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  • Despedida caliente

    Despedida caliente

    Faltaban 25 minutos para poder llegar al trabajo y ya tenía que salir del departamento si es que quería llegar a tiempo.

    Busqué las llaves en mi bolsa y me giré buscando a Abigail.

    Estaba recostada en el sofá todavía con la pijama puesta. Una pijama rosa de palo oscuro con flores de un tono de rosa más claro, la pijama era afelpada a pesar que el clima ya no era frío, a veces pienso que se pone esa porque le da pena usar una más corta y acorde al clima por pena a que le vea más piel. Aunque eso es imposible pues nos hemos visto desnudos en varias ocasiones, pero aún no tenemos ese nivel de intimidad que se requiere para estar en pura ropa interior frente al otro.

    Yo iba de prisa porque se me hacía tarde y ella hoy no salía a ninguna parte así que iba pasar un día en casa.

    La miré hermosa, con esa sonrisa que tanto me fascina, con esos labios que me invitan a besarla así que eso hice.

    Me incliné a besarla para despedirme, pero mientras la besaba puse una mano en su entrepierna, ella recibió mi caricia mordiendo un poco mi lengua así que comencé a frotar mi palma contra su sexo por encima de su ropa.

    Nuestras bocas estaban unidas en un beso caliente solo se separaron cuando el aire en los pulmones fue insuficiente, la vi recostada con los ojos cerrados y disfrutando las caricias, ya que mi mano seguía subiendo y bajando por su entrepierna, mi boca busco su pecho y se prendió de su pezón derecho al mismo tiempo que introducía mi mano entre su pijama y sus bragas.

    Estaba mojada y lista, pude sentir la humedad por encima de la tela y comencé a acariciar nuevamente, ahora solo la delgada tela de sus bragas impedía el contacto directo de mi mano y su piel, fui despacio, primero un dedo y luego otro, fui lento, sus reacciones me indicaban el camino y en donde le gustaba que la tocara.

    Cuando sus piernas temblaban le susurraba aún con su pecho en mi boca:

    -Le atiné al lugar correcto

    Ella solo sonreía y seguía disfrutando, mis dedos fueron más rápido al ritmo de su respiración, fue sublime sentirla temblar cuando llego el orgasmo, fue fantástico sentir su miel mojando sus bragas, su magia pura escuchar sus jadeos cerca de mi oído, fue surreal llevarla al clímax de esa forma.

    Seguí frotando más lento unos minutos más hasta que ella se levantó y comenzó a acariciar mi falo por encima del pantalón, abrió la bragueta y sacó mi erección para ponerla en su mano y regresarme el favor.

    Yo estaba caliente y me corrí en la palma de su mano luego de un par de minutos, me limpie y salí faltando 10 minutos para mi entrada sabiendo que no llegaría a tiempo y a toda prisa prometiendo que por la tarde al llegar continuaremos con lo que terminó inconcluso.

  • Retomando la relación con mi hermanastra

    Retomando la relación con mi hermanastra

    Tengo una hermanastra llamada María, ella es hija de la actual mujer de mi padre, de forma que entre ambos no hay ningún lazo de sangre, aunque sí muy buen rollo.

    Tiene un par de años más que yo, el pelo liso, negro, y un cuerpo que realmente nunca he podido ver bien, pero que me muero de ganas por hacerlo.

    Nosotros nunca hemos tenido una relación muy estrecha, a pesar del parentesco por la parte de nuestros padres siempre hemos hecho vidas separadas, sin embargo, ahora que somos adultos nos hemos dado cuenta de que realmente tenemos muchas cosas en común, y que lo pasamos bien juntos.

    Para ir estrechando esa relación un poco inexistente la invité hoy a mi casa, a tomar una birra o un café y charlar un rato.

    Estuvimos hablando sobre los trabajos, sobre nuestros compañeros de piso y nuestros ex, siendo de hecho una noticia muy agradable el enterarme de que ella ya no tenía pareja.

    Estuvimos hablando durante aproximadamente 1 hora, la calefacción (que había puesto a tope) empezó a surtir efecto, y dijo:

    – Estoy asada, voy a quitarme el jersey que me muero de calor.

    Y yo me hice el despistado, como si no fuera conmigo la cosa. Sin embargo, en el momento de quitárselo no le aparté los ojos de encima. Se lo sacó lentamente por la cabeza, dejando al descubierto un top transparente con una camiseta interior muy cortita debajo.

    Podía notar dónde estaban sus pezones, marcados sobre el negro de su camiseta, pero mirando con disimulo, porque no quería que ella se diera cuenta de que la estaba mirando, ya que no sabía que tenía ella en mente.

    Poco después de eso, y como quien no quiere la cosa, le pregunté que de dónde había venido ese rozón que tenía en el costado izquierdo, me dijo que haciendo ejercicio se había arrastrado por el suelo y se había quemado con un suelo de madera, una cosa superficial, pero que dolía lo suyo.

    Yo no pude por menos que hacerle una suave caricia en ese momento. Noté cómo se estremecía su piel, y me miraba con una sonrisa.

    Abrimos la siguiente cerveza, y como era ya costumbre brindamos y apoyamos en la mesa (porque el que no apoya no folla), esto mientras me miraba a los ojos y bajaba la mirada de forma aparentemente inocente.

    Yo estaba completamente despistado, porque no sabía si ella quería algo, o si realmente solo era amable conmigo, pero el que no arriesga no gana, de manera que decidí subir la apuesta, a lo que le dije:

    – Me encanta cómo huele el perfume que te has echado hoy. – Mientras me acercaba poco a poco a su cuello, oliendo realmente la mezcla de sudor, acondicionador y perfume que destilaba, y aposté todo lo que tenía en el momento, dándole un tímido beso en el cuello.

    Ella me miró sorprendida, y yo reaccioné echándome para atrás y retirando mi mano, pero rápidamente ella cogió mi mano y la apoyó sobre su pecho. Nos quedamos unos segundos así, respirando de forma agitada y sujetando suavemente su teta derecha, hasta que ella rompió el hielo y se inclinó para besarme.

    Fue un beso largo, húmedo y suave que me excitó muchísimo. Llevaba años soñando y masturbándome con la imagen de ese beso, con esos labios carnosos en esa cara preciosa, con los mechones de su flequillo cayendo sobre mi frente. Mientras nos besábamos yo me fui dejando caer sobre el sofá, y ella con todo su peso encima de mí. Rápidamente se puso a horcajadas encima de mi polla, ya muy dura a estas alturas, y se empezó a restregar contra ella, soltando de vez en cuando unos gemidos, mientras me besaba y se iba quitando las pocas prendas que le quedaban.

    Se quitó el top transparente azul, dejando al aire la pequeña camiseta interior que ya le veía antes, y acto seguido me quitó a mí mi camiseta, momento que yo aproveché para sacar sus tetas, sus preciosas tetas que veía por primera vez pero que eran tal como me las imaginaba. Disfruté durante un instante del contacto piel con piel, de cómo jugaban sus pezones con los pelos de mi pecho, cómo se aplastaban al echarse hacia delante, pero rápidamente las cogí y me las llevé a la boca, besándolas sin parar, succionándolas, chupando una y otra sin decidirme cuál me gustaba más. Enterré la cara en su pecho hasta sentir que podría correrme solo con la suavidad de su piel, momento en que decidí quitarle los pantalones vaqueros que llevaba.

    Por fortuna ya se había quitado antes las botas para estar más cómoda, así que simplemente desbroché su pantalón y se lo bajé un poco, permitiéndome ver el pequeño tanga de encaje negro que llevaba. Aproveché que ella se lo terminaba de quitar para deshacerme de mi pantalón y mis calzoncillos, dejando al aire como un resorte mi polla empalmada.

    En cuanto la vio se echó a ella impulsivamente, besándola, oliéndola, saboreándola. Me dio unos besos muy lentos en el glande, y pasó su lengua por todo el tronco, poco a poco, con ambas caras de la lengua, mientras me miraba a los ojos, y yo le suplicaba que se la metiera en la boca. Eso fue lo que hizo al instante. Se metió mi polla en su boca, y se la metió entera, y empezó a jugar con la lengua dentro de su boca, dándome un gusto en el frenillo que pensé que iba a correrme al segundo.

    Se sacó la polla de la boca y aproveché para besarla, saboreando de su boca todo lo que había saboreado de mi polla, lamiendo con ansia su boca y su lengua.

    Me recliné una vez más y ella se sentó de nuevo sobre mí, pero ahora sin ningún impedimento entre medias, sujetó mi polla con su mano y se la metió con un solo movimiento.

    El placer que sentí fue indescriptible, fue un placer cálido, cariñoso, húmedo, que conjugaba perfectamente con los besos que me daba, en los labios, en la frente, en las mejillas, haciéndome sentir muy afortunado, y cada vez más cerca del clímax.

    Dejé por un instante de amasarle las tetas y las bajé a su culo, un culo redondo y bien formado, suave y grande, que estuve agarrando y acompañando cada movimiento que ella hacía arriba y abajo botando sobre mi polla.

    En ese momento éramos bestias enfocadas únicamente al placer, y, entre gemidos, ella alcanzó a decirme:

    – Méteme un dedo.

    Y yo obedientemente estiré la mano, bañando mi dedo corazón en su lubricación, y lo ubiqué a la entrada de su culo, empujando poco a poco hasta que noté las paredes rugosas por dentro.

    Sentía con cada vaivén mi polla dentro del coño y mi dedo en su culo, de alguna manera conectados. Ella gritaba de puro placer, diciéndome al oído que no iba a aguantar más, y yo aceleraba el ritmo perfectamente acompasado, hasta que noté que ella se quedaba completamente quieta, apretando mi polla con su coño, apoyando sus manos sobre mi pecho, y un líquido caliente recorría mis muslos. En ese momento metí un poco más mi dedo en su culo, arrancando un último gemido, y me corrí dentro de ella entre espasmos y semen.

    Ella se tumbó apoyando su pecho sobre el mío, y sin sacar mi polla estuvimos unos cuantos minutos acariciándonos, oliendo el olor a sexo en el ambiente, el pelo, la piel, y haciendo pequeños movimientos de cadera que nos producían muchísima satisfacción. Poco después nos limpiamos y nos metimos en la cama completamente desnudos, durmiendo abrazados, y cogiendo fuerzas para el día siguiente, ya que no había hecho más que empezar.

  • Madre luchadora (2): La preparación con su hijo

    Madre luchadora (2): La preparación con su hijo

    María Fernanda había dominado al chico y a este lo había fascinado todo lo que había pasado, desde la pelea hasta el momento que tomó su virginidad. Una vez eyaculó dentro de ella, la diosa se levantó y puso un pie sobre su pecho.

    Después de su sesión de sexo, fue tirado al suelo y desde ahí miró a la Diosa que lo había desflorado de la manera más maravillosa posible.

    – “Chico, al final, ¿Cuál es tu nombre?”

    – “Aiden”

    María Fernanda quedó pensativa un momento ya que ese nombre le parecía familiar, pero le restó importancia y siguió su conversación.

    – “Interesante conocer el nombre de mi nueva víctima, ahora te toca admirar este espectáculo.”

    María Fernanda se colocó con un pie encima de su pecho, levantó los brazos a la altura de los hombros, doblando los codos y cerrando las manos en puño dirigiéndolas hacia abajo para contraer los bíceps, los cuales eran prácticamente del tamaño de una bola de softball.

    El muchacho siguió admirando el cuerpo de aquella diosa, que derramaba todo su sudor sobre el suyo, acción que solo encendía más sus pasiones.

    Admiraba ese tonificado cuerpo, aquellos abdominales que eran tan duros como una tabla de lavar, esas piernas gruesas y trabajadas, y las maravillosas tetas de colgaban de sus fuertes pectorales.

    – “A partir de ahora, espero que sepas quién manda en este club.”

    Aiden sabía que mientras estuviera en ese club, María Fernanda dominaría en la forma que ella quisiera. Ella eventualmente le dijo que fuera a vestirse y que podía marcharse

    Tras el combate, María Fernanda llegó cansada a su casa y estaba muy hambrienta, pero sintió el olor de la cena que su hijo estaba preparando, lo cual le hizo olvidar lo que había pasado en el día y fue a buscarlo inmediatamente.

    – “Aarón, mi amor, que estás preparando?”

    La diosa rodeó a su hijo por la cintura y le plantó un beso en la mejía. Aarón era un estudiante de 18 años que siempre había sido un muchacho muy estudioso y cariñoso con su madre, por quién el sentía una gran admiración, ya que es la mujer quién cuidó de él toda su vida.

    Ambos cenaron juntos la ensalada de patatas que el joven estaba preparando y hablaban de como habían ido sus días.

    – “Mi amor, después de haber luchado contra un tipo del club, estoy algo tensa y quisiera que me dieras un masaje.”

    -“Claro, mamá, solo acuéstate en tu cama y ponte cómoda, yo vuelvo en un rato.”

    María Fernanda se puso una tanga blanca que hacía resaltar su piel morena, y se recostó de espalda en su cama, cuando Aarón llegó tenía una botella de aceite, con la que frotaría el cuerpo de la gigante

    Aarón admiró el físico de su madre, ya que la conoció desde el primer momento que había sido seducida por la intensa emoción de caminar en el escenario en un diminuto bikini, con su cuerpo musculoso aceitado hasta brillar bajo las brillantes luces de la arena, y flexionando sus poderosos músculos ante una audiencia entusiasta y claramente excitada de cientos de mirones

    El muchacho también se puso cómodo en unos bóxer, se subió encima de sus musculosa espalda de su madre, la cual estaba desnuda excepto por una tanga, para darle un masaje sensual con aceite después de una lucha.

    Sintió cada centímetro de su espalda. Pasó más tiempo masajeando sus trapecios y sus increíbles hombros. Esos eran los músculos que normalmente recibían masajes, ¿verdad? En realidad no sabía lo que estaba haciendo, pero María Fernanda sentía una gran satisfacción al saber que a su hijo le encantaba su trabajado físico.

    Aarón sabía que se suponía que ahora debía pasar a su trasero. Nunca había sentido un trasero tan duro, tan musculoso… era como cualquier otra parte de ella. Tenía unos glúteos perfectos al igual que todos sus otros músculos

    Bajó hasta los muslos de María Fernanda. Los enormes muslos que perfectamente podrían romperle el cuello. Intentó realmente clavar su dedo en su músculo duro y darle un masaje adecuado, lo cual fue difícil porque sus piernas eran solo músculos y era muy duro. Todo su cuerpo estaba tonificado.

    Posteriormente siguió con las pantorrillas, sin querer descuidar ni el más mínimo músculo.

    Entonces María Fernanda se dio la vuelta para que volvieran a estar uno frente al otro. Ella lo guio para que su rostro subiera, de tal forma que ahora estaba justo al lado de sus abdominales.

    Aarón no pudo resistir, puso sus manos en sus caderas y comenzó a lamer sus abdominales. María Fernanda disfrutó de esta exhibición de adoración de abdominales. Ella puso sus manos sobre su cabeza y lo hizo quedarse allí, lamiendo con avidez sus filas de músculos abdominales. Su lengua se deslizó entre sus surcos. Ella tensó su paquete de 8 para que él realmente pudiera sentir y saborear su poderoso músculo. Saboreó el bien definido cinturón adonis de su madre con su lengua.

    -«Está bien, sé que te encantan mis abdominales», dijo María Fernanda, «a todo el mundo le encantan». Pero hay otras partes de mí, ¿sabes? Levántate, cariño”.

    Aarón llegó hasta los enormes pechos de su madre, los cuales chupo y manoseo con gran pasión

    Por su parte, María Fernanda no hizo otra cosa más que gemir y disfrutar los besos y caricias de su hijo.

    -“¡que rico, Aarón!”- exclamo ella, mientras su hijo seguía saboreando sus glándulas mamarias- “¡vamos, dame un beso!”

    Ella lo acercó a su boca y lo besó con gran pasión. Aarón comenzó a golpear sus caderas contra las de su madre. Ella dejó escapar un gemido de placer mientras sus genitales se rosaban, solamente separados por la ropa interior.

    Entonces, abrazándolo fuerte usando sus pectorales y brazos mientras hace gruñidos, sus pectorales empujando su pecho. ella dio algunos lindos apretones. «Veamos si puedo hacer que te corra».

    Finalmente, después de casi media hora, madre e hijo tuvieron un gran orgasmo, quedando la ropa interior de ambos en color blanco a causa de todo el semen que su hijo liberó.

    Posteriormente, con su hijo acurrucado entre sus brazos, María Fernanda empezó una conversación:

    – «Hijo, mañana va a ser un día entretenido, tendré básicamente un reto abierto en el club» «¿Reto abierto?»

    – «Bueno, cualquiera del club tendrá chance de luchar contra mí»

    – «¿Qué quieres decir?» «Sí, cualquiera que esté dispuesto puede intentar a luchar contra mí en el ring».

    – «¿Pero qué tiene que ver conmigo mamá? ¿Puedo verlo de cerca?»

    «Sí, puedes ver las peleas que tenga contra los miembros del club»

    «Por eso te pregunto si quieres venir, Aarón»

    «¿Yo? No sé nada sobre lucha libre» «

    “Está bien, cualquiera puede ir, aunque sea como espectador. Como tu mamá me gustaría que fueras a verme luchar»

    «Mamá, yo…»

    “Por favor, bebé, mamá quiere que la mires”

    “Está bien. Quiero ver como mi reina domina a todos sus oponentes”

    Aarón la abrazó, sintiendo las manos de su madre acariciando su cabeza, mientras utilizaba sus pechos como almohada.

    Continuará…

  • Cómo logré que el ex-jefe de mi mamá me rompa el culo

    Cómo logré que el ex-jefe de mi mamá me rompa el culo

    Después de semanas de soñar como don Jairo me follaba el culo, puse un plan en marcha para lograr que me folle. Cómo sabía dónde vivía ya que había acompañado a mi madre una vez a su casa a hacer el aseo, y que aún él no encontraba trabajo, era claro que estaría todo el día en su casa. Mi plan era chantajearlo con una supuesta denuncia por acoso sexual y violación de su parte a mi madre, le pedí a unas amigas de la Universidad que me dejarán un escrito ficticio con datos falsos pero que sea creíble.

    El viernes tenía solo clases en la mañana y terminaron temprano, volví a mi casa, me duché, me depilé bien mi vagina, estaba excitada de pensar qué me haría don Jairo, bajo la cálida ducha me masturbé pensando en él terminando en un orgasmo.

    Me vestí con la tanga roja que le saqué a mi madre y que sabía que se la había regalado don Jairo. Tomé el plug anal de mi madre y me lo inserté en mi culo el que lo recibió gustoso.

    Me puse una faldita roja que me llegaba a medio muslo, un top que combinaba con la tanga, me perfumé y salí de mi habitación. Mi madre me pregunta «¿dónde vas vestida así?»

    ¡Mamá! Es viernes y con las chicas saldremos, no te preocupes ya tengo 22 años no soy una niña. – Bueno hija, solo cuídate y vuelve temprano. Sí mamá, le respondí.

    Tomé el micro bus el que estaba lleno, sentía las miradas de los hombres en mí, lo que me hacía sentir caliente, los roces de los cuerpos en el microbús, los hombres chocaban con mi trasero que, como recordarán, es grande como el de mi madre, con una cintura pequeña y mis pechos que no son tan grandes pero si paraditos. El plug anal se insertaba más en mí lo que me hacía estremecer, mojarme y enrojecer mis mejillas.

    Mi plan era llegar a la casa de don Jairo, chantajearlo, reclamarle todo lo que le hizo a mi madre, decirle que le diría a mi padre ya sabía qué había pasado y que si no me da una gran suma de dinero, lo denunciaría.

    Me bajé del microbús y caminé las cuadras que faltaban a llegar su casa, la cual era grande y con puertas eléctricas.

    Toqué el timbre y como supuse sale don Jairo, vestido con un pantalón corto y polera, el que me mira con cara de asustado ya que sabía que era Miriam, mi madre.

    -¿Qué haces acá? Me pregunta.

    – Vengo a hablar con usted don Jairo ¿me permite entrar?

    – No tengo nada que hablar contigo, no he vuelto a ver a tu madre y no me interesa tener problemas.

    – Los problemas ya los tiene, tengo acá una denuncia por acoso y violación que le vengo a dejar, usted sabe que estoy en la Universidad tengo amigos que estudian Derecho. Ellos me ayudaron con esta denuncia. O me deja pasar, o lo llevo a tribunales.

    Se quedó en silencio un momento.

    – Bueno, pasa entonces.

    Me abre la reja y me deja pasar primero a su casa, estaba excitada, me sentía muy caliente pero no quería demostrárselo. Sentí su mirada en mi cuerpo y en mi culo.

    – A ver niñita, me dice, que es lo que quieres de mi.

    – Don Jairo, quiero que se aleje de mi madre, ya es suficiente todo lo que sufrido por su culpa, mi madre llora en las noches y sufre por todo lo que le hizo y mi padre no sabe que pasa. Lo que hizo a dañado nuestra familia.

    – Ella se buscó eso, me dice, no la obligué, tu madre es una mujer muy caliente y lo que pasamos fue solo sexo y nada más. Es una puta que le gusta que le den duro por su culo, es lo que es.

    – No diga eso de mi madre, ella no es una puta , cayó en su trampa y usted la violó.

    – ¡¿Que yo la violé?! Jajaja se río.

    – Vieras como disfrutó mi verga tu madre, la hice terminar muchas veces y por su culo, de la misma forma como nos descubriste en la cama de tu cornudo padre.

    Me sentía con rabia, sabía que este hombre era un manipulador, pero quería saber hasta dónde llegaría.

    – Miré don Jairo, o me da dinero para mis estudios o esta denuncia se va a tribunales. Acá ganamos los dos, usted se queda en su casa, viviendo de lo que su señora le da o se va derechito a la cárcel.

    No le gustó para nada lo que le dije.

    A ver pendeja, ¿vienes a mi casa a chantajearme y a pedirme dinero por disfrutar del culo de tu madre? ¿Ella sabe que estás acá? Me preguntó acercándose queriendo tomar el documento. Di un paso atrás, titubeé… «no lo sabe» le dije.

    Vi su mirada cambiar, me miró de pies a cabeza rodeándome diciendo. «no lo sabe… mmm… no lo sabe» me dice. Sé a lo que vienes, me dijo. Tragué saliva. Se acercó a mi y me rodeó -Vienes a esto y me da una fuerte nalgada que hizo que rebotará mi culo y que el plug anal que tenía se introdujera más provocándome un gemido el que no pasó desapercibido por don Jairo.

    Me tomó de la cintura, por mi espalda, y apoyo su verga en mi trasero. -Hueles rico, me dice a acercándose a mi cuello. Déjeme, le dije intentando separarme de él, siendo inútil mi esfuerzo. – Tienes un trasero igual a tu madre, de seguro ya te lo han roto… Me decía mientras bajaba una mano y me agarraba una nalga. Estás deliciosa, tienes un culo de infarto. Con la otra mano la subió a uno de mis pechos, los que al tacto se me pusieron duros, gemí. – No me han roto mi culo, no me lo han hecho por ahí, le dije.

    Don Jairo me giró y me dio un beso metiendo su lengua hasta mi garganta, le respondí el beso succionando su lengua, sus manos bajaron hacia mi culo, los apretaba fuertemente, abría y cerraba mis nalgas, una de sus manos siguió la línea de mi tanga hasta mi anito, y descubrió que tenía el plug anal. Dejó de besarme y me miró mientras tocaba el plug y lo metía más adentro. – Eres una putita como tú madre, mira lo que tienes dentro de tu culo.

    Me gira bruscamente y me hace caminar hacia la mesa del comedor, haciendo que me agache y dejándome apoyada en la mesa y el culo parado. Me sube la faldita que traía… -vaya sorpresita que me encuentro, la misma tanga de la perra de tu madre y el plug anal que le regalé. Empezó a sacar y meter el plug de culo, ¡basta! Le decía, ¡no siga! Pero no me escuchaba, me corrió a un lado la tanga, – voy a saborearte tal como a tu madre, dicho esto, se agacha y me da una lamida de mi vagina que me hace gemir, me abre de piernas, juega con mi culo, el plug anal lo mete y saca, me sentía en la gloria, cuando lo retira fuerte de mi culo, deja de lamerme, se pone de pie y siento como su verga se abre camino a mis entrañas. ¡No por favor, déjeme, me duele, nunca me lo han hecho por mi culo! Le supliqué. – Igual que la puta de tu madre, el cornudo de tu papá nunca le hizo el culo, pero qué crees, así como estrené y lo rompí hasta que me suplicó que solo me la follara por ahí, así mismo te pasará a ti, eres una perra como ella y te romperé el culo hasta saciarme porque estoy acumulado desde que tu vieja no quiso más.

    Dicho esto me mete entera su verga en mi culo el que entró fácilmente por lo dilatado que estaba con el plug anal, siento que me rompe por dentro hasta que sentí sus huevos chocar con mi vagina. – aaaah grité!

    Lo miré y se veía como poseído, miraba mi culo con unos ojos de ira mientras me tenía fuertemente con sus manos en mis caderas.

    – Te gustará esto putita, me dice…

    – Soy tu puta, dame tal como a mi madre, soy tu perra.

    Me sacó su verga despacio dejando solo su cabeza, y me lo metió duro hasta los huevos. Así lo hizo varias veces.

    Aaah, siii, duurooo dameee durooo! Le decía mientras gemía.

    Me penetraba a tu antojo, sentía su verga en mi interior que estaba como un palo, nunca había sentido tanto placer, mi cuerpo empezó a estremecerse… Voy a terminar… le decía y mi cuerpo se arqueó, una serie de espasmos involuntarios se apoderó de mi cuerpo, Jairo me seguía follando duro, me daba nalgadas las que me excitaban más, mi vagina botaba mis fluidos mientras llegaba al orgasmo.

    -eso puta, sabía que te gustaría mi verga, eres como la puta de tu madre, aquí mismo me la follé, y me suplicaba por más verga!

    Si, soy tu puta! Dame tu verga, me encanta!!!

    Tomé mis nalgas y las abrí para que entrara mucho mejor.

    -dame más papi que me tienes loca! No creía lo que le decía, pero era verdad, me tenía ensartada con su verga en mi culo en un mete y saca freneticente… Termina en mi culo, quiero tu leche dentro… Le abrí lo que más pude mi culo. -te encanta la verga puta, te la daré toda…

    Aceleró el ritmo, me tomó del pelo haciendo levantar mi cabeza, la otra mano estaba en mi cintura empujándome hacia atrás así la embestida era más dura, más intensa, lo que me hacía gritar de placer… Aa ah, ahhh, ahhh, siiii, mmmm… Aa ah aaaah aaah, dame duro, dame tu leche en mi culo… Aceleró más, sentí que su verga pulsaba en mi culo cuando se detuvo, dió un grito – toooma putaaa!!

    Y me lleno los intestinos de su leche varios chorros me inundaron, en ese momento me llegó otro orgasmo más intenso que el anterior… Aaaah… Mmm me llegaron espasmos. Dios, nunca había sentido tanto placer en mi vida, entendí a mi madre, este hombre usaba tan bien su verga que mi madre debió sentirse muy satisfecha.

    Se quedó por unos momentos en mi culo, sentí que se ponía menos duro y lo sacó, y en su lugar me puso el plug anal que entró fácilmente y me dejó la tanga en su lugar. -así te quedarás, con mi leche en tu culo. Cómo aún me tenía del pelo, me dio un tirón que me hizo hincarme. -Ahora me lo dejaras bien limpio puta, y pobre de ti si me muerdes o lastimas con tus dientes. -no don Jairo, esta sucio, le dijé. -Abre tu boca puta! Me dio un fuerte tirón en el pelo haciendo que miré hacia arriba y por el dolor abrí la boca el que aprovecho para meter su verga. Su sabor era fuerte, me llevaba la cabeza hacia su pelvis, haciendo que su verga me atragante lo que me hacía toser, pero me tenía fuerte de la cabeza y no me dejaba respirar.

    Siguió así por un rato hasta que nuevamente se puso duro y grande, mi boca me dolía ya no aguantaba más, pero me estaba gustando. Lo tomé con mi mano, y lo masturbaba, lo miraba a los ojos, se veía nuevamente con ganas de partirle, succionaba su cabeza, pasaba mi lengua por todo su glande, lamía sus huevos, me llevaba su verga dura hacia mi boca, ya no me daba arcadas entraba todo, le hice garganta profunda. -ah que buena puta, que bien lo mamas. Cómete toda mi verga, me decía mientras seguía en mi faena, no sé cuánto pasó pero en un momento me tomó con ambas manos la cabeza y con su cadera me follaba la boca, saqué mi lengua para que entrara todo ese miembro -¡Me vas a hacer terminar putaa! Me gritaba. -Ah siii toma mi leche puta, tragatela todaaa!! En eso siento como vaciaba su leche en mi garganta la que paso directo a mi estómago. No entendía como tenía tanta leche que se salía por la comisura de mis labios. Traté de tragarme todo lo que pude. Se vacío completo en mi garganta. Me lo sacó e instintivamente lo limpié con mi lengua, no dejé un poco de su leche en su verga. Me sentía una perra, una puta.

    Sentí celos de mi madre, porque estuvo varios meses disfrutando a este hombre y a su verga.

    -¿Te gusta esta puta? Le pregunté

    – Está mucho mejor que su madre puta.

    – Le sonreí… Le besaba la cabeza de su verga y hasta que se puso flácida.

    -Debes irte, me dijo. Ya es tarde y en un rato más llega mi señora.

    Me sentí decepcionada, quería más. Me puse de pie y me arreglé la ropa.

    -Para la otra vez llega más temprano, así podré usar tus agujeros a mi antojo, me dijo y me dio una fuerte nalgada.

    Arregle mi cabello, la ropa. Me dejó en la puerta , lo miré y le di un intenso beso.

    -¿Quedaste con ganas de más putita?

    -Sí, le dije suavemente.

    – Te espero el lunes, a las 12.

    -No puedo, tengo clases a esa hora.

    – Di que estás enferma o inventa otra cosa. Ahora vete, perrita. Dándome otra nalgada.

    Caminé al paradero, me sentía agotada, pero muy satisfecha.

    Tomé el microbús, lo bueno es que había asientos y al sentarme me acordé que tenía el plug insertado en mi culo, el que lo cerré para que no se manchara mi falda o el asiento. Lo mantuve apretado con mi culo. Lo pulsaba y se sentía rico. Me empecé a mojar de nuevo. Pero respire profundo, abrí la ventana y me despeje un poco.

    Llegando a casa mi madre estaba en la cocina con mi padre el que estaba en la mesa viendo la televisión.

    -¿Hija que te pasó que llegaste tan temprano?

    – Me sentía mal mamá así que me vine temprano, aparte estaba aburrida no había chicos guapos. Hola papá, como te fue hoy.

    -Bien hija.

    – Ya anda a ducharte que ya está lista la cena… ok le dije.

    Fui a mi habitación, me sentía agotada. Llevé mi ropa limpia y toalla al baño. Me saqué todo y la tanga de mi madre, pero no el plug.

    Me metí a la ducha, estaba deliciosa el agua. Me sacó el plug anal y tal como cuando se libera el tapón del lavaplatos con agua, así se escuchó saliendo de mi culo y la leche de Jairo salió como un chorro al piso, lo que quedó se deslizó por mis muslos. Me toqué mi culo, estaba caliente pero muy abierto. Me metí dos dedos, 3 dedos… El cuarto ya entro apretado. Lo tenía muy abierto.

    Terminé de ducharme, salí muy relajada. Bajé a cenar, mamá dice ¿Que te pasa hija? Estás con una cara rara y distinta.

    – No pasa nada mamá. Solo estoy cansada.

    Terminé de cenar, le di las buenas a mis padres y me encerré en mi pieza, me puse el pijama, guarde el plug anal y la tanga la que lavé mientras me duchaba y me quede dormida casi al instante.

    Las sesiones de sexo con don Jairo continuaron por varias semanas… Me compró cosas para usar, como ropa sexy, tangas, zapatos altos para que se defina mejor mi culito y un vibrador que funcionaba por wifi, el que podía controlar a distancia con su celular, estas cosas las guardaba él… así estuvimos por semanas, hasta que mi madre nos descubrió. Pero esa es historia para otro relato.

  • El ladrón de Neumo

    El ladrón de Neumo

    Ocurrió un martes a la noche, el frío normal a mitad de invierno se hacía sentir y el viento intenso acentuaba la sensación del bienestar hogareño. Neumo era un barrio tranquilo a las afueras de un estado que rara vez veía actuar a las fuerzas del orden, salvo algún accidente de tránsito no poseo memoria de haberlos encontrado actuando, también por eso elegimos vivir ahí, y por la cercanía a la fábrica de ensamblado automotriz donde trabajábamos Paula y yo.

    Ella tenía 27 años y yo 31 en el desafortunado día del acontecimiento y hacia 5 meses que vivíamos en esa casa grande, antigua de techo de teja y estufa amplia que decoraba el comedor. Era un día más a pesar del clima embravecido de exterior, la leña crepitaba encendida en la estufa cuando nos fuimos a acostar a orillas de las 22 horas. Paula leía una biografía no autorizada y yo trataba de encontrar un capítulo de los Simpson cuando Zeus (nuestro perro) comenzó con un ladrido insistente.

    -Te dije que era mejor entrarlo. Avisó mi mujer algo molesta. No le presté atención y continúe cambiando la tv de canal. El can siguió porfiado y agotó mi paciencia.

    -A que le ladrará ?… pregunte saliendo de la cama.

    -Seguro que a una comadreja o un gato. Dijo mi polilla pasando la página.

    Así que salí a ver porque tanto escándalo, bajé las escaleras puse un tronco más al pasar por la estufa y salí apresurado para ver al barbilla enloquecido con la soga estirada enseñando sus colmillos al álamo que se mecía con fuerza, entre la niebla espesa. A unos veinte metros se hamacaba el coloso entre el frío y la lúgubre visión, Zues se aplaco y la curiosidad hizo que fuera a corroborar que era lo que inquietaba al animal. Un golpe seco y fuerte me llevó al suelo de repente y me encontré mirando desde abajo a tipo pardo y con una careta de de payaso.

    Totalmente aturdido intente ponerme de pie, y otro golpe aterrizó mi humanidad. El acero de un cuchillo se posó en mi garganta y una voz de ultra tumba resonó en mi cabeza.

    -Levántate, despacio. Y vamos a casa. Sugirió el extraño de manera convincente. El errático vaivén de mis pasos llevaron al sujeto dentro de mi casa. Zeus lloró cuando pasamos cerca como presintiendo lo que vendría.

    – ¿Cuantos hay? Retumbó la voz dentro de la máscara.

    -Dos, mi esposa y yo. Llévese lo que quiera… supliqué.

    Momentos más tardes llegamos a la habitación, Paula quedó petrificada. Sus ojos turquesa saltaron de las gafas y la boca tembló cortando un grito aterrador, el libro voló por los aires y de un salto se puso en pie. Se había quitado el pantaloncillo de la pijama probablemente para darme mi premio y las bragas lila adornaban su piel a la altura de sus muslos.

    El tipo me ato con un precinto las manos a la espalda y los pies y ante las súplicas fervientes de mi mujer hizo lo mismo con ella. Luego nos empujó a la cama y salió.

    -No quiero gritos. Me llevó unas cosas y me voy. Era negro y alto casi un metro noventa, espigado muy atlético. La voz se le distorsionada con la careta, escuchamos sus pasos bajar la escalera a prisa. Teníamos mucho miedo, Paula no dejaba de sollozar y fui preso de una total impotencia.

    – que haremos? mira como te dejó… decía mi polilla embargada totalmente en desesperación.

    – Tranquila, roba y se va. Le asegure mientras se escuchaba el revoltijo que estaba haciendo abajo.

    Cuando pareció haberse ido porque no escuchábamos más nada, otra vez los pasos anunciaron que escalaba la escalera. Traía una bolsa de tela al hombro, repleta de nuestras pertenencias y se quedó parado en el marco de nuestra puerta, contemplándonos. Extrajo la faca de entre sus ropas y Paula grito, él le dijo que no mostrando su juguete y se dejó caer en medio de nosotros. Puso su cuchillo helado, debajo de mi oreja y comenzó a sobarle las nalgas a mi mujer. Cerré mis ojos y oí cuando cortó el precinto de la piernas de ella, cuatro o cinco minutos después se paró, La pija empinada de potente perpetrador relucía cerca de unos de sus muslos y el jogging deportivo delató su imponente presencia…

    -Hay dos maneras de hacer esto, dijo quitándose el pantalón y el bóxer de un tirón.

    -Una es la rápida sin gritos ni violencia y la otra es mas salvaje. Ustedes elijen.

    La suerte estaba echada. Mi corazón empezó a cabalgar extasiado y mi esposa no quitaba la vista del tremendo pedazo del afro que lo de ver cuando apagó la luz. Me tiro de la cama junto con la escaza ropa que le quedaba a Paula.

    Los primeros quejidos de mi mujer me avisaron que el payaso había entrado y poco después en un arrebatador vaivén de sacudidas la primera eyaculación del visitante en un venerado grito de gozo. La segunda cogida fue menos intensa pero mucho más larga.

    El desgraciado cumplió su palabra, y se marchó sin más daño que ya había hecho. Se llevó su bolsa repleta de cosas y se llevó varios polvos de mi mujer, que a juzgar por lo que confesó mucho más tarde le encantaron, a pesar del miedo en un principio.

    Nunca hicimos la denuncia por vergüenza y de vez en cuando , cuando el perro ladra salimos a ver si hay reincidencia.

  • Los primeros cuernos de mi esposo (parte 3)

    Los primeros cuernos de mi esposo (parte 3)

    ¡¿Qué pasa aquí?!

    Se vieron interrumpidos mientras culeaban sobre mi cama. Vi como una cabellera rubia extrañamente familiar se escondió tras las sábanas dejando a mi esposo descubierto y claramente sorprendido.

    Salí de ahí, furiosa hacia la planta baja. Mi esposo me siguió hasta que logro detenerme en la sala. Tomo mi mano y me trató de tranquilizar. Estaba desnudo con su verga seminerecta. Yo estaba claramente ofendida aún que con ninguna razón por que venía culeando con otro hombre.

    No pude más y me recosté en su pecho mientras lo abrazaba. Mi esposo me recordó lo bien que me veía y ágilmente alzo mi falda. Quise interrumpirlo pero me tomo con fuerza y me beso apasionado. Llegó a hacer contacto con mi vagina llena del semen de Alonso.

    Metió sus dedos, los puso a la altura de su rostro, sonrió y me dijo eres una tramposa. ¿Ves para que eran los anticonceptivos?

    Te conozco, se que eres una puta, pero siempre serás mi puta. Me dijo sonriendo como un cómplice. Metió sus dedos embarrados en mi boca. Yo automáticamente me prendí. Y los chupe dejándolos limpios. Total el semen de Alonso ya había estado antes en mi boca.

    Caí de rodillas y comencé a mamar su verga, tenia el sabor de la vagina de la puta con la que estaba culeando mi esposo. Me incorpore nuevamente y susurré al oído de mi esposo.

    ¿Quieres hacer un trío con la puta que escondes arriba?

    Mi esposo sonrió y me devolvió el susurro.

    Creo que ya se te adelantaron, me dijo. En ese instante sentí un par de senos que se apoyaban en mi espalda y unos brazos que nos rodeaban a mi esposo y a mi.

    Me sobresalté y volteé rápidamente, y para mí sorpresa me encontré con unos ojos azules preciosos y ese cabello rubio que ahora viendo su cara todo encajo.

    Pamela se estaba culeando a mi esposo en nuestra cama. Era mi esposo quien la retiro del festejo de la empresa. Yo estaba aún razonando en encajar las piezas, cuando Pamela se inclino frente a mi esposo a meterse su verga en la boca. Mi esposo la recibió gustoso tomándola de sus rubios cabellos. Vi a Pamela y tuve un pensamiento fugaz, Que trasero más bonito que tiene Pamela.

    Mi esposo tomo mi mano y me invitó a unirme, yo un poco confundida me incline y busque mi lugar. Mientras pasaba mi lengua había momentos que topaba los labios de Pamela o su lengua, esto me comenzó a exitar y trataba de ser más intensional en estos roces.

    Mi esposo con panorama preferencial lo noto rápidamente y unió nuestras cabezas, yo abrí mi boca para sentir por primera el beso de una mujer. Nuestros labios se entrelazaron y nutras lenguas bailaron juntas ambas con el sabor de la verga de mi esposo. Pamela veía a mi esposo tratando de agradarle en todo momento. Yo veía a Pamela pues está experiencia nueva me tenía a mil.

    Mi esposo nos llevó a la habitación. Me recostó y abrió mis piernas e invito a Pamela a lamer mi concha junto a el. Sentir esas lenguas que me limpiaban el semen de Alonso me tenía muy excitada. Mi esposo se colocó detrás de Pamela. Metió su verga y comenzó a bombear, mientras ella seguía lamiendo mi vagina. Yo gemía como poseída.

    Mi esposo dejo su posición, me tomo de la mano, se recostó y me hizo cabalgarlo. Pamela poso su vagina frente al rostro de mi esposo quedando frente a mi. La verga de mi esposo resbaló en mi con mucha facilidad y con su lengua lamía la vagina de Pamela.

    Ella me miró, hipnotizada por esos ojos azules sin dudarlo me abalance a sus labios para darle un húmedo beso. Movía mis caderas con fuerza mientras metía mi lengua en la boca de Pamela que a causa de la mamada de mi esposo ya no respondía mis besos por sus gemidos y gritos.

    Mi esposo volvió a cambiar de posición puso a Pamela recostada y a mi en cima de ella formando un 69. Puso su verga en la entrada de Pamela y comenzó a bombear, sacaba su verga y me la metía en la boca para volverla a meter en la húmeda y rosada concha de Pamela. Pamela me estaba dando un oral con su lengua en mis labios vaginales y clítoris.

    Que trasero más rico tienes Pamela. Dijo mi esposo. Quiero comérmelo. Complemento.

    Pamela dijo, nadie lo ha hecho antes por favor ten cuidado.

    Mi esposo puso verga en mi boca, automáticamente supe que debía de dejarla muy húmeda para que penetrara a Pamela por el culo. Lo hice con gusto y con el encanto del sabor de la vagina de Pamela, pues estaba en primera fila de lo que iba a acontecer.

    Puso su verga en la entrada del culo de Pamela.

    Despacito por favor le dijo Pamela. La cabeza de la verga de mi esposo había desaparecido ya en el ano de Pamela y poco a poco resbalaba desvirgando su apretado hoyito. Pamela gemía con dolor y placer. Mi esposo ya adentro dejo que se acostumbre y empezó a bombear. Pamela se arqueaba del dolor y excitación pues yo también estimulaba su vagina con mi lengua y dedos. Pamela no resistió más y le pidió a mi esposo salir.

    Mi esposo saco la verga del culo de Pamela y volvió a meterla en su vagina. Entre los dos nos estábamos culeando a Pamela. Mi esposo se comenzó a mover más rápido, se iba a venir. Pensé que la iba a sacar y meterla en mi boca, pero para mí sorpresa dejo toda su leche adentro de la vagina de Pamela.

    Yo limpie la vagina de Pamela del semen de mi esposo, hasta que ella se reincorporo, me acostó y entrelazó sus piernas con las mías. No sabía que pasaba hasta que sentí su vagina chocando con la mía. Era una sensación totalmente nueva y excitante.

    Me invitó a mover mis caderas buscando fricción entre nuestros labios vaginales. Mi esposo disfrutando del hermoso espectáculo que le brindamos.

    Acabamos casi al unísono, con fuerza con gemidos con nuestras vaginas pegadas.

    Estaba exhausta, había Sido una noche con demasiadas cosas. Le había cuerneado a mi esposo con un hombre y con una mujer. Pero había algo que me faltaba.

    Me venció el sueño, nos recostamos en la cama los 3 y nos quedamos dormidos. Se que mi esposo volvió a tener relaciones con Pamela a medio de la madrugada o eso me pareció la verdad no estaba consciente de la hora. Estaba enojada con mi esposo pues aunque disfrute mucho me había vuelto a cuernear.

    Por lo que mi venganza aún no está terminada.

    Continuará…

  • En Semana Santa me reúno con mi familia política

    En Semana Santa me reúno con mi familia política

    En Semana Santa, mi mujer, mi hija y yo solemos reunirnos con la hermana de mi mujer, su marido, su hija de 20 años, su hijo de 18 años y mis suegros, en casa de estos, para pasar unos días.

    Mi suegro es miembro de la cofradía del Cristo del Pene Circuncidado y mi suegra es miembro de la cofradía de la Virgen del Himen Perpetuo. Son ultra conservadores y muy beatos los dos.

    Mi suegro, hace más de veinte años, tuvo un amago de infarto al descubrir que sus dos hijas eran más “liberales” que las gallinas. Por si fuera poco, hace cosa de tres años, le volvió a repetir otro amago de infarto (este, más fuerte), al descubrir que su único nieto pierde aceite, que tiene más pluma que McNamara cantando “Voy a ser mamá”.

    Con estos antecedentes, yo intuía que la reunión iba a ser un desastre… sobre todo para los viejos, aunque no son tan mayores, rondan los sesenta y pico.

    Algunas escenas que voy a narrar ocurrieron en la realidad, otras, sin embargo, son fabulaciones añadidas para darle más colorido, aún si cabe, a la historia. ¡A ver si consiguen distinguir unas de otras!

    El Jueves Santo por la mañana, mi mujer, mi hija y yo llegamos al chalet de mis suegros. Allí estaban ya mi cuñada, su marido y sus dos hijos, que habían llegado la noche anterior.

    Mi suegra para tener 63 años no está nada mal, tiene un buen revolcón. De cara se parece mucho a sus hijas pero con veinte años más, claro. Su media melena plateada te deslumbra. Se llama Tere y aunque viste muy clasicona, no puede evitar mostrar un cierto atractivo y una sensualidad desbordantes. Tiene un contorno corporal exuberante y unas piernas tan bien delineadas que te hacen la boca agua.

    Mi suegro se llama Gilberto, aunque yo lo llamo Gilipollas en petit comité. El hombre no anda bien de salud, por lo anteriormente expuesto, y además, sufre de una diabetes muy complicada. Es un secreto a voces que es impotente desde hace por lo menos diez años. Su mujer no es frígida (de esto se percata cualquier hombre perspicaz a simple vista), por lo que tendrá, seguro, algún juguetito sexual por casa escondido.

    Mi cuñada es dos años más joven que mi mujer. Se llama Eva y está casi escuálida comparada con su hermana, la cual tiene más carnes. También Eva es más alta que Sonia, mi esposa. Mi cuñada es una cachonda mental… y sexual, por supuesto.

    En alguna salida nocturna que hacemos los dos matrimonios surge el tema, medio en broma medio en serio, de hacer un intercambio de parejas entre nosotros. Una vez pasados los efectos del alcohol, todo queda en nada, pero mi cuñado y yo en ocasiones hablamos del tema. Cuando estamos solos, él me relata cómo es Eva en la cama y yo le narro cómo es Sonia en el catre. Fantaseamos con la idea de intercambiarnos a las hermanas. A mi cuñado le pone mucho mi mujer porque tiene más carnes donde agarrarse. A mí, su mujer también me la pone bien dura, pues las mujeres escuálidas, planas como una espátula, son más manejables, al pesar menos, y las puedes follar con más comodidad mientras cuelgan de tu cuello como un koala.

    Mi cuñado es alto y robusto, su oficio se lo requiere, ya que trabaja en los bosques tronzando árboles.

    Mi sobrina tiene 20 años y es muy atractiva. Se llama como su madre (¡Qué manía con ponerle el mismo nombre a los hijos que el de sus padres!). Tiene un aire a Emma Watson, la actriz que hacía de Hermione en la saga de Harry Potter.

    Su hermano tiene 18 años y se llama Alejandro, aunque se hace llamar Jandra. Es muy femenino y viste muy a la moda andrógina. Admira mucho a la escritora y filósofa Elizabeth Duval y quiere seguir sus pasos, parecerse a ella, incluso físicamente.

    De mi hija ya hablé en otro relato. Tiene 18 años y en esta ocasión se nos presenta con una estética a lo Pipi Calzaslargas (con dos coletitas a ambos lados de la cabeza, una camiseta de tirantes, una minifalda de pana color verde, pantis a rayas horizontales y tenis). Ella sabe que me vuelven loco los pantis de colores y por eso se los puso. La muy puta me quiere provocar un buen calentón, para que me la empotre en cualquier estación de servicio que paremos, a ser posible.

    El primer día, los nueve miembros de la familia lo pasamos de conversación, tomando unos buenos vermús.

    El salón de visitas es gigantesco y decidí sentarme en uno de los sofás. En esto que Jandra, mi sobrino, se me sienta al lado. Vestía un top corto color naranja, enseñando ombligo, y unos pantalones cortos rosados. Su media melena color azul la peina con la intención de que le tape algo un ojo. Utiliza un ligero maquillaje facial.

    Me habla sobre uno de los libros de Judith Butler que más le han influenciado “El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad”. También me comenta cosas sobre el movimiento Queer. Su tono de voz meloso y su sofisticación intelectual me ponen morcillona la polla, para mi sorpresa.

    Su abuelo lo mira de reojo con asco. Yo para provocarle un tercer amago de infarto al viejo, poso una de mis manos sobre los muslos de Jandra y le digo:

    –Si me pillaras soltero me casaba contigo. Eres muy culto y guapo.

    –Gracias, Jonathan. Que majo eres –me dice, y me da un pico en los labios.

    Noto que a mi suegro le cuesta respirar. Se levanta refunfuñando y se va a otra de las salas contiguas.

    Mi cuñada está espléndida. Es rubia como mi mujer, pero a diferencia de Sonia, Eva se cortó el pelo algo más y se puso unos reflejos verdosos.

    Al día siguiente, ya en Viernes Santo, mi suegra nos informa que por la noche iríamos a una de las procesiones. Es la más importante, así que, les hace ilusión a su marido y a ella el que vayamos todos juntos, al margen de nuestras creencias personales. Pero antes, celebraríamos una comida familiar conmemorando La Última Cena.

    Ya en la mesa, mi suegro comienza por bendecir los alimentos y suelta esta perorata:

    –Bendice Señor estos alimentos que vamos a tomar y haz que mi penitencia por ser un pecador en este mundo sea leve. Líbrame de estos dos yernos degenerados y que están echando a mi familia a la ruina económica y moral…

    No le dio tiempo a acabar su discurso cuando Juan, el marido de Eva, lo interrumpe con estas palabras iniciáticas:

    –Bendiga, bendiga la mesa, porque sobre ella me voy a follar el chumino de la golfa de su mujer.

    –Pero cómo te atreves, sinvergüenza –reacciona mi suegro todo indignado.

    –Tranquilo Gil, no se cele, que también su trasero recibirá su merecido –le contesto yo.

    –¡Qué está pasando! ¡Esto es un motín! –expresa todo alterado mi suegro.

    Mi suegra se desvanece en la silla. Mi cuñado la coge en volandas y tirando toda la vajilla de la mesa, la posa sobre esta. La va desnudando y cuando ella vuelve en sí, mi cuñado le dice:

    –Vas a probar lo que es un macho de verdad y no el eunuco de tu marido. Se acabaron los consoladores de látex. A partir de ahora, Jonathan y yo te vamos a saciar sexualmente siempre que te apetezca.

    –Estás loco, Juan. No sigáis con esto que vais a matar a mi marido. En tal caso quedamos para otro día y hacemos lo que queráis, pero no delante de él. Ojos que no ven, corazón que no sufre –contestó Tere.

    –Todo lo contrario Tere. A los cornudos les excita muchísimo ver como otros machos le revientan el coño a sus mujeres. Es una pose falsa la de que se enfadan. Son hipócritas. Al mismo tiempo que se les empina el rabo viendo el espectáculo, fingen enfadarse por miedo al que dirán y, sobre todo, al choteo de sus conciudadanos. Pero si tuvieran la seguridad de que nadie se enterara, como sería este el caso, pues se les hace la boca agua viendo a sus hembras siendo montadas por otros sementales –le discurseo yo.

    Juan, mientras yo hablaba, no perdía el tiempo. Ya había desnudado a Tere y se había desnudado él, también. En la postura del misionero, sobre la mesa, se dispone a consumar el acto sexual.

    Yo también me despeloté, me subí a la mesa y le metí mi falo casi entero, en la boca a mi suegra.

    Sonia y Eva se acercaron a su padre y le iban soltando al oído frases de sublime y colosal depravación moral y perversión sexual del estilo “Mira como gime la puta de tu mujer con los rabos de nuestros maridos bien adentro de sus cavidades corporales”, “Por fin nuestra madre va a saber lo que es la Gloria Bendita de verdad”.

    Gilberto no sabía cómo reaccionar ante tanta vejación. Echaba espumarajos por la boca y no paraba de decir “Esto es un ultraje”, “Nietos míos acudid en venganza de vuestro abuelo”.

    Yo para que estuviera entretenido le suelto:

    –Don Gil… ipollas, aproveche el tiempo y hágale un buen cunnilingus a su nieto en el trasero. Déjeselo bien lubricado, para así poder desvirgar el culo de Jandra sin ocasionarle demasiado dolor.

    Jandra se puso muy contento y se despelotó en un santiamén. Colocó su trasero delante de la cara de su abuelo y este no tuvo más remedio que lamer y succionar con pasión, si no quería que el chico se diera la vuelta y le metiera el nabo en la boca, lo cual sería peor remedio para el viejo.

    Mi mujer adoptó el rol de mamporrera y, de forma alterna, iba comiendo el chumino de su madre y el cipote de su cuñado.

    Cuando yo me salí de la boca de Tere para sodomizar y desvirgar a Jandra, Eva ocupó mi lugar y le aplastó su chocho en la cara a su madre, para que esta se lo chupara en profundidad y le regalara un intenso orgasmo.

    Me acerco a Jandra, que estaba de pie algo reclinado, mientras su abuelo que estaba sentado en una silla le lamía y relamía el ojete y acercándole mi polla a su boca, se la voy introduciendo poco a poco, para que la lubrique bien con su saliva.

    ¡Menuda mamada me comenzó a hacer el maricón! Hay mujeres que no le ponen tanta pasión.

    Cuando ya tuve mi falo bien brillante y duro, decido penetrar a mi sobrino por el trasero.

    –Don Gil… ipollas, esto sí que es una Noche de Pasión. No se puede celebrar mejor un Viernes Santo que rompiéndole el precinto anal a un mancebo afeminado de 18 años. ¡Qué placer me está dando el franquear este esfínter tan estrecho! –le digo a mi suegro para enfurecerlo aún más.

    Mi hija se acerca y aprovechando que Jandra está de pie recibiendo mis embestidas por detrás, ella se coloca de rodillas y le hace una felación.

    Llamo a mi sobrina, que estaba inactiva sin saber a dónde acudir, y le digo que se coloque debajo de mí y me vaya lamiendo los huevos. De vez en cuando saco la polla del culo de Jandra y se la meto a Eva Jr., para que la mame y me la deje bien empapada y así volver a la carga sin que le queme demasiado el ojete a mi sobrino.

    En la otra escena, mi suegra no paraba de jadear y con sus piernas abrazaba por la cintura a Juan para que le diera caña con más ímpetu. Al poco rato mi suegra soltó unos gritos de placer que Eva ahogó aplastando más si cabe, su chocho en la cara de su madre.

    Tere se desacopló y ocupó su lugar mi mujer, aunque esta prefirió apoyarse y reclinarse sobre la mesa, para que mi cuñado la calzara por detrás.

    Mi suegra, mientras tanto, se dirige a su marido y le dice que le lama el coño (ya que no vale para otra cosa), que lo tiene muy escocido.

    Jandra no puede resistir más la comida de polla que le hace la guarra de mi hija y se corre en el interior de su boca. Mi hija libera, muy despacio, su boca de la picha de su primo, se enjuaga la boca con el esperma, hace gárgaras y luego se lo traga todo, relamiéndose después.

    Yo en todo ese tiempo no podía evitar el darle unas buenas estocadas al trasero de Jandra, calcando con fuerza mi cipote en el interior de su ano. No me corrí de milagro en aquel habitáculo tan ajustado, pero tenía todavía una faena pendiente antes de llegar al clímax.

    –Mira, Jonathan, como me zumbo a la golfa de tu mujer. Su almeja chorrea como una fuente del gusto que le estoy dando –me suelta Juan.

    Yo entonces aprovechando que su mujer y su hija están en la postura del misionero morreándose, me dirijo hacia ellas y voy perforando de forma consecutiva ambas almejas.

    Mi hija se dirige hacia su tío y colocándose como mi mujer, le dice:

    –Mete tu verga en mi cueva, también. No te olvides de mí.

    Entramos en una competición de ver quién de los dos aguanta más y les provoca más orgasmos a nuestras respectivas hembras. Por si fuera poco, mi suegra se dirige a mí y me comenta:

    –Tu morcilla todavía no la probé, así que, quiero que me la claves y me proporciones otro orgasmo.

    Mi cuñado jugaba con ventaja, solo tenía que trajinarse a mi mujer y a mi hija. Yo, en cambio, tenía que follarme a su mujer, a su hija y a mi suegra. Esta última, tan macizorra y tan zorra que casi me excitaba más cabalgar sobre ella que sobre mi sobrina, que era más seca de carácter.

    Mi suegro tenía los ojos en blanco y la cara pálida de ver el puterío que teníamos formado en su casa.

    A Jandra le dejé el trasero tan horadado y dolorido que prefirió sentarse en un sofá y descansar un rato.

    Otra de las ventajas de mi cuñado Juan eran las medidas de su miembro. No cabía la menor duda de que era más grande y gordo que el mío. Las caras de vicio, de estar en el Séptimo Cielo, de mi mujer y de mi hija eran un cuadro.

    A los pocos minutos Sonia se corrió, chillando como una cerda. Ya solo le quedaba la guarra de mi hija.

    Yo le di caña de la buena a la puerca de mi suegra. Ella estaba a cuatro patas sobre el suelo. No tardó en tener su segundo orgasmo diciendo:

    –Gilberto, he descubierto el Paraíso hoy. ¡Qué dos machos me ha proporcionado la divina Providencia! Dame, Jonathan. Dame fuerte. ¡No pares!

    Al poco rato se corre mi hija. Bizqueaba y todo la muy perra. No podía haber esperado un poco más, para darme ventaja.

    Entonces Juan decide correrse en las nalgas de las dos. Echándoles un buen emplasto, que ellas fueron esparciendo con sus manos.

    Eva también llegó al éxtasis y yo no pude aguantar más y me vacié con ella. Le proporcioné unos buenos caderazos llenando el interior de su chochete de mi cuajada.

    A Eva Jr. le tuve que proporcionar su orgasmo haciéndole una buena comida de berberecho. Le succioné con tal fuerza la vagina que casi le provoco un prolapso uterino. La muy golfa de repente espabiló y comenzó a apretar su entrepierna contra mi cara.

    Cuando llegó al orgasmo profirió tal cantidad de blasfemias, que casi tiene un desmayo su abuelo.

    –Lo prometido es deuda Don Gil… ipollas. Dijimos que su trasero también recibiría su merecido y ha llegado la hora –le comento a mi suegro.

    –Sois unos degenerados poseídos por Satán. Abandonad mi casa cuanto antes. ¿Es qué no habéis tenido bastante desenfreno? –nos pregunta Gilberto.

    Entonces mi suegra interviene diciendo:

    –Se nos hace tarde para ir a la procesión. Es un compromiso social. Debemos guardar las apariencias. Pero yo me comprometo que mañana, tanto vosotros como yo, le romperemos el culo a mi marido. Pongo a mi honor por testigo.

    Aceptamos la sugerencia de Tere. Nos arreglamos y nos vamos a ver los pasos.

  • Tu lengua sobre mí

    Tu lengua sobre mí

    Era un edificio junto a la costanera, iba subiendo al décimo piso, llevaba falda, medias veladas y un abrigo, era una noche de invierno en Buenos Aires. Había bebido un poco de whisky, iba helada y ansiosa de llegar a la fiesta, en la puerta del ascensor subió él, un hombre de estatura alta, de brazos corpulentos y sonrisa mágica, me saludó de medio beso en la boca, eso me puso nerviosa, ya nos habíamos visto antes, como no recordarlo si era bellísimo.

    ¡Teníamos amigos en común, me miraba insistentemente a los ojos… y de repente, me toma de la mejilla, me pasa su lengua rodeando mis labios… me gusto!, mis piernas entraron en pánico, sentí un corrientazo en el estómago y un deseo insaciable de coger con el… su energía me desbordo y mi vagina se humedeció de una forma irracional, empezó a palpitar, como si tuviera vida propia.

    Mis pulsaciones se triplicaron y el sintió que lo estaba deseando, sus manos fuertes empezaron a tocar mi cuerpo, teníamos mucha ropa, faltaba poco para llegar al destino y, en segundos él bloquea el ascensor, decide salir de él, agarrándome de la mano y encontramos una habitación de aseo… me subió al mesón y rompió mis medias, dejando al descubierto aquel panty negro (desde que me lo puse pensé que la noche iba a ser diferente), mientras me besaba desabrochaba mi abrigo, empezó a tocar mis senos, los pezones se pusieron tan duros, señal de que me fascinaba su recorrido, me quito la blusa y me observaba con fascinación.

    Mi vulva empezó a crecer, deseaba ser penetrada, mis líquidos empezaron a ser más evidentes y sus dedos me rozaban el clítoris, con una delicadeza que me ponía más cachonda, y él, tenía su pene grande y duro, lo sentía con el roce que tenía hacía mis rodillas, estábamos tan excitados, que nos olvidamos del mundo.

    Saco su miembro, era tan agradable a la vista, mientras ponía su cabeza en mi vagina y jugaba con ella, estaba empapada; su lengua recorría mis senos, mi cuello, mi boca, era tan excitante su olor… empezó a besarme lento, mordidas en mis senos, mi cintura, mis muslos… hasta que con su lengua llego a mi vagina, ¡exploto!

    Estaba tan caliente, y juguetona y mi clítoris aún más, me mira desde abajo y sonríe, cierra los ojos y toma mis líquidos mientras mueve su lengua furiosamente, quería venirme en su boca.

    Yo tocaba su cabeza y no quería que se alejara, estaba gimiendo tan fuerte y el ensañado con ella… no aguantaba más y cuando quería llegar finalmente, él me embiste y me penetra tan profundo que no tuvo más remedio que tapar mi boca.

    Su pene tan grande, tan firme, tan grueso hizo que lo sintiera tan duro… me cogía, me cogía, me cogía y decía a mi oído, lo rica que estaba, lo caliente que me sentía, lo perra que me veía, mientras yo soportaba el peso de su cuerpo y el golpe de sus huevos en mi… tan excitados, tan frenéticos…

    Se derramo en mis tetas, mientras me besaba la boca y sonría. Acabábamos de tener un sexo de segundos eternos y excitantes. Jamás lo olvide.

    A la fiesta llegamos cada uno por su lado, con la complicidad de las miradas y un brindis posterior. Mis medias quedaron en la habitación de aseo, inservibles, pero mis piernas temblaban y deseaban volverlo a encontrar, me dio una noche tan deliciosa que escribiendo estas palabras hace que lo vuelva a desearlo dentro de mí. Sonrío, esa locura tiene nombre propio, lujuria.

    ¡FIN!

  • Un desconocido me folla en la playa

    Un desconocido me folla en la playa

    Ya habían pasado unos días desde mi apasionante tarde de playa con mi amiga, después de lo que había pasado entre nosotras las cosas estaban raras no habíamos vuelto a quedar desde entonces solo nos habíamos escrito algún que otro mensaje suelto. La situación era un poco incómoda para decirle de quedar de nuevo para hacer algo juntas, por lo que pensé que darle unos días de margen sería lo mejor para ambas.

    Aquel día yo me encontraba aburrida en mi casa sin nada que hacer. Las tareas del hogar ya estaban hechas y mi papá como de costumbre estaba trabajando por lo que no tenía con quien pasar el rato. Como no tenía nada que hacer me puse a recordar lo que había ocurrido aquella tarde y el porqué. Luego de un rato llegué a la conclusión que todo había empezado a irse fuera de control justo después de quedarme en topless y sentirme el centro de atención de mis vecinos de toalla. Me excitaba su admiración y el deseo de poseerme que emanaban. Como no tenía nada que hacer ese día ni con quien pasarla decidí que sería interesante irme a la playa, pero esta vez yo sola.

    A eso de las doce pasaba el bus que usaba a diario cuando iba al instituto en Montería, solo que en sentido contrario es decir que en vez de dirigirme a la ciudad como casi siempre me subí para bajarme en la última parada la de Puerto Rey, donde había una pequeña playa en la cual podría pasar la tarde tranquilamente para luego tomar la última línea del día que me dejaría en mi casa.

    El sol brillaba en todo su esplendor cuando llegamos a mi destino, traer las gafas de sol había sido un acierto, cuando me bajé del autobús sentí la agradable brisa marítima subiendo por mis piernas, ese día llevaba puesto tan solo un vestidito de verano y unas chanclas, más nada. También había traído una mochila donde llevaba el traje de baño que me pondría allí mismo, la toalla y el protector solar.

    Cuando llegué al arenal enseguida me di cuenta que no era tan buena como la playa a la que siempre iba, esa es la playa Arboletes, pero me tendría que conformar con esta.

    El día era caluroso, a pesar de eso la playa no estaba ni mucho menos llena. La verdad es que podía haberme instalado en la parte más alejada del agua para no ser molestada, pero me apetecía tener vecinos. Me fui en dirección a la orilla, allí sí que había algo más de gente donde no sentirme tan sola. Estiré la toalla y me senté en ella para acomodarla, mientras lo hacía analicé a los vecinos que tenía, a mi derecha estaba una pareja de ancianos, a la izquierda un grupo de chavales, detrás mía otra pareja pero de treintañeros y delante ya no había más nadie hasta el agua donde en aquel momento había alguno que otro dándose un baño.

    Una vez acomodada era momento de ponerme el traje de baño, me incorporé e inclinada sobre la mochila empecé a buscarlo, de allí saqué el tanga que formaba parte del bikini azul que tanto me gustaba. Sin sacarme el vestido, para no quedarme desnuda, me fui subiendo el tanga por las piernas hasta las rodillas primero y luego hasta donde llegaba a cubrir el vestido, de un movimiento rápido me lo acabé de subir hasta la cintura, si alguno de mis vecinos me estuviera mirando podría haber visto fugazmente mis partes bajas desnudas ya que si o si tenía que levantar ligeramente el vestido para acomodar el tanga. Una vez puesto y sin pudor retiré los tirantes del vestido y lo dejé caer al suelo quedándome en topless, después de la libertad que mis pechos habían descubierto el otro día no iba a desaprovechar la ocasión de volver a hacerlo siempre que pudiese.

    Por entonces ya me había ganado la atención de todos los hombres de la zona, no pude evitar echar un vistazo a mi alrededor para así confirmarlo. Eso sí por lo menos tenían el decoro de girar la mirada en el momento en que los miraba a ellos. Ahora que ya había despertado su interés era momento de echarme protector, eché un buen chorro en mi mano izquierda y mientras con la derecha me la esparcía por el cuerpo. Comencé por los pies, seguí subiendo por mis piernas hasta llegar a mis muslos, la crema se sentía fría en contacto con mi piel, pero esta rápidamente recuperaba su temperatura habitual que en aquel momento era muy elevada por la situación. Mi mano izquierda siguió el contorno de mi muslo para aplicar también en los glúteos, firmes y voluptuosos, en esa parte me entretuve más de la cuenta buscando alimentar con esa imagen a los admiradores que allí tenía.

    Proseguí con el recorrido hacía la parte superior de mi cuerpo llegados a esta zona me decidí por lanzar un gran chorro de crema en el centro de mi pecho, allí usando las dos manos lo extendí por todo mi torso desnudo prestando especial atención a mis pechos en los cuales permanecí otro rato exagerado masajeándolos para que absorbieran correctamente la crema protectora, finalmente como pude hice lo propio por el resto de mi cuerpo que hasta aquel momento permanecía desprotegido.

    Todo aquello me había excitado en exceso, me tumbé un rato para relajarme un poco y luego me iría a dar un chapuzón, estaba boca abajo con las piernas mirando hacia el mar y el culo hacia el cielo. A pesar del ruido que hacía el mar no pude evitar escuchar a la pareja que estaba detrás mía discutiendo, ella parecía muy enfadada.

    – Siempre que venimos tienes que dar la nota de verdad.

    – De qué hablas ahora.

    – No te hagas el bobo, si solo te falta limpiarte la baba.

    – Ya estás tú con la tuyas.

    – Si es que no le quitas el ojo de encima a esa cría, eres un cerdo.

    – Son todo imaginaciones tuyas como siempre. Eres una loca.

    – ¿!Me acabas de llamar loca!?, pero tú de qué coño vas

    – Tranquilízate un poco anda.

    – Mira estoy cansada de ti y de tú forma de tratarme, será mejor que me vaya.

    – Si esperas que te ruegue que no te vayas estás muy equivocada conmigo…

    – Vete a la mierda capullo y ni se te ocurra volver a llamarme

    – Vale vale, cuando se te pase me avisas yo me quedo aquí que estoy bien a gusto.

    Después de la escenita yo estaba alucinando eran imaginaciones mías o todo aquello había sido por mi culpa. El caso es que ya había pasado un rato desde aquello y me apetecía refrescarme un poco. Me levanté con esa intención sin embargo no pude evitar dar un vistazo antes a aquel hombre que acababan de dejar allí tirado por mi culpa, era un hombre acabado de entrar en sus treinta años, al que todo el pelo que le faltaba en su cabeza lo tenía en el pecho y extremidades. A pesar de todo se veía que se cuidaba por lo menos en lo relativo al ejercicio físico porque no aparentaba sobrarle ni un solo kilo. En esas estaba acabando de mirarlo cuando entonces él se giró y levantando las gafas de sol me guiñó un ojo. Sin saber el porqué antes de voltearme y poner rumbo a la orilla le lancé un beso y me fui riendo.

    Me lancé al agua donde permanecí nadando durante unos minutos hasta que me dí cuenta que aquel hombre había abandonado su posición y se dirigía a la orilla. Yo como si tal cosa continué a lo mío, sabiendo que se acercaría a mí en cualquier momento. Y así sucedió. El agua nos llegaba por las rodillas y yo me quedé orientada mirando a la playa mientras que él se colocó frente a mí mirando al horizonte.

    – Hola chica

    – Hola

    – ¿Cómo tú estás?

    – Bien

    – Ya veo que no eres muy habladora, se te comieron la lengua o qué.

    – Mmm no, la tengo aquí ves.- dije sacándola entre mis labios.

    – Si, ya veo. ¿Y cómo es que estás solita en la playa?

    – Pues me apetecía venir y ya.

    – Me parece perfecto, así me gustan decididas. Que no esperen a que su chico las invite a ir, que vayan y punto.

    – Es que él no está se fue con sus padres.

    – ¿Se fue y te dejó sola?

    – Así es

    – Pues vaya idiota, si fuese yo no me separaba de ti ni un solo momento jaja

    – No sé yo, muy preocupado no pareces cuando tu chica se ha ido sin ti. ¿Por qué no fuiste tras ella entonces?

    – Nos escuchaste eh, esa tipeja si que grita cuando quiere.

    – Lo siento, no pude evitarlo.

    – No pasa nada… entonces también escuchaste por qué empezó todo supongo.

    – No eso no.- me hice la despistada para ver si sería sincero o le daría palo contármelo.

    – Pues me pilló mirándote más de una vez.

    – ¿Ah sí?

    – Pues sí y no se lo tomó muy bien. Es celosita la pobre.

    – Ya veo.

    – No es la primera vez que le pasa, pero siempre acaba volviendo tarde o temprano.

    – ¿Tan seguro estás?

    – Si claro, sus motivos tiene.

    – ¿Cuales?

    – Es mi zorrita nadie la hace gozar como yo. Por eso cuando otra llama mi atención se pone así de esa forma.

    – Ahá ya veo. Y qué te llamó la atención concretamente.

    – ¿De verdad lo preguntas?, después del espectáculo que estabas dando echándote protector solar. O yendo por ahí sin ropa interior.

    – ¿Y no puedo?, este sol quema mucho sabes.

    – Si ya, pero no de esa manera que levantas hasta a los muertos.

    – No era mi intención.

    – Porqué será que no te creo… Tienes pinta de que te gusta ir por ahí calentando al personal. ¿O me equivoco perrita?

    – Oye ¿¡que me acabas de llamar!?

    – Lo que eres. No te avergüences de ello.

    – ¿Te parece normal hablarme así?

    – Es como se le habla a las que son como tú. Porque en el fondo os gusta y os pone cachondas.

    En el fondo sabía que él tenía razón, había ido a aquella playa con solo la intención de volver a exhibirme.

    – Tú silencio me da la razón, perrita. Seguro que estás empapada y no por estar dándote un baño precisamente.

    -Volvía a tener razón… todo aquello me estaba poniendo muy cachonda.

    – No pasa nada, yo también lo estoy por tú culpa. Tendrías que haber visto lo dura que me la pusiste cuando esparcías esa crema por tu cuerpo.

    – Pues no me habría importado verlo la verdad.- dije al fin rompiendo mi silencio y dando mi aprobación a su forma de actuar.

    – Pues mira aquí la tienes.

    Llevaba puesto un bañador estilo short bastante holgado que facilitó su rápida maniobra. Con tan solo echar a un lado la tela consiguió sacársela dando un respingo hacia arriba. A pesar de no ser muy larga nunca había visto una polla tan gruesa.

    – ¿Qué te parece ah?

    – ¿Así te puse?

    – Ahá y así me has vuelto a poner ahora.

    Estar en la orilla no era el lugar más discreto del mundo por lo que me pareció mejor volver a la toalla para ver a dónde nos llevaba este juego.

    – Aish siento que este sol me está quemando la espalda, ahí no pude echarme crema como debía.

    – Vamos yo te ayudo, sería una lástima que te quemaras sin yo hacer nada al respecto.

    De camino a mi toalla me di cuenta que el grupo de chicos se había ido a jugar a la pelota en la pista que había en la entrada. Cuando llegamos yo busqué en la mochila mi protector y se lo pasé antes de tumbarme boca abajo, sentí como se sentaba dejando mis piernas en medio de las suyas. Al instante y tras echar una buena cantidad de crema en sus manos comenzó a masajearme la espalda, como no llevaba la parte de arriba no tenía obstáculos para poder esparcirla sin problema alguno.

    – Esta parte ya está pero creo que te has quemado los hombros deja que te eche un poco ahí también.

    Se recolocó encima mía quedando ahora muy cerca de mis nalgas casi encima. Mientras me echaba crema hacía un movimiento de vaiven que aprovechó para restregarme su miembro por todo mi trasero. Si alguien nos estuviese viendo podría pensar que estamos follando en ese momento.

    – Cortate un poco nos van a ver los de aquí al lado.

    – No te preocupes por eso, el viejo está durmiendo y su mujer concentrada en la revista.

    – Bueno dale pero no tardes mucho.

    – Ya casi estoy, pero creo que me hace falta un poco más de crema.

    – Voy yo te la alcanzo.

    – Tranquila ya tengo aquí el bote.

    – Eso no puede ser si lo estoy viendo aquí junto a mi moch…

    Al girar mi cabeza para decírselo vi como se había sacado la polla por un lateral del bañador nuevamente y se la estaba cascando encima mio con una de sus manos mientras que con la otra manoseaba mi culo. Al verme mirándole me sonrió y comenzó a correrse por toda mi espalda, a diferencia del protector solar esa crema no se sentía fría.

    – Listo ya verás como la crema que yo tengo te ayuda.

    Tras decir esto comenzó a esparcir su corrida por toda mi espalda hasta llegar a mis hombros, me sentía sucia pero tremendamente cachonda en aquel momento. Mi silencio cómplice alimentaba su autoridad.

    – Me fascina tu culo perrita.

    Mientras decía eso me lo seguía manoseando con descaro ahora con las dos manos, con una de ellas separó el hilo del tanga de mi cuerpo y se coló con sus dedos acariciando toda mi raja hasta llegar al final de mi vagina. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.

    – Sabía que esto te estaba mojando. Estás empapada perrita.

    Tras decir eso se llevó los dedos a su boca para probar a que sabía mi sexo.

    – Estás muy rica, te comería ahora mismo.

    – Mmmm siii pues hazlo.- mi aprobación ya la tenía desde hacía rato

    – Ven conmigo.

    Levantándome lo comencé a seguir hasta la salida de la playa allí había una choza que hacía las veces de lavabo público, tras ver que nadie nos observaba me arrastró junto a él a su interior y pasó el seguro. Me agarró de la nuca inclinándome sobre el inodoro, yo me coloqué poniendo mis manos sobre la cisterna y mi culo en pompa para él. Agarró mi tanga y me lo bajó hasta los tobillos, allí totalmente expuesta se arrodilló tras de mí y acercando su cara a mi trasero comenzó a devorarme con hambre y lujuria, su lengua no dejaba rincón alguno de mi sin explorar sentía que mis piernas me temblaban debido a su ímpetu.

    – Pfff que rico sabes perrita. – dijo mientras recuperaba el aliento justo como para seguir con su tarea.

    – Ay siii, siii sigue por favor, no pareees.

    Sentía que me desfallecía, mis gritos de placer se mezclaban con el sonido de su cara mojándose con cada movimiento que hacía sobre mi. Fue cuestión de segundos en los que ya no pude contenerlo más. Un gran chorro salió de mi interior empapándolo a él por completo.

    – Bufff joder pero que perra eres mira como me has puesto.

    Incorporándose me lanzó un fuerte azote en cada una de mis dos nalgas poniéndolas completamente rojas, ante el impacto intenté incorporarme hacia arriba pero su mano volvió a agarrarme por la nuca para volver a dejarme en mi sitio.

    – Tu quieta ahí que aún no he acabado contigo.

    Tras decir eso escuché como su bañador tocaba el suelo tras deshacerse de él, yo por mi parte seguía con mi tanga por los tobillos pero sabiendo lo que se venía me lo acabé de quitar pudiendo así abrirme totalmente de piernas.

    – Así me gusta perra, ahora vas a ver lo que es bueno.

    Pude sentir como su cuerpo se pegaba con el mio y como su miembro me rozaba mi trasero. Con su mano lo movía de arriba a abajo restregándolo por toda la entrada de mi cavidad, sentía como su glande se quería abrir paso pero su dueño no dejaba que eso sucediese, me moría de ganas por tenerlo dentro de mí y no pude soportar más ese juego.

    – Jodeeer métemela de una maldita vez.

    – Eso quieres eh. Suplícame como la perrita que eres.

    – Por favooor metemelaaa hazme tu perrita mmmm.

    Sus movimientos se detuvieron en seco sintiendo como ahora si empujaba su glande que comenzaba a abrirse paso en mi interior. Nunca había tenido una polla tan gorda dentro de mi, le costaba avanzar.

    – Mmmm que estrecha eres. ¿Te duele?

    – Ufff un poco pero no importa, no pares.

    – No tenía intención perrita.

    Su avance siguió lento pero seguro hasta tenerla completamente en mi interior, ahí permaneció unos segundos en mi interior.

    – Mmmm ya la tienes toda adentro. Que rico como me aprietas con tus paredes.

    – Aaaah sii que rico papi, ahora follame.

    Comenzó lentamente a sacarla de mi interior para luego volver a metérmela nuevamente, sus movimientos pronto se hicieron más y más rápidos. Su polla me abría como ninguna otra antes lo había hecho, por primera vez me sentía llena de esa manera. Con sus manos en mi cadera me mantenía sujeta y al mismo tiempo usaba ese agarre para marcar el ritmo de sus embestidas.

    – Yo no soy tu papi perrita, pero qué suerte tiene él de poder ver este culito tuyo todos los días moviéndose por casa.

    Mi coño ya se había adaptado a lo ancho de su verga, pero con cada embestida que me daba era una nueva sensación. Ahora sé porqué estaba tan seguro de que esa mujer volvería con él, yo por mi parte estaba al límite nuevamente de correrme. Prueba de ello eran mis gemidos descontrolados.

    – Controlate perra que te van a escuchar.

    Tratando de callarme, me agarró del pelo atrayéndome hacía él haciendo que mi espalda se arquease. mientras tanto con la otra la puso en mi boca tratando así de amortiguar mis aullidos. Esa postura había hecho que mis piernas se cerrasen un poco provocando que su polla le costase más perforarme y también que se sintiese más rico como lo hacía.

    – Ummm umm ummmm.

    Mis gritos sordos por su mano se volvieron cada vez más intensos debido a lo que se aproximaba nuevamente, la mano que me agarraba por el pelo la cruzó por debajo de mis axilas para abrazarme al mismo tiempo que abarcaba con su palma todo lo ancho de mi pecho izquierdo. Sentirme tan pegada a él provocó por fin mi segundo orgasmo. Mis piernas temblaban tratando de recuperarse, él por fin ponía pausa a sus embestidas sacándola de mi interior y dándome un momento de respiro para recomponerme. Hasta entonces nadie me había dado polla durante tanto tiempo seguido sin haberse corrido, haberlo hecho en mi espalda hacía apenas unos minutos sería la más probable causa de su resistencia.

    – Ahora te toca a ti follarme.

    Tras decir eso me apartó a un lado de ese pequeño habitáculo y se sentó en el inodoro con las piernas abiertas y su polla palpitante mirando al techo. Yo deseosa me subí encima suya y con una de mis manos dirigí su grueso falo de vuelta en mi interior. Con pequeños saltos encima suyo su polla entraba y salía al ritmo que ahora yo marcaba.

    Plas plas plas sonaba mi cuerpo chocando contra el suyo una y otra vez, entonces acercó su cabeza a mis pechos y les prestó la atención que hasta ese momento apenas habían recibido. Su lengua jugaba con mis pezones que de vez en cuando metía por completo en su boca succionándolos al principio y mordiéndolos suavemente al final. Mi coño no dejaba de segregar fluidos que caían posándose en su regazo haciendo que ahora resonase un chop chop chop cada vez que me dejaba caer encima suya.

    – Bufff me tienes a punto perrita. Dónde quieres que me corra.

    – Mmmm siiii. Correteee en mis pechos papi.

    Apuré mis movimientos para alcanzar un último orgasmo antes de incorporarme de encima suya y dejarme caer de rodillas. Entonces él se puso de pie frente a mí, comenzando a menearse la polla, la tenía más hinchada que nunca, la tenía completamente mojada por mis jugos y las venas se le marcaban de forma notoria. Se me hacía la boca agua imaginándola en mi boca pero sin tiempo a reaccionar comenzó a correrse por todo mi torso, a pesar de haberse corrido hace relativamente poco me sorprendió la cantidad que de allí salió. Esta vez fui yo la que se esparció su corrida como si de una crema solar se tratase al mismo tiempo que lo miraba a su cara mordiéndome el labio inferior.

    – Bufff niña nunca había visto a una perrita como tú.

    Yo agarrándolo por sus piernas lo atraje hacia mí, metiéndome su polla en la boca aún medio morcillona para darle un par de chupadas y dejarla limpia al sacarla de mi. El sabor de su leche y mis jugos se mezclaron en mi boca.

    – Pues si que estoy rica jeje

    – Lo estás y mucho…

    Al salir de aquella choza, nos dimos un morreo e intercambiamos nuestros teléfonos. Tras eso me fui a dar un chapuzón antes de recoger mis cosas e irme corriendo a la parada para no perder mi último bus de vuelta a mi casa. Como imaginaréis no fue la última vez que vi a ese hombre…

  • La señora Lucía (caso real)

    La señora Lucía (caso real)

    Me escribió un correo una lectora de mis relatos, concretamente sigue “La polla de Tomás”. La llamaré Lucia. Nos hemos estado escribiendo por e-mail llegando a un punto de confianza que nos dimos los teléfonos.

    Hace poco se dio la coincidencia que las dos íbamos a visitar la misma feria de Turismo en la capital. Quedamos para tomar una cerveza. No fue una, fueron más, nos reíamos de cualquier cosa, fue agradable. Quedamos para cenar juntas y me contó una historia suya. Me pidió si podía escribir un relato con ella, que le haría mucha ilusión.

    No me negué. Aquí está. Intentaré contarla como si fuera ella misma.

    Lucia.

    Os voy a contar una historia que me ocurrió hace unos diez años. Yo había cumplido ya los cincuenta, estaba en camino de los cincuenta y dos. Soy una mujer erótica, sin ser una belleza, se cómo sacar provecho a mis encantos, por ejemplo mis pechos, motivo por el cual mis escotes siempre son generosos, los considero una preciosidad. Son grandes sin ser exagerados, y se me aguantan firmes, tengo una areola totalmente circular y un pezón grueso y largo siempre apuntando hacia arriba. Suelo ir sin sujetador, y más de un atontado mirándome lo pezones marcados en la camisa, o mi escote, se ha dado un traspié. Me gusta provocar estas situaciones. Aunque más bien soy delgada y de estrecha cintura, tengo un culo en forma de pera que no son pocos los hombres que se quedan embobados cuando observan el movimiento de mis glúteos. Mis piernas son largas y creo que bastante sexys. Suelo usar en verano zapato abierto o sandalias, siempre con un poco de tacón, me estiliza aún más las piernas y además me gusta pintarme las uñas de los pies y lucirlos, soy una mujer de metro setenta.

    Reconozco que soy muy calienta braguetas, me gusta excitar al personal, aunque no llego a más de eso la mayoría de veces, menos cuando salgo de caza, como yo digo, ir a ligar.

    En aquel entonces yo llevaba dos años separada de mi marido y como quien dice de toda la familia, ya que mi única hija emprendió el vuelo de joven y tiene su propia vida. Aunque nos llamamos muy a menudo, nos vemos poco, por la distancia, ella vive a tres cientos kilómetros de mi casa. Mis padres por desgracia ya no están, se despidieron juntos de la vida en un lamentable accidente.

    Un día me llamó mi hija diciéndome que quería presentarme a su novio, resulta que ya estaba embarazada de él y se iban a casar. Yo no sabía ni que tenía novio, le había conocido una vez uno, pero era de esos amores de adolescencia que siempre son efímeros. Mi hija se gana bien la vida, es profesora, y además emprendió un pequeño negocio de arte y antigüedades que le rentabiliza mucho.

    Físicamente ha salido bastante a su padre, ella no tiene unos grandes pechos como los míos ni un gran culo, aunque no está nada mal, es más bien delgada, y mucho más guapa que yo. Es preciosa, sus ojos, sus labios y en general sus rasgos faciales, la hacen tremendamente bella.

    Me llamó por teléfono y me dijo el día que vendrían. Se quedarían dos o tres días en casa para arreglar varios temas de papeleo en el hospital que ella precisaba. Yo contenta, siempre hemos hablado de todo entre nosotras, ella tiene un carácter de independencia como yo, se emancipó joven y se ha ganado los estudios y la vida por ella misma. Aunque muchas veces la he ayudado económicamente, siempre me ha querido devolver el dinero, a pesar de que yo lo rechazara. Yo también me gano bien la vida, cree hace años un portal turístico por internet que dirijo con bastante tranquilidad, y buenos rendimientos, los empleados y empleadas que tengo hacemos todas teletrabajo desde nuestras casas, eso permite que pueda dedicar tiempo a mi vida.

    Para el día que vinieron a casa, yo decidí preparar para la ocasión, la comida, unos mariscos y un buen pescado al horno para celebrar el encuentro y el acontecimiento, mi hija iba a hacerme abuela.

    El hecho de ser abuela me producía satisfacción y me emocionó felizmente, y así se lo hice saber por teléfono. Ella estaba radiante de felicidad, tenía ganas de ser madre y me dijo que había encontrado a la pareja perfecta por compartir su vida y formar una familia.

    El día que llegaron empezó el suceso que les voy a relatar. Intentaré describirlo incluso con los diálogos que hubo, algunos, no todos, no de todos me acuerdo, pero sí que intentaré narrar fidedignamente lo que ocurrió.

    Llegaron a media mañana y me encontraron preparando la comida. Yo no los esperaba tan temprano, y me cogieron de improviso vestida solo con una camiseta holgada de tiras, dejaba casi mis pechos fuera y un tanga de los más finos que tengo. Me gusta andar cómoda por casa, y mis pechos se mostraban debajo de la fina prenda y el tanga poco culo y coño me tapaba. Mi hija al verme así, se rio y encima se cachondeo un poco de mi indumentaria, ella sabe cómo soy y le encanta.

    – Francisco esta es mi madre, Lucia.

    – Mucho gusto en conocerla señora Lucia, Margarita me ha hablado mucho de usted.

    – El gusto es mutuo Francisco, aunque no puedo decir lo mismo, a mí no me han hablado de ti, ja, ja, ja…

    Cuando mi hija me presentó a Francisco, al pobre lo vi tragando saliva y rojo como un tomate intentando disimular su mirada que no podía apartarla de mis pechos y de mi culo. Era un chico guapo, metro ochenta, poco musculoso, más bien delgado, pero se le veía fibroso y fuerte con una cara de niño que no se aguantaba, me tuve que reír para adentro, no aparentaba ni los veinte años que tenía, hubiera podido pasar por un chaval más joven tranquilamente.

    Mi hija me explicó su plan familiar y a mí personalmente me pareció perfecto a pesar de la diferencia de edad que se llevaban. En aquel entonces mi hija había cumplido los treinta y dos, su novio y futuro padre de mi nieto, tenía los veinte justos, se llevaban doce años. Me chocó su juventud, pero no le reproché nada, ya que a mí los hombres más jóvenes que yo, son los que me atraen. En eso hemos salido igual, me dije a mi misma.

    Normalmente cuando tengo ganas de sexo, me busco chavales en el gimnasio o el club donde voy, en algún concierto, depende, soy bastante depredadora sexual y corro con la ventaja de no enamorarme nunca y ser eficaz en la caza. Mis voluptuosidades ayudan, pero me he dado cuenta que poseo un arte de seducción letal, y analizo muy bien al muchacho antes de flecharlo y acostarme con él, debe de reunir muchas condiciones, una de ellas, es que debe de ser dócil, sumiso y tener un pene un poco considerable, más que nada porque me gusta jugar con un pene en la mano, puede parecer extraño, pero todas tenemos nuestras manías libidinosas.

    Los instalé en la habitación que les preparé, es una suite que hice construir en la casa precisamente para invitados, gozan del dormitorio, un amplio cuarto de baño, incluso con un pequeño jacuzzi y un salón con una amplia terraza y con vistas y acceso a la piscina. Era verano, la podrían disfrutar.

    Cuando tuve ya la comida casi lista solo a falta de los toques finales para la hora de comer, serví para los tres un vermut con hielo, sifón y con unas aceitunas, para tomar mientras hablábamos sentados alrededor de la mesa. Mi hija iba contándome cosas de ella y de él. Siempre hemos hablado ella y yo muy claro, mas como dos amigas que como madre e hija, me dijo que conoció a Francisco cuando era un alumno suyo en el instituto, que entablaron cierta confianza llegando a ser novios y ahora ya vivían juntos. Los padres de él no aceptan la relación que tiene con su ex profesora por lo que decidieron irse y cambiar de domicilio, viven en un pueblo cerca de la ciudad y así pueden pasar de los comentarios mal intencionados, y también de los chismorreos de su círculo de familiares y amistades.

    Francisco continuaba asistiendo a la universidad, ella le obligaba y con lo que ella ganaba de profesora y con su negocio del arte y las antigüedades vivían muy cómodamente.

    Teníamos buen ambiente en la mesa, empezamos a contarnos anécdotas de recuerdos felices y nos reíamos rememorándolos. Ya nos habíamos tomado dos rondas de vermut, cuando les propuse irnos al jardín y a la pérgola de la piscina. Propuse comer allí y mi hija aceptó encantada.

    – Sí mamá, mejor comemos en la pérgola del jardín, y un baño ahora ¡Qué bien!

    – La verdad que sí hija, después de estar al lado del horno y los fogones ahora un baño me irá de perlas ¿A ti te apetece Francisco?

    – Claro, señora, como a usted le vaya bien.

    – Mira Francisco y me da igual que mi hija este delante, pero si me vuelves a llamar señora, te voy a dar de guantadas de aquí a la capital.

    Mi hija se rio y Francisco también.

    – ¿Tan vieja me ves Francisco?

    – No, no, para nada Julia, al contrario se la ve a usted muy joven.

    – Margarita, le dices tú a tu novio que me tute, o si se lo digo yo, le hago tragar agua en la piscina.

    – Ja, ja, ja. Ya te imagino haciéndole tragar agua, no ves que no podrías.

    – ¿A qué te juegas que lo hundo?

    Me empecé a dar cuenta que él hacia todo lo que mi hija le ordenaba. Más cuando ya en la pérgola del jardín le mandó desvestirse.

    – Francisco, desnúdate, y antes de bañarte pasas por debajo de aquella ducha.

    – Sí Margarita

    El hecho es que nos desnudamos todos, mi hija sabe perfectamente que yo siempre en casa me baño desnuda y yo sé que ella también. Me sorprendió el futuro marido de mi hija, me felicité por ella, tenía un pene de muy considerable tamaño y el pobre no sabía cómo esconder su erección. Mi hija se dio cuenta y se echó a reír.

    – Francisco, no hagas esfuerzos en taparte, mi madre no se asustará al ver tu pene erecto, ya ha visto y ve muchos cada día, ja, ja, ja…

    – Vale Margarita.

    – ¿Te gusta mi madre cariño?

    – La verdad es que está muy bien.

    – ¿Quién te ha puesto caliente, mi madre o yo?

    – Tú Margarita

    – Mentiroso, ja, ja, ja…

    – Perdona Margarita, es por la novedad, la situación…

    – Ya te daré yo a ti novedad ni puñetas, venga échate a la piscina a ver si con el agua se baja esto, no vayas a lastimarnos con esta polla tuya.

    – Sí, Margarita.

    Francisco se echó al agua. Mientras mi hija me contó que el ginecólogo la había mandado a un especialista para ver su embarazo, ya que el niño que llevaba en la barriga estaba mal posicionado dentro de la matriz. Eso requería mucho reposo, pero que había venido aquí, para ver a este especialista en el hospital. Me contó también que debido a esto llevaba ya un mes sin follar, el ginecólogo le ordenó no hacer el acto sexual hasta saber a ciencia cierta si el feto se posicionaría, que si no, tendría que estar los últimos dos meses estirada en la cama, y que tendría que parir por cesárea. Esto me entristeció un poco, al ver que a ella le resbalaba una lágrima también.

    Para cambiar de tema y alegrar un poco nuestra conversación fui a por las cazuelas, platos y cubiertos y una botella de cava dentro de la cubitera. Mientras yo ponía la mesa, Margarita con su barriga se fue dentro de la piscina con su marido. Los veía jugar, abrazarse besarse, se les veía felices.

    Imaginé que el sexo lo debían de solucionar a base de mamadas y chupadas mutuas, si mi hija no podía follar, algún remedio le tenía que buscar para que aquel mocetón tuviera sexo, y ella también. Sexo oral. Estaba yo en esta divagación cuando salieron los dos de la piscina. A Francisco no le había bajado el rabo ni con el agua, y seguramente jugando con mi hija en el agua, aún más caliente se habría puesto ya que su empalme era bestial.

    Tengo que reconocer que mi chichi reaccionó ante la vista de aquella enorme polla que se gastaba el muchacho. Si no hubiera sido el marido de mi hija, seguramente ya lo tendría sometido a mi lívido y dando placer a mi coño.

    Mi hija se debía percatar de mi estado, y se reía de la situación.

    Comimos, bebimos y después fui a por los postres, el café y mi cajita de marihuana. Mi hija dijo que ella no fumaria, desde el embarazo y además con la situación que atravesaba no quería arriesgarse. Lo entendí. Yo me lie mi canutillo y Francisco también se lio uno.

    Los efectos, del cava, el wiski y la marihuana llevaron la sonrisa en mis labios y los de Francisco, nos reíamos por cualquier cosa. Mi hija estaba feliz de ver como de bien se lo estaba pasando su marido conmigo.

    Margarita decidió irse a acostar, debía de descansar, le dijo a Francisco que se podía quedar conmigo y en la piscina, si a mí no me molestaba, y que si iba a acostarse intentara no despertarla si dormía. A él, pareció agradarle la idea por la cara de felicidad que puso.

    Yo me fui dando cuenta como cada vez el muchacho estaba más pendiente de mí. De la forma que miraba mis pechos, mi trasero cuando me movía por el jardín. No le bajaba la polla ni con el wiski, ni con la marihuana ni con nada, la continuaba teniendo tiesa.

    – Oye Francisco, una cosa personal que quiero comentarte.

    – Dime Lucía.

    – ¿A ti no te baja el pito? ¿Siempre lo tienes tieso?

    – Es que… No sé… a veces

    – ¡Caray! Aclárate que no entiendo nada ja, ja, ja…

    – Ja, ja, ja… pues te seré sincero, cuando estoy frente a una mujer se me pone así y no hay remedio ja, ja, ja… me da vergüenza decirte eso.

    – Así ¿Soy yo la culpable de esta erección?

    – Pues sí Lucía.

    – Vaya, no sabía que a mi edad yo pudiera excitar así a un muchacho tan joven.

    – Estas muy buena Lucía

    – ¿Tú crees? ¿Qué te excita de mí?

    – Todo, y esos pechos que tienes son sensacionales, pocas mujeres que conozco tiene unas tetas así de grandes y firmes ¿Son operadas?

    – Todo natural Francisco, ya verás tócalas, tócalas, compruébalo por ti mismo.

    Francisco extendió su mano y me manoseó un pecho. Vi que su polla se puso aún más dura, le vi las venas que parecía querían salir del pito y el capullo más rojo y gordo. Mi coño empezó ya a humedecerse mucho. Mi calentura iba en aumento, soy mujer caliente y entre el manoseo que hacía a mi pecho y la visión de su polla, estaba ya completamente húmeda.

    Estaba Francisco ya manoseándome las dos tetas y mi mano instintivamente agarró su polla. Palpitó entre mi mano, gorda, caliente, dura. Al darme cuenta que la cosa ya se complicaba me levanté y di por terminada la manoseada.

    – Hasta aquí podemos llegar Francisco. Eres mi yerno.

    – ¡Me gustas tanto Lucía!

    – Tendrás que desfogarte con mi hija ¿No te gusta ella?

    – Mucho, estoy loco por ella, pero llevo tantos días sin follar.

    – Algún remedio tendréis, ¿No te la mama? ¿No le comes el chichi tú?

    – Hasta hace poco me la mamaba al menos cuatro veces al día, pero de hace una semana que no lo hace porque dice que le da no sé qué.

    – Vaya, pues ya sabes a darle con la manita.

    – Sí, es lo que hago

    Me lie otro canutillo de marihuana, él también se lio uno y nos servimos dos wiskis más con hielo.

    Estirada en la tumbona con el frescor de la sombra, mi coño empezó a arder aún más. Después de fumarme el canutillo me tiré a la piscina. Él se vino detrás de mí. En el agua me di cuenta del pedo que llevaba yo ya encima, entre vermut, cava, wiskis y canutos la sonrisa y el desmadre me llevaron a empezar a jugar con mi yerno a tirarle agua.

    Él con ganas de juego también, de tirarme agua, empezó a querer hundirme. El roce de su polla conmigo era inevitable y cada roce me provocaba un chispazo en el chichi. En un momento del juego un agarrón por la espalda, aplastó toda la dimensión de su erecto rabo a mi culo. La noté caliente, quemaba y mi chocho ya era un lagrimal. Me giré de golpe, y me encontré rodeada con sus brazos y su polla pegada a mi barriga, me llegaba al canalillo de las tetas. Se la agarré y cuando él intentó darme un beso en la boca, me di cuenta de lo que pasaría si no paraba aquello. Me deshice de él, ante su disgusto, del abrazo, le solté la polla muy a mi pesar, y salí de la piscina. Él se quedó quieto dentro del agua sin reacción. Continuaba con la polla tiesa.

    Entré en la casa y lo deje ahí. Me puse una camiseta y un pantaloncito holgado y corto. Fui a ver a mi hija si continuaba durmiendo. No dormía.

    – Entra mamá siéntate aquí conmigo.

    – Dime hija.

    – Mamá llevo un rato reflexionando, no podía dormir y he salido al jardín. Ha sido una sorpresa verte jugar con Francisco dentro de la piscina, me ha alegrado que os hagáis amigos. Conozco su cara y la que le he visto era de deseo y de calentura, y tú mamá no me lo niegues, que tú también. Es lógico, es un chico encantador y tremenda polla se gasta, ja, ja, ja… Ahora no puedo darle el sexo que necesita su juventud, es un toro follando mamá. Es dócil, sumiso y caliente, tal como a mí y a ti también nos gustan los hombres.

    – Bien para que negarlo, sí, además, como a ti, también me gustan jóvenes, ja, ja, ja, en eso has salido a mí. No ha pasado nada más que juego en la piscina, estate tranquila que no te quitaré el marido ja, ja, ja.

    – No te lo digo por eso mamá, ja, ja, ja, ya he visto que no habéis hecho nada, te digo esto porque quiero pedirte una cosa.

    – No, sé, tú dirás, pídeme lo que quieras.

    – Quiero que tengas sexo regularmente con Francisco hasta que yo haya parido y pueda volver a follar conmigo.

    – ¡Dios! ¿Sabes lo que me estás diciendo?

    – Sí mamá, y si quieres ayudarme debes hacerlo.

    – ¡Hija! No sé, ahora mismo no sé qué decirte.

    – Mira mamá, tú estoy convencida que no te enamoraras de él, además así evito que cualquier pelantrusca de la universidad lo conquiste, y es difícil encontrar a alguien como él. Piensa que es muy sumiso y si alguna pícara quiere, lo somete. Prefiero que me ponga los cuernos contigo, que con cualquiera, y además así lo controlas. Debes ayudarme mamá.

    – Hija, te entiendo. Y ¿Cómo has pensado que debo actuar? ¿Se lo dirás a él, no se lo dirás? Explícame cómo quieres que sean tus cuernos ja, ja, ja, perdona que me ría, pero es mejor que me lo coja así. Ja, ja, ja…

    – Gracias mamá, sabía que podía contar contigo ja, ja, ja… Tranquila se lo diré ante ti, y solo deberás ordenarle y él obedecerá.

    – Joder, parece que todo esto sea surrealista, pero bueno venga, no te vayas a poner celosa ahora de mí, ja, ja, ja…

    – Eres tonta, ja, ja, ja. Verás llámalo

    – ¿Lo haremos contigo presente?

    – No lo he pensado, a ver dejemos que pase lo que pase.

    – Estás loca, ja, ja, ja…

    Salí de la habitación de mi hija y llamé a Francisco. El muchacho aún tenía la polla tiesa. Cuando entró en la habitación mi hija le dijo que se sentara, él así lo hizo. Margarita le explicó que debido a la situación sexual que había en aquel momento en casa, la que se ocuparía de satisfacerle sexualmente seria yo.

    Al muchacho le apareció una sonrisa, y me fije que su polla ya daba pequeñas palpitaciones sola. Me hizo gracia, mi hija me miró y me dijo adelante. Me quedé un poco sin que decir ni hacer, no sabía que decirle a Francisco y al notar mi indecisión mi hija le ordenó que me hiciera el amor. Él se vino hacia mí, pero se quedó frente mío, mirando a mi hija, sin saber qué hacer y por primera vez le vi el pito en estado de reposo, le bajó de golpe, ja, ja, ja, me hizo gracia la situación.

    Mi hija se descojonó al igual que yo de risa y decidimos que ya surgiría la situación, que supiéramos que por su parte teníamos vía libre de satisfacernos sexualmente. Francisco el pobre estaba en una nube con lluvia, negro y llorando, pero no creí oportuno, así de golpe ya meter un polvo con él, por lo que me fui de la habitación y los deje ahí con sus razonamientos.

    El resto del día no ocurrió nada transcendente, y yo me fui a mi ordenador hacer un poco de trabajo y ellos al rato salieron a la ciudad a dar una vuelta.

    Me llamó mi hija diciéndome que estaba con una antigua amiga de universidad y que se quedarían a cenar en su casa, que no los esperara despierta que llegarían tarde. Y así fue. Llegada la hora me acosté y la verdad que ni los oí llegar por la noche.

    Al día siguiente me levanté tarde, serian sobre las nueve de la mañana, hice lo habitual en verano, levantarme, café y salir a tomarlo al jardín. Con el café de la mañana me gusta fumarme un cigarrillo y mirar por el móvil las redes sociales para ver cómo va todo. Normalmente ando desnuda por casa, o con ropa muy ligera, recién levantada siempre voy en pelotas.

    Tenía dos mensajes interesantes en el móvil, uno era de un chaval que conocí en un mercadillo de antigüedades y objetos vintage y viejos. Se llamaba Jorge y tenía un puesto en el mercado. Le compré una vez dos tinajas grandísimas de cerámica para el jardín y con el precio cerré el transporte hasta mi casa y llevarlos al sitio donde los quería. Vino con otro muchacho, Pedro a llevármelos ya que una persona sola no podía mover aquellas enormes tinajas.

    Después de colocarlos en el lugar donde los quería, no sin esfuerzo y mil y una filigranas, los invité a que tomaran algo y si querían refrescarse en la piscina. Ambos eran dos chavales que no llegaban a los treinta años. Jorge además era guapísimo y tenía un cuerpo atlético y fuerte. Pedro era simple, con un poco de barriga incluso, pero con una polla increíble.

    Me lie con ellos, con los dos, dentro del agua de la piscina, fuera en el jardín, en mi habitación, en el comedor, estuvimos toda una mañana follando por toda la casa, la verdad que fue agradable y nos lo pasamos genial. Les vi el morbo que les daba follar con una mujer ya madura, que podría ser su madre.

    Otro día en que yo estaba en celo, lo llamé para que viniera a casa a apagar el fuego de mi coño. Jorge se portó como un campeón y me gustó, porque además hacia lo que yo le pedía, le ordenaba y el obedecía y cumplía. Me gustó especialmente con él montarme encima de su cara y hacerle comer el coño y el culo. Lo hacía de maravilla.

    El mensaje decía que tenía ganas de verme otra vez, que lo tenía muy olvidado. Y que cada domingo cuando montaba el puesto de venta, tenía la esperanza de que pasara por su parada y verme. En aquel momento y con el ajetreo en casa con mi hija y mi yerno, no consideré oportuno decirle que viniera, aunque no era por ganas ya que el muchacho me ponía a mil y yo andaba unos días ya sin follar, pero este mensaje me hizo entrar en una calentura atroz. Me fui a la ducha y ahí con mis juguetes sexuales me desahogué.

    Después de masturbarme y ducharme, me puse una camiseta larga que me llegaba a medio muslo y salí de nuevo al jardín a desayunar. Estaba comiéndome mi tostada con zurrapa de lomo en manteca cuando aparecieron mi hija y mi yerno. Ambos desnudos. La barriga de mi hija era graciosa, era redonda totalmente, sus cinco meses de embarazo se notaban en su silueta, pero tenía la hermosura crecida. Guapa, guapa. La polla de mi yerno erecta.

    – Oye Francisco ¿Siempre con la polla tiesa?

    – Disculpa Lucía, pero es que es irremediable, es ella la que se empina, no puedo hacer nada.

    – Échate a la piscina a ver si te baja, hombre ja, ja, ja…

    – Mamá no seas cruel con Francisco el pobre lo mal que lo pasa y encima tu no quieres nada con él, además frustrado. Ja, ja, ja, ja…

    – Hay hija, ya llegará su momento, es que ponerme así de golpe, venga a echar un polvo, tampoco se yo misma como ponerme ja, ja, ja…

    – Creo que lo que te corta es que este yo presente, pero mañana tendrás que estar todo el día y toda la noche con él, ja, ja, ja… Yo entro en el hospital a las ocho de la mañana y paso día y noche ahí, o sea que tendrás tiempo para lanzarte, ja, ja, ja…

    – Bueno a ver, ya te contaré, ja, ja, ja…

    – Te va a gustar, verás, y sobre todo mamá cuando te la esté metiendo tu dirígele la velocidad, coge un ritmo que te asombrará y gustará, además le puedes decir cuando quieres que se corra, ordénale desde el principio que no se corra hasta que tú se lo órdenes. Fliparás.

    – Caray niña, en vez de marido parece que tengas a un robot ja, ja, ja…

    Ellos estuvieron todo el día fuera, yo me decidí a salir un poco por la tarde a dar una vuelta por el club y a ver qué ambiente se respiraba en la ciudad. Quedé con una amiga y me encontré algún que otro conocido, pero nada interesante. Cené en un bar unas tapas con mi amiga Carolina y me fui a casa. Al llegar no había nadie y me fui a dormir. Al rato oí como llegaban, hicieron mucho ruido, pero no me alerté y me quedé durmiendo.

    A la mañana siguiente, acompañé a mi hija al hospital, los llevé con mi coche hasta la zona hospitalaria. Después de dejar a mí hija ahí y quedar que a la mañana siguiente cuando pudiera irse me llamaría para recogerla, me fui con mi yerno.

    Debido a la hora que era le dije que le invitaba a visitar y a comer en un pueblo medieval cercano. A él le pareció fantástica la idea.

    Como si fuéramos una pareja de turistas andamos por el pueblo y reservamos una mesa en un restaurante debajo de un puente medieval. Visitamos varias iglesias, unas ruinas, y recorrimos algunas tiendas comprando productos típicos de la zona, entre ellos un licor de hierbas.

    La comida fue sensacional y con mi yerno me lo estaba pasando en grande, tenía más humor del que aparentaba cuando llegó a casa y cuando estaba con mi hija, parecía más suelto, creo que este grado de libertad sin las ordenes constantes de ella, le hacía sentirse más gusto. A lo tonto nos bebimos dos botellas de cava y el remate ya fue el licor de hierbas después de la comida.

    Para hacer un poco la digestión fuimos a andar alrededor del río que cruza el pueblo. Nos estábamos riendo mucho, seguramente el licor de hierbas y el cava tenían la culpa, en un momento dado para bajar unos escalones me apoye en él, con el traspié quedamos uno frente al otro mirándonos a los ojos fijamente. Nos besamos, yo cerré los ojos y me deje llevar por mis emociones sexuales. Del beso pasamos al magreo, y este muchacho tenia los dedos hábiles, busco mi coño y encontró rápido el puno del placer y mi humedad. Él tenía la polla tiesa como una garrota.

    – ¿Vamos a casa Francisco?

    – Sí Lucía, te tengo unas ganas tremendas, desde que te vi que me tienes con la polla tiesa.

    – No te corras por nada hasta que yo te lo diga ¿Vale?

    – Vale, Lucía.

    Al darle la orden de no correrse, me permitió pajearle durante todo el camino. Es algo que me gusta hacer con alguno de mis amantes cuando ligo, conducir con una mano y pajear una polla con la otra. La suya es tremenda, fantástica, como me alegraba por mi hija que tenga semejante pija en casa.

    Cuando llegamos a casa, fue fantástico, empezamos a besarnos nada más entrar, nos desnudamos y enseguida nos fuimos a mi habitación. Empecé a mamarle la polla y me entretuve un tiempo largo con ella ¡Que delicia! Francisco además tiene unos huevos enormes, tenerlos en la boca y jugar con ellos me ponía a mil. El preliminar fue largo, él me estuvo haciendo maravillas con la boca en mi coño, su lengua es larga y la movía bien al igual que sus labios succionaban con delicadeza intensa mi clítoris. Me corrí copiosamente en su boca, él lo disfrutaba mucho. Le entró una especie de pasión loca con el ojete y los picotazos que me daba con su lengua me hacían vibrar. Me folló literalmente el culo con su lengua.

    Dos veces ya me había corrido antes de que me la metiera. Recordé las palabras de mi hija y se me ocurrió decirle, antes de que me llegara el tercer orgasmo, en la posición del misionero que estábamos, que acelerara el ritmo del mete saca lo más rápido que pudiera ¡Dios mío lo que le dije! cuando recuperé conciencia le tuve que suplicar que parara y menos mal que paró, o de mi coño hubiera salido candela.

    Fui recuperando poco a poco la respiración y me puse su polla en la boca, tenía unas ganas tremendas de hacerle una mamada, me gusta tener una polla así grande en la mano y acariciarme con ella, cuando llevaba un tiempo ya mamándosela, le miré a los ojos y vi que el pobre estaba sufriendo, seguramente aguantando la eyaculación, en aquel momento me dio hasta pena y me tuve que reír.

    Le dije, ordenándole que podía eyacular. Lo suelo hacer con pocos hombres, deben de ser de mucha confianza para que yo reciba su semen en la boca, incluso, casi siempre cuando follo les hago poner un condón. El caso es que se vació en mi boca, lógicamente no me lo tragué todo, pero lo poco que degusté me supo a gloria. He de reconocer que soy una cerdita. Me recree durante mucho tiempo con la polla en mis manos y en mi boca, también le bese y sus besos eran tiernos, con aquella carita de niño travieso, estaba bellísimo. La polla no le bajaba. Rompimos en carcajadas los dos.

    Nos dimos una tregua, quedaba aún mucha tarde y noche, y presentí que sería intensa. Nos fuimos al jardín y yo me di un baño en la piscina. Dentro del agua, vendría la segunda ronda sexual con él. ¡Cómo me folló! ¡Dios mío! Tan fuerte a sus veinte años, con aquella cara de niño pícaro que se le ponía cuando follaba, yo me puse como una burra encelada dentro del agua, me dejé follar y follé como hacía años y años que no lo hacía dentro del agua.

    Leí en un relato publicado aquí “La polla de Tomás” que la postura preferida del muchacho, era follar de pie con una mujer sentada y ensartada a su polla, y andando y follando hacia llegar a sus amantes a una catarata de orgasmos. Pues esto es precisamente lo que me ocurrió. Francisco me sacó de la piscina sentada y ensartada a su polla y andando y follando hizo que mis orgasmos se enlazaran y casi desfallezco cuando me poso sobre el camastro de la pérgola.

    Que deciros que aún no había llegado la hora de la cena y yo ya había perdido la cuenta de las veces que me había corrido.

    Me llamó mi hija desde el hospital. Me contó todas las pruebas que le habían hecho durante el día y que ya pronto le servirían la cena. Mañana le darían los resultados a las once. Quedamos que estaríamos ahí a esta hora, para escuchar de mano del médico el diagnóstico, y estar a su lado para después irnos juntos. Me preguntó cómo me iba con Francisco. No me extendí, me dio no sé qué y le pase el muerto a su marido, diciéndole que se lo preguntara ella misma, que lo tenía ahí al lado y le pase el móvil.

    Francisco le estaba diciendo a mi hija lo buena que yo estaba, y lo bien que se lo estaba pasando follando conmigo. Me tuve que reír por la situación, parecía todo tan surrealista, que me estuviera ocurriendo todo esto a mí, a mis cincuenta y dos años vividos, una situación semejante no se me hubiera pasado nunca por la cabeza.

    Con el teléfono en la mano, él continuaba hablando con mi hija, y me entró un morbo atroz comerle la polla mientras hablaba con ella. Me agaché y empecé a comerle los testículos y lamerle el tronco ¡Vaya tranca! Ensalive bien su capullo y se le puso dura, dura. Me pasó el teléfono otra vez a mí, me encontré hablando con mi hija con el móvil en una mano y la otra agarrada a la polla de mi yerno. Mi hija algo debía percibir en mi habla, o algo, a lo mejor lo que estaba haciendo se lo había dicho él, sin que yo me enterara, concentrada como estaba en la mamada, porque me dijo buen apetito y buenas noches y me colgó.

    Ahí en el camastro Francisco me dio otro buen repaso, el muchacho no paraba, y el pito siempre tieso. Me daba risa del pobre las caras que ponía cada vez que empezábamos a follar. La noche fue larga y corta a la vez.

    Debían ser sobre las cinco de la mañana que paramos de follar, me quedé rellena de su semen por todos los agujeros. Cuando me la metió por el culo por orden mía y despacito y con cuidado, fue de lo más sublime. Con delicadeza total me penetró el ano, y hasta que no estuvo el recto bien adaptado al tamaño de su polla no empezó a embestirme. Cuando le ordené que se corriera dentro del culo, la explosión de semen que soltó me quemó las entrañas y me corrí como una loca, si es que las locas se corren así.

    Nos quedamos como os he dicho sobre las cinco de la mañana dormidos, menos mal que puse el despertador del móvil y pudimos llegar a la hora al hospital con mi hija.

    Las noticias no pudieron ser peores, mi hija debía guardar tanto reposo que los dos últimos meses antes del parto los debía pasar completamente en cama. Ya en casa y después de las lágrimas por la noticia, decidimos que se quedarían a vivir conmigo en mi casa, hasta que hubiera parido. Era la opción más acertada, yo sabría cuidarla a ella y a su novio, como así fue. Durante cuatro meses hice de madre y de amante del marido de mi hija. Fue divertido y la verdad que muy caliente. Muchas anécdotas e historias ocurrieron.

    Lucía, este es el relato de lo que me contaste, espero que te haya gustado. He intentado explicarlo tal cual tú me lo narraste. Un beso.

    Si les ha gustado una valoración o un comentario se agradece.