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  • Un accidente con mi padre

    Un accidente con mi padre

    Soy Claudia, estoy casada y tengo un hijo de 2 años. Lo que les voy a contar me produce mucha vergüenza, que por razones obvias, no se lo puedo contar a nadie conocido. Lo cuento en esta sección, ya que es la manera de sacarlo de mi mente y recordar algo hermoso, pero a la vez muy penoso. Tengo 26 años, tez blanca y a pesar de ser madre, tengo un cuerpo bien proporcionado, mientras que mi padre tiene 48 años, con cuerpo atlético y no representa su edad, ya que se ve mucho más joven.

    Mi madre tuvo que salir de viaje, porque mi abuela estaba enferma; ya tenía 5 semanas ausente. Yo había tenido una discusión con mi marido y habíamos decidido separarnos para darnos tiempo y espacio para valorar nuestra relación. Tenía 9 días de haberle pedido a mi padre que nos diera alojamiento a mi hijo y a mí, mientras arreglábamos nuestro asunto. Pues en el noveno día pasó lo que a continuación les contaré…

    Habíamos rentado una película para verla juntos después de cenar, acostados en la cama, nos dispusimos a verla, yo en medio de mi padre y mi hijo, ya dormido. En una parte de la película se ve una escena erótica muy candente, que para ser honesta me excitó bastante; y todo por no tener sexo durante los días que tenía en casa de mis padres. Al término de la película, apagamos la televisión y para no despertar a mi pequeño, decidimos quedarnos en la cama con mi padre. Le di la espalda a mi papá y él fraternalmente me abrazó, quedándome dormida en sus brazos.

    Como a las tres de la mañana desperté excitada porque el pene de mi padre estaba erecto justo entre mis nalgas, me sentí incomoda porque papá me daba pequeños empujones como queriendo penetrarme a pesar de que teníamos puestas las pijamas, su brazo, que pesaba mucho sobre mi cintura, me indicaba que estaba dormido y que tenía un sueño candente, traté de retirar un poco mi trasero de su pene y con su brazo me acercaba a su cuerpo.

    Después de luchar por evitar el contacto, debo de reconocer que me sentía mojada, ya que también estaba muy excitada, me armé de valor, y con mi mano izquierda tomé el bulto duro de papá y lo apunte entre mis nalgas, ahí él se despertó, porque se estiró el cuerpo y empujo su cadera simulando una penetración, después con sus manos tiró del cordel que amarra su pijama y se sacó su pene y lo apuntó entre mis piernas, que yo disimuladamente abrí para dejar que entrara entre ellas.

    Después de unos minutos de estar haciendo movimientos de entrar y salir, yo misma me bajé la pantalonera hasta mis muslos, y sentí ese pene duro y caliente en la piel de mis nalgas, solo con mi tanga que es de hilo, sentía como se deslizaba entre mis piernas rozando los labios vaginales entre la tela de mi tanga ya muy humedecida por mis fluidos vaginales. Así estuvimos dándonos arrimones y la mano de papá me toma de la cintura y con sus dedos desliza el hilo de mi tanga, hacia un costado.

    Con esa misma mano me abre mis nalgas, y poco a poco va metiendo su pene entre mis piernas, hasta llegar a tener contacto con mi vagina, mientras yo me mordía los labios por tanto sufrimiento, ya que yo deseaba que esa verga dura estuviera, dentro de mí. Así pasaron algunos minutos, cuando por fin la apuntó en la entrada de mi vagina, abriéndose lentamente mis labios vaginales, para recibir lo que me tenía tan ansiosa. Al entrar la punta del pene, no pude evitar exclamar un quejido de placer, al mismo tiempo que yo movía mis caderas hacia atrás; papá me penetraba hasta el fondo.

    Volví a dar un quejido un poco más fuerte. A papá eso, debía haberlo excitado tanto, que empezó a bombear con ritmo y fuerza, su mano izquierda buscó meterse dentro de mi brassier para acariciarme mi busto y mis pezones… Como estábamos de lado, los empujones que nos dábamos, provocaban que la cama hiciera los ruidos habituales de la relación sexual. Entonces yo me pongo casi boca abajo, obligando a papá que se subiera atrás de mí, me trató de abrir las piernas, pero mi pantalonera me lo impedía ya que no estaba completamente abajo.

    Papá me saca la verga y termina por quitarme la pantalonera, acto seguido, me toma de la cintura, me levanta la cadera como 10 cm, apunta nuevamente a mi vagina y la ensarta de una sola estocada, solo alcancé a expresar un aaaaggghhh. Duramos un buen rato en esa posición, que me dio muchísimo placer, después papá se repegó a mi espalda, para luego rodar sobre la cama y quedar los dos boca arriba, pero yo encima de él. Aprovechó para quitarme la sudadera y el brassier.

    Papá abre las piernas y las flexiona, y coloca mis piernas arriba de las de él, sus manos toman mis pechos, y él inicia con movimientos de entrar y salir; después sus manos me levantan de la espalda y me siento para cabalgar, pero dándole la espalda. Fue tan delirante esta posición, que sentía la dureza de su pene en todo su esplendor, me inclinaba hacia delante, mi nariz casi tocaba las piernas de papá. Estaba disfrutando enormemente la verga dentro de mí.

    Sus manos empezaron a acariciar mis nalgas y me las abría más, cuando sentí que uno de sus dedos llegó hasta el hoyito del ano, y ahí paré todo movimiento y con mis manos le retiré las suyas, a pesar de la oscuridad de la habitación, sabía que no me veía esa parte, pero sentía que me invadía una zona que no deseaba compartirla con él. Volvimos a interrumpir los movimientos de placer, ya que también mi tanga estaba en su posición normal y el hilo friccionaba con el pene de papá.

    Me desenchufo de papá, para quitarme la tanga y con sus manos me guía para que me monte en él, pero ahora estando de frente, tomo su verga y me la guía hacia la entrada de mi vagina y me la clavo poco a poco, hasta llegar al fondo; empiezo a cabalgar por unos instantes y sus manos me toman de mis pechos masajeándolos y pellizcando mis pezones, luego me inclina hacia él, para que su boca se pegue a mi busto, chupando y mamando con fuerza, me da pequeños mordiscos en mi pezones.

    Ahora es él que lleva la iniciativa de los movimientos, dando entradas y salidas, primero con un ritmo lento, y luego aumentando la velocidad de estos. La fricción que tengo con su pene, hace que empiece a sentir la sensación de un orgasmo, trato de moverme para sentir la penetración más profunda, y me dispongo a su dominio para sentir de lleno mi chorreada, mis manos toman uno de mis pechos y se lo ofrezco en su boca, me mama con mucha fuerza, cuando siento que me vacío una y otra y otra vez; tuve tres largos orgasmos continuos, que hasta se me acalambraron mis piernas, mi cuerpo temblaba, mientras papá no dejaba de meterla y sacarla con cierta violencia.

    Al darse cuenta que había tenido mis orgasmos, sus movimientos se hicieron muy lentos, pensé que él también se había vaciado, pero no había sentido la salida de su semen, y me recuesto en su pecho, mientras él seguía metiéndola y sacándola muy lentamente; después de unos largos minutos, nos giramos hacia un lado de la cama, primero para quedar de lado y volvemos a girar, para quedar yo por debajo de él, en posición del misionero.

    Con media verga metida en mi vagina, papá toma con sus manos mis pechos y los empieza a masajear, a chupar, a mamar y a morder. Luego empuja hasta el fondo su dura verga, bombea, luego en forma circular y vuelve a bombear, así por algunos minutos, mientras yo solo espero que eyacule dentro de mí. Después de varios empujones, me toma de las piernas y las eleva hasta sus hombros, quedando mi vagina expuesta a las duras embestidas que me daba, y penetrando profundamente.

    Después de unos minutos de tenerme así, vuelve a tomar mis piernas y las pone en la cama, quedando mi cintura para abajo y de lado, y papá hincado, bombeando frenéticamente. La fricción que daba su verga sobre mi clítoris apretado por mis piernas, me causaba una excitación enorme, que después de un rato escucho, que de su garganta salen sonidos ahogados de placer, clara señal de que estaba por chorrearse.

    Cada vez que retumbaban esos sonidos por la habitación, mi excitación iba en aumento, hasta que siento un chorro hirviendo que recorre mis entrañas, acompañado de un quejido de deleite; en ese momento tengo un orgasmo muy largo. Siento otro chorro de semen y vuelvo a tener otra chorreada. En total, recibo dentro de mi vagina, varios chorros de líquido candente, y mi organismo correspondía en multiorgasmos; cuatro fueron las veces que me vació, y a pesar que la noche era fresca estábamos cubiertos en sudor. Papá bajó el ritmo de las estocadas, y se recostó sobre mí para besarme en mi mejilla, y pronunciar las únicas palabras que se dijeron durante el acto sexual:

    – Gracias mi amor, no sabes cómo lo necesitaba, te quiero mucho.

    – Yo también lo necesitaba y también te quiero mucho.

    Se acostó a un lado mío, y volviendo a abrazarme fraternalmente se durmió. Yo no pude conciliar el sueño, porque me la pasé pensando que había cometido el pecado más grande del mundo.

    Por la mañana, escuché a papá que estaba en la cocina, y aproveché para meterme a bañar, cuando estaba por salir de la ducha, papá tocó a la puerta para ofrecerme café, me daba mucha vergüenza salir y verlo a la cara, al hacerlo mi padre sonrió y me dijo:

    – Dejé el café en el tocador de tu recamara.

    Después de vestirme, me dirigí a la recamara de papá, para despertar a mi hijo y llevarlo a la guardería, ahí papá aprovechó para que tuviéramos una larga charla sobre lo sucedido, y para que lo tomáramos como un accidente, y que no se tocaría el tema, a menos de que fuera necesario.

    De este incidente vergonzoso ante la sociedad, les diré que tuvo su punto positivo: Me conocí más a fondo, ya que nunca había experimentado orgasmos múltiples, porque me dejaba llevar por la excitación de mi esposo y terminábamos rápido.

  • Sexo callejero es lo que fue

    Sexo callejero es lo que fue

    De todas las cosas que hemos hecho Ana y yo creo que la de esa noche será difícil de encuadrar en algún tipo de relato.

    Salimos de juerga a un antro rockero. Era una locura porque Ana se puso un vestido corto muy suelto y era realmente un vestido muy elegante de noche, rojo, sin hombros. Ajustaba como corsett a la altura de los pechos pero de ahí para abajo quedaba tan amplio que parecía de maternidad lo cual era divertido y el color rojo contrastaba genial con el tono oliva de sus gruesas piernas. Traía unos zapatos bajitos pero también divertidos porque eran réplicas de aquellas zapatillas negras de corazoncito de Betty Boop, el personaje de caricaturas. Se ponía ese vestido a propósito porque yo le decía que no sabía uno que hacerle, si meterle la mano por enfrente para masturbarla o darle la vuelta para penetrarla desde atrás. El hecho de que se lo pusiera era su manera de iniciar el escarceo y auguraba emboscada.

    El antro era de esos pequeños, sórdidos donde todos visten estilo rockero así que atrajo miradas inmediatamente. Eso nos divierte siempre.

    El antro es un local de fachada angosta pero que mide hacia adentro unos 30 metros. Al entrar a la derecha están los baños. Al fondo está el escenario. Hay mesas pero en las paredes laterales hay modo de sentarse con la pared como respaldo. Fue en esas bancas donde nos sentamos, justo atrás de la primera mesa frente al escenario.

    Era temprano pero en la mayoría de las mesas la gente ya se veía medio avanzada en el camino de la borrachera. La mesa junto a nosotros había dos parejas y dos jóvenes solos.

    Esperamos un rato y como el mesero no venía me fui a la barra por un par de cervezas. Para cuando regresé uno de los hombres solos de la mesa adjunta estaba hablando con Ana sin moverse de su silla. Cuando me senté me saludó el tipo, dijo algo que no entendí y regresó a la conversación de su mesa.

    -Preguntaba que si eras mi novio -me explicó Ana.

    -No disimuló nadita -dije riendo.

    -Se me hace que más que borracho está bien arriba. No tiene aliento alcohólico, pero habla muy pausado.

    Estuvimos un rato solos, ya íbamos por la cuarta cerveza cada uno, el umbral de control de Ana, debo mencionarlo son esas 4 cervezas y al poco llegó un grupo de chicas a la otra mesa. Ana comenzó a conversar con ellas mientras yo veía al grupo de la noche.

    El par de chavos solos de la mesa de las dos parejas se había levantado y ya no habían regresado en un rato. Ana se levantó al baño y tardó un poco pero casi no caí en cuenta porque estaba muy concentrado en el grupo y en esos lugares suele haber fila para el baño.

    Cuando Ana regresó llamó mi atención que se me sentó más pegadita a mí y me tomó la mano que tenía libre de la cerveza que ya era la quinta.

    Apenas un par de minutos después apareció unos de los chavos que se habían ido. Precisamente el que había abordado a Ana. Antes de sentarse la miró a los ojos de un modo inconfundible. Yo miré a Ana que inmediatamente me aclaró:

    -Sí, no te equivocas, me lo fajé en el baño.

    Ya tenemos esas reglas muy establecidas y hasta risa me dio.

    -Ay tremenda! ¿Te lo fajaste o te lo cogiste? -le pregunté riendo porque mi pregunta era más por voyerista que por morbo o celos.

    -Cuando salí del baño yo creo que me había seguido porque estaba afuera de la puerta fumándose un cigarro, no quiero saber de qué. Inmediatamente se me acercó sin decir nada. Nada más mirando. Yo le dije que si qué se le ofrecía y él me dijo «tú sabes lo que se me ofrece» y me jaló hacia él. Como yo estaba en la puerta del baño nada más me hice para atrás. Y nos encerramos en el baño. Nos besamos y me manoseó. Me masajeó el trasero y me metió la mano. Besa rico y todo. A lo mejor sí hubiéramos cogido pero empezaron a tocar en la puerta del baño y aparte lo toqué yo a él y no estaba muy firme que digamos. Le dije que nos saliéramos porque tocaban y ya. Fue todo.

    -No pues ni chance amor. Y ¿cómo vez? ¿Vale la pena invitarlo?

    Ella pensó un momento -¿trío? No sé, se me hace que anda muy arriba como para que se le pare.

    Seguimos viendo al grupo y ella platicó un poco con las chicas de la otra mesa que resultaron de un clan de chavas les y bi. El chavo en cuestión volteaba de cuando en cuando y finalmente en una de las veces que se levantó al volver en vez de sentarse en su mesa se sentó a la izquierda de Ana. Yo estaba a su derecha. Yo no lo vi mal. Se me antojaba la idea del trío y el antro no era un lugar del tipo de ambiente donde fuéramos conocidos lo que lo estaba haciendo muy divertido.

    El chavo, que dijo llamarse, o más bien apodarse Freddy no dejaba de insistir con Ana. Y ella se moría de la risa. La gente nos miraba sorprendida porque Ana y yo estábamos muy juntos tomados de la mano. Mi brazo izquierdo pasaba por encima de su hombro. Era claro que éramos pareja pero le estábamos permitiendo al tipo que hiciera su lucha. En el calor de su plática puso una de sus manos en la pierna de Ana y ya no la quitó. Yo seguí dejando que ella manejara la situación.

    -Dice que quiere coger conmigo -me explicó- pero dice que si cómo hacemos contigo. Yo le digo que trío ahorita y él dice que le da cosa.

    -¿Y luego? Pos dices que no se le para amor. ¿Cómo la vez?

    -No ya se le paró -me respondió muy segura.

    -¿Cómo sabes?

    -Porque lo estoy tocando -respondió traviesa.

    Fue cuando miré bien y en efecto estaba tocándolo ahí mismo con su mano en la entrepierna de él.

    -Yo estoy puesto si tú quieres -le dije entonces.

    -Déjame ver amor, se me hace muy intoxicado y no vale la pena si se queda dormido luego andar batallando.

    Esperamos otro poco. Inclusive se besaron un poco en la boca y yo más me divertí con la sorpresa de la gente. Muy rockeros liberales según ellos pero se escandalizan fácilmente.

    De pronto ella me dijo: -¿nos vamos?

    -No te late o qué amor?

    -Dice que no se anima al trío. Que lo vea yo sola después.

    -Qué marica. Ok pues nos vamos.

    Nos levantamos y lo dejamos ahí pero hasta eso que se despidió amable con ella y conmigo.

    -Disculpen que no me animo, nunca he hecho algo así -me dijo a mí.

    -No pasa nada -le dije- Nomás te aclaro que yo soy hetero, así que por eso no debes preocuparte. Por otra parte en esta vida es mejor recordar que imaginar.

    Se quedó pensativo mientras nos íbamos.

    Nos habíamos estacionado como a 1 cuadra. Cuando íbamos de camino nos alcanzó Freddy.

    -Oigan ¿no me dan su teléfono? -nos dijo.

    -¿Para qué? -dijo Ana- Si no te animaste con la probada de ahorita ni al caso otro día.

    -¡Sí me animo! ¡Si me animo! -dijo como sabiendo que la oportunidad se iba.

    Ya habíamos llegado al coche, que habíamos dejado a la mitad de la cuadra.

    Ana se rio sabiendo que yo la estaba dejando manejar la diversión.

    -Y ¿te irá a durar la erección? Porque se me hace que mi novio presente te hace sentir cohibido y pues para qué vas a dar lástimas?

    Estábamos de pie junto al carro. Nosotros 2 casi recargados en el mismo mientras que él estaba de pie frente a nosotros.

    -¡No! ¡No voy a quedar mal! En serio.

    Ana no borraba su cara de travesura.

    Sin dar tiempo a nada extendió una mano y lo tocó a través del pantalón. Con la otra tomó la mía y me jaló hacia ella.

    -A ver… vamos viendo -modulando su tono de voz hacia un tono aterciopelado.

    Freddy se puso las manos a los costados.

    -Y si no aparece tu amiguito… ¿qué hacemos? -le dijo Ana.

    El algo nervioso contestó: -y si aparece aquí mismo, ¿qué hacemos?

    -¡Wow! ¿Tan seguro estás? ¿Cómo ves amor? ¿Qué propones tú?

    -No sé -le contesté- Me toca ser espectador. Amo verte en control.

    -¿Qué sugieres tú Freddy? Pareces estar muy seguro. Dime qué hacemos. Claro que si no hay nada de amiguito, nos vamos nosotros y ya.

    -Ok -dijo Freddy- Si no hay no hay y ya pero me la sacas tú misma y si se me para la verga aquí, ¿te dejas coger aquí mismo dónde estamos? Esa sería la apuesta. Al cabo que igual ya sabemos que no traes calzones.

    Aquello me causó una erección inmediata y miré a Ana.

    -Era una sorpresa para tú amor -me dijo melosa- No me puse para salir y como en el baño me metió la mano se dio cuenta.

    -¿Entonces? -preguntó Freddy cuya confianza parecía crecer.

    Ana no contestó. Acercó su mano izquierda al cierre del pantalón de Freddy sin soltar la mía. Bajó la cremallera y comenzó a hurgar adentro. Estaba muy oscuro pero pude adivinar que con una sola mano había logrado sacar el miembro de Freddy, quien se acercó un poco más. Ana lo masturbó un poco, señal de que la erección estaba ahí.

    -¿Qué dices amor? ¿Crees que nos vean si cogemos aquí?

    Yo sabía que Ana era capaz de cogerse a Freddy ahí mismo y era obvio que lo iba a hacer si se daban las condiciones.

    -Somos 3. Si nos llegaran a ver es fácil disimular. ¿Quieres que vigile?

    -vamos viendo -dijo ella- pero no te me separes. Quiero tenerte aquí. Acércate más -le dijo a Freddy. Él obedeció hasta que su cuerpo estaba en contacto directo con el de Ana. Yo me estaba excitando mucho y de hecho estaba en todo el ánimo de empezar a masturbarme. Las respiraciones empezaron a agitarse. Freddy empezó a moverse rítmicamente contra las caderas de Ana quien súbitamente mostró estar excitada. Le preguntó a Freddy mientras él trataba de besarla:- ¿traes condón?

    Él no respondió pero buscó en su bolsa del pantalón. Se separó un momento y apuradamente extrajo el plástico y se lo puso. Se acercó a Ana nuevamente. Pude sentir que ella abría ligeramente sus piernas y a juzgar por un leve quejido el pene de Freddy entró en su vagina. Freddy la tomó de las caderas y ambos comenzaron a moverse. La escena por inusual era de por sí excitante. Ana respiraba cada vez más fuerte y pude sentir que tuve un pequeño orgasmo, lo que suele pasar así de rápido cuando ya tiene un rato excitada. Seguramente estaba ansiosa desde el faje del baño. Yo empezaba a pensar en sacarme el pene para masturbarme cuando pude distinguir dos sombras cerca de la otra esquina de la cuadra que miraban.

    -Creo que alguien viene -dije y la respuesta de Ana me sorprendió:

    -Déjalos -fue todo lo que dijo.

    Si no me equivocaba, estaba dispuesta a dejarse ver.

    En lo que yo pensaba todo esto alcancé a ver que los dos sujetos que parecían ser una pareja se acercaban un poco.

    -Se están acercando -les dije a lo que Ana sólo asintió con un monosílabo.

    Aquello era nuevo. Sólo me quedaba dejar fluir las cosas y resolver sobre la marcha.

    Ana y Freddy ya estaban en plena meseta y ya no era de interrumpirlos. Decidí una jugada audaz. Con mi mano libre hice el gesto a los sujetos de dejarlos aproximarse. Parecieron dudar por un momento pero de pronto caminaron decididamente hacia nosotros. Era una pareja. Venían tomados de la mano. Algún matrimonio que habría salido a caminar en una noche agradable. Finalmente sin hablar se detuvieron a unos cuantos metros pero desde donde estaban podían ver perfectamente la escena.

    Ana pareció descubrirlo y en vez de frenar aumentó la intensidad de sus movimientos y sus gemidos. Freddy la sostenía fuerte de las caderas contra el carro y ella pudo levantar una de sus piernas. Con una mano me buscó a mí la entrepierna. La escena era demasiado nueva para pensar en pudores y le ayudé a sacar mi pene. En cuanto lo tuvo comenzó a masturbarme. Los movimientos de su mano eran ayudados por los empujones de Freddy. Me acerqué más a ellos viendo de reojo a la pareja que permanecía simplemente observando sin decir nada. Yo estaba disfrutando la novedad y ver la pierna de Ana arriba y saber que estaba así de caliente bastó para que me viniera con bastante fuerza. Al sentir mi semen en su mano ella también comenzó a venirse y seguramente sus contorsiones y gemidos le quedaron claros a Freddy que lanzó un leve pero largo quejido, seguramente por haberse venido también junto con nosotros. Nos quedamos los tres un momento moviéndonos cada vez más despacio. De pronto noté que la pareja así como había llegado, se alejaba. Supongo que seríamos parte de sus futuras fantasías.

    Freddy se separó de Ana con cuidado y se sacó el condón tirándolo al piso. Ana se repuso de pie apoyándose en mi pecho. Freddy todavía caminó un poco en círculos hasta que dijo:

    -Wow estuvo muy rico.

    -Gracias -fue todo lo que Ana respondió.

    Una leve despedida y nos fuimos. No intercambiamos teléfonos de nada. Fue lo que fue. Sexo callejero.

  • Nuestra amiga argentina no se resiste a Matías, otra vez

    Nuestra amiga argentina no se resiste a Matías, otra vez

    Hola hermosos, esto es más fuerte que yo, había dicho que no iba a contar nada más, ¡pero no puedo! Cada cagada que hago es como que tengo la necesidad de contarla, y este es el lugar, ¡no tengo otro!

    Anoche hice otra travesura, son cosas que hago, y en serio jamás pensé que las podía hacer, les cuento.

    Otra vez con Matías.

    Se acuerdan de Matías, es el hermano de una amiga mía, que es muy lindo, me puede, y cogimos algunas veces, ya lo conté.

    Anoche tenía el cumple de una amiga mía y fui con mi novio, como estaba fresquito me iba a poner un pantalón largo con algún saquito. Un rato antes de salir, mi amiga, hablando boludeces por whatsapp de lo que nos íbamos a poner, me dice que también va su hermano (Matías) con la novia, que encima la boba, ¡es relinda!

    No se la razón, pero me jodió, el no sale casi nunca con nosotras, pero como la novia también es amiga de la que cumplía años, ¡los invitaron!

    Me puse reloca, dije: ¡si me cogiste, ahora vas a ver! Jeje, decidí volverlo loco a ver que hacía, encima él está de novio en serio, creo que se casa a fin de año.

    Entonces en vez del pantalón me puse una pollerita con medias largas, y una blusa con un saco. Lo quería volver loco, la pollerita no era muy corta, pero si un poco más corta de las que uso normalmente.

    Bueno llegamos, la reunión era en una casa enorme en San Isidro, y había bastante gente. No voy a contar todo porque es un embole, cuando lo salude le metí un BESO en la mejilla, medio se quedó, pero que se joda jaja, pensaba volverlo loco, entonces las cosas que hice fueron:

    – Cuando estábamos en el jardín, le metí un par de besos a mi novio mirándolo a él.

    – En un momento, que nadie nos veía, le toque la pija.

    – Delante de él me cruzaba de piernas, mirándolo (siempre me dice que le calientan mis piernas jeje).

    – Cuando sabía que me miraba, sacaba la lengua y me la pasaba por los labios (como diciéndole vení que te la chupo).

    Lo volví así loco toda la noche, lo veía incómodo, pero que se joda, bien que cuando quiso me cogió, encima estaba con esa rubia que es relinda jaja.

    En un momento, como pasa siempre, los hombres se juntan para hablar sus cosas y nosotras las nuestras, y Matías me manda un mensaje, que me espera en la cocina, Pensé jaja, logré mi objetivo, le jodió todo lo que estoy haciendo.

    Llego a la cocina, me agarra de la mano y me lleva por un pasillito que da al lavadero, y me pide que lo deje de joder, que él esta con su novia, que yo lo caliento, pero ¡que no lo joda más!

    Yo desafiante y boluda como siempre, y aparte celosa, no sé porque de esa rubia hermosa, le pregunto ¿no te gustaría cogerme?

    ¡Para que se lo habré preguntado!, me tiro contra una pared, me partió la boca con un beso y me metió la mano por debajo de la bombacha tocándome mi concha. Yo me caliento enseguida, más cuando me tocan la conchita, le dije que basta, ¡estás loco! pero ya estaba mojadita y casi gimiendo, le pedía que por favor la terminara, ¡que estaba mi novio! ¡Que no siguiera!, pero no me hacía caso y cada vez me calentaba más.

    Me sube al lavarropas, se baja los pantalones, se puso un forro (¡por fin esta vez tenía!), me corre la tanguita y me coge, así de una, en menos de 10 minutos ya me estaba cogiendo, como me hizo calentar, porque aparte ¡oía voces en la cocina! y a mí me estaban cogiendo en una reunión llena de gente, estaban todas mis amigas, pensaba ¡si alguien llega a entrar y me ve!, toda esa adrenalina me hace calentar más.

    Obvio fue todo muy rápido, esperamos que no hubiera nadie en la cocina y salimos.

    Lo voy a buscar a mi novio y seguía hablando con los amigos, ni se dio cuenta que ¡me acababan de coger!

    Por suerte como se hizo tarde, no me dijo nada de ir a coger, aparte a la tarde hicimos una cogida rapidita en el country de los papás de él.

    Bueno esto es lo que hice anoche, cada vez estoy peor jeje

    Recuerdo a los lectores que son recuerdos de nuestra amiga de hace 4 años. En 2014.

  • Nuestra amiga argentina con dos negrones

    Nuestra amiga argentina con dos negrones

    Hola lindos, volví. La verdad es que no sabía si seguir contando o no ¡las cosas que hago! Empecé contando lo que hacía. No voy a negar que me pone cachonda que me digan putita, trolita y saber que hay muchos que me quieren coger, pero así cachonda (como digo yo jaja) cada vez hago más cosas.

    Así, publique, por publicar, a ver qué onda, en una web de contactos: que buscaba un negro de raza para que me cogiera. Fue lo último que hice, y ¡fue una locura!

    Mi primera experiencia con la raza negra.

    Como muchas pendejas siempre tuve la fantasía de estar con un negro, pero esos negros de raza, siempre me preguntaba si tendrán la pija tan grande como se ve en los videos, que se sentirá tener a una pija negra en la boca, y que se sentirá siendo acariciada por un negro. Siempre me excitaba de solo pensarlo.

    Un día publiqué que buscaba a un negro que me cogiera, la verdad es que no sabía para que lo había publicado, ni siquiera si me animaría.

    Me manda un privado un tal, llamémoslo Kevin, y me dice que es de raza negra, grandote, que si quería me mandaba una foto. Solo para joder le di mi email, y me mandó una foto de él totalmente en bolas, estaba depilado y si, la verdad que ¡la tenía grande!

    La verdad es que no me podía sacar esa pija negra de la cabeza, y no sé porque le seguí mandando privados (en realidad si se; soy una trolita calentona), me dijo que vivía en una pensión por Almagro, que si yo quería lo podíamos hacerlo ahí, que no es la primera vez que se cogía una chica, así como yo, que me animara… la fantasía se empezaba a formar en ¡una realidad!, lo tenía ahí, solo faltaba que me decidiera, le dije que está bien que me diera la dirección y quedamos en que al día siguiente a las 5 de la tarde yo estaba ahí y él me esperaba en la puerta.

    Esto fue la semana pasada (año 2014), desde que me levanté ese día estuve dando vueltas; ¿voy?, ¿no voy? ¡Qué hago! Pensando en que hacía. Estaba nerviosa, me transpiraban las manos, lo mismo que me pasa siempre, de última digo voy, como no le había mandado ninguna foto, digo: paso por al lado, no le digo nada y por lo menos me saco la ganas de verlo.

    Pongo el GPS que me lleve al lugar, llego estaciono. Ah, como no era un día de mucho frío, estaba con una pollerita un poquito corta jeje. Todavía no sé cómo llegué ni como no choqué porque todo el viaje en mi cabeza solo estaba esa pija negra y pensar si me iba a animar o no.

    Llego al lugar, dejo el auto a la vuelta, respiro profundo y digo vamos, total no me conoce así que puedo pasar al lado de él como si nada, me trataba de engañar a mí misma.

    Empiezo a caminar y lo veo parado en la mitad de la cuadra, sigo caminando y cuando paso al lado de él, se ve que mi mirada me vendió SOLA, porque se me pone adelante y me dice ¿Caro?, mi respuesta tenía que ser sí o no, nada más con eso decidía lo que hacía, y como una buena putita le dije: SIII, fue una respuesta ¡sin pensar!, yo sola me metía ¡en eso!, le decía que no y ¡seguía caminando!, pero la adrenalina que siento en esos momentos me maneja, no me deja pensar, solo quiero ser puta y que pase ese momento. ¿Me entienden?

    La cosa es que en ese idioma medio de mierda que hablaba me dice que él vive en la pieza con un amigo, que hoy tenía que ir a trabajar, pero no fue, que estaba durmiendo, que si no hacíamos ruido no se iba a despertar, y le pregunto “¿y si se despierta?”, me dice que no me asuste, que si yo no quería él no me iba hacer nada.

    No sé, yo ya estaba caliente, encima me había agarrado de la mano, veía su mano negra sobre la mía y ¡mi cabeza volaba!, sin decirme nada más, de la mano me lleva adentro de la pensión, ¡qué lugar feo!, ¿en ese lugar me iba a dejar coger por uno o dos negros?, la verdad es que ya no pensaba nada más, lo único que quería es que pase todo rápido y sacarme la terrible calentura que me había agarrado, ah lo único que pensaba era que podría estar volviendo a mi casa, pero no, elegí que me coja un negro, que puta me sentía y eso me calentaba más.

    Bueno, entramos a la pieza, fea, sucia, oscura, solo tenía dos camas y un armario ¡qué hago acá yo!

    Me dice que me siente en la cama, y ahí mismo ya ¡empezó a tocarme!, me empezó a besar, me dio un poco de asquito eso, y me tocaba la pierna, no sé bien como fue pero al poco tiempo ya me había desabrochado la blusa y sentía esos dedos negros en mi conchita que ya estaba toda mojada, lo que si me acuerdo es que yo le empiezo a tocar la pija sobre el pantalón, ya la tenía casi parada, le desabrocho el pantalón y se la saco, ¡me quería morir!, nunca, pero nunca había visto así en vivo una pija tan grande y tan negra. Bueno, me saca la bombacha y yo el resto de la ropa, ya estaba en bolas ah y el otro negro durmiendo o haciendo que dormía, bah, no sé, tampoco me preocupaba mucho jeje.

    Me hace una chupada en la conchita metiéndome los dedos en la conchita y en la cola hasta que me hizo acabar, por primera vez, por favor, que lengua que tenía, como me la metía adentro, me puso reloca.

    Ahora tocaba mi parte, me sentía como si fuera la primera vez q iba a chupar una pija, bueno en realidad era la primera vez que iba a chupar semejante ¡pija negra!, se la empiezo a chupar y el animal, me empieza a coger por la boca, me la quería poner entera y me daban arcadas, pero lo dejaba.

    Después se pone un forro, y me levanta como si nada, y me empieza a coger parado, ¿me explico?, con sus manos en mi cola me sostenía en el aire y yo me colgaba de sus hombros, y lo besaba, y sentía su lengua con el sabor de mi conchita, como la sentí cuando me la puso, con lo caliente y lubricada que estaba no me dolió, pero si la sentí y como, me tuvo un ratito así, no sé cuánto, pero yo no hacía más que gemir y gemir y fuerte.

    Obviamente, si es que estaba dormido el otro negro, se despertó, y el que me cogía me lleva hasta la cama de él para que le empiece a chupar la pija, ¡otra pija enorme!, se la empiezo a chupar y el otro me empezó a coger de nuevo (yo taba en cuatro jeje), me la ponía y me la sacaba hasta que de solo pensar que me estaba cogiendo un Negro y se la estaba chupando a otro acabe, pero acabé como una perra, creo que toda la pensión se enteró que me estaban cogiendo.

    Después, al negro que se la estaba chupando se pone un forro y me lleva arriba de él para cogerme, pobre mi conchita, ¡ya no daba más!, me la empieza a poner, a esta altura en mi conchita ya entraba un colectivo de dos pisos jeje, como se movía este negro, yo no podía hacer nada, ¡como cogía!, me puso loca, ¡me manejaba como quería!, hasta que me inclina hacia él dejando mi colita al aire.

    Ni quería pensar que el otro negro iba a intentar ¡ponérmela en la cola!, ¡que boluda fui!, obvio que me la empezó a poner, le pedía que por favor no, que era muy grande, pero seguía igual, me dolía, ¡me dolía en serio!, pero era tanta, tanta la calentura que tenía que gozaba como una perra, la verdad es que me rompió la colita, estuvieron cogiéndome los dos juntos un ratito, hasta me acabaron adentro de la cola y de la conchita (obvio con forros) y yo acabé de nuevo como una terrible putita.

    Cuando terminamos yo no daba más, me tiro al lado del negro y me quedo así un rato, y no sé porque, bah si se, porque soy muy puta, al rato le empiezo a tocar esa semejante pija (era más fuerte que yo tenerla tan cerquita y no tocarla), se le empieza a parar y se acerca el otro negro para que también se la toque, terminé sentada en la cama con ¡una pija en cada mano!

    No sé cómo hicieron, pero de golpe estaban los dos acostados, yo en el medio en la posición de perrito, chupándole un ratito la pija a cada uno, hasta que el negro que yo lo había montado, se da vuelta ¡y si! me la empieza a meter por la cola, otra vez que grito que pegué, mitad de calentura, mitad de dolor, pero lo dejé, sentir semejante pija en la cola me hiso acabar de nuevo, ¡y cómo!

    Después me pidieron que me ponga de rodillas y me acabaron en la cara los dos juntos. Me fui a lavar a ese baño asqueroso que usan todos, encima cuando iba sale un viejo de una habitación, seguro para ver quién era la putita que se estaban cogiendo,

    Pero lo peor todavía no lo conté. A la noche paso al baño y me di cuenta que me sangraba la cola, aparte me dolía y bastante, pero al dolor no le di importancia, dije ya se me va a pasar. Al día siguiente, me levanto y veo la bombacha que tenía sangre, ahí me empecé a asustar, y rogaba que se me pasara, pero no, me seguía sangrando, de solo pensar que tenía que ir al médico ¡me moría de vergüenza!, ¿qué le iba a decir? pero no se me pasaba, me dolía y sangraba.

    No me quedó otra que ir a la guardia, prefería pasar vergüenza antes que me agarre una infección o cualquier otra cosa. Voy a la clínica y pido por una proctóloga de guardia, me dicen “No hay, hay solo un proctólogo; me da su carnet por favor”, no me quedó otra que hacerme atender.

    Cuando entro al consultorio, le cuento que me sangraba la cola, muy correctamente me dice que me iba a tener que revisar y me pregunta si tuve relaciones anales, no hizo falta que le contestare, me puso totalmente colorada, me dice está bien, no te preocupes, acuéstate, me revisó, me dijo que no era nada, que era una lastimadura.

    No sé si era necesario o no, pero me preguntó si era la primera vez que lo hacía y si había sentido dolor, le tuve que decir que no era la primera vez, y que me dolió porque era grande, bueno me dio una cremita que me ponga. Seguro que a la noche no durmió pensando en la colita de la putita que vio a la tarde jeje.

    Como se dan cuenta, con esto me fui a la mierda. Me encanta que me cojan, me encanta la adrenalina que siento cada vez que me siento muy puta (con mi novio no siento eso), pero no puedo o como dice mi papa, “no debo” seguir así.

    Besitos a todos.

  • Fiesta de disfraces (Parte I)

    Fiesta de disfraces (Parte I)

    Desde niña me habían gustado las fiestas de disfraces. Ahora tenía ya 22 años, una larga melena castaña, preciosos ojos verdes, y un sencillo cuerpo del que destacaban mis voluminosos pechos y mi culito redondo. A pesar de los cambios propios de la edad, mis gustos seguían igual y me seguía encantando disfrazarme en los carnavales.

    Un viernes, al finalizar las clases, mi compañero Carlos me propuso ir a una fiesta de disfraces que hacían en un pub privado el sábado por la noche. Sin darle tiempo a decir más, conteste inmediatamente que sí. El encantado me dedico una gran sonrisa mientras me decía que además de mi disfraz debía llevar una máscara.

    Como no tenía mucho tiempo para decidir mi disfraz, esa misma tarde me acerque a una tienda de disfraces para ver que tenían. Tras mucho probarme me decidí por un bonito disfraz de pirata formado por una faldita corta roja y negra acabada en un bonito encaje que llegaba un palmo por debajo de mi culito, un corsé negro que realzaba mi generosa delantera y una blusa blanca de cuello barco. Todo esto iba acompañado de un sombrero pirata y un antifaz dorado ribeteado en negro.

    El sábado a media tarde comencé a prepararme pronto, ya que Carlos pasaría a buscarme sobre las ocho de la tarde, pues por lo que se ve en la fiesta podríamos cenar también puesto que había catering. Para empezar me di una ducha rápida, dejando resbalar el agua sobre mi cuerpo, tras ello me maquille y me peine con un semi recogido muy pirata que dejaba escapar algunos mechones sobre mi rostro. Después, comencé a vestirme, empezando por un bonito conjunto tanga y sujetador de encaje negro, muy a juego con mi disfraz, al igual que las medias de rejilla negra con ligero. Tras esto me puse el disfraz de pirata, pero al ponerme el corsé note que el sujetador me molestaba por lo que decidí ir sin. Finalmente, me calce unas botas negras de tacón y me puse mi sombrero y antifaz. Estaba hecha toda una pirata.

    Justo en ese momento llamaron a la puesta, supuse que era Carlos y me apresure a abrir. Cuando abrí, me encontré ante mí con un imponente Zorro. He de decir que mi amigo no está mal, pero con el disfraz estaba tremendo. Llevaba unos pantalones negros ajustados decorados con un cinturón con una Z dorada, que dejaban poco a la imaginación, y sobre estos unas botas camperas negras. En la parte de arriba, una camisa negra entreabierta por la que se podían apreciar sus abdominales. Como no, llevaba también una capa negra y el sombrero y antifaz típicos del Zorro, estaba para comérselo.

    Él, en cuanto me vio soltó un silbido y dijo: “No sé si voy a poder dejarte sola pirata”. Acto seguido me guiño el ojo y pasándome la mano por detrás de la cintura salimos hacia la fiesta. Tras casi quince minutos caminando llevamos al pub, este estaba alejado de la zona por la que yo solía salir por lo que no lo conocía. En la entrada, un hombre enmascarado nos recibió y pidió las entradas. Yo no sabía que hacían falta entradas, pero por lo que se ve mi amigo si, puesto que le entrego dos.

    Pasamos al interior, parecía que de momento no había mucha gente por lo que aprovechamos para inspeccionar la zona. A la izquierda había una zona con largas mesas llenas de comida y a la derecha estaba la pista de baile, pero lo que realmente llamo mi atención fue una escalera de caracol situada en la esquina. Le pregunte a Carlos si sabía a donde daba eso y me dijo con voz picaresca que ya lo descubriría…

    El comienzo de la fiesta

    Para hacer tiempo hasta que la fiesta se animara un poco más Carlos y yo nos acercamos a la barra a pedir algo. Mi amigo me dijo que aprovechara que teníamos barra libre. Tras pedir unos cocteles nos sentamos en una mesa cerca de la barra. Mientras podíamos ir observando como la fiesta se iba llenando de príncipes y princesas, damas de otras épocas, misteriosos caballeros súper héroes, dulces gatitas… Al poco un misterioso hombre con un sombrero de copa se subió al escenario y nos dio la bienvenida a la fiesta diciéndonos: “Darlo todo y disfrutar mucho”, a lo cual no le di ninguna importancia.

    Tras terminar nuestros cocteles nos fuimos a echar unos bailes. Mientras bailábamos Carlos aprovechaba cualquier movimiento para acercarse a mí, lo cual me estaba poniendo mala. Por lo que le dije que me iba a comer algo, pero él prefirió seguir bailando. Me fui hasta las mesas del catering que estaban abarrotadas y como pude me hice un sitio. Me quede un rato probando los deliciosos manjares, hasta que una mano tocando mi culo bajo la falda me sorprendió. Me di la vuelta dispuesta a darle una torta a Carlos por su desfachatez, pero tras darle con mi mano derecha en su cara me di cuenta que la persona que estaba tras de mí no era Carlos, sino un musculo hombre disfrazado de policía. Avergonzada de lo que había hecho, me puse como un tomate y como pude me disculpe a aquel imponente hombre y le que dije que el también debería disculparse pues no debería hacerse comportado así. El soltó una risa cínica, y me dijo: “Si no quieres que te toquen quizás no deberías estar aquí, ni ir así vestida”. Yo me quede a cuadros, no entendía nada.

    Acto seguido, se acercó más a mí y me puso las esposas que llevaba en su disfraz y me dijo: “No me gustan las piratas rebeldes, voy a tener que detenerte”. Tras esto me cargo en su hombro sin que yo pudiera resistirme y se dirigió hacia la misteriosa escalera. Sentía furia por la desfachatez de ese hombre, pero a la vez la situación me estaba excitando. Subimos la escalera y llevamos a un amplio vestíbulo lleno de sofás donde numerosas parejas estaban liándose. Alrededor de este pude ver numerosas puertas cerradas únicamente por una cortina. El misterios policía, me llevo hasta una de ellas. El entrar me echo sobre una gran cama redonda roja. Después me levanto y con un tono áspero de voz me dijo que iba a tener que cachearme.

    Me puso contra la pared mientras a mí me temblaba todo el cuerpo de los nervios ante la situación y sujetando con una mano mis brazos en alto, comenzó a cachearme con la otra. Comenzó bajando lentamente por mi rostro, momento que aprovecho para darme un buen morreo, yo intente evitarlo pero poco a poco me deje llevar pues no me quedaba más remedio y además la situación me estaba empezando a calentar bastante. Continúo su cacheo por mis hombros, llegando poco después a mis pechos donde no se cortó en sobarlos y apretujarlos bien sobre mi blusa. Mis pechos se estaban poniendo muy duros y mis pezones estaban a punto de explotar. El policía notando su dureza me dijo: “Esto está muy duro seguro que ocultas algo” tras lo cual tiro de mi blusa hacia abajo dejando mis excitados pechos al aire, sostenidos sobre el corsé.

    -Ummm… parece que se te ha pasado el enfado -dijo el policía mientras presionaba una de mis pezones con las yemas de sus dedos y hacia que se me escapara un gemido.

    – ¡¡Menuda guarrilla estas hecha pirata!! –comento de nuevo mientras seguía jugando con mis pezones.

    – ¡¡Para me haces mal!! –grite cuando estiro fuertemente de mi pezón derecho.

    Acto seguido soltó la mano con la que me agarraba, me hizo dar un paso hacia delante, subió mi falda y me soltó una cachetada sobre mi culito.

    – Un respeto a la autoridad pirata, cada vez que te dirijas a mí debes decir “Si mi oficial”. ¿De acuerdo? -dijo tras su cachetada.

    – Si mi oficial -conteste con voz entrecortada y sonrojándome más de lo que ya estaba.

    Tras esto de nuevo me empotró contra la pared, esta vez de espaldas a él. Estiro del cordón de mi corsé y me deshizo de él, continuando por retirarme la blusa y desabrochar mi falda.

    -Umm… bonito tanga, mira como me estas poniendo -rozo mi culito con el gran bulto de su pantalón.

    Después siguió cacheándome por la espalda deteniendo se en mi culito y haciéndome separar las piernas para entonces meter la porra que llevaba entre mis piernas y empezar a frotarla entre mis piernas haciéndome perder prácticamente el control.

    -Tranquila pirata, aún queda mucha noche -Tras lo cual paro repentinamente sus movimientos.

    – ¡¡Por favor no pares!!

    – ¿¿Por favor que??

    – Por favor mi oficial

    – Lo siento pero aquí el que manda soy yo

    Me empujo entonces sobre la cama, soltó una de las esposas y la agarro al cabezal. A continuación se deshizo de mi tanga y se lo acercó a la cara oliéndolo y diciéndome: “Hueles de miedo pirata”. Segundos después me separo las piernas y se lanzó a comerse mis labios exteriores lamiendo y succionándolos cuidadosamente, poco a poco fue introduciendo su lengua en mí trazando círculos que me volvían loca.

    – Aaaah… Aaaah… Sigue mi oficial -gritaba a la vez que curvaba mi cuerpo hacia su rostro.

    A lo que él respondió acariciándome el clítoris con una de sus manos lo que junto con sus profundos lametazos me hizo caer en un profundo orgasmo. Solté un largo grito de placer y cerré los ojos para intensificar el estado al que el misterioso policía me había hecho llegar.

    Tras unos segundos en los que me dejo recuperar, el policía me dijo “Ahora es mi turno”. Dicho esto se arrancó la camisa, los pantalones y finalmente el bóxer, el cual libero un gran y grueso miembro que hizo que mis ojos se abrieran como platos. Entonces me libero de la esposa que me ataba a la cama y me dijo “Se una pirata buena, ponte a mis pies y hazme ver de lo que eres capaz”.

    Mientras esto ocurría, al otro lado de la cortina Carlos espiaba muy excitado lo que ocurría en el interior esperando su momento para entrar en acción…

  • La pensión de don Lito

    La pensión de don Lito

    Hacia unos días que Luciano vivía en una pensión para chicos del interior. Había venido de lejos para estudiar en la capital y había encontrado ese lugar después de buscar por varios lados… El lugar no era muy agradable, era una casa vieja con varias piezas y un baño colectivo pero estaba dentro de lo que podía gastar y el chico no se quejaba, quizás mas adelante pudiera encontrar un lugar un poco mejor.

    Lo que menos le gustaba a Luciano era el dueño de la pensión, un viejo con cara de pervertido llamado Don Lito, desde el principio el chico noto que el hombre lo miraba con un interés que no le gustaba a Luciano. En una ocasión, cuando después de ducharse estaba en su cuarto desnudo el viejo entro sin avisar y se le quedo mirando, le miraba las piernas y la cola y el chico, sorprendido trato de taparse con una toalla, el viejo le dijo «Te traje otra toalla y jabón» y se los dejo en la cama, lo miro un rato más y después se fue.

    A Luciano las miradas de otros hombres no le extrañaban, sentía un poco de vergüenza porque a sus 18 años tenía un cuerpo que sin ser gordo, marcaba unas curvas en su cadera y piernas que le parecían poco masculinas. Sumado al hecho de su cuerpo lampiño, de piel suave le asemejaba al cuerpo de una chica. Ya había sentido miradas de otros hombres en las duchas del gimnasio y se sentía un poco acomplejado con su cuerpo.

    En una tarde de mucho calor decidió ir a la playa y se puso un short de jean muy corto y una remera. Cuando salía de la pensión se cruzó con Don Lito que le miro las piernas sin disimulo y le dijo «Que piernas que tenés nene» lo que hizo ruborizar al chico que sin contestar se escabullo de la pensión…

    Cuando ya había transcurrido un mes y Luciano tenía que pagar el alojamiento, se encontró con la desagradable noticia de que sus padres no podrían girarle el dinero hasta dentro de quince días y fue a decirle a Don Lito que no podía pagarle.

    El viejo le dijo que si no iba a pagarle se tenía que ir, que él no hacia beneficencia, el chico se quedó callado y triste sin saber que decir.

    El pervertido viejo vio allí una oportunidad y le dijo en voz baja, mirándolo fijo «A no ser que seas buenito conmigo y entonces espero unos días por el pago».

    Luciano le dijo, dándose cuenta de las intenciones del sucio vejete «que quiere que haga?» a lo que Don Lito le contesto «Venite esta noche a mi pieza, ponete ese short lindo que tenés y hablamos, capaz que así no te tenés que ir».

    Luciano se quedó perplejo, se daba cuenta que nada bueno le iba a pasar si iba a la pieza del viejo, por otro lado si no iba tendría que irse, buscar otra pensión lo que era todo un problema y entonces le dijo «Esta bien, voy a su pieza y hablamos».

    El chico se fue a su dormitorio y estuvo mucho tiempo pensando en la propuesta del degenerado Don Lito, era evidente que quería aprovecharse de él, incluso le había pedido que se pusiera el short de jean. Una vez que estuviera en el cuarto del viejo le iba a hacer de todo. Luciano trato de pensar que quizás solo quisiera tocarlo un rato y se contentara con eso.

    Cuando ya era noche el chico se cambió, se puso su short, unas ojotas en los pies y una remera y fue a la habitación de Don Lito.

    Toco la puerta y el viejo le abrió, tenía puesto una especie de bata, lo hizo pasar y Luciano vio con un poco de temor que el viejo pasaba cerrojo en la puerta.

    En el interior solo había una cama, una mesa de luz y un gran placard.

    El viejo lo tomo de un brazo y lo acerco hasta la cama. Luciano estaba tan atemorizado que no podía ni hablar. Fue Don Lito el que hablo diciendo «Desde que te vi me gustaste, estas muy bueno nene» y empezó a tocarle las piernas .Se había puesto frente al chico y le acariciaba los muslos con las dos manos mientras su cara se empezaba a contraer en una mueca de lujuria. «Por favor, no me haga nada» decía el chico mientras las manos del viejo se paseaban por los muslos suaves, del muchacho «Que piernas divinas pendejo, te voy a chupar todo» y acerco su cara para besar a Luciano, La lengua del desagradable viejo se metió en la boca del chico, que sorprendido no pudo evitarlo y sintió como una lengua extraña lo invadía y chupaba.

    Dejo de besarlo en la boca para pasarle la lengua por el cuello mientras seguía sobando las piernas de esa preciosura, el viejo ya tenía la verga bien dura, el muchacho parecía en trance, solo repetía «no me haga nada» en voz queda. El viejo abusador paso a quitarle la remera, dejando al chico solo con su short de jean. Le empezó a acariciar con las dos manos los pechos y a frotar los pezones mientras le decía «que ricas tetas, pareces una chica» y enseguida se metió un pezón en la boca chupándolo fuerte, las manos del viejo pervertido agarraban fuerte de la cintura a Luciano apretándolo contra su cuerpo y haciéndole sentir lo duro de su bulto.

    El chico se dio cuenta que el degenerado lo iba a violar, repetía en voz baja “por favor no me haga nada» pero sabía que nada lo iba a salvar… El viejo verde, ya en un estado de excitación que no se aguantaba, empezó a quitarle el short y también el slip, dejándolo desnudo. Se detuvo a mirarlo y la boca se le lleno de saliva, era un cuerpo tremendo, esas piernas lo volvían loco, lo giro poniéndolo de espaldas y las nalgas duras y redondas del chico lo pusieron a mil, se pegó contra el haciéndole sentir su verga contra las nalgas. Se quitó la bata y ahora su frote contra la cola era desquiciante, estaba por eyacular pero quería aguantarse.

    Luciano no reaccionaba, como en un trance repetía «no me haga nada» con lo que solo conseguía calentar más al viejo abusador.

    Don Lito tomo por la cintura al muchacho obligándolo a acostarse boca abajo en la cama, se puso sobre él y le empezó a acariciar todo el cuerpo, pero sobre todo esas portentosas nalgas, le paso la lengua por la espalda bajando hasta los impresionantes cachetes, salivando toda la raja y metiendo la punta de la lengua en el hoyo del chico. El cuerpo del muchacho se estremecía por los lengüetazos que le propinaba el viejo y en un momento sintió que algo se introducía en su culo. El viejo metió un dedo con fuerza y lo movía dilatando el ano del chico mientras seguía lamiendo con fiereza ese cerrado orificio.

    Llego un momento en que Don Lito no pudo más, levanto con una mano al chico del colchón y con su otra mano llevo su pito hasta la entrada tan deseada, presiono con fuerza, el muchacho gimió diciendo ahora «No, por favor» pero el viejo fue implacable y le metió la mitad de la verga en el intestino…

    Luciano grito de dolor, lo que enardeció al viejo violador y ahora empujo más metiéndole todo el pito en el interior, sintiendo como apretaban las paredes del culo del chico hasta que se empezaron a adaptar al intruso, que ahora empezó a culear con energía, haciendo gemir de gusto al viejo.

    Luciano sentía que le desgarraban las tripas, ese viejo le estaba destrozando el culo, ya ni gritaba, simplemente exhalaba quejidos inaudibles mientras parecía que esa violación no terminaría nunca.

    Finalmente Don Lito no se pudo aguantar más y con un gruñido de satisfacción empezó a eyacular dentro del culo del chico…

    Luego de un rato se separó de las nalgas del muchacho, se levantó, se puso de nuevo su bata y tomando al chico por la cintura lo hizo vestirse y lo llevo hasta la puerta. Lo despidió diciéndole «Por lo bien que te portaste voy a esperar para que me pagues. Y si te portas bien de ahora en adelante te puedo hacer un descuento en el alquiler».

  • Tía viuda por el viagra: (1) finde, sexo a full

    Tía viuda por el viagra: (1) finde, sexo a full

    Este relato tiene la huella en carne viva de una relación tan ardiente como inesperada, es que la realidad no necesita justificarse para parecerlo.

    La necesidad de escribirlos es la forma que me permitirá entender y desentrañar el cómo y el porqué, poner los hechos en perspectiva, entender que no fue un agradable sueño, sino la deliciosa realidad que transcurrió en ese fin de semana santa en la costa atlántica.

    Desde mi infancia pasamos el verano en una localidad marítima de la costa atlántica argentina, conocidos y amigos a los que retornamos cada verano o finde de esos largos, hasta tenemos un pariente relativamente cercano, tanto que a la esposa del primo de papá, Elina, recibía el trato y título de tía.

    Elina, la señora en cuestión, es una bella mujer, como de cuarenta y algo…, desde siempre acaparó mi atención y la de los hombres de la familia, por lo dulce, además por ser una mujer muy bella. El primer comentario que me quedó registrado fue de cómo “una mujer tan hermosa y simpática podía estar casada con el primo, bastante tosco y trato poco agradable, sobre todo mayor como para poder ser su padre”. Recuerdo que cuando nos enteramos que se había casado motivo el obvio comentario de “qué le habrá visto al tano?”, el primer comentario, bien grosero, – lo habrá visto mear, – O la cuenta bancaria…

    Desde siempre fue objeto de mi admiración, deseos y hasta motivo de alguna secreta “manualidad”.

    En estas vacaciones nos encontramos con la triste novedad que el señor había fallecido. Dicen que veinte años no es nada… el tiempo pasa, las diferencias de edades se acortan, ella es una mujer madura pero es como si la belleza de mujer hubiera dado un salto de calidad, las malas lenguas dicen que “la viudez le sentó bien”, seguramente salirse de la tutela de un tipo tan osco había mejorado la forma de sonreír y otros comentarios más intencionados circulaban en los chismes locales.

    El verano lo habíamos pasado en otro lugar, pero ese finde largo volvimos a nuestro lugar del verano. El día siguiente la familia había decidido pasarlo en la termas marinas, como no tenía ganas de ir, mi suegro quien se encargó de llevar a su esposa y a la mía, fui un rato a la playa y de regreso pasé por el autoservicio de la tía Elina para comprar vino.

    Casi era el momento de cerrar, los dos empleados se despiden de Elina, me pide que le ayude a cerrar que ella va por el vino blanco.

    Era ese momento donde todo está en calma, que se dio para la charla afectuosa, las preguntas obvias por la familia y sin darnos cuenta en un par de minutos estábamos en una conversación que había llegado a esos inesperados espacios de intimidad y confidencias.

    Sabiendo que estaba solo, me propuso subir al apartamento del piso superior que en otros tiempos rentaban por temporada pero ahora solo lo usaban para dormir la siesta en horario de cierre.

    – Vamos, yo hago las hamburguesas, vos descorcha el champán. La tía invita!

    El afecto, las carencias afectivas de la tía y mi forzada veda sexual generan una nueva perspectiva, sobre todo después de sus confidencias, el brindis con champan fue el inicio.

    La cercanía de un afectuoso “escuchador” facilitó la confidencia que necesitaba, abría su corazón, dejaba fluir sus penas: -“me casé con el dueño del negocio, con la edad de mi padre pero era la forma de salir de pobre, tener un buen pasar, decía mi madre. Bastante huraño en el trato con los ajenos, puertas adentro no tanto, pero igualmente riguroso, muy celoso y sobre todo un adicto al sexo. Me celaba de todo y de todos, este apartamento dejamos de rentarlo a los turistas para escaparnos en el horario de la siesta a tener sexo. Seguramente habrás escuchado esos chismes que dicen que “murió por consumir tanto viagra”, ja!, eso salió de la farmacia seguramente, pero es casi cierto, ya que por un problema que tuvo necesitó ese “incentivo” para seguir “dándome máquina” como en sus mejores tiempos. Era un obsesivo del sexo, en la mañana, en la pausa para el almuerzo subíamos a este apartamento para hacerme sexo, y en la noche, realmente era una máquina que solo pensaba en sexo, bastante egoísta, solo pendiente de su propia satisfacción, para poder soportar el acoso debí aprender otras formas y modos de satisfacer su desmedido apetito sexual. Aprendí a disfrutar del sexo a mi modo, y ahora… bueno… hace un año que nada de nada.

    Durante ese monólogo, la vista baja, concentrada en la burbujeante textura del champan, recién al final, tímida levantó la vista para ver el efecto producido en su “sobrino”.

    – Y no has pensado en buscarte una relación… seguro que candidatos no deben faltarte…

    – Acá no es posible. Hay muchos gavilanes buscando comerse a esta pollita, pero… sabes que “pueblo chicho infierno grande” y cuando estaba en las preliminares de algún acercamiento, nada serio ni cercano a la cama, ya se comenzaba a hablar que… “la viudita necesita carne” y todo eso… Tengo una hija, no puedo correr riesgos por eso así estamos…

    – Quieres decir con hambre de…

    – Sí, hambrienta, famélica de… bueno… de eso… mismo que estás pensando.

    El brindis siguiente, y otro más acercan los ánimos, atravesados por la necesidad de intimidad, soledad y abstinencia de sexo se compadecía con mis carencias por el embarazo de mi esposa. Nos terminamos la botella del espumante. Apresuré en abrir otra, al descorcharla el borbotón de espuma cayó sobre el pecho de Elina, tomé una servilleta para secar su piel, aprovechando para deslizar mi mano más de lo necesario, la sonrisa cómplice era el tácito permiso del abuso de confianza.

    Esta segunda botella la bebíamos directo del pico, tomados de la cintura, apoyados contra la mesada de la cocina, seguimos alternando sonrisas y sorbos.

    El espumante alegraba los ánimos, soltaba las confidencias, acercaba las emociones, se dejó abrazar, esconder su vulnerabilidad contra mi pecho, cobijarse en mis caricias, sentir el aleteo de una paloma herida, rocé mis labios en la piel de su cuello, osadía que busca la cercanía de una mujer inalcanzable.

    Al segundo contacto los suspiros se repiten con más intensidad, levantó la cara para mirarme, sus labios me encontraron dispuesto a recibirlos, como si se hubieran deseado toda la vida. Casi no hubo roce, se abrieron en la búsqueda de la íntima humedad de las lenguas, hurgando dentro del otro en una promesa de eternidad.

    Fueron pocos, pero largos, intensidad e intimidad que las palabras son incapaces de pronunciar, sellando el secreto de la transgresión con la contundencia de un tornado pasional, nos enciende el ánimo y nos consume en deseo.

    Tomados de la cintura, en silencio, sin mirarnos llegamos al dormitorio, el lecho nos recibió enredados en ese abrazo que abarcaba cuanto tenía a su alcance, el fragor tiene prisa, fuera short y zapatillas en un solo movimiento, bebía sus besos, levanté la falda y corría la bombacha.

    Entré con la rudeza que justifica la urgencia por estar dentro, el gemido era la bienvenida al mundo del sexo.

    – Ah!!! está cerradita por… falta de uso, la tienes bien gorda, como era…, como me gusta… ¡cómo me gusta!!!

    Luego el silencio, los gemidos acallaban con el fragor del metisaca, agitada, estremecida y convulsionada, enmarcan el momento de calentura extrema.

    Aferrada a mi cuerpo, admite que sus sensaciones son reales, en carne viva, adecuados en ritmo, sin esconder el deseo. Soy de “tiro largo” pero esta ocasión imponía demorar al máximo, que la excitación y hambre de sexo permitan hacerla disfrutar de una gran cogida.

    Ralentizando la vehemencia de la penetración, colocándola encima intensifica su placer y prolonga el mío. Espectador privilegiado, sentirla evolucionar, sacudirse y vibrar empalada a tope, concentrada y con los ojos cerrados estaba viajando al mundo de sus pasiones más intensas. Son imágenes difíciles de explicar, el rostro crispado, labios apretados, respiración contenida, expresan que está siendo atravesada por un orgasmo arrasador, reprimido y silencioso, leve pausa para tomar esa necesaria bocanada de aire para volver a la vida. Retoma el movimiento ondulatorio de sus caderas, adelante y atrás, balanceo, en círculo, quebrando la espalda en el avance, erguida para subir y tomar distancia en el nuevo empalamiento.

    Variedad de movimientos para excitarme a mil, los labios de su vagina tienen la contundencia de una boa constrictor, apretando y soltando al miembro, succionar y expulsar, dejarse caer con vehemencia cuando elevo mis caderas impulsando al contacto salvaje y contundente de abrirla al máximo y ahondar todo lo posible.

    Se deshace de los breteles, desgarra el soutién, emergen los pechos tan blancos y los pezones tan rosados, sus manos los aprietan en la palma dejando que el pezón quede atrapado entre los dedos pulgar e índice, frota con intensidad mientras los gemidos se escurren entre los dientes que muerden el labio inferior.

    El torbellino de un nuevo orgasmo la invade, sus músculos se contraen, endurece los gestos de su rostro, echa la cabeza hacia atrás el busto hacia adelante, la vagina es un latido agónico de contracciones…

    Elevé al máximo mis caderas para ensartarme a tope, agarrado con firmeza de sus caderas, sujeto con fuerza en cada elevación. Puedo sentir las vibraciones de su sexo, latir la carne viva de su vagina tragándome todo…

    Solo la gestualidad de sus movimientos habla de su tránsito a la inmortalidad de sus vivencias de hembra lujuriosa. El siguiente fue una copia atenuada de los anteriores.

    Por ese entonces había tomado el descanso suficiente para poder demorarme, abrazados, sin salirnos, rodamos hasta quedarme encima, entre sus piernas, rodillas flexionadas, mis manos apoyadas en la cama por detrás de sus muslos, cuestión de tener el sexo bien elevado para entrarle bien a fondo y con toda la fuerza que mi calentura exige.

    Podía volcarme sobre sus pechos, dejarme abrazar y arrasar por los ardorosos besos de Elina, que se aferra a mi cuello.

    Abrió los ojos, comenzó a moverse, acompañar la cadencia de mi penetración, esta vez la siento iniciar el camino de un orgasmo menos volcánico, puedo beber los gemidos de su boca, sentir el ardor del deseo colmado, la angustia de no saber cómo responder a tanta excitación.

    – Por favor! por favor! Acaba, acaba ya!!! No aguanto tanta excitación, no puedo, por favor acaba!…

    Elevé sus rodillas, los talones descansan sobre mis caderas, mis manos se aferran en sus nalgas, es el momento del acoso final, apurando los movimientos perentorios, con la angustia de entrarme en ella con todo, con la fuerza e intensidad que generamos en ese instante supremo… Un golpetazo, fuerte y profundo, un bufido venido desde la profundidad de mis entrañas fue el disparador del primer chorro de semen, los siguientes igual de fuertes e intensos descargan el deseo acumulado en el fondo del sexo…

    El silencio es la elocuencia del placer consumado, la respiración agitada y la risa sin sentido nos iguala en desprendernos de la angustia de pasar del estado de abstinencia al de saciar el hambre atrasada saboreando el manjar del sexo consumado.

    – No, no te salgas, déjame sentirla latir dentro de mí…

    Despacio, sin prisa, salí de su conchita, hasta quedar arrodillado entre sus piernas, mirando extasiado como los labios vaginales aletean dejando escurrir gruesos lagrimones de semen que se escurren de su sexo. Estiró la mano para sentir la textura del semen que brota.

    – Cuanta lechita tenías!!! me dejaste llenita de leche. También tenías muchas ganas.

    – Tantas como vos. Cuántos fueron?

    – Ni cómo fueron. En el primero sentía la tensión y el calor subiendo, luego… no sé más, todo se nubló, como que perdí el sentido, creo que dejé de respirar, cuando volví a la vida, estaba montada, con esta cosa gorda metida dentro, sentir como latía la conchita, estremecimientos, casi dolor, como calambres y relajamientos, no sabría cómo explicarme. Fue distinto a todo lo conocido, luego la excitación me invadió y los orgasmos se suceden sin control, por eso te pedí que te vengas, no podía con la ansiedad que me producían. Nunca tuve más de uno, cuando me daba tiempo.

    Se levantó para limpiarse la abundante enlechada. Volvió desnuda e higienizada, la toalla sirvió para cubrir los restos de semen vertidos sobre la sábana. Arrodillada controla el reposo del guerrero, la verga mantiene la rigidez de cuando me salí de su cuevita, mirándome a los ojos acercó su boca para limpiar la última gota que corona el “ojito”, cubrir con su boca cuanto podía para recuperar los resto de la profusa eyaculación, mi sonrisa agradece la delicadeza de aprovecharse mi hombría.

    Le acerqué la botella, sorbió del pico el espumante para acompañar el semen de su hombre.

    Tendida, silenciosa, mirando el techo, solo el suspiro prolongado cuando mi boca comenzó a lamer el seno izquierdo, sus manos tomaron el pecho para asistir la glotonería del ansioso mamador. Los gemidos de la hembra se compadecen con la urgencia de la succión, la verga retoma la erección a pleno.

    Me vuelco sobre su pierna para frotarla sobre ella, la mano de Elina acude para sofrenar la calentura de su hombre.

    Me pone de espaldas, consciente que la erección de su hombre necesita atenciones, su boca está dispuesta a darme la satisfacción de entrar en ella. Sin dejar de vigilar cada movimiento comienza a masturbarme y mamar con suavidad.

    Cuando la calentura apremia, intensifico el ascenso de la pelvis, asida de los cabellos, estamos en coito bucal a pleno, sus manos evitan las arcadas iniciales. La mamada siguió con intensidad y premura que mi calentura exige, las tetas apretadas para contener la ansiedad de no poder contenerme. La incontenible eyaculación exige, impone sus tiempos, la urgencia se traduce en la rigidez muscular, la brusquedad de movimientos, sabe leer la información, acomoda su boca para recibir el chorro de caliente semen, sabe que debe sacudir la verga lento, despacio para vaciarme todo. Repite la masturbación mientras traga (necesitó dos tragos) la leche de su hombre.

    Permanece quieta, conteniendo los últimos latidos de la verga, se retira despacio, aprieta corriendo el prepucio para descubrir esa última gota, perlada que recoge con la fruición de una hembra que sabe cómo atender a su hombre. La sonrisa complaciente mientras la lengua recorre todo el labio inferior para recoger los restos del naufragio seminal.

    Un beso a la botella de champán agregaría burbujas al lechoso regalo de mi calentura.

    Me comió la boca, un beso profundo, su lengua busca el contacto con la mía, puedo sentir el aroma dejado por el champán y tal vez algún resto de mi lechosa existencia permanezca en su boca.

    Transitamos el éxtasis de la compañía mientras las funciones vitales recuperan la normalidad. No hubo explicaciones, solo su confidencia de que este había sido un momento único, que era la primera vez que se tragaba la leche de un hombre.

    Soy buen escuchador, sabía lo que necesita, llevé su cabeza sobre mi pecho para que hiciera las veces de confesionario, dejarla vaciar sus ganas de contarme: “te dije que era un hombre que se había calentado en extremo conmigo, me persiguió hasta conseguirme, hacerme el sexo era una prioridad vital, el amor venía entremezclado, el apetito sexual por hacerme era la desmesura misma. En los comienzos lo hacía hasta cuatro veces al día, no sé de dónde sacaba tanta vitalidad, era un enferme del sexo, me costaba seguirle el tren, tampoco era demasiado generoso, diría que estaba pendiente de su propia calentura, me lo hacía por delante y por atrás, ahí fue algo más complicado, la tenía gorda, así como la tuya y cuando me hacía la cola era algo serio.

    Sabía respetar la veda que imponían mis reglas, en verdad era un alivio, pero “en esos días” fue cuando comenzó a hacer el culo, claro que las cremas suavizaban bastante el impertinente grosor de su poronga, pero cuando la calentura se imponía perdía la poca delicadeza previa y me la mandaba con la bruta urgencia que moviliza la contundente eyaculación. En más de una ocasión, repetía con un segundo polvo, fue así que aprendí a pajearlo y hasta mamarlo para poder calmar sus increíbles raptos de calentura, no tragaba su semen, no sabía bien como el tuyo, cuando se salía de mi boca se tendía boca arriba para tomar un respiro de su intensa agitación, yo me ponía un poco de lado, vaciaba el semen en mi mano que luego limpiaba en una toalla que siempre tenía bajo la almohada”

    – Ufff, necesitaba contar esto, gracias por escucharme.

    Tomé su cara entre mis manos, su boca en mi boca y me comí todos sus besos, hasta los más obscenos.

    Durante el resto de ese finde tuvimos sexo a diario, en la mañana justificaba que salía a correr y luego me tomaba un café en un barcito del centro, no me faltaron excusas para un “rapidín”.

    Al regreso seguimos en contacto por skipe y por el teléfono, realmente fue una deliciosa relación, en el primer viaje solo, con la excusa de contratar una reparación en la casa fueron dos días a sangre y fuego, cogidas y recogidas de antología, que por extenso y la excitación provoca memorarlo amerita un relato aparte.

    Conocer tu comentario me importa mucho, cuéntame en [email protected] con gusto responderé tus preguntas. Te espero mañana en la continuación.

    Lobo Feroz

  • Un fin de semana tórrido

    Un fin de semana tórrido

    Mi señora y mi nuera, con su hijo, estaban en la costa.

    Mi hijo, estaba en EE.UU. haciendo unos cursos de capacitación en tecnología espacial, cosa que ocuparía todavía otros 4 meses más de estudios. Yo viajaba ese fin de semana a Pinamar y me quedaría una semana con ellas. Salí sábado a la mañana, para llegar después del mediodía a nuestra casa en la playa.

    Soy gerente en una empresa petrolera, mi esposa, es abogada y mi nuera no trabaja. En el viaje, recibí en mi celular un llamado de mi señora, que me dijo que debía viajar a Bs. As., pues tenía el Lunes o Martes, una conciliación obligatoria improrrogable, de manera que nos cruzaríamos en el camino, pero que descartara vernos en la ruta.

    Era un día de calor elevadísimo y al llegar y no sentir ruidos, pensé que mi nuera y nieto estaban en la playa. Me propuse dar una ducha y me desnudé en el dormitorio y me encaminé al baño de la planta alta a darme una ducha antes de ir a comer algo al parador de la playa.

    Cuando llegaba a la puerta del baño, ésta se abre y aparece mi nuera totalmente desnuda, con una toalla sobre los hombros.

    -Daniel -me dice- No escuché que llegara. -y trató inútilmente de cubrirse con la toalla de mano que llevaba.

    Mi nuera, tiene 26 años, mide aproximadamente 1.65 m., tiene una cabellera castaña que llega a su espalda, es una muchacha hermosa, tiene una cola redondita y un par de pechos firmes, que ahora veía, con pezones oscuros y paraditos.

    Yo no me preocupé de cubrir mis partes, pues no tenía sentido hacerme el moralista.

    – Disculpa esta situación, pensé que estarías en la playa -dije.

    – Iré a mi habitación, para que Ud. no esté incómodo. -contestó,

    Se acercó a mí, me dio un beso en la mejilla. Sentí sus pechos desnudos en mi cuerpo al apoyarse inclinando su cuerpo.

    -Bienvenido -sonrió al decirlo- me alegro de verlo.

    – Más me alegro yo de verte como te veo -contesté- No tengo muchas oportunidades de ver cosas tan deseables y bonitas.

    -Siempre tan agradable en sus comentarios -dijo y se metió en su habitación.

    Entré al baño, bastante excitado por lo que había sucedido. Me di una ducha rápida y me fui a mi habitación luego de tomar un toallón del placard del baño.

    Estaba por vestirme cuando golpea la puerta Gimena, y dice:

    -Puedo pasar Daniel.

    – Adelante. Adelante -reiteré.

    Pasó al dormitorio, todavía cubierta solo por un toallón.

    – Seguimos bastantes desnudos todavía -dijo al verme cubierto solo por el toallón. Y agregó:- No quiero que se entere la familia de lo que nos pasó. Sería incomodo explicarlo. Especialmente a su hijo. A pesar de…

    – A pesar de qué? -pregunté.

    – Es que mi esposo, su hijo, hace meses que está lejos -dijo mientras se sentaba en la cama- y es natural que me sienta sola y me entusiasme ver a un hombre desnudo.

    – a vos, te entusiasmó, verme desnudo? -interrogué.

    – Una no es de fierro, tampoco -dijo maliciosamente, y agregó- A Ud. también noté que algo experimentó, porque lo vi excitándose al verme desnuda. Por eso, después de ver durmiendo a mi hijo en la pieza, me decidí a venir acá.

    Me senté a su lado en la cama y poniendo mi mano sobre la suya, le dije:

    – Me parece que estás sintiéndote muy sola -dije- Y ahora que mi esposa se fue a Bs.As. yo también voy a sentirme solo.

    – Amo a Marcelo, No me animaría a serle infiel con nadie. -y bajando la vista, musitó- aunque a Ud. Daniel lo aprecio muchísimo y sé de su capacidad de comprender a una mujer y sus necesidades físicas.

    Tomándole la barbilla, le hice girar la cabeza hacia mí y mirándole los ojos oscuros y bellos dije:

    – Yo te quiero mucho. Sos una mujer hermosa y deseable. Estoy feliz que ames a mi hijo y vuestro matrimonio siga firme en el tiempo. Hay relaciones sin culpa y que solo el silencio debe ser su estado.- ¿me comprendés?

    – Perfectamente  dijo- esto debe quedar entre nosotros y sin culpas.

    Me puse de pie y tomándole la mano, hice que se pusiera de pie también.

    Al pararse el toallón que la cubría, cayó a sus pies. Me miró con profundidad a los ojos.

    -¡cuánto lo necesito, Daniel!

    Me deshice de mi toallón y lentamente la llevé a recostarse en la cama. Nuestras bocas se buscaron con ternura en principio, pero de inmediato la pasión y el desenfreno se apoderaron de Gimena. Sus brazos rodearon mi cuerpo y bruscamente se apretó contra mí.

    Besé su cuello y sumergí mis labios en su vientre. Recorría las líneas de su cuerpo, besaba y mordía sus tetas.

    -Hágame suya Daniel, por favor -gemía- Lo quiero dentro mío. Hace tanto que necesito un hombre.

    Busqué su pelvis con mi boca y bebí el néctar de su vagina. Ella casi lloraba desesperada ante mis caricias y besos. Sus manos se aferraban a las sabanas sollozando y girando violentamente la cabeza hacia ambos lados.

    -No se detenga, Daniel -gritaba roncamente- Penetreme. Quiero sentir su miembro dentro de mí. Lo necesito.

    Mi erecto miembro lo arrimé a su húmeda vagina y lentamente fui buscando su profundidad. Su pelvis embestía contra mi vientre y sus uñas se hundían en mi espalda… Iniciamos con pasión desenfrenada un mete y saca, casi violento.

    -Asssi… Asiiii Ahhhhh… Haga de mí lo que quiera… Dios mío… cuanto lo necesito. -Gemía desaforada y temblando de placer.

    Yo sentía mi sexo en las profundidades de su vagina. Sentía los jugos que mojaban su pelvis y la mía. Nuestros labios desesperadamente daban paso a las lenguas ansiosas y salvajes. El desenfreno imperaba, la falta de sexo de tanto tiempo se hacía carne en este momento. El orgasmo y la eyaculación nos llevaron al paroxismo, en medio de gemidos y reclamos imperativos de correspondencia mutua. El perfume de sexo inundaba el lecho del incesto salvaje.

    ……………..

    Exhaustos quedamos tendidos, desnudos y rodeando nuestros cuerpos con brazos fatigados y labios trémulos. Reposando el violento sexo vivido.

    – Me hizo muy feliz Daniel -y agregó- el secreto de este encuentro, será por siempre un recuerdo maravilloso.

    – Debo agradecerte yo, el que me diste la alegría y el placer de tener a una mujer con tal vehemencia -le contesté.

    Ni ella, ni yo, jamás sentimos culpa por ese encuentro, producto del cariño o la pasión.

    Danino

  • Padrino, quiero una foto desnuda

    Padrino, quiero una foto desnuda

    La profesión de fotógrafo nos prepara para mirar donde los demás solo ven, captar los momentos efímeros en la imagen para recordar.

    Me dedico a la fotografía social, fiestas, eventos, me he ganado un merecido reconocimiento por responsable y confianza por discreto. Sobre esta última cualidad, la hija de un apreciado amigo, me buscó para concretar su fantasía, hacerla realidad solo podría con su “padrino”.

    -Padrino, necesito verte para consultarte por un trabajo.

    -Cuando quieras, para vos todo, estoy en el negocio, si vienes te espero.

    -Voy ya!

    Siempre hubo un feeling especial, por eso desde pequeña me trató con “padrino”, como tal siempre respondí a su confianza, tal vez por esa naturalidad en el trato me ha preguntado y confiado intimidades que por pudor no quería hacerlo con sus progenitores.

    No le costó tanto exponer ese proyecto que le rondaba en su cabeza desde hacía como una semana.

    -Acabo de llegar a la mayoría de edad, ser responsable con todas las atribuciones de adulto.

    Esa misma noche, antes de dormir, me desnudé, me miré frente al espejo y me contemplé como si fuera otra persona y pensé… Que me veo en buenas formas, el vientre plano, sin rollitos, con estas tetas de tamaño importante, caderas firmes y sin rastros de celulitis, cutis terso y la armonía propia de la juventud. Bien, esto es hoy y ahora, pero y dentro de unos años? Todo es efímero en la vida, también la belleza, por eso, me gustaría que esta imagen perdure. Se entiende?

    -Totalmente. Así como te viste en el espejo, insinuándote?

    -Cómo puedes saber que me insinuaba? Acaso estabas del otro lado del cristal?

    -No es necesario, te conozco, pude intuir de qué modo pensabas.

    -Tú eres la única persona que puede hacerlo, desnudarme para esa foto.

    -Bueno, no eres virgen, ya lo has hecho delante de algún hombre. –risas

    -Pero… no es lo mismo.

    -Bueno, también soy hombre, tu una apetecible mujer.

    -Padrino! Bueno… claro… pero… podrás contenerte?

    -Si no me provocas…

    En esos términos y con esos puntos suspensivos acordamos para la semana próxima.

    Ella se había “hecho la película” armado la escena mental, por eso me pidió que fuera un hotel para parejas por que le había gustado mucho la ambientación erótica.

    Pagué por dos turnos, también dio pie a su comentario

    -Hmmm, dos turnos, seis horas, no es mucho para unas fotos, hmm… me parece que estás buscando algo más.

    -Epa!! Contigo? No contigo?

    -Por?… que tengo de malo…?

    -Ja! de malo nada, obviamente no, pero… sos… eres… bueno…

    -Y…

    Dos bolsos con elementos de trabajo, armé la pantalla perlada y un par de luces para efectos visuales, un trípode con cámara de foto y filmadoral.

    -Ponte cómoda… a ver cómo quieres las fotos?

    -Tú eres el que sabe, decide y ordena.

    Comenzamos con fotos en ropa interior, que por cierto ya era algo bien erótico, salvaje juventud, ligeramente bronceada, zapatos negros de tacón bien, bien alto, daban realce extra a la esbeltez de sus piernas, tanguita, asiiiii de chiquitita, el elástico de cintura bien alto la minimiza aún más, la sombra de los vellos púbicos acomodados para que asomen como al descuido del triangulito de encaje blanco, soutién, de la misma etérea tela, solo cubre las cúpulas trasluciendo la sombra de las aréolas y resisten la presión de los pezones que intenta atravesarla.

    Por un instante el hombres podía sobre el profesional y el padrino, mirarla tras el objetivo adquiría otra dimensión, la impunidad me permitía apreciar y evaluar sensaciones que excedían el objeto de hacer estas fotografías.

    Quedé más de lo necesario viéndola, observando y admirando ese cuerpazo que nunca había imaginado de este modo ni en estas circunstancias tan emotivamente eróticas, los valores éticos se habían caído al precipicio del imprudente pensamiento lascivo, mi atrevida fantasía lujuriosa que me provocó verla como mujer, irremediablemente deseable ejercía presión en la bragueta.

    Había captado el efecto de mirarla, difícil conservar la compostura y disimular los efectos notorios de la visión de su cuerpo.

    -Epa!!! me tienes miedo???

    -No, yo me tengo miedo, es por eso… -sonríe

    Maika le había tomado el gustito al juego de posar, cada indicación era superada por el atrevido intento de ir por otra más sensual. Sugerí sacarse el soutién y poner una camisa abierta que insinuara todo.

    -Rociada con agua de la ducha? –dijo ella.

    Posa sugerente, el agua había dado la transparencia para exacerba y mejora la visión de los pechos, erguidos y expresivos del desafío a la vida y al deseo masculino. Más jugaba, más le gustaba, totalmente desnuda, la luz colocada en el suelo y la toma a trasluz daban un encanto lujuriosamente erótico.

    Pedí dos whiskys con hielo para la siguiente toma.

    -Ahora vas a tomar un cubo de hielo y frotar los pezones.

    Pasó el hielo por los pezones, siente el erótico efecto del frío, se excita, mueve su entrepierna, frotándose y apretando los labios de la vagina con su mano en más de una ocasión.

    El ángulo, la luz desde abajo y la erección al máximo de los pezones realzan las fotos. Fui al bolso por un pote de vaselina que le acerqué.

    -Vaselina!! Para qué?

    -No es para lo que piensas… bueno no ahora… (sonríe)

    -Y qué pienso?

    -Hmm… nada, nada. Unta el dedo y frota los pezones luego de pasar el cubo de hielo, quiero ese efecto de gota de agua retenida en la vaselina.

    Esas indicaciones y el efecto de la sensualidad fueron determinantes para que esas poses resultaran de las mejores, diría que a nivel de cualquier pose para la tapa de una revista erótica. Terminamos con algunas poses sobre la cama.

    Había concluido la tarea profesional, el hombre totalmente “al palo” con una erección que no podía dominar. Cuanto más me mira, más difícil disimular mi erección, hasta dolorosa por la opresión del bóxer. Había perdido la calma y el dominio, le divierte verme turbado y perturbado. Sin perder la sonrisa se cubre y dice: -Podemos pedir otro whisky?… con hielitos? Para que me pongas en mis pezoncitos…?

    -Chin chin… por… por, luego vemos…

    Mientras bebe se levantó de sillón, movimiento de hombros y “chau” camisa, desnuda, de frente y de perfil, a luz y contra luz, jugando con las sombras y el color, de inocente a imprudente, de la castidad a la obscenidad total. Todo en el mismo envase, descubrir el otro lado de lado de Maika, de la moral familiar a los besos más obscenos que le quiero dar, comerle la boca sin dejarla respirar.

    El abrazo calentó mi “espíritu”, sus pechos enturbiaron mi razón, la excitación el criterio de lo prohibido. Toda ella se convierte en una gran zona erógena por dónde se la toque, mis besos ardientes recorren su piel, hurgar entre el vello púbico, deseo visceral de respirar su fragancia de hembra en celo, robarme el gusto salado de su mar íntimo.

    Abre sus piernas, gana excitación y pierde el sentido de la prudencia, se deja estar a mercede de su padrino, entregada. Sentada en el borde de la cama, hundiendo mi lengua en su almeja, las piernas sobre mis hombros dejan libre acceso a comerla de un bocado. Se debate entre querer y no poder soportar tanta excitación, manos agarrotadas, gemidos y respiración entrecortada, voz temblorosa, músculos y tendones al máximo. Arquea la espalda, eleva la pelvis, tensa, soporta el acoso insolente del orgasmo, resiste el primer desafío. Se afloja, vencida entre mis brazos y el acoso de mi boca, ávida por volver a beber su deseo, de un trago, embriagarme con el sabor de esta pendeja que me alucina.

    Dos orgasmos robados por asalto la dejaron mansa y permisiva. El “quiero más”, fueron su estribillo. El acoso aún no concluye, escalar por su vientre hasta los pechos, apretarlos, exprimir el envase, sorber el sabor de sus pezones. Acorralada en la urgencia de mis manos, el fragor insaciable de mis labios, lamiendo la turgencia amigable de la teta. Palmeo los labios vaginales, frotando el clítoris, dos dedos trabajando el enigmático punto G, elevan a tope la agitación de Maika.

    El doble acoso hace estragos, la lujuria extrema eleva la resistencia erótica, sacude y vocifera en su impotencia, vibra y agita sin control, el orgasmo se presentó imperceptible como el aleteo de un pájaro sobre la tierra caliente del verano, superar las fronteras del deseo. Vive el éxtasis entre mis brazos, reponiéndose del tránsito a la inmortalidad de los placeres.

    Abrió los ojos a la realidad, el placer pervive dentro, pone manos a la obra sobre el miembro de su padrino. Siente vibrar mi carne al rodearla con sus manos, impetuosa erección, roba su admiración por dureza y grosor, abrió los ojos por asombroso deseo de probarla.

    Se le antojó poner la boca sobre la verga, lamerla mientras comienza a sacudirla, chuparla despacio, acomodamos para el inevitable 69. A poco de comenzarlo, pide pausa en mis lamidas, necesita concentrarse en degustar la mamada de verga, sin sacarla de su boca dice que le gusta mucho el sabor de su macho.

    No pude sustraerme a la tentación de volver a lamer su chochito, fervorosa y tumultuosa mamada la vuelve a poner en condiciones de seguir gozando.

    -Ahora te quiero adentro. –pausa- Por favor padrino, olvida todo, soy una hembra caliente. Siente a tu putita. Deja de pensar en otra cosa… Necesito cogerte!!! Cogerte!!!

    Pero eso es otra historia. De momento solo me declaro culpable de no poder contenerme y dejarme llevar en esta locura de amor prohibido.

    Sé bien que entre tus fantasías está lo mismo que sentía Maika, cuéntame un poco, el padrino Luis está esperando saber de ti, anímate [email protected] y te responderé rápido…

    Nazareno Cruz

  • Regresando a la casa de Martín

    Regresando a la casa de Martín

    Había pasado ya una semana desde que la señora Nelly me había sorprendido en el baño de su casa, el recordar esas imágenes de su deliciosa y experimentada boca y enormes senos en mi verga me sirvieron de inspiración los demás días para masturbarme en mi cuarto. Ya había pasado al olvido su hija como la musa de mis deseos carnales, pero ahora tenía que tener mucho cuidado con Martín porque era muy celoso con ella según me había contado su hermana Pilar, que Nelly para evitar problemas con su hijo y que eso fuera contraproducente en su tratamiento con el psicólogo porque sufría de fuertes depresiones que lo destruía por completo había renunciado en salir a divertirse con sus amigas de trabajo y conocer algún hombre otra vez nuevamente para dedicar su tiempo libre en su cuidado.

    Cuando regresábamos de la universidad a su casa porque teníamos un trabajo por hacer, estaba nervioso por volver a verla, le pregunté a mi amigo por su madre en que trabajaba y si ya tenía un pretendiente ya que había pasado mucho tiempo desde la muerte de su padre.

    – Ella trabaja buen tiempo de administradora en un restaurante y sobre un pretendiente no hay y tampoco lo habrá, ella está muy bien y tampoco lo necesita porque respeta mucho la memoria de mi papá así estamos bien en mi casa. ¿A qué se debe la pregunta sobre ella?

    – Nada es sólo curiosidad como cuando voy a tu casa nunca vi que alguien la busque por eso pregunté, tuve que disimular y cambiar de tema de conversación para que no se diera cuenta que ahora era su madre quién me gustaba, pero estaba totalmente equivocado sobre su madre porque cuando estaba en el baño y sus manos acariciaban mi pene para mitigar el dolor que aún tenía su mirada era la de una mujer de 42 años muy necesitada de sexo que luego del mucho tiempo veía y tocaba una verga joven y de buen tamaño que de a pocos se volvía dura entre sus dedos.

    Que hizo que despertara en ese momento todo su libido que había guardado todo ese tiempo y perdiera el control y terminara chupando la verga del amigo de su hijo con muchas ansias y gozo y no se detuviera hasta que la abundante y caliente leche invadió su garganta, entonces no era verdad que la señora Nelly estuviera bien y no necesite a un hombre.

    Cuando llegamos él buscó a su mamá por toda la casa y no la encontró aún no llegaba de su trabajo, empezamos hacer las tareas luego de un rato llegó Pilar con su enamorado preguntó por Nelly.

    – Aún no llega de su trabajo Pilar… (Le contestó su hermano

    Subió a su dormitorio se cambió de ropa y se fue con su enamorado, había pasado una hora más cuando abren la puerta y apareció Nelly con varias bolsas de víveres que apenas podía sujetar, rápidamente me levanté de la silla y me ofrecí ayudarle con los víveres.

    -¡Ah… gracias tan joven y todo un caballero. Debes aprender eso de tu amigo… hijo!

    Él no le contestó nada a su madre y siguió con la tarea, yo iba detrás de Nelly llevando las bolsas y al mismo tiempo admirando su enorme trasero con sus enormes nalgotas que se movían a cada paso que daba, yo estaba totalmente hipnotizado por ella y con sólo verla ya estaba con tremenda erección.

    Cuando llegamos ella se inclinó un poco para dejar la bolsa sobre la mesa en la cocina y ahí su culazo se vio imponente que ya no me pude controlar y la abracé fuerte por detrás poniendo mi dura verga en medio de su culo.

    – ¿Qué haces… no te das cuenta que mi hijo está afuera?! Vete y sigue haciendo la tarea junto a él…

    Su mirada era de cólera y también de temor que su hijo se diera cuenta, salí todo avergonzado de frente al baño para mojarme la cara con agua fría y bajar la erección. Y luego continúe haciendo la tarea con Martín hasta terminar cuando ella salió y nos ofrece un refresco y galletas no acepte.

    – No se moleste señora Nelly. Gracias ya me voy a mi casa.

    Ella se dio cuenta que estaba decepcionado y también avergonzado y me fui, desde ese día no regrese a su casa buscaba cualquier pretexto para no ir las tareas las hacíamos en la uni por más que Martín insistió porque siempre después de terminar las tareas nos divertíamos jugando cartas viendo televisión.

    Hasta que un día no vino a clases Martín nadie lo extrañó en el salón sólo yo porque en verdad se había hecho mi amigo, hice los apuntes de todas las clases para luego llevárselos. Cuando estaba caminando rumbo a su casa vi a Pilar y le pregunté por su hermano.

    – ¡Hola Miguel justo iba a buscarte, mi hermano otra vez cayó en depresión y no quiere salir de su cuarto, dice que ya no quieres ser su amigo. ¿Es verdad eso. Que se han peleado?

    Le dije que no estábamos peleados, que si quiero ser su amigo sólo que tenía cosas que hacer en mi casa y justo le estaba llevando los apuntes de clases, cuando llegamos a su casa también estaba ahí la señora Nelly había pedido permiso en su trabajo también, ellas estaban muy preocupadas su mamá le dijo que ya se podía ir porque necesitaba hablar conmigo Pilar se fue porque tenía cita con su enamorado.

    – Hola Miguel, envié a Pilar a buscar porque Martín esta nuevamente mal y sé que es por culpa mía todos estos días que no venias él estaba muy triste sabes lo mucho que aprecia que seas su amigo porque eres el único además que tiene, sé que no debí tratarte así tan brusca pero me sorprendió lo que hiciste y también que mi hijo estaba muy cerca ahora está descansando ha tomado sus pastillas tu sabes muy bien que yo haría cualquier cosa por él…

    Se levantó del sofá y me dio la espalda se inclinó y subió la falda dejando ver su enorme culo no tenía puesto el calzón me dijo que me acerqué a ella, lentamente lo hice mis manos acariciaban esas nalgotas que tantas veces había soñado tenerlas para mi…

    (Continuará…)