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  • Nuestra amiga argentina le cumple más fantasías a su novio

    Nuestra amiga argentina le cumple más fantasías a su novio

    Me puse la ropa del Cole

    Antes que nada les digo que a pesar de tener 23 años, aparento menos, todo el mundo me lo dice siempre, y mi novio también.

    Mi novio desde hace unos días me viene diciendo que le hubiera gustado cogerme cuando estaba en el colegio (pensar que en esa época ni había chupado una pija jeje), y empezó con que algún día me ponga la ropa del Cole, que esa era una fantasía de él, que la fuera preparando que algún día me lo iba a pedir.

    No me pareció mala la idea, como algo nuevo estaba bien, ¡q se yo! Yo en el colegio usaba un Jumper azul, medias azules, zapatos negros y una blusa blanca. Busque el Jumper, me lo puse, como me cague de risa Jaja, el largo era por arriba de las rodillas, si no las monjas nos mataban, pero así no calentaba a nadie, así que le hice un dobladillo (imagínense como, en la puta vida coso) y la deje cortita, no tan cortita como para que se vea el culo, sino como a veces me sorprende cuando veo a las pendejas como se visten hoy para ir al cole, digo ¡así van vestidas! A mí me mataban.

    Bue la cosa es que me faltaban las medias, así que las fui a comprar y en vez de zapatos (que ni en pedo me compraba) tengo unas zapatillas negras.

    Bueno la cosa es que ayer me llama y me dice que a las 19 hs. me pasaba a buscar que me pusiera la ropa del cole, le dije que ¡esta en pedo!, que ¡así no puedo salir de casa!, que pensé que la cosa iba a ser que me pusiera la ropa y él viniera a casa cuando estaba sola, pero me dice que le haga caso, que tenía una idea que estaba buena, que me vaya a la casa de mi compañera de la facultad (con la que hicimos el trio) que está siempre sola y vive a la vuelta (el HDP tenía todo pensado), que le haga caso, que estaba loquito con la idea.

    Bueno, la llamo a mi compañera, le cuento la idea y me dice que sí. Voy a la casa de ella y me cambio. Cuando me ve mi amiga, me dijo que parecía una trolita de 5º año, que a ella también le calentó la historia, de una me partió la boca (se acuerdan ella fue la primera mujer con la q me pasó algo), y me empezó a poner la mano por debajo del jumper hasta tocarme la bombachita, ya estaba loquita yo y todavía no había empezado el juego con mi novio.

    La cosa es que llega mi novio y bajo así vestida. No sé, me sentía rara, me sentía una pendeja en serio, como si fuera una trolita que ¡estaba en el colegio!, y eso me daba como siempre cierta calentura especial, no sé cómo explicarlo. Me subo al auto y me dijo que cuando me vio se volvió loco, que lastima que no me había conocido así, me dio unos besos, me empezó a tocar las piernas, yo entre lo de mi amiga y esto estaba ya calentita, jeje.

    Le pregunto cuál era su plan y me dice que me quería mostrar como una trolita de 5º años del colegio, que siempre fue su fantasía, ¡que loco! pero me quería mostrar en serio.

    Me llevó a un Mc Donald, tomamos algo, me besaba, no se me sentía en serio como si estuviera en el Cole, vi como algunas personas me miraba, dirían ¡que pendeja más trola!, y eso me ponía cranchi jeje.

    Nos quedamos un rato ahí y me dice que me va a llevar a un telo, le digo ¡así vestida! me dice que sí, que quería que me vieran bien trola, que eso lo calentaba mucho, que era un juego.

    La cosa es que fuimos a un telo, pero no me llevó al que vamos siempre que tiene cochera privada, me llevo a otro más berreta, donde se deja el auto y ¡hay que ir caminando a la habitación! Y yo con la ropa del cole, pero él quería así, me dijo que si nos cruzábamos con alguien ¡le calentaba que me vieran así! ¡qué sé yo! Le di el gusto, la idea a mí también me gustaba.

    Entramos en la habitación, nos matamos con un beso, me empieza a poner las manos debajo del jumper, me toca la cola, me empieza a tocar la conchita, todo esto de parados, mientras yo ya le estaba sacando su linda pija, y cuando ya la tenía afuera, así vestida, me pongo de rodillas y se la empiezo a chupar, ya la tenía reparada, entonces me hace poner de pie y que me incline sobre la cama, ahí me saca la bombachita, me empieza a besar la colita, mientras entre él y yo le dábamos caricias a mi conchita, ¡que caliente que me puso!, y así en esa posición con el Jumper puesto ¡me coge! La verdad es que me hacía sentir como que estuviera todavía en el colegio, haciendo cosas que nunca había hecho en esa época, ¡cómo me hizo calentar!

    Buenos obvio después, nos pusimos en bolas, y cogimos como animales, estábamos los dos recalientes.

    Lo más loco, es que cuando terminamos y nos íbamos a vestir, me dice que me ponga de nuevo la ropa del cole, ¡pero ya eran las 12 de la noche! Me dice que no importa que le calentó mucho verme ¡así!

    Bueno me pongo la ropa del Cole, nos vamos y para en una calle media oscura y empezamos a apretar ¡como si no hubiéramos cogido! me puso los dedos en mi conchita y me hizo acabar ¡de nuevo!

    Bueno ya después en el auto me puse el jean, me saqué el jumper y me dejo en casa.

    No sé, a lo mejor es una boludez lo que conté, pero a mí me gustó, es como que con mi novio queremos cumplir las fantasías que tiene cada uno.

  • Cris, mi profesora de inglés

    Cris, mi profesora de inglés

    Había acudido a uno de estos centros comerciales para pasar el rato y al igual terminar entrando en alguna de las salas de cine. Entre en una de la numerosa tiendas de ropa, sin duda era la misma mujer, la observe y esperé disimulando que saliera de un probador. Llevaba una chaqueta oscura a juego con una falda que le llegaba a las rodillas, ajustada pero, sin ser muy provocativa, aunque se podía adivinar sus buenas caderas y unos buenos muslos. Por la chaqueta asomaba una camiseta blanca de cuello redondo, sobre la cual lucía un colgante con forma de espiral que combinaba con los pendientes de sus orejas, estaba vez medio ocultas por el pelo suelto, pero perfectamente peinado. Nuestras miradas apenas se cruzaron un segundo y antes de que pudiéramos hacer cualquier gesto de reconocimiento me saludo con unos besos en la mejilla. Su actitud mucho más relajada y su risa espontánea por un momento me hizo dudar que pasásemos del saludo.

    – Puedes esperar un momento que recojo y pago.

    Desde principio de curso yo estaba haciendo clases de refuerzo de inglés y aquella mujer era la profesora, le hacía unos 35 años, más bien alta y con los tacones casi llegaba a sobrepasarme. Los dos no teníamos prisa y me propuso sentarnos y tomar algo. La charla era distendida y se inclinó en intentar hacerla en inglés. Y como era de esperar salieron anécdotas relacionadas con las clases y con las personas que las hacíamos. Seguimos…

    – Ese vestido que te has comprado seguro que te sienta muy bien -dije sonriendo.

    -Gracias, me apetecía arreglarme y ponerme guapa.

    -Pues seguro lo conseguirás… Bueno.

    De nuevo. -Gracias -Y con una sonrisa picarona continuó.- En la clase a menudo sueltas cosas relacionas con temas digamos picantes.

    -Bueno lo hago en broma y es para romper una poco la seriedad de la clase y naturalmente cuando hay solo ciertas persona, si te molesta no lo…

    -No… por descontado, nunca me he enojado y a menudo ya ves que te sigo un poco la corriente pero sin entrar a fondo, ¿eh? -termino riendo.

    A partir de este momento la conversación derivo hacia otros derroteros, me sugería hacer comentario de las personas que pasaban o estaban sentados a nuestro lado y lo hizo de una chica que había en una mesa cercana.

    -Ella tiene un buen culo y su compañía como debe tener la verga -mientras soltaba una carcajada.

    A pesar de mi sorpresa por la pregunta lo traduje como pude, ella se reía, pero se puso pensativa cuando.

    -Me gusta más tu culo y yo tengo una verga grande -Silencio…

    -Parece de buen tamaño -mientras pasaba la mano por debajo de la mesa, me agarró de la bragueta y apretó con su mano

    -Al igual te gustaría probarla -solté mientras la miraba fijamente.

    -Es hora de que me vaya a casa y tengo que coger el autobús -después de unos momentos de nuevo silencio.

    – No me mal interpretes pero te puedo llevar, tengo el coche en el parking.

    – No pasa nada, ¿puedes? gracias…

    Salimos de la cafetería, había mucha gente y caminaba justo al lado o detrás de ella, notaba su cuerpo pegado al mío y su olor me inundaba. Apenas palabras durante el trayecto al parking.

     Cris… -empecé decir cuando justo nos sentamos en el coche.

    -¿Así que te gustan con buen culo? -preguntó sin dejarme seguir.

    -Bueno… yo.

    -Eso está bien, porque más bien además de culona yo soy algo putilla -contestó riendo.

    Su comentario me dejó atónito y tras un par de segundos arranqué el coche sin decir palabra. Salimos del subterráneo y me indicó su dirección, ya casi en la mitad del recorrido cuando transitábamos por una autovía, posó su mano en mi muslo.

    -¿Alguna vez te han follado de verdad? -preguntó

    Entre la sorpresa y el estar atento en conducir no respondí.

    -Pues hoy puede ser tu día de suerte.

    Con agilidad su mano bajó mi cremallera y dio la libertad a mi polla. Empezó a acariciarme, yo intenté colar la mano bajo su falda, pero ella me lo impidió.

    -Tú solo conduce y no pares -mientras su mano empezaba a masturbarme, lubricada con su saliva la mano subía y bajaba cada vez más rápido, más fuerte. Notaba como si las venas de mi polla fueran a reventar. El coche dio un trompicón cuando eyaculé en su mano, mientras ella no dejaba de moverla, exprimiendo hasta la última gota.

    -Joder -exclamé, mientras mis manos se clavaban al volante.

    -Eso luego si te parece bien -soltó entre risas.

    Me miró con unos ojos de gata que casi me hipnotizaron y mientras lamía una gota de mi semen de la punta de su dedo.

    -Espero que tengas más de esto, porque hoy quiero mucho… y todavía no tienes ni idea de lo que soy capaz.

    -Creo que empiezo a sospecharlo -respondí, a partir de aquí silencio.

    -Aparca, aquí es.

    Una vez en el ascensor no pude evitar besarla. Comencé a dibujar sus labios con mi lengua, se entreabrieron y mi lengua buscó la suya, estaba tan excitado que casi babeaba, fue un beso largo, húmedo, profundo que ella me devolvió mientras le agarraba su culo con mis manos, levantándola en el aire. El ascensor paró y seguimos besándonos con la puerta abierta, sentía su pecho contra el mío y ella tuvo que notar como mi polla volvía a endurecerse.

    -¿Seguimos dentro?

    Yo solo asentí y tan pronto traspasamos la puerta me coloqué detrás de ella y mis manos recorrieron su cuerpo, desabrochando una vez más su chaqueta, acariciando sus pechos por encima de la ropa. Me condujo por el pasillo y me señaló una puerta -lávate -ordenó. El agua moderó un poco mi erección mientras eliminaba los restos de la corrida del coche. Salí en ropa interior del baño y siguiendo la luz que se adivinaba en el pasillo llegué hasta su habitación.

    Ella estaba de pie, solo en ropa interior, era un cuerpo de formas redondas, sin ser mucho pero de pecho generoso, curvadas caderas y muslos prietos, era un cuerpo apetecible de agarrar, acariciar, morder, besar… pero lo que más me excitó fue su mirada.

    -¿Todavía vestido? -preguntó con un brillo en los ojos que me hizo desear tumbarla en el suelo y follarla.

    No esperé más y me quedé desnudo delante de ella.

    -Te he dicho que te iba a follar ¿no? así que túmbate en la cama.

    Obediente me tumbé sobre la colcha. Ella se acercó y se sentó en la cama junto a mí. Su mano acarició mi vientre, subió hasta mi pecho y recorriendo mi cuello llegó hasta mi boca, lamí la punta de sus dedos cuando rozaron mis labios y coloqué mi mano en su muslo.

    -No, estate quieto -dijo con voz autoritaria

    Retiré mi mano y continúo su juego su mano recorrió todo mi cuerpo, entre mis muslos, apenas rozando mis testículos provocó que mi polla volviera a estar totalmente dura. Sin decir nada se tumbó sobre mí y empezó besarme, su boca hizo el mismo recorrido que su mano un par de minutos antes. Cuando noté su aliento en mi polla y al instante el roce de su lengua coloqué mi mano sobre su cabeza y acaricié su pelo.

    -¿Te he dicho que podías tocarme? -me quedé mudo.

    -No vuelvas a hacerlo -amenazó.

    Estiró su cuerpo y de la mesilla sacó unas esposas, no opuse resistencia cuando me enmanilló en el cabecero, estaba deseando que me follara, que hiciera conmigo lo que quisiera de una vez. Se tumbó a mi lado.

    -¿Y ahora qué hago contigo?

    -Lo que quieras -pude responder.

    -¿Y si me quedo quieta y dormida sobre ti?

    -Entonces no serías una putilla, serías toda una mala puta, pero creo que estás demasiado caliente para hacerlo.

    Se sentó en mi vientre, se giró, y también me esposó los pies. Se levantó de la cama y marchó de la habitación. No me podía levantar, estaba completamente esposado y sólo podía mover un poco la cadera, esperé mucho tiempo… o me lo imagine, mi polla no descansó en ningún momento y se presentaba firme. Finalmente, se abrió la puerta y apareció con un traje de cuero negro muy ajustado, que la cubría hasta los hombros pero dejando los pechos fuera, un pequeño antifaz que solo le cubría los ojos y guantes negros.

    Se puso delante de mí y sonrió -Te lo advertí.

    Empezó a dar vueltas alrededor de la cama mirándome la polla, se detuvo y se dirigió a un armario, sacando una bolsa que contenía todo tipo de material sado: látigos, consoladores, esposas, pinzas, prendas de cuero… cogió una tira de cuero con un collar en una punta, que me colocó en el cuello y otro de más pequeño que me lo paso alrededor de los huevos y lo ciño apretado, yo tenía que mantenerme en esa posición, porque si me movía, tiraba de la cinta de cuero… Me colocó un cojín debajo del culo, haciendo que levantara las caderas y de paso tirara de la cinta y mi polla quedara aún más empinada. Se dirigió a la bolsa sacando una botella y empezó a verter su contenido, era aceite y me lo esparció por todo el cuerpo, después con unas cintas de cuero empezó a atarme, en los brazos, en las piernas y en la polla la presión que ejercían hacían hervir mi sangre. Empezó a masajearme los huevos con la punta de los dedos, tirando del vello rizado, mi polla alcanzaba una erección como nunca había visto. De pie sobre la cama abrió unos corchetes que tenía el traje a la altura del coño y de espaldas a mi despacio bajó hasta sentarse sobre mi cara.

    El olor de su sexo llegaba a mi nariz, sentía el calor que despedía en mis labios, con su coñito abierto y brillante a un par de centímetros de mi boca, recibí sus flujos en mis labios, mi lengua comenzó a moverse arriba y abajo mientras sus caderas hacían círculos, derecha e izquierda, ella gritaba que fuera más rápido, mientras tiraba de la correa que me había atado a los huevos, daba botes encima de mi cara mientras yo le lamía el clítoris.

    -Voy a correrme -le dije.

    -Procura no hacerlo.

    Se levantó se dirigió a mi polla, paso los dedos por el bello y sonriendo salió de la habitación. Al poco volvió con una maquinilla de afeitar en la mano y un bote de espuma.

    -Ni se te ocurra.

    De la bolsa sacó una mordaza de bola que colocó en mi boca y ató alrededor de mi cara y después de enjabonarme empezó a afeitarme los huevos, con la mordaza en la boca intentaba decir que ni se le ocurriera hacerlo, pero ya era tarde, con una pervertida sonrisa acababa de depilarme los huevos y empezaba a hacerme una paja con una mano mientras con la otra me masajeaba los testículos, estaba a punto de correrme y de llegar al clímax pero paró de golpe.

    A pesar de mi mordaza intentaba suplicarle que continuara, pero ella sonreía, me soltó los tobillos y levantando las piernas las llevó a juntarlas con las muñequeras que seguían sujetas en la cabecera de la cama. Con una mano cogió un látigo y empezó a azotarme en el culo, podía notar como mi polla daba espasmos a cada azote, estaba a punto de correrme y paró de nuevo.

    -Desde el principio hasta el final va a ser a mi modo. Lo entiendes, ¿verdad?

    Solo pude mover ligeramente la cabeza y decir palabras ahogadas por la presión de la mordaza y poner unos ojos como platos cuando me enseño un arnés de doble pene.

    – Es mi preferido -mientras lo untaba y se colocaba el más pequeño dentro de su vagina.

    Gemí prolongadamente y profundamente cuando el juguete finalmente se abrió camino a través del apretado anillo de músculos que protege la entrada trasera. Su invasión acarició terminaciones nerviosas que aumentaron en casi una excitación insoportable.

    Oh dios… era tan bueno. Las contracciones eran poderosas, ordeñándome la polla y el juguete en mi culo, finalmente mi cuerpo ya no resistió.

    -Te lo advertí -dijo mientras me desataba.

    -¿Es algo que te gusta hacer, veo que disfrutas con ello?

    -Buen chico -utilizó un dedo debajo de mi barbilla para levantarme la cara hacia ella y besarme dulcemente en los labios.

    -Fue… joder, una alucinante locura.

    -Tú lo entendiste rápido.

  • El viaje a Transilvania

    El viaje a Transilvania

    Agosto de 2017.

    Ana, una escritora de novelas de misterio, bisexual, morena. de treinta y ocho años, ojos negros, pelo corto, pechugona, con buen culo, que medía un metro setenta y ocho y pesaba setenta y ocho kilos, estaba en un bar tomando un café con su amiga Juana, una rubia que estaba como un queso.

    -¡¿Adónde has dicho que vas de vacaciones, Ana?!

    -A Transilvania.

    -Pudiendo ir a Venecia, a París, a tantos sitios hermosos como hay, vas a Transilvania.

    -Sí, quiero visitar Brasov y Bran.

    -¿Bran no es donde está el castillo en el que vivía Drácula?

    -Eso es por la novela de Bram Stoker.

    -¿No vivía ahí en realidad?

    -No, Vlad Draculea pasó por allí de paso a la cárcel de Bucarest. Él vivía en el castillo de Poenari, que hoy en día está en ruinas.

    -Ese es Draculea, pero yo te estoy hablando de Drácula.

    -Drácula no existió, Juana.

    Juana, era preciosa, y una fiera en la cama, pero era tonta con ganas.

    -Ya, existió Draculea. ¿Qué era, maricón? Dra… culea, culea -dijo con un sarcasmo casi cómico.

    -Vale, para ti el pato. Los vampiros existen.

    -Así me gusta, que entres en razón. ¿Y no tienes miedo de que te muerda un bicho de esos?

    Ana, le siguió la corriente.

    -Me pondré un crucifijo.

    -Y lleva ajos y agua bendita y una estaca.

    -No me va a caber todo en la maleta.

    De repente, Juana, cambió de tema, o eso creía Ana.

    -¿Echamos un polvo antes de irte?

    -¿A qué viene eso ahora?

    -Es por si no vuelves.

    Juana se tenía bien creído lo de los vampiros.

    -No, tengo que acabar de hacer las maletas y quiero dormir bien, y tranquila, volveré.

    Ana llegó a Bucarest un viernes por la noche y se instaló en el hotel Volo. No le interesaba conocer la vida nocturna de la ciudad, lo que quería era lo que le había dicho a Juana, visitar Brasov.»El bosque de las estacas». Tomar algo en uno de sus cafés bohemios, ver la iglesia Negra e irse a Bran.

    Llegó a Bran por la tarde. Vio en la calle principal puestos callejeros con crucifijos, ajos, vampiros de madera, puestos de comida…

    Bran, hoy en día, es una pequeña ciudad turística en la que en temporada alta explotan la leyenda de Drácula.

    Esa noche, en una posada, tomó sopa, carne de cerdo, queso y bebió algo de vino. Al retirarse a su habitación, Vasile, el dueño de la posada, que era un hombre de la estatura de Ana, de complexión fuerte y guapo, le colocó un ajo entre las tetas y después le dijo unas palabras en rumano que no entendió. Ella, pensando que le había tirado los tejos, le respondió en español:

    -Ven que te voy a dejar seco.

    Al llegar a la habitación se quitó el ajo de las tetas, abrió la ventana, miró para la luna llena, y lo tiró a la calle. Cerró la ventana, se metió en cama y esperó a que llegase Vasile.

    Se quedó dormida sin que llegara el posadero. La despertó alguien que la estaba besando en el cuello. Sus labios estaban fríos como la nieve. Abrió los ojos y vio a quien la besaba, era una morenaza de ojos verdes. Después vio a tres muchachas más, rubias, de ojos azules, altas, preciosas. Estaban al lado de la cama. Las cuatro llevaban camisones de seda transparentes que dejaban ver el vello púbico y unas tetas importantes, redondas, con sus pezones erectos. Creyó que estaba teniendo un sueño húmedo y volvió a cerrar los ojos. Sintió como la desnudaban, como una la besaba, dos le chupaban las tetas y la cuarta le comía el coño… Cuando estaba a punto de correrse dejaron de comerla viva. La suspendieron en el aire. La estaban sujetando las cuatro y apareció de la nada un vampiro viejo y feo como un demonio, vestido con un traje negro y capa del mismo color. La sujetó por debajo de los brazos y, en el aire, le clavó su inmensa verga y la folló… Las cuatro vampiras, ahora en el suelo, enseñaban sus largos colmillos mirando para su presa… Poco más tarde, cuando Ana se corrió, el viejo, le clavó sus colmillos en la yugular. Chupando sangre se fue convirtiendo en un joven apuesto. Las vampiras, recogían con las manos la sangre que caía y la lamían.

    Al acabar de beber el vampiro, dejó a Ana sobre la cama. Una de las vampiras rubias la mordió en la yugular, dos le clavaron sus colmillos en las tetas y la morena se los clavó en todo el coño. Ana se volvió a correr.

    Tres días más tarde, Juana, y amigos y amigas de Ana, velaban su cuerpo en un ataúd, en el que no se podía ver a la difunta.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

  • El acoso que sufrí por parte de mi hermana

    El acoso que sufrí por parte de mi hermana

    Me estaba sintiendo acosado. Era horrorosa la situación, no sé cómo hay gente que puede aguantarla e, incluso, disfrutar de ella. Estaba un día cualquiera, solo en mi habitación, estudiando para un examen, totalmente abstraído. Sin llamar a la puerta, cosa que me molesta sobremanera, entró mi hermana pequeña, en bragas y sujetador. Me sentí muy incómodo y no pude menos que reprocharle su indumentaria y actitud.

    —Podrías llamar a la puerta ¿No? ¡Y vestirte un poquito más! —Le dije de mala leche.

    —Venía a buscar una cosa. ¿Te molesta verme así? —Su tono no era ni amable ni enfadado sino un poco incitante

    —Pues sí, me molesta bastante. —Contesté

    —¡Ya salió el mojigato! ¿Es que te parezco un adefesio? —Había puesto los brazos en jarras y me miraba desafiante…

    —No me pareces nada. Me parece impúdico que te exhibas así delante de mí. —Mi humor no era para echar cohetes, precisamente…

    El conjunto que vestía no tenía nada de particular, blanco, liso, sin encajes, más parecido a un bikini que a ropa interior. Sin embargo, mi hermana estaba muy buena y lo lucía espléndidamente. Me daba rabia verla así, con esa desvergüenza. He de recalcar que Marta y yo nos llevamos bastante mal. No sé si siempre ha sido de este modo, pero, en la actualidad, todo lo que hace me sienta mal. No me pregunten porqué pero es así. Siempre nos peleamos y chinchamos, dándonos malas contestaciones a todo y provocando, continuamente, el enfado de nuestros padres. El resto del tiempo nos ignoramos mutuamente.

    Pero, desde hacía unos días, las cosas iban peor. Parecía que el único objetivo en la vida de mi hermana era fastidiarme, me incordiaba continuamente y hacía todo lo posible por hacerme saltar. Lo estaba consiguiendo… Últimamente todo eran insinuaciones, comentarios de índole sexual que me ponían frenético. Si quería irse a follar con alguien, que lo hiciera, pero que me dejara en paz, que a mí no me importaba nada. Creo que necesitaba un buen polvo para bajarse los humos. Marta me contestó… —¿Impúdico? Yo creo que te pongo… —Me dijo, más insinuante aún.

    Desde luego, esta tía era gilipollas. ¡Que me pone! ¿Cómo se le podía ocurrir? Aunque no fuera mi hermana y solo estuviera ella sobre la tierra me seguiría dando asco.

    —Mira, imbécil, déjame en paz y lárgate de aquí. Eres la tía más gilipollas que me he echado a la cara.

    Se fue de mi habitación refunfuñando y diciéndome de todo por lo bajo. Si había venido a buscar algo, se fue sin ello, desde luego.

    Tenía que reflexionar. ¿Por qué se estaba comportando así la subnormal esta? Una cosa era llevarnos mal, pero otra distinta lo que estaba haciendo ahora. ¿Qué intentaba insinuándose así? A lo mejor le picaba el coño. Pues que se lo rascara ella solita…

    Unos días después hubo otra escena parecida… Estaba tranquilamente en el cuarto de baño, a punto de pegarme una buena ducha. Sin venir a cuento, o sea, sin llamar, entró Marta, solo en bragas, con las tetas al aire y una toalla en la mano. Me pilló totalmente en pelotas antes de cerrar la mampara. Al verla me llevé una buena sorpresa y, al percatarme de los atributos que mostraba generosamente, tuve una empalmada inmediata, se me puso el garrote mirando al cielo. Cerré rápidamente el cristal, pero no lo suficiente como para evitar que ella se diera cuenta de mi estado. Ni siquiera pidió perdón. —¡Te quieres ir de aquí, imbécil! ¡Cuántas veces te he dicho que no entres sin llamar!

    —¡Como se te ha puesto la polla! —Dijo en tono medio jocoso medio sorpresa— ¿Ves como si te pones cachondo conmigo? —¡Eres gilipollas! ¡Los tíos reaccionamos así ante unas tetas, da igual de quien sean!

    Ni corta ni perezosa, en vez de irse, abrió la puerta de la bañera…

    —¡Joder, que pollón! —Hizo ademán de coger mi miembro… Ante la sorpresa estuve a punto de soltarle una leche en toda la cara.

    —¡Estás mal de la cabeza, niña? —Le di un empujón y, cogiendo una toalla para taparme, salí de allí. Todavía oía sus risas cuando entré en mi habitación.

    Estaba rojo de rabia y de vergüenza, esta tía se iba a enterar, se me estaban inflando los cojones. Pero… ¿Qué se había creído? ¿Qué me podía vacilar? ¡Ya veríamos!

    Sin embargo, no hice nada. Durante los días siguientes Marta se comportó de forma normal, ignorándome como yo a ella. La paz volvió a reinar en casa y volví a centrarme en mis estudios que era lo que más me importaba.

    La gente dice que soy un tipo algo raro, lo que se define como un empollón, aunque yo no me veo así. Físicamente soy normal, delgado, tirando a alto, 1,82 o algo así y bastante fuerte. Reconozco que no voy con tías casi nunca y que, fundamentalmente, me dedico a estudiar. Ya tendré tiempo luego, cuando termine la carrera. Además soy bastante cortado y se me da mal ligar, las chicas me ponen nervioso. Cuando estoy muy apurado me hago un par de manolas y ya está. ¡Ah! Se me olvidaba, tengo 22 años.

    Mi hermana Marta tiene 18, ya he dicho que está buena aunque a mí no me guste, es extrovertida y liga un montón, cosa que me trae sin cuidado, tampoco es muy buena estudiante pero, curiosamente, no ha repetido nunca.

    Un fin de semana, poco tiempo después, estaba estudiando, como de costumbre, cuando Marta volvió a entrar en mi habitación sin llamar. Iba, otra vez, en ropa interior y debía venir con ganas de guerra… Esto se estaba convirtiendo en una costumbre, seguro que lo hacía para joderme… —¿Oye Luis, me prestas tu Discman? —Me dijo nada más entrar

    —¡Joder! ¡Me estoy cansando de que entres en mi cuarto! ¡Y, además, vestida así! ¡Voy a tener que cerrarme con llave!

    —¿Te molesta porque te empalmas? ¡Uy hijo, yo no me voy a asustar! ¡Es más, a lo mejor me excito yo también! —Y soltó una risita que me puso de más mala leche…

    —¡Te la estás ganado! ¿Lárgate de una puta vez! —Mi mal humor era más que evidente…

    —¡Uy, qué miedo! Luisito se pone gallito —Me horroriza que me llamen Luisito, mi cara debía ser ya un poema, la rabia me empezaba a cegar…

    Siguió hablando con sorna…

    —¿Y qué me vas a hacer? ¿Te vas a chivar a los papás? Pues lo siento, se han ido de viaje… ¿O me vas a dar unos azotes? —Dijo meneando el culo delante de mí.

    —Mira Marta —dije, con la poca serenidad que me quedaba, estaba a punto de estrangularla— como no te largues hago una burrada. ¡Me tienes hasta los cojones…!

    Mi hermana, en vez de hacerme caso se pasó una mano por el coño haciendo un gesto de lo más obsceno, me hizo un corte de mangas y soltó:

    —¡Que te den!

    Fue la gota que colmó el vaso. No sé qué pretendía pero se iba a llevar ración doble. Me levanté de la silla, me fui hacia ella, la agarré de un brazo y le solté un bofetón ¡PLAFF!

    —¡Hijo de puta! ¡Cabrón! ¡Cómo se te ocurre! ¡Eres gilipollas o qué! —Dijo, llevándose una mano a la cara.

    Me quedé parado ¡Le había pegado a una mujer! ¡A mi hermana! ¡Joder a qué límite había llegado! ¡No me lo podía creer! ¡Yo, que no hacía daño ni a una mosca! La otra siguió… —Eres un hijo de puta, ya verás cuando se lo diga a papá. Te va a dar una ostia que te vas a cagar…

    —Vale, dile lo que te salga de las narices, pero ya te estás pirando… —Solté con voz cansina

    De pronto, mi hermana cambió totalmente de actitud. Se abrazó a mí, aplastando sus tetas en mi pecho… —Jo Luis, ¿por qué te llevas tan mal conmigo? Si yo te quiero un montón…

    ¿Pero de qué iba esta tía? Estaba alucinando. ¡Ahora resulta que era yo el que se llevaba mal!

    —Mira, déjame en paz. No haces más que incordiarme todo el puto día. ¿Acaso yo te doy la coña por algo? —Le dije intentando separarla de mí— No, pero no me haces ni caso y me siento muy sola… —Su voz era muy melosa, como un ronroneo…

    ¿Qué se siente muy sola? Ya no sabía qué pensar. Mi hermana se había vuelto loca de remate. ¡Si se pasaba el día con tíos fuera de casa!

    —¡¿Y a mí qué me importa?! —Yo seguía de muy mal café, con ella y conmigo mismo por la ostia que le había dado. Seguía Intentando soltarme de su abrazo, me estaba agobiando…— ¿Ves? Siempre me contestas mal —Dijo con voz mimosa. Sin venir a cuento, posó directamente su mano sobre mi paquete y empezó a restregarlo. Tuve un empalme inmediato y me puse como una amapola; de un fuerte empujón me separé de ella—¡Qué coño haces! —Casi chillé. Me había cogido totalmente de improviso.

    Se soltó el broche del sujetador, quedando al aire unos pechos perfectamente formados. Firmes, redonditos, quizás un poco pequeños para algunos gustos, debía medir algo menos de 90 de talla, sobre los 87 u 88, pero me parecieron sensacionales, con un pezón rosita encantador…

    Me quedé con la boca abierta, no podía creer que Marta me estuviera enseñando las tetas así, con ese descaro… Mi rabia iba en aumento, no me gusta nada exteriorizar mis emociones y, mucho menos, sucumbir a ellas. No podía hacerle ver a mi hermana que sus tetas me parecían maravillosas y me apetecería comérmelas enteras…

    Ella prosiguió con su particular striptease, bajándose las bragas, mostrándome un coñito depilado y bien recortado. Adoptó una pose sumamente sensual

    —¿No tienes nada que decir de tu hermana? —Se sobaba las tetas, tirando de los pezones con los dedos y pasando luego por el coño… Era la imagen más erótica que había visto en mi vida. Tenía la polla a punto de reventar el pantalón…

    —¡Estás loca! ¿Se puede saber qué pretendes? —Dije con voz jadeante por la excitación y el desconcierto…

    —¿Qué pretendo? No pretendo nada, solo relajarte un poquito. ¡Siempre estás tan metido en los libros…! Creo que por eso te llevas tan mal con todos.

    No sabía ni dónde meterme, si esto seguía así podía llegar a cometer una locura. Luchando con todas mis fuerzas conmigo mismo conseguí serenarme un poco, al menos dar esa imagen… Por dentro estaba hirviendo como un volcán…

    —Mira Marta, no sé qué plan te traes entre manos pero ya está. No quiero saber nada. Ahora mismo te vistes y te vas de aquí.

    Ella no me hizo ni caso, puso una cara muy mimosa y se volvió a acercar a mí. Como yo estaba cerca de la cama, caí sentado en ella al recular. Marta se me sentó encima, desnuda como estaba, pasando sus piernas alrededor de mí y apoyando su depilado coño sobre mi polla a punto de reventar. Estaba totalmente desconcertado, incapaz de reaccionar cuando ella inició un movimiento de vaivén sobre mi paquete. Yo no quería, intentaba apartarla, pero estaba consiguiendo llevarme a un grado de excitación inimaginable. Al empujar, mis manos se posaron, accidentalmente, en sus senos…

    ¡Qué tetas…! ¡Qué suaves! ¡Con el pezón totalmente tieso! Un calambre me recorrió toda la columna, desde la nuca a la rabadilla, produciéndome una sensación maravillosa. Aun así, intentaba resistirme a sus avances, lo que estaba sucediendo no entraba en mis esquemas, me estaba desarbolando por completo y no quería, no podía sucumbir a las tretas de mi hermana…

    Vana ilusión. Me abrazó por el cuello y pasaba los dedos por mi nuca, rascando y acariciando el pelo, sin dejar de moverse sobre mi cosa, apretándose más a mí, sujetando con su cuerpo mis manos sobre las tetas.

    Me miraba fijamente, la cara roja, la boca entreabierta, jadeaba… Me besó. Acercó sus labios a los míos y, ladeando la cara, me dio un beso apasionado, intentando introducir su lengua en mi boca… Me resistía, giraba la cabeza de uno a otro lado intentando escapar de esa boca incestuosa. Con mi forcejeo y su peso caí tumbado sobre la cama, con las piernas colgando. Lo aprovechó para inmovilizar mi cara con sus manos y comerme los labios, el cuello, las orejas.

    Yo, ya no era yo. No sabía ni donde estaba, me sentía totalmente dominado, indefenso ante los ataques de Marta, incapaz de reaccionar con coherencia. Mi fuerza por quitármela de encima era cada vez menor, me sentía débil.

    En un momento en que no me di cuenta Marta me bajó el pantalón y el calzoncillo, dejando en libertad mi miembro que se mostraba erguido en todo su esplendor.

    Lo sujetó con una mano y, mirándome a la cara, se fue dejando caer sobre él, introduciéndoselo en su mojada vagina poco a poco. ¡Qué estrecha estaba! Aún en mi estado alucinado pensé que mi polla entraría mejor en su coño.

    Se quedó quieta un momento, con una respiración profunda y jadeante que hacía subir y bajar sus tetas de forma enloquecedora. Apoyó sus manos en mi pecho y se dejó caer de golpe, ensartándose hasta el cuello de la matriz. Cerró los ojos muy fuerte y soltó un gemido ahogado mientas una lágrima rodaba por su mejilla.

    Volvió a parar, parecía estar a acostumbrándose a tener mi pollón dentro del coño, yo sentía algo caliente deslizarse por las ingles. Instintivamente acerqué la mano para notar aquello. ¡Sangre! ¡Era sangre! ¡No me lo podía creer! ¡Mi hermana virgen! Ya no sabía qué pensar, mi cabeza era un torbellino de sensaciones contradictorias que me tenían agotado.

    Poco a poco empezó a cabalgar, con suavidad, sin apenas dejar que mi polla saliera de su vagina. Realizaba movimientos de adelante a atrás o giraba sus caderas, siempre con mi miembro clavado hasta las entrañas. Jadeaba cada vez más, cogiendo mis manos las llevó a sus tetas y empezó a masajearlas. Yo no reaccionaba, parecía un zombi pero, poco a poco, con los dedos, iba pellizcando los pezones, excitándolos al máximo.

    No tuve más remedio que dejarme llevar. Marta tenía un coñito tan estrecho… Era maravilloso sentirse dentro de ella. Iba levantando mis caderas para conseguir una mayor penetración, golpeando con la punta del nabo el cuello del útero, haciendo que sus músculos vaginales se dilataran al máximo.

    Los movimientos iban en aumento, al igual que los gemidos y jadeos de ambos, se apoyó sobre mi pecho, restregaba su clítoris contra mí, metía la cabeza en mi cuello mordiéndolo y chupando, me mordía las orejas….

    Abrazándome muy fuerte se corrió, clavándome las uñas en la espalda y dándome un mordisco en el hombro. Se convulsionó entera y soltó un gran gemido Aaaahhh. Fue fabuloso, pero yo aún no había tenido mi orgasmo.

    Tras descansar un momento, solo realizando movimientos muy suaves, intentando recuperar la respiración y dándome besitos tiernos en los labios, empezó a acelerar, sin cambiar de posición.

    El mete saca se hizo furioso, cada vez que mi polla entraba ella daba unos grititos que me estaban volviendo loco de excitación. Aceleró más y más, me llevaba al límite, arqueó la espalda hacia atrás y hundiéndose mi nabo todo lo que pudo volvió a correrse, esta vez de forma escandalosa, dando unos gemidos tremendos mientras respiraba fuerte por la boca. Aaaahhh, Aaaahhh, Aaaaahhhh

    Yo no podía más, sentí como se me arrugaban las pelotas y solté toda mi carga en su interior, inundando de espesa leche todo su conducto vaginal.

    Nuestros movimientos fueron a menos. Me miraba sonriente, con cara de satisfacción y de cariño, pero yo permanecía serio. Con suavidad la aparté hacia un lado y me incorporé, me subí los calzoncillos y pantalones y le acerqué a ella su ropa interior que había quedado en mitad de la habitación.

    Se levantó y me dio un besito en los labios. Lo fue haciendo más profundo, jugando con la lengua en mis dientes, mordisqueándome los labios… La dejé hacer, sin colaborar pero sin apartarme.

    —Te quiero Luis. Esto no ha sido una calentura… Te quiero —Me dijo con palabras muy tiernas y sentidas.

    Yo seguía dándole vueltas a la cabeza y no tenía el mismo humor que ella.

    —Ya —Le dije.— Vale, pero vístete, anda.

    Puso una cara como de pena, pero me hizo caso, se vistió y se fue a su habitación.

    Al quedarme solo me sentí muy culpable. ¡Qué habíamos hecho! ¡Dios mío, habíamos follado! ¡Y éramos hermanos! Me parecía que me habían violado, me encontraba sucio… Fui a darme una ducha para intentar calmarme y asimilar toda la situación.

    Cuanto más lo pensaba, más convencido estaba que mi hermana se había aprovechado de mí, de que no era culpa mía. Claro que yo era mucho más fuerte que ella, pero eso no quitaba hierro al asunto. No había utilizado violencia física, evidente, pero se había valido de sus armas de mujer para seducirme… La rabia y la vergüenza volvían, peor que antes.

    Con el paso de los días me iba sintiendo peor con Marta. Ahora ella se portaba como si fuera su novio, con una confianza inusitada entre nosotros, pero a mí no me valía, en cuanto faltaban nuestros padres se me insinuaba, intentaba besarme, etc. Yo no hacía ni caso, es más, me apartaba de ella, le echaba la bronca, no estaba dispuesto a dejarme pillar como la otra vez pero parecía que mis desprecios y mal humor no le hacían mella, me estaba volviendo loco…

    Cuando estaba en mi cuarto me tenía que cerrar con llave para que no entrara, tenía que vigilar cuando iba al baño, no fuera a aprovechar para meterse dentro conmigo, estaba siempre con cien ojos para poder evitarla, lo dicho, me sentía acosado y perseguido en mi propia casa.

    Siguió pasando el tiempo y la situación parecía ir relajándose, consiguientemente fui bajando la guardia. Es algo natural. Pero ella estaba al acecho y en cuanto se dio cuenta volvió a la carga, pillándome otra vez como quería, de improviso.

    Mis padres habían salido de viaje y Marta aprovechó para pedirles permiso para ir a dormir a casa de una amiga. Sabedores de que no nos llevamos bien, no pusieron ninguna pega. Se marcharon y poco después mi hermana dijo que se iba también y se despidió con un grito desde la puerta.

    Me quedé solo, solo y feliz. Un par de días con la casa para mí, sin tener que soportar a esa pesada que me agobiaba continuamente. Estaba tumbado en mi cama, viendo la tele, medio adormilado. Estaba cansado de soportar aquella tensión y, por primera vez desde hacía tiempo, me encontraba realmente relajado.

    Mi susto fue mayúsculo cuando noté que alguien se había metido en la cama conmigo. Debía de haberme dormido completamente, sino no me lo explico… Era ella, desnuda, guapísima, insinuante, pero era mi violadora…

    —¡Marta! ¡Qué coño haces aquí! —Chillé mientras salía volando de la cama. Estaba vestido solo con unos calzoncillos, de esos tipo boxer.

    Miraba divertida mi cara de sorpresa, sus senos me apuntaban desafiantes, no podía apartar la vista de ellos…

    ¡No se había ido! ¡Me había engañado!

    ¡Mi polla reaccionó ante aquella sublime visión! Estaba sentada en la cama con las piernas recogidas, como la Sirena de Copenhague. Era una imagen divina, llena de erotismo, pero yo no estaba para erotismos… Me sentía pillado, indefenso ante sus encantos. Me quedé con la boca abierta sin reaccionar, de pie en medio de la habitación.

    —Ven Luis, ven aquí conmigo —Dijo, dando palmaditas en la cama.

    —Ni hablar, Marta. No pienso volver a hacer nada contigo. Tú no estás bien de la cabeza ¿Se puede saber que quieres de mí?

    No hice ademán de acercarme sino al contrario, me parapeté con la silla de mi escritorio. Ella puso cara de «qué le vamos a hacer», se sentó bien en la cama y se dispuso a echarme una charla, como el padre que da explicaciones a su hijo.

    —Ay Luis, ¿Todavía no te has dado cuenta? —No había reproche en sus palabras.

    —Si me he dado cuenta de qué —Realmente temía lo que me podría decir a continuación.

    —Es un poco difícil de explicar o, mejor dicho, difícil de creer. La cuestión es que me he enamorado de ti. No me preguntes por qué, porque tampoco lo entiendo, pero me ha pasado. No sé… de repente me di cuenta. Al principio me dio mucha rabia, te odiaba por sentir eso y porque tú no me hacías ni caso…

    —Pero… Vamos a ver, Marta. Tú no te puedes enamorar de mí, de tu hermano. No hay química entre nosotros, no puede haberla… Esto… Esto no puede ser, no puede pasar… —Me había dejado anonadado ¡Era increíble!

    —Ya te he dicho que no es algo que yo haya querido. Cuando estuve totalmente segura decidí hacértelo ver, pero parece que vives en otro mundo ¡No te enteras de nada! ¡Me tuve que lanzar como una cualquiera! ¡A ver si te crees que fue fácil! ¿Te crees que no me da vergüenza plantarme aquí desnuda?

    —¡Pues no lo parece! ¿Y el otro día? ¡Prácticamente me violaste! —Intentaba por todos los medios disuadir a mi hermana de su locura.

    —¡No seas exagerado! ¡Yo creo que lo disfrutaste! —Me espetó

    —¡Como si me hubiera follado a una muñeca hinchable! —Esto sí le hizo daño

    Me miró con una mezcla de amor y determinación. No estaba dispuesta a rendirse con facilidad.

    —No sé lo que pensarás tú, pero te juro que vas a ser mío como sea. Cuando te vi el otro día con una chica, casi me muero de celos, no podía soportarlo. Entonces decidí que tenías que saber que te quiero.

    —¿Con una chica? ¡Pero si yo no he salido con ninguna desde hace un mogollón de tiempo…! —Ya sí que no entendía nada. Mi hermana debía estar viendo visiones.

    Pero seguía allí desnuda y en mi subconsciente no hacía más que besarla, follarla, comérmela entera. ¡Joder, qué buena estaba! Mi instrumento seguía en pie de guerra a pesar de mis esfuerzos por evitarlo.

    —¡Sí, te vi con una chica en el portal de casa! ¡Creí que me comía a esa mosquita muerta! ¡Te llega a poner una mano encima y la mato!

    Me tenía totalmente desconcertado. Debía referirse a alguna compañera de clase, pero ahora no caía en quien podía ser… Decididamente Marta estaba enferma. Ante mi expresión de sorpresa se relajó un poco, veía que no tenía rivales. Siguió explicándose:

    —Luis, lo tengo decidido, me ha costado mucho decidirme pero lo tengo claro. ¡Quiero ser tu mujer!

    —¿????

    —Ya me has oído, voy a ser tu mujer, te guste o no.

    Dios mío, Dios mío, Dios mío. ¡Me cago en mi puta vida! Pero… ¿Qué he hecho yo para merecer esto? ¡Decididamente mi hermana estaba loca del todo! ¿Ser mi mujer? ¡Alucinante!

    —Pero… Pero… ¿Tú te has dado cuenta de lo que estás diciendo? ¿Mi mujer? ¡Tú no puedes ser mi mujer! ¡Somos hermanos! ¿Se te había olvidado ese pequeño detalle? ¡Joder, Marta! ¡Estás peor de lo que pensaba!

    Se levantó de la cama y vino hacia mí, apartó la silla tras la que me escondía, me abrazó pegando su cuerpo al mío, clavándome los pezones en el pecho, restregando su pubis contra mi enhiesto miembro…

    ¡Joder, qué sensación! ¡Si es que estaba buenísima! ¡A ver quién es el santo varón que aguanta esto!

    Me besó suavemente los labios mientras yo estaba como paralizado, me miró fijamente a los ojos. Había serenidad y determinación en esa mirada…

    —Más vale que te hagas a la idea. Me importa un huevo que seamos hermanos. Te guste o no, tú me desvirgaste y eso te compromete. Tú verás cómo te lo montas para que nadie se entere, pero que voy a ser tu mujer, eso seguro. No tienes escapatoria…

    Su mano se había adueñado de mi polla y la masajeaba mientras hablaba, me estaba llevando al séptimo cielo. No lo podía resistir, me estaba llevado al huerto y yo no hacía nada por evitarlo. ¡Me estaba comiendo el coco! ¡Joder, si era más pequeña que yo!

    ¡Dios, qué placer! No pude aguantar más, ya no pensaba nada, nada que no fuera ella, su cuerpo, sus tetas, su coño… La llevé hacia la cama, casi a trompicones y caímos sobre ella abrazados, comiéndonos los labios, intercambiando saliva en una sin igual batalla de lenguas. Recorría todo el interior de su boca, sus dientes, mordía sus labios hasta hacerle daño y ella hacía lo propio conmigo.

    Empecé a sobar sus pechos, amasándolos de abajo a arriba, pasando los pulgares por las areolas, sin llegar a tocar los pezones. Suspiraba de gusto, metía una pierna entre las mías intentando rozar su clítoris con mi muslo, restregándose contra él. Yo hacía fuerza hacia arriba para proporcionarle más excitación. Movía sus caderas como una fiera, era evidente su grado de calentura, se había convertido en una auténtica loba.

    Cogí los rosados pezones entre el índice y el pulgar y tiraba de ellos, daba mordisquitos en su cuello y metía la lengua en la oreja… Ella se pegaba cada vez más a mí.

    Bajé hasta sus tetas con la boca y empecé a chuparlas enteras, ensalivándolas, rozando apenas con los dientes, mamando con auténtica delectación, alternando manos y labios de una a otra sin parar. Seguí descendiendo a lo largo de su vientre, liso como una tabla jugando un ratito con su ombligo.

    Me iba acercando a su divino tesoro, solo guardado para mí. Me entretuve un rato con las ingles y el interior de los muslos, excitándola, haciendo que anhelara un ataque directo. Me agarraba del pelo intentando guiar mi cabeza hacia su zona y levantaba las caderas en claro ofrecimiento. La hice sufrir un ratito más, pero no mucho.

    Metí la lengua a lo largo de su raja, empezando por abajo y subiendo lentamente, separando los labios, haciendo círculos en la entrada sin penetrar, acercándome a su tierno botón sin tocarlo… Me apretaba la cabeza contra su vulva, sus movimientos pélvicos eran incontrolados y frenéticos, deseaba sentirme dentro… Y más que lo iba a desear…

    —Vamos Luis, cómetelo. Por favor ¡Cómetelo ya, cabrón!

    Ya que me lo pedía por favor… Introduje la lengua en la vagina todo lo que pude, realizaba movimientos de mete saca con ella, pero mi hermana quería más. Me fui directamente al clítoris… Allí estaba, tieso, rojo, recubierto por su capuchón… Lo froté un poco con la nariz, presionándolo, mientras me deleitaba con un poco más de flujo que manaba a raudales… ¡Sabía a gloria!

    Gritaba de placer… Se corría, se corría patas abajo sin remedio, cerrando sus piernas alrededor de mí. Fue entonces cuando cogí su protuberancia eréctil entre los labios y chupé, mamé con ansia, presioné entre la lengua y los dientes… El resultado fue espectacular… Arqueó la espalda apretándome fuerte con manos y muslos, movía las caderas como una loca arrastrándome con ella, sus orgasmos se multiplicaban sin descanso, se encadenaban uno tras otro, sus jugos se deslizaban hacia su culo sin descanso… Sujetándola de las nalgas le metí un dedo en el culo, como hacía ella, sin permiso. Estaba la zona totalmente lubricada, por lo que no tuve problema y apreté sin compasión, hasta el fondo, haciendo círculos dentro, excitando sus paredes internas.

    Fue una apoteosis, un homenaje al orgasmo. Con los últimos estertores se dejó caer sobre la cama, relajando las piernas, liberándome de aquel abrazo amoroso que casi me ahoga… Estaba roja, roja, como una amapola, derrengada, ahíta de placer, pero no se olvidó de mí. Con movimientos pausados por el desfallecimiento llevó una mano a mi miembro viril, introduciéndola por el elástico de mi ropa interior. Inició un lento magreo mientras yo volvía a sobarle las tetas y a besar sus jugosos labios.

    Me despojé del calzoncillo, sin prisa pero sin pausa. Quiso llevar su boca a mi instrumento para hacerme una mamada, pero no la dejé. Sabía que me correría enseguida y no me apetecía, aquello tenía que durar más. Quería que me sintiera en su interior, no humillarla, sino que viera que yo seguía siendo el macho, aunque pensándolo bien, se había salido con la suya y estábamos follando, como ella quería.

    Me situé entre sus piernas, acariciando sus muslos hasta llevar una de mis manos a su suavísimo culo e izándolo, me ayudé de la otra para colocar mi polla entre los labios de su entrada vaginal. Empujé despacio pero con fuerza, sin descanso, avanzando centímetro a centímetro hasta llegar al fondo. Aun así me faltaba parte por meter y seguí presionando. Le estaba subiendo el útero hasta el paladar, pero no desfallecí. Ella tampoco se quejaba, apretaba los dientes y aguantaba estoicamente, mirándome fijo a los ojos, animándome a continuar.

    Tras unos cortos movimientos de entrada salida para dilatar su estrecho túnel, conseguí que mis pelotas se estamparan contra sus nalgas. ¡AH! Qué sensación de gusto, de triunfo, estaba enterito dentro de ella…

    Empecé a moverme muy despacio, recreándome, sacando el nabo casi entero para volverlo a meter, muy despacio también. Su expresión iba cambiando, transformando la cara de tensión por cara de placer, empezaba a moverse acompañando mis acometidas, levantando lujuriosamente las caderas cada vez que me volvía a introducir.

    Jadeaba cada vez más fuerte, cambié de postura sin sacarle la polla situándome yo debajo. Su cabalgada era cada vez más violenta, movía su cintura en todos los sentidos, en círculo, en vaivén, acelerando continuamente hasta que arqueó la espalda, dio un gemido más prolongado y tuvo un orgasmo fabuloso. Me encantaba que Marta se corriera con tanta facilidad…

    La puse a cuatro patas, me situé detrás de ella y se la volví a meter, frotando el clítoris con los dedos para que no bajara su excitación. Volvió a correrse, una y otra vez, destilando jugos patas abajo, presionando mi vientre con sus nalgas. En un momento, levantándome un poco, le saqué mi miembro del coño y apoyándolo en la entrada del culo se lo metí sin contemplaciones, nada de poco a poco, de golpe…

    —¡aaaahhhh, cabrón! ¡Que me has rajado, cabrón!

    Se dejó caer sobre la cama pero yo seguí dentro de ella. Aplastándola con mi peso, solo medianamente apoyado en las rodillas, pasé las manos bajo su cuerpo, acariciándole las tetas y metiendo un par de dedos en la vagina. La situación me estaba desbordando, era acojonante sentir sus nalgas en mi tripa. Aunque no podía moverme por falta de apoyo, tenía la polla totalmente encajada en su prieto culo, frotaba su clítoris, frotaba sus pezones, sus orgasmos se sucedían uno tras otro, se estaba meando por el descontrol y no pude más…

    Empecé a llenarle el recto de leche, mi esperma salía a borbotones, no sabía cómo había durado tanto… Era maravilloso, su esfínter me apretaba la base del pene haciéndome sentir sus contracciones y el fuerte latido de su corazón. La mordí fuerte entre el cuello y el hombro mientras subía y bajaba mi orgasmo…

    —aaaahhhh dioossss Luis…

    Me quedé medio muerto encima de ella, recuperando el aliento, empapado de sudor… Me dejé caer a un lado, la pobre Marta estaba asfixiada…

    ¡Joder, qué polvazo! No es que hubiera echado muchos, pero este, desde luego, era el mejor. Si estas iban a ser las relaciones con mi hermana, valía la pena… Lo dicho ¡QUÉ POLVO! Con mayúsculas.

    —Ay, Luis, ay… ¡Eres maravilloso! —Acercó la cara para darme un beso… Nuestras lenguas volvieron a cruzarse, intercambiando saliva, sus jugos…

    —¿Ves cómo tenía yo razón? Iba a ser tu mujer y lo he sido.

    —Oye, oye. No tan deprisa. ¡Que me hayas seducido no quiere decir que te conviertas en mi mujer! —Le contesté

    —¡Ya estamos! ¿Voy a tener que venir a tu cuarto en pelotas cada vez que te lo quiera demostrar? Sabes que puedo hacerlo y lo haré, si es lo que quieres. —Estaba de lo más sonriente, segura de su triunfo.

    Lo dicho, ¿Para qué iba a luchar contra ella si me iba a ganar siempre? En fin, si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él. Además, estaba un poco harto de discutir siempre con ella, sería una verdadera experiencia el llevarnos bien, para variar.

    —Bueno, vale, vale. Tú ganas, eres mi mujer. ¿Y ahora qué? —Le dije, dándome por vencido.

    —Pues ahora, eso, que somos pareja. —Me contestó con una sonrisa de oreja a oreja

    —Marta, me parece que sigues olvidando que somos hermanos. Eso de «somos pareja y ya está» no es tan fácil…

    —Para mí, sí. Hombre, no te digo que vaya a hacer manitas o darte un morreo delante de los papás, pero cuando se acuesten…

    —¡Oye! ¡Que esto no lo podemos hacer con ellos en casa! Y además están tus amigas. ¿Qué les vas a decir? Porque si cuentas que tienes novio, lo van a querer conocer, así que ya me dirás… Y si no dices que tienes pareja, se van a mosquear por no salir con ellas… ¡Tú misma!

    —¡Joder Luis! ¡No haces más que poner pegas! —¡Je, qué cachonda! Ahora resulta que yo pongo pegas. Si ya te digo…— Bueno, ¡Piensa algo!

    —Si ya pienso, ya pienso. Lo malo es que no se me ocurre nada. En fin, el tiempo dirá…

    Y así pasó el tiempo… Cada dos por tres, cuando mis padres salían de viaje, teníamos unas sesiones de sexo increíbles. Mi hermana era insaciable y reconozco que yo no le iba a la zaga. Me encantaba follar con ella, era la amante perfecta, la soñada por cualquiera. Un poco celosa, cosa que me molestaba, pero aparte ese pequeño detalle, no podía pedir más. El resto del tiempo teníamos una relación normal, aunque mis padres estaban un poco extrañados a la par que encantados de cómo nos llevábamos ahora.

    Lo curioso fue que el destino se encargó de solucionar todo, en forma de mazazo moral y sentimental.

    Desgraciadamente, todavía siento congoja cuando lo recuerdo, mis padres fallecieron en un accidente de tráfico, no mucho tiempo después. El golpe fue muy duro para Marta y para mí, tardamos en superarlo.

    Nos habíamos quedado en una situación económica desahogada gracias al dinero que tenían y a los seguros de vida, eso ayudó bastante… Al cabo de unos meses, cuando ya estábamos más tranquilos, me encontré con la sorpresa de que toda la ropa de mi habitación había desaparecido del armario. Me fui a buscar a Marta aun no repuesto de la sorpresa, pero esta no había hecho más que empezar. Lo había colocado todo en la habitación de mis padres…

    —Bueno Luis —Me dijo en cuanto la vi— ahora sí que tenemos que rehacer nuestras vidas, así que he pensado que nos vamos a instalar aquí los dos. Ahora sí que vanos a ser una pareja en toda regla. Vete haciéndote a la idea.

    Mi hermana me sorprendía cada vez más. No nos habíamos tocado un pelo desde el accidente y ahora esto. Yo alucinaba.

    Esa noche descargamos toda nuestra tensión, nuestra pena y nuestra congoja con un polvo de los que hacen época. Estuvimos follando hasta el amanecer de todas las formas posibles, los orgasmos de Marta se sucedían sin tregua y era una artista para lograr mi recuperación cada vez que yo me corría, con la boca, las manos, las tetas… Acabé con la polla destrozada, y ella con el coño y el culo que parecían un bebedero de patos. ¡Tremendo!

    No seguimos mucho tiempo así. La habitación de nuestros padres nos daba un poco de respeto, parecía que les engañábamos, así que vendimos la casa y nos compramos otra más pequeña en una ciudad diferente en cuanto acabé la carrera.

    Y así seguimos. Aquí todo el mundo que hemos ido conociendo cree que somos matrimonio. Siempre nos dicen que como nos hemos casado tan jovencitos, pero no creo que piensen nada raro. Queda siempre una duda, y es que Marta y yo nos parecemos mucho físicamente, pero ya se sabe, los matrimonios, con el tiempo, dicen que se acaban pareciendo.

  • Vanessa juega con fuego

    Vanessa juega con fuego

    Vanessa tiene por costumbre, luego de clases en la Facultad, pasar por el quiosco de la esquina y comprar alguna golosina. El dueño, un viejito verde la mira siempre con ojos lujuriosos y a Vanessa le da un poco de asco pero le gusta ver la cara de degenerado que pone cuando la ve y con la deferencia que la atiende. La chica es muy joven, tiene 18 años y un cuerpo muy atractivo. Usa el pelo largo por los hombros, muy bonitas piernas y unos pechos bastante desarrollados para su edad.

    Esa tarde no había clientes y Vanessa tomo un helado palito de la heladera y se acercó al mostrador a pagar, «Cuanto le debo Don Fermín?» a lo que el viejito le contesto, derritiéndose al ver la chica ataviada en una minifalda infartaste «Hoy te invito, linda no es nada» y la chica le agradeció. Se puso a comer el helado mirando a la cara al viejito dispuesta a calentarlo un poco. Paso la lengua lentamente por la paleta mientras decía «Que calor hace hoy» Don Fermín la miraba extasiado, veía la lengua de la chica paseándose por el helado y empezó a tener una erección. Vanessa se apoyó un poco en el mostrador con lo que su pollerita se elevó un poco más ante los ojos desorbitados del viejo verde. La chica veía como le miraba las piernas y decidió jugar un poco más. Se señaló con un dedo su muslo derecho, y le dijo «Mire Don Fermín me pegue en la pierna y me quedo un rasconcito».

    El lujurioso viejo haciéndose el interesado le dijo «donde te pegaste» y acerco su mano al muslo de la joven y empezó a acariciarlo, la cara se le transformo y Vanessa, divertida por la lujuria del viejito, retiro la pierna diciendo «Es muy chiquito, casi ni se ve» y dándose vuelta le dijo «Bueno me voy, gracias por helado» mientras le daba un lengüetazo sensual a la paleta y dejaba a Don Fermín con la boca llena de saliva y una visible erección.

    Al quedarse solo, el caliente viejo pensó que esa pendeja lo volvía loco, que la muy putita lo calentaba y después se iba, que ya estaba grande (tenía 68 años) para que una yegüita como esa jugara así con él y empezó a tramar algo para cogerse esa nena tan sabrosa.

    Se dijo que la próxima vez la iba a llevar a su cuarto (el quiosco comunicaba por una puerta con su vivienda) y le iba a hacer de todo. Pensó que podía ocurrir que la chica se resistiese y en ese caso iba a precisar ayuda de alguien.

    Su pervertida cabeza lo llevo a saber quién lo iba a ayudar.

    Cruzo la calle y se dirigió a la verdulería donde trabajaba el negro Polo, un moreno enorme de casi dos metros de altura, fortachón y sobre todo le gustaba todo lo que fuera un buen culo, de chicas o chicos. Había sido denunciado por violación pero el chico violado retiro la denuncia y el negro se salvó de ir a la cárcel.

    Don Fermín le dijo que tenía que hablar con él y le conto su plan de violar una pendeja que lo provocaba siempre dejándolo caliente y que quería darle una lección. Al moreno le gustó la idea y se pusieron a idear como lo iban a hacer. «La pendeja siempre viene alrededor de las cuatro de la tarde, si mañana viene vos estate alerta y te hago una señal, vos venís, pones el cartel de cerrado y la llevamos a mi cuarto» dijo el viejo pervertido.

    El negro se relamió los labios, asintió diciendo que ya tenía muchas ganas de cogerse esa pendeja y Don Fermín se fue a su negocio, deseando que ya llegara el día para llevar adelante su plan.

    La mañana siguiente pasaba lentamente para Don Fermín, luego las horas de la tarde parecían interminables hasta que a la hora prevista, la chica entro al quiosco, estaba muy sensual con una pollerita corta de jean y una blusa blanca. Como solía hacer, tomo una paleta de helado y se acercó al mostrador, disfrutando de la cara que ponía el viejo verde al verla. Vanessa dijo «Esta vez le voy a pagar el helado, Don Fermín, cuánto es?» «No, nena, yo te lo regalo”

    La joven, complacida, dijo «Ay siempre me regala algo, usted es tan bueno» y se puso a chupar la paleta frente a la cara del viejo que estaba teniendo una brutal erección. Como pudo, para disimular, Don Fermín dijo que iba a arreglar algo en la puerta, la chica vio el bulto en los pantalones del viejo, divertida, sin saber que la iban a violar en pocos momentos, siguió chupando el helado mientras miraba al viejo verde que se acercaba a la puerta, salía afuera y hacia unas señas hacia alguien.

    De repente, al entrar el viejo acompañado de un negro de aspecto simiesco, la chica se alarmo un poco, dijo «Bueno me voy Don…» no llego a terminar la frase porque el enorme moreno la agarro por los dos brazos y poniéndoselos en la espalda la inmovilizo. Sorprendida, no pudo ni siquiera gritar porque Don Fermín, con gran velocidad, sacando un pañuelo la empezó a amordazar. Sus ojos se agrandaron por la sorpresa y la rapidez con la que la inmovilizaron.

    Mientras el negro la sujetaba firmemente, Don Fermín fue a poner el cartel de cerrado. Volvió sobre sus pasos y mirando a la aterrorizada chica le dijo «Ahora vas a ver, te gusta venir a calentarme pendeja, te vamos a llenar de leche» y no pudiendo aguantarse le metió las manos bajo la blusa, vio que no tenía sostén y le apretó lujuriosamente los dos melones sobándolos y apretándolos mientras la chica quería liberarse pero le era imposible.

    El viejo dijo «Vamos para el cuarto» y entre los dos llevaron a la fuerza a la chica por el pasillo que comunicaba con el dormitorio. La joven sollozaba porque empezaba a darse cuenta lo que le iba a ocurrir.

    La llevaron hasta el borde de la cama, mientras el moreno la tenía firmemente sujeta Don Fermín empezó a desnudarla. Primero le desabotono la blusa y a los tirones se la saco dejándola con las tetas al aire. Vanessa forcejeaba pero era inútil, el moreno tenía una fuerza descomunal y casi no podía moverse.

    El viejo abusador empezó a sacarle la pollera, le bajo el cierre y de dos tirones le hizo pasar por las piernas y se la saco, tirándola a un costado, apreciando las piernas desnudas de la chica, viendo que solo tenía una pequeña tanga que tapaba su sexo. Volvió a manosear los pechos de la chica, como loco los apretaba y con los dedos le apretaba los pezones. Empezó a pasarle la lengua por las tetas y de pronto un pezón desapareció dentro de la boca del viejo, chupándolo con fuerza mientras acariciaba el otro pecho sin pausas, mientras la chica gemía y lloraba. A todo esto, el negro viendo esa belleza desnuda también tenía una brutal erección y se frotaba contra las nalgas de la chica.

    El viejo se apartó y entre los dos obligaron a la chica a costarse boca abajo en la cama, mientras el moreno la inmovilizaba con sus tenazas, Don Fermín, que tenía todo previsto, saco un par de cuerdas de un cajón y ato cada mano de la chica a un extremo de la cabecera de la cama. Luego, con otra cuerda tomo un tobillo de la joven y lo ato al otro extremo de la cama, teniendo ahora solo una pierna libre.

    Don Fermín se quitó el pantalón y calzoncillos y se sentó en un borde de la cama mientras se masturbaba viendo la joven, atada y a punto de ser violada. El enorme moreno también se sacó el pantalón y calzoncillo mostrando una enorme erección y se acostó sobre la chica acariciándola por todo el cuerpo, alargo sus enormes manos para atrapar los pechos y los sobo mientras se frotaba contra la cola y piernas de Vanessa, que se agitaba sin éxito atada como estaba.

    Las manos del negro pasaron a las carnosas nalgas de la chica y las tocaba sin pausas, esas masas de carne fueron sobadas largamente mientras el moreno estaba a punto de estallar gozando de esa pendeja. Hundió su cara entre las nalgas buscando chupar todo ese impresionante culo, le paso la lengua por la raja y bajo hasta el orificio salivándolo y buscando penetrar con la punta de la lengua ese precioso hoyito. La joven se agitaba, temblando y llorando por el tratamiento que le daba ese despreciable moreno.

    El negro miro a Don Fermín, sentado masturbándose, viendo como el moreno le lamia el culo a la chica y el viejo dijo «Cógetela vos primero, quiero ver cómo le rompes el culo»

    La chica sintió estas palabras y se sintió morir, ya no le quedaban lágrimas y sus sollozos eran apenas audibles, sintió como el despreciable violador la agarraba por la cintura con una mano elevándola del colchón mientras sentía como algo duro como una roca quería meterse por su culo-

    Sintió un impresionante dolor cuando ese intruso avanzo rompiendo la resistencia de su esfínter, el moreno se detuvo al lograr introducir la cabeza de su verga en el apretado orificio anal, por unos instantes pareció que se retiraba pero una embestida bestial hizo que la mitad de la verga de Polo se incrustara profundo en el intestino de Vanessa . Otro momento de pausa y de repente otra brutal estocada alojo toda la verga del moreno dentro del culo de Vanessa… Comenzó ahora una culeada memorable para la sufrida chica, el negro se movía con rapidez y energía cogiéndose sin compasión a la joven, que ya ni siquiera sollozaba, destruida por la violación anal que le estaba dando ese negro.

    Don Fermín estaba a punto de explotar, pero quería aguantarse, la visión de la culeada del negro a la chica y como le rompía el culo lo llevaba al borde del orgasmo. Por largos minutos el moreno continúo embistiendo sin pausas sintiendo una placentera fricción de su verga contra las paredes del intestino de la chica.

    Finalmente, con un gruñido gutural, el negro eyaculo en el interior del intestino de la joven, siguió chuleándola por un rato hasta que se desmonto hacia un costado de la joven. Este momento estaba esperando el viejo pervertido de Don Fermín, que se metió entre las piernas de la chica, con una mano guio su dura verga hacia la concha de Vanessa y la penetro sin contemplaciones de una vez, la chica se agito un poco como toda respuesta, destruida como estaba ya casi no reaccionaba. Don Fermín sintió un inmenso placer al cogerse a esa pendeja que tantas veces lo provocaba, la embestía con fuerza hasta que sintió llegar como una explosión su orgasmo y en medio de una estocada acabo dentro de la joven, llenándole de leche la vagina.

    Por un largo rato estuvieron los tres reponiéndose en la cama. Luego Don Fermín desato a la chica, le dijo que se vistiera y con el negro Polo la llevaron hasta una plaza cercana. La chica no terminaba de reaccionar después de la violación, casi no hablaba ni parecía tener conciencia de lo que pasaba. Los dos despreciables sujetos se apartaron de la chica y la dejaron sola en la plaza. Vanessa se sentó en un banco de la plaza y se prometió que nunca más iba a ir al quiosco de Don Fermín.

  • Viaje con permitidos (1): La lluvia desató la pasión

    Viaje con permitidos (1): La lluvia desató la pasión

    Desde hace años, por herencia familiar pasamos los veranos en la costa atlántica, San Clemente, para más datos. Ese verano solo mi familia, yo solo los fines de semana, el resto en Buenos Aires para atender el trabajo, viajo los viernes y regreso la noche del domingo. Ese domingo el auto no encendía, el acumulador estaba descargado.

    Imposible pensar en conseguir pasaje, la única forma, alguien que pueda llevarme. Mi esposa comentó el problema y el vecino le dijo que su esposa viajaba, pero lo haría recién en la mañana de lunes. A los pocos minutos volvió con la novedad de que, estaría bueno viajar antes, si tenía compañía, se animaba a viajar de noche, acordamos la partida tipo 9 pm.

    Salimos con Ethel, la vecina, una mujer cuya edad rondaba los cuarenta y pocos, siempre me llamó la atención el porte dominante, arrogante y hasta autoritario, casada con un señor que no está en su mejor condición física, aparentaba ser holgadamente mayor que la señora.

    Teníamos por delante un viaje de poco más de cuatro horas, lo cual da tiempo para la plática y saber un poco más de la vida de cada quien, sobre todo cuando una mujer siente que su compañero de viaje le está prestando la “oreja” y poniendo la mejor de sí para escuchar esas cosas que necesita dejar fluir, ahora tiene un “escuchador” dispuesto.

    El tránsito suele complicarse en el regreso dominguero, y el mal tiempo se adelantó más de lo previsto, para cuando llegamos al segundo peaje arreciaba el viento, algunos árboles tumbados y hasta un cartel había bloqueado el paso por la ruta y obligado a desviarnos. No estábamos tan lejos del destino, le indiqué tomar un desvío por una ruta alternativa que conozco, la lluvia se había intensificado y para colmo de males el limpiaparabrisas comenzó a fallar. Bajamos para ver de repararlo, solo conseguimos mojarnos. Como la intensidad de la lluvia se había incrementado, seguir conduciendo en esas condiciones era bastante peligroso.

    Precisamente conocía esa ruta por haber parado varias veces en alguno de los hoteles para parejas que existen, por ese motivo me animé a proponerle que podríamos parar y quedarnos en un hotel, al menos hasta que pare esa tormenta, que no tendría nada que temer, que solo sería para guarecernos del temporal. Estábamos detenidos en la banquina, la propuesta la descolocó, se quedó viéndome, pensando…

    – Vamos, no tienes nada que temer, no soy un violador…

    – Sé que no… es que… no sé…

    – Córrete, conduciré yo! -se pasó al otro asiento.

    Se le notaba que nunca había entrado a un hotel para parejas, todo era novedad, mientras pago, la observo con el rabillo del ojo, algo tensa, pero no asustada. En ese instante noté como se había producido el cambio de mujer dominante y autoritaria a moderada y contemplativa, ver como manejaba esa situación la había descolocado, sentía que había tomado el control de la situación, dominando la escena de los hechos, movida de su estado de confort estaba hasta más amable.

    A esas horas el servicio de estos hoteles no es por turnos, sino “pernoctar” que por el mismo importe del turno te permiten quedarte hasta la diez am del día siguiente. Este un ámbito de servicio que manejo con habitualidad, sobre todo ahora que mi esposa está embarazada. Pedí unos tostados de jamón crudo y queso, las bebidas las teníamos en el frigobar, terminó por dejarse llevar en esta aventura.

    – Woww, cuánto silencio! Ethel, solo quiero que te sientas cómoda, este lugar es para parejas, pero tranquila, que no pasara nada…

    – Que no pasará nada, solo te faltó el clásico: “que no quieras que pase”… -solo sonrío.

    Mientras aguardamos los emparedados, me perdí en la subyugante admiración de sus grandes y redondos pechos, las aréolas se traslucen en la tela mojada, los pezones erizados amenazan atravesar la tela. Podía notar que la atención dispensada a sus pechos le agrada, conoce el poder de sus opulencias.

    – Epa! Te has perdido?

    – Eh!, perdón, pero es que recién ahora me doy cuenta de… que tenía todo esto… Perdón si te ofendí.

    – Para nada, los ojos siempre son solteros, me sentí halagada, es un mimo para una mujer, sobre todo yo, que me manejo con mando en un ambiente hombres, no tengo muchas oportunidades de sentirme atractiva, sobre todo a un hombre como vos, que puede tener mujeres más jovencitas.

    – Puede ser, pero para mi gusto no hay como una mujer de…

    – De…

    – Bueno… como tú, con todo… eso…

    El tuteo me salió natural, seguro de no ofenderla. En ese mismo instante sentí que había coronado el deseo que se me había instalado dentro del bóxer, dato que para nada pasó desapercibido a los ojos de Ethel.

    – Quítate esa ropa mojada, una ducha y te envuelvo en la bata de baño. Digo…mientras dispongo los emparedados que trajo el servicio de cuarto.

    La sugerencia tenía implícita la orden, comprendió, bajé la intensidad lumínica, la ducha está separada del resto tan solo por el cristal, de tal modo que puedo apreciar el cuerpo de la mujer surcado por el agua, erotiza y excita a mil. Solícito, me acerqué por la zona abierta, la bata abierta para contener el cuerpo húmedo.

    La mujer mandona, autoritaria, se deja contener por un instante entre mis brazos, arrebujada en la esponjosa tela que absorbe el agua que se escurre por su piel, la indefensión que se rebela, la exuberancia salvaje de una domadora de voluntades sometida al abrazo joven que subyuga su sensibilidad de hembra, disfruta el abrigo de un cuerpo masculino que despierta esas sensaciones que nadie supo entender.

    Ese simple acto, cálido y emotivo fue la piedra angular del cambio de actitud, la severidad a dejarse llevar por la situación que había creado.

    Emparedados y cerveza, brindis, risas y otras cervezas van aceitando el camino hacia la risa fácil la complicidad de estar en un cuarto de hotel, solo una bata la separa de la tentación del macho joven.

    Puedo entender que está en el lugar y momento justo para cazar a la hembra salvaje, la prudencia y la mesura es el disfrute del cazador y la satisfacción de la presa de ser cazada con dignidad, el trofeo será entregado con todos los honores al ganador, la fantasías se va gestando mientras se saborea el momento de la coronación al vencedor.

    Mientras abría la segunda cerveza ella accionó el control remoto, encendió la tv, el canal porno mostraba imágenes explícitas y contundentes de un acto en pleno fragor, su primera reacción fue de sorpresa, quedó absorta mirando la acción, de pronto reparó que no está sola, la incomodidad de sentirse en compañía viendo esas escenas de sexo, no saber disimular la atracción que le producía y por estar en compañía de un hombre. Buscaba sin poder accionar el apagado o cambiar el canal.

    – Tranquila, no pasa nada. Si quieres lo apago, pero acá es algo de rutina estos canales.

    Estábamos recostados sobre la cabecera, pasé mi brazo sobre su hombro, se dejó estará contra mi hombro, atisbo de retirarse, una pequeña presión para que no, la convencieron de que era un lugar seguro, contenedor. Durante un buen ramo fuimos testigos de las acciones y evoluciones del trío en la pantalla, Ethel observa con atención, su cuerpo recibe el estímulo de la acción, inquieta, cómo hacer para no denotar su inexperiencia y la excitación que le producía la escena de sexo explícito.

    El abrazo se hace más contenedor, se permite poner la cabeza sobre mi pecho, sin dejar de mirar la pantalla, sus piernas se mueven, el estímulo y la compañía están haciendo mella en su condición de mujer, pierde mucho de su actitud decidida, se deja apretar, no lucha, no se rebela, está entregada, el cazador espera el momento para dar el zarpazo final.

    La pantalla sigue con la evolución de la pareja en su momento culminante, la respiración de ella se agita, está viviendo ese momento como su propia realidad, apreté su brazo para tenerla más tendida, contenida, mirándome, ojos abiertos, asombrada esperando lo inesperado…

    Mi boca sobre sus labios, sin resistencia, las bocas se hicieron una, abrió los suyos, mi lengua jugo con la suya, esperar, insistir, aprende el juego de ser visitada y visitar la del hombre.

    Un instante para tomar aire, su mano en mi nuca, para retenerme en su boca, aprende rápido, todo se hace con el frenesí de su primera vez, siente la dominación bucal, aprende a respirar en la boca del hombre, sentir la textura de la saliva ajena, la intimidad pasional del beso supera todas las prevenciones defensivas.

    Busco la abertura de la bata, acaricio su piel sin soltar sus labios. Las caricias viajan por sus zonas erógenas, se pierden en el abrazo que atenaza ese cuerpo ávido de caricias, los gemidos se ahogan en mi boca, admite y consiente, se entrega, cierra los ojos se deja estar en el suplicio de la ternura, subordinada a mi voluntad.

    Abierta la bata, la belleza rústica de la mujer de campo florece en el agasajo del hombre que la va a poseer, suelto sus labios para recorrer la geografía de su cuerpo latiendo ansiedad y premura por ser descubierto. Los besos en el cuello producen los primeros estremecimientos, los opulentos senos contenidos en mis manos, se dejan estrujar, el primer contacto con el pezón izquierdo la hizo salta con la fuerza de un shock eléctrico, el gemido surgió con la fuerza del efecto desconocido, sus manos tomando mi nuca quieren acallar el llamado del deseo que comienza a tomar vida dentro de su ser.

    El asedio a los pechos y la succión de los pezones la ponen en el espacio sideral de las delicias desconocidas. Deslizo por su vientre, recorriendo la piel, poro a poro, hasta llegar al oasis de todos los deseos, aspiré ese aroma tan particular y excitante de la mujer en su máxima excitación. Mis dedos frotan el origen del aroma, embeben en la fuente de sus feromonas, todo es lujuria y voluptuoso deseo.

    Beso el monte de venus poblado de vellos enrulados, reptando hasta atrapar el clítoris entre mis labios.

    Lamidas, succión y mis dedos explorando la cueva de todos los placeres. Acosada, agitada por tantos estímulos eróticos, sus manos enredadas en mis cabellos, aprieta mi cara contra su sexo para ahogar los gemidos que la dominan.

    La excitación la descontrola, los gemidos se estrangulan en su garganta, pudor para expresar esa pasión que adormece sus culpas que despiertan su lujuria. Estremece, sacude su cuerpo, quiebra la cintura, elevándose, cerrando sus fuertes muslos sobre mi cara, tensa los tendones, endurece los músculos y exhala profundo y agónico gemido, presagio inminente del orgasmo. Estalla con la fuerza de un ciclón, moviéndose, agitada por el tsunami interno, sensaciones inéditas en ese cuerpo carente de atenciones.

    Se debatió como pez fuera del agua, boqueando, gimiendo y balbuceando incoherencias, incrustándome en su sexo, diciendo palabras que no pude entender. Momento pletórico de sensaciones, la dejó al borde del desmayo.

    Permanecí entre sus piernas, sentía el ardor de la vagina, los aromas de hembra en la magia del orgasmo, anestesiada por esa sensación novedosa demora en procesar las sensaciones al cuerpo que ignora los placeres eróticos de la sexualidad.

    Recobra la compostura, babeándose, llorosa, exaltada por la estridencia y las convulsiones del clímax. Me besa, su lengua agradece emocionada ese momento de intensidad, descubre sentir el placer en carne viva. Otra cerveza hace la pausa para que pueda procesar tantas emociones…

    Sin mirarme, con pudor y necesidad de contar, comenzó a desgranar la confidencia atragantada, justificar sus actos, amortiguar su culpa:

    “Esto es algo nuevo, inédito, desconocía que podía sentir algo así, recorrer un mundo de sensaciones que no pude controlar, me perdía, no sabía qué hacer. Mis padres me casaron a poco de cumplir los diecinueve, virgen y sin experiencias sexuales, él, alemán como mis padres, viudo, casi treinta años mayor que yo. Con él perdí la virginidad, sin gloria pero con mucho dolor, no fue una experiencia grata, me lo hizo sin excitarme, de un golpe. Antes de calentarme él ya había acabado. Las relaciones sexuales pocas y magras creo que por ser un eyaculador precoz, nunca experimenté un orgasmo, lo más cercano fueron algunas esporádicas masturbaciones a que recurría cuando el deseo atenazaba mi cuerpo. El trabajo administrando el campo fue el refugio donde gastar las energía que el sexo no pudo consumir, sobre todo ahora que la diabetes y otros achaques no le permite ni esa fugaz penetración”

    La confesión tuvo el efecto liberador, la revelación alivió su conciencia, libre de expresar sus deseos sexuales reprimidos bajo el juramento de fidelidad conyugal, sintió el llamado del deseo latiendo en sus entrañas cuando comí su sexo.

    No hacía falta mucho para llevarla al momento del deseo, mi mano se introdujo entre sus piernas, suave roce del clítoris la estremece y moja, más y más, hasta que pidió: – más rápido, más rápido!

    Elevé sus rodillas, tomé de los muslos, tensos, se dejaron vencer para meterme entre sus piernas, abrir los labios de la vulva e introducir el miembro. Cerradito, juego con la cabeza, al intento de penetrar sentí la estrechez de la cueva, volví a empujar una y otra vez lento y cuidadoso hasta vencer esa resistencia, supuse por estrecha y por tanto tiempo sin uso.

    Al tercer intento cedió al empuje de la verga, los músculos se relajaron, las piernas dejaron de tensar los músculos. Elevé un poco más sus nalgas metiendo mis rodillas debajo para facilitar el ángulo. La calentura nos invadió, volcado sobre su cuerpo penetraba despacio pero tan profundo como podía, comenzó a sacudirse, enlazando sus piernas en mi espalda, taloneando para azuzarme, abrazada a mi cuello para retenerme, y ofrecerme el pezón, quiere todo y al mismo tiempo.

    La calentura pudo más que mi deseo de prolongar el metisaca, me gusta el coito de larga duración, la urgencia de la partenaire por llegar a otro orgasmo imponía condiciones. – Sí, sí, más más rápido, más profundo, más fuerte, más…

    El “más” era un calificativo que acompañaba a cada pedido, la demasía era su necesidad, descubrir el sexo y el “exceso” era lo mismo.

    La contundencia de sus orgasmos, dos, bien prolongados, minaron mi control por demorarme, sus ganas querían sentirme a pleno. – Estoy por llegar, no sé si….

    – Si! sí! podes, sí! lo quiero dentro. Dale! Vení dentro, por favor!!!

    El momento no podía ser mejor, todos los dioses estaban en mi favor, una hembra debutante en orgasmos, prodigándose para que fuera los dos a un tiempo, no podía menos que dejarme fluir dentro de su sexo. La eyaculación fue algo memorable, sentí el punzante latido en los riñones hasta el latido de la expulsión del semen, dilatando el conducto para dejarme ir dentro de Ethel. Un primer chorro, liberador, uno segundo y otros terminaron por vaciarme por completo dentro de esta mujer que se me había entregado en cuerpo y alma.

    Luego de ese primer polvo, abrazados, nos dejamos vencer por el relax y el letargo que deviene luego de un juego sexual tan intenso y prolongado. Dejados en la tranquilidad de una calma relajante dormitamos arrullados por las delicias del sabor dulce del placer consumado.

    El hábito campero de madrugar la despertó antes, cuando abrí los ojos sentí como si ellas estuviera cuidando el reposo del guerrero, la mirada tierna y el gesto risueño, verme abrir los ojos a la aventura de seguir juntos. Desperté “al palo” como nunca, ella lo había notado y admirado la rigidez del miembro enhiesto, apuntando a su mirada. – Cómo estamos hoy, eh!

    – Será por tu grandísima culpa. Ahora… qué hacemos para bajarla?

    – Pues será lo mismo que hicimos anoche, si es que me tienes ganas?

    – Ganas? Sí! y muchas…

    La magia del deseo volvió a despertar pasiones, ella dispuesta, yo con más ganas.

    En los primeros escarceos de este segundo round de sexo y pasión comentó que un momento antes había visto en la porno de que se proyectaba, que el hombre hacía todas esas cosas que había escuchado pero nunca había visto así, tan explícito.

    – Sabes… que ahora tengo una sensación de… no sé… como… una mezcla de curiosidad y desafío, como… de querer sentir lo que ella le hacía al hombre y él le hacía a ella…

    – A ver si entendí bien… dices probar?

    – Bueno… no sé algo así, tu eres el que sabe todo eso, yo solo me dejo… llevar donde me lleves.

    – Seamos claros, desnúdate… en las fantasías, de lo otro ya veo y todo súper bien.

    – Bueno, pero no me preguntes, lo digo de un tirón y listo, sí? –asentí. – Ella se la estaba chupando y el tipo se le corría dentro de la boca, en otra secuencia él le chupaba la conchita, como me lo hiciste y me volaste la cabeza, luego la puso a cuatro patas y le hizo sexo hasta que gritaba, le dio unas palmadas en la cola, la forzó abrirse los cachetes y… – Y…??? – Bueno… y se la metió por el culo… al principio se quejaba un poco pero el tipo seguía y seguía, hasta que le gustó…

    – Te diste cuenta que no era tan difícil contarlo

    – Te parece? Sí que lo fue, ni te imaginas cuanto tiempo estuve dando vueltas a esto en mi cabeza para decírtelo.

    Por un instante quedó impactada por haberse manifestado tan abiertamente, espera mi respuesta, juego con su paciencia, se inquieta un poco, temblando, estudio cada uno de sus movimientos, disfruto sentirla tan vulnerable, inquieta, expectante, esperando la condena o la absolución…

    Un beso, tierno, se hizo vehemente, pasional, fogoso, las lenguas danzando el ritual previo a la sesión de sexo a todo dar.

    – Concedido, vos lo pedís, vos lo tenés, y te voy a hace sentir tus fantasías con la realidad en carne propia.

    Un segundo beso de ella fue el preludio de montármela encima, empalada en la pija, dura y ansiosa como nunca.

    De este modo comenzó el “mañanero”…

    La intensidad de la historia vivida me impide escatimar detalles que hacen a la esencia del relato, por eso el resto del viaje será parte de la continuación, y como suele decirse en estos casos, “no se vayan que aún viene lo mejor”…

    Estoy en [email protected] para… saber más de este testimonio te espero, mañana en la parte 2.

    Nazareno Cruz

  • Viaje con permitidos (2): Sexo en el hotel

    Viaje con permitidos (2): Sexo en el hotel

    Nos habíamos quedado en el momento que Ethel, la señora madura me había confesado, que se había despertado en medio de la noche viendo la tv en el canal porno, que descubrió como unas mujeres disfrutaban de “cosas” que nunca había conocido y ahora… ahora estaría dispuesta a saciar su “curiosidad”. Eran los eufemismos de una mujer que sintió por primera vez el placer del orgasmo con un hombre, espera iniciar el día con el “mañanero”…

    Habíamos pernoctado en un hotel para parejas, en medio de la ruta por la contingencia de una fuerte tormenta de verano, sumado al mal funcionamiento del limpiaparabrisas. El viejo adagio dice que “la oportunidad hace al ladrón”, propuse detenernos y pasar la noche en ese sitio, con la prevención de rutina en esos casos “no pasará nada que no quieras”, lo que en buen romance significa, “buscaré que pase todo lo que quiera de vos”…

    Nos habíamos dormido en el dulce relax de un polvo que ella jamás hubiera imaginado, disfrutado del descubrimiento de unos orgasmos inéditos, del mismo modo ese descubrimiento produjo en mí la sensación de poder y lujuria como pocas veces antes.

    A medio despertar, sentía su carne madura, trémula y ansiosa por saber qué más podría descubrir en manos de un hombre que tiene la mitad de su edad pero doble de conocimiento de las delicias de la carne.

    Nos habíamos dormido en la posición de “cucharita”, sentía la carne trémula al contacto de mi brazo derecho rodeando su cintura, avanzando la pelvis para pegarme más a sus nalgas, ella su cuerpo hacia atrás, moviéndose para que la erección matinal acomode entre sus cachetes. Mi mano apodera de un opulento pecho, produciendo erizar el pezón.

    Los primeros gemidos fueron simulando el despertar a la vida, mi mano izquierda repto debajo de su cuerpo para atrapar al otro seno huérfano de caricias.

    Tomada desde atrás dio inicio el movimiento de los cuerpos, frotando mi pija en la humedad que destila su vagina.

    Sin demasiados preámbulos, volteó, boca abajo, esperando la urgencia de su hombre, desea repetir su primera experiencia transgresora, sentirse bien hembra por segunda vez. La “experiencia” del primero le permite disfrutarlo más y mejor, montado, desde atrás haciéndole sentir el rigor el macho dominante, sentir la indefensión de ser tomada por la fuerza masculina.

    Se agita, parecían de un animalito salvaje debatiéndose bajo su depredador. Mi cuerpo cubriendo su espalda, los brazos tendidos sobre los de ella y mis manos cubriendo las suyas, el miembro entrado a tope con rigor de la extrema calentura.

    Demoré lo necesario hasta que sus gemidos delatan un prolongado orgasmo. Aprendió a expresarse, sin los pudores de la noche anterior.

    – Ah, ah!… qué lindooo, divinooo….

    Es momento de acelerar, de meter todo y bien adentro, prolongar la magia de sus latidos. El abrazo intenso, besos y mordidas en la nuca prolongan el éxtasis, espera mi tiempo.

    – Ya! ya estoy, me voy… me vengo… dentrooo…

    La eyaculación mañanera, abundante

    – Qué caliente! ufff… cuánta lechita!!!

    Esperé que cesaran para sacársela. Levantó de la cama, la mano en la conchita retiene el semen escurriéndose. Entré para orinar, ella seguía ahorcajada sobre el bidé, de espaldas a la pared, sacó la mano, ahuecando la palma para mostrarme el profuso contenido del semen reciente eyaculado dentro. – Todo esto es tuyo.

    Arrimé el miembro aún húmedo de jugos y restos de ese mismo esperma, empujé la pelvis hacia adelante, insinuándole a un beso.

    Aceptó el envite, beso suave, se miró en mis ojos, entendió el gesto, invitando ir a más, otro beso, otra mirada, otro gesto. Tomé su cabeza, guiando hacia el objetivo… apoyé en los labios, empujé su cabeza, despegó los labios, el pene entró suave hasta sentirme entre los labios, moví despacio, tímida lamida. Primera lección, comienzo de una de sus fantasías, sentir el sabor de la calentura del hombre: saborear su semen.

    La ducha nos dispuso para iniciar el día, ella comenzó a vestirse, pero mi calentura dista mucho de estar satisfecha, verla con la bombacha puesta volvió a excitarme, moverse de espaldas superó mis expectativas, la calentura se me subió a la cabeza… del pene. Tomarla desde atrás superó todo, la lujuria colma mis sentidos.

    De un golpe, la tiré sobre la cama, volcada, de bruces, mientras me deshacía del bóxer, corrí la prenda entre las nalgas, se la apoyé justo en el centro de la vulva. El gemido confirma una situación previsible, casi esperado, arrodillada, en el borde del lecho, las manos apoyadas en la cama, echando sus nalgas para exponerse al contacto de mi sexo.

    El encuentro fue con la brutalidad y la urgencia de pensar que pueda ser la última cojidota, la prisa controla mis sentidos, tomado de sus caderas, presiono con fuerza, intensos y profundos envíos, entro todo en ella, sus manos agarrotadas sobre la ropa de cama. La calentura la domina, el espejo duplica las imágenes eróticas del gran polvo. Me muevo de manera que pueda apreciar en detalle la penetración, el efecto es devastador, su excitación se multiplica al verse desde los distintos ángulos que la muestran encastrada en mi verga.

    Emocionada y caliente, comienza a gemir y moverse, dejándose llevar en los enviones por la fuerza de mi empuje, el orgasmo tan intenso como descontrolado, la derrumbó sobre la cama, con su macho empotrado en su vagina. Sacudiéndose, agitada la carne y revolucionado el ánimo, no para de gemir, y aferrarse a lo que puede para poder sobrellevar ese momento supremo.

    Ralenticé el metisaca, no quiero venirme, necesito prolongar al máximo este momento de tanto placer, regulo con envíos intensos y profundos, acentúan y reavivan el orgasmo, sostenido en cada golpe de pija quiero que mi venida sea parte de su orgasmo.

    La cambié de postura, tendí de espaldas, almohada bajo la cadera, piernas flexionadas, mis manos en sus muslos, volcado sobre ella, entrando a fondo en su vagina, retomamos el vaivén de la penetración, en dos o tres metidas el ritmo vuelve a pleno, sus gemidos se hacen escuchar sin pudores, expresando sus emociones, las piernas en mis hombros y todo entre sus piernas. El polvo adquiere dimensión de explosiva emoción, sus manos se agarrotan en mis brazos, la penetración intensiva y urgente, sus gemidos y mis bramidos se acoplan para el momento supremo de correrme. Un nuevo orgasmo comienza a estremecerla, la excitación me supera, la urgencia de eyacular no admite demora, no puedo prolongar más el placer, me dejé llevar… el bramido acompaña el primer chorro de semen, los siguientes, con la verga empujando bien en el fondo de la vagina. Eyaculé durante la agitación y estremecimiento propio de su orgasmo.

    Ethel se aferra a mí, quiere sentirse parte de mi cuerpo, sus músculos vaginales se contraen contra mi sexo, toda ella es un abrazo, siente ese momento como el objetivo final de un momento de pasión. No sabe pero aprende a sentir ese momento, un arrebato de lujuria.

    Nos quedamos inmóviles, la imagen del huracán pasional se multiplica en los espejos del techo, la pasión toma vida en los cristales, grabado en nuestros cuerpos sensaciones que ni sabemos vuelvan a repetirse.

    Lunes, de mañana, desayuno, con el tiempo justo para realizar las actividades del día, yo en la oficina, ella en la gestión bancaria. El whatsapp nos mantiene en contacto, encontrarnos en la tarde antes de volver. La invité a mi casa, comida frugal y la despedida, con la promesa de que estas emociones no fueran las primeras.

    El primer mensaje fue para decirme que había llegado bien, los siguientes de esa semana fueron subiendo el contenido, del atreverse a insinuarse, de animarse a exhibirse, las imágenes fueron subiendo de tono, de osado a desnudo total, el deseo a full.

    – Hola! Sí, síiii por favor, te espero ansiosamente.

    Acordamos en bajarme en el kilómetro… de la ruta 11, ella estaría esperándome.

    Estaba esperándome, recorrimos esos dos kilómetros hasta la casa de campo, había dispuesto todo para aprovechar lo que quedaba de la tarde y la noche, para poder acercarme en la mañana del sábado.

    Había dispuesto todo para este encuentro, unas cervezas frías calmaron el calor y suavizaron la excitación, nos dieron tiempo a procesar las emociones, disponernos a vivenciar ese momento mágico, que ella había estado fantaseando desde que nos dijimos “hasta la próxima”!

    Me senté en el sofá, sugerencia a verla desnudarse para su hombre, intuía que se había “producido” (arreglado de modo especial) para ese momento. Al mejor estilo de una desnudista, fue deshojando su cuerpo, los botones de la camisa fueron desprendiéndose, lento y pausado, mostrando como los opulentos pechos estaban difícilmente contenidos por un soutién de encaje transparente, solo cubrían parte de los pezones. Moviendo los hombros y dejó caer la prenda, sus manos sopesan, elevan y juegan con los senos grandes y redondos. Los pezones erizados presionan el encaje, desafiando ser lamidos.

    La falda cubría sus piernas hasta la rodilla, ajustada, marcando las formas de sus nalgas, gira moviéndose, se arrimó para que deslice el cierre, vuelve a tomar distancia, moviéndose con armonía para dejar que se deslice hasta el suelo, subida en sus tacones altos mueve con gracia para deshacerse de ella. El meneo de sus caderas ofrece el espectáculo de las caderas al desnudo, el delgado hilo perdido entre ambas presagia que la tanga solo cubrirá una mínima parte de su sexo.

    Había colocado un gran espejo, orientado para poder verse reflejada, multiplican su lujuria, la voluptuosidad de la visión frontal es algo para recordar, los vellos recortados a la medida justa del pequeño triángulo de tela, y la tira de cola para no permitirse un solo vello dicen cuan ocupada estuvo en producirse para la intimidad.

    Dejó de cubrirse el triángulo del deseo, acercándose para que enganchara mis dedos en la cintura de la tanga para descorrer el telón y mostrar el escenario como promesa del mejor de los placeres. Sentada en el sofá de enfrente, piernas abiertas, tocándose me ofreció el espectáculo de acariciarse toda, sabe que me gusta verla tocarse, lo hace lento y explícito, abrirse los labios de la vagina, pasar el dedo y lamerlo, jugar con sus pechos es algo que conmueve y eleva el deseo a niveles inéditos. El acto final, recoger la tanga y colocársela.

    Me llevó al dormitorio, tendida sobre el lecho elevó las piernas para despojarla de la prenda aromática, colocada en mi cuello a modo de trofeo, siento sus aromas de hembra.

    Reptó hacia arriba en la cama, mi boca se adueñó de su sexo, mis labios en los suyos sorben el ardor del deseo, las piernas se mueven al influjo de mis lamidas, los gemidos irradian la calentura que produce mi boca en su sexo.

    Se aprieta los pechos, los pezones entre sus dedos, los gemidos, agitada en convulsiones por la calentura que el produce mi boca en su sexo, los dedos aceleran e incrementan los gestos y el descontrol de sus acciones, la electricidad de la tensión emocional se desmadra, angustia y desesperación cuando el bullir de emociones sube por su cuerpo. Aprisiona mi cabeza contra su sexo, atenaza sus rodillas en mis oídos, aprieta con la fuerza de quien está habituado a andar a caballo, puede apretarme y mover sus caderas, elevar su pelvis hasta frotármela en mi boca.

    Esta mujer es toda una revelación pasional, toda ella está inmersa en una expresión del orgasmo sin límites, desbordada, exacerbada en sus gestos y en sus expresiones, vocifera palabras inteligibles y sin sentido, el estallido emotivo la sube a la cima sacudida por la pasión, hasta el punto de casi perder el sentido. La calentura se va esfumando hasta quedar reducido a una mujer entregada a mis brazos, laxa, como una muñeca rota, arrasada por el tsunami del deseo que la atravesó por completo.

    Babeándose, con lágrimas corriendo por sus mejillas, abrió los ojos, decían lo que su boca no podía articular, esa pasión se hizo orgasmos y ahora éxtasis, es la mueca de una mujer que está transitando ese momento inexplicable que deviene de vivir el frenesí que la subió a la cima, ahora se desliza al abismo del relax que reconforta el espíritu y renueva las ganas de volver a vivirlo.

    Sin darle demasiado tiempo a perderse en su abismo, la volví a ponerse a escalar un nuevo orgasmo. Montado, entre sus piernas, lamiendo sus pechos, entrando en ella con las ganas de una semana de abstinencia, me muevo con ímpetu y profundidad, sus manos se alternan tomándose de sus muslos para favorecer más y mejor penetración con el abrazo para tenerme sobre sus pechos.

    La pausa en la salvaje penetración, permite el beso, intensivo y profundo, con la lengua a todo dar.

    Retomar la introducción vehemente y acerada de la pija, moviéndome con fuerza, mis brazos apoyados a los costados de su cara permiten una visión elevada de sus pechos y su cara, también moverme con mayor amplitud de movimientos, un breve orgasmo acelera mis sentidos. Un momento de lucidez de Ethel le hace recordar que la fecha no permite el riesgo de venirme dentro de ella…

    – No te vengas dentro, estas fechas son peligrosas, por favor, dentro no.

    Recordaba cuando me contó de sus fantasías producidas por la visión de una película porno, venirme en su boca ya lo habíamos hecho aunque tan solo en parte, el sexo anal está pendiente…

    – Tranqui, déjate llevar, no voy a correrme dentro tuyo.

    Retomé el ritmo, moviéndome con renovados bríos y motivaciones, tenía decidido venirme en su boca, pero esta vez completito. Seguí dándole verga, con fuerza, metiendo y empujando hasta el instante, me salí con la premura de llegar a tiempo para ponérsela en la boca, ahorcajado sobre su pecho, frotando mis testículos sobre sus tetotas, sabe y entiende que busco su boca para dejarle mi eyaculación, abre los labios, asoma la lengua. Apoyé la pija entre sus labios masturbando con intensidad para descargar hasta la última gota de mi semen dentro de la boca de mi mujer.

    No hizo gesto alguno, solo quedé dentro de su boca, esperando… Sus ojos se fijaron en los míos, esperaba una orden, una sonrisa y el movimiento de afirmación fueron la señal que debía tragársela. Un movimiento de la glotis y se tragó todo mi semen, sin dejar de mirarme buscaba la aprobación de su hombre, ofrecí el resto, esa última gotita que asomaba en el glande, su lengua recogió esa perla, frotó sus labios para degustarla.

    El beso de su hombre fue la calificación de su tarea, su fantasía había sido cumplida, mi deseo de vaciarme en su boca cumplió la mía.

    Abrazados descansamos hasta que llegaron los emparedados, la cerveza reconfortó de los calores de la calentura.

    Luego hubo otros dos polvos más, uno terminado en su boca el otro sobre sus pechos, la modorra y el relax no llevaron a un sueño reparador, enredados en los sueños futuros de volver a disfrutarnos.

    Pero la pasión aún nos tenía deparado un último round antes de emprender el camino.

    Mentalmente nos vamos preparando para regresar a nuestra propia vida, es momento del impasse, de prometernos volver a intentar una nueva oportunidad de disfrutarnos, su madurez ha sido satisfecha, mi deseo por ser dueño de sus tetas también, pero cuánto nos durará? Esa era la pregunta sin respuesta.

    Nos vestíamos con la morosidad de quien se quiere demorar, alargar el momento al máximo. De pronto ambos nos vimos reflejados una vez más en el espejo, ese juez inapelable que volvía a pronunciar su veredicto: “los condeno a tener sexo una vez más”.

    La imagen pareció ordenar un nuevo momento de lujuria por disfrutar. Sin palabras nos desnudamos en silencio, el abrazo compulsivo, el beso de lengua que nos llegó al alma fue el inicio el precursor de este polvo que comenzó cuando se giró y la tomé desde atrás, estremecida al besar su cuello.

    Sentado en el borde de la cama, sentada sobre mí, piernas abiertas se introdujo la verga en la vagina, comenzó a balancearse, inclinándose apoyaba las manos en sus rodillas, ofreciendo el espectáculo de verme como la pija entra y sale de su estuche.

    Un buen rato disfrutamos de este jugoso balanceo, sin salirme, levanté y giramos hasta ponerla sobre la cama, quedó precisamente montada en la esquina del lecho, de modo tal que mi cuerpo había quedado en una memorable postura, con facilidad de movimientos para penetrarla a gusto, oscilando con mi cuerpo para una penetración profunda y contundente.

    La postura nos agradaba, ella giró la cara con la vívida expresión de una deliciosa cogida, movida con fuerza y contundencia, entrada a tope, elevo un poco más su cuerpo, como trepando al lecho, volvió su rostro para devolver en su expresión el place que le estoy haciendo sentir. Sus latidos reflejaron el tránsito de un orgasmo breve pero pletórico en intensidad, los músculos vaginales expresan la satisfacción de ser atravesados por mi verga.

    Entrada desde atrás podía deleitarme con la exposición de su trasero, ver y tocar ese culito virgen, tentador de todas las tentaciones, el dedo ensalivado frotó el esfínter durante su orgasmo, los gemidos parecían dar el placer de ir por más.

    Detuve los movimientos, abrí los cachetes, acaricié sus nalgas. – Qué vas a hacerme? Preguntó con voz temblorosa, tal vez un poco asustada, aunque acató la orden de quedarse quieta.

    – Relájate! –fue el mensaje tranquilizador, aunque ella podía intuir mis pensamientos… que la había puesto así para penetrarla por detrás.

    La verdad es que aún no estaba decidido del todo, pero ahora… sí convencido que no me saldría de esta postura sin haber desvirado ese culo, alzado e indefenso ante mi deseo.

    – Eso no debe doler… -dijo con timidez, sobre todo creérsela.

    – No te preocupes -dije para calmarla, aunque sentía el mismo nerviosismo que ella. – No te dolerá, te lo iré abriendo despacio, muy despacio.

    – Nunca, nunca antes… -tímida y resignada-

    Todo parecía más fácil, simplificado todo, unté bien la verga en sus jugos, ensalivé la cabeza, apoyé en el centro del hoyo. Llevé sus manos a tomarse las nalgas, mantenerla ocupada desatiende la penetración.

    – Empuja hacia atrás, te ayuda a manejar tu placer.

    Echó su cuerpo hacia atrás y comenzó el delicioso placer ser el primero en entrar en su culito virgen. Tomado de sus caderas comencé a empujar, en el primer intento me perdí, empujé demasiado, entró casi del todo. Ella encorvó su espalda y gritó.

    Me detuve, aflojé un poco el ritmo de la penetración, moviendo solo lo que había metido dentro, enloquecía de calentura, pero necesitaba un poco de adaptación, sobre todo al grosor, que se su cuerpo aceptara el tamaño del perpetrador de su ano virgen, un poco más de saliva y de flujos tomados con el dedo favorecen deslizarse algo más suave. Muevo la pija dentro del “marrón” despacio hasta entrarla toda, pausa y volver a moverme dentro. Los gemidos se tornan más agudos, los ojos llorosos, la boca reseca humectada todo el tiempo con la lengua inquieta, expresan el malestar de su primera vez por atrás.

    – Duele?

    – Sí, duele…

    – Te la saco?

    – No! Solo muévete más despacio, lento…

    Sus ojos, sus gestos decían del placer por sentirme dentro, de hacerme gozar, esos dolores que gustan, no quería que me saliera, que siguiera dentro de ella. El dolor anal fue dejando espacio para ese placer desconocido que la invade, estremecerse en cada envió, moverse y ser movida por mi cuerpo encimado. Elevó la rodilla izquierda sobre la cama, encimar la mía, movernos al compás de mi ritmo, girar el rostro para mirarme, ojos brillante y boca ardiente que recibe la caricia de mis labios y la humedad de mi lengua.

    Me tiro hacia atrás para disfrutar del espectáculo de ver como mi poronga entra y sale, brillante de jugos, abriendo ese lugar prohibido. Ahora tomada de los cabellos, sujetada con la fuerza que un padrillo sujeta a su yegua, moviendo mis caderas en círculo, jugando con la verga, abriendo las carnes de mi mujer.

    La fuerza la tiende hasta colocar la boca y morder la ropa de cama, aferrarse con fuerza clavar sus uñas en la tela a punto de rasgarla.

    Tomada de la cintura, sin dejar de penetrarla, la retiré de la cama, me senté y ella sobre mí, empalada en su ano. Cedí el derecho de ser artífice de su placer, moverse y disfrutar. Sin salirme la llevé contra la pared, apoyada contra el muro mientras sigo penetrando su culito.

    Los cambios de postura explorando nuevas sensaciones y sirven para demorar el acto, prolongar el placer y acentuar el erotismo del juego sexual.

    Tendí boca arriba, al borde del lecho, justo en la esquina, las piernas elevadas, acomodo atrayéndola hacia mí. Entré todo de un solo envión, a fondo, tirando el torso encima de ella, comí sus labios, lamí y mordí sus pezones, volví a empujarme en ella, su pierna derecha sobre mi hombro empujando todo. Mis dedos en su boca humedecidos para apretarle los pezones. Gimotea, se inquieta, aprieta sus tetas y hasta lame sus pezones para agradarme.

    El movimiento propio de la cogida la fue poniendo de costado, subiendo mi pierna sobre la cama hasta casi dejarla con el culito respingón y elevado, moviéndose acompasado con su macho. Sus manos se aprietan sobre la mía, siento la fuerza de una hembra que no puede controlar la ansiedad, excitada y dolorida transita un momento inédito, incapaz de controlarse, agitada y convulsionada por el bombeo intenso en su ano.

    No puedo demorarme más, el deseo de eyacular me puede, el proceso de venirme es algo irreversible, sujeto con fuerza, apretando sus caderas. Solo atino a prevenirla que me estoy por venir, que le voy a entregar una parte de mi vida, regando ese culito con la mejor eyaculación.

    – Me voyyy, ahhhh, toma, toma, mi lecheee.

    Fueron las últimas palabras del guerrero que se desmoronó sobre la espalda de su hembra, entregándose en alma y vida en este polvo que desvirgo a una mujer que le quitaba el sueño…

    Es tiempo de realidades, había expirado el tiempo de recreo, se imponía volver a la realidad, solo quedaba la promesa de otra vez.

    En el trayecto de retorno, se detuvo en el primer peaje y dijo:

    – Conduces hasta llegar, yo necesito sentarme de costadito, me duele el culo, me lo rompiste, malo…

    – Si no quieres, no lo repetimos.

    – Sí, sí, quiero, me duele, pero me gustó mucho. Y aunque no lo hubieras notado poco antes de venirte dentro había tenido un orgasmo, un tanto raro, pero muy disfrutado. Quiero que me lo vuelvas a hacer, la tienes gorda y soy estrecha, pero como dicen “lo que cuesta vale el placer”

    Vueltos a la realidad, el contacto siguió. En el resto de la temporada nos hicimos un tiempo para el sexo y repetimos con viajes armados para vernos, así durante un par de años.

    Estoy esperándote, saber que te pareció mi historia [email protected] y si quieres te sigo contando…

    Nazareno Cruz

  • Sexo en la oficina del Instituto

    Sexo en la oficina del Instituto

    Soy maestra pero al ser interina trabajo en un instituto con niños de compensatoria. He conocido a muchos compañeros pero entre ellos hay uno cuyos ojos me traen loca. No es que sea el típico tío con cuerpazo, pero no sé por qué a las mujeres nos encanta, yo creo que son los ojos que los tiene preciosos. Además eso de ser cuarentón y yo tener 27, pues lo hace más interesante.

    Siempre hemos hablado y nos hemos llevado como buenos compañeros, pero fue en una comida del instituto donde surgió esta historia.

    Durante toda la comida (que por cierto fue en la sala de profesores del mismo instituto) estuvimos hablando tan natural, hasta que llegó el momento de las copas, y que bendito momento; empezamos con el tonteo, hablando, comentando hasta que los cubatas empezaron a hacer sus efectos. Yo no había bebido mucho así que sabía muy bien lo que hacía y me alegro por ello porque de esa forma puedo acordarme de todos y cada uno de los detalles de aquel momento.

    —Faltan bebidas —comentó uno de los compañeros.

    —Voy yo —dije, pues era la que en mejores condiciones me encontraba.

    —Te acompaño —me dijo Luis, que era mi chico de los ojos azules.

    —Ok, encantada.

    Así que nos dispusimos a salir. Al llegar a la puerta, antes de salir a la calle y viendo que no estábamos a la vista me sorprendió Luis con un tremendo empujón que me puso de espaldas a la pared y me empezó a besar como si en ese momento se fuera a acabar el mundo. No puede evitar seguirle y empezamos a magrearnos sin dejar libre ni un rincón de nuestro cuerpo. Su pene erecto rozaba mi entrepierna y eso me excitaba más aún. Sus manos se disputaban mis tetas, mi culo, mis muslos por debajo de mi minifalda era muy rápido todo y queríamos devorarnos como dos leones, pero sabíamos que nos estaban esperando con las bebidas, así que fuimos al lugar más cercano que encontramos y las llevamos al Instituto. No nos dijimos una palabra en todo el camino, pero con las miradas lo decíamos todo, queríamos más y más.

    Llegamos con las bebidas y estuvimos un rato hablando con el resto de amigos, no dejábamos de mirarnos, hasta que me cansé y decidí actuar; cuando observé que me miraba le hice una señal de que me iba para fuera, él ya sabía que debía salir en unos minutos para no resultar sospechoso, y le esperé en la puerta.

    Salió a los dos minutos y me siguió, yo iba a dos metros por delante de él, sabía que no dejaba de mirarme el culo así que no dejaba de contonearme, sabiendo que me iba a desear más por cada momento que pasaba, no sabía dónde nos dirigíamos, pero yo sé, lo tenía muy claro, quería que me follara en su departamento, entre libros, apuntes, carpetas, ya lo había experimentado alguna vez y me daba mucho morbo; también el saber que nos podían pillar me ponía como una perra en celo, en el fondo me encantaba pensar en que nos pillaran.

    Llegamos a su departamento, abrí la puerta y entré, me senté en la mesa mirándolo de frente como se aproximaba a mí con rapidez, estaba deseoso; cuando entró cerró tras de sí la puerta y se dirigió directo a mí, comenzó a besarme y tocar todo mi cuerpo. No se colocó entre mis piernas, sino que se puso a un lado para poder tocarme entera, no dudó un minuto en meter la mano bajo mi falda, retirar mi tanga y meterme uno de sus enormes dedos; no pude evitar excitarme más y más y gemir. Mientras me metía uno y otro de sus dedos con la otra mano me agarraba del pelo tirándolo hacia atrás y me decía al oído:

    —Era esto lo que querías no? pues toma putita —y me tiraba más fuerte del pelo y metía dos de sus dedos con más fuerza.

    Cada vez que empujaba me hacía excitar más. Yo tenía mis manos recostadas sobre la mesa, quería hacerle ver que en ese momento podía hacer de mi lo que le diera la gana, y Luis lo sabía, sabía que me tenía en su poder y que era capaz de cualquier cosa por complacerle, así es como me excito, haciendo disfrutar a los tíos. Mi coño era ya un charco de lo caliente que estaba y encima no dejaba de decirme al oído que gimiera más, que quería escuchar pedirle más, que yo era su guarrita y que sabía que me gustaba que me tratasen como a una puta, y no se equivocaba, me encanta sentirme un verdadera zorra y quería demostrárselo. Así que le pedí que me dejase comerle la polla, que iba a saber cómo una puta come una polla de verdad.

    Se sentó en la silla del despacho y me puse a cuatro patas frente a él, bajé sus pantalones y calzoncillos y dejé a la vista una enorme polla, más que grande gorda y ufff que subidón me dio. Intenté en todo momento mantener mi culito en popa para que la vista le resultara agradable en todo momento, hasta entonces no me había quitado la ropa pero eso nos excitaba aún más si cabía. Cogí la tremenda polla entre mis manos y empecé a relamerla muy muy despacito, estaba buenísima, la chupaba de arriba abajo, lamiéndola hasta los huevos, chupando su capullito con movimientos rápidos de mi lengua pero chiquitos, le encantaba eso mmmm. Mientras se la comía despacito no dejaba de mirarlo a la cara, con ojos de lujuria; Luis mantenía sus manos apoyadas en la silla, aún no quería intervenir. De repente me la metí hasta donde pude en mi boca y empecé a mamársela cada vez más deprisa, pareció gustarle, cogió mi cabeza y empezó a dirigirme él a su gusto, yo sabía que le encantaba llevar el mando de la situación y a mí eso me vuelve loca.

    No quería todavía correrse así que me dijo:

    —Ahora es mi turno, siéntate tú que tengo unas ganas enormes de comerte el coño.

    —Pues es todo tuyo —me puse en pie me quité el tanga y me senté en la silla.

    —Desabróchate la camisa, quiero ver cómo te magreas las tetas mientras saboreo tu chochito.

    Como soy muy buena y obediente, no dudé en desabrocharla y bajar el sujetador y dejar al aire mis tetas; Luis se agachó frente a mí y comenzó a darme lametones, intentaba abrirme más las piernas, así que opté por apoyarlas en las brazas de la silla, pareció gustarle mi idea porque me miró y me dijo que era buena chica. Mientras me lo comía yo no dudé en no dejar de tocarme las tetas; mientras relamía cada gota de mis jugos bajaba mi mano y con mis dedos jugueteaba con su lengua tocándome yo también, me encanta rozar mi coñito empapado mientras me lo comen y como lo come Luis chicas uffff, creo que ha tenido que lamer muchos coños porque lo hace de vicio. Mientras lo relamía e incluso mordisqueaba me preguntaba si me gustaba:

    —No me gusta cielo, me encanta, no pares por dios no pares —le rogaba, porque ya no se lo pedía, sino que se lo suplicaba.

    No dejábamos de gemir, cada vez más fuerte, en el fondo queríamos que nos escucharan, no nos importaba que supieran que estábamos liados (a pesar de que los dos somos casados).

    Cuando vio que ya estaba que no podía más, que la polla le iba a reventar me hizo levantar de la silla y me dijo que ahora venía lo bueno de verdad; me puso de espaldas a él y me levantó la falda hasta la cintura, empezó a rozarme la polla por el culo, me hizo ponerme en posición y me la metió por el coño a lo bestia desde atrás; no pude evitar dar un grito de placer; desde atrás lamía mi cuello y mi oreja, y me susurraba al oído cosas que hacían que me excitaran más y más.

    —Te la voy a meter tan fuerte y tan honda que vas te vas a morir de gusto.

    —Si? Pues demuéstramelo cabrón, venga, eso es lo que sabes hacer?

    —Así que me retas? Pues ahora verás.

    Empezó a embestirme a lo bestia, mis tetas botaban como dos pelotas de la fuerza con la que me estaba follando, me encantaba notar sus huevos golpeándome. Estaba a punto de correrse cuando le pedí que parase que quería montarlo, que iba a disfrutar más.

    No dudó en coger una de las sillas más pequeñas y sentarse, me senté frente a él clavándomela hasta el fondo ahhhh. Mis tetas estaban a la altura de su boca y siempre que podía las lamía, estábamos al borde del éxtasis, yo me levantaba y me sentaba cada vez con más fuerza hasta que noté que se iba a correr, comencé a apretar mi coño contra él mientras Luis bombeaba toda aquella leche dentro de mí, estaba exhausto. Estuvimos abrazados en esa posición durante 3 o 4 minutos. Después nos vestimos y bajamos a la fiesta.

    Todos preguntaron dónde estábamos y claro, yo lo tenía todo calculado, así que saqué dos botellas más de ron que habíamos comprado y que había reservado como excusa:

    Sabíamos que no iba a haber bebidas suficientes, así que salimos otra vez a comprar.

    —Muy bien pensado Lucy, tú sí que sabes.

    —Gracias, eso dicen —y le guiñé un ojo a Luis.

    Fue genial, uno de mis polvos preferidos, pero no el único que eché con Luis.

  • Como disfruto mis masturbaciones

    Como disfruto mis masturbaciones

    Quiero empezar a contarles como disfruto mis masturbaciones.

    Soy una colombiana de 28 años. Mido 1,70, me considero de buen cuerpo, senos grandes, redondos y bien paraditos, cabello largo castaño claro crespo, piel blanca, piernas largas y torneadas, cintura estrecha, buena cadera y un culito grande y redondo.

    Me fascina la lectura erótica, mis mejores momentos los paso frente al PC leyendo relatos eróticos. Si el PC hablara contaría a gritos todo lo que ha visto que hago.

    Hace unos meses estoy sola, desde que mi novio se fue a Francia a dictar unos cursos de pintura, decidimos dar todo por terminado. Así que ahora me doy gusto conmigo misma.

    Terminé mi trabajo diario, soy diseñadora de joyas, así que me conecte a internet. Encontré una chica lesbiana que se nota que tenía unas ganas inmensas de cybersexo. La complací. Me contó que lo estaba haciendo con un marcador en su casa. De solo imaginarlo me calenté, después de leer unos cuantos relatos me dirigí a mi habitación. Mi ritual incluye un masaje con crema por todo mi cuerpo. Me miré al espejo mientras lo hacía, contemple mi coñito medio depilado y ya bastante lubricado, decidí que mi masaje debía incluir un poco de mis fluidos, los tome y los puse en mis senos. Eso me excita demasiado. Mi olor a hembra me encanta, tome otro poco y lo degusté, lo esparcí por mis labios y con la lengua lo recogí. ¡Qué rico!

    Me acomodé en cuatro y el masaje continuo con mi agujerito de mi culo. Tome otro poco de flujo y lo puse en mi anito. Me di un buen masaje circular. Mi clítoris demandaba atención, preferí continuar con mi culo, decidí tomar vaselina y lubricar muy bien mi mano, continué con mucha suavidad, un dedo adentro y fuera, muy suave… círculos, adentro y afuera, abriendo espacio para otro dedo, mis fluidos vaginales siguen saliendo a mares, ya van escurriendo mis piernas, con mi mano izquierda los regojo y acomodo en mi culo, el resto lo saboreo en mi boca y esparzo en mis tetas, que están muy paradas, mis pezones están en punta, son morenitos, contrastan súper con lo blanco de mi piel, sigo disfrutando tanto, ay si, mas… decido invitar otro dedo, y otro más… ya son tres en mi culo, con el mismo ritmo, adentro y afuera ya no tan suave, demando mucho placer, mas adentro que afuera… ya mis dedos hacen de las suyas dentro de mí.

    Cada uno juega como quiere, experimento un orgasmo brutal, ahhhh mmmm! Deli! Pero no quiero parar, me acomodo de rodillas y sigo, mis fluidos cuelgan desde mi vagina hasta el suelo, me tumbo suavemente en mi espalda, mi mano sigue en mi culo… ya acostada tengo mi mano izquierda para proporcionarme placer vaginal… abro bien mis piernas, acomodándolas encima de mi cama, una a cada extremo. Empiezo suavemente con un dedo, estoy muy lubricada, entra suave, demando otro, mientras mi diestra dirige mi placer anal decido atacar brutalmente mi clítoris que ya no puede más, ahhhh alcanzo al tiempo mi clítoris y mi punto g, estoy hecha un ocho, toda encorvada pero llena de placer… llega el tercer orgasmo ahhhhhh que rico! No puedo más, grito y me revuelvo de placer!!!

    Con mucha suavidad saco la mano de mi culito, y la otra sigue dentro de mí, cuatro dedos dentro y el pulgar encima del clítoris, sintiendo todos los espasmos, pum! Pum! Pum! No para de moverse, definitivamente fue uno de los mejores que he tenido últimamente.

    Ya terminando quiero sacar la mano pero al ver que estoy tan, pero tan lubricada decido sacar más líquido para tomar (me encanta beberme!) al hacerlo siento mi punto g completamente hinchado, que sorpresa pensé que ya había terminado!!! Pero no todavía falta más!

    Así que me pongo en pie, con las piernas completamente débiles. Recuerdo como Marcelo me enseño a conocer mi punto g. Subo la pierna derecha en mi mesa de dibujo, mientras termino de beberme todo el fluido que me saqué, mi mano derecha está por detrás haciendo una suave presión en el área perineal, y mi izquierda en mi zona vaginal, entran 4 dedos con muchísima facilidad, el gordito como siempre se encarga del clítoris, esta vez solamente está encima de él, me estremezco de placer, empiezo a ubicar mi delicioso puntito ahhh acá estas! Muy hinchado, a punto de explotar, será fácil, «esto es cuestión de paciencia y rapidez» así me decía Marcelo lo recuerdo en este momento y le dedico este orgasmo, recuerdo como me tomaba por la cintura mientras que yo encontraba mi punto, me daba muchos besos en el cuello y me fascinaba sentir su largo cabello liso en mi espalda y sobre mis senos, cuando yo ubicaba mi punto G el pasaba sus grandes manos a mis grandes senos, se divertía jugando con ellos y yo me excitaba mucho más. Bueno ahora no tengo quien juegue con ellos, así que me imagino que el esta acá.

    Empiezo con mucho juicio, esperando a que no se me encalambren las piernas, me concentro y siento la presión sobre este punto delicioso, mi cadera me ayuda y también se contonea, rápidamente crece el tamaño de la bolsa, lleno de delicioso líquido!!! (Para quienes no lo saben las mujeres también eyaculamos), ahhhh momento para presionar, ahhhhh grito de placer, el líquido sale fuertemente estoy completamente mojada, piernas y hasta la mesa, de tanto movimiento el orgasmo fue doble, que rico. Recuerdo de nuevo a mi mechudo… se ponía como un perrito a lamer todo el reguero, empezaba por mis pies, subía por las piernas y terminaba limpiándome todita la conchita…

    Me dirijo al baño a asearme. Son las 2:00 a.m., lleno la tina con agua calientita y me sumerjo en ella. Pienso en lo feliz que me hice ahora y recuerdo a mi querido Marcelo y todo lo que me enseñó, salgo y me acuesto en mi camita fría, que ayuda con la calentura que todavía tengo, lo hago completamente desnuda. Así es mejor.

  • Culeamos con mi prima en la cama de mi tía

    Culeamos con mi prima en la cama de mi tía

    Nos encontrábamos en una fiesta de unos amigos acá en Bogotá, Colombia. Yo había llegado con otros amigos a la fiesta. Allí se encontraban muchas personas amigas y otras que nunca había conocido. Como saben, las chicas siempre van muy lindas. Me había gustado una y me acerque a hablar con ella y a tomarnos una cerveza. Todo iba bien hasta que sentí un ligero pellizco en mi nalga. Gire a mirar cuando me di cuenta que era mi prima. Nunca me imaginé que ella iba a estar allí y había llegado con su hermana y el novio de ella.

    Para hacer el relato corto, nos sentamos a hablar y a tomar y cuando nos encontrábamos un poco subidos de licor, me le acerque al oído y le dije:

    -Óyeme primis… sabes una cosita?

    -Dime…

    -Casi todos los días me pajeo pensando en ti y en todas las veces que hemos culeado!

    Ella se quedó callada y trato de disimular lo que le había dicho, hablando con el novio de mi otra prima y riéndose como si no hubiera pasado nada. Así que me sentí un poco incómodo al haberle comentado eso y como ya había pasado un buen tiempo desde la última vez que habíamos tirado, que fue en Cartagena

    Así que me puse de pie y fui a ver dónde se encontraba aquella chica con la cual había comenzado a hablar desde el principio.

    Pero no la encontré y me dedique a tomar un poco más de lo debido.

    Habrá pasado yo que sé, una hora o algo por el estilo cuando llego mi prima y me cogió de la mano y nos volvimos a sentar. Allí sentados, me comenzó a mirar de una manera diferente al cual Yo sabía que era lo que deseaba.

    Todas las personas estaban tomadas y mi prima me dijo:

    -Vamos al carro y allí te consiento tu vergota, te parece?

    En ese momento, no le dije nada sino que me puse de pie y fui saliendo de la casa de mis amigos. Hice que ella me viera salir para no atraer la atención de las demás personas.

    Laura (por intimidad no es el nombre de mi prima) me miro y me guiño el ojo. Baje lo mas rápido al carro y allí adentro me quede esperándola. Le tomo más o menos unos 10 minutos en bajar. Entro al carro y yo sin dejarla subirse completamente ya le estaba metiendo la mano y tocándole ese culo. Se subió y sin pensarlo me fue agarrando mi verga y me abalanzó a besarme. Nos quedamos allí manoseándonos por una media hora, hasta que me dijo:

    -Quieres ir a mi casa?

    -Pero mi tía?

    -Ella no está, está de viaje, vamos para allá y así podemos culear bien rico, quieres?

    -Listo.

    Encendí el carro y nos dirigimos a la casa.

    Allí entramos y nos fuimos quitando toda la ropa hasta quedar en bola completamente. Llegamos al cuarto de mi tía y allí Laura puso sus manos encima de la cama y empinando su culito, me dijo:

    -Acércate…

    Yo estaba en la entrada del cuarto pajeandome, mis huevas estaban totalmente llenas de leche. Me le acerqué y coloqué mi verga entre sus nalgas. Mi prima comenzó a bajar y a subir. Mientras que mi verga se ponía como un palo le iba agarrando sus enormes tetas y le decía:

    -Sabes que me encanta coger y manosear estas tetotas primita?

    -Cógelas, manoséalas, haz lo que quieras con ellas porque me fascina como lo haces primo!

    Y con una de sus manos, agarro mi verga apunto a su chocha peluda y ella misma se lo enterró!

    Sin moverme de allí ella comenzó a culearme tan deliciosamente que yo hacía todo lo posible por no correrme!

    Hicimos todas las posiciones posibles hasta me dejo coger sus tetas y poner mi verga entre ellas y hacerme la rusa

    Fue algo muy delicioso y que duramos allí por lo menos unas dos horas culeando. Lo que más me gusto fue la manera que Laura se puso en perrito y me dijo que le halara el cabello que se quería sentir utilizada y como una puta! Yo sin pensarlo dos veces le hice caro y se la clave hasta no poder más! Le decía que era mi puta, mi perra y que ese pedazo de chocha peluda era mío, mientras todo esto, le cacheteaba sus nalgas. Se dio vuelta y me dijo que derramara mi leche encima de su chochito. Así lo hice y como saben de mis otras veces que me la había culeado, se puso a jugar con mí leche y masturbándose el clítoris con mí leche.

    Nos quedamos allí después de habernos culeado un buen rato. Hasta que mi prima se quedó dormida. Recogí mis cosas y me fui de allí. Al día siguiente nos volvimos a ver en un almuerzo familiar y como ya saben… lo que paso fue algo muy suave esta vez.