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  • ¿De verdad con nadie lo habías hecho así? (5)

    ¿De verdad con nadie lo habías hecho así? (5)

    –¿Y por qué dices que soy una pendeja? –Le pregunto a don Luis después de nuestro encuentro, no me quiere decir hasta que lo presiono a tal forma que termina diciéndome que mi marido me engaña con Reynalda, mi sirvienta y que él al descubrirlos la chantajeó para tener encuentros con ella los miércoles.

    Con razón los boletos de hotel que encontraba en sus pantalones y aquellas salidas a la casa de mi suegra para que Reynalda le ayudara según él, o sea que mi suegra también estaba enterada o era cómplice de mi marido y yo sin saberlo.

    Y eso no es todo, en la semana me entero que Rita, la hija de don Luis, anda con el vigilante del fraccionamiento, ella misma me lo confiesa, pero no ha llegado a más que besos y abrazos.

    En fin, es el cumpleaños de la esposa de don Luis y mi esposo ofrece la casa para hacer la fiesta, todo transcurre con normalidad, como el negocio de don Luis es de organizar eventos él se encarga de todo, yo ando de allá para acá vigilando que todo esté bien, de repente observo a mi marido platicando con Reynalda, voltean a verme y platican, nerviosa continuó con mi labor hasta que Reynalda me interrumpe.

    –Señora, allá afuera hay un señor que busca a Reynalda, ya le dije que yo soy Reynalda, pero insiste en que no soy yo.

    –¿Le preguntaste su nombre?

    –Si, dice que se llama Remigio

    –Quien sabe quién será, le digo entre nerviosa y deseando que me trague la tierra.

    La tensión sube ya que Remigio proporciona las características de la persona que busca y obviamente coinciden conmigo.

    –No mames Arleth ¡como con un pinche albañil! –Vocifera mi marido, quien me lleva a la recámara de la casa para reclamarme.

    –No mames Raúl ¡como con mi pinche sirvienta! Le revierto, y ¿con tu secretaria? Y ¿con la de la limpieza de tu oficina?

    No sabe que contestar, sale de la recámara furioso y yo con más calma afronto la situación encaminándome hacia el portón de la casa, pensando en una y mil cosas que le podía decir a Remigio.

    –¿Por qué no me presentas al señor? –Dice mi marido el cual me alcanza en el portón.

    –Mi nombre es Remigio Zacarías, –dice, mostrando madurez y templanza.

    –Soy albañil y…

    –ha, ok, viene a ver la barda ¿verdad? –Dice mi marido

    –Querida, porque no le muestras al maestro la barda que hay que reparar.

    –Si, claro, sígame por favor

    Caminamos por entre la gente que sigue en lo suyo, lo guío hasta la parte más alejada del jardín por detrás de la casa enfundada en mi vestido blanco muy corto y escotado con mis zapatillas de tacón alto, para esta ocasión me recorté el cabello de tal forma que me veo como una muñequita oriental con el cuello descubierto.

    Por un momento quedamos mirándonos fijamente hasta que su mirada me hace enrojecer, se acerca y aplasta sus labios contra los míos, al principio me resisto vigilando que nadie nos mire, empiezo a sentir como va creciendo su bulto punteándome, me lo restriega mientras lame mi cuello.

    –Espérate nos pueden ver, –le digo suplicante

    No se detiene, puedo sentir como está loco por penetrarme ahí mismo, le correspondo abriendo la boca y entregándole mi lengua ansiosa, restregándome con fuerza en su pelvis a la contra de sus movimientos, para después bajar mi manita y apretarle el pene masturbándolo por encima del pantalón, Remigio se las arregla para subir mi vestidito y empezar a dedearme.

    –hum, así, don Luis, así. –Él se detiene, mi mente alcanza a comprender el tremendo error.

    –¿Don Luis? –Me dice serenamente alejándome lentamente de el

    Intento remediar la situación haciendo como que no ha pasado nada, ninguna súplica es suficiente, él recoge su mochila y se encamina al portón lenta pero decididamente.

    Intento integrarme a la fiesta triste, resignada, obviamente no iba a salir corriendo detrás de el en medio de tantos conocidos, pero curiosamente no encuentro a mi marido ni a mi sirvienta, ni a Luis ni a su familia, en medio del bullicio me dirijo al cuarto de servicio con las llaves en la mano y descubro a don ¡Luis y a Reynalda!, subo a la recamara y ahí están Rita y el vigilante, tan concentrados que ni se dan cuenta, pero ¿Dónde está mi marido? No tardo mucho en encontrarlo, lo encuentro en la bodega con ¿doña Cuquita? ¡La esposa de don Luis! No les digo nada, solo cierro la puerta y regreso con los demás invitados.

    Viéndolo bien doña Cuquita no esta tan mal, obvio que es menor que su marido, pero todavía aguanta la señora, me digo a mi misma.

    Durante una semana mi mente batalla con la idea de ir o no a buscar a Remigio, y de nuevo Rita entra en mi ayuda ya que de mi parte lo busca en la plaza para decirle que lo espero en la casa, precisamente el día en que de nuevo mi marido lleva a Reynalda a “casa de su mamá”.

    Nerviosa siento el tiempo pasar y nada, no llevo puesto nada fuera de lo normal, mi vestido corto y floreado con los hombros descubiertos, mis sandalias y un coordinado de brasier y cachetero color durazno, mi corazón salta al escuchar los toquidos de la puerta, no tardo en abrir sonriente y mirar a Remigio enojado, serio, retador.

    Me toma de la cintura sin molestarse ni en cerrar la puerta y me aprieta contra él besuqueando mi cara y mi cuello, intento apartarme, no me está gustando la forma en como me está tratando, pero tiene muchas fuerzas.

    –No, por favor, –le digo suplicante

    –¿por qué no me dijiste que estas casada?

    –Quien chingados es don Luis, –me pregunta bufando de coraje

    –Tu eres mía, solo mía, ¿entiendes?

    Trato de calmarlo, pero es inútil, me toma del pelo fuertemente dándome un tirón haciendo que levante la cabeza, me succiona el cuello haciéndome chupetones como marcándome para él, como puedo me zafo de sus brazos, pero me alcanza aferrándome de la cintura, arrancándome la ropa me tira en el sillón de la sala, me incorporo intentando calmarlo y huir del lugar.

    –Espérate, ¿a dónde vas?

    Me dice deteniéndome y tomándome con fuerza, volteándome de espaldas a él me coloca en cuatro mientras desabrocha su cinturón sacándose la verga, restregándomela en mi colita, en mi ano, siento sus dedos llenos de saliva untándolas alrededor de mi orificio anal.

    –No por favor, –le digo suplicante

    No sé qué hacer o decir, siento su cabezota empujando el hoyito de mi ano, estoy asustada, grito de dolor sintiendo avanzar su oruga de ardiente de carne en mis entrañas, abriéndose paso sin piedad, las descargas de dolor llegan una tras otra al sentir entrando algo por donde generalmente todo tiene que salir.

    Por un momento se detiene al sentir como sus peludas bolas no pueden entrar sus gemidos que más bien parecen bufidos de toro herido se confunden con mis gritos de dolor, pero eso a el no le importa, al parecer mis gritos lo incentivan a iniciar con un mete y saca descomunal, siento mis nalgas muy separadas una de otra, un escalofrió descomunal recorre mi espalda, Remigio me aferra de la cintura violándome a su gusto.

    Remigio continua con sus fuertes embestidas, saca su verga y me la vuelve a introducir, por momentos sus estocadas resuenan como latigazos uno tras otro, no puedo mas, ya no me quejo, solo espero a que termine pronto, y mis suplicas no tardan en ser escuchadas, sus fuertes palpitaciones dentro de mi ano hacen que se ensanche a su ritmo quemándome las entrañas con sus potentes espermatozoides.

    Termina, no me dice nada, solo se abrocha los pantalones y sale de la casa dando un portazo, dejándome aquí, asustada, llorando.

    ¿Me lo merezco?

  • Iniciando a nuestros hijos mellizos (11)

    Iniciando a nuestros hijos mellizos (11)

    Alrededor de las 6 pm llegamos a nuestro hogar, quedamos de vernos a las 7:30 para cenar, mi hija y mi esposa subieron rápidamente a la habitación a tomar una ducha, llevaban consigo los paquetes con sus compras de la tienda. En el camino a casa compramos comida preparada para la cena, Enrique estaba por llegar, me senté un momento en la sala a recordar lo vivido, me sentía muy excitado, fue inevitable jugar un poco con mi polla, la visión de Sandra y mi esposa en la tienda luciendo sus excitantes trajes era más de lo que podía procesar.

    Subí la escalera lentamente, recordar a mi hija en la tienda me atormentaba. Al pasar por su habitación escuche el ruido del agua de la ducha, y mi imaginación corría pensando en mi hija duchándose. la imagine desnuda y masturbándose bajo la regadera.

    Entré a nuestra habitación y escuche que también mi esposa se duchaba, abrí la puerta y me desnude, el vapor caliente la envolvía, su cuerpo hermoso es un afrodisiaco que sumado a lo excitado que me sentía sin preámbulos la jalé sin mediar palabras, y la besé apasionadamente con mi lenguaje corporal transmitiéndole mi deseo descontrolado. Ella respondió acariciando mi pene ya erecto. La tensión sexual que habíamos ido acumulando a lo largo del día se desbordó en un instante, empujé a mi esposa contra la pared de la ducha y comencé a penetrarla con frenesí.

    Ella gimió de placer al sentir mi miembro adentrándose. Nuestros gemidos se fundieron con el sonido del chorro del grifo, creando un crescendo erótico en la atmósfera. Nuestros movimientos se volvieron intensos, reflejando la emoción y la excitación que experimentábamos.

    Compartíamos un secreto, mi mente volvía a la tienda, a la imagen de mi hija probándose ropa provocativa. El calor del vapor y el sonido de la regadera se combinaron con los gemidos de placer de Myriam.

    De repente, ella me susurró al oído: “¿Te pone cachondo lo que pasó en la tienda, cariño?”, su tono juguetón me hizo detenerme por un instante. “¿Te gustó ver a tu hija en lencería?” Me volvió a preguntar. Le sonreí, sin dejar de moverme, “¿Cómo no iba a ponerme cachondo? Ella se veía hermosa, muy sexual”. Mi respuesta solo la excitó aún más, su vagina se apretujó a mi pene. Susurrando, le dije al oído: “También me gusto verte a ti en ese conjunto… seguramente a Mario y Juan le encantara, ¿No te pone igualmente caliente amor?, en unos días nos reuniremos con ellos” Le respondí penetrándola profundamente y deteniéndome en cada estocada.

    Mi esposa asintió regalándome un largo gemido. “¿Te gusta la idea de proseguir con el plan y que Sandy y yo les modelemos a ti y Enrique antes de ir la reunión?”

    “Siii… me encanta la idea”, le dije, acelerando mi ritmo.

    Volteé a mi esposa y la penetré desde atrás, con el vapor de la ducha acariciando nuestros cuerpos empapados. El chorro del grifo caía con un sonido constante y rítmico, sincronizando con nuestros jadeos y gemidos. “Me parece muy excitante… todo lo que estamos viviendo y quisiera… involucrar también a Enrique en alguna medida” Le confese mientras continuaba con mi miembro entrando y saliendo de su cálida y encharcada vagina. “¿No te excita la idea?”

    “Mierda, si,” susurró Myriam, moviendo sus caderas para ensartarse y envolver mi pene con cada embestida.

    Mis manos agarraron su cintura y la levanté aún más, impulsando mi polla más adentro de ella, disfrutando del sonido que emitía mi miembro al salir y volver a entrar en la humedad de su coño.

    Mi esposa detuvo su movimiento, voltio su cara y me miró fijamente a los ojos y susurró con un tono de complicidad: “¿Qué fue lo que te excitó más de ver a Sandra en la Sex Shop?”, su cara mostrando una combinación de sorpresa y deseo. “Me gusto su seguridad y verla tan dispuesta a mostrar su cuerpo en lencería”, le respondí dándole tres fuertes estocadas, la verdad era que la imagen de mi hija era una constante en mi mente. “¿Y qué tal en el centro comercial?”, agregó ensartándose de golpe.

    “Ufff si! se veía espectacular caminando, me excito como la veían…”

    Ella sonrió, acaricio con una mano mis testículos por debajo de su cuerpo. “En la tienda note tu erección y la chica que nos atendió y Sandra también lo notaron”, dijo con un tono burlón.

    Nuestros ojos se cruzaron, llenos de deseo, mientras la penetraba con todo mi ser, le volví recordar a mi esposa acerca de nuestro próximo encuentro con Juan, Martha y Mario. Myriam se agacho para facilitarme más la penetración y en esa posición cada vez que la penetraba su orificio anal se expandía, aprovechando la lubricación del vapor y el agua le introduje lentamente un dedo en su apretado agujero, notando de inmediato la reacción de su vagina, “Este pequeño orificio podría llenarse con la verga de Mario o de Juan mientras otro te penetre por enfrente amor”.

    Mi esposa se estremeció ante mi sugerencia, puso sus manos sobre las rodillas para no caerse ensartándose con fuerza en mi pene. El dedo que le metí en su culo, desencadenó en ella una ola de placer que se reflejó en su cara. Su vagina se ajustó a mi pene aún más, jadeando y gimiendo de placer, me dijo que si, que le gustaba la idea de continuar lo que quedó inconcluso en la reunión con nuestros amigos, que le excitaba la idea de que la penetraran por todos lados. Acelere mi ritmo, mi pene deslizando en la humedad de mi esposa y mi dedo en su culo. Ella se movía en sintonía conmigo, acelerando sus caderas al ritmo de mis embestidas.

    “Te he imaginado… tú en medio de Juan y Mario, y yo atrás viendo como se pierden sus miembros en tus orificios”. Le confese.

    “Y yo chupando a Martha mientras ellos me penetran”

    “¡Siii que rico! seria delicioso de verte así amor”

    El vapor se envolvía alrededor de nosotros, la hacía verse aún más hermosa, más excitante. Bruscamente sin dejar de penetrarla la obligue a que pusiera las rodillas en el piso de la bañera para penetrarla de perrito con más libertad. Seguimos fantaseando mientras la penetraba suavemente y le introducía rítmicamente al unisonó dos dedos en el ano.

    “¡Dime más amor!, ¡me calienta mucho!” Suplicó.

    “Voy a ir un poco más lejos en mis fantasías… también he imaginado que sea Sandra la que está recibiendo esas dos vergas”. Contesté acelerando el ritmo.

    Suavemente saqué mis dedos del agujero dilatado de su culo y sin pedir permiso lo suplanté por mi polla, se quedó estática con cada milímetro que le entraba, la visión de ver a mi esposa en el suelo de la bañera con la cara pegada al azulejo del piso era demasiado excitante, me miraba por encima del hombro, sus ojos llenos de pasión y deseo, mi polla entrando y saliendo de su culo. El sonido del agua se confundía con los gemidos que salían de la boca de mi esposa.

    “¿Te gusta mi fantasía?”. Le dije.

    Eso fue la chispa que encendió la llama. Mi polla se movía cada vez más rápido en su orificio anal, cada estocada más profunda, cada uno de sus gritos más descontrolados, mi esposa me decía que no parara, que no podía aguantar, que ya se iba a correr con mi verga en su culo. Y sucedió, la sentí soltarse, su culo se contrajo y sentí como aprisiono mi pene mientras se retorcía en el piso, le metí prácticamente todos mis dedos en su vagina buscando ayudarla y enseguida me regalo otro orgasmo.

    Ella me miró con ojos llenos de deseo. Con un gemido final, eyaculé en su culo, llenando su interior con mi semen, mi esposa se deslizó y derramo en el piso de la ducha conmigo encima dentro de su culo. Nos besamos apasionadamente en esa posición, ahí estuvimos por algunos minutos.

    Continuará.

  • Trío en vacaciones

    Trío en vacaciones

    Hoy les escribí algo que acaba de pasar el día de ayer.

    Pues mi novia y yo estamos de vacaciones, nos decidimos a ir a un bar por la noche para divertirnos un poco, estábamos en un bar cerca de la playa y todo iba bien, una noche normal.

    Les describo a mi novia: 1.60m, piel color canela claro, cabello largo, delgada, una tetas algo grandes y bien redondas (Las sacó de su mamá) y un culo redondo y bien paradito.

    Pedimos varios tragos, unos shots de tequila, la estábamos pasando bien y se nos acercó una chica, piel blanca, cabello medio largo, castaño, tetas pequeñas y un culo grande que se le dejaba ver bien rico pues traía traje de baño.

    Nos preguntó que si éramos de aquí, le contestamos que no y se fue, se nos hizo raro que se acercara a preguntar eso y pues como mi novia no toma, ese día tomó y se puso bien caliente, ya nos íbamos y la chica nos dijo que si podía acompañarnos que quería pasar la noche con nosotros, mi novia a lo que sin pensar le dijo que si y pues yo no diría que no, nos fuimos al hotel en el que estamos hospedados y así empezó una gran noche.

    Mi novia y yo empezamos a besarnos a lo que pronto la otra chica empezó a tocarme por detrás, yo estaba bien excitado, saber que dormir hermosas mujeres me estaban deseando que estaban dispuestas a hacer todo y lo deseaban.

    Les dije que se besaran y que se sacaran toda la ropa, estaban desnudas besándose, era tan sexy verlas, empecé a tocarlas, a acariciarlas.

    Estaban las dos acostadas en la cama comenzaron a lamer mi verga dura, cabía una mano de cada una en mi verga, las dos me masturbaban y me llenaban de saliva, era tan excitante, me sentía en el cielo, mi verga estaba muy lubricada de sus salivas, mi novia no es capaz de comer toda mi verga pero siempre la chula bien rico, pero esta chica se tragaba toda mi verga, se la metía hasta la garganta, bien rico que casi me hacía venir, le estrellaba todos los testículos en la cara y hacia arcadas, mientras le follaba la garganta yo le metía los dedos a mi novia, ella estaba muy húmeda, estaba escurriendo, lo cual decía que le encantaba todo esto.

    Después me acosté en la cama y mi novia se clavó mi verga en la vagina, entro fácil y rápido, empezó a follarme sin piedad…

    -Ay si amor, dame más, más duro, se siente mucho, no pares, así, así.

    La otra chica puso todo su rico culote en mi cara, me estaba comiendo un culo angelical, yo lo apretaba duro y lo jalaba duro contra mi cara, sus jugos caían en toda mi cara, ellas están besándose.

    Puse a la chica en cuatro mientras ella comía los jugos de mi novia, le entró mi verga bien fácil también:

    -Uuuy sí que rica se siente, me encanta tu verga, dame duro, destrózame toda, aaah aaah si, así ay, dame más.

    Mi novia decía:

    -No pares, cómeme, dios que rico, estoy toda mojada, aaah aaaah, ay ay, me harás venir.

    Chica del bar:

    -Hazme venir, quiero chorrearte la verga, aaah aaaah, hazme gritar amor, dame todo.

    Le penetre bien duro, ese culo rebotaba delicioso y sabía que había valido la pena está noche, se miraban bien sabrosas las dos, en serio que no sé cómo aguante no venirme, dos mujeres enfrente de mi viniéndose y retorciéndose de placer, mojadas, sudadas, disfrutando.

    Mi novia se puso en cuanto al lado de la chica y dijo:

    -Métemela toda a mi en el culo, quiero que me llenes -A ella le gusta mucho hacerlo anal.

    Le lubriqué bien y se la metí toda…

    -Aaaah, siii, que rico se siente, estás bien duro, ay, ay, ábreme toda, destrózame.

    A esto yo estaba metiéndole los dedos a la chica del bar y ellas de besaban, la chica me dijo:

    -Méteme los dedos en el culo, quiero sentirlo, quiero que la primera vez de mi culo sea tuya.

    Le metí los dedos…

    -Aaah no, se siente raro, duele, pero aaah aah, no pares, me gusta, que rico, méteme más.

    Mi novia ya tenía el culo bien abierto, se la saqué y me acosté de nuevo, le dije a la chica del bar:

    -Móntate, dame unos ricos sentones con ese culo, métetelo todo.

    Se subió arriba de mi, no le entraba mi verga en el culo, hasta que entró.

    -aaah siii, amor, ay que duro, ay que rico, aaah.

    Mi novia se sentó en mi cara está vez.

    Chica del bar: -Si dame más, no pares, no pares -Estaba rebotando sin piedad y su culo hacia un ruido delicioso de cómo chocaba conmigo.

    Mi novia: -Cómeme, méteme la lengua hasta adentro, dame más, hazme venir otra vez, aaaah siii, cómeme aah más más.

    Chica del bar: -Ay si, así así, dame, me vengo, hazlo ahora vente conmigo.

    Mi novia: Si vente damos tu leche, me vengo, me vengo, aaah siiii, aaaah.

    Chica del bar: Me vengo, me vengooo, ah aay aaay siii, que rico me vine.

    Sus jugos estaban todos arriba de mí, les dije:

    -Hínquense en el piso cómo perritas, chúpenme la verga.

    Se hincaron las dos y empezaron a comerme.

    -Saquen la lengua y abran grande -Les dije- Oooh si, quieren leche? Quieren toda mi leche?

    Ellas: Si amor, danos tu leche, la queremos toda, danos, aaaah aaah.

    Y entonces ya no pude aguantar, les avente toda la leche en la cara, salieron 3 chorros grandes y un poco más, tenían toda la cara llena de mi leche las dos, se empezaron a besar y a lamer y limpiar mi verga.

    Que rica noche, una de las mejores de mi vida, un trío perfecto, espero les guste este relato y no olviden comentar y cualquier cosa estoy en el mail para cualquiera.

  • La mamá de mi amiga Raquel

    La mamá de mi amiga Raquel

    Carmen es hermana de Olga, la señora madura que me quito la virginidad, esa historia fue mi primer relato que subí, hoy quiero contarles como a mis 19 años me comí a su hermana Carmen, quien en ese entonces tenía 40 años de edad.

    Ella media 1.55, era de complexión delgada, piel finita color morena, unas tetas paradas y unas nalgas redondas y paradas, usaba siempre traje de ejecutiva, se veía riquísima en esos pantalones de vestir entallados y que decir de sus vestidos ajustados y arriba de la rodilla, la señora era una diosa.

    Yo me llevaba bien con su hija, quien tenía 24 años, ambos íbamos juntos al gimnasio, eso género que pudiera convivir con ella más seguido, tanto que había ocasiones que Carmen estando yo en su casa actuaba natural, se quitaba las blusas, andaba en calzones, ¡unos ricos cacheteros que siempre usaba, al parecer en su familia era normal el exhibirse.

    Una tarde, fui a buscar a Raquel su hija para irnos al gimnasio, al tocar me abrió Carmen, una licra ajustadísima mostrando sus torneadas piernas, una blusa escotada enseñando casi todas sus tetas y su pezón marcado me recibieron en la puerta.

    L: ¿Hola, esta Raquel?

    C: Hola hijo, ¡no! ¡No esta!

    L: ¡Bueno, le dice que vine por favor!

    C: No tarda, si gustas pasa a la casa y espérala si no llega en 10 minutos, ¡pues te vas!

    L: ¡Ok, muchas gracias!

    Me senté en su sofá de la sala, ella continuaba con sus quehaceres, se empinaba mientras barría, yo miraba como se marcaba su tanga color rojo, como al agacharse a barrer por debajo del mueble de la televisión, me mostraba sus tetas firmes, eso me excito, ¡pensamientos eróticos recorrían mi cabeza!

    Carmen se dio cuenta que la miraba peor en lugar de reprenderme, me miro con una sonrisa pícara, mientras continuaba su show pasaron los 10 minutos y con una erección en mi pantalón decidí abandonar esa casa!

    L: ¡Bueno señora, ya me voy, Raquel ya se tardó!

    C: ¡Bueno chico, te iba invitar un vaso de agua fresca, ya que la prepare, pero si ya te vas, ni hablar!

    L: Bueno, ¡me quedo otros cinco minutos mientras tomamos el agua!

    Me sirvió un vaso de agua de horchata y se sentó a mi lado en el sofá, cruzo su pierna enseñándome lo torneaba que estaban, ¡movía sus pies que estaban muy bien cuidados, yo tenía la verga dura deseaba arrancarle la ropa y penétrala con mucha fuerza!

    L: ¿Señora le puedo decir algo?

    C: ¡Claro hijo, dime!

    L: ¡Que buen cuerpo tiene!

    C: Ay, jajá, gracias, ¡favor que me haces, yo ya estoy vieja!

    L: ¡Para nada, usted está envidiable para cualquier mujer de veinte!

    C: Bueno, ¡a mis veinte aún estaba mejor!

    L: ¡No lo dudo!

    La mire fijamente y me atreví a robarle un beso, ella me empujo aceleradamente, inmediatamente le pedí una disculpa, la verdad mi instinto me hizo actuar así, ¡entonces me levante y me decidí a salir cuando ella me tomo de la mano y me beso frenéticamente!

    C: ¡No sabes cómo me hace falta esto!

    L: ¡Qué bien besa!

    Besándonos caímos en el sofá, ella como fiera estaba encima mío, yo acariciaba sus piernas y su espalda, bajaba mis manos lentamente por sus nalgas duras.

    Me quito la playera y empezó a besarme el pecho y los pezones, sus manos empezaron a bajar mi pants, mi verga estaba dura y ella con sus manos la empezó a acariciar, yo cerraba los ojos, ¡no podía creer que me estuviera agasajando a la mama de mi amiga!

    C: ¡Que dura y grande, tan joven y tan pollon!

    L: ¡Señora, me excitas!

    C: ¡Relájate bebe y háblame de tu!

    L: ¡Carmen, estas buenísima!

    Carmen me miro y bajo a mi verga dura, la comenzó a lamer como paleta, no podía creerlo, era muy buena mamando, succionaba mi cabecita y la mordía, luego jugaba mi escroto dándole rasguños con sus dientes, se despojó de su blusa, para con su tetas hacerme una “rusa” muy rica, la señora me estaba haciendo suyo, el sexo oral era fenomenal, lo tragaba enterito, sentía su garganta con mi cabeza, luego de forma rápida, sacaba y metía mi verga en su boca, yo le apretaba la cabeza, estaba haciéndome sentir en la gloria!

    L: ¡Ah, Carmen dios mío!

    C: Que rica la tienes, grande y dura, ¡uhm!

    Antes de continuar mamándomela, se quitó la licra y se acomodó para un perfecto 69, su vagina ya estaba húmeda, sus hermosas nalgas las puso en mi cara y me pido le hiciera lo mismo. Se las acaricié con mucha fuerza, hice a un lado su tanga y empecé a mamarle la concha con mucha velocidad, mi lengua entraba y salía fuerte, apoyándome de sus nalgas la follaba con mi lengua enrollada, ¡sus fluidos salados eran un néctar divino que escurría en mi boca!

    C: ¡Agh, que rico, agh!

    L. Así mi amor, te gusta? ¿Y te gusta mi lengua?

    C: ¡Si!, pero ahora quiero sentir tu verga en mí!

    Me levante y le quite la tanga, Carmen se acomodó en el sofá abriendo las piernas, me incline hacia ella y apoyándome de la espalda del sofá la empecé a penetrar suave, le mordía las tetas y el cuello, la doña aun apretaba magnifico, me acariciaba las nalgas y me empujaba más a ella.

    C: ¡Ah, que dura, ah!

    L: ¡Carmen, dios, que apretada!

    Seguí embistiéndola en esa posición, luego me senté en el sofá y ella subió mirándome de frente, me cabalgaba delicioso, mi verga era apretada por su vagina, le mordía las tetas, ella mordía mi cuello, se dejaba caer majestuosamente, ¡el ruido de nuestros movimientos y gemidos ya se escuchaba en toda la casa!

    L: ¡Muévete, agh, dios!

    C: ¡Ahí rey, dios, que dura, agh!

    L: ¡Que rico coges, uhm!

    C: ¡Y tu nene, ah!!

    Luego se dio vuelta y se dejó caer aún más rico, movía su cadera a cada caída, me estaba haciendo gritar del placer, le apretaba sus tetas, le mordía la oreja, ella simulaba un oral con mis dedos, le acariciaba el clítoris, ¡estábamos en lo mejor del acto!

    L: ¡Eres maravillosa, uf!

    C: ¡Y tu un infeliz, agh, uf, mira que cogerte a la mama de tu amiga, uf!

    L: ¡Ella es la culpable, uf, por estar tan sabrosa!

    ¡La puse de pie y ella apoyada en el sofá se empino, le di un par de nalgadas para luego dejársela ir con delicadeza, le acariciaba las piernas y las nalgas, ella también movía rico su cuerpo, a sus 40 años era una experta ene l sexo y me estaba dando ene se momento un mejor sexo que su hermana!

    Sin sacársela la lleve a su mesa, ahí tome una silla y subí una de sus piernas, le jalaba el cabello mientras la penetraba ene s apose de patita de ángel, ella gemía, se movía riquísimo, le besaba la boca, le mordía los labios, estaba dando lo mejor de mí, ¡quería que esa madura d e40 nunca olvidara a ese joven de 19 años!

    C: ¡Ah, Luis, que rico, mmm!

    L: ¡Ah, que rico, uf!

    C: ¡Que varga más grande, que rica!

    L: ¿Te gusta?

    C: ¡Es magnifica, tan joven y tan vergon!

    Se subió a su mesa empinándose toda, yo subí a una silla y la cogí de perrito, le daba tan fuerte como podía, la nalgueaba, le jalaba el cabello, le apretaba las nalgas, quería hacerla gritar, ya no me importaba que llegara Raquel, ¡solo quería seguir cogiéndome a su mama!

    Ambos ya estábamos arriba de la mesa, le seguía dando de perrito, ella también movía sus caderas, me hacía gemir de lo rico que las movía, seguía dándole con fuerza, lograba ver su ventana y mirar a la calle, eso me excito más, ¡me imagine que nos encontraban y eso me excito más!

    L: ¡Ah, mamacita, que rica, que rica eres!

    C: ¡Cógeme, uf, cógeme!

    L: Eres una malvada, ¡mira que coger donde comen!

    C: ¡No me importa! ¡No es la primera vez!

    L: ¡Dios, que zorra!

    La comencé a embestir con toda mi fuerza, sentí como escurría, sabía que llegaría al orgasmo en cualquier momento, ¡me moví con mucha fuerza hasta sentir como se corría! eso género que se moviera riquísimo, me estaba dando un gran placer y por esa razón consiguió que yo también me viniera!

    C: ¡Ah, así, dámela, dame tu leche!

    L: ¡Dios, ah, que rico!

    C: ¡Uhm, uf, papi!!

    ¡El orgasmo fue increíble, nos quedamos pegados como perros en la mesa, luego se la saque y ella corrió a limpiarme la verga con su boca, yo metía mis dedos ara aumentar su sensibilidad, su clítoris seguía inflado, yo descargue unas cuantas gotas más en su boca!

    L: ¡Estuvo rico!

    C: ¡Si, mucho, pero ahora tienes que irte, no quiero que te vean aquí!

    L: ¡Como digas!

    C: ¡Por cierto, esto solo queda entre los dos!

    Tuve la oportunidad de cogérmela un par de veces más, luego se divorció y se fue a vivir a Michoacán con su hijo menor y Raquel, nunca más supe de ella.

  • Chantaje a mi madrastra promiscua

    Chantaje a mi madrastra promiscua

    El descubrimiento de la traición.

    Hasta el momento sólo eran rumores: susurros a mis espaldas, gestos ambiguos cuando la nombraban, sonrisas irónicas cuando se hablaba de ella… Al principio no lo creí en absoluto. Después de todo, años atrás, Florencia Orgambide fue una vedette de cierto renombre. Ahora, a sus treinta y tres años, ya habían pasado siete años de que se retirara de su meteórica carrera, pero todavía, al googlear su nombre, se encuentran un montón de imágenes suyas (La mayoría en ropa interior o con pantalones súper ajustados), y si se busca en YouTube programas viejos de Pasión de Sábado, se la puede ver detrás de los cantantes de cumbia, vestida con un top diminuto, y una minifalda ridículamente corta, que se levantaba con facilidad cuando hacía determinados pasos de baile, mostrando las nalgas esculturales, y la tanguita de turno.

    Como venía diciendo, al principio no lo creía, porque a la gente le gusta prejuzgar a las personas, y una ex vedette venida a menos era el blanco perfecto para las habladurías. Además, Florencia hacía bien a mi padre. Él había quedado viudo (Y yo medio huérfano) hacía cinco años, y recién ahora pudo comenzar una relación con una mujer. Se lo veía tan feliz como hacía mucho no lo estaba. Quizá eso (ver feliz a mi padre), me impidió ver la obvia realidad.

    Cuando me dijo que salía con ella, primero no lo pude creer, y después sentí vergüenza, porque Florencia fue la causante de muchas de mis erecciones, y eyaculaciones durante mi adolescencia. La idea de que pudiese ser mi madrastra me perturbaba y fascinaba en medidas iguales.

    Cuando la relación se fue volviendo seria, comenzó a venir un par de veces a la semana, a quedarse en casa. De a poco fue trayendo sus cosas una por una, y cuando me quise acordar, ya era parte de la familia. Era simpática. Aunque me molestaba un poco su actitud condescendiente. Se notaba que quería caerme bien, y eso la hacía parecer una persona falsa. Quizá debí prestar más atención en ese detalle.

    Me fui acostumbrando a su presencia: a comer con ellos, a verla ir y venir por la casa con sus pantalones ceñidos a ese culo todavía perfectamente tallado, a sus tangas colgadas en la bañera, a su charla amena, a su risa estridente, a su perfume rico pero sofocante…

    Yo tenía veintitrés años. Mi padre cuarenta y tres, por lo tanto, ella me llevaba la misma edad que mi padre le llevaba a ella. Florencia oficiaba de intermediaria cuando las diferencias generacionales con mi padre hacían difícil la comunicación. Apaciguaba conflictos, y cuando podía, los evitaba. Comencé a quererla, no sin darme cuenta de que nuca podría amarla como a una madre. Era demasiado joven, y había llegado a mi vida cuando yo ya era un adulto, así que era imposible verla como una imagen materna. Además, por si lo anterior fuese poco, era extremadamente sensual.

    Una noche, cuando estaba a punto de dormir, me llegó un mensaje de Whatsapp desde un número desconocido. El mensaje solo decía Hola, y acto seguido había un video. Yo escribí hola, pero no me contestaron. Con intriga, abrí el video. Había una chica rubia sonriendo a la cámara. Tenía el pelo planchado, suelto; sonreía con perfectos dientes blancos, mientras los pozos de su mejilla se hacían más profundos. La cámara se alejó, y ahora mostraba por completo, el escultural cuerpo de la chica. Las tetas operadas eran perfectas, enormes, con pezones puntiagudos; la zona pubiana estaba completamente depilada.

    Era Florencia.

    Me quedé sorprendido y fascinado viendo cómo continuaba el video. El hombre que sostenía la cámara (El celular supongo), la llamó con el dedo, como si llamase a una perrita. Ella se arrodilló, y lentamente gateó hacia adelante. La cámara se movió y ahora apuntó hacia una bragueta que ocultaba un bulto importante. La mano de Florencia palpó la bragueta, bajó el cierre y liberó una verga gruesa y cabezona. El rostro sonriente de Florencia se acercó al falo que la esperaba, totalmente erecto. El hombre dijo algo que no alcancé a entender, ya que estaba totalmente inmerso en lo que sucedía. Florencia rió, y se llevó la verga a la boca. Y no paró de mamarla hasta que el hombre se vino en su cara.

    Estaba asombrado e indignado. Sentía lástima por mi padre, y también sentía asco, al saber que estaba con ella en la otra habitación. Sin embargo, también noté que tenía una potente erección.

    Puse el video de nuevo, y llevé una mano por debajo de las sábanas.

    Asimilando la cruda realidad

    Cada vez que alguno de mis amigos se enteraba de que mi padre salía con Florencia Orgambide, y que además, vivía en mi casa, no podían evitar preguntarme si yo no me sentía atraído por mi madrastra. Generalmente esquivaba la pregunta con frases ambiguas. A mis amigos más cercanos les confesaba que era imposible no mirar, cada tanto, su sinuoso cuerpo, y les aseguraba que nunca fui más allá de apreciar su figura con mis ojos. Pero lo cierto era que varias veces, mientras oía los ruidos de pasión en la otra habitación, mi sexo se endurecía, incontrolable, y me veía obligado a realizar prácticas onanísticas para poder dormir.

    Luego de ver el video, un torrente de lujuria, que parecía haber estado contenido durante mucho tiempo, acumulándose despiadadamente, sólo liberándose a cuentagotas en aquellas noches de gemidos impiadosos, estalló en mi interior con una violencia asesina.

    Mi cabeza hizo un clic. Me vi obligado a sincerarme conmigo mismo y a admitir que nunca sentí tanto deseo por una hembra, como lo sentía por Florencia Orgambide, la vedette de teatro de revistas, la que se peleó con Tristán y nunca volvió a los medios, la ganadora del concurso cola reef 2005, la despampanante, la fantasía de todo el que la conociese, la inalcanzable, la prohibida… Esa noche le dediqué cinco pajas (récord histórico), mientras ponía una y otra vez el video. Me imaginaba siendo el hombre del video. Fantaseaba con verla de rodillas acercándose a mí. Le diría que era una puta. Una perra traicionera que engañaba a su pareja, sin pudor ni remordimientos. Una ramera que se acostaba con su propio hijastro. Pero sabía que no podía hacer eso. Solo era el morbo de un hombre joven y desequilibrado por esa situación inesperada.

    Envié varios mensajes a aquel número desde el que me enviaron el video, pero nunca recibí respuesta.

    No podía dormir. ¿Qué debía hacer con esa información? ¿Se lo diría a mi padre? Ver ese video lo destruiría. ¿Y si hablara con ella? Le diría que se vaya de casa. Le daría un tiempo. Que arme una historia creíble. Que termine con él en los mejores términos posibles. Que mi padre no quede desilusionado después de haber apostado por el amor, tras tanto tiempo de vida solitaria. Sí. Haría eso. Por la mañana lo haría.

    El chantaje

    No pegué ojo en toda la noche. Cuando creí que por fin iba a conciliar el sueño, reparé en algo que se me había pasado. ¿Fui el único que recibió el video? El hecho de haberlo recibido de un número desconocido, de una persona que luego no contestó, me hacían sospechar que alguien me había mandado el video con intenciones maliciosas. Aunque no alcanzaba a entender el motivo. Gogleé a Florencia. Si su video lo había recibido, aunque sea un puñado de gente aparte de mí, ya se habría viralizado, y aparecería en varios portales de noticia. Sería un épico regreso de mi madrastra al mundo del espectáculo: “Aparece video de la ex vedette Florencia Orgambide practicando una felación a un hombre que no es su pareja”. Ya me imaginaba a una horda de periodistas de revistas de segunda, en la puerta de mi casa.

    Sin embargo, la última noticia que había sobre ella, era una de hace dos años, en donde destacaban su participación en el programa de Marley, después de cinco años de haber desaparecido de los medios. Por lo visto se trataba de un último intento desesperado por conseguir trabajo en los medios. Pero la reaparición de una vedette de treinta años, quien para empezar, jamás fue una primera figura, no pareció interesarle a nadie, y no recibió ninguna oferta laboral.

    Papá se fue al trabajo temprano. Sabía que Florencia se despertaría unas horas después, desayunaría, y se iría quien sabe a dónde, para no volver hasta la noche.

    – Hola, Gasti. – me saludó, cuando bajó de su habitación. Llevaba una remera musculosa blanca, y un short de jean diminuto. Mi sangre comenzó a hervir. – ¿Pasa algo? – preguntó, cuando vio mi semblante serio.

    Estábamos en la cocina. La observé arriba abajo. Era una mujer peligrosa, sin ninguna duda. Una hembra capaz de manipular a cualquier hombre si se lo proponía. No necesitaba ser muy inteligente para lograrlo. Con ese cuerpo de ensueño convertiría en tonto hasta al mas inteligente.

    – Mirá tu celular. – le dije, yendo al grano. E inmediatamente le reenvié el video que me llegó la noche anterior.

    – ¿Y esto? – preguntó.

    – Miralo.

    Florencia me observó con expresión interrogante. Luego dio play al video, y al reconocerse, sus ojos se abrieron desmesuradamente.

    – ¿Por qué me mostrás esto?

    – ¿Que por qué te lo muestro? – repliqué, indignado. – Para que sepas que no me podés mentir. Para que no te atrevas a negarme que le anduviste chupando la pija a un tipo que no es mi viejo. Para que sepas que no te quiero ver más por acá. Te doy dos semanas para que busques una excusa que lo lastime lo menos posible. En ese lapso te tenés que ir. Él ya perdió a su mujer. Vos no le llegás a los talones a mamá, pero igual va a sufrir.

    – Así que me estás chantajeando. Si no me voy, le mostrás el video a tu papá. – contestó ella, con una sonrisa irónica que me sorprendió y enfureció.

    – Exacto.

    – Y qué diría tu papá si se entera que anduviste viendo un video pornográfico de su mujer. ¿Eh? Porque lo viste entero ¿No?

    – Eso no tiene nada que ver…

    – ¿No alcanzaba con ver los primeros segundos donde estaba desnuda? ¿Era necesario que veas todo, incluso cuando me acabaron en la boca?

    No dije nada, y ella rio.

    – ¿Ves? Tengo razón, lo viste completo.

    – Estás mezclando todo.

    – No estoy mezclando nada. Le voy a decir a tu papi que anduviste viendo ese video que grabé con mi novio hace dos años, y que encima me chantajeás con mostrárselo a él si no me voy.

    – ¿Hace dos años? – Balbuceé, desconcertado.

    – Y de paso le voy a contar que cuando nos quedamos solos no parás de mirarme el culo. Que aprovechás cualquier excusa para tocarme, y que en el historial de tu computadora está registrado todas la veces que buscaste mi nombre en internet, y todas las miles de fotos que viste de mí. Sos un acosador.

    – ¿Qué? – Atiné a decir.

    Estaba ofuscado. La cosa dio un giro que no había previsto. ¿Acaso había revisado mi historial de internet, o solo había intuido mi obsesión por ella y había lanzado ese comentario a ver si caía, tal como había hecho al asegurar que vi cómo acababan en su boca? Poco importaba. Lo más importante era lo que había dicho sobre ese video ¿Fue grabado hacía dos años? ¡Cómo carajos no lo había pensado! No había prueba alguna que afirme que la grabación fuera reciente. Florencia ni siquiera estaba vestida, así que no podía comparar las ropas, con sus prendas actuales. Estaba totalmente perdido.

    – Y dicho sea de paso, quizá deberías irte vos – Siguió diciendo Florencia. – a tu edad viviendo con papi, sin trabajar ni estudiar. Debería darte vergüenza, pendejo pajero.

    Me dio la espalda y se fue. Yo no alcancé a articular una respuesta.

    Desenredando la mentira

    “Nunca me había equivocado tanto, te pido sinceramente perdón”. Ese fue el mensaje que le envié, varias horas después, una vez que me pasó el temblor en el cuerpo, producto del nerviosismo. Fue la mejor frase, entre las cientas que había pensado. Directa y concisa. Florencia me dejó el visto, y recién a las cinco de la tarde me respondió. “No le vamos a contar nada a tu papá sobre esta ridícula situación”.

    Sentí un profundo alivio al leer ese mensaje. Aunque también me pareció extraño tener un secreto con ella. Ocultarle algo a mi padre (algo que compartía con su mujer), era en sí mismo una traición. Pero qué podía hacer. Nada ganaba con mostrarle el video. El único que saldría perdiendo sería yo. Me sentí avergonzado de mí mismo, como nunca lo había estado. El poder ficticio que me había inventado me encegueció. Se sentía morbosamente bien creer que la tenía en mis manos. Que una mujer como Florencia se viera obligada a aceptar mi chantaje sin cuestionamientos, era algo que despertaba fantasías oscuras en mi cabeza. Durante esa madrugada de insomnio, no pude evitar imaginar, qué sucedería si en vez de obligarla a marcharse de la casa, la obligase a otras cosas. Los sentimientos más impíos se agolparon en mis neuronas. Ahí estaría Florencia, temblando como una hoja. Yo con el dedo encima del celular, como si fuese el detonador de una bomba, a punto de tocar la pantalla y enviarle el video a papá. Florencia, oyendo cómo le explicaba, con calma, la situación. “si no te desvestís en dos minutos, le mando el video a papá. No le pienses mucho, el tiempo corre”, y Florencia Orgambide, furiosa pero resignada, comenzando a quitarse la remerita, sin quitar su mirada de asco hacia mí, quedando en corpiño, para luego inclinarse y sacarse el shortcito. “Toda la ropa” le diría yo, y ella haría un puchero, mientras, lentamente, quedaba en bolas ante su hijastro.

    Por suerte espanté esa fantasía de mi cabeza. De haber intentado hacer eso, mi vergüenza sería peor, si es que eso era posible.

    En los siguientes días evité cruzármela. En los horarios en que solía andar por casa, yo me iba a cualquier parte. Por las mañanas, esperaba a levantarme y a bajar a la cocina, recién cuando estaba seguro de que quedaba solo en casa. De vez en cuando me veía obligado a cenar con ellos. Ambos fingíamos hablar con total naturalidad. En mi caso no sé qué tan creíble era, pero Florencia era una gran mentirosa. No había nada que hiciera sospechar que su hijastro había intentado hacerle una mala jugada unos días antes.

    Una tarde calurosa, fui a darme un chapuzón en la pequeña pileta que estaba en el fondo de la casa. Se suponía que Florencia andaba haciendo sus cosas por el centro, pero de repente apareció con una bikini blanca con los bordes azules. Nunca la había visto así salvo en fotos, así que quedé totalmente idiotizado con su cuerpo, mientras se hundía en el agua.

    Se mojó por completo. Luego emergió, y sus pechos quedaron por encima del agua. Sus pezones se marcaban en la tela del corpiño.

    – ¿Qué pasa, nunca viste un par de tetas? – Me dijo, provocativa.

    – No… digo si… Perdón. – Susurré.

    – No importa, es normal que me veas así. Todos los hombres lo hacen. Más bien deberías pedirme perdón por otras cosas.

    – Pero si ya lo hice. – Dije.

    – Sí, pero me lo vas a tener que pedir todos los días. Porque la verdad que te pasaste de la raya.

    – Tenés razón, pero lo hice por papá.

    – Sólo por eso te perdono. Porque lo hiciste por imbécil, no por mala persona. Ni se te cruzó por la cabeza que el video podría no ser actual ¿No?

    – No, soy un idiota.

    – Ya fue.

    – Te dejo sola. ¬– dije, dirigiéndome a la escalera para salir de la pileta.

    – No hace falta. – dijo, pero yo ya estaba subiendo. – ¿Te gusta mi nuevo color? – Agregó. La pregunta me desconcertó por completo. Se había teñido el pelo de un castaño claro.

    – Sí – le dije.

    – ¡Gasti! – me dijo, cuando le daba la espalda, obligándome a voltear de nuevo. – Deberías aprender controlar tus impulsos, y tu cuerpo. – cuando dijo esto último miró hacia mi maya. Yo seguí su mirada, y noté que mi sexo estaba hinchado, a media asta, como se dice.

    Me fui a mi cuarto, sintiéndome humillado una vez más. Sin embargo, había algo que me inquietaba. Sentía que Florencia me había dicho algo importante. En la conversación que acabábamos de tener se había dicho algo mucho más significativo de lo que creía. Pero no alcanzaba a decidir cuál de sus frases era la que encerraba una verdad oculta. ¿Qué me había dicho? Se había burlado cuando miré sus tetas. Luego me dijo que debería controlar mis impulsos e hizo notar mi media erección. Sin embargo no se había mostrado escandalizada por ninguna de esas cosas. ¿Se me estaba insinuando? Era improbable. Las mujeres como ella están acostumbradas a recibir la atención de todos los hombres, tal como La propia Florencia lo había dicho. Esas cosas no le movían un pelo. Eso explicaría su naturalidad. ¿Qué más me había dicho? Que debería pedirle perdón todos los días. ¿Acaso pretendía cobrarme de alguna manera aquel error? Quizá así fuera, aunque no sabía qué quería de mí, aparte de humillarme de vez en cuando, como lo acababa de hacer. De repente me asaltó la pregunta que me venía haciendo desde hace muchos días. ¿Quién carajos me envió el video, y por qué? Pero no tenía respuesta a ese interrogante. Quien quiera que fuera, me había bloqueado. ¿Qué más había sucedido en la pileta? Las palabras se repetían una y otra vez en mi cabeza: Bikini, tetas, perdón, Imbécil, Impulsos, pelo… ¿Pelo? ¿Qué había dicho sobre el pelo? Se lo había teñido. Había creído que yo no lo había notado, y me preguntó si me gustaba cómo le había quedado. ¿Por qué quería saber eso? ¿Qué había detrás de esas palabras? Me desesperaba no entender, pero al mismo tiempo, tenía la certeza de que ese detalle era mucho más significativo de lo que yo y la propia Florencia creía. Era como sentir una picazón insistente, pero no saber qué parte de tu cuerpo rascar.

    Y de repente mi cerebro atolondrado se iluminó.

    Fui a mi computadora. Entré al perfil de Instagram de Florencia. Era muy vanidosa, como todas las mujeres hermosas, así que subía fotos casi a diario. Revisé las fotos una por una, desde cinco años atrás hasta la actualidad. Ahí estaba la verdad, tan clara como el agua. Sentí cómo la dignidad volvía a mi ser. Ahí estaba la verdad. La tenía nuevamente entre mis manos, y esta vez no se me iba a escapar.

    El precio del silencio

    Bajé en busca de Florencia, embriagado de poder. Estaba saliendo de la pileta. Su cuerpo mojado parecía una obra de arte bajo el sol de febrero.

    – Hace dos años no tenías el pelo rubio. – le dije.

    – ¿Qué?

    – No te hagas la tonta. Escuchaste lo que dije. Me habías dicho que el video era de hace dos años. Pero en el video estabas rubia, y hace dos años usabas el pelo de un color castaño, parecido al que tenés ahora, pero más oscuro. Incluso eso se ve en los videos que subiste cuando fuiste al programa de Marley.

    – Bueno Gasti, habrá sido hace tres años. Qué se yo. – Dijo, fingiendo indiferencia, aunque yo sabía que se daba cuenta de que la estaba poniendo entre la espada y la pared. Agarró una toalla, se inclinó y comenzó a secar sus piernas. Su cabelló mojado le cubrió el rostro.

    – Hace tres años usabas el pelo con las puntas rubias. Solo las puntas.

    – ¿y para qué me decís todo esto? Si estás seguro que traicioné a tu papá, decíselo. Mostrale el video. Sabés muy bien que no va a aguantar mirarlo. ¿Querés que se mate?

    – Sos una cínica manipuladora.

    – Y vos sos un hipócrita. No dejás de mirarme, ni siquiera ahora. ¿Quién es peor, la mujer que engaña a su pareja, o el hijo que desea a la mujer de su padre? A ver, anímate a mandarle el video. No tenés lo huevos para hacer eso, ni para hacerme nada a mí.

    – Ya me cansé de tus jueguitos. ¬– dije, agarrándola de la muñeca. – Venía para acá.

    La llevé a rastras hasta el living. La tumbé en el sofá.

    – Ya te voy a mostrar cómo domino mis impulsos. – dije, acariciando su culo mojado.

    – ¡Gastón, no! ¡Qué hacés!

    Le arranqué la pieza inferior del bikini de un tirón. El culo pomposo y duro quedó, por fin, desnudo ante mis ojos.

    – Por favor no me cojas. – dijo ella. Sin embargo, sólo susurraba. No oponía resistencia física, ni siquiera cuando separé sus piernas. – Por favor no me cojas. – repitió, con la respiración entrecortada, mirándome a los ojos.

    Le di una nalgada que habrán escuchado hasta los vecinos. Me bajé el short. Mi pija, como siempre, se había empinado sin previo aviso. Agarré con ambas manos sus nalgas monumentales. Acerqué mi rostro y le olí el culo mientras estrujaba los glúteos. Me acomodé en el sofá. Ella se puso en pose de perrita, sin dejar de repetir que por favor no la coja. Me ayudé con una mano, sin dejar de magrearla con la otra. Apunté hacia el destino obvio. Florencia recibió mi pija, que se enterró por completo en el primer movimiento pélvico, con un gemido que contradecía sus palabras. Su espalda se arqueó ante la penetración. Su sexo se sentía mojado. Mi miembro comenzó a entrar y salir frenéticamente. Florencia gemía, y cada tanto giraba su cabeza, para mirarme, mientras mordía su labio inferior. Yo le daba nalgadas, y seguía entrando en ella una y otra vez.

    – Este es el precio de mi silencio, pedazo de puta – le grité.

    Cuando estuve a punto de acabar, retiré mi sexo de esa cueva inundada de fluidos. Le dije que se diera vuelta, y acabé en sus tetas.

    – Ahora tomate hasta la última gota – ordené.

    Florencia juntó el semen, impregnado en sus mamas, con un dedo, y sin chistar, se lo llevó a la boca. Succionó su dedo hasta que no quedó nada de semen en él. Luego repitió la tarea. y finalmente, agarró sus enormes tetas, y lamió, ahí donde había recibido mi eyaculación.

    – ¿Satisfecho? – dijo.

    – A partir de ahora vas a hacer lo que yo te ordene. – dije. Ella sonrió con ironía.

    – Si Querés creer que sos el que tiene el poder, créelo. – Dijo. – ¿Ya me puedo ir a duchar?

    Por toda respuesta le desabroché el corpiño, y chupé con desesperación, ahí donde ella misma había lamido. Su piel suave tenía sabor a semen y a saliva. Estrujé sus pezones, observando el cambio que operaba en su rostro, debido a la excitación. Acaricié sus piernas torneadas y musculosas, luego sus muslos, y finalmente perdí mis manos adentro suyo.

    Mi pija se endureció enseguida de nuevo. Le ordené que sea ella quien ahora me montara. Me recosté baca arriba. Mi cuerpo apenas cabía en el sofá. Florencia metió mi sexo en el suyo. Mientras se hamacaba adelante atrás, yo no paraba de manosear sus tetas, y aunque era más difícil, también su culo. Ella acabó primero. Dejando mi sexo, y mis vellos pubianos empapados de su fluido. Su cuerpo se estremeció deliciosamente sobre mí. Cuando llegó mi turno, me di el lujo de enchastrar su cara con mi semen, y, una vez más, la obligué a tragárselo todo.

    La verdad

    Me hubiese gustado poseerla una vez más sobre ese sillón, pero Florencia dijo que ya había hecho todo lo que quise, que por favor la deje en paz.

    A la noche, tuvimos la velada más bizarra de mi vida, ya que cenamos con mi padre. Hicimos un esfuerzo exagerado por parecer que actuábamos normales, así que mi padre preguntó si había pasado algo. Florencia le inventó alguna mentira, y el asunto quedó, aparentemente, zanjado.

    Por la noche, no pude dormir. Lo que había hecho era una locura, pero sobre todo, una vil traición. La peor traición que pudiese cometer un hombre. Me prometí que me iría de casa. No quería estar a solas con Florencia nunca más. No había fuerza humana que me impida atraparla, desnudarla, y poseerla, cada vez que pudiera. Tampoco agunataría ver a mi pobre viejo a la cara después de lo que le había hecho. Era una pésima persona. Tanto así, que, mientras me sentía culposo, no paraba de masturbarme rememorando los sucesos de la tarde. Debía poner un punto final a esa situación que se me había ido de las manos. Debía alejarme de esa casa, y, al mismo tiempo, debía buscar la manera de hacer que papá descubra quién era Florencia.

    Eran las tres de la mañana, cuando me decía todas estas mentiras. Fue entonces cuando se abrió la puerta de mi habitación.

    La luz se encendió. Era Florencia. Llevaba un body negro con transparencias.

    – ¿Qué haces? ¿Estás loca?

    – No te preocupes, tu papi duerme como un bebé. – se subió a la cama y comenzó a gatear hacia mí.

    – Vos me mandaste el video ¿No? – le pregunté, aunque ya sabía la respuesta.

    Florencia hizo a un lado el cubrecama, y se encontró con mi cuerpo semidesnudo, solo cubierto con un bóxer. Lo agarró por el elástico de la cintura y lo bajó.

    ¬– Ya me imaginaba que estabas haciendo chanchadas. – Dijo, agarrando mi verga pegajosa. Comenzó a masajear el tronco, y no tardé en endurecerme de nuevo.

    – ¿Por qué haces esto? – pregunté. Florencia rió. Sus labios ya estaban pegados a mi glande.

    – Es una fantasía. – susurró, y se metió la pija en la boca.

    Lamió con salvajismo el glande, mientras masajeaba mis bolas peludas, y yo estiraba la mano para estrujar su teta suave y enorme. Sus labios enseguida se impregnaron de mi leche.

    – ¿Esta es tu fantasía? ¿Cogerte a padre e hijo?

    Florencia me mostró como se tragaba mi semen.

    – Sí, pero tu papá es medio puritano, nunca aceptaría un trío, mucho menos con vos.

    – Estás loca.

    – No estoy loca. Vos no entenderías lo difícil que es saber que podés tener al hombre que quieras. Que ninguno te diría que no. Necesitaba una experiencia nueva, una experiencia intensa. Necesitaba sentirme viva de nuevo.

    No supe qué decir. Florencia giró su cuerpo y puso sus nalgas frente a mi cara. Besé sus glúteos. Hice a un lado la tela que separaba sus nalgas, y enterré un dedo en su ano.

    Florencia gimió, y yo se lo enterré con mayor profundidad. Una falange ya estaba perdida en su culo. Luego se lo metí más adentro. Florencia gemía, cada vez más fuerte, mientras papá dormía en su habitación.

    Fin.

  • Un San Valentin con mi madre

    Un San Valentin con mi madre

    Soy Javier, pero me gusta que me llamen Javix, esta es una historia que me pasó con mi madre.

    Primero déjenme contarles, soy delgado y alto, tengo 24 años, nací un 10 de noviembre de 1995, vivo en Cd. Juárez, Chihuahua, una ciudad muy peligrosa, pero eso no ha quitado que yo salga todos los fines de semana de fiesta con mis amigos y primos, yo trabajo en una maquila guardando cosas médicas.

    Ahora mi madre, mi madre se llama Marisol, ella es de Durango, es delgada, un buen trasero y buenos pechos.

    Hace 6 años, mi padre tuvo un accidente y falleció, mi madre no ha tenido otro novio ya que ella decidió en tener todo el tiempo para mi, ella siempre me ha cuidado a mi, siempre me consiente en todo, ella me regala videojuegos, me deja ir convenciones otakus, me lleva al cine y ella puso Netflix para entretenernos en la noche.

    Mi madre a veces le toca cuidar a mis abuelitos, cuando estoy solo busco en Internet relatos incestuosos, mangas de mis animes y videojuegos favoritos y claro la rule 34, aunque también uso mucho YouTube en donde subo algunos videos.

    Pero en el San Valentín del año pasado que es el 2019, mi madre y yo empezamos una relación prohibida y que creí que nunca me pasaría, les contaré como empezó todo.

    En plena noche de año nuevo, estábamos mi madre y yo con mis abuelos, toda mi familia estaba ahí, vi a mi madre divirtiéndose, yo quería que ella volviera a su vida, que consiguiera novio.

    Dos semanas después, le conseguí una cita, se lo está haciendo por 2 seguidas, pero para el 1 de febrero, quiso hablar conmigo.

    Marisol: Hijo, ya supe que tú eres el que me ha conseguido esas citas.

    Yo: Me atrapaste, pero lo hice porque quería que continuaras con tu vida, desde que se murió mi padre no te has vuelto a casar.

    Marisol: No lo hago porque no quiero dejarte solo, así te podre cuidar por más tiempo.

    Yo: Bueno, está bien.

    Después de eso dejé de darle citas a mi madre con otros hombres, 6 días después, mi madre se fue bañar, cuando ya salió se fue a su cuarto a cambiarse, vi que mi madre dejó la puerta mal cerrada y cuando quise cerrarla bien vi a mi madre como dios la trajo al mundo, la vi completamente desnuda, desde ese día veo a mi madre como mujer, por días tenia sueños húmedos con ella, el 10 de febrero empecé a planear mi cita de san Valentín con ella, tenía 4 días, muy pocos, pero pude conseguir una reservación en un bar elegante y caro, un día antes le dije a madre sobre la cita.

    Yo: Oye madre, sé que no ha salido ¿Qué te parece si mañana para celebrar el san Valentín vamos a un bar?

    Marisol: Claro hijo.

    Yo: Genial ya que conseguí en una reservación en el francier.

    Marisol: Wow uno de los bares más caros ¿Cómo lo lograste?

    Yo: ahorrando.

    Al día siguiente ya en san Valentín y en la noche, vi a mi madre con un elegante vestido rojo.

    Yo: Wow madre así conseguirás muchas miradas, te ves hermosa.

    Marisol: Gracias hijo.

    Después de eso conduje hasta el bar, salimos como a las 6:00 PM, en el bar empezamos a beber mucho y bailar, a las 10:00 PM decidimos regresar a la casa y ya dentro de la casa mi madre me pidió que durmió con ella.

    Marisol: Duerme conmigo hijo.

    Yo: ¿Segura?

    Marisol: Si hijo, pero primero ayúdame a desnudarme.

    Pues la ayudo y la volví a verla desnuda.

    Marisol: Tu también hazlo hijo.

    No pude decir nada y mi madre me desnudo.

    Marisol: wow hijo como has crecido.

    Yo: S… si.

    Estaba nervioso y vi como mi madre me acostó y se puso encima de mí.

    Marisol: ¿Sabes qué hijo?, te amo, desde que tu padre murió no he tenido novio, pero desde que cumpliste 18 años te empecé a desear y ahora te hare hombre y me hare tu mujer.

    Yo: Madre.

    Tras eso mi madre se metió mi verga en su vagina y me empezó cabalgar.

    Madre: ¿Te gusta hijooo como lo hace tu madre?

    Yo: Siii

    Así estuvimos hasta que me corrí dentro de ella y no dormimos, al día siguiente no recordamos nada, pero al vernos supimos el pecado que hicimos y nos hablamos por 3 semanas, tras ese tiempo le confesé a mi madre todo lo que siento.

    Yo: Madre desde hace tiempo no te visto como madre, te veo como mujer, me he enamorado de ti.

    Marisol: Hijo está mal.

    Yo: Lo sé, en san Valentín tengo recuerdos borrosos, pero recuerdo que me dijiste que amas y por qué no lo comprobamos.

    Marisol: Hijo eso es incesto y es pecado, esta…

    No la deje acabar y la bese con toda la pasión que tenía guardada, al inicio mi madre no se dejaba pero al final la pude controlar.

    Marisol: Esta bien hijo, hagámoslo.

    Fuimos al cuarto y nos empezamos a besar mientras nos desnudábamos y mi madre me agarra la verga.

    Marisol: Ahora hijo te mostrare mi habilidad.

    Mi madre me empezó a mamar mi verga y lo hacía muy rico.

    Yo: Oh siii madree que rico.

    Estuvo así por 10 minutos hasta que me corrí.

    Yo: ¡¡¡me corro!!!

    Me corrí mucho en su boca.

    Marisol: wow hijo fue mucho.

    Yo: Si jeje.

    Después veo como mi madre se pone en 4.

    Marisol: ven hijo, métemelo y hazme tu mujer.

    Yo: si madre.

    Eso hice, se lo metí y empecé con el mete y saca.

    Marisol: oh siiii hijo que bien lo haces!

    Yo: Tu vagina es rica madre!

    Marisol: ahora soy tu mujer, tu esposa, tu todo.

    Yo: y yo ahora soy tu hombre, tu esposo, tu todo.

    Así estuvimos por 30 minutos.

    Yo: ¡Me vengo!

    Marisol: ¡Hazlo dentro!

    Me corrí mucho dentro de mi madre, tras eso quedamos acostados.

    Yo: Madre estoy feliz que seas mi mujer.

    Marisol: Yo igual.

    Yo: Te amo madre.

    Marisol: y yo a ti hijo.

    Después de decirnos eso nos besamos con pasión hasta quedarnos dormidos.

    Un mes después, mi madre se sintió mal y se fue al médico y cuando regreso me dio la noticia.

    Marisol: Ya regrese hijo y serás padre.

    Yo: ¡¿De veras?!

    Marisol: Si hijo, tendremos un hijo.

    9 Meses después un 11 de junio nació mi hijo y lo llamamos Juan, tras eso presentamos al hijo a nuestros amigos y familiares, pero claro, ocultando que es mi hijo y actualmente al día de hoy (martes 14 de febrero del 2020) tiene 8 meses mi hijo y mi madre y yo tenemos 9 meses de pareja y esposos y somos muy felices juntos como una familia.

    Fin

  • Encuentro casual (final)

    Encuentro casual (final)

    En esas nos separamos de ella para que tome aire; Chris me toma de la mano y me pide que me siente en el columpio con mis piernas separadas, luego de un cajón saca unas pinzas y los coloca en cada pezón apretándolos gradualmente. Empiezo a respirar agitada por el dolor tan rico que se siente.

    -No sabes cuanto te he deseado hermosa.

    Se arrodilla frente a mí y empieza a lamer mi coño ¡Oh por Dios! Gritó al sentirlo, es una sensación deliciosa… sentir el dolor por las pinzas y el juego en mi coño con su lengua… nos miramos fijamente como aquella noche, él hunde su lengua con el vaivén del columpio.

    -¡Chris, que rico!

    -Aguanta hermosa, quiero que nos vengamos juntos.

    Se levanta y va nuevamente al cajón y saca un preservativo.

    -Ahora si hermosa te lo ganaste… quiero cumplir nuestro deseo.

    Ver esa verga tan grande se me hace agua la boca, me toma por mis piernas y se hunde de una sola estocada.

    -¡Ah, Chris!

    Gritó al sentirlo dentro de mí, gracias al columpio hace que con cada vaivén se hunda de un solo golpe y profundo, con cada pausa se hunde más duro. Tac, tac, así sin prisa… es un martirio, es como si le pidiera cada vez más de él.

    -Sofí, ven quiero que tires del collar que tiene las pinzas.

    Sofí se hace a un costado y toma el collar y con cada movimiento hace que mis pezones queden estirados y el dolor aumenta más.

    -¡Chris embístame más rápido!

    -¿Eso quieres hermosa, que te dé con desenfreno?

    -¡Si Chris hazlo!

    Me toma con más fuerza de mis muslos y aumenta la velocidad de las embestidas, esto hace que mis tetas se balanceé y las pinzas jalan mis pezones… grito desesperada…

    -¡Ah, si así Chris, dame más duro no pares!

    Las embestidas cada vez son más duras es como si me quisiera atravesar con su verga.

    -¡Que rica estás!

    -Sofí cuando te lo pida vas a halar el collar para retirar las pinzas.

    No paraba ese hombre, la daba toda…

    -¡Chris quiero correrme ya!

    Sentía corrientes por todo mi cuerpo estaba tan agitada que me faltaba el aire, empecé a temblar cuando de pronto.

    -¡Sofí hala de una!

    Cuando Sofí hala el collar quitando las pinzas ese dolor hace que estalle en un orgasmo… Chris se hunde fuerte contra mí quedándose quieto, luego hace otro golpe… ruge este hombre como un animal.

    Chris nos toma de la mano y nos lleva a al sofá donde él se sienta y como un emperador coloca sus manos a los lados separando sus piernas.

    -Este cuerpo es de ustedes, hagan con él lo que les provoque.

    Con Sofí nos miramos de una forma pícara, ella se arrodilla frente a él agarrando a dos manos su falo y empieza a darle una felación; mientras yo me subo al sofá y me abro de piernas frente a él, lo tomo del cabello y lo halo hacia atrás para tener acceso a su boca.

    -Quiero que te comas mi coño.

    -Tus deseos son órdenes para mi.

    Flexiono mis piernas para acercarme a su boca y él cuando tiene acceso empieza a lamer, chupar, succionar y hundir su lengua en mi coño…

    -¡Woo Dios!… si, así Chris.

    Cierro los ojos y me dejo llevar por toda las sensaciones que siento en ese momento, lo agarro por el cabello y me restriego en su rostro al compás de mis caderas si de arriba hacia abajo como si de bailar se tratara. Él me agarra mis nalgas las abre y mete un dedo en mi hoyito… gimo y gimo, cada vez más duro, lo suelto y pongo ambas manos contra la pared y continúo con el movimiento; así me vengo en su boca.

    Sofí: ahora cambiemos.

    -Si, en la cama, pero antes quiero que hagamos algo juntas.

    Me arrodillo frente a él y le hago señas a Sofí para que haga lo mismo.

    -Quiero que chupemos esta verga juntas.

    Él con morbosidad nos mira a las dos y empiezo a lamer su pedazo de carne con ansias, desde sus huevos hasta la punta, paso a meterlo en mi boca hasta el fondo, subo y bajo; al subir paso mi lengua por la punta haciendo círculos y succiono. Luego de doy paso a Sofí y así nos turnamos mientras fijamos su mirada en él.

    Después me uno con Sofí y empezamos a lamer ese pedazo de carne por cada extremo pasando la lengua al mismo tiempo… no dejamos nada, todo lo vamos lamiendo; Chris ruge cerrando los ojos luego nos toma por el cabello para acariciarnos… seguimos así un rato como gatas hambrientas.

    -¡Uf! Que espectáculo me están dando, se ven hermosas juntas comiendo de mi.

    Al estar ahí las dos juntas lamiendo. tomo a Sofí en un momento y empiezo a besarla a ella mientas tomo la verga para continuar dándole placer a Chris.

    Al rato tomo a Sofí y a Chris de la mano para irnos a la cama.

    -Ponte cómodo Chris.

    -Sofí, ve y te vas a das unos buenos sentones.

    Mientras ella lo hace yo me ubico en la silla tántrica para masturbarme mientras ellos disfrutan del momento por un rato. Después que Sofí llega a su orgasmo me dirijo hacia la cama me siento sobre la cabeza de Chris empiezo a buscar placer… mientras él come de mi coño mojado sofí se come esa verga con su coño y ambas nos acariciamos, nos besamos… aprovechamos lo que estamos sintiendo para transmitirlo a cada una.

    Luego Chris nos lleva a la silla tántrica, él me ubica a la cabecera de este con mis piernas abiertas a sofí por delante y él en frente de ella.

    -Sofí ofrézcame tu coño.

    Ella se abre para él y él se hunde en ella y empieza a embestirla con fuerza mientras a mí me toma por mis tetas para amasar, morder y halar mis pezones… luego los suelta me toma por el cabello y me besa apasionadamente mientras con la otra mano se apoya de la cabecera de la silla…

    Y así seguimos dándonos placer mutuamente hasta quedar agotados.

    Gaby Borsh

    Notas del alma

  • En el auto de mi amigo

    En el auto de mi amigo

    Era un sábado en la noche, yo estaba en mi casa tranquilo viendo tv,  cuando un amigo no tan frecuenta me escribe preguntando qué estaba haciendo. Hacía días, quizás semanas, que habíamos hablado de una fantasía recurrente de mi parte, que era hacer sexo oral en un auto y a él le entusiasmaba, pero nunca se había dado la oportunidad.

    Yo le dije que veía TV y me escribió que necesitaba “una mamada”. En ese momento me puse nervioso y duré pocos minutos pensando en si me atrevía o no. Decidí tomarte un shot de vodka que tenía para relajarme y le dije que sí, que nos viéramos. En aproximadamente 15 minutos él llegaría al sitio de encuentro. me puse algo cómodo y salí con mi auto, me encontraba nervioso, hasta que lo veo pasar y me escribe al rato que ya había llegado.

    Fui con mi auto y me detuve detrás, él se bajó con tranquilidad y nos preguntamos en cuál de los dos autos lo haríamos. Al final me bajé y fui al suyo, me senté en el puesto de copiloto. Yo estaba bastante nervioso y no sabía si de verdad iba a hacer lo que estaba a punto de hacer. Como yo tengo un punto débil en mis tetillas, el comenzó a tocarlas de forma cómplice, algo que me calentó mucho en el momento, y cuando me caliento ya no me importa nada.

    Él se bajó un poco los pantalones y la ropa interior. Ya lo tenía bien erecto, él estaba completamente decidido a que se lo mamaran en ese momento. Así que me fui acercando y él con su mano tomó mi cabeza y me la acercó a su pene. Ahí comencé a chupárselo. Me gustaba sentirlo tan duro dentro de mi boca y escuchar como gemía, de verdad se notaba que lo estaba disfrutando. Eso me calentaba aún más.

    Le pasaba la lengua por su cabeza, luego lo metía lo más al fondo que podía. Mi boca estaba produciendo mucha saliva. Me tomaba con las dos manos y empezaba a moverse haciendo que me cogía por la boca. Yo estaba ahí, totalmente sumiso, recibiendo.

    En un momento determinado tuvimos que parar porque pasó una patrulla de seguridad muy cerca, por lo que tuvimos que movernos del susto. Rodamos unos minutos y decidimos volver. En ese momento volvía a estar sola la calle. Yo no sabía que podíamos seguir o si el susto del momento había terminado de matar la situación. Pero mi amigo estaba muy caliente. Comenzó a masturbarse ahí al lado mío. Yo volví a acercar mi boca y sentía como su mano golpeaba mis labios mientras le masturbaba y mi lengua le saboreaba su sexo.

    Como en la conversación que tuvimos días antes yo le dije que fantaseaba con que me acabaran en la boca mi amigo me preguntó si quería su leche. Como yo estaba muy excitado le dije que si la quería. Eso lo puso tan caliente que enseguida me dijo “ahí voy”. Yo metí su pene en mi boca y empezó a soltar todo su semen caliente que lo sentí en mi lengua. Mientras acababa gemía muy fuerte y me apretó fuerte la cara contra él, lo recibí todo. Fue tan rico que me lo tragué y me masturbé rápido con su sabor en mi boca, acaban también a chorros.

    Así terminó esa noche, no hemos repetido, pero las ganas siguen estando de volver a hacer algo así de osado.

  • Con la profesora (parte final)

    Con la profesora (parte final)

    Se acercó, me besó y me comenzó a desvestir. Yo hice lo mismo. Una vez desnudos los dos, la llevé a la cama, volvimos a la posición del 69, nos encantaba besarnos mutuamente. Su vagina estaba húmeda, mi pene estaba durísimo. Mi lengua jugaba con sus labios vaginales, mientras dos dedos, previamente humedecidos, se introducían en su ano, dilatándolo. Ella se metía todo mi pene en la boca, mientras me sobaba los huevos y metía un dedo en mi ano. Comenzó unos movimientos de cadera, frotando su vagina en mi cara, hasta que explotó en un orgasmo delicioso que me bañó toda la cara.

    La levanté, la puse en cuatro patas y comencé a penetrarla fuertemente, mientras metía tres dedos en su ano. Mis embestidas eran muy fuertes. Su ano estaba completamente abierto, así que la saqué de su vagina, la metí en su ano y fui variando entre un agujero y el otro. Le daba 3 embestidas en uno y pasaba al otro, tres embestidas y volvía a cambiar. Se sentía buenísimo ir cambiando de su ano a su vagina. A Patricia se notaba que le encantaba por como gemía.

    -¡si! ¡así! ¡párteme los dos huecos mi amor! –decía gimiendo– me encanta como me coges. Me vas a hacer correr de nuevo.

    -Como me gustan tus dos huecos mi amor –dije– y me encanta hacerte correr como loca.

    Patricia se volvió a correr. Le di la vuelta, la recosté boca arriba. Ella apoyó sus piernas en la cama, levantando el culo. Me arrodillé en la cama y la comencé a penetrar, tomándola de las nalgas. La embestí fuertemente. Ella gritaba, yo me estaba volviendo loco. La ayudé a incorporarse, sus tetas quedaron en mi cara. Las chupé, me las metía en la boca, succionando sus pezones.

    -Me vas a hacer correr otra vez, malparido –gritó– ¡sigue así! ¡dale! ¡no pares! ¡Ahhh! –gritó, corriéndose por tercera vez.

    -¡yo también! ¡me corro contigo! ¡Ahhh! –grité, mientras eyaculaba una gran cantidad de semen dentro de ella.

    Caí encima de ella, ambos muy agitados. Encima de ella, la besé, respondió a mi beso, metiendo su lengua dentro de la mía. El beso era muy ardiente. Nuestras manos se paseaban por nuestros cuerpos. Estábamos cansados, pero no queríamos desaprovechar ni un segundo. Nos quedaban 3 horas de hotel y no queríamos desaprovecharlo por nada del mundo. Seguimos besándonos, mis manos se paseaban por todo su cuerpo.

    Me giró, se colocó encima mío, se lamió la palma de la mano y se la pasó por la vagina, humedeciéndola. Acomodó la punta de mi pene en la entrada de su vagina y de un sentó se lo metió todo. Comenzó a moverse, como solo ella sabía hacerlo. Me encantaban sus movimientos. Se movía en todas las direcciones, sabiendo perfectamente cómo ir variándolos. Me apoderé de sus tetas, pellizcándole los pezones.

    -¡si! ¡así! Pellízcame los pezones así. ¡me encanta! –dijo.

    -¡que rico te mueves! –dije.

    Me incorporé y la abracé, pegando sus tetas a mi pecho. Nos besamos, con la boca muy abierta y frotando nuestras lenguas entre sí. Sus manos se posaron en mi espalda, apretándola con las yemas de los dedos. La tomé de las nalgas y las apretaba. Sus movimientos eran de adelante hacia atrás, frotándose contra mí. Se movía muy rápido. Todo estaba muy mojado. Comenzó a arañarme la espalda mientras se movía cada vez más rápido y gemía desesperadamente. Estaba teniendo un orgasmo brutal.

    Me empujó hacia la cama, caí recostado nuevamente. Ella se levantó un poco. Quedando como sentada en una silla imaginaria. Yo seguía echado debajo de ella, con las rodillas dobladas. Levanté un poco mi cuerpo, para poder llegar a su vagina y comencé a penetrarla de esa manera, levantando y bajando mi cintura. Podía ver como todo mi pene entraba y salía en su vagina. De su vagina salpicaban sus fluidos. Estuvimos así unos pocos minutos, ya que no me parecía muy cómoda la posición.

    La recosté de nuevo, entrelazamos nuestras piernas y la comencé a penetrar suavemente. Mientras la penetraba, la iba girando, hasta que quedo recostada boca abajo. Con el culo levantado, sus piernas juntas, me arrodillé, con mis piernas abiertas a los lados de ella, la comencé a penetrar fuertemente. Nuevamente abrí sus nalgas y jugué con su ano. Una vez dilatado, la penetré de golpe por el ano y me movía rápida y fuertemente. Patricia se agarraba de las sábanas y mordía la almohada.

    -¡Ahhh! ¡que rico! Cógeme el culo mi amor –dijo, dejando de morder la almohada– ¡que dura que está tu pija!

    -¡me encanta tu culo! –dije, mientras la seguía penetrando y le aplastaba las nalgas con mis manos– ¡que rico aprieta mi pinga!

    -¡dale! Cógeme más fuerte. Quiero sentir toda tu pija adentro y que me llenes de leche –dijo.

    La seguí embistiendo fuertemente, se corrió una vez más. A su pedido de que la llené de leche, aceleré mis embestidas y, apretando fuertemente sus nalgas, empujándola hacia la cama, dejé salir toda mi leche, llenándole los intestinos de caliente semen. Se la saqué del ano, junto con mi pene, salieron varias gotas de semen, que se chorreaban entre sus nalgas.

    Nos abrazamos. Recostados en la cama. Y nos quedamos unos minutos ahí, sin hablar, solo abrazados. Después de unos minutos, me dijo para bañarnos, fuimos a la ducha. Entramos, dejamos que el agua caliente caiga sobre nuestros cuerpos. Nos enjabonamos mutuamente. Aprovechando para masajear todo el cuerpo. Patricia se agachó, se metió mi pene semierecto a la boca y comenzó a mamármelo suavemente. Se lo metía tres veces a la boca, luego lo sacaba y pasaba su lengua por todo el tronco. Mi pene no demoró nada en ponerse muy duro nuevamente.

    Luego me tocó a mí, me agaché, levanté su pierna y la puse encima de mi hombro, con su vagina frente a mí, comencé a lamerla. Pasaba mi lengua por sus labios, abriéndolos suavemente. Llegaba a su clítoris y lo lamia suavemente. Apretaba sus nalgas, ella me tomaba de la nuca y me apretaba hacia ella. Luego subí una de mis manos y le sobaba las tetas, apretaba sus pezones. Patricia movía sus caderas, frotándose contra mi cara. La excitación hizo que metiera mi nariz dentro de su vagina. Soy ligeramente narizón, así que la comencé a follar con mi nariz.

    Me hizo levantar suavemente, con su pierna aun en mi hombro. Acomodó mi pene en su vagina y se la metió de golpe. La comencé a penetrar suavemente. Luego fui subiendo la intensidad, hasta conseguir un nuevo orgasmo de Patricia. Bajó su pierna, se dio la vuelta y me dejó su culo al frente. La volví a penetrar fuerte por la vagina. La embestí fuertemente unos minutos más.

    Luego me pidió que la cargue. Se abrazó de mi cuello y de un salto, se subió encima mío, la tomé de los muslos y se la metí de un solo golpe. La comencé a embestir fuerte, el sonido que daban mis golpes contra su cuerpo, ayudado por el agua, que caía encima de nosotros, y sus fluidos, que empapaban su vagina, era delicioso. Patricia seguía gimiendo fuertemente. Estuvimos así unos minutos, en los que también la tomé de las nalgas, con sus piernas levantadas, apoyando su espalda a la pared y empujándola contra esta con mis embestidas.

    Luego fuimos a la habitación nuevamente. La recosté en el borde de la cama, me arrodillé y, abriendo sus nalgas y levantando sus piernas, comencé a lamerle el ano que, después de las penetraciones previas, seguía abierto. Mi lengua entraba y salía de su ano, humedeciéndolo. Escupía en la entrada de su ano y esparcía la saliva con mi lengua. Una vez estuvo bien lubricado, me levanté. La tomé de los muslos, se los empujé, pegándolos a su cuerpo, Patricia se abrió las nalgas y, con su culo bien abierto, la penetré con fuerza hasta el fondo.

    Estuve embistiéndola con fuerza varios minutos, Patricia gritaba. Se soltó las nalgas, para meterse dos dedos en la vagina y con la otra mano sobarse frenéticamente el clítoris. Ya me quería correr, pero intentaba aguantar lo más que podía. Quería que se venga primero y después venirme yo. Por los movimientos de las manos de Patricia, sabía que su corrida estaba cerca. La comencé a penetrar cada vez más fuerte y rápido, hasta que Patricia empezó a temblar.

    -¡Ahhh! Me corro de nuevo maldito –gritó, mientras lanzaba varios chorros de corrida manchándome el pecho y abdomen– ¡que rico me coges! ¡que rico haces que me corra!

    -¡así! Córrete putita, córrete y báñame con tus jugos –dije, mientras la seguía embistiendo– yo también me voy a correr.

    -Quiero tomarme tu leche, mi amor –suplicó– tírame tu leche en la boca.

    -¡ya viene! Ven siéntate acá –dije, sacando mi pene de su culo y señalándole el piso.

    Se arrodilló en el suelo, agarró mi pene, metió la cabeza en su boca y comenzó a masturbarme rápidamente. Mientras me masturbaba, succionaba mi cabeza y un dedo se metió en mi ano. Su dedo se movía haciendo círculos dentro de mi culo. No me pude contener más. Estaba en la gloria. Así que la tomé de la nuca, empujé hasta el fondo y todo mi pene entró hasta el fondo de su boca y eyaculé con fuerza.

    -¡Ahhh! Ahí está putita, tomate toda tu leche –grité– pásatela toda. Trágate la leche de tu macho.

    Solté su cabeza, se separó de mí, mi pene salió de su boca, perdiendo la erección. Patricia se relamió, buscando restos de mi corrida para metérselo a la boca. Se tragó todo mi semen y puso cara de satisfacción. Me senté en el piso frente a ella. Nos miramos sonriendo, recuperando la respiración.

    -¡que rico coges carajo! –dije– definitivamente eres la mujer que mejor me ha cogido en mi vida.

    -Y tú el mejor que me ha cogido –respondió– ¿Qué hora es? ¿Tendremos tiempo para un polvito más?

    -Estas insaciable hoy mi amor –dije.

    -Te dije que quería aprovechar la mañana –dijo sonriendo– ¿te quedan fuerzas?

    -No sé si pueda seguir, pero me muero de ganas de seguir cogiéndote –respondí.

    Así sentados, se escupió en la mano, agarró mi pene, lo mojó con su saliva y me comenzó a masturbar. Lo hacía fuertemente, desesperada por ponerlo duro de nuevo. mientras me masturbaba, me miraba con furia a los ojos. Estiré una de mis manos y metí tres dedos en su vagina, los comencé a mover dentro de ella. Así, sentados, uno frente al otro, mirándonos como si nos quisiéramos hacer daño, nos estábamos masturbando mutuamente, con fuerza.

    Cuando su vagina comenzó a chorrear sus jugos, y mi pene estaba otra vez duro como un fierro, la llevé a la pequeña mesa de centro. La recosté encima, solo una parte de su espalda se apoyaba en la mesita. Parado frente a ella, con las piernas ligeramente flexionadas, se la metí de un solo golpe. La penetraba con fuerza. El momento de hacer el amor se había acabado. En nuestra despedida, queríamos coger fuerte, queríamos sexo duro.

    Después de unos minutos, la levanté, se arrodilló en el asiento del sillón, abrazándose y apoyando sus tetas al respaldar. Su culo levantado. Me paré detrás de ella y la penetré desde atrás. Su vagina estaba muy húmeda y caliente. Seguía moviéndome con fuerza. Los golpes de mi cuerpo contra sus nalgas, emitían un sonido fuerte, parecido a los aplausos. Sus nalgas vibraban con cada embestida. Su vagina se mojaba cada vez más. Patricia comenzó a correrse.

    -¡Ahhh! ¡siii! Empótrame contra el sillón, puto –gritaba, mientras se agarraba la cabeza y mordía el acolchado del sillón.

    -te gusta así ¿no putita? –le decía yo mientras quise meter un dedo en su ano.

    -¡no! Por favor por ahí ya no –reclamó– dame por la conchita no más, mi culo ya no puede más.

    Me separé de ella, la llevé al borde de la cama. Me senté e hice que se suba encima, rodeándome la cintura con las piernas y el cuello con los brazos. Apreté sus nalgas y la comencé a mover de arriba hacia abajo, mientras ella se movía de adelante hacia atrás. Sus tetas se frotaban con mi pecho, sus pezones se sentían duros. La comencé a besar en la boca, mi lengua entraba en lo más profundo de su boca, ella hacia lo mismo.

    El beso era muy húmedo. Seguíamos con los movimientos. Yo la cargaba y la sentaba encima mío, ella se movía de atrás hacia adelante. Nuestro beso no paro nunca. Estuvimos buen rato, hasta que nos corrimos los dos al mismo tiempo, el largo beso que nos estábamos dando, apagó nuestros gemidos.

    Después de corrernos juntos, por última vez, nos quedamos así, abrazados, ella encima mío, mi pene aun dentro de su vagina, mis manos en sus nalgas. De su vagina chorreaban nuestros fluidos, embarrando mi pelvis, mis muslos y la cama. Después de unos minutos sentados así, abrazados, sin querer soltarnos nunca más, se levantó, comenzó a alistar sus cosas, completamente desnuda. Yo hice lo mismo. Lo hicimos en silencio. Terminamos de alistar nuestras cosas y nos quedamos parados mirándonos unos segundos sin decir nada.

    -Creo que esto es todo –dijo tristemente– te voy a extrañar mucho.

    -Yo también –respondí– me gustaría seguir contigo todo el día, pero creo que ya me dejaste seco. Espero estés igual de satisfecha.

    -Claro que sí, ya te dije que nadie me ha hecho correrme como tú. Nunca –respondió ella.

    -A mí me encanta como te corres –dije– podría ver cómo te corres y lanzas chorros todo el día.

    -Entonces ven y hazme correr una última vez –dijo sentándose en el sillón, abriendo las piernas.

    -No creo que pueda hacerlo otra vez, pero puedo hacértelo con la boca y los dedos –dije, acercándome.

    Me arrodillé frente a ella, me acerqué a su vagina, que aun tenía restos de la anterior corrida, y comencé a pasar mi lengua por su vagina. Lamia de arriba hacia abajo, saboreando cada centímetro. Movía la punta de mi lengua rápidamente por su clítoris, haciendo que se estremezca y lance suaves gemidos. Metí dos dedos y los moví dentro de ella, sentía como se mojaba cada vez más.

    -¡que rico la chupas! Me encantan tu lengua y tus dedos –dijo gimiendo cada vez más fuerte– ¡sigue! ¡no pares! ¡por favor!

    Seguí metiendo dos dedos dentro, mientras lamia y succionaba su clítoris. Estaba muy mojada. Sus gemidos se hacían cada vez más fuertes. Estaba como loca, temblaba, se contorsionaba, movía sus caderas, acompañando los movimientos de mis dedos. Me levanté y comencé a mover mis dedos con fuerza y muy rápido dentro de ella. Comencé a sentir que se estaba por venir.

    -¡Ahhh! Me vas a hacer correr. Estoy a punto de explotar –gritó– ¡no pares! ¡sigue, puto! ¡ahí viene! ¡siii!

    Saque mis dedos y salió un chorro gigante de su vagina. Me agaché, puse mi cara frente a su vagina y comencé a frotar su clítoris con la yema de mis dedos rápidamente. Salieron varios chorros más, directos a mi cara. Abrí la boca y me tragué una buena cantidad de su corrida. Ella seguía gritando desesperadamente.

    -¡Ahhh! ¡para, por favor! ¡ya no puedo maaas! –suplicó, mientras su corrida inundaba mi boca y mi cara.

    Me detuve y se desvaneció en el sillón. Yo caí sentado en el piso, frente a ella, tratando de grabar en mi memoria la imagen de Patricia lanzando su corrida a mi cara. Se arrodilló frente a mí, se acercó y me lamió la cara limpiando su corrida. Nos besamos apasionadamente por unos minutos más.

    Después de eso nos levantamos, nos aseamos, nos vestimos y nos fuimos al terminal de buses. Patricia compro su pasaje y yo compré uno que salía un par de horas después. Cuando iba a salir su bus, la besé muy apasionadamente. La abracé y me acerqué a su oído.

    -Te amo –susurré– y te amaré toda mi vida.

    -Yo también te amo –respondió– espero algún día podamos encontrarnos en otras circunstancias.

    Se separó de mí y se alejó, sin poder contener las lágrimas. Yo traté de hacerme el fuerte, pero no me pude contener y también lloré. La mujer que, hasta ese momento, era el amor de mi vida se alejaba de mí y nunca más podría disfrutar de sus besos, de sus caricias, de hacerle el amor.

    Así fue como terminó esta historia de amor, pero sobre todo de mucho sexo, con una mujer espectacular, a la que hasta ahora recuerdo con mucho amor. Después de eso, pasaron los meses, la seguía viendo en la escuela, quería que pase el tiempo volando para poder terminar mi carrera y poder volver a estar con ella. Pero esto nunca sucedió. Simplemente pasó el tiempo y ambos conocimos a alguien que nos hizo olvidar. Obviamente, ella olvidó lo nuestro antes. Siendo tan hermosa, tenía muchos pretendientes, así que un día conoció a un chico que, más adelante, se convirtió en su esposo.

    Fin

  • El hombre de la avenida Gorlero

    El hombre de la avenida Gorlero

    Ha pasado mucho tiempo desde que salí un fin de semana con mis amigas. Hoy nos vamos por dos noches a Punta del Este y no sé exactamente qué vamos a hacer. Empaqué un poco de todo y corrí a la terminal, donde las tres habíamos acordado encontrarnos.

    Una vez que llegué, inmediatamente me di cuenta de por qué no voy con demasiada frecuencia los fines de semana con amigas. Las dos ya estaban discutiendo entre ellas… justo cuando yo anhelo un fin de semana de descanso después de todo el ajetreo de últimamente. Decido interrumpir la discusión y preguntarles a dónde vamos este fin de semana.

    “Punta del Este” dijeron casi al mismo tiempo. “¡Nos vamos al Este a pasar un fin de semana!” Añadieron con entusiasmo.

    Estoy de acuerdo con esta decisión.

    Tomamos el ómnibus y tras un viaje afortunadamente tranquilo y sin discusiones, llegamos a nuestro hotel. Es un hotel básico, según mi experiencia. Decido usar un vestido sexy para la noche.

    Nos ubicamos en una mesa de un restaurante de la avenida Gorlero. El clima era agradable. Una sensación me distrae de la conversación y lleva mi atención a mi cuerpo, que anhela ser tocado y -sin que nadie lo vea- me toco en la parte interna de mis muslos. Un hormigueo recorre mi cuerpo.

    “¿Qué te gustaría?” escucho de fondo.

    Hay un momento de silencio en la mesa y me doy cuenta de que la pregunta me la hacen a mí.

    “Lo siento, mis pensamientos vagaron por un momento”, les doy una respuesta honesta.

    Ambas quieren hacer algo después de cenar y ahora me piden mi opinión. Quiero paz –pienso para mis adentros– pero decido responder que estoy de acuerdo con lo que quieran hacer.

    Después de cenar tomamos un cóctel en una coctelería. Bebo mi Martini y noto que el alcohol se me sube a la cabeza y me siento un poco mareada… Las chicas quieren salir, pero a mí no me apetece nada. Necesito descansar. Bebo el último trago de mi segundo cóctel y decido caminar sola hacia el hotel.

    Mientras camino hacia el hotel, veo a la distancia a un hombre que viene directamente hacia mí. No hay otras personas presentes y él inmediatamente me llama la atención. No sé exactamente qué es… a medida que nos acercamos nuestras miradas se cruzan. No puedo apartar mi mirada de él. Noto que me estoy poniendo rígida, pero mis piernas siguen caminando automáticamente.

    Nos acercamos el uno al otro y ahora casi podemos tocarnos… justo antes de cruzarnos, desvía la mirada y pasa junto a mí. Camino un poco más pero no puedo resistirme a mirar hacia atrás… ¿qué me pasa con este hombre? Siento una atracción enorme, pero no puedo explicarlo. Ni siquiera lo conozco. Cuando miro hacia atrás lo veo entrando al Casino.

    Ha oscurecido y la brisa se ha convertido en un viento frío. Me queda una corta distancia hasta el hotel y noto que no puedo soltar la mirada del hombre. Pienso en el momento en que me miró fijamente y noto que ese pensamiento le hace algo a mi cuerpo… siento un agradable cosquilleo entre mis piernas… un cosquilleo que no sentía desde hace mucho tiempo.

    Estoy parada frente al hotel y me viene un pensamiento… ¿debería ir al casino y ver si todavía está allí? Es extraño, pero parece que este hombre tiene algún tipo de poder sobre mí… Decido hacerlo: caminé de regreso al casino.

    Me registro y me dirijo por las grandes alfombras rojas hasta el salón principal. No hay mucha gente y decido pedir primero una bebida en el bar. Mientras espero mi bebida, miro a mi alrededor. No hay rastro del hombre.

    Es mi tercer Martini de la noche y realmente puedo sentir el alcohol haciendo su trabajo. Siento que estoy flotando y la música de fondo me estimula. En los casinos no hay ventanas ni relojes. Entiendo el concepto, te sientes como si estuvieras en otro mundo y tu sentido del tiempo desaparece por completo. Bajo una escalera y termino en una habitación donde se juega a la ruleta. Me siento en una mesa a jugar unas cuantas rondas con la intención de luego volver al hotel.

    Qué idea tan ridícula fue pensar que volvería a encontrarme con ese hombre aquí. Apuesto algo de dinero al rojo. Pierdo. Después de jugar algunas rondas miro hacia arriba y me sorprendo. Me quedo sin aliento. El hombre de afuera está sentado frente a mí en otra mesa y enseguida me doy cuenta de que me ha visto. Él me mira. Me siento incómoda y no sé hacia dónde mirar. Me estoy emocionando. Intento volver a centrar mi atención en el juego y hacer otra apuesta.

    No puedo resistirme a echar un vistazo rápido a la otra mesa de ruleta. Lo veo sentado ahí, pero esta vez no me mira. Me da algo de tiempo para recuperar el aliento. Está sentado a unos diez metros de mí, pero puedo sentir su energía. Está bien vestido, cuerpo atlético y parece tranquilo. De repente me mira de nuevo. Me sobresalto y miro hacia otro lado. ¡Dios mío! Tengo que salir de aquí, pienso para mis adentros. ¿Quién es este hombre? Además de sentirme ansiosa, también noto que esta situación le está haciendo algo a mi cuerpo.

    Mi piel se tensa, mi respiración se acelera… hormiguea y siento la sangre correr… Mis pequeños pezones se ponen rígidos y empujan la fina tela del vestido. Tengo miedo de que se note y trato de taparlos con los brazos para sentirme menos vulnerable. Vuelvo a mirar hacia arriba, pero veo que la silla del hombre está vacía. Siento una ligera decepción. ¿Habrá visto que me hacía sentir incómoda? ¿O que mis pezones se pusieron duros?

    Decido jugar unas rondas más y luego irme a casa. Hasta que de repente siento un calor en mi espalda y noto que alguien está parado cerca de mí. Quiero mirar atrás, pero no me atrevo. Tengo miedo de que sea el hombre y me quedé helada. Lo siento acercarse más y lentamente acerca sus labios a mi oreja. Siento su aliento.

    “Ve al baño, quítate las bragas, vuelve y siéntate aquí”. dice con una voz cálida, profunda y tranquila.

    Miro a mi alrededor para ver si alguien escuchó lo que me acaban de decir… todos parecen tener su atención en otra parte. Ahora siento que el hombre ha desaparecido. Mi corazón está en mi garganta…

    No puedo ir al baño y hacer lo que él dice, ¿verdad? Ni siquiera lo conozco. Antes de darme cuenta me veo caminando hacia el baño. Dudo un momento, pero me quito el tanga y veo por los destellos que ya he perdido bastante líquido. Pongo las bragas en mi bolso y camino de regreso al pasillo. Ahora me siento aún mejor. Siento el aire frío deslizándose entre mis piernas y percibo el frío en mis labios vaginales ahora desnudos.

    Vuelvo a sentarme en el mismo lugar y lo veo sentado nuevamente en el mismo lugar en la otra mesa de ruleta. Me vuelve a mirar fijamente con una mirada que aún no estoy segura si me asusta o me excita. Siento una ola de placer recorrer mi cuerpo. Un temblor que comienza en mi cuello y termina entre mis piernas. Siento que todo se contrae, juntando los labios vaginales entre mis piernas; los siento moverse sobre la suave gamuza de la silla.

    La contracción es tan fuerte que tengo miedo de exprimir el líquido que se acumula entre mis piernas desde hace algún tiempo y dejar una mancha en el asiento. Me tambaleo un poco en la silla y trato de moverme un poco, pero siento que ya es demasiado tarde… Siento que el fluido se escapa de mí…

    De repente pienso en el momento durante la cena en el que me pasé las uñas por las piernas y lo bien que me sentí. No puedo resistir la tentación y lentamente llevo mi mano debajo de la mesa hacia el interior de mis piernas. Miro rápidamente en dirección al hombre e inmediatamente soy capturada nuevamente por su mirada…

    Él me mira directamente y me siento atrapada. Quiero retirar la mano, pero siento una enorme necesidad de deslizar los dedos más hacia adentro. Parece como si guiara mi mano con su mirada, y mientras sigo mirándolo, mis dedos llegan a mis pequeños labios vaginales. Deslizo un dedo hacia arriba entre mis labios y siento que estoy mucho más húmeda de lo que pensaba.

    Cuando llego a la cima, lentamente rodeo mi clítoris unas cuantas veces y siento lo hinchado que se ha vuelto: me quedo sin aliento por un momento y en un movimiento casi automático junto ambas piernas firmemente. Quito mi mano de entre mis piernas mientras sigo haciendo contacto visual con el hombre. Estoy tan cautivada por su mirada que sin pensar me llevo a la boca el dedo que estaba justo en mi vagina y -lo más discretamente posible- lamo mi propio fluido… Me excita verme de esta manera y me mira y cuando me doy cuenta de esto, el hombre de repente se levanta y se aleja, sin volver a mirarme.

    Estoy confundida. ¿Qué quiere este hombre de mí? ¿O simplemente fui demasiado lejos? ¿Y adónde se fue? Miro a mi alrededor, pero no veo rastro de él. Se juega otra ronda en la mesa y sin que yo haya hecho una apuesta, me empujan una pila de fichas.

    “¡No he jugado!” digo con mi mejor voz.

    “La casa corre por cuenta”, dice el croupier.

    Acerco la pila de fichas hacia mí y noto que hay una pequeña nota escondida debajo. Tengo miedo, pero con un movimiento rápido logro agarrar el papel y finjo que estoy apilando la pila de fichas. Abro la nota debajo de la mesa y leo lo que dice. «Hotel – habitación 433» La duda me asalta de nuevo. Por un lado, me resulta aterrador acercarme a un hombre extraño.

    Además, no sé qué tan seguro es y también estoy en un fin de semana con amigas que probablemente volverán pronto al hotel; después de todo, ya es tarde. Por otro lado… qué pudo haber planeado este hombre para mí… Si solo su mirada me hace hacer cosas, qué más podría hacerme. Tengo miedo de que la emoción venza al miedo… Siento un escalofrío incontrolable recorriendo mi cuerpo al salir del casino.

    Tomo el ascensor hasta el cuarto piso y camino por el pasillo del hotel. La sala está completamente vacía y está atractivamente iluminada con luces tenues en las paredes. La habitación 433 está al final del pasillo y noto que mi respiración comienza a acelerarse. Me quedo quieta por un momento frente a la puerta… luego decido tocar y creo que lo hago demasiado suave. Todo está en silencio y siento que escucho los latidos de mi propio corazón. Justo cuando estoy a punto de volver a llamar, esta vez con más fuerza, la puerta se abre. ¡Dios mío, es incluso más grande de lo que pensaba! Me mira fijamente y me dice con voz tranquila

    “Te estaba esperando. Adelante.”

    Lo sigo y miro la habitación del hotel. Tal como era de esperar, todo está ordenado y hay una atmósfera oscura en el cuarto. Básicamente, exactamente como creo que deberían ser los hoteles: oscuros y sexys.

    “Siéntate en la cama”, me ordena, mientras se sienta en el sofá frente a la cama y toma su copa de vino.

    “Quiero saber quién eres primero”, le digo, queriendo mostrar mi versión rebelde.

    Se levanta de nuevo, toma una segunda copa de vino y camina lentamente hacia mí. Esa mirada… ¿qué me está haciendo este hombre? Me pregunto. Se acerca a mí y me dice:

    “Acuéstate en la cama con la espalda apoyada en la pared del fondo y toma esta copa de vino.”

    Quiero ser rebelde pero no sé qué decir y simplemente hago lo que él dice. Me siento en la cama, cubierta con mantas de raso negro, y recién ahora oigo la música. Es música lenta muy oscura y me hace moverme más lento.

    Estoy tumbada en la cama y él se ha vuelto a sentar en el sofá. Nos sentamos uno frente al otro y seguimos mirándonos fijamente mientras tomo un sorbo de vino. Sin siquiera darme cuenta, crucé las piernas.

    “Quiero ver si cumpliste con la tarea.”

    Sé exactamente lo que quiere decir.

    “¿Por qué debería hacerlo?”, me oigo decir y un rayo nervioso recorre mi cuerpo mientras intento ir contra él de nuevo.

    “Porque tú quieres que yo te mire.”

    Tiene razón: quiero que mire lo que tengo entre las piernas. Nada mejor. Mi cuerpo anhela esa atención allí… Siento resistencia, pero aun así separo las piernas y las abro lentamente. La idea de que no llevo bragas y este hombre desconocido me está mirando me excita tanto que inmediatamente siento una contracción entre mis piernas. Lo veo entrecerrar un poco más los ojos y creo ver algún tipo de excitación también en él. Algo cambia en su energía. Lo siento en la habitación.

    “Pon ambas manos en tu ingle y separa tus labios vaginales.”

    Hago lo que él dice y, con mis piernas ahora completamente abiertas, llevo mis manos a mi ingle y ejerzo un poco de presión hacia mis piernas. Siento que mis labios se abren…

    “¡Hmm!, es incluso más pequeño de lo que pensaba…” lo escucho decir y veo su propia mano recorrer sus pantalones. “Quiero que juegues contigo misma y te pruebes una vez más.”

    Entonces ha visto que me probé en la mesa de la ruleta y vuelvo a hacer lo que él dice.

    “Actúa como si estuvieras sola”, añade.

    Por supuesto que no puedo –pienso para mis adentros– pero empiezo a hacer lo que siempre hago cuando estoy sola en casa. Me acuesto en la cama con toda la espalda y me llevo los dedos a mi vagina. Con dos dedos me deslizo hacia arriba sobre mi pequeña abertura y tomo un poco de líquido para recorrer en círculos sobre mi clítoris. Vuelvo a sentir lo hinchada que estoy y, de forma totalmente inesperada, la excitación es tan grande que una ola de placer recorre mi cuerpo y casi llego a un orgasmo. Logré evitarlo dejando escapar un gemido y retirando rápidamente mis dedos.

    ¡Dios mío! ¿Cómo voy a sobrevivir a esto? La idea de que este hombre que no conozco esté mirando mi vulva mojada me excita tanto que siento que podría acabar en este momento sin tocarme. Como distracción, decido cumplir con la siguiente tarea y me llevo los dedos a los labios. Me pruebo con los dedos y miro al hombre de nuevo. Veo que se ha levantado y que tiene la mano en el pantalón.

    “¡Déjate venir!”

    Me sorprenden sus palabras… pero no quiero nada más que lograr un orgasmo, así que llevo mis dedos de regreso a mi clítoris y empiezo nuevamente a dar vueltas en círculos. Me siento tan bien. Mi vagina está tan increíblemente húmeda que empieza a hacer ruido y siento que mi clítoris se hace cada vez más grande. Se presenta una nueva ola de excitación y siento que empiezo a correrme.

    “¡Detente! ¡No acabes!”, dice con fuerza.

    Jadeo y logro evitar el clímax. Respiro breve y rápido por la nariz mientras sigo haciendo lo mejor que puedo para contener el orgasmo.

    “Quítate el vestido y siéntate de rodillas al final de la cama.”

    Me quito el vestido, me arrastro hasta los pies de la cama y me siento de rodillas frente a él. Se acerca un paso más y nuevamente siento la energía y fuerza en este hombre. Me siento completamente sumisa en esta posición y me excita… me excita que tengo que seguir haciendo lo que él dice y que no tengo nada que decir en contra…

    “Abre mis pantalones.”

    Abro sus pantalones y los bajo, bajando sus boxers al mismo tiempo. Sale un pene semiflácido, pero no muy pequeño. ¡Hum…! Esperaba más de esto después de todo lo que acaba de pasar. Al mirarlo lo veo crecer un poco y su miembro llega lentamente a mis labios. Con la punta de mi lengua me deslizo sobre la cabeza de su pene, haciendo que presione sobre mis labios. Pienso que quiere ponerse más duro, solo tengo que abrir mi boca para dejarlo entrar.

    Percibo que todo crece en mi boca, su pene llega al final de mi lengua y al comienzo de mi garganta. Pensé que eso era todo, pero cuando lentamente comienza a cogerme, siento que se hace más grande y desaparece más profundamente en mi boca. Su respiración comienza a volverse más pesada y con embestidas lentas y profundas me llega hasta la garganta.

    No tengo más remedio que llevar mis dedos a mi vagina y sentir un hilo de líquido colgando de mi hendidura. Me penetro con dos dedos y sigo el ritmo de sus embestidas mientras siento su duro pene golpear la pared de mi garganta. De repente deja de moverse y suelta un grito. Súbitamente siento que esa cosa intensa y dura se vuelve aún más espesa y siento una ola atravesar su miembro de atrás hacia adelante.

    Pulsando violentamente, acaba en mi garganta y mientras esto sucede, agarra mi cabeza y se empuja aún más profundamente dentro de mí. No puedo hacer nada al respecto y me obliga a tragarlo todo. Su descarga parece durar una eternidad y trato de tomar aire… pero no puedo. Dios mío… este hombre acaba de llenarse completamente con su semen y estoy segura de que nunca antes había tenido que tragar tanto.

    Lentamente quita el monstruo de mi garganta, parece que no tiene fin… ¡Dios mío!, esta cosa es tan grande, pienso para mis adentros. Un poco decepcionada de que ya haya acabado y yo todavía jadeando, para mi gran sorpresa, su duro pene se alza orgulloso y veo las venas corriendo por su eje.

    “Acuéstate en la cama y abre los labios vaginales.”, me ordena.

    Me acuesto boca arriba y veo acercar su cuerpo musculoso al mío.

    “No, no puedo contigo… soy demasiado pequeña para eso…” gemí.

    Mientras digo esto, no quiero nada más que estar completamente llena, pero honestamente tengo miedo de que sea demasiado grande para mí.

    “Yo decido si puedes tenerlo. Separa tus labios.”

    Y mientras él todavía está de pie frente a la cama, separo mis ninfas con mis dedos y él coloca la cabeza de su pene contra mi abertura. Siento su mástil empujando contra mí; lentamente me está estirando. Mientras él intenta empujarse más hacia adentro, yo trato de alejarme y arrastrarme de regreso a la cama.

    “Eres demasiado grande para mi pequeña concha.”, le digo.

    “Cuanto más luches, más profundo te la clavaré.” dice mientras se sube a la cama.

    Se inclina sobre mí con su gran cuerpo entre mis piernas y acerca su rostro a mi cuello. Agarro sus musculosos brazos y, aunque tengo miedo, mis caderas se levantan para tratar de encontrar su duro pene. Su lengua se desliza por mi cuello y llega a uno de mis pezones. Siento la piel de gallina por todo el cuerpo mientras él lame mi pezón firmemente con su lengua. La fuerza que usa me hace sentir lo increíblemente duros que se han vuelto mis pezones. Se desliza más hacia abajo y mientras una mano permanece detrás de un pezón termina con su cara entre mis piernas.

    Siento su aliento… ¡No…! ¡No puedo soportar esto…! Me lame de abajo hacia arriba a lo largo de mi área púbica y apenas logra evitar mis labios. Sigue lamiéndome y cada vez que espero que su lengua llegue a mi clítoris, lo evita hábilmente. La mano que todavía juega con mi pezón sube lentamente y agarra mi garganta. No es un agarre lo suficientemente fuerte como para no poder respirar, pero siento su enorme fuerza y no puedo moverme más.

    La otra mano se mueve justo encima de mi área púbica y la empuja hacia arriba con mucha fuerza. Lo hace con tanta firmeza que siento mi clítoris expuesto y mis hinchados labios extendidos. Percibo que su lengua llega a la abertura de mi vagina y se desliza lentamente. La tortura continúa por un rato porque justo antes de llegar a mi clítoris me aprieta la garganta aún más fuerte… y se detiene.

    Me estoy volviendo loca… – y mientras pienso eso siento su lengua aparecer nuevamente en mi apertura. La percibo dura y firme, se empuja dentro de mí y comienza a moverse. Dejo escapar un gemido de placer mientras va y viene en mi apretada vulva… Mientras soy tomada por su lengua siento rápidas contracciones con las que casi fuerzo su lengua a salir.

    Cuando llego completamente al borde del orgasmo, su lengua que aún espera se desliza hacia arriba… y golpea mi clítoris. Dejo escapar un grito y no sé hacia dónde mirar. Presiono mi cuerpo contra su lengua y quiero que me lama más fuerte. Con su mano todavía en mi área púbica, me presiona contra el colchón y comienza (insoportablemente lento para mí) a dar vueltas alrededor de mi clítoris. Quiero que lo haga más rápido, pero al contrario de lo que quiero, me lame más lento y más suave.

    Mientras que siento que mi orgasmo llega de repente con intensidad, me invade un profundo sentimiento que lentamente se acumula dentro de mí. Todo parece ir en cámara lenta… justo cuando mi cuerpo no puede evitar correrse muy fuerte, deja de lamer nuevamente. Mientras anhelo un orgasmo intenso, él se acuesta encima de mí con su impresionante cuerpo.

    “No acabarás hasta que yo lo diga.” dice, agarrando mi nuca con ambos brazos y acercándose a mí.

    “Quiero que lo mires…”

    Y veo su enorme pene, que se extiende mucho más allá de mi ombligo, sobre mi estómago.

    Se acerca aún más a mí y sin usar las manos logra presionar su verga contra mi abertura. Más lento de lo que quiero, veo su miembro desaparecer dentro de mí, centímetro por centímetro. Veo mis labios vaginales abrirse y eso revela hasta qué punto ya me está estirando. Ni siquiera me quejo para que se detenga, sé que ya no puedo hacer otra cosa. Con enorme fuerza lo veo desaparecer completamente dentro de mí; nunca me había sentido tan llena. Lentamente se desliza completamente hacia afuera nuevamente (parece que esto no tiene fin) y veo cuán enormemente brillante está su pene de todo el fluido.

    Con embestidas largas, profundas pero lentas, comienza a cogerme mientras me obliga a mirarlo. Con cada asalto profundo siento la enorme fuerza de su cuerpo y su respiración se vuelve más pesada. Su pene se vuelve cada vez más duro y más… profundo. Sigo viendo cómo el enorme garrote desaparece lentamente por completo dentro de mí. Solo con mirarlo es suficiente para que mi cuerpo alcance un orgasmo.

    “Déjate venir.” dice de repente mientras acelera el ritmo.

    Las embestidas ahora son tan profundas que golpea su hueso púbico contra mi clítoris con cada arremetida. Me dejo llevar por completo y pronto una ola de placer se presenta nuevamente.

    “Ven…” me ordena de nuevo.

    “¡Oh!, ¡Aj!…”

    Jadeo y mi cuerpo comienza a ponerse muy duro. Él deja de empujar y veo las enormes contracciones constriñendo su pene una y otra vez. Las convulsiones continúan.

    “Sigue viniendo”, dice, gimiendo, y siento que se hincha más dentro mi vulva.

    Las contracciones lo hacen eyacular nuevamente y siento una ola cálida fluir por mi cuerpo con cada pulsación de su pene. Hace que mi orgasmo siga y siga durante lo que parece no tener fin. Vuelve a poner mi cabeza en la cama y jadeo para respirar, mi cuerpo todavía tiembla. Nunca antes nadie me había hecho alcanzar un orgasmo tan intensamente y… durante tanto tiempo… es exactamente lo que estaba anhelando.