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  • Mi suegro y yo emputecemos a sus otras nueras: Mirtha

    Mi suegro y yo emputecemos a sus otras nueras: Mirtha

    Hola me presento, me llamo Lorena, tengo 49 años, los que se hayan leído mi primer relato recordaran como mi suegro, un hombre sesentón pero muy bien conservado, padre de once hijos, entre ellos mi marido, y hombre con un cierto éxito n el mundo de los negocios, tras afrontar un intentó de rebelión de sus hijos, motivado por la decisión de su padre de separarse de su madre y juntarse con otra mujer llamada Sonia, los dominó y tomo una drástica decisión emputecer a todas sus nueras, yo fui, creo la primera a la que se le expuso la opción, o me emputecía con él como dominador, y follador, o mi familia tendría que buscarse la vida lejos de sus negocios.

    Acepté y tuve una sesión muy agradable con él y con su nueva mujer. Y después mi suegro me ordenó hacerlo con Bernardo un cliente que al parecer quedó muy satisfecho.

    Al día siguiente mi suegro me convocó a su casa, me recibió afectuosamente, con un beso en la boca y me dijo que Bernardo había quedado muy satisfecho conmigo, que iba en la buena dirección, después para mi sorpresa en vez de desnudarme para follar me ordenó subir al piso superior del chalet, a la habitación de Sonia, esta me esperaba desnuda, nos dios en piquito, y me dijo.

    –Hoy no podemos hacerlo debes de estar muy caliente para cumplir tu misión, pero desnúdate y vamos a ver la tele.

    En ese momento me di cuenta de que, en la televisión del dormitorio, que era de circuito cerrado se veía la planta de abajo, concretamente el sofá donde mi suegro se sienta, parece que iba a pasar algo y Sonia y yo íbamos a estar de espectadoras.

    Al poco llamaron a la puerta, y mi suegro fue a abrir volvía hablando con alguien y cuando se sentaron pude ver de quien se trataba era Mirtha, la mujer de otro de los hijos de mi suegro, es una mujer simpática, algo más de 0 años más joven que yo, llevaba puesto un vestido azul con lunares blancos, había ido en plan elegante como yo.

    Mi suegro y ella se sentaron en el sofá y él puso una de sus manos en la rodilla de ella, y comenzó a soltarle el mismo discurso que a mí que debíamos ser unas putas para pagar el intento de traición de nuestros maridos, y que teníamos la opción de seguir siendo decentes e irnos, o ser putas para que nuestros maridos siguieran trabajando para él, Mirtha, para mi sorpresa, puso una sonrisa encantadora y dijo:

    –Pero querido suegro, si tú siempre me has gustado, por supuesto que voy a follar encantada contigo

    Mi suegro la ordenó levantarse del sofá y el hizo lo mismo, y los dos de pie, Mirtha rodeo con sus brazos el cuello de mi suegro y se dieron un buen morreo, mientras este llevó sus manos al culo de ella y se lo acaricio, después poco a poco le fue subiendo el vestido hasta dejar al descubierto su trasero, mi suegro dijo:

    –Menudo culo tienes zorra.

    –Es todo para ti querido suegro, dijo Mirtha

    Después mi suegro la ordenó girarse, y cuando la tuvo de espaldas a él, mientras le arrimaba su polla, aún dentro del pantalón a su trasero, llevó una de sus manos hasta el coño de ella, que solo estaba protegido por un tanga diminuto de color banco, e introdujo uno de sus dedos en el coño de su nuera.

    Tras acariciarlo un momento Mirtha hizo un ademan de separarse, ¿Se habría arrepentido y se iría como una mujer decente?, proto se disiparon las dudas la nuera con un movimiento erótico, como una stripper, se desabrochó el vestido y se le quitó poco a poco, un sujetador blanco quedo a la vista, pero pronto se lo quito y dejo unas tetas preciosas a la vista, e hizo lo mismo con el tanga. Tenía el coño completamente depilado, en esos momentos se acercó a mi suegro y los dos de pie, llevó sus manos hacia el cinturón de él y de un golpe le bajo a la vez los pantalones y el short, en ese momento le dijo:

    –Suegrito siéntate en el sofá y deja que tu nuera te haga feliz.

    Se arrodilló le quitó primeo los zapatos y los calcetines, después hizo lo mismo con las prendas que anteriormente había hecho caer, la polla de mi suegro, completamente tiesa, quedó al aire, ella acercó su boca ella y dijo:

    –Vaya querido suegro, menudo miembro que te gastas, es más grande que el de tu hijo.

    Se la metió en la boca y comenzó a hacerle una mamada, se la notaba que la muy puta sabía cómo hacerlo, no sé si el afortunado era el cuñado de mi marido o había más, pero ver a esa mujer comer una polla era un espectáculo muy erótico, Sonia debí de pensarlo así porque llevó mis dedos hacia su coño y en voz muy baja, me ordenó masturbarla mientras veíamos el espectáculo, mi suegro disfruto durante un rato del amor que le dispensaba su nuera, pero desde luego quería algo más, así que la dijo:

    –So puta mi polla quiere entrar dentro de tu coño.

    –Tus deseos son órdenes para mí, querido suegro, dijo Mirtha.

    Y sin soltar la polla de mi suegro primero se puso de pie, y luego se puso de rodillas encima de mi suegro, y llevó su cuerpo hasta las cercanías de su polla y arriando su coño al sexo de él terminó por introducírsela en su interior y se puso a cabalgarle, Mientras mi suegro llevó sus manos a las tetas de ella y dijo:

    –Me encantan so zorra.

    –Cariño son tuyas para que hagas con ellas lo que quieras, dijo su nuera.

    Mi suegro separo las manos de las tetas de Mirtha, y las puso a su espalda haciendo que esta, sin interrumpir su follada, se pegara más a él y las tetas de su nuera se quedaron al lado de su cabeza y se puso a chuparle un pezón.

    –Las tocas mejor que el cabrón de tu hijo, dijo Mirtha en medio de fuertes gemidos.

    Jacobo llevó una de sus manos al culo de su nueva y comenzó a sobárselo, mientras decía:

    –No me digas que el pasmado de mi hijo no te toca aquí.

    –Yo creo que toca a otras, pero a mi lleva mucho que no lo hace con ganas.

    –Pues yo sí, dijo mi suegro

    Y siguió tocándola mientras follaban, al rato mi suegro le pidió a su nuera;

    –Date la vuelta

    Ella como corresponde a una nuera amorosa y complaciente, jajaja, lo hizo y estuvieron follando hasta que mi suegro dijo:

    –Me vengo.

    Mirtha intentó salirse, pero mi suegro lo evitó.

    –Si te quedas preñada, el niño seguirá siendo de mi sangre le dijo.

    De esta manera se corrido dentro del coño de su nuera. Cuando terminó de soltar su leche dejo que Mirtha se saliera, y ella se sentó en el sofá pegadita a él, diciéndole lo maravilloso follador que era, mientras le acariciaba la polla, ante los toqueteos de su nuera la polla de mi suegro se puso en forma de nuevo, en ese momento él la dijo:

    –Quiero follarte por el culo.

    –Todo mi cuerpo es tuyo, y por su puesto mi culo también dijo Mirtha.

    Se pusieron los dos de pie, mi suegro froto su polla contra el culo de su nuera para que esta se pusiera aún más dura, y desde luego lo logró, parecía una barra de hierro, después pidió a su nuera que se pusiera a cuatro patas, como la perra que era, sobre el sofá, y él se colocó detrás de ella, y en una postura un poco rara introdujo su polla en el culo de Mirtha, esta nada más sentir la polla de Jacobo dentro de su culo comenzó a gemir como una posesa, animando a su suegro a darle más fuerte, y este animado por las palabras de su nuera lo hizo mientras la llamaba toda clase de guarrerías hasta que se corrió, al salirse el culo de su nuera estaba llenó de leche, en ese momento mi suegro la dijo:

    –Descansa un poco en este sofá, tengo una sorpresa para ti.

    Mirtha se quedó en el sofá a cuatro patas mientras mi suegro subió por la escalera de su chalet y vino a la habitación donde estábamos su mujer y yo y dirigiéndose a mí me dijo:

    –Ahora te toca a ti zorrita, baja al piso de abajo y haz que nosotros disfrutemos de un buen espectáculo.

    Salí de la habitación estaba muy caliente con el espectáculo que había visto por la cam y bajé las escaleras Mirtha seguía en el sofá muy relajada, sin duda descansando de la follada y no se dio cuenta de mi presencia hasta que no estuve muy cerca de ella, un poco perturbada, al verme desnuda delante de ella, me preguntó:

    –¿Tú que haces aquí?

    –Lo mismo que tú, la dije, soy tu sorpresa.

    Ella tardó un momento en comprender, después me sonrió y dijo:

    –Nunca hubiera imaginado que tu pudieras ser tan puta, pero si tenemos que demostrar lo putas que somos hagámoslo bien.

    Acercamos nuestras bocas y nos dimos un buen morreo, acto seguido yo tomé la iniciativa, bajé mi cabeza hasta que mis labios llegaron hasta sus tetas, y comencé a chupárselas.

    –A ver si ahora va a resultar que la mujer del primogénito de la familia, tan decente como parecía es una verdadera puta, dijo Mirtha riendo.

    Yo seguí chupándole las tetas, ella llevó una de sus manos a mi culo y se puso a acariciármelo, lo hacía muy bien y me estaba encantando, después me empujó un poco y me quedé tumbada sobre el sofá.

    –Bueno cuñadita, pues si eres una zorra habrá que hacer que disfrutes.

    Y llevó su mano hasta mi coño y se puso a acariciármelo, después introdujo uno de sus dedos dentro de mi sexo, la muy puta sabía cómo hacerlo, o bien se masturbaba con frecuencia o lo hacía con otras mujeres, mientras yo gemía ella riéndose decía:

    –Nunca me hubiera imaginado tener a la mujer del mayor de los hermanos abierta de piernas para que yo la masturbará jajaaj, toma cuñadita.

    Me tuvo así un rato hasta que dijo:

    –Menuda puta me estas resultando ser Lorena, pero creo que es hora de que subamos de nivel.

    Me hizo levantar las piernas, y para mi sorpresa en esta postura, mi coño quedó al alcance de su boca, ella introdujo su lengua dentro de mi y comenzó a atacármelo, sabía lo que se hacía, me estaba haciendo gozar incluso más que Sonia, yo estaba rendida ante ella. Y no tardó en hacer que me corriera, en ese momento ella me dijo:

    –¿Sabes comer coños Lorena?

    Le hice una señal de que si, y ella riendo dijo:

    –Menuda clase de familia estamos resultando ser, jajaja. Bueno pues demuéstramelo, cómeme el mío.

    Yo me fui a levantar, pero ella me hizo una señal para que siguiera tumbada, se vino hacia mí y se puso de rodillas dejando su coño al alcance de mi boca, por supuesto no me costó comprender lo que quería, así que introduje mi lengua en el coño de Mirta y comencé a lamerle, su sabor me pareció diferente al de Sonia, pero desde luego muy apetitoso, cuando mi lengua comenzó a explorar su sexo dijo:

    –Esto sí que no me lo esperaba yo, jajaja, resulta que la mujer del hijo mayor, que parece tan decente es una zorra y una lesbiana que come los coños maravillosamente bien, sigue así querida, no pares me encanta como lo haces, esto es delicioso.

    Las palabras de Mirtha, por un lado, me hacía ver la visión que tenían de mí las otras mujeres de mis cuñados, nunca me había visto a mí misma como una estirada, tendría que hacerlas cambiar de opinión, comenzando por la que tenía en ese momento encima de mí. Mi lengua seguía hurgando su coño, iba a logar que esa zorrita tuviera un orgasmo gracias a mi lengua, así que la seguía tacando hasta que ella soltó un gemido gigantesco, y sus líquidos fueron a parar a mi boca.

    La pedí que se tumbara sobre mí, y nuestras bocas se acercaron la una a la otra y luego lo mismo hicieron nuestras lenguas, nos fundimos en un beso delicioso:

    –¿Y ahora sigues pensado que soy una estirada?, le pregunté

    –Claro que no, respondió ella, veo que las dos somos un par de putas y lesbianas, jajaja.

    Nos levantamos un momento quería estar libre para poder tocar plenamente el cuerpo de Mirtha, y ella parecía querer hacer lo mismo con el mío aprovechando que yo era más alta me puse detrás de ella, y rodeándola con mis manos comencé a acariciar sus tetas, como las mías no es que fueran pequeñas pero tampoco grandes, quizá fuera algo genético, pero al parecer los machos de la familia preferían que las tetas de sus mujeres no fueran demasiado grandes, después bajé mi mano hasta su coño y se lo acaricie ella se dejó llevar y comenzó a gemir, introduje uno de mis dedos en su interior, ella se retorció de gusto y al poco se corrió, tras ello me beso en la boca y me dijo:

    –Cariño si vamos a ser hermanas de leche, de la leche de nuestro suegro, jajaja, déjame que te de una muestra de amor como debe de hacer una hermana pequeña con su hermana mayor.

    Me pidió que me sentara en una silla del salón y después abrirme de piernas, lo hice, ella se arrodilló ante mí, acerco su cabeza a mi coño, e introdujo su lengua dentro de él nuevamente, como había sucedido hacía un rato, sabía manejar muy bien su lengua, sus lamidas atacando mi sexo, eran increíblemente certeras y deliciosas, yo la apreté contra mí, creo que mis gemidos eran muy intensos, y así me tuvo hasta que la muy zorra hizo que me corriera y cuando lo hice se tragó todos mis flujos y dijo:

    –Esta bebida es más deliciosa que el champan.

    Después se levantó, yo la imité, ella me hizo una señal para que me tumbara en el suelo, y abrí bien mis piernas, se puso encima de mi en una posición invertida de manera que su coño quedó al alcance de mi boca, nada más tenerle ahí volví a lamerle quería disfrutar de su sabor, ella se puso a gemir, luego de manera muy lenta se fue agachando acercando su cabeza a mi coño, y cuando llegó a su destino introdujo, nuevamente su coño dentro de mí y con su lengua se puso a lamer mi coño, la muy puta me hizo sentir divinamente, me alegré de que mi suegro nos hubiera convertido en sus zorritas.

    Nuestras lenguas se enzarzaron en una competición cada una parecía decidida a volver loca de gusto a la otra y hacerla correrse antes, para demostrar que aguantaba más y comía el coño mejor, mi contrincante sabía como hacerlo sus lamidas eran muy certeras parecía tener un conocimiento preciso para volverme loca de placer, pero abrir mis ojos tuve una idea.

    Llevé mis manos a su culo y lo acaricié un poco, y después introduje uno de mis dedos en el interior de su culo, ella al sentirlo dio un pequeño brinco y dejo de comerme el coño y dijo:

    –No me digas cariño que también sabes hacerlo por el culo, nunca lo hubiera imaginado, al final vamos a ser dos buenas amigas y compañeras de juegos.

    Y después volvió a su tarea de comerme el coño, tener mi dedo dentro de ella aumentaba el ritmo de sus jadeos la estaba haciendo gozar más, pero la realidad se impuso ella lamia mejor que yo y me hizo correrme.

    Pero yo no me conformé y seguí comiéndola en coño y moviendo mi dedo dentro de su culo, sus gemidos se fueron haciendo más intensos, ella dijo:

    –Al final so zorra vas a hacer que me corra.

    Esa era mi idea y seguí con mi ataque hasta que ella hizo un movimiento espasmódico y noté como se corría, tras ello ella se giró nuestros coños se rozaron mientras nos dimos un beso muy apasionado, fue en ese momento cuando oímos la voz de nuestro suegro que nos decía:

    –Putas menudo espectáculo nos habéis dado Sonia y yo hemos echado cuatro viéndoos.

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  • El papá de mi mejor amiga (1)

    El papá de mi mejor amiga (1)

    Soy Naila y tengo 20 años. Les voy a contar mi historia con Diego, el papá de Juli, mi mejor amiga.

    Diego tiene 51 años. Es alto, morocho, su cabello está salpicado por canas. Tiene unos penetrantes ojos verde agua y un cuerpo de la ostia. Él es abogado pero es un exrubier. He visto sus fotos de joven y era una masa magra de músculos. Siempre me gustó. Hoy está mucho más delgado, pues ya no practica ese deporte, pero está absolutamente marcado.

    Recuerdo un verano en donde veraneamos en su casa. Su abdomen era precioso, dorado, firme; con unos surcos que dibujaban perfectamente sus abdominales. Tengo grabada en mi retina una vena que como un río cursaba todo su abdomen oblicuo para desembocar y perderse en su traje de baño. Una fina capa de vellos lo recubría, pero su pecho era lampiño, también surcado por arterias henchidas.

    En esta ocasión, Diego nos fue a buscar a la discoteca. Éramos tres, Juli, Sofí y quien les habla. No estábamos borrachas, pero si lo suficientemente “alegres” como para bromear con Diego. Cabe decir que Diego estaba separado de Fernanda, la madre de Juli. Había tenido otro hijo con Romina, una modelo de ropa interior, que se llevaba muy mal con Juli. Pero ahora estaban separados, ya hacía dos años, por lo que Diego estaba solo. En el viaje de vuelta lo bromeamos, diciéndole que tenía que salir de juerga con nosotras así conseguía novia nueva. No pasó de ello, y él se lo tomaba de muy buen humor.

    Llegamos a la casa de Diego. Dormíamos las tres juntas. Esa noche no había sido buena para mí. Ligué con un chico, muy lindo, rubio; olía muy bien. Nos besamos. Él me tocó y yo lo toqué. Yo estaba con una pequeña minifalda que dejaba muy poco para la imaginación. El no dudó en escrutar la puerta que se abría entre mis piernas. Me empezó a tocar el coño. Era descuidado, bruto. Parecía no saber lo que hacía. Pero él me gustaba mucho, así que yo también bajé a su pantalón y le empecé a tocar su instrumento. No era grande, pero estaba durísimo.

    Estuvimos así un rato. Luego nos separamos, fuimos a tomar unos tragos, yo estuve con mis amigas y después lo vi con otra chica, cerca del baño, haciéndole lo mismo que me hacía a mí. Así que me olvidé de él. Esa noche nos volvimos temprano, porque Sofi empezó a sentirse mal. Así que llamamos

    Ya estábamos las tres en la habitación de Juli. Yo dormía una pequeña cama que Diego había dispuesto en un rincón. No puedo negar que me había quedado caliente. Estuve mirando el techo un rato y me levanté al baño. Hice pis. Me quedé en el inodoro acariciándome un rato y después fui a la cocina a tomar algo. Eran las 4 de la mañana. Bajo y estaba Diego en la heladera, con un bóxer blanco tomando agua.

    Era sumamente excitante. Estaba más fuerte que nunca. Tenía algo en su abdomen inferior que me derretía, todo marcado, con hondos surcos que llegaban al paraíso. Tenía un gordo bulto que tendía a ir hacia la izquierda. No lo miré mucho. Estaba tomando de la botella. Me vio de reojo y siguió tomando, como si nada pasara.

    -¿Todo bien? ¿Pasó algo?

    -No, no. Tenía sed… dije –en ese momento atiné a marcharme pero inmediatamente dijo

    -Vení, tomá… -y me ofreció de la botella de que estaba tomando. Yo estaba absolutamente pasmada- ¿Te da asco? Te abro otra botella

    -No, no, para nada –me acerqué y bebí. Yo estaba sólo con una remera blanca over-size y mi ropa interior, la misma que había sido manoseada horas antes. Claro que la remera me cubría. Mientras tomaba del pico de la botella, Diego me miraba

    -Tenías sed. Eso pasa cuando se bebe mucho alcohol.

    -No tomamos mucho

    -¿No? Sofía parecía descompuesta

    -Sí, pero estaba mal por otra cosa. Se… indispuso… y bueno, se sentía mal.

    -Ah, claro. A veces me olvido de que ya son mujeres. ¿Muchos chicos hoy?

    -No, nada. ¡Bah! Poco. Flojo

    -¿Nada o poco?

    -Poco. Estuve con un chico pero resultó ser… un imbécil

    -Los hombres solemos ser todos así a una determinada edad –yo no podía dejar de mirarlo. No paraba de desearlo. Quería sentir ese abdomen sobre mí, esos hombros redondos, esa espalda ancha, bombeándome. Quería sentir su sudor, su piel… su sexo. Cada tanto miraba de reojo su bulto. Parecía haber crecido, aunque al no poder mirarlo con detenimiento, no podía estar segura.

    -Capaz que necesite un hombre maduro –dije, con tono desafiante. Un instinto en mis vísceras me hizo llevar mi dedo a la boca y mordérmelo.

    -Capaz –dijo– aunque hay maduros y maduros

    -Vos estás muy bien Diego ¿Cómo hacés para mantenerte así? Ese cuerpo…

    -¿Te parece? Mucho gimnasio, nada más. Vos también estás muy bien

    En ese momento no pude más y me le abalancé. Dejé caer la botella y lo besé. Era hermoso, olía muy bien. Lo besé apenas, en los labios. Él se quedó quieto, impertérrito sin moverlos. Yo ansiaba su lengua, pero no me la ofreció. Me sentí muy mal y cuando estaba por irme, me sujetó de la cola. Me sorprendí, me asusté. Quedé boquiabierta y fue allí cuando enterró su lengua en mí. Me encantó. Sabía exactamente lo que hacía. No largaba mi nalga, que la apretaba y abría entre sus grandes manos. Yo lo sujetaba de sus mejillas, con ambas manos.

    Él, con la mano que no se entretenía con mi culo, me circundó el cuello. Casi que podía cubrirlo enteramente. Yo era muy delgada. Creo que ya lo dije; era alto. Tenía que ponerme en puntas de pie para corresponder a sus besos. Él me ayudaba, levantándome de los glúteos. Yo bajé mis manos para acariciar ese abdomen que fue el pan de mis fantasías desde que era niña. Era perfecto: firme pero suave; grande, pero magro, con el vello justo.

    -Quiero que me hagas tuya, por favor –le dije, cuando su boca me permitió respirar– soy virgen

    -¿Estás segura?

    -Muy…

    Yo era virgen. No era una mentira. Había tenido novios, pero nunca llegué a concretar. Con el que más lejos llegué fue con Nicolás, a quien en una tarde de lluvia después de ver una serie de Netflix le comí la verga en el sillón. No me gustó para nada. El pene en sí no sabía a nada, pero Nicolás no aguantó mucho y a los pocos minutos eyaculó en mi boca, sin avisarme.

    -Bueno –apenas dijo eso, se arrodilló. No me desvistió. Ni siquiera me sacó la remera. Metió su cabeza por debajo y empezó a lamerme los labios, con la bombacha puesta. Yo estaba empapada. Ya me había mojado algo en la disco, con ese pelmazo. Ahora más. Estaba absolutamente enloquecida. Su lengua separaba mis labios, como las aguas del mar rojo. Era preciso, suave… sublime. Sabía exactamente cómo hacerlo, dónde presionar y dónde susurrar. Mi sexo se cubrió completamente de un almíbar que me embadurnó la tanga.

    -A ver qué hay debajo de esto –dijo, y me la bajó hasta los pies. Yo me saqué la remera. Tenía mis pequeños pechos hinchados y mis pezones estaban duros como el mármol. Yo apoyé mi muslo sobre su hombro, como si supiera qué estaba haciendo.

    -Mmm, que hermoso, qué suave, qué rico… -La punta de su nariz empezó a jugar con mi clítoris. Subía y bajaba lentamente. Colocó el vértice de su lengua en la entrada de mi cuevita, sin introducirla. No podía hacerlo, pues allí estaba mi himen. Estaba tan mojada que me avergonzaba. Empezó a dar pequeñas vueltitas, muy sutiles, pero muy sensibles. De golpe, llena de saliva, la subió hasta mi clítoris, que cambió el filo de la nariz por la rugosidad y calidez de su lengua. Hizo eso tres o cuatro veces hasta que acabé. Lo sujeté fuerte de los cabellos y me vine encima de él. Literalmente me había orinado.

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  • Con el joven dueño de la pescadería

    Con el joven dueño de la pescadería

    Cuando volvía la vista atrás, recordaba lo feliz que había sido en mi matrimonio, y no podía decirse que ahora tampoco lo fuera, porque a mis 44 años y los 52 de mi marido, nos llevábamos estupendamente y disfrutábamos de la vida, prácticamente de todo, salvo del sexo. No comprendía lo que me decían mis amigas, que sus maridos, a pesar de la edad, les seguían haciendo el amor, aunque no tan intensamente.

    Sin embargo, el mío se había quedado “para el arrastre”, prácticamente, una vez al mes y poco más daba, y eso, sin demasiados miramientos. Intentaba compensarme con las manos y la boca, me daba unos buenos masajes de tetas y unas buenas mamadas de clítoris y vagina, pero yo echaba en falta lo de años anteriores, lo recordaba, las cogidas que me daba mi marido.

    Mi marido hasta no hacía demasiado podía considerarse como un amante excepcional. Recordaba que solíamos hacer el amor casi a diario, y como a él le gustaba masturbarse entre mis grandes pechos.

    Físicamente, podía decirse que no había perdido bastante de mi belleza, ya que había tenido cuatro hijos y mi cuerpo lo había notado, pero podía considerarme afortunada, era poco alta, mis pechos voluminosos y todavía duros, un grueso culo y las piernas bien torneadas, a veces incluso me piropeaban y más de uno me propuso culearme.

    Solía madrugar para ir a la plaza y poder comprar sin multitudes, y sobre todo elegir el pescado sin problemas. La pescadería era regentada por un matrimonio joven, aunque casi siempre a las horas que yo iba sólo estaba el marido, un joven de unos 25 años que no hacía más que decirme piropos e insinuaciones, lo guapa que era, lo atractiva y sensual que era, lo bien que mi marido lo debía de pasar con una mujer así a la hora de hacerme el amor.

    Él se imaginaba como lo hacía, pero pensaba que eran las típicas bromas de los jóvenes, sin embargo, a veces, pensaba en él, me excitaban sus halagos, a veces cuando me masturbaba soñaba que aquel joven me cogía sin descanso, haciéndome olvidar los años de desidia, todo esto me llevaba a andar cada día más excitada.

    Coincidió que un fin de semana contaba con invitados a comer, y decidí preparar un pescado especial para la ocasión, así que se lo encargué a José, el pescadero; este me mandó recogerlo el viernes por la tarde, a última hora, cuando él fuera a cerrar, me extrañó la hora en que me mandaba ir a recoger, pero supuse que sería para conservarlo más fresco en la cámara frigorífica, aunque deseaba que estuviera solo para que me pudiera culear, yo deseaba que me metiera su verga en mi vagina y me hiciera sentir mujer.

    Mi marido tenía ya varias semanas que no me cogía ni me acariciaba a pesar de que yo me ponía hilo dental para que me viera y se le parara su verga, estaba deseosa de culear.

    El viernes, tal como había quedado, sobre las ocho me presenté sola en la pescadería, tenía puesto un vestido con la falda muy holgada y me puse una tanga hilo dental que apenas me tapaba la parte delantera con su pequeño triángulo y dejando libre mis hermosas nalgas para ser acariciadas, él estaba sólo, y me dijo que iba a cerrar y saldríamos por la puerta trasera y cogeríamos el pescado de la cámara.

    Entró en la cámara frigorífica y me entregó una bolsa con las cosas, como era bastante grande, yo tuve que emplear las dos manos. Nos dirigimos hacia la trastienda, yo delante, con las manos ocupadas… Cuando de repente noté las manos de José cogiéndome la cintura y apretándose contra mi culo mientras me rozaba el cuello con los labios, al tiempo que restregaba su “paquete” sobre mi culo. Me quedé paralizada, sin reaccionar, entonces él subió una de las manos hasta mis pechos y lo masajeó y acarició haciendo que mis pezones reaccionaran a las caricias…

    No podía soltar la bolsa, pero me giré y me quedé mirándolo turbada. Él aprovechó mi reacción para acercar su boca a mis labios y besarme apasionadamente. Estaba aturdida. Por mi mente pasaban los piropos que él me decía todos los días. Los sueños en los que lo veía. Dejé la bolsa encima de una mesa y lo empujé.

    “¡Estás loco!… ¿qué te pasa? ¿no sabes que soy una mujer casada y tú también lo estás?”.

    “Si… Lo sé, pero me gustas… Siempre me has gustado a pesar de tu edad, tus hermosas tetas, tu culo, tus piernas, me atraes toda… Te deseo tanto, eres muy hermosa. Me excitas. Mira como estoy…”.

    Al tiempo que se bajaba los pantalones y los calzoncillos mostrando una enorme verga, dura. Nunca había visto nada igual, conocía la de mi marido y otras que me habían cogido, pero aquello me dejó helada,  gorda, larga, con una enorme bellota morada en la punta. No podía apartar la vista de ella…deseaba tenerla metida toda en mi vagina.

    “Estás loco… Vístete…”.

    “Por favor, por favor, te deseo tanto, déjame culearte. Estamos solos, nadie lo sabrá… Déjame…”.

    Mientras se iba acercando hacia mí y yo me iba apartando hasta quedar arrinconada en una esquina, viendo como él se aproximaba, como aquella enorme verga rozaba ahora mi vagina. No podía evitar mirarla… Le dije:

    “Te la acaricio un poco y basta… ¿Vale?”.

    Tenía ganas de tocarla. De sentirla en mis manos. Nada más cogerla en mis manos noté como la verga palpitaba y como yo me sentía mojada, húmeda. Hacía tanto tiempo que no me encontraba tan excitada. Empecé a mover la mano suavemente observando el morado capullo, me gustaba sentir la sensación de aquella enorme verga en mi mano, caliente, como crecía mientras yo la masturbaba lentamente. Estaba tan caliente, tan mojada, tan excitada que no protesté cuando José aproximó su boca.

    Yo misma acepté la lengua que recorría mi paladar, que jugueteaba con la mía. Apuré los movimientos sobre la verga. Acepté la caricia en mis pechos, sobre el vestido, y no protesté cuando me lo desabrochó y me sacó el sujetador para dejarlos libres, los pezones estaban erguidos, duros. Me los pellizcó y apretó, igual que las tetas que fueron acariciadas y apretujadas. Estaba sintiendo tanto placer… Mi mano oscilaba sobre la verga, rocé los huevos, enormes, peludos. Y los acaricié con la otra mano, mientras notaba como él me subía la falda y me rozaba el coño sobre la braga…

    “Haydee estás mojada… muy mojada… Seguro que tan caliente como yo, te necesito… quiero culearte…”.

    Sin dejar de apretar con la mano sobre mi coño, presionando sobre los abultados labios de la raja…

    “Si… siii… culeemos… dame placer… méteme ese pedazo de verga que tienes…”.

    Me acarició las nalgas que estaban desnudas por el hilo dental y me las apretaba con fuerza, me arrancó las bragas de un tirón y me hizo apoyar de bruces sobre la mesa, dejando mi culo en pompa. Acarició mis hermosas nalgas y descendió su mano hasta el coño, separando los labios acarició suavemente el interior…

    “Tienes un culo hermoso… como me gusta… Y tu coño jugoso, de anchos labios… verás como le gusta mi verga…”.

    No tardé en notar el grueso capullo apuntando sobre la entrada de mi coño… Como él empujaba lentamente y las paredes de mi coño notaban el roce de la verga que las distendía, que me abría centímetro a centímetro, dándome en cada embestida más placer si ello era posible… Nunca me había follado mi marido desde atrás y aquello me proporcionaba un placer desconocido… Notaba como aquel pollón llenaba mi coño y como la gorda bellota rozaba mi clítoris cuando me la sacaba… José se aferraba a mis nalgas y empujaba sin parar…

    La verga entraba y salía rápidamente, me abría más de piernas para facilitar la penetración de su hermosa verga en mi vagina, apresura el paso y estoy sintiendo como me llegaba un segundo orgasmo, en ese momento siento que el aprieta más mis nalgas y me hunde su verga con más fuerza y me dispara su semen en lo más profundo de mis entrañas, siento ese líquido caliente que me inunda toda mi vagina …

    “Ahggg José… que verga más hermosa tienes…”.

    “Haydee eres preciosa… tienes un coño hermoso… eres la hembra más ardiente que he conocido. Si quieres ahora podemos gozar…”.

    Claro que quería. Lo deseaba a partir de aquel día…

    “Claro que sí José… Quiero aprender a chuparla… Que me comas el coño… Y entregarte mi culo…”.

    Me siguió bombeando la vagina y esta se resbalaba de los restos de sus jugos y semen que la tenían inundada, me comenzó a masajear mis hermosas tetas y me las apretaba como para penetrarme más con su verga con cada embestida que me daba, me acostó sobre la mesa y me subió las piernas a la altura de sus hombros dejando mi vagina a su entera disposición, me acomodó la verga a la entrada de esta y de un solo envión me la metió toda llenándomela completamente, a pesar de la eyaculación su verga no había perdido la erección.

    Yo lo tenía bien excitado y quería aprovechar para dejarme bien culeada, me bombea rápidamente y estamos en nuestros suspiros cuando siento que él está llegando a su orgasmo y me dispara su semen en mis entrañas apretando su verga sobre mi vagina sin dejarme nada afuera. Me tiene conectada hasta que su verga se sale sola de mi vagina y me sale un hilo de su semen de mi vagina dejando sobre la mesa los restos de nuestra buena culeada.

    Me levanto de la mesa y él me toma por la cintura y me da una buena mamada de tetas, cuando me doy cuenta ya eran cerca de las diez de la noche y yo no había llegado a mi casa, estaba todavía desnuda en la parte trasera de la pescadería, él intenta meterme de nuevo su verga y yo no lo dejo por la hora que es y no he llegado a mi casa:

    “No, ya es tarde, mi marido puede sospechar que me quedé culeando y después sale a la pescadería a buscarme y me encuentre desnuda conectada por tu hermosa verga…”.

    Para que no me vaya sola él decide acompañarme a mi casa, nos vestimos rápidamente y salimos rumbo a mi casa, cuando llegamos ya mi marido y mis hijos están dormidos, entramos sin hacer ruido hasta la cocina, estaba acomodando las bolsas cuando ya el pescadero me tenía su mano sobre mi vagina acariciándomela.

    -No, aquí no, puede venir uno de mis hijos o mi marido y nos pueden ver en esto, mejor salimos a la bodega del patio y ahí volvemos a culear.

    Salimos al patio y el perro no hace ruido al verme y así logro meter a mi amante a la bodega. Tengo un sofá para situaciones como esta. Él me mete la mano y me quita mi tanga, me da una mamada de vagina acostada en mi sofá, se saca su verga y se acuesta sobre mí presionándome con su hermoso cuerpo.

    Yo me acomodo su verga en la entrada de mi vagina y él comienza a metérmela suavemente ocupándomela completamente, comienza a bombearme ricamente y me da una buena mamada de tetas, me las suelta y sigue culeándome ricamente, apura el paso después de más de media hora de estar culeándome y me da mi ración de semen haciéndome gemir y suspirar de la sensación del calor en mis entrañas, me desocupa mi vagina satisfecha de todas las cogidas que me dio en la noche un solo hombre como hacía tiempo no me lo hacían.

    Nos vestimos y quedamos de acuerdo para repetir estos encuentros sin que se diera cuenta su esposa ni mi marido, le doy de recuerdo mi tanga, cuando él iba a salir por la cocina escucho que mi marido sale de nuestra habitación y lo escondo al fondo en la cocina, llega mi marido y se sorprende de verme levantada a esa hora, me abraza y me mete la mano para tocarme sintiendo que no llevo nada por dentro y me comienza a acariciar, le digo que se vaya para la cama que ya llego para que culeemos, como ya la tiene erecta la verga ahí mismo me conecta.

    -Haydee, ya estás mojada, siente como se resbala mi verga, es que estabas esperando que te culeara, hace días que no te lo hago.

    -Si, Gerardo, estaba esperando que me culearas hoy.

    Me sigue culeando en la cocina y me da su semen y como estamos de pie cuando me saca su verga se me riega sobre las piernas. Me limpio con el vestido, me lo quito quedando desnuda. Mi amante observó mi cogida con mi marido.

    Mi marido sale a nuestra habitación y yo saco a mi amante de la cocina, estaba tan excitado de ver lo que me hizo mi marido que me da otra culeada en la sala de mi casa, me cogió por media hora, estuvimos en el sofá y después en el piso dejando rastros de semen y mis jugos en el, yo estaba completamente desnuda culeando en mi casa con otro hombre, me deja de coger al echarme lo último de su semen, que buenas cogidas que me di esta noche, como estaba tan excitada culeando no medí la situación de riesgo de ser descubierta por mi marido o uno de mis hijos y ser vista como me penetraba mi amante, se marcha.

    Yo salgo desnuda a cerrar el portón de mi casa, a esa hora no pasa nadie por la calle, él al marcharse me mama las tetas y me acaricia mi vagina, nuevamente se le para la verga y me conecta mi vagina en la entrada de mi casa, estamos culeando de pie, el por su edad es una verdadera máquina de culear, sabe satisfacer a una mujer veterana como yo, después de más de quince minutos culeando recostada contra la pared de mi casa el me dispara lo poco que le queda de su semen, me saca la verga de mi vagina y pequeños rastros de semen salen de mi vagina recorriendo mis piernas.

    Quedamos esperando vernos de nuevo para otras buenas cogidas, le doy un beso y le doy las gracias por las buenas cogidas que me dio, hacía mucho tiempo que no me sucedía esto, me hizo sentir mujer de nuevo a pesar de mis 45 años.

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  • Laura, una mujer madura

    Laura, una mujer madura

    Sinceramente, hacía ya tres años que vivía en aquel piso y empezaba a pensar que quizás nuestras amistades podrían tener cierto punto de razón.

    Después de algunos días me decidí a aceptar la propuesta de mi suegra para que una de sus amistades me hiciese un proyecto de decoración. La verdad es que la idea me atraía un poco, conocía a Laura desde hacía unos cuantos años, desde que mi mujer y yo éramos novios y íbamos a la misma playa donde iban mis suegros. Allí se reunía todo un grupo, mucho mas que variopinto, extraño de gente todos los veranos.

    Algunas tardes en medio de la estival tertulia en la que me encantaba participar me encantaba llevarle la contraria a Laura. Es una mujer madura, morena muy atractiva, con un toque muy coqueto terriblemente elegante y con una alegría, humor e incluso conversación todavía juvenil. Le encantaban los bikinis y conforme llegaba el final de verano y después de unas cuantas sesiones de sol y baños de mar su piel su tenía con un color moreno cobre realmente bello.

    Solíamos ser de los últimos en dejar la playa al atardecer, cuando ya quedaba poca gente, esos últimos momentos de relax que deja la tarde del norte español. Durante esos minutos, había descubierto su afición a subirse las caderas del bikini y ajustarse la braguita entre las piernas para aumentar los centímetros de bronceado en su pubis, un momento en el que no podía evitar lanzar alguna mirada lujuriosa, que ella sorprendió alguna vez para mi rubor. Por suerte creo que mi mujer nunca me llegó a sorprender en estos momentos de azoro.

    Después de los veranos la verdad es que no volvía a verla prácticamente durante todo el año y la idea de encontrarme con ella en un restaurante, para charlar de mis ideas acerca de los cambios en la distribución para luego charlar días tarde con mi mujer de la decoración final, me hizo incluso recordar el olor de estío maduro en la playa.

    Durante nuestra conversación en el restaurante charlamos de muchos temas, recodamos algunas de nuestras discusiones tumbados en las toallas y algunas de la tontas anécdotas que inundan los veranos de arena y agua de mar. Ya me había sorprendido al encontrarnos de lo bella que estaba, pero mi impresión fue enorme cuando la observé al regresar a la mesa desde del baño antes del café.

    Por entre el pequeño pasillo del restaurante se deslizaba con una elegancia increíble Laura, toda vestida de negro, una blusa ligera, una falda ligeramente sobre la rodilla con una pequeña racha a un lado, unas medias tupidas negras y unos zapatos de salón negro con un pequeño ribete rojo sobre unos tacones altos y finos.

    La cara de embobado que debía tener en ese momento le hizo sonreír de una forma picara durante un buen rato, una sonrisa que repitió cuando me sorprendió durante el café un par de veces con mi mirada perdida sobre el canal de su escote.

    Hasta mi casa aún tenía un rato de coche y decidimos tomar mi coche, un soberbia elección. El compacto con aire y suspensión un tanto rígida nos machacaron la espalda por las calles salpicadas de obras.

    Al sentarnos en el sofá de casa comentábamos entre risas las riñonadas del viaje y lo mayores que un poco fuera que estábamos sentados en aquel coche en semejante despropósito de baches y badenes.

    Después de una ratos de charla sobre el sofá, decidimos comenzar a tomar algunas mediciones para bocetar los cambios. Tras unos pocos pasos Laura se echó mano a un costado e hizo un pequeño comentario acerca de la tensión de espalda del dichoso paseito. No pude evitar ofrecerle un pequeño masaje en la espalda.

    De pie en el pasillo se hizo un recogido en el pelo y se colocó de cara a la pared, después de solo unos segundos de acariciare el cuello mas que masajearle, se separó ligeramente de la pared y desabrochó un botón mas de su blusa y tiró ligeramente de ella para dejarme un poco mas de piel a mi alcance.

    Mi caricias continuaron unos segundos más, esperaba que se apartase visto que ni iniciaba la mas pequeña acción terapéutica que un simple roce con los dedos sobre sus hombros y su cuello. Con las puntas de mis dedos apoyados sobre la parte trasera de sus hombros, aquel cuello desnudo y un recuerdo como un latigazo de las tardes de playa, ni pude evitar acercar mis labios con tremenda suavidad, como queriendo evitar que se percatase de mi gesto imprudente. Laura no se movió ni un solo milímetro, ni siquiera cuando repetí en un par de ocasiones mi furtivo beso entre las caricias entonces ya un poco mas intensas.

    Solo cuando ciego ya de pasión mis besos se humedecieron contra su cuello, sus labios emitieron un ligero suspiro mientras sus piernas se separaban ligeramente y sus caderas se separaban de la pared empujando ligeramente entre las mías.

    Mis manos se deslizaron sobre sus hombros para acariciar su pecho, para apretar suavemente sus tetas y desabrochar totalmente su blusa que cayó al suelo entre nosotros.

    Desabroché su sujetador sin que se moviera su cara de la pared nada mas que para ofrecerme su lengua en múltiples besos, enmarcados de suspiros y gemidos suaves. Mis dedos recorrieron sus tetas y atenazaron sus pezones erectos, uno tras el otro hasta que su mano se agarro con energía sobre mi polla dura ya como una roca, vibrante de lujuria y deseosa de respirar el aire frenético que separaba su cuerpo del mío.

    Le quité la falda y las bragas dejándola calzada, con las medias y deslicé mi lengua desde la nuca hasta el final de su culo mientras mis dedos resbalaban despacio sobre la entrada húmeda de su coño y hasta la meseta que lo separaba de su culo para esconderse despacio en aquel hueco de emoción oculta hasta entonces.

    Laura se giró, me separo para desgarrarme la camisa y atenazarme por el cinturón para desnudarme y besarme desde la boca hasta mi polla dura y desnuda. Para meterla entera en su boca y llevarme casi a rastras hasta la cama donde se tiró y separo sus piernas sin soltarme ni un segundo la cadera.

    Me incline sobre ella y la punta de mi lengua se enrollo con el delicado clítoris que asomaba en su vulva palpitante, preparándola para la legada de mi enardecido miembro.

    La penetré mientras le mantenía en alto sus piernas para poder besarle los tobillos y acariciarle los pies sobre sus hermosísimos zapatos, su piernas se separaron y se doblaron para darme paso a una penetración profunda, un golpe que mantuve allí en el fondo de su placer, donde mora el mas profundo de sus orgasmos y se arrancó con suaves y muy pequeñitos golpes el final de la húmeda guarida hasta inundarla de nuestro placer.

    Hasta unos días de la inauguración no volví a disfrutar de su compañía, ya que fue mi mujer quien se encargó después de toda la decoración junto con Laura. Los resultados fueron tan sorprendentes, que me obligaron a presentársela varias de nuestras amistadas que comenzaban a planear algunos cambios de decoración en sus casas.

    En el camino de regreso de una de esas presentaciones, Laura sentada junta a mi mujer en el coche familiar, me pidió si por favor la podía volver a llevar la siguiente semana a esa casa, ya que su coche estaría en el taller y entre bromas a mi mujer, le comentó que le gustaba ir en el pequeño compacto deportivo porque a pesar de la suspensión le dañaba un poco la espalda le hacía sentirse mucho más joven y la obligaba a disponer masajes terapéuticos que estaba deseando repetir desde hacía algún tiempo.

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  • Sodomizando a mi suegra

    Sodomizando a mi suegra

    Se levantaba muy temprano. Yo esperaba siempre ese momento, oía sus pasos inseguros rumbo al baño, siempre consciente de mi presencia, imaginaba cada uno de sus movimientos… la veía en mi mente, su camisón lloviendo suave sobre su voluptuoso cuerpo, descubriendo sólo su fino cuello, de piel suave y clara, totalmente visible por lo corto de su castaño cabello, elegantemente peinado, muy adecuado a su edad, y sus delicados tobillos casi de niña, pero ocultando el resto de las bendiciones que el tiempo había modificado de una manera única, conservando la frescura en su piel, pero dándole un mayor volumen a su masa corporal en una proporción que conservaba la perfecta armonía que se intuía había premiado en algún lejano tiempo su juventud.

    A sus 49 años Esther era una admirable mujer, siempre muy arreglada, la tersura de su piel le permitía casi no usar maquillaje. Sutilmente perfumada, la elegancia de su andar y su estilo sobrio de vestir, reminiscencias de su prematura viudez, imposibilitados de ocultar su encantos, no impedían apreciar la soberbia belleza de su madurez, su encanto natural.

    Grandes ojos negros, muy vivaces, detrás de anteojos de señora de sociedad que no nublaban su brillo y por el contrario reflejaban en su mirada el mensaje que la imagen de mujer viuda y ya sin aspiraciones personales intentaba dar en sus modales naturalmente recatados. Esto unido a la abrumadora belleza de sus encantos femeninos, me hacían desear poseerla mucho más que a Lucia, su hija, mi novia, desde hacía un tiempo casi obsesivamente.

    Aquella madrugada me encontraba como de costumbre en los sillones del living room mirando la TV con el volumen muy bajo, Lucia dormía, sus mamadas de verga no me habían alcanzado y me encontraba visiblemente excitado, y el morbo que me producía pensar en avanzar a mi suegra en aquel momento me abrumaba.

    Pero no quería arruinar todo tan pronto, aunque debía hacer algo, así que cuando escuché sus pasos acercarse y la puerta de su habitación abrirse, me levanté presuroso a su encuentro, con la excusa de ir al baño y en el preciso momento en que cerraba la puerta de su habitación a su espalda, me encontré frente a Esther en el pasillo angosto que nos conducía a ambos al lavabo, su evidente sorpresa la hizo intentar tapar su cuerpo cubierto por el fino camisón blanco con sus manos, pero ¿cómo evitar a mis ávidos ojos contemplar tal voluptuosidad? Un pequeño instante regaló a mi vista sus senos brotando en medio de su pecho a través de apenas dos o quizás tres botones desabrochados.

    La visión de aquel hermoso par de mamas forjaban la impresión de que el tiempo no había pasado para ella, y si lo había hecho, no había sido mermando su hermosura, sino transformándola, en algo diferente, en algo que pocos hombres tienen la oportunidad de apreciar y aún menos hombres de disfrutar, alguna vez había escuchado a alguien decir que la belleza no tiene edad, y Esther era prueba viviente de ello.

    Fingiendo que aquella era una situación muy normal, me acerqué a ella siguiendo mi camino hacia el baño sin vacilar, pero sin dejar un instante de observar su figura, grabando la imagen en mi mente, sus tetas eran muy grandes y rellenaban magníficamente el camisón, remarcando su aún muy angosta cintura, pero el tamaño del respingado culo que se dio a conocer al voltear su cuerpo avergonzada, sólo podía calificarse de obsceno. Absorto frente a esa monumental masa carnal, e incrédulo ante mi arrojo, me aproximé y la besé en la mejilla diciendo “¡Hola suegra!” apenas apoyándola por detrás, ella reaccionó con un:

    –”¡Salí nene! ¿No ves que estoy semidesnuda?” –empujándome con su mano.

    –”¡Se ve mucho más linda así Esther, no tiene absolutamente nada de que avergonzarse!” –Aventuré remarcando la palabra absolutamente.

    –”¡Basta!” –replicó fingiendo indignación– “te estas pasando.” –agregó.

    –”Es la pura verdad suegrita, venga otro besito…” –Solté jugado.

    –”¡Nene! Ya te pasaste, ¡mira si te escucha mi hija!” –Dijo enseguida bajando la voz, aun dándome la espalda.

    Esto me hizo sonreír de oreja a oreja, es lo que esperaba escuchar para poder soltarme a mi deseo, me acerqué aún más…

    –”Venga suegrita, deme un besito.” –Dije apoyando mi verga desinhibidamente en su gran culo oprimiéndolo un poco e intentando abrazarla.

    –”¡Basta! ¡Te digo en serio!” –Profirió volteando para escapar de mi acoso.– “¡Lucia puede oírnos!” –insistió.

    –”No hable entonces, sólo ¡deme un besito!” –Dije acercando mi cara sonriente, pero con mis ojos fijos en sus globos.

    –”¡No!” –Casi gritó.– “¡Basta! Ya hablaremos de esto en otra oportunidad.”

    Esto me cohibió un poco, pero no aflojó mi calentura, así que esta vez mirándola fijamente a los ojos advertí:

    –”Esta bien, hablaremos de esto en otra oportunidad.” –Dije sonriente mientras rocé con el revés de mi mano la parte visible del medio de sus glándulas mamarias en la abertura de su camisón.

    Lo permitió por un momento y luego alejó mi mano temblando, su expresión había cambiado, se veía asustada, pronta al llanto. Por un momento dejé de lado mi lujuriosa morbosidad y me apiadé de ella, de repente lucía abatida, susurrándole, le dije que no se preocupara, que era una mujer hermosa, que la deseaba desde hacía mucho tiempo… Esther tapó mi boca suavemente con una mano y se perdió en su habitación. Seguí pensativo mi camino al baño y me masturbé furiosamente con el grifo abierto. Volví al living e instantes después la escuché dirigirse al baño, ducharse y luego paso a mi lado sin mirarme, ya vestida, perfumada rumbo a su trabajo.

    Pensé mucho en ella aquel día, Lucia esa noche iría a cuidar una amiga suya que se encontraba en convalecencia posparto, y eso me pareció la excusa perfecta para estar a solas con mi suegra, pensé la estrategia y la llevé a cabo sin problemas.

    Daban las 7:30 pm cuando Lucia se despedía de mí dejándome en el departamento solo, me excusé diciendo que terminaría de ver una película y luego la alcanzaría en el hospital más tarde. “Come con mamá” había dicho Lucia, tentándome un poco, quería comerme a su madre –pensé graciosamente– la besé diciéndole que tal vez lo hiciera. A poco de haber cerrado la puerta, escuché el ascensor y los pasos pausados de Esther. Le abrí antes de que pudiera poner su llave…

    –”¡Gabriel! ¿Qué hace aquí?” –Me sorprendió que no me tuteara…

    –”Me quedé a hablar con vos suegra, ¿es lo que querías, o no?” –Dije ahora tuteándola yo, divertido y algo excitado por el cambio de roles. Del respetuoso usted con el que yo me refería a mi suegra pasaba ahora a un relajado tuteo y ella del trato de niño pasaba al respetuoso usted, haciéndome sentir bien de pensar que sólo podía significar una cosa, ahora mi suegra no me veía como su yernito, me veía como un hombre. Ello me daba una sensación de poder, excitante.

    –”Estoy cansada, voy a cocinar y charlamos durante la cena si quiere, pero le pido por favor que no se propase, soy una mujer mucho mayor que usted, viuda, y es el novio de mi hija, y de hecho espero que después de nuestra conversación deje de serlo.” –Respondió con tono severo.

    –”Parece que me querés solo para vos, ¿no es así Esther?” –Agregué sobrador.

    –”Gabriel, no voy a negar que hace mucho tiempo no me sentía una mujer.”

    Dijo dejando su cartera y dirigiéndose a la cocina agrego: –”Pero usted es muy joven y yo ya no pienso en otro hombre, perdí al mío, y si esta edad me encuentra sola, así será hasta el fin de mis días.”

    –”No tiene que ser así Esther…” –Dije siguiéndola, contemplando la cadencia de sus encantos traseros con morbo.– “Sos una mujer única, a tu edad despiertas en mí el deseo como tu propia hija no lo hace…” –Seguí entrando a la cocina.– “Pensalo bien, dejémonos llevar por los impulsos…”

    Un prolongado silencio acompañó sus movimientos, abrió la alacena y sacó algunos frascos, caminó hacia la mesada, junto a la cocina y dándome la espalda tomó unos objetos. Luego se detuvo, como pensando. Aproveché la oportunidad para acercarme, “te deseo tanto, sos tan apetecible…” dije. Adoraba su figura, la consistencia tangible de sus nalgas bajo la larga pollera negra, me producía un morbo increíble, posé mis manos sobre ella, recorrí la infinita obscenidad de su gordo culote con mis manos, apoyé mi verga exaltada sobre ella, besé su cuello, la rodeé con mis brazos tomando sus pechos turgentes…

    –”Estoy obsesionado con vos Esther”. –Dije.

    –”Gabriel, ya basta…” –Dijo casi vencida…

    –”No voy a parar hasta tener tu cuerpo, sé que me deseas, quiero que seas mía, quiero tenerte.” –Exclamé perdidamente dominado por el deseo.

    –”Por favor Gabriel, espéreme…” –Dijo con resignación, tal vez probando después de años el sabor de la lujuria.

    Se alejó, dirigiéndose a su pieza, en lo que para mí fueron siglos, la oí moverse en su cuarto, luego abrió la puerta apenas y me llamó:

    –”Gabriel, venga ahora.”

    Verla nuevamente con el camisón, me maravilló, apenas la escuché cuando me dijo:

    –”Tómeme, satisfaga su deseo, pero prométame que se alejará de mi hija, no quiero esto para ella, sólo dígame lo que quiere de mí… tome mi cuerpo, aquí me tiene…”.

    Esther, de pie a escasos dos metros de mí, había tomado su camisón por la base, como con nerviosismo, enseñándome sus piernas por sobre sus rodillas, eran anchas pero firmes, de piel inmaculada y sorpresivamente bronceada. Vacilé observando la escena, absorto ante el lascivo ofrecimiento.

    –”Me estoy ofreciendo usted, dígame que quiere…” –Repitió.

    –”Quiero poseerte, que seas mía, quiero saborear tus enormes tetas, quiero besar cada centímetro de tu piel, quiero sentir ceder tu estrechez con mi pene, quiero ver tus voluptuosas nalgas abrirse a mi paso, quiero tu gordo culo, sobre todo quiero tu enorme y obsceno culo rendido ante mi…”

    –”¡Que no ve que soy una mujer decente! ¿Cómo puede decirle estas cosas a una mujer que perdió su marido?” –Exclamo llorando superada por la situación, corrió hacia el baño, y tendiéndose sobre el lavabo sollozó:

    –”No puedo hacer esto, soy una mujer decente, usted un joven seductor, aprovechándose de una viuda indefensa… Me ha seducido y la tentación fue grande, pero no puedo resignarme a entregarme a sus intenciones deshonestas”.

    –”Lo querés y lo harás…” –Dije situándome detrás suyo, con mi verga palpitante.– “Voy a poseerte” –Dije quitándome los pantalones y la remera.– “Voy a sodomizarte.” –Terminé con seguridad.

    Esther, quebrada, se dejaba… Levanté la tela de su camisón, encontré su orificio anal en medio de las rozagantes nalgas, apunté ayudándome con mi mano, embebí mi pija en sus carnes y haciendo caso omiso de su llanto y empecé a cogerla por el culo…

    Fue apenas cuestión de segundos, en pocas embestidas la empalé atravesando por completo su ano y me corrí deliciosamente en su interior.

    –”¿Lo ves?” –Le dije– “No se pueden despreciar nalgas como las tuyas, piensa en la cantidad de hombres que pudiste hacer feliz en tanto tiempo…”

    –”¡Basta por favor!” –Dijo ella.– “¿Por qué me humilla de esta manera?”

    –”No quiero humillarte Esther, estas dándome mucho placer, ¿no te alegra eso?” –Dije enloquecido por la calentura.

    Ella no respondió más que con llanto cuando aumenté mi ritmo en busca de una nueva descarga seminal. Bombeando con fuerza, metiéndole mi verga en el culo hasta que golpeaba sus nalgas, dilatando su agujero anal, seguí sodomizando a mi suegra por largo rato… le cogí el culo por más de una hora sin parar y se sucedieron cinco orgasmos que descargaron mi semen en su culo, todos acompañados del llanto acentuado de mi suegra que sufría cuando se la metía toda hasta el fondo, alterné palabras de admiración por sus bellas nalgas y promesas de más pija para ese culo.

    Cuando terminé dejé un rato mi pija dentro suyo, disfrutaba mucho sentir las voluminosas nalgas contra mi pelvis, rozando suavemente mis testículos y el abrasador calor de su esfínter anal estrechándome tenso, luego la besé, me vestí y sin saber cómo seguiría la historia, esperé en el comedor mientras Esther se ponía una bata.

    Volvió a la cocina sin decir palabra, cocinó en silencio y durante la cena me confesó ya más relajada que aunque había sufrido mucho dolor, había tenido dos orgasmos, eso me calmó un poco ya que sentía que la había tratado muy mal por romperle el culo de esa manera.

    Antes de despedirme el morbo me hizo volver a sodomizarla en la cocina, solté violentamente todo mi semen en su ano admirando la obscena voluptuosidad de sus gordas nalgas galopar desbocadamente mi verga, esta vez feliz de saber que mi suegra se calentaba también dejándose coger por el culo y esta vez cuando me fui, nos despedimos con un beso en la boca, aunque seguiría cogiéndome a su hija, ahora Esther sería la verdadera reina de nuestro secreto paraíso anal…

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  • Con mi novia y mi madre de acampada

    Con mi novia y mi madre de acampada

    Me llamo Raúl. Les voy a contar mi experiencia. Tengo 20 años. Vivo con mi madre que enviudó muy pronto. Ahora es una mujer de unos 40 años. Es robusta, joven, muy atractiva. Su nombre es Elena.

    Ana es mi novia. Es delgadita. Muy bonita.

    El problema es que invité a Ana a mi casa y se la presenté a mi madre. Se hicieron increíblemente amigas hasta el punto de que parecía que se amaban tanto como nos amábamos Ana y yo.

    Este verano surgió la idea de ir de acampada y de pronto me enteré de que también iba a ir mi madre. Eso me irritó. Las mujeres no comprenden las necesidades masculinas y que yo pensaba trajinarme a mi novia.

    Pasaba las noches dándole vueltas a este tema. Y se me ocurría que bueno follármela no podría, pero por lo menos morrearíamos. Estaríamos todo el rato abrazados y a lo mejor hasta me correría.

    Mi madre me sacó de dudas:

    –Anda tonto que vas a poder hacer lo que quieras con tu novia. –Me dijo.

    Aun así, me daba vergüenza. No sé si lo haría. Pero de todas formas me llevaría un condón.

    Llegó la acampada.

    Como os imaginareis los tres vestidos de pantalones cortos y camisetas. Fue como yo sospechaba. Ana y yo pasábamos el día juntos, pegados el uno al otro.

    Los tres nos bañábamos en un lago y se nos quemaba la piel por el sol. Veía el cuerpo exquisito de mi novia, pero no me atrevía a ver a mi madre en bikini. Aunque no lo puedas evitar. Ya que tengo que contar lo que terminó sucediendo después, he de decir que mi madre tiene un cuerpazo sensacional. Ana y mi madre en todo caso parecían hermanas. La mayor y la menor.

    Lo de los abrazos y los acercamientos terminó por ser embarazoso. Como las mujeres confunden el sexo con la amistad, mi madre también se arrimaba mucho a ambos y había veces que no sabía a quien le estaba tocando los pechos. Si la cara que tenía pegada era la de mi novia o la de mi madre. ¿Qué fragancias eran las que me envolvían? ¿Con quién me estaba rozando? ¿Contra que cuerpo se apretaba mi erección? Si mis besos en la boca se convertían en besos en la cara y quien era la destinataria.

    La segunda noche me llevé una gran sorpresa cuando saqué mi botella de whisky. Mis acompañantes se habían traído también botellas de alcohol. Vi ginebra, ron y hasta anís.

    Cenamos y bebimos en vasos de papel. Bueno tampoco nos las bebimos todas. Pero bebimos varios vasos mezclados con Fanta o coca cola, especialmente yo.

    Así llegaron las risas. Los chistes. Mi madre contando chistes verdes. Nos pusimos pedos.

    Mirábamos las dos tiendas con ganas de acostarnos.

    Ana y yo nos metimos en el mismo saco, besándonos, lamiéndonos, comiéndonos y yo buscando el dichoso condón hasta que lo encontré. Pero en ese momento nos interrumpió mi madre que abrió la tienda. Llevaba tres vasos en la mano y una botella.

    –La penúltima –dijo.

    Nos tomamos otro vaso con nuestras respiraciones fatigosas.

    Yo ya no era dueño de mis actos. Le metía el dedo pulgar en la boca de Ana, delante de mi madre. Mi novia suspiraba.

    De pronto me di cuenta de que mi madre hacía lo mismo. También le metía el dedo pulgar en su boca.

    –Me encantáis –decía Ana cerrando sus ojos.

    Me lancé a por su boca y morreamos. Y mi madre le metía las manos por debajo de su camiseta hasta poder agarrar sus pechos . Noté como se le erizaban al hacerle esto. Mi polla se puso durísima. Se los masajeaba y raspaba sus pezones con la punta de sus uñas. Ana jadeaba. Y no pudiendo aguantar más me desabrochó el botón del pantalón, me bajo la cremallera y agarró mi polla, meneándomela. Las manos de mi incontrolada madre se apretaron contra mi pecho y apretaba mis pezones entre sus dedos.

    Ana se metió mi polla en la boca y me la succionaba. Y mi madre le bajó los pantalones y le acariciaba el clítoris. Mi novia parecía loca.

    –Os quiero. Os quiero –decía.

    Mi madre le introdujo un dedo.

    –Eso no –dijo.

    Yo no podía más. Me puse el condón y se la metí. Adelante y atrás. Mi madre se agarró a mi cintura pegando su cara a mi cadera.

    Se me salió la verga del coño y mi madre quitó el preservativo.

    –Chhh… sin mariconadas… y a pelo –dijo.

    Y luego se metió mi polla en su boca. Yo cerré los ojos con fuerza. Y se la volví a meter. Adelante y atrás. Hasta que me paré.

    Se la saqué y comencé a masajear la entrepierna de mi madre. Hasta meterle un dedo. Estaba empapada por dentro. Y mi novia también le acariciaba el clítoris. Yo con dos dedos dentro de su vagina y Ana frotando.

    –Ángeles míos –chillaba mi madre.

    No podía aguantar más. Quería metérsela, pero me corté y se la volví a meter a mi novia.

    Mi madre se dio la vuelta quedándose boca abajo. Ana le metió un dedo en su culo. Entonces se separó de mi y salió de la tienda. Me parece que para vomitar.

    Yo abrí la bolsa de la comida y le unté el culo de mi madre con margarina. Y se la metí. Entró muy bien y afortunadamente había evacuado anteriormente. Sentía que estaba a punto de correrme.

    Se abrió la tienda y entró mi novia. En ese me momento eyaculé empapando el cuerpo de mi madre. Al verlo mi novia me beso en la boca.

    –Eres un hombre –me dijo.

    Su aliento sabía a anís.

    Imaginaros al día siguiente la resaca.

    Ya no salgo con Ana.

    Y con mi madre tardamos tres meses en hablarnos.

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  • El primo Alberto

    El primo Alberto

    Hace ya algunos años, recién había nacido mi segundo hijo. Una tía me llamó por teléfono desde Oaxaca, me pidió como favor que hospedara a mi primo Alberto por algunos días mientras realizaba un examen de diagnóstico para saber si podría ingresar a la universidad. Yo acepté. Cuando le conversé el tema a mi esposo me dijo si podíamos hospedarlo en una pequeña casa que habíamos construido cerca de la nuestra. Una parte ya estaba acondicionada y el resto estaba en obra negra. Ok, le dije, allí se quedaría, pero acordamos que los días que estuviera comería con nosotros o bien le llevaría comida para que estuviera lo más cómodo posible.

    El día en que llegó fue de locos, llevé mi hija a la escuela y al bebé a la guardería y me fui a la terminal de autobuses para esperarlo. Llegué unos 20 minutos tarde, llegó antes de tiempo y no se movió de su asiento. Cuando fui hacia él lo reconocí, Alberto era el onceavo hijo de mi tía Marta, realmente allá en Oaxaca o no hay televisiones o bien a las mujeres deberían colocarlas lejos del alcance de sus maridos. El chico apenas había cumplido los 18 años. Era ligeramente alto, ojos cafés, una mirada triste. Flaco como un spaguetti y para que dijera una palabra casi tenía que ponerme de rodillas. Levantó su maleta y fuimos hacia el auto.

    Se quedaría una o dos semanas así que decidí que por las tardes iría con una amiga que era maestra de universidad para que lo apoyara repasando lo que vio en bachillerato y así, tuviera la oportunidad de ingresar a la universidad. De todos mis primos, éste era el único que tenía ganas de estudiar.

    Lo llevé a casa para que se refrescara y después le serví algo de comer. Yo había tenido el tino de comprar refrescos, botanas, jamón, pan, en fin, lo necesario para que estuviera cómodo en nuestra casa de campo -así le llamo- le expliqué que tendría que dormir en la sala, en un sofá cama pues allí era donde estaba el aire acondicionado, pero tenía televisión, un estéreo y un refrigerador. La parte de atrás servía para que Obdulia, mi sirvienta, tendiera ropa pues allá la llevábamos a que se secara.

    Lo llevé a la casa. Se instaló de inmediato y les juro que en todo el camino no emitió palabra alguna. Por más que me interesé en que hablara algo nunca lo hizo. Llegamos, bajó su maleta y entró detrás de mi cuando abrí. Se acomodó, me despedí de beso en la mejilla y me marché pues tenía que ir por mi hija a la escuela.

    Yo había vivido meses de tensión, pues yo me embaracé de un hombre que no era mi marido y tuve un hijo al que adoro al igual que mis hijas. He vivido con eso mucho tiempo, ya algún día les contaré más sobre esa experiencia y porqué ansío los fines de año, pues es allí donde veo a un hombre que me hace ver las estrellas cada vez que tengo sexo con él aunque sea dos o tres veces nada más.

    Llegué a casa con mi hija y me marché por mi bebé a la guardería. Prefería tenerlo allí debido a mi trabajo y porque Obdulia tenía muchas cosas qué hacer en la casa. Acomodé mi agenda para ir a ver a Alberto por la tarde. Con mis hijos en casa le pedí a Obdulia que se hiciera cargo de ellos por un rato y fui a ver a mi primo. Llevé comida que había preparado y estaba segura que le iba a encantar. Estacioné mi auto y bajé. Nuestro terreno era el único en el lugar que ya tenía una casa construida, aunque no la habíamos terminado como era nuestro deseo.

    Abrí la puerta y coloqué en una mesa la comida y otras cosas que llevaba para mi primo. No estaba encendido el aire acondicionado y él no estaba por lo menos en la sala, supuse que se estaba bañando así que fui hacia el patio al que bien le hacía falta una buena limpieza. Yo de loca luego me tomo fotos íntimas allí porque sé que nadie me ve.

    Abrí la puerta del patio y mi sorpresa fue mayúscula, Alberto estaba desnudo masturbándose. ¡Dios mío! dije y me volteé y quise regresar a la casa. ¡Niño! ¿qué estás haciendo? Cierto, la pregunta era estúpida pues sabía perfectamente lo que estaba haciendo, lo que ocurre es que nunca imaginé que en el primer día el jovencito había salido a refrescar su macana ante el hermoso viento tropical que hay en Veracruz.

    El tipo ni se inmutó, no me dirigió la palabra y siguió masturbándose. Se ve que le urgía. Lo observé y vi que no tenía nada de pena, algo muy característico en mí. Llevé una toalla para que se cubriera. Tenía un hermoso pene quizá de unos 18 centímetros, oscurito y con la cabeza grande y rosada. ¡Tápate, lo bueno es que no hay nadie por aquí! y decidí que debía entrar a la casa.

    Cuál sería mi sorpresa de que Alberto me tomó de la mano y no me dejó ir. Era más alto que yo, quizá unos quince centímetros y era flaco, flaco, pero su color moreno era muy sensual o por lo menos yo lo vi así. Me quedé muda, sin saber qué hacer, aunque era obvio que mi primo el más chiquito -por así decirlo- estaba muy caliente y eso es peligroso para mí pues yo me enciendo muy rápido.

    Me miró y por primera vez vi sus labios gruesos, virginales, pues el reporte que tenía es que siempre había sido callado, sumiso y no se le conocía novia y en su familia se preocupaban de que fuera a ser homosexual, pero por lo que comprobé en ese instante no tenía nada de homosexual. Me quedé mirándolo y yo sé que cualquier otra tía, sobre todo que se condujera con decencia le habría dado una bofetada, pero yo seguía muda y sin saber qué hacer. En ese momento yo llevaba un lindo vestido corto de vuelo con rayas verticales en color negro y naranja y mis clásicas sandalias. Yo me veía linda modestia aparte.

    Me atrajo hacia él y llevó mi mano hasta su hermoso pene que si no era grande, sí estaba macizo y listo para el sexo. Decidí seguir el juego y le acaricié los testículos. Alberto olía fuertemente a sudor y creo que fue eso más su cuerpo desnudo y juvenil lo que me hizo calentarme. Tomé su verga con mi mano derecha y me agaché para comenzar a lamerlo. Le chupé los testículos y comencé a meter su pito en mi boca. El chico tenía los ojos en blanco, ignoro si era la primera mamada que le daban en su vida, pero yo era experta en eso.

    Cientos de penes había pasado por mi boca y sabía que eso enloquecía a los hombres. Le chupé su pito que estaba tan caliente que en cuestión de dos o tres minutos arrojó su semen en mi boca. ¡Qué bárbaro, nunca había visto salir tanta leche de una verga! Lo entendí, a muchas mujeres nos fascina cuando tenemos relación con jóvenes pues supongo que es cuando más leche producen. Yo estaba encantada. Me levanté, acaricié su pito y me dispuse a ir hacia la sala, pero mi primo me volvió a jalar del brazo y esta vez comenzó a toquetearme. No lo hacía como un experto pues si acaso era un mozuelo tonto que ni siquiera había visto a una mujer desnuda o por lo menos eso me imaginé.

    Claro que sus caricias me enloquecieron. Tenía dos días sin tener sexo tras haber estado en el sofá de la oficina de mi jefe de personal así que eso ya era mucho tiempo para mí. Lo llevé hacia la sala y le dije que se acostara así desnudo como estaba. El cuarto estaba calientísimo, casi me hacía sofocar del calor que había allí. Se acostó y yo le volví a chupar su pene. Él quiso meterme los dedos, pero lo hacía muy mal, así que le pedí que estuviera quieto, me hice a un lado la tanga que llevaba y me senté en su pito. El lanzó un gemido una vez que penetró mi vagina la cual ya estaba hirviendo.

    Así, sentada como estaba en su macana me quité la ropa y comencé a menearme muy despacio. El chico estaba fascinado y yo sentía la dureza de su pito con todo y que ya había eyaculado. Decidí que él me clavara encima de mí, pues así tendría más campo de acción para moverme, no sabía si en ese momento estaría en riesgo de quedar embarazada así que me manejé con cuidado. Metió su pito y yo sentí muy rico pues estaba completamente duro, parecía un fierro y el olor de su sudor me excitaba. No era el primer encuentro que tenía allí pues algún le contará otra historia sobre esa casa que bien podría ser candidata a convertirse en un nido de amor.

    El chico arremetió con fuerza, aunque era obvio que era inexperto. Yo sentía la dureza y me corría a gusto con ese hermoso pito. Comenzó a gemir y consideré que ya era tiempo que se saliera de mí. Lo vi, vi cuando nuevamente expulsó semen de esa hermosa verga y me salpicó los pechos y la barbilla. Era una carga descomunal y entendí que aún tenía mucha leche para dar y disfrutar. El chico estuvo apasionado esa tarde y nuevamente me cogió y esta vez lo conduje expertamente para que demorara un poco más y lanzó una tercera descarga de leche sobre mi espalda.

    Su semen tan estaba caliente que sentí que me quemaba la espalda. Mi primo Alberto quiso una cuarta vez, pero yo estaba rendida, ya había tenido varios orgasmos y también me di cuenta que debía irme.

    Alberto estuvo dos semanas, hizo su examen y lamentablemente no quedó en la universidad y tuvo que trabajar por un tiempo en las parcelas de su padre. En las dos semanas que estuvo con nosotros me cogió un sinfín de veces y quiero decirles que era un joven delicioso. Tuve el honor de iniciarlo en el sexo. Logró estudiar y se marchó a los Estados Unidos, se casó y logró el año pasado obtener su ciudadanía americana. Bien por él, aún extraño sus descargas de rica miel que probé en aquellos días calurosos.

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  • Visita de mantenimiento

    Visita de mantenimiento

    Hoy he realizado una visita de mantenimiento a una clienta, que días antes cuando la programo el corazón se acelera y cuando estoy con ella prueba a salirse. Es toda una Señora, rubia natural de cincuenta y algo de años, con mucho estilo, siempre con ropa y calzado de marca.

    Tras realizar la revisión pertinente a los equipos. Me comenta que en la cubierta que cubre la piscina tiene unas escamas blancas y pregunta que puede ser.

    Partiendo del sistema que tiene, electrolisis salina, le respondo que es sal. Y aprovecho la ocasión para echar rodillas en el suelo y comenzar a tocar la cubierta, mostrándole como al rascar con la uña desaparece. Acercándose ella, para verlo.

    Muchas veces he soñado con estar en esa posición. Así que comentándole el origen de las escamas y en la posición de rodillas ante ella, no he podido resistir besar sus botas de estar en casa que aunque no son lo eróticas que pueden ser una botas de tacón, el estilo que tiene, hace que cualquier cosa incluso unas botas de agua, den ganas de echarse al suelo y sacar la lengua para lamerlas.

    Ella ha debido notar algo o me ha visto, diciéndome si ha sido un beso lo que le he dado.

    Yo desde esa posición y armándome de valor, le he contestado que sí. Que desde el día que la conocí cuando vino a mi empresa por primera vez, me quedé prendado de su estilo y forma de ser y es el motivo por el cual continúo haciéndole visitas de mantenimiento a los equipos que le instalé.

    Ella contesta que efectivamente algo veía en mí que sospechaba que era un poco sumiso, pues cuando me invitaba a sentarme prefería estar de pie, siempre andaba con la cabeza baja y fijándome en sus pies.

    Así que, dirigiéndose a la silla dónde estaba sentada indica que me desnude y comience a besar sus botas. Cuando llevo un rato, me ordena quitárselas, ocasión que aprovecho para introducir completamente la cara en ellas e inspirar, llenando completamente mis pulmones de ese bendito olor. Obteniendo una sonrisa y bofetada como consentimiento. A lo cual contesto con un beso en sus pies y un gracias mi Señora.

    Me manda quitar sus calcetines y tumbarme con la cabeza a sus pies, por lo que comienza a introducir su pie dentro de mi boca, llenándola completamente. Cuando lo saca, comienzo con mi lengua a jugar entre sus dedos e ir chupando indistintamente uno u otro. Mientras con el otro pie, está tocando mi pene y testículos y con su mano comienza a masturbarse por encima del pantalón, hasta que consigue correrse. Poniéndose de pie y bajándose el pantalón y bragas, ordenándome limpiar sus jugos, respondiendo como un rayo lamiendo su delicioso clítoris hasta que se corre otra vez, saboreando su delicioso néctar.

    Ordena que me vista y que a partir de ahora la visita que antes era bimensual se va a modificar siendo ella la que lo va a programar por lo que ahora el servicio va a ser 24 horas.

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  • Sobre mí

    Sobre mí

    Hola a todos mi nombre es Perla (nombre falso para proteger mi identidad) y tengo 26 años, soy mitad brasileña y mitad mexicana, mi madre fue modelo en Brasil y a pesar de su edad (46 años) ella sigue siendo bastante codiciada por muchos hombres ya que se ve muy joven y tiene una excelente figura, por otro lado, mi padre es un gran empresario mexicano, él tiene 50 años pero se sigue manteniendo en forma, además mide 182 cm, por lo que intimida a los hombres y llama la atención de otras mujeres.

    En cuanto a mi yo tengo cabello rubio, ojos verdes, mido 165, tengo buenos pechos y lo que más les gusta de mi a los hombres son mis piernas y mi culo ya que me siempre que querían ligar conmigo me decían que mi culo y mis piernas los volvía locos. Actualmente estoy casada con un empresario chileno, al inicio solo lo quería por su dinero, pero luego me enamoré, y eso era obvio ya que el mide 185, es blanco, ojos marrones claro un cuerpo bien atlético y una cara bien cuidada, es por eso que llama mucho la atención de otras mujeres ya que a pesar de su corta edad (28 años) él ya tiene una fortuna que equivale a millones.

    Siempre he llamado la atención de muchos hombres de todas las edades ya que era muy bonita, además mi madre me puso a una agencia de modelos por lo que cuidé mi alimentación y mi cuerpo, gracias a mi belleza logré estar con cantantes, actores y un futbolista, pero también por culpa de mis malas decisiones y de mi calentura me acosté con hombres muy desagradables.

    Cómo mencioné en la descripción estas historias son 100% reales ya que descubrí los relatos eróticos hace 6 meses y me gustó la idea de contar tus experiencias de manera anónima a otras personas, es por eso que yo les contaré todas mis experiencias que llevo hasta el momento, ya que a pesar de ser una mujer respetada y una princesa para mi papá y para mi esposo, tengo secretos en dónde fui la puta de muchos hombres.

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  • Mi esposa Cinthya y mi viejo jefe (1)

    Mi esposa Cinthya y mi viejo jefe (1)

    Pasaba el día en mi oficina tratando de mejorar los procesos y mejorar la productividad, en la empresa. Me gustaba mi trabajo y el ambiente era bueno, salvo por mi jefe que a veces no se le entendía lo que quería, en fin, ya era jueves y necesitaba un descanso, cuando de pronto entra mi amigo.

    -¿Héctor vas a ir?

    -¿A dónde? Respondí, no sabía a qué se refería

    -¿Al cumpleaños del jefe claro, aun no te invita?

    -No me comentaron nada, tampoco es algo que me sorprendiera, el año pasado tampoco fui invitado, y de hecho no era algo que me animaba.

    -Entonces alístate que don Ernesto estaba preguntando por ti, supongo que para darte la invitación -dijo eso mientras me mostraba el suyo con una sonrisa de emoción

    -Entonces acá lo esperare ojalá que no se canse de buscarme -nos reímos ya que don Ernesto tiene sus años.

    -Aunque al parecer los vivió muy bien, tuvo 5 hijos con 3 mujeres diferentes, la última de su conquista fue una jovencita y la embarazo -esto lo dijo con voz baja, no se sabe quién puede escuchar y lanzarle el chisme al jefe que estamos hablando de su vida privada

    Seguimos hablando y con el pasar de algunos minutos escuchamos la puerta abrirse con fuerza, era don Ernesto el que entro, no me gustaba la forma de su trato bastante vulgar y grosera al menos con los hombres, ya que con las damas es otro trato se porta diferente más caballero, en algunas ocasiones lo vi hablar con algunas mujeres y era bastante empalagoso con ellas, y claro a ellas le hacía gracia su trato.

    -Señores buenas tardes, sí que trabajan mucho eso está bueno, no como los otros pendejos que están paseando en la planta. Disque trabajando – él siempre hablaba así.

    -Hablando de eso me falto enviar algunos informes, me retiro.

    -Pues apúrate Raulito, no me hagas pensar mal que tú eres igual de flojo que los demás

    Raúl se fue y nos dejó a don Ernesto y a mí solo. Era imponente un tipo robusto y alto media como 1.82 o algo más tal vez, contrastaba conmigo que no pasaba de 1.70 yo era un tipo normal por así decirlo. Hasta cierto punto da algo de temor por su presencia y porte.

    -Bueno Héctor pa’ lo que vine, el sábado es mi cumpleaños y estás invitado -lanza la invitación en mi escritorio. Ahí están los datos y puedes llevar a una acompañante- agrega

    Francamente no me interesaba ir, ya estaba planeando inventar cualquier excusa para cuando me preguntaran porque no había ido. Pero solo me limite a agradecer.

    -Gracias don Ernesto, ahí estaré.

    Mientras me dirigía a casa le eche un ojo a la invitación, al parecer el jefe cumpliría 61 años el sábado, la fiesta seria en un local cerca a la empresa, pero aun así no tenía ánimos de ir.

    Llegué a casa y estaba agotado, entre y escuchaba la música que había dentro, me dirigí a la cocina y encontré a mi esposa lavando algunos platos mientras se movía con la música, ella no se dio cuenta que ya estaba en casa, viéndola. Cada movimiento que hacia su cuerpo era imposible no ver, me quedé hipnotizado por unos momentos hasta que hice notar mi presencia.

    -Bailas increíble cariño

    -Me asustaste, tonto -dijo esto con una sonrisa, y recriminándome

    Cinthya es espectacular en todo sentido de la palabra, desde el primer día que la vi me llamo la atención, pensé que era alguien engreída y creída, pero nada de eso.

    Su cuerpo es la tentación de muchos hombres, digo esto porque cada vez que salimos no hay hombre que se resista a voltear a verla cuando pasamos , y hasta en alguna ocasión le lanzaban piropos subidos de tono que ella no entendía, ella es una amante de los deportes lo cual la ayuda a tener esa anatomía con curvas bien definidas, lo que más llama la atención es su hermoso y bien trabajado culo es del tamaño perfecto, cualquier ropa que ella usa le queda increíble y se ajusta a su divino cuerpo, ella es una mujer con una figura de modelo, su cintura definida que acentuaba sus caderas, sus tetas redondas y suaves, abdomen plano, sus piernas sexis sin llegar a ser musculosas.

    Ahora cualquiera que ve a Cinthya puede pensar que ella es una mujer que no te dirigiría la palabra, pero nada más lejos de la realidad. Ella es amable con todos y bastante inocente en algunas cosas, una sonrisa hermosa y una mirada dulce, que alegra hasta al más desdichado, su fina nariz, sus mejillas blancas que cuando hacia ejercicio se tornaban de un color rosado, no hacían más que incrementar su belleza. Todo esto súmenle su cabello castaño, lacio y sedoso. Todo en ella era espectacular.

    -¿Cariño me escuchas? -acercándose a mi

    -Si disculpa solo me quede pasmado por lo hermosa que te vez bailando.

    -Jaja ya sabes que me gusta bailar, aunque no sea muy buena.

    -Lo haces bien -y le di un tierno beso lo cual ella me correspondió

    Después de cenar, me encontraba revisando algunos correos pendientes antes de acostarme cuando Cinthya entro a la habitación.

    -Héctor porque no me dijiste nada de esto? -Con un tono serio mostrándome la invitación que me entregó mi jefe.

    -A es cierto cariño lo olvide, pero tampoco es que quiera ir, es el cumpleaños del jefe y no quisi…

    -¿Como que no quieres ir? -aún más molesta- Si la invitación es para ambos y además es tu jefe no puedes quedar mal.

    -¿Tú crees que sea necesario ir? -yo esperaba un negativa de mi esposa para librarme del dichoso cumpleaños.

    -Por supuesto cariño hazlo por mi si -con su tono de inocencia me convenció y bueno solo sería unas horas que podía salir mal me decía en mi mente.

    Llego el sábado y Cinthya había salido desde tempranas horas, de compras con su mejor amiga Anahí, estaba emocionada y por eso la llamo, quería que la acompañe a comprar un vestido, ella quería estar presentable y elegante para la fiesta de la noche lo cual comprendí porque casi nunca salimos a fiestas y menos a cosas relacionadas con mi trabajo.

    Ya casi era las 10 pm y esperaba a Cinthya en la sala a que terminara de arreglarse. Cariño ya vámonos, te vez perfecta. No la había visto pero mi esposa con cualquier cosa que se pusiera se vería hermosa.

    -Ya voy cariño no me apures -me dijo desde la habitación

    Pasaron 5 minutos más, escucho la puerta cerrarse y el sonido de sus pasos bajando las escaleras, al fin me decía a mis adentros.

    -¿Listo cariño como me veo?

    -Cinthya te ves herm…

    Hice una pausa no podía creer lo que veía, mi esposa llevaba un vestido corto de tirantes, solo un poco más arriba de sus rodillas me quedé impactado por lo ajustado del vestido, se pegaba completamente a su cuerpo, dejando ver su sensual figura, sus curvas espectaculares, sobre todo su perfecto culo se veía incluso más respingado y no era solo eso, llevaba un escote aunque no muy revelador se podía ver el nacimiento de sus divinos pechos desafiantes a la gravedad.

    -Cariño no se me ve bien? -Con un tono de tristeza preguntaba mi esposa

    Tarde en responder un poco.

    -Cinthya estas hermosa, ¿ese fue el vestido que compraste?

    -Si, Anahí lo escogió, dijo que me veía bien -y no se equivocó, Cinthya se veía espectacular tal vez demasiado para una fiesta de cumpleaños,

    -Pero dime ¿no te gusta entonces? -haciendo una cara de tristeza, la cual no pude decirle que se cambie o que use otro vestido sobre todo ya estábamos algo tarde.

    -No cariño estas muy bien, seré la envidia de la fiesta -sonreí para que se sienta cómoda y feliz.

    -Por un instante pensé que el vestido no te gustaría -decía ella aliviada

    Enrumbamos a la fiesta y durante el camino veía a Cinthya lo hermosa que se veía con su vestido y su cabello recogido con solo unos mechones por su fino rostro, maquillado sutilmente. También me fije que el vestido se subía al estar sentada y mostraba sus bellos muslos suaves.

    El trayecto fue rápido y llegamos al lugar, apenas entramos me di cuenta que Cinthya llamaba la atención de los invitados masculinos, saludaba a todos los que conocía y presentaba a mi esposa, sin evitarlo todos se sorprendían al saber que mi esposa era alguien como Cinthya y hasta yo mismo pensaba cuanta suerte tenía. Saludar a don Ernesto era lo siguiente así que tomé de la mano a Cinthya y me dirigí a donde él se encontraba.

    -Buenas noches don Ernesto, déjeme felicitarlo por su cumpleaños –le dije mientras estrechaba su mano

    -¡Héctor!, gracias muchacho, pensé que no llegabas.

    -Como no don Ernesto -fingiendo una sonrisa-. Le presento a mi esposa Cinthya.

    -Buenas noches don Ernesto lo felicito por su cumpleaños, estoy encantada de conocerlo.

    Cinthya le entrego el presente que compramos, con su sonrisa tan tierna, pero don Ernesto se quedó un momento en blanco hasta que reacciono.

    -Muchas gracias bella dama, Héctor tienes una esposa bellísima. -Decía repasando con la mirada a mi esposa

    -Lo se don Ernesto.

    -Bueno disfruten la fiesta y sírvanse lo que gusten.

    Terminamos de saludarlo y antes de irnos don Ernesto le dice a mi esposa. “Ese vestido, te queda perfecto”, a lo que Cinthya solo sonrío fiel a su amabilidad y encanto. Después de saludar a don Ernesto nos ubicamos en una mesa junto a unos compañeros de mi trabajo. La música era rítmica y muchos de mis compañeros salían con sus parejas a bailar, yo por mi parte no soy nada bueno bailando.

    -Cariño vamos a bailar

    -Sí, está bien vamos -lo hice solo para complacerla

    Bailamos 2 canciones y yo ya no quería salir más a bailar, así que regresamos a la mesa a sentarnos, Cinthya estaba un poco molesta porque todos bailaban, pero ella me entendía. Tampoco la invitaban a bailar claro estando yo presente supongo que no querían incomodar. Así que para aligerar mi carga y cambiar un poco el ánimo le dije que iría por unas bebidas ya que había barra libre así que podíamos pedir lo que quisiéramos. Mientras estaba en la barra observe a Cinthya a lo lejos, ese vestido en verdad le quedaba espectacular, su figura resaltaba de manera sensual, aunque su rostro reflejaba una mueca de enojo que la hacían ver más sexi.

    Estaba esperando mi pedido y de nuevo voltee a ver a Cinthya, pero esta vez estaba don Ernesto con ella charlando en la mesa, me pregunte de que estarían hablando. De un momento a otro Cinthya cambio su rostro de enojo a estar riendo mientras hablaba con don Ernesto, me sorprendió la habilidad del viejo Ernesto para hacer cambiar de animo a mi esposa. Mientras esto pasaba me dieron los tragos y volvía a la mesa.

    -¿Don Ernesto en que le puedo ayudar? -no se me ocurrió decir nada más.

    -Nada Héctor solo pasaba por las mesas y vi a tu esposa sola y pensé en hacerle compañía. -con una sonrisa enigmática

    -Si es que fui por unos tragos.

    -Oh, ya veo. Ahora me dio sed también a mí. Por favor, Héctor, ¿me puedes traer un trago? -solicitó don Ernesto, mientras sus ojos se posaban en Cinthya, quien lo miraba con curiosidad.

    -Claro, enseguida lo traigo. -Aunque no me hacía mucha gracia dejar a Cinthya sola con él, pensé que podría ganarme algunos favores con don Ernesto, así que me dirigí al bar.

    Mientras esperaba, no podía evitar girar la cabeza de vez en cuando para ver qué hacía Cinthya. La vi riendo, disfrutando de la conversación con Don Ernesto. Su risa era contagiosa, pero había algo en la forma en que él la miraba que me inquietaba. En un momento, ella se puso frente a él y, con un movimiento lento, seductor y algo torpe, se dio una vuelta, mostrando su deliciosa anatomía perfecta, la tela se ceñía a su figura, resaltando su cintura fina, ese vientre plano gracias a sus horas de ejercicios y sobre todo su culo que luchaba por no reventar su vestido.

    Cuando termino de dar su vuelta, él le dijo algo al oído, y ella respondió con su rostro lleno de sorpresa seguida de una risa contagiosa, en ese momento me pregunte que le había dicho para que ella reaccionara de esa forma. Seguía esperando así que apuré a los del bar para que me sirvieran el trago.

    Cuando finalmente lo tuve en la mano, miré hacia la mesa y ya no vi a Cinthya ni a mi jefe, los busqué con la mirada y los encontré, ellos estaban en la pista de baile, moviéndose al ritmo de la música, solo me quedaba esperar en la mesa, mientras lo hacía podía ver que Cinthya se divertía bastante con la compañía de mi jefe, pero de inmediato me venía a la mente la reacción de ella hace rato, se terminó la música y ellos volvieron.

    -Ya volviste, Héctor pues cómo tardabas tanto Invité a Cinthya a bailar, espero que no te moleste eso.

    -Sí, había mucha gente pidiendo bebidas y me demoré por eso. Además, no se preocupe. -Intenté sonar despreocupado.

    -Sí, además Héctor no baila mucho, jajaja -respondía mi esposa, su risa era ligera, pero había un brillo en sus ojos que me hizo dudar.

    -Sí, es verdad -me sentía un poco incómodo, pero no podía mostrarlo.

    -Bueno pues a mí me fascina moverme. Si no hay problema, ¿podría seguir bailando con ella? -Su tono era casual, pero había una insinuación en su voz que me hizo sentir un escalofrío.

    -Sí, ella puede seguir bailando, no hay problema. -La respuesta salió de mis labios antes de que pudiera pensarlo mejor. Cinthya sonrió, y en su mirada había una mezcla de emoción y desafío.

    -¡Claro que puedo! -Dijo con una sonrisa pícara.

    No podía darle una negativa a mi jefe, y es por eso que respondí así. Cinthya, con su sonrisa encantadora, se levantó y se unió a don Ernesto en la pista de baile. Los vi beber un poco antes de que se dirigieran a la pista, mientras se alejaban veía las caderas de Cinthya se veía sexi con cada movimiento, pero mi corazón se aceleró al ver cómo mi jefe la agarraba de la cintura, acercándola a su cuerpo.

    La forma en que sus manos se deslizaban por su espalda y llegaban casi a rozarle el divino culo de mi esposa, quien no le molestaba en ningún momento ese acto. Tal vez yo exageraba pensé, en ese momento, decidí que necesitaba un respiro me dirigí al baño y me di un buen chorro de agua en la cara, tratando de calmar mis pensamientos producto del alcohol. “Solo es un baile”, me repetía.

    Al salir, la música no era movida más bien se podía decir que era romántica, y las parejas bailaban pegadas, moviéndose lentamente al compás de la melodía. Cinthya y mi jefe hacían lo mismo, y noté cómo él se inclinaba hacia ella, sus labios casi rozando su oído podía notar que le decía cosas, con esa complicidad que parecía tan natural. Cinthya se reía, y esa risa, tan cercana y juguetona, me hizo sentir una mezcla de celos e incomodidad.

    Mientras los observaba, el tiempo parecía detenerse, pero ya había pasado casi dos horas desde que llegamos, don Ernesto la abrazaba un poco más y Cinthya solo se dejaba llevar, era obvio ya que mi jefe era alto y robusto con su panza producto del alcohol que consumió a lo largo de los años, en comparación a Cinthya que era delicada y esbelta, y muy bien cuidada. La música continuaba, y yo ya quería retirarme con Cinthya, pero no podía hacerlo ¿cuál sería la excusa para hacerlo?

    Finalmente, la música se detuvo, y ellos regresaron a la mesa. Cinthya parecía radiante, su rostro iluminado por una sonrisa que no podía ignorar. Don Ernesto, por su parte, tenía una expresión de satisfacción, como si hubiera disfrutado de cada momento a su lado. La tensión en el aire era palpable, y aunque intenté romper el hielo, las palabras se me quedaron atascadas en la garganta.

    -¿Cariño ya descansaste podemos bailar? -Dijo mi esposa, empezando la charla

    -No amor me siento un poco mal -dije esa mentira para poder irnos al fin

    -Puedes descansar en uno de los ambientes que hay en este local -de inmediato don Ernesto ofreció esto.

    Yo estaba a punto de aceptar porque no encontraba salida, pero Cinthya se adelantó y decidió que lo mejor era irnos, don Ernesto trato de convencerla para que se quede, pero ella firme le dijo.

    -Lo siento don Ernesto, pero es mi deber como esposa procurar el bienestar de mi esposo -dijo esto con su tono de voz y su sonrisa tierna. -Esa era mi esposa me decía en mis adentros.

    -Tienes razón Cinthya -aceptando lo que decía, era sorprendente ver como cambiaba su actitud vulgar, cuando tenía una mujer delante- los acompañare a afuera.

    Salimos a la calle y mi jefe se despedía de nosotros, don Ernesto me estrechaba la mano, pero a Cinthya le ofreció un abrazo al cual ella acepto con su amabilidad que la caracteriza.

    Antes de subir al taxi don Ernesto recalco que esperaba verla pronto otra vez, al cual ella respondió con un “si me gustaría”. Llegamos a casa y Cinthya me atendió y dio los cuidados y luego de eso nos fuimos a dormir. El domingo nos despertamos como cualquier día la pasamos en casa sin preocupaciones, ya me sentía tranquilo puesto que Cinthya seguía siendo mi esposa amorosa de siempre. Llego el lunes y tenía que ir a la oficina a iniciar mi semana laboral como siempre. Mientras revisaba algunas cosas entro Raúl.

    -¿Que tal Héctor, como estas? Me dijeron te fuiste de la fiesta porque te sentías mal.

    -Todo bien Raúl, no pasa nada mi esposa me ayudo.

    -Cierto con una esposa como la tuya cualquiera se recupera jaja

    -Claro, bueno anda a trabajar que nos van a llamar la atención.

    Así pasaron los días sin novedades ni en el trabajo ni en casa, solo uno que otro comentario sobre mi esposa que no deje que me incomodara, bueno era lógico después de todo. Hasta que llego el jueves y me llamo don Ernesto a su oficina.

    -Disculpe don Ernesto ya estoy aquí.

    -Héctor pasa apúrate. -mientras se acomodaba en su asiento-. Mira Héctor sé que te debemos vacaciones y todos saben que cada año yo me voy a pasar unas ricas vacaciones a un club, mira, por motivo de tu buen desempeño, he decidido llevarlos a pasar vacaciones conmigo, no vas a gastar nada así que no te preocupes por eso muchacho, todo corre por mi cuenta.

    -¿Que? ¿cómo así? ¿estaba hablando en serio? -me quede sin palabras todo fue improviso.

    -No ponga esa cara de muerto muchacho, claro que es en serio.

    -Bueno acepto, gracias don Ernesto.

    -Jajaja eso Héctor pues entonces avísale al bombón de tu esposa que va a pasar unas “ricas vacaciones”-decía feliz el viejo riendo

    -Si don Ernesto lo hare

    Continuará.

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