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  • Viejos amigos

    Viejos amigos

    Aquel día llegaban Paco y su mujer a nuestro chalet en la playa para pasar una semana juntos, sin niños, para disfrutar del verano y recordar viejos tiempos.

    Paco y yo nos conocíamos desde el colegio, éramos de la misma edad. Nos habíamos reído mucho juntos y desde hace cinco años no nos veíamos. Ya teníamos 35 años y ambos estábamos casados y con hijos. Todavía recuerdo nuestras juergas en el colegio y nuestras primeras experiencias, en todos los sentidos.

    Recuerdo con especial morbo, y todavía hace que se me ponga dura, aquel día que estábamos los dos solos en su casa viendo pelis porno, con 18 años. Aprovechábamos que su madre no estaba por la tarde, estaba separada, y nos íbamos al video club a alquilar una peli porno. Al principio solo veíamos, pero Paco un día me preguntó si le importaba que se masturbara delante de mi viendo la peli, le dije que no y cuanto el empezó yo hice lo mismo. Ahí estábamos los dos pajeándonos delante del televisor hasta que nos corríamos. Ese día tan especial Paco me propuso que nos masturbáramos mutuamente, me sorprendió, pero me dijo que era para probar nuevas experiencias, acepté.

    Se sentó a mi lado y me la empezó a menear, la sensación era muy placentera y decidí corresponderle, agarré su polla con mi mano y empecé a subir y bajar a lo largo de su mástil. Esa nueva sensación dio sus frutos casi de inmediato primero se corrió él y me mancho la mano con su leche, era la primera vez que un otra polla se corría en mi mano. Una vez que el acabó se centró en darme más placer y mientras me la meneaba con su mano empezó a tocarme los huevos con la otra, así estábamos cuando vi aparecer a su madre por la puerta.

    Paco no se había dado ni cuenta y seguía meneándomela y tocándome los huevos, yo me quede petrificado pero era tanta mi excitación que no fui capaz de decirle nada. Mientras de la tele venían los gemidos de una rubia a la que le estaban rompiendo el culo mientras chupaba una enorme polla. Paco a mi lado lleno de semen por su corrida anterior seguía masturbándome. Su madre en la puerta viendo como su hijo le hacía una paja a su amigo, supongo que por su mente pasaron todo tipo de pensamientos antes la situación.

    Fue ella quien rompió el silencio y le pregunto a su hijo que hacía, Paco se levantó como un muelle e intentó explicarle que realmente aquello no era lo que parecía.

    Yo también me levanté y como no me había corrido aún tenía mi erecta polla apuntando a la madre de Paco, intenté coger mi ropa y vestirme pero su madre me dijo me estuviera quieto, mientras la rubia de la tele seguía teniendo ensartada una polla en el culo y la otra estaba descargando leche en su cara.

    Supongo que fue aquella situación junto con la falta de un marido que la consolara lo que hizo que la madre de Paco tuviera aquella reacción. Se sentó en el centro del sofá y me hizo señas para que me sentara a su lado, mientras le decía a su hijo que hasta hoy no se había dado cuenta de que ya era un hombre y que tenía que enseñarle muchas cosas, para empezar como satisfacer a otro hombre.

    Me agarró la polla y empezó a subir y bajar su mano lentamente, con la otra mano empezó a jugar con mis huevos y jugaba con ellos, recuerdo que me puso como una moto y le avisé de que me iba a correr, ella no dijo nada, siguió al mismo ritmo mientras que chorros de semen saltaban de mi polla, manchándole su mano, su falda y su blusa.

    Ella se levantó y le dijo a su hijo:

    – Ves que fácil es, aunque en tu caso deberías aprender a satisfacer mujeres y no hombres.

    Nosotros estábamos callados, y en particular yo no quería decir nada porque no es habitual que la madre de tu mejor amigo te haga una paja delante de él.

    Su madre siguió hablando, creo que para justificar sus acciones:

    – Como me has puesto, será mejor que me quite la ropa y la lave

    Y así lo hizo se quitó la blusa y la falda quedando solo en sujetador y bragas. Los dos nos quedamos mudos.

    – ¿Nunca habéis visto a una mujer así, en ropa intima?

    Ven hijo, siéntate a mi lado que ahora quiero que aprendas como se hace disfrutar a una mujer. Ella quedo en el centro y se desabrochó el sujetador, quedando sus pechos al aire, majestuosos.

    – Darme vuestras manos -nos dijo.

    Agarró nuestra manos y nos enseñó como se debían tocar las tetas de una mujer para darle placer, como pellizcar los pezones, que reaccionaron quedándose duros como una piedra. Así estuvimos varios minutos jugando cado con una de sus tetas hasta que nos agarró la cabeza con sus manos y dirigió nuestras bocas hasta sus pezones. Yo creí morir de felicidad saboreando aquel pezón mientras mi cabeza chocaba contra la de Paco. Seguíamos chupando cuando la madre de Paco bajo sus manos hasta nuestras pollas y empezó a masturbarnos otra vez. Mi polla reaccionó de inmediato y supongo que la de Paco también.

    No paraba de decirnos lo bien que lo hacíamos cuando nos dijo que paráramos, que nos tenía que enseñar más cosas. Se levantó y se quitó las bragas, ante mis ojos apareció el más frondoso bosque de pelo que jamás había visto.

    Le pidió a Paco que pusiera la peli porno desde el principio se sentó de nuevo, pero esta vez bien abierta de piernas y me hizo que me pusiera de rodillas en el suelo encajando mi cabeza entre sus piernas abiertas. Ante mi tenía aquel maravilloso coño, abierto y ya húmedo que se abría pidiendo que mi lengua saboreara sus jugos. No me hice rogar y empecé a comerme aquel sabroso coño mientras ella me agarraba con una mano la cabeza con fuerza impidiéndome que sacara mi lengua de su intimidad. Cuando podía levantaba la mirada y la veía masturbar a su hijo, el cual estaba de rodillas encima del sofá a su lado.

    No paraba de decir lo bien que lo hacíamos y que aprendíamos muy rápido, creo que se corrió un par de veces en mi boca antes de ponerse a cuatro patas sobre el sofá y pedirme que se la clavara mientras que puso a su hijo delante de su boca para saborear su polla.

    Cuando se la clavé dio un pequeño gemido y a decirnos que hacía muchos años que no disfrutaba tanto. Me corrí en unos pocos minutos dentro de ella debido a la excitación y nos hizo cambiar de posición. Ahora era su hijo que se la calvaba mientras a mi me hacía una deliciosas mamada, no importándole saborear mi semen mezclado con sus flujos.

    Paco se la estaba follando a conciencia, a cada golpe de cadera de Paco le seguía un gemido de su madre que no dejaba que mi polla escapara de su boca. Después de algunos minutos Paco se corrió, sacando la polla del coño de su madre y depositando su semen en su espalda.

    Ella dejo de chuparme la polla y nos pidió que la acompañáramos a la ducha. Empezó a enjabonar nuestras pollas y a jugar con ellas, yo la tenía ya dura cuando me pidió que la enjabonara el culo porque quería ser tomada por detrás. Aquello me pareció una idea estupenda y me puse detrás de ella, tomé un poco de jabón y empecé a meter un dedo, luego otro y luego otro más, hasta que ella me pidió que cambiara los dedos por mi polla y así lo hice. Me pidió que primero fuera muy despacio y que lentamente fuera aumentando el ritmo mientras que hizo agacharse a su hijo para que le comiera el coño mientras yo la enculaba.

    Estuve un buen rato enculándola y se debió correr otra vez gracias al trabajo de Paco. Yo acabé corriéndome dentro de su culo otra vez y quedamos los tres exhaustos.

    Después de aquel día la madre de Paco nos invitaba regularmente, en una ocasión incluso vino con nosotros al video club para elegir la peli porno. Así estuvimos durante aquel verano, hasta que la madre de Paco encontró pareja estable y dejamos de hacerlo.

    Estaba recordando aquella experiencia tumbado en la piscina cuando sonó un claxon, eran Paco y su mujer.

    Cuando se bajaron del coche pude comprobar como no habían cambiado demasiado desde el día de la boda, cuando se casaron y se fueron a trabajar a un país africano. Nos saludamos y pude comprobar como las tetas de Sofía, su mujer, seguían siendo tan sugerentes como antes, sin duda aquella mujer me excitaba mucho.

    A Paco le ocurría lo mismo con el culo de Susana, mi mujer, siempre me había dicho que era el mejor culo que había visto nunca. Nuestro nivel de confianza era muy elevado, no podía ser de otra forma después de las experiencias que habíamos tenido en nuestra juventud.

    Estuvimos un rato en la piscina charlando y tomando unas cervezas, haciendo planes para los próximos días. Sofía se fue a ponerse un bañador y Susana la acompañó. Nos quedamos Paco y yo charlando de una cosa y de otra hasta que Paco sacó nuestro tema habitual de conversación: las mujeres.

    – Veo que tu mujer sigue igual de guapa.

    – Si -contesté- igual que la tuya. Sigue teniendo los mismos atributos.

    – Nada comparados con el culo de tu mujer, algún día me gustaría que fuera mío…

    Entre risas y bromas nos decíamos claramente lo que pensábamos de nuestras mujeres, aunque nunca nos habíamos planteado abiertamente llegar a nada más con ellas, pero esta vez Paco parecía tener otras intenciones. Me comentó que las relaciones con su mujer se habían vuelto monótonas y que necesitaban algo más para sacarles de la rutina. Habían pensado ir a una playa nudista, si a nosotros no nos importaba, querían ver otros cuerpos desnudos y sentir nuevas sensaciones.

    – Por mi parte no hay problema -le dije yo- pero no sé que pensara Susana, ya sabes que es muy especial para esas cosas.

    Cuando estábamos hablando de esto aparecieron las chicas.

    – Me ha comentado Sofía que mañana nos podíamos acercar a una playa nudista. ¿Que dices tu?

    Me dijo Susana mirándome a los ojos.

    – A mi me parece bien ¿y a ti?

    – A mi también.

    – Perfecto -dijo Paco- pues entonces no hablemos más, aunque estoy pensando…

    Hizo una pausa.

    – …que para irnos acostumbrando podíamos desnudarnos ya aquí en la piscina.

    Y dicho esto se quitó la camiseta y el bañador, quedándose completamente desnudo delante de nosotros. Por suerte, nuestra piscina no es visible desde fuera del chalet, por lo que podíamos ir desnudos sin temor a que nos vieran.

    Yo hice lo mismo que él y me quite el bañador, me tiré a la piscina porque tenía la impresión que mi polla se iba a endurecer en breves segundos, como efectivamente ocurrió. Paco hizo lo mismo que yo y se lanzó a la piscina, nos acercamos al borde y esperamos a que ellas se desnudaran, evidentemente yo me fije en Sofía, aunque ambas lo hicieran a la vez, cuando se quitó la parte de arriba del bañador pude contemplar sus preciosas tetas coronadas por dos pezones oscuros.

    Paco me dijo al odio:

    – Veo que te alegras de ver a mi mujer desnuda.

    – No menos que tú -le contesté.

    Al quedarse Sofía completamente desnuda, pude apreciar su cuidado coñito rubio, perfectamente depilado que dejaba ver sus labios coronados por un triángulo perfecto, este contrastaba con la negra mata de pelo que mi mujer tiene entre las piernas pero que a mi me vuelve loco.

    Susana y Sofía se acercaron hasta la piscina y se arrojaron al agua, yo tenía la polla completamente erecta y me fije que a Paco le ocurría lo mismo. Sofía se acercó a Paco y vi como le agarraba la polla debajo del agua, yo me giré para buscar a Susana cuando dijo Sofía:

    – Susana, creo que nuestros hombres se han puesto muy contentos al vernos.

    – Ya me he fijado -contestó Susana.

    Estuvimos un buen rato jugando en el agua y gastando bromas sobre la reacción de nuestras pollas al verlas desnudas. Sofía salió del agua y, al salir por la escalera de la piscina, nos enseñó gustosamente su coñito y culo, que pude apreciar perfectamente, aunque aquello no ayudaba a bajar mi calentura.

    Susana hizo lo mismo y nos proporciono una vista similar aunque más poblada de pelos. Fueron a la cocina a por unos refrescos y se sentaron a tomar el sol cerca de la piscina. Sofía no se cortó y se abrió bien de piernas para que la cara interior de sus piernas se broncearan sin problemas.

    Paco salió de la piscina y me hizo señas para que yo también saliera, ambos con nuestras pollas duras. Paco agarró a su mujer de la mano y se metieron dentro de casa. Susana aprovechó para agarrarme la polla con una mano y se la metió en la boca, me la empezó a chupar yo estaba a punto de correrme en su boca y no me lo pensé, le agarré la cabeza con ambos manos y derramé mi semen dentro, vi como se le escapaban por las comisuras de los labios restos de mi corrida que una vez le saque la polla de la boca se dedicó a recoger con sus dedos y llevárselos de nuevo a la boca.

    Mientras empezamos a oír lo que sin dura eran los gemidos de Lucia, provocados por la polla de Paco, nos picó la curiosidad y nos metimos dentro de la casa, los ruidos venían de la cocina y nos acercamos. Allí estaban, Lucía a cuatro patas en el suelo, abierta de piernas y Paco en la típica posición de los luchadores de sumo enterrándole su polla por el culo. Teníamos una perfecta visión del culo de Paco y de su polla entrando y saliendo del culo de Lucia, esta apoyó su cabeza en el suelo y llevó su mano izquierda hasta su coño, sus uñas rojas se perdían dentro de su depilado coñito, sin duda se estaba masturbando mientras Paco seguía bombeándole por detrás.

    Los gemidos de Lucia iban en aumento y Paco entonces empezó a darle azotes en el culo, aquello era demasiado y cuando me quise dar cuenta ya estaba otra vez empalmado. Nosotros no solíamos practicar sexo anal, pero ahora mismo estaba deseando encular a Susana, no me lo pensé, apoyé sus manos contra la encimera de la cocina y cogí un poco de aceite, que extendí primero por mi polla y luego por su agujero trasero. Se lo fui dilatando hasta que pensé que era suficiente y apoye mi herramienta, empujando lentamente, ella empezó a gritar lo que hizo que Paco se girara.

    – Eso, rómpele bien el culo a esa putita como se lo rompo yo a esta.

    Y siguió dándole azotes a Sofía en el culo, yo mientras le introducía la polla a Susana por el culo miraba como Paco enculaba a Sofía, aquello era demasiado para poder aguantar más tiempo y empecé a correrme dentro de Susana.

    Cuando le saque la polla el esperma salía a borbotones de su culo y se deslizaba por sus piernas. Susana me cogió de la mano y me dijo:

    – Bueno ya te has divertido bastante ahora me toca a mi.

    Se sentó encima de la encimera y dirigió mi cabeza a su coño…

    – Vamos, comételo -me dijo.

    Le empecé a comer el coño a Susana que me agarraba el pelo con una de sus manos empujando con fuerza mi cabeza contra su ardiente y húmedo coño. No tardó ni cinco minutos en llegar al orgasmo, el cual acompañó de fuertes gemidos.

    Cuando me levanté vi a Paco sentado en una silla y Sofía de rodillas haciéndole una buena mamada. Susana y yo esperamos a que Paco terminara en su boca para irnos a la piscina.

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  • Conversaciones con un loco soñador perverso

    Conversaciones con un loco soñador perverso

    Esta es la historia de alguien que por nombre le pondré Juan, él es un loco soñador perverso donde su imaginación morbosa ha hecho calentarme varias veces. Ha hecho que imaginé las cogidas más retorcidas y quiero contar una de esas historias candentes.

    Él sabe cómo soy, una mujer cachonda que a lo mejor se me aumento o surgió por mi edad y no sé si ya lo sabrán (por una confesión que hice hace poco) pero paso de los 40 y cuando llegué o me estaba acercando a esa edad mi libido empezó a aumentar cosa que antes el sexo para mi no era importante; ahora es algo de las cosas que me prende y por eso me gusta plasmarlo escribiendo relatos que ya ustedes han leído y para los que no los invitó hacerlo.

    Una noche empezó a escribirme que se imaginaba cogerme a la salida de un restaurante en un callejón oscuro solo a la media noche; después de compartir una cena exquisita.

    Durante la cena quiso recrear una escena de una película que me gusta mucho. Me pidió quitarme los pantis y entregárselos y así lo dice me escribía, que por la adrenalina del momento ya había mojado mis pantis y le fascinaba el aroma de puta en celo. Luego se quitó un zapato y lo llevó a mi entrepierna para empezar a frotar mi clítoris

    -Abre más las piernas hermosa.

    Así lo hice, separé más mis piernas para poder tener mejor acceso a mi coño. El roce con su pie, por la textura del calcetín y el estar en un lugar público donde podría ser vista por algún comensal… era la sensación más excitante que estaba imaginando tanto así que tome un calcetín y empecé a restregármelo imaginando que era su pie.

    -No hermosa, no quiero que te vengas… aguanta por favor

    -No sé como hacerlo porque estoy tan caliente que quiero llegar ya-le escribí para participar en su historia, lo que él no sabía es que yo me estaba masturbando durante esa charla candente

    Él con su lenguaje sucio me decía

    -Te imagino tan mojada que ya has mojado mi calcetín

    -¿Por qué lo dices?

    -Porque eres una mujer muy arrecha

    -Jajaja y tú un puto que te fascina encender a esa puta perra en celo -le escribí

    Continuaba con la historia:

    Luego llegó el mesero para tomar el pedido mientras yo no paraba de frotar mi pie.

    -Dime hermosa ¿Qué deseas comer?

    Te miro queriéndote matar por no parar ya que podría darse cuenta el mesero.

    -Lengua en salsa

    -¿Qué tan grande la porción señora? -(¿Qué, por qué la pregunta?. Será que se me nota que estoy excitada. Me imaginé ese momento por la pregunta del mesero).

    -Una porción grande, tengo mucha hambre– le respondí al mesero mientras miraba a mi pervertido a los ojos; él sonríe ya que sabía porque mi respuesta.

    El mesero toma los pedidos y se retira de la mesa.

    -¿Estás tan ganosita que deseas una lengua bien larga? -me escribía

    -Así es, para que se hunda hasta el fondo mientras me la chupa a su antojo

    -¡Uff! No me digas eso que mi verga se pone más dura

    -¿Entonces deseas hundirme otra cosa?

    -Si y taladrarte hasta hacerte gritar

    -¡Uy qué rico!, (ahora mi coño moja más por imaginarlo). Continúa con la historia

    Cuando el mesero llegó con nuestro pedido dejo de masturbarte para que cenemos a gusto. Luego de esa cena exquisita y mi juego debajo de la mesa, pago la cuenta y nos vamos del restaurante. Al salir te llevo tomada por tus nalgas sin importarme que alguien me vea, sabes que soy un loco pervertido y te haría no solo eso sino muchas cosas más en público.

    -Jajaja… ya te imagino pero me gustaría saber que más cosas me harías

    -Ya sabrás, déjame continuar con mi historia

    Pasamos por un callejón para cortar camino así te hice creer, lo que no sabías era que quería terminar lo que inicie en el restaurante.

    Le mandé una emoji de carita sorprendida al leer eso.

    -Muero por saberlo

    -Calma que ya lo sabrás

    Al estar en ese lugar solo y oscuro te arrinconé contra la pared para besarte con vehemencia y con muchas ganas; mientras te besaba te cogía una teta fuerte y gemiste, un gemido ahogado por mis besos.

    (Mientras él expresaba como se imaginaba la escena yo me sentía ansiosa a la espera que haría conmigo en ese callejón).

    Lleve una mano a tu coño mojado y hundí mis dedos para hacerte tener un squirting.

    -Wao… sabes que eso es lo que más deseo

    -Lo sé, aunque no pueda hacerlo quiero que te lo imagines

    (En esos momentos no quería imaginarlo quería vivirlo)

    Mientras te follaba te tape con la otra mano tu boca para ahogar tus gemidos, era algo que por momentos me gustaba como expresabas con tu mirada la excitación, el placer que vivías. Con mi experiencia te follaba de una manera especial que empezaste a temblar y tu coño se contraía ya sabía que en cualquier momento llegaría ese chorro y así fue, mojaste mi antebrazo y tus piernas… fue tan placentero como te veías tan desesperada mientras brotabas ese chorro y yo solo te veía con lujuria por sentirme satisfecho por cumplir mi objetivo.

    -Mi coño me palpita de imaginarlo

    -Es porque desea que lo hurgue a mi antojo

    (Esas palabras hicieron que apretara mis piernas y un corrientazo pasará por todo mi cuerpo).

    Al soltarte temblabas y te mirabas lo mojada que estabas; no deje que hicieras nada y te voltee quedando tus tetas contra la pared, baje la tira de tu vestido sacando una teta y pellizcaba un pezón, a su vez me estaba desabrochando el pantalón para hundirme en ti de una sola estocada. Con un pie te separe tus piernas mientras con la punta de mi verga buscaba la entrada y cuando la encontré te clave mi verga sin compasión… gritaste por sentir la dureza y el grosor de mi verga luego hundí mi dedo pulgar en tu culo y empecé a embestirte con fuerza.

    -Te gusta hundir el dedo por el culo… ¿no?

    -Sabes que me fascina y a ti también por como lo plasmas en tus escritos

    -Jajaja sé que deseas darme por el culo

    -Si, quiero cogerte ese culo a mi antojo

    (Esas palabras me hicieron estremecer nuevamente).

    -Continúa por favor

    Después de cogerte un buen rato lo saqué y empecé a apuntarte en el culo.

    (No le dije nada, solo esperaba como deseaba cogerme a su antojo y imaginar esa escena, claro tenía una mano sosteniendo el celular y con la otra hurgando mi hoyito).

    Me pedías que lo hiciera despacio mientras empezaste a masturbarte para mantener la excitación y así lo hice… empecé a entrar la punta y quedarme quieto para que ese hueco de adaptará a mi verga, sentía como ese hueco apretaba la punta.

    -Duele un poco

    -Tranquila que ya pasará

    Empecé a empujar mi verga para ir entrando poco a poco por ese estrecho canal y tú paraste esas nalgas para que tuviera mejor acceso. Ya dentro completamente me quedé un rato quieto para que te adaptaras a mí tamaño mientras retiré tu mano y empecé a frotar tu coño que bien mojado estaba por lo arrecha que estabas. Hundí mis dedos para sentir tu humedad y suavemente empecé a moverme al mismo tiempo por ambos huecos, tu cómo una puta en celo empezaste a gemir sin importar que alguien te escuchara.

    -Me gusta disfrutar del momento y si eso es malo pues no me importa ser una putita

    -No dije que sea malo, al contrario me fascina que saques esa puta que llevas dentro

    -Continúa

    -¿Estás caliente?

    -De palo no soy

    -¡Uy… que rico!

    Saqué mis dedos para tomarte por las caderas y aumente las embestidas en mi lugar preferido por tu cuerpo. Ese culo que es mi fantasía que al leer cada relato tuyo me imagino ser yo quien te da con ganas como te gusta.

    -Continúa por favor -(estaba tan arrecha que me quite el pantalón de mi pijama para abrir mis piernas y poderme follar)

    Gemías pidiendo más y más, abrías tus nalgas separando más tus piernas mientras te apoyabas con tus manos contra la pared.

    -Si, así me imagino sacando bien mis nalgas, mi vestido solo de la cintura ya que me baje la otra tira para desnudarme prácticamente–

    -Así es, estás desnuda en plena calle gimiendo duro y pidiendo más verga

    -Y tú con los pantalones abajo sin la chaqueta, solo en camisa… jajaja

    -Somos unos pervertidos. Deseo tanto ese culo que mi verga está como una estaca

    Le envié un emoji de diablito morado.

    -Continúa con la historia

    Ese hueco ya estaba tan dilatado que entraba y salía con facilidad y tenía tantas ganas de llenarte el intestino con mi leche que aumente la fuerza sonando el choque de mis huevos contra esas ricas nalgas.

    -Si papi no pares

    -¡Uff!, me fascinas cuando dices así que aprieto mi verga con mi mano imaginando tu culo

    -¿Puedo agregar algo a la historia?

    -Si hermosa, me gustaría saber que pasa por esa mente retorcida

    -Jaja… llevo una mano a mi coño para frotarlo con rapidez, me doy golpes suaves contra mi clítoris y luego continúo frotándolo

    -Claro estás tan arrecha que quieres explotar

    (Si supiera que es lo que estoy haciendo en estos momentos).

    Cuando ya no aguanto más me vengo dentro de ti por montones, que al sacar un poco mi verga sale leche de allí; no quiero salir así que te doy unas buenas estocadas para ordeñarme hasta la última gota. Al sacarlo completamente veo como mi verga sale untada por mi leche que escurre y tú culo abre y cierra saliendo mi leche bajando por tus piernas.

    -¡Wao!… que delicia(había tenido un orgasmo en ese momento)

    -Dime, ¿Qué te pareció mi historia?

    -Tienes una muy buena imaginación

    -Todo es por ti, haces que mi imaginación vuele y claro no es un secreto que también es por las ganas que te tengo

    Así termina está anécdota con Juan, un loco pervertido que con cada historia me hace calentar y tener algunos orgasmos; quien sabrá si en algún momento se hará realidad cada historia contada.

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  • Su primer anal, a los 40

    Su primer anal, a los 40

    Parte 1: La entrada.

    La conocí en una comida, era la representante comercial con la que yo trataría en la empresa a la que yo acababa de llegar a trabajar. Su nombre: Flora. Atractiva, bien formada, recuerdo muy bien que vestía un traje sastre azul claro, blusa negra, medias negras y zapatos de tacón negros. Toda la tarde platiqué con ella. Y a partir de ahí todo el tiempo estuve en contacto con ella. Conforme el tiempo pasó, la confianza permitió que la relación de trabajo pasara a ser más personal. Sin embargo, mantuve distancia con ella: era casada, yo también.

    Tiempo después dejé esa empresa y también de verla. Pasaron algunos años, un día, revisando mis archivos, encuentro su teléfono, y le llamo para saludarla. Le dio mucho gusto, y dedicó bastante tiempo a tomar mi llamada, el suficiente para platicar, entre otras cosas, que ahora ninguno estaba casado. Ambos nos preguntamos si teníamos pareja o relación sentimental, la respuesta de ambos fue no. No recuerdo cómo, pero la plática derivó en cómo era cada uno en la intimidad. Resultó que éramos muy similares. Así que me atreví a decirle que desde que la conocí me atrajo mucho, y proponerle que tuviéramos un encuentro sexual. Para mi fortuna, ella accedió encantada.

    Seguimos en contacto. En otra de nuestras pláticas le pregunté si le gustaba tener sexo anal. Me sorprendió cuando me dijo que no, que le habían dicho que era muy doloroso. Y le pregunté: ¿Quién te dijo eso? Me respondió: una amiga. Le dije: ¿pues con quién lo habrá hecho tu amiga? Me dijo que tenía ganas de comprar unas bolas anales para probar. Yo le expliqué que si la mujer era preparada poco a poco, de modo que su culo estuviera relajado y suficientemente dilatado para hacerlo, era sumamente placentero.

    Me escuchó con mucha atención, había despertado su curiosidad. Y luego le dije: creo que una mujer como tú, que disfruta tanto el sexo, y tiene tanta experiencia haciéndolo, debería darse la oportunidad de probar por atrás. Entonces ella me dijo: sí, quiero probarlo contigo. Quiero que me hagas anal.

    En otra ocasión le pregunté cómo se masturbaba, y me dijo: con los dedos. –¿No te metes un juguete? – No, no tengo. –¿Nunca has probado con un plátano o con una zanahoria? – No, tampoco. Entonces me di cuenta de que sí, era una mujer muy abierta, que le encantaba tener sexo, pero siempre de la misma manera. Y le dije: yo te voy a enseñar nuevas experiencias que vas a disfrutar.

    Yo ya no vivía en su ciudad, había que buscar la manera de facilitar nuestro encuentro. Poco tiempo después tuve visitar una ciudad vecina a la suya. Juntos acordamos la mejor fecha para que yo viajara, y así sucedió. Planeamos todo cuidadosamente. Pasé por ella una tarde al lugar que acordamos, ahí llegó. De ahí nos fuimos al hotel.

    Llegamos al hotel y lo primero que hicimos fue abrazarnos y darnos un largo beso que ambos habíamos deseado darnos desde hacía mucho tiempo. Flora besaba riquísimo, ambos lo disfrutamos mucho. La verdad yo no me aguanté y empecé a fajármela con todo, pero ella me detuvo, me dijo, espera, vamos poco a poco. Y me dijo, déjame entrar al baño. Cuando salió del baño, apareció en ropa íntima gris, medias negras y zapatos negros de tacón. Se veía súper sexy. Me quedé maravillado al verla. Le dije te ves encantadora. Ella me sonrió muy coquetamente y me dijo –gracias, y tú, ¿no te vas a quitar la ropa?– De inmediato me quité todo.

    Le pregunté si quería tomar algo, yo había llevado bebidas, me dijo que no. Le pregunté si quería ver un video, y me dijo sí, prende la pantalla. Nos acostamos, y no duramos mucho tiempo viendo el video, pronto empezamos a besarnos, nos abrazamos, una de las veces que platicamos como queríamos que fuera nuestro encuentro ella me dijo que quería que yo la complaciera en todo, entonces le dije claro mi amor, dime en qué vas a querer que te complazca, y lo primero que me dijo fue que antes de coger quería nos agarráramos todo, así que así empezó nuestra revolcada, besándonos y agarrándonos todo lo que podíamos.

    Su cuerpo me encantaba, así que en verdad me dediqué a agarrarle todo lo que pude. Ella hizo lo mismo conmigo. Le pedí que se quitara el brasier y le quité el calzón. Quedó en medias y tacones.

    Comencé mamándole sus ricas tetas, de tamaño mediano, perfecto. Que tetas más sabrosas. Flora tiene los pezones más ricos que haya yo mamado en toda mi vida. Primero le mamé la de su lado derecho, saboreando su carne y su pezón, luego me deleité con la de su lado izquierdo. Los dos disfrutamos la mamada.

    Ambos estábamos listos para subir de tono, así que le pedí que me dejara mamarle la panocha, ella aceptó gustosa. Me acomodé frente a ella, abrió las piernas y me ocupé en hacerlo. Flora disfrutó enormemente la mamada que le di, yo procuré darle la mejor mamada de su vida, su panocha estaba deliciosa, aún recuerdo lo rica que sabía, no quería dejar de mamársela, le metí un dedo, luego dos, Flora estaba feliz con el tratamiento que le estaba dando.

    Cuando creí que era suficiente, me levanté, me acomodé a su lado, la besé, y le pedí que me mamara la verga. Así lo hizo. La misma noche que la conocí en esa comida pensé lo rico que sería coger con ella, me masturbé pensando en ella, y desde luego imaginé que me daba una mamada fabulosa. Estaba a punto de cumplir ese deseo, y comprobar si mamaba tan rico como me lo imaginaba. Y sí, mama delicioso. Disfruté inmensamente cada chupada que le dio a mi verga, cada lamida, la forma como la trabaja con la mano, es una experta. Yo mientras le acariciaba las piernas, las nalgas, y le metí la mano entre las piernas para excitarla mientras ella lo hacía conmigo.

    Así estuvimos hasta que me dijo ya quiero coger, tomé un condón del buró, me lo puse y ella se sentó en mi verga, me dio una cabalgada fabulosa, yo le agarré las nalgas, la cintura, las tetas, las piernas, todo lo que pude, mientras estábamos entrelazados en una maravillosa cogida. Flora de repente se acercaba a mí y me premiaba con un apasionado beso, luego seguía cabalgando, la verdad es que ella fue la que me cogió a mí, ella quedó satisfecha y se desmontó, yo también quedé muy satisfecho.

    Se acostó junto a mí y le dije: cuanto tiempo tuve que esperar para estar así contigo preciosa, y ella me dijo –bueno, aquí me tienes–, y me besó. Luego me dijo: –tienes una verga muy rica, me encanta. Y coges muy rico.– Tú también mi amor, le dije, eres una magnífica amante.

    Parte 2: El plato fuerte

    Volvimos a ver videos y descansamos un rato. Luego llegó el momento de desvirgar su culo. Lo primero que quería hacer era cogérmelo con la lengua, pero pensé que si me daban ganas de besarla no querría hacerlo porque mi lengua había estado ahí. Así que para evitar prejuicios tuve la precaución de llevar toallitas húmedas de las que se usan para limpiar los culitos de los bebés, y limpié detenidamente y con mucha delicadeza su entrada trasera. A ella le gustó, le pregunté que sentía y me dijo que muy rico, después de limpiar la entrada introduje la punta de mi dedo envuelta en la toallita y limpié lo que pude de su orificio. No hubo ninguna queja. Eso me gustó. Su culito quedó muy limpio.

    Separé sus nalgas y su culo quedó expuesto frente a mí. Que manjar más delicioso. Comencé a lamerlo delicadamente, me encantó sentirlo con la punta de mi lengua, y a ella también, por momentos dejaba de hacerlo y le preguntaba: ¿te gusta? Ella decía: siii. Me ocupé de su entrada lo mejor que pude, introduje mi lengua hasta donde pude y disfruté lamiéndolo lo más que pude.

    Ella también lo disfrutó.

    Luego me puse un guante de uso médico, unté lubricante en la entrada de su culo, y comencé a frotarlo delicadamente. Nuevamente le provocó placer. Sin que yo se lo preguntara me dijo –que rico–, y luego le dije te voy a meter mi dedo preciosa, ella me dijo –si– y se lo metí lentamente, todo lo que iba haciendo se lo iba diciendo antes para que ella estuviera preparada y lo disfrutara, y después de hacerlo le preguntaba si le gustaba para obtener su aprobación.

    De esa manera le fui metiendo mi dedo hasta que lo tuvo todo adentro, le pregunté ¿Qué sientes? –se siente rico– me dijo. Le dije: te lo voy a meter y sacar. Y así lo hice, se lo metía y se lo sacaba despacio, ella estaba disfrutándolo.

    Luego le dije: te voy a meter otro dedo sin sacarte el que tienes adentro, ¿está bien? –si–. Le metí la punta despacio, le pregunté: ¿te duele? Me dijo –poquito– le dije espera un momento, tu esfínter se está aflojando, ¿ok? Me dijo –sí, está bien–. Esperé uno poco y le pregunté: ¿te sigue molestando? –no, ya no–. Ok, le dije, te voy a meter la mitad, ¿si? –sí, está bien– Le metí mi dedo hasta la mitad y le volví a preguntar: ¿te molesta? –si, pero muy poquito, sigue metiéndolo–. Eso me gustó.

    Empezaba a perder el miedo a ser penetrada por atrás. Lentamente le seguí metiendo mi dedo hasta que tuvo adentro dos. ¿Te molesta? –no, ya no– Los dejé por un momento adentro para que su culo se aflojara y luego comencé a moverlos, despacio, para que no sintiera molestia.

    ¿Te gusta muñeca? –Siii– ¿Qué sientes? –Se siente rico.

    Moví mis dedos unos instantes más en su culo y luego le dije: te meteré otro dedo, ¿me dejas?

    –Si– Metí muy lento la punta de mi tercer dedo, y nuevamente lo dejé quieto. Otra vez ¿Te molesta? –no– ahí lo dejé unos instantes. Voy a metértelo un poco más, ¿si? –si– de nuevo medio dedo lentamente, de nuevo la pregunta, –poquito– no lo moví, esperé a que su esfínter se acostumbrara al nuevo visitante. ¿te sigue molestando? –ya no– meteré lo que falta, ¿me dejas? –si– lentamente metí lo que faltaba. Le dije: tienes tres dedos adentro mi amor, no te los voy a mover, están ahí para que tu culo se dilate y se prepare para ser penetrado, ¿está bien? –si, está bien–.

    Dejé mi dedos el tiempo suficiente para que eso sucediera y luego le dije: mi amor, ahora que tu culito está relajado, te voy a sacar mis dedos y te voy a meter una zanahoria, para que reciba algo parecido a una verga y se acostumbre. Debo decir que como parte de los preparativos antes de pasar por ella había comprado algunas zanahorias, las más largas y gruesas que encontré, y algunos plátanos, de las mismas características.

    De nuevo me dio su consentimiento, saqué lentamente mis dedos para no lastimarla, unté lubricante en una zanahoria, y se la introduje lentamente unos diez centímetros. Flora no dijo nada mientras le metía la zanahoria. Una vez que la tuvo adentro, le pregunté: ¿te molesta? –no– ¿te gusta? –se siente rico– te la voy a meter y sacar como si fuera una verga cariño –si– y eso hice, se la metí y se la saqué lentamente, Flora no decía nada, entonces le pregunté: ¿te gusta cariño? –se siente rico– entonces seguí haciéndolo, todo seguía muy bien.

    Flora estaba lista para ser enculada, pero antes de hacerlo yo quería darme un gusto, así que le dije: nena, quiero que me mames la verga antes de metértela en el culo, mi vida, y ella me dijo si mi amor.

    Me acosté para que lo hiciera, ella se acomodó con su boca encima de mi verga, y comenzó su tarea, mmm, nuevamente el placer de recibir una rica mamada de su deliciosa boquita, busqué la zanahoria para metérsela y sacársela mientras lo hacía, oh sorpresa, se le había salido, había caído cerca, así que solo la tomé y la coloqué en su entrada trasera, se la encajé y comprobé que estaba más que lista para ser enculada, la zanahoria se le fue por ahí sin que opusiera resistencia ni mostrara dolor, nuevamente se la metí y se la saqué como si se la estuvieran cogiendo por atrás y ella siguió mamándome la verga como sin nada.

    Yo le decía: que rico, mi amor, que rico, que rico me la mamas, mámame rico esa verga que te va a desvirgar el culo cariño.

    Llegó el momento. Le dije bésame mi amor, Flora se acercó a mí y volvió a darme otro de sus deliciosos besos apasionados, le pregunte ¿quieres que te meta la verga por el ano mi amor? –siii– me dijo.

    Me levanté y la recosté sobre su costado, para metérsela de cucharita, me puse un condón, me lubriqué la verga, se la acomodé en la entrada trasera y se la empujé con delicadeza. Le entró como cuchillo caliente en mantequilla.

    Nuevamente le pregunté: ¿te molesta mi amor? –no– ¿te duele? –tampoco– se la dejé ahí por unos momentos para asegurarme de que no le doliera, quería que aquello que le había dicho su amiga no fuera a revivir. Después se la fui metiendo poco a poco, igual que mis dedos, con delicadeza, hasta que la tuvo toda adentro.

    ¿Te duele mi amor? –No– ¿Te lastima? –No tampoco– Bienvenida al sexo anal, le dije, busqué sus labios y la besé lo más rico que pude. Le dejé mi verga adentro un tiempo, le dije apriétamela con tu culo mi vida, ella obedeció, y luego empecé a metérsela y sacársela. Lo hice lentamente, insisto, con delicadeza, nunca dejé de pensar que era su primera vez y que no lo había hecho porque le habían dicho que dolía, yo tenía que demostrarle lo contrario.

    Mientras me la cogía le pregunté ¿Qué sientes mi amor? –se siente rico– Perfecto, me dije, lo logré, le gusta. Le dije: cariño, mastúrbate mientras te la meto, excítate tu clítoris con tus dedos mientras te meto la verga, Flora me obedeció y comenzó a frotarse su coño mientras mi verga le daba placer en el culo, Flora empezó a gemir, me encantó escucharla, lo estaba disfrutando plenamente, y de pronto intensificó sus gemidos, se estremeció cuando se vino, en ese momento dejé de cogérmela, le dejé la verga adentro mientras se reponía del orgasmo, y luego se la saqué lentamente.

    Me quité el condón, Flora se acostó, le acerqué mi verga a la boca y le dije: ¿quieres mi amor?

    Ella la tomó con su mano y se la metió a la boca y me la chupó muy rico, no tan intenso como las otras veces, pero yo no quería eso, sólo quería cerrar con broche de oro su primera vez, quería que mamara la verga que había entrado por primera vez en su culo después de haberlo desvirgado. Y estoy seguro que ella disfrutó haciéndolo. ¿Te gustó tu primera vez mi amor? –Sí, mucho– ¿Ves como no duele?– No, pero es que tú si sabes cómo– Bueno, pues sólo lo harás conmigo preciosa –Si–. Flora, me encantó cogerte por el culo mi vida, coges riquísimo. –A mí también me encantó, sentí muy rico.

    Parte 3: El postre.

    Yo había prometido a Flora que le iba a enseñar nuevas experiencias que iba a disfrutar. Y la noche aún era joven. La dejé descansar un poco, reponerse de la enculada, y luego le dije: es hora de probar nuevas experiencias cariño. Y ella me dijo sonriendo: –¿Sí? ¿Qué vamos a hacer? – Te voy a enseñar nuevas formas de masturbarte. Ella me dijo –A ver– Saqué las zanahorias y los plátanos y se los mostré. Le dije: mira. –¿Es en serio?– A, ¿lo dudas? A ver.

    Abre las piernas y empieza a masturbarte como siempre lo has hecho. Flora obedeció y empezó a masturbarse. Dejé que comenzara a excitarse. Cuando empezó a gemir le di el plátano y le dije: métetelo como si fuera una verga muñeca. Flora obedeció y se masturbó hasta llegar a un orgasmo. La dejé descansar.

    -¿Quieres probar la zanahoria? –Sí– bien, comienza a masturbarte otra vez. Me hizo caso. De nuevo comenzó a gemir. Le di la zanahoria. Se la metió y se cogió con ella. Se vino.

    -¿Te gustó cariño? –Me gustó más con la zanahoria– Bueno, ya aprendiste algo nuevo hoy. Ahora lo puedes hacer en tu casa. Pero le guardé una sorpresa. La dejé descansar y luego me acerqué a ella, la besé, comencé a fajármela de nuevo como lo hicimos al principio, y cuando estaba bien caliente acomodé mi cabeza entre sus piernas y le di una rica mamada de panocha. Flora estaba bien prendida. No tardó mucho en pedirme que me la cogiera. Pero no me la cogí. Me acosté a su lado, tomé la zanahoria, se la metí en la panocha, y con la zanahoria le di una magnífica cogida, sin parar de besarla, hasta que se vino.

    Flora me dijo: gracias mi amor, ahora yo te voy a hacer una chaqueta. Y tomó mi verga en sus manos y comenzó a jalármela, pero no lo logró. Le dije: ven mi amor, yo termino, tú bésame, Flora me obedeció, se colocó a mi lado y me besó delicioso mientras yo terminaba el trabajo. A punto de venirme le dije: acuéstate, lo hizo, y descargué mi leche en sus tetas, porque ella me había dicho que le gustaba que se vinieran en sus tetas.

    Había sido suficiente. Apagamos la luz, dejamos prendido el canal porno, nos quedamos dormidos abrazados.

    Al día siguiente ella tenía que ir a trabajar, así que puse el despertador antes de la hora que ella me había pedido, ella no lo sabía, pero yo quería hacer el amor con ella una última vez.

    Sonó la alarma, desperté, afortunadamente ella no, le abrí las piernas, de nuevo acomodé mi boca sobre su panocha y volví a deleitarme con su panocha, quería saborear otra vez esa exquisita grupa, lamerla, chuparla, meterle mis dedos, dejarla bien mojadita para meterle muy rico mi verga.

    Y eso hice, le di una riquísima mamada de panocha, Flora despertó emitiendo sensuales gemidos, de pronto sentí sus manos sobre mi cabello, me presionaba para que siguiera mamándosela, luego le introduje dos dedos para que terminara de mojarse, a ella le encantó, reaccionó de inmediato cuando sintió que se los metía, para cuando estuvo bien mojada yo ya tenía la verga bien parada, me puse el condón, me acomodé encima de ella y se la metí.

    Entre las preferencias de Flora estaba también el sexo duro, así que esta vez se la metí con toda la intensidad que pude, se la metí y se la saqué con toda la intensidad que pude mientras le decía al oído que era una puerca, una cerda, una marrana, una asquerosa, una atascada, un zorra, una puta de arrabal, que era la mujer más puta que me había yo cogido en mi vida, ella me decía sí, soy tu puta, soy tu zorra, soy tu arrabalera, cógeme fuerte, méteme esa verga, métemela toda, hazme tu puta.

    Sentí cuando Flora llegó al orgasmo y en ese momento le saqué la verga, me acomodé con mi verga frente a su boca y se la di a mamar, me la mamó riquísimo, ella estaba más prendida que las anteriores, y pronto estuve a punto de venirme, así que le dije me vengo, me agarré la verga y me masturbé con la punta de mi verga sobre sus tetas para descargarle mi leche donde a ella le gustaba.

    Después de venirme nos abrazamos, nos besamos, nos dijimos te quiero y cosas parecidas muchas veces, luego nos metimos a bañar, nos dimos un masaje erótico delicioso, le volví a meter los dedos en la panocha hasta que se vino, y volví a meterle un dedo por el culo mientras mi otra mano trotaba su clítoris, ella me volvió a mamar la verga, esta vez no me vine.

    Se vistió y se arregló, se veía tan hermosa como siempre, nos fuimos, la llevé a donde me había pedido. Nos despedimos con un rico beso. Desde luego era sólo un hasta pronto. Nos volveríamos a ver.

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  • Un viaje en auto

    Un viaje en auto

    Relato nuevo mis amores. No se olviden de dejar su comentario y su like. Besos.

    No todas las ideas cachondas vienen solamente de mí. Un día, mi esposo y yo estábamos cenando mientras veíamos una película; cuando de pronto y sin que yo me lo esperara, algo que casi hace que me parta de risa, se da la vuelta y me dice:

    —¿Sabes de qué tengo ganas? —inocentemente pensé que me hablaría de comida, pero no fue eso lo que me dijo— Quiero que, mientras yo vaya manejando por alguna carretera, tú y Becky se vayan follando en el asiento trasero.

    Me quedé mirándolo, y si al principio pensaba reírme, lo cierto es que me comencé a mojar. Solo de imaginarlo mi cuerpo se estremeció y los pezones se me pusieron duros.

    —¿Y tú qué harías? —le pregunté.

    —Manejar.

    —¿Y ya?

    —Esa es mi fantasía, Sarah; escucharlas gemir mientras ustedes follan y se besan. Lo que decidan hacer y cómo hacerlo será asunto suyo.

    Por supuesto le dije que sí a todo, y al día siguiente le marqué a Becky para agendar cita para el fin de semana. Brinqué de felicidad cuando ella me dijo que aceptaba. Y es que por eso la adoro, porque no importa que la idea pueda sonar bastante descabellada o pervertida, ella siempre me dirá que sí, si se trata de sexo.

    Para no hacer la historia más larga, el fin de semana se llegó y después de que Keev y yo hiciéramos nuestras maletas, y una maleta más pequeña en la que guardamos varios consoladores, dildos y dilatadores, nos dirigimos a casa de Becky. La idea era pasar por ella y después Keev manejaría por una carretera llena de montes y árboles hasta la ciudad continua. Planeábamos quedarnos en un hotel una vez llegados a nuestro destino, pasar la noche allí, tener un delicioso trio y después, el domingo en la tarde, regresar a casa.

    Cuando Keev se estacionó frente al departamento de Becky y ella apareció, el coño se me comenzó a mojar. Ella llevaba puesta una faldita extremadamente cortita, tanto que si se llegaba a dar la vuelta, se le vería su rico y redondo culo. Cubriendo sus senos no llevaba más que un top sin tirantes en color blanco, su cabello suelto y una maleta que mi esposo le ayudó a subir al maletero.

    —¿Listos para el viaje? —Becky se acomodó en el asiento trasero.

    —Listos —respondí. Yo llevaba un vestido elástico cortito de color gris, no llevaba sostén por lo que mis pezones se marcaban en la tela. Me encantó cuando entramos a una tienda de autoservicio y el chico que atendía no dejó de mirarme las tetas.

    Regresando al asunto del viaje, hablamos durante un rato y apenas el auto salió completamente de la ciudad, Keev se detuvo para que yo pudiera pasarme al asiento trasero en donde Becky me recibió con un beso en la boca.

    —¿Esta es tu fantasía? —abrazadas la una a la otra, ella con sus dos manos sobre mis nalgas y yo con las mías sobre sus hombros, le sonreímos a Keev a través del espejo retrovisor.

    —Sorpréndanme —nos devolvió la sonrisa.

    Después de cerrar los vidrios de las ventanillas, comenzamos a besarnos. Ella jugó con su lengua dentro de mi boca, me chupó los labios y también me dio una pequeña mordida. Adoraba besarme con ella, sentía tan rico que el coño comenzaba a chorrearme. Bajé de su boca y le besé el cuello, solía a perfume y tenía un sabor dulce. Mientras la besaba, ella comenzó a gemir y se recostó en el respaldo del asiento para que yo pudiera besarla más fácilmente. Le succioné el arco de los pezones y volví a subirá su cuello. Lento, suave, sexy.

    Becky me acarició por encima de la tela, me tocó la cadera y las tetas. Al darse cuenta de que no tenía sostén, me bajó la tela y mis pezones quedaron expuestos. Estaban duritos y rosas.

    —Bastantes ricos —ella me sonrió mientras se agachaba a chuparlos. Me abracé a ella para sentir más a fondo cómo su lengua jugaba con mis botoncitos, mis gomitas jugosas que aplastaba con sus labios.

    Ya para entonces estaba bastante caliente, la aparté de mí y recosté en el asiento. Comencé a retirarle la faldita y contemplé su hermosa conchita que cubría la tanga.

    —Preciosa —se la froté por encima de la tela, sintiendo cómo se mojaba.

    —Vamos mamita, lléname de esos besitos que tanto me gustan —Becky me acarició el cabello, se bajó el top y liberó sus tetas.

    No lo pensé dos veces, me retiré el cabello de la cara y me agaché. Le di varios besitos sobre la tela, la acaricié y finalmente le retiré la tanguita. Me moría de ganas por probarla. Deslicé mi lengua sobre su raja, le chupé la campanita y la penetré con dos de mis dedos mientras la seguía lambiendo. Becky se sujetó de los asientos, tenía los ojos brillantes y las mejillas rojas.

    La disfruté un poco más, le chupé la conchita y jugué con mi dedo alrededor de su ano. Estaba deliciosa. Mientras la lambía, le soplé tantito y volví a llevarme su coñito a la boca.

    —Poco me falta para detenerme y follármelas a las dos —de ves en cuando, Keev nos miraba a través del espejo. Si los autos pasaban junto a nosotros, ni siquiera lo notábamos, la temperatura había subido tanto que pronto comenzamos a sudar.

    Cuando terminé de chuparle la panochita, Becky me tiró sobre ella y me empezó a besar. Mi rodilla chocó contra su coñito y sus fluidos mezclados con mi saliva se pegaron a mi piel. Necesitaba frotar mi coño con el de ella, o terminaría enloqueciendo.

    Terminé de quitarme el vestido y me quedé totalmente desnuda como ella, pero antes de que pudiera acomodarme entre su cuerpo, Becky me detuvo. Me pidió que me arrodillara sobre el asiento y parase el culo. La obedecí y un segundo después hundió su rostro entre mis nalgas para chuparme el coño desde ese ángulo. No pude evitar soltar un gemido que más bien terminó en grito, y el cual provocó que mi esposo se riera.

    Becky siguió chupándome, lambiendo y penetrándome con uno de sus dedos. Yo gemí, me agarré al asiento y sentí como mi jugo escurría entre mis piernas. Estaba muy cachonda.

    —No te muevas, Sarah —Becky se apartó de mí, abrió la pequeña maleta en donde cargábamos los consoladores y sacó un pene de plástico de color negro. Se lo puso a la altura de su coñito depilado y después lo introdujo en mi coño, moviéndose adelante y atrás como si fuese un hombre el que me estuviera penetrando.

    —Oh… sí…. Ah… Qué rico, sigue así… sigue… —tomé una de mis nalgas y tiré de ella para que mi concha de puta se abriera más.

    —Utilicen el dildo doble, quiero verlas llenas a las dos.

    Becky obedeció a Keev, se recostó sobre el asiento y luego de introducirse la mitad del dildo doble, tiró de mis caderas para que me sentara. El dildo se resbaló en mi interior fácilmente, debido a que ya estaba bastante mojada. Entonces comencé a follarme, adelante y atrás, provocando que Becky también lo disfrutara.

    Después de un rato así, me di la vuelta y me lo introduje en la vagina, montando a mi amiga y cabalgando sobre ella.

    —La tengo durísima —Keev sonrió, pero no apartó su mirada de la carretera.

    —¿Y si nos follas un rato tú? —le preguntó Becky.

    —¿Y quién va a manejar?

    —Anda, nos vendría bien una polla caliente y un poco de leche.

    Las dos nos reímos.

    Pero él no se detuvo y nosotras seguimos penetrándonos hasta que llegamos al orgasmo. Debido al pequeño espacio que teníamos, casi no podíamos movernos, pero eso no impidió que nuestros jugos se mezclaran y nuestros cuerpos sudaran. Cuando me saqué el dildo, mi coñito palpitaba. Deseaba ser penetrado otra vez pero eso no se daría hasta que llegásemos al hotel.

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  • Morbo y voyeur con mi madre

    Morbo y voyeur con mi madre

    Era consciente que mi madre era una puta, que calmaba su sed insaciable de deseos compartiendo aventuras con sus amigas Eve, Mena y Teresa, todas ellas cómplices jugando en un mismo morbo y también compartiendo sus amantes, «flacos» mucho más jóvenes que todas ellas. Mi madre no solo jugaba con ese apetito, sino que, apagaba su lujuria mientras viajaba siendo personal de embajada y mejor aún, siendo directora de ceremonial y protocolo, lo que le permitía coger en diferentes idiomas y con tipos del más alto vuelo político, más de una vez con algún ministro y con un presidente europeo; pero ese juego no le prohibía satisfacer ese apetito de ninfómana con algún «pendejo» de barrio.

    Lo cierto es que, una noche de verano, mientras mi padre estaba aún trabajando en su escritorio, yo en mi cuarto y mi madre hablando por teléfono justamente con Mena, escuché decirle que le avisara a su hermano Mingo que en un rato iba a estar en la plaza paseando a nuestro perro Enzo, —un buen motivo para escaparse cerca de media noche— y así sucedió, lo llamativo fue cuando mi madre cambió su short y remera por una minifalda ajustada y un top que sin corpiño levantaba sus «lolas» dejando ver las hermosas pecas que se derraman entre estas y como si fuera poco, ese morbo que estaba planeando se reflejaba en el relieve de sus pezones marcados en ese top blanco.

    —¡Saco al perro, voy hasta la plaza, me encuentro con Mena! —Gritó mientras ya cerraba la puerta de calle detrás de ella. La plaza es un paseo oscuro en una calle del barrio de Versailles en Buenos Aires. El Paseo Versailles es un lugar ideal para la «trampa» entre las sombras que dan los frondosos árboles tapando aún más la luz de las calles; allí sabía yo lo que iba a suceder.

    Mena se apareció, mi madre le dio la correa del perro y se fue a caminar, mientras le decía —Mingo te está esperando—, por supuesto —como el mejor «voyeur»— me quedé entre esas sombras viendo a mi madre perderse en esa misma penumbra; cuando apareció Mingo (hermano de Mena); me acerqué lo suficiente viendo como mi madre se mordía los labios en gesto provocativo cuando se colgó del cuello de su amante, mientras se comían la boca violentamente. Mingo comenzó a acariciar la desnuda espalda de mi madre hasta que, sus manos levantaron la falda y sus manos fueron a jugar con la tanga blanca de esa ninfómana entregada.

    Mi madre sin desprender sus labios de los labios de Mingo metía sus manos por sobre el cinturón de la bermuda, deseando —seguramente— sentir la erección de aquel falo, el que prominente se marcaba desde que había visto a mi madre caminar por ese sendero, desfilando toda ella como una buena putita hacia su macho.

    Mingo la giró y ella quedó de espaldas a él, mientras él sobándole el cuello le refregaba esa erección desnuda por la cola, cuando ya había perdido la tanga y esa minifalda era apenas ese algo que disimulaba el «franeleo» de morbos manoseos. Ella estiró su cabeza hacia atrás buscando otra vez los besos de los labios de su amante, mientras sus manos sostenían las manos de él apretadas sobre sus «lolas» que ya habían pasado por debajo de ese top. Eso era fuego ardiendo entre esa perra que era mi madre y su macho empalándola con morbosos juegos de cinturas.

    Cuando se apartaron mirándose y diciéndose aquello que no escuché, Mingo se sentó en un banco y mi madre quitándose la tanga, la que arrojó hacia un árbol, se calzó sobre él con las piernas colgando por debajo de ese respaldo, o sea, se montó sobre su macho; cuando el gesto —otra vez— de echar su cabeza hacia atrás, pero ahora con la boca en gemido, me confirmaba que estaba cogiéndose a su «pendejo» preferido; ella comenzó a cabalgar sobre las piernas y los besos fueron más viciosos.

    No necesité tocarme cuando acabé viendo a mi madre en tremenda escena de sexo al aire libre; como era demasiado tarde, más allá de la media noche no había nadie en ese parque; aunque algún transeúnte disimulaba su paso.

    Estuvieron un buen rato cogiendo y comiéndose los labios, mi madre se subió el top y dejó a merced de los ojos de Mingo esos pezones que un rato antes eran el relieve de un pecado que se estaba consumando, ahora eran en la boca de él, mientras él le dejaba rastros de saliva que abrillantaban hasta las pecas de esas tetas.

    Mi madre en sus gestos gimió varias veces, quizás fueron varios los orgasmos desparramados esa noche sobre su amante. Se volvieron a comer la boca, cuando ella poniendo sus manos sobre los hombros de él sintió la estocada final cuando él gritó —te acabo perra puta—, mi madre se pegó más a su amante como no dejando que quedaran sino dentro suyo cada gota de ese esperma, como de su boca chorreaba la saliva de un chupón final.

    Mi madre no recogió su tanga, cuando a pocos pasos se cruzó otra vez con Mena, esta le devolvió el perro mientras le llegó a decir —¡te gusta mi hermano!, a lo que mi madre respondió —me vuelve loca con esa pija y sus mordiscos—, no se estaba dando cuenta que un chupón quedó marcado en su cuello. Me apresuré hasta que logré llegar primero que ella hasta el porch de nuestra casa.

    —Hola Richard. —me dijo inquieta y todavía despeinada con esos rastros de morbo.

    —¿Qué haces putita?, le contesté.

    —¿Por qué me decís eso?

    —Porque tenés tremendo chupón en el cuello que te dejó Mingo y —mostrándole la tanga en mi mano— te olvidaste esto en el parque.

    —¡Ay hijo!, por favor no le cuentes a tu padre, me mataría.

    —¡Ay Laurita, tan puta y tan descuidada. —Le dije tomando su mentón y dándole un suave cachetazo que le hizo desprender algunas lágrimas de culpa.

    —Por favor prométeme que con tu silencio guardamos este secreto. —Me dio un pico en los labios, pero yo pasé mi mano atrevida por debajo de esa minifalda y acariciándole esa concha le sonreí sintiéndola todavía húmeda, ella me devolvió una enérgica mirada, pero cerró esos ojos y se mordió los labios.

    —¡Basta! Entremos como si volviéramos juntos; —cuando llegó a ver mi pantalón manchado—, —¡Hijo de puta te pajeaste viéndome coger!

    Por supuesto ella se fue directamente a la ducha y yo a cambiarme el pantalón que dibujaba tremendo lamparón de semejante acabada. Pero la noche no terminó ahí, se cubrió el cuello con maquillaje aunque era demasiado morado la marca de los placeres de esa noche. Me miró tratando de esconder en su mirada la culpa; me acerqué y dándole un beso le murmuré al oído —todo tiene su precio, puta— y como si nada nos fuimos a dormir, aunque el ambiente estaba provocándonos ahora a mi madre y a mí; ella no apagaba su luz tenue, seguía leyendo —como todas las noches— al igual que yo en mi cuarto sintiendo los ronquidos de mi padre.

    No podía quitar de mi pensamiento la erótica y más aún la pornográfica escena de mi madre montada sobre un macho, pero en vez de enojarme, más me excitaba y otra vez mi bulto se marcaba en mi boxer; fue cuando tomé la decisión de levantarme meterme en el dormitorio de mis padres y de lado de mi madre solo cubierto con ese boxer marcando mi pija erecta, me la quedé mirando; ella alzó su mirada a mis ojos y volvió a fijarla en mi bulto, —¡Ay hijo, por Dios!— murmuró, yo me bajé el elástico y mi pija rebotó delante de sus ojos, ella volvió a morderse los labios —eso era un buen síntoma.

    Se volteó para asegurarse que mi padre estuviera profundamente dormido; me tomó la pija, me masturbó sintiendo tanto ella como yo que más dura se me ponía, cerré los ojos cuando sentí que sus labios acariciaban mi glande; sentí como iban y venían rebotando sus labios contra mi pubis; la tomé de los cabellos, acaricié también su espalda llena de pecas, tantas como sus pecados, cuando comenzó a quitarse el camisolín, dejando que ahora yo era quien disfrutaba de esos pezones, apagó luz de su velador.

    Y hasta que no derramé todo mi semen en su garganta la seguía sosteniendo de los cabellos sobre mi vientre, ahogándola en sus arcadas, pero sin dejar de chuparme y tragarse mi pija; mientras que, con sus dedos estimulando mi esfínter me volvió a clavar la mirada y sonó la frase esperada —Vamos a tu cuarto, bebe…

    En tanga de negro con ese camisolín cayendo por su espalda, descalza y con su pelo batido por mis manos, con esos pezones erectos sobre sus pecosas lolas, ella eran la imagen de una lujuria perfecta. El morbo de cogerme a mi madre y el incesto que ella empezó a provocar aquella noche, tuvo que esperarse hasta que en ese mismo verano fuéramos de vacaciones a Río de Janeiro, ¡pero sucedió!

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  • Juegos

    Juegos

    No lo podía creer, pero delante de mis ojos mi mejor amigo, Carlos, se estaba tirando a mi mujer…

    Todo había empezado un viernes, quedamos con nuestros mejores amigos, una pareja de Madrid, para cenar.

    Carlos e Irene nos llamaron para cenar, íbamos a celebrar la adquisición de su nuevo coche, un BMW impresionante. Quedamos a las 21:00 horas. Mi mujer, Susana, iba preciosa, como siempre, con su faldita corta, sus medias de encaje, adornadas con un liguero y un tanguita que eran mi autentica devoción. Zapatos de tacón alto y una blusa semitransparente que dejaba ver su sujetador de encaje también, claro.

    Tenemos la sana costumbre de que cada vez que salimos a cenar o a tomar copas creamos en casa un poco de ambiente y nos excitamos a tope. Yo me encargo de saborear sus dulces pezones y ponérselos duros como piedras, así como de introducir algún dedo en su ya húmedo coñito, mientras ella se dedica a chuparme la polla durante unos minutos, lo justo para salir excitadísimos de casa y así buscar toda la noche los sitios más insospechados para follar. La verdad es que siempre lo pasábamos bien, en la discoteca, en el coche, cualquier sitio era bueno para continuar lo que habíamos empezado en casa.

    Aquella noche pasó algo parecido, pero cuando íbamos en el coche se me ocurrió que Susana esa noche debía ir sin bragas. Se le dije, y claro accedió. Íbamos circulando por una concurrida calle de Madrid y se subió un poco la falda y procedió a quitarse el tanga. Me lo dio a oler y me lo metió en un bolsillo. Allí se quedó.

    Pude echar un rápido vistazo a su coñito, recortadito y moreno que durante unos segundos quedó a la vista. Lo que no se es si el conductor del autobús que iba al lado también lo vio porque se pasó unos cuantos metros de la parada.

    Llegamos al restaurante y en la mesa ya estaban esperándonos Carlos e Irene. Irene estaba preciosa, como siempre, no es que sea una belleza pero tiene algo que siempre me ha atraído de ella, no es lata, ni tiene grandes tetas, ni un cuerpo de muerte, pero es Muy simpática, tiene unas tetitas normales, eso si, siempre mirando hacia arriba y cada vez que la he visto en topless en la plata he soñado con el día en que fueran mías.

    El caso es que nos dimos los correspondientes besos y a cenar.

    Durante la cena no pasó nada, excepto que el vinillo empezaba a hacer efecto, se notaba en las risas de Irene y Susana. Yo estaba mas caliente que un volcán pensando en que mi mujercita iba sin bragas y estaba loco por terminar la cena y follármela en cualquier sitio.

    Después de cenar nos fuimos en su flamante coche nuevo a tomar una copas y dado que el nivel de alcohol era un poco elevado decidimos dejar nuestro coche en el restaurante y coger un taxi, aunque Carlos se empeño en acercarnos a casa. Al llegar a casa estaba deseando entrar para clavársela a Susana en el ascensor. Pero Susana se empeño en celebrar la compra del coche con una botellita de un espléndido cava que teníamos reservado para las grandes ocasiones. Irene no tardó ni un segundo en decir que sí y los cuatro subimos a casa. Debía esperar a que se fueran para darme el gustazo de follarme a Susana, pero no dejaba de pensar en las tetas de Irene, que en el ascensor tuve la ocasión de disfrutarlas gracias a su generoso escote y la proximidad de nuestros cuerpos en tan reducido espacio.

    Al llegar a casa pasamos al salón, me quite la chaqueta, Irene me pidió fuego y yo le contesté que buscara en los bolsillos de la chaqueta. Aquello fue el origen de todo.

    Al buscar Irene fuego en los bolsillos de mi chaqueta encontró las bragas que Susana se había quitado en el coche. Olvidé aquel detalle. Cuando Irene encontró las braguitas dijo:

    – ¿Que es esto?

    Y sacó un tanga minúsculo del bolsillo de mi chaqueta. Susana y yo nos quedamos helados.

    Intenté contestar alguna estupidez…

    – Nada Irene, solo es que….

    – ¿Nada? -Dijo Irene- Pues a mí me parecen unas braguitas muy bonitas. ¿Qué son, un trofeo de alguna conquista?

    – No mujer, -dijo Susana- son mías.

    – Ya me imaginaba -contesto Susana- pero ¿que hacen en un bolsillo de la chaqueta? ¿No las deberías llevar puestas?

    – Mujer, las llevaba de repuesto.

    – ¿Seguro? ¿No será que….?

    No sé que fue si el alcohol el responsable, pero Irene se acercó a donde estaba Susana y metió la mano debajo de su falda para comprobar si llevaba bragas. Mi mujer se quedó quieta, sin saber que hacer o que decir, Carlos tenía los ojos fijos en la escena, supongo que para no perder detalle y yo me quedé boquiabierto con la botella de cava en las manos.

    Irene simplemente se levantó y le dijo a Susana:

    – ¿Llevas toda la noche sin bragas?

    – Si -contesto Susana-

    – Puesto esto no puede quedar así. Si tú vas provocando yo también.

    Y según dijo eso Irene se levantó un poco la falda metió sus manos debajo de ella y tiró de sus bragas hacia abajo, se quedó con ellas a la altura de las rodillas y se bajo otra vez la falda, no pude ver nada pero aquella imagen quedara grabada en mi memoria para siempre: Irene, con las bragas a la altura de las rodillas en mi casa.

    Luego las dejo caer, las recogió del suelo y se las dio a Susana. Nadie dijo nada, Susana se quedó mirando las bragas y Carlos y yo nos miramos mutuamente. Aquello no podía ser verdad, entonces Carlos tomó la iniciativa:

    – Irene, ya que estas así quítate también el sujetador y nos provocas de verdad, como haces cuando estamos solos.

    – Claro -contesto Irene- y vosotros mientras mirando, que listos. Solo me quito más ropa si todos lo hacemos.

    Al oír aquello mi mente empezó a funcionar, tenía que sacar provecho de aquella situación y con voz pausada me dirigí a los tres:

    – Os propongo un juego. Sacamos una baraja de cartas, yo reparto y el que tenga la carta más alta le quita una prenda al que tenga la carta más baja.

    – ¿Y si son del mismo sexo? -Preguntó Carlos-

    – No importa, ¿o alguien tiene algún problema?

    Hubo un pequeño silencio, Susana me miraba con una sonrisa cómplice, y Carlos e Irene cruzaron sus miradas. El que calla otorga, así que fui a la habitación y cogí una baraja.

    Nos sentamos en el sofá. Las chicas estaban muy excitadas y además tenían pocas prendas y no llevaban bragas. En menos de cinco minutos Irene había perdido los zapatos y la blusa, fue una delicia para mí desabotonarle la blusa, que además hice lentamente y mis torpes dedos hacían que aquello durara más tiempo del debido. Susana estaba igual que Irene, con la falda y el sujetador, pero la diferencia era que Susana llevaba medias y liguero mientras que Irene solo tenía la falda y el sujetador, y debajo de aquellas prendas estaba su desnudez absoluta.

    Carlos estaba con el torso desnudo, debo reconocer que esta muy bien físicamente, pero conservaba los pantalones. Yo en cambio solo tenía los boxes.

    Hasta ese momento todo había ido bien, nos habíamos reído, disfrutado del momento, pero llegó el momento en el que Irene perdió y yo gané. Ahora debía quitarle una prenda, no sabía si ver sus deliciosas tetas, que me volvían loco aunque ya se las había visto en la playa, o por el contrario que nos mostrara su chochito.

    Me decidí por las tetas, habría tiempo para más.

    Le dije a Irene que se pusiera de pie, quería que fuera toda una ceremonia. Me puse detrás de ella y le desabroché el cierre. Antes de soltárselo le pedí que juntara los brazos al cuerpo para evitar que cayera el sujetador. Me puse delante de ella y con ambas manos sujeté el sujetador por encime de sus tetas. Nadie dijo nada en contra, por lo que me recreé en ello, después de unos segundos de manoseo le dije que por favor pusiera sus manos detrás de la cabeza. Esto siempre lo hago con Susana, para que sus tetas se muestren desafiantes ante mí. Una vez que tuvo sus manos detrás de la cabeza separé las mías de sus pechos y el sujetador las acompañó en el movimiento, mostrando ante mi ese par de preciosas tetas que aunque ya se las había visto aquello era diferente. Sus pezones estaban duros como piedras y miraban hacia arriba, desafiantes, como a mi me gustan.

    Irene bajo los brazos y nos sentamos, cuando me senté pude comprobar como mi polla había reaccionado adecuadamente a la situación y aunque era un poco embarazoso no me preocupé por ello, es más, me gustó mostrarme así delante de las chicas, sobre todo de Irene.

    Carlos por su parte pareció no darle importancia a que yo le hubiera sobado las tetas a su mujer, aunque fuera por encima del sujetador y Susana seguía con esa sonrisa mezcla de excitación y complicidad.

    La siguiente mano perdí yo y ganó Susana, hubiera preferido a Irene, pero bueno que se la va a hacer, me levante y me puse a su lado, ella sin levantarse y sin cortarse lo más mínimo tiró de mis bóxer hacia abajo y mi polla saltó delante de la cara de mi mujer, que sin cortarse lo mas mínimo se la llevó a la boca, le dio un par de lametazos me tocó los huevos con una mano y dijo:

    – Bueno, ya tienes bastante por ahora.

    Mi polla parecía que iba a reventar, cuando me dirigía a mi sitio comprobé como los ojos de Irene estaban fijos en mi polla, aquello me gusto. Miré a Carlos y estaba embobado mirando a Susana. Sin duda aquella era la ocasión propicia para mis planes y Decidí jugármela, miré a Carlos y le dije:

    – Con tu permiso…

    Me dirigí al sitio de Irene y me situé a su lado, mi polla quedaba a la altura de su cabeza, ella se giró y no lo dudó, agarró mi erecta polla con una mano y empezó a tocarla, era genial. Susana y Carlos miraban la escena perplejos, sin decir nada.

    Irene entonces agarró mi polla firmemente y la dirigió a su boca. Aquello era maravilloso, el deje que fuera ella quien marcara el ritmo, lo hacía muy bien. Entonces se me ocurrió una idea, le hice un gesto a Susana para que se acercara.

    Mientras Irene continuaba con su mamada, coloqué a Susana de espaldas a mí y de frente a Carlos. La fui desnudando lentamente, quitándolo las pocas prendas que le quedaban. Cuando le enseñe las tetas de mi mujer a Carlos este no aguantó más, se sacó la polla y empezó a masturbarse delante de nosotros.

    Irene seguía chupando mi polla magistralmente y yo debía seguir dándole a Carlos algo más para que a cambio me dejara disfrutar de su mujer. Susana se dejaba hacer, sin duda estaba muy excitada y cuando se encuentra así es totalmente manejable. Estaba a punto de correrme y decidí que era el momento de conocer un poco más de la anatomía de Irene. La hice ponerse de pie delante de mí y le quite la falda, al caer al suelo me mostró su coño.

    No quería esperar más y la puse contra el sillón, apoyó sus manos en uno de los lados y me ofreció su coño. Se la metí de un solo empujón, no quise esperar más. Irene empezó a gemir y rompió el silencio. Vi como Carlos dejó de prestar atención a Susana y empezó a mirar como me follaba a su mujer, así que decidí darle algo más. Desnudé por completo a Susana y su maravilloso cuerpo desnudo volvió a atraer la atención de Carlos, que ya completamente excitado se levantó y se acercó a mi mujer. Susana se puso de rodillas delante de él y empezó a mamársela como solo ella sabe hacerlo.

    Mientras, yo no podía aguantar más, creo que Irene se corrió antes que yo, pero me daba igual, eyaculé dentro de su coño y permanecí dentro de él moviéndome despacio y disfrutando del momento, veía aquel culo que por fin era mio, por fin podía disfrutar de él.

    Entonces volví a la realidad no me había fijado pero Carlos se estaba follando a mi mujer, cuando le vi detrás de ella, clavándosela hasta el fondo me dieron ganas de gritar, pero aquella imagen hizo que mi polla volviera a reaccionar y no lo dude, la saque de su coño y sin tiempo a reaccionar se la metí directamente en el culo, sin preámbulos, sin duda era virgen por aquel agujero y costó que entrara, pero entró, se abrió camino por aquel angosto canal hasta que los gritos de dolor de Irene se convirtieron en gritos de placer. Entonces empecé a darle azotes en el culo con la palma de mi mano y aquello Pareció excitarla aún más, empezó a decir groserías que solo conseguían que mi polla la penetrara mas salvajemente, aunque sin duda aquello era lo que buscaba.

    Me olvidé por completo de Susana y Carlos y me dediqué a follarme de todas las maneras posibles a Irene, probamos todas las posturas que ella y yo conocíamos y acabamos en la cocina, Irene tumbada de espaldas en la mesa de la cocina con el coño lleno de nata y chorreando semen por el culo, no recuerdo otra experiencia similar.

    Aquella noche cuando nos despedimos prometimos cenar todos los Sábados, pero con un aliciente, cada Sábado uno de los cuatro debería proponer un juego distinto, ya os contaré.

    FIN

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  • Mi primera experiencia lésbica (2)

    Mi primera experiencia lésbica (2)

    Estaba preguntándome como hacer para llamar a Claudia, la prostituta negra que había conocido por la tarde, ya que mi padre regresaría por la noche, en el momento en que el me llama desde San Pablo para comentarme que las cosas se habían complicado y se quedaría un día mas, es decir que volvería a la medianoche del día siguiente.

    Bingo, pensé. Justo lo que necesitaba, tomé la tarjeta y llame, me atendió Claudia, cuando escucho mi voz, me dijo:

    Hola bebe, ¿deseas verme otra vez? Bueno estaré contigo a eso de las 10 de la noche, antes imposible.

    Eran las 6 de la tarde, por lo que tenía tiempo de ir a buscar el dinero a un cajero automático, bañarme y arreglarme.

    Me bañe delicadamente, me rasure el coñito, me perfume, me puse una tanga que se me metía en el culo color blanca, medias hasta los muslos blancas, zapatos también blancos y un corpiño calado con puntillas blanco. También un camisón muy sexy blanco. La esperaba ansiosa, mi piel estaba roja de la calentura, deseaba tener a esa imponente negra conmigo otra vez, no podía de dejar de pensar en ella.

    Pedí la cena en el cuarto, algo liviano, miré un poco de televisión mientras la aguardaba. Llegó exactamente 10.00 en punto. Abrí la puerta y la vi otra vez. Me parecía mas grande que lo que la recordaba, mas alta aun, estaba vestida de un color verde agua, era ropa muy fina, era una prostituta cara, por la ropa y por lo que cobraba sin dudas. Tenía medias sobre las rodillas y falda corta, un poco mas larga que la de la tarde, tenía un corsé ajustado que realzaba sus tetas, todo del mismo color verde claro.

    Entró decidida, cerró la puerta, me tomó fuerte de los hombros, y me dio un beso en la boca, un beso increíble, sabía besar bien, su lengua era mágica, entrelazaba la mía con la suya, y luego me succionaba, su boca era grande, sus labios carnosos. Luego del beso me apartó rudamente y me dijo, 300 dólares mi amor, esta vez debes pagarme. Fui a buscar mi cartera y con un temblor en las manos saque el dinero y se lo entregue. Lo guardó en su bolso.

    Ahora mi amor, ¿qué es lo que quieres hacer?, me dijo

    Lo mismo que hoy, pero déjame probar tu conchita, le dije

    No mi amor, eso no, no creo que quieras eso, contestó

    Si, le dije, quiero ver tu conchita negrita, quiero chupar tus jugos, por favor, contesté resuelta.

    ¿Estas segura?, mira que puedes llevarte una sorpresa, me dijo dulcemente.

    Por favor, quiero chuparte ahora, dale, insistí.

    Bueno, me dijo, soy toda tuya, dijo, mientras tomaba mi cabeza y la dirigía en dirección a su sexo.

    Me agache un poco, la tomé de los glúteos, un momento, cuando estuve arrodillada, levanté su falda, bajé su tanguita también color verde agua, y me encontré con algo que no esperaba. Un tremendo pene negro como el carbón, y grueso, que estaba creciendo mientras salía del aprieto en que se encontraba. Me quedé congelada mirándolo, era un travestí, ahora comprendía porque no quería que la chupe, ahora comprendía su tamaño, su musculatura, era un travestí hermoso. En un rápido movimiento se quito las bragas, la falda y el corsé. Solo quedó con las medias y los zapatos, era una mujer espléndida con un tremendo falo que seguía creciendo, estaba apuntando a mi, era como de 22 cm. y como de 5 cm. de grosor. En medio de su negrura se notaban las venas hinchadas.

    Me tomó de la cabeza y me dirigió hace el, abrí la boca todo lo que pude, y trague con dificultad la mitad de ese tremendo instrumento, la verdad es que no me lo esperaba, pero lo chupe con gusto, comencé a succionar, mi cabeza llevaba el ritmo que el imponía, estaba delicioso, con una de mis manos tome un glúteo y con la otra los huevos. Me gustaba el contraste de su cuerpo.

    Luego de un rato, me saca el pene de la boca, me levanta en brazos como a la tarde y me lleva nuevamente al sillón, me abrió las piernas y apoyó su falo sobre mi rajita que estaba totalmente humedecida.

    No por favor, no, es muy grande, me vas a matar, le dije en tono de súplica.

    Vamos putita, que ya me pagaste, y yo nunca dejo a un cliente insatisfecho.

    No, por favor, no voy a poder, no voy aaaaaaaaaaaa, ohhhhhhhh

    Me lo puso de un golpe hasta la mitad, fue un golpe tremendo, me sentía penetrada hasta las entrañas, mientras que veía un enorme tronco negro, largo y grueso aun fuera de mi cuerpo.

    Ohhhhh, nooooooo, sácala, sácala que duele, atiné a decir.

    Y de otro empujón me lo metió todo. Estaba todo adentro, lo sentía hasta la garganta, pensé que me iba a desgarrar, que me iba a partir en dos. Yo le pedía que me lo sacara que me dolía, pero esto parecía darle mas ánimo para seguir adelante. Me penetraba sin compasión me miraba a los ojos, y como con una sonrisa burlona, me daba a entender que seguiría adelante.

    Se quedó quieto un instante, yo sentía como mi conchita y su miembro latían dentro de mi, el dolor estaba pasando, de a poco, pero pasaba, y un cosquilleo de placer iba en aumento, me sentía como estaqueada por ese tremendo falo, inmóvil sometida a esa gran fuerza física, frente a mi pequeño, frágil e indefenso cuerpo.

    Cuando noto que ya no sufría, me tomó de los hombros, se apoyó sobre el sillón y comenzó a bombear. Con cada movimiento mi cuerpo se movía para atrás y para adelante, cada empuje era más y más fuerte, mi cabeza golpeaba por momentos el respaldo del sillón. Tenía una fuerza descomunal, con cada movimiento hacía que me bamboleara como un barrilete. Me daba y me daba y me daba. Yo ya estaba empezando a gozar. Me conmovía ver ese instrumento increíble salir y entrar hasta la mitad de mi pequeño cuerpo. Ni en mis fantasías había soñado con una pija de semejante magnitud.

    Ohhh… Claudia, dame, dame, dámelo.

    Si, putita, cómete mi falo, es grande y duro, tú me lo pones duro…

    Ohh… Claudia me vas a matar, es muy grueso…

    Ohh… no aguanto más, me corro, me corro…

    Ohh… me vengoo…ohh… me vengooooo…

    Me corrí como no imagine que pudiera uno venirse. En ese momento me sacó el pene de adentro, se paró frente a mí y comenzó a pajearse, ahora se notaba que era un hombre, y bien macho, bien rudo, siguió con su paja, cada vez mas fuerte, cada vez mas rápido, hasta que se detuvo, se acercó a mi cara, yo abrí la boca y… Ahhh…

    Primero un chorro caliente un mi boca, luego en mi mejilla izquierda, luego sobre las tetas, y el resto sobre mi vientre. Estada toda embebida en leche, un olor fuerte me invadió, era divino recibir todo su placer sobre mi cuerpo. Yo me quedé tendida sobre el sillón mojada por su semen. Él se secó un poco con una toalla, se vistió rápidamente y me dijo:

    Esta es la última del día, siempre trato de acabar al final, a veces lo hago también por la tarde, pero no más de dos por día. Si querés tener leche otra vez, te reservo el turno de mañana a las 2 de la tarde.

    Me quedé mirándolo mientras se iba, no le contesté.

    Antes de cerrar la puerta desde el pasillo, volvió a insistirme:

    ¿Vengo directamente a las 2 mañana?

    Sin contestarle, moví la cabeza en gesto afirmativo.

    Bueno, si tengo ganas, tal vez te rompa el culo, me dijo, casi sin mirarme y bajando el tono de voz.

    Cerró la puerta y se fue.

    Yo estaba como en el limbo, dudé si era cierta la última frase, no estaba segura si lo había escuchado o lo imaginé. Me fui a dormir de inmediato, tendría toda la mañana para decidir que hacer.

    Continuará…

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  • Del odio a la envidia (cap.1)

    Del odio a la envidia (cap.1)

    La relación con mi madre se había roto en el momento que abandonó la casa y se trasladó a un apartamento que teníamos en la ciudad. Aquel día fui aprovechando que no estaba para recoger unos libros que había dejado allí, entonces revolviendo en la estantería descubrí un extraño libro escondido dentro de un gran jarrón. Resultó ser su diario, no pude resistirlo y comencé a leerlo. La fecha era de hace solo cinco días…

    Querido diario:

    Me fui de casa hace unos días, desde que encontré a la joven zorra de mi sirvienta cabalgando sobre mi marido, aún hoy no puedo sacarme aquella maldita imagen de mi cabeza. Después de estar toda la vida con él, ¡me hacía eso! No lograba entenderlo, a mis 45 años me conservaba muy bien, tenía un cuerpo atlético, mi pecho de 90 era redondeado y firme, al igual que mi precioso trasero, mi bello púbico cubría todo mi sexo, siempre me habían mirado con deseo.

    A media tarde sonó el teléfono, era Sandra, mi mejor amiga que había regresado vacaciones. Mi marido no podía verla delante, la consideraba una guarra que le daba a todo y la verdad yo no podía decir lo contrario, aunque lo que realmente le molestaba era que siempre que podía se me insinuaba intentando llevarme a la cama, claro que la rechazaba porque no me iban las mujeres. Le conté lo ocurrido, en seguida me invitó a cenar a su casa, no tenía ganas pero insistió tanto que acabé aceptando, aunque no me arreglé para la ocasión y me puse un simple vestido.

    Llegué a su casa, cuando abrió la puerta me recibió con la misma sonrisa de siempre, llevaba una bata de seda transparente que dejaba ver su cuerpo desnudo, a pesar de tener cinco años más que yo, su cuerpo era similar al mio, salvo que ella tenía unos pechos más grandes y por lo que podía ver su sexo estaba afeitado dejando un pequeño triángulo en su monte de venus

    La acompañé por el pasillo hasta el salón, al entrar me quedé de piedra, inmóvil, en medio había un hombre joven, de unos 30 años, completamente desnudo. Tenía un cuerpo musculado pero fue su enorme miembro erecto lo que llamó mi atención, no había visto nada semejante en mi vida. Sandra pasó a mi lado, dejó caer su bata al suelo y se arrodilló delante de ese hombre, me miró sonriendo y comenzó a chuparle la polla con frenesí. No sabía que hacer, no me esperaba esta situación, quizás por ello permanecí mirándoles sin moverme, al poco una sensación extraña invadió mi cuerpo, no podía creer que me estuviera excitando al ver a mi amiga en semejante forma. Intenté no pensar en ello, apartar mi vista pero no pude y empecé a sentir un fuerte deseo de estar en su lugar.

    Pareció leerme el pensamiento porque al instante se levantó y vino hacia mi, me miró a los ojos y apoyó sus manos en mis hombros, me dejé hacer; enganchó los tirantes del vestido con sus manos y los deslizó por los brazos hasta que este cayó al suelo. Se me había olvidado el sujetador así que mis pechos quedaron al descubierto, me sentí avergonzada, con la excitación mi pezones estaban duros, Sandra me rodeó deslizando las yemas de los dedos sobre mi piel, las llevó hasta mi cadera y con el mismo gesto hacia abajo me quitó las bragas, dejándome por primera vez desnuda ante un desconocido; se acercó a mi oído y susurró:

    -Es toda para ti, querida.

    No lo dudé, avancé y me arrodillé ante aquel hombre. Agarré aquel tremendo miembro deseosa de probarlo y empecé a lamer su glande con mi lengua, llenándolo de mi saliva, parecía una niña emocionada comiéndose un helado. Deslicé mi lengua por todo el tronco hasta llegar a sus testículo, los chupé, los metí en la boca mientras los seguía moviendo con la lengua, aquello era delicioso. Después de chuparla por completo, abrí la boca y comencé a meterla lentamente, presionando fuertemente con mis labios y dejando que se deslizara por mi lengua. Empecé a mover la cabeza lentamente, solo fui capaz de meter poco más de la mitad, así que aproveché para acompañar la mamada con el movimiento de mi mano, el ritmo eran más desenfrenado a medida que crecía mi excitación, comer aquella polla era maravilloso.

    Al poco escuche un chasquido de dedos, me detuve bruscamente para averiguar que sucedía, entonces aquel hombre que parecía de piedra me cogió y me llevó hasta el sofá, sin perder el tiempo se abalanzó sobre mi apretando con fuerza mis pechos sin dejar de moverlos de forma estupenda, al poco sus labios empezaron a jugar con mis pezones que se encontraban duros y firmes: los lamió, estiró, apretó y mordisqueó sin parar, aquello fueron continuas descargas de placer que me pusieron cada vez más caliente. Bajó por mi vientre, abrí las piernas deseosa de que siguiera bajando, no se detuvo hasta llegar a mi mojado coño; mi cuerpo explotó al sentir el tacto de su lengua en mi clítoris, no dejó de presionarlo de un lado a otro, no pude reprimirme más y comencé a gemir, después la deslizó suavemente entre mis labios vaginales, pude notar como me penetraba superficialmente, como saboreaba mis jugos que no dejaban de aumentar, movía aquella lengua de vicio, ojalá no se detuviera nunca, quería más y más.

    De nuevo otro chasquido, entonces comprendí que aquel hombre no era más que un autómata a las órdenes de mi amiga, se levantó y vi como dirigía su miembro hacia mi entrepierna, ahora iba a sentirla dentro de mi, poco a poco fui notando como me iba penetrando, como mi sexo se iba abriendo a su paso proporcionándome un goce extraordinario, comenzó en seguida con sus movimientos, lo hacía suavemente, con una sutileza que me ponía a cien, mi respiración se aceleró cuando la penetración fue más profunda, mis gemidos eran cada vez más notorios, estaba disfrutando al máximo con aquella verga.

    Cuando llegó el siguiente chasquido me colocó rápidamente a cuatro patas, sin darme un respiro volvió a meter su polla en mi coño que chorreaba por el placer. Esta vez dejó la delicadeza y comenzó a embestirme de forma salvaje, agarraba mi cadera y la empujaba hacía si mismo hasta que me la clavaba hasta el fondo, creí que me destrozaba, mis nalgas chocaban brutalmente con su cuerpo, aquel hombre parecía fuera de control, gemí como si estuviera poseída, mi corazón estaba fuera de si y creí que me desmayaba, nunca me habían follado de aquella manera tan bestia y me parecía deliciosa. Estuvo un buen rato penetrándome sin piedad hasta que se detuvo en seco, pensé que se había corrido, pero al levantar la cabeza apareció mi amiga a mi lado, tenía un bote de lubricante en la mano, sin esperarmelo ese hombre me agarró las nalgas y las abrió de par en par.

    -Tú eliges, querida.- me dijo Sandra.

    Comprendí al momento, mi cabeza se llenó de dudas, aquella era mi zona prohibida, ni siquiera le había dejado a mi marido darme por detrás por más que me lo había rogado. En otra circunstancia le habría dicho que no, pero volvió a mi cabeza aquella maldita imagen, el odio y la rabia hicieron que dijera que si, aunque con cierto temor.

    Una buena cantidad de gel cayó sobre mi culo, sentí su glande presionando con fuerza, pese a la resistencia inicial, mi ano acabó cediendo, di un fuerte grito al sentir un dolor recorriendo mi cuerpo, creí que me había desgarrado, me arrepentí de mi decisión pero era demasiado tarde, aquella gran verga seguía introduciéndose como si fuera un ariete y no paró hasta que mis nalgas chocaron con su cuerpo, me parecía increíble que entrara completamente si no fuera porque podía sentirla dentro de mi. Comenzó despacio a mover sus caderas, deseé que acabara pronto, instintivamente lleve la mano a mi clítoris para no centrarme en el dolor. Aquella mezcla de sensaciones opuestas me relajó, quizás por ello su polla empezó a deslizarse con mayor facilidad, mis gritos de dolor se transformaron en pequeños sollozos, él aprovechó para incrementar el ritmo, mi ano ardía y me proporcionaba una agradable sensación, aquel hombre no dejaba de meterla y sacarla y mi mano movía locamente mi clítoris, sus testículos golpeaban mi entrepierna y no pude aguantar por más tiempo, llegué a un clímax brutal, un calor inundó mi cuerpo, los espasmos hacían vibrar mi cuerpo, grité como poseída diciendo soeces sin parar, era tan fuerte que pensé que me daba un infarto.

    Me senté extasiada dispuesta recompensar al desconocido por semejante orgasmo, comencé a masturbarle con rapidez apuntando hacia mi cuerpo, debía de estar ya muy excitado porque no tardó mucho en correrse, no dijo nada pero su cuerpo temblaba, los chorros de semen salían disparados regando por completo mis pechos, podía sentir como resbalaba por mi piel. Me sentí satisfecha pero no paré, empecé a restregar su miembro por mi pecho jugando con mis pezones y a continuación lo metí en mi boca empapado por su esperma, un manjar magnífico, la guinda perfecta al mejor orgasmo de mi vida.

    Al terminar me sentí una mujer nueva, aquel hombre se fue mientras me fui a duchar y cené con Sandra, hablamos toda la noche de un montón de cosas antes de irme a casa.

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  • La nueva asistenta (cap. 1)

    La nueva asistenta (cap. 1)

    Peter y su mujer, Silvia, tenían una vida acomodada. Él era directivo de una gran empresa informática y con su sueldo, vivían cómodamente los dos. Además, debido a ciertos trapicheos con hacienda, se sacaban un sobresueldo, que nunca viene mal.

    Llevaban casados 15 años, y aunque ya no eran muy jóvenes, se conservaban bien. Peter siempre había tenido buen físico pero empezaba a notársele la edad en las canas que iban asomando en su cabellera, en cambio, Silvia, aguantaba mejor el tipo, entre que era unos años menor que Peter y que tenía el suficiente tiempo libre como para ir al gimnasio, mantenía un cuerpo que ya quisieran para ella las muchachitas de 20.

    Su vida sexual era normalita, Peter no era tonto, y era imposible desaprovechar a una hembra como Silvia. Lo hacían siempre que podían, aunque normalmente de forma bastante conservadora. El problema era que Peter viajaba mucho, y Silvia no estaba dispuesta a quedarse con hambre. Cuando Peter no estaba, Silvia se desfogaba con algún compañero del gimnasio, o incluso con algún empleado (el jardinero era su favorito) Igualmente, en sus viajes de negocios, Peter cerraba muchos de sus acuerdos comerciales ayudado de la compañía de prostitutas de alto standing, de las que el, por supuesto, también se aprovechaba. Peter tenía un pensamiento que no le venía bien a Silvia, hay cosas en la cama que no son para hacerlas con una esposa…

    – Cariño, hoy llegan las candidatas a sustituir a la señora Hopes – dijo Silvia en el desayuno – ¿podrás atenderlas tú?

    – ¡Es verdad! Casi se me olvida… No te preocupes cariño, me hago cargo – contestó Peter. Así, también podría elegir a la criada que más le gustase… Después de tantos años con la señora Hopes, no estaría mal contratar a una jovencita de buen ver para que le alegrase la vista

    – Está bien, entonces me voy al gimnasio.

    La señora Hopes era una mujer muy mayor que había atendido la casa como interina durante los 15 años que llevaban de casados, pero ya tenía edad de jubilarse y se fue a vivir con su hermana.

    Silvia llegó al gimnasio y fue al vestuario a cambiarse de ropa. Todas las mujeres la miraban allí, tanto jóvenes como maduras, era la envidia de todas. Le gustaba ser el centro de atención, le gustaba despertar envidia en las mujeres y deseo en los hombres, la hacía sentirse poderosa, dominante… Y con esa sensación de superioridad era feliz. Así, contenta y decidida, se dispuso a realizar sus ejercicios, sabiéndose observada por los hombres, tonteando con alguno, buscando a su próxima presa para el siguiente viaje de Peter.

    Silvia llegó a casa caliente, entre el tonteo y las miradas se había puesto cachonda.

    – Joder, y Peter no llega hasta la tarde… – Pensó

    Al abrir la puerta y entrar en casa, se encontró con una jovencita vestida de sirvienta. Casi se olvida de ella. La joven acudió solícita a presentarse ante ella.

    – Buenos días señora. Me llamo Ivette y soy la nueva ama de llaves de la casa. ¿Necesita algo la señora?

    – Buenos días Ivette. Voy a darme una ducha, sigue con tu cometido por favor. – Le dijo mientras la examinaba mejor.

    La chica, estaba de muy buen ver, Peter había estado espabilado… Ya hablaría con él… si no hacía bien su trabajo, no estaba dispuesta a tener una cara bonita para que alegrase a su marido…

    Ya en la ducha, Silvia empezó a acariciarse, estaba empapada, había acabado muy cachonda su sesión en el gimnasio… Comenzó a masturbarse pensando en los objetivos que había visto aquella mañana, se imaginaba cuál la tendría más grande, cuál follaría mejor, cuál le daría más juego…

    La encantaba follar con jovencitos… Tenían mucho ímpetu, pero eran meros juguetes en manos de una mujer experimentada como ella. Le encantaba jugar con ellos y ponerlos a sus pies, que suspirasen por ella de deseo mientras obedecían todas sus peticiones… No pudo reprimir los gemidos mientras se corría en la ducha.

    Esa sensación de superioridad le encantaba…

    Al salir de la ducha, se dio cuenta de que había una pila de toallas preparadas para ella, debió haber entrado Ivette… ¿La habría escuchado masturbándose? No sabía por qué pero ese pensamiento hizo que volviese a humedecerse… Desechó la idea y fue a secarse y vestirse, tenía muchas cosas que hacer ese día.

    Los días fueron pasando, Ivette se fue haciendo a su puesto y realmente hacía bien su trabajo. No pasaban desapercibidas para Silvia los movimientos que Ivette dedicaba a su marido cuando creía que ella no se daba cuenta, ni las miraditas que su marido la echaba de soslayo.

    También empezó a notar que le gustaba el riesgo de que Ivette la descubriera masturbándose… Ahora nunca cerraba la puerta del baño mientras se duchaba. Esa nueva pasión por el voyerismo la excitaba y la cabreaba… ¿Porqué le calentaba tanto?

    Además, últimamente Peter estaba más frío en la cama que de costumbre, así que ese jueguecito de exhibicionismo era su válvula de escape.

    Salvando eso, todo transcurrió normal hasta el siguiente viaje de Peter.

    De los nuevos chicos del gimnasio, no veía ninguno que pudiese satisfacerla, así que, como tantas otras veces, llamó a Ian, el jardinero.

    – Vamos chico, a ver si eres capaz de satisfacer a esta hembra -Le dijo desde la cama.

    – Creo que la señora no va a quedar decepcionada – Contestó Ian bajándose los pantalones.

    Ian era un chico negro, de 27 años, que llevaba unos meses trabajando para ellos, y trabajándose a Silvia. Iba aprendiendo sus gustos, y Silvia se desfogaba de vez en cuando con él.

    Ian se arrodilló, separando las piernas de Silvia, dejando ver el trabajo de “jardinería” que había hecho ella, dejándose sólo un pequeño triangulito de pelo. Acarició sus piernas, recorriéndolas con sus manos, luego con su lengua, acercándose a su coño. Mientras se acercaba le llegaba el dulce olor a sexo, Silvia estaba empapada. Lo pudo comprobar con su lengua mientras lamía cada uno de sus recovecos, poco a poco fue bajando su lengua hasta el culo, comenzó a juguetear con su lengua en ese agujero rosadito.

    Silvia le agarró de la cabeza y se la metió de lleno en su raja ¡Estaba súper-cachonda! Empujó a Ian a la cama mientras ella se arrodillaba delante de él y comenzaba a meterse su tranca en la boca. No se tomó tiempo de juguetear, en cuanto Ian la tuvo suficientemente dura, se montó sobre el y se ensartó la polla hasta el fondo. Empezó a cabalgarle como una fiera, mientras ella misma se acariciaba los pezones, botando sobre su polla negra, taladrándose con ella…

    – Vamos campeón, es hora de que montes a tu yegua – Le dijo mientras se ponía a cuatro patas Ian no se lo pensó. Tener a esa hembra a cuatro patas abriendo su coño para que se lo folle era algo irresistible. Tanto, que no duró mucho en su cometido, a los pocos minutos se corrió sobre ella.

    – ¿Ya? Joder… Vete fuera de mi vista, no quiero verte en todo el día – Replicó Silvia cabreada, al no haber llegado ella al orgasmo.

    Mientras Ian se vestía y se iba, Silvia creyó ver una sombra que se movía fuera de la habitación.

    – Esa pequeña zorra… – Pensó.

    Tenía decidido descargar su frustración hacia Ivette, así que no perdió tiempo y salió directa a buscarla.

    – ¿Quién te crees que eres para andar husmeando en mi habitación? – La espetó nada más encontrarla.

    PLAFF

    La bofetada cogió a Silvia por sorpresa, la trastabilló, y cayó al suelo.

    – No, ¿Quién te crees tú que eres para venir a hablarme de esa manera? – Contestó Ivette. – Si no quieres que nadie te vea no dejes la puerta abierta. ¿Te crees que no sé que dejas el baño siempre abierto para que oiga cómo te masturbas? Y ahora querías que viese cómo te lo montabas con el negro ¿eh?

    – Nn… ¡No! – Gritó Silvia, mientras intentaba recomponerse.

    – ¿Te parece bien ponerle los cuernos a tu maridito? ¿Te gustaría que supiese que en cuanto sale por esa puerta te follas al primero que pasa?

    – ¡Cómo digas una sola palabra de esto a algu… ¡PLAFF! – La segunda bofetada tampoco la vio venir, esta vez Silvia se quedo en el suelo.

    – ¿Cómo diga algo que? ¿Me despides? Yo puedo encontrar otro trabajo, en cambio, ¿Tú soportarías un divorcio? – Esa replica dejó a Silvia descolocada

    ¿Soportarías la humillación pública de haberte estado follando al jardinero? ¿De haberte masturbado delante de la asistenta?

    ¿Qué diría tu círculo social al ver que eres tan guarra?

    – Yo… No… No puedes hacer eso, ¡No te creerán!

    – Claro que me creerán, y si no, tengo esto – Dijo Ivette pulsando un botón de su móvil.

    Lo que vio Silvia la dejó petrificada… ¡Era ella con Ian! ¡Les había grabado! Se la veía a ella a cuatro patas, pidiéndole que montara a su yegua…

    Eso no dejaba lugar a dudas… No podía permitir que eso viera la luz… Tenía que quitarle ese móvil. En un rápido movimiento, Silvia se lanzó hacia Ivette, pero igualmente rápido, Ivette cargó el peso de Silvia hacia un lado y la arrojó contra el suelo, sentándose sobre su estómago.

    ¡PLAFF! Una nueva bofetada cruzó la cara de Silvia.

    – ¿Qué intentas zorra? ¿Quitarme el móvil? ¿Crees que soy tonta? Ya he enviado este video a mi correo, no tienes nada que hacer.

    El miedo se reflejaba en el rostro de Silvia. No podía creer en la situación en la que se encontraba… Además, no se esperaba la fortaleza de la joven.

    Se había desembarazado de ella con suma facilidad, a pesar de que Silvia estaba en forma.

    – ¿Q-Que quieres? – Susurró Silvia – ¿Dinero? Te daré dinero por tu silencio.

    – ¿Dinero? Claro que me vas a dar dinero, pero todo a su tiempo. Ahora vamos a poner las cosas en su sitio – Contestó la sirvienta, levantándose y liberando a Silvia.

    ¡Vamos! ¡Levanta!

    Silvia se levantó lentamente.

    – ¿Quién de las dos manda aquí? – Pregunto la sirvienta.

    – T-Tú

    PLAFF

    – ¡Dirígete a mí con respeto! Te dirigirás a mí como Ama o Mistress.

    – Sss-Si… Mistress

    – Eso está mejor. Entonces, ¿Quién debería estar vestida de sirvienta?

    Silvia no se lo podía creer

    – Y-Yo, mistress

    – Entonces comienza a desvestirte, que vas a ponerte el uniforme

    Silvia se quedó petrificada, pero en cuanto Ivette levanto la mano, no queriendo recibir otra bofetada, se apresuró a quitarse la blusa.

    Una vez acabó con la blusa, comenzó a bajarse la falda. Cuando terminó, se quedó mirando a Ivette, con los brazos cubriéndose los pechos y la entrepierna.

    – ¡Oh! ¡Vamos! ¿Te gusta que te oiga masturbarte pero no quieres que te vea en ropa interior? ¡Baja esos brazos!

    – Si, mistress – Dijo Silvia, a la vez que obedecía. Llevaba unas bonitas bragas de encaje con un sujetador a juego.

    Ivette le indicó que fuese a su habitación. Silvia iba delante, andando en ropa interior mientras Ivette la observaba. Se iba a divertir mucho con la “señora” de la casa.

    Ya en la habitación, Ivette trajo el uniforme de sirvienta de su cuarto, dándoselo a Silvia para que se lo pusiera. Éste, que ya era corto y ajustado de por sí, quedaba mucho más apretado en el cuerpo de Silvia, más voluptuosa que Ivette.

    – Vaya, vaya, te queda estupendo… – Dijo Ivette – Ahora, comienza a recoger la habitación. Limpia todo el desorden que has montado con Ian.

    – Si Mistress.

    Silvia comenzó a recoger, primero estiró las sábanas y las mantas y luego, comenzó a recoger los cojines del suelo. Al agacharse, la falda se elevó mostrando a Ivette una perfecta visión de su culo. Al darse cuenta de esto, Silvia se levantó inmediatamente, gesto que fue castigado por Ivette con un sonoro azote en su culo.

    – ¿Que pasa? ¿No quieres recoger?

    – N-no digo ¡Si! mistress

    – ¿Entonces a que esperas?

    Silvia volvió a agacharse, tratando de taparse con las manos. De repente dio un grito cuando Ivette tiró de sus bragas hacia abajo.

    – ¿Pero qu PLAFF – La replica de Silvia fue cortada con otra bofetada

    – Mira, mira, la señora de la casa… ¿Que es esto? – Dijo Ivette, mientras avanzó hacia Silvia introduciendo un dedo en su entrepierna descubierta.

    A Silvia se le escapo un gemido.

    – ¿Estás cachonda? – Exclamó Ivette mientras acercaba el dedo a la cara de Silvia – ¡Te he hecho una pregunta!

    – No mistress

    – No me mientas perra, no me obligues a volver a pegarte

    – Ehh Si

    – ¿Si que?

    – Si mistress, estoy cachonda…

    Silvia no sabía lo que le ocurría, ¡Esa chiquilla la estaba poniendo a mil! no entendía como podía estar tan cachonda en esa situación

    – Muy bien, las dos ganamos cuando dices la verdad – dijo Ivette mientras volvía a introducir los dedos en el coño de Silvia. Un nuevo gemido volvió a salir de su boca. – Vamos perra, límpiame los dedos

    Silvia se quedo pensando… entonces intentó limpiarle los dedos con parte del traje de sirvienta.

    Una nueva bofetada volvió a cruzar la cara de Silvia.

    – Así no, perra. Con la lengua.

    Silvia, que nunca había probado sus jugos, hizo de tripas corazón y se metió los dedos en la boca. El sabor dulzón no la desagradó del todo. Cuando hubo terminado, Ivette retiró los dedos.

    – Quítate las bragas, según estás de húmeda, lo mejor es que tengas el chocho al aire. Eso es. – Dijo Ivette cogiendo las bragas de las manos de Silvia. – Ahora continúa tu trabajo.

    Silvia siguió recogiendo el suelo de la habitación, esta vez sin taparse, no quería llevarse otra bofetada. Cuando se incorporó, se dio cuenta de que Ivette había traído una bolsa… Tan ensimismada estaba en sus pensamientos que no se había dado cuenta de que había salido de la habitación.

    Ivette se acercó a Silvia, rápidamente metió los dedos de nuevo en su coño.

    Silvia no se lo podía creer, ¡Se estaba volviendo loca de placer! ¿Cómo era posible que le pusiese cachonda esa situación? Esa joven… Sabía como mover los dedos… Además, después de la decepción con Ian… Estaba a puntito de correrse. Ivette notó el grado de excitación de Silvia y retiró inmediatamente los dedos.

    – ¡NO! – Gritó Silvia.

    – ¿No qué?

    – Necesito correrme…

    – Sólo te correrás cuando yo diga que te corras, perra.

    – Pero – PLAFF

    – ¡Ya basta de responderme! A ver si te enteras, si no quieres que ese video salga a la luz, vas a hacer todo lo que yo te diga. Y ahora como castigo…

    Ivette se dirigió a la bolsa, sacó unas cuerdas y ató las muñecas a Silvia por detrás de la espalda. Acto seguido, hizo que se arrodillara, apoyando sus pechos sobre sus rodillas y, atando sus tobillos y pasando las cuerdas por debajo de su cuerpo, acabó el trabajo atando la cuerda al cuello. Silvia estaba totalmente inmovilizada.

    – Y ahora la penitencia – Dijo Ivette sacando una vara de la bolsa. – 15 golpes. Tendrás que ir contándolos.

    Silvia abrió los ojos de terror, comenzó a gritar que no lo hiciese, que no volvería a desobedecer. Ivette, ignorándola, comenzó a golpearla. Silvia no paraba de gritar, cuando llevaban 5 golpes Ivette paró.

    – Si no cuentas los golpes no valdrán, y seguiré azotándote – Dijo Ivette. Silvia, viendo que no tenía escapatoria empezó a contar…

    – ¡SeeEEis!

    – No no, los primeros golpes no valen, no los has contado. Empieza desde el principio.

    – ¡UnnOOO!

    – ¡DDos!

    – ¡Treeeees!

    – ¡QUince! – Gritó Silvia, desfallecida cuando Ivette dio el último azote.

    – Así aprenderás perra. Si no me obedeces, pagarás las consecuencias. ¿Vas a volver a desobedecerme?

    – No mistress

    – Muy bien, vamos a hacer una prueba. – Dijo Ivette, levantándose la falda que llevaba y, sentándose frente a Silvia, se apartó el tanga, dejando su coño rosado frente a la cara de la sorprendida Silvia. – Es hora de ver como le comes el coño a tu ama.

    Silvia, sin mucha opción, comenzó a acercar la lengua a la raja de Ivette, cerrando los ojos, evitando pensar en lo que hacía, hasta que entró en contacto con su objetivo. Ivette estaba cachonda, muy cachonda. Su coño estaba muy húmedo y eso no se lo ponía más fácil a la asustada dueña de la casa. Comenzó a lamer despacio, de abajo a arriba, evitando introducir demasiado su lengua. Ivette le dio unos toquecitos en la cabeza con la pala, haciendo que Silvia levantase la cabeza.

    – O lo haces bien o voy a tener que darte otros 15 azotes, a ver si así aprendes.

    Ante la amenaza, Silvia hundió la cara en el coño de Ivette, comenzó a lamer, sorber, chupar, morder, pensando en lo que le gustaría a ella que le hicieran.

    La verdad es que no sabía tan mal… Era distinto a sus jugos, pero al final no le daba tanto asco… Empezó a pensar en lo que estaba haciendo realmente, imaginándose la situación desde fuera, estaba atada y arrodilla ante una joven mientras le comía el coño como una posesa… No sabía que le pasaba… Se estaba volviendo loca de excitación. El culo le seguía molestando por los golpes, pero empezó a ser una sensación secundaria.

    De repente, Ivette agarró la cabeza de Silvia y la apretó contra su coño, empezó a gemir y a mover sus caderas, hasta que, como un torrente, sus flujos inundaron la cara de la mujer. No soltó la cabeza todavía, por lo que Silvia siguió lamiendo.

    Unos minutos después, Ivette apartó a Silvia y se levantó.

    – Muy bien perra, para ser la primera vez que comes un coño no lo haces nada mal… Aunque con la costumbre, irás mejorando…

    Ivette rodeó a Silvia y metió dos dedos en su coño.

    – Vaya, vaya, ¡Si sigues chorreando! Incluso después de azotarte… ¿Quieres córrete perra?

    – ¡Si Mistress! Por favor, necesito correrme…

    – Entonces vas a tener que tenerme contenta… Voy a desatarte y vas a hacer todo lo que yo te diga. ¿Verdad?

    – Si mistress.

    Cuando Silvia estaba desatada, Ivette se puso enfrente y comenzó a ordenarle.

    – Quítate la ropa.

    Silvia se despojó del uniforme de sirvienta.

    – ¡La ropa interior también es ropa perra! Si quieres tu orgasmo tendrás que estar más atenta

    Cuando se quitó el sujetador, sus dos grandes pechos quedaron al aire, Ivette se acercó a observarlos, y comenzó a acariciarlos, sopesándolos.

    Su dedo rozaba ligeramente los pezones de Silvia, lo que hacía que saliesen suspiros de sus labios.

    – Bonitas tetas… – Dijo Ivette. – Túmbate sobre la cama.

    Silvia obedeció.

    – Separa las piernas. Muy bien. Tch, no me gusta. Demasiado pelo… A partir de ahora te depilarás entera, ¿Has entendido?

    – Si Mistress

    – Ponte a cuatro patas. Arquea un poco la espalda. Está bien. Ponte esto. – Dijo mientras le tendía un antifaz

    Cuando lo tuvo colocado, Ivette realizó unas cuantas fotos con el móvil, procurando que se reconociese bien a Silvia.

    – Apoya la cabeza contra la cama y sepárate las nalgas. – Empezó a fotografiar el nuevo ángulo que le enseñaba Silvia.

    Se acercó a la cómoda y colocó el móvil allí para grabar en video el resto. Se acercó a Silvia por detrás. Comenzó a acariciarle la espalda, acercándose levemente a sus nalgas, recorriendo los bordes de su coño y volviendo a alejarse.

    – ¿Te gusta?

    – Mmmm Si Mistress.

    – ¿Porque me llamas Mistress? – Silvia estaba confusa, ¿Por qué le preguntaba eso ahora?

    – Porque eres mi ama. – Contestó, esperando que fuese esa la respuesta que buscaba.

    – Soy tu ama… Eso es, y si yo soy tu ama, y tu eres mi esclava, ¿Crees correcto seguir follando con el jardinero cómo estabas haciendo esta tarde?

    – No Mistress.

    – ¿Y con los chicos del gimnasio que te traes a casa a escondidas de tu marido?

    – No mistress.

    – ¿Y con tu marido?

    Silvia dudó… Entonces Ivette le metió un dedo en el coño y empezó un ligero mete-saca

    – No mistress.

    – ¿Por qué dejabas la puerta del baño abierta mientras te duchabas y te masturbabas?

    – Por – Porque me excitaba la idea de que me pudiese descubrir, mistress. – Ivette metió otro dedo. Silvia vio la relación, si la respuesta le gustaba, el ritmo aumentaba.

    – ¿Quién el la sirvienta de la casa ahora?

    – Yo mistress.

    – ¿Quieres correrte?

    – ¡SI! Mistress

    – Pídemelo.

    – ¡Déjeme correrme por favor! – Ivette bajó el ritmo y sacó un dedo – ¡Mistress! – Aumentó un poco el ritmo. – ¡Por favor! Seré su esclava, ¡Haré lo que me pida! – Ivette metió el dedo. – Por favor, haga que su esclava se corra, soy una perra.

    – ¡Mas alto! – Dijo Ivette

    – ¡SOY UNA PERRA! – Ivette le metió un dedo por el culo mientras aumentaba el ritmo. A Silvia le pilló por sorpresa, pero no le desagradó, al contrario, fue el desencadenante de un tremendo orgasmo, mayor que todos los que había tenido. Se retorcía de placer sobre las sábanas, gimiendo y gritando, hasta que quedó desfallecida en la cama.

    Ivette sacó los dedos, quitó el antifaz a Silvia y se los ofreció para que los limpiara. Silvia no se lo pensó, se llevó los dedos a la boca y notó un sabor extraño, mas agrio que antes.

    ¡Mi culo! – Pensó. – Me ha metido el dedo por el culo. – Pero no dejó de chupar.

    Cuando hubo terminado, Ivette avanzó hacia la cómoda, cogió el móvil y paro la grabación.

    – ¡Lo has estado grabando! – Gritó Silvia. Ivette le lanzó una mirada gélida – m-mistress – Añadió. No se atrevió a decir nada más. Ahora tenía dos videos con los que acusarla.

    – A partir de ahora van a cambiar unas cuantas cosas. Eres mi esclava y, mientras no haya nadie más en la casa, me tratarás como te he enseñado hoy y harás las tareas de la casa. En cualquier otro caso, guardaremos las apariencias.

    Eso tranquilizó un poco a Silvia, parece que no tenía intención de difundir los videos…

    – Me voy a tomar el día libre, no vendré hasta mañana por la tarde. Cuando llegue quiero ver tu coño presentable… Ni un sólo pelo, ¿Entendido?

    – Si mistress.

    – Ya iré aclarándote más cosas de aquí en adelante. Y, por supuesto, se acabaron los jueguecitos con el jardinero y los niñatos del gimnasio.

    – Si mistress

    Ivette, satisfecha, recogió sus cosas y se marchó de la casa, dejando a Silvia sola con sus pensamientos.

    Lo primero que hizo Silvia, fue echarse en la cama y comenzar a masturbarse hasta correrse de nuevo, y así, entre convulsiones de placer, se durmió, desnuda sobre la cama.

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  • Sali del infierno y conocí el cielo (2/2)

    Sali del infierno y conocí el cielo (2/2)

    Al ver la sonrisa de mi tía, recordé a mamá.

    Ahora entendía por qué siempre me pareció familiar era como ver a mi madre pero más joven y delgada, mientras conversábamos sobre mi colegio, cada pregunta personal le respondía con un no recuerdo o bien un después le hablaré de eso, no quería que supiera mi pasado ni como me trataba mi padre, los médicos y enfermeras dieron las condiciones para la hospitalización domiciliaria, podía estar de pie pero solo unas pocas horas al día, una vez por semana debía tener control y cualquier dolor de cabeza o mareo inmediatamente debía volver al hospital, hubo muchas otras cosas que mi tía anotó en una libreta y una vez terminado toda la charla fuimos hasta el estacionamiento.

    El camino fue ameno, había un silencio, pero era incómodo. El auto paró frente a una casa moderna, ella emocionada me dijo que este era mi nuevo hogar, luego con una mirada seria me dijo que antes de entrar debíamos conversar sobre un tema importante, el cual era el no guardarnos nada y contarnos todo. Siguiendo su regla, ella me contó sobre su vida.

    Nacida y criada en una familia con 5 hermanos, mi tía siendo la menor siempre fue la olvidada. Además, era la menos atractiva entre sus 3 hermanas, siempre la atención estaba en su tercera hermana, mi mamá, quien se robaba el cariño de los hombres e incluso de sus padres. Por eso cuando cumplió se vino a vivir acá sin saber que su hermana también estaba acá, y es más, ella se había casado a los 2 meses de relación y estaba embarazada. Mantuvo su distancia un tiempo, pero cuando me conoció rompió esa distancia y me visitaba mínimo una vez a la semana.

    Luego mi madre volvió a su pueblo, ella conoció a un hombre y se distanció de mí, pero luego termino su relación debido a una infidelidad por parte de él, por lo que quiso volver a tenerme en su vida, pero un día fue a verme y mi padre la intimidó para que no se acercara y ella se alejó. Pasaron los años y perdió mi rastro, hasta que un día llamo la policía que yo era uno de los números de emergencia que pudieron encontrar buscando en fichas antiguas, contaron que sus contactos dijeron que no eran responsables y que se desentienden de cualquier responsabilidad. Llegó al hospital, vio mi estado, fue a presentar la denuncia, y se puso a modificar su casa para recibirme.

    Luego fue mi turno, le conté todo. Lágrimas brotaban sin cesar por parte de ambos, ella me abrazó tiernamente, estuvimos así varios minutos. Luego con dificultad entramos, era una casa muy moderna en decoración, mi pieza daba al patio, tenía una cama grande, un mueble y un televisor, una verdadera bendición.

    —Entonces ¿Qué es lo quieres hacer?

    —Bañarme…

    No faltó otra palabra para que empezara a preparar el baño, a pesar de insistir que pusiera bolsas en mis yesos y yo me duchaba solo, no pude ganarle y me sentó en una silla de plástico debajo de la ducha y ella solo en un sostén deportivo más unas calzas me iba a ayudar.

    Antes debido al trauma y los dolores no reaccionaba al contacto con mi cuerpo, pero ahora que me estaba recuperando las hormonas comenzaron hacer de las suyas, el solo ver el cuerpo de mi tía logró una leve erección que no pasó desapercibida, pero no dijo nada al respecto y actuó normalmente.

    Me enjabono todo el cuerpo con cuidado, los yesos tanto de mi mano y pie estaban cubiertos de un plástico especial que ella compró, me pidió intentar ponerme de pie para poder limpiar bien mi espalda y trasero, no pudo evitar entrar y abrazarme de frente, tocándome con pequeños pero firmes pechos, su brazo izquierdo me abrazaba para afirmarme y el derecho cubría con la esponja toda mi espalda baja y trasero, no pude evitar tener una erección total, mi pene quedo entre sus pechos y golpeando su cuello, pero nuevamente no se molestó ni reaccionó.

    Esa noche estaba intentando dormir, cuando escucho la puerta abrirse, mi tía veía solo con una polera muy larga que le tapaba hasta poco más arriba de las rodillas, sin inmutarse se acuesta a mi lado. Como si fuera lo más normal del mundo me comenzó a hablar, su tono era muy dulce, sin querer le revele mis miedos y le dije que tenía mucho miedo que ella igual me abandonara que a pesar que recién la conozco siento que la quiero mucho.

    Aunque intenté detenerlas mis lágrimas comenzaron a caer, ella estrechó su abrazo poniendo mi cabeza en su pecho, pude apreciar de primera que a pesar que sus tetas eran pequeñas eran muy cómodas, ella acariciando mi pelo me decía que todo iba a estar bien, esto hizo que me sintiera más tranquilo pero aun así seguía llorando, pero esa leve tranquilidad me hizo más consciente y pude sentir en mi cara sus pezones puntiagudos.

    Estuvimos así mucho tiempo, aún me mantenía en su abrazo, ella como podía me acariciaba con su mano el yeso en mi brazo hacía que solo alcanzara mi estomago o mis muslos, fue en un momento que su mano pasó por mi pene, logrando que me detuviera de llorar debido a la sorpresa.

    Era diferente de cuando me masturbo la enfermera, esta vez era tierno y cariñoso, la mano de mi tía agarraba mi pene con cuidado y suavidad, yo aproveche para acariciar con mi boca sobre su polera, tenía sus pechitos a mi disposición, sus pezones comenzaron a ser visibles y agarre uno con mis labios provocando un suspiro por parte de mi tía. La sensación de mi pene me estaba torturando quería que fuese más rápido, instintivamente comencé a mover mis caderas, mi tía al notar esto aumentó su velocidad y a los pocos segundo me corrí mucho nuevamente, incluso los músculos se tensaron provocándome un dolor en mi pierna rota.

    —Parece que hoy tendremos que dormir en mi cama.

    Así comenzó una nueva etapa de mi vida, pasamos del conocernos al cariño y rápidamente al cariño físico, mi tía me ayudaba a vestir, a ir al baño y en las noches dormíamos abrazados, a veces cuando tenía pesadillas ella me abrazaba y eso terminaba en una masturbación deliciosa mientras yo le comía las tetas, al principio siempre sobre la polera pero luego ellas se la subía para permitirme devorarlas a mi placer.

    Después de un mes me quitaron los yesos, pero mis músculos estaban atrofiados por lo que aún era dependiente, ese día habíamos planeado pedir pizza para celebrar mi recuperación, debido a que estuve mucho tiempo con yeso mi piel olía horrible por lo que necesitaba bañarme urgentemente.

    —Gabi, debido a que hay que enjabonar bien quitar toda la piel muerta y suciedad tendremos que quitar la silla

    —Yo estaba pensando lo mismo

    Estaba apoyado de pie con mis manos en la pared mientras mi tía con su usual conjunto deportivo estaba en la ducha conmigo, limpio con cuidado cada parte de mi brazo, y luego se agacho para jabonar mi pierna, cuando me tocó darme vuelta con cuidado sin querer le pegue con mi pene erecto en su carita, esto causo risa en ambos, pero no esperaba su respuesta, simplemente con las noches de masturbación y el poder fantasear con mi tía yo estaba feliz, pero este nuevo nivel de cariño físico era algo bueno.

    Sin previo aviso comenzó a lamerlo con su lengua, seguidamente metió toda la punta en su boca, mientras jugaba con su lengua.

    Metiéndose todo hasta el fondo, emite un ruido gracioso luego lo sacó de su boca y me miró sonriendo, su mano agarró la base, como poniendo un límite y comenzó a chupar mientras su mano acompañaba el movimiento de su cabeza, un sube y baja por todo mi pene, la forma en que sus dedos se enredaban acompañado de sus bonitos labios hicieron que no aguantara mucho, instintivamente agarré su cabeza con mi mano izquierda y lancé un grito de placer, ella sin intención de salir recibió toda mi leche en su boca, después de soltarla ella dio unas lamidas como para limpiarlo luego sonrió y continuó enjabonando mi cuerpo como si nada hubiese pasado.

    La relación ahora tenía dos delicias en el menú, masturbadas nocturnas y sexo oral en la ducha, poco a poco el límite entre ambas se fue borrando y hubo noches donde me dormía después de haber follado la boca de mi tía, muchas veces intente llevar las cosas por otro camino pero ella siempre me detenía, incluso una vez que intente yo bajar a su cuerpo ella se paró y se fue a su habitación. Los meses pasaban y mi recuperación era cada vez más visible, podía utilizar mi brazo para la rutina diaria y mi pierna ya aguantaba caminar distancias cortas.

    Había pasado un año desde mi hospitalización y también se celebraba mi cumpleaños, había preparado muchas cosas dulces, fue un día muy especial por primera vez me sentía realmente feliz, hasta hoy aún sentía un miedo en que me abandonaran, aunque realmente aún queda un poco de eso en mi mente, soplando las velas del pastel pedí como deseo el poder estar siempre con mi tía.

    Esa noche al estar abrazados acostados, nos pusimos a conversar sobre la vida, me preguntaba mis planes a futuro, y muchas cosas más. Cuando mi primer bostezo apareció, mi tía se levanta de la cama como recordando algo y se va al baño, mis párpados se hacían pesados, pero cuando se abrió la puerta toda aparición de sueño se esfumó.

    Mi tía salió completamente desnuda, era hermosa. Su físico era delgado pero no se veía mal, sus pechos eran pequeños pero firmes y traía su conchita depilada era una verdadera muñeca de porcelana frente a mi, instintivamente saque mi pene y me prepare para el sexo oral, pero ella soltó una risita.

    —Gabi, quítate todo, hoy como regalo te voy a dar algo que llevas tiempo deseando

    Rápidamente se esfumó toda mi ropa y quede desnudo mientras mi tía se estiraba a mi lado, rápidamente nos acercamos y nos abrazamos, este momento de intimidad fue la respuesta a el cariño que nos teníamos, nos cuerpos desnudos tocándose lograron que mi pene casi doliera de lo erecto y la piel de mi tía se erizo haciendo que sus pezones se pusieran duros, y aunque parezca mentira nos dimos nuestro primer beso.

    Fue el primer beso de mi vida, no sé como lo hice pero me hice adicto y no quería soltar los labios de ella, sin poner resistencia mi tía se dejaba ser, mis manos estaban en su pecho y en su trasero tocando todo a mi gusto, saliendo un poco de mi intensidad ella se acerca a mi oído y me susurra

    —¿Qué quieres hacer?

    —Deseo comerte

    —Cómeme soy tuya…

    Tumbada sobre su espalda me puse sobre ella y me fui directo entre sus piernas abiertas, me metí a besar sus muslos primero, iba acercándome a mi meta centímetro a centímetro con mis besos, pero al ver su rostro se cruza en mi vista esas tetas que tantas noches bese, sin pensarlo subí comencé a hacer mía con pasión esos ricos pezones, sentía mi pene rozando con su conchita y poco a poco íbamos humedeciendo nuestros cuerpos, mi tía me miraba con una cara de placer que nunca le había visto, era una mujer en celo.

    Moviendo sus caderas mientras yo me daba un festín con sus pechos y cuello, mi pene quedo en la entrada de su conchita, con otro movimiento de ella toda l apunta ya había entrado, mirándonos a los ojos ella entrelaza sus brazos por mi cuello y me jala hacia su boca, mientras nos comíamos la boca yo empujé todo lo que faltaba de mi pene hasta el fondo de ella, con un gemido que recibí a un centímetro de mi oído, comencé a meterla.

    La habitación se llenó de nuestros gemidos y no pude controlarme y comencé desenfrenadamente a meterla y sacarla, cada gemido que le producía con mis estocadas me daba más energía para meterla más profundo posible, podía sentir cómo las paredes de su conchita apretaban mi pene, en un momento los dos comenzamos a gritar, no sabría decir quien soltó más, pero la vagina de mi tía chorreaba como grifo.

    Me sentía cansado y con un leve dolor en mi muñeca derecha pero no importaba nada, estirándome sobre mi espalda me puse junto a ella, mi tía se limpió un poco y luego apoyó su cabeza en mi pecho, así avanzamos a una nueva fase de nuestra relación, pero aún me faltaba algo que quería.

    Sin darnos cuenta nos dormimos en la misma posición, por lo que con cuidado retiré a mi tía sobre mí, y fui al baño por la mañana. Al llegar la observo durmiendo y me lleno de una emoción difícil de describir, creo que se llama amor, aunque el observar mucho trajo lujuria y deseo también a la oración.

    Quitando suavemente las sábanas veo el cuerpo totalmente el cuerpo desnudo de mi tía, no teniendo cuidado para no parecer alguien turbio, la muevo y le abro las piernas, ahora con la luz de día podía observar su conchita depilada y rosadita, sin pensarlo dos veces me lance a comer, pase mi lengua por toda la zona luego me detuve en la parte que estaba hinchada, en algún momento mi tía comenzó a gemir, cuando intensifique mi lengua sus manos me acercaron y apretaron contra su cuerpo como si quisiera que me metiera dentro, mi boca se llenó de un líquido alcalino y algo pegajoso pero muy erótico.

    Luego me llamó para acostarme junto a ella y estuvimos toda la mañana hablando abrazados como una pareja recién enamorada.

    A partir de entonces teníamos sexo 2 o 3 veces diarias, a veces debido al trabajo de mi tía solo podíamos darnos unos servicios exprés con nuestras bocas, a pesar de tener una diferencia de 16 años ambos éramos sexualmente compatibles y el hecho de mi tía pareciera una muñeca de porcelana hacía que nuestra diferencia no se notara, por lo que afuera solo éramos una pareja de enamorados más.

    Un día después de volver de mi clase universitaria encuentro todo apagado, algo raro, me puse a buscar a mi tía que se supone que debía estar, todo estaba oscuro y no podía encender la luz ya que no funciona, llame a mi tía y no contestaba, luego llame a la compañía y me dicen que el servicio se repondrá en 5 horas más. A pesar que la terapia y la relación con mi tia me habían sanado, la ansiedad me estaba ganado, cuando voy al dormitorio, me llevo una sorpresa mi tía estaba dormida en la cama, sin decir nada fui a abrazarla, asustada me recibió y escuchó todo lo que pasaba, no pudo evitar reírse aunque no de forma burlesca.

    Aprovechando el apagón, ella me dice quiere probar algo nuevo y que le da vergüenza pedirlo, sin dudar acepté sin saber que era, mientras nos besábamos nos fuimos quitando la ropa, luego ella bajó y me lamió dejándome el pene muy mojado con su saliva, colocándose de rodilla al borde de la cama, me pidió que se la metiera por el culo.

    Centímetro a centímetro iba entrando, ella se quejaba, pero me pedía que no parara, cuando estaba todo adentro agarre sus caderas y comencé a embestir con cuidado haciendo que cada embestida fuera más larga, hasta llegar a que mi pene solo quedara con la punta adentro para luego meterla toda, sus gemidos con tardaron en llenar la casa, su culo era placentero.

    Subiendo su espalda y abrazando como pudo se sujetó de mí, yo aproveche para abrazarla y tocar su pecho y con mi otra mano meter un dedo en su conchita, ahora gritos eran los que provocaba esta situación, su trasero no era grande, pero era exquisito para mí, fueron tres o más los orgasmos que tuvo ella mientras yo seguía metiéndosela por el culo, hasta que no pude aguantar más y descargue todo dentro de ella, sin fuerza caímos derrotados, con mi tía dándome un beso en agradecimiento.

    Nos volvimos adictos al sexo anal, cada día lo hacíamos hasta que el dia de mi graduación, en la cena mi tía me dice que ya no haríamos nada por un tiempo, sorprendido le pregunto.

    —Ahora que ya eres un arquitecto, es momento de intentar formar una familia…

    ¿Fin?

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