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  • Con mi compañero de vóley

    Con mi compañero de vóley

    Practico vóley desde hace ocho años, es un deporte donde hay dos equipos enfrentados y el objetivo es pasar la pelota por encima de la red hacia el suelo del equipo contrario. Tengo muchos compañeros y compañeras de vóley, uno de esos compañeros se llama Darío, tiene 40 años, cabello corto con rulos ya con algunas canas mezcladas con su pelo negro, tiene barba y un poco de panza que no le queda para nada mal, Darío es nuevo en el equipo, ya que empezó a entrenar hace un año y medio, pero hace algunas semanas que vengo teniendo una relación sentimental con él a escondidas, yo y él queremos las cosas discretas por nuestra diferencia de edad porque yo tengo apenas 20 años y también no queremos que nadie interfiera entre nosotros.

    En la última clase nuestro profesor llamado Marcelo nos informó a todos que teníamos que ir a un concurso de vóley en Mendoza que es una provincia de Argentina, nos pusimos de acuerdo todos, juntamos el dinero necesario y fuimos.

    Yo y Darío hicimos el arreglo necesario para poder dormir juntos esas tres noches sin que nadie se entere, pero no pensé que nuestro primer encuentro íntimo pasaría tan rápido y que sería tan hermoso en todos los sentidos.

    Fui con todo mi equipo a conocer la cancha del club donde competiríamos. El club era una estructura de 2 pisos pintado completamente de rojo y adentro había muchos salones para realizar diferentes actividades, dimos un recorrido por todos los espacios y cuando ya se hicieron las nueve de la noche nos fuimos a cenar todos juntos y luego a dormir cada uno a nuestra habitación.

    Era la medianoche cuando me dieron ganas de beber un vaso de agua fría, solamente estaba con mi pijama que era un camisón rojo que apenas me cubría las nalgas, pero como pensé que todos estarían durmiendo decidí salir a la cocina.

    Fui hacia la cocina de aquel inmenso club, divisé un movimiento de una sombra que se movía dentro de la sala donde estaba la cancha de vóley, miré hacia allá y había una completa oscuridad.

    Me di vuelta, hubo un movimiento atrás mío que me hizo sobresaltar, giré y no vi a nadie, ya estaba lista para ir a la cocina por ese bendito vaso de agua cuando una persona me tomo bruscamente y me puso contra la pared de la cancha de vóley.

    Al principio entre en pánico, ese sentimiento duro unos segundos porque cuando el sujeto se acercó más a mí percibí un delicioso aroma a perfume masculino que conocía muy bien, era el olor de Darío, era su perfume.

    -Hola señorita- susurro en mi oído y su barba me hizo unas agradables cosquillas en mi mejilla.

    -Hola Darío- le respondí entrelazando mis brazos en su cuello al tiempo que apretaba su cuerpo contra el mío y nos empezamos a besar.

    -Señorita usted tiene un magnetismo para mí, cada vez me quiero acercar más a ti- subí una pierna en la cintura de Darío y él me susurro esto con su aliento en mi cuello.

    -Quiero despertar tu fibra más erótica de mujer, quiero hacerte estremecer de placer- continuo él.

    -Tomame entonces, mi hombre, toma lo que es tuyo y hazme tu mujer- le susurré esto en su oído a la vez que le di un beso en la comisura de su boca.

    Él hizo que subiera mi otra pierna a su cintura y me tomo fuertemente para depositarme en el suelo con delicadeza.

    Me quito mi camisón rojo, quede desnuda ante él y Darío se posó encima de mí, yo le quite su camisa y quede maravillada con la vista de los pelos de su pecho, pase la yema de mis dedos por todo su pecho y le di muchos besos en esa zona hasta que llegue a la parte de su pelvis, hice que se quitara su pantalón de jean y quedó solamente en bóxer.

    Él me acaricio el hueco de mis senos y luego con ambas manos los apretó, se inclinó a lamberlos y los absorbió con fuerza y velocidad a la vez que yo me arqueaba hacia atrás del placer que me estaba dando solamente al principio.

    Me lambió los senos con tanta fuerza hasta utilizo las puntas de sus dientes para morder suave mis pezones y dejarme unas bonitas marcas, luego me paso la lengua por el cuello y me mordió el lóbulo de mi oreja, fue bajando con besos hasta la zona de mi abdomen y ahí me volvió a llenar de su amor.

    Mi pensamiento durante todo esto fue que este hombre estaba logrando que me derritiera y que me encienda a la vez.

    Se quitó su bóxer y me puso ambas de mis piernas en sus hombros, yo pensé que me iba a penetrar, pero en vez de eso se inclinó hacia mi vulva y empezó a estimularla de la misma, le pasaba la lengua por adentro bien profundo y por afuera, usaba las puntas de sus dientes para darme suaves mordiscos y me penetraba con sus dedos, todo esto al mismo tiempo.

    El hombre tenía razón, estaba logrando lo que él quería, mi fibra más erótica de mujer había sido despertada y ardía de deseos de entregarme a él más que nunca.

    Le acaricie sus bellos rulos y le toque su barba, esa barba que yo amaba al sentir como me besaba y que ahora me estaba haciendo unas suaves cosquillas en mi entrepierna, levanto la vista hacia mí y sus ojos ardían de lujuria al igual que los míos, termino de lamberme la vagina y paso su lengua por mis muslos, muy cerca de mi vulva, pero sin llegar a ella, hizo todo eso mirándome a los ojos todo el tiempo.

    Luego volvió a besarme en los labios, me tomo la boca con desesperación y reconocí el gusto de mis flujos vaginales mezclados con su saliva.

    Se volvió a colocar encima de mí, en esta ocasión su pene paso por mi abdomen y fue subiendo con un movimiento de su pelvis hasta el hueco de mis senos que fue donde se detuvo, yo tome ambos de mis pechos y los coloque a ambos lados de su miembro, cuando él vio que estaba lista empezó a moverse, y el contacto de su pene palpitando y duro contra mi suave piel me ha encantado.

    Tome su pene, saque mi lengua a modo de provocación y le di unas cuantas lambidas en la cabeza mientras él se movía, solté su miembro y empecé a mover mis pechos con mis manos para darle un mayor placer a Darío. Luego de unos minutos me levanto tomando mis muslos traseros y me puso contra la pared, yo enrede las piernas en su cintura y con un apretado movimiento ingreso dentro de mí a la vez que me ponía una mano detrás de la cabeza y cada vez que me penetraba quedaba más lejos del suelo y parecía que estaba saltando en el aire sostenida por él, pero bien clavada por su verga.

    Cuando me estaba embistiendo tan frenéticamente que pareciera que la pared iba a estallar vimos a mi compañera Noelia que paso de largo de donde estábamos nosotros cantando una canción y bailando sola, ella era una de las personas que odiaba a Darío por su buena técnica en tan poco tiempo que practicaba nuestro deporte, yo me incline a darle un apasionado beso y él siguió con sus embestidas como si nada, esta situación me dio un morbo tremendo.

    El pensamiento de que mi amiga y compañera Noelia me pudiese ver siendo embestida brutalmente por el hombre al cual ella odia me termino de excitar más de lo que estaba, tanto fue así que Darío se percató de esto y me dio vuelta poniéndome de espaldas a él, aún me sostenía en el aire cuando empezó a penetrar mi trasero más fuerte que nunca, en un contaste entrada y salida, a veces me hundía la verga para presionarme un poco el cuello y luego volvía con sus duras embestidas.

    Finalmente salió de adentro de mí y me volvió a acostar en el suelo haciendo que quede a horcajadas sobre él y está vez me dejo que yo salte libremente, que haga un baile erótico con mis caderas empujando hacia adelante con su verga adentro hasta que eyaculo en mi interior y se quedó unos minutos unido a mí mientras le daba suaves besos en los labios y en el cuello.

  • Tocada en el centro comercial

    Tocada en el centro comercial

    Continuación de mi relato anterior, lo dividí para que no fuera tan largo, les mando un beso a todos y espero que les agrade esta segunda parte.

    Estaba llegando a mi casa desde el supermercado y no podía olvidar todo lo que don Genaro me había hecho sentir, para serles sincera cuando él me tocó el culo, sentí rechazo, pero en un momento quería más, fue algo muy extraño para mí, ya que normalmente nunca dejaría que alguien extraño me tocara el culo sin que yo lo autorizara, pero en su caso sentí tan poca malicia y perversión, quizá solo estaba justificándome a mí misma y luchando contra mi lado recto que ya poco a poco perdía más terreno en mi personalidad.

    Deje mis cosas en casa y antes de volver a salir hacia el centro comercial que está cerca de mi gimnasio me cambie de ropa, ya que la otra estaba un poco sudada, pero la idea fue la misma, otra faldita esta vez de color rosa, que era solo poquito más larga, pero que aún permitía que al agacharme se me viera el culo y una polera amarilla para arriba, me toque un poco la conchita y estaba empapada, mis muslos igual así que me limpie y poco, aproveche de meterme un poco los dedos, estaba sumamente sensible, otro detalle importante que no conté es que con las poleritas delgadas si bien no se traslucían mis pechos, mis pezones si podían verse muy duros por lo que podía sentir el viento rozándolos mientras caminaba lo cual me encanta mucho, aparte que daba la oportunidad de que la gente me viera los pezones duritos con total impunidad jeje, cuando ya estaba lista para salir tome mis cosas, aplique más lubricante en mi culito para que el plug no me raspará las nalgas por dentro y me dispuse a salir.

    Cuando estaba de camino, el plug me estaba dando una follada increíble en el culito, el soltar y apretar era muy rico, pase por fuera del gimnasio y me hizo recordar lo de hace días cuando provoque a unos extraños, mi cuerpo se estremeció y me dio un escalofrío muy rico que me recorrió de la cabeza a los pies, esboce una sonrisa pícara y continúe mi camino, ya en el centro comercial tenía un plan especial, necesitaba comprar unos táperes para comida, pero quería aprovechar que estaba en un lugar con tanta gente, así que para amenizar mi estadía, fui rápidamente al baño para ponerme el vibrador, entre a unos de los baños, saque mi vibrador de la cartera, me apoye en la puerta y lo metí lentamente.

    Lo acomode para que no se fuera a caer mientras caminaba, ya que no tenía ropa interior para sostenerlo en caso de emergencia, cuando ya entro lo sentía rico, no era grande para llenarme, pero el que mi conchita se abriera un poquito para que entrara me gustó mucho, tome mi teléfono y encendí el vibrador en un nivel bajo, empezó a moverse y yo quería saber si era muy ruidoso en público, ya que el día que esos chicos lo escucharon desde la escalera, me dio la impresión que quizá era bastante más ruidoso de lo que yo percibía, aumente el nivel y me estremecí completamente tuve que poner mi mano en mi boca para no gemir con fuerza, mientras temblaba sentía que me daría un orgasmo, y sentía el plug algo suelto, no podía apretar porque no dejaba de contraerme reaccione a dejar mi teléfono en el estanque del baño apoyado para que no se caiga y puse mi otra mano en mi culito para que el plug no saliera entonces sentí que me venía el orgasmo.

    Fue bastante intenso, creo que fue porque tenía mucha excitación acumulada desde el supermercado, no podía frenar el vibrador y seguía dándome placer, mis piernas casi no respondían así que respire hondo y saque mi mano de mi boca para tomar mi celular y poner en pausa el vibrador, cuando se detuvo solté todo el aire y respire agitadamente, estaba muy excitada y feliz en ese momento, deje que pasaran unos minutos para recuperarme del orgasmo, cuando ya estaba lista me acomode bien la ropa y encendí nuevamente el vibrador en un nivel bajo, ya que antes cuando estaba más fuerte nadie pareció percatarse del ruido así que me sentí mucho más segura.

    Salí del baño, la tienda a la cual necesitaba ir estaba en el tercer piso del centro comercial así que debía tomar las escaleras, tome las eléctricas que estaban en medio del centro comercial, mientras subía mire a mis alrededores y detrás de mí, podía ver a parejas mirándome, otras chicas tapando los ojos a sus novios, señoras mayores con cara de sorpresa, definitivamente me estaban viendo todo por debajo de la falda, cuando llegue al segundo piso mientras caminaba el vibrador me dio un cosquilleo intenso que me hizo frenarme de golpe y tuve que apoyarme en un barandal, mientras me reponía, entonces escucho detrás de mí.

    -«Ey mira, salieron las nuevas figuras».

    Me di la vuelta, eran 3 chicos, universitarios me pareció en el momento, me acerqué a ellos y, observe que estaban viendo unas figuras de anime muy lindas, apuntaban y hablaban principalmente de las que eran de chicas con poca ropa o en traje de baño, en ese momento solo pensé «bueno son chicos jóvenes», entonces se me ocurrió una idea porque la vitrina estaba llena de figuras, pero se podía ver hacia dentro de la tienda un poco, yo entre a la tienda como una clienta cualquiera, me acerque por el otro lado de la vitrina haciendo como que estaba observando algunos productos, entonces me subí la falda por atrás, y toque sutilmente con mis uñas la vitrina para que los chicos me vieran el culo hacia dentro.

    En ese momento no sabía si se habían percatado de mí, pero mientras veía al rededor la tienda, observo que tenían disfraces para hacer cosplay, no eran la gran cosa, pero algunos eran muy lindos, cuando los vi algo hizo clic en mi cabeza, vi que muchos tenían pelucas y antifaces, cuando vi eso pensé que eso era justamente lo que necesitaba algo así para poder camuflarme mejor, es decir, podía ponerme una peluca y un antifaz mientras me exhibía, solo debía tener cuidado de no hablar muy fuerte y nadie podría reconocerme, me emocione y olvide que estaba mostrándoles el culo a los chicos así que, me acerque a los disfraces para verlos y encontré uno que tenía una peluca verde, con el pelo un poco más corto que el mío y un antifaz negro, le dije al dependiente que lo quería llevar, así que lo compre emocionada.

    Salí de la tienda muy feliz cuando de repente veo a los 3 chicos pasmados mirándome, en ese momento recordé que les mostré mi culo por la vitrina, solo les sonreí y me fui meneándoles el culo para que pudieran mirarlo mejor jeje, continúe hacia la escalera y mientras subía al tercer piso volví a mirar a mis alrededores, no tuve tantas interacciones esta vez, pero si note que los 3 chicos seguían mirándome desde abajo, así que puse mi culo hacia donde estaban ellos así dándoles la espalda, para que vieran por debajo de mi faldita todo mi culito y mi conchita con el vibrador.

    Ya en el tercer piso me dispuse a ir por mis táperes, entre a la tienda para elegir mis táperes, pague y salí, estaba lista para volver a casa, eran alrededor de las 8 de la noche, el centro comercial cierra como a las 9:30 a 10 de la noche, cuando salí me acerque al barandal para contemplar todo el lugar, me apoye y me quede mirando todo serenamente, entonces tome mi teléfono y subí la potencia del vibrador, me apoye con ambos brazos y deje que el vibrador me diera mucho placer, justo en ese lugar a la luz de todos, pensaba que la gente que estaba en los pisos de abajo podía verme, con mis piernas temblando y mi conchita al aire, mientras estaba en eso, observo que los 3 chicos seguían mirándome desde el segundo piso, parecía que estaban como hipnotizados conmigo.

    Esa sensación de atención más el placer que me estaba dando el vibrador me volvieron loca, en ese momento al estar tan caliente pensé en una idea muy rica, quería sentirme como en el supermercado con don Genaro, pero no sabía como hacer que esos chicos me ayudaran con eso, entonces mire a mi alrededor y vi la escalera de emergencia, normalmente no las usa nadie por lo que son pasillos muy silenciosos y amplios, pero necesitaba algo más, quería hacerlo, pero con don Genaro era distinto porque él era muy anciano y si llegaba a sobrepasarse demasiado conmigo yo podía simplemente empujarlo y salir de la situación fácilmente, pero en este caso eran 3 chicos, así que sentí un poco de temor de que quisieran aprovecharse de mí más de lo que yo les permitiría, así que pensé en una solución interactiva y divertida para todos.

    Volví a bajar el nivel de mi vibrador porque estaba pronto a darme otro orgasmo, volví a entrar a la tienda donde compre los táperes, pero compre un cuaderno básico y un lápiz, volví a ponerme en el barandal y los chicos seguían en ese lugar, entonces empecé a escribir lo siguiente:

    -«Bienvenidos, quiero jugar a un juego con ustedes, les daré 2 minutos a cada uno para que se diviertan con mi cuerpo, pero solo si cumplen con las siguientes reglas».

    -«Número uno: deben estar en total silencio».

    -«Número dos: no deben tratar de penetrarme con sus penes, pueden usar la aplicación de mi teléfono que controla mi vibrador».

    -«Número tres: no pueden eyacularme encima»

    -«Número cuatro: nada de fotos ni videos, deben dejar sus celulares donde yo pueda verlos».

    -«Número cinco: no deben tratar de voltearme para besarme, o hacerles sexo oral, yo siempre estaré de espalda hacia ustedes».

    «Si no pueden cumplir cualquiera de esas reglas, los denunciaré a la policía y enseñaré fotos de ustedes siguiéndome».

    Admito que la primera frase me la robe de las películas del juego del miedo jejeje, y la última era solo para amedrentarlos, ya que yo realmente no tenía ninguna foto de ellos, pero quería que se pensaran varias veces antes de querer violarme o algo así, solo quería sentir placer de sus manos recorriéndome entera, apague el vibrador, les mire fijamente, observe que uno vuelve a mirarme, le hago una seña con la mano muy sutil, la típica sexi de mover solo el dedo índice indicándoles que se acerquen.

    El que me vio de inmediato avisa a sus amigos y empiezan a subir por las escaleras, cuando ya estaban en mi piso, yo comienzo a caminar lentamente, meneándoles el culo, me acerco a la puerta de las escaleras, comprobé que si se pudiera abrir, los mire hacia atrás y los vi acercándose, así que me subí la falda mostrándoles mi culo y les sonreí mientras entraba, cuando entre a las escaleras estaba todo oscuro, no se veía nada active la linterna de mi teléfono y vi unas escaleras que iban hacia arriba y abajo, tome las que subían y fui apuntando a alguna pared para ver si veía algún interruptor o algo, por suerte eran con sensores y se iluminó la escalera.

    Observe rápidamente que no hubiera cámaras cerca, no divise ninguna así que me posicione en lo alto de la escalera mirando hacia la pared, tome el cuaderno con mis manos y lo puse detrás de mí, estaba temblando de la calentura, no daba crédito de mí misma, lo que estaba haciendo, lo que quería que me hicieran, estaba totalmente entregada a mi nueva pasión y solo quería llevarla más lejos, de pronto sono la puerta y escuche.

    -«Entro por esta puerta, pero no la veo».

    Yo en ese momento tosí para que supieran donde estaba y uno dice, «creo que la escuche», empiezan a subir las escaleras y empiezan a hablar entre ellos, «es muy linda y sexi» uno de ellos ve el cartel y les dice a los otros «chicos miren», se quedan en silencio unos segundos, yo mientras tanto estaba temblando totalmente, tenía la piel de gallina de la cabeza hasta la punta de los pies, de pronto comienzan a susurrar muy despacio decían, «que hacemos, nos arriesgamos?», el segundo dijo, «esta loca nos sacó fotos, vámonos de aquí seguramente nos denunciara igual» y por último hablo el tercero, «no creo, porque nos llamaría y nos daría esas reglas si nos denunciara igual, si ya tiene fotos no tiene sentido, yo digo que juguemos».

    Al final después de unos segundos decidiéndose dicen en voz baja, «bien lo haremos, pero dividámonos así cada uno tendrá su momento, dos irán a la puerta a vigilar y el otro hará lo suyo aquí», los otros aceptaron y decidieron al primero, los demás se fueron lentamente yo en ese momento volví a toser para que me escucharan y levante mi teléfono con una mano y con la otra hacía señas, de que debían dejarme sus teléfonos a la vista, en silencio escuche como los otros le pasaban sus teléfonos al que quedo, me los acerco, yo los tome y los deje al lado de mis cosas, los otros abrieron la puerta y creo que le hicieron una señal al que quedo de que todo estaba tranquilo, porque me susurro «Mis amigos dicen que no hay nadie, voy a empezar señorita».

    Yo preparé un cronómetro en mi celular para que estuviera a la vista de ambos, lo activé y le hago una seña para empezar.

    Sentí una de sus manos tocarme la pierna derecha y yo me estremecí un poco, en total silencio, solo se escuchaba el roce de sus manos sobre mi piel y mi ropa, luego pone su otra mano en mi culo mientras que con la otra empieza a subir por debajo de mi polera y me agarra una de las tetas con fuerza, yo me acerque más a la pared y me apoye en ella con ambas manos, él me subió la falda y empezó a explorar todo mi culito.

    Ya habían pasado 30 segundos

    Senti que con sus manos abrió mis nalgas y toca mi plug con su dedo haciendo como pequeños toques que hacían que temblara todo el plug y eso se traspasaba a mi ano internamente, se sentía muy rico, yo estaba cada vez más excitada, a pesar de que era tan poco lo que me estaba haciendo sentía que me daría un orgasmo pronto, mientras estaba en eso vuelve a sobarme el culo subiendo por todas mis caderas por debajo mi falda la cual se me vuelve a subir como antes y con ambas manos toca mis pechos, y aprieta mis pezones con sus dedos, ese momento solté un gemido «aaa…», parece que al chico eso le encanto porque comenzó manosearme de una manera más frenética.

    Ya llevaba un minuto de su tiempo.

    Me susurro al oído.

    «¿Cómo activo el vibrador?».

    Yo tomé mi teléfono y abrí la aplicación se la dejé a mano para que lo activara, eligió de golpe el nivel 3, yo sentí un chispazo en mi conchita, me dio un temblor de piernas y gemí «mmm…» algo más fuerte, el chico me tomo con fuerza por la cadera para sujetarme mientras me seguía rozando con su otra mano yo estaba temblando completamente, me retorcía del placer y él lo sabía porque me apretaba los pezones con fuerza, comenzamos a hacer un movimiento al unísono de apareamiento yo me movía de atrás hacia adelante y él me seguía el paso mientras me manoseaba no podía contener mis jadeos y mis gemidos, solo trate de hacerlos despacio.

    Ya solo le quedaban 15 segundos.

    Él se percato y me tomo por el cuello de una manera muy delicada, junta mi culo con su bulto y me levanta la cabeza desde el cuello, yo quedo mirando el techo y él me besaba el cuello con mucha pasión, esa sensación fue todo para mí no aguante más y me dio un orgasmo muy intenso estaba gimiendo y él me tapa la boca con fuerza, y me susurra.

    «Para que no nos descubran» yo gemía «mmm… mmm… aa… mmm».

    Él me solto, yo me apoyé en la pared para no caerme al suelo y apagué el vibrador para descansar, seguí jadeando y escuche que el chico se va alejando, el orgasmo me había arruinado totalmente, no podía pararme, necesitaba descansar, escuche que el chico abre la puerta y sale, pero no alcanza a cerrarse del todo cuando la volvieron a abrir, escuche pasos nuevamente, yo me puse de pie como pude, volví a poner mi cronómetro en cero y cuando el otro chico ya estaba al lado mío lo active, y le hago una seña de «1 minuto para descansar», él no dice nada y se queda en silencio, mientras pasaba el minuto yo me acomode la ropa, respire hondo y me relaje nuevamente, paso el minuto tome mi teléfono, reinicie el cronómetro y le hice una señal de «OK» posicione mi teléfono active el cronómetro y habilite la aplicación del vibrador.

    El segundo comenzó mucho más atrevido y frenético, primero puso el vibrador en nivel 1, y seguido de eso me levanto la polera hasta el cuello por adelante y atrás, empezó a besarme la espalda de una manera muy pasional, podía sentir la saliva que quedaba en cada beso, mientras me manoseaba las piernas para terminar en mi culo, yo aún me estaba recuperando del orgasmo anterior así que estaba muy sensible me apoye en la pared nuevamente y el chico bajo lentamente sin dejar de besarme, comenzó a besarme el culo, en mis nalguitas y a darme mordiditas suavemente como un animal en celo, yo por instinto al sentir las mordiditas movía mi culo de atrás hacia adelante y me estremecía completamente.

    Él consumó su primer minuto en esa misma dinámica.

    Él volvió a subir a mis pechos, mientras besaba mi nuca, yo podía sentir su respiración detrás de mi oreja, de pronto siento que el vibrador empieza a funcionar más rápido, abrí los ojos y el chico lo había puesto en el nivel 4, rápidamente me tapo la boca, mis piernas comienzan a temblar no podía sostenerme, él se aprovechó de eso porque ejerció un poco de presión sobre mi cadera y yo fui bajando lentamente hasta quedar de rodillas en 4 para él, él me abrió el culo con las manos y saco lentamente mi plug de él, yo estaba con la cabeza agachada y todo mi culo levantado ya no podía sostenerme por mí misma el chico con sus manos me mantenía en 4.

    Quedaban solo 20 segundos de su tiempo.

    Sentí como el chico empieza a comerme el culo, nunca me habían hecho algo así yo gemía «aaa… Mmm… Siii… Así…», me movía de atrás hacia adelante como si el chico me estuviera penetrando el culo con su lengua, me lo comió totalmente, a falta de solo 5 segundos yo sentí que venía otro orgasmo, me levante con una mano para apoyarme en la pared de nuevo y con la otra al girarme un poco para mirarlo, lo veo con los ojos cerrados comiéndome todo el culo, puse mi mano en su cabeza y la apreté contra mi culo, volví a girarme hacia adelante para disfrutar de la sensación y del orgasmo, sentí el clímax llegar y gemí fuerte «aaaa… Siii… Asi… Mmmm… No pares…», solte su cabeza para apoyarme con las dos manos a la pared y seguir gimiendo, él se separó de mí y paso su mano por mi hombro para taparme la boca, yo seguía estremeciéndome por el orgasmo cuando siento que me mete un dedo por el culo, yo pegue otro gemido reprimido por su mano «mmm… Aaa… Mmm… mmm… Mmm» mire de reojo hacia mi teléfono y el cronómetro estaba pasado por 15 segundos, le hice señas como pude para que vea mi teléfono, él saca su dedo de mi culo con el cual me estaba follando mientras me quedaban restos del orgasmo en el culo, se me acerco y me susurro.

    -«Perdón, pero me dijiste que no parara, volveré a ponerlo».

    Yo simplemente le hice una seña con la mano dándole a entender que no importaba que estaba bien, cuando sentí como escupe mi hoyito, esparció la saliva por todo mi hoyito lentamente metió su dedo una última vez para finalmente volver a meterme el plug, tome mi celular y apague el vibrador, él se alejó de mí, yo quede sentada con la cabeza apoyada en la pared casi sin fuerzas y toda la ropa levantada, empecé a escuchar sus pasos retirándose, se fue lentamente lo que me dio oportunidad para descansar, pero estaba segura de que necesitaría más de un minuto para el siguiente, escuche que se abre la puerta y sale el chico, pero esta vez se cierra del todo, yo exhausta, empecé a respirar un poco más calmado reponiendo fuerzas, pasaron alrededor de 40 segundos y no entraba nadie más, pensé que quizá el último se había arrepentido, pero yo aún tenía sus celulares así que sabía que no se habían ido, incluso yo al estar totalmente quieta el sensor de la luz se apagó, y quede totalmente a oscuras, estaba por empezar a ponerme de pie cuando sentí que se abría la puerta de nuevo y luego pasos acercándose a mí, yo me apoye en la pared, pero mis piernas temblaban aún, no tenían fuerzas para sostenerme, el último chico estaba ya junto a mí, yo traté de pararme, pero él se acerca a mí y me susurra.

    -«No te preocupes, descansa lo que necesites, yo te prepararé mientras».

    Cuando escuché lo que dijo, no lo entendí al principio, pero tomé mi teléfono y puse un cronómetro de un minuto dándole a entender que eso necesitaba para recuperarme, él me susurra.

    -«Bien esperaré».

    Mientras me recuperaba él me acerca una botella de agua, yo la tome y le hago un gesto de agradecimiento, bebí un poco para hidratarme y mientras tanto él comenzó a bajarme la falda lentamente, yo sentía como la hacía bajar hasta mis rodillas, estire mis rodillas para que me la pudiera sacar del todo, me la saco y la dejo a un lado, yo le devolví su botella, él la tomó y la dejo un lado también, luego tomo mis brazos y los junto en la pared colocando una mano sobre la otra y empecé a sentir como tomaba mi polera para subirla por sobre mi cabeza, me la saco y yo quede totalmente desnuda para él, yo mire el cronómetro y ya llevaba 1 minuto con unos cuantos segundos, tome mi teléfono reinicie el cronómetro y le hice el gesto de que estoy lista, internamente no podía más, los dos orgasmos me habían deshecho las piernas no sabía como podría sostenerme en pie, en eso, deje la aplicación del vibrador de nuevo a su vista, pero él se me acerca y me susurra.

    -«No te preocupes, no lo usaré, solo sígame el juego».

    Yo me sorprendí por su comentario, active el cronómetro, el tercero lo primero que hace es dejarme en 4 y me retira el vibrador de mi conchita vi que lo dejo a un lado, me tomo de las piernas y me levanto, yo me asuste en ese momento trate de forcejear un poco porque pensé que quería darme la vuelta, pero me dijo en voz baja.

    -«Tranquila, solo quiero llevarte a la escalera para quedar más bajo que tú».

    Me empezó a arrastrar, yo me iba sosteniendo con mis manos era una especie de carretilla erótica o algo así jeje, escuche que él bajo unos escalones y luego bajo lentamente mis piernas, apoyándolas en el penúltimo escalón, dejando mi cuerpo como en bajada digamos, veo que él pasa por delante de mí acercándose mis cosas, yo escondí mi cara y solo vi por entre mis dedos, entonces el tomo mi faldita y mi teléfono para acercármelos, yo quede muy sorprendida por eso, mire mi teléfono y ya había perdido 20 segundos con eso, de pronto sentí que poso sus manos sobre mi culo, eran ásperas y grandes, era capaz de abarcar gran parte de mis nalgas con sus manos.

    A diferencia de los otros dos este chico se notaba que tenía más sutileza a la hora de manosear a una chica, sentí que se acercó a mi culo y comenzó a besar mis nalgas con pasión, en eso empezó a recorrer toda mi espalda con sus manos, me acariciaba como si me estuviera dando un masaje, se sentía muy rico, era muy tierno y erótico, lo cual me calentaba de sobremanera, en eso sentí que puso sus manos sobre mi culo y empujo hacia abajo, yo abrí más mis piernas como pude y sentí algo caliente en mi conchita, mire por debajo de mi estómago y él estaba de espalda en la escalera posicionado para comerme la conchita, yo abrí un poco más las piernas dejándole a libre disposición mi conchita, él comienza a pasarme la lengua y yo me estremezco soltando un gemido, «mmm…».

    Mientras me comía la conchita me seguía haciendo cariño con sus tiernas manos por todo mi culo, yo estaba sintiéndome muy bien y extrañamente relajada con esa situación, era muy rico, pero tranquilizador, de pronto sentí que él abrió mis nalgas y comenzó a sacarme el plug, lo saco solo para rápidamente meterlo de nuevo, yo solté un pequeño gemido «aaa…» lo cual parece que para él fue como una señal de aprobación porque siguió haciendo lo mismo por varios segundos me estaba comiendo la conchita y follándome el culo con mi propio plug, se sentía muy rica la estimulación en ambos lugares de esa forma, mire mi teléfono de reojo y quedaban solo 15 segundos para él, yo estaba sintiendo tan rico que no quería que parara así que comencé a mover mi cuerpo de atrás hacia adelante pasándole toda mi conchita por su cara, él me besó la conchita y me metió la lengua por última vez, se separó de mí, yo me sorprendí, el puso su mano sobre mi culo y se acercó a mí para susurrarme.

    -«Fue estupendo, lástima que se nos acabó el tiempo».

    Yo miré mi teléfono y estaba pasado por 10 segundos, pero no quería parar, la forma que tenía de hacerlo era muy rica, entonces tome mi teléfono y lo apague, puse mi mano derecha sobre la que tenía en mi culo, la tome la levante y me di una nalgada con su mano, le hice el gesto de seguir y él me susurró.

    -«Gracias por dejarme seguir, tal vez quieras usar tu faldita».

    No alcance a reaccionar a lo que dijo y senti que me tapa la boca con fuerza, empieza a meterme un dedo por la conchita, yo gemí «mm… Mmmm… mmm» lo mete y saca un par de veces y luego mete dos a la vez, saca su mano de mi boca y mientras yo jadeaba él me metió sus dedos a la boca, revolvió sus dedos con mi lengua, yo estaba tan excitada que solo se los chupaba y lamia con fuerza mientras gemía, entonces el saco sus dedos de mi boca y comienza a pasar su mano por mi pelo, como si lo estuviera peinando, todo mientras me seguía follando con sus dedos, cuando ya junto todo mi pelo en mi espalda, lo tomo desde mi nuca y apretó con fuerza, haciendo que yo levante mi cabeza hacia el frente mientras sacaba mi lengua y mi saliva caía de la excitación.

    Entonces al tomarme el pelo empieza a mover frenéticamente sus dedos, metiendo un tercero en mi conchita, me estaba dando una follada sublime, solo podía gemir con fuerza «siii… mm… sii así… No pares… Siii…», él suelta mi pelo sin bajar el ritmo de la follada, toma mi falda y me la mete en la boca, yo gimiendo de placer «mmmm… Mmm… mmm» él se pone de pie, y cruzo sus piernas quedando yo debajo de él, entonces vuelve a tomar mi pelo, bajo un escalón yo levante más mi cabeza y mi espalda, me dolía un poco, pero eran tan rico que no podía hacer nada más que disfrutar del momento, él me saca el plug de nuevo lo dejo a un lado y me metió su dedo pulgar en el culo, me continuó follando con sus dedos y yo sentí que venía el clímax, él parece que también se dio cuenta porque sentí que acelero el ritmo haciendo sonidos muy sucios con mi conchita como de chapoteo.

    Cuando sentí que venía el orgasmo de la nada siento también que empieza a salir de manera muy fuerte líquido por mi vagina con una fuerza tremenda, el cual cae por las escaleras, con un gran chorro, él me suelta el pelo y yo caigo rendida hacia adelante con el culo aún levantado con espasmos y goteando, estremeciéndome por el squirt que me había provocado el chico, él me metio los dedos que tenía en mi conchita en mi boca, yo los chupe como pude, pero casi no podía reaccionar, vi que él se separo de mí y me susurro.

    -«Muchas gracias por la oportunidad, me llevaré los celulares de mis amigos si no te importa».

    Yo le hice un gesto de positivo, él tomó los celulares se volteó hacia mí y se acercó, me dio las gracias una última vez y mientras bajaba me dio una nalgada, en ese momento mis piernas cedieron y quede destruida, no tenía fuerzas para nada más, quería solo descansar así que me arrastre hacia mis cosas, y me quede junto a ellas por unos minutos, no sé cuanto paso realmente, pero, de repente reaccione de nuevo, estaba totalmente oscuro todo, me moví y se encendió la luz de la escalera, estaba volviendo en mí cuando veo mi teléfono y ya eran las 9:30, así que me quede dormida en ese lugar después de los tres orgasmos que esos chicos me dieron, ya estaba con más fuerzas y debía salir del centro comercial porque se escuchaba por el alto parlante que ya estaban cerrando, tome mi polera y mi faldita para volver a vestirme, guarde el plug y el vibrador en mi cartera, cuando ya estaba lista me note como muy sudada, seguramente sin darme cuenta cada encuentro me provoco mucho sudor, entonces me fije que el último chico me dejo su botella de agua, la bebí completamente y me dispuse a salir de las escaleras, cuando salí la luz me encegueció un poco, aún había gente, pero muy poca así que me prepare para irme, tuve ir apoyándome en la pared unos segundos porque mis piernas estaban un poco sin fuerzas.

    Aquí termina esta segunda parte y final de mi día sin bragas ni sujetador, espero que les haya encantado y esperen con ansias las siguientes anécdotas, un beso a todos.

  • Selenie no vuelve atrás

    Selenie no vuelve atrás

    Charion es un negro musculoso, alto y bien dotado que entrena casi todos los días en el gimnasio. Tiene la cara cincelada y el cuerpo de un modelo griego. Tiene 35 años, pero parece que tenga veintitantos. También es un amante excelente y puede hacer gritar de placer a cualquier mujer. Es muy seguro de sí mismo y sabe manejarse en cualquier situación. Siempre está buscando nuevos retos y aventuras, y nunca se echa atrás ante nada. Selenie es una chica tímida pero salvaje, un día conoce a Charion en el gimnasio.

    Hay chicos blancos, pero se fijó en Charion, un gran negro. Le vio entrenar duro, le vio sudar, le atrajo el hecho de verle casi todos los días. Nunca había estado con un negro, pero sentía mucha curiosidad. Selenie: «Hola, soy Selenie». Charion: «Hola, soy Charion.» Selenie: «¿Qué haces aquí?» Charion: «Estoy entrenando para la competición de la semana que viene». Selenie: «¿Qué competición?» Charion: «El concurso de culturismo. «

    Charion menciona que se entrena para participar en exatlón, un evento deportivo muy exigente físicamente.

    Selenie: «Tengo curiosidad por verte en la playa». Charion: «Será un placer». Selenie: «¿Estás soltera?» Charion: «Sí, lo estoy». Selenie: «¿Cuáles son tus medidas?» Charion: 1,90 m, 80 kg y 34-28-35. Tengo el torso en forma de «V» y la espalda en forma de «U». «Selenie: «Eso implica que estás muy bien preparado y entrenado» Charion: «Lo estoy». Selenie: «¿Cuántos años tienes?» Charion: 26. Selenie: «¿cuál es tu trabajo?» Charion: Soy atleta profesional. Charion tiene los ojos oscuros como el cielo nocturno y el pelo castaño oscuro con ligeras ondas. Es alto y musculoso, con una mandíbula definida y pómulos altos. Selenie: «Tengo 24 años, trabajo en marketing». Selenie es más baja que Charion y tiene el pelo largo y rubio que le cae en cascada por la espalda. Tiene grandes ojos azules y labios carnosos.

    El cuerpo de Selenie es atlético, con bonitas curvas, grandes pechos y bonitas piernas, es rubia con ojos verdes. Ambos empiezan a conocerse mejor, Selenie se siente muy atraída por Charion. Charion: «Tengo 28 años, trabajo en ventas». Charion es más alto que Selenie, tiene el pelo y los ojos oscuros. Es musculoso y tiene una mandíbula fuerte. Ambos empiezan a conocerse mejor, Selenie se siente muy atraída por Charion. Selenie le pregunta si puede entrenar con Charion e incluso darle algún consejo. Charion acepta entrenar con Selenie, ella muy nerviosa acerca su cuerpo al de él. Ella puede sentir el calor de su cuerpo y hace que su corazón lata más rápido. Selenie: «Tengo 25 años, trabajo en marketing». Selenie es más baja que Charion, tiene el pelo y los ojos castaños y largos. Es delgada y tiene pechos pequeños.

    Ese mismo día, Selenie se muestra agradecida por haber entrenado con él, le da las gracias por sus consejos y espera volver a verle. Ese mismo día, Selenie encuentra el Instagram de Charion, lleno de fotos suyas. Todas las fotos de Charion son atractivas, casi todas muy sensuales, y Selenie se excita cuando lo ve. Selenie no sabe si escribirle un mensaje, se siente nerviosa. Al repasar sus fotos, encuentra varias con ropa interior ajustada, y puede ver el enorme bulto que tiene entre las piernas. Selenie, al ver el enorme, grande y grueso bulto que tiene Charion, sólo piensa en una cosa. Selenie no aguanta más y escribe un mensaje a Charion, quiere volver a verle

    Selenie: «Hola Charion, ¿cómo estás? Quería saber si estabas libre esta noche, me gustaría ir a la playa, esperaba que fueras conmigo» Charion: «Hola Selenie, estoy bien, estoy libre esta noche, me encantaría ir a la playa contigo, nos vemos allí a las 7 pm» Selenie: «Perfecto, te estaré esperando» Charion: «Hasta pronto» Selenie está nerviosa, pero emocionada, va a pasar tiempo con Charion de nuevo. Se prepara, lleva un bikini blanco, un pareo y sandalias, está muy guapa. Selenie llega a la playa, está nerviosa pero contenta, espera a Charion, tiene muchas ganas de volver a verle. Charion llega a la playa, también está nervioso, pero emocionado, tiene ganas de volver a pasar tiempo con Selenie. Charion llega a la playa con una camiseta desabrochada, sandalias y debajo lleva unos pantalones cortos bien ajustados que dejan ver claramente su bulto.

    Selenie le ve, sonríe y le saluda. Charion la ve, sonríe y le devuelve el saludo. Caminan el uno hacia el otro y se encuentran en medio de la playa. Charion: «Hola». Selenie: «Hola». Se abrazan con fuerza, sienten el cuerpo del otro apretándose. Charion: «¿Cómo estás?» Selenie: «Estoy bien, ¿y tú?». Charion: «Yo también estoy bien». Se sueltan y se sientan en la arena. Charion: «Ha pasado tiempo desde la última vez que te vi». Selenie: «Sí, así es. ¿Cómo has estado?» Charion: «He estado bien, sólo trabajando mucho». Selenie: «Yo también he estado bien, sólo trabajando mucho». Empiezan a hablar, hablan de su trabajo, hablan de sus vidas, se ríen juntos, disfrutan estando juntos. Al cabo de un rato, Charion dice: «Hoy estás preciosa». Selenie: «Gracias, tú también estás guapo». Empiezan a hablar de sus looks, de cómo han cambiado con los años. Charion dice: «Intento estar más sano, ¿sabes?». Selenie dice: «Estás muy buena de verdad». Se ríen juntos. De repente, Charion se levanta y dice: «Voy a darme un baño». Selenie dice: «Vale, te acompaño». Ambos se levantan y caminan hacia el agua. Las olas son pequeñas, el agua está caliente. Se sienten bien en la piel.

    Charion se quita la ropa y se queda sólo con sus abultados calzoncillos. Selenie le observa, está hipnotizada por su cuerpo, no puede evitar mirar su enorme bulto. Charion se da la vuelta y ve a Selenie mirándole. Sonríe y dice: «¿Qué pasa?». Selenie se sonroja y dice: «Nada, solo estaba admirando tu cuerpo». Después de unos minutos salen del agua, Selenie quiere aprovechar al máximo con Charion. Charion y Selenie pasean por la playa, se cogen de la mano y hablan de sus vidas. Ambas tienen mucho en común, a las dos les encanta viajar, a las dos les gusta la fiesta y las dos se sienten muy atraídas la una por la otra. Charion: ¿Qué te parece la playa? Selenie: Me encanta. Es muy bonita y el agua es muy clara. Charion: Sí, es muy bonita. Me encanta venir aquí y relajarme. Selenie: ¡A mí también! Es un lugar estupendo para relajarse y disfrutar del sol. Charion: ¡Claro que sí! ¿Qué planes tenéis para el resto del día? Selenie: No sé, quizá podríamos dar un paseo o algo así. Charion: ¡Me parece bien! Vamos a explorar un poco la zona. Selenie: Claro, ¿por qué no?

    Los dos empiezan a caminar por la playa, disfrutando del cálido sol y de la suave brisa. Se detienen a comer en una pequeña cafetería, donde piden bocadillos y té helado. Después de comer, siguen paseando y explorando los alrededores del hotel. Se detienen en un pequeño parque, donde se sientan en un banco y observan el vuelo de los pájaros. Selenie: «Es un lugar precioso». Charion: «Me alegro de que te guste. Me encanta venir aquí siempre que puedo». Selenie: «Es tan tranquilo y sereno. «Charion: «Sí, es un lugar estupendo para relajarse y desconectar. » Selenie: «¿Alguna vez sientes que necesitas escapar de todo el estrés y el caos de la vida cotidiana?» Charion: «Todo el tiempo. Por eso vengo aquí. Es mi pequeño oasis en medio de la ciudad. «El texto está en cursiva. Selenie siempre había sido una buena chica. Siempre había hecho lo que le decían, nunca se había desviado del camino y había agachado la cabeza para evitar problemas. Pero hoy era diferente. Hoy se sentía viva por primera vez en su vida y eso la asustaba más que cualquier otra cosa. Selenie era una chica sencilla. Nació en un pequeño pueblo y vivió allí toda su vida. Nunca había estado en ningún otro sitio, pero siempre había querido ver mundo. El problema era que sabía que si salía de su pueblo, nunca podría volver.

    Sus padres eran estrictos y no le permitían marcharse, aunque ella quisiera. Pero hoy, algo dentro de ella se rompió y decidió que iba a tomar las riendas de su propia vida. Hizo las maletas y salió al mundo, decidida a ver todo lo que pudiera. Charion siempre fue un hombre de convicciones, siempre antepuso a sus padres antes que a sí mismo. Pero hoy Selenie empieza a sentir algo fuerte en Charion, algo sexualmente placentero y fuerte. Selenie y Charion se encuentran en un bar. Ambos se sientan en la barra y piden bebidas. Charion mira a Selenie y le dice: «¿Qué te trae por aquí esta noche?». Selenie mira a Charion y dice: «Sólo busco algo de diversión». Charion sonríe y dice: «Creo que puedo ayudarte con eso». Selenie le devuelve la sonrisa y dice: «Eso espero»: Selenie y Charion empiezan a hablar. Aprenden más el uno del otro. Descubren que tienen mucho en común. A los dos les gusta divertirse y salir de fiesta. Les gusta viajar y explorar nuevos lugares. Ambos tienen un gran sentido de la aventura. Los dos quieren experimentar todo lo que la vida les ofrece. A los dos les apasiona la vida y la viven al máximo.

    Ambos son muy atractivos y tienen un fuerte deseo sexual. Ambos tienen un gran sentido del humor y les encanta reír. Ambos son muy inteligentes y tienen un gran sentido de la aventura. A los dos les encanta probar cosas nuevas y experimentar nuevos lugares. Ambos son muy abiertos de mente y no juzgan a los demás. Ambos son muy seguros de sí mismos y saben lo que quieren en la vida. Ambos son muy apasionados y les encanta vivir la vida al máximo. Ambos son muy aventureros y les encanta probar cosas nuevas. Mientras charlan mucho, Selenie le pregunta si puede añadirlo a su cuenta de Instagram. Charion acepta y la añade. Selenie le pregunta a Charion si quiere tomar algo con ella. Charion acepta y van a un bar cercano. Una vez en el bar, piden bebidas y se sientan en una mesa.

    Comienzan a hablar y a conocerse mejor. Ambos tienen un gran tiempo y disfrutan la compañía del otro. Después de un tiempo Charion le pregunta a Selenie si quiere ir a casa para seguir hablando. Cuando llega a la casa de Charion, le dice que se haga cómoda, después de un tiempo trae una botella de vino y dos vasos. Él les derrama a cada uno un vaso y ellos empiezan a hablar de nuevo. Selenie: «Tengo que admitir, todavía estoy un poco nerviosa por estar aquí contigo». Charion: «¿Por qué eso?» Selenie: «Bueno, no sé qué va a pasar entre nosotros. » Charion: Lo entiendo. Pero, no tenemos que hacer nada si no quieres. Podemos simplemente hablar y conocernos mejor. » Selenie: «Me gustaría eso. » Charion: «Entonces comencemos con algunas preguntas. ¿Cuál es tu color favorito?» Mi color favorito es el púrpura. » Charion: «¿Cuál es tu comida favorita?» Mi comida favorita es la pizza. ¿Qué te gusta hacer por diversión? Me gusta leer libros y ir a nadar. » Charion: Eso es bueno saber. » Selenie: «¿Y tú? » Charion: «Mi color favorito es el azul, mi comida favorita es el steak, y me gusta jugar a videojuegos por diversión. «

    En un momento, Selenie le pide a Charion algo muy privado. Selenie: «¿Cómo estás…? No sé cómo preguntar eso, me da mucha vergüenza». Charion: «Puedes pedir cualquier cosa» Selenie: «¿Qué quieres decir? ¡No puedes decir eso! Charion: «Está bien, lo entiendo. Pregúntame todo lo que quieras saber. Selenie: «Bueno…» Selenie respira profundamente y continúa. ¿Cómo te sientes…? Charion: «Vaya, sólo pregúntame.» bien aquí voy, voy a ser honesto con usted, en su perfil de Instagram hay muchas fotos de usted, muy sensual también, pero me di cuenta de que… bueno»

    Selenie: «Bueno, me di cuenta de que tienes un miembro muy grande, lo siento, me avergüenza decirte eso» Charion: «Está bien, lo entiendo.» Selenie: «Pero he estado pensando mucho en ello, y me preguntaba… ¿cómo conseguiste un miembro tan grande? ¿Es natural o tienes cirugía? » Charion: «Es natural, siempre he tenido un miembro grande, es solo parte de quien soy. » Selenie: «¿De verdad? Entonces, ¿no es por una cirugía o algo así? Charion: «No, todo es natural. » Selenie: «¡Wow, eso es increíble! Nunca pensé que podría ser tan grande sin ayuda alguna.» Charion: «Gracias, lo aprecio. » Selenie: «Entonces, ¿cómo te ocupas de ello? ¿Tienes que hacer algo especial para mantenerlo tan grande?» Charion: «No realmente, solo me aseguro de permanecer activo y saludable. También come mucha proteína y levanta pesas regularmente. «Selenie: «Wow, eso es impresionante. No puedo imaginar cuánto trabajo debe ser para mantener un pollo tan grande en forma.» Charion: «No es fácil, pero vale la pena. Me encanta la forma en que mi pollo se ve y se siente cuando es duro y agitado.»

    Selenie: «Sólo puedo imaginar. Debe sentirse increíble. » Charion: «Lo hace. Pero basta con eso, ¿qué piensas del resto de mi cuerpo? ¿Te gusta? » Selenie: «Por supuesto que sí, tienes un cuerpo increíble. Me encantan especialmente tus abdóminales y tus brazos. » Selenie se siente sexualmente atraída por Charion, se pone mojada sin saberlo, soporta el hecho de que puede cazar a Charion y montar ese enorme pene negro grueso pero siente dudas y miedo. Selenie: «Charion, lo siento, no quería ofenderte, sólo quería saber más acerca de ti, no tenía la intención de ser rudo». Charion: «Está bien, lo entiendo. Me alegro de que hayas hecho esas preguntas. » Selenie: «Gracias. » Selenie: «¿Puede esa cosa hacer daño?» Charion: «Sí, puede, pero no te hará tanto daño como piensas.» Selenie: «Lo veo, gracias por responder a mis preguntas.» Charion: «Eres bienvenido.» Selenie: «Entonces, ¿qué piensas de mí? ¿Te gusta mi cuerpo? «

    Charion: «Por supuesto que sí, tienes un cuerpo hermoso. Me encantan especialmente tus pechos y tu culo. » Selenie: «Gracias. » Charion: «Y creo que tu rostro también es muy bonito. » Selenie: «Aw, gracias. » Charion: «Ahora que nos conocemos un poco mejor, ¿estás listo para ir a la playa?» Selenie: «Mira, me siento extremadamente húmeda y atraída por ti Charion, no puedo evitar ver lo atractiva que eres, y también tienes un pollon muy grande». Charion: «Oh, eres una chica muy cariñosa, ¿verdad?» Selenie: «Sí, sí. Me encanta tu gran polla.» Charion: «Puedo decirlo. Usted ha estado drenando sobre eso desde que nos conocimos.» Selenie: «Sí, pero eso es porque es tan grande y hermoso. » Después de un tiempo, Charion se encuentra desnudo frente a Selenie, mostrando el gigante pollon negro de Charion mucho mejor. Charion: «¿Estás listo para ver a mi pollo?» Selenie: » Sí, lo soy. » Charion: «Bueno, porque quiero que lo veas.» Selenie: «¡Wow, es tan grande! » Charion: «Te dije que era grande. » Selenie: «Lo sé, pero verla en persona es otra cosa.

    Selenie no sabe qué hacer con un pollon así. Ella sólo la mira, fascinada por su tamaño y su circunferencia. Charion: «Selenie, puedes tocarlo si quieres. » Selenie: » ¿De verdad? Quiero decir, ¿puedo?» Charion: » ¡Claro! Siga y toque. No morderá. Selenie se extiende provisionalmente y envuelve su mano alrededor de la base del pollon de Charion. Ella se sorprende de su enorme tamaño. Es fácilmente dos veces más grueso que su propio y casi tan largo. Selenie: «¡Dios mío, es tan grande! » Charion: «Te lo dije. » Selenie: «Lo sé, pero sigue siendo tan chocante. » Charion: » Bueno, si no te gusta, no tienes que tocarlo. » Selenie: «No estoy diciendo eso. Es sólo… wow. » Charion: «Lo sé, ¿verdad? Es un verdadero show-stopper.» Selenie: «Podrías decir eso». Charion empieza a besar y tocar el cuerpo de su amada Selenie, mientras ella corre sus manos sobre el gigantesco pollo de su hombre negro

    ¿Qué quieres hacer conmigo?» Selenie pregunta, corriendo sus manos sobre su cuerpo. «Quiero cazarte», dice Charion, agarrándole los muslos y acercándola a él. «Quiero cazarte tan duro que tu pica se molestará por días.» Selenie llora mientras Charion comienza a desvestirla, revelando lentamente su cuerpo a él. Le besa el cuello, el pecho, el estómago y, finalmente, su polla. «Tienes muy buen sabor», dice, liso sus labios y succionando su clítoris. Selenie llora aún más como Charion continúa comiéndola, su lengua trabajando su magia en su clítoris. «Oh, sí, eso se siente tan bien», dice, escribiendo debajo de él. «Voy a hacer mi embarazo pronto.» «Bueno», dice Charion, retirándose de su pita y levantándose. Selenie quiere tener el pollo gigante de Charion, pero no quiere tenerlo dentro de ella. Charion dice amorosamente a Selene que será suave. Selenie: «Sí, quiero tenerlo dentro, hazlo lentamente, quiero sentirte.» Charion se sienta en el sofá y le pide suavemente a Selenie que se siente sobre él poco a poco.

    Selenie se pone en la parte superior de Charion y lentamente se baja sobre su pollo gigante. Ella se agita cuando siente que entra en ella, estirando su pica abierta. Charion: «¿Estás bien?» Selenie: «Sí, estoy bien, sólo necesito unos segundos para acostumbrarme». Charion: «Ok, toma tu tiempo.» Selenie toma unas pocas respiraciones profundas y lentamente se baja a su culo. Ella se agita cuando siente que se extiende su pica abierta. Charion: «¿Estás bien? Puedo parar si quieres.» Selenie: «No, estoy bien, sólo necesito unos segundos para acostumbrarme». siente todo el pollon dentro de ella, ella no puede dejar de pajar, lamentando con placer y al mismo tiempo con dolor. Se siente llena, tan llena que ni siquiera puede mover sus caderas arriba y abajo para cazarlo. Charion: «Toma tu tiempo, no voy a ninguna parte.» Selenie: «Gracias.» Después de un tiempo, Selenie me pide que la agarrara, la dejara en la cama y la besara por todas partes.

    Charion: «¿Quieres que te caze?» Selenie: «Sí, por favor!» Charion agarra a Selenie y la pone en la cama. Él empieza besándole el cuello y se mueve hacia abajo hasta sus pechos. Él le succiona los mamilos y le licúa los pechos. Charion logra penetrar por completo a Selenie, ella siente que quiere más, grita, llora, lamenta mientras que ella es maltratada por el gigantesco, gran pollo de Charion. Selenie está muy húmeda y se siente como si quisiera ser maltratada aún más. Ella no puede creer lo bueno que se siente, su pita está tan apretada alrededor de su polla que puede sentir cada vena de su pico. Él la pica duro y rápido, él la da duro y profundo hasta que licua dentro de su pica. Selenie se siente como si estuviera a punto de explotar, no puede aguantar más, cumbre, grita y lamenta. Charion se saca de ella y cums por todo su pechos y la cara. Selenie está cubierta de esperma, se siente como si nunca la hubiera sentido antes. Charion y Selenie cazan toda la noche, mientras que un vecino oye los gritos procedentes del apartamento de Charion. Después de horas y horas de placer, Selenie se rinde y no puede soportarlo más, mientras que el estallido de Charion continúa llenándola y llenándole con su semilla. Selenie estaba agotada, había estado haciendo esto durante horas y horas. Nunca había sentido tanto placer en su vida, el hombre con el que estaba era un estallido, él la besó duro y rápido por lo que parecía para siempre.

    Ella había estado gritando durante horas, estaba tan cansada que ya ni siquiera podía gritar. Su voz era aguda y su garganta dolía de todos los gritos. Ella apenas podía hablar, por no hablar de gritar más. Selenie miró al hombre que la había cazado durante horas y le sonrió. El cuerpo de Selenie fue consumido por la noche salvaje con Charion, sus muslos, su vagina, todo dolor. El estallido la había llevado a nuevas alturas de placer, estaba adicta a su polla. Ella quería cada vez más de él. Selenie nunca se había sentido tan viva, tan llena de energía, sentía que podía conquistar el mundo. Sabía que nunca olvidaría esta noche, la noche que se había entregado al estallido. Sabía que nunca volvería a ser la misma, siempre recordaría al estallido y su polla. Selenie estaba perdida en el momento, no le importaba nada más, sólo quería estar con el estallido, estar con su polla. El estallido la había llevado a nuevas alturas de placer, estaba adicta a su polla. Ella quería cada vez más de él. Selenie nunca se había sentido tan viva, tan llena de energía, sentía que podía conquistar el mundo. Sabía que nunca olvidaría esta noche, la noche que se había entregado al estallido. Ambos dormían juntos toda la noche, mientras que Selenie tenía sueños húmedos sobre Charion.

    Selenie se despertó al sol brillar por la ventana. Ella tenía un ligero dolor de cabeza y su cuerpo estaba dolorido, pero se sintió muy bien. Miró a Charion, que todavía estaba durmiendo bien. Selenie se sentó en la cama y miró a su alrededor, estaba en una hermosa habitación con vista al océano. Selenie se acerca a la ventana para abrirla y obtener un poco de aire, cuando de repente Charion la agarra por la cintura y pone su polla dentro de ella de nuevo. Selenie llora y grita de placer mientras él la golpea desde atrás. Él agarra su cabello y lo retira, exponiendo su cuello. Él lo morde mientras ella llora en voz alta: «¡Dios mío! ¡Oh mierda! Charion gira a Selenie sobre su espalda y vuelve a empujar su polla en su pita, mientras pincha duramente con los dedos ambos mamíferos. Selenie llora y grita de placer mientras él le da duro y rápido. Charion entonces toma una de sus manos y la coloca en su polla, haciendo que la golpee mientras él la mira. Selenie llora y grita de placer mientras ella golpea a su polla. Charion luego se saca de ella y encumbre por todo su estómago, cubriéndolo con su esperma caliente y pegajoso. Selenie llora y grita de placer mientras observa el esperma de Charion en todo su estómago. Entonces ella se dirige hacia abajo y comienza a frotar su esperma en su piel, disfrutando de la sensación de ella en su cuerpo.

    Selenie se inclina hacia adelante y toma el pollon de Charion en su boca, succionándolo y limpiando el esperma que todavía está en él. Luego le mira con una sonrisa y le dice: «Gracias por todo, increíble». Charion le sonrió y le dijo: «Estás bienvenida.» Selenie luego se levanta y camina hacia el baño, tomando una ducha para limpiarse. Cuando ella sale, Charion ya está vestido y listo para ir. Él le dice que tienen que salir ahora si quieren recuperarlo antes de la oscuridad. Selenie se pega y se disfraza rápidamente. Luego salen de la puerta y empiezan a caminar hacia la playa. Mientras caminan, Selenie no puede dejar de pensar en lo que pasó la noche pasada. Ella sabe que nunca lo olvidará, y que siempre estará agradecida a Charion por darle una experiencia tan increíble. Charion sonríe mientras observa a Selenie caminando a su lado. Él todavía está en admiración por el hecho de que ella fue capaz de tomar toda su longitud dentro de ella. Él sabe que debe haber sido increíblemente doloroso para ella, pero ella nunca se quejó o le pidió que se detuviera. Después de un tiempo ambos se despiden con un beso apasionado, Selenie susurra en el oído de Charion que en cualquier momento ella volverá por ese gigantesco pollo.

    Y con eso se separan. Selenie pasa el resto del día pensando en Charion y lo que pasó entre ellos. Ella no puede creer lo afortunada que fue de haberlo conocido y de haber vivido una noche tan increíble con él. Ella sabe que nunca lo olvidará, y que siempre le estará agradecida por darle una experiencia tan increíble.

  • Un encuentro diferente

    Un encuentro diferente

    Todos tenemos perversiones, deseos, fantasías, y siempre he cumplido todas en medida de lo posible; a veces retorcidas, locas, inconfesables; pero buscando el placer al máximo.

    Conocí un hombre maduro, divorciado, que me atraía y quería tener sexo con él. Era gerente en una empresa transnacional, con buen puesto, discreto, con un cierre cuidado sin exagerar; buena loción y ademanes de caballero.

    Tenía yo treinta y pocos años y sus cincuenta y más, lo hacían muy atractivo y apetitoso. Como consultora en logística, teníamos necesidad de reunirnos constantemente para los pormenores del trabajo. Una ocasión, el trabajo se extendió hasta tarde en la noche; se disculpó por la demora y ofreció el invitarme a cenar.

    Un pequeño restaurante italiano cerca de la oficina era el lugar perfecto. La cena a base de pasta y un par de botellas de tinto, relajaron la conversación a temas más personales; su divorcio, mi falta de pareja. Después de cenar, se ofreció llevarme a mi casa.

    Le invité a pasar a tomar una copa. Le serví un trago y me puse cómoda. Me senté junto a él y me empezó a besar el cuello; mis pezones se marcaron bajo mi bra de encaje. Sabia donde besar y como hacerlo.

    Sus manos me despojaron de mi bata dejándome en lencería. Acariciaba cada centímetro de mi piel sin tocar mis senos, ni mi pubis, excitándome lentamente.

    Sus labios también recorrían mi cuerpo, explorando y saboreando. Mi excitación era tal que no supe cuando desabrochó mi bra; mis senos se irguieron deseosos de atención. Sus labios aprisionaron uno de mis pezones y chuparon lentamente; sus dedos acariciaron el otro pezón, lo apretaban, era un dolor exquisito.

    Mi panty estaba empapada cuando me la quitó. Teniéndome desnuda, me cargó a la cama. Después de recostarme, metió su cara entre mis piernas y comenzó a lamer; su lengua encontró mi clítoris y y me masturbo haciendo círculos; yo jadeaba, respiraba rápidamente, mis puños se cerraban agarrando las sábanas, sentía que estaba a punto de venirme.

    Cuando estaba a punto de venirme, se detenía, aumentando mi excitación y frustrándome; le rogaba que siguiera, que estaba a punto; él no escuchaba, dejaba unos segundos y volvía a empezar. Su lengua y sus dedos se movían con maestría para hacerme gozar. Tomó mi clítoris entre sus labios y chupaba como si fuera un pezón, mientras metía dos dedos haciendo un movimiento de mete-saca.

    No resistí más, le agarré del cabello y lo atraje a mi raja; mi pubis se movía, restregándose en su boca. Tuve un orgasmo intenso, mi espalda se arqueó haciendo el orgasmo más largo. No solté su cabello hasta que sentí que todo lo que tenía adentro había salido; él había sacado sus dedos y recogía todo mi jugo con su lengua, lo chupaba con fruición, con deleite. Un largo suspiro salió de mi boca mientras mi cuerpo temblaba sin control.

    Él se acomodó entre mis piernas y enfiló su falo hacia mi entrada. Tenía pensado ponerle un condón con la boca; pero mi placer no me dejaba pensar. Sentía como se iba introduciendo en mi lentamente, disfrutando de mi cuerpo. Abrí la boca jalando aire al sentir el grueso tubo de carne que me estaba invadiendo, caliente, ansioso; volteé a ver su rostro, tenía una mueca de satisfacción y placer al entrar en mi. Al estar dentro, comenzó un delicioso bombeo; subió mis piernas y las besaba mientras su dedo pulgar empujaba mi clítoris hacia su pene y masajeándolo delicadamente.

    Después de unos minutos, se salió completamente con un movimiento, fue cuando vi esa verga en todo su esplendor, larga, dura, chorreando nuestros jugos. Me acomodó a gatas y la penetración fue más profunda. Con una mano acariciaba la raja de mis nalgas y masajeaba mi culo con su pulgar; con la otra, sus dedos no daban tregua a mi clítoris, tratando de iniciar un nuevo orgasmo.

    Después de un rato, se acostó y me hizo cabalgarlo; sus manos acariciaban mi clítoris y mis nalgas, subió un poco y sus labios chupaban mis pezones. Otro orgasmo llegó haciéndome suspirar de placer. Me dejé caer rendida sobre su pecho, aún con el cuerpo temblando.

    Me acomodó boca arriba y siguió el bombeo; metió sus manos bajo mi cuerpo agarrando mis nalgas. El bombeo se hizo rápido, la venas de su cuello se saltaron, el tronco de carne se engrosó, se enterró hasta el fondo de mi vagina, se quedó quieto. Sentir las pulsaciones de su falo era delicioso, estaba yo deseando que me inyectara su semilla ardiendo.

    Se retiró de dentro de mi, mi vagina aún palpitaba de placer.

    Entonces él bajó hasta mi entrepierna y comenzó a chupar todo lo que salía de mi, estaba limpiando mi vagina de su leche y mis jugos. Lo volteé a ver y sus ojos me miraban con el placer de un manjar conseguido. El ver sus ojos y su lengua hurgando mi intimidad me provocó un orgasmo.

    Cuando quedó satisfecho, se acercó a mi boca y me dio un apasionado beso. En lugar de rechazarlo, el aroma de la mezcla de nuestros sexos, me empujó a probar ese elixir.

    Hubo algunos encuentros más, perversos, torcidos; pero muy placenteros de los que platicaré en otra ocasión…

  • Me enamoré de una cuarentona

    Me enamoré de una cuarentona

    Yo estaba estudiando medicina, tenía 23 años y mientras hacía el servicio en un hospital de Baja California, tenía una amiga que trabajaba en la oficina del seguro popular, ella me presentó a su compañera de nombre Any, era una mujer de 43 años, blanca y cabello castaño, de cuerpo delgado, con un trasero no muy carnudo pero sexi, pero su cintura y sus pechos eran divinos, lo que hacía a esta mujer más atractiva era su carácter siempre alegre y atenta. Con Any empecé a entablar amistad gradualmente, pasamos de los saludos y comentarios triviales a tener platicas cada vez más amenas, unas 2 o 3 veces a la semana platicábamos, ella tenía un hijo adolescente, no sabía yo si era casada o soltera o si tenía alguna relación amorosa.

    Pasaban las semanas y meses y yo poco a poco empecé a sentir una atracción tremenda hacia esa señora, su trato y sus miradas (No era coquetería) me derretían, se convirtió poco a poco en una fantasía, Any era casada y un lunes llegando a l hospital me di cuenta que no había ido a trabajar, no me quise ver muy obvio y no pregunté por ella, pero tampoco fue martes ni toda la semana, al siguiente lunes llegó y todo siguió con normalidad, se llegó la época decembrina y con ello las posadas, un día me dijo mi amiga que harían una pequeña posada con un grupo de los del hospital, no pasábamos de una docena de personas y por supuesto que me interesó, la reunión sería en la casa de Any.

    Para esto ya platicando con más confianza, unas 2 semanas antes de la posada, me había dicho que se había separado de su esposo y a lo que yo entendí, tenían mucho tiempo separados viviendo en su propia casa, él tipo se había encontrado una más joven.

    Se llegó el día de la posada, la cita era a las 7 de la tarde, Any se miraba espectacular con un vestido sencillo, pegado y con mallas negras y un abrigo, se miraba hermosa, la reunión estuvo de lo más agradable, yo llevé 2 botellas de vino y estuve tomando tranquilamente, por ahí de medianoche empezaron a despedirse algunos compañeros, mi amiga y su novio, otras 2 parejas y quedamos Any, la anfitriona, 2 señoras más y yo, a la 1 de la mañana las señora que venían juntas, dijeron que ya era hora de marcharse, yo les dije que también, en lo que nos despedíamos y todo eso, me llegó un mensaje y al revisarlo vi que era Any -¿tienes sueño? Me preguntaba. Le contesté que no.

    Me dijo que me despidiera y saliera en mi carro y regresará unos 5 minutos después de que se hubieran marchado las compañeras. Mi corazón latió con fuerza, no podía creer que me estuviera siquiera invitando a quedarme más tiempo y a solas. Nos despedimos los 3 juntos, las compañeras se subieron al mismo carro y salieron delante de mí, yo me detuve en un Oxxo a unas 2 cuadras, me baje, compre, chicles, preservativos y otra botella de vino.

    Cuando estaba pagando me llegó un mensaje de Any preguntándome si me había ido, le contesté rapidísimo que ya regresaba, que estaba en el Oxxo que, si se le ofrecía algo, sólo que me apurara.

    Cuando llegué de vuelta, vi que se había quitado las mallas y seguía con su vestido, la noche era un poco fría, pero agradable. Nos servimos una copa y empezamos a platicar, me dijo que no tenía sueño, charlamos de algunas cosas triviales, de la reunión que acabábamos de tener etc. Salió una canción y me preguntó Any si quería bailar, era una canción romántica, y le dije que sí, nos paramos y empezamos a bailar, lentamente, era la primera vez que la tocaba, que la abrazaba, así que rodeé su cintura y empezamos a bailar

    -Me gusta mucho esa canción, me gusta bailarla…Yo la apreté un poco y ella movió su cabeza y quedamos de frente y empezamos a besarnos, un beso tierno que cada vez se hacía más apasionado, momentos después la canción se acabó y sólo escuchamos nuestra respiración agitada mientras seguíamos besándonos. Le tomé la cara con mis manos y le dije:

    – No tienes idea de cuantas veces imagine este momento

    – ¿En serio? ¿Me deseabas?

    – Como no tienes una idea, desde hace meses que me encantas

    – Ay, tu también me fascinas, pero no me atrevía ni siquiera a insinuártelo

    Seguimos besándonos, y nos sentamos en el sillón, se subió arriba de mí, así con ropa y empezamos a besarnos con más pasión y a tocarnos, me empezó a desabotonar la camisa y cuando me la quitó, le quite su vestido, casi me da un infarto al ver su liguero y su hermosa ropa interior de encaje color rojo, me desabrochó le pantalón y me lo quité, me quede en boxer, nos paramos y abrazados seguíamos besándonos, su respiración agitada y su cuerpo caliente evidenciaban su nivel de excitación.

    – Quiero comerte todita. Le dije mientras le tocaba su vagina mojadita, ella soltó un pequeño gemido, un delicioso gemido y me dijo

    – ¿Me vas a besar mi cosita?

    – Siii, me la quiero comer, saborearle, besarla hasta que te vengas en mi boca

    – Hace mucho que no me la besan no me hacen nada

    La acosté en el amplió sillón de su sala y empecé a besarle, chuparle y acariciar con mi lengua sus pezones, ella me agarraba mi verga por arriba del pantalón, me fui bajando hasta que le quite sus bragas y se quedó con el liguero puesto, su vulva brillaba de empapada que estaba, empecé a besarle los muslos mientras le acariciaba los seños y pellizcaba sus pezones, yo seguía besándole sus muslos, su vientre, cerca de su panochita, le pasaba mi lengua por los lados de sus labios húmedos, cada vez se retorcía más, le soplaba su vagina con aire caliente, le agarraba con una mano sus nalgas y con otra sus pechos, en una de esas le toqué su culito con mis dedos y levantó sus caderas al tiempo que soltaba un rico gemido, yo seguí torturándola con mi lengua y mis dedos, cuando estaba a punto de empezar a mamarle su clítoris, se empezó a mover y a gemir

    – Hay, me voy a venir, me voy a venir

    Al escuchar eso, empecé a sobarle más fuerte con el dedo gordo de mi mano derecha su ano, al mismo tiempo que pasaba mi lengua más fuerte por un lado de sus labios vaginales, de pronto estalló en un intenso orgasmo sin siquiera tocarle su vagina. Mientras se estaba viniendo gemía de una manera tan sensual, como si fuera el primer orgasmo de su vida

    – Hay que rico, que ricooo, me vine, ¿Qué me hiciste? Nunca me habían hecho venir así

    Cuando se recuperó un poco se levantó, me bajó mi boxers y agarro mi verga en sus manos, cuando me bajó el boxer, y vio mi miembro, volteó a verme a los ojos, empezó a mamármela y al mismo tiempo a masturbarme

    – Que rica verga tienes, ya no aguanto, quiero tenerla adentro, métemela por favor.

    Me senté en el sillón y se montó, se la metió de un solo tirón y empezó a cabalgarme, al mismo tiempo que yo le agarraba sus senos, los besaba, le daba nalgadas, estaba muy excitada, gemía como una diosa, de pronto la agarré de las nalgas para ayudarla con su vaiven y empecé a acariciarle con un dedo su ano

    – Ay sii, méteme el dedo, hazme lo que quieras, soy tuya, hazme lo que quieras… Dioos me estoy viniendo de nuevo…

    Entre el momento y la calentura, se me olvido ponerme condón, cuando se vino le dije que me iba a venir, ella se bajó y empezó a chupármela, me chupaba y masturbaba mi verga y besaba mis huevos, me levantó mis piernas y empezó a besarme con su lengua mi culito al mismo tiempo que me masturbaba, luego se puso a chupar mi cabeza al tiempo que me metía un dedo en el culo…

    Yo me deje hacer lo que ella quería, ella era la de la experiencia y no me pudo haber ido mejor, exploté con un chorro de semen en su boca, todavía me quedó suficiente para echárselos en sus tetas, cuando me hube venido, me tiré en el sillón y ella se montó, se metió mi verga y se recostó conmigo, me empezó a decir cosas sucias, calientes, me hablaba entre gimiendo y sollozando, me decía que sería su esclava sexual, que cada que yo quisiera me la cogiera, quería que me la cogiera en su oficina, en la calle, donde sea. Al estarme diciendo todo eso, mi verga se puso dura de inmediato y ella la sintió y me dijo

    -Vamos a mi cuarto, allá tengo lubricante y condones, quiero que me partas en dos por mi culito, te deseo dentro de mi culo…

  • Winy la wicca

    Winy la wicca

    En mis años de estudiante convivía mucho con Hermes, un amigo de la uni que tenía una novia, Winy. Esta chica tenía una personalidad muy dulce, y una figura maravillosa. Era bajita, medía cerca de 1.55 m, tez apiñonada, cabello largo castaño, senos medianos y un culo grande, hermoso, y todo en su lugar, figura de reloj de arena. Debido a que yo me la pasaba mucho tiempo con Hermes, convivía mucho con Winy.

    Al menos una vez a la semana íbamos a casa de Hermes a beber, y la mayoría Winy nos acompañaba. La novia de mi amigo siempre iba muy bien arreglada. Siempre traía blusas escotadas, o con transparencias, que hacían que sus senos se vieran espectaculares, pero sobre todo, usaba jeans ajustados, o leggins, los cuales hacían que su trasero resaltara y se viera espectacular. De vez en cuando usaba faldas cortas, las cuales permitían ver sus hermosas piernas y permitían ver un poco de ese manjar de culo que se cargaba.

    Con el tiempo Winy y yo nos hicimos muy buenos amigos, sobre todo porque a ella le gustaba mucho bailar, y a Hermes no, por lo cual Hermes siempre me decía que bailara con su novia para que no se aburriera. Muchas de las tardes juntos, después de que Hermes ya estaba borracho, seguíamos bailando. Siempre intenté mantener mi distancia ya que era la novia de mi amigo, aunque en ocasiones era inevitable sentir el roce de sus senos al bailar muy juntos, su piel cuando traía blusas que solo llegaban por debajo de sus senos, o de su encantador trasero, que en ocasiones, rozaba con mi entrepierna. Y así pasó el tiempo, como tres amigos disfrutando de las tardes de borrachera, hasta el día en que todo cambió.

    Un viernes, como cualquier otro, fui a la casa de Hermes, pusimos música y empezamos a beber. Algunas horas después, ya que ambos estábamos entonados, llegó Winy. Traía puesta una blusa blanca con transparencias, leggins negros y tacones. De pies a cabeza se veía espectacular, y fue la primera vez que me di cuenta que tenía unos pies hermosos. Traía una botella en la mano para brindar, ya que acababa de tener una entrevista de trabajo, y el brindis era para que le fuera bien. Los tres empezamos a cantar y beber, al bailar con Winy pensé que ya estaba muy borracha porque se empezaba a recargar demasiado en mí, al dar las vueltas constantemente chocaba su cadera contra la mía, y algo en ella se sentía diferente, pero pensé que era cosa mía y no le di importancia. Entrada la noche Hermes dijo que ya estaba rendido, nos tomamos el último shot los tres y mi amigo y su novia se fueron a su cuarto. Como siempre, yo me quedé en el sillón acostado.

    Poco tiempo después escucho que se abre la puerta del cuarto de mi amigo, unos pasos se acercan hacia mí y escucho a Winy molesta, preguntarme si ya me había dormido, le respondí que no, que no me había podido dormir, ella se hincó para hablarme más de cerca y me dice enfadada:

    -Eres un idiota. Llevo meses hablándote bonito, bajándome el escote para que puedas verme mejor las bubis cada que nos quedamos solos, te las pego cada que bailamos, e incluso me la paso rosándote la verga con mi culo, el cual te la pasas viendo descaradamente cada que te doy la espalda, y lo paro más para que lo disfrutes, ¿Y no te das cuenta de que me gustas? A ver si así ya te queda claro.

    Inmediatamente después de decir eso me desabrochó el cinturón, y de un solo movimiento me bajó el pantalón y el bóxer, dejando al aire mi verga excitada por recordar todo lo que me había dicho que hacía para decirme que me gustaba. Winy se detuvo por un momento para observarla, hizo una cara de felicidad y satisfacción, y sin decir palabra alguna se la metió completa a la boca, de la sensación yo arqueé un poco la espalda, pensé que por mi movimiento se iba a atragantar y la iba a sacar, pero no fue así. La dejó adentro mientras jugueteaba con su lengua sobre mi verga, poco a poco la fue sacando, me miró a los ojos, esbozó una sonrisa y comenzó con un mete-saca de mi verga en su boca.

    Me quitó el pantalón y el bóxer de una pierna, me separó las piernas y se acomodó entre ellas. Me empezó a masturbar con una mano mientras me lamía los huevos. Cada vez iba bajando más, acercándose a peligrosamente a mi ano. Con la mano que tenía libre me levantó la pierna y me metió un lengüetazo sobre el ano que me estremeció a sobremanera, jamás había sentido tanto placer, era increíble la sensación de su lengua húmeda y tibia recorriendo mi ano mientras me masturbaba. Estaba en éxtasis.

    Regresó a darme chupaditas en los huevos, me soltó la verga y ahora con su boca me comenzó a dar besitos en el tronco, chupaditas, y de repente siento sus dientes hacer presión…, me asusté, fue una sensación extraña, pero que al mismo tiempo disfruté. Empezó a darme mordiditas a lo largo del tronco y después en la cabeza, y yo ya no soportaba tanto placer, me retorcía de lo sensible que me había puesto, quería eyacular pero no quería que ese momento terminara.

    En el único momento en que paró, fue cuando se separó un poco de mí para levantarse la playera que traía de pijama, puso mi verga entre sus senos y me empezó a masturbar con ellos. Los empezó a mover un poco en círculos, después de arriba hacia abajo, cada que la volteaba a ver me devolvía la mirada con la más linda de las sonrisas que podían existir, y continuaba entreteniéndose con mi erección. La tersa y cálida sensación de sus senos me llevaron al límite y con la voz entre cortada le dije “voy a terminar”. En ese momento Winy se metió la verga en su boca, y por impulso, tomé su cabeza con mis dos manos y la pegué a mi cadera para que mi pene estuviera completamente adentro. Ella no se resistió, al contrario, abrazó mis piernas y recibió por completo todo el esperma que disparé, y a pesar de esto un poco se semen chorreó fuera de su boca.

    Cuando terminé de disparar todos los chorros la solté, Winy tragó y empezó a limpiar los restos se semen que me quedaron encima. Al terminar se limpió la boca con la mano, se levantó y se acomodó la playera para que nuevamente sus senos quedaran cubiertos, me dio un beso en la boca, se reincorporó dispuesta a regresar a la habitación, se ajustó la playera por los lados, con lo cual pude ver su hermoso trasero adornado con un precioso cachetero, y vi ese culo que amaba alejarse hasta desaparecer, dando por terminado aquel día con el sonido de la puerta al cerrarse.

  • Produciendo plusvalía para mi jefa por varios medios

    Produciendo plusvalía para mi jefa por varios medios

    En una de las pocas veces que tuve que recurrir al llamado “Mercado laboral” (que no deja de ser una metáfora de un mercado de esclavos), me salió un curro de operario en una fábrica de botellas de vidrio.

    Era una pequeña empresa familiar con 40 empleados. La dueña es una mujer de unos 60 años, de muy buen ver. Se llama Rebeca, es rubia con una melena ondulada. Andará en el 1,68 m de altura y con algunos kilos de más que se le posan en caderas, barriga y muslos.

    De cara a la galería, Rebeca muestra un carácter despótico y seco, para hacerse respetar y guardar las formas, pero cuando coges confianza con ella, es muy agradable y cordial.

    Allí hacían todo tipo de botellas. Las había de todas las formas y colores para embotellar diferentes productos: aceite, vinagre, agua, vino, coñac, ron, y un largo etc.

    El trabajo era ameno, pero casi todo estaba mecanizado. ¡Son malos tiempos para la artesanía!

    El contrato solo era para cuatro meses, de junio a septiembre, para ir cubriendo las diferentes vacaciones de los empleados en plantilla.

    Cuando llevaba unos veinte días en la empresa, la jefa me llama a su despacho y me comenta lo siguiente:

    –Mira Jonathan, no estás rindiendo ni al nivel mínimo exigible. Hay unos estándares, estadísticas, que marcan lo mínimo que un operario debe producir para que le resulte económicamente aceptable al patrón contratarlo. Tú estás muy por debajo de lo que se exige.

    –Ya, la famosa plusvalía, ¿no? –le comento.

    –Sí, hijo sí. Si has leído a Karl Marx sabrás que la ganancia o plusvalía del empresario no sale ni de las materias primas ni del producto elaborado. Nuestra riqueza nace de la fuerza de trabajo del obrero no desembolsada y acaparada por nosotros. Nos quedamos con una parte considerable de vuestro esfuerzo y sudor. Solo así se puede competir en el mercado libre con otras industrias del sector. Pero tú eres tan flojo, que poca fuerza de trabajo te puedo extraer.

    Yo en aquel momento tenía 27 años y necesitaba el dinero para comprarme un coche nuevo. Después dejaría el trabajo (que no sé por qué lo llaman chollo, porque de chollo no tiene nada), y volvería a mi vida de punk errante. Pero por el momento tendría que sacrificarme.

    Rebeca estaba toda resuelta a rescindir mi contrato. Entonces yo la abordé de la siguiente manera:

    –Mira Rebeca, yo nunca trabajé en este gremio y es normal que no siga el ritmo de mis compañeros. Pero puedo proporcionarte la dichosa ganancia o plusvalía por otros medios.

    –¿Cuáles? –preguntó Rebeca toda intrigada.

    –Por ejemplo, comiéndote el berberecho como nunca nadie te lo ha comido ni te lo comerá en la vida, y pegándote unos buenos revolcones, de los de no levantarse antes de experimentar dos o tres orgasmos –y le hice unos juegos malabares con mi lengua (retorciéndola a derecha e izquierda como si fuera una toalla empapada a la que se estruja para exprimir el agua), para mostrarle mis habilidades “lingüísticas” y que supiera lo que se perdería en caso de no aceptar.

    Mi jefa llevaba una falda hasta las rodillas que al sentarse le hacía de mini. Tenía las piernas cruzadas. En alguna ocasión cambiaba el cruce de piernas, fruto del nerviosismo provocado por mi exposición, señal de que le picaba la panocha.

    –Bien. La verdad es que si te despido en este momento voy a perder más dinero aún, si cabe. Además habrá que contratar a otro chaval, que a saber cómo será. Seguro que más inepto que tú. Así que, para recuperar lo que me estás costando seguirás en la fábrica hasta acabar el contrato de cuatro meses. Poco a poco espero que te vayas amoldando al ritmo de tus compañeros. A parte de todo esto, me harás el amor tres veces por semana en un hotel que yo te indicaré. En el catre me demostrarás tus habilidades. Florituras con la lengua ya veo que haces muchas. Comprobaré, como buena contable que soy, si realmente eres tan bueno follando como dices, y así podré extraerte la fuerza de trabajo y la plusvalía que no me rindes en la fábrica –comentó de forma picarona Rebeca.

    A los pocos días, por WhatsApp me manda el lugar, día y hora del primer encuentro.

    Acudo al lugar. Es un hotel muy lujoso de cinco estrellas. Tiene 15 plantas. Yo me dirijo a la 9, después de indicarle al recepcionista que voy a hacer una visita de cortesía.

    Ya enfrente de su puerta golpeo unas tres veces. Me abre Rebeca. Lleva el pelo recogido en un moño, una blusa blanca con un generoso escote, una falda plisada larga color azul y unos tacones de aguja que la ponen en el 1,76 m, sacándome bastante altura.

    Sus dos jamones los lleva enfundados en unas medias color rojo pasión haciendo juego con el pintalabios.

    Sus morritos hinchados con relleno de ácido hialurónico desde hace pocos días me inflaban la polla también a mí, como si tuviera un efecto contagio.

    Sus ojos negros me hipnotizan. No me hará falta recurrir al Viagra para cumplir con esta zorra en celo ansiosa de que un buen macho la monte y le eche un polvazo en condiciones.

    Mi jefa pone música, se sienta en un cómodo sofá haciendo un erótico cruce de piernas y me ordena que haga un striptease.

    Al ritmo de la música, lentamente, me voy quitando chaqueta y camisa, quedando mi torso de gym al descubierto. Rebeca se relame diciendo:

    –Me gusta lo que veo. Sigue, a ver la parte de abajo lo que me depara.

    Continúo quitándome el cinturón, después los zapatos, desabrocho los jeans con mucha parsimonia y me los saco en un abrir y cerrar de ojos.

    Allí estaba yo, con solo un par de calcetines puestos y un bóxer, marcando paquete.

    Me quito los calcetines poco a poco, para que la espera por el despelote subiera más la tensión y ya por fin, me bajo el bóxer dejándolo caer al suelo.

    A la vista de Rebeca me magreo un poco mi verga de 18 cm de larga por casi 14 cm de perímetro. El pubis y el escroto los llevo bien depilados. La polla ad libitum va golpeando contra mi bajo vientre mientras yo bailo al ritmo de la música.

    Rebeca me hace un gesto con el dedo índice para que me acerque a ella. Me aproximo con mi mástil inhiesto y observo que ella acerca su rostro a mi entrepierna.

    Sus labios rojos, carnosos e hinchados engullen mi glande. Lo lame, lo chupetea y lo succiona con ímpetu. Cuando Rebeca le da un pequeño respiro al capullo veo que lo deja todo rojo de los restos de su pintalabios.

    Vuelve a meterse mi cabeza menor en la boca y, poco a poco va introduciendo en el interior de su garganta el resto de mi morcilla, hasta hacer tope con mi pubis. En la punta de mi rabo noto el contacto con su campanilla.

    Me la machaca con su boca durante tres o cuatro minutos. Cuando se la saca, escupe una considerable cantidad de babas espumosas en la punta del nabo, que van escurriéndose por el resto de la tranca, llegando a los huevos, y cayendo en forma de hilillos al suelo.

    –Tienes la polla casi tan lubricada como mi coño. Noto cómo me palpita el clítoris. Estoy a punto de correrme y lo quiero hacer en tu boca de guarro vicioso –me comenta Rebeca toda excitada.

    Ahora soy yo el que se sienta en el sofá y Rebeca comienza a poner en práctica un improvisado striptease.

    Se va desabrochando la blusa, botón a botón, hasta dejarme ver un sujetador rojo de encaje muy sexy. Deja caer la blusa al suelo y con unos movimientos de hombros muy sensuales, se baja el sujetador por debajo de sus senos dejando ver un par de melones exquisitos. Sus pezones y aureolas están pidiendo a gritos que los lama y chupetee.

    Se desabotona la falda dejándola caer al suelo. Se planta delante de mí con sus bragas blancas de punto, sus medias rojas con los respectivos ligueros negros y subida a sus tacones de aguja. El olor a hembra caliente que desprenden los poros de su piel consigue que mi polla comience a soltar babilla preseminal.

    Desengancha los ligueros y va bajando despacio las bragas.

    A un metro de distancia quedó a mi vista un chumino con un bello rubio recortado y todo pringoso (por lo mojada y cachonda que ya estaba), que me invitaba a que lo devorara.

    Rebeca me indica que me tumbe en la cama. Ella no pierde ni un segundo en aplastar sus prominentes cachas en mi cara y con sus muslazos hace las veces de tenazas, para evitar que me mueva. La sensación de asfixia que en ocasiones yo sentía era angustiosa. Entonces haciendo de grandes males, grandes remedios, comienzo a inspirar fuerte. El aroma a loba salida, que me inunda desde el interior de su cueva, me embriaga, sintiendo una excitación enorme.

    Efectivamente Rebeca estaba a puntito de caramelo. Con solo tres minutos lamiendo, relamiendo, chupando, succionando y sorbiendo aquella almeja encharcada, suelta unos alaridos enloquecidos de lujuria desenfrenada y noto como me empapa toda la boca con sus caldos. Restriega y frota con fuerza su chocho sobre mi rostro buscando que le limpie bien las paredes internas de su vagina y los labios mayores y menores de su vulva.

    –Ahora sí que me estás rindiendo. Me voy a quedar con toda tu fuerza de trabajo. Te voy a dejar en los huesos, cariño. En vez de quedar tres veces por semana, vamos a quedar cuatro. Tengo que exprimirte toda la plusvalía que pueda, hasta sentirme bien saciada y completamente restituida. ¡Joder, que comida de coño! –dice toda sobreexcitada mi jefa.

    Todavía seguimos un cuarto de hora más en esta postura, hasta que Rebeca arranca de sus entrañas un segundo orgasmo, llenándome la cara y boca de nuevo de sus sabrosos chorros vaginales. Me trago todo lo que sale de sus bajos, incluso algún chorrillo de orina que no pudo contener. Le dejo la entrepierna bien limpita.

    Luego decido sentarme en un sofá y le indico a Rebeca que se siente sobre mí y cabalgue, mientras le saboreo las tetas.

    Mi jefa seguía con el sostén por debajo de los pechos, las medias y los zapatos. No se los quitó en ningún momento de las tres horas que estuvimos en aquella habitación.

    Monta sobre mí y cabalga con furia. Estaba deseando alcanzar su tercer orgasmo. Yo le mordisqueo los pezones. Se los chupo como si fuera un bebé en busca de su alimento. Tenía las tetas bien operadas. Turgentes y picando hacia arriba. También le lamo el cuello y le pego unos buenos morreos a esos labios tan gordos.

    Ella vuelve a correrse al tiempo que suelta por la boca todo tipo de “vejaciones” hacia mi persona. Se sentía con poder de hacer conmigo lo que quisiera.

    Yo le digo que sin bajarse del burro, nunca mejor dicho, cambie de postura dándome la espalda, ahora.

    La sujeto por la cintura mientras ella sube y baja por mi tranca, toda embadurnada de efluvios de hembra caliente. Comienza a cansarse y, clavando sus tacones en mis muslos, eleva un poco sus cachas para que yo pueda bombearle el conejo a su gusto. Le separo un poco las nalgas para que el ritmo del fuelle no se frene con sus voluminosas carnes.

    Después de estar unos veinte minutos zumbándole el chocho, avisa por fin de su cuarta corrida, la muy puta. Pero esta vez no pude aguantar más y me vacío con ella, llenando su almeja de una considerable descarga de esperma.

    Cuando se bajó de su peculiar tiovivo, me dejó unas marcas ensangrentadas en los muslos provocadas por sus puntiagudos tacones. Pero ni me dolió. Sus medias rojas medio rotas y su mejillón bañado en mi esperma y todo chorretoso, me pusieron el rabo duro en un pequeño descanso, y volvimos a la carga.

    Esta vez mi jefa se puso en la postura del misionero. Yo le endiñé unos buenos empellones durante casi diez minutos, mientras le babeaba todo su rostro de golfa insaciable. Después, Rebeca, se colocó a cuatro patas y sujetándola yo por las caderas, le di caña, con garra, en aquel chocho pegajoso. La muy furcia experimentó el quinto orgasmo, este ya con menos intensidad, pero la suficiente para hacer que empujara hacia atrás, buscando el calcarse mi polla y meterse toda dentro sin dejar ni un centímetro fuera, para sentirla bien y conseguir estirar la duración del orgasmo.

    Yo me salgo de su chocho y me dirijo a su glotona boca. Me follo aquella garganta profunda durante unos minutos y por fin, llego a mi segundo orgasmo. Rebeca abraza con sus labios hinchados como longanizas mi rabo, no lo deja salir. Descargo en su boca de mamona unos ocho chorros de leche merengada. Se los traga todos con mi polla dentro. Cuando a los cuatro minutos permite que me salga de su cavidad bucal, la tenía vacía de todo rastro de semen y saliva. Mi rabo también había salido sin rastro de esperma ni saliva. Con sus labios carnosos lo exprimió tanto que lo sacó limpito.

    –Como exprimí tu polla así te voy a exprimir a ti, cariño. Los próximos cuatro meses van a ser un Infierno para ti –me dice Rebeca, mientras se relame y vuelve a succionar la punta de mi pene, buscando el sorber las últimas gotas que salen por la uretra, ya casi sin fuerza.

  • Madura y divorciada (3): Comienzo a liberarme

    Madura y divorciada (3): Comienzo a liberarme

    Tres días después de conocer a Rainer y de que este hubiera reiniciado «el camino de Santiago» entré en contacto a través de una web con un hombre canadiense que vivía en Bruselas y no dudaba en mostrarse a cara descubierta y masturbarse para mi. ¡Dios mío! desde el principio lamenté que estuviera tan lejos: siete años más joven que yo, no era un hombre guapo aunque sí con un cierto atractivo, voz grave y seductora además de poseedor de un rabo que a través de la cámara se me antojaba más grueso que ninguno que hubiera tenido nunca.

    La primera vez que se mostró ante la cámara se hizo una paja corriéndose sobre mi cara en una fotografía que le había enviado en nuestro primer contacto, hasta ahí todo perfecto y excitante. Pero una vez que se hubo corrido, continuó masturbándose sin que su polla diera señales de necesitar un descanso. Con sus casi cuarenta y nueve años me dijo que si su pareja de juegos le motivaba lo suficiente podía correrse dos veces seguidas sin necesidad de esperar a recuperarse y podía tener sexo hasta cinco veces diarias, no menos de cuatro. Algunas veces se masturbó metiendo su polla en un tubo de látex con forma de vagina y siempre con un vocabulario que me excitaba a cada frase. Se llama Daniel Barbeau y desde el primer día me dio sus datos verdaderos e incluso para que comprobara que no mentía y podía confiar en él me envió su documentación escaneada. Si, raro, un tipo peculiar Daniel Barbeau además de buena persona.

    A medida que fuimos cogiendo confianza se fue abriendo más, o mejor dicho, perdió el miedo a que me asustara de sus fantasías y dejara de chatear con él. Tras una conversación muy subida en cuanto al relato de nuestras fantasías le hablé de que en más de una ocasión me había masturbado mirando vídeos de sexo entre travestís o de éstos con mujeres… Al día siguiente se mostró a través de la cámara masturbándose con unas medias puestas y en esta ocasión terminó sodomizándose con una polla de látex… cada día que pasaba lamentaba más tenerle tan lejos.

    Al tiempo que mantenía estos encuentros virtuales con Daniel mantenía el contacto con Ana y Luis, les hable de Daniel, su polla… Todo se precipitó en mi cabeza, sin encomendarme a nadie pregunté a Daniel si quería que nos conociésemos personalmente, se mostró más entusiasmado que yo misma, volvió a enviarme fotocopias de su documentación para que confiara en él y se ofreció a tenerme en su casa el tiempo que fuera necesario. Además, con toda la sinceridad e inocencia del mundo se ofreció a presentarme jóvenes si definitivamente no le gustaba en persona o no era capaz de satisfacerme suficientemente…

    Me presenté en Bruselas el lunes tres de abril de aquel 2017 con intención de quedarme hasta pasada la Semana Santa, unos doce días; casi dos semanas. Pasaron catorce días y medio, todos los días con Daniel y la mayoría de ellos acompañados por algún o algunos amigos suyos; veinte años más jóvenes que él y oficialmente gays… pero solo oficialmente. Aquella vez más por morbo que por otras razones llevé un control exhaustivo de mis actividades: en catorce días tuve sexo completo con penetración 109 veces, una media de casi ocho veces diarias, y estuve además de con Daniel con otros trece hombre diferentes. De haber tenido más oportunidades, seguro que hubiera tenido más sexo pensaba.

    Daniel me dejaba durmiendo cuando él iba a trabajar, normalmente me llamaba eso de las doce para ver si necesitaba algo o si quería que me enviara algún joven de su grupo de amigos gays a casa, aunque normalmente salía a hacer turismo y regresaba después de las cinco, Daniel llegaba a casa a las seis… era el momento más esperado del día para mi. Es bisex pero pienso que tiene más tendencia homo que hetero.

    Una vez que se cercioró de que usar prendas femeninas en nuestras sesiones de sexo lejos de molestarme me excitaba solía utilizar un conjunto de lencería negro con medias y ligueros, tenía un vecino mayor que a veces no espiaba desde su ventana y cuando sabíamos eso prescindía de la lencería femenina.

    Me ponía enormemente perra nada más verle, venía hacia mi con su polla enorme de venas muy marcadas y me sentaba sobre él metiéndome su «barra» hasta el fondo… estábamos follando como perros entre 30 y 50 minutos sin parar, nunca he conocido a otro como él, tardaba una eternidad en correrse y entonces notaba como su polla aflojaba unos minutos pero rápidamente volvía a sentir como se ponía dura dentro de mi y otra vez comenzaba a follarme a lo largo de otra media hora o más… ni sabía las veces que lograba correrme en esos polvos.

    Tomábamos algo ligero a modo de cena y después de las ocho u ocho y media íbamos a una sauna. Los dos primeros días fuimos un local de parejas pero cuando Daniel logró que no pusieran excesivas restricciones a mi entrada en una sauna gay íbamos exclusivamente a ella. Siempre había bastante gente, más de la mitad después de la sorpresa de ver una mujer desnuda por los pasillos y recovecos del local pasaban totalmente de mi sin rozarme, pero otros muchos se movían nuestro alrededor hasta lograr colarse con nosotros en algunos de los reservados… aquellos días fuero un descubrimiento y mi mejor experiencia, jamás los olvidaré.

    Normalmente tenía sexo con penetración con tres o cuatro, generalmente no menos de treinta años más jóvenes que yo, pero siempre me ha encantado mamar… si, follaba cuatro o cinco veces con otros tantos jóvenes pero podía mamar casi una docena de pollas más dejando que casi todos ellos se corrieran en mi cara, mi boca o mi pecho…

    Daniel pocas veces me folló en la sauna, se limitaba a mirar y excitarse conmigo, luego, de regreso a casa volvía a follarme una o dos veces. Esa fue mi vida aquellas dos primeras semanas en Bruselas. Con la promesa de que regresaría a visitarle en breve regresé a mi casa.

  • Madrid nos regaló nuestra primera experiencia

    Madrid nos regaló nuestra primera experiencia

    Tras llevar años leyendo relatos en esta web, alimentando mis fantasías hasta el punto de llevarlas a la realidad, me animo por primera vez a compartir las experiencias vividas con mi mujer desde hace 2 años, cuando nos volvimos algo más liberales.

    Como si se tratara de una reunión para compartir nuestros vicios, me presento, mi nombre es Daniel y me gusta que se follen a mi mujer. Ella se llama Clara, ambos tenemos 38 años, nos conservamos bastante bien, mi mujer más llamativa que yo, llevamos felizmente casados 5 años y tenemos un hijo de 4, residentes en Sevilla capital y de clase media sin apuros económicos.

    Tras una larga temporada de casi abstinencia sexual, con alguna complicación tras la llegada de nuestro hijo que nos hizo decidir no tener mas, hace un tiempo retomamos nuestra vida amorosa con más fuerza que nunca, parecía que debiéramos recuperar el tiempo perdido. Algunas veces, cuando echábamos un polvo más caliente de la cuenta, me gustaba hacer un trio simulado con Clara y la ayuda de algún juguetito que guardábamos en el cajón. No sólo yo me lo pasaba bien en estos actos, si Clara se soltaba la melena, podía verla disfrutar una barbaridad. A veces, al terminar, bromeaba preguntándole cuando iba a cambiar el dildo por una polla de verdad y me iba a dar el espectáculo de follarse a otro delante de mí… al principio se lo tomaba mal, me decía que si pensaba eso es que no la quería, con el tiempo y viendo la evidencia del amor que sentía por ella, pasó a reírse y decirme que estaba loco.

    Os sitúo en la noche anterior al desenlace de este relato, estábamos dejando todo listo para salir temprano al día siguiente hacia Madrid, a una escapada de pareja los dos solos.

    – Cariño, meto esto en la maleta?.- le dije mientras sacaba del cajón un gran dildo, réplica de un actor porno del cual no recuerdo el nombre.

    – Por supuesto, hay que aprovechar que vamos solos, tenemos que disfrutar en todos los sentidos.- contestó Clara mientras me guiñaba un ojo, parecía animada, por lo que aproveché para tantearla.

    – Te veo con ganas eh? En Madrid hay mucha gente, te imaginas que te gusta alguien y por fin me das el espectáculo de verte con otro?

    – Quién sabe…

    – Quién sabe?? Creo que es la primera vez que dejas la puerta abierta para eso.- dije sorprendido.

    – Igual es que me estoy volviendo una moderna… de todos modos no te flipes Dani, no pienses que vamos a buscar a alguien ni nada de eso. Me tendré que conformar contigo.

    Ambos reímos y cerramos la conversación, eso sí, simplemente tratar el tema prometía un viaje animado.

    Llegamos al tren, coche 5, sacamos los billetes días antes por lo que muchos asientos estaban ya ocupados y tuvimos que comprar los nuestros juntos pero separados por el pasillo, las ventanillas ya estaban vendidas. Al llegar a mi asiento vi que mi acompañante en ventanilla era un señor de unos 50 años trajeado, supongo que viajaba por trabajo, en el lado de Clara aún no había nadie.

    El tren iba a salir y parecía que Clara viajaría sola a pesar de que el asiento de su lado aparecía como vendido. Las puertas se cerraron y al final del pasillo apareció un chico que se acercaba hacia nuestra ubicación, colocó su maleta y con una amplia sonrisa y educadamente pidió permiso a Clara para sentarse a su lado. Mi mujer y yo cruzamos nuestras miradas y se nos escapó una ligera sonrisa.

    Pensaréis esto se va animar, ya que la descripción del chico que voy a hacer parece traída de una película porno, tendréis que leer más para averiguar que pasó finalmente, lo que si puedo aseguraros es que el chico era exactamente como os voy a contar, aunque esto reste verosimilitud a mi relato.

    Ni Clara ni yo somos especialmente altos, yo algo más de 1,70 y ella rondando el 1,65. Entre su altura y su color de pelo rubio, Clara y Samuel, porque así supimos poco después que se llamaba, hacían un contraste tremendo. Lo primero que destacaba en Samuel era su raza negra, aún siendo de color tiraba a algo mulato, no tenía unos rasgos africanos muy marcados, su estilo era totalmente europeo, vaqueros de color oscuro y camisa Tommy celeste que distaba mucho de ser una burda imitación, con 1,80 aproximado de altura, sacaba a Clara prácticamente una cabeza, físicamente tenía muy buen cuerpo, diría que se lo curraba en el gimnasio.

    Tengo que decir que mi mujer habla por los codos, puede entablar conversación con cualquier persona y Samuel parecía que era del estilo. A los 15 minutos ya estaban de charla, yo, sentado junto a ellos pero con el pasillo entre nosotros, participaba en la conversación a ratos. En las dos horas largas que duraba el trayecto hablamos de varios temas, la verdad que Samuel tenía una conversación agradable. Nos contó que tenía 29 años, casi 10 menos que nosotros, su padre era originario de Guinea Ecuatorial y su madre madrileña, de ahí que aún predominando su piel oscura, tuviera unos rasgos tan singulares y diría que incluso atractivos. Eso si, lo más llamativo eran sus ojos claros, que siendo de raza negra, le daban un toque muy especial. Samuel vivía en Madrid y se dedicaba al comercio internacional, el día anterior había tenido una reunión en Sevilla para cerrar un negocio importante que decía llevar meses currándoselo.

    Resulta que vivía cerca de la zona donde nos hospedábamos, así que decidimos compartir Uber cuando llegamos a Madrid. Nos bajamos y nos despedimos en la puerta de nuestro hotel, un Ibis básico pero muy bien situado en la calle Manuela Malasaña, junto a la estación de metro Bilbao, Samuel debía vivir por el barrio.

    Era imposible no pensar en nuestra conversación del día anterior y no imaginarme a Clara y Samuel compartiendo cama, el problema era que mi mujer siempre me había dicho que no le atraían nada los hombres de raza negra, aun así, le saque el tema al llegar a la habitación.

    – Vaya tío guapo Samuel eh?

    – Guapísimo.- contestó Clara.

    – Una pena que no te gusten los chicos negros, de lo contrario era el candidato perfecto para invitarle un ratito a esta cama.- dije señalando nuestra cama king size.

    – No te equivoques, que no me gusten los chicos de raza negra es algo genérico, como no me va a gustar Samuel, no puede ser más atractivo el tío.- me sorprendió esa respuesta.

    – Me confirmas entonces que hubiera sido el chico perfecto para pasar un buen rato?

    – Eso son tonterías que solo pasan en las películas o en tu cabeza, pero mira, te voy a ser sincera y algo soez, si pudiera me lo follaba y me quedaba bien a gusto.- esa frase me puso tan cachondo que hasta me entró un escalofrío.

    – Pues ya sabes que yo no podría ningún problema.

    – Y creo que él tampoco.

    – Como tienes esa seguridad? – pregunté sorprendido.

    – Porque se ha tirado todo el viaje mirándome las tetas de forma descarada.- los pechos de Sara eran impresionantes, siempre fueron muy grandes, y aunque después del embarazo perdieron algo de firmeza, yo no los cambiaría por ningunos otros.

    – Joder, pues entonces creo que acabamos de perder al hombre perfecto.- me lamenté.

    – Pues si, y te digo la verdad me jode, que sepas que nunca has estado tan cerca de ver tu fantasía hecha realidad.- ostia, a mi sí que me jodió.

    Tras pasar el resto de mañana y parte de la tarde paseando por Madrid nos fuimos al hotel para ducharnos y cambiarnos, habíamos sacado entradas para el concierto de Pol Granch, un cantante salido de un got talent que nos gustaba mucho a los dos. Clara se colocó unos vaqueros ajustados que le hacían un culo impresionante, tacones negros aprovechando que la sala no quedaba lejos y una camisa de botones roja con escote generoso de los que si se inclinaba dejaban ver unas buenas tetas cubiertas por un sexy sujetador azulón. Siempre he pensado que tengo mucha suerte con Clara, tanto que en mi cabeza siempre ha estado la idea de que una mujer así no puede ser para mí solo.

    Cenamos al lado del hotel y después fuimos al concierto. Nos lo pasamos genial, esa noche podía observar cómo muchos hombres la miraban. Clara, además de llamativa, estaba especialmente cariñosa, era un hombre afortunado. Por supuesto, no se dió la situación de encontrar otro hombre que cumpliera mínimamente los requisitos exigidos para realizar mi fantasía, y al parecer ese día, también de ella. Decidimos terminar la noche en un bar en el donde estuve una vez y me encantaron sus cervezas artesanales, Cara b en Calle pez. Nos sentamos y bebiendo una IPA bien fresquita se fue calentando la conversación, sorprendentemente por iniciativa de ella.

    – Esta última y nos vamos eh? Que ya voy calentita.- No era tarde pero el día había sido largo.

    – Calentita de alcohol o calentita de cachonda? – la conocía y ese comentario tenía doble sentido

    – Calentita de alcohol desde hace ya un buen rato, y calentita de cachonda desde que me subí al tren esta mañana.- debía estar bastante borracha porque ese comentario no era propio de ella, mi deber entonces era seguir tirándole de la lengua.

    – Te ha venido al recuerdo nuestro amigo Samuel eh?

    – Te acuerdas que antes te dije que me lo hubiera follado? Pues no te imaginas ahora…- Clara estaba cachondísima y me estaba poniendo a mi.

    – Míralo por el lado bueno, fijo que la tenía enorme y lo pasarías mal, creo que te vas a tener que conformar conmigo y mi polla estándar.- bromeé subiendo aún más el tono de la conversación.

    – Te voy a contar algo íntimo que si no estuviera medio borracha no te contaría… Hoy en el tren, estando a su lado, e imaginando más de la cuenta y me he puesto super mojada, con lo cual, su tamaño no iba a suponer un problema.- flipé, ya solo quería follar.

    Mi polla ya no me cabía en el pantalón, nos bebimos la cerveza lo más rápido que pudimos y emprendimos el paseo de vuelta a casa.

    Durante el camino seguimos hablando de sexo, incluso me contó algún detalle sexual de relaciones pasadas, cosa que nunca hacía y me encantaba. De vez en cuando, no podíamos aguantar y nos besábamos como dos adolescentes rozando todo lo que podíamos.

    – Cuanto amor!.- una voz familiar se dirigió a nosotros cuando pasábamos junto a la estación de metro de Tribunal.

    Era Samuel, estaba solo y vestía algo más informal. Apostaría que a Clara se le aceleró el corazón de la misma manera que se me aceleró a mí. Pasaron unos segundos hasta que le devolví el saludo.

    – Ostia Samuel. Hola! que casualidad. Donde vas?

    – A casa, vivo cerca de la plaza del 2 de Mayo. Perdonad si se me traba la lengua, me he tomado unas copas con unos amigos y voy algo achispado.

    – Entonces, ya somos tres.- Clara parecía haber salido de su trance.- Nosotros vamos al hotel ya.

    – Me pilla de camino. Os puedo acompañar?

    – Claro.- contesté mientras mil cosas pasaban por mi cabeza.

    Subíamos por calle Fuencarral, nos fuimos contando alegremente el día desde que nos despedimos por la mañana en el Uber. Internamente buscaba la manera de darle un giro a la situación y de esta manera poder acercar nuestra fantasía, no iba a hacer falta, me lo iban a poner muy muy fácil.

    – Aquí me desvío yo, mi estudio está en esta calle. Si queréis os invito a tomar la última a mi casa.- esa invitación era lo que estaba buscando.

    – Por mi si.- contesté deseando que Clara también quisiera.

    – Por mi también, eso sí, ya he bebido bastante y no respondo por las cosas que pueda decir y hacer…- Clara me miraba a los ojos mientras decía esa frase, estaba claro lo que me estaba transmitiendo, lo dicho, me lo iban a poner muy fácil.

    No recuerdo bien el estudio de Samuel, pero si que me senté en un sofá grande mientras que Clara pasaba al baño y Samuel servía unas copas de Ron. Nuestro anfitrión me acercó la bebida y se sentó a mi lado, Clara salió del baño y le hice un gesto para que se sentara en mi regazo, así lo hizo. La situación era perfecta, no iba a jugármela y que el paso de los minutos pudiera llevar todo al traste, así que, a riesgo de ser precipitado, decidí romper el hielo.

    – Samuel, teniendo en cuenta que esta pregunta que voy a hacerte va con toda la buena intención y sin ningún mal rollo… Es verdad que no has parado en el tren de mirar las tetas de mi mujer como me ha contado ella antes?.- la pregunta no quedó fuera de lugar como pudiera parecer, creo que ya todos sabíamos para que estábamos allí y sonrieron de forma pícara.

    – Si no hay mal rollo en la pregunta te contestaré con toda sinceridad. Me vas a perdonar, pero tienes una mujer impresionante y si, le he estado mirando las tetas durante todo el viaje.

    – Pues así las verás mejor… – dije mientras llevaba mi mano derecha al botón superior de la camisa de Clara.- Puedo…?.- le pregunté a mi mujer con clara intención de desabrocharle la camisa delante de Samuel, ella, asintió con su cabeza aprobando mi gesto.

    Podía ver cómo Samuel no quitaba ojo del escote de Clara mientras iba quitándole los botones, poco a poco fueron apareciendo unas tetas naturales que para mí son perfectas. Con una tela azul y casi transparente, el sujetador de Clara dejaba ver perfectamente sus grandes areolas rosadas y marcado pezón. Mi mujer se terminó de quitar la camisa completamente, se puso de pie y comenzó lentamente a bajarse también los vaqueros dejándonos ver sus bragas compañeras al sujetador, seguidamente se me abalanzó y comenzó a besarme de forma muy muy guarra, parecía que me estuviera dando las gracias por lo que estaba a punto de pasar.

    Nuestro amigo nos miraba sentado a nuestro lado, Clara volvió a sentarse en mi regazo pero esta vez tomo la mano de Samuel y se la llevó a una de sus tetas, estaba invitándolo a entrar en acción. Pensaba que Samuel iría poco a poco, con suavidad, pero nada más lejos de la realidad. Con visible calentura, no tardo ni un segundo en bajar los tirantes del sujetador de Clara para poder ver y tocar de forma directa sus tetas. La respiración de mi mujer se aceleraba visiblemente, mientras Samuel la sobaba fue mi mano la que tomo esta vez y se llevó a su entrepierna. Lo primero que me llamo la atención al tocar las bragas de Clara era que el exterior ya estaba super húmedo, eso me hizo meter los dedos directamente por el lateral para comprobar cómo su coño estaba completamente empapado de fluidos. La situación era tan caliente que abrí las piernas de Clara y aparté un poco sus bragas para que Samuel pudiera ver directamente el coño abierto de mi mujer. Ese gesto fue lo que provocó que dejara de tocarle las tetas para llevar su mano hasta su clítoris y para, posteriormente, introducirle un par de dedos con muchísima facilidad. A mucha gente le parecerá de pervertido, pero ver cómo esos grandes dedos negros entraban y salían del cuerpo de Clara, mientras ella gemía, fue de las cosas que más me han puesto en mi vida.

    Samuel se levantó alegando tener mucho calor, se quitó la camiseta mostrando su cuerpo fibroso repleto de músculos, y Clara aprovechó para acercarse a él y comenzar a bajarle su bragueta. Los pantalones y slips de Samuel estaban siendo quitados por mi mujer, ver su polla empalmada salir como un resorte muy cerca de la cara de Clara, es de las cosas más porno que he visto nunca. Por supuesto, tenía un señor pollón. Impresionaba ver algo así en directo, sin ser una aberración de tamaño, era algo muy grande, tanto de largo como de ancho, bastante más que la mía, de la que tengo buena consideración ya que nunca he tenido queja. Tengo serias dudas de que Clara se hubiera encontrado algo así antes de estar conmigo, me parecía increíble que nuestra primera experiencia con una tercera persona fuera con algo semejante, como antes apunté, sé que la figura de Samuel resta veracidad a mi relato, pero repito, así fue tal y como sucedió.

    En ese momento, fue la primera vez que vi a Clara titubear desde que empezó el sexo con Samuel, ya sea por mi presencia, o por el tamaño su polla, me dio la sensación de que no sabía cómo empezar. Al fin se colocó de pie a su lado, y con su pequeña mano empezó a masturbarlo, era una imagen jodidamente erótica. Lo que pasó a continuación demuestra que no todo era como en una peli porno y si era la vida real. Clara se sentó a mi lado, yo ya me estaba tocando por encima del pantalón y estaba a punto de sacármela para hacerme una paja en condiciones. Clara pidió a Samuel que se acercara, estaba claro que tenía la intención de empezar a chupársela, pero la realidad a veces es complicada. La polla de nuestro amigo era tan grande, que apenas una parte ínfima es lo que cabía en la boca de mi mujer. Un poco de juego con la lengua y algo más de trabajo con la mano fue lo que pudo hacer, tengo un mujer de 10 pero con la garganta poco profunda. Se la veía tan incómoda que terminó desistiendo y se reclinó en la espalda del sofá junto a mi, nos miramos y sonreímos con complicidad y confianza en todo lo que estaba pasando.

    Clara terminó de quitarse el sujetador que aún lo tenía a medio poner, también se quitó las bragas para, seguidamente, abrir sus piernas invitando a nuestro amigo a darle placer. Samuel se puso de rodillas y llevó su cabeza entre las piernas de mi mujer, quien giro la cara y me lanzo una mirada muy caliente mientras se mordía el labio. Clara se percató entonces de que yo estaba ya con la polla fuera y durísima, así que alargó su brazo y comenzo a masturbarme con energía mientras seguía disfrutando de como le comían el coño.

    Tras varios minutos de puro placer y entre gemidos, Clara pidió a Samuel que se la follara de una vez, creo que nunca la había visto tan jodidamente guarra, vaya forma de desmelarse. Samuel quiso levantarse a por condones pero Clara, ansiosa por ser penetrada, le dijo que no era necesario, es cierto que Clara no podía quedarse embarazada ya que está operada de ligadura de trompas, y respecto al resto de riesgos, decimos obviarlos. Aun así, Samuel se levantó y abrió un cajón para coger un tarrito de lubricante, se ve que el tío sabía de que iba el asunto y no se andaba con rodeos. Mientras se sacaba brillo al miembro con el lubricante, Clara le interrumpió para pedirle un poco.

    La escena era acojonante, mi mujer, abierta de piernas, poniéndose lubricante en el coño mientras que otro tío se disponía a clavarle una polla de tamaño, probablemente, nunca visto por ella. Me sorprendía la falta de tapujos y la naturalidad con la que todos estábamos actuando. Samuel coloco la punta de su polla entre los labios de la entrepierna de Clara, aluciné como poco a poco, ese miembro iba entrando con mucha facilidad dentro del cuerpo de mi mujer, que no solo no se la veía molesta, sino que casi se le vuelven los ojos del placer.

    Ahora sí se estaba cumpliendo mi fantasía, estaba viendo a mi mujer follando con otro. Dentro de mi tenía dudas de si sentiría celos llegado el momento, no paso, era solo sexo, sin sentimientos. Samuel no sólo dominaba la situación gracias al tamaño de su polla, el tío además debía ser un fucker de mucho cuidado porque era increíble la que le estaba dando a Clara. Cogiéndola por las piernas, no paraba de penetrarla, a cada embestida se la veía más y más caliente, podía hasta ver fluidos blanquecinos de Clara haciendo contraste en la polla negra de Samuel.

    Mi mujer, a veces, me miraba sentado a su lado, con la polla durísima y masturbándome mientras los miraba sin ningún pudor. Samuel se separó momentáneamente, parecía querer cambiar de postura, en ese momento Clara aprovechó, y colocándose a cuatro patas, me quitó la mano de la polla y empezó a chupármela frenéticamente, con mucha más facilidad de lo que era hacérselo a nuestro amigo. Tener a Clara a cuatro patas debía ser demasiada tentación para Samuel, que se colocó justo detrás y comenzó a follarsela en esta nueva postura.

    Por un momento tuve que decirle a Clara que parara, me iba a correr y aún no quería. Pude disfrutar de la cara de placer de mi mujer siendo poseída por dos hombres, mientras Samuel le penetraba el coño con su polla, yo le manoseaba las tetas con una mano y con la otra penetraba con el dedo su tentador culo, esto se trataba de una práctica de la que siempre decía no gustarle pero que, en momentos de calentura extrema, ella misma me pedía, ese día no puso ninguna oposición.

    Fue Samuel quien ahora se sentó en el sofá junto a mi, que volvía a autosatisfacerme. Cálculo que entre una cosa y otra, nos acercábamos a los 30 minutos de jugueteo, pero a Clara aún le quedaba más gasolina. Mi Mujer se colocó encima de Samuel que seguía sentado a no más de un metro de mi, y este, inmediatamente, empezó a comerle las tetas. Podía ver también como Clara cogía con su mano la gran polla de Samuel y empezaba a pasarse el capullo por el clítoris y los labios de su coño. Poco a poco se la empezaba a meter, con un movimiento lento al principio y más rápido después, Clara comenzó a cabalgar sobre su semental de esa noche. No quería perderme ese espectáculo, me levanté, y aprovechando la postura, me coloqué detrás para ver en primera fila como entraba y salía esa polla del interior de mi mujer. Me llamaba la atención la tirantez de la piel de los labios al ser obligados a mantenerse bien abiertos.

    Por un momento me planteé una doble penetración aprovechando la postura, sería la primera vez, pero iba a tener que ser en otra ocasión. Unos ruidos diferentes empezaron a salir de la boca de Samuel, logré entender como avisaba que se iba a correr, y como Clara le invitaba a correrse dentro de ella. La siguiente imagen también la guardaré en mi retina para siempre, tras unas embestidas más irregulares, la polla de Samuel empezaba a salir con más fluidos aún, supongo que una mezcla de ambos, ya que al sacarla de forma definitiva, un gran hilo de semen salió del interior del coño de mi mujer.

    Clara, aún jadeante, se acercó a mi y me quitó la mano para ser ella quien terminara de masturbarme. Poniéndome poético, creo que no tardé ni 30 segundos en liberar todo el amor que en ese momento sentía por mi mujer, y de esta manera, ponerle pringando a ella la pierna y a parte el suelo del estudio de Samuel.

    Clara le pidió a Samuel el favor de utilizar su ducha, yo me quedé recogiendo un poco y hablando con él. Una vez que mi mujer terminó, nos despedimos y ambos coincidimos en darle las gracias por la experiencia, llevó la situación con mucha naturalidad y nos hizo sentir muy agusto. Clara y yo seguimos con nuestra vida con total normalidad, pero algo nuevo había cambiado en nuestras mentes, ambos decidimos que esa había sido solo la primera experiencia y que, llegada la oportunidad, repetiríamos sin dudarlo.

    Insisto que así fue como pasó, sé que puede resultar poco creíble, incluso historias posteriores resultan más normales y reales, pero esa fue nuestra primera experiencia y así la he compartido con vosotros. Las conversaciones, si bien no puedo decir que fueron así palabra a palabra, más o menos se dieron de esa manera.

    Dejen sus comentarios si les ha gustado y nos animaremos a escribir historias posteriores que nos han sucedido.

  • ¡Qué ajustado le entra!

    ¡Qué ajustado le entra!

    Estoy viviendo en el departamento comprado por nuestros padres después que mi hermano, diez años mayor que yo, se casara. De esa manera lo destinado a alquiler podía ahorrarlo para, en el futuro, adquirir algo. Rubén de 28 e Irene de 22 contrajeron matrimonio dos años atrás y en ese lapso a ella la vi pocas veces, incluido el noviazgo. En esas escasas oportunidades mi esfuerzo estuvo dedicado a deleitarme con su presencia y tratar de que su esposo no se apercibiera. Desde luego la certera intuición femenina percibió en seguida que me tenía atado de pies y manos.

    Ciertamente estar cerca de ella constituía una deliciosa tortura, pues me encontraba simultáneamente ante una atracción insalvable junto al sentimiento de deslealtad filial. Su cuerpo podía llevar a las alturas a la imaginación más rudimentaria. La gestualidad corporal unida a sus facciones y sencillez en el vestir hacían pensar en una inocencia no contaminada, aunque su mirada en algunos momentos parecía contradecir esa apariencia.

    Mi estadía transcurría teniendo dos ocupaciones principales, estudiar y ayudar en las tareas hogareñas. Era un mínimo agradecimiento al matrimonio que cubría con agrado todas mis necesidades. Con el correr del tiempo fuimos logrando la empatía que nos hizo más cercanos, en particular con mi cuñada. Y así, lentamente, de manera imperceptible, el pudor inicial fue perdiendo fuerza, dando comienzo a mi sufriente placer.

    Las vestimentas de a poco cubrían menos y los cuidados para tapar se fueron relajando. Así fue que el salto de cama empezó abriéndose en el escote, luego pasó a estar desatado y terminó colgado en la percha. Los pijamas de saco y pantalón, derivaron en camisón y concluyeron en camisoncito a medio muslo. La progresión fue tan pausada que casi ni me di cuenta de la diferencia entre el comienzo y un año y medio después. Naturalmente las pajas con ella en mi imaginación fueron incontables, y mis sentimientos eran encontrados, por un lado agradecía su exhibicionismo y por otro odiaba su actitud despreocupada, pues era consciente de la tortura a la que me sometía.

    En ese ambiente vivía mediando mi segundo año de universidad estudiando filosofía. En un almuerzo mi cuñada comentó la preocupación de sus padres por el estudio de su hermana Alicia. Si bien lo llevaba aceptablemente, una materia del año anterior la tenía a maltraer, le quedaba una oportunidad dentro de quince días y otra a fin de año. De no aprobar recién podría recibirse al año siguiente. Cuando pregunté cuál era dicha materia me contestaron que Lógica.

    – “Pensar que esa herramienta de la filosofía me resultó deliciosa”.

    Ese comentario mío dio pie a Irene para sugerir que quizá podría ayudar a la estudiante en esa cuestión que le resultaba tan dificultosa. Habiéndole respondido que lo haría encantado quedó en consultar a sus padres.

    Al día siguiente me llamó la suegra de mi hermano pidiéndome que fuera a verla pues quería hablar sobre el estudio de su hija menor. Como vivimos en el mismo edificio tuve que subir solo cinco niveles. Después de charlar sobre los hábitos de estudio de la interesada y de un cierto rechazo por la materia, producto de los fracasos anteriores, le di mi parecer. Lo más conveniente era preparar concienzudamente los contenidos y presentarse al examen de fin de año. Aprobada la propuesta acordamos el método de trabajo que comenzaría en dos días.

    Alicia es una criatura de dieciocho años que compite en belleza con su hermana mayor a pesar de ser bastante delgada. Quizá lo que más resalta es su dulce y femenina manera de conducirse en todo momento. Con ella coordiné los horarios, la duración de cada reunión y un tema, para mí, muy importante.

    – “Hay algo que ambos debemos hacer y ayudarnos mutuamente, de lo contrario el fracaso es casi seguro”.

    – “Espero poder hacerlo”.

    – “El asunto es así, dos años de edad nos separan, pero la maduración es prácticamente la misma. Es decir, yo tengo intereses muy similares a los tuyos, la misma tendencia a la vagancia, iguales ganas de diversión y muchas otras cosas que vos podrás imaginar. Todo eso tenemos que vencer en los momentos de estudio. Y eso incluye la vestimenta. Luego por separado podremos darle rienda suelta. Si queremos farra juntos, sólo después del examen. Me vas a ayudar?”

    – “Te prometo esforzarme”.

    Tuve la suerte de despertar su entusiasmo y ella puso el empeño de reunir tiempo de estudio y concentración. Eso permitió que lapsos relativamente cortos fueran muy fructíferos. Debido a mi pedido de atención sólo al estudio dejó de llamarme Joaquín reemplazándolo por “El Amargo”, a lo que le correspondí bautizándola “Almíbar”, apelativos que reemplazaron a nuestros nombres en el trato diario.

    La ayuda a Alicia fue mi tercera ocupación. El día del examen la acompañé hasta el colegio, quedándome en un bar de las cercanías a esperar su salida. Cuando la vi aparecer fui a su encuentro con el corazón oprimido, pues su cara mostraba el ceño fruncido, haciendo pensar un resultado adverso. Al llegar a mi lado saltó, abrazándome la cintura con las piernas mientras sus brazos ceñían mi cuello y me cubría la cara de besos.

    – “Gracias Amargo, conseguimos un nueve”.

    – “Mocosa de mierda, casi se me detiene el corazón”.

    Los gestos de afecto, habitualmente parcos entre los dos quedaron en el pasado, pues ya no había razón para mantener una cierta distancia. Y así el cariño que sentía por ella, nacido de una relación respetuosa, cercana y amable se lo demostré con un abrazo prolongado junto a un beso en la mejilla.

    A la alegría de Alicia se agregó la felicidad de los padres. Yo mantuve mi inicial negativa a cobrar esa contribución lo cual redundó en un beneficio muchísimo mayor. El padre hizo que su yerno le diera los datos para abrir a mi nombre una caja de ahorro bancaria que acreditaba una cantidad similar a mis gastos anuales. Y por otro lado la madre me invitó a pasar los dos meses de vacaciones en su quinta de verano.

    En un abrir y cerrar de ojos llegamos a mitad de diciembre y comienzo de las vacaciones. Mi hermano, que recién estaba libre en la segunda quincena de enero, iría los fines de semana. El viaje lo hicimos las dos hermanas, el matrimonio mayor y yo en el auto de la familia. Era la primera vez que podía observar de cerca de las tres mujeres en ropa liviana acorde a la estación. Sin duda, en las jóvenes, habían prevalecido los genes de la madre, pues contextura y belleza eran compartidas por las tres.

    Lógicamente nuestra vestimenta más usada fue la ropa de baño, y la pileta el lugar donde estábamos buena parte del día. Los cuerpos de ambas hermanas llamaban la atención por su belleza y armónicas redondeces. Según qué prenda usara, la delgadez de Alicia hacía que la biquini le resultara holgada y, en algunas posiciones, se entrevieran los claros vellos del pubis. Precioso espectáculo para alegrar la vista.

    El segundo día a la tarde, buscando alguna distracción, le propuse jugar al trampolín dentro del agua. Consistía en que ella se parara sobre mis hombros y yo, tomándola de los tobillos, la ayudara a lanzarse de cabeza lo más lejos posible. La subida implicaba cierta destreza. Si me agachaba un poco, ella poniendo un pie en mi muslo podía llegar con el otro al hombro, luego equilibrarse y por último el lanzamiento.

    Una de las veces, cuando traté de ayudarla en el impulso para subir del muslo al hombro mi mano resbaló, y la empujé con la palma abierta abarcando su entrepierna. Ambos nos sorprendimos del contacto. Mis ojos en los suyos buscando desaprobación y los de ella en los míos para descubrir una previa intencionalidad. Como ninguno vio anormalidad seguimos tranquilamente. Continuamos con lo mismo para adquirir práctica y alguna vez más sucedió el contacto, pero por mayor lapso y ambos disimulando, hasta que se hizo evidente que yo deseaba acariciar y que ella buscaba la caricia.

    – “El tiempo de estudio ya pasó”.

    – “Es verdad y vos hiciste un buen esfuerzo cuyo premio fue la hermosa nota”.

    Mis palabras las acompañé acariciándole la mejilla en una muestra de sincero afecto, pero cuando mi dedo pulgar llegó a los labios, ella los abrió para introducirlo y chuparlo con los ojos cerrados.

    El intento de lograr destreza en la subida a los hombros quedó en el olvido. Apoyé mi espalda en la pared, con el agua hasta los hombros, para que ella quedara pegada a mi costado mirándome como si estuviéramos hablando. Mis primeras caricias fueron un simple roce sobre la biquini mientras ella, tomada del borde, simulaba patalear.

    Ojos cerrados y boca abierta fueron las señales de placer que me llevaron a buscar el contacto directo con el vello pubiano y el canal que esos pelitos velaban, pero controlando la calentura, pues no debía precipitarme y ahuyentar esa maravilla de mujercita. Para favorecer la lubricación interior, con índice y pulgar presionado los labios, inicié el movimiento de subir y bajar para que la mucosa frotara el clítoris.

    Sus manos apretando fuertemente mi brazo, que hacía movimiento de vaivén, junto a un quejido me indicaron que podía ingresar en la grieta sin provocar escozor. Fue la tarea que asumió el dedo mayor comenzando con círculos alrededor del botoncito, bajando hasta el ingreso a la vagina, donde repetía el recorrido circular sin penetrar, para regresar al inicio.

    El paso siguiente fue impensado. En la caricia alrededor del agujerito, un súbito movimiento de su pelvis provocó el ingreso íntegro del dedo, ajustado pero sin obstáculo. La corrida la sentí con apretones vaginales, un gemido rugiente, las uñas surcando mi antebrazo y sus dientes marcándome el hombro. Ya calmada trató de borrar, con besos, las marcas de su placer.

    – “Perdón, perdón, lo hice sin querer”.

    – “Tu placer vale la pena, pero por favor, no lo hagas muy seguido”.

    – “Vamos a la otra orilla, que ahí nos tapa el ligustro. Ahora ni siquiera puedo darte un beso sin ser observados”.

    Mientras caminábamos escuchamos la voz de su padre diciendo que iban hasta el centro a realizar algunas compras. Ya a cubierto, bocas y manos asumieron el protagonismo. Chupar la lengua de esa criatura era una delicia y, a tenor de sus apagados gemidos, para ella resultaba muy placentero. Y ese placer lo evidenciaban su voz y la fuerza y movimiento conque sus manos batían mi pija. Para no correrme la tuve que parar, pues no pensaba desperdiciar semen en el agua. Sentándome en la orilla llevé suavemente su cabeza hasta tocar sus labios con el glande mientras nos mirábamos mutuamente.

    – “Nunca lo hice”.

    – “Si aplicás la misma dulzura que al besar seguro te va a salir maravilloso y en menos que canta un gallo vas a tener mi leche en tu boca si no la saco a tiempo”.

    – “Pruebo, si no me gusta lo escupo”.

    – “Así Almíbar, que bien combinás caricia y succión. Sí chiquita chupá, chupá que ahí va, tragalo preciosa”.

    Fueron cuatro disparos que gustosamente hizo pasar por la garganta.

    En ese momento levanté la vista y me encontré con Irene que, desde una ventana del primer piso, había sido espectadora privilegiada de tan maravillosa mamada. Al parecer el espectáculo no había sido de su agrado, a juzgar por la seriedad de su cara. De esa distracción me sacó la voz de Alicia.

    – “Quiero que me llenés la panza de leche, vení, vamos al vestuario”.

    Caminando juntos los pocos metros que había hasta la puerta, de reojo, vi que mi cuñada seguía inmóvil en la ventana, presencia no percibida por mi compañera de placer. La dejé entrar primero y, como quien cerraba la puerta miré hacia la observadora que permanecía inmóvil y la saludé con la mano. No me respondió.

    Al darme vuelta tuve una visión maravillosa, Alicia estaba totalmente desnuda, acostada de espaldas en el largo banco, con las rodillas en los hombros y sus manos abriendo su preciosa y delicada conchita; esa pequeña grieta de placer mostraba, arriba el botoncito fuera del capuchón, abajo la abertura que invitaba a entrar y entre ambas partes el canal rosado, brillante de flujo.

    – “Aquí Amargo, aquí te quiero”.

    Como un autómata, obnubilado por la visión, enfrenté ese tesoro, al que traté de cubrir abriendo al máximo la boca aunque no llegué a abarcarlo, por lo que me puse a lamer, chupar y tragar flujo, todo ello al son de quejidos gozosos. Al aproximarse al orgasmo, mientras rugía apretaba mi cabeza como queriéndola introducir, hasta que sobrevino un instante de tensión corporal generalizada junto al grito “Ya!!!” finalizando en una laxitud que parecía desvanecimiento.

    Ante eso me incorporé quedando sentado a caballo del banco, saboreando el jugo femenino que aún bañaba mis labios y contemplando la hermosa figura delgada que, con las piernas separadas mostraba líquido manando de la conchita entreabierta, mientras ojos cerrados y facciones distendidas indicaban un estado de sopor profundo después de la tensión vivida.

    Cuando vi que empezaba a salir de ese letargo me arrodillé en el piso, sentándome sobre los talones a la altura de sus hombros, para que tuviera un despertar afectuoso y así recorrí párpados, mejilla boca, cuello y pechos con manos y labios.

    Al parecer mis caricias surtieron efecto pues al abrir los ojos y verme sonrió, el camino estaba libre, me erguí y puse el glande entre sus labios recibiendo un delicado beso.

    – “Lubricalo bien mi cielo, así te entra hasta la empuñadura”.

    – “Sí querido, con gusto lo voy a preparar porque soy estrecha”.

    Con la pija cubierta de saliva me acosté de espaldas a lo largo del banco.

    – “Vení Almíbar, sentate a caballo pero de espaldas y te tomás de mis tobillos, así vos controlás la entrada y yo podré sostenerte de las nalgas”.

    Nunca imaginé ser partícipe de un espectáculo tan excitante, mientras una mano sostenía vertical mi miembro la otra orientaba la aproximación de esos dos globos separados por la hendidura que mostraba, arriba el orificio estriado y abajo una conchita con los labios separados y enmarcando la boca que parecía llamar al glande que la enfrentaba y se aproximaba lentamente. Estaba terminando de ingresar la cabeza cuando paré por pedido de ella.

    – “¡Ahí nomás! Estoy sintiendo cómo se me abre, ahora iré bajando a medida que vaya dilatando”.

    – “Cuando esté por acabar te levanto”.

    – “¡No!, mañana me viene la regla, ahora que la tengo entera dame fuerte, quiero otra corrida. Qué me estás haciendo?”

    – “Acariciando este culito precioso, te resulta incómodo?”

    – “No, simplemente es algo nuevo y por eso me resultó extraño, pero me gusta”.

    Había que aprovechar esa complacencia que podría aumentar su placer acelerando el orgasmo, cosa que me convenía pues me encontraba en desventaja y no quería que ella se quedara con las ganas. Entonces con una palma apoyada en una nalga y el pulgar recorriendo y presionando el anillo, ocupé la otra adelante, los dedos frente al clítoris para que el movimiento de ella para ensartarse también causara la frotación. Así fue que por primera vez presencié extasiado cómo mi verga, al salir arrastraba hacia afuera la mucosa vaginal, y al entrar la volvía a su lugar, hasta que contracciones musculares de ese estrecho conducto me ordeñaron de tal manera que unos pocos disparos me dejaron extenuado.

    Cuando salimos, agotados después del encuentro amoroso, mientras íbamos hacia la pileta vi que mi cuñada se dirigía al mismo lugar. En tanto Alicia decidió ir a su pieza para lavarse bien, me tiré sobre la reposera vacía a unos metros de Irene y tomé el libro que tenía a medio leer; pasados unos minutos me habló.

    – “Te pasa algo conmigo?”

    – “Nada en general, pero como hace un rato no me devolviste el saludo y ahora veo cara de pocos amigos, mejor estar callado y lejos”.

    – “No te respondí porque era como estar de acuerdo con lo que le hacés a mi hermana”.

    – “Y no se te ocurrió que quizá se preste gustosa a hacerlo?”

    – “No lo creo”.

    – “Qué maravilla, me acabo de enterar que tengo poder suficiente para inducir a una persona a obrar en contra de su voluntad. Tendría que probar con vos a ver si da resultado”.

    – “¡Si serás degenerado!”

    – “Degenerado por desear a una mujer hermosa, que además me viene calentando desde hace más de un año?”

    – “Mentiroso, vos te calentás solo”.

    – “Es verdad, pero la que muestra a cada rato tetas y entrepierna sos vos”.

    – “Yo no muestro nada, será que sin querer se me vé”.

    – “Sobre tus intenciones no puedo hablar, pero nadie te impone andar sin corpiño y menos ponerte en cuclillas separando bien las rodillas cuando usás un camisón corto. Si ante eso un adolescente no sufre una soberana calentura es que se encuentra al borde de la muerte”.

    – “Mejor terminemos con esto que ahí viene mi hermana”.

    – “Como vos quieras, de paso podés aprovechar y preguntarle si la estoy forzando a algo que no quiere”.

    – “Estás loco si pensás que voy a hacer eso”.

    Yo seguí mi lectura mientras ellas hablaban. Esa noche fue maratónica. Elegimos mi pieza pues a la de ella sus padres podían irrumpir sin aviso, en cambio a la mía no. Estábamos descansando del primer orgasmo cuando sonó el teléfono mostrando un mensaje entrante de su hermana, lo abrió y luego de leerlo me lo mostró sonriendo “Me parece bien que gocés como una burra pero no es necesario que se enteren los vecinos”

    A las tres de la mañana, con cara de agotada, partió para su dormitorio pues en a eso de las nueve la buscaban ya que tenía programados siete días en casa de una amiga. Al levantarme y después de desayunar fui a la pileta, encontrándome con Irene tomando sol.

    – “Alicia ya se fue?”

    – “Con inmensa suerte, de lo contrario tendría que aguantar las instrucciones, gritos y quejidos cuatro días más hasta que llegue tu hermano para calmar mis ganas”.

    – “Si no sonara como un atrevimiento me ofrecería como un remedio provisorio”.

    – “Degenerado, ella gritaba como si la estuvieran matando y ahora pretendés lo mismo conmigo, qué le harías a la pobre”.

    – “Es que tiene una alta sensibilidad, al punto que soltó un quejido fuerte cuando apenas le mordí el pezón, aunque el primer grito correspondió a la acción de mi lengua que, partiendo del culito pasó, por el perineo, siguió por la hendidura de la conchita para terminar prendida al clítoris que ella misma había dejado descubierto corriendo el capuchón”.

    Mientras hablaba pude ver que Irene se removía en el asiento apretando los muslos.

    – “No necesitás ser tan explícito”.

    – “Es la manera que se entienda si los sonidos bucales se originaban en una sensación placentera o dolorosa”.

    – “Me parece que tu intención no es otra que aumentar la calentura que traigo de anoche y así torturarme”.

    – “Cosa que me encantaría, pero si sucede es al margen de lo que pretendo”.

    – “Y entonces qué hace tu mano sobre mi muslo subiendo hacia donde nadie la llamó”.

    – “Fue algo inconsciente pues la piel tersa y suave invita a la caricia”.

    – “Esa excusa ni vos la creés, además sos un sucio recorriendo con la lengua la entrada posterior de mi hermana”.

    – “Si mi hermano no te lo hace tendré que hablar seriamente con él, no sea que otro te haga descubrir ese placer y saque partido de ello”.

    – “Ni se te ocurra, a ver si le da por eso y se olvida que lo principal ahora es preñarme de una vez”.

    Un nuevo movimiento para acomodarse la hizo separar los muslos permitiéndome ver una pequeña mancha de humedad en la tela de la entrepierna, que ocultó poniendo la toalla pero sin sacar mi mano.

    – “Entonces se lo diré después de producido el embarazo, aunque esta práctica favorecería tu preñez pues lo excitaría de tal manera que sus testículos producirían a destajo espermatozoides más fuertes y veloces”.

    – “Mentiroso esa fisiología es digna del suplemento deportivo de un diario de cuarta”.

    – “Vos sabés que yo no miento, dejame que te acaricie levemente, si te provoca rechazo o simplemente no te gusta, te prometo parar y no molestarte con este tema nunca más”.

    – “Espero no arrepentirme de aceptar pero jurame que vas a frenar si te lo pido”.

    – “Te juro que voy a hacer todo lo que me pidas”.

    – “¡Qué estás haciendo!”

    – “Lubricando mi dedo más largo para acariciarte sin provocar molestias”.

    – “No puedo creer que tan mansamente me deje tocar ahí, sos un asqueroso, no, no empujés, ¡desgraciado!”

    – “No estoy empujando, sólo hago leves presiones con la yema del dedo, te incomoda la caricia?”

    – “Sos un perverso superlativo”.

    – “Es posible, pero casi seguro que lo vas a disfrutar”.

    Y se movió como dándome la razón sin decir una palabra, pues un pequeño empuje hizo que dos falanges ingresaran aunque ajustadamente. Cuando vi que cerró los ojos sin fruncir el ceño, en franca señal de complacencia, me alegré pues el camino lo daba por allanado, cuando se produjo un cambio inesperado. Si expresar disgusto, pero con cara seria, me tomó con ambas manos de las mejillas para mirarme fijamente estando su cara a pocos centímetros de la mía.

    – “Joaquín te quiero mucho pero lo que estamos haciendo no está bien, en este momento me siento una puta que goza haciéndose meter mano por su cuñado. Ambos estamos aportando para que esto suceda y yo no tengo fuerzas suficientes para la atracción que vos me provocás, me ayudarías a superar ese deseo?”

    – “Voy a ayudarte en la medida de mis fuerzas, te mentiría si diera por seguro lograrlo”.

    Con su mano hizo salir el dedo intruso y se levantó dándome un suave beso en los labios.

    – “Gracias chiquito, te amo”.

    Naturalmente el dolor de bolas lo tuve que calmar con un trabajo de artesanía manual, y fui fiel a mi palabra haciendo un esfuerzo inmenso en tratar de sepultar esa atracción que me tenía a maltraer.

    La primera semana en la quinta me permitió conocer más de cerca a los suegros de mi hermano. Eugenia y Facundo se me mostraron como dos personas de trato agradable, educados y cultos. Él había superado los sesenta, y ella era veinte años menor; ambos joviales acordes a la edad.

    Lo usual era que amistades, tanto del matrimonio mayor cuanto de las hijas, llegaran de visita sobre todo los fines de semana, siendo buen remedio para evitar la aburrida rutina. El cambio de ritmo se produjo un domingo pues Alicia pasaba unos días en casa de una amiga, mi hermano y su esposa haciendo cuatro días de playa y Facundo viajando a la ciudad después de almuerzo; al día siguiente, temprano, tenía control médico después de su operación de próstata.

    Luego de una corta siesta bajé a la pileta donde Eugenia tomaba sol sobre la reposera con el respaldo levemente inclinado.

    – “Llegás justo, hace tiempo que quiero hacerte una pregunta y no encontraba la oportunidad. Aprovecho ahora que estamos solos y sin posibilidad de interrupción. ¿Es verdad que cuando iban a comenzar el estudio con Alicia le pediste que no te tentara?”

    Para charlar cómodo me senté en el piso con las piernas cruzadas, al lado de ella pero dándole frente.

    – “Es verdad, aunque quizá lo hice con otras palabras, ese era el sentido”.

    – “Me podés contar el por qué?”

    – “Es simple. Ella es una joven muy linda y tremendamente deseable. Por otro lado yo, joven como ella, y con bajas defensas ante una mujer atrayente, si era tentado, no me iba a poder concentrar en el estudio y el fracaso era seguro”.

    – “Y ella lo cumplió?”

    – “Totalmente, por eso aprendió la materia y obtuvo una nota excelente”.

    – “Es en serio que sos fácil de tentar?”

    – “Podría ser más explícito pero temo molestarte pareciendo grosero”.

    – “Contame, no me vas a molestar”.

    – “Por ejemplo, si un día hubiera llegado con minifalda, en lugar de explicarle la definición de “imposible” iba a estar pendiente de verle la bombacha. Logrado el objetivo, en vez de imaginar un “silogismo” para ejemplificar, mi mente estaría divagando sobre lo que la prenda tapaba, si la excitación haría que los labios se separen, si cuan delicioso pueda ser el flujo de su corrida, si su conducto vaginal me oprimirá como un guante, etc. Y esto es una pequeña parte”.

    – “O sea que si tenés a la vista la entrepierna de mi malla te tentarías”.

    Mientras hablaba flexionó la rodilla y abrió los muslos. El color amarillo que cubría esa atrayente parte mostraba levemente los labios separados por una suave línea. El efecto fue como un trance hipnótico quedando con la vista clavada en la unión de ambas piernas, mientras mi virilidad empezaba a tomar cuerpo. Su voz me saco de la ensoñación.

    – “No me contestaste, hubo tentación?”

    – “Seguro, pero si tenés dudas mirá la pernera de mi bermuda”.

    – “Parece que se me fue la mano”.

    Y empezó a deshacer el movimiento. De inmediato puse la palma de mi mano sobre su rodilla ejerciendo una pequeña presión.

    – “Por favor, no me prives de esta deliciosa vista”.

    – “Soy casada, Facundo es un muy buen hombre y ambos nos amamos sinceramente”.

    – “Estoy convencido que es así, pero tengo la sensación que en el plano estrictamente carnal hay un ligero desencuentro”.

    El movimiento de estirar y juntar las piernas tuvo una súbita aceleración mientras sus facciones adquirían seriedad.

    – “No existe tal desencuentro”.

    – “Perdón, mi comentario estuvo fuera de lugar. Voy adentro a tomar agua fresca, te traigo algo?”

    – “Por favor, traé dos latas de cerveza y tomá una conmigo”.

    Su expresión facial se había suavizado, lo que me dio una cierta tranquilidad. Al regresar con los dos envases vi que se había movido. Abrí una lata, se la acerqué y cuando me iba a sentar al borde de la pileta me llamó para que lo hiciera en el espacio libre, al lado y de frente a ella. Mientras hablaba su mirada estaba enfocada en un punto indefinido al frente.

    – “Te ruego que lo que vas a escuchar no salga de vos. Me da muchísima vergüenza reconocer que la ausencia de sexo me tiene mal. Hace ocho meses, desde que a Facundo lo operaron de un cáncer de próstata, que no tenemos intimidad, y él sufre porque intuye mis necesidades y no las puede cubrir. Por otro lado desde ningún punto de vista merece ser engañado aunque yo me suba por las paredes de ganas. Este es mi drama”.

    – “Lamento tu encrucijada. Y lo lamento en particular porque existe el peligro de generarse una situación muy injusta. Lo peor de todo es que a ese estado se llega de manera casi imperceptible y a contrapelo de los sentimientos conscientes. Trataré de explicarme. Tu marido, a quien amás profundamente, no es culpable de que vos no tengas el placer que merecés. A pesar de eso es posible, que con el correr del tiempo y sin darte cuenta, lo asocies a él con tu frustración y, sin pensarlo ni quererlo, tu trato diario se transforme en agresivo y despectivo. De esa manera sufrirá por la enfermedad y por tu desprecio”.

    – “No lo había pensado”.

    Mientras hablábamos ella nuevamente había vuelto a la posición anterior, pero al estar ambos tan cerca, su rodilla quedó apoyada en mi muslo. Por supuesto que aproveché la oportunidad para recorrer esa piel tersa con la palma de la mano, haciendo aproximaciones sucesivas hacia su sexo.

    – “El otro camino es satisfacer tus ganas fuera de la pareja. En este caso no debiera atormentarte tanto la culpabilidad. Vos no pretendés engañar, ser infiel, o traicionar sino calmar un deseo legítimo y natural que, por cosas de la vida, no podés darle curso en el ámbito de tu matrimonio. Como si fuera un efecto secundario no deseado ni buscado. Naturalmente con la máxima reserva, pues aunque Facundo lo aceptara igual será doloroso para ambos y, muy probablemente, ese pesar ensombrezca el placer”.

    Ya mis dedos rozaban la costura de la malla, y al ver que ella cerraba los ojos apoyando la nuca en el respaldo, en actitud de entrega, seguí mi razonamiento sin detener el avance de la mano.

    – “Pareciera que estás comprimida a elegir analizando cuál de las dos opciones es la más soportable, porque ninguna es totalmente buena”.

    Su respuesta fue un gemido atenuado, evidente efecto de la caricia que mi mano prodigaba a su conchita por encima de la malla. Esa contestación me llevó a ingresar por debajo de la tela, dándome con una profusión de flujo mojando el vello púbico, por lo que mi dedo mayor se deslizó ágilmente entre los labios. Los recorridos por el canal, haciendo círculos en el ingreso a la vagina y alrededor del clítoris, fueron acompañados por un incremento en el volumen de sus ayes placenteros.

    Me di cuenta de la inminencia de su corrida cuando con sus manos tomó mi muñeca y precipitó el ingreso de dos dedos hasta la profundidad de su cueva, se encorvó hacia adelante pegando la barbilla al pecho, cerró los ojos y, mientras mantenía inmóvil mi brazo, con rápidos movimientos de cadera producía el movimiento de entrada y salida. El momento del orgasmo fue anunciado con un sí larguísimo, la crispación de sus facciones, y la fuerza ejercida en mi brazo para ahondar al máximo la penetración digital.

    Cuando se repuso de la tensión, en silencio y sin mirarme, se levantó de la reposera caminando con rapidez hacia la casa. Naturalmente no esperaba esa actitud, lo que me desconcertó y preocupó. Algunos minutos pasé elaborando hipótesis explicativas sin encontrar una satisfactoria, por lo que, decidido a salir del brete, fui a buscarla.

    Estaba en su dormitorio sobre la cama, de costado dando la espalda a la puerta, y la cara sepultada en la almohada.

    – “Puedo hablar un minuto con vos?”

    Su voz fue casi un susurro.

    – “Sí, pasá”.

    Me acerqué sentándome sobre los talones en el piso a su lado.

    – “Por favor perdoname si en algo te ofendí o molesté. Quizá me equivoqué, pero creí hacer algo conforme a tu deseo”.

    – “Y tenés razón. Escapé de tu lado por vergüenza, por haberme exhibido, entregado y gozado como una yegua”.

    – “No debieras torturarte con eso. Es perfectamente comprensible que un deseo natural, largo tiempo reprimido haga explosión, anulando razón y voluntad”.

    – “Y además fui egoísta pues, satisfechas mis ansias, me fui dejándote a medio camino”.

    – “Me dejás arreglar ese pequeño desencuentro”.

    – “Sí, por favor, hacelo”.

    – “Esta situación hay que solucionarla. Date vuelta y mírame, quiero que lo hablemos tranquilos, sin vueltas, simplemente tratando de asumir la realidad que nos toca vivir, dejando de lado cualquier tipo de evasión. Es verdad que te deseo y mucho, pero más que calmar mis impulsos prefiero aportar algo que te ayude. Por eso te ruego que ante la más mínima incomodidad me lo hagas saber. Pude ser claro?”

    – “Te entendí bien, pero igual me da mucha vergüenza”.

    – “Quizá repita algo de lo que te dije en la pileta, pero lo hago para seguir la ilación. No debés sentirte culpable porque tu organismo responda con normalidad, tampoco sos responsable de la enfermedad de tu marido, y que él no pueda satisfacer tus necesidades instintivas es al margen de su voluntad. Las circunstancias actuales son fruto del azar, incluida mi presencia. Entiendo que este no es el remedio más deseable pero es lo que hay, y sería una pena que el sentimiento de culpa transforme esto en una mera descarga fisiológica. Poné la mente en blanco y déjame darte placer”.

    – “Es que no puedo creer que el deseo anule totalmente mi voluntad”.

    – “Vos sos una buena mujer, y eso se nota en tus roles de madre y esposa, pero ahora estás en el papel de una hembra ardiendo, jugá este otro papel con la misma pasión. Ahora date vuelta, así, sobre las rodillas levantando las nalgas, te voy a correr la malla para que te abras la conchita con las manos y así poner la punta de la pija en la entrada, luego soltá los labios para que abracen la cabecita”.

    – “Por favor, entrá despacio”.

    – “Primero me voy a deleitar con estos cortos empujes, sintiendo la caricia de esa boca que se abre y se cierra. Ay preciosa, voy a parar porque tengo la leche a punto de salir, quédate quietita. Ahora sí hermosura, retrocedé graduando el ingreso, y perdoname si duro poco, pues estoy al borde de la explosión”.

    Luego de unos cuantos movimientos de vaivén, al girar un poco la cabeza me fijo en su pie; la planta encorvada con los dedos estirados como queriendo tocar el empeine tensionados al máximo, era señal inequívoca del placer cercano al orgasmo. Era el momento de precipitar mi eyaculación, engarfié mis dedos a los costados de sus nalgas y en tres golpes secos de pelvis empecé la corrida manteniéndola firmemente penetrada hasta el mango.

    – “¡Santo cielo! Estás palpitando dentro mío, me estás llenado de leche, sí chiquito, haceme acabar como una burra, ¡ay qué gusssto!”

    Y se dejó ir hacia adelante, yo cubriéndola; cuando me levanté ella se tapó con el cubrecama quedando hecha un ovillo, por lo que ante ese mudo pedido de soledad volví a la pileta donde nadé un rato tratando de calmarme y poder asimilar lo sucedido.

    En el momento de la cena nos juntamos nuevamente y, al terminar cuando le dije que yo me encargaría de la vajilla usada, se despidió partiendo rumbo a su dormitorio. Esperando el sueño me quedé viendo un partido de fútbol, y concentrado estaba cuando de reojo la vi acercarse, en camisón, con la cabeza baja, seria y en silencio; mi estupor fue mayúsculo cuando se arrodilló abrazando mis piernas y poniendo su mejilla sobre mis muslos hablaba con los ojos cerrados.

    – “Por favor, dejá que me dé en el gusto, pero no me mirés, me da vergüenza ser tan puta, no me reconozco pidiendo de esta manera sexo, te ruego no pienses mal pero necesito más de lo que hiciste esta tarde”.

    Y volcando mi cabeza hacia atrás me abandoné a sus deseos sintiendo que desabrochando el pantalón saco fuera mi pija para pasarla por sus mejillas y engullirla ansiosamente, pero en seguida me di cuenta que era la oportunidad de corresponderle de la misma manera así que la tendí en la alfombra para que ambos nos saboreáramos. Mi comida de conchita la llevó al primer orgasmo pero no interrumpí la labor, simplemente disminuí la intensidad dedicándome a beber sus jugos hasta que la sentí repuesta, ahí cerré los labios sobre el botón descapuchado como si fuera un pezón para aproximarla a la segunda corrida que la tuvo cuando yo sentado y ella, horcajada en mis muslos, tenía la vagina totalmente ocupada por el miembro que antes chupaba.

    En esta oportunidad mi deleite superó ampliamente el producido por mi verga dentro de su conducto, pues ella, con la frente apoyada en mi hombro, acompañaba las subidas y bajadas con palabras que expresaban el deseo que sentía y lo que quería que yo haga para satisfacerlo. Por supuesto su voz nada tenía que ver con su habitual dulzura, ahora hablaba la hembra necesitada que con fiereza se clavaba una y otra vez.

    – “¡Sí papito, cogete a esta yegua caliente, taladrala a esta puta si remedio, culeala a esta burra arrecha, más, más, ahora, yaaa!”

    Presumo que su sueño habrá sido tan profundo como el mío ya que desayunamos después de la diez de la mañana mostrando ambos semblantes rejuvenecidos luego de tan satisfactorio esfuerzo.

    Después de las trece almorzamos juntos los dos matrimonios y yo; terminada la sobremesa salí a fumar y se me acerca Irene.

    – “Dado que nos tenemos confianza, aceptás una pregunta indiscreta?”

    – “La acepto, pero no sé si la contestaré”.

    – “Tenés sexo con mi madre?”

    – “No, y si fuera así no te lo diría. Por qué la pregunta?”

    – “Generalmente para los hombres no es fácilmente perceptible, pero para nosotras sí, y con frecuencia acertamos. El viernes cuando me fui estaba con su habitual cara de necesitada y el lunes al regresar la encontré con expresión de muy satisfecha. De ahí a concluir que vos sos el responsable es más fácil que la tabla del uno”.

    – “Ya en tren de preguntas íntimas, y vos cómo estás?”

    – “Bien, y si estuviera necesitada no te lo contaría”

    – “Qué lástima no tener la sensibilidad suficiente para percibir tu estado, porque en caso afirmativo aprovecharía que estoy con el instinto estimulado y al galope”.

    “Hijo de puta, perverso, degenerado, decirle eso a tu cuñada, tiraste a la basura tu promesa de ayudarme”.

    El regreso de Alicia se produjo una semana después y naturalmente mi recepción fue con el afecto de siempre sin que nada hiciera presumir una relación más cercana. Un poco más tarde quedamos los dos solos en la pileta.

    – “Amargo, tengo que decirte algo que quizá no te guste”.

    – “Esa posibilidad hay que considerarla muy remota, contame”.

    – “Me puse de novia”.

    – “Estás feliz”.

    – “Mucho”.

    – “Eso es lo único que importa, además estoy contento de que alguien haya despertado tu amor, yo solo soy un amigo que en ningún momento quiere transformarse en obstáculo para esa felicidad”.

    Y ratificando ese sentir le tomé la cabeza para darle un beso en la frente.

    Finalizado el período de descanso en la quinta mis encuentros con Eugenia fueron esporádicos en función sus necesidades y de tener el departamento libre. La gran novedad se presentó un viernes minutos antes del almuerzo, cuando Irene llamó por teléfono a su madre en mi presencia preguntándole si yo podía esa noche cenar con ellos, pues tenía pensado salir de compras con unas amigas y luego comer por ahí. Por otro lado mi hermano, al salir del trabajo, se juntaba con sus amigos en la habitual reunión semanal. Todo eso hubiera resultado normal de no haber terminado como lo hizo, y mirándome a los ojos.

    – “A las seis de la tarde salgo y no creo volver antes de medianoche”.

    La manera de decirlo, precisando el tiempo que, fuera de mí, nadie estaría en el departamento, eran detalles muy elocuentes sobre el sentido que quería manifestar. Luego de cortar la llamada se dirigió a mí, con la cara seria y un tono de voz monocorde de simple cordialidad, conmoviéndome más que un sismo.

    – “Espero que el menú de mi madre sea de tu agrado”.

    Traté de que mi respuesta tuviera el mismo grado de seriedad que su deseo, pues no solo era verdad sino que una sonrisa hubiera degradado su cabal significado. Ella era una respetable mujer, pero mujer al fin, y yo me sentía deudor por ser aceptado.

    – “Seguro, porque tu mamá sabe hacer delicias”.

    El lapso hasta el momento de partida de mi cuñada tuvo visos de eternidad y, si bien no tenía certeza sobre la venida de su madre, mi deseo era el culpable de la ansiedad que me dominaba. Decidí quedarme en el dormitorio, haciéndome de estudiar y vistiendo solo remera y bóxer. Mi corazón tuvo una súbita aceleración cuando escuché abrirse la puerta de entrada, significando que había usado la llave que ellos tenían. Cuando escuché ruidos en la cocina fui encontrándola arrodillada mirando los estantes bajo la mesada. Al verme por el rabillo del ojo se dio vuelta denotando un cierto nerviosismo.

    – “Vine a buscar una sartén que Irene se olvidó de devolverme”.

    – “Yo te ayudo”.

    Y me puse detrás, también arrodillado tomándola con delicadeza de las caderas; ese contacto hizo que frenara la búsqueda, se diera vuelta para mirarme, cerrara los ojos y regresara a la posición anterior, pero con los codos apoyados en el piso haciendo que su grupa quedara bien expuesta en mudo ofrecimiento. Tomando la falda se la recogí sobre la cintura dándome con la maravillosa sorpresa de encontrar su culito desnudo, lo que me llevó a mirar su espalda para darme que tampoco había rastro de las tiras del sostén.

    Esas ausencias hicieron que mis manos entraran en acción y, mientras una recorría el canal de las nalgas en dirección a la hendidura vaginal, la otra entraba por debajo de la remera para aferrar una de las tetas que libremente colgaba.

    – “¡Mi cielo, estás empapada!”

    – “Sí chiquito, sí, mientras venía en busca de tu verga el flujo bajaba por mis muslos, por lo que más quieras, entrá con suavidad porque tu calibre es muy superior al mío, pero no me hagás esperar”.

    Apuntar y entrar en esa boca rosada, brillante del líquido espeso que la impregnaba, fue delicioso, pues al deslizamiento lo hice muy lento, tirándome un poco hacia atrás para ver mejor el espectáculo y gozar cada segundo; cuando topé con el fondo me incliné hacia adelante para, con ambas manos, agarrar las tetas que libremente colgaban y comenzar el vaivén, salida lenta y entrada de golpe, haciendo sonar las nalgas con mi pelvis.

    Evidentemente su deseo se había acumulado bastante desde la última vez, tres orgasmos la sacudieron antes de soltar mi corrida en el fondo de la vagina. Después tuve que disculparme pues, en ese momento de máxima tensión, la había atraído brutalmente tirando de sus pechos. El descanso lo hicimos abrazados en el sofá.

    – “Francamente tengo un conflicto interno que sobrellevo dejándolo de lado, no tengo fuerzas ni argumentos para enfrentarlo. Me desespero por gozar con vos pero termino sintiéndome una basura al pensar en Facundo, y ahora se agregó otro, tengo miedo de perderte”.

    – “Sobre lo primero ya hablamos y ojalá pudiera agregar algo que te ayude pero nada tengo; sobre el último no sé si vale la pena preocuparse por algo que no sabemos si va a ocurrir, cuándo será esa ocurrencia y qué querré yo en el momento que ocurra”.

    – “Aclará un poco más”.

    – “Es posible que yo me enamore cuando vos todavía querés tenerme a tu lado, pero también puede suceder que tus deseos se aplaquen de tal manera que mi alejamiento sea para vos un alivio. Como nadie sabe el derrotero del destino vení tesoro, dame tu boca y enfrentemos el mañana con el recuerdo de este delicioso sabor”.

    Aprovechando un fin de semana largo mi hermano salió de pesca con sus amigos, cosa que no me atrae, y mi cuñada me avisó que esa noche teníamos una cena en la casa de sus padres; cuando le pregunté si era algún festejo me dijo que obedecía a un pedido de Alicia que cumplía tres meses de novia. Cualquier motivo es bueno para salir de la rutina, así que gustosamente me sumé.

    A la mesa nos sentamos, Eugenia en la cabecera, a su lado los dos varones, Alicia flanqueada por su novio y yo junto a mi cuñada; las tres mujeres estaban preciosas en su vestimenta liviana; ignoro si fue a propósito pero cuando Irene, hablando con su hermana, fue a poner su servilleta sobre la falda, la tenía tan recogida hacia la cintura que en la unión de los muslos asomaba el triángulo de su bombachita amarilla. Al darse cuenta que yo miraba tapó lentamente el objeto de mi atención esbozando una sonrisa.

    La comida fue agradable por los ricos platos, el blanco torrontés y la deliciosa compañía; la sobremesa no se alargó pues los novios salían con amigos y Eugenia quería llevarle los remedios a su esposo, por lo que nos levantamos para regresar al departamento, momento en que Irene declaró que iba a necesitar ayuda, pues la falta de costumbre y lo sabroso del vino se habían complotado contra su equilibrio.

    Ahí comenzó una inefable tortura, pues agarrada con ambas manos de mi antebrazo apoyó su teta encima del codo; ya en el pasillo vi que ese sostén no era suficiente por lo que pase su brazo por encima de mis hombros y la tomé de la cintura; al entrar soltó un pedido urgente.

    – “Por favor, llevame al baño que me orino”.

    Apuramos un poco el andar, la hice sentar sobre el inodoro y me incorporé.

    – “No, no me dejés así, bájame la bombacha que no puedo hacerlo yo”.

    Dos cosas hice al mismo tiempo, bajar la prenda para directamente sacarla, y tirar a la mierda mis principios, mi moral, mis convicciones y mi parentesco, pues la desnudé mientras escuchaba el sonido del chorro. Ella sentada con los ojos cerrados pasó sus brazos alrededor de mi cuello y apoyando la mejilla en el hombro me alentó a seguir, arrodillado entre sus piernas y con una mano secando su vulva.

    – “Sí papito, sí, soy totalmente tuya, llévame a la cumbre del placer, olvídate de quién soy, trátame como una yegua arrecha”.

    Las manos, que inicialmente me abrazaban, se transformaron en garras a medida que mi dedo medio hacía el recorrido clítoris-ano, con una pequeña parada en la vagina para tomar lubricación destinada al anillo estriado, el cual lentamente empezó relajarse y aceptar si resistencia la presión de la yema que lo visitaba.

    Al ver ese progreso ininterrumpido me animé a probar una presión simultánea, pulgar en vagina y medio en culito; cuando ambos hacían el movimiento circular enfrentando los respectivos conductos se produjo lo deseado, el seco golpe hacia abajo anunciado por un “Yaaa” en forma de grito produjo el súbito ingreso de ambos apéndices en toda su longitud.

    Esa entrada profunda fue el disparador de un galope desenfrenado hacia la corrida escandalosa que yo, disfruté viéndola, y por otro lado sufrí cuando sus uñas marcaron surcos en mi espalda. Después de un largo beso en la misma posición de su reciente corrida susurró el pedido.

    – “Ahora a la cama mi cielo, vamos a hacer algo que deseo desde hace tiempo”.

    La tomé en brazos para llevarla y ya acostada a través, sola llevó sus nalgas al borde del colchón, ahí me pidió que le alcanzara el espejo de mano que estaba sobre la mesa de luz y luego puso sus rodillas al lado de los hombros sujetándolas de las corvas.

    – “Ahora mi amor poné el glande en la entrada y no te muevas”.

    – “¡Por favor, déjame entrar!”

    – “Dame un segundo que pongo el espejo para ver esa entrada triunfal, ingresá despacito, quiero grabar esa imagen en mi cabeza”.

    – “Te estás cuidando o me pongo condón”.

    – “Hace seis meses que no me cuido, con tu hermano estamos buscando un hijo y ahora tampoco nos vamos a cuidar, quiero sentir tu corrida, todo lo que juntaste y está por explotar lo quiero adentro”.

    – “No voy a durar nada”

    – “No importa querido, ya te tengo bien en el fondo, que la descarga sea profunda y fuerte. Sí mi cielo, ya estoy sintiendo tus palpitaciones y cada una es un chorro con la fuerza de una escupida”.

    En el resto de la noche hicimos dos repeticiones pero no acepté dormir con ella pues hubiera sido un sueño liviano preocupado por detectar cualquier ruido que significara sorpresa.

    Dos o tres semanas después de aquella cena estaba tirado en el sofá, frente al televisor practicando mi deporte favorito, es decir la vagancia, cuando escucho un saludo inconfundible.

    – “Hola Amargo, se te nota agotado por el esfuerzo”.

    – “Hola preciosa Almíbar, qué sorpresa tenerte por aquí”.

    – “Vengo a ayudarte en el arduo trabajo que tenés”.

    Venía con un vestido celeste un poco más arriba de los tobillos y muy liviano; cuando se sentó bien pegada, tomándose de mi brazo, lo hizo con los muslos separados, la tela ahuecada entre ellos y marcando la suave redondez de la vulva. Para mis adentros pensé que era el comienzo de un suplicio y me preparé para afrontar el desafío; la cosa empeoró cuando sus manos tomaron la mía, cual sándwich, para ponerlas justo arriba de la acolchada entrepierna.

    – “Amargo, sabés que te quiero?”

    – “Lo sé y además lo siento, por lo que estoy orgulloso de que una mujercita preciosa como vos tenga para conmigo esos sentimientos; además yo también te quiero”.

    Giré mi cabeza para darle un beso en la frente y ella giró mi mano dejándola en el mismo lugar pero con la palma abierta apretándola firmemente sobre su conchita.

    – “Necesito tu ayuda”.

    – “La que quieras”.

    – “Voy a apagar el televisor para que nada te distraiga; vos recordás que en las vacaciones me puse novia y hace poco festejamos los tres meses de esa relación de la que no está ausente el sexo; pues bien, mi drama es que solo una vez gocé y apenas. Lo amo, es bueno, educado y cariñoso, me agradece el placer que le doy, pero, por no hacerlo sentir mal, simulo el mío; no me prepara bien y además dura poco; tiempo atrás en una charla con amigos opinó que el sexo oral le parece repugnante; te podés imaginar que esa gran ayuda para llevarme cerca del orgasmo no se la puedo pedir”.

    – “Realmente una lástima, quizá algún amigo pueda hablar con él”.

    – “Con ninguno tengo tanta confianza como para pedirle eso, además lo amo, no quiero perderlo y quizá más adelante podamos hablarlo y encontrar una solución, pero mientras tanto me subo por las paredes de las ganas que tengo”.

    – “La verdad es que no sé cómo ayudarte”.

    – “Yo sí lo sé, haceme gozar, después veremos”.

    – “Vení tesoro, sentate a caballo de mis piernas apoyando tu espalda en mi pecho, de esa manera tengo las manos libres, con un simple ladear la cabeza puedo comer tu boca y ahora sí, a buscar el placer. Me saqué la ropa quedando en bóxer, arrollé el vestido en la cintura y la ubiqué de manera que sus nalgas acunaran mi miembro. Al bajar los breteles del vestido sus delicadas tetitas quedaron al aire y pasaron a ser objeto de mis caricias, algo bien recibido a juzgar por sus gemidos.

    Y así, esas señales de placer me llevaron a sacarle la bombacha y recorrer con los dedos el camino que saliendo del clítoris llevaba al ano.

    – “Te estás cuidando?”

    – “No, pero en el culito no hay peligro”.

    – “Entonces voy por el lubricante”.

    – “No hace falta, como esto lo tenía pensado, hace un rato largo tomé vaselina líquida”.

    – “Ya estoy anticipando en mi cabeza un deslizamiento delicioso”.

    – “Sí mi cielo, méteme la verga de una vez. Ay Amargo querido, qué glotón es mi culito, se tragó toda tu pija”.

    – “Así es mi deliciosa Almíbar, no meto más porque nada me queda por meter”

    – “Ahora me voy a mover en círculos alrededor del eje que me llena, dame tu lengua y apretame las tetas”.

    Le hice caso pero rogándole que no contrajera el esfínter pues tenía el semen asomándose por el ojo; así estuvo un ratito manteniendo la penetración hasta el mango mientras rotaba.

    – “Ahora acariciame el botoncito que empiezo el subibaja”.

    – “Voy a agregar algo, mientras el pulgar frota arriba voy a ocupar tu vagina con los dedos medio y anular, así tu movimiento generará tres estímulos”.

    Dicho y hecho, el efecto se puso de manifiesto en gritos, rictus facial y movimientos convulsos, hasta culminar en una contracción generalizada mientras sostenía fieramente la penetración; cuando se repuso fue el momento de caricias afectuosas donde ambos, silenciosamente, expresábamos la satisfacción del momento vivido.

    – “Estás bien?”

    – “Sí, a pesar de cierto escrúpulo pues en ningún momento sentí arrepentimiento por lo que estaba haciendo”.

    – “Fue nada más que un escape transitorio”.

    – “Me vas a recibir cuando te necesite?”

    – “Con el afecto de siempre”.

    Unos meses después de las vacaciones la salud de don Facundo empezó a declinar, a levantarse de la cama cada vez menos y a requerir mayor atención. El cansancio de su esposa empezó a hacerse evidente aunque jamás manifestara una queja y eso que tenían contratadas unas personas para dicha tarea. El tema le generaba una dedicación casi permanente, pues la idoneidad de los contratados nunca podía suplantar lo que el conocimiento cercano o íntimo permite intuir del estado del enfermo.

    En esa circunstancia me ofrecí para ayudar en los momentos que no debía concurrir a la universidad. Naturalmente me negué de forma terminante a recibir cualquier retribución pues lo que recibía de todos ellos superaba con creces mis necesidades. Una tarde, en que lo estaba higienizando, me sorprendió.

    – “Te puedo hacer una pregunta algo íntima?

    – “Desde luego don Facundo”.

    – “Y si es una pregunta que te compromete?”

    – “No lo creo capaz de hacerla”.

    – “Es verdad, la incógnita es de puro chismoso. Cómo te llevás con las mujeres y el sexo?”

    – “Pienso que bien, periódicamente tengo mis expansiones”.

    – “Por eso pregunto, pues entre el estudio y mi atención, no es mucho el tiempo que te queda disponible. Pensar que hace un buen tiempo que no tengo intimidad con mi mujer culpa de esta enfermedad de mierda. Alguna vez la escuchaste decir algo?”

    – “Nunca, pero si hubiera sucedido no se lo cuento?”

    – “Pensé que me tenías confianza”.

    – “Y no está equivocado, le tengo mucha confianza, a usted y a su señora, y a ambos respeto por igual y si por simple proximidad me enterara de alguna intimidad, de inmediato la hubiera olvidado. Los dos son conmigo afectuosos, amables y generosos. Responder de otra manera sería simple maldad”.

    – “No esperaba otra cosa de vos, y cómo van esas relaciones sentimentales, espero que no estés por casarte”.

    – “No señor, son un tanto esporádicas, porque ella es casada”.

    – “Y no tenés miedo que el marido los pesque?”

    – “El problema no es el miedo sino el sentimiento de culpa conque culmina cada encuentro”.

    – “Explicate un poco”.

    – “El esposo, por alguna razón totalmente involuntaria no puede satisfacerla, y entonces ella viene a mí cuando sus necesidades instintivas están al borde de la explosión; piensa que su debilidad está a salvo conmigo pues teme perder el control en un momento y lugar inconvenientes o con una persona inescrupulosa. Pero llenada la necesidad se va con el corazón oprimido, como si hubiera cometido un crimen. A veces pienso que esas reuniones son el momento de activación de la válvula de escape de una olla a presión”.

    – “Y qué opinás del marido?”

    – “Entiendo que es un buen hombre y que intuye lo que pasa. Estimo que se mantiene pasivo por temer un resultado indeseable con su intervención”.

    En ese momento dejó de mirarme para enfocar el techo y cerrar los ojos, mientras una lágrima se deslizaba hacia la sien.

    – “Convencela que disfrute sin culpa, creo que ambos lo merecen, sean felices”.

    Estaba en presencia de un hombre íntegro y generoso que, aun con dolor, busca la felicidad del ser amado. Poco tiempo más vivió este caballero y, cuando se agravó, en un acuerdo tácito con Eugenia suspendimos toda intimidad pues ambos sabíamos que, en lugar de disfrutar, nos íbamos a sentir mal.

    Hoy, a dos años y meses de haber dejado la casa paterna debo ser agradecido con lo que me tenía reservado el destino, estoy a día con mis estudios, vivo cómodamente en la casa de Eugenia por pedido de ella al fallecer su esposo, tengo el afecto sincero de tres mujeres y mi hermano y, con las damas, cada una en su particularidad, vivimos intensos momentos de placer.

    Por otro lado Irene anunció su reciente embarazo, alegrando así a toda la familia y los que más demuestran ese júbilo son madre, padre y tío. La encinta tiene una leve duda sobre el rol propio de tío y padre respecto de la criatura en gestación, pero nada que sea motivo de preocupación para los involucrados. Todos siguen felices.