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  • Los frutos de un anuncio

    Los frutos de un anuncio

    Hola feliz día, aquí les dejo un relato.

    En una ocasión publiqué un anuncio en una página para encuentros casuales, los primeros días solo escribían por curiosidad y como por fastidiar solo pidiendo fotos y videos.

    Pero una mañana leí un mensaje y le contesté, solamente que hasta la tarde de ese día que lo leyeron. Resulta que era una chica que estaba tomada y con unas amigas entraron a la página y por solo joder escribieron, bueno en sí la chica y yo comenzamos a escribirnos porque igual ella sentía curiosidad. Le llamaré Katty por colocar un nombre.

    Katy y yo comenzamos a escribirnos. Ella me contaba que era casada y que se sentía sola, ya que su esposo trabajaba lejos y normalmente se quedaba, eso dio pie para que nuestros chats cada vez se volvieran más interesantes.

    Así comenzamos no solo a escribirnos sino también la llamarnos e intercambiar fotos incluso videollamadas. Ella era una chica con un cuerpo normal de una mujer casada, me refiero a que no iba al gym. Su cara es bonita y su voz es un regalo, muy hermosa su voz.

    Ya después de tanto escribirnos y como nuestros chats ya prácticamente eran una relación sexual escrita, decidimos conocernos en persona, ya que nos traíamos muchas ganas. Decidimos encontrarnos en un sitio cómodo para los dos, ya que vivimos muy lejos el uno del otro, pero como era primera vez que nos veíamos en persona fuimos a un Starbucks por unas bebidas y romper un poco el hielo. Ya después de conversar un rato nos fuimos a un hostal cercano.

    Para consumar lo que tantas veces hablamos a través del chat.

    Lo primero al entrar a la habitación fue darnos una ducha, ella quiso ducharse primero sola así que normal le dije entro al baño y se duchó luego salió con la toalla colocada, luego ingrese a ducharme yo.

    Ya al salir ella estaba sentada en la cama todavía con la toalla puesta, me acerqué a ella y la tomé de las manos y le ayudé a levantarse.

    Ella sonrió mientras sus ojos le brillaban de picardía y su rostro algo rojizo por pudor.

    Con esa sonrisa que tenía la besé muy despacio mientras con mis manos acariciaba su cara para ir bajando muy despacio mis manos hacia su cuello y luego a sus hombros para luego quitarle la toalla, y descubrir sus senos que para ese punto los tenía duritos y podía sentir como su corazón latina muy rápido.

    Después de besarla le pedí que se recostara en la cama y le abrí sus piernas y comencé a mamarle su vagina que a ese punto ya estaba bastante mojada. Podía escuchar como le gustaba lo que le hacía mientras lo hacía ella movía un poco sus caderas como quien disfruta de lo que le hacen.

    Después de darle bastante gusto a ella y yo también me lo di disfrutando de esa rica vagina. Ella me pidió que me apoyara en la cama y comenzó a mamar mi pene, ella tenía la boca muy caliente, que sensación tan húmeda y rica sentir su lengua y sus labios como jugaban con mi pene.

    Después de ella darse gusto y dármelo a mí, quiso subirse encima de mí para lentamente irse sentando encima del pene, estaba supercaliente y mojada, que rica sensación y comenzó a moverse muy rico, podía ver como lo disfrutaba, era muy excitante.

    Luego de esa posición cambiamos a la de misionero en donde estuvimos un rato sudando ambos, ella con sus piernas me sujetaba como abrazando, para luego cambiar a cuatro y que rico se veía y sentía ese panorama.

    Ambos disfrutamos de ese nuestro primer encuentro ese día lo hicimos dos veces. Después de ese día nos frecuentamos por un tiempo hasta que cada quién siguió con sus vidas.

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  • Me enseñó un sexo que desconocía (1)

    Me enseñó un sexo que desconocía (1)

    Había cortado con mi nuevo “mino” tras dos frustrantes sesiones de sexo. Uno más para la colección de penes con un cuerpo detrás que solo entendían de ponerla dura y meterla en los agujeros que podían y a eso le llamaban sexo. Me había mal acostumbrado con un catalán cuarentón que conocí hace dos años y que estuvo pasando por mi cama durante unos siete meses antes de volverse a su país. Horas de mimos, juegos, lamidas, juguetes y caricias (y obvio también penetración), con un sexo intenso y variado. Si no hubiese estado casado (lo aclaró de entrada) me iba con él a Cataluña aunque mis padres protestaran.

    No soy una de esas pendejas hermosas con una fila atrás. Tengo, eso si, un cuerpo atlético y no soy para nada fea. Mi colita, aunque pequeña es redondita y parada, mis tetas son mas vale chicas y creo que mi parte más destacada son mis piernas que, por el ejercicio, son torneadas y firmes. Una piba del montón, diría, flaquita, rubia, simpática. Pero estaba lejos de sentirme una diosa.

    Penando por mi soledad, estaba tirada en una reposera, en la casa de veraneo de mis viejos, tomando sol y recordando a mi catalán, cuando vi que en la casa de al lado bajaban muebles y bultos y, de puro curiosa, fui a ver que nueva familia de plomos se mudaban, esperando que tuviesen hijos o hijas de mi edad para renovar el plantel del barrio. Habían trabajado unos planteles reformando el lugar y ahora ya se venían los nuevos vecinos. Pero estaban solo los operarios de la empresa de mudanzas y una mujer de cincuenta y pico, seria y mandona que les indicaba donde iba todo.

    Ya me volvía a mi tarea de tostarme al sol cuando escuché primero y vi después entrar un auto que se estacionó a la entrada de la casa y bajar un morocho de unos cincuenta años, entrado en canas, atlético, musculoso y que mostraba en sus movimientos aplomo y autoridad sin necesidad de alardear. Habló con la mujer (¿quizás la señora?) y entró en la casa, dejándome con ganas de conocer más del nuevo vecino.

    Los próximos dos días espié a través del cerco de plantas, pero no pude ver a nadie ni descubrir nada nuevo ni la radio interna del chusmerío femenino aportó nada, hasta que el sábado salí a hacer mi circuito de caminata y trote por el sendero (que bordea la cerca perimetral y está flanqueado por álamos). En el primer recodo, en uno de los sitios de aparatos de gimnasia que tiene, estaba el nuevo vecino elongando. Antes de acercarme me dediqué a observarlo. Buena figura, carnes sólidas, pancita apenas incipiente, atlético, linda pinta, las sienes canosas y una presencia sólida. Retomé el trote hasta llegar a él, lo saludé y comencé mis ejercicios de elongación.

    -“Hola, me llamo Ricardo. Me acabo de mudar al lote 52 y estoy inaugurando mis trotes mañaneros después de acomodarme. ¿Vos sos del barrio? Porque me indicaron esta senda, pero no sé hasta donde sigue”.

    -“¿Qué tal Ricardo?, me llamo Irina y soy tu vecina del lote 51”, le contesté ofreciendo mi mano que estrechó cálida pero firmemente. “Esto sigue por unos diez kilómetros, pero si querés te indico a la mitad un corte que te permite hacer un circuito de cinco kilómetros”.

    -“No, gracias. Yo acostumbro a hacer unos diez, de modo que me va perfecto”.

    -“Vamos entonces”, le dije, pensando en que a mitad del camino lo iba a ver aflojar. Pero la cuestión es que, con una evidente experiencia en manejar la respiración y regular el ritmo, hicimos los diez kilómetros sin hablar (salvo los escasos comentarios míos sobre el lugar o dos preguntas suyas sobre cosas que cruzamos). Cuando llegamos, yo me veía más agitada que él.

    -“Tenés un excelente estado atlético”, me dijo.

    -“Perdona, pero ese comentario me corresponde. No te enojes pero de mi es esperable. Lo notable es que vos hayas hecho los 10 kilómetros y estés tan fresco. Digo, por la edad”, respondí medio amoscada y pensando que se estaba dando mérito.

    -“Ja, ja , ja. Es cierto. Lo que pasa es que hice deporte toda mi vida y sigo haciendo pilates y remo, lo que me mantiene en estado. Y, te pido perdón, pero te asocié a los jóvenes que conozco incluso de mi familia, que no se dedican tanto al ejercicio. Es fantástico verte tan en forma”.

    -“Ricardo, ¿cómo no voy a estar en forma? tengo 19 años pero vos, si no te importa ni te molesta, ¿no andás por los 50?”.

    -“Gracias por el piropo Irina, pero tengo 64 años”.

    -“¡¡Guauuu!! No te daba ni de cerca. Se ve que tu mujer te cuida”.

    -“No, me cuido yo. Vivo solo, con un gato que come en casa, a veces duerme en ella y en general anda de correrías por ahí”.

    Nos saludamos y cada uno se fue a su casa. Me quedé impresionada por Ricardo, su estado atlético, su presencia magnética y a la vez sencilla y distendida, la seguridad que demostraba. Lástima la edad, pensé, pero eso no evitó algunos ratoncitos con el jovato. Una semana después me enteré que había invitado a mi familia a comer para conocernos.

    Me probé varias pilchas mientras me decía que no sea boluda y me ponga cualquier cosa, que solo era una comida con mi vecino sesentón. Pero la cuestión es que fui con un vestido suelto, corto, suficientemente escotado, unas chatitas listas para sacármelas y andar descalza y llevando debajo una bikini por si terminábamos en la pileta. El calor invitaba.

    Me encantó la casa, adornada con un estilo sobrio y austero, pero a la vez con combinaciones de color y formas muy logradas. La comida (que había hecho él con sus propias manitos) era una delicia y la charla terminó mostrando a un hombre versado y culto. Resulta que había sido profesor de filosofía y había escrito varios libros. No solo me dio permiso, sino que me alentó a que pasee libremente por la casa y todo lo que veía me encantaba.

    Pero lo que me impactó fue que (incapaz de contener la curiosidad), me metí en su vestidor, le abrí dos o tres cajones y al abrir una puerta como de un placard, encontré una pared con látigos, vibradores, pulpitos, dildos, cremas, esposas, y otros juguetes que ni conocía. Me quedé asombrada, hasta que una voz grave a mi espalda me dejó helada

    -“Si tenés dudas de para que sirve alguno de los “chiches”, preguntame”.

    -“Perdona, perdona” dije, roja de vergüenza, mientras su cuerpo me tapaba la ruta de escape. “No sé ni por qué hice esto”.

    -“Irina, no pasa nada. Son cosas para el disfrute y el placer. No es nada del otro mundo. Por mí, hace de cuenta que no te vi”, dijo, se dio media vuelta y se fue. Antes de salir del dormitorio agregó “Venía a decirte que vamos a servir el helado, bajá a comerlo” y siguió caminando. Yo respiré hondo y traté de parecer serena y tranquila cuando llegué a la mesa.

    -“Pobre Irina, se perdió buscando el baño”, dijo Ricardo al verme llegar y empezó una charla para sacarme del centro de atención mientras yo intentaba parecer normal.

    La cena siguió amena y entretenida, sobre todo porque el anfitrión era una persona agradable e interesante de escuchar. Y en todo lo que duró el encuentro, en ningún momento mostró un ápice de especial interés en mí, lo cual agradecí por un lado y (para que negar) me molestó bastante por el otro. En el resto de la semana no se lo vio para nada y, al otro sábado me lo volví a encontrar elongando en el mismo lugar. Aunque, tengo que confesar que me quedé espiando desde mi ventana del primer piso hasta que lo vi salir y fui tras él.

    Me saludó amablemente, hicimos juntos el trayecto y le propuse mostrarle un camino que se abría y terminaba en una especie de bosque junto al lago con reposeras de madera para descansar. Al llegar se hizo un largo silencio incómodo (por lo menos para mí) que él se encargó de romper.

    -“Irina, no quiero que estés incómoda conmigo por lo que pasó en la cena, Para mí el sexo es algo natural y solo tengo todo eso escondido de la vista porque la gente ve esas cosas como ¡¡wow!! un sátiro, o un pervertido, o ni sé que piensan. Para mí es como si hubieses visto mis corbatas o mis libros. Olvidémoslo, ¿te parece?”.

    -“Si… y no. Porque no me puedo olvidar. De mi imprudencia y descaro imperdonable ni de altura y calidad con que tomaste y resolviste la situación. Y, además, no sé si me quiero olvidar. Tengo más dudas que ganas de olvidarlo”.

    -“Pregunta lo que quieras. Te voy a contestar abierta y francamente”.

    Pobre, nunca tendría que haber dicho eso. Lo bombardee de preguntas que respondió con solvencia y conocimiento. Resulta que había dado varias charlas sobre sexualidad y era un estudioso del proceso del feminismo y entusiasta defensor de la libertad sexual. Conocía de sexo tántrico, me explicó el uso de muchos “juguetes sexuales” que ni sabía y de las modalidades del sexo. Tenía una visión sobre el sexo más como de una relación entre dos seres que desean gozar y mimarse que la típica del meta y saca de los pendejos. Me hacía acordar a mi catalán.

    Además supe que estuvo casado dos veces, sus hijos vivían en el exterior y ahora solo se dedicaba a escribir, hacer teatro, pilates, remo y pasear. Cuando llegamos y cada uno se fue a su casa, los ratones con ese morocho ya estaban corriendo maratones en mi cerebro. Pero ¿Cómo encajaría en mi vida con 45 años de diferencia? ¿Amante, sugar dady, touch & go? Lo busqué en Instagram y otras redes sociales y solo lo encontré en Facebook con una página de debates sobre filosofía.

    Continuará.

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  • Amantes de mi ex suegra

    Amantes de mi ex suegra

    Les contaré de la primera vez que me cogí a la mamá de una ex y desde ahí nos convertimos en amantes (tiene 48 años, antes estaba un poco gordita, pero a su esposo le empezó a ir bien y la mando operar, ahora esta delgada, tetona y culona, está bien rica).

    Estoy en varios grupos de Telegram de confesiones, relatos, etc. No sé si en todos, pero he visto que en algunos grupos si tienes un contacto guardado en tu celular y él también está en el mismo grupo te sale que tal persona es miembro de este grupo, así que una vez en un grupo que no es anónimo me salió mama de Sam escribió tal cosa y era una confesión donde decía que le calentaba mucho leer relatos, anécdotas, etc.

    Y que siempre se calentaba con las anécdotas de mujeres que hacen cornudos a su esposo y que ella lo quería hacer, y más porque había descubierto que su esposo se cogía a su secretaria. Pero que no se atrevía porque nunca lo había hecho y le daba algo de miedo salir con un desconocido y le pasara algo.

    Yo al ver su confesión me prendió porque como les dije se puso super buena y se me antojaba mucho, no dude y le escribí, pensé entre mí, tengo más de un año que terminé con su hija no creo que aun tenga mi contacto guardado así que si le hablo por privado no saldrá mi nombre, saldrá el nombre que tengo en Telegram, y así fue le escribí.

    Yo: Hola hermosa, mi nombre es Juan (nombre falso) y vi tu confesión en tal grupo y me gustaría conocerte y si hay una conexión podemos planear vernos o solo seguir platicando y conociéndonos, aquí no pasara nada que tu no quieras.

    Ella: Hola Juan mi nombre es Judith, muchas gracias por tus palabras, ya he bloqueado a varios que me están hablando, pero insultándome y tratándome como una cualquiera o mandándome fotos de sus penes, eres el único educado que aún no me manda foto de su pene o me dice que soy una puta.

    Yo: Si me imagino, pero no te preocupes, yo no te insultare, mandare fotos o hablare nada relacionada con sexo hasta que tú quieras.

    Ella: Que lindo, me parece. ¿De dónde eres y cuantos años tienes? Yo soy de X ciudad y tengo 48 años.

    Yo: Que casualidad yo también soy de X ciudad y tengo 24 años, espero que mi edad no sea impedimento para seguir conociéndonos.

    Ella: Uy por mí no hay problema, pero no creo que quieras estar con una vieja como yo, podría ser tu mamá.

    Yo: No eres mi mamá, pero puedes ser mi mamacita jaja, y no te preocupes no importa la edad.

    Ella: Jajaja que cosas dices, pero está bien a mí tampoco me importa la edad, al contrario, me llamas más la atención, el saber que un joven está interesado en mí, me prende un poco.

    Para no hacer el relato muy largo seguimos conversando, primero temas normales, como que comida, bebida nos gustaba, que nos gusta hacer etc., después subió de tono esta platica y empezamos a hablar de que fantasías teníamos, le dije que una de mis fantasías era estar con una madura. Me dijo ¡mira pues estas de suerte!

    Todo estaba marchando a la perfección. Preguntamos lugares atrevidos o prohibidos donde lo habíamos hecho y le conté algunas anécdotas, ella me decía “mira tan joven y caliente, quisiera ser una de esas jovencitas con las que haces esas locuras”. La plática estaba subiendo de tono, yo ya estaba super caliente con la verga dura. Me dijo:

    Ella: Ay Juan con esta plática ve como me tienes, me mando una foto de su tanga toda mojadita por sus fluidos.

    Yo: uff que rico, ve tu como me tienes tu a mí, y le mandé una foto mía en bóxer y se veía donde la traía bien dura.

    Ella: Que rico paquete se te ve, ya quiero tenerlo en mi boca,

    Yo: que rico mami yo también muero porque me la chupes, ¿cuándo nos veremos?

    Ella: Hoy ya no puedo porque ya mero llega mi esposo y no podría salir por mucho tiempo, ¿te parece mañana? Creo la mejor opción es rentar una habitación de un hotel y me mandas que número de habitación es y yo llego contigo, para que no nos vean entrar juntos.

    Yo: si me parece

    Al día siguiente, compre algunas cosas que sabía que le gustaban y podríamos utilizar en nuestra aventura. Compre vino espumoso, cerezas, Nutella y algunas cervezas. Y me fui para el hotel, reserve la habitación y le avise por mensaje que número era. Se llego la hora y escuche que tocaron la puerta, la abro y la veo ahí parada con un vestido pegadito que hacían presumir sus piernotas y un rico culo y en su escote estaban por salirse sus tetas, y sorprendida me dice por mi verdadero nombre (me pondré Carlos para la historia).

    Ella: ¡¡Carlos!! (con tono de confundida y apenada) discúlpame me equivoqué de habitación, no quise interrumpir y se da media vuelta.

    Yo: ¡¡No!! No se equivocó si es la habitación correcta.

    Ella: (Igual de confundida, apenada y algo enojada) ¿qué dices? ¿Esto es una broma o de que se trata?

    Yo: ¡Ey! Tranquila no te enojes, relájate, ayer estuvimos hablando y quedamos en vernos aquí, me puse otro nombre si hubieras sabido que soy yo ni me hubieras contestado.

    Ella: ¡Pues no! No te hubiera contestado porque eres el ex de mi hija y conoces a mi esposo, disculpa yo me retiro y más te vale que no comentes nada de esto.

    Se da la media vuelta y yo de inmediato la abrazo por atrás y al oído le digo “ey relájate, ven pasa” y caminé hacia atrás hasta meternos al cuarto y cerré la puerta, y se suelta de mis brazos y me dice, “es que estas confundido ¡esto no puede pasar!”.

    Yo: (busque lavarle el cerebro para que aceptara) ¿Mira a poco no la pasaste rico ayer que estuvimos hablando, no se te antojo estar conmigo? ¿No le quieres poner los cuernos a tu esposo? O no quieres tener una aventura con un joven.

    Le di una copa de vino y le dije “ya somos adultos y sabemos lo que queremos y esto no saldrá de esta habitación, nadie sabrá que estuviste conmigo, y aparte estas con alguien de confianza que tal si te toca un loco que te golpee o te trate mal o te tome fotos y después te chantajee, mira ten mi celular para que estes segura que no tomare fotos o videos sin tu consentimiento, y como te dije ayer no pasara nada que tu no quieras, si decides irte está bien, no diré nada de esto”.

    Ella tomo el celular y lo puso en el tocador y se tomó el vino de un trago y se quedó pensando…

    Ella: Ay Carlos pues por un lado tienes razón, si venia con algo de miedo y nervios por saber con quién me toparía, en ese punto si tienes razón, pero ¿y mi hija? ¿Ya no volverás con ella?

    Yo: No, tengo más de 10 meses sin saber de ella, me bloqueó de todos lados y creo ahorita sale con alguien más, (me acerco a ella y la tomo de la cintura y le digo) y pues si, como te digo aquí conmigo estas segura, estas con alguien de confianza y no te tratara mal al menos que tú quieras.

    Ella: (sonríe y me dice) ¡ay loco! Bueno está bien, pero júrame que no dirás a nadie de esto, y solo quedara entre nosotros.

    Yo: obvio esto solo es de nosotros, nadie más sabrá no te preocupes por eso. Y por tu hija ni te preocupes ella ya ni en el mundo me hace ni yo a ella.

    Me acerqué a ella y la tomé de la cintura y la jalé hacia mí y nos comenzamos a besar apasionadamente, yo fui bajando mis manos y comencé a subir su vestido hasta que quedo arriba de su cintura y comencé a masajear sus nalgas y a darle de nalgadas ella daba pequeños gemidos, fuimos caminando hacia la cama y la acosté, le quite sus tacones y comencé a besar sus pies y fui subiendo a sus piernas hasta llegar al medio de ellas y le quite su tanguita, y empecé a darle un oral, movía mi lengua en su clítoris y metía mis dedos, ella se retorcía de placer, me decía:

    -Ay maldito Carlos que rico me chupas sigue maldito no pares.

    Yo seguía en lo mío hasta que logré que tuviera su primer orgasmo ella se doblaba de placer y me separaba mi cabeza de su vagina.

    -espera ya termine estoy muy sensible.

    Me paré y quité mi playera mientras ella desabrochaba mi pantalón y me lo bajó con todo y bóxer y salió mi pene, me lo tomó con una mano.

    -Todo esto se comía mi hija, que envidia le tengo, con razón siempre llegaba tan feliz a casa.

    Y comenzó a golpearse con mi pene en su boca y sacó su lengua y la recorrió por todo mi glande y la empezó a meter a su boca y con el mete y saca, me decía lo mismo mientras me la chupaba, “que rica verga tienes, me imagino como te cogías a mi hija con esta gran verga”, (creo le excitaba más el saber que se estaba comiendo al ex de su hija) yo le contestaba, “si todo esto era lo que se comía la puta de tu hija, espero tu cojas más rico que ella porque ella no me satisfacía”. Ella seguía chupándomela, “vas a ver que te sacaré toda la leche como nunca te lo han hecho”. Paró de chupármela y se puso en 4.

    -Ven maldito y cógeme como lo hacías con mi hija.

    Me paré y le dije, “ella no es nada comparada con lo puta que eres tú” y le di tremenda nalgada, ella solo gritó un poco, me acomodé y de un jalón se la deje ir toda.

    -Ay maldito perro, que rica verga tienes, sigue cogiéndome.

    Yo la tomé de la cintura y empecé con el mete y saca y a darle de nalgadas, mis manos ya estaban marcadas en sus nalgas ella estaba gimiendo muy rico, la tome del cabello y lo estire y comencé a cogérmela así.

    Ella: ¡¡aaah aaah!! Que rico me coges maldito, nadie me la había metido así, ¡¡sigue!! Estaba teniendo otro orgasmo mientras yo le seguía dando.

    Yo: ¿¡te gusta perra!? ¿Te gusta cómo te cojo? Así me cogía tu hija pero ella no es tan puta como tú. Se ve que tú la disfrutas más que ella.

    Ella: aaah cállate perro y sigue cogiéndome, lléname de leche.

    Yo: ¿te gusta compartir con tu hija mi verga perra? La volveré a buscar solo para volver a cogérmela y comparar quien es mejor.

    Ella: ¡¡Cállate pendejo esta verga ahora solo es mía sigueee aaaah!!

    Tuvo otro orgasmo creo que el mencionar cosas de su hija le prendía más. Me senté en un sofá y ella vino hacia mí y se subió arriba de mi dándome la espalda y comenzó con tremendos sentones, en esta posición se le veía un perfecto culo, yo aproveché tenerla en esta posición y comencé a meterle un dedo en el culo y ella solo gritaba de placer.

    -¿Que rico mi amor que me haces? ¿Quieres estrenar mi culito?

    Yo: Claro perra, te voy a dejar el culo lleno de leche.

    Yo seguía metiendo mi dedo tratando de dilatar más ese rico culo, le escupí en el ano y traté de meter el segundo dedo, ella gemía y gritaba muy rico, y después de unos minutos de estarle metiendo los dedos, le dije:

    -Ven mi amor, trae ese culo para acá.

    La acosté boca abajo y coloqué mi verga en su ano, ya estaba dilatado y volví a escupir y comencé a metérsela por el culo, primero con dificultad ya que la lubricación no era la correcta, pero empecé poco a poco mientras ella gritaba y gemía.

    Ella: ¡Uy papi! Que rico, ¿a mi hija también le reventaste el culo?

    Yo: no mi amor, ella no era tan puta como tú, por eso te dije que no me satisfacía al 100, pero tu eres la mejor, ¿te gusta ser mi puta?

    Ella: Sii me encanta ser tu puta, mi esposo tampoco nunca se ha atrevido a metérmela por atrás, le da asco.

    Yo: es un pendejo cornudo

    Esta conversación entre gemidos y mientras se la iba metiendo, cuando entro toda, comencé suavemente con el mete y saca mientras ella gemía de dolor y placer empecé a aumentar mi ritmo y ella estaba gimiendo demasiado eso me excitaba demasiado y me hizo terminar y llenarle el culo de leche, cuando termine me tire a un lado de ella y se recostó en mi pecho.

    Ella: Que rico me cogiste, ha sido la mejor revolcada de mi vida, me llenaste de vida nuevamente, mi esposo ya casi ni me toca y eso que me opere para gustarle más, pero creo que le gustan más las jovencitas por eso se coge a su secretaria.

    Yo: No te preocupes hermosa, a mí me encantas, estas buenísima y me vuelve loco tu rico cuerpo, conmigo ya no te hará falta nada de el solo su dinero porque yo no soy rico como el jaja.

    Ella: Si mi amor nos podemos seguir viendo y por el dinero no te preocupes no te estoy pidiendo nada solo que me vuelvas a coger como hoy.

    Esto pasó hace 1 año y después de este encuentro nos volvimos mas cercanos y tenemos una ‘’relación’’. Al parecer ella y su esposo llegaron a un acuerdo de seguir juntos por apariencias y por sus hijos, pero los dos tienen sus amantes y viven ‘’felices’’. Ella a veces me invita a comer, de antro, me ha llevado de viaje, etc. Básicamente es mi sugar mommy con el dinero de su esposo jaja.

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  • Gunilda, mi médico hetero y mi amor (parte 4)

    Gunilda, mi médico hetero y mi amor (parte 4)

    Es entonces en este preciso instante que me besa. Nos besamos. Mediante el roce de nuestros labios, sentimos el intenso y acelerado pulso de nuestros corazones. Ambas tenemos los nervios a flor de piel. Nuestro primer beso. Mi primer beso. A mis veintisiete primaveras nunca antes había probado el dulce sabor de unos labios. Es indescriptible lo que he sentido rozando mis labios con los suyos, bien finos pero dulces como la miel y ardientes como un paradisíaco infierno.

    Habiéndonos besado por primera vez, nos miramos fijamente, sin saber bien qué decir. Gunilda está tremendamente sonrojada, respira de manera entrecortada. Transcurridos unos segundos, decide romper el silencio.

    –Yo… A mí no me gustan las mujeres. O nunca antes me había fijado en una mujer… Pero… Pero no sé qué me está sucediendo contigo. Tú eres diferente. Contigo me siento diferente, como que aflora una faceta de mí que desconocía. A cada instante me he sentido más y más tentada de besar estos preciosos y sensuales labios que tienes. Eres hermosa, Clío, en todos los sentidos. Te lo digo de verdad. Yo te deseo. Te amo, Clío.

    –Te deseo desde la primera vez que vi esta mirada de ojos cafés, esta sonrisa tan hermosa, esta larga y bravía cabellera castaña y lo increíblemente hermosa y sensual que eres, desde la primera vez que escuché tu dulce voz, desde la primera que vez que me encontré entre tus brazos, aunque en dicho momento estuviera inmersa en profundo llanto. Desde que te conocí, mis sentidos se ponen cada vez más y más en alerta en tu presencia. Eres increíblemente hermosa, Gunilda. Interior y exteriormente. Has llegado en el momento oportuno, cuando la vida me ahogaba. Me has devuelto las ganas de vivir. Te deseo, te adoro, te amo.

    –Ya lo sé, amor mío. Siempre lo supe. Te amo, mi princesa, mi doncella, mi reina, mi musa, mi hermosa Clío.

    Ambas nos besamos abrazadas y sentadas en el sofá. Una y otra vez. Cada vez con mayor intensidad. Nuestros besos siguen una escala cromática que va del rosa pastel al púrpura. Instintivamente, acercamos cada vez más y más nuestros cuerpos, hasta que yo acabo sentada de lado en su falda, acariciándole la mejilla, el cabello y el cuello, mientras que ella con su imponente brazo y su manaza me acaricia la espalda y me toma de la cintura por encima de mi vestido granate floreado y bien ajustado a mi cuerpo.

    Es tanta la excitación que mi cuerpo cae rendido y bien pegado al suyo, sentada en su falda cara a cara. Siento el roce de nuestros pechos, bien endurecidos. Me toma de la cintura cada vez con más fuerza y sus manazas empiezan a recorrer mis caderas y mis nalgas, sintiendo la tentación de desnudarme. Estoy hambrienta de ella, de que me posea, de que me haga suya.

    En un momento dado, tomando aire entre nuestros fogosos besos, nos miramos ardientemente. El brillo en nuestros ojos sumado con la gran química que ha surgido entre nosotras, lo dice todo. No hace falta decir nada más. Me hace una seña para que me ponga de pie sin moverme de su falda y que me vuelva de espaldas a ella. Ya sé lo que va a preceder esto. En cuestión de segundos, siento como la cremallera de mi vestido empieza a descender lentamente desde lo más alto de mi espalda hasta mis nalgas. Siento el tacto de las manazas de Gunilda agarrando y acariciando mi cintura ya desnuda de arriba a abajo con gran deseo y avidez, piel con piel.

    Lentamente, entre la sensualidad con la que Gunilda ama mi cuerpo y mis movimientos fruto de todas las dulces y ardientes sensaciones que ella en mí provoca, me desprendo totalmente del vestido, quedándome en ropa interior. Es entonces cuando Gunilda hace que me vuelva de nuevo ante ella y acerca bien mi cuerpo al suyo, tomándome de la cintura y las caderas con fuerza y avidez. Amo sentir la dulce aspereza de sus manazas recorriendo mi delgada y menuda figura. Me mira fijamente, tremendamente ruborizada y con las pupilas dilatadas.

    –Eres hermosa. Muy y muy hermosa y sensual. Estás muy buena. ¡Me haces lesbiana, tremendamente lesbiana, de verdad te lo digo! –me dice, más ruborizada que nunca y casi perdiendo el aliento entre tanta pasión y fogosidad.

    Acto seguido, me agacho un poco para alcanzar sus labios estando yo de pie y ella sentada, acercamos rápidamente nuestras cabezas y nos besamos con suma pasión. Sus manazas acarician mis pechos y mis endurecidos pezones por encima del sujetador, bajando de mis pechos a mi cintura, de mi cintura a mis caderas y de mis caderas a mis nalgas con gran avidez, por encima y por debajo de mis braguitas. ¡Uf!

    Me lanzo de nuevo sentándome en su falda, me suelta el cabello quitándome la coleta y acto seguido, nos empezamos a morrear salvajemente mientras juntamos más y más nuestros cuerpos, pegándonos como imanes. Sus grandes y preciosas tetas por debajo de su ancha camiseta negra de manga corta, bien pegadas a las mías por debajo de mi sujetador granate, ambas con los pezones como diamantes. Beso a beso, más hambrienta estoy de ella.

    Transcurridos unos largos y ardientes minutos, ella me toma bien de la cintura, haciendo que cambiemos de postura. Ella misma me tumba en el enorme sofá y seguidamente se agacha encima de mí, imponiendo sus grandes brazos alrededor de mis hombros, mi cuello y mi cabeza y sus poderosas piernas y sus grandes y preciosos pies con las chanclas negras de cuero y plataforma alrededor de mi cintura y mis caderas.

    Sus finos y ardientes labios empiezan a morrearme y a descender lentamente hacia mi cuello, besándolo, lamiéndolo y mordisqueándolo. Estoy que me retuerzo de placer. Su cabeza continúa bajando por mis endurecidos pechos y pezones, que empieza a besármelos por encima y por debajo de mi ropa interior. Acto seguido, me quita lentamente el sujetador, haciéndome subir bien los brazos estirándolos bien para desprenderme por completo de los tirantes. Ya con mis pechos desnudos y mis brazos todavía bien estirados, Gunilda me toma fuertemente de mis delicadas muñecas con una de sus manazas dejándome sus dedazos marcados y me besa apasionadamente como si no hubiera un mañana.

    Su cabeza, así como su boca y su ardiente lengua a base de besos, lamidas y succiones con discretos mordiscos, baja de nuevo por mi cuello y mis pechos y pezones, demasiado endurecidos ya. Estoy ya que exploto del cariño y amor que le está dando a mi cuerpo. Después baja por mi esbelto abdomen y mi vientre. Los ondulados mechones de su despeinada y hermosa cabellera castaña se posan por todo mi cuerpo de cintura para arriba. Mi cuerpo es la vegetación, su cabello los ríos que la hacen fértil, así como todo lo que ella en mí provoca.

    Después de unos minutos, me toma con fuerza de la cintura, las caderas y las nalgas, se levanta del sofá conmigo en brazos y me pone con gran pasión encima de la mesa del salón, tumbándome encima. Podemos sentir nuestras aceleradas y entrecortadas respiraciones y nuestros fuertes y rápidos latidos sincronizados. Estamos ambas ardiendo de amor, pasión, deseo y placer. Acto seguido, me baja las braguitas con pasión y avidez, me abre bien las piernas, me las pone alrededor de su cuello, de sus anchos hombros y de su grande espalda, agacha un poco la cabeza y su boca y su grande y ardiente lengua empiezan a recorrer mi rosa del amor como si no existiera un mañana.

    Empieza con un suave recorrido por los labios, acercándose lentamente a mi tenso, ardiente y empapado clítoris, hasta succionarlo por completo. Simultáneamente, en varios momentos, hunde bien su lengua en mi dilatada vagina. Mientras tanto, estimulo mis pechos y pezones, húmedos de su ardiente saliva. Me muerdo los labios y gimo como si no hubiera un mañana. Transcurridos unos veinte minutos, un intenso y ardiente orgasmo se apodera de mi cuerpo entero y dejo ir un fuerte gemido. Caigo rendida, estirando bien mi cuello, mi cabeza y mi cabello encima de la mesa, ocupándola casi por completo.

    Inmediatamente, Gunilda se agacha más, lanzándose apasionadamente encima de mí, tomándome con fuerza de la cintura y de la espalda mientras yo la abrazo por el cuello y le acaricio la espalda. Nos besamos intensamente como si no hubiera un mañana.

    Acto seguido, ya estando yo completamente desnuda, me toma de nuevo en brazos y empieza a caminar de nuevo por el salón, dirigiéndose hacia las escaleras, subiéndolas, pisando fuerte el suelo con sus atrevidas chanclas negras de cuero y plataforma, firme, a paso de gladiadora vikinga, espartana, dando honor a su nombre de guerrera. Gunilda. Conduciéndome hasta donde ella desee. Y yo más que encantada.

    Ya en la planta superior y conmigo en brazos, se dirige a su cuarto, del que abre la puerta propinando una fuerte patada espartana y acto seguido la cierra de un portazo con su manaza, impulsada por su deseo hacia mí, sus ganas de poseerme y la violenta y ardiente pasión del momento.

    Entonces, tomándome en brazos, hace que nos lancemos ambas a su cama, a su enorme cama, tumbándonos de lado, yo delante y ella detrás de mí, decantándome el cabello y besándome con avidez la mejilla y el cuello y amasando bien mis desnudos pechos y mis pezones con sus dos manazas con sus dedazos bien abiertos como paraguas, hasta dejarme marca y todo. Mmmm… Me muerdo los labios.

    –Eres tremendamente hermosa, mi Clío. ¡Te deseo! ¡Te amo! ¡Déjame hacerte mía! –me susurra fogosamente al oído, entre ardientes gemidos y rugidos.

    Siento sus colosales tetas y sus pezones como diamantes por debajo de la camiseta negra ancha rozándose con fuerza contra mi espalda y como frota su ya empapada rosa del amor con mis desnudas y pequeñas nalgas. Mmmm… Su excitación por mí todavía me activa más.

    Me toma fuertemente de la cintura y del vientre. Con una mano, amasa bien mis pechos y mis pezones, con la otra me acaricia descendiendo lentamente por mi esbelto abdomen y mi vientre hasta llegar a mi empapada rosa del amor. Con dos de sus dedazos acaricia mi clítoris con el mismo amor que su ardiente lengua y lentamente se acercan a mi dilatada y suplicante vagina hasta introducirse por completo. ¡Uf! Es increíble lo satisfecha que me siento y lo que reviento de placer.

    Mi boca saliva hasta dejar la almohada medio empapada y gimo como nunca, algo de lo que ella se percata y de inmediato, dejando su otro brazo entre mis pechos acerca a mi boca su respectiva manaza y mete el dedo pulgar y los dedos índice y corazón en mi boca. Me encanta que me haga esto. Seguidamente, le tomo la mano con mis dos manos y empiezo a introducirla lentamente en mi boca, lamiendo sus dedazos con avidez. Instintivamente, empiezo a cabalgar estos dedazos mientras ella me besa el cuello la mejilla y los labios y con el otro brazo y su respectiva mano bien húmeda de mi ardiente saliva en sus dedos acaricia y amasa mis pechos y mis pezones. ¡Uf!

    Gunilda es de veras toda una amazona, una semental y una alfa dominante. ¿Hetero? ¡JA! No me gusta hablar en términos vulgares, pero ¡y unos cojones como los del caballo de espartero!

    Minuto a minuto, vamos aumentando el ritmo, hasta que mi cuerpo se funde en otro tremendo orgasmo. Caigo rendida ante ella, posando mi cabeza encima de sus enormes pechos. Acto seguido, me toma de la cintura, me vuelve hacia ella. Nos miramos intensamente a los ojos, nos abrazamos con fuerza y nos besamos, nos morreamos. Beso a beso, nos resulta más difícil separar nuestros labios. Ahora me toca a mí.

    Cambiamos de posición. Esta vez, me pongo yo detrás de ella, que se libra inmediatamente de su camisa negra ancha, quedándose sin nada más ni nada menos que su sensual conjunto de licra con el sujetador en forma de top y las braguitas en forma de culotte con franjas marrones y negras y las chanclas de cuero y plataforma, que además le combinan también increíblemente. ¡Uf! Mi pulso se acelera y mi cuerpo reacciona tremendamente de nuevo. La deseo, la deseo a reventar. Definitivamente, ahora me toca a mí.

    Ya detrás de ella, froto bien con su ancha y robusta espalda y sus poderosas nalgas mi cuerpo con mis endurecidos pechos y pezones desnudos y mi empapada rosa del amor por debajo de mis braguitas, la tomo fuertemente de su grande cintura y de su gordita barriga y mis manos suben hasta sus grandes y preciosas tetas y empiezo a amasarlas y a jugar con sus grandes y carnosos pezones por encima y por debajo del sujetador como si no hubiera un mañana.

    Mis delicadas manos suben y bajan de su cintura y su barriga a sus preciosas tetas y viceversa, masajeando y amasando bien su cuerpo, acercándose lentamente a su empapada rosa del amor, hasta que, lentamente, una de mis manos empieza a acariciar su ardiente clítoris con delicadeza y a adentrarse bien en su ancha y dilatada vagina pese a mis dedos de pianista estimulando con más rapidez a cada milésima de segundo, mientras que mi otra mano sigue ocupada con el resto de su cuerpo.

    Mientras amo su cuerpo, acaricio y olfateo su larga y ondulada cabellera de jaspe con un delicioso aroma a champú y acondicionador de miel y chocolate y beso, succiono y lamo su mejilla, su grande oreja y su ancho cuello. Su acelerada respiración y sus ardientes gemidos son música para mis oídos. Estoy que ardo de excitación y de deseo por ella.

    –¡Eres increíblemente hermosa! ¡Estás tremendamente buena! ¡Desde la primera vez que te vi! ¡Desde la primera vez que te vi te deseo a reventar! ¡Estoy enamorada de ti! ¡Te amo, Gunilda! –le digo, entre gemidos. Voy más caliente que una moto reventando el límite de velocidad.

    Transcurridos unos minutos, su cuerpo entero se contrae en espasmos hasta fundirse en un tremendo orgasmo. Gunilda gime de una manera increíblemente sensual. Simultáneamente, me fundo también yo en otro tremendo orgasmo con tan solo habiendo frotado mi rosa del amor con su cuerpo y habiendo estado tan y tan excitada.

    Ambas tomamos aire y transcurridos unos minutos, ella se sienta al lado de la cama donde ambas estábamos mirando, cambiando de postura para tomar más aire. Entonces yo me siento encima de la cama detrás de ella, rodeando sus caderas con mis muslos y mis piernas y de nuevo frotando bien mis pechos y pezones con su ancha espalda, tomándola con fuerza de la cintura y continuó olfateando el dulce aroma de su cabello y besándole el cuello y las mejillas.

    Transcurridos unos minutos, me vuelvo ante ella y me encuentro de nuevo sentada en su falda con mis piernas bien estiradas en la cama y ella acariciando mi fina cintura y tomándome de mis pequeñas nalgas por encima y por debajo de mis braguitas con sus manazas abiertas como paraguas, con fuerza y pasión dejándome las manos y las uñas marcadas y todo. Sintiendo el contacto con sus manazas, de manera instintiva, muevo mis caderas y mis nalgas muy sensualmente.

    Nos besamos de nuevo con gran avidez. Entre más nos comemos y hacemos el amor, más difícil nos resulta despegar nuestros labios, separar nuestros cuerpos y detenernos. La llama del deseo y la pasión está demasiado encendida entre nosotras.

    En un momento dado, me pongo de pie ante ella, que continúa sentada y rodea bien mi cuerpo presionando sus poderosos muslos contra mis caderas. Nos abrazamos, yo por el cuello, los hombros y la espalda, ella por la cintura acariciándola bien y seguidamente mi cintura y mis nalgas. Tal y como hemos empezado a hacer el amor.

    Mientras me amasa ávidamente las nalgas, pone su cabeza entre mis pechos desnudos y me los besa y lame de nuevo. Simultáneamente, le beso y le lamo las mejillas, los oídos y el cuello.

    Transcurridos unos largos y ardientes segundos, empiezo a agachar mi cuerpo muy lentamente mientras mi boca baja por su cuello y sus hombros, más y más, hasta llegar a sus grandes y preciosas tetas, que se las beso con gran frenesí, por encima y por debajo del top, hasta que, ansiosa de más y más cariño que les estoy dando, se baja el top con gran pasión, dejando sus pechos totalmente desnudos ante mi hipnotizada y fogosa mirada. Mientras mi boca lleva a cabo ese sensual recorrido por su piel, ella levanta bien la cabeza, dejando caer bien su melenaza ondulada alrededor de sus pechos, mordiéndose los labios y gimiendo muy sensualmente. ¡Uf! ¡Estoy que ardo, que exploto!

    Sin pensarlo ni un segundo, la abrazo muy fuerte por la espalda, abalanzo mi cabeza entre sus tetas y succiono y lamo cada milímetro de su blanca y dulce piel. Siento perder el aliento entre tantísima abundancia y voluptuosidad. Poco a poco, mi boca se acerca más y más a sus tiernas, rosadas y estremecidas areolas y a sus carnosos y endurecidos pezones, que se los succiono con gran avidez, hasta el punto de tener que pararme a tomar aire varias veces. Escucho sus ardientes gemidos más y más.

    Seguidamente, mi cabeza y mi boca descienden por los michelines de su gordita y fuerte barriga. Y bajando, llego donde deseo llegar y donde siento su dulce y caliente aroma a mujer, llorando, deshaciéndose en súplicas por mi insaciable cariño. Aunque no sin antes descender todavía más y más. Beso y succiono cada poro de la blanca piel de sus poderosos muslos. Mientras tanto, siento una de sus manazas acariciando mi cabello, mi oído, mi mejilla y mi cuello.

    Lentamente, mi boca desciende más y más por sus piernas, hasta llegar a una de las partes de su cuerpo adonde más deseo llegar: a sus pies. Gunilda tiene unos pies bien grandes y preciosos y con estas chanclas negras de cuero y plataforma que lleva se ve tremendamente sexy. Sin contemplaciones empiezo a olfatear y a besar sus pies y las chanclas.

    En un momento dado, empiezo a succionar y a lamer con avidez. El cuero y la plataforma de las chanclas, sus pies enteros de los dedos al talón y del talón a los dedos, lamiendo y relamiendo, sin dejar títere con cabeza. Tengo un tremendo fetiche con los pies con calzados de cuero, plataforma y tacón. Estoy demasiado excitada y el morbo puede más que cualquier cosa.

    Transcurridos unos escasos e intensos minutos, subo de nuevo mi cabeza y mis manos se posan en sus braguitas de culotte, deseando bajárselas. De inmediato, se levanta de la cama y nos quedamos ella de pie y yo agachada ante ella.

    Le bajo lentamente las grandes bragas culotte que lleva, haciendo que caigan a sus pies. Entonces huelo, lamo y relamo de nuevo sus braguitas más que empapadas del dulce néctar de su amor por mí, sus chanclas y sus preciosos pies, algo que me excita tremendamente.

    Minutos después, subo mi cabeza hasta su rosa del amor. Totalmente hermosa, sin ningún rastro de vello. Entonces, la abrazo fuertemente de las caderas, mis manos se posan en sus colosales nalgas amasándolas sin fin y mis carnosos labios y mi lengua empiezan a recorrer lentamente su ardiente clítoris, empapado e inflamado de amor por mí.

    Gunilda tiene un clítoris bien grande y precioso. Lo beso, lo succiono, lo lamo. Absorbo cada gota de su dulce néctar. Mueve las caderas y los muslos muy sensualmente. Por momentos, mi lengua sube por su ancha y ardiente vagina. Sus gemidos son una dulce melodía de fondo en este sublime instante. Segundo a segundo, acelero lentamente el ritmo mientras ella lo goza como nunca y minutos después, el cuerpo de Gunilda se acaba fundiendo en un tremendo orgasmo, cayendo rendida abrazada a mí y terminando ambas encima de la cama empapadas en sudor.

    Nos decidimos a tomar aire y a ducharnos. Ambas nos metemos bajo el chorro de agua tibia, rociamos bien de gel nuestros cuerpos y nos lavamos. Mientras nos aclaramos el gel, estando ella detrás y yo delante, me abraza fuertemente de la cintura, me besa el cuello y los labios y me amasa de nuevo los pechos con gran pasión.

    Ambas nos percatamos de las ganas que tenemos de más. La llama de la pasión y el deseo está demasiado viva entre nosotras. Sus manos bajan lentamente hasta llegar a mi rosa del amor, de nuevo estimulando mi clítoris y hundiendo bien dos de sus dedazos rocíados de gel íntimo en lo más profundo de mi vagina. Estoy que miro las estrellas de nuevo. Gimo muy ardientemente y ella me mete los mismos dos dedos de la otra mano en mi boca.

    Continuará.

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  • Visitando Singapur (parte 2)

    Visitando Singapur (parte 2)

    Después de ese encuentro con Oaki, él se mantuvo algo distante, frío. Su trato conmigo había cambiado. Mi compañero uruguayo notaba ese cambio y me pregunta si le había hecho algo, a lo que obviamente respondí, ¡yo nada!

    Faltaban 7 días para volverme a Buenos Aires y dejar esa ciudad que al fin y al cabo tenía cosas que me habían conquistado. Incluso abrí allí una app de citas muy conocida (si bien más que con Oaki, no hice mas nada con nadie) y la mayoría de los usuarios de esa aplicación eran muy similares a él y la gran mayoría regaladísimos. Al menos con perfiles como el mío. La realidad es que no quería irme de esa ciudad sin una última excelente cogida con alguien. Había likeado a un par de perfiles que en caso de mucha calentura, decirles que vengan al hotel.

    En mi última semana en esa oficina, ya terminando de poner las cosas en orden, el gerente me habla para que considere en un futuro no muy lejano un probable cambio a esa región. Me comentó que había caído muy bien en el grupo en general, y que había hablado con mis jefes en la regional de Buenos Aires para ver si ellos me otorgarían un probable pase, pero que todo dependía de mi decisión. A lo que manifesté que era una gran oferta, para pensar, que no lo visualizaba en el corto plazo ya que tenía proyectos personales que terminar en Argentina pero que una respuesta le daría pronto.

    Durante ese comentario lo veo a Oaki mirando y escuchando la charla desde afuera de la oficina, ya que tenía la puerta abierta y era todo de vidrio y se le había iluminado la cara.

    El gerente le pide a Oaki que se ponga a ver conmigo unas últimas traducciones de la seccional en Malasia. Él va a buscar su notebook y junto con un anotador entra a mi oficina y se sienta cerca de la puerta. El gerente sale y cierra la puerta, yo lo miro y le pregunto: ¿estás bien?

    A lo que él sonriendo me responde: si, así es.

    Si hice algo que te molestó o te pareció inapropiado, primero disculpas, y segundo, no quiero que estés distante conmigo.

    Mirando para abajo y sacudiendo sus piernas, y mirando hacia los costados me responde.

    Quiero yo disculparme con Ud. porque al fin y al cabo el que se extra limitó con Ud. fui yo. Le pido disculpas. No me pude contener. Por acá no es normal ver un hombre como Ud.

    Yo riéndome le respondo: disculpas aceptadas y no te compliques la vida.

    ¿Sos virgen? ¿Tuviste experiencias con otros hombres?

    Poniéndose muy nervioso, baja la cabeza, se ríe y mirando hacia afuera con temor a ser oído me responde: Solo una vez, que le pagué a un acompañante. Quería saber como era el sexo y solo fue eso. Pasó algo mas de un año desde que toque a otro hombre y ese fue Ud.

    Yo algo sorprendido siendo que vengo de una ciudad donde es muy fácil conseguir sexo, y ahora estoy en una cultura diferente, con costumbres y valores diferentes.

    Le pregunté, ¿quisieras tener una buena noche de sexo conmigo antes de que me vaya?

    Abrió los ojos grandes como dos pelotas de tenis y se puso colorado.

    Mira hacía los costados y me responde: ¡realmente me gustaría mucho!

    Yo sonriendo le dije: Ok, te acordas donde queda mi hotel, igual te paso los datos a través de WhatsApp, no te preocupes pero hacete una buena limpieza y venite esta noche.

    Sonreía emocionado y totalmente colorado y apabullado por la noticia. Le temblaban las manos. Yo lo miraba con ternura y calentura. Le pregunté además: ¿usaste alguna lencería femenina?

    Él tapándose la boca, riéndose me hace el gesto de que No con la cabeza y le dije: Ok.

    Segundos luego, el gerente me toca a la puerta y me pide que vaya a su oficina para una videollamada.

    Después de 20 minutos, salgo de su oficina y le aviso que tengo que salir y que vuelvo en máximo media hora. Cerca del edificio donde están las oficinas hay un centro o paseo comercial. Busqué y encontré una tienda de ropa sexy para mujeres. Compré el talle mas chiquito de una tanga blanca con encaje y medias blancas. Realmente Oaki es mini, mide 1.58, debe pesar casi 60 kg es delgado, lampiño, huesudito. Yo 1.84 de altura, peso casi 100 kg, una pierna mía es equivalente a 3 o 4 piernas de él.

    Le pedí a la vendedora si podía poner la ropa en una bolsa mas discreta y lo puso en un sobre blanco grande.

    Volví rápido a la oficina, pasé por el baño a mear y que se me baje la gomosidad que traía en mi pija desde que compré esa lencería e imaginarme a Oaki con eso puesto.

    Lo llamo a mi oficina para terminar la traducción que nos encargaron, saco el sobre y se lo doy diciéndole que me gustaría que eso lo traiga puesto en el encuentro conmigo. Ni siquiera se animó a mirarlo.

    Abrió su notebook y se puso a trabajar y a preguntarme como terminaríamos la traducción, todo con máxima seriedad y tratando de ocultar el sobre.

    Antes de salir de la oficina le doy un papelito con la dirección y número de habitación de mi hotel.

    Te espero. Sonrió, se puso serio y salió de la oficina con la notebook, el sobre con la ropa, el papelito.

    Volví al hotel y esperé a que me escriba diciéndome que venía. Eran casi las 23 h y no esperé más, medio ofuscado me puse mi slip blanco, bajé las cortinas y me acosté a dormir.

    A los 20 minutos entrando en sueño, mi celular empieza a sonar. Lo levanto y era Oaki que estaba en la recepción del hotel pero que no lo dejaban subir porqué yo no había avisado que tendría visitas.

    Le dije que se quede en línea, desde el teléfono de la habitación llamo a recepción y le dije que lo dejen subir.

    Salté de la cama así en slip como estaba y pensando en la situación de que siendo él tan vergonzoso, pasar ese momento que te miran de arriba a abajo según como sea tu impronta y le recriminen que viene a ver a un extranjero al hotel. Lo que habría pasado por su cabeza.

    Tocan a la puerta, abro y era él sonriendo medio nervioso y se mete rápido.

    Me quiere explicar toda su situación, pero lo levanto casi a upa y empiezo a besarlo. Él con sus bracitos me rodea el cuello y me besa con mucha pasión. Empezamos a acariciarnos y yo ansioso de verlo con lo que le compré, de manera arrebatada le saco la ropa y encuentro que le quedaba mejor que a una mujer. Lo que hizo que me engarrote cual piedra. Lo vuelvo a levantar y lo llevo hacia la cama. Lo arrojo y empiezo a sobarme el bulto que era una columna de acero de lo dura que la tenía. El lleva su manito a mi bulto y lo empieza a acariciar. Acerca su carita y empieza a olerme, sacaba la lengua y lamía por encima del slip. Yo colorado, sentía que explotaba. Lo dejé explorar, lo dejé tocar y hacer.

    Me bajé el slip y mi pija engarrotada le pegó en la carita. Sonriendo la toma con su manita, y la mira curioso, asombrado, me acariciaba las piernas y acerco su carita para que abra la boca. Abrió su boquita y se la metió en la boca. Solo le cabía la cabeza de mi pija y apenas el tronco. Él se esforzaba por que entre mas pero anatómicamente para él era complicado y yo estaba que reventaba.

    Lo volví a alzar, lo besé y de un movimiento brusco lo di vuelta boca abajo sobre la cama así podía disponer cómodamente de su culo. Comencé a besárselo, a pasarle la lengua, admirando lo bien que le quedaba esa tanga. Él se retorcía de placer, gemía, le daban espasmos de placer.

    Corrí ese hilito para tener su agujerito a mi disposición, olía hermoso, y comencé a pasar la lengua, lamía y tranzaba, apretaba, mordía, succionaba, y para él era un éxtasis nunca antes visto.

    Noté que estaba cerradito, apretado, comencé a introducir mis dedos, de a poquito, gemía y le dolía. Así que ensalive un poco más. Busco ponerlo mas en 4 y lo noto muy húmedo y me dice que lo disculpe pero se había venido en medio de mi cogida con la lengua.

    Nos reímos y le pregunte si queria que me detuviera y me pidió que no, que continúe pero despacio.

    Seguí introduciendo de a poco y despacio mis dedos. Cuando a los minutos noté que 3 de mis dedos ya entraban más fácilmente, me acerqué a la mesa de noche, saqué un lubricante y comencé a untármelo en la pija que no se bajaba y lo lubriqué a él.

    Le dije que se relaje que lo iba a penetrar. Que respire y se calme.

    Puse la cabeza de mi pija en su entrada y comencé a empujar de a poco. Él apretaba las sábanas y bajaba su cabecita con mueca de dolor. Yo: ¡shhh relax! ¡Breathe!. Nunca le saqué la tanga ni las medias blancas. El contraste con su tono de piel era hermoso.

    Él con una actitud de soporte me pidió que continuara, empujé un poquito mas fuerte y me detuvo. Me quedé un par de minutos así. Cuando me lo indicó volví a empujar. Hasta que volvió a detenerme. Respiraba y se quejaba cual parturienta, hasta que después de un rato ya toda mi pija estaba adentro. Él soportaba como un héroe.

    Empecé a moverme muy de a poco. Él se quejaba, gemía, me pedía que me detenga, que continúe hasta que finalmente se dilató y adaptó, entonces pude moverme mas fuerte. Lo puse en 4 con mi pija adentro y la cogida empezó a ser mas movida. Ya del padecimiento pasamos al gemido de placer y fue que comencé a ser mas bruto.

    Saqué mi pija y para sorpresa mía estaba limpísima. Pensé que por su inexperiencia ocurrirían accidentes o sangrado, pero no.

    Lo alcé, nos besamos con pasión y me senté apoyándome contra las almohadas, lo levanté y le pedí que se siente sobre la pija. Obedeció y con tranquilidad empezó a sentarse y estando tan lubricado, le entró de una.

    Me abrazó con un quejido /gemido y se movía intentando cabalgarme. Lo tomé de sus nalguitas, y lo movía de arriba hacia abajo. Su carita de dolor y placer era mucho mas excitante para mí. Cuando se habituaba, me abrazaba y besaba. Yo necesitaba preñarlo pero me obligaba a aguantar, giramos para tenerlo boca arriba y yo encima de él. Asi en esa postura, pude vernos en el espejo de la habitación y era notorio y hasta bizarro la diferencia de tamaños de cuerpo.

    Él toleraba un poco mejor mis embestidas y con mayor movimiento fui haciéndolo mío. Ese culito estrecho que me hacía notar que mi pija estaba literalmente desvirgándolo, partiéndolo al medio pero él y yo lo estábamos disfrutando a full. Su carita de dolor y placer, sus gemidos, sus manitas tratando de frenarme y mi enorme cuerpo que arrasaba con su detención para hacerlo mío. A los pocos minutos en esa posición me transforme en un toro. Acelere el ritmo y la forma de las embestidas, ya no podía más.

    Necesitaba preñarlo. Le avisé que me venía y él me sujetó con sus piernitas, me apretaba los pezones, y gemía a lo loco, y yo rebuznando y casi desvaneciéndome sobre él, dejando fluir chorros de semen en su interior que encima por su estrechez, se sentía como que los chorros salían a presión por que su esfínter apretaba.

    Nos quedamos abrazados, uno encima del otro agitados, gimiendo, besándonos, recobrando el aire y el sentido. Mi pija no paraba de latir adentro de él. Quería más, pero su colita y su cuerpito estaban exhaustos.

    Se quedó tirado en la cama casi desvanecido, yo me fui a duchar. Apenas salgo de la ducha lo veo cambiándose como para irse.

    No, de ninguna manera, tú te quedas a dormir aquí.

    Se me acerco, me beso y le dije: ¡ve a asearte!

    Salió del baño solo con las medias de red puestas, la tanga dijo que le rozaba un poco pero que las medias eran muy suaves.

    Se acostó al lado mío, nos quedamos dormidos abrazados.

    Sonó el despertador pero lo apagué porqué era sábado, no teníamos que trabajar, quise repetir franeleándole mi pija por su cola pero después de la noche que tuvimos había quedado algo irritado.

    En compensación me comenta que vio en una peli porno sobre edging y cumcontrol y aplicó esa técnica como mañanero. Y lo disfruté tanto como cogerlo. Le acabé en la boquita y después de una ducha juntos nos pusimos a desayunar.

    Volvió a su casa, apenas llego me escribió para agradecerme la noche que pasamos y que antes de que me vaya quiere nuevamente…

    Continuará.

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  • El plan (parte 3)

    El plan (parte 3)

    El agua limpiaba todo lo ocurrido, pensaba que mi conciencia me haría sentir culpable. La verdad mi calentura estaba al límite, pero todo este cúmulo tenía nombre, yo solo quería descargar toda la libido con mi hijo.

    Al oír la voz de mi esposo, por un breve segundo me sentí una mala persona. Pero recordé mi enojo además todo esto era por el bien de nuestro hijo, con este pensamiento limpié en profundidad mi entrepierna quizás tocando un poco más de lo normal para un baño.

    —Cariño de verdad se me la noción del tiempo, no era mi intención quedarme tanto tiempo

    —Como digas…

    Mi esposo estaba dando sus típicas excusas, en otra ocasión habría iniciado una discusión, pero mi mente aún estaba en el debate moral, mi disociación era tanto que incluso perdí la mitad del discurso que estaba hablando mi esposo.

    —¿Entonces qué dices? Un poco de cariño estaría bien…

    —Ee… Si como digas…

    —¿En serio? Entonces ven para acá…

    —¿Qué? Oyeee espera…

    Sin previo aviso mi esposo me empuja hacia él, no sabía que estaba pasando. Mi primera reacción fue sorpresa luego susto, él sin previo aviso quita la toalla que cubría mi cuerpo al salir del baño, todo esto hizo que pegara un grito de susto, cortando todo avance de él. Soltándome sorprendido nos quedamos viendo unos segundo cuando el acto que marcó un antes y un después ocurrió.

    —Mamá… Escuche que gritaste ¿Qué pasó?

    Sin previo aviso Miguel entra a la habitación, el grito de susto debió alarmarlo. La escena era fácil de malinterpretar, yo desnuda protegiéndome y asustada, mi esposo sorprendido frente a mí.

    —¿Qué haces? ¿por qué negras al cuarto así?

    —Lo siento papá… Pensé que algo le había pasado a…

    —Oye estúpido, yo no soy tonto, lo tuyo ya es algo enfermo

    En un tono inquisidor mi esposo estaba cada vez más enojado hablando con mi hijo, quien por cierto de vez en cuando me observaba.

    —Tapate por dios, por cosas como estas este niño está mal de la cabeza.

    Sin saber a lo que se refiere realmente pude tomar mi bata que estaba tendida en la cama y taparme con ella, pero la conversación o más bien el juicio que mi marido estaba teniendo en contra de Miguel sólo se intensificó.

    —Te aprovechas en cada ocasión para poder mirar a tu madre, cuando niño lo dejaba pasar porque es normal pero ahora ya es enfermo y da asco

    —¿De qué hablas papá?

    —Eres un degenerado, te aprovechas de tu propia madre

    Paff!… Sonó una cachetada, Le dio en pleno rostro, ocupe toda mi fuerza, acumule todo el enojo que tenía en ese golpe, no podía soportar ese tipo de acusación, él tenía todo el derecho de estar enojado pero yo debería ser el objetivo no mi hijo.

    —Lárgate…

    Mi voz fue fría casi susurrando, él con furia devolvió la mirada, luego caminó hacia la puerta empujando a nuestro hijo y salió de la habitación. A los pocos segundos escuchamos desde afuera el ruido del motor a toda velocidad alejarse.

    Nos quedamos en silencio, atormentados por todo lo acontecido, realmente era mucho por procesar, mi hijo sin decir una palabra salió de la habitación mientras yo me senté en la cama mirando hacia el horizonte pensando en las palabras de mi esposo.

    Un mensaje en mi celular tomó mi atención, pensé que era de mi esposo por lo que lo ignoré unos minutos pero al ver me sorprendió, era Miguel avisando que iba a salir y pasar la noche en casa de Adam. Se me congeló la sangre después de todo el avance que había logrado nuevamente volvía a juntarse con ese chico que me traía muy mala espina, esa tarde solo me levanté para secarme el pelo, ponerme unas bragas cómodas y volví a estar estirada sobre la cama mirando el techo.

    En algún momento ya estaba todo oscuro, no podía dormir me atormentaba el hecho de que el concepto familia estaba arruinado, me asustaba el no sentir nada cuando mi esposo se fue de la casa, además los recuerdos de lo vivido con mi hijo me traía un escalofrío que no debería sentir, de un momento a otro mi mano estaba tocando suavemente mi clítoris, la suavidad del tacto despejaba mi mente y me servía para distraerme de todo el caos, simplemente me deje llevar por el placer sin pensar en nadie solo en mi misma, en algún momento un relajo llegó y caí profundamente dormida.

    El sonido de un golpe lejano me despertó, el sol estaba entrando por la ventana. Despacio salí de la habitación preocupada por el ruido, oía voces desde la cocina, al principio pensé lo peor, algún robo o algo asi, pero la familiaridad de estas me hizo percatar que era mi esposo e hijo conversando, haciendo poco ruido me asome por la escalera escuchando atentamente su conversación.

    —Cállate degenerado, te doy un mes para salir de la casa…

    —Papá de verdad escu…

    —Ya te dije, te vas. Agradece que no le dije nada a tu madre para no arruinar nuestras vidas,

    —Pero…

    —Pero nada, ahora sal de la casa no te quiero hoy acá

    Acto seguido se escuchó las sillas siendo arrastradas, y pasos hacia la puerta. Aún no entendía el odio que tenía mi esposo contra mi hijo, mi primera idea fue pensar que había descubierto parte de mi plan, y al enterarse de eso Miguel se declaró él como culpable, debía corregir este error no podía ser él quien cargara con todo esto.

    Rápidamente volví a mi habitación y me acosté fingiendo estar recién despertada, pude oír como se acercaba hacia acá. Fingiendo sorpresa veo como ingresa mi esposo con una bandeja en la mano.

    —Querida, perdón por lo de ayer…

    —Oh habías llegado, bueno ahórrate esto, de verdad ayer te pasaste y no solo conmigo sino con Miguel

    —Ya está solucionado el tema con él, tuvimos una conversación padre e hijo.

    Ignorando su desayuno me levanté y me fui al baño, lave mi cara y me mire al espejo, estaba demacrada la sensación extraña en mi cuerpo aún estaba, y el caos mental estaba empeorando.

    Mientras me vestía tranquilamente, mi esposo estaba mirando con sorpresa, no recuerdo la última vez que habíamos peleado, generalmente las discusiones terminaban en sexo frenético. Mientras ponía mis zapatillas aprovechó para quitarse la ropa, tomar una toalla y entrar en la ducha, su cuerpo era espectacular, se cuidaba muy bien, pero no sentía el deseo de antes. Mientras ordenaba el dormitorio escuché despacio la puerta principal, luego la habitación de mi hijo.

    —Veo que no me hizo caso y volvió…

    —¿Ya terminaste? Por favor déjalo

    Para evitar que siguiera el juicio contra mi hijo me acerque a mi esposo y lo abrace pasando mis manos sobre su cadera apoyando mi cabeza en su pecho. En menos de un minuto sus manos estaban levantando mi polera, me dio mucha flojera porque recién me había vestido por lo que me aleje pero agarré su mano y lo guie hasta la cama, baje mi pantalón hasta debajo de las rodillas y me puse como perrita sobre la cama mostrando toda mi conchita, que se la dejaba a su disposición.

    No podía continuar esquivando y actuando raro, lo normal era tener sexo de reconciliación para evitar sospechas, además si ayudaba a calmar el calor interno podría ser bueno. No era raro que las mujeres cerca de una edad aumenten el deseo sexual, y para mi que normalmente era alto, ahora era un infierno.

    Mientras mi mente estaba pensando a mil por hora, sentí la lengua de mi esposo jugando con mi clítoris, su rostro estaba entre mis nalgas y él devoraba todo lo que podía, sentía su lengua pasar y el líquido que brotaba formaba un hilo que iba desde mi vagina hasta sus labios, al igual que anoche solo me deje llevar. En un momento separó mis nalgas y comenzó a lamer el círculo de mi ano, no pude evitar soltar un leve gemido, era algo que me gustaba pero nunca lo había dicho por vergüenza, sentí como su lengua se introdujo unos centímetros y sin esperar comencé con un delicioso orgasmo, contuve mis jadeos y solo interrumpí mi respiración.

    Mi reacción dio cabida para que mi esposo continuará jugando con su lengua en mi ano, mientras con su mano masturbaba mi vagina, mis jadeos eran ruidosos haciendo que mi esposo se preocupara.

    —Baja el volumen, Miguel está al lado…

    —Tu solo sigue no quiero que pares otra vez…

    Haciendo caso a mi respuesta sentí un dedo penetrarme mientras mi ano estaba siendo succionado, jadeos y gemidos brotaban de mi, en fondo quería que mi hijo me escuchara, eso me excitaba aún más, mi esposo notando lo mojada que estaba dejo mi ano y se puso de pie detrás de mí, sin previo aviso metió su pene hasta al fondo, no se si fue un gemido o un grito pero se sintió delicioso.

    Mi esposo estaba embistiendo salvajemente, sin poder controlarme avance un poco para soltarme, como pude me quite los pantalones y le pedí que se acostara, me encantaba cabalgar, yo debía llevar mi ritmo. El se acomodo estirado cruzado en la cama yo subí, agarrando su pene lo lleve hasta la entrada de mis labios y me deje caer, ahora era el que gemía, subía y bajaba. Mi cuerpo estaba frente a la puerta, mientras que mi esposo le daba la espalda, por eso él no se percató que estaba entreabierta y unos ojos nos observan.

    Mi pelo alborotado, y un placer desmedido debieron transformar mi cara totalmente, porque la reacción a través de la puerta fue de asombro y deseo. Cambié el ritmo de mis cabalgatas, ahora eran más cortas e intensas, ya no subía hasta la punta de su pene sino que era más mi movimiento de cadera y apretaba los músculos de mi vagina aprisionando su pene entre ellos. Los jadeos de mi esposo llenaban la habitación, yo estaba siendo víctima de un frenesí por lo comencé a hablar o más bien gritar.

    Sentía centímetro a centímetro el pene dentro de mi, no me interesaba nada mas que mi propio placer, necesitaba liberar todo lo contenido estos días y el pene de mi esposo era la herramienta perfecta para eso, ya no me importaba nada…

    —Lléname toda, necesito sentirte… Aaa, siiii. Dame, muévete

    —Me vengo… Me vengo…

    Al escuchar esas palabras, salí de arriba y agarre con mi mano su pene que estaba por estallar, comencé a masturbarlo rápidamente mientras continuaba soltando palabras que iban dirigidas hacia otra persona…

    —Vamos mi amor, suelta todo… Quiero ver como sale, a la noche dejaré que me llenes con tu lechita…

    —Siii, siii

    Un fuerte chorro blanco salió disparado, la eyaculación fue potente cansada me deje caer al lado de mi esposo, quien intentaba recuperar su aliento.

    —Eso estuvo increíble, me encantan estas reconciliaciones

    —Ya veo…

    —Pero cariño, tendremos que dejar eso que quieres para mañana, ahora debo volver a trabajar ya que he faltado dos días, te encargo la limpieza yo me iré así para llevar tu olor

    —Eres un cerdo…

    Mi última frase fue sincera, me dio asco pensar que el andaría con olor a sexo todo el día, antes lo hubiera considerado romántico, pero hoy solo era un momento desagradable, además el marcharse después de conseguir lo que quería me hizo sentir utilizada. Lo peor es que no logre tener otro orgasmo y no pude disfrutar el primero, mi cuerpo aún estaba caliente, mi esposo se había marchado como aviso y estaba totalmente caliente.

    Fue entonces cuando recordé los ojos llenos de deseo a través de la puerta, silenciosamente salí en dirección hacia su habitación, era una depredadora en busca de su presa, aunque no quería llegar a nada importante, simplemente considere el momento oportuno para disfrutar y avanzar en mi plan para hacer de mi hijo un verdadero hombre, además no quería estar con mi hijo siendo recientemente utilizada por otro hombre, el no merecía esto.

    Sin previo aviso entre de golpe, la imagen frente a mi era la esperada, estaba sentado en su futón con su pene apuntando al techo, masturbandose clandestinamente.

    —Necesito hablar contigo… No diré nada sobre tu acto espía

    —Mamá… puedo explicarlo

    —Después ahora haré lo que deseas, me tocaré para ti

    Uno al lado del otro, consciente del cuerpo del otro comenzamos a tocarnos, esta vez mi hijo estaba con más confianza además ambos estábamos muy caliente por lo que no se hizo esperar y agarró mi mano y la puso en su pene, esto dio inicio para que comenzara a masturbarlo, acto seguido su mano se poso en mi vagina y directamente fui penetrada por dos dedos, mi dilatación del sexo anterior aún estaba por lo que le facilito. Su mano se sentía increíble, y por lo visto la mía igual.

    Una, dos veces y su pene explotó igual al día anterior, esta vez no rocío sobre mi, su pene no perdió la erección, y su mano aumentó su penetración a mi conchita.

    —Siii mi amor se siente rico,

    —Mamá más fuerte…

    Ambos estábamos como loco y nuestros cuerpos se chocaban yo tenía mi cabeza apoyada en su hombro y le susurraba lo rico que se sentía, bombeaba su pene y el me penetraba con su mano, otra vez logro eyacular pero estábamos tan cerca y enredados que ambos quedamos rociados por su semen, mi hijo con su orgasmo se dedicó a buscar el placer para mi, mi cuerpo se resistió, pero la descarga eléctrica bajando por mi espalda era intensa, mi cuerpo tembló estiré mi cabeza y solo solté mi musculatura, eran tres los dedos que estaban entrando mientras salía por montones liquido de mi vagina, y finalmente solté un chorro acompañado de un orgasmo brutal que hizo temblar todo mi cuerpo, era un delicioso infierno.

    Un minuto o más aún sentía todo en mi cuerpo, era el orgasmo más placentero y a la vez brutal en mi vida.

    —Eso estuvo increíble mi amor

    —Wow mamá, de verdad me gusto esta vez

    —¿Por qué dices esta vez?

    —No importa… Pero nos pasamos de la raya

    —También lo creo… pero

    —Lo sé Mamá, a mi también me gusto.

    —¿Entonces está bien que lo hagamos?

    Él no me dio respuesta y acaricio mi cabello, esto por alguna razón se sintió más íntimo que masturbarnos mutuamente, yo apoyé mi cabeza en su hombro y estuve así hasta recuperar el aliento.

    Me faltaron ganas para entrar a la ducha con él, pero no podía avanzar tanto o se podría asustar, rápidamente pedí comida por el celular, y me fui a bañar. Cuando estábamos almorzando, pude al fin escuchar la versión de mi hijo del conflicto con su padre.

    Resulta que un día estaba masturbándose viendo sus videos favoritos cuando entra su padre, lamentablemente la actriz era muy parecida a mi por lo que su padre malinterpreto todo y comenzó un acoso, el se hizo amigo de Adam quien era gay para que evitar sospechas y por mucho tiempo no tuvo problemas, pero poco a poco fue creando distancia de mi, pero el otro día mientras almorzábamos yo me pare y recogí algo del suelo mostrando mi trasero, mi esposo vio como mi hijo me miraba con lujuria despertando una alarma aún más intensa que la última vez.

    —Mamá ¿Estoy enfermo?

    —No mi amor, es normal mostrar cariño con tus seres amados, no todos lo hacen igual además nosotros nos tenemos tanto amor que ya no hay otra forma de demostrarlo.

    Continuará…

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  • Me enseñó un sexo que desconocía (parte 2)

    Me enseñó un sexo que desconocía (parte 2)

    La tormenta fue una de las más violentas e intensas que hubo por años, con vientos fuertísimos, granizo y lluvia a mares. Estaba sola en la casa (mis viejos se habían ido el finde a Córdoba) y mi buen ánimo duró hasta que se cortó la luz. Intenté llamar a mis tíos, pero la señal no era buena y además poco iban a poder hacer ya que vivían a 30 kilómetros. Estuve pensando que hacer hasta que, desde mi pieza, vi luz en lo de Ricardo. Me aseguré que todo estaba bien cerrado, me puse lo que tenía para la lluvia y me fui a golpear su puerta.

    -“¿Qué hacés afuera con esta tormenta, Irina?”, preguntó mientras me dejaba pasar.

    Le conté lo que pasaba, que no sabía donde estaban las luces de emergencia, que no tenía nada para comer y que estaba asustada. Me hizo pasar, me dijo que vaya al baño y me saque la ropa mojada (empapada en realidad) y al rato golpeó la puerta para decirme que me dejaba ropa. Esperé que se fuera, abrí la puerta, agarré la ropa y me vestí con una remera suya, una bata de toalla y unas pantuflas. Así bajé a la cocina, donde estaba cocinando.

    -“¿Qué hacés?”.

    -“Un guiso de conejo que preparaba para mí y le agregué más papas para que compartamos”.

    -“¿Siempre cocinas esas cosas raras?”

    -“Raras para vos, ¿no te gusta?”.

    -“Si está como lo que hiciste el otro día, me como esa olla yo sola”.

    -“Comela. Me hago un sándwich”.

    Comimos ese guiso, que estaba impresionantemente rico, con un Malbec, un postre instantáneo que hizo con leche maicena y azúcar que me encantó y café turco. Todo acompañado de una suave música de fondo con mucho saxo y violines y terminamos sentados en el sofá con un licor (también casero) de café.

    -“¿Estás más tranquila?.

    -“Mucho. ¿Me prestás luces para volver a casa?”.

    -“¿Estás loca? Sigue lloviendo a cántaros. Quedate a dormir en el cuarto de huéspedes ¿O tenés miedo de mí?”.

    -“No tonto”.

    -“Entonces, tontita, ahí está tu cama”, dijo señalando una puerta, “tenes baño en suite y podes cerrar con pestillo”.

    -“¿Por qué? ¿me pensás violar? Ja, ja”

    -“No seas tonta”, dijo saludándome y yendo a su cuarto en el primer piso. Esperé a ver donde entraba y después me fui a acostar. Me pasé una hora dando vueltas en la cama sin poder dormir, no por la tormenta de afuera, sino por la que tenía entre mis piernas y en mi cabeza por las ganas que tenía de subir esa escalera. Un trueno descomunal me dio el empujón y la excusa que necesitaba. Fui a su cuarto, abrí la puerta y me quedé intentando ver en la obscuridad. Me pareció ver una figura sentada en la cama y una ronca y cálida voz me dijo.

    -“Te estaba esperando. ¿Venís?”, mientras abría las sábanas invitándome.

    Desde ese momento tuve siempre la sensación que estaba tres pasos por delante mío y descubrí que me gustaba que fuera tan seguro y sereno y que me entendiera lo que quería. Me acerqué todavía un poco temerosa ni sabía de qué y, cuando me puse a su lado, me abrazó y me sentí segura y confiada. Esperó un rato hasta que terminé de aflojarme y recién ahí me besó un largo rato, jugando con su lengua en mi boca mientras sus manos me quitaban corpiño y bombacha a la vez que descubría que él estaba ya desnudo.

    Lo que siguió fue, para mí, un aprendizaje de un sexo suave, lento, meticulosamente intenso parte por parte. Me acarició con dedicación desde los pies a la cabeza, haciéndome sentir los placeres ocultos en cada parte de mi cuerpo. Estuvo varios minutos apoyado contra mi espalda acariciándome mientras besaba mi nuca y lamía mis orejas. Todo era como una miel de caricias sabiamente dadas y, cada vez que yo quería apurarme, me abrazaba y me decía que disfrute, que deje que el placer me penetre.

    Tardó ni se cuantos minutos antes de tocar mis tetas, lamer mis pezones, acariciar mi vulva, lamerla, meterle sus dedos juguetones, recorrer mi cuerpo con su lengua, besarme mientras jugaba con mis pezones. Yo volaba entre nubes y tuve dos orgasmos. En cada uno me abrazó y volvió a decirme que los disfrute, que permita que mi cuerpo los sienta en toda su intensidad.

    En un momento se acostó y puso su brazos a los lados, yo pasé a darle besos y caricias y terminé bajando a lamer su pija (que era normal, medio gordita) mientras el me acariciaba la espalda, la cola y la cabeza.

    -“Me encanta como sos. Tenes una sensualidad hermosa”.

    Al rato me llevó a ponerme a caballito de él y me hizo cabalgarlo con un vaivén que hacía rozar su pija en mi conchita hasta que no pude más, la tomé con la mano y la llevé a la puerta de mi vagina. Lentamente fui bajando hasta tenerla toda dentro, mientras él se quedaba mirándome y me dejaba hacer. Puse mis manos en su pecho y empecé a moverme y disfrutarlo.

    -“Que linda que sos Irina. Me encanta verte cabalgarme”.

    -“No mientas, no soy tan linda”

    -“Estoy seguro que sos hermosa, al menos en lo que yo disfruto de una mujer. No me llaman la atención ni las grandes tetas ni un enorme trasero. Me gusta la mujer sensual, segura, inteligente, libre y flaquita. Me gustás mucho, en serio”.

    -“Mirame, me gusta que me mires y me gusta que te guste. Vos me encantás. Tu sexo me encanta”.

    En silencio seguí moviéndome libremente, llevando su pija a acariciarme mientras rozaba mi clítoris contra él. En tanto, él me acariciaba los muslos y las piernas (descubrí que me gustaba mucho), me tomaba de las nalgas y jugaba con mis tetas. El orgasmo me llegó de golpe, jadee, grité y gemí mientras sus brazos me sostenían y después me derrumbé sobre su cuerpo. Me abrazó y empezó a acariciar mi cabeza y espalda suavemente un largo rato hasta que me repuse.

    -“Gracias”, le dije.

    -“¿Por qué?”.

    -“Porque te preocupás en que disfrute mis orgasmos, me acompañas. No sé, no es lo habitual. Me encanta, disfruto más.”.

    Me dio un beso y me volvió a abrazar. Al rato me tomó la cola y me hizo mover suavemente para volver a parar su pija que aún estaba dentro mío. Le pregunté si había acabado y me dijo que no, pero que había disfrutado enormemente de mí y pensaba seguir haciéndolo si le permitía. Sonreí, lo besé y fui a chupar esa pija hermosa y le dije que podía disfrutarme como quisiera.

    Me acostó de espaldas y me penetró, subiéndose muy arriba mío, lo que me obligó a abrir bien las piernas e hizo que su pija penetrara profundo hasta casi el cuello de mi útero. Y allí la dejó apenas moviéndola mientras apretaba mi clítoris con su entrepierna, mientras al oído me decía que tenía una conchita hermosa, que era un placer estar dentro mío, que lo enloquecía mi cola y que era una hembra divina para coger, que quería que fuese su putita y cogerme mucho y eso siguió hasta que apreté mis piernas contra su cuerpo, me tensé, gemí y le grité ni idea que cosas en medio de un orgasmo que me sacudió entera. Se quedó contra mí, besando mi cuello mientras duraba mi acabada.

    Yo todavía jadeaba intentando respirar cuando salió de mi vagina, me puso boca abajo y empezó a pasarme lubricante en mi ano, acariciándolo suavemente un largo rato hasta que su dedo entró y pudo jugar en mi colita. Se subió a mi espalda, apoyó la punta de su pija en mi culito y esperó todo el tiempo necesario hasta que mi colita hambrienta de pija se fue abriendo para comerla entera. ¡¡Nunca me habían penetrado el culo con tanta suavidad!! Fue un placer completo, sin molestia ni dolor.

    Y me cogió la cola poniendo toda su pija hasta el fondo y moviéndola suavemente mientras volvía a hablarme al oído y me decía que culito hermoso que tenía, que me lo iba a llenar de leche porque yo era una putita hermosa, que era un placer cogerme y que le encantaba tener una preciosura como yo tan sensual y tan buena en la cama. Me re calentó y volví a acabar ya casi sin fuerzas.

    -“¿Te gusta tenerme en tu colita?.

    -“Si”.

    -“Decímelo. Soltate, contame como me sentís”.

    -“Me gusta que me cojas el culo. Me encanta tener tu pija grandota dentro mío y quiero que me llenes de leche, papi. ¿Me vas a acabar en la colita?”

    No terminé de decir eso cuando lo sentí penetrarme profundamente, gemir ahogadamente, y temblar mientras decía “Sos una putita preciosa, una guachita divina. ¡¡Qué cola hermosa que tenes!! y un ¡¡¡Dios!!! largo que terminó en un quejido. Después se derrumbó contra mí y al rato se dejó caer a mi lado, llevándome con él.

    -“No quiero salir de tu culito. Es hermoso”, me dijo.

    Continuará.

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  • Mi hermanastra mayor (parte 2/4)

    Mi hermanastra mayor (parte 2/4)

    Cambio de vestuario:

    De un momento para el otro Fabiola comenzó a usar prendas de vestir más sueltas y ligeras, una de esas prendas era ponerse licras de todo color. Cuando yo veía esas licras colgadas en el tendedero, parecía talla como para infantes, pero cuando veía a Fabiola modelando esas licras, madre mía, no sabía sí esa licra moldeaba a su cuerpo o al revés, remarcando toda su figura, siguiendo la silueta de sus piernas hasta su cintura.

    Si no eran licras, Fabiola se ponía: vestidos cortos, shorts, faldas, todo acompañado con blusas igual de apegadas al cuerpo. Con semejantes prendas ajustadas no era difícil para la imaginación hacerse una idea de cómo sería verla desnuda, porque sus prendas ya hacían todo el trabajo.

    Cuando yo solía estar en la computadora o en la sala mirando pelis, Fabiola se aparecía de la nada a hacerme la conversa. En esas platicas Fabiola me miraba fijamente y me sonreía, al mismo tiempo que se acomodaba el cabello, así llegué a saber que su color favorito era el rojo, que le gustaba escuchar bachata, cosas así.

    Por mi parte, debo decir que al ser yo algo reservado, no era de soltar nada de mi vida a nadie, pero con Fabiola era diferente. Cuando me preguntaba cosas no podía negarle nada, y mucho menos cuando me lanzaba esa sonrisa, esa sonrisa pícara y coqueta.

    Entre plática y platica surgió una pregunta por parte de ella:

    -¿Y… tienes novia?

    Yo le dije que no, en eso su cara cambió de alegre a sorprendida llamándome mentiroso, yo le dije que no tenía porqué mentirle, y me dijo:

    -¿En serio? entonces no has… ¿besado?

    Eso es obvio al no tener novia, fue mi respuesta, y en un todo alentador ella me dijo:

    -Bueno no te rindas. Dicen que tu media naranja está más cerca de lo que uno cree

    Fabiola me sonrió, y volvió hacer sus cosas.

    Toqueteos:

    Era un sábado por la mañana, yo estaba en la compu mirando videos de auronplay, y en eso entró Fabiola a sentarse en una mesa de trabajo, y nos pusimos a platicar de tonterías, de pronto el sonido del parlante dejó de funcionar, y para arreglarlo tenía que levantarme levemente para ajustar el cable, y en eso tuve la sensación como de que me espiaban así que miré de reojo a Fabiola, y vi que su mirada estaba fija en mi trasero a la vez que se mordía el labio inferior.

    Arreglé el sonido y sentándome nuevamente me quede pensando por qué Fabiola miraba así mi trasero, entonces me dio por mutear el sonido a propósito, y al inclinarme Fabiola volvió hacer lo mismo, esta vez me demore para darle el gusto a sus ojos.

    Paso una semana. En casa había fiesta familiar, y cuando yo iba de camino al baño Fátima venía de frente, y antes de alejarnos noté que una mano me tocaba el trasero, al girarme vi que era Fabiola quien me había dado esa palmada en mi trasero, ella solo me soltó una sonrisa y siguió su camino. Más tarde yo me preguntaba:

    -¿Esta mujer que querrá de mí?

    Me hacia el ingenuo a mí mismo. Las palmadas de parte de Fabiola se fueron haciendo más habituales, y no solo eso, cuando yo solía estar sentado en x parte venía Fabiola por detrás y acariciaba mi cabello, todo esto lo hacía incluso si había gente al rededor o no. Por mi parte yo no le correspondía a sus toqueteos, más que nada, por lo reservado que era, pero ganas no me faltaban.

    La timidez se va:

    Venía del mall de ver una peli, y al entrar a la casa y abrir la puerta de la sala vi a Fabiola arreglando unos etiquetas, cuando me vio, de lo sería que estaba le cambio el semblante, y con una sonrisa me dijo:

    -Hola Marquitos, ¿cómo te fue?

    Yo tardé en contestarle, más que todo porque estaba embobado por como estaba vestida

    -¿He? Si… me fue bien, y tú que haces, ¿por qué estas molesta?

    Ella en tono cansado dijo:

    -Es que estoy atareada, y no tengo quién me dé una manito con todo esto. Y para rematar discutí con mi novio

    Yo no podía solo salirme e ir a dormir por una razón, bueno eran dos razones, una para ayudarle a terminar pronto, y segunda poder admirar su bello rostro y su envidiable figurita, así que le dije:

    -Déjame ayudarte si quieres, así acabaremos más rápido

    A Fabiola le cambió el semblante y la note más relajada, estaba puesta una licra que a su vez tenía estampado un billete americano por todo el ruedo, y cuando se agachaba o inclinaba se veía muy sexy, cuando estaba en esa postura sus caderas crecían, y cuando se inclinaba su blusa se le subía levemente dejando al descubierto su tatuaje, al contrario de su licra que se le bajaba unos tres centímetros formando una v, dejando al descubierto una pequeña franjita negra que era el color de su ropa interior. Ella me hacía la conversa, pero yo al mismo tiempo que le contestaba cosas, admiraba su bello cuerpo, y cuando se agachaba resaltaba mucho más su cintura y sus piernas.

    Nos tomó una hora acabar. Fabiola me dijo que mientras trae café vea algo en la tv. Estaba pensando que poner, y en eso surgió en mi mente cinco palabras: la chica de al lado, así que la pise.

    Al regresar Fabiola con el café, se sentó muy apegadita a mí y me extendió el vaso, y se puso a ver la peli.

    Cuando se acabó el café, Fabiola se levantó y dejó los vasos en la mesita de enfrente inclinándose un poquito. Uff, esa licra con el estampe de billete moldeaba su trasero, y sentándose nuevamente a mi lado, puso su mano derecha en mi pierna. Me entró un escalofrío al sentir su mano, pero cuando volteé la vi relajada mirando esa película. Yo quería corresponderle y tocarle la mano, pero cuando Fabiola vio que yo no la correspondía, quitó suavemente su mano, y levantándose dijo:

    -Ya es tarde, hay que ir a la cama

    Yo le entendí otra cosa por lo que la miré sorprendido, y cuando ella se dio cuenta que yo había entendido mal, hizo la cabeza levemente atrás junto con un gesto de confundida, enseguida lanzó un suspiro seguido de una sonrisa, y dijo:

    -¿Esa peli hizo que te confundas? Yo decía ir a la cama, o sea a dormir porque ya es muy tarde. Anda apaga eso y vámonos

    Estábamos yendo a nuestras respectivas habitaciones, Fabiola adelante y yo atrás de ella, y note que mi mano derecha bajaba y se fue directo al trasero de Fabiola, en eso entré en razón y quite mi mano rápidamente. Fabiola se giró y me miró sorprendida, pero no dijo nada, yo pasé de largo y me metí a mi cuarto diciéndole hasta mañana.

    Ya en mi cama acostado, pasaba por mi mente dos cosas: lo primero era, lo suave que se sentía el tocar el trasero de Fabiola, y segundo es que, cuando ella se giró no la vi enojada, estaba asombrada sí, pero vi en su cara una leve sonrisita.

    Al día siguiente yo estaba en la computadora, de repente escuche la puerta de afuera que entraban, y escuche la voz de mi madre y de Fabiola, yo estaba nervioso a ver que me diría al vernos, pero cuando ella entró y me vio a mí, me saludo muy normal, junto con una sonrisa de complicidad, y se fue a la cocina.

    Mientras pensaba en lo sucedido Fabiola se asomó nuevamente a lo lejos, y mientras me miraba fijamente se puso una mano en sus labios, besándola, para luego estirarla hacia mí dirección, y después ella antes de regresar a la cocina se despidió de mi moviendo la manito.

    Continuará.

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  • La hija del general Ramstein

    La hija del general Ramstein

    Siempre sentí desapego por mi padre, el general Federico Ramstein. De pequeña nunca estaba en casa y cuando lo hacía estaba lo bastante ocupado o callado y nunca tenía tiempo para mí. El general era muy ordenado y tenía una disciplina de hierro y no por su linaje judío, sino por sus rígidos antepasados bávaros.

    Mi nombre es Yenni y por cierto fui una niña malcriada. Durante mi vida me dieron de todo menos amor y cariño, lo más importante que alguien puede recibir en la vida. Siempre quise tener un padre y no fue mi caso pero a pesar de todo yo amaba mucho a mi papá.

    Cuando cumplí los 23 me dio la curiosidad de conocer la milicia. Mi padre, el general, estaba cerca del retiro y no quería que yo fuera a conocer el destacamento militar donde él había empezado su prolífica carrera.

    Era bastante conservador y pensaba de que la mujer tenía un mejor lugar en el hogar, más precisamente en las tareas de la casa.

    Papi no sabía que todos esos años que él me mantuvo cautiva en la casa sin poder salir con chicos, explotaría en algún momento. Solo faltaba saber cuándo, dónde y cómo. Esas preguntas serán contestadas en este pequeño relato de cómo fue mi primera vez, que por cierto fue a los 23, con dos militares y en una base militar.

    Ese día de verano papá quiso que lo acompañe a la base, después que yo había insistido en que me lleve a conocer. Mientras entraba a la base del ejército veía hombres por doquier y eso comenzaba a excitarme pese a la fría mirada del general Ramstein, que no quería saber nada con mi presencia allí.

    De a propósito me vestí sensual para que todos me mirasen; los cadetes y soldados podían babearse de lo lindo, pues estaba con un pantaloncito bien corto color verde oliva y una remerita tipo musculosa cortita y ajustada, que dejaba verse mis hermosos pechitos.

    Muchos se preguntaran: ¿cómo logré que el general Ramstein llegase a salir con su hija a una base militar vistiendo de esa forma? La respuesta era que mi padre tenía mucho miedo de perderme. Algunos años atrás, cuando yo tenía 16 recién cumplidos, había tenido una fuerte discusión con él. Todo fue días después de la prematura muerte de mi madre y de esa desafortunada discusión con mi padre. No volvimos a tocar el tema de mamá.

    Volviendo a lo que quería contarles, mi primera vez. Fue una experiencia muy intensa e interesante. Había sido prácticamente forzada y acosada por dos soldados muy apuestos. Aquí pasaré a contarles con lujo de detalles.

    Cuando mi padre y yo entramos a la base, yo me dirigí a unas instalaciones que estaban en una zona restringida al público. A mí me encantaba todo lo que estaba prohibido o vedado, entonces me dispuse a dirigirme hacia allí.

    Caminé unos metros pasando la entrada con el cartel de “zona restringida”, “solo personal militar autorizado”. Hasta ahí todo normal, parecía que no había nada raro allí, hasta que vi dos tipos rudos que caminaban con armas a donde yo estaba. Rápidamente corrí abriendo la puerta con el cartel de advertencia y me refugié allí. Me metí en un vestuario y me quede allí unos minutos hasta que llegaron esos dos.

    Me escondí atrás de unos casilleros pero fue inútil, ellos me habían visto. Uno de ellos vociferó mirándolo al otro:

    – Mmmm… Por Dios ¿Qué tenemos acá camarada?

    Su compañero no dijo nada y yo me turbé del miedo. Para el colmo ambos caminaban en dirección a donde yo me encontraba a resguardo, aunque por dentro pensaba que me encantaría conocerlos de cerca a esos dos muchachotes.

    Cuando llegaron a donde yo estaba me miraron con asombro y se sonrieron. Me preguntó el más grandote:

    – ¿Qué haces solita acá preciosa?

    A lo que le contesté:

    – Soy la hija del general Ramstein y vine a conocer la base.

    Ellos me miraban con ojos de deseo, podía sentir como me recorrían su mirada por todo mi cuerpo. Se me acercaron todavía más y uno de ellos tocó mis hombros con sus fuertes manos, seguramente esperando que yo me enojase y debo confesar que más enojo tenía mucho miedo.

    La mirada lujuriosa del grandote me intimidaba todo el tiempo, yo atinaba a bajar mi mirada pero uno de ellos acarició mi rostro e inclinó mi cara hacia la de ellos. Recuerdo tener mucho miedo y fue cuando el grandote me dijo:

    – Relájate piba que la vas a pasar bien.

    De inmediato el terror se apoderó de mí, pues estaba a merced de dos soldados degenerados. Ambos sabían que yo era la amadísima hija del general Ramstein, pero no hicieron caso. Casi de inmediato el que acompañaba al grandote comenzó a acariciarme el pelo, mientras el otro acercó su sucia boca hacia mi oreja. Me decía cosas sucias como: “prepárate para sentirme nena”; “que bonito culo tenés”.

    Cuando tenía a los dos acosándome y dándome besos por todos lados, hice lo posible para tranquilizarme, sabía que después de todo no podría zafarme de esta y que más de una vez me había imaginado en una situación como esta.

    Tal vez aprovecharía y tendría sexo como en las películas sucias que a veces ponía en internet. Le supliqué que no me hagan daño y uno de ellos dijo:

    – Quedate tranquila mi amor que esto te va a encantar. ¿Lo hiciste alguna vez?

    – No señor.

    El soldado sonrió de con malicia y fue a besarme directo al cuello. Tenía uno adelante mío y el otro atrás tocándome el culo y metiendo sus sucias manos por debajo de mis bragas. El que estaba adelante manoseaba mis pechos y debo decir que esto, a pesar de que no lo deseaba, comenzaba a gustarme cada vez más. Tenía los dos sobre mí y yo estaba tan extasiada que me movía como flotando de placer.

    Uno de ellos bajó dándome besos en mi cuerpo mientras me sacaba bruscamente mi remera. Bajó hasta mi entrepierna y allí se encontró poniendo su cara de pajero en mi zona pélvica. En ese momento me dijo:

    – Ahora te vas a sacar el pantalón y la bombachita. ¿Me entendiste?

    Con algo de miedo le contesté que sí. Me saqué rápidamente la ropa y quedé toda desnuda. Mis vergüenzas quedaron a merced de estos dos degenerados que miraron con detenimiento mi estrecha vagina. Fue allí que el grandote le dijo al otro:

    – ¡Che Jorge! Parece que la nena del general es virgen!

    A lo que el otro contestó diciendo: “¡Mirá vos!”

    Ambos se pusieron aún más contentos y prosiguieron con mi sodomización. Uno de ellos me agarró de atrás en un abrazo de oso mientras el otro me pasaba su lengua por mis tetas, mi vagina (hasta entonces virgen) y mi boca. Después el otro (el que estaba atrás) bajó hasta mi culo y metió su lengua por mi ano agarrándome por los cachetes de mi culo.

    Yo ponía voluntad para no decaer y quebrarme pero había algo de toda esta situación que me desagradaba mucho y por otro lado lo que me hacían estos dos degenerados me ponía los pelos de punta porque me gustaba.

    Cuando me dejaron bien lubricada por todos mis agujeros me susurraron:

    – Ahora relajate. Te vamos a desvirgar los dos juntos preciosa.

    Hicieron que me inclinase un poco hacia adelante y me pusieron en cuatro patas. Por primera vez me puse muy nerviosa porque iba a ser penetrada. Me refregaron sus penes por mi boca y vagina mientras me decían porquerías.

    Sentí una gran excitación y me transformé en su zorra. Les dije mientras me hacían tirarles la goma a los dos:

    – Mmmm… me encanta! Me encanta! Siiii! Quiero más papito!!

    El grandote era bastante dotado y decidió que él me desvirgaría por la concha. Mi culito sería para su compañero de armas. Cada uno metió su pija por mis agujeritos. Muy despacito entraron por mi concha y mi ano y el dolor que sentía no podía describirse. Cuando por fin sus vergas se deslizaban con mayor facilidad, empecé a sentir un placer indescriptible. Ambos se sincronizaban y entraban primero uno y después el otro. ¡Qué lindo me culeaban los soldados de papá! Yo abrazaba al grandote y sentía los músculos de su gran espalda. El que me la daba por atrás me manoseaba las tetas mientras me daba sin asco.

    Finalmente cuando los tres estábamos extasiados y a punto de acabar uno de ellos me hace upa y me coge de parado mientras yo lo abrazaba. Yo saltaba como loca esa tremenda pija y él me repetía: “vistes que te iba a gustar mamita”. Lo miré y asenté que si mientras acababan ambos en mi boca.

    Los dos me dijeron que no dijera nada sino me pesaría. Les contesté que sí. Ambos me decían que era nuestro pequeño secreto. Me preguntaron si me había gustado y yo les contesté que encantaba. Que quería que se repitiese de vuelta. Por supuesto que yo me fui de allí relamiendo mis labios que habían probado la masculinidad de mis violadores.

    FIN

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  • El primer sexo anal de Denisse

    El primer sexo anal de Denisse

    Tenía por entonces más de dos años de casado y me había ganado la confianza de mi mujer. Ella creía ciegamente en mí y nada ni nadie la harían sospechar de una actitud de infidelidad de mi parte; por ello, no dudó ni un instante en aceptar el ir a acompañar a su prima durante su alumbramiento aunque esto significase dejarme varios días solo; sin imaginar lo bien que aprovecharía yo sus días de ausencia.

    Por aquellos días, en Chiclayo (Perú), se abrió un peculiar servicio de meretrices a quienes se contactaba por teléfono. El asunto consistía en telefonear a una agencia diciéndole las características de la chica que uno deseaba y el tipo de “servicio” que se requería de ella; entonces, se pactaba el precio y si uno aceptaba tomaban la dirección y en cuestión de minutos la chica llegaba hasta donde uno estuviese. Esto me lo contó un amigo y desde entonces me despertó la curiosidad; pues, me aseguró que el precio lo justificaban la belleza de la chica y la “calidad” de su trabajo.

    Hasta entonces jamás había requerido de ese tipo de servicios, pues, ni antes ni ahora he ido a un prostíbulo; pero la curiosidad me animó a intentarlo.

    Mi mujer salió la noche del sábado 08 de abril del 2000 y permanecería 10 días fuera; así que, tendría tiempo más que de sobra para llevar adelante mi plan.

    Los primeros días me sirvieron para cubrir todos los detalles de mi aventura de modo tal que dejase todo cubierto sin opción a ser pillado. Conseguí un hotel discreto, cambie mi apariencia e inventé una excusa para evitar que mi mujer me llamase durante ese tiempo.

    De este modo me instale en el Hotel El Sol, como a las 7.00 de la noche, del domingo 16 de abril de 2000, en la suite matrimonial, pues, la aventura debía ser a lo grande.

    Entonces me sentía sumamente nervioso, parecía que todos sabían lo que estaba haciendo y que tare o temprano mi mujer lo descubriría. Me di un duchazo para calmarme un poco y me decidí a llamar a la agencia y a la segunda timbrada una joven y melosa voz de mujer me respondió:

    -Hola?

    -¿Mariella Modelos? (era el nombre de la agencia)

    -Si mi amor ¿En qué puedo servirte?

    -Estoy interesado en el… servicio que brindas.

    -Ok, tengo señoritas de 18 a 22 añitos, formaditas, rellenitas, quebraditas,

    tetonsitas, potonsitas, rubias, trigueñas ¿dime cómo la quieres corazón?

    La propuesta era inmejorable pero me dejo sin habla por unos instantes:

    -¿Te comió la lengua el ratoncito?

    -No, disculpa es que… pues… ¿Tú, a quién me recomiendas?

    -Eres nuevo verdad?

    .Ssssi.

    -¿Quieres servicio normal o completo?

    -No te enojes; pero, ¿qué es completo?

    -Por adelante y por detrás, por el coñito y por el culito. Mira dime en dónde estás y te envío a una de mis mejores chicas.

    Accedí al arreglo y en unos minutos un par de toquidos en la puerta me sobresaltaron

    -Sí?

    -Vengo de la agencia –me respondió una voz de mujer muy suave y nerviosa.

    Al abrir me encontré con una jovencita de quizás 18 años. Era delgada, blanca, de cabello castaño claro y ojos marrones. Vestía muy formalmente, como si fuese para una entrevista de trabajo; pantalón y blusa negros, chalequito rojo, zapatos negros de taco chico y el cabello atado en una cola.

    -Pasa –le dije mientras estrechaba su mano, bastante fría por cierto.

    -Gracias… Hola soy Denisse. Tú llamaste pidiendo un servicio.

    -Sí, lo que llaman un servicio completo.

    -Ahhh es que… yo…

    -¿Hay algún problema?

    -Es que yo no hago ese servicio.

    -¿Entonces?… No entiendo que haces aquí –Comenté con aspereza mientras le abría la puerta invitándola a retirarse y así lo hizo.

    Me sentí fastidiado del mal rato y -cuando estaba dudando entre llamar a otra agencia o irme a casa y olvidar el asunto- volvieron a llamar a la puerta.

    Al abrir me encontré a Denisse nuevamente frente a mí con el rostro avergonzado y a su lado a otra mujer unos pocos años mayor que ella que de inmediato intuí debía ser su jefa.

    Ella se presentó como Mariella –dueña de la agencia- y me reclamó porque había llamado sino iba a querer el servicio. Rápidamente le expliqué que el problema no era mío que yo había solicitado un servicio completo y que la señorita al llegar me había aclarado que ella no brindaba ese servicio.

    La mujer le clavo una mirada fulminante y se acercó a ella a conversar en voz baja. Unos instantes después regresaba hasta a mi esbozando una sonrisa e intentando explicarme que su agencia cuidaba mucho la satisfacción de sus clientes y que lo que pasaba era que la chica recién empezaba a trabajar con ellos y que además estaba nerviosa porque iba a ser su primera vez por atrás.

    La noticia me dejó atónito; pero, de inmediato supuse que todo era un truco montado para sacarme más dinero; así que, me mantuve en mi lugar restando importancia al comentario.

    Finalmente me informó que la chica me complacería; pero, que le tuviese paciencia y que no fuese brusco que recordase que “tiene pito el culito”. Cobró lo pactado y al despedirse dijo mirando a la chica “Pórtate bien ricurita que estás en buenas manos. Sé buena y atiende al señor”.

    Al quedarme a solas con la chica el morbo me invadió y no pude evitar preguntarle:

    -¿Es verdad lo que dice tu jefa? ¿Eres virgen de atrás?

    -Pues… sí, es verdad.

    -¿Cuál es tu nombre verdadero?

    -Denisse, señor –dijo con marcado nerviosismo.

    -Y exactamente ¿Qué edad tienes?

    -18.

    -Y ¿Con quién tuviste tu primera vez? Con tu enamorado supongo.

    -No señor

    -Entonces?

    -¿Por qué me pregunta tanto?

    -Curiosidad. Vamos dime con quien lo hiciste.

    -Fue con el amigo de mi papá, uno al que le debía mucha plata.

    Comprendí que era una experiencia desagradable y preferí desviar el tema:

    -¿De dónde vienes?

    -De Chota señor (ciudad andina del Perú)

    -Y ¿Hace cuánto que trabajas en la agencia?

    -Dos semanas señor.

    -Eres muy guapa ¿lo sabes?

    -Gracias señor.

    -Y ¿Habrás tenido muchos clientes?

    -No señor, porque estuve aprendiendo primero con la señora y de allí me pusieron en el teléfono y recién salgo.

    La chica se veía más relajada ahora así que le pedí que se desnudase lentamente para mí y sólo asintió con la cabeza sin poder ocultar la vergüenza, pues, su rostro se tiño de rubor.

    Primero se sacó el chalequito, dejándome ver una exquisita figura femenina enfundada en el conjunto negro que formaban su blusa y su pantalón. Luego desabotonó con cuidado su blusa y popo a poco fue descubriendo la blancura de su piel hasta quedar en un coqueto corpiño rojo que delataba un par de tetitas bien formaditas y apetecibles.

    Para entonces cualquier remordimiento había quedado atrás y sólo pensaba en el placer que me brindaba el ver a esa chiquilla calentarse para mí por unas cuantas monedas; más aún, cuando vi que desabrochaba su cinturón y desprendía los broches de su pantalón permitiéndome apreciar el delicioso espectáculo de una muchachita en tanga con los tacones puestos.

    Y en efecto así fue; mientras descorría la tela negra hacia abajo iban descubriéndose un par de muslos, firmes, blanquitos y tentadores como sólo una joven mujer te los puede ofrecer. Para entonces tenía la boca seca, transpiraba y mi miembro estaba cada vez más apretado dentro de mis pantalones a causa de la erección.

    Denisse continuó con aquel erótico ritual que probablemente era para ella tan sólo una rutina laboral; pero, que para mí representaba una emoción morbosa nunca antes vivida.

    Para entonces, Denisse, se encontraba ya únicamente con su conjunto de lencería rojo que resaltaba más con su aterciopelada piel. Mi deseo y excitación se encontraban en ese momento al límite y solo pensaba en poseer a tan delicioso manjar convertida en floreciente mujer.

    Parece que ella adivinó mis pensamientos al mirarme a los ojos, pues, me regalo una atrevida mirada y rodeándome el cuello con sus brazos me atrajo hacia sí para entregarme un largo y delicioso beso en el que no estuvo ausente el jugueteo de nuestras lenguas.

    Sus besos me elevaron a la gloria mientras mis manos recorrían sus formas perfectas en una atrevida exploración en la que pude comprobar que era dueña de un cuerpo bien formado con músculos firmes y erguidos que delataban no haber sido casi manoseados.

    Mientras yo hurgaba en sus juveniles formas, Denisse, me había ido desvistiendo y para entonces me encontraba sólo en calzoncillos los que ya no lograban disimular la erección que esta furtiva aventura me estaban provocando.

    Denisse advirtió mi estado y sin ningún rubor cogió mi paquete y poniéndose de rodillas descubrió mi aparato a media erección y sentenció: -“¡Papacito!,¡Qué rico gusanazo tienes acá abajo!”; al instante que iniciaba una deliciosa mamada que paso de besos tiernos a succiones de mi glande con sus labios, de lamidas a mi verga a reales chupeteos y de suaves caricias a mis testículos a reales apretujones de mis huevos. La chica había logrado en mí despertar un fuerte deseo por poseerla; sin embargo, esto era sólo el comienzo.

    Puesta de pie se colgó de mi cuello con su brazo izquierdo; mientras que con su diestra acariciaba mi herramienta a punto de reventar. Sus besos me enloquecían y la tire sobre la cama y casi de un tirón le arranque las dos únicas prendas que le quedaban puestas y la tuve por fin desnudita ante mí.

    Nos acomodamos en la cama en “un 69” y mientras me comía su rica conchita ella no paraba de chupar con locas ansias mi endurecida verga y de acariciar mis huevos llenos de leche en ese momento. Debieron transcurrir varios minutos hasta que sin poder controlarme descargué varios chorros de caliente líquido lácteo en su golosa boquita. La chica estaba tan arrecha que no dejo escapar ni una sola gota y y se tragó todo lo que le disparé.

    Aquella copiosa eyaculación me dejó agotado; pero, no dejé de saborear su delicioso majar mientras oía sus quejidos y veía como retorcía su cuerpo de placer. Pasados algunos minutos recuperé mi virilidad y acomodándola de frente con sus piernas en mis hombros le clave mi miembro hasta el fondo de sus entrañas; mientras ella apretando los dientes y estrujando la almohada empezó a gemir y a decirme “¡Así papacito!… Dame duro, duro… reviéntame la concha con esa vergasa que tienes”; y expresiones así que acabaron por sobreexcitarme más de lo usual, pues, yo que estaba acostumbrado a tiernas, inocentes y recatadas vírgenes; ahora tenía a una puta que hacía honor a su oficio.

    Pronto empezamos a cambiar de poses y la pasión de nuestros cuerpos empezó a convertirse en el gran emperador de nuestro furtivo encuentro sexual. Su cuerpo parecía conocer mis más íntimos deseos, pues, respondía a mis caricias adoptando las poses que esperaba y mi pene –aquella noche- había adquirido una virilidad envidiable ya que me permitía atravesar su intimidad sin perder su rigidez y potencia. Aquello era un sueño. Navegue sin descanso por su conchita fresca, jugosa y caliente a mi antojo. Yo me sentía un jinete, cabalgando sobre una suave y tibia pradera; y, ella gemía descontroladamente sintiendo su chuchita completamente llena por mi caliente e hinchada verga.

    Fueron largos minutos de desbordante pasión en los que sólo se escuchaba el lenguaje de la piel llena de pasión. Sin embargo, aquello sólo sería el delicioso preámbulo del clímax de aquella inolvidable noche de placer.

    Como resultante de una acuarela de poses y de manifestaciones de entrega sexual acabo en cuatro sobre la cama ofreciéndome en bandeja su rico culito que más allá de vérsele sexy se le veía apetitoso. Mi arrechura para entonces era tan fuerte que quise clavarle mi verga de un solo tirón olvidando que ese culito redondo y carnoso aún no había sido estrenado. A pesar de su reacción ante el dolor su calentura no disminuyó y viendo mi desconcierto sólo atinó a decir –”Despacito, papacito, que te vas a comer mi culito nuevecito”-.

    Pensé rápidamente que a pesar de ser un servicio no podía olvidar mi condición galante y que a aquella dulce putita debía regalarle un estreno especial para su culito que tuviese ternura y desbordante pasión a la vez… así que, posándome sobre ella me adueñe de sus labios y la bese con deseos haciéndola que sintiese la pasión que me inspiraba al tiempo que mis manos recorrían sus piernitas y sus caderas con masajes y apretones intermitentes a su tersa piel. Aquellas caricias la encendieron más y pronto tuve a sus piernas colgándose de mi cintura mientras su jugosa conchita volvía a encajarse por sí sola a mi verga y así por varios minutos volví a follarmela hasta hacerla venirse en un nuevo orgasmo que esta vez pareció dejarla exhausta.

    Por unos minutos disfrute de su desnudez hasta que decidido a comerme su delicioso quequito de carne la acomodé boca abajo en el filo de la cama dejando que sus piernitas colgasen hacia el piso. Separe entonces sus nalguitas frías con mis manos tibias y me encontré de frente con el huequito de su culito tan chiquito que provocaba rompérselo ya.

    Acerque mi cara hasta él y empecé a darle suaves lengüetazos con los que fui humedeciendo la entrada de su baticueva. La chica a pesar de la calentura se puso tensa cuando noto que la visión de su gordo y cachetón culito me estaban excitando más. Por ello, cuando situé mi pinga en su entrada trasera y empecé a presionarla; ella ajustó los cachetitos de sus nalgas y no me dejó entrar. Por ello, con mis manos cogí sus dos trozos de carne y a la fuerzas se los abrí; pero, todo era inútil, ese culito era como la caja de seguridad de un banco “Había que conocer la clave para abrirlo o –en un caso extremo- había que dinamitarlo” jajaja y yo sabía que cartucho de dinamita utilizaría. Por ello, empecé a lamerle su chuchita y eso le devolvió la excitación y fue más fácil manipular su culito.

    Habiendo descubierto su secreto procedí a dedearle simultáneamente su conchita y su anito y eso pareció encantarle, pues, ciega de deseo me pidió: “Ensalívame el culo mi bebé”; y, así lo hice al tiempo que penetraba su conchita para humedecer con jugos mi aparato que ansioso latía esperando invadir su suculento trasero. Fue en ese momento que coloque y presioné la cabeza de mi verga en su agujerito posterior -al que tenía bastante estrecho- y fui notando que a pesar de la presión que su culito ejercía sobre la hinchada cabezota de mi miembro poco a poco se iba enterrando en su interior.

    Al tener un espejo frente a nosotros pude notar que mi nenita cariñosa sólo presionaba los dientes y cerraba los ojos al tiempo que emitía quejidos muy quedos. Fui bastante paciente con ella hasta que transcurridos casi 20 minutos la tenía enculada y feliz; y, llego el momento de bombear aquel precioso trasero carnoso y erguido que entonces se encontraba ensartado por mi verga. Pasamos largos minutos en los que ambos gozamos de una deliciosa sodomización que terminó con la explosión de nuestros cuerpos en una oleada de flujos que me dejaron mojados los huevos y mientras descargaba mi leche caliente en el interior de su culito como una lavativa láctea digna de la Reina Cleopatra.

    Al retirarme de su interior tuve la visión más hermosa que pueda existir: la de un culito recién abierto, lleno y chorreando leche; por ello, decidí compartir contigo este relato y regalarte esta fotografía que es la única que tome.

    Después de este encuentro nunca la volví a ver; pero, si he de serte sincero jamás olvidare.

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