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  • Aldana

    Aldana

    El día no se presentaba nada halagador. Se me había terminado el café, me quedaba dinero solamente para comer un par de semanas, no tenía trabajo y el examen del día siguiente era el presagio de una posible carnicería. Mi única tranquilidad era que había adelantado dos meses del alquiler del cuarto. Salí a la calle con una depresión que hacía mucho tiempo que no me daba. Llegué a la biblioteca pública y me senté a estudiar en el rincón más apartado.

    Lo de los existencialistas lo va a preguntar, seguro, había dicho Aixa con esa cara de pitonisa que suele poner cuando da uno de sus vaticinios, y aunque la mayoría de las chicas no le creyeron y algunas hasta se rieron de ella, yo sí la tome muy en cuenta. En ese momento recordé la menuda figura de Aixa, delgada, más baja que yo, el pelo cortito con apenas un mechoncito sobre la frente, los ojos moros tan enormes y sus labios carnosos. Aixa vestía siempre de pantalones y camisas arremangadas. Pantalones negros, azules o grises, casi nunca de jean, solo a veces.

    Y su paso rápido para alejarse de los grupos donde alguien encendiera un cigarrillo. Ese detalle era lo único que a veces nos acercaba. Seguí estudiando y comencé a hacer fichas sobre Heidegger y su obra, seguí con Jasper, después con Marcel, resolví dejar a Sartre para después, de él había leído algo más cuando mi profesora de Literatura me obligó a hacer una monografía para aprobarme en el último año de bachillerato.

    Esa monografía estaba bien hecha, pero siempre me acompañaría la duda de si la nota tan alta que obtuve se debió a eso o a la inesperada sesión de sexo que tuvimos una tarde de junio en su departamentito, cuando supe definitivamente que me gustaban las mujeres y únicamente las mujeres y emprendí al poco tiempo el viaje a la capital, con mis dudas y mis sueños.

    Mora, la profe, me enseñó que las lesbianas debíamos ser doblemente cautas en nuestras relaciones, que mi prioridad debía ser mi carrera, me dijo la última tarde que estuvimos juntas y yo sentí que en ese adiós se juntaba todo lo terrible y doloroso que tienen todas las rupturas pero lo entendí después, cuando aprendí a convivir en la jungla de la ciudad. Finalmente terminé con Sartre y salí a la calle, casi a las tres de la tarde. Decidí que recorrería la zona de los bares nuevos, no lejos del casco antiguo. Tal vez allí necesiten una camarera o una ayudante de cocina. Mi estómago, dócilmente habituado a las crisis cíclicas de mis bolsillos, no me hizo ningún reclamo.

    Caminé por calles transitadas, ruidosas, soleadas y tristes. Me vi más flaca en cada vidriera y en los cinco o seis locales en que me animé a entrar a preguntar me despidieron con mucha cortesía. Calculé que, si caminaba hasta el malecón unas ocho cuadras, podría tomar un solo transporte que me llevaría a casa. Apenas crucé la calle cuando vi un local recién inaugurado, no era muy grande en verdad, tendría unas quince mesas adentro.

    Una muchacha limpiaba la vidriera, un mozo atendía a una pareja sentada a una mesa; los únicos clientes a esa hora tan temprana. Un hombre canoso, de ojos verdes y cejas tupidas estaba sentado detrás de la caja. Un estante lleno de bebidas se veía detrás de él. Lo saludé y tartamudeé mi pedido. Su Mirada era muy dura.

    -¿Sabes preparar tragos?

    Asentí con la cabeza.

    -Ven conmigo- dijo. Lo seguí a la trastienda. Había una mesa larga llena de botellas y una pila de copas brillantes, una procesadora y varias cocteleras de acero inoxidable.

    -Prepárame un margarita- dijo y carraspeó, como hacen los viejos cascarrabias.

    Mezclé las bebidas en la coctelera y busqué una copa.

    -Necesito sal para adornar los bordes de las copas- dije.

    -No te preocupes por eso.

    Me quedé expectante viendo cómo olía el preparado, metió un dedo en la copa y lo probó, después gritó

    -¡Aldana!

    La muchacha que limpiaba la vidriera entró de inmediato.

    -Pruébate esto- le dijo y volvió a mirarme con sus ojos penetrantes.

    -Ahora prepárame un Manhattan- ordenó.

    Busqué entre las botellas hasta que encontré un buen vermut y volví a ejecutar mi arte. Volvieron a probarlo de la misma manera, me pidieron un Rob-roy, y después un Martini seco.

    -¡Coño! ¿Dónde carajo aprendiste a preparar tragos? ¿Hiciste un curso?- preguntó el viejo con su voz cavernosa.

    -Aprendí de un bartender.

    -¿Cómo te llamas?

    -Leticia Rodríguez.

    -Yo soy Francisco Cárdenas y Aldana es mi hija. ¿Puedes quedarte a trabajar? Mañana hablaremos de las condiciones.

    Regresé a mi cuarto a las tres de la mañana, cansada pero feliz. Tenía trabajo, había estudiado y me sentía segura de dar un buen examen. A la semana me había armado una carpeta con información que bajé de Internet sobre distintos tipos de tragos, no tenía contacto con los clientes y la paga era semanal. Traté de ser lo más seriota posible con todo el mundo, especialmente con el Viejo, pero el ambiente era tan tranquilo que jamás había problemas. Una noche, cuando ya los mozos estaban recogiendo, llegaron dos parejas maduras, los hombres vestían trajes caros y las mujeres iban vestidas de fiesta.

    Don José ordenó que se les atendiera y, cuando uno de los hombres pidió que el bartender les preparara sus tragos junto a su mesa, les explicó que esa no era una práctica de la casa pero que accedería por esta vez, y me llamó. Las mujeres se sorprendieron al verme. Les expliqué que para hacerles sus tragos a la vista tendría que traer algunos elementos de la cocina, como la coctelera, un recipiente con hielo molido y el jugo de naranja.

    Se tomaron varios destornilladores y pagaron sin chistar, me dejaron una buena propina y se fueron contentos. Llegué al cuarto casi a las cuatro de la mañana, exhausta, me tire a la cama sin molestarme por quitarme la ropa. Fui despertada por el hambriento sol de las doce del mediodía y un zumbido de mi celular.

    -¿Aló?

    -¿Leticia? ¿Eres tú?

    -Sí, ¿quién habla?

    -Soy yo, Aldana, necesito hablar contigo, estoy en la acera de enfrente de tu casa ¿puedo pasar?

    Me sorprendió esa visita como me hubiera sorprendido la visita del mismísimo Rafael, cualquiera de los dos, el del Renacimiento o el más reciente, el cantante español…

    Aldana vestía una falda blanca de algodón, una blusa azul oscuro de mangas cortas y sandalias de tiritas, cargaba un bolso tejido muy pequeño y llevaba en la muñeca unas pulseras finísimas de acero inoxidable. La invite a sentarse en la cama desordenada mientras me daba una ducha.

    -Dime, dije al salir rápidamente del baño, solo me había puesto un short y una blusita sin mangas.

    -Pues, mira, yo… no sé por dónde empezar, es que tenemos tan poca confianza que tal vez te puede parecer un atrevimiento que yo venga a tu casa a…

    -Mira, muchacha, ve al grano y pongamos esto claro de una vez ¿tienes problemas con tu padre, ¿verdad?

    -¿Cómo lo sabes?- dijo al tiempo que enrojecía.

    -No debe de ser difícil tener problemas con él, me imagino…

    Suspiró con fastidio.

    -Tengo que volver a Madrid y, eso me aterra, por un lado no quiero dejarlo solo porque me da miedo de que meta la pata en la administración del negocio, y por otro lado, lo que me espera allá es difícil…

    Opté por callar y dejar que se desahogara.

    -¿Sabes? Tengo que retirar de un banco las cosas que mi madre dejó para mí cuando se murió, hace más de seis meses.

    -¿No estuviste con ella cuando murió?

    Permaneció callada un momento, mirando el techo, como si buscara en las Alturas, entre las telarañas, alguna señal de salida para la angustia que sin duda la acongojaba.

    -Ella murió en un manicomio. Tenía una esquizofrenia paranoide irreversible…

    -¿No puedes pedir que te envíen eso por correo?

    -Podría, pero tengo que hacer trámites en la universidad, firmar papeles, no puedo dejar de ir.

    -Cuéntame más.

    Eran casi las tres de la tarde cuando Aldana se fue. Comimos un arroz blanco con huevos fritos y yo fui a mi universidad.

    No la vi esa noche en el bar y me cuidé muy bien de que el Viejo supiera nada de nuestra charla. Una semana después casi había olvidado nuestra charla. Pero Aldana volvió y se puso a ayudarme en un momento en que el local se había llenado y todo el mundo pedía tragos.

    -Tenemos que hablar- me dijo, como si yo estuviera involucrada en todo lo que le había pasado. Salimos a las dos de la mañana y Aldana simplemente le avisó a su padre que me llevaría a mi casa. El Viejo no pidió explicaciones, simplemente asintió. Aldana me hizo subir a su auto y arrancó. Por el camino me fue contando su experiencia. El tono monocorde de su voz estuvo a punto de darme sueño un par de veces, pero reprimí los bostezos. Ya en mi cuarto, que no sé por qué extraña conjunción de fuerzas planetarias ese día estaba limpio y ordenado, decidimos tomarnos un café para seguir charlando.

    Aldana terminó de desnudar su alma para mí. Para cuando terminamos de hablar eran casi las seis de la mañana. Ahora yo tenía una perspectiva bien diferente de lo que era esta muchacha. Solo una pregunta me rondaba por los oscuros rincones de mi cerebro; ¿por qué me había elegido como confidente? ¿Tan sola estaba? ¿O acaso era una solitaria como yo?

    Fue en la madrugada de un sábado. Era casi las dos de la mañana y no quedaban más de dos mesas ocupadas. Don Francisco ordenó cerrar y se fue apenas hubo terminado con la caja. Aldana, como siempre, se hizo cargo del resto. La ayudé a limpiar y menos de quince minutos terminamos con todo. Jorge, el último de los mozos, se fue en su motocicleta y Aldana me hizo una seña de que la esperara. Querrá charlar, pensé. Nos montamos en su autito y en pocos minutos recorríamos la desierta avenida Washington.

    Cuando llegamos a la entrada de un residencial llamado Mar del Sol, Aldana detuvo la marcha para señalarme el ultimo apartamento de un edificio de cinco pesos.

    -Me mudé hace dos días, ahora papi podrá traerse a sus queridas sin problemas- dijo.

    El sueño empezaba a apoderarse de mi cuerpo, aunque era casi una hora más temprano de la que acostumbrábamos a salir. Aldana entró al residencial. Supuse que iría a buscar algo al departamento y luego me llevaría a casa, no me preocupé demasiado, siempre cabía la posibilidad de pedir un taxi. El departamento tenía dos dormitorios, una salita, un balcón enrejado y una cocina muy pequeña. Por todos lados había cajas apiladas con libros, discos compactos, ropas y cortinas. Aldana sugirió que nos quitáramos los zapatos y habláramos en voz baja, para no molestar a los vecinos.

    El sofá de la salita estaba lleno de bolsas de ropa y cajas con papeles. Lo único que ella había instalado era su computadora. Su dormitorio estaba un poco menos desordenado que el resto de la casa, al menos sobre la cama no había cajas ni bolsas de cosas. Encendió el aire y en pocos minutos el calor dejó de ser una molestia. Me senté en la cama mientras ella entraba al baño. Comencé a buscar en mi cartera la tarjetita de mi taxi y la dejé a mano sobre la mesita de noche.

    El frescor del aire acentuaba mi modorra de tal manera que decidí relajarme un momento, me recosté y cerré los ojos, respiré hondo, me quité los zapatos, me sentía tan bien que pensé en un campo verde, con árboles a lo lejos, tal vez una casa con techo de tejas… me despertaron los sonidos del amanecer. Sorprendida, miré la hora. Eran casi las seis de la mañana. Aldana dormía a mi lado, acurrucada y de espaldas. Había puesto un grueso acolchado de seda que nos protegía del frío. Fui al baño y me di una ducha, me lavé los dientes con el minicepillo que siempre cargo en la cartera.

    Afuera la ciudad despertaba con estruendo de motores y bocinas. Volví a la habitación a esperar que Aldana se despertara para poder irme. Ella entreabrió los ojos y me miró, y después sonrió.

    -¿Dormiste bien?

    -Maravillosamente. Ni siquiera sentí cuando me cubriste.

    -Déjame levantarme- dijo y saltó de la cama. Tenía puesta una larga camiseta blanca con una figura de Bugs Bunny. Me enterneció verla vestida así. Regresé a casa con la imagen de esa figura menuda moviéndose por ese departamento desordenado.

    Esa noche cerramos tarde y otra vez nos quedamos con Aldana a terminar todo. Salimos del bar bajo una lluvia tenue, que rápidamente se convirtió en aguacero.

    -Vamos a casa antes de que las calles se inunden- dijo ella y enfiló hacia el edificio. Tuvimos que correr desde el estacionamiento hacia el edificio y aunque eran pocos metros llegamos empapadas. Ahora el departamento estaba más ordenado.

    La voz de Aldana sonó perentoria.

    -¡Quítate esa ropa mojada! Dijo al tiempo que empezaba a desnudarse y dejaba caer sus prendas en una silla plástica. La imité mientras trataba de disimular mi turbación. Su piel blanquísima estaba erizada por el frío que causaba el agua que se escurría en chorritos por la confluencia de sus senos redondos, carnosos. Aldana tenía el sexo completamente depilado. Envarada y cohibida, terminé de desvestirme cuando ella ya se había metido bajo la ducha y se enjabonaba sin inhibiciones.

    Me hizo una seña para que la alcanzara y, bajo el chorro de agua tibia, Aldana comenzó a enjabonarme, ángeles míos, esta niña ignora que me está generando una temperatura que en pocos segundos se convertirá en fiebre. Antes de que pudiera reaccionar Aldana me abrazó desde atrás y me preguntó quedamente al oído…

    -¿Tú me deseas?

    Asentí silenciosamente y entonces ella me hizo dar vuelta y nos dimos un beso larguísimo, mojado, y reímos durante un momento. Ya en la cama comenzamos un largo juego de caricias, besos y una esgrima de lenguas mientras el cielo se partía en pedazos en cada trueno.

    Sus dientes me hacían cosquillas en el coxis mientras sus dedos finos caminaban por la parte interna de mis muslos hasta llegar a la maraña de mi sexo sin depilar, en algún momento me di vuelta y comenzamos un sesenta y nueve espectacular que ella abandonó enseguida para concentrarse en el placer que mi lengua le brindaba, jugué con sus labios enrojecidos, recorrí su deliciosa caverna que se hacía cada vez más pastosa hasta que el latido de su pelvis se tensó y estalló en un largo espasmo, tratando de ahogar un gemido de placer que se hizo casi inaudible.

    Su lengua recorrió después toda la zona bajo mi ombligo y se internó en mí, jugó con mi clítoris como si fuera una golosina y cuando me hubo transportado a las alturas de un orgasmo que jamás había tenido, me abrazó y se apretó contra mi pecho, todavía agitado por las convulsiones del placer. Nos cubrimos con la manta y dormimos abrazadas, hasta que un trueno nos despertó y de nuevo nos amamos, esta vez con la urgencia de ver quién de las dos terminaba primero. Aldana me venció. Tuve un orgasmo tan increíble como el primero y me sentí en la obligación de devolverle el placer, algo que no me costó demasiado. Esa semana hicimos el amor todas las noches.

    El lunes siguiente, día en que el bar no abría, Aldana me inventó una tía en el interior a la que yo iría a visitar y, supuestamente, la había invitado. Pasamos el día en un resort, tomamos algo de sol en la tarde y nos fuimos a dormir antes de las siete de la tarde. Aldana dijo que quería ver una película de Gary Cooper y caminó desnuda por la habitación para buscar el control remoto. Verla caminar desnuda me excitó tanto que la tomé en mis brazos y solo la solté cuando la sentí gemir en su primer orgasmo de esa tarde. En realidad no vimos ninguna película en toda la noche y al otro día dormimos toda la mañana, como si hubiéramos estado trabajando en el bar.

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  • Cada noche, mientras me sueñas

    Cada noche, mientras me sueñas

    Le he mentido a la luna para contaros esta historia, sé que os preguntareis porque digo esto; muy sencillo, yo la envidio porque allá desde lo alto puede ver a mis amadas ninfas recostaditas en sus sabanas de algodón, algunas en dulces braguitas, otras que vencidas por el sueño, no pudieron quitarse sus tangas manchados con leche teñida y jugos.

    Pues eso amigos míos, le he pedido a la luna que me llevara con ella a pasear, que hoy estaba triste y temía naufragar, ella como es tan romántica me ha creído y aquí estoy yo ahora, en la cima del mundo.

    Mi primera visita será a mi dulce niña, ella y sus vaqueros despiertan mi imaginación, siempre que observo como la tira de sus bragas traspasa la tela de su pantalón formando un moflete en su culo me asaltan las ganas de ponerme a cuatro patas y rendido a su belleza comenzar a olfatear ese ano protegido y ese coño humedecido.

    Hoy duerme con la ventana abierta, que amable ha sido la nube dejándome bajar, lo que me pide el cuerpo es desprenderla de sus sabanas y meterle mi nabo sin compasión, pero el contacto con la luna me ha suavizado los instintos, solo quiero ver de cerca la joven y bella arruguita de su coño; no entiendo el empeño que ha puesto la luna en que debía viajar desnudo tengo la polla tan tiesa que podría ponerme de bandera estas sabanas.

    No quiero hacerme una paja, a mí se me va pronto el morbo cuando me relajo y entonces me sentiría terriblemente culpable, he de dejar de pensar en tonterías, quiero guardar en mi mente la imagen de su vagina protegida por sus bragas, me gustaría tocarla, pero estropearía el lienzo.

    Huele dulce, mucho mejor que cuando me la encontraba en el portal inundada en desodorante, el olor de una buena hembra es el mejor afrodisíaco. Como siga moviéndose me voy a correr, no había caído en la cuenta de su vello púbico pugnando por salir de sus bragas, lo tiene abundante, así es como siempre lo he imaginado.

    Siempre he pensado que soy un bicho raro; aunque la estampa de belleza que tengo delante ya me ha ordeñado el rabo, siempre tengo la cruel diatriba de que lo que realmente me pone de una chica es su culo, sobre todo el de ella, redondito y carnoso, sé que podría voltearla, pero me he prometido no hacer nada que altere el orden natural de las cosas.

    Pero por esta vez ella se ha apiadado de mí y me ha puesto a escasos centímetros de mi polla su hermoso culo. La he salpicado con una gota de leche porque a pesar de que esta oscuro se puede distinguir perfectamente su ano que me pide a gritos que lo rompa, para mí sería muy fácil, solo tendría que mojar un poco mi pene con sus juguitos y después…

    Pero hoy no podrá ser amada mía, la luna se está impacientando y se me acaba el tiempo, te prometo que volveré mañana, hoy te dejaré como siempre mi regalo; mi semen infecundo navegando en tu cuerpo.

    Mañana sé que te levantaras y te acordarás de mí, sé que a la gente le cuentas que me sueñas cada noche, pero cuando visitas la piedra oscura que ahora es mi hogar; y te veo tan triste echo de menos aquel tiempo en que paseaba a tu lado por la vida.

    Se que algún día tendrás a un hombre a tu lado, ya es el tiempo amor mío, ya te toca, yo me quedé en aquella curva, morí en el acto y no pude decirte todo lo que te quería, mi idea del cielo es el poder engañar a la luna y venir a verte cada noche montado en una nube, no siempre te llevas mi leche amor mío; a veces te riegan mis lágrimas…

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  • Mi esposa (2): La historia

    Mi esposa (2): La historia

    Ya en Barcelona, las primeras semanas transcurrieron de lo más normal, quizás la excepción era que mi mujer iba más caliente.

    Puesto que no teníamos problemas económicos María quería salir todas las noches a cenar y evidentemente después tenía que haber sexo, pues sino para ella la noche no era completa.

    A las pocas semanas ya no deseaba salir tanto, alegaba que estaba cansada, yo a este cambio de comportamiento no le di importancia hasta que fuimos a una importante fiesta en una finca cercana a Barcelona.

    Para la fiesta, María vestía un vestido largo con un generoso escote, realmente estaba para comérsela. Después de la cena hubo baile, María se fue a bailar y yo me quede en la mesa charlando con otros invitados. Eran cerca de las dos de la madrugada cuando me puse a buscar a mi mujer para irnos a casa pues yo estaba cansado.

    Como no la encontraba le pregunte a la anfitriona si había visto a María, me dijo que si, que la había visto con un grupo de invitados cerca de la piscina.

    Al llegar allí vi que no había nadie e iba a marcharme cuando oí unas voces que venían de una parte del jardín muy tupida y oscura. Me acerque sigilosamente, casi me desmayo de la impresión. Allí estaba mi mujer con tres invitados, habían cogido una tumbona de la piscina, María estaba siendo penetrada por todos sus agujeros, uno de los hombre estaba echado sobre la tumbona, mi mujer cabalgaba encima de su polla mientras un segundo por detrás la enculaba vigorosamente y el tercero le metía y sacaba su polla por la boca como si fuera una segunda vagina.

    Me tuve que apoyar en un árbol para no desfallecer, ver a mi María jadeando como una posesa era más de lo que podía soportar, cuando los cuatro acabaron por correrse ella les tomo una a una sus pollas y les limpio hasta la última gota de semen, luego se vistieron y volvieron a la fiesta como si nada hubiera sucedido.

    Cuándo me encontré con mi mujer le pregunté “¿Que tal lo has pasado?”.

    “Bien, muy bien” me respondió. Evidentemente no me dijo nada de lo sucedido ni yo le comenté lo que había visto.

    Al llegar a casa yo iba tan caliente, la escena que presencia me había puesto a mil, que nada más cerrar la puerta le arranque el vestido la apoye en el sofá y sin darle tiempo a nada se la metí por el culo, se la estuve metiendo un buen rato y cuando estuve a punto de correrme la agarre por los pelos y me corrí es su cara.

    Al día siguiente decidí seguir a mi mujer, pues como comprenderéis comencé a sospechar y cuál fue mi sorpresa cuando la vi entrar en una conocida sauna de la parte alta de Barcelona. Espere fuera a que saliera lo cual no sucedió hasta casi cinco horas después.

    Al llegar a casa le dije a mi mujer todo lo que había visto en las últimas 48 horas y que quería una explicación convincente.

    María comenzó su relato:

    “Veras, tú te acuerdas de Ana la que conocimos en Empuriabrava” “sí, me acuerdo” respondí yo.

    “Pues grabo en vídeo todo lo que allí paso y hace unos meses me llamo a casa con una excusa y quedamos en un piso que tiene en la calle Enrique Granados. Una vez llegue estuvo muy amable, pero en un momento dado me puso un trozo de la cinta, yo me quede atónita de ver lo que Ana había hecho. A continuación, entra palabras agradables de lo estupenda que yo era, me chantajeo, me dijo que si no trabajaba para ella como chica de compañía haría correr la cinta por toda Barcelona. Como compraderas me asuste y acabe cediendo pensando que podría librarme de ella.”

    La miré a los ojos y le dije “¿desde cuando trabajas de chica de compañía? Y ¿con cuántos hombres has estado? ¿eh?” mi tono era de cabreo.

    Ella continuo con su relato “Hace cinco meses que trabajo para ella voy de lunes a viernes por las tardes, alguna mañana y alguna que otra noche en las que te decía que salía a trabajar con los del despacho”.

    “Bien ¿y con cuantos has estado?” Insistí.

    “Pues no lo sé” continuo ella “pero vamos cada día un promedio de cuatro o cinco.

    Yo la miré y le dije en tono brusco “tú lo que eres es una puta”.

    “¿Y los tres que te estaban follando en la fiesta quiénes eran?” le pregunté.

    “Eran clientes que por mala suerte me habían reconocido y que para que no organizaran ningún escándalo tuve que ceder a sus amenazas” me dijo.

    Yo le pregunté “¿A quiénes tienes de clientes conocidos?” se hizo el silencio, volví a repetirle la pregunta y al ver ella que yo me estaba poniendo nervioso me dijo “no te enfadaras, me lo juras”.

    “Te lo juro”, la verdad es que no debía que haber jurado nada, pues lo que me contó me dejo helado.

    María prosiguió con su relato después de jurarle varias veces que no me enfadaría.

    “Veras” comenzó suave y pausada, como pensando cada una de las palabras que salían de su boca, “me acuesto con dos tipos de personas, mejor con tres. El primer grupo son a los que se lo hago gratis, el segundo son los clientes que pagan bien en la sauna, en el piso o con salidas de hotel, y el tercer grupo, que también pagan, son las despedidas de soltero o las convenciones y ferias”.

    Yo estaba atónito. “Bien, dime quienes son los del primer grupo, dame un ejemplo con pelos y señales” le dije.

    “Bueno, si no te importa comenzare por el segundo grupo. Estos son básicamente gente que viene de negocios a Barcelona, uno de ellos es directivo de una importante empresa de Madrid, los hay también extranjeros. Del segundo grupo pues hay de todo, en las despedidas de soltero son todo chicos jóvenes y en las ferias y congresos son gente de mediana edad”.

    “¿Y en las despedidas lo haces con el novio?” Pregunte ingenuo de mí.

    “A veces si, a veces no” respondió. “¿Qué quieres decir con ello?” Pregunte.

    “Pues eso, que a veces solo follo con el novio y a veces con todos, según va”.

    ¿Y en las ferias que también te lo montas con todos?”

    “Pues a veces si, sobre todo si están bien dotados” me contesto ella cada vez más segura de sí.

    “¿Y qué pasa con el grupo que no paga?”

    “Pues esos por un motivo u otro no pagan” me dijo. Yo insistí “¿Y por qué no pagan?”.

    Volví a insistir al ver que no quería responder. Al fin dijo “Pues porque saben que me dedico a esto y me chantajean. O se lo hago gratis siempre que ellos quieran o bien se lo cuentan a todas mis amistades y familia”.

    “¿Y bien quienes son estos?”

    “Déjalo ya” contesto. “No, ¿quiénes son?” Insistí.

    “No te va a gustar”.

    “Me es igual, quiero saber quienes son los que te chantajean” le dije.

    “Mi ginecólogo, cada vez que voy a la consulta me folla por el culo”.

    “¿Quiénes más? Vamos”.

    “Pedro, el marido de mi hermana, una vez me tope con él a la salida de la sauna y como no es tonto enseguida comprendió a lo que me dedicaba. Dos o tres veces a la semana voy a su despacho donde follamos como locos puesto que conmigo hace todo lo que no puede con mi hermana. Y en las reuniones familiares me hace sentar a su lado y me obliga a quitarme las bragas para meterme mano por debajo de la mesa, le excita hacerlo delante de todos”. Hizo una pausa.

    “También me folla mi jefe todas las mañanas, aunque lo que más le gusta es que se la mame y luego correrse en mi boca, obligándome a tragarme su semen”.

    “¿Cómo es que tu jefe sabe que eres una puta?” Le pregunte.

    “Una tarde vino al club con dos clientes y no pude evitar que me viera, así que no sé lo pensó dos veces y me escogió a mí, pues como sabes siempre me ha tirado los tejos, lo malo es que los tres quisieron follar conmigo, y ya te imaginaras que llenaron todos mis agujeros de semen. Cuando acabaron mi jefe me obligo a salir a cenar esa noche con él.”

    Yo no daba crédito a lo que oía. “¿Y cuándo paso eso, y que hiciste?”. Pregunte.

    “Aquella noche que te dije que salía a cenar con los compañeros del despacho y que llegué a las 7 de la mañana”.

    “Bien ¿Y qué paso?”. Yo cada vez estaba más caliente, cuanto más me contaba más morbo sentía.

    “Me hizo ir sin ropa interior a un restaurante de moda, sin ningún tipo de rubor me metió mano en mis partes durante toda la cena, al principio estaba incomoda, pero pronto el morbo de la situación me excito, notaba mi coño húmedo, de hecho cuando acabamos la cena mis fluidos resbalaban por mi entrepierna.

    Luego al salir fuimos a un bar musical que está al lado de un hotel en la parte alta, el cual estaba lleno de chicas de alterne. Allí estuvimos tomando una copa al tiempo que me besaba y me tocaba mi clítoris. Luego se fue a la barra, vi como se ponía a hablar con un señor alto y apuesto al rato vinieron los dos, mi jefe me lo presento como Carlos, este se sentó a mi lado y apenas cinco minutos después me estaba metiendo mano. Yo estaba atónita, mi jefe se trae un desconocido y este no para de meterme mano”.

    Hizo una pausa y continuo.

    “A eso de las dos nos fuimos los tres a un hotel, en ese momento me imaginaba que lo que querían era montar un trío, pero lo que sucedió fue mucho más de lo que podía imaginarme. En el coche mi jefe saco una bolsa del maletero y me dijo que me pusiera la ropa que había en ella. Cuando me puse toda la ropa me di cuenta que iba vestida como una puta barata. Botas por encima de la rodilla y con tacón de aguja, minifalda y una blusa prácticamente transparente, evidentemente sin ropa interior”.

    “¿Pero tu jefe que se piensa? Mañana te despides” le dije.

    “Te despides tú, pues mi trabajo me gusta”.

    “¿Qué trabajo, el de secretaria o el de puta?” Le pregunte irónicamente.

    “Ambos, ¿Quieres que continúe o ya tienes bastante morbo?”.

    “Continua”.

    “Al entrar en el hotel de esa guisa creí morirme de vergüenza, los pocos empleados me miraban de arriba abajo y cuchicheaban entre ellos. Ya en el ascensor Carlos, que cada vez era más grosero, me levanto la falda por detrás y me metió su dedo en el culo. Cuando llegamos al piso al salir del ascensor mi jefe me quito la falda y tuve que recorrer el pasillo con mi coño al aire. Tenía miedo de que pasase alguien en ese momento.

    Ya en la habitación, Carlos me cogió y me esposo las manos a la espalda mientras mi jefe colocaba una cámara de vídeo para grabarlo todo. Me arrodillaron y me obligaron a chuparles sus pollas hasta que ambos se corrieron en mi boca obligándome a tragarlo, la enorme cantidad de semen me salía por las comisuras de los labios. Luego mi jefe me desata y me dijo que les volviera a poner duras sus pollas, lo cual no me costó demasiado.

    Mi jefe se echó en la cama y me ordeno que montase encima de su verga cuando la tuve dentro de mi Carlos me la metió en la boca y cuando la tuvo lubrificada se puso detrás y me empalo. Me estuvieron follando y enculado durante cerca de dos horas. Luego oí como llamaban al servicio de habitaciones, cuando llamaron a la puerta mi jefe me ato las manos a la espalda mientras Carlos fue a abrir.

    Oí como le decía algo al camarero, este entro, se acercó a mí y me manoseo al tiempo que soltaba todo tipo de palabras soeces sobre mí a los otros, que vaya putita tenían y cosas por el estilo. El camarero se quita los pantalones mientras Carlos me agarro por los pelos y poniéndome de rodillas me hizo chuparle la polla al camarero, cuando este la tuvo dura me pusieron con el pecho apoyado en la cama, entonces note como una polla se metía de golpe en mi culo, era el camarero, este gritaba ‘te gusta zorra verdad, te gusta que te enculen’, mientras mi jefe y Carlos le decían ‘venga más fuerte, que esa puta se entere bien’.

    Cuando el camarero se corrió en mi culo se vistió y se fue, Carlos volvió a cogerme y me llevo al baño. Me hicieron entrar en el jacuzzi, me colocaron de rodillas y sin darme tiempo a reaccionar los dos se mearon encima de mí, los muy cabrones. Me duche y me dejaron en casa”.

    Yo no salía de mi asombro, mi mujer había caído en lo más bajo y a punto estuve de darle una torta, pero me contuve, quería saber más, el morbo era más fuerte que mi cabreo.

    “Y bien, ¿no hay más conocidos?” Pregunte.

    Yo estaba cada vez más cabreado y cornudo. Ella continuo con su relato, pero esta vez algo llorosa

    “Mi padre”

    “¿Cómo que tu padre?” Pregunte atónito.

    “Sí, mi padre. ¿Crees que me resulta divertido?” Respondió medio llorosa.

    “A ver, cuéntame” le dije intentando calmarla, aunque en realidad el morbo del incesto era lo que me tentaba.

    “Un día Ana me llamo y me dijo que tenía un cliente muy importante y que este quería algo especial. Lo especial para Ana era el sexo anal. Me dijo que dicho cliente iría al piso de Enrique Granados a eso de las seis de la tarde y añadió que no tuviera prisa por terminar, que ya pasaríamos cuentas.

    Cuando llego me avisaron y salí al salón a recibirlo al ver que era mi progenitor casi me desmayo, él también se quedó cortado, Puri, la recepcionista, al ver la situación dijo – algún problema, señor -. Mi padre hábilmente le dijo que no, que todo estaba perfecto. Yo no podía imaginarme que él ‘todo estaba perfecto’ era que mi padre siempre me había deseado y ahora tenía la oportunidad de dar rienda suelta a sus más ocultas perversiones sexuales. Una vez en la habitación me dijo un escueto ‘bien guapa, chúpamela’, yo me quede quieta sin saber que hacer, al fin al cabo era mi padre.

    Él volvió a insistir ‘he pagado para que hagas lo que yo quiera, así que empieza o tendré que llamar a Ana’ se sacó su pene y me ordeno ‘chúpala ya, puta’ yo la tome y con vergüenza me la metí poco a poco en la boca, cuando estuvo dura me puso contra la pared y me ordeno ‘separa tus nalgas, zorra’ y en esa posición me dio por el culo hasta que se corrió dentro de mí. Se vistió y cuando se fue me dio un cariñoso beso y me dijo ‘adiós, hija’. Yo me quede en la habitación sin entender muy bien lo que había sucedido”.

    “El muy cabron de tu padre” exclame yo. “Y dime, ¿tu padre te ha vuelto a joder?”.

    “Si, una vez al mes” .

    “¿Sólo una vez al mes?” Pregunte incrédulo.

    “Bueno, cuando hacemos reuniones familiares, siempre me obliga a que le haga una mamada, pero nada más”.

    Yo tenía la polla tan dura que la saque y le dije “anda, mámamela puta de los cojones”, cuando estaba a punto de correrme le sujete la cabeza y me corrí de lleno en su boca obligándola a tragarse mi semen, cosa que hasta entonces yo no había hecho por pudor.

    Después de todo lo que oí, decidí vengarme.

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  • Si, con un amigo de mi novio

    Si, con un amigo de mi novio

    Tenía dos entradas para un concierto. Iba a ir con mi novio, pero al final tuvo que salir de viaje por trabajo justo el día anterior y no pudo venir. Para no perder la entrada llamó a un amigo suyo, Oscar, que aceptó encantado la invitación. Yo no lo conocía mucho, solo había coincidido con él un par de veces, pero parecía simpático.

    Me vestí y maquillé un poco. Llevaba unas mallas con un jersey largo de punto muy suave que simplemente me cubría el culo y unas botas negras altas con un tacón de 10 cm y un abrigo para la lluvia por encima. Mi conjunto de ropa interior era un tanga negro de hilo y un sujetador de media copa a juego.

    Me encontré con Oscar en la entrada de la sala en la que era el concierto. Había mucha gente. Nos dimos dos besos, entramos y pedimos unas cervezas mientras esperábamos. No dejaba de entrar gente así que fuimos cogiendo sitio. Cuando salió el grupo estaba lleno y casi no podíamos ni movernos. Me puse delante de Oscar para protegerme con su cuerpo de unos que se movían demasiado y no paraban de chocar conmigo. Para poder comentar cosas del concierto me hablaba al oído por encima del hombro y su cuerpo quedaba totalmente pegado al mío.

    Cuando era yo la que quería decirle algo me giraba hacia él. Me daba cuenta que mis pechos se rozaban con su brazo y a veces con su pecho, igual que en más de una ocasión sentía su paquete contra mi culo cuando me hablaba al oído y en ningún momento rehuía los roces entre nuestros cuerpos como haría normalmente para evitar malos entendidos.

    Oscar creo que se iba dando cuenta y cada vez me comentaba más cosas. Es un tío muy gracioso y me reía mucho con sus bromas y chistes. Empezó a cogerme también de la cintura cuando era yo la que me giraba para decirle algo. Nos fuimos moviendo hacia una esquina para evitar a los fans que no paraban de moverse y darnos pequeños empujones y nos quedamos en una zona más tranquila disfrutando del concierto. Noté en alguna ocasión sus dedos rozando mi culo y también como apretaba el brazo contra mis tetas.

    El concierto acabó y nos quedamos ya que la sala también era un club. Me invitó a un vodka con naranja y seguimos charlando. Aunque ya no estaba tan lleno como durante el concierto seguíamos igual de pegados y con los mismos roces que me parecía que empezaban a hacer efecto en los dos. Fui al baño y a la vuelta me dijo que le gustaba mucho cómo iba vestida. Yo hice un giro riéndome para que viera bien mi modelito y animada por el piropo le pregunté si era por el tacto del jersey que lo tocaba tanto, guiñándole un ojo al mismo tiempo para que supiera que no me molestaba.

    Él se rio, confesando su falta, diciéndome que le gustaba mucho el tacto del jersey sobre mi cuerpo y la curva que hacía en mi cadera. Propuso un brindis por el tacto de mi jersey y porque pudiera seguir disfrutando de él y yo exclamé mientras chocaba nuestros vasos “que así sea”

    Después de ese momento, bailamos un poco y seguimos charlando. En un momento me puso la mano en la cintura y noté cómo me apretaba un poco con los dedos. Ni dije ni hice nada, pero no pude evitar reírme cuando él dijo que era una gozada aquel jersey, que le daba gustito disfrutar de su tacto. Empezó a acariciarme la espalda con toda la palma de la mano, desde los hombros hasta abajo. Comenté que debería ponerme más veces ese jersey porque su manera de disfrutar del tacto también me hacía a mí disfrutar. Sus dedos iban bajando casi hasta el nacimiento de mi culo.

    Me preguntó si el jersey era igual de suave por todos los sitios. Y su mano bajó hasta mi culo acariciándolo suavemente. Le dije que era un descarado. Él se rio y, en vez de parar, siguió, pero acariciando solo con la punta de los dedos. Subía por la columna y al llegar a la nuca bajaba por un lado hasta el centro de una nalga, seguía hasta la raja, volvía a subir por la columna y bajaba por el otro lado. En realidad, acariciaba mi prenda más que mi cuerpo, pero eso lo hacía más excitante para mí. Respetaba la inocencia del juego, como para mantener las formas, dándole un punto erótico al no detenerse al llegar al final de la espalda.

    Tras unos minutos jugando de esa manera paró y me dijo que le sorprendía que fuera tan juguetona y que se preguntaba si me quedaba en el juego. Yo me reí, intentando evitar darle una respuesta que me comprometiera, para al final zafar con un “depende”. Me propuso cambiar de local y nos fuimos a otro pub, en la misma onda de ambiente, pero como más tranquilo. Nos pusimos en unos taburetes en una mesa alta que había en una esquina, repetimos el vodka con naranja y siguió haciéndome reír con sus bromas, sus chistes y sus comentarios sobre alguna gente que había en el local.

    Yo estaba sentada de frente a él cuando me preguntó si no quería ponerme de pie. Al ver la extrañeza dibujada en mi cara, se rio y me explicó que le habían entrado ganas de acariciar de nuevo mi jersey. Una carcajada me salió del fondo del alma y, sin pensar, le dije que por delante el tacto era el mismo guiñando un ojo al mismo tiempo. Oscar sonrió y apoyo una mano en mi muslo, justo al final del jersey. Con sus dedos cogió el borde y de su boca salió un mmmm. Yo tenía las piernas cruzadas. Su mano descansaba en mi muslo y sus dedos acariciaban el borde en el hueco entre mis dos piernas.

    Descrucé las piernas y sus dedos entraron un poco por debajo del jersey. En ese momento no hablaba, solo miraba mis piernas. Levantó su vista y me guiñó un ojo. Yo me reí nerviosa y di un pequeño sorbo a mi vodka. Su mano, con sus dedos como guía, iniciaron el ascenso por mi muslo, llegando enseguida a la cadera ya que el jersey casi no cubría más allá de mi entrepierna. Subió por el estómago y luego por el estrecho canalillo que el sujetador hacía. Inevitable el roce con mis pechos y sus dedos, pero no se detuvo hasta llegar al cuello.

    En su descenso siguió el contorno de mi teta derecha primero y luego el de la izquierda, bajando de nuevo por el canalillo hasta el final del jersey. Yo daba pequeños sorbos a mi copa. Y mi móvil sonó. Mi novio me mandaba un WhatsApp para preguntarme qué tal en el concierto. No sé por qué, pero se lo mostré a Oscar y el me sugirió que le dijera que estaba tomando una copa con él. Mi novio, tan gentil como siempre, me respondió que me lo pasara bien y que disfrutara de la noche. Guardé el móvil en el bolso y le dije a Oscar que iba al baño. Subí por las escaleras, hice pis y al salir me encontré a Oscar meando enfrente en un urinario de pared.

    Nuestras miradas se cruzaron y nos reímos. Dijo que el último en salir no había cerrado la puerta y que no mirara. No había nadie más en los baños así que no le hice caso y me quedé mirando. Oscar me retó diciendo que no le iba a dar vergüenza que le viese la polla y le respondí que a mí tampoco me daría vergüenza vérsela. Al acabar se separó del urinario que tapaba y, con toda la calma del mundo, se la guardó. La tenía totalmente descapullada y me dio la impresión que estaba algo más grande que en su estado de reposo. ¿Contenta de verla? Me preguntó a lo que contesté con otra pregunta de si estaba contento porque se la había visto.

    Se carcajeó con mi respuesta, se lavó las manos y vino hacia mí. Eres muy, pero que muy traviesa y empiezas a jugar con fuego, me dijo sin que su sonrisa dejase de estar presente en su expresión, y vas a acabar quemándote. Yo le guiñé un ojo y me di la vuelta para regresar, pero él me agarró por la cintura. ¿Adónde vas? Me preguntó y le dije que afuera a fumar y para refrescarme un poco para no quemarme. Nos reímos y me dijo que salía conmigo pero que su sentido del tacto lo llamaba de nuevo. Le dije que ya conocía el jersey de sobra, pero hábilmente dijo que no conocía el de mis mallas.

    No pude evitar la risa y sentir enseguida sus manos en mis piernas por la parte de atrás y como iban subiendo. Al acercarse a mi culo comentó, como quien no quiere la cosa, cómo sería sentir el tacto de las mallas y del jersey a la vez. Sin esperar respuesta sus manos se colaron por debajo del jersey, una en cada nalga, sin disimular por el tema del tacto, cada mano tocando y separando la una de la otra, haciendo que mi respiración se acelerase por lo excitante y morbosa que me estaba pareciendo la situación.

    Fueron unos segundos, pero al quitar las manos se pegó a mí y me susurró al oído mientras notaba su paquete duro contra mi culo que había descubierto que no llevaba ropa interior. Riéndome le dije q se equivocaba y me aparté y me fui afuera confiando que el frio enfriase un poco el tema. Vino conmigo. Me maravillaba como era capaz de hablar de cualquier cosa para evitar silencios tensos debidos a lo que se estaba insinuando que podía pasar.

    Yo nunca le había sido infiel a mi novio, salvo una vez que besé a un chico y dejé que metiera mano, pero de algún modo había sido con su consentimiento. Pero esa noche un hormigueo me recorría el cuerpo. En el medio de esas reflexiones noto como Oscar me coge de la mano, se acerca más a mí y me pregunta al oído si yo no tengo ninguna curiosidad táctil. No puedo evitar reírme de nuevo ni tampoco que mi mano guiada por la suya se vaya acercando a su paquete. Le digo que el tacto de los vaqueros lo conozco muy bien, pero responde rápido que esos vaqueros no son los tradicionales.

    Y efectivamente no lo son. Tienen una tela muy fina en la que noto a la perfección la dureza de su polla. La agarró con la mano y la masajeo un poco, pero me entra el sentimiento de culpa y la quito y se lo digo. El me pasa un brazo por el hombre y me atrae hacia él y me dice q no sea tonta, que solo estamos jugando. Sus palabras me tranquilizan un poco y paso mi brazo por su cintura. Me dice que vaya a dormir a su piso que así no estaré sola. Le digo que no es buena idea, pero me insiste y me asegura que el dormirá en el salón y acabo aceptando la invitación.

    Afortunadamente vive cerca y llegamos enseguida. Entramos y me dice si quiero tomar una última antes de dormir. Acepto y nos sentamos en el sofá y bebemos mientras lo sigo escuchando hablar sin parar. Acabamos las copas y me pide disculpas por si se ha pasado en algún momento. Yo, sintiéndome culpable ya que lo incité tanto como el buscó trucos, le digo que no se preocupe, que solo eran jueguecitos. Así que nos reímos una vez más y me enseña la habitación en la que voy a dormir. Le pregunto si tiene algo para dejarme y me dice que tiene un camisón de una antigua novia que tiene más o menos mi cuerpo.

    Abre un cajón de su armario y saca un camisón que enseguida me doy cuenta que es un picardías completamente transparente. Nos reímos los dos y me pregunta si prefiero una camiseta. La situación me parece de lo más divertida y le digo que no se preocupe, que sé que es de fiar. Me guiña un ojo y me deja sola en la habitación cerrando la puerta. Yo me desnudo, me pongo el camisón y me observo en el espejo. De color negro, es transparente por completo. Puedo ver mis tetas y mi tanga. La tela es muy suave y se pega a mi cuerpo excepto en la cadera que tiene un poco de vuelo hasta medio muslo.

    Me veo muy sensual con él y un cosquilleo me recorre de la cabeza a los pies pero, después de haberle frenado los pies, no puedo ahora volver a calentarlo.

    Me despierto a media noche sin saber muy bien dónde estoy con unas ganas locas de ir al baño. Me levanto de la cama y me sitúo. Miro la hora en el móvil. Son las 5 de la mañana. Abro con cuidado la puerta y caminé hacia al baño. Hice pis y me entraron ganas de un vaso de agua y de fumar un pitillo así que continué hasta la cocina. Pasé por el salón de puntillas y allí estaba Oscar, durmiendo en calzoncillo, marcando un buen empalme.

    Cerré la puerta de la cocina y bebí agua y me encendí un pitillo. Cuando me había fumado la mitad oigo ruidos y luego la cisterna. Habría ido al baño también. Pero me di cuenta que me había dejado la puerta abierta de la habitación, que se daría cuenta y que seguro que se acercaría a la cocina porque no podía estar en otro sitio ya que mi abrigo seguía en el salón. Y en efecto apareció. Me preguntó si estaba bien y le dije que me había despertado con ganas de mear, beber agua y fumar y que en eso estaba. Notaba como su mirada, aunque intentaba evitarlo, recorría mi cuerpo. Y me excitaba.

    Entró en la cocina, en calzoncillos y camiseta y se encendió un pitillo. Le pregunté si quería una copa y dijo que sí. Abrí la nevera para coger Fanta naranja y al sentir el frío en mi cuerpo me di cuenta que con la luz tenía que transparentar todavía más. Pero no pensé más en ello y serví dos copas pequeñas. Hicimos un brindis. Su mirada era menos discreta.

    En un momento se levantó y pude apreciar en sus boxers que mi modelito no dejaba de hacer efecto. Oscar notó mi mirada, me guiñó un ojo y me dijo: ya conoces lo que hay debajo. Yo me acordé de la escena del baño del pub pero me di cuenta que él también estaba conociendo lo que había debajo y así se lo dije, añadiendo, es más, creo que tú has visto más que yo. Pues sí que transparenta, dijo él riéndose. Pues por tu culpa, le contesté yo. Y por la tuya que yo esté así, me dijo a la vez que se tocaba su paquete.

    Se te va a poner más grande, dije riéndome, pero Oscar dijo que más ya no podía ponerse y se la sacó. Mira me pidió y yo se la miré. Necesitas masturbarte, ¿verdad? Le pregunté y él empezó a masturbarse lentamente. Y yo, me olvidé de mi novio, lo cogí de la mano, lo llevé a la habitación, le dije que se desnudara y se tumbara en la cama, me puse de rodillas a su lado y empecé a masturbarlo muy despacio. Oscar me miraba con un deseo increíble en sus ojos y poco a poco me fui agachando hasta que mi boca se cerró sobre su glande y la paja pasó a ser mamada.

    Puso sus manos en mi cabeza y me fue marcando el ritmo hasta que me detuvo, se incorporó, me quitó el camisón y el tanga, se puso detrás, colocó su polla en la entrada de mi coño y me penetró suavemente aprovechando lo húmeda que estaba. Me folló todo el tiempo muy suave y m excitación iba en aumento, tanto que alcancé un orgasmo increíble. Disminuyó el ritmo de su penetración para darme tiempo a disfrutar de mi orgasmo y luego volvió al ritmo de antes. Le pedí que no se corriera dentro y se salió para echarme toda su leche en mi culo

    Se dejó caer a mi lado y me limpió con su camiseta. Nos quedamos dormidos hasta casi el mediodía del día siguiente. Cuando me desperté estaba sola en la cama. Tenía varios mensajes de mi novio preguntando si la noche había sido larga y le dije que sí, que me había quedado a dormir en casa de una amiga a la que envié un mensaje diciéndole que luego ya le contaría.

    Me levanté, me puse el jersey y fui al baño a darme una ducha larga con agua muy caliente. Al salir olí café recién hecho y fui hasta la cocina. Allí estaba Oscar en vaqueros y camiseta. Desayunamos y al acabar le dije que mi novio nunca podía enterarse de eso. Me tranquilizó diciendo que no contaría nada, pero me llevó de nuevo a la habitación y volvió a hacerme gozar follándome de nuevo con su ritmo que tan loca me volvía. Se corrió de nuevo en mi culo y me dijo, ahora ya me quedo tranquilo. Al final me quedé todo el día en su casa, follamos dos veces más y por la noche regresé a mi casa y dormí doce horas seguidas.

    Ahora temo la hora en la que llegue mi novio por si se me nota.

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  • Saben que yo soy un esposo consentidor

    Saben que yo soy un esposo consentidor

    Los atraes con el olor a perra salida. Por eso no llevas bragas, abres las piernas e incluso le enseñas el coño. En público. Quieres que ellos huelan tus feromonas de perra salida y acudan a ti al saber que quieres ser follada. Aunque esta vez no lo has hecho para todos, para buscar amante, sino para indicarle al que ya tienes dónde estamos sentados. Te levantas la falda y enseñas el coño porque crees que así el olor de perra en celo le llegará antes. Te da igual que estemos en público y nos vean porque todos nuestros vecinos del barrio saben que eres una zorra.

    Y también saben que yo soy un esposo consentidor que te ama tanto que te permite que folles con otros. Todos ellos me han visto mirar cómo te follan. Saben que te amo tanto que no te impido nada, que gozo al ver que tú gozas y que mi placer es ver que tú lo tienes. Por eso todos me respetan, jamás me insultan y se portan conmigo como muy buenos amigos. Después de todo les permito que se follen a la zorra de mi mujer.

    Porque eres muy zorra, cariño. A veces estamos en un bar, algún macho te mira y te vas detrás de él a los aseos. Y cuando sales llevas la corrida en tu blusa, o en tu traje, sin que te importe que todos lo vean. Casi siempre vuelves al trabajo con la blusa manchada de semen del macho que te has follado. Y a veces son más de uno. Varios al mismo tiempo. Te gusta ser perra, ser follada, sentir pollas en tu coño. Y yo te amo tanto que te ayudo a ser feliz. Para mí es lo más importante. Que seas feliz, mi vida.

    Porque tú nunca te ríes ni mi pequeño pene. Tú lo llamas pito, con cariño. Y a tus amantes les dices que tengo pilila y no polla. Eres un cielo, una excelente esposa y una buena mujer, que también me ama.

    Y como soy un marido agradecido que sólo ansía verte feliz, le suelo chupar la polla al macho que te follas y le lamo los huevos para que se sienta más macho, más excitado y te folle mejor. Ya no sé qué hacer para que estés satisfecha. Cuando me casé contigo sabía que eras una mujer ardiente, muy perra y muy zorra. Me lo dijeron todos cuando nos hicimos novios, me dijeron que te habías follado a medio instituto y a todos los profesores, pero al saberlo te amé aún más si cabe. Soy feliz, muy feliz.

    Te quiero, mi vida.

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  • Un amante perfecto (2ª parte)

    Un amante perfecto (2ª parte)

    Después del fin de semana que les conté, me encontraba muy satisfecha y feliz de lo que mi hermano Juanje me había hecho, sobre todo porque ese día, precisamente fue uno de mis días más felices de mi vida.

    Después de ese día. Lo hemos hecho más veces y a continuación les voy a relatar lo que sucedió este miércoles pasado.

    Ese día por la mañana le preparé el desayuno a mi hermano y a mis padres y se fueron a sus trabajos. Mi hermano fue el último, pero antes de que se fuese, me abrazo y me beso en los labios muy apasionadamente.

    -Sabes Eva, me encanta hacer el amor contigo.

    -Pues anda que, a mí, Juanje.

    Mientras nos besábamos, nos tocábamos por todos los lados y nos pusimos muy caliente a lo cual le dije.

    -Juanje, mmm… ¿te apetece hacerlo ahora conmigo…?

    -Ya lo creo Eva, pero ya sabes que tengo que irme y es una lástima.

    Entonces me fijé en su bulto y se la toqué.

    -Si Juanje, es una lástima no aprovechar esta situación… Mmm… Que dura.

    -aauuhh… Si Eva, una lástima.

    Pero tocando aquella maravilla le dije

    -Joder Juanje, así no puedes salir a la calle

    -Si ya lo sé… ¿Y…?

    Pues que no me lo pensé dos veces. Le bajé la cremallera del pantalón, le extraje esa maravilla de verga que tiene y me dispuse a chupársela. Se la agarre y empecé a mover mi mano de arriba a abajo masturbándosela. Su pene estaba cada vez más grande en mi mano así que acerqué mi boca y comencé a chupársela. Saque mi lengua y con la punta le toque su glande y a continuación me la metí en mi boca. Yo notaba como su glande me tocaba la campanilla.

    -Así Eva… Mmm… Chúpamela… Oouuhh…

    Después se la agarre con mis dos manos y le hice una paja con mi boca. Al cabo de un rato, se corrió inundándome mi boca con su caliente leche que por supuesto me bebi. Le limpie la verga de los restos y…

    -Guauu… Eva, ha sido increíble.

    -Me alegro que te haya gustado, hermanito.

    Luego él se fue a trabajar. Había estado bien, pero, sentía un escozor entre mis piernas; anhelaba haberlo hecho con Juanje, mi hermanito adorado; me metí al baño durante una hora para ver si se me quitaba la calentura, pero no, me sentía caliente, con ganas de ser cogida por mi Juanje, salí del baño solamente con mi bata y como no había nadie, decidí darle un poco de calma a mi chocho, haciéndome una paja con mi vibrador, si ya sé que no es lo mismo que tener una verga dentro de él, pero, por lo menos me saciaba un poco.

    A la hora de la comida, mi hermano y yo nos sentamos uno al lado del otro y de vez en cuando nos tocábamos entre las piernas sin que nuestros padres se diesen cuenta. A continuación mientras mi padre se echaba la siesta y mi madre fregaba los platos, mi hermano y yo nos sentamos en el sofá y me dijo.

    -Oye Eva, ¿te gustaría hacerlo hoy conmigo…?

    -¿Hacerlo…?… Sí, ya lo creo. ¿por qué lo dices…?

    -Pues porque si quieres que nos vayamos al otro piso y lo hacemos.

    Ah si, se me olvidaba es que además de esta casa donde vivimos, mi hermano se ha comprado un piso para independizarse lo cual a mí por un lado me gustaría y por otro lado no. Me gustaría porque así, tendríamos los dos un sitio seguro para hacerlo, o para hacerlo el con sus ligues, pero, por otro lado, ya no podría disfrutar de él más a menudo al no vivir los dos juntos.

    Le conteste que sí. Por la tarde, les dijimos a nuestros padres que nos íbamos de compras para así disimular un poco. Nos fuimos a su piso y mientras yo me quedaba en él, mi hermano me dijo que iba a hacer un recado. Al rato, tocaron a la puerta, me asomé por el ojo de la puerta y vi a mi hermano Juanje, le abrí y nos besamos.

    -Juanje, ¿a dónde has ido…?

    -A hacer una compra.

    Y me entregó unas rosas rojas… (mi hermano es muy romántico).

    -¿Y estas rosas…?

    -Pues por lo de esta mañana.

    -Gracias Juanje, pero ya sabes que no tienes que regalarme nada.

    Dicho esto, nos abrazamos y nos fuimos directamente al dormitorio. Me desabrocho la camisa, la falda, el sujetador y contemplo mis grandes y redondeados senos, los beso y acaricio con sus manitas, me dijo:

    -Tengo más ganas de ti, de comerte completamente y poseerte nuevamente, porque eres mía, mi adorada Eva.

    -¡Si hermanito! -le dije simplemente.

    Me tomo en sus brazos y me llevo a la cama, me desnudo completamente y nos sentamos juntos, empezó a besarme mientras que con una mano tocaba mis tetas y con la otra iniciaba una exploración por mi coño, bajó sus labios a mis tetas y su mano siguió jugueteando con mi coño y con mi clítoris, introduciendo sus dedos en mi vagina.

    ¿Podría existir algo mejor?. El ritmo de sus dedos me alucinaba, pero yo quería algo más y mi hermano me leyó el pensamiento, me echó para atrás y empezó a chuparme mi cueva, mientras sus dedos se introducían en mi culito.

    -Mmmm… Eva… Que delicia

    Me mordía, me chupaba, su lengua recorría y entraba en mí.

    -Oooh… Juanjeee… Siii.

    Yo empecé a tocarme las tetas mientras el frenéticamente chupeteaba mi clítoris, me mordía el coño y su lengua me penetraba. Pronto se mojó mi coño, me vine en su boquita, pero yo quería más, aunque en eso mi hermano Juanje paró y me dijo…

    -Ahora Eva, te toca a ti…

    Se levanto y mientras él se quitaba su camisa, yo le quite su pantalón y al quitarle su slip, su verga salto completamente tiesa. Se acercó a mí a la cama y se la cogí. Noté su verga completamente dura, la admire, que hermosa estaba, rígida como un palo, recorrida por sus venas llenas de sangre, que la hacían poner así de preciosa, le di un beso, le mire a los ojos y me dijo: Continua Eva, chúpala, pero cuando diga para, te detienes, ¿eh hermanita…?

    -De acuerdo, Juanje.

    El vio mi cara que asentía y empecé a besarle su grande verga a todo lo largo, mientras mi manos acariciaban sus grandes, peludos y hermosos huevos. Lo lamí, lo chupe, lo mordisquee ligeramente y empecé a mamarlo con gran fuerza queriendo extraerle la deliciosa lechita que ya sabía que producía, y que tan deliciosa tenía.

    -Sigue Eva… Chúpala… Como sólo tú lo sabes hacer. Si hermanita… Mmm… Mama mis huevos también… Ohhh…

    La metía casi por completo en mi boca buscando el mayor placer posible, mis mamadas a su verga pronto se vio correspondida, un torrente de su rico y delicioso semen inundo mi boca. Tuve que tragarme todo el semen que lleno mi boca no tenia deseos de que se desperdiciara ninguna gota y como esta mañana o cualquier otro día, me pareció un delicioso manjar… Por lo que me tragué todo su sabroso semen, estaba pasando las ultimas gotas cuando me dijo mi hermano…

    -Joder Eva, ya has hecho que me corriese otra vez.

    -Lo siento Juanje, pero es que es tan rico tu semen que quise saborearlo nuevamente.

    -Muy bien Eva, pero sigue chupándola que tengo unas ganas tremendas de metértela

    -Si hermanito, por supuesto que me la vas a meter.

    Así que continue chupando su rica verga, y lamí los huevos, de mi hermanito Juanje, los mordisquee, así como a su verga, hasta que finalmente quedo limpia de semen y completamente parada luciendo ante mí su belleza.

    -¡Que grande y preciosa la tienes Juanje…!

    -Pues prepárate porque te la voy a dar toda entera.

    Mi hermano me recostó en la cama, se me subió, me beso en los labios, y me introdujo su verga de un sopetón, casi hasta el fondo…

    -Ayyy… Hermanito… Que dura…

    Se echo sobre mí y yo lo rodeé con mis piernas y lo abracé…

    -Oouuh… Juanje… Qué maravilla…

    -Toma Eva… Mmm… Toma toda mi verga…

    Inició un ritmo delicioso de mete y saca, por unos minutos, después me volteo y lo seguimos haciendo en varias posturas más.

    Me coloque encima de él y note como su verga caliente se introducía dentro de mi cueva hasta el fondo.

    -Eva… Mmm… Si clávatela todaaa… Aaah…

    -Juanje… Oouuh… Que verga tienes… Aaauuuh… Que hermosaaa

    Mientras yo me la metía y sacaba de mi cueva, mi hermano me echo sobre él y me beso en los labios y después me chupo las tetas.

    -Si Juanje… Aaah… Chúpame las tetas… Aliméntate con mi leche

    -Hermanita… Mmm… Que rica estas… Que tetas… Que cuerpo…

    -Sigue Juanjeee, quiero tu semen dentro de mí, ayyyy, que bien lo haces…

    -Eva rica, mi deliciosa mujercita, ya sabes cuando quieras verga, solo tienes que pedírmela

    -Si hermanito… Aaahh… Así mismo lo voy a hacer siempre.

    De pronto, note como su verga lanzo un chorro de semen en mi interior.

    -Evaaaa… Aaahhh… Me corrooo

    -Así hermanito… Mmm… Dame tu deliciosa leche.

    Lo bese, le di las gracias, me zafé de él y bese todo su cuerpo desde su cabeza hasta sus pies, pasando por el rico instrumento de mis placeres, su verga semidura y enrojecida por tanta fricción requería de mis atenciones, para refrescarla y limpiarla, ya que tenía estratos de la batalla con gotas de semen escurriendo por ella, así que la chupe y lamí nuevamente..

    -¡¡Hermanito, que deliciosa es tu leche!!

    Finalmente, nos abrazamos, nos besamos y quedamos un rato ahí, unidos en la cama acariciándonos y besándonos como dos novios colegiales, después de haber hecho una travesura.

    Después de un rato, nos dirigimos al baño a darnos una ducha, él hizo pipi y me dijo

    -Anda Eva, ven, ayúdala a descargar.

    -Vale, Juanje.

    Yo me le acerque y la tome en mis manos, que rica se sentía, note como corría su orina por la verga. Termino de mear, se la sacudí, me incline y le di un beso.

    -Muaaa… ¡verga hermosa, que rica estás!

    Nos bañamos mutuamente, pues nos gusta muchísimo hacerlo los dos juntos. Me encanto enjabonarlo todo, pero sobre todo al enjabonar sus grandes huevos y su vergota, a la cual masturbe durante unos minutos, solazándome con este agasajo que le daba. Claro se le paró completamente, luciendo ante mí su erecta belleza, me arrodille y la bese, la chupe nuevamente, le mordisque su glande, y después de un rato él la retiro de mi boca. -No Juanje, no me la quites, quiero más verga, quiero tu lechita, quiero tu semen, me fascina saborearlo, es tan delicioso.

    -Si Eva, pero en otra ocasión será, ahora lo que quiero es probar de tu culito, así que gírate, inclínate un poco y sentirás lo que es bueno.

    -Pero Juanje, nadie me ha metido nada por allí, y tu verga es tan grande, que me partirás en dos.

    -No te preocupes Eva que lo haremos muy suavemente.

    Tomo el tarro de crema y me puso en la entrada de mi culo, y en su verga.

    -Bueno Eva, sabes estaba deseando probar tu culo.

    -Pues adelante hermanito, yo también lo deseaba. Adelante ábremelo con tu verga.

    Dicho esto, me incline y espere su acometida. Me puso la verga en la entrada y ayudándose con una mano, la empezó a mover alrededor de mi ano, mientras que con la otra mano me acariciaba mi cueva y mi clítoris y toda, no sé cómo lo hacía, pero que feliz me estaba haciendo, me vine en un orgasmo en su mano, ya que la posición en que me tenía me excitaba, el saber que me estaba introduciendo la cabeza de su vergota en mi culito y que era precisamente él, mi hermano, mi Juanje, quién estrenaba ese cálido rinconcito.

    Me metió la verga casi hasta la mitad, me dejaba acomodarla dentro de mí, y empezó con un delicioso vaivén, mete y saca de su hermosa verga sobre mi culito. Así permanecimos durante un rato hasta que me acostumbre a ella.

    -Hermanito, sigueee, metemeee toda tu verga,

    Y él no se hizo de rogar de un sopetón me introdujo toda, hasta que sentí en mis nalgas sus huevos hermosos, esto casi me dejo sin aliento, eso sí, me porté y aguanté su embestida y nuevamente siguió con su bombeo, hasta que me hizo venirme otra vez.

    -Oouuhh… que culooo… mmm… Evaaa…

    -Sigue Juanjeeee… aaauuuh… sigue metiendomelaaa…

    Era maravilloso, su verga dentro de mi culo entrando y saliendo una y otra vez. Al cabo de un buen rato, me bañó mi interior con sus disparos de semen, chorros de su sabrosa lechita. Yo notaba, como unos ríos de leche caliente inundaban mi culo, por fin había tenido ya su leche en todos mis agujeros.

    Después, note como su verga se ponía un poco flácida y me la saco del culo. Se la limpie por supuesto y nos fuimos al salón. Comimos un poco y nos sentamos en el sofá los dos desnudos…

    -¿Oye Juanje, ya creo que deberíamos irnos, no…?

    -Si Eva, ya va siendo hora.

    -Perfecto, pero antes, voy a darme una última satisfacción por hoy

    -Que vas a hacer…?

    Y tome de nuevo su verga con mis manos.

    -Te voy a dar una última chupadita o es que no quieres…?

    -Si hermanita, me encanta como recorres mi verga con tus labios.

    Me agache a saborear nuevamente la verga de mi hermano.

    -Oouuh… si Evaaa… aaah… chupalaaa

    Se la estuve chupando un buen rato hasta que me la saco y la puso delante de mi cara y boca para que viese salir la leche de su capullo y me disparo su semen, dijo:

    -Así Eva, para que puedas tragarte todo.

    -Mmm, que rico y delicioso es tu semen, quiero más, le dije mientras me metía su verga en mi boca para succionarla y ver si me daba más semen.

    Como veis, continúo haciendo el amor con mi hermano y por supuesto continuaré. Aquí tenéis el segundo relato y a ver si más adelante os puedo mandar más. Muchísimas gracias por publicar el anterior y a ver si hacéis lo mismo con este.

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  • El parador

    El parador

    Aprovechando que este fin de semana es más largo porque el lunes es festivo, decidimos irnos a un parador. Elegimos uno que está en un castillo en mitad de una ciudad medieval, queremos a hacer un poco de turismo cultural y educativo. Llegamos el viernes por la noche, es tan bonito, todo de piedra, los pasillos tienen el techo de cristal y se aprecian las estrellas y la luna, está decorado con tapices, estandartes y armaduras. Nos registramos y vamos hacia nuestra habitación; para llegar tenemos que dar un buen paseo, es como ir por un pequeño laberinto de estrechos pasillos, todas las habitaciones están en la primera planta, al igual que el restaurante.

    –Mañana nos dedicaremos a explorar –me dices–.

    Nuestra habitación es muy espaciosa, tiene una cama de matrimonio con dosel, totalmente medieval, el armario empotrado tiene puertas de madera tallada, la tele se oculta en un mueble con puertas a juego con el armario, dos sillones estilo trono con una pequeña mesita en medio; la ventana tiene barrotes y se cierra con una puertecilla de madera, todo de acuerdo con la decoración que imaginas en un castillo medieval y el baño grande, todo en mármol blanco, con una bañera en la que cabemos los dos.

    Deshacemos las maletas, ponemos la tele, te sientas en uno de los sillones, yo me subo encima de la cama y empiezo a saltar, como una niña traviesa, tú me realizas fotos, en la tele están poniendo una película antigua, Nueve semanas y media…

    Justo en ese momento la escena es la del striptease, paro de saltar, tú dejas de hacer fotos, empiezo a imitar la escena, me contoneo al ritmo de la música, voy subiendo despacio el vestido, me lo quito, te lo tiro, tú lo recoges, ahora estoy en ropa interior –bragas y sujetador en tonos fucsias y negros– avanzo hacia uno de los postes de la cama, paso una de mis piernas por el poste, agarrándome mientras me inclino hacia atrás, me vuelvo a levantar y me agarro con las manos al poste, intento imitar los movimientos que se hacen en las barras de striptease, mientras tú no paras de mirarme y deleitarte con lo que ves.

    Cuando la música para, me bajo de la cama, subo encima de ti, empiezo a besarte, me acaricias la espalda, me desabrochas el sujetador, me lo quitas, te quito la camiseta, me besas el cuello, mis pezones rozan tu pecho, bajas hasta uno de ellos, besas el pezón, lo lames, lo chupeteas, te lo metes en la boca, mientras pasas una de tus manos por encima de mis bragas, las tocas, están húmedas, me sigues acariciando, pasando tus dedos por la tela, cambias al otro pecho, te acaricio la espalda, te rozo con las uñas y sigo el camino de la columna vertebral, te beso la frente, metes uno de tus dedos por debajo de las bragas, lo sacas empapado, lo llevas a tu boca, lo chupas, me lo das a mí, lo beso, lo chupeteo, gimes.

    Me levanto, me agacho y te ayudo a quitarte los pantalones, tu polla está bastante erecta aprisionada en los bóxer, te los quito, tu polla salta de alegría por su liberación, la saludo con la mano, la beso para darle la bienvenida, primero el glande, desciendo por el tronco llegando a tus testículos, los lamo, me los meto en la boca, los absorbo, agarras con fuerza los brazos del sillón, mi lengua los acaricia, te encanta que te los chupe.

    Asciendo de nuevo por el tronco hasta el glande, lamo la punta, la absorbo, está llena de líquido preseminal, mi lengua la acaricia dulcemente, me gusta tu sabor, me la meto por completo en la boca, me llega hasta el fondo, la saco, vuelvo a metérmela, tú realizas pequeñas embestidas, yo las acompaso con mi boca, me aprieto fuerte a ti, me llega hasta el fondo de la garganta, me agarras por el pelo, me embistes para que llegue más adentro si cabe, es casi asfixiante, mi lengua toca tu polla mientras sale.

    Me tiras del pelo hacia arriba, nos miramos, nuestros ojos están llenos de pasión y placer, me levanto y te beso, me quito las bragas, me coloco encima de ti, restriegas tu polla en mi coño y la pasas lentamente entre mi ano y mi coño, la sitúas a la entrada de mi coño y desciendo penetrándome con ella, estamos abrazados, empiezo a subir y bajar, la postura es incómoda, así que te levantas conmigo penetrada y abrazada a tí con mis brazos y piernas, me llevas a la cama, despacio, nos tumbamos, me penetras y empiezas a moverte suavemente, yo te doy un azote en el culo para que te muevas más rápido, tú me sonríes, te mueves como quiero, nuestros gemidos se hacen más fuertes.

    Te das la vuelta con habilidad para no salirte de mí, ahora yo estoy encima, me acaricias los pechos, yo te cabalgo, me gusta estar así, tu polla se desliza dentro de mi vagina, me inclino hacia atrás apoyando mis manos en la cama, para que me roces el punto g, me derrito de placer, empiezo a moverme más rápido, los dos nos movemos al unísono, noto como me voy a correr, me agarro fuerte a las sábanas, empiezo a correrme, hum, que placer, me inclino hacia delante, quedando tumbada contra tu pecho, tú me agarras y me abrazas, me embistes suavemente, y me susurras al oído

    –Yo también me voy a correr, lo voy hacer dentro de ti, mientras vuelves a cabalgarme.

    Inclino la cabeza en señal de aprobación, me levanto y vuelvo a cabalgarte, me urges a que sea más rápida, me embistes y te quedas quieto, te estás corriendo, me muevo muy suavemente, contrayendo mi vagina para aumentar tu placer, me mordisqueas una mano, me dejo caer en la cama, nos abrazamos y nos dormimos.

    Por la mañana salimos a desayunar y a visitar la ciudad, pasamos prácticamente todo el día paseando entre las calles adoquinadas y visitando una pequeña feria medieval, hace bastante calor, yo llevo puesto un vestido corto de tirantas, con tela de gasa, floreado, tú llevas unos pantalones bermudas y una camiseta. Después de comer nos vamos al parador a echarnos una siesta y refrescarnos con una buena ducha, cuando estamos en el pequeño laberinto que lleva a las habitaciones, descubrimos una estrecha escalera de piedra, el hueco es tan pequeño que solo se puede ascender de uno en uno.

    –No creo que debamos subir, seguramente este prohibido –me dices–.

    –Cobarde, no hay ninguna señal que lo indique, ¿Dónde está tu espíritu aventurero? Además no hay nadie a estas horas, si nos pillan diremos que nos hemos perdido.

    Me adelanto y comienzo a subir los escalones, tú me sigues; mientras subo contoneo mis caderas de una forma provocativa, tú respondes pegándote más a mí y acariciándome el culo; seguimos ascendiendo, cuando llegamos al final resulta ser una de las torres del castillo.

    Las vistas son impresionantes, se ve todo el pueblo, me aproximo a una de las almenas y comienzo a hacer fotos, te acercas por detrás, me sigues acariciando el culo, metes la mano por debajo de la falda del vestido y lo levantas mientras subes tu mano acariciándome los muslos, subes y bajas suavemente, hasta que llegas a mis bragas, me acaricias por encima, las haces a un lado, metes tus dedos, los pasas por mi coño, de un lado al otro, compruebas que esta mojado, sigues moviéndolos, yo me apoyo en la pared de piedra.

    –Nos van a ver –te digo–.

    –¿Dónde está tu espíritu aventurero? Además, no haberme provocado subiendo de esa forma la escalera.

    Te agachas, te metes debajo del vestido, me bajas y me quitas las bragas, me inclino para dejarte más fácil el acceso, empiezas a lamerme el coño, tu lengua pasa por los pliegues de los labios vaginales, me mordisqueas el clítoris, entre gemido y gemido me agarro más fuerte a la almena, tu lengua penetra por mi vagina, ¡qué placer!

    Mi respiración es agitada, me penetras con los dedos, continúas durante un rato, cuando me voy a correr, paras, me giro un poco mosqueada, me sonríes y señalas tu polla, que está totalmente erecta en los bermudas, la sacas, no llevas bóxer, me doy la vuelta mirando a la pared, me levantas el vestido, restriegas tu polla en mi coño y me penetras desde atrás, comienzas a embestirme, yo contemplo el pueblo debajo nuestro, nadie aparentemente por las calles, por el calor, por la hora, no lo sé.

    Pienso que cualquiera podría ver como follamos en lo alto del torreón, esto hace que me dé más morbo y que disfrute más, tus embestidas son fuertes y rápidas, dentro, fuera, el morbo nos tiene muy calientes, silenciamos nuestros gemidos para no ser descubiertos, el placer es más profundo, te agarras a mis pechos, me inclino un poco más hacia adelante, para mejorar la postura, la fricción hace que vuelva a tener ganas de correrme, noto como me voy inundando a medida que me voy corriendo, qué bueno…, tú sigues embistiéndome hasta que paras, te agarras muy fuerte a mí y te corres, me llenas con tu semen…

    Nos recomponemos como podemos, te metes mis bragas en el bolsillo y descendemos por la escalera, noto como tu semen se desliza por mis muslos, la sensación de ir sin las bragas, notando la fricción de mis muslos con mi coño, mis fluidos mezclados con los tuyos, hacen que me vaya calentando más y más…

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  • Accidente Incestuoso (3): Nueva invitada

    Accidente Incestuoso (3): Nueva invitada

    Me tumbé sobre mi cama, hacía un buen rato que mi hermano dormía, la casa estaba en silencio, estaba exhausta, reventada, cuidar de mi hermano era agotador, pero lo que realmente me había cansado era la paja que me acababa de hacer con ese enorme monstruo que tenía el muy condenado, en mi rostro se dibujaba una sonrisa pícara al recordarla, estoy como una chota pensé, ¿cómo se me ha podido ir tanto la cabeza?, ¡vaya polla que tiene, que exageración!, y que cantidad de semen, ¡madre mía, que disparate! y con todos esos pensamientos me quedé dormida.

    A la mañana siguiente seguí con la rutina de cuidadora de mi hermano, mis padres llegaban por la tarde y la situación se normalizó, estábamos cómodos, había cierta complicidad pero dejamos aparcado lo que había pasado, cuando pasaba cerca de él le hacía alguna caricia, incluso le sobaba un poco, pero más inocente que otra cosa, como jugando, yo todavía me excitaba al hacerlo, pero había que ser prudente y tendríamos muchas más oportunidades, además, había comprobado que mi hermano me miraba de una manera más dulce, y eso me gustaba, me sentía relajada, y no quería fastidiarlo por el simple hecho de que me apeteciese tener esa enorme polla dentro de mí.

    Cuando mis padres llegaron, lo vieron todo con normalidad, nos vieron contentos y ellos también lo estaban, con lo cual parecía que nuestro escarceo estaba a salvo, la normalidad volvió a casa, mis padres volvieron a ocuparse de mi hermano y yo volví a ser la hermana pasota e idiota que lo martirizaba en cuanto podía, pero esa normalidad cambió a la tarde siguiente.

    Ya tenía hablado con él, que todo tenía que ser como antes, mis padres seguirían cuidándole y si alguna vez teníamos un hueco, pues ya repetiríamos, pero cuando vi a mi madre que salía de nuevo de asearlo y volvía a meterse en el baño y volvía a escuchar como se masturbaba, esta vez más fuerte, casi chillando, me dejó muy intrigada, algo había pasado en el aseo y fui rápidamente a preguntarle a mi hermano.

    –Oye, ¿Qué ha ocurrido?, mamá está en el baño haciendo lo que te dije –él me miró con cara de haberla cagado.

    –Quita, que se me ha puesto dura, muy dura, he empezado a acordarme de ti, de lo que hicimos, de lo que me dijiste y zas, se ha puesto a crecer una barbaridad –resopló y continuó–entonces, mamá se ha puesto colorada y se ha dado la vuelta, como asustada, ha empezado a decirme que tengo que tener cuidado, que eso no puede pasar, que es muy violento para ella y si sigo así lo tendrá que hacer todo papá, joder, y no veas el bajón y lo mal que me he sentido.

    Yo empiezo a reírme.

    –Pues lo hará papá, porque menuda paja que se está haciendo ahora, la has dejado echa polvo, jajaja.

    Mi hermano también rio y ahí acabo esa conversación, aunque en mi cabeza no, en el fondo me jodía ver que mi madre iba de conservadora y luego se desquitaba en privado masturbándose pensando en la polla de su hijo, además, me excitaba saber que ella sentía lo mismo por ese enorme falo, así es que decidí actuar.

    Al rato me acerqué a ella, estaba sentada viendo la tele y empezamos a hablar, temas banales, ella me contó su viaje y empezó a preguntarme que cómo había ido el fin de semana al cuidado de mi hermano, yo le dije que bien, y ahí empezó mi actuación, le comenté que la hora de las comidas iban bien, que no daba el follón y que se lo comía todo, pero que en la ducha me ocurrió algo que me preocupó un poco, le dije que le pregunté si quería ducharlo con o sin bóxer, él me dijo que con bóxer, pero que había notado como se había excitado y que le pregunté, y me dijo que llevaba tiempo sin hacer nada y que ya le dolía, que no dijese nada, que ya se le pasaría.

    Mi madre mi miraba súper atenta.

    –¿Le hiciste algo? –me preguntó muy seria.

    –Pues no, mamá, no, que le voy a hacer, ¿una paja?, joder, ¿no tiene ninguna amiga de esas especiales?, pues que se la haga ella, pero yo paso.

    Y sin decir nada más, me levante y me fui como ofendida, aunque lo que estaba era super excitada de imaginarme a mi madre como se habría quedado y si al día siguiente la ducha se la daría mi padre o ella, evidentemente se lo conté a mi hermano, sabía que eso haría que se la pusiera muy gorda, como así fue, aunque no le hice nada, mejor ver si mi madre por fin actuaba.

    A la tarde siguiente, yo hice como que me iba para dejarlos solos, y ver si mi madre perdía la cabeza como yo, así es que me escondí en mi habitación y esperé a ver si pasaba algo. Al poco escuché como mi madre se acercaba a la puerta de la casa y echaba la cadena, luego entraba en la habitación de Álvaro y como se lo llevaba al baño, dejando la puerta abierta, estaba claro que algo iba a hacer, al echar la cadena se aseguraba de que nadie la pillaba de improviso, y con la puerta del baño abierta, se aseguraba de que escuchaba el timbre, así es que me coloqué en el lateral de la misma, donde podía escucharlo todo y verlo desde el reflejo del espejo del lavabo sin ser descubierta.

    Mi madre empezó a duchar a Álvaro, le hablaba de cosas sin importancia, de cómo se encontraba, de que pronto se recuperaría hasta que se calló, y pude comprobar que mi hermano se había excitado, supongo que al pensar lo que yo le había dicho había tardado poco en ponerse cachondo.

    –Lo siento, mamá –escuché como hablaba mi hermano.

    –No te preocupes, Álvaro, si sé que pueden pasar estas cosas, ayer a lo mejor fui un poco dura. –Contestó ella.

    –no, es que hace tiempo que no me hago nada y entre el agua caliente y el jabón, pues me pongo, intento no pensarlo, pero no puedo evitarlo, perdóname –decía, que hijo de puta, pensé yo, este va a conseguir que se la haga.

    Mi madre se quedó callada y agarró ese mástil con fuerza mientras miraba a Álvaro a los ojos, y le decía:

    –No se lo cuentes a nadie, y no lo voy a hacer más, solo esta vez para que te relajes, pero dime que no se lo vas a contar a nadie, soy tu madre, y esto está mal.

    –Tranquila mamá, de aquí no sale.

    ¿Qué no salía?, pensé yo, va a salir, pero mucha leche, mientras mi mano se había metido por el pantalón y buscaba mi sexo, que estaba mojado por todo aquello.

    Mi madre comenzó a pajear a mi hermano, él tenía cerrados los ojos, su polla estaba gordísima, mi madre jadeaba al ritmo de su mano, mi hermano también.

    –La verdad es que es enorme –comenzó a decir– se te pone increíblemente grande.

    Los movimientos iban acelerándose, los míos también, me frotaba con fuerza el clítoris al mismo ritmo que mi madre pajeaba a mi hermano, mis pezones estaban muy duros, el espectáculo era dantesco. Ella seguía pajeándolo.

    –Córrete cuando quieras –le decía– no te preocupes y córrete.

    Y de repente hizo algo que me dejó petrificada, se acercó el miembro a la boca y comenzó a chupárselo, a ella si le cabía entera, mi hermano abrió los ojos, creo que se quedó igual que yo, y empezó a follarle la boca, casi no le cabía entera, mi madre hacía esfuerzos, pero a duras penas le entraba el glande, aunque no paraba de chupar ese polla tan grande, sus manos se apoyaron en el culo y con la cabeza iba acompasando los movimientos de la follada, Álvaro empezó a gritar:

    –Mamá, me voy a correr, te voy a llenar de leche, mamá, joder, que gusto, estoy a punto de correrme.

    Y empezó a gritar, sus ahhh eran cortos pero intensos, como queriendo aguantar la corrida, mi madre se había apartado y el primer chorro le dio de lleno en la cara, ella seguía con la mano.

    –Eso, córrete, dámela toda, venga, toda, toda, toda.

    Mi hermano se contorsionaba, mi madre no paraba de pajearlo, exprimiéndole hasta la última gota, y yo, yo me mordía el labio de abajo para no hacer ruido, aguantando los gemidos, mi mano aceleró el ritmo, mis caderas se movían circularmente porque me estaba corriendo al mismo tiempo que él, era maravilloso, que placer más intenso.

    Cuando todo terminó, entré en el baño de sopetón.

    –Mamá, Álvaro, ¿Qué hacéis?

    Mi madre se puso blanca, no ya de todo el semen que tenía sobre su cara, sobre su pelo, sobre su ropa, sino del susto que tenía en el cuerpo, se incorporó.

    –Sandra, ¿qué haces aquí?, yo, yo, no sé cómo explicarlo, esto es, no sé, no sé…

    Estaba muy nerviosa, tartamudeaba, sus manos temblaban. Yo me acerqué a ella, y le dije:

    –Tranquila, no pasa nada, tranquilízate, yo también lo he hecho –y mirándola a los ojos le paso la lengua por su mejilla para llevarme algo de semen a mi boca– límpiate y ahora hablamos, ya termino yo –le dije, y mientras salía, continué– puedes quedarte un rato en el baño como siempre, que ya sabemos lo que haces, no te preocupes.

    Cuqué el ojo a mi hermano y mi madre desapareció.

    Continuará…

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  • Pensé que era heterosexual hasta que me cogió una trans

    Pensé que era heterosexual hasta que me cogió una trans

    A mis 19 estaba cursando la universidad y al fin habían llegado las vacaciones de verano, lamentablemente también había llegado el final de mi relación con mi novia con la que había durado 4 años.

    Los pensamientos de tristeza y síntomas de una ligera depresión comenzaban a invadirme por lo cual decidí emprender un viaje en solitario a la playa para distraerme, el destino Playa del Carmen México.

    Reserve en un hotel grande que ofrecía fiestas cada noche para sus huéspedes y desde que llegue me encanto había mujeres por todos lados con trajes de baño tan sensuales que era imposible no voltear a verlas.

    La primer noche me arme de valor, realmente no sabía cómo arreglarme pero el clima cálido no daba muchas opciones, una camisa slimfit estilo hawaiana short cortos en general todos vestían similar por lo cual sentía que no desentonaba.

    Llegue al área de fiestas había un ambiente muy agitado pero divertido, demasiadas personas bailando y tomando, tenían una enorme piscina conectaba a unos metros de la playa, al centro había una gran pista de baile con un escenario a un costado donde estaba el dj y subían a algunas chicas para bailar y concursos de camisetas mojadas, el área de barra al costado contrario, un show de luces y laser parpadeando bañaban el lugar, entre el calor, el alcohol y el sudor de las personas había un ambiente relativamente erótico, realmente no sabía como integrarme no suelo salir mucho, decidí quedarme en la barra y tomar valor con alcohol.

    Al pasar de los minutos comenzaba a sentirme incomodo pensando seriamente en regresar a mi habitación, hasta que una chica en sus 20s preciosa con pechos enormes que apenas se cubrían con su diminuto traje de baño floral, y una tanga estilo brasileña a juego que dejaban ver un culo tan delicioso y unas pierna increíblemente largas, se acercó a la barra, entre el fuerte sonido de la música me grito al oído:

    -Hola soy Camila, estoy con mi amigas quieres venir a bailar con nosotras.

    Ya tenía un tono ligeramente borracho, no dude en aceptar la invitación.

    -¡¡Si claro!!

    Nos fuimos al área de cerca de la piscina, había un poco menos de ruido, estaban dos chicas más, me presente.

    -que tal buenas noches me llamo Carlo.

    Camila presento a sus amigas, Itzel de 1.65 de altura mas o menos igual que yo, también en sus 20s, no estaba mal tenía unas tetas un poco pequeñas pero en sus caderas se notaba un super culo.

    Su otra amiga Diana se veía que era la mayor pero igual unos 28 tal vez, llamaba mucho la atención era muy alta calculo 1.80 tal vez mas, un cabello negro como la noche super largo llegando a su cadera, de tez ligeramente bronceada un rostro casi angelical, unas tetas grandes y firmes, un culo bien trabajado, al igual que las piernas torneadas y una cintura pareciera de abeja, todo eso envuelto en un bikini negro de una sola pieza con un escote enorme por enfrente, y una enorme falda que apenas dejaba asomar uno de sus glúteos y su pierna, aun sin hablar al poner atención sus manos y su garganta la delataron era una chica trans, no le di mayor importancia no soy homofóbico.

    Pasamos el rato bailando y tomando shot tras shot, realmente estábamos terminando muy ebrios, hasta que llego la madrugada y era hora de terminar la fiesta, sin embargo Itzel quería seguir tomando, y propuso seguir la fiesta en su habitación, todos estábamos cansados pero la estábamos pasando bien, así que aceptamos.

    Las tres se estaban hospedando en la misma habitación, tenía una gran sala en L con luces tenues y una gran terraza con vista al mar, Diana era la menos ebria hasta ese momento, fue a su maleta y saco una botella de tequila mientras Camila ponía música para cantar, Itzel era la mas afecta por el alcohol tan pronto entramos a la habitación se quitó el traje de baño paseando por la habitación completamente desnuda, la fresca brisa entrando por las ventanas hacía que sus pezones se pusieran firmes.

    Trate de no verme urgido y no quedarme viendo tan embobado, pase me senté en el sofá, comencé a experimentar esa sanción de que todo da vueltas, sin más Itzel arrebato la botella a Diana, usándola como micrófono comenzó a cantar y a tomar directamente, siguiéndole el juego Camila, después pasando conmigo para darme otro shot directo de la botella.

    Nos dieron las 6 de la mañana el sol comenzaba a asomarse Camila había caído dormida en el suelo frente a mí, solo podía ver sus tetas colgando como si se fuesen a escapar de su bikini, Diana solo tenía sueño pero aún estaba consiente sentada al otro extremo del sofá, pero Itzel parecía no tener fin ya habíamos terminado 3 botellas y seguía tomando y cantando, yo estaba ahogado en el alcohol aun medio consiente, sentado en el sillón, había pasado toda la noche viendo de reojo a Itzel comiéndomela con la mirada repentinamente.

    Se montó sobre mi restregándome sus tetas en la cara, soltando una carcajada, comencé a besarle los pezones, y tocarle el culo, ella comenzaba a gemir y yo empezaba a tener mi verga erecta vendito alcohol había hecho su trabajo, grande mi decepción cuando se levantó corriendo al baño para vomitar, Diana fue tras ella.

    Pasaron unos momentos, y yo comenzaba a quedarme dormido en el sofá, antes de quedar dormido sentí como comenzaron a frotarme la verga a través del traje de baño, conforme me iba creciendo ahora me metieron la mano dentro en el traje de baño para agarrarme lo huevos y la base de la verga fue allí cuando abrí los ojos, pues la mano era demasiado grande, volteé y era Diana la chica trans sentada a mi costado viéndome fijamente.

    -No no no espera espera. -Le dije nervioso.

    -Que prefieres quedarte con las ganas?

    Me respondió con un tono demasiado sensual susurrándome al oído, mientras bajaba poco a poco a para besarme el cuello, una sensación de cosquilleo subía desde mis huevos hasta mi estómago, ella termino de bajarme el traje de baño para dejar salir mi verga ya erecta comenzando a masturbarme.

    -No discúlpame pero enserio no no puedo.

    Me pare del sofá como pude y subí mi traje de baño ya decidido a irme, ella se paró inmediatamente también, poniéndose frente a mi bajo los tirantes de su bikini y dejo al descubierto sus enormes tetas, tomo mi cabeza y la puso justo frente a su pezón derecho, ella siendo mucho mas alta que yo me quedo justo a la altura, perdí la pena y comencé a chuparla y darle pequeños mordiscos.

    Mientras ella tomaba mi verga de nuevo, sus gemidos comenzaban a excitarme tanto, me anime y termine de quitarle por completo el bikini, fue allí cuando me sorprendí Diana tenía una verga realmente enorme unos 25 cm y sumamente gruesa.

    Yo pensaba que esas cosas no existían, trate de ignorar ese detalle, regrese al asunto de sus tetas mientras empezaba a manosear su enorme culo, poco a poco sentía como tomaba mis hombros para empujarme abajo, yo me ponía rígido resistiéndome a la idea de lo que seguiría, hasta que al fin paso, la punta su verga empezaba a rosarme cerca de pelvis, tomo mi mano y la puso en su verga, no alcanzaba ni a cerrar la palma realmente intimidaba porque era mucho mas grande que la mía.

    Diana comenzó a gemir más fuerte y yo sentía ya un poco de su semen en mi mano, ella insistía en empujar abajo, poco a poco cedi bajando besando su vientre, hasta llegar a su pelvis completamente depilada, vi la base de su verga mientras sostenía sus torneadas piernas con mis manos, me mordía los labios tratando de entender que estaba haciendo si enserio tendría el valor de hacerlo, voltee a ver a Diana a los ojos, sin mas ella me tomo del cabello y le dio un ligero jalón con la mano izquierda y tomaba su verga con su mano derecha.

    -Te prometo que será algo que vas a gozar. -dijo diana sonriendo coquetamente.

    No sé si fue combinación entre el jalón de cabello y que estaba ebrio pero abrí la boca y Diana aprovecho para meterme la cabeza de su verga en mi boca, y empujar mi nuca para que entrara mas.

    -oh sii ohh oh si cometela papi oooh. -Me decía Diana.

    -ag agg agg. -Se escuchaban las arqueadas que hacia.

    Poco a poco Diana iba metiendo mas profundo y mas rápido su verga en mi garganta, el sentir de su pene rosando mi campanilla poco a poco me destrozaba la garganta, pero no sentía asco, para calmar mi ansiedad me limitaba a frotar su culo y curiosamente el hecho de escucharla siendo complacida me ponía mas caliente.

    Saco su verga de mi boca para golpear unas cuantas veces mi rostro, jalándome del brazo me levando y me aventó contra el sillón, caí de espaldas, fue rumbo a su maleta y regreso con una botella de lubricante olor cereza, regreso desesperadamente me arranco la camisa, y me quito el traje de baño, era mi turno, se puso de rodillas, comenzó a mamarme la verga, enserio sabía lo que hacía.

    Tomo mi verga con una mano, y dio en una enorme lamida desde mi huevos hasta llegar a la punta de mi verga y la metió completa en su boca, haciendo movimientos de arriba abajo cada vez mas rápido y girando la cabeza, alcanzaba a sentir como su lengua lamia cada rincón, en definitiva lo hacía mucho mejor que mi exnovia.

    Paro por un momento y tomo el lubricante poniéndose un poco en su dedo corazón de la mano derecha me vio fijamente.

    -No te voy a preguntar si ya te lo han hecho antes, pero te prometo que no sentirás nada feo.

    Me susurro Diana, tomándome las piernas para separarlas y llevara mis rodillas a mi pecho, suspire fuertemente, trague saliva y comencé a dejarme llevar, sentí como Diana comenzaba a rosar con la llema de su dedo la orilla de mi ano mientras me masturbaba lentamente, mantuvimos contacto visual en todo momento yo con un semblante preocupado y excitado y ella sonriente, por un momento relaje la cabeza para dejarla caer al sillón justo en ese momento ella aprovecho para agacharse a meter su lengua en mi ano, sentía como trataba de lamer cada rincón con ese momento en círculos, me gusto tanto que tome su cabeza y la empujaba más para que introdujera más su lengua, ella parecía gozarlo también.

    -ooo siii siii asi asi chúpamelo todo.

    Le decía con tanto placer nunca había sentido algo así, la combinación entre masturbación y que me chupara el ano era increíble, hasta que levanto la mirada, se puso erguida, me mando un beso, y metió bruscamente el dedo completo en mi ano

    -¡¡aa no mamess aaa!!

    Grite entre dolor y placer, pues mientras su dedo estaba dentro de mi sentía como masajeaba mi próstata, lentamente lo saco y lo volvió a meter lentamente yo comenzaba retorcerme y a tener gritos ahogados, solo abriendo la boca inhalando y exhalando lentamente, en la vida me había imaginado que me gustaría lo que me estaba haciendo según yo toda la vida había sido heterosexual.

    Comencé a apretar la mirada y la boca, Diana empezó a notar que me gustaba y mi ano estaba dilatándose y decidió meterme ahora también el dedo anular, y apresurar el ritmo de sus metidas.

    -te gusta, ¿te esta gustando papi!? ¿Así te gusta así? ¿Quieres mas? -Me decía Diana.

    -sii dame mas siii asi mas mas si preciosa.

    Me estaba volviendo loco, entre la borrachera y el placer el mundo me daba vueltas.

    Hasta que paso algo que nunca pensé haría y pediría.

    -¡¡Por favor ya cógeme quiero tur verga!! ¡Por favor métemela!

    Diana simplemente sonrió se levantó completamente y se dejó caer sobre mi, tomo su verga y comenzó a acercarla a mi ano, como pude abrí mis nalgas, respirando rápidamente, sentí como poco a poco comenzaba a empujarla, hasta que por fin entro la cabeza.

    -si así lento por favor está muy grande. -Le suplique a Diana gimiendo.

    -Hay te vas mas papito shhh. -Me respondió.

    Hasta que de repente me metió de golpe casi la mitad, el sentir como me desgarraba el ano, no fue tan rico como pensaba, pero comenzó a bombear lentamente y echaba más lubricante, mientras también me masturbaba

    -Dame mas dame mas métemela mas ay dios está muy grande aaa si así un poco mas adentro.

    Poco a poco quería que me la metiera más me estaba cogiendo delicioso, sabía perfectamente como moverse, ella comenzaba a ir más rápido hasta que sin darme cuenta ya me había metido toda su verga sentía el descansar de sus huevos tocando mi culo y como mi interior expandido por semejante tronco dentro de mi.

    Saco su verga completa abruptamente y me dio un escupitajo, se acostó en el sillón dando a entender que me montara, ya no me importa obviamente lo iba a hacer, le estaba tomando practica y placer.

    Me acomodé de rodillas frente a ella, alcanzaba a ver a Camila perdida de borracha y sueño en el piso, con el miedo que despertara, mientras Diana acomodaba su verga en la entrada de mi ano, poco a poco me fui sentando mientras apoyaba mis brazos en su vientre para no caer de golpe.

    -ayyy espera espera deja me acostumbro de nuevo.

    Le dije a Diana, acento con la mirada mientras ella comenzaba a rosar mi culo con sus manos, lento pero seguro volví a meter toda ese verga en mi, al fin tome ritmo y sacaba solo un poco de su verga brincando de arriba abajo, ella comenzó a nalguearme.

    -si papi dale mas rápido así mi puto asiii putito hermoso dale mas, ¡¡te encanto esta verga verdad!!

    Ahora se notaba que la estaba complaciendo muy bien, además que comenzaba a apretarse las tetas, mientras yo le brincaba mi verga comenzaba a golpear sobre su pelvis.

    -aaa si si asi cógeme duro dame duro que rico que rico me vengo me vengo me vengo, que rica verga me encantas. -Le grite a Diana.

    -Aaa si si sii si dale yo también ya casi dale dale mas fuerte, asi asi asi mas rápido.

    Me contesto Diana, mientras me sostuvo el culo y ella comenzó a darme mas duro, me mantuve inmóvil a cierta altura que ella podía mover su cadera lo suficiente para poder meter y sacar poco mas de la mitad de su verga.

    -aaaa que rico culo te lo voy a llenar de leche. -Grito Diana mientras se venía dentro de mi, sentí como me inflaba era un enorme chorro de leche y me daba aún mas rápido para exprimirse la última gota.

    -ya ya ya me vengo no me la saques espera espera si si si ¡¡¡me vengo!!!

    Yo termine corriéndome sobre ella lanzando un chorro que alcanzo a caer en sus tetas y vientre, caí rendido sobre ella sintiendo como poco a poco su verga salía y su leche empezaba a gotear mi ano y mi verga terminaba de descargarse lentamente, las piernas me temblaban y el ano me palpitaba, estaba exhausto y no podía pararme, todo me daba vueltas.

    Pasaron unos minutos y la verga de Diana ya no estaba erecta poco a poco fue saliendo de mi ano, nos fuimos incorporando y pasamos a la ducha juntos, empezaba a meditar lo que había pasado y a dudar de mi sexualidad.

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  • Primera vez con mi hermana

    Primera vez con mi hermana

    Me llamo Julián, soy del centro de México y este es el primer relato que me animo a compartir y lo hago porque también es la primera experiencia sexual que tuve. Esto sucedió hace 13 años, hoy tengo 32.

    Mi hermana Frida es menor que yo por 10 meses (nací prematuro y eso no fue impedimento para que al mes de nacer mi madre ya estuviera embarazada de mi hermana), desde que nacimos compartimos habitación, hasta que mis padres decidieron mudarse a una casa con mas habitaciones para que cada uno pudiera tener su habitación ya que empezábamos la etapa del desarrollo.

    Para ese momento yo tenía 13 años, no sé si porque siempre fuimos muy apegados o porque otra razón, mi hermana tenía la costumbre de los fines de semana meterse a mi habitación y acostarse sobre mi pues yo siempre dormía boca abajo para despertarme y acompañarla a hacer alguna actividad al parque deportivo cerca de nuestra casa.

    Para mí también se volvió una rutina el que eso sucediera y nunca paso nada hasta una mañana que lo cambio todo en nuestras vidas. Yo acababa de cumplir los 19 años, la vida universitaria me estaba acabando ya que a la par de mis estudios trabajaba para ahorrar dinero y poder independizarme al finalizar mi carrera.

    En esa época me costaba mucho conocer a personas nuevas, todas las personas que conocía las había conocido gracias a mi familia y a mis amigos. Así que hasta ese momento no había tenido la oportunidad de tener sexo y todas mis calenturas se resolvían con masturbaciones, la cosa no era diferente con mi hermana, éramos muy parecidos y tampoco socializaba demasiado, aunque al ser mujer pues no faltaban los pretendientes que se le acercaban a hablarle aunque ella no sabía como responder y todo quedaba ahí.

    La mañana que cambio nuestra vidas fue un domingo donde las casualidades se cruzaron, el sábado asistimos a la fiesta de aniversario de unos tíos que viven al otro lado de la ciudad donde nosotros vivimos, por lo mismo que les comente que yo estudiaba y trabajaba mis padres fueron considerados y a eso de las 2:30 de la mañana nos enviaron a mi hermana y a mi a casa con mis abuelos que viven por la zona, ya que ellos se quedarían con mis tíos pues querían aprovechar al máximo la fiesta que no se veía acabara pronto.

    Al llegar a casa tanto mi hermana como yo nos fuimos a dormir pues habíamos probado el alcohol por primera vez y estábamos un poco ebrios, yo caí rendido y no sentí cuando mi hermana entro a la habitación pues ella no fallo en su ritual de fin de semana y estaba ahí puntual a las 6:30 am. La diferencia esta vez es que yo no estaba boca abajo, por la sensación de mareo dormí de lado por aquello de las vomitadas y supongo que al pasar el tiempo me quede boca arriba sin darme cuenta.

    Medio desperté cuando sentí el peso de mi hermana sobre mí y le dije que hoy no quería salir, que me dejara dormir por favor. Ella de mala gana acepto, pero se quedó encima de mi un rato más, ella mide 1.60 y yo 1.80 por lo que cuando ella llego para despertarme se sentó casi en mi estómago y sacara frente a la mía, cuando le dije que me dejara dormir supongo que ella quiso acostarse bien sobre mi y se hizo para abajo para que su cabeza quedara en mi pecho.

    Eso provoco que ella quedara encima de mi pene que como todo hombre sabe, a esa hora de la mañana esta duro como roca, al sentir el roce de mi hermana conmigo me sobresalte y ella también lo hizo preguntándome al instante que es lo que tenía ahí pero sin moverse, incluso se separó de mi pecho sentándose bien sobre mi pene y dejándolo en medio de sus nalgas, tengo que mencionarles que mi hermana tiene un físico envidiable, sin llegar a ser exagerado como he leído en otros relatos y mi pene es de 18 cm de largo y 5 cm de grueso.

    Yo le dije que era mi pene y que siempre en las mañanas lo tenía así solo que ella no se daba cuenta porque estaba boca abajo pero que se me bajaba con una ida al baño o masturbándome.

    Ella se puso roja y me pregunto si me masturbaba seguido a lo que le dije que por lo menos lo hacía 2 veces al día y mínimo 3 días a la semana porque me ayudaba a relajarme y a dormir mejor, le pregunte si ella también lo hacía y me dijo que si pero no tanto, únicamente en sus fechas de ovulación que es cuando mas caliente estaba.

    Mientras hablábamos eso no me percate que los pezones de mi hermana poco a poco se fueron endureciendo, cuando me di cuenta que eso estaba pasando moví sin querer el pene y mi hermana se sobresaltó preguntándome si lo podía mover a voluntad, al decirle que si me dijo que ella no había visto uno mas que en las imágenes de los libros y que tenía curiosidad por ver uno en vivo, así que me propuso enseñarle mi pene y ella me enseñaría sus pechos.

    Mientras decía esto se iba quitando la blusa que usa para dormir quedando solo con un short cortito que la hacía ver demasiado bien. Yo procedí a quitarme el short con el que duermo dejando a su vista mi pene, al verlo ella lo tomo con su mano derecha y por instinto creo yo, subió y bajo la mano, yo lo único que hice fue estirar mi mano y tomar su pecho derecho y jugar con su pezón con mis dedos índice y pulgar.

    Ya no hubo marcha atrás, ella seguía con un sube y baja lento mientras yo cambiaba de pecho y me iba incorporando hasta quedar de frente, poco a poco fuimos acercándonos y empezamos a besarnos mientras seguíamos acariciándonos. Fui recostándola en mi cama mientras con mi mano libre iba bajando el short para dar paso a la desnudez de mi dulce hermana.

    Ella abrió las piernas y me coloque en medio de ellas, la punta de mi pene empezó a rozar a su vagina y sentí su humedad, nos vimos a los ojos y no sé porque le dije que sería la primera, ella solo me dijo, hazlo por favor, tu también serás el primero. Nos besamos y fui introduciendo mi pene en ella, por el dolor ella me enterraba las uñas en la espalda y daba pequeños gemidos de dolor, yo sabía que eso pasaba así que fui haciéndolo lento para no lastimarla, pero ella me pidió acelerar el ritmo y en un momento ya estábamos haciéndolo a un buen ritmo y gimiendo de placer.

    Como ninguno tenía experiencia en esto únicamente lo hicimos en la posición del misionero, calculo que pasaron 10 minutos y sentí que me iba a venir, así que le avisé que me iba a salir y ella me dijo que no lo hiciera, que sentía que iba a llegar al orgasmo y que continuara un poco más. No pude aguantar demasiado y cuando estaba por salirme mi hermana me abrazo con sus piernas en el momento que empezó con unos espasmos, yo sentí que algo me mojo y fue el detonante para llenarla con mi semen. Nos miramos y le dije que no me aguante, ella solo sonrío y me dijo que lo había sentido pero que no me preocupara, iríamos a comprar una pastilla.

    Nos quedamos acostados un rato sin decir nada y después de un rato ella rompió el silencio para decir que esto no lo podía saber nadie y que no debía de pasar otra vez, que no sabía porque lo había hecho pero que estaba mal. Yo solo atine a decir que estaba bien, en ese momento ella se levantó, tomo su ropa y salió de mi habitación.

    Esta fue la primera vez que tuve sexo y la primera vez que cometí incesto, luego les cuento como es que repetí con mi hermana y como también lo hice con mi madre, y si quieren, otras aventuras que he tenido.

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