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  • Mi primer trabajo (parte 1)

    Mi primer trabajo (parte 1)

    Esto ocurrió hace muchos años atrás, recién había terminado mi educación de contable y mi primera experiencia laboral fue mucho más de lo que jamás había pensado. El encargado de la oficina contable me entrevistó y quedó muy complacido con mi historial académico, era una joven de 25 años que había sido la primera en mi promoción en la universidad.

    Me presento con el resto del equipo de trabajo y me dejo a cargo de Rubén, un hombre 39 años que llevaba 10 años trabajando en la oficina, era muy agradable y casi paternal, él estaba casado y tenia una hermosa familia de la cual hablaba casi todo el día.

    Durante las primeras semanas fue muy agradable trabajar con el y nos volvimos una gran equipo de trabajo, y varias veces reconocieron nuestro desempeño. Yo me sentía muy feliz laboralmente, pero en la parte sentimental, había terminado mi relación de 5 años con mi novio hace solo un par de meses, por lo que trate que mi trabajo ocupara toda mi atención. Cada día nuestra relación de amistad fue creciendo con Rubén, aunque el siempre guardaba distancia debido a que al parecer era muy feliz con su esposa.

    En diciembre la empresa como de costumbre hizo la fiesta de fin de año, y tuve que insistir mucho para que Rubén decidiera ir. Esa noche hubo mucho alcohol y diversión, y debo reconocer que obligue a Rubén a divertirse y beber un poco más de la cuenta.

    Yo me sentía muy ebria y le pedí a Rubén me llevara a casa. Yo vivía sola en una pequeña cabaña que rentaba, así que a empujones logre que Rubén me ayudara a llegar a mi casa para no caer al suelo, apenas entre me abalance sobre Rubén y le comencé a besar apasionadamente, a lo que el respondió.

    El comenzó a acariciar mis pequeñas tetas hasta sacarlas del sujetador y puso su boca en ellas con cierta desesperación, yo a esa altura estaba muy mojada y el hábilmente metió su mano en mi pantalón y comenzó a meter sus dedos en mi concha, lo que hizo que me viniera sobre su mano. Yo gemía y el respiraba entrecortado, completamente excitados los dos.

    Luego el puso su mano sobre el gran bulto que asomaba bajo su pantalón, yo lo agarre y apenas podía mi mano darle la vuelta, abrí su pantalón y su pene salto sobre mi, era lo mas grande que hasta ese momento había visto, estaba durísimo y caliente, comencé a sobarlo mientras Rubén aun se daba gusto con mis tetas.

    De pronto el me empujo hacia abajo y coloco su pene el mi boca, apenas caía la punta en mi boca y se lo comencé a lamer y a acariciar sus enormes testículos que colgaban. Pronto el tomo mi cabeza fuerte, lanzo un gran gemido y se vino sobre mi cara, me dejo bañada en semen, su pene era como una manguera de la cual el semen no paraba de salir. Yo me puse de pie y con una toalla limpie el semen de mi cara y comencé a besar nuevamente a Rubén, el me tomo en brazos y me llevo a la cama y comenzó a desnudarme completamente y el también se saco toda la ropa.

    La sensación de tener su cuerpo caliente sobre el mío y que su lengua se moviera en mi boca, me tenia nuevamente muy mojada y prendida, por lo que comencé a masturbarlo y nuevamente se puso duro. Ahora yo dirigí su misil de carne palpitante a la entrada de mi concha y el comenzó a empujar suavemente, centímetro a centímetro fui sintiendo como estiraba mi concha hasta que lo sentí en el fondo de mi útero y comenzó a menearse frenéticamente.

    Yo me venia una y otra vez sobre su pene, y esto lo excitaba un mas, hasta que pronto el se vino, llenando mi concha con su semen caliente. Esa noche lo hicimos muchas veces, por lo que al despertar cerca del mediodía, Rubén salto de la cama y se fue a casa pensando que le diría a su esposa. Yo quede desnuda en la cama pensando en lo rico que había sido la noche.

    El lunes volvimos al trabajo y actuamos como si nada hubiera ocurrido, yo ahora miraba su entrepierna y me daban ganas de cogerle el pene, pero me aguantaba, todo el día tuve que ir al baño a tocarme por las ganas que sentía.

    Al llegar la tarde el jefe nos encargo a Rubén y a mi quedarnos mas tarde para completar un informe urgente y pude ver la cara de pánico de Rubén, el podía presentir lo que yo quería. Al quedar solos yo salte sobre Rubén y le cogí el paquete y quise besarlo, pero Rubén me aparto y trato de explicarme que lo que había pasado, había sido un error. Pero yo estaba demasiado caliente y le abrí la bragueta y comencé a chuparle el pene que prontamente se puso duro y listo para la acción.

    Rubén me tomo bruscamente y me tiro sobre el escritorio, arremango mi falda y comenzó a cogerme a lo bestia, tal como yo el ardía en deseo. En breve el se vino dentro de mi, el escritorio era un desastre, todo salpicado de semen y mis fluidos.

    Tuvimos que terminar el informe en otro escritorio esa noche.

  • Historias de un matrimonio cornudo: Liberación (I)

    Historias de un matrimonio cornudo: Liberación (I)

    Resumen para que no lean los otros relatos, jeje: hace 6 años me vinieron las primeras fantasías de ser cornudo, al fin me animé a contarle mi fantasía a mi esposa después de un año de auto aceptarme e investigar cómo decirle, fue mejor de lo esperado y al mes ya presumía mis primeros cuernos, con la suerte de que el cabrón que me hizo el favor de ponérmelos le dio la mejor cogida de su vida a mi esposa hasta ese día, y fue su amante por casi 3 meses en donde hizo con él cosas que conmigo nunca pudimos (por ejemplo, entregarle su virginidad anal), pero terminó por celos por parte de él (en los relatos I, II, III y IV se narra con lujo de detalles esta mini historia hasta el final), mientras estaba con Eder (el primer amante de mi mujer), mi esposa se empieza a mensajear con excompañeros de ella de la escuela y sextea mientras le hago sexo oral, me cuenta sus primeras experiencias y fantasías (relato V) y finalmente se queda de ver con esos excompañeros, que son 2 (primero con uno y después con otro), el primero la decepciona, pero el segundo le tiene una enorme sorpresa que la destroza (relato VI), después de esas experiencias me dice que al final se siente completamente liberada y por fin, después de que se sintió muy bien con esas experiencias, sin culpa y disfrutando a tope ser el centro de atención se plantea por fin hacer lo que quiera con su sexualidad, sin límites.

    Sinceramente no pensé que esa declaración de mi esposa de liberarse completamente fuera a cambiar algo, pero desde la primera semana en que me lo dijo los cambios fueron radicales, cuando andaba con Eder usaba las putifaldas para que fuera más fácil para su amante cogérsela en donde fuera; pero después de terminar con él no las había vuelto a usar, ni siquiera para sus citas con sus excompañeros, pero el lunes mismo para ir a trabajar volvió a vestirse bien zorrita; y de regreso de su trabajo me contaba los coqueteos y hasta discretos sobeteos que se daba con algunos de sus compañeros, aunque lo verdaderamente excitante fue el viernes de esa semana, me escribió para que pasara por los niños y los cuidara, que algunos de sus compañeros (con los que me contaba que coqueteaba) la invitaron a tomarse unas cervezas, le dije que se divirtiera y que si se daba algo me contara, ella me contestó diciéndome que no me hiciera ilusiones, pero que iba con actitud de zorra.

    Total que estuve esperando hasta las 3 de la mañana, estaba muy excitado, pero no recibí ningún mensaje, simplemente escuché un coche cerca de nuestra puerta, esperé pacientemente hasta que entró mi mujer, se veía algo tomada, muy limpia y peinada, en cuanto me vió me dijo: “cornudo pendejo, que bueno que me esperas despierto, necesito tu lengua milagrosa para aliviarme la cola”, de inmediato me di cuenta de que estaba tomada, arrastraba las palabras y estaba mucho más desinhibida de lo normal, subimos a la recámara y ahí ella se recuesta boca abajo, veo que no trae tanga y el culo lo trae muy rojo, solo que con un olor a limpio total, me quedo viendo eso y ella me dice con su voz aguardentosa, “órale pendejo, que esperas, dame lengua en mi colita que me duele”, yo estaba muy descolocado, creí que si se acostaba con otros traería lechita u olería a sexo, así que le pregunté ¿Te lo hicieron por el culito amor? Y ella me contestó: “pues claro pendejo, recuerda, cualquier hombre que quiera y pueda romperme la cola lo va a hacer, el único que lo tiene prohibido eres tú o quieres que te recuerde que tuviste ocho años para hacerme la cola y por pito chico nunca pudiste? Y habla menos y lame más, que mi amante de hoy se portó muy bruto con mi colita”, a pesar de que me hablara así yo estaba super excitado así que la obedecí, aunque casi de inmediato le dije, “amor, no me trajiste lechita, ni vienes oliendo a sexo” ya que eso hacía que se me bajara la excitación, a lo que ella se empezó a reír y me dijo: “hay amorcito, encima de cornudo y pendejo me saliste mariquita, a tu mujer no solo le acaban de usar sus tres agujeritos, sino que encima le destrozaron la cola y tu por lo que te enojas es porque no vengo bien rellena de leche de macho o apestando a vergota, pero que putito esposo tengo, en lugar de enojarse porque su mujer viene bien cogida, extraña el olor a huevos de hombre, ya no me reclames maricón y sigue con tu trabajo aliviando mi colita adolorida”, a pesar de que me sentí dolido por lo que me dijo no podía negar que estaba muy excitado, así que seguí con mi labor mientras ella gemía y gemía, tanto que cuando ella me ordenó continuar aliviandole la panochita logró terminar, después me besó muy apasionadamente y se quedó dormida.

    Al siguiente día me contó todo lo que ocurrió. Marcos (si recuerdan el primer relato fue el otro profe con el que coqueteó, más bien se le ofreció, el primer día que me hizo el favor de ponerme cuernos) le preguntó si no iría a tomarse unas cervezas con ellos (me cuenta que son 3 amigos, Marcos, Luis y Ernesto), ella aceptó sin intención más allá de disfrutar de un buen rato con sus compañeros, fueron a una cantina cerca de la escuela y después de comer se quedaron muy entretenidos platicando y tomando, el ambiente era muy agradable, así fueron pasando las horas y cuando se dio cuenta mi esposa era realmente tarde y estaba muy mareada, al igual que sus compañeros, se reían de todo y decían muchas tonterías, en la cantina pusieron música para bailar y aunque a mi esposa en ese entonces no le gustaba bailar, me dijo que estaba tan a gusto con toda la atención que le ponían que se animó a bailar, y que no desaprovecharon la oportunidad.

    Sus tres compañeros le metieron mano durante el baile, que fueron desde roces y arrimones aislados a que le agarraran las nalgas muy descaradamente por dentro de la putifalda y que ella solo se reía como pendeja y les decía que no fueran traviesos, pero obviamente no se detenían, en ese punto yo me calenté tanto que tuve que bajar de nuevo a comerle la panochita mientras me contaba, ella se excitó de inmediato y me siguió contando que cuando cerraron la cantina ella de plano le preguntó a Marcos que si terminaban lo que habían empezado en la reunión de fin de semestre a lo que el tal Marcos en lugar de contestar la besó en la boca de manera muy apasionada y se fueron a un motel en su coche, me dijo que empezó a besarla muy tiernamente y todo iba muy despacio a lo que mi esposa, gracias al alcohol, se desinhibió y le dijo que para tener sexo tierno y lindo tenía al pito chico de su marido en la casa, que venía a que la tratara como una puta, que la usara como quisiera y encima le escupió en la cara para enojarlo, lo cual funcionó, pues me contó que de inmediato empezó a darle de cachetadas y hacerlo mucho más agresivo.

    Después de eso le arrancó la tanga, la desnudó a lo salvaje, se puso sus piernas en los hombros y se la clavó hasta los huevos, y se puso a penetrarla como si fuera un pistón, pero que no aguantó tanto, la cabrona me dijo que no duró tan poco como yo, pero que sí acabó rápido, antes de que ella lo hiciera, aunque lo que le gustó es que se recuperó muy rápido (de nuevo me comparó con él, diciendo que se recuperó como en menos de 5 minutos, no como el pendejo de su marido), y le dijo que por puta ofrecida se la iba a chupar y a hacer todo el trabajo, por lo que después de que se la mamara ella se dio de sentones de forma salvaje sobre él mientras mi esposa lo cacheteaba y él le golpeaba las tetas y las nalgas, que fue igual de apasionado, que si ella no se movía frenéticamente él empujaba su pelvis en contra de ella, por fin ella llegó a su orgasmo, aunque casi de inmediato también Marcos le volvió a vaciar los huevos dentro de su panochita.

    Terminaron cansados y agitados, aunque muy satisfechos, y cuando mi esposa creyó que ya se había terminado la fiesta, su amante le dijo que si se bañaban juntos, ella se lo pensó porque quería traerme mi lechita, pero él cabrón le dijo que aún quería más, así que ella aceptó, se bañaron, él estuvo titubeando entre ser tierno o salvaje, y ella lo mordió mientras lo besaba en la boca para dejarle claro cómo quería, así que él la tomó del cuello por la espalda, la puso pegada a la pared y la enculó sin miramientos, me contó que no estaba lo suficientemente lubricada, y aunque no la tenía tan grande (obvio, tuvo que aclarar que era bastante más grande que la mía) sí la lastimó, aunque le encantó, y Marcos solo le decía, así te gusta putita, así quieres que te trate, como la piruja barata ofrecida que eres, y ella solo decía que sí, que le diera más, que no fuera maricón y volvió a darle muy rápido y duro, tanto que ella logró llegar a su orgasmo vía anal casi al mismo tiempo que él. Se terminaron de bañar, descansaron un rato y le dijo que la traía a casa, ella quiso agradecerle a su modo haciéndole la tradicional mamada en el coche, pero él se rehusó diciéndole que ya hasta estaba un poco adolorido por lo salvaje de la sesión.

    Yo le pregunté si le había gustado y ella me contestó que mucho, entonces me sinceré y sin dejar de lamerle la conchita (aún no llegaba a su orgasmo) le dije que la verdad me había decepcionado de que no regresara bien llenita, que pensaba que siempre que saldría a coger ella vendría con los símbolos de la sesión, entonces mi esposa me dijo: “hay putito, no demuestres tu mariconería y disfruta lo que te cuento”, entonces me molesté y le dije que no quería que me dijera así; ella me notó molesto, me dijo de manera muy amable que habláramos, pensé que nos pelearíamos (pues yo estaba molesto), pero ella empezó a acariciarme del cabello y me dijo que quería dejar claro que me amaba más que a nada en el mundo, que ella no podría ser como era, sino era gracias a mí, que me consideraba la mejor persona del mundo, el mejor esposo y su compañero de vida, pero entonces me dijo que así como ella se había liberado la última vez con Armando, entendiendo que disfrutaría completamente de este estilo de vida y que no le importaría no solo comportarse como una verdadera zorra, sino que tampoco le importaría lo que pensaran de eso, que por eso decidió pararse a bailar y dejarse manosear delante de toda la cantina y encima terminó ofreciéndose a Marcos, y que así como ella por fin había aceptado ese estilo de vida, porque en realidad era lo que le gustaba, sentirse deseada y ser el centro de atención de muchos, yo debía aceptar al fin mi naturaleza, que ella cuando me decía putito o maricón, no se refería a que me gustaran los hombres, o que no me gustaran las mujeres, pero que tenía que aceptar mi sexualidad completamente, entonces me dijo que fuera completamente sincero, que me preguntaría cosas y que por favor, no la tratara de engañar a ella y mucho menos a mí mismo, entonces se dio mas o menos la siguiente conversación:

    – A ver amor mío ¿Qué prefieres, cogerme tú o que me cojan otros y te cuente como lo hicieron? Fue la primer pregunta de mi esposa.

    – Híjole, la verdad prefiero que me cuentes como te lo hicieron. Contesté después de un rato de pensar y aceptar lo que realmente deseaba.

    – Que bueno que eres sincero amor. Me besa en la boca tiernamente para pasar a la siguiente pregunta ¿Te gusta más que regrese bien rellenita de lechita de macho o apestando a verga y huevos de otro hombre o prefieres penetrarme tu?

    – Hay amor, me preguntas cosas muy difíciles, pero pensándolo bien, prefiero limpiarte, es más, casi siempre termino mientras te estoy limpiando. Volví a tardarme en contestar, porque realmente era difícil aceptar una realidad así.

    – Si amor, lo sé, me doy cuenta y me encanta que aún cuando tu ya terminaste me sigas limpiando como un buen cornudo. Pero sigamos, cuando tengamos la oportunidad de que puedas estar presente mientras te hacen el favor de cogerme ¿Preferirías penetrarme junto con el macho o preferirías ver y ayudar en algunas cosas como preparar mi vagina o mi colita para la penetración y después limpiarme?

    – Amor, otra pregunta súper difícil, pero la verdad creo que me quedaría congelado, y me excitaría mucho más siendo espectador de algo tan delicioso y por supuesto apoyarte, también me encantaría abrirte las piernas o detenerlas mientras te penetran. Contesté ahora más rápido.

    – Mira amor, respecto al sexo anal, se completamente sincero ¿Preferirías penetrarme por mi colita o limpiar la lechita que otro me deje en ese mismo huequito? Preguntó con una sonrisa en la boca.

    -En esta pregunta estuve a punto de contestar que preferiría penetrarla, pero de solo imaginarme su culito desbordándose de leche de macho, me super excité y así se lo hice saber.- Prefiero limpiarte el culito bien rotito por otro wey amor.

    – Bueno amor. Volvió a decir mi esposa. Ahora te voy a resumir lo que acabas de decir. En todas las situaciones preferirías usar la boca, la lengua y los ojos, en lugar de tu pene. Acotó mi mujer y esperó a que respondiera algo.

    – No me había dado cuenta de eso amor. Le contesté aunque en realidad estaba muy excitado. Pero tienes razón, aunque no entiendo cómo todo esto, que veo como las fantasías de un cornudo, se relaciona con la forma en la que me hablas. La cuestioné.

    – Hay amor, te lo voy a explicar, y quiero que al final me digas sinceramente qué opinas de todo esto. Pero mira, prefieres el olor a verga y a huevos de hombres que prefieres creer que están más dotados que tu, sea cierto o no; además de que adoras el sabor a leche de macho, tan es así que hoy todavía estás enojado porque ayer llegué muy limpiecita, y lo prefieres antes que meter tu pitito dentro de mí ¿Miento en algo? Preguntó mi esposa con una sonrisa.

    -Verdaderamente me quedé congelado, no esperaba algo tan directo, pero al fin contesté-. Tienes razón amor, por cómo lo dices, sí prefiero eso. La iba a volver a cuestionar sobre la relación de todo esto con los insultos que me dedicaba, cuando ella de inmediato me interrumpe.

    – Bueno amorcito, ahora te voy a aclarar, yo ya me acepté por fin como una zorrita, como una putita completa, y lo que más deseo es ver, sentir, palpar, oler y saborear la verga, los huevos y la leche de un macho, además de su cuerpo, por lo que entiendo perfectamente tus deseos, y se que no deseas a los hombres, que no te gustan, que no te excitan, pero por supuesto que deseas todo lo demás, y la verdad es que no te culpo, es embriagante y para alguien con tus deseos respecto a tu esposa es natural, y la verdad esos son deseos de putito, de maricón, solo acéptate amor, no eres gay, pero sí tienes deseos de oler, saborear y ver una buena vergota con unos huevos tremendos, y se que los deseas dentro de mí, pero los deseas, además, jajaja, no estoy segura de qué vayas a desear cuando al fin puedas ver como me penetran amor, pero debes aceptarte a ti mismo y que no busco ni herirte ni lastimarte diciéndote esto, solo la verdad, y por supuesto, solo busco que ambos disfrutemos a tope con todo esto.

    Me quedé sin palabras, no sabía qué decirle, porque todo lo que decía mi mujer tenía sentido, pero no quería aceptarlo, me parecía tremendo y solo sentía como me sonrojaba rápidamente.

    – Anda amor, ya acéptalo, recuerda que una de mis más locas fantasías es que esté con 6 hombres y antes te imaginaba como uno de los 6, pero ahora te imagino de rodillas a mi lado esperando a que terminen conmigo los machos y tú limpiando como un buen cornudo putito, dime que lo primero que te imaginas no es un río de lechita calientita y fresca de un buen machote cayendo por mis piernas y tu pegado lamiendo y saboreando cada gota de esa pegajosa miel, tu no quieres ser uno de los 6, quieres ser el cornudo humillado limpiando a tu mujer de que machos más hombres que tú, me usen a su placer. Además amor, me encanta ser sometida por mis amantes, pero sería muy aburrida mi vida si solo fuera eso, así que me encanta tu predisposición a humillarte.

    – Tienes razón amor, con esto de tu fantasía me abriste los ojos, prefiero estar de rodillas a tu lado preparándote y limpiándote que penetrándote, así que con mucha pena debo aceptar que, tienes razón amor. Al fin le dije.

    – Eso amor, y que esperas pinche puto, no terminaste con tu trabajo, no he llegado a mi orgasmo, así que a lamer. Terminó la conversación mientras me bajaba a comerla entera, solo que ahora mucho más feliz y convencido que antes.

    Al siguiente día de lo que acabo de contar se fue de nuevo con Armando (su excompañero vergón de la uni), ya vestida mucho más sexy y volvieron a coger brutalmente (sobre todo por el culo de mi mujer), pero lo verdaderamente importante de esta cita se dio al final, en la cama mientras charlaban después de que se acostaron; Armando empezó a contarle de todas sus aventuras en la Universidad, confirmándole a mi mujer todos los rumores de putero que tenía, pero al final le dijo que lo mejor que había experimentado había sido un trío que hizo varias veces con su mejor amigo y una compañera del salón de mi esposa, le contó maravillas sobre los tríos y que lamentablemente no había vuelto a tener la oportunidad de hacer otro, por lo que le propuso a mi mujer que hicieran uno, que no se arrepentiría, mi esposa aún tenía reparos y le dijo que lo pensaría, así que él le dijo que tenía que salir de la ciudad más o menos por un mes, que a su regreso le dijera la respuesta.

    Todo esto me lo contó mi mujer mientras yo le limpiaba la lechita que le había dejado Armando en su culito, leche muy espesita y amarga, pero deliciosa, ella todavía tenía muchas dudas acerca del trío, pero yo la animaba diciéndole que era parte de ser una zorra completa, toda una putita, veía como con la excitación de mis lamidas a su adolorido trasero y las ideas que le planteaba ella se convencía cada vez más de la idea del trío; el domingo empezó a fantasear con el trío mientras yo seguía lamiendo su panochita y culito, ahí se me ocurrió la idea de al fin comprar un dildo para que ella fuera practicando conmigo, porque ya seriamente me decía que lo único que le preocupaba era el tremendo tamaño de su excompañero, así que compré un tremendo dildo muy parecido a una verga venosa de casi 25 cm de largo.

    En cuánto lo vio mi esposa se empezó a reír y me dijo que debía admirar mucho a Armando, porque era más pequeña, aunque no mucho, por lo que me dijo, creo que mediría entre 21 y 22 cm aún así era tremendo aparato, sin embargo, no lo pudimos usar porque le bajó la regla, por lo que el viernes solo salió a tomar, besuquearse y manosearse con sus compañeros, pero no se fue con ninguno a coger, ella es muy penosa en esos días, sin embargo, el domingo ya pudimos probar el dildo, y me sorprendió porque la recibió completa y sin quejarse, y vaya que lo disfrutó, aunque no me dejó que la penetrara al mismo tiempo, ella se quedó con la fantasía de que la veía coger con un macho super vergón, por lo que me puso a prepararle la panochita y el culito antes de la penetración, me puso a penetrarla por casi 40 minutos con el dildo y al final me ordenó que acabara en sus nalgas para que la limpiara como si fuera la leche del macho, debo aceptar que fue super excitante para mí, tanto que prácticamente solo me la jalé dos veces para tirar mi leche y de inmediato me puse a limpiarlo. Esta fantasía en particular nos encantó porque toda la semana estuvimos fantaseando con eso.

    El siguiente viernes volvió a salir con sus compañeros a tomar, bailar y divertirse (eran los mismos Marcos, Luis y Ernesto); durante el baile hubo manoseos y hurras ya que mi esposa volvía a vestirse muy zorrita con putifaldas muy cortas, al terminar la velada, fue Ernesto el que le dijo que le quería dar un aventón a la casa, mi esposa ya tomada y cachonda, se prendió aún más sabiendo que probaría otra verga diferente, Ernesto tenía una camioneta, y mi esposa de inmediato se puso manos a la obra a chuparle la verga mientras manejaba, su nuevo amante es el mayor de los 3 amigos, por lo que conoce perfectamente la zona en donde vivimos y llevó a mi mujer a un mirador que está cerca de nuestra casa, mi esposa pensó que la llevaría a un motel a chingársela, pero estaba tan caliente que no le importó a pesar de que había otros dos coches en el lugar, además de que era otra cosa que nunca había hecho, coger en un coche; por lo que Ernesto ya con experiencia echó el asiento hacia atrás, tomó a mi esposa por su cintura y aprovechando que la falda de mi mujer era muy corta ella solita se hizo la tanga a un lado y empezó a darse de sentones en su compañero, me contó que estaban muy calientes, ella haciendo todo el trabajo moviéndose de un lado para otro y él masajeándole las nalgas y diciéndole muchas cosas muy fuertes, me dijo que le decía que iba a ser la perra de la escuela, que era una puta caliente, que era la mujer mas fácil que había conocido, que iba a conocer todas las vergas de la escuela, y mi esposa contestando que sí a todo, gimiendo y hasta gritando; me dijo que duró muchísimo, y eso lo supo porque le dolieron las piernas y al final el cabrón de Ernesto solo le dijo, me vengo zorra, me vengo puta y ella le contestó que si, que la rellenara completamente, en cuanto terminaron, su compañero la llevó a la casa y estaban lo suficientemente cerca como para que a mi esposa no le diera tiempo de hacerle un trabajo oral; todo esto me lo contó en cuanto llegó toda despeinada, aún agitada y borracha mientras yo le limpiaba la gran cantidad de lechita que le había vaciado su compañero de trabajo.

    En esa semana yo le pregunté a mi mujer si no se sentía incómoda conviviendo con sus compañeros que ya se habían acostado con ella, y ella me dijo que para nada, que si había coqueteo y hasta manoseos, pero que en realidad no era nada raro o incómodo; nosotros como pareja seguíamos jugando con el dildo que le compré, pero a mi esposa le encantaba la fantasía en donde yo le lamía mientras ella era brutalmente penetrada, y cuando al fin terminaba me ordenaba jalarmela y echarle la leche en las tetas o el culo para que se la limpiara, también a mí me gustaba mucho.

    Sin embargo el viernes volvió a salir con sus 3 compañeros vestida con otra falda muy corta y ya era obvio que iba a volver a coger con alguno de ellos, aunque realmente no llegó tan tarde, como a las 2 de la mañana ya estaba regresando, esos si, estaba muy despeinada, de nuevo tomada y apestaba muy fuerte a sexo, naturalmente y como ya era costumbre ahí mismo en la sala ella se abrió de piernas, le quité la tanga que estaba empapada de fluidos, pero lo que me sorprendió fue que ambos agujeritos estaban escurriendo lechita, obviamente como becerro empecé a limpiarla mientras ella me preguntaba que si me gustaba, yo le dije que me encantaba, ella me dijo, disfruta las lechitas pendejo, porque ahora te traje de dos machos y empezó a reírse, yo empecé a excitarme y le pregunté, uf, a poco son leches de dos distintos, y ella siguió diciendo, claro amor, ya te contaré como fue, pero ahora has tu chamba como cornudo maricón, limpia hasta que acabe, yo no pude aguantar, casi de inmediato, después de que me contó que se había entregado a dos distintos terminé, mi esposa lo notó y me dijo, me da gusto que te encante que sea tan puta, fue delicioso amor; en cuanto terminó mi esposa con mi lengua en ambos agujeritos me dijo que subiéramos porque se quería dormir, le pregunté si me iba a contar y me dijo que al siguiente día, que estaba cansada y borrachita, que mejor en la mañana ya con la cabeza más aclarada.

    Después de dormir tranquilamente, al siguiente día (sábado) y antes de que nuestros hijos nos molestaran mi esposa me contó que ahora sí se había graduado como zorrita, le pregunté porque y ella me indicó que me bajara a comerle la panochita mientras me contaba, yo encantado lo empecé a hacer y ella me contó que este viernes habían estado muy bromista, que fue la primera vez que pidieron una botella porque les saldría más barato que por copa por lo que tomaron más desde más temprano, así que cuando empezaron a bailar estaban aún más entonados que las otras veces y naturalmente eso provocó que fueran mas descarados con mi esposa, por lo que prácticamente ella durante los bailes traía las nalgas de fuera y solo se reía y se bajaba la mini, pero lo que los volvió loquitos completamente fue que a ella se le antojó después de una pieza sentarse en las piernas de su pareja de baile, obviamente de inmediato Marcos la abrazó de las nalgas y ella entre broma y broma le restregaba las nalgas y me dijo que le encantaba sentir como se le iba parando, entonces los demás no se quedaron atrás y la sacaron a bailar pero solo para sentarla en sus piernas, me contó que eso de sentarse fue poniéndose cada vez mas caliente, pues ellos siempre le subían la mini a la cintura, le acariciaban y pellizcaban las nalgas las piernas y le daban besos en la boca, ella en cuanto se levantaba se bajaba la mini, pero no les decía nada de sus “travesuras”.

    Le pregunté si en la cantina no dijeron nada, porque si se estaba comportando muy, pero muy zorra, entonces ella me dijo que estaban en una esquina y todos estaban muy ebrios, pero que sí fue un mesero, pero Ernesto habló con él y no pasó a mayores. Después de un buen rato haciendo esas puterías mientras bailaba mi esposa estaba super caliente, pero Marcos tuvo que irse porque le llamaron de su casa, así que se tuvo que retirar, pero mi esposa siguió zorreando tanto con Luis como con Erenesto, ya muy tarde (cuando quedaban solo ellos y otra mesa en la cantina) mi mujer tuvo ganas de ir al baño así, que fue; en cuanto terminó y salió del tocador se encontró con Luis (el único que faltaba por tirarse a mi esposa) y me contó que estaba todo colorado y le dijo, hay Claudita, ahora si te pasaste de puta, estoy bien caliente.

    Mi esposa solo se empezó a reír y él la tomó del cuello y le dijo, ahora sí pendeja te voy a dar lo que te mereces por calienta vergas; y así se la llevó al baño de hombres y la metió a una de las cabinas con retrete, la sentó, se sacó la verga (me dijo que la tenía muy venosa, morena y gorda, aunque no tan grande, pero que ella estaba tan caliente que solo quería que se la metiera, y el cabrón de Luis así se la clavó en la boca y que no tuvo ninguna consideración, que la tomó de la nuca y se la metía hasta los huevos, que literalmente se la cogió por la boca mientras solo gemía y le decía “así puta, así puta”; cuando se cansó de darle por la boca, la levantó del cabello, la empinó, le subió la mini, le hizo la tanga a un lado, le escupió en el ano y le dijo, “creías que podías calentarnos por horas y te ibas a ir así, no pendeja? Pues te voy a romper ese culote que presumes.

    Al fin que Marcos nos contó que la aguantas muy bien por detrás” y que le costó trabajo penetrarla por el ano, sobre todo porque estaba algo tomado, pero al fin se la clavó después de varios intentos y la estuvo enculando sin piedad mientras ella empezó a gemir, y estuvo bombeándola por varios minutos hasta que empezó a gruñir mientras terminaba en el interior de su ano, ya que acabó el cabrón de Luis se quedó un buen rato pegado a mi esposa mientras le vaciaba los huevos con la verga hasta dentro, después solo le dijo que le había gustado mucho, que la esperaba en la mesa.

    Mi esposa me dijo que terminó mientras era brutalmente sodomizada por Luis, la experiencia le gustó pues nunca lo había hecho en un lugar tan público y tan de repente, además de que el hecho de que su compañero la dominara de tal forma fue increíble para ella.

    Al regresar a la mesa Luis se estaba despidiendo (mi esposa pensó, claro ya con los huevos vaciados el cabrón se va), así que descaradamente Ernesto le pregunta a mi mujer si quería ir de nuevo al mirador de la otra vez, mi mujer no lo pensó dos veces, le calentó que en menos de media hora iba a tener otra verga dentro de ella, así que se fueron al mirador y prácticamente repitieron lo de la semana anterior, solo que ahora después de que Ernesto se deslechara dentro de la panochita de mi esposa platicaron un poco sobre esto, su compañero le confesó que los tres amigos habían platicado de las experiencias con mi esposa, que Luis estaba super urgido de tirársela pues era el que faltaba y que como Marcos les había contado que a mi mujer le gustaba rudo, por eso se animó a ir a buscarla al baño y que no se había equivocado, que salió con una sonrisota y le contó todo lo que hicieron a su amigo.

    Entonces Ernesto le preguntó que si no le decían nada en su casa, porque tenía entendido que era casada, y ella con toda naturalidad le platicó sobre nuestra relación y hasta le contó que seguramente cuando la regresara a la casa su marido (o sea yo) le limpiaría sus dos agujeritos llenos de lechita, que ese era uno de mis principales fetiches como cornudo, empezaron a bromear sobre eso, su compañero le decía que por el cuerpo y el carácter que tenía, no tendría problemas en llevarme a probar la leche de todos los cabrones de la escuela, ambos se rieron y mi esposa, cómo no, terminó dándole la mamada de despedida a su compañero mientras él le acariciaba el cabello y le decía que qué buena zorra era.

    Continuará.

  • Esclavizados por una deuda (episodio I)

    Esclavizados por una deuda (episodio I)

    Mi nombre es Carlos, tengo 28 años y esta es mi historia, de como nos convertimos, mi esposa y yo en los esclavos sexuales de una pareja adinerada.

    Yo y mi esposa Carla de 26 años, nos casamos al poco de acabar nuestros estudios. Si ya lo se Carlos y Carla, ya hacían bromas con eso nuestros compañeros de instituto, nos conocimos de jóvenes ya que eramos del mismo grupo de amigos. Y la verdad nuestra relación a ido genial, tuvimos nuestros altibajos, pero siempre salimos reforzados. Nuestra vida sexual, era a mi parecer bastante satisfactoria, experimentamos un poco, probamos osas aquí y allá, un par de tríos y una vez un intercambio de parejas, pero todo ocasional sin llegar a ser muy extremo.

    Pero no todo en la vida es perfecto, hace un par de años vimos una oportunidad de negocio que nos presento un familiar, y la verdad tenía buena pinta. Nos metimos de lleno, invertimos todos nuestros ahorros incluso hipotecamos la casa que mi esposa había recibido de herencia y donde vivíamos. Pero la cosa se torció, mucho mi primo, quien nos había propuesto el negocio desapareció en el peor momento y nos dejo una deuda millonaria, no quiero meterme en detalles, pero básicamente perderemos nuestra casa y seguiremos teniendo que pagar una deuda y en caso de no hacerlo podíamos acabar en la cárcel. Esto nos produjo un montón de quebraderos de cabeza, y por supuesto nuestra relación se resintió, era evidente que nuestra vida iba a dar un giro, pero nunca me imagine de que manera.

    Hace un par de meses estábamos visitando a un prestigioso abogado, a ver si nos podía ayudar de algún modo, lo que nos dijo no fue muy alentador, y la pequeña oportunidad que el nos ofrecía no nos la podíamos permitir, sus servicios eran muy caros, algo que era más que evidente por el lujoso despacho que tenia en una de los bufetes más prestigiosos de la ciudad. Cuando derrotados, abandonábamos el bufete alguien nos llamo.

    – ¿Carlos? ¿Carla? –pregunto un hombre que avanza hacia nosotros–. Chicos ¿cómo estáis? me alegro muchísimo de veros.

    Nos giramos hacía el hombre que nos llamaba, me costo un poco, pero le reconocí, era David, un antiguo compañero de instituto del que no sabíamos hace años. Y la verdad había envejecido muy bien, era bastante más atractivo de lo que recordaba, con un traje elegante y se notaba que se cuidaba. Nos dimos un fuerte abrazo y tuvimos una breve charla, por lo visto le iba muy bien, había tenido suerte con unas inversiones y ahora se dedicaba a vivir de las rentas y como marchante de arte. Yo no quise ahondar en nuestros problemas financieros, no me gusta ir dando lastima.

    – Amor, ¿me presentas a tus amigos –dijo una mujer hermosa que se acerco a nosotros.

    – Ah, si claro, Naomi, ellos son Carlos y Carla. Lo se, lo se, es gracioso.

    Quede atónito, Naomi era una de las mujeres más hermosas que había visto en mi vida. No me malinterpretareis Carla, es increíblemente sexy, se cuida mucho y tiene un físico espectacular, rubia y de ojos verdes, y una cara con rasgos perfectos. Pero Naomi era otro nivel. Vestía un hermoso vestido, como si fuera a desfilar por una pasarela, que resaltaba la perfecta figura de su cuerpo. Tenia una melena caoba que le llegaba hasta la cintura. Su piel morena parecía brillar y sinceramente no creía que se podía tener un rostro como el suyo fuera de una revista, ni una sola imperfección. Me quede mirando embobado, hasta que me devolvió la mirada con un gesto divertido y seductor, se notaba que estaba más que acostumbrada a que la mirasen de esa manera. Aparte rápidamente la mirada y me sonroje.

    Hablamos un poco más y dijimos de quedar algún día los cuatro, la verdad no le di mucha importancia, una de las típicas cosas que se dicen cuando te reencuentras con alguien pero luego nunca se cumplen. Cuanto me equivocaba.

    Unos días después mi mujer me dijo que habíamos quedado para cenar en su casa, me sorprendió, pero tampoco vi nada extraño a fin de cuentas los amigos pueden reconectar después de años. El día de la cena fuimos a su casa y ¡Wow! Era sencillamente increíble, una casa grande en una de las mejores zonas de la ciudad, decorada con un gusto exquisito, llena de piezas de arte por todos los lados. La cena fue agradable, nos pusimos al día y recordamos anécdotas del pasado. Una vez más no quise comentar nada de nuestros problemas, pensé que arruinaría la noche. Más tarde nos trasladamos al salón para seguir charlando y bebíamos más vino, y la verdad la cosa marchaba bien, todos empezábamos poco a poco a sucumbir al vino. Fue entonces cuando cayo la bomba.

    – Bueno, tenemos algo que comentaros –comenzó a decir David–. Carlos, quiero que sepas lo primero que estoy al corriente de vuestra situación, Carla me lo contó todo el otro día por teléfono.

    Me sentí un poco traicionado, la verdad, pero a fin de cuentas no era tan grave, lo estábamos pasando mal y era normal que Carla se quisiera desahogar.

    – Naomi y yo hemos estado pensado, en alguna forma de poder ayudaros.

    – No es necesario –empece a decir–. De alguna forma u otra nos apañaremos.

    – ¿Por qué no dejas que hable? –dijo Carla.

    – ¿Le pediste ayuda sin consultarme? –le pregunte un poco enfadado.

    – Carla no me pidió ayuda –dijo David–. Me contó vuestra situación y yo le dije que pensaría algo.

    – ¿Y hay algo que podáis hacer? –pregunto mi mujer algo ansiosa y esperanzada.

    – Bueno, la verdad es que es mucho dinero –dijo David–. No puedo haceros un préstamo, porque dudo mucho que podáis devolverlo.

    Una vez más vi la mirada de derrota de mi esposa, era como si le arrancaran su última esperanza.

    – Pero puedo daros el dinero –continuo hablando David–.

    – ¿Cómo dices? –pregunte incrédulo.

    – Bueno, no sería a cambio de nada, hay una cosa que queremos a cambio.

    Naomi, había sacado unos contratos y nos los ofreció. Mi mujer se apresuro a tomarlos, estaba muy emocionada, me dio uno se quedo el otro para leerlo ella. Cuando empece a leer aquello, tarde en entenderlo, luego pensé que era una especie de broma de mal gusto, pero cuando empece a ver las paginas de clausuras y detalles me puse rojo. Ellos realmente querían…

    – Básicamente pone –comenzo a decir Naomi–. Que os convirtáis en nuestros sirvientes, nuestros esclavos sexuales durante un año, para ser exactos. No a tiempo a completo, pero siempre que os lo digamos tendréis que venir y hacer todo lo que os pidamos.

    Mire a aquella hermosa y elegante mujer y vi en su mirada un deseo sexual sin precedentes, realmente deseaba aquello.

    Me tome un momento más para leer algún que otro detalle, evidentemente no íbamos a aceptar aquello, era una completa locura.

    – ¡Lo haremos! –dijo mi mujer poniéndose de píe–. Firmaremos

    – No… –comencé a replicar.

    – No voy a perder nuestra casa –dijo Carla, mirándome con expresión molesta–. no importa lo que ellos puedan hacernos, si acabamos en la cárcel lo que nos harán es peor.

    – Solo es valido si los dos aceptáis –puntualizo Naomi, mientras le ofrecía un bolígrafo a Carla

    – Lo haremos –dijo mi mujer, y sin pensarlo dos veces tomo el boli y firmo su copia.

    – Yo no puedo –empece a decir

    – No importa –me increpo Carla–. es la mejor oportunidad que tendremos, podremos empezar de 0.

    Tome el boli y mis ojos intentaron volver a leer aquel contrato, pero mi mente no podía de imaginar por que cosas nos harían pasar.

    – Quiero dejar claro –dijo Naomi–. Qué no importan vuestros limites, no podréis negaros a nada, o no recibiréis nada. Pero si aceptáis os prometo que no os arrepentiréis. Y terminareis amando estar a nuestro servicio, como unas mascotas fieles y amorosas.

    Yo seguía sin creerme que todo aquello era real. Pero que otra opción tenía, si no aceptaba mi mujer me odiaría y me culparía cada día. Y de alguna forma tenía razón, porque fue mi primo quien nos metió en este embrollo y yo convencí a mi mujer de arriesgarnos. Termine firmando.

    – Muy bien –dijo David visiblemente animado–. No os preocupéis, iremos entrenándoos poco a poco hasta que sepáis lo que deseamos incluso antes de decirlo. Lo primero, es que tanto en privado como en publico nos llamareis amo y ama. Y agradeceréis cada castigo y humillación, debéis de entender que vuestra sumisión a de ser real, física y mental. Si no nos quedamos satisfechos simplemente romperemos el contrato y os quedáis sin nada. ¿Entendido?

    Se hizo un silencio, yo y mi mujer nos miramos, realmente nos habíamos metido en esto y ahora teníamos que cumplir

    – Si, mi amo –contesto ella.

    – Si, amo –dije yo después.

    – ¡Perfecto! –exclamo David–. Sabes Carla, en el instituto siempre pensé que tenias unos labios carnosos y sexys. Creo que los voy a probar ahora mismo.

    David se desabrocho los pantalones y saco su enorme miembro, era bastante más grande que la mía, digna de un actor porno. Mi mujer agacho la mirada y sin decir nada se arrodillo ante David y comenzó a besar y lamer su polla y en cuanto se termino de poner dura se la metió en la boca y empezó a chuparla con energía.

    –Veo que la perrita lo disfruta –comento Naomi–. ¿Carlos sabias que tu mujer era tan guarra? Que nada mas ver una polla se lanza a comérsela.

    Me quede atónito, realmente las cosas iban a ser así, nuestra voluntad anulada para ser unos meros juguetes sexuales. Me di cuenta que Naomi realmente esperaba una respuesta a aquella pregunta. Tuve la tentación de marcharme de inmediato, pero tenia que reconocer, quizás por el vino, había un punto de excitación en ello.

    – No, no lo sabía mi ama.

    – No te preocupes, sabremos usar muy bien la puta que hay en su interior, sacarla a relucir, y también a la puta que hay en tu interior. Ven, de rodillas desabrocha mis zapatos.

    Obedecí me puse de rodillas ante aquella Diosa de piel morena, que ahora era mi ama. Y desabroche con mucho cuidado sus zapatos de diseño.

    – Masajealos, y usa la lengua también, quiero que los lamas a conciencia y aprendas a adorarlos, a partir de ahora tú y la zorra de tu mujer pasareis mucho tiempo besando y lamiendo mis pies.

    Aquello me provoco una erección, tenia que admitir que aquella petición no era algo que me molestara, al contrario, me deleitándome lamiendo y adorando los suaves y perfectos pies de aquella Diosa. Me pregunte si Carla había pensado lo mismo de la polla de David, la cual seguía chupando cada vez con más entusiasmo.

    Mientras nosotros pasamos los siguientes minutos cumpliendo con nuestras primeras ordenes. David y Naomi se miraron de forma cómplice y se dieron la mano mientras se miraban con amor, desde luego estaban hechos el uno para el otro, eran unos pervertidos con sus nuevos juguetes.

    Tras un rato la respiración de David se fue acelerando más y más sujeto a mi mujer por el pelo y comenzó a acelerar el ritmo, metiéndosela mas adentro en la garganta y provocándole arcadas que mi mujer lucho para controlar. Finalmente con un gemido de placer David exploto en su boca. El pie de Naomi golpeo ligeramente mi cara, ya que me había distraído con la escena.

    – Lo has hecho muy bien putita –dijo David–. Y no te preocupes aprenderás a comértela entera. Ahora quiero que beses a tu marido, quiero que el también pruebe mi corrida.

    Aquello me sorprendió, no había querido pensar en ello, pero era evidente que no se contentarían con usarnos por separado. Carla se acerco a mi y comenzó a besarme apasionadamente, note que estaba muy cachonda, con la lengua, paso la corrida de David a mi boca. Yo nunca había probado la corrida de ningún hombre, era amarga y viscosa. Carla empezó a jugar con la lengua hacia mucho que no la veía dejarse llevar tanto.

    Naomi se había levantado y se había quitado el vestido, mostrando aquella piel caoba lisa y suave. Se puso de pie delante de nosotros mientras nos besábamos y compartíamos la corrida de su marido.

    – Perra, espero que sepas comer un coño tan bien como una polla, y el cornudo de tu marido va a meter su lengua en mi culo, que es donde mejor papel hace.

    Inmediatamente comenzamos a darle placer con nuestras lenguas. Comerse una corrida, desde luego merecía la pena por meter la cara en aquel culo redondo y suabe. Me emplee lo mejor que pude y realmente lo disfrute. Tardamos unos 10 minutos en conseguir que se corriera encima de nosotros, gimiendo con mucha intensidad. mientras con estiraba con fuerza a ambos del pelo.

    Se aparto y nos sonrío mirando nuestras caras llenas de sus fluidos.

    Sin decir nada abrió mi boca y escupió dentro. Luego sujeto la cara de mi mujer con fuerza y le dio un sonoro bofetón y despues un intenso beso. Tomo el tanga que había dejado junto su vestido y se lo metió dentro de la boca a Carla.

    – Quiero que las guardes dentro de esa boca, las llevaras todo el camino de vuelta a tú casa. Y la próxima vez que vengáis me las traerás limpias, por su puesto las lavaras a mano. Y lo harás siempre que vengas, sin necesidad de que te lo recuerde, tomaras todas mis bragas y tangas que tenga sucios y te los llevaras dentro de la boca, y si no caben llenaras el resto de tus orificios. ¿Queda claro?

    Mi mujer asintió con la cabeza, antes de recibir un segundo bofetón.

    – ¿Queda claro? –insistió Naomi

    – Zi mi adma –contesto Carla con el tanga en la boca.

    – También os pondréis estas pulseras –dijo David entregándonos dos pulseras–. Sabremos siempre donde estáis. Y no podéis tener sexo entre vosotros, ni tampoco masturbaros, si la pulsera detecta un incremento de las pulsaciones o que os la quitáis por algún motivo, se acabo. Ahora iros, queremos estar solos, vamos a planear muy concienzudamente que haremos con vosotros. Volver en 3 días. Ha y os quiero vuestros cuerpos completamente depilados, y preparados para todo porque vamos a usar cada agujero. Podéis iros.

    Carla y yo nos levantamos, nos pusimos las pulseras y con la cabeza gacha empezamos a caminar, me sentía aturdido y humillado, con mucho miedo por lo que estaba por venir, y me avergüenza admitir que también tenia un poco de curiosidad y deseo.

    – Un segundo –dijo Naomi antes de que nos fuéramos–. Quitaros toda la ropa y tirarla en la basura de la cocina. Os iréis a casa desnudos.

    Bueno hasta aquí el primer fragmento. Continuará. Son los primeros relatos que me atrevo a subir acepto todo tipo de críticas y comentarios, si lo disfrutaste, muchas gracias por leer.

  • Por curioso me pasó

    Por curioso me pasó

    Hola, quisiera presentarme, actualmente tengo 46 años, vivo en la ciudad de Villavicencio, Colombia y soy un travesti de clóset.

    Esto sucedió cuando tenía 28 años yo trabajaba para una empresa de televisión por cable y me enviaron a un mantenimiento en un local se trataba de un bar llegué a eso de las 5 de la tarde y comencé a hacer los arreglos pertinentes cuando en eso veo a un hombre parado cerca de una cortina gigante que había pero él me miraba descaradamente y se tocaba el paquete yo en un principio no sentí nada pero luego me entró la curiosidad y comencé a observarlo no voy a mentir se le notaba un buen paquete y no sé qué tenía pero no podía quitar la mirada de él.

    Luego de unos 20 minutos cuando por fin termine de hacer mi trabajo el dueño de local me ofreció algo de beber a lo cual le acepté una cerveza me acerqué a la barra tomé asiento mientras bebía la cerveza cuando veo que aquel hombre se acerca a mí pide una cerveza para él y mientras se la dan me dice te espero atrás de la cortina.

    En ese momento realmente no supe qué hacer si irme hijo hacerle caso o ir hasta donde él estaba después de unos 3 minutos de pensarlo me ganó la curiosidad me levanté e ingresé atrás de esa cortina se trataba del cuarto oscuro ahí estaba él ya con su verga en la mano me quedé parado al lado de él hasta que él tomó una de mis manos y la llevó a su pene yo comencé a acariciar el miembro con mucha timidez él me dijo anda no sientas miedo no va a pasar nada que vos no quieras así que me solté un poco comencé a acariciarle mejor y prácticamente a masturbarle luego poco a poco él me acariciaba el cabello y comenzó a empujarme haciendo que cayera de rodillas yo no soltaba su pene pero cuando estuve de rodillas él tomó mi nuca y acercó mi cara a él lo pasó por mis labios y me dijo abre la boca no supe qué hacer volví me repitió abre la boca yo abrí la boca y en ese instante él lo puso sobre mi lengua y me dijo chupa marica yo comencé a saborear primero con la lengua.

    Y luego lo rodeé con mis labios y comencé a moverme muy lentamente pero él empezó a moverse al compás hasta que me penetró la boca por completo qué sensación más rica ahí me entregué completamente entonces él me dijo para un momento quítate la ropa yo me quité la ropa inmediatamente él comenzó a acariciarme sobre todo en las nalgas y comenzó a tocar mi ano con sus dedos luego llevo sus dedos a mi boca que me dijo chúpalos los chupé por un minuto lo saco en mi boca y los llevo a mi ano cuando me introdujo uno de ellos sentí un pequeño dolor y me asusté no lo niego pero comencé a sentir tan delicioso que lo dejé hacer mientras él me tocó nuevamente de la de la nuca y me llegó nuevamente el pene a la boca al momento siento como introduce el segundo dedo estaba en el paraíso con una verga en la boca y dos dedos en mi culo.

    Después de unos minutos él me levantó acercó su cara y me besó estábamos en ese beso cuando me dio vuelta me dijo inclínate un poco escupió en mi ano y comenzó a pasar su verga por él me dijo pídemelo yo le dije que dijo pídeme que te clave yo me quedé pensando un segundo pero de mi boca salieron las siguientes palabras métemelo clávame y sin pensar un segundo me dijo eso quieres zorrita pues toma y me la clavo primero en su cabeza dolió pero cuando la tuvo dentro pego otro empujón suave y me lo voy metiendo poco a poco hasta que la tuve todo adentro qué rico sentí cuando comenzó a moverse atrás y adelante me decía qué rico culo tienes zorra, yo sí papi dámela también duro papi.

    Estuvimos así por 20 minutos hasta que me dijo me voy a correr ahí tienes tu leche y me dejó toda su leche dentro del culo me la sacó se limpió en una de mis nalgas subió sus pantalones y salió del cuarto allí quedé yo con la cola llena de leche y un placer inmenso te juro que a los pocos días regresé al bar y disfruté como nunca pero lo de los cuento en otro relato.

  • La amiga de mi hija en la fiesta de su prepa

    La amiga de mi hija en la fiesta de su prepa

    Se llegó el día en que mi hija terminó la prepa. Y como era de esperarse se realizó una fiesta. MI hija me pidió que la acompañara porque quería compartir este logro conmigo. Me puse mi traje porque sería una fiesta en salón, llena de jóvenes recién en los 18. Pensé que sería buen lugar para conocer a las mamás de sus compañeros y ver que podía salir. Uno nunca sabe.

    Llegue a casa de mi hija y ella ya estaba lista. Traía un traje que le sentaba bien. Ella no es de usar vestidos pero aun así se fue muy elegante.

    Al llegar al salón pude ver muchas de sus compañeras en vestidos y medias, tacones y escotes. Esto comenzó a meterme ideas que no quería tener pero cuando entramos y llegamos a la mesa asignada ya estaban casi todas sus amigas con su acompañante. Una de ellas llamó mi atención de inmediato. Una chica de 1.60 piel blanca, tetas grandes y un vestido abierto de la pierna justo a la altura donde inicia el muslo en la parte superior. Yo no pude quitarle la mirada de encima pero traté de ser lo más discreto posible. Ella fue sola. Su mama la fue a dejar e iría por ella ya que no podía quedarse. Entonces le dijo a mi hija si se podía sentar junto a nosotros.

    En la misma fiesta estaba el novio de mi hija así que prácticamente quedamos solo su amiga y yo platicando en la mesa. Después de unos tragos me dijo Valeria (así se llama la amiga de mi hija) que bailáramos.

    Llegamos a pista, la tome de la cintura y empezamos a bailar. Como había mucha gente pues quedábamos pegaditos y no pude contener a tentación de empezar a rosarla de manera “accidental” En cada vuelta que le daba bajaba mi mano muy poquito y podía sentir el borde de esas nalgas juveniles, firmes pero suaves. De vez en cuando miraba hacia abajo y veía su pierna y en cada vuelta se alcanzaba a percibir su entrepierna dejando ver un monte de Venus ligeramente prominente, quizá por el vello púbico.

    Supongo que no traía bra ya que el escote dejaba ver la forma natural de sus tetas tan deliciosas y suaves. Se percibía como se marcaba apenas unos pezoncitos duritos.

    MI hija se perdió con su novio entre el baile y quien sabe donde así que yo decidí dejarme llevar y ver hasta dónde podía llegar. Le pedí a Valeria que le avisara a su mama que yo la llevaría a su casa, quedaba de camino a la casa de mi hija. Afortunadamente la madre accedió sin poner objeción. El camino se estaba preparando. Cuando estábamos sentados comiendo o tomando, ella ponía su mano en mi pierna por debajo de la mesa, primero de manera sutil y conforme fue pasando el tiempo lo hacía con mayor confianza. Yo moría por hacer lo mismo pero había muchos padres de familia que podrían alertarse así que le dije que si quería que siguiéramos bailando.

    Ahora en cada vuelta subía un poco mis manos y lograba rosas esas tetas tan ricas y grandes que se empezaba a notar una erección que ella notó de inmediato. Le dije que necesitaba ir al baño y de manera picara me dijo: ¿no quiere que lo acompañe? A lo que le dije: mejor vámonos a otro lado y me reí.

    Su respuesta me dejo sumamente excitado.

    – Pues vamos, yo no tengo problema y mi mama ya acepto que usted me lleve.

    – Dile a mi hija que ya nos vamos. Que vamos a dejarla a ella primero y que de ahí te paso a dejar.

    – OK. A ver qué dice.

    Fui al baño a echarme agua fría y relajarme para que la erección se bajara y a pensar en lo que estaba por suceder pero ya era tarde. Solo pensaba en el cuerpo de Valeria y todo lo que podría suceder.

    Curiosamente mi hija accedió a irnos ya que su novio se quedaría en su casa y ya se sentían algo mareados. Me agradeció por llevar a s amiga a su casa. Así que emprendimos el camino. Yo estaba nervioso pero hice gala de todo mi control para que no se notaran mis intenciones.

    Valeria se fue adelante y podía ver toda su pierna descubierta. De repente se giro hacia atrás para platicar con mi hija y dejo sus piernas abiertas. Pude ver la tanguita que traía puesta y se veía mojada. Eso hizo que se me p arara dura y fuerte. Era totalmente notorio pero solo Valeria pudo verlo. Llegamos a casa de mi hija, se bajo con su novio y nos despedimos.

    Después de ver que ambos entraran seguros a la casa, le pregunte a Valeria:

    – Que te gustaría hacer?

    – Pues no sé, veo que se le paro de nuevo. Jejeje.

    – Mil disculpas, no le vayas a decir a mi hija. Sería muy vergonzoso.

    – No se preocupe, pero… me dejaría verla?

    Yo no podía creer lo fácil que se estaba poniendo todo. Pensé que tendría que hacer mas uso de habilidad de seducción pero veo que los jóvenes de ahora van a lo que van, así que no dude en estacionarme en una calle obscura, me desabroche el cinturón de seguridad y le dije…

    – Me parece bien pero sabes algo… yo también quiero verla.

    – Primero usted.

    Saque mi verga que ya se veía brillosa de la punta por tanto liquido seminal que escurría y ella sin avisar se acomodo y se fue directo a chuparla. Lo hacía de manera inexperta pero tan deliciosa que yo solo pude dejar escapar un gemido ligero. Deje que mi mano jugara con sus tetas mientras ella me lo chupaba desesperadamente hasta que le dije que estaba por terminar. Le llene la boca de leche y se la comió toda.

    Le pedí que se recargara hacia la puerta y que abriera las piernas. Le hice la tanga de lago y empecé a masturbarla de manera suave al principio y después un poco mas febril, sentía como se hinchaba su clítoris y veía como le temblaban las piernas gemía demasiado.

    Le dije que se pasara al asiento de atrás y ya acomodados, decidí probar de ese néctar tan delicioso. Su vagina tenía un olor peculiar pero estaba tan humea y caliente que deje que mi lengua jugara con ella. La escuchaba respirar sumamente agitada y gemir sin parar así que decidí bajar un poco más. La abrí lo mas que pude y sin avisar acerque mi lengua a su culito a lo cual ella soltó un suspiro muy grande y pego mi cabeza a sus nalgas. Deje que mi boca viajara libremente entre su ano y su vagina, su vulva, su clítoris, hasta que terminó en un chorro que mojo todo el asiento trasero.

    Pasamos al asiento de adelante y nos besamos largamente.

    Ya una vez más relajados, me pidió que jamás lo fuera a mencionar a lo que le dije que no se preocupara pero que a cambio quería cogérmela de nuevo pero ya en un hotel.

    Les dejo mi mail [email protected] para conocer sus comentarios y opiniones.

  • Ella… su alter ego

    Ella… su alter ego

    Ella se divide en dos. Es la sombra y a la vez luz, como queriendo decir que tiene muy marcadas dos facetas. Su cara angelical radiante contrasta con su lado más pasional y perverso. Ella sabe perfectamente cuándo hacer uso de cada arma.

    La invite a juntarnos en un lugar casi público y no tuvo dudas de invitarme al sillón y hacerlo. Con esa convicción de saber perfectamente lo que hacía. La invite a mi casa, le tenía su trago preferido, charlamos un rato, bebimos un rato, un poco de música de lo que fue la ante sala de una noche lujuriosa y apasionada, de esas que quedan recuerdos, buenos recuerdos, ricos recuerdos, húmedos recuerdos. Si debo decir que esa noche la disfrute, la goce, la complací. Así como ella me complació a mi. Un apasionado sexo oral en el patio sobre un mueble, disfrutando cada rincón húmedo con mi lengua. Luego un sexo desenfrenado en mi pieza, llegando al éxtasis de manera lujuriosa, acabando sobre mi cara, dejando mi cuerpo y la cama mojada, muestra que ambos dimos todo por satisfacer nuestros más oscuros y ganosos deseos sexuales. Fue una noche memorable.

    Del coqueteo con ella siempre, quizás haya cosas que van más allá, que cada uno guarda para si, quizás ella sabe lo que eso significa y es por eso que siempre nos terminamos buscando.

    Una noche al retornar a la ciudad luego de una actividad, nos vimos de pasada, ella con un escote provocador, yo dejándome sorprender y disfrutando lo que ofrecía. Hablamos y en cosas de mensajes me invito a visitarla. Ya entrada la noche fui a su casa Todos dormían, el acuerdo era reunirnos en mi auto fuera de su casa, pero al llegar cambio de planes. Me invito a pasar a su casa. Pero ¿cómo?? Ven te meteré al cuarto. Y así fue. Me hizo pasar al cuarto del jardín. Un improvisado sillón nos dio pie para llevar adelante nuestros deseos lujuriosos, mientras en la casa todos dormían. No quiso perder tiempo. Me beso, la acaricié, la toque y de pronto la tenía arrodillada frente a mi, ella sabe que me gusta y está dispuesta a satisfacerme y lo hace. Luego me senté en el sillón y lo hicimos, como nos gusta, rico, apasionado, lujurioso. Acabamos, me uso y me dejo ir.

    La pienso, la recuerdo, pero lo hago en silencio, quizás ella lo sepa, pero no lo digo. Es mejor mantener las cosas así. De que me gusta esta aventura, me gusta. De que la quiero repetir, la quiero repetir. Como será, eso es impredecible, porque ella es impredecible.

  • Cogí con un extraño y me encantó

    Cogí con un extraño y me encantó

    Soy una mujer casada y disfruto del sexo con mi marido, pero como que necesito sentir otra verga cada tanto, así que siempre estoy dispuesta a conocer a alguien que pudiera hacerme el favor y hoy le tocó a don Gómez el albañil que vino a arreglarme el baño con su sobrino de ayudante.

    Me levanté temprano aunque mi marido ya había ido a trabajar y le abrí mi casa a don Gómez, él es un señor como de 50 años, pelado, petizo con una panza de cervecero quien vino acompañado de su sobrino como ayudante un muchacho alto de aproximadamente 38 años y de contextura normal yo estaba con una remerita de algodón sin corpiño color blanco que debido a su transparencia dejaba notar mis pezones enormes y una pollerita de jean sin ropa interior.

    Soy una mujer de estatura 168, grandes senos y cola prominente, no puedo quejarme me calienta mi cuerpo de solo mirarme…

    Le abrí sabiendo que esa bienvenida les iba a calentar por lo menos a don Gómez que se pasa mirándome las tetas aunque estén bien cubiertas

    Ellos entraron y yo aproveché para sentarme a desayunar mientras ellos se paseaban por dentro de mi casa, cada tanto iba a mirarles más que nada para que ellos me miren, siempre me gustó sentirme deseada…

    Me acosté en el diván que está frente al baño y los miraba mientras trabajaban y no pude evitar tocarme la panocha mirándolos… Cuando el sobrino se dio cuenta de que yo me estaba tocando se acercó y me dijo todo educado: ¿le puedo ayudar en algo? Le agarre la cabeza y dije claro mientras acercaba mi boca para besarlo, estaba en eso cuando siento que una mano callosa y mojada me mete el dedo en mi concha húmeda y otras manos me meten debajo de la remera para acariciar mis pezones, ya me di cuenta que habían 4 manos en mi cuerpo y entonces me coloqué mejor para ponerme de 4 y poder chuparle la pija al sobrino.

    Él saca del pantalón una pijota enorme y larga que empecé a mamarla con devoción cuando siento la lengua de don Gómez hurgándome la concha, no puedo evitar gemir de placer, esos dos hombres me estaban dando el mejor sexo de hace años de casada y aburrida que no podía esperar a recibir en mi concha sus pijas, saco de mi boca esa ricura de pene solo para decir: cógeme y siento ahí que son Gómez se acomoda para meterme esa pijota gorda y dura… Llena de venas que siento en cada parte de mi cuerpo un temblor de placer cuando lo mete sigo chupándole al sobrino cuando se viene en mi boca y me esparce por toda la cara.

    Se sienta en un lugar a descansar mientras yo disfruto de la pija de don Gómez que ricura de pija me está metiendo y sacando, me muevo en círculos solo para disfrutar como me agrandó la concha, no puedo evitar después de tantas embestidas terminar entonces paro y les digo esperen un ratito porque no quiero terminar todavía, me siento de frente me quito toda la ropa y veo de frente la pijota que me estaba metiendo don Gómez.

  • Mi ex cuñada es escort

    Mi ex cuñada es escort

    Actualmente soy soltero. Tengo 34 años, divorciado, con un hijo de 6 años. Mido 1.83 y soy algo robusto, barba abultada y pene regular, pero bastante grueso.

    Como mencioné, soy soltero, llevo 2 años divorciado, por problemas de infidelidad míos, que tal vez en un futuro cuente. Yo decidí ser honesto y contar todo a sabiendas de las consecuencias. Ya no era feliz y buscaba en otras mujeres serlo, y no era por ahí. En fin, el trabajo me mantiene ocupado de gallo a grillo. Trabajo en ranchos con ganado y en ocasiones ayudo a la empresa con los cultivos de diferentes tipos. Solo los domingos los uso para descansar. Y por descanso me refiero a contratar a escorts, traerlas a mi casa y follar.

    Estoy cansado de ese juego de seducción entre dos extraños que muchas veces termina en nada, solo quiero satisfacer mi deseo sexual. Ya tengo varias chicas de las que me he vuelto cliente frecuente, pero ese domingo estaban ocupadas a la hora de siempre. Buscando en varias páginas de la ciudad encontré una chica que me llamó la atención. Obviamente su cara no se veía, pero tenía el cuerpo como me gusta. Delgada, pero con carnita en donde debe tener. Piel clarita y de buen culo. Solo 20 años. Dije venga, es momento de probar algo nuevo. Le mandé mensaje y pregunté si atendía a domicilio, contestó que si, me dio sus precios y quedamos para las 2 de la tarde. Me levante, me duche, pode el árbol y me dispuse a esperar a esta nueva chica.

    Prepare una bebida y veía algo de fútbol en la sala de la casa mientras esperaba. A las 2:05, sonó el timbre. Me levanté y con bebida en mano abrí la puerta. Al instante los dos quedamos atónitos, «¿Bere?» Dije con voz incrédula mientras veía el entallado vestido negro que usaba «ay no es cierto» dijo casi llorando. Ella era Berenice, la hermana menor de mi ex esposa. Aproximadamente 1.60 de estatura, pechos medianos, piel blanca, rasgos orientales, cabello largo y negro, caderas dignas de salma hayek y un culo para chuparse los dedos. Gran cuerpo ya que siempre practicó algún deporte.

    Entró a la casa, mas que nada por las miradas de algunos vecinos. Se sentó en una silla de la cocina. Yo detrás de ella veía lo rica que se veía en ese vestido. «¿Qué haces trabajando de escort?» Le pregunté. Sus papás estaban bien económicamente, vivían en un fraccionamiento de gente de dinero y a ella no le faltaba nada. Al ser la menor, prácticamente fue la mas mimada. Sin mirarme a la cara y entre dientes me dijo «el dinero». Y que sabes hacer, pregunte ya con la lujuria nublándome el pensamiento. «Pues lo que tú quieras» con la mirada al piso. Me acerque, con mi mano tome la suya y le indique que se pusiera de pie, le di un tierno beso en la boca, beso, que correspondió casi por instinto. La tome de la mano y nos dirigimos a la sala.

    Me senté en el sillón y le dije «báilame» puse una canción y ella comenzó a bailarme, se repegaba a mi, sentía mi pene crecer, ella despojo el vestido y quedo en lencería, una tanga y un bra de encaje negro que dejaba poco a la imaginación, que delicia, nunca la había visto así, con ojos de lujuria, mi cuñada se había transformado en toda una bella mujer que pudiera conquistar a cualquier hombre. Ella se subió sobre mi, ya había cedido ante la excitante situación. El pudor ya no importaba, los dos queríamos esto. Se subió sobre mi y comenzamos a besarnos apasionadamente, saqué mi pene mientras nos besábamos, lo vio y dijo «no me va a caber, nunca me habían tocado así» la tranquilicé y le dije que iríamos despacio, mi pene quedo entre mi estómago y el de ella y mientras nos besábamos ella me masturbaba lentamente con su mano, podía sentir la humedad de su vagina ya traspasando aquella tanga y se respiración acelerada.

    Francamente su olor era intoxicante, sus labios carnosos y nuestras lenguas bailaban un vals del pecado. Yo no podía creer que esta chica me estaba poniendo al borde del orgasmo solo con besos. Ella tal vez presintiendo mi clímax comenzó a mover sus caderas de atrás hacia adelante, masajeando mi pene. Apreté sus firmes nalgas y le dije excitadísimo «¡espérate, espérate!» Y sin poder contenerme me corrí, llene su vientre y mi panza de semen caliente. Mientras me corría yo veía su cara, volteando hacía mi pene y veía como mordía sus labios y cómo apretaba con una de sus manos uno de sus pechos.

    «Te gusto?» Me preguntó mientras yo estaba agitado recuperando el aliento, por un momento me regreso a aquellas veces cuando en tus primeras ocasiones teniendo sexo pasas alguna vergüenza de este tipo. Me reí y le dije ¿tu que crees? Ella se levantó y saco de su bolsa unas toallas húmedas, se limpió y me limpio a mí. ¿Y ahora? Me dijo mirando mi flácido pene. «Ahorita despierta» y la tomé fuertemente de la cintura y besé sus labios, nuevamente fundidos en un beso, mis dedos buscaron su cueva de placer y fui introduciendo lentamente dos dedos, ella se retorcía, mordía con fuerza mi labio y en ocasiones mi lóbulo. «Ya, ya, ya» dijo rápidamente mientras sentí sobre mis dedos su vagina apretarse y su piel ponerse como gallina.

    Se había corrido, sus piernas perdieron fuerza y la sostuve contra mi, me abrazo y después de haber pasado, me vio a los ojos y se rio nerviosamente. Yo ya tenía el pene erecto nuevamente, una erección vigorosa que hacía que me doliera un poco. «Ven» le dije y subimos las escaleras al segundo piso y entramos a mi cuarto. La acosté y me puse sobre ella, la besé y deje que mi pene pasara por su vagina, daba pequeños empujones y ella se retorcía con cada uno de ellos, probe meterla sin condón, pensando en que me detendría. Pero al contrario se preparó para recibir mi grueso falo y abrió mas sus piernas. «Despacio» me dijo mientras yo abría esa vagina como Moisés al mar Rojo.

    Me apretaba fuerte con sus brazos, estaba realmente apretada, al final logré introducir todo, ella estaba entre una mezcla de dolor y placer, comencé a bombear, lentamente y subiendo el ritmo gradualmente. Ya los gemidos inundaban el cuarto, el golpeteo de mi cuerpo contra el suyo. El sudor ya bañaba nuestros cuerpos, cambiamos de posición y se subió sobre mi, nos besábamos mientras ella me cabalgaba, que placer tener esa apretada vagina solo para mí. Se detuvo, y al hacerlo comenzó yo a bombear desde abajo en un frenesí de embestidas. Ya no gemía, ya eran gritos que trataba de ahogar mordiéndome el pecho o con su mano sobre su boca. «Me voy a venir» le dije mientras no bajaba el ritmo «los quieres adentro?» Dije al borde del orgasmo «sí, sí, dámelos donde quieras papi» y no pasaron mas de 5 segundos cuando deje salir todas mis bendiciones dentro de ella. Que orgasmo, me vacíe completamente dentro de ella.

    Nos quedamos inmóviles, solo nuestros cuerpos tratando de jalar aire se escuchaban. Se levantó y un chorro de semen salió inmediatamente, se fue al baño y regresó unos momentos después. Yo seguía acostado, con la verga de fuera y flácida, ella salió con una toalla se acostó a mi lado y comenzó a besarme nuevamente, bajo y con su lengua recorrió mi pene, lo introdujo en su boca y me puso al 100 nuevamente. Round 3 dije mientras ella dio una sonrisa de emoción y se puso en 4, indicándome como quería ser follada.

    Me posicioné y de golpe introduje mi falo, ella dio un grito y en seguida comencé a bombear. Recordé un monólogo de un comediante mexicano, donde decía que el en el acto, cuando estaban de perrito aplicaba la técnica del 100-15-100, que consiste en dar 100 bombeadas a toda potencia y velocidad (o las que aguantes) parar y dar 15 a un ritmo tranquilo mientras tomas aire y volver a repartir otras 100 y decidí que hoy sería bueno intentarlo. Así que, lo hice. Ella se retorcía de placer, se corrió, yo seguía en ese frenesí, me pedía que parara, que tenía que ir al baño, y empuje aún con mas fuerza y logre que hiciera un delicioso squirt.

    Ella temblaba ya de placer, se separó de mi y se tiro en la cama, tratando de recuperar aliento, las sábanas y el piso estaban mojados, me tumbe a su lado, levante su pierna y la penetre se retorcía, mientras buscaba contorsionarse para besarme. «Cógeme, cógeme» me decía. No aguante mas y ante esa petición solté una vez mas mi semen dentro de ella. Sintió mis espasmos, se dio vuelta y tiernamente me beso.

    Platicamos un poco después de eso, bromeaba sobre porque su hermana (mi ex) siempre andaba feliz después de verme, yo le conté que me masturbé varias veces pensando en ella y ella me contó que acababa de empezar en esto y yo era su segundo cliente apenas. Le pagué y la llevé a comer algo y de ahí la deje en casa de sus papás.

    Repetiríamos varias veces más pero ya es para otra ocasión.

  • A mi marido le van las pollas

    A mi marido le van las pollas

    Julia es una mujer de 35 años, muy pizpireta y extrovertida. Le gusta vestir muy juvenil (con vaqueros rotos, camiseta de tirantes y tenis, por poner un ejemplo). De altura anda sobre el 1,74 m y pesará unos 53 kg. Pelirroja, con pecas y unos ojos verdes que parecen perlas de lo mucho que brillan. Su marido, Ernesto, tiene 2 años más que ella. Sufre de alopecia por la cual se rapa la cabeza para parecer que es calvo por gusto. Mide 1,80 m, de complexión fuerte y lleva un poco de barba bien recortada.

    Son una pareja feliz. En los juegos de alcoba suelen meter algún juguete para amenizar la noche un poco más. Por ejemplo, Julia es muy fogosa y cuando a Ernesto se le acaba la mecha (que suele ser después de cuatro horas buenas con sus tres respectivas descargas de leche merengada), pues recurren a algún consolador con el que Ernesto le sigue dando brasa a su mujer.

    Julia observa que cuando su marido le saca del coño el consolador, todo empapado en sus jugos, él chupa con devoción aquel falo de látex. Al principio, ella pensaba que lo hacía porque disfrutaba con el sabor de sus caldos, pero poco a poco fue llegando a la conclusión de que aunque en parte ese era el motivo, en verdad de lo que disfrutaba era de meterse esa verga en la boca. Seguro que se imaginaba que era de verdad.

    Ernesto relamía, chupaba y succionaba aquella tranca, parándose más en el glande, y con la excusa de recoger los efluvios de su mujer (para paladearlos y saborearlos antes de tragarlos), le hacía una buena comida de polla a aquel consolador. Julia notaba que el miembro de su marido se ponía más tieso y palpitante cada vez que chupeteaba los dildos y consoladores de ella. A julia no le cabía ninguna duda. ¡A su marido le iban las pollas!

    El caso es que esa actitud chocaba con su estética y comportamiento. Ernesto es un hombre muy masculino. Con su vasta barba y su cráneo rapado da una imagen de chico malo. En algunas ocasiones hasta hace comentarios homófobos y soeces respecto a los chicos con pluma. Él no es un hombre refinado, culto o afeminado.

    Julia está un poco confundida y decide ponerle un cebo a su marido. Planifica una excursión a una playa nudista un fin de semana con una pareja que ella conoce. Julia trabaja con la mujer, que se llama Lola, e hicieron muy buenas ligas. Al marido, que se llama Pepe, lo conoce algo menos, pero le parece un buen mozo.

    Lola es morena de cabello y con media melena. 1,65 m de altura y un cuerpo bien moldeado. Pepe fue jugador de baloncesto, anda en el 1,95 m de altura y al trabajar de entrenador se mantiene bien en forma.

    Julia y Ernesto tienen una auto-caravana con la que suelen hacer escapadas los findes. Esta vez la compartirán con Lola y Pepe.

    Por fin llegó el día señalado. Quedaron en reunirse en una cafetería de las afueras. Julia les presentó su marido a Lola y Pepe. Hacían una buena “pareja” los cuatro.

    Se dirigieron a una cala preciosa de la costa y aparcaron la auto-caravana en un camping cercano.

    Ya en la playa se despelotaron y a la hora de echarse el protector solar, Julia escogió a Pepe y le fue untando espalda, pecho, piernas… y sin cortarse ni un pelo (como si Pepe fuera su marido), también le untó el pene y escroto masajeándoselos bien.

    Por supuesto, Lola haciéndose la ofendida y para devolverle la “afrenta”, le hizo otro tanto a Ernesto, siguiendo el ejemplo de su estimada amiga.

    Ernesto se fijaba en los pechos puntiagudos de Lola, pero no podía evitar que se le desviara la mirada hacia el cipote todo tieso y gordo de Pepe.

    Julia no sabía cómo interpretar la mirada de su marido hacia la verga de su ligue. Podía ser de admiración o de deseo. Julia se inclinaba más por la segunda opción por lo dura que se le estaba poniendo la polla.

    Sin desmerecer la gayola que le estaba practicando Lola, el mérito de tal empinamiento era la visión del rabo de Pepe, sin duda. Pensaba Julia.

    La argucia de Julia le estaba proporcionando las pruebas que estaba buscando para confirmar sus sospechas. A su marido le tiran más dos huevos que dos carretas.

    Cambiaron y ahora son ellos los que embadurnan y magrean los cuerpos de ellas.

    Ernesto se centra sobre todo en las tetas y cintura de Lola, aunque nuca, espalda y piernas no quedan desatendidas, faltaría más.

    Cuando ya estaban bien hidratados y lubricados los cuatro, a Julia se le ocurre el hacer esta sugerencia:

    –Ernesto, ¿por qué no le masajeas un poco la espalda a Pepe para que compruebe lo bien que lo haces?

    –Si Pepe no tiene ningún inconveniente, por mí, ¿por qué no? –contestó su marido.

    –A ver si superas a nuestro fisioterapeuta del equipo. Si es así, igual hasta te contratamos –comentó Pepe.

    Ernesto puso toda su ciencia en hacerle a Pepe un buen masaje por cuello, omóplatos y el resto de la espalda. Después, continuó por las nalgas amasándolas como si fueran dos panes de centeno. Siguió por los muslos y piernas hasta acabar con unos intensos masajes en las plantas de los pies.

    –Bueno, esto ya está –sentenció Ernesto.

    –De eso nada. Ahora toca la parte anterior del cuerpo –le espetó su mujer.

    Pepe se dio la vuelta. No pudo disimilar el empalme que llevaba. Esa situación le estaba produciendo una gran excitación. Además reconocía que Ernesto era un buen profesional del masaje.

    Ernesto comenzó por untarle algo de crema por el torso. Posteriormente se la fue esparciendo por el pecho y brazos. Julia y Lola soltaron algunas risitas y empezaron a darse unos besos cortos y a lamerse los morros mutuamente.

    Pepe y Ernesto al ver a sus mujeres besarse y darse lengua no dudaron en hacer ellos lo mismo, morreándose de lo lindo los dos. Ernesto decidió entonces pasar de la parte superior del cuerpo de Pepe a la parte inferior. Dirigió sus manos al miembro de su ya amante (miembro de 22 cm.), y comenzó a masajeárselo. Amasó el escroto, llenándolo bien de crema.

    Ernesto estaba como una moto al ver a su mujer dándose el lote con su amiga mientras él, amasaba los huevos y la polla del marido. Era una experiencia que le sobreexcitaba en exceso, al nunca pasar por algo así.

    Aunque en la playa había poca gente, prefirieron meterse en una tienda de campaña de cinco plazas que habían montado en la arena, cerca de un muro de piedra.

    Ya dentro, Julia se lo montó con Pepe y Lola con Ernesto. Ellos se tumbaron en el suelo y ellas, en cuclillas, se fueron clavando las vergas en sus húmedos y calientes chochos.

    Se colocaron de espaldas a ellos y reclinándose un poco, se los iban follando a buen ritmo.

    El primero en correrse fue Pepe, ya que el masaje que le había proporcionado Ernesto lo puso muy a tono. Sus 22 cm. de rabo se los calcaba con furia a Julia, enviándole los chorros de semen bien adentro en su chumino. Esta se desacopló y poniéndose de pie sobre la cara de Lola, descargó toda la lechada que llevaba dentro en la boca y cara de su amiga.

    Lola se acercó a Ernesto y le pegó un buen morreo pasándole toda la lefa de su marido para que se la tragara. Luego Ernesto le lamió la cara para recoger los restos que tenía esparcidos a modo de regueros y relamiéndose se los tragó.

    Lola y Ernesto siguieron follando hasta que este empezó a bufar y a dar síntomas de estar a punto de eyacular. Efectivamente, a los pocos minutos comenzó a darle unos buenos empellones al coño de Lola, con la intención de regar en profundidad de esperma, todo su interior. Su polla no era tan larga como la de Pepe (tenía 19 cm.), pero era más gorda.

    Lola ponía los ojos en blanco de lo mucho que estaba disfrutando.

    Cuando Ernesto acabó, Lola se colocó en cuclillas sobre la cara de Julia (esta previamente se había acostado en el suelo, boca arriba), y descargó en su rostro toda la cuajada que Ernesto le había insuflado. Julia se dirigió a Pepe y pegándole un buen morreo, le pasó toda la carga de lefa a su boca. Él, después de paladearla y saborearla, se la tragó encantado. Luego recogió con su lengua los restos de esperma que Julia tenía en los párpados y mejillas, y haciendo gárgaras, volvió a tragárselos.

    Julia y Lola no habían conseguido alcanzar el clímax en sus respectivas folladas y decidieron hacer, entre ellas, un 69. Se lamían y relamían, succionaban y chupeteaban sus almejas, con ansiedad y devoción. Cuando llegaron al orgasmo, apretaron sus caras contra sus coños y mordisqueándolos, chillaban y sorbían sus jugos.

    Ernesto y Pepe también hicieron un 69, para poner a punto sus pichas flácidas.

    Pepe al quedar arriba, tenía más libertad de maniobra a la hora de pajear y mamar el nabo de su amante. No era el caso de Ernesto. A este, al estar debajo, solo le quedaba la opción de abrir la boca, como una muñeca hinchable, y engullir el miembro de Pepe.

    La boca de Ernesto era follada como si fuera un coño. En ocasiones, por la nariz soltaba algunas babas de lo fuerte que le petaba la boca Pepe.

    Cuando ya tuvieron los sables firmes otra vez, se acercaron a las chicas para ofrecerles sus mástiles. Ellas decidieron mejor que Pepe le rompiera el culo a Ernesto y después, este a Pepe. Ellos alegaron que nunca nadie les había roto el precinto anal, todavía. Entonces Julia y Lola decidieron hacerles un buen cunnilingus para lubricarles bien el ojete, el perineo y el escroto, mientras les iban pajeando los penes. Julia con Pepe y Lola con Ernesto, por supuesto, siempre con las parejas intercambiadas.

    Julia le pegaba unos buenos morreos al ano de su amante. Lola de vez en cuando, se acercaba y posando sus labios en la punta del capullo de la tranca de su marido, iba soltando una buena cantidad de saliva espumosa que se iba escurriendo por todo el tronco cayendo por las ingles, escroto y perineo. Julia la recibía con la boca abierta y antes de tragársela, se la restregaba con sus labios en el ojete a Pepe para que fuera dilatando algo más.

    Julia repitió la misma operación que había hecho anteriormente Lola. Esta le dejó al marido de su amiga los huevos, las ingles y el perineo bien limpios y sequitos de babas, tragándose casi todas después de paladearlas. Solo dejó algo de saliva en el ojete, para que fuera dilatando para lo que le esperaba.

    Por fin decidieron pasar a la acción. Pepe se sentó en una hamaca con su miembro todo empinado y embadurnado por la saliva de Julia. Ernesto se sentó sobre Pepe, mirando hacia las chicas, que estaban en frente observando y soltando risitas picaronas.

    La pitón de Pepe se hacía camino entre las nalgas de su amante. Poco a poco se iba hundiendo en aquel recto tan estrecho. Ernesto no pudo reprimir soltar unos alaridos de dolor. Julia se acercó al oído de Pepe y le dijo:

    –Pétale el trasero con garra, a mi marido. Sin compasión. Para que sepa lo que sufrimos las mujeres cuando nos sodomiza.

    Pepe después de acomodar todo su rabo en el interior del conducto anal de Ernesto, muy despacio y con suavidad, comenzó a acelerar las embestidas. Ernesto chillaba como si lo empalaran con una estaca. Se mordía los labios para reprimir los gritos por si había gente cerca de la tienda, en la playa.

    –¿Así está bien? –le preguntó Pepe a Julia.

    –Acelera más las emboladas. Métele y sácale más cacho de carne. Que sienta bien tus 22 cm. de morcilla –le soltó Julia.

    Pepe, agarrándose a las caderas de Ernesto se zumbó el trasero de este sin piedad. Le clavaba y desclavaba casi entera la polla, una y otra vez, a un ritmo de entre tres y cuatro martillazos por segundo. Estuvieron así unos 10 minutos. Mientras, Lola le comía la polla a Ernesto, para hacerle más suave el suplicio.

    Julia se acercó al oído de su marido y le dijo:

    –¿Te peta bien el culo mi hombre? ¿Te da placer su pitón? –y se reía. Le gustaba picar a su marido.

    Cambiaron de posiciones. Esta vez Ernesto se colocó debajo y Pepe arriba. Lola imitó a su amiga, arengando a Ernesto a que le rompiera fuerte el trasero a su marido y preguntándole a su marido si se lo pasaba bien montando sobre una polla tan gorda. Ernesto con sus manos separaba las nalgas de su amante, para que su pollón tan gordo entrara y saliera del conducto anal, sin frenos. Julia le comía la polla a Pepe, para compensar el dolor que su marido le estaba provocando con sus arremetidas salvajes.

    Las chicas se pusieron tan cachondas con aquel espectáculo, que pidieron polla de forma urgente. Entonces, Ernesto y Pepe se desacoplaron y fueron a por ellas.

    Julia Y Lola se colocaron a cuatro patas, una en frente de la otra. Mientras se besaban, sus chicos, intercambiados, se las follaban por los chuminos.

    Julia tenía todo el pelo alborotado, casi no se le veía la cara. Daba la imagen de pelandrusca pelirroja, que a ella tanto le encanta dar.

    Al cabo de unos 20 minutos, las dos chicas se corrieron casi de forma sincronizada, soltando unos berridos enloquecedores.

    Los chicos se desengancharon de ellas y poniéndose de pie, comenzaron a pelársela fuerte, buscando correrse pronto.

    Ernesto comenzó a eyacular sobre la cara de Lola dejándole todo el rostro bien embadurnado. Pepe hizo otro tanto con Julia, aunque a esta, al tener buena parte de su melena sobre la cara sirviéndole de escudo natural, a la cara no le llegó tanto esperma, quedándole buena parte de él incrustado entre los pelos.

    Pepe se agachó y comenzó a lamerle la cara a su mujer. Lola le escupió la carga que llevaba en la boca. Su marido se tragó todo, dejándole la cara bien limpita.

    Ernesto, con los dedos, iba recogiendo los restos de esperma que Julia tenía en el pelo y se los metía en la boca, chupándose los dedos. Su mujer, a su vez, le escupió con fuerza, todo un buen lapo (la bola de semen y saliva que tenía guardado en la boca), a su marido en el interior de su boca. Este se tragó todo, también.

    Pasaron un fin de semana inolvidable y entrañable los cuatro en aquella playa nudista. Desde entonces planificaron más encuentros para ir los cuatro, juntos, a muchos sitios y disfrutar de sus cuerpos a tope.

  • Decías no pero, empujando, hacías que fuera sí

    Decías no pero, empujando, hacías que fuera sí

    Mi padre fue electricista y desde la adolescencia ejerció ese oficio, primero como aprendiz y luego como independiente. Yo hice lo mismo a su lado hasta que comprobé la necesidad de una base teórica donde asentar la valiosa experiencia que él me transmitía, pero insuficiente para proyectar debidamente una instalación.

    Y para ello aproveché la oportunidad, que mi progenitor no había tenido, e ingresé a la universidad. Obtenido un título intermedio, la tecnicatura, volví plenamente al trabajo. Poco tiempo después papá, ya cansado, me dejó totalmente a cargo del taller, pues con la jubilación suya y la de mamá, solventaban bien sus necesidades. Así fue que con veinticuatro años estaba en buena posición, tenía título, experiencia, taller instalado y cartera de clientes.

    Con esa preparación me animé a enfrentar trabajos de cierta envergadura y uno de ellos fue en la casa de un ingeniero; la había adquirido poco antes y como parte de la remodelación deseaba una instalación eléctrica nueva y apta para un consumo que triplicaba el anterior. Cuando le presenté el presupuesto me objetó la estimación de costo de los materiales, diciendo que ahí yo también ganaba pues los comercios hacen descuentos a los profesionales. Ante esa duda sobre sobre la honestidad de mi proceder le contesté que no le convenía contratarme y, tomando la carpeta que le había preparado, lo saludé y me fui. Prefería perder el día empleado en confeccionar el escrito antes que aceptar su desconfianza.

    A los quince días me llamó.

    – “Hola ingeniero”.

    – “Hola Jerjes, podrás venir a casa?»

    – “Seguro que no, ingeniero, con usted perdí dos días de trabajo y no quisiera repetir la experiencia”.

    – “Es que quiero encargarte la tarea”.

    – “Perfecto, con un mensajero le mando la carpeta que había preparado; dos modificaciones hay, va la lista de los materiales pero la compra no corre a mi cuenta y la mano de obra tiene un incremento del diez por ciento. Si le parece bien me avisa cuándo estima tener los materiales y acordamos el momento de comenzar”.

    – “Bien, miro tus papeles y te llamo”.

    Lo hizo al día siguiente, acordamos la fecha de comienzo y el modo de pago, que sería en tres partes, la última al término del trabajo. Comenzada la actividad las dos primeras entregas de dinero fueron hechas por su hija, una joven cercana a los veinte muy linda; con ella tuve solo el trato de recibir la plata y dar la factura correspondiente. Terminada la instalación fui a su casa a finalizar el trámite y cobrar lo restante; lamentablemente sucedió lo que temía, me dijo que en ese momento no tenía dinero.

    – “No hay problema ingeniero, cuando pueda pagar me avisa, instalo el disyuntor y le entrego el plano junto a la factura”.

    Al pasar dos meses sin recibir su llamada di por perdido ese dinero.

    Un sábado más tarde, para cambiar la rutina, fui con dos amigos a una discoteca, y gran sorpresa fue encontrarme a la entrada con la hija del deudor, ambos nos reconocimos y saludamos con un simple «hola».

    Ya en la barra pidiendo la bebida veo aproximarse a la niña que había saludado junto a otra joven.

    – “Disculpame, no sé tu nombre, quiero presentarte una amiga”.

    – “Es verdad, yo tampoco conozco el tuyo, me llamo Jerjes”.

    – “Je. . .?”

    – “Te lo deletreo, Jota, Empleo, Río, Jota, Empleo, Sol; Jerjes”.

    – “Es raro”.

    – “Sí, es poco común”.

    – “De dónde lo sacaron”.

    – “Del hijo de Darío y nieto de Ciro”.

    – “Y a esos, quién los conoce”.

    – “Ni vale la pena preocuparse, son dos vagos que en su momento fueron dueños de medio mundo”.

    La mirada de ambas oscilaba entre la sorpresa y la incredulidad, cuando la hija de mi ex cliente retomó la charla.

    – “Me llamo Claudia y ella es Sonia; te cuento que mi papá está enojado con vos pues se quemó toda la instalación que habías hecho”.

    – “Quien lo diría, decile que me lo contaste y que me alegré muchísimo, aunque más me hubiera gustado que se incendiara toda la casa. Seguramente por unos pocos pesos buscó a otro que conectara la red al tablero y la hiciera funcionar. Eso les pasa a quienes ahorran trampeando, pues no terminó de pagarme el trabajo”.

    No podía decirle que intencionalmente había dejado conexiones que provocaran un cortocircuito, cosa que pensaba arreglar luego de cobrar lo faltante.

    – “Pero vamos a lo importante, Sonia, por qué una dama hermosa puede querer conocer a un tipo cualquiera como yo”.

    – “Te diré la verdad, según lo que me contó Claudia sos un espécimen medio raro, al padre de ella primero lo plantaste, después le impusiste tus condiciones y ahora le mandás a decir que lamentás que no se le haya incendiado la casa. A mi amiga la viste tres veces y siempre serio, limitado exclusivamente al trámite realizar y saludando por protocolo, no intentaste agradarle y mucho menos levantarla, siendo que es muy atractiva. Eso, unido a que sos joven, es extraño”.

    – “Yo también te voy a responder con la verdad, con inmensa suerte tengo muchos clientes, todos satisfechos por trabajo y precio, no necesito regatear ni implorar para conseguir ocupación, si alguien duda de mi honestidad prefiero no seguir, aún a costa de perder plata. Respecto de tu amiga tenés razón, es muy linda, espectacularmente deseable, social y económicamente muy por encima de mí, entonces apliqué el sabio dicho «No hay que pretender dar un paso más largo de lo que dan las piernas». Creo que eso no es ser raro sino realista”.

    – “Y sos electricista?”

    – “Sí, pero no entiendo la extrañeza que parece haber en tu pregunta?”.

    – “Es que no lo parecés”.

    – “Qué maravilla, todos los días aprendo algo nuevo, recién ahora me entero que los electricistas tenemos características particulares que nos distinguen del resto, identifican a los de ese oficio y se manifiestan en nuestra apariencia. Por favor, contame qué es lo que me diferencia del resto”.

    – “En realidad nada, simplemente uno presupone cosas y las da por hechas. En este caso asumí encontrar a alguien poco agraciado, ordinariamente vestido, modales toscos y sin estudios”.

    Después de esa presentación poco común salimos a bailar; yo manteniendo una cierta reserva, pues hacerse ilusiones sin base es tan fácil como funesto, y estaba decidido a no caer en esa trampa tan común. Sin embargo lo que se inició como un encuentro para satisfacer la curiosidad de conocer un espécimen raro, devino en noviazgo.

    La relación tenía sus bemoles ya que la extracción social de ambos era notoriamente diversa y tanto ella con mi entorno, cuanto yo con el de ella, nos sentíamos como sapo de otro pozo. Habiendo buenas intenciones por ambas partes acordamos hacer avances lentos para tratar de ampliar el núcleo de amistades. Así fue como yo empecé a asistir a reuniones con sus viejas amistades y algo avanzamos con los naturales escollos pues en todas partes hay de todo.

    Durante la semana nos veíamos algunas noches, ya que su trabajo de secretaria en una importante empresa y mi actividad laboral ocupaban buena parte de nuestro tiempo, y así, aunque no fuera con la frecuencia deseable, pasábamos muy lindos momentos donde la pasión estaba presente pero no tenía el papel protagónico, haciendo que el antes y el después también fueran disfrutados.

    Dos meses después de iniciado el noviazgo me hizo saber que el electricista de la empresa se jubilaba y quizá me convendría presentar mi currículo; así lo hice, unos días después me llamaron para entrevista y una semana más tarde me comunicaron que el puesto era mío, empezando la tarea en seguida para orientarme junto al que dejaba el cargo.

    En cuanto a las reuniones, estas eran más frecuentes con el grupo de ella que con el mío, y la razón era que yo había logrado una mejor adaptación, lo que redundaba en favorecer el ambiente propicio para pasar un buen rato. Como suele suceder hay quienes son la personificación del conocido dicho “el mejor negocio es comprar a un hombre por lo que vale y venderlo por lo que cree que vale”.

    Eso hacía que yo, el electricista, fuera frecuente blanco de bromas que, generalmente, me permitían poner en ridículo al gracioso pues en esos ambientes la mayoría puede vivir muy bien sin esfuerzo alguno y, cuando lo importante es pasarla bien, la preparación en cualquier campo es escasa. Lo que no puede fallar es la apariencia y estos eran maestros aparentadores.

    En una de esas juntadas el dueño de casa era más o menos de mi edad, pero me sacaba una cabeza y el ancho de hombros superaba al mío, como mínimo veinte centímetros. Su envergadura y la abultada billetera que portaba lo habían trasformado en el amo del grupo, y así se conducía con todos incluida Sonia teniendo a veces familiaridades que no eran de mi agrado, cosa que mi novia sabía. Seguramente ella se lo contaría pues la relación, de por sí ríspida al no estar entre sus seguidores, se había enrarecido algo más, y eclosionó en esa oportunidad.

    – “Vos sos el electricista que sale con Sonia?”

    – “El mismo”.

    – “Me parece que es demasiada mujer para vos”:

    – “Seguramente, ella es una dama preciosa”.

    – “O sea que estás preparado para tener cuernos, y de esa manera equilibrar la balanza”.

    – “No, y espero que antes de hacerlo me avise, así acordamos nuestro futuro”.

    – “No te va a avisar porque ya los tenés, mirá…”

    En ese momento, mientras sacaba su celular para mostrarme algo, llegó mi novia.

    – “Veo que ya se conocen, de qué hablaban?”

    – “Él me conoce poco y yo, al revés, nada. Me estaba diciendo que sos demasiada mujer para mí, y que la manera de equilibrar las cargas es que me pongás los cuernos, cosa que, según él, ya has hecho. Cuando llegaste estaba por enseñarme algo en el teléfono”.

    Con la cara congestionada por la furia se dirigió al grandote.

    – “Vos sos un enfermo, cómo vas a decir eso!”

    – “Bien que anoche gritabas de gusto cuando te llenaba el culo de leche”.

    – “Realmente estoy frente a un hijo de puta, vamos querido”.

    Tres pasos habíamos dado cuando sonó nuevamente la voz del galán.

    – “Che electricista, decile que te muestre el culito, seguro que no se le cerró del todo”.

    Lo suficientemente lejos del engreído musculitos aproveché para insistir sobre algo, que hasta entonces me había negado.

    – “Las palabras de tu amigo me han renovado el deseo de disfrutar de lo que acunan tus nalgas”.

    – “Ni loca, yo no hago eso”.

    – “Una lástima, voy al baño y luego te alcanzo”.

    Pensando que este episodio recién empezaba, hice unos pasos en la dirección indicada y me oculté en un recodo. Y fue tal cual, el galán dejado de lado renovó la apuesta, a pasos largos alcanzó a mi novia y tirando de su mano la llevó, casi a rastras, hasta el primer piso entrando en la primera habitación encontrada y cerrando la puerta.

    Apoyado al lado del marco encendí un cigarrillo y recurrí al depósito de paciencia para escuchar el desarrollo de la reunión que tenía lugar puertas adentro. No hizo falta aguzar el oído para enterarme de lo que sucedía pues el encuentro tenía características de confrontación.

    – “Escuchame bien putita ordinaria, la próxima vez que me insultés delante de otro te bajo los dientes”.

    – “Vos sos el culpable, bien sabés que a mi novio lo amo aunque tu poronga me tenga loca”.

    – “De todos modos me importa una mierda y ahora te voy a romper el orto, así, sin lubricación voy a taladrar ese agujero aunque llorés”.

    Escuchar eso me dio bronca y pena, por lo que decidí hacer dos cosas, dejarla y arruinarle la distracción al amante; para ello abrí despacio, algún pequeño ruido fue disimulado por los ayes de la sodomizada y echando humo toqué con los nudillos la puerta, ante lo cual se dieron vuelta.

    – “Querida, lejos de mí querer arruinarte el placer, pero tu activa participación contribuyendo a que este neanderthal oligofrénico te reviente los agujeros, nos está dejando mal a ambos, vos mostrando ser una flor de puta y yo un cornudo. Como no pienso consentirlo se acabó nuestra relación, te sugiero que en el futuro hagás mejores elecciones, esta basura no te merece”.

    – “Cómo me dijiste enclenque de mierda?”

    – “Perdón, me olvidé tu insalvable dificultad para entender cualquier palabra que tenga más de tres sílabas”.

    – “No me vengás con pelotudeces que además de cornudo vas a quedar todo roto”.

    – “Dada la diferencia de físico es muy posible que así sea, pero por más que me des una paliza vos no vas a mejorar, seguirás siendo un imbécil”.

    – “Me alegro que lo tomés con tranquilidad, vas a necesitar tiempo y paciencia para recuperarte, pero a los cuernos no te los sacás”.

    Y éste no se salió de la regla de los grandotes, se me vino al humo como chancho a las batatas. Agradecí a la suerte haberme preparado mentalmente para ese evento, esquivé la atropellada y lancé el puño a la cara; el grito que soltó no se condecía con un simple puñetazo pero era totalmente justificado, pues mi previsión había sido totalmente efectiva.

    La mano que había impactado debajo del ojo derecho iba agarrando firmemente el llavero y, por entre los dedos del puño cerrado, sobresalía una llave de paleta que entró de plano rompiendo el hueso de la mejilla, pero antes de sacarla gire la mano noventa grados poniéndola vertical. El resultado, ciertamente doloroso, fue que salió llevando consigo astillas del hueso, fragmentos de carne y piel de la cara. En resumen fue una pelea victoriosa, corta y sin tener que lamentar daños propios.

    Así terminó un noviazgo de cinco meses dejándome dos cosas, el dolor por la manera en que había finalizado, y la satisfacción de un buen trabajo estable que me daba tiempo para mantener la vieja clientela. Por supuesto, como no habíamos hecho pública la unión en la empresa, fue fácil seguir ignorándonos. Según mi deseo una duración corta pero no irrazonable, Sonia era una hermosa hembra perseguida por una perseverante jauría y era sabido que alguno iba a tener éxito en la tarea.

    Una mañana, me manda a llamar el gerente departamental de quien Sonia era secretaria. El objeto era consultarme sobre un problema que tenía en su casa, edificio de cierta antigüedad, heredado por su mujer, que tenía algunas paredes con notable humedad y temía que eso afectara la instalación eléctrica, con el peligro que ello representa. Quedamos en que primero iría a ver el estado y luego le daría mi opinión.

    Fui en la oportunidad acordada siendo atendido por la esposa, una señora joven, agraciada y, por la cortedad con que se desenvolvía, me dio la sensación de una dama algo retraída o tímida. Mientras duró la revisación se mantuvo cerca y muy seria, algo razonable, pues al no conocerme conviene ser precavido; después de medir y anotar los resultados di por terminada la visita; la despedida fue ciertamente fría, al no estirar ella la mano yo tampoco lo hice y el saludo consistió en una simple inclinación de cabeza.

    Como el cambio de toda la instalación era una tarea de envergadura, sin urgencia, condicionada a la compra de materiales según plata disponible y mis horarios a ser coordinados con el resto de los compromisos, la conclusión se fue dilatando en el tiempo. Eso hizo que mi trato con la dueña de casa fuera haciéndose más cordial y cercano, amén de placentero pues ella era muy atenta y, en los razonables descansos, me acompañaba tomando algo.

    Así fue como me enteré que llevaba casada diez años, habiéndolo hecho a los veinte, que no tenían hijos pues el marido todavía no quería ataduras, y que pasaba mucho tiempo sola pues sus amigas tenían gran parte de su tiempo ocupado entre trabajo y prole. La distracción semanal era alguna salida a la noche viernes o sábados con el marido y sus amigos, o con las amigas en reunión de mujeres solas.

    Por mi parte le conté que estaba solo luego de un noviazgo de corta duración, y que mi pasatiempo era la lectura y alguna salida los fines de semana a un discoteca muy agradable cuyo dueño, cliente mío, nos atendía con suma cordialidad. Cuando me preguntó el nombre del local, pues alguna vez habían pensado en esa distracción después de cenar le contesté que se llamaba Inti, aludiendo al sol inca.

    En la cuarta o quinta semana de trabajo un día que fui se presentó muy caluroso, temperatura que me causó una gran alegría, pues Ester lucía un vestido liviano, suelto, con un pronunciado escote y sostenido en los hombros por dos tiras. Ese aspecto me alteró la cabeza, el corazón y el miembro, los tres concentrados en la figura de esa mujercita.

    Estaba en medio de una lucha desigual entre la fuerza del instinto y la debilidad de mi deber cuando se acercó.

    – “Serás tan amable de ayudarme en algo que nada tiene que ver con tu trabajo?”

    – “Encantado señora”.

    – “Por favor, no me tratés de usted, mi nombre es Ester, necesito colgar esta soga para secar ropa y no me doy maña”.

    – “Perfecto, cuando termine de anudarla al gancho, mantenela estirada para que no se salga y así pueda pasarla por el otro”.

    Puse la escalera y al darme vuelta para tomar la soga que ella me alcanzaba me doy con un panorama ciertamente turbador. Atrás de la mano extendida había un escote bastante separado del pecho y, en el hueco una teta mediana, firme, con el pezón erguido, que por supuesto atrajo mi vista, me dificultó el tragar saliva e hizo temblar mis dedos que trataban de tomar la cuerda.

    Esos efectos eran más o menos disimulables, lo que resultó inocultable fue el bulto surgido en mi entrepierna, que traté de ocultar precipitadamente girando un poco el cuerpo, aunque creo que ella algo notó pues cuando agarré la punta que me alcazaba mostró rubor en la cara y dándose vuelta caminó rápido hacia la cocina. Ante eso la seguí.

    – “Ester, te pido disculpas, no quise incomodarte, pero te garanto que sin buscarlo se presentó ante mis ojos algo precioso y tremendamente atractivo, que superó holgadamente mi fuerza de voluntad para vencer la tentación de admirar esa belleza”.

    – “No me molestaste, simplemente sentí mucha vergüenza”.

    – “Es comprensible por el natural pudor femenino, pero debieras estar contenta de tener esas redondeces hermosas, capaces de alterar a cualquier hombre”.

    En eso sonó una llamada entrante al celular que se apresuró en atender.

    – “Es Julio, dice que guardes todas tus cosas, viene para acá a ver rápidamente como va el avance del trabajo y luego te lleva a la empresa porque no le funciona el aire acondicionado”.

    Acomodé todo y luego de guardar las herramientas me jugué esperando no desencadenar una catástrofe.

    – “Ester, si el clima lo permite, será posible que mañana tengas la misma vestimenta que hoy?”

    – “No sé, lo voy a pensar”.

    Y se fue dejándome solo, volviendo al rato; se había cambiado y vestía pantalón con una camisa abotonada cerca del cuello. Buena seña, pensé, ese vestido hermosamente sugerente era solo para mí.

    El desperfecto que lo dejó sin aire acondicionado al marido de Ester era pequeño pero de acceso costoso, así que me demoré un poco. En ese lapso entró un empleado viejo que evidenció tener amistad con el ocupante de la oficina; como yo estaba detrás de la biblioteca no me vio y soltó la pregunta pensando que estaban solos.

    – “Ya le diste su ración de leche a la putita de tu secretaria?”

    Al no haber respuesta y cambio de tema, presumo que el interrogado debe haber contestado con alguna seña. Yo, sin darme por enterado, salí al terminar la reparación y, saludando, me retiré. Sin querer me había enterado de algo curioso, aunque no me rozaba pues mi noviazgo había concluido cuatro meses atrás.

    Al día siguiente volví temprano a la casa de Ester pues la tarea de la jornada anterior había quedado por la mitad; me abrió la puerta el doctor, saludé y seguí hacia las dependencias de servicio pues tenía que terminar esa parte; en el trayecto me crucé con la esposa, nos saludamos respetuosamente y pude apreciar unas hermosas nalgas enfundadas en el jean que vestía, aunque fuera algo holgado.

    Con el dueño de casa intercambiamos algunas palabras sobre el avance del trabajo y en seguida se fue. Habría pasado una hora cuando se acercó Ester, se había cambiado y tenía el mismo vestido de ayer, ofreciéndome tomar un café en la cocina junto con ella. Ninguno aludió a la vestimenta, evidentemente ella por pudor y yo respetando su actitud; no había razón para quemar etapas. Disfruté bebida y compañía, tratando de no ser pesado con la mirada sobre ese cuerpo, a todas luces, delicioso. Al levantarse para dejar las tazas recién usadas mi vista se clavó en ella.

    – “Jerjes, qué estás mirando?”

    – “Por favor, no te muevas, ahora te muestro, podrías separar un poco los pies?”

    Y le saqué una fotografía donde se destacaba la silueta, recortada sobre la luz que entraba por la puerta, dando lugar a un espectáculo maravilloso; la leve separación que le había pedido permitía ver la unión de las piernas con el agregado que el vestido, al ser claro, dejaba percibir nítidamente la bombachita la cual era de un color algo más oscuro. Al mirar mi celular se llevó la mano tapando la boca abierta.

    – “Dios mío, qué vergüenza”.

    – “Yo lo veo de otra manera, no es una vergüenza ser hermosa, tampoco que de casualidad hayas pasado a contraluz y menos aún que yo conserve el buen gusto de deleitarme ante tu atractiva figura”.

    – “Tendrías que borrar eso”.

    – “Por supuesto voy a hacer lo que me digas, igual te lo pido, me dejarías conservarla un tiempo?”.

    – “Y si alguien la ve y encima se entera que vos la sacaste, qué hago”.

    – “Te prometo que nadie se la voy a mostrar, más aún, la voy a sacar del teléfono por si me lo robaran”.

    – “Igual no me quedo tranquila, mirá si al salir alguien te lo saca de un manotazo. Tampoco quiero negarte que la conserves un tiempo así que te propongo una solución de compromiso, borrá esa y te dejo tomar otra donde no se me vea la cara”.

    – “Es una solución maravillosa, para darle pleno sabor a la foto solo tendré que ejercitarme en ponerle tu cara, pues la gestualidad facial agrega muchísimo sentido a la simple imagen de una parte del cuerpo. Podríamos hacer varias para luego elegir”.

    – “En eso no estoy tan segura”.

    – “No alcanzo a percibir cuál es tu duda”.

    – “No voy a negar que me agrada resultar atractiva, pero también me da miedo”.

    – “No entiendo por qué el temor”.

    – “Me da miedo el futuro, cuando algo que viste te gustó querrás ver cada vez más y, después de ver todo, intentarás renovar la visión cambiando los enfoques, pero ese no es el final, sino que por último desearás poseer lo que tus ojos observaron”.

    – “Tenés razón, pero nunca te forzaría”.

    – “Ahí está el problema. Así como vos obtendrás placer mirando, yo disfrutaré mostrándome y viendo el efecto que produce mi exhibición, y por ese camino iré avanzando hasta que llegue el deseo de ser poseída. Después de eso no quiero ni pensar en las consecuencias”.

    – “Acepto tu postura, hagamos nada más que esa foto, y para que de ninguna manera se te pueda identificar tendría que ser de la cintura para abajo”.

    – “Madre mía, creo que sola metí la cabeza en la boca del león”.

    – “Te ruego, no tomes esto como una obligación a cumplir siendo que no estás convencida”.

    – “Ese es mi drama, sé que no debo, es palpable que no me conviene, pero quiero hacerlo”.

    – “Entonces aprovecho que tengo viento a favor”.

    – “Confío en tu equilibrio, aunque lo veo algo frágil”

    – “Y yo trataré de no traicionar tu confianza; por lo pronto hay que elegir un lugar apropiado para que nada permita identificar el lugar; podrías sentarte en el piso, sobre una tela algo oscura apoyando la espalda en esa pared clara. Ahora va la primera foto que es para buscar alguna imperfección del entorno, por si acaso tomate las piernas con los brazos y apoyá tu cara detrás de las rodillas para que no se vea; después la borramos”.

    La hicimos bien, nada había que permitiera atisbar dónde había sido tomada. Sin embargo la protagonista no estuvo conforme.

    – “Hacela desaparecer, fíjate en el pequeño espacio entre los tobillos, se me ve todo”.

    – “Apenas se distingue algo blanco, y eso tiene de positivo que hace trabajar la imaginación sobre lo que hay detrás. Luego que hagamos todas te dejo libre para que borrés según tu gusto”.

    – “No me digás esas cosas que me ponen peor, ya que aumentan al unísono excitación y miedo”.

    – “Ahora girá el torso para que quede perpendicular a la pared, la cabeza baja como mirando al zócalo y la rodilla izquierda levantada, mostrando muslo y nacimiento de la nalga”.

    Hice tres tomas mirando ese costado y me moví para enfocarla de frente, muy cerca, para que cabeza y cuello quedaran fuera del cuadro y, sin decir nada, tomé su rodilla y la hice abrirse más.

    – “Así está mejor”.

    Tres tomas más, hechas casi a ras del piso, fueron material suficiente.

    – “Vamos a sentarnos así las vemos juntos”.

    La ayudé a levantarse pero como si obedeciera a un mecanismo automático, pues todos mis sentidos, mi atención y mi mente estaban pendientes de ese triángulo de tela blanca que se distinguía entre los muslos. Y fuimos al sillón ubicándonos pegados para ver las imágenes, yo con los antebrazos apoyados en los muslos femeninos para evitar que movimientos involuntarios de las manos dificultaran la visión. Ante la primera ya se llevó la mano a la boca en señal de asombro.

    – “¡Madre mía!, todo lo que se me ve”.

    – “Solo una pierna y gran parte de la nalga”.

    – “Menos mal que cara y cuello quedan ocultos.”

    La excitación que me dominaba era tal que, con la mente y la voluntad anuladas, tiré a la basura escrúpulos, barreras y cadenas que ponían freno al cumplimiento de mis deseos. La siguiente toma centrada en la conchita, oculta tras la tela pero con la hendidura entre los labios perfectamente visible, la hizo sacarme el teléfono que yo sostenía para acercarlo a sus ojos, cosa que aproveché para que mi mano libre quedara con la palma hacia abajo a milímetros de su vulva mientras pasaba el brazo por detrás de sus hombros aunque apoyado en el respaldo del sillón. En esta oportunidad no me preocupé por disimular la dolorosa y visible erección de mi miembro, que ella percibió, primero de reojo y luego mirando fijamente; lo positivo fue que esta vez no escapó como en la anterior.

    – “¡Santo cielo! Cómo puede ser que me preste a esto?

    No le respondí sino que mi palma se movió para descansar sobre la mullida unión de los muslos, mientras el brazo pasó a estar sobre los hombros con la mano colgando sobre la tetita que exhibía un erecto pezón, y ahí sí le susurré al oído.

    – “Abrí preciosa”.

    Con voz lastimera me pidió que no le hiciera hacer eso, pero separó al máximo las rodillas, y ahí aproveché para bajar los breteles y subir el ruedo de modo que el vestido formara un rollo en la cintura, dejando tetas al aire y una biquini escueta de color naranja. Mientras ella seguía con la letanía <No, no, no>, mi boca se ocupaba de los duros pezones y el dedo mayor diestro recorría el canal entre los labios vulvares.

    En muy poco tiempo el «No, no, no» suave dio paso a la misma negación, pero en forma de grito expresando un orgasmo de grandes proporciones. La laxitud siguiente, que suponía cierta indefensión, la aproveché para hacer que se diera vuelta, apoyara las rodillas en el piso y el pecho en el asiento; con una mano le abrí las nalgas y con la otra puse el glande en el ingreso a la vagina.

    – “Ahora vos tenés el mando”.

    – “No mi vida, eso no, después será imposible parar y me podés preñar”.

    Mi respuesta fue llevar mis manos por los costados para agarrar las tetas que libres colgaban, acariciar esos apetitosos globos y luego tomar cada pezón entre índice y pulgar para, tirándolos hacia mí, inducir el movimiento de retroceso que culminaría cuando la cabeza de mi pija llegara al fondo de su conducto.

    – “No puedo creer lo que estoy haciendo, moviendo el culo como puta que quiere ser clavada, gozando como una burra arrecha; ¡dame fuerte chiquito, haceme berrear de gusto, cogete a esta yegua alzada!”

    El ingreso fue suave y ajustado pero con un deslizamiento sin pausa gracias a la abundante lubricación; llegado al fondo seguí con retrocesos cortos y lentos alternados con empujes veloces y fuertes.

    – “Es una coreografía divina el movimiento de tu pija acompañado por el chasquido de mis nalgas, ahora quietito que te exprimo mientras me corro, ¡llename de leche mi cielo!”

    Después de ese maravilloso episodio colmando un sueño, por una semana no pude volver a la casa pues faltaba material, que llegaría en unos días. Desde ya que más de una noche me dormí después de una furiosa paja, pensando en ella y rogando poder repetirlo aunque lo veía difícil. El viernes a media tarde recibí una llamada suya.

    – “Hola Ester, qué gusto escucharte”.

    – “Esta noche, después de cenar vamos a Inti”.

    – “Qué bueno, me encantará verte ahí”.

    – “Entonces hasta más tarde”.

    Al entrar a la discoteca lo primero que hice fue buscarlas a pesar del reproche de mi conciencia, ella era mujer ajena aunque hubiera mutua atracción y el marido la engañara. A eso había que agregarle que, en el poco tiempo de trabajo en su casa había empezado a sentir un aprecio desusado que podría desembocar en enamoramiento.

    El hecho de que junto a sus amigas ingresara después que nosotros y nos encontráramos fortuitamente fue en cierto modo un alivio, pues me permitía disimular el deseo apremiante de verla, cosa que hubiera quedado patente si yo la buscaba.

    – “Hola Ester”.

    – “Hola Jerjes, te presento a Marta, pues a Miriam ya la conocés, ambas son mis amigas”.

    – “Hola Marta, un gusto; hola Miriam, estoy seguro de conocerte, pero no asocio tu cara a un lugar”.

    – “Vos sos electricista de la empresa donde trabajo”.

    – “Ahora sí, ocurre que ahí hay muchas personas y como generalmente llego, hago mi trabajo y en seguida me voy, con la gran mayoría solo tengo el saludo protocolar”.

    Después de presentar a mis compañeros estuvimos un rato charlando hasta que la invité a Ester a bailar, cosa que aceptó; eran piezas lentas y como el volumen de la música lo permitía conversamos sin necesidad de gritar.

    – “Marta está caliente con vos”.

    – “No estarás exagerando?”

    – “No, porque me lo dijo directamente”.

    – “Yo preferiría que sea otra la que esté caliente conmigo”.

    – “De quién hablás”.

    – “De vos”.

    – “Pero sabés que estoy casada”.

    – “Lo sé, y lamento la presencia de ese gran obstáculo”.

    – “Lo que son las cosas de la vida vos, que no le debés fidelidad a nadie, lo ves como una barrera y sin embargo para mi marido no es un impedimento, hace más de un año que se revuelca con su secretaria. Seguro que algo habrás escuchado”.

    – “Escuchar prestando atención no, porque chismes circulan diez por segundo y nadie se salva. Sí me resulta llamativa la noticia, pues la secretaria de tu marido fue la novia que me duró cinco meses y terminamos hace cuatro, lo que significa que mientras estábamos juntos mantenía la relación con tu esposo. Cuando te enteraste?”

    – “En la cena de hace un rato; ayer tu ex novia, ignorante de la amistad que tengo con Miriam, lo contó en una charla de café diciendo «Hace un año que lo tengo comiendo de la mano, si necesito algo lo consigo con solo levantarme la pollera y mostrarle la tanga, él sabe que después podrá sumergirse ahí todo lo que quiera, si me da en el gusto»”.

    – “Sin pensar nos desviamos del tema y mi preferencia quedó sin respuesta”.

    – “Después te contesto, ahora no”.

    Evidentemente no era el momento; siendo que la contestación iba a condicionar el futuro, convenía darle tiempo para que madurara y saliera espontáneamente, así que me concentré en el baile y como si nos hubiéramos puesto de acuerdo pegamos los cuerpos, por lo cual mi aceptación de la espera se la dije con mis labios pegados a la oreja.

    – “Por supuesto preciosa, cuando te sientas cómoda”.

    Y le di un suave beso en la sien mientras seguíamos la melodía, pero ahora ella con su mejilla en mi pecho y yo con la mía sobre su cabeza. Terminada la música no nos soltamos, ella simplemente levantó la vista para mirarme a los ojos con una expresión tierna.

    – “Sí querido, estoy caliente, pero ese estado del cuerpo es consecuencia de que te amo”.

    Impactado por esa afirmación, después de acariciarle la mejilla, sin pronunciar palabra caminamos de la mano hasta la barra y a uno de los empleados, que me conocía, le pedí la llave de la pieza donde están los tableros, cuyo único mobiliario son una mesa pequeña y una silla. Ya adentro, apoyado de espaldas en la puerta la tomé en mis brazos.

    – “Yo también mi cielo, ardo porque mi corazón levanta la temperatura del cuerpo”.

    Y mis labios cubrieron los suyos mientras le bajaba los breteles para que los pechos quedaran libres dando trabajo a mis manos que los abarcaron, moviéndolos de abajo hacia arriba, pinzando los pezones entre los dedos al ritmo de sus quejidos placenteros. Mientras, ella no se había quedado quieta, pues se había apoderado de mi verga y la recorría con ambas manos. Cuando separó sus labios de los míos fue para decirme.

    – “No sé cuál es el sabor de la barra que me llenó hace una semana, así que lo voy a probar ahora antes que se mezcle con el mío”.

    Si no me corrí apenas empezó la lamida y succión fue de puro milagro.

    – “Tesoro, te ruego, dejá que ahora pruebe el gusto de tus jugos y así bajo el nivel de excitación”.

    – “Sí querido, sí, comé mi almeja y poneme a punto, yo te aviso para que entrés de un solo golpe y nos corramos juntos, pero no me saqués la tanga, quiero llevarme tu leche a casa y dormir con ella adentro”.

    Para eso lo más apropiado era servirme de la mesa, donde la hice sentarse en el borde luego acostarse para dedicarme a paladear ese sabor delicioso solo pasando la lengua y tragando, porque ella, con sus manos, movía mi cabeza marcando el recorrido hasta que escuché «Ahora», era el momento de incorporarme, llevar el miembro al ingreso de su conchita y parar.

    – “Dame tu lengua mi cielo, la entrada y corrida quiero hacerlas con nuestras bocas unidas”.

    Fueron dos orgasmos al unísono, mi pija palpitando en cada escupida y ella exprimiendo para que nada quedara en el camino. Al regresar a la mesa las amigas nos recibieron con un «¿Todo bien?» recibiendo nuestra respuesta afirmativa. Con un poco más de luz encontré la razón de la pregunta, la cara de Ester, y seguramente la mía, mostraban el desgaste propio del esfuerzo realizado.

    Pasé una semana sin verla pues el trabajo en su casa se había discontinuando pero vino en mi ayuda una costumbre del dueño y gerente general de la empresa que solía hacer cada tanto, un almuerzo en su casa de fin de semana para cierto número de empleados, y esa vez había sido favorecido. Reunión muy agradable donde lo que sobraba era bebida y comida. Desde lejos miraba a Ester, que estaba con su marido, tratando de no ser evidente en mi embeleso, mientras alternaba con mis compañeros de mesa. En un momento se acercó el anfitrión para ver cómo lo estábamos pasando y al verme relacionó mi oficio con un tema pendiente.

    – “Jerjes, ahora que me acuerdo, te cuento que cuando enciendo todos los reflectores del jardín se corta la luz y debo apagarlos para levantar la llave y que regrese la energía”.

    – “Seguramente es una sobrecarga doctor, en seguida doy una mirada rápida y luego le contesto”.

    Y al rato lo hice, entré a la casa por la puerta que da al jardín para ver el tablero y después salí por la de la cocina que daba a un costado buscando el tendido exterior que suministraba la corriente. Terminado eso, regresaba hacia la mesa cuando veo a Ester salir por donde yo había ingresado y venía a mi encuentro.

    – “¡Qué te habías hecho! ¿De dónde venís?”

    Lo inesperado de la interrogación me sorprendió y, cuando reaccioné, la miré seriamente.

    – “Esa pregunta no me gusta, y mucho menos la manera de hacerla”.

    Al tomar conciencia de su actitud bajó la cabeza y, tapándose la cara con las manos se sentó en el banco cercano

    – “Perdón, perdón, sé que conmigo no tenés compromiso ni obligación, pero te amo y por eso obré así. Hace unos minutos te vi entrar a la casa justo cuando una señora me llamó dándome charla, al lograr soltarme y mirar nuevamente veo entrar a tu ex novia, pasando los minutos me temí lo peor y fui, al llegar al baño escuché voces y sonidos de dos que estaban en el apogeo de una cogida, te imaginás el dolor que sentí pensando que eras vos y entonces, al borde del llanto, salí encontrándote”.

    – “Por favor, seguime”.

    Y la llevé al lado de la puerta lateral, debajo de un ventiluz que correspondía al baño y estaba abierto; eso nos permitía escuchar con cierta nitidez las voces de quienes estaban adentro.

    – “Quiénes son?”

    – “Con certeza no lo sé, supongo que serán tu marido y su secretaria”.

    – “Hijo de puta, hasta ahora disimulaba un poco, se ve que la calentura es superior a cualquier escrúpulo, y tengo que aguatarlo, porque si me separo tendré que darle una casa, cosa que no merece”.

    – “Vos sabés que en toda negociación es distinto el resultado según tu posición sea de poder o debilidad”.

    – “Sin duda”.

    – “Cómo te llevás con la dueña de casa”.

    – “Bien, somos amigas aunque no íntimas”.

    – “Entonces llamala pidiéndole que venga y te acompañe en el momento en que salgan, no pueden demorarse demasiado. Por otro lado también hay que tener en cuenta el valor del testigo, distinto es el electricista de la empresa que la esposa del gerente general. Esa será una carta a tu favor cuando tengas que negociar un divorcio”.

    Y así fue; mayúscula sorpresa se llevó el galán cogedor cuando abrió la puerta y escuchó la voz de su esposa diciendo.

    – “Julio, quiero el divorcio”.

    El escenario preparado tuvo su efecto; la separación se produjo sin mayores dificultades y, ante la presión de perder el trabajo prefirió pasar a una sucursal.

    Transcurridos dos meses, que nos tomamos para reflexionar sobre el lazo que nos unía, decidimos vivir juntos en la casa de ella con la certeza del mutuo amor. Y así fue que una tarde, al regresar del trabajo y recibirme con el consabido amoroso beso, me dijo.

    – “Hola mi amor, necesito que hablemos”.

    – “Introducción preocupante”.

    – “No es algo malo, pero sí importante y trascedente”.

    – “Primero me voy a sentar antes de seguir escuchando”.

    – “Estoy embazada de unos tres meses, hace un rato volví del médico, no quise decirte algo antes de confirmarlo fehacientemente”.

    – “Tres meses, y vos pensás que esa criatura es mía”.

    – “Muy probablemente”.

    – “Y qué querés hacer”.

    – “Quiero ser madre”.

    El diálogo fue en el sillón, uno al lado del otro, con caras y tono de voz acorde a la seriedad del asunto.

    – “Y tu amor hacia mí ha cambiado en algo?”

    – “En nada, y por eso no soy tajante en adjudicarte la paternidad, te amo demasiado como para arriesgarme a decir algo que después resulte mentira. Podría ser de mi ex en la última relación que tuve con él, que fue días antes del viernes cuando estuve con vos en la discoteca. Desde esa noche, en que me enteré de su aventura, ni siquiera le permití darme un beso en la mejilla”.

    – “Bien, ahora te vas a sacar el vestido quedándote en corpiño y bombacha, y sentándote de costado en mi falda”.

    Viendo mis facciones inexpresivas y un tono de voz que no admitía réplica, hizo lo que le pedí, pero mirándome como quien no entiende el pedido.

    – “Naturalmente podés oponerte, pero en este momento lo que deseo es besarte, hacer que nuestras lenguas realicen la danza del sabor, mientras mi mano acaricia esa pancita preciosa, y así hacerle saber a la criatura que su padre está enajenado de contento viéndola crecer”.

    Terminé de hablar y se abrieron las compuertas, el llanto bajaba en torrente por sus mejillas y los sollozos acompañaban las lágrimas mientras, aferrada a mi cuello, sepultaba su cara en el hueco del hombro. Pasado un ratito se normalizó y pudo hablar.

    – “Qué tonta fui al tener algún temor respecto de tu reacción. Si fuera posible, ahora te amaría más que antes. Mi cielo, es el momento de que trabajen las bocas”.