Categoría: Sin categoría

  • Vecina sumisa

    Vecina sumisa

    Suena el timbre y me dirijo a la puerta aparece Adris mi vecina, puntual como siempre, le pido que pase, ella se nota nerviosa pero bastante decidida. Avanzamos hasta mi recámara donde le pido que se dirija hacia el tocador.

    -párate frente al espejo y mira tu reflejo- le digo

    Ella lo hace con nervios, parándose al borde del tocador pero sin mirar el reflejo, un reflejo precioso de su cara adornada por esos lentes anchos que ella usa, sus labios gruesos y rosados que se notan tensos las mejillas totalmente sonrojadas que contrastan con su piel blanca. Parándome tras de ella la rodeo con mis brazos, que pasan casi sobre sus hombros, mis manos llegan hasta el primer botón de su blusa el cual desabotono, luego el segundo; alcanzó a mirar sus ya firmes pechos que se marcan sobre la blusa color blanco.

    -Has llegado sin brassiere, tal como te lo ordene- ella alza la mirada mirándome mientras se muerde el labio inferior suspirando.

    Apoyando mi palma sobre su espalda la inclinó hacia el tocador, puedo sentir el temblor de su cuerpo, mi otra mano baja hasta llegar a la caída de su falda y sin perder tiempo la alzo mirando unas panites blancas de algodón que recubren un culo respingón y muy bien torneado. Comienzo a bajarle las panties sin prisa, disfruto ver como se deslizan sobre ese hermoso par de nalgas, luego en sus muslos, con su piel totalmente erizada, hasta llegar a sus tobillos. Teniendo su culo al descubierto la nalgueo, una, dos y tres veces Adris gira la cabeza mirándome, soltando un gemido cada vez más fuerte en cada azote, tomó su barbilla y le ordenó que se hinque.

    Ella ahora está de rodillas frente a mí, me sacó mi verga totalmente dura apuntando hacia su cara que ahora está más sonrojada.

    -Cómeme la verga Adris.

    Mueve su mano pelando mi verga mientras engulle la mitad esforzándose con cada nueva mamada en meterla mas y mas, miro como las arrugas de su nariz se marcan, como la diadema que tiene en su cabello empieza a recorrer, la miro a los ojos a través de sus anteojos. Ella acelera el ritmo tratando de aguantar al máximo, su ansiedad es notoria así como la falta de experiencia aun así casi ha logrado comerla entera retirando la mano de mi tronco, la mantiene unos cuantos segundos dentro hasta que una arcada la obliga sacarla, Adris termina jadeando y con un hilo de líquido preseminal que llega hasta su boca.

    -Te gusta? – me pregunta con una voz tímida

    Sin contestarle la tomo nuevamente de la barbilla y una vez más la apoyó sobre el tocador, esta vez completamente recostada con su culito al aire, alzó su falda, observo como su boca se abre cuando me empiezo a abrir camino dentro de ella, empujando solo hasta donde su humedad me lo permita.

    Adris gira la cabeza jalando aire por la boca, le hago sentir mi mano sobre una de sus nalgas y la otra acariciando su espalda sobre su blusa. Aunque estamos solos ella aun trata de ahogar sus gemidos de gusto, ella apoya su cara sobre el dorso de su mano que está en el tocador, mientras la bombeo sin decir palabras, casi he entrado por completo. Tomó su pierna derecha y la alzó en el aire sin dejar de bombearla, ella instintivamente gira su tronco quedando su cara frente a mi.

    -Me gusta, se siente riquísimo- me dice con voz agitada, a la vez que lleva sus dedos a su clítoris y comienza a tocarlo suavemente

    -Yaaa!- fue la última palabra que escapa de su boca antes de que se separara de mi y un pequeño chorro transparente fluya de sus puchita.

    La noto agitada y algo débil, así que la dirijo hacia cama, Adris se posiciona sobre la orilla del colchón, empinando su culo al aire mientras su cabeza queda apoyada sobre la sabanas, la tomó de la cintura y sin piedad le hundo mi verga hasta el fondo, sus gemidos ahora son mas fuerte, ya no hace ningún esfuerzo por ahogarlos mientras la penetro y observo como sus lentes ya han caído sobre el colchón y su diadema apenas se sostiene de su cabello, esta vez es a mi a quien invade la lujuria y empiezo a embestirla con más fuerza tomando uno de sus brazos para ponerlo en su espalda inmovilizando haciendo que ella cierre los ojos con fuerza emitiendo un alarido que resuena en la habitación, estoy a punto de venirme pero me controlo deteniéndome y saliéndome.

    Me he tomado un momento y vuelvo a penetrar en la misma posición, con bombeos lentos llevo mi mano hasta su boca metiendo un dedo entre sus labios.

    -Tus alaridos me enloquecen pequeña puta- ella responde succionando la punta de mi dedo mientras me detengo hundiendo mi verga al fondo.

    La tomo por las caderas para girarla, ahora recostada boca arriba, es muy flexible en sus caderas así que abro sus piernas con fuerza mientras mi glande resbala entre sus labios totalmente empapados, me muevo lentamente pero ahora ella lleva sus dedos a su clítoris y una vez mas comienza a acariciarlo mientras la penetro, mueve su mano de un lado a otro al ritmo de mis embestidas hasta que comienzo a sentir sus contracciones, sin perder tiempo me detengo y quitando su mano ahora soy yo quien la acaricia con extrema rapidez hasta que explota en un orgasmo con fluido más abundante que el anterior manchando gran parte de su falda. Mientras ella agitada jalaba aire por la boca puse mi dedo índice y medio en su boca.

    -Saborea tu néctar putita hermosa- pasaba las yemas de los dedos sobre su lengua mientras agitada trataba de chuparlos.

    Me recosté al lado de ella y la tome del brazo para que se recostara encima de mí, su cara estaba totalmente enrojecida, su respiración apenas se estaba normalizando cuando empecé a acomodar mi verga frente su entrada.

    -Estoy muy sensible- me susurro ella

    -Sensible y ganosa por lo que siento culoncita hermosa

    Cuando mi glande separó los labios vaginales comencé a penetrarla, esta vez mi verga resbalaba con más facilidad pero las contracciones por dentro eran más intensas, tomándola de las nalgas comenzamos a movernos, azote su nalga con más fuerza haciendo que ella gritara con cada palmada.

    -¡más, más! ¡asi mas mas papi!- gritaba Adris

    No pude aguantar mas y explote dentro de ella sin avisarle, mi corrida fue tan intensa que ella se aferró a mi en un abrazo alrededor de mi cuello, con cada descarga de leche Adris emitía un alarido de alivio y placer mientras se desplomaba sobre mi pecho al mismo tiempo que las contracciones sobre mi verga expulsaba líquido que escurría hasta mis huevos, mirándonos nos besamos rozando lentamente nuestros labios hasta que totalmente relajados y sin decir una palabra nos quedamos dormidos.

  • Querido diario mi virginidad es de mi papá (padre e hija)

    Querido diario mi virginidad es de mi papá (padre e hija)

    Releyendo mi diario íntimo hago una regresión al día en que entregue mi virginidad, por voluntad, a mi amado padre.

    07/09/1998, Querido diario ya con mis dieciocho años de edad ando con las hormonas revoloteadas, mi vagina se humedece y palpita, recurro como tantas veces a mi buena amiga masturbación.

    10/09/1988, querido diario, el sexo ya es recurrente en mi cabeza, papa no me deja tener novio ni salir por las noches, tengo un filito pero no hallamos el momento…

    15/09/1988, querido diario, rompí con mi “novio” de hecho papa tenía razón, el solo me quería para coger, ante mis negativas, por no ser el lugar, por no disponer del tiempo u otras circunstancias que no eran propicias, él se enojaba mucho. (yo quería que mi primera vez fuera mágica).

    16/09/1988, querido diario, ¡¡¡escritura de emergencia!!! no sé qué está pasando por mi cabeza, en una de mis “sesiones” mi imaginación me juega una pasada.

    Te cuento, luego de bañarme, anoche me acosté desnuda para poder masturbarme libremente, cerré con llave la puerta para evitar interrupciones y me dispuse a mi labor, lo loco vino al momento de comenzar a tocarme. Mi cabecita comenzó a imaginar una situación que nunca antes se había cruzado.

    Me alucine una noche de tormenta saliendo del baño caminado desnuda por el pasillo que lleva a mi habitación cuando de repente una figura se apersona frente a mi, justo que se corta la luz, me toma con sus fuertes brazos arrojándome contra la pared mete su mano en mi entrepierna, yo lejos de oponer resistencia me dejo llevar, siento mi vagina humedecerse al tiempo que mi respiración se agita, este “sin rostro” se da cuenta de mi actitud, se baja los pantalones me alza en vilo subiendo mis piernas a su cadera, enfila su pene a la entrada de mi vagina y comienza con una lenta penetración que me provoca un estrepitoso orgasmo.

    Vuelvo a la realidad y estoy en mi cama con dos dedos dentro de mi virginal vagina que estaba teniendo las habituales contracciones post paja.

    Confesión: como me hace falta mi ausente madre para que me guie, solo esta papa y mi hermana que viene muy de vez en cuando, pues estudia para Biólogo Marino en el Sur.

    Papa no creo me pueda ayudar, bueno, si me puede ayudar pero es improbable que quiera tener sexo con su hija, su princesa.

    28/08/1988, Querido diario, hace unos días papa esta raro, no lo veo bien, me estoy preocupando, anda taciturno, cabizbajo y meditabundo.

    01/09/1988, Querido diario, mi papa me está asustando, no es ni parecido al padre que tenía hace unos días atrás. Si hoy puedo voy a charlar con él, quiero ver si puedo ayudar en algo.

    02/09/1988, Querido diario, hoy estoy más que feliz, mi virginidad y no existe más. Te cuento, ya eran las 20:15 cuando decidí bañarme, al finalizar salí como es habitual, para mi cuarto, desnuda. Cuando de repente mi alucinación se hizo realidad, una sombra se apersono ante mí, esta vez con un rostro visible, era mi padre, quien me tomo con sus fuertes brazos y me alzo para apoyarme de espaldas contra la pared, automáticamente mis pierna se abrazaron a su cadera quedando nuestros sexos frente a frente, mi vagina destilaba liquido por doquier, su pene comenzó a progresar muy suavemente, un dolor recorrió mi intimidad, un grito escapo de mi garganta, papa se detuvo al instante. Al calmar un poco comencé a moverme y el empujo con fuerza, otra vez el dolor seguido del grito, pero ya mi virginidad estaba en su poder, se detuvo por unos instantes para continuar, con la suavidad que lo caracteriza en todo orden de la vida, el excitante bombeo que tanto placer me estaba brindando, no lo podía creer mi primer polvo, y con la persona que más amo en este mundo.

    Ese primer orgasmo no tardó en llegar, me mordí los labios y escucho su voz diciendo… que no lo reprima, basto solo eso para que empiece a gemir como loca y dejar escapar todo lo que se me venía en mente, el seguía bombeando vehementemente, más gemía más imprimía velocidad y dureza a sus embestidas. Luego de mi tercer orgasmo, se puso frenético, pensé que iba a terminar eyaculando dentro pero me equivoque, de repente ceso los movimientos, me abrazo más fuerte y en esa posición y con su pene dentro fue caminando hasta la cama, saco su pene dejándome ver los hilos sanguinolentos que recorrían su verga, que aunque no era grande como había visto en fotos o videos, me estaba dando un placer descomunal.

    El dolor había desaparecido totalmente transformado en placer, me puso en cuatro y poniéndose detrás de mi embistió nuevamente y bufando como un toro, eso me puso nuevamente a mil, sus huevos chocaban contra lo quedaba libre de mi concha, hasta me parecieron unos golpes contra el clítoris, no sé cuántas veces debo haber acabado, saco su verga del encierro y se masturbo para completar la tarea y descargar su semen en mi espalda, haciéndome sentir su tibieza cada vez que salía un chorro y descansaba sobre mi piel. Continuando la fantasía, así como tomo mi virginidad, se retiró sin pronunciar palabra.

    02/09/1988, Actualización del día, Querido diario, al fin perdí mi virginidad.

    03/09/1988, Querido diario, hoy hablamos al respecto con mi padre, cuando le pregunte como sabia el de mi fantasía y las ansias de sexo que tenía, me confesó que el todos los días te leía y no quiso que nadie quitara mi inocencia, pero sabía de mis necesidades como mujer, me pidió disculpas por que se sentía mal, que no tendría que haberse enterado de mis cosas por vos, que no supo ser buen padre y fue poco comunicativo. Le dije que no se haga problema, que si era el mejor padre que pude haber tenido y le agradecí el haberte leído. Aunque en mi interior estaba triste pues papa se enteró de cómo me masturbaba, la frecuencia y todos mis pensamientos “impuros”.

    25/11/1988, Querido diario, hace rato que no te cuento mis cosas, quiero que sepas cómo va la situación, aún seguimos haciendo el amor, aunque no dormimos juntos, cuando uno de los dos tiene deseos del otro, va a la respectiva cama para hacer el amor, ahora sin preocupaciones, nos cuidamos para prevenir embarazos, probé el sabor de su semen como el también probo mis descargas. Estamos hablando ahora de hacerlo por detrás, me viene preparando de a poco con sus dedos.

    28/11/1988. Querido diario, tome la decisión de contarle a mi hermana que ya tengo relaciones sexuales.

    30/11/1988. Querido diario, hoy le mande un mail a mi querida hermana contándole que deje de ser virgen, no con quien. Primero me felicito y me pidió que me cuidara y me hablo mucho de un montón de cosas relativas al sexo, debo cuidarte como hermana mayor, me dijo. Pero lo más extraño y que me descoloco, fue su despedida, escribió… bueno hermanita, nos vemos a mi regreso, sé que no me contaste ni te pregunte con quien había sido. Pero déjame que te diga algo, lo sé, fue con papa. Hasta pronto.

  • Mi primer trío bisexual (parte I)

    Mi primer trío bisexual (parte I)

    Sucedió hace unos 25 años, aún no llegábamos a los 40 años. Éramos un matrimonio singular por nuestro porte físico. Jugué básquetbol profesionalmente y ella practicó fisiculturismo. Ambos teníamos arriba del 1.90 m de estatura y una complexión física gruesa, fuerte y envidiable. Ella es un par de años mayor, fue mi jefa de trabajo, y lo nuestro comenzó durante aquellos días.

    Viajábamos mucho, conocimos muchos lugares y culturas. Durante unas vacaciones, fuimos nos invitaron a conocer una playa para practicar nudismo. A ella le pareció fantástico, pues teníamos cuerpos hermosos y nos gustaba exhibirnos un poco. La idea me puso nervioso. En realidad, yo estaba claro que mi cuerpo no era del todo formidable. Había un detalle pequeño, mi miembro viril no corresponde a la envergadura del resto de mi cuerpo.

    Por esas suertes de la vida, durante mi desarrollo hubo alguna afectación hormonal y la glándula de crecimiento. Mi cuerpo crecía mucho en estatura y corpulencia mientras que no me crecían vellos como a mis amigos de la misma edad. Mis miembros íntimos tampoco crecieron, quedaron pequeños. Mi pene flácido mide como 5 cm y erecto solo 11 cm. Mi mujer nunca hizo algún comentario negativo, siempre lo tomó como parte de nuestra relación íntima y usamos mucho juego previo y no necesariamente llegar a la penetración estrictamente.

    Ella insistió para ir a dicha playa y acordamos ir, pero alejarnos lo más posible de las otras personas y bañarnos en el mar para que el agua cubriera mi pequeña parte. La verdad es que la pasé mal, no fue cómodo y solo estuvimos en la playa unas 3 horas. En nuestra relación, no sucedió nada, pero en ella sucedió algo después de la experiencia. Me confesó, que al ver otros hombres desnudos, había causado en ella cierta excitación. Lo encontré normal y se sorprendió al ver ni naturalidad en el tema, pues pensó que me enojaría. Entramos en detalles, y por algún tiempo, utilizábamos esos recuerdos para comenzar nuestros encuentros sexuales. Comenzó a fantasear con imaginar un hombre desnudo con su pene erecto y muy cerca de ella, y que yo solo notaba cómo le excitaba verlo. Debo comentar, que de vez en cuando practicábamos sexo anal y lo disfrutábamos mucho, pero para aquellos días, sucedió una fijación en el tema y ella comenzó también a disfrutar hacerme masajes prostáticos. Los disfrutábamos mucho.

    Más o menos un año después de la visita a la playa, conocí a un joven jugador de básquetbol que ya rozaba los 2 metros de estatura, que llegó a jugar en el mismo equipo dónde yo aún jugaba y estaba por retirarme. Este joven tenía unos 22 años y jugaba como centro en el equipo. Yo no jugaba esa posición, pero lo sé hacer, y como era el más experimentado del equipo, él ponía mucha atención a mis movimientos. Durante los partidos, nos lográbamos entender muy bien, ganábamos muchos rebotes y el equipo se beneficiaba de nuestra conexión deportiva. Todos comenzaban a bromear que era mi aprendiz, y nos sentíamos cómodos con las bromas. Debo confesar, que mientras nos duchábamos, mi ojos se escapaban de vez en cuando a dar un vistazo mientras él estaba desnudo. Contrario a mí, él sí tenía un miembro de titán. Con algo de vergüenza, se lo comenté a mi mujer, y se convirtió parte de nuestras fantasías. Mi mujer imaginaba que él llegaba a la casa y le invitábamos a nuestra habitación, le desnudábamos y participaba pasivamente mientras nosotros teníamos relaciones sexuales. Llegué a confesarle a mi mujer, que si ella quería probar de verdad tener relaciones sexuales con otro hombre para probar un pene diferente y más grande que el mío, que estaba abierto a esa posibilidad. Ella abrió los ojos, lo negó unos segundos, pero después me dijo que sí, que sí quería hacerlo para probar al menos una vez.

    Con el tiempo, noté más afinidad con mi joven compañero de equipo. Noté que nunca se negaba a mis invitaciones a salir con otros compañeros hasta que me atreví a preguntarle, si íbamos a un bar. Aceptó muy animado.

    Hicimos plan con mi mujer. Ella llegaría al bar con ropa sugerente, cuando él y yo ya estuviéramos cómodos para hacerle la propuesta de hacer un trío.

    Resumiré el tiempo en el bar. Antes que llegara mi mujer, con varios cócteles bebidos entramos a pláticas morbosas. Le conté que me había agradado verlo desnudo y mostré fotos de mi mujer. Sabía que era fácil que mi mujer llamara su atención, pues ella es realmente bella. Como escribí al principio, ella pasa el 1.90 m de altura, piel blanca, cabello negro y ondulado, labios rosados y carnosos, pechos talla 38, una mujer de gimnasio y fuerte (no fitness), piernas gruesas y musculosas y unas nalgas abultadas y duras. Sabía que con las fotos de ella que le mostré, su interés era grande.

    Antes que llegara mi esposa, me dijo algo que me sacudió. Nunca imaginé una propuesta tan clara ni su contenido. Me dijo que yo sí le atraía físicamente, y que quería ir a la cama conmigo, y eso me gustó, pero me asustó cuando detalló que él quería tener el rol de penetrarme y que sí podíamos jugar completamente nuestros cuerpos. Dudé, acepté, pero le expliqué que mi idea era de un trío que incluyera a mi mujer, y él también aceptó.

    A la hora que mi señora llegó, no sabía que nosotros dos ya habíamos arreglado el encuentro, así que no necesitó explicar ni proponer nada. Mi mujer también aceptó la propuesta de él, me tomó de la mano y me pidió que sí aceptara. Ella no sabía que yo ya había dado mi aceptación. Pagamos la cuenta y nos fuimos a casa…

  • Mi hermana me entrega la boca y la cola por la gerencia

    Mi hermana me entrega la boca y la cola por la gerencia

    Angela asoma medio cuerpo a través del ventanal del segundo piso. A grito pelado y puños en el aire intenta detener la gresca entre los peones de mi corralón. Pero su cuerpo midsize curvilíneo, siempre a un par de kilos del sobrepeso, lejos de atraer la calma, despierta instintos primarios e incita a la jauría.

    El chillido de mi hermana me exaspera más que los tumultos que generan media docena de ebrios bajo el sol del mediodía. El moscardón sobrevolando mi testa transpirada dispara la irritación; entonces, me abalanzó por detrás y sujeto a la mujer de la cintura, apartándola de la ventana. Harto del chirrido nasal, sujeto su boca con la palma de mi mano, un gemido se escapa entre los labios carnosos y rosados.

    Por inercia, por poco perdemos la vertical. Afortunadamente, logramos apoyarnos en una pared de la oficina; ahora estamos frente a frente, mi mano sobre su boca de labios irregulares que filtran respiración agitada: se infla su pecho. Es un instante, Angela mira entre asombrada y sumisa desde sus cuencas ensombrecidas como un mapache. Su mano llega a mi muñeca y entonces, despertamos del transe tentativo; quito la mano de su boca y me aparto. Dejalos solos, dejalos que se duermen un rato y después siguen trabajando de un tirón hasta el anochecer- susurro asqueado.

    Mi hermana ha vuelto a los pagos después de probar suerte en Capital. A lo largo de una década comenzó y abandonó carreras y puestos de trabajo varios; tuvo parejas que duraron lo que la displicencia en el trato permiten. Angela siempre fue una muñeca midsize, de rasgos redondeados y bien proporcionados. Su rostro de porcelana enmarcado por un flequillo castaño oscuro ha sido una herramienta de estabilización social ante la incapacidad de progresar en la vida. Es bonita y lo sabe, a los treinta y cinco juega con la inocencia y gracia sin dejar de morderse y torcer los labios, su arma de seducción más elaborada.

    Al principio no me convenció su vuelta al negocio familiar: simplemente no era justo que tras pelear solo durante una década para que el corralón llegue a ser el más importante de la zona sur de la provincia de Buenos Aires, Angela se apareciera de la nada con pretensiones de gerencia. La pelea fue intensa pero la sangre no llegó al río. Acordamos que ella sería mi secretaria personal hasta que se fuera impregnando del estilo de trabajo, lo cual nunca sucedería dado su carácter errático. Así que, ella en el vestíbulo y yo en la oficina de la gerencia, los dos nos repartimos el segundo piso del edificio. En el primero, quedó el sector administrativo y de ventas; en planta baja, el depósito. Treinta metros al este se levanta un tinglado cerrado del tamaño de una cancha de fútbol donde se resguarda los materiales sueltos y se producen riñas entre los peones.

    A pesar de que la mayoría del tiempo se la pasa haraganeando en la red, la presencia de Ángela es útil dado que le puedo encomendar llevar mi palabra a los pisos inferiores, evitando el contacto con la gente. En estos tiempos, el empresariado lleva a la misantropía… Por otro lado, la natural sensualidad de mi hermana afloja las negociaciones con los ocasionales gerentes que nos visitan. En la soledad del segundo piso, mi condición empeora al punto de pasarme horas observando las cámaras que cubren cada metro del complejo; ensañándome especialmente, con aquellas que siguen a Ángela.

    Una tarde, llame a mi secretaria por el teléfono interno. Nos sentamos escritorio por medio.

    -Mira Angela, es evidente que los empresarios que vienen hasta acá y hay que venir desde Capital, vienen por vos. Y está bien que coquetees con ellos porque es parte del proceso de negociación y creo que a tu modo te has vuelto importante en la empresa- mientras me acomodo en el sillón. Es decir, no digo que todo sea tu presencia, también hay otros avances , como el trato con el personal que yo rehusó llevar a cabo… pero en esencia tenes ángel y sos atractiva y eso hoy suma.

    -¿Entonces? – Angela dibujo asombro en su rostro, mi desdén hacia la humanidad también la alcanza a diario.

    -Vas a tener un aumento en tu participación monetaria del quince por ciento, pero vas a tener que aceptar algunos cambios y decisiones mías sobre vos.

    -”mías sobre vos”, la mujer apretó los labios y sacudió un hombro.

    -Voy a decidir sobre tu vestuario de acuerdo al día y el visitante

    -En eso no hay problema, asintió Angela. En el fondo, culposamente, le encantaba ser la muñeca de alguna figura semi paterna. -Pero solo en horarios laborales- acotó la muchacha.

    -Obvio y algo mas -fueron los dos minutos mas incomodos de mi vida, mi corazón latía como loco pero mis palabras no salían… Angela se mordió los labios intrigada. Tras cuatro intentos escupí- los viernes estarás a entera disposición mía, harás lo que te pida sin cuestionamientos, y a fin de año, seremos socios setenta-treinta.

    Angela intentó descifrar el mensaje con las pupilas oscuras e inmóviles. Sabía que el silencio me incomodaba, a la intemperie como me encontraba en aquella oficina. Jugó unos minutos con aquello para desestabilizar y ganar algo más.

    -Dame el cuarenta y no preguntare nada- retruco seco. Asentí con la cabeza. Nos dimos la mano incómodamente.- Mañana quiero cuero -susurre. Angela sonrió con picardía

    Apenas dormí y llegué temprano como para abrir el complejo. Una hora después distinguí a través de las cámaras a mi hermana subiendo por el ascensor. Para desconcierto ,vestía jeans y remera. «Empezamos mal», suspire ambiguo entre el alivio y el deseo trunco. Insulte al aire, era típico de Angela, ahora se haría la desentendida de lo acordado pero volvería con la parte de los elogios y remuneraciones. Entró a la oficina y me saludó con un beso en la mejilla.

    – Antes que nada hermanito, no me olvide lo pactado-, sonreí incómodo pero reconfortado como un niño malcriado. De la cartera sacó y desenrolló un paquete brilloso – calzas engomadas, ¿qué te parece? Me cambio y me decis- suspire aliviado y sonriente, entregado a mi enfermedad

    Angela vuelve encastrada en la prenda de cuerina y gira sobre sus pasos, ¡Sublime!

    -Toma, guárdame esto- arroja una braga blanca sobre el escritorio. Con la luz del ventanal, descubro el contorno de su vagina y el dibujo de dos médanos perfectos que traslucen sus nalgas firmes. Paso toda la jornada viendo a mi hermana a través de las cámaras, esperando el momento que abandone su puesto y camine el vestíbulo: por suerte, fueron muchas las oportunidades. Ensimismado en el olfateo de la braga no advierto la puerta entre abierta.

    Sos todo un kinky -Ángela susurra. Sorprendido, devuelvo la prenda al tiempo que acomodo mis pantalones.

    -Momento, parece que alguien está jugando- mi hermana muerde sus labios y con su mano fría agarra mi pene erecto. Las uñas rojas, el trayecto delicado del deslizamiento desmorona cualquier resistencia; mi mirada se concentra sobre la vagina encuerada; con una mano intento tocar pero es interceptada

    – ¡Quieto vaquero que hoy no le toca!

    ¿Y cuando me toca? -suspiro estremecido por el jugueteo de sus dedos sobre mi glande.

    -Será el viernes… ¿no quedamos así?- suspira Angela mientras se lleva un dedo a la boca.

    -Faltan tres días- susurro enrojecido

    -Tratos son tratos -responde . Me siento contrariado.

    – La bombachita ponetela en la boca- acoto casi chillando.

    Ángela se lleva el bollo a la boca y lo muerde. Mientras me masturba gime y me mira a la cara como quien observa un insecto. Por momentos hay algo de amorosidad, pero en seguida vuelve el desprecio. Por fin suspiro y acabo. La muchacha se limpia el enchastre con la braga. Sin mirar atrás, atraviesa la puerta y desaparece.

    Es viernes y literalmente hiervo de calentura, mis venas parecen explotar y salirse de la sien en cualquier momento. Angela entra a la oficina, la boquita roja, el pelo en la frente y una pollera de cuero demasiado larga, es como un solero bruñido.

    Me desprendo el pantalón -chupala -ordeno pero guiño el ojo más culposo que pícaro.

    -Si jefe, acota la mujer prensando la lengua con los dientes. Ángela se arrodilla a mi lado, siento su aroma frutal y el aliento fresco. Sus labios tocan superficie, suspiro. la muchacha cabecea y arrastra los labios a lo largo del pene. Por momentos juguetea con la lengua sobre el glande, hay besos y caricias en mis piernas, que me producen cosquillas. Los gemidos y las miradas nos movilizan mejor que cualquier otra cosa. Por fin, me desgracio y Angela absorbe el daño y luego escupe en una servilleta. Sale de la habitación, la incomodidad siempre es superada por el deseo.

    Faltan treinta minutos para el fin de la jornada y tras cuatro horas de lucha interna me decido y levanto el teléfono. Angela entra con mirada sumisa pero ambos sabemos que solo es juego y hace rato que ella es dueña de la situación. No hace falta ser muy listo: cuando finalmente me desmorone psicológicamente, ella asumirá el control de la empresa y mi suerte estará echada. Pero mientras tanto…

    Tomó la corbata y la ubico entre sus dientes y aprieto el nudo; sus comisuras se humedecen y así su vagina cuando meto mano. A pesar de la mordaza, entiendo su “súplica”: «solo por la cola». Ella se recuesta sobre el escritorio y baja sus bragas. Estoy recontra tieso y la penetro con dificultad. Angela, se queja, intenta dilatarse con los dedos y de a poco cede. Ahora todo es más cálido y rugoso, el placer es total. Con cada embestida, la mujer se desarma en gemidos. Las piernas se abren y estiran como una letra derretida. Después de un cuarto de hora, la mujer toma mi mano y la lleva a su vagina, enseguida meto dedos: humedad, más gemidos, las vibraciones corporales y la dureza aumentan. Cuando estoy a punto de terminar, saco el pene y vuelco el contenido sobre el cuello de Ángela, con una mano llevo semen a su boca, la lengua generosa agradece.

  • Jugando con mis amigos por un gran descuento

    Jugando con mis amigos por un gran descuento

    Hola nuevamente a todos mis lectores aquí su amiga Nina. Me gustaría comenzar dando un poco de contexto, cuando cumplí la mayoría de edad me desaté y realicé muchísimas locuras para explorar y disfrutar mi sexualidad, años después encontré a alguien que me apoya en todo y con el cual pude realizar muchas aventuras más, en un comienzo fue raro e incluso me daba miedo, después me volví a desatar y hacer de todo, ahora después de 14 años juntos seguimos divirtiéndonos juntos, pero ya de manera más consciente y responsable.

    Bueno ya entrando al punto y disculpándome por la introducción, pero era necesaria, cuando apenas teníamos unos 5 años de que nos juntamos ya habíamos realizado muchas cosas, tríos, conocer gente en algún bar o antro, acosarnos con mi primo, ser amante del jefe de mi marido, fingir ser una puta, entre otras, en fin un día, salimos a comer al centro de la ciudad, ya estando comiendo en uno de los locales nos encontramos a un antiguo amigo del bachiller un chico muy simpático que además como es el destino era amigo de ambos, nos vio y se acercó a la mesa, lo invitamos a que nos acompañara, el menciono que estaba hay con su hermano, que resulta ser también se llevaba muy bien con mi esposo, así que sin mayor problema también lo invito, ya estando comiendo los cuatro, salieron las típicas preguntas de a que se dedican, nuestro amigo de nombre Josué había seguido con el negocio de su padre de aluminio, ventanas, puertas, vidrios, todo eso, y su hermano de nombre Jesús había montado un negocio de tapicería de sillones, sillas y de más cosas similares, la plática y comida siguió, nos dieron sus números y nos fuimos cada quien por su lugar.

    Unos meses después nos surgió la necesidad de cambiar una puerta de la casa, por lo que buscamos a Josué para el trabajo, lo mensajeamos y concretamos una cita, el llego a la casa y comenzamos a platicar mientras sacaba las medidas, todo iba de lo más normal, hasta que en un punto de la plática el me menciono guau sigues igual de hermosa que cuando te conocí, sabés siempre me gustaste, quería que fueras mi novia, me sonroje un poco, y le sonreí. Le respondí si a mí también me gustabas, pero tu tenías novia, la plática siguió, al final me dijo bueno serian $5000 por la puerta, le dije dejame platicar con mi esposo y te llamamos, él me sonrió y muy descaradamente me dijo bueno que si es para ti te hago un descuento del 10%, a es muy poco, y si te doy un beso no lo puede subir a 20%, el respondió sin pensarlo, si quieres me lo pagas de otra forma y te sale gratis, me sonroje de nuevo y nos reímos, él me dijo tranquila es broma, si te descuento el 20% por nuestra amistad, y se fue la verdad es que no solo no me enojo si no que me gusto su propuesta, uno siempre bromea con pagar con cuerpo pero solo es eso un chiste.

    Cuando llego mi esposo le Conte todo, también le pareció gracioso, pero lo dejo pensando, ya en la cama el me dijo, bueno y tú lo arias, digo ya has hecho muchas cosas pero nunca algo así, me gire y lo bese, y le dije deja pensarlo.

    Llegando el fin de semana, fuimos a ver a Josué para pagarle y que comenzara el trabajo, al llegar lo saludamos y platicamos del trabajo, cuando estábamos viendo lo del anticipo fue mi esposo el que le dijo, no que iba a ser gratis, el se sonrojo y dijo como yo estaba jugando, pero mi esposo le dijo bueno no es que no te lo pueda pagar pero a ella si le gustó la idea, yo asentí con la cabeza, diciendo si, Josué insistía en pedir perdón, hasta que me canse y me acerque a el, le puse la mano en el pantalón y le dije tranquilo, ya no te disculpes nosotros lo platicamos y yo acepte, así que si tú quieres lo podemos hacer posible, el no l creía, así que para amarrar, lo tome de la cintura me acerque y le plante un beso, le metí mi lengua hasta el fondo, Josué ya no se aguantó más y me respondió el beso, comenzó a jugar con sus manos por mi espalda, yo las baje hasta que llegaron a mi culito, él lo apretó y me jalo aún más cerca de él, mi esposo nos veía mientras tanto, al terminar me dijo perdón no sé qué me paso, entonces mi esposo le dijo ya tranquilo vamos por unas cervezas y platicamos.

    Ya más tranquilos le dijimos de nuevo, si tu aceptas ella está dispuesta, el no creía lo que pasaba, pero al fin acepto, o bueno algo así, nos dijo déjenme pensarlo, nos fuimos y al otro día nos marcó, yo le conteste y me dijo puedes venir mañana pero tu sola.

    Acudí a la cita y el me invito a desayunar, hay él me pregunto qué inda con ustedes y yo le Conte que éramos una pareja muy liberal, que es mas no era por el dinero que igual le íbamos a pagar la puerta solo que nos gustó la idea del juego y queríamos realizarla, entonces el acepto, quedamos de vernos el próximo sábado en la noche pero como su local no era muy grande me dijo, alcanzame en el local de mi hermano, el sale como a las 6, te veo hay a las 8 y a ver que pasa, me dio la dirección nos despedimos.

    La verdad no me molesto que me citara en el local de su hermano, en primer lugar, porque así su esposa no sospecharía nada, y en segundo se me hizo muy excitante, era como seguir con el juego de pagar con cuerpo.

    Llegando el sábado me vestí muy sexi me puse un vestido corto y ajustado, blanco con negro de cuadros, unas medias negras porque Josué me dijo que le gustaban las chicas con medias, unos botines negros, y una chamarra porque hacía frío esa noche, debajo me puse una tanga blanca que se transparentaba y dejaba ver mi conchita toda depilada, y sin bra para ahorrar tiempo, al llegar ya nos estaba esperando Josué con unas cervezas, mi esposo entro con migo al local para cerrar el trato con él, Josué aún estaba algo nervioso, mi esposo salió un momento para ir por otras cervezas y dejarnos solos para que yo lo hiciera entrar en calor.

    Luego que salió me esposo, me abalance sobre él y comencé a besarlo, de manera muy impaciente como suplicándole que ya me tomara, pero en ese momento escuchamos un ruido pensamos que era mi esposo pero no, el que llego fue Jesús su hermano y un joven que era su chalan, al llegar nos sorprendieron fajando sobre uno de los sillones, el me vio y se sorprendió obviamente, me saludo de beso y vio que iba muy provocativa, se sentaron en otro sillón y sacaron unas cervezas, nos ofrecieron unas y comenzamos a platicar, le dije que había ido con Josué a cotizar una puerta, él se sonrió y me dijo si se nota, y pues ya entrados en calor le Conte todo, que éramos un tanto liberales.. Y que habíamos negociado un descuento si a cambio yo me acostaba con él, los dos se quedaron pasmados por la seguridad con la que se los dije, Josué me dijo está segura, y yo si claro, Jesús pregunto y de cuanto es e descuento, su hermano dijo que del 50% a lo que el contesto y no te quieres ganar que sea el 100%, le sonreí y dije si eso estaría mejor.

    Jesús me dijo, bueno pero te tienes que portar cariñosa con nosotros, en eso llego mi esposo, y nos vio a todos, inmediatamente Josué le dijo, oye perdón esto no estaba planeado, yo le dije bueno ellos llegaron y me dicen que si me porto bien puede que suban de 50% al 100% de descuento, entonces mi esposo dijo, pues si ella ya acepto adelante, solo trátenla bien por favor, eso fue como darles su autorización a los tres pues comenzaron a abrazarme, manosearme y besarme como desesperados, mi esposo no decía nada porque me vio muy cómoda.

    Jesús me dijo que les hiciera un baile tipo Table dance a lo cual no dude en complacerlos pues a veces también fantaseaba en como gustaría trabajar en uno para probar que se siente, al verme se empezaron a tocar por arriba del pantalón y le decían todo tipo de cosas, me quite la charra primer, y seguía bailándoles, me subí en Josué, y le baile un poco, lo repetí con los otros dos, hasta que me senté sobre Jesús para besarlo, y abrí las piernas, entonces el joven que nunca supe su nombre, se agacho y metiendo sus manos con cuidado me quito la tanga, desenado mi coñito libre para que todos lo pudieran ver, me dijeron que ya era mucho baile y que solo los estaba provocando, me decían esto no solo era un faje y desnudarse, me dijeron que tenía que aflojar a los 3, si no, no habría descuento.

    Mi esposo ce acerco y me pregunto, quieres que me quedé o prefieres divertirte sola, yo le pedí que me dejara con ellos, pero que no se viera tan obvio, entonces me dijo, no así no sabés mejor ya vistete, ya nos vamos, ellos decían no como crees dejala, entonces yo le di un beso y le dije si por favor dejame con ellos y te marco a rato para que regreses por mí, él se despidió de ellos y se salió a esperarme en el carro.

    En cuanto nos dejaron Josué le levantó mi vestido, mientras Jesús me tomo de los hombros obligándome a chupársela intenté poner un poco de resistencia, pero me decían, flojita y cooperando que vas a ver como te hacemos la puta de la tapicería.

    El chavo me empino en una mesa y comenzó a chuparme el coñito, Jesús se colocó del otro lado y me metió nuevamente su verga en mi boquita, después me levantaron y me quitaron el vestido, Josué se sentó en un sillón y me monto sobre él, me cogía, mientras me chupaba las tetas, luego Jesús me jalo y me puso en cuatro sobre otro sillón y me dio de perrito a la vez que me nalgueaba rico, el chico solo se masturbaba y veía, nuevamente Josué me tomo pero ahora el abajo y yo sobre de el recostados, me seguía dando, Jesús me daba golpecitos en mi culito e intentaba meter su dedo dentro de él, yo le hice señas al chico y se la comencé a chupar.

    Luego Jesús llego y me dijo vamos a mí también chupala, y yo obedecí, le dije a Josué espera, y me baje de él, nuevamente me puse contra mesa, cuando Jesús me la iba a meter le dije, no espera le toca a él, entonces señale al chico, él se acercó, con mi mano le ayude a poner su pene dentro de mí y deje que me cogiera, no duro mucho después de unos pocos minutos se salió y dejo salir su lechita caliente sobre mi culito, ahora si Jesús tomo su lugar y me dio, me la metía rápido y duro, quería atravesarme, me estuvo dando así un buen rato, para después, girarme sobre la mesa, abrirme las piernas y metérmela, comuna mano jugaba con uno de mis tetas y con la otra me acariciaba mi clítoris, hasta que de golpe se salió y dejo caer su leche sobre mi abdomen.

    Josué seguía en el sillón jalándosela, me acerque a el y lo monte de nuevo, lo cabalgue hasta que ya no podía más, el no dejaba de tocarme las nalgas, los pechos y de besarme, cuando ya no pudo, me dijo ya espera, me baje y me arrodille frente a él entonces descargo su leche sobre mi carita, escurriendo hasta mis pechos, le pase la lengua una última vez por su pene, y me levante, tomamos aire, mientras los dos hermanitos seguían manoseándome y besándome, después me indicaron donde estaba el baño para limpiarme, pasaron unas 2 horasle llame a mi esposo, el llego por mí, Josué le dijo en 3 días te llevo la puerta, y Jesús me dijo a mí y cuando quieras ya sabés dónde encontrarnos, al salir me fui abrazando a mi esposo por lo complaciente que es con migo, al llegar fuimos directo a la cama me recosté, y el me comenzó a desnudar, y me dijo bueno ahora me toca a mi veme contando como estuvo todo mientras me desquito.

    Si llego la puerta, y Josué no nos quería cobrar, pero al final si le pagamos mínimo la mitad, seguimos siendo amigos hasta el día de hoy.

    Gracias por leer mis historias, y dejar sus reacciones y comentarios eso me anima a seguir contando las, y perdón si son un poco largas pero es que me gustan los detalles.

  • Con Moni el mejor sexo de mi vida

    Con Moni el mejor sexo de mi vida

    Hace más de 10 años que no tengo sexo con ella, aunque la sigo soñando y mis mayores excitaciones son gracias a ella. Se que su marido sabe de lo nuestro y estoy seguro que lo disfrutó, pero ella un día dijo basta, pese a que me confesó que conmigo tuvo el mejor sexo de su vida.

    Me tenía como un juguete sexual, cuando quería coger me llamaba y venía a mi casa, teníamos sexo en la cocina, en el comedor, en el dormitorio, en cualquier lado.

    Una noche, en menos de 1 hora pude tener tres orgasmos y ella me confesó que también. No teníamos límites. Moni me hizo el mejor sexo oral que una mujer puede hacer.

    Durante mucho tiempo he tenido las mejores relaciones pensando en Moni, pero sé que estaba estafando y eso me pone mal.

    Ahora cuando pienso en ella me masturbo y no tengo culpas. Ambos vivimos en una ciudad pequeña, nos cruzamos a menudo, pero ella no se inmuta, yo la desnudo con la mirada.

    Hoy debe superar los sesenta, pero no hay mujer que me excite más. Quiero contar las historias, sin develar detalles de identidad, ella está casada y su marido es una persona pública.

    En una oportunidad estábamos teniendo sexo en el living de mi casa y ella gritaba tanto de placer que a los pocos minutos que se fue, vino la policía, un vecino se asustó y tuve que hacerlos pasar para que vieran que no había nadie, les dije que me había dormido y la TV estaba muy fuerte. No sé si me creyeron.

    Nunca nadie me hizo sexo oral como ella, nunca nadie gozó tanto con mi semen. Un día me confesó que estaba sintiendo algo y nunca más vino, solo mensajes esporádicos que tampoco sé si son de ella. Yo creo me enamoré y también quise tomar distancia, no estaba dispuesto a romper una familia.

    Si seguíamos podía pasar cualquier cosa, con el correr de los encuentros no solo había sexo, los besos eran increíbles, eso ya es otra cosa. Nos asustamos los dos.

    La veo seguido, la busco seguido, no sé qué hacer, tengo miedo al no, es una mina de palabra y no va a hacer ninguna locura, pero pienso en ella y mi pene se erecta en el acto, me masturbo y sigo teniendo ganas de penetrarla como tantas veces lo hice.

  • Marta: una amiga inesperada

    Marta: una amiga inesperada

    Estoy llegando al local que empleamos para estudiar, estar con los colegas e intentar intimar con alguna chica, esto último él que tiene oportunidad. Voy allí después de estar en la playa con los amigos pensando en estudiar algo para los exámenes cuándo me encuentro, sentada en los sofás del amplio recibidor que hace de distribuidor de los diferentes locales, a una de las chicas que estudian secretariado en el instituto de al lado. Marta, que así se llama, está liándose un petardo después de la clase particular que reciben en el local de al lado.

    —Hola Marta, ¿Qué tal? –le saludo, porque ya hemos estado hablando tras cruzarnos varias veces al entrar y salir del local. –¿Ya habéis acabado las clases por hoy? ¿Os habéis ido todos?

    —Suficiente por hoy. Es un coñazo tener que empollar con este calor. –me confiesa y mientras se enciende el petardo me invita: —¿Te sientas conmigo y nos fumamos el peta?

    —Vale, un ratito. Tengo intención de aprovechar la tarde de hoy a ver si avanzo con mis asignaturas.

    —Un ratito dices… Siempre dices lo mismo y luego hay que echarte con agua hirviendo. –dice mientras se reía.

    Me siento junto a ella tras observarla detenidamente: viste únicamente unas mallas super apretadas, y una camiseta; se la ve muy sexy sobre todo porque el pantalón le marca todo el culo, hasta la raja. Me siento muy afortunado de su invitación y de poder estar a solas con ella.

    Marta nunca me ha atraído especialmente, pero en aquellos momentos, con el calor que hace y la poca ropa que ambos vestimos, me animo a estar un rato con ella a solas. Empezamos a hablar con mucha franqueza de chicos y chicas, de cuerpos y de quiénes nos gustan, con quién hemos estado, de cómo han resultado dichos encuentros amorosos. Qué hemos hecho, qué nos han hecho, qué nos gustaría hacer…

    La situación se va calentando poco a poco, estamos los dos pierna contra pierna sentados en el sofá mientras nos vamos pasando el porro, cuando sus ojos oscuros me miran en un momento con un brillo, más bien inocente, que te puedes ahogar en su mirada. Yo no lo sé pero en la mente de la muchacha hay algo parecido a un plan y yo soy su objetivo.

    —¿Sabes qué me gustaría que me hagan que nunca me han hecho? –me pregunta y viendo mi cara de perplejidad afirma: —Me gustaría experimentar sexo oral.

    Su revelación me sobresalta y la miro extrañado por su sinceridad y su descaro. Marta me sonríe y pasándome el peta continua:

    —He estado con chicos de mi edad pero con ellos siempre es lo mismo; nos magreamos un poco, me frotan por encima de la ropa y enseguida quieren que lo hagamos. Alguno un poco más avispado ha intentado hacerme un dedo pero sin mucho éxito. –me confiesa mirándome un poco avergonzada.

    —¿No tienes orgasmos mientras haces el amor? –le pregunto curioso.

    —Cuando estoy sola y me acaricio yo, no tengo problemas en correrme, pero cuando he estado con chicos nunca he llegado al orgasmo. –baja la cabeza; avergonzada y me hace la pregunta que lleva queriendo hacerme todo el rato: —¿Cuando estás con tu novia suelen correrse?

    —No es una ciencia exacta y no soy un gigoló que tenga un método secreto para satisfacer a las mujeres, pero una cosa que siempre intento hacer es lograr el placer en mi pareja antes de lograrlo yo. De esa manera disfruto mucho más del encuentro sabiendo que mi compañera se ha quedado satisfecha. –Marta me mira atenta y espera que me explaya por lo que continúo: —Cuando estoy con alguien depende mucho de la situación y de lo que podemos hacer o no. Si estamos solos y en un ambiente tranquilo en el que podemos despojarnos de ropa sin problemas podemos hacer muchas cosas. Después de besarnos y de acariciarnos por encima de la ropa y por debajo, nos quitamos parte de la ropa y dependiendo si vamos a hacerlo o no, practicamos sexo oral los dos o solo se lo como yo a ella.

    —¿Por qué depende de si lo vais a hacer o no? —me pregunta.

    —Yo no suelo ser jugador de varios asaltos, aunque algunas veces se ha dado, por lo que si vamos a hacerlo prefiero comerle el chichi a mi pareja y cuando se corre pasar directamente a hacer el amor. La chica está tan excitada después de correrse que le encanta que nos pongamos a follar. De esta manera he tenido los polvos muy salvajes. Si no vamos a hacer el amor a veces se lo como yo primero y luego ella a mí, o al revés. Da igual, aunque prefiero comerlo yo primero.

    —¿Nunca has hecho un 69? ¿Comerlo los dos a la vez?

    —Eso a mí me parece un mito. Cuando lo he intentado uno de los dos se excitaba mucho antes que el otro y dejaba de chupárselo para disfrutar de su propio orgasmo para al terminar hacer que el compañero se corra. Nunca vamos a llegar los dos a la vez porque o estás a disfrutar o estás a hacer disfrutar al otro.

    Mientras estoy hablando Marta está inclinada hacia delante con la mano metida entre sus piernas. Se está acariciando la entrepierna mirándome sonriente. Al darme cuenta dejo de hablar y me quedo contemplando cómo mi compañera se masturba.

    —Me estás poniendo cómo una moto ¿Te gustaría…? –me pregunta juguetona mientras mueve su cabeza hacia la mía.

    Yo me giro y me acomodo en el sofá para recibir sus labios uniéndonos en un apasionado beso. Utilizó una mano para acariciarle la espalda mientras con la otra la coloco en su ardiente rostro. Soy consciente de lo caliente que estamos ambos pero debo ir despacio porque este encuentro quiero disfrutarlo. Marta está gozando mientras me come la boca y me acaricia la espalda por dentro de mí camiseta ha separado las piernas y pasado una por encima de la mía y sigue acariciando su entrepierna por encima de la ropa.

    Continuamos morreándonos con ansia y decido colocar una mano sobre la parte interior de su muslo para acariciando poco a poco ir subiendo hacia su cintura hasta alcanzar su propia mano. Me uno a ella colocando mi mano por encima de la suya acariciando entre los dos sus ingles y Marta empieza a interrumpir sus besos para lanzar gemidos cortos pero muy sexys.

    Atrapada por su excitación suelta su mano y la acerca a mí propia entrepierna. Allí se encuentra que mi pene está duro haciendo fuerza contra el bañador. Ansiosa por agradarme me empieza a frotar por encima de la ropa mientras yo hago lo mismo. Al rato y cómo la excitación va en aumento deja de besarme se separa un poco de mí y me pregunta:

    —En esta situación que estamos. ¿Qué es lo que quieres que hagamos?

    Yo estoy a mil pero intento mantener la cabeza fría ante mi joven amiga, quiero que me desee tanto que me ruegue que le haga de todo. Algo me dice que nunca ha estado con alguien paciente y sé que le va a gustar.

    —Yo, por mí, lo que quieras tú. ¿Quieres qué te lo coma? Antes casi, casi, me lo has pedido. –le respondo mientras sigo acariciándole el pantalón de lycra.

    —Me has puesto a mil y sí, querría que me lo comieses, pero ¿Quieres que te la coma yo primero? Hago unas mamadas cojonudas.

    Tal y cómo me lo dice me doy cuenta que hoy no vamos a follar, tendremos sexo oral mutuo y ahí acabará todo. La verdad no me importa porque algo me dice que si juego bien las cartas con esta chica voy a poder disfrutar de muchos buenos polvos.

    Me levanto del sofá, cómo buenamente puedo debido a la hinchazón de mí miembro, y me dirijo a la puerta que da al exterior para cerrarla con llave y dejarlas puestas.

    —De esta manera ni teniendo llaves podrá entrar nadie sin que le abramos nosotros. –le aclaro mientras vuelvo a los sofás dónde me espera Marta de pie haciéndose una coleta. —Estás guapísima.

    La agarro de la cintura y nos besamos apasionadamente. Nuestros labios se acarician y nuestras lenguas se introducen en la boca de nuestro amante buscando agradar, buscando excitar. Las manos no se quedan quietas mientras las mías se han introducido por las mallas buscando sus nalgas, Marta hace lo propio con mi trasero metiendo las manos por encima de la goma del bañador. Acariciándole el trasero descubro, encantado, que mi amiga lleva tanga, aunque lo debería haber deducido porque las mallas le marcan todo el trasero y si llevara braguitas se notarían, paso una mano hacia delante y le froto la vagina por encima de la tela del tanguita. Los gemidos de Marta me indican que voy por el camino correcto y procedo a acariciar el coñito más intensamente mientras con la otra mano acerco los dedos a su oscuro agujero. Ella no se queda quieta y ansiosa me agarra el pene con una mano y lo empieza a masajear arriba y abajo con brusquedad.

    —Tranquila cariño que me lo vas a romper. –le digo entre risas.

    Marta se ruboriza e intenta apartarse de mí pero la tengo bien agarrada, por lo que, con un hilillo de voz me dice:

    —Perdóname pero estoy cachondísima, nunca había estado así.

    —Relájate, cariño, y disfruta. –le digo. —No tienes porqué hacerme nada, agárrame el trasero y disfruta. –termino de susurrarle al oído y me dedico a seguir buscando darle placer con mis dedos.

    Continúo besando a Marta pero está, cada vez, más dispersa en su placer interno. Lo mismo me besa con pasión que me muerde el hombro o echa la cabeza hacia atrás aspirando grandes bocanadas de aire. Para entonces ya he introducido dos dedos en su coñito y los estoy metiendo y sacando sin parar y con la otra mano le acaricio el ano amenazando con introducir la puntita del dedo.

    —¿Qué me haces ahí atrás? Eso no lo he probado nunca, pero me da gustirrinín.

    Animado por su confesión empiezo a meter la punta del dedo en su ano mientras, ya sin control y un poco salvajemente, me la estoy follando con los dedos. Marta se estremece y siento como su orgasmo se acerca, así me lo hace saber abrazándose con fuerza:

    —Sigue, cabrón, ¡Qué bien lo haces! Sigue, sigue. ¡Me viene! ¡Me vieeene!

    Aprieto los dedos de ambas manos, le chupo el cuello y eso es mortal para Marta que arqueando la espalda coloca ambas manos sobre las mías y apretándolas con fuerza se corre con mis dedos dentro de sus dos agujeros.

    Todavía de pie los dos y agarrada por mis brazos, Marta va recuperando la respiración poco a poco. Me besa y yo le acompaño en esta muestra de ternura abrazándonos sin decirnos nada.

    —Joder, niño, vaya orgasmo me has regalado. ¿No habíamos quedado que te la chupaba yo primero? –me dice divertida. —Sigues teniendo eso como un roble.

    Miró mi erecto miembro y reconozco que estoy cachondísimo, deseando satisfacerlo aunque sea con una mamada.

    —Habíamos quedado que la chupas de puta madre ¿No? –digo mientras me dirijo a los sofás sin soltar sus manos. —Igual me apetece comprobarlo.

    Me siento en el sofá; Marta, divertida, coje un cojín, lo pone en el suelo entre mis piernas y se arrodilla ante mí. El bulto que presenta mi bañador es espectacular, pero mi amiga desea ver mi pene libre de ropa por lo que rápidamente me despoja del bañador y mi estaca se muestra preparada para ser devorada.

    Primero se dedica a admirar mi miembro mientras le dice: “qué lindo eres” o “qué bien nos lo vamos a pasar tú y yo”, después me escupe a la punta y esparce su saliva por todo el tronco.

    Yo echo la cabeza para atrás y cierro los ojos para concentrarme en sus caricias.

    Una vez tiene el miembro húmedo con su saliva lo frota con las dos manos alternativamente y de vez en cuando le da besitos en la punta del glande. Yo, que ya estoy muy caliente de todo el magreo que hemos tenido, me siento transportado al Nirvana. Me han comido la polla varias veces, es una práctica habitual cuándo te enrollas con una chica y ésta no quiere hacer el amor, te la chupa; si la situación te lo permite le comes el coño y si no se puede le haces un dedo hasta que se corre y punto. Para salir del paso. Marta, en cambio, es cierto que hace unas mamadas de campeonato. Todavía no se la ha metido en la boca y siento que estoy a punto de correrme.

    Por suerte para mí, Marta empieza a aumentar la intensidad de los besos en la punta. Se mete la puntita en la boca, la frota con la lengua y se la saca. Frota con la mano un par de veces y vuelve a meterse sólo la puntita para repetir el proceso. Me está volviendo loco la parsimonia con la que me está tratando.

    —¿Te está gustando? o ¿Quieres que vaya más rápido? –me pregunta complaciente.

    Desde arriba la miro sonriente, joven, bella y deseosa de satisfacerme; con mi pene en una mano y mis huevos en la otra espera que le diga mis deseos.

    —Lo estás haciendo de puta madre. Nunca me la habían chupado así de bien. Sigue, sigue que ya te avisaré.

    Mirándome con cariño vuelve a su tarea pero está vez se mete la polla más profundamente. Traga, acaricia la punta con la lengua, la saca, coge aire y vuelve a tragar.

    Yo siento que mi orgasmo se acerca y cogiéndola de la cabeza le obligo a comérsela entera. Una vez dentro empieza a follarme con la boca cada vez más rápido.

    Yo siento que me acerco al fin.

    Marta que siente que estoy cerca acelera más y más sus chupadas.

    Ya estoy a punto, siento subir mi esperma y se lo hago saber a mi amiga.

    —¡Marta, me vengo, me vengo! ¡Quita, quita! ¡Qué me corro! –le chillo mientras intento que suelte mi polla.

    Marta, para mí sorpresa, la traga hasta el fondo y me la frota con la lengua. No puedo más y me corro en su boca. Una, dos, tres y un montón de veces. Mi compañera va chupando mientras descargo y se lo va tragando todo.

    Cuando termino la miró desde arriba y sonriéndome abre la boca enseñándome parte de lo que no se ha tragado. Se lo traga y se acerca para que nos besemos.

    —Joder, niño, cuesta que te corras ¿Eh? Normalmente me duráis bastante menos y no es tan cansado.

    —¿Estás bien? –le pregunto preocupado por ella, cuándo me sonríe le reconozco: —Es cierto que haces unas mamadas de puta madre. En mi vida me habían dejado tan seco.

    —¡Y qué lo digas! Has echado mogollón, casi me atraganto.

    Estamos un rato tumbados en el sofá besándonos y toqueteándonos hasta que, compungida, me reconoce que se tiene que ir a casa. Nos arreglamos la ropa y la acompaño al autobús. Cuando miro cómo se marcha vuelvo al local a estudiar y pienso en Marta y en lo bien que nos lo vamos a pasar.

  • La secretaria de mi cole me trae loco

    La secretaria de mi cole me trae loco

    Esta historia aconteció cuando estaba aún en colegio a punto de graduarme, acababa de cumplir 18 años.

    Siempre me gustaron las mujeres mayores que visten de forma muy sensual, muy sexy, mi fetiche preferido es que usen medias de nylon, pantimedias o medias de liguero, para mí es la prenda más sexy, sensual, más excitante, y que hace que me ponga muy cachondo.

    Era el primer día de clases, estaba asistiendo a un nuevo colegio, puesto que el año pasado había sido expulsado por problemas de conducta, este nuevo colegio quedaba muy cerca de mi casa exactamente a dos cuadras, no era el mejor de la ciudad, pero no me quedaba más alternativa porque mis padres ya estaban por tirar la toalla conmigo por esos problemas de conducta ya mencionados en colegios muy prestigiosos.

    Es así que llegue a la ceremonia de inicio de clases en la cual se presentaba a todo el plantel docente y administrativo del colegio, inmediatamente llamaron mi atención algunas profesoras bastante jóvenes y simpáticas las cuales lucían uniformes muy elegantes con faldas un poco más cortas que de las demás y lo más importante, todas ellas usaban pantimedias, mi fetiche favorito. Hubo una en especial que llamo mucho más mi atención era una joven de piel bronceada pelo oscuro, ella vestía un traje de tela color azul blusa de seda color crema una falda pegada que le llegaba debajo de medio muslo, dejaba ver unas torneadas y muy sexys piernas detrás de unas lindas medias nylon color negras, se le veían increíbles y para terminar unos zapatos de tacón alfiler negros brillosos. Se veía muy sexy (solo de recordarla ya me pongo muy caliente) la presentaron como la secretaria de dirección general, su nombre Marcela.

    Como resultado del impacto que ella causo en mí, ese mismo día trate de establecer contacto o cualquier acercamiento con ella, llegando a su oficina en mi condición de nuevo estudiante en repetidas oportunidades con el fin de hacerle cualquier consulta, mi intención entablar conversación para acercarnos y poder conocerla. Ella se mostró siempre muy amistosa y colaborativa conmigo y eso me agrado demasiado. Esa mañana llegue como 10 veces o más a su oficina con cualquier pretexto (hecho al tonto) incluso era voluntario para ir por marcadores para los profesores, hacía de todo para ir por su oficina y ver a esa mamacita hermosa, principalmente quería ver esas piernas que tanto me habían cautivado (yo creo que se dio cuenta).

    Llego la hora de salida y a lo lejos vi que ella también se retiraba del colegio, así que dejé cualquier conversación con nuevos amigos y compañeros y me fui detrás de ella. Cuando la pude alcanzar le hable ¿Marce a donde te vas tan rápido? Le pregunte, enseguida se dio vuelta para mirarme y me contesto hola… a tomar el bus que me lleva a casa debo almorzar, cambiarme la ropa e ir a pasar clases en la universidad. Yo estaba tan prendado de esta mujer que cuando ella me hizo la misma pregunta, le dije que también esperaba el bus (¡le mentí yo vivía a dos cuadras!) Lo único que quería era estar cerca de ella y poder contemplar su figura especialmente esas hermosas piernas luciendo pantimedias, eso me causaba mucha excitación.

    Cuando abordamos el bus nos sentamos lado a lado y empezamos a hablar de todo yo le pregunte su edad a lo que me respondió que tenía 21 años, luego hice todas las preguntas de rigor cuando conoces a alguien que te interesa, se notaba una chica muy alegre me sonreía en todo momento y yo a ella hasta que me aventure a preguntar sobre su vida sentimental, en este punto me dijo ¡eres muy curioso eh! Pero sonrió con una carcajada y continuo diciéndome que hace más de un año no tenía novio y que estaba enfocada en preparar su tesis universitaria; esas palabras hicieron que mi corazón se acelerara, me emocionaba saber que estaba soltera y sin compromiso, cuando me hizo la misma pregunta inmediatamente respondí que estaba en la misma situación soltero, me miro con una cara de que no me creía al 100% yo le sonreí y ella también, así estuvimos en una linda charla hasta que llego a su destino, nos despedimos con un beso en la mejilla y un nos vemos mañana en el cole, se bajó, avance 2 cuadras y también baje para tomar el bus de retorno, desde ese día todas las salidas del cole nos íbamos juntos casi por dos semanas yo la acompañaba hasta su destino y un par de cuadras más yo bajaba del bus y tomaba el de regreso, era muy cómico pero esa mujer me traía literalmente babeando; me gustaba muchísimo.

    Empezamos a hablar casi todas las noches por teléfono horas y horas nos contamos muchas cosas personales y así la confianza y amistad crecieron rápidamente, había una fuerte dosis de coqueteo entre ambos, le mandaba indirectas como “hoy estabas preciosa, pero me gustaría verte con una falda más corta” lo decía en tono irónico porque sus faldas eran relativamente cortas, ella se daba cuenta como me ponía, nuestras conversaciones ya subían de tono cosa que me tenía fascinado.

    Hasta que después de varias semanas en ese ínterin, un día lunes llegué al colegio, cuando la vi frente a mi casi me da un infarto, estaba con una minifalda de tela color beige blusa blanca saco el mismo color que la minifalda, unas pantimedias color bronceado brillosas y zapatos de tacón color nude. Estaba hecha una Diosa del Olimpo, en ese momento decidí lanzarme a la piscina y declararme: toda la mañana pensaba en las palabras que le diría. Las horas fueron siglos literalmente, hasta que llegó la hora de la salida y fue ahí que la encontré camino a tomar el Bus, me puse muy nervioso mis manos temblaban y sudaban, la garganta se me secaba y fue ahí que le dije Marce necesito hablarte de 2 cosas muy importantes, te escucho me dijo, Marce si no estás apurada podemos ir a una calle un poco más tranquila para poder hablar mejor; le pregunte; si está bien hoy no tengo apuro, no iré a la universidad, así que vamos me respondió.

    Mis nervios estaban a flor de piel, pero al observar su figura tan sensual, esas piernas talladas por los mismísimos dioses y luciendo esas pantimedias que resaltaban su embriagadora feminidad no pude aguantar más y le dije que estaba enamorado de ella y que me encantaría que fuera mi novia; cuando me escucho decir eso, se sorprendió un poco y me pregunto que si estaba bromeando; yo en ese instante aclare mi garganta y respondí obvio que no!, en verdad me gustas y quisiera que fuéramos enamorados y con un tono desconfiado me dijo que la había sorprendido con todo aquello que acababa de decirle y que le costaba un poco creerme, nuevamente le dije; sabes que Marce, me gustas! Quiero que estemos juntos ¿Por qué? Es tan difícil que me creas le pregunte, a lo que ella respondió que yo también le gustaba, y que le gustaba mucho pero…

    En ese preciso momento cuando terminaba de pronunciar la palabra “pero” pensé y actué rápidamente, la tome con firmeza de los brazos la jale hacia mí y la bese de manera sorpresiva; succionaba sus labios muy apasionada y enérgicamente, en un principio Marce estaba desconcertada y congelada durante varios segundos luego empezó a corresponderme el beso y fue ahí que empezamos a besarnos tan apasionadamente que el mundo parecía detenerse para nosotros, que besos que nos dábamos, nuestras lenguas luchaban queriendo volverse una sola; yo ya estaba muy excitado y ella empezó a notarlo pero me abrazaba más fuerte por la cintura y con más fuerza, yo presionaba mi miembro contra su vientre, haciendo exactamente lo mismo tomándola por la cintura.

    A modo de recuperar el aliento bajaba mis labios y mi lengua desde su cuello hasta su pecho donde empezaban sus hermosos y voluptuosos senos, mi pene estaba a mil por hora apunto de estallar y ya se notaba por debajo mi pantalón de tela gris, una tremenda erección.

    En ese momento decidimos calmarnos un poco porque estábamos en la calle y ya de por si el espectáculo de los besos que nos dábamos estaba muy subido de tono; menos mal no había personas circulando por ahí en ese momento. Le propuse que vayamos por unos helados a un minimarket que quedaba muy cerca, ella acepto muy gustosa.

    Cuando entramos al minimarket la dueña me saluda con bastante confianza hola Yayito como estas? A lo que respondo buenas tardes doña Clarita, muy bien gracias, le pedí 2 helados cada uno escogió su favorito la señora me cobro se despidió de mi con un ¡adiós Yayito! Y salimos del lugar, fue ahí que Marce me dice; parece que esa señora te conoce bastante bien; a lo que le contesto, Marce, mi princesa, eso es precisamente del segundo tema que quiero hablarte y te pido por favor que no te enojes y lo veas por el lado bueno, dado que acabamos de arreglarnos, fueron mis palabras. Yo te mentí un poquito respecto al lugar donde vivo, la verdad es que vivo casi llegando a la próxima esquina es por eso que la señora del minimarket me conoce y me habla con tanta confianza, o sea es mi vecina. En ese momento Marce puso en su cara una mueca poco retorcida, me pregunto ¿y por qué me mentiste?

    Me quede unos segundos callado y conteste: Mira Marcelita desde el primer segundo que te vi la verdad es que quede flechado por cupido, y me dije a mi mismo que serias para mí, es por eso que siempre estoy por tu oficina con cualquier excusa, aunque sea tonta y el primer día cuando te dirigías a tomar el bus para ir a tu casa, pensé que acompañarte sería una gran oportunidad para conocerte, hacernos amigos y acercarme a ti, creo que fue una gran decisión y la verdad no me arrepiento ni un segundo. Marce se quedó pensando mientras terminaba su helado luego me tomo por el cuello me dijo susurrándome al oído; ¡que tonto! Y me dio un beso muy apasionado y así nuevamente comenzamos a devorarnos vivos.

    Fue ahí que le dije, ven quiero que conozcas mi casa.

    Mis padres trabajaban hasta las seis de la tarde y mis hermanos asistían a un colegio que en la mañana era un colegio normal y en la tarde era una academia de música y artes así que pasaban clases todo el día, así que yo era dueño y señor de la casa hasta casi las siete de la noche hora en la que llegaban regularmente todos los miembros de mi familia.

    Cuando entramos a la casa la conduje directamente a la sala donde nos sentamos en un sofá, puse un poco de música fue ahí que le pregunté que le gustaba escuchar, de todo un poco me contesto, puse la música que pidió ella, muy complacida expreso con mucha ternura que en verdad aun no creía lo que estaba pasando entre nosotros; yo la tome por los hombros la atraje hacia mí y empecé a besarla con mucha locura ella me abrazo fuertemente y con la misma locura también me beso, yo de manera automática baje mis manos y las pose sobre sus muslos, al tocar la sedosa y delicada textura de sus pantimedias literalmente me volví loco de la excitación.

    Creo que ambos nos dimos cuenta que ya no había marcha atrás, nuestros besos subieron al máximo nivel de erotismo y excitación, en ese momento con una de mis manos empecé a acariciar sus pechos aun por encima de la blusa de seda que traía puesta y mi otra mano no se desprendía de uno de sus muslos y así fui subiendo hasta llegar a su entrepierna, al principio note que se incomodó un poco por lo que baje esa mano hasta su rodilla y lenta y delicadamente volví a subir empezando un recorrido de caricias que subían desde su rodilla hasta su entrepierna, poco a poco nos calentábamos más y más al calor de los besos tan fogosos y las caricias tan atrevidas, su respiración se aceleraba cada vez más y fue la señal para empiece a acariciar su vagina por encima de sus medias y la tanga que ya se le sentían húmedas.

    Marce completamente excitada jadeaba en medio de los besos que le daba, con una mano empezó a frotar mi verga por encima del pantalón, creo que esa fue otra señal que yo estaba esperando para empezar a desabotonarle la blusa hasta quitársela por completo; luego desabrochar el sensual brasier que quedo en la alfombra de la sala, y una vez liberado ese hermoso par de tetas fueron succionados feroz y apasionadamente por mi boca, lamia y chupaba sus pezones rosados, y muy parados por todo lo que les andaba haciendo con mis labios y mi lengua, mientras mis manos acariciaban sus esculturales piernas enfundadas en esas medias nylon color bronceado que me tenían loco y muy excitado.

    Ella tampoco quiso quedarse atrás, me aflojo el cinturón y desabotono mi pantalón para dejar en libertad mi excitada verga y así poder acariciarla con movimientos suaves y luego más rápidos y firmes; luego de algunos minutos bajo por mi pecho recorriéndolo con sus labios y lengua hasta llegar a mi entrepierna, empezó a darme besitos en la punta de mi pene, luego lo lamio muy eróticamente para después metérselo a la boca y succionarlo con la misma intensidad con la que yo había succionado sus enormes tetas.

    Así estuvimos un buen rato yo empujaba su cabeza tratando de que se tragara mi pene por completo, pero no le cabía, mi glande chocaba con su garganta y eso la hacía regurgitar; pero al margen de aquello; que rico me la chupaba Marce, se puso de rodillas frente a mí y la veía devorando mi pene que estaba a punto de estallar.

    A estas alturas yo estaba ebrio de placer, excitación y morbo y como en las películas porno me incorpore, tome a Marcela por los brazos con fuerza y rapidez haciendo que se pare frente a mí girándola para luego hacer que cayera echada de espaldas en el sofá, con mis dos manos puse sus pies juntos frente a mí, acto seguido baje besando y lamiendo por encima del nylon de las medias desde sus tobillos hasta su entrepierna me detuve a la altura de su vagina; el olor de sus fluidos producto del nivel extremo de excitación, entraron en mis sentidos haciendo que pierda la cabeza.

    Seguí lamiendo, besando y acariciando con mis dedos su vagina por encima las medias y la tanga negra que traía debajo, ahora podía ver ya no solo sentir con los dedos que estaba muy mojada, la humedad había traspasado la tanguita e incluso el rombo de algodón que tienen las pantimedias y fue ahí en un arranque de excitación extrema y morbo que con mis dientes rasgue el rombo de algodón de las pantimedias haciendo un agujero por el cual empecé a introducir mi lengua y mis dedos para apartar a un costado la tanga que se interponía entre mi lengua y su clítoris, en ese preciso instante sentí un gemido un poco más fuerte de lo normal, supuse que era una mezcla de sorpresa, incredulidad y excitación por lo que sucedía, yo preferí no darle mucha importancia y seguir con la sesión de sexo oral, el sabor de esa vagina tan excitada y caliente me llevaron al borde de la locura, la sentí tomar mi cabeza con sus dos manos y presionarla fuertemente contra su vagina justo cuando mi lengua masajeaba en forma circular su clítoris y fue exactamente en ese momento que empezó a retorcerse y a gemir fuertemente a causa del orgasmo tan intenso que estaba estremeciendo todo su hermoso cuerpo.

    Apretaba mi cara con sus muslos yo comencé a darle suaves mordiscos, lamidas y chupetones a su clítoris y también a sus labios vaginales, empezó a apretarme más fuerte rodeándome el cuello con sus muslos a tal punto que me puse rojo, pero aun así seguía succionando como desesperado esa vagina disfrutando del sabor de los fluidos de ese orgasmo, hasta que ella termino temblando, me incorpore y vi su cara derretirse de placer sus ojos aún estaban en blanco y seguía retorciéndose como poseída, cuando vi que empezó a recobrar la cordura la bese, en mi boca estaba aún el sabor de su placer y quería que ella también lo saboreara y disfrutara.

    La excitación en ambos seguía en su máximo nivel, en ese momento seguimos besándonos en la posición del misionero. Empecé a masajear su clítoris con la cabeza de mi pene haciéndose paso por el agujero de las pantimedias, la tanga la jale hacia un lado nuevamente y así de a poco introduje en su vagina mi verga totalmente dura, al principio lo hice con mucho cuidado porque no quería lastimarla, pero como estaba tan lubricada gracias al tremendo orgasmo que tuvo segundos antes no me costó mucho trabajo llegar a encajarle los más de 20 centímetros de verga que Diosito me doto.

    Empecé a embestirla con un poco más de fuerza al punto en el que sentía como chocaba la punta de mi glande con la pared profunda de su vagina, eso la hacía gemir más fuerte y ponía una cara entre placer y algo de dolor; en ese momento sin sacar mi verga de su vagina me puse de rodillas, con mis manos la tome de los tobillos, los puse sobre mis hombros y empecé a moverme muy rápido y profundo, mis testículos chocaban con sus nalgas producían un sonido alucinantemente excitante, mientras que con una mano acariciaba sus piernas, sentir la fina textura de sus medias aumentaban al máximo mi excitación y con mi otra mano con los dedos índice y pulgar le daba masajes y suaves pellizcos a su excitadísimo clítoris, en ese momento la intensidad de sus gemidos nuevamente aumentaron anunciando que se venía el segundo orgasmo.

    Y así fue, sus gemidos aumentaron de volumen y venían acompañados de fuertes espasmos ¡que placer el que le estaba dando a esa hembra! Mientras le quitaba los zapatos de tacón alfiler para masajear sus hermosos pies, me provoco chupar y morder suavemente todos sus deditos y también lamer la planta de sus pies por encima del nylon de las pantimedias, hecho que aumento el placer de ambos; ella aún se retorcía con los ojos cerrados y mi pene enterrado en lo más profundo de su vagina.

    Cuando se recuperó de ese sensacional orgasmo me senté en el sofá y le pedí que se me montara haciendo la pose del cow-boy, así lo hizo, agarro mi pene lo puso en la entrada de su vagina introdujo mi glande con cuidado y luego de un sentón se dejo ir toda mi verga adentro de golpe, eso la hizo gemir, no solo a ella, a mí también; empezó a moverse con un sube y baja mientras nos besábamos locamente; esta es una de mis poses favoritas, porque me permite besarla, chuparle las tetas, acariciar su trasero y también sus piernas, además que permite a la mujer controlar el ritmo y la fuerza de la penetración.

    Estuvimos un buen rato cogiendo en esta pose, luego ella tomo la iniciativa de ponerse en cuatro; otra de mis poses favoritas, yo penetrándola en esta pose debo confesar que fue mi punto débil, el sonido del choque de sus nalgadas contra mi pelvis sumado a sus gemidos y la vista de ese precioso trasero que brillaba tan sensualmente por el nylon de sus medias me pusieron a mil y aumentando el ritmo de mis penetraciones empecé a darle nalgadas que emitían un sonido irresistible, ella estaba al borde de la locura al igual que yo, observando y disfrutando esa escena tan erótica y lujuriosa ya no pude contenerme más, por lo que empecé a eyacular a chorros dentro de ella, la temperatura de mi semen llenando su interior acompañando las fuertes embestidas que yo le proporcionaba, hicieron que mi hermosa princesa llegue a su tercer orgasmo, creo que los gemidos se convirtieron en gritos de tanto placer que ambos habíamos alcanzado, fue increíblemente uno de los momentos más eróticos de mi vida, los gemidos de placer de ambos retumbaban en las paredes y elevaba aún más la excitación de ese momento.

    Ambos caímos tendidos ella boca abajo y yo encima aun con mi pene dentro de ella, luego de un par de minutos nos pusimos de costado en cucharita; yo por nada quería sacar mi pene de su vagina, me excitaba tanto sentirme dentro de ella, pensando que esa era la primera de muchas veces que haríamos el amor, en esa posición empecé a besar, lamer y morder el lóbulo de su oreja, descubrí otro punto débil, porque nuevamente comenzó a respirar aceleradamente, con mi mano agarré la pierna que estaba hacia arriba haciendo que la flexione un poco y con la otra mano por debajo de su costado le manoseaba las tetas apretándola contra mí, así en esa posición besando y mordiéndole el cuello.

    Nuevamente empecé a moverme con un mete y saca lento pero con fuerza, mirando esa pierna que se extendía en el aire apoyada con firmeza por mi mano, con el brillo y la textura tan sensual que le daba las pantimedias al tacto de mis dedos, nuevamente recobre la máxima dureza y excitación en mi pene, la empecé a penetrar cada vez más rápido y con más fuerza, el verme en esa escena tan excitante, tan erótica parecía sacada de una película porno y con tan hermosa mujer que me traía loco; hicieron que nuevamente estalle de placer y por segunda vez me vine a chorros dentro esa vagina que apretaba tan placenteramente todo mi pene, es indescriptible esa sensación.

    Aun dentro de ella en esa posición giro su cabeza y nos besamos muy tiernamente; no había duda de la pasión que desbordaba entre nosotros, el tiempo parece que se detuvo mientras nos besábamos y acariciándonos cada centímetro de nuestros cuerpos, ella estaba exhausta y me pidió que paremos un momento para que pueda ir al baño a limpiarse y secarse porque la verdad fue mucho semen que deje en su interior y ambos estábamos empapados.

    En eso me fijo la hora y ya daban las seis y cuarto de la tarde, habíamos estado haciendo el amor por más de tres horas y ya estaba contra el tiempo, mis padres ya estaban a poco de llegar a casa. Cuando Marcela salió del baño noté que se había quitado las pantimedias, fue algo con lo que no estaba muy contento, pero no dije nada.

    La esperaba con un vaso de limonada, le ofrecí algo de comer a lo que me contesto que solo tenía sed, inmediatamente me ayudo a ordenar el tremendo desorden que se generó en la sala, producto de la brutal cogida que nos dimos… ¡ufff! Qué experiencia más deliciosa. Salimos a tomar el bus y la acompañe hasta la puerta de su casa, abordo del bus nos besamos todo lo que pudimos, también le pedí perdón por haber rasgado sus preciosas pantimedias, me las debes contesto Marce.

    Sacando las pantimedias de su cartera y colocándolas muy cerca a nuestras narices, aspire profundamente ese olor a sexo que me ponía a mil, una vez más mi pene totalmente erecto formaba un bulto muy notorio debajo mi pantalón, me pidió que las llevara conmigo colocándolas dentro del bolsillo de mi pantalón para que las huela antes de acostarme para dormir, yo le prometí que le compraría unas pantimedias nuevas; cómprame muchísimas y haz lo mismo que le hiciste a estas con todas ellas, me prende mucho lucirlas mientras me haces el amor me dijo Marce, esas palabras fueron música para mis oídos y me pusieron aún más duro de lo que ya estaba. Parece que se dio cuenta de mi fetiche.

    Luego ella me dijo que le encanto todo lo que había pasado entre nosotros esa tarde y que anteriormente tuvo solo dos enamorados a los cuales les tomo varios meses para llegar a tener intimidad con ella y que no piense mal al respecto. Yo le dije que nunca pensaría mal de ella, que a leguas se notaba que era una chica muy recatada y decente, pero esa tarde las cosas se dieron de una manera tan inusual que era prácticamente imposible, al menos para mí, bajar de esa nube a la que juntos nos subimos, al terminar estas palabras la bese muy apasionadamente y luego nos abrazamos. Llegamos a la puerta de su casa, le dije que le hablaría por teléfono más tarde; también le dije que ese había sido el mejor día de mi vida y no era mentira, ese día hasta hoy sigue siendo de los mejores días de mi vida.

    A partir de ese momento Marcela y Yo iniciamos una relación amorosa cargada de deseo, sexo, fantasías, erotismo, fetiches y muchísimos más relatos como este.

    Espero que les haya gustado bye bye.

  • Esclavizados por una deuda (episodio II)

    Esclavizados por una deuda (episodio II)

    Después de tres días volvimos a la casa de David y Naomi. La situación vivida nos había hecho discutir una y otra vez, valorar otras opciones. Yo intente convencer a Carla que no continuásemos con esa locura. Pero todo nos devolvía a lo mismo, era la única opción que teníamos para resolver nuestros problemas. Así que cumplimos con las peticiones de David y Naomi y nos preparamos metal y físicamente para una nueva sesión donde nos usarían a su antojo. Al llegar nos hicieron esperar un buen rato en la puerta. Hasta que Naomi nos recibió con una amplia sonrisa. Tenia una bata puesta, y no se apreciaba otra prenda. No pude evitar fijarme en sus hermosos pies descalzos. Naomi agradeció con una sonrisa la bolsa que le entrego mi mujer con el tanga que le había obligado a limpiar. No nos invito a pasar por el contrario nos condujo por el patio exterior a una pequeña puerta que conducía a una parte totalmente distinta de la casa.

    Me quede impactado, aquel lugar era toda una mazmorra sexual. Pero no era en absoluto sórdida, era sexy, incluso elegante. Con una decoración propia de un sex-shop de diseño, y tampoco tenía nada que envidiar en cuanto a juguetes e instrumentos. Toda una colección de artilugios de los cuales muchos no logre adivinar su uso. En una butaca se encontraba David. Vestido con un pantalón y camisa, estaba bebiendo una bebida distraído, como si esperara que el espectáculo comenzara.

    —Desnudaos —ordeno Naomi—. Meter toda vuestra ropa en esa bolsa de basura, si lo consideramos podréis recuperarla.

    Naomi se quito entonces la bata mostrando su conjunto, un traje de látex muy revelador y sugerente, que realzaba su figura y le otorgaba un aire intimidante.

    —De rodillas, piernas separadas y manos detrás de la nuca —dijo ella, mientras señalaba el centro de la sala—. Lo primero que tendréis que aprender como nuestros esclavos sera la disciplina. Cada vez que vengáis, entrareis por la puerta que os he indicado hasta aquí y haréis esto mismo. Y nos esperareis hasta que lleguemos, no importa si tardamos, permaneceréis en esa posición sin importar que. Y en nuestra presencia, recordarlo siempre, caminareis de rodillas, o a cuatro patas. Si lo incumplís os castigaremos.

    Nosotros por supuesto obedecimos y escuchamos en silencio lo que nuestra ama tenia que decirnos.

    —Sobre los castigos —continuo hablando—. Seremos muy imaginativos, y los aplicaremos ante vuestra falta de sumisión o disciplina, a veces simplemente os castigaremos por diversión. Y es importante que agradezcáis cada castigo, pues nos estamos tomando la molestia de educaros. ¿Queda claro?

    —Si mi ama —contestamos al unisono.

    Naomi sonrió, realmente disfrutaba de aquella situación. De una de las estanterías y tomo una vara.

    —Esta es una de mis mejores amigas —dijo Naomi sopesando la vara de bambú—. Y también sera una de las vuestras. Aprenderéis a amarla y temerla a partes iguales.

    Fue entonces cuando recibí el primer azote, en mi nalga. Me escoció terriblemente y no pude evitar gritar de dolor.

    —¿Que se dice puta? —Me pregunto de inmediato.

    —Gracias mi ama —respondí de forma inmediata

    Naomi me puso entonces la vara delante de la boca.

    —Besala

    Obedecí. Después de eso nuestra ama se divirtió un rato azotándonos, después de cada golpe, agradecíamos el castigo. No me podía creer que realmente estuviéramos haciendo eso, dando las gracias a quien nos maltrataba. A los minutos tanto mi mujer como yo teníamos el culo marcado y luchábamos para mantener el aliento. Entonces Naomi cambio de objetivo, y azoto con fuerza los pechos de Carla. Ella grito de dolor y se encorvo. Naomi quedo a la espera, pero el agradecimiento nunca llego. Pero en su rostro no hubo enfado, más al contrario parecía que esperaba ese momento.

    —Veo que la perra necesita que le recuerden cual es su lugar.

    Tomo a Carla de la nuca y la obligo a apoyar la cara en el suelo, piso con su pie la cara de mi mujer y azoto varias veces con la vara su culo, lo hizo con mucha más fuerza que los azotes anteriores. A Carla le saltaron las lagrimas.

    —¿Que se dice perra?

    —¡Gracias! ¡Gracias mi ama! —Grito mi mujer entre lagrimas.

    Muy bien, ahora como castigo durante el resto del día te quedaras con los brazos atados a la espalda, y creeme que te va a dificultar las cosas. Tomo una cuerda y ato, con una destreza nacida de la practica, sus manos a la espalda. Naomi dejo a Carla en el suelo y se puso delante de mi.

    —Besame los pies —me ordeno, a lo que yo obedecí de inmediato—. Dime ¿te gusta como trato a tu mujer? ¿Te gusta verla sometida? Se sincero putita.

    Una parte de mi se resistió a contestar a esa pregunta, quizás mentir. Pero entonces me di cuenta que estaba besando con absoluta devoción aquellos pies. Naomi ejercía en mi un poder que ninguna otra mujer había ejercido. Realmente no me costaba someterme a ella.

    —Si mi ama —conteste al fin— me excita ver como disciplinas a mi mujer.

    —Ya me lo imaginaba. Pero sabes, eso no es suficiente. Llegara el día que lo desees y supliques. Que me agradezcas que os convierta en mis putas obedientes.

    Con una ligera patada me indico que parara de besarle los pies. Se dirigió a Carla y la obligo a ponerse de pie. La puso delante de mi, con su culo enrojecido a solo unos centímetros de mi cara.

    —Dime ¿Te sueles follar el culo de tú mujer?

    Una vez más sus preguntas me pillaron desprevenido.

    —No, no mucho, alguna vez… —titubeé—. Alguna vez lo intentamos pero dice que le dolía, que eso no era para ella.

    —Bueno, pues nosotros vamos a usar mucho su culo, el de ambos. Y os dolerá claro que si, pero aprenderéis a amarlo. ¡A que esperas puta! Comele el culo a tu mujer.

    Hundí mi cara en el culo de Carla, era algo que de normal me gustaba hacer. Con Mis manos separe sus nalgas sintiendo los relieves dejados por la vara. Metí mi lengua en su ano. Mientras mi polla se ponía completamente dura, estaba muy cachondo en aquel momento.

    —¡Muy bien! Tienes que preparar bien ese culo para que juguemos con el —dijo Naomi.

    Mientras yo le comía el culo, Naomi empezó a jugar con los pechos de Carla, a besarla y morderle el cuello. Poco a poco empezó a pellizcarle los pezones con fuerza, arrancarle gemidos de placer y dolor cada vez más intensos.

    —El otro día, te vi disfrutar mientras le comías la polla a mi marido —dijo mientras pellizcaba con fuerza ambos pezones de Carla. — Quiero que seas sincera. Estos días ¿has fantaseado con su polla verdad? ¿Te deseado que te follara, cierto? Dime la verdad perrita.

    —S… si mi ama —contesto con voz temblorosa.

    Naomi se llevo uno de sus pezones a la boca y lo mordió sin contemplaciones, haciéndola gritar con fuerza.

    —Quiero que lo digas, di cuanto quieres que mi marido te folle el culo, ese culo que el cornudo de tu marido te esta lamiendo.

    —Quie… Quiero que me folléis, que me folles el culo, que me folléis por todas partes.

    —Lo ves. Te lo dije —dijo Naomi victoriosa—. Esto va a ser mucho más fácil de lo que pensábamos cariño.

    David asintió. Mientras yo no daba crédito, realmente mi mujer disfrutaba todo aquello, lo deseaba. Una parte de mi se retorció, se lleno de celos y rabia, pero otra parte se excito. Una parte de mi, que yo mismo no conocía, la misma parte que me impulso a meter mi lengua todo lo profundo que pude en el culo de mi mujer.

    —Creo que es hora de que me la pases —dijo David, dejando claro que no iba a ser un mero espectador.

    Naomi, aparto a Carla, yo aproveche de recuperar el aliento, ya que sin darme cuenta estaba dejando de respirar. Naomi puso a Carla de rodillas le dio un largo beso, se alejo para mirla con una mirada viciosa, le escupió en la boca antes de empujarla hacía David.

    —Quitame lo pantalones, quitame toda la ropa —le ordeno David.

    Carla avanzo de rodillas hasta él, y muy despacio obedeció, al tener las manos atadas no tuvo mas remedio que hacerlo con la boca. Un bofetón me indico que pusiera mi atención en mi nueva ama y no en mi mujer esclavizada.

    —Abre la boca —me ordeno.

    Naomi tomo un bote de lubricante y vertió una buena cantidad en mi boca. El sabor era desagradable, pero no me atreví a quejarme. Entonces Naomi tomo un plug anal de un tamaño considerable y me lo metió en mi boca con el fin lubricarlo.

    —Tengo entendido que tu culo es virgen, eso no lo podemos tolerar—me dijo mientras hundía el plug hasta mi garganta—. La cara contra el suelo, abre tus nalgas con las manos.

    Tuve miedo de obedecer esa orden, porque sabía que pretendía, nunca me imagine lo que significaba ser violado, penetrado, que mi cuerpo fuese usado de esa forma para saciar el deseo y perversión de otra persona. Pero si he de ser sincero, aquella mujer, mi ama, conseguía que amase la idea de ser sometido por ella. Me puse en la posición que me pedía, y me quede así un rato antes de que ella hiciese nada, simplemente se quedo unos segundos disfrutando de mi humillación. Finalmente puso un pie en mi cabeza, y comenzó a tentar mi culo con el plug. Lo empezó a introducir suavemente, con delicadeza, para luego separarlo y volver a empezar, poco a poco me iba dilatando mi esfínter, de pronto apretó con fuerza y termino de introducirme todo el plug de golpe. No pude evitar gritar de dolor.

    —Pobrecito, ¿le han hecho daño? —se burlo Naomi—. ¿Que se le dice a tu ama por abrirte el culo?

    —Gracias, gracias mi ama —dije mientras intentaba recuperar el aliento.

    Empezó a jugar con mi culo, metiendo y sacando el plug, variando el ritmo y la profundidad. Intente huir mentalmente pero mis sentidos se trabaron en los sonidos de mi mujer, pude escuchar como se esforzaba en quitar la ropa de David, y como por su propia iniciativa lo besaba y lamia allí donde le desnudaba. Me pregunte si la deuda era realmente su mayor motivación para acceder a esta humillación. Empecé a escuchar como empezaba a manarle la polla, succionarse la por completo, aquella polla que era de un tamaño considerable, ella la estaba realmente disfrutando.

    —Cariño creo que estamos listos —dijo David.

    Naomi empujo una vez más el plug dentro de mi culo, esta vez para dejarlo ahí.

    —Ven putita no quiero que te pierdas nada de esto —me dijo mientras me levantaba agarrándome del pelo.

    Fue hasta Carla y la levanto, no sin antes darle un par de azotes en el culo. Le puso una mordaza en forma de hueso de perro, unas pinzas en los pezones unidas por una cadena. Luego me obligo a ponerme a cuatro patas, me coloco un grueso collar muy apretado, al que le añadió una correa. Después tomo una especie de cepo largo, con un agujero en el medio, lo coloco en mis huevos, el aparato quedaba verticalmente por detrás de mis piernas, estirando mis huevos, me obligaba a permanecer de rodillas con la cadera flexionada, si me intentaba incorporar lo mas mínimo mi testículos se estiraban más causándome bastante dolor. Mientras tanto, David había tomado a Carla y le había puesto encima de el, los pies de ella se apoyaban es sus rodillas, y el la sujetaba por la cintura, su polla estaba solo a unos pocos centímetros de su coño, que estaba visiblemente mojado. Naomi tomo la correa y me hizo avanzar hasta ellos, dejando mi cara casi tocando el miembro empalmado de David.

    —Si crees que tú lengua solo la voy a usar yo estas muy equivocado —dijo mi ama—. Ahora saca esa lengua de perro baboso que tienes y lame los huevos de tu amo.

    Me resistí, pero un fuerte azote de la vara de bambú me recordó cual era mi lugar. Saque mi lengua y empecé a lamer los huevos de David, note la saliva que había dejado momentos antes mujer. Naomi me sujeto con fuerza la cabeza y la movió para que mi lengua recorriera desde la base aquella enorme polla, lo hizo despacio. Sujeto ella misma la polla de su marido y apoyo su glande contra mis labios.

    —Suplicale, suplicale a esta magnifica polla, que se folle el culo de tu mujer —dijo Naomi visiblemente excitada.

    —Por favod… —empece a decir

    —¡No! —me interrumpió mi ama— Di explícitamente: “te suplico, ¡Oh grandiosa polla! Que folles el culo de mi mujer como yo nunca he podido”

    Eso era demasiado, nunca me había imaginada aquel nivel de humillación, aquel nivel de degradación. Lo peor era que si no continuaba todo lo anterior no serviría de nada, y ademas mi mujer me odiara, seria el fin de nuestro matrimonio, sin mencionar que ella parecía disfrutar todo aquello.

    —Te supli… Te suplico ¡Oh gran polla! Qué folles el culo de mi mujer como yo nunca he podido —dije finalmente mientras se me escapaban las lagrimas de pura impotencia.

    La polla de David se introdujo en el culo de mi mujer, al principio solo la mitad. David controlaba totalmente la penetración subiendo y bajando el cuerpo de Carla, ella se intentaba mantener el equilibrio y se revolvía, emitiendo gritos ahogados por la mordaza. Poco a poco aquella polla empezó a meterse más y más en profundidad. Naomi estaba desatada, ella misma jadeaba, mientras me dirigía la cabeza, alternando entre el sexo de carla, llenándome la cara de su aroma y fluidos, para pasar luego a los huevos y la base de la polla de David. Me obligo a abrir la boca y succionarle los huevos mientras el coño húmedo de mi mujer golpeaba con fuerza en mi frente. Naomi se fue a buscar algún otro juguete, temblé al pensarlo, la imaginación y perversión de aquella mujer no dejaba de sorprenderme. Volvió con una mordaza, que me coloco con mucha habilidad, la mordaza proyectaba desde mi boca un dildo negro de un tamaño considerable. Guio nuevamente mi cabeza hasta que entendí lo que pretendía. Quería que follase el coño de mi mujer con esa cosa. Yo sabía que Carla nunca había probado una doble penetración y tampoco sabía su opinión al respecto, pero eso parecía que no importaba. Intente ser delicado, introduciendo poco a poco aquel dildo dentro de ella. Mi mujer emitió un sonoro grito, a pesar de la mordaza, y comenzó a moverse más rítmicamente, como si intentara sincronizar ambas penetraciones. Naomi se había colocado a mi espalda, y con una facilidad que me sorprendió sacó el plug de mi culo. Sentí que estaba completamente dilatado.

    —Vaya, que vacío te ha quedado el culito —dijo Naomi—. Voy a tener que llenarlo con algo.

    Senti como me comenzaba a penetrar, esta vez con un dildo que llevaba sujeto con un cinturón. Los siguientes minutos permanecimos los cuatro en esas posiciones, jadeando, sudando y hundiéndonos en aquel ritmo primario. Por un momento mi prejuicios e ideas desaparecieron, y solo quedo el deseo de ir más allá, de complacer a mis nuevos amos, de dar placer a cualquiera de los tres aunque fuese a costa de mi dolor y humillación. Mi polla estaba a punto de correrse, sin que nadie la estimulara, note como la temperatura de mi cuerpo aumentaba, como todo me empezaba a dar vueltas, era una sensación mucho más intensa que cualquier orgasmo que hubiese tenido.

    Un par de sacudidas salvajes, sentí como Naomi también se corría, escuche como gemía de puro placer, mientras empujaba aquel dildo, lo más profundo que podía dentro de mi. Puede ver entonces como los huevos de David se contraían y su polla se vaciaba dentro de mi mujer. Hubo unos segundos de silencio, donde solo se escuchaban las respiraciones intentando retornar a la normalidad.

    —Vamos al baño —dijo finalmente nuestro nuevo amo.

    Naomi se desabrocho el cinturon, pero dejo el dildo dentro de mis entrañas, y de esa forma me llevo como un perro detrás de ella, estirándome para que fuera más rápido, yo sentía como mis huevos se estiraban con cada movimiento de mis piernas. Delante de nosotros, pude ver como mi amo obligaba a ir de rodillas a mi mujer mientras la sujetaba del pelo.

    El baño era amplio y decorado con un gustó exquisito, tenían ademas de una gran bañera, una ducha enorme donde cabían fácilmente varias personas. Definitivamente aquel baño había sido construido con intenciones de ser usado para sus fetiches. David se apoyo en una pared, y sin decir ninguna palabra le quito la mordaza a Carla y la dirigió hasta su polla. La misma polla que momentos antes había estado en su culo, pero ella no pareció tener reparos empezar a chupársela y limpiársela. Naomi me quito el cepo de los huevos, cosa que agradecí enormemente, también me quito la mordaza/dildo y el consolador de mi culo. Me miro y se burlo de mi cara, sucia y descolocada, me golpeo ligeramente la cara con los consoladores usados mientras se reia.

    —Se que te lo has pasado bien —me dijo sonriente—. Te aseguro que esto es solo el principio, cada día descubrirás que disfrutas más y más de ser toda una puta.

    El dildo que había usado para follarme el culo lo pego con una ventosa a la pared de la ducha. Me tomo del pelo y me llevo hasta el.

    —Es importante que aprendas, a meterte cualquier cosa lo más profundo que puedas en la garganta —dijo describiendo mi nueva tarea— Para practicar, después de cada sesión limpiaras con la boca todos los juguetes que usemos, hoy ya tienes trabajo. Y tienes que esforzarte, hasta que mates por completo tu reflejo de arcada. Y créeme si no lo haces tú mismo, lo haré yo, y no seré amable si tengo que tomarme la molestia. Ahora empieza puta.

    Totalmente sometido, no me planteé otra idea que no fuera obedecer. De rodillas comencé a chupar aquel dildo lleno de lubricante, que antes había estado entero dentro de mi. Me dolía la boca, las rodillas, y los huevos. Y mi culo dilatado ademas de dolor sentía como me escocia tremendamente. . Pero hice mi mayor esfuerzo para tragarme toda aquella polla de latex.

    Naomi me dejo ahí y se marcho al otro lado, donde David se divertía con mi mujer, donde yo no podía ver nada. Escuche como se besaban mientras mi mujer seguía dedicada a manarle la polla a David.

    —Realmente esta perra esta sedienta por chupar —dijo David.

    —No me extraña, yo también me quede enamorada de tú polla, pero ahora pasámela, quiero que la perra me coma a mi también.

    ¨Pasamela” hablaban de mi mujer como si fuera un objeto. Y realmente era lo que eramos ahora, objetos sin voluntad, sus juguetes de placer. Estuvieron un buen rato follando entre ellos, usando a Carla como complemento. Yo solo podía imaginar las practicas y posiciones que adoptaban por los sonidos primarios que escuchaba. De repente, me fije en mi mismo, estaba moviendo rítmicamente, esforzándome por contener las arcadas, y mi polla dura como pocas veces. ¿Realmente me excitaba todo eso? ¿Me ponía cachondo chupar un dildo de latex mientras, unos practicamente desconocidos se follaban a mi mujer a dos metros de mi? Realmente no me reconocía.

    Un fuerte gemido me indico que David volvía a correrse.

    —Uf eso ha estado muy bien —dijo Naomi con la respiración entrecortada.

    —Muévete, tengo que mear —dijo David.

    —Espera ¿donde vas? No hace falta que des un paso —dijo Naomi con voz maliciosa—. ¡Perra, ya has oído a tu amo! Tiene que mear. Abre la boca.

    Un silencio, seguido de un bofetón. Yo sabía que Carla siempre había sido reacia a aquellas cosas, para ella, quienes practicaban al lluvia dorada eran unos pervertidos. ¿Pero que otra cosa si no, eran nuestros amos?

    —¡No me has oído! Nadie te ha preguntado, abre la boca.

    Escuche como el meado de David empezaba a caer, ¡Dentro de la boca de mi mujer! Realmente no había limite en cuanto a lo que nos harían. Escuche como Carla se atragantaba con el liquido, como llevaba su boca y desbordaba manchado todo su cuerpo.

    —Mira como lo has puesto todo, cerda —dijo Naomi riendo—. La próxima vez te obligare a sorber del suelo cada gota que se te caiga. Pero hoy te has portado bien, después de todo, ven debes de echar de menos a tu marido.

    Naomi me indico que podía sacarme aquel dildo de la boca, me giro y hizo que carla se arrodillara enfrente de mi. El maquillaje estaba todo movido, como si volviera de una fiesta loca, el peño enmarañado, tenía corrida por toda la cara, aun podían verse gotas de pis que le salpicaban toda la piel, olía ademas de a orín, a sexo y sudor. Nunca la había visto de aquella manera, nunca me había excitado tanto solo de verla.

    —Besaos quiero que disfrutéis el uno del otro —ordeno Naomi—. Quiero que lamas la piel de tu mujer, que sabores su humillación.

    Hicimos lo que nos dijo nuestra ama, ¿cómo no hacerlo? Ya habíamos asumido que tendríamos que obedecer, fuera lo que fuera. Y con el tiempo aprenderíamos a disfrutarlo, a desearlo.

    Acaricie sus cuerpo mientras la besaba apasionadamente, ella me devolvía los besos, pero no eran los besos de mi mujer, eran los besos de un animal, una bestia sedienta de más que no puede reconocer.

    Naomi entro a la ducha, levanto una pierna y la apoyo en la pared. Esta vez fue ella quien orino encima de nosotros, apuntando a nuestras bocas entrelazadas. Continuamos besándonos con más ansia mientras bebíamos el néctar que nuestra ama nos ofrecía.

    Mientras David y Naomi se duchaba, yo termine mi tarea de limpiar los consoladores que habían usado. Mi mujer simplemente se enrosco en el suelo a descansar mientras yo terminaba. No nos permitieron ducharnos, nos tendríamos que ir así a casa, al menos esta vez nos dejaron recuperar nuestra ropa, cosa que agradecimos sinceramente. Mientras nos vestíamos Carla se quedo mirando a la ropa interior que había dejado Naomí, tres tangas y dos bragas. Ya no me acordaba de la tarea que le había asignado el primer día. La mire con preocupación, no sabía si ella podría resistir todo aquello, no sabía si yo podría hacerlo.

    —¿Estas bien? —le pregunte tocándole el hombro. — Si quieres…

    Antes de que yo pudiera terminar de decir nada, ella levanto la mirada hacía mi. Y me sonrío, no era una sonrisa, fingida, ni una sonrisa de “no te preocupes saldremos adelante”, era una sonrisa genuina. Me planto un beso en los labios, y sin perder la sonrisa empezó a llenarse la boca con la lencería de su ama.

  • El hombre misterioso (parte 2)

    El hombre misterioso (parte 2)

    Tras casi una hora de espera y varios orgasmos fallidos, por fin teníamos nuestro reservado. Liam se acercó a nosotros para guiarnos hasta el lugar, ya que, con tanta gente, era imposible ver el punto exacto al que teníamos que ir. Mi novio entrelazó sus dedos con los míos y tiró de mí, a modo de señal, para que le siguiera entre la marea de personas que disfrutaban de la noche del sábado, aunque mis ojos solo podían fijarse en mi nuevo amigo, que me miraba atónito mientras pasaba por delante de su mesa, me imaginé que no le hizo mucha gracias que me fuera, cuando empezaba a disfrutar de la noche.

    Por fin llegamos al reservado y pude ver con mis propios ojos, como realmente merecía la pena el lugar, para esperar todo lo que habíamos esperado. Antes de entrar nos explicaron el funcionamiento de la pantalla, si estaba en rojo, significaba que nadie podía entrar, ni siquiera el personal del bar, mientras que, si estaba en verde, el acceso era libre para cualquier persona, sin embargo, cuando la pantalla se ponía en amarillo, significaba que solamente tenía acceso la persona que tuviese un código. Tras explicarnos todo, Liam, por fin, tecleó un código y la puerta se abrió, permitiéndonos pasar.

    Tras cruzar la puerta, nos encontramos con una terraza increíble, con unas vistas impresionantes del skyline de la ciudad, tan maravillosas que resultaba imposible fijarse en el resto de la estancia.

    – A ver chicos os voy a contar como va todo esto. Cuando queráis pedir algo, lo podéis hacer a través de esta tablet, seleccionáis vuestras bebidas y nos mandáis el código. Cuando queráis que os las sirva, ponéis la luz en amarillo y vengo. – Nos explicó Liam.

    – Vaya cuánta privacidad, te tengo que dar permiso para que me sirvas jajaja. – Bromeó mi novio, mientras clavaba sus ojos llenos de lujuria en mí.

    – Mucho código y muchas luces, para esa pared es toda de cristal y da justo para la terraza pública. Se ve toda la gente al lado nuestro como si estuviésemos en una terraza normal. – Protesté, mirando hacia la cantidad de gente que había en el lado contrario.

    – No os he contado una cosa. Esa pared de allí, es un espejo bidireccional, como los que se usan en las salas de interrogatorios de la policía. De un lado es un espejo y del otro es un cristal, vamos que no os pueden ver, pero vosotros si podéis verlos a ellos, pero tenéis que tener en cuenta la luz. Para que no os vean no podéis dar la luz, porque el efecto del espejo puede fallar. – Nos terminó de explicar mientras salía del reservado a por nuestras bebidas.

    Mientras esperábamos a Liam de vuelta, con nuestras consumiciones, comenzamos a inspeccionar la espaciosa estancia. Siguiendo sus consejos, no encendimos la luz, pero con las luces de la ciudad, la que venía de la terraza de al lado y las pequeñas velas repartidas por toda la terraza, el lugar tenía un aspecto mágico. En el centro había un enorme sofá negro, en forma de U con una mesa de cristal en el medio y dos más pequeñas en los laterales y justo a cada lado, dos sillones grandes, a juego con el sofá. Sin duda, eran muebles más propios de un salón, que, de una terraza de un pub de moda, pero le daba a la estancia, un aire moderno y elegante.

    Yo no podía apartar la mirada de las vistas, he vivido en esta ciudad desde que nací, tendría que estar acostumbrada a ver los rascacielos llenos de luces iluminar las noches oscuras, pero cada vez me impresionaba más.

    Seguía apoyada en la barandilla de cristal del increíble mirador, admirando las vistas tan impresionantes que tenía ante mí, mientras el aire fresco de la noche me daba en la cara, cuando note unas manos en mi cintura. Evan se iba pegando cada vez más a mí, hasta el punto que noté su tremenda erección contra mi culo, mientras él me envolvía en sus brazos. Poco a poco me fui girando hasta quedar de frente a él, sus manos iban bajando por mi vestido, hasta que las puso por debajo de este, acariciando mi culo desnudo, ya que seguía sin bragas.

    Comenzó a besarme, su boca se apoderaba de la mía, de una manera salvaje, nuestras lenguas jugaban una con la otra, mientras nos devorábamos uno al otro. Sus manos seguían apretando mi culo y las mías estaban alrededor de su cuello. Poco a poco fui bajando mi mano derecha, acariciando todo su cuerpo, hasta que llegué a la altura de su entrepierna. Comencé a acariciarle por encima del pantalón y notaba como su polla se movía en su interior. Me moría de ganas de que me follara y por lo que noté, él también, seguíamos besándonos y acariciándonos como locos, hasta que sonó un pequeño timbre.

    En ese momento se abrió la puerta y apareció Liam con nuestras bebidas, mientras nosotros nos separábamos, intentando disimular que no estábamos haciendo nada.

    – Chicos aquí tenéis vuestras bebidas, os dejo para que disfrutéis del reservado. Por cierto, una última cosa antes de que me vaya, en el reservado no os pueden ver, pero sí os pueden oír. – añadió Liam en tono de burla, mientras desaparecía por la puerta.

    De nuevo estábamos solos, me volví a girar sobre la barandilla, con la intención de seguir admirando las vistas. Evan se acercó a mí, posando sus manos en mi cintura tal y como había hecho minutos antes. Comenzó a besarme suavemente por el cuello, a la vez que me susurraba al oído.

    – Me encantaría follarte aquí, sobre esta barandilla, delante de toda la ciudad. – Me susurraba sobre mi oído.

    – No sé qué te ha dado hoy con follar en público.

    – ¿En serio, no te da morbo follar aquí? Mira todos esos rascacielos, con tantas ventas, piensa que detrás de cada una de esas ventanas hay una persona mirándote, mientras tú estás a punto de correrte y que solamente con mirarte, esa persona, también quiere correrse.

    – Pues no sé, nunca lo he probado, asique no sé si me gusta o no.

    – Eso tiene fácil solución, vamos a probarlo ahora mismo.

    Volvió a girarme entre sus brazos para comenzar de nuevo a besarme de una manera desesperada, mordiendo mis labios como un animal hambriento. Metió uno de sus dedos en mi coño y acto seguido el segundo, yo estaba más que lista para que me follara, de hecho, creo que llevaba lista varias horas, pero él seguía torturándome con sus dedos dentro de mí, volvía a estar cerca, pero sabía de sobra que no iba a permitir.

    Como pude me liberé de su boca y de sus manos, me agaché, quedando mi cara a la altura de su entrepierna y le desabroché los pantalones, su polla dura saltó como un resorte y en cuanto la tuve en mis manos no pude resistirme a llevármela a la boca. Empecé a chupársela de manera suave y lenta, notaba como cada vez que me la metía en la boca, ese trozo de carne se estaba poniendo más y más duro. Su respiración era agitada, cada vez más y no tardó mucho en colocar su mano sobre mi cabeza para empezar a follarme mi boca cada vez más rápido.

    – Mira nena, todos esos edificios de alrededor, están llenos de personas que está viendo cómo me la chupas y todos saben que ahora mismo estás muy caliente y que lo único que quieres es que te folle muy duro.

    No podía hablar con su polla dentro de mi boca, pero sus palabras calaron muy hondo dentro de mí. Por mi mente empezaron a pasar todas esas fantasías de hombres y mujeres observándonos y posiblemente la mayoría de ellos se estaban tocando o incluso follando mientras no miraban a nosotros, era una sensación rara, entre miedo, vergüenza y placer, mucho placer y eso hacía que chupara de manera frenética esa polla que me atravesaba la boca hasta llegar casi al principio de mi garganta.

    – Ufff como no pares me voy a correr. – Me decía Evan, mientras tiraba de mi pelo con intención de que parara.

    – Quiero que me folles ya, lo necesito. – Le rogaba, casi llorando de la desesperación.

    Me ayudó a levantarme, sin apartar su mirada llena de lujuria, de mí. Me volvió a besar y me obligó a apoyarme en la barandilla de la terraza. Él se colocó detrás de mí, con sus manos en mi cintura y su polla dura como una piedra, rozando mi coño, si me movía un poco conseguía metérmela, pero él no me dejaba.

    – Si quieres que te folle, tiene que ser así, mirando a todas esas ventanas, que todo nuestro público vea como disfrutas de mi polla.

    – Vale, fóllame como quieras, pero por favor hazlo ya.

    Me la fue metiendo poco a poco, mientras me agarraba del pelo, para sujetar mi cabeza y evitar que apartara la vista de todos esos edificios. Cuando terminó de metérmela, vimos que, en el edificio más cercano, salía un grupo de cuatro o cinco personas a la terraza.

    – Vaya, al final si vamos a tener público. – Me susurraba Evan en mi oído.

    En ese momento no podía hablar, no sabía que quería, por un lado, estaba muerta de miedo y de vergüenza por si esas personas nos podían ver, pero por otro, estaba tan caliente que lo único que quería era que me follase, sin importarme nada lo que pasase a mi alrededor.

    – Nena, ¿quieres que pare?

    – ¡No! Fóllame ya, necesito que me folles y no me importa quién nos mire.

    En ese momento Evan, empezó a moverse dentro de mí, al principio fue suave, pero poco a poco fue aumentando el ritmo y metiéndomela cada vez más fuerte. Yo no paraba de mirar a esas personas, pensando si nos estarían viendo o no. Empecé a notar como el orgasmo crecía dentro de mí y sabía que sería muy fuerte.

    – Nena, estoy a punto de correrme. – Me susurraba Evan, con la respiración acelerada.

    – ¡Y yo! – Conseguí decir entre gemidos.

    – Recuerda, que sí nos pueden oír, tu sabrás que clase de espectáculo quieres dar. – Me dijo en tono de burla.

    Ya no aguantaba más y él tampoco. Como pude me incorporé buscando su boca. Nos devoramos uno al otro, ahogando nuestros gemidos, mientras nuestros orgasmos llegaban casi a la vez. Sin duda fue increíble.

    Nuestras lenguas seguían entrelazadas mientras nuestras respiraciones se iban calmando poco a poco de los orgasmos que habíamos tenido. Poco a poco nos fuimos separando uno del otro, mis piernas todavía temblaban, sin duda había sido sexo salvaje, muy salvaje y en ese momento por mi cabeza pasaba la idea de que hubiese sido de esa forma, por el morbo de que alguien nos pudiera haber visto.

    Evan tiró de mí, para llevarme al enorme sofá, nos sentamos y comenzamos a hablar de cosas sin importancia. Al cabo de un rato y de varias copas, empezó a acercarse más a mí, mientras su mano acariciaba mis muslos, sin llegar al interior del vestido.

    – ¿Te ha gustado lo de antes? – Me preguntó cambiando de tema de manera radical.

    – Sí, me ha gustado. – Contesté tímidamente.

    – ¿Solo te ha gustado? A ver nena, ha sido increíble y los dos sabemos el motivo por el que ha sido tan increíble. Reconócelo, te ha gustado el saber que había gente ahí y que nos podían ver.

    – Bueno, vale, sí me ha gustado mucho, ha sido increíble y sí, me ha calentado mucho la idea de ver a esas personas y ser descubiertos.

    – Sabes, este sitio es perfecto para volver a follar. Esta vez, sería más cerca de las personas, ya sabes tú puedes verlos, pero ellos a ti no.

    Mientras seguíamos hablando, a mi mente volvió el increíble orgasmo que había tenido hace escasa una hora y sí, fue tan increíble debido al miedo y a la vez morbo de ser descubiertos por desconocidos.

    No sé qué me pasó por la cabeza, cuando me lancé a Evan y empecé a besarlo de una manera desesperada, mientras tanto mis manos fueron directas a su pantalón. No tardé más que unos segundos en liberar su tremenda erección. Era increíble como después de semejante orgasmo, volviera a estar duro como una piedra. Nos quedamos mirándonos uno al otro, aunque mis ojos querían mirar esa tremenda polla que tenía para mí. Poco a poco me fui agachando, quedando de espaldas a la pared de cristal, con la intención de metérmela, de nuevo en la boca, hasta que él me frenó.

    – Nena, ¿no crees que es mejor que te pongas de lado? Así me la puedes chupar, mientras ves al resto de la gente. Seguro que te gusta más.

    No dije nada, solamente me giré tal y como él me había indicado. Intentando no pensar en lo que pasaba tras ese cristal, me metí la polla en la boca y comencé a chupar. Me fui relajando poco a poco, a medida que me olvidaba de donde estábamos y me centré en hacerle a mi novio una mamada espectacular. Sabía que lo estaba haciendo bien, cuando noté su mano sobre mi cabeza, le encantaba acariciarme el pelo cuando se la chupaba y de vez en cuando empujar mi cabeza para que me tragara todo su miembro, lo cual hacía gustosamente.

    Mientras me intentaba colocar en una mejor posición para continuar mi tarea, desvié la mirada hacía el cristal, en ese momento, una persona se acomodaba en la mesa más cercana a la pared y no era otro que el hombre misterioso que unas horas antes me había estado mirando. No sabría decir si me gustó o no su presencia, lo que sí sé es que seguí devorando esa polla, como una loca. Mientras tanto, mi novió empezó a meterme los dedos en el coño y un nuevo orgasmo no tardó en empezar a crecer en mi interior.

    Evan, me paró de nuevo, me obligó a sacar su tremenda erección de mi boca, me tumbó en el sofá y el sobre mí. Comenzamos a besarnos, mientras sus manos, recorrían todo mi cuerpo, una vez más, la única diferencia es que esta vez, tiró de mi vestido hasta conseguir quitármelo. Empezó a bajar, besando todo mi cuerpo, torturándome, mientras pellizcaba y lamía mis pezones, que estaban muy duros y sensibles. Continuó bajando por todo mi cuerpo, mientras me llenaba de besos, hasta que llegó a la altura de mi coño. Nuestras miradas se cruzaron y sonriéndome me dijo:

    – Te recuerdo una vez más, que no nos pueden ver, pero sí escuchar.

    Y sin darme opción a contestar, se lanzó a devorar de una manera salvaje mi coño. Intenté contener mis gemidos, al principio no me costó mucho, hasta que desvié mi mirada hacia la pared de cristal.

    Ahí seguía él, el hombre misterioso, que llevaba mirándome toda la noche. Era curioso, como el resto de las personas, estaban sentadas de espaldas a la pared, la mayoría disfrutaban de las vistas, pero él no, él estaba mirando hacia la pared, como si estuvieses castigado. Miraba con interés, como si realmente estuviese viéndonos. No podía apartar la vista de él y un nuevo orgasmo empezaba a crecer dentro de mí. Cada vez me resultaba más difícil aguantar mis gemidos, Evan no paraba de torturarme con su boca y mi amigo no paraba de mirarme o al menos eso pensaba, estaba a punto de correrme.

    En ese momento, Evan, metió un segundo dedo en mi coño, cada vez era más difícil ahogar mis gemidos. Empezó a follarme con sus dedos, cada vez más rápido y yo no podía apartar la mirada del cristal y vi algo que realmente me impactó.

    – ¡Evan, mira el cristal! – Conseguí decir en un susurro.

    Alzo su mirada, quedando perplejo de lo que veía, al igual que yo. El hombre misterioso, se había sacado la polla y estaba masturbándose.

    – ¿Nos está viendo? – pregunté en un ataque de pánico.

    – Tranquila, nadie nos está viendo. Fíjate en el resto de las personas, nadie se ha dado cuenta de que estamos aquí. Además, cuando te dije de venir a aquí, yo ya sabía cómo era esto. Liam me contó lo que suele hacer la gente en este sitio y también me dijo que nadie del otro lado, había visto nada. – Me contó con intención de tranquilizarme.

    – Entonces, ¿qué hace masturbándose en una terraza llena de gente mirando hacia un espejo donde supuestamente no ve a nadie? – Protesté bastante nerviosa.

    – Pues no sé, le gustará el riesgo. ¿Quieres que siga y vemos si es cierto que nuestro amigo sabe lo que hacemos? Total, el resto de la gente no se ha fijado en nosotros.

    – Bueno, vale, puedes seguir, pero si alguien más se fija en nosotros, paras y nos vamos.

    – Tranquila, que eso haré.

    Volvió a tumbarse sobre mí, para volver a besarme. Esta vez me besaba de manera suave y lenta, quería tranquilizarme y la verdad es que lo estaba consiguiendo. Sus manos volvieron a acariciarme todo el cuerpo. Sus dedos volvieron a mi coño, seguía tan caliente o quizás mas que antes, sabiendo que ahora alguien nos miraba, aunque no estuviese muy segura de ello.

    Mientras Evan, seguía follándome con los dedos y jugando con su boca en mi cuello, yo no paraba de mirar a el hombre misterioso, como se masturbaba suavemente y con mucho cuidado de no ser visto.

    – ¡Fóllame ya! – Susurré desesperada.

    – ¿Segura?

    – ¡Si! Te necesito dentro ya.

    Y sin hacerse de rogar mucho, me la metió de un solo golpe. Me mordí los labios tan fuertes como pude para poder ahogar mis gemidos. Evan empezó a follarme, mientras nuestras miradas iban hacia el cristal. Nuestro amigo, seguía con la polla fuera, cada vez se le veía más grande y más dura y eso hacía que nosotros nos excitáramos mucho más.

    Evan cada vez me follaba más duro, estábamos a punto de corrernos los dos y por lo que pudimos ver, el hombre misterioso también. Evan paró, salió de dentro de mi y se sentó, tiró de mí, para que me sentase sobre sus piernas y seguir follándome, lo único que me pidió es que me sentase mirando al cristal, para que los dos pudiésemos ver lo que pasaba en el otro lado.

    Al igual que antes, empezó a follarme de una manera fuerte y salvaje. Yo ya no podía más, necesitaba correrme otra vez más y sabía que el próximo orgasmo sería mucho mas fuerte que los anteriores.

    Evan cada vez me follaba más rápido y con una de sus manos, me sujetó la cara para que dejara la mirada fija en el cristal.

    El hombre misterioso, seguía masturbándose, cada vez más rápido, su orgasmo también era inminente. De repente vimos como hacía unos pequeños movimientos con su cuerpo y de su polla salían chorros de semen que impactaron contra el cristal. En ese mismo momento, Evan y yo nos corrimos casi a la vez, afortunadamente, él puso su mano sobre mi boca y su boca mordiendo mi cuello, para evitar que alguien nos escuchase. Fue realmente increíble.

    – ¿Te ha gustado? – Me preguntó, con su polla dentro de mí.

    – Ufff si, ha sido increíble. – Contesté como pude, ya que todavía me faltaba el aire después del tremendo orgasmo. Lo que mas me ha sorprendido es lo mucho que me ha excitado saber que ese hombre estaba ahí detrás masturbándose. Al principio me ha asustado un poco, pero luego me ha gustado muchos.

    – Ya sabía yo, que te iba a gustar.

    – Pero, ¿cómo sabe lo que estábamos haciendo? El resto de las personas ni se han enterado.

    – No sé, no tengo ni idea. Lo único que sé es que nosotros nos lo hemos pasado muy bien y él parece que también.

    Tras vestirnos, volvimos a pedir unas bebidas y aprovechar el poco tiempo que nos quedaba en el reservado. Cuando Liam nos las sirvió, vimos que, a el hombre misterioso, también le habían servido la suya. Seguía mirando hacia el cristal, tomó su copa y levantándola, parecía que nos quería saludar.

    Cuando terminamos, salimos del reservado, nos despedimos de Liam y cruzamos el bar para llegar de nuevo al ascensor. Cuando llegó, entramos los dos solos en el ascensor y en el momento en el que las puertas se cerraban, una mano desde fuera lo impidió, era él, era el hombre misterioso. Estábamos los tres solos en el ascensor, en silencio hasta que nos miró y nos dijo:

    – Buenas noches, os he visto antes en el pub. Vi que entrasteis a uno de los reservados. Sois muy afortunados, hay mucha lista de espera para conseguir uno. ¿Es cierto que son tan espectaculares como dicen? – Nos preguntó de manera agradable.

    – Sí, están muy bien y tienen unas vistas maravillosas. – Respondió Evan por los dos.

    – Vaya, espero conseguir uno algún día. ¿Venís mucho por aquí? – Nos preguntó de nuevo.

    – De vez en cuando. – Volvió a contestar Evan.

    – Yo sí, vengo todos los fines de semana. Me llamo Fran, este es mi número de teléfono. Llamadme cuando volvías, seguro que pasamos un rato divertido los tres. – Nos dijo, mientras nos entregaba su tarjeta con sus datos.

    Por suerte, las puertas del ascensor se abrieron y salió Fran despidiéndose de nosotros.

    – Un placer haberos conocidos, chicos. Pasarlo muy bien. – Se despidió Fran de nosotros.

    – Muchas gracias, igualmente. – Contestamos Evan y yo a la vez.

    – Por cierto, muy bonito tu vestido, te queda realmente bien. Espero poder verte algún día sin él. – Me dijo, mientras desaparecía entre la gente la ciudad.

    No pude ni contestarle, la verdad es que no me esperaba lo que dijo. A las pocas semanas, volvimos al pub, Evan lo llamó, pero el número no existía. Nunca mas lo volvimos a ver, ni supimos si realmente nos vio o no.