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  • Cogiendo con un taxista

    Cogiendo con un taxista

    Hola que tal soy su amiga Karina y ahora les voy a contar algo que me sucedió con un taxista hace ya algunos meses.

    Esto sucedió un viernes por la noche, ese día fui a la casa de una amiga, me invito ya que iban a celebrarle el cumpleaños a su mama, llegue por la tarde noche después de salir de trabajar, porque fui a casa a darme un baño y cambiarme de ropa, me vestí como siempre suelo hacerlo muy sensual (más bien muy puta), me puse un vestido en color negro escotado sin bra y tanga del mismo color y zapatillas, fui sola ya que mi marido por cuestiones de trabajo había salido de la ciudad y regresaría hasta media semana y mis hijas se habían ido de fin de semana con mis padres a Guadalajara, al llegar a la casa de mi amiga la salude así como a su marido y obviamente a su mama que era la festejada, también salude a los conocidos, y mi amiga me presento a algunas personas y al estar a solas un momento con su marido este medio una rica nalgada y me dijo al oído “mmmmm Karina que puta te ves me encantas y quiero volver a meterte la verga”, le sonreí muy puta y le di un leve apretón en la verga y le dije “si papi cuando quieras ya sabes que me encanta tu verga y soy tu puta”.

    Después de esto nos pusimos a platicar para no despertar sospechas de nadie, al poco rato se me acercan para saludarme los hermanos de mi amiga y decirme que me veía muy buena y muy puta así vestida, cosa que les agradecí con una sonrisa y salimos un momento al patio ya que ellos estaban fumando y al estar ahí uno de ellos se me acerco por atrás me abrazo y repego su verga la cual empezaba a ponerse dura y besándome el cuello y acariciándome las tetas me dijo “Karina no sabes las ganas que tengo de meterte la verga otra vez” y yo me puse de frente a él y le di un beso y repegandome en su verga para sentirla en mi panocha le dije “cuando gustes ya sabes donde vivo papi”, en eso se acercó su hermano y me dice “y que para mí no hay nada puta”, le dije “claro que si tú también sabes que me encanta tu verga” y diciendo esto me acerque a él y comencé a tocarle la verga por encima del pantalón así estuvimos un rato hasta que nos separamos porque escuchamos ruidos cerca.

    Regresamos al interior de la casa para seguir en la reunión, pero yo estaba sumamente caliente por lo que había pasado con el marido de mi amiga y sus hermanos.

    Al poco rato empezamos a bailar y al estar bailando con el marido de mi amiga o con sus hermanos disimuladamente me agarraban las nalgas o las tetas y rozaban sus vergas en mis nalgas, cosa que me tenía muy muy caliente.

    Pero no podíamos hacer más, así que me resigne y al poco rato decidí retirarme de la reunión al despedirme de ellos el marido de mi amiga me dijo, “tendrás tiempo mañana?”. Le conteste que sí, que mi marido había salido de viaje y mis hijas no estaban, “perfecto entonces mañana voy a visitarte puta para terminar lo que empezamos hoy”, le agarre la verga y le dije “si yo también quiero que me metas esta rica verga”, así me despedí, salí con la intención de llegar lo más pronto posible a mi casa y jugar con unos ricos juguetitos que tengo para esas ocasiones que me encuentro sola porque la verdad es que estaba sumamente cachonda. Mi intención era irme caminando ya que mi casa está relativamente cerca pero decidí tomar un taxi para llegar lo más pronto posible, así que pare el primer taxi que venía y me subí en la parte de enfrente en el asiento del copiloto, y como siempre sucede al subirme el vestido se me subió aún más llegando casi a media pierna, cosa que el taxista noto y no quitaba la vista de mis piernas y como no queriendo al hacer los cambios de velocidad rozaba mi pierna, cosa que me puso aún más caliente de lo que ya estaba, así que me dije bueno pues vamos a ver qué pasa y en un descuido de el pegue más pierna a la palanca y el noto eso pero no hizo nada en ese momento y al hacer un cambio de velocidad volvió a rozar mi pierna y dejo su mano ahí sobre la palanca y rozando con los dedos mi pierna, al ver que yo no decía nada coloco su mano sobre mi pierna y ya con más confianza comenzó a sobar mi pierna y a meter la mano lo más que podía, yo como ya estaba súper caliente abrí las piernas para facilitarle la maniobra y ya sin esperar ni decir nada metió su mano hasta llegar a mi panocha la cual sobo por encima de mi tanga ya mojada, me volteo a ver y le sonreí y dijo “ah que zorrita cachonda me toco eh ya traes la pepa escurriendo quien o que te puso así putita?”.

    Hizo a un lado la tanga con los dedos y comenzó a meterlos en mi panocha, rozaba mi clítoris y metía sus dedos, los giraba dentro de mi panocha haciéndome gemir, me tenía loca de placer y comencé a sobarle la verga por encima del pantalón, como pude le saque la verga del pantalón y comencé a acariciarla de arriba a abajo, poco después me incline para darle una rica chupadita a la cabecita, entonces él me dijo “te voy a llevar a un lugar más tranquilo puta”, le conteste que sí y mientras conducía rumbo a el lugar no dejaba de dedearme muy rico y yo no dejaba de acariciarle la verga, llegamos a una calle muy oscura y solitaria, apago el coche e hizo su asiento atrás lo mas que se pudo y se bajó el pantalón y su bóxer, me incline para empezar a chuparle la verga mientras lo hacia el acariciaba mis nalgas y mis tetas y me decía “ahhhh que rico lo chupas putaaaa que rica mamada me estás dando que putaaaa eres”, yo le chupaba la verga y acariciaba sus huevos, el subía su cadera para meterme la verga lo más profundo que podía y mientras se la chupaba no dejaba de dedearme, gruñía, gemía y me decía “siiii asiii uyyy que ricooo, que ricooo trágatela todaaa que deliciosooo putaaa”.

    Después de un rato de estársela chupando saco un condón y se lo coloco, mientras que yo me subí el vestido hasta la cintura y el hizo a un lado mi tanga y me senté en su verga para comenzar a subir y bajar en ella mientras él me chupaba las tetas y me decía “ahhhh que rico te la comes putaaaa que ricooo, aaaah eres una putaaa muy sabrosa aaaah que ricooo”, yo estaba en la gloria disfrutando de su rica verga, ya que al metérmela también me chupaba la tetas y eso me estaba volviendo loca, “siiii asiiii papiiii, asiiii que ricooo me estas metiendo la vergaaa y que rico me chupas las tetas no paresss papiiii, mmmm que ricooo”.

    Me estuvo cogiendo un buen rato hasta que me dijo que se venía y saco su verga rápidamente de mi panocha se quitó el condón y me incline para chupársela sentí como se hincho su verga en mi boca y comenzó a venirse en mi boca, sentí su leche caliente y le chupe la cabecita mientras sobaba sus huevos, termino de venirse y yo me trague su rica lechita sin desperdiciar una sola gota le limpie bien la verga con mi lengua nos quedamos el recostado en el asiento y yo aún lado sobre su pecho y acariciándole la verga y huevos me volví a inclinar y le comencé a chupar otra vez la verga, me dijo “tienes tiempo como para ir a un lugar más cómodo perrita?” Le dije “si papi tengo toda la noche si quieres”, “ok no se hable más vámonos”, acomodo el asiento nos arreglamos la ropa y me llevo a un motel, entrando me beso y me manoseaba súper rico y yo a él, me quito el vestido y quede solo en tanga y zapatillas, él se desvistió completamente y comenzó a chuparme las tetas me puso en la orilla de la cama y me dio una riquísima mamada de panocha que me hizo venir deliciosamente, así como estaba me puso las piernas sobre sus hombros y me dejo ir toda la verga de un solo empujón haciéndome gemir y gritar de placer, me envestía durísimo y me encantaba que así lo hiciera, aaaay papiiii que ricooo me estas cogiendo muuuy ricooo.

    -Siiii putaaaa que buena estas me gusta cómo te comes mi vergaaa aaaah que buena cogidaaa putaaa.

    Después me dijo “ponte en 4 perraaa”, rápido me acomode como me lo pidió y comenzó a meterme la verga así, fue delicioso sentir como me la metió hasta el fondo y así se quedó un ratito, luego comenzó con el mete y saca y me daba nalgadas, jalaba mi cabello y me daba ligeros pellizcos en mis pezones, me tenía loca de placer y le gritaba que no parara que me estaba cogiendo deliciosooo.

    Mientras me cogia comenzó a meter un dedo en mi culito, me daba a chupar su dedo una y otra vez yo se lo dejaba lleno de saliva y él lo metía en mi culito de tal forma que comenzó a dilatarlo, “siiii asiiii papiiii asiii mmmmm que ricooo me estas cogiendooo papiiii me encantaaa”.

    Cuando sintió que mi culito estaba listo me saco la verga de la panocha y coloco la punta de su verga en la entrada de mi culito puso saliva en el y trato de meter la puntita, me dijo “ay putita lo tienes bien apretadito mmmmm que rico pinche zorraaa”, entonces me dio una nalgada y dijo “afloja el culo putaaa al sentir la nalgada se me relajo el culo” y el aprovechó ese momento y me metió la verga hasta el fondo, cosa que me hizo gritar y gemir como una perra, “siiii asiiii putaaa grita y gime como la perra que eres, aaaah que buen culo tienes zorraaa, está bien apretadito que rico me aprietas la verga pinche putitaaa mmmmm que ricooo culooo”.

    Y comenzó a sacármela lentamente mientras que metía sus dedos en mi panocha y jugaba con mi clítoris haciéndome aullar de placer.

    Una vez que saco toda la verga de mi culito me dio unas nalgadas con él y volvió a llenármelo de saliva para volver a metérmela pero esta vez lo hizo lentamente hasta que la tuve toda adentro y empezó con un delicioso mete y saca sin dejar de dedearme la panocha, de pronto sentí un gran orgasmo y esto hizo que mi cuerpo se tensara aprisionando su verga dentro de mi culo, gritando, gimiendo y diciendo “siiii, siiii, papiiii, papiiii, aaaah que ricooo, que ricooo”, el sintió como le apretaba la verga y me decía “siiii perritaaa venteee, aaaah, que ricooo aprieta tu culooo putaaaa”, termine de venirme y me sentí desfallecer relajando todo el cuerpo y el comenzó nuevamente con el mete y saca delicioso hasta que entre gruñidos y gemidos me dijo que estaba a punto de venirse, me saco la verga y se vino sobre mis nalgas embarrándome su leche en ellas y dándome ricas y deliciosas nalgadas con la verga.

    Quedamos recostados en la cama yo boca abajo y el boca arriba tratándonos de recuperar de la deliciosa cogida que nos dimos.

    Una vez repuestos nos besamos súper rico y cachondamente y nos metimos a bañar ahí en el baño se la volví a mamar hasta que se vino y me trague su lechita.

    Nos vestimos salimos del motel y me fue a dejar a mi casa quedando en que muy pronto volveríamos a vernos para otra deliciosa cogida.

    Espero les haya gustado esta aventura y les dejo una vez más mi correo para cualquier comentario ya saben estoy a sus órdenes en [email protected].

    Bye besitos.

  • Aventura en el gimnasio

    Aventura en el gimnasio

    Me puse mis mallas y mis tirantes y me fui al gimnasio. Cuando entré allí estaba él, como cada día, esperando a que llegara para explicarme los nuevos ejercicios que me esperaban aquella mañana de viernes. No había mucha gente aquella mañana así que tenía al monitor solo para mí. Empezó a explicarme y enseñarme los ejercicios de mi nuevo entrenamiento y solo con estar a su lado ya me subían las pulsaciones. Empecé con algo de cardio y pronto pasé a los ejercicios de fuerza. Como al principio me costaba un poco, él vino a ayudarme, acariciando mi cuerpo para ayudarme a poner la postura correcta.

    Pronto el gimnasio se quedó prácticamente vacío y nos dejamos llevar. Sus manos acariciaban mi cuerpo cada vez más lento y sus labios empezaban a besar mi cuello desde atrás mientras mis pulsaciones se disparaban. Me giró y buscó mis labios hasta fundirnos en un apasionado beso que desató la llama que había entre nosotros. Poco a poco nuestros cuerpos se ponían más cerca y sus manos acariciaban mis nalgas mientras mis labios besaban su cuello y mis manos se perdían bajo su camiseta. Se la quité. Me quitó la mía y sus labios bajaron a saborear mis pechos. Yo gemía. Disfrutaba. Simplemente me dejaba llevar.

    Me dio la vuelta, bajó mis mallas y se perdió entre mis nalgas haciéndome gemir. Su lengua se perdía entre mis piernas. Yo gemía y gemía disfrutando cada segundo. No aguantaba más. Una sensación empezó a recorrer mi cuerpo. Era un intenso orgasmo que me hizo gritar. Me giré y me dejé caer de rodillas. Mi mano se perdió bajo su ropa en busca de su pene. Ya estaba empalmado. La saqué y empecé a recorrerla con mi lengua. La acariciaba lentamente con las yemas de mis dedos y mi lengua. Empezaba a besarla y pronto me la llevé a la boca. La chupé lentamente empezando a sentir como se estremecía. Subí poco a poco la intensidad. Él gemía. Me sujetaba del pelo. Sentía como disfrutaba con el tacto de mis labios. Salía. Entraba. Le daba placer. Le miré a los ojos y nos leímos el pensamiento. Queríamos hacerlo.

    Puse mis manos sobre uno de los bancos y, mientras nos fundíamos en un beso, sentí como su pene entraba lentamente en mi vagina estremeciéndome el cuerpo. Entraba y salía delicadamente. Poco a poco la intensidad subía. Mis gemidos iban en aumento. Ambos gemíamos. Disfrutábamos el momento. Nos dejamos llevar. Me sujetaba el pelo. Me azotaba de vez en cuando. Recorría mi espalda con sus manos. Mi cuerpo se estremecía con cada orgasmo. Me apetecía cambiar y él se dejó caer sobre la toalla en el suelo. Me senté encima. Me metí su polla en mi vagina y comencé a cabalgar. Mi cuerpo subía y bajaba mientras sus manos sujetaban mi cintura. A veces me dejaba caer en busca de sus labios. Sus manos acariciaban mis pechos. Cerraba los ojos y se dejaba llevar. Gemíamos. Disfrutábamos. Nos dábamos placer. Su cara lo expresaba claramente. Quería correrse. Yo quería disfrutar de su corrida. Me puse de rodillas y me llevé su pene a mi boca. No tardó en llegarme la extraña sensación de su semen golpeando mi paladar. Se escurría entre mis labios y ambos disfrutamos de aquel momento.

  • Nuestra amiga argentina le cumple fantasías a su novio

    Nuestra amiga argentina le cumple fantasías a su novio

    Ya les conté que con mi novio decidimos seguir juntos pero de una manera distinta, cumpliendo las fantasías que teníamos, así es como le cumplí la fantasía que me cogiera un amigo de él delante de él y hacer un trío con una amiga mía.

    Mi novio me dijo un par de veces que tenía la fantasía de que me porte como una puta (no como una trolita), como una puta de las cobran, que trabajan en los departamentos privados, yo como trolita me se portar jeje, ustedes lo saben bien, pero como una prostituta, no sé, que se yo.

    Pero no me pareció mala la idea como para jugar un poco, hasta que se me dio, hoy después del mediodía que yo taba sola en casa con la chica que limpia.

    La cosa es que mi novio me manda un whatsapp y me pregunta si hoy quería ser la prostituta de él, le dije que si no le podía decir que no, si anoche lo cague con el hermano de mi amiga.

    Me llama, como si no me conociera y la conversación, más o menos fue así (repito, no sé cómo hablan o se manejan las prostitutas)

    Mi novio: Hola Caro, te llamo por el aviso que publicaste en Internet

    Yo: si, bb que querías saber

    Mi Novio: decime como sos, cual es el servicio y cuánto cobrás?

    La verdad es que cuando me preguntó cómo era el servicio me quede seca. ¿De dónde saco este lo del servicio?, está bien yo no soy una santa y sé que lo cagué, pero este, ¿cuantos gatos se comió, para hablar así?, aparte no sabía que contestarle, y más o menos le dije algo así:

    Yo: Soy (bueno le conté como era) y te hago lo que quieras por $ 300 (que se yo lo que cobra una puta jaja)

    Mi novio: bueno dame la dirección y en 30 minutos estoy ahí

    La cosa es que tampoco yo sabía cómo se visten las putas en los departamentos, pensaba, lo espero en bolas, solo con una camisa, y me acordé que en muchos videos que vi, las minas están con tacos.

    Entonces le aviso a la chica que limpia que cuando toque el timbre mi novio lo haga pasar a mi cuarto (así me preparaba).

    Me pongo unos zapatos con taco muy alto, el mejor conjunto de ropa interior y una bata muy cortita, que apenas me tapa la cola.

    Bueno llega, entra a mi cuarto, (la idea era como si yo fuera una puta en serio y no me conocía), yo estaba con la bata semiabierta y le digo:

    -Hola bb.

    Entonces el me mira y me dice que era muy linda pero antes de pagar quería ver la mercadería que compraba (mira al HDP, la tiene muy clara, si estoy segura que se comió todos los gatos del Botánico, pero me hice la boluda, tampoco soy una santa jeje).

    Bueno la cosa es que me paro, me saco la bata, me dice que estaba muy linda, pero me quería ver desnuda antes de pagarme, entonces me saco el corpiño y la bombachita (les digo algo, una cosa es que me ponga en bolas cuando estoy caliente, pero así en frío, me dio cosita jeje), me pide que me de vuelta, me toca la cola y después me masajea un poco la tetas, recién ahí me deja los $ 300 sobre el escritorio.

    Como una buena putita, le masajeo la pija sobre el pantalón, después le bajo el cierre, le saco la pija, le saco los pantalones y le dijo que se siente en la cama; cuando se sienta en la cama, le empiezo a acariciar la pija, los huevos, le beso la pija y se la empiezo a chupar muy de a poco, despacito, hasta que me la meto toda en la boca, siempre mirándolo.

    El seguía sentado en la cama y me dice ven que te quiero coger, y yo le digo -si bb, pero con forro, y saco uno del cajón de la mesa de luz (jeje se quedó helado, no pensaba que yo tenía forros, lo cague), le pongo el forro, me pongo arriba de él y me empieza a coger.

    La verdad es que me calenté porque la situación me excitaba mucho, le digo que por $ 100 más le doy la colita, y el pjjotero me dice que no jaja, bueno la cosa es que me empieza a bombear hasta que acaba, yo no acabé, como una buena puta simule un orgasmo.

    Se la chupo bien para que le quede bien limpita, se viste, yo me pongo lo mismo que tenía, lo acompaño hasta la puerta, le doy un besito en la mejilla y le digo que podía venir cuando quisiera (la chica que limpia en casa debe pensar que soy más puta que las gallinas, porque me vio como estaba cuando lo acompañe hasta la puerta jeje).

    Después me manda un whatsapp y me dice que si algún día se queda sin laburo me hace trabajar de puta que lo hice muy bien.

    Ahora yo me pregunto. ¿Cómo sabe que lo hice muy bien?, pero bueno, no me puedo poner en la mujer engañada, ¿no?, nuestra relación es así:

    Aparte me quedé con los $ 300 que ni en pedo se los devuelvo jaja.

  • Favores íntimos

    Favores íntimos

    Mi nombre es Javier, y esta es mi increíble historia.

    Un día estando en un bar me encontré con un amigo llamado Esteban que ya tenía tiempo de no ver.

    Después de platicar por un largo rato, nos pusimos al día.

    Me comentó que estaba saliendo con una chica muy atractiva llamada Sheila, y que querían hacer algo un poco loco.

    – Estamos pensando en grabarnos teniendo sexo.

    – Que bien, háganlo

    – Si, de hecho ya lo hicimos pero no nos gustó. El video sale muy movido.

    – Si, me imagino porque -Respondí riendo.

    – Realmente no tenemos a nadie de confianza. Si te pidiera el gran favor de grabarnos ¿lo harías?

    – Mmm, ¿qué? ¿Estas bromeando? -Pregunte sorprendido.

    – No, es en serio Javier. Si quieres hasta puedo pagarte.

    – No, no ¿cómo crees? Si es que los grabó, sería solo como un favor.

    – Sí, anímate. Será divertido para todos ¿no crees?

    En ese momento, no sabía que pensar. Si debía hacerlo o no, pero me insistió y terminé por acceder.

    El gran día llegó. Toqué el timbre y me recibieron muy bien arreglados.

    – ¿Estas nervioso? -Me preguntó Sheila después de que habernos sentado en la sala

    – Si, algo ¿ustedes no?

    – Si, mucho -Me respondieron casi al mismo tiempo.

    Los tres sonreíamos de forma un poco nerviosa y de pronto el silencio invadió la sala.

    – ¿Les parece bien si comenzamos? -Nos preguntó Esteban

    – Si -Respondimos Sheila y yo.

    Nos dirigimos a su alcoba y ellos comenzaron a besarse y a quitarse la ropa poco a poco mientras yo los grababa. Sheila quedó en un minivestido semitransparente de lencería y zapatillas negras mientras le hacía el sexo oral a Esteban. Poco después Sheila se recostó en la cama y se abrió de piernas para recibir los besos y caricias de su novio.

    Esteban hizo a un lado su pantaleta para poder decirle cuanto la amaba usando solo sus labios y su lengua. Sheila comenzó a jadear. En ocasiones yo grababa sus gestos de placer, en otras grababa lo que sucedía ahí abajo en su entrepierna. Esteban le retiró a Sheila las pantaletas con cierta ternura y se introdujo dentro de ella mientras Sheila empezaba a gemir de forma muy sexy y erótica.

    -Ahhh, ahhh, ahhhh Si, así, rico, dame rico Esteban -Alcanzaba a decir ella mientras ponía sus ojos en blanco y gemía.

    Mientras los grababa pude notar que los pezones de Sheila estaban erectos y que sobresalían a través de su lencería. Al parecer Esteban no quería que Sheila apareciera completamente desnuda en el video, quizás para que yo no pudiera verla. Yo estaba tan cerca de ellos que Sheila me tomó del antebrazo con fuerza mientras Esteban la hacía suya con una gran pasión. De pronto él salió de ella y empezó a derramarse sobre el vientre caliente de Sheila mientras ella lo ayudaba con su mano. Ellos sonrieron de satisfacción y se besaron.

    -¿Salió bien el video? -me preguntó Esteban emocionado

    – Si, todo salió muy bien -Le respondí un poco agitado.

    Debería de ir al baño a masturbarme, me siento muy excitado, pensé. Sheila percibió mi desconcierto. De pronto, dijo algo, como si me hubiera leído la mente.

    -Esteban, te amo y tú lo sabes. -Dijo mirándolo a los ojos- Pero ¿por qué no dejas que el también disfrute?

    El la miró extrañado, casi molesto. Una leve discusión amenazaba con aparecer. Entonces me pidieron amablemente que los dejara un momento a solas. Salí del cuarto y cerré la puerta. Aun así podía escuchar lo que decían.

    – ¿Acaso quieres acostarte con él? ¿Por qué? ¿Te gusta?

    – Él está haciendo un gran esfuerzo por grabarnos y aunque no lo creas él también se excita. Nos está haciendo un favor que no cualquiera haría. No se me ocurre otra forma más adecuada de agradecérselo.

    – Pero él no debe participar de esa forma. -Reclamó Esteban.

    – Si te refieres al plano sexual, ya está participando al estarnos grabando tan de cerca.

    Después de una larga pausa, Esteban dijo:

    – Mmm, ok, entiendo… no está bien que él se quede simplemente mirando, pero cuídate por favor. Yo no quiero ver.

    Entonces me llamaron y entré.

    – Que ya no te martiricemos más, dice Sheila. -Me dijo Esteban resignado.- Por favor usa condón, yo iré por un trago. Que la disfrutes amigo para que veas que soy compartido.

    No podía creer lo que escuchaba. Entonces nos dejó a Sheila y a mí solos en la habitación. Lo primero que hizo Sheila una vez que Esteban se había ido fue quitarse la lencería para mostrarme los senos sin reparo alguno.

    – ¿Qué opinas? ¿Te gustaría que nos portemos mal un ratito? -Me dijo al tiempo que enredaba mi cuello entre sus brazos rubios.

    Poco después me quitó el pantalón y comenzó a acariciar mi miembro ya de por sí erecto con sus suaves manos, hasta que se lo metió a la boca.

    – No creo aguantar mucho -Le dije al tiempo que jadeaba.

    – Está bien niño guapo, vente. -Me dijo mientras me acariciaba de arriba a abajo con su mano.

    De pronto, las primeras gotas comenzaron a salir expulsadas con fuerza de mi pene cayendo en sus labios rojos, seguido de una gran cantidad de semen. Ella saboreaba con su lengua aquel líquido espeso que había alcanzado entrar en su boca.

    – Vuelvo enseguida -Me dijo sonriendo y se metió al baño a lavarse la cara.

    Al salir me dijo se acercó a mí y comenzamos a besarnos.

    -Tengo tantas ganas de ti desde que te conocí aquel día. Hazme tuya Javier, ya no aguanto.

    De pronto me abrió las piernas y me acerque a su vagina para besarla y hacerle el amor con mi lengua. Sus labios menores estaban salidos y su vagina entreabierta debido a las penetraciones previas de las que había estado gozando. Ella no paraba de acariciarse los pezones mientras me la comía con la lengua, inundando la habitación con sus sexys gemidos. Poco después me coloqué el condón y me acerque a su entrada húmeda.

    – Espera ¿No te quieres llevar un recuerdito? -Me preguntó al tiempo que me pasaba la videocámara.

    Entonces cambié la cinta y comencé a grabar mientras la penetraba. El hecho de pensar que lo estaba haciendo con la novia de mi amigo me excitaba aún más.

    -Ah, Ahhh… rico Javier… rico, dame rico. -Balbuceaba entre gemidos.

    Después de estar cogiendo así por un rato, sentimos la necesidad de cambiar de posición.

    -¿Me harías un perrito? Esa posición me encanta -Me dijo suplicante.

    Atento a su solicitud como un caballero que soy, me coloqué detrás de ella. En una mano tenía la videocámara y con la otra la sujeté con fuerza por la cintura. Poco a poco mi miembro húmedo y erecto se abría paso entre sus labios menores, ya de por sí entreabiertos. Empezamos a tomar ritmo. Mi pene entraba y salía dentro de ella, mientras sus nalgas blancas golpeaban mis muslos.

    -Ahhh, ahhh rico, rico Javier, que rico… dame rico, dame duro, ahh, ahh -Decía entre bellos gemidos.

    Yo no dejaba de darle lo que me pedía una y otra vez. Yo resbalaba tan, pero tan rico dentro de ella, como si fuese un tubo bien lubricado. La vista que tenía de su trasero curveado era fantástica, y lo mejor es que lo estaba grabando.

    – ¿Rico Sheila? -Le decía para excitarla.

    – Ahh, si Javier, rico, muy rico. Ahh… ¡Me encanta como coges!

    – Estas buenísima, buenísima -Volví a decirle mientras le hacía el amor por detrás.

    – Ahhh, ahhh, disfrutalo guapito, disfrútalo ¡Mi culo es tuyo!

    Y así lo hice, disfrutarlo y disfrutarlo hasta que no aguanté más. La vista que tenía de sus nalgas me excitó demasiado y volví a venirme, esta vez dentro de ella y del condón. Salí de ella despacio y me acerqué a su trasero. No pude evitar la tentación de llenarlo de besos y caricias, desde la cintura hasta sus zonas más íntimas. Sheila volteó a verme sorprendida, casi agradecida. Nunca olvidaré su mirada de satisfacción hacía mí.

    – Rápido, saca la cinta y escóndela para que te la lleves. -Me dijo sonriendo.

    Nos recostamos un momento, y mientras platicábamos de lo rico que había estado, llegó Esteban.

    – Veo que han terminado ¿Estuvo rico? -Nos dijo un poco serio.

    – Será mejor que me vaya. Aquí está la cinta. Gracias por «todo» -les dije.

    – No, gracias a ti por tu ayuda. Esperamos que la hayas pasado bien tanto como nosotros -Me dijeron los dos ya más relajados.

    – Si, mucho. Muchas gracias -Les agradecí.

    Cuando me dirigía a la puerta Esteban me dijo:

    – Javier, si volvemos a pedirte que nos acompañes ¿contamos contigo?

    – Claro que sí -Les dije emocionado.

    Poco después se acercó Sheila y se despidió de mí con un beso en la boca.

    FIN

  • Primera vez de Camila en un club swinger

    Primera vez de Camila en un club swinger

    Quiero conocer un lugar swinger dijo Camila…

    Hace rato no escribía a pesar de mi afición por la redacción, pero la falta de tiempo y sobre todo de material me lo habían impedido. Los que ya conozcan alguna creación mía sabrán que más que un escrito, cuento o narración, procuro hacer una crónica, basado en hechos reales y tratando de transmitir con total veracidad la mayor cantidad de detalles y sensaciones vividas; así que sin más introducción:

    Tarde de fútbol, lluvia y sexo.

    (El único dato no veraz que encontraran a continuación es el nombre de la protagonista, el cual fue cambiado a “Camila” para proteger el anonimato de la aventurera).

    Camila me había confesado que una de sus mayores fantasías era conocer un lugar swinger, y aquí en Bogotá hay varios; así que simplemente llegado el día le dije vamos, y escogí uno de mis favoritos para pasar una tarde entera. El sitio queda en Chapinero y pertenece a la categoría a la que un crítico de la ciudad denominaría “bizarra”; Una gran casa en la mitad de una cuadra en la tradicional zona de chapinero, sin letreros, sin nada en la fachada que pueda alertar de las maravillas que pasan adentro, pero para los que la conocemos, templo de la diversión. (Creo que uno de los placeres más sanos es definitivamente el sexo, el sexo bien practicado y con protección).

    Escogimos el martes del partido Colombia-Australia, ya que allí lo transmitirían en pantalla gigante, además que por la hora y fecha el lugar no estaría muy concurrido, lo que resulta conveniente cuando se visita por primera vez.

    Tres de la tarde: golpe de clave en la puerta como en cuento policiaco para que nos permitan la entrada. En la barra ubicada junto al vestíbulo nos hacen entrega de las llaves de nuestros respectivos lockers donde debemos dejar TODAS nuestras prendas y tomar las toallas para poder ingresar al lugar. Una vez cambiados ofrecí hacerle un rápido recorrido para que conociera las instalaciones; el jacuzzi del tamaño de una piscina pequeña, la zona de turcos con tres ambientes según la temperatura a resistir; luego subir al área de la terraza de descanso, el sauna (que tiene también tres ambientes), el cuarto oscuro, el de exhibición (con una gigantesca cama central y rodeado de ventanales para que los que quieran puedan ser observados de todos lados, la pista de baile y tarima de eventos que por la hora estaban desocupadas y finalmente un montón de cuartos reservados.

    Después del tour volvimos a bajar al salón del primer piso donde ya proyectaban el partido. Tres parejas más se encontraban acomodadas en los sofás, más un par de ejecutivos solos. Del partido ya lo habrán visto, no hay mucho que hablar, incluso una de las mujeres presentes (bastante joven por cierto) demostraba su desinterés en la pantalla, prefiriendo realizarle un lento blow job a su pareja, quien sin ningún impedimento abría su toalla y piernas para facilitarle el trabajo; preludio de que la tarde iniciaba bien.

    Durante el segundo tiempo fueron varias las parejas y personas solas las que ingresaron al local, con lo que una vez finalizado el encuentro ya se garantizaba buen público en las zonas húmedas. Nuestra primera parada fue el jacuzzi, donde me sentí atraído por los pechos al aire de la joven que había iniciado el show en el salón; y a quien con la luz del lugar pude ver mucho mejor, con lo que calculo tendría unos 22 años. Nos despójanos de las toallas para ingresar totalmente desnudos al agua, como lo pide la etiqueta del punto y nos tomamos nuestro tiempo en disfrutar de la temperatura al interior que relajaba nuestros cuerpos. La pareja no parecía (por el momento) muy interesada en compartir, así que se retiraron dejándonos todo el jacuzzi para nosotros, bueno, nosotros y un hombre un poco corpulento que discretamente se metió en el otro extremo, pero que a medida que nosotros nos besábamos y juntábamos cada vez más nuestros mojados cuerpos disminuía sigilosamente la distancia hasta el punto de empezar a tocar las piernas de Camila, primero suave, como por accidente, pero al no encontrar resistencia, subiendo por ellas hasta lograr introducirle un par de dedos en sus partes. Solo la mire y le pregunté

    -¿te gusta?

    Aunque me di cuenta que la pregunta sobraba cuando vi como por debajo del agua ella ágilmente le sobaba todo el paquete al desconocido (que a decir verdad era generoso en tamaño) con su pie.

    Al cabo de un par de minutos le pedí que nos retiráramos, no sin antes percatarme de su leve desacuerdo por lo bien que la estaba pasando, pero le vaticine:

    – ¡Esto apenas comienza!

    Nos dirigimos al turco, al apartado más caliente, donde inicie mi sesión de masaje, el cual al cabo de unos minutos ya la tenía caliente a ella, a mí y a un par de parejas y sobretodo de hombres solos que soñaban con poner sus manos donde yo las tenía. Teniendo a todo el público en ascuas decidí parar nuevamente para subir hasta el sauna, allí pasamos hasta el tramo final que era el más ancho y perfecto para mis planes exhibicionistas: Casi una gradería de estadio para todo aquel que quisiera ver.

    Al llegar encontramos que ya otra pareja se nos había adelantado con lo del masaje, pero había espacio suficiente para todos; juro que intente (al menos en principio) ser todo un lord en la norma, pero la temperatura y ver como mi par del momento devoraba ya los senos de su pareja mientras sus dedos entraban resbalosos en el interior de ella me hicieron desear pasar a la siguiente fase. Sin mayores explicaciones hice que Camila bajara a las duchas del cuarto de descanso conmigo (necesitaba urgente agua fría!!!) y como me lo suponía, dos caballeros nos siguieron y se pararon en silencio mientras ella se duchaba. Luego de terminado el baño, para calentarlos más, (si es que esto era posible) le quite a Camila su toalla dejándola desnuda ante sus ojos, besándola, acariciando su espalda, sus glúteos, sus piernas, invitándolos sin la palabras al festín. Ellos al entender mis intenciones se desnudaron igualmente y se aproximaron a ella, uno por delante y el otro por detrás y empezaron con el concierto de caricias. Le pregunte

    -¿te gusta lo que ves?

    (Y lo que tocas ya que sus manos ya estaban constatando las dimensiones de nuestros nuevos amigos)

    -SI -respondió.

    -¿Quieres estar aquí o ir a un cuarto privado?

    -al privado -dijo ella; y como todo un gentleman invite a los caballeros a acompañarnos, lo que hicieron con el mayor agrado. No alcance ni a cerrar la puerta cuando a quien por comodidad llamare UNO, se abatió sobre ella haciéndola caer sobre la cama (dato MUY importante para mí: SIEMPRE, con cada uno, asegurándome de que antes de interactuar con Camila tuvieran condón). Él se posó sobre ella en el tradicional misionero, que era el que mejor se adaptaba a sus generosas medidas que de reojo superaban los 19 cm. En un par de vueltas al estilo twister resulto DOS dándole en cuatro, y confirmándome lo que ella me había dicho acerca de ser esta su posición favorita: Se notaba en su piel, respiración y movimientos que le estaba arrancando un orgasmo. Ya en otra de estas volteretas llego algo maravilloso para mí: le hicimos junto a DOS una doble penetración vaginal que le lleno hasta el alma, y la cual yo disfrute plenamente al estar abajo, coordinando la sincronización de este acto tan sublime. No sé a cuantos orgasmos llego ella; pero los condones a reventar de UNO Y DOS nos informaban que literalmente le habían entregado lo mejor de sí.

    Después de esto era justo un descanso, así que bajamos al salón a tomarnos algo; UNO desapareció y DOS nos acompañó e incluso invito a las bebidas, hablamos, intercambiamos información y le pregunte si le interesaba ingresar al grupo para el cual relato esto, pero prefirió abstenerse por seguridad al ser un hombre casado. Sin embargo guarde su contacto para cuando se pueda necesitar.

    Camila había ido a dar una vuelta y cuando regreso note como la mujer inicial del jacuzzi, que se encontraba sentada frente a nosotros se había puesto alerta. Sin importar que en las demás mesas del rededor compartían varias parejas, empezó a darle oral a su novio (o esposo, que se yo), pero con la mirada puesta en mí. Eso me puso a mil, así que le pedí a Camila que me diera el mismo tratamiento, pero fui desconcentrado por una llamada de la oficina (a buena hora!), que me obligo a retirarme hacia la zona de las duchas del jacuzzi para poder hablar. Cuando colgué me percate que la provocadora estaba detrás de mí así que la salude:

    – Hola.

    -¿es tu esposa? -pregunto.

    –No -respondí. Es una amiga.

    -¿es tu novia?

    -No -respondí de nuevo.- solo es una amiga, ¿Por qué?

    -porque me gustó y me gustaría hacerlo con ella -me dijo.

    –Ella no juega a eso –respondí.

    – lastima -dijo ella- la hubiéramos pasado de maravilla los cuatro.

    Me dio un beso furtivo y se llevó a su novio de la mano al turco.

    Esta breve charla me dejo caliente, así que subí a la carrera a Camila hasta el sauna. En el primer tramo que es el más oscuro y angosto alcance a distinguir como un hombre de pie le hacía oral a una mujer que estaba acostada en una de las literas superiores, y como otra mujer estaba en otra de las literas rodeada de tres hombres que le metían mano por do quiera, pero yo tenía mi destino fijo, así que pase de largo por este y el segundo espacio (donde ya más de tres parejas iniciaban la acción) para llegar al “estadio”, encontrándome lo siguiente:

    Una pareja en una esquina en pleno acto con gemidos y todo, a la cual ya había observado varias veces antes porque la mujer usaba gafas, (fetiche mío a la hora del sexo junto a los frenos); tres hombres repartidos en las graderías y dos parejas más conversando en la parte superior. Afortunadamente el espacio más amplio estaba libre lo que aproveche primero para un rapidito y luego para desplegar mi arsenal de cremas y aceites de masajes para retomar la sesión interrumpida, casi con el ánimo de sentar catedra. Explicaba en voz alta como esto iba ligado a la energía del cuerpo y con cada palabra y con cada movimiento de manos sentía como el ambiente se tornaba en un polvorín dispuesto a estallar a la primera chispa, la cual llego cuando el cansancio y el sudor me invadieron por el esfuerzo, obligándome a hacerme a un lado, pero pronto llegaron cuatro manos prestas a colaborar con la causa, si bien decididas al principio, un poco tímidas, hasta que sentencie la autorización con una frase: -“para que compares la diferencia entre manos aficionadas y profesionales”-. ¡Quién dijo miedo!, de inmediato empezaron a recorrerla con más ansias que los conquistadores en busca del dorado, pero sé que Camila quería más, así que aún más fuerte replique:

    – “Es la primera vez de mi amiga aquí y quiere pasarla de lo mejor. ¿Algún valiente tiene condón?”

    … Y los dedos de mi mano se quedaron cortos para contar… Vino TRES que estaba como águila con el ojo presto en la presa desde que entramos, quien la taladro con una energía que confieso no me sería posible; Camila Casi lloro su orgasmo, pero no tuvo tiempo de recomponerse cuando ya CUATRO (que exhibía el mejor cuerpo que había visto yo en la ya noche, con chocolatinas, brazos y pecho marcados) llego al relevo tomándola por detrás mientras yo vibraba al estar todavía acostado a su lado sintiendo su respiración cortada. No sé de donde apareció pero de repente en la grada sobre nosotros había un negro musculoso, al cual le colgaba un buen trozo de ébano entre las piernas, trozo al que mientras era penetrada por CUATRO Camila se aferraba cual naufrago a tabla. En este punto ofrezco disculpas ya que al repasar los hechos sé que hubo un CINCO Y UN SEIS, pero no recuerdo sus particularidades y desempeño, ya que como niño curioso que soy, algo diferente enfoco mi concentración: Una de las parejas sentadas en la grada superior, mientras conversaban sobre el pequeño show que daba Camila, hacían el suyo propio, la verdad algo simple pero atrayente: ella sentada en posición de loto y el penetrándola con tres dedos. Me sentí tan atraído por tan sublime visión que deje a Camila en las manos (y algo más) de los enumerados y me acerque a disfrutar de las maravillas de la sencillez; les explique que era norma en mí el sentirme atraído siempre por la novedad, a lo que no vieron problema en acomodarse mejor para permitirme la mejor vista, oído y hasta olfato… Veía como entraban esos dedos y salían encharcados, oía como sonaban cual gotera en charco, olía, olía como un jardín de rosas extasiadas.

    Como buen caballero busque la comodidad de la dama sentándome en la gradería para que ella reposara su cabeza en mis piernas mientras su compañero se empeñaba en dejarla más seca que tapita de yogurt, yo aprovechaba para hacer los mismo con sus pechos que se me antojaban de tamaño perfecto y ella pagaba mis caricias (y lo que sentía entre sus piernas) chupando de vez en cuando lo que tenía más cerca de su boca, que era para fortuna mía mi entrepierna.

    Al final el afro termino siendo el SIETE, y aunque de acuerdo a las propias palabras de Camila fue el más flojito, había que aprovechar y probar negro, así fuera por cultura general.

    La noche era aún joven (el reloj no marcaba todavía las 9 pm), pero sabía que para ser su primera vez las expectativas, y hasta las fuerzas habían sido superadas, así que dimos una última vuelta, dejamos salir nuestro lado voyeur mirando a través de las cerraduras de los cuartos privados a las parejas que a la vez disfrutan ser vistas, pero manteniendo la distancia, pasamos por los saunas y los turcos para despedirnos, aunque no nos prestaron mucha atención, ya cada uno estaba en lo suyo (o en lo de varios), entregándose como lo dije al principio; al más sano de los placeres; saliendo así con Camila de la casa a una noche lluviosa, de vuelta a la ciudad que para otros es la “real” y añorando, como cada vez que visito este lugar de fantasías el regresar.

  • Con mi jefe en la convención

    Con mi jefe en la convención

    En esta ocasión les contaré cómo le fui infiel a mi marido con mi propio jefe. Mi jefe es un hombre maduro de más de medio siglo, nunca pensé que me volvería loca en la cama y fuera de ella.

    Mi nombre es Nancy, tengo 25 años, mido 1.65 metros de altura, con un cuerpo bonito, lindos senos y un porte de piernas delgadas con un trasero en forma de corazón, nunca tuve problemas para tener pretendientes antes de casarme. Me casé a los 22 años con Rubén de 25 años y aún no tenemos hijos.

    Trabajo como secretaria ejecutiva para una empresa importante, mi jefe se llama Don Julio Sánchez, un señor de cincuenta años, de buen porte a pesar de su edad, ya cuenta con canas en las sienes, pero es una persona que cuida mucho su figura. Mi marido nunca tuvo celos por mi jefe, ya que Don Julio era demasiado serio en su trabajo y casi nunca bromeaba o trataba de entablar conversación con sus empleados.

    Resulta que por la crisis que empezó en el año 2008, teníamos que reunirnos con las demás sucursales de nuestra empresa, la cual se efectuaría en la capital del país. La idea no le gustó mucho a mi marido, ya que estaría fuera de casa un fin de semana entero, pero sabiendo que viajaría con mi jefe, al final cedió y me deseo mucha suerte en la convención.

    Desde que salimos del aeropuerto, Don Julio cambió completamente su forma de ser, era una persona amable y sonriente, además cambio su manera de vestir formal por una combinación bastante sport. Ya estando en el hotel de la convención, nos instalamos en diferente piso y habitación por supuesto.

    Ese día había una presentación de resultados y propuestas estratégicas y nos tocaba presentar lo que hacíamos en este tiempo de crisis, durante una semana trabajamos en nuestras presentaciones, y fue allí donde apareció el Julio que yo no conocía, una persona súper inteligente, preparado y todo un profesional, la forma en que se desempeñó fue formidable, me quedé impresionada, todo lo que le preguntaban lo contestaba eficientemente y en ocasiones hasta con sentido del humor, lo ovacionaron cuando finalizó, y allí fue lo que más me sorprendió, dijo en público que “la clave para hacer una presentación como la que había hecho, se debía a una eficiente persona que ha llevado todo el registro a la perfección, y quiero que se le brinde un aplauso a mi secretaria Nancy”, y me dijo que me pusiera de pie mientras los demás me brindaron también una ovación. Luego el Gerente General de la empresa se acercó a nosotros y nos volvió a felicitar, personalmente me indicó que la empresa necesitaba gente como yo y dijo otras cosas muy agradables que me hicieron sentir orgullosa.

    Al final de la convención, aproveché para hablar por teléfono con mi marido y contarle lo maravilloso que había sido ese primer día, luego nos retiramos a nuestras habitaciones para alistarnos y asistir al coctel de bienvenida que daba el hotel a nuestra empresa, lo cual sería en uno de los salones.

    Me puse una combinación de un vestido negro, largo, tacones altos para compensar mi pequeño tamaño, seguido de un bonito conjunto de tanga y brassiere y unas medias con liguero. Siempre me ha gustado comprar lencería sexy para sorprender a mi marido.

    El primero en recibirme en la puerta fue mi jefe, quien caballerosamente me dio el brazo para llevarme a presentar con algunos de sus amigos, jefes de otras sucursales, quienes me admiraron de pies a cabeza y comentando lo afortunado que era Don Julio por tener una secretaria tan bella a su lado. Eso me ruborizó un poco, me hizo sentir importante, les di las gracias por el gran gesto hacia mi persona, luego mi jefe y yo seguimos nuestro camino.

    Ya estando en la fiesta me senté junto a mi jefe y con personas muy amables y chistosas. Muchas veces él se acercaba para preguntarme como la estaba pasando, yo varias veces me recostaba en su hombro, lo sentí como una figura paternal en ese momento. Pasaron las horas y no lo sentí junto a mi jefe, me tomé algunos traguitos y luego me invitó a bailar, resultó ser un excelente bailarín, no dejé que bailara con nadie más que conmigo, apenas terminaba una pieza, comenzaba otra y seguíamos bailando. Durante el baile pude sentir sus fuertes brazos y su torso.

    Las últimas piezas que bailamos fueron las románticas, yo con mi cabeza en su pecho o en su hombro, y el platicándome al oído, susurrándome cosas que alimentaban mi ego. Me indicó que era una mujer muy bella y talentosa, y que mi marido era el hombre más afortunado del mundo al tenerme. Fuimos de los últimos en abandonar el salón, los traguitos me desinhibieron y bromeaba con él, además nos abrazábamos a cada rato, parecíamos amigos de toda la vida.

    Terminó la fiesta y caminamos rumbo a nuestras habitaciones, pude notar la mirada de mi jefe recorrer mi cuerpo, y cuando estuvimos frente a su habitación, tomé la iniciativa de despedirme, me acerqué y el me dio un beso suave cerca de los labios, luego nos dimos un abrazo fuerte, pude sentir el aroma de su perfume, luego su boca se acercó a mi oído y me dijo:

    -“Quisiera que entraras a mi habitación un rato”

    Había tenido una velada increíble a su lado que no me pude negar. Entré a su habitación y cuando cerró la puerta, sus brazos me rodearon, y sin ser bruscos, me empezó acariciar y a besarme el cuello con mucha delicadeza.

    Luego bajaron sus manos a mis caderas, subió mi vestido y me acarició con mucha experiencia mi redondo trasero, apretando mis nalgas suavemente, yo estaba sorprendida y solo repetía sin convicción –ohhh no Don Julio, no por favor, por favor, ¡no!, mientras una de sus manos ingresó dentro de mis braguitas y tocó los labios de mi vagina con suavidad y determinación, y con mucho ardor, mi vagina no pudo mentir, me estaba mojando por dentro.

    Yo no lo podía creer, me estaba mojando con las caricias de mi jefe y no podía detenerlo.

    -Estás mojadita! -me dijo dulcemente mientras probaba los jugos de mi vagina.

    Luego mi jefe bajó el cierre de mi vestido y este cayó al suelo, también su paquete se pegaba a mis nalgas con todo erotismo, sentía como crecía un bulto enorme, luego quitó mi sostén y comenzó a acariciar mi espalda con sus tersas manos y a pasar su lengua entre mi cuello y mi nuca, sentía un escalofrió recorrer mi cuerpo.

    Luego me llevó a la cama y me acostó boca arriba, y con delicadeza me sacó mis bragas completamente mojadas, me abrió las piernas, y sin pensarlo se sumergió entre mi vulvita, comenzó a chuparla con toda la experiencia de un hombre de medio siglo, allí emití el último –¡no por favor! Yo sujetaba mis piernas con mis manos, gemía y me retorcía de placer, no podía contener mis gritos que sonaban en todo el cuarto, este hombre me lamía la panochita como nadie lo había hecho. No tardé en chorrearme en su boca, Don Julio me abría más las piernas para que su lengua llegara hasta lo más profundo de mi vagina.

    Su lengua era más áspera que la de mi marido y eso me estaba matando de placer, cada lamida suya hacía que me chorreara más. Yo no quería que me dejara de comer la panocha, no sé cuánto tiempo se la estuvo comiendo, pero pareció un siglo, yo eyaculaba y eyaculaba lubricantes de mi panocha.

    Luego, me tomó de los muslos y me levantó un poco las nalgas de la superficie de la cama, su intención era darle un tratamiento oral también a mi ano, su lengua parecía una serpiente tratando de lamer y comerse mi culito. Su lengua en mi culo me dio también un placer enorme, después el recorrido de su lengua era de mi culito a mi clítoris.

    -¡Ya no don julio, ya no aguanto, me voy a venir! -le repetía yo a él. No pude evitar correrme de nuevo, y emití otra tanda de lubricantes que el gustosamente bebió, además, ocasionalmente metía dos dedos en mi panochita para masturbarme mientras me comía el clítoris. Luego dejó de mamarme y empezó a desnudarse frente a mí, cuando se bajó su bóxer, pude ver su gran pija, era larga y gruesa, mucho más que la de mi marido.

    Mi jefe abrió mis piernas, su enorme glande lo estuvo frotando contra mi pepa y mis pliegues vaginales, su pene por fuera me llegaba hasta el ombligo, no imaginaba como entraría por completo en mi interior.

    -la quiero adentro por favor -le dije, en un arranque de calentura, la necesidad de sentir ese enorme pedazo de carne en mi interior traicionó mi mente y sabía que no había marcha atrás.

    Don Julio puso mis piernas en sus hombros y sentí su enorme pija meterse dentro de mi pequeña vagina, se fue resbalando poco a poco mientras yo chillaba de placer, levantando más las piernas para que pudiera entrar. Cuando metió la mitad de su pene, se puso a bombeármelo con suaves movimientos, pero cada vez me la enterraba más adentro de mi feminidad, sentía cómo me partía en dos.

    Después de varios minutos en ese tratamiento, por fin me la metió toda, me sentía llena por lo grueso de su pija. Con movimientos pélvicos me estuvo penetrando profundo y suave, poco a poco mi pequeña vagina se fue adaptando a su grueso miembro mientras veía en su rostro lo mucho que lo estaba disfrutando. Por un momento pensé en lo que estaba haciendo, siéndole infiel a mi marido, pero el placer eclipsaba mi conciencia, este hombre me estaba cogiendo delicioso.

    Mi jefe seguía penetrándome con un ritmo suave y profundo, para su edad lo hacía bastante bien. No podía creer que estaba llegando a mi tercer orgasmo, el cual fue brutal, Don Julio supo cuando debía acelerar sus pistonazos para hacerme llegar a ese momento cumbre, rápidamente explote en tremendo orgasmo mientras Don Julio me sujetaba de mis tetas.

    -Ahhh Don Julio ya me vengo! Ohhh Mmmm

    Aun con los espasmos de mi orgasmo me cambió de posición, con mis piernas juntas, ahora se colocó de lado atrás de mí, no es una posición en donde haya máxima penetración, pero me estimulaba con sus caricias, yo jadeaba de placer, era todo lo que podía hacer. Estando en esa posición, me pude mirar en el espejo que quedaba frente a nosotros, me miraba espectacular, completamente desnuda, mis piernas adornadas con las medias, mi hermoso vestido y mis bragas yacían en el suelo mientras Don Julio me cogía cada vez más fuerte y profundo. También pude ver su rostro de satisfacción, estaba disfrutando igual que yo, cada vez me adaptaba más a su ritmo y sentía delicioso como entraba y salía su rico pene de mi interior.

    Luego me levantó de la cama cargándome en sus brazos y me empezó a penetrar de forma salvaje. No podía creer que tuviera tanta fuerza, yo solo lo abracé y me dispuse a disfrutar, no paraba de gritar con tremenda verga incrustada. En esa posición sentía como me llegaba hasta el fondo de mi útero, era una sensación indescriptible, nunca me habían cogido de esa manera.

    -Ahhh Don Julio Que rico!!! ¡Mas más más… Métamela hasta el fondo!!!

    Luego de esa deliciosa cogida mi jefe se recostó en la cama y me indicó que me siente sobre él, ahora yo era la que llevaría el control, era mi turno de hacerlo gozar, ya mi panochita se había amoldado a su grueso miembro.

    Con mi mano tomé su pene apuntándolo a mi vagina, y me lo ensarté de un solo golpe. Lo cabalgué suave al principio, sacándomela toda para luego dejarme caer hasta el fondo haciendo chocar mis nalgas con sus huevos, meneando mis caderas en círculos con su verga en mi interior, ese movimiento le fascina a mi marido y se notaba que a mi jefe también, solo escuchaba como resoplaba a cada embate que le daba. Así me estuve ensartando un buen rato apoyando mis manos en su pecho y mi jefe sujetándome de la cintura para tener mayor comodidad, mientras lo miraba y relamía mis labios haciéndole saber que estaba disfrutando cada centímetro de su verga y el no dejaba de subirme y bajarme.

    -Ufff te mueves riquísimo!!!

    -¿Le gusta cómo me meto su verga?

    -Ahhhh sigue… me vas a hacer acabar!!!

    -Ayy, Don Julio ya casi acabo ahhhh!!!

    Cuando estuve cerca de otro orgasmo me empecé a mover más rápido, lo cabalgué como a un caballo salvaje, sentía como sacudíamos la cama. Luego con sus manos me tomo de las nalgas y empezó a taladrarme rápido y fuerte, él también estaba a punto de acabar, sentía como su verga crecía más y entraba hasta el fondo de mi vagina, en ese momento no aguante más, estallé, y lo mejor…nos vinimos juntos, yo a mi cuarto orgasmo, y mientras eso sucedía, él me rellenaba de esperma caliente mi bollito.

    -Ahhhh Don Julio me vengo!!!

    -¡Mmmmm Toma mi leche!!!

    -Siii lléname hasta el fondo papi ahhhh.

    Fueron largos chorros, uno tras otro, acompañados de los gemidos tradicionales de los hombres en clímax. A cada embestida, sentía un largo chorro que llegaba hasta el fondo de mi vagina, parecía que me estaba orinando, no dejó de taladrarme hasta que no salió más leche de su pene. Cuando se separó de mí, salió su verga seguida por un enorme rio de esperma, me dejo completamente llena.

    Estando allí acostada junto a mi jefe y aún con la respiración acelerada, mi cabeza pensaba en dos cosas, por un lado, la deliciosa cogida que acababa de recibir, y por otro los cuernos que le había puesto a mi marido. Nunca pensé que llegaría tan lejos con mi jefe, y lo peor, haberlo disfrutado de esa manera. El sueño me ganó la partida me quedé dormida junto a Don Julio, en su propia habitación. Los dos terminamos sumamente cansados.

    Con la claridad de la mañana, me levanté, vi el reloj, la convención iniciaba ese día dentro de dos horas, así que pensé en bañarme allí, ponerme la ropa de anoche, salir al pasillo y meterme en mi habitación antes de que alguien se diera cuenta.

    Me empecé a bañar rápidamente, en mi cabeza me pasaba toda la sesión que había tenido con mi jefe, había estado increíble, no pude evitar masturbarme, mientras más recordaba, más me calentaba. En eso estaba cuando de pronto, se abre la cortina de la ducha: era Don Julio.

    ¡Ya no me tapé, para que!, él ya me conocía todo lo íntimo, así que lo saludé. Me saludó mientras me observaba completamente desnuda, me preguntó si podía bañarse conmigo, yo le dije que pasara.

    Durante el baño, me dijo que me limpiaría la espalda, así que le di el jabón, empezó a pasarlo por mi cuerpo suavemente, pronto sus manos con jabón se convirtieron en caricias, me acariciaba la espalda, las nalgas y sus dedos jugaban con los pliegues de mi panocha.

    Luego mi jefe colocó su pene ya erecto en medio de mis piernas, empezando un suave movimiento de penetración, sintiendo como su tronco rozaba los labios de mi vagina, nuevamente me invadió esa sensación de seguridad y atracción, sus caricias me volvieron a calentar como nunca. Me di la vuelta, y nuestras bocas se unieron, nos comíamos el uno al otro con mucho deseo, mientras mi jefe metía sus dedos en mi vagina, yo tomaba su pene, sintiendo como crecía en mi mano.

    Mientras nos seguíamos besando me cargó y me abracé a su cuello, apuntó su pene a mi vagina y mi cuerpo lo volvió a recibir dentro. Abrí las piernas al máximo para sentirlo hasta el fondo, nos movimos más salvaje que la noche anterior, gemía como loca mientras los chorros de agua tibia caían sobre nuestros cuerpos.

    -Ahhhhh Don Julio me encanta su verga ohhhh ¡Dame duro papi! ¡Ya me vengo!

    En ese momento no pude contenerme más, y estallé abrazada a su cuello, mientras mi jefe no dejaba de penetrarme con fuerza, me estaba cogiendo delicioso. Podía sentir como su pene entraba hasta el fondo.

    Luego qué pasó tremendo orgasmo, me siguió penetrando, ahora un poco más suave y pausado, mientras nos besábamos apasionadamente, yo seguía lubricando jugos de mi panochita.

    Así ensartada me llevo hasta la cama y me recostó, se salió de mi interior y pude ver su pene completamente mojado por mis jugos. Rápidamente me levanté y sin pensarlo me lo llevé a la boca. Lo chupé con muchas ganas metiéndolo hasta el fondo, saboreando cada centímetro de su tronco lleno de mis propios jugos, luego bajé a sus huevos, lamiéndolos uno por uno, mientras él se masturbaba.

    -Mmmmmm sabía que eras buena con la lengua

    -Ayy Don Julio me encanta el sabor de su verga. ¡La quiero completita!

    Estuve a punto de hacerlo estallar en mi boca cuando me detuvo, me volvió a recostar en la cama, y abriéndome las piernas me penetró hasta el fondo.

    Me tomo de los tobillos colocándolos en sus hombros y me aplastó con su peso, el mete saca fue tremendo, mucho más fuerte que la noche anterior, yo gritaba mientras abrazaba su cuerpo con mis piernas. Mientras me cogía, bajó sus manos a mis nalgas, y con uno de sus dedos me acariciaba en círculos la entrada de mi ano, fue una sensación bastante extraña, era la primera vez que me acariciaban por ahí, hasta que logró meter uno de ellos y empezó a penetrarme.

    Al poco tiempo no pudimos contenernos más, y ambos explotamos al unísono, mientras yo lo mojaba con mis jugos, el me llenaba con su leche, sentía como se desbordaba de mi interior, era demasiada, y no dejaba de penetrarme gimiendo de gusto.

    Mi jefe se quedó un rato encima de mí recuperando el aliento, me había dado una cogida tremenda, mientras su boca se prendía de mis pezones. Cuando se despegó de mí, salió todo su líquido blanco, formando un enorme charco en la cama. Rápidamente hundí mis dedos dentro de mi vagina para saborear ese rico néctar que había dejado mi jefe en mi interior. Esa sensación de sentirme llena de leche de otra verga que no era la de mi marido, me puso más caliente de lo que aún estaba.

    Después de haberme recuperado, me dirigí al baño a lavarme al menos la cuca y salir para mi habitación. Mientras caminaba rumbo al baño fui dejando un caminito de esperma que escurría por mis piernas, era demasiada la leche que Don Julio había depositado dentro de mi vagina.

    En ese segundo día de convención, nuevamente mi jefe se ganó el show, y lo cuento, porque el mérito lo estaba compartiendo conmigo, en ese momento me sentía bien de estar cogiendo con ese gran hombre que tanto respeto infundía en los demás, que estaba dispuesta a seguir con esta rica aventura.

    En el receso de la mañana, me dirigí a mi habitación, me tomé una foto en el espejo y se la mandé a Don Julio junto con un mensaje que decía “te espero en mi habitación en 5 minutos”.

    Al poco tiempo ingresó Don Julio, me encontró sentada sobre la cama. Me había puesto un conjunto de medias negras con liguero, tanga y brassiere, era el favorito de mi marido, a Don Julio también le encantó, estaba verdaderamente sorprendido. Lo empecé a seducir, primero bajándome los tirantes del brassiere lentamente, para después quitármelo y acariciar el resto de mi cuerpo con mucha sensualidad.

    Después empecé quitándome el brassiere lentamente mirándolo de una manera provocativa, el quedó impresionado con tremendo espectáculo que le brindaba, no tardó en desnudarse y rápidamente lo senté en la cama.

    Me acerqué a él, estando yo de pie, terminé de desnudarme lentamente quedándome en puras medias. Luego bajé a sus huevos, uno por uno los fui metiendo a mi boca y con una mano sujetaba su verga y lo miraba fijamente, sabía que eso le encantaba. Le propiné una deliciosa mamada chupándola con todo el deseo posible, su falo estaba duro como la roca, traté de comérmela entera, pero solo me cabía la mitad.

    Luego él se levantó y me cargó para ponerme en la cama, y rápidamente se lanzó sobre mí, me abrió las piernas y me chupó la pepa, Don julio estaba poseído, sus chupadas eran tan profundas que me hacía retorcer de placer.

    Cuando estuve a punto de venirme, lo sujeté fuertemente con mis piernas y no lo solté hasta que sentí ese rico mar de flujos salir de mi vagina directo a su boca, mi jefe los bebió gustosamente.

    Luego se subió encima de mí, me penetró de manera salvaje, y nuevamente me entregué a él, me clavó profundamente su gruesa verga, mientras yo abría las piernas al máximo, cada vez que entraba hasta el fondo, eran gritos que no podía contener, aún sentía que me abría por dentro.

    -Mas más más…

    -Mmmmmm

    -Ahhh… ya me vengo… Dámela toda papacito rico… ahhh… hasta el fondo…

    Quede desfallecida después de ese rico orgasmo, y al instante sentía como llenaba mis entrañas con su leche, otra vez terminó dentro de mí, en menos de 12 horas se había acostado conmigo tres veces y llenado mi conchita, ¿-que me pasa con este hombre??- en eso pensaba mientras mi jefe seguía vaciándose en mi vagina.

    En la noche tuvimos otro encuentro más. El llevó dos botellas de vino a mi habitación y follamos como enamorados, lo hicimos en toda la habitación de muchas maneras y formas posibles. Esa misma noche, llamé por teléfono a mi marido para contarle cómo había estado la convención, y mientras conversaba con él, Don Julio me tenía sentada en su verga cogiéndome fuerte, no le importó que estuviera hablando con mi marido, a pesar de lo difícil que fue para mí contener mis quejidos, mi marido no sospechó nada, y justo cuando me estaba despidiendo de él, sentía como mi jefe inundaba mi vagina con su leche. El temor de llegar a ser descubierta por mi marido me causó un tremendo escalofrío, qué detonó un fuerte orgasmo como nunca lo había sentido. Este hombre me tenía a su total disposición y yo estaba encantada con su manera de cogerme, no me importaba que me dejara sin aliento, yo le pedía más y más.

    Esa noche mi jefe me pidió hacer sexo anal, al principio me negué, nunca lo había hecho antes, temía que me rompiera el culo por lo grueso de su miembro, pero Don Julio al final me convenció y deje que lo hiciera.

    -Don Julio, nunca lo he hecho por ahí, métamela despacio.

    Después de darle un tratamiento oral a mi ano, mi jefe fue introduciendo su pene lentamente, me abrí las nalgas para facilitar su entrada, hasta que mi culito se lo tragó todo, empezó con un rico mete saca suave y profundo, sentía que me quemaba por dentro, después comenzó a taladrarme fuerte, eso me calentó mucho y me hizo venir a chorros.

    Siempre quise experimentar el sexo anal con mi marido, pero fue mi jefe el primero que me hizo tener un orgasmo a través de mi recto, me estreno mi culito y de paso lo dejó bien abierto y chorreante de su leche.

    Como era la última noche de la convención, no salimos de la habitación, Don Julio me cogió incontables veces, vaciándose en todos mis orificios, ninguno dejó sin llenarlo de leche, ya no me importaba convertirme en la putita personal de mi jefe, quería cada vez más de su verga y su rica leche.

    Terminó la convención, yo regresé a la casa con mi marido, toda una perfecta puta que venía de ponerle los cuernos con mi propio jefe. Poco tiempo después de casarme con mi marido, mi ginecólogo me colocó un diafragma como método anticonceptivo, debido a que aún no queremos tener hijos, de no ser así, fácilmente hubiera quedado preñadita de mi jefe, después de haber llenado mi vagina incontables veces.

    Después de lo ocurrido con mi jefe, creí que las cosas cambiarían, pero todo siguió igual, Don Julio un perfecto indiferente ante sus empleados, en cuenta yo. No entendía por qué su cambio de actitud, a pesar de que lo seducía llevando una falda más corta para mostrarle mis piernas. Por un lado, estaba ofendida por eso, pero más adelante agradecí a Don Julio que así fuera, ya que nadie se dio cuenta de nuestro affaire y tenía otra oportunidad de volver a probar su rica verga, ya que se aproximaba otra convención.

  • Voy a visitar a mi hija a la universidad (Parte 2)

    Voy a visitar a mi hija a la universidad (Parte 2)

    Han pasado varios meses desde la primera vez que lo hicimos mi hija y yo. He alternado acostarme con mi hija y con Lorena.

    Con mi hija lo hago una vez a la semana, y luego voy a ver a Lorena. Lo de acostarme con Lorena imagino que lo hago inconscientemente, para llenar un vacío que no consigo llenar, la verdad.

    Después de follar con Lorena, nos tumbamos en la cama y apenas hablamos. Miro al techo y casi no hablo, pero no dejo de pensar en mi hija.

    Cada semana, después de hacerlo en el parking, veo como mi hija se va y me quedo sin decirle nada. Limpio la ventanilla cada vez, de las marcas de sus manos.

    Esa tarde he quedado con mi hija en el parking como siempre. Lo hacemos en la misma postura, a cuatro patas. ¿Será que no quiero ver la cara de mi hija mientras lo hacemos? ¿Me siento culpable o que me está pasando?

    Estoy empujando, cuando mi hija me dice:

    -Papá, ¿por qué nunca te veo la cara?

    -Ah, ah, ah, estoy gimiendo y casi no puedo hablar. Hija, no sé, siempre, ah, ah, siempre lo hacemos así. ¿No te, ah, ah, ah, gustaaaa?

    -Sí, papá, pero quiero verte la cara. Y no hacerlo aquí a escondidas e incomodos. Quiero hacerlo contigo en una cama.

    -Espera, que me corro. Ah, ah, ¡aaaah! Me derramo dentro de ella una vez más.

    -No me he enterado de nada, papá.

    -Tranquila. Me salgo de ella y le cómo su sexo, hasta que se corre con placer. Me dice que ha pensado en algo cuando termino y me limpio la boca. ¿Y qué has pensado, eh?

    -El próximo fin de semana podemos quedar en un hotel. Hacerlo en plan romántico y tal. En una cama cómoda y verte la cara y no en tu coche, sin verte, solo mirando al cristal.

    -¿Un hotel? Nos verán, y sabrán que somos padre e hija.

    -No, no lo sabrán. Voy a comprarme un vestido y pareceré una escort, una puta de esas de lujo que te has pagado, joven y guapa para pasar el fin de semana.

    Me quedo pensando y le digo que está bien, que si quiere hacerlo así, estoy de acuerdo. A fin de cuentas la deseo y me gustaría ver su cara mientras se corre.

    Esa noche llamo a Lorena y le digo que no me apetece hacerlo, que me duele la espalda y eso. Quedamos para otro día. No sé si se ha creído mi excusa.

    El viernes me llama mi hija. Ha reservado una habitación con cama de matrimonio en un hotel a las afueras de la ciudad. Con nombre falso evidentemente. Me ha dicho que paguemos en metálico para que así no comprueben el nombre en la tarjeta.

    Hemos quedado lejos del campus para que nadie se entere de nuestra cita.

    Llego a buscarla en el coche y no la encuentro. Hay una mujer con un vestido morado, lleva tacones altos y maquillaje. En un principio no la reconozco. Me fijo mejor y veo que es mi hija. Esta preciosa y como me dijo, parece una escort de esas.

    -Hola papá, me dice subiendo al coche.

    -No te había conocido al principio.

    -Ya te lo dije, parecemos cliente y acompañante.

    Llegamos al hotel y mi hija me coge del brazo para entrar. En el mostrador da el nombre falso y el recepcionista confirma la reserva y nos da la llave.

    -La 323, habitación con cama de matrimonio como habían reservado. Que disfruten.

    Subimos a la 3ª planta. No es exactamente un hotel para parejas, tiene 4 estrellas y es elegante, pero está claro que el recepcionista sabe a qué venimos. Lo mejor es que no sabe que somos padre e hija.

    -Me apetece ducharme papá. Estoy un poco sudorosa.

    -De acuerdo, le digo.

    Mientras mi hija se ducha, oigo algo. Se nota un movimiento. Es la cama de la habitación de abajo que se mueve. Una pareja lo está haciendo en ese momento. Ella empieza a gemir más alto y él no se queda atrás.

    -Papá, ¿puedes venir?

    -Claro hija.

    Mi hija esta desnuda frente a mí y me invita a entrar en la ducha. Me quito la ropa y entro con ella.

    Nos besamos bajo el agua que moja nuestros cuerpos. Me inclino un poco y beso sus pechos. Esos pechos tan preciosos de adolescente. Sus pezones y areolas sonrosadas no se quedan tampoco sin mis labios.

    Bajo a la humedad de su sexo, que aparte del agua de la ducha, está húmedo por mi excitación. Se lo como de arriba a abajo. Mi lengua lo recorre todo y finalmente llego a su clítoris, donde estalla en un orgasmo que la hace gemir como una loca. El agua tapa sus gemidos.

    Yo estoy a punto. Mi pene es como un mástil de carne y sin más dilación, la penetro con suavidad.

    Comienzo a moverme dentro de ella. Entrando y saliendo despacio, saboreando su sexo húmedo y joven, que me brinda sensaciones que no había sentido cuando lo hacíamos en el coche.

    Mi hija me agarra las nalgas, fuerte y me empuja hacia ella para que la penetre con más intensidad.

    Por supuesto que lo hago y empujo más y más fuerte.

    -Ah, ah, ah, papá, que bien me follas.

    Hasta ahora no había dicho ninguna palabrota.

    -Sigue, sigue, más fuerte. La siento muy dura, mucho. Pero dame más fuerte, mas, mas.

    No puedo evitar gemir con ella.

    -¿Te gusta follar con tu niña? Si, ¿a qué si? eres un pervertido, un follahijas, pero me encanta, papá. Me gusta que me folles así, como un pervertido, un incestuoso, un… ¡aaaah!, ¡me corrooo! ¡Papá, no te pares ahora! ¡No se te ocurra parar! ¡Me corro! ¡Me voy! ¡No puedo más! ¡aaaaah, que gusto, jodeeerrrr!

    Termino de bombearla hasta que se corre. Yo aguanto y cuando termina de convulsionarse, la saco. No me he corrido.

    -Joder papá, que bien follas. ¿A mamá se lo hacías así? Pues si era como a mí, no sé cómo os divorciasteis. No me deja contestarla y me besa.

    Salimos de la ducha y nos secamos mutuamente. Seco los pechos de mi hija, recorriéndolos de arriba a abajo y me paro en sus pezones. Ella seca los míos y baja por mi estómago. Había perdido un poco la erección, pero enseguida la recupero. Bajo a su coño y me recreo en su clítoris. Enseguida estamos los dos excitados de nuevo y nos vamos a la cama, donde volvemos a hacerlo.

    Penetro de nuevo a mi hija con pasión, con deseo. Me quedo quieto dentro de ella mientras la miro a la cara. La deseo y ella me desea. Por fin le he dado lo que quería.

    Nos movemos acompasados en nuestros movimientos. El sexo con ella es lo mejor que he tenido.

    -Papá, que bien me follas.

    -¿Te gusta cariño?

    -Si papá. Mucho. Sigue así, así, me gustaaa.

    -Mi niña, mi niña, me corro, me corro, ah, ah, ¡aaaah!

    Con la excitación al máximo y sin haberme corrido, no duro mucho y eyaculo dentro de ella.

    No me importa que nos oigan hacerlo. Nadie sabe que somos padre e hija.

    Pero mi niñita aún no se ha ido (por segunda vez) y no puedo dejarla sin su orgasmo. Aunque mi pene se está quedando flácido, se la vuelvo a meter. Su coño vuelve a recibirme y mojado aun, se acopla perfectamente. La presión de su vagina me la pone dura otra vez. Es mejor que la viagra y eso que a mis años aun no la he necesitado.

    Solo me hacen falta unas pocas embestidas más para que acabe corriéndose. Me clava las uñas en la espalda y no le sale nada de la garganta. Solo pone los ojos en blanco y se corre una vez más.

    ———————————

    Después, tumbados en la cama, recuperamos la respiración. Me dice que necesita otra ducha. Yo estoy hambriento y le digo que me adelanto bajando al restaurante a comer. Contesta que perfecto.

    Me visto bien, me peino y me echo perfume del bueno que llevaba en mi neceser y bajo al restaurante.

    El camarero me deja la carta. Le digo que seremos dos. Me dice que bien y se marcha.

    Estoy mirando la carta, cuando veo una cara que conozco a lo lejos.

    No puedo creerlo. ¡Es mi ex-mujer! Intento taparme la cara con la carta, pero es inútil, me ha visto.

    Se levanta y se acerca a mí. Se sienta en mi mesa.

    -Hola, ¿qué tal?

    -Hola Nuria, le digo, mi ex se llama Nuria, no os lo había dicho hasta ahora.

    -¿Cómo tu por aquí?

    -Necesitaba respirar un poco de aire fresco y salir de la ciudad. Así que decidí concederme este finde para mí solo.

    -Pero tú ya estás solo, ¿no? me dice y se ríe.

    -Sí, solo, sin gente. Pero veo que no he tenido suerte.

    No sé qué hace aquí mi ex. Y mi hija debe estar a punto de bajar. Cojo el móvil y por debajo de la mesa, le escribo un mensaje para decirla que no se la ocurra bajar. Que su madre está aquí.

    Al poco veo como se abren las puertas del ascensor y mi hija sale de él. Afortunadamente, el ascensor está a espaldas de donde se ha sentado Nuria.

    Hago un gesto con las manos para decirle a mi hija que se vaya.

    -¿Qué te pasa? ¿Espantas a una mosca? Me dice Nuria.

    -Pues sí, una mosca pesada de esas.

    Mi hija no ha visto mi señal, es más, ni nos ha visto, porque veo como mueve la cabeza buscándome por el restaurante.

    Justo se para delante nuestro, cuando ya es demasiado tarde.

    -Hola, dice sin más.

    Nuria se gira y dice: ¡qué casualidad! tú también por aquí.

    -Toda la familia, digo yo en voz baja.

    -¿Y qué haces por aquí, hija?

    -He venido con mi novio, dice mirándome seria. Pero ahora hemos discutido y se ha marchado.

    Una excusa perfecta, pienso.

    -Bueno, pues ya que estamos toda la familia aquí, podíamos comer juntos ¿no? propone Nuria.

    Aceptamos y comemos juntos.

    Luego nos separamos, mi hija disimula y se va a nuestra habitación. Yo me quedo sin sitio a donde ir. ¿Qué hago?

    Mi ex-mujer me coge del brazo.

    -Oye, te he echado de menos y ahora te he visto muy guapo. ¿Quieres tomar algo en mi habitación?

    No sé qué decir. Estamos andando por el pasillo y veo que mi hija está abriendo la puerta, y que nuestra habitación está al lado de la de mi ex.

    Mi hija nos mira antes de entrar. Su cara es un poema.

    En su habitación Nuria y yo hablamos de todo. Recordamos viejos tiempos y nos ponemos alegres con el champán que bebemos.

    Me cuenta que está en el hotel por un congreso del trabajo, pero que mañana por la mañana vuelve a la ciudad.

    Acaba diciéndome que me ve más guapo que antes y que me echa de menos.

    Eso ya me lo has dicho antes, pensé.

    Nuria me quita la corbata y la chaqueta y me tumba en el sofá. Ya sé lo que pretende. Me besa en la boca y yo intento rechazarla, pero ella vuelve a besarme. Ahora pasa a sobarme y me acaricia el paquete. Intento no pensar en mi hija.

    -Que guapo estas.

    Otra vez con lo de guapo, pienso.

    Pero mi pene reacciona y se empina. Nuria nota el bulto en mi pantalón. Me desabrocha la bragueta y me la saca.

    Sonríe y me la agarra y empieza a subir y bajar por mi polla masturbándome. No soy capaz de decirle que pare.

    Cuando estoy a punto, la aviso. Unas gotas de líquido preseminal salen de mi glande. Nuria coge una y se la lleva a lengua y la traga.

    Yo no puedo más y la llevo a la cama. Pero ella se sube encima de mí, se quita el pantalón y la braguita y así sin más, se la mete.

    Imagino a mi hija en la habitación de al lado que estará suponiendo que está pasando.

    Nuria comienza a cabalgarme. Yo estoy vestido y ella se ha dejado la blusa puesta y así lo hacemos.

    -Gerardo, me dice. Que gusto me das. Había olvidado lo que era follar contigo.

    -No hagas ruido, le digo. Aquí las paredes son de papel.

    -No me importa. Quiero follarte. Follarte bien, que hace tiempo que no lo hacemos.

    -Sigue, sigue, le digo, me está follando tan bien como cuando éramos novios.

    -Ah, ah, ah, mi mariditoooo. ¡Aaaaah! Seguro que te has pajeado pensando en mi todo este tiempo, ¿eh?

    -Si, le miento. Si, si, aaaaah.

    Si tú supieras que me he estado follando a nuestra hija…

    Nuria dura mucho, yo no tanto y al poco siento que me voy a correr.

    -Nuria me corro, me corro… la aviso.

    -Tu tranquilo, no me quedaré embarazada.

    Ella sube y baja un poco más y noto como un primer chorro se semen sale de mi polla e inunda su coño.

    -¡Aaaaah! Ahora sí, ¡me corroooo!

    Sonríe y sigue botando más. Noto como después de correrme, el semen se revuelve con mi polla y los fluidos del coño de mi mujer.

    Nuria no dura mucho más y se corre al poco tiempo.

    -¡Gonzalo! ¡Ah, ah, ah! ¡Siiii! ¡Aaaah!

    Terminamos de follar y Nuria se va al baño a lavarse. Yo entro después. Afortunadamente, no hemos manchado las sabanas.

    Se empeña en que me quede con ella a pasar el resto del día en la habitación y cenemos juntos.

    Cuando puedo le mando un mensaje a mi hija pidiéndola perdón, pero ella no contesta.

    Al día siguiente nos despedimos. Nuria se va y yo hago como voy a otra planta, donde supuestamente está mi habitación.

    Vuelvo a bajar a la tercera planta y llamo a la puerta de la 323. Al principio mi hija no me abre, pero acaba abriendo la puerta al cabo de un rato.

    Nos vamos en el coche, pero no dice nada en todo el camino.

    Cuando llegamos cerca del campus, aparco en una zona solitaria.

    -Siento mucho lo que ha pasado, le digo.

    Ella sigue sin decir nada.

    -Tu madre quiere volver conmigo. ¿Qué hago? Estoy confuso. Ayúdame.

    -Haz lo que creas mejor, papá. Te perdono. Al fin y al cabo fue tu mujer.

    -Te lo compensaré mi niña.

    Se cambia de ropa en al asiento de atrás, y se pone vaqueros y una camiseta como una estudiante normal.

    Me da dos besos y una vez más, la veo marchar.

  • Haciendo el proyecto de facultad, con la boca llena de semen

    Haciendo el proyecto de facultad, con la boca llena de semen

    Hace unos días llegó mi hermana de Chile, con una panza gigante esperan un bebe y con mi cuñado decidieron venir a tenerlo aquí donde se casaron, su país.

    Si bien estaba contenta, porque voy a ser tía y la voy a ver nacer, Martín me saco de foco, al abrazarme me dijo al oído:

    «Hace meses que no me deja cogerla, te extraño cuñada quiero descargar toda la leche que tengo sobre tus nalgas». Algo se me encendió en ese segundo, yo para disimular lo abracé fuerte y dije en voz alta: «Yo también los extrañé, gracias por traerme a mi sobrina, quiero que vengan a casa tengo cosas que mostrarles y mostrarte mi proyecto de facultad necesito tu ayuda».

    Mi hermana sin perder su maldad y virtud de víbora, en dos minutos en tierra tiró su mierda y dijo: «jajá proyecto de facultad cuando salvaste un examen vos? o en estos meses que no estuve dejaste la noche por el estudio, por favor Martín ayúdala para que no de lastima». Sin saberlo y sin quererlo me dio todo el pie y las ganas de cogerme nuevamente a su esposo dejándome servida la excusa para iniciar nuestros encuentros.

    Ayer fue el primero lo hicimos las dos horas que estuvo en todas las posiciones y como me le prometí y espero conseguirlo, porque Solé me debe una, en estos días armar el trío rememorando aquel encuentro. link relato: «Compartiendo le verga de mi cuñado con mi amiga Solé»

    Ayer él llegó a las 18 luego de pasar por el hospital a hacerse una eco y confirmar que «Ernestina» viene muy grandota y ella no sintió nada el largo viaje. Yo lo espere con la calefacción encendida y con un vestidito suelto, solo una tanga negrita debajo y descalza, porque al fin y al cabo debía estarme cómoda, si lo menos que íbamos a hacer era ver el proyecto.

    Sonó el portero y ahí le abrí sin mediar más me partió la boca y en él me colgué, me atrapó, yo colgada de su cuello me llevó al sillón, tumbándome en el, comenzó a besarme toda.

    Mi cuello, mi oreja y sus besos comenzaron a recorrerme, ahí comencé a quitar su remera para descubrir su torso, que mantenía esculpido como siempre, duros como roca sus brazos, me ayudo a terminar de quitar su remera y parándoseme de frente, desabrochó su botón del pantalón y diciéndome: «tengo toda la verga dura para que te la comas como sabes cuñadita, dale putita dale!! » tomó mis manos y las puso en su bragueta.

    Sin rodeos corrí el cierre y salto su verga al cielo, la recordaba cabezona pero parecía más esta vez, sus venas saltaban y mis labios no hicieron más que poner su glande dentro, que jugué con la lengua sobre el hasta ponerlo todo dentro y darle una mema intensa. Yo sentada en el sofá con su verga en mi boca, mirándolo, mientras tironeaba y acariciaba mi pelo, con mis manos agarrándole sus nalgas para manejarlo desde ahí, mi concha empapada estaba muy excitada, que bien me hubiese venido otro chico de verga dura en ese momenton, necesitaba un pene en mi vagina, pero no quería dejarle de chupar su cabezona.

    Parecía venirse cuando me soltó del pelo y tumbó en el sillón, de un tirón quitó mi vestido y giró para dejarme con la cola a su visual y la tanga conteniendo mi mojada conchita.

    Quitó a un lado la tanga subió una pierna al sofá y en ese instante sentí cada centímetro de mi vagina penetrada por su cabezona verga, con fuerza sosteniendo mis caderas yo en 4 patas recibía sus intensas embestidas, una y otra vez, más y más, era una máquina de carne magra que se sentía deseosa de tenerme y yo de sentir su placer y regalarle órganos, mientras continuaba con mi argolla llena de él.

    Su furia anunciaba que se venía y mis gemidos no querían parar, quito su verga, en un solo tirón me giró la puso en mi boca y estalló su leche en mí, casi atorada la trague todo lo que puede y con mi lengua recorrí y contuve su verga para llevarme hasta su última gota, mientras decía: “toda esa leche te la quería dar, y veo que sigues siendo la putita obediente de siempre».

    Ahí quedó mientras fui al baño a ducharme y limpiar los restos de semen de mi cara y el que había caído sobre mis pechos, al salir el continuaba desnudo en la sala sobre el sofá, hablando por su celular.

    Me acercó y pude entender que hablaba con mi hermana, me acerco y él tapando su celu me pregunta, «cuál es el tema de tu proyecto? Para decirle algo» contesto «la estructura ideal de una empresa».

    Entonces le empieza hablar de ese tema y todo lo que estábamos viendo, esa mentira en vivo me calentó. Entonces, me pego a él y comienzo a acariciar su pecho mientras sigue hablando con mi hermana, bajo a su entrepierna y noto que su pene quiere otra vuelta.

    Me arrodilló en la alfombra abro sus piernas y comienzo a besar uno y el otro testículo y jugar con mi mano en su verga, que así se puso deliciosa y comencé a mamar con suavidad y muy mojada, con una mano el en mi cabeza marcaba el ritmo de mi garganta profunda y con la otra sostenía el celular para continuar hablando con mi hermana de la ropita y el color del coche para la bebe.

    Así estuvimos un rato hasta que el esfuerzo para contener su respiración podría detectarse, tomo aire y dijo: «Te tengo que cortar la llamada, que aquí esta hermana apurándome que quiere continuar y yo también así término para ir estar junto a ti… Besito».

    Corta, tira el celular al lado y con su verga erecta me dice «eres perra!! Como me haces calentar, quiero recordar cómo es hacerte la colita, ver acá siéntate».

    Me subí a el de espaldas el manoseando mis senos mientras yo bajaba para sentir en mi cola el placer del dolor de tragarse tal cabezona, todo dentro, mi ano se dilataba, lo cabalgue, cabalgue y más, me lo batí con la cola, lo baje despacio luego lento y finalmente rápido, cuando sus músculos se trenzaron para liberarse y dejarme todo su semen dentro ahora en mi cola. Descansé y baje mi respiración, unos min sobre él, cuando saque su semen salía de mi ano y corría por mi pierna rápidamente fui a tomar mi segunda ducha y luego él.

    Charlamos un poco hasta que llegó la hora de irse, prometimos encontrarnos nuevamente «a estudiar» jajá pobre la yegua de mi hermana tan idiota y cornuda como cuando se fue.

  • Nuestra amiga argentina y lo que hizo con su prima

    Nuestra amiga argentina y lo que hizo con su prima

    Lo que les voy a contar, no estaba muy segura de contarlo, porque es algo que hice en el verano y es muy fuerte.

    En el verano me fui a lo de mi prima que es un poco más chica que yo, y más puta jeje, y nos fuimos a la mierda con todo lo que hicimos, ella vive en un pueblito a 170 Km de Buenos Aires, pero todos viven de un pueblo/ciudad más grande que está a 10 Km (pongámosle ciudad A) porque el nombre no lo voy a decir, a ver si mando a alguien en cárcel jaja.

    Bueno, les cuento, jamás pensé que me iba a animar, pero lo hice.

    El día que me cogieron por dinero:

    Resulta que con mi prima, siempre jodíamos con la idea de prostituirnos, para saber que sentía una mina que lo hacía por dinero, y ver si éramos tan trolas como para hacerlo.

    Como todo, de tanto joder, un día empezamos a pensar ¿y si lo hacemos? Ella me contó que en esa Ciudad A, hay un bar en el que se junta de todo: parejas de trampa, minas que van a levantar tipo, y prostitutas de pueblitos cercanos, y que hay muchos viejos con dinero (porque tienen campos) que siempre están buscando pendejas.

    Una noche nos decidimos y fuimos, yo fui convencida que no iba a pasar nada jeje. Nos pusimos unas polleritas cortitas, o sea no vestidas como putas profesionales, pero si como media atorrantitas y fuimos al bar.

    Al rato se sienta en nuestra mesa un viejo, pero viejo, tendría 65 o 68 años, pero estaba bastante bien (yo 23 y mi prima 20), y se pone hablar boludeces, hasta que mi prima que va al frente más que yo le pregunta que buscaba con nosotras y el viejo le dice que quería estar con nosotras dos, y mi prima le dice que si por $ 500.

    La verdad me quería morir, tenía una mezcla de adrenalina, miedo, no sé, yo pensaba que no iba a pasar nada, ¡pero no! pensaba, ¿me iba a animar a portarme como una puta? pensaba, si me ve mi viejo que su hija coge por plata ¡se muere! Y a su vez todo eso me daba calentura, ¿me explico? ¡Iba a coger por $$$!

    Ah, me olvidaba, mi prima, me había dicho que si enganchábamos a un viejo, hiciéramos así: nos ponemos en bolas, apretamos delante de él y después se la chupábamos un poquito y ya tenía que acabar, y si no acababa, me dijo que me subiera encima de él, y ella lo pajeaba para que acabe y no nos coja.

    Bueno, la cosa es que fuimos a un hotel de mierda que está a dos cuadras de ese bar, que funciona como telo.

    Mientras caminábamos el viejo nos tocaba el culo (¿qué le iba a decir?) y nos decía que lindas pendejas, que bien que lo íbamos a pasar, y todo eso. Me acuerdo que en ese momento (cuando el viejo asqueroso me tocaba el culo) me quería ir a la mierda, pero mi prima no decía nada, así que tampoco iba a quedar como una boluda.

    Llegamos al hotel, entramos en la habitación, nos dio la plata, y ahí sí, ya era tarde para arrepentirse, yo no lo podía creer ¡iba a ser una prostituta! ¡En un hotel de mierda! Yo que fui a colegios privados, que mis viejos me dieron todo, coger por $$$$, y de nuevo, eso me daba adrenalina ¡y también me calentaba!

    Bueno, la cosa es que le decimos al viejo que se siente en un sillón mientras nos mira, que nosotras nos queríamos mucho, y empezamos a tranzar mi prima y yo, nos pusimos de rodillas en la cama, primero besitos, después besos más intensos, nos empezamos a tocar, nos sacamos las blusas, los corpiños, nos besábamos las tetitas, todo mientras mirábamos al viejo, y la verdad es que hacer eso me empezó a calentar.

    La cosa es que seguimos hasta quedarnos las dos desnudas, en la cama y matándonos, les digo de nuevo, hacer todo eso y que me estuviera mirando me calentaba más. Con mi prima hicimos todo, hasta un 69, para que el viejo se calentara.

    Después de estar un rato así (el viejo ya estaba en bolas, le decimos que venga, la tenía reparada (para mí se había tomado 5555 viagras jaja), se la chupamos entre las dos (eso me gustó), mientras nos dábamos besos, se la seguíamos chupando, así un rato largo, pero no acababa más, Ah antes le habíamos puesto un forro (que se yo ese viejo asqueroso donde la había puesto).

    Bueno como no acababa me pongo arriba de él frotándole la conchita en la panza para que acabe, mientras mi prima lo pajeaba, pero el viejo me dice que me quería coger, y me corre para ponerme la pija.

    No sé, yo estaba caliente por la situación, me la puso (buena pija tenía el viejito jaja), y me empieza a bombear, mientras mi prima me tocaba y me besaba las tetas, tanto me calentó todo que termine acabando en serio, me recalenté.

    Se la seguimos chupando para que acabe, pero no acababa más, y le dice a mi prima que ahora se la quería coger a ella. Y nos dijo que si nos queríamos hacer las putitas que lo hagamos bien (obvio que se dio cuenta que lo hacíamos para joder, pero nos terminó cogiendo igual) Me di cuenta que mi prima no tenía muchas ganas, pero se la terminó cogiendo, ¡pero no acababa ni por esas!

    Después de coger a mi prima nos pide que nos pongamos de rodillas, y como dos putitas le hicimos caso, se empezó a pajear y nos acabó en la cara, él nos quería acabar en la boca, pero ni en pedo me trago la leche de ese viejo jeje.

    Bueno esta es otra de las locuras que hice, pero era una fantasía que tenía. Si alguna chica me lee, que me diga si soy la única, no creo, seguro que muchas pendejas como yo tienen esta fantasía. Yo me animé y la cumplí.

  • La psicóloga (1-2)

    La psicóloga (1-2)

    Mi paciente

    Soy psicóloga, recién me instalaba en mi nuevo consultorio compartido con un par de colegas, lo trabajábamos por horarios y días, así la renta la dividíamos equitativamente. Todo marchaba de maravillas en mi trabajo, pero un día llegaría una paciente que me cambiaría la vida.

    No había pasado mucho tiempo cuando me llega una paciente, debía estar cursando la universidad, estaba sola. Me llegaba con la historia de que tenía problemas con su sexualidad. Sabiendo cómo está el mundo me temía lo peor o lo obvio pretendiendo un poco, por lo que quise tomarlo con más tacto.

    Comencé de a poco, tan especial como con cualquier otro paciente, no parecía estar tan mal las cosas, así que me animé a entrar más en su pasado. No tardé en descubrir que había perdido a su madre cuando pequeña.

    Sin hacer muy largo el cuento, en la siguiente semana me confesaba que el problema radicaba en que le gustaba el exhibicionismo. No obstante, para ese entonces todo me indicaba que lo único que le hacía falta a aquella chica delgada, rubia, de cabellera corta y risada era tan solo un poco de atención. Parecía estar sobreprotegida seguramente por su padre, además todo denotaba que no había comunicación en la familia y eso le había traído consecuencias. Nada que un par de sesiones y pláticas con su padre no pudieran arreglar.

    A aquella chica lo único que le faltaba era a alguien con quien charlar, me recordaba mucho a mis amigas de la escuela, teníamos mucho en común, nos conectamos de inmediato. Las sesiones con ella se pasaban muy rápido, era mi paciente favorita, me encantaba platicar con ella, pero por mucho que lo quisiera me debía enfocar en mi trabajo.

    Fue en una sesión cuando ya entradas en confianza me comenzó a relatar sus historias de exhibicionismo, no hacía falta saberlas pero todo era parte de la terapia, así que dejé que me contase lo que le placiera decir, sin saber que estaba por experimentar una de las mejores experiencias de mi vida.

    Ese día tenía especial necesidad de contarme sus prácticas, por ninguna razón en específico. Fiel a mi profesión hacía todo lo posible por que se sintiera lo más cómoda posible para contarme sus costumbres independientemente de cuáles fueran estas. -“Todo comenzó” Me decía. –Cuando aún iba a la preparatoria.

    Un día por la mañana, cuando me arreglaba para salir a la escuela me asomé por la ventana, nunca lo había hecho pero ese día en particular me había despertado temprano y aun tenía tiempo por delante. Mis padres aun estaban en casa y yo siempre salía después que ellos, así que el causante fue el ocio.

    Miré por el vecindario y todo me pareció normal. En frente de mi ventana, al otro lado de la calle, noté entre los árboles que la ventana de mis vecinos tenía sus cortinas abiertas y la luz encendida. Como no está muy lejos pude ver que dentro parecía ser una recamara. Hasta ese momento aun no cambiaba nada en mí, pero algo crecía, como un sentimiento desconocido, algo que se aferraba y me impedía dejar de mirar, y como aun tenía tiempo antes de salir de casa simplemente no pude cerrar las cortinas de mi ventana y permanecí ahí un poco más.

    No sé por qué, aun no veía nada, pero ya comenzaba a agradarme. Saber que estaba ahí, espiando sin que nadie lo supiese, me hacía sentir increíble. Aun no lo relacionaba con el sexo, creía que las sensaciones se debían por estar haciéndolo por primera vez, y que pronto pasaría. Pero no dejaba de mirar.

    Para ese entonces la chica cambiaba de voz, se notaba que al estar recordando su experiencia las sensaciones que describía le estaban regresando junto con su memoria de la mano de su relato que continuaba.

    -Ya había escuchado de gente que le gusta ver a escondidas y que les excitaba eso, pero siempre creí que se trataba de gente enferma o loca. Pero en ese momento se me ocurrió tocarme, así, solo por curiosidad. Pensaba que debía estar loca solo por el hecho de estarlo haciendo, pero de inmediato me sentí diferente, no creí que me fuese a gustar pero lo estaba haciendo y me gustaba. Fue muy extraño, no estaba mirando nada, era solo la calle al amanecer y la luz de la ventana de mis vecinos, pero era muy excitante.

    Después alguien apagó aquella luz y solo hasta ese momento regresé de mi viaje. Fue como eso, como un viaje, una experiencia, no sé cómo explicarlo pero me había dejado muy exaltada, no pude tranquilizarme por el resto del día.

    Ya se evidenciaba que lo que decía no era mentira y que debió haber sido una experiencia muy intensa pues se le notaba nerviosa, ansiosa e incluso porque no decirlo excitada.

    Lo tomé con filosofía y profesionalismo y no hice ningún comentario al respecto. Solo esperaba relajada para que tomara confianza y continuara con su relato.

    -Traté de no ponerle mucha atención pero fue inútil. –Continuaba con voz engarzada y esforzándose por contener su ansiedad. –No pude dejar de pensar en ese momento, cada que me asomaba por mi ventana y miraba a casa de mis vecinos. Lo recordaba, e incluso fantaseaba con lo que me había pasado. Pero eso no fue todo.

    Un día, pensando en lo que había sentido no pude resistirme y me animé a repetirlo. Desperté temprano para que todo estuviese como aquel día. Pero era muy temprano y nadie había despertado aún. Me asomé a casa de mis vecinos pero no había nada, las luces estaban apagadas. Así que esperé. La ansiedad era insoportable pero estaba decidida.

    Más tarde, en una de las tantas veces que me asomaba, por fin vi la luz de la ventana encendida. Fue instantáneo, de inmediato las sensaciones regresaban, mi corazón latía fuertemente, pero esta vez no quería reprimir la experiencia. Ya sabe, experimentar para sacarlo de mi mente.

    Seguramente es por la luz del día, pero no es lo mismo espiar en un horario distinto, no me produce las mismas reacciones en mi cuerpo, me refiero al olor de la mañana, el silencio, la luz de la ventana pegando fuertemente en la mía y esa intimidad que produce espiar desde las sombras.

    Me decía en un estado de evidente excitación, y no se lo recrimino. Por la forma en que lo contaba yo misma ya me empezaba a exaltar, mis piernas me temblaban, no podía dejar de menearlas tratando de calmar mi propia ansiedad, jugaba con mi cabello y no dejaba en paz a mi pobre pluma que mordisqueaba y babeaba como tonta mientras continuaba escuchando a mi paciente.

    -En ese momento vi movimiento en la casa de enfrente. Mirando atentamente observé a mi vecina en bata de dormir caminando de un lado a otro, más tarde a su esposo despertando y alistándose para salir a trabajar. Yo en mi mundo, espiando, no pensaba en otra cosa, ya había desaparecido, estaba en otro lado.

    Después ambos salieron de escena fuera de la ventana, pero yo, en vez de desanimarme, me exalté aun más, quería verlos desesperadamente y sin importar que se me hiciera tarde para la escuela me quedé en la ventana esperando a que aparecieran de nuevo.

    Pasó un largo rato y no veía a nadie, debí desistir pero simplemente no podía, algo me lo impedía, no lo sé, el hecho no era lo que pasaba, sino lo que mi mente fantaseaba que pudiese pasar, era eso, una fantasía. El imaginarme lo que vería, el estarlo haciendo, y la posibilidad era suficiente para mantenerme ahí.

    ¿Qué pensabas? Me atrevía a preguntarle, completamente sumergida en su historia, por mera ansiedad de que continuase con más detalles.

    -Quería verla a ella. –Me confesó. –Quería ver lo que hacía, solo eso, no me importaba lo que fuese. Nunca pude ver a mi mamá y el único recuerdo que tengo de ella es cuando se arreglaba para ir a su trabajo y solo quería ver esa imagen una vez más.

    Ahí lo supe todo, tenía el diagnostico casi completo, pero aquella chica continuaba hablando y lo relataba con tanto detalla que no tuve valor para detenerla.

    -Precisamente en ese momento apareció, era ella, entraba a su recamara con su bata de baño, y una toalla envuelta en su cabello. Ahí cambio mi forma de pensar. Hasta ese momento solo me gustaba mirar, estar ahí, pero en cuanto la vi con ese atuendo al salir del baño, supe que estaría desnuda debajo de su bata, y eso, por primera vez, me excitó.

    Esta vez quería mirarla desnuda, espiar ya no era suficiente, quería ver más allá, fue en ese preciso instante cuando cambie para siempre. El fantasear ahora con verla desnuda me hacía temblar de la ansiedad, nunca había estado tan excitada en mi vida y entones no me pude resistir a tocarme.

    Me dijo, susurrando de vergüenza la última palabra.

    Me tentaba a insistirle que continuara, pero su hora ya había excedido y no quise ser descortés con mi otro paciente haciéndolo esperar solo por mi calentura.

    Ahora yo.

    Como puede me tranquilice, me sacudí el sudor de las manos y la despedí. Al salir de mi consultorio pude ver que la banca afuera, en donde esperan los pacientes estaba bacía. Me enfade al saber que aun no llegaba mi siguiente paciente y aun me tentaba a regresar a aquella chica para que me terminara de relatar. Por supuesto no lo hice y entré de regreso a esperar.

    De nuevo en mi sofá donde me siento a escuchar a mis pacientes, miraba de frete mío, el sillón ahora vacío, en donde hace unos segundos aquella chica exponía uno de los mejor relatos que jamás había escuchado. Aquella confesión me había dejado muy pensativa. Jamás había tenido un paciente tan abierto y que me contara esa clase de cosas. Pero el asunto era cómo lo había expuesto, su nivel de detalle su pasión al hacerlo, pero sobre todo, su excitación. Si, parecía haberle encantado no solo haberlo hecho sino al momento de estarlo repitiendo para mí.

    Eso me hiso pensar en muchas cosas. Primeramente que seguro lo que le gustaba y necesitaba, era platicar sus intimidades, seguramente no podía hacerlo con sus amigos ni mucho menos con su familia pues ya no tendría cara para hablarles nuevamente. En cambio necesitaba de alguien que la escuchara pero que no la juzgara y que pudiese olvidar cuando quisiese.

    Pero por otra parte también me había hecho pensar que yo tampoco había tenido esa experiencia, es decir, de voyerista. Lo que quiero decir es que lo había relatado tan excitantemente y el verla tan caliente, me había hecho pensar que quizá debía ser así de excítate.

    No lo sé, pero el solo fantasear con el recuerdo como lo había hecho mi paciente hace pocos minutos en frente de mí, me removió todas las ideas en mi mente. Mis piernas aun me temblaban, así que las masajeé un poco para relajarlas por encima del pantalón que vestía ese día. Sabía lo que necesitaba, pero con mucho trabajo aun por delante me despegué las intenciones de mi cuerpo y me concentré en mi paciente que recién arribaba al consultorio.

    Con la próxima terapia la situación era un poco más seria, así que me concentre en mi trabajo y olvide por un momento a aquella chica y su historia.

    Fue hasta llegar a casa cuando retomé el recuerdo. Por esos tiempos aun estaba soltera, así que la casa estaba sola. Por mera curiosidad me asomé por la ventana de mi habitación, solo para experimentar por cuenta propia las sensaciones que me describía mi paciente. Fue ahí cuando comprendí un par de cosas. La atmosfera, lo que sentía al espiar en la oscuridad, pero para ser sincera, no me excito mucho.

    Lo siguiente que hice fue cambiar el horario de la chica a la última sesión del día, eso me daría más tiempo para fantasear, es decir, platicar con ella sin presiones.

    El día de su sesión de terapia aparecía en mi agenda y yo encantada me aventuraba a mi consultorio. En esa ocasión la chica llegaba con un abrigo largo y pesado, como ya era muy tarde el frio era acompañante en todo momento, recuerdo que fantaseaba con la idea de que quizá estaría desnuda debajo de la única vestimenta visible.

    Me apresure a terminar con el paciente en turno, y sin más hice pasar a la chica que tanto me traía loca. Apenas entró al consultorio y se quitó aquella prenda de encima, confirmándome de esa manera que no estaba desnuda, pero en cambio tenía un vestido floreado azul, precioso, pero muy corto por cierto.

    Comenzamos rompiendo el hielo, platicando de otras cosas, pero no tardamos en retomar rumbo, con lo verdaderamente importante que nos tenía ahí. Yo encantada le hacía sentir cómoda para que se desglosase en la plática, ella sin miramientos comenzaba.

    -Hasta ese día todo había sido espiar, pero una mala noche todo cambio. –Me contaba. –Era viernes, llegaba de salir con mis amigos, no era muy tarde, pero por alguna razón esa noche no podía dormir, me puse a navegar en internet y se me fue el sueño.

    En algún momento el rato de ocio se convirtió ya en una buena excusa para no conciliar el sueño. Se terminaban todas las cosas que normalmente hago, así que aburrida y cansada, no tarde en entrar en otro tipo de páginas web.

    -De nuevo por el ocio, le dije. Sabiendo perfectamente a qué tipo de páginas se refería.

    -Así es, pero eso solo sería el inicio de esa noche. –Continuaba. -En un momento lo que hacía ya no fue suficiente. Por algún motivo me entró la necesidad de mirar a la ventana. Hasta ese momento de mi vida era lo que más me había excitado y quise repetir la experiencia, solo eso, pero al asomarme me di cuenta que la suerte estaba de mi lado y la ventana de mis vecinos estaba abierta.

    De inmediato mi corazón comenzó a bombear fuerte e incluso empecé a temblar de la ansiedad y emoción. No veía nada pero sabía que mis vecinos solo abren la ventana cuando están en casa, y eso era suficiente para ponerme en ese estado.

    Ya comenzaba a fantasear, era suficiente, quiero decir, estaba más que satisfecha con lo que pasaba en mi mente, ya no esperaba nada más, nada mejor que solo la ventana abierta de mis vecinos, pero entonces la luz se encendió y simplemente no pude soportarlo, fue demasiado y no pude contener mi mente.

    Era casi ya media noche, todos en mi casa estaban dormidos, no suelen desvelarse mucho, así que quise aprovechar mi noche de suerte y me aventure a ir más allá. Desde mi venta se puede ver claramente su ventana, pero no mucho a su interior. Por ello pensé que quizá tendría un mejor ángulo de visión desde la azotea.

    Siempre he sido muy tímida y en un principio no me atrevía a hacerlo, pero de pronto aparecían mis vecinos en escena y desaparecían en su habitación. Lo pensé mucho, pero la idea de ver mejor lo que estuviesen haciendo me terminó de convencer.

    Salí de mi recamara y con todo el silencio del mundo, subí a lo más alto mi casa. Ahí me asomé lentamente y pude ver todo.

    En ese momento pude notar que la voz de aquella chica comenzaba a cambiar, se hacía engarzada, ronca y sus pezones debajo de su vestido ya se levantaban erguidos. Si, en parte por el frio de la noche, pero yo sabía la verdadera razón de su estado, y como recriminarle, yo misma ya comenzaba a excitarme de nuevo. Y mi paciente continuaba.

    -Primero pude ver a mi vecino, caminando por ahí, después entró su esposa y cerró la puerta, miraba atentamente, temblando incontrolablemente, hacía mucho frio esa noche, como ahora. –Me decía, mientras también, comenzaba a temblar frente a mí. –Pero principalmente temblaba de miedo, ansiedad, temor de que mi familia se enterará que estaba fuera de mi habitación a esas horas de la noche y no tener excusa alguna, o de ser descubierta por los vecinos alrededor de mi casa. Pero esta última idea, también trajo consigo un nuevo sentimiento, por motivos que no comprendo, quería que sucediera.

    Seguí observando. Mi vecina caminaba arreglando su ropa y otras cosas. En un momento se paró frente a la ventana y miró de una forma sospechosa, como cuando alguien está a punto de hacer algo y no quiere ser descubierto. Mi corazón bombeaba enérgico y rápidamente, podía escucharlo resonando sonoro en todo el cuerpo, golpeando fuertemente al interior de mi tórax. Y entonces, frente a mis ojos, mi vecina comenzó a desabotonarse la blusa. Sabiendo lo que estaba por venir, no pude resistirme y comencé a tocarme de nuevo.

    Fue en ese momento cuando inició todo. Debía protegerme, esconderme de las posibles miradas alrededor, pero no quise hacerlo, me gustaba creer que alguien pudiese estarme viendo. Y ahí mientras espiaba a mis vecinos con la fantasía de que alguien pudiese hacer lo mismo con migo, su esposo entro a la habitación. Mi vecina ya se quitaba su blusa, más tarde su pantalón de vestir, y por último se desabrocho su sostén, y cuando se lo dejó caer enfrente de la ventana, pude ver su par de senos claramente.

    Muchas cosas pasaron y cambiaron en mí ese día, podía ver a mi vecino haciendo lo mismo a un lado suyo, pero no quise, simplemente no pude dejar de verla a ella. Nunca había visto a otra mujer desnuda que no fuese yo. Ella goza de una figura envidiable, como usted, y además mirarla sin ropa simplemente era demasiado.

    -Me decía, sudando ya de la ansiedad que le producía relatarme sus aventuras de exhibicionismo. A decir verdad yo estaba igual, sudaba y de cuanto en cuanto me llegaban una serie de escalofríos que me dejaban temblando con los nervios de punta. Ya era una agonía el escucharla y mantener mi cara relajada y tranquila, pero también era una adicción que necesitaba satisfacerse. Escuchando cómo poco a poco se entre cortaba su voz, cómo le temblaban sus piernas y le sudaban las manos al llegar al borde de la excitación platicando sus experiencias y sensaciones. Miraba.

    -Voltee por un momento a mis al redores, no por miedo, sino por curiosidad. Todas las ventanas estaban cerradas y con sus luces apagadas, solo un par aun tenían luz, pero estaban muy lejos. Aun así fue suficiente para fantasear con la idea de que alguien pudiese estar viendo tras las cortinas como a mí me gustaba hacerlo. Entonces regrese la vista a la ventana de mis vecinos, miré a mi vecina ya con su bata de noche, y tal como el fin de una obra de teatro, se cerró el telón y apagaron las luces.

    Por supuesto permanecí firme en mi puesto, pero dentro sabía que ya no pasaría nada. Debía pasar ya de la medía noche, pero no me importaba. Me di vuelta de nuevo para mirar a mis alrededores, estaba aun muy “alterada” por lo que había pasado, y la atmosfera ¿sabe? El frio de la noche, el casi absoluto silencio. Los sonidos que por el día es imposible escuchar, como el viento, los árboles, alguna que otra gotera.

    Al estar en la azotea de mi casa podía sentir el viento frio pero al mismo tiempo cálido, como si alguien te abrazara con un abrigo húmedo pero con mucho cariño. Y entonces no pude resistirme. A penas cerré los ojos y desaparecí. Ya no me importaba en donde estaba, continúe tocándome por todo el cuerpo, me quité la parte de arriba de mi pijama. Debajo no tenía nada, así que el frio se pego a mi piel de inmediato en un golpe elido.

    Fue extraño, no me excitaba tocarme, en cambio, imaginaba que estaba tocando los senos de mi vecina, no sé porque, pero nunca pasó por mi mente su esposo, era solo ella. Recordaba una y otra vez la escena, cuando se posaba frente a la ventana y se denudaba frente a mí, me tocaba sin importarme nada y me quité el resto de mi ropa hasta quedar completamente desnuda. Así continúe masturbándome hasta terminar, solo hasta ese momento, regresé en razón, me vestí velozmente y bajé de regreso a mi habitación en silencio.

    No me considero lesbiana pero siempre he tenido fantasías con mujeres, incluso veo videos en internet de ese género. ¿Por qué será? –Me cuestionó puntualmente.

    Yo estaba perdida divagando en su fantasía, me tomó completamente distraída, así que tarde en responderle. -¿Te gustan otras mujeres? Le pregunté por fin.

    -Solo mayores, mucho más mayores que yo. -¿Has estado con otra mujer? Me atreví a cuestionarle. -No, nunca. Aun no he tenido mi primera experiencia sexual –Me confesó en seguida.

    Ahí entendí un poco más de su historia, pero la sesión había concluido y era hora de despedirse. Le dije que todo era parte de su sexualidad y que no debía sentirse mal por ello en ningún momento. Platicaríamos de eso en la siguiente sesión. La acompañé a la puerta del edificio, me despedí de ella, y regresé a cerrar mi oficina.

    De regreso no pude dejar pensar en su relato, me había dejado bastante excitada, no tenía otra cosa en mente, me había clavado en su relato, es como cuando terminas de leer un excelente libro y no puedes pensar en otra cosa por un buen tiempo.

    Llegué a mi oficina, entré para arreglas mis cosas y salir de regreso a casa, pero entonces me percate de una cosa. Estaba sola y muy excitada.

    Subiendo las escaleras después de despedirme de mi paciente, noté que el resto de las oficinas ya estaban bacías, salvo un consultorio dental y un despacho jurídico del que sé, terminan jornada pasada la media noche. Algo que sentí de inmediato fue el increíble frio que hacía. Al estar tan tibias en el consultorio el cambio de temperatura era extremo.

    Me senté de nuevo en mi sofá y repase la narración de la chica, tal y como lo he descrito en este relato. Recordaba las partes más excitantes; como cuando miró a su vecina desnudarse, o cuando ella misma lo hiso en su tejado. Entonces miré la ventana del consultorio, nunca la habría, siempre estaba cerrada, pero antes de que pudiese ser consciente de mis movimientos me acerque para abrirla.

    Al recorrer las persianas vi el resto de edificios, los autos pasando debajo y el silencio que me describía mi paciente, pero no fue suficiente, quería sumergirme por completo en su fantasía, así que abrí la ventana corrediza que se encontraba ya muy dura por la falta de uso. Solo logré abrirla a la mitad, pero fue suficiente para dejar entrar el frío de la noche que me congelaba el rostro de inmediato junto con toda la piel de mi cuerpo que no estuviese abrigada. El sonido se abrió como al sacarse los audífonos de los oídos, pero aun así, al mismo tiempo estaba en completo silencio. Entonces comprendí la sensación que describía; el congelante abrazo del frio en mi cuerpo, y de pronto, me llegó la idea. Pensé y trate de imaginar cómo se sentiría esa misma sensación en todo mi cuerpo.

    No podía creer que tan solo lo estuviese contemplando, pero la idea me tenía capturada y cautivada, simplemente no podía controlar lo que hacía mi cuerpo y comencé a desabotonarme la blusa frente a la ventana. Y sí, el frío viento entraba despiadado por cada apertura de los botones que separaba uno a uno. Sentía ya mis pezones completamente erectos, pero al quitarme la blusa, pude sentir como mis senos se ponían duros al congelarse.

    Era extraño, el frío era insoportable, pero algo me mantenía firme al pie de aquella experiencia, estaba tan excitada que la fría sensación se convertía en un fuerte deseo por tocarme y satisfacer mi cuerpo.

    Miraba por la ventana aun temerosa de ser descubierta, inexperta, cauta, nerviosa e ingenua. Haciéndome con un poco de valor, me dejé sumergir en el recuerdo, en el ambiente de la noche, cobijarme por el frío que me abrazaba con sus ventosos brazos por todo mi cuerpo. Los autos pasaban debajo del edificio de mi consultorio, al frente las luces se encendían y apagaban en las diferentes ventanas de las edificaciones comerciales a mí alrededor, y el completo silencio de la oscura noche. Entonces me desabotoné el pantalón, deslicé la cremallera del mismo y retomé la vista al paisaje urbano de la calle, caminé alrededor de mi consultorio sin mirar a otro lado dejando que mi vestimenta se resbalase por mis piernas hasta mis tacones altos por sí sola.

    Las piernas se me congelaron, pero la sensación era fantástica, me toqué por encima de mis bragas y de inmediato un espasmo recorrió todo mi cuerpo. Recogí mi pantalón y mi blusa del suelo, lo doble y con toda tranquilidad lo acomodé en mi escritorio. Regresé a la ventana y temblando de nervios, de frío y de excitación, me desabroché mi sujetador lentamente. Me saqué los tirantes y dudando un poco me armé de valor y lo dejé caer al suelo liberando mis senos que brotaban firmes, fríos y duros cual montañas árticas.

    Me sentía increíble, estaba entumecida por el frío, pero esa sensación era justo lo que me calentaba. Entonces me imagine en el papel de la vecina de mi paciente, y fantasee con la idea de que ella misma me estuviese viendo. No resistí un segundo más y me toqué de nuevo por encima de mi ropa interior. Mis manos estaban heladas pero mi vagina estaba tibia lo que creaba un excitante sentimiento, y tras un último vistazo me saqué la única prenda que aun vestía mi cuerpo. Por fin al quedar completamente desnuda comprendí que todo había valido la pena.

    Y sin pensarlo, ahí estaba, masturbándome en mi consultorio con la ventana abierta. Era increíblemente excitante. Caminé un poco por ahí, completamente desnuda y en la completa oscuridad de la noche, solo se escuchaban mis tacones haciendo eco por todo el consultorio resonando fuerte en el edificio. No tenía prisa, había pasado por lo más difícil, me senté en mi sofá y me perdí. Comencé a tocarme mis pechos, uno tras otro, los escalofríos rodeaban mi cuerpo como olas en el mar, bajaba mis manos por mi cintura y frotaba mis piernas. Al instante mi piel se erizaba al paso de las palmas mis manos congelantes.

    Al llegar a mi vagina ya estaba bastante mojada, humedecí mis dedos y sin importarme nada comencé a estimularme, a satisfacerme. Hacía mucho que no tenía pareja, así que tenía ya bastante tiempo que no lo hacía con alguien, por lo que aquella consentida que me estaba dando era maravillosa. El frío, la exhibición, el lugar, y después de haber escuchado a la chica no tarde en concebir uno de los mejor orgasmos de mi vida. Solo recuerdo que abrí mis piernas tanto como pude en torno a la ventana, y mientras recordaba y fantaseaba con la historia de mi paciente, sentí como aquella humedad en mi coño crecía más y más hasta mojarme por completo y escurridme entre mis dedos. Y la sensación helada al sacar mis dedos empapados, fue justo lo que necesitaba.

    Esa noche lógicamente llegué tarde a casa, apenas me quité la ropa por segunda vez en el día, me quedé profundamente dormida.

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