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  • Saliendo a la calle como mujer

    Saliendo a la calle como mujer

    Hola, hoy vengo a relatar como salí a la calle vistiendo de mujercita siendo un hombre.

    Todo esto ocurrió un día que me quedé solo en casa, soy un hombre de 20 años, vivo con mi pareja mujer, ella es una chica de una pequeña estatura 1.50 m, yo mido 1.78 m, ese día, me quede solo en nuestra casa, ya que ella se quedó a dormir con sus papás, yo estando solo me dio morbo por masturbarme, viendo mi celular observaba a aquellas hermosas mujeres, con sus cuerpos tan bellos, algo en mi quería ser una de ellas, poder ser usado como por un macho o poder disfrutar de una rica verga en mi boquita de puta.

    Así que puse manos a la obra, me desvestí totalmente y estando desnudo comencé a buscar prendas de mi mujer. Comencé con un brasier color negro, ya que mi pareja tiene tetas grandes no hubo problema alguno para poder ponérmelo, aunque voy al gimnasio y tengo algo de pecho no fue suficiente para poder rellenarlo, sin embargo, mi mujer tenía algunos bras que se pegaban a la piel, los cuales use para similar pecho de mujer.

    Me coloque un panti del mismo color, aunque me quedaba algo pequeño por mi miembro lo pude acomodar para que no se viese, sin embargo, se me metía en mi rajá muy profundo, lo cual hacía que me sintiese muy excitado y moroso, se me veía divino.

    Más esto no bastó, yo quería más.

    Busque una falda linda, tome una falda de color negro mezclilla qué ella tenía en su ropa y me la puse, mis nalgas se veían bien marcadas por el gimnasio, cada vez más me parecía a esas mujeres de esos videos, ya quería que alguien me viera.

    Agregue un suéter negro que ella tenía guardado, me maquille las mejillas, me pinte los labios y puse rimen en mis pestañas, así mismo, agregue unos lentes sin aumento, ya que tengo el cabello algo largo, solo lo desacomode, me veía hermosa.

    A esto también agregue unas pantimedias de red, para que mis piernas se veían más sexis.

    Me coloque unos tacones qué solo hacían qué mi culito se parara más.

    Me veía hermosa, una verdadera mujer, esperando ser tomada por su macho y follada hasta que la llenarán de leche en su culo.

    Ya estando así, comencé a sentir que debía salir a la calle, sin embargo no me animaba, ya que nunca lo había hecho.

    Pero decidí que ya estaba vestida, debía hacerlo, tome las llaves de mi casa, me puse un abrigo, tome un condón (no desaprovechar una verga si se me cruzaba) y salí. Ya era muy noche, como las 2 de la mañana, sin embargo, pasaban carros, al no ser una calle tan concurrida, pasaban pocos, algunas familias, pero otro eran hombres, machos, no como yo, una verdadera puta, me agachaba frente a ellos para que vieran mi culito.

    Me gritaban cosas obscenas, lo cual me calentaba mucho, me pare en una esquina, vi un guardia de seguridad a lo lejos, él me decía cosas y se tocaba la verga, yo solo pasaba mi culito frente a él.

    Algunos hombres me decían, “Ahí va tu vieja” y no los culpo, me veía hermosa.

    Hasta que un carro se detuvo y me preguntó que cuanto cobraba, yo nerviosa no sabía que decir y solo me subí a si carro, el me tomo de mi pierna y me dijo.

    -No vas a hablar, eres una puta fácil, solo te subes, quieres verga verdad.

    Cuando el paso su mano en mi entrepierna noto mi pené y exclamó, no sabía que tenías verga, pero aun así, te vez bien rica putota, te voy a dejar bien llena de leche.

    Ahí pude hablar, le dije que si quería leche, esto haciendo la voz más aguda que podía, el me empezó a besar tan apasionadamente que me excite demasiado, puse mi mano sobre su verga y comencé a frotar la y a buscar su cinturón, quería sentir su verga en mi boca, él me dijo, “ves, eres una puta, ahorita nomas me estaciono y te voy a coger bien rico mami”, se detuvo frente a una tienda de conveniencia fuera de servicio, un lugar oscuro, ahí yo ya iba mamando su verga mientras el conducía.

    Cuando llegamos, yo ya estaba a 4 patas mamando una rica verga de 15 centímetros, bien gorda y sabrosa, me la metía toda, hasta la garganta, nunca había probado una, pero debo decir que fue glorioso, le mamaba el pito como mi esposa lo hacía conmigo, era algo delicado, ya que nunca lo había hecho, el me tomo por la cabeza y empezó a embestirme con ganas, a lo cual se detuvo…

    Quieren parte dos, puedo seguir.

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  • Entregada a mis instintos (anécdota)

    Entregada a mis instintos (anécdota)

    Una semana después de aquel encuentro en el hotel me pidió mi número y me citó en el bar. Esta vez voy con un vestido de tiras color plata satinado al cuerpo, sandalias del mismo color y mi cabello largo recogido con una coleta alta.

    Llego al bar y entrego mis cosas y le pido al mesero información de donde esta Ernesto así se llama aquel hombre que me ha dado el mejor sexo hasta el momento. Llego a la mesa y me ofrece como todo un caballero tomar asiento.

    -Hola hermosa

    -Hola Ernesto, que placer verte de nuevo

    -El placer el mío por aceptar mi invitación

    -Gracias a ti por invitarme

    -¿Qué deseas tomar?

    -Un cóctel sin alcohol, gracias

    -Mn… ¿Quieres estar sobria esta noche?

    -Si

    -Perfecto hermosa

    Pide mi bebida y empezamos una charla agradable, entre risas, coqueteo y demás. Llegando la media noche me subo sobre su regazo y él me recibe con gusto con su mirada perversa (él es diferente a Fernando, bueno este plan no es para todo el mundo), llevo una mano a su cabello rizado y abundante para tomarlo con fuerza y besarlo con hambre voraz; mientras me lo como a besos él me toma por mis nalgas y me aprieta contra él para restregarnos. Meneo mis caderas de adelante hacia atrás y luego en círculos.

    Baja por mi cuello con sus besos húmedos llegando a mi escote y como pudo llegó a uno de mis pezones para morderlo suavemente.

    -Ah si… que delicia

    Bajó las tiras de mi vestido para liberar mis pechos así quedando semi desnuda para él y para los demás… pasa sus manos grandes por mi espalda y luego me araña.

    -Oh… Si esto es lo que quería

    -Te ves tan sensual hermosa que varios me tendrán envía

    -Tu eres el afortunado de tenerme en tu regazo

    -Si y serás solo para mí

    -Así es, solo quiero ser tuya en este lugar

    Pasa su rostro por mis pechos para olerlos, recorriendo con la punta de su nariz… mientras cierro mis ojos dejándome llevar por el placer. Quería estar sobria para demostrarle que no era por el efecto del alcohol sino porque me gusta que me vean mientras él me coge a su gusto.

    -Hueles exquisito

    -Tu aroma me embriaga Ernesto

    Pasa su lengua por mis pezones para después tirar de ellos con su boca.

    Después me toma por mis caderas para levantarse del sofá y me coloca sobre la mesa, me dejó caer quedando acostada con mis piernas flexionadas apoyadas sobre la mesa, él toma mis pantis y los desliza suavemente así quedando mi coño libre para él.

    -Mn… Me encanta tu aroma a puta en celo -(ya subimos nuestro nivel)

    Se lleva mis pantis a un bolsillo y me abre de piernas mientras me mira con lascivia… se sienta nuevamente y como postre chupa mi coño con vehemencia… arqueo mi espalda gimiendo y tomando mis tetas con fuerza. Veo alrededor y hay parejas con su mirada fija puesta en mí, así que sonrió y cierro mis ojos para dejarme llevar por el momento.

    -Hermosa quiero una garganta profunda

    Me levanto para girar y quedar nuevamente recostada con mi cabeza descolgada al borde de la mesa y abro mi boca para invitarlo a follarme; él se desabrocha su pantalón para sacar su pedazo de carne, luego me toma por el cuello y se hunde en mi boca permitiéndose una vista al notar su verga sobresaliendo por mi cuello.

    -Oh, oh, mn… yes… Que rico como te comes mi verga

    Continúa su vaivén profundo y lento pero esta vez se inclina sobre mi cuerpo para follarme con tres dedos mi coño. Tengo una vista espectacular de sus huevos que llevo una mano a ellos pasando mis uñas arañándolos suavemente, luego hundo un dedo en su hoyito

    -¡Oh, por Dios que rico! Eres una morbosa

    Aumenta sus movimientos un poco más rápido apretando sus nalgas con cada follada en mi boca, siento como la punta de su verga llega hasta lo más profundo de mi ser, él como pervertido que es se hunde quedándose ahí inmóvil un buen rato y luego saca su verga donde aprovechó para tomar aire. Un hilo de saliva queda colgando de la punta, que con ella golpea mi rostro en varias partes para después continuar hundiéndose nuevamente en mi garganta. Este juego lo hace varias veces hasta que se descarga sintiendo como su leche baja por mis vías digestivas.

    -Mn… oh sí… que descarga tan deliciosa

    Sale de mi boca y como puedo tomó aire, con la poca leche que siento en mi boca saboreó pasando mi lengua por mis labios. Me ayuda a levantarme y me ofrece un trago.

    -¡Salud hermosa, estuvo estupendo!

    -Me arde un poco la garganta

    -Ya pasará hermosa… pero ¿te gusto?

    -Si, me encantó

    Lo tomo de la nuca y lo beso con pasión mientras llevo una mano a su verga para frotárselo; luego lo empujó y cae sentado sobre el sofá, como gatita hambrienta me saboreó los labios bajándome de la mesa para ponerme de rodillas frente a él; tomo su verga y paso mi lengua desde sus huevos hasta la punta y limpio el rastro de leche dejándolo limpio.

    Luego me levanto y me siento sobre su regazo clavándome su verga… deslizándose suavemente por toda mi cavidad vaginal. Empiezo con mi vaivén en busca de mi placer mientras cierro los ojos y juego con mi cabello pasando mis manos por él, luego bajo a mi cuello deslizando suavemente llegando a mis pechos y los amasó con delicadeza. Ernesto amasa mis nalgas abriéndolas y cerrándolas mientras también mueve su cadera.

    -¿Puedo participar?

    Abro mis ojos y es uno de los espectadores.

    -No por ahora, esta noche solo quiero estar con él

    Se retira y continuó con mi vaivén, me agarro del espaldar del sofá y aumento mis movimientos rozando mi gallito contra la pelvis de Ernesto. Siento que voy a llegar a mi orgasmo cuando él introduce un dedo por mi culo el cual me prende aún más y exploto sobre él mojándolo.

    -Quiero cogerte por el culo delante de todos ellos

    Sonrió mientras me levanto y me recuesto boca abajo sobre la mesa levantando mis nalgas abriéndolas para darle la bienvenida a mi culo para que lo tome a su antojo.

    -Mn… así me gusta, que estés entregada para mí

    -Todo tuyo mi culo, lléname toda de ti y de tu leche

    Ernesto se arrodilla para darme un beso negro con toda, noto que hay más espectadores alrededor de la mesa tomando y otros masturbarse. Veo una pareja sentada en frente a nosotros ella con las piernas abiertas frotándose el gallito mientras él le folla con los dedos el culo con su mirada puesta en nosotros.

    Ernesto se levanta y siento que derrama en mi raja un poco del trago ya que esta frío luego pasa la mano de arriba hacia abajo para después hundir un dedo y luego dos por mi hoyito. Estoy tan caliente que muevo mis caderas pero él me nalguea con fuerza haciendo que paré.

    Con su pedazo de carne apunta y poco a poco va abriendo camino hasta llegar al fondo… mi culo me arde un poco pero a la vez me gusta… me toma por el cabello y empieza con sus embestidas. Miro aquella pareja y ellos a mí, el hombre se muerde los labios mientras aumenta los movimientos de su mano dentro del culo de aquella chica que está gimiendo cada vez más duro con sus ojos cerrados. Se nota que aquel hombre me desea por su mirada perversa y yo disfruto de su deseo.

    Me apoyo sobre mis antebrazos y no dejó de mirar aquel hombre, paso mi lengua alrededor de mis labios y él hace lo mismo. Ernesto me nalguea con fuerza mientras se hunde cada vez más duro como si me quisiera atravesar.. Gimo cada vez más duro mientras de vez en cuando giro mi rostro para observar a Ernesto y después continúo mirando aquel hombre.

    Me dejó caer nuevamente sobre la mesa y buscó mi gallito para frotarlo con rapidez aumentando la excitación. Mi vientre se contrae, mis piernas me tiemblan y solo llega como un corrientazo mi nuevo orgasmo. Ernesto por su parte me llena el culo de su leche caliente que al sacar y meter su verga siento que baja por mis piernas.

    -¿Quieres coger con aquel hombre?

    -No, solo lo estaba provocando

    -Entonces lo haremos

    Se sienta en el sofá tomándome por la cadera

    -Clávate mi verga por el culo

    -Mn… tus deseos son órdenes para mi

    Apuntó con su verga mi culo y me voy sentando para tenerlo nuevamente dentro de mí, me recuesto sobre el pecho de Ernesto y ubico a cada lado mis piernas quedando expuesto mi coño a los espectadores, él hunde tres dedos y empezamos los movimientos yo con mis caderas y él con sus dedos.

    -Mira como ese man te mira con deseo, a lo mejor quiere hundirse en ti así como estas. Imagina que mis dedos son su verga ¿Cómo quieres sentirlo?

    -Hasta el fondo

    -¿Así? (hunde más fuerte su mano)

    -Ah, si así

    -Que arrecha estas, esa verga entraría tan fácil por lo mojada que estas

    -¡Húndalos más, dame más!

    Muevo más rápido mis caderas mientras pellizco mis pezones. Ese hombre dejó de follarle el culo aquella chica y ahora se está frotando su verga con mucha fuerza, cierra los ojos en algunas ocasiones llevando su cabeza hacia atrás y luego fija su mirada en mí. Así como aumento mis movimientos él también lo hace

    -Fóllame con la misma velocidad que él se frota su verga

    -Mn… no lo niegues que desearías ese man dentro de ti en estos momentos

    -Si si si… lo acepto

    -¿Lo invitamos?

    -Si

    Ernesto le hace señas para que se acerque y él viene con su mano cogiéndose su verga.

    -¿Deseas participar?

    -Por supuesto

    Aquel hombre se pone un preservativo mientras Ernesto abre mi coño para darle la bienvenida. Ese hombre se acomoda y entra en mí y siento como una droga que vieja por todo mi cuerpo logrando mi placer al máximo, cierro los ojos y solo me dejó llevar por ese viaje intenso, caliente, perverso. Estar en medio de ellos, escuchar sus gemidos, oler sus hombrías, sentir como entran y salen dentro de cada uno de mis orificios es un placer increíble; me siento llena completamente… mi cuerpo reacciona y tengo otro rico orgasmo y ellos también.

    -Gracias por dejarme participar

    -A ti por darme mucho placer

    Se retira y se va con su pareja y nosotros también nos fuimos a seguirla en un hotel…

    Fin.

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  • Mi angelical princesa

    Mi angelical princesa

    Me casé cuando tenía 20 años, mi pareja tenía 18 y tenía una hermosa hija, mi esposa falleció cuando la niña cumplió 6 años, tuvo un accidente por lo que me tocó ser un padre soltero.

    Actualmente tengo 42, los años me han sentado bien, voy al gimnasio tres veces por semana y salgo a correr, algunas veces me acompaña Julieta que recientemente cumplió 20 años y se empezó a interesar por los deportes.

    Describiendo un poco, mido metro ochenta, tez blanca, pelo muy negro, tengo un cuerpo muy atlético, aunque hago ejercicio seguramente me ayuda la altura. Lamentablemente ya tengo un par de canas.

    Mi princesa mide metro sesenta, tiene los ojos verdes más hermosos que vi en mi vida, pelo castaño claro y una tez muy pálida. Cada vez es más parecida a su madre, heredó sus hermosos pechos y un culito muuy redondo.

    Hoy me toca salir a correr, como siempre últimamente me acompaña mi niña, que está llegando tarde por lo que la voy a buscar a su dormitorio.

    Al llegar está la puerta cerrada, golpeo y digo:

    -Juli amor ¿estás despierta? -oigo que algo se cae detrás de la puerta

    -Papi pasa, estoy terminando de aprontarme

    Al entrar la veo sentada en la cama atándose los cordones del calzado.

    Tiene puesto un conjunto de maya blanca y top de deporte, cuando se para puedo ver lo delgada que es la tela, se le marcan los pezones de esos redondos pechos, la maya es tan apretada que se le marcan los labios vaginales y me empiezo a volver loco. Pero no es hasta que ella se da vuelta a agarrar su botella de agua que veo ese hermoso culo que se marca integro en su calza blanca y por dios, voy a perder la cabeza.

    Salimos a trote ligero, ella delante de mi para poder cuidar que no le pase nada. No puedo parar de ver ese hermoso culo moverse al correr, me deja una tremenda erección que tengo que acomodar constantemente. Hace demasiado calor y empezamos a sudar, ella me habla de que quiere aprender a manejar, pero yo no puedo parar de ver ese culo, ella está empezando a sudar y se está transparentando la tela del conjunto.

    -Mi niña ¿te parece si damos vuelta?

    -Si papi, tengo mucho calor y quiero bañarme

    Al darse vuelta veo sus tetas, se ven claramente sus pezones pequeños muy rosados, están tan húmedos. No puedo apartar la vista de ellos, son espectaculares y por instinto mi mano se empieza a mover hasta mi verga que pide a gritos salir. Pero me percato que estamos en la calle y pasan autos.

    -Papi ¿pasa algo?

    -Juli bebe, se está volviendo transparente tu maya, ponte mi remera para volver a casa.

    Al volver a casa ella va directo al baño, luego de un rato escucho que me llama.

    -No encuentro la esponja papi ¿me ayudas a buscarla?

    -Ay hija, no la encontré hoy en la mañana, pero luego compro otra. Princesa déjame te ayudo a bañarte.

    -Si papi, ayúdame

    Me saco el short y quedo en bóxer, abro la mampara de la bañera y la veo sentada en el agua. Tan húmeda, blanca y suave.

    Entro a la bañera y me siento.

    -Bebe ven arriba mío para que te enjabone.

    Ella se para y se le empieza a escurrir el agua del cuerpo, queda a la vista su desnudez. Mis ojos escanean todo en un momento y por dios, esos pezones rosados en esas tetas redondas son mi perdición. Paso mis ojos descaradamente por su vagina. Tan pequeña y con unos bellos rubios que dejan ver todo perfectamente, es tan rosada que automáticamente empiezo a imaginarme su ano igual. Se me empiezan a ocurrir muchas cosas.

    Se sienta arriba mío y me maldigo por no haberme sacado el bóxer, queda su vagina muy cerca de mi pene y empiezo a moverme para acomodarme en su calorcito. Mi verga dura quedó bien en el medio de sus labios vaginales y estoy tan caliente que empecé a temer acabarme ahí mismo.

    Empecé a enjabonar su espalda mientras ella me abraza por los hombros y apoya su cabeza dejando su carita bien pegada a mi cuello.

    Mi mano pasa por lo alto de su espalda, tan suave que empiezo a bajar hasta su culo, muy lentamente. Siento sus tetas pegadas a mi pecho y eso hace que sea aún más audaz en lo que estoy por hacer. Llego hasta lo alto de su culo y empiezo a enjabonar sus nalgas, paso bien las manos y le doy un apretón que hace que su cuerpo se presione con el mío y que su vagina se presione en mi verga.

    Ya perdí totalmente la razón, empiezo a meter mi mano cada vez más en su culo, con dos dedos recorro a lo largo la entrada de su vagina y su rico ano, está todo tan húmedos que ese resbala con mucha facilidad, empiezo a presionar un dedo en la entrada de su ano y ella larga soniditos de placer, quejiditos que me matan. Noto que ella saca su lengua y la presiona sobre mi cuello, succiona y me babea todo el cuello.

    -Princesa te voy a pasar la lengua para dejarte todo bien limpio, como si fuera una esponja

    -Bueno papi

    Saco el tapón de la bañera para que se vaya el agua y así poder lamerle toda la conchita. La acomodo con las piernas bien levantadas, le pido que se las sostenga bien arriba.

    Bajo lo más rápido que puedo y empiezo a lamer, restriego y succiono bien el clítoris, devoro y succiono esta vagina rosadita, la escucho gemir, no pensé que fuera a gemir tanto y eso me pone peor, saco la lengua y la muevo por su entrada una y otra vez.

    -Ay princesa que deliciosa que esta

    -Papi límpiala bien -dice entre gemidos

    Eso me lleva a bajar mi lengua a su perfecto ano, chupo con desesperación todos los líquidos que largo. Con una mano acaricio su clítoris mientras chupo su ano, voy presionando un dedo mientras la escucho gemir como loca.

    -Juli que rico culito mi niña, tan rosadito, quiero hundirme en el y llenarte de lechita

    -Yo te lo doy papito

    Sin percatarme ella acaba ferozmente, largando flujo que tomo con desesperación mientras su sabor me lleva a explotar en un orgasmo con mucha leche, que posteriormente le doy para que limpie mientras me mira a los ojos.

    Este relato contiene únicamente ficción.

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  • Infidelidad en el jacuzzi

    Infidelidad en el jacuzzi

    Fue el verano pasado, como en un camping nudista del sur. Habíamos vuelto de la playa, después de tomarnos algunas cervezas más de la cuenta. Después de ver cuerpos excitados al sol. Después de haber intercambiado miradas que hablaban más que las palabras.

    Yo sentía un cierto calor íntimo. Quería llegar a la caravana para desfogar un poco con mi marido, pues ya en la playa, mientras nos bañábamos nos habíamos estado tocando y quería acabar. Pero no sé cómo terminamos en la piscina tomándonos un último cubata.

    En una de las esquinas del recinto había un pequeño jacuzzi, como mucho para cuatro personas. Mi marido y yo nos miramos, miramos al jacuzzi y decidimos darnos un mínimo homenaje aprovechando que el ambiente era tranquilo en la hora de la siesta, que no había casi nadie y que los pocos que había en la piscina a aquella hora se dedicaban a dormitar mientras tomaban el sol.

    Nos metimos en aquella especie de bañera azul. Pusimos el jacuzzi a la máxima potencia. Sólo se veían nuestras cabezas. Las manos quedaban bajo esa especie de espuma que forma el aire en el agua. Tenía una temperatura excelente.

    Apenas si nos habíamos sentado sentí cómo las manos de Jorge acariciaban mis manos, se acercaban a mis muslos y continuaban su camino hacia mi sexo. No opuse ninguna resistencia, lo estaba deseando. Cerré los ojos y dejé que mis manos buscaran también su sexo.

    Cuando los quise abrir vi que un chico entraba también en el jacuzzi. Miré a mi marido. Hizo una mueca de fastidio y apartó su mano. El chico debería tener unos 30 años, era moreno y guapo, muy tostado por el sol. Nos saludó, sin saber en qué situación nos había pillado.

    Cerré de nuevo los ojos y me dejé llevar por la placidez que me daba el sopor y el agua cálida. Al poco tiempo noté que un pie rozaba mi pierna, me acariciaba lentamente, abrí los ojos y vi que el chico me miraba, disimulando, su pie rozaba mi rodilla y avanzaba hacia el interior de mis muslos. Volví a cerrar los ojos, abrí mis piernas y simulé dormir.

    La punta de sus dedos rozaron los depilados labios de mi coño, bajé mi mano y acaricié su pie, lo apreté contra mi sexo abierto, cálido, y comencé a acariciar mis labios con su dedo gordo como un falo, nos miramos con los ojos semicerrados, y noté en su mirada su deseo, mientras le miraba empujé su dedo hacia mi interior, una vez, dos, veinte, lo dejé allí, dentro, esperando y busqué con mi pie su sexo, su muslos resbalaban por el agua y no fue difícil, allí estaba, duro y grande, esperándome, lo acaricié en toda su extensión con la planta, presioné sobre sus huevos que parecían querer escaparse de mi leve pisada. Como él a mí, acaricié su polla con mi planta una vez, dos, veinte…

    ¡Como hubiera querido coger aquel sexo, comerlo, metérmelo dentro! Pero, allí estaba mi marido, impasible, sin darse cuenta de lo que estaba pasando.

    Pensé, es él. Comencé a acariciarle, llevé mi mano a su conocida polla y empecé a acariciarle soñando que era la del desconocido, mientras con mis pies seguía tocando la del chico y mientras sentía su dedo moverse en mi vagina.

    Mi marido me miró, miró al chaval y vio que tenía sus ojos cerrados y se dejó hacer, su polla se endureció tanto como la del desconocido, yo la cogí con fuerza, acaricié su capullo como nunca antes lo había hecho, con cuidado, con pasión, arriba, abajo, a un ritmo cada vez mayor, moviendo mi pie a un ritmo cada vez mayor sobre la polla dura del chico y sintiendo sus dedo en lo más hondo de mi coño.

    No podía más bajé mi mano y me acaricié con su pie mi clítoris como loca deseando terminar.

    Al poco tiempo tres gemidos secretos se escapaban bajo el agua del jacuzzi.

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  • Tenía la almejita ardiendo…

    Tenía la almejita ardiendo…

    Hola. Me llamo Rosa, tengo 24 años y soy de Madrid (España). Tengo un cuerpo rellenito, pero armonioso. Mis pechos son grandes (uso la talla 100 de sujetador), redondos y con unos pezones también grandes. Mi trasera también es redonda, rotunda y ha experimentado las delicias del sexo anal. Tengo novio y le quiero, pero el verano pasado tuve una experiencia que me hizo ver que muchas veces el sexo no tiene nada que ver con el amor.

    Era monitora en un campamento en Granada. Mi novio inicialmente iba a haber asistido también como monitor, pero un trabajo de última hora le retuvo en Madrid. Yo no soy una ninfómana, pero tampoco una estrecha. Llevaba 8 días sin nada que llevarme a mi almejita y últimamente me daban unos subidones… No podía follar con nadie del campamento, pues todos eran amigos míos y de mi novio y me daba corte y no me lo planteaba.

    Deseaba llegar a Madrid para darme una buena juerga con mi novio, pero no sabía si iba a poder soportar los 7 días restantes de campamento. Para desfogarme un poco me levantaba todas las mañanas a las 5 y media, me ponía un bikini deportivo, un pareo a la cintura y me andaba 4 kilómetros hasta una laguna que había. Me pegaba un chapuzón helado y me volvía al campamento con el tiempo justo para el desayuno.

    Esa mañana acababa de bañarme y no llevaba andados ni 500 metros cuando por la carretera apareció un Land-Rover un poco destartalado. Me rebasó y paró unos metros más adelante. Se abrió la portezuela de detrás y salió un chico de unos 25 años.

    ―¡Guapa! Si vas para el campamento te llevamos que vamos de paso.

    ―Normalmente no habría aceptado, pero había bajado mis calores un poco y ese día no me apetecía mucho andar.

    ―Bueno -contesté- pero os voy a empapar el coche.

    ―No importa, que al verte ya casi lo hemos empapado nosotros.

    El requiebro me hizo sonreír y me acomodé en la trasera con el chico que me había hablado. Los dos eran morenos, fuertes y el conductor llevaba una perilla muy bien cuidada. La primera mirada del chico de la trasera -se llamaba Esteban- fue para mi pecho. Los pezones, por el frío del baño, estaban duros y se marcaban una enormidad en el top de mi bikini. Esa mirada al principio me incomodó, pero luego me fije en el bulto que se marcaba en sus vaqueros. Entonces noté como me iba volviendo el calentón. Notaba como en lo más profundo de mi vagina empezaba a derramarse algo. “Dios mío -pense- voy a hablar de algo intrascendente porque si no me va a dar los siete males”.

    ―¿Qué?… ¿Vais al trabajo?…

    ―Si, claro… -contestó Esteban. Me echó una mirada más profunda a mis tetas y…- Oye… vaya pedazo de tetas que tienes.

    Normalmente, en Madrid le hubiese soltado a cualquiera una torta y mi novio dos, pero no estaba en Madrid ni mi novio estaba allí. Y mientras la respiración se me hacía más jadeante y una riada de calor húmedo me empezaba a descender por la abertura vaginal, le respondí lo que nunca creí que habría respondido.

    ―¿Te… te… gustan?

    ―Claro, son la hostia… ¿Podría verlas al natural?

    Por tercera vez en la mañana, volví a sorprenderme y mientras le lanzaba una mirada a Esteban, me eché mano a la espalda, me bajé la cremallera del top y lentamente me lo quité. Todavía tenía los pechos húmedos del baño y entre el frío y la subida de hormonas que me estaba dando, tenía los pezones tan duros que hubiese podido cortar vidrio. Esteban los miraba atentamente y yo mientras le echaba un vistazo a su paquete que empezaba a adquirir unas proporciones monstruosas. Los líquidos ya me habían rebasado los labios y empezaban a empapar el bikini. Jamás en la vida había soltado tanto flujo.

    ―¡¡Joder, tía!!… lo que había dicho… ¡¡Vaya pedazo de melones!!

    Yo ya había llegado al máximo de lo que daba y notando como el corazón me latía tan fuerte que creía que se me salía por la garganta, me aproximé a él y le besé en la boca, un beso húmedo y lujurioso, que diría alguien. Comenzamos a juguetear con las lenguas y notaba el sabor salado de su saliva. Mientras me besaba me agarró los pechos con fuerza y comenzó a juguetear con mis pezones. Alex, el chico que conducía, echó una mirada a nosotros y dijo:

    ―¡Eh!… dejadme algo para mí…

    De repente, Esteban, me agarró del pelo por detrás y separando nuestras bocas me dijo:

    ―Mira… te voy a enseñar algo que también es la leche…

    Y con la otra mano, comenzó a bajarse la bragueta. Cuando acabó, un tremendo bulto apareció por la cremallera. Y con la mano se sacó la polla.

    Yo soy enfermera y en mi vida profesional he visto muchas pollas y la de mi novio, que está magníficamente dotado, pero aquello de Esteban era un auténtico monstruo de la naturaleza. Posiblemente alcanzara los 30 cm y apenas podías abarcarla con la mano.

    Me quedé anonadada, con la boca abierta. Esteban me miraba sonriendo. Despacio, le agarré el pene y fui descendiendo hasta que mis labios se posaron en su glande. Comencé a besar su polla como una loca, primero despacio y luego deprisa, sacaba mi lengua y me empleaba a fondo sobre esa polla, la primera que comía que no era de mi novio. Después de haber ensalivado bien, me la metí en la boca o eso traté de hacer, porque apenas me entraba. Tenía un sabor diferente a la de mi novio, nada desagradable.

    Esteban suspiró y deslizó su mano entre la braga de mi bikini y mi culo. Deslizó un dedo por la raja y mientras yo trabajaba su aparato, él me masajeaba el ano con su dedo. Mientras le comía el pene, me vino el primer orgasmo, casi de una manera dolorosa. Los labios vaginales me palpitaban y el clítoris me daba como descargas. Mientras, aunque yo no lo veía, Alex, paró en un lado de la carretera. Pasado un rato, Esteban comenzó a jadear más fuerte, me agarró otra vez con fuerza del pelo y enterró su dedo hasta el nudillo en mi recto.

    Según tengo entendido, lo que he visto por mi novio y en películas, los chicos se corren a ráfagas, pero Esteban era un prodigio. Un chorro cálido y cremoso como el yogur comenzó a llenar mi boca y aquello no paraba ni un momento. Mi boca tragaba y tragaba, pero aquello no me daba respiro… El esperma me rebasaba la boca y al final me tuve que quitar, con la boca llena y aun tuvo fuerza para enviarme un chorro que me manchó cara y pelo.

    Me incorporé y comencé a tragar lentamente el semen, saboreándolo lentamente. Normalmente, el de mi chico me lo trago y punto, pero la ocasión lo merecía, estaba más caliente que una yegua en celo así que lo degusté como si fuera un vino. Tenía un sabor entre dulce y salado y me parecía ambrosía de los dioses. Parte se me escapó por las comisuras y me cayó en las tetas.

    Como habíamos parado, Esteban abrió la puerta del coche y sin decir palabra, me tiró de las piernas, quedando tumbada sobre el asiento de detrás. Rápidamente, me agarró del bikini y de un golpe, me lo quitó. Estaba tan húmeda que un hilillo de flujo se quedó entre la braguita y mi raja. Me separó las piernas y hundió su cara en mi entrepierna. Comenzó con mi clítoris y fue como si una explosión hubiese sucedido en mi vientre y en mi cabeza. Creo que grité como un loca y cerré los ojos.

    Solo se oía el chapoteo de la lengua de Esteban en mi coño y mis jadeos. La lengua de él se deslizaba una y otra vez dentro de mi inundada vagina y con una mano pajeaba mi clítoris. Ni siquiera oí como Alex abría la puerta que había a mi cabeza. Solo me di cuenta cuando coloco su polla en mi cara.

    Abrí los ojos y allí tenía yo esa cosa, de buen tamaño (Al lado de la de Esteban era mediana); así que cogí y me la metí en la boca y comencé a mamar como si me fuera la vida en ello. Alex emitió un gemido, se inclinó sobre mí y agarrándome los pechos, comenzó a follarme la boca. Entraba y salía como si se tratara de un coño. Fue estas cuando yo tuve mi segundo orgasmo, Alex se vertió en mi boca y Esteban comenzó a follarme con su martillo pilón.

    El semen de Alex era mucho más cremoso y grumoso que el de Esteban y como se movía mucho, parte se me derramó sobre la cara, mientras yo también me corría, Esteban se levantó y desnudándose, comenzó a penetrarme. Mientras Alex me extendía con su polla su leche por la cara y yo me recuperaba de los coletazos de mi orgasmo, noté como la bestia se apoyaba en mi coño y comenzaba a abrirse camino.

    Comencé a gemir y a jadear, notaba como se iba abriendo camino a través de mi canal. Esteban empujaba y empujaba, pero era tan grande que costaba un imperio meterla. Finalmente, Esteban se salió un poco y de un violento empujón la metió. Los 30 cm entraron de golpe y la punta de su polla golpeó con violencia en el fondo de mi vagina. Un dolor enorme me subió por el vientre y grité. Alex dijo algo como “Tío, que la rompes” pero Esteban le dijo que “Por mis cojones que se la traga hasta los huevos” y comenzó a moverse. Cada vez que la metía me golpeaba el fondo, pero ya no me dolía… todo lo contrario, empezaba a gustarme demasiado.

    Estuvo follándome un buen rato, yo tumbada en el asiento de detrás, la cara manchada de esperma, desnuda. El me sujetaba los tobillos en alto y cada vez que entraba o salía, sonaba el chapoteo de mis jugos, que se me salían de mi coño y me resbalaban por la raja del culo. Finalmente, Esteban empujo hasta el fondo, hasta que sus cojones golpearon en mis nalgas y sin sacarla, comenzó a moverla en círculos. Yo estaba al borde del paroxismo. Todo me llevaba al tercer orgasmo: El olor a semen y sudor, el sabor del esperma, todo… jamás me había sentido así…

    Finalmente, Esteban, se apretó aún más y de un golpe, comenzó a correrse. Yo, con mi novio siempre había usado el preservativo por lo de los embarazos no deseados, pero allí, tumbada como la puta más puta, me daba todo igual. Notaba como mi vagina se iba llenando de su leche, como el chorro golpeaba las paredes de mi vagina. Por fin terminó, saco con un ruido de succión su fláccido miembro y se sentó en el suelo jadeando. Yo me quedé un rato con los ojos cerrados, relamiéndome los labios de los restos de la corrida de Alex. Por fin, abrí los ojos y me giré. Vi a Alex haciéndose una paja.

    ―Alex… no te desperdicies… yo tengo un sitio donde puedes guardar tu aparato.

    Alex sonrió, se acercó a mí y cogiéndome de la mano, me hizo levantarme.

    ―¿Dónde vamos?

    ―Vamos a la trasera del coche… estaremos más cómodos.

    Nos dirigimos hacia allí. Al ponerme de pie, notaba como los grumos se deslizaban fuera de mí y me caían por los muslos. Alex abrió la trasera y extendió una manta y se tumbó, con su rabo erecto hacia arriba. Como he dicho, el suyo no era el de Esteban, pero era de un tamaño respetable. Me subí a la trasera y colocándome a horcajadas sobre su polla, me dejé caer con todo mi peso sobre ella. Oí el chapoteo que hizo al entrar. Inmediatamente comencé a cabalgar sobre el como una posesa. Cada vez que introducía su pene, salpicaba su pubis con mis jugos y la corrida de Esteban.

    Alex me agarraba las tetas y me las amasaba y pellizcaba los pezones hasta hacerme gritar. Tuve mi cuarto orgasmo a grito pelado, como si me estuvieran destripando, pero no quería parar, quería verme llena por dentro de leche, quería que me reventaran a pollazos… Alex estaba cerca de correrse, así que cambie de postura, me puse de rodillas y abrazando su cuello, comenzó a llevar el control de la follada. Llevábamos un rato así cuando me giré y vi a Esteban cascándosela también. Le llamé entre jadeos:

    ―Esteban… cariño… ven… que todavía tengo espacio para ti…

    Y señalé mi ano. No sé cómo se me ocurrió con la taladradora que tenía pero puesto que hoy era el día de las locuras…

    Esteban se acercó al coche y de la caja de las herramientas sacó un tubo de grasa. Dio un poco en la mano y comenzó a extendérmelo por mi ojete. A continuación, subió al coche y de un solo golpe me la metió hasta las entrañas. Fue como cortar mantequilla con un cuchillo caliente. Me puso sus huevos hasta el culo y no me dolió nada.

    Yo había visto en las revistas como dos tíos follaban analmente y vaginalmente a una chica… pues bien… ya lo estaba experimentando. Me follaban por turnos: Alex me penetraba y Esteban se quedaba quieto en mis intestinos y después de un rato, Esteban me jodía el recto y Alex dejaba descansar su tranca en mi caverna. Esta sensación sí que era nueva… dos pollas dentro de mi cuerpo follándome a la vez… el colmo del placer… sentía las dos pollas a través de la delgada pared que separa recto y vagina.

    Finalmente, Alex entre espasmos, comenzó a correrse. Notaba en mi interior el calor de su leche mientras que mis músculos vaginales ordeñaban su polla. Por fin, se quedó parado, jadeando y con su fláccido miembro enterrado dentro de mí.

    Entonces, Esteban aprovechó la inmovilidad de su compañero para dedicarse a mi trasera… Comenzó con una fuerza y una rabia que creía que me iba reventar las tripas y me la iba a sacar por la boca… una cosa tremenda… mi ano estaba dilatado hasta unos extremos que yo ni había soñado… de repente, enterró hasta el fondo su miembro, hasta que sus pelotas llegaron a mi culo y su pubis hasta la raja del mismo y comenzó a moverla en círculos, sin sacarla…

    Creo que puse los ojos en blanco y gemí como una loca… hasta creo que se me cayó la baba… tuve el orgasmo más bestial que nunca haya tenido mujer nunca… no me di ni cuenta que comenzó a llenarme los intestinos con ese leche suya y a chorros… cuando recuperé los sentidos, aún estaba entre los dos chicos, me acariciaban el pelo y me besaban en el cuello… me dijeron que era la chica más enrollada y sexy con la que habían estado… y no lo puse en duda.

    Miré mi reloj y vi que eran las 8 y media… debía volver al campamento. Nos desacoplamos y me levanté a vestirme. Notaba como un chorrillo de líquido caliente me bajaba por la entrepierna y la raja del culo. Me puse el bikini y el pareo. Luego Alex y Esteban me dejaron en la puerta del campamento. Les di dos besos a cada uno y desaparecieron por la carretera. No los he vuelto a ver pues ya no baje a darme los chapuzones pues ya no los necesitaba. Volví a Madrid y… pero eso ya es parte de otro relato. Un besazo muy fuerte.

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  • Mi prima Ana contraataca

    Mi prima Ana contraataca

    Todos recordaréis a mi prima Ana (ver el relato “Mi prima Ana”).

    Sí, esa chica morena, de ojos oscuros y con un tipazo espectacular, con la que me pegué una ducha más que agradable tras una reunión familiar. Pues bien, desde entonces nuestra “amistad” ha ido creciendo, y hemos quedado muchas otras veces, hemos ido al cine, hemos ido de viaje y bueno, digamos que nuestra relación es mucho más fluida a partir de esa maravillosa ducha. Pues bien, voy a contaros que pasó una noche que salimos de fiesta, y que a la vuelta, nos encontramos con alguna sorpresa, en principio poco agradable, pero al final, increíblemente buenas.

    Era un fin de semana de noviembre, y después de una noche de fiesta, decidimos que era hora de volver a casa, ya que la gente estaba empezando a dormirse. Yo ese día, pese a tener el coche, había bebido un poco, no mucho, pero algo, y para evitar los controles de tráfico, Ana me invitó a pasar la noche en su casa, como otras veces había hecho desde que éramos bien pequeños, así que envíe un mensaje a mis padres, diciéndoles que iba a dormir fuera, para tranquilizarlos.

    A esa hora no había nadie en la carretera, y el ambiente era tranquilo. Ana dormitaba a mi lado, con su cabeza inclinada hacia la ventanilla. Llevaba un top marrón oscuro y un pantalón ajustado negro, marcando bien su espléndida figura. Observándola por el rabillo del ojo, no pude evitar lo que pasó en la ducha aquel día, y tuve una erección bastante fuerte, que tuve que ocultar como pude, ya que se notaba demasiado. Así fue el viaje hasta su casa, tranquilo por un lado, pero muy excitante por otro.

    Por fin llegamos al portal de su casa, entramos, y nos dimos cuenta que había perdido la llave de la puerta de su casa. Las llevaba por separado a las de la puerta del portal, y en algún momento de la noche se le debían haber caído. Ante esa situación llamamos a la puerta, algo preocupados por el enfado de sus padres al despertarles a esas horas, pero nadie contestó, esa noche tenían el sueño especialmente profundo, así que ante la puerta nos quedamos, con frío y sin saber que hacer. Ana estaba algo nerviosa, ya que era la primera vez que le pasaba algo así, y además no iba vestida con ropa especialmente gruesa para aguantar el frío.

    En ese momento recordé que en el coche tenía una manta, que llevo siempre por si alguien la necesita, así que bajé a por ella, la subí, y en el hueco de la escalera, nos acurrucamos los dos al calor que nos ofrecía mi manta, y dándonos calor humano el uno al otro.

    La noche avanzaba y ahí estábamos los dos, pegando nuestros cuerpos, cuando de repente noté algo que no esperaba. La mano helada de Ana se había colado por dentro de mi camiseta y desde el vientre se acercó a los pezones, y comenzó a acariciarlos.

    -Los tienes duritos por el frío o por otro motivo, como lo otro que tenías duro en el coche mientras me hacías un escaneado con la mirada…

    Me miró igual que lo hizo la otra vez con una mirada picara y una sonrisa en la boca, parece que había encontrado una forma de entrar en calor más divertida. Se lanzó a mi boca y besándonos apasionadamente, volvió a descender su mano por mi pecho, apoyándola en mi paquete, que poco a poco empezaba a entrar en calor y a endurecerse. Mientras, yo deslizaba mis manos desde su cuello hasta sus tetas, ni grandes ni pequeñas, en su punto, las apreté con fuerza, lanzando ella un gemidito de placer, que hizo que su presión en mi paquete aumentase, hasta que no pudo más y lo sacó, estaba realmente excitado y la tenía totalmente en erección.

    Empezó a hacerme una paja cogiéndola desde el capullo y deslizándose lentamente hasta la base, era realmente increíble la sensación de su mano fría en mi polla, cada vez más dura y caliente. La cosa empezaba animarse en el hueco de la escalera, a la vista de quien pasase, pero quizás por eso, la situación era mucho más excitante.

    Entre besos apasionados y caricias cada vez más intensas, acabamos quedándonos bajo la manta yo totalmente desnudo, y Ana con un sujetador marrón oscuro y un diminuto tanga a juego que apenas tapaba nada, y menos bajo la intensidad de las caricias al cual le estaba sometiendo, marcando ya una cantidad de humedad destacada. En un momento dado, dejó de besarme y volviendo a mirarme con su peculiar mirada, se metió debajo de la manta, y empezó a hacerme una mamada realmente espectacular. Yo notaba como el frío de su mano había cambiado por el calor de su boca.

    Después de suaves besitos en la punta, se introdujo todos los centímetros de mi miembro en su boquita, para ir acelerando poco a poco, acelerando a su vez mi excitación, que se traducía en separar la tela del tanga e introducir mis dedos dentro de su rajita, cubierta por una suave mata de vello. Aquello era el paraíso, una fría noche de noviembre, debajo de una manta, con una mujer espectacular.

    Entonces sentí la necesidad que debía complacerla a ella también, me introduje yo también bajo la manta y acabando de quitarle el tanga, que ya no hacía mucho papel, nos pusimos en 69, y comencé a lamer esa rajita cada vez más húmeda, mientras ella seguía trabajando mi polla. Aceleró en su entrada-salida en su boca y masajeaba mis huevos hinchados por la excitación, mientras yo abriendo sus labios, introducía mi lengua mientras jugueteaba con su clítoris con mis dedos. Así estuvimos varios minutos, dándonos placer oral, hasta que llegó el momento.

    Yo apoyado en la pared, y ella frente a mí, se sentó sobre mi pene, que no tuvo especiales dificultades en entrar, ya que estaba muy húmeda. Empezó a moverse sobre mí, ya sin necesitar ningún tipo de manta, ya que el calor que irradiábamos nos era suficiente.

    Comenzó a saltar sobre mi polla, introduciéndose esta cada vez más hondo hasta estar completamente dentro de ella, mientras yo le quitaba el sujetador para alternar besos en la boca con lametones y mordiscos suaves en los pezones. Ana emitía suaves gemidos, no demasiado altos para no despertar a nadie, y eso no hacía otra cosa que excitarme más, haciendo que yo también me moviese, conjuntando nuestros movimientos, acelerándolos, gozando el uno del cuerpo del otro.

    Así estuvimos varios minutos hasta que ella cansada, se dejó caer hacia detrás, yo me puse en cuclillas, y apoyando sus piernas en mis hombros, me coloqué de nuevo entrando en ella de un solo golpe, y volviendo a moverme con rapidez. Cada vez le resultaba más difícil controlar sus gemidos. Pese al frío, el sudor resbalaba por nuestros cuerpos, haciéndolos brillar, y esa visión de mi prima me excitaba aún más, sudorosa, gozando, hacía que yo embistiese con más fuerza, notaba que el éxtasis estaba cerca.

    Cuando notamos que no podíamos más, Ana me pidió que saliese, que quería acabar masturbándonos mutuamente, así que entrelazamos las piernas, y ella empezó a sacudir mi polla con fuerza, haciendo vibrar mis huevos, mientras yo con mis dos manos estimulaba su coñito, metiendo un par de dedos dentro de ella mientras estimulaba su clítoris con otros dos, así estuvimos hasta que no pudimos más, y ella terminó corriéndose entre temblores de placer, y yo lanzaba una gran cantidad de leche que impactaba en su vientre y en su vello púbico.

    Exhaustos, nos abrazamos y cubriéndonos con la manta, nos quedamos unos minutos en silencio, antes de vestirnos un poco y de limpiarnos asearnos un poco con unos pañuelos que Ana llevaba en el bolso. Volvimos a abrazarnos y nos quedamos dormidos, hasta que los gritos de una vecina que nos vio allí, preguntándonos si estábamos bien, nos despertaron, y le comentamos lo que nos había pasado con la llave. Como eran ya las 11, llamamos a la puerta de su casa, y nos abrió su madre, algo enfadada por las horas a las que llegábamos, diciendo que tanta fiesta no podía ser buena y es cierto que no fue buena, fue espectacular.

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  • En el salón de clases con mamá

    En el salón de clases con mamá

    Mamá es profesora de idiomas en una escuela secundaria, sus clases son los días lunes, miércoles y viernes, en un horario de las 12 a 13 horas, su escuela está en la colonia Portales en México, D.F., como yo también estudio, normalmente los viernes paso por ella a su escuela y nos vamos a comer juntos a cualquier restaurante del centro, ya que vivimos en la colonia Guerrero, espero que no les importe mamá es madre soltera.

    Un día viernes, como de costumbre pasé por ella, solo que ya desde en la mañana cuando nos estábamos arreglando para salir entré a su recamara y la encontré semidesnuda, solo traía puesta una diminuta pantaleta, que sin llegar a tanga, está un poco pequeña, marcándosele muy bien su pubis y sus bien torneadas nalgas, no tenía nada en sus pechos y pues sea lo que sea mamá está buenísima.

    Ya la había visto muchas veces inclusive hasta completamente desnuda, no me había acelerado como este día y para disimular mi turbación le dije:

    –Mamá, ¿sabes dónde están mis zapatos color café?

    –No Gael, si tú no sabes donde dejas tus cosas, yo menos, pero a ver vamos a buscarlos a tu recamara…

    Sin decir más y así como estaba salió y yo detrás de ella siguiéndola hasta mi recamara, entró y agachándose por debajo de la cama, me puso enfrente el mejor cuadro de nalga que había visto, también yo me agaché junto a ella buscando por debajo de la cama, para mi mala suerte, ahí estaba el par de zapatos… no me quedó más que fingir demencia y decir:

    –Aquí están mamá, ¡aquí están!, ¿pero que me pasaría que no los vi antes?

    –Que ganas de molestar a tu madre Gael, como si yo no tuviera cosas que hacer, a ver si te organizas y te disciplinas un poco, no todo el tiempo voy a estar detrás de ti…

    Nos levantamos al mismo tiempo y sus tetas pasaron volando por delante de mi cara, y como sonámbulo las seguí, bueno hice el intento de seguirlas, por que inmediatamente reaccioné y me contuve, mi madre se dio cuenta, pero no dijo nada, salió contoneándose y más me prendió el hermoso vaivén de sus nalgas…”delicioso”, pensé yo y mi sexo se puso duro como un poste.

    Desayunamos, pensando que algo tenía que hacer con mamá para calmar las ansias que me empezaban a consumir.

    –Mamá ¿paso por ti a la escuela? Le pregunté, esperando anhelante una respuesta positiva, a fin de asegurarme tenerla y no me fuera a salir con que iba a ir a algún lado y me dejara solo.

    –Si cariño, pero tienes que estar puntual, porque también me habló una amiga para ir a comer a la Fonda del Recuerdo, y si llega primero ella no podré zafarme y así ya le telefoneo que no podré ir, para no quedar mal.

    –Si mamá, llegaré antes te lo prometo.

    Con esta respuesta hasta mi corazón dejó de acelerarse y se calmó por completo… era todo lo que quería, lo demás vendría solo, ya era ganancia haber asegurado estar juntos.

    Estuve muy participativo, más que de costumbre en las clases de la Uni y dejando correr el tiempo llegó la hora de salida y como rayo me fui a recoger a mamá a su escuela, llegué como 10 minutos antes de su salida, fui a su salón de clases y la encuentro sola, arreglando sus documentos, porque según me dijo la clase la dio por terminada antes, ya que había aplicado un examen.

    –Hola mamá, ya estoy aquí…

    –Hola Gael que tal te fue hoy?

    –Estupendo mamá, estupendo, hoy las clases estuvieron muy dinámicas y en todas participé, voy bien mamá.

    –Me alegra Gael, me alegra mucho, ya pronto estaré más tranquila de que tengas tu carrera terminada y seas un excelente profesionista.

    –Si mamá, le contesté sentándome en una silla muy cómodamente, observando a mi madre… en verdad que la vi guapísima, muy sensual y exuberante, irradiando un tremendo poder sexual.

    Su color de piel canela, la hace ver tremenda, llena de vigor y de vida, llena de ganas de coger… al menos esos eran mis más persistentes pensamientos desde que iba en camino a la escuela de ella.

    –Es que no nos vamos a ir Gael? Dijo mamá extrañada de que en lugar de ayudarla a recoger sus cosas, me acomodé en una silla.

    –Si mamá, pero estás tan guapa, que se me olvidó todo… no sé qué tienes ahora, pero estas deslumbrante, estas seductora y muy sexi mamá, si no fueras mi madre ya te estuviera enamorando mamá…

    –Te parezco deslumbrante, seductora y muy sexi?… ¡a caray!… Nunca me habían dicho tantos halagos tan finos y tan de repente… haces que me sonroje Gael y a mis años, como que ya no debería de funcionar mi rubor, pero mira nada más quien me los dice.

    –A lo mejor es por que como dicen que la verdad no peca y en este caso: ruboriza, es que en verdad mamá, si se pudiera por unas horas que no fueras mi madre…

    –¿Qué harías Gael?

    –Intentaría seducirte mamá… bueno, digo si no lo tomas a mal…

    –Claro que no… ya eres un hombre Gael y es natural que tengas impulsos y deseos de hombre, eso me alegra porque cuando menos puedo tener quien me acompañe a bailar, cuando en las noches se me antoja salir a distraerme…

    –Y por qué no lo habías dicho mamá, aparte de tu hijo, quiero ser un amigo para ti, claro no tengo tanta experiencia, pero compañía si te hago, ¿no crees mamá?

    –Pues sí tienes razón y a todo esto ¿por qué estas tan formal y ceremonioso conmigo?

    –Es que estas divina mamá, si te pudieras ver, así como te estoy viendo ahora, te darías cuenta que tienes unas hermosas y deliciosas piernas, piel canela fresca y antojable para acariciar y besar mamá y con esa minifalda que traes, se adivina una fantasía entre tus piernas y los botones de tu blusa, incitan a desabrocharlos, para ver qué deliciosos y jugosos senos se esconden dentro de tu brasier…

    –¡Pero que cosas se te ocurren!… De donde sacas tantas cosas halagadoras… eres un conquistador Gael… me dan ganas de olvidar que eres mi hijo y me voy a dejar seducir por ti…

    Ante esta proposición de mi madre, no me quedó más que tirarme a fondo y temblando de emoción que a duras penas podía disimular, le dije:

    –Mamá ¿y si te quitas tu falda?

    –¿Que me quite la falda?

    –Si mamá, estás regia y tus piernas siempre me han provocado acelerados pensamientos que trastornan y nublan mis sentidos…

    Mamá se quitó su minifalda y quedó más excitante que cuando la he visto totalmente desnuda en la casa, para mí parecía una conejita de playboy…sí que le traía ganas a mamá.

    –Mamá, ¿te puedes poner en cuclillas?

    –¿Y eso Gael para qué?

    –Para verte mamá… para verte, se me antoja ver en esa posición tus piernas y tu pantaleta mamá…

    Y sin esperar más, mamá se puso en cuclillas y lo que me había imaginado, sus bellos muslos enmarcaron una delicada pantaleta que cubría su sexo, maravillosa visión jamás la había tenido con mamá, mi sexo empezó a cobrar vida y a ponerse duro.

    Me acerqué a ella insinuándole lo abultado de mi sexo y ella sin más metió su mamo en mi entrepierna tocándome, produciéndome un ligero estremecimiento que no pude disimular.

    –¿Estas excitado Gael? Preguntó muy inocente mi madre.

    –Estoy caliente mamá y tú eres la culpable, me estas trastornando…

    –Ah sí… ¿y qué quieres que haga?

    –Pues no sé mamá… lo que se te antoje… ¿o es que a mi mamá no se le antoja nada?

    –Ay cariño, vamos a ver qué podemos hacer con esto que traes escondido aquí y que parece que lo que quiere es salir… a ver… a ver…

    Mi madre empezó a desabrochar mi cinturón y a bajarme el pantalón y la trusa, mi sexo salió como resorte de su prisión… disimulé mi emoción al observar a mamá que no perdía detalle de mis reacciones, me hice el fuerte y soporte la oleada de calor que recorría mi cuerpo a velocidad del rayo, haciéndome estremecer.

    Se quedó mirando por un instante el sexo que orgulloso le exhibía, lo acarició con delicada suavidad, sus ojos brillaron con una intensidad de lujuria y deseo, aspiró con voluptuosidad y procedió a pasar su lengua suave como la seda por la cabeza de mi sexo, cerrando sus ojos con lo cual más me prendió y mi verga se creció a su máximo tamaño.

    –Mamá, ¿te gusta lo que tengo? ¿Será que te satisfaga?

    –¡Claro!, mis sueños al fin se hacen realidad, soñaba con este momento y no me lo voy a perder…

    Al escuchar esto, me estremecí de placer, más no podía pedir, resultaba que ambos nos deseábamos y enseguida, mamá me la empezó a mamar deslizando su lengua por todo lo grueso y duro de mi sexo, aspiré profundamente para llenar de aire mis pulmones y disfrutar con mayor fuerza el placer que estaba recibiendo de la boca de mi madre.

    Casi con devoción mamá succionaba, acariciaba con su lengua todo mi sexo, lo envolvía con sus labios, lo mordisqueaba levemente, presionaba, deslizaba, entraba y salía mi sexo de su boca, en un instante me enardeció a punto de venirme en su angelical boca.

    –Mamá que me voy a venir, y yo quiero gozar este maravilloso momento de mi vida… ¡mamá!

    Mi madre sin hacer caso de mis palabras, seguía succionando, pero bajó la intensidad de la mamada, con lo que pude controlar mi ritmo de calentamiento y contener la eyaculación que me amenazaba, un poco más y creo que ahí hubiera terminado mi maravilloso sueño.

    –Gracias mamá, eres maravillosa, soy un hombre afortunado, contigo hasta el fin del mundo deliciosa señora…

    Mi madre siguió deleitándose con mi sexo y yo en las nubes, no me contesto nada, pero la suavidad de su boca fue más elocuente que mil palabras.

    Nos olvidamos del lugar donde nos encontrábamos, ella siguió dándome una soberana mamada, mi sexo otra vez endurecido por las ganas de las caricias de mamá, ella disfrutando igual desahogándose de su abstinencia, pero también su respiración empezó a acelerarse y a ser más voluptuosa y cachonda para mamar…

    –Mamá, ahora me toca a mí… quiero saborear tu vagina, quiero llenar mi boca con el sabor de tu intimidad, quiero perder mi cara entre tus piernas, quiero sentirme aprisionado entre tus muslos y beberme tus ansias de amar… dame el elixir de tu cuerpo y de tus ganas… quiero embriagarme con tu sabor y tus aromas mamá…

    –Si Gael, lo que quieras cariño mío, voy a saciar en ti mis ansias de mujer contenidas por tanto tiempo, voy a dejar que hagas de mi lo que quieras… ya no aguanto más… me has seducido y quiero ser tuya… me has calentado amor tan deliciosamente que estoy ardiendo de pasión y deseos, estoy mojadísima y mi cuerpo necesita un hombre y yo te quiero a ti amor…

    La tomé de las manos y la levanté, nos dimos un enorme beso, el beso más apasionado que en mi vida he dado y sentí que mi madre igual, se fundió conmigo en ese beso… sentí su boca fresca y suave, su saliva deliciosa y dulce, con mi lengua jugué dentro de su boca, la apreté contra mi cuerpo y ella se dejó aprisionar entre mis brazos arqueando su cuerpo para pegar con desesperación su sexo al mío, así estuvimos no sé por cuanto tiempo, solo sentía el desesperado palpitar de su corazón, sus manos recorriendo mi cuerpo y las mías cubriendo toda su hermosa anatomía.

    Lentamente empecé a desabrochar su blusa, apareciendo su brasier y sus enormes tetas, con manos temblorosas pude desabrocharlo, y sus pezones saltaron hacia el frente ardientemente hinchados, llenos de deseos, llenos de pasión, no pude resistir las ganas y me prendí de ellos, con mi boca abierta al máximo quería comerme todo su seno, tarea imposible y mi mano acariciando el otro pezón y la teta completa que apenas alcanzaba a abarcar, masajeándola dulcemente, haciendo que mamá se estremeciera…

    Mi madre quedó con tan solo su pantaleta, metí suavemente mi mano hasta tocar los labios vaginales, al sentirla mamá dio un pequeño suspiro y estremeciéndose abrió lentamente sus piernas para permitir que pudiera deslizar mis dedos por toda esa deliciosa protuberancia de su sexo.

    La fui acariciando con ternura como queriendo fundir mi mano con su ardiente vagina, deslicé un dedo sobre la unión de sus labios vaginales y con una leve presión mi dedo se fue introduciendo poco a poco, ella ya se estaba empapando, palpé la humedad precipitándose hacia fuera de su cuerpo, la suavidad de su intimidad me hizo estremecer a mí, ya que no esperaba que mamá estuviera tan caliente. Ella sintió mi sorpresa y contrajo su vagina produciéndome un repentino choque eléctrico que me hizo apretar todo el bulto vaginal de mamá.

    Me coloqué de rodillas delante de ella y abriendo sus labios vaginales, empecé a lamer lentamente, pasando mí lengua con suavidad y al mismo tiempo recogiendo los líquidos que del fondo de su intimidad escurrían, los sorbí y me gustaron, introduje en toda su extensión la lengua moviéndola hacia todos lados, para recorrer esa jugosa y ardiente cavidad por donde mi madre estaba recibiendo por primera vez mis apasionadas caricias.

    Tan metido estaba en la vagina de mamá, que con mi nariz presionaba su endurecido clítoris, sintiéndolo engrandecerse y no aguantando más, pasé a succionarlo, mi madre se estremeció nuevamente y agarrándome de la cabeza me presionó para que no abandonara esta posición y la mamada que le estaba dando…

    –Así Gael succiona mi amor… ay cariño que delicioso y rico estoy sintiendo… ¡más, más, más mi amor… más!

    Mi madre arqueándose para atrás abrió con rapidez sus piernas y respirando aceleradamente me soltó en plena boca su copioso orgasmo, como pude recibí todos sus líquidos, acelerando el movimiento de boca y lengua dentro de su vagina, para hacer desfallecer de placer a mamá, quien no aguantó y de su garganta salió un alargado:

    –¡Aggggh!

    Temblando de ansiedad, me levante y recosté a mamá sobre su escritorio, quedando su vagina al borde, le abrí las piernas y mamá me ofreció esa hermosa y jugosa flor vaginal, la tome por sus muslos y lentamente me fui acercando apuntando con mi sexo directamente a la entrada de su vagina, la empecé a rosar con la punta de mi sexo, la empapé con sus jugos que seguían fluyendo, ya teniéndola bien mojada, se la fui introduciendo lenta y suavemente hasta que por primera vez se la clavé hasta el fondo, mi madre se estremeció voluptuosamente y acomodándose bien en la improvisada cama que era su escritorio, empecé a bombearla cadenciosamente disfrutando este inmenso placer de estar cogiéndome a mi madre.

    Seguí empapándome con sus líquidos, mi sexo completamente mojado se deslizaba con alucinante suavidad dentro de mamá, ella respiraba agitadamente y se estremecía a cada bombeada que le daba, ya que al metérsela toda, mis vellos le producían un escozor agradable en su entrada vaginal, lo que le generaban más sensaciones placenteras…

    Detuve las bombeadas que le estaba dando a mamá y con toda mi verga adentro de ella, le dije:

    –Mamá estas maravillosamente deliciosa, siento un inmenso placer al estar dentro de ti… no sé cómo explicarte lo que siento al ver como entra mi verga… estoy como volviéndome loco… mi verga en contacto con tu vagina para mi es la locura mamá…

    –Ay Gael mío… yo… yo… también estoy enloqueciendo de ardiente pasión… me tienes trastornada mi cielo… esto es una locura, pero me está gustando entregarme a ti… aghhh… huummm… ¡estoy caliente y me gusta…!

    –Mamá, que afortunado soy de tenerte en mis brazos… si se pudiera detener el tiempo, así quiero quedarme, así como te tengo mamá… con todo mi sexo adentro de ti…

    –Gael, cariño mío, me vas a enloquecer… ni en mis mejores tiempos me había excitado como ahora me tienes tú… soy tuya… soy tuyaaa hummm…

    Los pezones de mamá estaban por explotar de lo inflamados que se veían, empezó a moverse voluptuosamente y a ensartarse lentamente todo mi sexo, tomó un ritmo delicioso, le levanté sus piernas y empecé a lamer y succionar los dedos de sus pies, mi madre no aguantó estas caricias y con un enronquecido grito y un estremecimiento empapó mi verga con su orgasmo…

    Mi sexo quedó completamente mojado con sus cálidos líquidos que a raudales salían de su intimidad, aceleré mis arremetidas en su vagina, para que disfrutara plenamente su orgasmo y con contracciones vaginales me anunciaba el ardiente goce que mi madre estaba experimentando, haciéndome sentir un consumado amante, sensación que también me hizo estremecer y a punto de venirme, preferí mantenerme quieto, disfrutando las convulsiones y contracciones de mamá, que poco a poco se fueron calmando.

    Mi madre al recobrar la calma y el control aflojó lentamente su cuerpo y yo me mantuve adentro de su sexo, sintiendo escurrir hilos líquidos con aroma a sexo de mamá, aroma que aspiraba con deleite y gozando el haberle provocado tan ardiente orgasmo.

    –Gael… -dijo mamá-… que ardiente eres amor… eres el hombre que me estaba haciendo falta, me has hecho sentir la gloria cariño…

    –Mamá todo lo hice con el deseo de poseerte, eres mi madre pero no resistí las ganas que desde en la mañana me despertaste… te vi como mujer, y mi sexo se puso duro con tu cercanía en la casa, te he visto desnuda mamá, pero hoy me despertaste el placer y como solo somos tú y yo mamá…

    Yo continuaba con mi sexo a la espera de poder enfriarlo y sin perder la erección aprovechar este momento de tener a mamá clavada con mi sexo convertidos en amantes, ya no me importaba nada, solo el deseo ansioso de ser yo quien satisficiera a mi madre.

    Empecé de nuevo a bombear lentamente a mamá, y ella acomodándose en el escritorio, más voluptuosa y caliente, repuesta de sus orgasmos, también se dispuso a deleitarme con su delicioso sexo, yo veía embelesado como en la vagina de mamá mi sexo se perdía vigoroso y altivo, queriendo comerme todo ese manjar que a mi disposición tenía.

    –Gael… ¿te gusto cariño? Dijo mi madre con una voz gutural muy apasionada y ansiosa.

    –Mamá… -le respondí-… estoy en la gloria, eres maravillosa, no sé si porque eres mi madre siento ternura de hacerte mía, igualmente siento lujuria por tenerte en mis brazos haciéndote el amor, tener sexo contigo mamá me está transformando, quisiera que esto no terminara nunca, que el tiempo se detuviera y estar así como estamos ahora eternamente…

    –Quiero gozarte Gael… deseo que tus fantasías sexuales las realices conmigo… me harás inmensamente feliz, si contigo yo también vivo mis fantasías que a veces por las noches me asaltan en la soledad de mi cama…

    –Mamá a partir de ahora, ya no estarás sola en la cama, estaremos los dos para amarnos en la intimidad de nuestra hogar, seré para ti día y noche…

    –Sí, ya lo he pensado también, volveré a vivir mi vida en tus brazos Gael…

    Mamá se levantó del escritorio y se agacho sobre el mismo, ofreciéndome sus bellísimas nalgas, jugosas y ansiosas de ser penetradas.

    –Siempre me ha gustado ponerme así para hacer el amor, y ahora quiero que me penetres con todas tus fuerzas cariño…

    –Como quieras mamá… y sin esperar a más se la dejé ir hasta el tope, sentí el estremecimiento de mamá al penetrarla, su vagina empezó a contraerse produciéndome escalofríos en todo mi cuerpo, ya que mi sexo recibía la presión vaginal y me enardecía, revolucionando mis ardientes y lujuriosos deseos de estarme cogiendo a mamá.

    Aceleré mis embestidas sobre el sexo de mamá y ella empezó a respirar agitadamente, la tomé de sus caderas para controlar los movimientos de los dos y sus espasmos me anunciaron que mamá estaba a punto de volver a venirse, bajé el ritmo de las bombeadas la tomé de sus brazos y medio levantándola con mi sexo clavado hasta el fondo, ella inicio un movimiento circular con sus nalgas que me volvieron loco de placer, mamá es estupenda moviendo sus nalgas, ensartándose ella misma todo mi sexo, me hizo alucinar…

    –Mamá voy a enloquecer con tus movimientos… me vas a hacer explotar… ¡¡mamá!!

    –No importa cariño… quiero que veas todo lo que mamá puede hacer contigo mi cielo…

    –Si pero…  pero…pero más despacio porque me voy a venir mamá…

    Mamá se fue enderezando lentamente hasta que mi sexo salió de su vagina, se dio la vuelta y arrodillándose ante mí, empezó a darme una deliciosa mamada.

    El aroma de la mezcla de nuestros líquidos sexuales y su saliva pronto llegaron a mi nariz y de mi nariz al cerebro, rebotando como relámpago sobre todo mi cuerpo y más sobre mi sexo que en automático impulsó a mi cuerpo a un movimiento de vaivén en la boca de mamá.

    –Mamá tu boca es de seda… siento en mi sexo una suavidad que me enloquece, hasta me parece que se agranda más cada vez que entra y sale de tu boca…

    Con mis manos acariciaba suavemente las tetas jugosas de mamá y en cuanto pude, la paré frente a mí, la besé en la boca quedando nuestros cuerpos fundidos en un beso indescriptible de pasión y deseos contenidos de amarnos.

    Mis manos y brazos recorrían ansiosos el cuerpo de mamá, llenándome de placer, disfrutando la suavidad de su piel, el calor sensual de su cuerpo, su respiración entrecortada por pequeños estremecimientos al sentir mis caricias, su aliento que daba en mi pecho me parecía la más sublime de las sensaciones de dos seres entregados al sexo.

    –Nunca me cansaré de amarte, le dije, apretándola contra mi cuerpo, estoy trastornado por ti, me estoy volviendo loco de tanto exquisito y delicioso placer que me estas dando…

    Por toda respuesta mamá se separó de mí y se acostó de lado en el escritorio, y me dijo:

    –Ven Gael, sigamos pecando amor, si ya dimos este paso, que sea para siempre y nuestra pasión sin límites… ya nada me importa ni me detiene, en ti he encontrado lo que mi vida y mi cuerpo necesitan…

    Me acomodé atrás de mamá y nuevamente la penetré suavemente, tan suavemente que mamá con un profundo suspiró aprisionó todo mi sexo y lo mantuvo por unos instantes…

    –Me haces tan inmensamente feliz cariño, que a mis años estoy sorprendida de poder disfrutar de esta ardiente pasión que en mi cuerpo has despertado Gael de mi vida…

    –Me alegra y me emociona mamá poder ser tu hombre, me haces sentir como si fuera realmente un excelente amante…

    Con estos comentarios la sangre que ya la tenía enardecida, con más furia circuló en mi cuerpo y aceleré repentinamente mis penetraciones sujetándola por su cintura con lo que las bombeadas fueron profundas y vigorosas…

    –Ay cariño… me matas… estás acabando conmigo… estoy a punto de… aghhh…

    Me entregué a un frenético vaivén sobre la vagina de mamá, mi sexo se perdía totalmente en su ardiente vagina, salía y entraba, deslizándose como pistón, mi madre estremeciéndose en su orgasmo, contrajo sus músculos sexuales y clavándole todo el miembro explote dentro de mamá, llenando de ardiente leche toda su intimidad…

    Mi madre volvió a contraer su vagina aprisionando mi sexo y exprimiéndole hasta la última gota de leche que fui capaz de darle…

    –Eres todo un hombre Gael, cariño mío… me has hecho inmensamente feliz, sigo como entre nubes, como nadie me había hecho sentir…

    –Es tan solo que nos excitamos demasiado mamá, yo también estoy que no creo esto irrealmente maravilloso… eres divina mamá… muy divina, exquisita, ardiente y deliciosa… estoy orgulloso de ser yo quien te disfrute mamá…

    A pesar de las contracciones suaves de mamá, mi sexo se fue poniendo flácido y poco a poco salió del horno que aún era la vagina de mamá…

    Una vez repuestos de nuestro lance amoroso, empecé a vestir a mamá y a darle de besos en las partes de su cuerpo que según la iba vistiendo me quedaban al alcance de mi boca, ella se dejó vestir tranquilamente, acomodándose bien sus prendas…

    –Que caballero tan gentil tengo por hijo, creo que soy infinitamente afortunada, tengo todo para ser feliz… dijo mi madre arreglándose su hermosa cabellera.

    Me vestí en un instante y acercándome a ella, la besé en la boca y abrazándola por su cintura, le susurré al oído:

    –¿Nos vamos mamá?

    Fin

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  • Economista y prosti: Comunicando buena nueva a papá y más

    Economista y prosti: Comunicando buena nueva a papá y más

    ¡Hola!

    Lo prometido, como comuniqué a papá las buenas noticias, y su reacción.

    Recuerdan que les conté como investigué las posibles consecuencias de un embarazo con mi padre (si lo incluyéramos como donante cuando decidamos con Tommy ampliar la familia, probablemente a fines de este 2025).

    Está muy claro que si se dan ciertas condiciones genéticas, pueden registrarse serias anomalías, pero existen análisis que permiten confirmar o descartar eso.

    Y así fue que con el visto bueno de Tommy, papá y yo fuimos a un genetista y posteriormente entregamos sangre y saliva para análisis en un laboratorio especializado.

    Estando en Punta del Este, me llamaron del laboratorio para comunicarme al detalle que estaba todo bien, cosa que en otra llamada, confirmé con el médico genetista.

    Solamente quedaba comunicárselo a papá. En principio pensamos hacerlo al volver a Montevideo, pero luego decidimos que sería mejor invitarlo toda una noche al campo. Sería la noche de viernes a sábado, pues sábado y domingo, con la inminencia de Navidad y fin de año, ya tenía reservas de clientes que irían al campo.

    Como ustedes saben, no existe ni la más mínima posibilidad de que mamá se sumara, pues odia el campo, al igual que mi suegra.

    Jueves y viernes, al regreso de Punta del Este (aunque me quedan cosas de allí por contarles), los dediqué al señor que es cliente mío en la Asesoría, a quien vimos junto a su esposa en el Casino. Y el viernes al salir de nuestros trabajos, nos fuimos directamente al campo, pues ya habíamos quedado en que papi iría en su propio coche, para volverse cuando quisiera.

    A eso de las 19 ya estábamos todos en la casa de campo, y le avisamos a don Roque, el casero que nos quedaríamos el fin de semana y que habría visitas (para que no se hiciera ilusiones, recordemos lo relatado en “Economista y prosti: Cogiendo con don Roque”).

    Por supuesto papá ya sabe que don Roque estuvo conmigo.

    Llegamos, cada uno por separado, nos saludamos, y tranquilamente nos tiramos los tres en las tumbonas, al aire libre, cerca de la barbacoa de la casa, a tomar refrescos.

    -Papá, ¿se acuerda que fuimos al genetista y al laboratorio?

    -Claro que lo recuerdo hija, un gesto muy lindo de parte de ustedes dos.

    -Tenemos que comunicarle las novedades que nos han llegado.

    -¿Buenas noticias? Díganme, por favor, ¡necesito saber!

    Me paré, me acerqué y me arrodillé en el césped al lado de su tumbona para comenzar a besarlo mientras él estaba acostado. Como impulsado por un resorte, se puso de pie y nos seguimos besando. Todo estaba muy claro y entendido. Yo estaba descalza, con un vestido solero, muy liviano, todo abotonado al frente.

    Me abrazó, me llevó contra la pared de la casa y siguió besándome casi con desesperación.

    Finalmente dijo: -¿Es lo que pienso? ¿Me lo confirman? ¿Podemos?

    -Claro que sí suegro, dijo Tommy, nos han dicho que no habría problemas. ¡Aunque el médico dijo a Sofi que tuviéramos cuidado con posibles problemas emocionales! Como si no fuera deseado y aceptado.

    Me pusieron entre ellos y se me refregaban continuamente, a veces uno por delante, a veces el otro. Mi vestido hacía que los sintiera, a ellos que estaban apenas de short, casi como si estuviéramos desnudos. Duros, erectos, desesperados besándome.

    En cierto momento Tommy se fue hacia la casa. Papi comenzó a levantarme el vestido, me acariciaba el trasero y seguíamos besándonos. Luego me desprendió el vestido, yo no tenía ropa interior alguna, y se sacó su short y salió y comenzó a restregarme la pija por fuera de la concha. Le encanta restregarla en mi landing strip, ya crecida nuevamente luego de una breve etapa de depilación total.

    Ni que decir, me manoseaba las tetas a veces suavemente como caricias, a veces fuertemente, estrujándolas.

    Tommy reapareció, había sacado el colchón de una de las camas de huéspedes y lo trajo a la galería posterior de la casa. Ideal para coger al aire libre en esa noche de fin de primavera.

    Nos tiramos al colchón con papá y Tom quedó al lado en una tumbona me acariciaban ambos y papá me lamía toda. Me encanta cuando me lame los pies y también cuando me da mordiscos en la nuca. Yo ya gemía como loca.

    Poco a poco, fuimos quedando en misionero, yo deseando ser penetrada cuanto antes.

    ¡Y llegó el momento!

    -Hija, te voy a coger a fondo, como pienso hacerlo cuando llegue el gran momento de ser uno de tus fertilizadores, y vos Tommy, míranos a ver si la cojo bien.

    -Si papá, y lléname bien… estoy tan feliz con la buena noticia del laboratorio, y le dije al oído: “Adoro tu pija y tu leche”.

    Tirado sobre mi, hizo algo que no había hecho antes. Pasó sus brazos por debajo de mis hombros, y con sus manos hacia arriba, sujetó mis hombros y por ello todo mi cuerpo.

    Y entonces, en un par de movimientos de ambos, logramos que su pija enfrentará la entrada de mi intimidad. ¡Un envión y me sentí llena de verga!

    Sus manos me sujetaban y me empujaban hacia su verga, y comenzó a moverse casi sin elevar su cuerpo, solamente movía la pelvis. Es el llamado “ polvo de la oruga” pues parece el movimiento de una de ellas.

    Tommy nos miraba, me daba a chupar un dedo de a ratos, y nos alentaba.

    -Dale más suegro, no aflojes… tu hija te desea.

    Durante algunos momentos, giré mi cabeza y Tommy me dio su verga a chupar, pero al sentir que papá aumentaba el ritmo ondulatorio de su pelvis, me concentré en él besándolo y sujetando sus nalgas con mis manos para acompañar sus movimientos.

    Sentí sus chorros, grité desesperadamente “sí sí asííí” y le supliqué que no parara, que siguiera, pues sentí que yo también estaba cerca del orgasmo.

    Siguió sin que se le bajara, y en uno o dos minutos, comencé a temblar y me acabé yo también, sin poder decir más que “ahhh ahhh”…

    Se salió de mí y al momento tenía encima a Tommy, que me la metió diciendo “así te vamos a preñar”.

    Poco duró, estaba desatado, me la metía y sacaba desesperado y me dejó todo lo suyo también adentro. Bueno adentro no por mucho tiempo, pues momentos después de salirse de mi cuerpo, sentí que comenzaba a chorrear

    Por suerte Tom había traído una toalla que tendió bajo mi cuerpo para no arruinar el colchón.

    Se imaginan. Me dediqué a que se alternaran con sus pijas en mi boca para limpiárselas, y no solamente limpiárselas, ¡quería que se endurecieran nuevamente!

    Y lo logré… pero el primero en tenerla parada fue Tommy, y a él, mi querido y condescendiente marido, me dediqué.

    Se la chupé largamente en exclusiva, mientras él me chupaba la concha y papá se dedicaba a mis tetas acariciándolas. Al final, me lo monté y fue él el que me acariciaba las tetas mientras yo lo montaba y chupaba la poronga de papá.

    Me volvió a acabar, aunque tomó más tiempo, y fue el turno de montar a papá (aunque estuve tentada de que me repitiera el “polvo de la oruga”).

    Lo monté y le chupaba a Tommy los restos de semen. Papá me acariciaba y a veces levantaba su cabeza y me chupaba las tetas.

    Aceleré mis movimientos y lo hice acabar, pero cuando comenzó a acabar me moví muy lento, para darle más placer.

    Terminó de enlecharme, y cuando me incliné sobre él para besarnos, me susurró, aunque sé que Tom lo oyó, “qué hija tan puta tengo, y como te amo”… de los mejores halagos que me han hecho.

    Nos fuimos a la casa a comer algo, exhaustos, y apenas nos cubrimos con algo… ellos bóxer y yo con un lindo conjunto de lencería de tanga y soutien media copa ambos en color rosa.

    Ya estábamos por acostarnos (previa ducha de cada uno) cuando sentimos llamar a la puerta, mientras a viva voz se anunciaba don Roque.

    Decidí caldear un poco el ambiente, solamente por jugar, pues no habría más sexo; y fui a abrir la puerta.

    Don Roque abrió desmesuradamente los ojos (aunque recordemos que ya me ha cogido, a solas), contento de verme así, las tetas desbordando la media copa del corpiño, el culo al aire pues estaba usando tanga hilo.

    -Buenas noches, no quise molestar antes, aunque vine antes, pero alcancé a vislumbrar que estaban ocupados afuera. Les traigo cosas de mi cosecha como siempre. quería pedirles que mañana le den una mirada a mi casa, porque me voy por el día a lo de mi hijo.

    -Quede tranquilo Roque, yo me encargo, dijo Tommy. Además esperamos visita y podemos aprovechar y pasear hasta su casa y dar una mirada.

    -Gracias patrón, dijo don Roque, mientras yo me le refregaba en el cuerpo a modo de despedida.

    Don Roque miraba mis tetas desesperadamente, lo acompañé a la puerta y me bajé el soutien. Le di un par de minutos para lamerlas y manosearlas y le dije:

    -La próxima vez cogemos, se lo prometo.

    Se fue eufórico.

    Y nosotros a dormir, cansados y contentos, en especial papá por la noticia recibida.

    Dormimos los tres juntos, yo en medio de ellos, pero nos limitamos a algunas caricias y besos, nada más.

    El sábado vino todo el día a mi cliente más dotado, Carlos, (no confundir con el Carlos brasileño), el que es compañero de club de papá y de mi suegro. Y el domingo vendrían dos clientes más, uno de mañana y uno de tarde. Ya estábamos a pocos días de Navidad y Fin de Año, y los clientes llenaban mi agenda (y la cuenta, obviamente).

    También tuvimos nuestro tiempo de conversación los tres. Hablamos de cómo los quiero, de diferente manera a cada uno, de lo bien que me cogen, todo eso mientras los acariciaba y ellos me acariciaban o me besaban.

    Recordamos con papá como lo despedí una vez en el jardín de casa, cuando nos vio un señor que paseaba a su perro y yo estaba casi desnuda. Nos reímos, con otros recuerdos (la primera vez con papá) nos emocionamos y así nos fuimos durmiendo.

    Despertamos temprano, desayunamos y despedimos a papá que quiso marcharse antes de la llegada de Carlos.

    Ya les he contado cómo conocí a Carlos, cuando mi suegro y mi papá, compañeros del club, le dijeron, al ver mis fotos en sus teléfonos, que “es nuestra putita de confianza”.

    Es por lejos el más pijudo de todos mis clientes, y muy buena persona y bueno en el sexo.

    Nuestro encuentro fue fogoso y reiterado (me cogió en total tres veces).

    Luego de poseerme dos veces, llegó temprano, quedaba tiempo de sobra, y lo invité a ir caminando hasta el río, apenas unos 200 metros, para refrescarnos con el aire mañanero y de paso ver que todo estuviera bien en la casa de don Roque. Volvimos luego de que nos divirtiéramos con besos y tocándonos junto al río.

    Carlos, muy excitado, me hizo un hermoso anal antes del almuerzo, ¡como gozo de ese tremendo instrumento! Almorzamos los tres el exquisito asado que preparó mi marido.

    A eso de las 3 pm nos dormimos una pequeña siesta los tres juntos, que terminó en fiesta oral aunque Carlos no llegó a acabar (ya me había acabado tres veces), Tommy sí pudo.

    Sobre las 6 pm Carlos se volvió a Montevideo, prometiendo sorpresa para el próximo encuentro, que ya agendó.

    A las 7 pm regresó don Roque, a quien Tommy dijo que todo estaba tranquilo.

    Por suerte el buen humor y la confianza impera con nuestros amigos, clientes y con nuestro empleado. ¡Y que decir de mi esposo! Cada vez lo amo más. Me da libertad, me apoya en mi nueva sexualidad (ya cerca de un año desde que cambié mi forma de comportarme), y me mantiene sexualmente feliz, ¡él más que nadie!

    Las visitas del domingo transcurrieron sin grandes novedades, mucho y rico sexo, nunca es demasiad, mi cuenta, agradecida… clientes felices que se marchan sonriendo y prometiendo volver, o ya piden agenda.

    Para ponerme al día del atraso acumulado, trataré de relatarles a la brevedad posible como seduje al cliente de la Asesoría en la cual trabajo, que nos encontramos en el Casino en Punta del Este; y como van mis preparativos para inaugurar mi “oficina privada” en Montevideo.

    También debo contarles que al regresar a Montevideo el domingo ya tarde en la noche, encontramos en el buzón que hay en la reja del cerco perimetral, mucha propaganda, como siempre; y un sobre blanco que decía: “Para la Sra. de la Casa”. ¡Ya les haré saber sobre el contenido del sobre!

    ¡Besos! Y a todos, ¡muy Feliz 2025!

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  • Artur y su punto vicioso

    Artur y su punto vicioso

    Artur me había caído bien, me gustaba su punto vicioso. Además, cuando pensaba en él no podía quitarme de la cabeza aquel inmenso apéndice de que estaba dotado: un largo y sobre todo grueso pene erecto hasta el límite, entrando y saliendo con decisión del coño de mi esposa.

    Un día, poco más un mes después de aquel episodio, sonó el teléfono y resultó ser Artur. Quedé un poco cortado al principio, pero en seguida se estableció la cordialidad entre los dos. Dijo que si nos parecía bien le gustaría invitarnos a una velada muy especial en su casa, íntima, sólo nosotros, su novia Esther y él. Que nosotros le evocábamos la mejor época de su vida y quería compartir, aunque fuera interiormente, el espíritu de aquellas vivencias. Dije que me parecía estupendo y le pasé el teléfono a Silvana, que también aceptó encantada.

    Para celebrarlo pegamos un polvo glorioso, con ciertas incursiones de sus dedos en mi culo que me colmaron de felicidad y que últimamente habían adquirido un carácter especial de complicidad entre Silvana y yo.

    El día señalado llegamos a su piso con un gran ramo de flores y dos botellas de champagne. Artur abrió la puerta, nos saludó y presentó a Esther: una chica de unos treinta años, morena con el pelo corto y unos ojos preciosos de color verdoso. Alta como yo y un cuerpo que se adivinaba deseable bajo un vestido túnica que caía desde los hombros hasta casi los tobillos. Sonriendo nos besamos en las mejillas y nos acomodamos en el largo sofá sobre el que cabíamos holgadamente los cuatro.

    Esther y Silvana se dirigieron a la cocina y regresaron con la tarta de cumpleaños y una botella de champagne en un cubo de hielo. Brindamos y charlamos un rato hasta que, nada más apurar la segunda copa, Esther se levantó. “Vamos a felicitar debidamente a Artur”, dijo mientras se situaba frente al homenajeado y con decisión, mirándonos a los tres, deslizó los tirantes de su vestido, que cayó al suelo desde los hombros dejándola desnuda, pues no llevaba ropa interior. “Sé lo que te gusta y hoy es tu día” y dirigiéndose a Silvana: “debemos tratarle como a un sultán, ¿quieres ser su odalisca conmigo?”.

    “Claro, será un auténtico placer…” respondió mi mujer al tiempo que se incorporaba para situarse junto a Esther y, como ella, quedarse desnuda en pocos segundos, pero no sin antes haberme besado en la frente. Se acomodaron en el sofá dejando a Artur entre ambas, de modo que quedé en el extremo, junto a Esther. Artur pasó el brazo alrededor de los hombros de Silvana y la atrajo hacia sí y me preguntó si me parecía bien. A modo de respuesta, me levanté y me fui desnudando mientras Artur se morreaba con mi mujer y le palpaba los senos y Esther, tras haberle desabrochado el pantalón, le acariciaba la verga, que ya comenzaba a erguirse.

    Una vez me hube quitado toda la ropa Artur me dijo que le sacara los pantalones y me arrodillé delante suyo para empezar a quitarle los zapatos y los calcetines. No sabía por qué lo hacía, por qué me humillaba desvistiendo a un hombre que a estas alturas tenía toda la mano en la entrepierna de mi esposa, sobándole el coño mientras ambos seguían comiéndose el morro. Esther le estaba mamando la polla y tuvo que interrumpirse el tiempo necesario para que yo consiguiera quitarle los pantalones y los calzoncillos al muy cabrón.

    Me sentía humillado y vejado pero disfrutaba haciéndolo, sentía placer al servir al amante de mi mujer y quería facilitarle al máximo el goce y el placer que le proporcionaban aquel par de hembras. La interrupción motivó que Silvana se desasiera del abrazo para hundir su cabeza entre las piernas de Artur e iniciara una húmeda serie de lametones a los huevos del fulano, que sobaba a la vez los culos que le ofrecían sus dos feladoras, ya que Esther no se sacaba de la boca aquel pollón tieso y nervioso.

    Yo seguía de rodillas muy cerca de ellos y también quise disfrutar del festín. Me armé de valor y dije, mirando a Artur, que quería desearle un feliz aniversario y que mi regalo no era sólo mi mujer, sino que por mi parte quería hacer lo posible para también darle placer, si así lo deseaba. Respondió que sí lo deseaba, pero que mejor nos fuéramos al dormitorio, ya que la cama proporcionaba el espacio idóneo para nuestra fiesta.

    Se deshizo el abrazo lúbrico y nos fuimos hacia la estancia, que tanto Silvana como yo ya conocíamos, sin dejar Artur de acariciar el culo de aquella durante el breve trayecto. Se tumbó en el centro de la cama y Esther y Silvana lo hicieron a ambos lados y se reinició la sesión de toqueteos, ora con una ora con otra, ora con ambas a la vez hasta convertirse en un amasijo de carnes entrelazadas. Esther me tomó de la mano y me atrajo hacia ella, pero Artur tenía sus propias ideas y me pidió que me encargara de su polla, que se la pusiera a punto para poder follarse a Silvana en mi presencia.

    Obedecí sin rechistar y me situé entre sus piernas de modo que pudiera introducírmela en la boca con comodidad. Así lo hice e inicié la primera mamada de un pene de mi vida. Sabía bien y despedía calor y tersura. Me afané en mi tarea y pude entrever como mi esposa me miraba con ojos viciosos mientras con una mano acariciaba mi espalda y con la otra el pecho y el vientre de Artur.

    A todo esto Esther se había colocado detrás de mí y me besaba las nalgas mientras su diestra mano jugueteaba con mis huevos a punto de estallar. El homenajeado tenía ambas manos ocupadas, en el coño y en los pechos de Silvana. Y suspiraba de gusto el muy cabrón mientras sentía su polla ponerse rígida con mis lamidas, que de vez en cuando alternaba con lengüeteos en sus cojones gordos y rígidos de excitación.

    Mi placer era inmenso y sería injusto menospreciar la contribución que a ello prestaba Esther, quien sin gozar de caricia alguna al estar mis manos ocupadas en la entrepierna de Artur y las de éste dedicadas por completo a mi esposa, se atareaba en tratar de introducir su lengua en mi orificio anal –cosa que me hace enloquecer– y en masajearme con esmero la polla.

    De pronto Artur me dijo que parara, que lo hacía de puta madre pero que no quería correrse en mi boca en esta ocasión (oír esto casi provocó que me corriera). Quería follarse a mi mujer y yo le había puesto a punto. Silvana se incorporó y montó a horcajadas sobre él, colocando su precioso culo a la altura de la ingle de su amante. Con ambas mano agarró la polla y en un saltito de riñones se la introdujo en la vagina. Estaba embelesado viendo aquella preciosa criatura gozando en vivo, saltando sobre aquel pedazo de pollón y metiéndoselo hasta lo más profundo de sus entrañas para exprimir todo el placer que pudiera.

    Esther no había cesado de prodigarme las caricias más guarras y ahora la atraje hacia mí y la abracé y besé con ganas. Su boca era un volcán en llamas y sorbía mi lengua como si en ello le fuera la vida. Fui bajando, sin dejar un poro sin besar, hasta aquella mata de vello negro rizado sobre el que froté las mejillas. Poco a poco acerqué la lengua a su coñito y me sorprendió lo abierto y mojado que estaba. Metí la lengua y saboreé aquel chochito delicioso mientras sentía como de vez en cuando le provocaba pequeños estremecimientos.

    Continué hacia abajo, quería devolverle lo que me había hecho. Ella lo notó y levantando las rodillas separó las nalgas con las manos, para facilitarme la tarea. Devoraba su culito a mi antojo, al tiempo que le frotaba el sexo con todos los dedos y esto provocaba un incremento de sus estremecimientos.

    Mientras tanto, la cama se movía por los embates a que la sometían los pollazos que clavaba Artur a Silvana, ésta colocada ahora a cuatro patas –su postura favorita– . La llamaba “putita caliente” y de vez en cuando me miraba, buscaba mi mirada y la sostenía, gozando con la presencia del marido de la que se estaba tirando. De pronto empezó a gemir con fuerza, aumentó el ritmo de sus embestidas y jadeando descargó en el coñito de mi mujer toda la leche que sus huevos acumulaban. Se desenlazaron y quedaron tumbados boca arriba mientras Esther y yo deteníamos nuestros juegos para contemplarles.

    Artur dijo que su polla chorreaba los jugos de mi esposa y que yo debía recogerlos en mi boca. Así lo hice con presteza, hasta dejársela limpia. Entonces Silvana entró en el juego y pidió primero a mi y luego a Esther que le comiéramos el coño, sabedora de que yo encontraría en él el semen de su amante. Me estremecí de placer cumpliendo su deseo y tragando.

    Cuando cedí el puesto a Esther apenas encontró restos de leche, pero lamió todo lo que encontró y se centró en el clítoris de Silvana. Esther había quedado con el culo levantado, me puse detrás suyo y cogiendo un poco de vaselina de un tubo que había sobre la mesilla de noche, le unté el culito y comencé a penetrarla suavemente con un dedo. En pocos minutos, mientras ella seguía comiéndole el coño a Silvana –con sabiduría, a juzgar por los gemidos que provocaba– conseguí introducirle fácilmente tres dedos, momento que juzgué ya estaba preparada para la sodomía. Ante la mirada de mi esposa y de su amante penetré en el culo de la novia de éste, que la recibió con satisfacción.

    Sin dificultad alguna se la metí hasta el fondo; se notaba que esta vía no le era desacostumbrada y que gozaba de ella, a juzgar por sus sosegados lamentos y por lo movimientos de caderas, más tendentes a absorber mi barra de carne que a repelerla. Disfruté como un animal dando por el culo y sometiendo a aquella belleza a mi vicio más sórdido.

    Esther gimoteaba y me pedía que le rompiera el culo y que la ensartara. No pude resistir por más tiempo y me corrí con violencia dentro de aquel culito enloquecedor, llenándolo de semen.

    Quedamos derrengados, jadeando y llenos de sudor. A los pocos minutos me dirigí al baño para lavarme y al regresar encontré a Silvana acariciando la polla de Artur, que iba recobrando poco a poco su esplendor gracias en parte a las manipulaciones de mi mujer y en parte a la tórrida visión que acababa de brindarle su novia al ser sodomizada en su presencia. Jugueteaba con los pezones de Silvana apretándolos, pellizcándolos y besándolos en una escena maravillosamente excitante, tanto que pese al cansancio y a haberme corrido minutos antes ya volvía a sentir el escozor del deseo.

    Artur, maestro de ceremonias y amo de la fiesta, dijo que le había encantado la follada que le habíamos ofrecido y que, sabedor de la virginidad anal de mi mujer, proponía que como compensación tanto ella como yo le pusiéramos otra vez a tono para continuar.

    Me ordenó más que pidió que prestara especial dedicación a sus huevos mientras mi mujer, de rodillas a su lado, se la mamaba. Silvana se entretenía sumergiendo la cara entre las nalgas de Esther y acariciándome entre las piernas, al tiempo que por mi parte rendía adoración a los cojones de aquel macho. El sabor me resultaba extraño pero no molesto y me entretuve jugando con la lengua entre los rizos de su vello, besándole en esta zona que se extiende entre los huevos y el ano que tan loco me pone a mí. Silvana por su parte le dedicaba la mamada de su vida y Esther me prodigaba los toqueteos mas guarros, consiguiendo levantar mi polla otra vez.

    La dedicación de Silvana y mía produjo pronto sus efectos y Artur, con el mástil tieso, pidió a Esther que se pusiera en posición y ella, conocedora de los gustos de su novio, se colocó a cuatro patas apoyando las rodillas cerca del borde de la cama, dando cara al centro de la misma, de manera que Artur se levantó y se puso de pie detrás de ella y en pocos diestros movimientos ensartó aquel pedazo de polla en el culo oferente de Esther, quien desde el principio pidió más. Él la llamaba puta zorra y le daba fuertes y sonoras palmadas en las nalgas, mientras ella le pedía que la siguiera enculando hasta llenarla de leche.

    Silvana y yo nos enfrascamos en un goloso sesenta y nueve. Gocé lamiendo aquel adorado chochito que todavía sabía y olía a otra polla mientras me la chupaba con ganas, pero pronto dejó mi pene para colocarse entre las piernas de Esther y comerle el coñito con devoción, lo que unido al mete y saca que le horadaba un culo ya dilatado por mi incursión, motivó que se corriera sonoramente cayendo desplomada sobre la cama, de manera que quedó separada de Artur.

    Este quedó con la polla erguida y se masturbó hasta derramarse sobre la espalda de Esther. Silvana, encendida como una bacante, volvió a mamármela y en poco tiempo hizo que mi semen se mezclara con el de Artur sobre la espalda de Esther.

    Fue una bonita fiesta de cumpleaños.

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  • Tu condena. Te deseo

    Tu condena. Te deseo

    Tu condena.

    Maldito corazón traicionero. Sometido sin remedio a tus quimeras.

    Los sortilegios de tus yemas en mi piel me ahogan. Y mi voluntad se rinde a esa boca devastadora. Pero el juez palpitante de mi pecho ya dictó su sentencia. Afinaste la guitarra del deseo. Y por ello mi alma en llamas te condena.

    Yo te condeno a traspasar las fronteras del pudor. A robar el cálido viento de mi voz. A que tus labios derramen rosas de ultramar sobre mí. Porteñas y raciales serán ardientes cómplices de mi lujuria.

    Te condeno a ser náufrago en el océano infinito de mi cuerpo. En la cima de mis pechos saciarás tu sed. Cabalgarás al viento embriagado de un veneno de sal y miel. Será mi fragancia la fiebre que te devore. Mis latidos desbocados la lluvia de primavera que sofoque tu pasión. El seísmo de tu vientre arrasará mis campos dorados. Y te consumirás en el fuego eterno de esa danza arcana del amor.

    Tu libertad vendrá con la desbordante marea de aguas blancas. Podrás volar cuando tus olas rompan en mi arena. Cuando pueda dormir arropada por la espuma del mar.

    Pena ya tus faltas gaucho bendito. Mi cuerpo será tu prisión. Cumple tu condena chorro maldito. Tan maldito y traicionero como este pobre corazón.

    Te deseo.

    La lascivia de tus pupilas me corrompe. Y la miel de tu boca me atormenta. La pasión salvaje de tu carne me embriaga. Y yo sólo quiero sofocar este deseo que me devora.

    Deseo que mi aliento furtivo robe tus aromas. En mi piel el roce de tus yemas peregrinas. Descubrir con mi lengua todos tus rincones. Y el dulce rumor de un gemido en mi garganta. Que te enredes en la ardiente maraña de mis venas. Que encuentres holganza en el oasis de mis pechos. Que tu cuerpo salobre explore mis más sagradas rutas. Que te consumas en la lava de mis entrañas. Que en mi acogedor interior vacíes tu vigor. Deseo morir encadenada a ti. Deseo convertirme en fugaz rocío entre tus brazos.

    Y tú, que eres Señor de mis profanos dominios, harás tuyos por siempre mis más oscuros deseos.

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