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  • El mejor regalo de mi prima

    El mejor regalo de mi prima

    Tengo una prima segunda que es tres años mayor que yo con la que siempre me he llevado bien, es bajita, castaña oscura, no tiene mucho culo ni tetas muy grandes, tiene el punto exacto entre grandes, pequeñas y ricas. Desde pequeño fantaseaba con cogérmela.

    Una semana después de cumplir 18 ella me llama y me dice:

    -Oye primo, ¿por qué no salimos?

    -Sí, espera, termino unas cosas y vamos.

    Como yo no tengo auto ella se ofreció a recogerme ya que vivimos como a 2 kilómetros.

    A las dos horas suena su auto fuera de mi casa. La casa estaba sola y yo aún no me vestía así que le dije que pasara.

    Siempre nos habíamos tenido confianza. Cuando ella entró fue a mi cuarto en donde yo me estaba desvistiendo. Ella se sentó en mi cama y me dijo que me apurara. Yo me terminé de quitar el pantalón y ella me empezó a ver de una forma algo rara, no era la primera vez que me veía con esa cara por lo que no le presté mucha atención y me quité la camisa.

    -Oye… -dijo mientas se paraba y se acercaba a mí- que te parece si en vez de salir nos quedamos y hacemos algo más… emocionante.

    En eso sentí como su mano agarraba mi pene y lo empezaba a mover. Apenas ella lo tocó se empezó a parar. Cuando ella se dio cuenta de esto dijo:

    -Parece que a ti también te gusta esta idea.

    Antes de terminar de decir la última palabra le agarré el cuello y la atraje hacia mí. Nuestras bocas estaban a menos de un centímetro, sentía su respiración en mi piel y el cómo su mano dejaba de tocarme el pene por encima del bóxer y la empezaba a meter, sentí como ese momento le alargaba. Percibí que nuestras respiraciones se sincronizaban, fue en ese momento en el que la atraje más hacia mí y la empecé a besar. Su boca sabía a fresa. Duramos bastante solo besándonos, ella masajeando mi pene y yo recorriendo todo su cuerpo con mis manos. La aparte de mí y la empuje suavemente hacia la cama, cuando cayó en la cama se mordió el labio inferior. Me puse sobre ella, la besé mientras metía mis manos abajo de su espalda y la levantaba. Cuando estaba sentada le quité la blusa y luego el brasier. La volví a acostar empujándola con mi cuerpo. Empecé a bajar mis manos hasta su pantalón y se lo quité junto con su tanga. Ella se acercó a mi oído y me susurró:

    -Hazlo ya.

    Empecé a meter mi pene en su vagina. Poco tiempo después la moví por mi cama para que su cabeza quedara sobre las almohadas. La estaba penetrando cada vez más rápido mientras ella gemía cada vez más fuerte. Sentí que estaba a punto de venirme por lo que saqué mi pene y me baje de la cama, la acerqué a la orilla y volví a meter mi pene en su vagina. Puse mis manos bajo su culo y la levanté, ella abrazó mi culo con sus pies y mi cuello con sus manos mientras se impulsaba hacia arriba y hacia abajo. Me recosté sobre la pared más cercana mientras ella seguía. Sentí como ella se venía, dejó de moverse y me empezó a besar.

    La llevé hasta mi cama donde me acosté con ella sentada sobre mí, metí mi pene en su culo y ella se hizo hacia atrás para que su culo quedara justo sobre mi pene. Al moverme escuchaba como sonaba su culo al tocar mi piel. Poco tiempo después me vine. Ella se bajó de mí y se acostó a la par mía, nos abrazamos y nos empezamos a besar hasta que los dos nos dormimos.

    Al día siguiente al despertarme volví a ver a donde ella se había dormido, al ver que ya no estaba creí que todo había sido un sueño, pero, al levantarme vi que había una nota. “La pasé muy bien, espero que lo podamos repetir.” Me volví a tirar sobre la cama y me quedé allí viendo al techo.

  • Nahuel y Don Ramón en el almacén del barrio

    Nahuel y Don Ramón en el almacén del barrio

    Nahuel estaba contento porque habia conseguido su primer empleo. Tenia 18 años y estudiaba en la Capital donde vivia en una pension. Los pocos pesos que le mandaban sus padres apenas daban para cubrir gastos basicos por eso hacia unos dias que se habia puesto a buscar trabajo. Quiso la casualidad que en el almacen del barrio donde vivia habian puesto un cartel que decia «Se necesita chico para ayudante». El dueño era un señor mayor, Don Ramon, al que Nahuel conocia porque a veces compraba algunas cosas alli: Siempre le habia parecido que el hombre lo miraba en forma especial, sobretodo sentia los ojos del viejo en sus piernas y cola. Nahuel ya habia tenido sexo con otros hombres y sabia como eran las miradas como las de Don Ramon. El chico sabia que hombres mayores se sentian atraidos por jovenes como el, y a su vez, Nahuel se sentia atraido por hombres mayores.

    El chico se vestia en forma muy sexy, con shorts de jean muy cortos que mostraban sus piernas y remeras de colores vivos, era joven y le gustaba vestirse como tal. El dueño del almacen se mostro complacido cuando el chico se presento a solicitar trabajo y le dijo que eran tareas sencillas, limpiar y acomodar mercaderia, que iba aprender con el tiempo, que el le «iba a enseñar todo» dijo mirandolo fijamente. Quedaron en que empezara por la mañana del dia siguiente y antes de irse Don Ramon le dijo «si podes ponete otra cosa que ese shorcito porque estas medio desnudo y aca a veces vienen algunos medio zafados y capaz que se meten contigo y te dicen alguna groseria».

    El chico sonrio diciendole que no se hiciera problema por si alguien lo molestaba y que ademas no tenia otra cosa que ponerse, se despidio y se fue.

    Al otro dia, temprano se presento en el almacen y Don Ramon le explico que hacer primero, limpiar los pisos y luego reponer mercaderia en los estantes. El viejo se sento frente a la caja registradora y cada tanto miraba al chico hacer su tarea. Cada vez que lo miraba se excitaba mas, el chico tenia unas nalgas saltonas y piernas preciosas resaltadas por un short corto que al inclinarse dejaba ver el nacimiento de las nalgas. El viejo estaba caliente viendo al chico y decidio acercarse para explicarle algo. Le dijo de poner unos paquetes de fideos en la gondola empezando por la parte alta. El chico le dijo que no llegaba hasta esa parte y el viejo aprovecho para decirle «Si podes, yo te agarro y llegas hasta arriba». Nahuel empezo a colocar las bolsas mientras Don Ramon lo agarraba con una mano por la cintura y con la otra le agarraba una pierna. Luego que el chico dejo la bolsa, el pervertido viejo siguio sobandole el muslo mientras le decia «Que suaves tenes las piernas» a lo que Nahuel, que se daba cuenta de la calentura del viejo, le dijo «Es que me depilo porque no me gusta tener vello». Don Ramon le dijo que le quedaba muy bien y siguio acariciandole el muslo con toda la palma de su mano extendida disfrutando de la suavidad y tersura de esa pierna. Siguio tocandolo y llevo su mano hacia la cola del chico acariciando el nacimiento de las nalgas, y con voz ronca le dijo «Que lindo que sos nene» y con su mano le apreto una nalga. El viejo verde ya tenia una ereccion brutal que se manifestaba por un bulto en sus pantalones.

    Nahuel le dijo «Que hace Don Ramon, no me toque» pero en realidad queria que le hiciera de todo y decidio hacerse el remilgado para excitar mas al lujurioso Don Ramon, que ya no podia contenerse y con ambas manos buscaba sobarle el culo a ese manjar delicioso, suave como una chica.

    El viejo verde se daba cuenta que el chico no se resistia a sus manoseos y tomandolo de las nalgas como lo tenia, se zambullo sobre la cara del muchacho buscando besarlo en la boca. Nahuel al principio lo rechazo pero luego empezo a devolverle el beso y mezclaron sus lenguas chupeteandose mutuamente con ardor. Nahual estaba excitado por la reaccion salvaje del viejo y sentia todo el bulto del viejo apoyado y rozandole las piernas.

    Don Ramon tomo al chico por la cintura y lo llevo por el pasillo que comunicaba el almacen con la vivienda hasta el dormitorio, cerro la puerta y le dijo al chico «Te avise que no vinieras asi vestido, te dije que te podian violar» mirandolo con lujuria mientras el chico decia «No, por favor Don Ramon no me viole» y en realidad queria que el viejo lo cogiera de una vez.

    Escuchar al chico pidiendole que no lo violara ponia a mil al sacado viejo, se desprendio el pantalon, se saco los zapatos y tambien se saco el calzoncillo, agarrando su duro pito le dijo «Mira como me pones pendejo» y arremetio contra el muchacho que no hizo nada para que Don Ramon le sacara la remera, la tiro a un costado y poniendo al chico contra la pared le tomo cada pecho con una mano y empezo a sobarselos, apretandole los pezones mientras le pasaba la lengua por el cuello y hombros. El chico ya no se quejaba, suspiraba mientras le acariciaban los pezones y chupaban el cuello, el viejo bajo sus lenguetazos por el pecho del chico y se metio entero un pezon en la boca.

    Asi estuvieron unos minutos que ponian a los dos cada vez mas calientes, hasta que Don Ramon decidio desnudar del todo a ese delicioso chico que se iba a coger, lo zarandeo mientras le desabotonaba el short, se lo hizo deslizar por las piernas y vio que el muchacho tenia una tanga blanca tapandole el sexo. Se enloquecio y lo hizo poner de cara contra la pared, el se situo atras y pudo apreciar las redondas y duras nalgas del chico en todo su esplendor.

    «Te gusta calentar a los hombres, mira lo bueno que estas» y le empezo a manosear las nalgas, apretando esas masas de carne mientras le decia «Tenes un culo como el de una mujer y yo te lo voy a llenar de leche» apoyandole su dura verga entra las nalgas para sentirse en la gloria frotandose contra ese majestuoso culo. Nahuel se sentia muy excitado ante las arremetidas del viejo, nunca lo habian tratado asi, tan salvajemente y suspiraba de placer.

    Don Ramon tomo al chico de la cintura y lo llevo a la cama. Se puso sobre el y lo cubrio de caricias y chupeteos por todo el cuerpo, le paso la lengua por los muslos, por las caderas y volvio a chuparle los pezones. El viejo estaba por explotar pero queria gozar de esa preciosura lo mas que pudiera. Finalmente lo hizo voltearse y quedar boca abajo, le quito con urgencia la tanga y se tiro encima de esas nalgas apretandolas y buscando chuparlas hasta llegar al hoyo del chico que chupo con fuerza metiendole la lengua todo lo que pudo. Nahuel se removio en la cama en un espasmo de placer y gimio diciendo «Don Ramon, por favor» mientras el desesperado viejo seguia lamiendo el orificio del chico, queriendo penetrarlo con la lengua hasta que se dio cuenta que no podia mas, se levanto sobre el chico. tomo su verga con una mano y la llevo al ensalivado culo del chico y lo penetro con dureza.

    Nahuel grito de dolor, el viejo empujo mas y le metio un poco mas de verga, espero unos segundos mientras el chico se removia y luego empujo una vez mas metiendole toda la verga en el intestino. SIntio una agradable sensacion al sentir su pito apretado por las paredes del intestino del chico y entonces empezo a culearlo, con suavidad al principio, mas duramente despues hasta que lo cogia fuertemente todo el tiempo, embestia el culo del pendejo con una calentura que hacia mucho tiempo no sentia. Ese chico lo volvia loco y ahora le estaba dando una culeada memorable.

    En determinado momento no pudo contenerse mas y en medio de una embestida eyaculo en el interior del muchacho, emitiendo un sonoro gruñido de satisfaccion, tras lo cual se desplomo a un costado.

    Transcurrieron unos cuantos minutos, luego Don Ramon se levanto y le dijo al chico, que estaba empezando a incorporarse despues de la culeada que le habia propinado su patron, «Mejor empeza mañana, hoy anda a tu casa y descansa» y Nahuel se vistio y se fue, contento por haber conseguido trabajo y contento porque Don Ramon se lo habia cogido y probablemente lo seguiria cogiendo».

  • En el servicio social se aprende (II)

    En el servicio social se aprende (II)

    Antes que nada les agradezco muchísimo todos sus comentarios luego de mi anterior relato y bueno como les dije en las respuestas a sus correos ésta es la siguiente parte de como mi servicio social se convirtió en servicio sexual.

    Luego de ese maravilloso momento que pasamos en la oficina de mi jefe y después de haberme limpiado mi rajita en el baño privado que tiene, regrese al lugar que yo ocupaba obviamente cansadita, pero muy satisfecha, a pesar de que fue rápido si me dejo contenta, cuando me fui a despedir nos dimos un besito y el aprovecho para darme un apretón en las pompas.

    Cuando llegue a mi casa la verdad es que seguía disfrutando de lo sucedido y no pude menos que masturbarme de una manera deliciosa tocando mi almejita, abriendo mis labios, luego tocando mi clítoris y metiéndome dos deditos tan profundo como era posible para luego hacerlo con más velocidad hasta que exploté en un maravilloso orgasmo que me dejo más que relajada y lista para perderme en un profundo sueño hasta que el despertador me regreso a la realidad de que había que ir a la escuela y bueno las obligaciones primero, además de ahora tenía una motivación especial.

    Ese día en especial las horas de clase se me hicieron larguísimas, pero al final llego la hora de salir y de ir hacia la oficina, en cuanto entré mi corazón latía con más fuerza y por fin llegó el momento de saludar al jefe, como siempre lo hacíamos o sea todas, luego de un momento se asistente me dijo que fuera a su oficina porque quería comentarme unas cosas.

    Al entrar estaba sentado en su escritorio, me pidió que me sentara y comenzamos a platicar en relación a lo que había pasado la tarde anterior, fue como poner las cartas sobre la mesa y ver hasta donde ambos seriamos capaces de llegar o de hacer, me dijo que siempre le han gustado las jóvenes y más aún cuando usan uniformes (para mis adentros agregué que más todavía si eran tan putitas como yo jejeje) y que desde que me vio le guste mucho, después de varias cosas más me dijo que quería que siguiéramos cogiendo y de mi parte le dije que a mí también me había gustado mucho y de mi fijación por los hombres mayores, que también quería que hubiera más momentos como el que habíamos compartido, pero que si le pedía que fuera lo más discreto en la oficina, no quería que nadie se diera cuenta, comenzamos a hacer algunos acuerdos y así llegamos a que solo sería sexo y nada más, el ofreció aumentar mi ayuda económica que nos daban, pero como creí que sería muy obvio le dije que si aceptaba pero que lo hiciera de su mano a la mía, además como siempre he sido fanática de la lencería sexy pensé en destinar ese dinero extra para esos gustos y algunos otros.

    Luego de aceptar convertirme en su putita particular me pidió que lo primero que haría cuando llegara a la oficina sería quitarme mi tanga, bikini o panty, no quería que debajo de mi falda hubiera nada que le impidiera tocarme en directo mis nalguitas o mi rajita, estuve de acuerdo obviamente con excepción de cuando tuviera mi periodo, también debería de quitarme mi brassier, aunque aquí si le puse como condición que me pudiera quedar con mi sweater porque mi blusa en blanca y se me iban a transparentar mi pezones, no le hizo mucha gracia pero al final acepto. También acordamos que si teníamos alguna fantasía la comentaríamos y en la medida de lo posible las iríamos realizando.

    Así de claras las cosas y siguiendo sus instrucciones en cuanto salí de su oficina fui al tocador y me quite el bikini blanco y mi bra que llevaba ese día y con todo cuidado los guarde en mi backpack donde llevo mis cosas de la escuela, la verdad es que me gustó mucho esa sensación de «libertad» de mi cuerpo y a la vez comencé a sentir una excitación muy rica que se iba convirtiendo en humedad, me puse a trabajar en algunas cosas que tenía pendientes aunque me costaba trabajo concentrarme y más todavía después de que recibí un mensaje en mi celular, era del jefe y literalmente decía «hola putita espero que ya me hayas hecho caso y que no traigas nada de ropa interior porque se me antoja mucho meterte un dedo en tu raja, te van a llamar y quiero que me muestres», le contesté que estaba lista tal y como él quería y en efecto en unos minutos me avisa la secretaria para que le pasara a su oficina, enorme fue mi sorpresa cuando entro y me pide que ponga el seguro de la puerta, lo hago y se levanta y ya estaba con la verga bien parada y fuera del cierre, de inmediato me acerco a él y me ordena que me levante la falda para verme, le dio gusto ver que era obediente y luego también comprobó que no llevaba ya mi brassier, esta vez sí pude tocarle rica verga, pero como le avisaron que lo buscaban unas personas me dijo que me quedara cuando las demás se fueran, salí de su oficina más que húmeda.

    Fui con mis compañeras para inventarles que querían unos cambios en el trabajo que estábamos haciendo pues no quería que sospecharan porque iba tanto a la oficina del jefe.

    Pasaron las horas durante las cuales recibí algunos otros mensajes por el estilo del otro, en los cuales la constante era que me llamara «putita» en otras situaciones seguro me hubiera molestado que me llamaran así, pero ahora incluso me estaba empezando a gustar, me decía que me quería coger, que me iba a poner su verga entre mis tetas y que un día me la iba a meter por mi culito, como comprenderán yo ya estaba bastante calientita, luego él se fue a comer como casi siempre con el de recursos humanos.

    Cuando él regreso noté que traía una bolsita de plástico de las que dan en cualquier puesto ya casi era hora de la salida de nosotras y les dije a mis amigas que se adelantaran que yo tenía que ver lo de los cambios a nuestro proyecto que estábamos haciendo, luego fue la hora de que la secretaria del jefe se fuera y al pasar eso mi rajita y mis senos comenzaban a palpitar, me gustaba la sensación de que muy pronto me iban a coger, tal vez me agradaba mucho más la idea de sentirme su putita, de que iba a ser solo eso, un objeto sexual como había fantaseado muchas veces.

    Desde que él había entrado a su oficina yo comencé a contar mentalmente los minutos y de verdad se me hicieron una eternidad hasta que por fin se asomó a la puerta llamándome para que entrara, tome varios papeles de los del proyecto y tome camino hacia su oficina, pude darme cuenta antes de entrar que ya no había prácticamente nadie en la oficina, lo cual claramente me dio gusto y fui contenta, en cuanto entré se me hizo raro no verlo en su escritorio como de costumbre, pero ya luego me di cuenta que estaba en su baño privado y bueno decidí esperarlo de pie, una vez que salió me dijo que todo el día había estado pensando en cómo me iba a coger, en mis nalguitas y cosas así, cuando de repente se me acerco y abrazándome me comenzó a besar de una manera muy rica al mismo tiempo que me levantaba mi faldita y me agarraba mis nalgas, me metía los dedos por donde podía y obviamente yo ya estaba más que mojada y en cuanto me permitió zafarme le pedí que me dejara saborear su rica verga y me dijo que estaba bien, pero que le iba a complacer porque me había comprado un regalo y le contesté que él podía hacer conmigo lo que quisiera y de inmediato me puse de rodillas para abrirle el cierre de su pantalón y sacarle su rica verga que aún la tenía un poco flácida, aunque así me gusta en lo particular una verga para comenzar a mamarla y luego ir sintiendo como se pone más y más parada, entonces comencé dándole unos besitos en la cabeza, luego por todo el tronco hasta llegar a sus huevos, en todo el camino le deje un rastro de mi saliva, luego ya regresé a la punta rica y me lo metí despacio, muy despacio a mi boca dándole unos ricos apretoncitos con mis labios (obviamente teniendo mucho cuidado con mis dientes) la primera vez si me lo pude meter todo completo, pero luego que se puso bien duro ya no me fue posible, así estuve durante un rato, luego él me tomaba con sus dos manos por mi nuca y me empujaba, quería metérmelo entero, pero pues ya no cabía y me prometí que me pondría a practicar para que un día si me cupiera todo, ya luego me dijo que no quería venirse en mi boca que mejor me levantara y que me sentara en la orilla de su escritorio, así lo hice, pero antes me quite toda mi ropa y me senté como me había dicho, él se sentó en su sillón y me pidió que pusiera mis piernas en los brazos del sillón, con lo que como comprenderán le quedo toda mi rajita bien abierta y a su completa disposición, me dijo que recargara la espalda en el escritorio y que cerrara mis ojos que había llegado el momento de mi sorpresa, claro que obedecí y comenzó a jugar con mis más que empapados labios luego me dio unos besitos ricos y ya luego me metía un dedo y más tarde dos y hasta tres, así de rico me llego mi primer orgasmo de la tarde, pero él siguió adelante y de repente sentí algo frio en la entrada de mi rajita y por el contacto supuse que sería un consolador o algo así y en efecto no me equivoqué, primero lo paseaba por todo lo largo y ancho de mi encharcada vagina y luego lo comenzó a meter, al inicio solo la puntita y ya luego un poco más y más hasta que me entró todo, claro que todo esto o hizo sin dejar de masajearme el clítoris, así de que ni sentí el tamaño real de esa «verga pirata».

    Yo sentía que ya me escurrían mis juguitos hasta mi agujerito entre mis nalgas, eso es algo que me encanta y creo que a él también, entonces me dijo que me quedara en esa posición y sacando el juguete me dijo que ya estaba muy caliente y que ya me la quería meter, lo cual desde luego que me encanto y tomando mis tobillos abrió aún más mis piernas y puso la cabeza de su rica verga en la entrada de mi almejita y de un solo golpe me la metió completa, algo que logró que soltara un gemido muy profundo, me la dejo completamente adentro unos segundos y ya luego la saco para metérmela de nuevo pero ya despacito, dejándome saborear milímetro a milímetro el grosor y longitud de esa «mi» verga que me estaba dando un gusto tremendo, me abrió mi blusa y con ambas manos capturó mis tetas pellizcando mis pezones hasta que me dolieron, pero no me importaba, y así sin sacármela me puso de ladito sobre el escritorio y me siguió dando, pero ahora dándome unas nalgadas y un masajito con sus dedos en la entrada de mi culito que lo que lograron fue que me pusiera más caliente todavía y se lo demostré con una nueva cantidad de juguitos, pero él nada que se venía, después de unos momentos así me pidió que me pusiera de panza en el escritorio para que mis piernas quedaran «volando» y me las levantó y la volvió a clavar hasta los mismos huevos y ya las nalgadas eran más fuertes, en un momento me agarro los dos cachetes de mis nalguitas y separándolas me escupió entre ellas, luego de eso y con su verga bien metida con una mano me las abría y con la otra comenzó a tratar de meterme un dedo, la verdad es que al principio si me dolió un poco y así lo sintió porque le apreté su dedo y eso le dio gusto, ya que me dijo que quería romperme el culito, que ese culito sería solo para su uso y cosas por el estilo que me ponían mucho más caliente, además de que me pedía que le dijera que yo era su putita, que mis nalgas, mi rajita y todo yo eran solo de él y que él podía hacer lo que le viniera en gana conmigo y cada que yo se lo decía me daba unas metidas más profundas, más nalgadas y hasta que sentí que se le ponía más dura y que se quedó en calma unos segundos anunciándome que ya estaba por darme mi lechita y en efecto comencé a sentir como mi interior se inundaba con su rica leche y yo también me vine por tercera vez en esa tarde maravillosa, pero lo mejor del momento fue cuando me dejo ir dos hasta el fondo se dedo corazón mmmm fue una sensación deliciosa, aunque si me dolió me hizo ver estrellas y me quede toda sin fuerza sobre su escritorio, sentía realmente muy rico como movía su dedo en lo más profundo de mi colita, sentía ya como se iba acostumbrando a su grosor, ya estaba pensando que lo siguiente era que me la iba a meter entre mis nalguitas y a la vez que me emocionaba también me daba algo de miedito porque sin ser un «monumento a la verga» si era de un tamaño importante como para que me lo metiera por ese agujerito, pero mi calentura me daba para eso y para más, en esos momentos le entro una llamada a su celular, era su esposa y sin dejar de darme dedo me metió de nuevo la verga de plástico en mi rajita y la saco así toda llena de su leche y como pudo me hizo señas para que la chupara y la dejara limpia, cosa que desde luego hice, pero como me había causado mucho morbo el saber que era ella con quien hablaba me baje del escritorio y nuevamente me puse sobre mis rodillas para comenzar a mamársela de nuevo, con señas le pedí que abriera las piernas y en cuanto lo hizo me puse entre ellas para besarle sus huevos a la vez que le comencé a hacer una puñetita con movimientos acompasados, pero muy lentos, sintiendo como su verga iba recobrando vida, fueron momentos ricos hasta que regrese de frente a él y me la metí en la boca, pero me pidió con sus manos que me detuviera un momento.

    Como no estaba yo decidida a dejar escapar la ocasión de que se pusiera más caliente mientras hablaba con su esposa, de nuevo me subí al escritorio, tome el consolador y abriendo mis piernas lo más que podía le di un show con mi masturbada, lo chupaba dejándolo lleno de saliva para luego irlo metiendo centímetro a centímetro todo completo, lo sacaba, lo volvía a meter, le pedí que se acercara a la orilla y le puse las piernas en sus hombros, pero con mi rajita bien llena con la verga de plástico, vi con mucho gusto que ya se le había parado por completo y que ahora la pasaba por mis labios mojándose la punta, en eso estaba cuando me jalo más hacia él y mis nalguitas quedaron en el aire y ahora la cabecita deliciosa quedo a la entrada de mi culito y me quede quieta, ya quería que me la metiera por ahí, hizo un poco de presión y la verdad es que no pude evitar que me salieran un par de lágrimas porque si me dolió cuando entro un poquito, cuando vio mi reacción se detuvo, pero le agradecí que no lo sacara, por fin llegó el momento en que colgó el teléfono y me dijo que mejor no lo intentaríamos en ésta ocasión por ahí porque ya había sentido lo apretadito de mi culito y no tenía ningún lubricante que luego lo compraría, pero eso no evito que me diera verga de nuevo por mi rajadita y mordiéndome las tetas mientras me masajeaba mi botoncito del clítoris, no tarde mucho en venirme de nuevo y él también me volvió a dar una buena dotación de leche, luego de eso nos calmamos un poco y me dijo que se tenía que ir, así de que le poníamos fin por el momento a nuestra calentura, me fui a su baño y me limpié los restos de nuestras venidas ricas para ya salir bien vestidita, eso sí con unas ojeras tremendas, pero muy feliz, me prometió que la próxima vez me daría una enculada y me reitero que iba a comprar el lubricante y otra «sorpresita», antes de salir de su oficina me dio un beso y una nalgada, además me hizo prometerle que me iba a ir sin ropa interior a mi casa, lo cual obviamente implicaba subirme en peseros y en el metro.

    Pronto les estaré enviando un nuevo capítulo de toda esta maravillosa relación de oficina, créanme que hay mucho material, solo dependerá de ustedes, si quieren que les siga contando y con todo gusto lo haré, les agradezco mucho a todos los que me han escrito ([email protected]) ya saben que si contesto.

    Les mando muchos besos, se los pueden poner donde quieran.

  • Trío con mi mujer y su amiga (VIII)

    Trío con mi mujer y su amiga (VIII)

    Llevábamos un mes sin tener encuentros con Marta, aunque nuestra actividad sexual era placentera y diaria, en la mente se mi mujer siempre estaba presente su amiga.

    Un viernes a la hora de comer ella me comentó que había estado hablando con Marta, que le había comentado que nos hecha a de menos y que estaba deseando vernos.

    Le dije que la llamará y que quedará con ella para el día siguiente por la mañana, para pasar el fin de semana juntos, yo también estaba deseando jugar y disfrutar de sus descomunales tetas. Llame a la casa rural donde solíamos ir y estaba libre, la reserve y después me marché a comprar todo lo necesario para sobrevivir esos dos días.

    A la hora concretada para marchamos recibimos una llamada de Marta, en la que nos decía que había surgido un problema, su prima se había presentado en su casa a visitarla.

    Al estar ya la casa alquilada y pagada le comenté que fuéramos los cuatro de todas maneras, que ya no íbamos a perder el dinero abonado.

    A los 20 minutos apareció Marta con su prima Ana, una mujer bastante más joven que nosotros de unos 30 años, alta delgada de pechos pequeños y culo también pequeño pero redondo y respingo.

    Tras las presentaciones nos fuimos a la casa, al llegar e instalarnos mi mujer y yo en un dormitorio y las primas en otro, bajamos a la piscina. En un principio yo con bañador y ellas con bikini, al rato mi mujer y Marta estaban ya haciendo topless, Ana algo cortada se la veía dudosa pero con ganas de quitarse la parte de arriba, se veía a simple vista que ellos hacia topless también ya que no se observaba corte de color provocas por el sol en sus pechos. Al final Marta la convenció para que se lo quitará.

    El calor apretaba y los cuatro nos metimos en el agua, entre juegos de un tirón arranque las braguitas del bikini a mi mujer, al estar golpe no tuvo más remedio que quedarse desnuda, Ana se reía nerviosa y no quitaba la vista del coño rasurado de mi mujer, seguimos con los juegos acuáticos aprovechando yo para tocar todo lo que podía, los pechos de Marta, el coño de Sara y el culo de Ana, mi paquete era ya notorio, y ella aprovechaban para mirarlo cada vez que me salía del agua para tirarme desde el borde.

    Mi mujer comenzó a jugar con su amiga y logró también dejarla totalmente desnuda y después entre las dos fueron a por Ana, diciendo la que todas o ninguna, mi mujer logró sujetar por las espalda a Ana que pataleaba e intentaba resistirse y su prima le fue quitando el tanga, cuando lo consiguió dejo a la vista un coño de labios pequeños y apretados con algo de pelos pero muy arreglado. Ya estaban las tres desnudas y empezaron a cuchichear y a mirarme, me imaginaba que estaban hablando, cuando las vi dirigirse hacia a mí, intenté escapar pero sin mucha intención, estaba deseando que me quitaran mi bañador, para con el forcejeo tocar todo lo posible.

    Estaban ellas bregando para desnudarse, era un revuelto de tetas y manos, yo aproveché para pasar mis dedos por la raja de Marta y de mi mujer, las cuales se mordían el labio y me miraban con vas de resignación, disimuladamente pase mi mano abierta por el culo de Ana y luego con el forcejeo le meto la mano entre sus piernas, mi sorpresa es que ya había allí otra mano, creo que se mi mujer pero sin poder asegura lo.

    Ana tenía las mejillas coloradas, a Marta le brillaban los ojos de deseo con su mano en mi polla por debajo del agua y con sus pezones grandes y duros como diamantes, Sara estaba ya que no podía más de excitación e hizo algo que yo no me esperaba, pero su cuerpo al de la prima de su amiga, pechos con pechos, metió una de sus manos entre las piernas de esta y la otra en su culo y la beso, tras la sorpresa inicial de Ana, esta correspondió al beso y caricias, al separarse al rato de mi mujer, Ana nos dijo que estábamos tardando mucho que su prima le había dicho que los encuentros entre los tres eran muy calientes y guarros, que estaba deseando comprobarlo.

    Marta se reía, lo tenía todo programado, se acercó a mí y tras besarme me preguntó si me gustaba la sorpresa, a lo que no le tuve que contestar, mi polla lo decía todo.

    Nos salimos denla piscina, entramos en la casa, y ya en el salón era todos para todos. Mi mujer y Ana al minuto estaban haciendo un 69, yo con mi polla entre las tetas de Marta, la cual aprovechaba en lamer lo poco que asomaba s mi capullo por la parte superior de estas. Al rato Marta me susurró al oído que premiará a su prima, me acerqué a ella y según seguía sobre mi mujer sin previo aviso le inserte mi miembro en su vagina de golpe, Sara lamia el clítoris de Ana y mis huevos alternativamente, Me dijo a ver qué estaba haciendo Marta y la veo metiéndole el consolador doble a mi mujer en el copo y la otra punta metiéndose ella haciendo la tijera. Era un espectáculo impresionante.

    Estaba nombrando el copo de Ana, pero no dejaba de mirar la entrada de su culo, era apetecible y estrecho, se la saque de su vagina y tras lamerle el culo a la vez que mi mujer seguía con su clítoris, le puse mi capullo en la entrada de este, presione despacio, y logre meterlo y poco a poco introducirle unos pocos centímetros, esta protestaba por el dolor pero aguantaba las entidas, cuando se acostumbró su agujero al intruso comenzó a disfrutarlo y a pedir que le diera más fuerte, mi mujer quitó su cara de entre sus piernas, se colocó el arnés con el pene de goma, se metió debajo de ella y se la metió en el coño de golpe, Ana gritó de placer y dijo que era la primera vez que tenía lleno sus dos agujeros a la vez, Marta se sentó encima de la cara de Sara para que le trabajará con su lengua. Los gemidos eran ya gritos, el sudor de los cuatro se mezclaban, la primera en correrse fue Ana, que del placer que le dimos se orno en lo alto de mi mujer, luego derrame yo mi leche en el interior de sus entrañas y a los pocos segundos lo como Marta llegaba a su orgasmo con la comida de Sara.

    La única que no había tenido su orgasmo hasta el momento fue mi mujer, pero no tardaría, ya que las dos primas y yo nos pusimos a ello, Ana me la mano unos segundos para que mi polla recortará su dureza, lo hacía bastante bien, Marta masajeaba con sus manos los pechos de Sara y le acariciaba así coño.

    Ahora fue Ana la que se colocó el arnés y entre los dos le hicimos una doble penetración a Ana, mientras Marta la mía y acariciaba por todo su cuerpo, conseguimos que llegara a un gran orgasmo, quedándose varios segundos convulsionándose. Después coloque a Marta boca arriba con sus piernas en mis hombros y me la rollo a lo vestía consiguiendo que se corriera en pocos segundos y poco después yo, dándome tiempo a sacarla para derramarme en lo alto de su abdomen y pechos.

    Los cuatro quedamos agotados pero con ganas de seguir la fiesta.

  • Trío navideño

    Trío navideño

    Esto que voy a contar en realidad ocurrió hace ya varios años, actualmente tengo 40 años, casado y con familia, pero esta historia no se trata de describir algún hecho con mi pareja, en realidad fue una infidelidad, ocurrió en un momento inesperado en un trabajo el cual tuve que terminar esa relación laboral, ya que no deseaba seguir complicando las cosa.

    Durante el mes de diciembre, y como en todo país latino, la gente se mantiene con los ánimos muy arriba por las navidades y el fin de año, mi familia estaba fuera del país pasando unos días de vacaciones y regresaban a finales de mes para las fiestas del fin año.

    Durante esos días me mantenía trabajando y regresando a casa sin variaciones en la rutina, enfocado a nuevos proyectos laborales personales, cuando se acercaba la fiesta de fin de año de la compañía, que por cierto era un consorcio de clínicas de salud, donde la mayoría de su personal era femenino exceptuando los departamentos de Alta Gerencia en el cual la mayoría éramos hombres.

    La fiesta la hicieron en horas del día, muy tranquilo, un almuerzo algo de música, entrega de reconocimiento, algunas parecían que salieron de un casting de modelaje, otras no muy agraciadas físicamente, pero siempre eran simpáticas, no me quejo del trato profesional con ninguna.

    El hecho fue que al terminar la celebración y todos comenzaban a retornar a sus hogares, ya que era sábado y no se laboraba, uno de los colegas me llamo y me hizo una pregunta sobre la dirección que yo tomaría, por lo cual le explique, aunque siempre que me hacían ese tipos de preguntas yo buscaba direcciones lejanas, no me gustaba estar de taxi llevando a la gente, y además con otro compañero me comprometí a llevarlo cerca de su casa, el hecho fue que me pidió un favor de llevar a dos trabajadoras del área administrativa cerca del centro de la ciudad, por lo cual acepté a pesar que me tenía que desviar de mi ruta.

    Al verlas se me dibujó una sonrisa ya que eran del grupo de chicas que eran muy lindas, en ese momento no recordé sus nombres, pero si las había visto con anterioridad y pude comerla con la vista días atrás y de manera muy disimulada, por lo del tema del acoso sexual en el trabajo.

    Una era más alta a la cual llamaremos Angélica aproximadamente 1,70 unos 25 años, y la otra llamaremos Estefanía de edad similar a la otra, ambas estaban muy bien vestidas sin llamar la atención, pero con sus caderas bien marcadas, Angélica con una jumpsuit completa con tirantes en la parte superior, con cinturón que hacia juego con el estampado del vestido, tacones lo cual resaltaba su estatura, cabello oscuro largo, senos no muy grandes, un enorme culo, lentes de maestra sexy. Por otro lado, Estefanía era de estatura media 1,60 cadera contorneadas, un culo muy bien puesto, se notaba que hacia ejercicio, senos muy bien proporcionados, por cierto, me encanta los grandes senos, cabello corto con grandes tacones, vestía un Jean de mezclilla y una camisa manga larga unicolor lo cual la hacía ver interesante, lentes de sol.

    Por cierto, no me he descrito, mi contextura es atlética mido 1,80 practique de joven mucho deporte basquetbol, futbol, beisbol, natación, no tengo músculos marcados, pero me mantengo con ejercicios, mi pene es normal creo, 20 cm no muy grueso ni muy fino, cabello castaño, ojo castaño, no soy modelo de revista, pero no me quejo al momento de hacer mis jugadas en busca de una conquista.

    Continuo con los hechos, la situación era que del local salimos en mi vehículo dos caballeros y dos hermosas damas, pero ambas se ubicaron de inmediato en los asientos traseros, por lo que mi colega se sentó adelante, lo tomé de forma tranquila y me dispuse a salir de inmediato, el calor no era normal, era cerca de las 3 de tarde así que decidí, comprar cerveza y un paquete de cigarrillos, las chicas aceptaron la cerveza y mi amigo solo quería regresar a su casa y lo hicimos así, lo lleve y me quede con ambas chicas las cual comenzaron a quitar su sed y el calor con las cerveza y el A/C del vehículo, y escuchando buena música.

    Al momento en que me acercaba hasta su destino, ambas miraron con cierta inseguridad ya que no me definían el sitio exacto para dejarlas, esperando a que yo tomara la iniciativa, pero no sentía en ese momento de que querían exactamente, por los que les pregunte si deseaban llevarlas a un sitio a comer, seguir platicando y disfrutar de más cerveza, y esta aceptaron.

    Cambie de dirección y me fui a un lugar discreto fuera de la ciudad a fin de evitar cualquier sorpresa de un conocido que me viera con dos chicas comiendo y seguro que podía tomarse de una manera que no era correcta y traer problemas en mi matrimonio, y yo estaba muy bien con mi esposa, tanto en el ámbito amoroso como sexual.

    Llegamos al sitio ordenamos comida, bebidas y comencé a notar que ambas estaban más relajadas reíamos y conversamos temas sin importancia, hasta que se comenzó a tocar temas un poco más personales sobre relaciones, etc., y llegó el comentario sobre un libro de una trilogía erótica, llamado Pídeme lo Quieras, este libro me los leí todos y de verdad que son buenísimos, y le comenté a una de ella que no lo había leído de que se trataba su trama y las escenas que eran muy caliente, y el ambiente comenzó hacer más erótico, entre miradas, roces de mano y brazo, y de hecho Angélica, la alta, comenzó a comentar travesuras sexuales que ha hecho basándose en el libro, sobre tríos etcétera; Estefanía se le notaba el brillo en los ojos al escuchar a su amiga sobre esas confesiones, yo por mi parte era que le decía que eso me parecía muy erótico y estimulante, que me encantaba esas locuras y que hecho en dos oportunidades lo hice.

    Ya era de noche y las cervezas hicieron un efecto inmediato en todos y hasta mí se me olvidó que no quería tener problemas, por los que le comenté lo bien que estaba en mi relación matrimonial, ambas comenzaron coqueteo, el ambiente lo permitía, risas de picardía y en una no recuerdo cual fue el motivo de risa que Angélica, me abrazo y comenzó a besarme en los labios un beso corto pero muy rico, ya en ese momento estaba a mil, mi pene quería salir por los bolsillos del pantalón, por toda la conversación.

    Llego la hora de salir del restaurant, y al levantarnos de la mesa retire la silla de ambas en gesto de caballerosidad, y cada una me medio en beso en los labios de agradecimiento por el gesto y las abrace a fin de que sintieran como me encontraba y cada una lo sintió y rieron con picardía.

    Al montarnos en el auto fue cuando comenzó el espectáculo, Angélica sentada en el asiento de atrás, Estefanía a delante y ambas de forma simultánea comenzaron a besarme y nos centramos con nuestras lenguas dando un beso espectacular, con morbo, labios lenguas, nuestras salivas, era digno de una película porno.

    El momento fue excitante, pero tenía que dirigirme fuera de ahí, aprovechar la calentura, y llevar esto al siguiente nivel, hice una llamado y fui a una granja muy cerca donde estaba, es de un amigo que estaba sola, dándole una excusa cualquiera para seguir con lo que se estaba gestando.

    Al terminar la llamada y tomar la vía ya Angélica estaba desnuda en el asiento trasero con ambas piernas espectacularmente abierta posada en los espaldares de los asientos delanteros, su piel toda bronceada, un hilo dental negro a penas bajada hasta sus muslos que hacían juego con los sostenes de encaje, sus senos eran pequeños pero muy rico, y se frotaba sus clítoris que estaba totalmente depilado.

    Estefanía por su parte sentada con sus rodillas en el asiento, viendo a su amiga y con una mano tacaba sus piernas y pasando sus uñas por sus muslos, y besando sus rodillas, que espectáculo.

    No sabía si arrancar e irnos rápido a la granja del amigo, si quitarme la ropa y comerme el clítoris de Angélica, o quitarle la ropa a Estefanía, tuve que optar por lo primero.

    Al llegar y abrir la casa de mi amigo, Angélica entro y su ropa la dejó en el carro, Estefanía sin camisa con sus tetas, dios que tetas, operadas bien paraditas, bronceadas, solo se le marcaba el bikini con el que fue a la playa y le daba la forma espectacular a sus tetas, un pezones marrones bien paraditos, y estaban siendo devorados por ambos, Angélica en una teta y yo en la otra, y llegamos a la sala, ambas se turnaba para que todos disfrutáramos de chuparle las tetas, Angélica cada vez que la besábamos se metía dos dedos en vagina totalmente húmeda se masturbaba y nos metía sus dedos en nuestra boca, o se mojaba sus senos para que la chupáramos; desvestimos a Estefanía y quede con la boca abierta, al ver su perfecto culo, macizo parecía de piedra, comencé a besarlo y morderlo pasaba mi lengua por todas sus nalgas, ambas se acostaron y al ver a una encima de otra, totalmente desnuda besándose, tocándose, creo que fue el mejor momento para tomar una foto con mi cámara mental y mantener esa imagen por el resto de mis días, y más nunca olvidar.

    Ellas al verme como las mirabas, se pararon y decidieron sentarme para desvestirme poco a poco besando cada parte de mi cuerpo y ella dando pequeños besos, donde se alternaba se besaban y la vez también me besaban, hasta que finalmente, me quitaron el bóxer, que no podía estar más mojado con todos los flujos preseminal.

    Y aquí es donde comenzaba la batalla, ambas se arrodillaron y sabían que era lo que quería, una de las mayores fantasía que puede tener todo hombre y que desea tener un trio MHM, comenzar a chupar mi pene de forma simultánea y a la vez, Angélica tomó la iniciativa y comenzó a dar pequeños chupitos en la cabeza y bajar por un lado del tronco, Estefanía al ver que tenía espacio hizo lo mismo y deslizaba su lengua por la cabeza y el otro lado del tronco, y de forma simultánea ambas me lo chupaban, lo llenaban con su saliva y también ellas se tocaban sus tetas, y de vez en cuando ambas con sus lenguas lamian y chupaban la cabeza se besaban, mucho morbo en una sola imagen.

    Estaba que reventaba pero me concentré no quería que esto acabara tan rápido y así que me pare y acosté a Estefanía en el sofá y Angélica le dije que sentara en la cara de su amiga y que esta le chupara la vagina hasta hacerla acabar, le abrí las piernas a Estefanía y comencé a comerme esa divina vagina, tratando de meter mi lengua en lo más profundo, chupando su clítoris y dando mordidas pequeñas que hacía que ella se estremecía; cada vez que levantaba la vista veía como Angélica se movía para que Estefanía le comiera todo su vagina, y su culo.

    Cuando vi que su vagina estaba excesivamente lubricada hice mi movida para que esta pudiera tener el orgasmo de su vida, la penetre con mi dedos poco a poco, introduciendo uno por uno, hasta meter tres en su vagina, colocando en el punto exacto y comencé a masturbarla incrementando los movimiento de forma rápida y constante, esto hace que pueda venir el squirt, nunca falla, ella comenzó a moverse jadeando cada vez más, moviendo sus caderas, sus piernas estaban totalmente abiertas y luego su orgasmo fue tal que tuvo que aparatar a su amiga que estaba sentada encima de ella y gritar del orgasmo y botar todo su flujo y disfrutar de ese momento, todo lo que botaba comencé a chuparlo y comerme toda su vagina, besando su piernas, su abdomen sus chorros hizo que se empapara todo con su flujo, Angélica quien ya había tenido un orgasmo en la boca de su amiga, una vez que esta la retiro de su boca y ver todo lo que botó su amiga no perdió tiempo en chupar todo conmigo, ella seguía estremeciéndose y moviendo sus caderas, por lo que inmediatamente la penetre sin moverme y esto hizo que tuviera otro orgasmo que casi hace que se desmaya en el sitio, su amiga frotaba todo el líquido por su vientre y sus tetas, chupándola, y besándola; luego comencé poco a poco a meter y sacar incrementando las embestidas logrando un tercer orgasmo pidiéndome parara, para recuperarse y ahí ambos la abrazamos y la besamos.

    Busqué un poco de agua y se lo di para recuperar fluidos en los tres, y su amiga quedó sorprendía con lo que vio, y de inmediato quería sentir eso, por lo que no me negué ante tal petición.

    Primero la acosté boca arriba, y me arrodillé a un lado besando cada centímetro de su dorso y sus tetas tocando con una mano su vagina que ya estaba muy húmeda comenzando a meter mis dedos y ella a recibirlo de forma rica.

    Estefanía ya recuperada comenzó a besar sus piernas, y acercándose para que los tres nos besáramos y besar sus senos, lo niveles de excitación aumentaba y le explique qué haría, voy a comenzar a besarte y a masturbarte, solo quiero que disfrutes relájate y ya verás lo rico que se siente.

    Comencé poco a poco a chupar, lamer y disfrutar toda su vagina, me encanta hacer el sexo oral y disfrutarlo; luego a la vez que chupaba su clítoris comencé con un dedo a recorrer dentro de su vagina, sume otro y luego tres, cada uno con el tiempo necesario hasta ver como disfrutaba de ellos, me moví hacia un lado, con sus piernas totalmente abierta y le hice seña a Estefanía que no dejara de besarla, y comencé mis movimiento que se incrementaba hasta hacerlo más rápido sin perder el punto exacto de mayor excitación, dentro de su vagina, y Angélica incrementaba sus grito hasta que un momento no aguantó más y comenzó acabar torrentes de fluidos por todos lados, al igual que sus movimiento de cadera lo cual no desaproveche y metí mi pene, metiendo y sacando con la misma velocidad que lo hacía mis dedos y esto hizo que su squirt fuera más intenso y más prolongado, su amiga al ver que todo es liquido lo tenía en mi pecho comenzó a frotarme y pasar la lengua por todos lados, besándome y metiendo su lengua en mi boca, fue demasiado morboso.

    Angélica disfrutó su momento muy rico, pero al igual que su amiga me pidió parar y tomar aire, ya me faltaba poco para acabar, pero me pude controlar, la verdad es que ese día aguanté mucho, ya que en la mañana me masturbé muy rico viendo porno en mi casa.

    Pero mientras que ella se recuperaba tomé a su amiga y la senté encima de mí y le dije que me cogiera, que quería acabar en las tetas de ambas y comenzó a moverse muy rico y muy duro, pude chupar sus tetas como quería, ambas rebotaban en mi cara dándome una satisfacción muy rica, me besaba mis labios y se movía hasta sentir todo mi pene en sus vagina muy húmeda, que por los fluidos que botó se sentía como este salía y entraba todo enchumbado de su vagina, hasta que no aguante y le pedí ambas que se arrodillaran, como todo película porno ya que quería llenarlas con mi leche, cuando tome mi pene para acabar estaba todo blanco de lo que ambas habían acabado, y acabe llenándolas todas con mi leche en sus caras y en sus tetas, y estas se besaban y me chuparon todo hasta dejarlo seco.

    Ni la mejor película porno que hayan hecho, creo que esta imagen las supera a todas, caí sentado en el sofá tratando de recuperar fuerza, tomando mucha agua y viendo como ellas reían y se aseaban en el baño.

    Finalmente, todos nos aseamos y nos vestimos, y las lleve a cada una a su casa, en la semana siguiente llegamos a la oficina, como si a penas nos conociéramos, pero igual la tentación de repetir era eminente, miradas mensaje de teléfono.

    Mi familia regresó de viaje, emprendí mi propia empresa y renuncié, no quería que me llevara más la tentación de volver hacer algo tan morboso y aditivo, como las fantasías sexuales, creo que son eso, son situaciones en las cuales uno hace, disfruta y tratar de evitar si estas pueden generar problemas.

    Nunca olvidaré lo vivido, pero igual prefiero evitar estas situaciones, y avocarme a vivir las fantasías, pero con la mujer que amo, que además también jugamos en nuestros momentos de sexo hacer locuras de tríos, pero hasta ahora no lo hemos podido materializar.

  • Jacinta, mi sobrina

    Jacinta, mi sobrina

    Jacinta me sorprendió por detrás. Cubrió mis ojos con sus suaves manos y me dio un beso en la mejilla. Sus labios húmedos y su fragancia llegaron muy dentro de mí, agitando mi corazón. Supe que era ella desde que aspiré su perfume. Siempre me produjo un especial estado de pseudo excitación su cercanía, su risa desparpajada, sus caricias suaves por mi abdomen, por mi cuello, cada vez que coincidíamos en algún evento familiar. Siempre cruzábamos miradas que de alguna manera transmitían una calidez poco común, no existente con otros parientes cercanos. Nunca estuve totalmente seguro si esa manera de mirarme, esa sonrisa que a veces dejaba ver su lengua acariciando su labio superior, tenía una intención distinta oculta. Nunca hasta ahora.

    En esta oportunidad me encontraba escribiendo una memoria técnica para un proyecto industrial, cuando llegó por detrás y me brindó su grato contacto.

    – Hola tío!

    -Hola mi corazón! Que grata sorpresa! ¿Qué te trae por aquí? Me tenías abandonado…

    -Ganas de verte tío. He tenido unos sueños extraños contigo… extraños y agradables… Pero la verdad tío, tengo problemas con Margot, tu hermana. Deberías hablar con ella. Te quiere mucho y sé que te escucha… Quisiera poder pasar un tiempo aquí contigo, mientras se calman las tensiones entre nosotras.

    -Claro mi vida. Esta también es tu casa.

    Ese par de palabras «extraños y agradables» disparó mi imaginación. ¿Será posible que…? Esa posibilidad me puso a millón. ¿Mariposas en mi estómago? Hacía tiempo que no me sucedía…

    -Pero cuéntame, ¿Qué está pasando entre ustedes?

    – Mi madre no entiende que ya soy adulta, que tengo 18 años y necesito tener cierta libertad. Tío, estoy pasando por una etapa donde deseo tener mi privacidad y poder decidir cosas sin temor a ser investigada o ser sometida a aprobación a cada rato…Tío, yo se cuidarme… mi madre cree que soy tonta, que cualquiera puede hacerme daño u obligarme a hacer algo que yo no desee.

    -Entiendo a qué te refieres cariño… pero bueno, después hablo con Margot. No te preocupes. Creo que Margot se refiere al aspecto sexual de tu vida ¿me equivoco?

    – No tío. Eso es exactamente. Pero si no me deja decidir por mí misma, no voy a adquirir experiencia para conocer a los hombres, aprender sobre ese placer que tengo vetado aún.

    Me pareció un buen momento para comenzar a intentar abrirnos y hablar en profundidad de sexo.

    – Bueno mi vida. Te tengo una propuesta. Te la hago por la confianza y el cariño que nos tenemos. Lo que vamos a hablar aquí, no saldrá de nosotros ¿correcto?

    -Claro tío querido, puedes hablar conmigo lo que quieras. Eso quedará entre nosotros.

    – Bien, puedes decir que no y todo volverá a ser como siempre ¿si?… Margot tiene razón en algo. Cualquiera en la calle no le va a importar lo que pase contigo después que logre tener de ti aquello tan delicioso que guardas. No es muy bueno que una chica se deje coger por un desconocido solo para aprender cómo es eso. Es preferible hacerlo con alguien que tengas la seguridad que te quiere, que te estima, que se preocupa por ti…

    En este punto, Jacinta puso sus dedos sobre mis labios y me dijo:

    -Si tío… vine aquí porque quiero que seas tú quien me enseñe. Sé que contigo estoy protegida. Que no harás nada que yo no quiera o que no me convenga. El cariño y la confianza que te tengo es suficiente para querer que seas tú quien me guíe en esto. ¡Uy tío… te estoy hablando y me estoy mojando como no tienes idea!

    Me acerqué a ella extasiado con sus palabras. La abracé y la llevé al sofá. Nos sentamos muy juntos. Su minifalda se le subió a medio muslo, dejando ver unas piernas por demás hermosas y provocativas. Noté que su respiración se disparaba, sus mejillas sonrosadas y su mirada entregada. Por mi parte, mi pene estaba a millón, soltando algo de aceite preseminal, como un preámbulo de lo que se avecinaba…

    -Bueno mi vida! Esta experiencia va a ser crucial en tu vida, por lo que vamos a ir muy despacio, paso a paso, sin encabritamientos, sin barrancos…

    -Si tío, como tú quieras, haz lo que tu creas conveniente…

    -Bueno corazón, lo primero es sensibilizar tu piel. Voy a ponerme más cómodo y a traer un aceite aromático muy apropiado… Te gusta el incienso?

    -Me encanta tío. Voy a cerrar las cortinas y a encender la lámpara de la esquina. Mientras regresas, me voy a desnudar y a acostarme en el sofá. ¿Te parece bien tío?

    – Si… excepto por el sofá. Permíteme sacar una camilla de masajes que tengo en ese closet… Coloca música suave en el equipo, desnúdate y acuéstate boca abajo en la camilla. Ya regreso.

    -Espera!

    Jacinta me tomó del brazo y me estampó un tierno beso sobre mis labios, y me dijo:

    -Gracias de antemano tío, no sabes la falta que esto me hace… Eres un sol!

    Con sus palabras apernaba en mí ese cariño que ya le tenía e instalaba en mi corazón ese deseo de hacer mejor aún las cosas, para que ella pudiera tener la mejor experiencia sexual que pueda existir. Recordaba como su madre, mi hermana Margot (Relato: Cariño de Hermanos), me regaló ese primer contacto sexual que, de haberlo tenido con una extraña, mi percepción de ese placer no hubiera tenido los ingredientes de cariño y compromiso que se logra cuando tu sexualidad se modela dentro de la familia, los seres que de verdad te aman sin ningún interés, sin orgullo, sin envidias, sin pedir nada a cambio: Solo discreción.

    Llegué a mi cuarto. Decidí darme un baño bien cuidadoso y perfumarme. Quería que Jacinta tuviera la mejor experiencia sexual de su vida. Me rasuré las axilas, los testículos y toda el área alrededor del pene. Me bañé con agua tibia, lavando profusamente el glande y el ano. No quería contrariedades.

    Al regresar, el ambiente estaba de lo mejor. Una suave y cálida luz en una esquina. Una música instrumental china, muy suave. Jacinta, desnuda, acostada boca abajo en la camilla… La luz de la lámpara la cubría por un lado, haciendo un juego de luz y sombra que la hacían ver como una diosa… Coloqué el incienso y lo encendí…Me acerqué, desnudo, a la camilla y su huésped… Jacinta dormitaba serenamente, esperándome…

    Comencé levantando su cabello y besando su cuello. Un suspiro profundo me indicó que le llegó el mensaje. Recorrí con mis labios su columna, impregnándola con mi saliva desde el cuello hasta esas hermosas nalgas, resbalando mi lengua hasta el mágico círculo color café que se encuentra escondido en la linda rajita que se forma entre las nalgas. Al llegar al ano, Jacinta empinó sus glúteos un poco, ampliándose el espacio entre ellas, para que mi lengua pudiera deleitarse a plenitud con ese amado círculo, que recibió la punta, se insertó y salió infinidad de veces como cuatro centímetros dentro del ano, llenándolo de saliva y facilitando el desplazamiento. A estas alturas ya mi pene se encontraba totalmente erecto y babeando. La música, la iluminación, el incienso y los suspiros de mi sobrina, hacían muy difícil contener el impulso de querer montarme sobre ella y penetrarla por el ano con mi güebo sediento… Pero mi amor por esa tierna criatura era más poderoso que la pasión que estaba desatándose en mi pecho.

    -¡Tiiiiooo! eres grandioso! ¡no sabía de lo que me he estado perdiendo! ¡Te amo tío!

    Las manifestaciones de placer de Jacinta, me volvían loco. Pero así como ella se extasiaba, yo también disfrutaba enormemente el sabor del culo de Jacinta.

    -Tío, quiero más, mucho más… que rico tío… hazme lo que quieras mi tío!… Aaaahhh!! Tío que me pasa? qué es esto tan rico que siento?

    La tentación era muy grande. Pero la responsabilidad y la cordura estaban de mi lado. Jacinta empinaba y bajaba el culo con movimientos espasmódicos, mi lengua entraba más adentro. No lo podía creer. Estaba teniendo un orgasmo anal gracias a mi lengua! Aquello me puso a mil y con mi mano izquierda me hice una paja bestial mientras le mamaba el culo a mi sobrina y ella acababa de manera colosal!

    Cuando terminaron los espasmos, saqué mi lengua de ese sitio tan candente y subí vuelta al cuello por la columna, poco a poco, llenándola de saliva y deshaciendo el camino andado… Ella levantó un poco su cara y la giró para recibir en su boca mi lengua y chuparla con fruición.

    -Ahora mi bien, relájate… Jacinta acarició mi rostro y obedeció.

    Impregné de aceite mis manos y comencé a darle un suave masaje, iniciando en la parte alta de su espalda. En círculos cada vez más amplios, iba tocando sus hombros, la parte baja de la espalda y esas nalgas esplendorosas que posee, para luego concentrarme en los lados. En esta parte, lograba tocar suavemente el lateral de sus tetas y de su vientre. Cada vez que tocaba las tetas por el costado, Jacinta emitía un gemido de placer. Decidí enfocar el masaje en los laterales para darle mayor contacto a las tetas y al vientre. Esto pareció gustarle mucho. Cada vez metía un poco más las manos hacia la parte de abajo de cuerpo, logrando llegar un poco más cerca de sus pezones y de su pubis. Entre pequeños gemidos, Jacinta, disimuladamente, levantaba un poco el torso para forzar que mi mano tocara su pezón. Ardía de ganas de que se lo tocara, pero yo sabía que debía dejarla «sufrir» un poco, para que después el placer fuera irrefrenable. Igualmente, cuando mis manos tocaban el lateral del vientre, ella intentaba girar un poco para tratar que mi mano le tocara accidentalmente su monte de venus, pero igualmente, yo lograba salir ileso en sus intenciones. Me producía un placer intenso verla «sufriendo» por mi falta de atención.

    -Tío que ricooo! Tienes unas manos prodigiosas! Me tienes súper caliente! Necesito que apagues ese fuego!! Me provoca meter los dedos en mi cuquita tío!!

    Dicho esto comenzó a bajar sus manos hacia su pubis, pero suavemente se las pude detener. No iba a permitir que me quitara el placer de introducirle los míos y hacerla acabar!

    -Mi niña, gira y ponte boca arriba…

    Se volteó suavemente. El aroma a sexo, incienso y perfume, creaban una atmósfera de puro placer extremo. Por primera vez veía esas hermosas tetas… Que tetas! No me imaginé nunca que fueran tan hermosas. Ni grandes ni pequeñas. La punta del pezón totalmente duro y redondo, como el botón de una rosa en formación. La aureola no muy oscura, sin mayor pretensión de opacar a su centro. Exquisitas tetas!

    – Que hermosa eres mi corazón! tus tetas son de diosa! provoca comérselas!

    -Son tuyas tío! Haz con ellas lo que quieras!

    Dirigí mi atención a su pubis… perfectamente rasurado. Por los lados de sus labios vaginales, no tenía vello, pero por encima de la rajita, conservaba suficiente, no muy largo, de unos 5mm de alto, en forma triangular. El clítoris rosado, húmedo, apenas se asomaba entre sus labios interiores, viendo hacia arriba, hacia el vientre. Al verle esa cuquita se me hacía agua la boca. Quería comérmela! Quería chupar ese clítoris y ese vello púbico que tanto me gustaba!

    -Tu cuca es bella mi niña!

    En ese momento, ella tomó la iniciativa levantando el torso, dándome un beso en los labios e introduciendo su lengua en mi boca, buscando desesperadamente la mía. A su vez agarró mi mano derecha y la llevó a su pubis.

    -Tío, no aguanto más. Necesito que me cojas! Quiero que me metas el güebo de una vez por todas! Necesito sentirte dentro mí!

    Sus palabras de súplica venían apadrinadas por esa carita inocente de una niña que le pide a su padre que le compre un dulce. Con mucha calma y conteniendo mis ansias de penetrarla, la recosté de nuevo en la camilla, puse su mano izquierda en mi pene que estaba totalmente erecto, puse mi mano derecha en su pubis y mi izquierda en su teta derecha.

    – Mi niña, cierra los ojos y disfruta. El secreto del placer extremo está en saborear el momento, degustarlo, catarlo como un buen vino. Cierra los ojos y sigue mi voz. Vive el momento presente, renuncia a lo que esperas y solo deja fluir las sensaciones. Vive cada toque, cada olor, cada sonido

    Dicho esto, tome su mano que estaba sobre mi pene y le indiqué que subiera y bajara alternadamente. Estaba tan excitado, que el aceite preseminal embadurnaba todo mi glande y la parte interior del escroto. Inmediatamente, mi mano izquierda comenzó a jugar con su pezón y la derecha inició una exploración suave alrededor de sus labios vaginales. Con los dedos en forma de «V» los desplazaba por el espacio que hay entre los labios externos e internos, y ocasionalmente, los introducía en su vagina, solo un poco, y en otras, palpaba su clítoris con presión controlada. Estaba tan excitada, que mis dedos chapoteaban en sus jugos vaginales. No veía el momento en que mi boca estuviera succionando esa cuquita.

    -Tío, me vas a mataaar… aahh!.. ¿Qué haces? ¿Qué es esto tan rico que siento?

    -Shiii! disfruta mi vida. Se feliz. Este es tu momento…

    Mientras con la mano izquierda le sobaba las tetas alternadamente, pellizcándole suavemente los pezones endurecidos a reventar, con la derecha comencé a tocar un poco más adentro, la parte de atrás del clítoris, una zona rugosa que la llaman a veces «punto G». La reacción no se hizo esperar.

    -Tiiiiiooo!! Dale! dale! más rápido tíooo!! Que es eso coño! que vaina tan buena tío. Disculpa el coño tío! No puedo aguantar… aahhh!!!

    Fue un orgasmo espectacular. Salió un chorro de fluidos que se depositó en mi mano y chorreó por sus piernas. No me pude contener y me llevé la mano a la boca para saborear ese manjar.

    -Dame! dame tío! quiero probarlo!

    Le entregué mi mano a sus fauces, lamiéndola con desesperación.

    -Uhmm tío! que rico! No sabía que yo tenía toda esa ricura por dentro.

    -Y cuando pruebes la mía te va a gustar más, mi corazón.

    -Quiero, quiero ya tío!

    -Quédate acostada, me voy a poner encima de ti, pero al revés. Tú me mamarás el güebo y yo te mamaré la cuca. Eso es lo que se llama un «69». Quiero que disfrutes mi pene, que lo chupes y saborees toda la leche que voy a arrojar. Yo me deleitaré con tus fluidos y me tomaré todo el que arrojes cuando acabes de nuevo, mi niña!

    -De pensarlo ya estoy que acabo. Dale mi tío!!

    Me subí a la camilla, introduje todo mi falo en su boca y, por fin!, mi boca se encontraba lamiendo y chupando esa cuquita de mis sueños.

    -Chupa despacio corazón! luego verás que iras incrementando a medida que el placer vaya creciendo. No te desesperes. Te amo!

    Sacando momentáneamente el pene de su boca, Jacinta dijo:

    – Si mi tío… lo que digas… esto es demasiado rico… Si pudiera contarle a mi mamá, seguro que vendría a verte tío… Eres exquisito!

    Ella no sabía nada de lo que había pasado entre Margot y yo. Me causó gracia lo que dijo. Quizá le cuente algún día. Todavía debo devolverle los favores a Margot.

    -Si mi niña, pero sigue mamando, que me tienes loco de placer!

    Mi boca se deleitaba succionando el clítoris. Estaba duro, divino! Mi lengua, esporádicamente, se deslizaba unas veces entre los labios vaginales, y otras penetraba la vagina hasta donde podía, poniendo especial cuidado en no romper el himen sagrado de mi sobrina. Finalmente, mientras chupaba el clítoris, introduje cuidadosamente el dedo medio, un poco, hasta la zona detrás del clítoris, para darle ese placer mientras lo chupaba por delante. Esto es lo máximo del placer femenino.

    -Tiiiooo!!! Coño…! coño…! coño…! me vooooy aaaahhhh!!! tíiiiooo te amoooo!!!

    Diciendo esto, sentí como entraba en mi boca un chorro de líquido producto del orgasmo sentido por Jacinta. Me lo tragué todo con placer, provocando irremediablemente el propio, tragándose Jacinta toda mi leche…

    -Uhmmm tío… tío… tío… creo que me voy a morir… No me hubiera imaginado nunca que tirar fuera tan rico… tu leche es exquisita tío, me encanta su sabor… que divino! y eso que todavía no me lo has metido… sueño con eso tío…

    -Eso es otra etapa mi niña. Hasta aquí llegamos hoy. Tus jugos son deliciosos, guao! quedé extasiado mi vida! la verdad que eres una deidad. Después te contaré algo sobre tu mamá y quizá podamos contarle esto que sucedió hoy. Pero dame algo de tiempo.

    -Si? Como es eso tío?

    -No te adelantes. Dime una cosa Jacinta. ¿Alguna vez «jugaste» con alguna amiga?

    -Tío… bueno, creo que ya te tengo tanta confianza, que no me da pena decirte nada… Si tío… y me gustó… Pero no se compara para nada a esto que hicimos hoy… Esto es lo máximo…

    -Bueno mi vida, eso es un buen paso, ya tienes adelantada una materia jajaja… Pronto te contaré algo de tu mamá, que te va a excitar mucho… y después, creo que le podremos contar esto.

    – Tío? me sorprendes ja ja ja…

  • A mi cuñada le di su merecido

    A mi cuñada le di su merecido

    Hola a todos soy un chico de 26 años da Andalucía, España y la siguiente historia es totalmente verídica.

    Tengo novia desde hace 5 años, ella tiene una hermana de 20 años que aquí al llamaré Sheila por motivos varios. Bueno Sheila es una chica bonita de cara, un culo bastante duro y lo mejor son sus tetazas (debe tener una 110) ella lo sabe y está orgullosa de eso, además es lo que le falta a mi novia, que está muy bien, pero de tetas anda algo justa. Si mi cuñada perdiera 3 kilitos estaría cañón.

    Llevo una vida sexual bastante activa y satisfactoria, pero me gusta mirar a las chicas tontear, roces, en fin soy un puto morboso.

    Bueno todo empezó hace unos dos años, antes siempre la había visto como una niña inofensiva, ella desarrolló su cuerpo y creo que también sus hormonas.

    Fui como siempre a recoger a mi novia a casa de su familia, me abrió la puerta Sheila.

    -hombre cuñado -me dijo, me dio dos besos restregándome sus tetas lo máximo, sintiendo unas tetas muy apetecibles al no llevar sostén.- Siéntate mi hermana está en la ducha.

    Estaba viendo la tele tranquilamente hasta que ella se puso a limpiar el polvo del salón, con ese gran escote y esos movimientos me pusieron malo. Ese fue el día que despertó en mí un interés hasta entonces nulo.

    Pasaron los meses y el roce de las tetas conmigo es cotidiano se insinúa bastante creo que esta calentona y como no se desahoga con nadie lo hace conmigo.

    Un día en la playa fue escandaloso, llevo un colchón y estuvimos jugando en el agua…

    Joder que día, se le salió la parte de arriba varias veces con nuestros juegos y peleítas (creo que no se apretaba bien el bikini)… por fin le vi las tetas enteras, eran como me las había imaginado en grandiosas pajas, gordas, duras, aureola grande como una galleta de color rosáceo y un pezón gordo y abultado quizás por el agua.

    Creo que a partir de ese día ella paso al plan B, estábamos los dos calentones con tantos juegos y roces pero yo era cauto y no me lanzaba, no me fiaba de ella, siempre había sido muy recatada con los chicos, además se llevaba muy bien con la hermana, mi novia.

    El plan B consistió en acoso y derribo a mi pollón (de unos 21 cm.) sin dejar de lado claro está el roce de tetas y escotes gigantes o ese pijama casi transparente y sin sujetador.

    Todo empezó en el sofá de su casa, alquilamos una peli y la muy golosa se puso en medio de los dos. Se hacia la tonta apoyándose aquí y allí y fueron varias veces que me puso la mano en el bulto de mi pantalón, pero siempre disimuladamente, estoy segura que ella hasta entonces no había visto ni cogido una de verdad y quería averiguar cosas.

    Yo me estaba poniendo malo allí empalmado no me pude levantar ni al servicio para que mi novia no lo viera.

    La semana siguiente prueba de fuego, salida a la discoteca, íbamos un poco cargados de alcohol y estuvimos bailando esas canciones latinas que dan tanto juego, me estaba poniendo malo pero llego un baile que colmó el vaso: ella de espaldas a mí y venga subir y bajar rozándome con su culo durito todo mi pollón empalmado, mi novia se fue para afuera con cara de mosqueada.

    -bailas más con ella que conmigo -me dijo.

    A partir de ahí la relación con mi cuña se enfrió (por poco tiempo), yo no entendía porque a mi cuñada le había dado por mí, con todos los hombres que hay. No sabía si lo hacía solo por calentarme o es que quería que la iniciara en el sexo (seguro que había escuchado de mi novia que soy sexualmente muy activo y que tengo un buen miembro) estuve dándole vueltas a la cabeza muchos días pero no me podía arriesgar.

    En poco tiempo se echó novio en un pueblo de la provincia, su primer novio a los 18 años y medio, a la tercera semana perdió la virginidad, me lo conto todo. Yo estaba contento por fin dejaría ya de calentarme, ya tenía su propia polla. Iluso de mí, me había equivocado, lo comprobé un día que estando yo de vacaciones me llamo para que la acompañara al centro comercial que se iba a comprar ropa. Allí me hablo que no iba muy bien la relación con su novio, quizás por la distancia, que no se veían mucho. Vaya tarde me dio, primero unas cervecitas para caldear el ambiente, después a probarse ropa, “cuñado como me queda?”. Yo le decía quizás con sujetador te quede mejor, la muy picara se reía. Siempre dejaba la cortina a medio echar para que yo la viera cambiarse, ya la tenía más que vista, todo menos su conejo, no sabía qué coño ponerle cuando la tenía en sueños, la imagine con el coño rapado, peludo, grande, estrecho, labios grandes, etc.

    Era una incógnita para mí. Otra vez me estaba calentando se me estaba poniendo dura e hice lo mismo que ella, probarme delante de Sheila para que viera el bulto en mis slips, ya ves si lo vio, la vi con los ojos clavados pero yo me hice el disimulado.

    Por fin llego el día donde se resolvieron las dudas, me pidió que la acompañara a una fiesta de su universidad, era jueves por la noche, yo estaba de vacaciones y mi novia estaba cansada por el trabajo y no quiso salir. Sabía que esa noche seria larga y buena, un fiestón, así antes de recogerla pillé medio gramo de cocaína, yo no suelo tomar eso, era mi tercera vez pero ese día tenía ganas de fiesta total (por supuesto que ella no se podía enterar de la coca).

    La recogí, iba provocativa escote grandioso y bufanda ancha (minifalda) de abajo.

    Llegamos al pub y empecé a pagarle copas para que bebiera, yo hice lo mismo. Ella con lo de siempre venga rozarme con sus tetonas y de vez en cuando me rozaba la polla.

    Cuando ya llevamos más de cinco copas y yo alguna rayita decidí entrar a matar (seguro que era por mi estado) no podía seguir con los calentones. Hice algo que había escuchado, me puse droga en el capullo de mi polla y estuvo erguida toda la noche.

    Ahora era yo el que se rozaba, le puse mi polla por todas las partes del cuerpo, ella no atacaba pero se dejaba llevar, hasta que en uno de estos bailes lo acabe con mis manos en sus tetas, no puso buena cara y las quité rápido, al poco rato me dijo “llévame a casa”, a mí se me bajo de repente la borrachera (pensé que había conseguido su propósito y que se lo contaría a mi novia).

    No hablamos mucho en el coche y a mitad de camino me dijo “párate al lado”, lo hice pensando que iría a devolver o se encontraba mal, a los dos segundos me tenía el paquete agarrado, me sacó la polla rápido y empezó a comérmela, ¡que lengua tiene la zorra, que mamada! Yo le saqué una teta del top y empecé a chupársela, pero ella desvió pronto mi atención, empezó a decir “¡Mira como me tienes cabrón!” Yo no entendí nada, pero ella me cogió la mano y me la llevó a su coño, aparté el tanga y me encontré un chocho rapadito y chorreando como pocos. Decidimos ir a un descampado de la zona.

    Nos fuimos a la parte de atrás del coche y tras quitarnos la ropa empezamos con un 69. Ella tenía el chocho más estrecho que mi novia y sin tantos labios pero estaba riquísimo yo la tenía durísima y ella chupaba mientras yo la cogia del pelo y le decía: “Ahora me vas a pagar todo este tiempo que me has estado calentando, zorra te voy a partir en dos”. Después me senté y ella se puso en lo alto introduciendo mi pene en su raja, costó un poco de trabajo y ella dijo “Que tranca tienes cabrón”. Ya con la polla dentro empezó a dar saltos como una loca, unos gemidos, que gritos. Yo le decía “Muévete”. Me pidió que la insultara, yo le dije que se lo merecía por lo que me había echo todo este tiempo, “Eres una puta, te gusta el sexo eh guarra”, “Si me encanta”, me dijo. Empecé a comerle las tetas mientras ella seguía embistiendo fuertemente, me decía “No te corres?”, “Tranqui zorra hay para rato” (lo dije porque sé que la cocaína retarda la eyaculación).

    La puse a cuatro patas, que vista que culazo, me encantó ver aquellas tetonas botando.

    Así otro rato. La ninfómana no paraba de gritar. Llegaba la hora de poner la guinda, se la saqué del coño y le dije que la iba a ensartar por detrás, me suplico que no lo hiciera, que era virgen por ahí y que lo intentó con el novio y le dolió mucho y con la polla que tenía yo la iba a destrozar. “Eso quiero zorra -le dije- por lo que has hecho este tiempo”, “Pero si a ti te ha gustado, tu no quitabas el brazo cuando te ponía las tetas”. Le dije que muchas pajas y quebraderos de cabeza me había causado y seguidamente se le metí lentamente, dio un gran grito y se puso a llorar entonces yo reaccioné empujando más fuerte, empecé a cabalgar, mi sorpresa fue que siguió llorando pero empujando más y más, vaya enculadas que daba, “Así me gusta, eres una gran zorra”. Yo le oprimía las tetas con bastante fuerza y ella me decía “Córrete cabron que yo ya me he ido 5 veces” (la verdad que tenía el clítoris bastante inflamado) “¿Dónde quieres que me corra?”. “En mi boca” dijo ella, y así lo hice aunque el primer chigatazo le fue al pelo, “Trágatelo” decía yo, ummm que rica está viéndole con toda la cara llena de leche.

    Cuando nos limpiamos e iba a soltarla me dijo, “Ves, ha merecido la pena este tiempo de guarreo, pero hoy se termina ya todo este tema y lo de hoy a nadie” y me dio un último beso en la boca hasta ahora.

  • La habitación nº 13

    La habitación nº 13

    El día había sido un poco más cálido de lo habitual para aquella época del año. La primavera comenzaba a asomarse en los jardines coloreados por la lluvia de semanas atrás.

    Ilda se encontraba especialmente de buen humor, contagiada por la alegría que embargaba la calle. Desde primera hora de la mañana la idea de acudir a la propuesta de Óscar le rondaba la cabeza. Una cita a ciegas no sólo le resultaba atrayente si no excitante pero no podía evitar sentirse nerviosa. Nunca había estado en una situación semejante, sin embargo su convicción era firme. Acudiría y lo iba a hacer con el único propósito de experimentar algo nuevo, buscar el placer por medio de la excitación con alguien a quien ni tan si quiera conocía personalmente.

    La oscuridad fue ganando terreno al día y todo estaba preparado. Ilda se colocó delante de su espejo y se sintió segura de sí misma. Llevaba puesto uno de sus conjuntos preferidos. Sujetador verde, perfecto para realzar sus pechos, braguitas a juego y unas medias grises nuevas que contorneaban sus largas piernas.

    Últimos retoques, un carmín suave y vestido negro. Lista.

    El lugar escogido era un no muy conocido hotel a tan sólo unos minutos andando. El sol ya se había ocultado y Ilda hizo tiempo esperando a un par de calles de distancia. Cinco minutos pasados de la hora se dirigió al hotel. El hecho de llegar tarde le hacía sentir que dominaba la situación. Óscar estaría ya esperándola, ansioso a buen seguro.

    Cuando las puertas del ascensor se abrieron descubrió en el espejo del interior el reflejo del recepcionista mirándola con un ápice de deseo enmascarado abruptamente bajo una falsa máscara de profesionalidad. Ilda se giró y sólo en el último instante antes de que las puertas se cerrasen le devolvió la mirada tras su poblado flequillo moreno.

    Se sentía deseada.

    La puerta de la habitación nº 13 se encontraba entre abierta. Golpeó su marco un par de veces o tres… sin respuesta. Entró en silencio y tras ella la puerta se cerró parsimoniosamente.

    La atmósfera de aquella habitación era suave con un leve olor a sándalo aunque algo impersonal, típico de un hotel. La luz aterciopelada de la lámpara alumbraba vagamente la estancia. En una esquina un jarrón sin flor y en el medio de la estancia una cama con una nota: “Ponte la venda. Óscar”

    Ilda sintió un cosquilleo justo debajo de su ombligo, casi donde empezaría su vello íntimo. Le encantaba ir depilada, su sexo rosáceo y carnoso semejaba más joven y apetitoso, incluso para ella.

    Dejó caer el vestido sobre la alfombra color salmón luciendo su cuerpo únicamente con el conjunto verde y medias de angora. Arrastró una silla frente a la cama y tras tomar asiento colocó la venda en sus ojos sin comprimirla demasiado. Notó el terciopelo en la yema de sus dedos.

    Un lugar desconocido, una situación desconocida y esperando, con los ojos tapados, a un desconocido. Sus piernas comenzaron a temblar incontrolablemente hasta que pudo mantener el ritmo de su respiración.

    Comenzó a palpar sus suaves labios especialmente deseosos de entrar en movimiento.

    Una puerta se abrió y cerró repentinamente al fondo de la habitación, justo en frente de ella haciendo que diese un respingo en la silla. Sea quien fuera el tal Óscar se encontraba frente a ella observándola. Se sintió violentamente insegura, pero al mismo tiempo morbosa. Extraordinariamente morbosa.

    Su corazón se desató en una carrera por bombear la sangre de todo su cuerpo.

    Tac… tac. Se oyeron dos lentos pero seguros pasos en su dirección, por su sonido debía de tratarse de un calzado duro. Unos zapatos o botas quizás.

    -¿Deseas seguir mi juego, Ilda? –Le interrogó Óscar con firmeza.

    Se encontraba ante un desconocido con las piernas entre abiertas y los ojos tapados. Su voz, grave y ligeramente engolada, era como se la había imaginado.

    -A eso he venido – respondió ella- ¿Qué me propones, Óscar?

    El hombre comenzó a pasear alrededor de su silla en círculos, observándola. Ella notaba su esencia masculina, desprendía un perfume muy suave con un notable olor a ámbar y coco.

    Óscar acercó su nariz al cuello desnudo de Ilda, se complació por ver que la tenía dominada. Mientras escudriñaba su sujetador rebosante por sus turgentes y aterciopelados pechos se deshizo de su ropa dejándola caer al suelo.

    Ilda pudo escuchar el sonido metálico de la hebilla de su cinturón. La tomó de la mano levantándola de la silla y dirigiéndola a la cama. La colocó arrodillada con sus manos sobre la planta de sus pies.

    -¿Te fías de mí? –le preguntó él.

    Pero justo antes de poder articular palabra sintió sus manos esposadas. Un tímido grito se alojó en su garganta sin llegar a emitir sonido alguno.

    Muy lentamente se situó detrás de ella. Sus caricias eran como una tela rozando su cuerpo y la fina saliva que recorría sumamente despacio la parte trasera de sus orejas se trasladó fluyendo lentamente como lava hasta su espina dorsal. Le apartó la melena, agarrándola del cuello con sus dos manos sin dejar de ofrecerle su templada lengua en forma de pequeños lametones detrás de sus orejas.

    Tanto se ciñó a ella desde su espalda que colocó su pene y testículos desnudos casi hirviendo sobre sus manos desnudas. La lengua dejó paso a los dientes y los pequeños lametones se transformaron en mordiscos a lo largo de su cuello, cual animal tanteando a su presa.

    Ilda estaba realmente excitada, sentía sus dientes aprisionando su cuello y, en sus manos, su sexo duro y caliente. Comenzó a disfrutar de su textura y firmeza entre sus manos mientras intentaba masturbarle moviéndole la piel a lo largo de todo su tronco. Podía incluso sentir sus venas dilatadas por la excitación que el masaje de Ilda le provocaba con sus finas manos.

    Óscar se movía buscándolas, como un león busca el placentero roce de un árbol sobre su lomo. Le acarició el sostén suavemente y levantándolo liberó sus pechos, los cuales comenzó a acariciar con especial suavidad. Ilda exhalaba aire por la boca y echando la cabeza hacia atrás buscaba la complicidad de su compañero.

    El morbo y el tacto de un nuevo cuerpo desnudo siempre le resultaban excitantes. Óscar acariciaba sus pechos erguidos y punzantes. Ofreció sus dedos a la boca de Ilda y ésta los saboreó como una niña lo hace con un dulce, él comenzó a pellizcar sus pezones con los dedos totalmente empapados, haciéndolo varias veces más.

    Sintió un leve dolor cuyo final no acertaba a distinguir del placer. No dejó de estimularla.

    Óscar se colocó justo enfrente y se dispuso a recorrer sus pechos con su suave y húmeda lengua. Estaba caliente, esponjosa y rodeaba sus pezones magistralmente mientras sus manos contorneaban sus duros muslos.

    -Ilda, podría perderme en tus pechos toda la noche –le dijo él con voz susurrante- quizás debiera dejarme llevar por la tentación que me supone tu cuerpo.

    Le tapó la boca para que no pudiera responder aunque ella no tenía intención alguna de mediar palabra, ya era suficiente el placer que él le provocaba.

    La boca de Óscar descendió por su vientre hasta alcanzar su ombligo con dirección a su palpitante sexo. Con sus dedos bordeó sus braguitas sin quitárselas, le frotó la vagina por encima de ellas en movimientos circulares con la palma de la mano.

    Ilda se excitaba cada vez más, su respiración era más fuerte y acelerada. En ese instante Óscar colocó impetuosamente su boca encima de la zona que horas antes ocupaba su vello íntimo y con rapidez recorrió todo su cuerpo con la lengua pasando por su vientre hasta llegar a la garganta.

    Era suficiente. Ilda no aguantaba más en esa posición y se sentó con las piernas estiradas rodeando a Óscar, momento en el cual él levantó desde sus caderas el cuerpo excitado de ella quitándole sus braguitas verdes, ya ligeramente húmedas.

    Le retiró las esposas y la empujó repentinamente yaciendo todo su cuerpo estirado sobre las sábanas de franela. Óscar le abrió las piernas acercando el sexo de Ilda hacia una posición más cómoda a merced de sus lascivas intenciones. Dejó resbalar un fino hilo de saliva sobre su rosado e hinchado clítoris paseando la yema de los dedos sobre él notando su firmeza y excitación. Ilda recorrió afanosamente sus labios con la lengua en cuanto notó el contacto de sus firmes y grandes manos sobre su sexo. Óscar estaba disfrutando recorriendo sus labios mayores. Accedió a introducirle los dedos con tesón en su vagina, se percibió su sexo chorreante. Ilda se mordió los labios mientras una sucesión de gemidos pretendían abrirse paso.

    -Shhhhh –masculló suavemente Óscar mientras accedía a unir un tercer dedo a los movimientos que surgían de la húmeda vagina de Ilda.

    Ella se desahogó y sintió un pequeño orgasmo.

    La habitación olía ahora a una mundana mezcla de ambientador y pegajoso flujo vaginal. Óscar le tomó las manos y las esposó de nuevo, esta vez al cabecero de la cama.

    Le agarró sus caderas, acercó su lengua para deleitar su sexo chorreante. Su lengua rodó por sus labios carnosos, escudriñando con suma dedicación su sexo tembloroso hasta llegar al clítoris caliente el cual sujetó con brío para saborearlo y succionarlo.

    Ilda sintió nuevamente un orgasmo, esta vez más intenso.

    Se posicionó para penetrarla, estaba perfectamente dilatada. Lo hizo con sigilo. Su polla firme se abría paso entre las paredes estriadas de su vagina como un cuchillo caliente funde la mantequilla partiéndola en dos.

    Al comienzo suave, momentos después con más brío. Óscar se excitó, se le oyó jadear ligeramente.

    Los movimientos se sucedían en una vorágine circular contra las paredes de su vagina en la cual podía sentir la cascada de embestidas que su pene le propinaba. Óscar colocó los pies de ella sobre sus hombros apoyando sus manos en las caderas de Ilda. Ahora la penetración era más intensa.

    Sólo se escuchaba el sonido de las piernas de Óscar golpeando las suyas y la parte más baja de su trasero en un ligero y acompasado chapoteo. La saliva de él se fundió con el flujo de ella y sus gemidos tornaron en una canción placentera que ambos sabían perfectamente interpretar.

    Las penetraciones, antes calculadas, se sucedían en imprevisibles y anárquicos movimientos. Los cambios de ritmo desaparecieron hasta alcanzar la velocidad de un caballo y yegua desbocados. Ilda jadeaba insistentemente en una serie de pequeños orgasmos cuyo flujo envolvía el sexo de su compañero. No podía evitar retorcer sus piernas y los dedos de los pies ante el placer que le embargaba.

    En el clímax máximo de placer Ilda se desahogó sobre el pene de él obteniendo como respuesta instantánea, abundante y casi violenta la eyaculación de Óscar dentro de ella. Ilda podía sentir el semen hirviendo de Óscar recorriendo su interior y una descarga de adrenalina desde la punta de sus pies retorcidos hasta la nuca electrizaban todo su cuerpo.

    Tuvieron que pasar unos segundos más hasta que los pequeños espasmos de placer que nacían en sus vientres cesaron paulatinamente.

    Óscar retiró su sexo chorreante y blanquecino. Ilda no se lo pensó ni un segundo y, a pesar de la flaccidez momentánea comenzó a practicarle sexo oral. Sacaba e introducía profusamente su pene de la boca, el cual volvió a tomar consistencia y a elevarse pasado sólo unos pocos minutos. Ilda recorría casi desesperadamente el pene de su compañero con la lengua, desde los testículos hasta el hinchado y rojizo glande. Óscar volvió a sentir la indomable necesidad de desahogarse a lo cual Ilda accedió casi sumisamente a que lo hiciese sobre sus voluptuosos y perlados pechos por el sudor.

    La corrida esta vez menos abundante resbalaba por sus aureolas rosáceas. Él exhaló liberadamente con los ojos en blanco.

    -Así me gusta, que seas dócil –le hizo saber él con expresión de satisfacción.

    Óscar le sujetó la cabeza y le introdujo todo su escroto dentro de su boca, sin llegar a cerrarla quedando así unos minutos. Ella no sabía si en ese momento él sentía todavía placer. Al terminar le golpeó levemente con su miembro en la boca.

    -No sé si me gustas tú o sólo tu cuerpo –expresó satisfecho, mientras la liberaba de las esposas y se vestía.

    -Déjame verte –respondió ella- ¿Siempre eres dominante?

    El silencio se adueñó de la habitación como la contestación de una pregunta retórica en una conversación intrascendental.

    -Contigo… quizás.

    En ese momento Óscar le agarró suavemente la mandíbula y la besó firmemente.

    Para cuando se había deshecho de la cinta de sus ojos su compañero la había dejado únicamente acompañada por un pesado olor a sudor y el número 13 que colgaba de la puerta de la habitación.

  • Entrenando a Mauro (Parte 1)

    Entrenando a Mauro (Parte 1)

    Cristina camina por aquel centro comercial, su paso elegante y su traje sastre de alta costura llaman la atención de todos los hombres y ella bien sabe eso, así que procura moverse aun con más porte y elegancia, hasta que llega a una tienda que por fuera tiene un cartel que dice, “artículos para dama” se para frente a la puerta de cristal y la empuja y entra a una tienda con varios anaqueles, donde se exhibe ropa para dama, llega hasta el mostrador y saluda a la encargada,

    -Raquel, buenas tardes, como estas.

    -muy bien Cristina, te estaba esperando, ya tengo tu pedido.

    Ella sonríe y ambas mujeres se van hacia la parte trasera del local y entran a un cuarto, Raquel cierra la puerta, enciende la luz y aquella habitación se ilumina, las paredes del lugar están llenas de estantes con esposas, fustas, palas de madera, bozales, y demás artilugios y juguetes sexuales y en medio de la habitación, una mesa de madera, en donde un hombre completamente desnudo, permanece boca abajo, Cristina al ver a aquel hombre le pregunta a Raquel.

    -es tu ex esposo, Rogelio…??

    -así es Cristina, viene de vez en cuando, extraña que lo azote y además me ayuda a probar los productos,

    Cristina se acerca a aquel hombre y posa su mano sobre sus nalgas y las acaricia ligeramente, mientras dice.

    -cuantos horas de diversión nos dio este trasero… jajajaja

    -es cierto Cristina y ahora es más sumiso que antes.

    -si lo creo, tu eres una excelente ama y sabes meterlos en cintura.

    -gracias por el halago Cristina, pero dime, ¿tienes ahorita un sumiso?

    -de echo si, el novio de mi hija, un chico de 25 años, se llama Mauro, cuando Paulina le comenzó a inculcar la dominación, el solo se confesó, le dijo que desde cuando estaba buscando una mujer como ella, que deseaba ser sometido y humillado y apenas lo estamos aleccionando.

    -caray Cristina, que suerte tuvo Paulina, además que tiene una buena maestra, me atrevo a decir que es tan estricta como tú,

    -tienes razón.

    Ambas mujeres ríen y Cristina toma la palabra.

    -me muestras el producto.

    Raquel toma una caja de color negro de un estante y se la da a Cristina,

    -tal y como lo pediste, vibrador de 15 centímetros, color negro, tres velocidades, con cintillas ajustables a la cadera, el aparato se mueve que da miedo, vas a hacer sufrir a Mauro.

    -eso es lo que quiero.

    -además viene con lubricante, dos bolas chinas y algo especial.

    -que es lo especial Raquel…??

    -cinco supositorios enervantes,

    Cristina toma las cápsulas y sonriendo maliciosamente le pregunta a Raquel.

    -y que hacen…??

    -si tu sumiso se pone impertinente, le introduces una y en minutos, lo tendrás bien dispuesto, también provocan una sensación de calor, lo tendrás excitado, dispuesto y sumiso.

    -eso me parece excelente.

    -de echo puedes dárselo también con alguna bebida alcohólica, así será mayor el efecto.

    -suena aún mejor.

    Cristina toma todos los productos, los mete de nuevo a la caja y cuando se disponía a despedirse de Raquel, ella le dice.

    -cuando podríamos ir a ver a ese chico que dices, la idea de tener carne fresca para castigar es bastante buena.

    -bueno, ahora que lo mencionas, no estaría mal que dos mujeres experimentadas, le enseñen el camino a Paulina, que te parece si nos visitas mañana a medio día.

    -me parece excelente idea.

    Cristina toma las bolsas, se despide de Raquel y sale de la tienda, no sin antes hacer también una cita, para una sesión de castigo con el esposo de Raquel.

    A la mañana siguiente, Cristina y Paulina, preparan a Mauro para recibir a Raquel.

    -Paulina, ¿qué ropa le piensas poner a Mauro para la sesión de hoy?

    -había pensado en ponerle la tanga roja y de arriba un top.

    -me parece buena idea, ¿Dónde está ahorita?

    -está en el cuarto de servicio, terminándose de bañar, le dije que viniera en cuanto estuviera listo.

    -ok, voy a estar en el jardín.

    -si madre.

    -Cristina sale al jardín y comienza a preparar todo, pone tres sillas plegables y una mesita de madera en medio de ellas, y cuando iba terminado. Suena el timbre, Cristina abre la puerta y Raquel aparece del otro lado, lleva una bolsa de cuero en una de sus manos, las dos mujeres se saludan y caminan hacia el jardín.

    -vaya Cristina, ansió conocer a ese muchacho que tienes.

    -en un momento lo conocerás Raquel.

    Las dos mujeres llegan hasta las sillas y justo en ese momento, va saliendo Mauro seguido de Paulina.

    -vaya, si aquí está ya, acércate Mauro, para que saludes a Raquel.

    El chico se acerca lentamente hasta donde esta Cristina, lleva la cabeza agachada y las manos atrás.

    -buenos días señora Raquel.

    Raquel comienza a caminar alrededor de Mauro, mientras lo observa detenidamente.

    -luce bien Cristina y esa pequeña tanga deja ver muy bien sus nalgas, creo que nos dará buenas horas de diversión.

    Las tres mujeres ríen y Cristina toma la palabra.

    -bueno, pues vamos a comenzar, que les parece si lo desnudamos de una vez.

    Las tres mujeres rodean a Mauro y comienzan a tocarlo por todos lados, Cristina se va directamente a sus nalgas y comienza a pellizcárselas, mientras que Raquel sujeta su pequeña tanga y comienza a bajársela, hasta que logra quitársela, Mauro al sentirse desnudo, solo lleva sus manos a sus genitales tratando de proteger su hombría, y comienza a moverse de un lado a otro, mientras que Paulina, comienza a sacarle el pequeño top y después de unos segundos, Mauro queda completamente desnudo ante las tres mujeres.

    -vaya Cristina, sin duda es un excelente ejemplar, dile que se descubra los genitales.

    -Mauro, las manos atrás.

    Mauro lentamente descubre sus genitales y pone sus manos en la espalda.

    Raquel se acerca a Mauro, toma su miembro y comienza a acariciarlo, pero de pronto y sin decir más, lo jala hacia abajo con bastante fuerza., Mauro solo se inclina un poco y lanza un gemido,

    -poco a poco se ira acostumbrando… jajajaja

    Las tres mujeres vuelven a reír y Raquel le dice a Cristina.

    -¿aun tienes aquel tubo donde amarrábamos a mi ex-esposo?

    -claro Raquel, inclusive lo modifiqué un poco, ahora es giratorio.

    -eres tremenda Cristina.

    -vayamos, pero que Mauro vaya por delante.

    Mauro acostumbrado a las órdenes de Cristina, comienza a caminar, seguido de las tres mujeres, una vez que llegan al fondo del patio, Cristina toma a Mauro por el brazo y lo pone justo debajo de una viga que sobresale de la pared y en la punta tiene una estructura redonda con una gruesa argolla.

    -bien Mauro, levanta las manos y sujeta la argolla.

    Mauro levanta las manos y se sujeta de aquella argolla, quedando así con los brazos en alto y completamente expuesto, Raquel abre su maleta y saca tres pequeñas raquetas de madera, le da una a Cristina y otra a Paulina y después se para frente a Mauro y le comienza a decir.

    -si te sueltas, aunque sea solo un instante, el castigo será peor, entendiste.

    Mauro solo agacha la cabeza y responde que si.

    -qué te parece si comienzas Paulina, después de todo es tu novio… jajajaja

    Paulina se acerca a Mauro, levanta su brazo y lo deja caer fuertemente sobre las nalgas de Mauro, este al sentir el golpe, solo lanza un fuerte grito y mueve su cuerpo hacia adelante. Las dos mujeres felicitan a Paulina y Cristina le dice.

    -muy bien hija, pero ahora dale cinco azotes en cada glúteo, procura hacerlo firme y continuo.

    Paulina vuelve a levantar su brazo y lo deja caer una vez más sobre las nalgas de Mauro, el da un brinco y grita, pero el brazo de Paulina no se detiene, sube y baja en cinco ocasiones, castigando las nalgas de aquel chico.

    -bien hija, te faltan cinco.

    Paulina se detiene unos instantes y se acerca a Mauro y toca su enrojecido trasero.

    -tenías razón mama, es una experiencia bastante placentera.

    -así es hija, y te faltan cinco mas.

    Paulina vuelve a levantar su brazo y lo deja caer sobre las nalgas de Mauro, el solo gime y se mueve hacia adelante, pero Paulina no se detiene, y los otros cuatro azotes restantes se los da rápida y continuamente.

    -muy bien hija, ahora sigue Raquel.

    Raquel se para detrás de Mauro y sin ningún miramiento comienza a azotarlo, lo hace de forma rápida y certera, Mauro con cada azote mueve su cuerpo hacia adelante, intentando escapar de semejante castigo, pero es inútil y Raquel disfruta con cada azote que da, hasta que después de algunos minutos, termina.

    -vaya Cristina, si aguanto hasta el final, pensé que se iba a doblegar.

    -no te preocupes Raquel, aun no terminamos con él.

    Cristina se acerca a Mauro por la espalda y comienza a acariciar su enrojecido trasero, el chico al sentir los tocamientos, se mueve un poco, pero continua fuertemente agarrado de la argolla, la mano de Cristina sube y baja recorriendo por completo las nalgas de Mauro, es obvio que quiere hacer que se suelte, así que lentamente va pasando su mano de atrás hacia adelante hasta que llega a sus genitales, los cuales comienza a acariciar.

    -vamos Mauro, relájate, no te va a pasar nada.

    Pero Mauro permanece fuertemente agarrado, así que Cristina comienza a ser más persuasiva y comienza a pasar sus largas uñas por los genitales del chico, hasta que después de algunos segundos, logra que Mauro tenga una ligera erección.

    -miren chicas, parece que le gusta.

    Raquel y Paulina comienzan a reír, Cristina sujeta el miembro de Mauro y comienza a agitarlo fuertemente, hasta que se pone completamente erecto.

    -vamos Mauro, relájate.

    El rostro de Mauro está completamente rojo, sabe que si se suelta vendrá un castigo peor, así que trata de aguantar, Cristina mueve cada vez más y más rápido su mano, tratando de que eyacule, y después de algunos minutos lo logra, Mauro lanza un gemido a la vez que comienza a venirse en la mano de Cristina y al fin se suelta y cae de rodillas.

    -que les dije.

    Las tres comienzan a reír mientras que Mauro permanece tirado en el suelo, Cristina se hinca frente a él y poniéndole la mano frente a su rostro le dice.

    -saca la lengua Mauro.

    El chico sabe que no tiene otra opción, así que se endereza un poco y comienza a acercar su rostro a la mano de Cristina, lentamente abre la boca y saca su lengua y comienza a pasarla por la mano de Cristina.

    -quiero que quede bien limpia, entendiste.

    La lengua del chico comienza a recorrer con bastante dificultad la palma de Cristina, Mauro hace algunas horcadas, pero después de unos segundos al fin termina y vuelve a dejarse caer.

    -que les dije chicas, sabía que no iba a aguantar, ahora vayamos adentro a tomar algo.

    Las tres se van hacia la casa no sin antes decirle.

    -te esperamos adentro, no te tardes.

    -si señoras como digan.

    Las tres se van riendo y dejan a Mauro tirado.

    Continuará…

  • Los pequeños problemas de mi hijo (1 de 2)

    Los pequeños problemas de mi hijo (1 de 2)

    Estaban haciendo unos primeros días de otoño muy bonitos casi de verano con un cielo azul intenso, todavía iba de verano con unos shorts vaqueros bastante ajustados y una camiseta blanca también bastante ajustada con un conjunto de lencería blanca muy bonita, estaba terminando de hacer la comida para mi hijo y yo mientras estaba pensando en lo que me había pasado los últimos meses.

    Hace ya casi dos años que mi marido se quiso divorciar de mi para irse con su secretaria de tan solo 19 años, me dijo que estaba muy enamorado de ella, más bien estaba enamorado de la silicona que llevaba ella, un día la vi por la calle tenia los pechos demasiados grandes para ser naturales se notaban que eran de silicona y un culo me apostaría lo que fuese que también estaba siliconado, que le vamos a hacer casi todos los hombres son iguales digo casi porque ay excepciones, no sé qué vio en aquella chica, yo todavía soy joven tengo 38 años pero me dicen que aparento unos cuantos años menos cuando me lo dicen me alaga por supuesto, no es por presumir pero todavía estoy de muy buen ver, tengo todavía los pechos en su sitio y unos muslos y un culo de buen ver, los hombres y alguna mujer todavía me miran cuando voy por la calle, como trabaja o trabajaba en una empresa muy importante el dinero no faltaba nunca en nuestra casa y me dio todo lo que le pedí, se quiso quedar con el piso que vivíamos y me compro uno nuevo, dándome también una importante suma de dinero, mi hijo prefirió vivir conmigo como ya tiene 18 años, no lo he vuelto a ver menos mal.

    Mientras estaba ensimismada en estos pensamientos sentí unos suaves labios que me daba dulces besos en la nuca y en las mejillas y unas sedosas manos me acariciaban dulcemente los pechos, seguidamente las deslizo hasta la cintura mientras con la mano derecha la fue introduciendo dentro de mis shorts y mis braguitas llegando hasta mi chochete acariciándolo dulcemente y sintiendo en la espalda los dulces pechos femeninos de aquella persona que me acariciaba.

    –hijo que fogoso que estas, esta mañana ya hemos follado.

    —no te gusta lo que estoy haciendo mama?

    —demasiado hijo —mientras mi hijo sacaba las manos de mi cuerpo me di la vuelta— como te encuentras aun te duelen los pechos?

    —casi no, los tengo un poco sensibles nada más.

    —me alegro hijo ya sabes lo que nos dijo el especialista no tienes tumores ni ninguna cosa mala solo son pechos de mujer que a muchos hombres les salen y si quieres operarte para sacártelos no pasa nada.

    —De esto quería hablarte mama.

    —dime hijo.

    —veras es que me gustan los pechos que me han salido y no quiero operarme, qué opinas?

    —deseaba que me dijeras estas palabras hijo estoy muy contenta a mí me gustas más con pechos.

    —de veras mama?

    —Si hijo de veras, aunque te los he visto esta mañana y he jugado con ellos un buen rato déjame vértelos para ver cómo evolucionan —se quitó la camiseta presentándome unos pechos femeninos muy bonitos y muy bien formados— creo que ya va siendo hora de ponerte sujetadores si no quieres tenerlos caídos —mientras se los acariciaba con cariño con las manos— qué opinas hijo?

    —Seguro que es una buena idea mama y poder ir por la calle?

    —claro hijo no tienes que hacer caso de lo que diga la gente. Te daré unos cuantos sujetadores de los míos y un día de estos te comprare de nuevos hijo.

    —que mama más comprensiva que tengo te quiero mucho.

    —yo también te quiero hijo no quiero que te falte de nada —nos fuimos a mi habitación y dije a mi hijo— que color prefieres cariño?

    —Tienes muchos colores y todos son muy bonitos, quiero uno blanco y el otro color carne es muy bonito.

    —toma ponte el blanco, sabes cómo ponértelo?

    —Creo que sí.

    —muy bien hijo lo haces muy bien déjame que te los abroche aun no tienes practica ya iras aprendiendo, que lastima te vienen un poquito grandes, déjame pensar un momento, ya tengo la solución hace unos días compre dos conjunto de lencería para una amiga que dentro de unos días cumple años y tiene los pechos dos tallas menos que yo, yo tengo la 90 y mi amiga la 80, un momento hijo —fui al armario y saque una cajita envuelta en papel de regalo,

    —tu amiga se ha quedado sin regalo mama.

    —ya le comprare otros no te preocupes hijo. —Quite el envoltorio y abrí las cajas de los dos conjuntos de lencería— no son del mismo color hijo son de color negro y rosa.

    —da lo mismo mama son igualmente muy bonitos, llevan aros y sin relleno mama?

    —Si hijo son como a ti te gustan —mientras cogía el rosa me dijo:

    —también ay braguitas las podré llevar también mama?

    —Claro que si hijo mío, mientras se los ponía yo se los abroche, déjame ver hijo como te sienten? Tienes que colocarte bien los pechos en las copas así está mejor, deja que yo lo haga y así aprenderás.

    —muy bien mama,

    —déjame ver ahora, ni hechos a medida te sientan pero que muy bien, te sientes cómodos con ellos?

    —Son muy cómodos y la sensación es muy agradable, son muy suaves —me dijo tocándoselos— gracias mama te quiero mucho —me dijo dándome un largo beso en los labios mientras ponía sus manos en mi trasero.

    —Ponte la camiseta para ver cómo se te insinúan los pechos, no está nada mal hijo como tú siempre llevas las camisetas algo ajustadas te hace un pecho muy bonito luego te pondrás las braguitas —le dije dándole las cajas— estas muy guapo como eres rubio y siempre llevas el pelo muy largo, tienes la piel blanca y eres más bajo que alto pareces una chica.

    —de veras mama si es así tendré que operarme quitarme la polla y ponerme una vagina.

    —esto ni lo pienses hijo me gusta mucho tu polla cuando te la chupo todo mi cuerpo se me estremece.

    —lo decía en broma mama.

    —ya lo sé hijo no sabes cómo te quiero.

    —yo también te quiero mucho mama —mientras nos dábamos un abrazo nuestros pechos se juntaron teniendo los dos un escalofrío de placer— Vamos a comer? Comida de verdad —le dije riendo.

    —De acuerdo mama.

    Los dos comimos con gusto hablando sobre todo de los sujetadores que le había dado a mi hijo levantándose de vez en cuando la camiseta acariciándose los sujetadores comentando lo cómodos que eran y lo sensual que eran. Yo también coopere con el levantándome la camiseta y jugando con mis pechos, pasamos una sobremesa muy amena y divertida.

    Han pasado dos meses desde que mi hijo lleva sujetadores sintiéndose muy cómodo con sus pechos no tiene ningún complejo para salir a la calle pasa de las habladurías y comentarios, tengo que comentar que también lleva braguitas, una tarde después de haber terminado de follar durante unas horas y avernos duchado los dos juntos nos dispusimos a vestirnos para salir a dar un paseo, mientras nos vestíamos mi hijo me dijo:

    —creo mama que los sujetadores me vienen pequeños no te parece?

    —A ver hijo, tienes razón los pechos te han crecido un poquito más, cuando follábamos y te los tocaba y lamia tuve la sensación que los tenías un poquito más grandes pero pensé que todavía los tenías algo sensibles, ya no puedes llevar estos sujetadores te volverás a probar uno de los míos.

    —muy bien mama.

    —Toma probate estos a ver cómo te quedan —dándole unos de color carne.

    —a mi medida mama me quedan muy bien.

    —vaya hijo te han crecido dos tallas ahora tenemos la misma talla.

    —te sabe mal que lleve tu lencería mama?

    —de ninguna manera hijo al contrario estoy encantada de poder ayudarte y además tengo mucha lencería como tu bien sabes.

    —tienes las braguitas del mismo color mamá?

    —toma hijo aquí las tienes, que bien así iré conjuntado, te estas volviendo muy coqueto hijo.

    —no te gusta que sea coqueto mama?

    —por supuesto que me gusta que lo seas.

    —que tal me sienta el conjunto mamá?

    —vaya estas muy guapo ahora ya parecen pechos de verdad y se te insinúa un canalillo muy bonito.

    —estas muy bonita con el conjunto blanco que te has puesto mamá.

    —gracias hijo.

    —Como iras vestida mama?

    —me pondré unos vaqueros muy estrechos como a ti te gustan, una camiseta, unos tacones de aguja muy altos que sé que te gustan mucho y una chaqueta.

    —no sé si poder aguantar hasta esta noche mama.

    —hijo si solo hace una ahora que acabamos de follar no seas tan impetuoso —le dije riendo y dándole un beso en los labios— y tu como iras?

    —también me pondré vaqueros, una camisa, una chaqueta de sport y mocasines, que te parece?

    —No sé si poder aguantar hasta esta noche le dije yo también riendo.

    Nos miramos los dos en el espejo comentando que estábamos muy guapos y atractivos.

    —sabes mama te voy a hacer un comentario creo que a estas alturas uno más o uno menos no tiene importancia.

    —dime hijo que ocurre.

    —tengo envidia de tus tacones siempre que te los veo puestos, me vuelven loco me gustaría llevar.

    —hijo de mi corazón porque no me lo dijiste antes —acariciándole la cara.

    —no lo se pensaba que a lo mejor iba demasiado lejos.

    —cariño por supuesto que puedes llevar tacones —acariciándole de nuevo la cara y dándole un dulce beso en los labios— estas llorando hijo, por qué lloras?

    —Porque soy muy feliz contigo y tengo la madre más maravillosa del mundo y siempre querré estar contigo —a mí también me saltaron las lágrimas.

    —yo también te quiero hijo y no me voy a separar de ti nunca, quieres que te deje unos de mis tacones.

    —me los pondría con mucho gusto pero yo uso la talla 38 y tú la 36.

    —tienes razón hijo se me había olvidado.

    —Sabes lo que hay en los locales cuando salimos a la calle? Una zapatería de mujer con unos tacones que siempre que paso se me cae la baba y justo al lado una lencería con unos conjuntos muy bonitos,

    —a que esperamos para ir a comprar unos cuantos pares de tacones y unos conjuntos de lencería para mi hijo amado.

    —De veras harias esto por mí?

    —Incluso daría mi vida por ti si fuese necesario hijo de mis entrañas de adoro y te quiero mucho, pero antes tenemos que ir a secarnos las lágrimas de nuestras caras.

    —Por supuesto mama —terminamos de arreglarnos dispuestos para ir a compras.

    Nada más salir de nuestro edificio justo al lado del portal hay una zapatería de mujer y una lencería como ha comentado mi hijo, entramos saludándonos una chica muy simpática y agradable.

    —Buenas tardes ustedes son los vecinos que viven en este edificio algunas veces los veo pasar.

    —Hola cariño como estas.

    —Su hija es muy guapa señora tiene un pelo muy guapo y por lo visto está muy bien dotada.

    —Soy un chico lo que pasa es que tengo pechos y no me quiero esconder hace unos ocho meses que me han salido y estoy muy orgulloso de ellos llevo sujetadores y también braguitas y ahora quisiera llevar también tacones.

    —Que encanto de chico un 10 para ti puede estar muy orgullosa de su hijo señora, si todas las personas hablasen como su hijo las cosas irían mejor.

    —Gracias es usted muy amable, señorita?

    —Olga, me llamo Olga nos podríamos tutear verdad?

    —De acuerdo Olga, eres muy simpática, mi hijo quisiera unos tacones como los que llevo yo de 12 centímetros, con la punta si pude ser un poquito redondeada y tapada.

    —Tengo justo lo que quieres, que talla usas cariño?

    —La 38 —dijo mi hijo.

    —Una talla muy interesante —dijo Olga— un momento enseguida vuelvo. —Al rato volvió con unas cuantas cajas enseñando a mi hijo los zapatos, escogió un modelo de salón negro clásico pero muy bonito.

    —Son muy bonitos Olga, te gustan mama?

    —Has hecho una elección muy acertada son un encanto.

    —El tacón es de 12? —Pregunto mi hijo a Olga.

    —si cariño por supuesto.

    Después de haberse puesto mi hijo los tacones Olga le pregunto:

    —como te quedan te los notas cómodos?

    —Si Olga son muy cómodos,

    —levantate y anda unos pasos,

    —muy bien Olga —mi hijo se levantó empezó a andar con los tacones parecía que había llevado siempre— te gustan mama? Como me quedan?

    —Estás muy guapo y elegante hijo —después se volvió a sentar.

    —pensé que te caerías de bruces andas muy bien, seguro que nunca has llevado tacones? —Le pregunto Olga.

    —No Olga nunca, lo que me gusta es el ruidito de los tacones a vosotras también?

    —Por supuesto —dijimos las dos al mismo tiempo.

    —Te los quedas? —Le pregunto Olga a mi hijo.

    —Por supuesto —comentó mi hijo muy contento.

    —Escoge otro par del mismo modelo pero de distinto color —le dije a mi hijo.

    —De veras mama.

    —si hijo mío.

    —Del mismo modelo esta blanco, rosa y rojo —dijo Olga.

    —rojos Olga, qué opinas de los colores mama?

    —Has escogido los colores adecuados, más adelante ya compraremos otros modelos hijo.

    —muy bien mama.

    —de acuerdo —dijo Olga mientras nos conducía hasta la caja— os he hecho un descuento generoso me habéis caído muy simpáticos los dos, mientras mama pagaba Olga nos dijo— tenéis mucha prisa?

    —No —le conteste.

    —os tengo que contar una cosa pero antes voy a poner un letrero en la puerta que dice: Vuelvo en diez minutos. Siempre lo pongo si tengo que ir a algún sitio o al baño —nos condujo hasta la trastienda.