Allí comenzaron a hurgar entre nuestras cosas, aunque no hicieron nada con ellas. El señor Antoniolli salió de la habitación unos minutos, mientras que nuestros otros tres machos se quedaron con nosotras. Kevin tomo una botella de aceite corporal que yo había traído para esos momentos en que tuviera a un hombre en mi cama, y me lo arrojo, ordenándome que se lo aplicara a Betzaida en todo su cuerpo lentamente. Luego ella repitió la operación conmigo, bajo la mirada de los hombres. Hasta que llego el señor Antoniolli, con un bolso no muy grande de color negro.

    -Bien, hora de jugar… -dijo el señor Antoniolli. Coloco el bolso en una de las camas y saco cuatro pelotas de ping pong. -tú, niña, ponte en cuatro. -le ordeno a Betzaida mientras que me entregaba una de las pelotas. Mi amiga se colocó en la posición ordenada, arqueando un poco el cuerpo para que el culo quedara bien levantadito, ofreciendo una muy morbosa visión a todos, se notaba que estaba excitada y todo esto le gustaba, tanto como a mí. -Perfecto… definitivamente el premio al mejor culo te lo mereces, aunque tu amiguita te lo pone realmente difícil… veamos que tal traga, putita, lámele el culo a tu amiga. -me ordeno, y yo sin rechistar obedecí, aunque me daba mucho reparo pero el morbo me empujaba a más. Abrí las nalgas teniendo la pelota en mi mano y deje a la vista el ano de mi amiga, que estaba ligeramente dilatado ya, y de color rojo.

    Acerque mi rostro poco a poco, abriendo la boca y sacando la lengua en el trayecto, para luego lamer con dulzura los bordes del ano de Betzaida, quien para mi sorpresa emitió un suave y dulce gemido de placer. Proseguí lamiendo lentamente, para al poco tiempo pegar mi boca por completo, clavando mi rostro entre sus nalgas y darle un delicioso y apasionado beso negro, mamando su ano como si de un helado se tratara, metiendo mi lengua lo más que podía moviéndola como si besara la boca de alguien. Estaba saboreando el culo de mi mejor amiga quien a los pocos segundos no paraba de gemir, moviendo sus caderas ligeramente restregándome el culo en la cara prácticamente. Me sentía súper excitada y humillada, me encantaba la situación, así que poco a poco fui aumentando la intensidad del beso negro, que mas era mamada de culo que beso lo que volvía cada vez más loca de placer a Betzaida.

    En ese momento, sentí que me abrieron las nalgas y escupieron mi culo. Dada la posición que yo tenía (inclinada hacia adelante sin flexionar las piernas con las tetas colgando) mi culo quedaba totalmente ofrecido y ofreciendo una visión hermosa y provocativa. -Ya que la vaca se enamoró del culo de su amiga, pues que comience ella -le oí decir al señor Antoniolli y seguidamente sentí como frotaban mi agujero anal esparciendo la saliva para penetrarlo luego con dos dedos, lo cual me dolió un poco pero lo goce un montón. -Que divino, a pesar de todo, sigue con el culo apretadito… -dijo el señor Antoniolli que era quien me penetraba ya que me di cuenta al voltear la cabeza para fijarme en el panorama. Note en ese momento que el señor Antoniolli tenía el güebo al aire, erecto del todo, mientras que los otros tres miraban la escena masturbándose. Vi que Rodrigo además filmaba todo con mi cámara filmadora. El señor Antoniolli al ver que desentendí el culo de mi amiga me propino una fuerte nalgada sin sacarme los dedos del culo. -Sigue con tu novia puta, no desatiendas ese culo -me ordeno, y yo inmediatamente obedecí, volviendo a clavar mi cara entre las nalgas de mi amiga con mucho morbo y deseo.

    Acto seguido, el señor Antoniolli hizo un ligero mete y saca girando sus dedos, poco a poco durante unos segundos, para luego sacarlos del todo. Al poco tiempo sentí algo más duro en la entrada de mi ano, que intentaba entrar a la fuerza. Rápidamente voltee, intentando erguirme pero fui detenida rápidamente por Kevin, quien se levantó de la cama sin dejar de masturbarse para tomarme por el pelo con su mano libre y clavar mi cara de nuevo en el culo de Betzaida. –Tranquila zorra, solo te estamos metiendo una pelota de ping pong, si pudiste con el mango de la raqueta, sin duda podrás con esto. –Me dijo Kevin. Relajé lo más que pude el culo y a los pocos segundos (que se me hicieron largos por el dolor que sentía) la pelota termino de entrar por completo. Debo admitir que estaba un poco asustada, he visto gente que por meterse cosas en el culo han ido a parar a la sala de urgencias, sería algo realmente vergonzoso que me sucediera.

    Kevin, quien me sujeto del pelo todo el tiempo, me hizo voltearme, igual de inclinada, para que le mamara el güebo al señor Antoniolli, quien sin pensarlo dos veces metió su verga en mi boca. Yo, caliente como estaba, comencé a mamarle el güebo frenéticamente, con suma agresividad y deseo. –Esta puta lo mama riquísimo, lo hace tan fuerte que se me meterá el bóxer por el culo jajajaja –dijo el señor a modo de broma, y todos rieron. Kevin le dio la vuelta a Betzaida para que mi culo quedara apuntando a su rostro, a una muy corta distancia. –Expulsa la pelota, vaca –me ordeno Kevin. Yo hice fuerza con cautela, y poco a poco sentía mi culo dilatarse y como la pelota salía de allí con cierta dificultad. A la final sentí como salió disparada y en ese momento vi como todos reían. Al parecer la bola salió con fuerza y le pego a Betzaida en la cara de manera graciosa.

    -No perrita, no… lo hiciste mal, tenías que atajarla con la boca, como las perras. –le dijo Kevin a mi amiga. El señor Antoniolli le pasó otra pelota y Kevin, sin miramientos, la forzó a entrar en mi ano con cierta violencia, lo que me dolió mucho, me humillo bastante, pero me excito aún más si cabe. Yo no dejaba de mamarle el güebo al señor Antoniolli. Una vez la bola estuvo dentro de nuevo, se me ordeno expulsarla, cosa que hice, y por los comentarios que oí, Betzaida no logro capturar la pelota con la boca, por lo cual decidieron castigarla con 10 raquetazos más en el culo. Escuche cuando se los dieron, la verdad no pude ver nada ya que seguía mamando la verga del señor Antoniolli. Una vez más intentaron la proeza, metiéndome de nuevo una pelota en el culo y haciéndome expulsarla. Esta vez Betzaida si logro capturarla con la boca.

    -Bien hecho Betsy –Dijo el señor Antoniolli. –Te acabas de ganar un premio –dijo, sacándome el güebo de la boca y dirigiéndose a mi culo, el cual paso a penetrar con su verga con fuerza. –no puedo salir de mi asombro, esta zorra sigue con el culo apretado y ya le hemos dado bastante castigo…-le dijo a los muchachos, para luego de unas 4 o 5 embestidas, acabar dentro de mi ano llenando mis entrañas de leche caliente. –ven aquí Betsy… ponte de rodillas para que recibas tu premio. –le ordeno a mi amiga, quien obedeció al instante. Lugo el señor Antoniolli, dirigiéndome por el cabello, me hizo sentar sobre la cara de Betzaida, con mi culo roto sobre su boca. –chupa perrita…saca todo la eche de este culo tan rico, ese es tu premio. –le dijo, al tiempo que me tomaba las nalgas por los lados de mi cadera y se las restregaba a Betzaida en la cara. Sentí cada chupeteo delicioso de mi amiga en mi ano, aliviando el ligero ardor que sentía con su lengua suave que se paseaba por mi piel, llegando incluso a entrar en mi agujero y haciéndome sentir en el cielo, tanto así, que tuve un fuerte orgasmo, sin estimular siquiera mi clítoris un poco.

    Ricardo reviso el bolso e los juguetes que había traído el señor Antoniolli, y saco unas bolas chinas del mismo de 6 bolas todas del mismo tamaño. La mayor peculiaridad que tenían es que el relieve tenía unas especies de púas de silicona, lo que no haría daño pero sí debería de sentirse muuuy rico. O al menos era lo que yo averiguaría.

    -¡Juguemos! –dijo Ricardo, mientras Kevin me tomaba por un brazo para separarme de la cara de Betzaida, quien se puso de pie ayudada por Rodrigo. Inmediatamente nos inclinaron de nuevo hacia adelante sin flexionar las piernas, ofreciendo el culo. Nos acercaron la una a la otra y nos metieron dos bolas a cada una, dejando dos por fuera entre nosotras, y se sentían divinas dentro del culo, tal como lo había supuesto. –El juego es sencillo. –Comenzó a explicar Ricardo –Se pondrán en cuatro patas y nos mamaran el güebo a Kevin y a mi quienes estaremos sentados en estas dos sillas. –dijo mientras colocaba las sillas en posición. –nos iremos alejando poco a poco, y la primera en dejar salir las dos bolas del culo pierde. También perderá la primera que separe la boca de nuestras vergas. Otra manera de ganar es la que nos haga acabar primero antes de que las bolas se salgan o nos separemos demasiado. –nos dijo, mientras nos poníamos cuatro patas entre las sillas con las bolas ya metidas en nuestros culos. –la perdedora será castigada con 10 raquetazos extras y se le extenderá el periodo de obediencia en un día extra…-termino de decir Ricardo.

    Comenzamos la tarea, tocándome a mi mamarle el güebo a Ricardo esta vez. Comencé a chupar con mucho deseo su verga, lamiéndola de arriba abajo, hasta sus bolas, y volviendo a subir lentamente, moviendo mi lengua cual serpiente para volverla a tragar completa –jajaja no solo tienes un culo privilegiado, también tienes la garganta profunda. –me dijo Ricardo mientras me metía su güebo completo en la boca para chuparlo lo más fuerte que podía. Poco a poco se iban alejando lentamente, ya que las sillas tenían ruedas o que les permitiría un buen desplazamiento. Al poco rato de haber empezado, comencé a sentir como la primera bola comenzaba a amenazar con salir, por lo que apreté el culo lo más que pude para no permitir que eso pasara.

    Era bastante difícil no dejar salir esa primera bola, ya Ricardo se había alejado bastante y a duras penas mi boca tenía contacto con su verga, pero de repente sentí que la primera bola salía del culo de Betzaida, lo que fue reseñado por los comentarios de los machos. Conseguí acercarme un poco más al güebo de Ricardo y por un corto momento sentí que la presión de la primera bola por salir se relajaba al quedar la cuerda distendida, Pero no paso mucho para que volviera nuevamente. Esta vez la cosa duro un poco más, era bastante difícil de nuevo mantener mi boca unida al güebo de Ricardo, solamente tenía el glande en mi boca y sentía como salía cada vez más rápido, además de que la primera bola estaba por salirse de mi culo. Desesperada comencé a dar fuertes chupones y lengüetazos a la parte baja del glande de Ricardo hasta que de repente el comenzó a temblar y a gemir fuertemente. No paso mucho para sentir cuatro chorros de leche en mi boca nuevamente, alzándome con la victoria.

    -Ven aquí zorrita -me tomo Ricardo por el cabello y me llevo hacia donde estaba Betzaida, pegando nuestros rostros para que termináramos dándonos un tórrido beso, compartiendo así la leche en mi boca con mi amiga, en un beso bastante húmedo con mucha lengua y chupeteos, nada mal para ser la primera vez que tanto ella como yo besábamos a una chica.

    Luego Rodrigo tomo a Betzaida por el cabello, y de manera algo brusca la puso de pie para tirarla boca abajo en la cama, con las piernas cerradas. -Que belleza… no me canso de mirar este par de culos… -dijo al contemplar el culo abultadito de Betzaida. Tomo una raqueta de ping pong y procedió a darle los 10 raquetazos correspondientes, tornando rojas las nalgas de Betzaida. Uno a uno la hizo contar y agradecer cada azote, cosa que mi amiga hizo entre grititos de dolor y excitantes gemidos.

    Lo que sucedió de repente no me quedo muy claro. Rodrigo simplemente se subió sobre mi amiga, sin permitirle reaccionar, haciendo ruidos extraños con su boca, como si estuviera poseído. Quedo de rodillas en la cama con las piernas abiertas, con las caderas de Betzaida entre estas, y separo sus nalgas con fuerza dejando a la vista su ano abierto y enrojecido. Escupió en él y posteriormente le penetro el culo con su enorme güebo de un solo golpe, emitiendo un grueso gruñido de placer, además de oírse un grito de dolor de mi amiga, a quien se le notaron fuertes temblores en las piernas mientras que Rodrigo la penetraba con suma furia por el culo. Kevin imito a Rodrigo y me tomo por el cabello, llevándome a cuatro patas caminando hasta el baño donde metió mi cara en la tasa de la poceta y comenzó a penetrarme por el culo también, con suma furia, lo que me hizo pegar fuertes gritos por el dolor que sentía, y debo admitir que también por el fuerte placer.

    Sin descanso alguno, me penetro durante un largo rato, gruñendo como un cavernícola, insultándome, sosteniéndome el cabello con una mano y con la otra dándome fuertes nalgadas, controlando cada uno de mis movimientos, hasta que de repente, me saco el güebo del culo, y se sentó en la parte alta de mi espalda, y aun sosteniéndome el cabello, acabo en el. Sin pararse Kevin de encima de mi espalda, sentí que otro de ellos me penetraba el culo de nuevo, sin miramientos. No logre identificarlo por su voz, ya que también emitía gruñidos y gritos distorsionados, y además yo estaba perdida en un mar de placer, ya que a pesar del fuerte dolor que sentía por tanto salvajismo, la sensación de placer era infinita, haciéndome alcanzar múltiples orgasmos, tantos que perdí la cuenta. Sin duda soy una pervertida masoquista.

    Esta vez el que me cogía no duró tanto como Kevin, ya que rápidamente me saco la verga del culo y acabo en mi cabello también, cayendo un poco en el asiento de la poceta. Kevin alzo mi cabeza y guiándome por el cabello me hizo limpiar todo el asiento con la lengua, lo cual me hubiera parecido asqueroso de no ser porque estaba REALMENTE excitada y no quería negarme a nada, ya que a todo lo que estaba siendo sometida pues, me ponía más caliente de lo normal. Mientras dejaba el asiento reluciente lamiendo la leche que había caído en el, me di cuenta que quien me cogió fue el señor Antoniolli. En eso entraron al baño Rodrigo y Ricardo, trayendo consigo a cuatro patas a Betzaida.

    En ese momento Rodrigo hizo que Betzaida se acostara en el piso de lado sobre su costado derecho, acostándose el detrás de ella y tomando su pierna izquierda por el muslo para abrirla. La continuó penetrando por el culo rudamente mientras nos insultaba. Ricardo hizo que yo me pusiera de pie, bajo la tapa de la poceta y se sentó allí, tomándome por la cintura para que me sentara sobre su verga de espaldas a él, empalándome el culo nuevamente. Su verga estaba tremendamente erecta, como si no hubiera eyaculado hacia unos minutos atrás con mi mamada.

    -Vi tu baile en el concurso –me dijo. –te apodamos “Batidora” por cómo te moviste… hazlo igual para mi perrita, sácame la leche otra vez pero ahora con tu culo. –me ordeno. Inmediatamente comencé a mover mis caderas como si la vida se me fuera en ello, moviendo el culo arriba y abajo y en círculos. No paso mucho tiempo para que Ricardo comenzara a gemir de placer (así como yo también) mientras me gritaba cosas ininteligibles aunque pude adivinar algún que otro insulto. Mis tetas se bamboleaban con fuerza mientras yo me movía cada vez más de manera fuerte y violenta, para asombro del resto que allí estaban. En cuestión de segundos Ricardo acababa nuevamente, esta vez en mi culo, al mismo tiempo que Rodrigo le sacaba el güebo a mi amiga para correrse sobre sus nalgas cayendo un poco de leche al piso, la cual él la hizo lamer.

    -Miren lo asquerosas que están –nos dijo el señor Antoniolli. Era cierto, estábamos totalmente sudadas por el calor y la calentura adema de todo el ejercicio hecho. El mismo señor Antoniolli nos tomó por los pelos y nos hizo entrar a la tina. Iba a abrir el agua para que nos ducháramos, pero fue detenido por Kevin.

    -Espere señor –le dijo este. –hay algo que siempre quise hacer… -termino de decirle, tomando su güebo ya fláccido y apuntando a nosotras para soltar un buen chorro de orina sobre nuestros cuerpos. “la lluvia dorada” como se le conoce a esta práctica, siempre me causo asco, pero esta vez no tuve ningún reparo en esparcir la orina por mi cuerpo, así de caliente estaría. Y no solo yo, Betzaida también lo hacía, e incluso abría la boca para recibir el líquido dorado en ella. Los demás hombres también copiaron la idea y al mismo tiempo comenzaron a orinar sobre nosotras. El acto no duro mucho.

    -Solo hemos usado sus culos… -dijo Rodrigo -¿no tienen ganas de jugar con sus cuquitas?

    -¡¡Siiii bastantes!! -contesto Betzaida.

    -Mmmm pero estamos cansados… -dijo el señor Antoniolli -¿por qué mejor no juegan ustedes mismas?

    -Es una excelente idea -dijo Rodrigo -pueden hacer un 69…

    Betzaida sin pensarlo 2 veces se abalanzo sobre mí sin permitirme reaccionar. Rápidamente se dio la vuelta y se acostó boca abajo sobre mí metiéndome la cara entre las piernas y ella colocándome el bollo en la mía. Sin más que decir ni hacer, ambas comenzamos al mismo tiempo a chupar nuestras cuquitas, alcanzando una buena y deliciosa cantidad de orgasmos a los pocos segundos de comenzar, ya que veníamos muy calientes y lo primero que atacamos fueron nuestros clítoris.

    No sabría decir cuánto tiempo estuvimos así, ya que era bastante tarde y el cansancio nos tenía muy golpeadas. Solo recuerdo el despertarme en la tina, aun en el 69 con mi amiga, y con un buen dolor de culo. Ella también se había quedado dormida, y se despertó cuando comencé a moverme. El olor en nosotras era horrible, ya que la última ducha que nos dimos, fue de orina. Nos dimos una ducha rápida la una a la otra, estábamos excitadas, aunque no iniciamos nada sexual durante la ducha. Salimos del baño y en la habitación se encontraba el señor Antoniolli viendo una película acostado en una de las camas.

    -Por fin despiertan… ¿Cómo durmieron? –nos preguntó.

    -Bastante bien señor…-Dijo Betzaida, yo asentí con la cabeza.

    -Me alegro… ¿sienten que recuperaron energías? –nos preguntó.

    -Yo si –dije. Era cierto, a pesar de todo lo de anoche, y de algunos dolores corporales, me sentía con ganas de más. –Yo también –contesto Betzaida.

    -Perfecto…Ahí está su ropa, póngansela. –nos dijo, señalando la otra cama. Betzaida y yo nos dirigimos a ella y una punzada de excitación me llego a mis genitales al ver dos trajecitos de sirvienta francesa porno. Betzaida y yo nos vimos las caras. -¿Qué pasa? No me digan que olvidaron que harían lo que ordenáramos durante un día. Bueno, Betzaida nos debe dos…Pónganse los trajes rápido, hay mucho que hacer en esta posada, muchas habitaciones que limpiar y algún que otro cliente exigente que atender…

    Betzaida y yo, con sonrisas picaras nos pusimos nuestros trajes, quedando con una apariencia realmente pornográfica y vulgar. Los trajes apenas cubrían la mitad de nuestras tetas, dejando incluso media areola de nuestros pezones a la vista. El hilo que lo conformaba apenas cubría nuestros clítoris, de hecho prácticamente teníamos el culo y la cuca al aire, ya que el hilo entraba por nuestros labios vaginales y por nuestras nalgas y el delantal solo cubría un poco el pubis. Adicionalmente teníamos guantes de tela que cubrían nuestros brazos hasta la mitad de estos, y unas medias a medio muslo de encaje. Para rematar, un par de sandalias de plataforma de color negro. Ambas nos maquillamos lomas escandalosamente que pudimos.

    Una vez listas, salimos de la habitación con el señor Antoniolli, para comenzar una gran semana de vacaciones cargada de morbo y sexo, ya que nosotras mismas decidimos ser las sirvientas porno de los cuatro hombres durante lo que duro el viaje. Tuvimos nuestro paseo en yate, aunque todo lo que consumimos lo pagamos nosotras, así como también pagamos lo que consumieron ellos en un acto de humillación y entrega. Y unas de las cosas que pagamos fueron cuatro prostitutas de lujo, con las cuales armamos una deliciosa orgia. No solo atendimos a nuestros cuatro hombres, sino también lo hicimos con varios clientes de la posada, los cuales le pagaron al señor Antoniolli por un servicio extra de sus sirvientas. Fuimos unas buenas perritas obedientes. De regreso a casa, vi los videos de las vacaciones. Los cuatro hombres se quedaron con una copia, y Betzaida y yo tuvimos una cada una. Nuestra amistad paso a un nuevo nivel, al convertirnos ahora en amantes.

    Aun guardamos contacto con esos cuatro hombres, y siempre nos han ofrecido volver, lo que se nos ha hecho muy difícil a mi amiga y a mí por motivos de fuerza mayor. Pero ahora, dos años después, Betzaida y yo estamos embarcadas en un avión, a punto de despegar de regreso a unas deliciosas y muy excitantes vacaciones.

    FIN

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  • Nunca cae mal una buena madura (2)

    Nunca cae mal una buena madura (2)

    Había que tener mucho cuidado para no ser descubierto con el regalo que me ponía la vida así que bajé al primer piso sin ser visto y ya algunos invitados se estaban retirando y mis padres bailando animadamente mientras mi tío se había quedado dormida en el sofá y mi tía a su lado entonces subí las escaleras lo más rápido que pude entrando al baño y puse el seguro.

    – ¡Señora… señora Marilú despierte!

    La moví varias veces y nada sólo decía algunas palabras sin sentido,, su pantalón negro de tela que cuando la vi al llegar al cumpleaños de mi tío que marcaba su espectacular culazo ahora lo tenía debajo de las rodillas, bajé el cierre de mi pantalón y dejé libre la verga que acerco a su cara..

    El glande rozó sus labios pintados de carmín rojo y luego recorrió toda su cara y ojos, estaba muy nervioso pero más podía mi excitación y volví a buscar sus labios poniendo algo de presión y logré que los abriera un poco hasta que Marilú al final abrió la boca estaba borracha pero sabía porque había escuchado de mí mamá que era tremenda desde joven y empezó a chuparlo porque de seguro no era la primera vez que una verga invadía su boca y torpemente sus caricias bucales me hicieron temblar.

    – ¡Glop Glop Glop!

    Lo que tantas veces imagine mientras me masturbaba se hacía realidad la espectacular señora Marilú sentada tragando mi verga aun borracha lo hacía muy bien, está mujer de 48 años tragaba y lambia como era una perra su pinga desesperada llevándome al éxtasis total y haciéndome olvidar que me estaba aprovechando de la situación en la que se encontraba y le dije:

    – ¡Así así… chúpalo bien rico! ¿te gusta tu pinga bien dura no?

    – Siii… meee… gustaaa…

    Me sorprendió que dejará de chuparlo un segundo para que contesté, era toda una milf y ahora su boca me pertenecía y esto recién empieza, no sabía si ya se había dado cuenta a quien le estaba dando sexo oral con esa boquita experimentada y tampoco ya me importaba a cada segundo que pasaba era más rico y sentí como si mi cuerpo recibiera una descarga eléctrica y eyacule gran cantidad de semen que ella trago casi por completo dejando caer un poco por la comisura de los labios.

    – ¡Agg… Qué ricooo!

    Ella seguía sentada sobre el inodoro y con los ojos cerrados limpié los residuos de semen en sus labios y salí y de nuevo fui a la primer piso ya no había invitados y un silencio total y mis padres dormidos en el sofá y los tíos en su dormitorio eso me dio la seguridad de continuar disfrutando de esta bella mujer de 48 años.

    Ahora frente a ella la levanto del inodoro y con mucho cuidado la llevo al dormitorio de mi primo estaba pesada pero valía la pena la pongo en la cama y echó su cuerpo para atrás y le quite el pantalón y tanga roja.

    -¡Uyy que rica chucha tienes peladita y de labios grandes!

    Estaba depilada sus labios vaginales estaban hinchados y pasó mi lengua de arriba y luego abajo con los dedos abro su sexo y su clítoris era un botón rojo brilloso que chupe con ganas logrando que se estremezca por completo y de su boca salieran gemidos de regular volumen.

    – Ahhh… asiii asiii ahhhh

    Marilú empezó a disfrutar cuando mi lengua y dedos acariciaba su hinchado clítoris haciendo que sus anchas caderas se movieran como si tuviera epilepsia y no me detuve hasta que soltó un grito ahogado y llenará mi boca de sus jugos vaginales había tenido un orgasmo.

    – Aggg… Ohhh… agggg…

    Me quité el pantalón y luego toda la ropa e hice lo mismo con ella, nuestros cuerpos desnudos se unieron besé sus pezones estaban duros y erectos luego mi boca recorría todo su cuerpo y ella abrió los ojos y me vio unos segundos y luego me abrazó fuerte nuestras bocas se unieron en un beso apasionado jugando con las dos lenguas.

    – Me gustas mucho Marilú… Ahhh siempre soñé tenerte así en mis brazos

    – Tú también me gustas… pero que no se enteré nadie ehh… No quiero problemas con tu tía y tus padres… Así así quiero sentirte dentro de mi esa cosa rica y grande mi pequeño tigre Ahhhh

    Estaba sobre ella mi verga la sobaba en la entrada de su sexo que estaba ya bien lubricado ella ya no aguantaba más jugaba con ella, quien podría imaginar que con mis 18 años la tenía a mi control total a esta mujer de 48 años modestia aparte tengo mucho aguante, luego Marilú abrió las piernas invitando para ser penetrada y fui entrando muy despacio para gozar más de su cavidad caliente y jugosa.

    – Yaaa… métemelo noo aguantooo más quierooo… pingaaa…

    Puse sus piernas sobre mis hombros y entierro hasta la base dentro de ella la verga que tanto reclamaba,, sus gemidos se hicieron más fuertes resultó ser gritona Marilú tuve que decirle que baje la voz para no ser oído en el primer piso..

    – Ufff… uffff… uffff

    Mordió la almohada para callar sus gritos sus senos saltaban a cada embestida que recibía luego la hice que se volteara y ponga su culazo a mi disposición, mi pinga subía y bajaba en medio de sus nalgotas hasta que entró otra vez a su chucha caliente

    Cabalgue sobre está madura yegua como tantas veces imagine bien sujeta de sus anchas caderas, ella movía el culo para atrás golpeando mi pelvis a cada mete y saca.

    -Afff aggg quéee ricoo… me vengooo

    -Siii… Yo también déjame todaaa tu leche calientita dentro de mí.

    Caímos sobre la cama todo exhaustos y sudados luego de llegar al orgasmo casi simultáneamente me abrazo otra vez su respiración era rápida descansando un momento vi un reloj colgado ahí eran las 5.40 .am.

    -¡Estuviste genial mi joven tigre!

    (Continuará)

  • Una madre muy puta consolando a su hijo

    Una madre muy puta consolando a su hijo

    Era viernes y llegaba del trabajo, ese día no había hecho planes, más que preparar la cena para mí y para mi hijo Alfredo, pero en cuanto entre a la casa, me llego un fuerte olor a cigarrillo, se me hizo algo extraño, porque Alfredo solo fuma cuando bebe, deje mis cosas sobre la mesa y subí a su recamara, la puerta estaba entre abierta, así que lentamente la abrí y vi a mi hijo sentado frente a su ordenador, viendo algunas fotos, pero sostenía una botella de ron en su mano, me acerque a él y me di cuenta que estaba algo ebrio y molesto, le pregunte que le sucedía y solo me contesto que era Rebeca, le pregunte que pasaba con ella y me contesto que la había visto con otro chico, así que en ese momento hice lo que toda madre amorosa debe de hacer, animarlo, tome una silla y me senté a su lado y trate de calmarlo, diciéndole que seguramente vendría otra chica mejor que ella, pero él no quería otra chica, y era obvio, a sus 18 años, no entendía razones, le dio otro sorbo a la botella y yo comencé a pensar que tenía que calmarlo como siempre lo había hecho, ofreciéndome a él, me levante del banco y me desabroche unos botones de la blusa, le pedí la botella y después le di unos tragos bastante largos y sin decirle más, me senté en sus piernas, de principio se puso algo necio, pero sujete su rostro con ambas manos y comencé a besarlo, mientras le decía que se calmara, que yo me iba a encargar de animarlo, tome una de sus manos y la puse sobre mi pecho y le dije que comenzara a acariciarme, su mano se comenzó a mover en círculos, de manera lenta, mientras que yo no dejaba de besarlo, poco a poco fue cediendo y comenzó a acariciarme más y más rápido, mientras me decía,

    – siempre me animas Cristina.

    – claro hijo.

    Su mano comenzó a frotar mis pechos, pero ya de una forma más atrevida, y lentamente fue bajando su rostro hasta alcanzar mi cuello y yo claro, deje que lo hiciera, sentía su tibio aliento recorrer mi cuello, sus labios me daban ligeros mordiscos, que ocasionaban que la piel se me enchinara, y de un momento a otro se detuvo y me dijo.

    – te puedo pedir algo?

    – lo que quieras hijo,

    – sabes, Rebeca me dejaba besarle los pechos, podrías…

    No deje que terminara de pedírmelo, cuando ya le estaba respondiendo que sí, desabroche mi blusa y me la quite, después desabroche mi sostén, dejando libres mis pechos.

    – vamos hijo, son tuyos.

    Alfredo se quedó contemplándome unos instantes y después se abalanzo sobre de mí y comenzó a besarme, su boca saltaba por mis pechos, sentía como su lengua lamía mis pezones y en ocasiones los succionaba, causándome un poco de dolor, pero no le dije nada y deje que continuara, en momentos parecía desesperado, y había comenzado a bajar sus manos hasta ponerlas sobre mis muslos, apretándomelos con la misma fuerza con la que su boca succionaba mis pezones y de pronto se detuvo, se apartó un poco de mí y me dijo.

    – sabes, cuando iba a ver a Rebeca…

    No lo deje terminar y solo le dije.

    – sé muy bien lo que deseas, no me digas más.

    Me levante de sus piernas, me arremangue la falda y me fui hacia su cama, me recosté boca arriba y separe mis piernas.

    – ven hijo, se lo que Rebeca y tu hacían, puedes hacerlo conmigo también.

    Alfredo se quedó unos instantes en silencio observándome, supongo que estaba algo atontado por el alcohol que había bebido, pero después de unos instantes, camino hacia mí, tomo mis piernas y las apoyo sobre sus hombros y comenzó a acariciármelas de forma rápida y brusca, se veía que estaba algo desesperado, su respiración era bastante agitada y sus manos recorrían mis pantorrillas hasta llegar a mis muslos, mientras me las besaba.

    – tranquilo hijo.

    Pero Alfredo no me hizo caso y después de unos minutos de estarme tocando así, se quedó quieto y vi que centro su mirada entre mis piernas, después sujeto mi pantaleta con ambas manos y de un tirón me la saco por completo.

    – tranquilo hijo…!

    Pero Alfredo ya no me hacía caso, rápidamente se desabrocho el pantalón dejando salir su verga, que ya para esas alturas, estaba bastante erecta y comenzó a acomodarse entre mis piernas, mientras que yo solo le decía,

    – despacio Alfredo… me lastimas…

    Una vez que estuvo listo, de un empujón me penetro, la dureza de su miembro me hizo lanzar un grito, pero Alfredo ni siquiera se inmuto al escucharme y comenzó a mover su pelvis más y más rápido, yo solo trate de acomodarme y deje que me siguiera penetrando de esa manera, su miembro estaba casi hirviendo, sentía como palpitaba dentro de mi cada vez que lo tenía dentro, se movía con una ímpetu, que muy pocos de mis amigos tienen, sus manos volaron hacia mis pechos y comenzaron a acariciarlos fuertemente, no podía negarle nada, era mi hijo y me sentía con la responsabilidad de complacerlo y consolarlo, su verga se iba haciendo más y más dura conforme pasaban los minutos, hasta que de pronto se quedó quieto unos instantes, introdujo su verga lo más que pudo en mí y comenzó a gemir, rápidamente comencé a sentir como su caliente semen inundaba mi vagina y su miembro alcanzo una dureza tremenda, después se quedó quieto y rápidamente se salió y rodo a un lado mío, cerré mis piernas y le pregunte que si le había gustado.

    – claro Cristina, me hacía falta, no sé qué hubiera hecho sin ti.

    Reí un poco y me levante, me acomode la falda y le dije.

    – voy a hacer la cena, te espero abajo.

    Él solo respondió que sí, que en un momento bajaba, Salí de su cuarto y ya cuando estaba en la cocina, sentí como su semen comenzaba a escurrir por mi entrepierna, comencé a limpiarlo con mi dedo y después lo lleve a mi boca, sin duda el semen de mi hijo, era el mejor que había probado.

    Continuara…

  • El deseo de mi jefe (Final)

    El deseo de mi jefe (Final)

    Continuando, se sonrió y me dijo «necesitaremos muchos preservativos», me sonreí con ganas.

    Tomamos unas copas de vino y ya estaba yo como muy mareada y en eso mi jefe me pregunta «alguna vez estuviste con más de un hombre?», me sonreí y no dije sí ni no, «tu silencio me dice que si» me dijo.

    Bueno, la reunión no era hasta el día siguiente, así que nos levantamos, fuimos a nuestras respectivas habitaciones, esperé toda la noche que vaya junto a mi, no iba a ponerme lencería sexy devalde, lo esperé y como ya pasó hora y media, fui hasta su habitación y entré, lo encontré cogiendo con una mujer, me sorprendí y salí tan rápido como pude.

    Al otro día, me sentí algo molesta, así que no le hice mucho caso y mis charlas eran netamente laborales, me dijo que sabía que yo esperé a que vaya junto a mi, «estuve con mi amante» me dijo.

    Solo atiné a decirle que yo no soy fácil como él piensa y le dije que no le esperé, que me duché y me dormí.

    Luego de la reunión, fuimos al lobby del hotel todos los ejecutivos a la cena de confraternidad, mi sorpresa fue que solo estábamos 4 secretarias entre 20 hombres, nos sentamos en mesas aparte de ellos, en eso ya que estaban tomando tragos, me serví vodka con citrus, ya mareadas, una de ellas empezó a elegir con quienes se acostaría esa noche, yo me mataba de la risa y me pidieron que elija, elegí a 4 incluyendo mi jefe, una de ellas se levantó con un escrito y repartió a los señores, mi jefe vino hasta mi y me dijo que me vaya a la habitación, me ponga lencería sexy y espere, le sonreí e hice lo que pidió.

    Mientras me estaba desmaquillando, ya vestida como para seducir a mi jefe, suena el timbre de mi habitación, feliz fui a abrir y me sorprendí mucho al ver a mi jefe con los tres hombres que había elegido bromeando con las chicas!, quise cubrirme como pude, prácticamente estaba en cueros, no había mucho que tapar, entraron a la habitación y le pregunté a mi jefe que estaba pasando, «vos nos elegiste» me dijo.

    Me quedé pasmada, no podía articular palabra, suspirando le dije que mi intención solo era estar con él, «desnudate y salí junto a mi» me dijo.

    Tardé como 15 minutos y como ya el alcohol había hecho lo suyo, accedí, salí totalmente desnuda y encontré totalmente desnudos a los cuatro…mi sangre bajó al instante a la vagina al ver lo rico que se veían esos penes erectos, esperando penetrarme.

    Se acercó mi jefe y me agachó para que se la chupara, con algo de vergüenza lo hice y luego me rodearon e iba chupándoles a todos, me sentí más cómoda hasta que mi jefe me puso en la cama y comenzó a chuparme la vagina, ahí estallé, me abrí y lo estiré sobre mi, así sin protección, fue bombeando mi vagina mientras los demás me apretaban los pechos y me ahogaban con sus penes, sentí como mi jefe se corría dentro mío mientras suspiraba, apenas se salió y ya el siguiente estaba dentro de mi vagina bombeándome rico, quise sacarme para ponerle protección, pero era tan rico y lindo que lo dejé seguir, sentía como eyaculaba en mi interior, me puse de cuatro y el siguiente me agarró de la cintura y me la metió bien duro, yo no paraba de gemir, mientras le chupaba a los demás, le pedí a mi jefe que me lo haga por atrás (amo el anal), me lamia el culo y luego me empiné y sentí como su pene iba abriéndose camino dentro de mi ano, ya no pensé, todos me cogieron sin protección, me eyacularon por todos lados, me tragué semen, me cogieron toda la noche, mientras uno terminaba los otros ya estaban preparados de vuelta, no paré de gemir todo el tiempo, estoy segura que se escuchaban por los pasillos mi disfrute.

    Me dejaron súper agotada, con la vagina llena de semen y fluidos, mi culo estaba más que dilatado, me metieron hasta la mano.

    Cuando me desperté, estaba sola, toda pegajosa por el esperma que tenía hasta por la cara, al lado mío en la cama estaba mi consolador, el olor a semen me volvió a calentar y me metí de vuelta el juguetito y me masturbé hasta llegar a un gran orgasmo, mi jefe escuchó mis gemidos de placer al tener mi orgasmo y fue junto a mi, nuevamente tuvimos sexo, me cogió el culo, ese día estuvimos teniendo sexo casi sin descanso, me tragué su semen en la mayoría de las ocasiones, solo salíamos de la cama para beber agua, algún jugo y nuevamente él sobre mi, abriéndome las piernas y disfrutando de mi vagina, me quedé en blanco, fue una de las mejores experiencias sexuales que tuve en toda mi vida aparte del enorme pene de Jorge que me destrozó mis agujeros para disfrute de los demás, no me arrepiento, mi jefe estaba en la lista de posibles hombres con quienes no me negaría a tener sexo, es un señor sexy, lo que no estaba en mi lista fueron los 3 restantes, pero, siempre en la lista hay espacio para más, encima todos son lindos, quiero cumplir mi meta de estar con 15 hombres a la vez, tuve solo tres novios, con uno tuve sexo y sin embargo, cojí con 12 hombres diferentes…me convierte en puta eso?, no lo creo, yo me los cogí y yo elijo los palos sobre los que me quiero «sentar», no importa la edad, tengo 28 años, mis medidas 94, 63, 94 les gusto a todos pero no todos me gustan y la mayoría con los que me acosté tienen más de mi edad, solo importa el deseo y obviamente, los centímetros de carne, si no es grueso, debe ser largo, si no es largo, debe ser grueso o como el caso de Jorge, 25 cm de largo y 18 de diámetro, gracias a él, los anales son una delicia pues ya no siento dolor y lo que venga, entra bien y fácil, espero les haya gustado mi relato, habrá muchos más estoy segura, siempre habrá quien quiera, besos.

  • Mi primera experiencia fetichista

    Mi primera experiencia fetichista

    Hace ya varios años descubrí mi gusto por el aroma de la ropa interior sucia de algunas mujeres, y desde entonces no pierdo ninguna oportunidad de las que se me presentan, sé que quienes tengan el mismo gusto que yo me comprenden cuando digo que siempre hay oportunidades, solo es cosa de atreverse y arriesgarse un poco, pero la sensación de masturbarte con el olor más íntimo de una mujer que te gusta, hace que todo valga la pena.

    Yo tendría apenas 18 años y unas ganas de coger tremendas como cualquier adolescente, solo con ver a una mujer que me gustara me provocaba erecciones con gran facilidad, cierto día nos tocó acudir a casa de un compañero para trabajar en un proyecto escolar, hasta ese momento pocos conocíamos a su mamá y nos llevamos una sorpresa al verla, era una señora que rondaba los 40 seguramente, bastante delgada, pero de piernas largas, y caderas muy definidas, senos pequeños pero perfectos para la proporción de su cuerpo, cabello lacio a la altura de los hombros y una cara con rasgos muy finos y delgados, bastante guapa debo de decir, la ropa que ella usaba aquel día nunca la olvidare, era un vestido color azul mezclilla, de esos que tienen botones por toda la parte de enfrente y llevan un cinturón que ayuda a estilizar la cintura, además de unos zapatos con tacones color cafés, no tan altos pero que hacia parecer sus piernas aún más largas, y estoy casi seguro que cuando la vi de espaldas se podía notar ligeramente las líneas de un tanga en su espalda baja.

    Eso me provoco una enorme erección, imaginando de qué color y de qué tipo seria aquella tanga, si ella estaría depilada o no, si sus labios eran grandes o pequeños, etc. solo quería terminar y poder irme a casa para masturbarme con todo aquello en mi cabeza, sin embargo, como dije al principio siempre se presenta una oportunidad, solo es cosa de arriesgarse y aprovecharla.

    Ya por la noche sus padres salieron de casa y nos quedamos solos, y ahí comenzó mi suerte, al parecer el baño de las visitas había tenido algún detalle aquel día y yo tendría que usar el de la segunda planta, tome el pasillo para llegar a la puerta del fondo pero antes vi la puerta de una habitación abierta, de un vistazo pude ver que era la recamara principal y ahí era donde la hermosa mujer de mis fantasías sexuales dormía y seguramente cogía, mi morbo comenzó a incrementar y se apodero de mí, yo quería saber cómo dormía, a que olía, que usaba, y esa era mi oportunidad.

    Entre a la habitación, di un vistazo rápido y pude ver un tocador con los artículos de la señora, tome su perfume y lo lleve a mi nariz, el aroma era delicioso y ahí mi corazón comenzó a latir rápidamente aún no se si por la excitación o el miedo pero pude sentir una tremenda erección, comencé a imaginarla quitándose ese vestido justo ahí frente a mí. dejándome ver ese hermoso cuerpo que seguramente tenia, sabía que había poco tiempo, pero no me importaba, en ese momento mi excitación y morbo ya no podían controlarse, pude ver a un costado de la cama un perchero en donde colgaba su ropa de dormir, era un conjunto de una blusa de tirantes con detalles de encaje en el escote, de color blanco con puntos negros, ahí mismo colgaba un pequeño bóxer con el mismo diseño y color, para ese momento ya no podía más, necesitaba masturbarme, así que tome la blusa y pude sentir el aroma de su piel o tal vez eran los rastros de su perfume o del olor de su cabello pero era extremadamente delicioso, para ese momento solo me imaginaba a mi entre sus piernas, oliendo, lamiendo y penetrando su vagina con mi lengua hasta que terminara en mi boca y la llenara con todos sus exquisitos jugos, mi pene estaba totalmente lubricado y a punto de estallar, sabía que apenas lo sacara del pantalón eyacularía a chorros, así que sin pensarlo corrí al baño de la recamara y al entrar vino lo mejor.

    Colgada en el toallero estaba una tanga, eran tan solo unas delgadas tiras que se unían en la parte de atrás, dos de ellas iban a las caderas y la otra que seguramente se perdía entre lo más profundo de sus nalgas, por enfrente un pequeño triangulo que cubría su pelvis y por supuesto sus labios vaginales, yo comencé a temblar de la excitación y sabía que sería lo más cercano que estaría de su vagina, algo de su olor y su sabor aun estarían en esas ligeras líneas blancas que pintaban el puente de esa pequeña tela, así que sin pensarlo la lleve a mi nariz y casi entre en transe al absorber aquel delicioso aroma, una mezcla entre un ligero olor a sudor y el sexo de aquella hermosa mujer madura, no quería apartarla de mi cara, quería llevarla a mi casa y disfrutar de sus aromas más íntimos todos los días, lamí el puente como un enfermo, solo quería tener sus jugos en mi boca y justo en ese momento eyacule como nunca, cuando reaccione recupere el juicio y sabía que ya había pasado un buen rato, el miedo porque me descubrieran regreso y coloque la tanga en el mismo lugar que la encontré y salí de ahí.

    Cabe mencionar que nunca volví a regresar a aquella casa, ya que no frecuente a aquel amigo, pero mi primera vez con la tanga de esa preciosa mujer fue el detonante de todo.

  • La forma en que ella me provocaba

    La forma en que ella me provocaba

    La forma que tenía para burlarse de mí, para constantemente ridiculizarme, me hacían hervir la sangre, me ponían de mal genio, pero acto seguido todo ese rencor y rabia eran desvanecidos ante sus provocaciones, ante las ganas que tenía de cogerla…

    Su aspecto era el de una Lolita en toda regla, pero engañaba, estaba muy por encima de los 18 años, era alta, rubia, mediría unos 1,70 cm., algo más cuando se calzaba las botas de taco que tanto me ponían. Era una rubia, de cuerpo delgado, que tenía una facilidad pasmosa para levantar mi verga con un solo meneo de su culo, cuando se aleja me deleito en el vaivén de lado a lado de sus caderas.

    Un día me vino a visitar, en aquel entonces yo vivía sólo en mi departamento, venía disfrazada para provocarme, para llevarme al borde del orgasmo y como siempre dejarme esperando. Blusa blanca ajustada, presionando sus tetas y acomodándose al botón de sus pezones que siempre pedían guerra. Minifalda blanca igualmente y unas botas altas, negra de látex con un tacón de unos 12 centímetros. Me estaba doliendo ya la entrepierna solo de verla.

    Se percató de ello y sonrió maliciosamente, adentrándose al departamento sin pedir permiso. Viendo que me había quedado algo parado, se acercó a mí y me tomó de la mano, conduciéndome al comedor. Allí se sentó sobre la mesa y me hizo acomodarme en una de las sillas, quedando embobado entre sus piernas.

    Yo no paraba de mirar su entrepierna, intentando adivinar si tal y como me había aparecido, no llevaba pantaletas, y en efecto, no las llevaba, mientras jugaba con la yema de sus dedos en su boca, comenzó a rozarme con la punta de la bota en mi entrepierna, por encima del pantalón.

    Ni decir cabe, que ya para entonces mi verga se quería salir.

    Ella se detuvo y se sacó la bota, continuando su juego ya con su pie descalzo, acomodando sus deditos sobre la forma que dibujaba mi bulto, excitándome, haciéndome perder el control, con unas ganas de enorme de abalanzarme sobre ella y follarla, pero cada gesto mío de iniciativa provocaba que ella se detuviese y que hiciese ademán por levantarse, así que ni me atreví a nada.

    Ella se deslizo y se puso de pie, sin dejar de mover su pie, su rodilla quedaba a la altura de mis labios y desee besarla, pero no pude, enseguida la apartó y de un movimiento brusco, se giró y se sentó sobre mí, aplastándome con sus nalgas mi verga.

    Solté un leve gemido de dolor, ella lo correspondió gimiendo y moviéndose en círculos, acomodando sus nalgas sobre el bulto. Supe que estaba excitada, que no fingía, porque noté como mis pantalones se humedecieron y no era yo.

    Ella se inclinó hacia atrás y me contó de cómo había follado ayer noche a un camarero, como lo había hecho correrse así, como a mí, sin sacarla del pantalón, me susurraba que haría que me corriese en menos de dos minutos.

    Yo no contestaba, no podía, me estaba atormentando la verga, quería estar dentro de ella, pero ella no me dejaba, cogía mis manos y las pasaba por sus tetas, obligándome a estrujarlas, a moverlas, a pellizcar sus pezones… mientras se seguía contoneando y acelerando el ritmo.

    Seguí en su vaivén constante sobre mí y apenas ya podía aguantar. Ella se dio cuenta pro mis gemidos, porque cada vez buscaba culearla con más insistencia, y comenzó a moverse más rápido, dando saltos sobre mí, causándome dolor y al mismo tiempo placer, hasta que no aguanté más y me corrí, era la primera vez que lo hacía sin tener contacto directo. Me había hecho un lap dance en toda regla, me había llevado al orgasmo, ella era quien controlaba toda la situación…

    Me dejó extasiado, con la polla doliéndome y quería más, pero ella no me lo daría, al menos ese día.

  • Cogiendo con mi tía Violeta

    Cogiendo con mi tía Violeta

    Un relato producto de la imaginación…

    Lo que les voy a contar, ocurrió en el verano de mis 18 años, por aquel entonces, yo me encontraba de vacaciones, habiendo ya terminado mis estudios.

    Las relaciones de mi madre con su cuñada, mi tía, no eran del todo buenas, para su pesar, ambas eran vecinas, ambas se encontraban a una cuadra de distancia.

    Mi padre era ajeno a todo ello, porque cuando las dos estaban frente a él disimulaban, pero era obvio que mi tía le tenía envidia, por su situación familiar, por su físico a mi madre y viceversa, porque lejos de las cargas familiares, mi tía Violeta, era independiente, trabajaba, se divertía y era bien bonita, no aparentaba la edad y es más, se negaba a aparentar su edad a juzgar por los atuendos que vestía.

    Pese a la enemistad encubierta y en ocasiones manifiesta dc las dos mujeres, mi madre se veía forzada a hacerle determinados favores, pero el punto de partida de toda esta historia está en que al trabajar mi tía, mi madre se veía obligada a recibir al panadero y comprarle pan para ella, puesto que de mañana Violeta se iba a trabajar, siendo al mediodía cuando pasaba pro casa a recoger el pan y pagarlo.

    Mi madre aprovechando que yo me encontraba de vacaciones y a fin de evitar toparse lo menos posible con mi tía, me encargó la tarea de adelantarme a la hora de llegada de mi tía e ir a su casa a llevar el pan, yo al principio lo hacía a regañadientes, pero luego deseaba que llegase el momento, porque poco a poco me fui fijando más y más en mi tía, su forma de ser, su aspecto juvenil y para que trato de engañar!, sobre todo por el partido que sabía sacarse, luciendo trajes de ejecutiva, tacos negros, maquillaje, no era alta, al contrario, era más bien bajita y rellenita, pero muy apetecible a los ojos de cualquier hombre, mucho más para los ojos de un joven virgen que ya estaba cansado de pelársela.

    Cada día esperaba que llegase el momento de llevarle el pan, mi verano era muy aburrido, pues los escasos amigos que tenía no estaban en la ciudad, así que me la pasaba en mi casa. No sé si por estar sólo y no hacer nada, pero lo cierto es que todos mis pensamientos acababan con la imagen de mi tía e inconscientemente mi mano se dirigía a mi verga.

    Creo que mi tía comenzó a darse cuenta y jugaba conmigo, me recibía y me decía que pasase que se había olvidado algo en la cocina, yo pasaba, me hacía sentar en el sofá y se sentaba a mi lado, yo me sentía cortado, tímido, pero mis pantalones comenzaban a apretarme ante las provocaciones encubiertas de mi tía, jugando con sus zapatos, con sus dedos en su pelo rubio tintado, etc.

    Pese a que mi tía se daba cuenta de lo que provocaba en mí, no fue hasta aquel día, en el que la escena tal y como la describí tiene la siguiente continuación:

    Mi tía, se acerca más a mí de lo normal y eso me corta, me pongo nervioso, pero mis nervios se cortan por completo cuando pone la palma de su mano sobre mi pantalón, justamente encima de mi verga y comienza a moverla en círculos.

    Yo me sobresalto y la miro, pero apenas puedo aguantar su mirada firme, no dice nada, sigue, mirándome con malicia y sonriendo, siendo totalmente la dueña de la situación.

    Yo no podía más, me estaba muy caliente, pero al mismo tiempo, la situación me aterrorizaba, era mi tía, y para colmo yo nunca había estado con una mujer.

    Ella comenzó a desabrocharse la blusa y continuaba con su mano en mi entrepierna, yo volví en mí y pese a lo excitado hice por salir de aquel sofá, pero enseguida se subió la falda y se sentó sobre mí, contoneando sus caderas y frotando su húmedo sexo a través de las pantaletas sobre mí.

    Eso me hizo perder la razón, lo de tenerla encima mío y comencé a buscar sus tetas de forma apresurada, suplí mi inexperiencia con el deseo que ya no controlaba, besándolas incluso dentro del brasier, forzando con mi boca el que saltaran de ahí, para mordisquear sus pezones.

    Ella seguía contoneándose, yo no podía parar de gemir, quería que mi verga se liberase de la ropa, pero al mismo tiempo, me encantaba como se frotaba y culeaba.

    Tanto frotamiento me iba a venir encima, ella se dio cuenta por mis bufidos, mis gemidos de placer y se detuvo, acercándose y susurrándome al oído:

    -Aún no papi…

    Se levantó e inconscientemente mi mano desabrocho mi pantalón, buscando liberar mi verga y sacudírmela, pero ella me lo impidió, tomo mi mano y se la paso por su coñito, restregándose.

    Ella, viendo mi pija al aire, se arrodilló y comenzó a lamerla, lentamente, una sola vez y apartándose, mirándome a los ojos, viendo como con mi mirada le pedía que no parase. Ella lo sabía y continuaba su mortificación, dándole lamiditas suaves a la punta, sonreía malévolamente y no pude por más que sacudírmela.

    Ella me miraba, sin hacer nada, para entonces, ella comenzó a masturbarse, a frotar las yemas de sus dedos contra sus labios, buscando su pepita, hasta que comenzó a gemir más fuerte, supuse que le vendría un orgasmo. En realidad hasta aquel momento yo era virgen, nunca había estado con una mujer, por mi timidez, pero había visto las suficientes películas porno para conocer sus reacciones, aunque estas fuesen fingidas.

    Ella se iba a venir y e n ese momento se vino sobre mí y metió mi pija en su boca, lamiéndola, comiéndosela ferozmente, mientras se corría, sentía mi verga en su boca, tocando las paredes de esta, sintiendo como su lengua golpeaba y lamía mi glande.

    Yo no podía más y me corrí, antes que ella incluso, tragándose toda la leche que pudo, y recogiendo con su lengua toda la que sobraba, yo no podía más del place que me estaba haciendo sentir.

    Ella me miró, y sonreía al tiempo que un resto de mi lecho se la caí de los labios, la cual relamió con su lengua, para saborearla:

    -Que rica leche tienes negro, pero esto no ha quedado así, ahora me vas a llenar de leche cabrón.

    Se quitó su falda, su tanga y a horcajadas se sentó sobre mí, yo parecía su muñeco, no me había movido de esa posición y ella lo hacía todo, pero yo estaba en la gloria.

    Con su mano derecho masajeo mi verga, la cual volvía a estar muy dura con sus lengüetazos, y dirigió la punta a la entrada de su cueva, entonces quita me miro, yo la miré y se dejó caer, haciéndome soltar un leve gemido de placer y dolor. Entonces comenzó a cabalgarme violentamente, tan violentamente, que a veces mi pija se salía, teniendo que volver a meterla.

    -Cógeme cabrón! Clávamela hijo de puta! Me estoy cogiendo a un hijo de puta, clávamela hasta las entrañas, mamón, así, así! Sigue!

    Me gritaba y gemía, yo casi no podía aguantar más, me di cuenta de que mi tía Violeta, se estaba cogiendo a su sobrino, no sé si por lujuria por hacerle ese feo a mi madre, pero a mí me daba igual, podría hacer conmigo lo que quiera, porque yo ya sentía las ganas de estallar dentro de ella y así lo hice, corriéndome una vez más.

    Ella no había terminado e hizo caso omiso a mis expulsiones de leche, ella siguió cabalgándome y sacudiéndose de adelante a atrás, sin importarle, hasta que llegó su orgasmo.

    Yo casi inmóvil, de la reacción, apenas pude besarla, fue ella la que introdujo su lengua en mi boca, al tiempo que se salía de mí, susurrándome, que descansase, porque mañana haría estallar mi verga en su culo…

  • Estoy completamente loco por mi hija

    Estoy completamente loco por mi hija

    Soy un hombre de 42 años, divorciado hacer unos siete años. Tengo una hija de diecinueve muy atractiva, rubia, muy tierna. Una chica encantadora, quizás muy promiscua.

    Dicen que yo soy muy guapo y tengo muy buen cuerpo. Las mujeres de cualquier edad y/o raza se fijan en mí al pasear por la calle. Pero no soy muy dado a ligar. Soy más bien tímido. Desde que me separé de mi mujer mi actividad sexual se reduce a la masturbación. Bueno miento sí que tengo encuentros sexuales ocasionales, pero tampoco demasiado frecuentes. Me masturbo con mucha frecuencia.

    No me gustaba la vida sexual de mi hija. Me parecía demasiado liberada. No tenía novio, pero sé que se veía con muchos hombres.

    Algunas veces llegaba a casa acompañada por alguno de esos y me tenía que tapar con las sábanas y ponerme tapones en los oídos para no oír los gritos de placer de mi hija.

    Aun así, mi hija y yo nos llevábamos muy bien. Le podía oír decir de mí que era el hombre más guapo del mundo. Pero también aquello me parecía escabroso. En fiestas con amigos la oí decir que estaba enamorada de mí. Al oírla sentía una vergüenza horrible.

    En cierta ocasión discutimos sobre ello. No quería que hablase delante de los demás sobre mí de esa forma.

    —Papa si no es por piropearte gratuitamente, pero es que estás muy bien.

    Sabía que tenía razón, pero no estaba bien que lo dijese en alto puesto que éramos padre e hija y la gente podía pensar cualquier cosa.

    Si razón la tenía. Los jóvenes con los que iba mi hija eran eso… jóvenes… pero no me parecían más atractivos que yo. Seguro que si tuvieran mi edad estarían obesos o calvos.

    Todos los días hago deporte. Recuerdo que alguien me ha dicho que estoy hecho un George Clooney de la vida. Me parece que ese tal Clooney es un actor que gusta mucho a las mujeres.

    Y tampoco es por ser presumido, pero soy un hombre bien dotado. El tamaño de mi pene alcanza los 19 centímetros y es bastante ancho. Pero esas cosas me hacen sonrojar. Supongo que a otros hombres eso les haría caminar sacando pecho, pero yo siempre he intentado ocultarlo. Masturbándome.

    La verdad es que las «aventuras» de mi hija no me gustaban demasiado. Quizás porque soy de otra generación. Sé que alguna vez se ha acostado con más de un chico a la vez, pero no le he consentido que tuviese ese tipo de relaciones en mi propia casa.

    Hasta que por fin se decidió a tener un novio. Un solo hombre cuando menos. Pero el tipo tenía 15 años más que ella. Y la cosa no funcionó.

    Terminó haciendo lo que sabía ella que no me gustaba que hiciese. Tener orgías con chicos en mi propia casa.

    Una noche de forma violenta, lo reconozco expulsé a los golfos que acompañaban a mi hija de mi casa e impedí que pudiesen volver a entrar.

    Decidí desde esa noche que debía ocuparme personalmente de mi hija e impedir que hiciese ese tipo de cosas. Quería que tuviese relaciones con los demás como Dios manda. Muchas más amigas. Amigos formales y por supuesto un buen novio.

    Para ello prácticamente no me despegaba de ella. Desayunábamos, comíamos y cenábamos. Íbamos al cine. Paseábamos en el autobús.

    Creía que la tenía controlada pero no era así. Seguía recibiendo llamadas telefónicas y sonando el timbre de la casa.

    La única solución era dormir en el mismo cuarto. Así impediría que pudiese acostarse con alguien.

    Así no volvió a entrar nadie en esa habitación. Pero a veces me parecía que había caído en una trampa de la perversa de mi hija. Lo notaba por la forma en que me miraba.

    No tenía tiempo para vivir en mi intimidad. Ni siquiera podía desahogarme sexualmente. Ella aparecía todo el día con camisones, en lencería, con bikinis, pijamas transparentes o incluso desnuda o con pantalones ajustados y camisas perfumadas. Me provocaba así constantemente. Esto hacía que no pudiese reprimir esa sexualidad potente que tengo.

    Una vez salimos a pasear. Ella me dijo:

    —Te has dado cuenta de cómo te estamos mirando.

    —¿Quiénes? -respondí.

    —Todas.

    Desde que iba a con mi hija a todas partes mi pene colgaba anhelante y dispuesto a tener una erección en cualquier momento. Llevaba más de dos semanas sin masturbarme.

    Nos sentamos en una terraza y nos tomamos unos refrescos. La joven de la mesa de al lado no me quitaba el ojo. Sentí que la pierna de la chica se apretujaba contra la mía y sentí también la pierna de mi hija. Una a cada lado. Alcancé una erección al cien por cien y no me podía levantar de la silla.

    Al llegar a casa no podía más. Mi hija se quedó con una camiseta y unos pantaloncitos cortos de los que asomaba un tanga o eso me pareció a mí. Pero la verdad es que no llevaba nada. Yo no podía más. Estaba enloquecido.

    Cogí a mi hija y la llevé hasta su cama. Le bajé definitivamente el pantalón. Ella intento resistirse. Metí directamente sin más mi pene dentro de su vagina. Y me corrí. Estaba empapado. Su coño estaba empapado. Note sus contracciones. Sus corridas. ¡Había caído en su trampa!

    Salí de ella y descansamos un rato. Ella se tiró a por mí polla, larga ancha y dura. Sonaba a leche. Su mano estaba sucia de mí. Me la chupaba. Se la metía hasta el fondo. Le follaba la boca. Se ahogaba. Se la metía hasta el fondo o me la follaba yo. Sus jadeos eran salvajes. Como los míos.

    Se detenía un momento y me decía:

    —¡pero que guapo eres cabrón!

    La obligué a chuparme los huevos y ella me los olía. Me chupaba el culo porque me encantaba. Y le ponía la polla y el culo para que me los comiera. Volví a correrme dejándole el cuerpo empapado. Las sabanas y la ropa en el suelo se le quedaba pegada a su piel.

    Le comí sus tetas, su cara, su boca, sus pies, sus manos, sus axilas y ella las mías. Metí mi polla entre sus tetas. Luego se la metí. Me la folle. Mi polla ancha y larga al cien por cien. Ella encima de mí mirándome la cara y llena de mí hasta saciarse una y otra vez. Ella gritaba y gritaba. Me corrí y la inundé. Se la saqué y se la metí por el culo sin su consentimiento. Ella se estremeció. Tuvo varios orgasmos seguidos. Se la saqué y seguí masturbándome hasta que salió mi líquido ardiente.

    Estuvimos tres días follando y follando sin parar. Pidiendo pizzas. Ella jadeaba, gritaba. Era una locura. Hasta que yo ya no podía más.

    —¡Que locura acabamos de hacer hija!

    —Y ahora como podemos vivir el uno sin el otro -me respondió.

    Mi polla ya estaba arrugada. Es una delicia tener a una chica joven en tu cama. Tener su ternura, su dulzura, su cuerpo duro.

    Se la volvía a meter y me corría con un gusto morboso. Primero había sido el deseo carnal por una joven pero luego era el éxtasis sucio y morboso de un incesto.

  • Mi hermana y yo acabamos atendiendo a dos machos

    Mi hermana y yo acabamos atendiendo a dos machos

    Todo empezó un fin de semana cualquiera en Argentina. Tengo una hermana que en ese momento cumplía años, como regalo le prometí salir las dos solas.

    Sinceramente somos dos chicas muy lindas, es más mi hermanita está en una agencia de modelos bastante conocida en buenos aires, haciendo sus primeros pasos. Para describirnos un poco, ambas somos rubias, yo con rulos y ojos verdes, estoy orgullosa de mi cuerpo en especial de mis tetas, las que muestro con buenos escotes. Y una buena cola. Mi hermana es más delgada que yo, pelo lacio y ojos celestes, tiene poco pecho, pero igual es muy linda, en especial la cola que tiene, bien redondita y envidiable.

    Volviendo al día del cumple de mi hermana, a la que voy a llamar Luciana, aunque ese no sea su nombre.

    Esperamos que mi novio se vaya a su casa y mis viejos a dormir y salimos solas.

    Decidimos ir a un lugar más lejos del que vamos siempre para que no nos conozca nadie, nos vestimos bastante provocativas, mi hermana con una pollera azul ajustada, larga pero con un tajo bastante largo y una camisa cortita muy ajustada. Yo con una mini negra muy ajustada, y una remerita blanca de esas que son dos tiras verticales que tapan las tetas y de dejan toda la espalda libre, y botas de tacos altos. Lo que más me gusta de la remerita que me puse es lo poco que deja a la imaginación ya que se usa con corpiño y como es blanca se trasluce bastante.

    Fuimos a una disco en el centro, la cual no conocíamos, pero conseguimos entradas en Internet, en una página de música electrónica. Llegamos como a las tres y el boliche estaba bastante lleno, estábamos muy bien, en el lugar, muchos chicos que nos decían cosas lindas y otros nos decían cosas más calientes, nos sentamos en una mesa a tomar tequila.

    Cuando ya estábamos bastante «alegres» salimos a bailar un poco, empezamos a bailar normal, pero cuando algunos chicos se nos acercaban, bailábamos más pegadas, haciendo un juego erótico, entonces decíamos que éramos pareja, en vez de espantar a los chicos creo que los atrajimos más, así que nos cambiamos de pista.

    En esta había más gente y se bailaba muy pegado, situación que alguno aprovechaba para tocarnos un poco.

    De pronto siento que uno me manda una mano pero muy adentro, me doy vuelta y lo empujo, es un gordo todo transpirado, pelado, muy desagradable, con la camisa afuera.

    Me abraza a la fuerza y lo vuelvo a empujar, entonces aparecen los de seguridad que lo sacan del boliche.

    Yo me quedo más tranquila, y seguimos bailando y tomando con mi hermana.

    Ya como a las siete de la mañana decidimos irnos, pero cuando vamos a salir mi hermana se da cuenta que perdió el papelito que te dan en el guardarropa, por lo cual no podíamos sacar mi abrigo donde tenía la plata que habíamos reservado para el taxi, en definitiva estábamos lejos de casa y sin un peso, como si fuera poco el alcohol nos hizo efecto y estábamos mas que alegres.

    Luciana no tuvo mejor idea que buscar a alguien que nos lleve, la pendeja venia media zarpada, así que empezó a hablar con diferentes chicos, pero ninguno quería llevarnos, entonces vemos que contra la pared había un tipo de aproximadamente unos 40 o 45 años. Mi hermanita se le acerco haciéndose la gata y yo la esperaba a unos metros, miraba como se hablaban al oído y se dibujaban sonrisitas en la carita de mi hermana.

    Después de charlar unos minutos se acerca mi hermana y me dice al oído: «vamos que ya conseguí un viejito pajero» con su típica sonrisa perversa.

    El tipo se acerca y nos invita a salir de la disco, sentí como cambio su cara al ver que éramos dos, como que estaba más feliz, apenas salimos nos comenta que teníamos que esperar a su amigo, al cual había perdido dentro del boliche. Ya estaba amaneciendo y el tipo empieza a mirar hacia todos lados buscando a su amigo, entonces nos dice «allá esta» y realmente me quería morir al ver que era el gordo que me había arrebatado en el boliche, mi onda cambio radicalmente, no quería viajar con ese tipo, pero mi hermana me recordaba que otra no nos quedaba, ya era tarde y ya casi nadie quedaba por la zona.

    Nos acercamos al auto, era uno de dos puertas, el tipo habré la puerta del acompañante e invita a subir a mi hermana, ella sube y cuando quiero subirme se apura y se sube en la parte trasera junto con mi hermana, le pasa la llave a su amigo y le dice «Miguel maneja vos, mira la copiloto que te dejo» mientras ambos se reían, a mí ya no me gustaba nada la situación.

    Subo al auto y el gordo da la vuelta y se ubica en el lugar del conductor. Comenzamos el viaje y veo que toman la autopista. Realmente estaba nerviosa el gordo aprovechaba cualquier situación para tocarme las piernas, pero enseguida lo puse en su lugar y no me molesto más.

    Miro hacia atrás para ver cómo estaba mi hermana y me doy cuenta que estaba recostada en el asiento y el tipo de costado diciéndole cosas: entonces apago la radio para escuchar lo que le decía, y el tipo le comenta a su amigo «parece que tu compañera esta aburridita, no es como su hermana que es muy sociable».

    Entonces escucho que el Eduardo (así se llamaba el tipo que estaba con mi hermana) le dice dale bebé dame un beso, a lo que Luci le decía que no con la cabeza, respondiéndole: «besos solo le doy a mi novio» entonces el tipo le dice «bueno, vos no me des besos todavía pero y yo te voy a dar, primero en la pancita» le sube un poquito la remera y le da besitos en la panza y comienza a acariciarla, mi hermana cerraba los ojos y disfrutaba, él le preguntaba «te gusta bebe?» a lo que ella respondía con una sonrisita y con la cabeza.

    Eduardo empieza a bajar las manos y comienza a acariciar los pies de mi hermana subiendo despacio por las piernas hasta un poquito más arriba de las rodillas, le saca los zapatos y le sube un poquito la pollera. Le dice a su amigo, «mira que linda nena que tengo acá», y juntos se reían, mi hermana se reía con ellos, creo que por el efecto del alcohol.

    El tipo como puede se acomoda y comienza a chuparle los pies a mi hermana, ella parecía que se salía de control y disfrutaba a morir, en eso me doy cuenta que doblamos de golpe y para el auto en la vereda, el gordo le dice a Eduardo, dame las llaves. Eduardo saca del bolsillo un manojo de llaves y se las pasa, Miguel se baja y cruza la calle caminando hacia un portón de un gran galpón, me asusto aún más y le pregunto a Eduardo que es lo que pasa, y él me responde «no te preocupes, vamos a tomar un café para rescatarnos un poco» yo le digo que nos lleve a mi casa y que después tomen el café, pero no me hace caso y mi hermana me decía, dale no seas aburrida.

    Una vez que abre el portón Miguel vuelve al auto y entramos al galpón. Era como una fábrica o algo así, al costado tenía una especie de oficina, me bajo y también se baja Miguel, y saca a mi hermana del auto en brazos, la carga al hombro comienza a subir las escaleras. Yo le decía que tenga cuidado, que no la lastime. La situación se salía de control, subo por detrás de él a la oficina, apenas entramos Eduardo de un solo golpe, tira todo lo que había en el escritorio y acuesta a mi hermana boca abajo. Ella solo se limitaba a reírse entonces Eduardo comenzó nuevamente a chuparle los pies y comenzaba a subir por la pierna, mi hermana tenía una cara de gozo, que nunca le había visto. Edu le decía: «me mostrás las piernas que tenés?» a lo que mi hermana se subía un poco la pollera, «un poquito más!» le decía el, y mi hermana se subía un poco más, «me mostrás la tanguita?» le decía el, mi hermana su subió la pollera dejando su pequeña tanga a la vista de todos. Yo no podía creer lo que estaba mirando y el gordo menos, Eduardo se tira como un desesperado a chuparle la cola a mi hermana y ella gemía como una loca. No sé cuántos orgasmos habrá tenido, pero seguro que más de uno, porque gritaba bastante fuerte, y tomaba a Eduardo de la nuca, así boca abajo como estaba. El gordo quería aprovechar y se me quería abarrar a toda costa. Eduardo al ver que me resistía, le dijo a Miguel: «déjala a esa histérica de mierda, vení que nos enfiestamos a la pendeja» note como el gordo me soltaba encaro a mi hermana, que se asustó muchísimo, la cosa se le escapaba de las manos.

    Se bajó como pudo del escritorio y se sentó muy nerviosa en una silla, ya que era virgen y se arrepintió de lo que estaba haciendo.

    Eduardo ya con otra cara, más bien de enojado, le decía, «dale pendeja, no te hagas la difícil, que sos bastante putita». No te creerás que me vas a dejar con este palo así. Tenía miedo que se abusen de ella, así que me acerque para defenderla, entonces Eduardo me dijo, la única forma de que salves a tu hermana es que termines lo que ella empezó. Quisimos salir corriendo pero la puerta está cerrada con llave. Entonces el gordo me trajo del brazo y me sentó en la silla y mi hermana se sentó en un sillón que estaba en un costado.

    Eduardo se acercó a mí que estaba sentada mirando hacia abajo, y me decía» dale putita que me espera mi mujer» estaba parado frente a mí, y al levantar la cabeza lo miro a la cara y me asusto lo expresión que tenía. Comencé a acariciarle el bulto por encima del jean, y ya se notaba que la tenía dura, me dice «no nena, con las manos lo hace cualquiera, solo con la boquita» intento desabrocharle el pantalón y me dice dije que solo con la boquita» con los dientes comienzo a desabrocharle le jean y le bajo el cierre, comentaban cosas entre ellos, como «viste como aflojo la histeriquita, también es flor de putita» realmente me calienta mucho sentirme una putita, así que como pude con los dientes le baje pantalón, y comencé a darle besitos sobre el slip, note como se ponía más dura y sentí una necesidad terrible de sentir esa pija en mi boca, así que con los dientes le baje el slip y comencé a pasarle la lengua por toda la verga, para después metérmela entera en la boca y chupar como nunca antes lo había hecho, como una desesperada.

    Me obligaba a tener las manos atrás, entonces aprovecho para tocarme las tetas, pero le dije que si seguía tocándome se terminaba mi trabajo, así que se quedó quieto con las manos, y seguí chupando como una loca.

    Chupaba y él me decía cosas que me calentaban más, me agarra del pelo, me tira la cabeza para atrás y me dice «abrí bien la boca» le hago caso y comienza a descargar toda la leche en mi cara y boca, me pide que me limpie lo que quedo en mi cara con la mano y me chupe toda la leche, que me trague todo. Le hago caso, ya fuera de mí, y se la chupo hasta dejársela bien limpita.

    Me paro y me acomodo la ropa y le pido que me lleva a mi casa, entonces me doy cuenta que el gordo estaba filmando todo. Me dice ponete en cuatro en el piso, sino todo el mundo va a ver este vídeo. No quería para nada, pero otra no me quedaba, le hago caso, él le pasa la cámara a Eduardo y saca de su pantalón un pija enorme. Entonces me niego rotundamente a hacer nada, y me dice «si no sos vos es tu hermanita así que elegí» la miro y veo que esta con una cara de miedo terrible, entonces empiezo a chupársela al gordo, tenía un olor horrible pero me sentía una perra alzada y me calentaba más, se la chupo un rato y me impresiona lo grande que es esa pija, pero el gordo me desagradaba mucho así que no habría los ojos, pero él me pedía que lo mire a la cara y no me quedaba otra que hacerles caso.

    De pronto me deja y yo en cuatro patas estaba que ardía, me da vuelta y me pone mirando a mi hermana y a Eduardo que estaban sentados en el sillón, Eduardo filmando todo, me levanta la pollera dejándola enrollada en la cintura, de un tiro me arranca la tanga (me dio mucha lástima porque me la había regalado mi novio cuando cumplimos un año juntos) y de un empujón me partió la concha en dos, nunca antes había sentido eso, en dos bombeadas me hizo acabar, mientras me masajeabas las tetas muy fuerte. Me bombeo un rato largo arrancándome varios orgasmos y gritaba como una loca, frente a mi hermana que miraba todo con una cara de asombro terrible. Estábamos como a dos metros del sillón, pero el gordo me obligo a gatear, así ensartada como estaba, para poder chupársela a Eduardo que la tenía dura de nuevo, y mi hermana mirando todo el primer plano.

    Eduardo le pasa la cámara a mi hermana la hija de puta se puso a filmarme como atendía a estos dos machos. Ya chupándosela a Edu nuevamente siento como el gordo me llena la concha de leche caliente, y se sienta al lado de Edu y ahora es el que me coge, mientras yo sigo chupándole los huevos a el gordo, ya que tenía la pija muerta, me la clava de una y empieza a bombear.

    De espalda como estaba no tengo mejor idea que mirarlo y decirle «la de tu amigo se siente mejor» entonces me la saca de golpe y me siento vacía, pero en un instante me la clava en la cola de una, y sentí un dolor terrible, me agarra de los pelos, y me pregunta «y ahora a quien sentís más?» los dos se reían y yo ya comenzaba a gozar por mi cola con cada bombeada que me da, antes de acabar me la saca y me tira toda la leche en la espalda manchándome toda la pollera que tenía enrollada en la cintura.

    Como puedo me paro y me acomodo la ropa, le sacan la cámara a mi hermana que había filmado todo, y nos llevan a casa, ya eran como las 9 de la mañana.

  • Mi amigo y las prendas de mi esposa

    Mi amigo y las prendas de mi esposa

    Sábado por la tarde, me dispongo a reunirme con unos amigos, para convivir un rato. Martin es un amigo de hace años es muy alegre y más con las mujeres, yo que lo conozco sé que se ha acostado con más de una después de haberse casado… ese día decidimos juntarnos en parejas, así que el asistió con su esposa, después de platicar y convivir un rato, salimos a fumar un cigarro después, me pido pasar a baño, y hacer sus necesidades, le mostré el camino y regrese a donde estaban nuestra parejas.

    Después él se incorporó con nosotros y ahora fue mi turno para ir al servicio dentro del cuarto de baño, mi esposa olvido quitar su ropa interior de un canasto donde se deposita la ropa sucia, note la prenda arrugada al tomarla note que tenía manchas de semen, fue allí donde me di cuenta que mi amigo Martin, se había masturbado con el calzón de mi esposa.

    Fue que me hizo sentir un nudo en la garganta y celos. Pero a la vez comencé a tener una erección. Me incorpore y no dije nada.

    Una vez terminada mi reunión la idea de mi amigo de masturbarse con los calzones de mi esposa me taladraba mi mente, y quiero decir que mi esposa es una mujer de 1.55 con unas caderas de fantasía, un trasero muy torneado y pocas bubis, es una mujer hermosa y deja a muchos hombre con la boca abierta, incluyendo a mis vecinos, que he notado como la devoran en cuanto pueden observarla.

    No sé si comentarle a mi esposa lo que hizo mi amigo, ya que he notado que a ella le agrada y se llevan muy bien…