Categoría: Sin categoría

  • Noche de chicas

    Noche de chicas

    Nosotras somos 5 amigas que nos juntábamos siempre, Nadia, Mili, Gisel, Ana y yo la verdad éramos bastante unidas, todas somos compañeras de universidad, cada una había elegido distintas carreras, pero como el primer año todas teníamos materias muy similares nos juntábamos para almorzar siempre. De ahí nuestra amistad.

    Nos juntamos en la casa de una amiga a comer y tomar unos tragos, estábamos todas reunidas porque a Mili el novio la había dejado por otra muchacha, nosotras nos juntábamos una vez a cada 2 semanas o una vez al mes, dependiendo los horarios de cada una de nosotras.

    Para animarla a Mili le dijimos que era una chica estupenda y hermosa, que si él la había dejado por otra que mejor que este momento que no habían tenido hijos y que todavía era una mujer joven, que aprovechara su juventud. En eso Ana dice -es verdad somos todas jóvenes porque no salimos a divertirnos y en un ¡Pin Pan Pun! Todas estábamos listas para salir a disfrutar la noche.

    Llegamos al bar. Ana, Gisel y Mili fueron a la barra a conseguir tragos, mientras Nadia y yo nos dispusimos a buscar un lugar para ubicarnos. Yo siempre fui bisexual y mis amigas siempre lo tuvieron en claro. Pero jamás pensé lo que sucedió esa noche.

    Nadia siempre fue una chica hermosa alta, de ojos marrones, labios carnosos, pelo lacio de figura atlética y voluptuosas caderas. Siempre fue más unida a Ana que a nosotras, pero esa noche, estaba muy conversadora conmigo, siempre hablamos de distintos temas, es muy agradable y simpática, además de que siempre trata de hacer chistes tontos para que todas nos riamos. Cuando las chicas llegaron con los tragos, cada un tomo el suyo.

    De repente, armaron una pista de baile, y todas nos fuimos a bailar excepto Nadia que se quedó en la mesa cuidando nuestras cosas, mientras yo y Mili bailábamos sexy para que un chico guapo nos sacara a bailar, sentía la mirada de Nadia penetrante en nosotras, supuse que era porque nos estaba cuidando por cualquier cosa, pero en un momento me gire y me puse a menear del lado de las mesas y ahí noté que no era a nosotras, era hacia mí que tenía la mirada fija.

    Yo me cansé un poco y fui a la mesa, en la cual Mili me siguió nos sentamos y me dijo Nadia – bailas muy bien, ¡eres sexy haciéndolo! Y le dije -no es para tanto, – ¡sí! Me dijo, – ¿aprendiste a bailar en algún lado? –No! ¡Solo hago lo que me nace! Le respondí, nos quedamos un rato hablando de otra cosa y mientras tomaba mi celular, para ver si tenía un mensaje o alguna actualización de algo, Nadia me toca el brazo de manera sutil. Cuando Gisel y Ana Se acercan, me dicen – ¿mira quien vino?, y veo a la distancia unos amigos de la secundaria mía y Ana me dice -Ellos no son tus amigos me acorde de Juan cuando te sacaste la foto en Face ¿me lo presentas? No sabía que me estoqueabas a mis amigos llegue a pensar por dentro. Y Gisel dice – ¡sí! ¿Con quién están? ¡él rubio de la derecha es hermoso! -Bueno se los presento, les respondí. – ¡Pero no vayan hacerme quedar mal!

    Fui a saludar a los chicos y les dije que se acercaran a la mesa de nosotras, así disfrutábamos la noche juntos. Y enseguida se acercaron, pidieron unos tragos y un vino espumante con energizantes, mientras eso sucedía yo me fui al baño atrás me siguió Nadia, me fui a mirar al espejo arreglarme un poco el peinado y a maquillarme, cuando la veo entrar, me dice -Te queda muy bien ese vestido, ¡hace notar tu hermoso cuerpo! – ¡Gracias! Respondo, y ella con su mano acaricia mi brazo izquierdo mientras seguía poniendo un poco de labial. A través de espejo miro y le digo – ¿estas bien? ¡Si! Me responde. Automáticamente ella se acerca y me agarra fuerte la cara me da un beso tan apasionado que no puedo evitar seguirlo además de la pasión con lo cual besaba, cuando el beso termino, la mire y la encerré en uno de los baños para seguir besándola, le baje el pantalón y metí mi mano en su zona interior, en cuanto corrí su tanga me di cuenta que ella estaba mojada y que deseaba esto demasiado. Le comencé a tocar el clítoris y automáticamente comenzaron a salir sus gemidos, yo le tapaba la boca para que no nos escucharan las demás que estaban en baño, y ella no paraba de gemir, sentía el calor de su cuerpo con mi mano, mientras la tocaba e introducía mis dedos.

    Ella como pudo desabotono mi camisa y saco mis tetas. Donde las empezó a amasar y besar con tanta pasión, que me di cuenta que estaba por acabar ahí bajé y le empecé a lamer el clítoris mientras introducía mis dedos, ella se movía sus caderas tan rápido y cada vez más rápido mientras tocaba mi cabeza arrastrando con fuerza y suavidad a su zona interior hasta que ella termino acabando en mi boca. Cuando termino, le di un beso y le dije vamos que nos deben estar esperando.

    Antes de salir del baño nos arreglamos, Nadia me dijo en ese momento -que era su primera ves con una chica y que le agradaría tener otro encuentro así de sexual, así que le respondí – ¡cuando quieras! Al llegar a la mesa los demás no notaron nuestra ausencia, mientras Nadia y yo nos mirábamos con cara de cómplices. Y a la vez como que nada hubiera pasado.

    Al terminar la noche, Nadia y yo fuimos mas unidad, en donde comenzó nuestro noviazgo.

  • Departamento de foráneos (1)

    Departamento de foráneos (1)

    Laura

    Tras tanta incertidumbre sobre mi futuro, comenzó la semana de recepción de resultados a las postulaciones para ingresar a la universidad. Tenía claro que mi objetivo era estudiar algo relacionado con ciencias de la salud y las licenciaturas que más me interesaban eran enfermería y veterinaria, así que hice examen en cuatro distintas universidades de la Ciudad de México por si no me aceptaban en una no quedarme sin estudiar. Finalmente me aceptaron en la UNAM para ambas carreras, así que lo platique con mis papas para ayudarme a elegir en donde inscribirme. Decidí estudiar enfermería.

    Soy originaria de un pequeño pueblo llamado Tequisquiapan, que está a unas dos horas y media de la Ciudad de México, por lo que me tendría que mudar, pero no tenía conocidos ni nadie que me pudiera dar hospedaje, así que desde antes tenía que encontrar un lugar al cual llegar. Entre a varios grupos de Facebook donde buscan roomies y así los altos costos de renta en la ciudad se reparten.

    Encontré un lugar que se encontraba a veinte minutos de la universidad, el cuarto era muy bonito, contaba con todos los servicios y estaba en una zona tranquila, lo único malo es que era un departamento con tres cuartos en donde se quedaban un chico y una chica. Siempre he sido muy aventada, por lo que no me generaba mucho inconveniente convivir con un hombre desconocido. Aparte la habitación que estaba disponible y ya teniendo eso resuelto, en los siguientes días me dedique a convivir con mi familia y Daniel, ya que no los iba a ver tan seguido.

    En la víspera de mi partida, la ciudad se vestía con luces doradas y los susurros del viento anunciaban cambios que apenas empezaba a comprender. Mis rizos castaños danzaban con la brisa, y mis ojos color avellana reflejaban la mezcla de emoción y nostalgia que albergaba mi interior mientras caminaba por las calles familiares.

    Aquella noche, acorde con Daniel tener una cita en nuestro lugar especial, el rincón mágico del parque donde solíamos refugiarnos de la realidad. Entre risas y miradas cómplices, intentamos atrapar el tiempo en una burbuja, preservar esos momentos que sabíamos se desvanecerían con mi partida.

    Daniel, con sus 22 años, era un hombre de estatura media con una presencia que irradiaba calidez y amabilidad. Sus cabellos oscuros caían desordenadamente sobre su frente, y una barba bien cuidada acentuaba sus rasgos. Los ojos azules, que solían iluminarse con chispeantes destellos de ingenio, ahora reflejaban la melancolía de un adiós inminente.

    Vestía con sencillez, pero elegancia, con una camisa de botones que realzaba su figura atlética y unos jeans desgastados que contaban historias de aventuras compartidas. Su sonrisa, que solía ser mi refugio en los días difíciles, luchaba por permanecer radiante, aunque sus ojos contaran una historia diferente.

    Daniel me tenía loca de amor, pero sabía que la distancia nos iba a costar mucho, pues ambos somos muy amantes del contacto físico, éramos conscientes que la relación se podía desgastar mucho si intentábamos forzar una relación a distancia. Decidimos que esa sería una especie de despedida, por lo menos momentánea.

    Aquel día, en nuestro rincón especial, su mirada triste era como un poema no dicho, una expresión silenciosa de los cambios que sabíamos que llegarían. En la oscuridad de la noche, su silueta se recortaba contra las luces de la ciudad, y su presencia se convertía en una mezcla de añoranza y aceptación.

    —¿Puedes creer que este sea nuestro último atardecer juntos aquí? —pregunté, mi voz temblando levemente.

    Él asintió, sus ojos azules revelando una tristeza que compartíamos pero que ninguno de los dos quería admitir por completo.

    Al llegar a la encrucijada de nuestras vidas, tomé una decisión dolorosa pero necesaria. La conexión que compartíamos, tan profunda y real, no podía sostener el peso de la distancia y las nuevas experiencias que me esperaban.

    —Necesito hacer esto, Daniel. Necesito encontrar mi propio camino —le dije, mirando fijamente sus ojos.

    En sus ojos encontré comprensión mezclada con tristeza. Entre lágrimas y abrazos, liberé nuestras manos entrelazadas.

    En los dos años que teníamos de relación, intentó mucha veces que hiciéramos el amor, pero yo no aceptaba, no porque no sintiera deseo por él, sino que la educación en mi familia se basaba mucho en la religiosidad y la culpa, por lo que el tener relaciones sexuales era algo que prácticamente era impensable si no estaba casada.

    Eso sí, ocasionalmente nos tocábamos nuestras partes íntimas, él sabía usar bastante bien sus dedos y siempre me hacía llegar al orgasmo al jugar deliciosamente con mi clítoris. Le llegué a dar un inexperto sexo oral, ya que sabía que lo ponía super caliente al punto de quererse correr en mi boca, pero nunca lo dejé, cuando sentía que se avecinaba una potente descarga de leche me quitaba.

    Daniel nunca me hizo sexo oral, aunque un par de veces le tome la cabeza y delicadamente lo invitaba a hacerlo, pero se quitaba y en ambas ocasiones me volteó e intento meter su hermosa verga en la entrada de mi culo, cosa para lo que no estaba lista, me daba un terror enorme hacerlo y mi cuerpo instintivamente no facilitaba las cosas, se tenía que conformar con que me comiera su verga.

    Ahora que ya no tendríamos una relación, quizá encontraría en otra chica la oportunidad de hacer todo lo que quiera sexualmente, para que cuando nosotros volvamos, no tenga problema con esperar hasta el matrimonio para tener sexo. Se supone que debo sentir celos por eso, pero, al contrario, me alegro pensando en que él pueda satisfacer esa necesidad.

    De mi parte no creo que en mi estancia en la ciudad vaya a tener acción, a pesar de ser muy caliente, tengo muy malas habilidades sociales como para iniciar un romance con alguien más. Eso sí, mi pequeño juguete sexual me iba a ayudar a no sentir la necesidad de una verga de carne humana, para así poder olvidarme de los chicos y dedicarme al estudio.

    El día siguiente marcó el inicio de mi viaje hacia una ciudad más grande. Mis padres me despidieron con orgullo, pero en la soledad de mi habitación, las lágrimas que había contenido durante días finalmente brotaron.

    Al llegar a mi nuevo hogar compartido, me encontré con caras desconocidas y la promesa de amistades por construir. Pero en algún rincón de mi corazón, aún resonaban los ecos de esa última noche en la que dejé atrás una parte de mi pasado para abrazar mi incierto futuro.

  • Brenda: ella 19 yo 56 (segunda parte)

    Brenda: ella 19 yo 56 (segunda parte)

    Para recapitular la primera parte, cuento que conocí a Brenda el año pasado, una chica de 19 años y que trabaja en uno de esos cafés mundialmente conocidos. Le hice creer que me dedico a escribir y en cierta ocasión le dije que escribía un relato erótico que ella me pidió que deseaba leer. Le hago llegar un relato donde un hombre mayor de 56 años desea acostarse con esa chica joven que conoce y escribo de una manera muy explícita y con todo lujo de detalles de cómo este hombre desea tenerla. Ella me hace una invitación un domingo antes de la navidad y este es el relato de la continuación.

    Ya habíamos consumido tres cervezas cada uno y de la plática trivial Brenda pasaba a cuestionarme acerca del relato erótico. Me confesaba que se había masturbado pensando en el relato y yo le había mentido diciendo que también yo lo había hecho varias veces pensando en ella. Miraba a Brenda un poco más sonrojada por los efectos del alcohol y tenía las piernas cruzadas y obviamente su falda se subía al punto que me dejaba ver más los muslos de sus piernas. Otra de las cosas que me gusta de Brenda y que por ser muy conservadora y recatada es que tiene piernas alargadas que no se nota mucho porque siempre la había visto con pantalones y a pesar de que viste una especie de sandalias, aun sus piernas se miran alargadas. Ella cambia de posición y cruza las piernas al lado contrario y alcanzo a ver una ropa interior roja o rosa fucsia. No sé si lo hace por provocarme, pero sencillamente con esos movimientos sutiles lo ha logrado, mi verga se pone erecta y puedo sentir que hasta está goteando.

    Me contaba que la misma mañana que le di el relato lo había leído dos veces y que regresó de la universidad y se había ido a la cama donde lo volvía a leer. No sé, pero se me hizo tan natural que esta joven chica me contara viéndome a los ojos que se había masturbado en ese momento. Fue cuando me reveló que no tenía novio y que recurre a la autosatisfacción cuando se siente urgida por el deseo. También me contaba que se pone muy caliente cuando el novio de su amiga llega a cogérsela y ella escucha todo desde su habitación y es como me doy cuenta de que comparte con otra chica este apartamento de dos recamaras y esa tarde me ha invitado pues su amiga se encuentra trabajando en un restaurante.

    Fue al nivel de esa tercera cerveza que me dice que ella también desea vivir el relato siempre y cuando cuente con mi discreción y, no sé si solo era el cuento de Brenda, pero me decía que nunca había estado con un hombre sexualmente y que su máxima experiencia con algún novio era algunos besos y que le habían tocado los pechos y vulva por sobre su ropa y nada más. No sabía si creerle, pero algo me decía que todo aquello tenía algo de cierto, pues como les he dicho Brenda, aunque de bonito rostro y cuerpo, se mira muy recatada que, ni tan siquiera maquillaje usa. Ella fue por esas instancias que me lo preguntó de esta manera:

    – Usted se mira como que nunca le han faltado las mujeres, pero porque una mujer de mi edad… ¿es algo que todos los hombres mayores desean?

    – La verdad -le dije. – Que desde que te vi me gustaste y comencé a imaginar cómo sería estar con una chica como tú. No lo pude evitar, pues también me gusta tu manera de ser.

    – Yo la verdad… usted siempre me ha caído bien y usted me parece un hombre muy guapo. Quizá esta plática nunca la hubiese tenido sino es por esas cervezas, pero la verdad me siento muy nerviosa, pero aquí estamos los dos.

    – Brenda… ¿quieres intentarlo?

    – La verdad que me da miedo, pero algo por dentro me dice que sí.

    – Es natural que te sientas así, pero solo déjame decirte que, si hay algo que no desees, solo dímelo y le ponemos un alto.

    – ¡Está bien! – me dijo.

    Obviamente sabía que lo quería, pues por esa razón me había invitado esa tarde. Yo solo lo conllevaba de una manera como todo un caballero y sintiese confortable y con confianza. Me levanté del sillón y sabía que se me iba a notar la erección, pero eso ya no me importaba, sabía que Brenda la quería ver así y se imaginaba ver mi verga así, o por lo menos ver el paquete. Tomé asiento junto a ella y le di un pequeño beso en la boca y ella abrió como para que le introdujera la lengua y senti su aliento caliente, su lengua juguetona enredarse con la mía. Podía oler el perfume que usaba y al besar su cuello, pude oler el olor natural de su piel la cual se erizó al contacto. Ella se fue sobre mi sentándose en mis piernas de una manera frontal y la tomé de su trasero por debajo de su falda amarillenta, donde mis dedos se insertaron por la tela de su bikini y tenía esas tetas frente a mí, que creo estaban desesperadas porque las desnudara y que estaban dispuesta a amamantar.

    En el escrito le relataba de cómo deseaba chupar sus tetas y de esa manera se lo hice. En esa posición le quité su blusa blanca, comencé a besar el entorno de sus bustos aun con el brasier puesto y en minutos desabroché su sostén, uno que debería ser de copa C y donde develaron una areola café clara, un pezón redondo y erecto y me lancé eróticamente a chuparlos con delicadeza y a escuchar los gemidos tímidos de brenda. De un pezón me pasaba al otro, chupaba cada una de sus tetas mientras mis manos masajeaban sus nalgas aun con su bikini. Sentía que el calor de su vulva traspasaba la tela de su calzón y mi ropa y ella hacía por querer sentir la fricción de mi paquete contra ella. Quizá después de unos 8 a 10 minutos me pidió que pasáramos a su habitación. Recogimos su blusa y brasier y pasamos a una pequeña habitación cuyas cortinas estaban cerradas y solo una lampara con una luz débil apenas alumbraba el lugar.

    Se acostó en la cama y le asistí para removerle la falda y pude ver su bikini fucsia con la evidencia de su humedad. Frente a ella me quité la camisa polo, bajé mis pantalones y ella vio como tenía mi verga de erecta pues mi bóxer parecía una carpa de circo. La dejé con su bikini y me fui por sobre ella a seguir chupando esas tetas, nos echamos las sabanas encima pues a pesar de la calefacción ya desnudos se sentía frio. Así como en el relato le comía las tetas lentamente y bajaba a su ombligo y zona del monte venus sin llegar a su vulva pues seguía con su bikini. Me perdí en sus entrepiernas y besaba toda esa zona y me gustaba escuchar los gemidos de Brenda que ahora si eran ya mas elevados y no tímidos como en el principio y podía oler los jugos de su joven vagina. No podía creer lo que Brenda me decía, que no había cogido con hombre alguno, pero ya sea el primero o el quinto me estaba gozando de esta chica de solo 19 añitos y quería que ella lo gozara también a lo máximo. Sobre su bikini fucsia llegué a la zona de su clítoris, podía sentir el palpitar acelerado de su pepita, obviamente toda esa zona estaba mojada y literalmente podía beber de sus jugos saladitos y que en verdad disfrutaba. Ella me puso las manos en mi cabeza cuando sintió la presión de mis labios abarcando su clítoris y casi no se sentía esa barrera de su calzón y seguí masajeando su vulva con la presión de mi boca sobre su calzón. Ya estaba tan caliente que ya no se pudo controlar, pues creo que después de 20 minutos de chuparle las tetas y masajear su cuerpo con mi lengua, ya cuando llegué a su conchita fue como la cereza del pastel y no pudo aguantar mucho más. Solo escuché sus gemidos más acelerados con una respiración que se hizo más profusa y solo escuché que me dijo: ¡Por dios, me vengo… me está haciendo correr… uh! ¡Dios mío me vengo! – Brenda elevaba sus caderas y yo empujaba mi boca contra su concha sobre la tela de su bikini y de esa manera vivió su primer orgasmo conmigo.

    Después de ese explosivo orgasmo se iba a levantar para asearse en el baño, pero se lo impedí diciendo que quería tener el honor de quitarle los calzones. Se detuvo frente a la cama y sentado le he bajado el bikini y he podido ver su conchita desnuda, totalmente depilada y de un estilo Barbie que apenas se le puede ver el clítoris. Le pedí que se quedara así, pero ella insistió que se sentía incomoda y que solo se pasaría una toalla para secar su conchita húmeda. Terminó con ese movimiento y literalmente me pidió que quería chupar mi verga. Cuando ella me removió el bóxer me dio esa mirada de admiración y me dijo: – ¡Usted no tiene verga… lo suyo es una vergota! – La tomó del tronco y me comenzó a chupar el glande después que me lo había secado con la misma toalla.

    Era una mamada también delicada la cual se conllevaba mientras yo estaba de espaldas sobre la cama y creo que lo que más le cabía era la mitad de mi verga. Me chupó deliciosamente los huevos y subió a mi oído y me preguntaba: – ¿Lo estoy haciendo bien? Es la primera vez que hago esto. – me dijo. La verdad que me encantaba, ver a una chica de carita y cuerpo lindo que te mama la verga, no importa como lo haga siempre va a ser delicioso. Paso aproximadamente 10 o 12 minutos chupándome la verga cuando me dijo de esta manera: ¡Quiero que te corras en mi boca… quiero probar y saber que es una corrida! – La verdad que ya estaba a ese nivel y regularmente me gusta hacer correr dos o tres veces a una chica antes de yo correrme, pero vi a Brenda bien entrada en chupar mi verga y pues ya con su permiso me sentí libre de irme en su boca. Cinco minutos después me llegó esa sensación del no retorno, le hice un vaivén frenético con mi verga en su boca y pude sentir como mis huevos se fruncieron y vi como su boca le rebalso con mi corrida de leche espesa. Parte se lo tragó, parte se lo limpió con la toalla y fue cuando le pregunté:

    – Primera vez que se corren en tu boca… ¿Qué te pareció?

    – Bueno, esto es la primera vez que estoy con un hombre… Sabe algún dulzón. -me dijo.

    – ¿Qué te pareció tu corrida, te gusto, quieres más?

    – Ha sido la primera vez que me hace correr un hombre. Hubiese deseado sentir su verga cuando me corría.

    – Sígueme mamando la verga y te aseguro que pronto lo experimentaremos.

    – ¿Tiene condones?

    – ¿Tú qué crees? Los traje por si lo que intuía se daba.

    – ¡No se equivocó ¿verdad?

    Me siguió mamando la verga así de flácida, pero con los minutos pasó a tomar grosor y erección. Ella sonreía al ver tal efecto. Hizo un ademán con sus manos como que me la media y solo me dijo: – ¡Tienes una verga muy grande! No es que sea experta en vergas, pero definitivamente tienes una verga grande. -Saque un condón de uno del bolsillo del pantalón que yacía en el piso y vio como este cubría la mayor parte de mi verga. Ella se fue automáticamente en posición del misionero, me abrió las piernas para facilitarme el acceso, pero primero le volví a meter la lengua en su conchita. Me hinco frente a ella y sus piernas abiertas, meto primero el glande y ella gime en una combinación de dolor y placer y lentamente la hundo y ella como que con sus manos me va deteniendo. Siento ese viaje lento de mi verga por ese canal y siento que como que llega a un tope. Me queda viendo y veo en sus ojos placer, un deseo, veo esa dulzura juvenil incrédula y me voy por sobre ella y le doy un pequeño beso en su boca. En este momento no hay mucho movimiento y es Brenda la que me dice:

    – Usted va al pie del relato. Solo que más rico que el relato.

    – Quiero que mi lengua chupe cada poro de tu piel… quiero que sientas mi verga en todos tus orificios donde quepa.

    – Si… yo quiero sentirla también… aunque me pone muy nerviosa cuando me lo dice.

    – No te preocupes, lo haremos cuidadosamente. Quiero cogerme tu conchita con todas mis ganas y disfrutar de ese culito porque hoy quiero que ese culito sea también mío.

    – Yo te lo voy a dar… ¡Como me encanta que me lo digas!

    – Brenda, quiero que me des ese culito, quiero que toda mi verga se hunda en ese rico culo que tienes.

    – ¿Le gustaría probar mi culo?

    – Tu sabes que me encantaría. Tu sabes que tienes un precioso culo.

    – No se lo puedo negar… me encanta que me lo diga.

    – Quiero chuparte el culo y correrme adentro de él.

    – ¡Que rico y que rico se siente tu verga en mi conchita!

    – ¿Quieres que te chupe y que te coja el culo?

    – Si Tony… quiero que me lo coma y que me lo desvirgue como usted quiera. Me gusta que me hable así… me excita como su relato.

    – ¿Sientes la compresión de mi verga?

    – Si… me gusta.

    – Tu apriétame la verga con tu conchita.

    – A ver…

    Le hablaba de esta manera a su oído y aunque no teníamos mucho movimiento mi verga y mis huevos chocaban por toda esa zona erógena de esta mujer. Diez minutos en esa posición entre yo comprimiendo mi verga y ella apretándola con su conchita y de repente explotó diciendo.

    – ¡Uh, Tony… me corro! ¡Que rico! Sacúdame la verga, dele verga a mi conchita…. Uh, Dios mío, que delicioso.

    Brenda movía sus caderas y hasta las elevaba, cerraba los ojos y abría la boca respirando profusamente y le di un embate fuerte a esa conchita y la fricción del mete y saca se escuchaba con ecos en esa habitación. La cama pegaba contra la pared y crujía que parecía que se iba a romper. Creo que fue una corrida multiorgásmica porque pasó aullando por más de cinco minutos y solo me pedía que no parara. Saqué mi verga de su conchita y sus jugos espesos eran blancuzcos y salió de nuevo al baño a limpiarse. Vi de nuevo su desnudez y aprecié ese rico culo cuando me dio la espalda y sabía que lo tenía que poseer… esta chica debería de experimentar sexo anal en esta misma ocasión. Ella creo lo quería… ya lo había fantaseado como en el relato.

    Quieres saber como termina este relato… házmelo saber escribiéndome.

    [email protected]

  • Por culpa del América me cogieron los amigos de mi esposo

    Por culpa del América me cogieron los amigos de mi esposo

    Mi nombre es Silvia, tengo 25 años, estoy casada desde hace 4 años con Fernando mi marido y tenemos una niña de 3 años.

    La historia que les voy a contar pasó el año pasado, a mi marido le encanta el fútbol y casi todos los sábados por la noche y ocasionalmente los domingos invita a dos o tres amigos para ver los partidos en casa, la verdad es algo que no me molesta, prefiero saber que mi esposo está en casa a que ande fuera, mi esposo es guapo y no quiero que vaya a caer en los brazos de alguna lagartona si sale a ver los partidos en algún bar u otro lugar.

    Generalmente los dos amigos que nunca faltan para ver los partidos se llaman Luis y Daniel, ambos solteros y con novia y con frecuencia se les une Carlos, este último casado, por lo que seguramente por sus deberes maritales no llega siempre ante las burlas de los demás por “mandilón”.

    Me considero sexualmente muy activa, tengo sexo con mi esposo casi a diario y como él quiera, no quiero vaya a buscar en otro lado lo que la esposa le niega, me considero muy atractiva, tal vez un poco pasadita de peso, pero con un cuerpo bien proporcionado y con curvas, bien piernuda, largas y bien torneadas y con un culote grande, redondo y firme, que considero mi mayor atractivo, hago ejercicio todos los días para mantener mis piernas, nalgas y todo el cuerpo firme, en resumen, lo que los hombres llaman gordibuena, con muchas curvas y carne para agarrar, mido 1.64 m, de piel blanca, cara bonita, pelo corto, castaño claro y unos pechos grandes y firmes. Me gusta vestir sexy, sin caer en lo vulgar, que los hombres me admiren y las mujeres me envidien, no en pocas ocasiones recibo piropos en la calle, incluso acompañada por mi marido, pero él no se enfada, creo que le gusta presumir que tiene una esposa buenota.

    Ese día, el partido era el domingo en la noche, como siempre me puse a preparar algunos bocadillos y me dí un buen baño, como estábamos en casa, quería vestirme cómoda pero sexy, busqué en mi armario y me puse un top de tirantes sencillo de color blanco sin sostén, aprovechando que mis pechos todavía están firmes y levantados, eran muy cómodos, mis pechos se movían libres y se remarcaban mis pezones, los llenaba tan bien que se marcaban perfectamente la redondez de mis tetas y un micro short de licra de color crema, muy elástico y confortable, hacían lucir mis piernas y se me pegaba al cuerpo como guante, me quedaban tan bien que se me metía en la raja del culo y pareciera que no llevará nada puesto, remarcando mi vulva y mis grandes y hermosas nalgas.

    Le di un baño refrescante a la niña y casi inmediatamente le dio sueño, la acababa de llevar a su cuarto cuando escuché la voz de mi marido y salí a recibirlo, iba acompañado de Luis y Daniel que traían botanas y cervezas y vestían las playeras del Guadalajara, mi esposo es americanista, así que seguramente el partido era el superclásico del fútbol mexicano.

    Mi esposo lleva las cervezas a la hielera, después sube a la recámara para ponerse la playera de su equipo y darle un vistazo a la niña, ya que le había comentado que estaba dormida, mientras que Daniel se sienta en el sillón individual y Luis se sienta en un extremo del sofá, les paso a dejar las botanas que había preparado en la mesa de centro y observé que de reojo se me quedaban viendo el culo, lo cual me provoca una ligera excitación.

    Encendieron la televisión y efectivamente el partido era América vs Guadalajara, pero no era un clásico cualquiera, eran las semifinales de la liguilla del Torneo de Clausura y era el partido de vuelta, en el partido de ida el América había ganado como visitante al Guadalajara en el Akron, así que mi marido estaba muy contento y confiado en que ese día su equipo ganaría y humillaría a su eterno rival.

    – Ahora sí, este año mis Águilas serán campeonas, su equipillo no tiene oportunidad- expresó mi esposo, sentándose al otro extremo del sofá, los observo desde el otro lado de la barra de la cocina.

    – Ja, ja, no estés tan confiado, mis Chivas ya en varias ocasiones han dado la sorpresa y ganado, se me hace que hoy despluman a las Águilas- replicó Daniel

    – ¿Quieres apostar?, yo confío en mis Chivas – añadió Luis.

    No era la primera vez que apostaban, era algo común, ya sea algunos six de cerveza o dinero.

    – Está bien, apuesto 100 pesos a qué gana el América, hoy va a haber birria de Chiva, ja ja.- exclamó mi esposo

    – ¿Cómo 100 pesos?, si es el superclásico y además son semifinales, que sean 1,000 pesos.-replicó Luis.

    – Estoy tan seguro que aceptaría tu apuesta e incluso más, pero ando sin dinero, no tengo que apostar a menos que apostara a mi esposa, ja, ja, – comentó mi esposo en tono de broma.

    – Pues, no estaría mal- comentó Luis mirándome y luego a Daniel y mi esposo.

    Mi esposo se quedó callado, no lo toma a broma, después de unos segundos de silencio, se me queda viendo a la cara y me pregunta:

    – ¿Cómo ves?, ¿Le entramos a la apuesta?

    Me quedé pasmada un instante, jamás creí que mi esposo fuera capaz de apostarme en un partido de futbol, sin embargo, me pareció una propuesta excitante y observé a los amigos de mi marido.

    Luis era alto y con un cuerpo atlético y bien formado, no era tan guapo como mi marido, pero irradiaba virilidad, de piel apiñonada y una sonrisa pícara, Daniel no se quedaba atrás, de piel morena y un cuerpo tonificado, se notaba que iba al gym y hacía ejercicio, de sonrisa agradable y traviesa.

    – No sé amor, tu sabrás, ya sabes que siempre estoy de acuerdo con tus decisiones- expresé tratando de ocultar mi turbación.

    – Que sean 5,000 y acepto – sentenció mi esposo, una suma que nunca había escuchado que apostaran, tal vez pensando que no aceptarían una suma tan elevada.

    – Acepto- expresó Luis, mirándome con una vista pervertida.

    – Yo igual – añadió Daniel

    Empezó el partido, se respira un ambiente de tensión, los ojos de los tres concentrados en la pantalla, comentaban las jugadas y decían todo tipo de improperios al árbitro o al terminar alguna jugada, yo les seguía llevando cervezas y observé de reojo las miradas maliciosas de Luis y Daniel, observando mi culo cada vez que regresaba a la cocina, me contoneé ligeramente al caminar.

    Alrededor del minuto 20 por fin meten un gol y estalla un grito de Júbilo, son Daniel y Luis, mientras mi marido grita improperios contra su equipo., mi corazón palpita de ansiedad, pero escucho a mi marido decir:

    – No pasa nada, falta mucho tiempo y además empatan el marcador global, con el 1-1 queda eliminado el Guadalajara por tener América mejor posición en la tabla general.

    Me tranquilizó un poco la respuesta de mi marido, pero seguía inquieta siguiendo el partido. Mi esposo al ver que estaba atenta al partido me pide sentar en el sofá junto a él, quedando en medio de mi esposo y Luis.

    Las jugadas sucedían una tras otra con peligro de gol en ambas porterías sin poder definir. De pronto alcanzo a sentir el contacto de una mano rozando mi pierna, muy levemente, casi imperceptible, mi piel se erizó y sentí humedecer mi coño, ya estaba cachonda por la apuesta y al parecer Luis también, en vez de quejarme o moverme me recosté sobre el pecho de mi esposo, inclinando mi cuerpo y dándole a aquella mano acceso total a mi culo, al ver que no me disgustaba, la palma de su mano recorrió y acarició mis nalgas, muy sutilmente para que ni mi marido ni Daniel se den cuenta, esas caricias me tenían a mil. Terminó el primer tiempo y fui a preparar más botanas a la cocina, Luis también se levantó y pidió ir al baño, al salir del baño pasa por la cocina y me pregunta dónde están las cervezas.

    – Están en la hielera, espera te traigo una- le dije al momento que fui rumbo a la hielera que se encontraba en el piso y en vez de agacharme, provocativamente doble mi cintura, exhibiendo en todo esplendor mi culo a Luis, quien se acercó a mi espalda y sin pudor me dio un arrimón tremendo justo en medio de mis nalgas, pude sentir con claridad el contorno de su verga debido a que llevaba un pants deportivo y la elasticidad de mi licra, todo mi cuerpo se estremeció y mis piernas se tensaron, un suspiro ahogado salió de mi boca, me susurra al oído al levantarme:

    – ¿Me darías otra cerveza para Daniel y otra para Fernando?

    No me hice del rogar, volví a doblar mi espalda, y nuevamente sentí su verga ya completamente dura contra mi culo, pero en vez de retirarme empujé más el culo para atrás y al levantarme moví mis caderas arriba y abajo frotando su verga contra mis nalgas, sentí el calor de su verga a través de nuestra ropa, le di un último tallón moviendo el culo de un lado a otro y me separé para seguir preparando las botanas, Luis se quedó petrificado unos instantes y después se fue llevando las 3 cervezas, entregó una a cada uno de los chicos y se sentó con la cerveza tapando su bulto para evitar que sus amigos se dieran cuenta de su erección, en eso mi marido se levanta al baño y poco antes de regresar llevo las botanas que preparé a la mesa de centro y me siento al otro lado del sofá, así que mi marido al regresar del baño se sentó en medio, la verdad, estaba muy cachonda, pero me dio miedo que mi esposo o Daniel se dieran cuenta de los manoseos de Luis, deseaba que el América perdiera, aunque lo disimulaba ante mi marido.

    Empezó el segundo tiempo y en los primeros minutos América mete su gol. Mi esposo estalla de Jubilo ante la mirada sepulcral de Luis y Daniel, ese gol parecía definir la eliminatoria a favor del América ya que forzaba al Guadalajara a meter dos más.

    Los minutos siguieron pasando lentamente, mi marido absorto en el juego no despegaba los ojos del televisor, de vez en cuando notaba que Luis me echaba miradas furtivas, aunque aparentaba estar también concentrado en el Juego.

    Cerca del Final Guadalajara anota otro tanto y estallan los gritos de Luis y Daniel, mi esposo, aunque lamentó el gol, no se desesperó, el gol no era suficiente para pasar a la final y solamente faltaban unos minutos para terminar el partido.

    Era el minuto final, mi esposo está esperando que el árbitro pite el final, cuando en la última jugada del partido Guadalajara avanza y se lanza un centro al área chica que remata impecablemente el delantero chiva. Estallan los gritos de Daniel y Luis y mi esposo queda impávido, lo impensable se dio, el Guadalajara vence al América jugando de visitante, dando vuelta al marcador global y logrando la diferencia de dos goles necesaria para llegar a la final. Aunque finjo sorpresa, mi corazón late de emoción.

    – Ganamos, Chivas desplumó a las Águilas, Ganamos la apuesta, vamos a la final. – Gritó Luis.

    Me levanto y con cara de aflicción expresé:

    – Tengo que cumplir, amor, ni modo, esa fue la apuesta.

    Daniel, se me queda viendo con cara de incredulidad y mi esposo sigue sin decir palabra alguna.

    – Vengan vamos a la recámara- tengo que levantar a mi esposo que parece un autómata.

    Nos dirigimos los 3 a la recámara y siento a mi esposo en un sillón que habíamos comprado cuando nació nuestra hija y que usábamos para arrullarla cuando era bebé.

    – Aquí siéntate, amor, podrás ver todo.

    Después volteo a ver a Luis y Daniel y les pido total discreción:

    – Chicos, voy a pagar la apuesta porque, una apuesta es de honor cumplirla, pero necesito que me den su palabra de que lo que hoy pase no debe salir de estás 4 paredes, soy una mujer casada y está en juego mi reputación y la de mi esposo.

    Ambos estuvieron de acuerdo.

    – Ok, empecemos, chicos, les digo mirándolos a la cara.

    Luis sonriendo se acerca y sin decir palabra me da un beso en la mejilla y luego en los labios, mi mano bajó y palpé por fin su gruesa verga que me tenía tan caliente través de su pants, parecía palpitar y se ponía cada vez más dura, en eso siento el calor de otro cuerpo en mi espalda que me toma de la cintura y un bulto caliente y duro justo en medio de mis nalgas.

    Volteé a ver a mi esposo y miraba en forma atenta todo lo que sucedía, su mano se posaba en su entrepierna, estaba excitado y me animé a continuar, así que empujé mi culo hacia atrás para sentir más fuerte el contacto de la verga de Daniel incrustada entre mis nalgas y le bajé el pants a Luis.

    Luis me quitó el top dejando mis tetas libres e inmediatamente empezó a besarlas, lamerlas y succionar mis pezones, Daniel mientras tanto bajaba mi short de licra, el pants de Luis cayó al suelo y le bajé su bóxer, su verga salió disparada hacia arriba, una hermosa verga larga y gruesa, cabezona y muy venosa, igual de gruesa que la de mi esposo, pero un par de centímetros más larga, empecé a recorrerla con mis dos manos, era fascinante, palpé la dureza del tronco y sus hinchadas venas, una de mis manos fue a sus huevos y los acaricié, grandes y pesados, muy peludos y al mismo tiempo calientes y suaves al tacto, estaba de suerte, era un hermoso ejemplar masculino, en eso pensaba cuando dos manos me toman de la cintura y un miembro viril también muy grande buscaba colarse en medio de mis nalgas, estaba tremendamente excitado porque de la punta de su verga emanaba un líquido que se depositaba en el surco entre mis nalgas, empezó a moverse como si me cogiera restregando su verga entre mis nalgas y pude adivinar su longitud y grosor, definitivamente era una muy buena verga, vaya suerte que tenía, los dos amigos de mi esposo estaban muy bien dotados, y la verga de Daniel era por lo menos tan grande como la de mi esposo y posiblemente un poco más.

    Me siento sobre la cama, tomando una verga en cada mano, masturbo a ambos a la vez, me inclino a mamar la verga de Luis, mientras sigo masturbando a Daniel, recorro su verga con mi lengua de arriba abajo, me detengo en la punta de su cabeza rosada y brillante y abriendo los labios entra toda la cabeza en mi boca, era tan gruesa que apenas me cabía, me encantó mamarla, sabía ligeramente salada, nunca pensé que mamar la verga de otro macho fuera tan excitante, Daniel mientras tanto restregaba su verga en mi cara, pidiendo su turno, restregó la punta de su verga en mi nariz, su olor a macho me inundó y quise mamarla también, así que sacando la verga de Luis de mi boca, mamé la de Daniel, no me decepcionó, era casi tan larga y gruesa como la de Luis, con un sabor ligeramente diferente, un poco más fuerte, definitivamente una verga de macho, Luis desesperado me pedía su turno restregando su verga empapada de saliva y precum por mi cara, me sentía tan puta, levanté la vista y mi esposo se había bajado los pantalones y se estaba masturbando lentamente viendo a su linda esposa mamar esos dos mazos se carne caliente y dura.

    – Puta madre, tu esposa mamá la verga como nadie, que rico, me está dando la mejor mamada de mi vida, aghhh- expresó Daniel, suspirando y gruñendo.

    – Es cierto, que rico chupa, ni una puta profesional mama tan rico la verga, Que suerte tienes Fernando, de tener una esposa tan putita – agregó Luis

    El comentario me encantó y sacando la verga de Daniel de mi boca los jalé de sus vergas hasta juntar las cabezas, intenté meterme ambas a la vez, fue imposible, apenas me cabían las puntas de su verga, pero era fantástico, una mezcla de sabores de macho, las cabezas de sus vergas, rozándose, ambos gemían de placer.

    – Puta Madre, cabrona, nos vas a hacer acabar, pero no quiero, necesito cogerte – gritó Luis y retiró su verga.

    Me hicieron subir a la cama y poner en 4 patas, con las piernas abiertas y el culo levantado, ambos acariciaban mis nalgas y las apretaban, sentía como separaban mis carnes y Daniel expresó:

    – Que hermoso culo, está buenísima tu vieja, cabrón, que envidias me das, saber que tienes este mujerón, está más rica que nuestras viejas.

    Daniel se acomoda enfrente de mi cara y azota con su verga mi cara, pidiendo que se la volviera a mamar, Luis mientras tanto me da una nalgada con la mano abierta en ambos glúteos y doy un pequeño grito de excitación.

    Estaba esperando que Luis me ensartara de un momento a otro y paré más el culo, en clara invitación para que me hiciera suya, sentí como abrió mis nalgas con sus manos, pero en lugar de su tranca, sentí su lengua en mi entrepierna, hundió su cara y succionó mis labios vaginales, su nariz me hacía cosquillas justo en la entrada de mi ano, no pude evitar dar un gemido y arquee la espalda, Daniel mientras tanto, me toma de la cabeza y empezaba a empujar su verga dentro de mi boca.

    Luis continuó lamiendo mi rajita magistralmente, la punta de su lengua se introducía en el interior de mi coñito y lamía mis jugos vaginales, sus dedos se apoderaron de mi clítoris y subió su lengua hasta mi cerrado anito, eso fue el acabose, me temblaron las piernas y empecé a gemir como loca, su lengua siguió atacando mi esfínter sin compasión, lo lamía rápidamente y empujaba su lengua hacía adentro mientras sus dedos no daban tregua a mi clítoris y se introducían en mi vagina, dejé de mamar la verga de Daniel y sacándola de mi boca empecé a gritar:

    – Cógeme, cógeme, te lo suplico, quiero tu verga dentro.

    Luis miró a mi esposo y dijo.

    – Mira, tu esposa pide a gritos que me la coja, está gozando como putita.

    Me tomó de la cintura y sentí su verga caliente recorriendo mi rajita y mis nalgas, pero no me la metía, solamente la restregaba por mis labios vaginales, impaciente le supliqué:

    – Cabrón hijo de puta, que esperas, cógeme ya.

    Daniel y Luis reían, Luis seguía jugando con su verga en mi rajita y contestó:

    – ¿Quieres que te la meta?

    – Siii! – volví a suplicar.

    – Solamente te la voy a meter si Fernando me lo pide- exclamó.

    No lo podía creer, me torturaba el cabrón, y de seguro a mi esposo también, giré mi vista a mi esposo y seguía como en trance, masturbándose lentamente, con la mirada perdida.

    – Vamos amor, dile que me coja, ya no aguanto.

    Después de unos segundos que me parecieron eternos, por fin mi esposo abrió la boca y dijo:

    – Si, cógela, mi puta esposa quiere tu verga, puedes metérsela.

    Me tomó de la cintura y me hizo empinar el culo al momento que su verga empezó a presionar en la entrada de mi coño y poco a poco fue abriéndose paso, sentí centímetro a centímetro como iba entrando hasta que entró la cabeza, la sentí palpitar en mi interior:

    – Mamita, que rico, ya tienes la cabeza dentro, ¿la quieres toda?

    – Si, por favor, métemela toda, la quiero toda dentro- supliqué.

    Sonriendo me la siguió metiendo hasta que con un caderazo final sentí su pelvis chocar con mis nalgas, me la había metido hasta el fondo, sentí una sensación de plenitud jamás sentida, su verga era un poco más grande que la de mi esposo y sentía que embonaba completamente en mi vagina, incluso sentía que me la estiraba, estaba completamente llena de carne, empezó el vaivén y se escuchaban los bufidos de Luis y los gemidos de mi parte. Daniel aprovechó para volver a ensartarme su verga hasta la garganta y tomándome de la cabeza empezó a meter y sacarla de mi boca, prácticamente cogiéndola.

    Empezaron a sincronizarse cada vez que me embestía Luis, Daniel hacía lo propio llenándome boca y vagina de su caliente carne, así estuvieron dand9me verga unos minutos hasta que Luis expresó:

    – Agggh, Fernando, tremenda puta que tienes por esposa, aghhh, tiene el coñito tan caliente y apretadito, no sabes que rico me aprieta la verga, me va sacar la leche y no quiero, aghhh, ¿Que dices Daniel, cambiamos?

    Ambos me sacaron sus vergas y cambiaron posiciones,

    Ahora Daniel me fue enterrando su verga hasta el fondo mientras Luis jugaba con mi boca.

    Nuevamente me hicieron gemir, Daniel mientras me empalaba echó un escupitajo justo en medio de mis nalgas y con su dedo pulgar empezó a frotar mi esfínter sin dejar de embestirme.

    – Tienes razón Luis, aghhh, está bien apretadita y su coñito es tan suave y caliente, puta madre, nunca había cogido un coñito tan rico…

    – Te lo dije cabrón, me dices cuando ya no aguantes para volver a cambiar lugares, está putita hay que gozarla lo más posible.

    – Así estuvieron dándome verga un largo rato, Daniel empujó su dedo en mi culo, y ahora tenía perforados mis tres orificios, oleadas de placer recorrían mi cuerpo, estaba en el paraíso, tampoco quería que la cogida terminara.

    Llegó el momento de que Daniel pidió cambiar posiciones y nuevamente Luis pidió cambiar, me estuvieron dando verga probablemente por más de una hora y ya no aguantaba mis piernas, me dolía la quijada de tanto mamar y ya sentía rosada mi vagina y les pedí cambiar posición.

    Voltee a ver a mi marido y ya se había corrido chorros de leche estaban tirados en el piso y un poco escurría sobre su verga, pero seguía masturbándose.

    Luis se acuesta boca arriba con su verga parada y me pide que me monte encima de él, quería darle un espectáculo a mi marido y le pedí a Luis que se tumbara enfrente de él.

    – Ponte con las piernas de este lado, quiero que mi marido vea cómo me la metes- expresé.

    Aceptó sonriendo y se puso en la posición indicada, me subí a la cama y me puse en cuclillas frente a él, mi esposo debía tener una vista envidiable de mi culo y la verga de Luis, me fui agachando lentamente hasta que su verga se posicionó en la entrada de mi coñito, me tomó de la cadera y me empujó hacia abajo, no quería que mi marido pierda detalle y le pedí que me la meta despacio.

    – Despacio papi, quiero que me la metas lentamente, suavecito.

    Obedeció y lentamente me fue empujando hacia abajo, pronto me enterró la cabeza y poco a poco fui bajando hasta que mis nalgas reposaron en su pelvis, apoyé mis manos en su pecho y empecé a cabalgarlo, moviendo circularmente mis caderas y metiendo y sacando su verga de mi interior, Daniel tampoco perdía detalle y acariciaba mis nalgas viendo cómo desaparecía la verga de Luis en mi interior, le pedí que se subiera a la cama para mamarle su verga, pero me contestó:

    – No espera, tengo una mejor idea.

    Se acercó a mi tocador y tomó una crema hidratante en sus manos.

    – Esta servirá- expresó,

    Luis miró a Daniel y sonrió en forma cómplice.

    Se puso a mi espalda a un lado de la cama para que mi esposo no perdiera detalle, Luis dejó de bombear y me abrió las nalgas, pronto sentí un dedo lubricado de crema acariciar mi esfínter, presionó y su dedo se coló en mi interior, sacándome un suspiro de placer.

    No era necesario ser muy inteligente para deducir que Daniel me quería culear y me quejé:

    – No chicos, no me vayan a encular, no me gusta, mi marido me ha enculado un par de veces, me lastimó mucho y no me gustó, por favor.

    Un macho excitado no entiende razones y sonriendo dice:

    – Tranquila, te va a gustar, tienes un culito precioso y es una lástima no disfrutarlo, Fernando, no puedo creer que no disfrutes su culito, que desperdicio – recriminó a mi esposo

    Siguió metiendo y sacando su dedo en forma circular dilatando mi esfínter y pronto se le unió otro dedo, mi esposo era testigo como sus dedos entraban y salían de mi culito, cuando sintió que estaba lo suficiente dilatado sacó sus dedos y lubricó la cabeza de su verga y todo el tronco, su verga brillaba amenazante y se subió a la cama.

    – ¿Que dices Fernando, quieres que enculemos entre los dos a tu esposa?

    Mi esposo estaba que no cabía de la excitación y moviendo la cabeza dio un tímido:

    – siii

    Luis me toma de la espalda y me aprieta contra él, mi cabeza queda recostada sobre su pecho, haciendo que levante la colita.

    Sentí a Daniel poner una mano en mi espalda, y se agachó, creo que no se arrodilló para que mi marido pudiera observar, pronto sentí la cabeza de su verga apoyarse en mi arrugado agujero.

    – Te va a gustar, nena, solamente tienes que relajarte.

    No tenía escapatoria y traté de relajarme con la verga de Luis todavía empotrada hasta el fondo de mi vagina, Luis colaboraba abriéndome las nalgas y empezó a presionar, costaba, mi culito se resistía, hasta que sentí que entraba la cabeza y un dolor agudo que me hizo gritar y manotear, todo mi cuerpo se tensó y un par de lágrimas recorrieron mis mejillas. Luis me susurraba al oído:

    – Relájate nena, relájate, confía, pronto vas a estar gozando.

    Intenté relajarme y aflojé el cuerpo, al notarlo Daniel lentamente siguió metiéndome la verga, sentí como mis pliegues iban cediendo, hasta que sentí el pelambre de su pelvis acariciar mis nalgas, no lo podía creer tenía dos vergas tremendas enterradas dentro de mi cuerpo, dolía, pero sentía mucho morbo.

    – Dueleee, aghhh- en un quejido que terminó en gemido.

    Empezaron a moverse lentamente, y poco a poco el dolor disminuía y aumentaba el placer con el roce de sus vergas en mi interior, era una sensación difícil de describir, me sentía completamente llena de carne, y al mismo tiempo me sentía tan plena con mis dos orificios estirados al máximo, cubriendo toda su longitud, frotándose ambas barras de carne entre sí, apenas separadas por un delgado pliegue.

    – Aghhh, puta madre, que rico se siente, es tan apretado y caliente y siento como mueves tu verga a través de Silvia, aghhh.- exclamó Luis

    – Si carnal, aghhh, yo también la siento y sabes, se siente a toda madre, jamás había sentido nada igual – replicó Daniel.

    A medida que me seguían cogiendo el placer aumentaba, gemía sin control, me faltaba la respiración, daba bocanadas de aire cada que me embestían, pronto coordinaron sus movimientos y el placer fue máximo, sus vergas estimulaban todas las terminales nerviosas de mi vagina y recto al mismo tiempo y mi vista se nubló, mis piernas temblaban y todo mi cuerpo empezó a convulsionar, tuve un orgasmo larguísimo interminable, me retorcía como loca y no les importó a mis dos machos, al contrario, aumentaron la velocidad de sus arremetidas al máximo y con una coordinación perfecta metiendo y sacando sus vergas al mismo tiempo y a máxima profundidad, parecía que me querían matar de placer.

    – Ya no aguanto, me voy a correr, aghhh, que rico- exclamó Daniel

    – Yo también, me duelen los huevos y siento que ya me sale la leche, voy a estallar- aghhh

    Entre gruñidos de ambos sentí como se tensaban y temblando me dieron una última empalada profunda y sentí que sus vergas se engrosaba y lanzaban sus chorros de ardiente semen en mi interior, inundando mis dos agujeros al mismo tiempo, sus huevos estaban tan cargados de semen, sus vergas no paraban de dar espasmos en mi interior, depositando su néctar , escuché que mi esposo gemía al mismo tiempo, seguramente se estaba corriendo nuevamente viendo cómo las vergas de sus amigos me inyectaban su caliente y espeso esperma.

    Quedamos los 3 desfallecidos, intentando recobrar el aliento, seguía teniendo espasmos y apretaba sus vergas con mi culo y vagina al mismo tiempo como si mi cuerpo quisiera sacarles hasta la última gota de leche, gruñían de placer y suspiraban de placer, después de unos minutos sus vergas fueron perdiendo rigidez y salieron de mi interior, Daniel se desplomó a un lado y yo en medio de los dos, estaba exhausta, con mi respiración agitada y con mi corazón palpitando a mil por hora, indudablemente había sido la mejor experiencia sexual de mi vida.

    Daniel y Luis se levantaron de la cama y empezaron a vestirse.

    – Estuvo de puta madre, nunca había gozado tanto en mi vida-expresó Daniel.

    – Si, yo tampoco, tienes suerte, Fernando de tener una esposa tan puta, no sabes como gozamos, tu esposa nos dejó completamente secos. – replicó Luis

    – Se cobraron bien la apuesta cabrones- no pensé que fueran capaces de cogerse a mi esposa en mi presencia, pero me dio tanto morbo. – exclamó mi esposo.

    – Pues se tiene que repetir la apuesta para la gran final- añadió Luis.

    – ¿Qué dices amor, le entramos a la apuesta para la gran final?

    Seguía desplomada en la cama, pero contesté:

    – Tus amigos son unos cabrones, y vaya que se cobraron bien la apuesta, creo que quedaron a deber, acepto, pero tendría que ser el doble-

    – Tu esposa lo vale, acepto- exclamó Luis

    – Yo también- agregó Daniel.

    – Recuerden que nada de lo que pasó hoy debe salir de estás cuatro paredes- les recordé y ambos sonriendo lo juraron.

    Una vez que se fueron Daniel y Luis por fin me levanté, mis piernas me temblaban y fui al baño a asearme, me ardían el culo y el coño de tanto uso.

    Cambiamos las sábanas ya que estaban húmedas de sudor y flujos sexuales y empezamos a charlar.

    – Disfrutaste amor- le dije

    – Al principio, sentí muchos celos, pero después me dio un morbo tremendo y como ellos dicen, tengo suerte de tener como esposa a la mejor amante y puta. No hace falta que te pregunté si gozaste ¿Verdad? -respondió.

    – Es correcto, nunca había gozado tanto, jamás pensé en ser la hembra de dos hombres al mismo tiempo y vaya cabrones que son tus amigos, ¿La siguiente podrían ser tres? – exclamé.

    – Ya veremos amor, ja ja, sabes, sigo cachondo a pesar de haberme corrido dos veces.

    – Ay amor, me arde mi culo y mi coño pero te puedo dar una buena mamada, ¿Te parece?

    Así lo hicimos le dí una buena mamada para que se descargará y dormimos cansados hasta el amanecer.

    Cabe señalar que en la gran final perdieron las Chivas y ganaron los Tigres, mi marido ganó la apuesta, a mi pesar, pero mi marido me dio la mitad de la apuesta y tuve $10,000 pesos para gastar en lo que quisiera.

    La apuesta se repitió en el siguiente torneo y la gran final, pero los dos clásicos que hubo los ganó América y también en la gran final fue campeón América sobre Tigres, por lo que mi esposo va enrachado y aunque me da la mitad de las apuestas, sinceramente quisiera que perdiera. Acaba de apostar para el Superbowl, le va a los 49s de San Francisco. Ya veremos si sigue su racha de suerte, espero que no. Arriba Kansas City.

    Me pueden enviar sus comentarios al correo [email protected].

  • Compartiendo a la insaciable Vanessa

    Compartiendo a la insaciable Vanessa

    Había sido una semana difícil y complicada en la oficina, mis compañeros y yo planeamos reunirnos y tomar unos tragos para relajarnos un poco, esa noche yo llegué primero al bar en el que nunca imaginé reencontrarme contigo, te reconocí, hacía tiempo que no te veía, te encontrabas con unas amigas y vinieron a mi mente los encuentros candentes y desenfrenados que habíamos tenido.

    Tú también me reconociste y dejaste a tus amigas para ir a mi mesa, seguías igual de sabrosa, llevabas un vestido entallado, con un gran escote por tu espalda que llegaba justo a la gloria, ese par de nalgas resaltaban a primera vista y que decir de tus lindas y bien proporcionadas bubis, me dijiste que sorpresa me puedo sentar?

    Me levanté pronto de mi silla, nos dimos un beso de muy buenos amigos y ofrecí sentarte junto a mi, creo te olvidaste de tus amigas, comenzaste a coquetearme y a insinuarte, esperabas la oportunidad para susurrarme y meter la punta de tu lengua en mi oído, me decías llévame a la cama mi amor, cógeme rico papi, mientras me tocabas la entrepierna, mi verga respondió con una gran erección, yo no podía quedarme atrás y también comencé a meterte mano, apretaba esas sabrosas nalgas que siempre me han gustado, tocaba tus piernas, y metía mis dedos en tu vagina mojada y llevaba tus ricos fluidos a mi boca, estábamos en pleno faje cuando…

    Mis 4 compañeros de trabajo llegaron y al verte con ojos de lujuria y deseo me dijeron que bien estás acompañado no nos presentas a esta hermosa muñeca, no tuve opción, ella es Vanessa Marisol una amiga de años, tú con gracia y coqueteo diste un beso a cada uno de ellos que hay que decirlo nunca te quitaron los ojos de encima.

    Seguimos pidiendo bebidas y entre charla y bromas tú te mostrabas cada vez más desinhibida y animada al grado de subir a la mesa y bailar, te despojaste de ese lindo vestido y después de tu bra, el ambiente se estaba poniendo a tope, todos en el lugar te aplaudíamos y se escuchaban los gritos de «Vanessa mucha ropa, mucha ropa, mamacita estás bien buena, vente conmigo a la cama» etc., etc.

    A todos nos tenías con la boca abierta con esos movimientos sensuales y provocativos, después te pusiste a gatas sobre la misma mesa, me jalaste del cinturón, el mismo que desabrochaste, bajaste mi zipper y metiste tu mano tibia y tersa bajo mis calzoncillos, sacaste mi verga y la llevaste a tu delicada boca, presionabas mi verga contra mi vientre con una mano y pasabas tu lengua por mis testículos mmmm!!! Me los chupabas increíblemente para después chupar mi verga por completo, mis amigos y otros ahí presentes no aguantaron las ganas de tocarte y hasta de follarte, por lo que comenzaron a despojarte de las pocas prendas que aún tenías puestas, de pronto vi un mundo de manos tocando todo tu delicioso cuerpo, todos pronto también se desvistieron.

    Entre mis amigos, otros clientes y por supuesto yo, pude contar una docena de vergas listas para follarte, cada uno esperaba impaciente su ansiado turno, te acostaste sobre la mesa, abriste tus lindas piernas para que yo fuera el primero en penetrarte, sentías como mi verga se deslizaba por tu interior para comenzar a darte mis embestidas que te hacían gemir de placer, todas las demás vergas estaban tan cerca de ti que tomaste con ambas manos una verga de cada lado para comenzar a mamarlas.

    Otros dos de mis amigos chupaban tus ricas tetas, igual una de cada lado y decías tengo batería para todos Uds. Cójanme duro papis, durooo!!!

    Así es que fue pasando uno a uno, si que lo estabas disfrutando, después alguien más se acostó boca arriba y tu subiste para montarlo pusiste tu cara contra la de él y yo también subí detrás tuyo para penetrar y reventarte ese exquisito culo, otros más probaron también de él, todos se la pajeaban para el momento cumbre, llenarte de leche y ya después de pasar todos y cada uno a follarte tú te incaste en el piso y esperabas con ansias la descarga de leche de todos, recibiste un baño de espermas en tu lindo rostro cubierto completamente, se te notaba satisfecha y agradecida por calmar tu sed de sexo.

    Era curioso y hasta gracioso ver como antes de comenzar a follarte esa docena de vergas estaban firmes y erectas y después de cogerte se nos veían flácidas y apuntando hacia el piso, algo que tu sola habías logrado y dejarnos plenamente satisfechos a todos.

    De pronto se escucharon porras para Vanessa la reina de aquella noche inolvidable y de aquel bar.

  • No dejo de pensar en mi suegra

    No dejo de pensar en mi suegra

    Hola a todos, en esta ocasión quiero sacar algo que tengo muchas ganas de expresar tanto en secreto como al mundo entero, se trata de una emoción tal vez pasajera y que a la mayoría le puede pasar, es un sentimiento hacia una persona especial e importante en mi vida, pero a la vez no es bien visto, ya que tiene que ver con la mamá de mi esposa, que poco a poco se ha ido metiendo en mi mente a tal grado de imaginar y querer hacer cosas con ella, cada vez que la veo siento la necesidad de acercarme y estar cerca de ella, sé que no es tan correcto pero también sé que es solo una fantasía producto de mi imaginación, pero hoy quiero compartir lo que me gustaría hacer con esa bella mujer que es mi suegra…

    En un relato anterior aquí mismo conté lo que hice con su ropa interior tanto limpia como usada, pero eso fue solo un poco porque he hecho otras cosas más, por ejemplo pajearme muy cerca de ella, a tal grado de casi poner mi polla en su mano mientras dormía, me he pajeado a sus espaldas, saco mi polla casi frente a ella, en un futuro me gustaría enviarle una foto de mi verga, ya van unas cuantas veces que me masturbo con sus calzones tanto limpios cómo usados recién quitados y me vine en un par de veces en ellos, han sido muchas veces que me he metido al baño exclusivamente a masturbarme pensando en ella, para eso tengo unas cuantas fotos de su lindo culo y en unas hasta se le transparenta su rico calzón que me tiene alucinado, una vez tome un calzón mojado y casi me lo llevo, pero lo pensé mejor y lo devolví no sin antes dejarle un poco de mi corrida.

    En fin… Son tantas cosas que pasan por mi mente cuando pienso en mi suegra… No sé si hago mal pero me gustaría un día se hiciera realidad poder tomarla de espaldas y besarle el cuello, acariciar sus tetas y sus nalgas, bajar sus mallones y su calzón, mientras me saco la verga y se la empiezo a frotar en sus nalgas hasta que por fin se me cumpla el antojo que le traigo a mi suegra de meterle la verga hasta hacerla gemir y saciarla a más no poder y que los dos tengamos orgasmos, quiero llenarla con mi leche en todo su cuerpo, cara, culo, nalgas, tetas, manos, pies y sobre todo venirme dentro de ella, que rico sería, me imagino tantas posibilidades con ella y tantas posiciones que ya no puedo más y quisiera declararle todo lo que aquí he comentado y cumplir mi fantasía sexual con mi hermosa suegra que repito está muy pero muy buena, que rica está, quiero cogerla mucho y llenarla, decirle lo que siento y venirme muchas veces dentro de mi rica y deliciosa suegra Lorenita…

  • Yolanda mi tía sensual

    Yolanda mi tía sensual

    No le pregunté más nada, le dije que iba al baño y aproveché para llamar a casa y decir que estaría muy tarde por una invitación de última hora. Invité a Yolanda a salir, los dos callados, en la puerta paré un taxi y le pedí al chofer que nos condujera a «Los Pinos» el hotel más alejado del centro de la ciudad.

    Apenas cerramos la puerta de la habitación nos fundimos en un beso interminable. Nuestras manos sentían nuestros cuerpos y la ropa fue cayendo poco a poco, sin darnos cuenta ya estábamos desnudos encima de la cama, explorando yo con mi boca cada centímetro de su blanco cuerpo. Me apodere de su vagina y mis dedos eran imparables al tiempo que mi boca le chupaba los senos el ombligo y todo por donde pasaba.

    Luego baje a besar por primera vez esos labios abultados y húmedos que esperaban ansiosos de lamidas, penetre hasta donde pudo mi lengua y luego me hice dueño de ese clítoris pequeño pero lindo. En ese momento sentí que ella entraba en una especie de trance y se sacudía cada vez mas fuerte, sus gemidos se convirtieron en voces que pedían descanso, pero yo apenas empezaba.

    Mi boca fue inundada por sus líquidos de sabor dulce, si, dulce con un poquito de acidez que me embriagaba y alocaba, me quede allí por muchos mas minutos, ella se sacudía y me decía que pare que ya quería ser penetrada. Yo tenia el pene totalmente erecto y con algo de flujo preseminal por la punta, no falto decirle que me devolviera el favor y por su cuenta ella me empezó a mamar como pocas lo saben hacer, despacio y solo con los labios. introduciéndoselo hasta la base del pene.

    Yo estuve a punto y le dije que me venía, ella no dijo nada y mantenía mi pinga en su boca, eyaculé y ella siguió por poco tiempo mas. Poco después, Yolanda me abrazo fuertemente y me ofreció sus labios, segundos después empecé a sentir que me enviaba parte de mi propio semen con su boca. Eso al principio me desagrado, pero no se lo dije, seguimos besándonos y entonces me comento que si queríamos una unión sincera y abierta ambos debíamos compartir nuestros jugos.

    Ambos habíamos alcanzado el clímax, pero aún no la había penetrado, e increíblemente mi pene seguía erecto, listo para conseguir su trofeo. Me puse encima de ella besándola, pero sin penetrarla, me movía poco a poco haciéndole sentir entre sus labios el grosor de mi tiesa herramienta, sus labios estuvieron bastante húmedos y ella de nuevo se empezó a inquietar pidiéndome ser penetrada. Entonces, ella quiso tomarme del pene y colocárselo, le cogí las manos y le dije que lo debíamos hacer sin ayuda de las manos, lo cierto es que yo quería hacerla sufrir un poquito antes de entrar en su cuevita, lo que finalmente se pudo luego de un par de minutos de intentos.

    Cuando sentí la cabeza de mi pene entre sus labios le pedí que se quede quieta y yo empecé a meterla poquito a poco y muy lentamente, hasta que de un momento a otro le ensarte toda la pinga y ella me abrazo con fuerza, empezó nuestro vaivén incansable, me rodeo con las piernas por la cintura y ambos nos movíamos como locos. Después de unos 10 minutos me di cuenta que ese viaje debía ser muy largo, le pedí que se pusiera en posición de perrito y por primera vez pude admirar ese trasero que por años me había vuelto loco. Sus nalgas eran blanquitas en contraste con el botón marrón de su ano, la empecé al penetrar sostenido por ambos lados de sus nalgas jalándola hacia mi para que pudiera entrar hasta donde me sea posible.

    Ella tenía control de sus músculos vaginales y de rato en rato me apretaba el pene como un aspirador, sin duda sus músculos vaginales tenían vida propia. Después de un rato eyaculé en sus nalgas y entonces me sentí tan atraído por su ano que sin previo aviso empecé a introducírsela por allí. Yolanda se quedó en silencio y me dejo penetrarla lentamente y mi sorpresa fue que nunca se quejó o se sintió incomoda, ella al parecer gozaba tanto al tener sexo anal como vaginal. Continúe por unos 10 minutos mas, no logre eyacular, mi falo seguía erguido y ella me pidió descansar. Nos tumbamos en la cama y empezamos a conversar y me dijo que me dejo hacerlo por su ano porque siempre había notado que lo que mas le miraba cuando estábamos juntos eran sus nalgas y que ese era mi regalo por ser bueno con ella.

    En nuestra conversación me comento que mi pene en tamaño y grosor era muy similar al de su ex marido: mi tío. Al final me pidió que nunca hiciera comentario alguno con nadie, que debía ser un secreto de familia pero que si alguna vez nos encontrábamos por la calle podíamos guardar mas secretos nuestros. Esa noche nos despedimos en el taxi, me dio un beso en la mejilla y me envío saludos a mi familia. Muchas veces coincidimos en reuniones con mis primos u amigos y cuando nos encontrábamos a solas nos regalábamos con caricias directas en nuestros sexos y un par de besos muy húmedos.

    Hoy si alguna vez lees este relato quiero decirte que te extraño mucho querida tía.

  • Una mansión que acoge infinidad de orgías (2)

    Una mansión que acoge infinidad de orgías (2)

    Volviendo a la mansión El Edén, donde trabaja Araceli como segurata, seguiremos describiendo lo que ocurre en algunas de sus 61 habitaciones. Para conocer las singularidades arquitectónicas de dicha mansión remito al lector a que lea la primera parte de este relato, en caso de no haberlo hecho antes.

    Araceli, después de correrse dos veces viendo en los monitores las guarradas que los inquilinos practican en sus respectivas alcobas, se tomó un pequeño descanso para recuperar fuerzas. El coño le escocía de tanto frotárselo y aunque los orgasmos que le provocaban aquellas escenas eran muy intensos y explosivos, la almeja la tenía al rojo vivo y prefirió echarse una crema hidratante y esperar una media hora antes de volver a la carga.

    Mientras comía un bocadillo siguió haciendo zapping por los diferentes monitores. En la habitación 10 observó que se estaba produciendo un gang bang. Diez hombres se iban turnando para penetrar el coño, el culo y la boca de una negrita muy atractiva. Esta tenía el pelo rubio y lo llevaba recogido en varias trencitas. No tenía sobrepeso, pero lucía unas cachas y muslos bien macizos y trabajados a base de sentadillas y zancadas.

    Se la zumbaban en todas las posturas posibles: misionero, a cuatro patas, de lado, sentada sobre un maromo a modo de sofá, etc. Hicieron un sándwich con ella en diferentes posiciones (de pie, acostada boca arriba, acostada boca abajo).

    Mientras una polla le entraba por el culo, otra por el coño y otra por la boca, ella con cada mano se sujetaba a otras dos. El resto de los cinco chicos se la pelaban, de pie, esperando su turno.

    La chica no daba abasto. Con alguna garganta profunda que practicó, no pudo evitar soltar buena cantidad de babas que le salieron como a presión por su boca y narices. Estas se fueron escurriendo por todo su torso, bajándole por las tetas, pezones, vientre y ombligo.

    En el fondo de la sala, en una pared, había un chico como castigado. Estaba encadenado a unas argollas.

    Después de estar casi una hora zurrándole bien los tres orificios a aquella hembra en celo, los diez chicos decidieron que ya era hora de bañarla en esperma, de practicar un buen bukkake.

    Ella se colocó de rodillas en el centro de la sala y los chicos formando un círculo alrededor de ella, se fueron cascando con furia sus rabos. La chica se metía los dedos en la boca, casi el puño, poniendo los ojos en blanco y bizqueando. Quería ponerlos muy cachondos para que se corrieran pronto.

    Dos de los chicos empezaron a eyacular, lo hicieron sobre el pelo, la frente y ambos mofletes. Otros tres les siguieron en el turno, llenándole toda la nariz, boca, garganta y cuello de una cantidad ingente de lechada. Un sexto decidió correrse en el interior de su oreja derecha, mientras el séptimo lo hizo en el interior de la oreja izquierda. Los tres últimos decidieron hacer un repaso global y fueron dirigiendo sus chorros de lefa por todas las partes que sus amigos previamente habían regado. Uno de ellos hizo más hincapié en meterle algún chorro por los orificios nasales.

    La chica quedó tan impregnada en esperma que su rostro era irreconocible. Su piel color caoba bañada con tanto esperma, hacía un contraste muy morboso y excitante.

    Entonces uno de ellos soltó al chico de la esquina y llevándolo casi como custodiado, lo acercó a la chica y le ordenó que la lamiera bien y que se fuera tragando todo lo que ella le fuera escupiendo.

    El chico la lamió desde el ombligo hasta el cuello sorbiendo y tragando todas las babas y esperma que la manceba tenía esparcidos, dejándola bien limpita. Después siguió por el pelo, pestañas, mofletes, etc. La chica tenía una buena carga de leche y saliva en su boca y se la escupió con fuerza para que él la tragara, casi sin darle tiempo a saborearla.

    De las orejas le iban saliendo unos regueros de semen que el esclavo recogía con su lengua y succionaba. También le lamió las narices metiéndole la lengua por los orificios para recoger los restos de cuajada que pudiera haber. Entonces la chica se sonó varias veces y efectivamente, de su interior salió buena cantidad de esperma mezclado con moco. Todo se lo iba tragando el chaval hasta dejarle la cara como los chorros del oro.

    La jaca volvió a escupirle otra vez, un buen lapo de semen y saliva que fue recolectando con su lengua, después de pasarla por todos los rincones de sus dientes, paladar y mucosa. El esclavo hizo unas gárgaras y se lo tragó todo. A la macizorra le hizo tanta gracia que volvió a repetirlo, soltándole otro lapo importante, aunque esta vez llevaba más carga de saliva que de semen.

    Araceli decidió telefonear a la susodicha habitación para que le mandaran a aquel mancebo para orinarle en la boca, ya que tenía ganas de vaciar la vejiga, y de camino, para que le comiera con ganas y sin escrúpulos su panocha ensangrentada, pues comenzaba a venirle la regla. Mientras, volvió a zapear y en el sótano (que estaba dedicado al sadomaso), en la habitación -2, se quedó prendada de lo que vio.

    Un chico estaba sostenido en el aire, en horizontal, por unas cuerdas atadas a sus brazos y piernas. Detrás de él, una dómina le tenía introducido el puño y parte del brazo derecho en el interior de su culo. Le hincaba el brazo con fuerza, como si quisiera pegarle unos buenos puñetazos en el interior de sus entrañas. El maromo chillaba como un cabrito en el matadero.

    Alrededor del esclavo había otras tres chicas que se carcajeaban y arengaban a su compañera a que le metiera el brazo hasta el codo por lo menos. Estas chicas también se dedicaban a apagar unas colillas en la espalda del maromo, apretaban con garra, como queriendo introducirlas en el interior de la piel. Después se colocaron en cuclillas sobre una jarra de cristal, por turnos, y comenzaron a orinar. La jarra quedó algo más que mediada. Cogieron una pajita y la colocaron en el interior de la jarra y se la dieron a beber al esclavo.

    –Bébetela toda poco a poco. Si no lo haces, te meteremos dos brazos al mismo tiempo en el trasero. Te reventaremos, ¡cabrón! –le dijeron.

    Ante esta disyuntiva, al chaval no le quedó otra opción que, entre alarido de dolor y alarido de dolor (por los empellones que se Ama principal le infligía en el trasero), ir sorbiendo por aquella pajita y tragando toda aquella maravillosa cantidad de auténtico oro líquido.

    En las tres horas buenas que duró aquella sesión de sadomaso, los ocho puños y brazos de aquellas hembras envalentonadas experimentaron la sensación de palpar y rozar las entrañas de aquel mancebo. El esclavo salió de allí con el vientre bien lleno de orines (pues al final, el recuento fue de tres jarras bien llenas), y con el culo más abierto que la boca del metro. Se marchó encantado.

    Araceli observaba todo aquello comiendo pipas y acariciándose los pezones de vez en cuando para intensificar el placer. Estaba sentada sobre la cara del mancebo que había solicitado. Este ya le había proporcionado dos orgasmos y tragaba sin rechistar todos los jugos vaginales mezclados con los efluvios sanguinolentos de la regla, que iba soltando en buenas cantidades ya. El chaval tenía la cara bastante manchada de restos menstruales.

    –Traga todo lo que salga de mi cáliz, cariño. Es el Santo Grial. La sangre de la vida mezclada con los jugos del placer. El cordero de Dios que quita el pecado del mundo –le soltaba Araceli con socarronería y desparpajo.

    La segurata, mientras seguía con sus faenas intentando alcanzar otros dos orgasmos, decidió ver qué pasaba en el hall, llamado habitación 0.

    Como recepcionistas había una pareja vestida a la moda victoriana, como si estuvieran en el siglo XIX. Él llevaba un chaqué con un sombrero de copa y ella, un vestido rococó con vuelo y un sombrero muy elegante.

    Mientras atendían a los nuevos inquilinos en el mostrador, el recepcionista agarraba por detrás a la compañera y frotándose bien, simulaba el acto sexual. Luego se sacó la verga de la bragueta, toda tiesa, y subiéndole el vestido a la chica, volvió a frotar su miembro contra su cuerpo. Resulta que la recepcionista iba bien protegida contra penetraciones por traición o por descuido. Debajo del vestido llevaba refajo, pololos y bragas. El chico se tuvo que conformar con magrearse y frotarse contra todas aquellas telas. Como el vestido era tan largo y ancho, el compañero daba el pego de estar follándosela, pero en verdad no era más que una mísera gayola contra sus sayolos.

    Ella atendía al público como si nada pasara, mientras su compañero arrimaba cebolleta apretando fuerte su rabo contra las carnes duras de su compañera. Con sus manos le palpaba la cintura y las caderas, pero cuando quiso subir más, se encontró con un corsé que le impidió amasar en condiciones aquellos pechos turgentes. Comenzaba a tener un cosquilleo que le recorría toda la polla anunciándole que en muy poco tiempo, si seguía por ese camino, podría alcanzar un decente orgasmo.

    Los envites que el recepcionista le daba a su compañera, hacían que esta, a la hora de escribir el recibo cometiera algún que otro borrón. A los pocos minutos, el chaval por fin, después de frotar y frotar, hizo salir al genio en forma de lechada pegajosa manchando buena parte del refajo y quedándole todo pringoso.

    El chico se fue y al poco rato llegó otro recepcionista vestido de la misma manera, para no desentonar con la chica, y sacándose la picha repitió la misma faena que su colega. Le levantó el vestido a la compañera y colocando su miembro entre el refajo y el vestido comenzó a simular una follada. El nabo de este enseguida se humedeció al contacto con los restos de esperma de su predecesor.

    Una vez que este acabó, su lugar lo ocupó otro compañero y así a lo largo del resto del día. Aquellas prendas (vestido, refajo, pololos y hasta bragas), al final de la jornada quedaron tan mojadas en semen, que al secarse, aquellas telas quedaron como acartonadas. Al día siguiente se las volvería a poner para que otros chicos siguieran con sus simulacros de folladas.

    Araceli tenía la suerte de que, aunque tuviera la regla, eso no fuera un impedimento para seguir teniendo buenos orgasmos. Entre sus dedos y sobre todo, gracias a la boca y lengua de su esclavo, no paraba de enlazar clímax con clímax. Ya ni se molesta en ir al lavabo para orinar, se lo hace encima… o sea, encima de la boca del mancebo.

    Él, como buen sirviente, saborea y bebe todos los efluvios que emane el lindo cuerpo de su ama.

    Seguiremos contando en sucesivas entregas lo que ocurre en el resto de las habitaciones de esta mansión de las fantasías llamada El Edén.

  • Después de 4 largos años

    Después de 4 largos años

    Mi historia es así: soy una mujer de 40 años de 1.65, nacida en Chile. Me considero una mujer guapa para mi edad, muchos me han dicho que no la aparento. Soy blanca, cabello rubio y de buen cuerpo. No tengo unos pechos enormes, pero sí un buen trasero. Llamo la atención a muchos hombres, pero este chico extranjero fue por mucho el hombre que me cambió la vida.

    Conocí a mi amor imposible en 2020, venezolano, guapo y carismático. Desde el día 1 me atrapó; algo tenía ese chico de tan sólo 23 años… pero tuve que conformar con ser su «amiga» porque tenía su pareja. Aun así, siempre habíamos sido buenos “amigos”; compartíamos, bromeábamos y la verdad supe ocultar bien las cosas.

    Siempre fuimos buenos amigos durante años. Nunca pasamos más allá de una amistad. Y así fue en 2021, 2022… y en 2023 recuerdo que su pareja murió. Siempre estuve presente y siempre lo apoyé de la mejor manera.

    A finales de noviembre de 2023, le dije para salir con unos compañeros de trabajo que conozco y aceptó. No paraba de mirarlo, me gustaba demasiado, y siempre me acercaba a él. La pasamos muy bien todos, pero yo quería estar junto a él

    Después de eso, cada quien se fue a su casa, pero estaba pendiente de que regresara a casa sin problemas. De ahí conversamos por chat y duramos horas y horas y horas hablando

    Pasado el tiempo empezamos a salir y yo empecé a notarlo diferente, como más atento, más abierto a conversar sus cosas e incluso más coqueto conmigo… y me di cuenta de inmediato y simplemente me dejé llevar

    Y así estuvimos entre salidas, conversas hasta el 18 de enero. Ese día teníamos una fiesta porque salíamos de vacaciones; íbamos a ir todos los trabajadores a una sede. Él y yo fuimos, la pasamos súper, me sacó a bailar, conversamos como “compañeros de trabajo” como hasta las 11 de la noche

    Después fui al baño, y leo un WhatsApp de él que dice «estuvo buena la fiesta, pero la noche es joven y es hora de que los dos la pasemos bien solos” y le dije “voy contigo a donde sea”.

    Fuimos a su casa, y al entrar a su casa me besó apasionadamente y empezó a tocarme toda… por fin, después de tanto tiempo ese amor imposible con el que soñaba, ese deseo que tenía de que eso pasara… todo eso se estaba haciendo realidad.

    Me quitó el vestido, echó la tanga a un lado y me empezó a penetrar con fuerza. Me dio con todo y cada vez yo me excitaba más y más. Luego me cargó como bebé y fuimos a su cama, y allí me puse en 4 y me dio muy rico y duro. Nunca me habían cogido tan rico como esa noche y después del acto, le dije “llevaba esperando 4 años para este momento” y él sorprendido me preguntó «¿cómo así?” Y le dije «antes eras mi amor platónico. Siempre me tuve que conformar con ser tu amiga… pero ahora no, ahora quiero ser tuya y que tú seas mío”.

    Horas después me hizo el desayuno, comimos juntos y nos fuimos a la playa, paseamos por la playa un rato y disfrutamos el paisaje. Fuimos a un restaurante y mientras conversábamos me dijo «sigamos pasando vacaciones juntos, tengo muchas ganas de seguir disfrutando tu compañía y me muero por seguir haciéndote mía por las noches” y accedí sin ni siquiera dudarlo.

    Y después de ese día, todo cambió, hemos pasado más tiempo juntos y mi amor imposible ahora es el hombre que me coge rico todas las noches.

    Gracias por llegar hasta aquí. Un beso.

    Andy

  • Mi prima y yo le hicimos 8 mamadas a mi chico en un finde

    Mi prima y yo le hicimos 8 mamadas a mi chico en un finde

    Comenzaré por explicar mi situación.

    Algunas chicas de mi familia sufrimos un problema congénito provocado por lo que se conoce como Hiperplasia suprarrenal congénita que se hereda solo por parte de algunas hijas. En mi caso concreto y debido a ello, nací sin vagina ni clítoris.

    Somos muy pocas en todo el mundo, en realidad los médicos me han asegurado que solo 2 por cada millón de niñas nacemos con ese cuadro:

    Ausencia de vagina, que se debe al síndrome de Rokitansky-Kuster-Hauser, en el que las niñas al nacer carecemos de órganos reproductores internos.

    Ausencia de clítoris, conocida en todo el mundo como Hipoplasia Genital Externa o agenesia clitorial, en el que las niñas nacemos careciendo de clítoris.

    En todo lo demás soy completamente normal, tan solo no puedo tener relaciones sexuales con penetración porque no tengo ni vagina ni clítoris.

    Bueno, hay otra cuestión que también influye y es en lo único que siempre tuve complejos: al no producir hormonas sexuales tampoco se desarrollaron mis pechos, por lo que en realidad nunca necesité llevar sujetador y los pocos que tengo son de la talla 80 copa A, pero ni con relleno conseguí parecer nunca una chica con pechos atractivos, algo que siempre me acomplejó y deprimió mucho.

    Aunque en realidad nunca me interesaron los chicos ni las chicas, yo era de ese 1% de la población mundial que somos completamente asexuales, y mi única ilusión era ser peluquera, ser una gran peluquera en mi pueblo.

    Me pasé mi infancia de médico en médico con mi mamá para ver las posibilidades terapéuticas a mi diferencia genital ya que mi padre murió siendo yo muy niña, pero nunca hubo avances y la operación para implantar una vagina artificial es muy delicada y encima nunca tendría ramificaciones nerviosas en esa zona al carecer de clítoris, así que al final nada se pudo hacer.

    En la adolescencia siempre me sentí mal y tuve envidia de todas mis amigas por su sexualidad, aquello me fascinaba aunque no me interesaban los chicos, solo era la sensación de tener esas percepciones que ellas me contaban, pero yo no podía.

    Solo se lo conté a mi mejor amiga que conocí en las sesiones médicas de nuestra distrofia, y ella me dijo:

    – Mira, a las que tenemos el Síndrome de Rokitansky no nos crecen los pechos por falta de hormonas estrógenos y testosterona, encima tampoco tenemos vagina, y por si fuera poco el ano es más estrecho y con un tejido interno más frágil así que lo que nos queda para disfrutar del sexo es aprender a hacer las mejores mamadas del mundo, jijijij…

    Ah, pues eso me interesa.

    Entonces solo te diré que no hay ningún milagro, la técnica se adquiere practicando, practicando y practicando.

    Siempre lo más importante es sentir amor por lo que estás haciendo, por eso debe ser con quien realmente ames, y lo segundo más importante es saber que cada chico tiene distintas formas de disfrutar con el sexo oral, desde el principio hasta el orgasmo final.

    Con mi mamá y conmigo vivía su hermano, mi tío, y un día descubrí su colección de revistas pornográficas y vídeos y cuando él no estaba fui curioseando.

    Claro, muchas cosas, la mayoría no podía hacerlas yo. Pero en ese armario que tenía bajo llave y yo sabía donde estaba, también tenía una colección de vídeos llamada «I Swallow» de finales de los años 80, y ahí descubrí lo que sería para mí algo tan excitante que con el tiempo se convirtió en mi fantasía y forma de hacer el amor. Finalizar el sexo succionando completamente toda la carga de amor de mi chico.

    Evidentemente nunca tuve relaciones sexuales con mi tío, la realidad no es ficción, pero sí aprendí muchas cosas que cuando las llevé a la práctica me di cuenta de que no eran como en las películas, ni en el porno.

    Yo sé lo que le gusta a los hombres, y a mí me encanta, me vuelve loquita de placer!!!

    Comencé a trabajar de peluquera y la vida pasaba sin más.

    Un día escribiendo en un foro femenino sobre mis peculiaridades genitales para explicarme con otras chicas y seguir averiguando sobre mi temática, apareció un chico, Sam, que comenzó a decir que él sabía bastante del tema y que era algo normal tener sexo solo así.

    Me llamó la atención y comenzamos a escribirnos por privado, así que Sam me contó que él nació en los EEUU pero vivía en España porque su abuela era española, y poco a poco nos fuimos abriendo más hasta que me contó que él en EEUU tuvo una novia con el mismo cuadro clínico que yo, y que durante casi 3 años de noviazgo solo tuvo relaciones sexuales orales con ella.

    A mí aquello me fascinó, por fin había encontrado a un hombre que no necesitaba follar vaginal o analmente para tener novia. Me envió fotos, yo le envié mías y finalmente se decidió a venir a conocerme a mi pueblo.

    Desde el primer día que lo vi me pareció un amor de chico, aunque no era un canon de belleza clásica, a mí me pareció muy guapo y apuesto, con 1,73 de altura era casi 20 centímetros más alto que yo y por otra parte, debo reconocer que yo tampoco soy un canon ideal de chica guapa, soy flacucha, sin senos, así que del montón siendo generosa.

    Aquel día nos conocimos y fue maravilloso, fuimos a cenar, hablamos de muchas cosas y al llegar una hora nos besamos en un parque. Mi primer beso, algo imborrable. Así estuvimos mucho tiempo, yo creo que más de una hora besándonos tan intensamente que casi me desmayo.

    Después me acompañó a mi casa y nos despedimos con otro beso. Solo romanticismo del que ya me enamoré perdidamente.

    Al día siguiente al hablar me preguntó:

    – ¿Qué tal lo pasaste ayer, hermosa?

    – Muy bien, me encantó pasar esas horas contigo. Y tú ¿qué tal?

    – Me gustaste mucho Analía, me gustaría seguir conociéndote.

    – Estoy muy contenta, yo también. ¿De verdad fue tan bueno para ti como para mí?

    – Sí, me gustaste mucho, salvo la parte de volver a mi ciudad con el Síndrome de las Blue Balls…

    – Ah, no sé hablar inglés, disculpa…

    – No mujer, es un dolor inmenso en los testículos provocado por una gran excitación que no finaliza en orgasmo, y yo además tengo el problema de que produzco mucho semen diariamente, parece algo bueno pero créeme que no lo es…

    – Ah, pues disculpa, (no supe qué decir).

    Así que investigué y efectivamente, el síndrome de las bolas azules (o de las pelotas moradas) es algo real y por lo que dicen, es como un dolor insufrible en sus güevos. Y ahí me sentí fatal. Me disculpé como pude y le dije que no le volvería a pasar.

    Una semana más tarde volvimos a quedar, y ambos sabíamos que queríamos tener nuestro primer encuentro sexual. Él sabía lo que yo podía ofrecerle, y estaba de acuerdo, yo sabía lo que él podía ofrecerme y estaba loca de contento.

    Después de cenar fuimos al mismo parque y volvimos a besarnos muy apasionadamente y aunque él no me lo pedía directamente y yo estaba muy nerviosa, conseguí decirle:

    – Sam me gustas mucho, y me gustaría hacer el amor contigo esta noche.

    – Tú a mí también Analía, y te deseo muchísimo.

    – Pero vivo con mi madre y no podemos ir a mi casa.

    – No hay problema, vamos a dar una vuelta en coche.

    Así que fuimos a un sitio a las afueras, apagó el motor, cerró las puertas y comenzamos a besarnos, y ahí comenzó a tocarme los pezones, yo los tenía durísimos y me encantó, así que puse mi mano sobre su pantalón, le desabroché el cinturón y le bajé los pantalones, saltando ante mí su polla hermosa.

    No es muy grande, unos 13 cm de largo pero sí es gruesita, más de 15 cm de diámetro, perfecta para llenarme la boquita que para mí es como mi vagina y hacerme tocar el cielo. Y él apenado me dijo:

    – Sí cariño, no es muy grande, lo sé, he tenido muchos rechazos de chicas que querían una polla de 20 cm porque tenían mucho vicio en sus coñitos, y para el sexo anal no quieren que sea tan gorda, todo al revés…

    – No, tranquilo, para mí es preciosa ¿sabes? Es la primera vez que veo una polla real y me parece maravillosa.

    – Bueno, me gusta que lo pienses así.

    – Además sabes que no tengo vagina así que créeme que si consigo hacerte el amor con mi boca será incluso esforzándome porque parece muy gordita…

    – Ufff, no me lo digas más que ya comienzo a notar otra vez el dolor de güevos blue balls

    – Uy Sam, discúlpame, es la inexperiencia con un hombre pero lo que más deseo del mundo es que tú y yo hagamos esta noche el amor, y sientas todo el placer que yo pueda darte para que cuando más estés disfrutando, puedas liberarte y descargarte a gusto.

    Y seguimos besándonos y me fue enseñando cómo hacerle la paja mientras nos besamos, hasta que tocó mi cara y me dijo que estaba muy excitado, que le gustaría que siguiese mamándole la polla.

    Bajé y comencé a chupar bastante desastrosamente, hoy lo sé, en general todos mis movimientos eran bastante torpes y mal coordinados. No sabía hacer nada bien. Él me dijo que no era porno, que no se hacía así. Así que le dije que debía decirme exactamente cómo le gustaba, cómo recibía más placer, y me fue indicando.

    – Cuando haces el amor de forma oral tienes que conseguir que el chico se relaje. No puedes hacerlo así de rápido, eso es solo en los vídeos de pornografía. Tienes que ir poco a poco pero manteniendo un ritmo constante. La constancia en la mamada es lo más importante. Tampoco te la saques de la boca cada pocos segundos.

    – Entiendo. Dime qué más te gusta.

    – Pues debes agarrarla con tu mano e ir haciéndome la paja con ella mientras metes algo más del capullo en tu boca y succionas al ritmo de la paja.

    – Dime más…

    – E ir aumentando el ritmo poquito a poco, como te digo lo importante es la constancia, y cuando ya falte poco es cuando puedes apurar un poquito más pero sin que llegue a ser muy rápido. Es mejor que aumentes la fuerza en la succión que darle demasiada velocidad. Y cuando te avise es porque me voy a correr. Y cuando comience a correrme tienes que tener especial cuidado con la forma de mamar, pero dominar eso es algo que requiere varios días, no te preocupes…

    – Lo que quiero es que te corras en mi boca, quiero saber por fin cómo se siente, qué placeres puedo obtener de ti, saborearte y disfrutarte.

    – Perfecto, me encanta. A mí la verdad es que no me gusta mucho que me hagan una mamada y acabar yo pajeándome, porque para eso no tengo novia, me pajeo en casa y listo. Y también me gustaría correrme en tu boca mientras sigues mamando, me acostumbré así y me da más placer.

    – Pues créeme que me vuelve loca la idea, estoy sudando y llena de excitación por hacértelo.

    Total que seguí haciéndole la mamada como buenamente pude y llegó un momento en que noté que todo su cuerpo se tensaba, hinchaba su barriga y me decía que se corría.

    Aquello fue un poco desastre, a mí me entró su leche por donde no debía y me atraganté, me salió su lefa por la nariz, no supe seguir masturbándolo cuando seguía corriéndose, después intenté seguir chupando y comenzó a dar grititos de que le molestaba, me volví a atragantar, me lloraban los ojos, le puse el asiento del coche lleno de leche, un desastre casi total.

    Al final nos compusimos, como pude me llevé la leche que tenía en mis manos, cara y en su polla a la boca, la tragué y saboreé.

    Me llamó mucho la atención su sabor, no era el manjar de las diosas que me había imaginado pero tampoco sabía mal como decían algunas de las pocas amigas que tenía, a mí me gustaba lo suficiente y con eso me bastaba. Y me propuse ser una verdadera amante de su leche templadita, del amor que me daba en yogurt, ¡y vaya si lo conseguí!

    El caso es que le pedí perdón, nos terminamos de limpiar y vestir y me dijo:

    – No hay nada que perdonar, cielo. Ha sido un poco desastre pero es tu primera vez, es lo más lógico y habitual, y además he tenido otras primeras mamadas que han sido mucho peor. A mí me ha gustado, ¿y a ti?

    – Buff, muchísimo, aunque siento todo el estropicio, y esos quejidos que te escuché cuando te corrías.

    – Ah, no te preocupes. En realidad es algo que se adquiere con la práctica porque puedes provocar molestias si lo haces de modo incorrecto. Y cada hombre es un mundo pero yo tengo mi forma preferida.

    – Pues te ruego, es más, te suplico que me digas cómo te gusta más, porque tú me gustas mucho y me gustaría mejorar al máximo…

    – No te preocupes cariño, es una cuestión de práctica, de tiempo, de paciencia, de amor y dedicación. Como te comenté, estuve 3 años con una chica también con agenesia vaginal en los EEUU, y te puedo tranquilizar diciéndote que lleva bastante tiempo llegar a conseguirme un orgasmo plenamente placentero solo con una mamada.

    – Te prometo que me voy a esforzar al máximo, pero dime ahora a ver de lo que soy capaz…

    – Bueno, pues te digo que a mí para darme más placer debes estar mamando tal y como lo hiciste, masturbándome con tu mano, acompañando el movimiento de tu boca, siempre con un ritmo suficiente y sobre todo constante, y justo cuando comienzo a correrme debes detenerte de modo súbito, dejar el glande dentro de tu boca y sin mover tu cabeza, y ahí comenzar a pajearme muy muy rápido pero a la vez suave sin apretar la polla con la mano, con un recorrido corto de unos 3 ó 4 centímetros de “pajeo frenético”. El siguiente paso es que te mantengas succionando fuerte sincronizando cada chorro de leche con cada chupada, es decir, simulando que cada chisguete me lo sacas tú mamando, como si en vez de correrme yo fueras tú la que me extraes chupando cada chorrito.

    – Ufff, parece muy difícil, me llevará un tiempo aprenderlo a hacer bien, pero así es como más te gusta, claro, y yo quiero que te guste muchísimo.

    – No te preocupes, claro, es más placentero porque si sigues pajeándome rápido mientras me estoy corriendo, consigues que salga toda mi leche y me descargo más a gusto, y si eres capaz de coordinar esa masturbación frenética con intentar sacarme cada chisguete de leche justo cuando va saliendo, el placer es máximo.

    – Buff, me encantan todas esas sensaciones que me haces imaginar. ¿Y después?

    – Pues si quieres darme el máximo placer, debes ir intentando desde el principio poner tu boca abovedada y ocluir con la lengua la entrada directa de leche en tu garganta para no atragantarte, es decir que mi leche te llegue al paladar, vas haciendo un buche de mi almizcle lechoso en tu boca, y sigues mamando aunque desde ese momento debes ir bajando la intensidad en el pajeo y en la succión. Puede durar así de 1 a 3 minutos, depende de cuándo me haya corrido la última vez y de cuánta leche tenga acumulada en los güevos, claro. Y después te irás acostumbrando a poder tragarte todo el buche de leche de un golpe, sobre todo cuando mi polla se vaya quedando pequeñita en tu boca.

    – Pues créeme que para mí va a ser como una biblia, hasta que consiga darte el mayor de los placeres haciendo el amor. La verdad es que me gustaría volver a hacerlo ahora mismo…

    – Cielo, yo produzco mucha leche, pero vamos a hacer un pequeño descanso, vamos a tomar un café en aquella cafetería que se ve en la esquina y volvemos.

    Tomamos un café, él con leche, yo lo pedí solo, le dije a la camarera «sí, sí, pónmelo sin leche que ya estoy tomando mucha y más que voy a tomar» y le guiñé el ojo. Le encantó esa complicidad. Y al cabo de un ratito ya estaba otra vez en su coche besándolo y buscando desesperadamente su polla. Volví a metérmela en la boca y esta vez intenté hacer todo lo que me había dicho, pero eran demasiadas cosas, así que aunque esta vez sí se corrió ya todo en mi boca y no me atraganté, en realidad todavía se quejó de la fuerza con que lo chupé mientras se corría, de mis movimientos masturbándolo, etc., pero me dijo que todo a su debido tiempo. Esta vez ya me gustó mucho más su leche, no sé qué pasó pero me volví loca de sensibilidad al tragármela. Finalmente nos dimos más besos y me dejó en casa.

    A partir de ese día fuimos haciéndonos cada vez más adictos el uno al otro, yo a darme el gustazo de poder disfrutar así del sexo con mi novio y él de que cada día fuera mejorando mi técnica para darnos el lote amoroso.

    El caso es que a los 3 meses de comenzar, le dijeron que lo iban a trasladar a un pueblecito en el sur de Italia porque necesitaban a alguien con su experiencia y que hablase inglés perfectamente. Así que decidí irme a vivir con él a Italia. Todo fue bastante raro y difícil al principio en la comunicación, además era un pueblo pequeño donde todos y todas te conocen pero lo único importante para mí era que Sam estaba conmigo y por fin podíamos dormir juntos y vivir como una pareja.

    Tengo un poco de temor porque aquí las chicas he visto que son como muy tradicionales y encima ven a mi Sam como alguien que les interesa. Yo hago de buena ama de casa tradicional, me gusta ser así, y lo espero con devoción cada día para tratarlo como se merece, con todo mi amor.

    Y por la noche cuando nos vamos a la cama me desnudo y me pongo unas bragas blancas de algodón, las clásicas, porque me contó que a él le excitan para el sexo oral, ya que el resto de chicas se ponen ese tipo de braga clásica de algodón cuando tienen la regla, es decir, la semana de las mamadas, y solo vérmelas puestas ya noto cómo se pone duro. A veces también me pongo unas de color rosa infantiles porque dice que las chicas primero comienzan haciendo muchas mamadas antes de tener su primera relación vaginal, y le recuerda a su adolescencia… Entonces me acerco a ayudarlo a desvestir y se sienta en la cama, yo me arrodillo para quitarle los pantalones, los boxers y los calcetines, y después le gusta que comience a hacerle el amor así arrodillada un ratito.

    Cuando está bien excitado me dice:

    – Cariño ven a la cama que estoy muy cansado. Necesito relajarme para dormir,

    – Sí mi cielo, acuéstate y tápate bien que te voy a hacer una buena mamada para que te corras a gusto y te quedes dormidito.

    Entonces me meto yo también en la cama, apago la luz, comenzamos a besarnos de forma apasionada mientras sigo pajeándolo suave y cuando la noto muy dura, me deslizo por la cama hasta su polla para hacerle el amor como más nos gusta, él me acaricia los pezones y sé que se va a correr porque comienza a apretármelos más fuerte. Ahora sí que consigo que se corra a gusto, dándome toda su leche templadita y continúo mamándolo despacito como sé que le gusta para quedarse dormidito.

    Él es viajante de una buena empresa y gana lo suficiente para los dos, y durante el día como solía estar trabajando fuera de casa pues me gusta leer relatos que me hagan sentir cosas dulces y estremecedoras, me gusta ver vídeos, y también escribir relatos buscando la fantasía de los chicos y las chicas. Y así paso unas mañanas muy sabrositas.

    Aunque desde hace muchos años yo estaba desconcertada y deprimida porque todos los vídeos o la mayoría de los que hay en los sitios de porno, el chico solo disfruta un ratito del sexo oral y seguidamente ya van a poner a la chica en cuatro y a tener sexo anal con ella, es lo más común, todo se reduce a tener sexo anal con la chica y después correrse en su boca o en su cara. Pareciera que solo quieren tener sexo anal. Y eso me puso siempre muy triste por mi imposibilidad. Aunque hablé y me escribí con muchos chicos y chicas que me hicieron ver que eso no es siempre así.

    También me escriben muchas chicas de otros países preguntándome cosas, pidiéndome consejos, etc.

    Con respecto a cómo me satisface, pues es bastante distinto a la mayoría de las mujeres. Pero si algo sabemos hoy en día es que existen diferencias abismales sobre cómo disfruta cada persona de su sexualidad, hay de todo. Absolutamente de todo. Incluso hay trastornos cognitivos y sensoriales que hacen que algunas personas obtengan placer cuando obtienen dolor físico, como las de BDSM, etc., imaginémonos si hay de todo…

    En mi caso es poco habitual, al carecer de canal vaginal y clítoris, las sensaciones placenteras son otras. Ni mejor ni peor, solo otras distintas. En mi caso me gusta muchísimo que Sam me acaricie los pechos, que los bese, que me los chupe suave y después fuerte, incluso que me apriete los pezones fuerte cuando consigo lo más parecido a un orgasmo femenino. Me encanta que me bese el cuerpo, que me haga caricias y masajes por la espalda, el cuello, las piernas, todo es sensitivo y maravilloso para mí, solo que sin llegar al prototípico orgasmo femenino. Pero a mí, mi sexualidad me encanta.

    Me ha lamido y chupado muchas veces ahí abajo, pero al carecer de clítoris (solo hay un orificio por el que sale el pis, pero repito que no es una enfermedad solo una disfunción física, nada más) no se siente tan rico como cuando pasa su lengua por mi ano mientras acaricia otras partes de mi cuerpo, por ejemplo mis pechos, hummmm

    El sexo anal no me gusta. Además por mi problema congénito es prácticamente imposible. Sencillamente no es algo que me guste e intentamos evitarlo. Ya digo, algunas veces cuando mi chico estaba muy excitado, me he lubricado bien y sí lo hemos hecho con muchísimo dolor, y por eso no me fascina…

    Mi pasión es hacerle sexo oral rico, muy rico, muy muy rico a Sam, mi chico.

    Es la postura con la que más consigo excitarme, me calienta todo el cuerpo de forma salvaje, y cuando mi chico se corre, buffff, me vuelvo loca gozando!!! Y él también disfruta mucho porque sé exactamente cómo le gusta a los hombres, cómo obtener más placer.

    Ya que es mi culmen sexual, lo que más ansío, lo que más me gusta, he aprendido a chupar como una diosa, mis mamadas son para hacerlo llegar cerquita del cielo, sé como mamar despacito, cómo subir a besarlo de la forma más lasciva mientras sigo masturbándolo, como chupar suave cuando se corre, cómo no dejar de mamarlo suave hasta que su polla se ha quedado pequeñita, y sé que le gusta quedarse dormidito después de correrse a gusto…

    Son sencillamente gustos personales, y a mí me encanta.

    Sobre el sexo oral apenas conozco a chicas que no nos encante y disfrutemos mucho cuando hacemos una buena mamada. No tengo tantas amigas como quisiera pero las poquitas que tengo sí disfrutan mucho, tanto antes del sexo convencional como en «la semana de las mamadas» que es cuando les baja la regla y esa semana no tienen coito pero sí hacen el amor con sus chicos y todas tienen más o menos la misma estrategia en la sensualidad:

    Esa semana esperan a que sus parejas estén ya en la cama y entonces cuando salen del baño para ir a acostarse se quitan el sujetador para mostrarles los pechos pero se dejan las braguitas puestas, ya que llevan salva-slip pegado en la braga, y cuando un chico ve a su chica en esa forma entrando en la cama ya sabe que esa noche van a hacer el amor solo con una mamada porque ella muestra sus agujeritos tapados con la braguita.

    Entonces comienzan a besarse y ellas les suelen susurrar: tengo la regla pero quiero hacerte el amor (eso mientras ellas les acarician sus pollas) y seguidamente comienzan a bajar para hacerles el amor de una forma increíblemente excitante, todas dicen lo mismo, al menos las que yo conozco.

    Y se toman la lechita calentita antes de apagar la luz y dormirse: orgasmo rico para él y biberón llenito para ella.

    Soy especial y no todo el mundo puede decir lo mismo, yo sé lo que le gusta a mi chico, sé cómo le gusta hasta el final, hasta que se queda chiquitita en mi boca y dormidito es maravilloso.

    Pero siendo honesta, soy muy feliz con el sexo oral. Solo tenía un poco de miedo por si Sam echaba de menos tener relaciones vaginales.

    Aunque hacía tiempo que me decía que él era feliz así, con nuestra forma de hacer el amor y querernos, pero yo le quería sacar qué era lo que echaba de menos del sexo tradicional.

    Después de mucho insistir un día me dijo que para él era todo muy sabroso pero lo único que sí echaba de menos era besarme mientras hacíamos el amor y tener sus orgasmos mientras me besaba.

    Es decir, cuando hacía el amor vaginalmente con una chica podía besarla mientras follaban y que justo cuando se iba a correr, le metía la lengua en la boca y se corría besándola.

    Claro, yo me puse muy triste porque con el sexo oral eso no es posible…

    Él me dijo que no había ningún problema, que eso ya lo había hecho muchas veces en su vida con otras parejas, y que era solo una especie de fantasía.

    Y fue pasando el tiempo y se acercaba el verano, ya hacía meses que teníamos reservado un hotel en las playas de Sicilia para celebrar su cumpleaños de viernes a lunes. Pero resultó que mi prima Anita que tiene 5 años menos que yo y vive en España, vino a visitarnos por primera vez a Italia justo en esa época.

    Ella es un amor de chica, muy colaborativa, abnegada y obediente en todo, y genéticamente también sufre el mismo síndrome de Rokitanski, sin vagina ni clítoris, ya que solo ella y yo heredamos esa disfunción orgánica.

    Tiene una talla más de pecho que yo pero es porque está un poquitín más gordita, que quede claro.

    Ella llegó y pasó esa semana en nuestra piso que es muy pequeñito, y como ella dormía en la cama somier de al lado, no pudimos hacer el amor mi chico y yo. Él se ponía malito, pobre, pero incluso ella sabía que yo por fin podía tener relaciones sexuales gracias a mi Sam, y que todas eran con sexo oral porque como las dos sufrimos rokitanski severo, siempre hemos compartido todas las cosas que nos pasaban.

    Llegó el viernes y nos fuimos a Sicilia, al llegar al hotel nos dijeron que al ser temporada alta y no haber reservado para una persona más, no había más habitaciones ni camas supletorias. Entonces como era la cama Suite matrimonial, dijimos que ella dormiría con nosotros sin problemas.

    Fuimos a la playa y la disfrutamos mucho dándole besitos a dúo en la cara a Sam, como agradecimiento por esas vacaciones tan bonitas.

    Volvimos, nos pusimos guapas y Sam nos llevó a cenar a un sitio maravilloso con lo cual seguimos dándole besitos a dúo aunque yo le di alguno de verdad en sus labios.

    Después de esa cena deliciosa y de lujo fuimos a tomar algo en la rivera con música en directo, precioso y volvimos a darle besitos a dúo y yo a darle más besos de verdad, a lo que me susurró:

    – No sigas besándome por favor, que llevamos 5 días sin hacer el amor y ya empiezo a tener las bolas azules…

    – Ay mi cielo, discúlpame, con todo lo de Anita ha sido imposible, pobrecito…

    Total, que volvimos al hotel y nos fuimos desvistiendo para irnos a dormir.

    Mi pobre Sam se puso de pie a leer el móvil y Anita se agachó a buscar su pijamita en su maleta.

    Abrió la tapa y al tirar de uno de los elásticos se soltó de golpe y su brazo salió disparado hacia Sam, con tan mala suerte que le dio con el codo en los testículos a mi chico.

    Él cayó en la cama con mucho dolor, le comenzaron a caer lágrimas por la cara. Anita se puso muy nerviosa y yo también.

    Él bufaba de dolor y no podía casi ni hablar y murmuraba sollozando muy bajito, resoplando. Yo le dije que no le escuchaba y él de rabia gritó:

    – Que encima tengo los güevos llenos desde hace una semana!!!

    – Ay, perdona mi cielo, ha sido culpa mía.

    Le seguí pidiendo perdón, pero no quería saber nada, con semejante dolor…

    Anita también le pedía una y otra vez perdón, pero nada, el pobrecito estaba dando girones en la cama y nosotras sentadas en la cama sin saber qué hacer…

    Pasamos unos minutos muy angustiosos y cuando pudo tomar aliento y hablar algo, nos dijo que lo dejáramos un rato en esa posición.

    Al cabo de unos 10 minutos dejó de toser y retorcerse, y nos dijo que a ver si pudiera quedarse dormido porque no podía ni casi moverse del dolor.

    Anita se metió también en la cama y sollozaba hecha un ovillo en la cama.

    Decía que toda la culpa era de ella, pero yo le decía que la culpa también era mía por no hacerle el amor en toda la semana, a lo que Anita todavía se sentía peor porque decía que la culpa volvía a ser de ella doblemente, ya que al estar ella esa semana en casa no habíamos podido hacer el amor porque dormía a nuestro lado, y por eso tenía los güevos llenos, y que lo sentía mucho, muchísimo, que ella sabía que hay necesidades en una pareja y que ella no quería interponerse más.

    Sam comenzó a hablar y me dijo que tenía los testículos muy doloridos e hinchados, y entonces le dije que iba a mirar. Le quité el short y efectivamente los tenía inmensos y de color rojo violáceo.

    Los observaba con cuidado y comencé a tocarle también su hermosa polla.

    Entonces Anita miró preocupada y a la vez fascinada y le dije:

    – Pobrecito, tiene los testículos casi morados… Acércate, tranquila no pasa nada por verlo desnudo, ¿verdad amor? (Él asintió y murmuró):

    – Es que los tengo a reventar…

    Entonces miré a Anita y parecía decirme todo con su mirada triste, casi suplicante.

    Me metí en la cama entre los dos, comencé a darle besitos a mi chico y noté que su polla comenzaba a crecer, se reincorporó un poco y me dijo:

    – Cariño, hoy más que nunca necesito hacer el amor y correrme a gusto, pero está Anita en la cama, justo pegada a ti…

    Y ella respondió:

    – No por favor, ya dije que no me iba a interponer más en vuestras necesidades, y encima te he dado un golpe horrible en los güevos, todo ha sido culpa mía… Necesito que te alivies Sam, así que por favor, por favor os ruego que hagáis el amor todas las veces que necesitéis, olvidaos de mí, me siento fatal, horrible…

    Entonces él se acostó y siguió besándome, al cabo de un rato cuando ya tenía una erección impresionante le dije que le iba a hacer una mamada con todo mi amor pero que no se aguantase nada y se corriera a gusto.

    Pero entonces Sam me dijo:

    – Cariño es que me duele mucho toda la zona, hasta el estómago, y siendo así me va a costar mucho correrme.

    – No te preocupes cielo, yo te hago el amor con toda mi pasión todo el tiempo que haga falta, y cuando te vengan las ganas, alíviate y córrete todo lo a gusto que puedas.

    Entonces enfrentados de lado en la cama como estábamos, me deslicé por la cama hasta su polla y comencé a mamarlo suave y lentamente mientras le hacía el efecto émbolo con mi mano, como más le gusta, pero me miró y me dijo que tuviera cuidado porque le dolían mucho sus güevos.

    Al bajar yo a hacerle el amor, la cara de Anita quedaba ahora justo enfrente de la de Sam, y se acercó más para ver cómo le estaba haciendo yo la mamada, observando cómo sudaba y qué sentía a través de su cara, por lo que exclamó: pobrecito mío…

    En ese momento Sam abrió los ojos y le preguntó a Anita ¿No te importa que mi chica me haga el amor pegada a ti?

    Y ella le respondió, para nada, todo lo contrario, que le hacía feliz y que si podía ser de ayuda en lo que fuera necesario solo teníamos que decírselo.

    Lo recuerdo como si fuera hoy, entonces yo me levanté y le dije: quizás sí puedes ayudar, Anita. Y ella dijo que lo haría encantada, que además se sentía tan culpable…

    Entonces me sinceré y le dije:

    – Hay algo que a mi chico le gusta y excita mucho pero que yo nunca había podido hacerle, y es besarlo mientras le hago el amor. ¿Crees que podrías besarlo mientras yo le hacía el amor?

    Y ella puso una cara de felicidad y dijo:

    – Por supuesto, lo hago encantadísima, además él es tan bueno siempre conmigo que cualquier cosa es poco…

    Así que yo bajé a hacerle la mamada y ella comenzó a besarlo y ahí sentí que su polla se ponía más dura.

    Él se separó y le dijo:

    – ¿Te puedo besar como la beso a ella, más profundo y metiéndote más la lengua?

    – Por supuesto. Yo no sé si sabré hacerlo, pero tú guíame y bésame como te sientas bien para correrte a gusto, como dice Analía…

    – Perfecto Anita, cuando notes que me voy a correr, méteme tu lengua hasta el fondo de la boca.

    – Por supuesto, así lo haré.

    Al poco tiempo él se separó y le preguntó si podía tocarle las tetas mientras la besaba.

    Ella no respondió, yo miré hacia arriba y vi como se quitaba el sujetador y con mirada todavía culpable, le cogía las manos a Sam y se las llevaba a sus pechos. Y se volvió a meter su lengua en la boca, y yo su polla en la mía.

    Yo estaba tan excitada como pocas veces, sentía cosas maravillosas porque después de todo, le estábamos haciendo sentir sensaciones placenteras a dúo, y sentía que Anita estaba sintiendo algo similar.

    A veces Sam bajaba su mano por mi espalda y después por la espalda de Anita y se excitaba mucho, por eso Anita le preguntó y él le dijo que le excitaba tocarnos el culito y comprobar que llevábamos puestas las bragas de algodón las dos, porque así sabía que podía relajarse ya que nos tenía a las dos siendo conscientes de que solo le íbamos a hacer mamadas, y así podía correrse más a gusto.

    Y recuerdo que mi chico incluso le dijo:

    – Me excita mucho apretarle los pezones a Analía cuando me quiero correr ¿me dejarías apretártelos fuerte?

    Yo creí que ella no cedería, pero lo miró con ternura y le dijo:

    – Me excita mucho lo que estamos haciendo, apriétame las tetitas como tú quieras…

    – Pero Anita, ¿estás segura? Porque justo cuando me vaya a correr cuando Analía me esté sacando la leche me gustaría pellizcártelos muy muy fuerte, haciéndote daño.

    – Si te gusta así, pellízcamelos muy fuerte, hazme daño para que puedas correrte a gusto, yo te provoqué muchísimo dolor, así que apriétamelos todo lo que quieras…

    Mi angelito estaba en un círculo de sensaciones placenteras, yo le estaba mamando la polla mientras con mi mano derecha le hacía el efecto émbolo y mi mano izquierda le acariciaba las nalgas, y Anita le besaba grande y metía la lengua en su boca mientras le acariciaba el pelo.

    Y además nos sentía gemir a las dos porque con su mano derecha me retorcía una teta a mí y con su izquierda retorcía fuerte el pezón de Anita.

    Y todo eso ya fue el culmen…

    Comencé a escuchar su grito seco y apagado por tener su lengua dentro de la boca de Anita, y disfrutar de cómo conseguimos entre las dos que se estremeciera tan a gusto, recuerdo que se corrió como nunca lo había hecho.

    A pesar de estar muy acostumbrada, me costó tragarme todo su yogurt de vida, pero seguimos mamándolo y besándolo hasta que se quedó prácticamente dormido.

    Subí a darle las gracias a Anita y me dijo que era lo menos que podía hacer por nosotros, pero que en realidad estaba muy agradecida por las sensaciones aprendidas y recibidas esa noche.

    Al día siguiente nos levantamos y fuimos a desayunar todavía un poco consternados pero felices. Anita estaba toda preocupada por si le seguían doliendo los güevos a mi angelito, a lo que él le dijo que todavía un poco sí. El caso es que estaba lloviendo de forma torrencial, y habíamos venido a la playa lo cual era un blufff total, porque allí es un pueblito en el que no había nada que hacer cambiando el clima de forma abrupta y con 2 días seguidos de lluvias torrenciales, justo los días que íbamos a estar nosotros. Era horrible ese clima…

    Y lo más triste, encima era su cumpleaños.

    Volvimos a la habitación sin nada qué hacer y entonces Anita le preguntó si le había gustado hacer el amor así, a lo que mi angelito Sam le dijo que sí, que le encantó, y ella le respondió algo así como «me alegra mucho saber que al menos pude ayudaros».

    Yo le dije:

    – Ayer se notaba que estabas muy cargadito, cariño, me diste un biberón entero jijiji pero ¿te gustó así como lo hicimos?

    Y él me respondió:

    – Mucho, pero todavía me duelen, aún los tengo bastante cargados, cielo… Aunque he de decir que de quien estoy enamorado es de ti Analía, a ti es a quien dedico mis sueños, mis besos, mis labios. Por eso es que me hubiera gustado más besarte con todo mi amor a ti mientras me corría a gusto…

    Me acerqué a Anita, le susurré al oído mis ideas y ella me miró con ternura, picaresca y amor y me dijo: ¡por supuesto!

    Entonces nos acercamos más a mi angelito y le dije:

    – Cariño, ya que va a estar lloviendo sin parar y es el día de tu cumpleaños, voy a darte mi regalo: Anita y yo queremos hacerte un regalo conjunto, nos vamos a quedar hoy y mañana en la cama y vamos a hacerte todas las mamadas que quieras y como más te gusten.

    Se puso contentísimo y me agradeció muchísimo el regalo, bueno, a las dos aunque más a mí, claro. Y como me lo había pedido, en la siguiente mamada le enseñé a Anita a hacérsela como a él le gustan, aunque me decía que ella no sabía hacerlo bien, claro, yo soy la número uno, pero disfrutó muchísimo!!!

    Ahora era la propia Anita la que le pedía que le apretase fuerte los pezones mientras le hacía las mamadas. Ella pensaba que no conseguía que se corriera tan rápido por apretármelos a mí, pero mi chico prefiere apretarle los pezones a la chica que estaba besando no tanto a la que le hacía el amor oralmente en ese momento. Pero él se las ingenió para apretarnos los pezones fuerte a la vez a las dos para correrse a gusto, disfrutando mucho de cada orgasmo.

    Ocho mamadas en total, le hicimos 4 mamadas ese sábado y 3 el domingo, más la del viernes por la noche.

    Dijo que incluso mereció la pena el golpe en los testículos.

    Después volvimos a nuestro pueblo italiano y antes de irse Anita quiso agradecerle la hospitalidad con 2 mamadas conjuntas más, aunque yo ya no quería porque una cosa es un regalo y otra que me intente quitar el novio, me puse celosa y no hubo más sexo conjunto. Pero fue muy excitante disfrutar así ese fin de semana.

    ADENDA:

    Todo esto ocurrió justo el verano de 2019, antes de la pandemia por Covid. Pero este año todo volvió a la normalidad turística. Y por ello nos volverá a visitar mi prima Anita.

    Me llamó el martes para confirmarme que venía mañana domingo y que esta vez se quedará una semana. Estuvimos charlando sobre cómo va la situación en la familia porque nos gusta cuidarnos mucho, y me dijo que cuidase mucho a mi chico, ella lo llama El Toro porque dice que yo soy como una ternerita que va cada noche a tomar su leche directa de su Torito.

    Y me dijo:

    Dile a Sam que este año no es necesario darle ningún golpe en sus partes, que el tándem es voluntario durante mis vacaciones, que he pensado mucho en vosotros y todo lo que me hicisteis sentir…

    Resulta que allá en España no consiguió congeniar con ningún chico. No consigue que le guste ningún hombre, ni siquiera en el trabajo porque son todo chicas, y que un día se fue a un sex-shop y compró un pene de goma con depósito. No tenía ninguno porque nosotras con Rokitansky no podemos utilizarlos…

    Resulta que leyó que mezclando leche de vaca, con licor de Acacia Dealbata para darle sabor a almizcle, y gelatina líquida para darle consistencia y densidad, se consigue una mezcla parecida al semen, así que lo calienta un poquito y antes de dormir, rellena el depósito del consolador para irse a la cama e imaginar que está haciendo sexo oral, su obsesión ahora, y que practica mucho para tener mejor técnica mamando, y mientras se aprieta ella misma los pezones para sentir más excitación, y cuando quiere quedarse dormidita, aprieta el depósito y se llena la boquita de leche, se la toma y así se queda dormidita hasta el día siguiente.

    Se ha acostumbrado a seguir mamando hasta no dejar ni una gotita porque si no lo hacía así, el consolador por la noche perdía líquido y le mojaba la almohada, que es donde lo deja porque le gusta sentirlo cerca de su cara ya que a veces se despierta a media noche y vuelve a mamarlo otra vez para dormirse. Muy parecido a nosotros.

    Y que incluso se compró un gel de labios (y me trae 2 de regalo para mí) con sabor a fresa que es muy lubricante y pringosito, y que sirve para besar muy baboso, como sabe que le gusta a mi chico mientras la otra le hace el amor mamando su polla, y me preguntó si me parecía ok, a lo que yo le dije que sí, que solo con ella porque además ya habíamos hecho sus fantasías, pero que mi chico es mío y solo mío.

    Así que el martes se lo dije a mi chico por la noche y se excitó muchísimo, no dejaba de besarme y me dijo que íbamos a hacer el amor muy rico esa noche pero que ya no lo haríamos más hasta el domingo porque tenía que reservar sus manantiales, que iba a venir una semana muy dura de ordeño con 2 terneritas, y tengo que reconocer que a veces me da un poco de celos compartirlo aunque sé que no son reales porque nadie lo va a tratar como lo trato yo.

    Así que ya reservó la semana que viene para tomarse unas vacaciones en el trabajo para poder disfrutar a gusto y no tener que madrugar, porque en diciembre compró una cama de 2×2 metros así que este año podremos hacer el amor y quedarnos dormiditos incluso sin sacarme su polla de la boquita, y estar los 3 durmiendo cómodos y espaciosos.

    Y por la mañana tengo planeado prepararle el desayuno y llevárselo a la cama y quedarme mirándolo con amor, y cuando acabe decirle «cariño has desayunado rico y tienes la barriguita llena pero yo no he desayunado así que te voy a hacer una buena mamada para que te descargues a gusto, y así pueda yo también desayunar directamente en la cama».

    Le encantan este tipo de cosas.

    En todo caso, mi chico está encantado con lo que va a disfrutar la semana que viene. No solo con Anita sino también conmigo, es decir, con el amor conjunto y sistemático de 3 personas disfrutando del amor que dios y la naturaleza nos permite dar, recibir, ofrecer y paladear.

    Al escribirme varias chicas he decidido crear un correo para cualquier comentario, opinión o ayuda que necesitéis porque somos muy conscientes de la gran cantidad de dudas, depresiones y sufrimientos que estas disfunciones causan en determinadas mujeres, aunque también en los chicos, pues la pornografía ni resuelve ni da soluciones en estos casos.

    El email es: [email protected].

    Disculpad la extensión del texto, pero a las mujeres nos gusta recrearnos en los detalles.

    Muchas veces por no preguntar nos quedamos con dudas, sobre todo en circunstancias distintas, chicos distintos, por simple vergüenza, etc., así que no dudéis en escribirme o dejarme algún comentario que, aunque tarde, siempre contesto.