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  • Mabel y el electricista

    Mabel y el electricista

    Mabel era una simple mujer con las labores de cuidar a sus hijos.

    Su esposo era un profesor de matemática, que trabajaba gran parte del día, regresando por la noche bien tarde. En verdad Mabel, se sentía sola gran parte del día, pero sus ocupaciones les mantenían alejada del deseo sexual.

    Ocasionalmente se dedicaba en silencio y por las tardes a masturbarse, lo realizado dos o tres veces en la semana o cuando hubiese visto alguna película fuerte en la televisión.

    Una tarde de verano, la heladera dejó de funcionar y Mabel se encargó de buscar quien la reparara.

    Sus hijos asistían en ese mes a una colonia de vacaciones en la costa.

    No sin después de consultar por el costo del arreglo a varios técnicos se decidió por uno, que además de resultarle verdaderamente barato su persona, le agradó. Quedó en venir al otro día y así lo hizo.

    Mabel desde que le vio en la mañana notó que de alguna manera ese día no parecería normal

    Ese joven había encendido algo en ella dormido por tiempo.

    Era un buen ejemplar de hombre, algo joven “experto en señoras de su casa” se notaba con el trato al que recurría a diario por su oficio, que conquistaría a unas cuantas.

    Sin que él, se percatara le miró gran parte del tiempo mientras él trabajaba, al final se arriesgó y a medido que la postura del trabajador se lo permitió dirigió la vista hacia ese lugar.

    Se le marcaba y allí nomás pensó que él por ella algo sentiría, sino no estaría así.

    En segundos quitó su vista y decidida a que no, se podía perder tan fácilmente, Mabel se ocupó de sus otras cosas, retirándose de la cocina, pero algo excitada.

    Fue así, que se dedicó, en su dormitorio a repasarlo, al tiempo Mabel pensó si ello no era más que una reacción de deseo que otra cosa pasara en ese dormitorio y no su limpieza, pero quitando de su cabeza esas nimiedades, se dedicó a pensar en sus hijos y su vacaciones.

    Pero decididamente tiempo después, se encontraba cambiándose de ropa de mañana simple y desatendida por una solerita de espaldas descubierta, sin corpiño, además de ponerse el ultimo de sus perfumes caros regalos de sus hijos para el día de la madre.

    A la hora y a un pedido del electricista ella bajó a la cocina, encontrándose a ese hombre casi de frente, y ella se turbó, pero más cuando el hombre elogió su vestido y ese agradable, sabor que sé destilado de su cuerpo.

    Turbada, Mabel le contestó que era su forma de agasajar a quien le había arreglado la heladera, y ante la sorpresa de ella por esa estúpida respuesta el hombre, entendió un avance más hacia lo desconocido.

    Mabel, respuesta de su sorpresa tan estúpida le ofreció una gaseosa para que se refrescara.

    Ahí notó que el hombre se había parcialmente, desprendido la camisa debido al calor, lo que de inmediato le impactó, moviéndole una serie de cosquillas en ese lugar que ella ya conocía sobradamente.

    Se sonrojó aún más y el hombre comprendió pronto su turbación.

    Así empezó un dialogo un tanto comprometido que en ella le fue encendiendo un fuego hasta ese entonces desconocido, y al finalizar casi media hora él la tomó de la mano y le besó.

    Mabel quería deshacerse de los brazos de ese hombre, pero la sostenía intensamente y pronto ella se abandona abriendo su boca y recibiéndolo por primera vez.

    Allí en esa cocina, él hábilmente le fue bajando los costados de su solera y por primera vez los senos de ella, recibieron las manos de ese extraño.

    Ella le sacó la camisa y se dedicó a besarle mientras el hombre hábilmente le había quitado ya la totalidad del vestido y su mano se metía dentro de su bombacha encaminándose hacia su vagina que para ese entonces estaba ya mojada con sus líquidos.

    Al tiempo y cuando el hombre le introduce un dedo a la entrada de su vagina ella experimenta una serie de convulsiones que le hicieron arquear su espalda y si no fuese porque el hombre la sostuvo, por la serie de orgasmos de Mabel hubiese terminado en el suelo.

    Vamos a tu cama, le dijo el hombre y así Mabel parcialmente desnuda, solo con su bombacha puesta y el hombre sin la camisa subieron esa serie de escalones que le separaban a su pieza que a ella le pareció interminable.

    “Soy tuya”, le dijo al llegar a la pieza, “sé cuidadoso no me señales, que él lo notará, pero después hazme sentir la más puta de las mujeres que tuviste.”

    A las dos de la tarde, en esa casa del barrio de Belgrano, Mabel aun dolorida recordaba esa mañana. Hacía más de media hora que se había retirado su hombre y le había hecho sentir la mujer más puta de la tierra.

    Primero había descubierto que ese temor que tienen las mujeres al recibir un miembro algo pronunciado era mentira.

    Ella alojó en su vagina una pija casi el doble que la de su marido.

    Al principio cuando él le embistió ella le tomó del brazo para detenerlo.

    Se dedicó a guiarlo para la penetración y así a medida que su vagina iba adquiriendo la dilatación adecuada ella le permitía metérsela un poco más.

    Pero cuando pensaba que esa cosa le había llegado al fin y casi a su matriz se volvió a excitar, aun él pujaba por más.

    La respiración de su amante y la transpiración de ella, se confundieron en los movimientos sensuales de los dos y a ella se le produjo una serie orgasmo casi sin quererlos, orgasmos de profunda calentura y necesidad de explotar ante ese pedazo de carne palpitante en su interior.

    Cuando se descargó (lo hizo dos veces en ese día) conoció y comprobó el poder de la fuerza de la eyaculación en un buen hombre joven.

    Poco después y sorprendentemente cuando él se quedó a su lado ella le empezó a limpiar su miembro con su lengua.

    Jamás le había realizado a nadie, ni a su marido, y se sorprendió a sí misma.

    Rodeando con su lengua el sexo, subía y bajaba constantemente y delicadamente hasta que esa cosa tomó vida de nuevo.

    El hombre se excitó y se levantó de la cama,

    Buscó un pote de crema de mano que ella siempre tenía en la mesa de noche, Mabel intuía, pero no quería imaginarse el resto de la acción sola, tímidamente obedeció cuando él le dijo:

    -Ponte en cuatro en la cama

    Lo que le impactó fue cuando la empezó a imbuir con la crema su ano, desde adentro hacia fuera con sus dos dedos rústicos y gordos.

    Si bien ella había practicado dos o tres veces el sexo anal, no estaba preparada todavía.

    Pero nunca se puede imaginar uno cuando las cosas han de ocurrir y a Mabel le había tocado el momento.

    Resistiéndose al principio, con fuerte gritos y gestos el hombre le penetró un poco, casi nada.

    Mabel comprendía que al resistirse, solo aumentaría el dolor que por ese entonces que ya era grande.

    Cuando al ingreso total de la cabeza al haberse dilatado su ano creyó que se había acabado el dolor, pero de un envión recibió la mitad de la pija del electricista.

    -Bruto, me rompiste todo el culo y en dos.

    Y tratando de salirse de él, solo lograba que él, la metiera algo mas y cuando lo hizo totalmente y ella se desvaneció por unos segundos.

    El intenso dolor, solo comparable con el parto de su ultimo hijo, que la rasgo toda y hasta el ano, por la mala asistencia y no hacerle en su vagina con un pequeño corte, le tomó el cuerpo.

    Cuando volvió en si, ella se encontraba unida a él, pero ahora el sufrimiento había desaparecido y hasta le pareció empezar a encontrarle placer a esa barra en sus entrañas.

    Él, se empezó a mover a la vez que le tocaba el clítoris, y así poco a poco ella empezó a resurgir, y al cabo de unos minutos le dijo:

    -Ahora acabó lo bruto, hacelo vos mi amor.

    Al sentir el líquido de ese hombre en su culo ella estalló y al desprenderse del hombre unos minutos después aun podía sentir como se resbalaba de su ano el líquido viscoso y caliente.

    -Mabel, me voy a casa, pero vendré a verte en la semana. Ahora me tengo que ir debía estar hace más de una hora en casa de mi mujer para almorzar porque es su cumpleaños y vivo en el Tigre. Te llamaré y discúlpame por la cola, fue la que más disfruté.

    -Adiós, llámame -le dijo Mabel.

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  • Pedro, el mejor amigo de mi marido

    Pedro, el mejor amigo de mi marido

    Hace muchos años que oigo hablar de él… De Pedro… El mejor amigo de mi marido, un hombre al que nunca he visto, pues debido a sus negocios vive en la otra parte del mundo… Es un hombre al que mi marido admira, se conocen desde niños, me atrevería a decir que son hermanos más que amigos, pues a pesar de la distancia hablan casi cada día por teléfono.

    El teléfono fue el primer contacto que tuve con él, no necesito decir que me cautivo su voz, su forma de hablar, su entonación era una caricia para mi alma, y un regalo para mis oídos.

    Yo llevaba demasiado tiempo sola, mi marido desde siempre se ha encerrado en su trabajo, negándose a compartir conmigo cualquier cosa, lo único que compartíamos eran tres o cuatro minutos de sexo cada dos o tres semanas.

    Siempre me pregunté si el sexo sería igual para todas las personas, ¿si era algo que no iba más allá de tres minutos?… ¿porque gustaba tanto a todo el mundo?.

    Nunca pensé ser infiel a mi marido, soy bastante conformista y en mi ignorancia era feliz, por supuesto mi marido también lo era, tenía sus “amiguitas” de turno que le satisfacían como su esposa frígida no sabía.

    Sospeché muchas veces que había otras, pero nunca tuve la certeza, y nunca tuve el valor suficiente para preguntárselo.

    Durante uno de sus muchos viajes me llamó, para pedirme que fuese al aeropuerto al día siguiente a recoger a su amigo Pedro, me pidió que le diese acogida en nuestra casa, me exigió que le tratase bien, me rogó que le atendiese lo mejor posible, y para terminar la conversación me dijo: “Yo llegaré en un par de días o tres y me reuniré en casa con vosotros”

    Me sentó fatal… A pesar de conocer su amistad me molestó que mi propio marido me pusiera en la obligación de atender a un extraño, yo había hablado con Pedro muchas veces por teléfono… Sí… Pero de eso a tenerle en mi casa… Estando sola… Era una situación muy violenta para mí, aun así obedecí, como siempre.

    Al día siguiente me personé en el aeropuerto para recogerle, le había visto en algunas fotos antiguas, pero para conocerle quedamos en que él llevaría un oso de peluche enorme bajo el brazo, se lo traía a su sobrina.

    Cuando le vi, mi desilusión fue tremenda, era un hombre mayor, mas que mayor diría viejo, con cara de pocos amigos, aun así, me acerque a él para decirle… “Bienvenido Pedro”… Y su respuesta me dejó más confundida aún porque me dijo… “Pardone moi je ne comprend pas”… Era evidente que me había equivocado de persona, pero era el único que traía un oso, aunque eso si, no muy grande.

    Intentaba comprender que era lo que sucedía cuando alguien tocó en mi hombro, al volverme sorprendida me encontré cara a cara con un enorme oso de casi un metro de alto, diciéndome… “Hola María… Eres mucho mas bonita de lo que me había contado Luis” y dicho esto dejó caer al suelo el oso, y le vi a él, ¡¡Dios mío!!… Por un momento me sentí aturdida, no podía ser humano, era un verdadero Adonis, en toda mi vida nunca había visto un hombre tan perfecto como aquel, ni en las revistas, ni en el cine.

    Debí quedarme embobada mirándole, porque él dijo con simpatía… “Me alegra conocerte… Ya puedes cerrar la boca o se te llenará de moscas”…

    Me odié en aquel momento, pensé avergonzada que mi reacción al verle era la de una colegiala, y traté de arreglarlo con mi saludo… “Perdóname Pedro… Me has pillado despistada… Bienvenido”… Le dije mientras tendía mi mano, el cogió mi mano entre las suyas, tirando suavemente de mi para aproximarse, y me susurró al oído… “No me gustan los saludos formales entre amigos… Dame un beso”… Yo le besé atontada en la mejilla, y al devolverme el beso nuestras comisuras se rozaron… (..¿lo habrá hecho aposta?… Pensé… Ufff que nervios… ¡¡y que bien huele!! ).

    Salimos del aeropuerto nerviosos los dos, hablando del tiempo, tan socorrido, como no.

    Nos metimos en el coche y volví a sentir tu aroma, tan masculino, fuimos a casa en mi coche, yo conducía nerviosa, más pendiente de ti y de tu olor que de la carretera, tú en cambio ibas relajado hablando sin parar de tu infancia al lado de Luis, contando bromas de chiquillos, recordando las trastadas que hacíais los dos.

    Al final pude concentrarme en tu charla, y disfruté y reí contigo, a la hora de llegar a casa ya estaba contenta por la petición de Luis, no obstante me sentí turbada al entrar en mi casa con un desconocido.

    Te enseñe la casa y llevaste la maleta a tu cuarto, cuando te dije que la comida estaría lista en media hora, me contestaste enfadado… “De eso nada… Mientras yo esté aquí esas hermosas manos no cocinarán… Saldremos a comer fuera”… Yo intente protestar y tú pusiste tu dedo índice sobre mis labios en señal de silencio, mientras con la otra mano sujetándome por el hombro me llevabas a la calle.

    Comimos en un pequeño restaurante cercano a casa, tú pediste paella, el plato del día, y yo hice lo mismo, pasamos toda la comida hablando de comida, claro está, contándome lo que echabas de menos algunos platos, como la paella, el cocido, el gazpacho… Etc. Etc.

    Al llegar a los postres ninguno de los dos teníamos demasiadas ganas, así que tuviste la genial idea de compartir uno, una copa de helado de yogur con salsa de caramelo, ummm, comencé a sentir calor, y una especie de mareo, habíamos tomado una botella de vino que empezaba a hacerme efecto, me diste helado con tu cucharita, me pareció un gesto erótico que comieses después y volviste a ofrecerme una segunda vez, me sentí ligera y desinhibida y chupe juguetona la cucharita para ponerte nervioso, que ilusa!!… Tu con una calma increíble la llevaste de mi boca a la tuya sin pasar por el helado y sacando la lengua la chupaste sin apartar tus ojos de los míos… Provocándome… Encendiéndome.

    El camarero amablemente nos ofreció una copita del licor de la casa, muy fresquito con hielo, tomamos el licor y salimos a la calle después de pagar.

    Yo andaba como ida, más que caminar, se diría que flotaba, ya en la puerta de casa tropecé en el último peldaño, y me frenaste para evitar que cayese, noté tu cercanía, nunca había estado tan cerca de un hombre que no fuese mi marido, tus brazos eran fuertes y envolventes, me sentí segura en ellos, y entramos en casa sin que me soltaras.

    Me acompañaste a mi cuarto diciéndome… ” Debes acostarte un rato… Estás mareada”… Me sujetaste por la cintura para sentarme en mi cama, y yo, no sé como pasó, pero te rodee el cuello con mis manos haciéndote caer encima mío sobre la cama, te besé sin poder aguantar las ganas, durante unos segundos me respondiste con pasión, después dijiste con voz ronca “Luis es un auténtico imbécil que no sabe la suerte que tiene”… Acto seguido te separaste de mi para mi sorpresa y añadiste “No voy a aprovecharme de tu situación… Ahora no estás en condiciones… Duerme querida niña”… Y sin saber como me quedé dormida.

    Me despertó un aroma delicioso, olía a comida, ¿pero que comida?… ¿y quien cocinaba?… Entonces lo recordé todo, me di cuenta que había dormido toda la tarde y me sentí completamente avergonzada, pensé que no tendría fuerzas para salir de mi cuarto, entre en el baño y me di una ducha rápida que me reanimó, me puse un viejo y cómodo vestido, y salí para enfrentarme contigo.

    Sonreíste al verme aparecer en la puerta de la cocina… “¿Has descansado?.. Ya está lista la cena… He pedido comida china ¿te gusta?”… “Si claro” contesté…

    Al contrario que en la comida cenamos en silencio, y sin vino, tomando lo único que había en casa, cerveza sin alcohol, al terminar de cenar me empujaste fuera de la cocina diciendo que tú recogerías, yo puse música y preparé un par de copas de licor de manzana con mucho hielo pero sin alcohol.

    Nos sentamos en el salón y tú brindaste por los buenos amigos, verte sentado en mi sofá fue extraño, estabas tan a gusto que parecía hecho para ti.

    Empezamos a charlar, y la conversación derivó hacia temas personales, me preguntaste si era feliz con Luis, y me extraño esa pregunta, la conversación se fue haciendo más íntima, me preguntabas detalles de mi relación con Luis, y yo respondía tranquila, como lo haría con mi confesor, llegó un punto en que no pude sujetar mi curiosidad y te pregunte abiertamente si sabías algo sobre Luis que yo desconocía, tu respuesta fue bajar los ojos y decir que él era tu mejor amigo.

    No me gustaba el cariz que estaba tomando la conversación y te dije que iba a llamar a Luis a su hotel, tu intentaste evitarlo, yo insistí obcecada, y llamé, al quinto tono de llamada contesto Luis, parecía enfadado, irritado, y pude entender el porque cuando oí risas femeninas a su lado, disimule y le dije que todo iba bien y que hablaríamos por la mañana.

    Cuando colgué me sentía morir, tú te acercaste y me dijiste… “No estaba solo ¿verdad?”… Yo asentí… “Nunca lo está… Tu marido es un completo idiota nunca le entenderé”… Yo sin querer dejé escapar mis lágrimas, tú me rodeaste con tus brazos y besaste mis ojos llorosos… “No llores María… Él no merece tus lagrimas… Ni él ni nadie”.

    Me sentí inundada de ternura ante ese gesto, ante tus besos en mis párpados, en mi frente, en mi pelo, tu voz tranquila, dulce y cariñosa, y sobre todo el calor que me ofrecían tus brazos, todo eso me hizo sentir viva, querida y mimada y me gustó esa sensación, alcé mi rostro hacia ti deseando que me besaras, pero tú me sorprendiste diciendo… “Es casi media noche… Será mejor que nos vayamos a dormir… Hoy ha sido un día agotador para ambos”.

    Me separé de ti y asentí…”La verdad es que sí… Estoy cansada… Buenas noches Pedro… Si necesitas algo llámame”… “Tranquila María… Que duermas bien”.

    Ya de madrugada sonó el teléfono, me levanté apresurada esperando que tú no te despertaras, “demasiado tarde” pensé cuando te vi asomado a la puerta de la cocina, medio desnudo, cubierto solo de cintura para abajo con una minúscula toalla.

    Me dijiste “Era una equivocación, ¿quieres un vaso de leche fría? Hace mucho calor”

    Y yo acepte sin decir ni una palabra, como hipnotizada, sin poder alejarme de ti.

    Era evidente que acababas de ducharte, imaginarte desnudo me excitó, entonces sentí tu mirada desnudándome y abrasándome la piel, disfruté de la caricia de tus ojos, mientras trataba de beber la leche fría.

    “Me gusta tu camisón, te favorece ese color” dijiste, y yo como una imbécil añadí “es color berenjena” como si tu no lo supieras, estaba tan nerviosa, que me costaba trabajo respirar pausadamente, tú en cambio estabas tranquilo y relajado, o eso me pareció.

    Te acercaste a mí y noté el calor de tu pecho a través del fino camisón, agachaste la cabeza y me susurraste al oído “cariño eres preciosa” yo di un paso atrás, necesitaba apoyar mi espalda, las piernas me temblaban, sabía lo que iba a pasar.

    Me acorralaste contra la pared, te miré a los ojos y vi la pasión en ellos, tus manos volaron hasta mi cuello acariciándolo con calidez, posándose sobre mis hombros, quedándose un instante allí quietas, para deslizarse después suavemente hacia mis pechos, rozando con el dorso de los dedos mis pezones, ya erectos.

    El calor y el deseo iban en aumento, olvidándose del pecho tus manos descendieron hasta mi cintura apretándome contra tu cuerpo, mi cabeza cayó hacia atrás en señal de entrega, mis manos deseosas de ti recorrieron tu torso desnudo, tus hombros, tu espalda y al fin se aferraron a tu cuello, mientras mis labios entreabiertos reclamaban un beso.

    Tu boca se apodero de la mía con caricias en forma de besos suaves, delicados, tiernos y dulces, besos de acercamiento, de conocimiento, después de recorrer mis labios con los tuyos, tu lengua comenzó a acariciarlos de una manera salvaje, el beso se transformó en algo dominante, agónico, posesivo e interminable.

    Mi entrega ya era total, no te costó ningún esfuerzo sentarme sobre la mesa de la cocina, separar mis piernas, y acariciar mi sexo húmedo con tus manos expertas y todo sin dejar de besarme.

    Sentí el dolor del deseo entre mis piernas, y con mis manos acaricié tu tallo erecto, me moría de ganas de besarlo de sentirlo dentro de mi boca, pero tú ya no podías esperar más, notando tu ansiedad me pegue más a tu cuerpo para sentir a la entrada de mi sexo la suavidad de tu miembro, deseando tenerlo dentro, tu sexo se introdujo en mi cuerpo de una sola vez, llenándome por completo, una vez dentro se acabaron las prisas, comenzaste a moverte en mi interior con lentitud, sin dejar de besarme, nos movíamos con suavidad, susurrándonos hermosas palabras de amor, con mucha ternura al principio.

    Estuvimos así mucho tiempo disfrutando del cariño, haciéndonos el amor, descubriéndonos, alimentándonos cada uno del placer del otro, después, poco a poco nuestro deseo se acrecentó, y nuestros jadeos se multiplicaron, fuimos aumentando el ritmo buscando un completo y perfecto acoplamiento, ser uno, movernos como uno, consiguiendo con cada embestida arrancarnos gemidos, alaridos de placer, tus caderas y las mías formaron una conjunción perfecta cuando sentí que me moría, todo mi cuerpo se estremeció de placer de arriba abajo, y un gran escalofrío intenso me recorrió la espalda, al alcanzar mi primer orgasmo no fingido…

    Sentí tu semen caliente inundándome, te sentí latir en mi interior, mientras nos desplomábamos sobre la mesa, completamente exhaustos jadeando agotados, y sudorosos, pero tremendamente satisfechos y felices después de habernos entregado al amor.

    Instantes después con la respiración aún entrecortada te dije… “¿Así que era esto?… No imaginé… Nunca supe” … “Shhh calla mi amor… ¡te queda tanto por aprender!”… “¿Me enseñaras tú, cariño?”… “Te enseñaré amándote”…

    Después de aquella noche me separé de mi marido, pero eso es otra historia.

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  • El cumpleaños de mi suegra

    El cumpleaños de mi suegra

    Era una noche de fiesta, los 50 años de mi suegra. La noche ya llegaba a su fin y todos iban retirando. Había sido una noche de mucho alcohol, mucha alegría, muchas emociones, baile. Mi suegro se había ido a dormir con unas copas de más encima. Mi novia estaba tirada en un sillón en un estado calamitoso del cual era imposible despertarla, yo con ganas de volverme a mi casa y mi suegra un poco borracha esperando a que me decidiera irme para poder descansar.

    Me puse mi abrigo, le di un beso en la frente a mi novia y me dirigí hacia la puerta. Mi suegra me siguió para cerrar luego la puerta con llave. Abrí la puerta y me di vuelta para saludarla, le di un beso en la mejilla y me sorprendí muchísimo cuando ella casi en forma repentina me tomó la pija con su mano sobre el pantalón y me dio un apretón con una mirada desafiante…

    Me quede como tildado sin saber que hacer…

    -¿Qué pasa?… ¿tenés miedo?… -me dijo ella.

    A lo que respondí con una sonrisa casi infantil sin querer decir nada.

    Ella no me soltaba y con la otra mano se fue desprendiendo la camisa dejando sus dos enormes tetas delante de mí. Yo no entendía nada, si bien de vez en cuando solía mirarle el culo que a pesar de sus años siempre estuvo muy bien, más de eso jamás había imaginado nada con ella, pero la situación me empezaba a calentar y mucho.

    Poco a poco se las fue ingeniando para desabrocharme el pantalón y dejar al aire mi pija que comenzaba recién a erectarse.

    Cuando logró sacarla toda afuera se agacho y sin dudarlo se la metió en la boca y comenzó a bombear de una forma espectacular, con una experiencia indescriptible, suave, lento, profundo… sexy…

    En un momento cuando yo ya estaba a mil, con la pija re-dura y muy excitado, ella se puso frente a mi nuevamente, siempre con una mirada desafiante, agresiva y dominante; se dio vuelta, se levantó la minifalda que tenía puesta y luego levantó las dos manos, cruzándolas sobre su frente y apoyando estas en el marco de la puerta, dejándome enfrente ese culito que tan bien se conservaba a pesar de los años. No dude en meterle mano, en tocar su húmeda concha y en llevar hacia ella mi pene que ya estaba muy parado.

    La penetre de una hasta el fondo, ella no se quejó para nada, y dejo que yo me moviera por un lapso de 5 minutos más o menos. Cuando noto vio que yo estaba demasiado excitado por la situaron en sí, entonces se corrió hacia delante, se dio vuelta, se agachó otra vez y comenzó a chupármela otra vez hasta que acabé de una forma impresionante dentro de su boca.

    El semen empezó a correr por sus labios y ella se lo tragaba con gusto y satisfecha…

    Se repuso ante mí y me dijo:

    -Andá a dormir “chiquito” que ya es muy tarde…

    Se bajo la pollera se acomodó el corpiño y me palmeó la espalda despidiéndome.

    Al otro día ella como si nada hubiese pasado. Yo no podía mirarla a la cara de la vergüenza que sentía.

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  • Mi esposa (3): La venganza

    Mi esposa (3): La venganza

    Como os contaba antes, estaba decidido a vengarme, así que me fui al club para hablar con Ana.

    Al verme se sorprendió un poco, le dije que quería que dejara a María en paz y que si seguí haciéndole chantaje la denunciaría a la policía. Ella me juro que de chantaje nada, que a mi mujer le gustaba el sexo y cuanto más, mejor. Yo no podía creer lo que me decía.

    “Mira” me dijo Ana “ven este fin de semana y veras por tus propios ojos lo que a tu mujercita le gusta que la monten, es más, ahora la llamo y le digo que no hace falta que venga a la fiesta”.

    Desde un teléfono manos libres llamo a María.

    “Hola María, soy Ana, mira si no quieres no vengas a la fiesta del sábado pues ya tengo suficientes chicas ¿te parece bien?”.

    “Oye no Ana, ya sabes que si quiero ir, además tú sabes que estas fiestas a mí me gustan mucho y por otra parte yo ya contaba con un sábado de marcha, que en casa no tengo la suficiente.”

    “Bueno, si quieres ven, hasta el sábado” y Ana colgó.

    “Ves” me dijo Ana “como tu mujer necesita más de una polla diaria”

    Ella me mira y, supongo que le debí dar pena, me dijo “ven el sábado y lo podrás ver con tus propios ojos”.

    El sábado llegue media hora antes de la fiesta, Ana me acompaño a su habitación y allí me conecto una pantalla, sonido incluido, en la que se veía la sala donde iba a tener lugar la fiesta.

    Era una sala amplia con una barra a un lado, sofás y pufs, muy amplios, por todas partes, en el centro había una mini pista de baile.

    Ana me contó que la fiesta la habían organizado unos ejecutivos alemanes que estaban en la feria de Alimentaria.

    Al poco entraron en la sala seis chicas, una de ellas era mi mujer, todas iban vestidas con ligas, unos minúsculos tangas, y unos vaporosos camisones que mostraba los senos de las chicas.

    Estuvieron haciendo bromas entre ellas cuando una de le dijo a mi mujer “¿cuántos vas a tirarte esta noche, guapa?”.

    Mi mujer la mira y le dijo “más de los que tu puedas”, la otra le contesto “¿a qué no puedes con todos?”, María le dijo “vas a ver como me los follo a todos, de tres en tres”.

    Las otras se echaron a reír. En eso que entro Ana, iba vestida igual que las otras, “bien chicas ya están aquí los alemanes, así que a ellos”.

    Siete trajeados hombres, de mediana edad, entraron en la sala, cada chica se dirigió a uno de ellos, se besaron. Mi mujer se dirigió al que era más joven, lo rodeo con sus brazo mientras lo besaba en la boca, luego se giró y le palpo el pene, que ya debía estar duro porque le dijo en inglés (mi mujer habla perfectamente el ingles) que estaba muy bien dotado y que quería conocer esa maravilla.

    Comenzó a sonar una música sensual y suave, las chicas sacaron a los hombres a bailar. El alcohol empezó a correr a raudales.

    Pronto las americanas y corbatas habían desaparecido, y alguno incluso ya estaba en calzoncillos.

    Alguna chica ya estaba chupando la polla de su pareja, Ana estaba en la barra besándose con profusión mientras su alemán le metía mano en el clítoris.

    María estaba echada en un sofá, abierta de piernas mientras su compañero le comía el coño, luego se dio la vuelta y este le pasaba la lengua por su ano. Vi como disfrutaba con ello, creo que era la única que disfrutaba, de echo me di cuenta como ya había tenido su primer orgasmo cuando le comían el clítoris.

    Luego el alemán se sentó en el sofá y ella, de rodillas le comió su enorme verga, cuando esta estuvo lubrificada, monto encima comenzando a cabalgar, primero despacio, luego deprisa y al final como una yegua desbocada.

    Todos los demás estaban ya follando, enculando o bien metiendo sus pollas en la boca de su chica.

    Habían transcurrido unas dos horas y mi mujer ya se había follado a la mitad de ellos, estaban todos descansando en brazos de sus chicas, cuando Ana les dijo a sus clientes.

    “¿Alguien quiere ver como aguanta María?”, Los alemanes rieron y dijeron que sí.

    Pusieron en la pista un puf, mi mujer se puso en el centro y mirando a los alemanes les dijo en inglés “¿Quién quiere ser el primero?”.

    El que era el mayor de todos ellos se levantó tambaleándose un poco, debido a los efectos del alcohol, se dirigió hacia ella, María se puso a cuatro patas, el alemán le separo las piernas, le palpo el clítoris y como vio que ya estaba húmedo la penetro por detrás, cuando termino mi mujer le limpio con la lengua la polla, a continuación dijo al resto “¿hay alguien más?”, Vi como se levantaban tres de ellos mientras los demás aplaudían.

    Los tres se pusieron frente a ella para que les chupara sus pollas, en poco tiempo estuvieron las tres duras. El que la tenía más grande se echó en el puf y María monto encima, el segundo le tanteo el ano y con suavidad y firmeza le clavo su pene en el culo, el tercero se conformó con que se la mamara.

    Pronto estuvieron los cuatro desbocados, el primero en correrse fue el que la tenía en su boca, este le sujeto la cabeza por la nuca para que no pudiera zafarse de su corrida y así obligarla a tragarse el semen, lo que él no sabía era que mi mujer a esas alturas eso le entusiasmaba. Luego se corrieron los otros dos.

    Apenas terminaron que otros tres ya estaban esperando su turno, volvió a repetirse la escena de antes, pero esta vez al grupo se unió Ana.

    Entra ambas les iban chupando la polla y besándose entre sí, me quede sorprendido pues no me imaginaba a María montándoselo con otra mujer. Cuando acabaron con los hombres María y Ana continuaron las dos solas comiéndose el coño una a otra, los hombres se pusieron calientes y dos de ellos aprovecharon que sus culos estaban libres para empalarlas.

    Era evidente que Ana tenía razón, a mi mujer le gustaba follar y cuanto más, mejor. La verdad es que cuando la conocí era un poco ninfómana, pero nunca creí que llegara a esos extremos.

    Aquellas imágenes y los recuerdos de todo lo que me había contado me habían puesto tan caliente que me había masturbado unas cuantas veces.

    Al salir del local me encontré con Juan, este al verme tan compungido, me invito a tomar un café.

    En el bar le conté parte de la historia, cosa que creo que él ya sabía, y le dije que quería darle un escarmiento a María. Él se ofreció a colaborar a cambio de una suma de dinero y sobre todo que le dejase a él, como amo y señor, a mi mujer durante una semana. Yo tenía tantas ganas de vengarme que accedí.

    Alquile un chale en la costa durante quince días, busque a través de contactos de Juan a cinco tipos bien dotados y con aspecto de brutos, así como el mayordomo de Juan, un corpulento negro que tenía una verga como nunca había visto.

    Por teléfono contraté los servicios de mi mujer para un fin de semana, como normalmente ella nunca se ausenta me pidió permiso para ir el fin de semana con los del despacho a la playa a lo que yo accedí rápidamente.

    Ya lo tenía todo preparado y los chicos habían aprendido todo lo que tenían que hacer, por mi parte había instalado cámaras por la casa para no perderme detalle de mi venganza.

    Cuando llega María al chale, la recibió el negro vestido de mayordomo, la acompaño a la cocina y le dijo que se pusiera el uniforme, como supondréis el vestido consistía en medias con ligas, una faldita corta, blusa transparente, cofia y delantal. El mayordomo le dijo que esperara a que la llamasen.

    Cuando sonó la campana en la cocina, el mayordomo le dijo a María, “sígueme”. Cuando entro en el comedor estaban los cuatro tipos sentados en la mesa, pero desnudos. El mayordomo anuncia “señores, el postre” y se retiró dejando a mi mujer sola con los cuatro.

    “Eh chicos” exclamo uno de ellos “mirar que magnifico postre” entonces mi mujer comprendió que ella era el postre.

    “Acércate guapa que te vamos a catar” le dijo el más corpulento de los cuatro, el cual se levantó y tomando a María de la mano la acerco a la mesa, allí sin darle tiempo a nada los chicos sacaron dos cuerdas y le ataron las manos a la mesa, luego una pierna en cada pata de la misma, de tal forma que estaba con las piernas abiertas y su coño listo para ser utilizado por detrás pero completamente inmovilizada.

    “Bien” dijo el que parecía el jefe “¿Quién empieza a darle su merecido a esta zorra?”. Uno se levantó, agarro a mi mujer por los pelos y la beso en la boca, luego se puso detrás y le paso la lengua por el coño, luego el culo, ambos. Cuando vio que María ya estaba disfrutando, este cerro su puño y de sopetón se lo clavo en su coño. El alarido que soltó mi mujer me asusto, el chico retiro el puño y volvió a repetir la operación, así varias veces hasta que los gritos de mi mujer cambiaron por jadeos de placer, entonces le clavo su verga por detrás hasta que se corrió.

    A continuación, el segundo de ellos le puso lubrificante en el culo comenzando a introducir sus dedos en el ano de María hasta que le cupo la mano entera, entonces cerro el puño y se lo clavo por el culo, ella grito de dolor pero el chico no se inmuto, siguió metiendo y sacando su puño un buen rato, luego le metió su verga hasta que se corrió dentro de sus entrañas.

    La desataron y la llevaron al sofá donde estaba sentado el que tenia la polla más grande, la sentaron encima de la verga mientras el cuarto la enculaba.

    Cuando acabaron, se la fueron pasando entre los cuatro como si fuera un objeto cualquiera. Ahora era follada por uno, por dos, por tres o los cuatro a la vez, no le daban tregua.

    Eran cerca de las dos cuando la llevaron al garaje, allí le ataron las manos a unas cadenas que colgaban de techo y las piernas a unas argollas en el suelo. Los cuatro la besaban, le pasaban la lengua por todos sitios. Mi mujer disfrutaba como nunca pues de joven siempre le había gustado que la ataran y obligaran a hacer cualquier cosa.

    Aprovechando que estaba así decidieron encularla uno detrás de otro, cuando terminaron llamaron al mayordomo. Este apareció desnudo con su tremenda tranca a punto, mi mujer al ver el descomunal tamaño de aquello dijo que no, que eso tan grande que no, que la soltaran que se había terminado todo.

    El negro le dijo “cállate puta o te azoto” y cogiendo un látigo le dio una par de azotes, ella grita de dolor pero el negro se acerca a ella y le dio un largo beso en su boca al tiempo que le metía uno de sus largos dedos por el coño. Luego se puso detrás de ella y con suavidad pero sin interrupción hundió su tranca hasta el fondo de las entrañas de mi mujer, la cara de ella se transformó en muecas de dolor para dejar paso al placer, el negro la estuvo enculado un buen rato, luego la saco y dando una orden los otros la desataron.

    Con su enorme mano cogió a María por los pelos y le hizo chupar su polla que había sacado de su culo, ella se resistió entonces los otros la agarraron y le obligaron a chupar. Cuando al mayordomo le pareció suficiente levanto en volandas a mi mujer y le clavo su enorme pene en su coño, así, en volandas, se la estuvo follando hasta que se corrió.

    Ahora le pusieron una correa de perro en el cuello, le ataron las manos a la espalda y con una correa corta la ataron a una argolla del suelo, de esa guisa tuvo que chupar la polla de todos hasta que cada uno se corrió encima de ella. Como colofón final, y ya que estaba inmovilizada, los cinco se mearon encima de ella. María se puso a gritar “cerdos, hijos de puta, cabrones” cuando hubieron terminado hasta la última gota de pipí el negro dijo “esta puta merece un castigo”.

    La volvieron a atar de las cadenas del techo, en su coño y culo le pusieron dos vibradores a toda potencia, su cuerpo mojado por la orina brillaba y se estremecía de placer con los vibradores.

    El negro cogió el látigo y le dio cinco azotes, los otros cuatro hicieron lo mismo. He de decir que es un látigo que apenas deja marca. Allí la dejaron atada hasta el día siguiente en que la soltaron no sin antes volver a follarla de nuevo entre los cinco.

    Cuando llego a casa le pregunte “¿qué tal el fin de semana?”

    “Muy cansado, me voy a acostar”. Si realmente le habían dado mucha marcha.

    Ahora tenía que cumplir lo pactado con Juan y dejarle durante una semana a mi mujer en propiedad.

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  • Sustituyendo a mi marido

    Sustituyendo a mi marido

    Como en el inter que mi marido y yo estuvimos separados, me convertí en una facilita.

    Este relato lo escribo a petición de mi marido, y es que él y yo, estuvimos separados cerca de dos años por diferentes motivos, uno fue que él se hizo de otra mujer y tuvo hijos, y fue la etapa en que yo me descoqué bastante, tenía sexo continuamente con gente que ni conocía, en parte por despecho, y en parte porque me encantaba sentirme libre de hacer lo que quisiera. Cuando volví con mi marido le conté casi todo lo que había hecho en ese tiempo y él se calentaba sobremanera, al punto que me pidió que lo escribiera. Y aquí estoy, empezando por el principio.

    La primera vez que lo hice después de la separación, fue con un amigo mutuo, yo había ido a un salón de baile del pueblo, había una feria, fui con una amiga que estaba también recién separada, así que nos la pasábamos hablando de nuestros viejos.

    Así estábamos cuando llegó Pepe, el amigo que decía, llegó solo y se sentó con nosotras.

    Él no es muy guapo que digamos, pero si es muy divertido y cuida su cuerpo, se puede decir que está “buenón”. Seguimos en el salón y mi amiga debía irse ya pues había encargado su niño con una vecina.

    Pepe, se ofreció llevarme a mi casa y me quedé con él, acompañé a mi amiga a tomar un taxi y me dijo:

    -Haydée, ahora no hay nada que te impida hacer lo que quieras, aprovecha y me miró con cara de complicidad.

    Seguimos platicando y las copas se me empezaron a subir, Pepe cada vez agarraba más confianza y seguido me abrazaba o me agarraba la pierna cuando se acercarme a decirme algo, yo sabía por dónde iba, pero me dejé hacer, total, no tenía a quien afectar con mi actitud. Estuvimos bailando una hora más.

    No sé en qué momento las cosas subieron de tono, él me decía cosas como “no sé qué haría yo con una mujer como tú en mi cama”, la música, las copas y los consejos de mi amiga me hicieron decidirme, me dije: “¿por qué no?”, estaba decidida a hacer algo con él esa noche, total, no tenía nada que perder con comerme una verga esa noche, y le pedí que me llevara a mi casa, yo estaba sola, mis hijos estaban de paseo donde una tía y llegarían el día siguiente.

    Llegamos a mi casa y lo invité a pasar, serví unas copas de tequila y puse música, y él me invitó a bailar, yo sabía sus intenciones, pero lo deje que el llevara la batuta, así que acepte bailar y nos abrazamos, podía sentir el bulto de su pantalón pegado en mi estómago, yo llevaba un vestido de tela muy delgadita arriba de las rodillas, y zapatillas, así que podía sentir su cuerpo como si yo no trajera nada.

    El respiraba en mi cuello y empezó a besarlo, yo solo me apreté más a él y el empezó a bajar sus manos hasta llegar a mis nalgas, y poco a poco levanto el vestido, me volteó a ver y me beso en la boca, fue un beso muy cachondo que hizo que me humedeciera como hace meses no lo hacía, yo ya tenía el vestido arriba del abdomen y trataba de desabrochar su cinturón, todo esto era lento, se puede decir que hasta romántico, pero cuando metí la mano en su pantalón, y agarre su pene que estaba como una roca, no pude más, necesitaba coger ya, así que lo aventé al sillón y le baje el pantalón, le agarré el pene y me arrodillé para mamárselo, tenía meses que no disfrutaba de una verga, y me la empecé a comer como loca, ahí se rompió el silencio y el romanticismo:

    -Wow, eres muy caliente

    -¿Y qué querías?, hace meses que me muero por hacerlo, quiero tener una verga dentro de mi vagina.

    -Mmm, que rico, no sabes cuantas veces me masturbé imaginándote

    -¿Que te imaginabas?

    -Que me hacías exactamente esto, ahora que no está tu marido contigo que me impida hacerte a ti, mmm…

    -¿Te gusta?

    -Si, pero espera, no quiero acabar todavía

    Me tomó de los brazos y me acostó en el sillón, abrió mis piernas y empezó a lamer mis piernas, hasta que llegó a la tanga la cual hizo a un lado y empezó a comerme así, mmm, me encanta, me moría por esto sabes delicioso.

    -Sigue, despacio, mmm

    -Dime como te gusta

    -Así, exactamente así

    -Eres preciosa

    -Sigue, sigue, (estaba a punto de acabar)

    -Vente, quiero sentir como te vienes

    -Ya, me vengo, ya, ya

    (Y acabé, tuve un orgasmo delicioso, no sé si era el tiempo de abstinencia o él era muy bueno para hacerlo, pero fue cuestión de dos minutos para alcanzar el primer orgasmo) lo retiré de mí y me paré, le dije, “ven a la cama” y nos fuimos a mi recamara.

    El solo pensar que iba a coger en la misma cama en que tantas veces lo hice con mi marido, me puso a mil. Lo acosté y lo único que hice fue quitarme la tanga para subirme en él, me la metí despacio para empezar a moverme cada vez más rápido, no sé cuánto estuvimos así, pero yo estaba loca de placer y el dio pauta para hacer algo que me encantaba: hablar sucio:

    -¿Te encanta la verga verdad?

    -Si, me encanta sentirla dentro

    -Muévete putita

    -Ssii, cógeme, cógeme fuerte

    -Esta buenísima, ¿así te cogía tu marido?

    -Si, así me cogía, me decía que era una perra

    -Y lo eres…

    -Arrrgh, (volví a venirme)

    -¿Así que soy una perra? ¿No? Entonces cógeme como una

    Me puse en posición de perrito y él se puso detrás de mí metiéndomela delicioso.

    -Que nalgas, me encanta tu trasero

    -Métemela más, más duro

    -Ya no aguanto, voy a acabar

    Yo empecé a masajear mi clítoris para acabar igual que el pero el me ganó, se salió de mí y empezó a gemir muy fuerte, creo que mis vecinos podían escuchar perfectamente lo que hacíamos, y ellos adoraban a mi esposo Gerardo, cosa que me excitaba más, yo quería que acabara dentro de mí, pues no tengo temor de quedar embarazada porque soy operada.

    Yo rápidamente me acerque a su pene y lo hice acabar en mi boca, mientras lo hacía seguía masturbándome, y cuando sentí como su semen entraba hasta mi garganta, me excite tanto que empecé a tener otro orgasmo, fue increíble, porque el sentir la boca llena de semen, y este cayendo por mis pechos, me vine de nuevo.

    Muy pocas veces había tenido dos orgasmos seguiditos, eso acabó de matarme, él se tiró en la cama y yo a su lado, me paré al baño a lavarme la boca y cuando regresé a la recamara le agarré de nuevo el pene y le di una buena mamada para pararlo de nuevo, cuando lo tenía bien erecto me acosté a su lado y le pedí que me penetrara de nuevo, quería seguir culeando porque tenía meses de no hacerlo.

    Me abrí de piernas y él se colocó al centro y me colocó su verga en la entrada de mi vagina, la cual fue hundiendo poco a poco, cuando la tuve toda adentro él comenzó el mete y saca muy despacio y poco a poco iba apurando el paso más rápidamente, jadeábamos y suspirábamos, mis tetas se bamboleaban con sus embestidas y eso lo excitó más y se pone también a mamármelas.

    Yo me siento en la gloria de la buena cogida que nos estamos dando, es la primera después de la separación, siento que él está entrando en convulsiones y me hunde más su verga en mi vagina, gime, suspira, yo comienzo a gemir de sentir todo su instrumento dentro de mí, al momento siento donde me está disparando su semen en todas las entrañas de mi vagina, ese líquido caliente me recorre toda, hace mucho tiempo que no lo sentía dentro de mí, me da otras clavadas de su verga para meterme todo adentro.

    Ya cansado se recuesta sobre mí, es delicioso sentir ese cuerpo sudado pegado al mío aplastándome mis tetas, él retira su verga de mi vagina cuando esta va perdiendo su gran tamaño, le pedí que se fuera, que no quería que los vecinos lo vieran salir de ahí en la mañana.

    Él se vistió, y me preguntó si podía verme de nuevo, le dije que no nos buscáramos, que, si nos encontrábamos por ahí, y se daba de nuevo estaría bien, pero que no quería empezar a relacionarme con nadie, él lo entendió y se fue, no sin antes darme un beso y decirme lo excelente que era yo en la cama, cosa que me halagó, y se fue.

    Así fue como empecé a gozar de mi libertad, esto había sido solo el principio, después vendrían más cosas que nunca creí llegar a hacer, pero eso lo contaré después.

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  • El señor del bastón

    El señor del bastón

    Tengo 26 años, pelo castaño, largo hasta la mitad de mi cintura y un cuerpo que sin ser una belleza es nada despreciable, mi busto es muy redondeado y mis caderas son delgadas con una cola bastante envidiable.

    Les cuento lo que me pasó hace bastante tiempo cuando por las tardes volvía a mi departamento desde el trabajo, en varias oportunidades, dos o tres, había observado en el subte a un señor que viajaba parado, como la gran mayoría de nosotros, aparentemente tendría unos 65 o 70 años, alto, delgado, de pelo canoso y bastante abundante, correctamente vestido, traje y corbata, sus zapatos perfectamente lustrados, colgándole de su brazo izquierdo un bastón.

    Como el subte a esa hora (las 18 o 18:30) está repleto nunca se dio la casualidad de viajar junto a él, pero esta vez lo vi sentado junto a la ventanilla, me corrí por el pasillo hasta quedar a la altura de su asiento, por fortuna, el muchacho que viajaba en el asiento contiguo se levantó y pude sentarme junto a él.

    Cuando lo hice noté que me miró de reojo en un par de oportunidades y abrió un poco más sus piernas, rozando con su rodilla la mía, discretamente retiré mi pierna de la suya, él se acomodó de nuevo y al cabo de unos instantes volvió a repetir la operación, evidentemente quería ver mi reacción, en un primer momento pensé en decirle algo, pero me pareció inapropiado ya que pensé que me podría contestar de mala manera o algo por el estilo, lo dejé seguir con su juego.

    A medida que pasaban las estaciones, su pierna se fue apretando más con la mía, como había resuelto seguir con ese jueguito, comencé lentamente a frotar mi rodilla contra la suya, el aparentemente seguía enfrascado en la lectura de un libro, hasta que en un momento determinado se dio vuelta hacia mí y muy discretamente me dijo:

    -Bajo en la próxima estación, me acompañas a tomar un café…

    La verdad no me esperaba esa proposición, pero la verdad es que no me sobresalté, yo le había seguido su juego, ahora debía terminarlo.

    Me puse de pie y él lo hizo junto conmigo, cuando bajamos y el subte se hubo ido me dijo:

    -Me llamo Fernando, ¿aceptas tomar un café conmigo?

    Su voz se la escuchaba profunda, con un pronunciación muy masculina, acepté su invitación, es mas ya lo había hecho tácitamente al bajar con él.

    -Hola soy Carolina, es un placer conocerte, le contesté, él se inclinó hacia mí me depositó un suave beso en mi mejilla, comenzamos a subir las escaleras, noté que, a pesar de llevar el bastón en la mano, prácticamente no lo usaba, caminaba perfectamente, muy erguido a pesar de la edad que aparentaba.

    Entramos a un café que estaba a metros de la salida del subte, ambos pedimos lo misma, un cortado, comenzamos a conversar, me enteré que era viudo, sin hijos, que vivía a pocas cuadras de ahí, que trabajaba como asesor en una empresa de seguros, etc., etc., pero lo que más me sorprendió era que me había equivocado al imaginar su edad ni 65 ni 70, tenía 76 años, no lo podía creer, es más me dijo que solo llevaba el bastón como por costumbre, que no lo necesitaba para nada, era verdad, sin él se movía con igual facilidad.

    Seguimos charlando un rato hasta que en un momento determinado y así como así, tomando mis manos entre las suyas me dijo con una sonrisa en sus labios:

    -Te veo hermosa, me gustaría hacer el amor contigo.

    No sabía que responder ante tan repentina pregunta, lo pensé un instante, una milésima de segundo nada más, sin mover mis labios asentí con la cabeza, debía haberlo imaginado, todo juego tiene un fin, ahora tenía que saber cómo terminarlo, su sonrisa se le iluminó aún más, me apretó un poco más fuerte mis manos, pagó la consumición y salimos hacia su departamento, vivía solo dos cuadras, subimos y entramos en él.

    Muy pocas veces había visto un departamento adornado y amueblado con tan buen gusto, era muy hermoso, todo muy bien ordenado, además se lo notaba muy amplio y confortable, apenas cerró la puerta me tomó de los hombros, me hizo girar hacia el e inclinándose algo comenzó a besarme, introdujo toda su lengua dentro de mi boca, me recorrió toda con ella, por supuesto respondí de igual manera, muy pocas veces me han besado tan tiernamente, pero con tanta pasión.

    Sus manos se deslizaron por mi espalda, muy lentamente, llegaron hasta mis nalgas, se cerraron sobre ellas, me apretaban, no me producía dolor, me atrajeron hacia él, en ese momento comencé a sentir entre mis piernas, sobre mi vagina el bulto de su verga, no sabía si era verdad o llevaba puesta un prótesis, era algo que parecía inmenso, nunca había sentido semejante tamaño apoyarse sobre mí.

    Comencé a desprender sus pantalones, que cayeron al piso en un instante, el bóxer color negro que llevaba puesto no podía contener su verga, el bulto que esta provocaba era inmenso, lentamente le fui bajando su calzoncillo, la verga que apareció era descomunal, calculo que mediría unos 20 cm y su grosor era tal que con una sola mano casi no la podía rodear, recién para agarrarla toda tuve que usar ambas manos, no era algo duro como se le pone a un tipo de 20 años pero si tenía una firmeza que creo nada usual para un hombre de su edad.

    Me arrodille y metí su cabezota roja en mi boca, tuve que hacer un esfuerzo para que entrase, tenía la boca abierta como cuando voy al dentista, y así y todo casi no conseguía que entrase más, el empujó un poco, casi me asfixio, su poronga entró hasta mi garganta, no podía respirar, pero aún así no quise dejar de tragármela, noté que esto lo enloquecía, jadeaba de una manera continua, su pija se endureció un poco más, entonces me hizo levantar, terminó de sacarse su ropa y yo hice lo mismo, todas nuestras prendas quedaron en el piso.

    Suavemente me llevó hasta un sillón del living, se recostó en él y me ofreció nuevamente su verga, me arrodillé y comencé a mamársela de nuevo, que verga hermosa, nunca había tenido semejante cosa a mi disposición, cuando el notó que iba a acabar, se levantó y me hizo poner en cuatro patas sobre el sillón comenzando a lamer mi culo, su lengua entraba en todo mi ano, se la sentía muy cálida, con los dedos jugueteaba con la entrada de mi ano, lo dilataba más y más.

    Cuando vio que yo ya no podía aguantar más ese jueguito se incorporó y apoyó la punta de su verga en la entrada de mi ojete, en ese momento comprendí realmente que semejante pija no iba a entrar, que me iba a reventar toda por dentro, quise incorporarme, pero el con sus manos apoyadas en mis nalgas me lo impidió, de manera suave pero muy firme.

    Como mi cola estaba muy lubricada y su verga también, comenzó a meterla en mi ano, en el primer empujón entró su cabeza, mi ano se dilató al máximo, comencé a sufrir como nunca lo había hecho en mi vida, mordía los almohadones del sillón para no estallar en un alarido, mi manos arañaban la tela del sofá, mis uñas se clavaban con desesperación, quería salir de esa posición pero no lo lograba, lentamente el trató de introducirla más, apenas lo lograba, yo trataba por todos los medios de relajarme y hacer que no me doliese, no lo lograba, el empujaba más, a mí me dolía más.

    De esa manera siguió tratando de enterrármela toda, yo sabía que si lo hacía no iba aguantar y me iba a desmayar del dolor, traté de aguantar, no gozaba, no podía hacerlo, el dolor era cada vez más intenso, entonces sacó sus manos de mis nalgas y las colocó sobre mis hombros, no llegué a reaccionar, tirando de mis hombros hacia atrás empujó con toda su fuerza la verga dentro de mi culo, entró toda de un golpe, no podía entrar más, sus bolas quedaron aprisionadas en la entrada de mi culo.

    El alarido que di creo que se sintió a varias cuadras de distancia, el terrible ardor que sentía parecía que tenía metida en el culo una brasa de carbón, sentía la sensación de que la punta de su verga me había llegado hasta la garganta, no podía comprender como semejante verga estuviese toda dentro de mí, inmediatamente el comenzó con una mano a acariciarme las tetas, y con la otra a jugar con mi clítoris, suave y lentamente.

    Poco a poco el ardor de mi culo comenzó a disminuir, al mismo tiempo que aumentaba el placer que me producían sus caricias, así de esta forma el comenzó a sacarla y meterla, lentamente de manera casi imperceptible su verga salía y al momento sentía todo su largo dentro de mí, me dolía horrores, pero el ardor era menor, era una mezcla de placer y dolor, no podría decir cuál era mayor.

    De esta forma fue aumentando el ritmo del meter y sacar, comprendí que iba a acabar en cualquier momento, con mi mano apreté la suya dentro de mi vagina, el inmediatamente comprendía que yo estaba por tener un orgasmo, aumento el ritmo, introdujo más sus dedos dentro de mi argolla y así hasta que ambos un pudimos aguantar más, el orgasmo me llegó como un relámpago, imprevistamente, sentí mi cuerpo estremecerse, temblar, no podía aguantar más…

    Él en ese momento empujó con todas sus fuerzas, volví a quedar ensartada por su enorme verga y comenzó a acabar, en forma frenética, comenzó a llenarme toda con su semen, lo sentía dentro de mí, muy caliente, me quemaba todo mi orto, tal era su abundancia que no lo podía contener todo, sentía que se resbalaba por entre mis piernas, mi vagina se lubricaba con él, así siguió bombeando hasta acabar todos sus jugos, cuando no tuvo más y estando ya completamente relajado dejó caer todo su peso sobre mí, me aplastó contra el sofá, comenzó a besarme la espalda, llegó hasta mi nuca, me mordió el cuello, era algo maravilloso el placer que esto me producía.

    Aun así, seguí con mi mano en la vagina, lentamente comencé a acariciar mi clítoris, así empecé a tener un nuevo orgasmo, él lo comprendió por mis jadeos, me ayudó con sus besos y caricias, estallé nuevamente, no podía creer, a pesar del ardor que aún tenía con su pija dentro de mi culo, el orgasmo que tuve fue interminable, hermoso, todo mi cuerpo se retorcía, gritaba como una loca, no sé cuánto duró, pero para mí fue una eternidad.

    Luego él se salió dentro de mí, que alivio tan grande, no tenerla más dentro de mí, pero la verdad fue una lástima, lentamente me di vuelta y quedé de espaldas sobre el sillón, no podía creer lo que veía, por mis piernas chorreaba un líquido espeso y caliente, era su semen mezclado con sangre, casi podría decir que más sangre que semen, era evidente que mi culo se había roto de una manera increíble, en ese momento me di cuenta del ardor que tenía en orto.

    Entonces Fernando se levantó, fue hasta el baño y regreso con una crema, comenzó a lamer toda mi vagina y mi culo, se fue chupando todo, mientras lo hacía con sus manos jugaba con mis pechos, me los acariciaba, apretaba con la punta de sus dedos mi pezones, cuando hubo limpiado todos los jugos comenzó a aplicar crema en mi culo y mi vagina, como por arte de magia todo el ardor que tenía en el orto desapareció, recién en ese momento comencé a sonreír y a disfrutar realmente.

    Su enorme verga no estaba totalmente flácida, comencé a acariciársela, abrí mis piernas, ofreciendo toda mi argolla para que me penetrase, pero el conocedor de sus propias fuerzas me dijo muy cálidamente: Me encanta lo que me ofreces, pero no puedo satisfacerte más, hoy no, dejémoslo para otro día…

    Así fue que me levanté y con bastante dificultad fui a darme una ducha, me cambié y me despedí de Fernando, cuando salí a la calle no podía caminar, me ardía todo, mi orto era un fuego, bajé al subte y cuando me ofrecieron un asiento me negué a aceptarlo, no me podía sentar, es más por varios días cuando me sentaba sentía ardor, pero ese ardor era hermoso, solo me hacía recordar la enorme verga que había tenido dentro de mi culo.

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  • Mi tía Lyly

    Mi tía Lyly

    Esta historia ocurrió hace unos años atrás, y tiene por protagonista a una tía, que en ese tiempo vivía con nosotros en nuestra casa, ella separada de su marido hacía ya unos cuantos meses, con un niño pequeño. Ella en ese tiempo, pasaba la mayor del tiempo haciendo trámites para marcharse del país y buscar una nueva vida en otra parte donde no la conocieran.

    Además, todos los que morábamos en la casa durante el día nos encontrábamos fuera de ella, y mis padres muchas veces, no llegaban en algunos días, pues a mi padre le correspondían en ese tiempo turnos de noche en su trabajo, y mi madre debía viajar periódicamente a supervisar una parcela que posee en el norte del país.

    En una de estas ocasiones, después de encontrarnos solos mi tía y yo en casa, nos dispusimos a merendar, platicando acerca de lo ocurrido en nuestras vidas por esos días.

    Después de terminar nuestras meriendas, me hace notar que la casa se encontraba muy desordenada, y si me animaba ayudarla a ponerla en orden, dada su petición no puse objeciones y nos dispusimos manos a la obra, pasado un tiempo de estar ordenando le propuse que nos sirviéramos algunos tragos, lo que aceptó inmediatamente, para lo que elegí preparar los tragos con un aguardiente muy fuerte que mi padre mantenía en su bar, la cual acabamos después de unas horas.

    Ya terminado el aseo de la casa, nos sentamos en el sillón de la sala a ver televisión, para continuar sirviéndonos otros tragos, pues era fin de semana y no tendríamos labores de importancia al día siguiente.

    Después de un tiempo, mi tía dijo encontrarse cansada, pero que necesitaba tomarse otros tragos para relajarse; después de dos tragos al levantarme al baño, la encuentro a mi regreso totalmente dormida, sigo viendo la película que transmitían, en un intermedio, me levanto a buscar una cobija para cubrirla, pues era una fría noche de invierno.

    Al momento de cubrirla me quedo viéndola por un momento, y noto a la hermosa mujer que duerme tranquilamente, noto sus pechos que se muestran bajo su camisa sin corpiño, y su exquisita grupa, por haberse acomodado con su cabeza sobre un cojín dejando sus posaderas hacia el lugar donde yo estaba sentado, la cubro con la cobija, acaricio su cabellera, y paso uno de mis dedos acariciando su cara y sus labios, me siento en el lugar en que me encontraba anteriormente, y trato de cubrirme con el resto de la manta que cubría su parte trasera.

    Al hacerlo sin mirar toco sus glúteos, suaves y turgentes, me doy cuenta que está dormida completamente, y que por efecto del alcohol ingerido su sueño será mucho más profundo que lo normal, lo que hace excitarme completamente, y seguir con mis tocamientos, que a cada momento me encendían al máximo, acomodo sus piernas y subo totalmente su vestido, para poder tocar su entrepierna, que siento caliente, muy caliente, cuidadosamente, como no había puesto reparos al acomodarla anteriormente, disimulo volver hacer lo mismo.

    Pero en esta ocasión me doy a la tarea de quitarle sus diminutas pantaletas, lo que logro quitar sin ningún obstáculo, las huelo un momento y se las dejo en sus manos, por lo que enseguida dedico mis frotamientos a sus exquisitas partes húmedas y calientes, introduciendo de vez en cuando mis dedos en su caverna cada vez más húmeda y chorreante, y su ano que por la postura en que se encontraba tenía totalmente a mi vista.

    Como todos saben, que la calentura nos lleva a actuar sin medir consecuencias, ya totalmente excitado con una mano froto descaradamente su clítoris y con la otra me masturbo suavemente.

    En ese momento, ella se despierta abruptamente, levantando su cabeza diciéndome: “¿qué mierda me estás haciendo? ¿cómo se te ocurre hacerme algo así? ¿no ves que soy tu tía?”.

    Sobresaltado, no encuentro que decir, me quedo callado por unos momentos, no atreviéndome siquiera a sacar mi mano con mis dedos dentro de su vagina, rápidamente pienso como salir del problema, y le respondo que hace unos momentos me había pedido que le hiciera unos masajes en las piernas, y que en medio de ellos se había, quitado sus pantaletas, por lo que yo creyendo que se ofrecía, había continuado con los masajes más internos.

    “Pero ¿cómo?”, me dice. Le digo que mire sus manos que ella tiene sus pantaletas en ellas, se mira, no da crédito aún, le digo que posiblemente, por efecto del alcohol, unido a sus deseos de mujer sin actividad sexual desde hace tiempo, lo haya dicho en su inconciencia; parece creerme, se queda en silencio por unos momentos, frunciendo el ceño, como queriendo recordar algo, y luego me dice, que, dada la situación, continúe, pues a la verdad: en esos momentos verdaderamente, necesita sentir un orgasmo.

    Se acomoda nuevamente alzando una de sus piernas sobre el respaldo del sillón y la otra sobre mis piernas, dejando su tesoro completamente a mi vista, abierto totalmente, incitándome a continuar con la tarea ya iniciada, sigo con mi mano aún en su interior, por lo que continuo masturbándola inmediatamente, sintiendo como derrama sus jugos abundantes, luego me dice, esta vez más consciente, si me atrevería a lamer su almejita, lo que hago con el mayor gusto, transcurridos apenas unos segundos, comienza a dar indicios de un orgasmo, apoyando sus manos en mi nuca haciendo que mi lengua frote muy fuerte su abultado clítoris.

    Su placer se transforma en un violento orgasmo, subiendo y bajando su pelvis, contrayendo su vagina contra mi boca, derramando sus flujos de manera abundante, al no separarme de ella y seguir succionando su tesoro vuelve a venirse en otro orgasmo que como el anterior no puede controlar, dejándose ir con un grito que deben haber escuchado todos los vecinos.

    Ya relajada, me dice que en verdad necesitaba desahogar su instinto sexual, por lo que continuáramos, acto seguido sin decir agua va, se posesiona de mi verga introduciéndola en su boca diciendo que quiere probar mis jugos, siento sus labios a la altura de mis bolas, todo mi pene estaba en su interior, no lo podía creer, pasados unos instantes me vengo copiosamente por la calentura alcanzada, trata de que toda mi acabada se produzca en su boca, pero se atraganta, terminando mi acabada en sus pechos, a lo que ella esparce por su cuerpo llevando los restos de sus dedos a su boca.

    “Exquisito” me dice, “ya casi se me había olvidado el sabor de un hombre, ¡y como lo necesitaba!”.

    Me dice que le sirva un trago y la siga a su dormitorio, cuando llego a él, la veo totalmente desnuda sobre la cama, haciéndome señas a que me instale a su lado, me dice que la noche no ha terminado, y que ahora viene lo mejor; me abraza situándose sobre mí, para besarme en la boca ardientemente, aún siento el sabor de mi propio semen en sus labios (por cierto la primera vez que puedo sentir el sabor de mis propios humores), sigue besándome y bajando por mi cuerpo hasta llegar a mi pene, que vuelve a metérselo en la boca, situando al mismo tiempo un almohadón bajo mis nalgas, hasta que lo siento erecto nuevamente.

    En eso se acomoda a horcajadas sobre mi masajeando mi pene contra su vulva y su ano por un rato, cuando ella se siente totalmente lubricada, y mi pene se encuentra erecto totalmente, en un movimiento rápido y certero, se encaja totalmente en él, tanto que siento un dolor en mi glande y mis testículos, por el golpe inesperado, se queda inmóvil, unos momentos al sentirse totalmente penetrada, para continuar luego con una cabalgata maravillosa e interminable, moviendo sus caderas en un momento muy rápidamente, otras en circulo, a momentos, se quedaba quieta, con toda mi verga en su interior, para contraer y dilatar su vagina.

    Cuando ella notaba en mí, indicios de acabar, se levantaba sin sacar mi pene totalmente de su abertura, para con su mano apretar bajo mi glande por unos segundos hasta que la sensación terminaba, para continuar cabalgándome, no sé cuántas veces acabo ella aquella noche, por mi parte recuerdo haberlo hecho unas ocho veces.

    Desde ese día nuestros encuentros se produjeron casi a diario, desenfrenadamente, por todo el tiempo en que ella vivió en nuestra casa, hasta que llegó el día en que tuvo que marcharse. Sin antes, agradecerme todos los momentos de gozo que pude brindarle, que ella conservaría por siempre en su memoria.

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  • Mi fetiche con embarazadas

    Mi fetiche con embarazadas

    ¿Cuántos más tienen este fetiche y a qué creen que se deba?

    Les contaré rápidamente cómo es que comencé a tener atracción sexual por las embarazadas.

    Mi historia es sencilla, en alguna ocasión viendo porno comenzaron a aparecerme videos de embarazadas y por pura curiosidad comencé a verlos. Al principio me parecía una locura el que tuvieran sexo estando así, pero después de ver unos cuantos videos me llamaron la atención algunas cosas, la primera es que los pechos se ven más deliciosos de lo normal seguido de que comienzan a lactar, por alguna extraña razón me pareció excitante que en algunos videos mientras se tocan los pechos y los aprietan les escurra la leche y ellas mismas jueguen con ella de forma perversa.

    Lo segundo es que al parecer en cierta etapa del embarazo ellas andan más calientes todo el tiempo y disfrutan mucho el sexo, me pareció algo súper genial ese dato.

    Y por último y que se convirtió en una fantasía que espero cumplir pronto es la libertad para eyacularles dentro sin temor a embarazarlas, puede que suene algo tonto, pero yo soy una persona que suelo cuidarme bastante a la hora de tener sexo, y el sexo sin protección no es algo que practique de forma casual. Pero bueno, el imaginarme que puedes dejar todo el semen que quieras dentro de sus vaginas se volvió en algo que en verdad quiero experimentar, y es por eso que ahora cuando veo alguna embarazada que sea atractiva para mi es inevitable pensar en cogérmela y llenarla de leche.

    En alguna ocasión una ex me platicó que estaba embarazada y es aquí cuando entra mi fetiche. Hablaba mucho con ella por chat y me platicó que le daban muchas ganas de tener sexo, pero debido a su embarazo su familia cuidaba mucho de ella y eso implicaba estar con ella casi todo el tiempo haciendo imposible tener sexo con ella, aun así logre sacarle varios nudes, me pareció muy loco que me enviara nudes estando embarazada porque confirmaba la excitación que ella tenía debido a su estado, también confirme con sus nudes que sus tetas se veían más grandes y deliciosas.

    También cuando mi prima Andrea (de la que ya hablé en otro relato) estuvo embarazada pude comprobar que sus tetas crecieron muchísimo, incluso usando ropa que la cubriera era evidente que sus tetas ahora eran enormes y posiblemente deliciosas.

    En la actualidad tengo otra prima embarazada que está en su última etapa, ella es muy delgada y créanme que se ve hermosa estando embarazada, fantaseo mucho con tenerla en cuatro y lamerle todo lo que se encuentre entre sus piernas para después dejarle toda la leche dentro.

    Ahora para mi es normal seguir comunidades de embarazadas hot, es impresionante la cantidad de porno y perversión qué hay relacionada a esto.

    Esta ha sido mi historia de cómo nació este fetiche en mí, espero escribir más anécdotas pronto, gracias por leer.

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  • Año nuevo, culo nuevo

    Año nuevo, culo nuevo

    Hola, las cosas dan un giro inesperado cuando uno menos lo piensa, si bien todos deseamos que algunas cosas se hagan realidad, al pasar el tiempo y no concretarse, uno las descarta y se va olvidando, pero si pasado mucho tiempo se presenta ante ti, uno no desaprovecha la oportunidad y la hace realidad, así que los pondré en contexto para que sepan a qué me refiero, yo hoy cuento con 45 años, soy una persona normal, estoy casado con una mujer increíble desde hace 25 años y debo decir que es una de las mejores cosas que me pasó en el vida, ella es la mayor de 3 hermanas, y todo esto que les comenté comenzó cuando estábamos en nuestros primeros años de casados.

    Nosotros con mi esposa si bien no arrancamos como una pareja perfecta, lo llevábamos bastante bien, seguramente como muchos empezamos alquilando una casa pequeña, pero como de a poco empezamos a tener mascotas tuvimos que mudarnos y alquilar una casa mas grande cerca de la familia de ella, yo me llevaba bien con todos, menos con mi suegra que era una mujer muy autoritaria y además yo nunca le había caído bien, como toda mujer autoritaria sobre su familia, ella no veía con buenos ojos que sus hijas se pongan de novia, pero a veces hay cosas que no sr pueden controlar.

    Jaqui la hermana que le sigue en edad a mi esposa se había puesto de novia con un muchacho que era un verdadero idiota, todos detestaban sus actitudes y siempre trataba de sacar ventajas de todas las situaciones tratando mal a toda la gente, pero bueno, eso es lo que ella había elegido, si bien yo tenía muy buen trato con Jaqui, yo no me pasaba de la raya, además en varias ocasiones ella me había manifestado que me quería mucho más que como un cuñado, y que a ella le molestó que la haya elegido a su hermana en vez de a ella, así que con todo esto trataba de convivir lo más natural que se podía junto a mi esposa.

    Al poco tiempo que estamos viviendo en la nueva casa, mi esposa me dice que Jaqui se había peleado con el novio y le había pedido si podía vivir con nosotros ya que la casa era grande, realmente yo no tuve ningún tipo de problema, ya que como les había comentado me llevaba bien con ella.

    Una vez que se instaló, se fue acomodando al movimiento de la casa, así que vivíamos los tres muy tranquilos, Jaqui siempre me decía algo cada vez que estábamos solos, pero como yo estaba realmente enamorado de mi esposa me hacía el que no entendía y salía rápidamente de la conversación, así fue pasando el tiempo, Jaqui se arregló con su novio y hoy en día están viviendo juntos, yo continuo con mi esposa, mi suegra se fue al otro mundo, y este año nos juntamos a festejar el año nuevo en casa, pero paso algo que ni yo mismo pensaba.

    Junto con mi esposa comenzamos a preparar la casa para que pasemos el año nuevo en familia como ya lo habíamos hecho otras veces, así que ese día vinieron sus hermanas con sus maridos, realmente fue algo muy lindo, comimos, tomamos, bailamos, tomamos, charlamos, tomamos y todo se iba dando de esa manera, así que la noche venía bastante movida.

    Si bien yo tomo poco acompañaba a los que si lo hacían en cantidad, lo mismo que Jaqui que no toma alcohol, estábamos viendo que todo esté en orden, la hermana más chica nos dice que se va con su marido, ya que tenía que ir a saludar a otros parientes, pero que al otro día volvería para que sigamos festejando, así que solo quedamos nosotros 4.

    Todo seguía con total normalidad, pero yo veía que mi esposa está que se dormía sentada, por el efecto del alcohol y por lo cansada que estaba de haber preparado la casa y las cosas para el festejo, así que le dije que se fuera a acostar y la acompañé, tanto yo como Jaqui nos encontrábamos bien, pero el esposo de ella no podía decir 2 palabras seguidas de lo borracho que estaba, y no se podía mantener despierto, así que quedamos solo nosotros dos conversando y tomando algo.

    Ella me decía que lo había pasado muy bien y que siempre que venía a casa recordaba el tiempo que había vivido con nosotros y lo bien que la había pasado, yo también le digo que había sido muy lindo convivir con ella, pero que había pasado mucho tiempo y ahora somos todos muy distintos, ella me dice que es verdad, pero hay cosas que no cambian nunca y a veces es bueno que algunas estén intactas, yo le contesto que es lo que había quedado intacto.

    Jaqui solamente me mira, se levanta de su asiento, se acerca y me da un beso en la boca, yo respondo al beso, sabía que lo que estaba pensando no era por efecto del alcohol, así que debía hacer todo rápido y en silencio.

    Yo sabía que lo que estaba pensando era algo muy arriesgado, pero también sabía esa calentura que nos guardamos durante años era el momento de sacarla, así que la agarre de la mano y la lleve al baño, y cerré la puerta con llave. Ni bien termine de hacerlo Jaqui me vuelve a besar apasionadamente, yo acariciaba todo su cuerpo que había cambiado mucho de cuando ella vivía en casa, ahora estaba mucho mas flaca y no tenía ese enorme culo y grandes tetas de pasado, pero igual se encontraba muy apetecible.

    Luego de unos minutos que estuvimos besándonos ella baja mi pantalón y comienza a devorar mi pija, lo hacía en forma increíble, y solo la sacaba de su boca para decirme que lleva años deseando chuparme la pija, a lo que le contesto que ahora la va a tener cuando lo desee y que vamos a recuperar el tiempo perdido.

    Ella sonríe y sigue chupando, pasa su lengua de todas las formas y se detiene en mis huevos para meterlos dentro de su boca. Realmente lo estaba disfrutando como hace mucho no lo hacía, yo estaba tan caliente que deseaba chuparle la concha, así que también baje su pantalón y le pedí que suba una pierna y la apoye en el inodoro, me arrodillé y quedó ante mi una concha blanca y totalmente depilada, que me dedique a chupar y morder.

    Estaba riquísima y sus jugos no paraban de salir, yo trataba de meter mi lengua lo más profundo posible, y solo la sacaba para lamer y jugar con su clítoris, notaba que se le estaba cansando la pierna de apoyo, así que le hice bajar la otra pierna del inodoro y apoye sus manos así quedaba su culo y concha a mi disposición, me coloco detrás de Jaqui y pongo la cabeza de mi pija en la entrada de su concha, presiono y entra muy fácilmente ya que estaba muy mojada, se sentía muy caliente su interior y mi pija llegaba hasta lo mas profundo.

    Ella se tapaba la boca para no gemir, y yo la cogía con toda mis fuerzas, luego de unos minutos siento que se estremece y comienza a largar gran cantidad de jugos que caen por sus piernas, ella también era squirt como su hermana, yo podía escuchar mi huevos golpeando su concha mojada y ya no me importaba que nos oigan, así como estábamos la saco de su interior y la apoyo en su ano, Jaqui hace una mano para atrás, pero en ningún momento me dice que no lo haga, así que le digo que se lo voy a hacer suave, masajeo en círculos su ano con la cabeza de mi pija para que vaya dilatando un poco, pongo un poco de saliva en la punta y comienzo a presionar.

    A medida que va entrando ella tira su cabeza para atrás y da un suave quejido de dolor, una vez que tenía la mitad adentro, me detengo para que se acostumbre a mi grosor, cuando nuevamente comienzo a moverme de leves quejidos pasa a suspiros, yo comencé el mete y saca, era hermoso sentir como el culo de Jaqui apretaba mi pija, yo cada vez la cogía con mas fuerza y ella solo daba pequeños quejidos con cada embestida, luego de varios minutos así, le digo que estoy por acabar, a lo que ella hace que pare de cogerla, se da vuelta y comienza a sobarme la pija diciéndome “ahora quiero tu leche”.

    Yo me encontraba súper caliente por lo que no tarde mucho en descargar toda mi leche en su boca y cara, una vez que descargué toda mi leche ella seguía chupando y me miraba a los ojos, yo con mis dedos junté la leche de su cara y la llevé a su boca, ella la trago con una sonrisa, me dice que quiere que lo volvamos a repetir pero que quisiera que fuera en una cama, se viste, me da un beso y sale del baño.

    Yo me quedo unos instantes, me visto, me acomodo y salgo, Jaqui estaba sentada al lado de su marido que seguía durmiendo, realmente se la veía muy contenta, incluso en un momento sacó sus tetas y me dijo te faltaron darle mimos a ellas, yo me acerque se las chupe un momento y le dije que esperemos a estar en otro que podía despertar su marido, ahora somos amantes y cumple con todos mis pedidos y fantasías, siempre me hago un tiempo para que estemos en la cama de algún hotel o en su cama cuando su marido trabaja, pero eso se los contaré más adelante si es que ustedes me lo piden, hasta pronto.

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  • La antesala a la boda con los vagabundos

    La antesala a la boda con los vagabundos

    Ya habían pasado algunos días desde que mi novia se “vengó” de los vagabundos con una mamada dolorosa.

    Los nervios estaban a flor de piel, no cabíamos de la desesperación por casarnos y a la vez nervios, no nos íbamos a casar por iglesia pues yo no practicaba alguna religión, los padres a regañadientes aceptaron la vez que les fui a pedir la mano de mi esposa.

    Mañana seria la boda y queríamos distraer la mente así que nos dedicamos a andar por la ciudad, fuimos a desayunar y a ver una película por la tarde.

    Después recibimos la visita de David pues le llamamos para que nos hiciera compañía un rato, era como el alivio cómico del momento, el punto era matar el día que pasaba muy lento. Mi novia ya le había perdido la pena a mi mejor amigo, desde la última visita, por lo que ella lo recibió con una camisa mía de tirantes sin bra y una tanga transparente color rojo que se podía ver sus labios vaginales, aunque su intención no era exhibirse ante él, pero nos resultaba bastante cómodo que simplemente lo hacíamos sin buscar algo de por medio.

    Entonces ella le abrió la puerta.

    Se saludaron con un abrazo y un beso en la mejilla, sus ojos ni se posaron sobre los pezones de mi novia.

    No sentamos lo 3 en el mismo sofá para ver una película y pedimos pizza, apenas habían pasado algunos minutos de la película cuando llego el delivery, mi novia se levantó a recibirlo, David se quedó con los ojos abiertos al ver que ella así sin más iba a recibirlo.

    Ante eso yo le dije:

    -Te dije que no usaba nada –le dije sacándolo de su impresión

    -Tienes razón, mira que se le notan los pezones a tope.

    -Sí lo sé, pero así es más cómodo –le dije

    -¿Pero a poco no anda nada debajo?

    -Si anda una tanga transparente

    -Oh bueno –dijo él

    -Ya que mencionas su tanga, aún tengo de bandera la de ella en mi cuarto

    -Si se entera me mata –le dije bromeando (Aunque en el presente ella ya sabe)

    Ella regresó con las pizzas para cada quien y en su respectivo plato, después de un rato tal vez ya faltando lo último para finalizar la película, ella decide acostarse.

    -¿No te molesta verdad? –le preguntó a David

    -No para nada –dijo él

    Ella se estiró a lo largo, apoyando su cabeza de lado en mi entre pierna y con las piernas de ella estiradas en las piernas de David, en esta posición no sé que tanto quedaba a la vista la tanga de mi novia, pero eso no importaba, estábamos viendo la película.

    Mi novia se levantó, pero en lo que se levantó su camisa de tirantes quedó por encima de su culo, exponiendo su tanga ante la mirada de David

    -Olé –dijo David

    -Eso fue tarjeta roja –dijo David en forma de chiste

    Nosotros entendimos a que se refirió y nos pusimos a reír.

    Ella le dio una palmada en el hombro –en forma amistosa

    -¿De verdad sueles salir así sin ropa interior? –preguntó él

    -Es decir, ahora no andas bra se te ven bien los pezones y así recibiste al de las pizzas –agregó él

    -Pues me resulta más cómodo, aunque siempre atraigo muchas miradas…

    -¿Los puedo acompañar algún día cuando andes así? Me da curiosidad –dijo él

    Su petición en ese momento nos agarró de sorpresa, pero aceptamos, a fin de cuentas ¿Qué podría pasar?

    -Está bien –le dije yo

    -Nosotros te avisaremos –dijo mi novia

    Él se despidió de nosotros, diciendo que nos esperaba mañana para el gran día. Eso nos hizo aterrizar otra vez en el nerviosismo.

    Ella quería coger conmigo, pero no quería ser yo quien la cogiera una noche antes de la boda, quería que la rellenara alguien más y ese, o “esos” alguien más quería que fueran los vagabundos.

    La besé en el cuello y al oído le dije mis intenciones…

    -Quiero que Antonio y los demás te cojan hoy, antes de nuestra boda –le dije al oído

    Ella solo sonrió ante mis palabras y me besó en la boca

    -¿De verdad quieres que me cojan? –me preguntó ella de una forma pícara

    -Si mi amor, quiero que vayas rellenita para la boda.

    -Entonces iré a darme una ducha rápida –dijo levantándose-

    A los 30 minutos bajó del segundo piso, se miraba aún más hermosa con su maquillaje y un olor dulce por su perfume, se puso un vestido sencillo pero bonito.

    Y partimos hasta donde estaban, era raro llegar y encontrar todo exactamente lo mismo, como que si el tiempo no pasara por ahí… Aunque sus cuerpos decían otra cosa.

    A este punto probablemente no los haya descrito… Antonio era llenito de cuerpo, pero no gordo con su piel quemada por el sol según él su edad ronda entre los 54 o 56, mientras que Héctor es delgado muy delgado su edad oscila tal vez a sus 55, es difícil saberlo no es como que llevasen los días contados.

    Ellos estaban dormidos obviamente no nos esperaban, no sintieron ni el auto.

    Mi novia se acercó sin hacer mucho ruido y le dio un beso en los labios a Héctor, este abrió los ojos asustados hasta que lucidamente cayó en cuenta que era Erika, mi novia puso su dedo en su boca en señal de silencio. Antonio era el siguiente estaba tirado en una cama de cartón, se le acercó y ella lo vio de pies a cabeza, luego su mirada se desvió a su entrepierna.

    Llevo sus manos ante los harapos que usaba de pantalón, pero no logro su cometido por lo que lo despertó con un beso, este del susto se hizo para atrás de un solo golpeándose la cabeza.

    Cuando los dos ya estaban más lúcidos se incorporaron y le dieron un abrazo a Erika, ella les dio una lata de cerveza a cada uno (Si, habíamos pasado por la tienda) y se sentaron en el suelo.

    -No te esperábamos esta noche –dijo Antonio

    -Lo sé, les dije que mañana me casaba, pero ya que no irán queríamos visitarlos un rato –dijo ella

    -¿A qué hora se van a casar? –nos preguntó Héctor

    -En la noche –le respondí

    -Y bueno Erika que rica te ves con ese vestido –le dijo Héctor

    -Gracias –dijo Erika

    -¿E irás vestida así como putita?

    Mi novia ante la pregunta solo se rio y le dijo que no, no era la ocasión para eso.

    -Ah mira se hace la angelita –dijo Antonio

    -Ya saben que no lo soy –dijo ella

    -¿No eres qué? –le pregunta Héctor

    -No soy una angelita, solo soy una puta –dice dándole un beso de piquito

    Una conversación era la transición entre una acción y otra, casi como un ritual.

    Después de eso ella se fue a saludar a los grupitos más cercanos de vagabundos que aún permanecían despiertos, ella era amable con ellos, aunque hasta ahí.

    Héctor y Antonio se levantaron del suelo para sentarse en las sillas que les habíamos regalado, al regresar mi novia se sentó en las piernas de Antonio. Cuando ella se sentó el vestido se le subió todo por lo apretado y corto que era, dejando así a la vista su depilada vagina.

    La mirada de Héctor y la mía se dirigieron inmediatamente ahí. Con nuestras miradas Antonio se dio cuenta. Entonces mientras continuábamos charlando Antonio toqueteaba el clítoris de Erika.

    Con sus dedos jugaba con la vagina de mi novia, metía y sacaba sus dedos, frotaba el clítoris, Antonio volvía a meter sus dedos adentro de ella y los sacaba para metérselos en la boca de ella. A tal punto que mi novia ya estaba encendida nuevamente.

    Ella bajó su parte superior del vestido dejando a la vista de todos sus pechos, Antonio aprovecho para apretar sus pezones y besarla en el cuello. Héctor quería ser participe, entonces movió su silla a la par de ella para jugar con su otro pecho.

    Ella se levantó para alejarse un poco mas de la orilla, como solíamos hacer, ellos la siguieron.

    Ellos tenían un fetiche, como perros siempre olían sus partes… Ellos olían su vagina o le lamian su ano mientras ella estaba de pie.

    Luego ella se arrodillo y bajó los harapos de Héctor y Antonio.

    -Espero te diviertas –le dijo Héctor

    -¿Las vas a dejar relucientes verdad puta? –le preguntó Antonio

    Mi futura esposa se llevó los huevos de Antonio a la boca, primero uno y luego otro, yo me mantenía cerca siempre. Podía ver como sus huevos entraban y salían de su boca, miraba sus pelos cubiertos de saliva.

    Luego paso a los huevos de Héctor, claramente se esforzaba mas en los de él.

    Finalmente se quitó el vestido, y procedió a introducir la verga de Héctor en su boca, sus mamadas eran estupendas, se notaba que le encantaba, aunque a veces con ligeras expresiones de asco en su rostro, imagino sabían mal por lo que no se bañan seguido.

    Erika seguía con la mamada empujando hacia atrás a Héctor y con sus manos en un movimiento hacia abajo hizo entender a Héctor que se acostara en el suelo y así lo hizo mientras Erika trataba de seguir pegada a su verga con su boca.

    De esa forma Héctor había quedado en el suelo mientras mi novia estaba en cuatro haciéndole una mamada, Antonio aprovechó la posición de ella para hacerle un oral, lamía su clítoris, metía su lengua desesperadamente, como que si de un perro bebiendo agua se tratase.

    Entonces Antonio se detuvo, mi novia empezó a ofrecerle el culo abriéndose las nalgas.

    -¿Qué quieres putita? –le pregunta Antonio

    -Que me metas tu verga –dijo ella bien excitada

    -¿Qué quieres? No te escuche –dijo él

    -¡Que me metas tu verga! –dijo mi novia jadeando

    Antonio acomodo su verga, mientras yo me movía detrás de ellos, no quería perderme eso, entonces Antonio sin ningún cuidado metió de un solo su verga dentro de su vagina.

    Mi novia al sentir eso dio un fuerte pujido que los grupitos mas cercanos de vagabundos pusieron más atención.

    No gritó porque tenía en la boca la verga de Héctor, entonces Antonio continuó metiendo y sacando su verga. Antonio agarraba las caderas de mi novia con sus manos para tratar de penetrar más profundo.

    A la vez mi novia continua con el oral a Héctor.

    Para mi era una escena majestuosa un perfecto regalo antes de la boda.

    Dos vagabundo cogiéndose a mi novia, el contraste era grande… Ella blanca bien cuidada, con olor a crema, cabello negro bien cuidado, con sus uñas pintadas, su vagina sin ningún vello, mientras que esos 2 vagabundos totalmente hediondos a sudor, su piel quemada por el sol, con sus huevos oliendo una combinación entre sudor y orina, con los huevos peludos.

    Mi novia era una niña a la par de esos vagabundos.

    Después de unos momentos así… Mi novia quería cambiar, quería ya tener la verga de Héctor en su culo, entonces cambiaron de posición.

    Héctor a diferencia de Antonio la metió suave, y empezó con un mete y saca igual, tal vez solo quería ahorrar energía, no lo sé… Pero después de un rato sus embestidas empezaron a ser mas fuertes.

    Mientras la penetraba el sacaba hasta la mitad de su cabeza de su vagina y luego embestía lo mas fuerte que podía, entonces la empezó a coger de esa forma, le sacaba pujidos y gemidos a mi novia, sus embestidas pasaron a ser aún mas fuerte al punto que mi novia se perdía un poco el equilibro hacia adelante.

    Luego empezó a cogerla normalmente y de una forma suave, que se podía notar los labios vaginales rozar adentro y hacia afuera con la verga de Héctor.

    Antonio por su parte disfrutaba ver como mi novia le mamaba la verga y se comía sus huevos.

    -Ohh que bueno es tener los huevos limpios –dijo Antonio

    -Serás la mejor enfermera –dijo el

    -Te apuesto a que quedará tan entrenada que todo lo va a querer limpiar con su boca –dijo Héctor

    Ambos rieron mientras se la cogían.

    Mi novia solo sonrió, entonces aumentó la intensidad de la mamada.

    -Espera puta –dijo Antonio

    -Esta vez no será como tú dices –dijo deteniéndola

    -La vez anterior esa mamada nos dolió mucho –dijo algo enojado recordando eso

    Entonces Antonio se levantó y agarro del pelo a mi novia arrastrándola por el suelo de tierra despegando así el culo de la verga de Héctor.

    Antonio se estaba comportando bastante agresivo con ella, Antonio continuó arrastrando del pelo a mi novia, por un momento ella me vio, pero se sometió a Antonio, entonces dejó que la arrastrara hasta unos cuantos metros más adelante.

    Entonces la hizo tirada del pelo contra el suelo de tierra, ponte en cuatro ahí puta.

    Mi novia obedeció ante el sometimiento de Antonio.

    -Ahora levanta el culo y pon tu cara en la tierra para que terminemos de cogerte –dijo Héctor

    Héctor se acercó y puso la punta de la verga en la entrada de la vagina de mi novia.

    -¡Quiero ir llena de semen por dentro! –dijo mi novia de la nada, sin que nadie se lo pidiera

    Héctor metió su verga de golpe, ella dio un pujido ahogado.

    El sonido del choque de la pelvis y el culo de mi novia sonaba haciendo casi un eco ante el silencio de la noche, los otros grupos de vagabundos sabían lo que estaba pasando. Bueno, en si mi novia ya tenía la fama entre los vagabundos de ser la puta de la calle.

    Mi novia continuaba gozando, solo miraba como sus labios se lubricaban mas y mas debido a sus orgasmos.

    Luego cambiaron a la posición de misionero y Héctor a como él podía metía y sacaba su verga, hasta que empezó a pujar, al escuchar eso mi novia enrolló sus piernas en la cadera de Héctor, y así Héctor terminó acabando adentro de mi novia.

    Héctor quería seguir, pero rápidamente su verga quedó flácida.

    Por lo que le cedió el puesto a Antonio.

    Antonio puso en cuatro otra vez a mi novia, le separó las nalgas para ver bien como un hilo de semen salía desde su interior.

    -Lo bueno es que no ocuparas lubricar –dijo Antonio.

    Solo puso un poco de saliva en la punta de su verga y entró de un solo…

    Mi novia suspiro ante tal envestida, aunque la de Antonio no se compara con la de Héctor y la mía. Ella ya estaba abierta por lo que la verga de Antonio entraba y salía de un solo. Mientras que Erika le hacia un oral a Héctor para tratar de que se recupere y vuelva a tener otra erección.

    Yo solo contemplaba semejante maravilla que estaba presenciando. En mi vida creí que iba a ser cornudo, aún menos a manos de vagabundos y para rematar tener una futura esposa que lo disfrute.

    Aunque al principio casi que la obligaron, ahora ella disfruta a sus anchas.

    Entonces… Antonio continuaba penetrando a mi novia a este punto las embestidas sonaban como chapoteo por tanta lubricación, entre sus fluidos y el semen de Héctor, hacían una bonita melodía.

    Cambiaron de posición, mi novia empezó a cabalgar la verga de Antonio, ella al estar en esa posición todo el semen de Héctor empezó a salir por la gravedad, era hermoso ver todo eso. Y así continuo mi novia hasta que ella tuvo un orgasmo más, a la vez que Antonio ya no pudo contener más y empezó a eyacular adentro.

    Héctor no pudo tener una nueva erección, era comprensible no tenía la misma energía como nosotros, por la edad y por sus carentes faltas de vitaminas…

    Al final mi novia había quedado totalmente desalineada, su cabello hecho un desastre, su culo lleno de tierra y oliendo a orines, no digamos su boca, su vagina había quedado abierta y todo el semen empezó a salir a medida ella se movía.

    Yo por otro lado había quedado más que satisfecho, pues había logrado mi objetivo de ser cornudo otra vez una noche antes de la boda.

    Mi novia descansó tal vez unos 30 minutos en el mismo lugar, luego se incorporó, y nos fuimos a sentarnos donde siempre.

    Se miraba bastante agotada, se sentó en mis piernas con la cabeza apoyada en mí. Solo hablamos un rato más, mi novia seguía sentada sobre mi pierna con la cabeza apoyada en mi pecho.

    Dimos un salto cuando una mano se posó sobre mí y otra sobre el hombro de mi novia.

    E inmediatamente vimos hacia atrás… Era el vagabundo que se había colado en el último baile.

    Hasta que al fin había aparecido, aunque con su presencia pensé significaba que se iba a alargar la visita. Entonces saludó a mi novia primero, por primera vez lo escuchamos hablar, luego saludó a Antonio, luego a Héctor y por último a mí.

    Vio otra vez a mi novia de pies a cabeza, todo el cuerpo de ella estaba sudado y desalineada por la cogida anterior.

    -¿Disfrutó? –me preguntó

    -Por supuesto –le respondí

    -Yo sé que sí, se escuchaban los pujidos de ella –dijo él

    Mi novia aun estando sentada sobre mi pierna solo le sonrió mientras el sudor corría por su sien y volvió a apoyar su cabeza en mi pecho.

    Entonces él se acercó y sobó suavemente el cabello de ella, llevando su mano a su rostro, pasando su pulgar en los labios de ella.

    Volvió a subir su mano para seguir sobando el cabello de ella, en un movimiento rápido él se sacó la verga, la cual ya la tenía erecta.

    -No hace falta que te levantes –le dijo él

    Entonces él se acercó más hasta poner su verga en la boca de mi novia.

    Fue cuando pude ver aún más cerca la verga de él, no era de extrañarse que la primera vez le sacase arcadas a ella, pues su olor era muy fuerte a orines, pero a la vez con sudor de todo un día.

    Mi novia prosiguió a mamar la verga de una forma lenta, esta vez aguantando las arcadas… Podía ver en primera persona absolutamente todo, pues prácticamente yo también tenía la verga del vagabundo frente a mi cara.

    No sé qué situación superaba a qué, si la cogida de hace un rato, o mi novia sentada en mis piernas mamando otra verga, eso sí, esta vez casi a orilla de calle. El sonido de sus mamadas era música para mis oídos, ver como engullía todo y escuchar el característico “gloop-gloop”

    No sabía si sacarme la verga y sentarla o esperar llegar a casa.

    Quien no espero fue el vagabundo que rápido quería terminar, así que mi novia abrió la boca para que depositara todo su semen.

    Dos chorros de semen llenaron la boca de mi hermosa novia, acto seguido le mostró el semen y luego a mí. Después se lo tragó.

    Luego de eso, mi novia terminó de limpiar con su lengua la verga de ese vagabundo.

    Todos habíamos quedados satisfechos esa noche.

    Después de un par minutos más nos despedimos de ellos 3, les hicimos saber que nos había gustado y que a la vez era una lástima no fueran a la boda, aunque ellos se lo tomaron bien.

    Héctor y Antonio besaron a mi novia antes de irse, a la vez le dijeron que la esperaban para la luna de miel, comentario que me encendió la sangre de la excitación.

    Y más aún cuando mi novia dijo: Bueno, no les prometo nada y en caso de que pueda será ya demasiado tarde…

    Eso les dio una pequeña esperanza a ellos 3, bueno en realidad ha ellos 2 porque el tercer vagabundo así como llegó, se fue.

    Agarré el vestido de mi novia y nos fuimos de ahí. Ya en marcha conversamos un poco.

    A ella le había encantado la experiencia y quería repetir, cosa que estuve de acuerdo inmediatamente.

    Al llegar al frente de nuestra casa, le pedí que se bajara tal cual… Aceptó y una vez mas bajó sin ropa a abrir la puerta de nuestra casa, luego entré yo. A la misma aprovechó a decirme que tomaría una ducha cosa a la que me negué…

    -Amor pero ando muy sudada y ensuciaremos la cama si es a lo que te refieres –dijo ella.

    -Entonces usaremos el sofá –le dije

    Ella riendo me dijo que no tenía remedio. En ese momento pude haber dicho que estaba bien que se fuera a bañar, pero quería sentir su vagina abierta, tal vez sacar resto de semen, de hecho, ese era el plan original.

    Tal cual pusimos una sábana larga en el sofá, donde inicio todo. Ella se acostó a lo largo del sofá-cama, me quité la ropa y empecé a besarla, le sobaba el cuerpo con delicadeza, la miraba con mucha lujuria y amor, más aun recordando la boda que estaba a menos de 24 horas de suceder.

    Coloqué la cabeza en la entrada de su vagina, quería impregnarla de sus fluidos y entrar… Quería venirme con solo el roce pero resistí. Hice un movimiento de brocha para lubricar mi cabeza y la penetré, mi verga se deslizó hasta el fondo de golpe.

    Casi siempre la había sentido apretada por dentro, pero esta vez mi verga entro de un solo, deslizándose entre sus propios fluidos y posiblemente restos de semen de los otros dos vagabundos, mas la dilatación que habían dejado, la temperatura por dentro era bastante alta, fue maravilloso… mi verga creo creció aún más dentro de ella.

    Entonces comencé con el mete y saca era increíble como se deslizaba hasta el fondo, por lo que reduje la velocidad, pero aumenté las embestidas, sacaba casi toda mi verga y me dejaba ir de golpe al sentir que no había resistencia y el roce era mínimo. Ella gemía, gemidos que ahogaba con un beso, como había dicho anteriormente su boca estaba un tanto amarga supongo por la boca de los otros dos.

    Cambiamos de posición para hacer “la hamaca”, podía ver su tierna cara, aunque ya con un rostro de mucho cansancio, pero ella daba lo mejor de sí para complacerme hasta que empecé a sentir más húmedo, bajé mi mirada y pude comprobar que ella había tenido un orgasmo, no la quería hacer rendir más por lo que la cambié de posición a la de perrito, y aumenté la penetración hasta finalmente acabar todo adentro de ella…

    Nos quedamos dormidos en el sofá-cama, ella no daba para más, por lo que nos quedamos ahí dormidos, ella con tres corridas en su interior, solamente encendí el ventilador de techo. A la mañana siguiente sentíamos el cuerpo como que si nos hubiese atropellado… Pero eso será en el siguiente relato.

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