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  • Mi suegra, un sueño hecho realidad

    Mi suegra, un sueño hecho realidad

    Toqué timbre y abrió la puerta. Estaba con un pijama muy liviano de algodón que se le pegaba al cuerpo resaltando sus atributos y donde resaltaban sus senos pues no llevaba corpiño. Se notaba por su rostro que acababa de levantarse de la cama. Eran las 8 y 30 de la mañana.

    Ella era mi suegra Cecilia, mujer de 62 años excelentemente bien llevados, con un físico mantenido en buena forma por sesiones de gimnasia y dietas complementarias. Sus medidas eran 1,70 centímetros de alto, alrededor de 60 kilos de peso, 95 centímetros de busto, alrededor de 63 centímetros de cintura y un poco más de 90 centímetros de cadera. Sus tetas ligeramente caídas si la comparamos con una muchacha de 20, pero consistentes y coronadas con un par de pezones de buen tamaño haciendo juego.

    Su abdomen apenas saliente era la parte del cuerpo que denotaba la edad. Tenía un culo redondo y duro, que era la envidia de muchas mujeres de su edad. Había sido muy bella en su juventud y todavía mantenía un rostro muy bonito con pocas arrugas y unos ojos azules muy vivaces. Un verdadero desafío para un yerno de 38 años. Había quedado viuda cuatro años antes y vivía en un departamento de mi propiedad, razón por la cual yo tenía las llaves de la puerta de calle. Cuando llamé a su puerta y me abrió, se sorprendió al verme.

    Le expliqué que pasaba por allí porque tenía una cita muy cerca y se me había ocurrido visitarla para tomar un café. No imaginaba que se levantaba tan tarde ni lo que ocurriría después. Al verla vestida de esa forma, se me despertó la libido que venía conteniendo desde hacía tiempo por respeto a mi mujer, ya que desde que conocí a mi suegra empecé a tejer fantasías con ella. Me pidió un minuto para arreglarse porque la había sorprendido recién levantada.

    Yo pensé que cuando regresaría vendría vestida de otra forma, pero no fue así. Solo se peinó y lavó muy por encima. Mirándola fijamente le dije, algo zarpado y abusando de la confianza que nos dispensábamos, que así como estaba parecía una mujer mucho menor y que me inspiraba deseos turbios. Yo pensé que me iba a contestar de mala manera o bien pasar por alto mi comentario, pero no resultó así. Me preguntó si realmente opinaba eso o le estaba haciendo un cumplido un poco subido de tono.

    –No mujer, sin cumplidos. Es lo que yo pienso en este mismo momento, y disculpa que lo diga a lo bestia, pero si no fueras mi suegra te propondría… Te veo guapísima con ese pijama que te sienta de maravilla.

    –La verdad es que eres una bestia, pero te disculpo porque de alguna forma me halagas. Si no fueras mi yerno, tal vez me lo tomaría en

    Serio.

    –Dime una cosa Ceci, ¿y si te olvidas que soy tu yerno? –Lo dije casi sin darme cuenta dejándome llevar por la excitación del momento.

    –¿Qué dices? ¿Estás loco?

    –Puede que esté loco, pero a decir verdad y te pido mil perdones si lo que te voy a decir te ofende, pero me sentiría el hombre más feliz de la tierra si pudiera hacerte mía ahora mismo.

    Ya estaba jugado en el lance, si ella se enojaba pedía perdón y me sometía al castigo. Estaba seguro que fuere lo que fuere, no le diría nada a mi mujer. Me miró fijo a los ojos, y no supo que responder de inmediato. Bajó los ojos y se marchó hacia la cocina pensando en lo que había escuchado. Yo me quedé sentado en el living esperando que me mandara al diablo. Ya estaba preparando la mejor forma de excusarme, cuando veo que regresa y me dice:

    –Vos debes estar muy loco y yo también, porque en vez de echarte de aquí a patadas resulta que tu propuesta no me disgustó. Porque fue una propuesta, ¿verdad?

    –Mira belleza, lo que dije es lo que siento y si no te ha gustado te pido mil perdones y nada. Pero si te agradó lo que dije, lo sostengo y si quieres lo repito una y mil veces. Estás muy bonita con ese pijama y la verdad es que has despertado todas mis pasiones. Te digo que me encantaría hacer el amor contigo, y este es un sueño que tengo desde que te conocí.

    –No te parece que estaría mal? No nos olvidemos que somos suegra y yerno.

    Eso lo estaba diciendo para liberar su conciencia y darle rienda suelta a sus propios deseos. Comprendí que se le había despertado la libido y estaba buscando la forma de resolver el dilema a favor de sus deseos.

    –Qué tal si nos olvidamos de la relación de familia que tenemos y solo pensamos que somos una mujer y un hombre que buscan un momento de felicidad. ¿Por qué yo creo que tienes deseos de tener sexo con un hombre y los estás reprimiendo, ¿verdad?

    Dudó. Su mente estaba trabajando a mil en una lucha entre sus deseos largamente reprimidos y el pensamiento de su hija. Estuvo unos segundos en silencio como meditando lo que iba a decir.

    –Me cuesta un poco olvidar la relación, pero la verdad es que yo también he tenido fantasías sexuales contigo desde hace tiempo y las reprimía para no violentarte. Y la verdad es que me encantaría poder hacer el amor contigo.

    –Mira Ceci, dejemos los prejuicios para otro momento y ven aquí a mi lado que me muero por darte un beso.

    La abracé muy fuerte y apoyándonos en la pared más cercana nos comenzamos a besar con toda pasión. Me había agarrado una desesperación por hacerla mía y la comí a besos, casi sin dejarla respirar. Mi lengua buscó la suya y ambas se entrelazaron en un jugueteo bucal, ora en mi boca y ora en la suya. Pronto mis manos comenzaron a tocar sus senos apretándolos y estrujándolos con movimientos circulares. Bajé los brazos y me aferré a ese culo que tanto había deseado apretándolo hacia mí y haciéndole sentir mi polla en medio de su raja. A todo esto Ceci solo se limitaba a dejarse llevar, suspirando y emitiendo quejidos de satisfacción.

    Yo no podía más y la llevé hacia su cama. Nos detuvimos para desvestirnos. Yo le saqué suavemente sus prendas interiores y ella mi camisa, pantalón y bóxer. Nos deshicimos de nuestros calzados y nos tumbamos en la cama. De pronto me levanté y le pedí que me permitiera verla desnuda para cumplir un sueño que llevaba años. Estaba acostada de espaldas y su cuerpo lucía en todo el esplendor de una mujer madura. Antes de meter mano le pedí que se diera vuelta para ofrecerme el culo que tanta envidia daba a sus amigas. No pude más y me arrojé sobre ella mordiéndole muy despacio sus nalgas por todos los rincones.

    Con suavidad, luego, comencé a deslizar mis dedos por toda su espalda desde el cuello hasta las nalgas, caricias que Ceci recibió con estremecimientos y suspiros de satisfacción. Luego le pedí que se volteara y quedamos frente a frente. Seguí con mis besos comenzando desde el cuello hasta el monte púbico. Allí me detuve y muy despacio fui abriendo sus piernas para dejar su almeja en posición de recibir mi ataque, que comenzó con la introducción de un dedo exploratorio que encontró el camino lubricado con los jugos fruto del estado de calentura extrema.

    Me agaché y comencé a devorar esa concha que tanto tiempo hacía que no recibía atenciones viriles. Una y mil veces besé, chupé y succioné su vagina, los labios y el clítoris que al solo roce le produjo una conmoción que derivó en un inmediato orgasmo que recibí en mi boca. No di respiro y seguí con mi boca y lengua comiendo esa almeja, de pronto se me ocurrió levantarle las piernas para que me ofreciera su ojete al que acometí con besos, chupadas y lengüetazos. Esa acción no la esperaba y pegó un grito de sorpresa, que por supuesto no hice caso siguiendo con más empeño.

    No sé si fue el fragor de mis caricias o la sorpresa, porque comencé a sentir suspiros cada vez más profundos que siguieron con otro orgasmo de Ceci que lo recibió tomándome la cabeza y empujándola hacia su sexo.

    Dejé pasar unos pocos minutos para que recuperara aliento, me acosté a su lado y le tomé sus tetas volviendo a jugar con ellas con masajes y chupadas. En eso estaba cuando me pidió un respiro.

    –Ahora yo también quiero tomar parte de esto. Déjame tomar tu verga en mis manos. La quiero mirar porque hace mucho tiempo que no veo ni tengo en mis manos un pene endurecido. ¿Quiero jugar con él y comérmelo a besos, puedo?

    –Desde ya, estaba esperando eso. No sabes el gusto que me vas a dar.

    Tomó la polla con sus manos y la acarició un rato. Se la pasó por la cara y las tetas jugando con sus pezones. Luego con su lengua empezó a lamerme los testículos y desde allí hasta la punta del miembro. Parece que volvía a recordar prácticas de su pasado juvenil. Lo hacía con una maestría digna de una profesional, porque alternaba chupadas con pajas, pequeños mordiscos, succiones y besos.

    Poco a poco me fue poniendo a mil y no tardé en sentir que me llegaba el momento. Se lo advertí pero ella siguió su labor con todo empeño. No pude más y me derramé en su boca con una descarga bruta que casi la ahoga. Sin embargo se repuso y saboreando mi leche con gusto, se tragó lo que tenía en la boca. El resto que se le había escapado lo tomó en sus dedos y se lo desparramó en su cara con una expresión de satisfacción que me sorprendió y le dije:

    –No sabía que te gustaba beber semen, ¿te ha gustado?

    –Yo tampoco lo sabía porque esta es mi primera vez, pero como todo me está resultando de mil maravillas me dije que esta era una oportunidad de probar y así lo hice y me gustó. También me agradó desparramarlo por mi cara, fue un reacción espontánea que no se bien porque lo hice…

    –¿Me pregunto si ya está todo listo o bien te quedan ganas de seguir con un poco más de acción?

    –Mira querido yerno, si por mi fuera estaría todo el día aquí en la cama contigo dando y recibiendo caricias y haciendo el amor, ¿pero no sé qué dices tú? ¿Aún tienes deseos de seguir haciéndolo conmigo?

    –Ceci querida, quiero que sepas que lo mejor está por venir. ¿O acaso no quieres probar mi verga en tu chocho?

    –Claro que sí, me muero de ganas de sentir ese pedazo dentro de mí.

    Ya no hubo más palabras sino acción. Mi miembro ya estaba recobrando su vigor. Ceci tomó la iniciativa y tomándolo en su mano lo acarició hasta lograr una erección completa. Rápidamente se montó encima y ni lerda ni perezosa, con mucho manejo de los tiempos se metió lentamente el pene en su cueva.

    Verle la cara de satisfacción bien hubiera valido la mejor de las fotos. Una mujer madura en pleno goce sexual. Cuando lo tuvo todo dentro comenzó a cabalgarme con un sube y baja continuo. Yo comencé a sentir mucho placer y tomándola de la cintura acompañé sus movimientos. Ceci llegó rápidamente a su orgasmo con un alarido que pensé que alertaría a los vecinos. Ese grito me excitó aún más y no demoré en descargarle mi leche en lo más profundo de su cueva. Fue otro polvo sensacional.

    Me sentía un tanto cansado porque había derrochado energías como hacía tiempo no lo hacía por lo que me recosté a su lado. Ceci daba la impresión de que todavía quería más, su cara lo denotaba con una sonrisa pícara. Sus manos comenzaron a acariciarme por todo el cuerpo a la vez que me decía:

    –¿Ya estás cansado? Claro que sí. Mientras reposas déjame decirte que me has hecho muy feliz. Vuelvo a repetir que ya no creía volver a tener estas sensaciones a esta edad. Volver a sentir una polla en mis manos, mi boca y mi vagina, es algo que me parece irreal. Hace como diez años o más que no cogía porque el finado mucho antes de su partida ya no le funcionaba su miembro debido a su enfermedad. Nuestras relaciones sexuales se limitaban de tanto en tanto a masturbarle su polla muerta y recibir toqueteos en mi clítoris, además hay cosas que me hiciste que él nunca se atrevió. Acabarme en la boca y cara, besarme el negrito trasero nunca las había recibido. Fueron nuevas experiencias que me llenaron de gozo.

    –Mira suegrita, la verdad es yo también gocé mucho porque me sentí muy a gusto satisfaciendo tus deseos y los míos. Si bien siempre me habías parecido guapa para tu edad, no me había imaginado que mantenías un cuerpo y una figura tan excepcional. Más de una mujer te envidiaría.

    –No te parece que mejor nos vamos a darnos un baño que además de limpiarnos nos va a resultar reparador, aunque a decir verdad yo me quisiera quedar con tu leche dentro y fuera de mi cuerpo.

    Nos fuimos a duchar juntos y allí nos jabonamos el uno al otro, dando más tiempo a nuestras partes íntimas. Ella me hacía una paja tratando de que mi pene recobrara vida y yo jugando con su cueva y esfínter. En éste me entretuve metiendo mis dedos para probar si había algún gesto de rechazo por parte de Ceci. Muy por el contrario su rostro me indicó que iba por buen camino así que comencé a mover mis dedos en forma circular dentro de su ano a la vez que los metía y sacaba tratando de agrandar el esfínter para penetrarlo con mi verga que ya estaba dispuesta para la tarea.

    Le anuncié lo que se vendría, me miró en forma interrogante a lo cual le aclaré que le prometía que iba a ser otra experiencia agradable y que no le iba a doler. Dicho esto apoyé la punta de mi miembro en el agujero y comencé a meterlo lentamente. Ceci que estaba apoyada en con sus manos en los grifos inclinando su culo hacia mí, recibió la embestida con tranquilidad y sumo placer según me indicaba su rostro. Algunos suspiros y jadeos se oyeron.

    Seguí con el trabajo de bombeo hasta que sintiendo la llegada de mi descarga, la tomé de la cintura y arremetí con toda mi fuerza. Lo poco que me quedaba de semen se regó en su interior. Al mismo tiempo escuché que Ceci también se regalaba otro orgasmo. Luego, nos pusimos de frente para abrazarnos y darnos un beso que se prolongó durante bastante tiempo. Nos terminamos de duchar y ya secos nos vestimos.

    –Ceci, quiero que sepas que hoy me has dado una mañana inolvidable y has logrado que me derrame en tres oportunidades, cosa que no me sucedía desde mi juventud. Te propongo repetir este encuentro cuando las circunstancias lo permitan. ¿Qué te parece?

    –La idea me fascina en tanto no nos expongamos a que se sepa esto. Yo quiero repetir todas las veces que podamos.

    Salimos del baño, comimos algo a las apuradas y me marché a mis obligaciones satisfecho por haberme cogido a mi suegra. Hubo otras veces más en donde ya más relajados supimos darle a los encuentros los matices para hacerlos siempre atractivos. Como las cosas buenas no duran mucho a los dos años tuvimos que dejarnos de vernos íntimamente por problemas de salud de ella. Cada vez que nos veíamos a solas recordábamos con mucho afecto los momentos vividos.

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  • Fantasía de una mujer casada con un hombre mayor (parte 5)

    Fantasía de una mujer casada con un hombre mayor (parte 5)

    Entramos en la discoteca. Pepe me tenía sujeta por la cintura. Caminamos sin mirarnos a los ojos, directos a la barra.

    Durante el camino desde la puerta a la barra, pude ver que, al igual que la vez anterior, no había casi nadie en la disco. Aun así, las pocas personas que había, todo hombres, en seguida, clavaron sus ojos en mí.

    Nos sentamos. Pepe pidió un Gin Tonic. Me preguntó qué quería tomar. Ya he comentado que no suelo beber y no quería que el alcohol me hiciera perderme esas emociones fuertes.

    -Creo que nada –Le dije a Pepe.

    -Oh sí, tómate algo. Lo vas a necesitar –Me dijo, riendo. Oí como le pidió al camarero otro Gin Tonic.

    Estuvimos sentados en los taburetes de sky blanco de la barra, como unos 10 minutos. Durante ese tiempo, Pepe, miraba, cada poco tiempo, su reloj, nervioso. Solo me habló una vez, para decirme:

    -Estamos esperando a un amigo.

    -¿Qué amigo?, ¿Cómo es?, ¿Qué…?

    -Shhh –Pepe llevó su dedo a los labios– Solo tienes que saber una cosa. Quiero que te lo folles. Ah, y recuerda, no hables si no te lo digo.

    Mi corazón casi se para en ese momento. Tenía que follarme a un tipo que ni conocía por orden de Pepe. Y, ¿Por qué no podía hablar sin que me dijera nada?

    Mientras mi mente daba vueltas, de repente, Pepe se puso rígido en su asiento y, de un solo movimiento, saltó al suelo, de pie, al ver entrar a un tipo. Seguí con atención la mirada de Pepe.

    El tipo me pareció algo más alto que Pepe. Rozaría, calculé, el metro setenta. Parecía tener una edad próxima a la de Pepe (67 años). Su rostro era ovalado y, en él, destacaban dos grandes ojos marrones.

    Al igual que Pepe, si algo destacaba en su figura era una descomunal barriga. Algo más grande, incluso, que la de Pepe.

    Vestía sencillo. Vaqueros por debajo de su oronda panza, una camisa a cuadros, pero, a diferencia de Pepe, no se le veían pelos saliendo de su pecho.

    Vi como Pepe le saludó, desde lejos, con su mano y como el desconocido, se acercó.

    -Hola, Sergio –Pepe le saludó con un abrazo, como el que saluda a un buen amigo.

    -¿Qué tal, Pepe? -Le respondió Sergio. Sergio me dedicó una mirada, algo inquisitiva. Supuse que trataba de averiguar quién era yo y qué hacia allí.

    -Esta es una amiga, la amiga de la que te he hablado antes por teléfono.

    Sergio se giró hacia mí. Bajé de la butaca de sky blanco mientras pensaba por qué Pepe me había presentado como una “amiga” sin decirle mi nombre y qué podría haberle dicho por teléfono.

    -Hola, soy Lo… –Comencé a decir, con una sonrisa en la boca, tratando de parecer sexy. Cariñosa, había dicho Pepe. El mismo Pepe que no me dejo terminar.

    -Una amiga. ¿Qué?, ¿Qué te parece? –Dijo Pepe, sus ojos muy serios, clavados en mí, me recordaban que no debía hablar, si no me lo decía.

    Sergio, me miraba. O más bien, me escudriñaba.

    -¿Qué te parece?, Mercancía de primera –Dijo Pepe, riendo.

    ¿Así que yo era eso? Pensé. Mercancía. Escuchar esa palabra, me hizo estremecer. Estaba comenzando a excitarme.

    -Sí, es guapa –Añadió Sergio, sin dejar de “examinarme”

    -Pues ya verás, es una auténtica comepollas. Vas a flipar.

    Primero, me había llamado mercancía. Ahora, comepollas. ¿Qué más me iba a llamar esa noche? En otras circunstancias, en otra situación, si un hombre me hubiese llamado así, del bofetón que le habría dado se le habrían quitado las ganas de llamárselo a cualquier otra mujer. Pero esa noche, no solo no me molestaba que me llamaran así. Me gustaba. Y mucho.

    -Joder, qué bueno –De nuevo, Sergio, me examinaba. Solo que ahora su vista, se fijaba en mis labios. En mi boca.

    -Ya verás, si llegamos a un acuerdo, ¿Qué quieres tomar?

    ¿Acuerdo?, ¿Qué clase de acuerdo?, Pepe me había llamado mercancía. Ahora, anunciaba un acuerdo. Mi mente, daba vueltas. Tantas, que me perdí un poco la siguiente conversación en la que Sergio había indicado su consumición. Solo sé que Pepe había pedido al camarero una puyita de Ron.

    Hubo un silencio incómodo hasta que el camarero trajo el vasito con el ron. Durante esos breves segundos, Pepe, me puso, descaradamente, la mano en el culo.

    -Vamos a aquel rincón y seguimos hablando. Seguro que llegamos a un acuerdo –Pepe, comenzó a andar. Cogiéndome del culo

    Íbamos delante de Sergio. Supuse que lo que quería Pepe era que éste viera como me tenía cogida. Llegamos a un rincón del local donde la luz es más tenue y que está algo alejado de la pista de baile. El mismo rincón al que fui con Pepe la primera vez (ver primer relato). Con esos feísimos sillones.

    Durante el corto trayecto, nadie dijo nada. Supuse que Sergio miraría mi culo, envuelto en la minifalda.

    Al llegar al rincón, me extrañó que Pepe no se sentara y que dejara su consumición en una pequeña mesita. Cuando Sergio estuvo a nuestra altura, dijo:

    -Como te iba diciendo, Sergio, mi amiga es material de primera. Mira, fíjate que melonar tiene. –Sin decirme nada, Pepe, magreó mis pechos, por encima de mi blusa.

    Me fijé en Sergio. Su mirada, clavada allí donde manoseaba Pepe. Sin decir nada. Sin hablar. Solo miraba con esos grandes ojos marrones.

    -Nena, ¿Por qué no te abres un poco la blusa y le enseñas a nuestro amigo ese par de melones?

    Nena, comepollas, mercancía. Delante de un tipo, Pepe, me estaba llamando todo eso. Y lo peor, es que lejos de enojarme, me gustaba. Demasiado.

    Por si acaso no había entendido bien el mensaje, Pepe, subió mi mano de mi culo a mi espalda, empujándome, ligeramente, hacia donde estaba Sergio.

    Sin más dilación, desabotoné los 3 primeros botones de mi blusa. Despacio. Mientras miraba la cara de aquel hombre que ahora, miraba, atento mis pechos. Pepe, inició un movimiento, dejando mi espalda y situándose, ahora, detrás de Sergio.

    Había desabotonado, excitadísima, cachonda, los botones de mi blusa. Pero la tela de ésta aun cubría, ligeramente, mis pechos. Pepe, me hizo un movimiento, con las manos, para que abriera, definitivamente, mi blusa.

    Lo hice. Ahí estaba. En una discoteca. Enseñando mis pechos a un desconocido que me miraba como si no hubiera visto unas tetas en su vida.

    -¿Qué?, son mejores que la Gertru, ¿A que sí? –Dijo Pepe, riendo. Supuse que Gertru (Gertrudis) era la mujer de Sergio.

    -Joder… y tanto –Balbuceó Sergio. Atónito. Sin dejar de mirar mis pechos.

    -Ya te lo dije. Y naturales, eh. Nada de esa mierda de tetas operadas. Mercancía de primera. De hecho –Pepe, hizo una pausa, acercándose a su amigo, poniéndose a su lado– Tócaselas. Vamos. No muerden.

    Otra vez. Llamándome mercancía. Otra vez, excitadísima por ese trato. Por esa humillación. Cachonda perdida, noté como un escalofrío recorría mi cuerpo al sentir las manos de Sergio en mis pechos.

    Sergio estuvo manoseando mis pechos, a su antojo, durante unos segundos. Su vista, fijada en ellos. Pude ver como de su boca, salía un poco de saliva.

    -¿Qué?, ¿Has visto? ¿Tiene mi amiga un buen par de melones o no? –Dijo Pepe, riendo.

    -Joder y tanto –Sergio seguía con sus ojos clavados en mis pechos. Sus manos, no los soltaban.

    Yo me quería morir. Del gusto. Estaba excitadísima con todo aquello.

    -Bien, Sergio, te propongo una cosa –Pepe, me miró unos segundos. Sus ojos, clavados en los míos, eran puro hielo.– Te ofrezco pasarte por mi casa y reventar a mi amiga por todos los agujeros. Podrás tener esas tetas, que ahora magreas, todo lo que quieras. Te podrá coger la polla con ellas y hacerte una paja. O te la puedes follar por donde quieras, incluso –Pepe, hizo una pausa. Ahora, sus ojos, estaban fijos en los de Sergio– le puedes dar por culo. A cambio… –Pepe, hizo una pausa.

    -¿A cambio qué? –Dijo rápidamente Sergio.

    Sergio, había soltado mis pechos. Ahora, los dos hombres se miraban fijamente. Yo estaba a un lado, con mi blusa abierta y mis pechos al aire.

    Así que eso era. Pepe, me estaba ofreciendo a un amigo suyo. Como si fuera mercancía. Como si fuera… una puta. Os juro que, mientras lo pensaba, casi siento un orgasmo.

    -A cambio de la pasta que te debo por las timbas en casa de Juan.

    -Me debes casi 300 euros. –Protestó Sergio.

    Pepe, sin dejar de mirar a su amigo, avanzó hacia donde yo estaba. Sin ni siquiera mirarme, le oí decir.

    -Barato debería parecerte. Ya has visto esos melones. Nada que ver con los de tu mujer… que están ya caídos. Y además, mira –Pepe, me dio la vuelta. Ahora, yo estaba mirando hacia la pista desde el oscuro rincón en el que estábamos, de espaldas a los dos hombres– Mira este culazo –Pepe, levantó mi mini falda. Al no llevar ropa interior, mi culo, quedó expuesto– Mira –Me dio un azote, duro.– ¿Cuándo vas a tener la oportunidad de follarte un culo así? –De nuevo, Pepe, me dio la vuelta, ahora, yo estaba, de nuevo, frente a los dos hombres.

    -Pufff –Sergio, dudaba.

    -Y, como ya te he dicho, la chupa de lujo. Mi amiga –de nuevo, un manotazo en mi culo, fuerte. Sergio oyó el ruido– te hace unas mamadas que te deja seco y si quieres puedes follarle la boca e incluso, correrte en ella.

    Os juro que tuve que apretar los puños para no correrme allí mismo del gusto que sentía al oír como Pepe me estaba vendiendo a su amigo.

    -Joder, ¿en serio? –Preguntó Sergio, atónito.

    -Y tan en serio. Desde el momento que aceptes, mi amiga es tuya. Puedes hacerle lo que quieras. O pedirle lo que quieras. A cambio, nos olvidamos de mis deudas. ¿Hay trato? –Pepe, le extendió la mano a su amigo.

    Mi mente, repetía “Puedes hacerle lo que quieras. O pedirle lo que quieras”. Casi ni me di cuenta de como Sergio y Pepe apretaban fuertemente sus manos y como Pepe, se giraba hacia mí. Sus siguientes palabras, creo, no las olvidaré en mi vida.

    -Tú, fulana, ya tienes cliente. Ahora, recompón esa mierda –Pepe miró mi blusa– y salgamos del local hacia mi casa.

    Después de decir eso, Pepe, caminó hacia la salida del local. Yo, abrochaba los 3 botones de mi blusa cuando, de repente, noto una mano en mi cintura. Al fijarme quien era, veo la sonrisa de Sergio.

    -Vamos, fulana –Me dijo, imitando lo que antes me había llamado Pepe.

    Comenzamos a caminar y, tras unos primeros pasos iniciales, Pepe, bajó su mano a mi culo. Mientras abandonábamos el local, mi mente, pensaba. Pensaba, en que esa noche, me habían llamado comepollas, mercancía, fulana, nena, puta. En otras condiciones, jamás habría permitido que nadie me llamara así. Pero esa noche, que me llamaran como quisieran.

    Esa noche iba a ser una puta. Alguien a quien un cliente había alquilado para que me hiciera lo que ese cliente quisiera. Y, por si fuera poco, yo no había visto dinero. El dinero era el pago de las deudas de mi chulo.

    Puta. Chulo. Puta. Chulo.

    Mi mente, repetía esas palabras una y otra vez mientras nos dirigíamos al destartalado coche de Pepe. Sergio mantenía su mano en mi culo. Mientras caminábamos, oí a Pepe:

    -Ya verás, Sergio. Cuando la tengas a 4 y estés bombeándole el culo… vas a ver como está bien empleado ese dinero.

    -Menudo culo –Me dio unos pequeños azotes– En serio… –Sergio, se relamía, babeando.

    -Joder, claro. Puedes reventarle el culo a 4 o como quieras. Te recomiendo a 4 porque así es como follan las perras. Y la fulana es una buena perra ¿A que sí, fulana? –Tras decir eso, Pepe, me miró.

    -Cla… claro. Soy una perra –Sonreí. Ni yo misma me creía haber dicho eso. Pero lo había dicho. Lo había dicho porque lo sentía.

    -Bien, entrad

    Habíamos llegado junto al coche de Pepe. Él se sentó en el asiento del conductor.

    Yo me senté en el asiento de atrás. Sergio, a mi lado. Después de meter la llave en el contacto, aún sin arrancar, Pepe, recolocó el retrovisor interior del coche. Después de unos segundos, silenciosos, finalmente, Pepe, dijo:

    -Perra, ¿Por qué no le enseñas a Sergio la mercancía que ha comprado?

    Sin duda, ese hombre, sabía como excitarme.

    Sentada, comencé a desabotonarme los botones de mi blusa. Pero, a diferencia de la vez anterior, en el local, esta vez, miraba de forma seductora a Sergio.

    Sí, era una puta. Y me encantaba.

    Sergio, miraba, atento. Su vista, clavada en mis pechos.

    -Vamos hombre, comérselos, pellízcalos, haz lo que te dé la gana con ellos. Los has comprado –dijo Pepe, mirándome a través del retrovisor. Aunque se lo había dicho a Sergio, el mensaje también iba para mí.

    Sergio se lanzó entonces a lamerme y chuparme mis pechos. Lo hacía con ansía. De vez en cuando, paraba, me los miraba, y continuaba.

    Pepe, ya había arrancado el coche. Y, cuando podía, miraba por el retrovisor. Después de unos minutos, fue el propio Pepe, el que dijo:

    -Perra, ¿Por qué no le das un morreo a Sergio?

    No hizo falta que me lo dijera. Me lancé a devorar la boca de Sergio. Cuando su lengua no estaba en mi boca la mía se introducía en la suya. Mientras nos comíamos las bocas, sus manos, no soltaban mis pechos.

    Sin que Pepe dijera nada, llevé mi mano al miembro de Sergio. Noté su miembro. Duro. Comencé a desabrocharle el pantalón mientras, con mi cara de zorra, miraba a Sergio. Su cara me decía que estaba alucinando.

    Por fin, logré sacar su miembro. Estaba rodeado de vello cano. Solo asomaba la puntita, ya que únicamente había desabrochado pantalón y bragueta, sin llegar a sacárselos.

    Pese a todo, no se veía un miembro pequeño. Tampoco grande. Sin dudarlo, me lo metí en la boca.

    No lo lamí, ni lo besé. Directamente, lo engullí.

    -Hostia –Dijo Sergio, acompañándolo de un gemido.

    -¿Qué te dije? ¿Es una perra o no? –Dijo Pepe, riendo.

    Yo seguía mamando ese miembro. Como loca. Ida. Ya me daba igual como me llamaran. Era una puta. Una perra.

    De repente, Pepe, paró momentáneamente el coche (después, supe que había sido por un semáforo). Me dijo:

    -Con el culo en pompa, ¿No estarás más cómoda, perra?

    Sin sacar el miembro de Sergio de mi boca, me quedé en 4, sobre el asiento del coche. Sergio, estaba con la espalda apoyada contra la ventanilla derecha trasera.

    Poco antes de arrancar de nuevo el vehículo, haciendo un escorzo, Pepe, se giró. Sacando una mano, me dio un azote. Duro. Muy duro. Resonó en todo el vehículo. O eso me pareció.

    Después de ese azote, Pepe, volvió a incorporarse en el asiento del conductor. Pero pasó algo más. Después de aquello, Sergio, se desató.

    Si, hasta entonces, había estado un poco parado, empezó a azotar mi culo con una mano. Con la otra, aplastaba mi cabeza.

    De vez en cuando, subía mi mini falda. Me azotaba. Con fuerza. Con pequeños, pero violentos movimientos pélvicos follaba mi boca.

    Ni que decir tiene que yo estaba… encantada. Más que encantada.

    No me di cuenta que Pepe, hacía unos minutos, había estacionado su coche y estaba viendo el espectáculo desde su asiento, hasta que, por fin, dijo:

    -Bueno, tortolitos, vamos a mi casa. Estaréis más cómodos.

    Un poco a regañadientes, Sergio, soltó mi cabeza. Me reincorporé, sentada, en el asiento trasero. No sin antes, dedicarle a Sergio la mayor mirada de zorra que fui capaz.

    Pepe y Sergio bajaron del coche. Una vez hube abotonado de nuevo mi blusa y recompuesto mi mini, bajé yo también, justo para oír:

    -¿Qué?, ¿Qué te dije?, Mercancía de primera. Y ya verás cuando te la coma bien comida. La perra es una buena comepollas –Dijo Pepe.

    -Joder ¿De dónde la has sacado?

    Yo ya estaba fuera del coche. A la altura de esos dos hombres. Yo misma, me pegué a Sergio. Al situarme a su lado, me cogió del culo y comenzamos a andar, siguiendo a Pepe.

    Sergio y yo nos comíamos las bocas. Como locos. Pepe, ya hacía varios segundos que nos esperaba en el portal.

    -Te va a salir barato. Ya verás –Pepe, hizo una pausa. Me miró, con esa mirada de sátiro, y preguntó a su amigo– ¿Llevas algo de dinero?

    -Pues… eh… algo. Pensaba tomarme un par de copas. Siempre me tomó un par antes de… –De repente paró de hablar. Su rostro, se tornó blanco– Mierda, la Gertru. ¿Qué le voy a decir? Mierda

    -Nada. Dile que te has encontrado conmigo en la disco, que hemos estado hablando de fútbol y que no te has dado cuenta de la hora –Dijo Pepe, muy tranquilo. Como ese general que ha estado estudiando la estrategia a seguir.

    -¿No se dará cuenta? –Ahora, Sergio, miraba, alternativamente, a Pepe y a mí.

    -Como ya te habrás dado cuenta, la perra no lleva ni maquillaje ni perfume ni esas mierdas que se ponen las mujeres. Tranquilo –Respondió Pepe, mostrando una sonrisa conciliadora– Vamos a subir y… a disfrutar.

    -Y luego, ¿Cómo vuelvo a mi casa? –Pregunto Sergio, más animado. Comiéndome con los ojos.

    -Te pillas un taxi. Por cierto, ¿Cuánta pasta llevas? –Volvió a preguntar Pepe.

    -Pues… eh… no sé –Pepe echó mano de su bolsillo trasero. Sacó una cartera, vieja.– 70 euros. ¿Por qué? –preguntó Sergio.

    -Si la perra te deja a gusto, podrías darle una propina, ¿no? –Ahora, era Pepe, el que nos miraba, alternadamente. Reía. Disfrutaba.

    -Cla… claro. ¿Cuánto?

    Ahora, cuatro ojos me miraban a mí. Tragué saliva. Iba a hablar, pero Pepe, se me adelantó.

    -50 euros de propina no están mal para la mejor noche de tu vida, no, amigo? Te quedan 20 para el taxi. Si no te llega, ahí hay un cajero –señaló a un banco a pocos metros.

    Yo estaba que me moría, de gusto.

    Pepe, no solo me había vendido a un amigo suyo a cambio de finiquitar una deuda, sino que, además, me iban a dar una propina.

    -Claro, claro –Dijo Sergio que, una vez que comprobó que toda la contingencia estaba resuelta, se acercó a mí, tomándome del culo, de nuevo.

    Si os ha gustado y queréis saber qué sucedió en el piso de Pepe, dejad comentarios.

    Cristi

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  • Mi hijo y la cincuentona Diana

    Mi hijo y la cincuentona Diana

    Los que hayan leído mis anteriores relatos saben que tengo relaciones sexuales con mi hijo mayor con quien comparto las experiencias que tenemos cada uno, en uno de mis anteriores relatos les conté como mi hijo había tenido relaciones con la madre de un amigo, que había resultado ser una mujer muy abierta, aunque a diferencia de nosotros no practicaba en incesto, aunque quizá a esto haya que darle solución, el asunto es que después de su primer encuentro con ella mi hijo recibió un mensaje de ella para que fuera a conocer a una amiga, y mi hijo, por supuesto aceptó y esta fue la aventura que vivió, según me la relató:

    Mar me dio la dirección de su amiga Diana y me dijo que con ella también lo pasaría estupendamente, la llamé y quedamos, cuando llamé a su casa y entre ella me recibió con una blusa de quedaba ver que no llevaba nada debajo, y una minifalda negra cortita, era una mujer cercana a los sesenta, pero magníficamente conservada, pelirroja, me invitó a pasar y nos sentamos en el sofá, ella me dijo:

    -Mi amiga Mar me ha dicho de ti que eres un joven muy ardiente, que además sabe lo que se hace con su herramienta.

    Y sin dejarme reaccionar llevó su mano a mi polla y comenzó a acariciármela, esta se me puso dura y Diana al darse cuenta me pidió;

    -Ponte de pie.

    Lo hice y ella llevó su mano a mi bragueta y primero me acaricio la, después me desabrochó, y lo dejó caer, hizo lo mismo con mi short, mi polla se quedó al aire, completamente empalmada, ella al verla dijo:

    -Desde luego Mar lleva razón, tienes una polla impresionante, a ver si sabes manejarla bien.

    Pero lo que hizo en se momento fue agarrarla con una de sus manos, mientras con la otra me acariciaba mis testículos y el resto de la zona, así estuvo un rato hasta que se la metió en la boca y comenzó a chupármela, lo hacía con ganas y con una técnica muy depurada, ósea se la notaba que tenía mucha experiencia, pero al ver sus tetas, decidí que no quería ir tan rápido, la pedí que se pusiera de pie y la quité la blusa, confirmando mis impresiones de que no llevaba sujetador, y me parecieron tan apetitosas que se las chupe, ella comenzó a gemir y dijo:

    -Que bien la chupas mi amor

    Yo seguí chupándola, pero no me conformé con eso, llevé mi mano a su culo y se lo acaricié durante un rato, después busqué su cremallera y se la desabroché, la falda cayó al suelo, en ese momento ella estaba completamente desnuda y yo solo llevaba una camiseta, ella me hizo quitármela, los dos estábamos desnudos.

    Ella se arrodilló de nuevo y comenzó, nuevamente a chupármela, aunque con una de sus manos se acariciaba una de sus tetas, esto me resultaba muy erótico, mi polla estaba a tope, mientras ella jugaba con esta con verdadera maestría, la verdad es que la muy zorra sabía chuparla divinamente, y siguió así hasta que vio que me iba a correr, en ese momento se la sacó de la boca y toda mi leche cayó sobre su cuerpo, yo pensaba que me había corrido muy deprisa, pero ella me dijo:

    -Cariño eres de los machos que más han resistido mis mamadas.

    En ese momento puso sus manos sobre sus tetas, que con las caricias de su dueña se pusieron aún más duras y al poco rato me dijo:

    -Mi amor me ha contado mi amiga Mar que te encanta tener tu polla ente las tetas de una chica, aquí tienes las mías.

    Y antes de que pudiera reaccionar, tenía mi polla dentro de ese rico nido que formaban sus pechos recibiendo una sensación muy agradable de calor, ante este estímulo mi polla se volvió a poner plenamente en forma, entonces ella se la sacó de este sitio, y me dijo:

    -Mi amor creo que en mi cama estaremos mejor.

    Me cogió de la mano me llevó a su cuarto y me ordenó tumbarme sobre la cama, todo ello con sus manos acariciando mi polla cuando estuve en la posición que ella me había pedio, vino hacia mí y se sentó de espaldas a mí, dejando u coño muy cercano a mi polla, y sin soltar esta fue acercando su coño hasta que nuestros miembros se juntaron, y ella hizo que mi polla entrara en el interior de su coño.

    Comenzó a moverse, sabía llevar un ritmo delicioso, se la notaba que tenía mucha experiencia, e tuvo un rato en esa posición, hasta que decidió darse la vuelta, y siguió cabalgándome, pero en esos momentos tenía a sus dos maravillosas tetas encima de mí y no puede evitar la tentación de acariciar sus tetas, ella dijo:

    -Mar lleva razón sabes cómo acariciarle las tetas a una mujer, tus caricas me vuelven loca.

    En esta postura siguió cabalgándome durante un rato, había veces que yo sentía que me iba a correr, pero ella, como adivinando mis pensamientos paraba un momento y cuando me veía más calmado me volvía a cabalgar, al cabo de un rato dijo:

    -Estoy cansada, cambiemos de postura.

    Se tumbó en la cama, de lado y me pidió que me pusiera yo también de lado, detrás de ella y desde esta postura, se la metí, de nuevo en su coño, yo me puse a llevar el ritmo, ella me dijo:

    -Lo haces muy bien, mi amor, sigue así.

    Ahora era yo quien llevaba el ritmo, pero ella seguía manteniendo el control, así cuando sentía que me iba a venir me hacía parar, pero nuevamente se cansó de esta postura y me pidió sacársela.

    Lo hice y ella se puso boca abajo, levantó sus piernas, por lo que su coño quedaba al aire, mientras sus pechos y su cara se pegaban a la cama, yo me puse de rodillas detrás de ella, y desde esta postura volvía a entrar en su paraíso del placer, desde luego Diana tenía un coño delicioso muy agradable de follar.

    Mi polla empezó a cabalgarla, ahora sentía que era yo quien controlaba, completamente la situación, ella me dijo:

    -Amor, tienes una polla divina, de las que pueden volver loca a cualquier mujer.

    Ella sí que me estaba volviendo loco a mí de placer, adoraba a esa mujer y seguí penetrándola, comprendiendo porque me gustaban tanto las maduras, saben mucho más que las chicas de mi edad.

    En ese momento sentí que no podía más y me corrí, mi leche inundó completamente su coño.

    Ella se vino hacia mí, y me beso de manera apasionada, dándome las gracias por la tarde tan maravillosa que estaba pasando, después se arrodillo ante mí y colocó mi polla que en ese momento estaba muy arrugada entre sus tetas y las apretó, era como si sus tetas se hubieran transformado en un coño, ante este contacto mi polla se empezó a poner dura, ella al verlo se la metió en la boca y la puso aún más en forma.

    Estuvo así un rato hasta que yo le pedí cambiar de postura ella se tumbó en la cama, yo primero le limpié su leche con un pañuelo de papel, después puse mi boca a la altura de su coño y comencé a lamérsele, aún tenía algo de sabor a mi semen, pero no me importó se lo seguí lamiendo, ella exclamó:

    -Menuda lengua tienes, lo comes muy bien.

    Seguí lamiéndoselo, ella gemía con muchas ganas, lo que me llevaba a seguir haciéndolo igual, noté, por sus gemidos y por la humedad de su coño que tuvo varios orgasmos, en ese momento me pareció oportuno pasar a la siguiente fase, me puse de pie y la pedí que se arrimara, con las piernas bien abiertas, al borde de la cama, de esta manera coloqué mi polla al lado de su coño, y después de ponerme un condón, la penetré.

    Ella al recibir mi polla dentro de su coño siguió gimiendo, incluso más fuerte, la verdad es que su coño resultaba delicioso y estuve follándola en esta postura, hasta que ella me dijo:

    -Esta postura debe de ser muy cansada, mejor túmbate en la cama también.

    Me tumbé detrás de ella, y desde atrás volví a introducir mi polla dentro de su coño, ella seguía gozando a tope, al ver sus maravillosas tetas no pude evitar las ganas de acariciárselas, sin dejar de follarla, era algo alucinante, ella se echó un poco hacia delante y yo bajé mis manos de sus tetas y la dirigí hacia sus muslos, ella se giró un poco y me dijo:

    -Se que soy una perra, fóllame como si lo fuera.

    Se puso boca abajo a cuatro patas, acaricie su espalda, y se la bese, y en esta postura yo me convertí en su perro, y se la metí desde atrás, pensé en la enorme cantidad de posturas desde las que se puede follar, mientras ella seguía gimiendo, haciéndome sentir muy hombre.

    La hice levantarse un poco y desde atrás agarré sus pechos y me puse a acariciarlos mientras llevé mi boca hasta su cuello y primero se lo lamí y después se lo cubrí con mis besos, ella me dijo:

    -Eres fantástico, pocos de los tíos con los que he follado me han hecho.

    Eso estimuló mi ego y seguí besándola el cuello con más pasión, sentí que la podía volver loca de placer, lo que a su vez me volvía a mi loco, seguí en esta postura un rato, sus gemidos eran cada vez más intensos, sentí como se volvió a correr varias veces, yo a pesar de intentar contenerme no puede evitar correrme, ella me pidió que me tumbará para quitarme el condón, cuando lo hizo sentí como una gran cantada de leche comenzó a fluir, pero no mucho porque ella, muy atenta lo recogía con su lengua y se lo tragaba.

    -Tu semen resulta delicioso, mi amor me dijo, cuando terminó.

    Me contó que era casada pero que con su marido no tenía suficiente y que poco a poco había profundizado en todos los aspectos de la sexualidad.

    Yo le conté mi afición por las maduras, sin contarle lo de mi madre, mientras hablábamos ella comenzó a acariciar mi polla que reaccionó a sus caricias, y nuevamente se puso durísima, ella al verla dijo:

    -Lleva razón Mar, también en que tu polla se recupera rápidamente de una follada.

    Yo la respondí que el mérito era suyo, que era su sensualidad la que ponía mi polla rápidamente en forma, ella me agradeció el halago y luego acaricio mi polla, pero en esos momentos yo quería llevar la iniciativa, así que la tumbé sobre la cama y comencé a besarla por todo su cuerpo, sus tetas me habían impresionado y se las volví a besar con verdadera pasión, la cabo de un rato ella dijo:

    -Eres maravilloso, mi amor, pero quiero ser yo durante un rato la que se ponga encima.

    Cedí a sus deseos, me tumbé en la cama y ella se puso encima de mí y comenzó a cabalgarme, otra vez tenía ese maravilloso par de tetas encima de mí y nuevamente se las acaricié, sus tetas eran grandes y bien formadas, cuando puse mis manos sobre ellas, ella me dijo:

    -Cariño sabes cómo tratar a una mujer

    La verdad es que era fácil tratar a una mujer como ella, con sus movimientos me estaba volviendo loco de placer, ella sí que sabía cómo volver loco a un hombre, estuvimos un rato en esta postura, noté que ella se volvía a correr, en ese momento se salió, yo me pregunté si se había cansado de follar y me iba a dejar a medias, aquí me llevé una sorpresa cuando ella me dijo:

    -Mi amor me encantaría que me lo hicieras por el culo, esto lo hago con pocos hombres, a mi marido no le gusta y a algunos de mis amantes tampoco, pero creo que tu sabrás como hacerme disfrutar por ahí.

    Estaba alucinando ante su propuesta, Diana tenía un culo fantástico y en los momentos en que me la había follado estando detrás de ella la idea había rondado mi mente, sí que me apresuré a aceptar su oferta.

    Ella se puso encima de la cama a cuatro patas, yo también me puse a cuatro patas detrás de ella, parecíamos un perro y una perra, llevé mi cara hacia ese trasero y con mis labios bese los cachetes de ese culo, después introduje una de mis dedos en su trasero, comprobé que no le hacía daño, parecía evidente que ese agujero no era virgen, así que poniéndome detrás de ella, acaricie su trasero con mis manos y después lo restregué con mi polla, para que se pusiera aún más dura, y cuando esto sucedió aproxime mi polla a su culo y le penetre, lo hice de golpe.

    Ella no mostro ningún signo de dolor, al contrario, comenzó a gemir desde el primer momento de una manera muy intensa mientras me decía:

    -Querido que bien lo haces, esto es delicioso.

    Sus palabras me dieron ánimos para seguir taladrándola su trasero, era fantástico, su culo parecía haber sido hecho para recibir pollas, así que seguí moviéndome en su interior mientras ella gemía de una manera muy intensa, noté como se venía varias, veces y me decidí a llevar una de mis manos hacia su coño, cuando metí uno de mis dedos dentro vi que lo tenía muy mojado. Comencé a menear mi dedo, sus gemidos aumentaron, y ella me dijo:

    -Cariño me estas volviendo local de placer

    Pero la verdad es que yo también estaba disfrutando muchísimo, seguí masturbándola, no te como se venía y sus líquidos mojaron mis dedos, pero yo quería seguir dándole placer y continue con mis dedos moviéndose en su interior, mientras mi polla seguía moviéndose dentro de su culo.

    Quería prolongar esta situación lo máximo posible, así que cuando veía que me iba a correr paraba un poco, y luego una vez calmado reproducía mi ataque, mis dedos notaban como ella se corría, y lo hizo varias veces, hasta que yo no pude más y me corrí dentro de su culo, ella dijo:

    -Mi amor, es la mejor enculada que me han hecho en mi vida, desde hoy mi culo es tuyo para que lo utilices cuando tú quieras.

    Le di las gracias y me salí, mi leche comenzó a correr por su culo, ver este espectáculo llevó a mi polla a ponerse de nuevo en forma, ella al verlo dijo:

    -Cariño será mejor que te lleve al baño a limpiarte.

    Y me llevó al baño, allí dijo:

    -Querido déjame que me limpie el culo y después me ocuparé de tu polla.

    Se metió en la ducha, aunque la mampara era translucida verla ducharse resultaba muy erótico, mi polla se puso otra vez en forma. Cuando ella terminó de lavarse abrió la mampara y me dijo:

    -Querido déjame que te la limpie.

    Fui donde ella estaba, y con el teléfono de la ducha, dirigió el agua caliente hacia mi polla, y después me la enjabonó, lo repitió otras dos veces hasta que la considero completamente limpia, en ese momento salió de la ducha y me hizo una señal para que yo hiciera lo mismo, mi polla con todo esto estaba durísima, y ver como se secaba con una toalla no ayudo precisamente a que se arrugara, después ella me secó a mí, mi polla, estaba durísima, ella dijo:

    -Ya veo como la tienes y te mereces que rinda culto a ese miembro tan divino.

    Y arrodillándose ante mí, me beso mi miembro y luego se lo introdujo en su boca dando comienzo a una mamada impresionante hasta que me corrí, mi leche fue a parar a su boca y ella se la tragó entera.

    Tras ello nos vestimos, los dos lo habíamos pasado increíblemente bien, cuando nos despedimos sabíamos que no iba a ser nuestra última vez.

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  • Orgía con mi madre

    Orgía con mi madre

    Hace unos días me fui con mi madre a una playa nudista para exhibirla, pero la cosa se me fue de la mano y ese mismo día fue la protagonista de una orgía descomunal.

    Soy Pancho, tengo treinta y algunos años, vivo en Madrid y mi madre vive conmigo a modo de madre de día y amante de noche.

    Llegué a tener relaciones sexuales con mi madre por puro azar, no fue algo buscado intencionadamente, pero con el tiempo he llegado a convencerme que siempre he tenido el complejo de Edipo, y así es como me siento.

    Me gustaría decirles que disfruto follando a mi madre, cosa que es cierta, pero también disfruto follando con otras mujeres, incluso a veces con hombres, pero con mi madre es diferente, porque con mi madre no sólo es follar. Alguien dijo una vez que la vida sólo merece vivirla cuando se traspasan barreras, yo mantengo que en el sexo, si no se traspasan barreras, no se despiertan las pasiones, esas que te hacen enloquecer, esas que tocas el cielo o que te calcinas en las llamas del infierno, esas que te hacen vivir en un día lo que la mayoría no consiguen en una vida.

    Últimamente me ronda una pasión por mi cabeza: quiero follar a mi madre delante de una cohorte que le rinda pleitesía y que sean conocedores de nuestra relación filial, y se me ha ocurrido una idea.

    Hace unos días echaron por televisión un reportaje de la Isla de Ibiza, que como sabrán está en el Mediterráneo y es un paraíso turístico, donde por igual corre el sexo y las fiestas, y hacían en ese reportaje especial énfasis en las playas nudistas que proliferan en toda la Isla.

    Visto y hecho. Al día siguiente ya estaba reservando dos billetes de avión para irnos mi madre y yo unos días a las playas nudistas de Ibiza. Como pueden suponer, yo no ansiaba especialmente ver las chicas desnudas pasearse por las playas, yo lo que quería es que la gente viese a mi madre pasearse desnuda por las playas, y me atraía sobremanera el que alguien me viese follar con mi madre y que además supiesen de nuestra relación incestuosa.

    No fuimos a ningún hotel, reservamos una villa lujosa y amplia muy cerca de la playa de Es Caballets, que como sabrán los que conozcan la zona, es donde se sitúa la mejor playa nudista de la isla, y como quiera que no estamos en plena temporada turística, pues la playa estaba un tanto desangelada, es decir, pocos nudistas de pro y muchos mirones de resabio, de los que van a buscar.

    Nada más tumbarnos en un par de hamacas, ya estaban pululando a nuestro alrededor un par de chavales algo más jóvenes que yo. No, no fue por casualidad y no fue porque no hubiese otras chicas desnudas en la playa, es que mi madre tiene unas tetas firmes y puntiagudas (operadas, naturalmente), unas nalgas abultadas, pero no rellenas, y unos labios que incitan a beber de ellos, aunque lo más sobresaliente es el bello de su pubis: Tiene una mata de pelo en el chocho que te atrapa la mirada y ya no puedes desprenderte.

    Y eso debió de ser lo que le ocurrió también a una pareja como de unos cincuenta años que pasaban arrastrando sus bolsas por la playa un tanto desganados. Cuando la señora se fijó en la mata de pelo del chocho de mi madre, soltó las bolsas y se tumbó en la hamaca más cercana a la nuestra.

    Mi madre, muy recatada ella, pues al ver la expectación que levantaba entre la pareja de salidos, perdón, de chavales de su diestra y los ojos de plato que se le pusieron a la señora de la hamaca de su siniestra, pues va y se abre de piernas, para mostrar “urbi et orbe” que tras aquella más que generosa mata de pelo, se escondía un chumino de labios gruesos y carnosos y que a la luz solar, desprendía destellos cual diamante de muchos quilates, aunque matizados por un color rubí que hacían las delicias de mirones y mironas que no daban crédito a sus fascinados ojos.

    Los mirones, que se habían acomodado en una de las hamacas más cercana a la nuestra, parecían americanos, quizás soldados en permiso cuartelario y que posiblemente habían recalado en esa Isla en busca del sexo que posiblemente no disfrutaban en su destino. La pareja de maduros, que se habían situado en la hamaca más cercana a las nuestras, parecían gentes acomodadas del lugar y que frecuentaban la playa, porque la primera pregunta de la señora a mi madre fue si era habitual de la zona.

    -No señora, yo soy de Madrid y estoy aquí de vacaciones con mi hijo que está muy atareado en su trabajo y necesita descansar unos días.

    Bueno, tanto los maduros como los soldados, porque uno de ellos era hispano y enseguida le puso en antecedentes al otro, ya sabían de nuestra relación. Éramos madre e hijo y estábamos desnudos tomando el sol. Sólo hacía falta que mi madre les pusiera en antecedentes de nuestra relación incestuosa, cosa que no tardó en suceder porque la vecina se lo puso a huevo.

    -Pues con la de chicas jóvenes que hay por aquí, seguro que su hijo enseguida encuentra novia -le dijo taimadamente su interlocutora.

    -No señora, mi hijo no viene buscando novia porque ya la tiene. Aunque soy su madre nosotros vivimos en pareja, somos pareja de hecho y mantenemos una relación sólida y apasionante -le remachó mi madre.

    Como pueden suponer a los soldados casi se le funden los fusibles ante tal confesión, cosa bien distinta le ocurrió a la vecina de hamaca, que con total naturalidad va y le contesta:

    -“Que cool”, a mí también me gustaría mantener una relación así, debe ser apasionante -dijo casi relamiéndose.

    Ahora al que parecía que se le iban a fundir los fusibles era al marido de la vecina, que estaba un tanto apático y no había intervenido hasta el momento en el intercambio de confidencias, pero que ésta de su mujer le había puesto las pilas.

    A partir de ese momento y dejadas claras las cosas, empezó un largo y estudiado posicionamiento. Los mirones, que en efecto eran soldados americanos en busca de “nuevas experiencias”, pusieron en práctica una estrategia de envolvimiento que consistía en acercarse a mi posición para, una vez ganada, afrontar el objetivo que no era otro que el asedio y la toma del chocho de mi madre.

    La señora, que los ojos se le salían de las orbitas cuando miraba sin recato alguno la entrepierna de mi madre, nos ignoró a todos y se centró desde el primer momento en su objetivo: mamarle el chocho a mi madre.

    El señor de la señora, un matrimonio acomodado y conservador hasta el momento como ellos mismos se definían, no le interesaba nada de lo que ocurría a nuestro alrededor, sólo le interesaba la confidencia de su pudorosa esposa que reclamaba a gritos “traspasar barreras” y estaba expectante en ver qué tipo de barreras iba a traspasar su reprimida señora.

    Yo en cambio me situé en mi posición de Edipo Rey. Ya tenía la cohorte y ahora sólo me faltaba el escenario, de modo que les propuse a unos y a otros que cómo se acercaba la hora de comer que podíamos dejarnos caer por mi residencia, que estaba muy cerca de allí, y preparar entre todos algo de comer.

    Obviamente, aunque eso no lo concretamos, cada uno ya tenía claro el menú que quería comerse ese día, de modo que la aceptación fue unánime y en apenas un cuarto de hora, todos estábamos en el salón de mi lujosa residencia en la Isla.

    Lo primero que hice para deshacer el hielo inicial de los asistentes, fue quitarle las bragas que se había puesto mi madre antes de salir de la playa nudista, recostarla en un suntuoso y amplio sofá del salón, subirme encima de ella y follarla.

    Tanto los soldados como los maduros no supieron reaccionar a tiempo, porque tuve la ocasión de echarle a mi madre un polvo de “puta madre” delante de sus narices, pero se ve que la señora del señor maduro era lenta en reaccionar, pero contundente, porque nada más levantarme de encima de mi madre, se echó literalmente encima de su chocho, enterró su boca dentro de sus carnosos y ahora también jugosos labios, y se dedicó a hacerle una mamada que los lambetazos retumbaba por toda la estancia.

    Uno de los dos soldados, el angloamericano, se lanzó a por las tetas de mi madre, se las sacó del sujetador, se las metió en su boca y las succionaba como si de ellas fluyese néctar, y posiblemente así era, porque cuanto más chupaba más ansias de chupar le entraban.

    El otro soldado, el latinoamericano, se lanzó por el culo de la señora del señor maduro, que lo tenía en pompa. Le quitó las bragas a mordiscos, buscó abnegado su recóndito chumino, le metió su polla y, diligente, buscó deseoso los labios de mi madre para lamerle frenéticamente su boca.

    Mi madre se retorcía de gusto en el sofá cual odalisca que bailaba provocativamente para satisfacer los gustos de su señor el Rey. Mientras, el señor de la señora madura, viendo quizás por primera vez a su mujer follándose a otra mujer y a la vez follada por semejante mancebo, y quizás viendo que ya no le quedaban orificios donde enterrar su voluntariosa herramienta, optó por lo que estaba más a mano, es decir, hacerse una paja a dos manos mientras se le caía la baba contemplando los estertores de su casta esposa, cuando el soldado le soltó un chorro de leche que salpicó a todos los presentes.

    La reprimida señora, ante tal cascada de leche y gemidos de placer, cometió la torpeza de levantar la cabeza de la entrepierna de mi madre para enterarse de cuánto acontecía a su alrededor, ligereza que el soldado angloamericano no desaprovechó para encaramarse a lomos de mi madre, encajarse entre sus piernas y enterrarle en su chocho una polla que reventaba de ansiedad.

    Mi madre se abandonó y se dejó hacer. La esposa del señor maduro, un tanto despechada por tan jugosa perdida y viendo la calamitosa paja que su marido trataba de completar, se abrió de piernas en el sofá al lado de mi madre y benevolente, le ofreció a su marido un premio de consolación, cosa que su marido aprovechó a satisfacción, porque apenas un minuto después exhalaba ciertos sonidos de placer.

    El señor se quedó exhausto encima de su señora, y ella, acostada al lado de mi madre que estaba siendo zarandeada vigorosamente por el soldado, le echó la mano por la cabeza, la abrazó y juntó su cara a la suya, como haciéndose participe del polvo que la estaban metiendo.

    El soldado se recreó en el chumino de mi madre una eternidad. Parecía que sus ansias no se iban a ver colmadas nunca, pero de pronto desenfundó su polla y roció a los tres con su manguera, a mi madre, a la señora del señor y al señor exhausto encima de su señora.

    El soldado se levantó de tan estratégico lugar y enseguida fue ocupado nuevamente por la señora del señor, que fue desalojado del sofá a empujones de su señora. La recatada señora entonces reanudó la faena que hacía unos minutos había dejado abandonada, esta vez entregándose a conciencia a su labor.

    Le metió tal mamada a mi madre y mi madre le hizo tal paja a tan reprimida y pudorosa señora, que ambas se metieron una corrida que las hizo que cayeran desfallecidas, ambas mirándome satisfechas y ofreciéndome tan apasionante espectáculo de sexo, cuernos, incesto y lesbianismo, vamos una orgía en toda regla.

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  • Mi hija, su novio, mi mujer y yo (1ª parte)

    Mi hija, su novio, mi mujer y yo (1ª parte)

    Desde hacía unos 10 años veraneábamos siempre en Paracas (Perú), sin embargo teníamos ganas de cambiar y, gracias a un amigo, conseguí alquilar una casa a muy buen precio y que estaba junto a la playa.

    Paracas es un lugar genial, precioso, sus playas son magníficas. Por cierto, mi nombre es Juan Carlos, mi mujer se llama Ana y nuestra hija Cecilia, tenemos 49, 45 y 19 años respectivamente.

    Solíamos levantarnos bastante tarde, casi a la hora del almuerzo, ya que por las noches nos acostábamos muy tarde. A los pocos días de estar allí nuestra hija se echó un novio, bueno, más que un novio era un rollete de estos de verano. Era un chico de piel negra que también estaba de vacaciones allí, pero era italiano, se llamaba Marcelo.

    Todas las tardes, sobre las 4, íbamos a la playa, aunque Cecilia no venía con nosotros ya que al terminar de comer iba rápidamente a buscar a Marcelo y se iba con él, seguramente a algún lugar apartado de la playa donde podían estar más tranquilos.

    Recuerdo que uno de esos días, estábamos mi mujer y yo en las toallas tomando el sol y ellos, que venían dando un paseo, se acercaron para saludarnos. La verdad es que el chico tenía un cuerpo impresionante. Era alto, con bastantes músculos y no podía disimular el enorme tamaño de su miembro en su pequeño bañador.

    Lo que realmente más me impresionó fue el diminuto bikini que lucía mi hija, nunca se lo había visto y era minúsculo, la parte de abajo era como un tanga, o sea los cachetes del culo le quedaban prácticamente al descubierto. La verdad es que me quedé observándola como nunca lo había hecho. Tenía la mitad de las tetas al descubierto y si el bikini se le hubiese movido un centímetro se le hubiesen visto los pezones.

    Estuvimos un buen rato charlando y a mí se me apeteció bañarme. Cuando me dirigía a la orilla Cecilia pasó corriendo a mi lado y se tiró de cabeza al agua. Estaba preciosa, comenzó a nadar y yo hice lo mismo hasta que me situé a su lado.

    Allí, en el agua, nos pusimos a conversar. Le pregunté que qué tal le iba con Marcelo, y me dijo que era un chico sensacional y que se lo estaba pasaba muy bien con él. Yo disimuladamente le miraba de vez en cuando la parte superior del bikini que, al ser de color amarillo y al estar mojado, se le transparentaba bastante y podía ver a la perfección sus pezones marcados en él.

    Al poco rato salimos del agua dirigiéndonos de nuevo a donde estaban Ana y Marcelo. Me tumbé en mi toalla y me puse a tomar el sol, mi hija hizo lo mismo y se puso boca abajo. A mi izquierda estaban mi mujer y Marcelo hablando entre ellos, y a mi derecha tenía a Cecilia que, por cierto, se había desabrochado la parte de arriba del bikini para que no se le quedaran en la espalda las marcas. Hubo un momento en el que ella se levantó levemente para sacar de su bolso un cigarrillo. No se molestó en taparse los pechos y pude ver sus tetas colgando y mostrando esos dos magníficos pezones.

    La situación me había puesto muy caliente y les dije que iba a la casa a coger mi walkman para escuchar la radio, aunque realmente iba a hacerme una buena paja. Jamás me había pasado esto antes, es decir nunca había ni siquiera fantaseado con Cecilia, pero el verla en la playa con ese minúsculo bikini y después verle las tetas me había impactado de tal manera que cuando llegué a la casa tenía la polla totalmente empalmada.

    Me senté en el wáter y comencé a cascármela. Tenía en mi mente la esbelta figura de mi hija con esas tetas y esos pezones marcados en el bikini. Sin embargo, a los pocos segundos, recordé que al entrar había visto en el sofá un par de conjuntos de ropa de Cecilia. Pensé que quizás entre esa ropa podría haber también algún sujetador o tanga de mi hija. Resulta que me da mucho morbo masturbarme con ropa interior femenina, aunque lógicamente siempre que lo había hecho había sido con ropa de Ana, mi esposa. No obstante, y debido a mi excitación, me dirigí a donde estaba la ropa y, por suerte, encontré allí un par de tangas y un sujetador.

    Cogí uno de los tangas, de color negro, y fui de nuevo al servicio y comencé a pajearme con el tanga en la mano. Como os podéis imaginar no tardé mucho en correrme. Me hubiese gustado hacerlo sobre el tanguita, pero no lo hice, no podía ser tan descarado. Al acabar lo planché un poco y lo dejé en el mismo sitio donde estaba, y me dirigí de nuevo a la playa.

    Curiosamente Cecilia estaba dormida y, junto a ella, Marcelo le extendía crema bronceadora a Ana por la espalda. Debo deciros que mi esposa tiene un buen cuerpo, tetas medianas tirando a grandes y un culo muy bien formado. Me saludaron y Ana me estuvo comentando que Marcelo era estudiante de medicina y que, para sacarse un dinerillo, se dedicaba a dar masajes a domicilio. Y por lo visto lo hacía muy bien. Así que me dijo que después de la playa habían quedado en que le daría un masaje en la casa. A mí me pareció bien. Fui a darme un baño y luego me puse a tomar el sol.

    Me llamó mucho la atención lo bien que se habían caído mi esposa y Marcelo, pues no paraban de hablar y ella no paraba de sonreír y de reírse. Se notaba que el chico sabía tratar a las mujeres. Incluso la pillé varias veces mirándole a Marcelo el bulto del paquete en el bañador. También me di cuenta de como él miraba disimuladamente el canalillo de las tetas de mi esposa cuando hablaban.

    Cuando nos fuimos de la playa debían ser sobre las 8, y al llegar a casa mi mujer trajo unos refrescos y unos canapés mientras Cecilia se duchaba y los demás esperábamos nuestro turno. He de recordaros que Marcelo estaba con nosotros y que en breves momentos iba a hacerle un masaje a Ana. Pero primero teníamos que ducharnos. Él lo había hecho en las duchas de la playa, lógicamente le daba apuro hacerlo allí en la casa. Cuando salió mi hija de la ducha entró Ana. Mientras tanto, y para dejarles un poco de intimidad, me fui a nuestra cama y me tumbé un rato a ver la tele, y ellos dos se quedaron solos en el salón mientras mi esposa acababa de ducharse.

    Al cabo de unos minutos llegó Ana a la habitación, llevaba puesto un albornoz, sin nada debajo. Me dijo que entrara yo a ducharme, pero, sin hacerle caso, le di una palmada en el culo y de golpe le quité el albornoz, quedándose totalmente en pelotas. Comencé a morrearla mientras le sobaba el coño, y así, estando los dos de pie, le empecé a pajear, metiéndole primero un solo dedo y luego dos. Ella estaba bastante cachonda, y se dejaba hacer sin protestar. Con mi otra mano comencé a amasarle las tetas, y luego acerqué mi lengua a sus pezones a la vez que no paraba de pajearla, cada vez más rápido.

    Y lo más morboso de todo era que la puerta de la habitación estaba abierta. Ana no se había dado cuenta porque si no no hubiese permitido eso, tened en cuenta que si mi hija o Marcelo pasaban por el pasillo nos verían perfectamente. Pero Ana no se percató, estaba de espaldas a la puerta y yo procuraba que no se girase, realmente yo deseaba que mi hija o Marcelo nos viesen.

    Noté en mi mano como mi esposa se corría, es una mujer que suelta bastante flujo y me la dejó empapada. Acto seguido se agachó ante mí y comenzó a chupármela. En esos momentos, me percaté de unas sombras que había a la entrada de la puerta. No quise dar sospechas de que yo me había dado cuenta y seguí como si nada, sin embargo, a los pocos minutos observé como mi hija y Marcelo estaban espiándonos a la vez que se metían mano.

    No los podía ver bien, pero ellos a nosotros sí, debido al ángulo en el que estaban situados. Me puse a mil. El hecho de saber de que mi hija veía a su madre chuparme la polla mientras su novio le metía mano era algo superior a mis fuerzas. Además, mi esposa es una experta mamadora, y no solo chupaba mi polla sino que también me comía los huevos e incluso a veces con sus lengüetazos me rozaba el agujero del culo.

    Marcelo y mi hija estaban a tope, pude ver sin problemas como la mano de ella comenzó a moverse cada vez más rápido. Le estaba haciendo una paja y él no paraba de sobarle las tetas y morrearla. Yo no pude resistir mucho más y comencé a correrme sobre la cara de mi esposa. Debido a mi calentura solté una cantidad descomunal de esperma, no recuerdo haber echado tanta leche nunca. Mientras me corría me dio tiempo a apuntar a sus tetazas y también se las dejé empapadas.

    Pasaron unos minutos y salimos de la habitación. Me dirigí directamente al cuarto de baño, pero en vez de darme una ducha rápida decidí llenar la bañera y permanecer allí un rato relajado y fumando un cigarrillo. Me puse a pensar en lo que había ocurrido y me empalmé de nuevo. Estaba a tope de saber que mi hija había presenciado la descomunal mamada que su madre me había hecho. Sinceramente estaba arrepentido de no habérmela follado, eso hubiera sido la guinda del pastel.

    Salí del baño y no vi a nadie en el salón. Creía que Marcelo le estaría dando el masaje a Ana. Sin embargo, estaban en la habitación de Cecilia, en su cama. Resulta que en el salón no había ningún sitio apropiado para que se tumbase mi esposa así que decidieron hacerlo allí. Mientras él le daba el masaje mi hija leía una revista, y yo les comenté que me quedaría en el salón, porque la verdad es que no pintaba nada allí.

    Pasaron unos quince minutos y la primera en aparecer fue mi mujer. Sin apenas decirme nada fue directamente a la cocina, y desde allí me preguntó si me apetecía beber algo. Le dije que ok, que una cerveza estaría bien. Mientras tanto, caí en la cuenta de que Marcelo y mi hija estaban aún en la habitación. Cuando mi mujer se sentó junto a mí la noté algo acalorada, y más nerviosa de lo habitual.

    -“¿Te ocurre algo, cariño?, es que te noto un poco nerviosa”, le dije.

    -“No no, no me ocurre nada. El masaje me ha sentado fenomenal, Marcelo es todo un experto. Me encuentro mucho más relajada, deberías probarlo, amor mío”.

    -“Otro día quizás. Sin embargo, Ana, yo en vez de relajada te noto más nerviosa. Te conozco muy bien, y sé que te ocurre algo, y por favor quiero que me lo digas”.

    Acto seguido, mi esposa me tomó de una mano y mirándome a los ojos me dijo :

    -“Juan Carlos, estoy muy excitada, necesito que me vuelvas a follar. Aunque me da reparo reconocerlo, me he puesto muy cachonda con el masaje. Te lo cuento porque sé que puedo confiar en ti y que no te enfadarás”.

    No me dio tiempo a decir nada, ya que mi esposa me sacó de repente la polla del pantalón y comenzó a pajearme. Claramente ese chico la había puesto a cien, y a mí no solo no me molestaba, sino que lo comprendía, y además de verla tan cachonda me excité yo también. Ella me masturbaba lentamente a la vez que mirándome a los ojos me decía:

    -“Sí mi amor, me he puesto a tope sintiendo las manos de Marcelo recorrer mi cuerpo. Está buenísimo el cabrón, vaya suerte tiene nuestra hija, vaya pedazo de polla negra se mete entre las piernas”.

    Mientras hablaba iba acelerando poco a poco el movimiento de su mano. Menuda paja me estaba haciendo la muy calentona. Yo aproveché estos momentos de excitación y le conté lo de antes, o sea que tanto Marcelo como Cecilia habían visto como ella me la chupaba en nuestra habitación. Esto a mi esposa la calentó aún más y con la otra mano comenzó a acariciarse el chocho sin dejar de pajearme a mí. Yo no pude resistir mucho más y me corrí llenándole de abundante esperma toda la mano.

    No nos pillaron Marcelo y Cecilia de milagro, ya que a los pocos segundos aparecieron en el salón diciendo que iban a comprar unos helados y a dar un paseo por la playa. Se marcharon y nosotros nos quedamos tumbados en el sofá viendo la tele hasta la hora de la cena.

    Cuando acabamos de cenar le sugerí a mi esposa de ir a tomar unas copas, así que nos arreglamos un poco y nos dirigimos a un bar cercano. A la media hora más o menos dio la casualidad de que aparecieron por allí nuestra hija y Marcelo. Se sentaron con nosotros, al parecer ya venían bastante alegres y no tenían reparo en darse largos morreos delante nuestra e incluso se metían mano con descaro. A mí la verdad no me importaba, es más, me excitaba ver a Cecilia tan desinhibida.

    Sin embargo, la noche deparaba una sorpresa que realmente no hubiese esperado: Resulta que Marcelo se quedaba en nuestra casa a dormir. ¡Fantástico! (pensé), con la marcha que llevan encima estos dos seguro que a los pocos minutos de llegar se ponen a follar como condenados… Y yo procuraré escucharlo todo y, por qué no, verlo si me es posible.

    Eran casi las dos de la madrugada y llegamos a la casa. Lo primero que hice fue ponerme cómodo y tomarme la última copa antes de acostarme. Cecilia y Marcelo entraron directamente en la habitación, o sea la habitación de Cecilia que solo tenía una cama. Me quedé un rato en el salón y mi mujer me comentó que se iba a la cama, y que por favor no tardase mucho yo en llegar. Le dije que ok, sin embargo, mis intenciones eran otras. Deseaba realmente escuchar los gemidos de mi hija siendo penetrada por Márcelo, así que apuré la copa y me dirigí a la puerta de la habitación y puse la oreja a ver si podía captar algo.

    Sí, ya sé que no era muy normal la situación, un padre intentando escuchar tras la puerta los actos sexuales de su hija. Pero tampoco creo que hubiese nada malo en aquello. Bueno, la cuestión es que al cabo de unos minutos comencé a oír como una especie de… Gemidos. En mi mente tenía la imagen de mi Cecilia, con sus pechos al aire, me la imaginaba chupando el miembro de Marcelo y botando encima de él.

    No pude resistir la tentación de abrir un poco la puerta (no estaba cerrada totalmente, así que solo tuve que empujarla un poco). Me quedé estupefacto, realmente impresionado… Y muy excitado con lo que vi:

    Estaban tumbados en la cama, besándose en la boca, y mi hija con su mano izquierda le sacaba la polla y comenzaba a acariciársela lentamente. Marcelo le manoseaba con dulzura los pechos, y a los pocos segundos tenía los pezones en la boca, chupándolos con ansia por lo que ella se puso más cachonda y aceleró el ritmo de su mano y comenzó a pajearlo a mayor velocidad. Umm, ver allí a mi hija con esa enorme polla negra en la mano y aquel chico chupándole las tetas era la escena más excitante que jamás hubiera imaginado.

    Lógicamente yo ya tenía mi polla en la mano, estaba totalmente empalmado, aquello era muy fuerte. Acto seguido se pusieron en la posición del 69, y no aparté la vista de la boca de mi hija tragándose aquella enorme verga.

    No daba crédito a lo que veían mis ojos, Cecilia parecía una actriz porno, devoraba la polla como una auténtica profesional. Además, el tipo tenía un cipote enorme, y ella se la tragaba toda, mientras con la otra mano le acariciaba los huevos. Pero no quedaba ahí la cosa, ya que la muy guarra se la sacó de la boca y le metió la lengua en el culo a la vez que con la mano le pajeaba la polla.

    No sé cómo Marcelo podía aguantar tanto sin correrse, de hecho, yo estaba casi a punto. Pero lo mejor vino a continuación: Él sacó del bolso de mi hija una especie de venda y le tapó los ojos. Mi hija se puso a cuatro patas, como una perrita, y Marcelo empezó a follársela. He de decir que yo estaba arriesgándome bastante ya que se encontraban mirando hacia donde yo estaba, aunque por ella no había problema ya que tenía los ojos tapados.

    Yo estaba tan centrado en la imagen de mi hija que no me percaté de que Marcelo estaba mirándome. Cuando me di cuenta me retiré un poco… Sin embargo, y sorprendentemente para mí, vi como él me hacia una especie de gesto para que me quedara, como dándome a entender de que podía seguir observándolos. Supongo que esto era en agradecimiento de cuando yo los dejé observar a ellos. Umm, era fabuloso ver como botaban las tetazas de mi hija en cada embiste que le daba el negro…

    Lo curioso y lo mejor de todo fue que Marcelo y yo descargamos nuestra leche a la vez, claro que con la diferencia de que él lo hacía sobre las tetas de mi hija y yo sobre una servilleta de papel. Luego, le esparció la leche por el cuerpo y mientras lo hacía me miraba a mí, y me sonreía… El muy cabronazo. Sin embargo, él, mediante gestos, me invitó a entrar en la habitación. Aunque mi hija tenía los ojos tapados debía hacerlo con extremo cuidado, ya que me podía oír. Marcelo tuvo la gran idea de poner un poco de música, y luego ató a Cecilia de manos y piernas a la cama.

    Cuando ya me encontraba dentro de la habitación, Marcelo se acercó y me dijo al oído:

    -“Sé que estás deseando follártela, y lo veo normal, porque Cecilia está buenísima. Si yo fuera su padre también lo haría, así que aprovecha la oportunidad que te brindo y métesela en la boca y en el coño”.

    No me lo pensé dos veces y acerqué mi rabo al cuerpo de mi hija, y empecé a frotarlo por sus tetas. Marcelo, mientras tanto, le decía a ella en el oído:

    -“Cariño, es una sorpresa que te tenía reservada, he invitado a un amigo y vamos a follarte entre los dos, me acuerdo que el otro día cuando te pregunté sobre tus fantasías eróticas me dijiste que te encantaría hacerlo con dos chicos, y esta noche esa fantasía se hará realidad”.

    Mi hija, entre que estaba un poco bebida y la calentura, no puso traba alguna. Me puse encima de ella, y suavemente le pasé la polla por los labios. Ella sacó su lengua y comenzó a lamer mi capullo lentamente. Acerqué un poco más el rabo a su boca, dándole a entender que la abriese y empezara a chuparla. ¡y qué enorme placer contemplar mi nabo entrando en la boca de mi propia hija!…

    La muy guarrilla me hizo una mamada de competición, como la que antes le había hecho a Marcelo. Yo, loco de excitación, comencé a magrearle las tetas y me puse a comérselas. Ella cada vez chupaba con más ansia debido al placer que el negro le proporcionaba en el coño con la lengua. Pasados unos minutos, Marcelo me cedió su lugar y me puse a comerle el chocho, a la vez que ella se metía en la boca el enorme vergajo del negro.

    Menuda preciosidad de coñito tenía, totalmente depilado y bastante cerradito, parecía increíble que por allí pudiera entrar el pene de Marcelo. Sus jugos me sabían a gloria, y mi excitación había llegado a su punto más alto así que opté por clavársela sin demora. Sin embargo, ví algo que me dejó totalmente bloqueado: En la puerta de la habitación se encontraba Ana, mi esposa, con los pechos al aire y acariciándose el coño por encima de las bragas. Durante unos minutos no supe que hacer ni decir, y cuando me estaba incorporando para ir junto a ella y darle alguna explicación, ella desde lejos me indicó que no me preocupara y que me follara a nuestra hija.

    Esto si que era el colmo, mi propia esposa dándome permiso para follarme a mi hija mientras se masturba viéndolo. La verdad es que en esos momentos yo dudaba de si se trataría de un sueño o no. Era una situación super morbosa, y todo gracias a la complicidad de nuestro yerno, o sea Marcelo. Total, que le desaté a Cecilia las piernas, se las separé un poco, acerqué la punta de mi pene a su dulce chocho y comencé a penetrarla.

    Menuda sensación sentir mi polla dentro de ese coñito joven y caliente, y además verla a ella con la polla del negro en la boca y las tetas botando. Aceleré el ritmo de mis embestidas y eso a Cecilia debió gustarle ya que se sacó el pene de Marcelo de la boca para decir que quería “más fuerte y rápido”, y yo por supuesto puse todo de mi parte para complacerla. Estuvimos un rato en esa postura y cuando noté que me faltaba poco para correrme le sugerí a Marcelo de cambiar de posición.

    Tumbó a mi hija en el suelo, de espaldas hacia nosotros. Ella levantó las piernas hasta que sus rodillas tocaros sus pechos y se abrió el chocho con las manos. Marcelo se agachó y le metió la lengua, mientras tanto Cecilia meneaba el culo y nos pedía que por favor la folláramos. Marcelo, que estaba también super excitado, le hundió el nabo de golpe echándose sobre sus piernas y levantándola el culo con su peso, podía ver como sus testículos le golpeaban la raja a cada embestida. El tío le hundía la polla de una forma salvaje haciendo fuerza, pero aun así Cecilia pedía más caña.

    En esos instantes yo estaba que no podía más, estaba a punto de correrme. Por cierto, miré a mi esposa y estaba casi como yo, o sea muerta de gusto, con ojos de vicio y metiéndose dos o tres dedos en el coño.

    Al cabo de unos minutos, Marcelo se la sacó del chocho y comenzó a pajearse en la cara de Cecilia. Yo me acerqué a sus pechos y comencé a chupárselos, a la vez que le agarré la mano y la puse en mi polla para que me masturbara. Marcelo le introdujo la polla en la boca y empezó un mete-saca que acabó cuando chorreones de leche empezaron a salir por la comisura de sus labios. Al ver esto no pude resistirlo, puse mi polla sobre los pechos de mi hija y me corrí sobre ellos.

    Cecilia y Marcelo comenzaron a besarse como enamorados, mientras éste le esparcía nuestra leche por el cuerpo. Salí de la habitación y me encontré con mi esposa en el pasillo. Ella también había disfrutado con lo acontecido y me pidió que por favor le echara un polvo, cosa a la que por supuesto no me negué.

    Continuará.

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  • La oportunidad hace al ladrón

    La oportunidad hace al ladrón

    Cuando volví del campamento, no corté con mi novio, pero me guardé muy mucho de contarle nada. Para mi había quedado claro que el sexo es una cosa y los sentimientos, pero quizás a él no le quedara tan claro. Pero vayamos a la historia.

    Era ya finales de agosto y nos habíamos juntado unas parejas para celebrar el cumpleaños de una amiga.

    Yo me había puesto una minifalda y un top blanco que encantaban a mi novio y unos botines de nylon negro. Todo era muy ajustado y había tenido que renunciar al sujetador para poder embutir mis pechos en el sucinto top. En cuanto a la minifalda, había tenido que ponerme un tanga para impedir la incomodidad de las costuras. Y llegó la hora de la fiesta. Nos juntamos en un pub de una de las zonas típicas de copas en Madrid. Pasaban las horas y mi novio no hacía más que beber y beber. Ya era casi el final de la fiesta y solo quedábamos otra pareja y nosotros. Yo tenía un cabreo enorme porque mi novio tenía una borrachera que no se tenía en pie.

    La otra pareja le vio tan mal que decidieron llevarle al hospital para hacerle pasar la “mona”. Yo estaba muy, muy enfadada pues me había jodido la noche. Así que les dije que se lo llevaran, que ya me encargaría de volver a casa por mi cuenta. Ellos insistieron, pero yo dije que no se molestaran. Al final, se fueron y me dejaron sentada allí, con mis piernas cruzadas, ofreciendo una buena visión de mis muslos al personal. Yo estaba cabreadísima y en ese momento me puse a pensar en el polvazo que había echado en Granada. “Si los tuviera aquí -pensaba–se iba a enterar ese gilipollas”.

    –Do you want to dance with me, honey?

    Una voz me sacó de mis pensamientos. Mire al que me hablaba. Un muchacho de color, alto, fuerte y extranjero me estaba invitando a bailar. Me puse a pensar rápidamente en Granada, mi novio… Acepté de inmediato. Así conocí a Jonah, sargento de los Marines de los EEUU que acababa de ser destinado a la embajada de su país en Madrid. Bailamos un poco y luego me invitó a una copa y me habló de él, aunque yo no entendía muy bien el inglés, pero poco a poco íbamos intimando y terminamos riéndonos de la mezcla spaninglish en la que habíamos terminado hablando.

    En esto, pusieron un disco de música lenta. Jonah me cogió de la mano y me sacó a la pista a bailar. Me agarró de la cintura y yo a él de los hombros y comenzamos. La verdad, yo ya había cogido el punto con las copas y eso de hacérmelo con un negro, me empezaba a mojar el tanga de una manera bestial. Así que poco a poco, mis movimientos empezaron a ser más insinuantes, y él debió de darse cuenta porque los suyos también se hicieron más insinuantes.

    Finalmente, sus manos se deslizaron de mi cintura a mis nalgas y comenzó a amasarlas con suavidad al principio y con firmeza más delante. Incluso, cuando nuestro baile nos llevaba a zona más oscura de la sala, con una mano me levantaba el borde de la falda y con la otra exploraba mis ya húmedas interioridades.

    En uno de los movimientos del baile, Jonah se soltó de mí y con un brazo me giró quedando yo de espaldas a él. Restregaba su paquete por mi culo y sentía algo muy, muy duro recorriendo la raja de mis nalgas. Mientras comenzó a recorrer mis tetas, las cuales habían sobrepasado ya el punto máximo de endurecimiento. Estaba calentísima y ya lo único que quería era ser penetrada. Jonah me llevó poco a poco hasta el pasillo que llevaba hasta los lavabos, que estaba a oscuras. Comenzó a besarme lujuriosamente, entrelazando nuestras lenguas.

    De un golpe subió mi top hasta el cuello y dejo mis tetas desnudas, agarró cada una con una mano y comenzó a estrujarlas con suavidad, pero con firmeza. También me masajeaba los pezones. Yo estaba en la gloria, esperando que me entrara de una vez, como fuera. Por fin, dejo de tocarme los pechos, pero sin dejar de besarme, bajó sus manos hasta mi minifalda y de un golpe, me la subió de golpe hasta la cintura. Allí estaba yo, desnuda en el pasillo de un pub, desnuda, besándome con un desconocido y yo no sentía ni el menor atisbo de vergüenza.

    Jonah, deslizó su mano entre mi pubis y el tanga y paró su dedo en mi clítoris. Comenzó a masajearlo lentamente, en un movimiento que me llevaba a la locura y casi hacía que me deshidratara por mi vagina. Yo me estaba volviendo casi loca, pero él continuaba lentamente. Finalmente, me separé de él, con tanta brusquedad que su reloj quedó enganchado en mi tanga y al girarme, me la arrancó. A mí no me importaba, así que le empuje contra la pared, y colocándome en cuclillas, le bajé la bragueta, metí la mano en su slip y saque su pene. Jonah hacia honor al tópico.

    Era un pene larguísimo, pero no era grueso, asemejaba a una serpiente. Pero yo no me detuve en buscar similitudes. De un golpe me lo metí en la boca. Lo metía y lo sacaba, a veces casi hasta tocarme la campanilla y provocarme arcadas. Le daba unos buenos repasos con la lengua. También me la sacaba de la boca y en su lugar, me metía uno de sus huevos, mientras le pajeaba con la mano. Jonah gemía y gemía y yo solo esperaba que vaciara sus pelotas en mi garganta.

    Por fin, Jonah gimió un poco y me ordenó que parara. Como yo no lo hacía y continuaba dándole unos lametazos que habrían derretido a cualquiera, Jonah me agarró del pelo y me levantó. Yo estaba casi sollozando y la única frase en ingles que me salía era:

    –Please, fuck me, fuck me…!

    Jonah sonrió y agarrándome por la cintura me empujó hasta el servicio de caballeros. Entramos y para mi suerte estaba vacío, aunque a mí en ese momento, con lo cachonda que estaba no me hubiese importado entrar en un estadio llenó de gente.

    Jonah abrió una de las cabinas, y, bajando la tapa, se sentó en ella. Luego, metió la mano en su bolsillo y sacó un preservativo y abriendolo, comenzó a ponérselo con una lentitud que a mí se me antojaba casi sádica. Yo cogí mi top y mi falda, me las quité y las tiré por ahí, quedándome solo con mis botines. Notaba los regueros de flujo que me bajaban por los muslos. Estaba sollozando, pues ahora mismo necesitaba más una polla que un heroinómano. Por fin, termino de ponerse la goma (Debía de ser tamaño king size) y me dijo:

    –Come on, honey… sit down.

    Aunque no hubiese sabido algo de inglés, hubiese entendido la orden a la primera. Me acerqué a él y me fui acomodando poco a poco. Note su punta en la entrada vaginal y come se abría camino dentro de mí hasta tocarme la pared de la matriz. Comencé a cabalgarle lentamente, con cuidado. Él me volvió a agarrar los pechos y me besaba en el cuello. Comencé a ir más rápido y me vino el primer orgasmo. Pero yo no quería parar así que continuaba. Su polla entraba y salía, entraba y salía, salpicando y chapoteando en mi coño.

    Me la metí hasta el fondo con cuidado, notando como se curvaba para tomar la forma de mi vagina y comencé a mover las caderas. No sé el tiempo que me tiré así, pero Jonah no se corría ni a tiros y yo ya lo había hecho un par de veces. Entonces, me levantó y su rabo salió de dentro de mí con succión. Él también se levantó. Me cogió y me sentó en la tapa. Arrodillándose, me puso un tobillo en su hombro y el otro, en su otro hombro. Entonces, se levantó y apoyándose en la pared, me embistió con salvajismo.

    Los líquidos de mi vagina salpicaron pecho y cara de Jonah y mi grito no se oyó por la música. Jonah me follaba con autentica violencia, como si quisiera atravesarme. No llevaríamos ni cuarto de hora, cuando volvió a sacar su pene y apoyándolo en mi ano, empujó. Entro como un estilete y notaba como iba recorriendo la longitud de mi recto hasta que su pubis golpeó mis glúteos. La follada anal era mucho más suave, se movía despacio y realmente era como si una serpiente se moviera por mis intestinos. Las que no habéis probado la sodomía no sabéis lo que os perdéis…

    De repente, Jonah hizo un par de movimientos convulsivos, apretó los dientes y se quedó quieto, dentro de mis tripas… Le dejé un par de minuto, notando dentro de mi cuerpo como la flaccidez se apoderaba de su miembro. Finalmente se salió. Observe su pene y la bolsa del preservativo llena de su semen. Ahora me tocaba a mí. Me levante y empujándole de nuevo, le volví a sentar y arrodillándome, le quite el preservativo, de manera que se derramara sobre su polla. Comencé a limpiarla como si me comiera un helado, rebañando bien todos los grumos, guardándomelos en la boca y, finalmente, tragándomelos, dejando su polla bien limpia y brillante.

    A pesar de todo esto, seguía sintiendo ese fuego que a veces me quemaba por dentro, así que, le volví a repetir.

    –Please, Jonah… fuck me another time!

    Jonah miro su fláccida arma y mirándome, me daba entender que era fisiológicamente imposible…pero de repente sonrió y se levantó, se acercó a la jabonera y comenzó a echarse jabón líquido en la mano.

    –Rose, you go to know a new sensation…

    Me besó con dulzura en la mejilla y me colocó de rodillas y cara a la pared, encima de la tapadera.

    –Relax, love… you will like it…

    Entonces, lentamente, muy lentamente, metió un par de dedos en mi ano. La sensación era distinta, la mano es mucho más fría que la polla, pero no era nada desagradable. Además, metía la mano hacia abajo y rozaba la delgada pared que separa recto y vagina, haciéndome sentir sensaciones dobles. Mi ano estaba ya dilatado por la sodomía, así que el tercer dedo entro fácilmente…

    Yo empezaba a jadear y la olla de mi coño volvía a hervir. El cuarto dedo entro con un poco de dificultad, pero el jabón líquido ayudaba. Yo comencé a gemir, al sentir como mi culo comenzaba a palpitar. Por fin, comenzó a meter el pulgar, y con él, a hacer presión para meter la mano. Los nudillos llegaron al esfínter y este se dilató al máximo. Yo ya gemía como una loca, como una perra.

    De repente, con un “plop”, la mano entró hasta la muñeca y mi ojete se cerró sobre esta. Jonah comenzó a mover su mano como un embolo dentro de mis intestinos al tiempo que notaba como abría y cerraba la mano dentro, apretando el tabique que separa recto y vagina. Mi gemido era ya un grito continuo y mi coño era un grifo continuo de flujo, que se escurría por mis muslos y goteaba sobre la tapa. De repente, al cabo de unos minutos me vino el primer orgasmo múltiple de mi vida. Imaginaos, chicos, que después de correros, empezarais a correros otra vez, y otra vez y así 6 o 7 veces. Pues eso es un orgasmo múltiple.

    Las descargas me recorrían todo el cuerpo, mientras notaba como vi vagina se contraía brutalmente varias veces y mi útero se movía en espasmos. Casi un minuto tuve descargas de ese tipo hasta que por fin, con un gemido, me deje caer contra la pared y Jonah, sacaba su mano de mi culo con un sonoro “chof”. Cerré los ojos y traté de saborear el momento, notando como mi ano se iba cerrando a espasmos, poco a poco. De pronto noté una descarga cálida en la cara; abrí los ojos y vi a Jonah que se la estaba cascando en mi cara y en ese momento se corría, abrí la boca y las siguientes fueron a parar a mi boca, labios, mejilla y pelo.

    Por fin parecía que aquello había acabado. Me senté en la tapa, empapando mis nalgas con el charco que mi coño había formado en ella. Con la mano recogí los restos de la corrida y terminé de saborearlo. Jonah salió de la cabina y recogió mi ropa, que me puse después de haberme arreglado un poco mi peinado y mi maquillaje. Notaba una sensación resbaladiza en mi culo y una palpitación, pero nada de dolor. Salimos al pasillo y vimos mi tanga roto. Jonah lo cogió y se lo metió en el bolsillo.

    –A souvenir for me, baby.

    Me invitó a una copa y me acompañó hasta un taxi, no sin antes darme su número de teléfono por si quería quedar con él otra vez… Cosa que he hecho… pero como dije la otra vez, eso es otra historia…

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  • Mi amigo le mintió a su novia y yo…

    Mi amigo le mintió a su novia y yo…

    El sol irrumpía, golpeando mi rostro para que despertase, el día estaba empezando, me dolía la cabeza pero pude abrir los ojos y sentarme en el pasto mojado. A mi lado yacía dormida una preciosa chica, apenas vestida. De repente recordé todo y la culpa comenzó a consumirme… ¡realmente me había acostado con la novia de mi mejor amigo!. Traté de hacer memoria con un esfuerzo para superar la jaqueca.
    Era el día de los enamorados, yo estaba en mi casa a punto de salir a comprar unos chocolates para una chica a quien quería cortejar, cuando sonó el teléfono
    “¿Si?”
    “Hola, Damián, habla Carolina”
    “Hola, ¿cómo andas?”
    “Buscando a Alejandro, él está allá ¿no?”
    “No, por acá no vino”
    “¿Cómo que no fue por allá? ¡Me dijo que iba a estar en tu casa!”
    “Yo no lo vi en todo el día…”
    “No lo puedo creer, me mintió, el muy basura me mintió”
    “Bueno, aguanta que yo voy para allá y vemos que hacemos”
    “Esta bien, apurate”
    Los chocolates iban a esperar. Caminé hasta la parada de colectivo y tomé el que me dejaba en la casa de Carolina, por suerte iba rápido y no tardé mucho en llegar. Déjenme decirle algo sobre Carolina, ella es una chica muy dependiente de su pareja, y que este la haya dejado sola en el día de los enamorados era algo bastante grande para que ella lo soportase sola, sin hablar de la mentira que le había dicho. Cuando llegué toqué la puerta, me abrió la puerta una chica bastante deprimida, no parecía la que yo conocía. Al lado de su casa había una planta con algunas flores, tomé una y se la ofrecí como señal de amistad.
    “Esta es para vos, para que no estés tan triste”
    “Gracias, no te quedes ahí parado, pasa”
    Carolina me invitó a la cocina para tomar algo. No pusimos a hablar de Alejandro, de que la relación entre ellos dos iba muy bien. Yo trataba de consolarla con mis palabras, diciéndolo que tendría una buena razón para decirle que estaba conmigo, pero no había caso.
    “No puedo creer que me haya dejado plantada en el día de los enamorados, no me entra en la cabeza ¿y si me está metiendo los cuernos? no, me quiero morir”
    En ese momento soltó unas lágrimas que tenía guardadas, se abrazó a mí y yo la sostuve. Era una situación bastante incómoda pero traté de mantenerme tranquilo para no empeorar las cosas.
    “¿Qué te parece si hacemos algo?” le pregunté mientras le acariciaba el pelo.
    “¿Cómo que?”
    “No sé, escuchar música, ver una película, jugar a algo”
    “No, tengo una mejor idea”
    “¿Qué?”
    “Ya vas a ver”
    Carolina fue hacia la cocina y volvió con varias botellas de licor y dos vasos. Yo la miré sorprendido, pero ella dijo
    “Vamos a tomar todo lo que compró tu amiguito para este día, el día de los enamorados, que gran día”
    “No creo que te convenga tomar algo ahora”
    “Yo sé lo que me conviene, y vos me vas a acompañar ¿o no sos mi amigo?”
    “Si, si soy tu amigo”
    “¿Entonces?”
    “Esta bien, esta bien”
    Ella estaba con una actitud algo agresiva, así que no quise contradecirla. Carolina se sentó enfrente de mí y llenó ambos vasos, levantó el suyo por sobre su cabeza y antes de tomarlo expresó
    “Por el amor”
    Yo me sentía mal, pero no había mucho que hacer, sólo acompañarla en el sentimiento. En silencio nos pusimos a beber de la botella el licor más fuerte que había probado en mi vida. Cada vez nos servíamos más seguido, sin dejar nada de tiempo entre trago y trago. El tiempo pasó y nosotros sin darnos cuenta habíamos vaciado ya una botella y media. Algo mareados (muy mareados) buscamos un lugar más tranquilo, para poder acostarnos y descansar. Ella propuso ir al patio, en la parte trasera de la casa. El patio es pequeño, pero rodeado de cercas que impide a los vecinos observar lo que sucede allí, muy seguro y tranquilo. Carolina se acercó tambaleándose a una hamaca que se encontraba atada entre un árbol y la cerca, se acostó en ella.
    “Veni, haceme compañía” me dijo totalmente ida.
    Usualmente no lo hubiese hecho, pero en el momento me pareció una buena idea, acostarme a dormir con una chica embriagada que tenía el corazón roto… ella me hizo un poco de espacio y entramos los dos. Estábamos acostados, hamacándonos en el aire sin decir nada. De pronto ella comenzó a tocarme la entrepierna, acariciando, buscando mi miembro.
    “No me digas que no te gusta” dijo rompiendo el silencio.
    “Si.. pero”
    “¿Pero qué?
    “No creo que este bien, nos vamos a arrepentir”
    “Deja que yo juzgue eso”
    Yo seguí su juego, acaricié un poco su cuerpo y le dije algunas cosas lindas que quería escuchar. Allí mismo comenzamos a besarnos de una forma loca, sus labios sabían tan bien, a rosas. Con tanto movimiento la hamaca se dio vuelta e hizo que cayéramos al pasto. Carolina estaba encima mío, sus senos se apretaban contra mi pecho y su boca comía la mía sin perdón, no podía estar más a gusto. Mis manos rodearon su cuerpo, apretando su cintura y su firme trasero. Cuando hice eso ella se quitó y se hizo a un lado. Pensé que no le había gustado, pero era lo opuesto. Sin perder mucho tiempo Carolina se quitó el pantalón que traía puesto, y luego la braga que la tapaba, como una buena niña estaba totalmente depilada. Por último se quitó la remera, pero no el corpiño, este quedó cubriendo sus pequeños pero lindos senos.
    “Entrá por acá, necesito cariño” dijo señalando su vagina.
    Deseoso de su sexo bajé un poco mi pantalón junto con mi bóxer, lo suficiente para dejar afuera mi pene. Me acerqué hacia ella que me recibía con las piernas abiertas y la penetré sin pensarlo, su vagina estrecha rodeó mi pene y lo apretó sin intención de dejarlo ir lejos, lo suficiente como para tomar carrera y entrar de nuevo. A medida que me movía mis testículos chocaban contra su cola, sintiendo la dureza que la caracterizaba. Su cuerpo me volvía loco, ella gemía y decía palabras raras, mostrando en su cara placer y dolor. Entre movimientos recordé el sabor de sus labios, tenía muchas ganas de probar su boca de terciopelo, así que quité mi pene de su interior y lo acerqué a su cara. Ella supo lo que estaba buscando, abrió su boca y sin problema alguno me atrapó con ella. Comenzó a chuparme con poco cuidado, no le importaba que mi orgasmo estuviese por llegar. Cuando sentí ese cosquilleo en mi cuerpo quité mi pene de su sabrosa boca y me hice a un lado para recobrar fuerzas. Al ratito tuve ganas de volver a su interior.
    “Dale que te está esperando” me dijo.
    Me acerqué nuevamente a su vagina y entré en ella por segunda vez.
    “¡Ahhh ahhh! ¡como me gusta! ¡cogeme toda!” gritaba.
    La piel de mi nueva amante era suave pero firme al mismo tiempo, su pelo castaño se mezclaba con su piel morena y sus ojos marrones atravezaban mi mirada con culpa y deseo de venganza. Mis gemidos le avisaron el estado en el que estaba, ella trato de ponerse seria, diciendo
    “No me lo tires adentro, tirámelo en mis pechos”
    Tratando de no perder tiempo me acerqué a sus tetas, justo para descargar mi semen en ellas. El placer que sentí era muy grande, pensar que era la novia de mi amigo a quien estaba cubriendo con mi lujuria. Mi semen empapó su piel y el sujetador, aún así se veía hermosa. Ela tomó mi pene y me masturbó un poco para sacarme todo el placer posible, su mano se había manchado con mis jugos y ella lo esparcía por mis testículos. Ambos estábamos exhaustos, ya iba a ser de mañana. Por efecto del alcohol caímos en un sueño muy profundo y nos dormimos en el mismo lugar en donde habíamos traicionado a Alejandro.
    Así es como sucedió, me sentía la peor basura. Para empeorar las cosas Carolina se despertó y se quedó sorprendida al verse como estaba. Luego me vio a mí y exclamó
    “No, no me digas que… por favor no”
    “Si”
    Ambos nos quedamos callados, ella se tomaba la cabeza y sollozaba por la bajo, preguntándose porque Dios, porque.
    “Creo que es mejor que me vaya” le dije.
    “Si, creo que sí” respondió.
    Con el remordimiento en la garganta dejé la casa de Carolina y corrí hasta la mía. Apenas entré vi en la contestadora que tenía un mensaje, pero nada me importaba, lo escucharía después. Fui al baño y me duché, tratando de quitarme la suciedad que me cubría. Cuando salí decidí ver quien me había llamado, quizás era importante. El mensaje decía así:
    “Hola Damián, habla Alejandro. Escuchame, tengo una sorpresa preparada para Carolina para el día de los enamorados. Adivina ¡compré una casa!. Hacía tiempo que quería hacer eso y por fin se dio. Puede que no pueda llegar a ver a Carolina hoy porque estoy terminando el papeleo con el banco y el dueño, encima el viejo me hizo ir hasta su casa afuera de la ciudad… Tendría que haberte llamado antes pero se me hizo imposible, mira, yo le dije a Carolina que estaba con vos, si te pregunta algo vos afirmáselo, no quiero que se de cuenta lo que estoy planeando, sos un amigaso. Chau”

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  • Pay asiático

    Pay asiático

    -Es como un pay de moras.

    Le dice Kojiro a su amigo virgen Kaede. Ambos, vírgenes hasta el copete, están desesperados porque ya van a entrar a la universidad y aún no han cogido con ninguna chica. Sus otros dos amigos, Arata y Hoshi están igual. Ellos tienen la convicción de que, si no pierden la virginidad antes de empezar la madurez, lo que ellos llaman ‘llegar a la universidad’, simplemente nunca lo harán hasta volverse viejos y amargados como el vecino de Kaede.

    -¿Cómo así?

    Le pregunta Hoshi escuchando la conversación entre Kojiro y Kaede.

    -Ya sabes, se siente dulce, esponjoso.

    -O sea que tú lo has probado.

    Concluye Kaede decepcionado.

    -Claro que no, nunca lo he hecho, ya quisiera. Miren…

    Kojiro señala hacia un grupo de chicas que reconoce al instante. Se trataban de Ai y sus dos amigas: Akari y Utena. Las tres son lindas por igual, pero Kojiro fantaseaba más con Ai. Una pelirrubia fanática del j-pop y gayru hasta más no poder. Tiene pocos pretendientes, cosa que le da ventaja a Kojiro. Por otro lado, su amigo Kaede prefiere a Utena, ya que es calmada, refinada y le gusta su cabello corto teñido de púrpura.

    -Vaya gustos tienes.

    Dice Hoshi

    -Pamplinas.

    Comenta Arata. Todos se le quedaban mirando. Él explica que, si de verdad deseaba dejar de ser virgen, lo mejor es fijarse en la compatibilidad.

    -Eso lo has inventado tú idiota.

    Le acusa Hoshi.

    -Es verdad, no solo es en la belleza, sino también en su delicadeza. Creo que la mejor forma de perder la virginidad con una chica es por medio verbal, luego ya si quieres, te hace el oral y…

    Callan al ver a un profesor cerca, estaba hablando por teléfono. Arata vuelve a ver hacia Ai y su grupito de amigas y luego…

    -Vaya gustos tienes.

    Repite Hoshi dándole unas palmaditas. A él le gustaba más comparar el sexo con algo más referencial como una dona, ya saben: el agujero, el glaseado, lo dulce y suave que es, todo un símil perfecto. Por otro lado, su mejor amigo Arata, apodado El Cerebro por sus buenas calificaciones, no es de mucha poesía, aunque le gusta leer a Haruki Murakami. Todo lo que sabe de sexo oral lo aprendió con él en Tokio Blues.

    -Bueno caballeros…

    Comienza a decir Kojiro como un político ansioso. Sus tres amigos le prestan atención.

    -… ya tengo un plan. ¿Recuerdan que les dije que mi primo organizará una fiesta en una discoteca?

    Si que lo recordaban, se estuvo toda la semana pasada hablando de eso. El primo de Kojiro, que planea irse al extranjero a tener cinco novias como bien dice la leyenda urbana americana, le ha seguido el juego a su primito y le ha organizado una fiesta de despedida de graduados en una discoteca que él mantiene. Como es super popular y se graduó hace un año en la misma escuela que Kojiro con plata hasta para limpiarse el trasero, muchas de las chicas del instituto asistirán con creces.

    -Ve al punto.

    Le pide Kaede desesperado y mirando de reojo a Utena alejarse mientras se reía por algún chiste de su amiga.

    -A lo que quiero ir es que esa fiesta en la discoteca será el momento perfecto para nosotros.

    -¿Cómo dices?

    El interés se despertó de repente. Kojiro ya lo había planeado: su primo organiza una fiesta, ellos van, asisten muchas chicas que ellos conocen, pero que nunca tuvieron la oportunidad de hablarles. Ninguno de ellos es feo dentro del estereotipo común, la verdad es que son re simpáticos, solo les falta algo de confianza. El plan consistía en prepararse la semana previa a la fiesta, acumular recursos, conocimiento y mucha actitud para que cuando llegue el domingo, puedan pasarlo en bomba.

    -Dices que encontraremos pareja y follaremos en esa fiesta, ese es tu plan. Suena tonto.

    Confiesa Arata.

    -No amigo, no será tonto si te preparas. Esta semana será nuestro simulacro, practiquen con masturbadores o con pelis porno. Tú seguro practicarás con Tokio Blues ¿no?

    Se lo preguntaba a Arata quien se sonroja por aquel comentario.

    -Bueno, esta es su última oportunidad muchachos. Aprovéchenla, aquí nadie va a obligar a nadie, aunque eso sí, después no se quejen de que algo sale mal.

    Con aquellas palabras, Hoshi, Arata y Kaede imaginaron todas aquellas sesiones de películas porno que tuvieron los jueves, todas esas veces que se prometían que antes de la graduación tendrían novia y cogerían como bestias. Todas esas promesas rotas por ser cobardes. Kojiro ahora mismo es el maestro de ceremonias, ellos son los intérpretes en el circo ¿qué harán? dejar que el show continue sin ellos o vencer el miedo e ir a dar un gran espectáculo.

    Fue entonces que los tres jóvenes tomaron la mejor decisión de todas sus vidas: levantarse y aceptar la petición de Kojiro. Al parecer, esas promesas del pasado no habían sido por nada.

    Entonces quedaron así. Cada quién se regresó a su casa para comenzar la semana de simulacro.

    (Durante la semana)

    No les voy a aburrir contando con detalle lo que cada uno hizo para impresionar a la chica seleccionada y tener sexo con ella. Todos hicieron casi las mismas cosas, pero en distinto momento. Te contaré la forma de practicar de cada uno.

    Con Kojiro las cosas eran algo calmadas debido a lo confiado que es, así que solo practicó mirando anime hentai en una página secreta a la cual solo puedes ingresar con un código especial. Durante la semana, se vio una maratón de sus animes con fetiches favoritos, como los tentáculos, juguetes sadomasoquista y los videos de inflación. Toda una gama de fetiches raros que harían huir a todas las chicas del mundo por el constante morbo.

    Con Kaede su práctica consistió en pláticas con su reflejo, simulando ser una chica, algo extraño, pero con él funcionaba. El truco consistía en grabar unos audios de su voz para después ponerse una peluca larga de mujer y una mascarilla.

    -Parezco la kuchisake-onna.

    Se decía posando sensualmente al espejo. Kaede no era un chico, que digamos, muy masculino, algunos incluso piensan que es gay, cosa que él ha negado en repetidas veces. Una vez, para demostrárselo a su grupo interno de amigos, compró en un quiosco una revista porno y se masturbó con ella recortando la foto de una modelo desnuda a la altura de la boca. Ese día, Arata también demostró no ser marica llevando un masturbador y una loción.

    Hablando de Arata, él se encontraba mirando videos fetichistas, así como Kojiro. Es más, podríamos decir que Kojiro le recomendó algunos videos, incluso le pasó en enlace en el chat privado de Line. El martes de la semana de práctica intentó algo nuevo, algo que nunca se le pudo haber ocurrido y fue al mismo tiempo en que su madre le decía que saldrá al trabajo y le deja dos donas en la cocina.

    “Donas” pensó Arata y recordó lo que Hoshi le comentó una vez sobre el orificio de las donas y el glaseado, una bien espeso y jugoso como el elixir de la vida que solo una mujer te puede otorgar, como esa Ambrosía inalcanzable que solo el apto para ser Dios puede beber. Otro ejemplo a su favor eran las mandarinas, pero eso más cuando se trataba de un romance lésbico, porque si algo aprendió gracias a las películas y los libros, es que un hombre prefiere mejor morder que chupar.

    Una vez su vieja madre se retiró, Arata baja a la cocina y saca la caja de las donas. Las de chocolate y fresa siempre fueron sus favoritas, así como su padre, que en paz descanse. Coge una, la de fresa, siempre come primero esa. “Es como una dona, ya sabes” recordó esa vez en que Hoshi metió tres dedos de la manos en el orificio de la dona simulando una penetración.

    -¿Será verdad?

    Se preguntaba si es verdad aquella sensación de dulzura como cuando comes un pay de moras o una dona cremosa. Estudia la dona, luego la mira desde abajo, sujetándola por encima de su cabeza. Entonces, con su mente y su perversa imaginación, transformó aquella inofensiva dona en un suculento y mojado coño que chorreaba de placer. “¿Qué esperas Arata? Sabes lo que hay que hacer, así que hazlo” decía la voz de Akari, la dulce Akari. Esa tía de aspecto inocente con un gran futuro por delante, así como cualquier otra chica en realidad.

    -En serio ¿deseas hacerlo?

    Pregunta y en su cabeza la voz de Akari responde: “Claro, penétrame, este coñito es tuyo, haz con él lo que quieres” y entonces eso hizo, introdujo su enorme polla en aquel túnel sagrado donde solo encontraba paz si es que se esforzaba. Debía seguir penetrándola hasta que eyacule en su bolsita y la llene de amor.

    Mientras tanto, ya faltando unos días para la fiesta en la discoteca, Hoshi se preparaba un café tibio mientras seleccionaba en Netflix películas de corte pornográfico mientras leía revistas hentai, sí, miraba tele y revistas al mismo tiempo. Pero no solo eso, sino que, gracias a su difunto padre, que también andaba de cachondo antes, le dejó una gran reliquia familiar que pasó de generación en generación: el Sacrosanto Texto del Buen Amor.

    Su padre ya le había dicho de antemano cómo conseguirlo, simplemente debía buscar un mecanismo oculto en su estantería privada y encontraría un cofre que contenía a dicho libro resguardado de su madre. El libro era un tochaso lleno de escritos desde 1832, a nombre de un autor anónimo. El contenido del libro era glorioso, tanto que Hoshi agradeció a Dios haber vivido hasta ese momento.

    Estaba bien detallado todo lo que una mujer deseaba de un hombre que quiere sexo, como identificar a las ninfómanas, palabras para sexo por teléfono, fotos y dibujos de hombres desnudos y mujeres denudas, con los detalles de la posiciones favoritas de las mujeres a la hora de hacer el amor, las prevenciones contra embarazo y mucho más, todo un ecosistema de texto lleno de conocimiento valioso. Como diría el villano de Vuelta al futuro 2: esta información vale millones.

    Se pasó toda la semana leyendo aquel texto y practicando con un masturbador pequeño que encontró en una tienda.

    Todos, los cuatro amigos, se la pasaron practicando como quien dice estudia para un examen. Nunca habían aprovechado mucho tiempo de esa forma, nunca en sus vidas se habían esforzado tanto por algo como esto.

    (El domingo)

    El primo de Kojiro, como lo prometió, preparó la fiesta en la discoteca e invitó a todas las chicas guapas que pudo encontrar por ahí.

    Antes de zarpar hacia el gran mar y encontrar el One Piece, Kojiro, Kaede, Arata y Hoshi compraron varios preservativos, lociones, dildos, grabadoras pequeñas y gel desinfectante. Por si acaso, Arata llevó píldoras abortivas.

    -Bueno, ya saben, cada uno con sus precauciones, con cuidado, no se lancen se frente a pedir sexo, deben insinuarlas, cortejarlas y cuando estén muy tomadas, convénzanlas de ser el chico perfecto y se la tiran.

    -Suena feo diciéndolo así.

    Comenta Kaede.

    -Vamos muchachos, no nos preparamos una semana para arrepentirnos ahora.

    Era verdad, todo ese tiempo ahorrado en prácticas no iban a ser en vano. Kojiro junta las manos de todos y hacen un pacto.

    -Ninguno saldrá de esta fiesta sin haber perdido la virginidad ¿tienen sus grabadoras?

    Todos las tenían, era para grabar con sutileza el gran encuentro entre ellos y su chica ideal, como evidencia. Todos sellan el pacto chocando los puños, de ahí se giran y…

    -Que comience la fiesta se ha dicho.

    Los cuatro amigos entran como san pedro por su casa y una vez llegan al pasillo principal, se separan deseándose suerte en el proceso. Hoshi se fue por un pasillo, Arata por el otro pasillo, Kojiro siguió de frente y Kaede tomó otro pasillo que conectaba el baño de los vestuarios. Cada uno en su zona, listo como un depredador para atacar.

    Lo que ellos ignoraban es que Ai, Utena y Akari también estaban en planes de perder la virginidad en esa fiesta, aunque a diferencia del cuarteto principal, ellas no practicaron absolutamente nada la semana previa a la fiesta. Ahora mismo, estaban mirando a un chico rebelde intentando ligar con Momo, la chica ‘sexy’ por así decirlo que destacaba por su perfecto cabello lacio azabache y ese flequillo perfectamente formado, además de sus ojos celestes, todo un bombón.

    -Mírenla, caprichosa engreída ¿qué se cree? La Marilyn Monroe de Japón.

    Reclama Akari celosa de su compañera y cómo no, Momo ha sido declarada como la chica más hermosa de la escuela.

    -Déjala ya Akari, es solo una muñequita que pronto caerá.

    Comenta Ai.

    -¿Cómo dices?

    -Una muñequita…

    -No, lo otro, ‘que pronto caerá’ ¿cómo es eso?

    Estaba claro que Akari no era de ver dramas románticas de ‘chica bella inconquistable’. Siempre, o casi siempre, la chica que se cree la más hermosa termina cayendo en los estereotipos mundanos y solo queda como eso: una cara bonita. Sin eso, ella no es nada.

    -Hay no.

    Ai se lamentaba, se cubre el rostro con ambas manos y sus amigas al ver a la distancia descubren por qué. Kojiro estaba mirándolas, muy estudiosamente la exploraba con los ojos, como la mosca que se explora la tarta de moras a punto de echarse a perder. Sus amigas se hicieron la idea de que Ai detestaba que un hombre superficial como Kojiro le mire de esa manera, pero la realidad era otra: Ai no le gustaba cruzar mirada con Kojiro porque está enamorada de él. Esto nadie lo sabe y piensa dejarlo así.

    -Amiga ¿quieres ir a otra parte? Hay moscas por aquí.

    -Okey.

    Akari y Utena conducen a su querida amiga hacia el baño de mujeres que es justo por donde se encontraba Kaede, practicando lo que planeaba decirle a Utena, incluso compró un chocolate. Al momento de cruzarse, casi por accidente, Kaede tropieza con Akari…

    -Disculpa… perdón, no te vi.

    Era la excusa perfecta, casi no se veía nada en esa discoteca. Akari casi cae a un lado, pero Utena la sujeta. Ambos intercambian miradas y se reconocen.

    -Vaya Kaede, el chico malo de la escuela.

    Con ‘chico malo’ se refería a su destreza en el basketball. Kaede es un buen deportista, que digo bueno, excelente, incluso sus profesores tuvieron la ilusión de llevarlo a los nacionales, pero él pasó de esa idea, planea graduarse en psicología en la universidad de Tokio en un año.

    Utena, por su lado, es una chica un tanto tímida, no tanto como Akari, pero sí, tímida. Le gusta mucho el cosplay, por lo que a veces la detestan por ser tan friki, sin embargo…

    -Oye Utena ¿cómo andas?

    -Pues bien ¿por qué?

    Kaede estaba con la lengua trabada, metafóricamente claro está, las palabras no le salían. Akari pide permiso para irse, no quería interrumpir aquel momento, además que tenía mejores cosas que hacer. Más adelante, por el pasillo, dos jóvenes comentaban vulgarmente lo sensual que se veía la madre de Kojiro. Decían cosas como ‘quiero cogérmela’ o ‘vaya modelito sexy’ y ¿cómo culparlos? La madre de Kojiro es la famosa modelo y actriz de 38 años Midori Kawabata, ya saben, la típica mujersona de pechos enorme, cabello lacio con flequillo, piel clara y libre de imperfecciones, además de parecer más joven de lo que se ve.

    A Akari le tocó pasar por ese lado, ella es de esas que no les agradan los chicos vulgares, pero tan pronto como se decía que los hombres son unas bestias lascivas incurables, choca con el joven más amistoso que haya conocido en su vida: Hoshi Hoshino.

    Por otro lado, Kojiro tomaba un poco de gaseosa mientras su primo se colgaba de él para decirle que esta noche era suya.

    -Estamos en lo más alto.

    -¿Estás ebrio?

    -Aún no, ni siquiera hay licor aquí. Vamos, sé que quieres coger, anda por allá y encontrarás a decenas de chicas hermosas que desean hacer el frutidelicioso.

    -Eso hago.

    Gruñe quitándoselo de encima. Ai le estaba siguiendo, entre tanto hombre mañoso se sentía desprotegida, pero por alguna razón, pensar en Kojiro le hacía sentirse bien. “Debo hacerlo, si no es ahora, no será nunca” se decía avanzando hacia el joven de cabello teñido.

    Cada macho encontró a su hembra, o al revés, excepto Arata Tendo, el Cerebro, el más inteligente y el que sí se tomó la molestia de explorar a Haruki Murakami y sus obras llenas de sexo juvenil. “Es como un pay de moras” así había dicho Kojiro refiriéndose al sexo.

    -Eso busco, el pay de moras perfecto.

    No basta decir que a Arata le gusta mucho el pay de moras, se lo come casi todos los fines de semana. Nunca probó lo que Hoshi sí se atrevió a probar y ahora mismo se estaba arrepintiendo de no haber tomado literal lo que Kojiro le dijo, porque sí que tenía un pay de moras esperando en casa en el frigorífico.

    -Vaya, hoy no es mi día.

    Sin embargo, mientras la voz de Junko Jabami se oía por los altavoces, a la distancia, una misteriosa mujer con sombrero, gabardina y gafas de sol se le acerca por detrás. Al Cerebro le tomó por sorpresa cuando sintió una enorme mano sobre su hombro.

    -Disculpe joven.

    Al girarse ahí estaba, una mujer enorme con sombrero y gafas de sol que Arata comparo con la leyenda urbana del Hachishaku-sama.

    -Buenas tardes.

    -Buenas tardes joven, estoy algo perdida, me preguntaba si quisieras guiarme el camino hasta la suite privada.

    Hoshi conoce la suite privada, la había visto antes, incluso había un letrero allí. Entonces, sin perder más tiempo y porque no tenía algo más que hacer, guía a la mujer hasta la suite privada, custodiada por un enorme gorila. Ella enseña una tarjeta y le dejan pasar, pero Hoshi se queda afuera.

    -Oye ¿no vienes?

    Le pregunta la misteriosa mujer en la entrada.

    -No tengo permiso.

    -Yo te doy el permiso, déjenlo entrar.

    Le dice al gorila, este asiente y deja a Hoshi entrar. El joven estaba nervioso, nunca había entrado a un lugar así. Una vez adentro, la mujer entra con él a un habitación llena de posters.

    -¿Qué hacemos aquí?

    -Me agradan los jóvenes, nunca pude hacerlo cuando tenía trece. Cuando Kojiro nació, su padre murió en un accidente de auto, ni siquiera llegó al hospital.

    -¿El padre de Kojiro? ¿usted conoce a Kojiro?

    -Si…

    Se quita el sombrero y las gafas, también se soltó el cabello. Se trataba de una mujer de 38.

    -… se podría decir que lo llevé en mi seno por nueve meses.

    Entonces Hoshi pudo ver de quién se trataba.

    -Usted es la madre de Kojiro.

    -¿Sorprendido?

    -No en realidad, ya lo estaba sospechando.

    La mujer se desabrocha la gabardina rebelando que solo llevaba un brasier por debajo, muy ajustado.

    -Dios, esto me aprieta ¿me ayuda joven?

    -¿Quiere que yo…?

    La mujer le sonríe pillamente. Hoshi siente una erección en su entrepierna. “Genial” piensa acercándose a la mujer cuyos pechos presumían su copa XL, tal vez más.

    Ahora mismo, cada uno estaba formando su propio camino. Arata había logrado toparse con Akari y ahora mismo, ambos estaban yendo hacia el baño. Kojiro es detenido por Ai quien le abraza por detrás y le muerde la oreja a la vez que lo invitaba a su habitación privada para jugar un rato. Kaede hablaba con Utena mientras caminaban hacia el baño también y Hoshi ayudaba a la madre de Kojiro, Midori Kawabata, a quitarse su brasier.

    Por otro lado, el primo de Kojiro, de nombre Take, estaba bebiendo soda y le entraron ganas de ir al baño. Una vez termina de hacer sus necesidades, afuera del pasillo tropieza con alguien.

    -¡Oye!

    Grita la persona que resultaba ser una chica. Take se gira para pedir perdón.

    -Lo siento.

    -Fíjate idi…

    Al mirarse las palabras quedan mudas. La persona con la que Take había tropezado fue su exnovia Momo, apodada la chica sexy de toda la escuela.

    -Vaya, miren quién es.

    -Wow, hola Momo, lindo vestido. Creo que el que nos encontremos indica que el destino nos quiere unidos.

    -Ya tengo quién me lleve idiota.

    -¿En serio? Que conmovedor.

    Take tenía cierta experiencia con chicas, pero no se podía decir lo mismo de Momo, ella prefería mejor hablar con chicas. La razón de su rompimiento fue que Take se pasaban de galán con otras chicas, cosa que creó desconfianza en ella, pero la gota que colmó el vaso fue cuando descubrió las tendencias fetichistas de Take. Pero a él parecía no importarle.

    -¿Ya tienes novio?

    -¡Momo! Aquí estás.

    Una chica se acercó por el pasillo corriendo y abrazando a Momo.

    -¿Quién es él?

    -Un amigo.

    -Auch, eso dolió. Bueno chicas, nos vemos. Y por cierto Momo… lindos pechos.

    -Hijo de puta.

    Take se aleja por el pasillo mientras Momo era consolada por su amiguita, quién al segundo siguiente, demostró ser más que una amiga para ella, dándole un beso de lengua mientras la arrinconaba contra el muro.

    -¿Qué haremos ahora?

    -Vayamos a mi cuarto y ahí veremos.

    Cada uno, por su parte, tuvo su propia diversión. Kaede y Utena cogían con protección en el baño, así como Arata y Akari. Mientras tanto, Ai le hacía el oral a Kojiro de una forma muy profesional.

    -Ashi te gushta.

    Le pregunta mientras chupaba su pene con placer.

    -Hay… así, sigue así y te daré un premio.

    -Shi.

    Ai siguió succionando su pene con su boca mientras lo enrollaba como pionono con su lengua. Por otro lado, Hoshi penetraba una y otra vez a la madre de Kojiro, quien no dejaba de gritar su nombre.

    -Hay… Hoshi… más al fondo… más…

    -Señora Kawa…

    -Llámame mamá de Kojiro.

    -Siii… mamá de Kojiro… mamá de Kojiro.

    Penetraba y chupaba el pezón izquierdo de la madre de Kojiro. La vagina de la mujer apretó con fuerza el pene de Hoshi, mientras la lengua del mismo exploraba cada centímetro de su pezón con detenimiento.

    Sin saberlo ninguno, Kaede, Arata, Kojiro y Hoshi tuvieron el orgasmo repentino. Kaede, Arata y Hoshi en las vaginas de Utena, Akari y Midori respectivamente, mientras que Kojiro se corría mucho en la boca de Ai. Momo y su nueva novia también se estaban corriendo, cada una en la boca de la otra haciendo un perfecto 69.

    Minutos más tarde, cuando la discoteca se fue librando de gente, Kojiro sale satisfecho dejando a una Ai completamente exhausta en su habitación. Estaba cansado, pero primero iría a la suite privada para recoger algo que tenía guardado para su amada: un collar de perlas. Él había acordado dárselo de regalo a la indicada y Ai es la indicada, ella misma se lo dijo. Ni siquiera tuvo que presentar un pase para entrar, el gorila de la puerta lo reconoció como primo del dueño y lo dejó pasar.

    -Le veo feliz.

    -Es que me acabo de volver hombre, amigo mío.

    El gorila entendió eso y chocó los cinco con él. Kojiro oye gemidos en la habitación donde tenía el regalo, gemidos de su madre, pero también oyó una voz conocida.

    -Hayyy… quiero más leche…

    Gritaba su madre. Kojiro, completamente enrojecido, tira de la puerta y lo que ve del otro lado lo dejó traumatizado de por vida.

    Hoshi Hoshino, su amigo del alma, fue atrapado con el pene en la masa, dándole duro a su madre Midori Kawabata.

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  • Luna de miel en las calles

    Luna de miel en las calles

    Como había dicho anteriormente, en la mañana sentíamos, o más bien, mi novia sentía como que si la hubiesen atropellado pues le dolía todo el cuerpo, pero no había tiempo que perder pues era el día de la boda, sinceramente llegados a ese punto pensamos en que tal vez deberíamos de haber esperado estar con los vagabundos pues el cansancio era evidente, recuerdo que solo dormimos 3 o 4 horas, no recuerdo muy bien.

    Bueno, avanzando en el tiempo diremos que a mi novia la empezaron a preparar, uno como hombre pues… no hay mucho misticismo en lo que uno se tiene que hacer. Es más, me vine a preparar hasta hora y media antes de la boda, hasta me dio tiempo de colaborar con los últimos detalles de la decoración, a todo esto, probablemente ya tenía 6 horas de no ver a mi novia.

    Pero bueno, esperándola en el “altar” o especie de “altar”, era como una luz a lo lejos, un blanco despampanante, un blanco angelical de esos que solo te dan paz, tranquilidad, como abrazar algo suave, era mi novia quien venia con su vestido de novia caminando hacia mí acompañado de mi suegro. Un hermoso vestido blanco como la nieve, con escote discreto perfecto para la ocasión, con unas mangas transparentes con tattoo lace, seguido de un vuelo estilo princesa, pero no muy acampanado.

    ¡Es el momento más hermoso de mi vida!

    Recitamos nuestros votos, jurando fidelidad, haciendo hincapié de una manera irónica, solo ambos sabíamos de que trataba.

    Finalmente vino el ansiado momento del “Sí, acepto”

    Y desde ese momento ante la ley éramos marido y mujer, exclamó el juez.

    Ahora mi novia, pasaba a ser mi esposa en toda regla.

    Nos casamos al filo de las 6 pm, la fiesta duró cerca de 6 horas, queríamos recortar gastos en ese aspecto pues teníamos un viaje pendiente cortesía de nuestros padres.

    Bueno de hecho, fue un balde doble de sorpresa, pues no solo teníamos ese viaje, además se acercó la que fue nuestra docente en la universidad, además de un regalo físico, también nos dio un regalo, un regalo de esperanza pues nos informó que habíamos sido aceptados en la clínica.

    Adelantando el tiempo, una vez finalizada la fiesta a eso de la 1 am probablemente, yo con unas cuantas copas, pero mi ahora esposa se mantenía sobria pues no quería tomar frente a sus padres, decidimos ir a nuestra casa a continuar la fiesta ahí, una fiesta más privada, es decir, mi esposa, su mejor amiga, mi mejor amigo y yo.

    De camino nuestros amigos compraron bastante Ron pues era nuestra bebida favorita, llegamos a casa y pusimos música variada pues los gustos de cada quien era diferente, no es un problema, así que bastaba con un simple mix.

    Ahora sí, mi ahora esposa podía dar rienda suelta y empezó a beber como albañil, tal vez tipo 2:30 am o quien sabe… ya el alcohol estaba al tope la primera en caer fue Sofi, por lo que se fue a una de las habitaciones y no se supo más de ella.

    Al final nos fuimos a la alcoba y le dije que se pusiera ligera de ropa para estar más cómoda, una indicación que se tomó literal.

    Pues se puso su dominguera una dichosa camisa sin mangas no se puso bra y se puso un encaje negro… Me quedé mudo.

    -¿Qué? –dijo ella

    -Vaya que si vas ligera –dije riendo

    Después de eso caí en el ’20 pues recordé que David estaba abajo, pero no importaba con el todo era un circo.

    Regresamos a la sala de estar, David pues al principio no se percató por estar en el celular, hasta que mi esposa pasó frente a él y vio directo a sus pechos, pero algo más le llamó la atención y bajó la mirada viéndole el culo a Erika.

    ¡Strike! La camisa de tirantes solo llegaba con las justas a cubrir hasta el inicio de nalgas, por lo que literalmente cualquier movimiento lo dejaba a la vista, aunque su encaje cubría, pero al tener partes transparentes aún se lograba ver.

    David solo rio y dijo: -Entonces si te creo que salgas sin nada definitivamente.

    Mi esposa solo lo vio, creo que más bien estaba ida del alcohol. Entonces con su dedo estiró la camisa y vio hacia abajo, y solo asintió con la cabeza.

    Al final nos sentamos los tres en el sofá, mi esposa en medio de los dos.

    No sé qué estábamos haciendo, creo que hablando mientras salía una serie en Paramount o tomando Ron, creo que ambas cosas…

    Entonces mi novia recordó sobre cuba libre, por lo que fue a la cocina a prepararlos.

    En esta parte ni mi esposa me puede ayudar y yo poco recuerdo.

    Es como una laguna mental, no sé muy bien, pero que tuve una conversación con David la tuve y fue algo así:

    -No esperaba que tu esposa saliera literalmente sin nada –me dijo él

    -Confía en ti es todo –le respondí tratando de afianzar más la conversación

    -Pero sus pechos andan casi de afuera –dijo riendo

    -¿A poco sale así a la calle también? –me pregunto intrigado

    -Si, de vez en cuando, o se pone mini faldas a veces se atreve a andar sin calzón –le recalqué

    -Pero sé que es mía por mucho que le digan cosas –acentué de último

    Solo sé que David dijo gracias porque en ese momento regresó mi esposa, entonces al momento de agacharse para poner las bebidas sus tetas quedaron al descubierto en frente de David.

    David sé que dijo un comentario positivo sobre los pechos de ella, y sé que ella le agradeció.

    Antes de sentarse mi novia reguló la lampara para evitar que sea demasiado fuerte y ayudarse con la luz del televisor, y continuamos viendo la serie, pero ya después de un rato mi esposa nuevamente se puso de pie, pero esta vez tardó en regresar, por lo que fui a ver.

    Solamente estaba en el baño, pero había apagado la luz y se desorientó, por lo que la volví a encender y nomas vi en el suelo su encaje tirado.

    -¿Qué pasó? –le pregunté

    -¡Estorba esa! –dijo casi gritando

    Por lo que solo salió del baño tambaleando y se fue al sofá otra vez.

    Recuerdo que aproveché que estaba en el baño y oriné, luego me fui otra vez a la sala, cuando iba por la parte de atrás del sofá David volteó a verme y me dijo en señas que Erika estaba bien ebria.

    Con el pasar de los minutos ya el efecto del alcohol se tornaba en pesadez, por lo que mi esposa se acostó sobre nosotros en el sofá, apoyó su cabeza en mi entrepierna y con los pies hacia David. Yo sé que intentó bajar mi calzoneta para hacerme una mamada, pero no la dejé, por lo que solo dio una palmada.

    Luego solo recuerdo haber quedado dormido.

    En la mañana sentí varias sacudidas hasta que casi eran golpes, medio abrí los ojos y vi hacia un lado y era David que intentaba despertarme, aun continuaba en el sofá sentado.

    -¿Piensas despertar o te tiro agua helada? –dijo él en tono de broma

    -Ya -le dije

    -Ayuda a tu esposa que se quedó chulona dormida –dijo él

    Eso me hizo aterrizar más en la realidad, cuando vi a mi esposa vi que estaba totalmente desnuda con su pierna caída del sofá, con la mirada busqué su camisa y vi que la tenía puesta en la cara, imagino fue para cubrirse de la claridad.

    David tenía a la vista la vagina de mi esposa, pero el no hizo nada.

    -Llévala al cuarto –dijo él

    -Llévala tú, cabrón. Tengo dormidas las piernas –le dije

    -A lo que hemos llegado… ¿Qué más quieres? ¿Qué te haga el desayuno? –dijo el tirándome el cojín.

    -Por favor –le dije.

    Al final hice el ánimo de incorporarme también, me dolían mucho las piernas era como tener un nudo de espinas, pero lo hice, me fui hasta el cuarto y vi que David no estaba, solo mi esposa acostada, al rato regresó y me dijo que había ido al baño.

    Cerramos la puerta y justo cerramos la puerta aparece Sofia abriendo la puerta de su cuarto, tenía una cara de muerte total.

    David a tono de broma le dijo: -¡Eh! Sofi ya que despertaste ponte a hacer el desayuno, por lo que ella se volvió a encerrar.

    Fue hasta el mediodía que mi esposa apareció, pero esta vez sí con ropa. Por lo que a eso de media tarde Sofia y David se despidieron de nosotros, no sin antes ayudarnos a limpiar todo el desastre.

    Mi esposa comió un poco, luego de eso la acompañé a la ducha pues ya queríamos bañarnos. Estando ahí recapitulamos todo, desde la boda hasta lo último, fue una ducha muy larga. Entre medio de la conversación le comenté lo que había hecho, ella se puso roja.

    -¿¡Que!? –exclamó ella

    -Si amor mío, te desnudaste frente a David para dormir

    -¿Y que dijo él? –dijo un poco exaltada

    -Pues solo me dijo que estabas sin ropa, entonces le dije que te cargara hasta el cuarto porque yo no podía, ambas piernas las tenía dormida –dije.

    -Qué pena –dijo ella

    -Tranquila, de todas formas, es David ya sabes que confío mucho en él. –le respondí para hacerle entender que no había problema.

    -Si yo sé que sí, solo me sorprendí, es decir, no lo esperaba –dijo ella

    Al final terminamos de bañarnos, y fuimos al parque para despejarnos un rato y relajarnos, pues también teníamos a la vuelta de la esquina un pequeño viaje cortesía de nuestros padres, además que pronto comenzaríamos a trabajar.

    Era viernes, el viaje lo teníamos previsto para el sábado en la tarde, regresando el martes en la noche, y teníamos que presentarnos en la clínica el viernes. Teníamos una agenda muy movida y en medio de todo eso nos recordamos de Héctor y Antonio que le habíamos prometido irlos a visitar.

    Aun estábamos exhaustos, por lo que regresamos a casa a dormir hasta que sea noche pues planeábamos ir a visitarlos.

    -¿Volverás a coger con ellos? –le pregunté a Erika

    -Probablemente sí, pero quiero algo suave porque me saldrá demasiado cansado todo –dijo ella

    -Será como tu gustes mi amor –le respondí

    Cuando llegamos a casa antes ir a descansar otra vez fue a buscar un vestido blanco, pero no el mismo de la boda. Era otro solo para emular.

    Por suerte tenia, era un vestido blanco de tubo fruncido, se iba a poner bra aunque omitió usar algo abajo. Entonces procedimos a dormir lo más posible, volvimos a despertar y nos pusimos rumbo a la exconstructora, al llegar ahí estaban los dos, pero estaban hablando con otro grupo de vagabundos que eran los “vecinos” de ellos, al vernos ambos dejaron en corto la conversación y nos fueron a saludar alegres, pero por ver a mi esposa claro está.

    Ambos la saludaron con un beso en los labios, como que si en realidad fuera la esposa de ellos, a la vez vieron la tiara que traía.

    -¿Finalmente te casaste? –dijo Héctor

    -Así es –le respondió

    Entonces ambos nos felicitaron por la boda.

    Nos sentamos haciendo un círculo a hablar un poco de todo lo que había ocurrido, les comentamos sobre el viaje que teníamos planeado.

    -¿Pero regresaran rápido? –preguntó Antonio

    -Si, solo son un par de días –le respondió mi esposa

    -Pero bueno hoy vienes el doble de hermosa –dijo Antonio

    Ya nos estábamos animando mas entre pláticas y ellos tomando cerveza… al final Héctor tomo el mando.

    -Bueno ven preciosa que ya nos hacías falta –dijo él

    Mi esposa se levantó para sentarse en las piernas de él y fue ella quien comenzó a besarlo.

    -Obvio que me hacían falta –le dijo después del beso

    -Y que me coman el culo también- agregó ella.

    Ese chispazo me gustaba siempre, que en un momento está tranquila, pero al otro explota, espero sea así siempre.

    -Bueno ven para que no sufras más –dijo Antonio llevándola más alejado de orilla de calle, donde siempre hacíamos nuestras fechorías.

    -Hazme los honores –dijo Antonio sacándose la verga que ya estaba bien erecta.

    -Espera –dije yo

    Entonces bajé le quité el vestido a mi esposa, pues no quería que lo ensuciara al ser blanco. -Aquí la tienes le dije a Antonio.

    Eso encendió a mi esposa sabiendo que la acaba de entregar a ellos.

    -Dame una cerveza –dijo Antonio

    Fui a la hielera, la saqué y se la di en la mano, la abrió tomo un sorbo y dijo:

    -Bueno ponte en cuatro y mi esposa obedeció. Entonces Héctor procedió a besar y lamer su vagina, lamer su clítoris y a jugar con él. Mientras que Héctor se acostó debajo de ella, luego ella bajó su torso para que Héctor pudiera chupar los pezones de ella. Un poco rara la posición en la que estaban, pero excitante definitivamente.

    Como había dicho anteriormente era como ver una niña con viejos.

    Después de un rato ella tuvo un orgasmo en la boca de Antonio, siempre me gustaba tener buenas vistas y pude ver sus labios bien brillosos y sus piernas temblar, era esa señal.

    Luego ellos se pusieron de pie y mi esposa quedó de rodillas, Antonio le puso su verga en los labios.

    -Ya sabes que hacer putita –dijo él

    Ella comenzó a hacer lo que pidió.

    -A ver no me dejes fuera –dijo Héctor

    Entonces Antonio se arrodilló para que mi esposa se pudiera poner en cuatro y el hizo un oral a mi esposa.

    Llegados a este punto no comprendo como es que la cerveza pasó a ser el tema principal de esa noche, pero eso sí, esa noche estábamos fuera de juicio.

    Héctor me pidió una cerveza, aunque ya solo me quedaban 2 pero eran de vidrio de las pequeñas. Se la di y le dije que tuviera cuidado.

    -Si, si, es que me dio sed –dijo dando un trago

    Cuando ya llevaba por mitad el envase de cerveza, él se detuvo y puso la boca de la botella en la entrada de vagina de mi esposa, mi novia al sentir eso se hizo un poco hacia adelante alejando su culo del envase.

    -¡Oh oh espera mi amor! –dijo Héctor

    Antonio le agarró al cabeza a mi esposa para que continuara con la mamada.

    Nomás miraba que Héctor pasa de arriba abajo el envase, entonces puso nuevamente la boca de la botella en la entrada de la vagina. Yo vi a mi esposa y con los dedos me dijo que esperara.

    Héctor continuó lamiendo el clítoris de ella, hasta que en un descuido metió la botella llenando todo el interior de mi esposa con cerveza, mi novia solo lanzó un suspiro y gemido.

    -¡Espérate zorra! –le grito a la vez que le dio una fuerte nalgada

    Entonces separó a mi esposa de la verga de Antonio y la dejo empinada para que no saliera la cerveza de su interior. Comenzó a lamer y a beber lo poco que salía.

    Al final la puso en cuatro otra vez y la empezó a penetrar y vi como la cerveza espumosa salía por los lados, y Héctor continuaba penetrándola.

    Mi esposa nomas le decía lo mucho que le gustaba como le metía la verga.

    Héctor sacó su verga para tomar un poco de lo que salía de la vagina de ella, y luego volvió a meter su verga, Antonio estaba extasiado, los gemidos mi esposa ya se empezaban a escuchar más fuerte.

    Luego cambiaron de posición a misionero, Antonio se estaba quedando atrás pues ya en esa posición le era incomodo seguir. La cerveza ya había empezado a salir del interior de mi esposa ya no quedaba mas para sacar, por lo que Héctor le cedió el puesto a Antonio.

    -Casi que la dejas bien abierta –le dijo Antonio a Héctor

    -Yo que culpa que esta puta este buena –le respondió él

    -Ven que aún hay para que disfrutes de este culo –le dijo mi esposa

    Lo que mas le encantaba a Antonio era las invitaciones de ella, eso lo encendía bastante.

    Antonio continuó la labor que Héctor había dejado siguiendo así con la posición de misionero, mientras mi esposa gemía, vimos cómo los 4 vagabundos de antes se acercaban agarraron las sillas que le habíamos regalado a Antonio y Héctor y se sentaron cerca de nosotros, me quedé intrigado pues en otra Antonio o Héctor los hubiera sacado de ahí pero no fue así.

    Antonio le dio varias nalgadas a Erika, y cambió de dirección a Erika quedando viendo hacia los cuatro vagabundos, procedió a meter su verga al principio lo hacía con calma, seguramente sintiendo el interior de mi esposa, pero después comenzó con las embestidas fuertes, a tal punto que mi esposa ya se sentía un poco rendida del cuerpo no solo por como la estaban cogiendo también por el poco descanso que habíamos tenido desde la boda.

    Mi esposa poco a poco se iba hacia adelante por la fuerza que hacia Antonio al penetrarla, quedando ya cerca de los 4 vagabundos invitados, al final terminó apoyándose entre medio de las piernas de uno de ellos, mi esposa apoyaba la cabeza en la entrepierna de uno de esos vagabundo para poder descansar.

    Después de eso los vagabundos no aguantaron mas y se sacaron las vergas, mi novia solo los empezó a masturbar a dos de ellos, irónicamente al que tenía en frente no le hacía caso, en el sentido que a pesar que la verga de ese vagabundo le bailaba al frente no le hacía mucho caso y eso que ya el líquido preseminal se asomaba bastante.

    La escena era muy excitante y más aun sin saber que decisiones tomaría mi esposa.

    Finalmente, Antonio estaba llegando a su clímax, mi esposa ya había tenido 3 orgasmos esa noche, pero algo cambió en vez de acabar adentro de mi esposa, ella se acostó boca abajo… Antonio empezó a masturbarse depositando toda su leche en las tetas de mi esposa… Para mi esto fue demasiado inesperado al ver como Héctor estaba haciendo exactamente lo mismo y roció su semen en las tetas de mi esposa.

    ¿Qué está pasando aquí? –pregunté en mi mente.

    Hasta que los otros 4 vagabundo se pusieron de pie y mi esposa se arrodillo… quedo rodeada de esas 4 vergas… Para mi todo iba en cámara lenta ¿Qué harás? –me pregunté en mi mente.

    Vi el primer chorro de semen de uno de ellos dirigidos también a las tetas de ella, y como si de una chispa se trataba poco a poco iban acabando en las tetas de mi esposa.

    Ambos pechos quedaron cubiertos de una capa color blanquecino, sus pezones cubiertos como que si de dos donas glaseadas se trataban.

    ¿En qué momento mi esposa decidió esto? –me quedé pensando. Claro tampoco es que me haya molestado.

    Recordé la conversación que tuvimos antes… Pero nunca lo planeamos tan pronto… ¿Mi esposa se estaba volviendo más autónoma en sus decisiones?

    Me encantaba esa autonomía y que se volvió aún más “agresiva” sin importarle qué, aunque ¿Hasta qué punto querría llegar más adelante?

    Quedé muy excitado, demasiado… por prestar atención ni me toqué, nomás ver a mi esposa con el glaseado de tetas que le hicieron. Ella solo me devolvió una sonrisa angelical entre su labial rojo ya disperso y su tiara de casada.

    -Gracias preciosa –dijo uno de los vagabundos invitados

    Uno a uno se fueron despidiendo de mi esposa con un beso en la mejilla. Al final volvimos a quedar mi esposa, Héctor, Antonio y yo.

    Yo aun no salía de la impresión, era consciente de la situación, pero como repito aún estaba impresionado. Ellos continuaron conversando entre lo mas normal, sentía todo mi cuerpo con caliente de la excitación.

    Como había mencionado antes, mi esposa aunque disfrutaba con ambos, le gustaba mucho la verga de Héctor por lo que a veces desviaba la mirada hacia el paquete de él hasta que vio que de su verga flácida salía restos de semen que se acumulaba en el borde de su prepucio por lo que ella se levantó y se puso en cuatro, con la punta de su lengua removió esa gota de semen y después con su mano hizo hacia atrás el prepucio para dejarlo reluciente con un ligera mamada.

    Lo mas probable es que entre la plática, la cogida a mi esposa y otra platica ya era casi 1 de la madrugada, por lo que decidimos retirarnos, mi novia se puso su vestido, pero les dejó su bra a ellos, el semen en sus tetas ya estaba secos y partimos a casa.

    Encendí el a/c del auto, el olor de mi esposa era a sexo en definitiva, saliendo de la zona me pidió pasar por el 24/7 quería comprar unas cosas para llevar a casa, pero esta vez se bajó ella, los dependientes la reconocieron inmediatamente, los ojos de ellos directo a sus tetas y a su culo, pero cuando se lo vieron, ellos se miraron entre sí, pues ni ella ni yo nos habíamos percatado que se había roto por atrás aunque no mucho y dejaba ver el cachete de su culo lo cual evidenciaba que no andaba nada abajo.

    Cuando finalmente ella llego al mostrador uno se le acercó por atrás y le dijo algo al oído, ella giró su vista hacia atrás girando su cuerpo y notando la abertura de su vestido, ella le dijo algo, y el que estaba atrás agarró la tela del vestido y le dijo algo más, ella solo sonrió diciendo no con el rostro. Después de eso ella pagó y salió de la tienda directo a mi auto.

    -¿Qué pasó? –pregunté intrigado.

    -No me había fijado que tenía roto el vestido del culo! –dijo sorprendida

    -Seguramente fue cuando estaba de espalda a la columna –le dije

    -Tienes razón –dijo ella.

    -Por cierto, ¿Qué fue lo que te dijeron? Vi que te agarraron el vestido

    Ella riendo dijo que le habían hecho saber sobre el vestido, me alagaron el culo el de la caja y el otro de atrás se lo que quería, pero sugerente me dijo que él podía coser mi vestido en la bodega en ese momento.

    Cuando me dijo eso empecé a procesar en mi cerebro toda una partida de ajedrez para saber que contestar, justo como al inicio antes de meterse de lleno con esos vagabundos.

    -Bueno al menos hubiese sido gratis la reparada –le dije

    -¡Amoor! Iba a quedar desnuda ante ellos –dijo

    -Pero si hace momentos atrás lo estabas y en la calle, en cambio al menos ahí era una bodega –le dije bloqueando cualquier pretexto.

    Al final terminé respondiendo de una manera escueta, pero con la esperanza que aceptara la luz verde y dejarse de ellos dos también. Arranqué el auto y nos fuimos a casa.

    Al llegar me dijo: -Bueno el vestido ya no me sirve quitándoselo y bajando desnuda para entrar a casa…

    Bueno hasta contaremos nuestra velada con los vagabundos, omitiremos la parte en la que viajamos de luna de miel porque realmente nos dedicamos a disfrutar y relajarnos, entonces no alargaremos. Habrá nuevas publicaciones cuando uno de los dos tenga tiempo para escribir.

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  • Grata sorpresa (4)

    Grata sorpresa (4)

    Unos días más tarde había quedado con Laura de vernos nuevamente en la cafetería donde solíamos quedar, ella me comento que se retrasaría un poco en llegar, al llegar yo a la cafetería, estaban todas las mesas llenas, por lo me dispuse a sentarme en la barra, estando allí, entró la dependienta de la tienda de ropa de al lado, poniéndose a mi lado, supongo que en aquel instante no se había dado cuenta quien era el que estaba a su lado, por lo que me atreví a saludarla, girándose ella hacia mí, y descubriendo al lado de quien se había sentado, pues de inmediato note que se había puesto un tanto nerviosa, “estate tranquila mujer, y disfruta del refresco, que mi intención no es comerte”.

    A lo que ella me dijo con una sonrisa sarcástica que tranquila ya estaba, lo único que no se esperaba verme de nuevo, y que desde luego que no la comería, la chica tenía sobre unos 30 años, llevaba el pelo con media melena y morena, debía medir sobre 1,60, se le intuían unos pechos bastante generosos, y no estaba nada mal, esa es la verdad, me presente, ella me dijo que se llamaba Sara y nos dimos dos besos.

    Empezamos a entablar una conversación, me preguntó qué cuantos años me llevaba con ella, si era mi novia, etc. “Sara voy a explicártelo, Laura es estudiante, está aquí cursando un máster y a la vez es mi sumisa mientras este aquí en Barcelona (no quería dejar a Laura como una chica guapa y tonta) y hace todo lo que yo le pida” a lo que ella exclamó:

    “¡Tu Sumisa! Estáis más locos de lo que pensaba, creía que solo habíais tenido un calentón el otro día y entrasteis a desahogaros en mi tienda”

    Yo: “Sara, escúchame, el otro día yo por lo menos en tu tienda no me desahogue, pero no voy a negarte que ella sí lo hizo y muy a gusto por cierto, y tampoco te negaré que yo también disfrute de ello, tanto viéndola como sintiéndola, y además viéndote la cara de circunstancias que nos pusiste al oír como se corría y como nos mirabas al salir, puedo preguntarte ¿si te dio morbo todo eso?”

    Sara: “Morbo, lo que estabais salidos los dos, que morbo me iba a dar eso a mí…”

    Yo: “perdona pues si te ofendimos, no era esa nuestra intención, y tampoco lo es que ahora mismo estés tan nerviosa por lo que ya pasó hace días”

    Sara: “No estoy nerviosa por eso Alex”

    Yo: “Entonces porque lo estás, ¿no será por estar hablando conmigo de todo esto no?”

    En ese momento entró Laura por la puerta, acercándose a mí, saludándome y dándome un beso, y como acababan de dejar libre una mesa, mande a Laura a que la pillara y se esperara en ella hasta que yo fuera.

    Yo: insistí “porque estas nerviosa entonces”

    Sara: “por nada, debo marcharme Alex”

    Yo: “¿No será que la conversación que estamos llevando, que te está gustando, y por ello estas asustada? ¿no has hecho nunca ninguna locura parecida? ¿qué harías si ahora mismo deslizara mi mano…?”

    Sara: sin dejarme terminar lo que estaba diciéndole “estás loco ¿lo sabes?, y además tengo un novio al que quiero muchísimo y no se merecería lo que tú me propones”

    Yo: “sabes Sara, acabas de decirme que no te disgustaría y además estoy casi seguro que si te tocara sequito no lo encontraría”

    Sara estaba ya muy nerviosa, y empezó a recoger su bolso para levantarse, cuando la cogí por la barbilla para que me mirara a los ojos y con la otra mano se la puse en la entrepierna por encima de los tejanos, frotándola un poco, cerrando ella los ojos, quite mi mano de su entrepierna, le di un beso, y le susurre al oído “tú también te dejarías masturbar y te correrías en mi mano si yo quisiera, eres tan perra como Laura“ seguidamente la dejé allí y me fui dirección a la mesa donde me esperaba Laura, esta había estado mirándonos todo el rato, estaba celosa, lo note al instante, cuando me senté a su lado, rápidamente se abalanzó sobre mí para besarme, pero dejó sus ojos abiertos mirando a Sara en tono desafiante, hasta que esta se fue.

    Laura: “¿era la mujer de la tienda verdad? ¿le gusta esa chica amo?

    Yo: “que me guste o no debe serte indiferente, solo tengo una perra, y esa eres tú, por lo que si quisiera algo más con ella, te lo haría saber no te preocupes. ¿Has acabado con lo que estabas tomando?”

    Salimos de la cafetería en dirección al apartamento que había alquilado, por fin iba a someter a mi sumisa como era debido, en la misma puerta antes de abrir, la hice desnudar en el propio rellano, cogiendo yo sus ropas y bolso, le mande ponerse de rodillas y entrar a 4 patas al apartamento, una vez dentro, le tape los ojos, hice que se incorporara quedándose de rodillas y le até las manos en su espalda.

    Coloque una almohada en el suelo para que pudiera apoyar su cabeza, y le separé las piernas, con mi mano le acaricie, y comprobé que estaba bastante lubricada, le coloque una pinza de colgar ropa en un pezón, a lo que soltó un grito, dándole yo como respuesta un azote en su precioso culo y diciéndole que no quería oírla, pues si gritaba me vería obligado a taparle la boca, le coloque una nueva pinza en el otro pezón, se tensó al sentirla en el, pero esta vez no chilló y se lo compense con una caricia en su sexo, mientras la estimulaba con los dedos de una mano, con la otra se los estaba metiendo en su coño, primero dos, luego tres.

    Laura no tardó en pedirme permiso para correrse, a lo que me negué, le di varios azotes en su culo para bajarle la excitación, y aproveche para invadir su culito con un dedo, tenía el ano empapado de su propio flujo, pero su culito estaba muy prieto, nunca había entrado nada por allí, y era la primera vez que ella sentía algo en esa parte de su cuerpo, y la sobresaltó al sentirlo, pero no dijo nada, empecé a follarla nuevamente por el coño con mis dedos, mientras poco a poco se le estaba dilatando también su ano, pues le estaba metiendo también ya dos de mis dedos dentro.

    Cuando note que ya resbalaban bien, y no que no le hacía daño, saque de mi bolsa varios plugs anales de diferentes tamaños que había comprado, empezando a follarla con el más pequeño, Laura no paraba de gemir, le estaba gustando todo lo que le estaba haciendo, me obligaba a hacer pequeñas paradas para azotarla y poder frenar así su excitación, aunque ahora mismo hasta los azotes la excitaban aún mas, cambie el plug pequeño por el mediano, y lo fui metiendo lentamente hasta dentro, una vez allí se lo saque una vez y se lo volví a meter de golpe dejándolo insertado ya en su culo.

    La cogí del pelo e hice que se pusiera de rodillas, le metí mi polla en la boca y empecé a follarla con ella, mientras le estaba estirado de las pinzas que llevaba puestas en los pezones, notaba que estaba ya a punto de correrse, además tal como la tenía en ese momento no podía pedírmelo, pero notaba como se estaba empezando a tensar, por lo que le saque la polla de la boca, la cogí por el pelo y le dije “zorra ni se te ocurra correrte, te estoy usando solo para mi placer, cuando me haya cansado entonces te daré tu premio solo si lo mereces, pero mientras tanto aguanta y que no deba repetírtelo”.

    En ese instante empezó asomar alguna lágrima por su mejilla, pero nuevamente y esta vez cogiéndola por la cabeza empecé a follarla de nuevo, cuando yo estaba a punto de correrme le saque la polla de la boca y me corrí en su puta y dulce cara, mientras con mi polla le estaba esparciendo toda mi leche por ella, Laura mantenía la boca abierta por si se la metía de nuevo, cosa que hice para que me limpiara de semen mi miembro.

    Luego por el pelo cogida, hice que se incorporara y la lleve hasta una silla que tenía preparada, en esta le había colocado anteriormente un consolador de unos 25 cm, el cual aguantaba fijado a la silla con unas correas, hice que se pusiera de cuclillas y emboque el pollón en su coño, presionándola de los hombros hice que sentará, ahora mismo la tenía con un plug en su culo y con un pollón en su coño, la até con las piernas separadas a patas de la silla, le quite una de las pinzas de un pezón estirando de ella, con lo que nuevamente pegó un pequeño chillido.

    Luego le estire de la otra, y le coloque esas pinzas en sus labios vaginales, al final le coloque tres en cada labio, cuando supongo que ya pensaba que estaban todas colocadas le coloque una última, está pellizcándole el clítoris, al mismo tiempo que se la colocaba le metí mi lengua en su boca, para así ahogar su posible chillido, y por último había comprado una especie de ventosas para los pezones vibratorios, se los coloque uno en cada pezón poniéndolos a máxima vibración, esto ya le empezaba a gustar más.

    Nuevamente, le di un beso y luego le dije “ahora voy a cenar pues tengo hambre, ni se te ocurra aprovechar para correrte mientras esté yo fuera, pues lo sabré al instante si lo haces” le coloque unos auriculares con música bastante alta e hice como si me fuera, pero en vez de eso me tumbe en la cama a observarla.

    Después de un par de minutos Laura comenzó haciendo fuerza a levantar su culito y dejándose caer nuevamente, le costaba bastante pues estaba con las manos atadas en la espalda y a la vez sus piernas atadas a la silla, pero aun sabiendo sus límites empezó a follarse con el vibrador que tenía en el coño y a la vez el plug que le había insertado en su ano, cada vez le gustaba más, cuando notaba que estaba a punto de correrse se quedaba inmóvil jadeando por la excitación y el esfuerzo que estaba realizando, nuevamente comenzaba a darse placer hasta estar casi a punto de correrse cuando volvía a reposar nuevamente.

    Durante unos 30 minutos al menos la tuve en esta situación, ella pensando que yo había salido no podía reprimirse y solo pensaba en darse placer, aunque estaba orgulloso de su comportamiento porque la chica estaba reprimiéndose, cuando sentía que su corrida estaba próxima, en una de estas veces me puse a su lado masturbándome, y cuando calcule que estaba nuevamente a punto le destapé los ojos dejando que me descubriera allí a su lado.

    Al verme del susto que se llevó se quedó inmóvil, aunque seguía jadeando, le aparte el auricular de uno de sus oídos y le dije “vaya pedazo de puta que estás hecha, no puedo dejarte sola ni un momento, que enseguida empiezas a follarte tu misma perra, ¿quieres correrte zorra?” A lo que rápidamente me dijo que no aguantaba más, que había sido buena y no se había corrido aún, mientras yo me estaba pajeando y corriéndome encima de sus tetas, cuando acabe me puse en cuclillas y le dije “ya puedes correrte perra”.

    Empezó a moverse nuevamente y cuando noté que estaba empezando a correrse le empecé a quitar las pinzas con estirones, su orgasmo fue brutal, sus gemidos iniciales se convirtieron en una mezcla de gritos, gemidos, y espasmos, sus ojos se volvieron blancos durante unos instantes, en un momento casi pensé que había perdido el conocimiento, pero al cabo de unos segundos empezó a reaccionar nuevamente.

    Laura: ”gracias amo, jamás imagine poder obtener un placer igual, este ha sido mucho más intenso de los experimentados hasta ahora, quiero más señor…”

    Empecé a soltarla de las ataduras con la silla, y la mandé levantarse, cosa que le costó un poco hacerlo, pues llevaba allí en esa postura con las piernas abiertas, y el falo en su interior casi ya una hora, además aún estaba con sus manos atadas a la espalda.

    Le mande ponerse de rodillas en la cama y con la cabeza apoyada sobre ésta, la empecé a follar con el plug que aún estaba en culo insertado, tenía las piernas, el culo, y su coño como si se hubiera meado, allí donde la mirabas estaba empapada a lo que le pregunte “seguro que te has meado cerda”

    Laura: entre gemidos “No mi señor, no es pis, es de mi orgasmo de antes, ahhh”

    Retire por completo el plug sustituyéndolo con mi verga, le solté las manos de la espalda y le mande masturbarse con una mano mientras que con la otra quería que se apretara los pezones, mientras la cogí de la cintura para poderla encular mejor, de nuevo volvió a pedirme permiso, esta vez se la negué, esta vez quería ser yo el que llenara su culo antes con mi leche, así que empecé a follarla más rápido y a darle azotes en las nalgas hasta que le llene las entrañas con mi leche.

    Retiré mi polla de su culo viendo salir mis líquidos de su culo y seguí dándole azotes, cuando le pregunte si aun deseaba correrse, como casi ya no podía casi hablar pues estaba muy cansada me indico con la cabeza que así era, y le dije que tenía mi autorización para correrse, cosa que hizo casi de inmediato, pues Laura hacía ya rato que se está deshaciendo por dentro.

    La deje descansar un rato después de toda la sesión, su respiración se fue espaciando poco a poco hasta que se quedó dormida en la misma posición en que había tenido su último orgasmo, mientras me senté a los pies de la cama a observarla.

    Continuará.

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