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  • Fui infiel filmando vídeos porno (Capítulo 1)

    Fui infiel filmando vídeos porno (Capítulo 1)

    La aguja del segundero giraba escalonando rítmicamente su pasmoso recorrido en el reloj que reflejaba el brillo de la luz de emergencia. El corte de electricidad llevaba más de diez minutos.

    Yo miraba en el gran espejo del costado esa figura extraña de mujer sexi, con cabellos rubios y anteojos, que no tenía nada que ver conmigo, solo en algunas curvas corporales y movimientos que imitaban los que yo hacía.

    Mi mente trataba de entender lo que estaba sucediendo, el vodka lo impedía. Pensé que había llegado demasiado lejos esta vez, en mi permanente búsqueda de lo diferente. Guillermo había sido demasiado inteligente para tender su red, lo había hecho con sabia dilación, cuidando cada mensaje o cada charla telefónica para que no me sintiera acosada o presionada, todo natural, casi lógico, dándole a cada tema el tiempo necesario.

    Él lo había logrado, yo en cambio aún no estaba totalmente convencida, me sentía extraña en ese set de filmación y no dejaba de pensar que estaba a tiempo de irme, pero la inquietud de vivir cosas distintas, que ese vendedor de fantasías había despertado tan naturalmente en mí, era mayúscula y mi temperamento no se compadecía de mis dudas.

    Recordaba las vacaciones del último verano con mi esposo en Santa Clara del Mar.

    Entre las cosas maravillosas que me pasaron en ese lugar, ocurrió ese apasionante encuentro con cuatro caballeros. Uno de ellos, un cincuentón a quien nombro en este relato como Guillermo para no transparentar su identidad. Él me había contado que era productor de videos eróticos y que tenía un estudio de filmación en una ciudad que tampoco quiero dar a conocer. Habíamos agendado mutuamente nuestros teléfonos, ya que él me había invitado a su casa y yo para no ser descortés, le dije que probablemente iría en algún momento.

    Siento deseos de relatar lo vivido aunque esta vez para muchos de los que lean este relato totalmente real, les resulte demasiado fantasioso. Voy a cuidar de no apartarme de lo que verdaderamente sucedió.

    No quisiera que piensen que soy una puta. He publicado varios relatos anteriores como “Laura” contando mis infidelidades, probablemente los hayan leído. Me encantaría conocer sus puntos de vista o sus opiniones ya que eso me ayudaría a entender mi proceder.

    Volveré a dar mis señas. Soy mendocina, 1,53 m de altura, cuerpo bien conservado 86-65-95, piel trigueña, mis senos son menos pero bastante firmes, no tengo rollos ni gorduras y mi cola, piernas y caderas son mi arma letal. Ahora tengo 53 años. Llevo casi 30 años de matrimonio con un hombre maravilloso 8 años mayor que yo, ahora ya algo barrigón. Con él hemos concebido dos hijos, varón y mujer, ambos casados. En la cama no tengo frenos ya que soy multiorgásmica y muy gritona. Me excito fácilmente con solo pensar en el sexo y ni que hablar si tomo algo de alcohol, a los minutos pierdo los estribos. Cuando hago el amor no puedo parar porque siento como una fiebre y una cosquilla que me invade el cuerpo entero haciendo que descargue mis orgasmos uno tras otro. Incluso puedo venirme estando acostada sola en la cama, sin siquiera tocarme, tan solo pensando en alguien. Mi esposo dice que soy ninfómana, el es una bellísima persona y por supuesto soy su gran atracción sexual. Las locuras que hacemos son iniciativa mía y él me sigue. No es hombre de ver páginas de sexo como estas, cosa que a mí por el contrario me encanta ver fotografías y videos porno y leer relatos y distintas vivencias que han tenido otras personas. Me siento totalmente confiada y sin ataduras para escribir mis relatos porque estoy segura que nunca él los verá. Digamos que tiene los atributos de un perfecto cornudo y yo no quisiera cambiar eso. Tengo una adicción a la infidelidad y es algo que no puedo evitar.

    Cuando conocí a Guillermo en Santa Clara, junto con otro amigo Juan y dos más, él me dijo que era un verdadero desperdicio que yo no estuviera aprovechando mis atributos y cualidades para hacer videos. Que no era fácil encontrar una dama de mi edad con ese temperamento y apetito sexual y eso en las páginas de sexo era muy bien valorado.

    Tendremos que hacer unas filmaciones y fotografías, me dijo, es algo a lo que no puedes negarte.

    Yo le comenté que con mi esposo hemos grabado algunos videos caseros. Me encantaría subirlos a alguna de las páginas XXX para verme teniendo sexo, pero no me atrevo por miedo a que nos reconozca algún familiar o amigo, incluso mis hijos o sus amigos. Nuestro círculo de amistades y gente conocida es muy grande. Los compañeros de trabajo de mi esposo también me conocen.

    Guillermo, aquél día me dijo que lo dejara en sus manos, que era mucho más sencillo de lo que yo imaginaba y que muy pronto se iba a comunicar conmigo.

    Al cabo de un mes, Guillermo comenzó a mandarme mensajes por celular, invitándome a pasar unos días en su casa y a conocer su estudio de filmación. Se revivía esa especie de intriga en mí por saber cómo sería eso. Solamente había estado un día con Guillermo y otros tres hombres en una magnífica batalla sexual, pero no podía saber si era una persona confiable. Además, no me resultaba fácil viajar sin mi esposo. Los mensajes y conversaciones telefónicas fueron cada vez más explícitos y extensos, también convincentes. Transcurrieron más de tres meses hasta que finalmente me decidí a ir, Guillermo es un tipo al que no se le puede decir que no.

    Le dije a mi esposo que mis amigas de un grupo que tengo, se iban a reunir en esa ciudad durante una semana a una especie de retiro espiritual y que me encantaría ir con ellas. Él me dijo que no veía motivos para que no fuera. A los 3 días yo estaba saludándolo con mi rostro pegado al vidrio del ómnibus de larga distancia que salía de la terminal de Mendoza con destino a la ciudad donde vivía Guillermo.

    El viaje fue algo tedioso pero Guillermo se había ocupado de mandarme a buscar al llegar a la terminal, con un hermoso auto con chofer. El hombre, muy agradable me comentó que era empleado de Guillermo y me dijo que me relajara que teníamos como una hora de viaje hasta su casa. El recorrido fue muy placentero saliendo de la ciudad hacia una zona de campos verdes, ni lo sentí en ese auto automático, con una insignia de cuatro círculos en el tablero.

    Llegamos a un extenso muro de cierre donde se abrió un portón con el control desde el auto y en el interior un inmenso parque con árboles de todo tipo, jardines con flores, delicadamente diseñados , incluyendo un lago natural. Al ver la mansión me quedé muda. El auto se detuvo en un hall de acceso y el chofer me abrió la puerta del auto, luego bajo mi bolso. Me acompañó hasta ingresar por un portal inmenso de dos hojas a la sala principal y se retiró diciéndome que tomara asiento que el señor ya venía.

    Al minuto apareció Guillermo con muy buena ropa de sport y me saludó alegremente. Tras él había una hermosa dama de unos treinta y algo que me presentó como su compañera Jenny y a ella le dijo que yo era la señora que había conocido en Santa Clara y de la que le había hablado. Ella se mostró muy simpática y agradable y me invitó a subir a los dormitorios para mostrarme mi habitación, una de las doce con baño privado que tenía la mansión.

    Esa noche cenamos los tres más un primo de Guillermo llamado Roberto, unos diez años más joven y muy apuesto. Una cocinera nos sirvió un riquísimo plato de pescado acompañado con espumante muy frío, que muy pronto comenzó a hacer efecto aflojando mis sentidos.

    Guillermo dijo que le había comentado a Jenny sobre mis cualidades y que me había invitado a su casa para grabar algunos videos. Yo me sentí rara hablando de ese tema con su compañera, pero ella, para hacerme entrar en confianza y que me sintiera cómoda, me dijo que era actriz porno. Le pregunté a Guillermo si él también a lo que me respondió que solamente administraba el estudio. Su primo era camarógrafo y contó que había un grupo de 10 personas en la asistencia técnica de sonido, iluminación, fotografía, videos, maquillaje y no sé qué otras cosas nombró.

    La conversación ya era totalmente abierta y yo con el alcohol me sentía desinhibida como para hacer preguntas y contar sobre mi gran atracción por los temas de sexo.

    Jenny me dijo que Guillermo había insistido en que yo viajara hasta allí porque necesitaba pedirme que filmara algunos videos en el renglón de “Latinas – mujeres maduras” para venderlos a Europa. Guillermo acotó que era muy difícil encontrar mujeres adultas con un alta performance de erotismo y yo era una diva con un alto voltaje para eso. Me dijeron que a la mañana siguiente me iban a mostrar los set de filmación y algunos rodajes en vivo y si estaba de acuerdo, luego de verificar mi estado de salud con análisis de VIH a la tarde comenzábamos.

    Yo pensé que esa locura era lo único que me faltaba. Les dije que no me animaba a tanto y que mis dudas en aceptar, es porque no tenía ningún interés en ser reconocida por algún familiar o amigo. Ellos me dijeron que me despreocupara de eso porque los contratos con los empresarios europeos son muy exigentes y no divulgan sus videos fuera de ese continente.

    Mientras saboreaba la frutilla del postre helado pensaba “Laura que tal la propuesta, después de vieja, artista”. Luego de un largo silencio, les dije que lo iba a pensar. Ellos soltaron la respiración contenida sabiendo, al igual que yo, que era mi “OK”.

    Luego de una corta sobremesa y sin mucho más de que hablar me retiré a mi habitación. Cuando estaba en la bañera con hidromasaje escuché golpear el vitreaux que separaba el cuarto de baño del dormitorio, donde se dibujó la silueta de un hombre. Siii quien es, pregunté algo sorprendida. Roberto se asomó por la puerta preguntando si necesitaba algo. Con un toallón en la mano y un pote de crema en la otra me dijo, además de camarógrafo soy masajista y seguramente con el viaje tan agobiador estas necesitando un relax.

    -Ahhh, que maravilla, eres multifunción le dije riendo.

    -Aquí la mayoría hacemos un poco de todo.

    Realmente estaba muy contracturada con el viaje y acepté que Roberto me cubriera con el toallón, para salir del hidro.

    Boca abajo ya en la cama mi relajamiento fue total con esas manos enormes que repartían crema por todo mi cuerpo. Roberto me había preparado una ginebra que exterminé en dos sorbos. El calor se apoderó de mi piel, el espumante de la cena más la ginebra fueron detonantes de esa excitación irreversible que urgentemente me invade. Levanté algo la cola entreabriendo mis piernas y separé mis nalgas con mis manos hasta que sentí apoyarse en los labios empapados de mi vagina un hermoso botón que no tardó en penetrar hasta lo más profundo de mi ser.

    Había tenido sexo con mi esposo antes de salir, pero no habría podido dejar pasar este día sin gozar de tan maravilloso placer y Roberto se encargó de darme lo que necesitaba, primero en la vagina y luego de masajearme el ano, me la dio por atrás mandándomela hasta los testículos. Mis orgasmos fueron enloquecidamente brutales durante toda la sesión que duró más de una hora. Finalmente Roberto me entregó una cuantiosa cantidad de semen en la boca y yo le agradecí inmensamente tanta disposición, mientras el esperma escurría por mi garganta.

    El cayó en un sueño profundo, pero yo continuaba muy excitada. Como a las tres de la madrugada ya no podía contenerme un minuto más, entonces le tomé ese hermoso pene y empecé a masturbárselo y chupárselo hasta conseguir su erección. Volví a cogérmelo metiendo esa maravillosa pija en mi vagina y luego en mi ano, mientras mis orgasmos brotaron de nuevo sin pausa. Esta vez me depositó su esperma caliente en el recto y sin que su pene se saliera de mi ano, nos quedamos dormidos haciendo cucharita. Antes de dormirse me dijo que no derrochara mis energías porque se venía un día agitado para mí. Él solo quería dormir y yo podría haber continuado toda la noche sin problema.

    Al bajar para desayunar, Jenny me presentó una señora diciéndome que era enfermera, quien amablemente me extrajo una muestra de sangre para el análisis del que me había hablado Guillermo.

    Luego de esto, nos sentamos con Jenny y al momento apareció Guillermo a desayunar con nosotras. Ella me preguntó cómo había dormido a lo que respondí que maravillosamente. Guillermo algo preocupado me preguntó si Roberto aún dormía en mi habitación, ya que debía preparar el set para filmación. Yo le respondí que se había levantado antes que yo para ir al set, con lo que se quedó tranquilo.

    Como a las once de la mañana Jenny me pidió que la acompañara ya que me quería mostrar el estudio y Guillermo se fue a hacer otras cosas. Atravesamos un amplio jardín interior que separaba la casa con otro edificio. Nos detuvimos frente a una de las puertas que ella abrió y entramos silenciosamente.

    El interior era un salón enorme que tenía varios sectores separados uno de otro con amoblamientos distintos simulando dormitorios, living y otros pero abiertos por el frente de modo que se veía todo el interior como una transparencia. En uno de esos sectores estaba un grupo de personas con cámaras de filmación, uno era Roberto, otros con spot de iluminación como los que usan en los teatros, micrófonos suspendidos y en un sillón dos chicas jovencitas dialogaban con un tipo de unos treinta y algo con la cabeza rapada, que estaba sentado entre las dos. Ellas conversaban y lo acariciaban y de pronto comenzaron a desprenderle la camisa y el pantalón. Las cámaras se movían alrededor de la escena y también dos fotógrafos capturaban innumerables tomas. Cuando las chicas sacaron a relucir el armamento del hombre, solo atiné a decir, mamita que pedazo de pija. Mientras una se la masturbaba y chupaba la otra se sacó la ropa y luego cambiaron, quedando las dos desnudas. El tipo ya sin ropa, se puso de pie y las dos arrodilladas le chupaban sin cesar la vergota. Luego él se volvió a sentar, una se la chupaba tragándosela hasta los testículos y la otra le introducía a su compañera un magno consolador por el ano, haciéndole maravillosos masajes. Yo apretaba mis piernas porque la escena me había excitado, Jenny me preguntó si me gustaba, le dije que me encantaba. Después se puso una de espaldas y la otra en cuatro patas haciendo el 69. La de abajo le acariciaba la vagina y se la lamía a la otra que recibía la magna pija por el culo y por la vagina, de vez en cuanto se la sacaba y se la ponía en la boca a la que estaba abajo para que se la tragara hasta el esófago. Después el tipo se puso de espaldas, una se sentó en su pija y comenzó a moverse con mucho frenesí y la otra lo montó poniendo su vagina en la boca del pelado. Cada vez que alguna de las chicas tenía un orgasmo, yo contenía el mío manteniendo las piernas apretadas tratando que los que estaban allí no lo notaran. Luego una de las chicas se puso de espaldas, el pelado se la ponía por la vagina y por el ano y ella le chupaba la concha a la otra que estaba de frente al tipo. De vez en cuando él se la sacaba a la que estaba abajo y se la ponía en la boca a la otra. Estuvieron así como 15 minutos hasta que el tipo comenzó a derramar una cuantiosa cantidad de semen en la pelvis de la que estaba acostada y en la boca de la otra, que terminó lamiendo todo el esperma en el cuerpo de su compañera hasta dejarla totalmente limpia. Fue algo impresionante ver en acción esa tremenda verga.

    Le dije a Jenny que las chicas se veían muy jovencitas pero audaces. Me dijo que una tenía 19 y la otra 20, son estudiantes universitarias que vienen del interior y hacen esto para pagarse los estudios. Por lo general no terminan la carrera porque les gusta más coger y ganar plata, la mayoría se drogan para tener más actitud.

    Bueno querida me dijo Jenny, vamos a almorzar porque esta tarde debutas vos.

    Continúa en el capítulo 2

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  • Piscis, una esposa angelical, hermosa y muy puta

    Piscis, una esposa angelical, hermosa y muy puta

    Voy a iniciar por describir a Piscis (No es nombre real) es una mujer de más de 40 años, de 1.60 de estatura, de piel blanca, 64 kilos de peso, delgada, unos pechos copa c, y unas nalgas de infarto.

    Empezaba ella a tener sus primeros amantes, consentidos por mí. Esa noche, ella llevaba un vestido formal, pero por debajo traía una tanga de hilo que cuando se las puso en la casa estuve a punto de penetrarla, pero ya habíamos quedado con Alberto (Si es nombre real), pasamos por él y luego por unas bebidas y empezamos a pasear dentro del vehículo, era noche de viernes y no había mucho tráfico en la ciudad donde vivimos. Después de 15 minutos de charla, le dije a ella que Alberto iba muy solo en el asiento trasero, pasándose atrás con el: ya con la primera bebida y el morbo de saber a lo que íbamos, él le coloco la mano en la pierna y ella se dejó acariciar. Alberto inicio a llenarle de halagos, a decirle lo hermosa que se veía, a decirme a mí que soy un suertudo por tenerla (cosa que yo sé muy bien) y en fin, mientras yo seguía manejando.

    Momentos después, por el retrovisor, vi cómo se besaban con lujuria, mientras las manos de él ya levantaban el vestido hasta casi descubrir su tanga y le agarraba las nalgas amasándolas de forma casi salvaje, ella mientras se colgaba a su cuello y solo gemía (Piscis es poco expresiva, solo gime cuando siente placer). Unos minutos después piscis se separa de él y se saca el vestido y el sostén, quedando solo en tanga, y le empieza a agarrar la verga por encima del short tipo bermuda que el portaba, abre el cierre y ella misma saca de debajo del bóxer, una verga de unos 17 cms, morena, de buen grosor, la cual empezó a acariciar hasta casi masturbarla, se acomodó de tal forma para iniciarle una mamada espectacular que solo ella sabe dar, dejando su culo entre los dos asientos delanteros, por lo que aproveche para acariciar sus nalgas y buscar esa rajada que estaba ya inundada en flujos, mientras ella mamaba la verga de Alberto yo introducía mis dedos en su mojada vagina y cada vez que podía los chupaba y saboreaba su esencia de hembra, de esposa puta bien calentada por otro que no era yo, su marido… mientras ella seguía mamando verga, yo seguía introduciendo mis dedos en su mojada vagina, a esas horas ya ansiosa de verga.

    Para disfrutar mejor de lo que veía y oía en ese momento, me salí un poco de la ciudad y ya en las orillas, detuve el carro en un aparcamiento a orilla de la carretera. Al detenerme, ella se separó de Alberto, se fue hacia mí y me beso con pasión; se sentía su aliento a macho que se mezcló con el sabor de su vagina, que quedo impregnado en mi boca al chupar los dedos cada vez que se los metía.

    Luego ella se volteó, volvió a besar a Alberto, le puso un condón y se sentó sobre él, lanzando un pequeño alarido al sentir como la taladraba ese cipote oscuro que hurgaba sus profundidades: volví a la carretera y me dirigí de nuevo a la ciudad, mientras ellos cogían, yo manejaba con un dolor en la verga y sin poder masturbarme, pero oyendo gozar a mi esposa, a mi amor, a mi diosa en manos (o mejor dicho, en la verga) de otro hombre. Se escuchaba el chapaleo de esa verga en la cuca inundada de excitación, y ambos gemían tan, pero tan rico que llego el momento en que ella solo suspiro y dejo de moverse para resistir el orgasmo al que había llegado, unos momentos después y tras levantarla con su cadera para seguir el va y viene de las arremetidas de cadera, él soltó un gemido y se vino en el condón sin sacarle la verga de la vagina… se quedaron abrazados y besándose, nos dirigimos a un motel, entramos a la habitación, ella me besó a mí, luego a él y seguimos la noche de placer…

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  • Salvaje cogida a mi cuñada

    Salvaje cogida a mi cuñada

    Siempre la había deseado. Aunque era mi cuñada, sus curvas turbaban mis sentidos cada vez que la tenía cerca de mí. Nunca le dije nada, simplemente la miraba y disfrutaba sus formas, sin que ella se diera cuenta. Un día llegó a mi pequeño negocio con un lindo gatito blanco, el cual sin pensarlo se introdujo a la tienda.

    Ella por supuesto que lo siguió sin reparar en que yo estaba solo en ese momento. Como no había clientes, la seguí, primero con la vista, y luego en persona. No podía apartar de mí esas hermosas y bien torneadas nalgas morbosamente entalladas en una pequeña falda de mezclilla blanca. El noble animal se había ocultado justo detrás del inodoro del baño, sobre el cual, perfectamente inclinada sobre su cintura, mi cuñada luchaba afanosamente por sacarlo, pero el gato se resistía.

    Parado justo detrás de ella, y a pocos centímetros de su trasero, mi verga casi explotaba dentro del pantalón, pero no me atrevía a rozarla en sus nalgas. nervioso le propuse ayuda, a lo cual asistió, pero le indique que no cabríamos en ese pequeño espacio, por lo cual ella se hizo a un lado casi arrodillada quedando justo a la altura de mi notoriamente erecta verga.

    La vi mirándome de reojo e inflar sus fosas nasales en pleno estado emocional y hacer un gran esfuerzo por contenerse, prefiriendo continuar con la tarea de salvar a su gato. Nuevamente quedó mi verga cerca de sus lindas y deseables nalgas. Sin medir las consecuencias, y tras mirar que no había nadie en el mostrador del negocio, extraje de mi pantalón aquel falo que goteante casi reventaba al ser liberado de su prisión.

    Con las dos manos tome delicadamente sus caderas, y como quien busca ayudar, acaricié morbosamente sus formas. Ella volteó un poco, pero hizo como que ignoraba la maniobra. Continuando con mi excitante tarea poco a poco subí esa forzada falda por la posición en que estaba y coloqué mi gruesa y larga verga entre sus piernas.

    Quiso resistirse lanzando un pequeño grito de protesta, pero con un rápido movimiento baje de golpe sus pantaletas y coloqué justo en su vagina mi babeante y lujuriosa extremidad. Reaccionó levantándose un poco, pero esa maniobra solo sirvió! para que de repente sintiera como era penetrada en seco por mi tremendo miembro eréctil.

    Un grito de dolor se fue apagando mientras modosamente decía “no, por favor, eso no está bien. mira que somos cuñados y… ahhh, ahhh, ahhh…”, totalmente extasiado inicié la más salvaje penetración sucesiva de que tenga memoria, metiendo y sacando mi verga de su vulva, hasta que terminó por entregarse y se reclinó, para que apoyada sobre el depósito de agua, me la cogiera completamente.

    Un torrente de leche caliente inundó su interior y la hizo lanzar el más largo y sensual gemido de placer que jamás haya escuchado. Para ese momento el gato ni la clientela me importaban. No quería que aquel momento se terminara sin antes poseerla nuevamente. El gato maullaba, y la gente en el mostrador llamaba incesante.

    Pronto se marcharon. Ella seguía en esa posición final del orgasmo, y yo, con mi verga escurriente, pero aún deseosa de otra batalla. Pronto alcanzó nuevamente su erección total. Mi cuñada, que era víctima del remordimiento, no se percató de la nueva embestida, hasta que sintió como mi verga entraba por su culo y era ensartada casi sin lubricante.

    Sus ahogados gritos me excitaban todavía más, así que la levanté como su fuera el juego del balero, y colocando sus piernas en soporte con las mías, la subía y la dejaba caer sobre mi verga una y otra vez haciendo que sus nalgas chocaran deliciosamente contra mis testículos. Cuando ella, totalmente sometida respondió a mis deseos, pude al fin acariciar sus pequeños senos y disfrutar de su aroma al besar y lamer su nuca, sus oídos, su cuello.

    No tardo mucho cuando nuevamente la sentí estremecer con los orgasmos que repetidamente había alcanzado, así que ni tardado ni perezoso descargué mi torrente de semen en su delicioso culo. Mi cuñada, totalmente turbada por tan brutal y arrebata cogida, ya no sabía ni qué onda. Pronto la tuve entre mis brazos, besándonos sin reparo, acariciándonos sin reservas.

    Lentamente recorrí palmo a palmo cada centímetro de su piel, y nuevamente logré erigir mi hombría. Tomándola por los hombros despacio la fui bajando hasta tener su boca frente a mi turgente verga. Casi a fuerzas se la introduje hasta la garganta y se la sacaba al ritmo de mis deseos. Por momentos veía como sus ojos casi se desorbitaban cuando mi verga le llegaba hasta la laringe, pero yo continuaba metiendo y sacándosela totalmente poseído por tantos años de deseo malsano por ella.

    Cuando nuevamente alcance mi orgasmo número tres, ella casi se ahoga por tal cantidad de semen vertido en su boca. Éste le escurría por las comisuras de los labios, y viendo que no reaccionaba, tome papel higiénico para limpiarla antes de que se mancharan sus ropas. Después de esos 45 minutos de extremo placer para mí, la vestí, le arreglé el pelo, le di su gato y la encaminé hasta la puerta trasera de salida.

    La vi irse como idiotizada pues caminaba como perdida. Nunca volteó hacia mí. Solo la observé alejarse. Esperaba que en pocos minutos llegaran mis cuñados y concuños a romperme la madre o mi esposa a solicitar el divorcio, aunque después de eso poco me importaba, pero eso no sucedió. Nunca he vuelto a estar a solas con ella, ni sé si quisiera repetir la aventura.

    Sin embargo, de una cosa estoy seguro, nunca podrá olvidar (ni yo tampoco) la demencial cogida que un día le puse en aquel baño del negocio familiar.

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  • Arianna, tímida, imponente y seductora

    Arianna, tímida, imponente y seductora

    Mi nombre es Gabriel y esto sucedió cuando tenía 20 años. Había ido a la casa de mi madre, era verano, yo me quedaría en su casa a cuidar a las perras, porque ella y su pareja se irían de vacaciones. La acompañé a realizar un par de compras por el barrio, cuando volvíamos de hacer las compras, pasamos por el almacén que estaba al lado de casa, entonces dijo:

    M- Entremos así te presentó a Arianna que es la nueva dueña desde hace dos meses, porque Roberto y Carmen se mudaron y lo vendieron.

    Su dueña se llamaba Arianna, cuando la vi quedé impactado, cara dulce y tierna, pero a la vez irresistiblemente atractiva pero en su manera de ser parecía seductora e inocente todo en un cuerpo exuberante por donde se lo mire, muy dotada en senos y cola que hacían imposible que pasasen desapercibidos, salí de allí seducido por su belleza y jurando que haría de todo para conquistarla.

    A partir de ese momento la veía todos los días más aún porque vivía al lado, en apenas dos días me puse al tanto de todo, su marido se llamaba Genaro ella tenía 15 años cuando fue a trabajar haciendo los quehaceres de la casa. Arianna era la menor de 8 hermanos. Genaro era soltero y tenía 43 años, al tercer día de trabajar con él, la violó, dejándola embarazada, los padres de ella lo obligaron a casarse, a los 3 meses viajaron a la Argentina con una pancita que ya se notaba.

    Su marido era muy dominante, y no la dejaba trabajar, ella solo estaba abocada al cuidado del hijo y de los quehaceres hogareños. Él era ingeniero y pronto empezaron a avanzar y a tener un buen pasar económico. Ella nunca se sintió amada, su marido tenía una amante que era su jefa y ella sabiendo eso se cuidaba de no quedar embarazada nuevamente. Cuando ella enviudó tenía 31 años, y se dedicó a tener negocios de distintos rubros, ya que debía cuidar a su hijo que en ese momento tenía 16 años y estaba estudiando. Su marido falleció en un accidente de tránsito junto a su amante.

    En nuestras charlas yo empecé a sentir otras cosas por ella, ya no solo me atraía su imponente físico. Sentía que me gustaba estar con ella, que me atraía su manera de ser y ese halo de seducción, era delicada, sensible y seductora, su mirada demostraba seguridad pero a su vez parecían necesitar protección, por momento se la notaba tímida pero sus atributos físicos la asemejaban a una vampiresa.

    También supe que su hijo hacia dos meses la había hecho abuela y que desde hacía 5 meses vivía sola pero que iba todos los domingos a visitar a su hijo y que como el viernes se irían de vacaciones iba a extrañar mucho a su nietito.

    Una tarde al llegar de mi trabajo ella estaba leyendo un libro, que trataba sobre los nombres, su significado, característica y personalidad de esa persona en base a ello, le dije que no creía en eso y ella dijo que leyó mi nombre y se parecía en mucho a mí y a mi forma de ser y lo leyó diciendo:

    A- Gabriel: persona fuerte tanto física como emocionalmente. Seductores y sensibles, encantador, y reservado. Cuida su forma de vestir. En el amor, tierno, dulce, atento, pasional, cuida y protege a su pareja ama estar con ella, fiel y cariñoso

    G- Algunas cosa pueden ser… vos qué opinas?

    A- Por lo poco que te conozco, pienso que sos así

    G- Y de tu nombre que dice?

    A- Ah… no… si te interesa averígualo

    Ese día Arianna estaba más seductora que otras veces, era la primera vez que la veía en pollera, llevaba un vestido estampado con fantasías en blanco y negro, con breteles y brazos descubiertos, con escote pronunciado que dejaban asomar sus adorables senos y su falda apenas un poco por encima de sus rodillas lo que mostraban un buen par de piernas

    Esa tarde ella no abriría porque iría a Retiro a despedir a su hijo, me ofrecí llevarla pero dijo que ya había reservado un remise, al llegar a casa busque que características tenía su nombre, al hallarlo quede sorprendido, ella era el fiel reflejo de lo que ahí decía:

    A eso de las 16:30 horas sonó el teléfono era Arianna y dijo:

    A- Hola… me llamó el remisero diciendo que no llegaría a tiempo que está en un caos de tránsito en medio de la autopista… ¿conoces una remiseria? No voy a llegar a tiempo a despedir a mi hijo.

    G- Yo voy a ser tu remisero… ¿a qué hora viaja tu hijo?

    A- A las 18:30

    G- Bueno me cambio y en 5 minutos salimos

    La llamé y dije: “ya estoy listo… vamos”

    Salimos casi al mismo tiempo, se quedó charlando 2 minutos con una vecina, ella estaba espectacular, como para comerla a besos, la miré y no podía creer como una mujer de 41 años tuviese ese cuerpo.

    Llevaba su cabello rojizo suelto que llegaba a mitad de su espalda, cejas finas y arqueadas, sus ojos negros tenían un toque achinado, maquilladas sus pestañas y sus párpados en un tono marrón, de mirada profunda y seductora, nariz media, labios gruesos y carnosos, maquillado en un suave carmín, collar al cuello dorado. Blusa de color natural con un estampado en pequeñas flores de color salmón, de manguitas muy cortas abiertas desde el hombro, entallada al cuerpo con un muy profundo y amplio escote que dejaba al descubierto buena parte de sus redondos senos y que debajo de ellos estaba seguro no llevaba corpiño. Llevaba un jean azul, prelavado, bastante ajustado al cuerpo que marcaba sus buenas caderas y su redondeada cola, zapatos altos color beige con plataforma de corcho. Las medidas de Ariana eran. 1,71 de altura y 98-72-92.

    Llegamos a la estación de Retiro a las 17:45 y fuimos en busca de su familia, me presentó charlamos hasta la hora de salir, a ella se la notaba un tanto sensible, era evidente que se sentía así por su nietito, lo cual confesó y me dijo que su hijo la había invitado a ir, pero que ella no quiso, porque consideraba que debían estar solos, ya que su hijo vivía con sus suegros y dijo:

    A- Es bueno que estén solos, que vivan y disfruten estos días junto a Pablito

    Fuimos s tomar algo, charlamos bastante y perdimos noción del tiempo, ya eran las 21 hs., el tiempo había pasado muy rápido, me encantaba estar con ella, me estaba enamorando, ya no era solo atracción física lo que sentía por ella. Cuando salimos del local la tomé de la mano, nuestros dedos se entrelazaron y caminamos así, hasta llegar al auto.

    Le propuse ir a cenar a un restaurante, pero ella prefirió comprar algo e ir a su casa a cenar. La cena fue muy agradable, cada momento a su lado me hacía sentir por ella más pasión y entonces le hable sobre lo que había investigado sobre su nombre, saqué un papel y leí lo que había escrito en él, y dije:

    G- Investigue sobre tu nombre y dice lo siguiente:

    Arianna, luchadora y multifacética, le atrae lo desconocido, emprendedora, emotiva, sensible, dulce, tierna, cariñosa, introvertida, soñadora e independiente, a veces orgullosa y desconcertante

    En el amor, persona muy pasional y seductora, si se siente cómoda pondrá todas sus fuerzas en hacer que todo funcione, emotiva y vulnerable, necesita que la otra persona sea cariñosa. Es sensual e impulsiva, muy celosa y muy fiel

    En el hogar, Ariana es encantadora, siempre está pendiente de cualquier situación y muy pocas veces se le escapa algún detalle.

    Me miró con sus ojos seductores y dijo:

    A- Y de todo eso, en algo me parezco

    G- En todo lo que conozco de vos aunque no dice que sos muy hermosa, pero lo que más deseo es conocerte en el amor porque estoy perdidamente enamorado de vos, adoro cada momento que pasamos juntos desde el primer día que te vi y solo deseo poder besarte, acariciarte y amarte en cada momento que estemos juntos.

    Mis manos rodearon su cintura mientras decía eso, mientras miraba sus dulces ojos

    A- Nunca pensé que me dijeses eso… podría ser tu madre, pero nunca sentí esto que siento por vos, es la primera vez en mi vida que siento esto yo también estoy enamorada de vos, siento estallar mi corazón cuando te veo

    Mis dos manos sujetaron su cintura, mi boca se acercó lentamente a la suya en busca de la carnosidad de su boca, besé suavemente su boca con un beso corto, quería llevarla de a poco sabía que se había casado por imposición.

    Mis labios se depositaron en su cuello y le di pequeños besos en él mientras mi boca repetía:

    G- Te amo, estoy loco por vos, no hago otra cosa que pensar en vos, no puedo ni quiero sacarte de mío mente, te amo y deseo como a nadie en el mundo.

    Se la notaba un poco tensa mi boca se depositó sobre sus labios y los besé con irrefrenable deseo, segundos después note que su cuerpo se aflojaba, su mano tímidamente con mucha suavidad tomó mi cintura y su boca se entregó por completo a ese beso que en la medida que el tiempo iba transcurriendo comenzó a demostrarme toda la pasión y entrega que ella tenía reservada durante tanto tiempo. El beso fue apasionado con unos deseos enloquecedores de ambas partes que se prolongó durante más de 10 minutos.

    Cuando nuestras bocas se separaron nuestra respiración era agitada y violenta y su voz entrecortada llevó sus manos rodeando mi cuello y dijo:

    A- Lo deseaba pero nunca pensé estar así con vos, pero este es el momento más hermoso que viví en mi vida. Es hermoso estar así en tus brazos, me estremecen tus caricias y tus besos, pero sobre todo esa ternura con la que me miras, en ese momento siento que me derrito en tus brazos. Solo espero que no te desilusiones de mí, si bien estuve casada jamás estuve en los brazos de un hombre

    Yo la sujete más fuertemente su cintura y la acerque más a mi cuerpo, y dije:

    G- No me vas a desilusionar mi cielo porque te amo, me gusta como sos y te deseo por completo estar así con vos es maravilloso.

    Nos unimos en un abrazo y un beso por demás apasionado, ahí comprendí que Arianna estaba entregándose por completo y con desesperación porque en mis brazos empezó a sentir amor, nuestro beso era enloquecedoramente apasionado, sus manos tomando mi cuello las mías bajando de su cintura hacia su cola, acariciando sus nalgas por encima de la pantalón y se tornó más apasionado cuando mis manos comenzaron a acariciar su vientre y su espalda, y cuando sentí que ella estaba entregada a mis caricias y besos, mis mano se deslizó por su concha acariciándola por sobre su jean, entonces desprendí su botón y baje un poco su cierre y dije:

    G- Vamos a tu habitación cielo quiero recorrer tu cuerpo y amarlo como nunca te amaron.

    Entramos en la habitación en medio de besos y caricias, Arianna se quitó los zapatos y subió a la cama se puso en cuclillas y me miró seductora y provocativa mientras iba quitando mi ropa eso me excitó aún más. Ella se arrodilló sobre la cama, el cierre de su pantalón abierto un poco, se quitó la blusa, no llevaba corpiño por lo que sus imponentes senos quedaron expuestos, yo la mire maravillado, eran perfectos, a pesar de sus edad se los veía firmes, y entonces comenzó a jugar con su cabello y sus senos, sus pezones eran pequeños al igual que la aureola que los rodeaba.

    El juego seductor de Arianna me excitaba más aún, se bajó el cierre lo poco que quedaba yo me acerque a los pies de su cama tomé por la botamanga su jean y lo retiré de su cuerpo, se quedó con una diminuta bombacha rosa, casi color chicle, se recostó en la cama, yo subí en la cama puse mis manos a los costado de su cuerpo y comencé a besarlo, primero fue su concha por sobre su bombacha ella gimió por primera vez, luego de ello los gemidos y pequeños alaridos no cesaron nunca.

    Luego comencé a besar y a lamer su cuerpo hacia arriba, su piel era suave y tersa, su cuerpo se revolcaba sobre la cama, así hasta llegar a sus tetas, y las besé saboree sus pezones que se hincharon cuando mis labios se apoderaron de ellos, luego subí hasta besar sus labios carnosos con un breve y pequeño beso y dije:

    G- Sos perfecta… hermosa… te imagine de mil maneras pero nunca te imagine así sos increíble… te amo con locura.

    Volví por sus senos, eran una belleza redondos cual inmensos pomelos, y volví a besarlos, sus pezones se erguían y endurecían cada vez más producto de la pasión desatada y mi boca deseosa se sumergió en ellos, durante largos e interminables minutos mi boca los saboreo por completo, los bese, los lamí, los chuponee, los mordisque suavemente a más no poder, sus pezones habían tomado un tamaño y una rigidez impresionantes su cuerpo se revolcaba sobre la cama, sus manos aferraban las sábanas, de su boca brotaban enloquecedores gemidos y gritos de placer e instantes después producto de su abstinencia sexual, un profundo grito nació de su boca y su cuerpo estalló dando origen al primer orgasmo entre mis brazos.

    G- Me encantó bebé ese orgasmo.

    A- Nunca sentí nada igual, sos lo mejor que me pasó en la vida, nunca voy a olvidar este día.

    Nos besamos durante largos minutos, luego me quité el slip, tomé su cuerpo con mis manos nos entrelazamos y volvimos a besarnos y a acariciarnos en medio de una increíble pasión, ella iba demostrando a cada instante la pasión latina de su cuerpo al que hacía mucho tiempo que nadie visitaba, ya estábamos desesperados mis manos llegaron hasta su bombacha, empecé a bajarla cuando Arianna desesperadamente me tomo en sus brazos me besó con inusitada pasión y su cuerpo volvió a estremecerse en un nuevo y violento orgasmo, nuestras bocas se separaron cuando su cuerpo volvió a estabilizarse entonces mis manos bajaron su bombacha, su concha estaba depilada, nos colocamos en posición su cuerpo estaba deseoso por recibirme en su interior, deposite mi pene en las puertas de su vagina sin penetrarla jugué así más de un minuto, me encantaba ver su rostro deseoso su cuerpo agitado vibrando sobre la cama, pero ya yo no soportaba más entonces introduje mi pene en ella lentamente saboreando como penetraba en su vagina muy lubricada Arianna era un concierto de gritos y gemidos, de vibraciones inconmensurables, así lentamente fui avanzando dentro de su cuerpo hasta llenar su vagina con mi pene entonces comencé a moverlo dentro de ella, hasta imprimirle un acelerado movimiento, se notaba que ella hacia esfuerzos por detener un nuevo orgasmo yo le pedía que demorase el mismo, pero noté que su cuerpo estaba por estallar, así que imprime un mayor ímpetu a ese vaivén, sentía que mi pene estaba por estallar entonces dije “ahora”… fue una orden perfectamente acatada, su cuerpo y el mío vibraron al unísono en interminables convulsiones mientras nuestros cuerpos y nuestras bocas se unieron disfrutando ese maravilloso momento.

    Cuando nuestro cuerpo se calmaron no fuimos a duchar, fuimos juntos, nos acariciamos nos besamos disfrutamos cada momento, para luego volver a nuestro nidito de amor.

    De vuelta en la cama nos besamos durante largos minutos, mi pene estaba apoyado en su cola ella sintió como mi pene se endurecía, tomé sus senos y comencé a besar su oreja, luego corrí su cabello y fui besando con pequeños chupones su cuello evitando dejarle marcas en el, y ella se excitaba más y más, su boca gemía y gritaba a la vez.

    La puse boca abajo, comencé a besar y recorrer con caricias su espalda en toda su extensión hasta llegar a su cintura, su boca gemía, su cuerpo se estremecía y vibraba al igual que el mío al disfrutar de su piel y de su belleza. Bajé por su cuerpo y mis manos comenzaron a recorrer sus piernas, mis manos se deslizaron por ellas acariciándolas, disfrutándolas, tomándolas lateralmente, y mi boca y mi lengua comenzó a deslizarse por ellas, mientras esto pasaba Arianna era un concierto de gemidos, fui trepando por estas de esa manera desde las rodillas.

    Así llegue a la zona de unión de sus piernas y sus nalgas, mi lengua se deslizó por cada una de ellas, mi boca besaba sus nalgas redondas, las chuponeaba delicadamente, y las besaba profundamente; disfrutaba el contacto con su piel suave y aterciopelada, ella gemía, gritaba, su cuerpo se agitaba y se sacudía sobre la cama. Entones mi lengua recorrió la raya de su cola.

    Entonces me acosté sobre ella, con mi pene endurecido y súper excitado, me extendí sobre ella con mi pene en los cachetes de su cola y nuestras bocas con desesperación se besaron enloquecidamente en un beso apasionado de lengua que duró varios minutos que duró vatios minutos.

    Nuestras bocas se separaron, y yo con la respiración entrecortada dije frases cortas a las que ella respondía.

    G-te gusta.

    A- Si mi amor… ¿a vos te gusta estar conmigo?

    G- Me encanta estar con vos, no solo me gusta tu belleza, me encanta tu manera de ser tu dulzura, sos lo mejor que me pasó en la vida.

    A- Para mí también sos lo mejor de mi vida, es hermoso que alguien te quiera y te desee.

    G- Alguna vez… cuando vos lo desees, me encantaría hacerte la cola.

    A- Cuando vos quieras… se adueñó de ella mi esposo cuando me violó, nunca más lo hice, me gustaría que fuese con amor y no por la fuerza.

    Volví a besar su boca, su cuello a acariciar sus senos, sus pezones hinchados, y me incorporé un tanto de su cuerpo, ella hizo lo mismo sin dejar que su cola dejase de tener contacto con mi pene erguido mientras nuestras bocas seguían besándose.

    Nos arrodillamos en la cama tome su cuerpo entre mis brazos, acaricie sus senos, nos besamos ardientemente ella no paraba de gemir, a ella le encantaba cuando le besaba el cuello se ponía muy mimosa. Acerque y besé su orejita y con vos dulce y melosa dije:

    G-Te amo Arianna, no solo tu cuerpo amo tu manera de ser, sos lo mejor que me pasó en la vida.

    Me arrodille sobre la cama ella se quedó en cuarto patas, una de mis manos acariciaba su cuello, la otra estaba en su cadera y ambos acomodados para esa tan ansiada penetración.

    Mi mano acarició suavemente su ano ella comenzó a gemir, luego tomé su cadera con ambas manos y besé chuponee y mordí los cachetes de su cola, mientras ella gemía profunda y apasionadamente, luego separé los cachetes de sui cola y mi lengua incursionó dentro de ella recorriendo los bordes de su ano, sus alaridos eróticos eran interminables, por último me puse en posición, me aferré a sus caderas le apoye mi deseoso pene a las puertas de su cola.

    Cuando sintió mi pene en las puertas de su ano, ella giró su cabeza y me miró, entrecerró los ojos y gimió profundamente llenando de pasión y ardor la habitación, su pierna izquierda se levantó un tanto para facilitar la penetración.

    Entonces poco a poco fui entrando en su cuerpo gozando gimiendo a cada instante hasta entregárselo por completo y lentamente fui recorriendo su ano acelerando mis movimientos, retrocediendo y avanzando en ella sintiendo que mi pene estaba a punto de estallar pero hacia esfuerzos por demorar ese supremo instante, la quería disfrutar al máximo y también hacerla gozar en cuerpo y alma.

    Sabía que ya no podía contenerme más, entonces introduje mi pene lo más lo más profundo que pude en ella, mis mano derecha dejo de aferrar su cadera y recorrió el camino a su vagina y comencé a masturbarla, y ahí si no me pude contener, sentí mi pene eyacular, lanzando en el interior de su cuerpo torrentes de semen, ella gimió profundamente, su cuerpo comenzó a convulsionarse violentamente, mis manos podían sentir su vagina contraerse y sus labios vaginales mojados por un nuevo orgasmo; durante varios minutos, nuestros cuerpos permanecieron así unidos, hasta que mi pene perdió su rigidez saliendo de la cola de Arianna.

    Luego nuestros cuerpos cayeron en la cama ahora con ella boca arriba y nuestras bocas se unieron en un prolongado y apasionado beso, luego de varios minutos así ella dijo:

    A- Me encuentro pletórica, estoy viviendo algo inolvidable para mi vida, yo sé que por mi edad y por mi condición de madre lo nuestro tiene un final, yo te prometo fidelidad, de vos solo quiero que seas sincero conmigo, que cuando te canses de mi me lo digas, para que esto que estamos viviendo hoy sea para mí el mejor y más hermoso de los recuerdos, porque a pesar de estar casada vos sos el único hombre de mi vida.

    Nos besamos apasionadamente y volvimos a tener sexo antes de dormirnos, al día siguiente volvimos a tener sexo varias veces, lo nuestro duró varios meses, luego hablamos sabiendo que lo nuestro había terminado, nos separamos sin reproches ni reclamos.

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  • El calor de la playa y de su cuerpo

    El calor de la playa y de su cuerpo

    Hacía calor, la playa no estaba lejos de ahí. Lo más natural para nosotras era andar en bikini todo el día.

    Por alguna razón, en esa ocasión solo estábamos descansando recostadas en un sofá.

    Entre plática y risas, Erika se acercó a mí y colocó su mano suavemente en mi muslo.

    Me miró fijamente y me preguntó:

    – ¿Alguna vez has estado con otra mujer?

    – ¿Estado? – Pregunté como si no supiera de lo que me hablaba

    – Si tonta – me dijo sonriendo, – Tú sabes, besitos… caricias

    – No – Le respondí sonriendo, imaginando a donde quería llegar. ¿No estarás pensando en tener sexo conmigo? Pregunte, un tanto curiosa.

    De pronto se acercó a mí y comenzó a besarme el cuello, al tiempo que me acariciaba las piernas.

    En ese momento no sabía que pensar, me sentía incómoda, pero sus caricias y besos me parecían agradables. Pude sentir la suavidad de sus manos y el calor de su cuerpo.

    Me miró fijamente y entonces… me besó.

    Fue un beso muy tierno, pero firme. Fue mi primer beso… con una chica.

    Debo admitir que mientras me besaba, comencé a excitarme, de la misma forma que cuando me besa mi novio. Comencé a sentir húmeda mi entrepierna.

    Algo en mí quería decirle que se detuviera, que mejor hiciéramos otra cosa, pero ya era muy tarde. Me sentía atrapada entre sus caricias.

    Nos miramos por un momento y sonreímos, como dos niñas a punto de cometer una travesura.

    Poco después nos seguimos besando, un poco más apasionadamente. De pronto pude sentir como sus dedos se paseaban por mi vello púbico y un poco más abajo.

    – Amiga, que mojadita estas.

    – Si Erika, ¿ves lo que provocas? – Le respondí, con mi respiración ya muy agitada.

    En ese momento, Erika me desamarró la tanga dejando al descubierto mi vello púbico color negro y yo, de forma natural, me abrí de piernas, de la misma forma que una flor se abre en primavera para recibir el rocío.

    Estaba lista para entregarme a ella, era lo único que yo deseaba en ese momento.

    Erika comenzó a besarme la vulva de forma insistente. Podía sentir como sus labios y mis labios vaginales se besaban.

    ¿Cómo iba a cambiar mi relación con Erika? ¿Qué pensaría mi novio si supiera de esto? ¿Soy lesbiana? – Muchas ideas rondaban por mi mente en ese momento.

    Fue cuando comenzó a usar su lengua en mi vulva húmeda. Ella me lamía de todas las formas posibles, abarcando toda mi zona íntima y mi clítoris.

    Mi respiración agitada comenzó a cambiar… ahora eran más bien gemidos.

    -Oh Erika, ahhhh… ahhhh… que rico… que rico – Le decía entre gemidos, al tiempo que yo me acariciaba los pezones.

    Poco después, introdujo dos de sus dedos en mi vagina, para simular un pene.

    De pronto me imaginé cogiendo con Andrés, mi novio. Que rico, amo su pito – pensé

    Eso originó que me viniera varias veces de las formas más deliciosas. Mi cuerpo se estremecía entre microorgasmos y orgasmos más grandes.

    Cuando llegué al último, Erika se acercó a mí para besarme. Ella sabía tanto a sexo, ¡sabía a mí!

    Después de un descanso, Erika, coloco su vulva en mi cara a la altura de mi boca. Sabía que deseaba mis amores, mis besos… mi lengua.

    Erika se movía a su propio ritmo mientras le hacía el amor con la lengua. Sus manos acariciaban mis senos y ocasionalmente visitaban mi vulva. Fue en ese momento que ella se inclinó hacia adelante y quedamos en la famosa posición del 69.

    Así estuvimos, dándonos amor en esa posición por un buen rato, mis manos no dejaban de acariciarle sus nalgas suaves y redondas,…no teníamos ninguna prisa.

    A veces llegábamos juntas en un microorgasmo, en otras ocasiones respetábamos los ritmos de cada una.

    Solo disfrutábamos y gemíamos juntas, al tiempo que bebíamos de nuestros fluidos como si fuera miel. Fue un momento muy erótico el que pasamos juntas, conociéndonos en una forma muy íntima.

    Poco después, nos recostamos en el sofá cara a cara, para poder besarnos.

    – ¿Te gustó amiga?

    – Si Erika, me encantó. Quisiera volver a estar contigo muy pronto.

    – A mí también amiga. Me encantas.

    FIN

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  • El día que me tocó ser la primera mujer

    El día que me tocó ser la primera mujer

    Esto que paso fue algo súper delicioso ya que fue la primera vez que cogía con alguien con quien era su primera vez, este chico es el hijo de un amigo con el cual solía coger y una ocasión al terminar de coger me dijo Kari puedo pedirte un favor? Le dije claro para eso somos amigos y me dijo mira tengo un hijo con el cual me llevo súper bien y hablamos de todo sin ningún problema y en días pasados me confeso que tiene muchas ganas de coger por primera vez y quería ver si me ayudas con eso.

    Le dije -claro cuenta conmigo, tu preséntamelo y lo demás déjalo por mi cuenta.

    Entonces ideamos un plan para vernos casualmente y que su hijo no pensara que fue planeado.

    Quedamos en que estarían en un restaurant comiendo, yo llegaría a ese mismo lugar y el me presentaría como una amiga con él y me invitarían a sentarme en su mesa a comer con ellos y de ahí veríamos que sucedía.

    Así que llegue a la hora acordada y ellos ya estaban ahí, yo traía un vestido corto sin mangas escotado de frente y de la espalda, un coordinado de bra y tanga en color lila y zapatillas, al estar esperando una mesa el me vio y algo le dijo a su hijo después se paró de la mesa y fue hasta donde estaba yo y nos saludamos, hablamos unas cuantas cosas y le hablo a su hijo para que se acercara a nosotros, me lo presento y me pidió sentarme en su mesa con ellos, lo cual acepte y me senté justo en medio de los dos, mientras comíamos platicábamos muy amenamente de todo un poco, entre platica y platica volteaba a ver al chico y le sonreía coquetamente (más bien muy puta) y al voltear dejaba ver algo de mis tetas debido a lo pronunciado de mi escote, el chico no perdía detalle de todo esto.

    Le decía lo grande que estaba y lo guapo que era, el me sonreía y daba las gracias.

    Yo aprovechaba cualquier cosa para poner mi mano sobre su pierna, o acariciarle la cara y notaba como él se ponía un poco tenso, y entonces le sonreía nuevamente para que no se sintiera tenso, después de un rato y más relajado el también comenzó a tocar discretamente mis piernas como no queriendo, yo lo hacía sentir con confianza para que siguiera haciéndolo y separaba ligeramente las piernas para que metiera un poco más su mano.

    Al poco rato ya lo hacía sin ningún problema y yo rozaba su verga por encima del pantalón con las yemas de mis dedos, el ya más confiado metía sus manos hasta tocar el borde de mi tanga la cual recorría con la punta de los dedos.

    Yo estaba calentándome muchísimo y el también ya que se veía reflejado en su rostro, terminamos de comer y de hacer la sobre mesa, mi amigo pidió la cuenta y me dijo Kari yo pago es un gusto volver a verte y platicar, al salir del lugar les dije que si gustaban que los acercara a algún lugar y mi amigo dijo, “yo tengo que regresar a la oficina, pero te agradecería acercar a mi hijo a alguna estación del metro”, le dije “claro no hay problema además de que podremos seguir platicando2, y le acaricie la cara.

    Me despedí de mi amigo y me subí al carro, y al sentarme mi vestido se me subió un poco más, se subió el chico en el asiento del copiloto y nos fuimos de ahí.

    Esta vez él fue quien puso su mano cerca de mi pierna y yo la movía para sentir su mano, el entendió rápido el mensaje y comenzó a acariciarme la pierna, las separe un poco para que pudiera meter la mano entre ellas y así lo hizo, al mismo tiempo se acomodó en el asiento y pude ver su verga sobre el pantalón y estire la mano para sentirla.

    Así íbamos sin un rumbo fijo el metiendo su mano debajo de mi vestido y con sus dedos acariciándome la panocha sobre mí ya mojada tanga y yo sobándole la verga sobre el pantalón.

    Seguí conduciendo hasta llegar a mi casa, baje del carro abrí y metí el carro, nos bajamos de él y entramos a la casa.

    Nos besamos y parecía que me quería comer, besaba delicioso, comencé a quitarle la playera que traía, le desabroche el pantalón y lo deje caer junto con su bóxer, salto una verga larga y gruesa que no parecía que fuera de un chico de su edad, y en esos momentos me dijo sabes es mi primera vez nunca he cogido, lo mire a los ojos lo tome de las mejillas y le di un dulce beso en la boca y le dije “no te preocupes, déjame llevar el control, ya después lo harás tú”.

    Lo senté en el sillón y comencé a chuparle la verga, me la metía hasta el fondo y el bufaba y se retorcía de placer, empujaba mi cabeza para que me la metiera toda y sentía como se tensaba y se retorcía de gusto de la mamada que le estaba dando.

    -Esto es delicioso, aaaah, mmmm, que rico, me gusta cómo me la chupas, se siente rico”, pensé que se vendría rápido, pero me sorprendió y aguanto mucho, después le dije “bueno ahora viene lo mejor”, me quite rápidamente la ropa y me senté sobre él y comencé a bajar lentamente sobre su verga, hasta tenerla toda adentro, me quede así unos momentos los cuales el aprovecho para tomar mis tetas con ambas manos, las acaricio jugo con ellas un momento y comenzó a chupármelas alternadamente y ponía mucho énfasis en chupar mis pezones lo cual hacía de una forma deliciosa.

    Comencé a subir y bajar en su verga y al hacerlo le acariciaba los huevos, se retorcía de placer y por el ímpetu que tenía mordía deliciosamente mis pezones y me hacía gritar de gusto,” aaaah, siiii, así, que rico, lo haces, bebe me coges riquísimo, que rica verga tienes bebe, me encanta, la tienes grande uff”, me hizo venir y le bañe la verga y los huevos con mis jugos.

    Seguí cabalgando y el chupando mis tetas por un rato y después le dije que me cogiera de perrita, me baje de él y me acomode de perrita él se puso detrás de mí y me metió toda la verga de un solo empujón que me hizo lanzar un fuerte gemido y un “aaah, que rico me la metiste”, y comenzó a bombear de una manera por demás deliciosa e impetuosa que cada que me la metía me hacía irme de boca, “siii bebe si, así, que rico, coges delicioso bebe, por favor no pares, aaaah me encantas”.

    Me hizo venir y soltar mis jugos muy rico que sentía que me temblaban las piernas.

    Después de eso me empujo con toda su fuerza la verga hasta el fondo y me sujeto de la cintura fuertísimo y sus gruñidos y bufidos anunciaban que se venía, sentí como exploto dentro de mí y me dejo toda su leche dentro de mi panocha, se quedó literalmente como un perro sobre mi hasta que solita se salió su verga y sentí como me escurría toda su leche por las piernas.

    Se quedó tendido sobre el piso, me acomode y le chupe la verga hasta dejársela completamente limpia y se le volvió a parar.

    Lo aproveche y volví a montarme ahora dándole la espalda y subiendo y bajando muy rico sobre su verga, lo cabalgue gimiendo y gritando hasta tener otro delicioso orgasmo.

    Lo seguí cabalgando ahora de frente y volvió a chupar mis tetas, yo subía y bajaba deliciosamente en esa verga tan rica, me cogió súper rico hasta que gritando me dijo que se iba a venir, ahora me baje de él y me puse a chuparle la verga hasta que se vino y me trague toda su rica leche, mientras lo hacía le sobaba los huevos.

    Terminamos desfallecidos y tendidos sobre el piso, después de un rato me beso en la boca y me dijo gracias.

    Lo bese, tome su verga entre mi mano y le dije “gracias a ti bebe tienes una verga deliciosa”.

    Le dije “no te gustaría pasar la noche conmigo y volverme a coger?”, dijo “siii claro que sí”, le hablo a su papa y le dijo que un amigo lo había invitado a su casa a quedarse, que no lo esparara.

    Nos subimos a mi recamara y me volvió a meter la verga, cogimos prácticamente toda la noche, me dejo bien rozada mi panocha y mis tetas con chupetones, lo bueno que era viernes en la noche y mi marido no llegaría si no hasta el lunes, así que tenía el tiempo suficiente para recusarme.

    Espero les haya gustado esta rica experiencia de cuando desvirgue a un chico de 18 años.

    Ya sabes espero sus comentarios en [email protected].

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  • La puta del asilo

    La puta del asilo

    Actualmente estudio en un colegio distrital y presto el servicio social en las tardes en un asilo, tengo 18 años, no es por presumir pero tengo un buen cuerpo, tetas grandes y un culo bien redondo y firme. Soy de piel blanca y cabello negro. Siempre bien cuidada maquillada y arreglada. Esto me paso la semana pasada.

    Al inicio el asilo de ancianos era muy aburrido, así que me despreocupaba mi ropa, aunque tuviera escotes o faldas de colegiala ¿qué iba a sentir un viejo? sus tiempos ya los vivieron y no tendrían interés de ese tipo (eso creí).

    Me pasaba las tardes jugando ajedrez con ellos, llevándoles la comida a las 2pm, y dándoles la mano para que caminaran en el jardín. Todos rebasaban los 60 años, dormían casi todo el tiempo. Así que era un trabajo… aburrido pero nada difícil, y un lugar muy tranquilo.

    Una tarde después de la comida, éramos 5 chicas cuidando a los ancianos en su hora de siesta… pero como siempre… no sucedía nada, las demás chicas se salieron a escondidas de fiesta a tomar alcohol, al fin y al cabo prometieron volver en 3 horas máximo. Me quedé porque quería terminar de ver el programa que había dejado el abuelo que se quedó dormido. Cuando comencé a escuchar ruidos…

    Era Don Justino, me asomé discretamente en su habitación, estaba asomado a la ventana viendo pasar unas chicas masturbándose, lo cual me espantó mucho y sin querer al cerrar rápido la puerta me escuchó, y por consiguiente me habló – Lisa, ven pequeña.- Entré avergonzada y me disculpé y para no hacerlo sentir mal le dije que sería un secreto. Se rio y me dijo que no le importaba, y que como no iba a decir nada, me confiaba que se masturbaba pensando en mi compañera Laura cuando se venía en su falda de colegiala corta con su blusa blanca de escotes, lo cual yo ya no sabía que decir, el anciano se levantó con los pantalones abajo y me dijo que tenía mucha pena pero que no alcanzaba subirse los pantalones que lo ayudara, así que me agaché y al hacer esto el señor me restregó su pene en mi cara y lo aventé… y me dijo que mi cara decía que se me había antojado… Lo cual me molestó y yo intenté salir de la habitación pero él se tiró al piso y abrazó mis piernas muy fuerte, yo llevaba mi falda de colegio súper corta que apenas me cubría el culo y metió su cara entre mis piernas para oler mi vagina, le decía ¡basta, basta! pero el metía más su cara frotándola en mi vagina sobre mi braga, lamiendo.

    La verdad me daba asco el señor, era viejo, arrugado, gordo, con el pene pequeño y flácido, algo calvo de cabello blanco y al mirar hacia abajo lo único que veía era su cara clavada entre mis piernas y sentía como chupaba, hizo de lado mi braga, y metió su lengua en mi vagina lo más al fondo que pudo y lamió de arriba abajo, en círculos, metió y sacó… mis fluidos comenzaron a salir, maldito anciano me chupaba el coño bien rico!

    Yo fingía que no me gustaba porque notaba que al viejo le excitaba y me chupaba más duro y me tomaba más a la fuerza. Lo aventaba y volvía a clavar su cara y lengua en mi vagina.

    Luego me volteó de espaldas aventándome contra la pared, y me dijo que si yo lo denunciaba, a mí me demandaría con el director de mi colegio porque mis amigas tomaban alcohol en su horario de trabajo social… que hace mucho que él no gozaba así, y que disfrutara con él.

    El maldito anciano estaba gordo y arrugado y su pene erecto ya no se veía tan pequeño, de hecho ya lo tenía bien gordo y parado, me inclinó y primero sobó su pene en mi vulva, sentí su erección, sus testículos, y su barriga, luego sentí sus manos meterse a mi brasier y pellizcar mis pezones lo cual me hizo chillar, luego con una mano metió su dedo a mi vagina y comenzó a tallar mi clítoris, y comencé a gemir, entonces fue cuando el anciano me penetró, yo sentía se pene entrar y salir el desgraciado se sabía mover, sentía su cabeza tallar bien rico en mi vagina, como un chupón, además de que salía completamente para volverme a penetrar, sentía sus bolas pegando en mis nalgas.

    Y me dijo que le gustaba mi chocho sin pelos, que le gustaba ver como mis labios se tragaban su pene completito y como salían los fluidos, el señor tenía su verga llena de pelos y su panza y pecho también. El anciano no debió hacerlo en un buen tiempo porque se metía en mi bien duro, y lo más al fondo que pudiera Luego se vino… y se acostó en su cama dejándome a mi tirada con el semen en mis piernas.

    Maldito anciano no me dejes así! aunque sea hazme acabar! Se rio de mí, he inmediatamente entró otro de los abuelos, Don Luis, con el pantalón abajo y con la verga dura, lo cual como yo ya no podía contenerme le abrí mis piernas, y dejé que me la metiera, Don Luis me estaba follando también solo que la verga de Don Luis era bien grande y me hacía gritar de placer, mientras Don Justino se sobaba el pene al vernos, Yo gemía, déme más, déme más!! Y me decía claro que te doy, te estuve viendo por la ranura de la puerta desde que viniste y yo también pensé en cogerte! Don Luis botó mi ropa que ya no me servía de nada, tenía los senos al aire, brincando con las embestidas del anciano y mi vagina totalmente abierta para ver como su pija café del Moreno Don Luis me penetraba, Cuando menos me lo esperaba… volteé a la puerta y había más ancianos viendo semejante espectáculo que les estaba dando, (Don Aurelio, Marcos, Juan, Pedro, Ramón…). Me dio vergüenza ver que todos esos viejitos observaban lo puta que yo era, pero inmediatamente me relaje así que les dije que podían cogerme con tal de que no fueran a contar a nadie lo que estaba pasando y que me hicieran orgasmos, todo mi autocontrol lo había perdido… solo quería follar mucho… pronto tenía a los señores chupando mis tetas como bebés mientras dejaba que Don Luis me penetraba lo más fuerte que podía, sin duda don Luis tenía su fuerza, pues me tenía en cuatro dándome verga como a una perra, luego de unos minutos escuche como don Luis bramaba y todo su semen lo sentí dentro de mi vagina a tal punto de llenármela toda con su leche, mi vagina estaba a reventar y se veía como expulsaba la leche del viejo. Don Luis cayo rendido en la cama fatigado, me decía que hace muchos años no había follado con alguien de mi edad. Yo también quede rendida por la forma en como me había follado don Luis. Entonces don Aurelio me tomo y me dijo -no es hora de descansar perra!! Y me puso boca arriba en la cama me abrió mis piernas y sin previo aviso me penetro hasta el fondo, yo solté un chillido por la forma en que me penetro el viejo. Aunque don Aurelio era bajito y súper panzón debo reconocer que tenía un muy buen pene largo y gordo. Aurelio duro dándome verga durante unos 5 minutos sin parar, luego el viejo se acostó boca arriba y me dijo que me subiera en su verga, así lo hice y empecé a cabalgar sobre su pene de una manera loca a tal punto de llegar a mi primer orgasmo, empecé a gemir como una puta y la verga del viejo quedo empapada de mis jugos vaginales, el viejo se reía al ver como yo blanqueaba mis ojos en pleno orgasmo, pero yo quería más… Seguía cabalgando en esa gran verga pues Aurelio todavía no se venía. En un instante y estando en esa misma pose sentí como la punta de otra verga se posaba en la entrada de mi ano, gire mi cabeza para ver quién era y era el viejo Juan -Nooo don Juan por el culo no, por favor…!!! Pero ya era tarde, Don Juan no me dio espera y de un solo golpe me partió mi estrecho culito, su verga entro completamente en mi ano, y yo lo único que podía hacer era gritar de dolor. Era imposible zafarme de esas penetradas pues don Aurelio me abrazo con fuerza por mi cintura mientras me penetraba mi vagina y así facilitarle a don Juan que me enculara sin problemas. Mientras era filmada por delante y por detrás yo gritaba como loca y los viejos se reían y me decían.

    -Puedes gritar todo lo que quieras puta, nadie te va a escuchar, estas sola con siete ancianos ansiosos de follarte…!! Me dijo don Juan.

    Luego de unos minutos más el viejo Aurelio empezó a gemir como burro, pude sentir como su semen se depositaba en mi vagina hasta la última gota. Pero mi martirio no terminaba aun, el viejo Juan seguía follando me el culo sin parar aunque su pene no era tan grande he de reconocer que era suficiente para hacerme gritar como loca. Luego de unos minutos mi ano se fue acostumbrando al tamaño de la verga del viejo a tal punto que empecé a sentir placer, en viejo duro dándome unos 10 minutos sin parar hasta que no aguanto más.

    -Aaahhhh toma perraaa…!!! Toma mi lecheee!!! Me dijo el viejo.

    Pude sentir como su pene inundaba de semen mis entrañas.

    Descanse apenas unos segundos, entonces el viejo Marcos me tomo del pelo y me dio un beso de lo más asqueroso y me dijo.

    -Tu culo y tu chocha ya están muy utilizadas, pero tu boca no…!

    En ese momento entendí las intenciones de Marcos. Entonces abrí mi boca y de manera instantánea tenía su verga en mi garganta. No era tan gruesa pero si muy larga, podía sentir la punta de su verga en lo más profundo de mi cuello. Ese momento fue asqueroso pues cada vez que metía su pene en mi boca podía oler su vello púbico que era muy fuerte.

    Así el viejo duro unos pocos minutos hasta que no se pudo aguantar más. Lleno toda mi garganta y boca de su semen si sacar su verga de mi pequeña boca a tal punto de hacerme tragar todo su semen.

    El viejo satisfecho mientras limpiaba su verga con mi tanga blanca me decía.

    -Cuando tengas limpia tu panocha te penetró , ahora pareces una cerda sucia con el semen de mis amigos!!

    Estaba muy cansada, nunca me habían follado de esta manera. Pero aún faltaban el viejo Pedro y el viejo Ramón, el viejo Pedro se quedó con las ganas de metérmela, pues sufre de disfunción eréctil y su pene nunca se paró, lastima por él, además es un viejo que ya casi llega a los 90 años, jajaja.

    Entonces escuche la voz de Ramón.

    -Aun falto yo mijita! Me dijo de manera muy tierna.

    Lo volteé a mirar y me dio mucha lastima, pues estaba postrado en su silla de ruedas. Llegue a pensar que sería algo fácil y rápido por su condición de discapacidad. El viejo no se había bajado su pantalón, entonces le dije.

    -Vale abuelo te dejare probar pero lo haremos rápido… Le dije mientras me ponía mi falda colegial pensando que mis compañeras estaban por regresar.

    -Vale Mamita muchas gracias, la verdad nunca he estado con una niña como tu… Me dijo con una sonrisa sincera.

    Entonces desapunte su pantalón que le quedaba muy ajustado. Le baje su pantalón como pude y de un momento a otro apareció el pene más grande que haya visto en toda mi vida. Era un pene muy grande, era largo y muy grueso, a tal punto que me asuste y caí hacia atrás, no lo podía creer entonces corrí a donde estaban mis útiles escolares, busque la regla para medir ese pene y vaya sorpresa, casi media los 30 cm de largo, estaba asombrada y los demás ancianos se reían de ver mi rostro impresionado y aterrorizado.

    -Jajajaja… Si gozaste con nuestras vergas, con la verga de Ramón iras al cielo… jajajaja. Me decían los demás viejos.

    Entonces me llene de valor y empecé a masturbar semejante mástil. La vergota del viejo Ramón estaba a reventar. Me detuve y me puse de pie, me di media vuelta para así sentarme en esa verga, recordé que en mi morral cargaba un aceite corporal, lo busque y lo utilice para lubricar esa verga. Cuando vi que ya era el momento, me puse en posición y justo cuando ya me iba a meter su verga, el viejo Luis me empujo de un golpe ocasionando que semejante verga no entrara en mi vagina sino en mi culo.

    -Aaaahhh!! Grite de dolor, sentí como de un solo golpe ese pene llegaba a mis entrañas, pues no tuve chance de controlar la penetración, semejante pene lo tenía todo adentro. Los ancianos se reían al ver esa escena los viejos me decían.

    -Jajajaja. Eso te mereces por perra… Te mereces que te rompan ese culo… Jajaja…

    En ese momento me calme, tome aire y empecé a cabalgar lentamente y poco a poco empecé a gemir como puta. Sentía como ese trozo de carne destrozaba mi culo, pero ese dolor me excitaba cada vez más. Luego de estar cabalgando como loca durante unos largos minutos el viejo me dijo que quería probar mi vagina, entonces puse la punta de su vergota en la entrada de mi rajita y lentamente la fui metiendo hasta el fondo de mi vagina, empecé a montar en esa verga como loca, me sentía en el paraíso pues esa verga la sentía casi en mi corazón pues era gigantesca. Así dure más de 15 minutos hasta que no aguante más y mi vagina expulso hasta la última gota de mis jugos en un orgasmo que sencillamente fue fantástico.

    El viejo me decía que no me fuera a detener, que debía continuar que ya casi se iba a venir. Entonces el viejo empezó a bramar y empezó a blanquear los ojos, sentí como hasta el último rincón de mi panocha se inundaba con su semen. El viejo dio un último suspiro y quedó rendido.

    -Que buen trabajo hiciste perra…!! Ya te puedes ir…!! Me decían todos los ancianos.

    Me fui para el baño y en camino me escurría por las piernas el semen de aquel anciano. Me sentía sucia y me sentía la mujer más perra del mundo, pero a la vez me sentía satisfecha.

    Me vestí de nuevo mi uniforme de colegio con algunas manchas de semen en la minifalda y en la blusa.

    Unos minutos después llegaron mis compañeras de curso sin sospechar de lo que había pasado.

    Espero te haya gustado mi relato. Si eres un veterano escríbeme a mi correo [email protected].

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  • Quizá la mejor experiencia de mi vida

    Quizá la mejor experiencia de mi vida

    Suelen decir que hay que saber aprovechar los buenos momentos y oportunidades de la vida. Pero no sé yo si lo de bueno se queda un poco corto, o es un eufemismo, cuando me refiero a lo que me ocurrió en la ocasión que paso a relatar. Lo hago intentando reflejar al detalle lo que me sucedió y sentí, para justificar así, de la mejor manera posible, que aquello fue algo más que simplemente bueno.

    De hecho, todo fue tan íntimo y lo viví tan intensamente, que por eso enfatizo el relato en primera persona desde el principio.

    Yo era una asidua usuaria del tren porque me aburría en los viajes soberanamente, y al menos en ellos encontraba algo de comodidad. Yo, mujer ya entrada en los treinta, ocupaba mis días, como la mayor parte de los mortales, en ocupaciones de lo más banales: mi trabajo de secretaria, mis amigos, mis aficiones y poco más; sin que, por otra parte, nunca nada extraordinariamente excitante me sucediera. Yo, me solía conformar con las pequeñas alegrías de la vida, y por eso mismo iba en aquel tren ilusionada con el largo puente que me esperaba en el pueblo de mi infancia. Yo, que era, en definitiva, una mujer como tantas otras, con bastantes fantasías y sueños, pero pocas realidades, no podía nunca haber imaginado que situaciones como en la que me había visto inmersa esa noche en ese tren podían suceder realmente.

    Pero allí estaba yo, en aquel estrecho compartimento de dos camas, con un acompañante desconocido y con el que no había cruzado siquiera una palabra. En medio de la noche, con la suave luz de la luna que se filtraba por la ventana, mientras el tren avanzaba repitiendo una y otra vez con su traqueteo esa especie de rítmico mantra que tanto me gustaba oír. Sí, allí estaba yo, tumbada de lado y destapada, sintiendo como aquel extraño, que se encontraba totalmente desnudo, metía su mano dentro de mis ya húmedas bragas, y hacía lo que quería sobre mi culo, mientras al mismo tiempo me masturbaba descaradamente con los dedos de la otra mano entre mis muslos y a través de la tela de algodón.

    No sabía muy bien cómo había podido pasar, qué me había llevado a dejarme hacer algo que en una circunstancia normal mi acentuado sentido del pudor habría considerado casi sucio y reprobable; pero estaba sucediendo, y, sobre todo, me estaba gustando. Quizá fue simplemente la visión que tuve de su cuerpo desnudo cuando lo creía dormido, con su llamativo pene bien exhibido, la que estimuló mi lívido de forma imparable. Quizá fuera algo así como un imperativo de mi subconsciente el que me salió a flote aquella noche en aquel tren, y que me inducía a satisfacer mi necesidad de sexo, mi necesidad de hombre, porque de hecho ya llevaba bastantes meses, demasiados, sin sentir la caricia y el abrazo de un hombre excitado, sin sentir su penetrante presencia. Puede que el lugar y el momento: el tren, la noche de luna, el calor, la intimidad compartida con el desconocido… todo parecía ser la plasmación perfecta de una de mis fantasías preferidas. Segura y simplemente todas las piezas conjuntaban perfectamente para que mi cuerpo se entregara y gozara como nunca.

    Sólo sé que ya metida de lleno en aquella situación, no podía pensar racionalmente, que lo que mi cuerpo sentía me dominaba por completo y que estaba en sus manos. Que un deseo oculto y primario, deseo de sentirme mojada, acariciada en mis intimidades, manoseada… deseo de sentirme desnuda, abierta y entregada, y en último término tomada y llenada por el pene de aquel hombre que presumía tan obsceno y tan lleno de energía sexual, se estaba apoderando por entero de mí.

    Y él sabía perfectamente lo que se hacía. Una vez que ya no le quedaba ninguna duda del gran estado de excitación al que había conseguido llevarme, bien porque lo había podido comprobar con sus propios dedos al tocarme por el borde de la braga mis húmedos labios externos, o por mi audible respiración, que anunciaba bien a las claras la agitación que por todo mi cuerpo empezaba a propagarse en forma de tibia sensación, y que me subía por toda la médula espinal desde la vulva y el culo hasta la cabeza, para, luego, reflejarse desde aquélla como una nerviosa inquietud que yo misma podía observarme en los dedos de las manos y en los pies; pues bien -como decía-, una vez que me sabía bien excitada, tomó, por fin, la decisión de quitarme las bragas.

    Poquito a poco procedió a bajármelas tirando suavemente desde delante y detrás con ambas manos a la vez. Todo lo que él hacía llevaba consigo una carga increíble de morbo, lento y premeditado morbo, que no hacía más que incrementar mi excitación. Así, al tiempo que las bajaba lentamente, no perdía la oportunidad de rastrearme con sus dedos tanto la raja del culo como el monte de venus por el otro lado.  Uuff!! sentir cómo aquellos dedos extraños me desnudaban para dejarme el culo y el coño expuestos a lo que él quisiera, me produjo una sensación indefinible que casi diría que nunca antes había tenido, era como sentirme muy zorra en el sentido más lascivo de la palabra. ¡Y es que me notaba tan caliente entre sus manos!

    Por eso, me alegré de sentir como me iba retirando la mojada braga. Pero cuando la tenía a medio muslo, se detuvo, y por un momento perdí su contacto por primera vez en bastante tiempo. Casi al instante noté cómo se sentaba al borde de la cama mientras yo todavía permanecía en mi posición inicial ladeada y dándole la espalda. Desde allí percibí cómo se inclinaba sobre mí para a continuación besarme suave, larga y tiernamente en mi cuello al tiempo que con una mano acariciaba mi corta melena. Aquel gesto suyo acabó por entregarme del todo, lo sentía como un macho caliente pero tierno. Su aliento me calentaba la garganta mientras algo había al mismo tiempo que rozaba mi culo ahí abajo según su cuerpo se torsionaba para besarme, algo que era muchísimo más grueso que un dedo, y que lo sentía caliente y tentador sobre mis glúteos. Fue una sensación tan especial la que su largo beso mezclado con esa obscena caricia trasera me proporcionó, estando como estaba además con las bragas bajadas, que leves y placenteros escalofríos me estremecieron los pechos y todo el espacio entre los muslos. Me sentía en la gloria.

    No sé por qué, pero cuando comenzó a retirarse de nuevo tuve un impulso que me llevó a romper mi quietud, y quitarme las bragas por completo yo misma sacándomelas por los tobillos. Al hacerlo, no pude resistir la tentación de torcer la vista hacia donde él se encontraba, otra vez de pie, pero no para escudriñar su cara e intentar adivinar qué tipo de hombre era, no; lo único que en realidad me intrigaba de él en aquel momento era su pene, su órgano sexual, que yo ya empezaba a desear sentirlo entre mis muslos y cuya primera visión mientras él aparentemente dormía, había sido el desencadenante de lo que ahora me estaba sucediendo, incluido ese primer y gozoso roce suyo en mi culo.

    Y sí, pude por unos intensos instantes apreciar cómo era aquel excitante miembro, fijé descaradamente la vista en él hasta que el hombre me sujetó de un hombro y de la cintura para, haciéndome girar, volver a tener que tumbarme, ahora más bien boca abajo. Ahí, en esa postura, tras darme él un par de suaves cachetes en las nalgas entendí que me conminaba a que me dejara hacer lo que él quisiera, como queriéndome decir que no era el momento aún de darme su polla, sino que él sabía muy bien lo que había de hacer durante aquella larga noche para que mi cuerpo gozara, para que él me gozara.

    No me opuse para nada, al contrario, me seducía enormemente jugar ese papel de cierta sumisión y ponerme en sus manos para que me manejara a su manera. En definitiva, me excitaba sobremanera que me lo hiciera un desconocido como él.

    En mi nueva postura, llevaba bien grabada en la retina la imagen que pude captar momentos antes y que no hacía más que incrementar mi deseo. Un nuevo y mantenido estremecimiento me llenaba el bajo vientre mientras sentía todo mi culo totalmente expuesto y desnudo, y recordaba la forma colgante de ese cilindro de puro sexo que tenía como atributo mi anónimo pero íntimo acompañante. Y es que no podía evitar sentirme morbosa e irremediablemente atraída por su órgano sexual. Sin saber objetivar del todo el por qué, me atraía y lo veía ciertamente diferente a los pocos que había visto y disfrutado hasta entonces. A pesar de que lo tenía todavía en un estado que se aproximaba más a la semierección que a la completa excitación, se presentaba en sí mismo poderoso, dilatado y pesado diría yo. Con un tamaño apreciable y un grosor como el de las bananas grandes, colgaba entre sus muslos más o menos vertical como un salchichón, pero al sentirse observado creí notarle cómo muy pequeños espasmos que lo tensaban hacia arriba, y eso me gustaba porque demostraba de alguna manera que también yo conseguía excitarle a él, simplemente con que intuyera mi expectación por su aparato, por su aparatoso rabo. Rabo que desde luego necesitaba de un esfuerzo considerable para conseguir elevar toda esa masa venciendo a la gravedad.

    Y allí boca abajo, sintiendo ya su contacto manoseándome el culo, yo me recreaba mentalmente con la imagen captada de su polla, me recreaba en todos sus detalles y al mismo tiempo me excitaba. Desde luego era una verga francamente ancha desde su base y con una cabezota, todavía encerrada parcialmente en su estuche protector, que sobresalía marcadamente, sobre todo allí donde le resaltaba la corona del glande. Éste último me pareció, pese a la escasa luz, que quería asomar ya su punta húmeda bajo la piel retráctil y rugosa que lo cubría. En definitiva, todo me presagiaba un potente órgano penetrador, una lasciva polla deseándome, que quería imaginar bien cargada de semen lechoso en las pelotas que la adornaban; y yo, irremediablemente, me sentía afortunada y muy mojada porque presentía lo que se me venía encima, cuando todo aquello se acercara y tocara la entrada de mi sensible cueva.

    Ahora nuevamente él se inclinó sobre mí. Comenzó a besarme suave y repetidamente el culo. Notaba perfectamente el roce de sus labios por toda su superficie, a la vez que sus manos me subían desde las caderas por los laterales. Jugaban a sujetarme y cosquillearme, a introducirse por debajo de la camiseta que todavía vestía, retirándomela hacia arriba. Sus manos buscaban mi torso, buscaban mis pechos, y acabaron por encontrarlos y apoderarse de ellos. El empuje de sus manos bajo mi cuerpo me impulsaba hacia arriba, tanto que decidí finalmente facilitarle la tarea; me incorporé hasta quedar de rodillas con la cabeza apoyada sobre la almohada. Con ello el trasero, totalmente en pompa, le era totalmente accesible, y mis hermosas tetas también, al quedar colgando y bamboleantes.

    Sus labios, ahora más golosamente, no cesaban en su trabajo, iban de fuera hacia dentro saltando por ambas nalgas, y al llegar a la grieta central, sacó su lengua y entre lametones y presiones me la fue metiendo en la raja. Era electrizante sentir aquel apéndice mojado perforando con su punta oscilante para abrirse camino hacia abajo por el desfiladero del culo. Así fue bajando poco a poco. Se entretuvo en el agujerito del ano, que por mi postura quedaba a su alcance. Me lo rodeó con la punta de la lengua trazando círculos por los bordes del esfínter, y acabó por incidir directamente en la entrada. Nunca a nadie antes le había permitido hacer algo semejante. Siempre había conservado un pudor especial con mi orificio trasero en todas las relaciones que había tenido hasta entonces. Sin embargo, en esos momentos, me sentía deliciosamente puta entregándoselo sin restricciones a aquel desconocido. ¡Cómo me gustaba lo que me hacía!

    Porque no sólo mi culo era su objetivo, también mis pechos; mis consistentes, redondos y abultados pechos, erógenos y excitables, eran como un juguete entre sus manos calientes. Los acariciaban y amasaban, los sopesaban recogiéndolos entre sus palmas abiertas, me los cubría por completo como si sus manos fueran un delicioso sujetador para mis tetas. Se esmeraba recorriendo con sus yemas la ligera protuberancia de las areolas, y me tentaba los pezones con suaves roces laterales. Yo los tenía erguidos y duros por toda la excitación acumulada, y me los notaba bailando al impulso de sus caricias. Por fin me los atrapó entre sus dedos y me los manipuló y pellizcó suave y largamente.

    Desde mi postura, mirando hacia atrás, podía ver perfectamente todos los movimientos de sus manos en mis pechos, y allí, al fondo, el bulto de su polla, ahora sí, perfectamente erecta, desafiante en todo su poderío, preciosa. Con toda su dureza oscilando suavemente con ligeros impulsos verticales. Aquella visión era lo más afrodisíaco que una mujer pueda imaginar y desear: sexo desnudo y excitado de macho caliente en estado puro.

    Tras entretenerse lo que quiso en mi entrada posterior, su rostro continúo el camino descendente por las hondonadas del culo con su lengua abierta. Yo ya la aguardaba ansiosa con los pétalos de mi flor bien lubricados. Y allí llegó una vez que me lamió la zona entre el ano y los labios.

    Por sorpresa, me depositó directamente un largo beso en toda la vulva, y acto seguido comenzó a mover sus labios sobre los míos. Con el empuje de su boca, hacía que mis labios íntimos externos fueran separándose del todo, y entonces, extrajo de nuevo su lengua y comenzó a lamerme en los labios internos, de arriba abajo y de abajo arriba, una y otra vez, sin descanso, me recorría multitud de veces desde el perineo hasta la comisura superior. Se detenía a veces para cosquillearme justo con la punta de la lengua todos los rebordes de las ninfas carnosas que me guardaban la entrada de la vagina. Entonces, distanciándose un poco, volvió a lanzarme un cachete en la nalga y me habló por primera vez en toda la noche, lo justo para decirme:

    “Túmbate boca arriba y abre bien las piernas, voy a hacer que se te moje bien el coño!”

    Aquél lenguaje suyo, directo, y obsceno, disparó todas mis expectativas, y automáticamente cumplí su deseo, su doble deseo. Me giré y procuré hacerle sitio entre mis muslos ansiosos, y mientras lo hacía, me sentía abierta y entregada, caliente como nunca, allí en aquel pequeño compartimento cerrado convertido en una especie de celda para el sexo. Percibía la atmósfera cargada de aromas de sexo, y yo me sentía como una hembra en celo. De él, no sé si era algo imaginado por mi o era real, pero un aroma intenso, como de almizcle y piel curtida, me llegaba directamente, era como si su pecho, y su vientre exhalaran fragancias donde se mezclaban el olor natural de su piel con componentes más fuertes y penetrantes, algo acres incluso, como si su polla encendida de deseo y sus testículos destilaran volátilmente su esperma interior. Todo me embriagaba y me predisponía a abrirle la vulva.

    Girándome, me saqué la camiseta por los hombros y me tumbé boca arriba abriendo las piernas. Esperé impaciente su siguiente movimiento, mientras me observaba el bultito de mis pezones erguidos.

    Él se arrodilló entre mis muslos y llevando dos de sus dedos a mi boca, me los introdujo para que se los ensalivara. Se los chupé con gusto. Me deleitaba la sensación de tener mi boca ocupada con algo de él, recorrerle los dedos con mi lengua para mojarle su piel, saboreárselos como dulce presagio de su otro apéndice, su miembro más deseado por mí, ese otro mucho más obsceno, perverso y tentador que los dedos que ahora me ocupaban. Según enroscaba mi lengua por entre sus dedos, imaginaba su falo tieso entre mis labios, con su glande húmedo y descubierto introduciéndose juguetón entre mi lengua y el paladar, quería imaginar el sabor afrodisíaco de esa gruesa fruta lasciva que brotaba de su vientre, la deseaba, la quería palpar y explorar para excitársela al máximo, para que luego ella me tomara y me penetrara entre mis piernas.

    Cuando tuvo sus dedos bien embadurnados de mi saliva, los extrajo de mi boca, y bajándolos por el canal de entre mis pechos, fue cosquilleándome por el ombligo, hasta llegar a mi pubis desnudo. Me acarició suavemente el vello que ligeramente lo cubría, y aproximándolos al empiece de la rajita, profundizó hasta dar con mi botón secreto. Rodeando el clítoris con los dedos, uno por cada lado, presionó ligeramente mientras los movía longitudinalmente; con ello, conseguía que mi capuchón resaltara y lo iba haciendo más prominente. Acercando su rostro, colocó de nuevo sus labios y su lengua jugando en la entrada de mi vagina. Yo esperaba que le gustara el jugoso manjar que le entregaba. Al mismo tiempo llevó los dedos de la mano libre a mi culo y comenzó a cosquillearme la entrada del ano, primero los radios que tensaban el agujerito, luego cada vez más cerca del orificio. Yo podía sentir como el cosquilleo continuo hacía que se me abriera y cerrara el esfínter. Se atrevió a introducirme la punta de un dedo poco a poco y lo dejó ahí como esperando a que se me dilatara progresivamente el hueco bajo su presión. En el otro extremo de mi vientre, con la yema de su índice comenzó a trazar círculos rodeándome el clítoris. Cuando lo pasaba por la zona inferior impulsaba un poco hacia arriba como intentando levantarme el botón lo más posible. Mientras, su lengua se me iba introduciendo dentro de la vagina, como si intentara follarme con ella, la impulsaba hacia delante y me la metía tres o cuatro centímetros, de hecho, todo lo que le daba de sí. Antes de sacarla cada vez, procuraba darme un ligero lametón hacia arriba.

    Después de un buen rato de repetirme el juego en el clítoris, con la misma yema empezó a frotarme directamente todo el tallo del mismo cada vez más deprisa, y finalmente se decidió a presionar directamente en su puntita, suaves toques pero muy repetidos en ese punto de sensibilidad extrema.

    Mi agitación era manifiesta, mis brazos, mis hombros, mi cabeza se movían y oscilaban en un nervioso baile. Sus expertos dedos, su incisiva lengua trabajaban sin parar todo mi coño, y yo, yo gemía ya claramente entrando en un estado de excitación incontenible. Los pies los tenía en tensión con los dedos encogidos. Algo parecido a una estimulante vibración interior me recorría todo el bajo vientre. El optó entonces por cambiar el juego, para provocarme definitivamente el orgasmo que buscaba.

    Ahora era su lengua la que se dedicaba a degustar mi clítoris mientras con sus dedos me follaba a la vez, y mantenía impertérrito el otro dedo dentro de mi estrecho culito. Comenzó a lamerme el clítoris de abajo a arriba, suavemente pero insistentemente, sin parar, una y otra vez, una y otra vez. Me metió dos dedos por la vagina y los movía en círculo a la vez frotándome toda la pared interior. Me estaba volviendo loca, comenzaba a percibir como unas ligeras contracciones por las ingles. Mi músculo PC empezaba sin duda a activarse descontroladamente. Era una gozada intensa para mí, me sentía el orgasmo como algo imparable, todo el coño vivo, hipersensible y lleno de una húmeda sensación, lleno de ondas de placer que me hacían vibrar el orificio del ano y la vulva entera. Sus dedos ya casi chapoteaban en mi interior. Se podía percibir una especie de plash, plash, plash cada vez que iban y venían. Y yo me dejaba ir, me abandonaba por completo y sólo acertaba a musitar monosílabos ansiosos, rítmicos y acompasados al sonido de fondo del avance del tren por la vía: “Sí, Sí, Sí…” repetía constantemente con cada contracción del coño. Con la punta de la lengua apretada, comenzó a golpearme rápidamente la cabeza del clítoris, en un suave martilleo continuo, algo me impulsaba a cerrar los muslos y atrapársela entre ellos. No pude evitar atraerlo hacia mí impulsándolo por la nuca para que se tragara todo mi clítoris. El no cejaba, lo chupaba con avidez, la lengua lo golpeaba sin parar, ya no aguantaba más, me iba sin remedio, con unos clarísimos estremecimientos en toda la pelvis. La vagina y el ano se me contraían y se me relajaban alternativamente, y creo que le mojé su cara con mi miel. Uuufff!!! le di una corrida maravillosa, mientras dentro de la vagina, con sus dedos doblados hacia arriba, él me rascaba la pared superior como queriendo extraerme, secarme el manantial hasta la última gota. No dejó de chuparme el clítoris mientras me duraban las dulces contracciones.

    Desde luego él había conseguido lo que pretendía porque me tenía bien empapada. Todos mis genitales se encontraban a punto de caramelo. El néctar que había segregado con generosidad me lubricaba todo el conducto vaginal y me humedecía toda la zona de la entrepierna, y, en consecuencia, me sentía en un estado de éxtasis, complacida y complaciente a todos sus deseos. Él, perfectamente consciente de ello, se resituó, y colocando sus rodillas por ambos lados de mi cuerpo a la altura de la cintura, se medio sentó sobre mí con el tronco hacia delante, de manera que su falo quedaba a la altura de mis pechos de forma insinuante y desafiante.

    No sé si por sí mismo, o a consecuencia del ligero ajetreo que le daba la marcha del tren, pero aquello le oscilaba con un movimiento que denotaba su sólida consistencia. Entonces, él me tomó una de mis manos por la muñeca, y la llevó directamente sobre su verga invitándome a que se la cogiera. Así lo hice rodeándola con la palma, y la verdad es que justo conseguía abarcar por completo su circunferencia. Aquel contacto me produjo una agradable sensación que me hizo estremecer al mismo tiempo, al constatar las anchas dimensiones de ese lascivo salchichón que empezaba a reclamar su protagonismo.

    Yo inicialmente quedé como atontada y sin saber lo que hacer, quizá sorprendida por la magnitud del aparato. Pero un impulso de su mano, que todavía me sujetaba, me llevó a iniciar un vaivén sobre la vaina del pene, de la que podía apreciar su perfil rugoso por las hinchadas venas que la surcaban. Providencialmente el tren atravesaba una zona poblada e iluminada, con lo que el añadido de luz que entraba por la ventana me permitía observar bastante bien lo que mi mano recogía. Así, claramente veía que alternativamente con mis idas y venidas, la piel del prepucio le retrocedía para dejar al descubierto su brillante y húmedo glande con forma como de hongo prominente, que nuevamente quedaba a resguardo bajo su funda cuando mi mano tiraba de ella hacia mí. La verdad es que era de una obscenidad clamorosa ver esa cabeza lubricada asomándose y escondiéndose bajo el pellejo externo que se entretenía y arrugaba unas veces y otras quedaba perfectamente estirado y terso.

    Adelantándose ligeramente me acercó su miembro hasta situarlo casi sobre mi cara. Su invitación era más que evidente. Yo intenté entonces reincorporarme ligeramente para aproximarme a él. Tenía ya toda la lujuriosa geografía carnal de su sexo a escasos centímetros de mí. Me llegaba su aroma de sexo puro, su presencia cercana me atraía sin remedio, me sentía niña golosa ante aquel caramelo dulce. Entonces él se inclinó ligeramente y empezó a pasearme el capullo por todos los rincones de mi rostro: me lo pasó por los ojos, dibujó con él el perfil de mi nariz, me golpeó cariñosamente las mejillas, y me lo restregó por la barbilla acercándolo hacia mi boca.

    Me tentaba enormemente su fruta jugosa y entreabrí mis labios para acogerla. Ciertamente no era la primera vez que degustaba un sexo de hombre. Nunca le había hecho ascos en el juego sexual a chupar y lamer un buen pene, deleitarme con su sabor particular, apreciar su sólida textura carnosa, su rígida blandura, y sentir su estremecimiento de placer al dejarse lamer, pero ante aquella personificación de Príapo era inevitable sentir una gula y un deseo mucho mayor. Noté como se posaba la superficie suave y húmeda de su glande entre mis labios, entonces lo hizo oscilar ligeramente para recubrírmelos con su sutil esencia y empujó suavemente haciéndome abrirle de par en par la entrada que buscaba. Me fue penetrando lentamente. Me inquietaba que no pudiera soportar su contacto si me llegaba hasta la campanilla, pero se detuvo a medio camino. Mis labios tuvieron que abrirse al máximo para franquearle el paso a aquel émbolo caliente, y la sensación de plenitud que me produjo cuando sentí su cabeza entre mi lengua y el paladar fue completa. Intenté rodearle el glande con la lengua para recoger y saborear su concentrado regusto a macho. A él seguro que le gustaba sentirse mamado, movía su pelvis para recorrerme toda la cavidad bucal, inflándome los mofletes por dentro con su voluminoso capullo. A ratos, alternaba la penetración bucal con retiradas momentáneas que yo aprovechaba para besarle y lamerle todo el tronco. Al subir mi lengua hacía la punta de la polla, procuraba incidir especialmente en lo que suponía sus dos puntos más sensibles, el frenillo que se le tensaba en la corona del glande y justo en la puntita donde se le marcaba el pequeño orificio por donde antes o después tendría que eyacular su carga de semen desde las pelotas. De hecho me apareció atrapar una gotita de su líquido preseminal saliéndosele por el agujerito, porque aprecié con la lengua justo ahí, un tacto muy viscoso con sabor algo áspero, que me supo claramente a esperma diluido.

    Quedaba claro que el también gozaba, y que yo estaba consiguiendo calentarle la caldera de los testículos. Pero no sé si por eso mismo, temeroso quizá de correrse antes de lo que deseaba, o simplemente porque quería pasar a metérmela cuanto antes entre las piernas, el caso es que decidió recolocarse, y pasó a tumbarse a mi lado. Me hizo ladearme lo justo, y desde atrás mío, pegado a mi culo, me separó lo suficiente las piernas, abriéndomelas, para que pudiera acomodar su falo tieso entre mis muslos. Poco a poco, siempre moviéndose con parsimonia y excitante morbo, lo fue acercando hasta la comisura de mis labios subiéndolo y acariciándome la cara interna de los muslos. Procuró centrarlo y comenzó a tocarme suavemente con la punta del glande húmedo y ensalivado en mi excitado clítoris. Mientras, sus brazos rodeaban mi cuerpo por ambos lados teniéndome estrechamente abrazada, y sus manos se entretenían amasándome la superficie de los pechos.

    Después de martillearme mi botón del placer durante un buen rato paseó el miembro por toda la vulva desde el ano hasta el pubis. Podía sentir los brochazos de la verga en la húmeda blandura de entre los labios, el agradable cosquilleo que su capullo me producía en mi jardín íntimo.

    La sensación para mí era terriblemente estimulante y agradable: mecida por el suave traquetear del tren, mi cuerpo desnudo atrapado entre los brazos de aquel hombre que jugaba con su gorda polla por toda mi vulva, por todo mi nido caliente. Es como si me comenzara una nueva masturbación, pero ahora el agente provocador era lo que yo ya más deseaba de él, su tremendo cipote dispuesto a penetrarme de un momento a otro.

    El balanceo de su vientre era cada vez más sutil, de forma que procuraba frotar su miembro cada vez más despacio, cada vez más preciso, frenándose al pasar por la entrada del orificio vaginal y presionando con la punta un poquito más en cada pasada, así me iba abriendo paulatinamente y al mismo tiempo me rascaba y estimulaba las mucosas de la entrada. Era el más lascivo beso que podía desear para mi húmeda boca sexual, y es que sentir el empuje de su falo hurgando en la entrada de la vagina y haciéndose un hueco a través de mis labios sexuales era sencillamente delicioso. Finalmente noté como se me acomodaba la cabeza del pene atrapada entre los labios internos y la dejó ahí por un instante.

    Sus manos jugaban con entera libertad por todo mi torso, desde los pezones hasta el clítoris subían y bajaban sin parar en un estimulante y sensual masaje.

    Nuevamente sin tregua, casi imperceptiblemente, empujaba el pene milímetro a milímetro y poco a poco todo el glande hinchado se me fue introduciendo en la chorreante vagina. Yo me sentía casi casi, y así él me trataba, como si fuera mi primera vez, como si me estuviera desvirgando, tal era la delicadeza de sus primeros movimientos dentro de mí. Aunque en realidad, se podía decir que así era, porque nunca una polla tan generosa en dimensiones me había follado hasta entonces. Estaba deseando sentirme ya ensartada del todo, empalada por aquel formidable órgano de placer que comenzaba a penetrarme.

    El orgasmo que poco antes me había provocado me había dejado tan bien lubricada que hubiera bastado un leve empujón por su parte para que me penetrara por completo sin la menor dificultad. Pero él seguía con su lento juego morboso. Por lo visto no quería de momento ir más allá y la retuvo apenas introducida 5 o 6 centímetros, lo suficiente para tenerme bien abierto el coño y poderme acariciar las paredes más sensibles de su entrada con toda la gruesa cabeza de la polla que se esforzaba en girar en redondo todo lo que su posición le permitía.

    Mi excitación era tal con aquel taladro carnoso insinuándose en mi orificio que, inquieta y ansiosa, estiraba el cuello, movía los pies y las piernas, agitaba los brazos cada vez más, y él me sujetaba para que no se le saliera el pene. Estaba deliciosamente presa, atrapada por el cepo más deseado. Me besó en la nuca y mordisqueó en el cuello, debajo de la oreja y me susurró por segunda vez en toda la noche algo así como esto:

    “Córrete de nuevo, preciosa, quiero que me mojes bien ahora, antes de que yo te empape luego con mi caldo”.

    Nuevamente sus palabras tuvieron un efecto hipnótico e inmediato sobre mí.

    Mi pelvis comenzó a moverse alrededor de su polla quieta, y aunque el intentaba sujetarme con sus manos yo notaba cómo todo mi cuerpo tiraba para abajo buscando que todo aquel cilindro acabara por introducirse en mí hasta el fondo. Él me retorcía un pezón y me masturbaba en el clítoris repitiendo una y otra vez sus caricias. Y mi vagina comenzaba a contraerse instintivamente de nuevo, oprimiendo la punta de su polla y una nueva sensación de abandono, de que se me licuaba el coño otra vez, se apoderó de mi ser.

    Entonces él me giró boca arriba y se situó sobre mí alzándome y abriéndome las piernas que me atrapó por las pantorrillas. Situando su ariete en mi entrada, no tuvo ahora contemplaciones; zas! empujó y me la ensartó por completo de golpe. Una maravillosa sensación de sentirme traspasada, llena y dilatada se apoderó de mí, me abrió las entrañas al placer y un gritito incontrolado se me escapó. La retuvo del todo metida durante un buen rato como para que tomara consciencia de su voluminosa masa, y luego la fue retirando lentamente hasta extraerla del todo.

    En la semipenumbra del compartimento, allí entre mis muslos, se mostraba su falo brillante y mojado apuntando a mi abertura. Y yo sentía mi vagina dilatada, con sus comisuras y pliegues internos moldeados por el intruso, justo allí donde la cabeza de su pene había estado enredando y jugueteando, abriendo y empujando poco antes.

    Tras quizá contemplarse y contemplarme, me la metió de nuevo de un impulso, e inició una serie de penetraciones completas… Notaba como se deslizaba con una facilidad increíble, se me acomodaba sin dejar resquicio. Mi vagina era el guante perfecto que cubría y calentaba su verga. Me la introducía hasta el fondo y hacía girar la cadera en redondo para que la polla me oprimiera por los cuatro costados, Luego, en las siguientes embestidas procuraba empujar cada vez hacia un lado diferente de la vagina. Me subió los muslos haciendo que apoyase las pantorrillas en sus hombros, y así las penetraciones alcanzaban el máximo de profundidad. Yo también, hacía girar mi culo intentando acompasar nuestros movimientos: el del falo en mi interior con mis propias palpitaciones, todo mi vientre y culo giraban y oscilaban , se balanceaban al ritmo que su polla imponía incrustada como estaba entre mis piernas,

    No sé si por autocontrol o como parte de su juego, empezó a intercalar penetraciones cortas y suaves con alguna profunda. Luego me la llevó hasta el fondo y dejándola ahí, descansó. Todo mi cuerpo era una completa excitación, las tetas me subían y bajaban al ritmo acelerado de la respiración, el corazón se me salía y toda la epidermis me sudaba,

    Entonces me sujetó de las manos y percibí un nuevo movimiento en mi interior, su polla totalmente ensartada en mí, comenzó a efectuar una especie de contracciones y relajaciones alternativas, que hacían que el rígido falo palpitara verticalmente, supongo que todo ello a impulsos del entrenado músculo que aquel animal sexual debía poseer en su vientre. Notaba los espasmos de la polla allí en lo más profundo, lo que la hacía convertirse en una especie de palanca que quería impulsar todo mi vientre, ahora hacia arriba, ahora dejándolo caer. Aquel juego desconocido para mí, me sorprendió y acrecentó mi placer al sentir ese tronco bamboleante y casi ya incandescente de sangre y calor moviéndose rítmicamente muy, muy dentro de mí. Desde luego me estaba follando como nunca nadie antes lo había hecho.

    Por lo visto, él también se encontraba cerca de su límite, porque de nuevo aceleró sus movimientos. Yo liberé mi mente por completo, previendo el final gozoso de su juego, deseando sentirme llena de lo que él antes había llamado “su caldo”. Me solté una de las manos y la llevé a sus testículos. Quería darle mi calor para que le hirviera la leche; los acaricié y estreché como queriendo ayudarle a bombear su contenido.

    Sus acometidas eran ya descontroladas, me penetraba con fuerza desmedida y se le veía dispuesto a acabar. Se le tensionó todo el cuerpo mientras yo le estrujaba las pelotas y la polla le comenzó a excretar su caliente leche entre espasmos de su vientre que me elevaban el culo de la cama. Sentí cerca de una decena de chorretones en mi interior golpeándome la pared del útero, y me sentí llena, repleta de caliente esperma.

    Él fue retrasando el ritmo de sus penetraciones al tiempo que sus descargas se iban espaciando en el tiempo, hasta que dejando que su cuerpo descansara sobre el mío, mantuvo su pene metido en mí mientras se le relajaba la respiración. Uuuufff!!! qué gusto, qué maravilla de sensación me embargaba, mientras movía mi pelvis suavemente queriendo alargar aquel increíble momento, queriendo exprimirle las últimas gotas de su zumo. Me sentía llena, llena de polla y saturada de sus secreciones.

    Cuando por fin decidió sacarla haciéndose a un lado, la vi salir empapada, y yo no pude evitar la tentación de acariciarme toda la entrada haciendo que mis dedos se embadurnaran con esa mezcla de mi néctar y su semen que rebosaba desde la vagina hacia fuera. Así, pegados nuestros cuerpos sudorosos, con una mano suya entre mis muslos y otra mía sobre su pegajoso pene, permanecimos durante un buen rato, hasta que el decidió volverse a su cama superior, Yo ya no pude dormir el resto de la noche.

    Desde aquel día, aunque nunca nada parecido me ha vuelto a suceder, me he vuelto todavía más incondicional defensora de los viajes en tren; y siempre que puedo, en mis viajes al pueblo o a cualquier otro lado, reservo con antelación un coche cama con la secreta esperanza de que algo parecido se me repita. Y en su falta, me paso la noche en vela, me voy desnudando yo misma, y sumida en una agradable sensación me masturbo, con el recuerdo de aquella aventura, de aquel maravilloso y ocasional amante que será, seguro que para siempre, mi fantasía recurrente, la que me hace vivir mis mejores sensaciones cuando estoy sola.

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  • Fernanda, una virgen iniciándose en el sexo

    Fernanda, una virgen iniciándose en el sexo

    Hola, me llamo Fernanda y les voy a platicar como fue mi brutal primera vez.

    Todo comenzó cuando entre a la universidad, siempre estuve en colegios católicos, donde solo tenía compañeras y las monjas impartían las clases. Aunque me gustaba ver los videos porno, que mis amigas compartían por el teléfono. Jamás he tenido contacto sexual con un chico, así que ahora soy la única mayor de edad virgen en mi clase y tal vez, en la Universidad.

    Mis amigas platican de lo más normal como van de un chico a otro y algunas incluso buscan a los profesores. Me tengo que inventar historias para no parecer una tonta. Me inventé un novio que no existe, a una amiga con quien tengo sexo y hasta a un señor que me da dinero por sexo. Pero mis estupideces no pararon, así que inventé que me gustaba el bukkake y claro, atraje la atención de todos mis compañeros. Conocí el término “bukkake” la semana pasada y me pareció fascinante y asqueroso a la vez, ver a un montón de tipos eyaculando en la cara de una chica. Pase horas mirando videos y masturbándome. Así que, ¿qué podía pasar si inventaba una mentira más?

    La semana pasada Antonio que es el mayor en mi clase y el que se encarga de bullear a todos se acercó a mí y me dijo. —Yo no te creo nada, con esas faldotas y esas trenzas, seguro eres virgen —Por supuesto lo negué y le aseguré que me encantaba mamar verga y disfrutaba del semen. Pero siendo sincera, tenía razón. Mi ropa anticuada me delataba. Con un poco de llanto logré que papá me comprara ropa nueva y con mis ahorros me compre otro poco. Sobre todo tangas, también era la única que seguía usando calzones de algodón. Así que comencé la semana con unos jeans ajustados y una camiseta que me llegaba al ombligo. Frente al espejo mire la nueva versión de mí, me solté el cabello. Mi melena castaña me llega hasta la cintura. Mis ojos verdes lucen más así. Me veía tan diferente, mis nalgas se ajustaban y se me veía un culo redondo, y mis tetas lucen bien, aunque salí de casa con una chamarra para evitarle un infarto a papá. Todo el trayecto sentía mis pezones duros de excitación. Además, sentía la mirada de los hombres sobre mí. Me veían con morbo y me gustaba tanto que la chamarra se fue a mi mochila a los dos segundos. Y no entendía como tuve que esperar dieciocho años para sentirme deseada. Incluso en los pasillos de la Universidad los chicos y los profesores me comían con la mirada.

    En el salón de clases, Antonio se acercó nuevamente recorriéndome con la mirada. —¿Te quitaste las trenzas? —Su sonrisa nerviosa, delataba la excitación que le provocaba estar cerca de mí, pero trataba de controlarse.

    —El viernes tenemos una fiesta en mi casa, ¿vienes? —Me puso en la mano una hoja con la dirección y se acercó a mi oído— No les digas a las demás, no todos están invitados.

    Pase la semana modelando mi ropa nueva, señores que acostumbraban viajar en el transporte a la misma hora, ahora me cedían el asiento y sentía sus vergas en mi hombro. Y sus miradas clavadas en mi pecho. Para el viernes deje mi ropa más bonita. Un vestido corto y una chamarra de mezclilla con parches muy lindos. Así que tome un taxi hasta la dirección que me dieron. Que estaba a unas diez cuadras de mi casa. Cuando toque el timbre y nadie salía me pareció extraño, seguro me jugaron una broma. Pero Justo cuando di la vuelta para irme, la puerta se abrió.

    —Hola, viniste —Antonio me saludo y me invitó a pasar, pero no había nadie. Pensé que seguro, como la rara que soy, llegué muy temprano.

    —¿Y quién más viene? —le pregunte y él sonrió de manera irónica.

    —La verdad, quería estar contigo. Y no encontraba la manera de invitarte a salir —Se acercó a mí y me beso, mi primer beso. Metía su lengua en mi boca y yo me deje llevar, con los ojos cerrados disfrutaba de sus labios y sentía como sus manos comenzaban a recorrer mis piernas hasta llegar a mis nalgas. La sensación era como de pequeños choques eléctricos. Sentía un nerviosismo extremo en mi estómago. Pero me gustaba. Cuando por fin volví a tener conciencia de mis actos, ya estábamos recostados en un sillón y mi vestido estaba hasta la cintura.

    —¿Me vas a mamar la verga? —Me dijo, mientras jalaba mi cabeza en dirección a su pantalón y se sacaba el pene. El olor, entre orina y sudor me pareció repulsivo. Pero en cuando sentí su calor en mis labios, sin pensarlo lo metí en mi boca ahí estaba empinada en un sillón mamando verga por primera vez. Antonio me tomó de la cabeza y me llevaba poco a poco, para que mis movimientos no fueran tan torpes y pudieron entrar la mayor cantidad de verga posible. No tengo idea de qué tamaño debe tener un verga, pero está la sentía enorme, mi boca se llenaba por completo. De repente sentí una, dos manos, cinco. Abrí los ojos y vi varias siluetas alrededor mío. Apretando mis tetas, sobando mi culo y bajándome la tanga. Me retorcía para zafarme, pero Antonio ya tenía mis manos aprisionadas contra mi espalda y no podía moverme, ni siquiera podía sacar su verga de mi boca. Solo podía sentir sus manos por todo mi cuerpo, dedos entrando y saliendo de mi panochita y cola. Mis lágrimas no los conmovieron ni un poquito. Luego Antonio les dijo algo, no sé qué. Pero todos pararon. Se acercó a mi oído y me dijo. —Un bukkake, solo eso.

    Aún con las manos atrás me arrodillo y por fin pude ver a Erick un chico tímido, Mario, el mejor amigo de Antonio y a Víctor el gordo nerd de la clase. Todos con la verga en la mano.

    —Abre la boca —me ordenó Antonio y la verga de Erick flaca en comparación a la que probé primero entro en mi boca. Aunque larga, podía sentir como llegaba a mi garganta. Luego fue su amigo Mario me metió a la fuerza su verga, para mi sorpresa, sabía a limpio, como a frutas. Pero mi boca se encargó de eliminar ese sabor y el gordo lo quito para meterme su pequeñito muy pequeñito pito. Se turnaban para que mi boca les chupara y hacía un rato que mis lágrimas desaparecieron. Y con convicción me dedicaba a chuparcada una de esas vergas. Hasta que di un respingo. Sentí que alguien se acomodó detrás de mí y metió su verga, di un grito tan espantos que todos pararon.

    —¡NO MAMES QUE ERES VIRGEN! —grito con su voz chillona Víctor.

    —¿QUÉ? —Todos estaban desconcertados, y Antonio le ordenó dejarme, y lo levantó jalándole las greñas.

    —¡Solo termínenle en la cara y ya!

    Mientras seguía mamando, podía escuchar sus comentarios. “Pinche escuincla chismosa”, “que pendeja”. Sus risas me hacían sentirme humillada. Luego sentí que uno, no se quien se retorcía y un chorro caía sobre mi cara. Antonio me jalaba la cabeza hacia atrás. Y mientras, sus amigos me salpicaban de semen. Se sentía caliente y el olor era el mismo del principio. Ya no podía abrir los ojos, sentía mi cara batida y seguía llegando semen. Y aunque alguno quiso meterme la verga, escuchaba la voz de Antonio y los golpes para que se alejaran de mi sexo.

    Escuche el flash de una cámara y de inmediato Antonio grito. —¡SIN FOTOS PENDEJO! —escuche otro golpe y como los lentes, de Víctor caían al piso.

    Podía escuchar cómo se acomodaban el pantalón y subí al el cierre, y Antonio los despedía entre insulta uno a uno.

    Luego, ya no escuche ruido. Pero no quería y no podía moverme. El semen escurría por mi cuello y fue entonces cuando recordé que no me quite el vestido y seguro estaba tan embarrado como yo. La mano de Antonio me guio hasta el baño y pude enjuagarme la cara, el sabor a semen se metía por mis labios, aunque me gustaba, para ese momento me sentía humillada. Cuando por fin pude abrir los ojos, pude ver en el reflejo del espejo que Antonio estaba parado en la puerta cruzado de brazos, esperando que terminara de limpiar el semen de mi cara.

    —¿Porque no me dijiste que eras virgen? —me dijo muy serio— Peor aún, ¿porque inventaste esas historias? —un silencio sepulcral se apoderó de ese momento. Yo no tenía respuestas. Luego, se acercó por detrás y me levantó el vestido. Sobaba mis nalgas mientras su pantalón caía hasta sus tobillos.

    —¡Te desvirgo ese pinche pendejo! —A modo de reclamo se pegó a mí y sentí como su verga entraba en mí. A diferencia de Víctor, está verga se siente mucho más grande, cuando entraba poco a poco, me dolía y parecía que no terminaba de entrar.

    —¡Ya entró toda! —dijo y yo di gracias a Dios, se balanceaba suavemente y un calor dentro de mí me hacía jadear, me recargue en el lavabo para recibir sus embestidas que se hacían más fuertes e intensas.

    —Ya no te voy a compartir, eres mía —me excitaba sentirme usada, tenerlo dentro no quieres separarme, su verga me taladraba sin piedad y al fin sentí su líquido caliente en mi interior. Estaba extasiada, cuando lo saco, sentí su semen escurriendo por mis piernas y recordé que mi cara seguía sucia. Antonio desapareció un momento. Luego volvió con un vestido.

    —Es de mamá, seguro te queda y ella no lo notará. Date un baño y te llevo a tu casa.

    Mientras el agua caía sobre mí, note el hilo de sangre que mezclado con el semen de Antonio escurría por mis piernas. Me encanto sentir el semen en mi cara, pero me fascino tener una verga dentro de mí. De camino a casa, casi no hablamos. Al llegar, me detuvo antes de bajar y me dijo muy serio.

    —Ni una palabra de esto a nadie —luego me volvió a jalar y me dio un beso.

    Entre directo a mi habitación, en efecto mi vestido estaba embarrado de semen y no paraba de olerlo. Incluso pase mi lengua, para recordar ese sabor amargo. Al día siguiente, notaba que todas las miradas de la Universidad estaban sobre mí. Y Antonio no me dirigió la palabra en todo el día. Hasta que salimos y me alcanzó unas cuadras adelante.

    —Mira, no se quien subió las fotos, te juro que yo no fui —No tenía idea de que fotos me hablaba, pero él se disculpaba y seguía diciendo cosas.

    —¿Fotos en dónde? —Pregunte para que por fin cerrara la boca. Resulta que Víctor subió un par de fotos de mi cara llena de semen a un sitio en internet. Y aunque Antonio hizo que las borrara, ya daban vueltas por mensaje en la Universidad. Al día siguiente, el Rector me llevo hasta su oficina. Pensé que me echarían de la Universidad o peor aún, llamarían a mis padres. Pero, tenía en mente algo diferente.

    —Señorita, lo que usted hizo es vergonzoso —su voz gruesa lo hacía ver más imponente. Saco su teléfono y me mostró las fotos que ya muchas veces me habían mandado por mensaje.

    —Ya las vi.

    —Entenderá que no podemos permitir este tipo de conductas. Es inaceptable—se levantó y se puso detrás mío. Cuando sentí sus manos en mis pechos pegué un brinco descomunal. —Esos jóvenes no valoran, usted debe buscar cosas más serias —Sus manos entraban bajo mi blusa y oprimían mis pezones— Si usted gusta probar… y claro también quiere seguir en esta Universidad… y más importante aún, que sus padres no pasen por la vergüenza de saber que su hija es la putita de la Universidad. Pues… —¿Qué tengo que hacer?—respondí de inmediato, y ahora el director fue quien se sobresaltó.

    —Por ahora nada, pero tendrá noticias mías.

    Durante los siguientes días, los profesores revisaron cada teléfono para evitar que siguieran circulando las fotos y eventualmente todo volvió a la normalidad. Y el viernes el rector me llamo a su oficina.

    —Bueno, la retribución es necesaria. La espero al terminar las clases en la puerta de salida. Se sube a mi automóvil y ya. Ahora vaya a clases o tendrá malas calificaciones —Con los nervios de punta termine el día y al salir un auto lujoso estaba frente a la Universidad. Subí y el rector no pronunció ni una sola palabra. Cuando llegamos a un motel, el saludo al todo mundo de manera familiar. Y me tomó de la mano hasta llevarme a una habitación amplia, con una cama enorme y una mesa llena de condones.

    —Ponte esto —Me dio una bolsa con un juego de lencería blanca. Ligueros, tanga, sujetador. En cuanto estuve lista y esperaba que ese hombre maduro de barba blanca me tomar me recosté. Pero entraron a la habitación otros cinco hombres. Más o menos de la misma edad y con trajes costosos. La mayoría de barba o pelo blanco.

    —¿Quiénes son…? —Me hizo el gesto con el dedo de que guardara silencio y luego me tomó del pelo hasta ponerme frente a él— Señorita Fernanda, es un placer que sea nuestro plato fuerte —su mano se fue a mi sexo y sus labios me llenaron de besos el cuello. Cerré los ojos y sentí otras manos callosas en mis nalgas, otras apretaban mis tetas. Un montón de viejos estaban tocándome, besándome y a mí no me desagradaba. Me cargaron entre dos y pude sentir un par de vergas entrando en mí. Por supuesto que me dolía y gritaba. Pero no quería que pararan me hacían levantarme en el aire para caer una y otra vez sobre sus vergas. Mis gemidos solo hacían que se excitaran más y más. Luego me pusieron en cuatro y uno a uno se turnaron para usarme. Mientras me penetraban, yo tenía que mamar uno o dos vergas, luego volvieron a la doble penetración, no paraba de mamar, las vergas parecían interminables e insaciables. Hasta que me jalaron y me arrodillaron.

    —Abre la boca Fernanda, y no te tragues nada —obedecí, pero no entendía de que hablaba. Luego vino la primera descarga de semen en mi boca.

    —No lo tragues.

    —¡no te los comas!

    Todos repetían lo mismo, y el semen seguía llegando. Mi boca estaba llena. Y seguía recibiendo leche, podía sentir como las comisuras de mis labios escurrían. Cuando por fin terminaron todos aquellos viejos y los vi parados frente a mí el rector me dijo.

    —¡Ahora si trágalo todo!

    Un montón de espeso semen pasaba por mi garganta y sentía como bajaba, tenía ganas de vomitar. Pero no sé cómo me contuve y logré tragar todo.

    —¡Abre la boca!

    —haaaaaa! Haaaaa!

    Sus penes ya flácidos brincaban mientras todos reían y cada uno fue poniendo un montón de billetes en mi boca, y en mis manos.

    —Ve a darte un baño y vístete —me ordeno el rector. Cuando salí, él ya estaba vestido y contaba el dinero.

    —Solo voy a pagar los gastos, la habitación, el servicio y otras cosas. Lo demás es tuyo. Te lo ganaste. Vámonos.

    Salimos y el trayecto de regreso fue de nuevo sepulcral, aunque yo le preguntaba “¿quiénes eran esos señores?” No pronunció ni una palabra. Dos cuadras antes de llegar a mi casa, subió el seguro de la puerta y me dijo —Descansa y olvida todo. Nunca sucedió. Te veo el lunes Fernanda.

    Con mi dinero fui a cómprame más ropa, esta vez busque lencería, para el lunes Antonio me busco, quería hablar conmigo. Mientras me pedía disculpas y me declaraba su amor, a sus espaldas el rector me hacía señas de que fuera a su oficina. Así que Antonio se quedó hablando solo. Y yo, a mis dieciocho años ya no soy ni la virgen, ni la puta de la Universidad.

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  • Sexteando con mi dentista

    Sexteando con mi dentista

    Norberto dentista: Hola, M…, ¿cómo estás? Disculpa que te escriba a esta hora, dejaste una bolsa en el consultorio ayer que viniste a tu limpieza.

    Yo: Hola, doctor. :O ¡Gracias! Ya me había asustado porque no la encontraba en la casa. Como fui a varios lados luego de la consulta, pensé que se me había perdido en otro lado. Gracias.

    Norberto dentista: No te preocupes. Puedes pasar mañana por ella cuando quieras, la dejé en la recepción y Laura, mi recepcionista, te los dará en cuanto pases por ella.

    Yo: Ay, muchas gracias. Mañana paso… Solo que, ¿le puedo pedir un favor?

    ND: Claro, dime.

    Yo: Bueno, es que me preocupa que la deje con su recepcionista… ¿Ella es de confianza?

    ND: Sí, nunca me ha fallado.

    Yo: Bueno, pero me refiero a si no será muy “curiosa”.

    ND: Jajaja, ¿que si es chismosa, dices? No, es muy discreta.

    Yo: Ah, bueno, le creeré, jejeje. Es que la bolsa trae unos materiales importantes que no me gustaría mostrar todavía.

    ND: No te preocupes, ella no ha visto nada y, si quieres, puedo guardar tu bolsa en el consultorio mientras llegas. Ya una vez que llegues, que ella pase al consultorio y así no me interrumpe y me aseguro que no vea nada.

    Yo: Ah, muchas gracias. Si no es molestia hacer eso, me ayuda mucho…

    ND: NTP

    Yo: Oiga, doctor, una pregunta más… ¿cómo se acordó de que la bolsa era mía? ¿Sí me vio con ella?

    ND: Sí. Medio me acordé que la traías.

    Yo: Ah, qué bueno… ¿No habrá visto usted adentro?

    ND: Ay, mmm… pues… si quieres sinceridad, la verdad no sabía que era tu bolsa y tuve que ver adentro para saber que era tuya. Discúlpame, te prometo que no diré nada, conmigo tienes total discreción.

    Yo: Ay, nooo, qué vergüenza. ¿Vio entonces mis fotos?

    ND: Sí. Pero te digo, las vi solo y no tienes de qué preocuparte, tu secreto está a salvo conmigo.

    Yo: Ay, qué vergüenza siento. Pero bueno, ya qué… ahora ya sabe que soy travesti. Y que, además, me da por imprimir mis fotos, ¡qué ridícula!

    ND: Ah, no te preocupes, yo creo que es un gusto muy natural. Además, pocas personas pueden imprimir sus fotos con tanta confianza en que se vean tan bien.

    Yo: ¿Cómo?

    ND: Sí, quiero decir que a pocas personas les queda bien ese tipo de ropa como para imprimir sus fotos, porque para imprimirlas, uno escoge las mejores, ¿no? Las que valen la pena. Y a ti se te ven muy bien esos atuendos.

    Yo: Jajaja, ya me hizo sentir más apenado, pero gracias por su opinión.

    ND: De nada, la verdad te ves muy linda como mujer.

    Yo: …

    ND: ¿Qué? ¿Dije algo malo? Ah, no quería incomodarte.

    Yo: Ah, no, no se preocupe, no me incomoda, sólo me sorprendió su comentario, no lo esperaba.

    ND: ¿Qué comentario?

    Yo: De que me veo linda como mujer. ¿En serio lo cree?

    ND: Sí, por supuesto, me gustaron tus fotos, la verdad…

    Yo: ¿Las fotos o yo?

    ND: La verdad… tú, me gustaste tú.

    Yo: ¿Le gustaría que fuera mujer?

    ND: Por lo que vi en tus fotos, ya eres mujer, una mujer muy sexy, muy atractiva… muy sensual.

    Yo: Gracias, es un halago para mí que usted crea que soy sexy.

    ND: ¿Y tienes nombre cuando eres mujer?

    Yo: Isis, me llamo Isis.

    ND: Pues mucho gusto en conocerte, Isis, me gustan mucho tus fotos.

    Yo: Gracias, ¿cuál le gustó más?

    ND: Una donde tienes unas medias y una blusa de red y estás de espaldas a la cámara, con el torso inclinado hacia adelante, te apoyas con una mano en el suelo mientras la otra la tienes en la cadera, como jalando un poco tu piel para que se distinga mejor el tanga que usas.

    Yo: Wow, de verdad parece que le gustó mucho esa foto. ¿Por qué esa en particular?

    ND: Me gusta cómo te queda la red, cómo el tanga apenas te cubre y cómo tienes esa pose, levantando el trasero, como presumiéndolo, como invitando a probar… como si fueras experta en seducción.

    Yo: ¿Cómo “experta”?

    ND: Sí… como si supieras muy bien cómo provocar a un hombre… como si ya lo hubieras hecho muchas veces eso de provocar a los hombres… como…

    Yo: ¿Como si fuera yo una puta?

    ND: Jejeje… pues sí, como si te gustara ser deseada.

    Yo: La verdad es que sí, me encanta… y sí he tenido varias experiencias ya.

    ND: Sí se nota que tienes experiencia.

    Yo: De hecho esa foto en especial me la tomó mi jefe, el arquitecto… y con ese atuendo de red me han poseído ya un abogado, un piloto aviador y un comerciante… pero nunca me ha tenido un dentista.

    ND: ¿Ah, sí? Yo conozco uno que desde que vio esa foto se muere de ganas de poseerte.

    Yo: ¿En serio? ¿Sí tiene muchas ganas?

    ND: Sí, tantas que en las últimas 24 horas ya se la ha jalado 3 veces pensando en ti.

    Yo: Ufff, eso suena muy rico… pero yo ya tengo en mente a un dentista; el dentista al que va M…, usted. Lástima que es casado.

    ND: ¿Y por qué “lástima”? ¿No te gusta coger con hombres casados?

    Yo: Sí, me encanta, pero luego ellos no quieren porque son fieles.

    ND: Pues allá ellos, yo la verdad no me niego un gusto como ese. Nunca se la he negado a Laura cuando me la pide, muchísimo menos te la voy a negar a ti, Isis. ¿Me vas a dejar cogerte entonces?

    Yo: Sííí

    ND: Uy, ya me estoy saboreando ese culo. ¿Te vas a poner las medias de red?

    Yo: Sí, las voy a usar especialmente para usted.

    ND: ¿Y me vas a ofrecer el culo como en esa foto?

    Yo: Sí, papi, ya te lo quiero dar.

    ND: Ven mañana como a eso de las 2 pm. A esa hora sale Laura a comer y yo ya no voy a tener pacientes como hasta las 4.

    Yo: Ay, papi, me encantaría, pero no voy a poder.

    ND: ¿Y eso? ¿Qué vas a hacer?

    Yo: Voy a estar con mi jefe, el arquitecto… No te molesta, ¿o sí?

    ND: Ay, cabrona, no eres más que una pinche puta nalgasprontas, pero te lo paso porque de verdad me sorprendiste con tus fotos, te me antojas un chingo… ¿A qué hora puedes entonces?

    Yo: Pues ya pensaba pasar como a las 7 pm, ya en tu cierre, papi.

    ND: Uy, bueno… está bien, me invento algo con mi esposa, le digo que vienes porque no me habías terminado de pagar. Sólo que llega como a las 7:15, ya cuando Laura se haya ido. Y lávate bien, no quiero que llegues oliendo al arquitecto…

    Yo: Jejeje, ¿no se te antoja comerte un culo que han disfrutado tanto otros? Tengo amantes que me piden que les cuente cómo me entrego a otros hombres.

    ND: Ay, cabrona, me encanta que seas tan putita, me vuelve loco cómo disfrutas ser cogida… Va, no te laves, déjame ver la evidencia de cómo eres una puta fácil.

    Yo: Claro, papi, lo vas a disfrutar mucho. ¿Saber algo, corazón?

    ND: Dime, putita.

    Yo: La verdad no se me olvidaron las fotos. Te las dejé para antojarte porque desde hace meses quiero que me lleves a la cama.

    ND: Ay, cabrona putita, con razón en pasadas consultas sentí un par de veces que me rozabas la verga con tu mano. Y yo pensando que a lo mejor era un accidente. Ya no puedo esperar para mañana: te voy a hacer mía bien rico, hace tiempo que quiero comerme un culo como el tuyo y tú te me vas a entregar como toda una puta. Voy a disfrutar mucho vaciándome entre tus nalgas de diosa.

    Yo: Sí, papi, mañana me vas a dar esa verga que tanto añoro. Sólo un favor, corazón, ¿se puede?

    ND: Para ti, lo que sea, mi putita hermosa.

    Yo: OK, regálame un video de ti masturbándote con una de mis fotos.

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