Categoría: Sin categoría

  • Historias de un matrimonio cornudo. Liberación (II)

    Historias de un matrimonio cornudo. Liberación (II)

    Siento mucho la tardanza, pero el trabajo ha estado muy pesado; lo bueno es que tengo relatos para 3 semanas.

    Al siguiente día de coger con dos de sus compañeros, se quedó de ver con Armando y le dijo que efectivamente estaba interesada en hacer el trío con su amigo y quedaron para dentro de dos semanas, en lo que organizaba todo, naturalmente ese día le dio su buena cogida por el culo a mi esposa que me contaba que ya lo aguantaba muy bien por el trasero, y que lo disfrutaba mucho por ahí a pesar del gran tamaño que tenía su excompañero, cuando estuvimos solos después de ir por ella al hotel ya en casa y mientras le aliviaba el ano con mi lengua ella me decía que se sentía muy poderosa y sexy por haberse acostado con 3 personas en menos de 24 horas y tener a su maridito cornudo aliviándole la colita de lo que le hizo su último amante, a ella le gustaba mucho preguntarme que si aun así de puta la amaba, yo le contestaba (aún con la leche de Armando en mi rostro) que la amaba más que nunca, que entre más puta fuera, más la amaría.

    Durante la semana mi esposa se notaba cada vez más segura y asertiva, se pintó el cabello de azul, se lo arregló y me hizo que le comprara mucha ropa muy sexy, desde tangas de hilo dental (solo quería usar de esas porque decía que las normales la lastimaban, pero que las de hilo sentía como si no tuviera nada puesto), pantalones a la cadera super pegados, putifaldas, putivestidos y mucha ropa semitransparente, la verdad es que se veía muy bien. También me contó que en su trabajo cada vez era más segura, natural y muy coqueta, solo que sus amantes habituales (Marcos, Luis y Ernesto) hasta se intimidaban con su actitud, que ella era la que les repegaba el culo o les cerraba el ojo o hacía indirectas sobre sus relaciones y ellos solo se quedaban callados, que hasta los demás profes y autoridades se burlaban de los comentarios picantes de mi esposa. Me contó que estaba mucho más divertida en su trabajo, que cada vez se sentía más plena como mujer, le encantaba este estilo de vida y me agradecía completamente el habérselo enseñado.

    Claro que el viernes se fue de nuevo con sus compañeros a tomar en la cantina, solo que ahora sí me preocupó, porque no regresó hasta las 4 de la mañana, yo estaba ya dormido y ella al regresar bastante tomada me despertó de manera muy agresiva dándome mis cachetadas, diciéndome que qué tipo de cornudo era que no la estaba esperando, que debía hacerlo porque traía sus agujeritos muy irritados, prácticamente me tomó del cabello y me bajó a hacerle mi tradicional trabajo oral después de que llegara bien cogida, solo que esta vez apestaba muchísimo a alcohol, sexo y semen, se ve que se divirtió muchísimo, sobre todo cuando me acerqué a sus agujeritos noté que su panochita venía muy abierta y con los labios de fuera, y su culito estaba completamente enrojecido (se veía cerradito, pero a lo largo de estos primeros meses de cuernos me había dado cuenta de que el culito de mi esposa tenía la característica de ser muy muy elástico, supongo que cuando al fin la viera bien ensartada por el ano, por fin vería ese orificio totalmente dilatado, pero siempre se le cerraba cuando ya estaba en casa).

    Y ambos orificios estaban totalmente repletos de leche, pero es que era demasiada, sobre todo del culito, en cuanto se lo abrí empezó a brotar leche de macho como nunca había visto, seguramente y por la hora, había cogido más de una vez, pero no me esperaba lo que me empezó a contar, porque en cuanto lo vi empecé a lamerlo como un becerro, se ve que ella al ver esto se calentó muchísimo, empezó a decirme que si me gustaba toda la leche que traía, que parecía un puto becerrito, que era un marica, un putito traga leche y cosas así, ya que se tranquilizó un poco empezó a decirme que si disfrutaba tragar la leche de más de un macho.

    Yo estaba en el cielo, y en cuanto llegó a su orgasmo empezó a contarme que se fueron a la cantina y empezaron a bailar y a manosearla entre los 3 de manera muy descarada y ella empezó a calentarse fuerte, se acordó del trío que iba a hacer con Armando y cuando ya estaban cerrando, Luis la quería llevar a su departamento, pero ella les dijo que por qué no se iban los cuatro a seguir tomando al departamento de su compañero, entre ellos se quedaron viendo y al final aceptaron, que en el coche ni siquiera la tocaron porque estaban super nerviosos, que ella los vio tan presionados que se le ocurrió que pasaran a comprar otra botella de tequila, así se podrían relajar.

    Entonces al llegar empezaron a tomar y poner música, así que ella aunque no le guste mucho bailar los empezó a sacar para que se fueran relajando, cosa que empezó a suceder, por lo que ella empezó a ponerlos aún mas cachondos porque puso reggaetón y de plano les empezó a perrear intensamente, tanto que a los pocos minutos traía la minifalda de cinturón y ella no se la bajaba, por lo que empezaron a acercarse y tocarla, ya prendidos ella se puso de rodillas y se puso a chuparles la verga a los 3, a pesar de la excitación y todo mi esposa me dijo que estaban muy serios, pero aun así, Luis se puso detrás de ella, ella de inmediato entendió y paró las nalgas, sin más mediación y mientras ella chupaba las vergas de Marcos y Ernesto, Luis la penetró.

    Ella no pudo ni gemir ni nada, pues tenía la boca llena, me contaba que se sentía plena, a pesar de que ellos estaban muy serios (supusimos que no estaban acostumbrados a ver a otros hombres desnudos y menos en el momento del sexo), que se turnaron varias veces, solo que uno la penetraba por atrás (ya sea por la panochita o el culito) y otros dos por la boca, y así estuvieron hasta que se vinieron los 3, todos terminaron en su culito, después de este primer round, siguieron tomando, platicando y bromeando ya con el ambiente mucho más distendido; pero lo verdaderamente interesante y cachondo, es que cada que alguno de ellos se calentaba, sin mediar muchas palabras, se acercaban a mi esposa y ahí sí la tomaban, se turnaron por horas, perdió la cuenta de cuantos orgasmos tuvo, la poseyeron de muchas y muy diversas formas y posturas, le dieron por todos sus agujeros, aunque eso sí, solo de uno en uno, ella pidió expresamente que terminaran siempre dentro de ella, al final a mi esposa le ardía la panochita y el culito debido al tremendo uso que le dieron.

    Al final de lo que me contó yo estaba demasiado excitado, por lo que sin remedio acabé prácticamente sin tocarme; por lo que mi esposa se burló de eso diciéndome que era un pendejo cornudo, que la dejara dormir porque estaba molida; durante esa semana fue increíble, ella me bajó prácticamente a diario y el lunes dejó que la penetrara, aunque siempre mientras lo hacía, ella me decía que era un pito chico cornudo y cuando terminé me hizo bajar a limpiarle toda la leche que le dejé adentro.

    El viernes se zafó de sus compañeros diciéndoles que tenía un compromiso familiar, pero en realidad quería llegar completamente fresca y hambrienta de verga a su encuentro con Armando, sobre todo con la expectativa de hacer el trío; por cierto, este trío lo haría con el mejor amigo de Armando, llamado Alejandro, mi esposa también lo conocía porque había tomado algunas clases con él, me comentó que no era muy guapo, pero sí bastante listo, y que desde la escuela eran los mejores amigos, completamente inseparables; y muchos de los rumores que hicieron que mi esposa nunca le aflojara a Armando en la uni tenían que ver precisamente de sexo grupal en donde siempre estaban estos dos amigos, y parecía que a ellos no les molestaba esa fama pues nunca se encargaban de disipar dichos rumores.

    Ese sábado mi esposa estaba nerviosa pero muy contenta, me pidió consejo de cómo irse vestida, le pregunté si quería ir discreta o completamente atrevida, y ella me dijo que ya todos sabían a qué iba, por lo que quería perder el menor tiempo posible, así que le elegí una juego de ropa interior con tanguita de hilo roja y bra casi de media copa; un putivestido negro semitransparente de arriba y cuando se iba a poner un top, le dije que no, que se lo dejara así, que se vería muy sexy el contraste entre el bra rojo y el vestido negro, le puse unas medias negras muy finas, también me animé a preguntarle que si quería que la depilara, ella empezó a reírse y dijo que nunca lo había hecho o intentado, pero que era una muestra de lo buen cornudo que era, porque quería entregarla a su primer trío de verdad bien arreglada, así que me dejó.

    En realidad no era muy hábil haciéndolo, por lo que después de un rato bastante largo, sobre todo por el miedo a lastimarla la dejé no completamente depilada, sino con un sexy triangulito encima de su monte de Venus, se veía muy sexy y ella quedó encantada solo quedando la parte del maquillaje pendiente; al final también se llevó un saco aterciopelado negro y tacones muy altos; se veía simplemente espectacular, porque se maquilló de manera muy discreta, esa vez me dijo, que si ya se vestía puta, quería ir discreta con el maquillaje; antes de irse, me dijo que no me masturbara, que quería que cuando llegara yo le agregara mi lechita a la de sus machos para limpiar todo, claro que le dije que sí.

    Estuve nervioso por casi 5 horas, cuando en eso, veo que un auto muy bonito negro y de lujo llega a la puerta de la casa, era la primera vez que Armando la traía a casa; mi esposa aún tardó en salir del coche como 20 o 25 minutos, estaba que me subía por las paredes de la excitación, pues con muchos trabajos había cumplido la promesa a mi esposa y ni siquiera me toqué en todo ese tiempo; estaba pensando en ello cuando veo entrar a mi esposa con el maquillaje completamente corrido, totalmente despeinada pero con una sonrisa enorme de oreja a oreja, me paro a recibirla con un beso muy apasionado, uf, apestaba a verga y leche y ella no decía nada, solo se dejó caer en el sillón y me indicó que le quitara las zapatillas, ya no traía medias.

    Yo estaba muy excitado cuando ella empezó a decir que había sido una sesión increíble, que le había encantado y que como se notaba que ellos sí tenían experiencia en el sexo grupal, me preguntó si la había obedecido, le dije que por supuesto, ella sonrió y me dijo, así me gusta putito, me tomó del cabello y me bajó a comerle la panochita, otra vez la traía destrozada, igual que enrojecido su anito, y ambos agujeritos repletos de lechita; le dije que parecía que había disfrutado mucho, ella me dijo que sí, que por supuesto, que ellos eran verdaderos machos vergones, que no perdieron el tiempo, ella pensó que la iban a invitar a cenar, pero no, en cuanto llegó se subieron a la habitación que habían apartado, y que de plano en el elevador la venían sobando de lo lindo sin ningún tipo de pena, que es más, una señora ya entrada en años los vio bastante mal por su comportamiento, pero que a los tres les valió y siguieron jugando, besándose y tocándose.

    En cuanto entraron al cuarto abrieron una botella de champán y brindaron, que el cabrón de Armando brindó por como la más apretada del salón ahora era toda una puta hecha y derecha y que los tres rieron como si hubiera sido un gran chiste, entonces Armando la besó profunda y lascivamente en la boca, mientras su amigo Alejandro le empezaba a tocar las piernas y las nalgas, en cuanto lo sintió ella abrió las piernas por lo que dijo, mira, si la tienes bien entrenada a la zorrita y todos rieron de nuevo, Armando la tomó de la cabeza y la empujó suavemente para que mi esposa se pusiera de rodillas, ella sacó las vergas de ambos y vio que aunque la de Alejandro no era tan descomunal como la de su amigo, sí era bastante respetable, sobre todo gruesa y venosa, por lo que pensó que se la pasaría muy bien con ellos, mientras ella mamaba ambas vergas turnándose de una a otra, ellos comentaban lo bien que se veía mi mujer y lo excelente de su trabajo.

    Alejandro hacía notar que debía tener mucha experiencia para tragar semejante sable (se refería al de su amigo) sin rechistar, a lo que Armando encantado decía que al principio le costó acostumbrarse, pero que ahora era una experta mamadora; mi esposa me comentó que le gustó mucho que ellos hablaran así, como si ella no estuviera, que se sentía usada y como si fuera una prostituta cualquiera, que aunque al inicio no fueron tan agresivos esos detalles le encantaron.

    Después de un buen rato mamando palo, levantaron a mi mujer, el más salvaje (Alejandro), le arrancó las medias sin ningún tipo de consideración y Armando le ordenó que se desnudara completamente comentando que se veía muy bien con ese pequeño triángulo, que parecía puta cara, a lo que mi esposa sin ningún tipo de vergüenza les comentó que había sido el cornudo de su marido el que le había propuesto y hecho el fino trabajo de depilación que veían, los dos cabrones se rieron muchísimo con eso, comentando que su marido debía ser un pendejo, que encima de ser un cornudo consentido, era el peluquero de la putita, total que ambos querían probar a mi esposa y ella les dijo directamente que no fueran maricones y que le habían prometido una doble penetración en toda regla, Armando le preguntó a Alejandro que a poco se imaginaba a la modocita de la uni pidiendo una verga por cada agujero, y Alejandro le contestó que no, pero que ahora se lo cumplían.

    Armando hizo valer el mayor tiempo de conocer a mi esposa, por lo que le dijo a su amigo que se recostara boca arriba que él primero iba a darle por el culo a la zorra, a lo que en cuanto lo hizo, su amigo llevó a mi esposa de la mano a que se sentara en la verga de Alejandro, ya que había entrado Armando con un poco de trabajo la empezó a penetrar por el culo, mi esposa me contó completamente excitada que era una de las mejores sensaciones que podía sentirse, que era un completo chute de placer, que casi se desmaya, se sentía completamente llena y con la libertad de gritar y gemir tan fuerte como quisiera, me contó que los provocaba con todos los insultos que se le ocurrían, les decía que eran unos impotentes, que le dieran más duro, que era su zorra, su puta, su piruja, que le reventaran sus dos agujeros, que eran suyos para que los usaran como les plazca, ellos estaban muy bien coordinados, que se notaba que habían hecho eso muchas veces, porque prácticamente sin decir palabra mientras la verga de Alejandro iba hacia afuera, la de Armando la penetraba y viceversa, ella estaba encantada, y que tanto los provocó que Armando la tomó del cabello y le decía que era una puta barata, que iba a ser su depósito de semen, que la mandarían muy madreada a su casa, que no podría ni sentarse de lo adolorida que la dejarían, que no sentiría al pito chico del cornudo de su marido de la tremenda cogida que le darían.

    Mi mujer me contó que no supo ni cuanto tiempo estuvieron así ni cuantos orgasmos tuvo, solo que había sido la experiencia más erótica y sexual que había tenido en su vida, que casi al mismo tiempo sus dos excompañeros se vaciaron por primera vez en sus agujeros, y ella gritó y gritó y gritó hasta casi desmayarse.

    Después de esa primera ronda, estuvieron charlando ya más calmados sobre todo terminándose la botella de champán, Alejandro hacía preguntas muy interesantes sobre la relación que tenía con su marido, que cómo se había dado, que quién había propuesto el arreglo, que cómo obtenía placer su marido, que si ella era dominante conmigo, a lo que mi esposa contestó lo mejor y más honestamente que pudo, Alejandro le mencionó que qué suerte teníamos de habernos encontrado, que seguramente con ningún hombre mi esposa hubiera sacado a la fiera que tenía dentro y con toda la seguridad que le daba un matrimonio y una familia feliz, y que su marido jamás podría haberle dado rienda suelta a sus fantasías de ser dominado y humillado sin sentirse menos hombre y encima de todo ella podía disfrutar de todo el sexo que quisiera.

    Total que Armando, como siempre, no ponía demasiada atención a la charla, pero que entre trago y charla, empezó a excitarse de nuevo por lo que les dijo que quería probar otra posición, que Alejandro se tumbara boca arriba, él le replicó que ahora le tocaba el culo de la zorra, y el otro reviró diciéndole que no se preocupara, que lo tendría, cuando Alejandro se tumbó, Armando puso a mi esposa a clavarse por el culo la verga de Alejandro, boca arriba, me contó que casi se cae, que no tenía suficiente equilibrio para mantenerse así, entonces sintió las fuertes manos de Alejandro deteniéndola por las nalgas, mientras ella abría las piernas lo más que podía para recibir por su maltrecha panochita la monstruosa verga de Armando, y otra vez, la cadencia, el ritmo y coordinación de sus dos amantes fue espectacular.

    Ella terminó aullando de placer y dolor, sobre todo porque después de unos insultos Armando empezó a darle de cachetadas pero sin medir sus fuerzas, Alejandro le gritaba que se calmara, y Armando contestaba, su marido es tan maricón que nos va a agradecer madrearnos a la puta de su mujer y mi esposa en lugar de quejarse gemía y aullaba pidiendo más, hasta que de nuevo terminaron de manera espectacular, otra vez mi mujer sin enterarse la cantidad de orgasmos que tuvo, al terminar de inmediato se quedaron dormidos por alrededor de una hora, al despertar pidieron servicio a la habitación pues naturalmente estaban muy hambrientos.

    Ella estaba muy feliz y cariñosa con ambos, y contrario a lo que esperaba, los dos también se comportaron igual, dándose abrazos y besos furtivos o acariciándose de una manera bastante natural; en cuanto terminaron de comer se vistieron y Armando le dijo que si quería la llevaba a su casa, ella estaba muy contenta, ya que siempre se había tornado distante después del sexo y entre los dos la trajeron a casa, le pregunté si les había dado una mamada de despedida y ella me cerró un ojo de manera cómplice y me dijo con una gran sonrisa que sí, que a los dos, pero que Armando se había emocionado e hizo que ella se tragara toda la verga entera hasta los huevos, que por eso llegaba toda desarreglada, pero que ella lo hizo con mucha alegría por tantísimo placer que le habían proporcionado; al final quedaron en seguir en contacto para repetir esta fantástica experiencia.

    Por mi parte, logré con mi lengua que llegara al orgasmo mientras me masturbaba frenéticamente, ella me ordenó que me viniera en sus tetas para que las limpiara de mi lechita, después de todo este ajetreo y ya con las primeras luces del alba mi esposa quedándose dormida me dijo simplemente “gracias”.

    Continuará.

  • Complaciendo a mi tío (parte I)

    Complaciendo a mi tío (parte I)

    Las vacaciones habían llegado a su fin y podía afirmar sin equivocarme que habían sido las mejores vacaciones de mi vida, hasta el momento, pero todo lo bueno se acaba, y como os había adelantado en mis primeros relatos, este curso iniciaría mi etapa en la universidad y para ello me tenía que mudar a la ciudad de Bogotá, ya que ese era el lugar más cercano en dónde impartían mi carrera. Allí pasaría el curso alojada en una humilde residencia de estudiantes en donde compartiría habitación con otra chica la cuál no había visto en mi vida.

    Hasta aquel año nunca había abandonado el hogar en el que vivía con mi padre y obviamente estaba preocupada por empezar una nueva etapa de mi vida en la que debería ser más independiente. Sin embargo, y para mi consuelo, en aquella ciudad vivían mis tíos por parte de madre. A ellos los conocía desde que era pequeña, de hecho, antes del divorcio de mis padres era costumbre reunirnos en el pueblo de mis abuelos cada fin de semana para hacer una comida familiar todos juntos. Aún a día de hoy guardo muy buenos recuerdos de aquellas reuniones en las que pasaba el día jugando con mis primas y recibiendo el mimo y los cuidados de mi abuela. Sin embargo, todo cambió para mí tras la separación de mis padres primero y el fallecimiento de mi abuela después. Todo eso hizo alejarme de esa parte de mi familia, desde entonces habían pasado ya seis largos años.

    Es por todo eso que viéndome sola en la gran ciudad decidí reencontrarme con ellos para volver a avivar nuestra relación. Aún recordaba con exactitud en donde vivían a pesar del paso del tiempo y tras hacer un par de transbordos de metro llegué a la puerta de su casa, tras suspirar profundamente para atenuar mi nerviosismo, llamé al timbre. Pasaron unos largos segundos hasta que por fin la puerta se abrió y tras ella se asomó una mujer, las dos nos quedamos mirándonos un momento hasta que las dos caímos en cuenta de quienes éramos cada una. Mi tía siempre fue una mujer bastante normalita, de baja estatura, con ojos castaños y cabello moreno, sin embargo, el paso de los años había hecho mella en ella. En su rostro se comenzaban a apreciar las arrugas, había ganado bastante peso y se había cortado su larga melena luciendo ahora un peinado con el cabello más corto.

    Yo: Tíaaa soy yo, Laurita. ¿No me reconoces? – dije yo para hacerle caer en cuenta de quién se trataba la joven que se había presentado en su puerta

    Mi tía: No me digas que de verdad eres tú. Hacía aaaños que no te veía. ¿Qué te trae por aquí?

    Yo: Si soy yo tía, ahora estoy estudiando aquí y me pareció buena idea pasarme a haceros una visita. Disculpa por no avisar antes de que me iba a presentar aquí pero no tenía vuestro teléfono.

    Mi tía: No importa cariño, pasa pasa. Sabes que siempre serás bienvenida en nuestra casa a pesar de todo lo sucedido entre mi hermana y tu padre.

    Yo: Muchas gracias, significa mucho para mí en este momento.- dije pasando tras ella dentro de la casa.

    Al llegar al salón me invitó a sentarme en el sofá junto a ella donde comenzamos a hablar para ponernos al día de todo lo sucedido durante todos estos años. Descubrí que mis primas, al igual que yo, habían abandonado el nido y ahora una estudiaba en Medellín y la otra en Panamá. También me hizo saber que mi madre ahora vivía felizmente casada con el hombre con el que había engañado a mi padre y que pronto tendrían su primer hijo juntos. La nueva me pilló por sorpresa pero no le di mayor importancia, aquella mujer ya no significaba nada para mí, ella nunca se volvió a preocupar por mí después de que yo decidiese quedarme a vivir con mi padre en vez de irme con ella. Tratando de reanudar la conversación con Mi tía decidí preguntarle acerca de su marido sobre quien no me había hablado todavía

    Yo: ¿Y mi tío? ¿Cómo está?

    Mi tía: Debe de estar al caer hace ya rato que en teoría terminó su jornada, pero ya sabes cómo era tu tío, está tan enamorado de su taller que a saber a qué hora hace acto de presencia, aunque de seguro llegará para la hora de cenar como muy tarde. Hablando de cenar ¿Quieres quedarte a cenar con nosotros?

    Yo: Está bien, me apunto. Pero solo con la condición de ayudarte en prepararla.

    Mi tía: No seas boba, no hace falta.

    Yo: Insisto, es lo mínimo.

    Mi tía: Muy bien, pero tampoco es que haya mucho que hacer. Como mucho pelar unas papas para hacerlas sancochadas.

    Yo: En eso soy toda una experta, no te defraudaré jajaja

    Las dos nos fuimos, a la cocina allí mientras pelaba las papas las dos continuamos charlando distendidamente.

    Mi tía: Que clase de anfitriona soy yo, no te he ofrecido si querías algo de beber.

    Yo: No importa aunque algo fresco si que te lo aceptaba.

    Mi tía: ¿Una Pepsi te sirve?

    Yo: Si, obvio.

    Sonriéndome cortésmente abrió el frigorífico y agarrando la primera lata que vio me la tendió para tomarla con la mala fortuna que se me resbaló entre las manos cayendo al suelo.

    Mi tía: Ay disculpa ven que te la cambio por otra para que no se te salga toda.

    Yo: No te preocupes, me sé un truco.

    Mi padre siempre me decía que cuando una lata sale rodando por el suelo había una forma de revertir el golpe, para ello coloqué la lata en la mesa y comencé a girarla sobre si misma dándole vueltas. Al considerar realizada correctamente la operación la abrí con toda la confianza del mundo, fue entonces cuando la endemoniada lata de refresco comenzó a escupirme todo su contenido encima mia mojando y ensuciando toda mi camisa y parte del pantalón blanco que llevaba puesto aquel día. Me quedé paralizada por lo que acababa de suceder, Mi tía en cambio comenzó a reírse y a mofarse de mi desgracia.

    Mi tía: Mira que te lo dije boba. Ve al baño anda, ahora te llevo una muda de una de tus primas.

    Avergonzada me fui al baño en donde esperé a que me brindase la ropa para poder cambiarme, al poco rato llegó con ella en la mano, se trataba de una camisa gris y un pantalón negro, ella dejándome intimidad se fue cerrando la puerta tras ella. Fue entonces cuando yo comencé a desvestirme de toda mi ropa quedándome solamente en tanga, ya que como ya sabéis y debido al tamaño de mis pechos no acostumbro a utilizar brasier, es así prácticamente desnuda como de repente se abrió la puerta del baño, asomándose tras ella apareció mi tío topándose de frente con la visión de su desaparecida sobrina prácticamente desnuda en el baño de su casa. Como acto reflejo corrí a cubrirme los pechos con mi brazo al mismo tiempo que me giraba dándole la espalda, sin darme cuenta que haciendo eso le daba la oportunidad no solo de ver mis pechos desnudos si no que mi culo en tanga.

    Mi tío: Ay perdón, perdón, no sabía…

    Tras decir eso rápidamente se fue cerrando la puerta tras de sí, nuevamente me quedé paralizada y además muerta de la vergüenza. Temblando me vestí como pude, al terminar observe como, para colmo, la ropa que me había dado Mi tía me quedaba tremendamente ceñida, la camisa no me llegaba a cubrir el ombligo dejando visible mi piercing que allí llevaba y el pantalón se pegaba tanto a mi piel que sin duda resaltaría de sobre manera el tamaño y la forma de mi trasero. Aún asi de esa forma decidí respirar profundamente y salir como si nada de todo eso acabase de suceder.

    De camino a la cocina para volver junto a Mi tía me topé con mi tío sentado en la sala esperando su turno para ir al baño. Los dos nos quedamos mirándonos, yo por la vergüenza no sabía qué decir, fué él como si nada hubiera pasado el que tomó la palabra.

    Mi tío: Pero bueno Laura hay que ver lo cambiada que estás, me costó un mundo reconocerte.

    Yo: Ho… hola tío, bueno si la verdad es que sí

    Mi tío: Bueno y no vas a decir que haces por aquí y de donde sales.

    Mi tío era un hombre alto, de piel morena, con un cuerpo fornido, bien tonificado, la verdad es que estaba de muy buen ver a pesar de su edad que debería andar por los cincuenta y algo. Me sorprendía que alguien tan atractivo se conformase con una mujer como mi tía, que sin desmerecerla, los años la habían golpeado de una forma cruel. Su forma de hablar siempre fue tosca con los demás y si no le conocieses pareciera que estaba siendo hasta desagradable contigo. En aquel momento no me salían las palabras, si de por si que me pillase semi desnuda es su propio baño ya era un obstáculo para que mis palabras brotasen, la forma en la que me estaba mirando en ese momento hizo que me quedase bloqueada y sin saber que hacer ni decir. Por suerte para mi apareció de repente Mi tía.

    Mi tía: Anda mira quien al fin ha llegado de trabajar, ya eran horas…

    Mi tío: Me entretuve más de la cuenta con un cliente que me estuvo dando la chapa.

    Mi tía: Ya bueno, de esos clientes tienes todos los días por lo que veo.

    Mi tío: No empieces tú, por cierto no sabía que nuestra sobrina se había quedado muda ni que estaba en casa.

    Mi tía: Ahora te lo iba a comentar, resulta que nuestra Laurita ahora se vino a estudiar aquí a la universidad.

    Mi tío: Ahá pues que bueno, fue una agradable sorpresa volver a verla…

    Al tiempo que él terminó de decir eso se giró hacía a mí guiñándome un ojo, aquello terminó por sonrojarme del todo si ya no lo estaba suficientemente.

    Mi tía: ¿Y como es eso que se quedó muda?

    Mi tío: Nada nada, cosas mías. ¿Verdad Laura?

    Yo: S… Sii si jaja.

    Respondí tímidamente.

    Mi tío: Bueno voy al baño que me estoy meando. ¿Ya está la cena servida?

    Mi tía: Si claro, te estábamos esperando las dos.

    Mi tío: pues venga id a sentaros que ahora vengo.

    Su forma autoritaria de decir las cosas sumado a su buen aspecto físico a pesar de la edad que ya tenía hacía que rondasen por mi cabeza pensamientos pecaminosos. ¿Pero que demonios me pasa? me pregunté, es mi propio tío jamás pasaría algo entre nosotros. No se puede, no se debe… ¿no quiero? la verdad es que hacía semanas desde mi último encuentro sexual y mi cuerpo empezaba a necesitar algo de acción. Al cabo de varios minutos regresó y con normalidad nos pusimos a cenar.

    Tras todo lo sucedido la cena transcurrió sin mayor notoriedad, ninguna mirada indiscreta ni palabras con doble sentido hizo mi tío. Los tres conversamos de todo un poco hasta que llegado el momento y viendo lo tarde que era me levanté con la idea de marcharme.

    Yo: Os agradezco mucho este rato que pasamos los tres la verdad que lo necesitaba pero ya es muy tarde, me tengo que ir que ya va a cerrar el colectivo y después no tengo forma de regresar a mi residencia.

    Mi tía: de eso nada no voy a permitir que te vayas sola a estas horas. Venga Paulo, acerca a la niña a su residencia hazme el favor.

    Yo: No hace falta, de verdad. No quiero molestar, mi tío querrá dormir después de trabajar durante todo el día.

    Mi tío: No es problema un día es un día yo te llevo y no se hable más.

    Yo asentí y bajé la cabeza asumiendo su orden con obediencia. Los dos salimos por la puerta dejando atrás a Mi tía sola con la desagradable tarea de recoger y limpiar el estropicio que la deliciosa cena que había elaborado había dejado consigo. El trayecto en el ascensor nos llevó directamente al garaje del edificio en donde vi con asombro como mi tio todavía conservaba su viejo aunque bien conservado auto, y es que desde que era pequeña le recuerdo con ese mismo vehículo.

    Yo: Veo que hay cosas que no cambian.

    Dije al mismo tiempo que señalaba su coche.

    Mi tío: Porque es que iba a cambiarlo si sigue funcionando como un reloj, los que hacen ahora no sirven para nada.

    Yo: Pero son más rápidos y modernos.

    No hizo falta recibir respuesta por su parte, la mirada de desprecio que me echó lo dijo todo. Callada me subí por el lado del copiloto al mismo tiempo que él hacía lo propio por su lado.

    Tras un largo silencio fue él quien decidió romperlo.

    Mi tío: Volviste a quedar muda o que

    Yo: No quería molestar, no debí decir eso…

    Mi tío: ¿Decir que? ¿Qué prefieres cosas rápidas y nuevas?

    Yo: Solo es que…

    Mi tío: No importa, solo hablaste desde el desconocimiento. Estoy seguro que si pruebas un coche con tanto recorrido como este no pensarías lo mismo.

    Yo: lo cierto es que me encantaría, pero todavía no aprendí a manejar.

    Mi tío: Bueno ahora que estás por aquí yo puedo enseñarte si quieres.

    Yo: ¿De verdad harías eso? Que guaaay, gracias tío eres el mejor.

    De la emoción me abalancé hacia él dándole un abrazo, él permaneció impasible ante mi repentina muestra de alegría con una mano en el volante y la otra en la palanca de cambios la cual desplazó a mi muslo en donde dando palmadas me indicó que era suficiente la muestra de cariño por mi parte, así lo interpreté volviéndome a sentar nuevamente en mi asiento con normalidad. Al poco rato llegamos a la residencia universitaria en donde me debía bajar.

    Mi tío: Bueno creo que ya llegamos.

    Yo: Si aquí es, muchas gracias de verdad.

    Mi tío: No hay de que, entonces ¿te pasas mañana por mi taller sobre las ocho y damos una vuelta en el coche?

    Yo: Siii que ilusión, allí estaré

    Mi tío: Está bien

    Llegaba el momento de bajarme y como muestra de agradecimiento me despedí dándole un cariñoso beso en la mejilla, al terminar de dárselo no pude evitar fijarme como en su pantalón se marcaba una enorme tienda de campaña en la zona de la entrepierna, desviando velozmente mi mirada de allí me crucé con la suya, me había pillado mirando hacia donde quizá no debí haber mirado. Nuevamente avergonzada por lo que acababa de ocurrir me escabullí como pude de allí.

    Yo: Bu… bueno hasta mañana.

    Tras mis palabras de despedida me bajé del coche rápidamente, mientras lo hacía, sin embargo, no pude evitar sentir la sensación de que mi querido tío no le quitaba el ojo de encima a mi culo, sin duda el ceñido pantalón hacía resaltar su forma y tamaño, por lo que para él debió de ser imposible resistirse a admirarlo. Lejos de ofenderme, me fui contoneándome y moviendo mis caderas de forma exagerada hasta llegar a la entrada de la residencia, desde donde antes de cruzar la puerta de acceso lancé una última mirada al coche de mi tío, el cual permaneció allí estacionado hasta que finalmente atravesé su umbral.

    Mientras subía las escaleras camino de la habitación una mezcla de sentimientos se pasaban por mi cabeza. Me sentía confusa, nerviosa, preocupada, feliz y caliente… sorprendentemente llevaba semanas sin sexo y con todo el tema de la mudanza y la preocupación por vivir sola tampoco me había llegado a tocar por lo que sentir el deseo sexual de un hombre de los pies a la cabeza como lo era mi tío hizo que algo se despertase en mi.

    Al llegar a mi cuarto comprobé como mi compañera de habitación ya estaba profundamente dormida, realmente era bastante tarde ya, el morbo de que ella estuviese ahí y la excitación previa hicieron que me liberase apresuradamente de la ceñida ropa que se pegaba a mi cuerpo, entonces completamente desnuda deslicé las yemas de mis dedos exploradores. Primero por mis pechos comprobando de buena mano como mis pezones estaban completamente erectos y luego siguiendo el camino hacia abajo por mi vagina por donde comenzaban a brotar fluidos.

    Era tal la calentura que ignorando la presencia de mi compañera, que descansaba profundamente dormida a escaso metro de mí en la cama contigua, me tendiese en la mía así desnuda como estaba para dar rienda suelta a mis instintos más bajos. Por entonces mis dedos ya jugaban con soltura abriéndose camino entre mis labios vaginales, tendida boca arriba y con las piernas bien abiertas disfrutaba de mi cuerpo como hacia semanas que no lo hacía, recordando encuentros con parejas anteriores intentaba llegar poco a poco a mi clímax sin embargo cuando ya casi estaba a punto no pude evitar recordar todo lo sucedido ese mismo día.

    Como primero fui pillada semidesnuda, las insinuaciones posteriores al respecto, su prominente erección y finalmente como me miraba al trasero al despedirme… todo eso hizo que al aumentar ligeramente el ritmo de mis dedos provocase lo inevitable, entre temblores propios del orgasmo llevé apresuradamente una de mis manos a la boca tratando de acallar los gritos de placer que intentaban escabullirse por entre mis labios y que probablemente hiciesen despertar a mi compañera. Tras conseguirlo y ya más calmada cubrí mi desnudez con las sábanas y al poco rato caí rendida por el sueño no sin antes pensar en el día que me esperaba mañana y lo mucho que quería probar ese “coche”.

  • Si los hombres lo hacen ¿por qué nosotras no? (1)

    Si los hombres lo hacen ¿por qué nosotras no? (1)

    1. Tenemos derecho a obtener placer tanto como ellos

    —No insistas. Tu marido seguro ya anda de parranda —me dijo Nila al notar que Sergio no me contestaba el teléfono.

    —Ay, ni me importa. Total —le respondí a Nila, pero sin soltar el auricular del teléfono.

    Pero por supuesto que me molestaba no localizarlo. Sergio sí me exigía avisarle si saldría con alguna amiga (y justo por eso le llamaba, quería comunicarle que estaba en el departamento de Nila. No quería tener una discusión con él por no haberme “reportado”.), mientras que él ni se molestaba en avisarme si no estaría en casa o si llegaría tarde.

    —Para qué le hablas. Diviértete sin pensar en él.

    —Es que si no le aviso luego me echa la bronca. Disque porque se preocupa, según dice.

    —Sergio sólo te quiere tener controlada.

    —Pues sí pero…

    —Aprende a vivir sin ataduras —me insistió ella.

    Siempre que salíamos juntas Nila me animaba a vivir sin preocuparme por lo que diría mi marido. A divertirme sin angustiarme. Pero conociéndola, la verdad, siempre temía hasta dónde llegarían sus planes, pues Nila es la mujer más libidinosa que he conocido.

    —Y ahora, ¿qué locura tienes en mente? —le pregunté mientras colgaba el teléfono.

    Ella, retocando su peinado frente a un espejo, sonrió de una forma que sin decir nada ya me hacía una idea.

    —Hoy le ponemos, eso seguro —dijo, y volteó a verme.

    Era evidente que Nila estaba totalmente decidida y me arrastraría a otra de sus impetuosas aventuras sexuales.

    Y así Nila me llevó a una sex shop ubicada en la Zona Rosa. En esos años (principios de los noventa) no eran tan comunes, de hecho esa fue la primera vez que yo entré en un lugar así.

    Las vitrinas y estantes estaban colmados de distintos objetos fálicos; revistas pornográficas; videos; prendas íntimas; disfraces y demás artículos por el estilo. Nila me mostró la calidad y el calibre de unos penes de silicón que tomó de una repisa. Me sorprendió el increíble detalle en ellos. Incluso tenían una textura bastante realista con todo y venosidades. Tomé uno, aunque con cierta vergüenza. Temí las miradas de las personas a nuestro alrededor, sobre todo porque éramos las únicas mujeres que estábamos allí en ese momento. Como ya he dicho eran otros tiempos. Aunque luego me dio risa su largo tamaño y extremo grosor.

    —¿Te imaginas si hubiera hombres con este tamaño de…? —le comenté, mientras comparaba el tamaño y grosor de aquel miembro fálico con los de mi propio brazo, que era casi tan largo pero notablemente más delgado que aquel juguete.

    —Pero sí que los hay —afirmó Nila.

    Me sentí como una tonta. Yo nunca había…

    —Mira. Ahí está lo que vinimos a buscar —me dijo de pronto.

    Al principio creí que se refería a algún artículo de la tienda. No podía imaginar qué tipo de objeto, y con qué propósito, había venido a buscar. Tardé en comprender que los “juguetes sexuales” a los que se refería eran muy distintos a lo que yo podía suponer. Nila me señalaba a tres chicos que estaban a unos metros de nosotras.

    —¿Cómo ves…? ¿Nos los llevamos?

    —¡¿Qué?! ¡No! ¡¿Cómo… cómo crees?! —dije, sorprendida ante tal proposición. Y es que aquellos tres eran muy jóvenes, unos chamacos. Se les notaba no sólo en su apariencia sino en su comportamiento, pues se la pasaban riendo y vacilando de cualquier objeto que observaban.

    No podía creer que aquello cruzara por su mente. Ella era una mujer casada, ambas lo éramos. Estábamos casadas con exitosos empresarios; de hecho por eso nos habíamos conocido. ¡¿Para qué arriesgar nuestros matrimonios por un disparate?! Aquellos muchachos eran unos chiquillos comparados con nosotras… bueno, en ese entonces aún éramos jóvenes, pero…

    —Mira —me dijo ella sin embargo—, ¿cuándo has vivido algo así? Te apuesto a que nunca te has atrevido a siquiera pensar en hacerlo con un hombre menor que tú. Y no me digas que no te pica la curiosidad la simple idea de hacerlo.

    —¡Pero Nila, estos son unos chamacos! ¡¿Qué tal si nos metemos en problemas?! ¡Podrían acusarnos de…!

    —Ay Feli. De seguro son mayores de edad, digo, deben de serlo para que los hayan dejado entrar en una tienda como ésta. En la entrada les debieron exigir sus identificaciones. Vente, vamos.

    Y caminó hacia ellos. Yo me quedé ahí parada, aterrorizada de las posibles consecuencias de los actos de mi compañera. Llegué a pensar en irme, dejarla ahí mismo.

    —Hola, mi amiga y yo nos preguntábamos si alguno de ustedes estaría interesado en mostrarnos el funcionamiento de uno de estos aparatos —pude escuchar que eso les dijo, a la vez que tomaba una de las cajas que los jóvenes habían estado curioseando.

    Contenían unos cilindros transparentes con una perita de hule, semejante a la de los aparatos con los que toman la presión arterial.

    Los tres chicos se quedaron boquiabiertos ante el abordaje de mi amiga.

    —Disculpe, pero nosotros no trabajamos aquí —contestó el más correcto (o el más ingenuo) de los tres.

    —Claro que no. Sé que ustedes únicamente están viendo la mercancía como nosotras. Es sólo que pienso regalarle una bomba de vacío a mi marido, pero antes quisiera ver cómo funciona. Miren, qué les parece si vienen a mi departamento y les invito unas copas a cambio de que me permitan probar una de éstas en ustedes. ¿Eh? ¿Qué les parece?

    No puedo describirles la expresión en sus rostros sin quedarme corta. Era evidente que aquellos tres no podían creer su buena suerte. Seguramente habían entrado allí sólo para vacilar y andar de calenturientos, y jamás se habrían imaginado que iban a toparse con una mujer que les ofreciera una oportunidad así. Y siendo una mujer tan atractiva como mi amiga pues…

    Mientras Nila pagaba el producto los tres chicos no dejaban de observarle su trasero, era evidente lo que los motivaba para irse con dos desconocidas. Luego, mientras ellos recogieron sus mochilas que habían dejado en paquetería, me aproximé a Nila para hablarle en privado.

    —¿Cómo puedes hacer algo así? ¿Cómo pones en riesgo tu matrimonio sólo por una aventura? ¡¿Qué tal si Heraclio se entera?! ¡Alguien podría decirle! —le dije.

    —¿Te preocupas por mi esposo? Mira, es obvio que Heraclio hace este tipo de cosas todo el tiempo. No dudo que él se lleve a tres jovencillas a la cama si ve la oportunidad. ¿Y qué, las mujeres no tenemos derecho a satisfacernos de la misma manera?

    Yo no opinaba igual que ella en aquel momento. Después de todo, la educación que me habían inculcado mis padres pesaba. Aún recuerdo los consejos que mi madre me dio el día de mi boda: “El matrimonio es sagrado, recuérdalo bien. Nunca le vayas a faltar a tu hombre. Acuérdate Feli, primero Dios y luego el hombre”. Hoy eso se consideraría puro machismo (machismo viniendo de una mujer, ¡imagínense!), pero en esos días las propias madres daban ese tipo de consejos, o más bien mandatos.

    Aquellos muchachos se nos acercaron. En sus rostros se notaba entusiasmo exacerbado. También a mí me miraban con avidez y morbo. Nunca antes había sentido unas miradas tan intensas, tan deseosas. Seguro que aquellos muchachillos vislumbraban lo que harían con nosotras.

    Nila me miró como cuestionándome si me decidía a acompañarla en la juerga.

    —Bien, vamos —le dije, y al escucharme me sentí como si la que hubiese hablado fuera otra. Pero creo que el ser apreciada, el ser vista de aquella manera me había alentado el orgullo.

    ‘Ora sí que decidí “aventarme al ruedo”, como diría mi padre. Caray, mi Padre. El pobre se hubiera ido de espaldas si me hubiese visto en ese momento. A él le fascinaban los toros y hacía alusiones a la fiesta brava todo el tiempo, como alentando a vivir sin temor. Por eso algo que usualmente decía era: “en la vida no hay que tenerle miedo a nada, hay que aventarse al ruedo cuando es necesario”. Y eso estaba por hacer esa noche. Pareciera que sus mismas palabras me hubieran alentado, aunque ya me imagino cómo hubiese reaccionado si me viese en esa situación, Nila y yo estábamos por tener “tremenda faena”, jaja. Claro que en ese momento ni siquiera me imaginaba hasta dónde llegarían las cosas.

    Cuando regresamos al departamento de Nila, ésta les invitó a los muchachos diversas bebidas alcohólicas al gusto de cada quien. Allí, entonados y relajados, comenzó a charlar con ellos. Yo guardaba silencio no sabiendo qué decir, pero, a decir verdad, me mantenía expectante, atenta.

    Sin tapujos, Nila les preguntó si ya habían tenido experiencias sexuales antes. Esto tomó a los tres jóvenes por sorpresa. No podían dar crédito a lo directa que en el ámbito sexual podía ser su anfitriona.

    Gracias a sus respuestas pude darme cuenta que el más extrovertido era Pepe, un muchacho varonil y el más guapo de los tres, quien evidentemente no era ningún inexperto en el tema. Domingo, un joven moreno, chaparrón y fornido, era el “cómico” del grupo, diciendo cualquier graciosada, y burlándose a la menor oportunidad sin miedo al ridículo. Por último, Tomás era el chico más callado y, supuse, el más inocente. Pude notar que éste, además de sonrojarse, evadía mi mirada.

    «Éste ni siquiera ha besado en su vida», me dije.

    —Vamos a jugar a la botella —propuso Nila espontáneamente—, y a quien le toque va a tener que contar una experiencia sexual real. Quiero saber si de verdad son tan machitos.

    Noté que Tomás estaba nervioso, probablemente temiendo que le tocara a él. De seguro no tenía nada qué contar. Para su fortuna fueron sus compañeros los primeros en salir escogidos. Cada uno narró su historia con notoria fanfarronería y exageración.

    Para buena suerte de Tomás (y mía, puedo decir) la siguiente seleccionada fue Nila.

    —Bueno, hace unos días acompañé a mi esposo a una cena con unos socios suyos, en un restaurant de la ciudad. Mientras él conversaba airadamente con uno de ellos, yo mantuve un juego de miradas con otro quien me pareció bastante atractivo. Nos estuvimos comiendo con los ojos prácticamente. Logramos entendernos muy bien sólo con las miradas. Así que, luego de decirle a mi marido que iría al sanitario, le indiqué que me acompañara. Aquél asintió y me siguió poco después, disimuladamente. Ambos nos metimos al baño de mujeres dentro del cual nos encerramos. Ahí me lo cogí de lo más rico —mientras Nila describía esta última parte, sus caderas se movían como representando lo narrado. Los muchachos, quienes no perdían detalle, parecían totalmente embobados.

    —Y el güey de tu esposo, ¿qué no se dio cuenta? —preguntó, sin ningún recato, Domingo.

    Nila rio y noté que tal pregunta la satisfacía pues inmediatamente contestó:

    —Cuando salí y regresé con él, el muy pendejo ni notó que se me habían venido en plena boca a pesar de que lo besé.

    —Órale, ¿llevabas la boca llena del esperma del otro? —comentó Pepe.

    Nila asintió riéndose. Todos reímos imaginando tal escena.

    Domingo notó que a Tomás se le había establecido una perceptible erección bajo su pantalón. Inmediatamente realizó comentarios burlones sobre él.

    Nila, sin embargo, se le acercó al muchacho y le palpó el bulto.

    —Bueno, por lo que se puede observar, tú serás el primer voluntario para mostrarme qué tal funciona el artículo que compré —le dijo Nila, quien luego ordenó—. Muy bien, bájate el pantalón y sácate la verga. Es momento de probar esa bomba de vacío que compré.

    Hubo sorpresa y risas nerviosas. Como que a los chicos aún les costaba creer que aquello estuviese pasando. A Tomás le temblaban las manos mientras procedía a liberar su erección. Nila sacó el producto de su caja y armó sus piezas. Tomás seguía temblando y tenía las mejillas tan coloradas que me hizo recordar a la pequeña Heidi, una caricatura que veía de chiquilla.

    —Bueno, vamos a ver —y con aquel cilindro transparente en una mano, Nila lo guio hacia el pene de Tomás, el cual tomó con su otra mano y, con el propósito de que entrara fácilmente en la abertura propicia para ello, le lengüeteó la punta del miembro.

    Sin embargo, Tomás no pudo soportar el roce lingual en su área íntima y eyaculó sin poder contenerse. Nila no tardó en regañarlo.

    —¡¿Cómo no pudiste aguantarte?! ¡¿Qué… eres un crío?!

    El pobre chico resintió aquella reprimenda (de seguro así se sentía frente a sus camaradas) y yo sentí pena por él.

    —Oye, Nila, ¿por qué no pruebas con Pepe? —sugerí y me sorprendí de mi atrevimiento. Pero no quería ver sufrir más vergüenza al pobre de Tomás frente a sus amigos.

    Nila aceptó mi propuesta y, tras descubrirse el sexo, Pepe mostró que éste era particularmente largo. Sólo que aún lo tenía flácido. Nila, sin pensárselo, lo tomó y con mano y boca experta lo provocó para que se erectara. Viendo esto los chicos estaban sorprendidos y entusiasmados.

    —Eso, así —dijo Nila mientras introducía aquel largo falo en la cámara propicia para ello—, ahora muéstrame qué tal funciona la bomba que compré —y comenzó a oprimir la perita de hule bombeando el aire que contenía el cilindro hacia el exterior.

    Yo estaba maravillada, el pene, que de por sí era de considerable largueza, se inflamó aún más de lo que estaba tras la manipulación de mi amiga. Conforme la mano de Nila bombeaba aquella perita de hule, en el interior del recipiente el pene se abultaba. La transparencia del tubo nos permitió atestiguar el incremento de tamaño en el miembro de Pepe. Él mismo estaba sorprendido, sus amigos igual. Todos estábamos asombrados. Supongo que Nila era la única acostumbrada a ver algo así, pues procedía de la forma más natural. Era increíble ver cómo el ya de por sí erecto miembro de aquel chico crecía aún más, hinchando el glande hasta el punto de amenazar con estallar. Por la expresión de malestar en el rostro del chico, los demás nos dimos cuenta que la presión sanguínea en su pene ya era excesiva, e incluso dolorosa.

    —Ya Nila, por favor para ya, ¿qué no ves que le haces daño? —le pedí suplicante, temiendo que le hiciera algún daño permanente al pobre muchacho.

    Temía que, como película de horror, terminara explotando la sangre ante la vista de todos nosotros.

    Nila por fin se detuvo y abrió una válvula permitiendo la entrada de aire nuevamente. Cuando por fin retiró el cilindro, todos pudimos atestiguar el tremendo tamaño del falo de Pepe. Hasta él mismo se veía impresionado por la inhabitual talla de su miembro.

    —Bien, pues parece que en verdad funciona esta cosa. Claro que mi marido necesitará más bombeo y, aun así, no espero que su verga crezca tanto —dijo Nila, señalando con uno de sus dedos un tamaño evidentemente pequeño.

    Todos rieron, y yo misma no pude contenerme.

  • La milf Lucy y el profesor de salsa

    La milf Lucy y el profesor de salsa

    Me llamo Koki, soy cubano, 30 años, mido 1,90, soy de piel oscura, cuerpo musculoso por horas de gimnasio, vivo aquí en Argentina, y puse un bar cubano en San Telmo. Me dedico a atender contingentes de turistas, despedidas de solteras, para entretenerlas principalmente los días de semana, los finde se hace boliche.

    Compartimos la sociedad con mi amigo Roque, también cubano, somos los dueños, y además damos clases de salsa y hacemos animación para las turistas Milfs sedientas de un buen cuerpo caribeño. Esa noche había llegado un contingente de argentinas, la mayoría maduritas y sin parejas a la vista. Una de ellas, que después me entere se llamaba Lucy, rubia, unos 50 años aproximadamente, con un cuerpazo infernal me clavo la mirada desde el primer momento.

    La vi entrar a ella, a Lucy con un vestido rojo de lycra hiperajustado, marcando los pezones (no traía corpiño evidentemente la turra) y unas ojotas, pelo suelto y un andar arrollador. Sobresalía del resto por un par de tetas que apenas podía contener su vestido y un culo que marcaba un pequeño hilo dental o nada debajo. 1,55 aproximadamente, una bomba descomunal, el resto eran maduras, pero no valían la pena.

    -Vos sos Koki, el profesor de salsa. Quiero aprender a bailar, como es el tema

    Había puesto un cartel en la entrada del bar por clases de salsa por la noche como extra y para el levante también.

    -Buenas noches mi reina, como no, será un placer, cuando quieres arrancar

    -Ya mismo, estoy ansiosa – me dijo mientras con su mano acariciaba mi brazo, yo estaba en musculosa y un short bastante sexy, note que clavo su mirada en mi paquete sin pruritos

    -Perfecto, después hablamos de…

    -Olvidate del dinero, quiero exclusividad – me dijo mientras deslizaba un billete de u$s 50 en mi bolsillo y rozaba mi pierna – Mmmm… que durito Koki, me llamo Lucy

    Empezamos a bailar, evidentemente Lucy ya sabía bailar, tenía unos movimientos espectaculares casi profesionales, giraba y apoyaba su culo en mi bulto todo el tiempo y me lo meneaba y refregaba. Por momentos me abrazaba y me rozaba el culo con las manos, todo muy sutil, pero yo lo sentía. Obviamente inicie un intercambio sutil como respuesta con roces a su cola, suspiros en su cuello al pasar, todo muy sutil, había más personas también y no quería que se vieran mis intenciones. Paramos un rato para beber algo y seguimos, rápidamente se había descalzado y se movía muy felina, en un momento se acercó a una amiga aparentemente y le dijo algo al oído y volvió, siguió así casi toda la noche, me resultaba difícil ocultar mi erección a esta altura. Había bebido unos cuantos tragos gentileza de Roque al que también había dado una buena propina y reía fuerte y comenzó a tambalearse un poco.

    -Estas bien Lucy

    -Espectacular Koki, mejor que nunca, veo que vos también estas, ejem, animado

    Y con su mano sutilmente me rozo la verga. Siguió girando a mi alrededor cada vez más desprejuiciada y atrevida, y yo cada vez más al palo. En un momento me hace una seña Roque.

    -Escuchame amigo, dos de las veteranas quieren seguir la joda, me invitaron a irme con ellas, la morocha y la colorada, te jode cerrar vos hoy, te deje todo el bar ordenadito el resto lo ordeno temprano cualquier cosa, te vi con la rubia también estas ahí

    -Vete Roque, disfruta mañana me cuentas, adonde te llevan

    -Están con camioneta así que me voy con ellas donde me lleven jajaja

    -Dale después me contas mañana, disfruta

    -Suerte a vos también amigo

    No les comenté que Roque también tenía lo suyo, 1,80, puro musculo, más grandote que yo, y la barra que lo hacía más atractivo, después volveré con él. Volví con Lucy que seguía bebiendo daiquiris, se había sentado en una mesa y me llamaba desde ahí.

    -Koki, disculpa te puedo pedir un favor

    -Si amor, dime tu

    -Me podrás llevar manejando vos, estoy un poco mareada y no me siento bien, mis amigas se van a seguir la juerga, pero yo estoy agotada.

    Sus amigas se iban con Roque, las turras así que se quedaba sola.

    -Por supuesto bombón, aguántame unos minutos que acomodo unas cosas Roque se tiene que ir antes puede ser, me esperas aquí, cierro los baños y la oficina y vamos.

    -Claro Koki, acá te espero, después te pago el taxi de vuelta – y me dio un beso en la comisura y un apretón en mi muslo

    Les aclaro que nuestro bar es chico, tiene dos baños y una pequeña oficina para atender a proveedores en el fondo, antes de ir a cerrar me acerque a la puerta y le puse llave ya que todos los clientes se habían ido y apague casi todas las luces.

    Me fui por un pasillo a ordenar un poco los baños antes de cerrar, el de hombres estaba más o menos ordenado, fui hacia el de mujeres y había un poco de desorden, estaba acomodando las bolsas cuando siento abrir la puerta.

    -Ay, disculpa Koki, me dieron ganas de ir al baño – me dijo mirándome fijo, mordiéndose un poquito el dedo de una mano y con la otra mano tocándose su sexo

    -Ahí salgo Lucy así venís tranquila.

    Avanzo hacia un retrete, me quede acomodando una bolsa mientras esperaba a Lucy, iba a salir para esperar afuera cuando escucho la puerta del retrete abrirse, y lo que vi me dejo con la boca abierta. Lucy salía absolutamente desnuda, solo con un hilo dental minúsculo que se perdía en su cola y se incrustaba por delante en su sexo con el vestido en su mano.

    -Ay discúlpame Koki, me ayudas con el vestido, no me lo puedo poner

    -Lucy, Dios mío, que pedazo de hembra que sos por favor

    -Ay… discúlpame exhibirte este cuerpo de vieja a vos Koki precioso

    Mientras me decía esto se acercaba hacia mí, de pronto arrojo el vestido sobre el lavabo y se abalanzo sobre mi comiéndome la boca, su lengua iba por mi cuello, mis orejas y termino en mi boca, jugaba con la mía mientras sus piernas se enroscaban en mi torso. La tome desde debajo de las nalgas y como pude me baje mis pantalones.

    -Koki, bestia, que tenes ahí abajo, por favor, que pedazo de pija mi negro, la quiero toda para mi papito

    Olvide comentarles que tengo una buena verga de 22×5 que hace las delicias de las turistas y es una de las atracciones del bar. Lucy se bajó y se arrodillo delante mía boquiabierta con mi pija entre sus manos, con sus dos manos la tomo y la metió en su boca, jugando con su lengua por debajo, haciendo un esfuerzo para que entre toda. Chupaba y lamia con desesperación casi, bañándola con saliva, por momentos poniendo los ojos en blanco de placer. La fellatio fue monumental, mezcla de experiencia y avidez parecía, la envolvía con su lengua, la chupaba toda, la cubría con su saliva y la volvía a meter, con su dedo jugaba con mi próstata.

    -Mgghhh te jode que juegue con mi dedo.

    -Para nada

    Su dedo experto y su lengua bajaron a mi culo y metiéndolo empezó a jugar por dentro con mano experta, así sentí que mi pija explotaba de placer, aún más. En el espejo de atrás veía su culo con el hilo dental, un culo manzana, redondo, impoluto, mucho gimnasio y cuidado, hasta alguna crema o algo que se había puesto por el brillo que tenía, un espectáculo. La combinación de dedos y lengua hacía que sintiera que venía la leche. Me saque el short, la levante de los hombros y agarrándola de los glúteos la ensarte de parado.

    -Ahhh… hijo de puta me vas a matarghhh – no la deje terminar el grito le comí la boca y me la lleve así con las piernas rodeándome el cuerpo a la oficina del fondo, ahí tengo un hermoso sillón donde la deje caer

    -Ahora si vas a saber lo que es bueno Lucy

    La acomode, levante las piernas me las puse al hombro y me sumergí con la lengua a comerle el chocho, jugoso, estrechito, totalmente depilado y brilloso. Empecé un juego frenético de dedos y lengua en su conchita, Lucy gemía y movía la cabeza a ambos lados, se apretaba las tetas, movía las piernas y me apretaba la cabeza contra su vagina, totalmente sacada.

    -Ay Koki, que lengua tenes encima, y ese pijon, rómpeme toda guacho.

    Saque mi boca y mientras le iba chupando los dedos de los pies y con la conchita chorreando de sus jugos y mi chupeteo la acomode y se la mande con todo

    -Ahhh… Hijo de pmmggh…

    Me abalance sobre la rubia y empecé a comerle la boca mientras me la cogía ferozmente, manotee el control y puse música en mi equipo de audio.

    -Mmgghh… que guacho pusiste salsa mira cómo te mueve la pelvis mamita

    Se escurrió debajo de mí, me hizo girar y se montó sobre mi pija durísima. Así arriba empezó a contonearse moviendo la cadera, y todo el cuerpo, las tetas levantadose el pelo para arriba.

    -Las dos cosas que más me calientan juntas Koki, la salsa y esa verga hermosa que tenes.

    Subía y saltaba sobre mi vergon, sentía sus jugos caer sobre mi vientre mientras gemía y aullaba como loca. Saco un pie y me lo puso en la boca para que le chupara los dedos lo cual hice, mas gemía, más se excitaba. Con un brazo se apoyaba en el sillón y seguía saltando sobre mi más y más, cada vez más fuerte, por momentos levantaba la cabeza y ponía los ojos en blanco en un éxtasis total.

    -Ahora cambio yo mi rubia

    La levante con la pelvis, la tome con las dos manos y la puse en cuatro en el sillón, mientras se acomodaba la penetre en su conchita empapada mientras planeaba mi segundo movimiento, tome un gel que tenía sobre una mesita y me empecé a preparar mientras la cabalgaba en su concha me unte las manos, saque mi pija de su concha, me frote la pija y tirándole un chorro sobre su agujerito la acomode y la empecé a culear, despacito apoyando la cabeza de mi pija en su agujerito.

    -Que haces hijo de puta ni lo piensmgh

    En un rápido movimiento la acomode y la ensarte hasta el fondo me deja caer sobre ella en el sillón y le tape la boca con mi mano. Se retorcía, me mordía para que la suelte, pero la suerte estaba echada, mi pija de a poco iba entrando en su culo, movía sus piernas, se sacudía, pero no aflojaba, sentía su esfínter apretar mi verga más me excitaba.

    -Soltamemmghhh… ahh… aaaah… me lastimas bestia.

    -Relajate Lucy amor, va a entrar, despacito, ahí, ahí, ahí vaaah

    Y de sopetón la mande toda, les aseguro que la rubia tembló, las piernas se estremecieron, por el espejo me mostraba su rostro desencajado, ojos en blanco otra vez, boca entreabierta y un grito mezcla de dolor y placer, más placer que dolor.

    Una vez adentro comencé a moverme, despacio, entrando saliendo un poco y volviendo a entrar. Cada embestida sentía más rejalado su culo así que la agarre del pelo y empecé a cabalgarla rítmicamente con la salsa que sonaba y tapaba los gritos de la milf.

    -Ahí amor, ahí el tronco en el clítoris aaah si si ahí guacho me matas acabo acabooo

    Metió un grito terrible que ahogue tomándola del mentón y comiéndole la boca la cual abría para poder gemir más… Casi al mismo tiempo sentí que venía mientras Lucy se aflojaba después de brutal orgasmo.

    -Quiero toda la leche en las tetas y en la boca Koki

    El saque, la limpie un poco y la lleve a sus tetas para una turca descomunal, cuando sentía que acababa levanto su cuello para que la leche fuera a su boca. Descargue 5 veces una espesa cantidad, una parte en sus tetas y la mayoría a su boca. Trago casi toda quedando alguna gotita en sus comisuras.

    -Proba tu propia leche guacho un poco – me beso dejándome unas gotas de mi propia guasca en la mía.

    -Ayyy Lucy, que bestia que sos, sos increíble me volves loco.

    Quedamos tirados en el sillón. Me alcance a levantar a preparar unos tragos para bajar un poco. Me acerqué y la volví a besar.

    -Koki, mi amor, hoy me escape tengo que volver, pero puedo armar algo para otro día si queres.

    Le ofrecí una ducha que tengo en el baño acondicionado, después de un rato se asomó y me llamo para que la cogiera una vez más. Insaciable Lucy, después de un polvo ducha más donde me la cogí y le saque dos orgasmos más le acabe en su conchita hermosa y la acompañe a su casa manejando. Una auténtica milf argentina.

  • Cita urgente

    Cita urgente

    La cita era temprano. Las ganas y el deseo eran incontrolable, el dolor de vientre era bastante y constante en ella, ya ansiaba tenerlo dentro y pedía que fuera pronto, no aguantaría mucho.

    Igual yo, amanecía hormonal y húmedo, y acordamos, después de un intento fallido, el segundo fue definitivo y nos vimos en la plaza dirigiendo nos a la intimidad de un cuarto de hotel propio para hacer cositas bajo la mirada de otras parejas al entrar o salir que hicieron o iban hacer lo propio.

    Y nosotros a lo que vamos, el cuerpo lo pide y nos complacemos.

    Que excitante es ese instante en que cómplices perversos van ahí, o salen, las hormonas en el ambiente es extasiante, los trabajadores deben escuchar gemidos y ver la gente de todas las edades y sin distinciones llegan a coger, es un parchadero común en la zona, íntimo y discreto.

    Nos vimos disimulando nuestros deseos con un hola como estas, pues bien cachondo, hubiera dicho y tú pues bien mojada la panocha escurriendo y con un chingo de ganas de coger sabroso.

    Llegamos no sin antes pasar por agua y pagar una estancia por unas horas.

    Lo incómodo es a la hora de pagar y esperar a que te dé la llave mientras espera la faena que tendrá a veces con la mirada de los que salen todos parchadotes.

    Entramos hicimos unos cambios de cuarto por qué el asignado estaba recién usado y todo cogido y chorreado de pito y panochas ajenas. Guacala que rico.

    Mientras revisaba y bloqueaba su cel para no ser interrumpidos el juego de seducción inicio, con un espera, sigo distrayendo su tarea poniendo mi cuerpo frente a ella y besando su cuello y sus oídos, hasta que por fin suelta ese aparato y toca el otro, erguido y firme bajo la ropa lo palma con sus pequeñas manos para tal instrumento de placer y lo acaricia con la palma sobre el pantalón, yo ansioso de que se lo meta en la boca, ella sigue encima de la ropa, quito el cinturón y quito el pantalón, ella sigue tocando por encima como midiendo el grosor y el tamaño de la verga y guevos, ya erecta está la verga y no lo quita la ropa, sobre el bóxer lo acaricia y lo disfruta.

    Por fin se asoma y ve el instrumento el grueso tronco de placer y da una expresión de complacencia al ver el tamaño del miembro, listo para la acción, por fin baja el bóxer y lo acaricia toca los huevos y la verga erecta, hasta la punta, ella sentada sobre la cama y yo de pie frente a ella le tomo del cabello y me arrimo por la espalda atrás de su rostro, la recuesto y ella abriendo la boca metiéndolo todo saboreándolo con placer su lengua la siento en la cabeza y sus manos tocan mis huevos y empieza va y ven delicioso pero me detiene para decirme que se va a bañar.

    Le quitó la blusa y se quita el sostén me subo por detrás de ella en la cama, ya sin pantalones le pongo mi pito en su nunca y lo bajo a la espalda la acaricio con la verga erecta su cabello su cuello y la echo para atrás a la espalda al colchón, le pongo mis huevos en su rostro y ella empieza a besarlos y a chuparlos y a sentir mi sexo en su cara, cuanto placer en ambos, tenerme todo completo, me come me excita, se pone excitante.

    Pasamos a la regadera, ya la puse como le gusta, tibia, se lava su cuerpo, aquello también, y le ayudo, se lo paso por atrás y mi brazo entra hasta delante y toco esa zona, ya estamos excitados y el pito a lo que da, sobre un escalón me subo y a su altura obviamente lo engulle, yo disfruto al máximo, me bajo y la apoyo empinada y me agachó para saborear su trasero y entre sus nalgas disfruto de su culo y su vulva que bajo el agua gime y goza delicioso.

    Gozamos un rato y salimos. La cama a seguir disfrutando el placer y la toco sus partes con mi pierna rozando sus labios y se excita aún más, mientras la beso y acaricio sus pechos deliciosamente.

    Me pide que la toque con mis manos hábiles la acaricio suave y gime de gusto, llegó a encontrar su duro clítoris y comienza a vibrar de placer y gemir, entra un dedo hasta el punto g y se excita más y sigo un rato, yo estoy que exploto, pero me contengo en dos ocasiones, ella gime y termina una, dos o mas veces ni las cuento.

    Está súper excitada con mis dedos y meto el dedo gordo y los otros van con la humedad al sitio por conquistar, su culo, está demasiado excitada, gimiendo y gritando ser su cabrón no sabe lo que le espera, lo pongo atrás y comienzo a masajear y por fin entra el índice en el culo, sigo con mis boca mamando sus pechos, me levanto un poco y entra el primer dedo y es mayor su excitación, me pongo de manera descabellada que entre mi verga en su boca al mismo tiempo que ya dos dedos están en su fundillo masajeando.

    Nunca lo había sentido con dos dedos en el culo y uno delante y puro pito en la boca, es la excitación mayor siento que me vengo y me contengo hasta que siga teniendo más orgasmos, por fin en un instante termina, me voy a lavar y regreso para abrir sus piernas y me muestra su vagina húmeda, su palpitante vagina y din esperar con sus piernas arriba hundo mi verga hasta los huevos, está muy caliente.

    Es insoportable no venirse dos o tres estocadas y me vacío, sus piernas dobladas y mi cuerpo entero quiere entrar en el suyo yo no aguanto ella gime al sentirme dentro y como la lleno de esperma, me vacío y me quedo un instante viendo como la poseo, la hago mía, la poseo, me hundo es su deseosa panocha y termino exhausto, todo cogido, el éxtasis y el máximo placer delicioso, no se lavó, se llevó mi semen dentro.

    Estuvimos conectados tocando nuestras partes y otras también, igual la verga la mamaba mientras mi culo lo sobaba con sus dedos, es algo de placer, pero no tanto como hundir la verga en su boca hasta el fondo encima de ella, mientras la tenía ensartada del culo y la panochita jugosa y extasiada de placer gemir y decir. Cógeme cabrón hazme tuya y a darle más placer pues soy su cabrón cogelon eso sí, que rico cogemos verdad que si.

  • Mi primer regalo de San Valentín

    Mi primer regalo de San Valentín

    Hola mis queridos lectores mi nombre es Yami, hoy les vengo a compartir otra historia de mi vida swinger.

    Llego el día de san Valentín y lo pasamos como un día normal de estar en casa y mi esposo en el trabajo, pero ese día mi esposo me dijo que el fin de semana me tendría una sorpresa.

    Llego el sábado y mi esposo me dice ponte hermosa que vamos a pasarla bien, yo le tome la palabra y me vestí con una falda larga de color rojo sin ropa interior y una blusa corta, salimos y cuando vamos en camino me cuenta que iríamos a visitar a Tony que es el chico moreno con el que ya la habíamos pasado bien una vez y que me lleno de placer con su sexo muy rico, me gustó la idea, pero comenzaron mis nervios que a pesar de que tengo algún tiempo en este estilo de vida no dejo de estarlo siempre al principio.

    Llegamos a la casa de Tony nos recibió caballerosamente y con cervezas, conversamos un buen rato, luego se acercó a mí, comenzó a besarme y a acariciarme, sus manos exploraban todo mi cuerpo y yo comencé a acariciar su enorme pene que ya estaba erecto, le fui soltando el pantalón hasta desnudarlo, al verme frente a su pene grueso comencé a chuparla con tanto gusto hasta tragármela casi toda, así estuve disfrutando comerme su pene por largo rato.

    Me detuvo me tomo de la mano y me llevo hasta su habitación, me recostó en su cama subió mi falta, vio que no traía ropa interior puesta y me comió la vagina de una manera que me hizo explotar de placer, me encanta como Tony me come la vagina y me éxito solo de recordarlo.

    Luego me termino de desvestir, acarició y chupo mis senos y ya estando encima de mi penetro mi vagina ansiosa y húmeda de su grueso pene, disfrutamos juntos un buen rato en esa posición y cambiamos esta vez, él se acostó en la cama y yo me coloque a un costado de Tony para volver a darle sexo oral y comerme su rico pene.

    Al poco tiempo de estar con su polla metida en su boca siento otras manos acariciándome y recorriendo mi cuerpo, pensé que era mi esposo que se había animado a unirse a nosotros, abro mis ojos y “sorpresa” veo que es otro chico moreno que estaba totalmente desnudo acariciando mis senos, miré a mi esposo y me dijo ese es tu regalo de san Valentín, fue tanta la emoción y excitación ahora sintiendo a esos dos morenos acariciando mi cuerpo por todos lados chupando mis senos uno cada uno mientras siguen recorriendo mi cuerpo con caricias ufff que rico no se imaginan como lo disfruté ya que esto era una fantasía que siempre había anhelado vivir.

    Lo hicimos en muchas posiciones siempre tenía unos de estos ricos y enormes penes en la boca mientras el otro penetraba mi vagina o penetraba mi culito se intercambiaban la posición repetidas veces para que tanto Tony como Paul (que es el nombre del moreno sorpresa) pudieran cogerme y disfrutarme por todos mis huequitos.

    Fue una experiencia tan rica sentir mientras Paul me hacía sexo anal el pene de Tony lo tenía en mi boca chupándomelo rico y fue una explosión de placer para mi cuando Paul estaba acabando dentro de mí y llenando todo mi culito con su leche caliente, Tony me cambió de posición colocó mis piernas sobre sus hombros y luego de un rato dándome sexo incansable se vino dentro de mi vagina haciéndome nuevamente explotar de placer, no sé cuántos orgasmos alcance durante esta experiencia inolvidable con estos dos morenazos pero si les puedo decir que fueron muchos y muy ricos.

    Espero volver a disfrutar de una experiencia como esta con 2 chicos o con algunos otros más.

  • Paola (parte 3)

    Paola (parte 3)

    Me quedé dos días más con Paola en la casa, en los cuales la pasamos casi todo el tiempo en la cama. Ella era insaciable y yo estaba como potrillo joven. Disfrutar de una chica así, tan joven, linda, fogosa, sensual y abierta para el sexo, era algo que no contaba con volver a gozar. Fui aprendiendo cuales mimos la calentaban más (los pezones eran uno de sus puntos más sensibles), cómo disfrutaba más mis lamidas y dedos. Ella, por su parte, rápidamente se amoldó a coger sin apuro, a estirar los mimos y caricias, a mantener el tiempo de penetración y mantenerme la pija dura. Estaba descubriendo, según sus dichos, un sexo más rico y pleno.

    Me fui a casa porque, pese a que no tenía obligaciones, había algunas cosas a atender como recibir a la piba que limpiaba o ir a mis sesiones de pilates y por otro lado extrañaba las rutinas que ya eran parte de mi vida. El miércoles llegué a casa y volví a mi mundo. Pero el wasap fue la vía de mensajes entre los dos y los mensajes eran todos de un formato bastante parecido, con Paola a la ofensiva de escribirme. “Mi conchita te extraña” o “Quiero chuparte esa pija hermosa” son una muestra de nuestra correspondencia virtual. El viernes me llamó a la mañana para avisarme que a la tarde iba a mi casa y pidiéndome que le haga sopa de cebolla y una bondiola al horno con mostaza y canela.

    A las 18 horas sonó el timbre y, cuando abrí la puerta, Paola entró como torbellino, me abrazó, me besó y me dijo que no haga planes porque pensaba secuestrarme todo el fin de semana. Ya había pensado que por ahí venía la mano y me había surtido de ingredientes para cocinar hasta el lunes. La calmé, le dije que me encantaba que se quede y quince minutos después estábamos desnudos en la cama acariciándonos.

    – “Hoy voy a llevarte por otro camino del sexo. ¿Estás dispuesta a seguirme?”, pregunté.

    – “Donde quieras, mientras sea coger con vos”

    Le dije que se ponga boca abajo, le di dos nalgadas y le ordené que cerrara los ojos. Fui a la mesa de luz y abrí mi caja de juguetes, saqué una venda ciega y se la pusa, luego extraje unas esposas de cuero forradas por dentro en felpa con las cuales le amarré las muñecas y se las até al respaldo. Después le coloqué una mordaza con una pelota de goma suave que le tapaba la boca. Ella me dejaba hacer sin hablar. Me puse sobre ella, le unté con crema con alcanfor la espalda y empecé desde el cuello hasta los pies con masajes de caricias mezcladas con besos, fui acariciando su espalda, sus nalgas, los muslos y bajé despacito hasta los pies. Los tomé en mis manos y los fui masajeando y así, parte por parte, fui aflojando su cuerpo, cuidándome bien de evitar cualquier masaje en sus zonas erógenas. Me llevó veinte minutos que se aflojara totalmente.

    Volví a subir hasta sus nalgas y pasé mi dedo sobre la raya, rozando apenas su ano y su vagina. Tembló toda cuando lo hice. Seguí acariciando su espalda, la besé toda y besé su cuello. Luego, con delicadeza, la hice girar. La besé en la boca y fui bajando y besándola. Me quedé un rato largo en sus pechos, succionando sus pezones. Ella me dejaba hacer y respondía con jadeos y gemidos.

    Empecé a lamerla parte por parte, después le apliqué cubitos de hielo en los pezones para rápidamente chuparlos hasta calentarlos en mi boca. Le ponía cubitos en el clítoris para después lamerlo hasta calentarlo. Me pase quince minutos en esos jueguitos, alternándolos con chirlos, fustazos, pellizcones. Dolor y placer mezclados. Cubitos, chupadas, chirlos, lubricantes, fustazos, lamidas, pellizcos. Se retorcía de placer y alternaba entre gemidos, quejiditos y suspiros. Me paré, le di un fuerte chirlo y le pregunté.

    – “Decime con la cabeza si o no ¿te gusta entregarte a mí para que te haga esto?”. La cabeza se movió frenética y rápidamente para asentir. “¿Vas a ser mi putita y mi sumisa?”. Otra vez el si fue intenso.

    Le solté las manos ordenándole que dejé la venda y la mordaza y volví a besarla y acariciarla, bajé a su conchita para lamerle suavemente, ella abrió las piernas para darme lugar. Fui pasando la lengua por sus labios hasta alcanzar el clítoris, el cual apenas tocaba con el aliento o muy leves toques de mis labios. Su cuerpo se tensaba y se arqueaba ante el contacto. Cuando la noté lista, comencé a introducir un dedo y después dos, muy de a poquito, moviéndolos suavemente, mientras seguía lamiéndola. Allí llegó su primer orgasmo. Esperé que pasara y continué con los dedos y la lengua, besando y succionando cada tanto el clítoris.

    Tomé un vibrador pequeño de la mesa de luz y comencé a pasarlo por su clítoris, cambiando de a ratos la intensidad de la vibración. Continué con el vibrador, mis lamidas y mis besos. Tomé un consolador y fui jugando con él en su vagina, mientras con el vibrador apenas acariciaba su colita y después apoyándolo sobre su clítoris. En ese momento, puso sus manos en mi cabeza y la empujó contra ella. Mientras yo lo chupaba ya en forma intensa, acabó por segunda vez. Me quedé un rato quieto mientras ella jadeaba y recobraba el aliento.

    Volví a su hermosa conchita, lamiendo y jugándole con mis dedos. Tomé de la mesa de luz otro consolador y empecé a jugar introduciendo uno muy de a poquito en su vagina mientras la lamía y con el otro, mas pequeño, jugaba suavemente sobre su ano. Volví otra vez a jugar con su conchita y su colita, con todo el cuidado y suavidad necesaria. De a poco, ambos consoladores fueron entrando en ella acompañados por los besos y lamidas. En un momento, volvió a forzar mi cabeza contra su pubis, arqueó el cuerpo, gimió un rato y acabó con un grito ahogado mientras sus manos se crispaban contra mi espalda y apretaban mi cabeza. Después aflojó toda la presión y quedó laxa, quieta y silenciosa. Fui retirando muy despacio ambos consoladores, me puse al lado de ella y empecé a besarle el cuello y los pezones.

    La hice levantar, la llevé contra una pared donde tengo dos ganchos colocados, le volví a colocar las esposas y la ate a los ganchos. Le acerqué un banco acolchado y la levanté para sentarla y le até los tobillos, mediante pulseras de cuero afelpadas, de dos cuerdas que tenía agarradas a ganchos en el techo para que le sostuvieran los pies, dejándole las piernas abiertas y colgada del gancho y las sogas, con las nalgas apenas apoyadas en el banco. Me dediqué a lamerle su conchita, acariciarla, pasarle el vibrador, lubricarle el culito para jugarle con mi dedo, ponerle un consolador con vibrador en su vagina mientras le pellizcaba los pezones, le chupaba el clítoris, le daba chirlitos y la llevaba así durante quince o veinte minutos. Creo que a esa altura ya había acabado dos veces más. Le quité la mordaza y la venda y me miró con cara de goce y deseo. La desaté, le quité la mordaza y la ayudé a pararse. Las piernitas le temblaban.

    – “ Me encanta todo lo que me hacés. Me encanta ser tu nena”.-

    – “Vení”, le dije. La llevé hasta el comedor y me senté en el sillón. “Haceme una linda mamada, putita”

    Con toda presteza se dedicó a lamerme, besarme, dar besitos y chupar mi pija mientras me masturbaba despacito. De vez en cuando le daba indicaciones que seguía al pie de la letra. La tomé del brazo para pararla y le dije que se sentara sobre mí dándome la espalda. Cuando lo hizo la sostuve en alto para ponerle la pija en su conchita y ella fue bajando despacito hasta tenerla toda dentro. Así acomodada, le acariciaba los pechos, las piernas, el clítoris, le daba besos y chupones en el cuello (lo cual le encantaba) y la dejaba moverse a gusto. Diez minutos después llegó al orgasmo mientras la abrazaba y ella se abrazaba a mis brazos.

    Después la levanté tomándola de las nalgas y le dije que pusiera mi pija en la entrada de su culito. Así hizo y nuevamente fue ella quien reguló la entrada de la pija hasta que la sentí totalmente apoyada en mi y penetrada a fondo. Nos quedamos un rato así, charlando, acariciándola, besándola, ella recostada sobre mí.

    – “¿Te gusta estar así sintiendo mi pija en tu cola?”

    – “Me encanta. Todo el sexo con vos me encanta. Ya ni sé cuantas veces me hiciste acabar, guacho”.

    – “Bueno, ahora quiero que vos me hagas acabar”

    La hice levantar, que se arrodille en el sillón y se apoye contra el respaldo, dejándome toda expuesta su hermosa cola. Me paré detrás de ella y le metí la pija en ese culito hermoso y empecé a nalguearla a la vez que la cogía con todo, saliendo y entrando de ese agujerito divino. Ella movía la cola para ayudarme en mis estocadas hasta que me derrumbé sobre ella sostenido con las manos sobre el respaldo y le acabé, largando un chorro de semen en su culito.

    – “Así papi, así. Llenala de leche a tu nena. Dame toda tu lechita en la cola papi”.-

    Tardé un rato en poder pararme, salir de dentro de ella y caer desfallecido en el sillón. Paola se puso a mi lado y me acarició suavemente.

  • Una noche de secretos

    Una noche de secretos

    Ana, una mujer casada de 24 años, y su esposo, Raúl, de 27, tenían una vida íntima activa y placentera. Su pasión el uno por el otro seguía siendo fuerte, pero lo que ellos no sabían era que sus vidas mundanas estaban a punto de tomar un emocionante giro.

    En una fiesta de la empresa organizada por la firma de Raúl, Ana conoció al colega de su esposo, Martín, un hombre de 45 años, dominante y poderoso que resultó ser el jefe de Raúl. A pesar de su edad, Martín irradiaba una aura de masculinidad cruda que era difícil de ignorar.

    Ana: Hmm, ese Martín es algo especial. Hay algo en él que me hace sentir… inquieta. No puedo explicar bien qué es, pero hay una chispa de peligro en sus ojos que me fascina y me repele al mismo tiempo.

    Desde el momento en que se conocieron, Martín fijó sus ojos en Ana. Vio en ella una presa hermosa e inocente, lista para ser conquistada. Aunque Ana no lo encontraba físicamente atractivo, había una chispa de curiosidad indescriptible

    A medida que avanzaba la noche, Martín le pidió permiso a Raúl para bailar con su esposa, y un reticente Raúl aceptó, no queriendo causar una escena. Ana se encontró en los brazos de Martín, sintiendo sus fuertes manos sobre su cuerpo mientras se mecían al ritmo de la música.

    Martín: Ana, bailas muy bonito y suave. Cuando nos tocamos, sentí algo especial entre nosotros, como si hubiera algo mágico en el aire.

    Martín hábilmente la condujo a un rincón apartado del salón de baile, oculto en las sombras. Mientras bailaban, sus manos recorrían su cuerpo, acariciando sus curvas sugestivamente. Ana sintió un cosquilleo en su sexo, una mezcla de deseo e inquietud.

    Ana: ¿Qué estoy haciendo? Esto está mal. Soy una mujer casada, y aquí estoy, permitiendo que este desconocido me toque de esta manera. Pero se siente tan bien… No puedo evitar rendirme a sus hábiles manos.

    Mientras la música continuaba sonando, las manos de Martín se deslizaban cada vez más alto, sus dedos rozando juguetonamente sus bragas húmedas. Ana mordió su labio, luchando por contener un gemido mientras sus dedos masajeaban suavemente su hinchado clítoris.

    La canción terminó, y Ana rápidamente se excusó, regresando al lado de su esposo. Raúl, ajeno a lo que había sucedido, charlaba sobre el trabajo y los desafíos que enfrentaba en la oficina. Lo que él no sabía era que su inocente esposa ahora era el objeto del deseo de su jefe.

    Mientras Raúl hablaba, Martín aprovechó la oportunidad y le pidió que fuera a buscar un informe a su oficina. Con un asentimiento, Raúl se dirigió a buscarlo, dejando sola a Ana con el hombre mayor.

    Martín: Raúl es un hombre afortunado de tener una esposa tan hermosa como tú, Ana. No puedo evitar preguntarme cómo sería explorar cada centímetro de tu cuerpo, escuchar tus gemidos de éxtasis al pronunciar mi nombre.

    Ana sintió un escalofrío recorrer su columna vertebral ante sus audaces palabras. Sabía que debería estar indignada, pero en su lugar, un extraño entusiasmo la embargó.

    Ana: Debo estar enojada por su atrevimiento, pero no puedo negar la atracción que siento hacia él. Es como una fruta prohibida, tentándome a probar un bocado y saborear la dulzura oculta dentro.

    Martín tomó suavemente su mano y la condujo hacia las escaleras, con los ojos ardientes de deseo.

    Martín: Vamos, Ana. Tomémonos un pequeño descanso de la fiesta. Tengo algo que me gustaría mostrarte en mi oficina.

    Ana lo siguió, con el corazón palpitando

    Ana se encontró de pie frente a la puerta de la oficina de Martín, sintiendo un cosquilleo de anticipación y un poco de nerviosismo. Sus manos temblaban ligeramente mientras él colocaba su mano sobre la manija de la puerta, a punto de abrirla.

    Martín: Tranquila, putita. No tienes nada de qué preocuparte. Simplemente entra y deja que todo fluya. Hoy serás mi perra en calor, y te aseguro que disfrutarás cada minuto.

    Ana asintió, sintiendo un hormigueo en su estómago. Mientras Martín abría la puerta, ella sintió como si estuviera entrando en un mundo oscuro y prohibido, un lugar donde sus fantasías más sucias se harían realidad.

    La oficina estaba escasamente iluminada, con luces tenues que daban un ambiente íntimo y seductor. La amplia mesa de madera estaba cubierta de papeles y carpetas, pero Martín no les prestó atención. En cambio, dirigió su mirada hacia el sofá ubicado en un rincón de la habitación.

    Martín: Ven aquí, perra. Siéntate frente a mí y relájate. Es hora de que te conviertas en mi puta sumisa y hagamos realidad tus fantasías más oscuras.

    Ana se sentó frente a él, Martín la miró con una mirada intensa y llena de deseo, haciendo que un escalofrío recorriera su cuerpo.

    Martín: Desnúdate, perra. Quiero ver ese cuerpo caliente y deseoso de ser usado.

    Ana obedeció, sintiendo un hormigueo de excitación mientras se quitaba la ropa. Con cada prenda que quitaba, sentía una mezcla de vulnerabilidad y deseo. Se descubrió deseando ser expuesta y usada por este hombre dominante frente a ella.

    Martín: Muy bien, putita. Ahora quítate las bragas y ponlas en tu boca. Quiero que las chupes y las mastiques mientras te follo. Vas a ser mi perra cachonda, ¿lo entiendes?

    Ana asintió, sintiendo una oleada de humedad entre sus piernas ante sus palabras. Lentamente, se quitó las bragas y las colocó en su boca, saboreando su propio sabor mientras dejaba sus pechos y su coño expuestos para su maestro.

    Martín: Eso es, mi puta obediente. Ahora ponte de rodillas frente a mí y prepárate para chuparme la polla como la buena perra que eres.

    Ana obedeció de nuevo, sintiendo un hormigueo en su vientre mientras se arrodillaba frente a él. Miró la erección dura y hinchada que se extendía desde su cuerpo, y sintió un impulso primitivo de saborearla.

    Martín: No tengas miedo, perra. Tócala y siente su firmeza. Acaríciala y masajéala antes de empezar a chuparla.

    Ana tomó su polla en su mano, sintiendo su dureza y calor. Lentamente, empezó a acariciarla, saboreando la anticipación. Luego, con un gemido sofocado, deslizó la punta de su lengua por el glande, saboreando el sabor salado del pre-semen.

    Martín: Oh, sí, putita. Chúpala como la perra en celo que eres. Hazme sentir lo mucho que deseas mi polla.

    Ana obedeció, tomando la polla en su boca y succionándola con pasión. Se deleitó con el sabor y la textura, sintiendo la dureza de la polla contra su lengua mientras se movía arriba y abajo.

    Martín: Oh, sí, eso es… Chúpala y lamerla como una verdadera puta. Hazme gemir, perra. Muéstrame cuánto deseas ser mi sumisa.

    Ana se entregó por completo a la experiencia, sintiendo la excitación y la sumisión correr por sus venas. Disfrutó complaciendo a su maestro, deseando ser usada y degradada por él. Lamió y chupó su polla con devoción, saboreando su esencia y experimentando la sensación de poder que esto le proporcionaba.

    Martín: Eso es, perra. Eres una verdadera experta en chupar pollas.

    Martín: Ahora, putita, te voy a follar como la perra sumisa que eres. Prepárate para sentir mi polla en lo más profundo de ti mientras te hago gemir.

    Ana gimió mientras Martín la penetraba profundamente, sintiendo la totalidad de su longitud llenarla. Se deleitó en la sensación de ser poseída por este hombre dominante, sintiendo cómo su polla vibraba dentro de ella.

    Martín: Eso es, perra. Eres una verdadera puta en la cama. Ahora, quiero que me digas cuánto te gusta mi polla mientras te follo. Dímelo, putita.

    Ana soltó un gemido ahogado mientras él la embestía con pasión.

    Ana: Oh, sí… Me encanta tu polla… Me encanta cómo me follas… Soy tu puta… Tu puta sumisa…

    Martín sonrió ante sus palabras y empezó a follarla con más fuerza, haciendo que su cuerpo se retorciera de placer.

    Martín: Oh, sí, perra, eso es… Di lo que te gusta… Dímelo mientras te follo como una verdadera puta.

    Ana gimió, sintiendo oleadas de placer recorrer su cuerpo.

    Ana: Me gusta tu polla dentro de mí… Me gusta ser tu puta… Amo ser tu puta sumisa, Martín…

    Mientras Ana pronunciaba esas palabras, la puerta de la oficina se abrió, revelando a Raúl, el esposo de Ana, parado en el umbral, con los ojos abiertos como platos.

    Raúl: ¡Ana! ¿Qué… Qué está pasando aquí?

    Ana soltó un gemido ahogado mientras Martín continuaba embistiéndola con fuerza, haciendo caso omiso de la presencia de Raúl.

    Martín: Oh, sí, perra, sigue gimiendo mientras te follo como la puta que eres. Diles que eres mi puta sumisa y que amas ser usada por mí.

    Ana gimió, sintiendo un impulso primitivo de complacer a su maestro.

    Ana: Oh, sí… Soy la puta sumisa de Martín… Amo ser usada por él… Oh, Dios…

    Raúl se quedó paralizado, sin poder creer lo que estaba presenciando. Miró a su esposa, su cuerpo desnudo siendo penetrado por este hombre dominante, escuchando sus palabras de sumisión y deseo.

    Raúl: Ana… ¿Qué estás haciendo?

    Ana gimió, incapaz de responder mientras las embestidas de Martín se volvían más intensas. Sentía su cuerpo estremecerse de placer, deseando ser poseída por este hombre frente a su esposo.

    Martín: Oh, sí, perra, te estás sintiendo tan bien. Ahora, quiero que le digas a tu esposo lo mucho que te gusta ser mi puta. Díselo, putita.

    Ana soltó un gemido ahogado mientras su cuerpo se sacudía de placer.

    Ana: Oh, Raúl… Me gusta ser la puta de Martín… Me encanta ser follada por él… Soy su puta sumisa…

    Martín soltó un gruñido de placer mientras su polla vibraba dentro de ella, sintiendo su cuerpo contra el suyo, sudorosos y unidos por el deseo.

    Martín: Oh, sí, perra, estás siendo una verdadera puta. Ahora, quiero que te pongas de rodillas y chupes mi polla hasta que me haga correr en tu boca.

    Ana gimió en anticipación, deseando saborear la esencia de su maestro. Se arrodilló frente a él, tomando su polla en su boca y succionándola con pasión.

    Martín: Oh, sí, perra, chupa mi polla. Haz que me corra en tu boca mientras tu esposo observa.

    Ana obedeció, saboreando la dureza y la textura de su polla mientras Raúl miraba con incredulidad. La boca de Ana se llenó con su esencia mientras él gemía

    Después de que Ana complaciera a Martín, saboreando su esencia y dejándolo satisfecho, el hombre dominante finalmente se alejó de ella. Ana se sentó en el sofá, mirando a Raúl, quien todavía estaba parado en el umbral de la puerta, impactado por lo que acababa de presenciar.

    Martín: Bien, Raúl, creo que ha sido una noche reveladora para ambos. Ana, estoy seguro de que tienes algunas explicaciones que darle a tu esposo sobre lo que sucedió aquí.

    Ana asintió, sintiendo una mezcla de emoción y vergüenza. Miró a su esposo, quien la observaba con una mezcla de sorpresa, enojo y dolor.

    Ana: Raúl, cariño… hay algo que debo confesarte. Esta noche, me convertí en la sumisa de Martín. Me gusta ser dominada y usada por él. Es… emocionante y liberador.

    Raúl la miró, su expresión confusa y dolida.

    Ana: Sí, Raúl. Lo siento. No fue algo planeado, sino que sucedió en el momento. No pude resistirme a la tentación.

    Raúl frunció el ceño, sintiendo una oleada de ira y decepción.

    Raúl: ¿Así que simplemente cediste a tus deseos y te acostaste con otro hombre? ¿Tan poco valoras nuestra relación y mi confianza en ti?

    Ana bajó la mirada, sintiendo la intensidad de sus emociones.

    Ana: Lo sé, Raúl, y lo siento. No fue mi intención lastimarte ni faltar a tu confianza. Fue una decisión impulsiva y no pensé en las consecuencias.

    Raúl suspiró, intentando controlar su enojo.

    Raúl: Ana, estoy decepcionado y lastimado por tus acciones. No puedo creer que hayas puesto en riesgo nuestra relación. Y todo esto, en una fiesta de mi trabajo, delante de mis compañeros. Me has humillado.

    Ana asintió, sintiendo la gravedad de la situación.

    Ana: Lo entiendo, Raúl. Estoy dispuesta a hablar sobre lo que sucedió y a trabajar para reparar la confianza entre nosotros. Por favor, dame la oportunidad de explicarte y demostrarte lo que siento.

    Raúl suspiró nuevamente, luchando por mantener la calma.

    Raúl: Ana, no sé si eso es posible. Esta noche no solo rompiste nuestra confianza, sino que lo hiciste delante de todos en una fiesta de la empresa. Me has humillado públicamente.

    Ana levantó la cabeza, sus ojos llenos de lágrimas.

    Ana: Raúl, por favor. No quiero perderte.

    Raúl: Ana, ya es demasiado tarde. No puedo seguir con alguien que me ha traicionado de esta manera. No puedo mirar a mis compañeros de trabajo sabiendo lo que hiciste. Me voy.

    Raúl se dio la vuelta y salió de la oficina sin mirar atrás. Ana se quedó allí, en el sofá, sollozando mientras Martín observaba en silencio. La fiesta continuaba fuera de la oficina, ajena a la tragedia personal que se desarrollaba.

    Los días siguientes fueron un torbellino de rumores y chismes en la empresa. Raúl, incapaz de enfrentar la vergüenza y el dolor, presentó su renuncia y se mudó a otra ciudad, buscando empezar de nuevo lejos de los recuerdos dolorosos. Ana, consumida por la culpa y la vergüenza, también decidió dejar la ciudad, incapaz de soportar la soledad y el peso de su error.

    Martín, satisfecho con el desenlace, continuó con su vida sin remordimientos.

    La historia de Ana y Raúl terminó con corazones rotos y caminos separados, una amarga lección sobre las consecuencias de la infidelidad y la pérdida de confianza. Ana quedó sola, con el peso de su error siempre presente, y Raúl encontró una nueva vida lejos del dolor, aunque las cicatrices emocionales perduraron.

  • Inicio con Denis

    Inicio con Denis

    Hola mi nombre es César, primero que nada, quiero presentarme y este es uno de los muchos relatos que les voy a contar.

    Cuando todo pasó yo tenía 29 años, casado durante 11 años con la mujer más hermosa que pude haber encontrado, pero así como era hermosa también tenía un carácter muy fuerte el cual nunca pude con ella jamás le ganaba una discusión, con ella tuve dos hermosos hijos a los cuales nunca les faltó nada y por motivos distintos no pudimos seguir juntos y decidimos divorciarnos.

    Por azares del destino tuve que cambiar de trabajo y entré nuevamente en el trabajo más ambicioso y depravado que pueda ver comencé nuevamente en el giro de los casinos.

    Ahí conocí a una chica llamada Denis la cual era hermosa con unas nalgas riquísimas y grandes además de unas tetas medianamente grandes, ella era la típica chica con la cual todos querían estar.

    En ese momento yo contaba con el puesto de gerente y ella una supervisora así nos conocimos varias ocasiones la llevé a su casa sin afán de nada simple cortesía, además íbamos a cenar cuando salíamos del trabajo la dejaba en su casa y me dirigí a la mía.

    De pronto las cosas cambiaron entre ella y yo ella me confesó que le gustaba que quería estar conmigo y ella estaría dispuesta a todo para estar como una pareja normal, y así comenzó la historia.

    Ella vivía en un departamento pequeño con un solo cuarto, cocina, baño, sala-comedor y solo eso, ella vivía también con una compañera del mismo casino, su departamento estaba en una esquina de una transitada avenida, yo la llevaba a su casa cada que salíamos juntos, una noche de esas que yo la llevé me invitó a pasar y a tomarnos algo, cuando entré estaba su compañera acostada durmiendo en un sofá tan solo con una tanga puesta era imposible no verla ya que en cuanto abrimos la puerta lo primero que se veía eran sus piernas y esa vagina tan solo tapada con un pequeño pedazo de tela además de tener las tetas al aire.

    Denis la tapó con una pequeña sábana para que yo no siguiera viendo, demasiado tarde pensé.

    Nos metimos a su cuarto y ahí comenzamos a platicar de cosas sin importancia ella me dijo que se cambiaría para quitarse el traje con el que ella había llegado, se despojó de su saco se quitó la blusa dándome la espalda después desabrochó su sostén y se puso una camisa de tirantes blanca el cual podía notarse una leve excitación en sus pezones, desabrochó su pantalón bajando lo lentamente me dejó ver unas nalgas preciosas blancas tan solo cubiertas por una tanga negra que cuando ella se agachó pude notar cómo esa tanga se le metía entre las nalgas y ahí justo cuando se agachó más pude notar parte de su ano, se incorporó y se puso un short, ella volteó y me dijo no me veas que me da pena, continuamos tomando y con las pláticas vanas por un rato más.

    Yo no dejaba deber sus pezones y comencé a tener una erección y ella lo notó porque veía cómo de reojo me veía.

    Debido a la hora y a la condición de todo lo que había tomado ella me pidió que me quedara a dormir para no manejar hasta mi casa y así lo hice, me quité mi camisa la colgué en una silla después mi pantalón y ella pudo anotar cómo se me marcaba mi verga sobre mi bóxer, ella me dijo que durmiéramos en la misma cama cada quien en su lado ella me dio la espalda pegando ese hermoso culo en mi verga hasta que no pude contenerme más me despojé de mi bóxer y comencé a pasarlo sobre esas ricas nalgas y ese short flojo donde podía meter mi pene y ella sentir el contacto piel a piel.

    Bajé su short deslicé un poco su tanga y comencé a pasar la punta de mi pene sobre su vagina la cual ya estaba demasiado húmeda y por ese motivo fue fácil introducirlo centímetro a centímetro comencé a bombear una y otra vez sus gemidos no paraban hasta que ella anunciaba un rico orgasmo cuando sentí mi pene más mojado de lo normal comencé a bombear más rápido hasta explotar dentro de ella, llenándola completamente de mi leche hasta que quedamos dormidos.

    Al día siguiente yo desperté y ella estaba haciendo el desayuno esa noche fue la primera de tantas experiencias que vivimos.

    Publicaré otro relato el cual está lleno de sexo.

  • Mi madre es una estrella (I)

    Mi madre es una estrella (I)

    Julia sacudió la ropa de la secadora y dobló con cuidado la ropa de su hijo, y como todos los hijos al regresar de la universidad, había amontonado una enorme pila de ropa en la lavandería antes de asaltar el refrigerador con las palabras «Me muero de hambre» para luego retirarse a su habitación. Lo que Julia sí recordó con un cosquilleo fue el fuerte abrazo que Carlos, su bebé, le había dado cuando regresó aplastando su cuerpo de 162 cm contra su pecho y abrazándola con fuerza. Todavía podía oler la virilidad en él y amaba la sensación de estar impregnada con fuerza en los brazos de un hombre que realmente la amaba.

    A los 19 años, Carlos ya había crecido y se estaba convirtiendo en la misma excelente figura de hombre que era su padre. Ambos no eran tan altos, tenían una constitución muy poderosa. Ambos tenían el cabello oscuro y rizado y Carlos había heredado los ojos castaños de su padre en lugar de los penetrantes ojos azules de Julia.

    Su esposo Omar, el padre de Carlos, tenía un imponente pecho lleno de vellos que conducía hacia su magnífica polla de 23 cm, y Julia se rió para sí misma preguntándose si Carlos había heredado todos los atributos de su padre, luego suspiró mientras Deseó que su marido hubiera estado allí para ver a su hijo adulto.

    Omar había muerto en algún lugar del Medio Oriente, en algún desierto, luchando por el país que los acogió. Julia aún recordaba el golpe en su puerta de ese fatídico día, dos soldados uniformados informándole que su marido había caído en combate. Después del funeral, cuando las cosas se calmaron y la familia y los amigos volvieron a sus propias vidas, Julia se encontró con sólo una pequeña pensión de viuda del ejército y un hijo de 18 meses que debía criar sola.

    Debido a su dedicación a su hijo Carlos, Julia nunca se volvió a casar a pesar de más de unas pocas citas, pero rápidamente perdía el interés antes de que las cosas progresaran mucho. Julia no tenía ningún interés en ser la esposa de alguien. Nadie estaba realmente a la altura de su exesposo, ni en personalidad, ni en su “herramienta”.

    Sin embargo, un buen día de verano, Julia estaba celebrando su treintañero en un bar, mientras su hijo estaba en su primer campamento. Habían pasado más de 5 años desde que había estado con un hombre y sentía la necesidad de simplemente echar un polvo sin necesidad de muchas complicaciones.

    Julia se apoyó en la lavadora mientras recordaba ese día, hace muchos años, cuando permitió que un apuesto negro llamado Kenton la recogiera en ese bar y la llevara de regreso a su hotel. Podía sentir que se mojaba entre sus piernas mientras recordaba para su sorpresa cuando Kenton se quitó los jeans y fue recibida por la polla más grande que había visto en su vida, incluida la de su difunto marido. Se retorció como una serpiente negra y luego se levantó para encontrarse con ella como si tuviera mente propia. Ella y Kenton follaron en todas las posiciones esa noche perdiendo la cuenta de la cantidad de veces que lo hicieron, y desde ese momento en adelante supo que estaba enganchada para siempre. Al salir tambaleándose del hotel unas horas más tarde, Julia no había estado tan bien follada como lo había estado desde la noche anterior a que Omar fuera enviado la guerra.

    A partir de entonces, Julia recorría Internet en busca de salas de chat donde para hablar y hacer webcam mientras su hijo dormía, a veces actuando con un gran consolador que había comprado.

    Ya sea cuando podía conseguir una niñera, cuando Carlos estaba de viaje escolar o de campamento, Julia frecuentaba los varios clubes de la ciudad y se atiborraba de un banquete de pollas follándose a tantos hombres como podía, dejando ningún agujero sin rellenar. Al principio, el anal había sido doloroso, pero después de un tiempo, le encantó la sensación de una enorme polla en su culo y, a veces, se enfrentaba a dos o tres hombres a la vez. Julia tuvo cuidado de proteger su imagen y reputación y contuvo su lujuria por una polla negra cuando sabía que su hijo estaría ausente y fue muy discreta en cuanto a dónde manifestaba sus deseos.

    No podía creer su suerte cuando uno de sus amantes más habituales le preguntó si le gustaría aparecer en una película. Al principio dudó mucho, pero cuando supo cuánto le pagarían, Julia supo que ésta era una oportunidad para aumentar su escasa pensión de viudez, lo que le permitiría mantener mejor a su pequeño hijo. Tuvo que morderse el labio para evitar gritar de felicidad, pues en el fondo sabía que por su lujuria lo habría hecho gratis, pero quería contener su emoción hasta escuchar todos los términos de la oferta. Pero cuando su amante le explicó que los pechos naturales 34C de Julia no eran lo suficientemente grandes para su audiencia principal, pero se alivió cuando vio que la compañía pagaría por las operaciones, así que sellaron el trato y aprovechó con entusiasmo la oportunidad. Durante los años siguientes, Julia y sus nuevos pechos 34DD aparecieron en muchas películas, en la mayoría de las cuales participaban ella y varios hombres bien dotados.

    Julia sacudió la cabeza de un lado a otro, para volver a la realidad y poder sentir la humedad entre sus piernas mientras llevaba el cesto de la ropa sucia a la habitación de su hijo. Estaba planeando mentalmente su velada pensando en cómo sacaría su gran consolador y actuaría ante la cámara en su sala de chat interracial y, distraídamente, abrió la puerta de su hijo sin llamar. Desde su posición con la puerta parcialmente abierta, pudo ver que su hijo tenía auriculares puestos y estaba viendo pornografía y la imagen de una gran polla embistiendo el coño de una mujer… Julia se había encontrado mirando su propia cara en la pantalla mientras su hijo sacudía lentamente su polla, con los ojos pegados a el monitor. Si bien Julia debería haberse sentido indignada o avergonzada, lo único que podía pensar era que Carlos había heredado todo de su padre, mientras movía su mano arriba y abajo sin cubrir más de la mitad con su gran mano.

    —–

    A Carlos le encantaba la acción que veía en la pantalla, ya que había visto estos clips tantas veces que casi se los sabía de memoria. Cuando los encontró por primera vez en un sitio porno y reconoció a su madre, no estaba seguro de si debería estar molesto o no, pero para su sorpresa se encontró increíblemente excitado. En los videoclips, su madre era más joven pero su cuerpo no era muy diferente al de ahora. Cuando la abrazó antes y sintió sus enormes pechos presionando su pecho, tuvo que alejarse de ella para que no sintiera su erección y rápidamente se retiró a la habitación para ver su dosis diaria de cómo follaban a su madre.

    Los gemidos que salían de los auriculares le dijeron que su madre claramente estaba disfrutando cada centímetro de la polla en su coño y aún se podían escuchar sus chillidos de placer, aunque más apagados cuando la otra polla estaba metida en su boca. Cuando terminó ese clip, Carlos hizo clic en el siguiente, sabiendo que este era el que siempre lo hacía correrse.

    Vio cómo su madre en la pantalla se ponía a cuatro patas con el culo en alto mientras un chico con una enorme polla estaba detrás de ella. Carlos comenzó a frotar su polla más rápido mientras los gemidos de su madre llenaban sus auriculares y el chico en la pantalla le tocaba el culo con uno, luego con dos dedos. Hasta que le preguntó a su madre con voz profunda: «¿Quieres mi gran polla en tu culo, zorra?».

    Fue la respuesta de su madre la que siempre enviaba a Carlos al clímax cuando ella literalmente gritaba: «Sí, folla mi culo y lléname de leche», seguido del gemido más sexy que Carlos había escuchado en su vida cuando el chico empujó. su gruesa polla lentamente en el culo de su madre. Agarrando un calcetín de la cama, Carlos chorreó en él mientras disparaba chorro tras chorro de semen mientras veía a su madre llegar al orgasmo por los golpes anales que estaba recibiendo en la pantalla.

    Carlos ya se había follado a algunas chicas durante la universidad, pero cada vez que sugería sexo anal, la mayoría miraba el tamaño de su polla y rápidamente lo rechazaba. Una chica valiente había accedido a probarlo, pero ese encuentro terminó en lágrimas antes de que él hubiera empujado su cabeza más allá de su ano.

    Mientras Carlos disparaba aún más semen en el calcetín, admiró la forma en que su madre empujó hacia atrás tratando de meterse más de polla en su culo.

    Julia se quedó estupefacta en el pasillo mientras observaba la escena que tenía delante y cómo su hijo se estaba divirtiendo, viendo un vídeo de ella siendo follada. No pudo evitarlo y silenciosamente dejó la canasta en el suelo y se levantó el vestido mientras se metía la mano por la parte delantera de las bragas. Frotando su clítoris como si estuviera tratando de quitar una mancha de la alfombra, vio cómo su hijo se tocaba la polla mientras la versión más joven de ella era follada en la pantalla. Julia no podía oír ningún sonido, pero recordaba bien la escena y su coño se inundó de jugos al recordar aquella escena grabada años atrás.

    El primer clip terminó, Julia fue a quitarse la mano hasta que comenzó el siguiente clip y al instante lo reconoció como un clip de su serie de gangbang anal. Mientras miraba desde la puerta, casi podía sentir el ardor de la polla entrando en su culo y, en un frenesí, se arrancó las bragas del cuerpo para poder tener acceso a su dolorido coño.

    Cuando su hijo comenzó a correrse, Julia no pudo contenerse y volvió su atención a su coño, metiendo tres dedos profundamente y casi se cae al suelo cuando su orgasmo recorrió su pequeño cuerpo.

    Julia tuvo que sostenerse del marco de la puerta ya que sus piernas eran como de gelatina y cuando vio a su hijo quitarse los auriculares y apagar la PC, se tambaleó por el pasillo tan rápido como sus piernas temblorosas podían llevarla mientras llamaba sin aliento: «Carlos, tu ropa lavada está afuera de tu habitación».

    Cuando entró en su habitación, empujó la puerta de su habitación y luego buscó frenéticamente en el cajón de la mesita de noche su consolador negro. Casi llorando de alegría, se quitó la ropa mientras babeaba sobre el consolador negro, se conectó a su sitio de chat favorito y rápidamente aceptó la primera solicitud de una sesión privada de un nombre de usuario que reconoció, BlackSnake83.

    —–

    Carlos abrió la puerta y vio su ropa en el cesto de la ropa sucia y se sintió aliviado de que su madre no lo hubiera pillado masturbándose mientras veía cómo la follaban en la pantalla. Mientras levantaba el cesto vio un par de bragas negras encima de la ropa. Carlos los recogió pensando que de alguna manera se habían enredado con la ropa sucia, pero supo de inmediato que se habían usado hace poco. Todavía podía sentir el calor de su madre en las bragas y la humedad empapaba la entrepierna y, llevándolas hasta su nariz, inhaló el embriagador aroma de su madre. Mientras lo hacía, se dio cuenta de que tal vez su madre lo había espiado y, en estado de shock, se preguntó qué habría causado que ella se quitara las bragas con tanto descaro en el pasillo. Caminando silenciosamente por la casa, se detuvo cuando llegó a la puerta de su madre, que estaba ligeramente entreabierta.

    Al escuchar desde la puerta, escuchó a su madre hablando con alguien y, mirando por la rendija, pudo ver que estaba desnuda frente a su laptop y hablando por cámara con un chico negro.

    — «Sí, soy una puta adicta a las pollas», gimió su madre cuando el ángulo de la cámara cambió en la pantalla. «Quiero tu polla dentro de mí», habló su madre en voz baja y sensual mientras ajustaba el ángulo de la cámara y por la forma en que movía las manos, era claramente evidente que se estaba insertando algo dentro de sí misma.

    Carlos podía escuchar a su madre gemir mientras se follaba con el consolador y el hombre en la pantalla movía su. Carlos pudo sentir que se ponía duro otra vez, se bajó los pantalones cortos hasta los tobillos y comenzó a tocarse la polla mientras se esforzaba por ver más de lo que estaba sucediendo en la habitación de su madre. Mientras estaba en eso, perdió el equilibrio, tropezó con los pantalones cortos que le rodeaban los tobillos y tropezó con la puerta que se abrió de par en par.

    Julia sintió la ráfaga de aire cuando la puerta se abrió detrás de ella y cerró de golpe la tapa de la laptop, giró en la silla para ser recibida por la vista de su hijo con la polla en la mano. Sus ojos no miraban su cara, sino que estaban pegados al gran consolador negro que estaba medio insertado en su coño empapado.

    —»¡Dios mío, Carlos!» Julia exclamó sin saber si debía correr y esconderse o seguir con las intenciones inmorales que corrían por su cerebro. Antes de que tuviera tiempo de decidir, Carlos se quitó los pantalones cortos y entró en su habitación con la polla todavía en la mano mientras se movía hacia donde estaba ella sentada con los brazos abiertos en la silla.

    Olvidando que él era su hijo, o tal vez impulsada por el hecho de que lo era, parecía lo más natural del mundo mientras envolvía su hinchada polla con su boca.

    Finalmente, al darse cuenta de la fantasía que se había desarrollado en su mente en un bucle sin fin desde que descubrió los viejos videoclips en línea, Carlos agarró la parte posterior de la cabeza de su madre mientras ella chupaba su polla profundamente en su cálida boca y él comenzó a mover sus caderas. mientras follaba lentamente el rostro de su estrella porno favorita.

    La lujuria dentro de Julia ardía como el infierno mientras se levantaba y agarraba el ahora palpitante miembro de su hijo y lo arrastraba hacia la cama mientras al mismo tiempo dejaba caer el consolador de su coño. «Te quiero», jadeó ella, empujándolo de nuevo a la cama para que su amplia polla apuntara hacia el aire. A horcajadas sobre su miembro alto y orgulloso, Julia agarró la polla de su hijo y la colocó en los labios de su coño y, mientras lo miraba profundamente a los ojos, lentamente dejó que su cuerpo se hundiera sobre él.

    Ambos gimieron al unísono cuando Carlos sintió que su polla era agarrada por el apretado coño de su madre y Julia sintió que su gruesa y palpitante polla la abría. Julia colocó sus manos sobre el pecho de su hijo y comenzó a montarlo arriba y abajo, montándolo cada vez más rápido. Carlos agarró el trasero de su madre y la ayudó en su frenética cabalgada, forzándose a subir y profundizar en ella hasta que finalmente ambos supieron que el momento estaba cerca.

    Con un grito animal, la cabeza de Julia se movía de un lado a otro mientras tenía un orgasmo por la polla de su hijo. La visión de los pesados pechos de su madre balanceándose de un lado a otro con la cabeza echada hacia atrás gimiendo en éxtasis fue demasiado para Carlos y sacudió sus caderas hacia arriba arrojando su semilla profundamente en el útero de su madre. Julia se desplomó en los brazos de su hijo y acurrucó su cabeza contra su pecho mientras ambos se abrazaban en silencio hasta que cayeron en un profundo sueño.

    La luz de la luna brillaba a través de la ventana cuando Carlos se despertó y encontró a su madre mirándolo, sonriendo mientras le alisaba el cabello con cuidado. «Eso fue fantástico», suspiró mientras se inclinaba y lo besaba suavemente en la frente, «debes haber hecho muy felices a todas tus amiguitas».

    —»Gracias mamá», respondió Carlos. «He querido hacer esto durante tanto tiempo desde que te vi en esos videos y me di cuenta de lo sexy que eres».

    Julia se sonrojó ante su cumplido, pero por dentro brillaba de orgullo al darse cuenta de que su propio hijo la encontraba atractiva.

    —»¿Qué es lo que más te gustó de esos videos?» preguntó Julia, ella necesitaba saber esa respuesta.

    Carlos se sonrojó e hizo una pausa mientras se armaba de valor para responder de forma honesta: «Fuiste tú, vi cómo te metías esas pollas en el culo, mamá, nunca he podido conseguir que ninguna chica haga eso por mí».

    —»Bueno, tal vez pueda ayudarte con eso» Julia se rió, rodó hacia la mesita de noche y sacó un tubo grande de gel. Entregándoselo a su hijo, le dijo: «Asegúrate de estar preparado, piénsalo con calma», y con eso, se arrodilló a cuatro patas con el trasero apuntando hacia su hijo.

    Carlos miró el redondo trasero de su madre y pudo sentir su polla temblar mientras se untaba una generosa cucharada de gel en los dedos antes de empujarlos hacia su apretada estrella rosa de su madre. Cuando ella gimió fuertemente, él rápidamente quitó los dedos, preocupado por estar lastimándola.

    —»¿Qué esperas?» -Preguntó Julia en voz baja.

    —»Tengo miedo de lastimarte», respondió Carlos, viendo el rostro de su madre.

    —»Algo de dolor está bien, pero la mayor parte es placer, así que no pares a menos que realmente grite de dolor», explicó antes de colocar su cabeza sobre sus manos y empujar su trasero más alto en el aire moviendo su trasero para su hijo. Carlos volvió a colocar sus dedos cubiertos de gel en el trasero de su madre y, al darse cuenta de que sus gemidos eran de total placer, en lugar de dolor, introdujo dos, luego tres dedos más.

    Su polla pronto estuvo dura como una roca y Carlos supo que había llegado el momento de perder su virginidad anal en el mismo culo que había estado adorando durante años, el de su madre. Moviéndose detrás de ella, cubrió su polla con una generosa cantidad de gel antes de presionarla contra la estrella anal de su madre, sintiendo la resistencia cuando su gran cabeza intentó entrar en ella.

    No pudo evitarlo mientras repetía una línea del video que había guardado en su laptop. «¿Quieres mi gran polla en tu culo, puta?» dijo con la voz más profunda que pudo reunir.

    Estuvo a punto de correrse cuando su madre movió sus manos detrás de ella, separó sus nalgas y respondió con una voz gutural y sexy: «Sí, folla el culo de tu madre con tu gran polla y lléname con tu leche».

    Carlos comenzó a empujar y primero sintió un poco de resistencia, pero luego su madre se relajó y empujó suavemente hacia atrás y sintió su polla deslizarse profundamente en su culo. Dejó escapar un largo gemido de placer mientras veía su larga polla desaparecer cada vez más profundamente en su culo y la sensación era tan intensa que sabía que nunca podría parar, incluso si su madre se lo rogaba.

    Julia abrió más las nalgas cuando sintió la gruesa polla de su hijo en su trasero y luego gimió ruidosamente cuando comenzó a empujar hacia adentro. Saboreó ese momento casi doloroso, pero divino, cuando su trasero resistió la invasión antes de ceder y abrazó el ardor mientras la polla de su hijo se hundía más profundamente en sus entrañas. Julia sabía que siempre había sido una especia de puta anal, pero tener la polla de su hijo en su culo la llevó a un nuevo nivel, aunque no lo sabía ni le importaba en ese momento.

    Cuando Carlos tocó fondo, sintió su vello púbico frotándose contra el trasero de su madre mientras él se mantenía firme dentro de ella e inclinándose hacia adelante le preguntó con susurro: «¿Estás bien, mamá?»

    Deslizando una mano entre sus piernas, Julia comenzó a masajear su propio clítoris mientras gemía en respuesta: «Sí hijo, tu polla se siente tan bien en mi culo… ¡Ahora fóllametan fuerte hasta que no caminar!»

    Carlos, mientras agarraba de las caderas a su madre, comenzó a embestirla con un movimiento constante que aumentó en velocidad e intensidad a medida que le penetraba el culo. Carlos podía sentir el trasero de su madre aferrándose a su polla con fuerza y, al igual que en los videos, ella estaba moviendo su cabeza y haciendo ruidos animales mientras tenía un orgasmo por su polla.

    Carlos sacó su polla por completo y admiró el enorme agujero del culo de su madre antes de volver a meterla, amando la forma en que ella gemía de placer. Después de hacer esto varias veces, supo que no podría durar mucho más y con un último empujón de sus caderas, chorreó profundamente en el trasero de su madre.

    Mientras volvían a quedarse dormidos en un sueño satisfactorio, Carlos acarició el pezón de su madre, amando la forma en que se endurecía con su tacto, y murmuró: «Todos mis amigos piensan que te ves jodidamente sexy en esos videos, ¿sabes?, especialmente a Jairo».

    —»Bien», respondió su madre, todavía sintiendo el semen de su hijo goteando de su culo devastado, «entonces tendremos que hacer que venga a visitarnos y tal vez hacer un video entre nosotros».