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  • Relatos de Elisa-episodio 1

    Relatos de Elisa-episodio 1

    Hace unos meses comencé a leer relatos en esta página y algunos me gustaron, ahora me he decidido a contar algún episodio de mi vida y le encargue a PobreCain que me ayudara, le facilité los hechos y él ha construido este relato que no se si les gustará pero es lo que pasó.

    Me llamo… Siempre me ha gustado el nombre de Elisa y es el que emplearé, al igual que el resto no son los verdaderos para evitar que alguien pueda reconocernos.

    A los doce años me regalaron un diario y tomé la costumbre de recoger en él lo que consideraba más relevante de cada día o semana; tratando siempre de reseñar todos y cada uno de los detalles; a día de hoy son más de cuarenta los cuadernos que componen mi tesoro al que nadie tiene acceso más que yo; sigo escribiendo con pluma que es como comencé a hacerlo, a pesar que desde hace un tiempo lo tengo todo en documentos de Word perfectamente organizados que guardo en un directorio oculto de mi portátil.

    Tenemos una correduría de seguros y gestoría que con el tiempo ha crecido y cuenta con tres oficinas; Paco no me necesita en el despacho y en estos años me he dedicado de criar a nuestros mellizos Eva y Teo en lo que llamo “nuestro jardín del edén”, se trata de una casa en el campo muy cerca de una ciudad, pero aquí tenemos libertad para vivir como nos apetece.

    Esto sucedió el verano de 2010 en un lugar paradisiaco de la costa levantina. Y esta es la historia.

    Los chicos ya tienen casi los 17, los tuve cuando estaba a punto de cumplir 20 y Paco 26. Ahora ya van solos al instituto con un ciclomotor que suele conducir Teo y eso me da más tiempo para mí.

    La casa fue la de un antiguo señorío, muy espaciosa y al remodelarla quedó de lo más acogedora, tenemos un gran jardín y una verja que la rodea así como una gran cantidad de cipreses que nos protegen de miradas indiscretas cuando estamos disfrutando de la piscina; la desnudez nunca ha sido un problema en nuestra familia y esta historia arranca precisamente en un agradable fin de semana en que el hermano menor de Paco; Luis y su esposa Loli, vinieron a pasarlo con nosotros como hacen con frecuencia.

    Los hermanos marcharon el sábado a pescar en el barco de un amigo y no regresaron hasta la noche; a Teo no le gusta la pesca y los cuatro nos dedicamos a bañarnos y tomar el sol junto a la piscina; cerca de mediodía cuando más calentaba vi a Teo en una sombra cerca de la nevera tomando un refresco y pensé en tomar uno yo también, al acercarme le vi una tremenda erección y que no perdía de vista a Loli y Eva que estaban jugando haciéndose cosquillas; Loli tiene 30 años pero es como una cría y le encanta jugar.

    Indignada le dije a Teo.

    .-¿Quieres avergonzarme? ¡Tapate!

    Entró en la casa sin rechistar para coger una prenda que ponerse, un pantalón o un bañador y le acompañe para calmarme un poco, me sentía molesta por su comportamiento y entonces agregué.

    -Es tu tía y una mujer casada.

    Estábamos en el salón cerca del aparador y me respondió.

    .-También tú eres una mujer casada y madre de dos adolescentes, pero eso no impide para que sigas siendo una mujer muy bella, y no estaba mirando a la tía Loli.

    Me tomó por la cintura y me encaró al espejo colocándose detrás de mí, me abrazó pegando su cuerpo al mío y me besó en el cuello muy cerca del oído; notaba su gran erección contra mis piernas y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, en unos instantes un millar de imágenes pasaron por mi mente, desde las que era solo un bebé hasta el momento en que le vi esa enorme erección unos minutos antes.

    Estaba extasiada y me sentía resguardada entre sus brazos, pero unas voces me hicieron regresar a la realidad.

    .- ¡Teo Mamá! Era la voz de Eva y salimos corriendo por ver que sucedía; Loli estaba en el suelo y Eva arrodillada a su lado sujetándole la cabeza.

    .- Estábamos jugando y se ha caído; no se puede levantar y dice que le duele mucho la pierna.

    Teo se arrodillo al otro lado y comenzó a tocarle la pierna con cuidado; estaba terminando un curso de “técnico en masaje deportivo” y después de palpar el muslo me pidió que le trajera un tarro de crema descontracturante que tenía en un cajón de su mesita de noche.

    Fue fácil encontrarlo pero halle algo que me hizo pensar que mi niño ya no lo era tanto y decidí tener una conversación muy seria con él cuando tuviera oportunidad.

    Entre los tres llevamos a Loli hasta la mesa de jardín donde teníamos planeado comer y la tendimos encima siguiendo las instrucciones de Teo que extendió unas toallas y la colocó bocabajo; después de frotarse las manos enérgicamente aplicó un poco de crema y comenzó a masajear el muslo como si quisiera arrastrar algo que tuviera bajo la piel, poco después tomó su tobillo y fue doblando la pierna por la rodilla hasta mucho más de lo que pensé que podía llegar sin que Loli se quejara; ella me miró ladeando la cara y guiñándome un ojo dijo.

    .- ¡Que manos tiene mi sobrino!

    Entonces Teo nos explicó que solo había sido una sobrecarga muscular y que debía ir con cuidado los próximos días, no forzarla ni salir a correr como suele hacer.

    La ayudó a bajar de la mesa y nos dispusimos a comer; mientras los chicos limpiaban y ponían la mesa, Loli los miraba desde el asiento en que Teo le había asignado y yo ponía las bandejas con la comida en el carrito; salí empujándolo y con un pareo puesto y otros dos para las chicas; indique a Teo que entrara a ponerse algo porque la erección no le había bajado en absoluto y me sentía violenta por las otras; Eva lo miraba con interés y eso me molestaba; nunca antes había sentido ese tipo de curiosidad o no había sabido verlo.

    Apareció con un bañador de piscina que resultaba más excitante que si fuera desnudo pues le quedaba muy marcada la verga, pero como cualquier comentario habría servido para iniciar un debate preferí que se sentara y que la naturaleza siguiera su curso, convencida que antes de terminar de comer “eso” estaría solucionado, pero nada más lejos de la realidad y después que Eva sirviera el café y lo tomáramos le pedí que me acompañara y a paso vivo me dirigí a su habitación, parada junto a la cama abrí el cajón de su mesita.

    Cuando vine a por la crema encontré esto. ¿Qué puedes decirme al respecto? Y otra cosa, me has dicho antes que no mirabas a tu tía Loli cuando te he visto tan excitado. ¿Estabas mirando a tu hermana?

    .- Los condones los tengo para cuando los necesite. Y es cierto que estaba mirando a Eva; hace más de tres años que comenzamos a besarnos pero no hemos pasado de ahí de momento.

    ¿Qué quiere decir “de momento”? ¿Te parece bonito besarte con tu hermana?

    .- Puedo decirte que es lo más bonito que nos ha pasado. Un día, cuando estábamos en primero de E.S.O. me dijo que le gustaba un chico pero que no quería hacer el ridículo si llegaban a besarse. Siempre nos hemos llevado muy bien y por eso cuando nos comenzamos a besar sentimos algo muy especial. Desde entonces hemos salido con algunas otras personas, pero nunca conseguimos pasarlo tan bien como cuando estamos juntos.

    ¡Sois…! ¡Sois…! ¡Esto es una aberración! ¿Porque lo habéis hecho?

    .- No hemos hecho nada malo mamá.

    ¿Y entonces porque os habéis ocultado?

    .- No nos hemos ocultado; vosotros hacéis el amor en la intimidad, también nosotros preferimos la intimidad para besarnos y acariciarnos mutuamente, lo pasamos muy bien y no hacemos daño a nadie; tenemos muy claro que en el futuro tendremos otras parejas pero esto nuestro no nos lo quitará nadie.

    No sabía que más decirle y solo se me ocurrió decirle que debían haber hablado con nosotros; Teo me miró muy serio y preguntó.

    .- ¿Me habrías enseñado a besar?¿Nos habrías enseñado a los dos?

    Me pillo descolocada y le respondí que habría hecho lo que fuera para ayudarlos tanto a él como a su hermana.

    .- Hace tres años que nos besamos, pero no sé si lo hacemos bien. ¿Quieres comprobarlo?¿De verdad harás lo que dices y me ayudaras?

    Estaba en un brete y no quería fallarle, no ahora que se había sincerado y si quería controlar la situación debía evitar decepcionarlo y un beso tampoco era algo tan grave. Tomé su cara con mis manos y juntamos nuestros labios.

    Me besó como nadie en mucho tiempo; esa intensidad solo la disfruté en una verbena en que un desconocido al robarme un beso me hizo perder la cabeza, con él perdí la virginidad aunque Paco no lo sospechó porque nunca pensó que yo le podía ser infiel y de hecho no lo fui, solo fueron una horas; muy placenteras pero solo unas horas al final de las cuales nos separamos sin despedirnos siquiera y sin que llegara a conocer su nombre.

    Nunca lo podré olvidar; Teo es su vivo retrato y la cabellera dorada de Eva es tal como la recuerdo; en ese momento la razón dejó de gobernar mi cuerpo y comenzó a hacerlo el instinto; ese que nos traiciona algunas veces pero que siempre nos guía en los momentos de confusión.

    Teo me abrazaba y el contacto de su cuerpo me hacía estremecer, con una mano solté el pareo y comencé a acariciarle la verga que en unos instantes asomaba su cabezón por la cinturilla del bañador, lo bajé lo suficiente para que no molestara y sin soltarla me vi sobre Teo que se había tumbado en la cama.

    No podía, no quería pensar, le hice el amor lentamente y por mucho rato, un agradable orgasmo me sacudió y ver cómo me miraba era la mejor de las recompensas, seguimos hasta que me llenó con su esencia sin dejar de besarnos y acariciarnos, trató de apartarse y le suplique.

    ¡No! No salgas de mí, quédate conmigo y vive el momento.

    Sus caricias me tenían extasiada y me hacían rememorar momentos muy lejanos en el tiempo pero muy gratos. Al rato, noté que tenía una erección más que notable y comencé a moverme otra vez, en esta ocasión me sorprendió al rodar para quedar encima y ser él quien llevara la iniciativa haciéndome la mujer más feliz del universo, con la energía propia de la juventud me hizo llegar en varias ocasiones y en cada caso paraba y esperaba besándome y acariciando mi cuerpo hasta que estaba en condiciones de seguir. No puedo precisar cuántas veces fueron pero desde hacía mucho tiempo nadie me trataba de ese modo, ni siquiera en las escapadas que suelo hacer con frecuencia.

    Cuando se vació en mi por segunda vez se quedó quieto cubriéndome con su hermoso cuerpo; esa opresión en mi pecho me hacía sentir importante y a él muy especial. Oímos que Eva llamaba a Teo y le contesté que ya salía, para evitar que entrara y nos viera así; con el pareo en la mano fui al baño y me limpié con urgencia, salía de la casa cuando ella se disponía a entrar.

    .- Tía Loli pregunta si se podrá bañar, le apetece mucho pero prefiere oír la opinión del experto.

    Creo que está echando una cabezada pero con tanto alboroto saldrá enseguida. De todos modos Eva entró en la casa y no se lo impedí, al rato aparecieron los dos sonrientes; Teo se agachó frente a Loli y comenzó a tocarle la pierna.

    .- Creo que te hará falta otro masaje; tienes la musculatura muy agarrotada y es necesario relajarla. ¿Quieres que te lo dé?

    Con una sonrisa que conocía muy bien; Loli le dijo que estaba a su entera disposición. Teo, envió a Eva a por la crema y aceite corporal para masajes; entre tanto me dijo en un susurro.

    .- Desde hace unas semanas Eva está sintiendo serias dudas sobre su sexualidad y esa ha sido la causa principal para que no hayamos hecho el amor aún, se siente fuertemente atraída por una compañera de instituto que es una lesbiana declarada. ¿Puedes ayudarla de algún modo? No sé si has tenido alguna experiencia de ese tipo pero creo que es mejor la bisexualidad que tomar una postura tan radical como negarse a las relaciones con los hombres.

    Le apreté el brazo en señal de complicidad y en cuanto llegó Eva ayudamos a Loli a tenderse en la mesa y mientras Teo se hacía cargo de ella, le dije que me acompañara dentro; fuimos al salón y nos sentamos en un amplio sofá muy juntas a pesar del calor.

    Eva me miraba con curiosidad, a grandes rasgos Teo le había explicado algo y no traté de ocultar mi satisfacción mientras le contaba lo que había sucedido y como; le tomé una mano y le pregunté si se sentía molesta conmigo, con nosotros, y abrazándome aseguró que nada que hiciéramos podía molestarla, quería a su hermano y por mucho que cambiaran las cosas; para ella siempre seria el número uno.

    Después de que derrumbáramos esa barrera que tanto mal puede hacer; de romper ese tabú y entender que el amor es lo más importante en la vida por encima de cualquier convencionalismo, me ha dicho que sientes atracción por una compañera y que eso te confunde.

    .- Es mucho más que atracción, siento que somos almas gemelas y aunque solo he cruzado unas palabras con ella es extraordinaria y la forma en que se expresa me hacen pensar que como ella dice “los hombres están de más”.

    ¿No decías que Teo seria siempre el numero uno?¿Dónde lo deja eso que acabas de decir?

    .-Con Teo es diferente; es especial y siempre lo será para mí, pero dudo mucho que otro pueda compararse con él.

    ¡Ven! Abrázame y déjate llevar, creo que Teo ha hecho por ti, por nosotras, mucho más de lo que imaginamos.

    Abrazadas y con los pechos pegados, unas saladas lagrimas se mezclaron con la dulzura de sus labios que me recibieron con alegría, un interminable beso nos unía más y más; mi niña era toda una mujer y además tanto o más ardiente que yo.

    Nos fundimos en una sola y las manos de ambas exploraban el cuerpo de la otra sin reparar en nada que no fuera proporcionar placer, inventamos caricias y quedamos estiradas, yo encima de ella sorbiéndole los pezones, y por como jadeaba tuve la certeza que nadie lo había hecho antes, hacerle sexo oral fue suficiente para proporcionarle un violento orgasmo, llevarla a la que me aseguró después que había sido la experiencia más placentera de su vida.

    Cuando nos serenamos ambas y nos sentamos abrazadas le dije al oído para que mis palabras acariciaran el lóbulo de su oreja.

    Esta noche, pásala con Teo y gastad algunos de esos condones y mañana me cuentas qué opinas de lo que has vivido con los dos.

    Puedes tener lo mejor de cada sexo a poco que abras tu mente, y si te gusta esa chica pasa tiempo con ella dejando clara tu postura para que no se sienta utilizada pero que eso no te impida disfrutar de cuanto la vida te ofrece.

    Me miró y vi satisfacción y curiosidad en sus ojos.

    .-¿Cómo aprendiste esto? Eres sensacional y te quiero mucho.

    Lo aprendí siendo más joven que tú y fue una de las mejores decisiones de mi vida; han sido muchas las mujeres con las que he estado y no he necesitado enarbolar una bandera para ello. Muchas de las mujeres que nos rodean son bisexuales y disfrutan mucho siéndolo; de hecho, hay quienes opinan que la mujer es un ser bisexual; contar con una mayor sensibilidad le permite entregarse al amor sin distinción de sexo.

    Conocí a Loli antes que tu tío; yo los presenté pero fue un acto egoísta, si se hacían pareja continuaría teniéndola cerca y podría seguir disfrutando de sus favores y esa es la razón de que nos veamos con tanta frecuencia. Nuestros esposos lo saben y entienden que no pierden nada porque nosotras pasemos tiempo juntas.

    Su sorpresa fue grande y al mirarme con renovado interés le aclaré.

    Hace unos ocho años, tu padre insistió en que fuéramos a un local de intercambio de parejas; sentía un gran interés por una chica y quería tenerla como amante y pensó que si también yo estaba con otros hombres sería más sencillo planteármelo y conseguir que aceptara, los detalles ya te los contaré otro día, pero tu padre no espero a salir para decirme cuales eran sus intenciones y accedí de inmediato. Desde ese día, cada vez que me atrae una persona tanto si es hombre como mujer trato de estar con ella asegurándome antes que no perjudicaremos a nadie.

    Eva alucinaba y yo me sentía liberada, ya no tenía que seguir escondiéndome de ellos, habían madurado mucho más de lo que imaginaba y estaban dispuestos a seguir haciéndolo; me esforzaría en ayudarlos en todo lo que pudiera.

    Esa tarde tuve la dicha de poseer a mis dos hijos y nunca me arrepentiré.

    Cuando íbamos a salir apenas nos pudimos aguantar. Teo estaba dándole a Loli un masaje “erótico” por como ella babeaba y se la oía jadear. En ese momento estaba amasándole uno de los pechos, clavaba sus dedos cerca de la clavícula y bajaba con ellos enterrados en la carne hasta llegar a la areola culminando con un pellizco en el pezón, después hizo lo propio con el otro pecho y repitió la operación varias veces hasta que siguió camino del vientre presionando con sus dedos hábilmente.

    La respiración de Loli era fuerte y entrecortada y a juzgar por como temblaba todo su cuerpo estaba en un estado de excitación máximo, Teo se unto las manos con aceite y con las palmas la esparció desde debajo de los pechos hasta las ingles y ella separó las piernas exageradamente para facilitarle a Teo el acceso.

    Con las manos extendidas, fue presionando alrededor del ombligo y bajando hasta llegar a las ingles esquivando la vulva pero acercándose cada vez más, parecía que quisiera atravesar su piel con los pulgares y cuando por fin se decidió a acariciar su monte de venus el suspiro que emitió Loli hizo que me estremeciera e imagino que al igual que Eva también yo tenía una expresión de envidia en la mirada.

    Con una mano, separaba sus labios vaginales con soltura como si lo hubiera hecho mil veces, mientras paseaba los dedos de la otra siempre hacia arriba entreteniéndose en el clítoris que presionaba y hacia que Loli se tensara, se dedicó entonces solo al clítoris presionándolo y moviendo los dedos rápidamente en todas direcciones y Loli llevó sus manos a los pechos y comenzó a acariciarse salvajemente los pezones.

    Una gran eyaculación anunció la inminencia de un potente orgasmo que Teo alargó de forma cruel mucho más de lo que cualquiera habría hecho y casi ninguna de las mujeres que conozco habrían soportado, metió varios dedos en la vagina y comenzó a follarla con ellos, no me podía creer lo que hizo a continuación; había oído hablar de ello, incluso había visto algún video pero pensé que estaban trucados.

    Aplicó una gran cantidad de aceite y prosiguió donde lo había dejado, juntó las yemas de los dedos y los fue introduciendo lentamente, cada vez un poco más mientras con la otra mano plana sobre el vientre seguía acariciando a Loli que cada vez tenía los ojos y la boca más abiertos aunque no emitía ningún sonido.

    El puño completo se encontraba dentro de Loli y lo fue moviendo con cuidado pero eso ya era igual; ella apoyó las plantas de los pies en la mesa y alzó el culo tanto como pudo, eso facilitó las maniobras de Teo que llegaba a enterrar hasta la marca del reloj en ella y cada vez más deprisa, entonces salimos las dos y nos colocamos a los lados de Loli sujetándole una mano cada una mientras con la otra le acariciábamos los pechos.

    Ella se estaba martirizando el clítoris salvajemente; jadeaba y bufaba sin control y unos minutos después se desplomó sobre la mesa y su cuerpo se quedó totalmente quieto, a excepción de los espasmos de un tremendo orgasmo que tardaron en desaparecer. Teo la cubrió con una toalla y nos miró unos instantes antes de exclamar.

    .-Ya veo que habéis aclarado algunas cosas y me alegro. Ella me ha preguntado si podía hacerle un masaje que la pusiera de buen humor y que lo de la pierna lo podíamos dejar para más tarde; le he dicho que solo he hecho unas pocas prácticas de masaje erótico y que tengo que hacer más; me ha pedido que practicara con ella y eso he hecho.

    ¿Cómo lo aprendiste? No creo que esto forme parte del temario del curso.

    .-¡No! Esto es como si dijéramos un master. La tutora del curso nos propuso por separado la posibilidad de conocer este tipo de masajes. Al igual que algunos más accedí porque sentía una gran curiosidad; primero fueron unos videos y explicaciones que nos daba esos sábados por la mañana; tres de esas mañana fuimos a una sauna y el primero fue ella la que le dio uno de esos masajes a una chica que la ayuda y los siguientes días nos eligieron a Lurdes y a mí para hacerlos, nos corrigió en varios puntos pero la experiencia fue enriquecedora.

    Has dicho antes que practicaste poco. ¿Solo esa vez? Parece que no es demasiado por como lo has hecho.

    .-Con Lurdes hemos practicado bastante, ella es una mujer separada de treinta y un años; acordamos practicar entre nosotros y lo hemos hecho bastante en su casa, ella lo hace conmigo y yo con ella, no hemos llegado a tener sexo porque según ella eso le habría quitado rigor al entrenamiento; los últimos días lograba en dos horas proporcionarle al menos cinco orgasmos, y ella a mi tres y todo sin consumar el acto; dice que cuando estemos preparados sí que podemos ser amigos si me apetece estar con una mujer mayor; tendríais que verla, es preciosa y estoy seguro que tendrá mucho éxito profesionalmente hablando.

    Unos minutos después, Loli abrió los ojos y me miró emocionada; le tomé una mano y me dijo en susurros como si la voz no le saliera del cuerpo.

    .-¿Qué le habéis hecho a mi sobrino? ¿Qué ha pasado con aquel niño con el que jugaba esta mañana en la piscina?

    Ese niño ha crecido; ya es un hombre y entre todas lo tenemos que formar para que lo sea de provecho.

    Nos quedamos a su lado en silencio hasta que comenzó a reaccionar; la ayudamos a levantarse y quedó sentada sobre la mesa; cuando Teo le ponía la mano en la espalda o en la cadera, se estremecía y su labio superior temblaba; estaba claro que se sentía todavía muy excitada a pesar del tratamiento recibido, también nosotras lo estábamos y propuse darnos un baño para bajarnos la calentura.

    En el agua, jugamos los cuatro un rato sin hacer distinción de quien hacía que ni a quién. Poco antes de las ocho salimos del agua y después de darnos una ducha nos vestimos y esperamos jugando al rummikub a que regresaran los pescadores.

    La cena fue muy entretenida, conocimos muchas anécdotas sucedidas en su día de pesca y cuando nos retiramos a dormir Paco me preguntó.

    .-¿Qué tal vuestro día?

    Tenía sueño, pocas ganas de darle explicaciones y muchas de comparar a los hombres de mi casa en la cama. Hicimos el amor hasta que quedo exhausto y poco antes de dormirnos me dijo con una sonrisa.

    .-Cuando quieras ya me lo contaras. Parece que ha sido un día muy especial pero puedo esperar.

    Se dio la vuelta y nos dormimos.

    A la mañana siguiente vi muchos rostros sonrientes, Luis estaba pletórico y Loli también estaba mucho más cariñosa que otras veces; ya no era necesario mostrar pudor ante los chicos que aparecieron en un intervalo de cinco minutos también sonrientes; mientras preparábamos el desayuno Eva me explico que en la noche se habían aclarado muchas cosas y que hablaría con esa chica que le gustaba por si quería que fueran amantes sin exclusividad.

    Todo comenzaba a fluir con normalidad, solo faltaba hablar con Paco aunque eso no sería un problema. La mañana en la piscina fue entretenida aunque sin punto de comparación con la anterior, comimos temprano porque los hermanos; aunque la liga había terminado hacia dos semanas, iban a un partido de futbol que comenzaba a las cinco en la capital. Al rato de marchar ellos nos fuimos a hacer la siesta, y algo más, Eva se fue con Loli y yo con Teo que me hizo ver el paraíso en varias ocasiones; ese diablillo aprendía deprisa y yo se lo agradecí prometiendo mostrarle todo lo que he aprendido desde mis comienzos.

    A Paco le conté lo sucedido unos días después y me dijo que no se veía con Eva pero que se alegraba de todo por nosotros.

    Ese fue el principio de algo que perdura y que trataremos de que no se pierda en mucho tiempo.

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  • Mónica DELUX (1): Primavera, tres pollas jóvenes y mi culito.

    Mónica DELUX (1): Primavera, tres pollas jóvenes y mi culito.

    Existe en el mapa de España un puntito muy pequeño que indica el lugar donde vine al mundo. Quiso la diosa Fortuna que fuera en la villa de Ronda, enclavada en el corazón de la serranía que lleva su nombre. Tierra de íberos, visigodos, romanos, moros y cristianos, Ronda siempre jugó un papel importante debido a su situación estratégica. Sus calles, plazas y monumentos son un claro ejemplo de tal amalgama de culturas. La comarca de Ronda también fue testigo de la lucha contra las tropas francesas al mando de José Bonaparte (motejado despectivamente ‘Pepe Botella’ o ‘Pepe Plazuelas’) y que era hermano mayor de Napoleón Bonaparte. Pero la Serranía de Ronda también fue famosa por sus bandoleros, personajes míticos, amados u odiados en función de sus hazañas o fechorías. Temidos y respetados, leyendas como José Ulloa Navarro, apodado ‘Tragabuches’ (que fue uno de los componentes de ‘los siete niños de Écija’ en la lucha contra los franceses) o José María ‘el Tempranillo’ (de quien se sabe que tuvo a su mando a más de cincuenta bandoleros) llenaron páginas y páginas de la historia de este lugar, otorgándole una fama que atrajo a muchos viajeros, románticos y soñadores.

    Ronda es en la actualidad una ciudad pequeña, pero pintoresca y llena de vida. Su casco histórico es de una belleza que no deja indiferente al visitante. Los rondeños somos alegres, amistosos, hospitalarios y, como se suele decir, “buena gente”. Fue en este lugar tan especial donde crecí y donde dejé de ser Mónica, a secas, y me convertí en Mónica ‘DELUX’.

    La historia que voy a relatar sucedió hace cinco años, cuando yo tenía dieciocho recién cumplidos. Por aquel entonces ya había probado los placeres del sexo y buena parte de las vergas adolescentes de mi entorno. Los chicos decían que era una ‘fresca’, apelativo que aceptaba de buen grado porque era menos insultante que ‘calentorra’, ‘calienta-braguetas’, ‘putón’, ‘golfa’ y otros por el estilo. En mi defensa debo alegar que crecí en un ambiente lleno de posibilidades y, ¿por qué no decirlo?, plagado de tentaciones carnales. A los quince probé el sexo por primera vez y desde entonces no he parado.

    EN AGUAS TRANQUILAS, DEMONIOS SE AGITAN

    Era un caluroso domingo de primavera. Por la mañana nos habíamos reunido en el parque toda la pandilla para planear lo que haríamos aquella tarde, como de costumbre. Alguien sugirió que sería buena idea ir a bañarnos a ‘las pozas’. Añadió que podíamos ir en bicicleta, tratando de sacar adelante su propuesta. Obviamente no cabía otra posibilidad, porque estaban a varios kilómetros de distancia y ninguno teníamos coche. Pero la idea pintaba bien y fue aceptada por la mayoría. Como era medio día y el camino largo, decidimos ir a nuestras casas para comer pronto así salir lo antes posible.

    Daban las dos de la tarde en el reloj cuando emprendimos el camino, risueños y con ganas de divertirnos. Más o menos media hora después, abandonamos la carretera y nos metimos por un camino que, según uno de los chicos, era un atajo que nos ahorraría un buen trecho. Todos le seguimos como borregos, sin saber si nos llevaría al corral o al matadero. Pero nos daba igual, ya que la tarde era agradable y nos bastaba bien poco para pasarlo bien.

    Efectivamente resultó ser un atajo que nos ahorró un buen número de pedaladas campo a través. Al llegar descubrimos que el lugar estaba solitario, lo que suponía que podríamos hacer lo que nos viniera en gana sin molestar a nadie. Nos faltó tiempo para bajar de las bicicletas, quitarnos la ropa y quedar en bañador. Entonces todos me miraron fijamente, embobados y sin decir ni pío. Tal expectación se debía a que yo no había llevado bañador y tenía intención de bañarme en ropa interior. Tuve que explicar que ello se debía que mi madre tenía costumbre de guardar la ropa que no era de temporada, y que cuando le pedí que sacara mi bañador, ella me dijo que tenía muchas cosas que hacer y que ya lo buscaría, que no recordaba dónde lo había guardado. Añadí que lo estuve buscando un buen rato, pero que se me hacía tarde y no quería que se fuesen sin mí.

    ―¡Mirad!… ¿Os habéis fijado? ―dije y señalé con el dedo hacía el montón donde habíamos dejado la ropa―. La hemos amontonado como si fuese el tenderete de las gitanas en el mercadillo semanal ―añadí y lancé un par de carcajadas. Acto seguido continué con la pantomima que me había sacado de la chistera para desviar la atención―. Me vienen a la memoria ‘la Lola’ y la ‘señá Antonia’ cuando gritan aquello de “¡Cómplamelaaaas, paaaya, que son mu baratas y tengo seis schurumbeles que alimentaaaal!”.

    Todos reímos con ganas imaginando aquella escena tan familiar. Y mi treta pareció funcionar porque, acto seguido, salimos disparados hacia el agua, sin valorar las consecuencias de semejante insensatez. Y es que no estaba fría, sino lo siguiente, debido a que manaba de un manantial de aguas subterráneas situado no muy lejos.

    Durante un buen rato jugamos, reímos, bromeamos y nos miramos disimuladamente unos a otros, algo natural si tenemos en cuenta que habían pasado muchos meses desde el fin del verano y nuestros cuerpos habían experimentado cambios considerables en algunos e ínfimos en otros. Pero, sin lugar a dudas, ellos eran quienes más atención prestaban en nosotras, posiblemente decidiendo a quién se llevarían al huerto, como se suele decir vulgarmente, a lo largo del verano. En un momento dado me percaté de que Íñigo, Pedro y Alonso estaban detrás de mí, a no más de tres metros de distancia. Me giré y pude ver que me miraban fijamente, sin pestañear. En principio decidí ignorarlos, pensando que como siempre estaban haciendo el ganso y proseguí jugando con las chicas, sin dirigirles la mirada. Fue entonces cuando uno de ellos me dijo así:

    ―Vamos, Moni, no te hagas la estrecha con nosotros, que se nota que tienes ganas.

    Al escuchar aquella voz tan varonil para su edad, supe que era la de Alonso, el más guapo de los chicos de la pandilla y también el más caradura… por no decir canalla. Di media vuelta y me dirigí hacía ellos, caminando con dificultad porque el agua casi me llegaba a la entrepierna y las piedrecitas del fondo tampoco lo ponían fácil.

    ―¿De qué vais vosotros tres? ―les pregunté con cara de pocos amigos―. ¿No sabéis divertiros sin joder la marrana?… ¡Aire, que hay mucho y no cuesta dinero! ―añadí con desprecio.

    Entonces Pedro, altanero y sin apartar la mirada de la mía, me replicó de esta manera:

    ―Venga, Moni, no te hagas la estrecha, que bien sabemos que te has tirado a todo bicho viviente menos a nosotros. ―Tras decir aquello, pareció bajar la vista en lo que yo interpreté como un signo de debilidad. Supuse que mis grandes y profundos ojos verdes le seguían intimidando como cuando éramos críos. Pero que equivocada estaba, pues era imposible que cediera en presencia de sus amigos; tenía que demostrar que era tan gallito como ellos.

    Los cuatro quedamos en silencio; yo esperando a que se dieran media vuelta y se fuesen, y ellos pendientes de mi respuesta. Entonces los tres clavaron sus ojos en mis pechos, como si un impulso común les obligase a hacerlo al mismo tiempo… y con el mismo descaro.

    ―¿Qué pasa, que nunca habéis visto un buen par de tetas? ―les pregunté recobrando mi gesto de mala leche. No es que mis pechos fuesen demasiado grandes, pero eran firmes y su tamaño respetable para una chica de mi edad.

    Ellos no respondieron… ni tampoco se inmutaron. Sus miradas parecían ancladas en mis senos. Entonces, instintivamente, bajé los ojos y pude ver cómo mis pezones apuntaban hacia ellos, prominentes, desafiantes bajo el sujetador. Sorprendentemente no les regañé, pues una extraña excitación recorrió todo mi cuerpo. Incluso, creo que llegué a ruborizarme, algo que no podía sospechar que me ocurriera nunca.

    ―¡¡Bueno!!… Pues si ya habéis visto lo que buscabais… ¡Podéis iros con viento fresco! ―les dije y me di media vuelta.

    Sus murmullos a mis espaldas volvieron a incomodarme. Vagamente pude entender que uno de ellos decía ―mira que culo más rico tiene. ¡Quien se la metiera hasta el fondo a la muy guarra!―. Preferí hacerme la loca y obviar aquel comentario. Más que nada porque no sabía cuál de los tres había sido el deslenguado y no quería que pagaran justos por pecadores. Disimuladamente deslicé la mano por mi culo y noté que la braga se había convertido en una especie de tanga debido a que estaba mojada. Pude imaginar sus ojos clavados en mi canal trasero y eso me incomodaba. Pensaba que mi culo no era digno de ser admirado por aquellos cretinos. Tras acomodarla como era debido, quise asegurarme de que por delante todo estaba en orden. Deslicé la mano derecha y me palpé entre las piernas. «¡Es increíble cómo se altera todo hoy!», pensé al notar que la vulva también estaba más abultada de lo normal. Me asaltó la duda sobre si aquellas reacciones físicas eran fruto del agua fría o las habían provocado las miradas de aquellos salidos.

    La tarde transcurrió sin más sucesos dignos de mención. Sin embargo, al ir a recoger mi ropa, pude percatarme de que no estaba en el montón con la de los demás. Pregunté a las chicas por si alguna la había cogido por equivocación, y todas negaron con la cabeza. Entonces ya no me quedaron dudas sobre quienes eran los graciosos que querían jugar conmigo. Miré fijamente al trío sospechoso y con un gesto les avisé de lo que les ocurriría si pretendían tocarme las narices. Ellos negaron haberla cogido o escondido, pero sus miradas no eran sinceras y les delataban como dedos acusadores.

    ―¡¡VAMOS, MONI!! ―gritaron mis amigas al unísono. Ya estaban a una distancia considerable y no parecían tener intenciones de esperarme. Yo les hacía gestos con la mano para que aguardasen, pero ellas no se dieron por enteradas. Era como si tuviesen prisa por llegar a la procesión antes que el santo.

    Sola y semidesnuda frente a aquel trío de niñatos, decidí que sería tajante se pusiesen como se pusiesen. No tenía intención de pasarles ni una.

    ―Venga, chicos, dadme la ropa para que podamos irnos ―les dije con tono conciliador y tratando de calmarme.

    La única respuesta que obtuve fue un silencio desolador y ver como se encogían de hombros, como si el asunto no fuese con ellos. Entonces la calma se convirtió en amenazas.

    ―Os advierto que no estoy para jueguecitos ―les dije mostrando los dientes y añadí―. Si pasado un minuto no me dais la ropa, os juro que alguno pasa la noche en el hospital.

    ―Enséñanos una teta y te la damos ―dijo Alonso, sorprendiendo incluso a sus propios compinches. Claro, ¡quién iba a ser si no!

    Comencé a reír como no recordaba haberlo hecho en mucho tiempo. Aquella osadía no me resultaba del todo irritante. Posiblemente se debiera a que, en el fondo, siempre me había gustado aquel sinvergüenza, chulo y engreído. Pero las chicas somos así de raras y nos prendamos de los ‘chicos malos’.

    ―¡Venga!… ¡Déjate de bobadas! Os propongo un trato: si me dais la ropa, os enseño la teta… ¡Lo juro! Y esto es innegociable ―sentencié.

    Los tres muchachos se miraron y comenzaron a cuchichear formando un corrillo. Apenas unos pocos segundos más tarde, se separaron y me lanzaron una contraoferta que no podría rechazar.

    ―Hemos decidido que no estás en condiciones de imponer nada ―dijo Íñigo―. Recuperar toda la ropa tendrá un coste por prenda. ¡Y esto sí que es innegociable!

    Sus palabras sonaron bastante categóricas. Y el tono empleado parecía una sentencia. Pensé que si no cedía nos tomaríamos allí las uvas de Noche Vieja. Dudaba entre caer en su juego o liarme a pedradas con ellos. Decidí descartar la violencia… por el momento.

    ―¡Está bien! ―dije con resignación y me bajé el tirante del sujetador.

    Al quedar mi pecho derecho al descubierto, los tres me miraron como lobos hambrientos, como hienas dispuestas a devorar a su presa. Lo miré y pude notar que tenía la piel sonrosada y el pezón con un tono marrón más oscuro de lo normal. Lo percibía duro y tirante, como si tratase de adquirir más volumen del físicamente posible. Rápidamente volví a cubrirlo y me dispuse a reclamar mi primera prenda. Entonces Alonso se me adelantó.

    ―¡Eso no vale, tramposa! ―exclamó malhumorado―. No puedes taparte lo que enseñes hasta que el juego termine o te des por satisfecha con las prendas recuperadas―. Se dispuso a darme la blusa a la espera de que yo sacase de nuevo el pecho.

    -¡Bien!… ¡Ya está fuera!… ¡Ahora dame la blusa!

    Entonces hizo algo que consiguió sacarme de mis casillas. El muy hijo de su madre escondió la blusa bajo su brazo y me lanzó uno de los calcetines, como el que da limosna a un pordiosero o de comer a un perro.

    ―¡¡ERES UN HIJO DE PUTA Y UN CABRÓN!! ―le grité con todas mis fuerzas―. ¿Para qué coño quiero yo un calcetín?

    Colocando el dedo índice delante de sus labios y chistando, me replicó del siguiente modo:

    ―¡Moni, Moni, Moni…! Cuida ese lenguaje si no quieres volver a casa tal y como estás. Imagina la cara que pondrán tus padres al verte aparecer como una cualquiera. Porque no tienes llaves y tendrás que llamar al timbre… ¿NO?

    Decidí tragarme la rabia y terminar cuanto antes, en vista de que aquellos bastardos no tenían intención de ceder. En el fondo no me importaba mostrarles mi cuerpo, porque no serían los primeros ni los últimos que lo viesen, pero me daba rabia que me tomasen el pelo o quisieran humillarme.

    Resignada, les mostré el otro pecho y el sujetador cayó hasta la cintura. Ambos senos parecían inquietos y temblaban junto con el resto de mi cuerpo. Pero con dos calcetines no tenía ni para empezar…; cualquiera que me viese de aquella guisa me tomaría por una puta; necesitaba recuperar al menos el pantalón y la blusa, lo que me supuso sacarme del todo el sujetador y quitarme la braguita. De esa forma quedé como la Venus de Botticelli, totalmente desnuda y cubriéndome las vergüenzas con ambas manos, solo que aquellos canallas no eran precisamente los ángeles que aparecen a su lado en el cuadro.

    LA PRIMAVERA LA SANGRE ALTERA

    Con toda la ropa recuperada, me dispuse a vestirme, sin decirles nada y tratando de mantener la calma. Lejos de pensar en posibles represalias, lo único que tenía entre ceja y ceja era marcharme lo antes posible. Me agaché para enfundarme el pantalón y cuando quise darme cuenta les estaba mostrando una panorámica de mi trasero. Entonces sucedió algo que me llamó la atención. Fue al girar la cabeza hacia ellos y ver cómo me miraban. Noté que la mirada de lobos hambrientos había desaparecido y que lo hacían con ternura, o puede que con arrepentimiento. Pensé que eran chicos recién salidos de la adolescencia y que como tal se habían comportado, sin valorar los pros y los contras. Pero Alonso me gustaba y notaba un brillo especial en sus ojos azules mientras me miraba, impasible y sin mover un músculo. Entonces, sin previo aviso, un par de calambres recorrieron mi cuerpo desde los muslos hasta el estómago. Noté cómo el coño experimentaba pequeñas contracciones, cada vez más intensas. De repente lo sentí encharcarse y pronto el fluido vaginal comenzó a chorrear por ambos muslos. Me había corrido como una cerda y ellos ni se habían percatado. Recordé que jamás me había corrido sin que interviniesen unos dedos, la verga de turno o el juguetito que guardaba celosamente en el fondo de mi armario, bajo la ropa que nunca me ponía. Aquello no dejaba de ser una novedad para mí. ¿Sería fruto de una excitación que me había pasado desapercibida?… ¿Era aquello una señal de alguien divino?… ¿Acaso dicha señal me advertía de que nada ocurre por accidente?

    No tenía respuestas para todas aquellas cuestiones, pero decidí en una décima de segundo averiguar qué era lo que el destino quería decirme. Seguí poniéndome el pantalón como si nada, pero de forma torpe y premeditada. Finalmente dejé caer mi cuerpo hacia atrás simulando un pequeño tropezón. Rápidamente los tres corrieron a socorrerme. Aquel gesto me conmovió pues, en el fondo, no esperaba tanta caballerosidad tras lo sucedido minutos antes. Reconozco que la situación resultaba cómica, porque, sin comerlo ni beberlo, había quedado como un cangrejo boca arriba, con las piernas semiabiertas, los pechos como dos huevos fritos en la sartén y una cara de tonta que no podía con ella.

    ―Deja que te ayudemos a levantar ―dijo Pedro, cogiéndome por las axilas con fuerza.

    ―¡NO! ¡NO! Ni lo intentes ―le respondí quejosa―. Creo que me he debido clavar algo en el trasero y me está matando de dolor.

    Si fingí de aquella manera fue porque no quería que todo terminase tan rápido. Tenía que ganar tiempo y ver qué pasaba. Me giré hasta quedar de costado, dejando el culo bien expuesto para que ellos lo examinasen a conciencia. Pronto noté las manos aniñadas de Íñigo recorriendo mi trasero, tratando de buscar alguna piedrecita o ramita clavada en mis carnes. Obviamente no encontraría nada, pero sus manos se tomaron su tiempo, como si disfrutasen el recorrido por un culo que siempre había deseado. La suavidad empleada así lo atestiguaba.

    ―Alonso, siéntate y deja que apoye mi cabeza sobre ti, creo que no me encuentro bien ―le dije con dulzura.

    Él obedeció y trató de guiar mi cabeza hacia su muslo derecho, pero yo me resistía y conseguí apoyarla sobre su verga. Pude notarla dura y con un tamaño más que aceptable. Percibía sus contracciones y cómo se movía ligeramente, como si tratase de encontrar un hueco donde acomodarse. Sin lugar a dudas, Alonso estaba más que excitado y expectante.

    ―Quiero pedirte perdón ―me dijo mientras acariciaba mi cabello con la delicadeza de un ángel. En ese momento Íñigo terminó de buscar lo que era imposible que encontrase.

    ―¿Por qué me pides perdón? ―pregunté sorprendida.

    ―¡SÍ! Por el mal rato que te hemos hecho pasar. No, si en el fondo tienes razón al decir que somos unos niñatos.

    Levanté la vista hasta encontrar mi mirada con la suya. Sus ojos parecían tan sinceros como mentirosos lo fueron momentos antes.

    ―¡Bah! No pasa nada. Todo está olvidado porque en el fondo ha sido algo diferente; al menos hemos salido del aburrimiento y la rutina diaria. ―Alargué mi brazo y toqué su mejilla con la cara externa de mi mano derecha―. Entiendo que tenéis una edad difícil y que no hay muchas oportunidades para chicos como vosotros, con ganas de pasar un buen rato sin que ello os lleve al altar. Somos pocos y nos conocemos todos aunque… a unas más que a otras ―añadí con cierto retintín refiriéndome a mí misma.

    ―Cuanta razón tienes, Moni ―respondió con una leve sonrisa en su rostro.

    La conversación consiguió que me relajase y sintiese a gusto. Dejé de pensar en lo ocurrido y sin pretenderlo mi cuerpo reaccionó de forma caprichosa. Primero estiré los brazos en un claro gesto de pereza. Acto seguido mi cuerpo giró hasta colocarse mirando al cielo. Cuando quise darme cuenta, mis piernas habían quedado flexionadas y ligeramente separadas. Una ligera brisa acarició mi sexo desnudo y de nuevo mi cuerpo se estremeció. Aquella situación me estaba poniendo más cachonda de lo normal.

    ―Decidme la verdad ―dije con voz melosa mientras enredaba un mechón de mi cabello con uno de mis dedos―. ¿Lo de antes ha sido para poder pajearos esta noche con una imagen mental más o menos reciente y real? Imagino que internet llega a cansar pasado un tiempo…. ¿No?

    Los tres negaron con la cabeza, algo que me dejó descolocada pues tenía plena certeza de que se trataba de eso.

    ―Entonces… ¿Pensabais que iba a caer en vuestros brazos tan fácilmente y que me iba a dejar follar por los tres? ―pregunté con cierta incredulidad.

    Su silencio y las miradas que se cruzaron fueron totalmente concluyentes. Un ligero rubor afloró en las mejillas de mis amigos y ninguno se atrevía a mirarme a los ojos. Mis carcajadas resonaron por toda la hondonada, rebotando en las paredes escarpadas que nos rodeaban. Tanta timidez repentina me enterneció y separé las piernas lo suficiente para que entrase sin dificultad una cabeza. Retomando el tono meloso, les dije:

    ―Pues bien. Si queríais follarme… esta es vuestra oportunidad. Pero antes tenéis que calentarme un poquito más. El primero que me coma el coño dejo que sea el que me folle en primer lugar. Y esto es innegociable ―terminé bromeando con algo que a los cuatro nos resultaba familiar.

    Íñigo no se lo pensó dos veces y se arrodilló entre mis piernas. Con delicadeza me abrió la vulva, separó los labios vaginales y comenzó a deslizar su lengua de arriba abajo a lo largo del canal. De vez en cuando se detenía para entretenerse con el clítoris. Aunque era un poco torpe a la hora de hacerlo, he de reconocer que estuvo a punto de arrancarme un orgasmo. ¡Cómo me hubiese gustado regalárselo!

    Contenta con el goce recibido, me coloqué de medio lado y levanté la pierna izquierda cuanto pude para que Pedro tomase la iniciativa. De esa forma pude ladear la cabeza y buscar la polla dura y tiesa de Alonso. Él también se ladeó un poquito para facilitarme la labor y, de esa manera, pude encontrarla con facilidad y meterla en mi boca lentamente. Recuerdo que tenía un sabor especial, nada que ver con el resto de vergas que había chupado con anterioridad. Podía escuchar su respiración. Me deleitaba con sus jadeos y gruñidos de placer. Notaba cómo movía levemente sus caderas para ganar profundidad. Yo me esforzaba, alentada por el gustito que la lengua y los dedos de Pedro me proporcionaban. En ese momento los deseaba tanto, que ansiaba tener la primera polla en mis entrañas. Jamás había estado con más de dos chicos al mismo tiempo, y eso siempre me había parecido algo excepcional. Con tres ni me lo hubiese planteado nunca. Pero la vida es como es y lo que no esperamos ocurre en el momento menos pensado.

    ―Vamos, Íñigo, sé tú el primero en metérmela tal y como he prometido ―le dije―. No os preocupéis por los condones porque tomo la píldora y…, bueno, después de todo lleváis mucho sin comeros una rosca y no creo que tengáis nada raro…. ¡Ya me entendéis!

    Volví a engullir la verga de Alonso y esperé impaciente a que Íñigo se despojase del pantalón y me diera todo el placer que ansiaba de él. No llegué a verle la polla en ese momento, pero por como separaba las paredes del coño no debía ser fina, sino todo lo contrario. La longitud también parecía aceptable, porque casi podía notar el glande en lo más profundo de mí. El placer recibido redundó en beneficio de Alonso, que pudo experimentar una de las mejores mamadas que había proporcionado a un chico hasta la fecha. Tantas fueron las sensaciones, que no tardé más de dos minutos en correrme por segunda vez, provocando que los fluidos vaginales lubricasen la polla de Íñigo, y esta entrase y saliese con mayor facilidad, como si se deslizase por una superficie de hielo. Pero nada es perfecto y el pobre Íñigo cometió una de las mayores torpezas en las que puede caer un hombre cuando se folla a una mujer, al preguntar:

    ―¿Te gusta cómo te follo?… ¿Lo hago bien?

    Si que me llamase por mi nombre completo en semejante situación resultaba tonto, más lo era que me pidiese el visto bueno. Entonces, sin pretenderlo, cometí una torpeza mayor al responderle lo siguiente:

    ―¡DELUX, Íñigo, ME FOLLAS DELUX!

    No cabía la menor duda de que el programa que había visto la noche del sábado, mientras cenaba, se había quedado arraigado en mi subconsciente. Se trataba de uno que tiene en el nombre la coletilla ‘DELUX’. Y esta es la razón por la que desde entonces me llaman Mónica ‘DELUX’. Con mayor razón si tenemos en cuenta que desde aquel día suelo gritar esa palabra cada vez que me corro. No sé, creo que me sentí bien pronunciándola aquel día y pasó a formar parte de mi repertorio en estas situaciones.

    Finalmente Íñigo anunció que se iba a correr y le supliqué que lo hiciera fuera, sobre mi vientre. Es cierto que en un principio no mostré reparos en que lo soltasen dentro, pero luego pensé que no sería muy agradable que otro la metiera en el charco dejado por su antecesor.

    Al sentir la leche espesa y caliente chocar contra mi vientre, me creí morir de dicha y pensé que tenía a tres machos jóvenes y ardientes para un buen rato más. No estaba dispuesta a desperdiciar aquella ocasión de oro que la fortuna me había servido en bandeja de plata. Me incorporé antes de que Pedro me embistiera y le pedí que se tumbara boca arriba. Estaba segura de que no le importaría, porque el suelo estaba parcialmente cubierto de hierba y no resultaba incómodo. Una vez se hubo colocado en la posición solicitada, le abrí ligeramente las piernas y me situé encima de su polla, dándole la espalda. Me puse de rodillas y metí los tobillos por debajo de sus muslos. De esa forma tan solo tendría que mover mi cuerpo adelante y atrás, con la polla en mis entrañas, y Alonso estaría plenamente accesible delante de mí. Mi boca reclamaba seguir disfrutando del dulce sabor de su verga. Y para ello me incliné hacia adelante y comencé un movimiento de vaivén, metiendo y sacando ambas pollas de mi cuerpo según la dirección del desplazamiento.

    EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS

    Durante unos diez minutos ambos chicos se comportaron como auténticos sementales, dándome tanto placer como pudieron con su esfuerzo y dedicación. Decidí que merecían un premio extra y que aquel era el momento oportuno para entregarles lo que pocos chicos habían disfrutado hasta la fecha.

    ―¿Quieres correrte en mi boca, Pedro? ― le pregunté tras escupir el falo de Alonso.

    ―¡SÍ! ―respondió él con efusividad.

    Sin perder tiempo me acerqué a Alonso y le di ciertas instrucciones al oído. Acto seguido di media vuelta y situé la boca a escasos centímetros de la polla de Pedro, que impaciente la esperaba.

    ―Os voy a dar algo que seguro no esperabais ―les dije antes de comenzar la mamada.

    Íñigo y Pedro quedaron perplejos, pues no tenían ni la más remota idea de lo que les había querido decir. Cuando Alonso se arrodilló detrás de mí, me tomó con firmeza de la cadera con una mano, apuntó la verga hacia mi ano con la otra y la metió con un par de empujones hasta la raíz, ambos comprendieron. Fue tanta la excitación que despertó en el pobre Pedro aquella escena, que no pudo aguantar y terminó inundándome la boca con su semen. Yo succioné el glande hasta extraer la última gota y luego lo escupí en el suelo, entre gemidos y pequeños gritos provocados por la deliciosa sodomía que Alonso me proporcionaba.

    Tan solo faltaba este por correrse y, poco a poco, fui acomodándome para que él me diera literalmente por el culo con total comodidad. Y vaya si lo conseguí, porque apenas tardó un par de minutos en eyacular sobre mis nalgas. El chorro fue muy abundante y comencé a contornearme como una autentica zorra. Me notaba fuera de control, como si estuviese poseída por un ser insaciable, por un ente dispuesto a poner a prueba mi resistencia y volverme loca de dicha. Mi cuerpo, delgado y frágil como el de una adolescente, sudaba por el esfuerzo y temblaba como el de una chiquilla asustada. Pero aquello no era miedo, sino un deseo incontrolable por sentirme sucia, por comportarme como una auténtica puta en manos de aquellos a los que consideraba amigos. Deseaba con todas mis fuerzas que saciasen conmigo tantos meses sin comerse una rosca. Estaba dispuesta a entregarme a ellos sin condiciones; a ser un juguete en sus manos para que hiciesen conmigo lo que quisieran, sin oposición, sin rechistar…. Tan solo les bastaría una orden, una mirada, un gesto, una sugerencia…, un deseo sin pronunciar. Era tal mi locura transitoria, que no valoré las consecuencias que mi comportamiento acarrearía a partir de ese mismo instante.

    Me di media vuelta y gateando llegué hasta la polla de Alonso. La acaricié unos segundos y terminé por tragarla hasta el fondo. Tenía la urgente necesidad de que percibiera mi sometimiento, de que intuyera cuánto deseaba ser una esclava para ellos. Pero aquel acto me supuso un esfuerzo sobre humano tratando de controlar las arcadas. Jamás había chupado una verga recién salida de mi culo y, aun así, me dediqué a la labor en cuerpo y alma, como si tomase un antídoto contra un veneno mortal… contra ese veneno llamado ‘descontrol’.

    ―¡Vamos, Íñigo, no me hagas esperar!… ¡Aprovecha que tengo el agujerito bien abierto! ―le supliqué, casi sollozando, al tiempo que con las manos me separaba las nalgas para que lo viese bien. Me costaba sostener la voz, pero, aun así, hice un esfuerzo por continuar­―. Dame por el culo como si te fuese la vida en ello. Dame por el culo hasta que te hartes…, hasta que te dé la real gana.

    Recuerdo el rostro sorprendido de mi amigo, su mirada incrédula, su inquietud por si se trataba de una broma o un juego cruel. Me conocía bien y sabía lo cabrona que podía llegar a ser en determinadas circunstancias.

    ―¿Estás segura, Moni? ―preguntó dubitativo―. ¿Hablas en serio?

    Aquellas preguntas me irritaron sobremanera. No podía creer que se lo estuviese pensando.

    ―¿ERES DURO DE OÍDO O CORTO DE MOLLERA? ―le grité―. ¿No has visto cómo he permitido que Alonso me la clavara por detrás cuanto ha querido?… ¿Por qué habrías de ser tú diferente?… ¿No has tenido reparos a la hora de follarme por el coño y ahora sí? Si te digo que hagas conmigo lo que quieras no es por hacerte un favor, sino para que tú me lo hagas a mí… ¡qué pareces bobo! ―Volví a engullir la polla de Alonso y separé de nuevo las nalgas con ambas manos.

    Íñigo se situó detrás de mí con recelo, se arrodilló como si fuera un peregrino y colocó el glande en el ano, con calma, tomándose su tiempo… asimilando la situación. Tras vacilar unos segundos, comenzó a clavármela y fue ganando profundidad dentro de mi recto, muy lentamente. «¡Ya era hora!», recuerdo que me dije a mí misma y bajé el trasero para que le resultase más cómodo. Pero la situación parecía surrealista y comenzaba a desesperarme, porque el muy imbécil me sodomizaba como quien cruza por un campo de minas.

    ―¡Realmente lo tuyo es para no contarlo, Íñigo! ―le dije enfurecida―. Es como si nunca hubieses visto el culo de una chica. ¿Acaso no sabes para qué sirve aunque nunca lo hayas probado?… Tú quédate quieto, que yo hago todo el trabajo ―Añadí y comencé a moverme con velocidad, chocando mi culo contra su vientre y con toda la energía que era capaz de emplear.

    Durante unos minutos no cejé en mi empeño por clavármela hasta el fondo una y otra vez. Él mientras observaba cómo su verga entraba y salía, acompañando el movimiento de mi culo con sus manos. Pensé que seguramente Íñigo era de esos chicos que ven imposible que una chica se deje sodomizar con tanta ligereza. Y con mayor motivo si es ella quien se lo suplica.

    ―¡ASÍ!… ¡Así es como se hace, atontao!… ―le grité― ¿Es que no sois capaces de entender que quiero que me tratéis como a una puta?… ¿Es que no os habéis dado cuenta de que tengo más ganas que vosotros?… ¿Acaso una chica tiene que suplicar para que le den por el culo como Dios manda?… ―pregunté con insistencia entre jadeo y jadeo.

    Ni yo misma era capaz de reconocerme en aquel momento, e imagino que a ellos les costaba más trabajo entenderlo. Mucho más si tenían en cuenta mi mala leche cuando me obligaron a desnudarme. Pero yo no entendía el porqué de sus reticencias si fueron ellos quienes provocaron la situación. Supuestamente buscaban algún beneficio con su comportamiento. Finalmente conseguí que Íñigo aprendiese a comportarse como un hombre cuando tiene delante a una mujer totalmente entregada y rogando que le den por el culo. No, no llegó a correrse por segunda vez, pero estaba segura de que más tarde lo haría. Tan solo necesitaba tiempo para llenar de nuevo el cargador.

    El resto fue, como quien dice, coser y cantar. Pedro había tomado buena nota de lo que yo deseaba y asimiló al pie de la letra mis palabras. Y actuó en consecuencia, ¡vaya si lo hizo! Tomándome del brazo me levantó con brusquedad del suelo, tiró de mí para que le siguiera y me sentó sobre una roca similar en tamaño y forma a una mesita de salón. Allí me abrió de piernas y me la clavó por el agujerito de un solo empujón. Yo me aferré a su cuello y apreté los dientes para soportar el dolor inicial que me produjo aquella violenta embestida. De ese modo comenzó a sodomizarme sin compasión y a hurgar con varios dedos dentro de mi coño mientras lo hacía. ¡Dios mío!… ¡Cuánto placer me proporcionó aquella especie de bárbaro en que se había convertido mi amigo. Realmente se le notaba entregado a mi causa y no cedió en su empeño hasta robarme dos gloriosos orgasmos. Curiosamente yo me sentía insatisfecha y quería más de él, mucho más.

    ―Pedro, cariño ―le dije conteniendo las lágrimas y con la voz quebrada―. Haz un esfuerzo más y lléname el culito con tu leche. No hagas que te lo pida de rodillas porque lo haré. Vas a ver que fácil te lo pongo ―añadí mientras le acariciaba la polla con la mano.

    Le aparté con el antebrazo y me arrodillé en el suelo. Acto seguido deposité mi cuerpo sobre aquella especie de mesita pétrea y me abrí bien el culo con ambas manos. No se lo pensó dos veces y volvió a embestirme con la misma agresividad empleada unos minutos antes. Nuevamente grité al sentir el aguijonazo en mi ano, y no dejó de follarme hasta inundar el recto con una lechada más o menos abundante. Mi culo describía pequeños círculos como si tuviese vida propia, tratando de extraer hasta la última gota.

    Aquella fue una de las pocas veces en mi vida que alguien vertía su esperma dentro de mi orificio estrecho. Finalmente Pedro consiguió que las lágrimas manasen de mis ojos agradecidos. Ya no pude contenerlas más y ello supuso un desahogo. No obstante, aquellas lágrimas perturbaron a mis tres amigos.

    ―¿Por qué lloras?… ¿Te he hecho daño?… ¿He sido demasiado brusco?… ―preguntó Pedro con insistencia y añadió compungido―. Pensaba que tus gritos no eran de dolor, sino todo lo contrario.

    ―No, Pedro. No te preocupes, porque son lágrimas de felicidad ―le dije al tiempo que colocaba ambas manos en sus mejillas y le miraba a los ojos―. Si alguien me hubiese dicho que hoy me darían por el culo hasta llorar de felicidad, seguramente le habría mandado a la mierda. Efectivamente los gritos eran de gusto y has conseguido que me corra varias veces… ¡Gracias! ―Presioné sus mejillas con fuerza y le di un sentido beso en los labios para que creyera mis palabras.

    ―No importa. Moni. En el fondo nosotros somos quienes tenemos mucho que agradecerte. Yo no sé los demás, pero hoy has hecho realidad una de mis fantasías favoritas ―me respondió algo nervioso.

    SI EL AMBIENTE ES ADECUADO, MEJOR HA DE SER EL RESULTADO

    Nos separamos y me quedé mirando a los tres con una amplia sonrisa presidiendo mi rostro.

    ―Pero, bueno… Esto no tiene por qué terminar. Yo… si vosotros queréis… tengo aguante para un rato más ―dije con cierto temor a que me respondiesen con una negativa.

    ―Por mí, sí ―dijo Alonso.

    ―Por mí, también ―respondió Íñigo.

    ―En vistas de que todos estáis dispuestos, yo no seré quien se raje. ¡Me apunto! ―dijo Pedro―. Pero, eso sí, en el momento en que quieras que paremos…, no te cortes un pelo.

    ―No os preocupéis por eso… ¡Os lo juro! Pero creo que deberíamos buscar un lugar más escondido, no sea que venga alguien. Porque, ahora que lo pienso, es algo que no habíamos pensado antes. ¡Qué vergüenza si viene alguien y nos pilla dale que te pego!

    Todos reímos y ello supuso una especie de desahogo. Nos vestimos, cargamos las bicicletas al hombro y caminamos por un sendero que se perdía en una arboleda. En poco más de diez minutos llegamos a una zona lo suficientemente inhóspita como para que alguien accediera a ella con facilidad. Allí volvimos a despojarnos de las ropas y nos dispusimos a seguir mientras el cuerpo aguantase.

    ―Y…, bueno. ¿Preferís seguir por delante o por detrás? A mí me es indiferente ―les dije al tiempo que acariciaba sus pollas para que volviesen a recobrar su vigor.

    Los tres decidieron por unanimidad la segunda opción. Reconocieron que aquello era algo excepcional que posiblemente no se repitiese en mucho tiempo. Añadieron que no era fácil encontrar a una chica que se dejara dar por el culo con facilidad y tenían que aprovechar la ocasión. Alonso proclamó que, siguiendo un orden estricto, le correspondía ser el primero y se dispuso a pasar a la acción. Pero antes sacó de su mochila una lata de refresco, tomó un poco y jugó con el líquido en su boca. Con un gesto me pidió que reclinara el tronco y que me apoyara con las manos en un arbusto. Con mi culo a su merced, escupió sobre mi ano y repartió aquella especie de baba por el contorno. Acto seguido colocó la verga y comenzó a follarme con ganas. Posiblemente inspirado por cómo lo había hecho Pedro un rato antes. El caso es que aquello que escupió en el agujerito resultó ser mano de santo, porque la verga entraba con suma facilidad y no sentí ningún dolor. De vez en cuando paraba para volver a ensalivar la zona.

    De esa forma comenzó una segunda sesión de sexo frenético y agotador. Los tres se turnaron y emplearon tan a fondo como pudieron. Mis gritos y súplicas fueron en aumento a medida que las enculadas se repetían, en todas las posiciones que nuestras mentes perversas fueron capaces de imaginar. Y es que mis tres amigos consiguieron lo que jamás había logrado nadie: que perdiera la cabeza y suplicase que me follaran hasta la extenuación. ¡Y vaya si lo consiguieron! Me había costado bastante paciencia y una buena parte de mi dignidad, pero he de reconocer que mereció la pena…

    A partir de entonces perdí la noción del tiempo… y del espacio. Llegó un momento en que no sabía qué hora era o dónde estaba. Lo único que me importaba era que me follasen hasta saciarme o hasta que ellos renunciasen. El culito no tardó en resentirse y decir basta, a pesar del invento salival de Alonso. Pedro fue el último en repetir y, por más que me esforzaba en seguir aguantando, su polla no pudo entrar sin arrancar de mi garganta alaridos de dolor. Pero aquella circunstancia no pareció importarle en cuanto le ofrecí la alternativa vaginal. Mi coño fue nuestra tabla de salvación para seguir follando durante un rato más. Al estar prácticamente descansado y bien lubricado con el fruto de mis incontables corridas, el roce producido por aquellas tres pollas era infinitamente menor.

    Tras quedar saciados los cuatro, descendimos y llegamos al arroyo que desembocaba en la poza, esa en la que nos habíamos estado bañando varias horas antes. Al verlo aceleré el paso y me apresuré a meterme en el agua. Sentía la urgente necesidad de refrescar mi culito escocido y maltrecho. Por otro lado, tenía todo el cuerpo pringoso por el semen de mis tres machotes y un olor a perra en celo que tiraba para atrás. No quiero imaginar lo que habría pensado cualquiera que se hubiese cruzado conmigo.

    Al llegar a Ronda nos despedimos efusivamente y Alonso se empeñó en acompañarme a casa. Agradecí su gesto galante, pero sospechaba que pretendía decirme algo de cierta importancia para él. Nos sentamos en el escalón de mi casa y allí me soltó una bomba que no me esperaba. Me dijo que estaba loco por mí desde niños y añadió que lamentaba haberse comportado siempre como un cretino, pero que lo hacía para despertar algún tipo de sentimiento en mí…, aunque fuese negativo. Y concluyó con la siguiente sentencia: ―Si no me quieres como yo a ti, dímelo ahora mismo y dejaré de vagar por un valle de lágrimas―.

    Lejos de enternecerme, como era su propósito, tuve que contener la risa y disimular como buenamente pude. No alcanzaba a imaginar de qué película o culebrón había sacado aquella frase tan cursi. Reconozco que estuvo feo por mi parte, pero es igual que cuando ves a alguien darse un buen golpe e inconscientemente te partes de risa, aunque no sea con mala intención. Es tan inevitable como que te cobren las bolsas en el supermercado o que siempre te toque la cajera fea y antipática.

    Yo creía estar enamorada de él, pero aquella tarde lo cambió todo. Y así se lo hice entender. Ese día me costó Dios y ayuda aguantar en la bicicleta y pedalear durante el trayecto de vuelta. Y aun así tuve que disimularlo para mantener la cabeza bien alta. Había decidido comportarme como una inconsciente, como una salida, y debía cargar con las consecuencias sin que ellos se sintiesen culpables. Aunque no fui yo quien provocó la situación originalmente, bien es cierto que no supe mantener la cabeza fría y conformarme con tres polvos rápidos que nos dejasen satisfechos a todos.

    Tampoco tenía intención de comprometerme tan joven, y mucho menos habiendo descubierto un mundo lleno de posibilidades a nivel sexual. Él no hubiese podido soportarlo. Sin embargo, pareció consolarse con la posibilidad de follar conmigo cuando surgiese la ocasión. Y en este sentido no le fue mal, porque, a pesar de que los dos siguientes domingos no fueron propicios, pronto llegó el verano y los cuatro pudimos repetir la experiencia bastantes veces. Eso sí, adoptando las medidas oportunas para que mi culito no se resintiese demasiado. La primera experiencia me había enseñado una buena lección: no salir nunca de casa sin un buen lubricante anal en el bolsillo. El punto y final a nuestro desenfreno lo puso la llegada de septiembre y la cercanía del inicio de curso en la universidad. Yo iba a cursarlo en la de Málaga y tuve que buscar un piso compartido con otras chicas para economizar. Por descontado que me llevé conmigo el apelativo ‘DELUX’ junto a mi nombre y hasta el día de hoy no me ha abandonado. No podría precisar cuántas veces lo grité aquella tarde, pero debieron ser unas cuantas con cada orgasmo.

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  • Mi comienzo como relaciones públicas o púbicas

    Mi comienzo como relaciones públicas o púbicas

    Hola, me presento, me llamo Lorena, tengo 49 años, los que se hayan leído mi primer relato recordaran como mi suegro, un hombre sesentón pero muy bien conservado, padre de once hijos, entre ellos mi marido, y hombre con un cierto éxito en el mundo de los negocios, tras afrontar un intentó de rebelión de sus hijos, motivado por la decisión de su padre de separarse de su madre y juntarse con otra mujer llamada Sonia, los dominó y tomo una drástica decisión emputecer a todas sus nueras, yo fui, creo la primera a la que se le expuso la opción, o me emputecía con él como dominador, y follador, o mi familia tendría que buscarse la vida lejos de sus negocios.

    Acepté y tuve una sesión muy agradable con él y con su nueva mujer.

    Pocos días después mi suegro me llamó, quería que al día siguiente me presentara en su casa, pero también me preguntó que hacía y al decirle que estaba esperando que llegara un fontanero para hacerme unos apaños en la cañería me dijo:

    -Es deber de las putas de esta familia ser agradecidas con la gente que le hace un servicio y tu debes hacerle otro a él.

    Me pareció increíble, mi suegro me estaba sugiriendo, a la vez que ordenando, que follara con el fontanero, algo típico de las pelis porno, pero que yo me imaginaba que sucediera en la vida real, pero por la cara de mi suegro, puso la cam, me di cuenta de que no admitía replica, así que me puse un vestido muy corto, y espere que, como en muchas pelis porno, estuviera buenorro.

    Cuando abrí la puerta puede comprobar que no había sido así, en primer lugar, el fontanero traía un ayudante, y encima los dos eran unos hombres de unos sesenta años que se notaba que no habían pisado un gimnasio en su vida, salvo para arreglar alguna avería, o sea todo lo contrario a tíos buenos.

    Lo que sí parece es que eran buenos profesionales y arreglaron la avería rápidamente, por ello les dije que, si querían tomar algo, mientras me explicaban en que había consistido lo que habían hecho, mientras yo paseaba por el salón mostrando mi culo que intentaba salirse de mi vestido corto y ajustado.

    Cuando terminaron de explicármelo en un movimiento que quise pareciera de camaradería me senté sobre las rodillas de él fontanero y le dije:

    -Muchas gracias por habérmelo arreglado me hacía mucha falta.

    Como había previsto su polla se puso dura y yo de la forma más puteril e insinuante que pude les dije:

    -¿Sabéis chicos que tengo otra cosa atascada?, e igual vosotros podéis desatascármela con vuestras herramientas, aunque igual si os levantáis, primero desatascó yo las vuestras.

    Y me puse de rodillas en el suelo, ellos entendieron perfectamente mi gesto, se levantaron, y se pusieron cada uno a un lado mío y se quitaron los pantalones y los calzoncillos, sus pollas eran normalitas, pero entendiendo que debía de ser toda lo puta posible les dije:

    -Menudos pollones tenéis tíos.

    No era verdad, pero se lo dices a un tío y se pone a tope.

    Les hice un gesto para arrimar sus pollas y poder lamérselas, en esos momentos oí como el ayudante le decía a su jefe:

    -¿No te había dicho yo, Paco que estas tías pijas pueden ser las más putas a la hora de la verdad?

    -Llevabas razón, respondió el jefe.

    Yo para que vieran que tenían toda la razón, agarre sus pollas con mis manos, una con cada una y las masturbe un poco, les pedí que se acercaran un poco más uno al otro hasta que casi sus pollas tocaron la una con la otra y comencé a darle besitos de forma alternativa, sus pollas se pusieron muy duras y me las fui introduciendo en mi boca de forma alternativa, ellos gemían y uno le dijo al otro:

    -Parece que hemos dado con una zorra de mucho cuidado, que bien las chupa, seguro que esta ha tragado muchas pollas.

    Esperaba que mi suegro estuviera disfrutando del espectáculo que se estaba viendo por la cam del móvil que había situado en un sitio estratégico, en un momento dado el que parecía el jefe me dijo:

    -Esta postura parece un poco incomoda, cambiemos.

    Primero entre los dos me quitaron el vestido, yo no llevaba nada debajo, después se desnudaron del todo ello. Él se sentó en el borde del sofá y yo de rodillas en él, a cuatro patas seguí chupándole la polla, mirando a su subordinado le ordenó:

    -Venga Pepe cómele el coño a esta bella dama, seguro que con la esturada de tu mujer esto no lo haces.

    Pepe se tumbó encima del sofá y con su lengua comenzó a comerme el coño, no es que fuera ningún experto, se ve que su mujer no le daba oportunidades de practicar, pero el morbo de la situación hacía que me resultara perversamente excitante, mientras el feje decía:

    -Da gusto follarse a las mujeres de los ricos, mientras ellos van de triunfadores en la vida, resulta que como seguro que le pasa al marido de esta señora, llevan unos cuernos enormes, jajaja.

    Me daba igual lo que dijeran, llevaban razón de que yo me había convertido en una verdadera puta, solo quería disfrutar del sexo y hacerles disfrutar a ellos, de repente Pepe, sin dejar de lamerme el coño llevó uno de sus dedos a mi culo y afirmó:

    -Paquito esta tía no lo tiene virgen, a saber, las pollas que le habrán entrado por ahí, ¿Le metemos las nuestras?

    -Pues si ella está dispuesta nosotros encantados, le respondió Paco, pero yo el primero, si ella acepta.

    Por supuesto que acepté, tenía que dar un buen espectáculo a mi suegro y de otro lado, después de lo ocurrido con el padre de mi marido estaba descubriendo que, que me dijeran todo tipo de guarradas y me trataran como una zorra me excitaba, entonces Paco me dijo:

    -Apóyate en el sofá para que tenga buen ángulo.

    Lo hice, y sentí como la polla de este entraba en el interior de mi culo, dado que su tamaño no era excepcional no me hizo ningún daño. Empezó a moverse en mi interior mientras decía cosas como:

    -Toma zorra

    La verdad es que yo estaba disfrutando mucho, cuando él se corrió llenó mi culo de leche. En ese momento su compañero dijo:

    -Mirar como tengo la polla.

    La tenía bien dura, me agarró de la cintura y se sentó en el sofá, y sentándome sobre su polla de espaldas a él metió su polla en el interior de mi coño, yo comencé a moverme y él dijo:

    -Hay que reconocer que esta puta pija folla mejor que nuestras mujeres.

    Mientras paco estuvo un rato viendo el espectáculo y dijo:

    -Mirar mi polla esta otra vez en forma.

    Yo en una postura muy complicada giré mi cuerpo, llevé mi cabeza hasta su polla y me la introduje dentro de esta, Paco dijo:

    -Esta tía es fantástica, ni las profesionales lo hacen tan bien.

    Estuvimos un rato hasta que Pepe se corrió y llenó mi coño de leche, en ese momento fue Paco el que dijo:

    -Ahora me toca mi metértela por e coño,

    Y sin tener en cuenta que la leche de su compañero estaba allí me giró y me sentó encima suya, y encajó su polla con mi coño mientras mis tetas se aplastaban sobre su cara que el rozaba, pero Pepe no estaba satisfecho y yo no sé en qué postura se puso, pero el caso es que enchufó su polla en mi culo, de esta manera los dos se pusieron a cabalgarme, debo de confesar que esta actitud tan puteril me tenía muy caliente, por lo que me corrí varias veces hasta que ellos, primero Paco y después Pepe, se corrieron dejando mi coño y mi culo llenos de su leche. Después se vistieron y se fueron, mientras yo me quedé en el suelo tumbada, al cerrar la puerta Paco dijo:

    -Estamos a su servicio señora cuando tenga alguna necesidad de nosotros no dude en llamarnos.

    Yo seguía desnuda llena de leche, tumbada en el suelo cuando mi suegro me llamo:

    -Lo has hecho muy bien Lorenita viéndote me he tenido que follar a Sonia, aunque te has saltado la norma del condón, mañana tienes otra misión.

    Después tras lavarme y ponerme una bata de andar por casa mi suegro me explicó la misión debía de ir a casa de Bernardo, un personaje de un cierto novel económico, con el que mi suegro había tenido desde hacía un tiempo muchas relaciones comerciales, pero en los últimos tiempos estas relaciones se habían enfriado y yo debía convencerle de volver a estrecharlas, además según mi suegro, se le notaba que tenía una cierta atracción hacia mí. Me puse en vestido un poco largo, se trataba de parecer una dama elegante y no una puta, eso sí con unas medias negras, que según mi suegro era lo que hacían que una mujer resultara apetecible a su cliente.

    Fui a su casa alguien de su servicio doméstico me recibió y me hizo pasar al salón donde él estaba, cuando me vio me saludo con un beso apretándome entre sus brazos yo me dejé y nos sentamos juntos en el sofá, le expliqué que venía en representación de mi suegro, que me había invitado a formar parte del negocio, que él era un cliente muy importante para nosotros y que haríamos cualquier cosa para conservarle.

    -¿Cualquier cosa preguntó él?

    -Cualquier cosa, dije yo muy insinuante.

    Él me dijo que le encantaban mis piernas, pero que el vestido que llevaba era demasiado largo quería ver un poco más arriba. Yo me levanté del sofá y poco a poco fue elevando mi vestido hasta llegar a la altura de las ligas de mis medias, pero él no parecía darse por satisfecho y me pidió seguir hasta arriba lo hice hasta la altura de mis bragas y aquí él me lanzó un nuevo desafío.

    Me pidió que me quitara las bragas, yo llevaba debajo un conjunto de lencería negro, procure pensar en cómo lo haría una stripper ante un cliente y me las fui bajando poco a poco, al ver mi actitud complaciente el fue creciéndose, y me pidió que me quitara el vestido y posteriormente el sujetador, de esta manera me quede desnuda ante él.

    -Estas impresionante Lorena, que suerte tiene el cabrón de tu marido que te puede ver así cuando le apetezca y follarte diariamente, me dijo.

    -Si tú quieres tú serás mi marido esta tarde le dije yo.

    Él estuvo un rato mirándome, después se bajó los pantalones y el short, una polla de un buen tamaño quedó libre ante mi vista, e hizo una señal para que me acercase, después me rodeo con un de sus brazos y me dijo:

    -Estas muy buena Lorena

    Con sus manos me sobó las tetas, mientras yo con una de las mías me puse a acariciarle la polla, esta se puso aún más dura, en ese momento decidí arrodillarme, besé su polla y me la introduje en mi boca.

    -Joder Lorena, la chupas de maravilla, mejor que las chicas de los puticlub donde voy para relajarme.

    -Pues como representante de mi suegro, dije yo, estaría encantada de ayudar a que uno de nuestros principales clientes se sienta muy relajado y a gusto.

    Y seguí chupándosela, sus gemidos me demostraban que lo estaba logrando y al final le hice correrse, lo que no se si él notó es que yo me había corrido varias veces, me tragué toda su leche; en ese momento él me dijo:

    -Eres putisima Lorena tus mamadas son mejores que las de la mayoría de las putas de lujo, si el cabrón de tu marido te deja ahí tienes un amplio campo profesional.

    Yo sin hacer caso a sus palabras, volví a acariciarle la polla, que nuevamente se puso en forma ante esto él dijo:

    -Que zorra que eres, se la levantarías a un muerto.

    -Una puta que está dispuesta a follar contigo siempre que te apetezca, a cambio de que tu mantengas tus relaciones comerciales con nosotros, dije yo.

    -Vamos a seguir con esa negociación dijo él.

    Cuando su polla estuvo otra vez lo suficientemente dura el me pidió:

    -Ponte encima de mí y follemos.

    Por supuesto lo hice, primero le puse un condón y luego, me monté sobre su polla, mientras mis tetas quedaron a la altura de su boca y el comenzó a chupármelas, me dijo:

    -Que suerte tiene el cornudo de tu marido, tener esas tetazas para él, no se lo merece, y se las ofreces a todos los clientes de tu suegro, la compañía va a ir estupendamente.

    Yo seguía subiendo y bajando mientras él decía:

    -Que bien follas Lorenita

    Mientras tanto yo continuaba llevando el ritmo, y el chupando mis tetas, hasta que finalmente él me dijo:

    -No pudo más.

    Y se corrió, yo continue con ella dentro hasta que sentí como terminaba de soltar su semen, después me baje, le quité el condón y con mi tanga le limpie la polla, entonces el dijo:

    -Cariño eso no lo hace ninguna puta, por supuesto voy a seguir haciendo negocios con tu suegro, si tú eres la relaciones públicas.

    -Por supuesto, si mi suegro está de acuerdo. Pero bueno para que veas que eres un cliente vip, puedes seguir follandome.

    Con mi mano acaricié la polla de Bernardo, hasta que esta se puso a tope, nuevamente se la chupé, cuando estaba a punto le puse el condón, él me dijo:

    -Lorenita, vuélveme a montar, pero esta vez quiero que te pongas de espaldas a mí, quiero sentir tu culo rozando mi vientre.

    El cliente siempre tiene la razón y si es vip mucho más, pero es que encima me encantaba, así que me dispuse a complacerle. Me puse encima de él y de espaldas y como haría una amazona con un caballo, le monté, encaje su polla, con mi coño nuevamente, y nuevamente comencé a subir y bajar.

    -Quien lo hubiera pensado de una mujer que parecía tan decente, jajaaj, dijo él

    -¿Preferirías que lo fuera? Dije yo

    -Por supuesto que no Lorenita, me alegra que seas Tan puta, me respondió.

    Mientras conversábamos yo seguía cabalgando su polla, cosa que sus gemidos parecían indicar que a él le encantaba. Y así estuvimos hasta que él se volvió a correr, nuevamente repetí el proceso anterior, él me pidió que se la volviera a poner dura, y entonces me preguntó:

    -¿Me dejas que te la meta por el culo?

    -Por supuesto cariño, le contesté.

    Me puse a cuatro patas y el me la metió por el culo, lo hacía con desesperación, e hizo que me volviera loca de placer, hasta que se volvió a correr, llenándome el culo con su leche.

    Después nos vestimos y salí de su casa, es te fue mi inicio en el negocio de mi suegro como relaciones públicas, bueno más bien púbicas.

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  • La hermosa amiga de mi sobrina (parte 3)

    La hermosa amiga de mi sobrina (parte 3)

    Inaugurando el culito de Pamela.

    Carito la ayudo a Pame a levantarse mientras le decía que era su turno, se sentó sobre mí dándome la espalda y poniendo mi pija en su culito, moviéndose lentamente la comió entera. Pame miraba todo asombrada.

    -“¿No te dolió?”, preguntó. “En las tres experiencias que intenté el sexo anal o no pude o me dolió mucho y ni lo gocé”.

    -“Ahora que termine conmigo, mi papi te va a mostrar que lindo que es el sexo anal bien hecho, ¿no papi?”, le dijo Caro.

    -“Si, así es. Pero ayudame con Carito”, le dije a la morocha. “Mientras disfruto su culito, abrazala, acariciala, lamela”.

    Pame se puso de rodillas frente a Caro y se besaron y le chupó los pezones. Yo le tomé una mano y la llevé a la conchita de Caro indicándole a la morocha que la acaricie ahí mientras yo le tomaba las tetas a mi nena y le cogía el culo. Fue demasiado, en menos de tres minutos la sacudió un orgasmo mientras se refugiaba en los brazos de su amiga. La ayudamos entre los dos a sentarla en el sofá y me dediqué a Pame. La llevé a la cama, la acosté boca arriba y me dediqué a lamerle la conchita y chuparle el clítoris mientras mi dedo lubricado suavemente jugaba en la puerta de su culito.

    Mientras se calentaba por mi boca comiéndole el chocho, la colita se iba calentando y permitiendo a mi dedo entrar. Después cambié mi dedo por un dildo, le apliqué el vibrador mientras seguía chupándola. Cuando acabó, su culito estaba bien dilatado. La puse boca abajo, le volví a lubricar y me acomodé sobre ella poniendo mi pija en su colita. Se notaba que estaba expectante y tensa, pero sin negarse. Me llevó un largo rato de puertearle el culito hasta que entró la cabeza y ella se sobresaltó.

    -“¿Te duele Pame?”

    -“No, no. Apenas. Esperá un poco”

    -“Aflojate y dejá que te coja toda, vas a ver que lindo”, le dijo Caro que se nos unió, acostándose al lado de su amiga, acariciándola y dándole piquitos. “Después vas a querer que siempre te haga la cola, te lo juro. Mirame a mí y solo pensá en como vas a disfrutar”

    No sé si la cercanía de su amiga la calmó y se fue aflojando o la calentura barrió con sus temores, pero mi pija entro suave y delicadamente hasta enterrarse en ese culo precioso. Pame jadeaba, estrujaba las sábanas y gemía mientras Caro la besaba. Al rato ella misma se movía para recibirme entero y en poco tiempo estaba culeandola con todo mientras la morocha se contorsionaba bajo mío hasta acabar con un grito, abrazándose a la almohada y mordiéndola. Me quedé un rato dentro de ella gozando su cola y después me acosté a su lado.

    -“ Vení Pame, vamos a pajearlo a Erni”, dijo Caro. “¿Viste alguna vez saltar la leche ¿no?, Vení”.

    Y las dos se dedicaron a masturbarme, acariciarme los huevos, decirme de todo hasta que acabé con mis manos en las colas de ambas y ellas disfrutando de ver mi acabada. Las dos me lamieron hasta no dejar ni gota de semen y se acostaron, una a cada lado mio, las abracé y les pregunté si habían disfrutado el trío.

    -“Si”, dijo Pame inmediatamente. “Mucho”

    -“Queres volver a coger con nosotros”, pregunté y dijo que si, cuando quieran.

    -“¿Vos Carito? ¿te gustó?”

    -“Si papi. Vas a tener que alimentarte bien porque tus dos nenas te van a gastar”.

    -“Ok. Vengan”

    Me levanté, las hice juntarse y les dije que me iba a bañar, pero que ellas podían seguir cogiendo, esta vez sin mí. Se empezaron a dar caricias suaves y piquitos, tímidamente. Cuando después de bañarme salí de la ducha, estaban trenzadas en un 69 y me senté a disfrutar del espectáculo. Me miraron, sonrieron y volvieron a lamerse y acariciarse. Me calentó verlas.

    Me acerqué a la cama, las puse lado a lado y me acosté atrás de Caro mientras las dos seguían con su sexo. Le puse la pija en el culo que Caro empujó hacia mí para recibirla, estaba muy caliente. Mi pija entró sin problemas en esa cola y la cogí a la par que se seguía dando con la morocha y terminó hecha un sándwich, gritando y abrazada de su amiga.

    -“¿Acabaste Pame?, le pregunté.

    -“No”.

    Sali del culito de Caro, me cambié de lugar poniéndome detrás de Pame y fui directo a cogerle el culo mientras ella también sacaba la cola para recibirme. Esta vez la morocha no tuvo problemas en comerse mi pija hasta el fondo y mientras seguía abrazada a Caro, le pegué una culeada sin reparos ni cuidados. Gimió, gritó y terminó en espasmos de orgasmo mientras le llenaba el culo de leche.

    -“Te dije que ibas a querer que te vuelva a hacer la cola”, le dijo Caro sonriendo.

    Desde ese día volvimos varias veces a invitarla a Pame a la cama y estoy segura que alguna que otra vez las dos nenas se vieron solas para coger entre ellas.

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  • Te quiero mucho, cornudo mío

    Te quiero mucho, cornudo mío

    Y cada día te amo más. No lo puedo evitar. Cuanto más cornudo eres más te amo; cuanto más te humillas ante mí y mis amantes más te quiero. Eres un cielo de marido. El mejor esposo. Lo supe cuando te conocí en el instituto. Nos hicimos novios muy jóvenes y tú sabías que me había follado a todos los tíos buenos del instituto. Sólo a los tíos buenos, a los guapos y cachas; esos machos que te mojan el coño cuando te miran. Con sólo mirarte.
    Ahora nos hemos casado y, como es natural, sigues siendo cornudo. Porque en el instituto seguí follando con otros, pese a que ya éramos novios. Y tú los sabías. Y callabas. Supe que te gustaba ser cornudo y que te humillara, porque una vez que me dijiste no sé qué cosa de un amigo tuyo que me había follado, te di una fuerte bofetada y tú te arrodillaste, me besaste la mano y me pediste perdón. Lo sospechaba, pero entonces tuve la confirmación. Y seguí follando con todos los tíos buenos que me encontraba, incluidos los profesores.
    Nuestro noviazgo fue muy excitante y gozoso porque me follé a todos tus amigos íntimos, esos con los que veías el fútbol. Y tú lo sabías. ¿Te acuerdas? Incluso te asomabas a la puerta cuando estabas viendo el partido con ellos y yo me los iba follando a todos por turnos. Por eso me gustaba tanto que los trajeras a casa para ver el partido. Mientras los demás veíais el encuentro yo me los iba follando uno a uno. Y de vez en cuando tú te asomabas a la puerta del dormitorio y te acariciabas tu pollita. Porque tienes pollita, cariño. Y los demás polla. Tienes clítoris y los demás pollones. Por eso cuando te pongo mis bragas se te pone durita.
    Ahora estamos en nuestra noche de bodas y, como es natural, te voy a poner los cuernos con todos tus amigos que han venido a felicitarte. Sé que vas a disfrutar mucho, cornudo. Lo sé porque les has dado a todos ellos un papel con el número de la habitación. Ha salido de ti. Yo no te he dicho nada. Eres un cielo de novio y ahora de marido. Me consientes y me haces feliz. Muy feliz. No sabes cuánto.

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  • La fiesta de cumpleaños

    La fiesta de cumpleaños

    Fue el gracioso de mi marido el que insistió en que la fiesta de mi cumpleaños fuera algo especial, debido a que en ese año cumplía ya los treinta. También fue él quien decidió que la fiesta fuera de disfraces y que los nuestros, en recuerdo de una graciosa anécdota del viaje de novios por Grecia, que no viene al caso, fueran de Minerva y el minotauro.

    Él se encargó de organizarlo todo con la ayuda de nuestros amigos incluyendo, incluso, la elección de nuestros trajes. La verdad es que el suyo le quedaba casi perfecto, pues parecía totalmente un toro puesto de pie, al que solo se le veía la boca, ya que hasta los ojos quedaban ocultos detrás de la graciosa mascara. Pero yo me sentía algo incomoda con el mío, dado que este era bastante más descocado de lo que yo me suelo poner.

    Estaba confeccionado en su totalidad con unas finas gasas lilas, blancas, azules y verdes que, aunque se superponían unas sobre otras por toda mi anatomía, apenas si velaban mis rotundas formas. Mi marido lo arreglo a su manera, como de costumbre, comprándome para la ocasión un minúsculo bikini rosa de lacitos que apenas desentonaba con el resto del conjunto, y que ocultaba, al menos en parte, mis abundantes y prominentes encantos.

    Digo esto porque la parte inferior de la prenda era un minúsculo tanga, que por delante malamente cubría mi espeso y oscuro vello pubico, y que por detrás se reducía tan solo a una especie de cordelito que se introducía entre mis dos medias lunas. Por suerte tomo frecuentes sesiones de rayos uva, y el tono moreno que lucia mi cuerpo hacia que mis doradas nalgas desnudas no destacaran demasiado bajo las tenues gasas que lo cubrían.

    A diferencia de mis pletóricos y voluminosos senos, a los que los diminutos triángulos superiores del bikini no cubrían ni tan siquiera en una tercera parte, ya que mi poderosa delantera desbordaba la ridícula pieza por todos los lados. Así que, después de discutir en vano este tema con mi marido, hube de conformarme con que la prenda cubriera mis gruesos pezones puntiagudos y muy poco más, que ya era algo. Eso si, confiando en que el estrambótico disfraz disimularía de alguna forma el resto de mi exuberante anatomía.

    De todas formas ya estaba acostumbrada a ser el centro de atención en la mayoría de las fiestas a las que asistía, pues mis generosos atributos, asombrosamente firmes si tenemos en cuenta su gran tamaño, unidos a una esbelta cintura, a base de régimen y deporte, sin olvidar un trasero bastante respingón, atraen la mirada de los hombres como la miel a las moscas.

    Mi marido no solo se ha resignado ya a ello, sino que parece disfrutar bastante viendo los apuros que pasan nuestros amigos para lograr apartar sus ojos de mi cuerpo. No es pues de extrañar que tenga la fama de calienta pollas, con perdón, que tengo entre nuestras amistades masculinas. Pues nunca he permitido que ellos se apoderen de lo que tanto ansían. Y cuando alguno, mas osado de lo que sería deseable, ha puesto las zarpas en algún sitio donde no debía pronto lo he apartado, con mi mirada o con mis manos; demostrándole, lo mas claramente posible, que mi cuerpo solo le pertenece a mi esposo.

    Esa noche memorable mi marido me retuvo en nuestra alcoba del piso superior, estando ya disfrazada para la ocasión, hasta que hubo reunido en el salón a todos los invitados a la fiesta. Solo entonces me permitió bajar, dándome una sorpresa mayúscula, cuando me presento a nuestros amigos; pues todos, sin excepción, llevaban el mismo disfraz que él. Hombres y mujeres solo se diferenciaban por el grosor y la altura, y las mejor dotadas por aquellos atributos que no habían conseguido disimular.

    Al principio fue una velada realmente maravillosa, en la que mi marido disfrutaba como si fuera un niño pequeño, mezclándose entre el resto de los invitados para que yo nunca estuviera segura de donde estaba él en realidad. Todos los asistentes volcaban sus atenciones sobre mí, procurando que mi copa estuviera siempre llena, y disputándose el honor de ser mi pareja de baile. No había forma de saber con quienes, ni cuantas veces, baile aquella noche. Pero me divertía horrores cuando algunas veces descubría quien era el galán que me acompañaba, sobre todo cuando este resultaba ser una mujer que se había hecho pasar por hombre.

    Conforme pasaban las horas las piezas rápidas fueron cediendo su lugar a las baladas, y las luces se fueron apagando poco a poco para que la suave penumbra que nos envolvía animara a los enamorados. Por otra parte el alcohol también empezaba a hacer su efecto en mi, logrando que apenas pudiera distinguir ya a un solicito acompañante de otro.

    Supongo que fue mi marido el que ideo la forma de acariciarme mientras bailábamos. Ya que durante una pieza larga y lenta apretó contra mi trasero una de sus manos, sujetando así la manga vacía de su otro brazo como si ambas estuvieran juntas, pues el otro brazo se encontraba oculto dentro del amplio disfraz. Así, con solo abrir un poco la cremallera del mismo, tuvo un acceso directo hasta mi delantera, que continuaba unida a la suya.

    Me halago, y sorprendió, ver como se las ingeniaba el picaron para poder acariciarme, haciéndome recordar nuestra azarosa juventud. Devolví vehemente sus ardientes besos, permitiendo que sus manos deambularan a placer sobre mis turgentes colinas. La verdad es que no me importo demasiado que luego me tocara ambos senos por debajo del bikini, ávidamente, jugando con mi rígido pezón mientras me besaba de un modo muy lujurioso.

    Yo pensaba, con bastante ingenuidad, que ningún invitado se daría cuenta de lo mucho que disfrutábamos ambos con tan insólita situación. Pero el sujeto que yo creía que era mi marido bailaba cada vez mas piezas conmigo; besándome y manoseándome, ansioso y muy excitado, mientras duraba la pieza musical, y el alcohol me iba embotando del todo.

    Pero no estaba aún tan embriagada como para no darme cuenta de que eran las largas y afiladas uñas de una mujer las que me estaban pellizcando el sensible pezón, con bastante habilidad, mientras ambas bailábamos. Alce mi cara, reflejando en mi mirada la sorpresa que acababa de llevarme, intentando distinguir que viciosa se ocultaba tras la máscara. La mujer, emitiendo una risita muy curiosa, aprovecho la forzada postura de mi rostro para sellar con su ardiente boca mis labios entreabiertos, dándome uno de los besos mas apasionados que yo recuerdo, al tiempo que lograba endurecer por fin mi rosado fresón.

    Se me cayó el alma a los pies cuando caí en la cuenta de que esa risita tan peculiar solo podía pertenecer a una de mis jefas de la oficina, que además estaba casada con el mejor amigo de mi marido. Cuando sus fogosos labios por fin soltaron los míos sepulte mi cara en su hombro, turbada y abochornada, pues me daba cuenta de que ella era solo una mas entre todos los licenciosos que habían estado jugueteando con mis pechos mientras bailábamos, pues es seguro que fueron bastantes los invitados que imitaron a mi esposo para abusar de mí.

    Y lo peor es que mi marido era el que había consentido, o al menos iniciado, la ronda de tocamientos; divirtiéndose, con ellos, a costa de mí y de mi cuerpo.

    No bien termino la pieza de música me marche, disparada, hacia el cuarto de baño, pues ahora que sabía lo que estaba pasando necesitaba soltar las lágrimas antes de que algún otro libidinoso desconocido quisiera bailar conmigo.

    Pero no pudo ser, pues nada mas entrar me di cuenta de que ya estaban dentro otras dos chicas, ambas con el disfraz bien abierto para poder satisfacer sus necesidades, dejando a la vista su atrevida ropa interior. Aun no había decidido si prefería esperar a que terminaran o marcharme cuanto antes a mi dormitorio, cuando irrumpió en el aseo la que acababa de ser mi pareja de baile; y que cerró la puerta, con pestillo, nada mas entrar, haciéndose cargo enseguida de la situación.

    Mi jefa, sin darme siquiera tiempo a protestar, empezó a secar mis primeras lágrimas con una toalla, mientras me decía que no tenía que ser tan tonta, que un cuerpo tan soberbio como el mío estaba hecho sobre todo para disfrutar, y que justamente ahora empezaba la edad en la que tenía que sacar el mayor provecho de todos mis conocimientos sexuales. Mientras me decía estas frases, y otras similares, seguía secando mis lágrimas, hasta que estas poco a poco dejaron de brotar. Las otras dos chicas la apoyaban en sus todas sus aseveraciones, añadiendo comentarios bastante subidos de tono para confirmar sus ideas.

    A una la identifiqué rápidamente como la hija de los vecinos, bastante tímida y apocada por cierto, y la otra nunca supe quien fue. Mi jefa, al ver que por fin me estaba calmando, procedió a quitarme la parte superior del escueto bikini, asegurándome que ya no valía la pena esconder por mas tiempo unas cosas tan bonitas. Aunque mi imagen, reflejada en el espejo, me permitía ver lo mucho que destacaban mis oscuros y gruesos pezones, ahora bien endurecidos, sus continuas alabanzas y caricias lograron disuadirme. Además las jovencitas, en cuanto estuvieron los fresones a la vista, se lanzaron como dos fieras hambrientas a saborearlos.

    Mi jefa, condescendiente, permitió que las chicas saciaran su sed en mis grandes globos, mientras ella separaba mis muslos suavemente, con ambas manos, para que sus largos dedos pudieran introducirse con mayor facilidad en mi húmeda y acogedora hendidura. Mi primer orgasmo fue tan intenso y violento que no me quedaron fuerzas ni para gritar. Y es que he de reconocer que mi viciosa jefa sabia manejar sus suaves manos con una habilidad extraordinaria, introduciendo dos o más dedos hasta el fondo de mi gruta con la cadencia adecuada para que sus deliciosos masajes en el clítoris me destrozaran de gozo y placer.

    Una de las chicas termino de quitarme la parte de abajo del bikini, que ya no volví a ver mas, para que su apasionada boquita no tuviera ningún obstáculo a la hora de saborear mi empalagosa fuente privada. Al mismo tiempo la otra jovencita seguía entusiasmada con mis apetecibles ubres, besando y mordisqueando los gruesos pezones, dulcemente, mientras amasaba toda la prieta carne que sus pequeñas manitas le permitían abarcar. Mi jefa, amorosa, libero uno de sus pequeños, pero firmes, pechos de debajo del disfraz para que yo también tuviera un lugar donde posar mis labios, y para que mis gemidos no se oyeran por toda la casa cuando alcance el segundo orgasmo de aquella velada, aún más violento que el anterior.

    Las dos chicas se turnaron entonces en la agradable tarea de limpiar mis sabrosos flujos íntimos con sus ardientes y expertas boquitas, cuidando de no provocarme un nuevo orgasmo, mientras mi amable jefa volvía a velar mis encantos con las tenues gasas, besándome, cariñosa, al tiempo que me acompañaba de nuevo al salón. Lo último que vi antes de abandonar el cuarto de baño fue a las dos jovencitas lesbianas masturbándose la una a la otra, febrilmente, mientras se devoraban mutuamente a besos.

    Parecía que todos los presentes habían estado aguardando anhelantes mi regreso, pues nada mas entrar en el salón hicieron que se parara la música que sonaba, y las parejas que habían estado bailando formaron un amplio circulo, dejando el centro despejado para mi. Allí fue donde alumbro una potente luz rosada, procedente de un enorme foco que había traído mi esposo durante mi ausencia, mientras escuchaba una melodiosa música árabe.

    Yo estaba ya tan encendida que solo dude un breve instante antes de situarme bajo la luz para realizar el baile sinuoso que todos los invitados estaban esperando impacientemente. Reconozco que no soy una gran bailarina, pero tampoco hacía falta esmerarse mucho, pues todas las miradas estaban fijas en el pesado bamboleo de mis opulentos senos, y en la oscura sombra triangular que tan consideradamente se clareaba bajo las tenues gasas.

    Apenas deje caer al suelo el primer velo cuando ya las enronquecidas voces clamaban por la caída del siguiente. Así que mientras danzaba les fui complaciendo, poco a poco. Cuando acabo la alegre melodía solo me quedaba puesto uno de los velos más largos, de un llamativo color azul celeste. Este velo, que tenía su origen bastante mas arriba de mis rodillas, pasaba por debajo del cinturón de cascabeles y ascendía luego hasta tapar uno de mis pechos, después de rodear mi cuello por detrás bajaba para ocultar el otro pecho antes de volverse a introducir por debajo del cinturón y acabar de nuevo donde comenzó.

    Con solo dar un pequeño tirón logre que los dos extremos de la gasa coincidieran en mi intimidad, con la vana esperanza de que la ocultaran un poco más. Lo cual era del todo imposible; pues, con solo mirar hacia abajo ya me daba cuenta de que la tenue gasa lo único que lograba era dar un curioso tono azulado a mis opulentos pechos, logrando que mis pezones destacaran aún más, gracias a su nuevo y llamativo color violeta oscuro. No me moleste siquiera en mirar como había quedado mi intimidad, ya que estaba segura de que mi espesa pelambrera rizada tardaría bien poco en asomar fuera de su protección.

    Nada mas apagarse el foco que me iluminaba volvieron a sonar las sosegadas notas de una romántica balada. Y antes de que lograra recuperara el control de la visión ya estaba entre los brazos de un desconocido, que me obligaba a seguir el compás de la música. Ni siquiera habíamos dado un par de vueltas cuando el excitado minotauro volvió a recurrir al truco de antes para alcanzar mis pechos. Esta vez, a pesar de no saber quien era el tipo que me sobaba, decidí apoyarme en su hombro, y dejar que la velada siguiera su curso.

    Pero los demás minotauros no se podían quedar impasibles viendo mi desnuda grupa al aire y, casi de seguida, empecé a notar como unas ansiosas manos, distintas a las de mi fogoso acompañante, amasaban mis prietas carnes indefensas. También les deje actuar. Viendo mi completa pasividad pronto me encontré rodeada de muchos viciosos galanes, que lo mismo besaban mis labios, que jugaban con mis senos desnudos, o acariciaban mis nalgas, explorando a fondo su oscura separación, penetrando cada vez mas en ella.

    A ninguno pareció importarle que mi baile se volviera torpe y descompasado cuando los dedos de mis amantes encontraron la estrecha abertura de mis orificios, y la recorrieron a placer, profundizando en su interior impunemente. No recuerdo ya si fueron tres o cuatro los orgasmos que alcance de esta manera, amortiguando mis grititos en las bocas que me devoraban, hasta que las piernas se me quedaron tan débiles que no me podían sostener.

    Luego uno de ellos, fuerte como el toro del que iba disfrazado, me llevo en brazos hasta mi alcoba, donde le cupo el inmenso honor de ser el primero en poseerme, rudamente, como no podía ser menos. Su grueso aparato penetraba rítmicamente en mi encharcada intimidad, como un pistón enloquecido, mientras el resto de los minotauros me terminaba de desnudar. Sus múltiples manos me torturaban y mataban de placer por igual, al tiempo que obligaban a las mías a hurgar dentro de sus disfraces y acariciar sus aparatos.

    Como ya supondrán lo que sucedió a partir de ese momento fue un desfile interminable de miembros buscando algún orificio por donde penetrarme; recurriendo, al final, a mis labios, para depositar su esperma en mi boca, como si de un preciado regalo se tratara. Yo, como una complaciente muñeca de trapo, adoptaba las posturas más inverosímiles para que mis innumerables amantes cobijaran sus rígidos bastones en el agujero deseado, pues todos sabían ya que yo gozaba de igual manera ya fuera por delante o por detrás.

    Cuando no estaba absorbiendo sus cálidas esencias vitales estaba saboreando los pechos, e incluso las grutas, de todas aquellas mujeres que querían compartir su placer conmigo. Creo que no sabría narrarles lo llena que me sentí, con todas esas manos acariciando cada centímetro de mi suave piel, y aquellos rígidos aparatos llenándome por completo. Ni siquiera recuerdo el final de la orgía, pues me quede dormida, de puro agotamiento, cuando tenía todavía un grueso aparato perforándome por la entrada posterior, y yo aún no había terminado de tragarme la espesa papilla que acababa de inyectarme en la boca mi anterior amante.

    Al día siguiente no me pude levantar hasta mediada la tarde y, cuando lo hice, mi marido se había encargado de limpiar hasta el último resto de la fiesta. Mi jefa también supo excusar que tardara todavía un par de días en volver a la oficina. Y tanto ella, como mi marido, como todos aquellos amigos que fueron invitados a mi cumpleaños se comportan como si allí no hubiera pasado nada fuera de lo corriente.

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  • En el hotel

    En el hotel

    Desde hace unos meses para mantenerme en forma comencé a practicar la danza del vientre, me gusta mucho, así que decidí darte una sorpresa, con una danza especial, escogí por internet un hotel para parejas discreto, ni siquiera hace falta pasar por recepción, tiene un parking desde el que accedes directamente a la suite, todas las habitaciones son suites temáticas, la nuestra es la de temática árabe, toda ella está decorada como si fuera la habitación de un palacio árabe, con sus azulejos y sus marmolillos, aunque con algunos pequeños detalles modernos, tiene un baño turco, sauna, jacuzzi, piscina, televisión LCD de 50 pulgadas, cama de agua de 150 con dosel y espejos en el techo, ideal para todo lo que tengo en mente.

    Tú aún no sabes nada, pero aprovechando que son los carnavales, te pedí que vinieras a una fiesta vestido de árabe, lo que no sabes es que la fiesta es para nosotros dos. Mi vestido está compuesto por y únicamente por siete velos para realizar la danza ancestral erótica por excelencia, me ha costado un poco aprenderla pero creo que merecerá la pena, me llamas al móvil, me dices que estas llegando, te doy el número del parking y te digo que subas por la puerta de la derecha, tú me comentas que el sitio es un poco raro, te digo que confíes en mí que te va a gustar, para abrir la puerta tienes que marcar un código, mientras llegas, pongo la música, bajo la iluminación para un ambiente más íntimo y te espero en la cama con el dosel echado, desde la puerta solo veras mi silueta.

    Abres la puerta, yo te veo pero tú a mi aún no, me llamas te pido que te sientes en el suelo, que está lleno de cojines al estilo árabe y que mires hacia la cama y disfrutes, comienzo la danza sobre la cama, me muevo al compás de la música, me deslizo fuera de la cama, te me miras como hipnotizado, muevo las caderas al compás de la música, mientras me voy acercando a ti, tu alzas los brazos para tocarme pero yo me alejo de ti y te digo que no con la cabeza, sigo bailando al son de la música mientras me quito uno de los velos, te lo lanzo y tú lo coges, te lo llevas a la cara y te frotas con él.

    Sigo danzando esta vez voy rodeándote entre los cojines, cae el segundo y el tercer velo, tú los vas acumulando, tu respiración es agitada, dirijo una breve mirada a tu entre pierna, veo que la chilaba blanca que llevas se ha formado una tienda de campaña, me acerco a ti para darte el cuarto velo y te pregunto al oído se llevas puestos tus bóxer, tú me niegas con la cabeza, te susurro que me alegro, sigo danzando, fuera el quinto, quedan dos, me sitito detrás de ti y con el sexto te lo paso por toda tu cara suavemente, acariciándote con él, con el ultimo velo estoy enfrente de ti.

    Lo voy deslizando por todo mi cuerpo, pasándolo sensualmente por mis pechos y mis partes más íntimas, te lo lanzo lo coges y te lo llevas a tu nariz aspirando el aroma, ahora solo voy vestida con un pequeño cordón dorado en la cintura que sujetaba todos los velos.

    Ahora estoy encima de ti bailando los últimos compases, tu deshaces el nudo del cordón dorado, ahora si estoy completamente desnuda, la música y el baile han terminado, te pregunto si te ha gustado, me dices que mucho, y que mire en el estado que te he dejado, llevo mi mano a tu erección, la paso por encima de la tela, tú me vas acariciar los pechos, te digo que aún no, que me dejes hacer, subo la tela de tu chilaba, me meto por debajo y llego a tu polla, erecta y necesitada de mimos, la acerico con mi lengua, le voy dando pequeños lametones por todo el tronco llegando a los testículos, les doy pequeños mordisquitos, tu gimes y me pides que continúe.

    Me los meto en la boca, los absorbo, primero el derecho luego el izquierdo, ahora vuelvo a dar pequeños lametones subiendo por el troco, tú me acaricias por encima de la tela, intentas quitártela pero yo te la impido, gruñes y te pido paciencia, continuo lamiendo tu glande, limpiando esas gotitas pre seminales tuyas y que me gustan tanto, me recreo en tu glande, está tan delicioso, lo chupo como si fuera un helado, con mi mano voy acompañando los movimientos de mi boca, el ritmo que imprimo es lento, controlando todos y cada uno de mis movimientos, tu agarras con tus manos los cojines en los que estás medio sentado.

    El ritmo va subiendo poco a poco, sigo recreándome en tu polla, cada vez mas tiesa, mi lengua acaricia las venas hincadas de tu polla, ahora voy un poco más rápida, tus jadeos, son más intensos, dentro, fuera, dentro fuera, libero tu polla de mi mano y me la introduzco toda hasta el final de mi garganta, mi lengua juguetea con todo el tronco, me la saco y tomo aire, vuelvo a meterla, tú me dices que si sigo así te vas a correr, te digo que adelante, acelero el ritmo, quiero que te corras, tu comienzas a descargar en mi boca, yo voy tragando todo, por ultimo te dejo tu polla completamente limpia.

    Salgo de debajo de tu chilaba, nos miramos y nos sonreímos, aun nos queda mucho por disfrutar, te ayudo a quitarte la chilaba, te digo que tenemos todo el fin de semana, sonríes y me preguntas que más tengo preparado, sorpresas te contesto y te señalo un gran bolso que está al lado de la cama, te levantas y vas a curiosear, me rio, estoy tumbada de lado entre los almohadones, rebuscando en el bolso sacas una pequeña botella de aceite con esencias a jazmín, mi preferido, me lo enseñas y asiento con la cabeza, me tumbo boca abajo, tú te sientas encima de mí.

    Me encanta sentir tu peso en mi cuerpo, viertes un poco del aceite en tus manos, las colocas sobre mis hombros y vas dándome un pequeño masaje, más que masaje, acariciándome, mi piel se eriza, continuas bajando por mi espalda, con tus dedos gordos recorres mi columna vertebral, bajando, deteniéndote en el comienzo de mi culo, vuelves a subir lentamente y a bajar más lento, mi relajación es total, no te duermas me dices al oído, te vuelves a echar más esencia en tus manos, ahora en mis glúteos, acariciándolos un poco más enérgicamente que mi espalda, doy pequeños gemidos, al sentir tus manos en mi coño, pero ha sido una pequeña pasada rápida.

    Te concentras en mi pierna derecha, en el pie derecho presionando con tus dedos la palma y entremetiéndolos con los míos, pasas al pie izquierdo, luego pierna izquierda, vuelves a dar una pasada a mi coño, que se está mojadito, sigues subiendo hasta mis hombros, ahora recorres todo mi cuerpo sembrándolo de pequeños besos, por toda la espalda, bajando por una pierna, subiendo por la otra, le das uno profundo y con lengua a mi coño encharcadito, vuelves a subir.

    Me doy la vuelta, nos besamos muy profundamente, juntando nuestras lenguas, mordisqueando los labios inferiores, me das pequeños besos por toda mi cara, ojos, mofletes, nariz, labios, barbilla, cuello, hombro, pechos, concentrándote en ellos, metiéndote en tu boca mis pezones, chupándolos como si fuera un niño pequeño, me retuerzo de placer, tus manos acarician mi coño, empapado en mis fluidos, sigues dándome besos por mi tripita llegando a mi coño, lo besas y sigues besando, abro bien las piernas, tu lengua comienza a lamerme, realizas pequeñas penetraciones con ella, yo abro mas mis piernas.

    Con tus manos separas los labios para poder lamer más profundamente, mordisqueas mi clítoris, hinchado enormemente, yo cierro mis piernas entorno tuyo, nos miramos, tú sigues lamiendo y mordisqueando mi coño, vas acelerando el ritmo, yo acaricio tu cabeza, tus manos masajean mis glúteos, comienzo a correrme, me agarro fuertemente a los almohadones, tu continuas lamiendo más fuertemente, que corrida más intensa, nos abrazamos y quedamos abrazados entre los almohadones.

    Nos levantamos, me pongo encima una neglille roja oscura con puntilla en negra, tú me das el visto bueno con una gran sonrisa, nos dedicamos a recorrer la suite, comenzamos con la piscina, me dices que es un buen sitio para que aprenda a nadar, te digo que sí, que tienes el finde para que me enseñes, pasamos a la sauna y baño turco, tienen buena pinta, pero impresionante es el jacuzzi, me dices que estoy poniendo cara de niña traviesa y que te encantan mis travesuras, pero ese jacuzzi tiene un potencial que no vamos a desperdiciar.

    Abrazados continuamos por la suite hasta el pequeño saloncito todo muy arabesco, la mesa amplia, con un grabado de damas o ajedrez, las sillas muy bonitas, como pequeños tronos árabes, también hay muchos almohadones, en los que hemos comenzado este fin de semana una televisión de LCD de 50” y la preciosa cama grande, que tiene un colchón de agua.

    No puedo resistirme y como la niña caprichosa que soy, me lanzo sobre ella, el movimiento que se genera me divierte y me hace reír, tu también me imitas, el movimiento se hace más fuerte, nos reímos los dos, comienzas a hacerme cosquillas, sabes que tengo muchas y me encanta, continuamos besándonos, nuestras lenguas se abrazan y se solapan den un beso profundo y penetrante, me mordisqueas el labio, notas como a través de la neglille emergen mis pezones, están tan tiesos y duros, te digo que sean puesto así para llamar tu atención, que necesitan tus mimos.

    Tú los besas por encima de la tela, yo mientras acaricio tu polla que se está poniendo tiesa, como a mí me gusta, me susurras que te monte, te digo que antes tengo una sorpresilla, me levanto y me voy a mi bolso, mientras estoy buscando te he dado la espalda y tú te has levantado, me dices que no puedes evitar tocar mis caderas, las acaricias por encima de la tela.

    Del bolso saco un anillo vibrador desechable, que lleva un pequeño apéndice, te lo enseño, te ríes y me dices pícaramente que te lo ponga, te tumbas en la cama boca arriba, te lo coloco en la base de tu polla y aprieto el pequeño botoncito, comienza a vibrar y me dices que notas una sensación especial, me coloco encima de ti, tú me quitas la neglille para poder tocarme los pechos, sitúo mi coño empapado a la altura de tu pene, antes de que yo comience a descender tú me embistes y me penetras.

    Me encanta sentirte tan profundamente, antes de que comencemos a movernos ajusto a la altura de mi clítoris el pequeño apéndice del vibrador, es impresionante el placer, el movimiento vibratorio y los del colchón, hacen que todas nuestras terminaciones nerviosas estén alerta y sientan de una forma nueva e intensa, no me muevo, no quiero despegarme ti, es casi sexo tántrico, voy realizando pequeños movimientos constringentes con mi vagina, apretándola contra tu polla, poco a poco, voy moviendo mis caderas en círculos, como un pequeño baile encima de tu polla, siento como te estoy dejando empapado con mi flujo constante.

    Tú sigues acariciando mis pechos, me inclino hacia delante, pegándome a ti, te beso en la boca, voy descendiendo hasta llegar a tu pecho, me concentro en besarle, acariciarle, tú te mueves un poco, necesitas moverte, yo soy incapaz, no quiero que pare ese placer, me incorporo y me echo para atrás, para que vuelvas acariciar mis pechos, desde ese punto comienzo a moverme, te estoy cabalgando, primero suave, muy suave, luego un poco más rápido, tú me animas a un ritmo más fuerte empujando mis caderas, acelero un poco más ahora es un ritmo muy fuerte ayudado también por los movimientos del agua del colchón, los ruidos se entremezclas, nuestros gemidos, el desplazamiento del agua, el chapote incesante de mi coño, nos están poniendo aún más calientes.

    El pequeño apéndice del vibrador jugando en mi clítoris, está haciendo que el placer sea profundamente delicioso, bajo pegándome a ti, tú me acaricias la espalda, yo te lamo los pezones, me dices que no aguantas más que el anillo te aprieta de tal forma que necesitas descargarte, te digo que adelante que lo hagas, me sujetas firmemente de las caderas, nos damos la vuelta ahora soy yo la que está debajo de ti, tú me embistes rápidamente, una, dos, tres, noto como te pones tenso y empiezas a correrte, te abrazas muy fuerte a mí, me mordisqueas la oreja, mientras emites sonidos de placer.

    Nos quedamos abrazados contigo encima, el anillo sigue vibrando, te retiras un momento para quitártelo, te lo colocas entre los dedos y lo vuelves a apoyar en mi clítoris, mientras tus dedos sustituyen a tu polla, yo me agito y me remuevo en la cama, el agua nos da pequeños golpes, con tus dedos me das esos movimientos tan especiales que me ponen a mil, tu boca succiona mientras mis pechos, no puedo ni respirar, te digo que me voy a correr, adelante me dices, vamos nena córrete para mí, me agarro fuerte a las sábanas, me muerdo el labio inferior y siento como me convulsiono de placer, es intenso, de los más intensos que he sufrido nunca.

    Me dices que ha sido impresionante, que no sabes si vamos a poder superar esto, ya lo creo te respondo, aún estamos en la cama, ponemos la tele un ratillo y hacemos zapping, hay muchos canales y entre ellos alguno que otro emitiendo porno, me dices que este lo veremos luego, que ahora a descansar un poquillo o vamos acabar más que escocidos, me rio a carcajadas, tú me dices que no me ría, que lo dices en serio, ponemos una de esas pelis que ponen en un canal que se suelen utilizar para dormir la siesta, estamos medio atontados, dormimos una buena siesta, me despierto tu aun sigues durmiendo.

    Estás tan mono que me levanto sin hacer ruido, me pongo un bonito biquini negro, como no estás a mi lado desisto de meterme sola en la piscina, así que me decido por la sauna, me vendrá bien, cuando llevo un buen rato apareces, con una sonrisa y me dices que me voy a deshidratar de lo caliente que he puesto la sauna, me rio, me coges de la mano y tiras de mí, me llevas hasta la piscina y me tiras, yo empiezo a chapotear todavía impresionada de que me hallas tirado, me dices que la primera lección para aprender a nadar es que pierda el miedo al agua, tú te tiras a continuación y comenzamos con la clase.

    Después de un ratillo tú te sientas en el borde, con tanto roce tu polla esta semi tiesa, me alzo un poquillo y te beso la punta del glande, tú te aproximas un poco más para que yo pueda acceder bien a tu polla, te la agarro con la mano, noto como se va poniendo dura, te doy pequeños lengüetazos como si fuera un helado, muevo mi mano pajeándola, tú me coges por los hombros y me sacas del agua, me dices que nos vamos al jacuzzi, que quieres cumplir una fantasía follándome en él.

    Nos metemos en él las burbujas se meten por la parte baja de mi biquini, me hacen cosquillas, me gustan, tú te sientas encima de mí, cara a cara, me besas, desatas los nudos de la parte de arriba del biquini, me besas por el cuello, poniéndome la piel de gallina y haciendo que mis pechos vuelvan a estar erectos, tú los masajeas, los chupas, me vuelve loca, tus manos van a la parte baja desatándola también y liberándome de ella, ahora noto el contacto de tu polla directamente, con mis piernas te agarro y te acerco más a mí, sentados y abrazados, con el cosquilleo de las burbujas de fondo me penetras, me embistes suavemente.

    Con delicadeza, te susurro que me des más fuerte que te necesito fuerte, tu empiezas a moverte más rápido y profundo, seguimos un rato y cambiamos de postura, me pongo de espaldas a ti y tu sujetando con tus manos mis pechos, me embistes desde atrás, rápido, fuerte, dentro fuera, noto las burbujas es cosquilleo que me producen hacen que a mí que me cuesta algunas veces correrme, esta vez este otra vez a punto, paras, protesto, salimos del jacuzzi y me pongo a cuadro patas, tu pasas tu polla de arriba abajo, provocándome, te recreas jugando un poco en mí ano.

    Protesto un poco, nunca lo he hecho por ahí, me dices que tranquila, que luego dentro de un rato intentaremos jugar con él, pero que aún quieres disfrutar de mi coño, vuelves a embestirme desde atrás, agarrándome bien fuerte por las caderas, me alzas un poco, me penetras lento, rápido, otra vez lento, rápido, lento, seguimos un rato, cambiamos y ahora te recibo de frente, me dices que quieres ponerme encima de la mesa, te digo que adelante, me alzas aun penetrándome y sin separarte de mi me tumbas encima de la mesa, te inclinas hacia delante, me besas, sigues besándome los pechos, los lames.

    Yo me retuerzo, tengo mis piernas abrazadas a ti, aun me estas penetrando, pero no te mueves, tus manos me masajean el clítoris y comienzas a moverte, la mesa se mueve a nuestro compas, dentro, fuera, dentro, fuera, con intensidad, estoy tan apunto otra vez, que te digo, si te paras te juro que te mato, nos reímos los dos, sintiendo como comienzo a tensarme, tú te abrazas a mí, me besas y empiezo a absorber tu lengua, una manera de expresar el éxtasis que estoy sintiendo.

    Sin salirte de mí, me agarras y te sientas en la silla-trono, me dices, ahora haz que me corra yo, empiezo a subir y deslizarme por tu polla, me muevo, con un ritmo frenético, tú me agarraras por las caderas y sales a mi encuentro, tienes uno de mis pechos en tu boca y tus manos acariciándome la espalda, me dices que te vas a corres y que quieres hacerlo en mi boca, me levanto, me agacho y meto tu polla en mi boca, noto mi sabor mezclado con un poco de líquido preseminal, mi lengua lame tu glande, tú me agarras por el pelo, nuestras miradas se cruzan, te digo que si con la cabeza, noto como van saliendo tu semen, primero en pequeñas cantidades, luego en más cantidad y por ultimo como se va reduciendo, voy tragándome todo tu semen, tu estas laxo en la silla y yo continuo limpiando tu polla, me levanto y te doy un gran beso, tú también saboreas la mezcla de ambos.

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  • Despertar

    Despertar

    Se despertó confusa. No recordaba donde estaba ni qué hacía allí. Intentó moverse y se dio cuenta que no podía, estaba atada con unas correas en una especie de camilla.

    Sobre ella unas luces que la deslumbraban y no la dejaban ver bien el resto de la sala en la que se encontraba. Distinguía unos monitores al lado de la camilla y una mesa con lo que parecía instrumental de algún tipo. También parece que tenía algún tipo de suero inyectado en el brazo.

    ¿Que estoy haciendo aquí? Pensó. Parece que no era capaz de hablar.

    Entonces oyó pasos que se acercaban. Una puerta se abrió y entraron dos hombres con bata blanca.

    -… casi completado, todo sigue los plazos marcados. -Conversaban entre ellos.

    -Nos están pidiendo resultados ya, necesitan pasar a la siguiente fase del tratamiento.

    Se acercaron a ella, ignorando que estaba despierta y le cambiaron la bolsa del suero.

    -No se preocupe, estará lista a tiempo, la fase 2 podrá comenzar en un par…

    Sus ojos comenzaron a cerrarse.

    Comenzó a tener sueños extraños. Eran completamente distintos unos de otros. En unos, era un hombre un distinguido empresario, en una vida acomodada y casado con una mujer de bandera. Eran sueños tranquilos, felices. En otros, era ella misma. Pero esos sueños no tenían nada que ver con los del hombre. En ellos siempre se encontraba en situaciones de alto contenido sexual, cuando no estaba follando directamente.

    Iba recuperando la consciencia de vez en cuando, pero sus periodos de lucidez no duraban mucho. Al poco tiempo aparecía alguien para cambiarle la bolsa de suero y volvía a dormirse inmediatamente. En cuanto perdía la consciencia, los sueños se producían de nuevo.

    Volvía a ser el hombre, veía que intentaba huir asustado mientras unos hombres le asaltaban. Una mujer iba con ellos.

    -¡Tu mujer o tu hermana!

    Parecía que le gritaba.

    -M-Mi mujer. -Contestaba él.

    Entonces volvía a ser ella.

    Estaba moviéndose a cuatro patas. Estaba desnuda y alguien tiraba de ella con una correa que llevaba atada al cuello a través de un collar. La llevaba a través de un pasillo hasta una sala llena de gente. Había hombres y mujeres, todos vestidos, de pié, mirandola.

    -Aquí la tienen. Preparada para la sesión de hoy.

    Entonces el mundo se desvanecía en una nube de pollas que tenía que tragarse, coños que tenía que lamer, semen que la cubría entera, y placer, mucho placer.

    No sabía cuánto tiempo llevaba allí, sólo sabía que cada vez que se despertaba la volvían a dormir, y que aquellos sueños tenían que tener algún sentido…

    Poco a poco, los sueños del hombre iban siendo cada vez menos frecuentes, y sus horas de vigilia las ocupaban los sueños de mujer.

    En ellos, siempre estaba envuelta en orgías, con hombres y mujeres, la follaban, la humillaban, pero siempre acababa corriendose como una perra. Se sentía bien con esos sueños, la hacían sentirse en paz consigo misma.

    La siguiente vez que se despertó, una mujer iba con los hombre. Le resultaba familiar pero no sabía por qué.

    -¿Cómo va el acondicionamiento? -Preguntaba la mujer.

    -Excelente. Casi ha olvidado todo lo concerniente a su antigua vida. La aceptación de su nueva personalidad es total y le falta poco para asimilarla por completo.

    -Estupendo. Es hora de pasarla a la siguiente sala.

    Cambiaron de nuevo la bolsa de suero y entre brumas, vio como empezaban a trasladarla a algún nuevo lugar.

    Otra vez era el hombre. Estaba hablando con una joven.

    -Entonces, ¿Sólo con darles a mi mujer se acabarán todas mis deudas?

    -Exacto. Nuestra corporación es generosa y accede a no tener represalias con usted si nos entrega a su esposa. Si está de acuerdo, comenzaremos a trazar el plan de actuación.

    -Estoy de acuerdo.

    Era de nuevo la mujer. Estaba follando con un hombre. Bueno, más bien el hombre la estaba follando a ella. Estaba de rodillas con la cara en el suelo y el culo en pompa mientras un hombre de color la penetraba el coño con violencia. No podía pensar, el placer que estaba recibiendo era inmenso.

    Unos instantes después, alguien levantaba su cabeza tirándola del pelo y la ofrecía una nueva polla para chupar. Sin dudarlo, se la metió en la boca. El mete saca violento por delante y por detrás era brutal. Estaban acompasados, la penetraban los dos a la par mientras ella no podía aguantar de puro éxtasis.

    Volvió a despertarse. Esta vez estaba más lucida.

    Se encontraba sentada en una especie de sillón. Tenía un ballgag en la boca y dos vibradores la penetraban el culo y el coño.

    Delante suya, tenía varias pantallas en las que una mujer que se parecía mucho a ella, era dominada por distintas personas. En una pantalla era follada por varios hombres, en otra, una mujer sentada sobre su cara la obligaba a lamerle el ano. Incluso había una en la que a cuatro patas estaba recibiendo las embestidas de un perro, y parecía que estaba disfrutando.

    Los vibradores que tenía insertados la tenían en un estado de calentura intensa pero, cuando iba a correrse, se apagaban. Parece que quien quiera que la tuviese allí, no quería permitir que se corriera.

    Así pasaron varios días en los que los sueños se alternaban con sesiones de imágenes con ella de protagonista. Todo lo que veía era sexo. Por todas partes. El único descanso que tenía era cuando soñaba con el hombre, y cada vez era menos frecuente.

    La siguiente vez que entró la mujer a la sala, se dirigió directamente a ella.

    -¿Que tal vas putita? Ya eres prácticamente nuestra…

    Ella la miró sin saber exactamente a qué se refería.

    -Debes estar muy caliente… ¿Quieres correrte?

    Comenzó a asentir con la cabeza, necesitaba correrse.

    -Entonces, chúpale la polla a mis compañeros y trágate su lefa. Si lo haces bien y les dejas complacidos, te permitiré correrte.

    Ni siquiera se lo pensó. Se levantó, dándose cuenta de que desde que la pusieron en la nueva sala, en ningún momento había estado atada y se dirigió como un rayo al primer hombre.

    Agarró su polla con avidez, tragándosela entera, comenzando una mamada profunda, sin pausa. Se la metía entera y se la sacaba entera. No recordaba haber hecho nunca una mamada, pero no sabía porqué, parece que le salía natural. a los pocos minutos, el primer hombre se derramó sobre su boca.

    El segundo hombre no la dejó hacer lo mismo. En este caso fue él el que la agarró de la cabeza y empezó a follarse su boca con violencia. No sabía como podía resistir sin vomitar, pero ahí estaba, recibiendo entera la polla de aquel hombre hasta que éste se corrió sobre su cara. Diligente, comenzó a recoger con sus dedos el jugo de aquella polla y a llevárselo a la boca.

    El tercer y último hombre era más relajado. Al igual que el primero, éste la permitió llevar ella el ritmo pero cuando llegó la hora de correrse, la agarró del pelo apartado su cara y se corrió en el suelo.

    Sin razonar y debido a que si quería su orgasmo tenía que tragárselo todo, comenzó a lamer el suelo allí donde se había corrido el hombre hasta dejarlo reluciente.

    Cuando acabó se acercó a la mujer.

    -Muy bien perrita. -Dijo ésta. -Te has merecido tu premio.

    Pulsando un botón, una puerta se abrió. En ella había una mujer rubia, de rodillas con las manos a la espalda.

    -¡Silvia! Esta señorita se ha ganado su premio, ven aquí y cómele el coño hasta que se corra.

    La mujer se acercó gateando hasta ella. Llevaba un collar de perro al cuello con una chapita de identificación, pero no alcanzó a ver lo que ponía. Tampoco le importaba. Se tumbó en el suelo de inmediato y se abrió de piernas para darle acceso a su coño. Estaba ansiosa por correrse.

    Cuando aquella mujer comenzó a juguetear con su coño, no aguantó mucho, corriéndose en su boca hasta tres veces.

    -Ya es suficiente.

    Al decir esas palabras, la chica con el collar de perro paró y volvió a cuatro patas a su rincón, quedándose allí.

    -Ya casi estás preparada Irina. -Dijo, dirigiéndose a ella. -Mañana tu acondicionamiento habrá terminado. No volverás a recordar nada de tu antigua vida y te dedicarás en cuerpo y alma a nosotros.

    ¿Irina? ¿Ese era su nombre? No lo recordaba…

    Volvieron a colocarla en el sillón, con sus vibradores y sus pantallas y al poco tiempo volvió a dormir.

    Esta vez, su sueño se centró exclusivamente en el hombre. La extraño porque hacía tiempo que no soñaba con él.

    Estaba llegando a su casa, después de un viaje de empresa y estaba nervioso. Su plan había funcionado y hoy era el último día. No sabía si le dejarían disfrutar de su esposa antes de llevársela, pero por lo menos le dejarían verla.

    Eso le ponía cachondo. Imaginarse a su esposa como una esclava…

    Cuando llegó a su casa vio a su esposa y quedó extasiado. Estaba amordazada y atada. Desnuda. Su polla se puso dura al momento. Se acercó a ella y comenzó a decirle algo que no llegaba a entender.

    Poco después, Ivette, por detrás, le dio un pinchazo en el cuello y quedó totalmente inconsciente.

    Irina se despertó.

    Esta vez no estaba en el sofá. Tampoco estaba desnuda. Llevaba un conjunto de lencería sexy con unos tacones altísimos. Llevó las manos a su cuello sólo para notar como, al igual que la otra mujer, llevaba un collar de perro con una chapita.

    Se dio cuenta que había un espejo en la sala y, de repente, cayó en la cuenta de que no se acordaba de su aspecto físico. Sabía que la mujer de los videos y los sueños era ella por alguna extraña razón, pero no lograba recordarse.

    Cuando estuvo frente al espejo se quedó asombrada. el conjunto de lencería que llevaba, los tacones y el collar hacían una estampa impresionante. Se acercó para intentar ver lo que ponía en la chapita.

    Irina

    Pet girl

    Propiedad de XC

    Leyó.

    No sabía que significaba y le daba un poco igual. Al verse en el espejo, se dio cuenta de que algo le asomaba por detrás. Se dio la vuelta y vio que llevaba una cola de animal… Parecía que le habían metido un plug anal que llevaba una cola de zorra colgando. No se molestó en quitárselo, no la desagradaba.

    Entonces la puerta se abrió.

    La mujer que había estado en su sala varias veces entró y se acercó a ella.

    -¿Ya estás despierta perrita? Bien. Tu condicionamiento ha terminado, ya estás preparada para tu nueva vida. Ahora me acompañarás a la presentación delante de la directiva de la compañía y les demostrarás todo lo que has aprendido.

    Irina no sabía qué contestar a eso. La mujer se acercó y le enganchó una correa en el collar.

    -A cuatro patas esclava. De ahora en adelante te desplazarás así a no ser que se te diga lo contrario.

    Irina obedeció sin rechistar. La mujer la sacó de la habitación y la condujo a través de un largo pasillo. Irina no tenía ni idea de a donde la llevaba, pero ni siquiera se le pasaba por la cabeza la idea de desobedecer.

    Cuando la mujer se paró frente a una puerta, Irina se sentó sobre sus rodillas, a su lado.

    Ha respondido perfectamente al condicionamiento… Pensó la mujer.

    Cruzaron la puerta.

    Una sala amplia apareció ante ellas. Y no estaba vacía. Un montón de hombres y mujeres estaba en ella, sentados en sillas, esperándoles. La imagen del sueño que tuvo Irina hace unos días cruzó su mente… Y su coño comenzó a humedecerse… Pero había una diferencia. En un centro de la sala, había un estrado y, a un lado de éste, la mujer que hizo que se corriera se encontraba de rodillas, mirando al suelo.

    Avanzaron hasta ese estrado e Irina se quedó arrodillada a un lado. La mujer que la llevaba comenzó a hablar.

    -Buenas noches. Me alegra veros a todos aquí y espero que salgan satisfechos de lo que vean.

    -Después de la espera por fin hemos visto resultados con nuestras nuevas técnicas, por un lado está Silvia. Dijo señalando a la otra mujer. -Era una mujer que no hacía absolutamente nada que no fuese preocuparse por sí misma hasta que la hicimos ver la luz…

    -Por otro lado el hombre que una vez intentó traicionarnos, ya no es tal. Gracias a las nanomáquinas y al condicionamiento ahora es una nueva perrita dispuesta a servir a todos nuestros propósitos. Su transformación es completa. No hay rastro de que alguna vez fuese un hombre. Las nanomáquinas rehacen en ADN del individuo y lo modifican a nuestro antojo.

    -Además, durante la transformación, se ha bombardeado al objetivo con imágenes, videos, sonidos, sueños y recuerdos nuevos para moldear su nueva personalidad.

    -Esta nueva técnica supone un avance espectacular que facilitará nuestras nuevos encargos.

    -Y ahora, para que vean las nuevas habilidades de nuestras nuevas perras les van a dar un pequeño espectáculo y después, podrán disfrutar de ellas a su antojo.

    Diciendo esto chascó los dedos y Silvia comenzó a gatear hasta Irina. Cuando se fijó bien, vio que llevaba entre las piernas un arnés con una enorme polla de plástico. Su sola visión hizo que su entrepierna se estremeciese.

    Al llegar a su lado se puso en pie y, dirigiendo la polla con su mano, la acercó a la boca de Irina. Sin que nadie le dijese nada ya sabía lo que había que hacer. Comenzó a lamer el falo, como si fuese de verdad, jugueteando con él, recorriéndolo con la lengua. Imaginandose que de un momento a otro esa polla le iba a llenar la boca de leche.

    Mientras mamaba, le llegó el inconfundible olor de humedad que producía el coño de Silvia. No sabía porqué le resultaba tan familiar, como si ya lo hubiese olido más veces…

    Unos momentos después, Silvia, agarrando la cabeza de Irina, comenzó a follarla violentamente la boca, metiéndole la polla hasta la garganta. A Irina, lejos de disgustarle, ese trato la gustaba, le encantaba que la forzasen.

    Silvia apartó la polla de la boca de Irina y, tirando de la correa la obligó a ponerse de rodillas, con el culo en pompa, mostrándoselo al público de la sala.

    Irina, sintiéndose observada, se separó las nalgas para mostrar a la gente lo cachonda que estaba. Entonces, con su objetivo a punto, Silvia introdujo el enorme consolador de un golpe dentro del culo de la chica, que dejó escapar un grito de sorpresa.

    Esta vez no hubo suavidad en ningún momento. La enculada fue violenta desde el primer momento. Los jadeos de Irina se confundían con los de Silvia, debía tener un consolador en la parte interior del arnés, pensó Irina.

    A Irina le estaba volviendo loca la sodomización. Entre el placer que le daba y el tiempo de abstinencia sexual que sufría se estaba volviendo loca. Cuando estaba a punto de correrse, la maestra de ceremonias detuvo a Silvia, que inmediatamente sacó el falo del culo de Irina con un sonoro PLOP.

    -Ya basta. Habéis tenido suficiente follada entre vosotras y es hora que le demostréis a nuestros invitados de que sois capaces de primera mano. Sólo podréis correros si es follandoos a alguno de nuestros invitados y espero que les dejéis satisfechos a todos.

    De repente un montón de manos comenzaron a tocar el cuerpo de Irina. Lo que siguió a continuación fue una nube de placer que invadió su cuerpo. Todo el mundo folló cada uno de sus agujeros, con pollas de verdad o con consoladores, tuvo que comer coños y pollas por igual, y se corrió muchísimas veces.

    Su cuerpo ni siquiera le respondía. Hacía lo que la gente la obligaba a hacer sin rechistar. De vez en cuando, se cruzaba con Silvia y entonces se montaban un pequeño juego lésbico, o le limpiaba el semen que recorría su cuerpo con la lengua.

    Apartada de todo, Ivette, la maestra de ceremonias, sonreía satisfecha. Su trabajo había sido impecable. Esas dos perras habían sellado su destino sin poder hacer nada por evitarlo.

    Ahora eran esclavas para dar placer a los demás.

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  • Afortunado dependiente

    Afortunado dependiente

    Esta historia sucedió cuando cumplía el deseo de un amigo a quien conocía a través de esta página y a quien le gusta que me exhiba y sea un poco golfa para él.

    Fui de compras y decidí, por jugar sobre seguro, ir a una tienda en la que no suele haber mucha gente y el dependiente es jovencito. Entré y, como una señal del destino, la tienda estaba vacía. La tienda es un sótano, por lo que no se ve nada desde la calle e ideal para mi plan.

    Le dije hola y empecé a mirar la ropa que tenían. Él se acercó y me preguntó si podía ayudarme. Yo le dije que estaba buscando algo provocativo para una cita con un chico muy guapo al que quería impresionar. Se le encendió la cara con una sonrisa y se fue a buscar lo más provocativo que tenía en la tienda. Volvió con un montón de ropa que me enseñó para que yo escogiera. Me quedé con dos minis, dos vestidos y dos camisetas. Decidí empezar por los vestidos.

    El primero era de espalda descubierta, con escote cruzado y bastante flojo. Me lo puse, pero sin quitarme el sujetador para ver si el me lo decía y daba juego para lo que yo quería. Salí y, efectivamente, me dijo que me quedaba bien pero que tenía que buscar un sujetador sin tira por detrás, que si quería me traía uno. Yo le dije que si era demasiado llevarlo sin sujetador y me respondió que dependía de adonde fuese. Pensé un poco la jugada y decidí que esperaría un poco más antes de montar mi número. Y entré para probar el otro vestido.

    El siguiente vestido era ajustadísimo, negro y muy corto. Me marcaba todo de una manera exagerada pero no servía para mis intenciones por lo que seguí con la demás ropa.

    Fui a por los conjuntos de mini y camiseta. Ninguna tenía cremallera por lo que me lo probé rápidamente y al final le dije que me probaría el primer vestido de nuevo. El no dejaba de mirarme sin perder detalle.

    Me probé de nuevo el primer vestido que era el perfecto para lo que yo pretendía. Salí y me miraba al espejo como dudando. Él me decía que me sentaba muy bien y le dije que iba a quitarme el sujetador para ver el efecto y si tenía sujeción para el pecho (que parecía a todas luces no tenerla). Entré de nuevo en el probador y salí sin él. El escote era normal a simple vista, pero cualquier movimiento que hicieras lo hacía más y más provocativo.

    Entonces le dije que me observara y me dijera si se veía de más, empezando ya la fase de exhibicionismo puro. Vi como su cara se alegraba y empecé a inclinarme hacia abajo, a moverme bruscamente y todo lo que se me ocurría. El no quitaba ojo y yo veía en el espejo que se me veía bastante pecho, sobre todo al agacharme, incluso casi se me llega a salir una teta. Pasé luego al momento clave y decisivo porque aún no estaba segura de sí me exhibiría solo o haría algo más, pero la verdad es que me estaba calentando mucho.

    Le pregunté si podría recogerse algo por el pecho para que sujetara más. Él se acerca, me pide permiso y empieza a tirar del vestido por los lados intentando cogerlo con alfileres. Yo ya sabía que no había manera, pero le dejé hacer y él estuvo como un minuto viéndome la tetas a placer. Al tirar de los tirantes y moverlo, aprovechaba para levantarlo lo máximo posible. Me dijo que no, entonces le dije que iba a probarme el vestido ajustado mejor. Me cambié y salí.

    Era increíble porque seguía sin entrar nadie. Me miré y remiré en el espejo y le pregunté si se notaba el tanga ya que era muy ajustado .El me miró el culo y me dijo que un poco la cinta de arriba pero que había que fijarse mucho. Y yo le pregunté que donde porque yo no la veía. Él se acercó y la recorrió con su mano, acariciando de paso la parte superior del culo. le comenté entonces que tenía un tacto muy agradable mientras me acariciaba una nalga, para ver si sería atrevido.

    Y lo fue porque apoyó su mano en la cadera, pero la movió pasándola por el culo, con disimulo, pero aprovechando muy bien el momento. Decidí acabar ya, pero sin comprar nada porque no me acababa de convencer ninguno. Me metí en el probador y cerré la puerta un poco fuerte para que rebotara y quedara semi abierta, pensando en mi última jugada. Me quité el vestido y le pregunté por la hora que era. Él me contestó, pero le dije que no lo oía y entonces se acercó y vi por el espejo como se quedaba paralizado al verme solo con el tanga puesto, sus ojos no quitaban la vista de mis tetas mientras repetía la hora que era.

    Luego salí y me fui. Algún día volveré y le daré algo más que exhibicionismo que por supuesto os contaré luego que a mi amigo.

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  • Esa no es tuya

    Esa no es tuya

    Se despertó con la sensación de haber dormido más horas de lo habitual, de haber descansado profundamente. Poco a poco se fue desperezando, y lo primero que hizo fue comprobar si Jorge estaba junto a ella. Efectivamente, era más tarde de lo normal. Su marido no estaba, y el sol incidía sobre la pared situada frente a la ventana, entrando por una pequeña rendija de la persiana que no acababa de cerrar bien. Los recuerdos de la noche anterior se agolparon de repente en su cabeza: cómo se abandonó al placer, cómo se había comportado de una manera que jamás se hubiera imaginado, cómo tomó la iniciativa y fue poseída por dos hombres, cómo Jorge la observaba mientras David la hacía suya… David.

    No sabía exactamente qué sentía. Amaba a su marido, pero David le gustaba. ¿Y cómo no le iba a gustar? Alto, guapo, musculoso… Y follaba muy bien… ¿Follar? ¡Qué expresión! Ella nunca la utilizaba, pero lo había hecho la noche anterior, y ¡de qué forma! De pronto se acordó que aun tenía el semen de ambos machos dentro de ella, pues aunque se duchó, evitó lavar su intimidad. Levantó la sábana e introdujo un par de dedos en su vagina, notándola aun empapada, lubricada… Y las sensaciones de la noche anterior volvieron a ella como una oleada de calor que recorrió su cuerpo por completo.

    Recordó cómo David le ofreció una degustación de la mezcla del esperma de sus dos amantes, y sin pensarlo, acercó sus dedos a sus labios, encontrándose con su lengua asomando entre ellos. El sabor de la humedad era inequívoco: la semilla de Jorge y David aún estaba dentro de ella. Al momento, toda esa oleada de calor se agolpó en su sexo, y no pudo evitar excitarse y llevar sus dedos al clítoris. Comenzó a acariciarse en círculos, abriendo ligeramente sus piernas.

    Con su mano izquierda tiró de las braguitas hacia abajo hasta dejarlas a la altura de las rodillas, y luego subió su camiseta por encima de los pechos, dejándolos al descubierto para poder juguetear libremente con los pezones, que empezaban a endurecerse por momentos. En su mente se dibujó entonces una escena de la noche anterior: mientras hacía suyo el pene de David, Jorge se masturbaba de pie en el quicio de la puerta del dormitorio, puerta que estaba contemplando en ese mismo instante. Retiró momentáneamente sus dedos, y con ambas manos se quitó primero las braguitas y luego la camiseta, quedando completamente desnuda.

    Se giró hacia la derecha y abrió el primer cajón de la mesilla de su marido, donde guardaban el consolador, su juguete nocturno, su cómplice. Lo miró divertida, y pensó que efectivamente, tal y como Jorge dijo, la de David era aún mayor. No se entretuvo más, y agarrándola de los testículos se la introdujo con facilidad. Cerró sus piernas y de nuevo comenzó a acariciar su clítoris, esta vez con más presión. Una vez más recordó escenas de la noche anterior, y su excitación fue en aumento. “¡Fóllame!”, llegó incluso a ordenarle a David. ¡Ella, la recatada Lidia! No se lo podía creer, pero era cierto.

    Su respiración comenzó a agitarse, su pecho parecía ser la superficie del mar a merced del viento. “¡Córrete dentro!” Otras palabras que ella había pronunciado y que le parecían tan extrañas, tan sucias, y además no iban dirigidas a su marido… Pudo escucharse gemir, cada vez más rápido, más intensamente. Sus dedos aceleraron los movimientos, su pelvis se agitó; abrió las piernas ligeramente, lo suficiente para acceder a los testículos del dildo, agarrándolos e iniciando un movimiento que simulaba una penetración. Y estalló. Un enorme orgasmo llegó a ella a la vez que los gemidos dieron paso a un grito descontrolado que inmediatamente reprimió.

    Sudaba, se convulsionaba, y su cuerpo pareció dejar de responderla súbitamente y volverse mucho más pesado. Sus caricias se volvieron suaves y lentas, y poco a poco comenzó a extraer el consolador de su sexo. Estaba empapado, y tras sacarlo completamente, lo observó, y en ese momento deseó que fuera realmente el de David; lo acercó a su boca, lo lamió con lascivia y su sabor le resultó familiar…

    Jorge levantó su mirada hacia la terraza del apartamento, y asomada a ella pudo ver a Lidia. Volvía de dar un paseo, desayunar y comprar el periódico. No quiso despertar a su mujer después de la agitada noche anterior, y además necesitaba despejarse. Él también estaba confuso: había preparado una cita sexual a su propia mujer, aunque él también participó activamente. Pero ya no era el único hombre que la había poseído, el único macho que la había penetrado. Esa sensación que sentía lo confundía pero lo excitaba al mismo tiempo.

    Y además, le preocupaba cómo lo iba a asimilar su mujer, que en unas horas había pasado de ser una hembra de un solo macho en toda su vida a practicar un trío en toda regla, usando un lenguaje y con una actitud impensables en ella. La saludó con la mano y se dirigió al portal. En la piscina ya estaban muchas personas aprovechando el magnífico día, con el sol acercándose a lo más alto.

    –“Hola cariño, no te quise despertar”– Apenas pudo terminar la frase antes de que Lidia se abalanzara sobre él, abrazándolo con ímpetu y besándolo con cariño.

    –“Gracias, mi amor”– Le dijo tras liberar momentáneamente sus labios.

    –“¡Vaya, qué buen recibimiento!”–bromeó, buscando de nuevo la boca de su esposa. Sintió que su excitación aumentaba con el roce del vientre de su mujer contra su sexo, algo de lo que se percató Lidia inmediatamente.

    –“Parece que nuestro amiguito quiere más guerra, ¿eh?”– bromeó agarrando el pene de Jorge por encima del pantalón.

    –“Mmmm… No me provoques, que no puedo ir así al tenis, menudo espectáculo iba a dar” – comentó medio en serio medio en broma, pero sin soltar aun a su mujer.

    Al recordar que efectivamente se acercaba la hora en la que Jorge acudía a la clase, de nuevo se sintió algo violenta. El nombre de David retornó a su cabeza, e inmediatamente aflojó su abrazo y soltó el miembro de su marido…

    –“Tienes razón” –apuntó mientras sonreía. –“Te dejaré tranquilo un rato, así que no te canses mucho, por si acaso”– dijo mientras le guiñaba pícaramente el ojo.

    –“Mira que hago “pellas” hoy, ¿eh?”– le gritó desde la puerta pues Lidia se había metido en el baño.

    –“Ve, anda, luego tendremos tiempo para todo. Mientras bajaré un rato a la piscina” –respondió ella con el mismo tono amortiguado por la cerrada puerta que los separaba.

    Ambos habían obviado hablar directamente de lo sucedido la noche anterior, pero con sus mensajes indirectos lo daban por bueno. Probablemente el tema saldría en el momento en el que volvieran a hacer el amor. “Follar” –como siempre decía Jorge. “Nosotros follamos. El amor lo hacemos el resto del tiempo que estamos juntos.” –solía decir no sin razón, según Lidia.

    Cuando salió del baño, Jorge ya no estaba. Le había oído gritar algo justo antes de escuchar la puerta cerrarse. “Ahora verá a David” – pensó.– “¿Hablarán de lo de ayer? ¿Volverán a acordar otra cita?”.

    Intentó olvidarse de ello, y terminó de preparar el bolso de baño. Se puso el pareo sobre el bañador, tomó la tumbona, salió del apartamento y de dirigió a su lugar preferido, bajo un sauce y cerca de una de las duchas, donde se fijó en David por primera vez. Otra vez David. Ese nombre la perseguía a cada momento, no podía terminar de despejar su mente del todo, pues a cada momento, palabras, lugares o simplemente recuerdos lo devolvían a su mente. Una vez más, intentó centrarse en lo que estaba haciendo: comenzó con su ritual habitual, dejó el bolso y la tumbona, tomo ésta, la desplegó, se quitó el pareo, tomó el libro que seguía leyendo y se acomodó.

    Al cabo de unos minutos notó cómo alguien colocaba su toalla cerca de ella. “Vaya fastidio” –pensó. “¿No tendrá sitio que tiene que ponerse justo aquí?” –se preguntó incómoda. Giró su cabeza hacia la derecha a ver quién osaba incomodarla, y ahí estaba David, empapado, con el torso desnudo, recién salido de la piscina, sonriéndola abiertamente. “Buenos días, Lidia, ¿cómo estás?” –saludó jovial.

    –“¿Pero qué haces aquí?” –acertó a preguntar, tan sorprendida como molesta. “¡Jorge se marchó a las pistas hace un rato!” –apuntó algo violentada. –“Parece que te he molestado, Lidia, discúlpame. Si quieres me marcho.”– respondió el monitor.

    –“¡No, no es eso!, –replicó ella. –“Es que no esperaba verte ahora por aquí” – contestó mientras notaba que se ruborizaba como una inocente colegial.

    –“Aun no tengo el tobillo bien. Voy a descansar unos días, por si acaso” –le explicó David mientras se recreaba en el cuerpo de la mujer que había sido suya hacía pocas horas.

    –“¿Pero entonces Jorge…? –se preguntó Lidia en voz alta sin entender qué sucedía.

    –“Mi compañero Serge me suplirá hasta que me recupere” – le explicó sonriendo. “Así que tengo también unas pequeñas vacaciones y todo el tiempo del mundo” –comentó mientras se colocaba de lado mirando hacia Lidia.

    –“Mira que bien” –respondió volviendo su atención de nuevo hacia el libro, fingiendo ignorar su presencia, aunque en el fondo se encontraba terriblemente nerviosa, incómoda, pero también excitada. Una vez más, esa oleada de calor que no podía controlar la inundó y se centró en su sexo. “Menos mal que me he puesto un salvaslip” –pensó. –“¿Qué querrá? ¿Por qué se habrá puesto a mi lado? ¿Y si Jorge viene y nos ve, quizás no le parezca bien”– su mente bullía en mil preguntas sin respuesta. –“A lo mejor, si me voy y tardo en regresar, se aburre y se marcha” –pensó. “No quiero estar a solas con él, aunque anoche…” –recordó.

    Y es que cuando Jorge los dejó un momento, ella masturbaba al monitor mientras él le daba a probar una gotita del semen de ambos. No pudo evitar una sonrisa por sentirse más incómoda ahora que ayer. Decidió levantarse con un súbito impulso. –“Voy al baño” – dijo sin mirarlo, y se encaminó hacia allí sabiéndose observada por David, sin poder evitar contonearse más de lo habitual al caminar. Este, efectivamente, observó el culo de la mujer mientras se alejaba, recreándose en su visión sin dejar de sonreír –“Qué bien follas, Lidia” –pronunció para sí mientras la perdía de vista.

    Y es que cuando Jorge hubo salido a pasear antes de que Lidia despertara, recibió una llamada de David. Éste le explicó que quería verlo, así que acordaron desayunar juntos en un bar del paseo marítimo. Allí David le contó que Serge lo iba a sustituir unos días debido a su maltrecho tobillo, y tras unos segundos algo violentos, David se lo soltó: “Jorge, espero que lo de ayer no te haga sentirte mal conmigo o hacia mí”. –“No te preocupes, David, fui yo el que te lo pedí. Me preocupa más cómo lo asimile Lidia” –respondió. “Además, todo lo que sucedió anoche me encantó” –apuntó.

    –“¿Todo?” –repitió el monitor con intención.

    – “Todo” –respondió Jorge con contundencia.

    – “Bien, pues quizás podamos repetirlo, si quiere Lidia, por supuesto” –planteó David mirando fijamente a los ojos de su interlocutor. –“Sabes que puedes confiar en mí, soy discreto”

    –“Lo sé, pero depende de ella. Se lo propondré” –comentó Jorge, dando por acabado el asunto.

    Lidia se entretuvo todo lo posible antes de regresar a su tumbona. Incluso se acercó al Club Social con la excusa de informarse sobre unas clases de gimnasia acuática que se iban a impartir en unos días, todo ello con la intención de que David se aburriera, se marchara, y la evitara mantener esa situación tan incómoda. Y efectivamente, David no estaba, aunque sí su toalla. “Se estará dando un baño” –pensó. – “Es el momento”– Y recogió sus enseres en un santiamén para a continuación encaminarse al apartamento.

    Por el camino seguía pensando lo absurdo de su comportamiento, considerando que hacía unas horas había intercambiado con ese mismo hombre todo tipo de caricias, abrazos, besos y mucho más. De nuevo sintió la humedad en su sexo, y recordó que ya esa misma mañana se había masturbado, y que ahora le apetecía de nuevo. “¿Pero qué me está pasando?” –se preguntó asustada. “Lo de ayer fue una excepción, no puedo seguir así” –intentó convencerse.

    Ya en su apartamento, decidió cambiarse e ir a ver a Jorge, al que todavía le quedaban unos minutos de su clase de tenis. Se quitó el bañador, se cambió el salvaslip, –“madre mía, está empapado” –comprobó abrumada–, se puso una camiseta sin mangas, un pantaloncito corto y se encaminó a las pistas de tenis.

    Jorge no conocía a Serge. De hecho, David le había comentado que acababa de llegar de Estados Unidos, donde era monitor de tenis e incluso entrenador personal de algunos jugadores profesionales, y regresaba a España a pasar unos días junto a sus padres, los cuales residían aquí. Según le comentó David, su progenitor era un diplomático norteamericano que en lugar de veranear en su país de origen aprovechaba el sol español y se quedaba casi todo el verano por estos lares. Serge solía visitarlos unos días cada año, y ambos habían entablado amistad a raíz de la participación de los dos en un torneo de tenis que se celebraba en la urbanización todos los finales de agosto.

    Cuando llegó a la pista habitual, Jorge se encontró con alguien practicando el servicio utilizando la típica cesta llena de pelotas, y se quedó unos segundos contemplando la perfecta ejecución de dicha suerte tenística efectuada por el que suponía que debía ser Serge. La visión era realmente espectacular, pues su nuevo profesor debía medir cerca de dos metros de altura, más fibroso y musculado aun que David, y con una piel de un tono bronce oscuro que brillaba por el efecto del sol sobre el sudor. Cuando Serge se percató de que no se encontraba solo, se detuvo y sonrió agradablemente mostrando una blanca dentadura que contrastaba con su oscura figura; adelantó su mano hacia Jorge mientras pronunciaba un profundo y grave “hola, soy Serge”.

    Lidia se aproximaba a la pista en la que su marido solía entrenar, y adivinó su figura a lo lejos intercambiando golpes con el que obviamente debía ser el sustituto de David. Se encaminó a la puerta, la atravesó y se encaramó a la parte más alta de las pequeñas gradas que rodeaban la pista, justo donde se encontraba una pequeña sombrilla que la protegería del sol. Entonces se sentó, levantó sus gafas de sol y saludó con la mano a Jorge, que se lo devolvió para a continuación golpear con dificultad una bola que llegaba con inusitada fuerza desde el otro lado de la pista. Y entonces, Lidia cambió la dirección de su mirada hacia su izquierda y se quedó admirada al poder contemplar la impresionante figura de un hombre sencillamente espectacular.

    La Lidia de hace 48 horas se habría limitado a admirar el hercúleo cuerpo del nuevo profesor de su marido, pero ahora algo había cambiado. Dentro de ella se había despertado una sexualidad tan intensa que no podía evitar tener pensamientos pecaminosos al ver a semejante ejemplar de macho. Su lucha interna la devolvía por momentos a su ser anterior, pero al instante, las imágenes de las escenas sexuales acontecidas la pasada noche se agolpaban en su mente de forma atropellada. En esa lucha se encontraba, absorta e incluso atormentada, cuando volvió a la realidad al escuchar cómo Jorge la llamaba desde la cancha. “¡Lidia, ven, ya hemos acabado!” –gritó.

    Su esposa se incorporó de su asiento, y con cuidado superó los grandes escalones para bajar a pie de cancha. Una vez allí, levantó su mirada hacia su marido y quedó verdaderamente impresionada al verlo junto al nuevo monitor. Jorge medía 1,80 cm., no era un hombre bajo ni mucho menos, pero al verlo junto al espectacular negro de casi 2 m. a su lado, parecía un niño. Cuando llegó junto a ellos, le pareció que se trataba de un auténtico coloso, y no sólo por su altura, sino también por sus enormes espaldas, que parecían interminables. Jorge la agarró por la cintura y le dio un cariñoso beso en los labios.

    –“Hola, cariño, ¿qué haces aquí?” –le preguntó.

    –“Me aburría en la piscina y decidí venir a buscarte” –mintió, mientras su mirada se desviaba sin solución hacia la imponente figura que se encontraba a su izquierda.

    –“Mira, te presento a Serge, que me va a entrenar mientras David se recupera del tobillo. Serge, esta es mi mujer, Lidia” – dijo, mientras observaba con curiosidad y algo de malicia la impresión que el hombre de bronce producía en su mujer.

    –“Encantado” –pronunció con un tono tan grave que parecía inhumano, y se agachó para poder propinar dos besos a una Lidia absolutamente estremecida.

    A continuación, se separó de la pareja y se encaminó a un banquillo en donde estaba su equipo de tenis. Jorge guiñó un ojo a su mujer y acompañando sus palabras con un movimiento de cabeza, le preguntó con intención mientras sonreía –“¿Has visto?”.

    –“¿Qué quieres decir?” –respondió molesta. Y sin darle opción a que la contestara, se giró con intención de dirigirse a la puerta cuando comprobó que la figura de David se encaminaba hacia ellos.

    –“¡Hola, pareja!” –saludó divertido pocos metros antes de llegar.

    –“¡David, parece que casi no cojeas ya!” –respondió Jorge jovialmente.

    –“No estoy mal, pero aun duele” –contestó ya en su presencia. –“La semana que viene estaré perfectamente. Mientras, ¿qué tal con Serge?” –preguntó a Jorge pero dirigiendo su mirada a Lidia.

    –“¡Impresionante, le pega más duro que tú!” – contestó Jorge sonriendo.

    –“¡Hola, David! –intervino Serge que se había acercado desde el banquillo, extendiendo la mano en dirección a su interpelado.

    –“¿Qué tal con tu alumno? –respondió chocándola con la de Serge.

    –“Bien, bien, aunque he comprobado que podemos mejorar algunas cosas” –pronunció como un trueno desde lo alto.

    Mientras tanto, Lidia se había quedado petrificada al ver a Serge acercarse al grupo con el torso desnudo, pues cuando David llegó se acababa de quitar el muy sudado polo, luciendo unos pectorales y unos abdominales inhumanos, cuyas formas se acentuaban por los reflejos que su piel sudada producía bajos los rayos de un sol de justicia. Y cuando éste se giró de nuevo para terminar de recoger su equipo, pudo contemplar las espaldas del coloso de bronce, y cómo los infinitos músculos se asomaban en multitud de formas al colocarse un polo limpio por la cabeza. Jorge también se retiró unos metros para buscar su bolsa, dejando a Lidia con David por un instante, momento que éste aprovechó para susurrar al oído de la mujer unas palabras: –“y no lo has visto todo”.

    Por el camino de vuelta, Jorge y Lidia se retrasaron dejando a David y Serge caminar delante de ellos. Lidia estaba visiblemente incómoda, y Jorge, que conocía perfectamente a su mujer, la agarró de la cintura y le propuso tomar una cerveza a solas en el Club Social, a lo que ella aceptó con indisimulado alivio.

    –“¡David, Serge; Lidia y yo vamos al Club Social, ¡nos vemos en la tarde! –se despidió Jorge de ambos monitores separándose del camino principal tras salir de las instalaciones deportivas.

    –“¡De acuerdo, pareja, hasta luego! –respondió David tras girarse al escuchar a Jorge.

    –“¡Bye!, –bramó Serge escuetamente dirigiéndose al matrimonio sonriendo.

    –“Adiós” – contestó Lidia tan bajito que apenas se escuchó a sí misma, aun intimidada por la situación y tan confundida o más que en la piscina.

    Se sentaron en la terraza y pidieron un par de copas de cerveza, guardando silencio hasta que una bella y esbelta camarera los sirvió.

    –“Me gusta esta chica” –apuntó Jorge. “Quizás se quiera unir a nuestro club nocturno” –bromeó mientras le guiñaba un ojo a su mujer.

    –“Jorge, no sé qué me está ocurriendo” –intervino Lidia haciendo caso omiso a las palabras de su marido.

    –“¿Por qué dices eso?” –respondió preocupado. –“A ver, cuéntame qué pasa por esa cabecita” –contestó cariñosamente mientras extendía su mano para alcanzar la de su esposa.

    –“Después de lo de anoche no soy la misma. Disfruté muchísimo, pero no sé qué pensar. Me gustaría que volviéramos a casa, cariño. Cada vez que veo a David me siento incómoda, pero…”

    –“¿Cada vez? ¡Pero si lo acabas de ver ahora! –interpeló Jorge.

    –“No, lo vi esta mañana en la piscina, y ahora otra vez…” –aclaró Lidia.

    –“¡Ahhh!, por eso viniste a la pista – entendió Jorge. “¿Es que te dijo algo que te molestó? ¿Quieres que hable con él?” –se ofreció.

    –“¡No, por favor, no le digas nada! Tampoco me dijo ninguna grosería ni me faltó al respeto, es que después de lo de anoche no sé cómo comportarme” –confesó.

    –“Te entiendo, pero anoche a última hora parecías satisfecha y natural con él” –respondió. “Mira, es un buen tío, y lo pasamos muy bien. Si quieres podemos repetirlo, y si no, pues tan amigos. Es discreto y lo entiende, pero no puede desaparecer ni hacer que lo ocurrido se olvide. Intenta tomarlo como una aventura, una experiencia que creo nos gustó a todos. Ya sé que no es lo mismo, pero hagamos como si hubiéramos salido a cenar con un amigo. De ti depende si volvemos a hacerlo o simplemente sucedió una vez y nada más.” –intentó razonar Jorge.

    –“Pero es que no es sólo eso lo que me preocupa” –insistió Lidia. Es que desde anoche estoy distinta. Me…me… ¡Me he tenido que cambiar dos veces esta mañana!” –confesó ruborizada.

    –“¿Siii?” –respondió Jorge con malicia mientras sonreía pícaramente.

    –“¡Déjalo, por favor, no es una broma, me siento mal! ¿Es que no lo entiendes? Incluso cuando he visto a Serge…” –se detuvo en seco y agachó su cabeza recostándose hacia atrás soltando la mano de su marido.

    –“Te gusta, ¿eh? No me extraña… ¡Es imponente! Pero escúchame, somos mayorcitos. Esto es fácil. Si quieres, mañana mismo nos vamos a casa, pero piensa que estamos en un lugar en el que no nos conoce nadie, y tampoco somos los únicos que tenemos aventurillas. A fin de cuentas, nosotros no andamos con mentiras. Follamos juntos, solos o como nos da la gana sin tener que dar explicaciones. Si quieres que repitamos, David está dispuesto, y si no, pues simplemente ocurrió, nos divertimos y lo recordaremos cuando queramos. Punto. Él no va a contar nada, de eso estoy seguro, y tampoco te preocupes por mí, porque lo que más me importa es que disfrutes; conmigo, con los dos… Cuando se acaben las vacaciones, el asunto se acabó también.”

    –“Yo no quiero estropearte las vacaciones. Sé que ayer lo pasaste bien, y ahora sé que no te importa, pero yo no estoy segura de nada. Tú dices que David es discreto, pero… no me fío mucho de él” –dijo disgustada.

    –“Pues insisto en que no te preocupes, pero de todas formas haré lo que tú decidas, piénsalo. Ten en cuenta cómo lo pasaste y cómo lo puedes llegar a pasar, lo cual, según me cuentas, parece que no te disgusta…” –insinuó Jorge mientras llamaba de nuevo a la camarera para pedirle otro par de cervezas. –“Decididamente, quiero que esta chica se una a nosotros, no siempre va a haber mayoría de hombres” –bromeó una vez más Jorge, y Lidia no tuvo más remedio que reírse de las ocurrencias de su marido.

    Aprovecharon que tenían una de las mejores mesas de la terraza y ya comieron allí. Tomaron café y pidieron un par de gin–tonics para alargar la sobremesa. Lidia estaba más tranquila y relajada, parte por la actitud y las palabras de Jorge, parte por el alcohol que empezaba a hacer su efecto. La conversación que mantuvieron giró en torno a los cursos de gimnasia acuática, y rieron con ganas ante las ocurrencias de Jorge, que se burlaba de Lidia haciendo hincapié en las edades de las mujeres que acudían a dichas sesiones, e ironizando sobre los ejercicios que allí se realizaban.

    Cuando Jorge se terminó su bebida, inquirió a su mujer si le apetecía tomar otra, a lo que está respondió que prefería “tomar” otra cosa. Inmediatamente, Jorge pidió la cuenta a la camarera y la hizo efectiva mientras miraba burlonamente a su mujer, insinuando con gestos la posibilidad de que la camarera los acompañara al apartamento. Llegaron enormemente excitados y tardaron escasos segundos en desnudarse y tumbarse abrazados en la cama, que ni siquiera deshicieron. Tras numerosos besos y caricias, Jorge dirigió su mano al sexo de su mujer, comprobando satisfecho su humedad. – “¿Estás así desde esta mañana? Habrá que hacer algo contigo” –susurró al oído de Lidia entrecortadamente.

    –“¿Tú solo?” –respondió su mujer con voz ronca y queda.

    –“Yo y los que tú quieras” –respondió Jorge arrancando gemidos con sus caricias circulares sobre el clítoris de Lidia.

    –“Mmmm…” –ronroneó ella mientras su mano buscaba a tientas el pene de su marido. –“Cógelo” –pronunció ella recurriendo a la palabra clave que significaba la participación del dildo que reposaba en el cajón de la mesilla de él.

    Jorge se giró, abrió el cajón y tomó el consolador ofreciéndoselo a Lidia, que lo agarró de los testículos, y tras mirarlo con deseo, comenzó a chuparlo con cierta dificultad debido a su tamaño.

    –“¿No prefieres el de carne?” –comentó Jorge mientras acercaba su sexo al de su mujer.

    –“Mmmm… ¡¡Sí!!” –confesó Lidia retirando por un instante el dildo de su boca, para a continuación gemir aún más fuerte al sentir cómo el pene de Jorge invadía sus entrañas.

    Jorge agarró de las caderas a su mujer y comenzó una enérgica penetración, sobre excitado por la respuesta de su mujer, la cual parecía así mismo receptiva a la posibilidad de repetir el trío de la noche anterior. Dirigió su mano al pecho izquierdo de Lidia, y ante su sorpresa ella la retiró situándola sobre el derecho.

    –“Ésa no es tuya, es de David” –sentenció Lidia, retirando una vez más el rosado consolador de su boca dirigiéndolo al pezón de su pecho izquierdo, jugueteando con él.

    –“Entonces, ¿qué le dejamos al pobre Serge?” –replicó Jorge cuya excitación estaba alcanzando cotas indescriptibles.

    –“Esto” –respondió Lidia llevando entonces el dildo a su sexo, abriendo sus piernas para recibir su enésima doble penetración vaginal, arqueando su cuerpo e introduciéndose el pene de silicona con lentitud pero sin pausa, adaptándose para que ambos arietes se acoplaran en su interior. Inmediatamente, el placer se multiplicó gracias al tamaño de ambos intrusos que la llenaban completamente, pero también al escucharse decir todo lo que había pronunciado, y aún más por lo que se estaba imaginando y no había dicho.

    –“¿Te gustaría que Serge te follara, verdad?” –inquirió Jorge sin cesar en el mete–saca. –“¿Te imaginas cómo será su polla?” –insistió Jorge entrecortadamente.

    –“¡¡¡Si!!!” –gritó Lidia. –“¡¡¡Es enormeee!!!” –afirmó fuera de sí.

    –“¿Cómo lo sabes? ¿Acaso se la has visto?” –preguntó su marido.

    –“¡No!, pero David sí y me lo ha insinuado” –respondió Lidia mirando a su esposo con lujuria.

    –“¡¡Pues habrá que comprobarlo!!” –continuó Jorge mientras gruñía con fuerza al comprobar cómo su esperma estallaba en el interior de su mujer con un intensísimo orgasmo.

    –“¡¡¡Ahoraaa!!!” –lo acompañó ella alcanzando el clímax casi simultáneamente, imaginándose rodeada de los tres hombres eyaculando sobre sus pechos al unísono.

    Tras la intensa sesión, ambos quedaron dormidos, Lidia apoyada en el pecho de Jorge, y éste rodeando su cuello con su brazo izquierdo, aun desnudos y con los indicios de la batalla a su alrededor: sábanas revueltas, el dildo con restos de flujos y semen, el olor inconfundible a sexo… Llevaban al menos una hora así cuando el teléfono sonó despertándolos súbitamente. Jorge llevó su mano derecha hasta la mesilla y descolgó.

    –“¿Sí?” –interpeló al llamante. –“¡Ah, hola David!” –pronunció desvelando la identidad del inoportuno despertador.

    Tras unos segundos en los que se suponía un monólogo por parte del monitor, Jorge se despidió: –“De acuerdo, se lo diré y ya te cuento algo. Hasta luego.”– y cortó.

    Lidia, que se había agitado al saber que era David quien llamaba, miró fijamente a los ojos de Jorge esperando una explicación que éste tardaba demasiado en darle.

    –“Era David” –reveló sin necesidad.

    –“¿No me digas?” –ironizó Lidia.

    –“Ya, ya… Me dice que si salimos esta noche a cenar, que nos invita. Además hay un buen concierto de rock en la sala del paseo marítimo, por si queremos ir…” –explicó Jorge.

    –“La verdad es que me apetece salir esta noche” –confesó. “Y ahora creo que me lo voy a tomar de otra manera” –aceptó.

    –“¡¡Perfecto!!” –exclamó su marido. “Hemos quedado a las 10 en la puerta de la urbanización, aún tenemos tiempo. Por cierto, también viene Serge…”

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