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  • (4) La alargada sombra de una desconocida

    (4) La alargada sombra de una desconocida

    Aunque no me apetecía nada, estaba lleno de datos y algo confuso, no entendí el haber follado con esta mujer y seguir sus deseos, ahora mantenía el penetrador dentro de su boca, parecía que lo paladeaba y era el momento de terminar, no es que despreciara su intención, pero la realidad es que ella desprendía agradecimiento algo impensable en el sexo.

    Era de baja estatura y seguramente eso la tenía acomplejada, aunque estaba bien armada, dos pechos interesantes y además su constitución no era desagradable, nada de grasa, su monte de venus era una almohadilla atrayente y además el vello que le cubría estaba cuidado y en cuanto a su sabor, nada que objetar, y según aumentaba su excitación era suficiente causa para proporcionarla placer, ya que movía su cuerpo y su boca dejaba escapar lo que sentía, además lo pedía, por tanto la valoré positivamente, era una buena hembra y lo más importante era que sabía lo que quería y lo pedía.

    Con delicadeza aparté su cabeza y el penetrador quedó fuera de su garganta, la tía se lo había metido hasta el fondo. Ella respiraba de forma acelerada.

    – ¿Qué ocurre? – Protestó – ¿Hago algo mal?

    – No, mi tiempo se ha terminado, y no es el momento de empezar de nuevo.

    – ¿No te ha gustado? – Queja.

    – No estaba en lo que estabas, pero si he visto la intención, no precisas de subir nota, me gusta todo lo que has hecho, eres una buena hembra que sabe lo que quiere, por tanto follaremos más veces.

    – ¿Vamos a desperdiciar este proyecto de erección?

    Queja en su tono, ya que mantenía su mano cerrada, y le agarraba con fuerza.

    – Repito, el tiempo ha terminado.

    – Estoy nuevamente muy receptiva. ¿No lo detectas?

    Si, sé que precisas más de un polvo, pero tengo que hacer cosas y la tarde es corta.

    – Tío, no te comprendo, ahora preciso otro polvo más tranquilo, es cuando le saboreo, y además tiene que ser más lento, mi deseo es mantenerte dentro de mí y poder sentirte con todo detalle.

    – Ya, esto lo podemos repetir, pero otro día y en otro lugar, este sitio me desconcierta un poco.

    – A mí me pone, ya que no has sido tosco, y aprecio tu delicadeza, no me has impuesto nada y me has follado según mi deseo.

    – No insistas, por cierto preciso lavarme.

    – Este almacén dispone de servicio, aunque no tiene bidet, pero si una pileta, sirve y dispone de agua caliente y por otro lado, hay un escondite donde guardamos algunos secretos para lavarnos la vulva, te servirá.

    Me soltó con cierta desgana y nos adentramos en el almacén, en una de las esquinas había dos puertas, una de ellas era el servicio, cerró la puerta y encendió la luz, y si, era verdad, lavabo, inodoro y una pileta, podías ponerte de pie dentro y los grifos estaban altos, y si, servía, ella me señaló un estante, allí había esponjas y diferentes botellas de gel, y…

    – Me gustaría que me lavaras.

    Dijo agachada, en cuclillas, apuntándome con su vulva y se recostó en la pared y sus dedos separaron los labios de la vulva, un hilillo húmedo salía de la vagina.

    No puse objeción alguna, me lavé las manos y escogí un gel por su color, todos servían para lo mismo, cuidado íntimo de la mujer, me puse un poco en la mano izquierda y con la derecha le pasé agua, después el gel que extendí desde el monte de venus hasta el ano.

    Agua y de nuevo gel, pero….

    – ¿Me puedes dar algún detalle de mí?

    Detuve mis manos, su mirada era brillante, y su boca sujetaba un gemido, ya que respiración se estaba acelerando.

    – Tu piel, ese punto de la unión de la cadera con la pierna, es una de la parte de más atractiva que dispones, además de tus hombros, si los dejaras a la vista, serían un potente imán para echarte un polvo.

    Su respiración se había acelerado.

    – Además de la postura que has adoptado, no la necesitabas, ya que la pileta es lo suficientemente grande y hay una pequeña banqueta de plástico, lugar para sentarte casi como en el bidet, intuyo que sabes que esa postura es de sumisión.

    ¿No me ves gorda? – Su tono me dijo que sujetaba un gemido debido al lugar donde estaban mis manos.

    – No, lo más que puedo decir, rellenita, y eso permite donde agarrarte. Ponte de pie.

    Obedeció, y puse mis manos en su cintura, las moví a la vez pasándolas por la cadera y la forma que tenían. Suspiró, mis manos se alejaron de su piel, sustituidos por los dedos. Gimió despacio.

    Luego pasé la mano derecha extendida por su vientre y mis dedos se enredaron en el vello del monte de venus. De nuevo gimió con cierto amago de encoger el estómago.

    – Qué pretendes, ¿encenderme más? – Digo sujetando otro gemido.

    – Has preguntado y te estoy respondiendo.

    – ¿No me infravaloras por mi estatura y edad? – Tono de reproche.

    – No, y sin ánimo de darte coba o regalarte los oídos, tienes un talismán, un imán que hay que descubrir y que yo lo he hecho, recepción y no de un hotel, como acoges al macho en tu cuerpo, y más cosas importantes que aportas, esa entrega férrea, te abres para disfrutar del macho con todo su esplendor, sabes disfrutar de tu sexualidad sin falsedad, tal y como lo sientes.

    – Me vas hacer llorar – Dijo con la voz un poco ronca.

    – No te estoy regalando los oídos, es lo que siento y pienso, y sobre todo siento admiración y que sepas que te has ganado mi respeto.

    – Me estás excitando, vuelvo a estar mojada.

    Hizo una pausa, ella me miraba desde una posición superior, su vientre estaba a la altura de mi rostro y sus ojos brillaban, y ahora más, su mirada se había humedecido por mis palabras.

    – Has preguntado y esta es mi respuesta.

    – No lo esperaba, no sabes lo que dicen otros de mí, su intención ha sido humillarme por mi físico, en ti no he visto ningún atisbo de rechazo, de obligación para conseguir un fin. Se detectar la mentira y la adulación. Siempre me he fiado de ese flash primario, ese que me dice como es la persona que termino de conocer y la impresión que sentí de ti me dijo que tu amiga no había exagerado nada.

    – Conozco a muchas tías buenas, pero carecen de todo, solo se ponen, y nada queda al final, sales de su vagina sin haber alcanzado algún valor, como dije, se ponen.

    – Sé que no me dices todo, lo detecto, y me gustaría que lo dijeras, no me importa que sea negativo, pero sé que te guardas algo.

    Su mirada seguía clavada en la mía, ese brillo húmedo parecía llegar al cerebro, y si, había una pregunta importante, por lo menos para mí, lo valoraba más que un polvo una serie de polvos, el abrazo.

    Tragué saliva, no sabía que eso podía notarse.

    – ¿Sabes abrazar?

    Su boca se abrió, pero no escapó sonido alguno, una o que fue siendo modificado por un ensayo de sonrisa. Las finas arrugas de la comisura de sus labios me dijo que sonreía a menudo, no como otras que no disponían de ellas.

    – Me gustaría que te explicaras, sé que no disponemos tiempo, e intuyo que ese abrazo requiere más cosas.

    – Así es, y no se trata de prueba alguna, no valoro belleza, ni clase ni nada, tan solo es el abrazo.

    Su cuerpo temblaba levemente y había juntado las piernas, entre sus pies se había formado un pequeño charco con bordes llenos de pequeñas burbujas, el gel.

    – Escúchame, tiemblo de placer, siento un calor especial, muy parecido a ese que dijiste que era una subida de nivel, me llenas de calor, me llega desde el interior de la vagina, ese lugar donde te derramaste, que aún sigo sintiéndole, ese calor tuyo que me llenó de gozo.

    – Sé de qué hablas, tú sabes de mujeres e intuyo que la prueba a la que nos sometes es de clase sublime, oculta, y no se encuentra en la parte donde se unen las piernas.

    – Dudo que lo sepas.

    – Vuelve a ese momento que bebí de tus axilas, que mi rostro quedó pegado a tu pecho, mi cabeza debajo de tu barbilla. Esos instantes fueron semejantes a una penetración, sentí casi lo mismo, aun estabas muy dentro de mí, respiraba tu transpiración, esa humedad que tu piel desprendía y era capaz de descifrar tu sentir, tu cuerpo me aceptaba y casi me hiciste llorar de gozo.

    Guardé silencio, supuse que sufría.

    – Sentí tu abrazo, nadie, nunca ningún hombre después de mal follarme me abrazaba, todo lo contrario, se apartaba, me había utilizado para meter y nada más, aunque hay mucha diferencia en todo.

    – Ninguno tuvo un honor que te concedí debido a lo me contó tu amiga. Ellos me follaban envueltos en plástico, solo a ti te lo he concedido, mi instinto me lo dijo, tus evasivas fueron más claves que mostraron que mis juicios de valor eran acertados, y lo que me hace llorar es tu respeto hacia mí, me hace sentir algo desconocido que no he terminado de comprender.

    – Debemos terminar de lavarnos.

    Decidí cortar su sufrimiento, empecé a sentir cierto desasosiego.

    – No he terminado, yo he sentido tus detalles, ese abrazo no era vulgar, me di cuenta que no se trataba de cubrir el expediente, tu mano cerrada en la parte alta del brazo, tenía una presión, la justa y estaba en armonía con la que hacía tu brazo pegándome a tu pecho, sentí algo desconocido de un hombre, sentí protección, y eso reforzó algo que guardo como un tesoro.

    Estaba perdido, no entendía nada y tuve el temor de hablar, podía estropearlo todo. Era cierto que la abracé, pero lo hice con cuidado y sin pensarlo, fue involuntario, ninguna mujer aceptaba abrazos y además tampoco los sentía.

    – El que calla otorga, y si no te lo digo reviento.

    Hizo una pausa, respiraba muy deprisa y poniendo sus manos en mis hombros me dijo.

    – Ni me echaste un polvo ni no me follaste, fue algo más hermoso, me hiciste el amor.

    Me dejó sin palabras, sus ojos sonreían, y su mirada era brillante y profunda, y de entre sus labios húmedos escaba fina saliva transparente, sonrió llevando su mano a la boca.

    – Mira, babeo, cuando escuchaba esa frase, mi mente se reía, el sexo y el amor no tienen que ver, cierto es que nunca me enamoré, el amor en si es una falsedad, casi siempre su base es el interés material, pero ese calor que sentí me dio que pensar, tu abrazo fue demasiado para mí.

    – Por eso quería decírtelo ahora, me amaste despacio, sin prisas, incluso cedías a todos mis deseos, todo de forma delicada, sin brusquedad y también llamó mi atención que no tenías prisa. Todos se daban prisa en terminar, pensaba que les asqueaba, el fondo era mal follar, esa era la realidad y sé que hay gran cantidad de mujeres frustradas por esa causa.

    No sabía que decir, vi que era utilizada sin ningún tipo de respeto y ella se había dado cuenta de que tan solo era un agujero donde meter, nada más.

    – Mudo, no dices nada, aunque ya lo advertiste. He pensado que mereces una respuesta adecuada a tu pregunta. Y es que si sabré abrazarte, y no lo pensaré, dejaré en libertad a mi instinto de mujer, no, no, de hembra satisfecha y no puedo evitar el agradecimiento, por eso una parte de mí te mira con ternura y no puedo evitarlo.

    Seguí callado, no tenía palabras y tampoco las encontraba, mi angustia fue creciendo, al descubrir a una mujer dañada en lo más íntimo de su ser, y que me desnudaba su alma.

    – Descifro tu mirada – bajó la cabeza y mirando al suelo siguió hablando – Te he abierto mi alma, mi entrega es total y sé que lo sabes y de que hablo, comprendes sin que me extienda – Me miró de nuevo esbozando una pequeña sonrisa – Y sé que puedo decírtelo, te lo mereces, me has amado y nunca se me figuré que fuera así.

    – No sigas, te estás haciendo daño – Dije casi de forma inaudible.

    – No, estos momentos me llenan de felicidad, he descubierto algo desconocido, mi cuerpo ya no es el mismo. Jodido mudo, has tomado posesión de mi ser y no me abandona ese placer que has edificado, sigues dentro y puedo revivir esa sensación de abrirte paso lentamente muy adentro.

    Aquello tenía que cortarlo de raíz, su mirada empezaba a dañarse. Me senté en el borde la pileta y la senté en mis piernas, mi brazo izquierdo hizo de respaldo en su espalda y ante su mirada confundida por mi silencio, tomé al asalto su boca.

    Sus ojos se abrieron mostrando sorpresa, parpadeó varias veces cuando mi lengua se encontró con la suya, y los cerró, gimió aunque fue una mezcla de gemido-gruñido, ya que se apretó contra mi cuero y su brazo izquierdo se cerró en mi costado, le apresaba y su mano derecha se cerró en el penetrador, retiró el prepucio y sus dedos se cerraron en el glande, mantuvo la mano quieta, tan solo los dedos el presionaban.

    No sé el tiempo que duró es beso, pero detecté movimiento en la puerta de entrada, una mujer uniformada, pensé en la guardiana, la miré por encima de la oreja y me hizo un gesto señalando su reloj, hizo un gesto con sus manos como de cambio, asentí levemente con la cabeza, ella sonrió y desapareció de la entrada.

    Terminé es largo beso, ella jadeaba, tenía los ojos enrojecidos, había llorado pero hice que no me había dado cuenta, y ante mi sorpresa, lamió mis ojos, mi boca y…

    – Sabes rematar la obra, me has esclavizado.

    – No exageres.

    – Era lo que me faltaba y eso refuerza lo que te dije antes. Y te he lamido por esa causa, eres mi amo.

    – La guardiana ha señalado el reloj.

    – Sí, es el cambio de turno, tenemos un poco de tiempo, nadie baja, lo dejan siempre arriba, la pereza de bajar y subir.

    – De todos modos es tarde, podías soltarme, tiene que venir conmigo.

    Sonrió por mis palabras.

    – Pero antes permíteme que le rinda mi afecto al penetrador que tanto placer me ha proporcionado.

    – No entiendo nada.

    Se puso en pie arrodillándose, no le había soltado. Con la lengua le humedeció, probó a subir y bajar el prepucio, y volvió a descubrirle. Sus dientes se colocaron en la parte posterior como si fuera a morder, y lo que hizo fue que sintiera sus dientes, no me hizo daño, y tampoco comprendí que pretendía.

    Después se sentó en mis piernas, procurando la penetración y juntó las piernas en torno a mi cintura, me miró largamente y sonriendo me dijo.

    – Ese beso no le esperaba, comprendí solo parte y si noté su falta en mi interior, el beso hubiera sido completo si me hubieras penetrado tú, ahora me he penetrado yo misma.

    – Soy torpe.

    – No, sé que pasaba por tu cerebro. Sabes que te abrí mi alma y era la mejor forma de apartar mi angustia.

    – Ya nos vestimos, pero necesitaba tenerte dentro, será mi recuerdo preferido.

    Nos vestimos deprisa, no sabía si me había lavado o no, pero no importaba, y salimos del almacén, se acercó a la centinela tenía una sonrisa tonta en su boca, y habló deprisa con ella, luego salimos por la zona de los empleados, no había nadie en el control, todo estaba estudiado a la perfección, y en la calle nos miramos frente a frente.

    – ¿Qué te ha dicho? – Pregunté intrigado por su sonrisa.

    – Ha estado mirando desde el principio, y que ha saboreado lo que hacíamos. ¿Y ahora? ¿Qué será de mí? – Preguntó con una arruga en su frente.

    – Sigue con tu vida. No soy importante.

    – Has cambiado a mi cuerpo, me siento una mujer diferente y ha sido por tu forma de tratarme – sonrió abiertamente –, y de esa diferencia que desconocía, del follarme a amarme.

    – Cada cosa requiere su tiempo y forma, físicamente ninguna mujer es igual, sin embargo la diferencia se encuentra en su cerebro.

    No me escuchaba, intentaba cambiar el sentido de sus palabras sin conseguirlo.

    – Necesito tu presencia, y que sepas que te he robado vida, te darás cuenta dentro de pocas horas, sentirás debilidad y no será por el pol.., por hacerme el amor.

    – No importa, si es cierto, te noto cambiada, sobre todo en el tono de voz es diferente.

    – Estoy satisfecha, sensación desconocida para mí y voy cambiar muchas cosas, las necesito, y no te voy a pedir el teléfono ni el correo, no quiero que te sientas presionado, me has amado y eso te sitúa en un lugar especial de mi mente y de mi cuerpo y de mi alma, por eso te quiero libre, y tampoco me quiero atar a ti, aunque me siento esclava, pero es de forma voluntaria, ese beso ha culminado algo impensable, y si te exijo una sola cosa, quiero ser tu amiga ¿Es posible? ¿Te queda sitio?

    De nuevo me sobrecogió, no quise preguntarla cuantos amigos tenía, ni tampoco cuál era su vida los fines de semana, pero me demostró ser una mujer inteligente.

    – Tengo algunos, sin embargo amigos amigos, no me quedan, se marcharon para siempre, son conocidos y es algo muy diferente.

    – Yo, no tengo amigos, no me quedan, todos se fueron alejando sin saber la causa, quizá fuera mi trabajo, nos confunde con las sectas, fue cuando me demostraron que nunca lo fueron. En la sociedad tenemos un club social, tengo la compañía que deseo, estate tranquilo, tengo donde recurrir si preciso ayuda, pero no olvides que te debo un abrazo, es la única deuda que tienes conmigo, puede que juguemos a algo diferente, te cambio abrazos por tus besos, piénsalo y ese abrazo te le daré en mi terreno, y siempre estaré en deuda contigo, me has enseñado que es el amor.

    – Seremos, seamos amigos.

    – Siento tu cambio y tu aislamiento. Intercambiemos números.

    Con el móvil en la mano se acercó a mí, me hizo una pequeña seña con su cadera y pasó los números, eso no se hacerlo con mi móvil, ella sí, en notas puso su dirección de correo y me miró fijamente.

    – Esa dirección de correo es exclusiva para ti, el día que la abrí algo me dijo que la dejara aparcada, no sé el motivo y ahora comprendo al destino.

    Miré la dirección de correo, me sorprendió totalmente. Pensé en los sinónimos, rampante.

    – Es noche, he pensado modificar tus planes, vamos a ver a la jefa.

    – No, dame tiempo.

    – Estás equivocado, lo que ahora desprende tu cuerpo ella lo detectará, venteará a otra mujer y observa como buscará la forma de tener la cabeza cerca del pene, tendrá la seguridad de que recientemente te has tirado a una mujer y eso le dará que pensar.

    – ¿Y en que es importante?

    – Bajará el listón, ya que todo es una operación económica, algo a cambio de una buena cifra.

    – No me conoce y desde luego sigo sin entender nada.

    – En la naturaleza de nada sirve las carreras que tengas, ni la clase superior debido al dinero, no, lo que ella busca es natural, y hay personas que disponen de lo que ella busca, sin clase y sin cultura, habla de naturaleza del ser.

    – Suponte que acepto ¿Cómo piensas que nos encontremos?

    Me miró seria, pero luego su gesto se fue relajando y apareció una sonrisa.

    – He pensado en un parque solitario, ella pasea y pasas por su lado, ella se insinúa, pero tú no la haces caso y ella sujeta tu brazo y te ofrece dinero, mucho dinero por tirártela.

    – Tú te detienes y la miras, recelas de sus palabras y ella dice la cifra que te ofrece es a cambio de tu semen, pero no respondes nada, ella aumenta la cifra por si falla el primer polvo, piensa que pueda necesitar más.

    – ¿De qué cifra hablas?

    – Puede subir de 2.000€, y de mucho más si la embarazas pronto, ignoro esa prisa que tiene y quizá sea una herencia.

    – No comprendo.

    Respondí desconfiando ella sabe más de lo que dice.

    – Parece que la familia, hablo de hace mucho tiempo, es de alto abolengo y su base está en la sucesión, y para eso se precisa descendencia. Muchas familias se han extinguido por la falta de herederos y este es su caso, y esto no debe saber que lo sabes.

    – ¿Y no sirve cualquiera?, sospecho que me quiera atarme.

    – No, hay un contrato muy a tu favor, no tendrás que volver a trabajar, sabe mover el capital y ese conocimiento le proporciona grandes dividendos, esa cantidad crecerá mes a mes de la misma forma que tu pene en su vagina, y aprovecho para recordarte que eso me has dicho antes le gustará, esa media erección y que crezca en su interior.

    – De todos modos no veo adecuado lo que propones debido a su clase, en nuestro encuentro ella se muestre como una puta.

    Sonrió abiertamente y respondió sin perder la sonrisa.

    – No seas ingenuo, recuerdo cuando terminé mi época de estudiante, mis compañeras ya hacían planes para buscar marido y que fuera un tipo con dinero, para tener la vida asegurada, si te das cuenta no se aleja mucho de lo que estamos hablando.

    Guardé silencio, tenía muchas dudas al respecto, pensé en las palabras de mi jefe, la peor gestión es la que no se hace.

    – ¿Y cómo irá vestida?

    – Esa respuesta la tiene el destino, ya que le daré detalles de cómo me has –hizo una pausa pensando- penetrado, esa palabra le gustará.

    – ¿Y sirve como voy vestido?

    – Si, y lo más importante es lo que desprendes, no olvides que ella es una hembra, eso es lo que debes pensar cuando se aproxime a ti, una hembra tan solo con un par de tetas, una vulva donde meter y si quieres más una boca donde también puedes meter.

    – Demasiado vulgar para su clase.

    – No tío no, ella sopesa su poder, no serás un objeto y estarás a su lado más de lo que piensas, y voy a darte otra pista que debes saber utilizar. Es una mujer solitaria debido a la estructura familiar, la educaron de esa forma, y tú debes conseguir que te necesite a su lado, por tanto sigue tu instinto, si se enterara de mi pensamiento hacia ti, recelaría de mí, y tengo muy claro que si todo sale bien, nunca más debemos vernos, pondría en peligro la situación de ambos.

    – Pero sería un muñeco, no dispondría de mi tiempo.

    – Eso debes pactarlo tú, así de las condiciones de tu cometido, piensa que ella tendrá sus planes, por tanto te querrá cerca para que la folles.

    – ¿Qué opinas?, tú la conoces.

    – Supongo que si pudiera manejarte lo haría libertad alguna, es normal, pero repito, plantea tu situación y páctala con detalle, eso también sumará puntos a tu favor.

    – Y no te preocupes por mí, ella me ordenó que recabara información sexual, por tanto nada tenemos que esconder, la verdad ante todo.

    – De acuerdo, tú mandas.

    Y dejé en manos del destino mi futuro, aunque debo reconocer que nada más decir esas palabras, el desasosiego invadió mi cuerpo en su totalidad.

    Se alejó de mí haciendo una llamada, habló y habló con el móvil, les llevó casi media hora, se volvió sonriendo.

    – Hay un cambio en la forma de conoceros. Ella llegará al parque en su coche, se bajará de él simulando el pinchazo de un neumático, estará agachada mirando por encima de la rueda, y su postura dejará al descubierto sus muslos, llevará una falda corta, y cuando te acerques para ofrecerla ayuda, ella se girará, no llevará lencería alguna en su cuerpo.

    – Está bien, mejor que simular a una puta.

    – Hay más. Aunque no esté pinchada la rueda, deberás cambiarla y como es lógico te mancharás las manos, procura que la ropa también, excusa para ella para invitarte a su casa para que te laves y como es lógico tendrás que quitarte la ropa, será el comienzo.

    – ¿Así de simple?

    – Si, además durante el trayecto a su casa, te ofrecerá ese acuerdo basado en el cambio de la rueda, puede que te ofrezca algo que me hizo reír, ella se molestó un poco pero terminó riendo, terminaba de inventar algo novedoso.

    – Pagarte el asunto de la rueda y además un contrato de mantenimiento de ella.

    Volvió a reírse, y yo no salía de mi asombro.

    – ¿Mantenimiento?, supongo que será del coche, aunque no soy mecánico.

    – No tío no, un contrato de mantenimiento de ella, no solo en lo sexual. En general mantenerla satisfecha con el fin de procrear heredero dentro de una buena armonía, por tanto vete pensando en despedirte de tu trabajo, pacta una buena cantidad de dinero por eso, ya que durante ese trabajo no cotizarás, piensa en la jubilación, ella entenderá.

    Su risa me dio que pensar, esa tía hilaba muy fino, el perfil que ella me había dado no se correspondía con su pensamiento, no era una heredera tonta.

    – ¿Y esa forma de presentarse?

    – Un capricho de jovencita, aunque puede que no sea así, es algo cambiante y a todos nos pasa.

    – ¿Qué le has dicho de mí?, que deba saber.

    – Que eres un tipo raro y que la sorprenderás muchas veces y que eres algo rústico comparado con su clase, dijo que tampoco estaba mal un cambio de aire en sus costumbres.

    Bueno, las cartas están repartidas ¿Dónde está esa calle y hora del encuentro?

    – Te llevaré, está en la calle Corazón de María con la calle Huelva, el aparcamiento es en batería y apenas tiene coches aparcados, sus bancos son limpiados todos los días y es una zona restringida, ella dejará la entrada abierta, allí te dejaré.

    El trayecto fue en silencio, cada uno de nosotros sumidos en nuestros pensamientos, y ese desasosiego no desaparecía, sino todo lo contrario, aumentaba según llegábamos al parque.

    Se detuvo en la esquina de la calle Huelva, me miró con su semblante cambiado.

    – No olvides que te debo ese abrazo, y si puedes, no se lo pidas a la heredera, como tú la llamas. Déjamelo a mí, es nuestro.

    No respondí, ya no le correspondía nada mío y era mejor dejarlo claro desde ahora, ya estaba sumido en esa compra de mi persona, ella se equivocó al provocar el encuentro y es el precio que iba a pagar.

    – Leo tu pensamiento, y puede que estés en lo cierto, no debí llamarla, tú lo dijiste y no te hice caso, y debo pagar por ello, es mejor no tener nada pendiente entre nosotros, además te lo preguntará y sé que no te gusta mentir.

    No respondí y me marché de su vida, aunque en aquellos momentos no lo sabía. Descendí del coche sin decir nada, todo lo había dicho ella. Se alejó haciendo patinar las ruedas traseras, estaba furiosa, supongo que con ella misma. Yo tenía dueña y no supo enfrentarse a la realidad.

    El barrio le conocía, era tranquilo a pesar de estar la M-30 cerca con sus ruidos y polución, y una racha de viento me saludó, haciendo que se movieran levemente las ramas de los Álamos blancos y Falsas Acacias.

    Entré en la calle Huelva, esa zona era privada, no vi coche alguno ocupado, y me senté en el banco cercano a la entrada. El aire levantó algunas hojas secas del asfalto, y la temperatura descendió levemente, intuí tormenta de otoño.

    Y en ese momento un coche se detuvo en la entrada, la puerta metálica se abrió y parecía un BMW de color cereza entró despacio, apagó las luces y se acercó hasta llegar a mi altura, de nuevo otra racha de viento, detuvo el motor y me observó desde el interior, llevaba puestas gafas de sol, su siguiente movimiento fue encender la luz interior, se quitó las gafas oscuras y volvió a mirarme, no era guapa ni fea, normalita, apagó la luz y descendió del coche, llevaba una faldita corta, como las de las animadoras de baloncesto, deportivas y una blusa desabrochada, pude ver sus pechos sin problema alguno, y estaba bien armada, se mantenían rectos, desafiantes y terminados en dos puntas rígidas rodeadas de un halo casi de color negro, deduje que les daba color.

    – Eres el elegido sin duda, tu examen me ha parecido como un flash, una señal vertical de radar de superficie ¿Eh?

    Dijo mirándome muy tranquila.

    – Si ¿Qué te pones en las areolas?

    – Un tono atrayente, inocuo aunque los excites con la lengua o tu pija.

    – No me parece adecuado, no es mi estilo.

    Era algo ordinaria, lo de pija me decepcionó.

    – Pues te equivocas, un tipo me consiguió un orgasmo cuando se restregaba en ellos y fue cuando se corrió en un pezón.

    Me encogí de hombros, me pareció una vulgaridad.

    – ¿Qué tienes pensado…, para mí?

    – Preciso de un estudio, un trabajo de campo más bien.

    – Explícate, no entiendo eso de trabajo de campo – Tono enfriado.

    – Debo reconocer tu cuerpo milímetro a milímetro, y después estudiar una runa de conquista. Espero te sirva, no te diré más.

    – ¿Runa? – Pregunta seca, estridente.

    – Si, un signo que me oriente en tu cuerpo.

    – Tío, no entiendo nada, empiezo a pensar que la exploradora se ha equivocado – Desdén en su tono.

    – Pues yo lo tengo muy claro, es hora de despedirnos.

    Y sin mediar palabra alguna, me dirigí a la salida de la calle privada, por el rabillo del ojo vi que cambiaba de postura, dudaba, miraba el móvil y a mí, habló por él y ya no vi más, cerré la puerta y salí a la calle, una racha de viento me saludó y a la vez el coche se detuvo a mi lado, abrió la puerta bloqueando mi paso, separando las rodillas se exhibió completamente.

    – He empezado mal, me han reprendido acompañado de una amenaza, Hermética sin conocerte me ha ordenado que si no te llevo a su presencia, que no vuelva, que me pone en la calle con lo puesto y ya ves que llevo muy poco.

    – ¿Quién es Hermética?

    – La hembra que deberás montar y embarazar.

    Seguía con su jerga.

    – Me faltan datos, no me conoce.

    – Te equivocas, ha hablado con la exploradora, según me ha dicho rebosa satisfacción, y para más detalle, me ha dicho que en su mirada hay algo que desconoce y eso que la conoce muy bien.

    – ¿Y qué harás para que no me marche?

    – Sé que el sexo está descartado, desprendes alejamiento, me eres hostil y eso hace que no me mires ni me folles aunque sea fríamente y sin motivos personales.

    – Abrevia – Respondí procurando cierto tono de frescor cortante.

    – Te puedo dar detalles de Hermética, te serán útiles en eso que me has dicho antes, y que por cierto no entendí nada, para follar no hace falta ser tan rebuscado.

    – Me han dicho que es una mujer muy especial. Y cuando te vi me pareció que ese juicio de valor estaba equivocado. Y no esperaba otra exploradora, que es lo que eres.

    – Sí, pero ella todo lo tiene como las demás mujeres. Y recuerda que ella siempre juega sobra seguro, por tanto algo debo informar, tienes que utilizarme ya que es el cometido que me ha encomendado.

    – Puedo hacerte algo que desconoces.

    – ¿Piensas metérmela aquí? – Duda en su tono.

    – No seas torpe, es algo que no llamará la atención, aunque por aquí no pasa nadie, pero tiene su morbo.

    Me miró pensativa y asintió con la cabeza.

    Le dije que nos sentáramos en el banco que había pegado al jardín, el aligustre nos proporcionaría cierta sombra, aunque no pasaba nadie, solo entraba algún vehículo de tarde en tarde.

    Sentados giré su cuerpo a la derecha, yo quedaba casi detrás, le quité la blusa, ella se removió mirándome por encima de su hombro, yo avancé mi cabeza hasta que mi barbilla quedó encima de su hombro, nuestras mejillas casi se rozaban.

    – Ahora es cuando me retuerces el pescuezo.

    Me hizo sonreír su tono.

    – No torpe mujer llena de incultura, no hables y no me mires, solo siente.

    Mi barba es de un día, lo justo, y mi barbilla rozó su hombro, muy cerca de su cuello, la réplica fue instantánea ya que ella se envaró y pude ver como sus pezones se endurecían y las areolas se hincharon levemente.

    Mi roce continuó muy despacio, ella se removió de nuevo, cambié, esta vez fueron mis dientes los que se posaron en su hombro, muy cerca del cuello, solo rocé los dientes y ella gimió encogiéndose, su cabeza se pegó a la mía y se encogió para escapar de mis dientes, sin conseguirlo.

    – ¡Joder!, suéltame.

    La solté despacio, ella como respuesta respiró profundamente.

    – ¿Te he hecho daño?

    – No, aunque lo esperaba y me ha sorprendido. Estoy mojada.

    Me separé de ella y me senté estirando las piernas.

    – ¿Qué opinión te merece esos dos minutos? – Pregunté con sorna.

    – Esperaba algo más burdo ¿Y me vas a dejar así?, un polvo me vendría bien.

    Dijo sin mirarme, mantenía la misma postura que yo la puse.

    – Eso que has sentido se encuentra muy lejos de lo que pides.

    – Has empezado algo que me ha puesto en marcha, incluso ahora siento la necesidad de que me muerdas como antes, un escalofrío ha recorrido mi cuerpo, y ese daño que esperaba se ha dado la vuelta, quiero sentirlo de nuevo y que aprietes los dientes.

    – Mereciste esa dosis.

    – ¿Qué le has hecho a la exploradora?, Hermética me ha dejado intrigada.

    – Nunca hablo de una mujer a otra mujer, y menos a ti, listilla.

    – Al menos podías pajearme, los dedos no harán que te fatigues.

    – No, por ahora te dejaré así y más adelante ya veremos, además te he regalado un informe muy diferente al de la exploradora que va delante de ti..

    Silencio y se volvió girando la piernas en mi dirección.

    – No me dejes así, no quiero pajearme delante de ti.

    Había cambiado el tono, rogaba.

    – ¿Para qué?

    – Reconozco que nunca me habían hecho eso, y me he corrido de inmediato, solo conozco a los rápidos, no un tío como tú.

    – No te has corrido, pienso que pudo haber sido la sombre de un orgasmo, quizá un reflejo.

    – No tío, ese roce de tu barba ha abierto el dique y cuando tus dientes me han rozado, yo esperaba el mordisco y me hubiera mareado de gusto.

    – Te daré otro dato para que no te eche a la calle.

    Tenía las rodillas juntas en una posición ladeada, y mis manos separaron sus rodillas, adentrando mis manos en sus muslos, la respuesta fue un gemido y su cuerpo se estremeció.

    Ella se dejó hacer mirando mis manos, que estas seguían separando sus piernas, su vulva quedó al descubierto. Mis manos con los dedos juntos recorrieron las ingles, ella tembló cerrando los ojos cuando mis dedos llegaron al monte de venus, se encogió levemente.

    – ¿Qué le dirás a Hermética? – Pregunté en un tono suave.

    – ¡No sé! ¡sigue no te pares! ¡Joder que gusto! – Exclamó.

    Junté las dos manos y los introduje entre los dos labios de la vulva, de nuevo gimió separando más las piernas. Llegué hasta el perineo y mi dedo meñique se detuvo en el esfínter del ano, este se movía de adentro a afuera, tenía una especie de movimiento continuado, eso me dijo que estaba disfrutando.

    Y ese dedo provocó algo parecido a un gruñido, de nuevo luz verde. Y con las dos manos juntas ascendí entre sus labios menores, su humedad me permitió llegar a su clítoris como es debido, y ambos dedos le rozaron por dos lados, estaba endurecido y su cuerpo respondió con un leve temblor.

    Ella movió ficha empujando levemente, pero no hice caso y seguí con esa forma de excitación, mis dedos reconocieron un pequeño prepucio, pensé en un clítoris algo mayor de lo normal, y mi mano derecha recibió la orden de cogerle con dos dedos, algo así como hacen con mi penetrador, aunque ese prepucio era diminuto le moví de afuera a adentro, ella gimió elevando la pelvis, una señal inequívoca de que requería la penetración de forma inmediata. Su movimiento era de penetración, empujaba y retrocedía.

    – ¡Tío métemela!, lo necesito, quiero sentirte dentro de mi vagina – Y empujó con más fuerza.

    Y llegó el primer orgasmo, jadeó a la vez que tiraba de mis brazos para situarme entre sus piernas, pero no obedecí, yo estaba frío, eso era una forma de castigo sexual.

    Y un segundo, ahogó un grito tapándose la boca y esta vez me cogió del pelo, de nuevo tiró de mí, pero la llegada del tercer orgasmo hizo que me soltara y pusiera sus dos manos a ambos lados de su cuerpo, se sujetaba en el banco, pataleó ligeramente y rogó.

    – ¡Para! No puedo aguantar más.

    Obedecí en parte, mis dedos se separaron y se adentraron siguiendo el fino y duro cordón que adentraba en su interior, en ese lugar el estímulo es más leve y ella de nuevo gruñó, mi intención era que eyaculara, pero no todas lo hacen y esta parecía ser una. Tuvo un estremecimiento más fuerte y su cuerpo se relajó tampoco supe que la ocurría, era una tía diferente en muchas cosas que la perjudicaban en ese sentido. No seguí.

    Tenía los ojos cerrados y gemía débilmente, su cuerpo se estremecía de forma intermitente, esperé resultados. Abrió los ojos despacio, me miró de mala forma apretando los labios y se acercó hasta que nuestros rostros quedaron casi juntos.

    – Le diré que se vaya desnudando, que vamos para su mansión y que voy malfollá. Sigue ¡Por favor métemela!, debí hacer caso a la exploradora.

    – No, todo está cambiado y no soy un robot, el sexo exige sus condiciones. Sobre todo orden.

    – Estás equivocado, ella todo lo cambia.

    – No en este caso, dila que no habrá sexo, es la primera toma de contacto, ya quedaremos para firmar esas condiciones.

    – No seas iluso, antes querrá tener datos sobre tu comportamiento, y saber que mercancía va a comprar, lo más seguro es que te pajee antes de separar las piernas.

    – Entonces hay cambios, antes de vernos cara a cara, preciso de leer las condiciones de uso, desde que nos conozcamos hasta que ese polvo, y una vez que haya acuerdo entre ambos entonces le dejaré que pruebe lo que quiera.

    – Dudo que acepte.

    – Llama, la noche es corta.

    Despatarrada en el banco hizo la llamada, se giró para que no escuchara la conversación y aproveché para oler y probar su fluido vaginal, no estaba mal, me dijo que estaba limpia. Se volvió mirándome arrugando el morro.

    – Ha dicho que no, las condiciones las pone ella que es la que paga.

    – ¿Has cortado la comunicación?

    – No, espera y escucha lo que hablamos.

    – Adiós, pero antes de marcharme, te aconsejo que te tomes el sexo con tranquilidad, sin prisas, disfruta despacio, tenéis esa suerte, y tu problema es no te dejas, estás cerrada por alguna causa, y el meter es la última fase del polvo, antes debes de recorrer un largo camino y cuando despiertes te darás cuenta de muchas cosas, y por cierto – Hice una pausa – Sabes bien, tus fluidos son perfectos y estoy seguro que puedes correrte más de lo que pienso, hablo en tu idioma.

    Y de nuevo me alejé en busca de mi coche, algo más lejos escuché el ruido del motor de su coche al ponerle en marcha y de nuevo su puerta me cerró el paso.

    – Me ha preguntado que me has hecho, la exploradora le ha dado mil detalles de lo que sintió, yo he hecho lo mismo y me he quejado de tu crueldad, ella soltó una risita diciendo que no tienes capacidad para dos polvos seguidos ¿es verdad?

    – Es posible, no me gusta las carreras en el sexo, y dos seguidos es una carrera que no lleva a ninguna parte.

    – Me dijo que lo pensará y que mañana tendrás su respuesta.

    – Me parece correcto – me cortó.

    – Pero antes de su respuesta, requiera una prueba, algo así como lo del mordisco, ese detalle de la barba le gustó, así como el que yo deseara que me mordieras de verdad.

    Me di cuenta de que algo quería, no pensaba que le contara todo.

    – Pero yo también quiero algo a cambio de proporcionarte ese contrato ventajoso, ya que ha empezado a ceder terreno.

    – ¿Cómo lo sabes?

    – Dos mujeres diferentes y dos planteamientos tuyos diferentes. Y pienso que se ha dado cuenta de otro detalle, te cuidas, yo no tengo la suficiente clase, como para desperdiciar semen.

    – ¿Eso piensa ella?

    – Hará algo parecido, es detallista como tú y seguro que ahora está haciendo un comparativo con los datos que tiene de sus dos exploradoras, y seguro que te llamará en cuanto saque sus propias conclusiones, que sepas que es algo retorcida en todos sus aspectos.

    – ¿Sacarás algo de todo esto?

    – De ella poco, pero si quiero sacar algo de ti ya que puedo ayudarte algo y es que me dejes como has dejado a la exploradora, no habla de sexo, habla de algo diferente y no pude sacarla mucho más, dijo que era secreto de mujer, y solo me dio un detalle que me dejó pasmada, dijo que aún te sentía dentro.

    Pensé minimizar las cosas, pero no lo hice, me jugaba el futuro, estaba harto de mi trabajo y de mis jefes, en la balanza pesaban más sus dos pechos, o cuatro y que podían ser seis, más que mi trabajo.

    – Natural, es una mujer solitaria, no tiene amigos.

    – Yo tengo un problema, Asperger es lo que me diagnosticaron de pequeña y muchas cosas normales para mí son problemas complicados y graves.

    – No sé qué enfermedad es esa

    – Para que lo entiendas, estoy encerrada en mí mismo, y con problemas de comunicación, me confunden con una emo, pero lo cierto es que temo al mundo.

    – ¿Y cómo trabajas para ella?

    – Puso un anuncio buscando una chica muy, pero que muy reservada, su trabajo sería siempre secreto.

    – No entiendo esto, envía a dos para lo mismo.

    – Si, y tiene su lógica, te lo diré muy claro para que lo entiendas, una vieja solitaria normal y una joven encerrada en sí mismo, quiere comparar ambos resultados. Ambas sin sexo.

    – ¿Quién te desfloró? – tiré a saco.

    – Yo misma con los dedos, tenía miedo a tener miedo al sexo, si un tío me hubiera hecho daño en esos momentos, seguro que me olvidaría del sexo, otro trauma más. Y tú has sido un torturador, aunque con una diferencia, me ha gustado todo lo que me has hecho y… y no te digo nada más.

  • Mi primer trío (Parte 2)

    Luego de varios días nos citamos nuevamente en casa de Dany y Laura, para mi sorpresa también estaba una chica trans, ella se llamaba Marta era alta, corpulenta y de unas enormes tetas.

    Luego de presentarnos fuimos a la habitación mientras nos desnudábamos al pie de la cama marta saca una pija descomunalmente grande, Dani se arrodilla ante ella y comienza a chupársela, Laura se acerca a mí y dándonos un beso me ordena tirarme al piso, yo obedecí y me acosté boca arriba, ella se sentó encima mío colocando su vagina en mi boca y comenzamos un hermoso 69, nos rebolabamos uno encima del otro sin desprendernos en un momento Laura estando encima mío dejo salir todos sus líquidos en mi boca mezcla de flujo y salado orín, tome lo más que pude hasta que se detuvo, Laura se colocó a un costado y frente a nosotros estaba Dany en posición de perrito mientras Marta le metía lentamente su poronga haciéndolo gritar de placer, al instante sentí como el ano se me dilataba con tan preciosa imagen frente a mis ojos, mientras Laura me pedía que me parara, yo al pararme ella arrodillada tomo mi pija y me dijo..

    -¡dame a tomar todo papito hasta la última gota!

    Y metiéndose mi pene en su boca comencé a orinar dentro de ella mientras colocaba su mano entre mis piernas y me metía un dedo en el ano, mientras me cogia con su dedo largaba todo mi orín en su boca hasta que no pudo más y empape sus tetas, saco su dedo de mi ano empapado de mis restos, lo miro y se lo medio en la boca lamiéndolo hasta dejarlo limpio, Dany gritaba cada vez más fuerte hasta que veo como Marta le mete toda su pija en el culo y al sacarla estaba empapada en sangre, Dany se quedó tirado en la cama tratando de recuperarse. Laura empujo a Marta y la tiro boca arriba de la cama y sentándose sobre ella se mandó la poronga de Marta hasta los huevos. Gozando sin parar me acerque hasta Dany y comenzamos un 69. Minutos después Dany me pregunta si me dejaría atar las manos y dije que sí, nos paramos y me senté en una silla, tomo unas cuerdas y me ato las manos hacia atrás y luego dijo…

    -¡Listo chicas ya lo tenemos donde queríamos!

    Marta y Laura se detuvieron y se acercaron a mí, me taparon los ojos y la boca, luego de unos minutos de silencio e incertidumbre siento el chasquido de un látigo y comenzaron a pegarme latigazos en las piernas, el pecho y mi pija, cada vez con mayor intensidad. Luego de un rato siento pinchazos en mi pecho, brazos y piernas, los latigazos no cesaban y de repente siento que me pellizcan fuertemente las tetillas y luego por el resto del pecho, alguien tomo mi pija fuertemente y se la metió en la boca y comenzó a mordérmela hasta llevarme al extremo del dolor que sentí gran alivio cuando se la saco de la boca, y de repente un líquido caliente cayo por mi pecho haciéndome estremecer de dolor, el chorro caliente bajaba lentamente por mi cuerpo y de repente un chorro caliente cayó sobre mis testículos haciéndome acabar al instante.

    Minutos después me preguntaron si tenía hambre y les dije que sí, entonces me dijeron que comiera un sándwich que me darían en la boca mientras me sacaban la venda de los ojos y me destapaban la boca, Marta se colocó entre mis piernas y comenzó a chuparme la pija, Laura salió de la habitación y regreso con un pan se colocó detrás de Marta y mostrándome el pan con una mano con la otra recibía las heces de Marta en su mano y colocándola en el pan hizo un sándwich, con sus manos empapadas en heces acerco el sándwich a mi boca y comencé a comerlo al principio con asquito, pero su sabor era dulzón y termine comiéndolo completamente.

    Luego me desataron y me pusieron en cuatro en la cama, Dani se colocó delante mío y comencé a chuparle la pija mientras marta se colocó detrás y separándome las piernas me empezó a meter su enorme falo mandándolo hasta los huevos arrancándome un grito de dolor y placer, en eso Dani apretándome la cabeza me hace tomar todo su orín. Marta dando un fuerte grito largo su caliente leche en mi culo y luego sin sacarme la pija se quedó quieta por un instante para luego comenzar a orinar dentro de mí.

    Me quede tirado boca arriba y luego Marta sentándose sobre mi pija comencé a cogerla, su larga pija llegaba a mi boca y comencé a chupársela hasta que finalmente le llene el culo de leche.

  • Mirando a mamá

    Mirando a mamá

    Una tarde llegando a casa del trabajo, antes de entrar escucho voces y gemidos, entre en silencio y me doy cuenta que esos ruidos venían de la habitación de mama, me acerque y la veo sentada sobre la pija de un asqueroso vecino, al instante la pija se me paro y comencé a tocarme, a un lado mío veo sobre la mesa un dinero y entendí por qué estaba pasando eso, el tipo seguía gozando mientras mi madre cabalgaba encima de él. Metí mi mano debajo del pantalón y comencé a masturbarme, no mucho tiempo después el vecino dando un fuerte grito señala que había acabado, yo retrocedí sobre mis pasos y aparentando que recién entraba a la casa hice algo de ruidos, al llegar al comedor veo salir al vecino luego mi madre sale por detrás me saluda y mirando el dinero me dice:

    -¡lo necesitábamos!

    Me miro el pantalón y yo tenía el bulto enorme que no podía ocultar así que para disimular me senté a la mesa, ella se sentó a mi lado y colocando su mano sobre mi pantalón ya empapado en líquido preseminal comenzó a acariciar con dos dedos la cabeza de mi pene, cerré los ojos y tire la cabeza hacia atrás disfrutando aquel momento, continuo acariciándole hasta empaparme el pantalón en semen, de repente siento que se para y se va a su habitación. Yo me pare y fui a bañarme al salir del baño llego al comedor y me llama desde su habitación, al entrar estaba acostada ahí me arrodille en el piso al lado de su cama y me dijo:

    -¡quiero enseñarte a darle placer a las mujeres en todas sus formas!

    Tomo mi mano y la llevó a su entrepierna y comencé a acariciarla lentamente, ella cerro sus ojos y poco a poco comenzó a disfrutar aquel momento mientras movía su cuerpo y comenzaba a gemir con suavidad. Mi mano se empapaba en sus líquidos y cuando le metí un dedo en la vagina largó un fuerte gemido y comencé a comerla con el dedo hasta que se retorcía de placer y me pedía que terminara de acariciar su empapada concha…

  • Nunca pensé que la prostitución sería mi salvación

    Nunca pensé que la prostitución sería mi salvación

    Me había quedado sin trabajo y debía dos meses de alquiler, el dueño del departamento me había dado el ultimátum, una noche salí a la calle a despejarme, caminando sin rumbo llegue a la zona roja sin darme cuenta, prostitutas y travestis me ofrecían sus servicios, en un momento para entretenerme decidí seguirle la corriente a una de ellas y le pregunte cuanto cobraba por un servicio completo y me dijo que cobraba 1000 pesos lo que era la mitad del alquiler que yo pagaba por mes.

    Continúe caminando y decidí salir de esa zona, ya a una cuadra de la zona roja me senté en una escalinata a pensar en mi problema, luego de un rato levanto la cabeza y veo pasar un auto con un matrimonio, rato después pasan otra vez, sin que me llamara la atención seguí pensando en mi problema y minutos después pasan otra vez, detienen el auto frente a mí y me llama el hombre, yo pensé que estaban perdidos pero al acercarme el hombre me pregunta cuanto cobro, por un instante los mire, él tenía unos 60 y ella unos 40 años, y le pregunte qué servicio deseaban y él me dijo que era para estar con ella mientras el miraba, recordé el previo que me dio una chica rato antes y le dije 1000 pesos y acepto.

    Me invitaron a subir a su auto y fuimos a su casa ella demostraba confianza y estaban distensionados pero yo estaba tensionado porque no sabía que podrían querer en realidad. Al llegar a su casa me invitan un refresco mientras se empezaban a desnudar y luego pasamos a la habitación, ella se acostó y comencé a besarla y acariciar su cuerpo, a medida que me daban confianza me fui animando cada vez a más, y comencé a chuparle la concha, que no tardo en ponerse jugosa, luego ella me pidió que la cogiera y me acosté boca arriba y ella sentada en mi pene comenzó a cabalgar sobre mí, mientras cogíamos él se acercó y su pija comenzó a ponerse dura y ella sorprendida se alegró, el acerco su corto pero grueso pene y ella comenzó a chupárselo, ella jadeaba cada vez más y más sus jugos chorreaban por mis testículos hasta llegarle a mojar el ano, rato después ella dando un fuerte gemido de placer soltó una catarata de líquidos sobre mí, luego se paró y dijo que iría al baño, cuando ella salió de la habitación el hombre me dijo que si quería ganar un plus mientras me tocaba la pierna y miraba mi pija, le dije que sí que quería y al instante inclino su cabeza y comenzó a chuparme la pija, poco a poco acerco su pija a mi cara intentando que se la chupara entonces le dije que si redondeados dos mil pesos tenía todo mi cuerpo, dijo que si y al instante comencé a chuparse la poniéndosela cada vez más dura.

    Minutos después regresa su mujer y se sienta en una silla a mirarnos mientras tocaba sus pechos y su concha, la pija se ponía cada vez más tiesa y comencé a moverme hasta quedar encima de él, con mi pija en su boca me incline hacia su mujer y le pedí que se acercara, ella se acercó y le cedí el lugar sentándose sobre la pija de su marido, ella comenzó a gozar y gozar, yo me incorpore y comencé a masturbarme frente a los dos hasta que el comenzó a eyacular combatiendo su impotencia sexual.

    Dejándolo a los dos satisfechos me pagaron y quedamos en un próximo encuentro.

  • El coño de mami

    El coño de mami

    José tenía 18 años cuando sus padres se separan. Él era el único hijo y su padre se fue lejos con una mujer del trabajo. Así pues, él vivió con su madre. Su madre, Rosario era una mujer atractiva, especialmente teniendo 40 años. Ella tenía problemas óseos y por eso iba a una terapia física 3 veces a la semana. Él medico recomendó que se diera masajes tres veces al día. Un masajista profesional era absolutamente costoso, y ella no podría realmente costearlo. Entonces José le comenzó a dar masajes a la parte posterior de su madre para rehabilitar sus huesos. Él aprendió rápido a dar masajes, su madre agradecida. Le había estado dando masajes por más de 2 meses, cuando sucedió.

    Rosario acababa de salir fuera de la bañera después de un largo y agradable baño en el agua caliente. Ella se puso su traje de la tela de raso y salió del cuarto de baño. Fue a su dormitorio, y en vez de bajar el traje como lo hacía normalmente, por una cierta razón, ella la quitó.

    Ella puso en la cama, y gritó:

    —José.

    José fue hacia su dormitorio enseguida. Él se montó un poco más abajo que el trasero de su madre a horcajadas y comenzó a trabajar en ella. Ella gimió suavemente mientras que él la acariciaba. Le dio masajes en los hombros y parte en la espalda, mientras hacía eso, él oscilaba lentamente hacia adelante y hacia atrás, inconscientemente frotando su entrepierna contra el trasero suave de Rosario.

    Su pene joven comenzó a responder, pues él lo frotó contra ella. Su joven pene, de 17 centímetros estaba completamente duro, se salía de su bóxer, lo continuó frotando contra la grieta de las suaves nalgas. Ella gimió suavemente, y comenzó a mover lentamente sus caderas. Eso excitaba a José absolutamente, él vio una gotita relucir en la cabeza hinchada de su joven pene. Actuaba como un lubricante y su pene resbalaba a lo largo de las nalgas de su madre.

    Rosario se tensó y gimió. José, rápidamente se asustó y tirando de su pene intento ocultarlo en su ropa interior.

    —Oh bebé, no pares —ella gimió.

    José saca su pene y comenzó a frotarlo desnudo y grueso entre las piernas de ella. Él podría sentir la humedad y el calor de su coñito. Rosario gimió mientras que ella sentía el pene duro de su hijo resbalando a través de sus labios jugosos. Él frotó la cabeza hinchada contra su agujero mojado, logrando que su madre empuje contra él. La cabeza del pene resbaló adentro y ella gimió en alta voz.

    Él empujó y difícilmente resbaló completamente adentro del coño apretado. Rosario gruñó, y movió sus caderas debajo de él. Comenzó a cogerla lentamente.

    —Oh bebé, oh mi dios. —ella gimió.

    José gruñó con el coño de su madre apretado alrededor de su pene. Movió las caderas lentamente, conduciendo su pene grueso profundamente en ella.

    El cuerpo de Rosario comenzó a temblar, y ella gimió en alta voz mientras que ella se venía. Sus labios sostenían firmemente el pene de su hijo. José comenzó a coger más rápido, sus bolas daban una palmada contra su cola suave.

    —Oh bebé, mi dios, acaba para mí —ella gritó.

    —Mmmm, el coñito de mami parece un terraplén dulce con su acabada. —dijo ella.

    José gimió cuando el primer chorro de semen llegaba como un jet caliente, entrado este en erupción dentro de ella.

    —Mami acabooo —dijo José.

    —Si bebe acaba, dale a mami toda tu leche.

    Rosario gimió, y culminó otra vez, pues ella sentía la ráfaga arrojada a chorros adentro de ella.

    —Mmmm, sí bebé, que caliente y bueno esta tu leche.

    José empujó furiosamente dentro del coño de su madre, vaciándole el último chorro de semen.

    —Si madre que bueno esta esto —exclamo José

    Rosario resbaló rápidamente debajo de él, y tomó su pene grande entre sus labios.

    José gimió mientras que se sentía la lengua materna resbalar a través de su cabeza sensible.

    —Oh mama —él gritó, empujando contra su boca hasta llegar a rozar los pelos en la cara de su madre, ella lo aceptó llegando profundamente en su garganta.

    —Sí mamá, dale por favor.

    Ella hizo un giro rápidamente y sus caderas se montaban en la cara joven de su hijo a horcajadas. Ella bajó su coño goteando contra su boca, eso hizo que José empujara hambriento su lengua dentro de ella. Estaba excitado, lamiendo a su madre y sintiendo su semen gotear del agujero caliente.

    Él traslapó la vagina de su madre hasta llegar a su clítoris, jugando con este le hacía pegar unos alaridos que escucharían los vecinos.

    Rosario movía su boca hacia arriba y hacia abajo en el pene de su hijo. Ella saboreaba los jugos jóvenes que quedaban sobre ese mástil que tenía José. La lengua de José resbaló profundamente dentro del agujero apretado, y la meneó juguetonamente adentro de ella.

    Rosario movió su boca rápidamente arriba y abajo del pene grueso de su hijo, pues ella sentía acercarse al orgasmo.

    —Esperanza de dios acaba conmigo —dijo ella.

    Su coño estaba llegando al éxtasis. Ella movió las caderas rápidas, frotando su coño contra la boca de José.

    —Dale José mueve tu lengua que estoy acabando dale —grito Rosario.

    Él probaba la dulce acabada de su madre, haciendo que el también llegara hasta su punto máximo.

    —Si madre toma mi leche, es toda para vos, daaaale mami, esto es grandioso —Él gruñó mientras que había comenzó a arrojar a chorros en su boca talentosa.

    —Si José dale a mami todo tu lechita, que le gusta mucho —trato de decir claramente, mientras traba el semen de su hijo.

    Él empujó hacia arriba su pene para acabar en la garganta de su mama. Rosario engulló encima sus dulces chorros sintiendo salpicaban contra la parte posterior de su garganta. Esto hizo que su coño orgasmeara otra vez.

    José la cogió rápidamente con su lengua y frotaba su clítoris hinchado con su dedo del índice. Ella jadeó, sacando el pene de su boca, lo tomó con su mano, y furiosamente lo frotó sobre su cara, mirando como la crema blanca terminaba de salir del pene de su hijo.

    —Oh bebé, dios mío, estoy tocando el cielo con las manos.

    Rosario ascendió hasta la cara de su hijo y tirándolo hacia ella. Sus labios se tocan ligeramente como besándose con miedo. Él se subió encima de ella y presionó su pene contra su vagina, que resbaló fácilmente.

    José empujó su pene profundamente dentro de su madre, haciendo su quejido en alta voz.

    —¿cuántas veces puedes acabar?

    —No sé, mama —él susurró mientras que comenzó a cogerla.

    Rosario envolvió sus piernas largas alrededor del joven, sosteniéndolo profundamente adentro de ella. Él presionó su boca sobre la suya y empujó su lengua contra su madre. Se besaron apasionado mientras que él bombeaba lentamente dentro y fuera de ella. La mente de Rosario se nubló cuando su orgasmo la golpeó. Ella gimió y golpeó violentamente debajo de él. Él sentía su coño apretar alrededor de su pene haciéndolo acabar en ella. José continuó bombeando hasta derramar todo dentro de su mama mientras que se besaban.

    José se puso al lado de ella y Rosario lo sostuvo firmemente mientras que cayeron dormido.

    Rosario se despertó temprano por la mañana con el pene duro de José presionando firmemente contra ella. Ella alcanzó por detrás, agarrando el eje grueso, lo sostuvo firmemente en su mano y comenzó a frotarlo ligeramente. José seguía dormido mientras que ella se deslizo debajo de las cubiertas y lo tomó en su boca. Ella lenta y suavemente aspiraba su pene. Inhalación el olor de su hombre joven. Llevo una mano hasta sus testículos y ligeramente la ahuecaba, estaba sintiendo como se llenaban de leche en su boca.

    José se despertó con su pene en lo profundo de la garganta de su madre. Ella miraba para arriba a su hijo joven, hermoso y continuó aspirándolo. Su lengua resbaló arriba y abajo del eje que pulsaba grueso, haciendo gemir en alta voz.

    —Mama por dios que despertar más lindo. —Él grito.

    Rosario sentía su pene palpitar, como su caliente semen entraba en erupción en su boca.

    Rosario tragó hambrienta cada gota sabrosa, haciendo al cuerpo joven de su hijo gravitar violentamente. Él empujó contra su boca, vaciando toda su leche en ella. Rosario movió su boca arriba y abajo de su pene puliéndolo hasta que las gotitas restantes hubieran desaparecido.

    Ella subió hasta el respaldo y besó a José.

    —Mmmm, que bueno este desayuno que me da mi muchacho, mi bebé, mi sueño.

    José todavía le da masajes a su madre y su esposa, lo piensa es un hijo realmente bueno, para hacer viajes diarios hasta la casa de su mama para darle masajes. Poco ella sabe de todo lo que pasa.

  • Segundo clandestino. Primera venganza

    Segundo clandestino. Primera venganza

    En la historia pasada conté mi escapada con un casado, Misael, y como tuvimos sexo en el estudio de su propia casa. Yo quería volver a estar con él. Esta vez lo iba a dejar hacerme cualquier cosa que él quisiera. Lo iba a dejar que me penetrara. Perdería mi virginidad con él. Lo había decidido.

    Me imaginaba desnuda frente a él. Pensaba en abrir mis piernas para invitarlo a penetrarme, o me imaginaba estar boca abajo y sentirlo que se aproximaba a penetrarme desde atrás. Casi podía venirme de imaginar que sentía su verga resbalando en mi vagina. No imaginaba ni el lugar ni besos ni abrazos. Sólo pensaba en su verga en mi vagina mojada.

    Aquel domingo cogimos sin haberlo planeado y los días siguientes nos estuvimos mensajeando pero él se notaba que no quería dejar evidencia en su teléfono. Los jueves a media tarde le tocaba actividad en las oficinas de la iglesia. Decidí buscarlo en persona como que encontrándolo casualmente, para darle la sorpresa. Como no era día de iglesia me puse una minifalda de mezclilla y una playera cortita. Caminé por la zona y muy suertuda me lo encontré con varios compañeros del otro grupo saliendo de la tienda de la esquina. Ninguno de los de ese grupo eran mis amigos y eso me pareció que facilitaba las cosas para el encuentro porque sólo él y yo nos conocíamos. Pero no fue así. Fue obvio que Misael me vio y volteó la mirada para otro lado. No es que estuviera enamorada ni nada pero tampoco era como para portarse así. Ni siquiera le volví la buscar la cara. El mismo día me volvió a mandar mensajes pero ya no le hice caso. Creo que aunque no había sentimientos de por medio, el orgullo me caló más. Yo siempre había cortado a mis parejas y nunca me habían hecho un desplante así. Él insistió varias semanas. Varias veces al día me mandaba mensajes o me marcaba pero yo ya no le hice caso. Algún problema tuvo con su esposa porque apenas dos meses después todos supimos en la iglesia que ella se había ido a otro estado y él la siguió semanas después y se quedó a vivir con ella en otra ciudad. Nunca averigüé más. Cuento todo esto para que se entienda lo que pasó 2 años después.

    Yo ya tenía 21. Y el Facebook comenzaba a ser de uso común. Y un buen día me buscó. No me pidió amistad pero me empezó a escribir. Yo le seguí la corriente a sabiendas de que no estaba cerca. Un día me dijo que iba a mi ciudad a finiquitar por fin la venta de su casa y dijo que quería verme. Yo ya tenía novio casi desde poco después de aquella vez que Misael me tuvo encueradita en su propia casa. Tampoco quería mucho a mi novio pero obvio, gracias a la relación formal ante mis papás cogía con tanta regularidad como necesitaba. Sin embargo, no me parecía mala idea ver a Misael sólo por sacarme la espina de consumarlo como alguna vez lo imaginé.

    Desde el principio le dejé claro que lo vería sólo una vez. Sin perder el tiempo. Y le dejé claro que yo tenía mi novio así que no me iba a andar exhibiendo con otro.

    El día acordado me citó en un hotel. Yo llegué en taxi. Me estaba esperando en calzoncillos y eso tuvo un efecto negativo en mí. Me pareció arrogante que estuviera casi desnudo. Recordé su desplante y decidí usarlo a mi gusto pero darle una lección.

    Se me acercó así en calzoncillos, ya con una erección en ciernes y me abrazó. Yo tenía muchas ganas y de verdad se me antojaba que me pusiera una buena cogida.

    Me besó en la boca y yo correspondí una vez. Se me separó para mirarme. Yo llevaba una falda short a medio muslo y dos blusas. Una interior y una blusa amplia sin abrochar.

    -sigues tan hermosa como te recordaba.

    Yo simplemente sonreí.

    Me dijo:

    -¿Quieres ponerte cómoda?

    -¿te refieres a desnudarme? -le pregunté con cierta sorna.

    -claro -me respondió.

    Yo decidida a divertirme le dije

    -¿y por qué no me la quitas tú?

    No le dije 2 veces.

    Se me acercó con una erección aún mayor y eso me excitó pero estaba decidida a mantener todo bajo mis términos.

    Me sacó las blusas con mi ayuda y disfruté su mirada cuando descubrió que no llevaba sostén. Gocé dejándolo que me desabrochara el cinturón y la falda short. Cuando la bajó aprovechó y jalo mi pantaleta al suelo también. Admito que me sentía mojada. Tampoco iba a dejar de disfrutar en mi desquite.

    Ya teniéndome desnuda me llevó a la cama casi cargando y yo lo dejé hacer.

    Me depositó sobre la cama y comenzó a besarme y empezamos a fajar. Yo no perdí el tiempo. Con una mano comencé a bajarle el calzoncillo pero lo dejé medias por concentrarme en trabajarme su verga.

    Me dio la impresión de estar muy desesperado. Me manoseaba por todos lados con desesperación. Y rápidamente trató de penetrarme pero yo no lo dejé. Me miró sorprendido. -¿Cómo le haces para cerrarte así?- me preguntó.

    -Calmado -le dije- no tan rápido.

    -sabes que me masturbé en la mañana pensando en cogerte y ni así se me han quitado las ganas?

    -me halagas mucho y yo también quiero coger pero quiero bien y sin prisas.

    Acto seguido me bajé hacia su verga y comencé a hacerle un oral. Él rápidamente hizo que nos acomodáramos en 69. Debo admitir que lo disfruté porque a mi novio no le gustaba que yo le hiciera orales y por tanto no había sesenta y nueves.

    Tener su vergota en mi boca mientras sentía su lengua tratando de meterse en mi vagina me hizo venirme muy rico y fuerte.

    Cuando el vio que me venía se levantó y me observó mientras se masturbaba.

    Siguió ahí muy paciente admirándome.

    Al final cuando me recupere me dijo:

    -no sabes cuántas veces me he masturbado recordando lo rico que te mueves y gritas cuando acabas.

    Me dio risa y lo reté:

    – y no quieres ver cómo me vengo con tu verga adentro de mi vagina?

    Me miró como sin saber qué hacer y yo comencé a disfrutar retarlo.

    -¿quieres penetrarme?

    -¿aquí mismo? -Le pregunté separando y flexionando mis rodillas.

    -¿quieres meterme tu verga?

    Sin darle tiempo a nada me rodé sobre la cama quedando boca abajo para luego levantar mi trasero hacia él:

    -¿o me quieres agarrar en cuatro?

    Apenas estuve así un momento. No quería que me penetrara sin verle la cara así que rápido volví a ponerme boca arriba.

    Él ya se me acercaba con su verga en ristre poniéndose el condón. Me tomó de los tobillos levantando mis piernas y me jaló para dejar mis rodillas al borde de la cama. Separó mis piernas y con cada mano acarició mis muslos suavemente hasta que una de sus manos terminó entre mis piernas. Presionó con toda la palma de la mano y yo me sentí estremecer y dejé escapar un gemido. Acto seguido volteó su mano y delicadamente deslizó sus dedos por fuera haciéndolos resbalarse adentro de lo húmeda que estaba. Yo separé más las piernas para que supiera que eran bienvenidos esos dedos. Sin embargo apenas los movió un poco.

    -estás mojadísima -me dijo sacando los dedos para tomar mis pies y ponerlos sobre sus hombros. Yo casi me sentía venir a sabiendas de lo que venía. Sentí como me rozaba los labios con su miembro cada vez con más fuerza. Yo estaba mojadísima y deseaba sentirlo adentro. Empezó a empujar hasta que finalmente empezó a separar mis labios penetrando mi vagina. A pesar de lo enorme que estaba sentí rico porque estaba muy mojada. Dejé escapar en gemido y hacerlo me ayudó a relajarme. Sentí que penetraba más y más hasta que empezó a moverse rítmicamente. Sin bajar mis piernas de sus hombros pasó sus manos por los lados y comenzó a masajear mis pechos tomando mis pezones entre sus dedos, dejando caer todo su peso sobre mis piernas lo que no me importó porque sólo estaba atenta a su verga resbalando en mi vagina. Casi de inmediato comencé a venirme. No recuerdo mucho esa parte porque fue un sólo orgasmo largo largo largo. Muy rico. Recuperé mi conciencia y Misael seguía moviéndose encima de mí. Fue hasta ese momento que caí en cuenta de que no se había venido aún. Le dije

    -no te vengas adentro, todavía no.

    Me dio unos empujones más que casi me hicieron olvidarme de mi plan.

    Me levanté y de pie comencé a besarlo en la boca mientras lo masturbaba con mi mano.

    De pronto me dio la vuelta y me puso en cuatro en la cama.

    -no te vayas a venir adentro -le dije.

    -no te preocupes -me dijo al tiempo que me separaba las nalgas y empezaba a sentir que me abría mis labios con esa verga suya. Me tomó de las caderas y empezó a moverse. Yo sentía su penetración tan adentro como nunca. Adentro afuera más adentro afuera adentrísimo. Resbalando en mi humedad. Comencé a venirme delicioso de menos a más como muchos chiquitos hasta que de repente exploté en espasmos que salían de mi vagina a todo el cuerpo. El seguía empujándome. Casi había dejado de pensar en su eyaculación. Me dejé caer en la cama a relajarme y el hizo lo mismo tumbándose a mi lado.

    Nos quedamos ahí un momento. Yo estaba boca abajo y él estuvo manoseando mi trasero. Nos fuimos tranquilizando.

    -muy rico -me dijo- y tú estás buenísima aparte de bonita.

    Yo estaba ya tranquila.

    -voy al baño y regreso -me dijo.

    Yo aproveché y me vestí rapidísimo. Cuando salió venía de nuevo con su erección y un condón nuevo en la mano.

    -¿qué pasó muchacha? -me miró sorprendido al verme ya vestida y poniéndome las sandalias.

    -ya se me hizo tarde -le dije- estuvo muy rico pero sí necesito irme.

    Me detuvo de camino a la puerta y me jaló hacia él.

    -no seas cabrona, no me dejes así.

    -de verdad me urge irme, no había visto la hora- le dije sin inmutarme y seguí mi camino a la puerta.

    Lo último que escuché fue:

    -¡cuando menos hazme una puñeta!

    Debo aceptarlo. Salí de ahí deseando que me penetrara otra vez. Que me penetrara sin condón. Quería que se vaciara adentro de mi vagina. Quería sentirlo explotar en chorros calientes mientras me asía el trasero amasado con sus manos. Quería sentir que todo escurría por mis piernas.

    Su semen hubiera redondeado la cogida pero pudo más el deseo de desquite. 2 años atrás me dejó con las ganas de su verga. Ahora yo lo dejé con las ganas de venirse.

  • Nuestra amiga argentina ahora de puta vip

    Nuestra amiga argentina ahora de puta vip

    Hola hermosos.

    En las webs de contactos siempre tengo muchas propuestas, a las que no suelo hacer caso, pero.

    Pero hubo uno en particular que me llamó la atención por su forma de expresarse, sumamente correcto, seductor, nos cruzamos varios mensajes y me dice que no tiene ningún problema económico y lo que a él lo excita más es pagarle a pendejas como yo para que se prostituyan con él.

    Me dijo que ya lo había hecho un par de veces, y que la idea de él no era solo coger sino conocerme, entonces me dice que me pagaba por cenar con él en un hotel de Retiro, bah digo el nombre, no tiene nada de malo, el Marriot, un hotel carísimo, y después ir a la habitación, si solo cogíamos era un precio, y si me quedaba toda la noche era otro.

    Yo, siempre dije que no tengo problemas de $$, pero esto era mucho, me pagaba en US$, le pregunté, porque con esa plata no pagaba a un gato profesional, y me decía que lo que me ofrecía a mí, le sobraba para pagarle a un gato, pero a él le excitaba cogerse pendejas, como dice él “chetitas, con plata, y hacerlas putas”.

    La idea me quemaba la cabeza, hacía solo dos días que veníamos hablando, eso iba a ser sentirme ¡una puta de verdad!, ¡no era joda! Ayer a la mañana, me manda un mensaje, para que me decida por sí o por no, si no ya tenía otra pendeja que seguro le decía que sí, y me puse como me pongo siempre, nerviosa, camino de acá para allá, porque por un lado me gustaba tanta $$$, y ser de putita, y por el otro me daba cosa, Al final de dije que sí, porque ya me pagaba por cenar y conocerme y si no había onda me iba.

    La cosa es que me pidió, oigan esto: que me vaya vestida elegante, sensual, con un vestido corto, ¡pero no como una puta!

    Bueno, obvio que así de casa no podía salir, voy a la casa de mi amiga, me pongo un vestidito negro que use para un casamiento, que es cortito pero no mucho como para que se me vea la cola, con un saquito.

    La verdad es que estaba nerviosa, no sabía cómo iba a terminar la noche, o si, lo sabía pero no quería ni pensarlo, pero la idea me excitaba, me ponía nerviosa y me calentaba, todo junto.

    Me tomo un taxi, y cuando llego al hotel, él me había dicho que preguntara en la conserjería por el Dr. XXXX, de la habitación XXX, claro de algo no me había dado cuenta, todos me miraban como un gato, ¡y si!, si estaba haciendo el papel de un ¡gato fino!, eso como una boluda ¡no lo había pensado! Traté de no pensar en lo que hacía, porque si lo pensaba salía corriendo, me sentía como una boluda haciendo de algo que no soy, pero todo eso ¡me daba adrenalina!

    Lo único que pensaba era en no encontrarme con un conocido de mi familia, ¡qué sé yo!

    Bueno, la cosa es que baja y la verdad estaba mejor que en las fotos que me mandó, tendría unos 55 años, pocas canas, muy bien vestido, bronceado, pinta de putañero.

    Primero vamos a tomar algo y después a cenar, lo que más me incomodó o me llamó la atención es lo que dije recién, todos me miraban como un gato, eso no lo había pensado.

    Durante la cena hablamos millones de cosas, la verdad es que es un tipo súper seductor, me hizo sentir muy cómoda, ya terminando la cena, me dice que él no quería que actuara como un gato, porque no lo era, pero que quería que mi cuerpo fuera suyo, quería gozarme, besarme, verme desnuda, que no me iba hacer nada que yo no hubiera hecho, no sé, todo eso me provocó una sensación rara, mezcla de calentura y miedo por lo que no sabía cómo iba hacer, me pregunta que es lo que quería hacer, y como una buena puta le digo “estar con vos”, ya estaba jugada.

    Subimos a la habitación, ¡la puta qué habitación!, ¡enorme!, él se sienta en un sillón y me pide que me desnude, ¿eh?, y me cagó, porque me dijo:

    -No te olvides que aparte de pasarlo bien estás trabajando y yo a la gente que contrato quiero que hagan el trabajo lo mejor posible, por eso pago mucho.

    No me quedó otra, la verdad me daba cosa, a mí no me jode ponerme en bolas, pero cuando estoy caliente, así de la nada me da un poco de vergüenza, pero ya me había pagado, ¡qué iba a hacer!

    Me saco muy despacio el vestido, el corpiño, la bombachita y los zapatos y me dice que me quede quieta que me quería ver así, desnuda… Después me pide que me acerque al sillón donde estaba sentado, y me acaricia todo el cuerpo, mi cola, mis tetas, mis piernas, con mucha delicadeza, como apreciando cada parte que tocaba, se detiene en mi concha y se queda unos minutos con su mano ahí, hasta que nota que me empiezo a mojar, obvio, ¡me estaban tocando la chonchita! Y me empieza a besar suavemente las tetas.

    Todo esto ya me estaba calentando, estaba desnuda frente a un tipo que me pagaba para coger… estaba cumpliendo otra locura… y quise tratar de hacerlo lo mejor que pude.

    Después, como una buena putita, me agacho, le empiezo a tocar la pija sobre el pantalón, hasta que veo que está bien dura, entonces le empiezo a desabrochar el pantalón, y busco mi premio, lo acaricio, lo beso y le empiezo a chupar la puntita, bueno él se saca los pantalones y le pego una buena chupada, después de eso ya los dos desnudos vamos a la cama y me empieza a coger, me pide que me ponga arriba de él, y empiezo a cabalgar arriba de él, la verdad es que me hizo calentar mucho todo, a tal punto que acabe, ¡si acabé en serio!

    Me siguió cogiendo en otras posiciones hasta que me pide que me ponga en cuatro, y como me quería hacer bien la putita le pregunto “¿me querés hacer la colita papi?” me dice que sí ,y le digo que es toda tuya bebé, se ve que esto lo puso loquito, porque me empezó a meter la lengua en la cola, me la chupaba como si fuera la conchita, yo no fingía mis gemidos, me estaba haciendo calentar mucho, y cuanto más me hacía la puta diciéndole cosas como “haceme así papito, dale que me gusta, metémela en la colita”, más se calentaba, hasta que para ser sincera me rompió bien la colita mientras me decía si así me gustaba, y yo le decía que sí, que me rompa bien la colita que era suya, no sé todo ese juego me hizo poner muy calentita, tanta era la calentura que casi ni me dolió cuando me la puso, era puro placer hacerme bien la puta, porque aparte estaba haciendo de puta.

    Pero él no había acabado, me pide que me arrodille y que se la chupe hasta que acabe, y otra vez mientras se la chupaba lo miraba y le decía si así le gustaba, y se ponía reloco, me termino acabando toda la lechita calentita en la boca.

    El trato que habíamos hecho era que si me quedaba a dormir con él me pagaba más, entonces le digo que me iba a quedar a dormir con él. Como todo un caballero me dice que no hacía falta, que hoy se levantaba muy temprano, igual me pagó como si me hubiera quedado a dormir, me dijo que me había portado como una puta hermosa, pero que no se volvería a poner en contacto conmigo, porque a él lo que le gusta era hacerlas puta por primera vez, y me dice:

    ”Vos ya sos una putita, ya lo hiciste” y la verdad, tenía razón.

    Lo más loco es que me pide un taxi, y el taxista en el camino, se da vuelta, medio me asusté, me mira las piernas y me dice que él siempre va a buscar a las chicas que “TRABAJAN” en el hotel, si yo era nueva ahí (¡me confundió con un gato!) no se… me sentí muy puta cuando ¡me dijo eso!, me imaginé que se habrá puesto a pensar como me habían cogido, no sé, esas cosas me calientan mucho.

    Bueno hice algo que jamás, jamás pensé que haría, y la verdad no sé si lo volvería hacer, y cuando digo no sé, quiero decir que por esa $, a lo mejor lo haría de nuevo, me gusto lo que sentí trabajando de “puta vip”.

  • Cris y Nerea (Parte II)

    Cris y Nerea (Parte II)

    Permanecí tendido en la cama mientras pasaban por mi mente todo lo acontecido y las comparaciones de madre e hija. Dando por supuesto la diferencia de edades entre las dos, podrían pasar casi por hermanas, vestidas su parecido físico eran muy acentuado aunque implicaba ciertas variaciones cuando estaban desnudas, por la espalda ambas bajo las caderas y unos buenos muslos con culos muy parecidos redondos, subidos, con nalgas bien definidas y separadas, aunque en Nesta naturalmente más maduro, unas nalgas que protegían el ano y que incitaban a su penetración, por delante las dos tenían unos pechos sin ser muy grandes pero si generosos que en Nesta aún se sostenían con turgencia, la gran diferencia estaba por debajo del vientre, Cris con el pubis y sexo completamente rasurado y como si fuera un corte de bisturí entre los muslos marcando la hendidura de una vagina que se abultaba cuando era excitada, mientras en Nesta una abundante mata de pelo cubría desde el pubis a la entrada del ano y entre la espesura unos labios vaginales que excitados parecían las puertas de entrada a la cueva donde se escondía el preciado tesoro de un pronunciado clítoris.

    Estaba con mis pensamientos con los ojos cerrados y no me apercibí de su presencia al pie de la cama.

    – Esto ha sido una locura ¿por qué ha pasado?

    -Bueno… en realidad… no soy quién para explicar nada. Ni yo mismo podría explicar bien que pasó. Sólo te puedo decir que no es ninguna tragedia, somos adultos ¿no?

    -¿No es ninguna tragedia? adultos… ¿Qué adultos?

    -No sabíamos adonde íbamos a llegar… pero te ha gustado ¿si o no?  -dije, tratando de minimizar las cosas, se había envuelto en una toalla pero no se había desprendido ni del collar ni de las muñequeras ni de las tobilleras. Mi reacción intempestiva, ciertamente admonitoria, pareció calmarla.

    – Pero yo soy su madre y me he comportado como una puta… -dijo con cordura-. Me pueden pasar esas cosas, algunas a las que seguramente tengo derecho… pero no puedo cometer estos errores.

    Comprendí que se había empezado a derrumbar, empezaba a tomar conciencia de todo lo que había ocurrido.

    -¿Seguro que te ha gustado y disfrutado cometiendo ciertos errores?  -pregunté, acuclillándome frente a ella.

    -La verdad que sí, pero… me siento como un animal en celo.

    -Las perversiones y el deseo sexual está latente en cada poro de tu piel y no te tiene que importar expresar tus deseos y lo que quieras hacer.

    Alargué la mano por entre la toalla y empecé acariciarle las piernas, con la palma despacio apenas rozándole el vello y con el pulgar entre los labios alcanzando el clítoris. Cayo la toalla, tomó una brusca inspiración, gimió y las piernas casi se le doblaron. El dedo se deslizaba dentro y fuera. Le rodeé la cintura con un brazo para sostenerla, mientras aumentaba la presión en su palpitante centro. Sus piernas se abrían pude hundir el dedo hasta alcanzar un punto que la hizo jadear. Noté las primeras contracciones de la vagina y en vez de continuar con el juego, lo saqué totalmente mojado y emprendí el camino al perineo y más allá, hasta encontrar el principio de las nalgas, las sujeté con las palmas y hundí los dedos entre ellas separando ambos cachetes. Coloqué la cara entre los muslos abiertos, la lengua ascendía por el perineo para a continuación empezar a recorrer lentamente el canal entre ellas. Se tensó bajo aquellas caricias en el ano.

    -Tranquila, si quieres lo dejo.

    -No… no… Continúa.

    -Cuando digas basta, sólo quiero jugar un poco.

    -Adelante -asintió.

    Continué deslizando la lengua por la grieta entre las nalgas evitando certeramente el rosado orificio mientras dos dedos volvían a masajear el clítoris.

    -No, no, follame por favor -Gimió, reclinándose sobre mí.

    -Relájate y túmbate en la cama boca abajo.

    Siguió las órdenes, hundió el rostro en la almohada. Al poco se volvió para mirar qué estaba haciendo.

    -No te muevas -le dije en voz baja.

    Volvió a esconder la cara. Quería observar su cuerpo y comprobar hasta qué punto estaría dispuesta a obedecer, deje pasar unos minutos más sin hacer nada. Volvió a darse la vuelta. Esa vez, respondí dándole unas palmadas en las dos nalgas.

    -¡Ayyyy! -exclamó.

    -Te he dicho que no te des la vuelta -le advertí con voz autoritaria.

    Obedeció y pasaron más minutos agónicos sin ningún movimiento. Le acaricié el trasero en el punto donde la había golpeado y deslicé los dedos entre la canal de las nalgas. Intentó incorporarse.

    -No he dicho que pudieras moverte.

    Ella volvió a tumbarse apoyando de costado la cara esta vez entre sus brazos. La sorprendí con nuevos cachetes, esta vez más fuerte. Se mordió el labio y luego soltó entre dientes algo ininteligible.

    -Me apetece darte un masaje.

    Me unté las manos del aceite y pasé un largo rato desde el cuello hasta los pies, después me centre en los muslos, de manera más suave, dentro fuera, de otra forma y con otra intención. Seguía boca abajo y le separé bien las piernas.

    -Dime en qué estás pensando.

    -No estoy pensando en nada.

    Me coloque sentado en sus talones, me incline y con la lengua recorrí toda la largura de sus muslos por dentro, chupando con suavidad, con veneración hasta el final, enterrando la lengua en el entramado de pelos que cubrían ambos orificios.

    -Me gustaría hacértelo durante horas y hacer que te corrieras una y otra vez.

    -No te detengas, hazlo, soy toda tuya.

    -¿Estás segura?

    -Sí, amo. Mi coño, mi culo, mis pechos… son tuyos para hacer lo que quieras y cuanto quieras.

    La hice colocar apoyando su cara contra la almohada, otra se la coloque debajo del cuerpo, con las piernas encogidas y el culo en pompa, de nuevo uní las manillas con las tobilleras y le separé bien las piernas, la visión era excitante, abiertas las nalgas, entre ellas por la espesura de la mata de pelo sobresalían los labios carnosos y rosados del coño abierto y brillante por la humedad de su excitación, el anillo del ano de un color rojizo oscuro con contracciones tensando las terminaciones nerviosas.

    -Comprendes bien lo de posesión y obediencia.

    -Claro que sí… lo entiendo bien, eres mi amo.

    Busco en la bolsa de cuero negro y saco una fusta, delgada, pero rígida. Es una forma de demostrarle quien es el que manda. Gira la cabeza y sus ojos se dilatan de pronto.

    -Muy bien, vamos a comprobar si te comportas como una sumisa.

    -Pero ¿por qué? ¡Aaaah!

    El primer latigazo cae sobre su trasero. La sensación la recorre desde la base de la columna que es el culo hasta la nuca -Este es el primero. ¿Te gusta?

    -¡No! ¡Ah! La fusta vuelve a golpear. Los glúteos tiemblan.

    -¡Respuesta equivocada! ¿Te gusta?

    -¡Sí! ¡Aaaah! Cae otro azote, ya irracional ante cualquier respuesta.

    -¡Pues entonces pide más! ¡Pídelo!

    -¡Azótame! ¡Dame fuerte! ¡Ponme el culo rojo! ¡Ah! ¡Ah! ¡Aaaaahh!

    Me detengo. Respira con dificultad, su pelo está revuelto, sus piernas tiemblan, su boca queda abierta. Su trasero está como un delicioso tomate. Con la lengüeta de la punta golpeé sobre su coñito. Me coloco de rodillas detrás de ella. Paso la polla por su coño, la tengo durísima, con el capullo de un rojo púrpura y el escroto tenso. La deslicé entre sus nalgas moviéndome arriba y abajo, para que la sintiera.

    Tiré la fusta lejos y me tumbo junto a ella y busco su rostro. Nos miramos por fin sonríe.

    -Delicioso, ¿verdad?

    -Sí, mi amo.

    -Muy bien. Pues aún… aún hay más. Tengo algo que te va a encantar.

    -¿Más?  -dice, asombrada.

    -Sí, pero esta vez dejaré en paz tu culito. Pobrecito, ya tiene bastante.

    Me levanto y voy de nuevo a la bolsa. Ella quiere seguirme con la mirada, lo que sus ataduras le permiten y ver qué es lo que pretendo. Cogí unas pinzas, se las coloqué en los labios vaginales hinchados ya por el deseo. Se tensó unos segundos, pero la veo sonreír y se muerde el labio.

    Acerco mi lengua a su sexo y le lamo a conciencia. Esta deliciosa… succiono su clítoris una y otra vez, introduzco mi lengua por el canal de las nalgas y humedezco el anillo del culo. No puedo evitar el impulso de morder el labio que sobresale de la pinza, consiguiendo que un insulto escape de su garganta.

    -¡Bastardo, hijo de puta! ¡Para!

    -No… una puta como tú se merece esto y más -respondí.

    Ahora unto con vaselina un juego de bolas chinas, son del tamaño de pelotas de golf, los labios continúan pinzados y las froto contra la entrada para lentamente introducirlas en el interior, entre la crema y sus flujos está completamente mojada, sus muslos tiemblan cuando pasado un tiempo extraigo lentamente la bolas y tiro de las pinzas.

    Con un ¡aayyy! un nuevo gesto de dolor, la nalgueo un par de veces más.

    -¿Necesitas que pare, Nesta? Puedes hablar.

    -No -Emite unos berridos apenas humanos. Me aparto y contemplo el espectáculo. Una baba elástica resbala por los muslos.

    -Buena chica -La piel del trasero y de la parte posterior de los muslos le ardía.

    -Deliciosa… Vamos a ver qué más hay por aquí…

    Seguidamente cogí un plug metálico en forma de lágrima, me decidí por el intermedio, lo unté y en cuanto acerco el aparato al ano, sus muslos tiemblan, se convulsiona.

    Ella gimió prolongada cuando el juguete finalmente se abrió camino a través del apretado anillo de músculos que protege su entrada trasera. Por sus movimientos la invasión acarició terminaciones nerviosas que aumentaron en casi una excitación insoportable.

    -¡No, por favor!

    -¿Por favor qué?

    -Necesito correrme.

    -Ni hablar. He dicho que no te vas a correr hasta que yo diga.

    -Oh dios… es tan bueno.

    Le dejo el plug introducido mientras le suelto las pinzas de los labios. La sangre vuelve a correr por ellos y los torna rosados y jugosos… como fresas maduras. No puedo evitar el deseo de chuparlos, lamerlos y morderlos de nuevo.

    -¡Dios, sí! ¡Así… justo así! ¡Follame por favor! -grita retorciéndose.

    -Se lo que estas sintiendo pero tú no tienes que darme ordenes, ¿de acuerdo?

    -Si lo sé mi amo.

    -Quiero oírte gemir como una niña que se ha hecho mucho daño -Le apreté los pechos que colgaban como dos campanas y tirando de los pezones.

    -Estas caliente y lista, levanta la cintura y flexiona bien las piernas -con una mano separo bien sus generosos muslos en primera vista el agujero del culo de rosado oscuro y rodeado de vello, taponado por el plug, completamente húmeda y palpitando la ranura abierta entre los labios vaginales, engrandecidos bajo la espesa pelambre. Está a punto de caramelo…

    -¡Ahhhh, dios! ¡Para mi amo! No podre evitarlo, me corro… -le impedí que cerrara las piernas y le levantó la cintura, todo lo que le permitía al estar presa de las manos. Mientras la observaba espere que se relajase un poco.

    -Oh Dios!!! No podré evitarlo, mi amo.

    -Nada de orgasmos hasta que yo lo diga -sentencio.

    -¡No, por favor! ¡No voy a poder!

    – Claro que podrás

    – Sí amo. Entiendo.

    Ya no puedo esperar más. A la mierda el juego, el castigo y todo lo demás. Le suelto los mosquetones que sujetan las muñecas y la sostengo por las caderas con firmeza. Su respiración es ahora una serie continua de gemidos y jadeos. Ella solloza, ruega desesperada por correrse, pero no voy a dejarla llegar si no estoy enterrado dentro de ella, levanta la cabeza y me mira. Su pelo está desordenado y se ve casi agotado, pero hay un fuego en sus ojos. Esa mirada hace que mi polla se balancee fuerte y palpitante mientras me muevo hacia arriba y me posiciono encima de ella. Mi polla encuentra rápidamente su objetivo. Con un solo empujón, la entro completamente, está doblemente penetrada. Sus ojos se cierren en éxtasis mientras deja escapar un largo y profundo gemido. Su coño se contrae, se convulsiona y agarra firmemente alrededor de mi polla. Empieza a subir las caderas como si quisiera que la follara más rápido, pero resisto el impulso.

    Su cabeza se lanza hacia arriba rápidamente y deja escapar un gemido, mi polla completamente empalada dentro de su coño tembloroso. Consciente de los intensos ruidos de éxtasis que se escapan de su boca, pero casi completamente impotente para controlarlo, baja la cabeza y esconde su rostro en la almohada, empujo dentro y fuera. Mis gemidos compiten con los de ella, mis caderas no pueden cesar su vaivén desenfrenado y cuando su sexo se convulsiona sobre mi polla me arranca el orgasmo que tanto estaba deseando.

    Tumbado a su lado y después de un largo silencio, me acaricia la mejilla, su mano se desliza hacia mi nuca, y sus labios vienen al encuentro de los míos.

    -Estás completamente loco -susurra.

    -No soy tu amo, yo he sido esclavo de tus deseos.

    -Oh dios… ha sido es tan bueno.

  • Nuestra visita a la ciudad de México

    Nuestra visita a la ciudad de México

    Mi familia y yo hemos viajado varias veces a la ciudad de México varias veces, pero esta vez solo fuimos papa y yo, así que decidimos irnos en autobús, por lo tanto viajar en metro para andar por la ciudad.

    Esto que les voy a platicar sucedió un día que íbamos rumbo al centro de la CDMX. Llevaba puesto un leggins blanco, muy delgado, de esa lycra que se adhiere a la piel, ese día a petición de mi papá me depile la vagina por completo y no me puse ropa interior para que no se marcara por lo delgado de la lycra y el color de la misma.

    Nos dirigimos a la estación del metro que es cercana al lugar donde en ese entonces nos estábamos quedando, es la estación escuadrón 201, al caminar yo iba atrayendo las miradas de todos lo que iban a mi alrededor, ya que siempre que uso las leggins blancas o cualquier otro mallón, se me mete tanto por detrás como un poco en la parte delantera, sobre todo cuando no uso ropa interior, marcando la famosa «pata de camello».

    Al llegar a la estación tomamos rumbo a Dirección Garibaldi, al subir las escaleras el andén estaba algo lleno, y al verme con esas prendas muchos querían entrar en el mismo vagón que yo, mi morbo por saber lo que pasaría empezaba a hacer efecto y mi corazón se aceleraba por la excitación, cuando llegó el tren subimos sin contratiempo alguno y en cada parada el metro se llenaba cada vez más, hasta que llegó un momento que subió tanta cantidad de gente, que papá y yo terminamos siendo desplazados hacia el fondo del vagón. En ese momento, note como una mano se posaba sobre mis muslos, me quede como congelada, ya que no esperaba que alguien se atreviera a algo tan rápido, no espero casi nada para entrar en acción, yo mediante señas con la mirada y lenguaje corporal, le hice saber a papá que ya alguien me estaba metiendo mano, por lo que él mediante una mirada y sonrisa me dio toda su aprobación para disfrutar del momento.

    Esa mano fue deslizándose hacia arriba hasta llegar a mis nalgas, como les había mencionado me sorprendió que tan rápido ya estaba siendo manoseada, alguien se estaba propasando conmigo a pesar de ir junto a mi papá, pero me quede callada, la situación vivida me estaba poniendo muy excitada, me estaba excitando mucho, pues empecé a notar como se endurecían mis pezones, ya que la situación era bastante placentera, voltee discretamente y pude ver que era un joven que tendría unos 18 años a lo mucho e iba vestido con pants muy delgado y sencillo, me dio mucho morbo pensar que yo hubiera despertado los más bajos instintos en ese chico, así que mientras platicaba con papá, de manera muy discreta fui acercando lentamente mi trasero a su entrepierna e hice unos cuantos movimientos para apretarle mi trasero contra su miembro, sin ser demasiado obvia.

    El chico ni tardo ni perezoso reaccionó a mis roces y de manera muy lenta y tratando de pasar desapercibido fue acercando su mano a mis nalgas, me quede quieta para no asustarlo y para que agarrara más confianza, lo que hizo pensar que su manoseo me estaba gustando y siguió acariciando mis nalgas, siendo cada vez más atrevido. Yo levante y separe un poco mis piernas para facilitarle lo más posible el acceso, podía sentir a la perfección esa mano extraña acariciar suavemente mis nalgas, para poco a poco tocar suavemente mis caderas donde estuvo un leve momento, para de allí irse desplazando lentamente hacia mis muslos, y muy lentamente irse aventurando hasta mi ingle y en determinado momento podía sentir sus dedos sobre la fina tela de mi leggins, posándose en mi abultado monte de venus, rozando mis labios vaginales, en un principio haciendo pequeños círculos con las yemas de los dedos, para después posar toda la palma de su mano sobre mi candente vagina y sobra decir que para ese momento yo ya estaba súper húmeda.

    El chico era demasiado atrevido, ya que pasaba sus dedos por todo lo largo de mi raja, de arriba hacia abajo, metiendo aún mas mi mallón dentro de mis labios vaginales, sentí una fuerte corriente eléctrica cuando sentí como puso su dedo anular sobre mi vagina exactamente sobre clítoris, comenzando a frotarlo muy suavemente, para en ciertos momentos estimularme con movimientos circulares, yo solamente entre cerré mis ojos, mientras en un acto de excitación pura, me mordía los labios, mi respiración era entre cortada, sentía como había introducido uno de sus dedos dentro de mi orificio vaginal lo cual se le facilitaba mucho por la elasticidad de la fina tela elástica, impulsando uno de sus dedos de dentro hacia fuera de mi empapada vagina.

    Así estuvimos durante varias estaciones, donde el tiempo y el espacio desaparecieron para mí, no fue hasta que la sensación de espasmos dentro de mi vagina, acompañados de fuertes corrientes y descargas eléctricas dentro de mi empapada conchita, evidenciaban que iba a tener un orgasmo, yo luche por gemir lo más bajito posible, con los ojos cerrados mientras un torrente de sensaciones de éxtasis recorrían por todo mi cuerpo, mientras tanto el chico se apretó detrás de mí, restregando su pene con mis nalgas, se movía en círculos, tratando de encajarse lo más posible en la raya de mis nalgas, dando pequeños piquetes lo cual me transmitía su calentura hacía mis nalgas cubiertas por la delgada tela.

    De repente pude notar que el chico se puso demasiado tenso, sus piernas se apretaron, su pelvis se soldó completamente entre mis nalgas y sentí unos leves espasmos y contracciones en su pene, supongo que el chico eyaculo mojando su pantalón y ya que al bajar yo pude notar que mojó parte de mi leggins, al llegar a San Juan de Letrán, el chico acomodo su miembro en el pantalón y se bajó del metro, como si un fantasma lo fuera siguiendo, yo creo que le dio miedo que yo me fuera a poner loca por haberse venido en mis nalgas, yo seguí viaje con mis piernas temblorosas después de esa morbosa experiencia dentro de un vagón del metro de la CDMX.

  • Seis vergas para un solo culo

    Seis vergas para un solo culo

    Era el último día de clases y para celebrarlo fui con mis amigos a tomar cerveza y a fumar marihuana en un baldío cerca de la universidad. La pandilla estaba compuesta por 6 hombres (El negro, Miguel, El toro, Chivo, Chucho y su servidor) y una sola mujer llamada Erika.

    Ella es una dulce y bella morena de cabello largo y oscuro que cubre toda su espalda, labios grueso siempre pintados de rojo y un trasero enorme para una mujer tan joven. Siempre he querido algo con ella pero soy muy tímido para confesarle mis sentimientos. Ella nunca se ha incomodado por juntarse con puro varones, hasta este día, claro.

    Llegamos al baldío y enseguida nos pusimos a beber cerveza, a fumar marihuana y a comer sabritas. El tiempo no se fue volando, se sentía la hora pasar ya que el tema de conversación se terminaba igual que nuestros suministros. Todos mis amigos se levantaron por al menos tres veces para orinar atrás de la pared donde estábamos recargando, todos fuimos al baño excepto Erika. Ella se tuvo que aguantar las ganas por horas hasta que decidió ir.

    —No me vayan a espiar —nos dijo con una risita de colegiala.

    Nosotros solo le sonreímos mientras mirábamos como caminaba toda borracha y volada hacia los “Baños” que solo era un espacio lleno de hierbas y basura que olía a orina, nuestra orina.

    —Chicos, vengan —dijo el Toro en voz baja.

    Él se levantó y todos le seguimos, resulta que en la pared había un pequeño agujero en el cual podíamos ver hacia el otro lado donde estaba Erika orinando, no solo se encontraba agachada si no que estaba arqueada hacia adelante, mostrándonos su perfecto y prieto culote a todo nosotros.

    La situación era morbosa y vergonzosa para mí ya que todos mis amigos le veían el culo desnudo a la mujer que me gustaba y todo empeoro cuando Chivo se sacó su verga y empezó a masturbase mientras los demás decían como se follarían a Erika.

    —Hay que follarla —dijo el negro.

    —Es nuestra oportunidad, hay que aprovecharla —dijo Chucho.

    —Hay que darle verga a esa zorra —dijo el Toro.

    No sabía si era el alcohol y la droga la que hablaban o en verdad eran ellos. Yo no dije ninguna palabra, yo también tenía un chingo de ganas de tenerla pero no así. Todos mis amigos compartieron una mirada y una sonrisa de malicia. Después se desplazaron lentamente hacia el otro lado del muro, yo los seguía hasta atrás. Aunque tuvimos mucho cuidado las hojas del suelo nos delataron cuando las pisamos. Erika volteo y grito al vernos, en especial a Chivo que traía la verga por fuera. Ella intento levantarse lo más rápido que pudo pero sus piernas le fallaron y termino cayendo en sus propios orines.

    Todos avanzaron casi a brincos hacia ella, todos menos yo que me quede quieto viendo como la rodeaban y como se bajan los pantalones. Después vi el rostro sucio de Erika que era una mezcla de terror y asombro. Ella enseguida me miro con ojos de cachorro, pidiéndome que la ayudara con la mirada pero yo no hice nada, quería detenerlos pero mis pies no se movían. Vi la tristeza y la decepción en su cara lo cual me dolió mucho.

    Ella levanto la mirada hacia las personas que eran sus amigos y sabiendo que nadie la ayudaría se resignó totalmente. Se arrodilló sobre la tierra mojada y con timidez empezó a agarrar y a acariciar los miembros de toda la pandilla.

    —Sabía que eras una perra —dijo Miguel

    —Una perra hambrienta de carne —dijo El Toro entre risas.

    Erika no decía nada, mantenía la cabeza agachada mientras masturbaba al negro y al Toro.

    —Ponte a chupar que mi amiguito necesita de tus labios —dijo el Chivo.

    —Ni madres, primero me la chupa a mi primero —dijo Chucho.

    La sujeto de su cabello y la jalo con fuerza hacia su verga la cual impacto en su nariz. Ella chillo levemente mientras Chucho restregaba toda su verga erecta por su cara.

    —Empieza a mamar mija que bien que quieres.

    Erika suspiro y separo los labios para meterse todo ese pedazo de carne en su boca.

    —Bien hecho perrita, a si me gustan, que sean obedientes.

    Todos mis amigos rieron, con las vergas afuera abusando de la boca de la chica que me gusta y yo solo los veía sin hacer nada. Estaba a punto de irme pero el Toro me hablo.

    —¡Ven aquí, Gordo! ¡Sácate la verga para que esta puta se lo trague!

    Esa puta era la mujer de la cual he estado enamorado desde que inicie la universidad y ahora está siendo humillada por mi supuesto amigos, por sus supuestos amigos. Una parte de mi quería detenerlos, otra parte quería huir, pero exista otra parte en mi interior que se quería unir.

    Camine con paso lento hasta llegar con ellos, cerrando el círculo que aprisionaba a Erika. Ella me volvió a mirar con decepción pero tal sea por la excitación que ya no me importo. Me desabroche el pantalón y mi verga salió de golpe. Sin pedirle que hiciera algo se balanceo hacia mi miembro, tragándoselo por completo.

    Cuantas veces he fantaseado con tenerla arrodillarla enfrente de mí, con sus suaves labios cubriendo mi pene y con su húmeda lengua envolviendo mi glande. Esto sería maravilloso si tan solo tuviéramos solos.

    —Chúpale los huevos peludos al gordo —dijo Chivo.

    Pensé que no lo haría, que se negaría pero no fue así, dejo de chupar mi verga para dirigirse a mis huevos los cuales succionó con tanta pasión y devoción. Sentía un gran placer y quería creer que ella igual aunque era poco probable.

    Esta vez el tiempo paso volando, ella siguió chupando la verga de todos, incluso le lamio el culo a Chivó, al Toro y a Miguel. No sabía cuánto tiempo había pasado pero nuestras vergas ya estaban a punto de explotar, todos liberamos chorros de semen sobre ella, sobre sus pequeñas tetas prietas, sobre toda su cara y por todo su cabello y sobretodo en su boca. Tengo que admitir que se veía hermosa bañada en semen, ella no era una novata ni una santa porque realmente actuó como una verdadera puta, toda una profesional en el arte de exprimir penes. Yo sentí algo de alivio igual que ella porque creía que todo había terminado pero estábamos equivocados, esto apenas está empezando.

    El Toro la levanto del suelo y la empujo hacia la pared. Ella grito por el impacto y antes que pudiera hacer algo El Toro se colocó detrás de ella y sujetó sus manos.

    —He tenido ganas de romperte el culo desde que te conocí.

    Con su mano libre empezó a azotar a ese perfecto y prieto culo enfrente de nosotros. Erika chillaba y gemía de dolor y de placer como una cerdita mientras que el resto de la pandilla saca sus celulares para grabarla. Yo no hice eso aunque me arrepiento.

    —Dime Erika —dijo el Toro mientras sobaba el culo de la chica— ¿Eres virgen del culo?

    Erika tuvo que haber sentido un verdadero pánico al oír esa pregunta y al sentir el escupitajo de uno de sus mejores amigos sobre su ano. El Toro sin decir nada introdujo uno de sus dedos por el pequeño agujero de la chica la cual no pudo evitar soltar un breve grito agudo.

    —¡Respóndeme putita!

    —Sí, si lo soy —hablo Erika por fin con la voz desgastada—. Nadie me ha dado por ahí.

    —Entonces nosotros seremos los primeros, mi amor —dijo Chucho.

    —Ya métemela de una vez y termina con esto —dijo Erika con los ojos cerrados.

    —¡Si la niña quiere verga hay que dársela!

    Lentamente El Toro introdujo su verga que ya estaba nuevamente erecta por el virgen ano de la chica que me gusta. Ella maldijo en voz baja, gritando lo tanto que le dolía pero esos chillidos fueron remplazados por gemidos de placer y balbuceos. En el fondo lo estaba disfrutando.

    Las embestidas de Toro fueron lentas al principio pero no tardaron nada en volverse violentas. Con cada metida de verga le daba una fuerte nalgada en su precioso culo.

    Uno de mis mejores amigos estaba culeando a la mujer que quería como novia enfrente de mí mientras que mis demás amigos esperaban su turno mientras graban la follada anal que Erika estaba recibiendo. Me sentía como una verdadera mierda pero muy en el fondo me gustaba verla así.

    Pasaron como veinte minutos cuando El Toro soltó un gran gruñido y vació los huevos en el ano de Erika. Ella también expulso un gemido de satisfacción y de vergüenza. El Toro no saco su verga del culo de Erika hasta haber vaciado hasta la última gota de semen en su interior.

    —Bueno, ¿Quién sigue?

    Uno por uno mis amigos fueron culeando a la mujer de mis sueños en mi presencia. Ella solo gritaba, gemía y se retorcía en silencio aunque nunca perdió el equilibro, siempre se mantuvo con el culo empinado y la cara pegada en la pared.

    Ya se estaba haciendo tarde así que los que ya se la habían follado se despedían. Terminaban de correrse en su culo y se marchaban hasta quedar solamente Chucho y yo.

    —Ten, gordo, grábame mientras le reviento el culo.

    Ahora había pasado de ser espectador a camarógrafo. Agarre el celular y empecé a grabar.

    —Acércate más, cabron.

    Literalmente está al lado de Erika, viendo en primera fila como Chucho le clavaba la verga en su culo, lo hizo tan fuerte que gotas de semen de mis demás compañeros salieron disparados. Él no tenía ninguna pizca de delicadeza, se movía como un animal salvaje. Se follaba a la chica de mis sueños como si fuera solo un simple objeto sin alma para su placer.

    Oía a la perfección los jadeos de Erika y sentía su mirada juzgadora sobre mí. Yo no me atreví a mirarla, mis ojos seguían atentamente la verga de Chucho que se perdía en el culote de la morena.

    —¡Oh si, tómalo todo, puta! —Exclamó Chucho mientras se corría en el culo de Erika—. Ahora es tu turno, gordo. Dame el celular que yo te grabo.

    —No hace falta que lo hagas —le dije pero aun así me arrebato el celular.

    —Tú dale duro a esa perra que yo te grabo, que para eso están los amigos.

    Asentí con la cabeza y me coloque atrás de Erika. Ella seguía sin moverse aunque podía escuchar su agitada respiración. Por años he deseado su hermoso culo pero ahora ya no tiene nada de bello. Esta todo rojo, levemente morado de las nalgas por todas las nalgadas que le dieron. Su ano está totalmente abierto, con chorros de semen y sangre saliendo de él como si fuera una cascada.

    —Ya clávale la verga —dijo Chucho.

    —¿Qué esperas? —Preguntó Erika en voz baja—. Follame como lo hicieron todos tus amigos.

    Sentí un gran nudo en mi garganta, por un instante pensé en detenerme pero sabía que ya no había vuelta atrás. Me puse en posición y se la inserte de una sola embestida, pero no apunte hacia su culo lleno de leche, yo apunte a su húmeda vagina.

    —Buena decisión —dijo Chucho— que ese culo ya está muy usado.

    Yo ignore los comentarios de mi amigo, estaba disfrutando de la caliente, mojada, apretada y sobretodo limpia vagina de Erika. Me pegue a su cuerpo y empecé a estrujar sus senos a besar su cuello. Sentía su respiración, sus gemidos eran música para mis oídos. Estoy totalmente seguro que ella estaba disfrutando de mi follada. No quería ser violento con ella pero mis movimientos fueron rápidos y duros, como lo hicieron mis compañeros.

    —Te amo, Erika, te amo —le susurre al oído cuando vacié hasta la última gota de semen en su interior.

    —¿Ya acabaste, gordo? Pensé que duraría más. —Chucho me palmeo el hombro y se despidió de mí y de Erika—. Luego nos vemos, culona.

    Me separe de Erika y ella enseguida cayó al suelo, se dio la vuelta y se recargo en la mugrosa pared. Ella estaba cubierta de semen de seis hombres diferentes, con el culo destrozado y lleno de leche igual que la vagina, los ojos humedecidos, con un fuerte olor a orines y tenía suciedad en las piernas, en los pechos y en la rostro y aun así ella sonreía, discretamente pero sonreía.

    No sé si esto fue una violación o no. En los días siguientes mantuvo distancia con nosotros pero al pasar un mes se volvió a juntar con toda la pandilla como si no hubiera pasado nada, aunque se volvió mucho más cariñosa y yo sigo enamorada de ella, todavía quiero que sea mi novia aun sabiendo que todos mis amigos se la follaron. Y hoy en día tengo el presentimiento que todavía le sigue llenando el culo de leche.