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  • En el metro pasan cosas

    En el metro pasan cosas

    A mí no me pasan grandes cosas. A mí me suceden episodios sin casi importancia, que al final acaban en un roce, en lo mínimo que se despacha en aventura, principalmente porque soy casada y las cosas me suceden en los sitios más insospechados del mundo. Eso es lo que cuento aquí.

    Por suerte o por desgracia nunca he participado en grandes ni en pequeñas orgías; tampoco he conocido grandes pasiones, pero no sé porqué soy la reina de los pequeños sucesos, a los que ni me he negado, ni me negaré, porque me hacen sentir viva.

    Tengo 32 años, soy una mujer delgada, morena y dicen que atractiva, además creo que muy sensual para los hombres y mi mirada debe llevar escrita en los ojos la palabra “Si”.

    Por razones de trabajo me desplazo todos los días en metro hasta Argüelles, bueno vivo en Madrid. Era junio, se iba acercando el verano y ya todos estábamos deseando dejar aparcada la ropa de invierno. Yo me puse esa mañana una falda hipiosa, de vuelo, cogida en la parte de atrás en la cintura, algo así como un pareo amplio.

    El metro a Argüelles siempre va lleno de estudiantes y a mí me gustan los estudiantes, sobre todo por las mañanas, cuando huelen a recién duchados.

    Un chico alto, moreno, guapo en fin, se puso a mi lado en la plataforma posterior donde suelo colocarme cada mañana. Hubo una primera mirada sin más, bueno él me miró de arriba abajo y yo sabía que le había gustado. Esas cosas se notan.

    Conforme se iba llenando la plataforma, hasta quedarnos pegados como japoneses, más se iba acercando a mí. Sentí el dorso de su mano tonta en mi muslo. Yo ni quería, ni podía apartarme.

    El vagón hizo un brusco movimiento y cuando volvimos a acomodarnos su mano estaba justo detrás de mi culo. El miraba hacia el frente como si no pasara nada y yo intentaba buscar sus ojos sin conseguirlo.

    Noté que comenzaba a mover sus dedos en mi trasero y la verdad es que me aparté un poco de la pared para facilitarle el trabajo, sentí su mano entre mis nalgas y esperé como una gata sus movimientos. Después de sobarme un rato sobre la falda, comenzó a buscar su apertura trasera. Parecía un experto. La localizó enseguida. Introdujo su mano y pronto noté que su mano apartaba mis braguitas, mínimas, y uno de sus dedos llegaba hasta mi mismo ano, mi parte más sensible.

    Su dedo comenzó a dar vueltas muy suave sobre él y yo noté como se iba relajando y abriendo poco a poco. Estaba paralizada, yo creía que todo el mundo se estaba dando cuenta, pero no, afortunadamente.

    Me introdujo parte de su dedo en mi ojete y con otro comenzó a recorrer mi coño empapado, acariciándome con mucho cuidado. Lento al principio, pero cada vez con más rapidez.

    Noté que se me aflojaban las piernas.

    Estábamos llegando a la estación y aunque estaba a cien no iba a poder terminar, le miré, me miró, sacó despacio su mano chupó sus dedos.

    El metro se había detenido. Bajé sin mirar atrás. No sé si algún otro día volveré a encontrármelo.

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  • Infiel: Del chat a la realidad

    Infiel: Del chat a la realidad

    Mi nombre es Alexandra, soy venezolana y resido en Caracas. Este relato que quiero compartir con ustedes sucedió hace ya tiempo y es, además del comienzo de mi liberación sexual, el primer paso a muchas experiencias únicas para mí.

    Quiero describirme para ustedes. Soy de tez blanca y cabello castaño, ligeramente ondulado, mido 1.62 y de complexión menuda, senos pequeños pero firmes con pezones rosados, cintura fina y lo que más gusta por estas tierras: ¡un buen trasero! No soy una belleza del miss Venezuela, pero tengo mis encantos.

    Mi condición de casada me había mantenido entretenida por un tiempo, mis relaciones en la cama cada vez me aburrían más y de satisfacción, todo quedaba por mi cuenta ya que, si no me masturbaba, quedaba siempre insatisfecha. Mi marido se fue apagando sexualmente y pasó de ser un tipo medianamente bueno en la cama, a un jugador de tres minutos y fuera.

    Yo siempre he sido una mujer carnal, sexual y me excito con facilidad, así que esta situación me estaba haciendo daño y por causas que no puedo explicar, el divorcio está fuera de discusión.

    Mi aventura comenzó una tarde en la que mi marido estaba de viaje. El suele ausentarse por dos y tres semanas por razones de trabajo. Entré en una sala de chat y comencé a leer lo que decían en la pantalla general, también reí un rato con los nicks tan ocurrentes y le cerré sesión a más de un tonto.

    En un momento leí un nick y descripción que me llamaron poderosamente la atención y lo acepté.

    Desde ese mismo momento comenzó esta relación intensa y sin límites en lo sexual. Este hombre acaparó no solo mi atención, sino también se adueñó de mis deseos más profundos, de mis sueños y sacó lo mejor de mi sexualidad.

    El es tres años mayor, de un carácter dominante y a la vez con la destreza de un encantador de serpientes. Se describía como un hombre blanco, muy alto y físicamente en forma, ojos café. Luego pude comprobar por teléfono, que su voz es cargada de masculinidad como todo él. ¡Que ganas de conocerlo!

    Pasamos varias semanas disfrutando de sesiones de ciber sexo y sexo telefónico. Sorprendentemente, me demostró que estos medios son efectivos y me regaló tantos orgasmos que ya ni los cuento. Sudaba y temblaba con la idea de encontrarnos y al fin un día me lo sugirió, o más bien me lo ordenó.

    Mi marido estaba de viaje y después de hablar hasta casi las tres de la madrugada me dijo:

    –Mañana te busco a las 11 am, te quiero puntual en el estacionamiento del centro comercial cercano a tu casa y lleva lo necesario para dormir una noche fuera.

    Esa mañana me desperté temprano y me depilé completa. Mi amante me exigió que lo hiciera y no dejé ni un solo vello en mi pubis ni en mis labios vaginales. también tuve mucho cuidado con la región anal así que por primera vez de adulta me ví al espejo con mi cuquita como la de una niña, me entró una emoción muy grande solo de verme así, un cosquilleo grato hizo que me mojara. me estimulé con mis dedos y pude sentir lo suave de la piel recién depilada y lo divino que se siente al contrastar mis fluidos cálidos sobre mi clítoris excitado por la situación. Tuve que volver a lavarme para no mojar mi ropa interior. Me vestí, arreglé mis cosas y pedí un taxi media hora antes de la convenida para asegurarme de estar puntual.

    Esperando en el estacionamiento lo vi llegar, me había descrito su carro y no dudé en caminar hacia él y entrar. El primer contacto visual fue impactante. Él era de verdad grande, muy masculino y atractivo, con una mirada penetrante y una expresión de seriedad que me hizo temblar. Al saludarlo le besé los labios ligeramente y me aparté. Él sonrió y me devolvió el beso con sus labios carnosos y tibios entreabiertos y me hizo probar por primera vez su lengua y lo exigente de sus besos. Estuvimos unos minutos acariciándonos, besándonos y reconociendo el aroma de nuestra piel hasta que dijo:

    –Ya está bien, vamos a donde podamos disfrutarnos a solas.

    En el camino, mientras hablábamos, el me pidió que abriera mis pantalones y estuvo acariciando mi pubis y mi vientre.

    Nos fuimos a un motel a las afueras de la ciudad, muy discreto, a la vez bastante confortable y bonito. Yo me sentía la cara roja y caliente de la excitación y la voz me temblaba. Mi amante, sereno y seguro como si fuera cosa de todos los días, sonreía.

    Al entrar a la habitación, dejamos nuestras cosas en una mesa y él se sentó en la cama, tomándome por la cintura me acerco a su cuerpo y comenzamos a besarnos. Sentía nuestras lenguas calientes entrelazadas y como me chupaba la mía al entrar en su boca. Sus besos y caricias me hacían gemir e inmediatamente mi ropa interior se mojó mientras cosquilleos de placer y ganas me recorrían el cuerpo. Quitó mi camisa y mis senos quedaron al descubierto, no usé sostenes ese día.

    –Que tetas tan ricas tienes y hoy son mías.

    Me las chupó, me mordió los pezones y las lamió hasta sacarme gemidos de placer. Lo hacía con fuerza y ganas mientras sentía sus brazos velludos dominándome.

    Sin hacer mucho esfuerzo me levanto en vilo y me tiró de espaldas en la cama. Se desnudó frente a mí y por primera vez vi su miembro, erecto y húmedo, más grande de lo que imaginaba. Me quitó los pantalones y quedé con una pantaletica tipo hilo blanca, la cual arrancó de un solo manotazo y tiró rota a un lado. Yo estaba muy consciente de la visual que le estaba dando así desnuda con mis piernas entreabiertas dispuesta para él. Se acostó sobre mi pecho y comenzó a bajar con su lengua ardiente por mis tetas, mi vientre, mi pubis mientras me miraba a los ojos. Mordía mi piel en su camino y hacía que todos mis sentidos reaccionaran.

    –¿Te gusta mi perra? ¿Te gusta que tu macho te coma mi puta deliciosa? ¡Pide! quiero oírte.

    Ya sin poder aguantar más casi en un grito le dije : mámame la cuca mi macho… mmm por favor cómeme. Así me lamió el clítoris, intercalaba chupadas divinas y mamadas y mordiscos, mientras sus dedos penetraban completamente mi cuca. Así llegué a un orgasmo divino y sentí como limpiaba mis fluidos con su lengua mientras me acariciaba con sus dedos desde ese huequito hasta el de mi culito.

    Él se incorporó y yo me arrodillé y agarré su miembro entre mis manos, quería comérmelo mmmm.

    –Que guevo tan rico y hoy es mío le dije mientras le lamía la punta con movimientos circulares y luego me lo metí en la boca hasta donde pude y entre mi mano y mi lengua le di rico hasta que me apartó y me dijo que no quería acabar, que tuviera paciencia.

    Me abrazó y con todo su peso se acostó sobre mi dejándome casi sin aire para luego incorporarse y abrirme las piernas con sus rodillas.

    –¿Querías tirar linda? ya vas a sentir lo que es un guevo.

    Apoyando la cabeza de su guevo en la entrada mojadísima de mi cuquita, empujó y de un solo movimiento entró hasta el final. Yo no estaba acostumbrada a ese tamaño y me causó un placer intenso que aumentada con cada movimiento. Yo contraía mis paredes vaginales para y él llevaba un ritmo desenfrenado que me llevaba del dolor al disfrute en segundos. Terminé con otro orgasmo mientras mi amante me volteaba en la cama como a una muñeca.

    Era impresionante para mí el que pudiera mantener una erección sin acabar tanto tiempo y dándome tan duro y que ahora me penetrara así, boca abajo mientras sentía su peso y su transpiración sobre mi piel. Así me dio por un rato y luego me puso una almohada bajo el vientre para aumentar la penetración. yo gemía y sentía como con cada embestida y con el aumento en el ritmo y fuerza de la penetración los orgasmos llegaban solos. Allí de susurró al oído:

    –Quiero tu culo y hoy te lo voy a llenar de leche mi puta, mi perra.

    Yo nunca había probado el sexo anal y aunque me atraía la idea, me daba un poco de temor.

    –Dale que es tuyo le contesté y el con sus manos me posicionó en cuatro y abrió mis piernas. Escupió entre mis nalgas y con sus dedos mojó el huequito de mi culo, introduciendo dos de ellos y lubricándome con su saliva.

    Fue una sensación distinta y excitante sentir sus dedos dilatándome y cuando finalmente entraban completos, los sacó y apoyó su guevo contra mi culito y empujó despacio y con calma hasta que me llenó completa. No me dolía, pero la sensación era extraña. Fue después de unos minutos cuando el movimiento se hizo rítmico que disfruté de la experiencia y por primera vez grité durante el orgasmo. Sentí como mi macho gemía y acababa en mis entrañas y entre el cansancio y en placer caímos entrelazados.

    De ese encuentro, además de perder mi virginidad anal y ser mi primera infidelidad, probé durante la noche y madrugada, muchas sensaciones distintas para mí, como la estimulación oral anal y tragarme la leche de mi hombre. Disfruté el sentirme dominada y mimada a la vez y el despertarme sobre un pecho desconocido para mí unas horas antes.

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  • Enseñando sexo a mi sobrina

    Enseñando sexo a mi sobrina

    Soy Pedro tengo 28 años y soy de Valencia (España) voy a contarles algo que me sucedió algún tiempo.

    Todas las personas hemos vivido esos momentos en los que nos invaden las dudas, los miedos, la curiosidad. Ese momento en el que todavía no te has iniciado en el sexo y tienes una mezcla de ganas, curiosidad, miedo y dudas.

    Ese momento fue el que vivió mi sobrina hace 5 años y yo le ayudé a superarlo. Todas las personas hemos pasado por esa situación, el momento en el que sabemos que está a punto de llegar la primera vez que ves una persona del sexo opuesto desnuda, que tocas un cuerpo y te lo tocan. Las dudas de cómo hacerlo, de si lo haces bien o mal. Muchas veces incluso teniendo pareja se duda y se tienen esos miedos.

    Lo que los voy a contar sucedió hace 5 años, ella contaba con 18 años, era una chica rellenita, con pecho grande, preciosa cara, con pelo larga se llama Elena. De esas personas con las que los niños son crueles. Yo, Pedro, tenía 22 años soy un chico normal, del montón. Ella y yo nos solíamos ver 3 veces al año, ya que vivíamos en ciudades lejanas, la relación era buena más de primos que de tío-sobrina. Pero muy escueta y poco profunda.

    Ella vino a vivir con sus padres a mi ciudad, vivíamos a 5 minutos andando el uno del otro y ella estaba en una ciudad desconocida, sin amigos. Siendo una persona que le cuesta abrirse. Por lo que decidí ayudarle, iba a por ella y le decía que se viniera conmigo y con mis amigos/as éramos un grupo grande de gente, de entre 18 y 24 años. Por eso pensé que ella con las personas de 18 no se llevaba tanto y podía encajar en el grupo. Sólo iba a ser un año en esta ciudad antes de volver a la suya, pero quería ayudarle.

    Empezamos a hablar, primero de estudios, de cosas banales y sin importancia. Poco a poco cogimos más confianza hasta que llegó un día en el que era una noche de fiesta y yo la vi triste, apagada. Y me sorprendió… decidí hablar con ella. Esa noche no quiso entrar en la conversación, me dijo que prefería hablar por el día conmigo, así que al día siguiente quedamos por la mañana para ir a la playa y tener una conversación.

    Le pregunté que le pasaba y me dijo que estaba triste porque no ligaba, porque en su anterior ciudad tenía novio y lo echaba de menos y que desde que estaba en la nueva ciudad no había tenido nada, ni tan siquiera se había liado con ningún chico, que todos la ignoraban. Ella me contó que con su novio no había pasado ni de besos, que le daba miedo, no hacerlo bien.

    Me contó que su novio le pedía algo más, empezar en el sexo. Él ya había tenido novias ligues y había hecho sus cosas, pero Elena no había hecho nada y le daba miedo que cuando lo hiciese no le gustase a su novio, y le pidió a su novio un año que le esperase, su intención en esta nueva ciudad era hacerse mujer. Tener ligues, perder la virginidad y coger experiencia para cuando volviese que su chico alucinase con ella.

    También se había apuntado al gimnasio, estaba poniéndose en forma y físicamente cada vez estaba mejor. Pero ligar no había ligado nada. Yo esa conversación intenté animarla, le apoyé y le dije que yo le ayudaría a encontrar ligues, a que empezara. Esa semana mis padres se fueron de viaje y estaba yo sólo en casa y esos días ella venía a estar conmigo.

    Nos habíamos hecho muy amigos, era pleno invierno y hacía frío, le comenté de quedar con unos amigos que ella no conocía porque uno de ellos sería bueno para ella. Pero ese día llovió y se cancelaron los planes, por lo que decidimos quedarnos en casa viendo una película.

    La película tenía varias escenas de sexo y ella y yo estábamos sentados en el sofá uno al lado del otro, en una de esas escenas el pene se levantó y ella se dio cuenta y me preguntó que porqué estaba así de grande… Y le expliqué que cuando los chicos nos excitamos el pene se agranda… Es algo normal. Entonces las dudas le vinieron a la mente, me preguntó si me dolía, cuando dejaba de estar grande y mil cosas más. Ella no dejaba de mirar el bulto.

    Hasta que después de tantas preguntas me dijo que se moría de ganas de ver un pene, de tocar, de tenerlo en su mano de saber como dar placer y me pidió que se la enseñara, nada más que sólo quería verla… Estaba nerviosa, casi hasta temblaba. Me di lástima, la vi nerviosa y pensé que al fin y al cabo éramos familia y yo le podía enseñar muchas cosas y para que le enseñara otra persona podía hacerlo yo.

    Ella me seguía preguntando, me rogaba que se la enseñara y le dije que se la iba a enseñar pero que yo mandaba, yo le iría diciendo el progreso y que hacer. Ella estaba cada vez más nerviosa, con más ganas, me quité bajé los pantalones y salió a relucir mi pene, mis 18 centímetros quedaron bajo su atenta mirada se quedó sin palabras ella no reaccionaba, sabía que deseaba tocarla, pero sólo miraba no reaccionaba, ni se movía ni hablaba.

    Le cogí su mano y la acerqué a mi pene y le dije ¿quieres hacer tu primera paja? Ella me dijo que sí, pero que no sabía como lo tenía que hacer, yo le dije estate tranquila yo te ayudo y le di un beso en la mejilla. En ese momento su mano tocó por fin la piel de mi pene, le ayudé a cerrar la mano, para que la sintiera, para que la rodeara. Entonces ella dijo esta calentita y nos reímos. Entonces fue ella quién me dio un beso en la mejilla.

    Le empecé a mover la mano, le iba diciendo como tenía que hacerlo y ella seguía mis indicaciones, estaba absorta, se notaba que le gustaba que estaba aprendiendo. Al principio los movimientos de su mano eran de manera muy temblorosa, pero no paraba. Yo le iba a diciendo cuando tenía que aumentar el ritmo, como lo tenía que hacer. A mitad paja empezamos a besarnos mi boca se juntaba con la suya, su lengua y la mía contactaban mientras mi mano ayudaba a su mano a hacer su primera paja.

    El ritmo aumentaba, cada vez más, cada vez me besaba con más ganas y ella lo hacía mejor. Entonces le pedí que siguiera que no parara que iba a acabar. Ella lo hizo, subía y bajaba con su mano poco a poco hasta que llegó el final y mi semen salió expulsado. Nos seguimos besando.

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  • La relación con mi cuñada fue cambiando

    La relación con mi cuñada fue cambiando

    Conozco a mi cuñada desde que ella estaba recién entrando a la universidad, siempre habíamos tenido una relación normal hasta hace un tiempo.

    Ella tiene 36 años, soltera, es delgada, muy guapa, es una profesional exitosa, pero ha tenido mala suerte en el amor. Como vive sola, pasa mucho tiempo en mi casa, principalmente para ver a mis hijos a los cuales consiente en todo.

    Por todas estas visitas, fuimos tomando cada vez más confianza, primero con aspectos de su trabajo y luego ya más personales, con lo que comencé a mirarla de una manera distinta.

    Hace unos meses llegó ella en la noche. Yo estaba solo porque mi esposa estaba fuera de la ciudad con los niños, venía a dejarme unos documentos para el trabajo y nos pusimos a conversar, tomando una copa de vino…

    Ella estaba muy guapa, un vestido formal, taco alto, pantys negros y yo sólo en pijama. Por la confianza que teníamos no había reparado en ese hecho ni ella tampoco.

    Nos tomamos unas copas, hablando de nuestras vidas, hasta que llegamos a lo sentimental, tema que para ella era complejo. Se puso triste por su mala suerte con los tíos. Yo le daba ánimos, le hacía ver lo guapa e inteligente que era y que ya llegaría la persona indicada.

    Como seguía triste decidí sentarme a su lado en el sofá, abrazarla para consolarla. Al cabo de unos minutos de sentirla cerca me di cuenta como mi cuerpo reaccionaba con una erección, que se notaba claramente en mi pijama.

    Ella al darse cuenta me queda mirando algo sorprendida y yo sin saber que decir, solo atino a decirle… “es por ti”… luego le doy un beso suave en sus labios, al cual respondió tímidamente y luego me dice “¿qué haces, estás loco?”, entonces le digo “¿acaso no te gustó?” y sin más palabras la besé de nuevo, beso que respondió apasionadamente.

    Nos besamos, nos acariciamos, la desnudé, acaricié y besé sus pechos, pequeños pero firmes, mordiendo suavemente sus pezones, arrancando suspiros en cada instancia. Bajé por su vientre y llegué a su vagina, prácticamente depilada por completo, besándola, sintiendo como se mojaba más y más… Sus gemidos aumentaban de intensidad hasta que me pide que la penetre.

    Sin pensarlo dos veces me puse sobre ella, tomó mi pene duro y lo llevó a la entrada de su vagina, guiándolo suavemente para luego comenzar un movimiento cada vez más fuerte. Nuestros gemidos eran cada vez más fuertes.

    Luego ella se puso arriba y puede ver su cara de placer, acariciar sus pechos, tomarla de las caderas para guiar el movimiento…

    Cuando ya sentía que iba a acabar, la avisé, no me había puesto condón (no tenia en casa), pero ella me dice que acabara dentro, que ella se cuida, lo que me excitó aún más… acabando muy rico y ambos prácticamente al mismo tiempo.

    Nos quedamos abrazados, en silencio. Sabíamos que lo que habíamos hecho no solo era una infidelidad, sino que algo prohibido.

    Juramos que no volvería a suceder, pero la realidad ha sido otra y hemos compartido mucho más juntos.

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  • Observada primero y follada después

    Observada primero y follada después

    Para empezar, quiero deciros que quiero mucho a mi marido. Lo que me sucedió fue algo totalmente imprevisto, algo que nunca hasta ahora me había decidido a contar y espero que algún día me perdone. Le fui infiel y no me arrepiento.

    Como habréis deducido soy una mujer felizmente casada desde hace más de veinte años Ahora tengo 46 años y la edad no perdona (aunque he observado que hay muchos seguidores de las mujeres maduras en este invento de internet). Mis pechos, bastante abundantes, hace tiempo que dejaron de mirar al frente, igual que mi trasero bastante ancho, pero aun firme. Soy muy morena de piel y tengo unos bonitos ojos marrones y el pelo corto. Estoy algo rellenita y tengo una frondosa mata de pelo que arropa mi conejito.

    A mis 37 y nunca le había puesto los cuernos a mi Gerardo, pero todo se fue al traste, como todos los viernes acudí a la feria que hacen en la capital de la provincia donde vivo. Un mercadillo de ropa y alimentación donde suelo comprar lo de la semana y conseguir algún vestido a muy bajo precio.

    En uno de los puestos elegí varios vestidos y un bikini que estaban bastante bien de precio los necesitaba porque me había citado con un amigo a culear en una playa, sería la primera vez que le pondría los cuernos a mi marido y a mí me iban a poner una buena verga en mi vagina, pese a ser tallas menores a la mía. Dudaba entre comprarlos o dejarlos para otra ocasión cuando el vendedor, un gitano de unos cuarenta años que regentaba el puesto junto a su mujer y sus hijos, me sugirió que podía pasar a la furgoneta y probármelos tranquilamente en su parte posterior.

    Como necesitaba el bikini para ese verano y era una autentica ganga, entré por la puerta de atrás y pasé a una especie de probador que tenían colocado en la furgoneta, bastante amplia y con una cortina que separaba la cabina de la parte trasera.

    A mi lado había un espejo, y comencé a desvestirme no sin antes asegurarme de que la puerta estaba bien cerrada y que nadie podía espiarme desde fuera.

    Cuando me quité el vestido que llevaba, noté que había una pequeña abertura en la cortina y un ojo observaba nervioso a través de ella. Era uno de los hijos de los dueños, un joven de unos 18-19 años, que al parecer había decidido darse una buena razón de vista esa mañana. Pensé en marcharme y formar un escándalo, pero algo en mi interior me frenó y seguí como si nada.

    Mientras me probaba el primer vestido una sensación extraña me invadió, y note como se me humedecía el coñito con la idea de pensar que alguien me estaba mirando y que estaba gozando con mi cuerpo.

    Decidí ofrecerle un espectáculo que no iba a olvidar fácilmente.

    Tras quitarme el vestido preparé el bikini para ponérmelo. A simple vista, una mujer como yo, en un bikini tres tallas menor no era fácil de introducir.

    En ese momento yo estaba en bragas y sujetador, y fui quitándome el sujetador, dejándolo caer hacía adelante mientras mis grandes tetas eran liberadas de su prisión. Lo dejé a un lado y me sopese los pechos hacía arriba, como había visto en alguna película porno que mi Gerardo solía ver los sábados por la noche, antes del polvo semanal.

    Después, me coloqué de espaldas a donde estaba mi joven voyeur y me fui bajando las braguitas dejándole ver una fantástica panorámica de mi culazo. Incluso me abrí un poco de piernas para que pudiera apreciar parte de mi prominente vulva peluda. Mmm, estaba muy mojada, y deje que un dedo recorriera mi rajita en un movimiento imperceptible para mi espía. Me abrí un poco más y dejé que el agujero de mi culito asomara entre la carne de mis glúteos.

    Me sentía como una perra, os lo aseguro, pero no podía contenerme. Me puse las dos prendas y me miré al espejo. El sujetador del bikini apenas podía retener mi masa pectoral, y mis pezones se salían de la tela, mostrando su dureza. En la parte de abajo, los pelillos de mi pubis marcaban escandalosamente el triángulo de la tanga blanca del bikini.

    De repente oí un gemido a mis espaldas. Descorrí (nunca mejor dicho) la cortina y me encontré con mi admirador.

    Estaba sentado sobre sus rodillas y aferraba su polla semierecta entre sus manos manchadas de semen. El chaval se había corrido a gusto mirándome e incluso alguna gota de su leche descendía por la cortina. Vaya potencia.

    -¡Serás pervertido! -le grité haciéndome la escandalizada.

    -Lo siento -gimoteaba el chico- nunca me había pasado.

    Aquello me hizo sentir halagada, lo había puesto tan caliente que no había podido contenerse y se había hecho una paja a mi salud, pero decidí seguir con el juego.

    -Por supuesto, cuando se enteren tus padres te vas a enterar. Incluso puede que te denuncie a la policía.

    El chico comenzó a ponerse pálido y a gimotear suplicando perdón, clemencia, que sus padres no se enteraran o le darían una paliza. El chico era joven, pero muy atractivo y su timidez me proporcionaba una perfecta coartada para mis planes.

    -Bueno –dije cambiando el tono– quizá haya un modo de reparar tu falta.

    Mientras decía esto me fui tumbado frente a él en el suelo de la furgoneta.

    -Ya que tú te lo has pasado bien a mi costa, ahora es justo que sea yo la que disfrute, ¿no?

    Y diciendo esto me fui bajando la tanga dejando mi peludo felpudo libre de toda presión. Con dos dedos me abrí mi húmeda rajita y esperé que el chico reaccionara. No tardó en reponerse de la sorpresa, y gateando se fue acercando hasta mi entrepierna, que estaba ardiendo, os lo juro, y pareció olisquear el material que le ofrecía. Me abrí aún más al notar su aliento en mi gruta.

    -A que esperas para comerme el coño, mi niño. Quiero que me lo dejes limpio.

    El chico pasó la punta de la lengua por mis labios vaginales y un espasmo de placer me traspasó la piel. Luego bajaba y subía su lengua, recorriendo la raja desde el ano hasta el clítoris.

    Parecía querer meterse entre mi almeja.

    Yo le cogía de la cabeza y lo atraía hacía mí mientras gritaba más y más y me sentía en el cielo. Mmm, solo de recordarlo me pongo húmeda otra vez.

    Tras un rato de lameteo sentí que necesitaba algo más entre mis piernas y haciéndole parar me acerqué a su polla para calibrar el material. Al menos 18 cm de carne semiflácida oscilaban entre sus testículos.

    -Estas muy bien dotado, cariño, -le dije mientras sopesaba aquella maravilla que estaba deseando tener en la boca.

    Dicho y hecho, me la introduje unos centímetros, solo el glande y pude notar como aún quedaban restos de su anterior corrida. Un semen dulce y poco espeso, muy diferente al que solía darme de beber mi marido. Me relamí y me la tragué hasta que noté sus testículos rozando mis labios. Luego comencé el sube y baja muy, muy lento, notando como su picha iba creciendo en mi boca y como cada vez me costaba más respirar y tragar aquella tranca de ensueño.

    Cuando noté que el chico estaba a punto de correrse por segunda vez, paré bruscamente.

    -Todavía no he terminado yo –le reclamé– no te correrás hasta que yo te lo diga. Asintió con la cabeza, mientras yo volvía a colocarme abierta de piernas frente a él, notando como el frío suelo de la furgoneta erizaba el vello de mis piernas y como mi esplendoroso culo se amoldaba a los huecos que había en la superficie.

    Luego me abrí todo lo que pude de piernas y le indiqué que se acercara. Agarré su verga, la más dura que nunca había tenido en las manos y la conduje a la entrada de mi cueva, rezumante de flujos que daban la impresión de que me había orinado encima. El chico fue introduciéndomela lentamente en mi interior y su cara reflejaba una mezcla de éxtasis y sufrimiento por tener que aguantar para correrse.

    -Fóllame, cabrón. Quiero correrme en tus cojones. Rómpeme el coño.

    El chico no se hizo de rogar y comenzó a bombear con fuerza y el sonido de los caldos de mi coño entre su polla (un chop, chop escandaloso) me ponía aún más excitada si cabe. Cada clavada me hacía ver las estrellas y le clavaba las uñas en la espalda mientras él se aferraba a mis tetas como un bebe. Mordía y chupaba al ritmo de la cabalgada que me estaba dando. Nuestras piernas enlazadas, enredadas en sexo.

    Yo le decía obscenidades en la oreja a fin de provocarlo aún más.

    Lindezas del tipo de “te voy a enseñar lo que es una puta de verdad”, “te voy a dejar la polla tan seca que no te vas a poder correr en una semana”, “clávale bien a tu mamaita esa polla tan hermosa que tienes”.

    Mientras profería esas barbaridades le amasaba los huevos o le llevaba a la boca los líquidos que chorreaban entre los pelos de mi coño, a lo que él correspondía limpiándomelos sin demora.

    Sentí que me iba a correr como nunca antes y le apreté el culo contra mí y le ordené que se corriera ya, que llenara a su puta con toda la leche que tenía en los huevos, tenía más de diez minutos de bombearme ricamente la vagina.

    Entre las fuertes contracciones del orgasmo, noté como un chorro de semen ardiente me quemaba las entrañas y me dejaba sin respiración, parecía el chorro de una manguera a presión. Parecía no acabar nunca de soltar leche y tuve que introducirle mis bragas en la boca para evitar ser descubiertos por sus alaridos de placer.

    Los dos nos quedamos unos instantes uno dentro del otro, mirándonos a la cara como dos chiquillos y le llevé mis tetazas a sus labios para que calmara su ansiedad. Mis pezones, duros como granito, recibieron su lengua que poco a poco fue regodeándose entre el semen y los flujos con los que mis manos untaban mis senos. Nos quedamos medio adormilados y al rato me saqué la polla, ahora flácida, del coño y me vestí, no sin antes pasarme las bragas por entre las piernas, limpiando el sexo de leche y demás fluidos y se las dejé al lado de mi amante, saliendo sin despertarlo.

    Al salir le entregué los vestidos al padre del chico y le dije que ninguno me convencía, pero que volvería otro día a ver si había más suerte.

    El hombre sonrió y mirándome descaradamente, me saludó y me guiñó un ojo, haciéndome un gesto de que tenía algo en la mejilla.

    Me llevé la mano a la cara y recogí una gota de semen que se escurría cerca del labio. Sonreí y recogiendo la gotita me la llevé a la boca, el gitano me dijo que yo estaba muy guapa y había visto la cogida que me acababa de dar y por eso me iba a regalar un baby doll, pero se lo tenía que modelar dentro de la furgoneta, me hice rogar, pero al fin acepté para ver la cara que pondría cuando me viera con esa prenda puesta.

    Abrí la puerta y entramos, lo hice que se pasara al otro lado de las cortinas, ya el muchacho se había marchado para la casa muy contento con la cogida que me había dado, me puse el baby doll de color morado tanga hilo dental que solo tenía un pequeño triángulo adelante que tapaba poco la mata de pelos y detrás la tira se perdía en la hendidura de mis nalgas, el brassier dejaba ver bastante de mis grandes tetas y solo tapaba la zona de mis pezones.

    Le dije que pasara para que me observara pero que no tocara, se quedó admirado de ver mi hermoso cuerpo a pesar de mi edad, 37 en ese momento, me dijo que tenía muy lindas piernas y unas ricas nalgas, que mis tetas eran muy hermosas y desearía estar mamándomelas en ese momento, se quedó observando la tanga por enfrente y me dijo que se me veía muy rica mi abultada vagina para meterle su verga, me di vuelta y de espaldas quedaban mis nalgas al aire completamente ya que solo era una tira delgada la que las separaba.

    Me pase las manos sobre ellas y le hice unos movimientos como si tuviera una verga bien metida en mi vagina y le hice unos paso de modelo para que observara el vaivén de mis hermosas tetas, me paré frente a el y le sopese mis tetas hacia delante, le di la espalda y le hice movimientos circulares con mis nalgas y movimientos hacia delante como si estuviera otra vez culeando, eso lo puso a mil y se me acercó por la espalda apretándome contra él y pude sentir su grueso fierro apretado a mis nalgas.

    Yo sentía las ganas de tener metida esa verga en mi vagina, pero todavía no lo podía dejar que me culeara, quería sentir más placer de ser deseada, le rogué que me soltara que yo no quería culear más, que yo solo lo iba a dejar verme sino pediría ayuda a su mujer para que lo sacara del probador, el me rogó que no, que quería también disfrutarme, y más me restregaba su verga en mis nalgas y comenzó a acariciar mis tetas lo cual me puso más excitada, yo siempre me estuve haciendo la rogada que no quería pero no era así, deseaba tener esa verga bombeándome mi vagina.

    Él logra darme vuelta y quedo frente a él y me estruja las tetas contra su pecho y con una mano me recorre mi espalda y llega hasta mis nalgas y me las comienza a acariciar y apretarme contra el para que sienta su verga, me libera un poco y se inclina a mamarme las tetas lo cual hace que yo comience a gemir y tener un orgasmo que me pone toda mojada, ya no le opongo resistencia y se inclina y me da una buena mamada de vagina y de clítoris que me hace estremecer.

    Se levanta y yo le tomo con mis manos su verga sobre el pantalón y siento que esta está casi reventando por salirse, le meto la mano y se la saco y noto que la tiene más gruesa que la del muchacho y la de mi marido, me quedo pensando en que no la voy a resistir, pero ya no me puedo echar para atrás, el animal ya está alborotado y si le digo que no me toma por la fuerza y me va a hacer más daño.

    La gran verga está en su máxima erección, estamos de pie, me separa un poco el hilo dental y me la acomodo en la entrada de mi vagina, el me la hunde poco a poco, yo comienzo a gemir donde me va entrando, siento que mi vagina se me parte en dos y mis labios vaginales se ven como si le estuvieran dando un beso al animalote, me la logra meter toda y poco a poco comienza el vaivén suavemente y conforme se lubrica su verga agarra el paso más rápido haciéndome disfrutar de una buena verga.

    Ya cansados me acuesta en el piso de la furgoneta, me abre bien las piernas y poco a poco me introduce su verga nuevamente y siento donde me inunda toda mi vagina, estoy gimiendo de placer, esta se resbala ricamente por la lubricación que le dan mis jugos vaginales, estamos así por diez minutos y logro sentir donde me va a disparar su semen dentro de mi vagina y lo aprieto con mis piernas para que su verga este toda dentro de mí, él quiere retirar su verga de mi vagina y yo le digo que no tenga miedo porque yo ya no puedo quedar embarazada, por eso lo dejé cogerme sin condón, porque culear con eso es como comerse un banano con todo y cáscara, quiero sentir todo su semen dentro de mí y no se escape ninguna gota, me llena toda.

    Cuando terminamos y retiro su verga de mi vagina le doy un gran beso y que pronto voy a regresar para que me den otras buenas culeadas, mientras me quito el baby doll él me está dando una buena mamada de tetas lo cual me pone nuevamente excitada y me coloca en cuatro patas y nuevamente me deja ir su verga a lo más profundo de mi vagina, la cual siento enterita dentro de mí, me bombea cada vez más rápido jadeando de la excitación y a los pocos minutos de sus embestidas me dispara nuevamente su semen en lo más profundo de mi ser.

    Son las mejores culeadas que me he podido dar, me desconecta su gran verga de mi vagina y me incorporo a ponerme mi ropa, me limpio mi sexo con el baby doll para dejarlo impregnado de olor a sexo, le digo que la próxima semana regresaré a medirme más ropa y me dice que ese día va a atender un amigo y que también me puede mostrar ropa interior y me la pruebe con el sin ningún problema, que también me deje culear de él, tocan la puerta de la furgoneta.

    Abrimos y es su mujer que le pide campo porque ahora ella le tiene que mostrar ropa interior a un hombre al cual yo lo observo de arriba abajo y está muy buen tipo y se le nota un buen bulto, él me dice que ahora le toca el turno a su mujer, esta cierra la puerta, mientras me despido y me pongo de acuerdo para la próxima cogida, se comienza a mover la furgoneta y al poco rato se escuchan los gemidos y quejidos de su esposa y el cliente, esta le pide que le de toda la verga que ella la aguanta, que le de toda la leche adentro y nada afuera.

    Yo me marcho dándole un beso en la mejilla al esposo y el me toca mis tetas diciéndome que la próxima cogida será mejor y con más tiempo y serán tres hombre solo para mi vagina, mientras abandonaba el mercadillo contenta y pensando en el futuro tan excitante que la familia de gitanos me podía ofrecer y seguir culeando con mi marido durante los fines de semana para no perder la costumbre.

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  • Mi comadre Isabel y su hermoso trasero

    Mi comadre Isabel y su hermoso trasero

    Mi comadre Isabel es una mujer hermosa de 37 años, pelo rizado largo, ojos negros, 1.60 de estatura, senos grandes con unos pezones rosaditos suaves, muy buenas piernas con una cintura que realza su culo bien formado, llama la atención de cualquier hombre precisamente eso es lo que me ponía cada vez que la miraba.

    En una ocasión serian alrededor de las 8 de la mañana cuando iba conduciendo hacia mi trabajo recibo una llamada de mi comadre pidiéndome ayuda porque su calentador no encendía, quería bañarse para ir a atender unas asuntos continúa diciéndome que se atrevía a pedirme el favor porque mi compadre Justo no estaba, había salido de la ciudad y regresaría en la noche.

    Como paso cerca de su casa cuando voy al trabajo le comenté que no había problema que en unos minutos llegaría a su casa, así fue llegue a su casa rápidamente me acerco a su puerta, pero al tocar veo que está entreabierta y escucho la voz de mi comadre indicándome que pasara, ya en la sala ella se aparece con una camiseta larga que le llegaba a media pierna, sin sostén y el pelo recogido.

    Ya la había visto en traje de baño en varias ocasiones, pero esta vez despertó en mi algo más, nos saludamos de beso al estar cerca de ella veo sus senos con los pezones erectos ella se da cuenta dándose la vuelta me dice ven compadre por acá está el calentador, al darme la espalda veo su trasero fijándome como se mueve al caminar, yo iba con mi imaginación a todo lo que daba.

    Llegamos al patio me muestra el calentador y giro la perilla para resetearlo, le pido unos cerillos para encenderlo ella me los pasa, cuando lo enciendo le digo “listo comadre”, pero veo que su mirada está en mi entrepierna, me pongo rojo de pena porque la traía a media asta y ella sonríe, le digo “comadre me retiro”, “no te vayas compadre te invito un café para darte las gracias por venir ayudarme”. Le digo que no es necesario, pero ella insiste así que pasamos a la cocina, pone la cafetera me comenta que “mientras se hace el café voy a darme un ducha” continua diciendo “regreso enseguida ponte cómodo compadre”, veo que se mete al baño.

    Tiene una casa chica la puerta del baño da a la sala, escucho el sonido del agua de la regadera, yo estaba bien empalmado imaginándola desnuda bañándose, no sé de donde me salió acercarme a la puerta del baño dándome cuenta que estaba entreabierta con cuidado la empujo un poco permitiéndome ver el culazo de mi comadre enjabonándose, eso hizo que mi verga se pusiera dura, estaba nervioso pensando que me iba a ver y me haría un escándalo mundial, pero me gano mas el morbo y la excitación, me sobaba la verga por encima del pantalón viendo como lucia su cuerpo bajo el agua de la regadera.

    En eso voltea hacia la puerta diciéndome “pasa compadre te estaba esperando”. Puta madre me quedé de una pieza, primero porque sentí que se me caía el mundo cuando me pilló y segundo porque al escucharla sabía que no había vuelta para atrás.

    Entro al baño mientras ella cierra la llave de la regadera, seca su cuerpo mientras yo estaba tragando saliva sin poder creer lo que estaba sucediendo sale envuelta en la toalla, me mira diciendo “esto querías ver” dejando caer la toalla al piso mostrándome todo su cuerpo desnudo. Indudablemente tenía un cuerpo hermoso, acercándome a ella la tomo de la cintura acercándola a mi cuerpo dándole un beso ansioso lleno de calentura, mis manos recorrían su cuerpo desnudo tocando cada centímetro de su piel haciéndola gemir, besaba sus pezones pasando mi lengua por sus aureolas, bajo mi mano para sentir su conchita que ya estaba mojada por sus flujos haciéndola gemir con mayor intensidad.

    Me agarra la mano diciéndome “vamos al cuarto para estar más cómodos”. Al entrar a su cuarto me quita la camisa, el pantalón con todo y bóxer dejando a su vista mi verga bien parada, la toma con su mano y empieza a moverla despacio sin quitar su vista de mi capullo, con su lengua recorre todo el tronco, me chupa los huevos, nuevamente lo recorre hasta poner sus labios en la cabecita chupándola mientras movía su lengua, que rico mama la verga mi comadre me tenía a punto de soltarle la leche en su boca, pero yo lo que deseaba era cogerla.

    La tomo del pelo suavemente indicándole que se levantara al hacerlo la beso en su boca mientras la voy recostando en la cama, beso su cuello, paso mi lengua por sus orejas haciéndola gemir, bajo lentamente alcanzando sus ricos senos y me dedico a lamerlos, chuparlos, besarlos hasta que poco a poco voy bajando por su vientre acercándome a su conchita que emanaba un aroma de mujer caliente, paso mi lengua por sus muslos, sus ingles hasta que desesperadamente me pide cómeme de una vez quiero sentir tu boca en mi conchita.

    Empiezo a pasar mi lengua por toda su rajita, con mis labios atrapo sus labios genitales y los chupo, le meto la lengua en su raja haciéndola gritar, con mi lengua bien lubricada por sus propios jugos hago círculos en su clítoris, le meto dos dedos en su concha excitándola a madres me pide que siga así, me pide que no deje de hacerlo mientras ella mueve su cadera agarrando mi cabeza la pega a su conchita desesperadamente teniendo en ese instante un orgasmo tan intenso que con su cuerpo temblando me llena la boca con sus jugos.

    Me pongo encima de ella besándola en la boca tomo sus piernas, las abro para ir penetrándola despacio mientras ella me decía “que ganas de que me cogieras compadre lo he soñado muchas veces”. Eso me incitó mas a penetrarla con fuerza y más rápido, ella gimiendo me pedía “¡dame más duro compadre!”.

    Hasta que veo que su cara se desfigura de placer y tensando su cuerpo grita “me vengo otra vez papi” soltando nuevamente sus jugos dejándome la verga bien mojada, sacando mi verga de su concha le doy vuelta poniéndola en cuatro con el culo parado la penetro nuevamente mientras ella gemía escandalosamente y lanzando palabras decía, “así cógeme duro compadre”, “acábate mi concha quiero sentir tu leche ahí adentro cabrón”.

    Fustigado por sus palabras viendo el culo de mi comadre bien ensartado por mi verga hicieron que soltara toda la descarga en su vagina mientras ella tenía otro orgasmo, sus flujos le escurrían por sus muslos, le saco la verga para apreciar ese delicioso trasero, sus piernas temblaban, dejándose caer en la cama gira su cuerpo y con una cara de puta satisfecha me dice “mira como me dejaste compadrito” mostrándome la mano mojada después de pasarla por su concha.

    En eso recibo una llamada de la oficina al colgar le digo a mi comadre, “el deber llama” voy al baño a lavarme mientras ella se pone la camiseta que traía puesta, nos despedimos sin haber probado el café, ella se quedó con la leche en su conchita.

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  • Con mi hermana

    Con mi hermana

    Ayer al finalizar tarde llamé a mi hermana para preguntarle que si sabía algo de mi mama porque yo no le había podido hablar, ya que ella se quedó en otra ciudad a raíz de un incidente familiar. Mi hermana me respondió que no, pero que si quería fuera al apartamento de ella para llamarla desde allí y así conversábamos los tres. Me fui directo a su apartamento, al llegar me recibieron mis 3 sobrinos, como siempre con mucho cariño, y luego salió mi hermana que se había recostado a descansar. Nos saludamos como de costumbre con un beso en la mejilla y conversamos de todo un poco. Llamamos a mi madre y conversamos con ella.

    Como hacía mucho calor decidí bajar a comprar algunas cervezas para refrescar la tarde y guardarle unas frías a mi cuñado cuando regresara de trabajar.

    Al subir mi hermana se estaba bañando, metí las cervezas en el refrigerador y se senté en el sofá a leer una revista que está allí. Hasta ese momento todo estaba bien.

    Cuando miraba la revista apareció una publicidad de “Yahoo!” e inmediatamente vino a mi mente “Maby” una chica de una web porno y comencé a recordar todos y cada uno de los mensajes que nos hemos enviado, sentí que mi pija se levantaba y que estaba algo excitado. Como estaba en casa ajena cambié mi pensamiento y decidí escuchar música. Mis sobrinos estaban cada uno en su cuarto. Maby regresó a mi mente y me trajo una morbosa idea.

    Fui a la cocina a buscar una cerveza y decidí llevársela a mi hermana que ya había salido del baño y se encontraba en su cuarto. La puerta estaba cerrada pero no ajustada. Respiré profundo y entré sin avisar, del susto y la sorpresa la toalla que tenía mi hermana cayó piso, rápidamente se agachó y la recogió. Le pedí disculpas por lo sucedido, pero le dije que se quedara tranquila porque total yo era su hermano. Eso la tranquilizó.

    Le pedí permiso para ver un poco de TV mientras ella se vestía y le dije que se olvidara que yo estaba allí. Ella se puso de espaldas a mi con su toalla alrededor de su cuerpo, solo podía ver sus enormes muslos y esporádicamente el borde se sus nalgas. (Mi hermana tiene 40 años, se ve muy conservada, es morena, tiene un lindo rostro, cabello negro largo y una muy buena figura).

    Como ella estaba frente al espejo el reflejo dejaba ver sus hermosas y provocativas tetas, talla 36, firmes y con sus largos pezones parados, mientras yo me hacia el disimulado, pero aquella imagen ya me había trastocado los sesos, mi pija ya estaba totalmente parada y comenzaba a brota el líquido seminal, lo sentía, creía que iba a reventar la cremallera, decidí salirme de su habitación.

    Me dirigí a la cocina a buscar otra cerveza y regresé de nuevo al cuarto, como mi hermana pensaba que yo no entraría de nuevo estaba totalmente desnuda, cuando entré quedé boquiabierto al todo su hermoso cuerpo y le pedí que no se preocupara por mí, pero yo no pude contener mirada morbosa y fijé mis ojos en su concha, estaba peluda y le comenté que si no se depilaba, ella se sonrojó y me dijo que no, y que le daba pena que la viera, pero la tranquilicé de nuevo recordándole que yo era su hermano.

    Para suavizar la cosa le comenté que a pesar de su edad tenía un hermoso y provocativo cuerpo y que seguro era la envidia de muchas mujeres y el deseo de muchos hombres, aproveché para decirle que yo estaría muy orgulloso si mi esposa tuviera un cuerpo parecido al suyo.

    Ante aquel espectáculo y para no cometer una locura decidí salirme definitivamente. Me senté nuevamente en el sofá, pero el pensamiento morboso no me dejaba concentrarme en nada, fue cuando entonces decidí hacerme una paja.

    Me metí en el en baño de visitantes, que tiene el cerrojo dañado, bajé mis pantalones hasta al piso y comencé a empalmarme la pija, estaba gruesa, grande, caliente y totalmente lubricada por la cantidad de líquido que había brotado por la cabeza, lo sobaba lentamente pensando en la concha de mi hermana, en chupársela, en mamarle los pezones, mi cuerpo se estremecía cada vez que la recorría con mi mano, tenía los ojos cerrados, pero repentinamente sentí que alguien espiaba, estaba en lo cierto, era mi hermana que me miraba a través de la entrepuerta.

    Me sorprendió y deje de pajearme (nunca antes nadie me había pillado), pero ella muy tranquilamente entró al baño ajustó la puerta y me pidió que continuara porque nunca había visto a un hombre masturbándose y que le producía mucha curiosidad y morbo pensar que era porque la había visto desnuda. No dudé en hacerlo, volví a agarrar mi pija ahora mas caliente y aceleré el ritmo hasta hacer brotar toda mi leche caliente. Mi hermana me miró fijamente, sonrió y se salió del baño.

    Yo me quedé allí parado, me sentía como un imbécil, pajeado, con mi mano llena de semen sin saber que hacer, luego reaccioné, me limpié y salí a tomarme otra cerveza. Estaba tembloroso, aturdido, pero a la vez seguía excitado. Pero algo dentro de mí me decía que eso no era correcto, que no estaba bien.

    Entre nuevamente a la cocina y mi hermana estaba preparando la cena, no me hizo ningún comentario. Yo le dije que me marchaba, pero ella me pidió que antes le hiciera unas compras en el supermercado. Salí inmediatamente y decidí bajar por las escaleras desde el piso 12, para ver si caminando me podía despejar. Hice las compras y caminé un rato, logré estabilizarme y regresé, al llegar me encontré con mi cuñado que había llegado del trabajo. Le dije que me marchaba, pero se negó a dejarme salir.

    Conversamos mientras nos tomamos las cervezas, luego cenamos, vimos en TV un juego de béisbol de la liga local, escuchamos algo de música y fuimos a dormir.

    A mí me tocó dormir en el cuarto de mi sobrino, estuve toda la noche pensando en lo sucedido, hasta que me quedé dormido.

    Esta mañana cuando eran las 7.30 am, mi cuñado nos despertó a todos porque él y mi sobrino tenían que ir a un torneo de tenis y quería que lo acompañáramos. Yo le dije que no podía porque tenía otras cosas que hacer y mi hermana le comentó que ella prefería quedarse haciendo arreglos en la casa.

    Desayunamos, los deportistas se fueron y se llevaron a mi sobrina quien también practica el deporte.

    Nos quedamos solos y mi hermana me sugirió que me bañara, mientras se secaba la camisa que me había lavado y me pidió mis medias y calzones para lavarlos también. Acepté porque ya no me daba tiempo de regresar a casa a cambiarme.

    Mientras me bañaba estuve a punto de pajearme nuevamente, pero me contuve para llegar a casa y cogerme con todas las ganas que tenía a mi esposa.

    Salí de la ducha y me metí en la habitación de mi sobrino y me acosté en su cama, con la toalla sobre mi cuerpo, a esperar que secara mi ropa, pero como estaba algo trasnochado me quedé dormido profundamente.

    Al rato sentí un movimiento extraño en la cama y ¡sorpresa!

    Era mi hermana que había entrado sigilosamente y estaba arrodillada en un costado de la cama y había levantado mi toalla y se llevaba mi pija a su boca, comenzó a succionarla suavemente, con su boca tibia, le pasaba ligeramente su lengua por la cabeza, mantenía sus ojos cerrados, la agarraba con sus manos cuidadosamente como si fuera un trofeo de cristal, fue acelerando el ritmo y yo estaba como loco, jadeando, diciéndole lo rico que lo hacía, me lo mamó, me lo chupó, me lo lamió, me lo pajeó hasta hacerme acabar.

    Con mi leche entre sus dedos los metió en su boca, dejando ver los hilos de semen chorreaban entre sus manos y en sus labios. Se acercó a mi cara y me dio un tierno beso en mis labios y me dio las gracias.

    Como yo estaba a mil, la tome entre mis brazos, la acosté en la cama y me bajé a su concha, quite sus bombachas y me metí entre esa nube de pelos para encontrar su clítoris, y comencé a lamer lentamente su concha mientras sentía su cuerpo estremecer, pidiéndome que acelerara el ritmo con mi lengua, pero yo estaba sumergido en su concha chupando y tragando aquel viscoso líquido que brotaba del interior de su vagina.

    Cuando sentí que su cuerpo reclamaba a gritos un orgasmo, me acosté en la cama y le pedí que se sentara arriba de mi, en mi cara, desde esa posición comencé a mover rápidamente mi lengua entre su concha y su culo, ella se movía como si estuviera cabalgando hasta que me agarró por los cabellos y comenzó a convulsionar de placer, estaba acabando, coloque mi boca en toda la salida de su concha para no dejar escapar nada de su rico néctar.

    Cansada de la acción se bajó y se recostó a mi lado, de espaldas, dejando la posición ideal para que la abrazara y le agarrara sus tetes. Estuvimos acostados como 1 hora, sin hablar, luego nos paramos, nos duchamos cada quien en su baño, nos vestimos.

    Luego hablamos un poco del tema y mi hermana me pidió que la disculpara y me confesó que no lo había planeado, que sólo había entrado a la habitación de mi sobrino y cuando me vio allí acostado se apoderó de ella un deseo incontrolable y que sumado a lo que había visto el día anterior, hizo que no lo pensara antes de hacerlo. Pero que honestamente lo había disfrutado, pero que esperaba que no se volviese a repetir.

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  • Mi amante maduro

    Mi amante maduro

    ¡Hola! Espero se encuentren muy bien, en esta ocasión les contaré de como fue la relación que tuve con una persona mucho mayor que yo, alguien que siempre fue muy caballeroso, pero a la vez muy apasionado.

    Es con la persona que más había tenido relaciones después de mi esposo hasta ese entonces les hablo de hace 5 años más o menos hacia acá en los que realmente me volví más puta, he tenido amantes de ocasión, ocasión que yo sola he creado y que no la tengo con cualquiera, hasta eso, soy selectiva en ese ámbito, el de coger.

    Mi anécdota empieza hace aproximadamente 8 años, cuando yo comienzo a trabajar en una empresa llamada Tiendas Garcés, ahí conocí a mi es mejor amiga Susana con la cual mi esposo me puso el cuerno, y esta situación fue el detonante para que yo también me convirtiera en infiel, claro; ojo por ojo, diente por diente.

    Mi gerente en esa empresa se llama Manuel, muy atento siempre, en la entrada nos recibía al momento de ingresar siempre con una sonrisa y relajiento como él solo podía serlo.

    A mí me llamaba mucho la atención, un hombre canoso, de bigote a veces y barba cerrada otras, el que se me acercará me ponía muy nerviosa y más porque decían que cuando te agarraba de bajada te despedía. Un día entre a su oficina me mandó llamar por unos etiquetados de producto que se hicieron mal, solamente me pidió que fuera más observadora con mis compañeras porque yo estaba a cargo de ellas, comenzamos a platicar de la situación y de un momento cambio de tema. Comenzó a hacer preguntas de índole personal referentes a mi familia, no me pareció raro y seguimos charlando, ese fue mi primer acercamiento con él.

    Pasaron los días y hasta meses hasta que de nueva cuenta me mandó llamar a su oficina, la excusa fue muy tonta: ¡porque estaba tomando agua en horas laborales! Al igual que la vez pasada comenzamos charlando del trabajo y terminamos hablando de nosotros, pero ese día fue algo diferente, me tomo de la mano y me dijo que le gustaba, yo me asuste, la verdad fue algo que no me lo esperaba a lo que le dije que estaba casada y que él también, solamente me dijo que lo pensara que no íbamos a hacer nada que yo no quisiera, me retire indignada de la oficina, aún no explotaba más mi sexualidad como hasta ahora.

    Yo aún no sabía de las infidelidades de mi esposo con mi amiga, de lo contrario tal vez hubiera aceptado porque al ser mayor me parecía interesante como persona y muy atractivo como hombre.

    Paso el tiempo, descubrí las infidelidades de mi marido y Aldo, mi amigo me convenció de ser infiel, ya ustedes también lo leyeron y si no busquen en mi perfil.

    Al pasar el tiempo y salir de la empresa, obviamente tenía que regresar algún día para comprar y así fue. Regrese y el día que lo hice me tope con él, me saludo de beso y me dijo que me veía radiante, guapa, en fin, que me había sentado muy bien el ser maestra. Me puse muy nerviosa y en ese tiempo yo ya sabía lo que era ser infiel así que siendo sincera, después de ese encuentro ya iba digamos hasta 2 veces a la semana con la intención de topármelo y verlo, en ocasiones así era, nos encontrábamos en los pasillos, platicábamos, reíamos, chismeábamos, en fin.

    Hace 7 años aproximadamente en el 2017, nos saludamos, ese día ya siendo maestra y ejerciendo mi profesión iba arreglada, hasta podría decir que provocativa, cuando otras ocasiones iba hasta de pants o ropa deportiva, y siempre me chuleaba, pero tocó el día que nos volvimos a ver y para mí suerte iba con tacones, mezclilla ajustada y una blusa escotada de la espalda. Cuando nos vimos se acercó, dejó de hacer lo que estaba haciendo él, me saludo y yo también, me halago físicamente hablando e intercambiamos números, yo ya había cambiado el que tenía cuando trabajaba con él.

    Comenzamos a enviarnos mensajes amables, recordando tiempos de trabajo hasta que me recordó el día que me ofreció “tomar el café” le dije que había sido una lástima que no hubiera insistido a lo que me propuso “tomar ese café”, así que me invito de nuevo y yo accedí, tenía ganas de no solo tomar el café, también de lo que se pudiera dar.

    Salimos un par de veces al café, siempre muy atento, caballeroso, me trataba como una dama, dama que quería ser su pu… Me abría la puerta del auto, se levantaba al yo ir al baño, pagaba las cuentas, me abría la silla, pero aún no me abría las piernas.

    Cierto día me invito a ir al cine, pero en otra ciudad que está a 40 minutos de aquí de dónde yo radico, acepte. Al estar afuera del cine cambió la proposición, me dijo que fuéramos a tomar un trago, yo acepte sin pensarlo, fuimos a un bar, pidió el VIP que era una terraza para nosotros solos, pedimos la bebida, charlamos y comenzaron las caricias.

    Comenzó con una caricia en la mejilla, siguió tomándome las manos y al último me acariciaba la pierna. Yo, llevaba un vestido y zapatillas, estando sentados yo también acaricié sus mejillas y siendo sincera hasta un besito le di en ella.

    Aumentaron las caricias a un pequeño faje, me tocaba los pechos, yo le agarraba “el bulto” por encima del pantalón, note su erección y el notaba mis pezones. Paso el tiempo rápido, eran las 8 pm aproximadamente cuando me propuso que fuéramos a un lugar más tranquilo, no me negué y accedí.

    Fuimos a un motel, pero ya de regreso a mi ciudad, ya que llevábamos auto, además de que hay mucha más discreción que en un hotel. Al llegar al motel comenzamos a besarnos como locos, la verdad jamás nadie me había besado así hasta ese entonces más que mi marido, me besaba entre apasionado y desesperado, la verdad le ponía mucho ímpetu a sus besos. Lo empecé a desnudar, quite su camisa, el pantalón y así lo deje sin nada que cubriera su cuerpo y su abultado abdomen.

    Me bajo el vestido de arriba y comenzó a besar mis pechos, mientras lo hacía yo solamente observaba la erección sin que me dejara tocarlo siguió besando mi cuerpo, bajo hasta mi vagina y comenzó a lamer, metió un dedo y yo gemí, me preguntó si me dolía y lo negué, siguió lamiendo mientras metía sus dedos, le pedí que metiera otro y así fue, pero no sin antes darle pequeñas succionadas a mi clítoris, así es, ya tenía 2 dedos dentro de mi vagina, llegó el momento que le pedí otro dedo, hasta tener 3, sentía como me mojaba, como escurrían mis jugos entre sus dedos y mientras seguía chupando mi vagina, le pedí que me diera a probar su pene y me lo negó, dijo que aún no era tiempo.

    Siguió metiendo sus dedos y lamiendo hasta que no aguante y explote, me vine en su boca, mis jugos salían de mi vagina mientras el disfrutaba verme retorciendo de placer.

    Sacó sus dedos y me arrodilló frente a él, le dije que si podía grabar lo que le haría pero con mi teléfono si no, no, me grabó dándole el sexo oral de su vida, me arrodilló y comencé a lamer su pene desde arriba hasta abajo, chupando sus testículos, metiendo su cabeza dentro de mi boca, me pidió que con mis pechos le hiciera una rusa y así fue, me pego con su pene en los pezones para después colocarla entre ellos los cuales yo ya los tenía apretados y juntos, movía su cuerpo mientras yo observaba como su pene se movía entre mis pechos, la saco de entre medio de ellos y proseguí chupando.

    Sentía como se ponía dura y él como me tomaba de la cabeza para meterla toda, me excitaba muchísimo el pensar que le estaba haciendo infiel a mi marido nuevamente, me puso a mamar su pene y lo hizo hasta sacar lágrimas de mis ojos y se me corriera el rímel, le gustaba y a mi más.

    Acto seguido me subió a la cama y me puso en 4, me metió su pene sin condón y lo disfrute, gemía al sentir sus movimientos, al sentir como entraba y salía ese pedazo de carne jugoso, mientras me cogía estaba tan excitada que le pedí que me la metiera por atrás, que me cogiera por el ano, acto seguido me saco su pene y comenzó a realizarme el beso negro, lamio mi ano, lo chupaba con desesperación, mientras lo hacía metía uno de sus dedos en él, luego fueron 2 hasta que me dilato, acto seguido me la metió, primeramente no se acomodaba, por lo que me causó dolor.

    Él se dio cuenta, pero me dijo que así le gustaba tratarme, con dolor, y como si fuera una pu…, no le dije nada siguió metiendo su pene, era un dolor y placer inmenso, hasta que se acomodó dentro de mi ano y ya no era dolor, solamente placer, placer que hasta el momento solamente había sentido con mi marido.

    Me encantaba tanto que seguimos así, me embestía mientras yo agachada solamente mordía la almohada del placer que me causaba, con una mano me nalgueaba mientras con la otra grababa como me la estaba metiendo, hasta que se vino en mi ano, me avisó que venía su leche y así fue, sentía como su leche escurría hacia afuera.

    Pensé que ya había sido todo, sin embargo, mi sorpresa fue que cuando saco su pene de mi ano aún tenía una erección bastante firme no se bajaba, lo tome en mis manos y me di cuenta que aún estaba duro, así que me voltee y le abrí las piernas, se arrodilló en la cama y me la metió, mientras le abría mis piernas demasiado para recibir su pene, la verdad su erección me sorprendió, parecía que no se hubiera venido una vez.

    Cuando estaba abierta de piernas se recostó sobre mí, dejo el celular de lado y comenzamos a besarnos.

    Tomo mis piernas y así sobre mí las tenía en sus hombros, sentía dolor en mi vientre ya que estaba muy abierta pero el placer de tener su pene dentro era más, se paró y se arrodilló de nuevo, me puso acostada de lado y se metió de nuevo, sentía un placer increíble yo le pedía que no parará, que siguiera y él así lo hizo no paraba más que para tomar aire y acomodarse, le pedí que me la metiera de nuevo por atrás (en lo personal me encanta el sexo anal) así que lo hizo así como estaba tomo una de mis piernas, la colocó en su hombro y la metió.

    Era delicioso el sentir de nuevo y más así como estaba yo llena de leche, no le dio asco al contrario lo excitaba eso aún más, mientras se movía y yo me tocaba los pechos, decidí tocar mi vagina, era una sensación de placer única.

    Me la sacó y se acostó, me dijo “móntame” iba a quitarme el vestido que tenía por cierto en el abdomen enrollado cuando me dijo “así vestida”, se recostó y le di la espalda, me pidió que le pasara mi celular para seguir grabando, así que se lo di; después tome su pene con mi mano y lo metí en mi vagina, comencé a moverme cuando sentí el venir otro orgasmo mío, me dijo que parara sin embargo no lo hice, lo seguí cogiendo mientras sentía como se acercaba mi orgasmo, al momento de seguirme moviendo comencé a escurrir con mis jugos, ya había llegado mi clímax.

    Lógicamente gemí y grite al sentir como mis contracciones vaginales apretaban su pene, deje de moverme pero él al contrario me siguió cogiendo, se seguía moviendo y me decía “cógeme pu…” “siente mi ver…” “Eres toda una pu…” era una lluvia de palabras sucias excitantes de su parte hacia mi mientras ambos nos cogíamos, a veces volteaba a verlo y el seguía grabando así seguí moviéndose y dándome sentones en su pene hasta que él terminó por segunda ocasión, sentí como explotó dentro de mí, como su leche disparada dentro de mi vagina escurría en mí.

    Así estando arriba de él recuperando el aliento me dijo que tenía miedo de engancharse mucho conmigo, solamente guarde silencio, nos acostamos, y comenzamos a intercambiar palabras acerca de lo que había pasado y acerca de nuestras expectativas de una relación así esporádica, nos dio casi la media noche cuando decidimos retirarnos del lugar, me acerco a un taxi mientras él tomaba camino a su casa.

    Fue una de las mejores cogidas de mi vida pecaminosa y aún estaba comenzando mi relación con él, la cual duraría muchos tiempo e inclusive me hizo dudar de mi amor por mi esposo e hijos.

    Espero les haya gustado, y como siempre me dejen sus comentarios. Un saludo y espero contar con ustedes la siguiente semana.

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  • Mi experiencia sexual en la cárcel (1)

    Mi experiencia sexual en la cárcel (1)

    Voy a contar mi experiencia sexual con un preso en la cárcel. En realidad, con tres presos. Es una historia que me acongoja mucho, por varias razones, pero creo que volcarla en este relato me ayudará a superarla.

    Mi nombre es Vicky, soy argentina y tengo cuarenta y seis años. Soy masajista profesional. Soy viuda y tengo dos hijos. Tuve a Elián a mis diecinueve. Su padre, Ariel, era un vendedor de autos, quince años más viejo que yo. En ese entonces, yo trabajaba en su concesionaria. Ahí me preñó. Me acuerdo que me ponía en la parte trasera de los autos y me daba sin parar. Yo no tenía mucha experiencia sexual. Además, intuía que la única forma de conservar mi empleo era consintiendo todos los deseos de Ariel.

    Pues bien, no podía estar más equivocada; cuando quedé embarazada Ariel me echó y nunca se ocupó de Elián. Yo tuve que seguir sola a cuestas. Gracias a dios conocí a Jorge, dueño de la despensa de mi barrio. Con él empecé una relación de verdadero amor; tuve con él a mi otra niña, Jenny. Jorge nunca hizo diferenciaciones entre Elián y Jenny; siempre trató a mi hijo como si fuera suyo. Pero después vino un duro golpe de la vida: Jorge murió. Él estaba muy enfermo del corazón y no soportó. Eso fue un gran golpe para mí y, sobre todo, para Elián.

    Elián abandonó el colegio e incursionó una senda licenciosa. Vivía de juerga, vivía en la calle, rodeado de gente peligrosa. Él siempre me decía que no andaba en nada raro. Yo confiaba. Era un buen chico. Pero su entorno lo envolvió y lo llevó por el mal camino. Uno de mis clientes, a quien hacía masajes, le había conseguido un trabajo como seguridad en un supermercado. No me costó mucho convencerlo. Después les contaré mis historias como masajista (muchas de ellas no me enorgullecen).

    En una tarde aciaga, Elián cayó preso. Quiso orquestar con un compañero un robo al supermercado en donde trabajaba, pero algo falló. Mi hijo sabía los horarios y los movimientos del lugar y estaban vaciando un cargamento de electrodomésticos que había llegado. Pero alguien vio, alguien oyó, alguien habló… Tres patrulleros llegaron y se los llevaron. Lo procesaron e imputaron como jefe de una asociación ilícita, pero lo terminaron condenado por robo en banda. Le dieron 5 años de efectivo cumplimento.

    Para mí fue un gran golpe. Mi hijo preso era lo último que quería. Me destrozó. Al principio no quería hablarle. Estaba sumamente enfadada. Estuve sin hablarle mucho tiempo, todo lo que duró la investigación y el juicio. Una tarde, él se comunicó conmigo. Me dijo que me extrañaba, que estaba arrepentido. Imploró mi perdón. Me confesó, no sé si bajo el disfraz de una excusa, que sólo lo había hecho para ayudarme; odiaba mi trabajo y pensaba así poderme ayudar para que yo deje esa vil profesión.

    Esa llamada mudó mi pensamiento. Era mi niño y yo tenía que estar ahí para él. A la semana, decidí ir a verlo. Estaba preso en una unidad del servicio penitenciario de la localidad de Moreno, no lejos de casa. Me contacté con la unidad y pregunté cómo tenía que hacer. Solicité verlo y me informaron qué trámites y requisitos debía observar. Así que, allí fui.

    Debo reconocer que no elegí el mejor vestuario para ir. Es que suelo vestirme de manera bastante sugestiva para dar masajes. La mayoría de mis clientes son hombres. Casi todos. Y yo sé muy bien que me contratan por mis grandes y gordas tetas y por este culo apretado, que dios me dio. La mayoría de mis clientes son depravados. No acuden a mis servicios por dolores lumbares, por más que yo sea una excelente profesional. No recuerdo ni un solo hombre que no me haya tocado el culo mientras lo masajeaba, o que no me haya mostrado la pija dura. Al principio me resistía, me enojaba y los echaba.

    Pero después me di cuenta de que podía usufructuar mi cuerpo. No accedo en todo, pero me dejo bastante. Sólo tengo sexo con uno, que me gusta mucho y que me lleva al orgasmo. A los otros, les satisfago sus “parafilias”, les hago algunas cositas: unos me tocan la cola, y pierden alguno de sus dedos allí; otros, la concha. Hay uno que le gusta hundir su nariz en mi argolla, le gusta “olfatearla”, como dice él.

    En breve, fui a la cárcel después de dar masajes. Esa mañana había atendido a Carlitos. A él le gustaba que le haga la paja: se ponía boca arriba y yo tenía agarrar uno de mis pechos y ponérselo en la boca. Eso lo excitaba y ahí lo masturbaba hasta que acababa. Ese día había eyaculado muy poquito, apenas unas gotitas: “Es que vengo de coger con mi mujer”, se justificó. Así que lavé un poco y fui a ver a mi hijo. Tenía una remera blanca ajustadísima, sin corpiño, con los pezones duros y puntiagudos; y una pollera de jean. Tenía una tanguita de animal-print. Siempre me ponía ropa interior sexy porque en mi trabajo no sabía qué podía llegar a pasar.

    -Lo siento, en este momento no hay ninguna oficial para hacerle la inspección personal. Va a tener que volver en otro momento, o dejar que la revise uno de los muchachos –dijo un policía petiso y morocho que me miraban con morbo desde atrás de un pupitre de escuela que hacía las veces de un escritorio.

    -¿Cómo que no hay nadie? –repliqué con mezcla de angustia e ira-. Yo avisé que venía. Hice todos los trámites. Me dijeron que podía pasar.

    -Sí, ya sé señora –el petiso no paraba de mirarme las tetas que, instintivamente yo me las cubrí con un brazo –pero no hay nadie ¿qué quiere que le diga? Es 4 de enero. Están todos de vacaciones. Todos los que estamos son todos los que ve. Puede volver en febrero o, le repito, la inspecciona uno de los muchachos y pasa con el detenido. Pero la tienen que revisar.

    -Bueno ¿pero qué me tienen que hacer?

    -Tienen que revisar que no ingrese ningún elemento prohibido, señora. Procedimiento de rutina, señora

    -Pero yo no tengo nada, sólo vengo a ver a mi hijo –y abrí mis brazos como mostrando toda la honestidad que podía caber en mis enormes pechos. Entre el extremo calor que hacía –que el pequeño ventilador no lograba mermar- y los nervios de la situación, empecé a sudar como una condenada. Sentía los chorros de transpiración bajar por mi entrepierna. Sentía que mi concha estaba nadando en un caldo.

    -Ah bueno, listo. Entonces pase, pase –dos policías que estaban atrás, semicubiertos por una pared llena de humedad se rieron a carcajadas. Me miraron y siguieron tipeando en vetustos teclados –Mire, señora, tiene que pasar por el procedimiento de rutina. Se tiene que desvestir, la inspeccionamos, corroboramos que no haya nada inusual y pasa. Si no, no pasa.

    -Bueno, revísenme –mi fastidio era notorio. Largué la cartera en una silla con bronca y repetí: revísenme, abriendo los brazos y dando una vuelta.

    El petiso se levantó victorioso. Agarró una pequeña linterna del primer cajón de su escritorio y se dirigió a un pasillo que se abría a la derecha: -por acá, señora, por favor. Lo seguí. Sentía mucha mezcla, pero también temor. Después de avanzar unos metros por ese pasillo oscuro, el petiso agarró las llaves que tenía colgadas en su pantalón y abrió una puerta sobre la pared izquierda. Prendió la luz. Se quedó bajo del quicio de la puerta, mirándome con lascivia y, señalando con su brazo la entrada, me invitó a pasar.

    -¿Vos me vas a revisar? ¿Estás seguro que esto está bien?

    -Todos acá estamos autorizados para revisar. Somos funcionarios públicos. Y ahora escúchame bien, boludita –su tono cambió drásticamente cuando cerró la puerta- ¿Vos pensás que esto es un jardín de infantes? Estás en una cárcel acá, querida. Así que, si querés pasar para garcharte al trolo de tu hijo, que seguro se lo deben empotrar todas las noches, vas a hacer todo lo que te diga ¿está bien? Si no, te pego una patada en el orto y volvés a la villa de adonde saliste.

    -Pero… -Me quedé muda. Había pasado por situaciones difíciles antes, por mi trabajo, pero nunca algo así. El calor que hacía en la piecita era insoportable. Parecía que el origen de la canícula. Parecía que el calor había estado gestándose allí desde el diluvio

    -Ahora, desvestite –el petiso se quedó mirándome. Mientras me sacaba la remera veía como se acariciaba el bulto.

    -Ah ¿te olvidaste el corpiño? Dijo, acercándose

    -Sí –dije, con mucho temor, cubriéndome los pechos con ambos antebrazos.

    -Ahora, sacate la pollera.

    Quizá para ganar un poco de tiempo, primero comencé por quitarme las sandalias

    -No, no. Está bien. Dejalas. Bajate la pollera.

    -Pero ¿no querés ver si llevo algo en los pies?

    Se rio y me metió la mano por debajo de la pollera. Posó su dedo en el surco que se formaba en la loma de mi concha y empezó a hacer presión con el anular

    -Acá quiero ver si tenés algo. ¿Ya estás mojadita?

    -Estoy transpirada, hace calor

    -¿Hace calor? Bueno, bajate la pollera, te dije –y me sacó la mano. Se olió y se chupó los dedos– ¡Si no te bajas la pollera no-en-tras! –Dijo en tono burlesco, y me pellizcó un pezón, girándolo entre sus dedos por cada sílaba que repetía.

    -Dale –le dije, sacando su mano de mi teta, queriendo aparentar fortaleza –Me desabroché la pollera y me la bajé. La dejé caída entre mis pies.

    -Ah… sin corpiño, con tanguita de leopardo –me dijo mientras daba una vuelta a mi alrededor. Bueno, ahora necesito que te agaches. No te imaginás cuántas putas vienen acá a ver a sus novios y se meten falopa en el orto. Voy a ser bueno, y voy a dejar que te dejes la tanguita puesta. Agachate.

    -¿Cómo me agacho?

    -Agachate, no te hagás la boluda. Tocate la punta de los dedos de los pies, ¿a ver?

    Mientras lo hacía, sentía su dedo entrar en mi ano; él no movió su mano; la dispuso de tal forma que mi culo llegara a su dedo al agacharme. Tenía las uñas largas y me lastimaba. Jugaba entre el agujero de mi culo y el de mi concha. Estaba realmente transpirada. Su dedo chapoteaba ahí.

    -A ver si hay algo acá… -y me metió el dedo mayor en la argolla, hasta el fondo, mientras que me pasaba el cular por el ano, haciendo pequeños circulito– Estás toda depiladita, hermosa… No sabés las negras que vienen acá, todas sucias, peludas, olorosas… -Agregó al mayor el dedo anular. El pulgar hacía más presión y me empezó a apretar una teta.

    -¡Mirá las tetas que tenés! Te las voy tener que chupar todas

    Estaba agachada. Tenía un pulgar en el culo y dos dedos en la concha que buscaban no sé qué. Tenía una teta siendo aplastada por la mano del petiso. Sabía que era inevitable. Veo que el petiso se empezó a tocar. De hecho, creo que pude ver cómo se sacó la pija. Ya estaba esperando la estocada cuando, de pronto, alguien quiso abrir la puerta. Estaba cerrada. El petiso hijo de puta la había cerrado. Reconozco que no vi cuándo. Del otro lado intentaron abrirla más de una vez. Después se escuchó una voz:

    -Segovia, apurate que vino el director. Te está buscando por lo de Cáceres.

    Segovia, el petiso, absolutamente disgustado, contestó:

    -Pero qué viejo hincha pelotas. Si ya le pasé el informe ayer. Qué tipo pesado… bueno, decile que ya voy

    -Apurate, que anda duro.

    El petiso seguía buscando un tesoro que, estoy segura, pensaba estaba en mi útero.

    -Mirá de la que te salvaste –me dijo y me dio vuelta. Tenía la pija afuera. Era negra, fea y chiquita. Y no estaba parada. Me agarró de la cara y me pegó con la chota. Después se puso atrás y me lamió todo el culo y la concha. Yo seguía agachada y empezó a pasarme la lengua desesperadamente, bajándola y subiéndola entre mi culo y mi argolla. Agarró una nalga y me la mordió fuerte. Creo que me hizo sangrar.

    -Dale, ándate. Pasá. Tenés dos horas.

    Yo estaba llorando, de dolor y de tristeza. Me sentía impotente. Tenía la teta izquierda totalmente chamuscada por la mano del petiso, que me había impreso su dentadura en una nalga. Pensé en irme. Pero pensé, también, que si me iba, todo eso habría sido en vano. Me dejé manosear, tocar y chupar por un enano impotente, que no le daba la nafta para coger. Así que me compuse. No tenía un espejo, pero me miré con el celular. Me saqué una foto del culo, para ver si estaba marcada y lo estaba. Pero bueno, tenía que ir con Elián. Me sequé y limpié con la parte interior de mi pollera y me vestí.

    Llegué por el pasillo al mismo sitio deprimente de antes. Estaba absolutamente avergonzada. Un montón de ojos me inspeccionaban. Sabían que había sido vejada y deseaban ser mis vejadores una próxima vez. Había un tipo nuevo, un viejo pelado que, estimé, era el director.

    -¿Y ésta? ¿Qué hace acá? ¿Vos estabas con esta, Segovia?

    -Sí, señor. La estaba inspeccionando. Tiene una cita para ver a… Peralta, Elián Peralta.

    -Siempre igual, Segovia eh. Bueno, háganla pasar y que no me rompa las bolas.

    Otro oficial rubio y alto, que desentonaba con el resto de los uniformados.

    -Por aquí…

    Me hizo pasar a un lugar en donde había tres presos, de entre los cuales no estaba mi Elián. Los presos no me dijeron nada, pero me violaron con su mirada. Yo seguía esperando a Elián. El rubio me miró las tetas y se fue

    -¿A quién esperás, mamita? –se me acercó un preso que me miró de arriba a abajo

    -Eh… a nadie a mi hijo

    -¿Y quién es tu hijo?

    -Nadie, nadie –dije, tapándome los senos

    -¿Creés que no me voy a enterar? Yo manejo todo acá

    -¡Afuera Estigarribia! –se escuchó la estentórea voz de un enorme oficial que estaba en la habitación- Ya sabe que no puede tener contacto con los familiares de los otros presidiarios.

    -Listo, listo. Pero te voy a encontrar a vos –se fue, haciendo gesto de besos.

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  • Lo que el gimnasio endurece

    Lo que el gimnasio endurece

    Yo sabía que en el gimnasio se desarrollaban muchos músculos, pero desde luego no esperaba que el “músculo” también fuese a ejercitarse.

    La vida sedentaria del estudiante había hecho efecto en mi cuerpo, había engordado un poco y me sentía algo incómodo en mi propio cuerpo, por lo que una vez me hice el ánimo, me apunté a un gimnasio, a ver si conseguía gustarme a mi mismo. La verdad es que, para ser sincero, no me gusta demasiado ir al gimnasio. Lo encuentro aburrido, monótono, e incluso me siento observado por la gente que se pasa allí horas, que miran a los que son normales, como yo, por encima del hombro. Menos mal que en una ocasión pasó algo que me invitó a seguir yendo.

    Suelo ir por las noches antes de la hora de cenar, ya que, aparte de estudiar, estoy haciendo unas prácticas, y es el único momento que puedo dedicarle a mi cuerpo. La rutina siempre es la misma. Llego, voy al vestuario, me cambio y dejo mis cosas en la taquilla. Después voy a por mi cartulina que me indica que tengo que hacer, y allí voy, a quemar calorías. Cuando termino las tareas del día, vuelvo al vestuario, me ducho, y a veces, voy unos15 minutos al jacuzzi, y una vez recogido todo, me vuelvo a casa a descansar después de un día bastante intenso.

    Pues bien, una de mis muchas noches allí, como era habitual no había prácticamente nadie, de hecho, solo estaba el encargado, un hombre fuerte que nunca habla más de lo necesario, y una chica que no iba mucho, pero que era imposible que pasase desapercibida a los ojos de nadie. Se llamaba Andreina, pelo castaño, ojos marrones, y con una personalidad que junto con un cuerpo bastante atractivo, con pechos turgentes y un culito respingón, que hacía de ella una chica más que interesante. La verdad es que con ella no había cruzado más palabras que no fuesen “hola” “ciao” o alguna sonrisa de esas que se ponen para quedar bien.

    Hice mis ejercicios, y una vez finalizados, me fui al vestuario, dispuesto a recompensar mi esfuerzo con una buena sesión de jacuzzi, ya que ese día le había dado muy fuerte y la verdad es que mi cuerpo estaba bastante cansado.

    El vestuario estaba vacío, solo estaba yo, como era habitual a esas horas, así que me desnudé, me duché para quitarme el sudor, y me encaminé a una pequeña habitación contigua donde está el jacuzzi, donde, tras pulsar el botón de encendido, entré a disfrutar del agua caliente y de las burbujas. Me recosté y, relajado, cerré los ojos, viendo mentalmente lo que había hecho durante el día, y repasando lo que tenía que hacer el día siguiente. Ahí estaba yo sumido en mis pensamientos, del que me sacaron el sonido de unos pasos que se acercaban.

    Abrí los ojos muy lentamente y ante mi había una silueta, que desde luego no era masculina. Estaba de espaldas a mí, cubriendo su cuerpo con una toalla blanca, y en un momento que se puso de perfil, vi que era Andreina. Ella al verme se sorprendió y dio un gritito de susto, pero al reconocerme se calmó, ya que aunque poco, nos conocíamos. Me pidió perdón y me explico lo que hacía allí.

    Por lo visto el jacuzzi del vestuario de las mujeres se había estropeado, y el encargado, pensando que yo ya me había ido, le dijo que pasara al de hombres, que no había ningún problema. Yo le dije que no pasaba nada, que si quería me iba y le dejaba tranquila, yo ya llevaba bastante rato. Pero su respuesta me dejó de piedra.

    En lugar de decir algo, se quitó la toalla, dejando al descubierto un precioso cuerpo que, no voy a negar, me había imaginado alguna vez en alguna de las máquinas del gimnasio. Era de piel muy morena, con pequeños pezones marrones y su vello púbico estaba muy bien cuidado.

    Se metió en la bañera, y comenzó, mientras besaba mis hombros, a pasar su mano por mi pecho, en tensión por el ejercicio que había recibido, y empezó a deslizarse, primero por mis pezones y después fue lentamente hacia abajo, por mi vientre, y tras juguetear con mi vello, agarró mi miembro, que estaba en ese momento ya muy endurecido, y empezó a masajearlo, de arriba abajo, presionando a cada bajada. Yo estaba excitadísimo, y al ver su boca cerca de la mía, no pude controlarme y comencé a besarla con fuerza, acariciando yo sus pezones que bajo mi mano se iban endureciendo poco a poco.

    El ritmo de nuestras lenguas y de nuestras manos se aceleraban conforme la excitación iba en aumento, y nuestras manos masajeaban nuestros sexos cada vez con mas intensidad, y por tanto, con mas placer. La rodeé con mis brazos, y sacándola un poco del jacuzzi, lo justo para que su rajita estuviese a la altura de mi cara, comencé a lamérsela con dulzura.

    Primero mi lengua se deslizaba de abajo a arriba, parándome en el clítoris de vez en cuando para juguetear con él, haciendo que girase en círculos, cosa que le hacía gozar, ya que cada vez que la lengua entraba en contacto con él, emitía pequeños gemidos de placer, que aumentaban conforme mis dedos entraban dentro de su cuerpo. Estuve varios minutos devorando su coñito, hasta que me dijo que era suficiente…

    Volvió a meterse en el agua, y sumergiéndose en ella, comenzó a lamerme todo el pene, dándome una sensación como nunca antes la había tenido. Estuvo aproximadamente un minuto bajo el agua, mordisqueando la punta de mi miembro, metiéndoselo en la boca y masajeando mis testículos con su mano. Cuando salió, me preguntó si me gustaba, yo por supuesto le dije que si, así que me hizo sentarme en uno de los escalones, dejando que la “cabecita” se asomase justo por encima del agua, estando el resto cubierto. Ahí se volvió a lanzar sobre mi verga, durísima, y siguió lamiéndolo, besándolo, mordiéndolo suavemente, y yo creía que iba a morir de placer.

    Cuando vi que me faltaba poco, yo aun quería más, así que me volví a meter con ella dentro del agua, y estuvimos un buen rato besándonos, tocándonos, descubriendo otra vez nuestros cuerpos, hasta que llegó el momento… Andreina se apoyó contra uno de los laterales del jacuzzi, y allí, separé sus piernas dejando ver bajo el agua su apertura y allí, poco a poco, comencé a entrar dentro de ella. Una vez estuve completamente dentro, los dos lanzamos un gemido de placer, y me miró a los ojos de forma picarona, pidiéndome más y eso hice. Comencé a acelerar poco a poco, salpicando a cada movimiento.

    Empecé lento, pero cada vez iba mas rápido, y mas, y mas, y mas… el agua iba por todas partes, por lo que, para mas comodidad, abrazó mi cuerpo con sus piernas, limitándome a movimientos cortos, pero rápidos dentro de ella. Yo, aunque quisiera, no podía parar. Mi miembro entraba continuamente dentro de ella, y los dos estábamos extasiados. Cuando nos quedaba poco, la abracé y con ella aun atrapándome con sus piernas, nos pusimos en el borde del jacuzzi, para poder ir aún más rápido.

    Ahí, ella tumbada en el suelo, y ya sin disimular su placer, noté como acababa por el calor que rápidamente empezó a envolver mi verga. Yo estaba también a punto, pero me dijo que quería hacerme acabar ella misma. Con un rápido movimiento, puso mi cosa entre sus pechos, y empezó a masajearlos, lamiendo la punta cada vez que se asomaba…no pude aguantar mucho mas, por lo que finalmente, acabé en su cuello, totalmente agotado.

    Mientras nos duchábamos juntos, me confesó una cosa. Me dijo que no había ningún problema en el jacuzzi de las mujeres, pero que sabía que estaba solo, y que le producía cierto morbo desde hacía bastante tiempo, no como todas esas masas de músculos que presumían en el gimnasio de conquistas. Le agradecí su sinceridad, y, aprovechando que estaba solo en casa esa noche, vino conmigo, donde continuamos desatando toda nuestra pasión.

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