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  • Las alas del ángel

    Las alas del ángel

    Lo peor eran las alas. Aún a su avanzada edad, se defendía razonablemente bien con esas manos y esos dedos que a otros dibujantes le resultaban tan complicados de plasmar en el papel. Sus pechos eran generosos, no solo en su desproporcionado tamaño sino también en el esfuerzo que suponían: esos dos círculos, o dos medios círculos cuando Angélica llevaba puesta su toga blanca, eran muy sencillos de dibujar y lo que más alabanzas suscitaba entre sus escasos fieles. Sus curvas eran más complejas, sin duda, sobre todo a través de esos ropajes de los que invariablemente acabaría despojándose. Tenía que encontrar el punto intermedio entre el recato y el erotismo, y había quedado insensibilizado al erotismo con toda la pornografía que había visto durante los últimos veinte años. Pero todavía se manejaba bien, sobre todo cuando miraba sus viejas ilustraciones.

    Y, sin embargo, las alas… si ya de joven le había costado poner una pluma detrás de otra, si le había costado hacer las alas de Angélica consistentes y etéreas al mismo tiempo, esa tarea se convertía en misión imposible a su edad. Borró la chapuza que había hecho, dejando a su celestial creación sin esos dos apéndices que terminaban de convertirla en el icono que era. O que, en propiedad, había sido. Los chavales de hoy en día se hacían pajas con dibujitos japoneses en vez de con su arte.

    El zumbido de ese artefacto infernal que llamaban erróneamente teléfono le sacó de su mesa de trabajo. Se incorporó con dificultad (si su vida hubiera sido un tebeo, habría incluido una onomatopeya para describir el horroroso ruido de sus huesos) y consultó el móvil, ávido de novedades. Si resultaba ser un correo spam, iba a tirarlo por la ventana.

    Sin embargo, al leer la misiva digital que le habían mandado los organizadores de ese evento de cómic, casi deseó que hubiera sido eso.

    «Buenos días. Lamentamos informarle de que, pese a que apreciamos su contribución al Noveno Arte, el calendario ya está establecido y no podemos modificar ningún acto. Asimismo, la titularidad de los stands es inamovible, por lo que no podemos ofrecerle un espacio.

    Además, nuestro evento es para todos los públicos, por lo que sus proyectos no son los más adecuados para nuestra propuesta.

    Le agradecemos su interés y le deseamos lo mejor. Un saludo».

    Y ya estaba. Después de una vida dejándose los dedos y los ojos, una respuesta que habría sido ofensiva hasta para un chaval primerizo que manda sus inexpertas viñetas a alguna editorial francesa. Rabioso, empezó a escribir su desafiante respuesta:

    «Estimados mingafrías puritanos:

    He podido comprobar en vuestra página web que en esta edición habéis invitado a dos actores, a un youtuber y a varios jóvenes que se disfrazan de personajes que, en muchas ocasiones, provienen de los videojuegos u otras formas de entretenimiento que nada tienen que ver con la historieta.

    Sinceramente, creo que no me merezco este ninguneo. En los ochenta, antes de que muchos de esos chavales (y quizá ustedes) nacieran, Angélica vendía más que la Vampirella o la Red Sonja. Y, aunque no soy un Moebius ni un Hal Foster, ni mis guiones tenían la profundidad de un Art Spiegelman, seguía siendo arte. Entre paja y paja, mis historias daban que pensar. Pero parece que hay más sitio en vuestra mierda de evento para gilipollas que solo saben gritar en Internet que para mí.

    Por último, no quería despedirme sin destacar vuestra hipocresía al condenar mis dibujos como inapropiados cuando varios de vuestros invitados viven de enseñar su cuerpo en Internet, disfrazados de los mismos cinco personajes. Yo, por lo menos, acepto que lo que hacía era arte erótico. Pero vosotros condenáis mis dibujos y aceptáis esa forma de prostitución virtual, y ahora seguramente me respondáis que alguien enseñando las tetas o marcando el paquete no está necesariamente sexualizado. Venga, idos a tomar por culo.

    En fin, seguiré dibujando. Solo espero que, cuando me muera, no me hagáis un homenaje».

    Miró el mensaje durante varios minutos, paladeando la humillación a la que sometería a esos niñatos imberbes que habían decidido que tenía que conformarse con su mierda de jubilación en vez de ganarse unas perras firmando cómics y regalando dibujos. Se los imaginó recapacitando, pidiéndole perdón, tal vez creando una polémica que hiciera que sus páginas originales se revalorizaran.

    Se imaginó también el precio de la luz y el agua subiendo, y se imaginó depender de los organizadores de ese evento o de sus amigos al año siguiente. Resopló y puso el dedo sobre la tecla retroceso.

    «Tendría que haberlo copiado para cuando me diagnostiquen un cáncer o algo así» -pensó con amargura, pero decidió dejarlo estar. Al menos él tendría la victoria moral.

    -Bueno, ahora…

    Ahora, nada. Porque, sin la posibilidad remota de que le pagaran por sus dibujos, tenía poco sentido agarrar el lápiz, ni hablar ya de la tinta.

    Hizo descender sus ojos sobre el lápiz como un juez haría caer su martillo. Por culpa de ese lápiz. Por culpa de ese lápiz había tenido que cenar un bocadillo de chóped, por culpa de ese lápiz sus mejores ideas habían sido olvidadas en suplementos y revistas que ahora acumulaban polvo, por culpa de ese lápiz había tenido que conformarse con una foca frígida que le había humillado a diario durante sus treinta años de matrimonio.

    No supo si tosía o lloraba, solo que tuvo que agarrar uno de sus papeles para limpiar sus gafas. Pese a todo, fue un papel vacío, sin la efigie sagrada de Angélica dibujada en él.

    Se dirigió a sus estanterías, mirando esos tebeos que casi agradecía no haber podido vender. La mayoría se encontraban sepultados en revistas eróticas de poca monta que el desarrollo natural de los acontecimientos había acabado condenando al ostracismo, y pocas veces habían sido reeditados en un formato decente. Pero, aun así, seguía habiendo lectores de su quinta que de vez en cuando le mandaban correos cantando las bondades de Angélica o explicando cómo había revolucionado sus hormonas adolescentes.

    «Aunque luego esos cabrones no me compran un triste dibujo» -pensó, cabizbajo. Ay, tendría que haber nacido veinte años después, y se habría forrado haciendo dibujos guarros en Internet. O veinte años antes, y no le habría pillado tan fuerte la crisis de los medios impresos. O, qué cojones, no haber nacido en ninguna coordenada espaciotemporal. Tal vez eso hubiera sido lo mejor.

    Aun así, pensó al hojear esas páginas donde aparecía su creación, algunos de esos dibujos y esos guiones justificaban una vida. La fórmula era sencilla: Angélica bajaba del cielo para ayudar a algún desdichado y, en el camino, había algún chiste o encuentro de carácter sexual. Tanto daba que enseñara las tetas para que un cura superara su crisis de fe como que su desnudez en la vía pública permitiera a un manifestante huir de la Policía. Esos argumentos rutinarios le habían permitido hacer crítica social y religiosa, y estaba orgulloso del fondo de humanismo que había conseguido imprimir a historias como esas. Se había llevado elogios y se había llevado un buen dinero de las ventas. Aunque sus editores todavía le debían un pico considerable.

    «Me deben mucho más de lo que jamás me darán» -pensó, amargado. Tumbarse en la cama solía suponer un remedio para sus males, pero solo cuando podía dormir. No cuando la tos y el frío cortaban cada respiración. No cuando podía confirmar, por la humedad de sus sábanas, que lo que le había hecho quitarse las gafas era el llanto.

    Aun así, su cuerpo decidió hacerle el único favor que le había hecho ese lustro y le permitió dormir.

    Cuando despertó, era de noche. El frío invernal, de nuevo, había encontrado su lugar a través de las ventanas y las puertas de su destartalado piso. Se arropó con las sábanas, tiritando y tosiendo de nuevo. Pensó en levantarse y hacerse la cena, pero solo lo pensó. Hacía demasiado frío.

    La tos y las lágrimas le recordaron que, lejos de esos mundos de fantasía que solo su lápiz conseguía trasladar imperfectamente al mundo real, seguía siendo un ente físico, un ser patéticamente decadente. Un puto viejo que había dejado de cotizar y que, en consecuencia, se había convertido en una carga para todos los jóvenes que pensaban que nunca se encontrarían en su situación.

    «Que se vayan todos a la mierda» -pensó, con los ojos abrasados por el agua. Él tenía sus principios, tenía sus logros, era mejor que todos ellos. Y, sin embargo, solo de pensar en su absurda rutina (en cocinar, en dibujar, en irse a la cama una y otra vez tras la titánica tarea de salir a hacer la compra), le daban ganas de que todo terminara. Me rindo, Dios, decía. No sé qué te he hecho, y espero que no sea nada personal, pero me rindo. Cerró los ojos, sollozando como un bebé, dejándose llevar por esa oscuridad que no exigía nada de él para devorarlo, que no le juzgaría ni le haría sufrir cuando acabara con su existencia.

    La luz que respondió a su ruego fue tan brillante que tuvo que despegar los párpados, contra todos sus instintos, para poder constatar que existía. Y existía, tal y como él la había concebido. Su pecho latió al ritmo de majestuosas trompetas celestiales, anonadado ante la imaginación que se tornaba en esquizofrenia.

    Porque lo que estaba delante de él habría sido considerado imposible, aunque él estaba seguro de su certeza, porque ningún hombre habría podido imaginar algo como eso. Como esas curvas, amplias y maternales, que la toga blanca no podía ocultar. Como esos pechos cuya enormidad aún tapada era imposible de ignorar por un viejo que, de puro viejo, se había vuelto infante de nuevo. Por su pelo radiante y rubio, de una pureza que ninguna mujer real tiene. Por ese rostro de estatua esculpida por cuerpos celestiales en pasional explosión.

    Por sus alas, que rodeaban con un halo flamígero a esa Angélica que había imaginado hacía tanto tiempo. Ella se acercó a él, acariciando sus mejillas con un tacto que hizo que la gelidez de su piel desapareciera.

    Alzó su mano trémula hacia ella, cuyos ojos tiernos habrían sido anatema del deseo en cualquier otra circunstancia, pero que estaban acompañados de una belleza angelical que apelaba tanto a los instintos carnales como a los más elevados entendimientos. Hipnotizado, tocó la mejilla de esa aparición, notando cómo dentro de sus calzoncillos revivía algo que creía muerto. Su erección, pura y viril como la de un adolescente, saludó a la musa que tanto le había eludido durante los últimos años.

    El dibujante intentó decir algo, pero la voz se resistió a escapar de sus labios agrietados y viejos. Ella lo notó, y tal vez por eso colocó un dedo sobre su boca. Luego, se inclinó sobre él, rozando con sus dos paradisíacas protuberancias el pecho hundido de su creador. Le acarició la cara con un cariño que no dependía de la visibilidad de sus abdominales o del grosor de su cuenta bancaria, con una empatía que no pedía nada a cambio.

    Sus labios se rozaron con el ardor de dos galaxias copulando, con unos besos breves que parecían aterrizar justo cuando los necesitaba. Intercambió rápidos y furtivos mordiscos con la excelsa criatura, dejando atrás cualquier atisbo de duda o de miedo. No se explicaba cómo había aparecido en su habitación una muñequita como esa, pero sabía que esa sería la última oportunidad de llevarse un recuerdo lúbrico y agradable al otro mundo. Si es que existía tal cosa.

    «A la mierda» -pensó, con una boba sonrisa, al ver cómo ese rostro se separaba de él al besarlo, al notar en ella una respiración excitada y sentir el palpitar de su sangre divina al tocar su cuello. Agarró sus pechos, que no cabían en sus manos, y experimentó un tacto de nube lluviosa en verano, de algodón de azúcar en la feria del pueblo. Las apretó con delicadeza primero, luego con fuerza, gozando de esas dos mamas maravillosas, de una suavidad que le hizo sentirse en el cielo. Tal vez lo estaba.

    La mano del ángel se posó en su esternón, obligándole a retirarse gracias a una fuerza sobrehumana. Por un momento pensó que lo hacía como castigo por haber tocado sus pechos, pero nada más lejos de la realidad: al contrario, aquello parecía haberla excitado. Angélica se mordió el labio, contemplando a ese mortal cuyo pene recibía sus asaltos con un entusiasmo que nunca se ablandaba. Acarició su miembro a través de sus pantalones, con tal destreza que el líquido preseminal los manchó en cuestión de segundos. El artista jadeó, animal, seducido. Su creación expulsó una risita que nada tenía de perversa, que cayó sobre él como un chorro de agua fría en una boca sedienta. Le bajó los pantalones y los calzoncillos, dejando al descubierto una polla veterana, pegada a dos cojones en los que la gravedad había hecho sus estragos. Pero, en ese momento, mientras ella se agachaba para que sus genitales quedaran al nivel de sus ojos, ni la mujer más exigente habría podido ponerle un pero.

    Y ella no se lo puso. Por el contrario, sus dos manos níveas se cerraron con gentileza en torno a sus gónadas, masajeándolas. La criatura sonrió, sin perder su halo de bondad. Sus alas se movieron, juguetonas, mientras la lengua del ángel ascendía desde la base de su miembro hasta la punta, una y otra vez. El dibujante gimoteó, aferrándose a las sábanas para no caerse del placer. Un hilo de baba caía de él, el masaje seguía estimulando sus zonas erógenas más ignotas.

    -Sí… sí, querida, sí… te amo…

    Ella volvió a reír y detuvo los preliminares. Sin retirarse siquiera el cabello, sin usar las manos, se metió su polla en la boca, bautizándola con esa saliva almibarada. Y, luego, abajo. Abajo del todo, como ninguna profesional había sabido hacer. Y, luego, arriba. Glup, glup, glup. Un ruido que otros llamaban pecaminoso e infernal, pero que él no podía sino asimilar al Paraíso del que había surgido ese ser.

    La mamada fue lenta, romántica, preciosa como un poema torpe escrito por un niño a su maestra. Cuando llegó a su fin, se derramó dentro de ella con un alarido, expulsando ese semen ya inservible para la vida pero que su organismo ansiaba liberar.

    Angélica se retiró, aún sonriente, y jugueteó con ese pene que empezaba a quedarse flácido.

    -Espera… no creo que pueda…

    Le miró fijamente con esos ojos de océano calmado, sin dejar de rozar las venas de su aparato con sus uñas. La sensación que aquello le causó fue maravillosa, casi mejor que el sexo oral. Su miembro latió, como si su mero contacto pudiera devolverle la vida. Alcanzó un estado semiflácido y, aún manchado con su blanca pasión, supo reconocer la belleza que tenía delante.

    El ángel se incorporó, batiendo sus alas, y se alzó como la ornamenta más destacada en su mugriento cuarto. Alzó el brazo hacia ella, temblando de miedo como un drogadicto que acaba de descubrir que el amor de su vida es la heroína.

    -Espera… no te vayas, por favor…

    Ella lo miró desde su evidente superioridad, sin arrogancia, sin conmiseración. Despegó sus labios para hablar con un dulce timbre que masturbó sus tímpanos:

    -No te voy a abandonar.

    Tras decir eso, sucedió un milagro. Uno pequeño en comparación con lo que había visto, uno de tantos, pero un milagro al fin y al cabo. Y es que su toga, sin que ella tuviera que hacer ningún movimiento, se dejó caer al suelo. El artista estuvo a punto de dejarse los ojos en esa figura que la ausencia de ropajes revelaba, y que tantas veces había dibujado sin saber que podría aparecer ante él.

    Su figura de reloj de arena, de un reloj blanco de mármol, destacaba sin duda por sus dos pechos. Dos pechos más grandes que su cabeza, pero sin la rigidez artificial de las tetas operadas. Esas dos ubres eran una parte orgánica de esas carnes rollizas, de un cuerpo perfecto que Rubens se habría muerto por pintar. Sus alas, regias y orgullosas, la hicieron volar hacia él. El pene del dibujante reaccionó del único modo posible, erecto como nunca antes. Habría jurado que ganaba uno o dos centímetros, centímetros que la ausencia de una mujer como esa le había negado.

    Esa beldad sobrenatural posó sus labios vaginales, rosados y tiernos, en su glande. Se frotó contra él, dejando escapar gemidos de pasión que no podían ser falsos, sin llegar a descender sobre el falo que ansiaba empalarla, que había nacido para ello. Como una pluma remolona que se resiste a aterrizar en el pavimento, el cuerpo angelical de su creación descendió, dejando que el pene de ese pobre mortal se clavara en ella. Y que, después de unos minutos de espera gloriosa, desapareciera enterrado en su interior.

    Entonces, empezó a botar.

    La fricción masajeó su poste que, cual espada llameante de arcángel, se incrustó sin problemas en su nuevo hogar. El ángel apoyó sus manos en el pecho de él, masajeándole con la suavidad de unas manos que nunca se habían ensuciado en ese mundo. Sus caderas se movían con una cadencia deliciosamente impredecible.

    Ese ritmo, al principio lento y dulce, se acabó tornando en una cabalgata pasional. Los pechos de esa eufórica mujer botaban, haciéndole babear.

    -Ven aquí-suplicó-. Quiero… quiero tocarlos, por favor…

    Ella obedeció, inclinando su tronco sin dejar de moverse. El artista sostuvo esas tetas mientras hacía patéticos intentos de embestirla desde abajo. Ansioso, se metió sus pezones en la boca, chupando con fruición, poseído por el entusiasmo más infantil. Engulló todo lo que pudo, succionando como si esperara que algo saliera.

    Y salió.

    Aunque se sorprendió, no dejó de chupar cuando la leche escapó de sus pezones. Se trataba de una leche condensada y dulce, de una calidad mucho mayor a la que podría haber encontrado en una lata. Esa ambrosía se deslizó por su garganta, dándole energías renovadas. La abrazó, rozando sus alas, mientras los dos aumentaban el ritmo. El artista gruñó, Angélica gimió. Se miraron a los ojos, compartiendo un momento de conexión que solo podía existir entre dos seres que se habían creado el uno al otro. Azotó sus nalgas, tan enormes como hermosas.

    Llegaron a su clímax al mismo tiempo. Angélica chilló, recibiendo gustosa su semilla, soltando sobre su pene unos jugos del sabor de la miel. Se retiró, revoloteando ligera y sonriente. Su expresión tenía la candidez de una primavera que piensa que derrotará al invierno para siempre.

    Le tendió la mano.

    -Sígueme-imploró, sin perder su compostura. Extendió la mano hacia él-. Ven conmigo.

    El historietista permaneció tumbado, entre resuellos de la más variada índole, pero que denotaban un entusiasmo que se impuso al cansancio.

    -¿A dónde me llevarás?

    El beso en su frente fue ominoso, pero no le importó.

    -A donde nunca tendrás que sufrir de nuevo.

    Sabía lo que quería decir. No era tonto, y se había labrado una carrera atendiendo a los simbolismos. Quizás en su juventud habría rechazado su oferta, alegando un deber hacia el arte o la historieta, pero había cumplido con ese deber hacía mucho. Por eso, sin mirar atrás, se dejó llevar de la mano, ascendiendo con unos ojos llorosos de júbilo.

    Por delante de ellos se abría una escalera hecha de nubes.

    Durante el último evento del cómic español, hubo una gran cantidad de actos y exposiciones. Entre los concursos de disfraces y las firmas de libros hubo una de ellas que pasó relativamente desapercibida, pero que logró arrancarle una lágrima a más de un visitante.

    Se trataba de los últimos bocetos de un olvidado artista, expuestos después de una repentina muerte por infarto atribuida a los efectos secundarios de la viagra que habían encontrado en su organismo. Independientemente de las trágicas circunstancias de esos dibujos, estos eran excepcionales para un hombre de más de ochenta años. Los pechos de Angélica eran firmes y realistas, esa sonrisa era excepcional, las manos eran la envidia de cualquier artista primerizo que se limita a calcar.

    Pero lo más llamativo de todo eran las alas. Unas alas que parecían escapar del papel, volando con una libertad que solo da la inexistencia.

  • Irene y sus primos (parte 4)

    Irene y sus primos (parte 4)

    Omar era, de los tres, el que más me hacía volar. Me tenía dominada y a sus pies. ¡¡Por Dios, cómo cogía!! Era un artista para acariciarme. Me llevaba al límite con la caricias y me sacaba no menos de tres orgasmos antes de penetrarme. Además, me trataba como su puta y me dominaba, me ataba, me sometía ¡¡y me encantaba!! También era el más pijudo y más lindo. Para hacerla corta, me llevaba de la nariz y yo seguía satisfecha sus caprichos. Mis primos no le llegaban ni a los tobillos. Mi gran preocupación en la vida era que no deje de cogerme.

    Un día habíamos quedado en vernos y, cuando llegué al departamento y entré, me lo encontré en el sillón con una joven morocha a su lado. Linda potra. Me quedé de una pieza porque era evidente que eran mucho más que conocidos. Cuando se levantó a saludarme, la tomó de la mano a esa guacha, la hizo levantar y me la presentó

    – “Hola Irene, ella es Paula. Hoy va a pasar la tarde con nosotros”.-

    – ¿¿¡¡Qué!!?? ¿¿Cómo??, contesté bastante cabreada.

    Me tomó de la nuca, me acercó a su cara y dijo:

    – “Putita, te comparto con tus primos y está bien. ¿Pero si quiero compartirte con Paula esta mal? Lo siento. Paula no se va a ir. Vos ¿te quedás?”.-

    Y ahí se me vino la estantería abajo. Ni soñaba con irme, ni pensaba en no tener su sexo. Pensé rápido como retroceder sin quedar tan mal y sin perder el estar con Omar. Rápidamente me sentí que el suelo se volvía de barro. Me pensaba el eje de ese bulín y de golpe me habían bajado del trono.

    – “No papi, no. Pero entendeme, no es manera esta. Podrías haberme avisado, ¿o no?”, dije intentando resolver la cuestión.

    – “Si, tenes razón, perdona. ¿Empezamos de nuevo?”, dijo con toda la habilidad de darme lugar para reponerme.

    La saludé a Paula mientras la medía. Estaba buena la guacha. Jovencita, muy buena figura, apenas mas baja que yo, lindas tetas y un culo redondito y firme. Y una sensualidad que la desbordaba. Me saludo amablemente con una sonrisa y me abrazó. Tenía la piel cálida y suave. Omar se acercó y nos dijo que vayamos a la pieza a ponernos la ropa que había elegido y nos despidió con un chirlo en la cola a cada una. En la pieza lo único que había era una toga muy fina para cada una. Nos miramos con Paula con cara de no entender, pero nos desvestimos y nos pusimos una toga cada una. Yo sabía que ese guacho me llevaba de la nariz, pero la expresión de Paula y su rapidez al vestirse me mostraron que no era la única que tenía dominada bajo su mando.

    Las dos salimos y Omar nos dio a elegir entre sus dos manos cerradas. Me miré con Paula y elegí la izquierda. La abrió y tenía un nudo hecho con soga. Sin decir nada, Paula fue a un clóset mientras Omar me guiaba hasta el sillón, me sacaba la toga y me obligaba a arrodillarme sobre el sillón y poner las manos en el respaldo, como la primera vez que cogimos. En eso entró Paula con varios elementos en los brazos. Quise mirar y recibí un chirlo mientras me ordenaba que mire hacia adelante. Me puso una venda ciega y fui sintiendo como ataban mis manos y después tensaban la soga impidiendo moverlas. En ese instante sentí el primer gustazo y me mordí el labio.

    Sentí que ataban mis tobillos y quedaron abiertos sin darme chance que los cierre. Después unas manos empezaron a pasarme aceite y masajearme todo el cuerpo. De allí en más sentía mi cuerpo sacudido por chirlos, lamidas en los pezones, masajes en las tetas, chupaditas de clítoris, jugueteos que me introducían suavemente, masajes en todo el cuerpo, vibradores. Lo que no tenía duda era que había cuatro manos y dos bocas trabajandome. No sé cuanto tardé en empezar a gemir y retorcerme. Todo era una delicia. Vomitaba los “Ay Dios” junto a jadeos cuando me pasaban de dolor a placer en segundos, gemidos al sentir lamidas y juguetes. Terminé entregándome a disfrutar hasta que me flechó una descarga eléctrica que hizo que me tensara tanto que sentí las sogas clavarse en mi piel, mientras gemía y jadeaba por la falta de aire y mi cuerpo seguía sacudiéndose. Después me aflojé toda y sentí la boca seca como si hubiera comido un osito de felpa.

    Con delicadeza, me soltaron las sogas, me sacaron la venda y Paula me ofreció un vaso de agua helada que me pareció un néctar. Omar me miraba todo desnudo.

    – “¿Te gustó?”.

    – “Si, mucho”, le dije cuando pude articular palabras.

    – “Descansá”, me dijo, se sentó al lado mío, la tomó a Paula (que también estaba desnuda), la trajo sobre él, la puso a caballito y la penetró. Mientras los veía coger, Paula estiró una mano y empezó a acariciarme el rostro y después las tetas.

    – “Qué linda que sos. Tenía razón Roque cuando te describió”, y mirando a Omar le dijo “me gusta … mucho”.

    Omar me indicó que fuera a su lado y me abrazó contra él mientras seguía cogiendo. Me dio un beso y empujó mi cabeza contra los pechos de Paula. Tuve un atisbo de resistencia, pero Omar me dio un chirlo, presionó más mi cabeza y la morocha me tomó con ambas manos y llevó mi boca a sus pezones.

    – “Yo te los chupé recién y te encantaba”, me dijo. “Chupamelos a mi, por favor”

    Con reticencia y de a poco fui acercando mi boca y empecé a lamer los pezones y a darle chuponcitos mientras ella me abrazaba y Omar me acariciaba la cola y las tetas.

    – “Soltate putita, cerrá los ojos y disfrutala. Tiene una piel suave y linda de acariciar”, me dijo Omar

    ¡¡Y la mierda que si era suave, cálida y linda su piel!! Toda ella tenía aroma a hembra caliente, se la sentía flojita y entregada a los mimos. ¡¡Puta madre!! Empezaba a gustarme esa turra y fui sintiendo como se calentaba y me abrazaba más fuerte contra ella ante las embestidas de la pija de Omar, fui percibiendo como se tensaba, cómo la calentura cambiaba su aroma y el sabor de sus tetas y la sentí explotar mientras le chupaba el pezón y la abrazaba en su clímax. Cuando se repuso, me tomó la cabeza con sus manos, dijo “gracias” y me dio un suave beso en los labios.

    – “Irene”, dijo Omar. “Sentate contra mí dándome la espalda”.

    Cuando lo hice, me volvió a poner la máscara ciega, sentí que ataban una a una mis muñecas y ataron las sogas de un modo que quedé con los brazos abiertos, en cruz apoyada contra Omar y me ataron los tobillos obligándome a tener abiertas las piernas. Después, mientras Omar me abrazaba y jugaba con mis pechos y pezones, las manos de Paula me acariciaban completa con un conocimiento exacto de como calentarme. Después, sentí una de sus manos meterse entre mis piernas mientra Omar me tomaba de las nalgas y me levantaba y, al bajarme, sentí la punta de su pija en mi culito. Unos dedos me ponían lubricante y la punta empujaba por abrírmelo. En poco tiempo, despacito fue penetrándome hasta el fondo y quedé sentada, con su pija metida toda en mi cola.

    Sentí sus manos de nuevo masajeando mis tetas mientras empezaba a sentir que alguien se dedicaba a mi clítoris y mi conchita. Lamidas, besos, mordisquitos de labios, dedos, vibradores. Cuando esos mimos me obligaban a moverme, sentía esa verga dura que tenía dentro, en poco tiempo mis movimientos espasmódicos incitados por los sabios mimos de Paula y la pija de Omar en mi cola me hicieron subir la temperatura al tope. Ni sé cuanto duro, pero hubo un momento en que perdí la noción de todo lo que pasaba y solo saltaba de un estímulo a otro. Sentí un consolador entrando en mi vagina, una boca jadeando su cálido aliento en mi punto sensible, y después no supe que era lo que pasaba, pero me fui a volar por el placer. Volví a estallar, volví a tensarme, gemí, di gritos ahogados y otra vez las sogas le pusieron tope a mis espasmos. Hasta que me derrumbé.

    Omar me sacó la venda y vi a Paula subir despacito desde mi conchita, lamiéndome y besándome los pezones y, cuando llegó a mi boca me dio un profundo beso al cual respondí. Después se levantó y fue soltando las sogas que me amarraban y se sentó en otro sillón a ver como Omar terminaba de cogerme el culo. Como no tenía ni fuerzas, me volvió a poner de rodillas y apoyada sobre el respaldo y así me cogió hasta acabar. Omar salio dentro mío y Paula me ayudó a levantarme y me abrazó un rato largo. Me encantó dejarme fundir entre sus brazos. Nunca me habían cogido tan lindo y la lengua de esa morocha la quería volver a tener en mi conchita.

    – “Hermosas, vamos los tres a dormir un rato” dijo nuestro hombre y fuimos al dormitorio. “Tengo una idea preciosa para la tarde”.

    Nos acostamos con Omar al medio y nosotras acurrucadas contra él. Por arriba del pecho de Omar, las manos de Paula y la mia se entrelazaron.

  • Ninfómano (capítulo 1): Mi profesor de Historia

    Ninfómano (capítulo 1): Mi profesor de Historia

    Entré al baño de mi universidad, ya tenía planeado un encuentro con mi profesor de historia, un hombre alto, bastante delgado pero muy varonil, de esos hombres que tienen voz gruesa y el cuerpo cubierto de vellos; por suerte, ya mi amante estaba esperándome, a penas me dispuse a entrar, me tomó del brazo y me metió al baño de un tirón, cerró la puerta con seguro, me abrazó fuerte mientras me veía directamente a los ojos, y me dijo: «nos quedan 20 minutos para hacer el amor» (la universidad cerraría pronto).

    Nos quitamos toda la ropa, sin perder tiempo, yo me acerqué a él, le chupé las tetillas mientras masturbaba su pene que estaba ya erecto, bajé hasta su cintura y comencé a lamer su glande, ya estaba expulsando pre-seminal, luego poco a poco fui metiendo su pene en mi boca hasta que llegó a mi garganta, lo dejé un rato allí y aguanté la respiración mientras al mismo tiempo comencé a masturbarme, mi profesor me veía con una cara de pícaro, quería decirme algo pero prefirió callar porque sabía que nos podían oír, yo seguí chupando su pene, ésta vez sin llevármelo hasta la garganta, sólo chupaba su glande mientras yo me masturbaba suavemente, no podía dejar de chupar su pene, estaba realmente grueso y duro, provocativo.

    Al poco tiempo vuelvo a observar la cara de mi profesor y estaba haciendo gestos raros, hasta que entendí la señal, ya quería venirse, y yo sólo le guiñé el ojo para darle a entender que quería todo su semen en mi boca; el se dejó llevar, tomó mi cabeza con ambas manos y llevó su pene hasta el fondo de mi garganta, comenzó a respirar más rápido, apretó mi cabello y eyaculó dentro de mi garganta, podía sentir como palpitaba su pene y su semen tibio llegaba hasta mi estómago.

    Yo seguí masturbándome mientras continuaba chupando su pene flácido, hasta que me vine, todo mi semen se derramó en sus pies y el hizo nuevamente un extraño gesto pero está vez de morbosidad, pues mordía sus labios; me tomó de un brazo para ayudarme a levantar, una vez estuve de pie, me miró fijamente, tomó mi cara con su mano, se acercó a mi oído y me dijo: «mañana repetimos, pero estará David, el hijo de tu vecino y lo vamos a preñar». Yo sonreí discretamente y le di un beso en la boca que duró unos 2 segundos. Luego de eso, reaccionamos y nos dimos cuenta de que el tiempo para salir de la universidad se nos agotaba, así que nos limpiamos, nos vestimos lo más rápido que pudimos y salimos de allí, ambos ansiosos por regresar al día siguiente y comernos el trasero del hijo de mi vecino.

    Próximo capítulo: «Mi profesor y el enorme trasero de David».

  • Mi maestra de último grado (4 y fin)

    Mi maestra de último grado (4 y fin)

    Comienza la última parte de mi historia vivida en mis años de juventud.

    Me quedé mirando a Ingrid fijo a los ojos sin saber que decir, una mezcla de curiosidad y morbo me invadió, la curiosidad pudo más y le pedí que me cuente.

    -Con mi hermana éramos muy unidas de jóvenes y no teníamos secretos entre nosotras

    -¿Unidas? ¿A que te réferis?

    -Si, muy unidas, tanto que cuando un hombre nos gustaba no teníamos problemas en compartirlo

    Y mientras me decía eso se fue acercando y desabrochando los botones de su pijama, tenía una mirada felina que hizo erizar mi piel.

    -Y hasta a veces estábamos las dos con el mismo hombre

    Ya su cara estaba a escasos centímetros de la mía, le quedaba solo un botón sin desprender de su pijama, podía observar el nacimiento de sus pechos, tenían forma de gota de agua, muy tentadores.

    -¿Me ayudas vos o me desabrocho yo el último botón? Parece que te comieron la lengua los ratones, hoy a la madrugada estabas mucho más hablador «bebe»-

    -Es que estoy con tu hermana, no quiero lastimarla ni engañarla

    -Tranquilo, esto es sexo amor, solo sexo y placer- Al decir esto desabrocho el último botón que le quedaba sin desprender y se quitó la parte de arriba del pijama, dejando a mi vista sus pechos, eran generosos, deberían ser talla 110, en forma de gota de agua, coronados por unos hermosos, pequeños y puntiagudos pezones.

    Me quito la remera que tenía puesta y apoyó sus pechos sobre mi piel. El perfume de su piel me venció por completo, y me olvidé de todo, la última barrera había caído. La abracé y la besé, ella abrió su hermosa boca y me metió su lengua para jugar con la mía, era una lucha en cámara lenta entre nuestras lenguas, para ver quien atrapaba a quien. Cuando nos comenzó a faltar el aire Ingrid se separa de mí y me dice

    -¡Me encanta besar! Me pone muy muy caliente

    -Y a mi que me beses, me enloquece

    -Tranquilo, que esto es solo el comienzo Dany

    Se fue arrodillando mirándome siempre a los ojos, me desabrocho el pantalón y tiró de él, bajando en el mismo movimiento mi pantalón y mis boxer. Ahí estaba mi pija a centímetros de su boca. Ella la fue besando y pasándole su lengua como si fuera un helado, siempre mirándome a los ojos, eso me enloquecía. Apoyé mis dos manos en su cabeza y no hizo falta hacer nada más, Ingrid abrió su boca y de una sola vez se la hundió hasta el fondo de su garganta para luego volver a sacarla, pasarle su lengua y volver a repetir el mismo movimiento.

    -Me estas matando de placer Ingrid

    Solo obtuve de respuesta que se metiera mi pija más dentro de su boca, sentía como la punta de mi pija le llegaba hasta su garganta. Su mano apretaba mis huevos fuertemente cada vez que yo sentía que estaba por acabar. En un momento le pedí que pare o terminaría acabando en su boca.

    -Para Ingrid, me estas enloqueciendo, no doy mas, si seguis acabo

    Ingrid apretó fuerte mis bolas cortando toda posibilidad que acabe.

    -Vas a acabar cuando yo te diga- y siguió comiendo mi pija como una experta

    Después de un rato, del cual perdí la noción del tiempo totalmente, dejó de comerme y se paró, me dio la espalda y con ambas manos bajo el pantalón de su pijama. dejándome a la vista su hermosa cola, durita y redonda, como una manzana.

    -Veni Daniel, quiero que me comas toda y prepares mi cola para vos, quiero darte algo que seguro mi hermana no te dio

    Se puso contra la pared de la cocina y no hizo falta que me dijera más nada. Me arrodille a sus pies, separe sus nalgas y hundí mi cara entre sus glúteos, mi mano fue a buscar su vagina, la tenía totalmente depilada, sus labios eran finos, como alas de mariposa y estaba muy húmeda, lo que facilitó que mis dedos penetraran dentro de ella sin dificultad, cuando la yema de mis dedos alcanzó su clítoris, Ingrid emitió un suave gemido, que me excito aun mas.

    Ella con sus manos abrió sus cachetes y mi lengua al fin pudo alcanzar su ano, fui besando y pasando mi lengua y sus gemidos fueron en aumento, saque mi mano que estaba jugando dentro de su vagina y penetre con uno de mis dedos su ano, muy despacio fue entrando y saliendo, dilatando bien su cola, en un momento Ingrid me dice.

    -Ahora nene, quiero que me rompas el culo con esa pija hermosa que tenes, es ahora o nunca

    Se apoyó contra la pared y arqueo su cuerpo, agarre mi pija y la apoye entre los cachetes de su cola, buscando el hermoso anillo de su ano y no podía encontrarlo.

    -¿Que pasa Daniel? ¿No encontras mi tesoro?

    -No Ingrid, realmente no

    -Parece que fuera tu primera vez, no podes ser tan torpe jajaja

    -Es mi primera vez Ingrid, nunca antes había tenido sexo anal con nadie

    -Entonces déjame a mí, yo te guio

    Paso su mano por detrás de su cuerpo agarrando el tronco de mi pija y la fue guiando hasta su cola, apoyó la cabeza de mi pija en su ano y tiró el peso de su cuerpo para atrás levemente, haciendo que la cabeza de mi pija entrara bajo presión en su ano, yo me sentía en la gloria, ella se quedó quieta unos minutos.

    -Dejame sentir esa cabezota hermosa en mi culo Daniel- y fue moviéndose muy lentamente para atrás y para adelante, en cada movimiento mi pija entraba más dentro de esa hermosa cola. Cuando tenía metida más de la mitad, se da vuelta y me dice.

    -Agarrame de las caderas y enterramela toda hijo de puta, rompeme bien el orto

    Puse ambas manos en sus caderas y la atraje fuerte contra mi cuerpo, mi pija entró toda hasta el fondo, Ingrid respiro profundo abriendo su boca como faltando el aire.

    -No te muevas, quedate así quito, quiero sentir toda tu pija en mi culo

    Me quede quieto dentro de ella, y comenzó a moverse muy despacio, para adelante y para atrás, sentía como si una mano me estuviera apretando la pija, era una sensación hermosa.

    -Me encanta como se siente, nunca lo hubiera imaginado

    -Seguí, no pares hijo de puta, quiero que des tu lechita en mi culo, bien adentro

    -Tenes un culo hermoso Ingrid

    -Es todo tuyo, seguí dándome duro, no pares, penetrame la concha con tus dedos

    Pase mi mano por delante de su cuerpo y comencé a acariciar tu vagina, estaba muy húmeda, más que antes.

    -Me encanta que estés tan mojada Ingrid

    -Es toda obra tuya Dany

    -¿Te gusta? ¿Lo estoy haciendo bien?

    -Si Daniel, me encanta, lo estas haciendo muy bien, segui no pares

    Ingrid apoyó sus dos manos contra la pared de la cocina y se puso en puntas de pie, se fue acelerando su respiración y aumentando sus gemidos y llegó su orgasmo, sentí como su cuerpo vibraba de placer. La abrace por detrás y bese su cuello, mientras sentía los últimos espasmos de su orgasmo.

    Nos fuimos separando lentamente e Ingrid me miró y me dijo que no podía ser el orgasmo que le había hecho tener, que con razón su hermana había gozado tanto conmigo.

    -Ahora te toca a vos acabar

    Tenía mi pija dura, me hizo sentarme en una silla de la cocina, comenzó a besar mi cara y fue bajando por mi cuerpo hasta mi entrepierna, luego abrió su boca y se devoró la cabeza de mi pija, comenzó a recorrer con su lengua por la cabecita de mi pija, después de eso se paro, separó sus piernas, agarró mi pija y la apoyó en la entrada de su vagina y se sentó despacio sobre mi, sentía el calor de su cuerpo en mi pija, una vez que le entró toda, pude sentir como sus músculos vaginales me apretaron con fuerza dentro de ella, no podía creer lo que esa mujer me hacía sentir, comenzamos a movernos muy despacio hasta alcanzar mayor velocidad, hasta que realmente se hicieron veloces nuestros movimientos, tenía una vagina estrecha que lograba hacerme sentir mucho más todas las sensaciones de ese momento. Nuestros gemidos fueron en aumento a medida que pasaba el tiempo.

    -Estoy por acabar otra vez Daniel

    -Yo también Ingrid

    -Si, acabemos juntos, damela toda adentro

    Sentía que ya era imposible evitar mi orgasmo y ante el pedido de Ingrid me hundí hasta el fondo de ella y descargué toda mi leche dentro de ella hasta quedar completamente seco, ambos gemíamos, la abrace y nos fundimos en un beso, para después besar su cuello. Nos quedamos juntos uno dentro del otro un buen rato, cuando escuche que la puerta de la cocina se abrió y entró Estela. No sabía que hacer, la situación era imposible de ocultar.

    -Buenos días ¿Que tal estuvo el mañanero hermanita?

    -Excelente, gracias por prestarmelo

    -De nada hermana, me alegro mucho que lo disfrutaras tanto como yo anoche

    Yo no podía creer lo que estaban hablando entre hermanas, era todo nuevo para mi.

    -Bañate y andate Daniel por favor- me dijo Estela

    Yo traté de decirle lo que sentía, pero Estela esquivo mi mirada, solo fue hasta la cocina a poner agua a calentar.

    Subí al cuarto, me di un baño, junté mis cosas y me estaba por ir. Baje las escaleras y en la puerta me estaba esperando Ingrid

    -Yo quería que fueras diferente, por eso te pedí que te quería para mi sola, para tener sexo lo puedo tener con cualquiera, yo a vos te quería para hacer el amor

    -Lo siento mucho Estela, no fue mi intención lastimarte

    -Tranquilo Bebe, todo bien, me hiciste pasar una noche magnífica e inolvidable que la guardaré dentro mío

    Esa fue la última vez que vi a Estela, fue una mujer que me marcó en la vida y jamás olvidaré. Con Ingrid tuvimos otros encuentros, pero eso será para otra historia.

    Se agradecen sus comentarios, sugerencias y críticas, ayudan mucho, saludos.

  • Mi clienta milf

    Mi clienta milf

    Quienes no hemos fantasiado con alguna madura, que aún que no sean de un gran cuerpo, son una tentación inigualable.

    Total, todo paso está navidad del 2023, yo a veces le trabajo a una señora de unos 40 años la cual está casada, pero su esposo se la vive solo a su trabajo, le ayudo con detalles de su casa que se le presentan y justamente a inicios de diciembre me pidió ayudarla para adornar toda su casa a lo cual no me negué, ya que me encanta observarle sus ricos pechos enormes, y de su culazo ni se diga, y aunque no tiene un cuerpazo de modelo, si los tiene de gran tamaño, y más cuando usa tacones… ufff.

    Llegué por la mañana, no perdía la oportunidad de fotografiarla mentalmente para tener material y con esos leggins súper delgados que traía, en ratos pensaba que lo hacía al propósito.

    Pero paso, sin querer tenía una erección, y al voltear ella estaba agachada y solo sentí como su culo rozaba sobre mi pantalón, creí que se molestaría, pero seguido a lo suyo.

    No sé ni cómo tome valor, pero me dije, de una cachetada no pasa, así que en un descuido de ella la tome de sus glúteos y la bese, sentir esos ricos y duros glúteos, sentí el tiempo detenerse, ella se alejó diciéndome «que fue eso?», yo con toda la pena de pensar que solo lo había soñado me disculpé y empecé a levantar mis cosas, mientras me pedía explicaciones yo le contaba lo mucho que fantaseaba con ella cada vez que la visitaba, al principio lo dudo, ya que se consideraba vieja y mayor para mí, pero al ver el gran deseo que le tenía, empezó acariciar y a besarme, no sabía si era real, pero no quise desaprovechar ese sueño.

    Cuando estaba acariciando todo por encima de sus ropas, me decía al oído, que esto quedaría entre nosotros, era obvio mi respuesta, así que solo pude voltearla y empezar admirar ese culo hermoso, moreno y redondo modelando una tanga negra, empezamos a desvestirnos por completo y me tumbo en el sillón, para empezar hacerme un oral, la tome entre sus chinos y no se en que momento me hizo venir que cuando reaccione, ella ya están recargada sobre el respaldo en 4 pidiendo que ya la penetrara, solo pedía más y más, y eso me excitaba más.

    Hicimos otras 2 posiciones, cuando ya me pedía seguir haciéndola mía en su cama, subimos y ella seguía ardiendo, su tanga ya estaba tan mojada, que en ningún momento hizo estorbo para seguir haciendo cuánta más posición pudiéramos hacer, para mí suerte su esposo había salido con su hijo y regresarían hasta el día siguiente, así que seguimos toda la noche, pareciera que ya tenía mucha lujuria guardada, y ahora entendía a los amigos que decían que hacerlo con una madura es de lo más rico.

    Nos amanecimos con el conocido mañanero, empezando en cama y terminando en la ducha, mientras se cambiaba, me guardaba su tanga como recuerdo, me despedí y hasta ahora no me ha vuelto a llamar para seguir ayudándola con trabajos, quizás aún no tiene, o le entró la culpa de ser casada.

  • Mente maestra

    Mente maestra

    Comenzaré este relato presentándome, soy un hombre de 31 años, joven, pero con tantas experiencias que no puedo parar, soy alto de estatura 1.80, con un peso entre 74- 76 kg, estudiado y preparado, cuerpo atlético marcado, me defino un poco atractivo, sin ser egocéntrico, he tenido muchas relaciones, pero hay una en particular que traigo hoy a presentar, ya que esta tiene de todo un poco las perversiones que me plantee un día.

    Comencé una relación con una chica que llamaremos Luna, siendo ella una morena preciosa de estatura de 1.60. De 27 años de edad en aquel entonces, cuerpo moldeado muy marcado, llamaba demasiado la atención, comenzamos una relación normal y monótona, poco a poco fui conociendo sus puntos más débiles sexualmente hablando, al punto que pude hacer mis valer mis placeres a mis antojos, era muy complaciente, llevamos una relación normal pero siempre hablábamos de nuestras fantasías mientras cogíamos, hablábamos de tríos, de intercambios, de ver y ser vistos, de hacerlo en lugares públicos, en fin.

    Un día le propuse ir a un bar swinger, el cual me pidió pensarlo y darme una repuesta cuanto mirara bien en que consistía, era un tema nuevo para ella, se notaba nerviosa, Luna es una profesional igual que yo, por esta razón le constaba un poco abrirse a ese ambiente pensando en su privacidad, estudiamos el tema y todos esos detalles que os preocupaban, al final acepto, me digo ese SI tan esperado, planeamos cada detalle y nos aventuramos, buscamos el mejor bar de parejas de la ciudad, y aparatamos una visita, fuimos recibidos con mucho agrado puesto que físicamente somos muy agradables.

    Nos dijeron las reglas del lugar el cual nos parecía muy seguro para nuestros temores, muchos profesionales viven esa vida y en esos lugares son libres, esa noche ella se limitó a tomar un poco y ver, mientras, me pidió de manera maldadosa, dejar salir todos sus deseos, me pedía que me cogiera la máxima cantidad de mujeres que podía cogerme en una noche, siendo 7 mujeres el numero chicas con las que cogí.

    Exhausto y adolorido llegue a casa donde ella llena de pasión y deseo me pedía verga como una loca, estaba cegada en deseo, Luna pedía que la cogiera como nunca y verla así me excito tanto que mi polvo numero 8 fue muy placentero y lleno de orgasmos la cogía por el culo, por la vagina, en la sala, en la cocina y todos los cuartos, muchos gritos y chorros.

    Luego repetimos nuestra visitas al bar por unos 6 veces más, donde pudimos realizar mas fantasías, muchos tríos, muchos intercambios, era toda una puta, me excitaba verla ser una dama en su trabajo, su cara no aparentaba el de ser esa puta en que se convertía en ese bar, comía vergas como tomar agua, me hacia comer vaginas a su antojo, era una puta total, decía que mi mente era su lugar sagrado, que jamás viviría esas cosas con nadie mas

    Continuara.

  • Una verga gruesa para mi mujer

    Una verga gruesa para mi mujer

    El video.

    Son las 10:30 de la noche cuando entró a la habitación, voy recién bañado, limpio y fresco para poder descansar mejor.

    Mañana tengo un día muy pesado en el trabajo y quiero descansar bien, últimamente así ha sido mi agenda y tengo días que no toco a mi mujer, ni nos damos el tiempo que se requiere en la pareja, digo si hemos tenido intimidad, pero no de calidad, solo nos entregamos uno sobre el otro, satisfacemos rápidamente el instinto y luego cada uno duerme en su lado de la cama.

    Ana está sentada en la cama recargada sobre los cojines qué pegan a la cabecera, sus piernas están estiradas cubiertas por una manta y un vaso de té en la repisa de su derecha. Está concentrada en su lectura «la estudiante».

    La observó unos momentos y noto que aun se ve joven y linda sin maquillaje, siempre me ha gustado el tono de su piel, morena clara, ojos negros, labios gruesos, unas piernas poderosas qué sostienen unas caderas anchas y un culo qué siempre me ha gustado, sus tetas son pequeñas, pero aún son firmes a sus 40 años. Sé que aún puede levantar a quien ella quiera.

    Le doy un beso en la mejilla y me acuesto a mi lado de la cama, me tapó con la sábana señal que hoy no quiero nada, cierro los ojos. No tengo ni dos minutos con los ojos cerrados cuando escucho el tono de un mensaje en mi celular que dice: deberías verlo te vas a divertir mucho. No conozco el número y no tiene foto de perfil así que me dispongo a ignorarlo.

    -¿Quién es? Pregunta Ana

    -No sé, no tengo registrado el número

    -¿No vas a ver de qué se trata?

    -No, mejor mañana

    -¿Y si es importante?

    No lo creo, pero su sutil insistencia me dice que debo ver el mensaje.

    Así que tomo el celular y abro el WhatsApp. Debajo del mensaje hay un video, le doy reproducir y abro mucho los ojos al descubrir que es un video íntimo, la toma es muy cercana, pero es una pareja teniendo relaciones.

    Noto una gruesa verga se ensarta, no, no es la verga la qué se ensarta, es ella la que una y otra se deja caer en esa polla, es un trasero qué por extraño que parezca se me hace conocido, con unas nalgas redondas, grandes y muy antojables.

    Una mano acaricia las nalgas, luego azota una, si fuera una piel clara esa nalgada hubiera dejado una marca roja, pero como es morena se necesitan más para eso. El dueño de la mano parece leer mis pensamientos y azota fuerte una nalga a la vez.

    La imagen me atrapa y me doy cuenta que Ana está viendo lo mismo que yo, ha dejado su libro en la almohada y ahora está cerca de mí metiendo su mano debajo de la sábana. No hago el intento de cerrar el video y la dejó ver la película porno qué alguien me mandó.

    Casi al momento que la imagen en el video se abre me doy cuenta del lunar en la nalga derecha, un lunar qué conozco muy bien.

    Ana sonríe cuando deduce por mi cara que la he reconocido por fin y su cara es de ¿apenas te diste cuenta?

    La toma se abre más y veo su espalda y el cabello negro caer sobre sus hombros.

    Hasta ese momento el video no tiene sonido, pero en cuanto la toma se abre escucho los sonidos inconfundibles de mi esposa recibiendo placer, podría identificar sus gemidos incluso aunque la imagen se quedará en total oscuridad.

    Escucharla me pone más duro de lo que ya estoy, Ana juega arañando mi abdomen, pierna y entrepierna, pero aún no me ha tocado la polla.

    ¡Sorpresa! me dice la Ana en vivo al mismo momento que por fin toma mi dureza entre sus manos y la Ana que está en el video gira su rostro y dice lo mismo.

    Ana estaba esperando ese momento para decírmelo al unísono, la veo disfrutando viéndose en la pantalla y eso lejos de molestarme me pone al mil. Me besa la boca, un beso apasionado qué me roba el aliento, un beso que me indica que me desea.

    Luego me deja seguir viendo el video, el ángulo cambia y puedo observar ahora a la pareja no desde atrás sino desde uno de los costados. Él no se deja ver el rostro, pero ella se ve completa, su silueta es fantástica, su cuerpo es hermoso, desde atrás solo se miraba su trasero, pero ahora se aprecia toda.

    Reconozco la habitación y ella vuelve a sonreír, el tipo está acostado en el mismo lugar que ahora estoy yo, y la cámara está sobre la repisa apuntando a la ventana, noto las cortinas abiertas y me doy cuenta que desde la calle fácilmente cualquier vecino pudo verlos.

    El show en mi teléfono sigue y los veo, escucho y me excito, de hecho es muy excitante ver a mi esposa convertida en una actriz porno.

    Ella sigue con el control de la situación sube y baja, hace círculos con su cadera, se mece adelante y atrás, él solo se aferra a sus caderas y permanece impasible, por los movimientos más rápidos y los gemidos más profundos lo sé, un enorme orgasmo se acerca.

    Ella arquea su espalda y clava sus manos en los muslos de su amante y luego todo se relaja por un segundo porque en ese momento él toma el pelo de mi mujer y jala de el obligándola a levantar su cabeza esto me gusta y suelto un gruñido de deseo, luego comienza con los movimientos ahora es él el que empuja mientras con una mano sostiene el cabello de mi Ana y con la otra le inmoviliza las manos, ahora ella es sumisa y obediente disfruta cada embestida con un nuevo gemido que la acerca cada vez más y más a otro orgasmo, él hace girar su rostro a la cámara y lo veo.

    La lujuria está implícita en sus ojos, el placer no se puede ocultar y veo esa cara que pone cada vez que está por correrse, su boca se transforma, sus ojos suplican, sus manos se aferran, es increíble ver su cara de pecado.

    -¿Te gusta así Ana?

    -Sí

    -¿Me detengo?

    -Nooo

    -¿Quieres más?

    -Sí

    -Pídelo

    -Dame más por favor, fuerte más fuerte

    -Zorra

    -No te detengaaas

    Su voz es entrecortada, jadeante.

    El orgasmo está cerca, Él lo presiente o la conoce muy bien porque en el momento justo se incorpora, trato de ver quién es pero evita mirar la cámara y esconde la cabeza en el pelo de mi mujer, besa su cuello, sus manos la sueltan y acarician sus pechos para acercarla más al orgasmo, besa sus hombros, muerde y besa su nuca. El placer se desata en forma de un grito repentino y brutal junto a un cuerpo tenso, unas manos aferradas a la sabana y unas piernas qué tiemblan sin control.

    Él susurra algo que no alcanzo a escuchar pero ella sonríe y luego contesta mirando a la cámara: sí, me ha gustado y manda un beso a la cámara.

    Él le dice algo y ella se aparta, se reacomodan ella ha bajado de la cama, ahora él está de pie sobre el colchón, de nuevo evita que la cámara tome su rostro lo único que se ve es su enorme verga dura y sus piernas. Cuando él está listo Ana sube al colchón y se hinca frente a él, le retira el preservativo, eleva la mirada y espera, él toma su polla y la deja caer sobre su cara, su verga le llega desde el mentón hasta la frente, es enorme y gruesa, comienza a dar golpes con ella en la cara a Ana que se ve feliz recibiendo su castigo, le golpea la frente, las mejillas, la nariz, el mentón. Ana se desespera por probarla por eso abre la boca y saca la lengua pidiendo y suplicando con la mirada y la lengua de fuera, solo hasta ese momento él golpea la boca se ensaña con su lengua. Ana lo deja, espera pacientemente el momento.

    -Chupalo

    Una orden simple y Ana se pone como loca, lo lame en toda su extensión desde la punta hasta sus bolas, pero ahora me doy cuenta que es ella la que juega con la desesperación de él, besa, chupa, la me pero no lo mete a su boca, luego de unos minutos jugando casi siento la agonía qué él debe estar sintiendo, por fin lo mete a su boca y aprieto la mano de Ana descargando en ella mis ganas, escucho el gruñidos de placer que le provoca la boca de mi mujer y siento envidia. Ana lo mete lo más que puede en su boca pero es enorme y no llega a la mitad de la polla, sus manos entran en acción y lo masturban mientras su boca sigue chupando, mamando, besando, succionando. Una mano toma la cabeza de Ana y empuja, empuja fuerte, escucho las arcadas de ella y la risa de él.

    -Tragatela entera puta.

    Ella lo intenta, pero solo otros cinco centímetros entran en su boca y le quitan el aire, el rimel ya está corrido de sus ojos entre el sudor y las lágrimas qué le han salido ahora que tiene la boca llena, la escena es sublime.

    Cuando creo que ella no puede más, él la suelta y la veo tomar grandes bocanadas de aire desesperada.

    Unos segundos después tiene de nuevo la boca llena y el proceso se repite hasta que él está satisfecho.

    -¿Dónde los quieres Ana?

    Dónde quieres que me corra

    Es una pregunta retórica pues no espera la respuesta, saca la polla de su boca y se vacía en su cara, Ana cierra los ojos antes que grandes chorros de leche caigan en su frente, ojos, pelo, mejillas y boca, un dedo de ella lo va juntando y luego lo lleva a su boca y lo traiga un poco por vez hasta que solo deja un poco en la comisura de sus labios.

    Sonríe mientras con un dedo lo recoge, pero este no lo traga, ella sube la mano y él se agacha un poco, veo sus labios y ella mete el dedo lleno de semen en la boca de su amante.

    -Te gusta tu sabor

    -Todo lo que viene de ti me gusta preciosa.

    Baja de la cama y desaparece lo último que tengo de él es una señal, la señal que todo corneador le hace al cornudo para decirle que su mujer la paso sensacional.

    -Te gustó

    Ana me mira fijamente y espera mi respuesta aunque la respuesta la tiene en su mano y mi verga dura.

    No es la primera vez que la veo en un video con alguien más, no es la primera vez que coge con algún desconocido, pero sí es la primera vez que lo vemos juntos, por lo regular yo lo veo en vivo en mi teléfono y sé en dónde está ella y con quién, en algunos encuentros estoy presente y algunos otros yo he participado.

    -Tú sabes que sí.

    Pues ahora mi cielo, tú y yo nos vamos a divertir mucho, porque esa verga me dejó muy caliente y aunque es más grande que la tuya, yo solo quiero que tú me folles y me hagas gemir.

    -Por cierto quien tu nuevo amigo

    -Luego te lo presento.

    No me dice su nombre pero yo presiento que es un compañero de trabajo, el mariachi porque últimamente Ana me ha estado contando que él la ha estado cortejando más abiertamente. Y está muy interesado en ella desde que la vio en una foto íntima qué me mandó.

  • Mi putita personal

    Mi putita personal

    Yo no buscaba amante, aunque no estaba al cien con mi esposa no había necesidad de una relación extramarital. Pero el destino me tenía una sorpresa y me la dio en la fiesta de fin de año de la empresa.

    Ella llego al evento sin su uniforme habitual, una minifalda tableada le hacía lucir unas hermosas piernas, su blusa escotada me atrapo la mirada.

    De inmediato me lancé para sacarla a bailar y no la solté hasta que termino la fiesta. Me despedí, pero ella me tomo de la mano y me dijo que la llevara a su casa, ya que era muy tarde. Su minifalda no la defendía mucho y al sentarse se asoma un poco de su ropa interior.

    Realmente no le puse atención a que me platicaba, al hacer los cambios le rozaba su pierna y apenas podía disimular mi erección. Los wiskis y la cachondez me dieron valor. Le tome la mano y la coloque en mi pene sobre la ropa. Guardo silencio unos segundos, pero sin quitar la mano.

    Creo que por darme un raid hasta mi casa a esta hora es un pago justo, me dijo en lo que me baja el cierre del pantalón, mi pene no podía estar más listo, sus besos en la puntita predecían una rica mamada, la cual hacía de una manera más que sublime.

    -Vente en mi boca mi amor, no te preocupes no te voy a dejar ni gota que te ensucie, me los voy a tragar y te voy a lavar hasta los huevos con mi lengua, me decía entre mamada y mamada.

    Tenía un par de meses sin nada de sexo y la cantidad de semen que le vertí en la boca fue descomunal, toda una experta se traga cuanto chorro eyaculo. Mi gemido lo escucha el tráfico alrededor y por fortuna abro los ojos a cinco metros de chocar con un árbol de un parque. Ella ni se dio cuenta seguía limpiando mi pene y mis huevos con la lengua provocándome una nueva erección.

    -Oye sí que necesitabas una buena deslechada ya vas otra vez.

    Me estaciono en el lugar más oscuro del parque, la parte de atrás de mi camioneta no tenía asientos ya que la ocupo para trasportar cajas, las ventanillas polarizadas me dieron más confianza.

    -Pásate para atrás le dijo mientras le ayudo tomándole del brazo, una lejana lámpara me da la suficiente luz para verle una tanga cachetero que adorna un trasero más que apetitoso.

    La coloco en cuatro restregándole mi pene sobre la tanga.

    -No creas que soy así, pero hay algo en ti que me tienes loca y vuelvo a ignorar lo que me dice, ahora soy el que le da una lengüeteada de arriba abajo, metiéndole la lengua en su vagina, en su culito, mamándole el clítoris.

    La penetre de una sola estocada ella grito y se trató de zafar, mis manos se aferraron a sus caderas y mis embestidas cada vez más profundas no se lo permitieron.

    -Eres la mejor puta que me he cogido.

    Las palabras resultaron mágicas y ella se empezó mover deliciosamente. Si papi soy una puta, dime puta, por favor dime puta. Le escupí en el culo y le dejé ir mi dedo índice hasta el fondo.

    -¿Te gusta la doble penetración mi putita?

    -Si papi haz lo que quieras con tu puta!

    Un orgasmo le arranca un grito bastante fuerte por lo que le meto el dedo que tenía en su culo en la boca, lo mama y lo muerde, grito y le doy una bofetada para que me suelte. Lo que le excita aún más.

    -Eso papi castiga a tu puta, fuerte, muy fuerte.

    Una nalgada suena en la camioneta, le tiro del cabello obligándole hacer la cabeza para atrás, unas cachetadas hacen que empiece a llorar junto otro orgasmo.

    Casi a punto de correrme ella se gira y se mete mi pene en la boca recibiendo otra eyaculación tan abundante como la primera, lo traga gimiendo, me vuelve a limpiar con su lengua.

    Pese a la oscuridad ella ve que me guardo su tanga en mi bolsillo del pantalón.

    -Te ganaste ese premio papi y sirve para que no se te olvide que ya tienes una puta para ti solito.

  • Maite, mi culo favorito del bachiller (I): Inicio

    Maite, mi culo favorito del bachiller (I): Inicio

    Hola de nuevo. El relato de hoy versa acerca de una excompañera mía de la secundaria, Maite.

    Maite era una chica de pelo negro, alta, delgada, ojos algo rasgados (su madre era peruana y su abuelo debía ser japones o algo así), pero lo que más destacaba en ella era su culo: uno de los mejores de los que tengo el gusto de conocer a su dueña.

    Era amigo de Maite durante el bachillerato, pero no hice excesivos intentos, ya que durante esa época yo estaba enamorado de su mejor amiga, pero años más tarde, tras verla en una quedada con viejos amigos del instituto, y ver que seguía estando impresionante, decidí empezar a hablarle más e intentar algún tipo de conquista, pero mi entusiasmo se vino abajo un día que quedé con una amiga mía, la cuál era muy amiga de la hermana de Maite, y me dijo que Maite andaba saliendo con un tío un poco cani, que la iba a buscar a casa con la moto y esas cosas. A pesar de que esto me desanimo un poco, yo no acababa de creérmelo, ya que a mi no me había dicho nada en todo ese tiempo, no se veían fotos juntos, y ella subía fotos “algo sugerentes” en verano, las cuales no me parecía que encajasen con una mujer con novio.

    Sin embargo, los rumores eran ciertos: en otra quedada que hizo con la gente de mi instituto confirmé que había estado saliendo con ese tío, y no solo eso, sino que nos dio ciertos detalles de sus encuentros: lo hacían sin protección (ya que no follaban con nadie fuera de su relación), lo había hecho en algunos lugares un poco exóticos(en un banco en frente de nuestro instituto, los baños de la facultad), ya que parecía bastante reacia a meterlo en su casa o llevarlo a su residencia de verano(el padre de Maite estaba forrado, y tenían un casoplón en La Coruña, en donde pasaban gran parte del verano), y que lo dejaron tras un intento fallido de “uso de la puerta de atrás”. Esa noche bebimos, y la noté bastante receptiva, así que, aunque me escandalizará un poco alguna cosa que dijo la verdad, me animé un montón, ya que, aunque aquello que me contaron de que tenía novio era verdad, ya no aplicaba, y yo me sentí más motivado todavía a tirarme a esa tía.

    Llegó el verano, y a mi se me ocurrió una idea para fingir un encuentro casual: ella me había comentado que iba al gimnasio de un complejo deportivo del que ambos éramos socios, y posteriormente iba a tomar el sol a la azotea, por lo que decidí ir un rato de la mañana a tomar el sol, a ver si aparecía por allí.

    Llegué, me eché en una tumbona, y al rato, apareció ella, la cual se alegró al verme.

    Maite: Hombre, Marcos, ¿Cómo tu por aquí?

    Marcos: Ya ves tú, a que me de un poco el sol, que si no voy a parecer un fantasma.

    Ella se río, se echó en la tumbona de al lado, y estuvimos conversando (que habíamos hecho últimamente, como había ido la vida, algún que otro cumplido…). Tras un rato, dejamos la conversación, y ella decidió darse la vuelta para broncearse la espalda. Yo me quedé embelesado viendo su culo, a causa de lo cual me empalmé un poco. En esto, ella se acordó de que me quería enseñar unas fotos de un viaje que había hecho y se sentó a mi lado para enseñármelas, y tras pasar un par de ellas, se percató de mi erección.

    Maite: ¿Y esto?-dijo sonriendo pícaramente

    Marcos: No soy de hielo.

    Tras esto, fue a echar mano lentamente a mi paquete y yo acerqué mi mano izquierda para tocar su culo.

    Nos besábamos a la vez que ella había sacado mi pene y lo estaba masturbando, hasta que decidí cambiar de posición y sentarla encima de mis rodillas para poder agarrar bien su culo. Tenía el bañador ya por los tobillos, y mi pene estaba al descubierto, separado de su vagina solamente por la tela de su traje de baño. El roce de su coño sumado al beso tan pasional que nos estábamos dando, hizo que mi calentura alcanzara unos niveles inhumanos. Aparté la tela de su bañador a un lado y justo cuando mi pene estaba a la entrada de su vagina, ella me frenó.

    Maite: Sh, Sh, Sh ¿Dónde vas tu tan rápido? Eso te lo vas a tener que ganar con tus méritos.

    Marcos: Joder, ¿y me vas a dejar a medias?

    Maite: No te alarmes, cielo. Si prometes que no vas a hacer mucho ruido, te la chupo.

    Parecía una oferta más que razonable, por lo que acepté. Me acomodé en la tumbona y ella se empezó a atar una coleta, pero yo la detuve, diciéndole que no lo hiciera, que me ponía muchísimo que me la chupase con el pelo suelto. Se arrodillo y empezó a chupármela. No era ninguna profesional, pero no la chupaba mal. Se la introducía bien profundo y se la sacaba cada poco para segundos después volvérsela a meter. Así estuvimos un rato, hasta que yo ya estaba por correrme, y la pregunté que si me podía correr en su boca, ella asintió, y descargue todo en su boca, lo cual tragó y me la siguió chupando hasta que se me bajó por completo.

    Me puse el bañador y estuvimos un rato más como si nada hubiera pasado. Nos fuimos cada uno para su casa, con la intención de quedar otro día.

    Gracias por leer.

  • Sometido en el vestuario del gimnasio

    Sometido en el vestuario del gimnasio

    Yo me estaba duchando en los vestuarios del gimnasio después de un entrenamiento durísimo, estaba solo. De repente entra ella, no sé cómo llego allí, trabo la puerta, y me dice con vos dura:

    – Así que vos sos el que está poniendo en ese grupito de wasap que compartís con tus amigos pajeros que me querés coger.

    Nos habíamos conocidos en la adolescencia y a mí siempre me quedaron las ganas de tenerla en mis brazos y amarla, mis amigos también la conocían y conocían a su marido, por eso yo bromeaba en el grupo que en mis sueños ella era mía apasionadamente, 20 años después de conocernos.

    Llevaba puesto solo con una tanga con volados, una remera blanca que solo le cubría un hombro y tenía puesto medias blancas y borceguíes, lo que no es extraño porque es policía.

    – A ver de lo que sos capaz. Me dijo y metiéndose bajo la ducha junto a mí me llevo contra la pared me obligo a levantar los brazos y me sostuve así.

    Sentí su lengua entrar en mi boca con una furia y movilidad increíble. Estaba sometido.

    Siguió con pasión besándome por todo mi pecho, luego mi vientre, cada tanto un suave mordisco, hasta que llego a mi pene y con decisión lo tomo con su mano derecha, lo introdujo en su boca y empezó a lamerme la punta sin suavidad, lo chupaba como si estuviera apurada, ansiosa.

    Yo estaba que reventaba y ella se dio cuenta. Me tomo los testículos con fuerza y me dijo:

    – Si acabás antes de que yo te diga te los corto. ¿Me entendés?

    Entre dientes y casi susurrando, totalmente sorprendido, le dije que sí.

    Estuvo usado su boca y su lengua como 5 minutos, gloriosos.

    Un banco de madera fue el lugar que uso para acostarse boca arriba y llevarme a que mi boca se dedicara a su vagina, corrí esa tanga tan femenina y comencé a deleitarme con su olor y sabor tan propio de una hembra hecha y derecha para gozar de la vida.

    Yo estaba todo mojado, al igual que ella, yo todo desnudo, su remera blanca empapada dejaba notar unos pezones divinos. El vapor de la ducha creaba un ambiente incomparable casi mágico.

    De repente veo que rompe su remera deja sus magníficos pechos al aire y me pide que la penetre. Me endulce con sus pezones de pechos duros, erguidos, mientras me movía dulcemente para lograr que la penetración le diera el placer que estaba buscando, tuvo su primer orgasmo allí, sus gemidos fueron fuertes y me pidió que no parara.

    Luego ella adopto la posición de cuatro patas apoyando sus manos en el banco, sus piernas bien rectas y su culo magnifico bien parado, no podía yo creerlo, tan mujer.

    Nuevamente la penetre y cuando estaba llegando a su segundo orgasmo, me dijo:

    – Termina, quiero que lleguemos juntos.

    Y así fue, tremenda eyaculación, sus gemidos, su vagina contrayéndose, su culo que iba y venía. Un paraíso que yo deseaba que no terminara nunca.

    Se tomó unos minutos recostada sobre el banco para recuperar el aliento, y allí pude apreciarla, su pelo corto, sus rasgos tan femeninos (a pesar de pertenecer a una fuerza de seguridad y por ejemplo andar armada), su cintura tan pequeña, sus hermosos pechos, su vientre plano. Que magnifica criatura que son las mujeres, todas.

    Se levantó, se envolvió en mi toalla, me tomo del mentón, me beso apasionadamente y sin decirme nada se fue.

    ¿Y ahora con que me seco?