Categoría: Sin categoría

  • Visitando a mi prima Beky

    Visitando a mi prima Beky

    Mi prima y yo hemos siempre muy unidos, siempre la he querido…

    De niños siempre fuimos mejores amigos, jugábamos, nos abrazábamos y siempre andábamos juntos, pero cuando ella cumplió 12 se mudó a una ciudad más grande que este pueblo aburrido, pasaron varios años y mis padres querían ir de vacaciones a la casa de mis tíos, yo me emocioné porque quería ver a mi prima, llegamos temprano, al entrar el hogar miré a mi tía y a mi tío, yo con gusto los salude y del silencio de repente… Escuché una tierna voz diciendo mi nombre, Edmundo, yo rápidamente volteé y observe a mi hermosa prima Beka tan cambiada, la adolescencia había sido muy buena con ella, pues tenía una ojos grandes preciosos, un pelo castaño liso, piel brillante perfecta y unas tetas y un culo divino que me hacían morirme…

    -Hola tiempo sin verte, -sonreí y la bese en la mejilla-

    -Hola primo has cambiado mucho.

    -Igual tu prima muy guapa, te has puesto muy guapa.

    -sonreímos-

    -Quieres ir a arriba a conversar- me dijo

    -Por supuesto- conteste.

    Subimos y hablamos durante todo el día.

    -Oye me iré a bañar un rato porque tengo calor- Dijo ella

    -Claro está bien, te esperare para seguir hablando- dije

    -Okey.

    Se metió a la ducha y me di cuenta que la puerta la dejó entre abierta, no sé si intencionalmente o no, pero aproveché la oportunidad y me acerqué a espiarla, al verla veo las formas más redondas de sus caderas y pechos tan hermosos y bien formados, tratando de no hacer ruido para no ser descubierto, así pasaron unos minutos yo recreándome con la vista hasta que al terminar ella y cerrar la llave de la regadera trato de moverme rápido para no ser visto pero alcanzo a tirar un pequeño estante por lo que mi prima me alcanza a ver al salir, nervioso me voy al fondo de la habitación, mi prima se tarda un par de minutos en salir y me pregunta:

    – ¿Me estabas espiando primo?

    – No prima, solo quise ver si estabas bien. (Vaya respuesta tan estúpida)

    – Ah ok, perdona.

    Mi prima en vuelta en solo una toalla se dirige por su ropa para vestirse, con lo que regresa al baño y ahora si deja descaradamente la puerta abierta para que yo la vea cambiarse, al terminar sale y me da un beso en la mejilla y me dice:

    – ¿Te gustó lo que viste primito?

    – La verdad si prima, no era mi intención pero eres hermosa, si no fueras mi prima…

    – Si no fuera tu prima, ¿Qué?

    – Te haría mía.

    – Sería rico primo pero debemos de comportarnos.

    – Lo sé prima, trataré pero el deseo es mucho.

    – Tú crees que yo no lo deseo, pero debemos de conformarnos con la vista.

    – ¿En serio prima? ¿Quieres ver algo de mí?

    – Si, también me gustaría verte bañar.

    – Tus deseos son órdenes Beky.

    Voy por mi ropa y me regreso al baño, me meto a bañar y veo a mi prima tranquilamente sentada viéndome, inmediatamente me empiezo a excitar y me empieza a crecer mi pene de 18 cms. de largo, duro y venoso, a lo que me toca preguntarle.

    – ¿Te gusta lo que ves primita?

    – Wow primo, vaya que has crecido.

    – ¿Quieres tocarla?

    – Jaja no creo, tocarla sería caer en la tentación.

    Salgo de la regadera con mi verga erecta y me acerco a mi prima.

    – ¿Pero qué haces?, no aléjate Edmundo.

    – Vamos Beky, no te quedes con las ganas de tenerlo un rato en tus manos.

    – No primo, por favor, no quiero.

    Le pongo mi verga frente a ella que estaba volteada, poco a poco va dirigiendo su mirada a mi pene que aún está escurriendo agua de la ducha.

    – Tómalo prima, lo deseas.

    – Solo un poco.

    Lo toma en sus manos y lo empieza a acariciar, pero lo empujo cerca de su boca y le digo.

    – Dame una mamadita, aprovechemos ahora que no hay nadie.

    – Primo si quiero pero tengo miedo.

    – ¿De qué?

    – De que le digas a alguien.

    – Claro que no le diré a nadie.

    – Bueno pero solo sexo oral, ¿ok?

    – De acuerdo prima.

    Lo va metiendo poco a poco a su boca, me mira con sus ojos hermosos y enormes, es la imagen más hermosa que tengo de algo en esta vida, ver esos ojos mirarme y ver cómo va entrando y saliendo mi verga dentro de su boca. Empieza a comerlo todo, usa su lengua a todo lo largo, lo levanta y me chupa los huevos, yo simplemente en el cielo.

    – Ay primita quien te viera con esas habilidades.

    – Chuparla es lo mío primo.

    – Pues te pongo un 10 pero ahora me toca a mí.

    Pongo de pie a mi prima y la volteo de espaldas, me pongo en cuclillas y bajo su shortcito hasta el piso, la inclino un poco para tener mejor acceso y empiezo a comer su conchita deliciosa que huele a flores, meto mi lengua en su vagina, chupo su clítoris y le doy lengüetazos en su ano que noto que la hacen estremecerse.

    – No primo así no que me haces desearte más de lo que ya te deseo.

    – Es lo que quiero primita.

    – Pero tengo novio primo, no es correcto.

    – Olvídate de él y déjate llevar por hoy.

    Prosigo con mi tarea y empiezo a darle más intensidad a mis chupadas, meto mis índice y anular en su concha y el pulgar va abriendo camino en su culito lubricado por mi saliva, ella empieza a cerrar los ojos, comienzan los jadeos y gemidos, la intensidad de mis arremetidas con mis dedos cada vez es más fuerte, ella está casi a punto de explotar, en ese momento me detengo, me paro y le digo.

    -¿Qué hago prima? ¿Sigo o me detengo?

    – No te detengas primito, hazme tuya.

    Agarro mi verga, inclino a más mi prima y se la dejo ir toda, ella da un grito de dolor y de placer, empiezo con ese entra y sale, con esa danza de placer, mi prima apoyada en la pared, dándome su culito, estuvimos así por un par de minutos más hasta que ella se viene con un gran grito y se deja caer de rodillas.

    – Pero aun no terminamos primita rica.

    – ¿Ah no?

    – Definitivamente no.

    La vuelvo a parar, la inclino nuevamente y le digo al oído.

    – Ahora quiero tu culito mi vida.

    – Es tuyo Edmundo, pero entra despacio porque me duele.

    Coloco mi verga dura, parada, caliente y que aún tiene un poco de su lubricante natural vaginal, y empiezo a empujar, ella se abre un poco más de las piernas para que entre mejor y siento como voy abriendo camino en se culito tan rico y cerradito, ella comienza a quejarse un poco, le pregunto si le duele, solo dice que un poco pero que no me salga, aprovecho para irme metiendo cada vez más hasta que mi verga está completamente metida dentro de ella, empiezo a moverme despacio para que no le duela mucho, noto que ya las quejas son menores y comienzo a darle velocidad, por otro par de minutos, sigo en el cielo, siento que estoy por venirme por lo que me salgo y descargo toda mi leche en sus nalgas, hermosas nalgas llenas de mi semen, ella se voltea y empieza a limpiar mi verga con su boca teniendo sensaciones increíbles.

    Los dos tumbados en el baño, solo nos miramos, sonreímos un poco.

    – Bienvenido primo.

    – Gracias primita Beky.

  • Siguen las aventuras de la argentina

    Siguen las aventuras de la argentina

    Nuestra amiga argentina sigue contando sus aventuras tras volver de las vacaciones.

    Bueno les voy a seguir contando como siguió mi vida

    Esto que les voy a contar pasó a los pocos días que mi novio me hizo la fiestita (jeje) con su amigo.

    Como no quería quedar como una boluda y que no me animaba a nada, le quise dar una sorpresita a él, y se la di jajajaja.

    Primer trío, mi amiga, mi novio y yo.

    Bueno, como les decía quería darle una sorpresa, y con la única que se me ocurría era con mi compañera de la facultad (con la primera mujer que estuve), porque ella no es de “mi grupo de amigas” es más no lo conoce a mi novio.

    Por un lado me gustaba la idea de estar con una chica y mi novio, pero por otra, no sabía si me iba a bancar que se cogiera a otra mina y yo mirando, porque seguro que se la terminaba cogiendo! ¿o no?

    La cosa es que voy a ver a mi compañera de la facultad (llamémosla Ana), y, obvio no le conté todo lo que hice ni lo que pasó, le dije que mi novio me estaba jodiendo con la fantasía de estar con dos chicas, que si no se la hacía yo, él la iba a buscar por afuera y yo no quería, y le dije si me hacía gamba para que estemos con él.

    Me dijo que ni en pedo, que si yo estaba loca, que ella no era lesbiana, que solo había estado conmigo y pocas veces con otras, y que nunca había hecho un trío, que no se iba a poner a coger con un tipo delante de mí.

    La cosa es que dejé que se le pasara la locura y le dije que la idea no era que se la cogiera a ella (jeje), que yo tampoco quería eso, sino que nos besáramos, nos tocáramos delante de él, y que él me cogiera a mí, que yo no iba a tener problema en coger delante de ella.

    Me miraba medio como loca, le costaba creer lo que le estaba diciendo y no la podía convencer, hasta que tuve que usar mi boca y mis manitos jeje. De una le metí un beso, que no la deje ni respirar, y sin dejarle tiempo a que lo piense le empecé a tocar la pancita y terminé con mi manito debajo de su short tocándole la conchita, obvio terminamos cogiendo y mientras yo le decía si no le encantaría hacer todo esto delante de mi novio, hasta que me dijo que SIIII, que grande yo, la convencí.

    Ahora teníamos que planear como hacíamos.

    Bueno un sábado (hace muyyy poquito) que ella estaba sola en su casa voy para allá y le digo a mi novio que me pase a buscar a las 19 hs. Cuando llega, nosotras estábamos medio preparadas, Ana tenía un vestido cortito, sin nada abajo y yo una pollerita, oscura sin bombachita jiji.

    Llega mi novio, bajo abrirle y le digo que suba un toque y después salíamos, Le presento a Ana a mi novio, y claro, yo no lo había pensado, estaba vestida muy loquita, y el pelotudo de mi novio se empieza hacer el gracioso y ella de daba bola!!! la verdad que me dio por las pelotas, iba a dejar que se coja una mina delante mío que se la estaba cogiendo con la mirada.

    En ese momento quería tirar todo a la mierda e irme con mi novio, (lo pensé), pero con Ana iba a quedar muy boluda. ¿Cómo se lo explicaba? No me quedo otra que seguir con el juego.

    Así seguimos en el cuarto de Ana, hablando boludeces (yo veía como mi novio le miraba las gambas, y las tetas) me quería morir, que HDP.

    Para que se imaginen la situación estábamos Ana y yo sentadas en la cama y mi novio en el sillón de la computadora. Y le digo a mi novio que le tenemos una sorpresita, mira sin entender nada y le meto un beso a Ana, (beso, beso ¿me explico?), le pregunto si le gusta, y obvio me dice que sí, pero no entendía nada, entonces le digo que le iba a explicar, le meto otro beso a Ana, y le empiezo a acariciar las piernas, y ella a mi (creo que mi novio ahí empezó a entender que había fiestita).

    Nos empezamos a tocar, y no fue muy difícil llegar a su conchita con mis manitos, ahí nos empezamos a poner loquitas y a sacarnos la ropa, hasta que quedamos las dos en bolas.

    No les voy a contar todo con detalles porque se hace muy largo. El momento de mayor placer fue cuando Ana me empieza a chupar la conchita delante de mi novio, ahí me volví loca, y le digo que venga (ya estaba medio en bolas), y entre los dos me empiezan a tocar, y yo más me calentaba, pero mi novio no es ningún boludo, aprovecho y también le pego unos besos a Ana y le metía manos en las tetas, pero yo estaba tan caliente que nada me importaba, ahí acabé por primera vez.

    Después me pongo arriba de él y me empieza a coger, y Ana que ya taba recaliente, también se pone arriba de él, pero enfrente de mí. ¿Me explico? o sea toda la colita hermosa de Ana, frente a los ojos de mi novio!!! Que enseguida aprovechó para meterle mano, pero otra vez estaba tan caliente que me importaba un carajo, me estaba cogiendo mi novio mientras Ana me besaba, me acariciaba las tetas.

    La cosa es que cuando terminamos de hacerle entre las dos, una buena chupada de pija (como dos buenas putitas), Ana agarra de un cajón un forro!!! (Con mi novio yo cojo sin forro), que HDP, se lo quiere coger! y no podía decirle que no, así que ella sola le pone el forro y se pone también arriba de él, y yo para que él no viera la cara de putita que ponía mientras se la cogía me pongo arriba de él para que me chupe la conchita (y así no la veía jeje).

    Bueno la cosa es que acabamos las dos como yeguas, me encantó verla coger a Ana, como gozaba y se movía estaba recaliente, y eso que había dicho que como se lo iba a coger a mi novio y todo eso, flor de putita resulto jeje.

    Al final nos ponemos las dos de rodillas dándonos besitos y mi novio nos acaba en la boca.

    Bueno después nos vestimos, mi novio nos dijo que jamás pensó que le íbamos a dar una sorpresa así, y bueno, nos fuimos.

    Ella vive sobre una calle oscura, así que como una buena putita, cuando nos subimos al auto le pregunto si le gustó, empezamos a apretar, le desabrocho el pantalón, y se la empiezo a chupar hasta que acabó. Así me aseguraba que no iba a estar pensando en Ana jiji.

  • Su marido borracho y yo gozando a su mujer (I)

    Su marido borracho y yo gozando a su mujer (I)

    Cuando termine la preparatoria no me quedo de otra que mudarme a la ciudad de México para continuar mis estudios universitarios. Mi nombre es Joaquín y a mis 20 años recién llegado y con poco dinero me encontré con la dificultad de buscan un lugar en donde vivir, buscando un lugar económico no me quedo de otra que rentar una habitación en una vecindad.

    Aunque el lugar era algo precario se ajustaba perfecto a mi presupuesto. La primera persona que conocí fue a la señora Azucena, no era guapa ni fea tenía unos 38 años, cabello negro largo sujetado en coleta y piel morena de cuerpo delgado pechos medianos y un culo firme el cual se veía muy rico en los vestidos de tela que siempre usaba.

    Sin ser la gran belleza y mal hablada se me hacía una mujer atractiva había algo en ella que me excitaba, algo que note fue que no tenía una buena relación con su marido pancho ya que eran contantes los gritos y las paleas entre ellos, por chismes de los vecinos me entere que su esposo era un borracho desobligado que dejaba toda la responsabilidad de la crianza de sus 2 hijos y los gastos de la casa solo a ella.

    Para mantener a sus hijos se dedicaba a planchar y lavar ropa ajena, para acercarme más a ella de vez en cuando le encargaba mi ropa y aprovechaba para sacarle conversación y poco a poco fui creando confianza con ella, tanto que a veces me pedía ayuda con la tarea de sus hijos y a cambio me invitaba a comer a su casa.

    Siempre tuve la fantasía de llegar a coger a una mujer mayor y en la señora Azucena encontré la posibilidad de realizarlo y de alguna forma me la tenía que coger, sabía que si jugaba bien mis cartas me la iba terminar cogiendo, organicé un plan y lo primero que hice fue ganarme a sus hijos, les empecé a comprar dulces, uno que otro juguete barato y jugar futbol en las tardes con ambos, no tarde en conseguirlo y al poco tiempo pasaba gran parte del día con ellos excepto y por su puesto con ellos de mi lado me daban más acceso a su deliciosa madre.

    La señora Azucena me decía que ya no les comprara nada pero le decía que lo hacía con gusto y que sus hijos me recordaban a mis hermanos pequeños, nunca sospecho que mi verdadera motivación de mi amable comportamiento era su sabroso par de nalgas. Para ganármela a ella comencé a ser más atento, ayudarla con sus problemas y regalarle cualquier detallito.

    Aunque era una señora de carácter fuerte con tantas peleas con su marido se veía que estaba necesitada de cariño y por supuesto que yo lo iba a dar aprovechándome de la situación. Lentamente la idea de poder cogérmela se estaba haciendo una realidad, pero había un obstáculo que librar su marido Pancho.

    Todas las mañanas al salir a mi universidad me la encontraba llevando a sus hijos a la escuela, la saludaba con el típico buen día con un beso en la mejilla que era suficiente para encenderme y mientras se alejaba mirándole su hermoso par de nalgas, en mi mente no dejaba de pensar en las cosas tan ricas que le haría a esa señora. Una tarde en la que ayudaba a sus hijos con la tarea la escuche gritar muy enojada y de inmediato me levante de la mesa a buscarla a su recamara.

    – ¿Paso algo señora Azucena?

    – ¡Sí! el hijo de la chingada de Pancho me robo el dinero de la renta

    Estaba muy enojada, la trataba de tranquilizar pero era inútil nunca la había visto tan furiosa no dejaba de insultar a su marido.

    –Ese cabrón lo más seguro es que se lo fue a gastar en la cantina.

    Para que se calmara le dije que yo podía prestarle el dinero que necesitaba pero ella se negaba a recibirlo. Le seguí insistiendo que lo aceptara sin problemas, que ya tenía cubiertos mis gastos del mes que no se preocupara por eso, al final la termine convenciendo de que los aceptara y le dije que más tarde en la noche pasaba a darle el dinero.

    Llevaba buscando un momento para estar a solas con ella y sin la intromisión de pancho y al fin tenía la oportunidad, me regrese a mi cuarto y espere hasta que dieron las 11 de la noche y sus hijos estuvieran dormidos, toque la puerta y me invito a pasar entregándole el dinero que necesitaba.

    –Muchas gracias Joaquín –dijo guardando el dinero en sus pechos.

    –De nada señora Azucena lo hago con gusto –le respondí echando una miradita a su escote.

    –Si no fuera por el pinche borracho de Pancho –comentó levantando la voz –pero me las va a pagar el cabrón cuando llegué a la casa.

    Más tranquila que en la tarde nos sentamos en el sillón y comenzamos a hablar dándome otra vez las gracias por lo bueno que era con sus hijos y lo mucho que la ayudaba, sentí que llego el momento y realice mi siguiente movimiento, así que me acerque más a ella colocando mis manos sobre su rodilla y espalda baja.

    Mientras ella hablaba comencé a sobar y acariciar suavemente su rodilla y espalda, aunque se inmuto un poco no me detuve, estando a centímetros de ella no aguante más y jugándomela toda me lance sobre ella besándola, sentí algo de resistencia pero la señora Azucena me respondió el beso . En ese momento solo podía pensar que por fin me la iba a coger y que todo mi plan había funcionado.

    Deslice ambas manos a sus deliciosas nalgas que tanto me calentaban y comencé a masajear como loco mientras la besaba sin parar, para ese momento mi vega ya estaba muy dura y me apretaba en el pantalón, me lo desabroche y de inmediato salió disparada mi verga dura del pantalón.

    –No, no, no espérate Joaquín –menciono separando de mí.

    –No puedo –respondí acercándome a ella besándole el cuello.

    Llevaba 2 meses desdeñado y planificando este momento que no iba a parar, tome su mano colocado sobre mi verga y ella apretándola con suavidad comenzó un vaivén de arriba abajo masturbándome por completo. Acariciando sus nalgas lleve mi mano izquierda hacia sus tetas y comencé a quitar los botones de su vestido de tela.

    Saque sus tetas chupando sus pezones y masajeándolos con fuerza, tenía las aureolas cafés y unos pezones grandes, alternaba entre sus pezones chupando con fuerza y apretándolos con mis labios dándoles mordiscos, estaba tan excitando que ahí mismo me la quería coger pero ella me dijo que fuéramos a su recamara.

    Entramos a su recamara termine por desabrochar y quitar su vestido de tela quedando solo con sus bragas moradas, lo primero que hice fue voltearla y ver ese hermoso par de nalgas en todo su esplendor, 2 meses esperando y por fin eran mías.

    Mientras me quítame mi ropa la señora Azucena se acostó sobre la cama, termine de desnudarme y me lance sobre ella besándola otra vez recorriendo su cuello y bajando hasta su cintura, tome sus bragas de los extremos y lentamente la fui bajando dejando libre su panocha que estaba bastante peluda, para observarla mejor le abrí las piernas sujetando sus rodillas.

    –Ay Joaquín llevo mucho tiempo sin coger con Pancho –dijo acariciando mi verga.

    En ese momento la señora Azucena estaba totalmente entregada a mí, me acomode en medio de ella y subiendo sus piernas a mis hombros enfile mi verga en dirección a su rajita y sin más la penetre moviendo mis caderas despacio.

    Era la primera vez que saboreaba una panocha madura, estaba bastante caliente y se tragaba toda mi verga sin dificultad, para haber tenido 2 hijos estaba bastante apretada, sentía un placer exquisito al estar cogiéndome a una mujer madura en su propia cama y en especial ver la cara que ponía al meter y sacar mi verga de su interior.

    Me calenté tanto que aumente el ritmo de mis embestidas haciéndola gemir con fuerza, se la metía hasta el fondo, estaba a punto de correrme pero me detuve para no eyacular no antes de cogérmela de perrito.

    La señora Azucena se levantó de la cama poniéndose en cuatro con su deleitoso par de nalgas en pompa, en ese momento estaba tan agradecido con su marido Pancho por entregarme a su esposa en bandeja de plata, lo imagine borracho en la esquina de alguna cantina mientras su mujer estaba empinada dándome sus nalgas.

    –A tu salud cabrón –dije al momento de clavársela entera.

    La señora Azucena se estremeció al momento de sentirla toda, la sujete de sus caderas y como un demente la comencé a bombear con vigor, me encantaba oírla gemir me excitaba a darle más duro.

    –Que rico se siente Joaquín, no pares.

    Seguí embistiéndola doro como por quince minutos hasta que me termine corriendo llenándole por completo su panocha, caí en la cama exhausto y satisfecho de haberme cogido a una madura por primera vez. Por la expresión en el rostro de la señora Azucena sabia sin duda que esta era la primera vez que cogíamos y que tendríamos muchas ocasiones más para coger.

    Estando acurrucados la señora Azucena me pidió que me quedara con ella a dormir, le pregunte si no había problemas con su marido pero ella me respondió que cuando agarraba la parranda no regresaba hasta el mediodía. Sin preocupaciones arrimándole mi verga a sus nalgas nuevamente me quede dormido.

  • Mi ex novia Sam

    Mi ex novia Sam

    Sam y yo estuvimos juntas cerca de 1 año en la universidad. Nuestra relación fue buena, pero lo cierto es que siempre fuimos más como amigas que novias, por lo que con el tiempo decidimos terminar y continuar siendo amigas.

    Yo siempre he sido bastante liberal y la verdad es que no tuve ningún inconveniente en iniciar una amistad con ella y a decir verdad, creo que fue la mejor decisión. Incluso llegamos a contaros un par de infidelidades cometidas durante el tiempo que estuvimos juntas y el relato nos resultó muy excitante a ambas.

    El caso es que ella dejó la universidad para ir a vivir a otra ciudad, y perdimos el contacto algunos meses, hasta que en el mes de Diciembre me llamó y me contó que estaba de regreso, así que a partir de ahí comenzamos a reunirnos con frecuencia.

    Sam es bastante guapa. Tiene el cabello rizado, unos ojos hermosos y expresivos. Su cuerpo es delgado con unas tetas pequeñas pero firmes y un par de nalgas en su lugar. Le gusta vestir al estilo tomboy. Es el tipo de chica que siempre liga en todas partes y ha follado con más mujeres que un chico. Cuando terminamos ella y yo no volvimos a follar, pero si hablábamos constantemente de nuestras fantasías sexuales y un par de veces nos dijimos que sería bueno compartir alguna ya que nos teníamos tanta confianza.

    La noche de año nuevo, me llamó para saber si podíamos vernos. Yo estaba en casa de mis padres, en el festejo familiar, pero toda mi familia conoce a Sam, así que la invité a venir y en 15 minutos estaba tocando el timbre. Cuando la saludé, pude sentir su aliento levemente alcoholizado. Se veía muy guapa con sus jeans ajustados, un par de tenis y una camiseta sin mangas que dejaba ver ligeramente que debajo no llevaba sostén.

    Festejamos, bebimos, cantamos y en la madrugada subimos a mi habitación a dormir. Tuve que ayudar a Sam a cambiarse porque estaba bastante borracha y no lo lograba por ella misma; le puse un pantalón de pijama mío y le dejé su camiseta puesta, luego la metí en las cobijas y me acosté a su lado. Ella instintivamente se corrió hacia mí y me abrazó pegando su nariz a mi cuello. Cuando estábamos juntas, solíamos dormir de esa misma manera, solo que Sam solía quedarse desnuda a mi lado y el hecho de recordarlo, me llevó en seguida a pensar en Sam desnuda en esa misma habitación, algunos meses atrás mientras era mi novia y aquello me calentó. Sentí el brazo de Sam rodearme por debajo de la camiseta, su piel estaba fría y eso me sobresaltó. «Abrázame que tengo frío» me susurró en el oído, así que la abracé. Luego llevó sus labios a mi cuello y comenzó a darme besos leves. Deslizó su mano fría lentamente hasta llegar a mis tetas y con su dedo pulgar recorrió despacio mis pezones. Entonces llevó sus labios a mi oído y siguió con sus besos leves. Comenzó entonces a acomodarse sobre mí, mientras besaba mi cuello y mi barbilla, poco a poco su cuerpo estuvo sobre el mío y sus piernas entre las mías, se detuvo un momento para decirme «Bésame Alexa. Toda la noche he tenido ganas de pedirte que lo hagas». Así que la besé en los labios, primero lentamente y luego más profundamente. Nos besamos varios minutos, mis dedos recorrían su espalda y ella se estremecía al sentir ese contacto, lo que la hacía cerrar los ojos y arquear un poco la espalda. Con mis manos extendidas recorrí toda su espalda hasta sus caderas, donde pasé por debajo del resorte del pantalón del pijama y llegué hasta sus nalgas. En ese momento, quise sentirla desnuda completa. Y sin dejar de besarla, me incorporé para sacar su camiseta con mis 2 manos, ella sentada sobre mí, dejando al descubierto sus tetas. Hizo lo mismo conmigo; me quitó la camiseta y en seguida se levantó para deshacerse de la parte de abajo de la pijama, desnudándose completamente, mientras yo hice lo mismo.

    Me senté en la cama y la abracé por la cintura atrayéndola hacia mí, volvimos a besarnos, sentí el delicioso sabor del alcohol en su lengua. Yo acariciaba sus tetas, su espalda. Entonces ella abrió sus piernas, dejando en medio una de las mías y dejándose caer levemente, para comenzar a frotar su vagina en mi pierna. Sentí que estaba deliciosamente mojada, gemía levemente, mordía mis labios. Moví mis caderas adelante y atrás para acompañar su movimiento mientras ella se agarraba de mi cuello. Entonces llevé una de mis manos a su vagina y metí mi dedo medio, ella siguió moviendo las caderas adelante y atrás, hasta que mi dedo entró hasta el fondo y eso la hizo gemir un poco. Finalmente tuvo un orgasmo. Tuve que cubrir su boca para evitar que sus gemidos se escucharan en la casa de mis padres. Mi pierna estaba deliciosamente mojada.

    Ella se levantó y metió 2 dedos en mi vagina. Los metió y sacó varias veces y cuando me tenía más excitada, acomodó su vagina sobre la mía en una deliciosa tijera. Ambas movíamos nuestras caderas. Sentía su vagina mojada por su orgasmo, mezclada con mi propia humedad y eso era delicioso. Ella tuvo otro orgasmo y unos segundos después yo. Entonces me recosté en la almohada y Sam se abrazó a mí, al poco rato nos quedamos dormidas.

    Cuando desperté, lo primero que pensé es que esta escena no volvería a repetirse. Seguramente los efectos del alcohol habrían tenido la culpa de lo de anoche. Abrí los ojos y escuché la regadera. Sam estaba dentro. Busqué mi ropa, y fui al baño del pasillo. Me metí en la regadera y recordando lo que acababa de suceder con Sam volví a sentirme caliente.

    Al salir de la regadera, mi madre nos llamó a desayunar, así que no tuve tiempo de cambiarme y bajé a la cocina en bata de baño. Sam ya estaba a la mesa y usaba una de mis camisetas. Me saludó con una sonrisa la cual le devolví.

    Durante el desayuno charlamos con mis padres animadamente, después ellos se trasladaron a la sala para ver un partido de futbol. Sam lavó los platos y yo me fui a mi habitación para vestirme.

    Primero me arreglé el cabello y las pestañas. Justo cuando me disponía a buscar mi ropa para vestirme, Sam entró a la habitación y me saludó «hola guapa, que tal dormiste?», pero no me dejó responderle pues se acercó y me besó. Poco a poco y sin dejar de besarnos, me empujó levemente hacia atrás hasta hacerme sentar en la cama. En seguida se puso de rodillas y abriendo mis piernas con sus manos, llevó sus labios a mi vagina. Comenzó a comerme la vagina, haciéndome subir al cielo en seguida. Metía su lengua hasta el fondo y succionaba mi clítoris con sus labios, hasta que tuve un delicioso orgasmo.

    Me vestí, nos besamos de nuevo y luego llevé a Sam a casa.

  • El hijo del concejal: La noche amenaza

    El hijo del concejal: La noche amenaza

    Al salir, nos encontramos con Epi; que llegaba con una camilla de las nuevas.

    – ¿Habéis visto que maravilla? Solo le falta el GPS…

    – ¡Jajaja!

    – ¡Bueno! ¿qué?… ¿puedo llevármelo, ya?…

    – ¡Si!, ya hemos terminado.

    – ¡Por cierto!, Jose. Que me ha parecido, que los de Rayos estaban esperándote.

    – ¡Joder!, que cabeza. Mira que me lo dijo dos, o tres veces. Se va a poner suave.

    – ¿Quien?, dijo David.

    – ¡Gabi!…

    … ayer, me dijo, que hoy me iban a necesitar a primera hora. Y me lo pidió, por favor, tío.

    – ¡Joder!, Jose…

    … como te gusta cagarla, tío. ¡Siempre andas igual!.

    Salí corriendo, y tuve la suerte de pillar el ascensor que bajaba, con las puertas abiertas. Y al llegar abajo, lo vi en la puerta del despacho de Angel.

    Empecé a contarle un cuento, que no me lo creía ni yo; y me paró en seco.

    – ¡No te preocupes!, Jose. Cuando vi que no llegabas a tiempo, se lo dije a Oscar; y ya está todo solucionado ¿vale?

    La verdad, es que me sentí casi feliz de oírle decir eso en ese tono; me temía lo peor.

    – ¡Lo siento!, de verdad, Gabi…

    – ¡Tranquilo!

    Y en ese momento Angel, le invitó a pasar a su despacho.

    Y no sé porqué, pero algo no me cuadraba.

    Saqué mi móvil del bolsillo, y le pedí a David que bajara a la cafetería.

    Y mientras llegaba, me acoplé en una mesa que quedaba libre; la cafetería estaba a tope.

    En cuanto llegó, hicimos nuestro pedido, y llamamos a Susana; que solía comerse el bocata a la misma hora que nosotros.

    – ¡Oye!, Susi. ¿Sabes si han hecho las paces Angel y Gabi?…

    – ¡No sé!, pero yo no me preocuparía mucho, Jose.

    Y se echó a reir…

    – No sé porqué me da, que ahora tienen un negocio que les interesa mucho. Ya sabéis que son pareja ¿no?.

    – ¿Ah, sii?… pues, yo juraría que no se hablaban…

    … los he visto cruzarse un montón de veces, y…

    … ¿verdad?, le dije a David

    – ¡Si!, ¡si!… que yo también creía que estaban enfadados.

    – ¿Conocéis a Petri?

    – ¡Si!, dijo David.

    Yo no la conocía.

    – Pues, Petri estaba en recepción cuando se encontraron a ese chaval tirado sobre los asientos de la sala de espera de urgencias. Y fue ella, la que les avisó; porque no se habían dado cuenta.

    Según me ha dicho, la reacción del Dr. Prieto, le llamó mucho a atención. Porque, estando de guardia, lo primero que hizo, fue llamar a Angel, que no sé si sabéis que acaba de entrar de jefe de planta, en la séptima, durante toda la semana, para informarle de que, el chico; y así lo dijo, estaba en urgencias, totalmente inconsciente.

    Es evidente, que le conocen, y saben quién es.

    Ademas, hubo un momento, en que tuvo que entrar en la cabina, para ver si el chico llevaba algún tipo de documentación; porque necesitaba sus datos para hacerle la ficha. Y pudo escuchar algunas cosas.

    Parece ser, que es hijo de un concejal, amigote de ellos; y que suele desaparecer con mucha frecuencia, para joder al padre

    -¿Ah, sii?…

    … ¡joooder!…

    – O sea, que tenemos a un chavalito, que no se corta para nada, ¿no?, dijo David.

    – Un guaperas rebelde, dijo Susi, soltándo una carcajada con cara de guarrilla.

    Terminamos de comernos el bocata; y David se fue a Admisión.

    Susana y yo, decidimos quedarnos un ratito mas, en la cafetería; la convencí, para seguir contemplando a mi estudiante en prácticas favorito, que estaba retirando su bandeja de la mesa en la que estaba sentado, frente a nosotros.

    – ¡Bueno!, yo tengo que subir a la segunda, dijo Susi; y nos levantamos para irnos.

    Pero, al salir, nos cruzamos con Epi…

    – ¡Oye, tío! ¿Que pasa con el de la 712?, dijo Susana…

    … te lo llevaste a las 10:30 y ya son casi las 13:00. ¿Que coño le están haciendo?

    – ¡Pues!, acaban de avisarme para que vaya a recogerle… ¡no te puedo decir mas!, rubia.

    – Entonces yo me voy con él, Susi. ¡Luego, te cuento!

    Me fui con Epi. Y al llegar a Rayos, Oscar salía apresuradamente; y un tanto cabizbajo.

    – ¿Que le pasa a este?, le dije Epi.

    – ¡Mira!, tío… ¡paso de ese pelota!; y me dió una palmadita en la espalda…

    Y nos encontramos a Tobías, durmiendo profundamente, sobre una camilla de reconocimiento…

    – Hemos tenido que darle un sedante bastante fuerte, dijo Gabi, que llegaba en ese momento. ¡Podéis subirlo ya!

    – Debería de comer algo, ¿no crees?, le dije a Gabi

    – ¡Claro!, Jose. Es importante que coma. La prueba ha sido mas larga de lo que pensábamos; y todavía está en ayunas.

    Lo subimos a la 712. Y Epi, se fue.

    No quise despertarle; me gustaba verle dormir.

    ¡Tiene una cara preciosa!, me dije a mi mismo, sin dejar de mirarle.

    Y, además, ese cuerpazo, cubierto con una sola sábana (la sábana que le cubría permitía, sin tener que hacer mucho esfuerzo, apreciar su maravilloso cuerpo y su desnudez).

    Oí el carrito de la comida, y me acerqué a la cabecera de la cama…

    – Tobías, ¡despierta! Tienes que comer, chaval.

    Le di algunas palmaditas en la cara…

    … y también le zarandeé un poco, moviendo sus hombros…

    – ¡Vamos!, chico…

    … ¡despierta!

    Y entró Enriqueta con la bandeja de comida.

    – ¡Aquí te la dejo!, ¿vale?; y la dejó sobre la pequeña mesa que había junto a la cama.

    Yo solo la miré…

    – ¡Vale!

    Y salió de la habitación, cerrando la puerta.

    Me senté en la cama, y empecé a acariciarle la cara con gran excitación.

    El chico, me encanta; y lo tenía en la cama, dormido, y con esa carita de “yo no he sido”.

    Me tenía hipnotizado; mirándolo y lleno de deseo. Y me atreví a meter la mano bajo la sábana, para empezar a acariciarle el pecho.

    ¡Que piel, mas suave!…

    … estaba calentito, calentito…

    ¡Que gustazo!

    Pero, ¡de repente!, Susi entró; abriendo la puerta, bruscamente.

    – ¡Ah!… ¿ya estáis aquí?…

    … ¡menos mal.

    ¡Por cierto!, que tengo que pedirte un favor, Jose.

    – ¿Que pasa?

    – Tío, ¡por favor! Necesito que me hagas la noche. Hoy me toca de noche… ¡joder!

    … pero, me ha llamado Juan Luis, para decirme que no ha conseguido que nadie le cambie el turno, ¡imagínate! Ya sabes que es, segurata ¿no?.

    – ¡No!, no lo sabía…

    … pero, si necesitas que te haga la noche, no hay problema, Susi. Solo tenemos que decirselo a Nati… y que cambie los turnos.

    – Es que no tengo con quién dejar a los niños, Jose… ¡de verdad!

    – Que yo te lo hago, Susi… ¡tranquila!

    – ¡Bueno!, pues voy a decírselo a Nati ¿vale?

    – ¡Venga!

    En eso, que oigo la voz de Tobías

    – ¡Joder!, tío. ¡Vaya voces!…

    … es que no sabéis hablar mas bajito. Estaba durmiendo, ¡coño!

    Miré y me sonreí. Tobías, por fin, se había despertado.

    – ¡Pues, mira! Me alegro. Porque he estado un buen rato intentando despertarte, ¿sabes?…

    … que ya son las 14:00…

    … y hay que comer.

    Cuando abri la bandeja; y Tobías empezó a comerse el puré

    – ¡Puaff!, esto no lleva sal, tío… ¡que asco!

    Miré en el parte; y no había nada que hiciera referencia a que tuviera que seguir un determinado tipo de alimentación.

    – ¡La verdad!, es que en el parte, no dice que tengas que seguir ningun tipo de dieta, Tobías; así que si quieres, te traigo algo de la cafetería ¿vale?

    – ¡Genial, tío!… ¡te quiero!

    Bajé a la cafetería y le pillé un plato de spaguettis, medio pollo asado, una ensalada; con todo lo necesario para su aderezo… y, por supuesto, un chusco de pan.

    Se puso, moráo… y después de terminar de comer, me miró con esa preciosa cara, llena de felicidad; y más guapo, si cabe, que antes.

    – ¡Muy rico!, todo… tío. Eres un lujazo de tío. Y me lanzó un besito.

    ¡Que chulo, es!… el cabrón.

    Pero, ¡fffff!…

    … ¡que rico!

    Se dio la vuelta; y no tardó mucho en quedarse dormido, otra vez.

    Recogí un poco, la habitación; y dejé la bandeja de comida encima de la mesita.

    Miré el reloj; y ya eran las 14:52. Mi turno acababa a las 15:00.

    Tenía que llegar a casa, comer, y procurar dormir algo, porque debería volver a las 23:00.

    Le miré por ultima vez, antes de irme; y me puse cachondo viendo como ese culo se hacía notar bajo la sábana.

    Cuando salí de los vestuarios, para irme a casa, me dió por subir la escalera hasta la planta baja; cosa que casi nunca hacía. No me gusta subir escaleras. Y, mira por donde, mi estudiante en prácticas favorito, subía conmigo; y me preguntó por Tobías.

    – El chavalito ese, el que encontraron ayer, en urgencias… ¿que tal está?

    – ¿Le conoces?

    – ¡No!, pero le he visto esta mañana, cuando lo llevaban a Trauma.

    – ¿Y?

    – ¡Nada!, tío. No te mosquees, ¡eh!

    – ¡No me mosqueo!, tío… pero, ¿como te llamas?

    – Adrian

    – ¡De verdad! que no me mosqueo, Adrian. Pero, es que…

    … me llama la atención que te preocupe su salud, si no le conoces.

    – Es un tío precioso, ¿no crees?…

    Me quedé sin habla.

    Le miraba; y no daba credito…

    – Pero, tío…

    – Yo…

    … es que soy gay; y me he quedado prendado de él. ¡Perdona, mi atrevimiento! Susi me ha dicho que David y tu le conocéis… ¿no es así?

    – ¡Pero, bueno!… ¿tu conoces a Susi?

    – ¡Claro!, es muy amiga mía.

    – ¡Haber empezado por ahí!, Adrian…

    … que me has dejado loco, tío; y me eché a reir…

    – ¡Si!, la verdad es que está tremendo.

    – También me ha dicho que estás de noche…

    … y si me vengo esta noche… ¿me dejas estar contigo? Mañana no tengo prácticas.

    Esas palabras me sonaban a música celestial; y pensé en Susi…

    ¡Que cabrona!, como sabe agradecer lo que haces por ella.

    Cuando la vea, le voy a dar un achuchón, que va a flipar.

    Y me sentí completamente lleno.

    – ¡Vale!, si quieres venirte esta noche. Te espero. Estaré en la séptima.

  • Mi primer dildo

    Mi primer dildo

    Hola, hoy les voy a contar de cuando me compre mi primer dildo, y de cómo me volví adicto a esos juguetes, esto paso hace ya unos años, fue cuando tenía 22 años.

    Desde muy joven yo había intentado méteme cosas por el culo, después de mi primer penetración anal, yo sabía que ese placer podía repetirse aun estando solo, por eso siempre intente simular algún pene, comencé como casi todos, introduciendo alguno que otro dedo mientras me masturbaba, como esto no era suficiente me dedique a buscar algún otro objeto, y lo primero que encontré fue un pepino en la cocina, a decir verdad me daba un poco de miedo ya que este era muy gordo y algo grande poco más de los 20cm, pero sabía que si lo lograba seria de las mayores experiencias en mi joven vida, al inicio comencé por ponerle un condón para usar el lubricante que este tenía, lo acerque a mi ano, y al sentir como comenzaba a abrir espacio, la sensación de tener un pene bastante grande se encontraba presente, paso un largo rato hasta que pude introducir por completo la cabeza del pepino, había logrado solamente introducir alrededor de 3 cm pero el grosor era lo que me estaba matando, me quede en esa posición por más de 5 minutos intentado que mi ano se acoplara, pero no lo logre, termine desistiendo, ya que el dolor comenzaba a hacerse más presente, ese día solamente me conforme por pajearme pensando en ese monstruo que había intentado entrar en mi ano.

    Ya con 22 años, y mi primer trabajo estable, decidí realizar una pequeña inversión, por lo cual me anime a entrar a una sex shop que se encontraba en el centro de la ciudad, compre un dildo realista, este tenía una ventosa que se podía colocar en casi cualquier parte lisa, tenía un largo de 18 cm y de un grosor más que decente, y una textura de lo más natural, era lo más parecido a un pene que encontré, lo compre y fui corriendo a mi casa a probarlo, además compre ya en la tienda un lubricante para poder comerme por completo ese dildo tan hermoso.

    Todo el camino tuve una erección de solamente pensar en cómo me iba a auto complacer por fin por el ano, y recordar esas ocasiones donde algún hombre me había penetrado duramente por la cola.

    Corriendo llegue a la ducha a darme un buen baño anal para poder realizar todo de la manera correcta, salí desnudo y con la erección aun al 100, puse una toalla en el piso, abrí mi hermoso dildo, y lo coloque en piso, lo veía como no había visto un pene antes, deseaba tenerlo dentro de mí lo antes posible, además de que las ganas de chuparlo me carcomían, pero era totalmente mío y comencé a darle una de las mejores mamadas que había dado hasta entonces, la saliva con el que lo base fue una cantidad abrumadora, el sonido de mi boca con ese dildo se escuchaba por toda la casa, está súper excitado, y lo primero que hice fue abrir el bote de lubricante y me coloque una buena porción en la mano y proseguí a embarrarme todo eso en la cola, metí un par de dedos para que el líquido estuviese también adentro, el lubricante era un relajante anal, por lo cual casi inmediatamente mi cavidad anal se comenzaba a dormir, pero al mismo tiempo se calentaba la piel, sin pensarlo dos veces mi puse en cuclillas sobre el dildo y cerrando los ojos imaginándome que era algún macho apunto de follarme como nunca antes deje caer mi cuerpo al piso y entro completamente di un grito de placer, sentí como había tocado algo dentro de mí, al mirar abajo, pude apreciar como tenía mis huevos posados sobre los huevos del dildo, eso me prendió mas ya que parecía que todo era real, cabalgue ese dildo por más de 20 minutos, y note por primera vez que mi erección se duplico, me dolía con solo tocarla, y como esta rebotaba por la cabalgata que le daba a ese pedazo de plástico, pero no me importaba estaba teniendo el mejor sexo que nunca nadie me había dado.

    Cada dos que tres me salía del dilo y lo bañaba con más lubricante, en una de esas ocasiones, al salirme escuche el famoso PLOP, lo cual me hizo que me extra aún más porque sabía que mi culo estaba abierto en su totalidad, tome mi teléfono y saque una fotografía para apreciar ese agujero en mí, y efectivamente, mi ano estaba completamente abierto, casi podía mirar en su interior, así que decidí colocarme de tal forma que pudiera llenar mi hoyo con lubricante, casi vacié la mitad del lubricante en mí y como no me percataba que salía nada sabía que todo estaba dentro de mí.

    Esto último fue lo que más ayudo a mi excitación, ya que al colocarme sobre el dildo nuevamente, se sentía como el líquido salía de mi por cada vez que hacia el sube baja, imaginándome que eso era el dulce néctar de un pene de verdad, no me controle más y comencé a gritar como toda una puta, la cabalgata se incrementó apunto en el que tuve más de un orgasmo seguido, pero sin que la eyaculación estuviese presente, eso solo me incito a hacer más duro la cogida que yo mismo me estaba dando, pasaron más de 10 minutos, cuando por fin en uno de esos orgasmos anales, que cabe mencionar, fueron los mejores orgasmos que había tenido jamás, pero mi eyaculación fue la mayor en toda mi vida, salieron más de 10 chorros potentes de leche caliente de mi todos muy potentes, me al momento de comenzar a correrme, me quede con el dildo completo en mi cola, por lo cual las contracciones apretaban más el dildo en mi cola multiplicando el placer, sin bromear, mi semen salió a casi 2 metros de distancia, dentro de mi calentura, quite el dildo del piso sin sacarlo de mi cola, y me proseguí a lamer todo el semen del piso, aún caliente me tome todo.

    Me quede tirado en el piso por un rato hasta que mi erección logro ceder, y proseguí a sacar al pequeño campeón de mi cola.

    Desde entonces, soy un adicto a las pijas en mi cola, aún tengo mi pequeño amigo que cuando estoy solo y caliente me das las mejores folladas.

    Espero que les guste lo que escribo y por favor comente, aunque no dejen puntos, lo que me gusta es la interacción con ustedes, compartan con sus amigos mis fantasías, y manden fotos de sus vergas dispuestas a follarme. Besos en sus pijas y adiós.

  • Puteando en el cine para adultos

    Puteando en el cine para adultos

    Cuando me inicié en mi nueva vida como prostituta travesti nunca imaginé las cosas que tendría que hacer o que experimentaría. Aunque algunas fueron para temer (cuando me violaron unos policías), otras fueron simplemente espectaculares: sexo en lugares públicos, gangbangs, etc. Y claro, como toda buena puta, una de las cosas que aún no experimentaba era la de sexo en un cine para adultos; tenía esa fantasía desde hace mucho tiempo (incluso tengo una historia ficticia en este sitio) pero aún no se hacía realidad. Hasta que finalmente pasó.

    Esa semana estaba en Bogotá en viaje de “negocios”; sabía que aún quedaba por ahí un cine para adultos, así que no quería perderme la oportunidad de aparecerme una noche de esas. Luego de algunos días puteando por las calles oscuras, decidí que era el momento. Esa noche no me había cogido verga alguna así que mi culito pedía carne de manera desesperada. Para facilitarme las cosas me puse un vestidito rojo al tubo, bien pegadito, con tan solo una tanguita al hilo por debajo y claro, mi sexy portaligas. Mi cabello cubría mis hombros desnudos y mis tacos de casi 15 centímetros de alto hacían resaltar mi trasero mucho más de lo normal. En mi bolso llevaba lubricante y condones, así como un par de botellitas de wisky para relajarme (¡aunque creo que eran mucho más que solo dos botellas!).

    Eran más de las 10 de la noche cuando llegué; sabía que las funciones eran continuadas así que no importaba qué hora fuesen. No había mucha gente en la entrada del cine (no recuerdo el nombre, algo con Emerald) pero ya estaba decidida a entrar. Pagué mi boleto (rosadito) y me dije a mi misma: “Aquí vamos”. Cuando entré a esa sala oscura lo primero que me llamó la atención fue el fuerte olor a desinfectante…”al menos lo limpian” pensé. En la pantalla estaba una rubia tetona que era cogida por tres machos negros.

    Luego que mis ojos se ajustaran a la oscuridad pude notar entre 15 a 20 asistentes, dispersos por aquí y por allá. Quería llamar la atención de todos (para eso estaba allí), así que se me ocurrió la forma más fácil de hacerlo – darme un paseo por la sala, pasando delante de la primera fila de asientos y luego buscarme un sitio al fondo. Así lo hice; como a estas alturas ya no tengo vergüenza alguna en exhibirme me tomé mi tiempo para que todos noten mi cuerpo espectacular mientras pasaba justo debajo de la pantalla. Era como gritar “chicos aquí tienen una puta para coger”. Me encantó! La idea y sensación de ser observada y deseada por todos en ese momento hizo que me ponga en celo más rápido. Podía notar de reojo como sus cabezas giraban a medida que me dirigía al fondo de la sala. Los había atrapado. Me senté, crucé las piernas dejando mi muslo expuesto, saqué mi primera dosis de trago y esperé.

    Tal como lo pensé, no tuve que esperar mucho tiempo; en menos de cinco minutos un tipo en sus cuarentas se sentó justo detrás de mí; al rato podía sentir su mano acariciando mi pelo y luego rozando levemente mis hombros. De reojo noté otros dos moviéndose sigilosamente, como animales de presa hacía mi ubicación. El tipo detrás se acercó a mi rostro y susurró: “¿vienes aquí por carne dura?”… Le respondí “claro amor, ¿para qué más vendría?”

    Aún no había decidido si estaba allí para “trabajar” o simplemente para divertirme…pero cada vez me iba más por lo segundo. Simplemente quería pasarla bien si preocuparme de “las finanzas”. Mientras pensaba eso noté que el tipo de atrás se había sentado a mi costado, y su verga salía completamente del short que llevaba puesto; no había necesidad de presentarnos ni introducciones – era solo acción inmediata. Sin pensarlo, agarré su verga con mi mano izquierda y empecé a masturbarlo; mientras lo hacía ese pedazo de carne empezaba a crecer y endurecerse…”hum, qué rico” pensé…”la voy a pasar tan bien”… cada vez apretaba más su mazo mientras me hacía que me concentraba en la película (en realidad la peli me ponía más cachonda aún). No pasó mucho tiempo cuando de pronto tenía a otro hombre a mi derecha: se bajó el pantalón y usé la otra mano para también masturbarlo. Ambas manos iban de arriba abajo sin parar. Era delicioso. Noté movimiento en los demás presentes; sabía lo que se venía… y lo deseaba locamente. Mientras gozaba esas carnes ahora bien duras alguien se había parado detrás de mí, sacado su verga grande y dura, y la puso al costado de mi mejilla derecha. No podía ver su rostro, solo la punta de su pene a un par de centímetros de mi cara; sin pensarlo dos veces giré la cara hacia esa carne hasta que mi boca húmeda y hambrienta hiciera contacto con la cabeza; aunque estaba algo de costado, igual me las arreglé para meter esa cabeza dura en mi boca. Empecé a lamerla como loca; cerré los ojos para gozar de solo las sensaciones: vergas en mis manos y en mi boca… solo falta mi culo ahora.

    Oh, ahora realmente estaba arrecha y no lo pude soportar más: me puse de pie, me saqué la tanguita, levantándome el vestido lo suficiente para exponer mi culo, luego giré y me senté sobre mis rodillas en el asiento del cine; mis piernas abiertas dejaban mi huequito a disposición de todos. Entonces pude ver al tipo al que le chupaba la verga: le sonreí y ahora que la tenía toda frente a mí me la metí por completo hasta el fondo de mi garganta. Él se sorprendió por completo pues no esperaba una garganta profunda tan rápido; me quedé con su verga en mi boca unos segundos y de inmediato empecé a chuparla como una perra desesperada. Mientras hacía eso, saqué el tubo de lubricante de mi bolso y se lo di a uno de los otros tipos que gozaban la escena. ¡Es hora de coger!

    No sé quién empezó –en realidad ni importaba; sentí unos dedos cubriendo mi huequito con lubricante y de pronto, una punta carnosa abriéndose paso a la fuerza; mientras mi boca chupaba alocadamente podía sentir esa otra carne dura empezando a entrar en mi recto; me cogía de las caderas y entonces, ¡hasta el fondo! De un solo tiro; lancé un gemido de dolor que a los pocos segundos se convirtió en uno de placer; esa verga dura no dejaba de penetrarme una y otra vez, abriéndome por completo, expandiendo mi huequito anal. Mientras eso pasaba, alguien más se había puesto frente a mí con el pene al aire, ofreciéndomelo para mamarlo…y así lo hice de inmediato; nadie hablaba, nadie comentaba nada, solo habían gemidos de placer. Miré alrededor y ya no eran un par, ahora habían unos cinco o seis a mí alrededor, todos con las vergas afuera, tocándose, esperando su turno. Ninguno me preguntaba “si podía” cogerme… yo era un simple pedazo de carne, un hueco húmedo, totalmente disponible para complacerlos. Me tomé un par más de botellitas de wisky. Me hacía sentir completamente liberada, lista para hacer lo que sea.

    El tipo que me penetraba apretó el ritmo, clavando sus uñas en mis caderas, listo para vaciarse; yo empujaba hacia atrás con fuerza… hasta que pude sentir ese chorro de semen caliente dentro de mi recto… ah que delicioso. Sacó su verga y de inmediato alguien más tomó su puesto. Habían subido mi vestido hasta casi mi pecho; se las habían ingeniado para abrirme más de piernas – cada una en un asiento; uno de hacia mamar verga, tomándome de la cabeza, empujándola hacia su carne rica; sus bolas golpeaban mi mentón cada vez que me hacía eso; yo no oponía resistencia alguna. Estaba allí para ser cogida por quien quiera que sea, una y otra vez. El tipo que tenía su verga en mi boca estaba a punto de explotar, entonces preguntó: “¿dónde la quieres amor?” – “En mi cara por favor” (más que tragarla a mi me alocan los baños de esperma!). De pronto sacó esa carne dura y empezó a dispararme una carga entera se semen por toda la cara, cubriéndome los ojos, nariz y labios de una capa espesa de leche caliente. Estaba en el paraíso.

    El tiempo transcurría, quizá eran más de las once. Yo estaba adormecida – las vergas duras circulaban de mi culo, ahora bien abierto, a mi boca, mientras mis manos masturbaban otras. No sé cuántos me habían cogido ya pues algunos regresaron por una segunda dosis de mi culo; cada uno hacia un depósito inmenso de esperma caliente en mi culo tanto así que el semen chorreaba por mis piernas. Al mismo tiempo, chupaba vergas una tras otra sin parar; a pedido mío, cada uno de ellos terminaba lanzando su delicioso esperma sobre mi rostro. El semen se había esparcido por mi cabello y mi cuello; mi maquillaje estaba arruinado pero eso no importaba – estaba deliciosamente feliz. Tenía esperma por todos lados.

    No sé cuánto tiempo pasó finalmente, ni cuantos me cogieron… ¿quince? ¿veinte? Espero que todos los presentes. Cuando ya no daba más, dije basta y suficiente. Arreglé como pude mi ropa y cabello. En realidad tenía semen hasta en las orejas; sería imposible limpiarlo todo (incluso me tragué un poco), así que me dije “al infierno, no me importa”. Agarré mi bolso, y salí por una puerta de emergencia que daba hacia un pasaje algo oscuro.

    Sin inmutarme, caminé con el rostro bañado de esperma hacia mi auto. Estaba súper feliz!

  • Cogiendo a mi tía Cande

    Cogiendo a mi tía Cande

    Una experiencia excitante con mi tía Cande, ella 51 de edad, yo 24.

    Fue una tarde de un día lunes llegando a casa del trabajo abrí la puerta y saludé “buenas tardes” y salió al encuentro mi tía “hola buenas tardes ya vienes” y respondí “si tía mucho gusto”.

    Ella está bien cuidada ella es morena clara rellenita mide 170 m. Cabello negro pechos medianos pezones cafés caderas ancha (nalgas paradas) vagina grande labios vaginales gruesos y piernas gruesas. Yo soy moreno doble alto entonces ella me recibió al entrar vi que solo ella estaba y le pregunté “¿tía donde están todos?” Y me responde “tus padres andan por el supermercado y tus primos aun no llegan”.

    Ella vestía con una blusa sin manga escote a la vista una falda a medio muslo zapatos altos me quede wow observándola. Me dirigí al cuarto me desvestí me quede en bóxer con la verga parada en mi celular ando videos xxx de maduras vi uno y me hice una buena masturbada. Luego se hicieron las 3:30 pm, me puse un short y camiseta bajé a la sala y ahí estaba sentada en el sofá.

    Me dijo “ven miremos tv esta aburrido” le respondí “ahora voy”. Me senté al lado de ella y cruzó las piernas y le vi sus ricos muslos ella me dijo “¿te gustan?”, le respondí que sí, me dijo “¿quieres tocarlos?”. Le dije sí, me tomo la mano y la puso en sus piernas suaves y ricas los vimos frente a frente y me dijo “sé que te excito sobrino y te vi masturbándote viendo videos de mujeres de mi edad aquí me tienes cumplamos tu fantasía”. Y me acerque la empecé a besar y mi mano sobaba sus piernas luego fui subiendo ella se abrió y llegue a su vagina, aun sentados y basándonos le acaricie su cuca ya húmeda.

    Le hice un lado la tanga de hilo y le masturbaba su cuca mojada su clítoris y me bajé del sillón ella se puso abierta con los pies en el sillón y le empecé a mamar su cuca bien suave vi su vagina rasurada su clítoris grande sus labios grandes salidos empecé a mamar todo a succionar con los labios ella gemía “¡mmmm así así que rico!” Ella se jalaba los pezones y sus jugos me los comía. Pare y nos quitamos la ropa, yo ya con mi verga a mil, bien parada, las venas saltadas, el glande ya de fuera, con brío de líquido pre seminal. Ella se quedó wow cuando lo vio y me dijo “que rico”.

    Me empezó a mamar, me tire a la cama, me lo chupaba como nunca me la han mamado, me chupo los huevos” uf si tía sigue” le decía. Después me mamo el ano ¡uy delicia rica! Le dije “¡tía me vengooo!”, “Vente” me dijo y siguió mamando, acabé en su boca, se lo comió.

    Después la puse de perrito y con mi verga medio parada empecé a mamar su ano bien rico le abrí las nalgonas y metí mi cara le abrí las nalgas con las manos y le metía la lengua ella gemía “asiiii uy que rico sigue”. Cuando sentí que mi verga despertó de nuevo, baje a su vagina la chupe toda ella me gritaba “¡métela ya!”.

    Se la metí “uf tía que rica estas sí que rica cuca húmeda”. Mi verga salía y entraba toda bien fácil y rico, ella me pedía más “así así dame puto” decía mientras me la cogía, le masturbaba el ano y le metía un dedo, ella más gemía. Después me puse boca arriba y me dijo “te voy a cabalgar” me dio la espalda y empezó uf rico, cómo se movía “dale puta cabalga” y le azotaba sus nalgas y jalaba sus pezones.

    Entonces me dijo “ya me vengo puto” la tome de las nalgas y la levante y sigo cogiendo más fuerte “vente tía puta” y me dijo “ahoritaaa aaaah siiii uf mmmm” y se vino con mi verga adentro, seguí y no pare luego me dijo “cógeme el culo”. Se tumbó le eche saliva al ano y a mi verga y despacio la iba metiendo, ella gemía yo también y poco a poco un mete y saca hasta que me dijo “cabron dame duro” y así fue “aaaaah” dijo “que rico” con mi mano busque su cuca estaba mojando más y mientras me la cogía el ano le masturbaba la cuca ella gemía “mmmm así ay sí Juan” y estuvimos así cuando sentí que me venía uuuuf acabe en sus nalgotas ricas.

    Después nos bañamos juntos, estamos planeando hacerlo de nuevo.

    Espero les haya gustado.

  • La culpa la tuvo el alcohol y la necesidad de ambos (2)

    La culpa la tuvo el alcohol y la necesidad de ambos (2)

    Ahora habían cambiado los roles en la cama, era Silvia quién movía y frotaba su culazo en mi durísima verga mientras yo disfrutaba de ello , creo que había despertado todo ese libido acumulado de tanto tiempo dormido en ella, y estaba reaccionando como si fuera una lámpara de tanto sobarla ahora dejaba salir al genio de la excitación completamente.

    Algunos gemidos muy despacio salieron de sus labios que apenas eran escuchados por mí, la fuerza con que tiraba su trasero hacía mi verga me estaba provocando algo de dolor lo único que impide que nuestros sexos se unieran era su calzón de seda rojo y había que hacer algo al respecto.

    Bajó mi mano entre sus piernas y había humedad en su calzón ahora si no quedaba duda de lo arrecha que estaba Silvia, con los dedos hice a un lado su calzón para que ahora pueda entrar la cabeza de mi pinga con lo bien que estaba lubricada no fue nada difícil y el glande llegó a la entrada de su vagina sólo fue necesario que ella diera un empujón para atrás y entró todito.

    – ¡Ahh…! (fue lo único que escuché por parte de ella)

    Cuando sintió mi verga invadir su rica y jugosa chucha, estaba totalmente poseída por el libido que experimentaba después de mucho tiempo era cogida por un hombre, los gemidos de la tía Silvia ya eran más seguido y fuertes pero no me preocupa porque el volumen de la música en la fiesta también era muy fuerte.

    – ¡Ayyy ayyyy ayyyy!

    Ya no tengo miedo de su reacción o lo que me diga si abría los ojos y descubre quién era el que se la estaba tirando, así que rápido le quitó su calzón y también hago lo mismo botando lejos el bóxer puse debajo de su abdomen una almohada para mejorar y continuar con la penetración.

    Con mi mano dirijo la verga a la entrada de su caliente y mojada chucha y de un sólo empujón se lo metí, aunque parezca increíble aún estaba apretadito las paredes vaginales debía ser por el tiempo que estaba sin ser penetrada…

    Apoyo mi cuerpo sobre ella besando su cuello y oreja al mismo tiempo que metía y sacaba mi pinga de su vagina, lo que al comienzo había pensado sólo en sobar y sobar mi pinga en sus nalgotas de la tía de mi madre ahora no podía creer que me la estaba tirando bien rico en mi cama a unos metros de mis padres eso lo hacía más emocionante.

    Lo que estaba sucediendo no era culpa de ella ni mía, quien los mandó a meter en una misma cama a una mujer de 52 años borracha y que tiempo no cachaba con un muchacho que estaba con las hormonas bien alborotadas y paraba siempre con la pinga bien dura, ambos necesitamos hace tiempo ya desfogar por completo el libido acumulado.

    -¡Graciaaas qué ricooo… así así… metemelooo todooo ahhh ahhh!

    Yo como buen sobrino la complacía a Silvia y dando fuertes embestidas en sus nalgotas y el mete y saca se hizo más rápido pero cuando sentía que estaba por eyacular bajaba o detenía la penetración quería extender lo máximo ese momento.

    -¡Ayyy ufff Nooo te detengaaas siguee… así así quee ricooo!

    Ahora la levanto un poco más de la almohada y pongo otra, ahora la tenía en posición perrito que rico bien sujeta por mis manos de sus anchas caderas comiendo a cabalgar sobre ella nuestros sexos estaban bien lubricados y listos para al final desfogar el placer acumulado tanto tiempo

    – ¡Agggg meee vengooo… aggg!

    – ¡Yooo tambieeen… ayyyy… qué ricooo!

    Casi simultáneamente llegamos a explotar de placer cuando llegó el orgasmo nuestros cuerpos cayeron agitados y sudados sobre la cama la respiración en los dos de a pocos se iba normalizando en ese momento solo se me ocurrió cubrirla con la sabana al igual que yo cuando sentí pasos acercase a la puerta de la habitación.

    -¡Ves te dije que siguen dormidos mujer… Vamos a seguir bailando mi amor!

    Eran mis padres que en la oscuridad de la habitación sólo abrieron por un momento la puerta y dieron un vistazo y se fueron a seguir celebrando su aniversario mientras yo les daba las gracias por haber traído a la tía Silvia a mi cama pero aún tenía planes con ella.

    (Continuará…)

  • Violación a una voyeur

    Violación a una voyeur

    Es curioso, pero lo aceptamos como algo normal. A todos y todas nos encanta el sexo pero lo reprimimos. Somos un buen vecino cuando hablamos con la vecina, pero queremos follarla. Somos una fantástica madre de alumno, pero deseamos al profesor. Te pone la hija de tu amigo o tu profesor del gym.

    Somos así. Hemos aceptado la educación que nos han dado donde el sexo era algo a ocultar. De día somos ejemplares en ese sentido, pero cuando estamos a solas es diferente.

    Algo parecido le pasaba a Natalia. Natalia era una chica de 19 años que ese año había entrado en la Universidad de Sevilla. Era la pequeña de la familia, teniendo dos hermanos mayores, así que os podéis hacer una idea de que era una «niña modélica». Siempre sonriente y siempre solícita. Vivía en una localidad de la zona metropolitana de Sevilla de unos 20.000 habitantes. Allí tenía bastantes amigos y amigas. Pertenecía a alguna Hermandad religiosa, y le encantaba lo que era usual allí: Semana Santa, Feria…. Tenía novio desde los 13 años, siempre el mismo, del que se mostraba muy enamorada. Sus notas siempre habían sido muy altas, y ese año, como decía con anterioridad, había entrado en la Facultad para estudiar una Ingeniera.

    Sus padres podían estar orgullosos de ella desde luego.

    Pero algo la comía por dentro. Y es que detrás de esa fachada latía alguien que disfrutaba y anhelaba el sexo. Le gustaba mucho. Pero ni siquiera su novio lo sabía. Con él era tranquila y conservadora en ese campo: un polvo rápido de vez en cuando y bastante orgasmo fingido. Ella notaba que no le llenaba. Pero esa faceta suya la avergonzaba por lo que ese anhelo de sexo sólo lo podía cubrir cuando estaba a solas. Aprovechaba cuando se quedaba a solas en casa para dar rienda suelta a su imaginación: se masturbaba imaginando mil y una historias, navegando por internet, visitando páginas porno… Cuando llegaba alguien a casa lo que se encontraba era a Natalia con sus libros y apuntes, sin imaginar que solo un rato antes estaba en pleno orgasmo al masturbarse de forma intensa. Porque eso era otra cosa, le era fácil llegar al orgasmo con la masturbación y la imaginación, pero no con su novio. Es más, más de una vez mientras estaba abajo de él recibiendo sus pollazos (el misionero era la postura casi única en sus relaciones) se imaginaba que estaba en alguna orgía, o con otro chico, o en cualquier situación que su imaginación deseara. Entonces, alguna vez, si se corría. Obviamente su novio luego se ponía la medalla. Pero una cosa es ponerse la medalla y otra habérsela ganado.

    Así iba la vida de Natalia. Con una cara de cara a la gente y otra en la intimidad.

    Sin embargo hubo un hecho en su vida que la cambió. Natalia quería ser algo independiente de sus padres en cuanto al tema económico. Vivía con ellos y tal, pero ya hacía algún tiempo que compaginaba los estudios con trabajos en la hostelería. Algún bar de comidas, caterings en bodas y últimamente en un bar de copas de una localidad muy cercana a la suya. El dueño de este último negocio abrió un pequeño hotel a la entrada de esa localidad y le propuso que si quería trabajar allí en la recepción. Le supondría horarios, a veces, más jodidos, pero la subida del sueldo era importante.

    Natalia dijo que probaría.

    He escrito hotel. Sí. Pero no era un hotel al uso. Os lo explico. Era más bien un «picadero» en toda regla.

    Era un pequeño complejo de cuatro casitas a poca distancia de la localidad. A poca distancia pero algo oculto. Para llegar a él debías desviarte de la carretera principal y por otra carretera bastante solitaria, se llegaba, tras un par de kilómetros al complejo. Se veía desde lejos por unas palmeras altas que había en un patio que estaba en el centro mismo del complejo.

    Altas paredes blancas ocultaban a la vista esa pequeña plaza donde estaban plantadas las palmeras acompañadas de una fuente. Alrededor de esa plaza estaban las cuatro casas. Realmente no eran casas al uso, ya que, aunque había de dos categorías, las «casas», como pudo Natalia comprobar la primera vez que entró en una de ellas, se componían de un gran espacio diáfano que servía de dormitorio y salón. Camas redondas enormes con un sofá a los pies y una enorme pantalla de tv. A otra altura, separado por un par de escalones, un baño sin separación ni paredes compuesto por un enorme jacuzzy y un lavabo. Lo único que tenía algo de intimidad era el wc en sí, que estaba en una esquina. Luego lo típico, un par de sillas, una mesa, un minifrigorífico etc. Todo decorado con motivos árabes, por cierto.

    Otra cosa que llamó la atención a Natalia, la primera vez que entró, es que esas «casas» no tenían puertas. Se accedía a ellas por una puerta de garaje que se abría automáticamente pulsando en un teclado que tenía cada una de ellas un código. Era un sistema con una funcionalidad que a Natalia no se le escapó desde el principio.

    Junto a la verja de entrada al recinto estaba la caseta de recepción.

    El dueño le contó que había visto algo parecido en un viaje y que le pareció una idea muy buena. Se lo dijo guiñándole un ojo así que quedaba claro que la idea del jefe era forrarse a costa de las personas que quisieran echar un polvo y no tuvieran sitio. Y lo cierto es que, aunque al principio Natalia, dudaba del futuro de la idea, no tardó en comprobar que era una mina de oro. Los precios ajustados y la tranquilidad del sitio parecían definitivos.

    Y ella, además, trabajaba poco, la verdad. Su sueldo había aumentado al aceptar aquel trabajo, y también lo que tenía que hacer. Por el propio sistema del hotel ella, cuando estaba en la recepción, mataba las horas viendo la tele, navegando por internet… Los clientes alquilaban la habitación por internet, pagaban por internet también y era el propio sistema informático el que les mandaba el código a teclear en las puertas. Tras el uso de una casa, esta se quedaba sin poder alquilar, hasta que se realizaba su limpieza, pero eso era cada 5 horas. Y eso era cosa de un par de mujeres mayores que se turnaban. Natalia sólo tuvo contacto con un par de clientes en los primeros meses de trabajo: que si una tele que no funcionaba, que si el jacuzzi solo tenía agua fría… Pero poco más.

    El novio de Natalia sabía dónde trabajaba y no estaba muy de acuerdo con la idea puesto que la fama de picadero se había extendido por toda la comarca. Aunque Natalia lo tranquilizaba e incluso un par de noches lo invitó a estar con ella en la recepción para ver que los ratos que echaba allí eran más para bostezar que para otra cosa. Eso sí, los padres de ella ignoraban lo del nuevo trabajo de la niña. Seguían pensando que trabajaba sirviendo copas y café. Fue una medida de seguridad que ella tuvo y que su novio apoyó.

    Pues así pasaban las semanas. Y cada semana que pasaba Natalia iba más contenta al trabajo. No sólo por la pasta que estaba ganando y los pocos quebraderos de cabeza que le daba, sino porque le gustaba. Ella pensaba que era el trabajo más morboso que se podía tener. Veía desde donde estaba, los coches pasar, levantarse las puertas de los garajes, entrar y de nuevo la puerta abajo. Natalia pensaba y se imaginaba cada vez que eso pasaba lo que ocurriría luego tras esas puertas y esa la excitaba.

    La primera vez lo hizo con temor. Con ganas pero con temor. Pero luego ya lo hacía con normalidad. Natalia solía masturbarse en el trabajo. Estaba sola allí, tras una barra que la protegía de miradas que pudieran darse de algún cliente que entrara en la recepción de forma sorpresiva y lo aprovechaba. Incluso cambió su forma de vestir para ir al trabajo por ello. Las primeras veces que se masturbó llevaba vaqueros pero no era lo mejor para lo que hacía así que empezó a acudir con faldas que le facilitaban la cosa. Su imaginación volaba al mismo tiempo que lo hacían sus dedos en su vulva. En aquellas semanas se masturbaba en aquella recepción casi de forma compulsiva. Y algunos de esos orgasmos fueron bestiales. Algunas noches, pasaba las horas en falda sí. Pero sin nada abajo. Se deslizaba las bragas hasta los tobillos, se las quitaba y las metía en el cajón. Y un par de noches se corrió una y otra vez, una y otra vez. Alguna mañana tras la jornada de trabajo todavía sentía los dolores de su coño por tanto masturbarse.

    Pero un día, con la imaginación ya no tuvo bastante. Viendo una serie de la tele, una tarde en casa, tuvo una idea.

    A través de internet compró un reloj despertador digital. No era uno normal. En su interior contenía una cámara hd en color y un micrófono. Pero visto de cerca lo cierto era que parecía un reloj más. La web lo llamaba el «reloj espía», un nombre más que apropiado.

    Temblando pero segura de sí, Natalia accedió en su siguiente turno a la casa más cara de todas, la que era más amplia. Colocó el reloj en un sitio estratégico y lo conectó al sistema wifi del complejo. Luego se volvió a la recepción. En su portátil había instalado el programa del reloj. Accedió a él. La calidad de imagen la maravilló. Tenía en la pantalla una imagen magnífica de la habitación. Notó como sólo eso bastaba para mojarle la ropa interior.

    Los días siguientes vio de todo. Orgías, tríos, madres que parecían ejemplares en la puerta del colegio que se revolcaban con jóvenes de instituto ante sus ojos, padres de familia que follaban chicas mucho más jóvenes, chicos de gym haciendo felaciones a otros chicos, cuernos por doquier, parejas jóvenes sin sitio donde hacerlo más allá del coche… Se ve que la gente tenía una vida de cara a la calle pero entre las paredes de aquel sitio…

    Natalia estaba viviendo una experiencia brutal de sexo y morbo. Y cada noche que pasaba estaba segura que lo que había hecho era perfecto, indetectable. Las masturbaciones se encadenaban una tras otra.

    Pero una noche su suerte cambió.

    Serían las 22 de un jueves. Sólo estaba ocupada la casa grande, pero Natalia tenía examen pronto en la facultad y esa noche había decidido no activar la cam del reloj. Debía estudiar. Y aprovechaba las horas muertas en recepción para hacerlo.

    Se abrió la puerta de la recepción. Tras unos segundos para llegar al final de la línea que leía, Natalia levantó la mirada.

    Delante de ella estaba una persona que nunca se esperaría ver allí.

    Era uno de sus profesores del instituto, el profesor de Historia. Antonio. Era un hombre de unos 54 años, gordo, algo calvo, con gafas y con barba. Siempre fue mi amable con Natalia en clase, pese a que Historia no era de las asignaturas favoritas de ella.

    -Hola, buenas noches. -titubeó por la sorpresa Natalia

    -¿Eres Natalia no? Vaya que sorpresa, no sabía que trabajaras aquí.

    -Bueno no, sí. Quiero decir, sí. Compagino esto con la carrera. Ya sabe.

    -Eso está bien. Ingeniería elegiste ¿no?

    -Si si.

    -Me alegro que te vaya bien. ¡Siempre fuiste buena estudiante!

    -Gracias. Eso intento. -y le sonrió al profesor- En que puedo ayudarle, Antonio? ¿Qué necesita?

    -Me gustaría hablar con el responsable.

    -¿Con el responsable? -titubeó de nuevo Natalia- ¿Le ocurre algo?

    Antonio colocó sobre la mesa de la recepción el reloj que Natalia había colocado en aquella habitación.

    -Si. Me he encontrado esto en la habitación.

    A Natalia un sudor frio empezó a recorrerle todo el cuerpo.

    -Es un reloj ¿no? -dijo ella con voz temblorosa.

    -Exacto. Un reloj. Un reloj… espía. Este cacharro tiene una cámara dentro. Estoy seguro de ello porque yo tengo uno exactamente igual en mi casa.

    -¿Un reloj espía? -dijo teatralmente Natalia.

    -Exacto. Puesto allí para grabar y ver lo que pasa. Un delito bastante grave. Por eso necesito hablar con el responsable. Vamos a denunciar esto.

    -Pero puede ser que se haya puesto allí… sin saber que era un reloj espía. Puede que…

    -Eso lo podrá comprobar los peritos de la policía sin mucho problema.

    La cabeza de Natalia empezaba a nublarse.

    -El responsable… es que no está ahora localizable, Antonio. Yo…

    -Bueno, pues hazme el favor entonces de llamar a la policía, Natalia. Por favor.

    Natalia rompió a llorar. Aquello se le estaba escapando de las manos.

    -Oye Natalia. ¿Qué te pasa? No es nada contra ti, es contra tu jefe que será quien ha puesto esto allí.

    -No. He… sido yo -dijo con los ojos llenos de lágrimas.

    -¿Tú?

    -Sólo quería ver. Era curiosidad. Pero no lo he conectado. En serio. No he sabido, yo… Te pido disculpas Antonio. De verdad. Por favor. Yo no pretendía… yo no quería… Por favor, no puedes llamar a la policía. Lo quitaré y ya está. De verdad. Por favor… si viene la policía me voy a meter en un buen lío. Por favor.

    -Esto que has hecho Natalia, es muy grave.

    -Lo siento… lo siento.

    Antonio la miraba de forma muy severa.

    -Ven y explícaselo a mi mujer que está en la casa. Ven. Allí decidiremos que haremos.

    Natalia vio una posibilidad de que aquello se solucionara. Y eso la hizo dejar de llorar.

    -Pero no puedo irme de recepción. Debo quedarme aquí. – dijo. Antonio puso cara de póker. -Espera un momento. Voy a ver si hay reservas que tengan que llegar pronto. Un momento. – miró el ordenador. No había nada aquella noche, y la mujer del siguiente turno de limpieza no llegaría hasta la mañana siguiente. – Vale, no hay nada. Voy a cerrar esto y voy contigo a hablar con tu mujer.

    Accionó un botón para cerrar la puerta del complejo y salió con Antonio.

    En un minuto estaban ante la puerta del garaje que daba acceso a la vivienda. Antonio marcó el código asignado y entraron. Natalia vio que había dos coches en el garaje. Vaya, pensó, la mujer ha traído su propio coche. Antonio fue hacia la puerta que daba acceso al espacio de la casa, y dejó pasar a Natalia sin abrir la boca. La verdad es que no la había abierto desde que salieron de la recepción. Natalia entró en la habitación, y Antonio cerró la puerta una vez ya dentro, quedándose apoyada en ella.

    La mujer de Antonio estaba sentada junto a una mesa que había a un lado de la pantalla de tv. Era una mujer de la misma edad que Antonio, con el pelo teñido de rojizo y que le llegaba hasta medio hombro. No era gorda como Antonio sino con un cuerpo bastante bueno para la edad que tenía. Vestía un corto vestido negro. A Natalia le sorprendió lo corto que era. Dejaba ver las medias y el liguero y el pecho lo tenía bastante apretado también. También llevaba unos altos tacones. No era la imagen de esa mujer a la que estaba acostumbrada Natalia. Creía recordar que esa mujer trabajaba en un banco de la localidad y la imagen que Natalia tenía de ella era bastante diferente. Pero con lo que había visto esas semanas no le sorprendió. A cada pareja le gusta lo que le gusta.

    Alzó la vista de lo que hacía para mirar a Natalia. Y Natalia vio entonces porqué estaba sentada a la mesa. Estaba esnifando cocaína. La mujer miró a Natalia a los ojos. Sonrío. Hizo un ruido con la nariz al terminar de esnifar algo que tenía en ella y miró al marido.

    -Creo que he encontrado a quien ha puesto la cámara en esta habitación. -dijo él señalando a Natalia con la mirada.

    Natalia, allí en medio de la habitación tembló. No he descrito como era Natalia hasta ahora. Era bajita, de un metro y sesenta y poco y delgada. Morena aunque de tonos más claros cuanto más cerca del borde del pelo, que le llegaba a los hombros. Ojos grandes y oscuros. Una boca también pequeña. Tenía un gracioso lunar cerca de la comisura de los labios en el lado izquierdo. En aquel momento, por las lágrimas que había soltado, tenía las mejillas algo manchadas de pintura negra. Llevaba puesto un pantalón corto de color rojizo con un cinturón blanco, una camisa de mangas cortas, y ceñida, amarilla y unas sandalias planas con piedrecitas de colores. Se decidió por mantener la historia que le había contado a Antonio y contársela igual a la mujer.

    -Ese reloj es mío. Lo… lo puse aquí por curiosidad. Pero no… no lo he usado para mirar nada al final. De verdad. Me daba cosa… no sé… no pude instalarlo… daba error… En serio. No he visto nada. Por favor. Me he equivocado vale. Lo sé. Pero no pueden denunciarme a la policía. Por favor. Se va a montar un escándalo. Por favor. Por favor. -y empezó a llorar de nuevo.

    -¿Qué hacemos cariño? -le dijo Antonio.

    -A ver que nos ofrece la pequeña voyeur a cambio de que no digamos nada. -dijo la mujer levantándose.

    En ese momento se abrió la puerta del espacio que cerraba al wc. Natalia no se había percatado de que en la habitación había alguien más. Salió un chico joven, mulato. Tendría sobre los 25 o 26 años. Vestía vaqueros, aunque iba descalzo y sin camiseta. Estaba muy musculado, chico de gym seguro, y tenía un gran tatuaje en un brazo. Llegó andando tranquilo y sonriendo.

    -Vaya vaya. Tenemos compañía de más en la fiesta ¿no?

    Natalia miró a los ojos de la mujer que se le había plantado delante. Le brillaban. Se giró luego a mirar a Antonio. Éste seguía apoyado en la puerta de entrada con una sonrisa.

    -No le diremos nada a nadie de ese reloj. -empezó a decir y eso hizo que Natalia la mirara y sonriera.

    El mulato se había sentado a la mesa y estaba preparándose una dosis de coca.

    -Pero a cambio le vas a comer la polla a mi marido aquí delante de mi, pequeña puta.

    Natalia tembló. Notó como se sonrojó. Y voz titubeante dijo:

    -¿Qué? ¿Comerle la polla a Antonio? Ha… ha sido profesor mío. No puedo… no quiero. No lo voy a hacer. Estáis locos si…

    -Pues ya sabes entonces lo que te queda. Explicar ante la policía que has hecho. – dijo la mujer con una amplia sonrisa

    -Pero… noooo. Un momento. Habrá otra cosa que…

    -Ponte de rodillas y mámasela.

    Natalia agachó la mirada, mirándose las uñas de los pies pintadas de rosa. Y volvió a mirar a la mujer. Ésta le colocó la mano en un hombro y la empujaba hacia el suelo.

    -Va… vale. Lo haré – y se giró a mirar a Antonio.

    Joder. No quería hacer aquello. No quería comerle la polla a aquel gordo que la miraba con cara de salido.

    -Siempre fuiste buena alumna, Natalia. Vamos a ver si en esto también eres buena.

    Y se incorporó, separándose de la pared y dando unos pasos hasta donde estaba Natalia. Ésta noto que había echado la llave de la puerta de salida y que la traía en la mano. Natalia temblaba y se puso los brazos delante de su pecho. Cuando llego a su altura, el hombre volvió a sonreír. Le dio las llaves a la mujer.

    -Toma, guarda esto. Creo que esa puerta va a estar así un buen rato.

    Y empezó a quitarse el cinturón del pantalón. Natalia notó como la mujer le ponía una mano en la cabeza y la obligaba a arrodillarse.

    -Vamos a ver si además de hacerte deditos espiando sabes hacer algo más, puta.

    Natalia tenía la cara a pocos centímetros de la cremallera del hombre. Notaba todavía lágrimas correrle por las mejillas. Además notaba que estaba respirando muy rápidamente y que el corazón se le podía escapar de un momento a otro del pecho.

    A la velocidad de la luz le pasaban por la cabeza las diferentes posibilidades que tenía, pero en todas salía mal parada.

    Antonio se bajó los pantalones. Tenía una polla pequeña, enterrada casi por la barriga que le caía encima. Estaba sin depilar. A Natalia, las náuseas, le aumentaron junto con las lágrimas.

    La mujer le dio una torta en la cabeza, le volvió a colocar la mano en la cabeza y la empujó hacia la polla del marido. Natalia colocó las manos sobre las caderas del él para no caerse. Si las náuseas ya eran importantes, el olor que desprendía aquella polla no ayudó. Era un olor agrio, que revolvía el estómago de Natalia. Sin embargo ésta no tuvo más opción que abrir levemente los labios y que el glande de él entrara su boca. Ahora lloraba de nuevo de forma importante.

    Sintió otro empujón en la cabeza que hizo que terminara dentro de su boca la polla entera. Pero era pequeña y podía con ello. Cerró los labios alrededor de la base de esa polla y inició una felación. Sintió como Antonio y la mujer reía ante lo que veían. Y también escuchó como el mulato se acercaba para ver mejor la escena.

    Hacía lo posible porque su lengua no tocara aquella polla. Se limitaba a aguantar las náuseas y a mover los labios un poco por aquella polla. Estuvo así un par de minutos, pero la polla seguía sin ponerse erecta.

    El propio Antonio la apartó de él. Ella aprovecho para escupir al suelo, intentando quitarse ese sabor de la boca. Notó las lágrimas caer también al suelo.

    – Vaya con la putita. Parece que lo de mamar no se le da bien – rio la mujer.- Aunque no voy a engañarte, a Antonio le cuesta algo que se le ponga dura. No como a éste. Mira para acá, putita.

    Natalia giró algo la cabeza. El mulato no tenía ya los pantalones. Estaba desnudo completamente. Entre las piernas tenía una polla enorme. No estaba totalmente erecta, pero aun así era monstruosa. La mujer de Antonio tenía su mano cerrada sobre aquella polla y la masturbaba.

    -Por eso venimos aquí. Para disfrutar ambos de pollas como ésta. Te gusta putita?

    Natalia no contestó y miró al suelo de nuevo.

    La mujer rio de forma estruendosa.

    -No has cumplido tu parte del trato, Natalia -dijo Antonio – Dijimos que me la ibas a mamar y lo que has hecho ha sido una mierda.

    -Pe… pero…

    -Tendrás que compensarnos de otra manera si quieres nuestro silencio.- Natalia alzó la mirada para mirar a Antonio y la mirada de él la asustó. – Por ahora queremos ver tus tetas, ¿verdad? – dijo sonriendo a su mujer y al mulato.

    -Pues sí, mi amigo y su polla quieren ver las tetas de esta zorra – dijo la mujer sin soltar el nabo del chaval.

    Natalia tragó saliva. Se sentía impotente. Sin salida. Cerró los ojos y allí sentada en el suelo empezó a desabrocharse la camisa. Se la quitó totalmente. Llevaba un sujetador rosa.

    -Pues las tetas de esta guarra no están mal, verdad ¿cariño? -le dijo la mujer al mulato, besándolo a continuación.

    Antonio agarró a Natalia y la hizo levantarse. Ella sollozaba. Se tapaba el sujetador y las tetas con las manos. Antonio le dio una torta en la mejilla. Natalia notó el ardor. A continuación de un tirón le quitó las manos de los pechos y de otro le destrozó el sujetador, que le quedó colgando de un hombro. Las tetas ya, sin nada que las aprisionaran, se mostraron tal como eran: pechos jóvenes y firmes, ni grandes ni pequeños. Los pezones eran pequeños y rosados, pero estaban muy erectos.

    Antonio apretó uno de los pechos muy fuerte, tanto que Natalia protestó con un pequeño grito. La mujer se acercó tirando por la polla del mulato. Cuando llego a la altura de Natalia agarró fuerte el otro pecho y lo estrujo. Otro grito escapó de la garganta de Natalia.

    -Por favor, ya. Ya vale. Por favor.

    Sintió los labios de la mujer sobre los suyos. Sabían a alcohol y a tabaco. Cerró sus labios para impedir que la lengua de aquella mujer entrara en su boca pero los tuvo que abrir por otro apretón en el pecho. La lengua de la mujer recorrió toda su boca de arriba abajo.

    Noto también como la mano de Antonio empezaba a soltar su cinturón. Intentó sujetarlo pero dos fuertes manos, las del chico mulato agarraron sus manos y no pudo hacer nada. Tras soltar el cinturón, Antonio metió por encima de él la mano y la llevó, apretándola contra la piel de la chica, hasta su vulva. No hubo caricias ni nada, sólo un movimiento rápido y un dedo que entró dentro de Natalia. Ella gimió. Y la lengua de la mujer seguía arriba y abajo…

    Luego la mujer de Antonio se apartó y se la quedó mirando con una sonrisa en los labios.

    -Me gusta esa boquita que tienes, pequeña. Me vas a comer el coño con ella ahora mismo.

    Natalia abrió la boca, pero ya ni pudo protestar. Como en un sueño vio como la mujer se tendía en la cama y se abría de piernas, mostrándole su vagina. Iba depilada. La tenía muy roja.

    -Vamos, ven aquí.

    El chico la obligó, empujándola, a ir a la cama. Hizo que se pusiera entre las piernas de la mujer y la obligó a agachar la cabeza hasta su sexo. El olor era dulzón. La mujer se había empezado a tocar, dejando ver el interior de su cuerpo, moviendo esos labios que parecían estar al rojo vivo.

    Natalia no quería. Nunca había sentido deseo por comérselo a una mujer. No quería…

    El mulato le empujó de nuevo la cabeza y se la enterró en el coño de la mujer, que la recibió con un gemido. Ahora, además de la mano del mulato, la mano de la mujer también le presionaba la cabeza contra su sexo.

    -Comételo, puta. Vamos.

    Notó como el mulato se colocaba a su lado en la cama. La soltó del agarrón del pelo. Pero fue solo para cambiar la mano con que la sujetaba. Al segundo supo Natalia porqué había hecho eso. Notó la otra mano entrar por la parte trasera de sus pantalones y agarrar fuerte su culo. Luego la mano siguió bajando y, tal como había hecho Antonio antes, la penetró con dos dedos que separó una vez dentro de ella. Natalia se tuvo que mover un poco adelante para que disminuir el dolor que aquello le produjo y abrió algo la boca. Sintió el sabor del sexo de la mujer en toda su boca.

    No quería hacer aquello, pero ¿qué podía hacer para escapar? Aguantando las ganas de vomitar empezó a besar un poco el coño de aquella mujer.

    -Saca la lengua, y cómetelo bien -le ordenó ella.

    No pudo más que obedecer. Con un rio de lágrimas corriendo por sus mejillas, empezó a acariciar con la punta de su lengua los labios vaginales de aquella mujer que gemía bajo ella.

    Notaba los fluidos salir del cuerpo y meterse en su boca. Varias veces pensó que vomitaría pero aguantó.

    Los dos dedos del mulato se convirtieron en tres. Ella también, aunque fuera en contra de su voluntad, estaba lubricando.

    Pasaron así algunos minutos.

    La mano de la mujer volvió a aumentar el agarrón sobre el pelo de Natalia.

    -Joder… me voy me voy… -Natalia había apartado algo la cabeza y vio como la mujer se llevaba la mano a la vagina y la movía frenéticamente. A continuación un gran espasmo y un gemido indicaron que se había corrido.

    Natalia apartó la mirada, pero se encontró con algo peor. Antonio estaba también sobre la cama. Y estaba haciéndole una felación al mulato. Se veía allí, sentado sobre la cama, con una gran barriga descansando sobre sus muslos, y metiéndose aquel tremendo pene en la boca.

    Se quedó mirando pasmada.

    Notó como el mulato sacaba los dedos de su interior. Y notó como la mujer se incorporaba y la abrazaba por detrás. Con asco notó la lengua de ella que le recorría el cuello hasta llegar a la altura de la oreja.

    -No te pierdas esto, guapa.

    Antonio se había girado hasta quedar a cuatro patas sobre la cama. Natalia sabía lo que venía ahora.

    El mulato subió algo su posición, colocando un pie bien en la cama, y con un rápido movimiento llevó aquel enorme miembro al ano de Antonio, penetrándolo sin problemas. Las sacudidas eran enormes y hacían temblar el montón de carne y grasa que conformaba el cuerpo del profesor.

    Natalia miraba anodada aquel movimiento, aquella follada.

    Notaba los besos de la mujer en el cuello, sus dedos jugando con sus pezones… pero nada parecía molestarle ya.

    Antonio gemía con cada arremetida del chaval, que aumentaba la contundencia.

    -Mira al cabrón de mi marido, ahora se le está poniendo dura…

    Era cierto, el pene de Antonio empezaba a asomar algo más erecto que antes. Cierto que no mucho más pero se notaba.

    El mulato estaba destrozando el ano de aquel hombre. Los gemidos de Antonio ahora eran casi alaridos.

    La mujer agarró con dos manos la cara de Natalia y la hizo girarse hacia ella. Le volvió a meter la lengua en la boca.

    -Me lo has comido bien, pero te queda que aprender. Te voy a enseñar cómo se hace.

    Con un leve empujón tiró a Natalia en la cama. La giró haciendo que quedará boca abajo. Cogió una almohada y se la metió en la zona del ombligo, obligándola a levantar algo el culo.

    La mujer tenía la mano sobre la cabeza de ella, obligándola a tenerla apretada contra la cama, mirando en sentido contrario al que ocupaban Antonio y el mulato. Ellos parecían haberse detenido, ya que la cama ya no se movía.

    Notó como la mujer con la mano libre le bajaba los pantalones y la ropa interior hasta los tobillos. Otras manos se lo quitaron del todo. La dejaron allí solo con las sandalias. La obligaron a abrir las piernas en aquella posición.

    -Mmmmm, que coño más bonito, me gusta. Me lo voy a comer enterito – dijo la mujer. Natalia notó como le pasaba la mano con saliva por su sexo. – Además estás más que mojada, que delicia.

    Natalia notó como se movía entre sus piernas. Cerró los ojos para recibir la lengua de aquella mujer.

    El gemido de Natalia fue tremendo.

    La lengua de la mujer no llegó a su coño. Lo que llegó fue el pene del mulato que penetró duramente su vulva. Fue una penetración dura, sin contemplaciones. Natalia mordió las sábanas, mientras escuchaba la risa de la mujer.

    -Cambio de planes, guapa.

    Noto las manos del mulato que se dejó caer sobre la parte posterior de su cintura. Y empezaron las embestidas. Eran brutales. No lo aguantaba. Creía que se iba a desmayar. Lloraba del dolor. Del dolor físico y de todo el demás dolor, del castigo que estaba recibiendo. Escuchaba los gemidos del mulato y como sus dedos se hundían en la piel de su cintura. Estaba completamente clavada en el colchón y empalada por el mulato.

    Notó movimiento junto a su cabeza.

    -Abre la boca guapa. Que mi marido ya está listo para lo que prometiste hacer. Natalia levantó la cabeza algo y se encontró con la polla de Antonio, en estado semierecta, que le intentaba penetrar la boca. Cerró con fuerza los labios. Pero la mujer le dio otro tortazo. Los abrió y Antonio le metió la polla. No tuvo que hacerle felación ninguna. Se corrió casi instantáneamente. Notó la corrida caliente en la boca.

    Cuando le sacó la polla de la boca dejó caer el semen a la cama. No era mucho, pero era muy denso. Le daba mucho asco.

    Entonces notó un monstruoso empujón por parte del mulato. El enorme pene le estaba haciendo mucho daño. Lo notaba pero ya no podía ni protestar. Otro enorme empujón del mulato hizo que hundiera la frente en las sabanas, manchándose toda la frente con la corrida de Antonio.

    Notó el semen caliente desparramarse por el interior de su cuerpo. Notaba perfectamente como salía de la polla del chico y la llenaba. Notó cada una de las sueltas de semen de aquella polla. Pero cada vez que pensaba «ya se ha corrido» notaba otra suelta. No sabía cuántas había sentido, había perdido la cuenta. Pero habían sido seis o siete seguro. Notó como el chico aflojaba el peso encima de ella y se retiraba sacándole la polla de su interior.

    Cerró las piernas y se giró algo. Empezó de nuevo a llorar.

    Notó un beso en la frente. Era la mujer.

    Riéndose le dijo:

    -Espero que hayas aprendido la lección.