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  • El nuevo jefe de servicios

    El nuevo jefe de servicios

    Mi nombre es Santiago, tengo 33 años, soy alto y atlético, hago ejercicio a diario y cuido mucho mi apariencia.

    Siempre me he considerado hetero con cierta curiosidad bi, pero no había pasado de videos y esas cosas.

    Trabajo en una aseguradora importante de la ciudad y meses atrás llegó un nuevo jefe de servicios, 42 años y muy bien cuidado en todo aspecto.

    Desde el principio tuvimos un buen feeling por temas de conversación general y la cercanía de su oficina con la mía, tomábamos café a la misma hora y el trabajo nos obliga a quedarnos hasta la noche ciertos días de la semana.

    Las conversaciones en el café cada vez eran más profundas e íntimas, Sergio (mi jefe) me contaba sus problemas en el hogar con su esposa, que siempre la encontraba cansada y dormida, que le tocaba masturbarse para saciar sus ganas y que su esposa es muy tradicional y un tanto puritana, cuando bromeé que le pida sólo sexo oral para dormir.

    -Lechita y a dormir, bromeé – y no pude evitar ver su bulto hincharse en el pantalón de tela, no lo pudo esconder por más que se dio la vuelta a la ventana.

    Continué provocándolo -el café con leche también sabe bien- y suspiró, entre balbuceos me dijo que estaba cargado de leche ese día, esa noche iba a ser su paja semanal… me reí y me senté en el sillón frente a él -sírveme leche- dije, tratando de ponerle nervioso.

    Lo descubrí tocándose sobre al pantalón y me miró incrédulo e indeciso de su siguiente acción, estiré mi mano lentamente, dirigiéndome a su cremallera y la bajé muy despacio esperando su reacción, sentí hincharse su verga y buscar desesperada salir de sus boxers negros, cuando buscaba su miembro, sentí ese líquido viscoso marcando el camino, fácil de encontrar porque tenía todo depilado… los masturbé suavemente por unos segundos antes de pasarle el primer lengüetazo por su glande, limpiando lo poco que quedaba de su viscoso sabor.

    Lo miré a los ojos mientras que lo metía completo a la boca y engullía a mi garganta, la sentía palpitando y caliente mi boca, mientras salivaba para seguirle succionando… se alejó por un momento y pensé que se arrepintió de semejante locura, pero lo que buscaba era asegurar con llave la puerta de la cafetería a pesar que el edificio estaba prácticamente vacío a esa hora.

    Desabrocho su pantalón, su cinturón y dejó caer en sus piernas junto con su bóxer, volvió a plantarse frente a mí y mientras se desabotonaba la camisa con una mano, con la otra me paseaba su miembro sobre mis labios, lo veía tan excitado que subí mis manos a sus pezones y con un poco de saliva los frotaba mientras lo masturbaba con mi boca, cada vez más duro y más rápido, él me agarraba fuerte del cabello y empezó a gemir de placer.

    ¿Te acabo adentro? ¿Te acabo adentro? Preguntaba desesperado, queriendo ser delicado conmigo… mientras yo no paraba de mamarlo y con mis ojos asentí su pregunta… al instante sentí chorros de semen inundando mi boca y llegando directo a mi garganta, seguí succionando mientras escuchaba sus gemidos y dejé que sus manos en mi cabeza guíen el ritmo de mi boca, lo seguía chupando mientras perdía su dureza y lamia la última gota de semen.

    Se sentó extasiado en el sillón y jadeaba de placer mientras acariciaba mi boca con sus dedos, me confesó que su esposa jamás le había dado una mamada igual y que una de sus fantasías era que traguen su leche como yo lo hice.

    Bromeé diciéndole que la leche directo de la botella es mejor, mientras tomaba un sorbo de café y me limpiaba los labios con una servilleta.

    Ese sería el comienzo de una desenfrenada aventura sexual con mi jefe, cumpliéndonos fantasías mutuamente y en secreto.

    En un siguiente relato contaré nuestro primer encuentro sexual.

  • Año nuevo inesperado

    Año nuevo inesperado

    Lo que menos busqué y esperé que pasara en este inicio del 2024. Frecuentemente las fiestas son en mi casa y esta vez no fue la excepción. Soy Juan tengo 29 años, mido 1.70 m y de contextura media, me mantengo bien puesto me gusta hacer deporte.

    Esta historia empezó en pleno inicio de año mientras la música y el alcohol hacía de lo suyo, de la nada comencé a bailar con una chica que no conocía pero me había llamado la atención, de contextura delgado y guapa, desde que comenzamos a bailar tuvimos una conexión increíble las miradas y nuestros cuerpos cada vez se acercaban más, hasta que nuestros labios se rozaron y fueron el detonante para pasar abrazados y comiéndonos a besos, apareció el amanecer y decidimos ir a verlo a la playa y recién ahí preguntamos nuestros nombres después de conocer nuestros labios, fui a dejarla a casa pensando que iba a acabar ahí, hasta que estacionado fuera y con el beso de despedida comencé a besarla con mucha pasión y comenzando a acariciar su cintura y mis besos comenzaron a bajar por su cuello soltando unos pequeños gemidos me separé de ella y le pregunté ¿Seguro quieres bajarte del carro? Ella respondió lanzándose sobre y los besos y las caricias no pararon.

    El camino hacia el motel más cercano se hacía cada vez más eterno, en cada semáforo nos comíamos mientras que conducía y mi mano iba acariciando su abdomen y tocando su vagina por encima de vestido. Llegamos al motel, comencé a besarla por la espalda mientras iba desatando su vestido y encontrándome con su piel erizada por cada beso, ella tiene senos pequeño pero rico, ella giro y comenzó a besarme y desabrocharme el pantalón para esto tenía mi pene parado deseoso de sentir su vagina húmeda, nos dirigimos a la ducha desnudos y ni bien callo la primera gota de agua en nuestros cuerpos basto para ponerla recostada contra la pared del baño, masturbarla un poco con mis dedos para dar paso a penetrarla con mi pene mientras sus gemidos se hacían más fuertes, nos enjuagamos como pudimos mientras seguíamos besándonos, así mojados la puse en la cama y comencé a recorrer todo su cuerpo le pase mi lengua por el costado bajando por sus costillas hasta encontrarme con esa vagina depilada, caliente y deseaba ser besada.

    Hicimos todas las posiciones posibles, ella era mi sumisa y sus orgasmos iban y venía estuvimos así por 4 horas, entre medio dormíamos y nos levantamos a seguir teniendo sexo como dos locos desenfrenados.

    Comenten si desean saber más de la historia, comenzaré a subirles mis historias reales de todo lo que me va sucediendo.

  • Paola (partes 1 y 2)

    Paola (partes 1 y 2)

    Es un día como cualquier otro de verano, con una tormenta casi a punto de caer, salgo del gym con una de mis amigas, me llamo Paola y después de saber que mi marido es gay y que me perdió en una apuesta trato de rehacer mi vida de la mejor manera posible, es miércoles y para colmo de males el auto de mi amiga tiene una falla, como tengo un compromiso precisamente con mi marido mi amiga me aconseja que tome el metro o un taxi ya que el me va a esperar en una estación, pero como el tráfico esta espantoso decido tomar el metro, es la primera vez que subo a este transporte asi que desconozco que hacer, preguntando llego a la estación, bajo las escaleras, compro el boleto y por fin llego al andén y espero.

    Mientras espero, veo como poco a poco va llegado más y más gente y al notarlo me pongo hasta el enfrente para entrar primero o al menos ganar un lugar, pero mi intento fue en vano ya que cuando llegó el tren y se detuvo fue solo cuestión de segundos para que se desatara el caos, personas entrando y saliendo por todas partes y como no sé que hacer la gente me empuja casi cargándome quedando de espadas en el cristal de la puerta, la gente sigue empujando tratando de entrar y un señor azota las palmas de sus manos en el cristal de la puerta haciendo muchos esfuerzos por no aplastar su cuerpo contra el mío quedando casi cara a cara con él.

    Me encuentro completamente apanicada sin saber que hacer, no me puedo mover hacia ningún lado las manos del señor me lo impiden y aunque quisiera hacia donde me muevo?, al fin la gente se acomoda como puede y el metro empieza a avanzar lentamente, el tipo es un viejo, un poco mas bajito que yo, calvo, canoso y regordete su aroma a perfume barato me llena la nariz entonces es cuando noto que no quita la vista de mi escote y no es el único, varios machos miran de reojo de vez en vez hacia mi joven y firme busto, hasta este momento recuerdo que voy solo con mis leggins deportivos que marcan perfectamente cada curva de mi cuerpo por delante y por detrás, mis tenis y un top deportivo que hace conjunto con los leggins.

    Mi cuerpo es menudito pero con medidas casi perfectas, además mis pezones son unos traidores, al primer contacto con algo se erectan por completo y hoy no seria la excepción, imposibilitada para ocultarlos decido intentar hacerme a un lado en la siguiente estación ya que bajó un poco de gente, sin embargo una nueva vorágine de personas entra y el señor ahora ya no resiste, sus manos se doblan y coloca sus codos para impedir aplastarme pero no impide que su cuerpo se embarre en el mío, su panza se restriega en mi estómago quiero aventarlo o reclamarle pero con el movimiento del vagón comienzo a sentirme estimulada.

    Después de casi tres meses sin tener sexo mi cuerpo y mi lívido comienza a ceder ante lo inusual de la situación, no me muevo quiero saber hasta donde llega el anciano, me mira como disculpándose por lo que sucede y yo lo tranquilizo brindándole una sonrisita, pasa una estación mas y en la tercera noto que con mas confianza empieza a relajar su cuerpo en el mío y algo duro empieza a rozar mi entrepierna, y cada vez crece mas hasta el punto que parece que quiere romper la tela del pantalón y de mis leggins y llegar a su objetivo.

    El movimiento del vagón hace que empecemos a friccionarnos hasta tal punto que casi lo tengo atrapado en mi entrepierna, ha de estar bien dotado el viejito, me digo a mi misma, deduciéndolo por el tamaño de su barriga y aun así lo tengo llegando casi a la mitad de mi cuerpo por entre mis muslos, pero no todo lo bueno dura, en la siguiente estación el vagón casi se vació y el se apartó de forma brusca como asustado, saliendo del tren perdiéndose entre la gente.

    Tomándolo de la mejor forma posible dejo pasar el hecho y me dispongo a salir para ver a mi marido, un torrencial aguacero está a la salida, mi marido me sugiere que regresemos a su oficina por su auto, temblorosa y con frio no me queda mas que aceptar, como es la terminal de nuevo subir es un triunfo, quedo atrapada en el último rincón del vagón, no hay asiento por lo que me sujeto del único pasamanos que hay una señora esta frente a mi con varias cajas de cartón largas donde me apoyo para ir un poco más cómoda.

    Empiezo a frotarme los brazos como puedo para darme calor cuando noto que a unos metros esta el señor con el que venia anteriormente, con su impermeable de plástico, igual y por la tormenta decidió regresarse me imagino, dejo de temblar ya que su mirada se cruza con la mía, como puede y por su edad logra abrirse paso hasta donde estoy, no digo nada instintivamente y llena de morbo y con mi lívido a tope me volteo de espaldas haciendo un hueco entre las cajas y yo donde el logra acomodarse.

    En realidad quería sentirlo detrás de mi, rodeados por la multitud el solo atina a estar detrás de mi sin ir más allá, el tren esta detenido, levanto un poco la cadera para incentivarlo y nada, de repente las luces se apagan por un momento lo que el aprovecha para restregarse en mi, el se disculpa yo volteo el cuello para verlo levantando un poco mas mi cadera aceptando el rose, el hace el amago de retirarse pero yo saco otro poco mi colita de manera que no se pierda el contacto.

    El se dio cuenta de que había complicidad, y se quedo quieto manteniendo el contacto. Aún así no iba a mas, la gente volteaba de vez en vez a mirarnos, como que algo andaba mal para ellos y con el tren detenido se prestaba para que nos estuvieran morboseando igual, sin embargo estaba sucediendo algo inesperado, mi marido empezó a acercarse, el viejo se quiso apartar pero yo lo detuve apretándolo con mi cuerpo hacia las cajas, en realidad no esperaba que mi esposo reaccionara como lo estaba haciendo, el es alto y fornido y colocándose de frente a nosotros extendió los brazos tomándose de los tubos superiores del vagón y tapándonos con su gabardina como protegiéndose de la gente que empezaba a empujarse porque el tren estaba poniéndose en marcha.

    El anciano confundido me miró a lo que yo volteando el cuello tomé su mano y la coloqué en mi cintura, quitando el hule del impermeable me atrajo hacia el dejando su pene en medio de mi colita, sintiendo como va creciendo y haciéndose duro poco a poco, baja su arrugada mano y la posa en mi cadera, dejándola ahí un momento, al ver que no digo nada la desliza hacia abajo recorriendo con su palma mi nalga, quiere bajarme el leggin, lo sujeto con una mano y deja de insistir, mi marido no nos quitaba el ojo me mira y me sonríe, me volteo de frente al viejo levanto los dos brazos sujetándome a la barra superior, el hombre no quita los ojos de mis pechos, con el apretón de cuerpos mis tetas están aplastadas y amenazan con asomarse por el escote, de hecho la aureola de mis pezones asoman un poco.

    EL reacciona, toma mi mano derecha y la coloca directamente encima de su paquete.

    Yo lo aprieto noto como crece en mi mano a través del pantalón, tembloroso abre su cremallera toma mi mano de nuevo y la encamina a su interior. Agarro el tronco de su pene, siento la excitación del viejo en su respiración, empiezo a darle apretones masturbándolo con disimulo… Se acerca abrazándome jadeando en mi oreja calentándome muchísimo! Con ese deseo de agacharme y metérmela en la boca, no puedo mas, cobijada de los mirones a la sombra de mi esposo y con un vendedor ambulante con su sonido a todo volumen aprieto su enorme verga y lo empiezo a besar de la forma como una mujer besa a su hombre, masturbándolo con frenesí, sintiendo como sus deliciosos chorros de semen salen disparados a mis leggins uno tras otro palpitando en mi manita.

    Ya vamos a llegar amor, me dice mi esposo, así que nos separamos amorosamente, acomodo mis leggins y el sus pantalones y su impermeable.

    Parte 2:

    ¿A donde va? Le pregunta mi marido al anciano.

    Él le contesta un lugar.

    -venga lo llevamos le dice.

    El viejo no sabe que decir, lo tomo de la mano para calmarlo, él se quita el impermeable y se quita su chamarra para cedérmela, yo le sonrío, lo tomo de la mano de nuevo y de vez en vez me recuesto en su hombro, mi marido saca la camioneta del edificio donde está su oficina, el señor se acomoda atrás y yo abro la portezuela delantera queriéndole darle lugar a mi esposo pero Raúl, mi esposo, me dice que me vaya atrás con nuestro invitado, sin chistar me coloco a lado de el, tratando de calentarme un poco sintiendo aun la humedad de su semen en la parte superior del leggin, platicamos de cualquier cosa, me dice que se llama Alberto, que trabaja de vigilante en un supermercado, que es casado y que tiene 76 años de edad!!

    Mi marido nos observa por el retrovisor sin decir nada, sigue manejando, poniendo atención en el camino, mientras yo cierro los ojos tratando de dormitar en el hombro de Alberto, el se recuesta en mi cabeza y toma mi mano yo observo a mi esposo, él ni cuenta se da, sigue manejado como si nada.

    La mano cálida de Alberto ahora se posa en mi muslo y yo empiezo a calentarme. Empiezo a desear con todas mis fuerzas volver a sentir en mi mano su tranca. ¡No puedo seguir así!… Vuelvo a mirar a mi marido y armándome de valor, estiro mi mano, atrapando descaradamente el pene de Alberto que ya luce majestuoso bajo el pantalón.

    Hábilmente desabrocho el pantalón, sin prisa, bajo la cremallera, meto la mano y siento la tibieza de sus testículos. Su fierro empieza a tomar forma. Siento cómo se va endureciendo. Me siento emocionada al estar haciendo esto en los bigotes de mi esposo. Alberto cierra los ojos y se relaja mientras yo le aprieto la macana como puta desesperada.

    De pronto, mi marido me ve por el espejo retrovisor, instintivamente suelto a Alberto quien también se queda a la expectativa, Raúl no dice nada, sube el retrovisor, prende la calefacción y continua atento al camino, entiendo el mensaje, lentamente me quito la chamarra y el top, me inclino, separando con cuidado las piernas de Alberto me acomodo en medio de ellas y coloco su enorme verga en medio de mis tetas y comienzo a frotarla, el empieza a gemir, la tomo y me la meto en la boca, le doy unas ricas lamidas, se las merece, a su edad y con tremenda verga!!… Él se dejaba llevar, casi sin poder respirar, me doy cuenta que Raúl guía el auto hacia la autopista y maneja lento.

    -Mhh… glmph… ¡¡¡mmhhh!!! –son mis gemidos chupando la verga de Alberto

    -¡Oooh diosss! Mi Rey!! ¡Argghh! ¡Dios mío que delicia!

    Dejo de chupársela, me quito los tenis y los leggins quedando desnuda completamente, igual ayudo a Alberto a desnudarse, Raúl disminuye la velocidad mientras me acomodo colocando mis piernas alrededor de su cintura Alberto me toma de la cabeza me atrae a su boca, mi boca pega con una masa de pelos, su barba, y sus labios chupan los míos… mi boca se abre, permitiendo la entrada de su lengua gorda y caliente… le chupo la lengua y nos besamos como un par de actores porno, de manera asquerosa… los dos estamos enfermos de lujuria y de morbo.

    Sus manos se mueven por mi espalda, luego buscan mi busto, abrazo su cabeza con mis brazos, devorando su boca, mamándole la lengua, rodeando su panza con mis piernas… me coloco su verga con mi manita a la entrada de mi vagina y empujo mis caderas sintiendo como su rica macana entra lentamente deslizándose rico mientras mi marido sigue manejando, mi inusual amante hace que me apoye en medio de los asientos delanteros del auto arqueando mi espalda, quedando mis senos apuntando a su cara. De inmediato entierra su cara peluda en mis pechos, lamiendo, mordisqueando, besando y chupándome los pezones…

    -¡Qué rico, siempre te había querido mamar unos melones así… Jóvenes… firmes… suavecitos

    -¡Mmmmh, Albertooo… aahh! -le digo, como puedo, ya en sus manos, no hay marcha atrás…

    Raúl detiene la camioneta y nos dice que nos hagamos hacia un lado por un momento, no me mira ni a Alberto, los dos nos abrazamos y nos besamos mientras Raúl repliega los asientos traseros de la lujosa camioneta haciendo un espacio considerable, después se vuelve a poner en marcha, como una chiquilla me paso hacia atrás mientras Alberto me sigue mas despacio, suavemente me tiende, me besa de nuevo, su panza pegada a mi fino estómago, empieza a bajar, deteniéndose un rato más en mis «melones», luego, prosigue su exquisito descenso hasta llegar a mi vagina restregando su cara contra mi sexo…

    -¡Aaay, Albertooo, así, así! -grito. Me lame y me mordisquea -Oooh, hazme tuya, qué ricooo…

    Ahora sus dedos invaden mi intimidad y de manera instintiva abro más mis piernas, para que juegue como quiera con mis genitales. Yo me mantengo con los ojos cerrados, sólo sintiendo oleada tras oleada de placer.

    Ahora siento a Alberto encima de mí, abro los ojos y hallo su mirada fija en la mía, las luces de la autopista son mudas testigos de nuestras miradas… su mirada destila deseo, entiendo el mensaje cierro los ojos y abro mi boca sin emitir ningún sonido… Alberto empieza a penetrarme .lentamente, poco a poco, avanzando un poco mas encada empellón, lenta y deliciosamente, abriéndose paso entre mis frágiles paredes, ensanchándolas… nunca había tenido adentro algo tan grande…

    -¿Te gusta, amor?, te gusta??

    -¡Sí, Albert… ooo… Oh, sí, humnn… Muerdo mi labio inferior mientras lo siento avanzar dentro de mi

    Rodeo su grueso cuello con mis brazos y me entrego a ese desenfrenado placer mórbido. Alberto hace que suba mas mis piernas y empieza a castigarme con más furia…

    -¡Ah, sí, ahhh te… Amo!

    – soy toda tuyahhh!

    Alberto transpira a chorros, le cuesta bombearme en esa posición, por lo que hago que se desprenda y lo acuesto amorosamente, me acomodo como puedo montando sus caderas

    -¡Oooh, qué bien se siente, qué delicia! -digo, cuando me la encajo completa, sintiendo algo inmenso trabado en mi pelvis, y como puedo empiezo a montarlo.

    -¡Aaah, ufff, muévete, así, rico mamacita! Chiquita hermosaaaaa…

    -¡ohh… Unggg me llamo Paolaaa… Le digo en mi paroxismo tendida sobre el sujetando con fuerza su cuello

    Ya acostumbrada a su verga en mi interior, mi cabalgata es frenética… Efectiva, nuestros quejidos jadeos y mis gritos llenan la camioneta, nos decimos de todo… me hace venir deliciosamente, poco después el explota dentro de mi sujetándome fuertemente casi aferrándose a mi cuerpo, como queriéndome fundir con el…

    El tiempo avanza, me desprendo lentamente, me acuesto, desnuda y cubierta de sudor al lado de el, y me adormezco, reposando mi cabecita contra su pecho, nos abrazamos jala su chamarra para cubrirnos, Paola dice suspirando… Raul retoma la ruta para llevarlo a su casa… No quiero llegar, me digo mientras suspiro acurrucándome en sus brazos.

    Continuará.

  • Mi novio me comparte con su amigo

    Mi novio me comparte con su amigo

    Este relato que les contaré pasó hace como 3 semanas, esto fue en diciembre para no hacérselos muy largo, yo tenía mucha ganas de coger porque tenía como 3 meses sin nada de sexo y como mi novio estuvo fueras pues me tenía que aguantar.

    El chiste es que cuando regreso le dije que cogiéramos y para eso él me dijo que un amigo de él tenía ganas de cogerme y le dije que lo pensaría que por el momento quería coger con el. Mi novio me dijo que fuéramos a su casa estaría solo y me preparé con un vestido cortito negro y una tanga de encaje roja.

    Ya estando en su casa cuando íbamos bajando las escaleras me agarró y me pego en la pared y nos empezamos a besar intensamente, luego sentí su pene bien duro y parado se lo empecé a agarrar luego bajamos a su cuarto y yo iba enfrente de él y me dijo “te tengo una sorpresa” y yo me quede nerviosa por un momento.

    Luego me abrazaron por atrás y empecé a sentir como me subía mi vestido, pero en ese momento yo pensaba que era mi novio hasta que escuché que mi novio le dice a su amigo “es tu momento cógela como nunca” y se me puso la piel chinita y a la vez me mojé demasiado.

    Me volteo su amigo y me empezó a besar luego me acostó y me dijo “disfruta”.

    Yo volví a ver a mi novio y le dije “estás seguro mi amor” y él dijo “si”.

    Ya después su amigo me dijo:

    Su amigo: esas nalgas necesitan unas cogidotas de otro pene bien rico

    Yo: dámelas que esperas

    Su amigo: empínate

    Me lo empezó a meter tan rico que yo soltaba unos gemidos muy duros y cada vez me daba más y más duro.

    Ya después le dije que le quería dar unos sentones y le empecé a brincar.

    Ya después de un rato le dije “ya me voy a venir ya no aguanto” y su amigo me dijo “yo igual “y sin avisarme me aventó toda su leche adentro y cuando lo saco se me empezó a escurrir.

  • Universitaria con el de la combi

    Universitaria con el de la combi

    Hola, esta es mi primera historia así que les cuento un poco sobre mí, actualmente tengo 20 años y soy de México, físicamente no me siento muy atractiva, pero tengo lo mío jaja, soy chaparrita, morena, ojos y cabello oscuros, un tamaño de pechos y de culo decente jaja, con muslos grandes eso si, eso para resumir, pero bueno espero que disfruten de mi relato.

    Ese día fue como cualquier otro, fui a la universidad, una qué está por Arboledas, estaba en el turno de la tarde, estudié, estuve con mis amigos y todo normal, pero como siempre estoy caliente 24/7 y para mí buena suerte mi maestro de las últimas 4 horas no se presentaría, quería ver a mi novio saliendo de la escuela, le mandé mensaje para vernos en un puente peatonal de por dónde vivíamos e ir a un motel para bajarme la calentura.

    Ese día fui vestida con una falda café de cuadros (tipo colegiala), corta, con una abertura atrás que llegaba a mis muslos y una blusa blanca, ese día no llevaba ropa interior ya qué traía puestas unas medias translúcidas negras, menos bra (ya qué no acostumbro usar porque es algo incómodo para mí), así que como se podrán imaginar, se podía ver todo mi pecho y también llevaba unas zapatillas formales.

    Me puse en camino, me dirigí a la parada y de paso le quise comprar una paleta a un señor que andaba por allí, que al final me la regaló por el taco de ojo que se dio.

    Bueno, tomé mi combi pero el señor me dijo que estaba lleno atrás, así que me tocaba ir con él al frente, entonces me senté junto a él, yo andaba normal, comiendo mi paleta lengüeteándola sin ver lo que estaba ocasionando, estaba tan en lo mío hasta que de repente sentí sus dedos rozando mis piernas, no le di importancia, pensé que no pasaría de eso, pero después empezó a poner sus manos descaradamente en mi muslo y lo empezaba a acariciar, al principio me asusté y por lo mismo solo me quedé mirando hasta que me dijo:

    -Mamacita, no te preocupes, el pasaje hoy corre por mi cuenta.

    Yo: No, gracias, prometo pagar todo.

    El: No mujercita, solo ve, si así te comes esa paleta, con tu lengüita debes hacer cosas maravillosas.

    Empezó a subir más su enorme mano y de un jalón rompió mis medias de la entrepierna.

    – Mira lo putita que eres, ni ropa interior traes.

    Yo estaba atónita y sin poder decir ni una sola palabra. Empezó a separar mis labios vaginales y a meterme dedo por dedo, los metía y sacaba hasta que empecé a mojarme y sonaba tan húmedo y delicioso, así que busco mi clítoris y empezó a hacerle con su dedo en forma circular hasta que no aguanté más y tuve un orgasmo de el cual él se dio cuenta. Al verme terminar se desabrochó su pantalón y sacó su enorme pene.

    -Empieza a mamarlo cómo le hacías con tu paleta putita.

    Yo no me pude resistir así que empecé a lamerle su cabeza en forma circular, mientras bajaba y subía mi lengua, me bajaba aún más a los testículos y los lamía mientras masturbaba su pene, todo esto mientras la gente de atrás pasaba sus pasajes sin saber lo que estaba pasando adelante. El morbo de que nos cacharan o un coche de a lado nos viera me ponía más cliente.

    Seguía mamándole la verga hasta dejarla toda mojada de saliva y empecé a sentir su palpitar de que ya se vendría en mi boca, y de repente uno, dos, tres, cuatro super chorros de semen me llenaron mi boca y solo me los pase sin hacer caras, subió mi rostro y me dio un fuerte beso. Seguimos el camino y empecé a notar como se desviaba y al voltear ya no había gente, se estacionó en una casa en una calle fea y sola y me pasó para atrás.

    Me tiro al piso de la camioneta y empezó a besarme y a quitarme la blusa con agresividad, yo solo gemía de lo más rico, vi como su pene volvió a agarrar de nuevo fuerza y tamaño y empezó a rozarlo con mi vulva, estaba tan mojada que solito entro.

    – ¿Quién te viera zorrita? tan apretadita que estás, se siente bien rico.

    -ahhh si, tu sigue dándome duro, soy tu zorrita (yo ya había perdido la cabeza de lo caliente qué estaba).

    Me daba tan rico, sus embestidas me llenaban de gloria, jamás había gemido tanto.

    Me volteo y puso mi mochila debajo de mi vientre para que mi culito se viera empinado, me la volvió a meter y se volvió loco, no tenía ni freno ni control, aprovechaba y cerraba mis piernas y mis músculos los apretaba para que el sintiera más rico, el empezó a gemir como un toro y me bombardeo tan rápido y salvaje, hasta que de repente sentí su lechita dentro de mi.

    Después de que terminará él se acomodó su ropa y a mí me dejó atrás tirada mientras trataba de arreglarme. Él se pasó adelante, y siguió manejando, pero yo aproveche para masturbarme y terminar como quería, me preguntó que en donde bajaba y le dije que en la «bandera de Tultitlán» (qué es donde me iba a ver con mi novio), me dejó ahí y mi novio ya me estaba esperando. Me dio un fuerte beso y me llevo directo al motel para poder seguir cogiendo, me excitaba tanto el saber que ya tenía semen de otro dentro mío que me vine varias veces esa noche.

    Y bueno hasta aquí llega mi primera historia, muchas gracias por leerme, estaré leyendo sus comentarios constructivos y sus correos. Besitos lectores.

  • Señora de la limpieza

    Señora de la limpieza

    En uno de mis empleos tenía que contratar una persona que realizara el aseo de la oficina.

    Después de varias entrevistas llegó una señora recomendada por un amigo que me dijo que ella era especial pero no había comprendido hasta el momento.

    El primer día que empezó a trabajar llego con una falda corta y un escote, la señora tenía un magnífico cuerpo y lo lucia muy bien, ella se agachaba y mostraba su enorme trasero y empecé a prestarle atención ya que lavando el baño se mojó la blusa que tenía y se le veían las tetas con los pezones bien parados, yo no sabía que decirle ya que tenía miedo de ofenderla, cuando terminó el aseo se sentó y me dijo que si se podía quedar un rato ya que había terminado si oficio antes del horario de salida.

    Empezamos a hablar y me contó que era soltera pero que tenía un novio que la celaba mucho, yo le dije que era porque ella era muy bonita y estaba muy buena, se empezó a reír y le dije q por qué no secaba la blusa que no se fuera a ir con ella mojada.

    Se la quitó y la puso a secar en el baño yo quedé paralizado viéndola con esos enormes senos, le dije que si no le daba pena y me dijo que yo le agradaba y que se sentía bien, yo estaba muy excitado y como jefe no le podía hacer ninguna insinuaciones ya que era acoso laboral.

    Me contó que el novio que tenía le gustaba estar encima de ella todo el tiempo y que era muy bien dotado y que a ella le gustaban grandes, me dio pena de pensar que viendo la mía iba a comparar.

    Cuando se le seco la blusa se la puso y se despidió para irse para su casa y yo excitado no la podía dejar ir así, le conté que ya llevaba varios días mi esposa de viaje y que no había tenido relaciones que si ella me podía masturbar para poder eyacular y así descansar.

    Me dijo que iba a hacer algo mejor y se agachó me saco el pene y empezó a chupármelo de una manera que nunca me lo había hecho, me dijo que no había visto un pene blanco así de grande (mi esposa me decía que se había enamorado de mí porque la tenía grande y que la sentía que le llenaba toda la vagina).

    Me la chupaba tan rico que no fui capaz de sacárselo de la boca y cuando estaba eyaculando le lo tragó completó.

    Quedó contratada.

  • Nunca lo imaginé de ella

    Nunca lo imaginé de ella

    Parecía desinteresada de la vida, nadie del grupo podía se la podía imaginar como algo sexi. Su ropa era muy formal, siempre de pantalón y blusas que no marcaban su figura ni su sensualidad, sumado a eso los cincuenta y pico que tenía y su supuesta soltería aumentaban los rumores de que se había retirado del mundo del sexo.

    Pertenecíamos a un grupo de trabajo del cual yo era su gerente, mis 35 años me habían dado un poco de experiencia y habilidad en el manejo del personal y conducir equipos de venta.

    Después de una reunión de empresa, un viernes a la noche, fuimos a cenar y a festejar los éxitos del último trimestre que habían sido extraordinario. Ella, Lilian, estaba con nosotros, pero como siempre parecía casi ausente.

    Las bromas y las risotadas no dejaban de sentirse permanentemente, los veinte integrantes de la mesa nos sentíamos exitosos y el buen vino abundante ayudaba a la alegría.

    Las bromas empezaron a llegarme por mi reciente soltería (hacia tres meses me había separado y vivía solo). Yo me reía y me acuerdo que en un momento exprese mi cansancio y que necesitaba un buen masaje para poder dormir bien, pero que me conformaba con volver a mi casa y disfrutar de mi cama. Ahora que hago memoria la vi a ella varias veces mirándome, pero no sospeche nada.

    Como a la una de la mañana informe que me retiraba y tres de la mesa, incluida ella, me pidieron que las llevara a sus hogares. Una por una fueron llevadas y cuando deje la última, suena el celular, veo que era Lilian que me dice:

    – Lo siento me deje mi cartera en tu auto y la necesito por que mañana temprano salgo de compras. Por favor traémela, lamento molestarte.

    Verifique que la cartera estaba en el asiento trasero y con algo de bronca le dije que me esperara en la puerta que enseguida estaría por allá.

    Cuando arribé a su domicilio debí tocar timbre porque no había hecho caso a esperarme afuera. Y allí cambio el mundo, o cambio mi imagen de ella. Me abrió la puerta y la vi con su camisón negro transparente, nada de ropa interior, maquillada, su pelo suelto e increíblemente deseable. M perturbo. La mire y apure el trámite de entregarle su pertenencia y trate de irme cuando me dice.

    – Prepare todo para el masaje que dijiste que necesitabas, no podés decir que no e irte.

    No pude responder nada. Me tomo de la mano y me llevo a su living donde había un gran colchón en el suelo lleno de almohadones, un aroma ambiental increíble y una música sensual, algo así como jazz caliente.

    Me hizo recostar, me desvistió muy suavemente y después de unos 20 minutos, más o menos de masajes en mi espalda, me puso dulcemente boca arriba, nuevamente la vi tan bella y sensual que me parecía mentira fuera la misma persona fría de la oficina.

    Empezó a tomar suavemente mi pene y sostenerlo entre sus manos, en un momento me dijo que le parecía hermoso y excitante. Primero se lo llevo a su boca y lo mojo bien con su saliva, después empezó a acariciarlo de forma fantástica, casi mágica, con sus manos. Comenzó a masturbarme con un ritmo perfecto, suave, muy femenino. Empecé a sentir una gran erección, mucho placer.

    En un momento quise acercarme a su boca y a sus pechos para besarla y saborear esos pezones fantásticos, pero me retiro y me dijo que eso viene después.

    Seguía masturbándome y cuando ya casi terminaba y pensé que llegaría mi eyaculación, se detuvo y me presiono con su mano la base mi pene que latía a mas no poder. Me calme, pasaron uno o dos minutos y comenzó con su accionar de nuevo, hasta que empecé a sentir que terminaría y ella de nuevo contuvo mi leche y así repitió esta práctica cuatro o cinco veces. Al final mi cadera se movía de un lado a otro, mi corazón parecía que explotaba, casi pidiendo por favor le dije que quería terminar y llenarla con mi semen.

    Fue la mayor acabada de mi vida, no paraba de salir mi semen caliente, salpique su cara y su pelo, ella seguía, ahora con más fuerza y velocidad moviendo de arriba para abajo hasta que no pude más y quedé derrotado tirado en medio de almohadones llenos de mis jugos.

    Se retiró un momento y volvió con un lienzo mojado con agua tibia y me higienizo, me cubrió con una sábana y me invito a descansar.

    Habrán pasado 20 minutos o más, abrí los ojos y la veo a mi lado totalmente desnuda, no pude resistir la tentación de comenzar a besarla y a lamer todo su cuerpo. Comenzó a emitir quejaditos de placer que se hacían cada vez más profundos, sus ojos cerrados, su cabeza tirada para atrás con su cuerpo arqueado levantando su vientre del colchón me invitaron a sumergirme en su hermosa vagina depilada cuyo exquisito aroma y sabor me sorprendieron.

    Yo amaba el hecho de que sintiera placer y me lo demostrara. Su primer orgasmo fue con mi boca, mi lengua que no podía parar y sus muslos apretándome, sus gemidos, sus gritos… un paraíso.

    Me puse boca arriba y ella me monto, comenzamos con movimientos suaves, mi boca llena con sus pechos. Y si, fue allí, que hizo un beso de Singapur que nos llevó a terminar juntos, cada uno con profundos orgasmos que nos sacudían, nuestras bocas juntas. Estuvo abrazada a mí un largo rato y cada tanto tenía como espasmos que parecían réplicas de lo vivido.

    Desayunamos juntos. Me fui. Y nunca, pero nunca me permitió hablar del tema y mucho menos que se repitiera.

  • Me entregué al jefe de mi marido (parte 1)

    Me entregué al jefe de mi marido (parte 1)

    Hola gente linda, aquí Nina y esta es otra de mis tantas aventuras o travesuras como gusten llamarlas era la primera fiesta del trabajo de mi esposo. Me di cuenta de que era importante para él, así que quería vestirme para impresionar. Elegí un vestido rojo envolvente que se ata alrededor del cuello, luego cubre la parte delantera de mi cuerpo, con una espalda muy baja y terminando a la mitad del muslo.

    Era el tipo de vestido con el que simplemente no puedes usar ropa interior, así que no lo hice. Usar este vestido les permitió balancearse a mis tetas bajo el material casi transparente del vestido cuando caminaba, lo cual es increíblemente sexy y definitivamente hace que la habitación se dé cuenta.

    Llegamos a la casa del jefe de mi marido y la fiesta estaba en marcha.

    Después de las presentaciones iniciales a su jefe, que se llama Carlos, y varios compañeros de trabajo el comenzó a platicar con ellos en la sala mientras yo me apartaba un poco me recargué sobre la parte posterior de una barra que estaba en un rincón de la sala a tomar un trago mientras disfrutaba viendo a la gente divertirse en la fiesta.

    Después de unos 15 minutos, Carlos se deslizó a mi lado y comenzó a charlar conmigo con su brazo casualmente sobre mi hombro. Mientras hablábamos, dejó que su brazo se deslizara hasta mi cintura y luego, gradualmente, se deslizara hacia mi culito. Me di cuenta, pero no reaccioné, ya que quería impresionarlo y posiblemente ayudar a marido a posicionarse mejor en su trabajo. Carlos tomó esto como un estímulo y comenzó a apretar suavemente mis nalgas mientras continuábamos con nuestra pequeña charla.

    Minutos más tarde, Carlos discretamente deslizó su mano hacia mi cintura… Pero no se detuvo allí. Su mano continuó hasta el costado de mi vestido y se deslizó adentro, acariciando el costado de mi seno derecho. Nuevamente, no reaccioné y tomándolo como un estímulo, comenzó a masajear mi teta derecha, tirando ocasionalmente del pezón, que lo estaba poniendo rígido y sensible, y haciendo que los jugos fluyeran entre mis piernas.

    Continuamos nuestra pequeña charla, mientras la mano de Carlos hacía su magia en mi teta. Después de unos minutos de esto, sacó su mano del costado de mi vestido y la movió hacia la parte de atrás de mi vestido, y mientras seguíamos parados a un lado, charlando y mirando la fiesta a nuestro alrededor, metió la mano debajo de mi vestido y encontró mi coño goteando.

    Después de frotar los bordes de los labios de mi vulva durante un minuto o dos, deslizó 2 dedos en mi vulva mojada. Comenzó a acariciarlos lentamente dentro y fuera de mi coño, lo que hizo que nuestra pequeña charla fuera mucho más desafiante, y nuestro intento de parecer dos observadores casuales de la fiesta era casi imposible. Pero lo estábamos logrando hasta el momento, ya que nadie parecía prestarnos atención mientras nos parábamos a un lado, sonriendo y «charlando».

    Busqué a mi esposo entre la multitud de la fiesta y lo vi disfrutando y sonriendo ampliamente mientras continuaba interactuando con sus compañeros de trabajo. Nuestros ojos se encontraron brevemente y levantamos nuestras respectivas copas en un saludo virtual para dejarnos saber que estábamos bien y disfrutando el volvió rápidamente a socializar y yo volví a disfrutar la sensación de los dos dedos de Carlos deslizándose dentro y fuera de mi coño empapado.

    Después de unos minutos de esto, encontró mi clítoris con uno de sus dedos y comenzó a frotarlo metódicamente. Casi me caigo, mientras la sensación sacudía mi cuerpo, haciéndome difícil mantenerme en pie. Pero me quedé ahí sonriendo y “charlando”, mientras el continuaba con su atención en mi clítoris. Casi imperceptiblemente, aceleró el paso y en cuestión de segundos sentí que un orgasmo me atravesaba el cuerpo.

    La mano de Carlos todavía ocupada entre mis piernas, me ayudó a sostenerme y cerré los ojos brevemente para disfrutar del clímax. Rápidamente los volví a abrir y tomé otro sorbo de mi bebida para continuar con nuestra farsa de «charla», mientras los jugos de mi coño se filtraban por el costado de mi pierna y el desaceleró su frotamiento, antes de quitar su mano de mi coño empapado.

    Mientras tomaba el último sorbo de vino que quedaba en mi copa, Carlos sugirió que nos refrescáramos y que diéramos una vuelta por la fiesta para no generar sospechas de nadie y cuando nuestras bebidas se terminaran de nuevo regresáramos al bar para seguir charlando. Estuve de acuerdo, y caminamos alrededor de la multitud de la fiesta, yo con las piernas temblorosas caminé un rato por toda la sala, regresamos nuevamente y nos paramos detrás de la barra húmeda donde estaba el vino y otros licores.

    La barra estaba casi a la altura de mis pechos Incluso con los tacones puestos, lo cual me dejaba recargarme sobre ella, escondiendo toda la parte de bajo de mi vestido a los de más y mis tetas quedaban bastante visibles para cualquiera que mirara en nuestra dirección y que perdieran atención de cualquier otra cosa que pasara por ahí.

    Justo en ese momento una compañera de mi marido se acercó y nos preguntó si podíamos servirle una copa de vino blanco. Carlos dijo «por supuesto… Te traeré un vaso del armario superior». Estaba directamente detrás de mí, y cuando se inclinó hacia adelante y se estiró justo por encima de mi cabeza para tomar la copa de vino, sentí una enorme presencia restregándomela en mi culo, con muy poco esfuerzo, se deslizó fácilmente en mi coño sin bragas y me di cuenta de inmediato de que Carlos estaba usando el movimiento de alcanzar la copa para calentarme con su enorme erección. Me las arreglé para mantener mis codos en el mostrador de la barra y mi sonrisa en su lugar.

    Carlos tomó el vaso del armario superior, me lo entregó y se quedó en silencio detrás de mí, con su enorme polla todavía contra mi culito, mientras yo servía el vaso de vino.

    Después nos quedamos en esta posición relativamente benigna mientras Carlos, todavía un poco detrás de mí, deslizó lentamente mi vestido para meter su verga dentro de mi coño empapado. Para el observador casual, solo estábamos mirando al grupo de fiesteros y bebiendo nuestras bebidas. Pero detrás de la barra húmeda, la rígida verga de Carlos estaba llenando las paredes de mi coño y golpeándolo por dentro lentamente, bajo su mano me tomo por la cintura y la introdujo por un lado del vestido buscando tocar mi clítoris, lo cual lo logro, con su otra mano señalaba a la fiesta sosteniendo su trago para disimular, yo podía sentir la construcción de un orgasmo, y tuve que luchar contra el impulso de acelerar el ritmo y retroceder en sus suaves embestidas.

    En unos pocos segundos, un clímax estaba explotando nuevamente a través de mi cuerpo, enviando sensaciones de hormigueo a través de mi torso y alcanzando las puntas de mis pezones. Una vez más, mis rodillas se tambalearon, pero esta vez fui sostenida por la enorme verga de Carlos y sus continuas y lentas embestidas desde atrás.

    Mientras disfrutaba de los efectos secundarios de mi orgasmo, sentí que Carlos empujó suavemente su enorme verga profundamente en mi coño goteante y la mantuvo allí mientras disparaba su caliente corrida dentro de mí. Empujó cuatro veces más, manteniendo cada embestida durante unos segundos, mientras vaciaba toda su leche dentro de mi.

    Aun así, mantuvimos nuestra fachada de charlar y observar a la gente, conmigo apoyando los codos en la barra del bar y Carlos parado ligeramente detrás de mí, ambos bebiendo nuestras bebidas y sonriendo.

    Cuando terminó de descargar su semen en mí, pude sentir que su enorme polla comenzaba a ablandarse y salía de mi coño. Cuando salió de mí, pude sentir nuestros jugos goteando de mi coño al suelo entre mis piernas. Discretamente derramé mi bebida a mis pies, luego tomé algunas servilletas de la parte superior de la barra y me agaché detrás de la barra para limpiarla. Mientras estaba inclinado, comencé a limpiar el vino, así como el desorden que había goteado de mi coño. Mientras me limpiaba, vi por primera vez la enorme verga de Carlos ¡¡era enorme!! Incluso flácido, tenía fácilmente unos 18 cm. de largo y era extremadamente grueso. Acerqué rápidamente mis labios y mi lengua para lamerlo y limpiarlo de nuestros jugos, luego lo acaricié suavemente con mi mano mientras sacaba hasta la última gota de su semen. Finalmente, le di un beso rápido en la cabeza de su verga y luego lo deslicé dentro de sus pantalones y subí su cierre.

    Tiré las toallas de papel en el bote de basura detrás de la barra húmeda y luego me puse de pie junto a él, donde ambos reanudamos nuestra posición natural de ver la fiesta y «charlar». La fiesta continuó, sin siquiera darse cuenta de nosotros, ni de la cita que habíamos emprendido, y con besos en las mejillas, todos se fueron a casa esa noche sin saber nada.

    Si llegaste al final y quieres saber cómo continuo la historia deja tu valoración y comenta.

  • Una semana muy romántica en un crucero

    Una semana muy romántica en un crucero

    De Barcelona a Atenas de Crucero nos fuimos,

    en biblioteca, piscina y salón de baile comparecimos.

    En las veladas en cubierta observando el cielo estrellado,

    estás muy hermosa con ese pareo y el pelo mojado.

     

    Le echaste el ojo a una azafata mulata,

    de sus pechos, cachas y muslos te empeñaste en hacer una cata.

    Sus grandes ojos negros y sus labios carnosos te humedecen el higo,

    le guiñas un ojo dándole a entender que quieres montar un trío conmigo.

     

    De madrugada no hay nadie en la popa,

    quedamos sobre las dos, por esa zona, para darle estopa.

    Marga, la azafata, nos llega con un bikini blanco,

    Sonia, mi mujer, la recibe con un piquito y abrazándola por un flanco.

     

    Mientras de pie, Sonia, la magrea y le da un beso sincero,

    yo me siento en el suelo y a Marga le lamo el trasero.

    Le succiono bien la almeja color café con labios rosados,

    y tres piercings en forma de aro en su clítoris y raja, bien adosados.

     

    Sonia le trabaja orejas, cuello, pezones y ombligo,

    yo me centro en pantorrillas, muslos, ojete y almeja; sus caldos mendigo.

    Ya le llega la flojera, el cuerpo se le estremece, le tiembla,

    apoya sus cachas sobre mi cara y de caldos viscosos la siembra.

     

    Me recuesto sobre una hamaca y la invito a montarme,

    Marga se coloca sobre mí, mirando hacia Sonia y comienza a follarme.

    Mi esposa no pierde un segundo en lamer almeja y chorizo,

    chupetea y succiona con furia, parece estar bajo un hechizo.

     

    Me corro, zumbando fuerte el chumino de Marga,

    llenando sus entrañas de una buena descarga.

    Me desacoplo y al poco, va saliendo mi lechada,

    aquel bollo de chocolate regado de nata, mi mujer se lo zampa y queda encantada.

     

    En aquella semana de Crucero Marga, Sonia y un servidor,

    repetimos la historia, en muchos lugares, hasta en un vestidor.

    Nos hicimos tan íntimos que un día ya en tierra,

    Marga nos presentó a su mulato, que a mi esposa puso muy perra.

  • La casa de la playa (parte 4)

    La casa de la playa (parte 4)

    —¡El patrón! —exclamó Pablo exaltado, deteniendo sus fuertes embestidas sobre mis glúteos abruptamente.

    Era lógico que él fuera el primero en asustarse, su personalidad tímida y sumisa así lo dictaba. Quién sabe, cuántas oportunidades de placer carnal se habría negado a sí mismo en el pasado debido a su débil carácter; de haber estado yo en su lugar quizás no hubiese parado hasta ser atrapada infraganti. En cambió él, de inmediato soltó mi cadera dando un paso hacia atrás presa del miedo.

    La ‘graciosa huida’ de Pablo provocó que Pedro y yo perdiéramos el ritmo de, hasta ese momento, la bien sincronizada coreografía. Con la última estocada de su cadera contra mi rostro, mi cuerpo perdió el delicado equilibrio que me permitía mantener la horizontal. Al salir proyectada hacia atrás mi trasero emergió primero, asomándose por encima del agua; mientras mi torso se sumergía un poco más, debido a que Pedro aún tenía ambas manos ejerciendo presión sobre mi nuca. Debió haber sido una graciosa imagen que sólo los chicos pudieron disfrutar; mis dos redondos y magníficos glúteos flotando a la deriva, como si se tratase de solitarias islas gemelas en medio del mar.

    Tan pronto Pedro removió sus manos de mi cuerpo, arqué mi espalda para sacar mi cabeza por encima del nivel del agua, recobrando la compostura. Una vez más, el aire entró en mis pulmones abriéndose paso por mi garganta acompañada de un ronco sonido que reverberó a causa de mis intermitentes jadeos. ¡No podía creer el tiempo que había permanecido conteniendo la respiración bajo el agua!, de nueva cuenta había batido mi propia marca personal de apnea.

    —¡De perdido avisa cabrón! —reprendió Pedro a Pablo, molesto por la cobarde retirada de su amigo.

    Pedro definitivamente era mi tipo de hombre, valiente y temerario; un hombre que no se dejaba amedrentar fácilmente y que sabía otorgar al frenesí carnal del que estábamos disfrutando su justo valor, ¡un verdadero macho! Después de todo, cuando volvería a tener la oportunidad de disfrutar del atractivo cuerpo de una chica muy por encima de su nivel social y económico; aprovechar una oportunidad así bien valía la pena el riesgo de cualquier cosa que pudiera pasar.

    El que mi novio estuviera por entrar a la casa no lo perturbaba en absoluto; sino todo lo contrario, mantenía su temple de acero; pues entendía que la posibilidad de que mi novio nos atrapara daba a la cadente situación un delicioso toque extra de peligro.

    Después de reclamar a Pablo, desde su posición frente a mí, Pedro me miró fijamente con un semblante altanero y retador; se sentía orgulloso. Y tenía derecho a estarlo. Los músculos de su atlético cuerpo desnudo brillaban por la humedad del ambiente; permitiendo escurrir algunas gotas por su bien marcado abdomen. Y bajo el agua, su erecto y enorme miembro apuntaba directamente hacia mí, a sólo escasos centímetros de mi rostro. La sonrisa de lujuria en sus labios no tenía precio; se veía imponente, estaba hipnotizada.

    Obligada a salir de mi trance, recordé que mi novio estaba por entrar a la casa y encontrarnos en tan comprometida situación: ¡su hermosa novia compartiendo alegremente la piscina con dos extraños completamente desnudos! Algo que podría definitivamente sacar de sus casillas a la mayoría de los hombres.

    Estaba a punto de entrar en pánico cuando de repente, un agudo y breve sonido proveniente de afuera de la casa remplazó el ronco sonido que, segundos antes, mi cuerpo emitía al intentar recobrar el aliento. Se trataba del claxon de la camioneta, accionado por mi novio, que con un inconfundible tono electrónico confirmaba lo que ya sabíamos: él estaba a punto de entrar a la casa.

    Entonces intenté conjurar la situación. ¿Sería posible que mi novio conociendo de primera mano mis pasadas aventuras, tuviera a bien alertarme de su llegada para evitar tener que presenciar una vergonzosa escena entre sus empleados y su novia? Un par de réplicas del artificial sonido contestó mi pregunta.

    “Por eso te amo”, pensé en mi interior agradeciendo su gesto, pudiendo respirar aliviada.

    Más tranquila, me puse en pie en medio de los chicos y les sugerí salir de la piscina, muy sutilmente, pues no quería que pensaran que yo me estaba acobardando. Sin premura, nadé con gracia hacia la orilla, pues ahora sabía que mi novio se tomaría su tiempo antes de regresar al interior de la casa. Pedro y Pablo me siguieron resignados; abriéndose camino por el agua con sus macizos arietes al frente que, debido a su excitación, dejaban una estela blancuzca y viscosa a su paso.

    Deslizándome lentamente por la piscina, me puse a pensar en cómo diablos haría para quitar de mi rostro la sonrisa de satisfacción que se había apoderado de él, ¡cielo santo, realmente la había pasado muy bien!

    Aún con el riesgo para mi salud, que el acto mismo implicaba, y los problemas que me hubiese podido ocasionar con mi novio en caso de ser atrapada infraganti, de esa tarde presentarse nuevamente la oportunidad de repetir semejante hazaña, ¡por supuesto que lo volvería a hacer sin dudar!

    Después de todo, si había algo que había aprendido de mi novio en el tiempo que llevábamos juntos, era a aprovechar cada oportunidad que la vida te ofrece. Así que, en cierta manera, todo éste festín de erótico froteurismo era una especie de homenaje a él.

    Salí por los escalones y tomé la toalla que había estado utilizando en la playa; sequé mi cuerpo con ella, aun cuando ésta todavía contenía rastros de arena de esa mañana. Me senté en la tumbona a esperar a que entrara mi novio; mientras los chicos se recargaban en el borde de la piscina, ocultando sus aún erectos miembros.

    —¡Ya regresé! —anunció mi novio al entrar a la casa cargando un par de bolsas de compras.

    —Qué bueno amor —dije endulzando la voz, tratando de ocultar la falsedad de mi sentir.

    Sin notar, o ignorando premeditadamente, las prendas de los chicos regadas por todos lados, mi novio caminó hacia la cocina para guardar los víveres que había traído. Yo me puse de pie e igualmente me dirigí a la cocina para ayudarlo; con el objetivo de entretenerlo un poco, para dar tiempo a los chicos de que recogieran sus prendas y se volvieran a vestir. Tan pronto me paré al lado de mi novio, él me saludó con un beso sin dejar lo que estaba haciendo.

    —¿Te divertiste en mi ausencia preciosa? —preguntó mi novio en doble sentido, al despegar sus labios de mi boca mientras seguíamos guardando las provisiones.

    —Sabes que sí amor —respondí descaradamente con una sonrisa en mis labios—, pero también te extrañé —agregué inteligentemente para no parecer tan ‘zorra’.

    —Sí, seguro que me extrañaste mucho —dijo mi novio con un gesto de sarcasmo, destapando una botella de cerveza para darle un trago.

    A diferencia de los chicos y yo, mi novio había estado bebiendo la misma cantidad de alcohol sin realizar ningún tipo de actividad física, quizás hasta había bebido más, por lo que era lógico que él estuviera más ebrio que nosotros y esa la razón de su conducta relajada y despreocupada ante la posibilidad de que yo le pudiera ser infiel con alguno de ellos.

    Además estaba el hecho de que los chicos le habían salvado ‘el pellejo’ recién, al haber instalado las puertas de los armarios el día anterior, cosa que lo había puesto de buen humor, pues de no haber sido así hubiésemos perdido una parte considerable de nuestra ganancia. Definitivamente el estaba en deuda con ellos.

    —Bueno, es que llevábamos mucho tiempo sobrios —dije en tono de broma, haciendo referencia al tiempo que teníamos los chicos y yo sin beber alcohol.

    Mi comentario desató la risa de mi novio, al grado de casi regresar la cerveza por la nariz; lo cual como sabrán no es una sensación muy agradable, pero que mi novio tomó de buen humor sin parar de reír.

    —¡Ajá, así que lo que realmente extrañabas era la cerveza! —acusó mi novio entre risas, alcanzando una toalla de papel para limpiar de su mentón el líquido que había escurrido por su nariz.

    —No sólo la cerveza —refuté sonriente—, también el tequila —rematé desatando una vez más la risa de mi novio.

    —De acuerdo ‘putita’ —dijo mi novio en tono de broma, sujetándome por la cintura, al hacerme saber que él recordaba las confesiones de mis pasadas aventuras—, esperemos a que esos pendejos se vistan para llevarles una cerveza antes de que se deshidraten —ofreció mi novio de buen humor, dando continuidad a mi broma.

    Ese fin de semana definitivamente tenía una estrella en el cielo, ¡todo me estaba saliendo de maravilla! Al parecer, el que los chicos estuviesen completamente desnudos en la piscina no había pasado desapercibido para mi novio; pero lejos de molestarse o sufrir un ataque de celos, lo había tomado de buena manera. Después de todo, pienso que él realmente no creía que hubiéramos podido hacer mucho durante el corto tiempo que estuvo ausente.

    En ese preciso momento tuve una epifanía de lo que podía suceder esa noche. En un segundo pasaron por mi mente mil y una excitantes fantasías; todas con grandes posibilidades de realizarse con aquel par de atléticos y hermosos chicos en un futuro inmediato. Pues estando mi novio ebrio y de buen humor, ésto sólo podía mejorar. Tenía que buscar la manera de que el alcohol siguiera bajando por su garganta si quería que por la mía bajara una otro tipo de sustancia un poco más orgánica.

    Ya vestidos, Pedro y Pablo se pusieron a relatarnos, como se habían hecho socios para iniciar su pequeño negocio de carpintería y construcción. Ambos chicos vivían en un pequeño poblado, a unos kilómetros de ahí; y aunque su negocio era modesto, por estar lejos de la zona urbana más cercana, siempre eran la primera opción cuando los residentes de los alrededores necesitaban de algún trabajo en sus propiedades.

    El día trascurrió al calor de las copas, en lo que mi novio y los chicos siguieron platicando de temas tan diversos como deportes, cine, política, economía, etcétera. Obviamente, en algún momento era obligado que también tocarán el tema favorito de todos los hombres: mujeres y sexo.

    —¿Entonces ustedes comparten todo? —preguntó mi novio en tono de broma, refiriéndose a la sociedad que los chicos habían formado—. ¿Hasta las putas? —agregó riendo en solitario de su broma de mal gusto con visibles señales de ebriedad.

    —No sé imagina que tanto —respondió Pedro riendo con sarcasmo regresando la broma; antes de levantar su lata de cerveza para chocarla con Pablo en señal de complicidad.

    ¡Cielo santo! Casi me da un infarto con la respuesta de Pedro, temerosa de que pudiera hablar de más en ese momento. Definitivamente la conversación estaba subiendo mucho de tono; pero, por otro lado, me agradaba el hecho de que mi novio estuviera haciendo buenas migas con los chicos, lo cual no era muy habitual en él. Y eso obviamente me podía beneficiar a medida que avanzara la noche, cuando todos estuviéramos con unas copas de más. Por lo que no pude evitar responder a Pedro, con una nerviosa sonrisa que intenté ocultar detrás de mi cerveza, dándole a entender que había captado la indirecta.

    —En una ocasión teníamos un trabajo en otra casa de playa, y decidimos invitar a un par de amigas para divertirnos un rato en el mar después de terminar con nuestra labor —presumió Pedro alardeando, bien plantado en su papel de macho alfa—. Ese día terminamos tan ebrios, que al final intercambiamos parejas sin darnos cuenta —agregó burlón, al final de su propia anécdota.

    —Ha deber estado muy buena la orgía —concluyó mi novio riendo, dándoles por su lado a los chicos.

    —¡Oh, ya lo creo que sí! —asintió Pedro— ¡Lo malo es que, desde esa ocasión, nuestras amigas siempre quieren coger con ambos! —dijo Pedro continuando con su sosa broma.

    “Yo exigiría lo mismo”, pensé en mi interior mientras veía como los hombres se unían en una patética carcajada a causa del último comentario de Pedro. Aunque es un hecho comprobado que los hombres suelen exagerar sus aventuras sexuales, me era imposible evitar sentir un poco de celos de las presuntas ‘amiguitas’ de los chicos.

    —¿Y ustedes han participado en algún trío? —preguntó Pedro a mi novio con actitud desenfadada, tratando de agarrarlo desprevenido, aprovechando que a mi novio ya le era imposible ocultar su grado alto de ebriedad.

    Fue muy clara la intención de Pedro al contar su corta historia, la cual podía ser real o ficticia eso no importaba. El punto era incitar a mi novio a que le siguiera el juego, tocándole el turno de alardear ahora a él. Si mi novio con tal de no sentirse menos hombre que los chicos, respondía con alguna indiscreción sexual, estaría abriendo la puerta a la posibilidad de tener un trío o cuarteto ahí mismo. Lo cual sería muy beneficioso para mí, pues podría olvidarme de una vez por todas de actuar tras bambalinas; junto con el temor de ser atrapada en mis travesuras.

    Por un segundo fantaseé, imaginando a mi novio y a los chicos ponerse de acuerdo para fornicar conmigo tomando turnos; ignorando completamente mi opinión al respecto. Pensé que sería divertido, después de todo mi novio y Pedro tenían ambos un carácter dominante, por lo que ésta fantasía tenía muchas posibilidades de suceder. Aunque claro, también existían un factor de riesgo de que mi fantasía no se llegara a concretar; pues es bien sabido que dos leones no pueden reinar sobre una misma montaña. Siendo en este ejemplo mi hermoso y atractivo cuerpo, la montaña.

    Quizás Pedro podría ser de origen humilde y carecer de los títulos profesionales que tenía mi novio; pero sabía bien como poner una emboscada a una desprevenida presa. Y conociendo a la ingenua presa como yo la conocía, sabía que ésta no se podía quedar con la boca callada. Rogué al cielo que la estrategia de Pedro funcionara.

    —Desde la Universidad que ya no he participado en una buena orgía —confesó mi novio sin tapujos.

    Ciertamente la respuesta de mi novio me tomó por sorpresa, no sólo por la información suministrada sino también por la franqueza con que ésta fue dada. Para ser honesta, yo estaba esperando de su parte la típica respuesta en la que alardeara acerca de alguna ficticia hazaña de gran virilidad; como las que suelen dar todos los hombres cuando hablan de sexo, pero en su lugar apareció una respuesta sincera y sin pretensiones. “¿Quién era este hombre?”, pregunté a mí misma por un segundo.

    —Cuando estás en la universidad y te la pasas de fiesta en fiesta, es normal que termines en ese tipo de situaciones, donde no puedes recordar ni con quien te acostaste la noche anterior —explicó mi novio con serenidad—. Pero todo eso termina cuando uno se gradúa; si quieres que te vaya bien en la vida tienes que ponerte a trabajar en serio y por consiguiente ya no te queda tiempo para ese tipo de diversión —concluyó.

    Yo estaba sorprendida con la forma tan madura y sosiega con que mi novio había respondido a la atrevida pregunta de Pedro. Parecía un hombre totalmente distinto al ebrio que, el día de ayer, había estado lanzando improperios contra los chicos bajo el influjo del alcohol. ¡Estaba irreconocible! “¿Acaso este era el mismo hombre que la noche anterior me había hecho fornicar en público al aire libre?”, me hizo dudar nuevamente.

    La manera en que estaba interrelacionando con los chicos, especialmente con Pedro, era muy diferente al trato que él estaba acostumbrado a tener con sus amigos; el cual solía ser demasiado pesado e intenso, no perdiendo la oportunidad de ridiculizarse unos a otros a la menor oportunidad. De hecho, más de un par de sus amigos habían intentado seducirme en alguna ocasión; siendo ellos siempre rechazados por mí con la excusa de que estaba obligada a guardar a mi novio el debido respeto, cuando en realidad era que simplemente no me sentía atraída hacia ellos.

    Sin embargo, la forma en que él se conducía con Pedro y Pablo en ese momento era diametralmente opuesta, pues estaba siendo demasiado amable y cordial. Quizás él había visto en ambos chicos la sencillez y honestidad que tanta falta hacía en el ajetreado mundo inmobiliario de nuestra profesión. Y estas cualidades le resultaban suficientemente atractivas como para bajar la guardia, y sentirse confiado en compartir con ellos sus más profundos e íntimos sentimientos. ¿Sería que estaba presenciando el nacimiento de una gran amistad?

    —¿Y no habido alguna ocasión en que extrañe ese estilo de vida desenfrenado? —preguntó ahora Pedro, tratando de forzar a mi novio a caer en su trampa.

    Con todo y la recién descubierta faceta sensible de mi novio, Pedro realmente estaba más interesado en que me compartieran a mí con ellos en lugar de sus sentimientos; por lo que no estaba dispuesto a claudicar en su intento por persuadirlo con la posibilidad de realizar una improvisada y pequeña orgía. Afortunadamente, al menos Pedro, estaba concentrado en nuestro objetivo en común.

    —Para nada, el trabajo duro me ha traído algunos otros beneficios —respondió mi novio rápidamente dirigiendo la mirada hacia mí, al tiempo que sonreía pícaramente.

    Como mujer, esas últimas palabras me llegaron al corazón. El hecho de que mi novio reconociera abiertamente que prefería compartir su vida conmigo, en lugar de tener un amorío ocasional con una mujer diferente cada noche, me había conmovido en lo más profundo de mi ser, ¡me estaba derritiendo por dentro!

    —Gracias amor —dije con voz dulce, tan pronto entendí su comentario.

    Automáticamente me puse de pie y di un par de pasos hasta la tumbona donde se encontraba sentado; e inclinando mi hermoso y estilizado cuerpo sobre él le di un tierno y prolongado beso en la boca, como muestra de agradecimiento por sus sinceras palabras. Un beso que él correspondió gustoso, ignorando por completo donde mis labios habían estado tan sólo unos minutos antes.

    Imposible poder cuantificar el grado de morbo que la escena que estaban presenciando los chicos les provocaba. Yo misma lo estaba experimentando, con un poco de culpabilidad que sólo desaparecería cuando confesara mis travesuras con Pedro y Pablo durante la ausencia de mi novio. Pero eso podría esperar, éste era un momento sólo para disfrutar del intercambio de saliva, y algo más, con mi amado.

    —Tiene toda la razón, con una mujer tan hermosa y ‘fiel’ como su novia, ¿quién no sentaría cabeza? —comentó Pedro con sarcasmo sonriendo descaradamente.

    Sin que nuestros labios se despegaran, con el rabillo de mi ojo, observé con recelo como Pedro se tapaba la boca esforzándose por no soltar una carcajada debido a lo graciosa que debía resultarle la imagen frente a él. Sin poder contenerse, propinó un fuerte codazo a su siempre silencioso compinche.

    —Es verdad —asintió Pablo secamente a instancias de su amigo, sonriendo disimuladamente en absoluta complicidad.

    Siguiendo con mi jugueteo a dos bandas al entender las risas contenidas de los chicos, y aprovechando que mi rostro bloqueaba la visión de mi novio, levanté mi mano derecha en dirección hacia ellos para dedicar a ambos una obscena señal con mi dedo medio; como una especie de pequeña venganza por sus burlas.

    “¡Métanselo putos!”, pensé burlonamente en mi interior blandeando mi mano enérgicamente con enojo, en lo que ellos incrementaban sus risas.

    Una vez que nuestro largo beso fue consumado, regresé a mi sillón con el pretexto de volver a tomar mi bebida, y así dar oportunidad para que ‘mis hombres’ continuaran con su profunda conversación. Pasara lo que pasara éste sería el momento de la verdad, todo se decidiría en los siguientes minutos.

    —¿Y usted señorita, alguna vez participó en una orgía desenfrenada? —preguntó maliciosamente Pedro tomándonos totalmente desprevenidos.

    La nueva pregunta de Pedro desencadenó todo tipo de reacciones en nosotros; mi novio se fue de espaldas de risa sobre la tumbona, Pablo sufrió un repentino ataque de hipo, y yo casi me ahogo con mi bebida al regresar ésta por mi nariz. Había que reconocerle el empeño y determinación de Pedro, aún después de haber visto en primera fila la muestra de afecto entre mi novio y yo, parecía que nada lo haría desistir de sus pervertidas y fríamente calculadas intenciones. Era algo que se le debería de aplaudir.

    —Platícales preciosa —dijo mi novio entre risas, instándome responder a la indiscreta pregunta con alguna de las confesiones que yo le había hecho.

    Pedro había jugado su mejor carta y ésta era un ‘as’. Inteligentemente había intuido que mi novio debería estar enterado de algunas de mis aventuras pasadas, las cuales me serían difícil negar frente a él. Astutamente me había pasado el balón en la última jugada y ahora todo dependería de mí. Lo único bueno, es que ambos estábamos en el mismo equipo.

    —Bueno, ¿qué les gustaría saber? —pregunté pícaramente haciéndome la interesante, esperando que mi interrogador me diera pie a una respuesta más directa.

    —De lo que estamos hablando —enfatizó Pedro, entendiendo mi solicitud—, ¿cuándo fue la última vez que estuvo en una buena orgía?

    Una respuesta afirmativa a tal pregunta podía parecer algo trivial pero no lo era. El que yo reconociera abiertamente que había tenido sexo con más de un hombre al mismo tiempo, era una afirmación tácita de que yo estaba abierta a la posibilidad de volver a estar en esa situación alguna vez; preferentemente esa misma noche. Razón por la que agradecí que la reformulada pregunta no pudiera ser más directa, ya que ésta no dejaba lugar para vaguedades; en este momento no podíamos darnos el lujo de ser vagos.

    —Déjenme hacer un poco de memoria —solicité manteniendo el suspenso por unos segundos en lo que los chicos desesperaban por conocer mi respuesta—, creo que fue como hace 3 meses, en una fiesta con mis ex compañeros de la universidad —confesé descaradamente.

    Lo único mejor que reconocer ante los chicos que yo había participado en una orgía en el pasado, era justamente agregar que no se trataba de un pasado distante; sino todo lo contrario, un suceso relativamente muy reciente. Como si lo hubiésemos planeado, Pedro y yo habíamos puesto todas nuestras cartas sobre la mesa y hecho nuestra apuesta; sólo faltaba ver cómo reaccionaría mi novio para saber si habíamos hecho los movimientos correctos que nos llevaran a ganar la partida.

    —¡No puedo creerlo! —protestó mi novio—, ¿cuándo tuve que salir de viaje para finiquitar la compra de ésta casa? —agregó incrédulo entre risas.

    —Sí —confesé en voz baja, escondiéndome detrás de mi bebida con falsa timidez.

    —¡Por favor!, cuéntenos más detalles —suplicó Pedro en lo que mi novio se iba de espalda debido a un ataque de euforia; sorprendido por mi respuesta.

    —Ahora tienes que contarles todo preciosa —sentenció mi novio como castigo a mi indiscreción.

    Sin objetar mucho, comencé a relatar a mi novio y los chicos como en aquella ocasión, varios ex compañeros de la universidad nos habíamos reunido en un bar para recordar los viejos tiempos. Al salir del establecimiento dos de mis amigos me invitaron a continuar la fiesta en el departamento de uno de ellos; aprovechando que mi novio estaba de viaje acepté la invitación sin dudar. Ya en el departamento una cosa llevó a otra y terminé fornicando con ambos hasta el amanecer.

    Pedro y Pablo escuchaban en silencio mi relato; poniendo especial atención, en la parte en que detallaba la manera en que había sido seducida por mis amigos; quizás con la intención de copiar la estrategia que mis excompañeros habían utilizado conmigo, ¡sólo les faltó sacar papel y lápiz para tomar notas!

    De vez en cuando, era interrumpida por mi novio con algún comentario fuera de lugar tratando de hacerse el gracioso debido a su alto grado de ebriedad.

    —¡No puedo creerlo! —interrumpió mi novio— ¿Con el chico que decías que era un pendejo? —preguntó en forma retórica con una risa irónica.

    —¡Ya lo sé —respondí apenada—, es que me agarraron borracha, sobria ni de chiste que cojo con ellos! —agregué excusándome antes de reír abiertamente.

    Mientras estaba contando mi relato noté como los chicos, especialmente Pedro, frotaban disimuladamente sus miembros bajo su ropa, viéndose obligados a cerrar las piernas para ocultar el bulto que crecía sin control en sus pantalones. Era obvio que mi aventura los estaba excitando en gran manera.

    —Debió de haber sido una gran fiesta —suspiró Pedro con envidia, tratando de ocultar su erección.

    —¡Puedes apostar! —confirmé descaradamente con un guiño de ojo.

    Gracias al alcohol y lo candente de mi relato los chicos estaban muy excitados; mi novio al igual que ellos estaba de muy buen humor y con ganas de seguir la juerga, por lo que todo parecía ir viento en popa. Sin embargo, yo no podía sugerir nada más atrevido, por miedo a ser etiquetada como una ramera. Por muy ansiosa y excitada que me encontrara con la idea de fornicar con ellos no había nada más que pudiera hacer, yo había cumplido con mi parte, ahora todo dependía de mi novio y Pedro. ¿Quién de los dos daría el primer paso?

    —¿A qué podemos jugar? —preguntó Pedro con actitud relajada, antes de beber el líquido restante en la botella que sostenía.

    Con ésta última pregunta Pedro había traspasado todas las barreras de la familiaridad (bueno realmente creo que eso había pasado mucho tiempo antes). Era obvio que el chico tenía mucha confianza en sí mismo, a diferencia de Pablo que a pesar de haber bebido casi la misma cantidad de alcohol que su amigo seguía tan rígido como un palo.

    —¿Qué opinan de una competencia de fotografía erótica? —sugirió mi novio pícaramente.

    —¿Cómo sería eso? —preguntó Pedro con interés con una sonrisa de lujuria en su rostro.

    Mi novio pasó a explicar a Pedro y Pablo, la metodología de la improvisada competencia que acababa de idear. Cada uno de los chicos tendría un tiempo de 10 minutos como máximo para tomar todas las fotos que pudieran, en una sesión a puerta cerrada en la alcoba principal, ¡conmigo como sensual modelo! Al finalizar, mi novio juzgaría las fotos capturadas por cada uno de los participantes y decidiría quién sería el ganador en su calidad de juez absoluto.

    Los chicos escuchaban atentos con la boca abierta, ¡casi babeando! Incrédulos por la oportunidad que mi novio estaba poniendo frente a ellos; en mil años jamás se hubieran podido imaginar lo que la diosa fortuna les tenía reservado para ese día. Aunque, sólo faltaba un pequeño detalle.

    —Siempre y cuando tú estés de acuerdo cariño —dijo mi novio dirigiéndose hacia mí para saber mi opinión al respecto.

    Aunque un poco extrañada, por el inusual concurso de talento propuesto por mi novio accedí de buena gana a participar, quizás animada en parte por el alcohol que corría raudo por mis venas. Después de todo, el plan original de que ambos estuviéramos en ese momento en nuestra provisional casa de playa era el de tener la oportunidad de relajarnos y disfrutar de un fin de semana en pareja; por lo que era justo que él también tuviera un poco de diversión. Y si para otorgárselo, sólo tendría que dejarme fotografiar en traje de baño por dos perfectos desconocidos, yo no pensaba negarle ese placer.

    —De acuerdo, ¡acepto! —exclamé pícaramente para el regocijo de todos.

    Si mi novio parecía estar complacido, con mi actitud alegre y participativa, ¡ni que decir de los chicos! Quienes no tenían reparo en demostrar su entusiasmo con el hecho de tener a una linda chica, ¡posando sugestivamente para cada uno de ellos! La sonrisa de lujuria en sus rostros no dejaba ninguna duda de la clase de fotografías que pasaban por sus cabezas.

    Bromeaban cada uno con el otro, alardeando entre sí, con actitud fanfarrona acerca de quien capturaría las mejores imágenes; mientras que con fuertes manotazos se agredían físicamente tratando de intimidarse, ansiosos por que la justa comenzara. Pero antes de que otra cosa sucediera, había un detalle más el cual ellos requerían se resolviera cuanto antes.

    —¿Cuál será el premio para el ganador? —preguntó Pedro hablando por ambos, con una lasciva ambición en sus ojos. Como sí el sólo hecho de ser mi fotógrafo personal en una íntima sesión de modelaje no fuera suficiente.

    Quizás sus dudas no eran para menos. Horas antes, ambos chicos habían perdido la oportunidad, de ver mi escultural cuerpo totalmente desnudo frente a ellos. Era lógico que buscaran la posibilidad de obtener una revancha, de la mala broma que les había yo jugado. ¿Y quién mejor para conceder esa ansiada revancha que mi propio novio? Quien, en su condición de hombre, probablemente tenían una pequeña posibilidad de conseguir algo de empatía.

    —Permítanme pensar… —solicitó mi novio dejando a los chicos por un segundo en la incertidumbre, de si sus servicios como fotógrafos serían bien remunerados.

    Pero sus interrogantes no duraron demasiado tiempo pues casi de inmediato, mi novio determinó la presea con la cual recompensaría al ganador de la competencia que él mismo había invocado.

    —Quien tomé las fotografías más provocativas de mi novia —dijo con una sonrisa de perversidad en su rostro—, se podrá dar una ducha con ella… ¡desnudos! —sentenció con autoridad irrevocable.

    ¡Me quedé helada! ¡No lo podía creer! Mi novio acababa de ofrecer, como premio al ganador de la insólita competencia, la oportunidad de compartir el cuarto de baño con su novia.

    Si los chicos antes lucían entusiasmados, ahora estaban eufóricos, gritando de emoción, complacidos por la singular oferta. Su alegría estaba más que justificada, pues ahora tenían la seguridad total de que el ganador podría disfrutar de un tiempo en la intimidad conmigo, ¡absolutamente desnuda!

    Sin tener nada más que objetar, los chicos se pusieron a echar suertes con una moneda para decidir quién de los dos ganaba el turno de ser mi primer fotógrafo designado. Mientras yo nerviosa decidí beber un vaso de tequila tratando de agarrar valor; pues desconocía lo que ese par de pervertidos me obligarían a hacer con tal de hacerse acreedor al premio que tan gentilmente mi novio les acababa de ofrecer.

    Al final de varios lanzamientos de moneda Pedro resultó ganador para tomar el primer turno; por lo que comenzó a frotarse las manos impacientes por enclaustrarse conmigo en la habitación, lejos de las miradas de mi novio y su amigo. Consiguiendo al fin, un poco del momento de intimidad que tanto había deseado durante todo el día.

    Pablo por su parte se encontraba visiblemente tenso al sentirse en desventaja, nervioso por la presión que le causaba entrar de segundo en ésta competencia; aunque pensándolo bien creo que no hubiera habido mucha diferencia si le hubiese tocado entrar primero, el simplemente era así de inseguro.

    —¿Estás listo? —pregunté a Pedro, al terminar de beber mi copa, sin pretender extender más su espera.

    —¡Yo nací listo! —exclamó altanero, riendo entusiasmado.

    —¡Pues a darle entonces! —ordené sonriendo por su ingeniosa respuesta.

    Contagiada por su buen humor, lo tomé de la mano para guiarlo directamente hacia mi habitación, contoneándome graciosamente al caminar; sin considerar detenerme para ver la expresión en el rostro de mi novio. Si el muy cabrón se había atrevido a ofrecer a su hermosa e inocente novia como premio, ella se aseguraría que ninguno de los presentes olvidara esa memorable ocasión. ¡Cielos, como me hubiese gustado ver la expresión de su rostro en ese momento!

    Cerré la puerta de la habitación tras de mí y le pedí a Pedro que me diera unos minutos para buscar otro traje de baño para la sesión de fotos; pues el que llevaba en ese momento estaba demasiado sucio y arrugado a causa de llevarlo puesto todo el día. Escogí uno blanco, con el mismo tipo de corte, pero mucho más presentable.

    —Daté vuelta por favor —solicité a Pedro para poder cambiar mi vestuario sin la presión de su mirada.

    —Vamos, que ya estamos en confianza —protestó traviesamente, sugiriendo que me desnudara frente a sus ojos.

    —¡Claro que no, que todavía no has ganado nada! Pero te prometo que sí resultas ganador, podrás ver y tocar lo que quieras —respondí obligándolo a girar hacia la pared y a esperar a regañadientas por el resultado ‘oficial’ de la competencia.

    Para ser sincera, yo quería que él fuera el ganador. La oportunidad de tomar una ducha totalmente desnudos con aquel atlético y salvaje chico me provocaba mucho morbo y excitación; sabiendo perfectamente que, en esa cercana intimidad, el aseo personal pasaría a segundo término. Sentía lástima por el ingenuo de Pablo, pero la cosa era así y yo prefería que fuera así.

    Me cambié rápidamente de traje de baño y sin olvidar mi vanidad, traté de arreglarme un poco el cabello para salir lo mejor posible en las fotos que me tomarían los chicos. Aunque el reflejo en el espejo del tocador, de un Pedro acariciando su miembro por encima de su pantalón, me hacían saber que ni el juez ni los concursantes lo apreciarían mucho.

    —¡Estoy lista! —exclamé finalmente.

    Inmediatamente Pedro tomó su teléfono y ordenó que me subiera a la cama y empezó a tomarme fotografías a diestra y siniestra; sin darme oportunidad a posar correctamente o darme algún tipo de indicación respecto a las imágenes que quería captar. Ambos realmente estábamos muy nerviosos y sin práctica en el modelaje; por lo que las primeras fotografías fueron un total fiasco.

    —No, no están saliendo como quiero —comentó Pedro decepcionado por su falta de experiencia.

    Él se encontraba muy nervioso y tieso; por lo que todas sus fotos resultaban muy planas y monótonas, carentes de movimiento y sin vida. Totalmente frustrado comenzó a desesperarse, mientras el tiempo de su turno se extinguía poco a poco. En ese momento comprendí, que si yo quería que él ganara tendría que ayudarlo de alguna manera.

    —Tienes que aflojarte un poco cariño —sugerí con voz dulce, arrodillándome sobre la cama.

    Lo sujeté por los hombros y lo acerqué hacia a mí, mientras él seguía escondido detrás de su teléfono dispuesto a tomar otra serie de fotos sin haberlo pensado mucho. ¡No se lo permití! Sujetándolo por las manos, lo hice bajar la cámara sugestivamente hasta la altura de su miembro.

    —Imagina que es tu verga —ordené, al tiempo que una sonrisa de lujuria se volvía apoderar de su rostro.

    Satisfecha por su reacción me dejé caer sobre la cama y comencé a rodar hacia ambos lados; mientras que Pedro, escuchando el instinto de su miembro, comenzó a ser más selectivo con las imágenes que deseaba capturar. Simulando con un movimiento de su cadera, que su pene era la cámara.

    —¡Así nena, así! —exclamó Pedro excitado completamente, el bulto en su pantalón no dejaba duda de ello.

    Sé que es falta de modestia, pero ¡yo realmente era muy buena! En un instante, había transformado a un inexperto chico, en todo un fotógrafo profesional de modelos de trajes de baño. Pedro ya no sólo se limitaba a tomar las fotos correctas, ahora me indicaba las poses que deseaba que adoptara.

    —Sonríe preciosa… juega con tu cabello… lanza un beso… —ordenó con la cámara devuelta la altura de su rostro buscando la foto perfecta.

    Pedro se mordía los labios con lascivia, satisfecho por las imágenes capturadas. Sin embargo, ambos sabíamos perfectamente que si quería asegurarse de ganar tendría que llegar un poco más lejos.

    —¡Quitate el top chica! —ordenó con absoluta autoridad, sintiéndose dueño de la situación.

    Sin pensarlo dos veces, estiré mi top hacia bajo para liberar mis hermosos senos de la diminuta prenda; tratando de cubrirlos escasamente con las palmas de mis manos.

    —¡Así mamita, así! —exclamó Pedro satisfecho, mordiéndose los labios, disponiéndose a continuar tomando fotografías.

    Yo sonreía con toda la naturalidad del mundo, visiblemente desenfadada; animándome incluso a saludar levantado una mano. Exponiendo el contorno de mis senos al inquisidor ojo de la cámara, muy consciente del mal uso que podrían darles a esas indiscretas imágenes.

    Pero no había marcha atrás. Deseosa por experimentar nuevas emociones, yo había accedido voluntariamente a participar en este peculiar juego con mi novio y los chicos. La adrenalina y excitación que recorrían mi cuerpo me tenía completamente satisfecha con los resultados obtenidos hasta ese momento. El tiempo corría y sólo quedaba una cosa más…

    —¡Quítate la tanga! —ordenó ahora Pedro.

    Sonreí. Yo realmente deseaba que los penetrantes ojos negros de aquel chico escudriñaran cada rincón de mi cuerpo con deseo, con hambre, con ansias, con el derecho que tiene un verdadero hombre para poseer a la mujer que se le antoje. Sin embargo, tenía que respetar las reglas del juego.

    Estiré mi mano hacia la cabecera de la cama, para alcanzar una de las almohadas y utilizándola para cubrir mi torso, antes de soltar los nudos que sujetaban mi tanga a la cadera. Me erguí lentamente, en lo que mi prenda caía suavemente hasta mis pies; y con una pequeña patada la lancé hacía mi fotógrafo, mientras sonreía traviesamente.

    —¡Así mamita, así le gusta a papi! —exclamó nuevamente Pedro, casi babeando.

    Él comenzó a caminar alrededor de la cama, buscando conseguir la imagen más reveladora posible de mi cuerpo; mientras yo me esforzaba por llevarle el paso, tratando de cubrir mi torso con la almohada. Dejándome caer de rodillas, retozando sobre la cama; poniendo en mi rostro mis mejores gestos de niña traviesa y coqueta.

    —¡No seas mala! ¡Por favor suelta la almohada, mamita! —suplicó Pedro.

    —¡No, que no quiero que te descalifiquen! —respondí absurdamente, como si en tales circunstancias hubiera una especie de código de ética deportiva que cumplir.

    Mi respuesta fue sólo para divertirme increpando a Pedro, obligándolo a esperar al veredicto de mi novio en su calidad de juez. Aunque, realmente pensaba que no hubiese importado que me viera desnuda antes de tiempo; después de todo, era prácticamente imposible que el imbécil de Pablo pudiera encontrar alguna fórmula para ganar.

    —¡Se acabó el tiempo! —gritó mi novio detrás de la puerta, golpeándola fuertemente.

    El tiempo se había acabado y le pedí a Pedro que se volteara nuevamente para darme oportunidad de vestirme. Se que parecía ridículo, pero así es, las cosas más ridículas también pueden ser las más divertidas y excitantes.

    Nuevamente, a regañadientas, Pedro desvió la mirada dando me un poco de privacidad para volver a ‘vestirme’ rápidamente. Definitivamente, durante el turno de aquel hermoso chico, el morbo había alcanzado su punto más alto. ¡Como deseaba que fornicara conmigo en ese justo instante! Pero tendría que esperar un poco más para que eso sucediera, en lo que terminaba el turno de Pablo; unos pocos minutos que pensé que se me harían eternos.

    —¡Abran paso al ganador! —gritó Pedro entusiasmado, saliendo de la habitación, bromeando alegremente.

    —No comas ansias —aclaró mi novio, regresando la broma, con una nueva cerveza en su mano—, que yo soy el único que determinará quien gana y quien pierde.

    Yo reía divertida con la actitud de Pedro quien, a pesar del comentario de mi novio, sintiéndose ganador, repetía su baile de la victoria que más temprano aquel día había tenido el placer de conocerle. Mientras que Pablo, con un vaso de tequila en su mano y en absoluto silencio, lentamente entró a la habitación cabizbajo, cerrando la puerta tras de sí, visiblemente apesadumbrado.

    La optimista actitud de Pedro no cayó nada bien en Pablo, quien estaba notablemente tenso; sintiendo la presión de tener que superar el incógnito trabajo de su amigo. Por un momento pensé que ésta sesión sólo sería de puro trámite; que ya podíamos declarar un vencedor. Sin embargo, Pablo contaba con un ‘as’ bajo la manga.

    —¿Gustas un trago? —preguntó estirando la mano con el vaso para ofrecer me algo de beber.

    —Claro que sí, amor —respondí sólo por cortesía, ya que consideraba ya haber bebido suficiente, después de todo creo que era la primera vez que el tímido chico me dirigía la palabra en todo el día.

    Me acerqué al borde de la cama para tomar el vaso de su mano. Éste se encontraba lleno casi hasta el borde, por lo que procedí a dar primero sólo un sorbo para evitar que líquido se derramara. Yo ya me encontraba un poco ebria, pero aun así la fuerte bebida aclaró mi garganta quemándola con placer. Quise devolver el vaso a mi nuevo fotógrafo, pero antes de que lo pudiera hacer una rítmica melodía se apoderó de mí.

    —¡Me encanta esa canción! —exclamé visiblemente animada, al reconocer la melodía que acababa de poner Pablo en su teléfono para amenizar la sesión fotográfica.

    Deseosa de bailar, cerré los ojos para disfrutar de la alegre melodía e involuntariamente comencé a seguir el ritmo con sensuales movimientos de mi cuerpo. ¡Un punto para Pablo!, había sido totalmente sorprendida con ésta ingeniosa jugada maestra.

    El chico no tenía intenciones de desaprovechar su tiempo e inmediatamente comenzó a sacar fotografías con la cámara de su teléfono; mientras yo seguía el ritmo de la música con mi cuerpo. Al darme cuenta de esto, quise liberarme del vaso que contenía el tequila para poder bailar con más libertad, pero él lo impidió.

    —¡No mamita, bébela toda! —exigió mi fotógrafo.

    En la situación actual no estaba en posición de debatir con nadie, por lo que obedientemente procedí a llevar el vaso hasta mis labios para de un sólo trago beber el resto del tequila. Mi garganta ardió un poco pero no me importó, de hecho me gustó, ya me sentía libre para seguir disfrutando de mi efímera canción favorita.

    —¡Ahora sí chica, ponte de pie! —ordenó Pablo, tomando el vaso de mi mano amablemente para que pudiera seguir bailando.

    Consciente, o inconscientemente, Pablo había dado justo en el clavo. En un segundo me había olvidado por completo de la competencia en la que junto con mi novio y los chicos me encontraba participando. Olvidando incluso que yo era el premio para el ganador; el incentivo extra que mi novio les había prometido. Sólo había una cosa que importaba en ese momento, contonear mi hermoso y escultural cuerpo al ritmo de esa pegajosa y animada melodía que había invadido la habitación.

    Me puse de pie sin pensar que el tequila que recién había bebido me dificultaría mantener la vertical. Pero lejos de acobardarme lo usé a mi favor, acentuando provocativamente los pasos de mi sensual baile para complacer a mi único espectador. Bien consiente de que a partir de ese momento con cada movimiento que hiciera el efecto del alcohol se incrementaría sin control.

    Los primeros segundos me dediqué a disfrutar de la música, enajenándome totalmente. Cada vez que abría mis ojos ahí estaba Pablo infalible, con la indiscreta cámara de su teléfono, disparándola impunemente contra mi cuerpo; ansioso por capturar las imágenes más sensuales que le fueran posible. Al tiempo que nuestras miradas se cruzaban fugaces, siendo acompañadas de una pícara sonrisa de complicidad.

    Casi de inmediato yo volvía a cerrar mis ojos, jugando con actitud traviesa, como si creyera que la falsa oscuridad en la que me sumergía afectara también a la cámara de mi fotógrafo aficionado; permitiéndole sólo continuar con su trabajo al momento de abrirlos nuevamente. Como si se tratase de una tierna bebita que se pregunta con inocencia ¿adónde se van todos?, al momento de cubrir sus ojos.

    —¡Vamos mamita, pórtate mal! —sugirió sutilmente Pablo, tratando de aumentar lo atrevido de mis poses.

    ¡Nunca lo hubiera dicho! Yo estaba completamente fuera de mí. No sabía a ciencia cierta donde estaba, ni con quién me encontraba; ¡ni siquiera recordaba a mi novio detrás de la puerta! Igualmente, mis ganas de ser poseída por mi anterior fotógrafo habían desaparecido. En ese momento yo sólo quería complacer al desconocido que se ocultaba detrás de la lente de aquella cámara.

    Instintivamente deslicé el top de mi bañador para dejarlo caer hasta mis pies, cubriendo escasamente mis senos con las palmas de mis manos. Sonriendo descaradamente con los ojos cerrados, adivinando el origen del próximo disparo, completamente desinhibida y agradecida por esa última copa. Pues de no ser por el alcohol en mi organismo, probablemente me encontraría mucho más nerviosa de lo que me encontraba en ese momento.

    Con los ojos completamente cerrados, utilizaba el sonido de las pisadas de Pablo para regalarle las mejores poses de mi cuerpo. Buscando casi siempre quedar de perfil, para que pudiera tomar buenas imágenes de mis senos, cubiertos sólo con el brazo opuesto a la cámara, lanzando besos ciegos al aire que estaba segura alcanzaban su objetivo.

    —¡Vamos mamita dame más! —ordenó Pablo, con un tono de lujuria en su voz que dejaba al descubierto su excitación.

    La música ya no me controlaba más, Pablo era quién ponía las reglas en ese momento. Acostumbrada a tener un novio muy temperamental para mí era algo normal tener siempre que complacer en la habitación las órdenes de mi hombre en turno. Si Pablo quería poses más sugestivas y atrevidas, era mi obligación dárselas, ¡sí o sí!

    Ahí de pie en medio de la cama, semi desnuda y visiblemente ebria; había pocas cosas que podía hacer para regalar a Pablo la oportunidad de conseguir la fotografía más provocativa de toda la noche.

    Sin pensarlo mucho, con mi mano libre deshice el nudo de mi tanga, dejándola caer a lo largo de mis largas y bien torneadas piernas. Cubrirme con la almohada ya no era una opción, por lo que me apresuré a colocar mi mano libre sobre la entrepierna, cubriendo con la más absurda y falsa modestia mi depilada y rosada vagina; manteniendo una pose que trataba de imitar la de la famosa diosa Afrodita sobre una ostra. Sólo que mucho más hermosa, ¡obviamente!

    No supe cuántas fotografías alcanzó a tomar Pablo, antes que mi novio volviera a golpear la puerta, indicando que el tiempo se había terminado. Lo que sí sabía es que debido a mí falta de auto control, posiblemente había perdido la oportunidad de fornicar con Pedro en la ducha. Lo cual me entristeció un poco.

    Sin embargo, había una apuesta que debía cumplir, por lo que decidí que independientemente del resultado de este divertido ‘duelo de talento’, yo me acostaría con el ganador como compensación por el excitante día que había pasado con ambos chicos. Era lo menos que podía hacer como muestra de agradecimiento.