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  • Gunilda, mi médico hetero y mi amor (parte 1)

    Gunilda, mi médico hetero y mi amor (parte 1)

    Mi nombre es Clío. Soy una chica de 27 años. Soy bajita (mido más o menos 1,60), delgada y blanca de piel. Tengo el cabello castaño largo siempre recogido con una coleta, los labios carnosos, los ojos marrones y llevo gafas. Soy muy femenina a la par que muy sencilla. Rara es la ocasión en la que no vista con faldas y vestidos, al mismo tiempo que detesto maquillarme o llevar el pelo suelto.

    Soy una chica Asperger con todo lo que conlleva. Soy muy tímida, introvertida y ansiosa. Pese a ello, no soy de hierro y tengo un lado muy sensible, sentimental y romántico, además de ser bastante débil de carácter. Soy bisexual con preferencia hacia las mujeres. No tengo ninguna experiencia en el amor ni íntima todavía a mis 27. He tenido oportunidades, pero me he negado. Soy incapaz de llegar a un punto de intimidad sin que haya sentimientos de por medio. No puedo, me parece un acto vacío.

    La primera persona de la que me enamoré fue una mujer, insana y obsesivamente. Yolanda era su nombre. Un pasado que prefiero no recordar, fue una experiencia nefasta que me generó un trastorno psicológico con el que casi me arruino la vida. Me di cuenta del gran cáncer que son las apps de ligar y hasta cierto punto las redes sociales. Nada más que un gran mercado de personas como si fuéramos objetos. Cometí grandes errores a causa de mi falta de cautela y madurez y eso me trajo por la calle de la amargura.

    Transcurre un breve período de tiempo en mi vida que a mí se me hace muy largo por los cambios que experimento a muchos niveles. Entonces, aparece ella en mi vida. Y me vuelvo a enamorar. Gunilda es su nombre. Nombre de raíz germana y de mujer fuerte, guerrera, independiente y empoderada de las de verdad, no como muchas hoy en día, que se ponen esta etiqueta no son más que «Charos» y «Karens».

    Gunilda es una hermosa mujer madura, casi unos veinte años mayor que yo. Su bravía cabellera castaña y ondulada leonada cada vez más larga con flequillo recto, que acentúa su belleza y su sensual esencia de mujer. Su profunda y felina mirada de unos preciosos ojos cafés con un intenso brillo lleno de vitalidad y su radiante sonrisa llena de vida, como el destello de dos estrellas y de un pedazo de luna en la oscura noche de mi soledad. Tiene la mirada y la sonrisa más bellas que he visto nunca. Lleva gafas. Su voz, con la que transmite una paz y una dulzura increíbles y, sin percatarse, una gran sensualidad.

    Además, es muy y muy alta (mide entre 1,85 y 1,90), de tez blanca, gordita y bien proporcionada, realmente grandota, con unas preciosas manazas y unos pies increíblemente grandes para ser mujer. La verdad es que siempre me gustan mujeres que, de alguna manera u otra, subvierten los roles de género, empezando por su altura, su constitución y demás características físicas.

    Es una mujer muy natural, no tiene el hábito de maquillarse (ni falta que le hace) y su manera de vestir es muy discreta y sencilla, puedo decir que bastante neutral, ni masculina ni femenina. Tal vez tirando a femenina, aunque obviamente no más que yo. También debo reconocer que yo soy capaz de verme ultra femenina al lado de cualquier otra mujer independientemente de que ella también lo sea y de su orientación sexual. Debo reconocer que físicamente y hasta en el aspecto es muy parecida a la otra mujer. Siempre tuve muy claro mi concretísimo prototipo.

    Es mi médico de cabecera desde hace nueve meses, justamente desde el momento en el que estuve psicológicamente tan y tan mal. Ya desde el primer momento que la vi, sentí algo muy fuerte hacia ella. Mi primera visita con Gunilda fue para que me concediera una prórroga de baja por la ansiedad y la depresión. Como era ya su última hora y yo su última paciente, le expliqué todo lo que me sucedía y le acabé hablando de mi vida en general. Me desahogué, lloré muchísimo y abrí mi corazón con ella, mostrándole todo lo triste, sola y vulnerable que me sentía.

    Ella me escuchó muy atentamente y con una mirada empática y comprensiva. Me dijo que no podía continuar así, que no era justo todo lo que me había pasado, que debía perdonarme mis propios errores, que me había perdido a mí misma y que necesitaba reencontrarme con mi verdadera esencia. Realmente me emocionaron sus palabras e hicieron que me saltaran más lágrimas todavía. Ella me calmó lentamente con el invicto brillo de su mirada posándose en mí, hablándome con su dulce voz y tomándome la mano.

    Terminamos haciendo una técnica de relajación y antes de marcharme me dio un tierno y cálido abrazo, en medio del cual pude sentir palpitaciones en mi corazón así como una intensa contracción en mi estómago. Fue definitivamente en aquel preciso instante que me enamoré de ella.

    No obstante, cuando realmente nos unimos fue cuatro meses después. Tuve un fuerte accidente en la calle que además se me juntó con mi estado de ansiedad y depresión y tuve que estar ingresada casi tres meses. Fue ella quien estuvo a mi lado en todo momento atendiéndome, cuidándome, escuchándome, apoyándome, curando mis heridas, las de la piel y las del alma. Además de mi salud física, le hablé más y más de mí, de mis problemas personales y psicológicos, de mi vida. Había algo en Gunilda que me impulsaba a desahogar mi pesar con ella. Su nobleza, su sensibilidad, su capacidad de escuchar, de comprender, de empatizar y de no juzgar.

    Amo su manera de ser conmigo, tan sensible, protectora y preocupada por mí. Lo segura que me hace sentir. A raíz de haber tenido largas conversaciones entre nosotras a solas, las dos nos hemos ido conociendo y también dado cuenta de que tenemos bastante en común en nuestra manera de ver la vida, el mundo, los sentimientos. Con el paso de los días y conforme nos conocíamos, me iba percatando de la maravillosa persona que es, de que mis primeras impresiones sobre ella eran más que ciertas. Gunilda me ha brindado la confianza y el cariño suficientes para abrir más mis sentimientos hasta el punto de establecer un vínculo más personal, ya más allá de doctora/paciente.

    Ahora viene lo más complicado de todo y lo que hace que lo que siento por ella no deje de ser platónico. Está recién separada y tiene un hijo, aunque soy consciente de que por muy separada que esté, por lo que me ha explicado de su vida entiendo que es heterosexual y que todo lo que siento es platónico e idealizado y sé que nada va a pasar más allá de mis fantasías (o eso creo).

    No obstante, por otro lado siento que con el paso del tiempo algo especial ha surgido entre nosotras, una conexión más allá de la amistad, no sabría cómo explicarlo. Lo intuyo en su mirada, en su sonrisa, en su ternura, en sus halagos, en sus abrazos, en sus caricias y besos en mi mejilla, muestras de afecto cada vez más frecuentes. Me hace sentir protegida, única, querida, algo que no sentía en mucho tiempo.

    Hoy es viernes 23 de junio, víspera de San Juan. Tengo visita con Gunilda a última hora en su consulta privada, ya que compagina la sanidad pública con la privada, algo tan propio de este país por desgracia. Han pasado tres semanas desde que me dio el alta de mi ingreso hospitalario y ya la he echado mucho de menos. En algunas ocasiones durante este tiempo hemos hablado por correo electrónico y por teléfono sobre mi estado de salud, sin nada más allá de esto porque es una muy excelente profesional.

    Pese a ello, cuando me habla desde su correo o teléfono personales, ya fuera de su ámbito laboral, me pregunta qué tal estoy en todos los aspectos, hablamos de nuestras cosas y nos decimos lo mucho que nos echamos de menos. Y que en nuestros mensajes ella siempre se despida con un «cuídate mucho» y un «te quiero», algo que tanto me enamora y de esta misma manera yo le correspondo, aunque con ella está más que claro que no es lo mismo hablar por correo que cara a cara.

    Además, realmente no vivimos cerca, porque aunque a ella en el sistema público le haya tocado trabajar aquí, reside a su ciudad natal, situada a dos horas de mi localidad. Durante unos días de la semana trabaja en la sanidad pública de mi pueblo y durante otros en su consulta privada en su ciudad.

    Siento que me falta algo de Gunilda más allá de sus correos y sus llamadas. Necesito encontrarme con ella. La echo realmente de menos. Anhelo sentirla cerca, la calidez y su cuerpo junto al mío fundidos en un fuerte abrazo y sus preciosos labios sellando mis mejillas y mi frente, haciéndome sentir protegida. Extraño hablar con ella cara a cara, mirarla a sus preciosos ojos cafés, escuchar de cerca su dulce y profunda voz, su presencia, tanto física como moral. Me conformo sobradamente con esto si nada más puede surgir entre nosotras.

    Son muchas las veces que mi cuerpo ha sentido intensamente ese dulce, inflamado y húmedo calor pensando en ella, dejando mi ropa interior bien mojada. Imaginando cómo sería besar sus labios, acariciar su cabello y su piel, abrazarla intensamente. Cómo sería llegar al máximo grado de intimidad con ella, sentir la opulencia de su cuerpo contra la menudez del mío, que me hiciera completamente suya haciéndome el amor siendo ella la dominante, poseyéndome, haciéndome «sentir mujer» siéndolo también ella.

    Son las seis y media de la mañana, hora de levantarme. Me espera un largo viaje en tren de más de un transbordo. Podría salir de casa más tarde, ya que la visita es a última hora del día, aunque teniendo en cuenta el nefasto funcionamiento de la red ferroviaria aquí en España, es mejor ir sobradamente prevenida. Realmente me muero de ganas de verla y quiero llegar lo más pronto posible. Además, quiero pasar el día en la ciudad y hacer visitas en algunos lugares históricos destacados.

    Me levanto de la cama y me dirijo al cuarto de baño para ducharme. Me desprendo del camisón de tirantes y me meto en la ducha, debajo del cabezal. Chorros de tibia agua empiezan a empapar mi cuerpo. Siento especialmente como vibra el contacto del agua con mi blanca piel en mis sensibles e hinchados pezones, ya doloridos anunciando la relativa cercanía de mi inminente menstruación. Es una agradable sensación de dolor y placer al mismo tiempo.

    Conforme el agua roza dulcemente mi piel, pienso más en Gunilda y en mis ansias de verla. Imagino sus gruesas, largas y toscas manazas tomando con ternura las mías, sintiendo el dulce contraste ya que tengo unas manos muy delgadas, delicadas y con dedos de pianista. Recorriendo discretamente mis brazos y mi esbelta figura mientras me abraza cuando nos saludamos y mientras me revisa, masajeando bien mi cuerpo, piel con piel. Me imagino quitándome la ropa delante de ella en la consulta, mostrándole mi cuerpo en ropa interior.

    Empiezo a sentir calor y humedad dentro de mí. Me ruborizo, me muerdo los labios y se me eriza la piel pese al agua caliente y mientras me froto con la esponja rociada de gel con perfume de jazmín, acaricio mi cuerpo imaginando que es ella quien me lo acaricia con sus manazas mientras me besa el cuello, las mejillas y los labios. ¡Uf! Es tanto el calor y la hinchazón que siento dentro de mí, que caigo rendida agachada al suelo de la bañera y empiezo a estimular mi clítoris y mi vagina con una mano y mis pechos y mis pezones con la otra imaginando que es ella quien me lo hace penetrando en lo más profundo de mi ser con sus dedazos y empiezo a gemir.

    –Mmm… ¡Sí! Mmm… ¡Gunilda! –repito varias veces, entre ardientes gemidos.

    Estoy que no quepo de deseo. Transcurridos unos minutos, cambio la salida del agua del cabezal al teléfono de la ducha, me tumbo en la bañera, tomo en teléfono con el agua caliente chorreando y lo pego a mi rosa del amor. Con la otra mano continuó acariciando mi cuerpo y estimulando mis pechos y mis pezones. Y así continuo durante unos breves y largos minutos hasta que mi cuerpo no resiste más ante tanto placer y se funde en un tremendo clímax.

    Termino de lavarme y salgo de la ducha. Cubro mi cuerpo con una toalla y me seco. Conforme mi riego sanguíneo asciende de mi punto g a mi cerebro, retorno a la realidad. «Es hetero, no va a pasar nada, soñar es gratis», repiten sin cesar las voces en mi interior.

    Transcurridos unos minutos, habiéndome secado bien, unto mi cuerpo entero con loción corporal de perfume de rosas rojas. No acostumbro a perfumarme, pero en esta ocasión, siento un irrefrenable instinto de hacerlo. Ya inconscientemente, he elegido el champú, el gel y el suavizante que tengo con un aroma más llamativo para ducharme y ahora al salir de la ducha estoy untando mi cuerpo entero también con un delicioso aroma.

    Entonces me visto. Me pongo un conjunto de ropa interior granate y un vestido floreado del mismo color que la ropa interior. Un vestido de manga larga, sencillo y elegante al mismo tiempo, se me ha encogido un poco de ponerlo en un programa equivocado en la lavadora, aunque me queda incluso mejor y más ajustado a mi fina figura. De calzado me pongo unas sandalias negras de plataforma y de accesorios me pongo un bonito conjunto de unos pendientes, unas pulseras y un collar plateados.

    Me recojo bien mi largo y lacio cabello castaño con una coleta, no me complico en absoluto. No me maquillo, detesto profundamente el maquillaje. Me pongo las gafas. Abro el cajón con los pocas fragancias que tengo y tomo una con un frasco rojo intenso en forma de corazón. Me rocío bastante perfume en las muñecas, las manos, el cuello e incluso en el cabello.

    Me estoy sorprendiendo a mí misma, no me reconozco perfumándome de esta manera. Me paro a pensar por un instante. «¿Qué estás haciendo, Clío? ¿Qué pretendes? No va a pasar nada, no vas a conseguir seducirla, por muy separada que esté es hetero, le gustan los hombres y solo los hombres, no hay más», me repiten las incesantes voces de mi diálogo interno. Racionalmente tengo más que claro lo que hay, el «no» ya lo tengo y que lo que siento por ella no pasará de un amor platónico ya lo tengo más que claro y asumido (o eso creo), aunque mi cuerpo y mi instinto actúan de otra manera.

    Ya preparada para la ocasión, tomo mi chupa negra de cuero y mi bolso del mismo color con el monedero y las llaves y me dispongo a salir de casa, rumbo a la estación de tren.

    El viaje transcurre de fábula. Me encanta recorrer nuevas líneas ferroviarias, así como preciosos lugares donde nunca antes había estado. Sintiéndome más y más cerca de mi amor. En cuanto llego a la ciudad donde reside Gunilda y miro el mar, las preciosas vistas de la playa, de las espectaculares ruinas romanas, del casco antiguo y de toda la ciudad, un nudo en la garganta se apodera de mí y mis ojos empiezan a derramar lágrimas. La he echado realmente de menos.

    Bajo del tren y me dispongo a hacer la obligada subida que me llevará a la ciudad, hasta que llego al casco antiguo. Había estado en lugares cercanos de la provincia, sí, pero nunca en la ciudad, que es capital de la misma. Alucino con la belleza de las calles que recorro y pienso más y más en Gunilda. Me cuesta horrores dejar de llorar. Siento demasiadas cosas por ella. Tengo ganas de que llegue última hora de la tarde, de fundirme en uno de sus tiernos y cálidos abrazos.

    El día transcurre de fábula. Por la mañana visito las ruinas romanas, al mediodía voy a comer a un sencillo restaurante y a la media tarde visito algunas iglesias y la catedral. Soy una empedernida amante de la historia (sobre todo antigua y medieval), del arte y de la religión, además de ser creyente. A diferencia de la mayoría de gente de mi edad, cuando voy a pasar el día o de vacaciones en algún lugar, en vez de frecuentar bares, discotecas y demás sitios del estilo, me voy de visitas culturales a los edificios antiguos y a los museos.

    La consulta de Gunilda se encuentra en el mismo casco antiguo del que, obviamente, apenas me he movido a lo largo del día. Cuando se acerca la hora, me dirijo a la consulta, caminando por las coloridas calles de esta preciosa zona de la ciudad. Se encuentra en un edificio de cuatro pisos pintado de color magenta. Las luces que anuncian la cercana e inminente puesta de sol pronuncian todavía más su invicta belleza.

    Me acerco a la puerta. Llamo al timbre muy nerviosa, me tiemblan las manos como nunca antes. Ya dentro, subo las escaleras hasta el cuarto piso, donde se encuentra la consulta. Escalón a escalón, más ansiosa estoy, más temblor siento en mis extremidades, más se acelera mi pulso y al mismo tiempo, más se eriza mi piel, en especial mis pechos y mis pezones. Ya con el simple hecho de pensar en ella y en que nos veremos, siento esa extraña y agradable sensación de nerviosismo y excitación. El corazón me late a mil por hora.

    Llego al cuarto piso. Ella se encuentra en la puerta esperándome y me recibe con su hermosa sonrisa y el invicto brillo de su mirada de ojos cafés detrás de sus gafas, que le dan un aire todavía más imponente. Casi me quedo sin aliento al verla. Es tan y tan hermosa. Increíblemente alta, grande, soberbia e imponente ante mí. Su larga y bravía cabellera castaña ondulada, el destello de su mirada de ojos cafés, su sonrisa, lo más bello que he visto en toda mi vida.

    Tan hermosa como siempre y sin ningún rastro de maquillaje. ¡Y ni falta ninguna que le hace! Totalmente sencilla, natural. Con su bata blanca, unos pantalones vaqueros más o menos ajustados a sus poderosos muslos y piernas y unas sexys botas altas marrones de cuero, plataforma y tacón, a juego con el color de sus ojos y de su larga y ondulada cabellera. Bien discreta con su punto de sensualidad en sus seductoras botas.

    Estoy que no quepo en mis mariposas en el estómago, siento calor y rubor en mis mejillas, mi piel erizada, así como mis pezones, lo que hace que mi nerviosismo y mi rubor aumenten, intensas palpitaciones en mi corazón y mis extremidades temblando como flanes, como si hubiera un terremoto bajo mis pies. Es increíble el torbellino de emociones y sensaciones que tengo al verla. Si ya soy menuda, delicada y hasta vulnerable a su lado, en este estado, todavía más.

    La he echado muchísimo de menos, demasiado. Más que nunca. A raíz de todos momentos más duros y más bonitos que ambas hemos vivido, tanto como doctora/paciente y como más allá de dicho vínculo, puedo decir que durante los tres meses que he estado ingresada he desarrollado fuertes sentimientos hacia ella. Y después de todo, estar casi un mes sin vernos se me ha hecho duro, como si me arrancaran algo dentro.

    ¡Dios mío, cuánto ansiaba ya un abrazo suyo! Es indescriptible lo que siento estando nuestros cuerpos abrazados. Al mismo tiempo, siento como mi tenso estado de ánimo se amaina lentamente. Mientras la abrazo, tengo mi cabeza posada entre su voluminoso estómago y sus pechos. Sus bellos y finos labios besan mi cabeza, mi frente y una de mis mejillas. Siento unas tremendas ganas de llorar y mis ojos empiezan a derramar lágrimas, algo de lo que ella se percata y al instante me toma de mis delicadas mejillas con sus manazas.

    –¡Ay! ¿Estás bien, cariño mío? –me pregunta, un tanto apenada.

    –Sí, estoy bien. Muy bien. Es solo que… Que te he echado mucho de menos –le respondo entre lágrimas y sollozos.

    –¡Ay, mi Clío! –me dice, abrazándome de nuevo y llenando de besos mi cabeza, mi mejilla y mi frente, dejando escapar un sentido suspiro. Se nota que ella también está emocionada, aunque debe contener más sus emociones.

    Siento sus fuertes brazos y sus manazas recorriendo mi esbelta cintura y mi espalda. Echaba demasiado de menos esa sensación de calidez, de protección. Deseo con todas mis fuerzas que sus manazas amaran mi cuerpo entero. Tiene unas manos bien grandes y gruesas, que en primer plano sin ver a la persona portadora de ellas, no se pensaría que son unas manos de mujer.

    Entonces, me toma de la cintura con su grande brazo y su manaza y caminamos por el pasillo dirigiéndonos a su consulta. Realmente me encanta este gesto de ella hacia a mí y me hace sentir muy segura.

    Continuará.

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  • Amor de verano (parte 2)

    Amor de verano (parte 2)

    Segunda parte de mi historia con Regina, la transexual de la que me enamoré en un verano de hace ya algunos años. ¡¡Espero sus comentarios y opiniones!!

    Después de haber hecho el amor apasionadamente con Regina, desperté ya entrada la noche en mi departamento, desnudo abrazado a ella en mi sofá. En ese momento nada me importaba, yo estaba feliz y ella también. Ya había terminado de llover y como teníamos mucha hambre luego tan desenfrenado sexo, le propuse ir por unas hamburguesas que cierran a las 5 am antes de llevarla a su casa y ella aceptó.

    Aunque le propuse quedarse, ella me dijo que necesitaba volver porque necesitaba ropa para ir a su trabajo al día siguiente y darle de comer a su perrito que había traído con ella, pero antes le dije que quería darme una ducha pues ella había dejado mi pecho lleno de su semen. Al decirle eso ella solamente se rio y dijo que también quería tomar un baño, pues traía a “mis niños” adentro de ella, ambos reímos y yo preparé unas toallas para entrar a la regadera.

    Con el agua caliente recorriendo nuestros cuerpos y al estar tan juntos nuevamente, volví a sentir el deseo de abrazarla y besarla, así que eso hice y ella también aprovechó para tomar mi pene con su mano y masajearlo suavemente. La escena se tornó más intensa, puesto que yo comencé a hacer lo mismo, hasta que se detuvo y me dijo “deberías intentarlo, pero ahora con tu boca”. No supe qué decirle; hasta antes de esa noche yo nunca había tocado otro pene que no fuera el mío, por lo que su propuesta se me hizo extraña, aunque por dentro sabía que quería hacerlo, ella era mi chica y quería hacer lo que fuera por ella.

    Con una mirada traviesa le dije “pero es que yo no sé hacerlo, nunca antes en la vida he hecho sexo oral de esta manera y no quisiera lastimarte o morderte”. Ella solo sonrió y me dijo, “hazlo como te gustaría que a ti te lo hicieran”.

    Con el corazón latiendo muy fuerte y el agua escurriendo por nuestros cuerpos volví a besar sus labios y poco a poco me fui hincando mientras bajaba por su cuello, su pecho su cintura y me detuve un momento en su ombligo mientras con mis manos sostenía sus hermosos glúteos, ahí noté que tenía la perforación para un piercing y le dije “a la próxima que nos veamos quiero ver cómo luce tu cintura adornada con tu piercing”, ella me dijo “sí amor, ese piercing será solo tuyo a cambio de que me digas qué se siente tener un pene de chica en tu boca”.

    Esas palabras me excitaron demasiado y le respondí “claro mi amor, yo por ti, haría lo que fuera”. En ese momento yo ya estaba completamente hincado y con pasión, pero con ternura, me agarró fuertemente por mi cabello y llevó mi boca hacia su pene. Al tenerlo tan cerca de mi, pude apreciarlo de una forma distinta a la que lo había visto hace unas horas. Estaba perfectamente depilado y ya en completo estado de erección, tal vez, incluso, un poco más grande que el mío, tenía las venas marcadas y aún recuerdo haber visto un pequeño lunar cerca de la base con su pelvis, no era muy grueso, pero sí lo suficiente como para poder respirar mientras lo tuviera en mi boca.

    No lo pensé más y con mis labios besé la cabeza de su pene mientras la recorría con mi lengua, poco a poco lo fui introduciendo más profundo y escuchaba sus gemidos al momento de succionarlo. Comencé a hacer el tradicional mete-saca en mi boca mientras succionaba, a tal grado que ella me dijo “amor, no lo hagas tan intenso que no me quiero venir rápido”, traviesamente le di una ligera mordida que ella respondió con un gemido y en ese momento la tomé por la cintura empujándola hacia mí; ya en ese momento tenía casi todo su pene dentro de mi boca, llegando hasta lo más profundo de mi garganta y pude notar que el lunar que describí hace unos momentos se perdía con mis labios.

    Yo solo oía a mi chica disfrutar mientras yo hacía lo mismo saboreando su pene y eso me hacía feliz. En un momento dejó de gemir para decirme “amor, ¿estás seguro de que no habías probado un pene antes? Lo estás haciendo muy bien, tanto que estoy a punto de terminar en tu boca”.

    No debió decirme eso porque succioné con más fuerza mientras apretaba su pene con mis labios hasta que la oí suspirar muy fuerte y empecé a sentir cómo salía su semen disparado hacia el fondo de mi garganta. “Espera amor, ya me hiciste terminar, detente…”, me decía repetidamente, y yo me aseguré de que no quedara ninguna gota de su rica leche dentro de su pene. Terminé de succionar mientras ella se retorcía de la cintura y de las piernas. Me levanté, y aún con algo de su semen en mi lengua la besé.

    Terminamos de bañarnos y aún no podía creer lo que había hecho, pero sentía un estado de tranquilidad tan grande como nunca había sentido antes; al estarnos secando y poniendo la ropa, platicábamos sobre lo sucedido y por lo visto, ella tampoco lo podía creer, puesto que se miraba distinta a como la había conocido hace unas horas. Subimos al carro y llegamos por las hamburguesas. Recuerdo que al momento de darle mi primer mordida, ella me miró con picardía y me dijo “con razón eres tan bueno, mira cuánto puedes abrir la boca”.

    Me dio risa y a la vez pena, pero no me importaba porque yo deseaba volver a sentir el pene de mi chica tocando mi lengua. “Tampoco yo sabía que una chica podía tener un pene tan delicioso”, ella sonrió y me dijo “amor, no hables tan fuerte, que pueden escucharnos, pero a la siguiente, ahora me toca saborear el tuyo. No es justo que solo tú disfrutes y yo no”. Ambos sonreímos y la besé en la frente.

    Volvimos al carro y en cuestión de minutos llegamos a su casa al otro lado de la ciudad. Me despedí de ella con un beso apasionado abrazándola de la cintura y le dije que esperaba con ansias volver a estar con ella. Ella me dijo que también quería volver a estar conmigo, puesto que nunca antes la habían hecho sentir como la mujer que siempre había querido ser. Nos volvimos a dar un beso y subí al carro.

    Al día siguiente no podía hacer otra cosa que pensar en ella, en lo bien que habíamos pasado y en que quería repetir lo que sucedió la noche anterior. Me sorprendí mucho cuando al despertar ví un mensaje suyo diciéndome “buenos días mi amor, espero que hayas pasado una noche muy linda. Aunque estoy un poco desvelada, recuerdo con mucho cariño lo que hicimos ayer. Que tengas un lindo día, te quiere, Regina”.

    Sentí demasiado lindo al leer su mensaje y sentirme querido por alguien. Ya estaba desacostumbrado a mandar mensajes de buenos días, de preguntarle a otra persona cómo había amanecido, si pasó bien la noche, o simplemente saber cómo estaba… Ella volvió a despertar en mí la chispa del amor y solo quería estar, aunque sea, abrazado a ella. Volvíamos a vernos seguido, ya sea para ir al cine, por un café, a algún parque o simplemente a pasar el rato juntos.

    No volvimos a estar juntos en la cama hasta que un día ella me dijo que quería ir al Registro Civil a cambiar el nombre de chico con el que fue registrada por el actual, ya de mujer, a lo que yo me propuse acompañarla y de paso, le dije que si quería, podíamos quedarnos a pasar la noche en un hotel cercano ya que para alcanzar a hacer el trámite había que llegar muy temprano. Ella aceptó cuando le enseñé las fotos de un hotel con jacuzzi y acordamos una fecha para ir. Yo pasaría por ella en la mañana, pasaríamos el día juntos y a la mañana siguiente, muy temprano, yo la acompañaría al Registro.

    Cuando fui por ella recuerdo que lucía hermosa. Se había comprado un conjunto de mini falda con una ombliguera un poco escotada que hacía lucir su piercing y unas botas que la hacían ver como la mujer más hermosa de todas. Fuimos al hotel a registrarnos y dejar nuestro pequeño equipaje de dos días y pasamos una tarde increíble, paseando y recorriendo las calles del centro de la ciudad. Ya de regreso al hotel fuimos por unos tacos porque me dijo que en el poco tiempo que llevaba a la ciudad, no había probado los tacos al pastor, así que dejamos estacionado el carro y fuimos por unos que estaban a unas cuadras del hotel.

    Curiosamente y tal como en nuestra primera cita, la lluvia nos sorprendió y regresamos agarrados de la mano mientras brincábamos por los charcos de agua que había dejado la lluvia. Llegamos a nuestra habitación empapados y besándonos apasionadamente le quité su ropa mojada mientras le colocaba una bata que incluía la habitación. Ella era en verdad muy hermosa, su piel un poco bronceada por el sol contrastaba con lo blanco de la bata que delineaba su figura, y sus piernas finas me invitaban a querer abrazarla.

    Nos recostamos y, tal como en mi departamento, una cosa llevó a la otra y nuevamente comenzamos a acariciarnos y masturbar nuestro pene mientras nos besábamos. Estaba a punto de bajar para repetir lo sucedido en la regadera de mi departamento hasta que ella me dijo “espera comelón, desde hace varios días tengo muchas ganas de probar tu pene que me hizo gozar mucho el otro día”, sonreí asintiendo con la cabeza y ella empezó a recorrer con su lengua todo mi pecho hasta llegar a mi pene, con ternura lo besó y se recogió el cabello para después meterlo en su boca mientras me veía.

    Hizo un sexo oral delicioso, que incluyó besos en mis testículos, muchos gemidos y succiones. Estaba por terminar cuando la detuve y le dije que prefería terminar dentro de ella, traviesamente me dijo “¿me quieres embarazar?” a lo que le respondí “sí, quiero hacerte mil hijos comenzando desde hoy”. Creo que eso la prendió, porque me aventó hacia las almohadas de la cama y tal como si fuera una fiera a punto de cazar a su presa, gateó hacia mi mirándome con picardía.

    Yo aún tenía unos condones que había guardado desde la otra vez que había puesto sobre el buró que estaba a un costado de la cama, pero cuando estaba por abrir uno, ella me dijo “no mi amor, quiero tener de nuevo tu pene dentro de mi al natural”, yo me mordí los labios y la sostuve de sus brazos para comenzar a besarla, mientras ella con su mano se sostenía de la cabecera y con su otra mano metía mi pene dentro de su ano. Ella me dominó por completo, hizo más lentos sus movimientos moviendo su cadera lentamente primero en círculos y después de arriba hacia abajo.

    Por más que quise cambiar de posición, ella me detenía diciéndome “quédate así en esa posición amor, porque es como siento tu pene entrar hasta lo más profundo de mi” solamente me dejó acostarme un poco, a tal grado que veía su piercing moverse en sintonía con su cadera y su pene rebotando contra mi ombligo. Llegó un momento en que le dije “mi amor, estoy a punto de terminar” y ella se sentó completamente sobre mis piernas, sosteniéndose con sus manos, se levantaba lentamente pero justo en el momento cuando sentía que mi pene se iba a salir, volvía a sentarse de golpe mirándome con lujuria.

    Me decidí a tomarla por la cintura y cuando sentí que no podía más, la jalé muy fuerte hacia mi a tal grado que ella solamente abrió su boca, mirando hacia arriba con su pene sobre mi, mientras llenaba su anito con mi esperma. Temblando un poco me abrazó y a los pocos segundos ahora yo sentí como escurría el semen de mi chica por mi cadera, señal de que ella había tenido un orgasmo anal.

    Me dijo lo mucho que me quería y que era muy feliz conmigo, nos metimos a bañar en el jacuzzi y esta vez no saboreé lo rico de su leche, más bien fue algo tierno, porque con mis manos jabonosas por el baño de espuma, acariciaba todo su cuerpo y ella el mío. Nos fuimos a dormir y al día siguiente, tal como lo habíamos planeado, nos despertamos temprano para ir al Registro Civil.

    Continuará…

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  • La mudanza y una gratificante celebración

    La mudanza y una gratificante celebración

    Erika y Román, este es nuestro relato escrito con mucho amor de nuestras aventuras, romance, exhibicionismo, infidelidades consentidas, entre otras cositas.

    Luego que mi novia les hiciera un table dance improvisado a esos vagabundos, se acercaba nuestra culminación de proyecto de grado, navidad y luego nuestra mudanza, tendríamos un mes bastante movido.

    En las siguientes dos semanas nos preparamos con todo lo que teníamos para aprobar y hacerlo de la mejor forma posible, llegados el 20 de diciembre finalizamos nuestro servicio social, nos hicieron una pequeña cena, no queríamos asistir, pero iba a ser de muy mala educación, este tipo de cena se hace a lo hipócrita como ocurre en el medio laboral de enfermería, había de todo, desde compañeras sinceras, hasta compañeras listas para clavarte el puñal por la espalda…

    Sobre todo, envidia pues existía una fuerte rivalidad entre el personal ya titulado que ostentaban un estudio de 2 años y medio, y nosotros que habíamos optado por licenciarnos… es decir un estudio de 5 años. Nosotros en lo personal no nos enfocábamos en eso, y eso les hacía arder más pues no seguíamos sus juegos tontos.

    La cena fue amena ignorando a las víboras, yo me vestí de una manera casual, lo mismo mi prometida, conjuntos normales pues no es un medio en el que queramos llamar la atención.

    A los dos días llegó la temida defensa de proyecto de graduación, fue una locura total converger toda la promoción para la masacre, los pollos estaban en el matadero y los matadores (jueces de tesis) listos para soltar el más alto sarcasmo estilo ochentero sobre los temas a defender.

    Nos dieron por toda la cara, cada uno de los 5 jueces diciendo de los fallos que ellos esperaban de todos nosotros o fallos más comunes que había al momento de presentar una defensa, en resumen, a meter terror psicológico. Una defensa en la cual nuestro grupo de 5 sobrevivimos, desgraciadamente quedamos en el top 5 con 85/100, esto nos dio paso a otro objetivo ambicioso, nuestra graduación, pero como buen sistema educativo su respuesta fue: “Nosotros les vamos a enviar un e-mail”. Fue otra espera eterna.

    Después de esas 2 fechas sentimos que nos quitaron un yunque de los hombros, nos sentimos libres hasta más ligeros del cuerpo, restaba pasar el 24 y 25 de diciembre, luego la mudanza. Mi prometida empezó a empacar el propio 22 en la noche pues quería irse la noche del 25 casi a media noche porque no quería perder mas tiempo.

    El 24 hubo una cena familiar, pero cada quien con su familia, aunque mi prometida me visitó y luego yo fui con ella a su casa. Para el día 25 de diciembre, en si no se hace nada especial, por lo que Erika les dijo a sus padres que partiría conmigo la misma noche, ellos pusieron caras largas, pero mas nada no podían hacer a fin de cuentas ella ya había empacado desde días antes.

    Les pedimos tarta y sodas para llevar, pero claro, no era para nosotros era para Antonio y sus otros dos compañeros, queríamos llevarles algo porque nosotros no pudimos el día de las donaciones navideñas. Pretendíamos pasar por la Exconstructora antes de irnos a nuestra nueva casa, terminé de subir las maletas de Erika al auto y después de una despedida con lágrimas, abrazos y sentimientos encontrados pudimos partir.

    De camino pasamos por una tienda 24/7 mi prometida quería comprarle un calendario y cervezas para Antonio y los demás, entonces entendí que mi novia iba a querer seguir yendo, me hice el tonto y le pregunté:

    -¿Para qué el calendario?

    -Quiero que Héctor y los demás sean consciente de los días y el tiempo – dijo sacando un pequeño reloj de números.

    -Solo espero sepan leer – agregó ella.

    Eso me sorprendió, eso me daba pautas y aún más esperanzas entre más contacto con ellos mas probabilidades de que al final termine cogiendo con ellos, para mi eso ya era un tema muy excitante, pero a la vez frustrante pues mi novia no pasaba de los roces, pero también yo no me animaba a decirle.

    Llegamos a la zona, nos estacionamos donde siempre, y ahí estaban los tres a sus anchas, como que si un mes fuera un año salieron alegres de vernos, les dimos las cosas, las porciones de tarta, soda y cervezas.

    Y nos sentamos con ellos, bueno en realidad mi novia busco su sitió sentándose en las piernas de Héctor, y aunque ya llevábamos muchos de no tomar por haber estado en el hospital, esa noche lo hicimos, empezamos a platicar de todo un poco, desde lo que ellos hacen el día hasta lo que nosotros hacemos e hicimos semanas atrás.

    Después de hablar un buen rato y con varias cervezas encima vi como Héctor sobaba la entrepierna de mi novia por encima de su pantalón mientras hablábamos, pero luego él la levantó y le dijo que ya le dolían las piernas, entonces ella se pasó a su respectivo asiento improvisado, ella vio la hora y dijo que teníamos que irnos. Me decepcionó un poco porque no pasó a más el asunto.

    Así que nos despedimos de ellos, ellos ya estaban tocados con el alcohol y se les veía con bastante sueño, así que nos retiramos ya que aun teníamos que desempacar en nuestra nueva casa, cuando ya había avanzado una calle mi prometida me pide que pare pues se les olvidó darles el calendario, yo solo arqueé una ceja, di vuelta en U y me regresé e ingresé a la calle con el auto. Me estacioné frente a ellos y mi novia bajó el vidrio y Adrián se acercó junto a Antonio.

    Ella les pidió disculpas por la pregunta, pero les preguntó si sabían leer bien, a lo que ellos respondieron que si (mira que sorpresa)… Continuado… Entonces ella les explicó que el domingo 2 en la noche les vendría a hacer el baile que le pidieron y se los encerró en un círculo y les dio el lapicero para que fueran tachando, y les dio el pequeño reloj. A ellos dos les brillaron los ojos cuando mi novia les mencionó sobre el baile.

    Después de eso, nos retiramos definitivamente hasta llegar nuestra casa, no les mentiremos, no desempacamos todo, solo lo necesario porque la pereza gobernó, nos fuimos directo a la ducha, bastante espaciosa porque mi abuela difunta en sus últimos días usaba silla de ruedas.

    Nos duchamos con normalidad, mas no sabía lo que me esperaba…

    Estando ya en la cama empecé a besar a mi prometida, sin ropa ya estábamos, los besos se volvían más largos, en el ambiente la temperatura empezaba a subir, roce mi pierna en su entrepierna y noté que ella ya estaba mojada, sabía lo que tenía que hacer, la giré para hacer un 69, comencé mi trabajo como león tomando agua y ella con su trabajo de succionar, después de un rato, decidí que era tiempo, nos dimos vuelta y quedamos en posición de misionero y a penetrarla iba cuando me detuvo.

    -¿Qué sucede? –le pregunté

    -Esta vez no será por ahí mi futuro esposo, me he estado preparando – dándose vuelta poniéndose en cuatro.

    Aunque solíamos hacer sexo anal, no era seguido pues llevaba un tiempo de preparación, ante eso mi verga ya estaba erecta y aunque fisiológicamente ya no es posible tener una erección aún más grande, pero así sentía a tal punto que sentía una presión en la cabeza de mi verga.

    -Tendrás que seguir trabajando –dijo ella

    Por lo que seguí pasando mi lengua y besando, estimulando con mis dedos, hasta que finalmente ella se sentía lista, por lo que aplicó un poco de saliva en la punta de mi verga, entonces coloqué mi verga en su entrada, empecé a penetrar de una manera suave y gentil, entró mi cabeza, mi novia dio un pujido agradable, dejé mi cabeza adentro para acostumbrar la zona, podía sentir la presión que ejercía su cavidad en mi cabeza, algo muy gratificante y excitante.

    Después de un momento metí la mitad de mi verga, falta la otra mitad pues la mía es de 15 cm, pero decidí empezar a taladrar así, mi novia daba buenos gemidos por la forma de moverme, no le daba tregua a la vez que azotaba ambas nalgas, mi novia comenzó con un escalofrío, esa era la típica señal de ella cuando está por venirse por lo que mantuve lo que estaba haciendo a la vez que empecé a frotar su clítoris para ayudarla a estimular más, y a besar su cuello tiernamente.

    Continuamos un momento de esa forma, hasta que ella me dijo: ¡La quiero toda!

    Por lo que cambiamos de posición, yo pasé abajo y ella arriba, esta vez puso lubricante sobre toda mi verga, mi novia suspiro, procedió a sentarse poco a poco, cuando pasé de donde yo había dilatado pude sentir las paredes irse abriendo, sabía que había entrado todo, por lo que mi novia quedó sentada sobre mi pelvis viendo hacia arriba respirando lento por su boca, ella lo disfrutaba, hasta que empezó con un sube y baja delicioso, podía sentir la presión de su culo en mi verga, después de unos minutos empezó a subir y bajar más rápido pues ya mi verga había encajado bien en su culo, por lo que teniendo ya ese nivel de dilatación, cambiamos de posición.

    Volvimos a cambiar ella poniendo en 4 pero bajando totalmente su pecho y abriendo sus nalgas para yo quedar arriba, pues me gustaba ponerla en sus posiciones favoritas, mi interés es complacerla siempre, después de unos 15 minutos ya nos estábamos cansando por lo que queríamos finalizar, aceleré el ritmo a la vez penetrar más fuerte hasta que finalmente descargué todo mi semen dentro de todo su intestino, me quede un momento adentró de ella escurriendo todo lo que pude, la saqué lentamente mientras le besaba el cuello diciéndole lo mucho que la amaba.

    Después de ello tomando una ducha rápida, platicamos un rato en la cama hasta quedarnos dormidos…

    *****

    Esta ha sido la parte de la navidad y mudanza, lo ultra resumí pues no quería alargar más el relato, más adelante cuando tengamos tiempo seguiremos escribiendo, nuestro objetivo es llegar al presente.

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  • Economista y prosti: inicio como VEP (Very Expensive Prostitute)

    Economista y prosti: inicio como VEP (Very Expensive Prostitute)

    ¡Hola! Encantada de reencontrarnos con un nuevo relato. Les pido disculpas por publicar en dos veces, pero es necesario ponerlos en contexto.

    Como les he dicho en algún relato, con mi marido optamos por fraccionar nuestras vacaciones, lo cual es posible en Uruguay. Teníamos yo 21 días de vacaciones y él 23, a disfrutar en 2024 ( cada 5 años en el trabajo se va sumando un día mas a los 20 originales, y solamente se cuenta de lunes a viernes, con lo cual todos tenemos muchas vacaciones comparados a otros países.

    Nuestro remanente a gozar antes de fin de año era de 10 días para él y ocho para mí, con lo cual yo pude tomar desde un lunes (de hecho desde el viernes anterior a las 18 horas, hasta el miércoles de la semana siguiente).

    La idea era disfrutar de algún día para nosotros solos y el resto también disfrutarlo entre nosotros pero atendiendo a amigos.

    Por cierto, nos propusimos hacer algo diferente, tratando de divertirnos y de ser posible, sumar algún cliente.

    Lo de sumar clientes viene porque en algunas de mis conversaciones telefónicas cada tres o cuatro días con el “Tiburón” de la industria farmacéutica, me informó y confirmó que en Argentina hay chicas de las redes que están obteniendo de 5 a 8 k por sus salidas (y otras famosas modelos o mediáticas, créase o no hasta 15k).

    Nos fuimos a Punta del Este por pocos días, a hotel de lo mejor, para estar solos y no en la casa de sus padres o en el departamento de los míos.

    Por supuesto, empaqué lo mejor de puti outfits y de mallas de baño, sin mezquinar prendas atrevidas.

    Para prever situaciones que pudieran darse, tomamos habitaciones separadas. Yo una suite y Tom una habitación single, aunque no las obtuvimos en el mismo piso del hotel, Tom quedó en el piso superior. Tal como previsto, las dos primeras noches (del viernes al sábado y del sábado al domingo), fueron solamente para nosotros, ¡y vaya si las disfrutamos! Hicimos de todo, absolutamente, hasta le hice masajes prostáticos.

    Por supuesto, no faltábamos de mañana y de tarde, a la piscina, con bastante concurrencia de gente, aunque falta mas de un mes para comenzar el verano.

    Las noches las dedicamos a visitar el casino, (jugamos arriesgando muy poco), y ya en la noche del viernes al sábado, sábado a eso de la 1 a.m. había cosechado buenas miradas en mi circulación entre las mesas de ruleta, aclaro que decidimos ir siempre separados, “simulando que soy soltera”, para favorecer algún contacto y divertirnos. Esas miradas se prolongaron en los desayunos y almuerzos o cenas de días siguientes, y en cada ocasión en la cual estuve en la piscina o para la cena, siempre me vestí “provocadora pero contenida”, pues estábamos en un hotel.

    A la segunda ida al casino, noche del sábado al domingo, de top escotado y minifalda con dos cortes frontales, uno sobre cada muslo, pero no escandaloso, ya un caballero me dedicó una linda sonrisa antes de seguir apostando junto a sus dos amigos que parecían acompañarlo.

    Esa misma noche, sobre las 10 pm, abstraída mirando la mesa de ruleta en la cual había apostado “la fortuna” de 50 dólares (que perdí, obviamente), oigo que me llaman por mi nombre.

    Sorprendida, miro a ver quien me hablaba, y veo a dos clientes de la firma en la cual trabajo. Uno es atendido por mí y el otro por un compañero mío. Ambos con sus esposas, de las cuales, sí conozco a la de mi cliente.

    Saludos, me presentan a la esposa que no conocía, y se acerca Tommy, a quien presento a los cuatro. Cosas de las conversaciones, inevitablemente las damas nos pusimos a conversar de compras y del hotel, y ellos, un poco aparte, de fútbol y política, era inminente el balotaje electoral en nuestro país.

    Según me dijo Tommy, mi cliente le expresó “con todo respeto lo felicito por la belleza de su esposa, que aquí está aún mas bella que en el trabajo, donde siempre es extremadamente seria”. Tommy le dijo que agradecía el cumplido, y que seguramente me gustaría oírlo en persona, pero “sin que su esposa lo oiga”. Y la respuesta fue que igual ni su esposa ni Tommy deberían preocuparse, “pues creo que tengo mas del doble de edad que Sofía”.

    Tommy, que capta las situaciones al instante, aprovechó para responderle que “quizás sí debo preocuparme pues Sofía se siente muy a gusto con gente mayor por eso le sugerí que le diga en persona lo bien que la ve con este look”.

    Retomamos el grupo poco después y nos separamos ya despidiéndonos, pues los dos matrimonios volvían el domingo a Montevideo y nosotros seguíamos de vacaciones, como ya les relaté. Serían algo así como las 11.45 pm cuando recibo en mi celular normal, no el putifono, una llamada del cliente en cuestión, pidiendo una reunión para revisión de sus inversiones para cuando yo me reintegrara de las vacaciones, al tiempo que me dijo que me felicitaba por lo linda y elegante que me había visto rato antes.

    Atiné a decirle: “lo va a matar su esposa” a lo cual dijo: “estamos con mi amigo tomando un gin tonic en el bar, ellas se fueron a dormir”, dejé pasar la posible indirecta de ir a acompañarlos bebiendo.

    Prometí consultar mi agenda y darle día y hora de reunión a la brevedad. En realidad, hice mi mejor esfuerzo de agenda para fijar reunión el mismo día en que volvería al trabajo… tengo fe en mi olfato para nuevos clientes…

    El mismo domingo de mañana le propuse reunirnos el día de mi vuelta al trabajo, a las 17 (mi idea era continuar la reunión de trabajo en el café de mi confianza, je je). De inmediato respondió aceptando.

    El domingo, en el desayuno volvimos a cruzarnos con los que me miraban en la piscina, y nueva sonrisa, a la cual respondí. Y mas tarde, en la piscina, traté de ubicarme en la zona en la cual los había visto el día anterior, y tuve suerte pues se ubicaron cerca de mí, aunque no al lado. Me puse un lindo bikini, moderado, de crochet, con parte trasera tipo “cola de ballena”, y la parte soutien reveladora pero no demasiado.

    Lo suponía y ocurrió. Un rato después de llegar y verme, se acercó a hablarme. Obviamente, brasileño, (el idioma y la sunga, muy bien rellena por cierto) lo delataban, pero hacía esfuerzos por hablar en español, y yo respondí con mi mas que aceptable brasilero/portugués.

    Se presentó, manifestó extrañeza por verme sola, a lo cual respondí que “sola, o algo así”, y me dijo que si podía invitarme a almorzar ese mismo mediodía de domingo.

    Demoré unos segundos fingiendo dudar y acepté. Conversamos de cosas intrascendentes, y yo mientras, disimuladamente, miraba a Tommy, un poco mas lejos, que sonreía levemente.

    Ya eran mas de las 11, nos citamos en uno de los restaurantes para la 1p.m. Y decidí ir a ducharme y “vestirme presentable”, dando pie a la respuesta obvia de que “estás mas que presentable”… Y entonces me agaché de espaldas a él a recoger mis cosas de la tumbona, je je.

    Nos despedimos y me fui. Pequeño descanso con el aire acondicionado de la suite, ducha y preparativos. Además vino Tommy, concretamos planes y disfrutó eligiendo mi outfit y dándome consejos para el almuerzo.

    Me preparé con unas preciosas sandalias negras de taco alto, tanga negra, palazzo negro y camisa blanca con soutien blanco de media copa, dos botones de la camisa, desprendidos, dejaban ver lo suficiente.

    Bajé, me encontré con Sergio, así lo llamaré, fuera de uno de los varios restaurantes, y entramos.

    Evidentemente estaba en plan de halagarme, se refirió a que agradable era conocerme, verme en la piscina, cruzarnos en el casino o en los desayunos etc. Puso énfasis en que lamentaba no haberme conocido en alguna playa de Brasil “luciendo un bikini mas pequeño”.

    Le respondí que tenía colección de bikinis y mallas mas pequeñas que las que usaba allí, y “quizás tendrás oportunidad de verlas”…

    Eso le interesó y preguntó si sería posible. Y mi respuesta, para intrigarlo fue que: “dependerá mas de tu esfuerzo que de mi voluntad” y desvié la conversación hacia saber que estaba haciendo en Punta del Este.

    -Vine con dos amigos a jugar al casino, todos los años venimos en vuelos charter que vienen exclusivamente con gente que desea divertirse y jugar”.

    -Que interesante, ¿y tus amigos son esos dos señores con quien te he visto?

    -Exactamente.

    -Los veo almorzando en otra mesa…

    -Vinieron a cerciorarse de si lograba almorzar contigo y quizás tomarte una mano…

    -¿Apostaron acerca de eso? Ja ja.

    -Sí… ¿debo pedirte perdón?

    -¡Para nada!

    -Haré que ganes. Y ostensiblemente puse mi mano izquierda sobre su derecha, y con mi mano derecha, rápidamente, fotografié nuestras dos manos juntas.

    Le di mi putifono y le dije que enviara la foto a sus amigos, como prueba de que les había ganado la apuesta. Lo hizo, me lo devolvió y yo envié la foto a Tommy. Obviamente, en primer plano de la foto, lucía mi anillo de casamiento. Y miré a Tommy, que almorzaba solo en el mismo restaurant, encantado al ver mis progresos con Sergio.

    Sergio vio mi anillo de bodas, y me preguntó lo que yo deseaba que preguntara, para llevarlo a jugar a mi terreno:

    -Pero… eres casada?

    Y yo aproveché :

    -Sí, lo soy, pero desde enero de este año mi esposo, a quien amo por sobre todo, me ha autorizado a tener ciertas libertades que yo estaba deseando…

    -¿Libertades?

    -Sí, soy economista, trabajo en una importante firma de consejería de inversiones, y él me ha autorizado algo que yo descubrí después de varios años de novios y de casados… ¡me encantan el sexo y el dinero!

    -¿Como es eso? (Con cara de sorpresa).

    -Pues muy sencillo, en mi tiempo libre, tengo derecho y su permiso para tener aventuras que me satisfagan al mas alto nivel, tanto en lo sexual como en lo económico.

    -¡Asombroso! ¿Y no sufre de celos?

    -Nooo… al contrario, suele verme y hasta participar.

    -¡No puedo creerlo!

    -Pues es la verdad, y si quieres te lo demostraré a ti, y también a tus amigos.

    -¿Como lo demostrarías?

    -Mencionaste que lamentabas no verme en la piscina en bikinis mas pequeños.

    -Sí, así es.

    -Que tal un desfile privado de bikinis, y podríamos sumar vestidos y lencería. Mi marido estaría presente, sin dudas. Ahora mismo nos mira…

    -¿Y nos cobrarías? ¿En dónde se haría? Seguramente mis amigos irán también. ¡Más sabiendo que eres casada! Nos gustan las aventuras con casadas.

    -Los invito al desfile, gratis… otros avances los discutiremos después del desfile. Y proseguí:

    -Habrá condiciones especiales, y no te miento, costo muy alto. Si quieres puedes consultarlo o pensarlo.

    -¡No resisto! ¡Se los comunicaré a ellos! ¿Puedo llamarlos para tomar café?

    Ya habíamos terminado de almorzar, ¡y yo moría de ganas de desfilar para tres machos desconocidos!

    Pedimos una mesa mas amplia para el café y por supuesto les presenté a Tommy. Los otros dos señores eran Carlos y Maurizio, sí con Z, suele darse en nombres brasileños.

    Nos reunimos todos, llegó el café y continuamos la conversación:

    Les contamos con cierto detalle como me inicié a comienzos de este año, primero con un hombre que no es mi marido, luego con lo que definimos como “amigos especiales generosos”, sin entrar en detalles.

    Quedaron sorprendidos y gratamente impresionados de que una universitaria titulada trabajando en inversiones tenga amigos especiales, y simplemente tanto Tom como yo les explicamos que es un tema de cabeza, deseos, sensaciones (la sensación de que me paguen es inigualable, siento mi corazón acelerarse ¡y ni hablar de mi cuca!

    A la segunda ronda de café, ya habíamos acordado hacer esa misma tarde el desfile, después de un par de horas de descanso. Y lo fijamos en mi suite.

    A eso de las 5 y 30 p.m. Ya estaba yo lista, hablamos, por teléfono con Tom, le dije que llegara después que ellos, para recibirlos yo sola.

    Y puntualmente ¿desesperados? llegaron los visitantes, y de inmediato el room service con una botella de champagne y cinco copas que ellos habían ordenado.

    Los recibí con besos en la mejilla, y con mi vestido (casi casi vestido de buena suerte), el que es largo al piso, con pequeña “cola de sirena” y opaco, aunque escotado al frente y en la espalda, en la cual llega justo al fin de la misma. Por supuesto, no necesitaba tanga, y no puse soutien, para dejar que mis tetas se insinuaran libremente.

    Tommy llamó a la puerta de la suite, fui a recibirlo, caminando de la manera mas insinuante, y al regresar, volvimos besándonos en forma ardiente.

    Brindis con el champagne ordenado por nuestros invitados, y les pregunté si realmente querían el desfile en bikinis de playa, o si preferían vestidos y lencería.

    Unánimemente pidieron vestidos y lencería, “dejando los bikinis de playa para otra ocasión” a lo cual sugerí que sería bueno lucir los bikinis en la playa naturista Chihuahua, que dijeron no conocer.

    Conversamos un poco, traté en todo momento de inclinarme hacia adelante para ir mostrando buena parte de mis tetas.

    Como pueden imaginarse, charlamos acerca de mostrarles un poco de la ropa y lencería que suelo lucir para mis amigos, y que “mas tarde conversaríamos, si les interesaba”, sobre las condiciones de posibles encuentros.

    Me retiré y comencé el desfile para tratar de atraerlos, a lo cual parecían predispuestos, ja ja.

    Primero, les desfilé una evolución del vestido serio con que los había recibido.

    Mismo modelo, pero con el frente del torso en tul semi transparente, y la parte trasera, en el mismo tul semi transparente negro, que ya dejaba vislumbrar la totalidad del culo sin mostrarlo totalmente. Ni soutien ni tanga.

    Les encantó, no solamente el vestido y lo que mostré, sino también el formato de desfile con dos pasadas frente a ellos, giros, para que me vieran de adelante y de atrás y luego sentarme un par de minutos con ellos para que me comentaran su parecer.

    Llegó el momento de cambiarme, y fui al baño a ponerme el siguiente “vestido”: volví a utilizar un vestido mini, totalmente de tiras elastizadas, de sex shop. Negro, tiras horizontales separadas mas o menos un centímetro una de otra. Una “desnudez vestida” podría decir, aunque llega desde los hombros hasta medio muslo. Cero lencería. Casi todo se veía y se disimulaba a penas.

    Aquí el entusiasmo fue mayor, con silbidos de admiración. Para no provocarlos demasiado, no me senté con ellos sino que pasé tres veces, lentamente. Y me fui a cambiar nuevamente de indumentaria y de onda.

    Opté por uno de los varios conjuntos traídos por compra vía internet.

    Calcé sandalias doradas, compradas aquí en este caso, y el conjunto.

    Saben que me encanta el metalizado dorado, en este caso todo era en tela metalizada dorada.

    Como top, un rectángulo horizontal , sostenido sobre las tetas por un cordón al cuello y uno alrededor del torso, cubriendo no mas de, digamos el 40% de mis tetas, que se movían con obvia libertad.

    A la altura de la cadera, un hilo horizontal actúa de cinturón, y de él cuelgan dos rectángulos de tela uno delantero y uno trasero. El delantero, muy angosto, cubre una tira delante de mi concha. El trasero, algo mas ancho, cubre exactamente la raya del culo. Pero todo eso es estando parada y quieta. Se imaginan, al caminar y girar, ambos se mueven o casi vuelan, dejando ver todo por unos instantes.

    “Gosto do cú” dijo uno de ellos a quien no identifiqué.

    Esta vez sí me senté con ellos y hasta permití algún pequeño toque a las tetas por encima de la tela, antes de irme a preparar la penúltima pasada.

    Tocaba esta vez, en homenaje a la piscina donde me conocieron, una “malla de baño” de esas muy especiales.

    Para impactar, color amarillo limón. Mínimo triángulo tapando apenas la concha, angosto, dejando ver los costados pero sin meterse en los labios. De la base del triangulo (esta descripción la conocen ya de otras que tengo) suben dos hilos que frente a las tetas se transforman cada uno en un óvalo que tapa areola y pezón, luego vuelven a ser hilos que se anudan en la nuca.

    Hacia atrás, un simple hilo que emerge de la raja del culo y sube a atarse al nudo en la nuca.

    Como previsión, pegué trozos de cinta de doble faz adhesiva para que no me quedaran las tetas totalmente al aire al moverme, quería hacerlos volar de deseos! No lo dudé, les desfilé mas cerca que nunca, creo que pasé cuatro veces frente a ellos. Me esforcé en mostrarles particularmente el culo y mover las tetas, mostrando lo firmes que son.

    No escatimaron elogios, y me pidieron que me sentara con ellos, a lo cual simplemente respondí que me sentaría con ellos en breve, después de mi última pasada.

    -¿Una pasada mas? ¿Veremos algo todavía mejor?

    -¡Haré mi mejor esfuerzo! Ja ja.

    Dudaba entre ponerme lencería de novia u otra alternativa, y finalmente me decidí por la alternativa: Culotte de encaje y soutien media copa, también de encaje, y por encima, bata blanca, transparente, todo acompañado de zapatos stilettos blancos. No mostraba casi nada, mas que mis (lindas ja ja) piernas, pero era ropa perfecta para que Tommy me la quitara delante de ellos potenciando al máximo el efecto “Marido que entrega a su mujer” entré caminando provocadora… solamente hubo un “Ohhh” cercano a la decepción.

    Pasé frente a ellos, una vez… dos veces… y dije:

    -Amor, noto a los amigos un poco decepcionados… quizás quieren ver mas.

    -Eso mismo pienso yo, ¿te parece complacerlos? Y se paró detrás de mi como otras veces. Es un juego que dominamos muy bien.

    Los visitantes fijaron su atención en lo que iba a ocurrir, esperanzados.

    Maurizio atinó a decir que “aún no hemos coordinado precios”, y rápidamente respondí que “esto es gratis, los precios los conversaremos después” y así quedamos, con mi ventaja parcial, pues deseaba negociar precios desnuda y mientras me tenían entre ellos, una mujer nunca pierde en esas condiciones.

    Tom me desató la bata, muy lentamente, y como siempre, moviendo los hombros la hice caer al piso. “Mmm” oí murmurar a Sergio.

    Lo siguiente, casi en cámara lenta, fue el soutien. Me lo desprendió. Lo dejó caer al piso, y poniéndonos a mínima distancia de ellos, por primera vez les dejó ver mis tetas en su plena desnudez. Por mi parte, de inmediato las moví a los costados para que apreciaran su firmeza, Tommy colocó sus manos debajo como para que apreciaran bien su forma cónica y después me las apretó de costado, resaltando aún mas los pezones, que ya estaban duros de mi calentura contenida.

    Solamente restaba el culotte. Y a sacármelo se dedicó Tommy. Me puso de espaldas a ellos, lo bajó de a poco, con ambas manos acariciando mis glúteos y algún dedo ocasionalmente se metía y acariciaba la raja del culo. Al terminar de bajarlo ( ustedes ya lo saben ¡ja ja!) me agaché en una reverencia, mostrándoles mis intimidades por el lado de atrás, luego me giré y los dejé contemplarme por primera vez de frente y totalmente desnuda. Los dos conos de mis tetas bien duros y erguidos, los pezones como piedra, la conchita, una línea perfecta, que yo había perfumado con aroma a jazmín.

    Las manos de los brasileros se dirigieron a mí, los dejé hacerme algunas caricias, y me alejé un poco.

    -¿No creen que deberíamos hablar ciertos temas antes? Le dije entre risas, para no tensionar la inminente negociación. Y me acerqué a sentarme entre ellos, comencé a besar a Sergio… luego les dije los precios premium… 5k… y los dejaba tocarme, mientras me besaba con los tres. Al mismo tiempo Tommy me decía no con todos amor, te van a lastimar! (para tensar la cuerda)

    Y yo insistía que a cinco k (cada uno, obvio) podría con ellos, con gusto.

    Les ahorraré detalles, utilicé el argumento de que venían a un hotel de lujo a jugar en el casino, etc. etc.

    Hasta que uno de ellos, Carlos, abrió la puerta definitiva, pues allí los convencí del todo: “¿pero que tiempo sería, una o dos horas, y que cosas haríamos?”

    Y ahí jugué mis mejores cartas:

    -Sin límite de tiempo, de verdad… dos o tres horas, o seis, o toda una noche, como quieran. Pueden venir juntos o separados. ¡Lo importante es que vengan con ganas y bien cargados!

    -¡Para dejar todo en la camisinha, da lo mismo!

    (Camisinha es condón, profiláctico o preservativo, como quieran decir).

    -¿Y quién habla de camisinha? ¡Es algo que no soporto, me gusta sentir el líquido del amor bien dentro de mí!

    -¿Dices la verdad?

    -Si hay garantías lo haremos así.

    Ahí terminó la resistencia y la negociación. Hubo pequeños detalles adicionales, Tommy debería estar presente, (ese morbo hemos aprendido que no falla), deberé entregarles la cola si lo piden, (¡bienvenidos!), debería aceptar alguna doble penetración¡ (¡cuando quieran!). Por nuestro lado sugerimos que al día siguiente, lunes, podrían ir temprano al laboratorio XX de Maldonado y que seguramente los análisis de HIV y VDRL estarían listos a la tarde. En el momento les mostramos nuestros análisis de reconocido laboratorio de Montevideo. Y debo reconocer que como siempre esto de los análisis es un punto fuerte en el diálogo con los posibles nuevos “amigos”.

    No se lo esperan, les encanta (antes de concretar) la posibilidad de hacerlo al natural, y ni hablar la fascinación que experimentan al momento de hacerlo, ¡fascinación que desde luego comparto!

    Como adelanto, me recosté desnuda sobre las piernas de ellos, sentados en el sofá de la suite. Uno tenía la posibilidad de besarme, otro lamia mis tetas y el tercero no paraba de acariciarme el culo, aunque lo detuve cuando quiso meterme un dedo al esfínter.

    Fueron solamente dos o tres minutos, pero estar sobre sus piernas me permitió valorar la evidente dureza de sus vergas, aunque no les pedí verlas.

    El lunes en la mañana no los vimos en la piscina hasta el mediodía, obviamente habían concurrido al laboratorio a hacerse los análisis. Llegaron sobre las 11 am. Conversamos un poco y Tommy y yo nos retiramos a descansar. Les habían prometido los resultados sobre las 17.

    Descansando con Tommy, a eso de las 4 pm recibí un mensaje que me llenó de felicidad. Era del laboratorio de genética, y nuestro médico nos comunicaba que los análisis demostraban que ni papá ni yo teníamos genes recesivos, o como se llamen. Lógicamente eso nos abre la puerta a que a fin de 2025 puedan participar mis tres hombres para fecundarme (Tommy, su papá y mi papá). Decidimos no decírselo a mi papá hasta no volver a Montevideo, para festejar a gusto, en casa o en el campo.

    Hasta aquí, por extensión llega esta primera parte del relato como prosti VEP (Very Expensive Prostitute, ja ja) relato y lo publicaré ya, prometiéndoles toda la acción con los brasileños en el próximo relato en un par de días.

    Sé que muchos siguen mi historia con papá. Ya volvimos a Montevideo y les aseguro que el nuevo encuentro, con la noticia de no tener problemas de genérica, fue tremendo. Será para relatárselos cuando termine con lo de VEP je je.

    Besos.

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  • Entre mi mujer y mi suegra (5)

    Entre mi mujer y mi suegra (5)

    Consigo levantarme de la cama y recorro el pasillo, antes de entrar al baño para asearme, miro al salón comedor y veo que mi mujer veía la televisión tirada en el sofá y su madre desayunaba, me acercó a saludarlas con un leve y discreto piquito en la boca, me dijeron de ir a la playa a pasar el día, después de ducharme al salir las encontré probándose sus bikinis al ser de tangas sus nalgas sobresalían apetitosamente les digo ¡así van a infartar a más de uno! Nos reímos mientras ellas lucían sus bikinis que les quedaban estupendamente.

    Termino de desayunar y nos vamos a unas pequeñas calas, escondidas tras la vegetación el sitio me parece perfecto, a las calas se llega tras una caminata de veinte minutos, el camino es una senda entre árboles y dunas una verdadera preciosidad. Con lo que es fácil estar con poca gente, desde siempre nos ha gustado ir de playa y si son solitarias mucho mejor incluso hemos hecho nudismo si estábamos razonablemente solos oh en playas nudista.

    Supongo que mi mujer se ha cortado un poco en el tema de desnudarnos en las playas, para darle tiempo a su madre a que se acostumbre y que ocurra de una forma natural, ella es muy lista y sé que piensa eso mismo. El día se levantó soleado y caluroso al llegar después de colocar las toallas nos metimos en el agua inmediatamente para refrescarnos, jugábamos entre los tres, nos sumergíamos mientras ellas me tocaban mis partes nobles, y yo a ellas también mientras nos reíamos. Salimos del mar y nos recostamos sobre nuestras toallas, ellas provechan que no hay nadie más en la cala, para quitarse la parte de arriba quedándose en topless.

    Me fijo en sus pechos grande y mojados por el agua de mar, mi suegra con cincuenta y cinco años las tiene un poco caídas pero muy sensuales, las de mi mujer igual de firmes y bonitas, con veinte y cinco años las tiene perfectas, me pidieron ir a comprar algo para beber y comer me pongo mis bermuda y playeras y me dirijo al chiringuito dando un paseo son 20 minutos de camino hasta el chiringuito, compro algunos sándwich lechuga, tomate, mayonesa y pechuga de pavo a las finas hierbas, para beber cerveza con tequila y agua.

    Al regresar a la cala tras otros 20 minutos de camino veo que dos chicas muy jóvenes también nos acompañan en la cala tomando el sol en topless durante el poco tiempo que nos acompañaron fueron muy discreta pasaron la mayoría del tiempo entre caricias y poquitos.

    Me apetece otro baño y me meto en el mar seguido por mi mujer, jugábamos y nadábamos, paramos llegándonos el agua casi al cuello, al acercarse ella me sujeto por la cintura y me saca la polla del bañador, la acaricio hasta que la puso firme, cruzo sus piernas en mi cintura nos besamos apasionadamente, mientras hacía su bikini a un lado y empujo su vagina contra mi polla haciendo entrar mi glande.

    Se fue bajando hasta albergar toda mi polla, la sujeto por las nalgas mientras ella comienza a subir y bajar ensartándose mi dura polla una y otra vez, esta tan excitada que en pocos minutos comienza a gemir y disfruta de una deliciosa cadena de orgasmos sujeta a mi cuello, gozando de su clímax continúo aferrada a mi cuello continuamos en esta posición un largo rato, mientras me agradece lo bien que las trato y en especial a su madre después que se viniera a vivir con nosotros, le restó importancia ella se hacen querer sola, creo que a nuestra manera los tres éramos felices.

    También me agradece mi generosidad al permitir que ella también viviera su fantasía sexual, prometiéndome que sabrá recompensármelo. Cuando salíamos del agua, mi mujer no pudo evitar mirarme y con una sonrisa maliciosa me dice ¿te gusto verme follar con Basilio? La pregunta tan descarada solo puede venir de su boca ¡sí! Dije, ella sonríe y continúa diciéndome ¡supe que te gusto al verte con el ímpetu que follaste a mi madre!¡parecías un semental en celos! Sonreí sintiéndome orgulloso de mi mismo ¿te gustaría vernos, a mi madre y a mí en un trio con Basilio?

    El ¡sí! Se me escapo un poco cabizbajo, ella sonríe y no dijo nada más. La mañana trascurre entre risas, sándwich, cervezas con tequila y anécdotas de la noche anterior. Ellas están muy animadas por la cerveza con tequila, se dicen la una a la otra con mucha complicidad ¿Te lo imaginas con esa gran polla, esa piel suave…? ¡Calla, calla, que no estoy para pensar en esas cosas! Dijo mi suegra sonrojada, mientras mi mujer entre risas y sorbos de cervezas continua ¿Te lo has imaginado follándotelo? Mi suegra admite diciendo ¡siii, me pone muy cachonda! Echándose otro sorbo de cerveza.

    La conversación entre ellas fluye y crece de tono mientras que, a mí la tensión sexual también me crecía ¡Y eso, que no sabes lo que es tenerlo detrás y sentir su calor, es como un dios en la cama! Mi suegra se estremece al escuchar las palabras de su hija con una chispa de deseo.

    Mi mujer como si nada soltó ¡a tu yerno le gustaría vernos como lo follamos entre las dos! Mi suegra soltó una carcajada nerviosa ¿entre las dos? Pregunto ¡si, por qué no! Le sugirió mi mujer asiéndome un guiño cómplice, mi suegra por un instante guardo silencio parecía pensárselo no contesto entre risas y sorbos de cerveza mientras mi cerebro proyectaba unas imágenes muy vividas, mi polla se puso rígida, mientras me cambio el bañador mojado por uno seco, soy sorprendido por una pareja madura que andaba por la zona provocándoles una leve sonrisa al pasar, incluso la mujer me guiño un ojo al ver mi polla erguida.

    Me quedo de piedra sin saber qué hacer, o decir, aunque peor era que ellas reían hasta el punto de desparramarse la cerveza por encima diciéndome ¡haber que vas hacer con eso, que le vas a saltar un ojo a alguien! Me encojo de hombros y río con ellas. Para refrescarse deciden darse un baño, yo prefiero quedarme tomando el sol, mientras se alegan caminando, observo el contoneo del trasero voluminoso de mi suegra con forma cuadrada y un poco de celulitis, el tanga brasileño resalta aún más su encanto.

    El de mi mujer es firme, y sin celulitis sus redondas nalgas parecen querer tragarse el mini tanga. Mientras ellas nadan y se refrescan en el mar la pareja madura que había pasado anterior mente se sitúa a unos metros de mi posición la mujer también acta por hacer topless, el igual que yo nos quedemos en bañador.

    Pienso para mí mismo vaya manera de desperdiciar la cala donde se podía practicar nudismo tranquilamente cuando ellas regresan de su baño, puedo ver deslumbrado por la luz del sol sus cuerpos mojados, el cuerpo de mi mujer y sus curvas me recuerda al de la actriz Salma Hayek, con la diferencia que ella tiene el cabello teñido de rubio platino que contrasta maravillosamente con su piel blanca, cortado por los hombros, ha heredado los ojos verdes de su madre, que tiene el cuerpo más parecido a la cantante Adele, incluso en el corte de pelo y el color rubio dorado que le favorece su rostro.

    Las dos tienen un lado glamuroso, esta bella mujer la hacen merecedora de los mejores halagos. Regresan hablando plácidamente, mi mujer es un poco más baja que su madre 1,68, mi suegra mide 1,72 coincidiendo con las mías, llegan comentando lo fresca que esta el agua, se echan bronceador y se tumban en las toallas a mi lado con sus gafas de sol puestas, las imito y hago lo mismo, mi suegra soltó al aire un susurro ¡así que el caballero, quiere vernos en un trio!¡pues habrá que complacerle! Confirmándolo a su manera.

    No sé cuánto tiempo llevábamos tomábamos el sol, cuando me inclino para tomar agua y veo a nuestros vecinos de cala, la mujer está completamente desnuda boca abajo mientras él se afana dándole crema por todo su cuerpo, la mujer tiene el cuerpo algo moreno se le nota la marca del tanga, el hombre se esmera en su culo con el masaje, ella parece disfrutar con sus piernas abiertas poniéndole fácil la llegada a cualquier sitio.

    Al hombre de rodillas se le notaba el abultamiento dentro de su bañador, mientras masajea con dedicación el culo de la mujer, bajo su mano hasta su coño el cual recibía también sus masajes ella subió ligeramente su culo ¡bonita imagen! Pensé para mí mismo, mis acompañantes también sean percatado y me acompaña mirando discretamente con toda atención. La mujer nos busca con la mirada y nos sonríe antes de darse la vuelta.

    El hombre continúa dándole crema al igual que antes, comienza por sus hombros, brazos, pasando por sus tetas morenas y redondas masajeándolas y jugueteando con sus pezones con algún que otro lametón, continúa masajeándola por la tripa, hasta la zona de la marca del tanga. Ella volvió a abrir las piernas, invitándole a no dejarse nada, metía y sacaba la mano entre las piernas de ella, masajeando el coño de la mujer, que volvió a buscarnos con la mirada mientras se estremecía de placer.

    Él no se lo pensó dos veces y se lanzó a comérselo, no hubo ningún reparo en ella que termino de abrir las piernas y dejó comérmelo a gusto, los lametones que le daba el hombre la hacían gemir y arquearse sobre la toalla.

    Mientras sucedía todo esto, mi mujer detrás de mí atrapo mi polla bajándome el bañador masajeándola a gusto muy lenta mente mientras continuamos mirando a nuestros vecinos. Él se desprendió de su bañador dejándonos ver su tremenda polla venosa, sitúan doce en medio de la mujer y se la clava de un golpe, ella se estremece arqueando la espalda.

    Despacio y con tranquilidad mete y saca su polla mirando como ella disfruta, la veíamos y oíamos jadear cuando poniendo los ojos en blanco tuvo un orgasmo, como si estuviera ensayado se voltearon el hombre quedo debajo y ella encima, con un movimiento maestro de su mano se la mete entrara ella misma y comienza a mover su culo adelante y atrás. Es una maravilla verla gozar a la luz del sol, con sus tetas morenas acariciadas por la brisa del mar y nuestras miradas.

    Ella nuevamente nos busca con la mirada por un instante acelerando el ritmo enseguida tiene un segundo orgasmo, poniendo los ojos en blanco otra vez y gimiendo como nunca había visto a una mujer. Cae sobre el pecho del hombre que besa apasionada mente, esto no dura mucho ella se incorpora y sigue con sus movimientos rítmicos, de su cara se desprende el gusto que está recibiendo. No tarda mucho en tener un tercer orgasmo, es increíble la mujer continúa el ritmo salvaje en busca de un cuarto orgasmo que tiene rápidamente al mismo tiempo que su acompañante, mientras nos mira fija mente sin reparo alguno.

    La pareja se levanta, y se van al agua a darse un baño. Tras el espectáculo estábamos muy excitados, mi mujer decide que es la hora de marcharnos, mientras recogíamos nuestras cosas. La pareja regresa a recoger las suyas, coincidimos en el camino con ellos que se presentan como una pareja liberal y nos preguntan si aviamos disfrutado con el espectáculo que nos habían ofrecido. Sin tapujos la mujer nos preguntó si queríamos hacer con ellos una orgia, nos negamos rotunda mente la mujer con el mismo descaro le recomendó a mi mujer que cuidara mucho de mi polla que la había visto y prometía mi mujer con el mismo descaro le confirmo que ya lo hacía.

    Pasamos el resto de tarde visitando algún pueblo que otro, parando en algún chiringuito para comer, mientras hablábamos entre nosotros, de lo que habíamos visto y escuchado, estábamos de acuerdo. Una cosa era nuestra vida privada, y otra la vida liberal, sin entrar en perjuicio alguno, nosotros somos felices a nuestra manera, aunque nos diésemos algún capricho que otro sexualmente hablando. En conversación me siento orgulloso de ellas, tenían claro que nuestra relación era a tres bandas y me siento afortunado de convivir con ellas.

    Regresamos al bungaló para ducharnos y más tarde salir a cenar algo por ahí, las dos entrar junta en la ducha mientras yo les pregunto ¿las puedo acompañar? ¡Claro, entra! Me dijo mi mujer tirando de mi polla hacia dentro mi suegra es la primera en coger la esponja y comienza a enjabonarme la espalda y nalgas, mientras mi mujer me enjabona la polla que reaccionó a sus tocamientos creciendo que parecía reventar. Nos enjabonábamos ellas a mí y viceversa mis manos iban de sus pechos a sus coños, pasando también por sus nalgas, ellas recorrían todo mi cuerpo alternándose para acariciar y sobar mis testículos, mientras nos besábamos en la boca.

    Salimos para secarnos y fuimos a la habitación ellas se tumbaron boca arriba, con los pies apoyados en la cama mostrándome sus coños, pase mis dedos por sus coños haciéndolas estremecer bese sus pechos alternadamente, fui bajando por sus vientres, con las manos acariciaba todos sus cuerpos excitándolas, hasta llegar a sus entrepiernas.

    Mientras le como el coño a una con mi lengua a la otra le meto los dedos, acariciando su vulva entre sus labios vaginales. Pasando de una a la otra, así estuve dándoles placer, se pusieron muy húmedas y excitadas, les pido que se pongan a cuatro, con un beso negro me entretengo en cada una de ella, como saben que me gusta, luego alternadamente meto mi duro miembro en sus coños disfrutando de sus cuerpos. Cuanto mi mujer recibe por segunda vez mi polla, estalla en un riquísimo orgasmo con gemidos y chillidos sin reserva alguna ¡así, aahh, sigue, sigueee, uuum mass!

    Continuó penetrándola lentamente como sé que le gusta después de tener un orgasmo mientras se acaricia su clítoris corriéndose con espalmo ¡Oooh, Oooh! La dejo acostada boca abajo, y voy en busca de mi suegra que ya me espera boca arriba con las piernas abiertas.

    Cojo sus piernas y las subo apoyándolas en mis hombros la penetró y le doy duro mientras sus pechos suben y bajan al ritmo de mis embestidas, su cara refleja la excitación que está recibiendo mientras la penetró compulsiva mente, sus piernas rebotan contra mis hombros en un concierto de gemidos, hasta que ella retorciéndose llega a su orgasmo ¡Aaah umm! Gime mi suegra arqueando su espalda conforme yo termino corriéndome dentro de ella, me recuesto sobre ella besándola en su cuello y boca.

    Mi mujer sin darme tregua, se metió mi polla en la boca y continuó chupando y acariciando mis testículos hasta volverlo a poner en forma. Volvió a situarse a cuatro ofreciéndome su culo mientras me decía ¡ahora o nunca! No me lo puedo creer, esto solo ocurre en contadas ocasiones, cuando su nivel de excitación es altísimo ¡no me esperaba esto, cariño! Dije dejándome llevar por la excitación ¡estoy muy caliente, vamos no me hagas esperar! Me dice sin dudarlo, de un empujón se la meto hasta el fondo, con un grito de dolor me dice ¡Aaah! ¡jodeeer, que animal eres, me vas a partir en dos! ¡Es lo que querías! ¿no? ¡si, es lo que quiero!

    Sus deseos son contradictorios, mi suegra se incorpora y me recomienda que me mueva lentamente controlando el ritmo hasta que el dolor fue desapareciendo, estuve así unos minutos hasta que ella comenzó a empujar hacia atrás mientras decía ¡me gusta, mas, mas!

    Ya tenía ganas de volverla a sentir de esta manera aumenté el ritmo y ambos gemíamos ¡Follame cabrón, más rápido! Dice apretando las sábanas con sus manos ahora si su esfinge ya está lo suficientemente dilatado y comencé a follarla con violencia con mis embestidas pierdo la noción del tiempo mientras la sodomizo y entonces en ella algo hizo un clic y comenzó a gritar ¡Siii, dame fuerte estoy a punto! ¡Aaaah, mas, mas! Y con un torbellino de sensaciones gritando se corrió ¡Aaaaah!

    A la vez que yo me desparrame dentro de ella convulsionando, se dejó caer boca abajo en la cama llorando ¿estás bien? ¿te he hecho daño? Tardo un poco en responder ¡sí, estoy bien, ha sido muy intenso, la verdad! Ella se levantó para ir asearse al baño, mientras dice ¡duro con él, mama! Mi suegra me miro con cara de deseo. Me beso apasionada mente mientras masajeaba mi polla, que se vino arriba rápidamente y sin preámbulos ella se montó encima, con la ayuda de su mano se introduce mi polla en su coño, su cintura se mueve de adelante hacia atrás, poco a poco se van animando, dando rienda suelta a sus impulsos, él va y viene de sus pechos me vuelven loco, mientras nos mirábamos excitados.

    Los golpeos de sus nalgas con mi abdomen resonaban aumentando a un más nuestras excitaciones, sus gemidos aumentaron, así como el sube y baja de sus caderas, en un movimiento decidido se retiró mi polla de su coño y la llevo a su ojete y lentamente se dejó caer hacia tras hasta que se sintió ensartada, es ella la que controla el ritmo hasta que el dolor fue desapareciendo comenzando a aumentar el ritmo, ambos gemíamos ¡Aaah!

    Es ella quien ahora tiene el control, y de forma desatada se folla el culo ella misma, con fuertes movimientos impulsivos, en un movimiento descontrolado arqueo su cuerpo y frénicamente se masturba el clítoris con su mano ¡Aaah! Soltando rápidos y pequeños chorritos encima de mi pecho. Termino derrumbada en mi pecho, me besa mordiéndome el labio superior. Nos quedamos tumbados en silencio, mientras yo pienso en la suerte que eh tenido hoy estas dos maravillosas mujeres me han premiado con sus culos.

    Cuando mi mujer aparece apremiándonos para ir a cenar a un restaurante donde había reservado mesa, más tarde nos vamos a una mini disco hasta que nos fuimos a dormir agotados.

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  • El día que nos encontró el marido (3)

    El día que nos encontró el marido (3)

    -¡Hola! ¿Y? ¿Cómo te fue ayer?

    -¡No lo puedo creer! Pará que te llamo y te cuento.

    En la mañana desperté, él no estaba, me escribí contigo y en el trabajo fue un día normal, aunque más excitada que un día común, así que cuando llegó la hora de irme, ya estaba casi que afuera del edificio. Llegué a casa y él ya estaba junto a Francisco, los saludé a los dos pero a él le di un beso más fuerte y hasta le metí un poco la lengua, sabía que iba a querer descubrir alguna pista de si había estado con vos, así que supuse que una versión de mí más excitada, le iba hacer imaginarse cosas.

    Y no me equivoqué, después del beso me quedó mirando, pero no le dije nada, solo me sonreí y le dije “Te amo”.

    Empecé a hacer las cosas de la casa, en un momento les dije que me iba a bañar, la verdad que ya me había olvidado un poco de todo el asunto, por eso me sorprendí cuando él me pidió que no me bañara. Me di cuenta que querría averiguar por sus propios medios si yo había estado contigo. Por suerte le estaba dando la espalda porque mi sonrisa fue muy evidente, me tranquilicé y le contesté que me dejara bañar ¿Por qué quería que no me bañara? Como estaba Francisco adelante, me miró más firme, pero como no le hice ninguna cara especial, me dijo con señas que esperáramos un rato para bañarnos juntos.

    Me sonreí, ahora de frente a él y le dije “Aaah, entiendo, dale amor, espero entonces, voy a cocinar.” Lo gracioso fue que no se aguantó mucho y mientras estaba picando unas cosas, aprovechando que estábamos solos en la cocina, me agarró de atrás y metió la mano por debajo de mi pollera para tocarme justamente donde él se imaginaba que iba a tener algo de vos, supuse, y lo confirmé enseguida porque disimuladamente se dio vuelta para oler sus dedos. Ahí lo quise dejar en evidencia y le dije ¿Qué hacés oliéndote los dedos? – ¿No puedo querer sentir tu olor, no puedo estar excitado?

    -¿Y por qué estás tan excitado?

    -No estoy tan excitado ni nada de eso, sólo tengo ganas de estar con vos.

    -Ah bueno, me gusta, pero hoy estoy cansada amor, estuvo bravo en el trabajo, quiere darme un baño y dormir tranquila ¿Te jode?

    – Si, me jode, porque quiero hacerte el amor, yo tengo ganas.

    Me di cuenta que se había empezado a enojar y no era mi idea, así que le dije, bueno amor, dale un ratito.

    – Ratito nada, nos merecemos el rato que tengamos que estar ¿O es que vos no querés porque ya hiciste algo?

    ¡Al fin salió el tema!, así que aproveché para quitarle importancia y decirle que no, nada que ver que no había hecho nada, que corroborara él mismo en un rato. Y me sonreí.

    Creo que en esa sonrisa le di pie para que pensara que sí, que había pasado algo, porque me tomó la palabra y me contestó que apenas se durmiera Francisco nos metíamos al baño.

    El resto de la noche fue muy rara, casi no le dimos corte a nada más, yo estaba excitada también porque me gusta esto que se excite tanto si anduve con alguien más, aunque no lo reconozca, o sí, ya no sé nada.

    Igual cuando acostamos a Fran, me hice la olvidada y fui al baño para prepararme para ir a la cama. Él me acompañó, ¡no sabés cómo estaba! Era todo muy raro, apenas entré al baño me dijo que abriera las piernas, yo me hice la que no tenía nada para ocultar, por eso le dije que no iba a encontrar nada, que sí había algún sabor más fuerte sería porque había ido al baño. Eso lo dejó más en dudas, supuso que era mi excusa, así que me pidió que me sentará en el váter y abriera las piernas. ¡Ay no embromes, no estuve con nadie! – Entonces, si eso que decís es cierto porqué no me dejás revisarte. -Porque si algún día anduviera con él me da cosa que te andes tomando otras cosas que no son mías.

    Ahí se dio cuenta hasta dónde llegaba su debilidad, sus ganas de estar conmigo en esa situación que él imaginaba. Dudó un segundo pero después, arremetió de una contra mi entrepierna abierta, de lengua abierta, y empezó a cargar todo para adentro de su boca. La situación fue muy excitante para mí, porque aunque no tuviera nada tuyo, para él si, y por eso casi me tragaba entera, además, cualquier sabor lo iba a hacer dudar.

    Yo antes ya había ido al baño y pensando en ese momento no me había limpiado, así que, ahí estaba él haciendo con la lengua lo que yo tendría que haber hecho con agua y papel.

    ¿Hice como si lo quisiera frenar para excitarlo más diciéndole Ta pará que ya está, no saques más que sino… -Sino que hija de puta, ¿sino qué?

    -Nada, seguí chupando si querés ya no me meto más, limpiamos todo… Ese plural lo mató, me dijo -Sabía puta que me habías cagado de nuevo.

    Con miedo a que una discusión empezara, son las primeras veces y no sé hasta donde es juego y hasta donde es en serio, le dije más firme. ¿En qué quedamos? Me vas a volver loca, ayer me trataste como hacía muchísimo tiempo no lo hacías pensando en mis cogidas ¿y ahora te hacés el ofendido? ¡Dale chupá cornudo!

    La puta madre amor, yo no sé en qué momento se descubre está situación, si es que todos la descubren, pero te juro que en ese momento terminamos de pasar una barrera. Y además, descubrí que lo que lo excita no es mi versión más femenina hacia él, la más receptiva, sino que le excita la versión mía que lo domina.

    Así que en ese momento me abrí bien de piernas y le dije, comeme toda con la lengua, sacame toda la leche y limpiame el culo también, ya que tenés ganas que te cague, te juro que no te cagué, pero si lo que vos querés es desconfiar igual, chupame toda la leche de mi macho dale, hasta la última gota sacame, eso sí, pajeate porque hoy igual que ayer no me vas a coger. Quiero que me coja un macho no un puto chupa leche dominado.

    Ese momento fue increíble, sentí la lengua de él, ya sin tantas fuerzas, pero como esperando mis órdenes, así que me olvidé de todo, le agarré la cabeza y me la enterré lo más que pude, sentía su nariz apretando ni cuerpo, así que supongo respiraría por la boca, estaba más que excitada enojada que fuera tan dominado, pero por otro lado, era una situación muy nueva esta de ser una mujer de carácter fuerte. Así que le di todos mis agujeros, él se comió todo, me daba asco pensar en que estaba metiendo mi lengua en mi culo sin lavar, pero nunca sentí que quisiera sacar la lengua de ningún lado, así que lo dejé hacer hasta que sus lengüetazos empezaron a ser más suaves.

    Yo ya estaba en cuatro de culo abierto, así que me di vueltas, él se paró y pude ver como le colgaba la leche de la pija, se había acabado casi solo. Lo miré a los ojos, tenía una expresión de trabajo terminado, le miré la pija, le dije si estaba conforme, me dijo que si. ¿Ahora sí me puedo bañar? Si, ahora sí. Bueno, para que te termines de acabar, te voy a mostrar lo que hice hoy, así te das cuenta que no te miento.

    Abrí la conversación que habíamos tenido contigo y lo dejé leyendo. Mientras me bañaba lo miraba terminar de pajearse, lo hacía de una manera muy suave, como si lo disfrutara realmente. Me acordé del final de tu texto, así que cuando vi que había terminado de leer le dije, te agradecemos, por haber cumplido el pedido de mi amante.

    No precisó más nada para acabarse, lo he visto pajearse otras veces, pero esta fue como si las piernas se le aflojaran todas, como si hubiera sido una acabada similar a cuando cogemos.

    Salí de la ducha, le dije dale, ahora te toca a vos, le besé la frente, le volví a mirar la pija, y esta vez en los ojos tenía un poco de vergüenza porque me esquivó la mirada. Enseguida le dije, te espero en la cama amor, no pasa nada, es un juego entre vos y yo nomás. Te amo.

    Se sonrió me quiso besar en la boca, pero le corrí la cara, le hice señas del baño y me fui.

    Cuando salió del baño me hice la dormida, sentí que me abrazó, me dijo que él también me amaba y ahí me desperté recién al otro día, él ya no estaba y yo agarré el celular para escribirte.

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  • La amiga de mi casi-algo

    La amiga de mi casi-algo

    Es maravilloso cuando tienes a una chica que le gusta pasar tiempo contigo, pero es frustrante cuando no puedes lograr algo más allá de la amistad; ya sea por nuestras inseguridades, miedos, o lo que sea. Incluso hay algo erótico en todo ese juego del día a día donde hay un acercamiento y descansa sus pechos en mis brazos mientras me señala o dice algo, mientras la veo caminar y miro sus nalgas y no paro de fantasear. De la manera que sea, un día me invitó a una fiesta en donde, además de varios de sus amigos de infancia, estaban sus dos mejores amigas.

    La fiesta fue genial y mi amiga y yo solo nos limitábamos a divertirnos, oír música, beber y cosas meramente amistosas. Mientras todo ocurría, una de sus amigas no paraba de mirarme y claro que me daba cuenta.

    En fin, la fiesta avanzó, y ya cuando todo mundo estábamos bastante entrados en copas, su amiga me sacó a bailar. Desde que comenzamos a bailar, no paré de mirarla a los ojos, presentía y sentía una cachondez que inmediatamente me contagió y comenzamos a besarnos de una manera bastante enfermiza y muy rica, podía oírla gemir mientras nos besábamos, ella estaba muy caliente. Pasamos casi toda la canción besándonos mientras pasaba mis manos por su cintura y masajeaba tiernamente sus nalgas. Sintió mi pene totalmente duro y gemía aún más rico. De repente, y antes de que terminara la canción, me tomo de la mano y bajamos rápidamente las escaleras con dirección al baño.

    En todo el primer piso, donde se encontraba el baño, no había absolutamente nada más que el cuarto de baño y un intento de pileta con tapa (es claro que era una casa en remodelación). La puerta de baño no tenía seguro, por lo que nos miramos, echamos a reír y nos comenzamos a besar de manera muy pasional.

    La recosté en la pileta; mientras la besaba yo pasaba mis manos sobre sus enormes pechos debajo de la blusa que llevaba, tenía los pezones erectos y me dispuse a chupárselos mientras acariciaba sus hermosas nalgas y piernas como un desquiciado, para terminar con mis dedos masajeándole la vagina por encima de los leggings negros que llevaba puestos. Mientras gemía riquísimo, decidió por fin empezar a acariciarme la verga por encima del pantalón, al mismo tiempo que me dijo “¡Métemela! ¡Quiero que me la metas!”.

    Enseguida baje mis pantalones y ropa interior, solo para que ella recibiera con su mano mi verga super dura y me comenzara a masturbar, fue éxtasis puro cuando la sintió en sus manos, porque sus besos y su movimiento de cadera indicaban que se calentó con solo sentirla. Cada vez gemía más rico, más deprisa, más fuerte… No parábamos de besarnos y creo que eso nos excitó bastante. Antes de penetrarla jugué presionando mi pene sobre su vagina, ya sabes, cuando solo quieres calentarla aún más, pasando mi miembro por toda su vulva, hasta que te imploré que la penetres.

    ¡¡Y así fue!! Con su mano tomó mi pene y lo introdujo en su vagina de una manera tan tierna que pude sentir lo mojadísima que estaba, pude sentir como me apretaba por dentro y fue placer total. Veía como sus tetas se movían al compás del cogidon que nos estábamos aventando. No hubo necesidad de que cambiáramos de posición porque lo estábamos disfrutando muchísimo. No dejaba de tocarla, ni acariciarla ni dejaba de besarla.

    Oía como pasaba de orgasmo en orgasmo hasta que le anuncie que me iba a venir. Me dijo de la manera mas tierna “Nooo, nooo… Esperaaa…”. Acto seguido, me aparta, se inca y comienza a hacerme un oral de ensueño, claramente termine en su boca. Fue un orgasmo maravilloso. Cuando termine no dejaba de besarme el prepucio ni los huevos.

    Se incorporo y ambos estábamos sudando y totalmente extasiados… Nos volvimos a besar para sellar aquel encuentro. Enseguida volvimos a subir al piso donde estaba la fiesta. En cuanto entramos al cuarto de la fiesta, mi amiga tomo a su amiga de la mano y se fueron a la cocina, un par de amigos me abordaron y me dijeron que en cuanto me bajé con esta chica, mi amiga se puso triste y desconcertada.

    Todo pasó, tuve una noche de pasión bastante excitante con una amiga de mi amiga, y le di un giro dramático a mi relación con mi amiga. En los próximos días no abordamos el tema, pero su actitud conmigo si cambio. Y ahora, al menos, si le pregunta a su amiga respecto a lo que sucedió esa noche, solo habrá grandes memorias.

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  • Nuestras hermosas mañanas

    Nuestras hermosas mañanas

    Junto con mi amigo Nicolas salíamos a correr todas las mañanas alrededor de una plaza enorme. Todos los días nos cruzábamos con una hermosa y espectacular señorita que también salía a correr. Nicolás un día se atrevió a hablarle, yo soy muy vergonzoso, pero él no, y le cayó muy bien a ella, entonces nos empezó a saludar y se nos unía toda las mañanas.

    Esta señorita era una joven de 21 años que parecía sacada de un mundo mágico. Ella era una chica rubia de contextura pequeña, media un poco más 1,60 m y era delgada, sus senos eran firmes y redondos y su cola era como una manzanita sacada del mejor árbol. Sus curvas eran casi perfectas, no había nada exagerado en ella. Todo los días entrenaba con el cabello sujetado fuertemente con una sola coleta y en top y en leggins de color rosa.

    Mi amigo Nicolas no perdió el tiempo con ella, desde que se nos unió le empezó a tirar onda y ella era una chica que estaba soltera así que se dejó seducir por los músculos y por la facha de él. Entonces se empezaron a tomar de la mano y a darse besos en la boca. Esto era algo muy romántico, pero Nicolás no era así, yo lo conocía, él deseaba tanto como yo tocarla por todas partes, quería que ella se tragase su pito, quería cogérsela en vez de tomarla de la mano.

    Yo tenía toda la razón, nosotros tres empezamos a alejarnos cada vez más de la parte por donde pasaba toda la gente, los descansos los empezamos a tener en la parte en donde la plaza se unía con una arboleda. Allí Nicolás se sentía más cómodo ya que los árboles tapaban las vistas. Él pudo hacer todo aquello que deseaba.

    Primero él la empezó a tocar por todas partes como yo lo había dicho. Sus manos comenzaron a posarse sobre la cola de ella y mientras la besaba le apretaba las nalgas o si no se las cacheteaba. También le empezó a tocar las tetas como si uno tocase unas de esa bocinas antiguas, así de esa manera. Luego él le empezó a enseñar su pito enorme y venoso, no como el mío, y ella como toda una reina solo lo pajeaba al principio, pero después empezó a agacharse y a tragarse semejante pedazo.

    Ella no era que se la chupaba, sino que se la comía entera, era muy guarra la princesita. También se la lamia toda a Nicolás y se la besaba por todas partes. No lo importó que yo esté allí a un costado haciéndome una paja, yo para ella no existía y solo le interesaba tirarle la goma a mi amigo. Con respecto a él, estaba cumpliendo un sueño y no era que no hacía nada. Él apoyaba sus manos sobre la cabeza de ella y hacia fuerza hacia delante y hacia atrás para que ella se la succionara adecuadamente. También cuando quería que ella se la trague casi por completo, la agarraba de la cola de caballo y hacía que se la trague.

    Después de esto vino lo mejor, él comenzó a garchasela delante de mis ojos en medio de todo estos árboles. Él le bajaba el leggins por la mitad, le corría la tanguita hacia un costado y se la enterraba toda por completo. Luego le levantaba el top para agarrarse de sus tetas y embestirla a un buen ritmo. Ella gemía como toda una putita cada vez que él agarraba fuerza e iba hacia delante como todo una caballo. También él le agarraba de su cabello bien sujetado para arquear su cuerpo, para cogérsela más fuerte y para decirle que era su puta y ella le respondía que sí, que era su puta.

    Una mañana mientras se la cogía y él le decía que era su puta y ella le respondía que sí, le ordenó que me chupara la pija y ella respondió que sí. Entonces me acerqué a ella, le coloqué la pija cerca y bueno, ella me la agarró y se la mandó directamente a su boca. Ella me la chupó toda de manera increíble a pesar de que estaba siendo penetrada por el poronga de Nicolas y que estaba en una mala posición. Esto lo solucionamos conmigo recostadme sobre el suelo y ella en cuatro patas también sobre el suelo, con sus rodillas apoyadas. Así de esta manera Nicolás pudo garchasela cómodamente y ella no iba a tener dolores de espalda.

    Ella me lamió como se la lamía a Nicolás con su lengua alocada y pasándola por todas partes. Luego me la succionaba y se la tragaba por completo. Esa mañana acabé junto con mi amigo, ambos le eyaculamos sobre las tetas a nuestra querida princesa. Desde entonces ella me deja tocarle las tetas, me chupa la pija y nos damos algunos besos en la boca, al mismo tiempo en que Nicolás se la garcha.

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  • Mi espectacular vecina

    Mi espectacular vecina

    Hola a todos, este es mi primer relato y espero que les guste, lo que voy a contar es algo 100% verídico y fue una experiencia maravillosa que tuve a mis 19 años.

    Primero quiero describirme, actualmente tengo 24 años, pero en el momento que les contare del relato tenía 18, siempre he sido un chico bien parecido, 1.80 de estatura, delgado, pero con un buen cuerpo, cabello negro y una barba de candado, por alguna razón siempre fui tímido o callado con las mujeres, me daban cierto miedo ya que temía ser rechazado, por lo cual a los 18 sorprendentemente aún era virgen.

    A los 18 me fui a vivir solo a un departamento y ahí ya en privacidad comencé a dar mas rienda suelta a mis deseos sexuales, veía porno, leía relatos, morboseaba de todas las formas posibles, pero después de un año solo lo que quería era sexo real, estaba ansioso, pero no quería llegar a rebajarme tanto como para pagar por el sexo con alguna puta o algo por el estilo, así que decidí esperar a que llegara el momento, y ese momento no tardaría mas en llegar…

    Un día me percaté de que una vecina nueva acababa de rentar el apartamento frente al mío, aun no la conocía pero cuando lo hice quede atónito, otro día cuando salía de mi departamento para sacar la basura fue cuando la vi, una mujer absolutamente espectacular terminando de meter unas cajas de cartón a su departamento, no pude evitar detenerme y disfrutar de lo que estaba viendo, a la nueva vecina.

    Pelinegra con un cabello ondulado precioso, morena clara, alta, como de 1,70, con unas piernas super bien trabajadas en el gimnasio, y lo que mas me impacto, un tremendo culazazazo de infarto, era una locura, grande y redondo, iba vestida con una bata de seda negra y unos leggins rojos pegados que le quedaban a la perfección, en fin, era toda una diosa, la mujer mas sexy que había visto hasta ese momento.

    Al regresar al departamento me acerque a saludarla y a presentarme

    -hola vecina que tal, soy Antonio, vivo enfrente.

    -hola mucho gusto, me llamo Ivette.

    La pude ver mejor de frente y no solo tenía un cuerpo de infarto, si no también era hermosa, llevaba unos sensuales lentes y sus labios carnosos pintados de rojo.

    Platicamos un par de minutos y ella me dijo que había llegado recién a la ciudad por trabajo y que tenía 34 años, una edad que me sorprendió porque parecía mucho más joven.

    Después de conocerla me tome a la tarea de a los siguientes días tomar mas confianza con ella y salía del departamento justo cuando ella lo hacía del suyo para toparnos casualmente. Todos los días que la miraba me dejaba mas loco por su figura que el día anterior, yo salgo a correr en ocasiones y ella como ya lo mencioné, es una mujer bastante atlética por lo que un día nos topamos fuera y me preguntó.

    -¿a dónde vas? ¿Al gimnasio?

    -no, voy a correr al parque

    -podemos ir juntos si gustas, yo también iba para allá

    Invitación a la que accedí inmediatamente.

    Ese día que corrimos juntos yo no podía dejar de mirarla, iba con unos leggins negros super pegados que hacían que su culo se viera impresionante, además que pude notar que su ropa interior se alcanzaba a ver, aparentemente era una tanga roja, y también llevaba un top color morado que resaltaba muy bien sus pocas pero muy lindas tetas, y su hermoso cabello suelto, además, pude notar un riquísimo tatuaje en la parte baja de su espalda, yo corría tratando de que no se viera la enorme erección que me provocaba estar junto a ella.

    Así estuvimos poco a poco conociéndonos y sabiendo uno del otro, ella era soltera, le gustaba salir de fiesta y se veía que solo le importaba lo casual a la hora del sexo, no quería perder su libertad al comprometerse, en fin, pasaron los días y la semanas y nos íbamos haciendo amigos matutinos, salíamos a correr juntos cada tercer día por la mañana, ella me preguntaba sobre mi vida y yo le respondía lo que podía, ya que no me gusta hablar de las razones por las que vivo solo o de mi trabajo, pero con ella me sentía en confianza.

    Había algo que me dejaba loco cada que salíamos a correr, y era que al regresar ella venia sudorosa pero se veía tan deliciosa de esa forma, agitada, sudando su abdomen y pecho y gimiendo un poco del cansancio, como imaginaran yo me despedía de ella, y al llegar la noche no hubo ni una ocasión en la que no me masturbara pensando en ella.

    Luego me paso sus redes sociales y me metía a su Instagram a ver sus provocativas fotos y me mataba a pajas deseándola cada vez mas y mas, para al día siguiente saludarla cordialmente sin que ella imaginara lo que provocaba en mí, o tal vez si lo sabía, ya que había ocasiones donde notaba que ella se daba cuenta de como la miraba con morbo, y es que era inevitable, un niño virgen y sin experiencia de 19 años pasando su mañana con una mujer madura que parecía modelo o actriz porno, era inevitable dejar volar la imaginación.

    Además de que muchas noches pude notar que llegaba acompañada de hombres, y lograba escuchar lo que hacían, obviamente ella tenía una vida sexual activa y le sobraba con quien chingar, y eso me encendía mas, imaginando que era yo quien la penetraba sin parar.

    Finalmente el día de que las preguntas incomodas salieran llego

    -oye Tony ¿y tú no tienes novia o no sales de fiesta? Solo te la mantienes en tu casa o en tu trabajo, las únicas veces que te veo salir son cuando vamos a correr.

    -novia no tengo y no soy muy fanático de la fiesta o de antros.

    A ella le sorprendió que no tuviera novia y me pregunto que porque razón, yo trate de no contestarle la verdad, que aunque si tuve algunas relaciones cortas, nunca había llegado a nada serio.

    Los días siguieron pasando hasta un hermoso sábado, el cual no sabía hasta ese momento, se convertiría en el mejor día de mi vida. Salimos a correr y ella volvió al mismo tema de las relaciones y así, platicábamos un buen rato hasta que nos cansamos y volvimos al edificio, al llegar a nuestro piso ella me comento que hoy no trabajaba ni pensaba salir y me pregunto que iba a hacer yo, quise hacerme el interesante pero al final le dije que tampoco tenía planes, por lo que la invitación que tanto esperaba llego.

    -quieres pasar para seguir platicando, o podemos ir a tu depa, como tu quieras, no tengo planes hoy.

    Yo accedí inmediatamente a pasar al suyo y lo hicimos.

    Ahí me ofreció algo de tomar y sentarme para descansar luego de la sesión de hoy, nos sentamos en su sofá durante un rato hablando y riendo, ella me decía que le agradaba mucho, que me había tomado aprecio y que era como un hermanito menor, comentario que me decepciono pero que me esperaba de parte de ella, luego de mas plática me vi en la tarea de volver al tema de las relaciones para que la plática se encendiera.

    -y a ti porque no te gusta tener novio

    -no me agradan las relaciones serias, las tuve pero a mi me gusta pasar tiempo para mi, enfocarme en mi carrera y en mi físico, divertirme como quiera sin pedirle permiso a nadie, no crees?

    -me gusta como piensas

    La platica fue avanzando y ahora ella fue la que soltó la pregunta un tanto mas incomoda.

    -oye y luego tu tan chavo y sin novia, ¿que no extrañas coger? Jajaja

    Yo me quedé serio un momento, no quería por nada del mundo decirle que era virgen aun, así que me hice el interesante

    -pues si me gusta coger pero creo que hay otras cosas mas importantes en que pensar

    -obviamente pero es una necesidad del cuerpo, a mi si me gusta tener mis aventuras de repente

    -si, me doy cuenta cuando llegas acompañada en las noches(comentario estúpido)

    Eso me salió de la nada, no supe que cara poner a lo que ella me contesto.

    -¿y tu como sabes eso? ¿Me espías travieso? Jajaja

    Yo todo nervioso le dije que no, que solo un par de veces la vi por casualidad

    -pues a mi me gustaría verte entrar con amiguitas de vez en cuando, eres muy guapo y vives solo, como para que no traigas a nadie, no serás gay verdad?- ya hasta pensaba que era puto, a lo que inmediatamente respondí que claro que no.

    Las cosas se fueron poniendo mas incomodas hasta que ella me dice.

    -¿Oye no serás virgen verdad?

    Me quede atónito, y mi silencio me descubrió.

    -no puedo creerlo, ¿si eres virgen? Porque no me habías dicho

    -es que me da vergüenza hablar de eso

    -no me cabe en la cabeza que aún no tengas nada de nada, ¿eres de los que se espera hasta el matrimonio?

    -no claro que no, todo lo contrario, tengo tantas ganas de por fin coger, pero con alguien que de verdad me guste -le dije, tratando de tirar pequeñas indirectas.

    Así fueron las cosas, ella me preguntaba mas cosas y yo le respondía, seguía todo normal hasta que se levantó para servirse un trago, mientras ella estaba de espaldas yo la miraba, sin quitar los ojos de su culo que me tenía hipnotizado desde que la conocí, en ese conjunto negro de leggins, top y chaqueta negra que llevaba, con el cabello recogido, ufff, se veía espectacular, no pude evitar que me provocara una erección seguir viéndola, y pensé: estoy en su departamento, con este monumento de mujer, hablando de sexo, esta es la oportunidad que estaba esperando, pero mi nula experiencia me evitaba hacer algo porque no tenía ni idea que decir.

    Yo solo la seguía viendo y cuando regreso a sentarse, logro ver que estaba erecto, yo me di cuenta y me tapé con las manos pero ya era tarde, ella se había dado cuenta de eso y de que la estaba viendo.

    -¿y eso?

    -¿qué cosa?

    -Pues lo que te está pasando ahí abajo

    -pues es que es inevitable jajaja -me atreví a lanzarle ese comentario esperando aprobación

    -bueno, al menos ya supe que no estaba loca cuando pensaba que si me mirabas mucho cuando salíamos a correr.

    Las cosas se fueron calentando gracias a Dios y ella finalmente me dijo.

    -te voy a decir una cosa, porque te aprecio y quiero ayudarte, además para divertirnos, que te parecería si yo te estreno.

    Me puse rojísimo de los nervios.

    -me gustaría poder decir que estrene a un chavito guapo y encantador como tú, yo que se te gusto, eres muy obvio, ¿que dices? ¿Aceptas o no?

    Me armé por fin de valor y le dije.

    -la verdad no hay cosa que mas quiera en este mundo que eso.

    Así que por fin llego lo que tanto quería, me llevo de la mano a su habitación, y nos encerró en ella, me dijo que me sentara en la cama y yo hice caso sin chistar y me dijo.

    -no quiero que tu hagas nada todavía, yo te enseño

    Se volteo y comenzó a bailarme enfrente y dejarme tocarle ese culo hermoso que se cargaba, entre en éxtasis total y comencé a besarle el culo por encima de sus leggins, estaba por fin justo donde soñé tantas noches estar.

    Ella se volteó y comenzó a besarme, se colocó arriba de mi y me quito mi sudadera y mi playera hasta queda sin camisa, me besaba el cuello y yo como un virgo total me vine por primera vez con puro beso, me morí de la pena pero lo mejor estaba por venir, ella siguió estimulándome y finalmente se quitó su ropa deportiva quedando sin nada arriba y solo con los leggins, se volteó y vi que su espalda era una locura, parecía amazona, y me dijo, bájamelos tu (los leggins) hice caso y al verle por fin el culo desnudo solo con una hermosa tanga negra cubriéndolo no pude mas y volví a besárselo, pasando toda mi cara por ese poto brutal.

    Ella me separo y me volvió a acostar sobre su cama, para quitarme los pants, me bajo todo y mi pene otra vez erecto salió al aire, la verdad no soy muy dotado, unos 15 centímetros, pero estoy bastante grueso, ella comenzó a mamármela de forma deliciosa, lo hacía como toda una profesional, yo le tomaba la cabeza para que continuara y solo miraba al techo agradeciendo por lo que estaba pasándome, masajeaba mi verga y la lamia de arriba abajo de forma brutal, cuando me dejo estimulado al 100 me pregunta -ahora quiero que tu decidas, que quieres hacer? -primero que nada comerte ese culo que me tiene loco.

    Así que ya excitado por la situación me dejo disfrutarla de arriba abajo y fui tomando el control de su escultural cuerpo, ella se acostó boca abajo y le quite de un tirón su tanga y no lo dude 2 veces y me metí a comerme su culo, no sabía ni como hacerlo realmente pero solo lo chupaba y lo lamia sin cesar, le masajeaba sus nalgotas y metía mi nariz y lengua en ese culo hermoso, así dure un buen rato y al parecer lo hacía bien ya que a ella le estaba gustando, comenzó a gemir y a tomarme el cabello con su mano para que no dejara de mamárselo, duramos como 10 minutos en esa posición.

    Si por mi fuera habría durado todo el día comiéndole el ano pero también añoraba cogerla, así que me puse de rodillas sobre la cama y al verla así a mis pies, desnuda, tirada sobre la cama boca abajo, con su hermoso tatuaje en la parte baja de la espalda y a mi total merced, solo me quedo que agradecer a Dios, a lo que ella se rio jajaja, comencé a penetrarla poco a poco con su ayuda, ubicando mi pene en el orificio correcto, al entrar me empecé a mover hacia atrás y adelante y no dure ni 30 segundos para venirme de nuevo.

    Pero de algo me servía el cardio, volví a carburar y comenzó la acción, ella se colocó de perrito y ahora si cogí a mi gusto, embistiéndola y nalgueándola, me volvía loco la forma en que gritaba y gemía -ay si mi niño que bien que lo estás haciendo, no pares, no pares

    Estuvimos en esa posición alrededor de 15 minutos, y así duramos cambiándonos distintas posiciones, mi favorita fue con ella arriba, sentía todo su monumental cuerpo bajando y subiendo sobre mi, una experiencia que jamás olvidare, duramos 2 horas cogiéndonos de todas las formas que a ella se le ocurrieron, practicamos el misionero, me dejo dedearla, hacerle sexo oral, el 69, comiéndole todo el hermoso culo que tenia de nuevo, subía sus piernas a mis hombros para que entrara mejor, fue toda una sesión sexual maravillosa de la que aprendí bastante, terminamos agotados y seguimos besándonos un rato, ella me felicitó.

    -la verdad no pensé que lo fueras a hacer tan bien, te felicito papito hermoso

    Nos fuimos a duchar juntos y ahí continuamos dándole, al salir yo me fui a mi departamento mas feliz que nunca, pero quería estar con ella de nuevo, mas al rato en la noche volví a visitarla pero esta vez para hacerla venir a ella, fue difícil pero finalmente lo logre. Pasamos muchas mas noches juntos y ella me incentivo a probar otras experiencias y con esto adquirí confianza, si pude con ella, podría con cualquier mujer que se me diera la gana, yo quise formalizar pero ella siempre dejo verme sus límites, éramos amigos con derecho y ya.

    Hoy en día ya tengo 24 años y tengo novia y he tenido mucha experiencia con bastantes mujeres estos últimos años, cogiendo con quien quiero y disfrutando al máximo, y nada podría haber sido posible sin Ivette que fue la que me enseño todo lo que se al coger, a la cual de vez en cuando sigo frecuentando, y que con ya casi 40 años, sigue sorprendiéndome por lo sucia y promiscua que puede llegar a ser, pero eso tal vez lo cuente luego.

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  • Gunilda, mi médico hetero y mi amor (parte 2)

    Gunilda, mi médico hetero y mi amor (parte 2)

    Ya en su consulta, hablamos sobre mi estado de ánimo, de como me encuentro, de mis medicaciones y mis futuras revisiones y consultas. Amo escuchar su tierna y cálida voz, gruesa pero suave al mismo tiempo. Me transmite mucha paz.

    Su cabellera larga, ondulada, abundante, salvaje, como las olas de un revoltoso mar bajo el nocturno cielo iluminado por el destello de su profunda y eterna mirada, de sus ojos grandes y brillantes como dos estrellas. Su flequillo recto, como una pacífica nube en el orbe presidiendo la luz del sol, que es el destello de su hermosa e invicta sonrisa llena de vida, que además puedo recrear mientras contemplo el cielo en las noches de luna en sus fases de cuarto creciente y menguante. Su blanca piel, el sensual rubor en su rostro como besos de pétalo de rosa roja. El brillo y el café que provoca desvelos de su cabellera y su mirada de jaspe.

    Es tan perfecta. Me sonrojo como siempre. Me pide que me siente en la camilla y que me debo quitar el vestido de cintura para arriba y desabrochar el sujetador, algo que hago con mucho gusto. En primer lugar, me hace abrir la boca y sacar la lengua para revisarme con un palo de madera (algo que, no sé por qué, me parece tremendamente sensual), seguidamente me ausculta y finalmente me toma la tensión. Yo sentada en la camilla medio desnuda con mi espalda casi pegada a la pared, ella de pie. Me encanta esta postura en la que estamos, muchas imaginaciones en forma de escenas románticas y altamente eróticas entre nosotras invaden mi mente.

    Por momentos la miro de reojo. Siento un brillo intenso en su mirada posándose en mi cuerpo, un peculiar rubor en sus mejillas y una discreta sonrisa un tanto extraña que no sabría cómo definir, como si anhelara con desespero ocultar algo. No sé si serán imaginaciones mías influidas por las ilusiones que me hago desde la faceta más irracional de mi persona, pero… Es que parece tan real. En fin, empiezo a sentirme que no sé qué pensar ya.

    Acto seguido, me tiene que masajear y mirar bien la espalda, los hombros y las costillas para ver cómo estoy de los dolores musculares que me han quedado como secuela del accidente. Me tumbo y me quedo con el vestido medio puesto de cintura para abajo y con el sujetador desabrochado de cintura para arriba. Me masajea, escribe los resultados y me pregunta si me duele o no.

    Es indescriptible esta sensación de sentir el contacto de sus manazas recorriendo mi piel. Poniéndome en sus manos (nunca mejor dicho), me siento flotar en un puro y diáfano cielo azul repleto de tiernas y blancas nubes de algodón. Entonces volteo mi cuerpo para que termine de masajearme.

    –Tienes un cuerpo precioso, de verdad –me dice, mirándome ruborizada.

    –Muchas gracias –le respondo, entre dulces palpitaciones y mariposas en el estómago.

    Entonces procede a masajear mis costillas. La verdad es que no es la primera vez que halaga mi físico y mi cuerpo. Cada vez que lo hace, me percato más de como le brilla la mirada, como se ruborizan sus mejillas y como se entrecorta su respiración. O tal vez son imaginaciones mías fruto de las ilusiones que me hago.

    –Muy bien, cariño mío –me dice al terminar.

    Me percato de lo sonrojadas que tiene las mejillas y de como le brilla la mirada.

    A raíz de sus miradas, de su cariñosa manera de dirigirse a mí y de sus halagos acerca de mi cuerpo, esa sensación que tengo cuando percibo la atracción hacia mí por parte de otra persona se empieza a hacer patente. No dejo de sopesar la posibilidad de que sea una percepción mía influida por todo lo que siento por ella y que solamente me tiene mucho cariño y le parezco muy guapa, pero es que su manera de mirarme, el sonrojo de sus mejillas y el destello de sus ojos cafés posados en mi cuerpo me dice otra cosa muy diferente de la simple admiración hacia la belleza femenina.

    Todas las veces de mi vida que a mí me han asaltado estas dudas la intuición nunca me ha fallado. ¿Y si hay algo más allá del afecto? ¿Y si Gunilda no es tan hetero?

    Acto seguido, se dirige al almacén para buscar varios utensilios porque al terminar tiene que administrarme una dosis de un medicamento vía intramuscular. Verla caminando de espaldas con su bata blanca, su cabello suelto y bien peinado, sus anchas caderas, sus fornidas y largas piernas y sus atrevidas botas de cuero y plataforma hace que me sonroje, que mis latidos se aceleren y que sienta ese dulce calor en mi cuerpo.

    Ella vuelve con los botes y tubos con el medicamento, la jeringa y el algodón. Le da una imagen imponente que me atrae en sobremanera aunque paradójicamente sufra un poco con las inyecciones. Me pide que me siente en la camilla, ya que me tiene que inyectar el medicamento. Ya conoce muy bien mi aversión a las inyecciones y es muy cuidadosa conmigo. Debo de reconocer que finjo más temor del que realmente siento, puesto que amo en sobremanera lo protegida que me hace sentir. Amaina mi nerviosismo y mi (medio fingido) temor muy cariñosamente.

    –¡Venga, cariño! –me toma de mis delicadas manos con sus manazas, sonriéndome y mirándome a los ojos presa de ternura y de instinto protector– Con todo lo que has pasado y todo lo que estás luchando, si ningún obstáculo ha podido contigo, esto todavía podrá menos. Tú puedes. Nosotras podemos. Recuerda: tú y yo somos un equipo. ¿Sí? –me hace un ligero apretón de manos y me guiña el ojo. Acto seguido, me besa la frente. El destello en su mirada y el rubor en sus mejillas continúa haciéndose demasiado patente.

    Asiento, llena de mariposas en el estómago ante tantas muestras de afecto hacia mí por su parte y sintiéndome todavía más dulcemente menuda y vulnerable ante ella.

    –Ahora, cuando te inyecte el medicamento, tú puedes soplar y si lo ves necesario, poner tu otra mano encima de la mía con la que te sostengo el brazo. ¿Sí?

    –De acuerdo, perfecto –respondo sonrojada, con un fino hilo de voz.

    Entonces me besa de nuevo la frente. A cada muestra de afecto suya, mi intuición se hace todavía más patente. No obstante, tampoco dejo al aire el beneficio de la duda. ¿Y si simplemente es una gran ternura e instinto protector al haberle mostrado mi yo más vulnerable y no atracción ni amor romántico lo que siente? ¿Y si son ambas cosas? Soy más que consciente de lo mucho que le gustan mis manos, siempre encuentra alguna ocasión para tomármelas.

    No solo yo amo con todas mis fuerzas sentir el contacto así como el sensual contraste entre mis manitas y sus manazas. Ambas lo amamos. Tengo la sensación de que, además del cariño, los abrazos y que me tome de la cintura con su imponente brazo mientras caminamos juntas, es principalmente esto lo que despierta una increíble química entre nosotras.

    –Tienes unas preciosas manos, de verdad. Podrías tocar el piano.

    –Ay, muchas gracias –le respondo con un fino hilo de voz, muy ruborizada. No es la primera vez que me lo dice.

    Me suelta las manos y prepara la inyección con la medicina. Ya preparada, dirige la inyección hacia mí.

    –Venga. ¿Preparada, cariño? –me dice, con una confiable sonrisa.

    –Preparada –le respondo.

    –Mira como sostengo tu brazo con esta mano. Ahora pon tu otra mano encima de la mía.

    Lo hago sin pensarlo ni un segundo.

    –Muy bien, cariño. Ahora sopla.

    Entonces me inyecta el medicamento. Le sostengo con fuerza la mano y soplo. Acto seguido, me cubre el sangrado del antebrazo con un algodón con el que me aguanto con la mano y empiezo a sentirme mareada. Mi cabeza da vueltas, siento escalofríos y temblores que se acaban convirtiendo en sofocos y mi rostro palidece.

    —¡Uf! Me encuentro mal.

    Empiezo a suspirar de dolor físico. Me silban los oídos y tengo una sensación de hormigueo en las manos y en los pies. Gunilda me pide inmediatamente que me vuelva a tumbar en la cama. Acto seguido, pone una mano en mi frente y otra en mi pecho para tomarme el pulso y va rápidamente a por una pequeña toalla que moja con agua fría y me la coloca en la frente sujetándomela con una mano, mientras que con la otra me toma dulcemente las manos como una manera de tomarme el pulso. Empiezo a temblar y a ponerme nerviosa.

    —Como ya sabes, es un medicamento fuerte y este es el efecto inmediato, pero una vez entre en la sangre te encontrarás bien y a medida que avancemos las dosis te irás acostumbrando. Tranquila, cariño mío, tranquila —me dice, con su dulce tono de voz.

    Acto seguido, Gunilda empieza a acariciarme suavemente el cabello y las mejillas, a la vez que sujeta la toalla en mi frente con su otra manaza, que por algunos instantes me la pone en el pecho para tomarme el pulso.

    —Ya está. Tranquila. Respira hondo. Inspira… Espira… Inspira… Espira… —me dice unas cuantas veces con dulzura.

    —Gracias. Gracias. Gracias. —le respondo, agonizante.

    —Te doy un vaso con agua y una Biodramina —me dice en un momento dado. Se dirige hacia una estantería de la que toma un pequeño vaso de color blanco con un corazón rojo dibujado y acto seguido hacia la máquina de agua, juntamente con la pastilla que toma de un bote. Después vuelve hacia mí.

    Intento levantar la mitad de mi cuerpo para sentarme en la camilla. Nada más hacerlo, todo me da vueltas, vuelvo a percibir mi vista algo borrosa y a sentir que me silban los oídos, además de una sensación de adormecimiento y hormigueo en mis extremidades.

    —Muchas gracias —me da el vaso e intento beber. Me vuelvo a sentir mareada y por un momento casi derramo el vaso, solo me ha alcanzado tiempo para tomarme la pastilla.

    —Uy, te veo mal, te veo mal aún. Túmbate, túmbate, tranquila. Tú estate tranquila sobre todo.

    —¡Uf! Todavía no puedo levantar mi cuerpo. No puedo sentarme. A la mínima me mareo —le digo, entre sollozos de malestar físico.

    —De acuerdo, Clío. Venga, calma. Tómate tu tiempo para recomponerte. No pasa nada. Cuando te encuentres mejor ya sabes.

    Sigue sosteniendo la pequeña toalla de agua fría en mi frente y acariciándome. ¡Qué segura me hace sentir esta mujer! Poco a poco, mi angustia y mi malestar se van disipando y mi rostro recupera el color. A medida que me voy encontrando mejor, me concentro más en ella. Sus dulces caricias. El destello de su cabellera y su mirada de jaspe. Su cálida voz hablándome con ternura. La misma sensación que contemplar el mar en calma, escuchando el sonido del pacífico oleaje y sintiendo una suave brisa acariciando mi rostro. La misma sensación que tomar una taza de chocolate negro bien caliente con un corazón grabado en la espuma.

    —Te encuentras mejor, ¿verdad? —me pregunta, con una tierna sonrisa mientras me acaricia las mejillas y el cabello.

    —Sí, me encuentro mejor. Muchas gracias por todo lo que estás haciendo y haces por mí, de verdad. Por todo y por tanto —le respondo.

    Voy levantando mi cuerpo y bebiendo lentamente el agua que me ha dado, poco a poco, sorbo a sorbo, mientras ella me mira con afecto y con este rubor y brillo en su mirada que todavía dudo de cómo descifrar.

    —¡Eres una campeona! —me dice. Acto seguido, me da un beso en la mejilla. Yo sonrío y me sonrojo. Siento mi estómago y mi vientre ya contraídos de tantas mariposas.

    Entonces, Gunilda va recogiendo las cosas mientras yo me visto. Me fijo en ella. Es tan y tan hermosa. La miro disimuladamente y sonrojada, no sabiendo qué cara poner, sin sonreír, apretando mis carnoso labio inferior hacia dentro y mordiéndolo sensualmente. Me fijo en su larga cabellera castaña y ondulada con flequillo recto, en sus fornidas y largas piernas por debajo de sus pantalones tejanos, en sus botas altas marrones de cuero, plataforma y tacón grueso, bien combinadas con el color y el brillo de jaspe de sus ojos y de su cabello.

    «¡Qué mujer, qué diosa!», pienso. Me sonrojo todavía más. De nuevo, mi corazón se acelera, mi respiración se agita y mi cuerpo se estremece. En pocas palabras, vuelvo a sentir calor. Por un instante, nuestras miradas se encuentran y ella se sonroja, entrecierra sus ojos y me lanza esa sonrisa que no sabría cómo descifrar, entre tímida y seductora, de sentirse deseada y tal vez de deseo hacia mí, la misma sonrisa nerviosa que mientras me masajeaba.

    En repetidas ocasiones me ha sorprendido mirándola de esta manera. Tengo la sensación de que ya se percata de mi atracción hacia ella. Sabe de sobras de mi bisexualidad y de mi atracción preferente a las mujeres ya que le expliqué el detonante principal de mi depresión, que era todo por lo que pasé por la primera mujer de la que me enamoré (limerencia, dependencia emocional, en resumen, TOC), a lo que me escuchó atentamente y terminé llorando desconsoladamente entre sus brazos, sus dulces palabras de consuelo y sus besos en mi frente y mi mejilla.

    Ella, por su parte, en esta misma conversación me dijo que había tenido solo relaciones con hombres en toda su juventud y que ha estado casada con un hombre durante bastantes años, con el que ha tenido un hijo ya adolescente rozando la mayoría de edad, por lo tanto, es más que obvio que es heterosexual y a su edad y siendo una mujer totalmente hecha y derecha, es difícil que eso cambie. También me explicó que lleva dos años divorciada del que fue su marido, aunque han quedado en buenos términos y a día de hoy se llevan bien, simplemente porque ambos ya no sentían lo mismo, como que «se acabó el amor», aunque esto no significa que se tengan que odiar ni llevar mal.

    No obstante, por muy divorciada que esté, en teoría sigue siendo heterosexual, nada cambia. Eso, naturalmente, me derrumba un poco, sí, pero bueno, que le vamos a hacer. Como buena Asperger ya estoy demasiado acostumbrada a los amores platónicos y no va a ser menos ahora.

    La faceta más racional de mi persona me repite con sus incesantes y castigadoras voces que no debo hacerme ilusiones, que solo me tiene un gran cariño y simpatía porque me ve muy vulnerable, que es hetero y que punto y final. Pese a ello, siento que con el paso del tiempo y todo lo vivido, se ha ido mostrando cada vez más cercana, cariñosa y protectora conmigo. Además, sus muestras físicas de afecto hacia mí (abrazos, caricias, besos…) son ya muy frecuentes, tal vez demasiado. ¿Y si es que simplemente me tiene mucho cariño y ella acostumbra a ser así con sus pacientes?

    No pretendo hacerme ilusiones, aunque, ay, no sé. ¡Es inevitable no hacérmelas! Es que por otro lado siento que está surgiendo una obvia (al menos para mí) química entre nosotras y esto, obviamente, despierta en mí un atisbo de esperanza. Minuto a minuto y mirada a mirada, tengo la sensación de que se percata de mi atracción y de mis sentimientos hacia ella. Aunque claro, si a ella no le interesara se mostraría más distante conmigo, cosa que no sucede, sino todo lo contrario. Mi instinto también me dice que ella jamás jugaría conmigo por el simple hecho de sentirse deseada.

    Intuyo en ella algo mucho más allá del cariño hacia mí y de verme solo como una posible amiga. Lo veo en el rubor de sus mejillas, en el destello de sus ojos, en su manera de mirarme y en su respiración entrecortada estando en mi cercanía, sobre todo las veces que me ha tomado de mis delicadas manitas con sus manazas, que me ha acariciado el cabello y el rostro, que me ha besado la frente y las mejillas y todavía más cuando me ha mirado estando yo con el vestido puesto de cintura para abajo y desabrochado y sin nada más ni nada menos que el sujetador puesto de cintura para arriba.

    La verdad es que, hablando claro, parece que me hace el amor con la mirada, que me posee, que me hace completamente suya. Siento que hay algo más, algo más allá del cariño y que nada tiene que ver con la típica admiración de la belleza femenina por mero deleite estético.

    Minuto a minuto, percibo con más claridad que aquí hay química, atracción y deseo. Deseo del bueno. Percibo lo deseada que me estoy sintiendo por su parte, que no es precisamente poco. Ahora sí que ya de manera racional, empiezo a llegar a la conclusión de que esta química que se respira entre ambas puede dar paso a algo más. Y, sobre todo, que este «algo más» no es precisamente unidireccional.

    ¿Y si Gunilda, pese a ser hetero, sintiera también algo? ¿Y si Gunilda no es tan hetero como pienso? La verdad es que mi monólogo interno respecto a sus sentimientos hacia mí va cambiando gradualmente y de manera radical y esto son ya palabras mayores. Esa dulce, cálida y creciente llama de esperanza e ilusión arde cada vez más y más dentro de mí.

    Una vez estoy vestida, se vuelve hacia mí, que sigo sentada en la camilla.

    —Si ves que te encuentras mal, tómate la Biodramina transcurridas ocho horas –procede a darme uno de sus botes con pastillas Biodraminas– Ahora vuelves a casa, tranquila, sin prisas… O… Si quieres te acompaño yo a la estación donde debes tomar el tren, que pronto va a oscurecer y además son vísperas de San Juan y es todo más inseguro. En fin, como lo veas mejor. Además, vives lejos y tienes que subirte al último tren, ¿verdad? —me dice, mientras me mira con gran afecto y acaricia mi cabello y mi mejilla. Me encanta lo protectora que es conmigo. Yo me sonrojo y siento que mi corazón y mi estómago dan definitivamente un vuelco.

    —Vale, como quieras, te lo agradezco —le digo.

    —Como te vaya mejor, sin compromiso —me dice, afectuosamente.

    Sigue acariciando mi cabello y mis mejillas. Me sonrojo todavía más. Sonrío. La miro tímidamente. Mi corazón late con fuerza. Mi cuerpo se estremece todavía más. Llegadas a este punto, es ya más que obvia la química entre nosotras y es ya imposible que ella no sienta lo mismo.

    –O… Si quieres puedes quedarte a cenar y a dormir a mi casa –me dice repentinamente.

    Asombrada me quedo.

    –¿Seguro que te va bien? Lo digo por tu hijo y por no darte más faena.

    –¡Sí, descuida! Mi hijo está con su padre esta semana.

    –Sí. Bueno… Vale… Como quieras –balbuceo tímidamente, haciéndome la indecisa. En el fondo estoy que no quepo en mis ganas.

    –¡Perfecto pues! Termino de recoger mis cosas y nos vamos. Además, al ser vísperas de San Juan salgo más temprano. Podemos ir a pasear un rato por la ciudad y después vamos a mi casa. ¿Qué te parece? –me mira con una amplia sonrisa. Intuyo una inmensa alegría en su rostro y en su voz.

    –Me parece muy bien, muchas gracias de verdad –le digo, con una sonrisa de oreja a oreja.

    Acto seguido, me abraza con fuerza y me besa la cabeza y la mejilla. Me asombra como busca constantemente el contacto con mi cuerpo. Se me eriza la piel inevitablemente, en especial mis pechos y mis pezones por debajo del vestido. Siento humedad en mis braguitas. Estoy realmente excitada con solo sentir el roce de nuestros cuerpos, además de mi enamoramiento y deseo hacia ella y de su cada vez más obvio deseo hacia mí. Un torbellino de sentimientos y sensaciones demasiado intenso.

    –Ay. Pero un momento. –me dice– A ti, los petardos…

    –La verdad es que me dan miedo –le respondo tímidamente a modo de interrupción con un meloso y suave tono de voz.

    Los petardos sí que me dan realmente miedo, esta vez no finjo. Me está mal decirlo, pero reconozco que amo mostrarme ante ella como una damisela en apuros.

    –Entiendo perfectamente que siendo Asperger como eres seas especialmente sensible a los sonidos fuertes y repentinos. Tranquila, no estás sola, estarás conmigo, no temas –me toma la mano y me besa la frente.

    Acto seguido, procede a quitarse la bata. Entonces me fijo más y más en ella. Lleva puesta una camisa abotonada de manga larga de color marrón con topos blancos, totalmente a juego con su cabello, su mirada y sus seductoras botas de plataforma y taconazo. Mi mirada se va directa a sus pechos, ahora sí que puedo fijarme mejor y lo que intuyo me encanta en sobremanera. Tiene unas tetas realmente grandes y bien puestas y me fijo discretamente en la senda que mena hacia ellas.

    Transcurridos unos segundos, se voltea y mi mirada se va directa a sus piernas con las botas altas de cuero bien ajustadas, a sus pantorrillas, a sus anchas caderas y a sus preciosas y abundantes nalgas por debajo de sus pantalones. Estoy salivando, en todos los sentidos. Entre otras sensaciones, siento mayor salivación en mi boca y mayor humedad en mis braguitas.

    Me imagino recorriendo su cuerpo entero y sus grandes pies con las botas y demás calzados de plataforma y tacón con mis manos, con mi boca y con mi lengua y quedándome sin aire entre tanta y tanta abundancia y voluptuosidad, como si no existiera un mañana. ¡Uf! Deseo con todas mis fuerzas amar su cuerpo como si no existiera un mañana, durante toda la eternidad. Y si en esta vida no alcanza, durante toda una otra vida.

    Transcurridos unos minutos, ella se pone su chaqueta, una chupa de cuero marrón totalmente a juego con sus botas. Se viste de una manera discreta e informal y al mismo tiempo lleva unos calzados muy atrevidos y sensuales. Al mismo tiempo, yo me pongo mi chupa de cuero negra, totalmente a juego con mis sandalias negras de cuero y que me hace verme muy bien con mi vestido granate, discretamente ajustado a mi cuerpo.

    Tenemos un estilo bastante distinto. Ella más bien informal, yo más bien fina y formal. Irónicamente, debo decir que dejándonos llevar por estereotipos y por nuestro aspecto, cualquiera diría que la lesbiana o bisexual es ella y la hetero yo, aunque tal vez debemos empezar a superar ya estas cosas. Por ejemplo algunas de mis amigas no es que sean precisamente el culmen de la feminidad y no son más heteros porque no pueden. Esto es cierto, aunque dejando ya de lado estereotipos o no, llegadas ya a este punto, cada vez dudo más de la (supuesta) heterosexualidad de Gunilda.

    Ya apagadas las luces y la alarma de su consulta, cierra con llave y salimos, bajando por un grande ascensor con espejo, a través del cual nos miramos. Viendo la reflejada imagen de ambas, me percato todavía más de nuestra notable diferencia de altura y tamaño y la verdad es que es algo que me encanta en sobremanera. Me imagino cómo sería ella capaz de hacerme el amor, de poseerme, de hacerme suya. Lo que su grande y fornido cuerpo haría con mi menudo cuerpo. Mi instinto concibe una relación entre ambas siendo ella la más dominante y yo la más sumisa.

    Continuará.

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