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  • Mi cuñada, mi mujer y un morboso placer

    Mi cuñada, mi mujer y un morboso placer

    Esa noche rondaba algo raro en el ambiente, fue cuando llegó mi cuñada Sandra desde Buenos Aires a pasar unas vacaciones con nosotros en Lima, donde yo estaba por cuestiones de trabajo como Ceo de varias empresas y muy vinculado al cuerpo diplomático; mi mujer Carina que le había caído muy bien a cierto funcionario de una delegación diplomática, comenzó a desempeñarse como asistente de embajada. Pero aquella noche cuando llegó Sandra luego de regresar a nuestro Dpto. en Miraflores frente al mar sobre el Malecón Cisneros, mi mujer me pidió que fuera a hacerle unas últimas compras para su viaje, también de negocios con en ese funcionario de embajada, al que llamaremos Darío.

    Carina, mientras yo tomaba las llaves del auto, le indicó a su hermana que me acompañara para recorrer brevemente los alrededores del bello Miraflores, así fue. Sandra bajó conmigo por el ascensor con aquella cierta tensión que ya habíamos experimentado en varias oportunidades en Buenos Aires y en algunos viajes que compartimos en un par de cruceros. Cuando subimos al auto rompí en silencio diciéndole que estaba más hermosa que nunca, aunque su carita de cansada por el viaje no dejaba de mostrar ese nerviosismo frente a la tentación que sentíamos, ella me miró me sonrió mientras llevaba su dedo índice a sus labios, nos sonreímos y yo arranqué hacia la noche.

    Cuando volvimos al departamento mi mujer ya estaba lista para que, volviendo al aeropuerto ella viajara con Darío en una embajada hacia Panamá. No llegué a escuchar que murmuraron las hermanas cuando Carina dejó algo en el cajón de su mesa de luz, en el momento que se distrajeron curioseando descubrí que eran pastillas anticonceptivas, las que había escondido debajo de un libro. Me sorprendí, pero no dije nada.

    Llevamos a mi mujer al aeropuerto, estaba sensualmente vestida con un escote que dejaba ver la catarata de pecas que caen entre sus tetas doradas por el sol y erguidas a sus cincuenta; con su espalda descubierta mostraba que no llevaba soutien; me calenté de enojo o me excité cuando apareció Darío, quien tomándola por la cintura la saludo con un murmullo al oído, Carina me miró, me sonrió y una mirada cómplice con su hermana se confundieron con la mía. No entendía nada, pero sentí que esa noche yo iba a ser un cornudo.

    Volvíamos a Miraflores en silencio con Sandra, mi BMW era una caja de silencios que pedía a gritos que cruzáramos la línea hacia la infidelidad, la que mi mujer seguramente estaba conjugando en ese avión que pasó sobre nosotros. Pero resistí la tentación, aunque Sandra acomodando su pronunciado escote buscó la provocación a mis instintos. Mi pija ya había marcado el bulto cuando vi que sus pezones eran el relieve en su blusa, estábamos conjugando una silenciosa pasión, ¡Sin duda!

    Llegamos y como pude me zambullí en la ducha, no pasaron cinco minutos cuando con los ojos cerrados bajo la lluvia y todo enjabonado sentí que Sandra me espiaba desde la puerta entreabierta del baño, como invitándola comencé a pajearme con la mano enjabonada hasta que mi pija se fue poniendo dura en mi mano… No faltó mucho —mientras yo seguí en la ducha y de espaldas a la puerta— ella se atrevió apoyando esos pezones en mi espalda. Sandra, casi toda desnuda (en bikini y con las sandalias las que no se había quitado) me abrazo por detrás, cuando me ordenó; —Solo quédate quieto y déjame que te lleve—. Volví a cerrar los ojos y me dejé llevar.

    Sentí que comenzó a besar mi espalda mientras iba descendiendo junto a las aguas que corrían sobre nosotros, sus manos seguían ese descenso con una caricia; apoyé mis manos en el mármol húmedo cuando sentí que sus manos separando mis glúteos le abrían paso a su lengua que comenzaba a puntear mi esfínter.

    La sensación fue intensa, sentí que mi pija en una erección era tomada por su mano para masturbarme; en un segundo Sandra pasó por debajo de mis piernas —las que separé aún más para que ella de rodillas comenzara a chuparme la pija agresivamente, —ni se te ocurra acabar— me ordenó nuevamente— mientras veía que el agua que caía sobre ella, le iba iluminado esas tetas, las que aún más delataban su calentura en sus pezones.

    —¿Me ibas a dejar caliente toda la noche Richard o pretendías que me masturbe, puto? —Me quedé en silencio, eché mi cabeza hacia atrás dejando que se mojara mi rostro y embestí mi pija hasta dejarla en lo profundo de su garganta provocándole aquella arcada. Sandra se incorporó, sentí rozar mi glande sobre el satén de esa tanga mojada; nos comimos la boca con ese fuego de tiempos. —Al fin sos mío— me quedé mirando sus ojos verdes, envolví mis manos con su cabellera rubia y agresivamente nos volvimos a besar confirmando el pecado, en esa imprudente infidelidad de cuñados, mientras yo acaso culpable pensaba en mi mujer.

    Desnudos, sin dejar que se separaran nuestras bocas, chorreando agua nos tiramos en la cama y comenzamos ese juego de morbosos besos y groseros chuponeos, cuando quedé boca arriba y mi erección mojada fue el deseo en los ojos de Sandra, desde la punta de la cama comenzó a arrastrar sus pezones por mis piernas, hasta que sus labios volvieron a apretar y chupetear mi glande por largo rato, mientras cada vez más me pajeaba fuertemente… —Quiero toda tu leche en mi garganta— No terminó decirlo cuando sentí que a chorros mi pija latía dentro de su boca, mientras que con sus labios me seguía tragándose y saboreando mi erección.

    Mirándonos a los ojos ella dejó caer sobre mí su saliva mezclada con mi semen. No se había quitado la tanga que todavía goteaba sobre mis piernas, provocando una sensación de sorpresas, ahora era yo quien deseaba desnudarla y comerle esa conchita, la que había deseado tanto cuando me cogía a su hermana, a mi mujer Carina pensando en ella.

    —¿Me vas a coger? —me sedujo con esa pregunta mirándome a los ojos.

    —¿Qué otra alternativa tengo?

    —Tu mujer en este momento también se está cogiendo a su potro.

    No me dejó decir otra palabra, la miré fijamente a los ojos y en esa declaración sentí la necesidad de comerle la boca a mordiscones como queriéndole callar esa verdad; se recostó sobre mí, cuando acariciando su espalda me excité pensando que mi mujer estaba desnuda también sobre otro tipo, mi pija se hundió en aquel raso de la tanga, cuando al quitársela me dejó ver que estaba depilada como Carina, y suavemente y en silencio —pero mirándonos fijamente— abriéndose los labios se enterró toda mi calentura y morbo, explotando ella.

    Era mi cuñada Sandra quien en un orgasmo a gritos y en ahogos cabalgaba su clítoris sobre mi vientre; tuve que contener el no acabar, —quería cogerme profundamente a mi cuñada con esas ganas de tiempos.

    —Date vuelta perrita—, le dije. Me ofreció su colita cuando puso un almohadón bajo su cintura y esa cola escondida todavía por el hilo de esa tanga me tentó a arrancársela de un tirón, ella giró su cara y mirándome con esos hermosos ojos verdes, mordiéndose los labios me ordenó —haceme la colita— apoyé mi pija en su esfínter con un resto de jabón que quedaba sobre su piel… y la penetré hasta el final de mi tronco de veintitantos centímetros, ella abrió aún más con sus manos el placer que yo enterraba, Sandra ahora mi amante gemía a boca abierta y yo elevaba mi placer al cielo por las infidelidades conjugadas. —Al fin me estaba cogiendo a mi cuñada, o ella a mí—.

    Nos incorporamos sin desprender esa dura penetración, volvimos a comernos la boca, yo palpando sus deseados senos empecé a sostener entre mis dedos sus erguidos pezones color caramelo.

    Juego de salivas dejábamos ir entre nuestras bocas y sobre nuestra piel. —Cogeme más—, ¡Potro! Mi pija que no quería salir de esa colita la bombeaba con más fuerza, siendo esos golpeteos más fuertes y agresivos, como mis manos que la levantaban desde la cintura para acabarle bien adentro en sus entrañas, pero no… La dejé caer sobre esas sábanas húmedas y su concha como una perfecta línea dibujada estaba tan mojada como el morbo que nos provocábamos. Hundiendo solo mi glande entre esos labios, apenas fui separándolos para que ella sintiera también mi deseo. —Cogeme Fran, haceme tuya también—, esa declaración sonó como compartiéndose con mi mujer.

    —Cogeme y dejame tu lechita adentro, te quiero para mí esta noche, quiero sentir tu calentura en mis entrañas.

    —¿Estás segura? Le preguntaba entre murmullos eróticos, mientras sintiéndome enamorado de mi cuñada la besaba con ternura, recostándome todo yo sobre ella.

    —Siii. —Cerramos los ojos sintiéndonos, y dejando desaparecer las culpas, nos fundimos en un largo orgasmo después cogernos ya no con locura, sino con una ternura que se descubría en nuestras miradas cuando dejé que todo mi semen se contuviera dentro de ella. Sentí que en esa misma mirada nos estábamos declarando enamorados, ella tomó con sus sedosas manos mis mejillas, me acarició y me devolvió en un beso toda la ternura que yo dejaba chorreando dentro y fuera de su concha rapadita y tersa sobre mí. —Estoy acabando, soy toda tuya. —y me volvió a besar.

    Cuando desperté por la mañana, mi cuñada traía puesto el camisolín azul eléctrico de mi mujer, el que apenas cubría su hermosa desnudez, me servía el desayuno,—yo no podía creerlo—, me miró a los ojos, me volví a enamorar de Sandra.

    —Te amo Richard, ¡No puedo esconderlo más!

    —¿Y ahora qué haremos? Le pregunté mientras descubriendo las sábanas le mostré otra vez mi calentura.

    —Te pienso compartir con mi hermana, vamos a ser tres en esta hermosa locura, que deseo, ya está decidido.

    Comenzó otra vez con sus besos suaves sobre mi pubis cuando se comió mi pija lustrada y tiesa pajeándome en su deseo, mientras acomodándose en un perfecto sesenta y nueve sobre mí, el placer del sexo oral volvió la tentación en morbo. Sentí que mi pija era una roca y viendo que mi glande era una bomba a punto de explotar se montó sobre mí y me cabalgó toda aquella mañana, no sé cuántas veces acabé en su vientre, ni cuantos orgasmos gritó ella rasguñándome la espalda que me dejaba marcada…

    —Cada rasguño es para que mi hermana vea que fuiste mío en estos días. — Yo la besé mordiéndoles los labios —ya hinchados de tanta lujuria— para que mi mujer viera que su hermanita había sangrado sobre mí y abrazándola sobre su cintura la clavé sobre los últimos orgasmos que gritó como deseando que Carina los oyera.

    Esa semana pasó ligeramente, pero nosotros gozándonos, como si fuéramos una pareja de novios, de amantes libres, mi cuñada Sandra no dejó de dormir desnuda y erótica en mi cuarto, compartiendo la cama matrimonial, durmiéndonos confundidos, entrelazando nuestras piernas, nuestros abrazos y los conjugados aromas de tanta libido entregada.

    Dejando en cada noche de aquellas nuestros húmedos orgasmos manchados sobre las sábanas, mientras que Sandra tomaba aquellos anticonceptivos que Carina le había escondido en su mesa de luz, por ello dejaba correr mi leche en su vientre cada vez. Ello revelaba el juego cómplice de dos hermanas, que se decidieron a compartir mi semen, en el mismo morboso deseo de compartirme desde esas noches.

    Cuando fuimos al aeropuerto varios días después a buscar a mi mujer y a su «supuesto amante» claramente me sorprendí cuando sin que nos vieran ellos vi que Carina se colgó del cuello de Darío, besándose en la boca a mordiscones y chupones, percibí también —mientras nos acercábamos con Sandra— que mi mujer le acariciaba el bulto a su amante y él le acariciaba su pecosa espalda dorada por el sol del Caribe.

    Sandra me miró cómplice, la miré, me dio un piquito en los labios cuando me mostró en su celular unas fotos de mi mujer desnuda en alguna playa del Caribe, con sus senos rosados y con los pezones en los labios de Darío, —y aún más y como si fuera poco—, un video cogiendo en un cuarto de hotel con el que ahora la despedía a besos delante de mí.

    Mi cuñada me dijo al oído —todo está hecho— Mi mujer claramente también me había metido los cuernos, pero nos sonrió y nos tiró un beso cuando advirtió que su hermana y yo estábamos tomados de las manos.

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  • Me tiré a la peluquera de mi mujer

    Me tiré a la peluquera de mi mujer

    Conozco a Miranda desde hace dos años, es la peluquera de mi mujer, yo llevo parado cuatro años y mi mujer es la que trabaja, (gana un buen sueldo) pero casi siempre está cansada «la pobre». Yo guiso, hago la compra y todos los sábados temprano le guardo la vez en la peluquería «siempre están las marujas a las ocho de la mañana en la puerta haciendo cola», cuando yo llego y pido la vez casi siempre hay dos o tres delante de mí; (a veces pienso que algunas pasan la noche en la puerta guardando la vez).

    (La peluquería está donde ella vive, en una habitación grande, el resto del piso es su vivienda),

    Cuando abre Miranda y entramos tengo que esperar a que llegue mi mujer, guardando la vez también dentro de la peluquería; «si me voy pierdo el sitio». Cuando llega Susana; (Susana es mi guapa mujer; tiene cuarenta años como yo, con un culo perfecto, me encanta cabalgarla, pero casi siempre está cansada («la pobre»). Yo la llamo y le digo cuando le toca que la peinen o le pinten el pelo, cuando llega Susana yo me marcho. Casi siempre son las once y media o las doce del mediodía, la última vez me dijo mi mujer.

    -Juan a ver si madrugas más que siempre salgo a la hora de comer -dijo ella con soberbia mientras (las demás marujas reían, las muy putas).

    Mi mujer duerme mientras yo hago cola en la peluquería. (Ella madruga de lunes a viernes). «La pobre».

    Un día hace un año estaba yo dentro de la peluquería esperando que llegara mi mujer, cuando Miranda dejó el trabajo un momento y fue al aseo; la puerta del aseo se veía desde mi asiento. Era la una puerta situada nada más salir al pasillo; ella cerró, pero no dio portazo, al poco se abrió la puerta sola y la pude ver de espaldas, pero sus pechos desnudos y su blusa abierta se reflejaban en el espejo.

    Ella se miraba, al refrescarse los sobacos con agua (era un verano caluroso), yo me quedé fijo en aquellos senos que podían dar de mamar «a un regimiento», alcé un poco la vista y la descubrí mirándome audaz y con mirada caliente tras el espejo; al momento ella cerró la puerta «despacio», mi pene «de motu proprio» tomó aire y se inflo entre mis muslos, a los dos minutos Miranda salió del aseo, moviendo su bello y contundente culo.

    Miranda tiene unos treintaicinco años, de curvas y carnes apetitosas, muy sensuales y calientes. Se pasea por la peluquería moviendo sus senos «sin sostén» bajo la blusa como si fueran melones bamboleándose. Un día estando solos, me contó no hace mucho tiempo; porque se divorció.

    -Juan verá usted, entre en nuestra casa y oí gemidos en el dormitorio. Y «sobre nuestra cama» estaba un hombre sobre mi marido que posaba en pompa con el pene del otro metido en el culo hasta las trancas; (mi marido me decía que hacía poco el amor y sin ímpetu porque era muy sensible), ¡si sensible! ¡Le gustaba la carne en barra! A otro día ya estábamos arreglando los papeles del divorcio -me dijo Miranda con coraje en la voz.

    Desde que le vi las tetas a Miranda se me ha insinuado de manera sutil varias veces, pasa cerca de mí y me roza con el culo, o me mira la bragueta con deseo.

    El último sábado le hice caso a mi mujer y estaba en la peluquería a las siete y media, no había nadie solo un papel en la puerta que decía así.

    -¡¡Estoy de viaje, no peino hasta el lunes «nos vemos»!!

    Visto el cual me marche calle abajo y al poco me cruce con Miranda que volvía arrastrando una gran maleta.

    -No volvías el lunes –dije.

    -Ya está, ¡por fin!, divorcio terminado ¡Anda ayúdame con la maleta hombre! -dijo feliz.

    Llegamos a su casa y me hizo pasar.

    -Mientras me ducho, ¡quieres preparar unos cafés Juan!

    -Claro Miranda.

    (El letrero de ausencia lo dejo en la puerta diciéndome ¡Hoy descanso!)

    Salió de la ducha con solo una camiseta que le llegaba al filo del chocho, el cual se veía «peludo» asomando «el bigote» de rizos por el filo de la camiseta; tan sensual como siempre pero casi desnuda, se sentó junto a mí a tomar el café y se desahogó contándome.

    -Juan yo nunca engañé a mi marido y antes de él yo era muy recatada, después de él tenía miedo de otro chasco -me dijo al tiempo que cruzaba las piernas y dejaba a la vista su peludo coño.

    -Yo tampoco he engañado nunca a mi mujer, pero me deja follarla pocas veces -dije mirando su liebre peluda.

    -¡Tengo curiosidad Juan! ¿Tú cómo andas de polla jajaja? -dijo calentona como una zorra.

    -Pues, ¡demasiado grande!, dice mi mujer, ¡un pollón de veinticinco centímetros! ¿Quieres verlo? -la anime

    -¡Por dios que vergüenza Juan!, ¡qué diría tu mujer si nos viera aquí en la sala de peluquería!

    -¡Nada!, ojos que no ven… -dije firme.

    -¡Venga sácate el pene que lo vea! ¡Que no he visto uno hace ya ni me acuerdo!

    Desabroche mi pantalón y lo baje junto a con los slip hasta las rodillas.

    ¡Mi pene «falto de acción» salió como un resorte tieso para arriba! ¡Veinticinco centímetros de polla!, que miraban a Miranda como lanza de caballero medieval.

    Miranda abrió la boca, y «sin preguntarme siquiera» se tragó medio nabo, (mas no le entro), se movía con agilidad. La saliva le chorreaba por la barbilla, a la vez atrapo mis huevos con una mano y los apretó como si me quisiera castigar, la cogí por el pelo y le metí el pene ¡¡más adentro!! ¡Miranda parecía un pez globo con la garganta y los carrillos inflados!

    Saque la polla de golpe y mientras a ella le caía un chorro de saliva de la boca me coloque tras de sí y la agarre por las caderas y le metí el rabo en su coño peludo «entero», ella dio un grito de placer ¡Veinticinco centímetros de polla que entraron como la seda!, le chorreaba líquido patas abajo como a una perra en celo, ¡acelere las embestidas!, y mientras me la follaba intensamente los labios y los pelos de su coño bailaban plegándose; como un tomate de mar golpeado por la marea.

    Me corrí dentro de su coño en una embestida que aplasto mis huevos contra sus cachetes ¡Ella gritó al notar como mi pene se tensaba en su interior «escupiendo» mi semen en sus entrañas!

    Eche atrás y vi cómo manaba mi semen de su coño como si fuera la fontana di Trevi, embadurnando el suelo de la peluquería.

    ¡Mi pene no menguó, estaba muy excitado!

    Le metí dos dedos en el ano y los moví con genio, con la palma de la mano apoyada en sus cachetes, ese ano se fue dilatando; vi un bote de colonia alargado, en la repisa de los tintes, enrosqué bien el tapón, (no fuera a quedar adentro del culo de Miranda), lo unté con fluidos de su vagina, recogidos con mi mano a modo «de cuchara improvisada»; ¡¡introduje el bote en su ano despacio!!, hasta que entro casi entero; lo moví varias veces atrás y adelante, mientras ella gritaba. Lo saque despacio y al sacarlo del todo ¡Sonó como quitar el tapón de la bañera!

    Acto seguido le fui follando el culo con mi pene «poco a poco», al principio le costaba entrar, pero al final entraba como un supositorio de glicerina «gigante». Comencé a darle embestidas hasta conseguir que sonara como el remar de una piragua en plena competición.

    ¡Date la vuelta! -le grite a Miranda al mismo tiempo que le sacaba del culo mi salchichón, ella se giró sobre sus rodillas y observó con la boca abierta como me corría en su cara, con un chorro blanco y espeso, ¡veloz!; que llenó de gotas sus labios y tapizo sus pestañas con «Rímel blanco» recién salido de mis testículos ¡Una gran corrida!, que terminó con Miranda recogiendo el semen de su rostro con las manos y lamiéndolo como si fuera caviar.

    Estuve varios sábados después, llegando a las siete y follándomela por todo el piso y saliendo al portal antes de comenzar a peinar, para estar el primero al llegar las marujas. Un sábado llegué un poco más tarde, abajo aún no había nadie; pero pronto vendrían.

    Ese día tras follarla sobre la encimera de la peluquería, tirando tintes por el suelo y mirándola a la cara; en la misma encimera depile su coño peludo con unas tijeras y con cuchilla, estirando sus bellos y grandes labios para dar pasadas rectas con la hoja afilada, dejando solo «un cepillo de pelos» de tres dedos de ancho.

    Miranda estaba muy confusa, gemía y resoplaba mientras yo estiraba, ¡firmemente!, hacia arriba los labios externos de su chocho, al tiempo que pasaba la cuchilla de afeitar lentamente y de manera certera; «arrasando los rizados y negros pelos de su chocho», por la excitación sus labios menores «generosos y rosados» comenzaron a descolgarse de su vagina presos del riego sanguíneo propio del deseo (Eran racimos carnales pidiendo ser «absorbidos»).

    Mientras le pelaba el coño mi pene comenzó a crecer de nuevo, se estaba comportando como cuando tenía dieciocho años y gustaba ser chupado por toda la que se ponía «a tiro».

    Cogí una toalla y sequé su sexo, comenzando a chuparlo y lamerlo, primero despacio, después fuertemente; absorbiendo completamente sus generosos labios menores como si fueran ostras y su clítoris la perla.

    Miranda daba alaridos de gusto; (a esas horas las marujas ya hacían cola en el portal) ¡Lo sabía!, pero aun así me asomé con cuidado por la ventana a comprobarlo. Vi a tres ya esperando en la calle.

    Mientras Miranda barría del suelo su melena rizada, «la melena de su recién clareado coño» le di un beso y fui a la puerta.

    -¡Juan donde coño vas!, que van a saber que eras tú el que me estaba dando gusto, ¡que tarde se nos ha hecho hoy Juan! –dijo nerviosa poniéndose las bragas en su clareado chocho.

    -Tranquila Miranda que he pensado un plan, cuando yo salga te asomas a la ventana y les haces señas de que suban, yo esperaré dentro del portal haciéndome el dormido y subiré con ellas, cuando lleguemos nos dices que no hagamos ruido, que está tu amante durmiendo en el dormitorio. (Así lo hicimos), en el portal al abrir ella el portero automático entraron las marujas de costumbre y al verme sentado en el suelo haciéndome el dormido dijeron.

    -Juan podías habernos abierto

    -Estaba adormilado.

    ¡Qué bien domado te tiene tu mujer! jajaja -rieron las hienas sin saber de mi reciente cópula.

    Al entrar, todas hablaban bajito por el supuesto «amante», quien les dijo Miranda que estaba durmiendo.

    Una le dijo a mi follada peluquera.

    -¿Qué ruido se oía desde la calle?, ¡parecía que te estaban matando a polvos Miranda! Jajaja -todas las hienas rieron a coro.

    Mi mujer entró, (la había llamado desde el portal diciéndole que tenía el «primer turno» en la peluquería).

    Miranda comenzó a lavarle la cabeza a mi mujer, mientras está me decía con su cabeza inclinada hacia atrás.

    -Juan cada día me llamas más temprano, vaya madrugón.

    -Si cariño, es para que no acabes al mediodía. –respondí con sarcasmo.

    Mi mujer, que tiene mirada de halcón se fijó en el suelo «con detalle» y vio unos pelos negros cortos y rizados en el suelo y le pregunto a la peluquera.

    -¿Miranda también haces peluquería íntima? ¡Está el suelo salpicado de pelos de coño! (Miranda no barrió a fondo).

    -¡No!, es mío; me recorté un poquito anoche aquí porque venía mi novio y quería estar «ligera»; y creía haberlo barrido bien, lo siento -dijo Miranda sonrojada.

    Las otras mujeres le contaron a mi mujer los «alaridos de Miranda» por la mañana entre risas y mi mujer me miró y dijo a la concurrencia.

    -El novio de Miranda es igual de fogoso que mi marido era hasta hace poco ¡Verdad Juan!

    -Si cariño, pero tú nunca has querido mucha polla ¡Verdad Susana!, ¡Y mira que tú sabes que yo tengo una buena polla! ¡Verdad querida!, a lo mejor me has «enfriado» -dije cabreado por su descaro al hablar « de mí», a las cotorras.

    Mi mujer se agarró a los brazos del asiento cabreada y sonrojada, pero no dijo nada la arpía. Noté como se tocaba los dedos de la mano al coger un brazo de la asiento, «se veía en sus dedos un colgajo blanco y peguntoso», que se estiraba como miel «turbia y blanca» hacia el suelo, (yo recordé que por ahí cayó un chorro «final» de mi semen tras sacar mi polla del coño de Miranda, no hacía mucho rato.

    ¿Esto qué coño es Miranda? -dijo mi esposa.

    Susana es un gel anti edad que hago yo misma y me he echado esta mañana ahí sentada, y que me ha dejado «las carnes», ¡como las de una adolescente!; ¡mirad!, ¡mirad! Dijo haciendo que le tocaran las mejillas.

    Al instante recogió Miranda mi «semen derramado» con las dos manos, lo amaso y se lo unto en las mejillas a mi mujer, las cotorras también querían probar y Miranda restregó mi leche aún blanda por sus rostros.

    Me despedí de todas y me fui, al cerrarme la puerta Miranda le dije al oído.

    -¡En cuanto se vayan todas me llamas que vuelva!, que te voy a follar como a una perra, ¡tengo el pene duro como el turrón de ver como les restregabas la corrida a todas por la cara!

    Ella también me dijo al oído

    -De acuerdo semental, lo de la leche tuya en sus rostros ha sido por la chulería de tu mujer.

    Tomé un café con churros, Toledo estaba tranquilo a media mañana; di un paseo por el casco antiguo y compré una jarra en un souvenir con un bonito dibujo de Toledo en color azul para Miranda, a las dos de la tarde sonó el teléfono, era Miranda, me dijo.

    -¡Ya estoy sola!, no tardes.

    Yo llevaba ya más de un mes fallándome a Miranda y ella seguía igual de removida que al principio, (yo también).

    Llame a mi mujer y le dije que estaba buscando trabajo y no iría a comer, Susana dijo

    -Hasta luego, te esperare cariño un beso.

    A las tres de la tarde llegué a la peluquería y al entrar la vi desnuda, se había pintado mi nombre en su pubis en letras grandes con rotulador “JUAN”.

    Me empalmé al ver su sensual detalle y la simbólica sumisión de mi nombre en sí.

    Miranda había preparado la comida para los dos, me desnudé y comimos desnudos, en el postre le di la jarrita diciéndole.

    -Esta jarra es para que cada día eches ahí la crema «anti edad» que me sobre, para las clientas.

    ¡Gracias Juan!, que bonita, cada día que te «ordeñe» pondremos ahí lo sobrante para la que quiera tener tu esencia en su rostro, «sé que no ha estado bien», pero me ha excitado mucho a mí también darles con tu leche en sus rostros ¡Son todas «tan criticonas»!, ¡les diré que como la preparo yo la hago en esta jarra!, (sólo faltará decirles que está «recién ordeñada» y que la preparo moviendo el «pene» dentro mi chocho).

    La lleve a su dormitorio y la puse en pompa, agache mi cabeza y me puse a chupar su vagina desde atrás, subiendo la lengua y lamiendo su ano, luego deslice la lengua por su espalda y al tiempo que mordía su nuca le metí el pene en el ano, el cual ya estaba abierto, comencé a follarle el culo como un animal, al tiempo que la agarraba fuerte por los hombros, mi gran pene se movía dentro de ella como la biela de una locomotora y Miranda gemía como lo haría una aparición.

    Fui al aseo y lavé mi pene con gel y lo sequé. Al volver senté a Miranda al filo de la cama y me puse de pie frente a ella, alce mi pene al cielo, exponiendo frente a su rostro mis testículos colganderos, ella los asió con su boca, tirando de ellos con sorbetones intensos que hacían peligrar mi masculinidad, (en ese momento mi pene era «un bastón de mando», ¡rotundo!

    Soltó los huevos y la eche hacia atrás en la cama. Me puse a lamer mi nombre en su pubis, notando la tinta en mi lengua, puse mi rostro contra el de ella mordiendo sus labios al mismo tiempo que metía mi pene en lo más profundo de su vagina. Me moví despacio, pero sin parar, mis huevos «estirados por su boca» golpeaban sus cachetes, mientras ella alzaba cada vez más sus piernas, aceleré notando mi pene tenso como una vara de mimbre; y con dos contracciones de mi culo me corrí dentro de ella con un chorro «grande» y seguido, noté como el semen ensanchaba mi uretra al pasar, desembocando en el coño de Miranda.

    Saque la polla y Miranda se acercó al filo de la cama con las piernas cerradas, cogió la jarrita que le regale del estante y la puso debajo de su vagina, abrió las piernas y mi semen brotó de ella hasta la jarra, con un chorro espeso abundante.

    Miranda cogió un bote de crema hidratante y vertió un buen chorro en la jarra, lo batió con la mano junto con mi semen, lío la jarra en una bolsa y la metió en el congelador y me dijo.

    -El lunes la descongelare temprano y a las clientas más criticonas les daré de «tu pomada Juan» -dijo Miranda con cara de bruja.

    Me vestí y regresé a mi casa, al abrir la puerta encontré a mi mujer en ropa interior de encaje, me miro y me dijo.

    -Juan perdona que me burlara de ti en la peluquería, no lo pese siquiera.

    Al tiempo que decía esto se quitó las bragas de encaje y se tumbó sobre la mesa del comedor abriendo las piernas («Nunca antes se me ofreció así»), ¡me impresionó! Y mi pene reaccionó sin pensar en «el día de trabajo que llevaba», baje la cremallera del pantalón y saque el pene otra vez como el turrón duro.

    Me la follé sobre la mesa del comedor, largo rato; yo de pie y ella junto al borde con las piernas abiertas, al punto de correrme saqué mi miembro y me corrí sobre su vientre, sus tetas y en su rostro, al terminar la vi sonreír con un chorreón de leche colgando de su nariz, como el moco de una «pava feliz».

    Fin

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  • Infieles

    Infieles

    No era la primera vez que se veían, sus encuentros casuales cada vez eran más seguidos; siempre se reunían en su lugar especial, lejos de todo. Ella era una chica normal como cualquier otra al igual que él, ambos estudiantes universitarios, ambos con pareja. Pero a pesar de eso eran felices así, siendo infieles.

    Sus encuentros nunca caían en la monotonía, él siempre se inventaba algo nuevo para sorprenderla; esa noche fue recibida con un camino de pétalos de rosas que llevaban justo a la habitación, todo perfectamente iluminado con velas, la cama vestida de blanco satén cubierta con los pétalos; allí se comenzaron a amar.

    A él le encantaba recorrer su cuello con los labios, embriagándose con su aroma, a ella le encantaba sentirlo así de cerca, piel con piel. Delicadamente comenzó a desvestirla sin dejar de besarla. Su cuerpo es lo que más adoraba; sus pechos firmes y redondos que lo invitaban a devorarlos, su estrecha cintura, sus torneadas piernas. Poco a poco fue devorándola con pasión y lujuria, ella se aferraba a su amante marcando con las uñas su cuerpo.

    Así se estuvieron amando por horas, disfrutando cada segundo de placer, cada caricia, cada beso. Al final, cansados y con sus cuerpos bañados en sudor se quedaron dormidos, uno al lado del otro, siendo felices, siendo… Infieles.

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  • Quiero que te corras dentro de mí

    Quiero que te corras dentro de mí

    Quiero que te corras dentro de mí. Con esta idea me levanto cada mañana, con esta idea me acuesto cada noche.

    Aquel día no iba a ser menos. Me iba con él y con todos mis compañeros de trabajo a pasar un fin de semana al bosque, a un camping perdido en las montañas.

    Ya en el autobús yendo hacia allí me dijo:

    -Quítate las bragas para mí.

    No lo dudé ni un instante, me las quité como pude sin que nadie se diera cuenta. Me puso un jersey por encima de las piernas, y suavemente empezó a acariciar mi coño, que se movía con el traqueteo del autobús.

    Me susurraba al oído…

    -Eres mi putita y te voy a masturbar hasta que te corras en mis dedos…

    Esa sensación de pertenecerle llenaba todo mi mundo.

    Él miraba para todos lados, cuando nadie nos observaba me besaba mientras seguía tocándome.

    -Ah, ahhh -jadeaba yo bajito.

    Quería follármelo, no quería que me hiciera ningún dedo, quería sentir su polla dentro de mí. Pero no podía, todos mis compañeros de trabajo estaban alrededor de nosotros, ajenos a aquello.

    No pude más y empecé a tocarle la polla. Estaba muy cachondo, su polla estaba gorda por debajo de su pantalón. Necesitaba darle placer. Miré a mi alrededor y en un momento de descuido de mis compañeros le pegué un pequeño lametón, y seguí meneándosela. Volví a pegarle otro lametón, esta vez un poco más largo, y después otro, y luego otro.

    -Me estás poniendo enfermo -me decía él-. Sácame toda la leche.

    Y así lo hice, le masturbé mientras sus dedos seguían moviéndose dentro de mi coño, sin que nadie se diera cuenta. Nos corrimos juntos, y me bebí todo su semen. Soy su putita, todo su semen me pertenece.

    Llegamos al camping, perdido en el bosque. Y nos dispusimos a montar las tiendas. Dos tiendas para cuatro personas cada una.

    Yo compartía tienda con él y con otras dos chicas más, Ana y María.

    En la otra tienda estaban Xavi, Amanda, Jose y Elena.

    Cuando terminamos de montar todo era aún pronto para cenar. Así que nos dispusimos a jugar a algún juego. De repente, nos dimos cuenta de que dos personas faltaban. Al estar en un sitio desconocido nos pareció raro, así que fui yo con Elena a buscarlas. Cual fue nuestra sorpresa cuando nos los encontramos follando detrás de un árbol. Eran Xavi y María en pleno calentón. Estaban follando a cuatro patas, ella apoyada en un árbol mientras él le daba por detrás y le agarraba las tetas.

    -Fóllame, fóllame… -le decía ella.

    Él le metía la polla sin cesar, sudoroso del esfuerzo. Cuando se cansaron de esa postura se tumbaron en el suelo. Él comenzó a chuparle el coño mientras ella tenía las piernas abiertas para él. Él tenía la polla dura como una roca, y estaba pendiente en todo momento de ella, de que no le faltara ninguna caricia en su cuerpo y de que su coño se mojara con todos y cada uno de los movimientos que su lengua daba.

    Una vez hubo terminado de lamerle, ella volvió a poner su culo en pompa, esta vez encima de la hierba. Xavi rozó su polla con el coño de María, masturbándole con ella.

    -¿Quieres que te la meta? ¿Te gusta esto? -le preguntaba él.

    -Por favor Xavi, métemela ya, no puedo más… ah, ahhh… -jadeaba ella.

    Xavi se la metió después de unos minutos haciéndose de rogar, minutos en los que ella más se humedecía. La metía y la sacaba de su coño húmedo con fuerza mientras los dos jadeaban al compás.

    María se dio la vuelta y mientras él se sentaba, ella estaba de rodillas con las tetas a la altura de la cara de Xavi. Xavi comenzó a lamerle los pezones hasta que ella se sentó encima de él y con su mano cogió la polla de Xavi para metérsela por el coño. Y comenzó a moverse encima de Xavi.

    -Fóllame cariño, estás buenísima, me encantan tus tetas -le susurraba él.

    Ahí fue cuando Elena y yo nos dimos cuenta que allí había algo más que sexo y les dejamos solos para que pudieran tener su momento de intimidad.

    Pero nos habíamos puesto muy cachondas, y volvimos a las tiendas con ganas de mambo. Una vez allí, les dijimos que no les habíamos encontrado y cuando volvieron se inventaron una excusa de que habían estado inspeccionando el terreno. Elena y yo no dijimos nada.

    A la hora de dormir, yo no podía pegar ojo, me venían a la cabeza las imágenes de Xavi y de María, y lo ocurrido en el bus con mi otro compañero. Le tenía al lado en la tienda, él se había dormido, y a mi solo me rondaba por la cabeza la idea de despertarle para follármelo. Pero no lo hice, hice algo mucho mejor. Le aparté la manta y comencé a chupársela mientras él dormía. Así que cuando se despertó con mi boca en su polla no pudo decirme que no, estaba loco de ganas de que le montara. Y así lo hice, me quité la ropa delante de él y me puse encima. Él notaba el calorcito de mi coño en su polla y me pellizcaba los pezones mientras me penetraba.

    De repente oímos un ruido en la tienda, y es que claro, no estábamos solos. Era Ana, que nos había pillado en plena faena. Yo seguía encima de mi compañero, y ella ni corta ni perezosa me empezó a chupar los pezones. Yo quería que mi compañero se corriera dentro de mí, así que seguí moviéndome mientras ella me lamía las tetas.

    -Sigue, sigue moviéndote que me corro… -decía él.

    -¿Así? ¿Así? -le decía yo mientras me movía más rápidamente con unas ganas de correrme tremendas.

    -¡No pares, no pares que me corro, me corro putita, me corro!

    Y así, se corrió dentro de mí y todo su semen se extendió por mi cuerpo causándome un escalofrío que hizo que terminara corriéndome con su polla dentro de mí.

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  • Una joven accidentada y un hombre maduro (2 de 3)

    Una joven accidentada y un hombre maduro (2 de 3)

    Con mi polla en su mano, comenzó a realizar una aproximación de su boca hacia mi miembro mientras jugaba con sus ojos buscando los míos con la boca levemente entreabierta y su lengua juguetona a lo largo de su labio inferior.

    —Aún no sé el nombre de la chica que está a punto de hacerme una mamada –dije yo

    —¿Acaso importa? —respondió con una voz absolutamente embaucadora que daba muestras más que sobradas de lo acostumbrada que estaba a dominar estas situaciones y por tanto, a los hombres.

    Su cabeza estaba ya debajo de mi brazo, y su mano acariciaba lentamente mi muslo derecho, justo el pie que pisaba el acelerador… algo peligroso a todas luces, porque estaba deseando que quien lo pisara fuera ella y se metiera de una vez mi polla en esa deliciosa boca.

    —Vamos, no te demores más y trágatela ya, Zorra —dije sorprendiéndome a mí mismo de oírme hablarle así de groseramente.

    —Veo que por fin has dado con mi nombre —dijo sonriendo al tiempo que daba el primer lengüetazo a mi glande.

    La imagen no podía ser más sensual y más surrealista al mismo tiempo. Sensual, porque la chica tenía su suave y lisa melena morena apartada a un lado de su cabeza, y reposaba sobre mis muslos. Sus perfectos labios pintados de un suave tono rosa la hacía aún mas sensual y ver esa boca que jugueteaba ahora descaradamente con mi glande, haciendo pequeños movimientos de su lengua alrededor del mismo, me estaba volviendo loco.

    Surrealista, porque jamás pensé cuando esa mañana salía de casa, que pudiera encontrarme en una situación como esa, de manera inesperada, fortuita y sobre todo, impensable en mi monótona y calculada existencia.

    Aún no había reaccionado. Me limitaba a dejarme hacer… me limitaba a vivir esa experiencia que me estaba brindando una chica desconocida de unos 19 o 20 años. Puede que alguno más. A ciencia cierta, no podía ni estaba en situación de hacer otra cosa que disfrutar de ese momento, y simplemente me dije que no podía dejar pasar la ocasión.

    Deslicé una de las manos del volante y sujeté su cabeza, empujándola hacia abajo haciendo que mi polla entrara en su boca mucho más de lo que había hecho hasta ahora, que se había limitado a succionar levemente la cabeza y a lamerla pasando la lengua alrededor de ella.

    —Vamos, trágatela de una vez —dije empujándola hacia abajo la cabeza.

    —Ummm… síii —acerté a interpretar que decías mientras se notaba que tenías la boca totalmente llena de mí.

    —Parece que te gusta ser usada, que disfrutas más cuando te digo lo que quiero que hagas —pregunté intentando tantear si era una suposición mía o estaba ante una autentica jovencita deseosa de entregarse a un hombre maduro como yo.

    Ella se limitó a sacarla de la boca, dejando caer una buena cantidad de saliva sobre la punta de mi polla y mientras me pajeaba con movimientos lentos y largos, haciendo que su mano se deslizara desde la punta de mi miembro hasta la misma base, para ascender de nuevo con una suavidad y una presión deliciosa, se acercó a mi boca y me besó sin quitar su mirada en ningún momento de mis ojos.

    Fue un beso largo y profundo, como parecía que esta chica hacía todo. Nada era superficial; ni vago; todo estaba perfectamente predeterminado. Esa decisión, esa seguridad que da la juventud, justo por vivir de manera despreocupada sin pensar en consecuencias. En solo dejarse llevar por un deseo que sentía en ese momento.

    Su boca jugaba con la mía. Sus labios y los míos no paraban de buscarse, separándose y volviéndose a juntar. No era un beso de película. Era un beso deseoso. Era un beso en el que compartíamos saliva, y no poca, porque su ansiedad por sentirse dentro de la mía, la hacía abrir mucho la boca para que pudiera entrar en ella. La besaba como si no hubiera nada más que hacer, pero lo había.

    De hecho, mi ansia al besarla venía motivada por la paja tan monumental que me estaba haciendo. Ni mis propias pajas mañaneras que algunos días me regalaba, tenían la habilidad de en cada movimiento, pasar por tantos puntos diferentes. Y sentir la juventud de esa mano, también ayudaba a que mi excitación fuera en aumento, haciendo que mi polla se pusiese aún más dura de lo que ya lo estaba a esas alturas.

    —Dame más saliva —susurró a mi oído cuando se separó de mi boca sin pedir permiso para hacerlo.

    —¿Cómo? —dije yo sin entender exactamente qué quería

    —Que me regales más saliva, que quiero llenarme la boca de ti.

    Sin entender muy bien qué estaba pasando, recogí de mi boca toda la saliva que encontré y la concentré en la parte delantera, pegada a los labios cerrados que fui entreabriendo poco a poco al sentir que ella juntaba su boca a la mía y con su lengua, muy hábil, tenía que reconocerlo, fue robándola y llevándosela a su propia boca para luego, tras un suave beso, volver a bajar hacia mi polla.

    Apenas llegó a ella, dejó caer toda la saliva que había acumulado, notando como su propia boca volvía a recuperarla, haciendo que mi polla se notara empapada de saliva cálida y fluida que la envolvía, unida al calor de su propia boca. Era increíble las sensaciones que esa chica estaba dándome en apenas unos minutos.

    Aún no parecía entender que tenía a una joven dispuesta para mí en mi propio coche; una chica que minutos antes, iba montada en una bicicleta en dirección a sus clases de Universidad. Cuando me percaté de la situación que estaba viviendo, no pude por menos que mirarla de arriba abajo, pasando mis ojos por todas las curvas de su cuerpo. Sus piernas, ahora podía percibirlas mejor, tenían unos muslos firmes y redondeados que serían la delicia de cualquier hombre de mi edad… Bueno, de cualquier hombre, independientemente de la edad que tuviera.

    Mi mano se escapó hacia ellos, buscando sentir la suavidad de su tacto. Ella, recibió mi caricia sobre sus muslos, entreabriendo sus piernas suavemente, en lo que era toda una invitación a usarla.

    Mis mano buscaba el borde de su falda, para poder avanzar bajo él buscando su ropa interior. Cuando la alcancé, el tacto suave del algodón me recordó la poca edad de la chica, y lo diferente que era su ropa interior a la que mi mujer usaba. Mis dedos apartaron la braguita para hundir un dedo en su coño.

    —Ummm —fue la reacción a mi penetración. Al tiempo, acrecentó la violencia de las acometidas y las chupadas que su boca le estaba dando a mi polla.

    Lentamente, notaba como sus piernas se estaban abriendo aprobando mis avances, ante lo que me iba creciendo, haciendo más atrevidas mis incursiones. Saqué ese primer dedo y lo deslicé a lo largo de sus labios vaginales. Tenía un perfecto y depilado coño que me estaba volviendo literalmente loco. Junté dos dedos y avancé decidido hacia una segunda penetración

    —Ummm…

    Evidentemente, algo estaba claro, y era que aún tenía mucho que disfrutar si le gustaba ser penetrada.

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  • Mi sobrino me tenía fuera de control

    Mi sobrino me tenía fuera de control

    Nunca imaginé tener una conducta tan liberal y fuera de prejuicios y temores. Y comportarme como una verdadera hembra sedienta de sexo. Saber que había sido yo quien tomara desde el principio la iniciativa de conquistar a aquel hombre que era mi sobrino me tenía fuera de control.

    No me importo que fuera el hijo de mi hermano, ni los 24 años de diferencia que le llevo.

    Todo sucedió cuando mi sobrino Ricardo de 19 años vino de paseo y se quedó en mi casa.

    Ese día, salía del baño rumbo a mi cuarto, totalmente desnuda, creyendo que estaba sola, cuando a mitad del pasillo de pronto me encuentro con mi sobrino que se dirigía a ducharse, también totalmente desnudo. Nos quedamos paralizados los dos sin saber que hacer.

    En esos minutos, que me parecieron horas, sin atinar que hacer, pude observar a mi sobrino con una tremenda erección que me miraba sin atinar a nada. Como pude me tapé con las manos y corrí hacia mi cuarto

    Luego, mientras tomábamos un café me pidió disculpas por lo sucedido, pero dijo que él no sabía que yo estaba en casa.

    En medio de la conversación se disculpó nuevamente, esta vez por la erección que tuvo en esa oportunidad, pero me dijo no pudo controlarse, pues yo le había parecido una mujer hermosa, con un cuerpo escultural y varias cosas más, yo le dije, que no había problemas que estaba disculpado.

    Yo tengo una amiga que hice a través del Chat, que, si bien no nos conocemos personalmente, tenemos mucha confianza entre nosotras y se me ocurrió comentarle sobre el hecho, ella me preguntó que había sentido yo ese día que vi a mi sobrino desnudo y con tremenda erección, le comenté la verdad, si bien estaba aturdida, no tenía bien en claro mis pensamientos, por un lado, pensaba que era mi sobrino, pero por el otro no podía dejar de pensar e imaginármelo desnudo y con su erección a full.

    Que luego de ese día a la noche no podía conciliar el sueño pensando en él y me excitaba el hecho de pensarlo, y hasta llegaba a masturbarme varias veces imaginando ese día. Ella me sugirió que lo provocara, para ver hasta donde quería él.

    Debo confesar que habitualmente me visto con minis muy cortas o pantalones (de vez en cuando) muy ajustados, y como creo que tengo buen cuerpo me gusta lucirlo.

    En otra ocasión, un viernes a la noche. Mientras cenábamos me dijo: quiero que me respondas una pregunta “¿qué sentiste cuando me viste ese día desnudo?”, me dijo.

    Pensé en lo que me había dicho mi amiga, y le respondí; que me había perecido lindo él y en cuanto a su erección, me sentía halagada de agradar a un jovencito..

    Me dijo, “debo confesarte, nunca había imaginado que eras tan linda y con un cuerpo tan hermoso, el solo hecho de verte me excitó de sobremanera y hasta he llegado al punto de pensar en ti, cuando he hecho el amor con otra chica, y en varias oportunidades me he masturbado pensando en ti”.

    Yo le contesté que estaba bien, pero que debía pensar que éramos tía y sobrino y que no debíamos pensar en nada más, a lo que me contestó “que si podíamos, lo que pasa es que tu no quieres. Hoy, por ejemplo, al verte agachada buscando algo, no pude dejar de admirarte y mirarte las piernas hermosas que tienes, la cola, tu boca, toda vos me vuelve loco”.

    Esto me tenía muy excitada. Podía ver como su bulto crecía bajo su pantalón mientras yo sentía como mi vagina se comenzaba a humedecer.

    Si le dije, “estás loco, no podemos hacer nada, somos tía y sobrino, así que dejemos las cosas así”.

    Dicho esto, me di la vuelta para buscar la salida, pero me agarró de atrás, me abrazó muy fraternalmente, pensé que se había arrepentido de todo y buscaba disculparse, nada más lejano, me abrazó con fuerza, me dio vuelta me puso frente a él, y me dio un beso en la boca, me quedé atónita, no sabía que hacer, me agarró la cara con las dos manos y comenzó a besarme, esta vez su lengua buscaba abrir mi boca.

    Siguió besándome, esta vez con furia, abría mi boca con su lengua, me besaba el cuello, me tocaba los pechos, yo estaba petrificada, no sabía que hacer al respecto. Y él seguía, esta vez, aprovechando que estaba de minifalda, comenzó a tocarme las piernas, que son mi punto débil, me agarraba la cola, me la apretaba, mientras continuaba besándome, no se en que momento me puso contra la pared me levantó la falda y me apoyó todo su miembro contra mi vagina por encima de la biquini que tenía puesta.

    No sé en qué momento, me agarró la mano y la llevó a su miembro que ya lo tenía fuera de su pantalón y su calzoncillo, me la hizo agarrar y ahí comencé a sentir que ya no podía, y a esa altura, ya no quería pararlo. Comencé a retribuir sus besos, abrí mi boca y le di mi lengua. Mientras seguía agarrada a su miembro que estaba que explotaba.

    Me agarró de la cintura, me levantó hacia él y me sentó en la mesa, me subió la pollera, mientras besaba mis pechos ya fuera de la blusa, metió su mano entre mis piernas, tocaba mi vagina ya húmeda de tanta excitación, bajó mi biquini y comenzó a lamerme, uy, que hermoso que lo hacía, ya fuera de mi me tiré para atrás y comencé a gozar, me saqué la blusa, la pollera y quedamos los dos desnudos.

    Al cabo de un rato de lamerme y hacerme gozar hasta el cansancio, abrió mis piernas y comenzó lentamente a penetrarme, lo que le pedí es que lo hiciera salvajemente.

    Pude sentir como toda su hombría entraba en mí de un solo impulso arrancándome un suspiro de dolor mezclado con placer al sentir todo su aparato abrirse camino entre mis entrañas. Entonces él me dijo “estas disfrutando tía” yo le conteste con voz entrecortada que si y después él empezó a entrar y a salir moviendo su cadera en circulo mientras con la boca chupaba mis erectos pezones mientras yo le tenía sujetado de sus nalgas empujándole mas y mas adentro de mí.

    Sentí que él me levantaba las piernas con sus brazos y metía más rápido su pene en mi vagina que estaba escurriendo jugos por todos lados. Esta situación hizo al poco tiempo que mis caderas comenzaran a convulsionarse y le enterrara mis uñas en su espalda; él advirtió que se venia mi orgasmo y terminamos juntos muy agitados abrazados y besándonos como no queriendo que se terminara el momento.

    Cuando llegó Ricardo, mi sobrino, le di dos besos y le apreté contra mí hasta que pudiese sentir bien mis tetas en su pecho, al mirarle vi como se le encendía la mirada

    Puse música y sonriendo e improvisando comencé a moverme y a inclinarme hacia Ricardo, desabotonando su camisa. Él me miraba embelesado y se colocó detrás de mí pegando su pelvis en mi culo y se movía al ritmo de la música.

    ¡Él se desnudó! Y me mordisqueó los hombros, los lamio y empezó a bajar su boca por mi espalda, poco a poco, unas veces depositó pequeños besos, otras veces su lengua dibujó círculos sobre mi piel, que se erizaba a su contacto. Estaba muy excitada, muy húmeda y sentía como mis fluidos resbalan por la parte interna de mis muslos

    Me arrodillé frente a él y abriendo mi boca tragué esa pija y hasta que no la tuve toda adentro no cerré la boca, apreté fuerte con mis labios hasta sentirlo palpitar y comencé a chupar con ganas y con deseo esa verga, mientras mi macho me manoseaba el culo cinchando las tiras de mi tanguita metiéndola aún más dentro de mi concha

    Nos desnudamos completamente y nos dirigimos a la habitación me senté en la cama y me miré en el gran espejo que había frente a la cama.

    Lo veía en el espejo, como si se tratara de la pantalla de un televisor y yo fuese la protagonista de una caliente película porno.

    Mi sobrino estaba detrás de mí, me besaba en el cuello y me decía que era hermosa.

    Sus manos viajaban por todo mi cuerpo, arrancándome gemidos de placer, mi imagen desnuda se reflejaba en el espejo.

    Me vi en cuatro patas sobre la cama, mi cara reflejaba lujuria y desenfreno, puso sus manos en mi cadera.

    Lo vi ponerse de rodillas, tomando con sus manos su pene erecto, y lo frotó en mi culo.

    Sentía la rigidez de su sexo enorme y palpitante, con la mano derecha tomé ese miembro y froté la cabeza en mi ano. Yo temblaba de placer.

    Su pene rozo mi esfínter anal y sentí el deseo que se hunda en él, su pene comenzó a hundirse en él, mientras mis caderas se relajaban ayudando a la penetración, era maravilloso.

    Alcance a escuchar el suave gemido que dio cuando lo introdujo completamente.

    Veo en el espejo a mis pechos balanceándose al compás de las embestidas de mi sobrino, veo a un macho joven imponiendo su poder ante una mujer adulta que gozaba cada embate, no recordaba haber tenido un placer tan profundo.

    Sentir su miembro tan adentro, era tan delicioso. Jaló una y otra vez mi cadera hacia su pelvis yo sentía que veía las estrellas, se inclinó y por detrás, estrujaba mis senos que subían y bajaban por el movimiento.

    Empecé a mover mis caderas con fuerza para tratar de sentirlo mas adentro y de repente sentí que mi cuerpo empezó a contraerse sentía latir mi clítoris, cada vez sentía mas humedad en mi vagina y de repente grite, había sentido un orgasmo que me acerco a lo divino.

    Salió de mi rápidamente y yo abrí la boca esperando que me regalara el producto de su placer (lo que yo había ganado, mi premio) empezó a masturbarse para poder venirse bien y yo deseaba sentir su tibio semen gotear sobre mí y así fue, poco a poco un torrente de delicioso semen cayó sobre mi cuerpo y yo lo esparcí encima de mí, por mis labios, por mis senos, lo batí por mi cuerpo como si fuese el elixir de la vida, quedé bañada de su semen.

    Quedé acostada en la cama, exhausta, empapada y feliz.

    Mi subconsciente alimentaba el placer y la lujuria, repitiendo en mi mente, -Tranquila no estás haciendo nada malo, es solo sexo, verdad que lo gozaste, nadie lo sabrá, te fascina como te coge tu sobrino, no te engañes, estas deseando sentirte ensartada con su pene, total sería una estupidez de mi parte dormir sola, con las irresistibles ganas que tenia de seguir tirándome a ese macho.

    Esa reflexión me convenció, que continuara disfrutando sin temores, de la lujuria sexual, que sentía toda mi carne por mi sobrino.

    Eso me llevo a aceptar cumplir una de sus fantasías, quería verme siendo penetrada por uno de sus amigos, al que le había contado nuestras aventuras sexuales.

    A la tarde llegaron a mi departamento, su amigo tenía un físico trabajado como de gimnasio.

    Era para mí un placer tener a mi disposición a dos jóvenes extremadamente calientes.

    Hablamos un rato y al ver sus miradas, noté un escalofrío que me recorría la espalda y los pezones se me pusieron duros. Me di cuenta entonces de que estaba caliente, me excitaba verlos así y tenía unas ganas terribles de arrancarles la ropa interior y ver sus penes…

    Mi sobrino me conocía bien y sabía que me encantaba el sexo y me estaba poniendo muy caliente, así que se levantó y se acercó hacia mí y se arrodillo enfrente de mí. Sin decir nada, me levanto la minifalda, me bajó la tanga y me abrió las piernas y empezó a lamerme la vagina lentamente.

    La punta de su lengua rozaba mi clítoris y los labios de mi vagina haciendo que cada vez estuviera más y más cachonda. Cada vez iba más rápido y su lengua comenzaba a penetrar y a chupar todo el flujo que salía del interior.

    Me deje llevar, me tocaba los pezones y el cuello, y con los ojos cerrados disfrutaba de la sensación. Cuando los abrí, vi al otro chico desnudo, masturbándose. Tenía un pene grande, fuerte, largo y enseguida me entraron ganas de metérmelo en la boca.

    Le dije que se acercara y él obedeció. Su cara de placer pedía una buena mamada. Cuando tuve su pene en la mano, la sensación de placer aumentó, mi sobrino me estaba metiendo tres dedos por la vagina y yo me moría. Seguía mamando, comencé a lamerle el glande con la punta de mi lengua y a darle besos a lo largo del pene.

    Poco a poco me iba metiendo cada vez más en la boca, primero despacio y luego más aprisa. Notaba el sabor de su pene y cómo los fluidos se iban mezclando en mi boca. Lo metía y sacaba mientras le acariciaba los testículos y jugaba con mi lengua rozándole el glande. Comenzó a gemir y decidí parar, no quería que se corriera todavía.

    Tenía ganas de que me penetraran, así que me puse de rodillas sobre el sofá y el chico al que había estado haciéndole la mamada me metió el pene rápidamente, en una fuerte embestida. Mi sobrino se acercó y comencé a chupársela a él mientras me acariciaba las tetas

    Tenía la vagina llena de flujo y muy abierta, sentía el roce del pene que me penetraba y la presión dentro de mí de una forma increíble.

    La penetración en mi vagina se aceleró y de repente noté cómo el semen inundaba mi vagina, resbalando por las paredes y saliendo afuera. No pude evitar en ese momento correrme Yo y fue entonces cuando mi boca se llenó de semen del otro, tanto que no podía evitar que se saliera y cayera por mi barbilla, no paraba de chupar y él me restregaba lo que había caído por mis tetas. Se la chupe toda hasta que no quedo nada

    Cuando acabamos estábamos los tres tan cansados que decidimos darnos un baño juntos para refrescarnos. Yo seguía bastante cachonda y con una oportunidad como sea aún quería más, tenía el clítoris muy excitado y de mi vagina seguía saliendo mucho flujo.

    Comencé a chuparles el pene, estaban flácidos, pero seguía chupando y chupando mientras les decía que estaba muy caliente y que quería que me hicieran de nuevo el amor, chupaba los dos a la vez con desesperación, y al momento estaban duros de nuevo.

    Mi sobrino comenzó a penetrarme con toda fuerza por mi vagina, mientras el otro chico se acomodaba por detrás y comenzó a penetrarme por el ano. No sentía dolor solo placer.

    Así me estaban penetrando al mismo tiempo. Lo que más me deleitaba eran aquellos dos cuerpos sudorosos pegados a mí. Los movimientos no fueron muy bruscos y me hicieron tocar el cielo. Tuve tres o cuatro orgasmos seguidos. Ellos se corrieron en poco tiempo.

    Paso media hora de la llamada telefónica de mi amiga Laura, cuando escuché el timbre y corrí a abrir, era Laura, mi amiga que tiene 38 años y con la cual había tenido unas cuantas aventuras sexuales, quién traía en una bolsa transparente una botella de ron, y dos videos que mas tarde nos iban a hacer disfrutar a lo grande. Decidimos ponernos cómodas en la sala y prender la TV, mientras la botella de ron disminuía cada vez mas pasando por nuestras gargantas.

    No tardamos mucho en tener nuestros pulsos acelerados cuando veíamos una escena en la que un hombre negro bastante corpulento penetraba con su enorme verga a una mujer que se veía bastante excitada, mientras el hombre apretaba sus enormes y erectos pezones.

    Recuerdo que hubo un instante en el que miré a Laura y creí desmayar cuando vi que acariciaba sus dos senos desnudos con gran excitación y luego los llevaba a su boca y mordisqueaba sus pezones mientras jadeaba.

    Laura sonrió cuando descubrió que yo la miraba con la boca abierta. Y me invito a que la imitara, a lo que yo accedí, ya que para ese punto me encontraba bastante mojada por la excitación, y sentía mi clítoris casi a reventar.

    Comencé a tocar mis pezones que de inmediato se endurecieron, y de pronto sentí un gran deseo de que alguien los lamiera y mordisqueara, lo cual parece que Laura dedujo por mi expresión, pues para cuando reaccioné ella estaba totalmente desnuda recorriendo con su lengua mis senos y con su mano se abrió paso para tocar mi húmedo clítoris lo cual me volvía loca de placer, no demoré mucho en sentir un profundo y riquísimo orgasmo que me dejó casi sin alientos.

    De repente sentimos que se abrió la puerta, para dar paso a mi sobrino quien tiene llaves de mi casa y decidió darme una sorpresa ¡y valla sorpresa! Yo no supe que hacer, ni que decir, aunque a el pareció excitarle mucho la escena ya que su enorme verga no tardó en notarse erecta a través de sus jeans.

    Laura al notarlo se lanzó sobre él, y sin darle tiempo a reaccionar sacó su enorme y riquísimo falo y comenzó a succionarlo con avidez mientras el gemía.

    Lo que estaba presenciando me volvía como loca y me masturbaba cada vez mas fuerte; queriendo ver mas le pedí a mi sobrino que la penetrara y aunque me miró sorprendido no tardó en obedecer.

    Lo hizo sin ningún tipo de miramiento y de un solo empellón, ella sintió como la llenaba por completo, empezó un mete y saca con tal furia, que ella loca de placer, no paraba de gemir.

    Debo confesar que eso me excitó a tal punto que me volví a correr, mi sobrino al darse cuenta acerco su cara hacia mi vagina, sin dejar de embestir a Laura, tomando con su lengua todos los líquidos calientes que salían de mi.

    Yo sin perder mucho tiempo al ver que mi sobrino estaba a punto de correrse, supliqué por su pene, que brilloso salió de la vagina de Laura, empecé a frotar su pene con mi mano y le chupaba la punta para excitarlo más.

    Movía mi mano más rápido, quería que acabará pronto. Él me avisó que estaba por venirse, yo lo saque mi boca y le dije que no se lo guardará más y que me lo diera ya.

    Cuando la excitación estaba al máximo y mi insaciable sobrino sintió que se iba a correr metió su verga a mi boca y me hizo tragar toda su leche caliente.

    Parte del semen cayó en mi cara y cuello, pero la mayoría cayó en mi boca. Seguí chupándole a verga hasta que me entregó todo el semen que tenía

    Todos caímos exhaustos y planeamos repetir aquella noche inolvidable.

    Al medio día estaba preparándome para salir cuando recibí un mensaje que decía “Hola linda, ¿estás libre hoy? Me gustaría verte”. Era mi sobrino, que me había prometido organizarme sexo grupal.

    A las pocas horas estaba en mi habitación esperando que lleguen los 5 hombres que había elegido mi sobrino para pasar esa noche en la que me había preparado para obtener el máximo placer sexual que haya podido imaginar jamás.

    Mientras esperaba me vestí y desvestí varias veces quedando como más me gusta, un corpiño de media tasa que eleva mi firme busto dejando mis pezones a la vista, un portaligas ligeramente por debajo de la cintura que sujeta por medio de sus finas tiras las medias de lycra que llegan hasta la mitad de mis muslos y unos zapatos de tacones bien altos, casi dieciocho centímetros, elevando mi estatura aún más y nada más. No llevo bragas en estas ocasiones. Todo el conjunto color negro.

    Cuando mi sobrino llego con sus amigos me encontraba sentada en un sillón, me levante a saludar a mi sobrino.

    “Vas a ser buena con nosotros ¿verdad?”, me dijo mientras pasaba su mano por mi culo.

    Sus manos estaban ocupadas tocando mi cuerpo, a lo que yo no oponía resistencia, estaba tremendamente excitada y esas caricias me excitaban aún más.

    Los cinco jóvenes tenían edades que iban entre los 18 y 22 años, aunque uno aparentaba menos.

    Estaba realmente excitada, entonces el resto de los jóvenes, que se habían desnudado, se acercó a nosotros y me rodearon, me excité, al verme rodeada de todos ellos, con sus penes en la mano y mirándome de una manera lujuriosa.

    Empecé a sentir innumerables manos sobre mi cuerpo, tocándome en todos los sitios, palpando, acariciando, apretando y hasta pellizcando. Tocaban mis pechos, mis pezones, mi culo, me mordían… También notaba de vez en cuando alguno de sus penes golpear o rozarse sobre mi piel. Sabía que me gustaba, mi excitación era otra vez enorme y tenía los muslos empapados.

    El chico más joven, el que aparentaba menos edad, puso su pene en mi boca y yo comencé a lamerlo y a chuparlo instintivamente, me gustaba muchísimo sentir aquella maravilla caliente y rígida en mis labios y en mi boca, se la chupaba con verdadera pasión mientras clavaba mis uñas en sus firmes glúteos.

    Estaba tan concentrada en eso que casi no note que alguien había metido sus dedos entre mis piernas y los movía dentro de mí, mientras notaba lenguas en mis pechos y sobre mi piel, no sabía ni de quien ni donde exactamente pero no me importaba ya.

    No dejaba de escucharlos decirme obscenidades.

    “Umm está madura está bien rica jeje”

    “Mira como le gusta chupar, parece una putita hambrienta”

    “Está chorreando la muy guarra”

    “Toma zorra, te gusta que te den caña eh”

    Estaba silenciosa, chupando mientras otros me chupaban a mí, hasta que noté que ya no se conformaban con tener sus dedos dentro de mí, y algo más grueso y caliente luchaba por entrar en mi vagina.

    Ya no solo era uno de ellos el que entraba en mí, se iban turnando para penetrarme, y sabía cuando iban a cambiar cuando dejaban mi vagina vacía un poco más de lo normal, hasta que otro pene duro y ardiente entraba en mí y me taladraba con desesperación. Mientras uno me penetraba, los demás esperaban tocándome y pasando sus penes mojados por mis jugos por mi cuerpo, y ahora incluso jugaban con sus dedos en mi ano, metiéndome un dedo al mismo ritmo que me penetraban.

    Sabía que no se iban a conformar con eso, y tardaron muy poco desde que cambiaron ese dedo por uno de sus penes.

    Dejé escapar un grito de placer y dolor cuando mi culo fue invadido por esa pija enhiesta que se abrió camino de una sola embestida.

    Al sentirla clavarse dentro de mí por completo gemí de excitación, ensartada por todos mis orificios, llena de fluidos, saliva, sudor

    Los orgasmos se sucedían en mí, uno detrás de otro, sintiendo cada una de sus diferentes pollas introducirse y follarme en cada uno de mis orificios, estaba mojada, agotada, desecha, de rodillas en el suelo, con todos ellos a mi alrededor, masturbándose encima de mí con sus penes hinchados, a punto de explotar.

    El placer que esos hombres me estaban otorgando era mucho mayor al que yo podría imaginarme, era dar y recibir gozo sin regateos.

    Me sentía tal una Diosa adorada por sus devotos, lamí, chupé, saboreé esas pijas erectas que se me brindaban tal una ofrenda.

    Empezaron a correrse sobre mi cara, notaba su semen escurrir por mi cara y mi cuerpo, chorros de semen que ardían en mi piel mientras resonaban sus gemidos apagados, me hicieron abrir la boca, tragarme parte de su esperma, el resto lo extendían con sus pollas sobre mi cara, estaba completamente cubierta y pringosa, con un olor fortísimo a semen y sexo.

    Me dejaron allí, sentada en el suelo, mojada, desnuda y cubierta de leche.

    Tenía una sensación difícil de explicar, entre satisfacción y humillación, entre deseo y excitación.

    Mi sobrino estaba sentado al borde de la cama, sonriéndome.

    Las palabras no eran necesarias, parecía que estábamos poniendo en práctica una obra muchas veces ensayada y la actuación había sido ejecutada a la perfección.

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  • Descubrí a mi hermana

    Descubrí a mi hermana

    Me llamo Andrés y tengo 18 años. Mi hermana Miranda tiene ya 26. Nuestras relaciones han sido siempre muy escasas por la diferencia de edad. Mis amigos me dicen que está buenísima: aunque no es demasiado alta, tiene un cuerpazo y es rubia de ojos azules. No nos parecemos mucho: yo soy moreno, bastante alto y de ojos castaños. Yo no soy como otros protagonistas de relatos de sexo entre hermanos. La miraba como hermana y nada más.

    Con quien me llevaba mejor era con su novio, con el que estaba desde los 20. Les falta poco para casarse, ahora que ambos tienen un buen trabajo. David es muy agradable y es una de las pocas personas que se paran a conversar conmigo.

    Una noche estábamos en un local bailando y bebiendo. Uno de mis amigos me dijo que había visto a mi hermana. Me pareció extraño, pues había oído que se marcharía el viernes a hacer turismo con unas amigas, pero entonces la vi. Estaba bailando con otro tío que no era David y vestía demasiado provocativa, con una minifalda muy ceñida y una camiseta de escote cuadrado que le dejaba fuera casi la mitad de sus pechos. Me molestó mucho verla con aquel tipo, pero tampoco sospeché nada. Era demasiado joven e ingenuo. Mis amigos querían seguir la juerga en otro local, pero yo me excusé para vigilar a mi hermana.

    En un momento dado, ella y el tipo, cogidos de la mano, se fueron. Yo les seguí y adiviné que se dirigían al piso donde van a vivir ella y David, así que me adelanté y entré en la casa con la llave que David me había dejado. Oí ruidos y supe que eran besos.

    Me escondí detrás de la cortina y cuando encendieron las luces me quedé de piedra. Mi hermana estaba sin la camiseta, siendo sobada por aquel tío y ella a su vez con la mano dentro de su bragueta. Ambos se quitaban la ropa y se decían las ganas que se tenían. Miranda estaba detrás de mí cuando él la bajó la mini. Tenía un tanga cuya línea apenas le tapaba la raja. ¡Menudo culo! Ya no pude más y me saqué la polla, que no es por nada, era más grande que la de aquel tipo.

    Miranda se arrodilló y le hizo una mamada de escándalo a Juan, que así se llamaba. Luego él la dio la vuelta y por fin la vi las tetas. Estaba a cuatro patas y le colgaban como una vaca. Pezones redondos y enrojecidos. Se bamboleaban al ritmo de las embestidas de aquel tipo. Mi hermana estaba con los ojos en blanco, gritando como una desesperada. Se corrió dentro de ella y luego se tumbaron en la cama y siguieron morreándose.

    Yo ya me había corrido en la mano. No sabía qué hacer con mi leche, pues no quería manchar nada, así que me lo tragué. ¡Puaj! Como seguían tan acaramelados, se me ocurrió llamar desde mi móvil al teléfono. Les pegué un susto horrible, pues nadie sabía que estaban. Les corté el rollo totalmente y él se fue, pese a que Miranda le decía que no se fuera, que bastaba con no coger el teléfono. Pero él conocía a David y sabía que con un empujón le podía destrozar y se fue con el rabo entre las piernas.

    Miranda se fue a bañarse y yo salí de mi escondrijo, con mi pito en su sitio. La esperé sentado en la cama, aunque tenía muchas ganas de ir al baño y meterme en la bañera con mi hermana. Me aguanté las ganas y valió la pena. Por fin apareció mi hermana. Tenía la toalla no demasiado bien ajustada, pero se la recompuso al verme:

    –¿Qué haces ahí?

    –¿Te parece bonito? Dentro de una semana te casas, joder.

    –¿Qué has visto?

    –Todo, porque estaba detrás de la cortina. ¿Por qué lo has hecho?

    –Mira, Andrés, eres demasiado joven y no comprenderías… Haz el favor de no decírselo a David…

    –¿No le quieres?

    -Sí le quiero, pero… Eres demasiado joven, no…

    –¡Cállate! O me lo explicas o le cuento todo a David.

    –Verás, David ha sido el único hombre en mi vida y quería conocer otras cosas antes de casarme con él. Ha sido pura curiosidad, no lo volveré a hacer…

    Se puso a llorar y ya me desarmó. Me acerqué a ella y la abracé. La dije que la comprendía, que ya no era un niño. Tenerla entre mis brazos me hizo acordarme de lo que había visto y se me empalmó. Ella lo notó y se mordió los labios. Estaba demasiado caliente como para reflexionar.

    -Me he hecho una paja descomunal viendo cómo te follaba aquel tipo.

    -¡Niño! Eso no se hace…

    Ese fue el último reproche de hermana, porque le quité de un tirón la toalla y me lancé a por ella, tirándola a la cama. La besaba en la boca y en el cuello y la manoseaba de arriba abajo, estaba buenísima, la muy cabrona. Ella intentaba zafarse y me recordaba que éramos hermanos, que no sabía lo que estaba haciendo, que estaba borracho…

    Para que se callase le morreaba los labios y le metía la lengua. Mis sobeteos parecían estar funcionando, pues ella gemía cada vez más. En una de estas me levanté y me quité la camisa. Luego me desabroché el pantalón y los bajé. Fuera el calzón rápidamente. Vi cómo la mirada de mi hermana se salía de sus órbitas.

    -Joder con mi hermanito. ¿Qué has comido?

    -Lo que tú te vas a comer ahora mismo. Eres una imbécil, si querías ración de polla sólo tenías que haberme llamado. ¡Chúpamela o le cuento lo puta que es su futura esposa!

    No tuve que repetírselo e inició una maravillosa mamada. ¡Mi hermana, una tía buenísima, con mi verga en su boquita! Aunque estaba disfrutando, la volví a empujar y la acosté en la cama y yo empecé a saborear sus néctares, sin dejar de sobarla las tetas. Me dijo que me diera la vuelta y empezamos un 69 increíble, pero yo necesitaba más.

    -Te la voy a meter hasta el fondo, hermanita mía.

    La agarré de las rodillas y me puse de pie. De un solo golpe se la metí en el chocho. Ella aulló y me insultó: “¿Estás gilipollas? Nunca había tenido nada tan grande dentro de mí”. No la contesté y empecé a mover el culo de atrás adelante y seguí diciéndole groserías como calla y disfruta, zorra, que te lo vas a pasar bien conmigo.

    ¡Y vaya si lo pasó bien conmigo! Y yo con ella. Aunque pactamos no volver a follar juntos, el deseo pudo más y siempre que podemos nos desfogamos mutuamente.

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  • Mi esposa y mi amigo

    Mi esposa y mi amigo

    Tengo 38 años y mi esposa 37. Mi mejor amigo está casado, y hace algún tiempo hacemos un asado las dos familias en casa y pasamos el día en la pileta. Con mi amigo la mejor, jugamos a que nuestras esposas se pongan una linda bikini y tenemos permiso mutuo de cada uno mirar a la mujer del otro. Mi mujer particularmente tiene un culo hermoso, de otro planeta, y mi amigo, Fernando, se le van los ojos siempre, y me encanta. La mujer de él también está buena, una rubia con pinta de puta.

    Esto que voy a confesar pasó de verdad la semana pasada. Estábamos Fernando y yo tomando unas cervezas en casa solos, mi esposa se había ido a visitar a la madre. A nosotros se nos pasó el tiempo rápido y ya estábamos algo borrachos. Luego de un rato más, mi mujer llega a casa, todo normal, nos saluda y se va a la habitación. Entro yo después de un rato, y le digo “amor, ponete una calza corta que te marque bien el culo y veni al comedor” ella no entendía nada, y me dice “estás loco, ni en pedo, vos estas re borracho”. “Te espero” le digo, y me voy con mi amigo.

    A los 10 minutos aparece mi mujer con una calza gris que le partía el orto en 2, hermosa. Hablamos boludeces, y mi amigo ya en un rato se tenía que ir, pasa al baño. Y yo no podía más de la calentura de morbosear la situación y le digo directamente a mi esposa “amor, por favor cuando salga chupale la pija, quiero sentarme a ver como se la chupas”. No me responde. Sale mi amigo del baño, y yo me había movido de lugar para que él se tenga que sentar en el sillón al lado de mi mujer.

    Empezamos a hacer chistes boludos, y en uno que hace mi amigo, ella se ríe por demás, y le golpea la pierna con la mano como riéndose, y le deja la mano en la pierna. Despacio la empieza a subir hasta acariciarle la pija. Mi amigo me mira sorprendido sin decir nada. Mi mujer me mira con su mejor cara de puta y me dice “¿esto querés ver?” Y yo lo digo si mi amor, quiero verte. Y le empieza a masajear la pija que ya estaba dura abajo del jogging. Mi mujer se para, mi amigo también, ella le baja el pantalón y el bóxer, lo sienta en el sillón, ella se arrodilla y le empieza a chupar la pija de una manera que nunca la había visto hacérmelo a mí, estaba disfrutando mucho de esa verga dura.

    Mi amigo gemía, y solo podía decir “mmm siii así, así chupala”. El pete habrá durado 5 minutos, y le acabó toda la leche en la cara. Mi mujer se levanta, se va al baño a limpiar, y mi amigo en ese momento aprovecha para irse a la casa, nos saludamos sin decir nada y chau.

    Todavía ninguno de los tres hemos vuelto a tocar el tema.

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  • Sexo en blanco y negro

    Sexo en blanco y negro

    Aquella tarde de aliento frío, adornada con un crisol de colores regalados por el sol en su huida tras las montañas, prometía ser tan anodina y solitaria como tantas tardes desde que él me dejó, sin avisar, dejando como único legado un corazón hecho añicos y un manantial de lágrimas que no dejaba de manar con su recuerdo.

    El susurro de las olas del mar parecía hablarme. Contaban su felicidad junto a ella, la escasa huella que dejaron mis besos en él, lo ilusa que fui imaginando una vida juntos. Pateando conchas abandonadas en la arena recorrí la playa, sin nada que pensar, escuchando el monólogo de las olas. Sobre la roca, la que tantas veces me vio amarlo, posé mi ansiedad, oliendo su cuerpo, esperando su regreso. Un hilo de lágrimas en mi mejilla me indicó que no volvería, que encontró otro cuerpo al que amar, otros labios que besar.

    Ensimismada y ausente, como la luz que ya se fue, me sentí sirena sobre la roca, oteando el horizonte marino, en espera de quien alguna vez ha de llegar. Sabía que todo era un cuento, como mi propia vida, llena de ilusiones. Contando hileras del humo azulado del cigarro que fumaba, lo vi parado frente a mí, su sombra proyectada por el haz de luz que, intermitente, lanzaba el faro que avisaba de la cercanía de la costa a las embarcaciones. Sus labios, rojos y gruesos, entreabiertos. Sus ojos fijos en mi figura. Sus manos ocultas en los bolsillos. Lentamente, levanté la mirada para posarla en la suya.

    -¿Qué quieres? -pregunté, sin apenas voz

    -Nada, solo contaba tus lágrimas -su acento latino me pareció dulce, de miel, quizá.

    -Son muchas, no las podrás contar todas -sonreí, aunque solo fue un gesto.

    -Tengo paciencia, ¿me dejas?

    -Estoy asustada.

    -Nunca hice daño a una dama -me miró intrigado y se marchó.

    Su silueta se alejaba haciéndose a cada paso más pequeña. Mis ojos lo seguían, ya solo era una sombra.

    -Estoy asustada -grité.

    Volvió sobre sus pasos, haciendo que mi corazón se agitara. Mis manos enloquecidas acercaron otro cigarro a mis labios. Me tendió su mano inmensa. La cogí como lo hacía con mi abuelo cuando era niña para levantarme del suelo tras la caída.

    -¿Por qué lloras? -preguntó, después de un rato caminando por la arena.

    -Las mujeres lloran -dije.

    -Los hombres también -respondió.

    Un pequeño bar, junto al paseo, una mesa orientada al mar calmado, como yo, fueron suficiente para verlo en plenitud. Hermoso, todo lo hermoso que un hombre puede llegar a ser. Su piel negra, su cuerpo esbelto y, por encima de todo, su mirada, cautivadora, elegante, me hipnotizaron por completo.

    Me contó su llegada a España, la inquietud de vivir en un lugar desconocido, su procedencia, su ilusión de prosperar como futbolista para retornar a su país con “plata” suficiente para construir una casa digna a sus padres. Sus palabras me parecieron sacadas de un cuento o, quizá, me introdujeron a mí en su cuento. Sacó mi risa, tanto tiempo olvidada, con su acento gracioso. Cenamos ligero, tomamos una copa y nos marchamos. Me atreví a cogerle de la mano. Caminamos largo rato hasta llegar a la entrada de mi casa.

    -Aquí vivo -le dije, aún atrapada por su embrujo.

    -¿Podré verte mañana? -preguntó expectante.

    -Lo estoy deseando -salió de mis labios sin apenas pensar en lo que decía.

    -Hasta mañana, muñeca -bajó la cabeza para besar mi mejilla.

    Un fuego abrasador se alojó en mi interior. Tiré de él hacia el interior y entramos en casa.

    -No quiero que te marches -le dije con autoridad.

    -No lo haré, si tú no quieres.

    Me abracé a él, buscando su boca, acariciando su musculosa espalda. Sorprendido, siguió mi juego. Saboreé sus labios, lamiéndolos, mordiéndolos, loca de deseo. Quise contemplar su cuerpo desnudo, musculoso, hermoso. Un pecho de animal, esculpido en mármol, coronado por dos pezones diminutos. Abdomen como dunas del desierto. Nalgas prietas, dando paso a unos muslos brillantes, formados a golpe de deporte.

    Un miembro que jamás pensé que hombre alguno podría lucir. Su visión inundó mis entrañas. Pegué su espalda a la pared, como poseída por mil demonios, me arrodillé ante él y comencé a besar su pene que ya andaba a plenitud. Mi lengua, en su recorrido, recogía el latir de sus venas, talladas en su tronco. Me estaba volviendo loca, se me antojaba que la vida se me iba por entre las piernas, en forma de jugos vaginales.

    Me desnudé, sin dejar de mirarlo, observando cada poro de su erizada piel. Mis muslos comenzaron a brillar, como el faro de la playa, inundados de líquidos. Mis pechos erguidos, mis pezones salían de la aureola, tensos. Mi sexo parecía cantar por los leves chasquidos que producían sus palpitaciones. Melodía de deseo. Tendido sobre la cama, su erecto pene sobrepasaba ampliamente su ombligo. Inmenso.

    La comisura de mis labios se tensaba hasta el límite cuando lo introducía en mi boca, que nunca llegó a tenerla en su totalidad. No pude más. Monté sobre él y dirigí su miembro a la entrada de mi vagina, que esperaba ansiosa. Su rojo glande arrancó mis gemidos cuando exploró por primera vez mi sexo. El delirio llegó con un movimiento de su cintura que alojó tan hermoso pene en mi interior. Mis ojos se nublaron, mi voz quedó muda y mi mente desapareció. No existió en el mundo nada más que su placentero pene. El mejor orgasmo que jamás sentí.

    Recuperé la cordura para invertir mi posición, dejando mi húmeda vagina sobre su boca y posicionando la mía sobre su brillante pene, que no perdía su poderoso vigor. El sabor de sus testículos me hizo desearlo de nuevo. Sorber su pene, impregnado de mis propios líquidos, fue el mejor de los placeres. Cuando su lengua lamió mi abierto y mojado sexo, una fuerte sacudida agitó mi cuerpo. Un largo dedo se introdujo en mi ano, mientras su lengua continuaba con su labor de masturbación deliciosa. Estaba entregada, sumida en el deseo de su potente pene. Salió de entre mis piernas para colocarse tras de mí.

    Creí que destrozaría mi ano, pero no me importó, arqueé mi espalda y se lo ofrecí, ansiosa. Cogió su miembro y lo paseó por los pliegues labiales de mi vagina, recogiendo en su glande todos los líquidos posibles, que servirían para facilitar la penetración anal, que resultó suave, deliciosa. Era un maestro. Comenzó haciendo círculos, presionando delicadamente sobre mi virginal ano. Pasaron muchos minutos de preparación, hasta conseguir relajar mi agujero. Recogía una y otra vez mis jugos.

    Cuando los músculos de mi culo estaban relajados, se abrieron como por arte de magia. Fue penetrándome hasta que creí que llegó a mi garganta. Sus manos en mi cintura acompañabna el balanceo. Mi cabeza sobre la cama y mi mano tocando mi clítoris. Sí que estaba en el paraíso. Cuando su pene latió más acelerado en mi interior, lo sacó de mi culito para alojarlo nuevamente en mi vagina que sintió como una descarga de semen caliente me llenó por completo, agradeciendo con intensos alaridos de animal su grato regalo.

    Temblando de placer, dejé caer mi cuerpo junto al suyo, saboreé unos momentos su leche y quedé profundamente dormida. La luz del amanecer y el sonido del agua cayendo sobre su cuerpo en el baño, me devolvieron a la realidad.

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  • Intercambio entre amigos

    Intercambio entre amigos

    Este relato es totalmente verídico, nos pusimos de acuerdo con mi esposa para contarlo con lujos de detalle ya que ella fue activa participante, ocurrió hace unos años con una pareja que es muy amiga nuestra en la actualidad, comenzaba la época de los locales y literatura de intercambio y con mi novia pensamos en probar algo distinto de lo acostumbrado ya que tomábamos el sexo con total normalidad siendo muy liberales y si ocurría algo seria normal que lo compartiéramos a gusto.

    Carlos y Leti nuestros amigos eran algo mayores que nosotros, Carlos algo excedido de peso era jovial y dispuesto a todo; Leti no era modelo, pero era llamativa con un cuerpo chico pero voluptuoso, sus maravillosas tetas y nalgas redondeadas eran la debilidad de mis ojos, mi querida esposa flaca bien proporcionada de piernas largas y bien torneadas siempre le tuvo ganas a Carlos, que me lo insinuaba de manera muy sutil.

    Surgió con estos amigos un paseo a la playa, después de una noche de salida con baile y mucho alcohol. En el camino se develaron secretos muy íntimos de los cuatros y quedo flotando en el ambiente que en la playa se venía algo de lo que deseábamos todos inconscientemente.

    Una hermosa y escondida playa solitaria, el ambiente, el calor y sobre todo las cervezas fue el disparador para que en el agua ya comenzaran los roces y las miradas de Carlos con María que estaba exquisita con una tanga diminuta casi transparente riéndose de los secretos que este le decía y yo con Leti que me pedía que la ayudase a nadar y a usar la tabla de surf no perdiendo oportunidad de sostenerla de su enorme par de tetas. Llego la hora de la comida y las divisiones de tarea, Leti y yo a buscar leña para el fuego a Carlos y María le correspondía la preparación de la comida.

    Al salir me lleve el prismático para divisar algo alejado, deje que Leti se adelantara observando su cuerpo sudado solo protegido con una musculosa donde sus tetas bailaban luchando por salir, seguía como hipnotizado, con la mirada en sus gotas de sudor que terminaban sobre la redondez de sus nalgas que la trasformaban en algo lujurioso y exquisito, al darse vuelta vio mis ojos clavados en su culo y mi incipiente erección me enfrento y mirándome a los ojos fue sincera y me dijo:

    –Quiero que me hagas gozar, tu lengua hace maravillas según tu novia por lo que me miras creo que mis tetas y mis nalgas son tu debilidad.

    Acto seguido se desprendió la parte de arriba quedando dos erectos pezones apuntándome pronto para chuparlos a gusto, lamí cuanto pude mis manos recorrieron cada parte de su cuerpo separe sus nalgas mis dedos recorrieron su vagina que se humedecía rápidamente y su ano que se dilataba con solo apoyarlo.

    Ella también era sabia con sus manos, se acostó sobre la tibia arena dejando su vagina para el deleite de mi boca, era hermoso mirar el color rosado de sus labios algo congestivos por el calor ambos terminaban en un botón bien erecto como sus pezones, brillaban por la humedad de su excitación, chupe su clítoris mordí sus labios y la penetre con la lengua y con mis dedos, notaba como cambiaba el gusto por los sucesivos orgasmos cada tanto colocaba mi lengua en su ano siendo un néctar difícil de explicar; de ella salían gemidos de placer y palabras indescifrables por el gozo.

    Cuando me coloque sobre sus piernas y mediante un susurro dijo:

    –Después tendrás tiempo para penetrarme ahora quiero que mis tetas te masturben lentamente.

    Me hizo la gran paja cubana jamás soñada sus manos dirigían maestramente sus tetas, la suave piel sudorosa golpeaba mis huevos y todo lo largo hasta llegar a la cabeza morada de tanto gozo, sabiendo que iba a eyacular abrió su boca y en segundos los chorros de leche terminaban sobre su boca, cara y cuello dejándolos que por gravedad fueran a parar en la arena, terminamos en un delicioso baño donde el agua limpio el sudor del encuentro. Salí antes que ella y por una corazonada enfoqué los prismáticos hacia el campamento no extrañando lo que ahí pasaba.

    Carlos apoyado sobre el la puerta de la camioneta besaba a María mientras la desnudaba lentamente colgando sus dos piezas en el espejo de la camioneta, la observo cubrió con sus manos ambas tetas disfruto de sus pezones puso ahora su mano derecha en la entrepierna de mi novia esta extendió su cabeza hacia atrás señal que la mano de Carlos hacia efecto; después fue María la que lucho para sacarle la bermuda, le costó logrando el cometido, la imagen del miembro de Carlos fue lo que me asombro era muy grueso y corto algo nunca por mi imaginado, creo que María también le pareció enorme porque quedo mirándolo como hipnotizada.

    Empezaron a besarse donde sus lenguas hacían todo el trabajo, Carlos volvía a jugar con las tetas y nalgas, María con ambas manos, para abarcar toda la circunferencia, pajeaba lentamente a su amigo subiendo y bajando lentamente ambas manos, realmente había un contraste entre el globuloso físico de Carlos y la delgada figura de María.

    Empezó a descender lambiendo su cuello, tetillas, se entretuvo en su ombligo de su abultado abdomen sin parar de pajearlo, se arrodillo y enfrento al enorme miembro, se lo metió de a poco en su boca lentamente se lo trago todo, sus labios chocaron con el pubis cuando se separó le vino una prolongada arcada y chorros de saliva salieron de su boca.

    Cuando iniciaba la segunda entrada en su boca comenzó a salir chorros de líquido espeso que baño su pelo y sobre todo su cara, algo le dijo a Carlos mientras se limpiaba sus ojos seguramente para increparlo, pero el con un abrazo y algo que le murmuro al oído la calmo y terminaron entre risas en un prolongado beso.

    Yo seguía sin bajar los prismáticos quizás con morbosidad, Leti me decía:

    –Me imagino que estas mirando, les paso lo mismo que a nosotros, Carlos a pesar que no me lo expresaba, estaba caliente con María con su forma de vestir o como le hablaba, estaba segura que cuando se diera la oportunidad no la iba a desaprovechar, también te diste cuenta de su punto débil cuando está muy caliente eyacula rápidamente y el fuerte es la gruesa verga que tiene que hace suspirar a cuanta mujer se enfrente.

    De vuelta al campamento ambas amigas se juntaron y hablaban animosamente entre sonrisas y asombro. Yo le explicaba a Carlos:

    –Casi ahogas a María con tanta leche menos mal que lo se la metiste porque iba a gritar con ese instrumento que dios te dio.

    –La que grito fue Leti con el trabajo de tu lengua, nunca la hice acabar como tú a ella, no te creas que esto termina acá me imagino que se está gestando la mejor parte –decía Carlos.

    Al terminar la comida rociada con abundante vino, el lugar solitario y las ganas que teníamos de seguir con el intercambio hicieron que Carlos tomara la iniciativa hablo con María y Leti, ambas mutuamente se desnudaron se acercaron a mí y mientras Leti me besaba llenando mi boca con su lengua, María agachada comenzaba una mamada increíble como era su especialidad.

    En un minuto eran las dos realizando la tarea: mi novia se dedicaba a la cabeza y Leti esparcía la saliva por todo el cuerpo hasta chasquear con su lengua ambos testículos, para completar ambas se besaban con sus lenguas sobre mi miembro gimiendo de placer, notaba como mi novia dudo varias veces, pero se decidió a tocar con su mano las tetas y los pezones de su amiga explorando después su cara y su lengua.

    –Siempre quise hacer un trío y probar lo excitante que es tocar a una mujer –murmuraba mi novia al oído de Leti.

    Lo que veía me excito aún más, pero me contuve para no parecerme a Carlos y no bañarlas con mi leche; Leti se acostó boca arriba sobre la colchoneta abriendo sus piernas me dirigió para la penetrara en ese momento María se colocó arriba de Leti para iniciar un delicioso “69” movía sus caderas para que su vagina fuera explorada en todos sus rincones por la terrible lengua de su amiga.

    –Quiero que te cojas a Leti para ver de cerca como tu miembro entra en ella –me decía María.

    –Ahora no solo te alcanza mirar como se cogen a mi novia tienes que lubricar la entrada y salida de tu novio –murmuraba Carlos al oído de María.

    Por lo que se agachó e hizo las maravillas en el clítoris de Leti que se retorcía de placer, pero igual no dejaba de lamber todo lo que María le ofrecía. En esta situación eyacule dentro de Leti y vaya sorpresa María sin ninguna inhibición limpio mi miembro hasta dejarlo pronto para otra faena, quede agotado con una cerveza en la mano para ser espectador de lo que vendría.

    Era la hora de actuar de Carlos y mi morbo no dejaba de pensar a quien le tocaría la enorme verga que tenía, fue claro que María era la elegida. Leti mientras se limpiaba de mi semen me decía:

    –María me conto que desde que la tuvo entre sus manos no para de pensar en la tranca de Carlos, no te preocupes yo la voy a ayudar.

    No habían pasado ni tres minutos que María se puso en acción, lo que quiso del primer momento, chupar la gruesa tranca de Carlos tras una eficiente y rápida mamada, Carlos quedo pronto la hizo poner con las rodillas y las palmas apoyadas en el piso.

    Sospechando lo que se le venía le dijo:

    –Ni se te ocurra probar esa enormidad en mi culo, solo está disponible mi conchita.

    Leti se agacho quedando su mejilla contra la nalga de mi novia, lubrico como María quería su vagina, pero insistió en su ano cada tanto Carlos le embocaba en la boca a su novia, era tan gruesa que costaba entrar solo lubricaba la hinchada cabeza pronta para profanar el culo de María, lo oriento y lentamente empujo, mientras Leti alentaba a María.

    –Es lo más lindo que ahí vas a tener varios orgasmos déjame lubricarte y jugar con tu conchita.

    Su novio la taladraba lentamente hasta que sus huevos golpearon contra sus nalgas. La cara de mi novia pasaba del asombro absoluto hasta el éxtasis supremo, gritando y gimiendo de tantos orgasmos; primero las embestidas fueron suaves luego se afirmó en sus caderas y fue algo rápido y certero cada poco Leti lubricaba la enorme cabeza de Carlos así no perdía la regularidad del movimiento, de pronto Carlos sudoroso y agotado empezó a decir que ya acababa terminando en un largo gemido.

    Yo ya con ver eso me masturbaba acabando cuando la abundante leche de Carlos salía por el valeroso culo de mi novia y era recibido por la lengua de Leti. El resto de la tarde pasó comentando lo sucedido programando nuevos encuentros que en verdad fueron muchos y muy gozosos, con ellos mismos y con otras parejas, esto nos hizo cambiar la forma de ver y sentir el sexo hasta el día de hoy que a pesar de los años lo seguimos practicando incansablemente.

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