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  • Como comenzó todo con mi pareja hace 20 años

    Como comenzó todo con mi pareja hace 20 años

    Bueno a continuación les escribo un pequeño relato de como comenzó todo con la que en ese tiempo se convirtió en mi esposa, lo que les voy a relatar sucedió hace 19 años, en esa época ella contaba con 18 años y estaba cursando el grado 11, resulta que yo vivía solo y ella por problemas personales quiso irse de la casa y se fue a vivir conmigo.

    Entre los dos todo muy normal y como pareja nos entendíamos muy bien, algo que me llamo mucho la atención y me agrado mucho era lo picara que era ya que le gustaba provocar y sentirse deseada, le gustaba usar la falda muy corta y a veces me pedía que la dejara irse sin ropa interior, al principio no fue fácil, pero me arriesgue y no me arrepiento de eso porque desde ese momento comenzó un juego muy apetecido por muchos, y lo mejor era cuando salía del colegio y me comentaba todo lo que había visto y me contaba lo que le había sucedido.

    Esas tardes eran de mucho sexo y muy placenteras, me contaba que subiendo las escaleras se daba cuenta como la espiaban, que al sentarse en la silla dejaba ver más de la cuenta y hasta con amigas se iban al baño y hablaban de esas locuras.

    Todo esto me dio pie a seguir cada vez más y cada día me daba cuenta que dejar que mi novia se exhibiera, provocara a mas muchachos, y se sintiera mucho más deseada era muy placentero, y lo mejor es que solo estaba para mi en la intimidad.

    Los días pasaban y cada vez se arriesgaba mucho más, íbamos a centros comerciales y le compraba ropa muy chiquita, hilos casi imperceptibles, mini faldas muy cortas, vestiditos cortos, escotados y a veces medio transparentes.

    Ya los juegos pasaban a irse adelante sola para yo poder ver lo que ella mostraba y ver quién y cómo la miraban, cuando se agachaba sin pudor, cuando subía las escaleras, y una de las cosas que más me gusto en esa época fue como provocaba a los vendedores de zapatos cuando ella iba a probarse zapatos o botas y al alzar la pierna o separarlas para que le abrocharan los zapatos o se los ayudaran a colocar dejaba ver sus hilos pequeños o cuando no se ponía nada dejaba ver todo su esplendor. Lógicamente cuando llegábamos a la casa lo hacíamos muy rico hablando de todo lo sucedido y lo que le gustaba y lo que no.

    Para no cansarlos lo dejaré hasta acá y pronto seguirán los relatos hasta que lleguemos a la actualidad.

    Esperamos sus comentarios.

  • Feliz cumpleaños

    Feliz cumpleaños

    Me presentaré un poco para entrar en situación. Somos una pareja mas cerca de los 50 que de los 40, pero muy bien conservados. Hacemos mucho deporte y cuidamos mucho la alimentación entre semana, aunque el finde si toca salirse un poco de la dieta, lo hacemos, y aunque no somos de salir mucho, nos tomamos nuestros vinitos y cervezas de vez en cuando, y si se tercia una copa, pues también.

    Lara, mi mujer, es bajita, apenas 1,60, pelo castaño claro y largo, 48 kg, una 85c de busto y estrecha cintura, aunque algo ancha de cadera, pero a pesar de su complejo por ello, a mí, su culo, me vuelve loco, aun después de 20 años de matrimonio. Yo me llamo Miguel, mido 1,85, ando sobre 80 kg, rapado y constitución atlética, pero no definido, pero vamos, que no me cuelgan las carnes.

    En el aspecto íntimo, sin caer en la monotonía, los hijos y la vida laboral, han hecho que los encuentro sean muy esporádicos, aunque disfrutamos cada uno al máximo. Pero si es cierto, que yo necesito mas, en diversidad y mas en número de veces, hemos pasado más de un mes sin hacerlo. Yo que soy consumidor asiduo de porno, y fan de la dominación y el BDSM, lo paso francamente mal, hasta el punto de pesar incluso en la infidelidad, pero jamás le haría eso al amor de mi vida; mi anterior pareja me fue infiel, y se sufre mucho.

    Hecha la presentación paso a relatar un hecho que cambio nuestra vida para siempre. El trabajo de mi mujer en un centro comercial muy conocido, del cual no voy a decir el nombre, hace que tenga muchas amigas dentro del entorno laboral. Esta relación va mas allá del comercio, y es raro el finde que no hay un cumpleaños, un santo, cualquier excusa para quedar fuera de la tienda. De entre todas, la mejor amiga de Lara, se llama Noelia, Noe como le gusta a ella. Es algo mayor que nosotros, unos 4 años, y muy simpática. A pesar de la edad, alguna vez que coincidimos en verano, piscina y playa, esta delgada y mantiene un bonito cuerpo, además de ser súper simpática, pero nunca me llamó la atención sexualmente, como alguna otra compañera, más joven. Noe lleva separada años, y nunca le conocimos pareja, y nunca mencionó nada al respecto. Su ex, que le pego en alguna ocasión y le hizo la vida imposible, hizo que no volviera a plantearse mantener una relación más allá de un polvo esporádico para calmar el deseo, y como dice ella, sus juguetes, jamás la defraudan.

    Este finde tocaba cumple, el suyo, y decidió celebrarlo en una cabaña que tiene rehabilitada en su pueblo, que habitualmente comparte con su hermano, cazador, que es quien mas la usa, pero que llevaba unas semanas fuera por trabajo y no se le esperaba. La tarde paso entre cervezas y risas, regalos, música y bailes, y poco a poco la gente fue marchando. Eran mas de las 11 de la noche cuando terminamos e ayudarla a recoger, y dada la hora, y que no teníamos a los hijos en casa, nos propuso pasar la noche allí, y marchar por la mañana tranquilamente. Aceptamos de buen grado, y saco los licores y las cartas para matar el rato. Caímos en la cuenta de que no llevábamos ropa para dormir, pero la calidez de la cabaña y la chimenea de leña, invitaban a dormir sin nada. Varias rondas de chupitos después, el alcohol ya empezaba a hace efecto, y las conversaciones fueron subiendo de tono, además el calor de la chimenea nos tenía con poca ropa. Lara sudaba y estaba colorada, y Noe le invito a quitar el jersey que llevaba

    -No llevo nada debajo, solo el sujetador, respondió mi mujer

    Noe y yo nos miramos y nos reímos. Lara cayó en la cuenta de cuantas veces le habría visto desnuda su compañera, y por supuesto su marido, por lo que procedió a quitárselo.

    Llevaba un sujetador negro, con algo de encaje y pushup que elevaba sus tetas y le daba una forma muy sugerente

    Noe, me miro, miro a Lara, y mientras se quitaba el suyo, dijo:

    -Espero que no os importe

    No llevaba nada debajo, y dejo sus bonitas tetas a la vista. De un buen tamaño, una 95 como poco, algo caídas ya, pero muy sugerentes, dada la edad. Además sendos piercing traspasaban sus pezones, y otro su ombligo, este ya lo conocía, pero la visión, me excitó sin darme cuenta. Me sorprendí por ello. Pero mas me sorprendió el comentario de Lara, mirando su amiga y señalando mi paquete:

    -A mi no, y a Miguel creo que mas bien le gusta, jajaja

    En condiciones normales me hubiese ruborizado, pero entre el alcohol, y el calor de la chimenea no se notó.

    -Sabéis qué? Dijo Lara, a la mierda, y se quitó el suyo

    Yo no daba crédito, y menos aun cuando Noe, se le acerco y mientras le desabrochaba el pantalón, dijo:

    -Estamos en familia, no? Poneros cómodos de una vez coño! Y se lo quito dejándole solo el pequeño tanga que llevaba

    Noe hizo lo mismo y quedo de igual manera. Yo estaba absorto con la imagen de las 2 mujeres medio desnudas y la erección plena en mi pantalón ya era incluso molesta. Las dos mujeres se miraron y con una sonrisa pícara vinieron hacia mi.

    Mi mujer se arrodillo para desabrocharme el pantalón mientras Noe me quitaba la camiseta. Mi polla, completamente tiesa, como hacía tiempo que no veía, asomaba por encima del calzoncillo, y Lara, lamio el glande que deseaba salir y liberarse, mientras me los bajaba también, dejándome completamente libre. Me estremecí cuando Noe tomo uno de mis pezones en la boca y lo mordisqueo. Quise mirar a mi mujer para pedir su aprobación, pero comenzó a hacerme una mamada increíble, tragándose toda mi polla hasta notar su garganta, lo que le provocaba alguna arcada y salivar bastante.

    Lentamente, Noe fue descendiendo, lamiendo todo mi pecho, hasta ponerse de rodillas junto a su compañera y amiga, esperando que esta le permitiese compartir mi polla. Lara abrió los ojos un momento, saco mi verga de su boca muy despacio, roja y brillante de su saliva y mis fluidos, y se la acerco a la boca, que abrió golosamente para comenzar a chupármela también. No la introducía tan adentro, pero tenía una técnica impecable.

    En un momento dado, tenía ambas bocas en mi tronco, una a cada lado, lamiendo desde mi escroto a mi glande, terminando allí ambas en un profundo beso, y aquella imagen me ponía mas cachondo de lo que estaba aún. Mi polla parecía que iba a estallar de un momento a otro. Noe ayudo a Lara a tumbarse en el suelo, sobre una mullida alfombra de pelo, cerca de la chimenea y le quito el tanga, dejando su depilado pubis a la vista, mientras ella hizo lo mismo con el suyo.

    Se puso a horcajadas sobre ella, y descendió su cabeza a su entre pierna, para comenzar a lamer sus labios mientras con una mano descubría su clítoris y un dedo jugueteaba con el. Lara se estremeció de placer e instintivamente levanto la cabeza para comenzar a lamer el coño de su amiga. Me acerque por detrás e introduje mi polla en el coño empapado de Noe, mientras mi mujer alternaba su lengua entre su coño y mis hinchados huevos. Ambas mujeres comenzaron a jadear mas fuerte;

    -Me corro, me corro, no paréis, no paréis, seguir así, ah, ah, ah, ahhh dijo entre espasmos Noelia, mientras Lara, hacia lo mismo bajo mi, presa del cunnilingus que estaba recibiendo por primera vez de boca de una mujer.

    Yo no podía mas y note que me iba a correr también, di dos empellones mas muy profundos y saque rápidamente mi polla, soltando varios chorros de semen entre los labios rojos y abiertos de Noe, que se deslizaban a la boca de mi mujer, que trataba de poder tragárselo todo, aunque parte resbalo hacia su pecho. Noe se dio la vuelta y comenzó a lamer todo el semen que Lara no había podido tragar y también se afano en limpiar mi polla, que lejos de bajarse como de costumbre, seguía tiesa y roja, desafiante a mi edad y a la gravedad. La mamada de Noe, hizo que luciera de nuevo en forma, limpia y venosa lista para seguir.

    Las dos amigas se incorporaron poco a poco, y entre sonrisas picaras Noe exclamo:

    -Menos mal que solo le puse media pitufa en la copa, jejeje

    -Te dije que Miguel no necesitaba nada, o casi nada, dijo Lara

    -Ya lo veo, ya, es todo en hombre, habrá que aprovecharlo, venir, nos dijo, guiándonos al sofá

    De un baúl, saco un arnés, con un consolador negro, de buen tamaño, que colocó a la cintura de Lara. Noe se arrodillo en el sofá, con sus tetas sobre el respaldo y separo sus piernas.

    -Ven, indico a Lara, que se acercó, con el consolador en la mano y guio dentro del húmedo coño de Noe.

    Yo me acerqué a mi mujer por detrás, y le metí mi polla dentro sin ningún esfuerzo. Comenzamos a follar los 3 a la vez, la situación era muy excitante y yo estaba cachondísimo, sobre todo de ver a mi mujer tan entregada, complaciente y deseosa de dar y recibir placer.

    Estuvimos en esa postura más de 10 minutos jadeando y sudando, entregados a la lujuria y el place sin medida, cuando mi mujer entre suspiros y jadeos acertó a decir:

    -No aguanto más! Me corro otra vez, Dios, me corro, me corro!

    -Y yo, yo también, sigue no pares no pares, ah, ah, ah! Grito Noe

    Yo ni quiera fui capaz de decir nada y con una especie de gruñido, solté el primer chorro de leche dentro de mi mujer

    -Ahhh!!! Salió de mi garganta, casi ahogado

    Al ver que Lara había terminado, salí de ella y me puse en el sofá, entre las dos, donde varios chorros más salieron directos a sus caras y pelo. Terminé de correrme dentro de la boca de Noe, que había cogido mi verga entre los labios, mientras Lara lamia lo que esta dejaba fuera de su boca, golosamente.

    Cuando terminaron se fundieron en un profundo beso, que luego compartieron conmigo

    Noelia, nos cogió de la mano a los dos y nos fuimos al baño, a disfrutar de una reparadora ducha antes de irnos a ¿dormir?

    Continuará.

  • La vara y la criada

    La vara y la criada

    El ama de llaves caminó con determinación por los pasillos del caserón vestida con un traje negro, su rostro reflejando el rictus serio de quién considera al orden un dios. Tras ella, cabizbaja y nerviosa, moviéndose con sigilo como quien considera hacer ruido una ofensa, con poco o nada de entusiasmo, se dejaba llevar una de las criadas.

    Acababan de reñirla y, por añadidura, se había llevado un bofetón. La pálida mejilla, ahora colorada, escocía, pero las duras palabras y la humillación dolían más. De alguna manera había aguantado la compostura y pese a todo lo que sentía, in extremis, había logrado mantener sus ojos azules secos.

    – Vamos a ver a Don Luis. Responde a lo que se te pregunte y obedece. Tu situación laboral en esta casa depende de ello. – Espetó la de negro golpeando con los nudillos la puerta de una habitación ante la que se habían detenido tan solo unos segundos antes.

    La muchacha levantó la cabeza con toda la calma que logró reunir y respondió en algo que parecía más susurro que voz.

    – Sí señora.

    Instantes después, la voz ronca y grave del dueño se dejó oir, algo atenuada, tras la puerta.

    – Adelante, está abierto.

    La mujer que comandaba la expedición giró el picaporte y entró seguida de la joven.

    Don Luis, que se encontraba sentado leyendo un libro, levantó la vista, se quitó los anteojos y observó a la joven criada, mirándola de arriba a abajo. Luego, miró a la mujer de mayor edad y aguardó la pertinente explicación.

    – Siento molestarle Don Luis, pero la señora, como usted sabe, se encuentra en cama, recuperándose de un catarro y necesitamos que alguien imponga disciplina.

    El caballero asintió y dirigiéndose esta vez a la joven, preguntó.

    – ¿Qué tenéis que decir al respecto?

    La criada, bajando la vista para mostrarse humilde, expuso el motivo por el que estaba allí.

    – … no fue mi intención señor, le pido disculpas. – añadió a su confesión levantando la mirada y pidiendo con sus ojos, algo de compasión.

    Don Luis no mostró compasión.

    – Traed la vara. – ordenó dirigiéndose al ama de llaves.

    – ¿Cómo os llamáis? – preguntó a la sirvienta mientras esperaba.

    – Yo, señor, yo me llamo Laura.

    La mujer volvió con el instrumento de castigo y se lo entregó al dueño del caserón. Posteriormente pidió a la criada que se inclinara, subió sus faldas y desatando las enaguas dejó sus tiernas y pálidas nalgas al aire, expuestas a la vergüenza y humillación.

    Poco después, Don Luis descargó el primero de muchos azotes.

    ……..

    La puerta se abrió y Laura, con las lágrimas todavía resbalando por sus encendidas mejillas, salió de la habitación en dirección a su cuarto. El ama de llaves, generosamente, le había concedido una hora de reposo antes de volver a sus quehaceres.

  • El baile nos llevó a enamorarnos (parte 2)

    El baile nos llevó a enamorarnos (parte 2)

    ¡Hola a todos!

    Antes de continuar con este relato me gustaría agradecer a las personas que se tomaron el tiempo de valorar mi primer relato y por supuesto a quienes dejaron un comentario. En esta segunda entrega encontraras como poco a poco vamos avanzando en esta relación incestuosa junto a mi madre. Espero que la disfrutes tanto como yo al vivirla, y tanto como yo al vivirla y recordarla en cada palabra acá escrita.

    **********************

    La relación en casa debido a que papá vivía con nosotros era de lo más tranquila, pero en cada mirada que cruzábamos ella y yo, se sentía el amor que ambos queríamos expresar. Era como si dijéramos muchas cosas en solo un cruce de miradas, como si nos transportáramos una vez más a esa noche de baile en la que por fin confesamos nuestros más íntimos deseos.

    Lo único que pasaba en casa era al momento de despedirnos por las mañanas dado que yo no contaba con un auto propio aun, papá me llevaba en su auto hacía la universidad. Yo siempre demoraba unos 5 minutos más en los cuales él ya estaba dentro del auto esperándome. En esos cinco minutos levantaba mi mochila de la universidad me acercaba a la cocina que era donde ella se encontraba por las mañanas, la tomaba de la cintura y nos dábamos un pequeño beso, nos miramos a los ojos y antes de decir adiós, ambos nos decíamos “Te amo mi vida”.

    Al llegar el día jueves, por la noche papa nos preguntó si íbamos a ir al club a bailar a lo que ambos respondimos que sí, que no nos lo perderíamos por nada, a lo que papá respondió:

    – Perfecto, yo me iré de viaje por unos días y regresaré hasta el próximo martes.

    – Y mi madre únicamente respondió

    Gracias, espero que te vaya muy bien y conduce con cuidado, aca te esperamos.

    Mi mente solo podía darle gracias a la justicia divina, por apoyarme y dejarme pasar un fin de semana con la persona de la cual yo estoy profundamente enamorado “Mi madre”. Y por mi mente se me cruzaron algunas palabras que mencionó mi madre la última vez “Me gustaría que tomáramos todo con calma, pues me siento enamorada como una niña”. Entonces de ser así tenía que enamorarla como si una relación de adolescentes o novios primerizos se tratase, por lo que pensé en invitarla al cine el viernes por la tarde.

    El viernes por la mañana no tenía clases y papá se había ido de viaje temprano por la mañana. Yo aunque no tenía clases, tenía que ir a la universidad a recoger unas notas que un Licenciado había dejado sobre un trabajo para finalizar el semestre. Por la mañana a eso de las 9 mientras nos encontrábamos desayunando tomados de la mano sin decir nada como buen principiante que ve a los ojos a la mujer que le gusta y de la que está enamorado, me armé de valor y le dije.

    – Paula amor, desde hace días he estado pensando y me gustaría invitarte a salir, qué te parece si vamos al cine hoy por la tarde. ¿Crees que te den permiso en casa para salir? (Mientras reía un poco).

    – Thomas, mi vida claro que quiero salir contigo, y por lo de conseguir permiso tu no te preocupes, contigo siempre tendré permiso de salir.

    – Perfecto amor, paso por ti a las 2.

    – Claro mi vida, estaré esperando impaciente por ti.

    Me puse de pie, la abracé y le volví a dar un beso en la boca, fue uno de esos picos largos que sin ser muy calientes, te dejan con la respiración agitada y me despedí de ella. Mientras estaba en la universidad no podía dejar de pensar en que haríamos esa tarde, sabes? Es de esas veces en las que se te ocurren mil planes pero ninguno suena perfecto, ni sabía qué películas estaban en el cine en ese momento y me puse a revisar en mi celular la cartelera. Y al fin encontré la mejor opción, era una película que un amigo me había recomendado hace mucho, ya se había estrenado hace unos cuantos años, pero por alguna razón la estaban re estrenando, la película es “Interestelar”.

    Mi día en la universidad pasó sin nada relevante que contar, excepto por el trabajo de fin de curso, que era más difícil de lo que esperaba, pero creo que si me dedicaba lo suficiente podría llegar a sacar una nota completa. Llegué a casa y grité para avisar que había llegado, Paula (mi madre) estaba tomando una ducha y gritó diciendo que se estaba arreglando. Yo dejé mi mochila sobre un sillón, subí a mi habitación a tomar una ducha también y a arreglarme.

    Me rasure y algo que siempre hacemos la mayor parte de hombres de mi edad (aun que una parte nos diga que no vamos a tener sexo) es rasurarnos nuestra parte intima. Me vestí algo casual, con un pantalón de vestir color beige y una camisa color verde musgo. No muy elegante, pues sabía que mi madre aunque se viste de manera elegante, para esta ocasión que iríamos al cine se pondría algo elegante casual.

    Baje a esperarla a nuestra sala y me senté en el sillón a ver mi celular, cuando la vi bajar, era imposible no quedarme como idiota viéndola de pies a cabeza. Ella vestía un pantalón negro de una tela que para ser honesto no sé como se llama, pero da la apariencia de ser cuero, esto lo combinaba con una blusa con un escote algo pronunciado y que deja su espalda descubierta de color blanco y unos tacones no demasiado altos pero que le ayudaban a resaltar sus piernas y caderas.

    – Cuando bajó solo pude decir:

    – Wow! Paula, luces hermosa, gracias por aceptar salir conmigo.

    – Thom, tú también luces, espectacular. Creo que hoy todas estarán celosas de verme contigo.

    – Lo mismo digo Pau, todos van a querer robarme a tan espectacular mujer. ¿Nos vamos amor?

    – Por suerte para ti, soy solo tuya y nadie me va a quitar a mi hombre.

    Acto seguido la tomó de la cintura y nos dimos un beso, pero esta vez sí caliente, hubo lengua, mi pene empezó a crecer dentro de mis pantalones que por la tela se notaba demasiado. Ella al notarlo me abrazó más fuerte e incluso escuché un pequeño gemido, ella bajó sus manos por mi cintura y las acercó un poco a mi cinturón, por mi lado yo empecé a bajar un poco más mis manos casi hasta tocar sus nalgas.

    Nuevamente ella tomó el control y se separó diciendo:

    – Perdoname Tom, a veces no puedo controlarme contigo, me siento toda una mujer contigo. Y me dan ganas de apresurar todo, pero es mejor que lo tomemos despacio para no arruinar nada.

    – No Pau no tienes que disculparte, yo tampoco puedo controlarme, disculpame tu a mi. Creo que es mejor que nos vayamos.

    – Si amor, vamos que nos espera un largo día y no creas que nos perderemos de nuestra noche en el club eh?

    – Por nada me lo perdería amor, quien quisiera perderse una noche de baile con tan hermosa mujer.

    Y sin más que hablar, la tomé de la mano y nos dirigimos al garaje en donde le abrí la puerta del auto, y ella subió. Fue un deleite verla subir de una manera tan sensual en la cual no perdí ni un instante para apreciar todos sus atributos, su espalda descubierta, su culo parado, grande y redondo, y sus tonificadas piernas junto a sus pies únicamente cubiertos por las cintas para amarrar los tacones.

    Obviamente escogí el cine más alejado de la ciudad, para evitar que algún conocido nos llegase a ver y arruinar nuestro momento, se lo dije al ir en el auto y ella agradeció mi forma de pensar. El centro comercial queda muy cerca del club del baile así que matamos dos pájaros de un tiro por la cercanía. En el centro comercial ambos íbamos de la mano, y todos los hombres volteaban a ver a mi madre, es que te lo juro es un bombón por donde la veas a sus 38 años es un mujeron, una completa milf.

    Caminamos al cine y entramos a la función, no había muchas personas dentro de la sala y nosotros nos encontrábamos en la parte alta de la sala, puedo decir que la sala era grande y nada mas había unas 8 parejas más aparte de nosotros. Al comenzar la función ella se reclinó sobre mi hombro y yo la abracé. Cada cuanto nos dábamos un beso fugaz, hubo un momento en el que ella me beso apasionadamente con lengua y todo, se puso de pie y se sentó sobre mis piernas dándome la espalda, y poniendo su culo sobre mi pene, el cual desde hace mucho ya estaba muy parado.

    Ella empezó a hacer movimientos de adelante hacia atrás, yo la sujetaba de la cintura y con la otra mano deslizaba mi mano desde su nuca hasta la parte baja de su espalda para terminar en su cadera. Yo estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no correrme en los pantalones en ese mismo instante, ella de alguna forma se percató que la película estaba por terminar giró su cabeza y dijo:

    – Thom, amor estoy muy excitada creo que vamos a tener que apresurar las cosas, contigo no me puedo controlar. Esta noche será tuya, únicamente quiero que terminemos la tarde que planeamos para aumentar nuestra libido.

    – Pau, gracias por poder controlarte aunque sea un poco, no sabes las ganas que tengo de quitarte la ropa y saborear todo tu cuerpo. Ve como me tienes (tomé su mano y la puse sobre mi pene)

    – Amor, no me hagas esto, aumenta mas mi excitación y mi deseo por ti se incrementa, te prometo que en un futuro hasta haremos el amor en el cine. Siente como estoy yo por ti. (Tomo mi mano y la puso sobre su vagina)

    – Mami se siente hirviendo, siento tu pantalón muy húmedo, es por mi, en serio serás mi mujer?

    – Seré toda tuya amor y de nadie más. Estoy así de húmeda por ti, por ahora calmemonos amor ya tendremos tiempo esta noche y hasta que tu padre vuelva para expresar nuestro amor.

    – Claro Paula, creo que será lo mejor te amo.

    – Yo también te amo cariño.

    Aunque fue algo de unos 10 minutos puedo decirte que se sintió eterno, cuando estas realmente excitado y casi al punto de no poder controlarte es cuando realmente se detiene el tiempo.

    Al terminar la película nos dimos un último beso pero esta vez fue uno corto pues las luces estaban encendidas y no queríamos llamar la atención. Al terminar la película eran más o menos las 6 de la tarde por lo cual aún teníamos tiempo para ir a cenar después a bailar, justo como lo había planeado estando en la universidad a excepción de que esa noche haríamos el amor seguramente, eso fue lo único que no estaba entre mis planes, pero obviamente si en mis deseos.

    *********************

    Muchas gracias nuevamente, por leer esta segunda parte. Creeme que aún falta mucho por contar, dado que mi madre y yo hasta la fecha de hoy continuamos como pareja. No todo ha sido color de rosas, pero mas adelante iré contando como se fue dando todo hasta el momento de crear una relación muy fuerte, tal y como se supone que deberían de ser todos al llamarse marido y mujer.

  • En las bibliotecas también se folla

    En las bibliotecas también se folla

    Para mí una biblioteca es como un templo sagrado. Suelo ir tres días a la semana y me paso unas cuatro horas allí cada vez que voy.

    Leo y estudio mejor allí que en casa, al haber un agradable silencio. También me encanta el olor a libros que se genera en esos lugares.

    Hace diez años, cuando yo tenía 40 años, me ocurrió una experiencia digna de contar.

    Yo suelo sentarme siempre en el mismo lugar, como animal de costumbres que soy. Parece que una chica tenía la misma costumbre que yo, pues también siempre se sentaba enfrente de mí.

    La mayoría de las veces venía sola, a excepción de días contados en que lo hacía acompañada de una amiga.

    Tenía 18 años y estaba estudiando en la universidad el primer curso de la carrera de Derecho.

    De tanto coincidir en la misma mesa ya nos saludábamos, aún sin conocernos siquiera. Con el tiempo descubrí que se llamaba Susana.

    Cuando venía acompañada de su amiga solían hablar en susurros. Que dos chicas monas hablen en susurros es algo que me excita mucho. También me pone a tono cuando mastican chicle con la boca abierta o cuando chupan una piruleta (dejándoles la lengua de color rojo o azul, dependiendo del sabor). Pues todo este espectáculo lo vivía yo a unos centímetros de distancia. Experimentaba un placer sin igual.

    Tenían pinta de modositas. De haber estudiado en un colegio de monjas. Y ya se sabe que de estos centros salen la mayoría de las chicas con un deseo sexual desbordado. Será por la educación tan represiva que les inculcan.

    Susana tiene el pelo castaño y liso hasta los hombros. Las facciones de su cara le dan un aire aniñado, con un toque de chispa maliciosa. Tiene un cuerpazo diez. Viste muy a la moda. Es algo pija.

    Al tener, con el pasar del tiempo, más confianza llegamos al acuerdo de vigilar mutuamente nuestras pertenencias cada vez que uno de nosotros se iba a tomar café.

    El caso es que un día me animé a proponerle que si, sobre las 11 de la mañana, le apetecía tomar algo en una cafetería, yo la invitaba. Susana aceptó.

    Ya en la cafetería me comentó sus planes a corto y medio plazo y que quería especializarse en Derecho Penal. Tenía las ideas muy claras y la cabeza perfectamente asentada.

    Fui notando que ella buscaba en mí algo más que una amistad con la que tomar un café y tener unas charlas. Lo de sentarse siempre enfrente de mí no era pura casualidad.

    Entonces me animé a llevar la conversación a terrenos más personales, íntimos y eróticos.

    Le pregunté si tenía novio, me dijo que sí, pero que no se cerraba a conocer gente más interesante, que le aportara más. Y me soltó jocosamente:

    –La verdad es que tú estás muy bien para ser un cuarentón.

    –Muchas gracias Susana por el halago. Tú sí que estás para mojar pan. Eres muy hermosa –le contesté.

    Con el transcurrir de la amena conversación me fui animando y me tomé la licencia de preguntarle por alguna de sus fantasías sexuales.

    –Empieza tú primero –me contestó ella.

    –Pues la mía sería hacerlo en un ascensor. De noche, cuando todos los vecinos están durmiendo, mi chica y yo montaríamos en el primer piso y durante todo el trayecto (hasta llegar al décimo-quinto piso), nos amaríamos con locura. El ascensor iría subiendo y bajando hasta que nosotros llegáramos al orgasmo o hasta que nos pillara algún vecino. Sería como una ruleta rusa –y me eché a reír.

    –No está mal –confirmó–. Pues la mía sería hacerlo en una biblioteca. En el templo de la cultura y la sapiencia no estaría mal, tampoco, practicar un poco de sexo, ¿no crees?

    A mí no se me ocurrió otra contestación que decirle que esa fantasía la podría llevar a la práctica, con mi colaboración, en ese mismo día si le apetecía. Ella me había lanzado el anzuelo y yo se lo recogí a gusto. Se puso un poco colorada, no esperaba que yo fuera tan directo y le cogiera al vuelo su insinuante propuesta.

    –¿Hoy? No sé… –contestó titubeando.

    Fui acercándome poco a poco a su rostro y le doy un pequeño y suave beso en los labios. Me arriesgué a que me hiciera la cobra, pero no me la hizo, todo lo contrario. Abrió su boca y sacó su lengüita juguetona dándome a entender que quería más. Y lo tuvo.

    Volvemos a la biblioteca y decidimos meternos en los baños de chicas para poder echarnos un buen polvo, ya que nos habíamos puesto muy cachondos en la cafetería. Después, ya más tranquilos, seguiríamos estudiando.

    Primero entró ella para comprobar que no había moros en la costa y a una señal suya, entraría yo.

    Nos fijamos en la hoja que había en la puerta y nos informamos de que la limpiadora pasa cada hora a hacer su ronda. Miramos el reloj y nos damos cuenta de que solo tenemos 45 minutos de plazo para disfrutar de nuestra fantasía sexual.

    Nos cerramos en uno de los diez baños individuales que hay y comienzo a besarle cada centímetro de su rostro. Ella me palpa la entrepierna y me dice:

    –Quiero toda esta butifarra dentro de mí. Me has encendido en la cafetería con tus besos húmedos y tu lengua picarona y ahora tienes que apagarme el fuego que me abrasa y no me deja estudiar. Me ponen mucho los maduritos. Sabéis cómo satisfacer a una mujer, no como los niñatos de mi clase.

    –No te vas a arrepentir de perder una mañana de estudios, Susana. Vas a experimentar sensaciones que nunca viviste ni vivirás –le aseveré.

    Entonces ella, sentándose sobre la tapa del váter se bajó los pantalones y me dijo que deseaba que le hiciera una buena comida de coño.

    A simple vista se le notaban las bragas humedecidas. Le palpé la tela y efectivamente estaban empapadas.

    Le bajé las bragas y me encuentro con el mayor y más grato de los tesoros con los que un hombre se puede topar: un chochito rosado totalmente depilado a láser y en el pubis un pequeño conejito tatuado señalando con uno de sus dedos hacia abajo como diciendo “Aquí está la cueva en donde encontrarás el elixir de la eterna juventud”.

    ¡Cómo engañan estas chicas de familia bien!

    Me acerco, le separo los labios vaginales con mis dos dedos pulgares y meto mi nariz en toda su raja. Inspiro fuerte para disfrutar de aquella fragancia de hembra en celo. Le hago cosquillitas con la punta de mi nariz por cada centímetro de su vulva. Hundo mi cara todo lo que puedo en aquella cueva de la felicidad. Saco mi rostro todo mojado, como si lo hubiera metido en una fuente. Acerco mi nariz a su clítoris y jugueteo con él. Le masturbo su botón de oro con mi nariz. Aquel botoncito es la llave al Paraíso de los Orgasmos.

    Cambio mi nariz por mi lengua. Lamo toda su raja, de abajo a arriba. La almeja le brilla por lo chorretosa que está. Yo lamo y lamo con la intención de secársela pero consigo el efecto contrario. Cuanto más lamo y chupo más se le humedece. Me bebo sus caldos como si fueran un Rioja.

    Ella me pide entre jadeos que me la folle, que quiere sentir mi verga bien adentro. Que ya basta de cosquillitas con la nariz y la lengua. Que quiere una buena barra de hierro bien caliente dentro de su coño. Quiere sentir que la parten en dos. Sus deseos son órdenes para mí.

    Sin cambiarla de postura, me acerco a ella y me la empotro. Está tan lubricada y excitada que ya no me paro a joderla a fuego lento, le doy duro.

    De vez en cuando entra una mujer en los baños para mear. Mientras hay gente en el interior del servicio tenemos que guardar silencio, aunque la follada no se interrumpe.

    A mí me daba mucho morbo estar montando a una yegua de 18 años en un compartimento y que en el de al lado estuviera una mujer con su solitaria lluvia dorada y su sonido de chorreo característico. Yo estaba tan cachondo en esos momentos que me hubiera tragado toda aquella orina aún sin conocer si su propietaria estaría de buen ver o no. Susana estaba disfrutando con la situación. Por fin había cumplido su gran sueño de follar en la biblioteca.

    Tres emboladas por segundo clavándosela bien adentro y con ímpetu durante diez minutos fueron suficientes para hacer que se corriera como una cerda.

    Me yergo y me pongo frente a ella, me sacudo la polla con fuerza. Me hago una fantástica gayola mientras observo los gestos de viciosa insaciable que pone para provocarme el clímax.

    De vez en cuando se me acerca y me chupetea la punta del nabo para lubricármelo un poco. Y vuelve a sus gestos lascivos. Saca la lengua, se relame, pone los ojos en blanco. Me dice guarradas del tipo “Descarga tus huevos sobre la cara de esta golfa”, Lléname todo el pelo de pringue”, “Quiero oler, paladear, saborear y tragar toda la lechada que te sobra en los cojones”.

    Yo me la machaco a buen ritmo, cada vez con más furia. Disfruto de sus muecas y frases provocadoras. Me sigue diciendo cochinadas del estilo “Yo seré tu puta y tú mi papichulo”, “En los colegios de monjas nos enseñan que una mujer debe ser una dama en la calle, una señora en su casa y una puta en la cama”.

    Esta última frase activó mi volcán interno. Ya no pude más y comencé a expulsar mi particular lava y a eyacular por todo su rostro.

    Dirigí unas descargas sobre su pelo y el resto se lo fui repartiendo por toda la cara y cuello. Llevaba una semana sin descargar porque estuve muy liado con el trabajo y la cantidad de lefa fue tan grande, que le dejé toda la cara embadurnada. Estaba irreconocible.

    –Joder, ¡vaya plasta me has dejado por la cara y en la ropa! Voy a oler a semen toda la mañana –comentó, excitada.

    Mientras se lavaba la cara y se arreglaba un poco me dio las gracias por ayudarle a poner en práctica una de sus fantasías. Pero tenía más y quería darles vida conmigo.

    El tiempo que duró nuestra relación extramatrimonial, pues los dos teníamos pareja, fuimos haciendo realidad algunas de sus fantasías y también de las mías.

  • ¿Qué se siente que tu hermano te use para su placer?

    ¿Qué se siente que tu hermano te use para su placer?

    No creí que estar cómoda en la casa me llevaría a lo que sucedió.

    Tengo 19 años voy a la universidad, tengo un cuerpo esbelto y me gusta mostrarlo; vivo con mis padres y mi hermano de 18 años en la Ciudad de México.

    Mis padres trabajan y mi hermano y yo estamos solos en la casa casi todo el día. Cuando regreso de la universidad, me gusta quitarme el bra y ponerme mi pijama de satén de 2 piezas, un ligero top de tirantes y un short que apenas me cubre mis nalgas. 

    Así ando en la casa, limpiando, cocinando, comiendo, viendo tv, haciendo mi tarea, etc.; mi hermano se pone unas chanclas, short y una camiseta; lo hemos hecho desde niños.

    Cierta ocasión, descubrí a mi hermano viéndome, tratando de descubrir que oculta mi escueta ropa.

    Le dije que no estuviera molestándome; me contestó que esa ropa me quedaba bien. Al poco rato, se me acercó por la espalda y empezó a hacerme cosquillas; estábamos jugando; pero, él aprovechaba para tocarme los pechos, las piernas y las nalgas; no le dije nada porque me gustaba el roce de sus manos en mi cuerpo; durante el juego, pude notar su falo completamente erecto, el short apenas podía contener su excitación.

    A partir de ese momento, no me quitaba la mirada de encima y aprovechaba cualquier situación para tocarme o rozarme; a mi me excitaba pensar si se masturbaría pensando en mi.

    Una noche, estaba yo durmiendo en mi cuarto, cuando sentí que alguien me tapaba la boca.

    – No te muevas, ni hagas ruido. Estas muy rica; solo quiero eyacular y quiero usar tu cuerpo para hacerlo.- me decía mientras se subía sobre mi.

    Yo estaba boca abajo, él se subió a mi espalda y no me dejaba mover. Con una mano me tapaba la boca y con la otra bajaba mi short y mi panty, dejando mis nalgas a su merced. Se bajó el short, su verga se acomodó en la raja de mis nalgas. Yo tenía un frasco de crema en mi mesa de noche, lo tomó y lo untó en toda la raja de mis nalgas; al encontrar la entrada de mi culo, metió su dedo embarrado de crema; el dedo entró limpiamente haciéndome gemir.

    Movía el dedo en círculos, dilatando la entrada, preparándola para su verga. Sacó su dedo y embarró su falo con la crema.

    – Si cooperas, solo será el culo y no te desvirgare. Ya te dije solo quiero eyacular.- me decía mientras acomodaba la cabeza en la entrada.

    Empujó su verga, metiéndola dentro de mi; sentía que me partía en dos; pero, me estaba excitando sentirlo dentro de mi. Empecé a gemir, mis ojos estaban en blanco; él resollaba en mi oído, disfrutando me mi cuerpo. El bombeo era delicioso; por instinto, pare mis nalgas para recibirlo más adentro. 

    Su mano buscó mi clítoris, me masturbaba mientras me cogia. No tarde mucho en venirme, mi jugo salió a borbotones, mojando mi cama; el bombeo provocaba que saliera más jugo.

    – Me voy a venir dentro de ti. Te voy a dejar mi leche dentro.- me decía; la verga se ensanchó y él se enterró hasta el fondo y se quedó quieto.

    El palpitar de su falo dentro de mi, me estaba volviendo loca; sentía yo delicioso.

    Su leche ardiente quemaba mis entrañas, provocándome otro orgasmo; mordí la almohada para no gritar.

    Me dejo su falo adentro hasta que mi culo lo expulsó totalmente flácido.

    Puso su mano en la entrada de mi culo, evitando que la leche saliera.

    – Absorbe bien mi leche, deja que se relaje con la leche dentro.

    Mi respiración era entrecortada, nunca me había venido de esa forma cuando me masturbaba.

    Él salió sin decir palabra.

    Ya me tocará abusar de él…

  • Un amigo le da trabajo a mi madre

    Un amigo le da trabajo a mi madre

    Me llamo Mauricio tengo 27 años, la protagonista de esta historia es mi madre Carmen de 56 años, a pesar de su edad aún conserva buena su figura aparenta menos edad, mi madre había quedado viuda hacia 3 meses y había perdido su empleo así que contacte a un amigo llamado Carlos quien tiene 35 años, ahora ex amigo que vive en Chicago (Estados unidos) y le pedí que si nos podía ayudar. A la hora me llamo y me dijo que él trabajaba en una agencia de limpieza a casas y le podía hacer el cruce a mi madre para que trabajara ahí que él nos prestaba la plata para irnos y luego le pagábamos cuando estuviéramos trabajando. a las 2 semanas llegamos y ya teníamos un departamento donde vivir. A los días empezamos a trabajar mi madre limpiando casas y yo trabajaba en las bodegas de un supermercado.

    A las semanas de estar trabajando mi madre comenzó a cambiar mucho se maquillaba un poco más y me decía que le tocaba trabajar unas horas extras tres veces a la semana. Un buen día llegue temprano a casa y al entrar mire unos zapatos que estaban afuera al lado de la entrada entonces camine sin hacer ruido por delante de la puerta de la habitación de mi madre, la cual tenía la puerta medio abierta. y para mi sorpresa estaba mi madre estaba desnuda a 4 patas sobre la cama y detrás estaba Carlos, mi amigo con su polla enterrada por completo en el culo de mi madre, Carlos estaba embistiendo con fuerza en el culo de mi madre hasta que me vio y se paró en seco, casi tan sorprendido al verme como yo al ver que mi amigo estaba enculando a mi madre. No te pares cielo, sigue dándome duro».

    Mi madre no se percató de mi presencia hasta que viendo que Carlos no seguía dándola por el culo, miro hacia atrás y pudo verme allí, afuera de la puerta. Al ver eso salí a tomar aire y Pensar además me fui directo a un bar cercano, donde almorcé, sin poder quitarme de la cabeza el espectáculo que acababa de ver. Estaba furioso por una parte, me sentía defraudado por ambos, ya que consideraba a mi madre una mujer ejemplar y aunque sabía que mi amigo era un poco golfo, imaginaba que el acostarse con la madre de un amigo era un límite que ni él mismo traspasaría.

    Un fin de semana se estaba duchando mi madre así que aproveche y cuando cogí su teléfono y busque las conversaciones que tenía mi madre con Carlos y todo parecía normal, hasta que me metí a su galería, tenía un par de videos y encontré dos videos mientras terminaba mi madre de ducharse aproveche y los envié a mi celular para verlos después, en el primero se ve a mi madre. Cuando se arrodilla estaban en un cuarto con un espejo al fondo y abre el pantalón de Carlos para ser recibida por un golpe de la polla dura de éste, mi madre estaba con boca abierta por su tamaño, por Dios que grande es decía mi madre y se será mejor cuando la pruebes le decía Carlos. Mi madre le respondió que nunca había hecho una mamada, ni a su marido. Carlos seguidamente le decía a mi madre que iba a aprender y que sólo iba a chupar la suya que ahora sólo chupara la cabeza.

    Mi mamá se metió el glande y empezó a succionar mal primero pero poco a poco con más ganas, la polla de Carlos estaba brillando por toda la baba de mi madre y ella ya tenía casi la mitad de la polla dentro

    – Ahhh mmmm siii así así que bien lo hace Carmen, sabía que le faltaba polla. Carlos era un desgraciado no podía creer lo que le hacía a mi madre. Carlos se inclinó sin sacarle la polla y se dedicó a follar más el coño de mi madre con sus dedos. Wau Carmen estás muy húmeda, ya sabía yo que te gustaría. Seguidamente Manuel tenía a mi madre por la cabeza y follaba fuertemente su boca y podía escuchar los sonidos mientras entraba y salía la polla. Carlos le preguntaba a mi madre le gustaba su polla grande se la saco y mi madre respondió ah si nunca vi una como tuya. Ahí se cortó el video

    En el segundo video mi madre en cuatro y el bombeándola por atrás y ella más excitada diciendo Ahhh!!!… Despaciooo! Despaciooo!! Ah!!! Carlos… la tienes bien grande ooooo Carlos que gustazo ooooo la tienes más grande que mi marido durante unos minutos. Luego ella le dijo que si tenía condón pero él dijo que le gustaba al pelo porque la primera vez sí lo hizo pero ella entonces le dijo que se corriera Afuera y el acepto. Después le dijo que se abriera de piernas y la bombeo por largo rato.

    Días después me vine a enterar que mi madre había tomado a Carlos como su amante y la confronte me dijo que hablaríamos en la cena. Un día que estamos cenando me conto que con Carlos había experimentado muchas cosas que con mi padre no, que con Carlos había conocido que era tener relaciones en la cocina, en el baño, en la sala, en el comedor, ese día como era fin de semana, mi madre me dijo que me fuera para mi pieza que Carlos venia y se iba a quedar ese fin de semana. Esa noche dejaron la puerta cerrada, pero tal como sonaba el cabecero contra la pared, puedo asegurar que mi madre estaba recibiendo su follada, tal como ella había pedido. ¿Te gusta cómo te follo, Carmen? Eres mi puta a partir de ahora. Sii, me encanta como me follas con tu polla. Ahhh, ufff… gemía mi madre. Los gritos esa noche fueron de escándalo, era imposible conciliar el sueño. Salí de mi habitación afuera, necesitaba aire y tranquilizarme.

    A la mañana siguiente me desperté algo mareado, me levante y Carlos ya no estaba, desayune y me fui a trabajar.

    Al mes rente un nuevo departamento para vivir y me fui de la casa y le pague mi parte de la plata que nos había prestado. Mi madre se mudó con Carlos y siguen juntos.

  • Sexo con mi esposa madura

    Sexo con mi esposa madura

    A mi esposa y a mí nos gusta hacerlo en sitios distintos a la cama, para salir de la rutina. Anoche lo hicimos en el sofá de la sala de estar. Yo la espero desnudo en el sofá, mientras ella va a la habitación a ponerse ropa sexi.

    Mientras espero me acaricio la verga para ponerla a tono, al poco tiempo vuelve con un camisón negro corto y semi-transparente, bajo el cual se ven sus preciosas tetas, algo caídas y con el pezón duro y un tanga de color rojo.

    Wow, me levanto y me acerco a ella.

    Nos abrazamos y le bajo un poco el camisón para dejar una de sus tetas al aire. Me pongo a chupar el pezón con ansia, mientras con la otra mano le acaricio la otra teta. Ella lleva su mano a mi verga y me la acaricia despacio para que no me corra.

    Le beso el cuello y se lo chupo mientras mis manos cogen su culo con fuerza. La quito el camisón y el tanga y se queda desnuda entera, la siento en el sofá y le abro las piernas. Allí está, delante de mis ojos su chochito totalmente depilado. Le abro los labios para poder ver bien su vulva y su vagina.

    Maravilloso.

    Me pongo a chupárselo entero, le hago lamidas desde el ano hasta el clítoris, metiendo un poco la lengua en su vagina. Así estoy un rato hasta que su coño se moja totalmente.

    Con mi cara chorreando de esos líquidos me pongo a besarla en la boca para que ella pruebe también su flujo vaginal. Nos besamos como locos, nuestras bocas abiertas y nuestras lenguas cruzándose y metiéndose en la boca del otro.

    Con mi mano le acaricio el clítoris y Lucila jadea como una puta. Yo ya estoy como un burro, no puedo más, le pido hacer un 69 y nos colocamos en posición, yo me pongo arriba y ella abajo.

    Levanta bien las piernas y pone en mi cara su ano y su vulva, y le meto la punta de mi polla en su boca y hago movimientos como si la estuviera follando. Con la lengua le lamo bien el clítoris y la vulva. Yo me corrí en su boca enseguida, pero continué comiéndole el chochito.

    Como yo ya había terminado, saqué los juguetes para ella, un succionador de clítoris y un consolador, mientras seguía masturbándose con el dedo.

    Se puso a cuatro patas y colocó el succionador sobre el clítoris y yo le metía el consolador en su vagina por detrás. Se movía y jadeaba como una puta. Llegó enseguida al primer orgasmo, pero continuó masturbándose esperando correrse otra vez, mientras yo seguía metiéndole el consolador por detrás.

    Al rato pegó un grito de placer y movió el culo con fuerza buscando la penetración hasta el fondo del consolador.

    Siguió gritando unos segundos más mientras sus movimientos iban siendo cada vez más suaves y cadenciosos. Saqué el consolador de su chocho y se lo puse en la boca para que lo chupara.

    Y así terminamos anoche.

    ¿Para otro día se apunta alguien?

  • Fantasías de mujer (3)

    Fantasías de mujer (3)

    Este relato incluye maduras, lesbianismo, transexuales y, siempre, sexo duro. No es imprescindible leer los relatos anteriores de la serie, pero lo recomiendo.

    Como relaté anteriormente soy Carmen, una “Milf” calentona, tengo buen tipo para mis cuarenta y cinco años, más bien “rellenos” en mi culo y tetas. En mi primer relato os anticipé que estoy casada y tengo un hijo. Mi marido, Javier, viaja con frecuencia y tenemos una vida sexual normal, más bien rutinaria. Nuestro hijo, Andrea, es un joven guapo de 18 años de pelo largo y genero fluido al que hemos permitido que se exprese como quiera, incluso de su gusto por la ropa femenina.

    Había pedido cita con mi esteticien de confianza. Raquel es una chica joven de nuestro barrio que tiene un pequeño negocio de depilación y masajes compartido con Lydia, una chica “trans” venezolana. Nos conocemos de hace bastante tiempo y fue ella la que me animó, y ahora estoy encantada, de realizarme una depilación integral. Acudí a la cita y, con la confianza que nos tenemos, me desnudé completamente para la rutina de la depilación que ella hacía eficazmente, empezando por piernas, brazos y acabando en mi sexo y culo. Cuando llegó al final y abría las piernas para facilitarle el acceso a todas partes me comentó:

    – Oye Carmen, no sé si te has dado cuenta, pero tienes la vagina (la chica es muy fina) y el culo totalmente irritados.

    – Ya lo sé querida, si yo te contara cómo he acabado así…

    – Pues cuéntame si no es indiscreción.

    No sabía si contarle lo sucedido hace dos días con mi compañera Sara y con nuestros amigos Fidel y John o mentirle y contar una versión más “light”. Ella es una chica joven, moderna, y por las confidencias que nos hemos hecho con el tiempo, sé que ha tenido diversas relaciones aunque nunca hemos llegado a entrar en detalle; además no estoy segura de la imagen que tiene de mí, yo soy mayor que ella, una madura, e imagino que pensara que llevo una vida recatada con poca o ninguna vida sexual. Ella es alta, más que yo, atlética aunque no delgada, se ve que los masajes la hacen estar en forma, tiene un culo duro y unas tetas bien puestas que, seguro, no necesitan sostén.

    Intenté decirle que la irritación y dilatación de mi coño y culo era producto de una noche tórrida con Javier, mi esposo, pero no coló.

    – Así que Javier te ha follado como nunca, si yo creía que vosotros ya solo echabais los polvos normales de un matrimonio maduro.

    Eso me envalentonó, que crean estas niñatas que, como ya hemos cumplido los cuarenta, no sabemos lo que es el sexo me jodió así que le dije la verdad.

    – Tienes razón, no quería contarlo, pero te pido discreción, solo faltaría que se divulgasen mis aventuras.

    – No te preocupes, de mí no saldrá nada, si yo te contara la cantidad de anécdotas que me cuentan, no te lo creerías. Además te voy a dar una crema especial con aloe vera en toda esa zona que te calme la irritación.

    Las manos de Raquel y la dichosa cremita, además de calmar, me estaban poniendo muy caliente. Según le detallaba cómo me había comido las pollas de mis dos amigos y las había compartido con mi amiga Sara, la doble penetración que me habían hecho y como mi amiga me comía el culo lleno de lefa de las corridas, las manos de Raquel me sobaban más profundamente el culo el coño; sus manos y el relato me estaban poniendo a mil, mi coño chorreaba y a ella se le notaba cada vez más su calentura.

    – Joder Carmen, ahora comprendo cómo te han dejado el culo y el coño así. No puedo imaginar cómo te han podido caber dos pollas a la vez y. además, del tamaño que me cuentas.

    – Aaaah, siii, sigue guapa, que me estás poniendo muy caliente. No pares por favor, jódeme el culo y el coño con tus dedos.

    Me di la vuelta en la camilla, me puse en cuatro y me abrí el culo y el coño para facilitarle el acceso a mi sexo.

    – Raquel no me dejes así que estoy muy caliente cómemelo todo.

    – Aaah, asíii, dame palmadas en el culo que me ponen muy caliente. Fóllame con tus dedos.

    – Mmmmm, mami puta, cómo te abres, se nota que te gusta joder.

    – Másss, dame másss que me corro.

    Raquel alternaba las palmadas en mi culo con las penetraciones con sus dedos en mi coño y culo. Según me jodía más le contaba detalles de mis sesiones sexuales.

    – Ooooh que bien jodes putita, se te nota la experiencia.

    – Pues es mi primera vez con una mami tan puta como tú.

    – Sabes, después de que Sara me comiera el culo lleno de lefa y que me metiera su lengua hasta el fondo, estaba tan caliente que me mee toda encima de ella mientras la puta de ella no paraba de comérmelo todo.

    – Pero que perras estáis hechas, me has puesto el coño a mil; anda bájate de la camilla y vamos a un cuarto que tenemos al fondo que quiero que jodamos igual.

    Me bajé de la camilla y me puse una bata, Raquel me llevó a un cuarto que debían tener para descansar con una cama en la que me tumbé mientras ella se quitaba la camiseta y el pantalón de algodón.

    – Mira perra cómo me has puesto el coño (le bajaban los caldos por las piernas). Lo tenía precioso, todo depilado y con un par de piercing en los labios. Desnuda es espectacular, con un cuerpo que da envidia de verlo con un culo y unas tetas bien puestas.

    – Qué guapa eres Raquel, ven, ponme el coño en la boca que te lo coma.

    Se sentó sobre mi cara y mientras yo lamía despacio su coño que parecía un rio ella no paraba de masturbarse y sobarse las tetas.

    – Aaaah puta, me has puesto muy caliente, pero qué zorra eres, asíii, no pares.

    – Me lo vas a comer todo perra, mira cómo me abro el culo y el coño para que me metas la lengua.

    – Mmmmm qué rico tienes el coño, zorra, cómo estás de caliente

    Era delicioso este coño tan joven, y qué duro tenía el culo la muy puta de ella, cuando se lo agarraba lo tenía como una piedra y tan suave.

    – Aaaah puta me corrooo

    Después de una buena corrida que me dejó toda la cara pringada se echó a mi lado mamando mis tetas y poniéndome los pezones durísimos.

    – Aaaah, mamona, chúpame la leche de los pezones puta.

    La mamona de ella sobaba mis tetas como si no hubiera un mañana, a mí me estaba poniendo como una burra y ahora estaba deseando que fuera mi turno de comerme el chocho.

    De repente apareció Lydia en la puerta.

    – Vaya mamis pues sí que tienen una buena fiesta. Menos mal que estamos solas y ya he despedido a la última clienta.

    – Pasa Lydia que esta perra me ha puesto a mil; yo creía que era toda una puta y al lado de ella parezco un santa.

    – Santa tú, pedazo de putón, si ves una polla o un coño y se te hace la boca agua, anda contarme lo que ha pasado que me estáis poniendo recaliente.

    Lydia se desnudó en un pis-pas, tenía un cuerpo depilado y cuidado, con unas tetas y un culo de buen tamaño no sé si producto de la cirugía o de su genética caribeña igual que su piel morena y con un ligero brillo, como si se hubiera dado aceite. Además tenía una polla de buen tamaño sin ser descomunal, muy apetecible, larga y, sobre todo, gorda. Raquel le resumió parte de mi relato:

    – Esta puta ha tenido una orgía espectacular con dos hombres negros que la han jodido por todas partes, mira cómo le han dejado su culo y su coño (me lo abría para que se viera todo). Le han hecho una doble penetración, la han llenado el culo y el coño con su lefa y la puta de su amiga Sara, además de comerse la corrida de los negros chupándole el culo y el coño, se ha meado encima de ella mientras le comía todo.

    – Joder mami sí que eres una perrota, y nosotras creíamos que éramos calientes, mira cómo me habéis puesto la polla, zorras. Chupármela que hoy nos vamos a superar.

    Lydia se puso a nuestro lado y Raquel y yo nos lanzamos a chupársela, yo primero le hice los honores metiéndomela hasta el fondo (con ésta sí que podía) mientras Raquel, por detrás, le abrió su culo gordito y le metía con frenesí la lengua.

    – Aaaah putas, cómo chupáis, méteme la lengua en el culo Raquel que la puta de tu amiga se está tragando mi polla.

    Raquel y yo parecíamos un volcán de lo calientes que estábamos, nuestras manos y lenguas se juntaban sobándole el culo, los huevos y la polla. Cuando pasé a chuparle los cojones a Lydia nuestras lenguas se enredaban, cambiamos de postura, ellas pasaron a hacer un 69 con Raquel encima. Era mi turno de disfrutar del culo de Raquel mientras Lydia le chupaba su chorreante coño. Le metí le lengua hasta donde podía, le abrí el culo con las manos y se lo jodía con los dedos.

    – Aaaah Carmen, puta jódeme el culo, méteme la lengua.

    – Que rico culazo, plas! plas!, te gusta que te den zorra.

    – Siii dame cachetadas que em gusta.

    En una repisa vi un bote de lubricante y me embadurné la mano, iba a probar hasta donde se le dilataba el culo a esta puta. Poco a poco, primero los dedos y luego mi mano iban despareciendo en su culo, Lydia que lo estaba viendo en primera fila exclamó:

    – Pero qué haces puta, le vas a romper el culo.

    – Aaaah, no pares por favor, rómpeme el culo, jódeme como te hacían los negros.

    Viendo que Raquel lo aceptaba bien, despacio iba introduciendo más dedos en ese culazo y añadía más lubricante hasta que, después de relajarlo un poco, le di el empujón final y entró la mano entera en su culo.

    – Aaaah, pero qué me haces puta, me has metido la mano entera.

    Despacio fui girando la mano y añadiendo un movimiento de vaivén, Raquel elevó más su grupa y se abrió el culo más con las manos olvidándose de Lydia y de su polla, ésta abandonó el 69 que practicaba y se puso tras mi espalda agarrándome las tetas, tirando de mis pezones y pegando su polla a mi culo.

    – Pero que mami más puta eres, zorra. Eres una madura calentona, no había visto el culo de Raquel tan abierto nunca.

    – Aaaah, sí soy una madura putona, tírame de los pezones mientras enculo a esta zorra.

    Lydia hizo más que tirar de mis pezones, les empezó a dar cachetadas, también en mi culo y en mi cara; eso me puso a mil, estaba cada vez más cachonda y sin darme cuenta, centrada en mi placer, olvidé que a Raquel le clavaba, cada vez más a fondo, mi mano en el culo.

    – Aaaah, para puta que no puedo más, me estás rompiendo el culo.

    – Lydia exclamó: para zorra que la vas a romper, ahora te voy a enseñar a ti.

    Saqué mi mano del culo de Raquel, era increíble, nunca había visto un ano tan dilatado, cayó extenuada a un lado después de haberse corrido infinidad de veces, bajo ella había un charco de sus líquidos. De rodillas chupé la polla de Lydia con gula mientras ella no paraba de darme cachetadas, aproveché y como tenía los dedos pringados del fisting a Raquel y le metí un par de dedos en culo.

    – Puta, te gusta que te peguen eh, cuanto más te doy más me chupas la polla.

    – Aaaaah me estás poniendo muy caliente zorra te voy a llenar de lefa esa boca de madura viciosa que tienes.

    – Mmmmm, no podía decir nada, su polla la tenía clavada hasta el fondo mientras mis dedos, ahora cuatro, follaban su culo sin descanso, eso no impedía que me diera cachetadas que cada vez me ponían más caliente.

    – Aaaaah puta, cómo me jodes el culo, cabrona… me corrooo puta, trágatelo todo, mamona, hasta el fondo.

    Sus descargas llenaron mi boca, noté a Raquel a mi lado cómo cogía mi cara y poniéndola de lado me morreaba y disfrutaba conmigo de la corrida de Lydia.

    – Chúpame puta, comete la leche de esta perra.

    Le cogí la cara a Raquel, le abrí la boca y dejé caer todos los restos de la corrida de Lydia, nos morreábamos como perras, nos tirábamos de los pezones que los teníamos de punta; Lydia, recuperada se incorporó a nuestro morreo chupando lo poco que quedaba.

    Me sentía toda una perra, ahora quería probar conmigo el tratamiento que le había dado a Raquel, me puse en cuatro abriéndome el culo y el coño y las anime a darme duro.

    – Vamos perras joderme con los dedos, rompérmelo todo.

    Raquel se untó la mano derecha con el lubricante y poco a poco me fue metiendo la mano en el culo; Lydia todavía no se había recuperado pero se puso delante mío y empezó a darme cachetadas en la cara y en las tetas.

    – Toma perra, te voy a dar duro, te gusta que te peguen mientras te follan puta.

    – Siii dame zorra, pégame mientras tu puta me encula.

    Estaba enloquecida, mi culo que ya estaba dilatado se estiró hasta donde yo jamás había creído, me dolía igual que las cachetadas de Lydia pero el placer era increíble, me corría sin parar.

    – Aaaah me corrooo putas, reventadme.

    – Lydía me puso su polla delante de la boca y me exigió: abre esa boca de zorra madura que tienes.

    – Aaaah me meo puta, tómalo todo.

    Un largo chorro de pis impacto en mi boca abierta que intentaba tragar y, a la vez, chupar la polla de Lydia, tarea imposible. Raquel me sacó la mano del culo y me quedé tirada en el suelo agotada por los orgasmos. Raquel se puso en cuclillas sobre mi boca y me exigió:

    – Abre la boca zorra que ahora me toca a mí.

    – Saqué la lengua para comerme ese coño y ese culo que me ofrecía cuando un largo chorro de pis impactó contra mi cara.

    – Toma, puta, cerda.

    – Estaba enajenada, cuando Raquel terminó de mearse en mi cara le agarre de la cintura para que se agachase más y pudiera chuparle todo su coño y culo mojados.

    – Pero qué puta eres Carmen. Aaaah y que bien chupas, me corro otra vez aaaah.

    Acabamos agotadas, menos mal que tenían un baño y pudimos adecentarnos. Me despedí con un beso prometiendo repetir pronto.

    Continuará.

  • Lunes

    Lunes

    Se termina el día laboral y comienza la rebatiña por las regaderas, uniformes de enfermera van quedando detrás de nuestros presurosos pasos.

    Hoy mi compañera más cercana de ducha es Rosario, la enfermera en jefe de la cocina, siempre vistiendo pulcramente el uniforme.

    El cubre bocas solo deja ver sus ojos claros de largas pestañas, bajo el uniforme se adivinan sus formas anchas, su figura me recuerda a mi profesora de danza folclórica en la secundaria la maestra Cristina, tenía el mismo tipo de cuerpo que Rosario, cintura estrecha y piernas gruesas que terminaban en pequeños pies, pero Rosario a diferencia de la maestra Cristina tenía un tono pálido que le daba la apariencia de yeso o mármol.

    La conozco hace años y la saludo con cordialidad cada vez que la encuentro, pero este calor de lunes o la ducha que relaja los cuerpos hacen que la vea con detenimiento, su cabello libre de la cofia me parece más largo al estar húmedo con tenues hilos de plata que se confunden con mechones mas oscuros, es tan largo que le llega justamente hasta donde comienza la curvatura de las caderas y comienzan las nalgas.

    Lleva puestas bragas clásicas de algodón y me doy a la tarea de adivinar o mejor dicho fantasear que debe tener un abundante pelaje. Comienzo a preguntarme mentalmente —desde que quedó viuda será ella misma quien se dará placer.

    Me entra antojo por su boca, por la flacidez de su vientre por el grueso de sus muslos y si me inclinara ahora mismo para lamer como cachorrita su vulva hasta que chorros de orgasmo me embriaguen, y si frotara mi coño depilado contra el suyo para hacer que su vello despida la fragancia de la hembra en celo y que en cada roce nuestros clítoris se electricen…

    Y si está tarde de lunes Rosario y yo nos follamos aquí mismo hasta que me salga el demonio de dentro y ella expulsé la savia contenida de estos años de soledad.