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  • Mi empleada vuelve cada noche

    Mi empleada vuelve cada noche

    En mi relato anterior pude contar sobre mi primera aventura con Junis, que era mi apoyo en el hogar como empleada doméstica, ella tenía en ese momento 25 años, de cuerpo pequeño, delgada, unas tetas pequeñas pero uniformes y un culo bien parado y firme.

    Pasamos múltiples noches en las que esperábamos que mis hijas se quedaran dormidas para que ella se pasara a mi cuarto, llegaba cubierta de una sábana lista para disfrutar, no esperaba a cruzar palabras tomada mi verga con sus manos y me mostraba la habilidad que tenía con su boca, me pasaban corriente con cada chupada, era una artista con la boca, después se acostaba con las piernas muy abiertas y su raja húmeda, mi boca y mi lengua se deleitaban dándole placer mientras con mis dedos frotaba por dentro su punto G.

    Se venía con gritos fuertes, con el primer orgasmo me pedía que se la metiera hasta el fondo, me ponía más acelerado y empezaba a bombear esa deliciosa concha hasta terminar dentro de ella. Empecé a descubrir a una mujer muy caliente que tomaba más confianza y me dejaba descubrir esa boca sucia con sus palabras que me ponían a mil.

    -Métemela fuerte.

    -Hasta el fondo papi.

    -Quiero tu leche.

    -Párteme esa cuca.

    Se montaba y se meneaba como una autentica batidora, era una experta en la cama, al terminar se quedaba acostada al lado mientras me acariciaba el pene, así dormía un rato y volvía a su cuarto, parece una fantasía, pero todo ocurrió realmente y de forma mágica.

  • Mi casi hijo me da su amor en cama

    Mi casi hijo me da su amor en cama

    Hola soy Flor, tengo 38 años, cabello café, mi cuerpo ya tiene algunas arrugas, pero aún mantiene su figura, con tetas grandes y culo robusto, además de piernas fuertes y anchas.

    Por cuestiones de trabajo me tuve que mudar a la ciudad y por lo mismo tuve que buscar un alojamiento, encontré un departamento a buen precio y solo era la condición de compartir con alguien más, creí que sería alguien de mi edad o parecido sin embargo al momento de instalarme recibí la ayuda de un joven el cual más tarde descubrí que era un compañero de departamento.

    Apenas había cumplido 18 y se había mudado por temas de estudio, su madre igual se sorprendió al verme sin embargo con el tiempo nos conocimos y nos hicimos amigas, llevo ya 2 años viviendo con él y parecemos una pequeña familia, a veces yo me encargo de cocinar y él va a la uni o su trabajo que tiene ahora, cuando empezamos a tener una rutina y saber más de la vida del otro tuve la sensación de verlo como un hijo, incluso en ocasiones me pedía el departamento para él unas horas y se lo dejaba mientras seguía en mi trabajo, pero un día las cosa entre los dos cambiaron o mejor dicho se mejoraron.

    Era un viernes tranquilo, me había quedado hasta tarde en el trabajo y cuando regrese al apartamento ya eran cerca de las 11 pm, pensaba irme directo a mi cuarto pero vi que la luz del suyo estaba encendida, me acerque para darle las buenas noches y estaba viendo una película en su TV, entre suave y lo saludé, me saludo e invitó a ver la película, me sentía algo cansada pero no lo suficiente para ir a dormir ya así que acepte y me senté algo nerviosa en su cama.

    Su cuarto era como el de cualquier chico, con algo de desorden pero bastante común, mientras veía su cuarto sentí un pequeño tirón debajo de mi y al ver él jalo la sábana y la abrió para que pudiera recostarme, acepte de nuevo la invitación y me metí en la cama y bajo la sabana con él, no me quite los tacones que llevaba pues no pensaba quedarme mucho tiempo, aún estaba algo nerviosa hasta que recorrió su brazo atrás de mi y me jalo despacito hasta quedar recostada en su hombro.

    En ese momento empecé a pensar que esa era la mayor intimidad que habíamos tenido en todo el tiempo que vivíamos juntos, lo mire y empecé a acariciar su pecho sobre la playera que llevaba y el movió su mano acariciando de mi hombro a mi cintura sobre el vestido azul y pegado que llevaba, lo mire unos segundos y luego el volteo a verme a mi, le lance un beso de una forma bromista, me miró entre sorprendido y curioso, se movió un poco y con una mano en mi rostro me dio un beso en los labios.

    Me petrifique por un momento pero por instinto me moví hacia él y promulgue el beso, el beso fue largo y mientras el metía su lengua en mi boca yo lo acariciaba más y baje mi mano a su entrepierna donde sentí una erección, nos separamos del beso y él bajo hacia mi cuello dando más besos calientes, con ambas manos en mi cintura me terminó de juntar hacia él y me dijo «¿Quieres hacerlo?» Y algo nerviosa le dije que si.

    Subió las manos hasta el cierre de mi vestido el cual bajo y moviendo mis brazos logramos quitar las mangas, mientras el bajaba el vestido yo le quite la sábana de encima viendo que estaba en ropa interior y notando más su erección, le quite la playera y me termine de quitar el vestido dejando ver mi conjunto de ropa sexy blanco, estaba sentada y el hizo lo mismo levantando mi sostén para empezar a chupar mis tetas, lleve mis manos atrás y termine de desabrocharlo y con solo juntar un poco mis piernas pude sentir que ya estaba húmeda.

    Su erección se frotaba más en mi pierna y en un momento de excitación le dije «mi niño te la quiero chupar» se detuvo en mis tetas y me miró un segundo, note que lo había llamado «mi niño» y rápido me sonroje, él sonrió y dijo «si mamita» me puse más nerviosa al ver cómo se puso de pie en la cama y se bajó el bóxer dejando salir su verga caliente, lo mire, luego a su verga y abrí la boca para meterla lo más que podía, él comenzó a gemir y acariciar mi cabeza con su mano.

    Lleve mis manos a sus piernas y acariciando me movía chupando más, movía la lengua lo más que podía mientras mi boca generaba mucha saliva que humedecía de inmediato todo, su verga tenía un sabor rico y fresco, parecía que no llevaba mucho de salir de la ducha, la saqué para tomar un poco de aire y mi mano se puso a masturbarlo, lo mire a los ojos y por mientras comencé a lamer la base y lo que faltaba del tronco, mi saliva era bastante así que a cada segundo veía su larga verga más brillante que antes.

    Se movió un poco poniendo de nuevo la punta en mis labios y empujado suave la regreso dentro de mi boca, volví a moverme está vez más rápido mientras sus gemidos aumentaban, la metí lo más que pude y unos segundos después él empujó mi cabeza y la saco de golpe, ambos nos miramos jadeando y el sonriendo dijo que estaba cerca de acabar, pero quería seguir conmigo, se volvió a sentar frente a mi y me robo un beso, nos besamos más de nuevo y cada beso era bastante duro y rico, sus manos bajaron por mi cintura hasta tocar mis bragas y las bajo despacio para después yo terminar de quitarlas.

    Me acosté del lado para quitar mis bragas mientras él me veía con deseo, le pregunté cómo quería hacerlo y me dijo que así como yo estaba, me sorprendió un poco y acepte, se acostó detrás de mi y se frotó un poco en mis nalgas hasta acomodar su verga entre mis muslos, levanté una pierna y la hice hacia atrás mientras trataba de verlo, él se empezó a frotar por fuera de mi coño y yo solo esperaba el momento donde me empezará a penetrar, estaba algo tensa por como lo haría y él lo noto así que volvió a darme besos en el cuerpo y a tocarme incluso pasado su mano por debajo de mi.

    Estaba más tranquila y con los ojos cerrados cuando de sorpresa sentí un pinchazo en mi entrepierna y con dureza su verga me penetro lo más que pudo, solté un grito de placer y rápido su mano me tapo la boca, aun así siguió mi grito ahogado así como las embestidas de mi hijo, no entraba toda su verga pero lo que si lograba penetrarme golpeaba directo en la parte superior de mi coño, mis gemidos se fueron calmando y con eso él me soltó la boca, todo mi cuerpo se estremecía con sus movimientos y el también gemía en mi oído diciendo que era una madura apretada, el pensar que él ya me consideraba una madura alimentaba mi fantasía pervertida de verlo como mi hijo.

    Sus manos no paraban de recorrer todo mi cuerpo y en especial mis tetas que apretaba con fuerza como si fuera a sacar leche de ellas, sentía su respiración en mi cabello y nuca y con eso el esfuerzo que hacía en cada embestida, puse una de mis manos sobre la suya y la otra tiraba de la sábana, mi mente se estaba perdiendo por ese rico sexo y de sorpresa sentí una de sus manos presionando mi clítoris, rápido desperté de mi trance y cerré las piernas, lo cual en lugar de ayudar me hicieron sentir más apretado mi coño y de pasó atrapar su mano presionando mi clítoris.

    Volví a gritar se placer y tuve unos espasmos, sentí como me llegó el orgasmo de golpe, no sé cuánto tiempo duró pero solo recupere la conciencia cuando ya estaba acabando, sentí todo lo rico del orgasmo y mi cuerpo se relajó, lo mire y el se hizo hacia atrás hasta sacarla, me levanté y vi un charco de jugos en sus sábanas, le pedí disculpas e incluso le dije que yo lo limpiaría, el me vio aun sonriendo y en medio de mis palabras me volvió a besar.

    Fue un beso largo en el cual bajo las manos hasta mis nalgas y me hizo dar un salto hacia él, se dejó caer hacia delante hasta que mi espalda tocó la cama y al verme con una mirada algo Inocente y sexi volvió a meterla hasta el fondo en mi coño, grite de nuevo está vez sin ser interrumpida y levanté unos segundos mi cuerpo, ahora toda su verga entraba en mi y podía sentirla casi en mi útero, se incorporó y tomando mis muslos me embestía con tremenda fuerza, su verga se sentía muy diferente ahora y cada que salía podía admirar la desnudes de esta al no tener condón puesto.

    Mis tetas rebotaban sin control y a veces él las apretaba para controlar un poco, bajo a abrazarme y besar mi cuello, mis manos y piernas aprovecharon y lo abrazaron con mucha fuerza, mientras recibía sus besos tenía tu hombro muy cerca y lo que más de me ocurrió fue lamerlo, se puso más lento pero cada embestida la sacaba casi toda solo para volver a meterla y presionar hasta el fondo, no sabía que hacer, me sentía completamente a su disposición, y de sorpresa sentí un beso en mi hombro seguido de una sexy mordida, volví a gritar de placer y luego él me besó, presione mis manos y creo que llegue a rasguñar su espalda.

    Se levantó de nuevo y con fuerza abrió mis piernas y las volvió a juntar pero delante de él, estaba abrazando mis piernas con un brazo y con la otra mano apretaba mis tetas, lo veía y se me hacía muy erótica la imagen de ver mis pies aun con tacones a los lados de su cabeza y como ambos estábamos llenos de sudor, la habitación estaba muy caliente y mi mente estaba en cualquier lugar menos donde debía, volví a sentir espasmos en mi coño y está vez si le grite que estaba cerca, me miró y saco la lengua lamiendo mis pantorrillas y lo más que podía de mis piernas.

    De nuevo tuve esa sensación orgásmica y durante mi orgasmo lo escuché decir «mami quiero…» Y sin que dijera más lo interrumpí diciendo «si amor, acaba donde quieras!», tengo un DIU puesto así que el que acabará dentro no me haría molestia, me dio más duro y ahora pude ver como su vientre se mojó de mis jugos, cerré los ojos un momento y dando su última embestía dejo su verga palpitar dentro de mi y me lleno lo más que pudo el coño, lo mire feliz y a los segundos termino de correrse, la saco, bajo mis piernas y subió a darme un beso.

    Me dijo «gracias mami» varias veces y yo me reía con lo tierno que se escuchaba, le pedí un pañuelo para limpiar un poco y tras tomarlos él me ayudó a limpiarme, me quitó los zapatos y nos acostamos frente a frente, nos tapó con la sábana y tras unos besos tiernos nos quedamos dormidos, al día siguiente al verlo estaba feliz que todo lo que había pasado fue real, nos despertamos, me di un baño y mientras hacía de desayunar para los 2 él también se dio un baño, estuvimos tranquilos durante el día pero en la noche se metió a mi cuarto y volvimos a hacerlo.

    Así hemos estado desde entonces como un par de amantes, aunque ninguno de los 2 tiene pareja, el siempre dice que soy su madre y yo digo que es mi hijo, cuando viene su madre real me toca dar unas pequeñas mentiras, pero siempre soy sincera en qué mantengo feliz a su hijo, bueno hasta aquí llega mi relato, espero que lo disfruten y me gustaría que me digan si han fantaseado con alguien mayor a ustedes, chao.

  • Mamada en el estacionamiento

    Mamada en el estacionamiento

    Hola a todos. Les contaré las historias que he tenido con mi amada Viyulieth, ella es una rica mujer de 1.67, piel clara, unas tetas deliciosas 38D con pezones claros, concha muy rica y depilada, así como unas ricas piernas con un culo que da ganas de azotar.

    Esto sucedió cuando íbamos en la universidad, en aquel momento éramos amigos y solo habíamos tenido chats cachondos y había visto sus ricas tetas solo en fotos, recuerdo la primera vez que las vi en fotos, se veían increíbles, las más ricas que he visto (para darse una mejor idea son parecidas a las de Lena Paul).

    Durante algunos días habíamos tratado de tener algún encuentro, pero una u otra cosa no se había podido, hasta aquel día que salí de clase y me la encontré en el estacionamiento, parecía que ella ya caminaba rumbo a la salida, le hable y me comento que ya iba rumbo a casa, así que le propuse llevarla ya que vivíamos por el mismo rumbo.

    Subimos a mi coche, ella vestía jeans, y una blusa azul que le marcaba un canal entre las tetas demasiado ricas, me excité de solo verla subir al coche, durante el camino le dije que si haríamos realidad una de las fantasías que le dije que yo tenía, y es que durante nuestras charlas cachondas le dije que me excitaba el exhibicionismo y el mundo swinger, también descubrí que ella era muy cachonda.

    Íbamos en una de las calles mas transitadas de nuestra ciudad cuando la vi, jalando su blusa hacia abajo y dejándola a la altura de sus pezones, se veían la aureola de sus preciosos pezones, fue una escena totalmente excitante, los camiones o autobuses podrían verle casi todas las tetas, y ella solo sonreía, olvide comentar que tiene una cara de niña buena, así que eso le daba un toque mas excitante, el saber que cualquiera podría verle casi las tetas completas.

    Ya no aguantaba más, así que me desvíe hacia un estacionamiento de una plaza comercial, el cual es de varios pisos y muy oscuro, y no habría mucha gente ya que aún era temprano.

    Entre en el estacionamiento y subí al tercer piso, y me estacione en uno de los lugares mas alejados, en ese momento de solo apagar el coche, gire y ella ya tenía sus tetas completamente fuera, se veían preciosas, grandes con esos pezones muy ricos, me acerque a ella y nos besamos, sus besos eran ricos los más ricos que había probado, mientras mis manos iban a sus tetas, la textura era increíble, la piel suave, sus pezones estaban duros, solo rozaba sus pezones con mis dedos y sentía como cambiaba su respiración, ella llevo su mano a mi verga y la tocaba sobre el pantalón, yo estaba muy excitado, cuando sentí que empezaba abrir mi pantalón, con una maestría increíble saco mi verga del pantalón y me comenzó a pajear poco a poco.

    En un momento se separó del beso, me vio a los ojos y después miro mi verga y se agacho, en ese momento sentí su respiración en la punta de mi verga, y después sentí su lengua pasando por la cabeza, era una sensación increíble, lo hacía muy rico, luego la paso por toda mi verga casi desde mis huevos así subió hasta la punta y en ese momento se la metió completa, lo hacía increíble, de una manera que me dejaba sin aliento, se la metía toda y sentía sus labios en mis huevos, en un momento se separó de mi verga y me pregunto.

    -Te gusta como lo hago papi?

    Debo decir que soy muy morboso y durante su mamada en mi mente daba de vueltas una pregunta, cuántas vergas habría chupado para hacerlo de esta manera tan rica.

    Así que, con la excitación y la adrenalina del momento, le respondí.

    -Lo haces muy bien como toda una puta, seguramente te has comido varias ¿Cuantas han sido putita?

    Se la volvió a meter a su boca, y aumento la velocidad de su mamada llevando me al borde del orgasmo para separarse y contestarme.

    -Han sido 17 o 27, no lo recuerdo bien, perdí la cuenta.

    Eso hizo que mi excitación llegara al máximo y con mi mano empuje su nuca, aunque casi no hizo falta porque ella se la metió toda, haciendo la mamada más rápido y finalmente mi verga exploto dentro de su boca, salieron 3 chorros y se tragó los primeros 2, y con el ultimo se levantó y abrió su boca, vi mi corrida en ella y mirándome fijamente cerro su boca y trago para después volver abrirla y mostrarme que no quedaba nada.

    Se guardo las tetas y me dijo, “ya me llevas a casa”. Así que me guarde la verga y salimos del estacionamiento. Pronto compartiré otras aventuras que tuvimos.

  • Sofía mi aqua puta (parte 2)

    Sofía mi aqua puta (parte 2)

    Cuando localicé las llaves y regresé, ambas estaban sentadas en el borde de la piscina.

    Los pechos de Sofía estaban a la vista. Pero mi tía actuaba como si no fuera gran cosa.

    Cuando regresé me di cuenta que no habían perdido el tiempo, Marie ya tenía puestas las esposas en los tobillos con los pies colgando en el agua. La cuerda al fondo de la piscina todavía estaba atada a ellos.

    Me di cuenta de que habían estado hablando entre ellas. Porque al oírme llegar, se volvieron hacia mí y mi tía gritó: “Diego, lamento lo del otro día

    ¿Puedo compensarte? ¿Puedo contener un poco la respiración?

    ¿Puedo ganar un poco más de dinero? Me dejaste prácticamente sin nada durante las próximas dos semanas”.

    Sofía se sorprendió y a modo de reclamo dijo: «Diego, ¿es eso cierto?»

    Intenté ignorar a ambas mientras retiraba las esposas que le sujetaban las muñecas a la espalda a Sofía.

    Mis ojos seguían sintiéndose atraídos por sus montículos desnudos. Así que, sin pensarlo, arrojé las esposas a la piscina.

    Aunque no tengo porque hacerlo, sólo te diré al respecto: “No tienes idea de la cantidad tan obscena con que se ha endeudado mi tía. Si le pago algo ahora, es probable que salga corriendo y lo arriesgue todo hasta que deba aún más”.

    Mi tía obvio intentó defenderse. “¡No, no lo haré, Diego! ¡Lo digo en serio!

    ¡Realmente aprecio lo que hiciste!

    Déjame intentar ganar un poco más, ¿vale? Y lo prometo; ¡No jugaré ni una sola vez mientras intento pagarle! ¡Diego por favor!»

    Sofía me miró y justo cuando iba a comenzar a decir algo, instintivamente levanté una mano para silenciarla.

    Sabía que si ambas se confabulaban en contra de mí, perdería el control de la situación. Además, considerando la deuda y el problema de juego de mi tía, no había garantía de que el dinero que le diera a esta, llegara a manos del acreedor de juegos, a no ser que yo me cerciorara.

    Marie levantó las piernas, mostrando las esposas de los tobillos y la cuerda atada. -“¿Ves, Diego? Tu chica dice que te gusta verla atada. ¿Me pagarías un poco más esta noche si uso estas tobilleras?”

    «Marie, no sé si debería, no con Sofía aquí”

    -”Jajaja”- comenzó a reír Sofía “Si ella casi me ahoga, ¿Ahora te preocupa que yo esté aquí?”

    -“Jajaja al menos dame la oportunidad de desquitarme”- añadió Sofía.

    “¡Diego, por favor! ¡Te lo ruego!» Replicó mi tía.

    “Tía, si voy a pagarte algo, tendrás que hacer que valga la pena. Eso significa que tendrás que contener la respiración durante más de cuatro minutos.”

    Sofía interrumpió: -“Te ayudaré a llegar a los cuatro minutos, Marie”.

    Agarra la cuerda y tírala hacia abajo, Diego.

    Endurecí mi mirada ya que quería mantenerme firme sin sonar enojado o causar un problema y expresé. “Sofía, esto realmente es entre mi tía y yo”.

    -«Está bien. No me importa compartir esta noche. Vamos, Marie. Hagamos que valga la pena”.- replicó Sofía.

    Antes de que pudiera decir otra palabra, ambas se deslizaron desde el borde de la piscina al agua.

    Suspiré profundamente mientras recuperaba mi máscara de buceo.

    Aparentemente, iban a hacer esto de todos modos, sin importar lo que yo dijera o hiciera.

    Nadaron hasta el centro de la parte más profunda, directamente encima de la bola rusa. Me deslicé en el agua por la escalera y agarré el extremo de la cuerda.

    Fue entonces cuando Marie gritó: “¡Cuando estés listo, Diego!

    ¡Puedo aguantar los cuatro minutos!

    Ciertamente mi tía estaba entusiasmada con todo el asunto.

    Sofía no ayudó en nada cuando gritó:

    “¡Vamos, Diego! ¡Baja a tu tía y haz que contenga la respiración!”

    Por un momento, pensé en jalarla sin darle ninguna advertencia, pero resistí el impulso.

    En lugar de eso, les di una cuenta regresiva desde tres.

    Después de gritar «uno», tiré de la cuerda. Las escuché jadear por aire. Marie se hundió primero y Sofía se sumergió un momento después.

    Comprobé la hora mientras unas cuantas burbujas marcaban el lugar donde había metido a Marie. Sofia nadó tras ella. Me asomé hacia abajo y observé cómo bajaba a mi tía, hasta que sus pies tocaron el mango de la bola rusa.

    Marie no tuvo problemas para permanecer abajo, ya que ahora estaba atada al fondo, pero Sofía no se encontraba en una situación similar, se estaba esforzando para mantenerse en el fondo. Finalmente, se agarró al cuerpo de mi tía, para evitar flotar hacia arriba.

    Mi tía le sonrió mientras la abrazaba, después vi como se besaban de nuevo. A ambas realmente parecía gustarles interactuar la una con la otra, cosa que no le hizo ningún favor a mi polla, la cual estaba seguro de que se notaba a través de mi bañador blanco.

    La verdad no estaban demasiado activas, aparte de besarse y tocarse un poco, sus movimientos eran lentos para no quedarse sin aliento. Durante un rato me olvidé de prestar atención a mi reloj.

    Mi tía Marie se estaba volviendo bastante buena aguantando la respiración. Cuando revisé la hora, ya llevaba dos minutos sumergida y ella estaba haciendo que pareciera fácil.

    Después de un rato, Sofía se colocó por un lado de Marie, de modo que pudieran besarse y acariciarse. Pero el plan de Sofía incluía otra intención, vi a mi chica acercarse y pasar su mano por los senos apenas cubiertos de mi tía.

    Marie respondió acercándole y acariciando los senos desnudos de mi novia.

    Vi burbujas ocasionales salir de la boca y la nariz de . Pero mi tía no liberó tantos. Tuve la impresión de que estaba teniendo cuidado de no perder demasiado el aliento.

    Era obvio que había estado trabajando para mejorar sus tiempos para poder conseguir que le pagara más. Me sorprendió llegando a los tres minutos con relativa facilidad. Cuando Marie se propone algo, muy pocas cosas pueden interponerse en su camino.

    Sin embargo, me di cuenta de que Sofía estaba empezando a tener dificultades. Entonces Marie la acercó y se besaron de nuevo, casi como si fueran amantes perdidos hacía mucho tiempo.

    Vi burbujas salir de entre sus labios. Mi chica claramente estaba luchando, aunque ciertamente había superado la marca de los tres minutos. Marie la abrazó y Sofía le devolvió el abrazo. Pero su cuerpo estaba empezando a agitarse en una agonía sin aliento.

    Sofía de repente se soltó y salió disparada a la superficie. Me acerqué a ella para anotar la hora. Mi reloj marcaba las 3:42.

    Ella estalló jadeando ruidosamente para recuperar el aliento.

    Fue entonces cuando gritó ansiosamente: “¡Súbela, Diego!

    ¡No dejes que tu Tía Marie, se ahogue allí!

    Miré hacia abajo para ver cómo estaba mi tía, pero ella estaba muy bien, contrario a lo que Sofía creía, Marie sonrió y saludó mientras hacía un pequeño y seductor movimiento contra su correa. Saqué la cabeza del agua y le respondí: «Ella está bien, Sofía».

    «¿Ella está bien?»

    Sofía miró hacia abajo con asombro. Llenó sus pulmones y se sumergió para regresar con Marie.

    Cuando llegó allí, mi tía la tomó y la acercó, para besarse y continuar durante unos segundos más, más burbujas escaparon mientras se besaba.

    Mi tía finalmente empujó hacia atrás a Sofía y le indicó con el pulgar que quería levantarse. Esta se volvió hacia mí y comprobó si estaba mirando.

    Para entonces, ya estaba dejando que la atadura de Marie se aflojara.

    Mi tía sintió que la tensión cedía en la cuerda de sus pies, impulsándose hacia arriba con los brazos mientras Sofía la seguía.

    Marie estalló en la superficie alrededor de los 4:27.

    Ambas flotaban en el agua de lo profundo, mientras recuperaban el aliento.

    Mi chica quedó impresionada y jadeó en voz alta: “Guau, Marie; ¡Eso fue largo! ¡Ni siquiera yo podría quedarme abajo tanto tiempo!

    “jajaja Lo harás con la práctica”, le dijo Marie alentadoramente. Luego gritó: “¿Me pagas si la ayudo, Diego?”

    “Te pagan por pasar de cuatro, Marie. A ti Sofía, te pagan por pasar de tres”.

    “¡Eso está genial, Diego! ¿Pero qué obtengo si supero los cuatro minutos como aquí la tía?”

    «Ganas más, por supuesto».

    “¿Y cuánto me pagas si paso de cinco, Diego?” preguntó Marie

    «Te pagaré más, tía».- respondí

    «¿Y Cuánto me pagas si…?»

    «¡¡¿¿Marie??!!» Interrumpí

    “Supongo que tendremos que besarnos y manosearnos más bajo el agua Marie, así tendrá que pagarnos más” dijo Sofía

    Marie sonrió y respondió: «Me parece bien, Sofía».

    Luego gritó: «¡Cuenta atrás, Diego!».

    Conté desde tres y tiré de mi tía hacia abajo. Sofía inhaló hondo antes de seguirla.

    Comenzaron a besarse en el momento en que mi tía tocó fondo y Sofía la alcanzó. De verdad se pusieron muy manos a la obra, tocándose por todos lados.

    Sofía se aferró al cuerpo de mi tía para no flotar hacia arriba. Estaba abrazada con sus piernas a la cadera de Marie y sujetada a sus hombros.

    Ambas volvieron a besarse profundamente, me sorprendía lo fácil que mi tía se besaba así con ella.

    Me hizo preguntarme si había algo en su pasado sobre otras mujeres que ella no me había revelado o si se conocían de antes y sólo fingían.

    Mi polla se negó a ablandarse mientras las miraba en el fondo de la piscina. Pero no quería que supieran lo excitado que estaba. Después de todo, se suponía que esta noche sería estrictamente entre Sofía y yo.

    La intrusión de Marie estaba complicando aún más las cosas.

    Vi como mi tía besaba y lamía los pezones expuestos de Sofía. Mi chica burbujeó, señal de que realmente lo estuviera disfrutando.

    Ambas pasaron dos minutos con muy poco esfuerzo. Luego siguieron tocándose, frotándose y desde luego, besándose. Casi para llegar a tres minutos, ambas apretaron los labios.

    Vi como pasaban tres minutos. Marie actuaba como si pudiera seguir así durante horas. Sofía parecía estar mejorando sus riempos, aunque no pasó mucho tiempo antes de que comenzara a mostrar signos de fatiga pulmonar.

    Ella hizo un gesto de que quería subir, pero era temprano para ella. Marie negó con la cabeza y le hizo un gesto… «Mira lo que hago».

    Para mi total sorpresa, Marie comenzó a acariciar sus senos con una mano mientras se frotaba la entrepierna con la otra. Al verla, Sofía comenzó a hacer lo mismo.

    Ambas me miraron directamente, Marie soltó un par de burbujas en la nariz mientras Sofía arrojaba burbujas por sus labios…

    No – no – no – Dios ¡NO!

    Mi polla se puso tan dura que se asomó por mi bañador. Quería tomarla y jalármela hasta venirme, pero me contenía.

    Marie seguía sonriéndome mientras se frotaba, giró hacia Sofía, vio que ella estaba haciendo lo mismo y asintió mientras le hablaba.

    Los pulmones de Sofía parecieron agitarse en su pecho, incluso pude ver su barriga ondear un poco, antes de tomar impulso hacia la superficie.

    Miré mi reloj cuando ella finalmente tomó aire, estallando un par de segundos más allá de la marca de cuatro minutos.

    Cuando levanté la cabeza, ella gritó: «¿Cuánto duré, Diego?»

    “Poco más de cuatro minutos, Sofía. Supongo que tendré que pagarte un poco más”.

    “¡Tu tía Marie es divertida! También le vas a pagar más ¿de acuerdo?»

    Miré hacia abajo y vi a mi tía sonriéndome mientras se frotaba la entrepierna. Esto realmente se estaba yendo de las manos. Por un momento pensé que me iba a correr en mis bañadores.

    “Ella sí que puede contener la respiración; ¿Eh, Diego? – decía Sofía jadeando mientras recuperaba el aliento. Inhaló profundamente y volvió a bajar.

    Llegó hasta Marie y las dos empezaron a besarse de nuevo. Al menos mi tía ya no se frotaba más.

    Marie me miró y levantó todos los dedos de su mano. ¿Estaba preguntando si ya habían pasado cinco minutos?

    Miré mi reloj antes de negar con la cabeza. Y entonces volvió a besar a Sofía tomándola del cuello. Esta vez, la rodilla de mi tía se hundió en la entrepierna de Sofía, esta parecía montarla como si estuviera completamente excitada.

    Hasta mi visor se estaba empañando del calor que estaba experimentando y aunque no quería perderme detalle alguno, seguí obligándome a mirar mi reloj para realizar un seguimiento del tiempo.

    Finalmente levanté la mano y abrí los dedos… «Cinco minutos».

    Marie asintió y señaló que quería levantarse, le solté la cuerda antes de sacar mi cabeza del agua, trataba de calmar los latidos de mi corazón junto con la rigidez de mi erección.

    Ambas emergieron al mismo tiempo y tomadas de la mano a la superficie, flotando en el agua en la parte más profunda.

    Grité entonces: “Es suficiente por una noche, tía; ¿No crees? Después de todo, solo quería un tiempo a solas con Sofía.

    «¡Ay Diego!»

    “¡Tía, ya has tenido un par de contenciones respiratorias esta noche! Deberías estar feliz por eso”.

    “¡Pero quiero hacer más, Diego! Quiero ganar más dinero”.

    «No lo sé, Marie.»

    Miré a mi chica, implorándole con la mirada, que me ayudara a zafarnos y regresar al plan original; antes de agregar: «Sofía y yo queremos estar a solas un rato».

    Pero fui ignorado, ellas comenzaron a hablar en voz tan baja que no pude entender lo que decían. Me preguntaba si mi chica, estaba tratando de explicarle lo que ambos queríamos, sin entrar en tantos detalles.

    De repente mi tía gritó:

    -“¿Qué hay de las esposas, Diego?

    ¿Me pagarás más si usamos las esposas?

    ¿Puedo usar las esposas antes de que terminemos la noche?”-

    -«Marie, no sé si deberías». – repliqué

    Desde hacía buen rato las esposas, yacían al fondo de la piscina.

    “Ella estará bien, Diego, seguro puede manejarlo, si yo puedo hacerlo, ella puede hacerlo”.

    -“No lo sé Sofía…”-

    Volvieron a hablar en voz baja.

    Sentí como si estuvieran conspirando contra mí, mi polla estaba semidura y me encontraba imaginando todo tipo de cosas que probablemente no debería haber ni imaginado.

    Sofía, finalmente dejó a Marie flotando sola, mientras nadaba en mi dirección. Tomó aire y se deslizó hacia abajo, hundí mi cara de nueva cuenta y vi como ella se lanzaba hacia el fondo rápidamente a recoger las esposas que yacían al fondo de la piscina, para girarse luego en dirección a mi tía.

    Dios mío; eso era todo lo que necesitaba: ver a mi tía cuarentona atada de pies y manos mientras contenía la respiración. Ahora estaba seguro de que iba a disparar una carga en mis speedos.

    Mi chica salió a la superficie y nadó hacia mi tía. Levantando y agitando las esposas en su mano. «Tengo las esposas, Marie».

    Grité nerviosamente: «Sofía, realmente no creo…»

    “A ver papacito, te gusta ver a tu tía contener la respiración ¿correcto?

    Te encanta verme sometida y sin poder moverme mientras aguanto el mío. ¿no es así? Luego entonces, esto debería funcionar muy bien para todos, así que relájate y disfruta”.

    “Sofía, mi tía aún no se ha probado las esposas en las muñecas. No quiero…”

    “¡Puedo hacerlo, Diego!

    ¡Pónmelas, Sofía!”

    -«Marie, no creo que…»- interrumpí

    “Me pagarás por cinco minutos de bondage y besos conteniendo la respiración; ¿No es así, Diego?

    -«tía, no considero…»-

    -Le pagarás bien; ¿No es así, Diego?- interrumpió Sofía.

    “Sofía, creo que deberías mantenerte al margen…”

    Sofía me miró fijamente y ordenó

    -«Cuenta atrás, Diego».-

    «Estoy teniendo dudas sobre esto, Marie» añadí

    Con voz más fuerte Sofía exclamó «Tres, dos, uno…»

    Miré con enfado a Sofía, por ser ella misma quien iniciara la cuenta regresiva donde ambas inhalaron. Instintivamente miré el reloj antes de tirar Yo de la cuerda.

    Marie fue sumergida, sujetada por los tobillos y las muñecas aseguradas a la espalda, estaba a merced de lo que Sofía y yo quisiéramos hacer con ella. Pero mi amiga todavía estaba en la superficie, me miró y me dio esa sonrisa peligrosa al tiempo que me decía: «Será mejor que pagues muy bien por esto cabrón, tú tía es una puta y yo no me quedo atrás».

    Sofía se sumergió.

    Marie tocó fondo con los pies sobre el mango de la bola rusa. Sofía nadó hasta ella. Mientras yo me aseguraba de que mi máscara de buceo estuviera bien colocada a mi cara para poder meter la cabeza en el agua y ver todo cuanto sucedía.

    Mi polla ya estaba dura por la anticipación.

    Sofía volvió a ponerse manos a la obra, pero esta vez mi tía no pudo responder, ella simplemente se resignó a aceptar lo que fuera que le iba a hacer mi amiga.

    En la marca de treinta segundos, Sofía lentamente soltó los hilos de la parte superior del bikini de mi tía, al soltarse este se alejó, solo al vaivén del agua.

    Fue entonces cuando Sofía comenzó a lamer y a chupar los pezones de Marie. ¡No lo podía creer! pero mi polla ciertamente podía hacerlo y había reaccionado, estaba duro como una roca otra vez, tensando mis speedos.

    Sofía estaba sobre las tetas de mi tía, besándolas, chupando y acariciando. Pasó entonces a besar a mi tía en los labios a lo cual Marie no se resistió en lo más mínimo, por el contrario respondió al beso, ofreciendo su lengua.

    La temperatura estaba subiendo de nivel y eso ya de por sí, era malo.

    Alrededor del minuto 2:15, Sofía comenzó a deslizar una de sus manos por el cuerpo de mi tía, un momento después estaba frotando la entrepierna de Marie.

    Me sorprendió más allá de lo creíble.

    Esto era algo que nunca había anticipado ni en mis sueños más locos. Y parecía como si éstas dos se conocieran de antes.

    Claro, mi tía se había frotado para mí el otro día, pero nunca esperé que ella permitiera que mi amiga la tocara de una manera tan íntima. Me quedó claro que la excitación iba en aumento y que la situación, podría salirse fácilmente de control

    Marie se apoyó contra la mano de Sofía, quien con destreza la frotaba y con lujuria la miraba, cuando el tiempo se acercaba a los tres minutos.

    Sofía soltó los hilos del diminuto bikini de mi tía, que poco a poco se fueron apartando, para quedar completamente desnuda a merced de Sofía.

    Hasta podría jurar que Sofía estaba introduciendo lentamente sus dedos en la raja de mi tía, no podía estar seguro, pero al menos de lejos y por los gestos de Marie, eso era lo que parecía.

    Pero entonces Marie gimió, encogiendo el cuerpo y dejando salir un poco de burbujas como señal de que eso era exactamente lo que estaba pasando, Sofía estaba dedeando a mi tía, al mismo tiempo que soltaba los nudos de su bikini, para quedar desnuda por completo.

    Lo que sucedió a continuación, casi me hace estallar, Sofía se deslizó hacia arriba para tomar a mi tía por el cabello, colocó sus muslos por encima de los hombros de ésta y sin soltarle la cabeza, comienzo a restregarle la concha en su boca,

    Podía ver cómo Sofía le restregaba la entrepierna a mi tía, mientras esta se contorsionaba y se retorcía, soltando burbujas por la nariz. Estaba muy excitada y Yo no era la excepción.

    Sofía solo soltaba burbujas mientras usaba la boca de Marie, sin embargo tras la marca de los tres minutos los pulmones de esta se agitaron notablemente y mi novia salió finalmente disparada hacia arriba, dejando a Marie atada al suelo de la piscina.

    Si Marie hubiese tenido las manos libres, no creo que hubiese soltado tan fácil a Sofía.

    Me moví hacia la parte más profunda con ella y mi cabeza emergió a la superficie. Noté su tiempo cuando su cabeza salió del agua 3:25

    Ella jadeó en voz alta antes de decirme:

    -“Avísame cuando hayan pasado cinco minutos, Diego.”- Al tiempo que nadaba a una orilla donde estaba su bolsa, sacando de esta un consolador.

    -”No dejes salir a tu tía hasta que yo te dé la señal; ¿OK?»-

    -“Sofía no lo sé…”-

    -“¡Solo hazlo, Diego! La puta de Marie quiere jugar bajo el agua y eso vamos a hacer. ¡Voy a llevarla al límite y tú vas a pagar por ello! –

    Con el consolador en la mano, tomó aire, llenó sus pulmones y se sumergió.

    Nadó hasta mi tía para abrazarse de nueva cuenta a ella y besarla, después de unos segundos, vi que Sofía se retiraba y movía un dedo, indicando ¡No!

    Supongo que después de casi cuatro minutos mi tía había tratado de succionar aire de los pulmones de Sofía y está se habría negado.

    Mi chica comenzó a magrearle las tetas a Marie, momentos antes de ponerse a chupar un pezón y que su mano volviera a bajar a la entrepierna de Marie, rozándola con el consolador.

    Sofía manoseaba a su antojo a su víctima mientras la besaba profundamente.

    Marie se retorcía y disfrutaba mientras perdía algunas burbujas más. Por lo general, ella era bastante buena manteniendo la compostura, pero esta vez no tenía muchas opciones, no cuando era sometida a aguantar la respiración, atada por las muñecas y los tobillos mientras la manoseaban erótica y sexualmente.

    Sofía empezó a frotar a mi tía mucho más rápido. Podía ver cómo le hundía la lengua en la garganta, sus labios sólo se separaron cuando mi novia giró su cuello y con mirada lasciva y desafiante me miró fijamente para preguntar por el tiempo.

    Miré mi reloj y vi que Marie estaba a nada de llegar a los 5 minutos, finalmente levanté la mano con todos los dedos abiertos. -Cinco- señalé

    Fue entonces cuando Sofía realmente se dio gusto con Marie.

    Mi novia encendió el consolador y se lo introdujo a Marie hasta el fondo de su vagina, eso supongo por la reacción instantánea de mi tía al arquear su cuello y espalda hacia atrás, dejando escapar algunas burbujas.

    Mi tía comenzaba a frotarse, ella misma, contra la mano de Sofía aunque se escuchaba el sonido del vibrador, claramente pude escuchar un grito burbujeante y ver una erupción de burbujas.

    Sofía había hecho venir a mi tía, tres metros y medio bajo el agua.

    No pude contenerme más y mi polla se disparó en mi bañador.

    Sofía finalmente hizo un gesto hacia arriba, pero estaba tan absorto mirando a mi tía contorsionarse y tratando de contener su respiración, después del orgasmo, que no registré la orden.

    Sofía volvió a insistir, jalando la cuerda y haciendo el gesto del cuello con más fuerza, finalmente recuperé el sentido el tiempo suficiente para darle un poco de holgura a Marie.

    Sofía la ayudó a subir a la superficie donde ambas jadearon ruidosamente para respirar.

    -¡Estás en la lela! exclamó Sofía

    Marie en cambio gritó: «Wow eso fue delicioso Sofía”

    “¿Cómo me fue, Diego?»

    Revisé la hora. «5:23, Marie».

    «Esa fue una buena; ¿Correcto?”

    ¿Me pagarás bien por eso?

    Especialmente con toda la manoseada, casi cogida que me dio tu amiga, mientras ambos me sometían bajo el agua. ¿eh?

    «Supongo que sí, Marie».

    ¿Qué más podría hacer?

    Yo estaba satisfecho, me había corrido al presenciar un espectáculo tan erótico. Además, mi tía la cuarentona, había pasado de cinco minutos y eso era muy bueno para futuras sesiones.

    Pensando estaba cuando las noté hablando en voz baja nuevamente.

    La última vez que habían hecho eso, había resultado en una sesión de contención de la respiración salvaje y loca. Sofía seguía con el consolador en la mano, después de haber abusado de mi tía.

    Aunque me habían hecho venir ante tal escena y por supuesto tenía ganas de más, no estaba muy seguro de querer llevar las cosas más lejos. Además, la idea era venirme en compañía y cuerpo de Sofía, no a la distancia, no me mal interpreten, realmente lo estaba disfrutando, a pesar de las dudas.

    En un momento, me pareció escuchar a Marie decir:

    «Harás que me lleve hasta seis, ¿verdad?»

    “Si serás zorra, ¿Estás segura, María?” preguntó Sofía

    -“Bueno, llévame tú”- respondió Marie y añadió -“Quiero que me paguen aún más Sofía y también quiero disfrutar, me excita mucho la idea de casi ahogarme y venirme al mismo tiempo.

    “Estoy segura de que le va a gustar, además tú también lo vas a disfrutar, si eres igual o más puta que Yo, especialmente bajo el agua.”

    «Está bien Marie, vamos a hacerlo, son tus pulmones». Respondió Sofía.

    Las miré alarmado mientras me preguntaba…

    ‘¿Vamos a hacerlo?’

    ¿Qué pulmones?

    Tuve un mal presentimiento cuando les dije:

    “No, gracias señoras. Creo que ese fue el último…”

    «Sólo uno más Diego, anda es el último».

    «No tía. Ya fue suficiente…»

    Mi novia la tranquilizó diciéndole:

    “Yo me encargo, Marie ¿Puedes flotar tu sola en la superficie un rato?”

    «Sin problema, cariño».

    “No quiero que te vayas a ahogar, al menos no antes de tiempo”. Sofía, solo rió maliciosamente mientras nadaba en mi dirección

    Mi tía respondió: “eso quisieras puta, verme tragar agua ¿Verdad?, seguro el caliente de mi sobrino ya te ahogó y por eso lo mencionas, reconozco a una puta acuática cuando la veo”.

    Grité: «¡Eeyyy eso qué!»

    Al acercarse Sofía, exclamé: “Oye Yo creo que ya le paramos…”

    No hubo respuesta, mientras Sofía nadaba hasta donde me encontraba, se acercó a mí, abrió su mano a modo de pedimento y con el consolador en la otra mano dijo:

    “Dame la cuerda Diego, está vez te toca disfrutar y presenciar.”

    Sin objeción alguna, le entregué la cuerda. Para ese momento flotaba ya junto con Marie y Sofía en la misma zona de la piscina.

    Noté un brillo malicioso en sus ojos cuando me dijo:

    «Revisa la hora en tu reloj y cuenta hacia atrás, Diego».

    “Sofia, no creo que…”

    Esta se abalanzó sobre mí, me tomó del cabello con fuerza y mordiéndome ligeramente un labio me dijo: -“Escúchame bien cabrón, tus dos putas de agua estamos muy calientes y vamos a mantener la respiración para ti”.

    “Este es mío, Diego.

    Marie lo quiere, Yo lo quiero”.

    “Eso así se manda” celebró Marie a Sofía

    -«Pero no estoy seguro de…»- interrumpí

    Sofía respondió: -“Si cooperas, terminando todo esto te llevaré a tu habitación para abrirme de piernas y puedas cogerme como a toda una puta”.

    Ya no tuve más que decir.

    De repente se giró y gritó: “¿Marie?

    ¡Prepárate en tres… dos… uno!”

    Mi tía respiró profundamente, Sofía tiró de la cuerda y Marie fue arrastrada hasta el fondo de la piscina.

    «¡Tiempo!» exigió Sofía en voz alta.

    Miré mi reloj antes de salir de mi trance:

    «Okey okey, Ya lo tengo.».

    «Bien, mi turno.» respiró hondo y se sumergió.

    Para mi completa y absoluta sorpresa, Sofía bajó mi bañador hasta la altura de mis rodilla liberando mi polla semidura.

    Casi de inmediato, comenzó a besarlo y a lamerlo. Ella tomó mis pelotas y empezó a acariciarlas y lamerme el pene hasta que, abrazándose a mi pierna, tiró de mí hacia abajo.

    Jadeé para respirar antes de sumergirme. Fue entonces cuando Sofía me llevó a su boca.

    Estábamos a poco más de medio metro sumergidos, cuando miré hacia la parte más profunda, vi a mi tía sonriendo y mirándonos todo el tiempo, balanceándose mientras estaba desnuda, sometida e impotente, esposada de pies y manos, atada a la pelota rusa en el fondo de la piscina.

    Mi polla se puso rígida en la boca de Sofía, a pesar de haber estallado hacía un par de minutos.

    Además, ver a Marie atada y desnuda conteniendo la respiración, era increíblemente erótico.

    Sofía ya se había introducido el consolador y comenzaba a masturbarse, momentos antes había notado el sonido en el agua cuando lo encendió, su excitación iba en aumento y al mismo tiempo, incrementaba la intensidad de la mamada.

    Darme cuenta que Marie observaba como mi novia me la chupaba bajo el agua me puso a 100, increíblemente duro.

    No creí poder durar mucho, pero nada podía hacer, Sofía estaba a cargo de esto.

    ¿Habían conspirado ella y mi tía Marie contra mí una vez más?

    En un momento mi chica me llevó más dentro de su boca, hizo un movimiento, metió sus manos por detrás de mis muslos, jalándome con sus manos hacia abajo y aferrándose a mis glúteos me trago completo.

    Acostado en el fondo de la piscina, Sofía me tragó hasta la base de su garganta. Sólo atiné a gemir y dejar escapar unas burbujas.

    Sofía me sacó de su boca y ambos volteamos a revisar como estaba Marie, esta nos lanzó un beso, indicándonos que estaba bien, entonces Sofía volvió a engullirme hasta la base.

    Casi en seguida, vi como Marie apretaba los muslos, señal de que estaba excitada viendo el espectáculo, así que no pude resistirme; dejé que mi novia se diera gusto conmigo mientras se metía el consolador.

    Aunque como otras veces, me había dado una buena mamada, esta vez, la putita se estaba esmerando, lo hacía de manera más lenta y deliberada. Creo que estaba intentando extender su tiempo bajo el agua y aunque ella no había logrado mamarme durante tres minutos en una sola respiración, creo que ese era su objetivo.

    De vez en cuando miraba mi reloj, estaba tratando de llevar la cuenta del tiempo tanto de Sofía como de mi tía. Pero comprensiblemente, estaba distraído.

    Sofía siguió así unos segundos más, tomándome profundamente hasta que sentí como si hubiera llegado al fondo de su garganta, entonces le vinieron las arcadas y gruñó burbujas.

    Fue increíblemente excitante.

    Su estómago comenzó a contraerse y su pecho a agitarse, miré mi reloj y noté que se acercaban los tres minutos; entonces en medio de la excitación, agarré la parte posterior de su cabeza, la tomé de la barbilla y le follé la boca, animándola a tragarme la verga.

    Después de dos o tres embestidas, finalmente levanté tres dedos para que ella los viera.

    Lentamente se sacó mi polla de la boca, justo antes de que tuviera la oportunidad de correrme en su boca y entonces ambos salimos a la superficie.

    Nos acercamos y jadeamos ruidosamente antes de que ella preguntara:

    “uufff ¿te gustó Dieguito?

    ¿Cómo estuvo esa mamada?

    Finalmente llegué a los tres minutos con tu verga en mi boca, ¿no?

    Sonreí mientras asentía,

    “Sí. ¿Pero qué hay de mi tía? sigue abajo ¿no vas a subirla?

    “Deja que Yo me ocupe de tu tía cuarentona; ¿OK?

    “Aquí tengo la cuerda, sólo asegúrate de avisarme cuando hayan pasado seis minutos, no queremos que se ahogue, al menos no innecesariamente”

    «Pero es que…»

    «Sin peros… entre putas nos entendemos, además quiero hacer sufrir los pulmones de Marie, así como tú has forzado los míos»

    “Te aseguro que lo vas disfrutar”

    Respiró hondo y se sumergió.

    Fue hasta donde estaba mi tía para besarla y entonces le clavó el consolador, casi instantáneamente vi salir un flujo de burbujas de la boca de Marie, la muy puta de Sofía la había tomado desprevenida, casi como la vez anterior.

    Sofía le acomodó el consolador de manera que no pudiera salirse fácilmente de su vagina y mi tía solo tenía que apretar las piernas y ahogarse más rápido, o relajarse y aguantar la respiración. Eso 3 metros y medio bajo el agua.

    La sensación hizo que me pusiera duro, casi de manera instantánea.

    Absorto estaba cuando Sofía volvió a jalarme hacia abajo antes de que sus labios volvieran a rodear mi polla.

    Miré mi reloj antes de volver a mirar hacia el fondo. Después de cuatro minutos, parecía que Marie se retorcía un poco. Soltaba un par de burbujas por la nariz, pero ella parecía estar bien.

    Sofía de vez en cuando miraba para ver qué estaba haciendo mi tía, pero la mayor parte del tiempo se concentraba en mi polla entre sus labios. Parecía que estaba siendo muy sensual. Sofía volvió a tragarme hasta la base, aferrándose a mis glúteos y haciendo que me retorciera en su boca.

    Marie gimió dejando escapar una cantidad importante de burbujas, lo que provocó instintivamente que mi novia y Yo volteáramos a mirarla, al parecer se había excitado con la mamada y obvio el consolador, miré el reloj y este marcaba casi cinco minutos.

    Ella estaba bien… hasta ahora.

    Me preocupaba que no llegara a las seis minutos y en cambio, comenzara a ahogarse antes de llegar a la marca, aunque sabía lo decidida que podía ser sí se lo proponía.

    Sofía acariciaba mis pelotas mientras me tragaba completo, alrededor del minuto 5.15 Sofía volvió a aferrarse a mi trasero para tragarme completo y arquearse, eso la hizo soltar la cuerda un poco, momento en el que Marie comenzaba a retorcerse y con un par de patadas de delfín, trataba de subir por aire.

    Pero Sofía no lo permitió, recogió y tiró de la cuerda para asegurarse de que Marie permaneciera con los pies cerca del mango de la pelota rusa. Ésta comenzaba a esforzarse por mantener y prolongar el aire de sus pulmones, retorciéndose más contra su atadura, sacudió el cuerpo ya con desespero intentando subir, pero era inútil, no iría a ningún lado. Sofía no la iba a dejar subir.

    Faltaban 38 segundos y entonces vi Marie soltar algunas burbujas en uno de los espasmos, por el poco oxígeno con que aún contaba.

    Mi tía estaba luchando, su pecho se agitó y su estómago se comenzó a contraer, mientras soltaba de nuevo burbujas y hacía un esfuerzo por mantener su boca cerrada. Se veía su agonía pero creía que lo lograría.

    Sofía sin soltarme la verga me guiñó un ojo y la engulló por completo, eso me hizo sentir la base de su garganta, por lo que me aferré a su cabeza.

    Ella comenzaba a moverse adelante y atrás sobre mi polla, haciéndome estremecer y excitándome al punto de tomarla del cabello y cogerme su boca ahí debajo. Sofía era una puta bajo el agua, sabía cómo excitarme y ponerme a mil, pensé que había muchas posibilidades de que ella me hiciera venir ahí debajo frente a Marie, mientras esta se ahogaba.

    Si quería mi leche, se la iba a dar, además del pago por aguantar la respiración.

    La boca de Sofía, combinada con las luchas de mi tía, convirtieron el momento, en algo realmente excitante; estaba casi seguro de que me correría en la boca de Sofía de un momento a otro. Estaba ultra super excitado, especialmente por la forma en que Marie luchaba por contener la respiración.

    A pesar de la agonía que mostraba Marie, Sofía parecía no inmutarse. Mi tía comenzaba a ahogarse y esta puta estaba más que motivada a chuparme un poco más agresivamente

    Luego hizo un gesto… “¿Tiempo?”

    Entonces le dejé ver mi reloj, restaban sólo 15 segundos, mi novia entonces me sonrió como si ella supiera algo que Yo desconocía.

    Con sus dedos índice y pulgar en la base de mi pene, volvió a engullirme entero

    Sofía volteó a mirar a Marie, quien se sacudía y arremolinaba en sus ataduras, tratando de contener el aire.

    Tomando mi mano, Sofía le señaló el reloj a Marie, indicando que faltaba poco. Mi tía estaba al borde de su resistencia y podía ahogarse de un momento a otro.

    Mi tía pareció hacer una mueca, comenzaba a batallar, sus pulmones no tardaban en ceder y faltaba poco para completar SEIS minutos, el esfuerzo debe haber sido enorme, su pecho realmente se elevó y perdió un estallido de burbujas. Dios mío, eso estuvo tan caliente.

    Sofía entonces preparó su final, me tragó por completo mientras tomaba mis pelotas con su mano en el momento justo en que comencé a venirme en su boca, al mismo tiempo, Marie, mi tía cuarentona, comenzaba a convulsionarse bajo el agua, completamente desnuda, un estallido de burbujas salió las tres veces que pareció toser, se estaba ahogando y yo me estaba corriendo.

    ¿¿¿Qué demonios???

    Marie se estaba ahogando, pero no quería sacar mi polla, me estaba viniendo riquísimo en la boca de Sofía, sólo atiné a dejar escapar un grito en el éxtasis.

    La escena era casi mitológica; Mientras mi novia succionaba tan fuerte como podía para no dejar escapar mi leche, mi tía se ahogaba entre espasmos y convulsiones.

    Intenté tomar la cuerda de la mano de Sofía y liberar a Marie, pero ella la alejó poniéndola fuera de mi alcance mientras mantenía mi polla en su boca.

    En cambio solo hizo un señalamiento.

    «¿Qué hora es?»

    Estaba en shock, Marie se ahogaba y está puta que tenía mi verga en su boca, estaba preocupaba por el tiempo.

    No dije nada, acerqué mi reloj a la cara de Sofía para que lo viera por ella misma.

    ¡Se está ahogando, pero quieres ver la hora!

    …5:58… 5:59… 6:00… 6:01…

    Entonces lentamente dejó que mi polla saliera de su boca, un poco de leche apareció y entonces soltó la cuerda.

    Nadó en dirección de Marie, mientras yo hacía lo mismo, su cuerpo ya no estaba firme, había tragado agua y su cuerpo comenzaba a acomodarse en el suelo de la piscina.

    Sofía la tomó del cabello para levantarla y jalarla, fue entonces cuando la ayudé a arrastrar a mi tía de regreso a la superficie.

    Levantamos su cuerpo desnudo al costado de la piscina, el impacto debió sacudirla, porque como acto reflejo comenzó a toser escupiendo agua. Cuando Sofía y yo salimos del agua, ella ya estaba tosiendo.

    Nos quedamos con ella hasta que intentó sentarse. Mi novia la sostuvo en sus brazos mientras yo iba a buscar las llaves de las esposas.

    «¿Que demonios fue eso?» Pregunté cuando regresé.

    «¿Hice seis?» Marie jadeó ansiosamente.

    Sofía asintió: “Sí, Marie. Hiciste seis. Me aseguré de que te quedaras abajo hasta que llegaras a las seis”.

    “¿¿Hiciste eso deliberadamente, vieja loca??”

    Me quedé atónito cuando abrí las esposas.

    «¿Me ahogué?» preguntó Marie, todavía tosiendo un poco de agua.

    «Si lo hiciste. Dios mío, Marie; ¡eso fue increíble!”

    La polla de Diego estaba en mi boca y mientras te convulsionabas y tragabas agua, él seguía disparando y disparando su leche en mi boca. Pero no te preocupes. No estuviste inconsciente y debajo mucho tiempo.”

    «Marie ¿en qué diablos estabas pensando?»

    “¿Me pagan más por hacer seis y ahogarme para ti, Diego?”

    «¿¿Qué?? Marie, ¿te refieres a que… hiciste eso por mí?

    “¿Qué te parece, Dieguito? ¿Le pagarás más a tu tía?

    ¿Qué tal si me pagas más por ayudar a planificar este momento especial para contener la respiración?

    Y entonces recordé la promesa, que al calor de la excitación, me había hecho Sofía momentos antes

    “Si cooperas, terminando todo esto te llevaré a tu habitación para abrirme de piernas y puedas cogerme cómo a toda una puta”.

    “Tú me prometiste algo, si cooperaba”. Le dije a Sofía.

    “Si corazón ¿pero crees estar listo después de dos corridas bajo el agua?” – preguntó

    Tomándola de la mano, le respondí

    ¡Averigüémoslo!

  • La vecinita Rosy (parte I): La llegada

    La vecinita Rosy (parte I): La llegada

    Mi nombre en Bernardo. Esta historia me sucedió cuando tenía cuarenta años. Hace ya algunos ayeres, allá por el 2010.

    La casa de al lado duro mucho tiempo en renta. Renteros iban y venían. Hasta que finalmente fue habitada por su dueña; Roxana, una señora recién divorciada, y Rosy, su hija de 16 años. Rosy tenía estatura de acaso unos 1.50 m, muy chaparrita; pero que ya se le empezaba a notar los cambios físicos que ofrece la llegada a la bendita adolescencia.

    Rosy cursaba la preparatoria, y su madre, Roxana, tenía un negocio de venta de ropa que requería estar ausente en su casa de manera constante. Por lo que era común que Rosy se anduviera o estuviera sola en su rutina diaria. Para ello, teníamos una relación de vecinos muy cordial de ayuda mutua; ya saben, prestamos de herramienta, tazas de azúcar, etcétera. Sobre todo, como yo conocía algo de sistemas computacionales, era muy común que me buscara para ayudarle con la configuración de su laptop, la instalación de algún programa, repararle de algún virus o cualquier otro pormenor relacionado a ello.

    Por mi lado, nunca he aparentado mi edad, y siempre he tratado de conservarme en forma y activo. Así que era muy común que las vecinas me vieran haciendo algo en la casa. Ya fuera cortando el césped, pintando la casa, lavando el auto, y demás actividades de reparación o mantenimiento. Se volvió muy común saludarnos de “¡Hola vecino! ¡Que trabajador!”, y yo respondía con un “¡Hola vecina! Aquí nomas”. Pero cuando solamente era Rosy, agregaba alguna adulación extra en los saludos… “¡Que guapo vecino, tan trabajador!” … “a ver si luego se pasa para acá para pintar el barandal”.

    Conforme la pequeña Rosy iba creciendo, las adulaciones iban cambiando con connotaciones de doble sentido… en una ocasión, cuando estaba barriendo la cochera después de terminar de hacer una carne asada, me dijo “¡Ay vecino, luego se pasa a mi cuarto a recogerme también! ¿he?” … o cuando estaba colocando sellador para lluvia en las paredes con brocha, me dijo “¡Hola vecino! A ver si me presta su brocha y le echa una manita para pintar mi casa por dentro ¿he?”, y soltaba una sonrisa pícara. Yo solo me limitaba a reírme, pero no veía con malicia ni mal intencionado su forma de saludar.

    A veces cuando iba a mi casa a buscar de mi ayuda, o cualquier otra excusa; me encontraba leyendo o viendo alguna película (dos de mis aficiones más arraigadas); y aprovechaba el motivo para quedarse a platicar. Platicábamos de todo un poco; de música, libros, cine o cualquier otro tema que fuera tendencia; al parecer le gustaba que le diera mi punto de vista de cualquier tema que se le viniera en mente. A ella le llamaba la psicología y nos entreteníamos analizando películas. En otras ocasiones me pedía que le recomendara algún libro sobre determinado tema o género, lo que gustoso le compartía.

    Fue por eso por lo que le empecé a llamar la atención, pues los chicos de su edad no tenían tema de conversación, además que se entretenían con cosas de futbol o videojuegos. Eso me lo hizo saber más delante, pero en ese momento no tenía idea que ella me veía de ese modo.

    Cuando llegó a los dieciocho años, los coqueteos fueron más evidentes. Pero yo no fui quien se dio cuenta. Fue mi esposa que me llego a decir “¿No te das cuenta de que la vecinita se te queda viendo mucho? El día que estabas plantando el árbol frente a la casa, ella venia caminando y desde cuadras antes no te quitaba la mirada”, y yo de “Ha, ¿sí? No, no me había dado cuenta”; “nomas ten cuidado, no te vaya a meter en algún problema” me dijo en tono de advertencia.

    Llegue a pensar que solo eran paranoias de una esposa celosa; pero en otra ocasión un amigo que andaba de visita también me hizo una observación similar cuando tocaron la puerta y fui a ver quién era; ahí estaba la pequeña Rosy en una pose muy coqueta y con un escote muy pronunciado, había ido con la excusa que le prestara el baño porque había olvidado las llaves de su casa y su mama no estaba; pero cuando ella se percató que estaba mi amigo, cambio de actitud y hasta se cubrió su escote de manera casi inmediata.

    Le di el pase al baño y después se fue. Mi amigo se me quedo viendo con cara de interrogatorio y me dijo en tono de burla “¡Caray, cabrón! ¡Como la traes! De seguro ya te las estas cogiendo ¿verdad?”. Y yo con cara de incertidumbre le respondí “¡Nooo! ¡¿Cómo crees eso?! Está bien chiquilla, hasta podría ser mi hija, además es como de la familia”.

    -Pues a lo mejor tú la ves así, pero ella a ti no. ¿no me digas que no te has dado cuenta? –me seguía recalcando mi amigo.

    Esas dos anécdotas fueron determinantes. Fue entonces que ya me había sembrado la duda y la idea de la posibilidad de que llegara a ocurrir algo entre la pequeña Rosy y yo. Fue entonces que la empecé a mirar con otros ojos, y notar que ya su cuerpo había cambiado, y ya no era la niña que había llegado a vivir al lado de mi casa hace dos años. Caí también en cuenta que sus senos y glúteos habían crecido, su cintura se había delineado y sus caderas ensanchado.

    Sin embargo, su estatura no había cambiado del todo y seguía conservando sus 1.50 metros de cuando la vi por primera vez, pero con más curvas; de hecho, sus curvas de adolescente se resaltaban aún más, por lo compacto de su cuerpo. Así que decidí cambiar mi actitud hacia ella y empecé a seguirle el juego; si es que así lo era, de otro modo, solo me vería como un viejo rabo verde.

    La empecé a saludar de igual modo en que ella lo hacía, y empecé a hablarle en doble sentido o a decirle piropos, a ver como reaccionaba. “¡Buenas las tenga, y mejor las pase!” le decía, y ella me respondía “Pues cuando usted quiera, vecino” … y ambos nos reíamos. O cuando me veía haciendo algún retoque a la casa y ella me decía “luego se pasa para acá, a seguirle a mi casa”, ya no me quedaba callado y le respondía con cosas como “cuando quieras chaparrita, voy y te limpio lo que se le ofrezca”; y ahí empezaron las provocaciones cada vez más atrevidas:

    – ¿Cuándo quiera, vecino? Se me hace que luego se hace para atrás.

    – No juegues con fuego, que luego te puedes quemar.

    – El que se va a quemar es otro ¡Jajaja! – me decía en modo burlón.

    – Ya verás, algún día te voy a dar un susto.

    – A ver si es cierto. Pero se me hace que a usted le pegan en su casa.

    – ¡Ándale, síguele chaparrita!

    Y así seguía sucediendo el jugueteo de palabras e insinuaciones. Además, era más constante la convivencia platicando temas cada vez más íntimos y visitas a su casa para ayudarle en algún reparación o favor. Que, por cierto, cuando era un pendiente relacionado con computadoras, tenía que entrar a su cuarto; y mientras yo me mantenía en el escritorio, ella siempre se adoptaba una posición algo sugestiva en su cama, vistiendo ropas muy diminutas, con el pretexto de que así estaba cómoda en su casa.

    Entre las pláticas supe que ya tenía novio; un muchacho de su misma edad, de familia acomodada, bien parecido, que se la pasaba bien con él andando de paseo o de fiesta, pero que, al momento de entablar una plática, no había un tema afín más que hablar de futbol o de gadgets que le compraban sus padres. Me llego a confiar que aún no había tenido relaciones, aunque si habían llegado a tener manoseos y caricias intensas; que prefería que su primera vez fuera con alguien con experiencia, alguien maduro. Todas esas declaraciones solo hacían que me animara cada vez más a dar el siguiente paso y cruzar esa pequeña línea, con riesgo a meterme en algún problema grave o satisfacer mis deseos cada vez más fuertes y cumplir mi fantasía de hacerlo con alguien mucho menor.

    Continuará.

  • Sueños húmedos (tía y sobrino)

    Sueños húmedos (tía y sobrino)

    Hola Luis, me animé a escribirte para contarte lo que me venía sucediendo y por fin pude llevar a cabo.

    Soy una mujer de cincuenta y siete años, soltera por decisión propia, no me voy a describir como una modelo internacional, pero me he cuidado hasta el día de la fecha, tengo un buen físico, aunque la gravedad está haciendo lo suyo, ya, mis tetas no tienen la turgencia de mis mejores años, pero conservan su forma, mi culo era redondo y respingado, con una dureza envidiable, del cual hoy queda su redondez y con pantalones de jean se ven como en su mejor momento.

    Lo ocurrido comienza hace varios años atrás con los famosos “sueños húmedos” de los cuales no me siento con vergüenza, pues es perfectamente normal, encima me divertía y sobre todo me sentía en mi zona de confort. Me dio la posibilidad de explorar tanto mis deseos y fantasías más ocultos.

    Sé que estos sueños eróticos que finalizaban en orgasmos son más comunes en la etapa adolescente, pero si un adulto lleva una buena vida sexualmente activa, pueden llegar a tenerlos.

    Sacando la cuenta que es algo natural y frecuente en algunas personas, (las primeras veces que los tuve, me despertaba horrorizada y una sensación terrible, hasta me perturbaban), dejé de preocuparme al naturalizar que es algo común tenerlos. Lo que más me ocupaba e inquietaba que estos sueños eran siempre con la misma persona, alguien con quien siempre interactuaba, alguien de mi familia.

    En estos sueños, mi sobrino, el hijo mayor de mi hermana, entraba en una habitación donde me encontraba yo, teníamos sexo oral y algunas otras cositas, jugábamos sexualmente hasta llegar al orgasmo, en donde me despertaba y encontraba toda mi ropa interior empapada.

    Estimado Luis, he aquí lo sucedido hace un tiempo no muy lejano.

    Me encontraba trabajando en mi estudio, soy abogada, cuando siento unos golpes en la puerta.

    – Adelante, pase por favor.

    Esa puerta se abrió lentamente y su silueta se posiciono bajo el marco, ahí estaba el, Daniel, el hijo de mi hermana.

    Carismático, inteligente, siempre tan cuidado y con un estilo europeo impresionante, ni que hablar de su apariencia física, aunque no es de gimnasio, tiene lo suyo el mocoso, con sus veintitrés años su estampa es de un modelo (se nota que soy la tía) ojos de mirada penetrante de un color verde agua, labios ni muy grandes ni muy pequeños con su delgada nariz perfecta, pelo castaño y su cara aniñada que formaba un ovalo con todos sus componentes distribuidos casi perfectamente.

    Todo eso trajo mi memoria los sueños que he tenido con él y las veces que moje, como en este preciso momento mi tanga, el solo verlo me excito.

    Como ocurre con la mayoría de los jóvenes, le costaba trabajo conseguir empleo y al andar cerca, decidió pasar para consultarme si yo no lo podía emplear conmigo, aunque sea para servir café, hasta me prometió estudiar para en un futuro ser como yo.

    Prepare dos cafés mientras dialogábamos, se sentó en un sillón cerca del escritorio, le alcance el suyo, el mío lo deje sobre ese escritorio, al mejor estilo de una modelo fui hasta la puerta y eche llave, “para que no interrumpa nadie”, regrese y sentándome sobre el vidrio de esa mesa que contenía todos mis trabajos deje mis piernas entreabiertas para que pudiera observar mi tanga, posibilidad, que se la daba la pollera corta que llevaba puesta. Pude darme cuenta como sus ojos se clavaban justo en mi entrepierna a la vez que su pantalón se abultaba, me sentía una puta, pero feliz, mi improvisada estrategia estaba resultando.

    Su mirada alternaba entre mis ojos y la humedad de mi tanga, la excitación en mí, crecía a pasos de gigante, decidí quitarme el saco de mi talleur, dejando expuestas aún más las tetas a través de la transparente camisa blanca. Vi como sus labios se resecaban y la boca, le ofrecí un vaso de agua, lo tomo de un solo sorbo.

    Ya la excitación se había esparcido en el ambiente, comenzaba la etapa del no hay vuelta atrás.

    Se nota la inexperiencia de su juventud, otro en su lugar, ya se hubiera tirado sobre mí para arrancarme la ropa y poseerme, no quedaba otra, debía tomar la iniciativa.

    Aproveche la oportunidad al recibir el vaso vacío, con la mano libre extendí un dedo pasándolo por sus labios haciendo como que los secaba, los recorrí suavemente, con esa misma lentitud los separe de su boca llevando el mismo dedo a la mía para introducirlo muy despacio como saboreándolo pasando mi lengua desde la base de la mano hasta la punta del dedo. Me acerque sensualmente arrodillándome entre sus piernas, las que abrió lentamente, con esa suavidad y lentitud que describo fui bajando el cierre del pantalón, algo duro intentaba salir por esa abertura, pero un trozo de tela no lo dejaba, se incorporó, me tomo del pelo como para retirarme, se bajó los pantalones junto con la ropa interior como pudo, yo por lo pronto colabore desde mi posición para sacárselo, se dejó caer nuevamente y me llevo hacia esa verga sabrosa que esperaba ser probada, no era la más grande que he visto, pero se hacía respetar, abrí la boca acercándome lentamente con la lengua fuera, lamiendo toda la extensión desde su base hasta esa rosada y deliciosa cabeza cubierta con su prepucio, que me miraba como un ciclope deseoso. Lo observaba mientras lo hacía, su cara se iba transformando, de incredulidad a placer.

    Ya unas pequeñas gotas transparentes de líquido salían por la uretra, las recibí de gran gusto tratando de disfrutar su sabor, el sabor de mi sobrino.

    Mientras tenía una porción de su verga en la boca, una de mis manos se deslizo por debajo de su remera para acariciar su pecho, mientras que con la otra, que sostenía ese miembro delicioso, hincaba las uñas suavemente en su base.

    Fui arañando levemente su pecho hasta el abdomen, haciendo camino hasta su glúteo, cuando comenzó a moverse cobije todo el trozo de carne dentro de mi boca, con pequeños empujones quería meter más y más adentro, pero todo tiene un límite y mi garganta también.

    Dejando mi saliva en el recorrido hasta sus testículos fui viendo como sus ojos se ponían en blanco, abrí mi boca lo más que pude y con pequeñas succiones metí uno dentro.

    Observe que se aferró firmemente a los apoyabrazos de la silla, tiro su cabeza hacia atrás, como avisando el inminente orgasmo, volví a introducir su sexo en mi boca, su cuerpo se tensó, cerro sus ojos y comenzó con movimientos de cadera. Primero lo sentí hincharse dentro, luego la explosión tibia que golpeo en mi garganta, una y otra y otra y otra, la verdad no sé cuántos chorros de semen deposito. Cuando dejo de palpitar, me retire, abrí la boca mostrándole el contenido y lentamente lo fui tragando ante sus ojos.

    En la comisura labial, había quedado un poco de semen que rodaba por el lado, lo retiré con mi dedo índice y acercándolo a su boca, le di de probar su propio jugo.

    Sin dejarlo reaccionar, me pare y camine hacia el escritorio, haciendo lugar me recosté sobre el levantándome la pollera, entendió enseguida el mensaje. Observando cómo se acercaba intente elevar las rodillas, las que detuvo, puso amas manos sobre las temblorosas piernas, lentamente las abrió para zambullirse entre ellas.

    Mi excitación crecía, el morbo de saber de quién era esa lengua que recorría mi ropa interior, aceleraba el inminente orgasmo, sus inquietos dedos describían el contorno del elástico mientras probaba mis jugos a través de la tela empapada, uno de ellos traspaso esa barrera para deslizarla hacia mis tobillos. Ya sin nada que incomodara su tarea, paso la lengua desde, casi el esfínter anal hasta el clítoris, sin más sentí esa hermosa sensación de haber llegado al clímax, mi vagina palpitaba en su interior con contracciones rítmicas, mordí mis labios para no gritar, sin impedir que mis gemidos se hicieran escuchar.

    Aún se estaba estremeciendo mi interior cuando me tomo de la cintura y ubicándome al borde del escritorio, de un solo empujón me clavo esa deliciosa verga candente (adoro esa juventud que le permite estar recuperado enseguida) no sé cuánto estuvo entrando y saliendo de mi vagina, sus variaciones en el ritmo eran espectaculares, lo que si se es que antes de recibir su espeso semen en la cavidad vaginal, mis orgasmos fueron múltiples, tanto que hasta perdí la cuenta, cada uno de ellos me elevaba hacia las nubes.

    Al finalizar debimos limpiar para no dejar vestigios de lo sucedido.

    Ya con nuestra ropa en orden, retomamos la conversación, sin ningún vestigio de pena ni culpa como si hubiera sido desde siempre. Por ambas partes.

    – Sobrino, me decías que buscabas trabajo.

    – Si tía, de lo que sea.

    – No te voy a preguntar qué sabes hacer, ya me lo demostraste, estas contratado, vas a ser mi secretario personal.

    – Gracias tía, te lo agradezco con el corazón.

    – Bueno, te espero esta noche en casa para firmar el contrato laboral y ponerle sello a nuestra “conversación”

    – Allí estaré.

    La verdad nunca me arrepentí de haberlo contratado, eficiente en todos los aspectos, laboralmente y personal.

    Muy seguido el entra a mi oficina, cierro con llave y hablamos de trabajo, pero a mí me gusta más cuando llevamos ese trabajo a casa.

  • Mi esposo me folla dentro del auto

    Mi esposo me folla dentro del auto

    Volteé a mirarlo porque se me hacía muy extraño que estuviera tan callado. Él estaba manejando y la ventanilla abierta le volaba su cabello castaño. Viajábamos por una carretera desolada, en completa oscuridad y con puro árbol a nuestro alrededor. De pronto, me miró, sonrió y pasó su mano izquierda sobre el mi pierna desnuda. Veníamos de una fiesta y yo me había puesto un vestido corto.

    —¿Sabes qué llevo queriendo desde hace un tiempo? — me preguntó y yo le respondí que no. Cómo sería follarte en la parte trasera del auto.

    Le sonreí.

    —No me lo habías propuesto.

    De pronto, dio el volantazo y se metió entre los árboles y arbustos. Se dio la vuelta y tras quitarse el cinturón de seguridad comenzó a acariciarme con fuerza la cintura. Me volvía loca cada vez que se portaba agresivo, y es que a mí me encanta que me peguen, insulten y escupan mientras me la están metiendo hasta el fondo. Para mi suerte, hizo todo eso sin que yo se lo pidiera.

    Mientras me besaba el cuello y apretaba el escote de mis chichis con fuerza yo sentía como la vagina se me iba humedeciendo. No soporté más y comencé a abrir mis piernas, quería que él metiera su mano y me metiera los dedos, pero el maldito solo se dedicó a llenarme el cuello de saliva y apretarse una chichi.

    Finalmente me agarró del cabello y me dio una cachetada que sonó fuerte. Sin decirme nada, abrió la puerta, rodeó el frente del auto y abrió mi portezuela para bajarme. Me llevó a la parte trasera y me hizo meterme.

    —Quiero saber qué tan mojada estás, vamos, abre las piernas.

    Me bajó la tanga de un tirón y subió mi vestido. Cuando uno de sus dedos entró en mí, salió empapado. Lo vi quitarse el cinturón y desabotonarse los pantalones. Su verga estaba durísima, se le remarcaban las venas y la punta ya tenía gotitas blancas.

    Se masturbó y dijo:

    —Quieres que te llene el bollo de leche, ¿verdad? Eso te gusta, pinche puta.

    Se puso encima de mí y mientras me agarraba con fuerza del cabello, me la metió duro. Grité y me quejé mientras me la metía y me la sacaba, una y otra vez mientras el roce mojado de nuestros flujos sonaba.

    Abrí las piernas lo más que pude, atoré uno de mis tobillos en el asiento de enfrente y le pedí más. Le pedí que me pegara y que me siguiera llamando puta. Incluso, en el momento en el que escribo esto siento cómo me humedezco.

    Saqué la lengua y él me sonrió.

    —Pinche puta, te encanta que te meta la verga —me dijo y aquello me erizó la piel.

    Comenzó a darme más duró, apoyó su peso sobre el asiento, con sus brazos a los costados de mi cabeza y entró y salió con una fuerza y una rapidez que me hizo gritar.

    Cuando se corrió, todo su semen me llenó y entre gemidos su cuerpo cayó sobre el mío.

    —¿Estás bien? —me preguntó, y mientras me abrazaba, supe que su ternura normal había regresado. Sabía que después de vestirnos nos iríamos a casa y él prepararía la cena.

  • Mi empleada doméstica me vio desnudo varias veces

    Mi empleada doméstica me vio desnudo varias veces

    Esta es una historia real. Adelanto que no logré cogerme a mi empleada, pero si crear una tensión sexual muy fuerte cuando me veía el pene. La llamaremos Mariana. Luego de varios mi exesposa y yo años teníamos una empleada de confianza, incluso tenía copia de las llaves de la entrada. Yo tenía alrededor de 25 años y ella unos 40.

    Un día de la nada me entro un calentón y se me ocurrió bajar a la cocina con la erección de la mañana visible. Me puse una pantaloneta deportiva blanca la cual hacía que se me marcara el glande incluso cuando estaba semi duro. Luego de varias visitas a la cocina y en general me empezó a parecer que Mariana si se quedaba viendo disimuladamente a mi erección, aunque a este punto siempre salía semi duro. Todavía no salía con el pene del todo erecto, ya que quería ser lo más disimulado posible.

    Cuando volvía al cuarto o a mi oficina en el piso de arriba me decía a mi mismo que si la vio hasta que un día estaba yo buscando unas cosas en la refrigeradora con una erección claramente visible y volví a ver de lado y vi que Mariana estaba viendo directamente a mi pene mientras botaba unas cosas en el basurero agachada, cuando me di la vuelta ella ya estaba viendo y se quedó unos 2-3 segundos congelada viendo hasta que se levantó y dio la vuelta continuando otras labores. Esta vez pude confirmar que si veía mi erección.

    La cosa siguió así unos días entonces que decidí subir la intensidad y empecé a salir de la ducha solamente con la toalla puesta, ya que antes casi siempre me vestía en el baño. Ella lavaba la ropa en la mañana y la ponía en la secadora entonces ya en la tarde era cuando iba a la habitación a ordenar la ropa. Empecé a calcular cuando la secadora iba a terminar y me iba a duchar. No salí exactamente como quería, pero ella si me empezó a topar por la casa cuando salía solamente con la toalla abajo. Un día mi exesposa tenía que ir a una cita médica así que la fui a dejar y cuando volví mientras parqueaba el automóvil me entro la idea de que hoy estaba solo en la casa con Mariana.

    Todo siguió normal durante el día y como siempre me fui a bañar cuando la secadora estaba por terminar. Me entro el calentón, pero no sabía si ella realmente pensaba lo mismo a este punto. Me termine de bañar, apague la ducha y me seque para salir solamente con la toalla cubriendo por debajo de la cintura y cuál fue la gran y excitante sorpresa? Pues cuando abro la puerta del baño Mariana estaba ordenando unas cosas en la habitación. Me sorprendió, pero seguí caminando, entre a la habitación y no dije nada. Me fui directo al closet y ella tampoco dijo nada ni se dio la vuelta solamente se fue luego de unos segundos de estar ambos en la habitación. Me entro un gran calentón, ya que me pareció muy raro el encuentro porque nunca la había topado así dentro de la habitación y me pareció muy adrede.

    Aquí empecé a sentir sus vibras de que me estaba siguiendo el juego. Sentí que sabía que yo calculaba el tiempo cuando llegaba a hacer la ropa y además que ella ya sabía que yo salía así del baño. Me vestí y ella volvió a subir a preguntarme si sabía donde estaba las toallas extra (ella si sabía donde estaba las toallas). Baje con una erección y se las pase, mientras le pasaba las toallas una casi se cae por lo que claramente bajo la mirada mientras se reía y la atajaba (ya estaba viendo hacia abajo cuando le pase las toallas). No se comentó nada al respecto de porque estaba en la habitación. Ella más o menos sabía la hora que me levantaba para empezar a trabajar (alrededor de las 9 am) y note que a esas horas ella se ponía a limpiar mi oficina por lo cual me levantaba durísimo y me iba a la oficina por lo cual hubo aún más encuentros.

    Decidí desayunar en la oficina por lo que ahora ella me llevaba el desayuno arriba. Siempre que llegaba a dejarme el plato al escritorio me dejaba la erección visible, pero nunca se dijo nada, ella actuaba normal y dejaba el plato diciendo nada más «aquí tiene». Como mi exesposa trabaja también varios días desde la casa en otra habitación del segundo piso las interacciones no pasaban a más. Hasta que un día decidí salir con la toalla en la cabeza y no abajo (tenía el pelo largo). Mis intenciones eran actuar sorprendido si la topaba. No paso nada por unos días, ya que no la topaba cuando salía del baño porque mi exesposa trabaja en la habitación casi al lado del baño y nuestra habitación.

    En el segundo piso el baño estaba entre los cuartos que usábamos de oficinas y frente al baño estaba nuestra habitación. Un día seguí la rutina de salir desnudo con la toalla en la cabeza y finalmente ella estaba en la habitación ordenando la ropa limpia. Tenía ganas de que siempre estuviera, pero realmente no lo esperaba, cuando entre ella me volvió a ver y dije «verdón Mariana» y ella dijo lo mismo más o menos como «ayy perdón».

    Salí rápido de la habitación, pero inmediatamente entre de nuevo… si pasaba algo malo iba a tomar los riesgos, ya que mi exesposa estaba trabajando casi al lado, pero estaba en una llamada del trabajo. Al entrar de nuevo me empecé a quitar la toalla y caminar hacia el closet donde ella estaba ordenando para agarrar ropa y vestirme. Al dirigirme al closet ella empezó a salir y paso a la par mío, no le vi directamente los ojos, pero no había chance que no me hubiera visto desnudo y el pene semi duro casi totalmente duro. Ella pasó a la par y no dijo nada, no tiro gritos ni se quejó nada más se quedó en silencio. Escuche cuando bajo y empezó a hacer cosas abajo en la cocina. Me entro un calentó tremendo y me empecé a decir a mi mismo «ohh que acaba de pasar» mientras me agarraba el pene ahora si totalmente parado y no aguante y me tuve que masturbar. No dure ni 2 minutos pensando lo que paso y me regué riquísimo. Me limpie, vestí y baje como si nada hubiera pasado. Entre a la cocina a buscar algo en la refrigeradora y no dijimos nada al respecto. Todo esto ya no era una coincidencia.

    Ella me estaba siguiendo el juego, empezó a notar mis actitudes y reacciono lentamente a ellas. Sabía que ella también calculaba cuando entraba a ducharme para hacer la ropa y coincidir en la habitación. Seguí saliendo de esta forma de la ducha y no la tope por varios días hasta que una vez estaba hablando con mi exesposa en la entrada de su oficina. No lo esperaba porque no escuche que estaban hablando hasta que salí. Ella estaba en el marco de la puerta con medio cuerpo dentro y medio fuera pero lo suficiente para tener la mitad de la cara fuera del marco y poder ver de reojo lo que pasaba en el pasillo.

    Ella claramente pudo ver que salí como siempre desnudo con la toalla en la cabeza. Me puse durísimo y me puse a pesarme en la báscula de espaldas (error porque hasta hoy siento que debí nada más quedarme en el pasillo duro haciendo que veía el celular pero en fin…) y ella luego de hablar cosas generales con mi exesposa fue a mi oficina pasando frente a la habitación haciendo que ordenaba unas cosas en mi oficina luego de unos segundo paso de nuevo por la habitación para ir abajo pero sabía que todo esto fue intencional (de nuevo siento que debí ponerme en el pasillo o en la entrada de la habitación pero en fin ella pudo verme desnudo de espaldas y todo el culo). Ya a este punto ambos, Mariana y yo sabíamos más o menos por donde iba esto.

    Todo siguió normal en el sentido que no la volví a topar hasta que un día volvimos a quedar solos en la casa, mi exesposa iba a la oficina. En la tarde me fui a bañar como siempre y esta vez cuando terminé la ducha y me estaba sacando pude escuchar que Mariana estaba en la habitación limpiando pasando el limpión. Los sonidos de presencia eran muy claros, ya que ella quería que yo escuchara que estaba ahí. Me puse demasiado duro de inmediato, casi siempre salía semi duro, pero esta vez dije ya no importa nada y decidí con el pene totalmente erecto y con el prepucio hacia atrás para que se me viera totalmente la punta en su máximo esplendor. Al salir del baño ella estaba de espaldas a la entrada, caminé un poco más para agarrar el desodorante y nada más dije «perdón Mariana»… ella se volteó la cabeza hacia la izquierda viendo directamente abajo a mi pene. Casi de inmediato se dio otra vuelta y salió de la habitación sin decir nada, me pareció que tenía el celular en la mano por lo cual no sé si quería grabarme.

    Luego de esto no paso a más, ya que nos mudamos. Pero siempre me gustó mucho la idea que me viera totalmente desnudo con la verga dura y parada. No quería tanto cogerla, pero si tenía muchas ganas que me tocara el pene y me masturbara, quería regarme encima de ella, en sus manos o en su cara. No sé que tantas intenciones tenía ella, pero en efecto le gustaba verme la pinga y toparme desnudo. Puedo confirmar que mi empleada doméstica me vio el pene semi duro y totalmente duro con y sin el prepucio hacia atrás.

  • Mi mejor amante, mi hermano

    Mi mejor amante, mi hermano

    Quizás lo que está más prohibido, es lo que más atrae y más satisface.

    Me considero una mujer normal, con una vida normal; pero lo único que me satisface sexualmente es mi hermano.

    La primera vez que tuvimos sexo fue una noche de año nuevo; ya siendo mayores de edad, estábamos bebiendo y riendo de mil y un cosas; sonaba la música y nos pusimos a bailar; mis demás familiares comenzaban a quedarse dormidos o estaban muy ebrios para ponernos atención. El baile era muy sensual y pegado; yo sentía su excitación creciendo en sus pantalones; sus manos se movían sobre mi cuerpo acariciando y tocando. El alcohol me había relajado y disfrutaba de lo que me estaba haciendo; no creía que llegaría más lejos.

    En un momento, me tomó de la mano y me llevó a una de las habitaciones, se abalanzó sobre mí, besando mi cuello y excitándome aún más. Yo traía un vestido floreado con botonadura completa por el frente; metió las manos y lo abrió completo de un solo tirón, algunos botones salieron volando. Solo alcancé a lanzar un suspiro, mi cuerpo estaba sólo cubierto por mi bra y mi panty; mis pezones estaban erectos por el escarceo y el saber que venía a continuación.

    Bajo las copas de mi bra, sus labios atraparon un pezón, chupando y lamiendo; mientras con su mano acariciaba mi otro pecho. Me temblaban las piernas, no podía sostenerme en pie.

    Me arrojo sobre la cama, se subió sobre mí y siguió deleitándose con mis pechos; yo estaba completamente a su merced. Bajo su mano y la metió entre mi cuerpo y mi panty; metió su dedo medio, su pulgar acariciaba mi clítoris que estaba muy duro y muy sensible; yo jadeaba y respiraba rápidamente, me estaba llevando al orgasmo. Me arrancó la panty rompiéndola; esa forma tan animal de coger me calentaba más. El bombeo de sus dedos en mi vagina, me hacía escurrir a chorros; mi jugo era tanto que ya llegaba a la entrada de mi culo.

    Yo jadeaba, gemía, pujaba, mi corazón latía con fuerza. Cuando estaba a punto de llegar al orgasmo, él se detuvo; mi vagina palpitaba con la urgencia de llegar. Él se bajó el pantalón de un golpe, su verga enhiesta, palpitaba con si tuviera vida propia; la cabeza era enorme sin circuncidar, el jaló la piel para descubrir la bola, un chorro de líquido transparente, manó de la punta.

    Agarró el falo y lo acercó a mi entrada, mi vagina estaba hinchada y abierta por la excitación; puso la cabeza en mi entrada y la movió de arriba abajo, llenándola de mi jugo; no podía dejar de ver ese tubo de carne caliente; era tan grueso que su mano apenas podía cerrarse alrededor.

    Dejó su falo en mi entrada, tomó mis tobillos y los puso en sus hombros.

    Después empujó.

    Solo pude emitir un sonido gutural al sentirlo invadiendo mis entrañas, el bufó de satisfacción y placer al sentir el apretón de mi nido caliente. Yo tenía los ojos muy abiertos no podía parpadear; mis puños se cerraron en las sábanas de la cama; estaba enloqueciendo de placer.

    Metió sus brazos bajo mis rodillas impidiéndome bajarlas; se quedó quieto dentro de mí; mientras me mordía mis pezones; sentía yo dolor, pero era un dolor del cual yo quería más. Inicio el bombeo; un bombeo largo, sacaba toda la verga hasta dejar solo la cabeza en la entrada; una desesperación muy grande me invadía al sentir el hueco que dejaba, mi vagina estaba muy dilatada; cuando se volvía a meter, yo jadeaba y pujaba por el tamaño del intruso. El jadeaba y gruñía sobre mí, disfrutando de mi cuerpo; se movía adentro y afuera; arriba y abajo; en círculos; dilatándome aún más, abriéndome; haciéndome suya.

    Sacó su brazo derecho de debajo de mi rodilla, esta cayó como la de una muñeca, totalmente a su merced. Puso su pulgar en mi clítoris y suavemente lo empujó hacia su verga; eso provocó que el roce me empezara a llevar al orgasmo; estaba cerca pero no podía llegar.

    Me dijo que ya se iba a venir; le pregunté si iba a venirse dentro de mí; el gruñó; yo estaba casi lista.

    De repente, muestra madre entro en la habitación; al ver a mi hermano bufando sobre de mí, desorbitó los ojos; al ver la cara de espanto de mi madre, puje uy fuerte, puse los ojos en blanco y empecé a venirme de una manera salvaje, todo mi cuerpo temblaba sin control. Mi hermano al sentir mi venida, no aguanto más y se vació dentro de mí.

    Mi madre ahogó un grito y salió corriendo; yo seguía disfrutando de un orgasmo que se intensificaba con cada chorro de semen que me inyectaba; era mucho; perdí la cuenta de los chorros que salieron de él.

    Se salió de mí, acercó su falo que aún goteaba semen y mi jugo a mi boca. Me ordenó que lo limpiara; exhausta me introduje su tubo de carne y le quite el exceso de jugo y semen; ya dentro de mi boca, aún alcanzo a escupir un último chorro de semen. Ese sabor fuerte, salado, me gustó desde ese momento, nadie tiene el sabor de mi hermano.

    La relación con mi madre nunca volvió a ser la misma; cogíamos cada vez que podíamos; él tenía sus novias y yo mis novios, pero eso no importaba.

    Ahora ya estamos casados, pero eso no impide que me venga a ver de vez en cuando…

  • El alumno favorito de la profesora

    El alumno favorito de la profesora

    El muchacho solitario leía ávidamente su ejemplar de Germinal en francés, deteniéndose por momentos en algunas páginas especialmente reveladoras. Mientras el resto de chavales saldaba la prohibición de usar sus teléfonos móviles en el avión con gritos y risotadas, él se hundía aún más en su propio mundo. Aunque ya tenía dieciocho años, como la mayoría de esos alumnos, a su profesora Marina le parecía aún un muchacho solitario que se escondía en los recreos. También era su mejor estudiante, y prácticamente bilingüe en Francés, pero tenía la sensación de que aquello no le ayudaría mucho en la vida.

    -A ver, chicos, controlaos -pidió a las bestiecillas que pronto crecerían hasta convertirse en bestiezulas, en cuñados de bar, adictos a la coca, cotillas de portal o gurús de las criptomonedas. El futuro de su sociedad y (más importante) de su pensión estaba frente a ella, frente a Mauro, el profesor de Matemáticas que roncaba a su derecha; frente a Verónica, la profesora de Inglés que tocaba sus lentejuelas como si fueran un rosario para hacer frente al aterrador despegue del avión. Pero no había nada más terrorífico que ese futuro encarnado en alumnos que se llamaban a sí mismos «bro» y en chavalas grabándose para TikTok como monas en celo.

    Bah, seguro que pensaba en eso porque ya rozaba los cincuenta. Ella misma, a su edad, había sido tan atolondrada como ellas, aunque se hubiera casado pronto. Pero después había ido cambiando el alcohol por los zumos de naranja y las noches de fiesta por yoga y sentadillas, y su indumentaria de noche por un corto pero recatado vestido de motivos florales. Era irónico, pensó, que hubiera cultivado con tanto esmero esas formas atractivas y firmes, dado que el estilo de vida que las había alumbrado era el mismo que le impedía disfrutarlas al máximo. Pero a veces se decía a sí misma «ay, si yo quisiera…» cuando sorprendía a un padre o alumno intentando taladrar con la vista el lugar donde sus piernas se encontraban.

    -Leticia, apaga el móvil de una vez, anda.

    Su hija obedeció desde el asiento de delante, poniendo los ojos en blanco. Había heredado su talla 100 de pecho, el rubio de su cabello y su interés por la lengua de los franchutes, pero poco más. Era más revoltosa incluso que ella a su edad, y eso le daba miedo. No tanto como el futuro de su pensión, pero sí un temor ligero y controlado.

    El avión despegó, como tantas otras veces. Como siempre que viajaba, su subconsciente conjuró visiones idílicas de su vida en el extranjero, en Francia, donde fuera. Lejos. Libre.

    Suspiró, relajándose cuando los chicos volvieron a sacar el móvil para perderse en su pequeño mundo de retos virales y ombliguismo extremo. Menos ese chaval, Sergio, que maltrataba su mente con las condiciones penosas de los mineros del siglo XIX, con un rostro grave y sombrío de concentración.

    Cerró los ojos sabiendo que, por lo menos, una de sus recomendaciones literarias no había caído en vano.

    Marina siempre había preferido el vino a la cerveza. Cuando bebía vino, pese a la culpabilidad que a veces le provocaba ese renuncio, se sentía una con esos vetustos emperadores, con esos filósofos clásicos, con los que habían aprendido a tratar la uva de un modo que pudiera convertirse en el manjar favorito de Baco. Cuando bebía cerveza, se sentía como un alemán en Ibiza, y su experiencia le decía que el vino, frente al embrutecimiento vil de la cebada, solía revelar cosas interesantes sobre los demás.

    Ahí estaba, por ejemplo, la joven Verónica hablando con Mauro, ese señor bajito y fondón a través de cuyas gafas de culo de vaso ella parecía ver al mismísimo Apolo.

    -Sí, las matemáticas son el único lenguaje universal, en verdad. Es lo único de lo que podemos estar seguro, porque son verdades que se definen a sí mismas…

    -Ah, very interesting…

    Esos dos acaban liados fijo, pensó. No sin cierta envidia, a decir verdad. Y es que, en un restaurante como aquel, donde se habían dejado los riñones para que los chavales comieran la comida local en vez de una hamburguesa, en ese lugar que parecía la postal de alguna clásica pensión, le habría gustado tener a su lado alguna mano cálida y tranquilizadora que se apretara contra la suya. O incluso, si no había más remedio, la mano de su marido.

    Suspiró. Qué iluminación tan romántica, tan candente y anaranjada… para ella solita.

    En fin. Prefirió centrarse en lo que había pensado, en la veracidad del vino. Y, como esos chavales ya tenían edad para joderse la vida de manera perfectamente legal, pudo mirarlos sin filtros. Revelados en su descarnada veracidad, era divertido ver en qué mutaban esos chicos en comparación con los que había conocido en las aulas.

    Ahí estaba Roberto, tan atolondrado para contentar a sus compañeros, que bajo los efectos relajantes del alcohol tomaba un rol más pasivo. Ahmed, el pobre, se lo comía con los ojos, lejos de la mirada inquisitiva de su religiosa familia. La despampanante Eva empezaba a soltarse, hablando con esa lengua de serpiente que haría que más de un palurdo le pagara las copas esa noche. Su hija Leticia se controlaba más porque estaba su madre delante, pero podía ver ese brillo pícaro en sus ojos.

    Y, por otra parte, estaba Sergio.

    La copa de vino semivacía que llevaba en la mano ese chaval, y el efecto que provocaba, era la prueba inequívoca de que su soledad no se debía a una introversión natural, sino a las cadenas plúmbeas de la timidez. Ahora, frente a unos compañeros que no sabían si reír o llorar, filosofaba de todo un poco, con sus ojos brillantes paseando de vez en cuando por los escotes generosos de algunas de sus compañeras.

    -No, no… el Estado nación no está muerto. ¡Qué va! Pasará por un período en el que tendrá que dormitar, pero ya se le está viendo las orejas al lobo. La gente se está dando cuenta de que las multinacionales no son sus amigas, y el papel de los agentes supranacionales empieza a ser quirti… critin… criticado. Y, tarde o temprano, imitando a China y otras potencias menos convencionales…

    Cuando hablaba de literatura todavía podían tolerarlo, pero sus discursos sobre política eran recibidos con la más absoluta indiferencia. Ese chaval, que había tenido algunos problemas de convivencia en su viejo instituto, no era odiado por sus compañeros, al contrario. Pero su amor era más bien como el amor que se tiene a un pug estúpido que no sabe valerse por sí mismo y que, por más que dijeran los animalistas, no es un miembro real de la familia.

    Tenía relaciones cordiales de respeto con algunos compañeros, sí, pero no se podía hablar de amistad. Mucho menos de romance. Aquel muchacho de pelo pajizo y lacio, con gafitas redondas y un afeitado exhaustivo que dejaba ver su piel suave, no era feo. Pero era… raro. Raro como había sido ella, más preocupado de sus libros y de las noticias que de las redes sociales, pero para las mujeres siempre es más fácil, y Marina había conseguido abrirse. Pero, hostia, era algo injusto que un chaval tan mono y tan interesante estuviera sin novia. Si tuviera alguien que le enseñara, que le guiara con una mano más firme y más madura…

    Se masajeó la frente. Quizás ella también hubiera bebido demasiado.

    Cuando se tumbó en la cama de su habitación de hotel, Marina no pensó en dormir. Tampoco pensó en vigilar a los chavales, ni en el marido que dejaba atrás en España. Al tumbarse en esas sábanas blancas como la inocencia de un niño, con el rostro colorado y los botones superiores de su vestido desabrochados, solo pudo pensar en ese calor que le corría por las piernas y que poco tenía que ver con su inminente menopausia.

    La puerta estaba cerrada, ya era la hora de dormir, nadie la veía. Se mordió el labio y dejó que su mano explorara el recóndito lugar que se encontraba entre sus piernas, húmeda sima que los exploradores habían abandonado hacía mucho. Pero sus dedos servían, al menos, para hacer un apaño.

    Qué triste mi vida, pensó, mientras las efigies de Rupert Everett y Hugh Grant se peleaban para formar parte de su fantasía. Una fantasía (su dedo índice dibujó círculos alrededor de su clítoris) en la que había cena, velitas, poemas (como el soneto de su dedo pulgar, humedeciéndola), donde podía converger con otro hombre en una intersección donde todos sus problemas llegaban a su fin.

    Se imaginó en mil escenarios, con esos dedos convertidos en hábiles soldados que la penetraban con dureza. Se imaginó violada por un nazi en un campo de concentración, se imaginó penetrada por una cárcel entera de presidiarios, compartiendo un tórrido romance con un pirata secuestrador. Aventura, morbo. Todo lo que le faltaba.

    Se mordió el labio inferior, mojándose los dedos, sintiendo cómo el placer iba en aumento. Cerrando los ojos, empañados de lágrimas agridulces, y dejando que aquel éxtasis creciera descontroladamente, amenazando con manchar las sábanas, haciendo que abriera la boca en un intento patético de reprimir sus gemidos…

    …hasta que oyó un ruido en el pasillo. Se planteó ignorarlo, emitió un gruñido de frustración. Sin embargo, la amenaza patente de una sanción por no vigilar a esos cabestros borrachos hizo que se levantara. Se chupó los dedos para ocultar la humedad (estaban salados, sabían bien), tiró las bragas bajo la cama y se bajó la falda. Y, con su mejor cara de mala leche, salió de su habitación.

    Allí se lo encontró a él, dando tumbos contra la pared, con una mirada terca en dos ojos vidriosos que habrían bastado, sin el olor que los acompañaba, para sentenciar a su portador como un borracho. Y Sergio, aunque parecía llevarlo con relativa dignidad, estaba borrachísimo. La miró de arriba a abajo, como si no pudiera creerse que estuviera allí.

    -Anda… hola, profe.

    Ella reprimió una risita al verlo tan sonriente, tan animado.

    -Parece que nos lo hemos pasado bien, ¿no?

    Se encogió de hombros, incapaz de reconocer la autoridad implícita en esa pulla. Por el contrario, aquello le parecía una conversación normal y corriente.

    -Pues no sé, profe -respondió, con una chulería inédita en él-. A veces tomo alcohol para desinhibirme, y me intoxico para olvidar un poco toda la mierda que me rodea… pero, cuando se pasa el subidón, la mierda vuelve. ¿Merece la pena ese bajón por el éxtasis que ha hadi… habido antes? Nunca lo sabremos.

    Comprobó que sollozaba.

    -Oye, ¿estás bien?

    Apartó la mirada, con una lágrima ya asomándose a su aniñado rostro.

    -Pues no mucho, profe.

    -¿Y eso?

    Miró a su alrededor, como si las paredes estuvieran literalmente tapizadas con ojos y oídos.

    -No sé, ¿no podemos hablar en… en otro sitio?

    Marina puso los ojos en blanco.

    -Bueno, pero no se lo digas a nadie, que la gente se puede pensar cualquier cosa…

    A decir verdad, pensó mientras le invitaba a su habitación, confiaba plenamente en ese muchacho de modélico comportamiento y expediente intachable. Pero, a pesar de eso, comprobó varias veces que nadie les mirara. Y, cuando cerró la puerta, lo hizo con un escalofrío.

    Le invitó a sentarse en la cama, algo que él hizo tras reparar durante unos segundos en lo desordenada que estaba. Se sentó a su lado y le puso la mano en su espalda. Estaba caliente.

    -A ver, dime qué te pasa. Pero que sepas que esto es muy irregular: por muy buen alumno que seas, no soy tu madre.

    El chaval asentía, entre la risa y el llanto.

    -Lo sé, lo sé. He estado dando una imagen lamentable. Pero, en fin, así es la vida. Es solo que… mira, si te soy sincero, no necesito muchos amigos. Puedo quedarme en mi mundo durante horas, y entrar en contacto con los sabios de todas las épocas a través de los párrafos que ellos escribieron. Pero a veces, más que con los sabios, quiero entrar en contacto con los labios.

    La ocurrencia le hizo reír. Claro que era eso. La historia más vieja del mundo.

    -Ya. Entonces, te gusta una chica.

    El chaval rechazó esa idea con una mano.

    -¿Una? No. Más de una, muchas más. Son necesidades fisiogo… filo… físicas. Y, sí, me siento atraído hacia algunas de forma intelectual o humana. Pero no creo en el amor ni nada de eso. Solo que… bueno, me jode. Me jode, es verdad, que se me excluya. Y no es que no haya conseguido echar un polvo hasta ahora, sino que las mujeres no me ven como un potencial compañero. No creo ni que se lo planteen, y no por malicia, sino porque no soy atractivo. Pero qué se le va a hacer. En el fondo, es bueno: no sé si soy autista o qué tipo de trastorno me ha hecho diferente a los demás, pero quizás sea mejor que no se reproduzca en un futuro hijo mío. Mis neuras son malas para la supervivencia.

    A Marina le conmovió ver esa mezcla de seca madurez y de impotencia juvenil en un muchacho tan joven. Estaba claro que no se hacía ilusiones, y tal vez tenía razón, pero era descorazonador oírlo.

    -Venga, no digas eso. Seguro que encuentras algo-le aseguró, cumpliendo su función de profesora. Ebria aún, colocó su mano en la espalda de él, tal vez tomándose demasiadas confianzas-. Ahora estás pensando en tu pequeño mundo de instituto, pero te aseguro que hay chicas que se van a morir por ti. Mira, eres guapo, bastante mono y con ese puntito de intelectual atormentado que a las universitarias de letras les chifla. No te va a ir mal. Y esas poesías que haces y que cuelgas en redes… a más de una le van a hacer babear.

    Ella misma, al leerlas, no se había creído que las hubiera escrito un chaval de su edad. Pero ahora, ese muchacho de dieciocho añitos no parecía tener lugar en su mente para el arte ni las letras. Por el contrario, su mano temblorosa se movía en el aire, como intentando superar la última barrera de su timidez.

    -Gracias.

    -De nada.

    -Usted… usted también está muy bien, profe.

    Ella no procesó aquella frase al instante, sino que permaneció unos segundos con su estúpida sonrisilla, mirándolo. Solo se dio cuenta de lo que había dicho cuando esa mano trémula rozó su pantorrilla y, tras dudar, se posó en ella. Y la mirada encendida de ese muchacho se posó en su rostro.

    -Oye, Sergio…

    -Dime-sonrió él, a punto de perder el aliento por su nerviosismo. Sus dedos masajearon la piel desnuda de Marina, que no pudo reprimir esa elocuente mordida de labio.

    -Oye, no te lo voy a tener en cuenta porque has bebido mucho, pero me estás poniendo en un compromiso y… esto que haces no está bien. Anda, quita la mano de ahí.

    El chaval obedeció, pero siguió mirándola con esos ojos de clavo ardiente. Ella, en consecuencia, notó cómo un rubor se extendía por su semblante.

    -Vale, pero sigue siendo verdad. Es usted muy guapa…

    Le acarició el pelo, algo que la hizo sonreír instintivamente. Era un gesto cariñoso, casi infantil y, aunque sabía que escondía otras intenciones, disfrutó de él. Cuando acercó sus labios a los de ella, pensó en retirarse en el último segundo, tal vez en dejar que le rozara la boca un poco y poder decir que no había podido evitarlo.

    Al final, sin embargo, acabó aceptando aquel ofrecimiento. Cuando sus labios se juntaron, sintió cómo la sangre le hervía, y no precisamente por enfado.

    Hubo mordiscos torpes, hubo caricias en el rostro, hubo contactos con la lengua. Hubo dudas ígneas y tormentosas, y unos latidos que estuvieron a punto de destrozar la caja torácica de Marina. Hacía tanto que no se sentía así…

    No. No. No. Recuperó la cordura y, sobre todo, recuperó el miedo. Apartó gentilmente al chico, cuya boca alcoholizada se relamía satisfecha, y tuvo que tomar aire antes de poder hablar:

    -Sergio, yo… lo siento mucho. Soy tu profesora, estás bajo mi supervisión y no tendría que haber hecho esto.

    -No pasa nada, profe -insistió él, con una chulería inédita-. Nadie se va a enterar. Se nota que también le apetece, yo soy mayor de edad… con todas las putadas que suceden en el mundo, no hay que perder la cabeza por algo que no va a hacer daño a nadie.

    Colocó de nuevo la mano en su pierna, y ella no la retiró. Se dejó llevar mientras esos cinco dedos ascendían, deslizándose por su piel con un tacto culpablemente placentero. Dejó escapar un suspiro.

    -No, yo… cariño, yo tengo marido.

    Una sonrisa taimada se asomó al rostro del muchacho.

    -La verdad, profe, me suda la polla que tenga marido. Y creo que a usted también.

    Sus labios volvieron al asalto, y los de ella no se quejaron. De hecho, su propio brazo, como por ensalmo, se deslizó por el pantalón de traje que llevaba el chaval.

    -Madre mía… -susurró, con los ojos abiertos como platos, al tocar lo que eso escondía. No supo decir si Sergio estaba orgulloso o avergonzado, pero sí que hacía tiempo que no probaba una polla de ese calibre.

    Con una lentitud agónica y morbosa, la acarició. Escuchó cómo el gemía como un animal salvaje, disfrutando por primera vez del papel de macho que le había reservado la naturaleza.

    -Joder, qué manos tan suaves tiene, profe…

    Sonrió. El chaval tenía labia, después de todo. O quizá ella estaba muy cachonda y muy desatendida.

    -Y tú tienes un pene… tienes un pollón enorme.

    -¿Sí? ¿Dónde lo quiere?

    -Adivínalo, machote… -respondió, acariciando su entrepierna con un guiño malévolo. Ya no había lugar para la ambigüedad, ya no podía fingir que se trataba de un malentendido. Era todo o nada, y lo quería todo.

    Sergio tragó saliva y asintió, pero no se la sacó. Por el contrario, se incorporó para luego agacharse delante de esos muslos generosos que su maestra se había esforzado en esculpir. Ella adivinó lo que pretendía, y le indicó con la mano que lo hiciera.

    -No llevo bragas…

    -Vaya, profe, parece que es usted más viciosa de lo que pensaba.

    Y, sin más dilación, enterró la cabeza en el lugar donde sus piernas se encontraban. Marina supuso que había leído sobre el sexo oral en Internet y estaba deseando probarlo. Por eso, empezó a moverse por debajo de su falda con el entusiasmo vigoroso de la juventud, con acercamientos torpes pero efectivos.

    Cuando su lengua finalmente tocó su clítoris, Marina dejó escapar un jadeo.

    Sergio lamió su coño sin grandes alardes de destreza sexual pero de manera digna, eficaz. Ella se sintió como una reina, siendo masajeada en su interior por esa juventud insolente que quería tocarlo todo, chuparlo todo, probarlo todo, recoger todas las rosas de la campiña hasta dejarla desierta. Vibraciones constantes de placer recorrieron su cuerpo maduro, y se empapó de su juventud mientras él se empapaba de los jugos que su sexo rezumaba sin mesura.

    -Joder, para esto no necesitas profesor, cabrón… me cago en Dios, qué bueno eres…

    Y era cierto: una vez superados sus reparos iniciales, Sergio convirtió su lengua en un proyectil que no se cansaba de golpear su interior. De penetrar no solo su coño, sino sus tabúes, su moral, su fidelidad a su marido y a su trabajo. Se tapó la boca para que nadie pudiera oír cómo gemía por culpa de ese niñato. Pero los chillidos huyeron de su boca de todos modos, conforme el éxtasis iba en aumento. Como una olla a presión, el placer fue en aumento de manera excesiva y barroca, desbordante, húmeda.

    Hasta que explotó.

    Gritó como si no hubiera un mañana, y solo se tapó la boca después de unos segundos. Tiritó, tembló. Sergio se retiró, consciente de que había conseguido por primera vez que una mujer se corriera. Marina jadeó, sudorosa, mientras su alumno se levantaba. Clavó su vista en ese bulto de sus pantalones.

    -La necesito… -gimió, convertida en una colegiala tonta y enamorada-. La necesito…

    El chaval sonrió.

    -Claro, guapa. Enseguida…

    Se detuvo, tocándose el estómago.

    -Espere, profe. Voy al baño un momento.

    Y fue, dando tumbos, hasta el lavabo. Ella se mordió el dedo índice, esperándolo.

    Pero, cuando lo oyó, supo que esa noche no pasaría nada.

    Entró al baño, todavía con las piernas trémulas por el orgasmo, para ver a ese pobre chico arrodillado en el váter, vomitando toda su valentía.

    -Ay, pobrecito… -se lamentó, agachándose para acariciarle el pelo-. Venga, sácalo todo y te llevo a tu habitación.

    El chaval sacudió con la cabeza.

    -No. Todavía… todavía puedo. Esta es una noche… bonita, la… la mejor de mi vida. Y quiero que… quiero…

    Pero la madura cachonda había vuelto a ser la profesora, y negó rotundamente con la cabeza.

    -No. Estás borracho, Sergio.

    -Por favor…

    Volvió a acariciarle.

    -Mira, vamos a hacer esto. Yo te doy mi número y, cuando volvamos al pueblo, tú me llamas. Y, entonces, acabamos con esto. ¿Te parece bien?

    Él la miró con cierto resentimiento, seguramente acostumbrado a excusas como esa.

    -Vale. Vale, profe. Esto ha estado muy bien. Gracias.

    Marina le besó en la frente.

    -Gracias a ti, galán. No me lo he pasado tan bien desde hace mucho tiempo.

    -Y mejor que te lo vas a pasar… cuando nos veamos.

    Cariñosa, Marina le limpió con agua los restos de vómito y de jugos vaginales que adornaban su rostro. Luego, apuntó en un papel su número de teléfono y se lo metió en el bolsillo. Estuvo a punto de cambiar de opinión al rozar su generoso pene, pero la sensatez se impuso.

    -Venga. Te voy a llevar a tu cuarto, guapo.

    Tras arreglarse y revisar bien el pasillo para comprobar que no había nadie, y lo guio hasta su habitación con rapidez. Solo al llegar se dio cuenta de que lo había estado llevando de la mano. Pero es que su piel se sentía tan bien…

    -Bueno, guapito, te dejo aquí-le dijo a su mejor alumno, que tanto tenía que aprender-. He pasado una muy buena noche.

    -Yo también, profe.

    Con esa despedida, se alejó por el pasillo, sonriente y pizpireta, joven y experimentada al mismo tiempo. En ese instante, aunque sentía cierta culpabilidad por el patán de su marido, no pudo sino pensar en que se estaba llevando un buen recuerdo al cementerio.

    Durante el viaje de vuelta, pudo observar que Mauro y Verónica estaban más cariñosos el uno con el otro. Si esos dos también habían encontrado algo en ese hotel, bien por ellos. Ella no podía esperar a que esas vacaciones llegaran a su fin, a que pudiera dejar de apartar la cara cada vez que su mirada se cruzaba con la de ese chico.

    Lo vio, de nuevo en su asiento. De nuevo solo. Con el rostro agachado en su libro, que ya estaba terminando.

    Se preguntó cuánto recordaba, se preguntó si se arrepentía. Se preguntó si podría mirarlo a los ojos alguna vez y pedirle perdón. De lo que estaba segura era de que ese desdichado muchacho tímido no tendría el valor de llamarla de nuevo. Eso era un alivio, era una alegría.

    ¿Lo era?

    Porque, a decir verdad… a decir verdad, era una pena. Podría haber enseñado a ese chaval muchas cosas, podría haberse convertido en otro tipo de profesora para él. Y podría haber gozado, sí, de todos los orgasmos que el cuerpo le pedía y que las circunstancias no estaban dispuestas a darle.

    Ay, Sergio, qué cosas tan buenas le podría haber dado a ese muchacho…

    Cuando llegó al aeropuerto, su marido las recogió en el coche y se las llevó al pueblo. Desde el asiento de delante, habló por el móvil con sus compañeros, paseó parsimoniosa por las noticias de prensa nacional que se había perdido. Cuando le llegó una notificación desconocida, pensó que se trataba de spam. Al menos, hasta que tuvo que esconder el teléfono para que no se viera esa polla erecta y deliciosa que había entrado en su chat.

    Se apoyó en su asiento, respirando entrecortadamente. Sonriendo. Cachonda como nunca antes. Y agradecida, pletórica, porque ese muchacho había decidido incidir en su error.

    Le envió un mensaje detallando una fecha y una hora en la que su familia no estaba en casa. Y que fuera lo que Dios quisiera.