Categoría: Sin categoría

  • Ella intentó todo por serle infiel

    Ella intentó todo por serle infiel

    Laura se puso de pie en la bañera alargando la mano en busca de una toalla. Mientras se secaba notaba la suavidad de la tela rizada. Se detuvo un momento a la altura de su pubis húmedo. No, no era el momento, hoy habría sexo de verdad, con un hombre, con un pene de verdad. Ya estaba harta de sucedáneos de plástico. Más valía que su marido no la rechazara otra vez porque hoy quería, no, hoy necesitaba algo auténtico, y estaba dispuesta a conseguirlo como fuera. Siguió frotándose todo el cuerpo hasta quedar seca e impregnada del aroma del suavizante de la toalla, que se mezclaba con el olor del agua de rosas que había vertido en el agua.

    Al salir se miró al espejo que ocupaba toda una pared del baño y le gustó lo que veía. A sus treinta y pocos años el tiempo había sido condescendiente con ella y la había tratado bien. Apenas se vislumbraban unas ligeras arrugas de expresión en un rostro ovalado y hermoso. Los pechos seguían en su sitio, turgentes y firmes. Los ojos marrones aún brillaban jovialmente. La cadera se había ensanchado ligeramente, pero eso le daba más rotundidad a su figura, mejorando el resultado final.

    Tras secarse rápidamente el corto cabello de un rubio natural oscuro, se maquilló muy ligeramente, tan solo unos toquecitos discretos aquí y allá. Se puso unas gotitas de perfume en el cuello, en el escote y acabó rozando el pelo del pubis para que cogieran algo de ese perfume embriagador que tan caro le había costado. Iba a estrenar un conjunto de ropa interior nuevo. Encaje negro finísimo, casi transparente. Acarició las braguitas y sintió su suavidad. Examinó el sujetador y se lo puso ajustando los tirantes hasta que se sintió cómoda.

    Se volvió a mirar al espejo y se gustó, se acabó de colocar los pechos subiéndolos y juntándolos en un gesto mecánico. Se puso las medias y un liguero de fantasía que también estrenaba hoy, a juego con las otras prendas de lencería. Nunca antes había usado liguero. Era un prenda que no entendía muy bien, lo veía incómodo y sin utilidad desde que se inventaron los pantis, pero le habían dicho que a los hombres les excitaba muchísimo, y hoy necesitaba estar irresistible.

    Se sentía poderosa, eufórica, estaba lista para poder con todo. Se subió a unos zapatos negros de piel brillante con unos tacones de vértigo. Desde allí dominaba el mundo. Echó un último vistazo al espejo antes de salir y se dijo a sí misma que estaba divina, elegante y sensual.

    Así vestida llegó al salón de su casa. Su marido vestido con una vieja bata de franela roja y negra de cuadros estaba tumbado en el sofá absorto con un programa de deportes, y el mando a distancia de la televisión en la mano.

    —¿Has visto Pepe lo que tengo aquí? —dijo Laura mientras se levantaba los pechos con las dos manos, con la intención de captar su interés.

    Pepe se puso en pie rápidamente soltando el mando y se dirigió hacia ella poniendo sus manos sobre esas espléndidas tetas. Laura pensó que había funcionado, que demostraba interés, al fin.

    —No sé, parece un lunar normal, pero mejor ves al médico y que te lo mire, que esas cosas a veces se complican —y dicho esto, soltó los pechos y se volvió a tumbar en el sofá buscando su mando a distancia.

    Laura no podía creerse la imbecilidad de su marido, estaba indignada y enfadada.

    —Estoy excitadísima. ¿No ves cómo voy?

    —Venga al ataque, al ataque cruza la banda, si, así. Normal que tengas frío con esa ropa tan fina ¡Anda! tápate no vayas a resfriarte. No así no, presionad. ¡Coño!

    —Que no, que no tengo frío, que tengo ganas de ti.

    —Sí, eso mismo, un té caliente te sentará bien. Es lo mejor para el frío.

    En ese momento Pepe dio un bote y gritó:

    —¡Gooool goooollll! ¡Qué golazo, toma, toma!

    Laura estaba llegando al límite, y gritó a pleno pulmón

    —¡Pepe! Quiero que me hagas el amor.

    El la miró confundido. Laura no solía gritar, y aprovechando que los jugadores iban andando al centro del campo para reanudar el juego le prestó un poco más de atención.

    —Cariño, pero si esta semana ya lo hemos hecho.

    O me follas ahora mismo o voy a tirarme al primero que me encuentre por la calle.

    —Bueno, pero cuando vuelvas compra unas cervezas en la tienda esa nueva que abren las 24 horas, que quedan pocas.

    Laura estaba helada. O su marido era idiota, o pasaba de ella, o estaba tomándole el pelo, pero hoy estaba decidida. Así que con paso firme se dirigió a la entrada y se puso la gabardina de su marido que estaba en el perchero, buscó su bolso y llegó hasta la puerta.

    —¡Laura! —grito Pepe cuando ella ya tenía la mano en el picaporte.

    —¿Qué? ¿Te lo has pensado mejor? —gritó ella también.

    —Por lo menos tráete dos o tres cervezas frescas, si no tienen en la tienda, en el bar que estará abierto, aunque sean más caras.

    Eso era más de lo que podía soportar, abrió la puerta y la cerró con un portazo que retumbó en todo el edificio. Se iba a enterar ese inútil de mierda de lo que era una mujer cabreada.

    Al salir a la calle, el viento frío le dio una bofetada en el rostro. Se ajustó lo mejor que pudo la gabardina gris, que le venía grande y anduvo sin rumbo echando chispas, sin saber cuál sería el siguiente paso. Solo sabía que quería ponerle los cuernos al imbécil de su marido. A las dos manzanas vio un chico de unos treinta años sentado en un banco, según se iba acercando fue viendo que era muy guapo, alto, bien peinado. Ese serviría como cualquier otro.

    Se acercó a él abriéndose la gabardina y dejando al descubierto su ropa interior le preguntó:

    —¿Te gusta esto?

    El chico le miraba los pechos hipnotizado, no le salían las palabras, al final dijo:

    —¡Qué preciosidad! Pero si es la última colección de Tom Titis, que es mi diseñador favorito. Te ha debido de costar carísimo. Pero que bien acabado que está, y como luce. Estás monísima, a ver si viene mi novio que está a punto de llegar y lo ve, le va a encantar.

    Laura se volvió a cerrar la gabardina y continuó andando. El enfado ya había pasado a un grado superior. Sentía ganas de romper cosas, de destruir, de… ¿Que probabilidades había de encontrarse con un gay? El destino se estaba burlando de ella.

    La noche era cerrada, sin estrellas ni luna. Según se iba alejando del centro donde vivía la iluminación iba disminuyendo. Cada vez las mortecinas farolas amarillas estaban más distanciadas unas de otras. Vio un parque donde no había entrado nunca por ser territorio de pandillas y gente peligrosa, pero hoy quería peligro, quería riesgo, quería sentir cosas. Entró decidida al parque. Dentro no había ningún foco luminoso, solo llegaban unos hilillos de luz de la farola de la entrada que ni tenían fuerza para proyectar sombras. Unos siete u ocho chicos ocupaban un banco, la mayoría sentados en el respaldo, otros apoyados. Laura anduvo sin dudar hacia ellos. Estaban fumando porros y tenían una pinta patibularia. Esos le darían sexo a base de bien.

    Al llegar a unos tres metros de donde estaban se volvió a abrir la gabardina diciendo:

    —Chicos. ¿Os gusta esto?

    Ellos la miraban con deseo, las pollas se iban abultando, pero eran una banda organizada y tenían un jefe. Lo miraron pidiendo su permiso para follársela por todos los agujeros. Iban a montar una buena juega con esa buenorra tan tonta para venir aquí sola. Pero el jefe movió la cabeza negativamente y susurró a sus esbirros tan flojo que Laura no lo pudo oír:

    —Seguro que es una trampa, nos deben de estar filmando. O es una policía o nos la manda la banda del machete para implicarnos en un delito. No podemos correr riesgos, al que la toque lo rajo.

    Laura dejó caer la gabardina al suelo y se acercó andando hacia ellos con la ropa interior sólo. Esperaba que saltaran sobre ella como animales que eran y la violaran salvajemente. Estaban cachondísimos, notaba los bultos que crecían en todos los pantalones a pesar de la poca luz. Pero algo no iba bien, no se movían. Babeaban rozándose los penes, pero nadie se movía. El jefe habló.

    —No está mal, pero es que nosotros usamos una calidad más alta.

    —¿Otra calidad? Laura no entendía nada, si estaba de infarto. ¿Qué quería decir ese gamberro?

    —Estás un poquito mayor y esas tetas… no sé, no parecen buenas. Parecen de esas falsas baratas.

    Laura se miró los pechos que rozaban la perfección, realzados por uno de los sujetadores más caros del mercado y quedó conmocionada, quería morirse. Ni unos degenerados la querían violar. Recogió su gabardina del suelo y se la puso derrotada. Unas lágrimas saladas recorrían sus mejillas. Se sentía como un trapo sucio. ¿Y si su marido tenía razón y no era apetecible?

    Cuando se dirigía hacia la puerta del parque el líder dio un silbido y le dijo:

    —Un par de manzanas más para allá hay otro parque donde está la banda del machete. Ellos no son tan sibaritas como nosotros. Prueba a ver si tienes más suerte.

    Mientras se dirigía hacia casa ya no andaba con seguridad. Ahora ya no era nadie, era una sombra que vagaba. Toda su autoestima se había quedado en el parque donde se había quitado la gabardina. ¿Qué mundo de mierda era este? Estaba todo al revés. Eran los hombres los que tenían que sufrir para conseguir una hembra cachonda, no al revés.

    Vislumbró la marquesina luminosa de un bar y se dirigió hacia ella. Entró en el bar y se hizo un silencio momentáneo, todo el mundo la miró unos segundos para después seguir sus conversaciones como si nada.

    Ya no era la diosa que había salido de casa. El maquillaje se había corrido por las lágrimas, la gabardina estaba manchada de barro y tenía un tacón roto.

    El dueño del bar la tomó por una puta barata y se acercó a ella para decirle en voz baja y sin que nadie más lo oyera.

    —Mira guapa, si quieres algo para llevar te lo doy, pero aquí no queremos a gente como tú. Esto es un sitio con clase.

    Era la puntilla. Ni en un bar normal la aceptaban. Sentía que había llegado al fondo del abismo, que algo la desgarraba por dentro dolorosamente. Antes había perdido la autoestima y mientras caminaba se le había caído la confianza y el amor propio. El camarero acababa de despojarla de las migajas de dignidad que le quedaban.

    Quizás su Pepe fuera lo máximo a lo que pudiera aspirar. Sacó un billete de su monedero de diseño y poniéndolo encima de la barra le dijo al barman:

    —¿Me puedes dar seis cervezas frescas para llevar?

    Loading

  • En un hotel con un matrimonio. Sexo completo

    En un hotel con un matrimonio. Sexo completo

    Contaré cómo acabe en la cama con un matrimonio estando yo de vacaciones en un hotel. Ocurrió hace un par de años. Estaba tranquilamente en la piscina del mismo nadando. Me describiré para los que no leyeran el otro. Soy una chica bajita, morena, con unas grandes tetas y un poco culona, pero aun así delgada. Llevaba un bikini rojo bastante pequeño, por lo que mis grandes pechos se dejaban ver, y mi culo quedaba bien marcado. Siempre me ha gustado lucir palmito, aunque tampoco más que las demás. Hay que reconocer que estaba estupenda y más de uno se quedaba mirándome, lo cual me gustaba.

    Una pareja comenzó a hablarme tras darme los buenos días. El, un hombre de entre 50 y 55 años, con el pelo canoso, y apuesto, aunque no era una estrella de cine. La mujer tendría 50, llevaba el pelo teñido de rubio, 1.70, y tenía unos labios gruesos y un cuerpo espectacular teniendo en cuenta que a la edad empiezan a caerse los pechos, ella tenía las tetas bien firmes, y el culo aun respingón. Parecía estar en forma. Llevaba un bikini con tanguita, mucho más provocador que el mío, que era pequeño, aun así.

    El tema fue desviándose de lo trivial a cosas más personales, acerca de por qué estábamos allí, por cuanto tiempo, y después si yo tenía novio, y más cosas. En realidad, no me molestó mucho, aunque me puse un poco en guardia, pues no todo el mundo va por ahí preguntando cosas tan directas a un desconocido. No me sorprendió mucho cuando me invitaron a tomar una copa en el bar, pero acepté. Me “confesaron” que querían dar un impulso a su vida de matrimonio, y la forma indirecta de mirarme no me llego a hacer ver lo que tramaban, pero ella acabo soltándolo tras un lingotazo de tequila:

    -Nos gustas, y si quieres te pagaremos por venirte a la cama con nosotros. Estarías con él, -me miró con lo que parecía deseo ardiente- y conmigo.

    Me quedé un poco cortada, pues me pilló de sorpresa. Pero cuando dieron una cifra la idea comenzó a gustarme, pues era alta –no diré cuanto-, y el sexo me gustaba de todos modos… -Acepto- dije al fin.

    A la hora convenida llame a la puerta y me abrieron. Él estaba en bata, y cerró la puerta detrás mío. En la cama estaba Ana, tumbada con las rodillas dobladas, completamente desnuda. Yo no había tenido muchas experiencias con chicas, y espere a que ellos ordenaran. Ya tenía en mi caja fuerte de la habitación el dinero (entregado en metálico) y me había mentalizado para disfrutar. Me quite la ropa y acerque mi cara a su coñito.

    Estaba poblado de pelos negros (era rubia pero teñida) y algo húmedo, tenía los labios gruesos –Vamos putita, cómeme- dijo ella. Empecé mi labor, lamiendo suavemente todo, desde abajo a arriba, metiendo poco a poco la lengua mientras lamia, ella iba excitándose y se empezaba a retorcer del gusto.

    Antonio se había desnudado y estaba junto a nosotras, de pie, con la polla en la mano, muy tiesa. Parecía disfrutar de lo lindo también. –Ya la probaras cielo- mientras se la cascaba poco a poco.

    Ana había agarrado mi cabeza para que la hundiese bien en su coño, el olor me estaba excitando y yo con una mano me empecé a sobar las tetas, tenía los pezones durísimos, y otras manos (las del marido) vinieron a acompañarme, mientras recorrían todo mi cuerpo y bajaban hasta mi rajita. Ana comenzó a venirse cuando mordisqueé su botoncito y metí mis dedos también, acabo estallando y yo bebi sus juguitos. Volvía a ser una puta, y gozaba.

    Me tumbe en la cama, y ella comenzó a lamerme a mí el coñito. Yo me tumbe al revés, y Antonio, viendo mi cabeza en el borde, acerco su polla, pensé que iba a estallar allí mismo, pero me la metió en la boca y comenzó a follarmela. Yo puse empeño y la mamada fue de película guarra. Mis labios la frotaban al entrar y salir y con la lengua la iba envolviendo poco a poco rozándola en sus embestidas, cada vez más rápido. Mi coñito estaba a cien, Ana sabia como hacer gozar a una mujer, me comía todo mi chochito depilado, me agarraba las caderas, atrayéndolas hacia ella.

    Tuve el orgasmo justo cuando la polla salía de mi boca y un mensaje muy claro indicaba lo que iba a pasar. –Ahí te va, en toda tu cara, puta-. Tres chorros me salpicaron la cara, semen calentito que cayó en mi boca ya cerrada, en mi nariz, ojos, frente y algo del pelo. –Ahhh- grito él. Ana me tumbo boca arriba y me beso la boca, mientras iba lamiendo el semen que tenía (de su marido), y tras dejarlo en la boca, la junto con la mía. Entendí lo que hacía: iba a pasarme el semen en un beso con lengua. Me excite mucho y tras comernos la una a la otra, nos miramos, abrimos la boca y vimos un traguito de semen en la otra. Asentimos y lo tragamos juntas. Descansamos un rato en la cama, agotados.

    Después Antonio me puso a cuatro patas y estuvo follandome un buen rato, hasta que se corrió, esta vez en mis tetas. Yo me limitaba a gozar. Hasta ahí todo lo convenido, pero se le ocurrió una cosa. Dijo a su mujer:

    -¿Qué te parece si le reviento el culo a esta zorrita?

    -Mmmm si cariño, dala que se entere, pero a mi también.

    Yo dije que no, que eso no lo habíamos acordado, pero me ofrecieron más dinero, un poco más, lo justo para que vacilara, y aceptara…

    El matrimonio (si es que estaban casados) no era novato, desde luego, estaban más salidos que la madre de todas las putas. Me colocaron a 4 patas, y al lado se situó Ana, en paralelo –Ya verás que bien cariño- y me beso en la boca. Nos unto el culo a las dos con lo que pillo por ahí, un poco de gel del hotel, y una tarrina pequeña de mantequilla que había cogido en el desayuno. Yo sería la primera, note sus manos en mi culo, y sus dedos abriéndolo bien. A ella la hizo igual. Note la polla que empezaba a entrar, un dolor en mi culo como si me partieran, y después ya se fue transformando en placer.

    Durante esto Ana comenzó a meterme la lengua hasta la garganta, pero ya entonces me gustaba y respondía igual de fiera, como dos perras. Note que salía la polla de mi culo y entraba en el suyo cuando se estremeció, gimió, y grito, y luego comenzó a jadear, cuando parecía que iba a reventar de placer, Antonio la sacaba y me la metía a mí.

    Era indescriptible. Tras veinte minutos de sexo anal y con su rabo en mi culo, note que me llenaban de leche por dentro. Él había acabado, pero yo aun no. Ana me metió el dedo en el coño, un poco más, luego dos. Estaba a cien, y muy mojadita. Al meter tres pensé que no podía más, pero metió cuatro, y, por último, toda la mano se había introducido en mi rajita. La movía con fuerza y yo agitaba mis caderas.

    Tenía restos de semen en las tetas, que se bamboleaban, mi culo estaba a rebosar también, y una rubia madurita me metía el puño ya hasta adentro. Estalle y saco la mano llena de flujos, que lamio como una perra. Yo quería que se corriera también así que la metí igualmente la mano poco a poco hasta adentro. Gritaba mucho y la bese con pasión. Cuando se corrió me mordió el labio hasta hacerme un poco de sangre.

    Lo había hecho bien. Recogí mis cosas y volví a mi habitación. Tenía mi dinero. Y una experiencia que no he olvidado.

    Loading

  • Despido procedente

    Despido procedente

    –Aquí tiene su carta de despido y el finiquito, consulte con sus abogados pero que sepa que va más de lo que corresponde, no queremos que se haga publicidad de este asunto por ninguna de las dos partes, me dijo la directora de estudios.

    Cogí el sobre y salí del despacho pensando como me había encontrado en esa situación, no hacía ni dos meses yo era un profesor de natación en un prestigioso colegio de las afueras de Madrid, soltero y poco vividor mi C.V. pareció encajarles cuando me contrataron para dar clase a una panda de energúmenos hijos de papa y a mí el sueldo me pareció una bendición por lo que mi entrada fue tan fulminante como mi salida, con 28 años y recién licenciado de INEF era la envidia de muchos de mis compañeros de estudios.

    Pasó un mes desde mi bautismo con los chavales y todo parecía ir sobre ruedas, la clase de natación la formaban ocho chavales y diez chicas, como la piscina era una olímpica corta no eran muchos alumnos y yo necesitaba mantenerme en forma, normalmente les acompañaba en los ejercicios, evidentemente mis cargas de trabajo eran mucho mayores que las de los chavales y cuando terminaban las clases yo solía nadar otro buen rato sólo de modo que cuando terminaba me duchaba sólo y sin molestarles.

    Cierto viernes, cuando estaba secándome y abriendo la taquilla para sacar la crema hidratante vi una nota que me habían dejado pegada en un costado en un sobre con algunas fotos mías mientras me duchaba, decía:

    “Me gusta tu cuerpo y querría que te acostaras conmigo”

    La falta de ortografía me llamó la atención y me despistó, las fotos no eran de gran calidad, pero se me veía perfectamente, al principio me asusté un poco pero luego pensé que podría ser una chiquillada de alguno de los alumnos, pero aún no habíamos hecho los exámenes y traté de no darle demasiada importancia. La semana siguiente volví a recibir otro nota con más fotos que cada vez eran más explícitas, en la nota ahora decía:

    “Te espero el próximo viernes a las 6 en el cuarto del fondo del bloque 8 de la planta baja, tienes una copia de las llaves en el sobre, espero que seas tan valiente como he soñado”

    Tenía toda la semana para pensármelo y tratar de averiguar quien era y que buscaba con esas notas, ni por asomo estaba pensando en una aventura. El lunes traté de sacar de verdad mentira a mis alumnos y fue peor el remedio que la enfermedad, sus risitas adolescentes, sus bajadas de ojos y sus codazos entre ellas me despistaron y preferí tomármelo con calma.

    Las seis de la tarde era la hora de salida de los alumnos y muchos vivían en las inmediaciones del centro por lo que podían entrar y salir sin que lo notase nadie, así que algunos de ellos podrían estar jugando conmigo y no estaba dispuesto a ello por lo que decidí que ese viernes desenmascararía a la persona que estaba jugando conmigo, ese error ortográfico podía darme una pista e investigué los expedientes académicos de todos ellos y menos una de las chicas, todos eran candidatos porque la natación se había vuelto un refugio para todos los borricos parecía ser a tenor de las notas que veía.

    El viernes mis clases fueron completamente normales, nadie faltó y los alumnos se comportaron como siempre, nada dejaba ver ningún comportamiento anómalo o sospechoso, incluso salieron de las duchas antes de tiempo, yo seguí con mi rutina como siempre y la última serie de 800 metros la hice relajado y salí prácticamente como si no hubiese pisado el agua, me dirigí a la ducha y me duché tranquilamente y me arreglé como de costumbre, me puse mis vaqueros de los viernes como yo solía decir, una camisa rosa pálido con cuello Mao que me encantaba y con decisión y lleno de nervios agarré la copia de la llave tras cerrar las instalaciones de la piscina encaminándome al bloque 8.

    El bloque 8 distaba apenas unos minutos de la piscina cubierta y cuando entré estaba prácticamente a oscuras, al ser un edificio que no conocía tampoco sabía como conectar las luces y me encaminé a la planta baja, allí la luz si estaba encendida, no muchas pero si lo suficiente para no darme contra las paredes o ver con claridad la puerta que me indicaban, una puerta gris metálica sin señales o marcas exteriores y que estaba cerrada con llave, con mil ojos puestos por todos los lados, apunté la llave en la cerradura y la metí con suavidad pero mirando a mis lados y mi espalda, unos instantes que me parecieron horas, giré la llave lentamente hasta abrir y ver un hueco negro como la boca de un lobo, la luz del pasillo no permitía ver mucho dentro y me quedé en el dintel de la puerta.

    Una voz femenina sin edad aparente llegó a mis oídos desde el fondo del cuarto:

    –Creía que no vendrías, por favor cierra la puerta y pasa, no tengas miedo que no muerdo, es más creo que tengo yo más miedo que tú.

    Obediente hasta el final, cerré la puerta y pasé a la oscuridad más absoluta sin saber que me esperaba.

    –Apenas tenemos media hora y ya que has sido tan valiente disfrutemos de este instante.

    –Pero ¿quién eres?

    –Psss, no hables y ven conmigo, y su mano acarició la mía atrayéndome hacia ella.

    Tenía todos mis sentidos alerta pero la oscuridad que nos rodeaba me privaba del principal y conocer a la mujer que allí me había citado, el tacto de su mano era suave como si se hubiese dado crema hacía poco tiempo, sus uñas cortas delataban trabajo manual, olía a limpio un limpio en exceso que me era familiar pero que no conseguía recordar, mis manos se posaron junto a sus glúteos y acariciando su figura pude imaginar que sería una mujer madura de unos 45 años calculaba, con un metro sesenta de estatura y un peso más o menos de unos 45 kilos, sus cadera era suaves y delicadas, sus senos eran pequeños y un poco caídos.

    Nuestros cuerpos se juntaron y aprecié que estaba desnuda completamente, su pelo era rizado y olía a manzanas, mis labios buscaron su cara y se posaron en su frente limpia y suave, su boca buscó ávida y ansiosa la mía y unos cálidos y húmedos labios me besaron con un hambre feroz mientras sus presurosas manos me desabrochaban la camisa y me bajaban los pantalones.

    Liberado de toda la ropa, enredé mis dedos entre sus rizos para separar su cara intentando verla en esa oscuridad, algo imposible y me conformé en que mis dedos viesen a través de mis ojos. Su lengua buscaba mi boca, lamiendo mis labios y humedeciéndome con sus besos arrebatados y profundos que se metían dentro de mí, sus manos me apretaban contra ella y se aferraban con fuerza en mi trasero empujándome contra su sexo, un vagina húmeda que se abría al contacto con mi pene erecto y que empezaba a rezumar líquido seminal a través del glande.

    No había sitio para juegos ni caricias, era una cópula salvaje y mi anónima dama agarró mi pene y se lo metió entre suspiros hasta el fondo, juntándose nuestros pubis y se apretó contra mí. Mi lengua recorría toda su piel, metiéndose en los pliegues de la cara notando las arrugas de una edad incierta pero todavía joven.

    –Te quiero dentro de mí, fóllame salvajemente, hazme tuya.

    Tomándola de su culo la elevé ligeramente para que ella me rodeara con sus piernas y busque a tientas una pared contra la que apoyar su espalda, no hube de caminar mucho pues apenas medio paso estaba la pared del cuarto y al apoyarla, sintió la fría pared en su espalda pero sin dar muestras de queja, sus labios buscaban mi cuello calentándolo y sus dedos se perdían en mis espaldas con caricias cada vez más agresivas y calientes, su vagina era cálida, confortable y arropaba mi pene con sus labios vaginales cada vez más excitados y hambrientos de mí. Su pubis me buscaba para no perder el contacto de piel con piel en ese masaje que excitaba su clítoris cada vez más erecto.

    –Sigue amor, no pares, métemela hasta el fondo.

    Un ruido húmedo y sordo llenaba nuestros oídos cada vez que entraba dentro de ella, un golpeteo cada vez más rápido y enérgico que arrancaba los suspiros más profundos de su alma. Agarrando con firmeza su culo subía y bajaba el cuerpo de mi dulce anónima sin aparente esfuerzo. Nuestras bocas se comían la una a la otra, sus labios mojados mordieron mi cuello, algo que pocas veces dejo hacer y me inundó una ola de placer que me nubló la vista en ese sitio tan oscuro. Sus dientes jugaban con mis labios y una lengua dura y juguetona me inundaba todo.

    –Me estás volviendo loca, no pares mi niño, no pares.

    El eco de su voz en mi cabeza actuaba de combustible y mis testículos se llenaban de esperma para inundar esa vagina hambrienta, golpeaban su perineo cada vez que llegaba hasta ella en una comunión de sexos perfecta. Clavó sus dientes en mi hombro derecho y unos pequeños grititos me anunciaban su éxtasis.

    –Me corro niño, me corro, me corro, si, si.

    Su vagina me empapó escurriéndose sus calientes jugos entre mis desnudas piernas, mi ritmo también delataba que mi orgasmo estaba a punto de llegar y sus palabras me dieron el empujón.

    –Córrete dentro mí mi niño, quiero tu leche dentro de mí.

    Un chorro de semen inundó su vagina mientras mi pene aún seguía dentro, tres latigazos que me llegaron hasta las uñas liberaron toda la tensión que había acumulado, mis espasmos y una respiración entrecortada le dieron la pista de que yo ya había llegado al final.

    –Que rico mi niño, mmmm.

    Permanecimos abrazados unos minutos o quizás horas, aún no se bien porque el tiempo se paró hasta que su voz me despertó de mi relax. Había sido un polvo exprés, porque dudaba que apenas llevásemos veinte minutos allí dentro y yo no estaba acostumbrado a relaciones tan rápidas.

    –Cielo, ahora quiero que te vistas, aunque sea a oscuras y vuelvas a salir, te pido que no espíes quien soy y si lo haces así nos volveremos a ver el viernes que viene con un poquito más de tiempo, esto ha sido un aperitivo de lo que podemos hacer y un beso se posó en mis labios sedientos.

    Obediente y con mi pene ya en estado flácido goteando semen me vestí como pude y salí sin girarme, me dirigí de nuevo a la piscina para ducharme y meditando que me había pasado y si volvería el siguiente viernes a verme con mi extraña desconocida, yo me preguntaba quien sería, las pistas que tenía eran contradictorias, por el físico no podía ser alumna, por la falta de ortografía y su olor, no podía ser profesora, tampoco podía ser una madre pues las fotos me fueron tomadas en horas lectivas, el caso es que ese enigma que corroía.

    Los siguientes viernes volvió a repetirse hasta esta semana que la directora de estudios me citó en su despacho, antes de la reunión me dio un sobre con unas fotos tomadas con una cámara de infrarrojos que debía ser del laboratorio de ciencias en las que se me veía a mi y la desconocida mujer follando en uno de los cuartos de mantenimiento, su discurso fue breve.

    –No podemos tolerar esto en las instalaciones docentes, usted con su vida privada puede hacer lo que quiera, pero aquí en el centro no.

    Yo estaba mudo y creí adivinar cierta dosis de envidia de la directora y tímidamente pregunté:

    –¿Y a ella qué le va a pasar?

    –Se le ha abierto expediente y su empresa ha sido informada, pero al no ser personal del centro no podemos hacer nada salvo solicitar que no vuelva limpiar en el centro.

    –¿Y quién ha realizado las fotos?

    –No se lo puedo decir, pero la alumna que las realizó también será expedientada, pero no se hará público para evitar acciones por su parte.

    Con alguna duda más de las que tenía cuando entré salí del despacho de la directora y me encontré sentadas en su puerta a una de mis mejores alumnas, Belén y una de las mujeres que limpiaban las aulas al terminar y con la que me cruzaba cuando me marchaba por las tardes.

    Loading

  • Mi amiga Moni

    Mi amiga Moni

    Moni es una mujer fenomenal. Es muy divertida y le gusta mucho bailar. De ahí que es el centro de atracción en cualquier reunión de amigos que se hace.

    En estos momentos está algo deprimida y cuesta verla sin su simpatía habitual.

    Tiene problemas económicos y a raíz de ello no se está llevando bien con su esposo, quien no la comprende mucho que digamos y no la acompaña tampoco cuando está en las reuniones. No le gusta bailar y ella tiene que hacerlo con alguno de sus amigos.

    Ella, que siempre se mostró muy activa -y no lo oculta- en materia sexual parece que hace tiempo que no practica.

    Se la ve muy caída, no se arregla tanto como es su costumbre y dice estar gorda (apenas tiene un par de kilos de más). Que se ve mal, que nadie la quiere, son sus frases preferidas últimamente.

    Como no podía verla así, a modo de chanza le propuse organizar una fiesta con los amigos en la que se apagaría la luz en determinado momento y entonces cada uno de los participantes tomaría a la persona que tiene más cerca y se irían a hacer el amor en alguna de las habitaciones. Sería un clásico intercambio de parejas sin aviso.

    Se lo dije a Moni porque últimamente, no sé si porque le contaron algo en su trabajo o porque realmente le interesa el tema debido a la situación que pasa con su marido, se la pasa hablando del tema “swinger” y se la nota entusiasmada con ello.

    Yo suponía que quería buscarle un reemplazante.

    Me contestó que quién podría elegirla a ella, que está fea, que está gorda, que esto, que lo otro… y me dio mucha pena.

    A Moni la quiero mucho, es una amiga de fierro, es bárbara.

    Le dije que yo la elegiría, que me gustaría tener sexo con ella, que siempre la había deseado (y realmente no le mentía ya que muchas veces pensé que podríamos congeniar bien en la cama) y se ruborizó.

    –¿Es cierto? ­­–Me preguntó– ¿No me engañás?

    Como le susurré al oído que no mentía y que la deseaba una sonrisa le iluminó el rostro y me puse muy feliz por ello.

    Me dio un beso en la mejilla y que dijo que aceptaba. Que ella había pensado también en alguna oportunidad que podría ser yo un buen amante.

    Ahora teníamos que arreglar el encuentro sin que nuestros respectivos cónyuges se enteraran porque si no ardería Troya.

    La cita la programamos para un día sábado, día en que su esposo está de guardia en el trabajo y en el que mi mujer tenía una reunión con unas amigas de la profesión.

    La pasé a buscar por su casa y rumbeamos hacia un hotel en las afueras de Buenos Aires, en un lugar que no teníamos ningún conocido por las dudas.

    Moni estaba muy linda esa tarde y se había maquillado muy linda como antes de esta depresión que estaba pasando.

    La recibí con un beso y le toqué levemente su pierna y me devolvió una sonrisa encantadora.

    Durante el viaje hablamos de nimiedades y cuando entramos en la habitación del albergue transitorio la noté algo nerviosa.

    Comencé a besarla en la boca al tiempo que le acariciaba sus grandes tetas y su cola y empecé a excitarme. Lo notaba en mi miembro.

    Me dijo que iba al baño a prepararse y me fui desvistiendo despacito, quedándome apenas con el bóxer puesto.

    Cuando salió y la vi tuve una erección indisimulable que ella percibió y sonrió.

    Tenía un deshabillé transparente, a través del cual se apreciaban en todo su esplendor sus voluminosas tetas y una bombachita que apenas le tapaba su nidito.

    Cuando se acercó la invité a ponerse junto a mí en la cama y empecé a besarla y a acariciarla toda.

    Mi pija, que quería participar activamente de ese encuentro, salió disparada a través de la bragueta del bóxer y se apoyó entre sus piernas.

    Moni la tomó entre sus manos y comenzó a acariciarla. Le pedí que me la chupara e hizo un gesto negativo con su boca.

    –¿No te gusta hacerlo? –Le pregunté.

    Me contestó cuando intentó hacérselo a su marido este le contestó que eso lo hacían las putas y la sacaba de ahí bruscamente.

    Le conté que mi mujer siempre me lo hacía, que era normal en una pareja que se quería y no un tema de putas solamente.

    Entonces se decidió y se llevó tímidamente mi verga hacia su boca.

    Comenzó a lamerla y a humedecerla con su saliva. Con mucha suavidad la recorría de abajo hacia arriba, deteniéndose placenteramente para mí en el surco que separa el tronco del pene con su cabeza.

    Luego se concentró solo en la cabeza, que ya estaba hinchada y toda roja, lamiéndola y succionándola con sus labios.

    Creí que iba a reventar. La sensación era irresistible y no me podía aguantar. Pensaba en todo lo que se había perdido su marido en todos estos años y no lo podía entender.

    Mientras ella continuaba con su tarea yo para no ser menos le acariciaba su conchita y mis dedos se dedicaban a su clítoris, que estaba completamente empapado y endurecido.

    Al parecer ella quería concentrarse solo en mí y me hizo sacar las manos de ahí.

    Entonces me dediqué a disfrutar del momento acariciándole sus cabellos.

    Comenzó a morder mi pene suavemente y al hincar sus dientes sobre la piel de mi miembro me estremecía todo.

    Cuando Moni se percató de ello se ponía a lamerlo nuevamente. No quería que acabara. Quería prolongar el momento.

    Fue lo máximo. Ella chupaba con tanto entusiasmo que no podía contenerme. Una gran cantidad de semen espeso y caliente se derramó en su boca y se sorprendió.

    Pensé que lo iba a sacar de su boca, pero me equivoqué.

    Ya estaba por disculparme por no haberle avisado que me corría cuando noté que seguía chupando mientras su lengua atrapaba cualquier resto de mi líquido que quedara por ahí.

    Moni había estado fenomenal. Nunca me habían mamado de esa manera, ni siquiera mi mujer que era toda una experta en el tema.

    Hasta tuve que aguantarme para no gritar cuando le eyaculé en su boca debido a mi excitación.

    Cuando notó que mi pija se estaba poniendo fláccida me dejó descansar.

    Me abrazó y me besó preguntándome si me había gustado. No tenía palabras para agradecerle el gesto y quería retribuirle todo con creces.

    Después de recuperarme empecé a acariciarla y abriendo sus piernas la besé en su vientre y en su poco poblado vello que cubría justo su concha.

    Besé sus ingles, el interior de sus pantorrillas e introduje lentamente mi lengua en su sexo.

    Ella no paraba de gemir, estaba disfrutando como hacía tiempo no le sucedía, según me confesó más tarde.

    Me levanté un poco y apoyé mi pija contra su concha, sin llegar a introducirla, mientras con las manos le acariciaba las tetas y besaba sus pezones erguidos.

    Moni notaba el roce de mi verga contra su vello púbico y abría los labios de su humedecida conchita.

    Deseaba que la penetrara para así poder saciar su hambre de sexo y me lo hizo saber.

    Cuando comencé a meterla se puso a gemir de placer. Lo hice lentamente para alargar el goce y ella pedía que la cogiera más y más.

    Incrementé la velocidad de mis movimientos y me corrí abundantemente dentro de ella, que seguía gimiendo y tuvo un delicioso orgasmo, estremeciéndose toda.

    Sin sacársela nos quedamos así dormidos por un rato.

    Cuando nos despertamos Moni se fue a duchar y decidí acompañarla. Nos enjabonamos mutuamente y ya tenía una nueva erección.

    Ella al verlo se arrodilló y se introdujo mi pija en la boca.

    La dejé hacer por un rato y luego la levanté suavemente y le pedí que me dejara hacerle el culo.

    Me dijo que era virgen de allí y temía que le doliera.

    Decidimos intentarlo con la promesa de mi parte de abandonar la tarea apenas surgiera algún dolor.

    Me unté bien la verga con jabón y lo mismo hice con el agujerito de ella.

    La hice inclinar hasta que sus manos tocaron el piso y podía observar bien abierto su culito y se la puse en la puertita empujando lentamente.

    Sin casi darnos cuenta y debido al lubricante que tenía el culo de Moni absorbió mi pija en un solo movimiento.

    Mientras bombeaba con suavidad le acariciaba el clítoris con una mano y las tetas con la otra.

    Le provoqué otro orgasmo y cuando me dí cuenta que estaba por acabar la saqué de su culito y dejé fluir mi leche sobre sus nalgas.

    Fue maravilloso. Habíamos gozado los dos y estábamos extenuados.

    Seguimos un rato bajo la lluvia y nos fuimos luego a vestir.

    Pedí una botella de champagne y brindamos por nuestro encuentro.

    La pasamos los dos muy bien y la vi nuevamente con la alegría en su rostro.

    Nos juramentamos guardar silencio y volver a acercarnos sexualmente cuando alguno de los dos lo necesitara.

    La llevé a su casa y nos despedimos simplemente con un beso en la mejilla, como los dos viejos amigos que somos.

    Mi esperanza es volver a repetir este encuentro porque la pasé muy bien y creo que Moni también.

    Loading

  • Pasión, locura y deseo con mi hijastra

    Pasión, locura y deseo con mi hijastra

    Tengo 10 años viviendo con mi esposa, ella tiene una hija de su primer matrimonio, desde hace unos 3 años hasta hoy me follo a mi hijastra ella se llama Alexandra, es una chica sumamente bella, es rubia con una cabellera hermosa, sus tetas están firmes y sus pezones parecen fresas y que decir de su par de nalgas parecen que se las hicieron a mano.

    Resulta que desde que tenía 20 años algo me comenzó a llamar la atención en ella y cada día fue más y más yo sentía que su presencia hacía que mis hormonas se volvieran locas.

    Un día llegue a casa del trabajo como a las 6 de la tarde y no había nadie, llegue me cambie de ropa y me fui a bañar cuando entre en el baño encontré su celular lo más seguro que se le olvido allí, por curiosidad lo comencé a revisar y mi mayor sorpresa fue encontrar muchas fotos de ella desnuda posando quizás se las tomaba para ver cómo se veía su cuerpo.

    Lo cierto del caso es que eso me prendió y mi guevo se puso durísimo no aguante y me fui a su cuarto y busque entre su ropa una pantaleta usada y comencé a mirar las fotos y me empecé a hacerme la paja con su pantaleta no podía está muy excitado y mi palo comenzó a botar leche por todos lados.

    Cuando estoy terminando de eyacular siento que abren la puerta de la casa y por desgracia era ella y me encontró en su cuarto semi desnudo, no conseguí que hacer los nervios me iban a matar. Ella me pregunto “qué haces aquí estás loco”. Me quede mudo estaba muy nervioso. Luego me dijo “te estas masturbando con mis hilos y de paso tienes mi teléfono”. Me llene de valor y le dije que sí, “me gusto ver tus fotos y me puse muy caliente y no aguante y me masturbe en tu nombre”. Se comenzó a reír y me dijo “y que se siente”, cuando me dijo así mis nervios se tranquilizaron y le dije “no le cuentes a tu mama de esto”.

    Me dijo “tranquilo no lo digo nada, pero respóndeme que se siente”, le conteste “fue demasiado rico mira el suelo está lleno de mi leche”, entonces me dijo “quieres que te regale esa pantaleta para que siempre te hagas la paja pensando en mí”, le respondí “si”, entonces me dijo “¿por qué no hacemos algo mejor? Te voy a regalar la que cargo puesta ¿te parece la idea?”, cuando me propuso eso mi guevo se volvió a parar y le dije “si quiero la que llevas puesta”, y me contestó “entonces quítamela y es tuya”.

    Enseguida la tome de la mano y la comencé a besar, en instantes su respiración comenzó acelerarse me agarro el guevo y me empezó a masturbar entonces baje su short de blue jean que cargaba y la deje solamente con su hilo color negro.

    Luego le comencé acariciar las nalgas y luego me detuve en sus ricas tetas le quite la blusa y le comencé a mamar los pezones, ella se estremecía y seguí haciéndome la paja, le di la vuelta y la puse en cuatro patas en la cama, hale hacia un lado el hilo que está metido entre sus nalgas y le comencé a lamer el culo, se volvió loca y me pedía más entonces agarre mi guevo y se lo pasaba por el culo y gritaba de placer al final le termina de quitar el hilo y le comencé a mamar la cuca, pasaba mi lengua por su labios vaginales y luego la penetraba con mi lengua elle agarraba mi cabeza la empujaba hacia su cuca, como queriéndome meter en sus entrañas.

    Luego un largo rato ella tomo mi guevo y lo metió a su boca y lo comenzó a chupar me pidió que le tomara una foto chupándome el guevo, yo ya no aguantaba más y la tire en la cama y me metí entre sus piernas y la comencé a coger ella templaba de placer me pedía que le cogiera en cuatro patas cuando lo hice ella se fue en un largo orgasmo y más atrás iba yo, luego de acabar los dos nos acostamos y nos miramos y nos dijimos que hemos hecho nos sentíamos mal, luego yo le dije me siento mal pero lo hicimos estuvo genial ella respondió si me encanto.

    Bueno desde ese día hasta hoy me cojo a mi hijastra la última vez que lo hice fue en una playa, la hemos pasado muy bien es una rubia muy sexy.

    Loading

  • No tenía suerte con las mujeres hasta que…

    No tenía suerte con las mujeres hasta que…

    Me llamo Antonio. Tengo 25 años y he tenido una vida sentimental un tanto azarosa. Como ejemplo he de decir que hace unos meses me enteré de que no soy hijo de mi padre. Mi madre se casó con otro hombre después de haber nacido yo.

    Mi madre tiene 45 años. Es todavía muy guapa y tiene una excelente figura. Lleva el pelo corto y lo mejor que tiene son sus piernas.

    Sobre mi vida. En mi época de adolescente pasé muchas penurias económicas. Después caía en manos de calientapollas, con las que no llegaba a consumar ningún acto sexual, ni siquiera un roce.

    Pero al cumplir los 25 años todo cambió. A mi padrastro le tocó la lotería. Un mes después conocí a una mujer. Tenía buen cuerpo aunque no fuese especialmente atractiva. Aquí la cosa cambio por completo. En seguida me desabrochaba la bragueta y cogía mi polla. Me llegaba a hacer daño al hacerlo. Y luego se la metía en la boca. Yo como inexperto que soy me parecía la gloria, pero creo que tampoco era tan buena haciéndolo. Succionaba mucho y me daba con los dientes, pero me gustaba.

    Esta chica comenzó a jugar conmigo. A veces me lo hacía, pero cada vez con menos frecuencia por lo que me creaba un estado de ansiedad y dependencia de ella.

    Mi madre terminó conociéndola y me di cuenta por la forma en que la miraba que no le agradaba nada.

    Bueno pues a continuación voy a contar cual fue la sorpresa.

    Un fin de semana que llamé a mi “novia” y que me dijo que no iba a estar conmigo porque tenía que hacer una cosa muy importante, me encontraba tumbado en la cama muy desolado. De pronto se abrió la puerta y apareció mi madre vestida de lencería, muy provocativa.

    -Mamá ¿qué haces? -le dije.

    -Hay algo que no te he contado -me dijo.

    -¿El qué?

    -Tu padre no es tu verdadero padre.

    -¿Qué?

    -Porque antes de conocerle yo era prostituta.

    Yo me quedé sin poder decir nada.

    Ella estaba en el marco de la puerta, fumando un cigarrillo, muy insinuante, mucho más guapa que mi novia.

    -Mama. Márchate de aquí –dije yo.

    -Tu padrastro no está aquí. Sabes que trabaja este fin de semana…

    -Déjame -dije atormentado.

    Finalmente se marchó.

    Al día siguiente no podía calmar mi erección ni mi estado de ansiedad salvaje. Estaba deseando tirarme a por cualquier mujer. De pronto vi cruzar por el pasillo a mi madre, con su lencería negra. Mi corazón empezó a latir con fuerza.

    No pude más.

    Entré en su habitación.

    Con ambas manos apreté sus pechos. Ella se quitó el sujetador y comencé a chuparle los senos desnudos empapándolos con mi saliva. Una y otra vez. Mi madre me desabrocho la camisa y también me mamó mis pezoncillos. De mi boca pareció salir un lamento. Se me puso la carne de gallina y sentí que me liberaba del dolor y el frenesí.

    Yo estaba de pie y ella se agachó. Metí mi polla entre sus tetas. Ella las estrujaba. Me pareció que salía leche y no era eso, sino que yo me había corrido sin darme cuenta, pero seguía empalmado y con mucha ansia.

    Hice que se levantara y casi la lleve a empujones hasta la cama. Allí le quité las bragas y me puse a chuparle el coño. Yo estaba excitadísimo y ella me miraba complaciente pero no estaba seguro de que estuviese disfrutando. ¡Quizá no lo estuviese haciendo bien!. Pero tampoco estaba molesta. Lo que quería sobre todo es hacerme disfrutar a mí.

    También le chupé el culo, aunque reconozco que me dio un poco de asco y tuve que dejarlo.

    Al día siguiente, me despertó mi madre, muy temprano. Vestida con la lencería negra. Mi padrastro ya se había marchado al trabajo.

    Mi madre acercó su boca a mi oído y me dijo lo siguiente:

    -En cierta ocasión un cliente me pidió un servicio especial.

    Yo estaba mudo.

    -Pero para ello debía estar en ayunas.

    Dicho esto, me bajó el pantalón del pijama y se metió mi polla en su boca. Chupándomela. No notaba sus dientes y sí su lengua que se movía vertiginosamente. También sentía una succión.

    -En aquella ocasión lo hice por dinero…

    Mi polla llegaba hasta el fondo de su garganta. Notaba calor, saliva, pegajosidades.

    -Pero ahora lo hago porque te quiero.

    Mi madre tosía de tan dentro como se la metía.

    -Y ahora agárrame la cabeza y haz que me tragué tu polla. Imagínate que soy una muñeca hinchable.

    Lo hice así. Haciendo que se atragantase. Que tuviese arcadas. Y los ojos le lloraban. Soltaba todo tipo de salivas, babas, mucosidades, jugos, pero no dejaba de mover la lengua. De cintura para abajo yo estaba completamente empapado.

    Me corrí como un chulo, gritando de placer y ella tomaba aire.

    Caí exhausto sobre la cama y me quedé dormido.

    Al despertarme mi madre seguía tumbada a mi lado. Llevaba las bragas quitadas.

    -Termina -me dijo.

    La penetré. Su vagina estaba empapadísima. Veía su cara con los brazos apoyados. No quería juntar mi cara con la suya. Me daba asco. ¡Como movía sus caderas! Y su rostro permanecía inmutable. No pude aguantar más y mi cuerpo cayó sobre el de ella. Notaba su respiración. Ella tomaba la iniciativa moviéndose todo el rato. Yo no hacía nada. Sus piernas con sus muslos ajamonados me atraparon. Sentí que se estremecía. Había tenido un orgasmo con un jadeo que finalizó en un pequeño gemido.

    -Esto sí que no me pasó con aquel hombre.

    Yo también me corrí. El que ahora no podía casi respirar era yo.

    Salimos de la cama.

    -No vuelvas más con esa mujer -me dijo mi madre- ¡Y para puta yo!… a darte una ducha.

    Desde entonces ya no sufro tanto con las mujeres.

    Loading

  • La fractura de mi hijo

    La fractura de mi hijo

    Buenas, me presento, me llamo Manuela, tengo 46 años, rubia, mido 1,75 y mis medidas son 120 de pecho (tengo que decir que estoy operada de tetas, no son naturales) y un culo yo creo que normal, no es excesivamente ancho como los que leo aquí, pero es respingón y normal. Soy una mujer divorciada y tengo un hijo de 20 años, Marcos, pero desde que era pequeño le llamamos Marc.

    Marc juega a fútbol en un equipo, juega desde los 5 años es su pasión, aunque afortunadamente también es buen estudiante. Su padre nos dejó cuando Marc tenía 5 años. Se fue a vivir con otra a la otra punta de España. Todo empezó un domingo cuando Marc tenía un partido. Decidió ir él solo al partido (a veces vamos juntos) y fue en moto. Entonces pasó algo terrible, aún tengo escalofríos de recordarlo. Según cuenta él, iba con la moto a una velocidad normal, según dijo, 30km/h cuando salió un hombre de detrás de un coche de improvisto, no tenía donde escapar pues la calzada estaba bastante ocupada, entonces Marc decidió de tumbar la moto al suelo y así evitar de atropellar al hombre.

    Cuando tumbó la moto al suelo se golpeó el codo con el suelo y la rodilla fue aplastada por la moto. Según el parte médico tenía rotos 3 dedos de la mano izquierda y el cubito de la mano derecha fracturado mas una leve contusión en el interior de la rodilla izquierda. Conclusión tuvo que tener los dos brazos inmovilizados. Cuando me llamaron fui rápido y temblando al hospital y el medico me calmó diciéndome que en principio no es nada grave y que mi Marc actuó bien pues de lo contrario hubiera atropellado a una persona y el resultado podía haber sido peor.

    Me recetó los calmantes para Marc y me dijo que no podría mover los brazos hasta dentro de 14-15 días pero que se podía marchar a casa. Así pues, nos fuimos a casa después de pasar unas horas horribles en el hospital. Una vez en casa encontramos el primer problema, Marc no podía cambiarse solo, de hecho, no podía hacer nada solo.

    En nuestra familia nunca hemos sido pudorosos, aún recuerdo cuando yo aún vivía con mis padres que mi madre nunca tuvo problemas en salir de la habitación desnuda o en bragas para ir a buscar algo y más de una vez le vi el pene a mi padre y nunca hubo ningún problema, de hecho hoy en día tengo que ayudarlo para ducharse de vez en cuando pues tiene ya 75 años y el cuerpo le falla de vez en cuando y necesita ayuda para la ducha y ya le he ayudado yo alguna que otra vez pero bueno eso es otra historia.

    En mi casa tampoco había pudor, alguna que otra vez Marc me vio desnuda cuando iba a buscar algún sujetador en la lavandería de casa o cuando quería poner alguna lavadora varias veces me quitaba el sujetador ahí mismo y lo metía directamente o incluso en la playa pues hago topless (claro, una no se opera los pechos para tenerlos guardados jaja). Pero yo no había visto nada suyo, supongo que será porque no se dio la ocasión. Volviendo a ese nefasto domingo, toco la hora de cambiar a Marc y le quité todo menos los calzoncillos.

    -¿Te los quito también?

    -Como quieras, respondió Marc

    -Bueno pues ya que te vas a cambiar mejor cambiártelo todo ¿no?

    -Vale

    Entonces bajé los calzoncillos y me encontré con un pene de lo mas hermoso. Estaba en reposo y media unos 16-17 cm y unos huevos normales y afeitados.

    -Vaya, si que has crecido, dije yo entre risas.

    -No te molesta verme así?

    -¿Como me va a molestar cariño? Soy tu madre y me toca cuidarte, como cuando eras pequeño. Yo no tengo ningún problema además no tienes porque sentirte mal, tienes una polla muy bonita y aun dormida parece grande.

    -Gracias mama.

    Lo volví a vestir y fui a preparar la comida. Volví unas horas más tarde a su habitación.

    -Oye Marc que estaba pensando que si quieres te puedo dejar desnudo así si quieres ir al aseo a hacer pipí puedes ir solo sin necesitar a alguien que te baje los pantalones y te los vuelva a subir.

    -Es verdad que si voy desnudo seria mas fácil.

    -Bueno pues nada te lo quito ya, -dije yo quitándole los pantalones y calzoncillos.

    -Voy al aseo.

    Cuando volvió del aseo le dije:

    -Marc tengo que ir a la farmacia a comprarte los calmantes y como es domingo tendré que buscar la farmacia de guardia así que puede que tarde un poco. No quiero dejarte aquí solo sin nadie y sin poder moverte ni hacer nada así que voy a hablar con doña Carmen para que venga a estar contigo el tiempo que yo esté fuera.

    -Vale mamá, pero mejor vísteme ¿no?

    -No veo porque, doña Carmen te conoce desde que eras un niño y más de una vez te cambió los pañales así que no creo que le moleste. ¿A ti te molesta?

    -No, a mi no.

    -Pues ya está cariño ahora viene ella. Hasta luego cielo, -dije yo dándole un beso en la frente.

    Cuando hablé con doña Carmen me dijo que no había ningún problema que lo cuidaría pues no tenía nada más que hacer, Carmen es una mujer de 58 años viuda y con sus hijos viviendo en el extranjero así que suponía que no me iba a decir que no.

    -Gracias Carmen. Mira está en la cama si quieres puedes ir al salón y ver la tele que si necesita algo él te llamará.

    -Vale Manuela no te preocupes que yo cuido a tu bebé, puedes marcharte el tiempo que quieras.

    Volví una hora más tarde con los calmantes para Marc.

    -¿Que tal fue todo?

    -Bien, solo necesitó ir al baño a hacer sus cosas y le ayudé a limpiarse por lo demás estuvo normal.

    -Gracias eres un cielo Carmen sabía que podía confiar en ti.

    -No te preocupes si te tienes que volver a ir o algo avísame y vengo rápidamente.

    Fui a la habitación de Marc y lo encontré tumbado con una erección de campeonato, ahora debía medirle unos 22-23 cm fácilmente.

    -Cariño estas bien?

    -Si, es solo que doña Carmen al limpiarme me tocó bastante por aquí y ahora estoy así y no se puede bajar porque…

    -Claro porque no te puedes aliviar.

    -Eso-Eso tiene fácil solución. Te alivio yo que soy tu madre.

    -¿Como vas a aliviarme?

    -Hijo parece que tengas 4 años, pues con una paja o lo que tú quieras.

    -¿Segura? No te molesta.

    -Claro que no hijo, además hace tiempo que no tengo uno de estos cerca, dije yo señalando sus 23 cm.

    -Vale pues como quieras.

    -Vamos a empezar con la mano y si no es suficiente probamos otra cosa ¿vale?

    -Vale mamá.

    Me acerqué y le cogí esa polla gorda en mi mano y empecé a bajar y subir lentamente. Después de unos minutos le dije:

    -Esto no sale cariño.

    -Ya es que tardo bastante y además no tengo estimulación.

    -¿Estimulación?

    -Ya sabes, algunas fotos o algún video… Si quieres dame el móvil y… ah ya, no puedo moverme.

    -Tranquilo cielo si lo que quieres es ver tetas aquí están las mías, dije yo desnudándome.

    Aceleré el ritmo y aun nada así que me lo metí en la boca.

    -Así irá más rápido hijo

    -Si, creo que si.

    Aun no hubo nada así que decidí dar el último paso.

    -Hijo tu polla no quiere bajar tendré que subirme yo.

    -¿De verdad?

    -Claro, a ver si esta gran cosa se baja dentro de mí, dije yo poniéndome encima de Marc.

    -Mamá estas mojada por dentro.

    -Mmmm claro porque tu polla me pone.

    -Agghhh si me gusta.

    -¡¡Uuuuf dame hijo dame!! Así así asiii

    -Vamos mama salta así salta

    -Me voy a correeer mi amor.

    -Y yo! ¿dónde acabo?!

    -Dentro hijo dentro.

    Luego nos duchamos y empezó una bonita historia entre mi hijo y yo.

    Espero que les haya gustado.

    Loading

  • Al fin volvió mi primo (parte 2)

    Al fin volvió mi primo (parte 2)

    Uno de los mejores recuerdos que me dejó Yasmine, la hermanastra de Lucas, además de su fabulosa sensualidad y su ansia sin freno de sexo, fue un set de jabones artesanales neutros (de glicerina) con forma de pene. Apenas había usado uno la noche anterior para penetrarme a mí mismo en la ducha antes de acostarme y me hizo llegar al éxtasis en un par de minutos. Recordé que lo tenía en el fondo de mi mochila. Mientras Martín reposaba al sol su cuerpo escultural desnudo, fui a buscar el mismo de la noche anterior y volví a su lado, luego de mojarlo en la canilla.

    -Tengo que lavarte un poco, le dije a mi primo. Él sólo ronroneaba satisfecho y asintió con la cabeza. Le enjaboné bien la pija y los huevos, acariciándolos con fruición y notando cómo iba recuperando la erección. Seguí en lo mío y fui bajando las caricias y el jabón hacia su precioso y redondo agujero rosado, al que rodeé con mis manos y comencé a penetrarlo suavemente, pese a su débil resistencia.

    -Relajate y dejate llevar, que no te voy a lastimar. Sólo te voy a dar más placer, mientras le metía y le sacaba el jabón en el ano. Bastante jabón, un poco de dedo medio, y así de manera alternada, hasta que pude superar el límite entre el dolor y el placer. Tenía un balde a mano que usé para enjuagarle los genitales, sin dejar de tener el dedo o el jabón en su culito virgen.

    Cuando creí tenerlo a punto de caramelo, con la pija bien parada de nuevo, se la empecé a chupar otra vez, metiéndomela toda en la boca varias veces, sin dejar de cogerlo con el jabón y ya dos dedos en el orificio al que quería entrar. Estaba gozando, lo veía en su cara mientras se la chupaba y me la tragaba toda una y otra vez y entraba en lo que para mí sería mi objetivo supremo, meterle mi poronga en el culo y poder gozarlo, junto con él.

    Ya estaba chorreando unas gotas de líquido preseminal de su pija que me tragaba con avidez apoderándome de su glande cuando me pareció que era el momento preciso. Me coloqué en posición, levanté sus firmes y redondas nalgas y empecé a penetrar su culo enjabonado con mucho cuidado y delicadeza, pese a mis ansias desesperadas por cogerlo. Me miró asombrado con los ojos bien abiertos, no dijo nada y cuando pude metérsela toda por la preparación previa, gimió de placer.

    Me quedé quieto para que se acostumbrase a tenerla toda adentro un par de minutos y de pronto él mismo comenzó a moverse y a contraer y relajar el esfínter. Fue la señal para que comenzara con mi cogida que deseaba que fuera eterna. Cada par de minutos me detenía con la pija dentro de su ano y me recostaba sobre su pecho para chuponearlo con desesperación.

    -Decime qué soy, al oído, por favor.

    -Sos muy puto, me susurraba, y me enloquecía. -Otra vez, le pedía, ¡decímelo más! -¡Sos reputo! -¡No pares de decírmelo! -¡Qué puto sos! y nos entreverábamos en más besos de lengua y chupones.

    Le saqué la pija del culo para volver a chupársela a él nuevamente, desde el glande que saboreaba como un helado hasta todo el tronco hasta casi atragantarme. Así seguí varios minutos hasta que noté que tensaba el cuerpo y alcancé a apretarle bien fuerte la base de su poronga para evitar que eyaculara. Lo tomé de la cintura y lo hice girar para ponerlo de espaldas a mí, de rodillas, y lo volví a empalar sin piedad, con su ano habituado a la penetración. Acompasó su vaivén a mis acometidas y en unos minutos acabamos al mismo tiempo, yo en su culito que había sido virgen y él en seco, sin que se tocara ni lo pajeara yo.

    Lo ayudé a enderezarse sin que mi pija se saliera de su ano y él recostado sobre mi hombro, jadeando los dos abiertamente. -¡Qué bien me cogiste! Me hiciste acabar. ¡Sos muy puto!, me dijo entre resoplidos.

    -Te dije que te iba a gustar. Todavía la tenés parada y chorreando. La quiero toda para mí, toda entera, en mi boca y en mi culo, ¡bombón!, susurré. Me gusta mucho tu cuerpo, tu cara, tus ojos, tu espalda, tus nalgas, todo de vos me gusta, babeándome y acariciándole todo el cuerpo, besándolo en la boca y lamiendo su cuello, una y otra vez.

    Continuará.

    Loading

  • Follada otra vez (cap. 13): Adorando la polla

    Follada otra vez (cap. 13): Adorando la polla

    Hola, les cuento otra experiencia. Estaba en casa, entrada la noche y me había vestido de mujer, lencería muy sexy, sin maquillaje ni peluca ni tacones. Repentinamente un amigo vecino tocó el timbre. Creo que me había visto al asomarse por debajo de la puerta. Seguía siendo tv de clóset. Dudé si dejarlo entrar aunque por sus conversaciones se notaba medio degenerado. Él insistió empujando con fuerza la puerta y pensé, qué diablos le abriré, pero antes me puse encima de la lencería un pants y una sudadera.

    Abrí la puerta y entró, lucía una enorme sonrisa, conversamos un poco y de repente me dijo que si no andaba yo muy caliente, lo cual, era muy cierto. Le pregunté que si podía guardar un secreto le mostraría algo, dijo que sí visiblemente excitado, así que me saqué pants y sudadera mostrando la ropita de mujer que llevaba debajo. Eran un brassiere de media copa, escote profundo, pull up y broche al frente.

    No he dicho que me habían crecido un poco el pecho en la adolescencia, que llegaron a copa B, antes me avergonzaban, pero ahora me encantaban, también, tenía trasero de nena y piernas torneadas, unos hermosos pies, en fin; llevaba una linda tanga de encaje color negro de hilo por detrás que se me metía en medio de las nalgas y por delante un triángulo diminuto en forma de corazón rojo, apenas cubriendo mi diminuto pene; también, un liguero morado de encaje. Mis piernas, nalgas y zona del ano perfectamente depilados, me voltee para mostrarle mi redondo, voluminoso y anhelante trasero.

    Al verme de inmediato me abrazó por detrás poniendo sus manos sobre mis pechos y el bulto de su pene pegado a mis nalgas, yo gemí y comencé a sentir esa emoción que antecede una deliciosa sesión de sexo. Él me besó el cuello y los hombros mientras susurraba, -Ay amor, te ves buenísima y muy putita-, di un gran suspiro y me voltee, me besó apasionadamente y me empujó hacia abajo quedando frente a su bulto de carne.

    Abrí su pantalón, bajé su trusa y saltó un hermoso pene, grande, no muy grueso, pero sí muy cabezón, con las venas hinchados y escurriendo su tibio liquido preseminal mezclado con olor de sudor de pubis de macho y restos secos de orina. Era una verdadera delicia esa secreción viscosa, líquida que facilita la penetración, pero yo me la bebía relamiéndome de gusto. Me fascina que se me impregne ese aroma en los labios y mamar una polla hasta que se ponga dura como leño. Por cierto, otra cosa que adoro es tragarme el semen.

    Como ven es uno de mis fetiches ese olor de verga, precum, sudor púbico y orina, y esta vez al igual que siempre, lo disfruté como nunca, luego de lamer esta delicia le pregunté, -Papi, ¿quieres que te mame la polla?-, sin esperar respuesta, tomé su pene con ambas manos, lo besé varias veces y me lo metí en la boca, comenzando una espectacular mamada. Lo besé, mordisqueé y chupé hasta que su olor se me impregnó en los labios.

    Me incorporé y le susurré al oído –Ya métemela y rápidamente me puse de perrito. Colocada en el sofá y abriendo mis nalgas con ambas manos, le mostré mi palpitante y deseoso botoncito de amor. Me la metió toda lentamente mientras yo gemía discreta, se quedó quieto unos segundos y la sacó de mi culo.

    Luego, jugó un poco metiéndome sólo la cabeza húmeda, tibia y suave, la metía haciendo círculos y empujando cada vez más el tronco hacia el interior de mi intimidad anal. Me puso como loca de placer y comencé a gemir ya ruidosamente, luego de algunos minutos de este juego desesperante que me producía un enorme deseo de que me la clavara toda, sin importar que mi culito no estuviera bien dilatado. Me introducía más verga en cada embestida y ya gritaba como una loca adoradora de los penes, de pronto, me la clavó toda hasta el fondo de mi ser.

    Pude sentir su vello púbico rozando mis nalgas, entonces, yo empuje hacia atrás, al encuentro de esa delicia de polla, abrí bien mis nalgas y puje con el culo, se me resbaló hacia adentro como si me metiera también las bolas. Comenzó así, un ritmo violento de embestidas su pene entraba y salía desde la cabezota y luego, todo el tronco de carne dura, pero suave. Era un paroxismo de placer anal, juré adorar las vergas con toda devoción, me abría el ano y mi entresijo se aferraba a esa barra de carne viril.

    Finalmente, después de varios orgasmos anales estalló su polla vaciando vario litros de semen tibio y pegajoso dentro de mi entresijo, o así lo sentí en mi locura de puta transexual. Un chorro tras otro, parecía no terminarse la dotación que llevaba en las pelotas. Dejó de moverse desplomándose sobre mi espalda y caímos en el sofá exhaustos, pero felices. Di gracias a la diosa verga y me zafé escurriendo el semen desde mi ano hinchado por aquella tremenda cogida. Él se acomodó la ropa, besó mi espalda y salió rápido, yo quedé llena de placer y de semen, dormité un poco y pasé al baño a limpiarme los residuos de aquella delicia. Bye, amiguis, espero que es haya gustado. Hasta la próxima.

    Loading

  • Mi esposa Erika subiendo temperaturas en su trabajo

    Mi esposa Erika subiendo temperaturas en su trabajo

    Como dijimos en el relato anterior nos saltaremos la parte de la luna miel pues no hay mucho que contar. En este relato contaremos algunas cosas sucedidas en nuestro trabajo.

    Continuando… con nuestra luna de miel terminada nos encontrábamos en casa, listos para al día siguiente presentarnos a nuestro nuevo trabajo, íbamos a recibir nuestra orientación como protocolo a nuevo personal. Llegamos y nos recibieron, algunos doctores al ver a mi esposa obviamente empezaron a devorar con la mirada, pues siempre los objetivos de los doctores es ver a que enfermera enredan, aunque mi esposa no les hizo mucho caso.

    El lugar era relativamente grande, 10 habitaciones en total que no suele llenarse porque es tratamiento ambulatorio a lo mucho dura 3 días ingresados los pacientes así que se recibe casi cualquier tipo de paciente, nos explicaron protocolos, asignación eran 5 habitaciones para uno y 5 para el otro, explicaron papeleos de ingresos, que exámenes tomar para ingresos, etc. Para no aburrir pasaron las dos semanas de capacitación y orientación, por lo que finalmente estábamos listos para estar por nuestra cuenta, en el día se quedaban 3 de enfermería y en la noche 2.

    Aunque por desgracia el primer mes es decir marzo no coincidimos en turnos a pesar de vivir en la misma casa, no me gusta mucho estar separado de ella ni ella de mí, pero era trabajo y no había excusas, hasta que finalmente en abril logramos coincidir en diferentes turnos. Aunque una situación sucedía y recién me di cuenta la primera noche que coincidimos. Ella solía salir un tanto rápido de una habitación en específico, entonces le pregunté y confesó lo siguiente:

    -Verás el señor de esa habitación suele buscar a tocarme cuando me acerco a hacerle algo –dijo ella

    -¿Ah sí? –dije, pues esas situaciones se daban de vez en cuando en el rubro de enfermería y no solo con mi esposa o en esa clinica…

    -¿Pero que hace exactamente? –pregunté

    -O se me queda viendo el culo o apoya demás su mano entre mi culo y cadera cuando le tomo la presión –dijo ella

    -Déjalo que disfrute –le dije entre bromas

    -Lo haría, pero recuerda que no es lo mismo –dijo ella entre optimista y un tanto nerviosa

    -Bueno tienes razón –dije animándola.

    Y es que a diferencia de los vagabundos el meterse con un paciente para comenzar legalmente no es permitido, segundo es una violación a nuestro juramento y tercero arriesgábamos nuestro trabajo.

    Pero íbamos a “tantear” el terreno y ver que sucedía, así que fui a la habitación de ese paciente y sorpresa me llevé que ya era un señor de 65 años… Yo no lo sabía pues no era mi asignación, salí de la habitación y me fui a la estación.

    Al llegar a la estación me reí y le dije:

    -¿De un señor de 65 te preocupas? –dije riendo

    -¡Bah! ¡Pero manos sigue teniendo y pensamientos igual! –dijo ella

    -Ya, ya, tienes razón, pero si quieres tratar puedes hacerlo ya sabes que por mí no hay problema –dije ya empujándola al cometido

    -Está bien iré una vez más a la habitación –dijo con algo de miedo

    -Espera ¿Con que excusa irás? Si llegas así por así será muy obvio –le dije

    Ella se frenó en seco, se quedó pensando y dijo: -Han pasado 4 horas desde que le tome signos, llegaré con esa excusa –dijo

    -Muy bien –le dije

    Y así se fue ella a la habitación del paciente, pero sin decirle quise entrar a la habitación y en efecto encontré al anciano apoyando su mano entre la cadera y culo de mi esposa, pero no le dije nada, llegué como si nada.

    Nunca había visto persona más descarada… A pesar de que estaba ahí no le quitó la mano, claro, según el solo éramos compañeros mas no sabía que era mi esposa a quien tocaba.

    -¿Todo bien don Rogelio? –le pregunté

    -Si aquí esta ella haciendo esto –dijo él

    -Está bien ya sabe que estamos para ayudarle, si ocupa algo toque el timbre y ella estará a su disposición –le dije en doble sentido.

    -Aún me da miedo sabes –dijo ella

    -Pues si el inicia síguele la corriente y jamás iniciar nosotros, si él lo hace es por algo –dije ya de último

    Después de eso nos pusimos a ordenar las cosas y a redactar en el expediente todo lo que se había hecho en el transcurso de la noche.

    Hasta llegados las 4 de la madrugada era cuando teníamos que bañar a los pacientes, los que se podían bañar por sí solo lo hacían por su cuenta y los que no pues nosotros teníamos que hacerlo.

    Llegados a este punto haremos un cambio, será Erika quien comience a escribir.

    Continuando.

    Al quedar con Román de seguir la corriente, pude aventurarme más con el paciente, nervios aún había pues era eso, un paciente y una enfermera.

    Habíamos planificado lo siguiente: primero desabotoné un botón para que al inclinarse se me pudiera ver el brasier y mis pechos, en segundo lugar, no llevé una pijama clínica para cambiarlo, la idea era fingir que se me había olvidado para mantenerlo sin ropa el mayor tiempo posible.

    Al entrar con el equipo de baño, don Rogelio trató de estar lúcido después de haber dormido, solo vio que era yo. Lo orienté como es debido, tras fondo me intención era divertirme y ver sus reacciones, jugaba con fuego lo sé, pero tenía que hacer el intento.

    Pensé dos formas de hacer el procedimiento, la primera es quitarle por completo la bata y dejarlo sin ropa totalmente, o hacerlo de la manera normal ir retirando la prenda a medida vaya bajando su cuerpo.

    Para averiguar eso, cambié un poco el procedimiento y pedirle algo totalmente innecesario… Le pedí que se sujetara de mi con sus brazos para retirar la almohada, cuando lo sencillo hubiese sido que el girara su cuerpo y ya.

    ¡Bingo! Me abrazó justo por el medio de mis glúteos haciendo un tipo de “cadena” con sus manos para aferrarse. Entonces hice el cambio de almohada lo más lento posible, quité la funda y puse una nueva, mientras las manos del paciente seguían aferrándose, sentía como apretaba y su cara quedó pegada a mi vientre.

    Esa fue la señal perfecta para mí, ese descaro… Por lo que le dije que iba a proceder a bañarlo, pero quité la almohada que había cambiado para no mojarla.

    Le comenté que iba a comenzar con el baño en cama, a la vez que le iba quitando su pijama clínico dejándolo sin ropa, apenas una palpitación en su pene a esa edad ya no daba para más.

    Nuevamente cambié el procedimiento, no usé guantes, lo hice tal cual para que sintiera la suavidad y calor de mi mano, y así ayudarlo a una erección total.

    Inicié con su cabeza, pero me interesaba llegar rápidamente a su miembro, por lo que me di un poco de prisa en esa parte, me detuve un poco más en su pecho, en esa zona frotaba más de la cuenta y hacía tipo masaje, y sí que daba resultado pues su miembro solía dar pequeños “brincos” en un ánimo por ponerse erecto.

    -¿Le gusta? -Le pregunté a don Rogelio. Según él era el mejor baño de su vida.

    Luego fui directo a sus piernas y repetí el mismo patrón, hasta que finalmente llegué a lo que quería: Su miembro. Pero antes inicié por debajo de su abdomen haciendo masajes circulares y presionando suavemente, hasta que finalmente bajé a su pelvis.

    Masajeaba suavemente su pelvis, aunque su ligero vello púbico dificultaba los movimientos, eso no impidió que pudiera estimular más y yo disfrutar. Su erección era casi nula solo endureció pero no se levantó, agarré con mi mano izquierda la base de su miembro e hice su prepucio hacia abajo y con la otra agarré la compresa jabonosa, y empecé a tallar su miembro de arriba hacia abajo, técnicamente masturbándolo. No eyaculó pues no era mi intención, retiré el jabón y sequé todo.

    Y fingí buscar la nueva pijama, y le digo que se me olvidó traerla pero que puedo pedir una nueva a mi compañero, él dijo que estaba bien, por lo que toqué el timbre para que mi esposo viniera, aunque él sabía que debía de tardarse.

    Por lo que le dije al paciente que se iba a tardar y si me podía sentar junto a él porque me sentía rendida, el aceptó. Por lo que me senté a su dirección metiendo más mis glúteos a la cama y el a pesar de todo y como dice mi esposo: Los viejos son más lanzados. Entonces el paciente se acercó más a mí y se acostó de lado, con su miembro apuntando a mi glúteo y así estuvimos conversando.

    A los 10 minutos tocaron, fui a la puerta le di una sonrisa de complicidad a mi esposo haciéndole entender que todo está bien y se fue. Finalmente pude cambiar a don Rogelio, le hice soportar un tanto de frío, pero valió la pena.

    Después de eso nuestro turno terminó sin novedades, el paciente fue dado de alta.

    Estando en casa ambos decidimos planificar mejor nuestras nuevas estrategias y como “matar” el tiempo durante la noche, es irónico que pueda jugar con los pacientes, pero no con mi propio esposo durante los turnos nocturnos.

    Habíamos quedado el punto más vulnerable para los pacientes era la hora del baño, a la vez dejarme tocar mis glúteos, aunque claro, algunos estaban acompañados con familiares y otros simplemente no hacían nada cuando me miraban, por lo que entendíamos que no iba a ser seguido además que era bastante arriesgado lanzarme por mi propia cuenta, también habíamos acordado que iba a recibir el turno usando pantalón, pero ya después al quedarnos ambos solos yo me pondría un vestido siempre de enfermería pero sería un vestido relativamente corto es decir a mitad de muslo pero un tanto apretado para que se dibujaran bien mis glúteos.

    Bueno, aunque en el mes de abril logramos coincidir más veces ya sea de día o de noche, las oportunidades no se presentaban hasta la última semana y es lo que comentaré:

    Como dije, en la última semana se nos presentó una oportunidad con un paciente, si no recuerdo mal su edad era de 45, aunque su ingreso solo era por 24 horas solo para ver su evolución.

    Intencionadamente me acercaba más de la cuenta, lo atendía y lo mimaba a manera de ganarme más su confianza y eliminar barreras de comunicación, pero no sería hasta la hora del baño que lo iba a utilizar, me tuve que esperar así que durante la noche solo era tontear y uno que otro piropo que me hacía. Su condición para ese entonces era esguince grado 3 de muñeca, pero no recuerdo cual y trauma en cabeza, pero él estaba estable, solo estaba en observación por 24 horas.

    A fin de tenerlo sin ropa le ofrecí baño en cama como el paciente anterior, pero lo rechazó y eso me decepcionó, pero luego dijo que se iba a bañar en la ducha, entonces mi lado caliente y mi lado de enfermera salieron por mi boca y le dije: Pero va a necesitar ayuda para sostenerse, además que tiene inmovilizada su muñeca no podrá hacerlo usted solo. Por un lado, estaba preocupada por su seguridad y por el otro no quería desperdiciar la oportunidad de jugar con él, por lo que el aceptó.

    Platiqué con mi esposo la idea de meterme con el paciente a la ducha, le dije que no iba para más, pero sí que iba aprovechar a tocar y Román estuvo de acuerdo.

    Entonces sonó el timbre en la estación, era de su habitación, tomé aire y fui, al llegar él ya se estaba intentando poner de pie, por lo que me apresuré a ayudarle pues su seguridad también me importaba, el protocolo me pide darle una andadera o un soporte, pero yo quería ser su soporte, astutamente en vez de apoyar su brazo en mi hombro lo hizo entre mi espalda baja y glúteos, obvio es algo que no me molestó.

    Llegamos al baño que la verdad no está lejos está a unos 8 o 10 pasos, su pijama medica no cubría su erección, entonces llegó el momento de la verdad y fue cuando le pedí que se quitara la bata y el pantalón, pudo con la camisa pero con el pantalón casi no, por lo que tuve que agacharme para sacarlo de sus piernas, quedando su glande a la dirección de mi rostro pero yo solo agaché mi cabeza para quitar el pantalón.

    Le hice una sonrisa dándole a entender que una erección es normal, después de eso su rostro se tranquilizó, el miembro de él probablemente era más grande que el de mi esposo pero era delgado, me giré rápidamente para que no estuviera mucho tiempo de pie, pero en el trasfondo mi intención era que su pene tocara mi cuerpo, por lo que al segundo intento de querer hacer todo rápido su glande pasó rozando mis nalgas, le pedí disculpas (unas disculpas vestido de agradecimiento) y el me dijo que no había problema.

    Luego de eso entró a la regadera, le dije que yo le iba a pasar la esponja y el que solo me ayudara con el agua, me subí a una gradilla para alcanzar su cabeza y lavar su cabello, seguido pasé a su rostro y ese momento no fue planeado pues quedamos cara a cara por un momento pero reaccioné a tiempo y baje de la gradilla para continuar con su espalda, luego pasé a su pecho haciendo movimientos circulares, me toco bajar hasta sus piernas y nuevamente su miembro quedo frente a mí, pero hasta cierto punto lo ignoré, aunque por dentro yo quería girarme e empinarme para que me hiciera aun lado la tanga y me penetrara, pero me contuve.

    Continué con su miembro, para ello me arrodille solo con una sola pierna, primero comencé lavando sus testículos con suavidad casi que haciendo un masaje y vi que su miembro solo reaccionaba haciendo movimientos hacia arriba pensé que iba a acabar ahí mismo pero no.

    Luego continue enjabonando su miembro desde la punta hasta la base de su pene masturbándolo de por medio mientras el orificio de su glande apuntaba directo a mí rostro, me aseguré de dejarlo bien limpio y luego él se retiró el jabón el agua, después de eso el procedimiento lo hice normal hasta devolverlo a su cama y dejé ordenado todo, salí de su habitación directo al baño y vi que mi vagina estaba muy mojada y no por el agua de la ducha, me cambié de uniforme al normal con el que había recibido el turno.

    Había pasado un buen mes haciendo ese tipo de juegos con mis pacientes…

    Usualmente me dejaba tocar de mis pacientes, hasta que me involucré un tanto con uno en específico, era de nuestra edad por lo que congeniar no costó mucho, era un chico muy amable pero que le gustaba abordar las cosas directo, desde un principio comenzó con un par de piropos, le correspondí, pero él mal interpretó las cosas pensando en que el me gustaba cosa que no era así, solo queria pasar el rato para nuestros fines.

    El pasó ingresado casi dos semanas, en las noches que coincidía con mi esposo aprovechaba, dejándome tocar de él, o yo lo tocaba demás, hasta llegar al punto de hacerle varios orales y beber su semen. Una noche que el turno estaba tranquilo, solo había 3 pacientes, mi esposo Roman se encargaría de los otros dos, yo del chico.

    Esa noche técnicamente la pasé con él, hasta el punto en que el intentó besarme cosa que rechacé pues no era algo que me apetecía hacer, irónicamente le hacía orales, pero en los últimos días de su ingreso me involucré más de lo debido.

    Esa noche en específico estábamos platicando primero respecto a los avances de su salud y ya por último cambiando el tema, el me solía decir lo bonita que estaba, que era encantadora, etc., muchas adulaciones. Yo solo le sonreía y le agradecía.

    Llegados a la madrugada lo fui a revisar a su habitación, en el pasillo me encontré con un familiar de otro paciente ingresado, solo lo saludé, y me fui directo a la habitación de Daniel (así se llamaba), entré plática y plática, el ya estaba muy cerca de mi y no me daba cuenta hasta que finalmente pudo abrazarme, a lo cual me sorprendí y comenzó a besarme en el cuello y no supe reaccionar por lo que para él fue un Sí de mi parte, la ventaja que el tenía es que el no tenía suero, solo un catéter puesto por lo que no le impedía el movimiento.

    Entre esos abrazos y besos en el cuello, me fue empujando poco a poco hasta caer de espalda sobre el colchón, agarró mis piernas para terminarlas de subir a la cama y continuaba besándome como loco ni atinaba a donde besaba, entonces él en un rápido movimiento desabotonó otro botón de mi vestido (de por si para ir a verlo desabotonaba uno para dejar a la vista mis pechos) y esta vez si estaba totalmente a la vista y comenzó a besar y morder mis pechos, e hizo hacia un lado mi brasier, y lamió mis pezones, estaba en una situación comprometedora pues si él o yo hacíamos mucho escándalo alertaríamos a los familiares o pacientes de otras habitaciones.

    Por lo que traté de apartarlo nuevamente pero él estaba muy decidido, por lo que por un momento lo dejé hacer lo que estaba haciendo, hasta que sus manos se fueron a mis piernas para levantar mi vestido quedando así expuesta mi ropa interior y mis medias, las cuales esas medias las rompió e hizo a un lado mi calzón en ese instante, podía sentir sus dedos jugar con mi vagina y luego esos juegos se detuvieron, y empecé a forcejear nuevamente, gritar no era una opción y el timbre de la habitación estaba del otro extremo de la cama.

    Y procedió nuevamente a besarme y esta vez si le correspondí para tranquilizarlo, después mi vista se queda nublada de un golpe y ahí entendí que me estaba penetrando hasta que sentí como abría las paredes de mi vagina y comenzó a mover su pelvis, a lo cual le dije que se detuviera que no era conveniente hacerlo…

    Poco le importó así que me mejor me dejé penetrar en misionero, y hasta tuvo el descaro de pedirme que me pusiera en cuatro y ni modo, así lo hice hasta que sentí la vibración y casi instantáneamente pude sentir como estaba terminando adentro… y era lo que menos quería… el rápido se apartó de mí, me puse de pie y sentí como todo el semen bajaba por mi pierna, no le dije nada para no montar escandalo…

    Por suerte con Roman como ya saben, habíamos tenido experiencia con los indigentes, aunque ambos inicios habían sido bruscos y sin planear nada, nuevamente me habían cogido sin que yo estuviera 100% de acuerdo.

    Finalmente a él le dieron el alta, pero el problema vino a los días cuando el se apareció en mi trabajo con unas flores, el quería que yo saliera con él, cosa que rechacé e incluso mis compañeras por miedo lo retiraron del lugar con la seguridad privada.

    Preguntas había entre mis compañeras, por ejemplo que porque me traía rosas, que porque estaba el bien empedernido conmigo, etc. Pero la jefa de nosotros calmó las aguas diciendo que esas cosas suelen pasar porque los pacientes mal interpretan.

    Yo en mi mente pensaba que si ella se enterase lo que realmente Roman y yo hemos estado haciendo… Y después de esa reflexión comprendimos que era arriesgado crear estas situaciones por lo que desistimos de realizarlas.

    Loading