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  • Profesora particular (7): Sorpresa en el despacho de Lucas

    Profesora particular (7): Sorpresa en el despacho de Lucas

    Desde que volvimos de las vacaciones he tenido unos meses muy tranquilos. Me costó un poco que Gustavo, mi novio, volviera a estar bien y feliz conmigo porque le sentó mal que estuviera tantos días fuera y poco pendiente de él. Pero a la segunda semana de recibir mis atenciones y cariño, ya le pasó el disgusto.

    Por suerte nunca se enteró de que esos días no le fui del todo fiel. Bueno, si leíste la serie de relatos “Profesora particular (6): Unos días de vacaciones” ya sabrás de lo que hablo. Realmente hice cosas y me hicieron que no me avergüenzan e incluso me excitan cuando las recuerdo, pero eso se quedó allí y no pienso repetirlas. Entiendo que son peligrosas en muchos sentidos, sobre todo si no quieres que tu pareja se enfade o que según que gente, de mente cerrada, pueda dejar de respetarte.

    No seguí dando clases a Fernando. Sus buenas notas en el curso pasado justificaban que no necesitara ayuda. Aunque Manuel insistió en que podía seguir dándole clases a él de vez en cuando, le dije que no, que era muy arriesgado, siendo como es él un hombre casado y yo una chica con novio. Eso sí, nos vimos un par de veces con Fernando. Un día fuimos a desayunar juntos y otro, hace poco, a pasear por el parque. Debo confesar que yo me insinué un poco, pero él no se enteró o hizo ver que no se daba cuenta. No sé si el hecho que yo tenga novio le pesa demasiado o, quizá, me encuentra demasiado mayor para él.

    Aunque nos llevamos menos de tres años de diferencia. Él tiene veintiún años y yo veinticuatro. No quiero ni pensar que se haya enterado de lo que hice con su padre o con su hermano o con sus primos… bueno, con tantos otros y que piense que soy una guarra. Solo conseguí un abrazo y dos besos en la mejilla al despedirnos. Pero bueno, estoy muy bien con mi novio Gustavo. Y él encantado conmigo.

    Otra novedad en mi vida es que estoy estudiando un máster. No te aburriré con detalles, solo debes saber que lo encuentro interesante y que, de momento, estoy sacando muy buenas notas. No quiero parecer vanidosa, pero no te miento si te digo que soy la mejor de la clase, con diferencia. Y sin duda la más guapa y sexy.

    -Oye, Esther, ayer encontré a Lucas y a Juani, por casualidad, y me dijeron que les iría muy bien si pudieras dar clases particulares a sus hijos. Que aunque siempre habían ido bien en los estudios, ahora están suspendiendo varias asignaturas. Y que los niños les han dicho que contigo de profesora, seguro que les haría mejorar. Que saben que enseñas muy bien.

    -¿A sí? –me sonrojo– Bueno, no creo que… o sea… este año, como estudio el máster…

    -Pero hija, tienes tiempo, solo vas por las mañanas a la universidad, y tan solo de lunes a jueves…

    -Ya, sí, quizá podría, mamá, pero… no me apetece, la verdad.

    -El año pasado hiciste maravillas con Fernando.

    -Ya, sí, le fue muy bien, pero…

    -Les harías un gran favor. Ya sabes que Juani y Lucas son unos de nuestros mejores amigos.

    -No, no creo que les vaya a dar clases.

    -Tú misma. Aunque me sabe mal.

    -No te lo tomes así, mamá.

    En realidad, me habría gustado dar clases a Jorge y a Angelito. Siempre han sido muy amables y cariñosos conmigo. Pero no quiero saber nada con su padre Lucas. Es antipático y maleducado. Y no me extrañaría que quisiera que fuera a su casa para que esté con él. Pero no, nunca más.

    -Esther, ha llamado Lucas y me ha dicho que quiere hablar contigo. Que entiende que estés ocupada y eso, pero que tiene una propuesta que seguro te va a interesar.

    -No, no creo, dile que no tengo tiempo, papá.

    -Bueno, en realidad, hemos quedado en que mañana, que es viernes y no tienes clase, te encontrarás con él en su despacho, en la empresa de su propiedad, a las diez de la mañana.

    -¡Pero papá…!

    -No pasa nada, tú vas y si ves que no te interesa, pues le dices que no y ya está.

    -Me molesta que le hayas dicho que iría. Es que no me cae bien, no sé.

    -¡No digas tonterías! Son muy buenos amigos, Esther. Y es para dar clase a sus hijos, no a él ¡je, je, je!

    Para no hacer enfadar a mis padres y para que no piensen mal (y acertarían), voy a verme con Lucas. Su secretaria me hace pasar después de esperar casi media hora. Nada más entrar, le suelto:

    -Lucas, ya te digo que no, que no me interesa, que no…

    -Buenos días, Esther.

    -Buenos días, no voy a…

    -Espera, espera, tranquila.

    -Es que no quiero nada contigo.

    -Lo entiendo, hija. A ver, reconozco que, bueno, quizá me pasé un poco.

    -Fuiste maleducado y nada respetuoso. Me trataste como a una…

    -Bueno, a ver, debes entender que si una chica…

    -No, déjate de machismos y de prejuicios. Me voy.

    -Espera un momento.

    -Solo vine por no hacer enfadar a mis padres. Y por respeto a tu esposa.

    -Verás como te interesa lo que te voy a decir.

    -No, no creo. –me levanto para irme.

    -Señorita Mimí, por favor, haga pasar al señor Garboz.

    -¿Garboz? Ese nombre me suena.

    -Hola, Esther.

    -¿Nos conocemos?

    -Sí, aunque así vestido, quizá tú no me recuerdes.

    -Oh ¡el caballero amable de la playa!

    -Sí ¡y tú, la chica más guapa!

    -Joaquín ¡siempre tan educado! ¿Pero qué hace usted aquí?

    -Esther, este caballero ha venido y me ha contado lo que hiciste con mi sobrino en el agua. Y además me ha enseñado el video. Y muchas fotos en qué lo enseñas todo a la cámara.

    -¡Oh, qué vergüenza! Pero eso no es cosa tuya, Lucas.

    -En eso te equivocas ¿verdad, señor Garboz?

    -Sí, Esther, en realidad sí es cosa tuya.

    -El señor Garboz me vino a ver hace unos días, pensando que era tu padre al vernos juntos en la playa, y quiso chantajearme.

    -¡Oh! ¡Señor Garboz!

    -Bueno, yo no lo diría así. Simplemente, se trata de un negocio.

    -El señor Garboz me dijo que publicaría en las redes el video y las fotos si yo, pensando que era tu padre, no le daba una importante cantidad de dinero.

    -Señor Joaquín ¡pero si usted es un hombre educado y caballeroso!

    -Sí, cierto, pero también sé que tienes novio y que tu familia no querría que se supiera que…

    -Por suerte, el señor Garboz vino a mí y no a tu padre, que habría tenido un gran disgusto.

    -Sí, pobre, eso es cierto.

    -Y no te preocupes, ahora yo tengo copia del video y de las fotos y nunca las verán tus padres ni tu novio.

    -¡Gracias, Lucas! He estado muy equivocada contigo. Me sabe mal, perdona. Y también con usted, Joaquín. Yo que pensaba que usted era todo un caballero.

    -Y lo soy, Esther. Pero eso no quita que, si veo a una chica que no se comporta como una señorita, yo…

    -Sí, a veces, esta niña se comporta como una fresca. ¿Verdad, Esther?

    -No, bueno… o sea…

    -Tranquila, aquí está Lucas para solucionarlo. Mira, ya he ingresado la gran cantidad de dinero que este caballero me pidió por su silencio.

    -Gracias, Lucas, de verdad.

    -Bueno, hija, pero para cerrar el trato, el señor Garboz puso una última condición.

    -Sí, en realidad, esta me interesa más que la otra.

    -Y esa depende de ti, Esther.

    -Bueno, tengo bastante dinero ahorrado, eso no será un problema. ¿Cuánto más pide?

    -No se trata de dinero. Me gustas mucho, niña. He tenido suerte que Lucas no fuera tu padre, porque no me habría atrevido a ponerle esta condición: debes hacer un striptease.

    -Ya, de caballero nada, qué equivocada estaba con usted. Pero bueno, vale, al fin y al cabo, usted ya me lo vio todo en la playa.

    -Y me gustó todo lo que vi de ti. Y después del striptease, deberás hacer todo lo que te pida, al menos durante una hora.

    -No, eso ya no ¡de ninguna manera!

    -No te pediré nada raro ni violento. De verdad.

    -Es que tengo novio y yo… no… o sea…

    -A ver, hija -dice Lucas-que nos conocemos y a ti nunca te ha importado… ¡Incluso con mis niños!

    -Bueno, no se hable más. Me voy a ir. Esther, vienes el domingo a las cinco de la tarde a esta dirección. Ponte guapa para el striptease. Y para lo demás.

    -¿Y si no voy?

    -Te conviene venir. Y nadie más verá el vídeo ni las fotos. Y podrás estar tranquila y feliz con tu novio. Y tus papás no se van a enterar nunca.

    -Es que precisamente el domingo tenemos entradas para ir a ver una obra de teatro con Gustavo y…

    -Busca cualquier excusa y ven a las cinco. Y muy sexy. Adiós.

    -Adiós, señor Garboz.

    -Adiós, niña.

    -Lucas, de verdad, gracias por tu ayuda.

    -Soy una buena persona y un buen amigo de tus padres. Además, te vi crecer desde muy niña. Supongo que ahora, sabiendo lo que he hecho por ti, sí vas a venir a dar clase a mis niños, ¿no?

    -Sí, sí, por supuesto. Un par de veces a la semana, ¿verdad?

    -Dos días, sí. Bueno, y también harás algo por mí, ¿no? Este asunto me ha costado mucho dinero.

    -Y te lo agradezco.

    -Pero no quiero solo tu agradecimiento de palabra.

    -Quizá te podría dar una parte del dinero con mis ahorros.

    -No es eso, no. Simplemente, quiero que seas amable y cariñosa conmigo.

    -¿Es que acaso no lo soy?

    -Vamos a comprobarlo. Señorita Mimí, por favor, que no me moleste nadie durante toda la mañana. Y tú, ven, acércate.

    -Lucas, pero…

    -Solo un abrazo de agradecimiento. Y un beso -me acerca a su cuerpo, me aprieta contra él y me besa en los labios.

    -Vale, ya está –intento apartarme.

    -No, no, eso es solo el comienzo. El comienzo de nuestra relación. A ver, sabes que me encantas. Me gusta que seas tan exhibicionista y tan guarra.

    -Lucas ¡te exijo un respeto!

    -Sí, te voy a respetar como lo que eres. Como lo que muestran esas fotos y ese video. Que ahora tengo y no lo mostraré a nadie siempre que te portes bien conmigo. Que seas una conejita sexy, cariñosa y cerda conmigo.

    -No, Lucas, ya sabes que yo no… contigo… no… o sea…

    -Sí, conmigo, sí. Para empezar, ven.

    -¡Me voy a ir!

    -Tú misma, pero antes de que llegues a casa, tus padres y tu novio ya habrán recibido las fotos y el vídeo y verán lo puerca que eres. –toma el móvil y hace el gesto de enviar las imágenes.

    -¡No, no! ¡Eres un cabrón! Vale, va ¿qué quieres?

    -De momento, quítate esta bonita camiseta blanca, que quiero ver qué sostén llevas.

    -Vale, ya está.

    -Me gusta, te hace un pecho magnífico. Pero, a partir de ahora, siempre que vayas a estar conmigo, ponte un sostén más sexy, más de fantasía.

    -¿Qué dices? Yo no voy a estar más contigo.

    -Y cuando vayas a dar clase a mis hijos, ve siempre sin sostén.

    -Vale, va ¿Ya está?

    -¡Pero qué dices! Ahora, quítate los pantalones apretados que te hacen el culo tan irresistible. Date la vuelta, que te lo quiero ver bien. Sí, sí, así. Estas braguitas me gustan, pero cuando nos veamos, ven siempre con tanga, un hilillo y poco más. Ah, y cuando vayas a dar clase a los niños, ve siempre sin bragas. Y con una faldita muy, muy corta.

    -Lucas ¡eres un guarro!

    -¡Mira quien fue a hablar! La más puerca que conozco. Pero me gustas mucho así. Como eres. A ver, de momento déjate el sostén puesto.

    -Pues claro. Y me voy a vestir ya.

    -No, no, espera. Date la vuelta e inclínate, pon los codos en el sofá. Levanta más el culo. Sí, así ¡buena chica! ¡Fantástico! Ahora, quítate las braguitas, de manera muy sexy. Oh ¡bien! ¡Irresistible!

    -No me hagas una foto ¡Lucas! –me tapo el ano con la mano.

    -Una, no ¡todas las que quiera! Así, cuando no esté contigo, me podré pajear mirándolas. Y, además, si no te portas bien conmigo, se las haré llegar a tus padres y a tu novio.

    -No, eso nunca. ¡Seré buena contigo! –aparto la mano y le enseño el ano y el sexo.

    -Así me gusta. A ver, con los dedos ábrete el agujerito trasero para que te haga unas fotos. Sí, sí, muy bien. Que rosadito. Me estás poniendo a cien, ¡puta!

    Se abalanza sobre mí, me arranca el sostén y quedo completamente desnuda. Me agarra los pechos y me los masajea, con fuerza, como si me los ordeñara. Me los chupa, ahora uno, ahora el otro, y siento una mezcla de dolor y placer.

    -Esther, sabes que soy buena persona. Pero sé que te encanta comportarte como una guarra. Así que, pídeme por favor que te folle.

    -No, no, eso sí que no.

    -Espera que tome el móvil y te grabe en vídeo. No quiero ningún problema y así tendré una prueba que me das consentimiento. Mejor que eso, que me suplicas que te folle.

    -Lucas, me voy a ir –tomo mis braguitas y mi sostén.

    -Vale, adiós. A ver qué opina tu novio de las fotos en la playa y las que te he tomado yo ahora en pompa ofreciéndome el culo.

    -Lo hice solo porque tú… -sollozo.

    -Tranquila, hija. A ver, no quiero dar ningún disgusto a tus padres, de verdad. Mira, deja que te folle y verás que te gusta.

    -No, por favor. Si acaso, te masturbo. Y te puedes correr en la parte de mi cuerpo que desees. Pero sin más fotos ni videos ni nada.

    -Las condiciones las pongo yo. Eso de correrme encima de ti, sí, pero más tarde. A ver, Esther, empiezo a grabarte y espero que digas algo que me satisfaga. Y aparta las manos y que se vean bien tus tetas y tu coño. Sí, así, vale, buena chica. Ya.

    -Lucas, yo… o sea… deseo hacerte una paja.

    -No, no, tienes que ser más mimosa y convincente. Y ya te digo, nada de solo pajas. Grabo.

    -Lucas, mira mis tetas, todas para ti –las tomo y se las ofrezco ante la cámara-puedes acariciarlas y mamarlas y luego correrte encima de ellas.

    -Vale eso está mejor. Sí, te chuparé las tetas y te las llenaré de mi semen. Pero antes, ofréceme algo más. Sabes que me encantaría probar tu culo. Por lo que sé, es muy sabroso.

    -Lucas, papi, mira mi culo sonrosado, todo para ti –me pongo en pompa ante la cámara –me encantaría que me encularas con tu enorme polla. ¿Sí?

    -¡Sí, sí, por fin te voy a dar porculo!

    Deja el móvil que siga grabando, se baja el pantalón y los calzoncillos y, sin ningún miramiento, me agarra las tetas y me penetra el ano con fuerza, metiéndome su pene hasta el fondo de golpe para empezar un mete-y-saca que, aun sin yo quererlo, me provoca tanto placer que no puedo evitar correrme varias veces. Él sigue y sigue fallándome el culo y me llama de todo. Temo que puedan oírle desde fuera de su despacho, pero eso no impide que yo siga teniendo orgasmos.

    -¡Sabía que te gustaría, cerda, sabía que deseabas que te diera por culo, guarra, hum! –parece que me vaya a arrancar los pechos y que me vaya a partir en dos por la fuerza con que me encula –¡ay, ya, ya, oh, te voy a llenar el culo, puerca!

    -¡Sí, sí, papi! –oigo que digo eso y me avergüenza– ¡por favor, papi, dame tu leche caliente!

    -¡Toda, toda mi lefa, marrana, puta, ah, oh, cuánto placer, oh!

    Su semen abundante e hirviente hace que me muera en varios orgasmos hasta que él, al cabo de unos minutos, saca su pija de mi ano.

    -A ver, sí, je, je, todo se ha grabado a la perfección. Pero no te preocupes. Mientras me vayas ofreciendo tu culo, no debes temer que le enseñe a nadie las imágenes. Ya veo que te ha gustado. No sí, eres una guarra de cuidado. Pero te has portado bien, cerdita. Ve a lavarte en el cuarto de baño privado que tengo aquí en el despacho. Te los has ganado.

    -Sí, papi, me has dejado el culo rebosando.

    -Es que deseaba mucho follártelo, desde hace tiempo.

    -¿Y te ha gustado?

    -Me ha encantado. Ya espero la próxima vez.

    -No, Lucas, no. Ya está. Me has tenido como deseabas.

    -Ya te digo, hija, las condiciones las pongo yo. No creo que a tu novio le gustase mucho ver cómo me pides que te de porculo ni como te corres mientras te ordeño y te enculo.

    -No, no. De verdad que eres…

    -Va, ve a lavarte, que pareces una cochina.

    Me meto en la bañera, me ducho y me enjabono bien. Entonces entra Lucas y exclama:

    -Me estoy meando, hija. Espero que no te importe que…

    -Pero no puedes esperar a que yo… eh, pero. ¿Qué haces? ¡Lucas!

    El muy cabrón apunta su pene hacia mí y me mea, apuntando sobre todo a mis tetas, a mi cara, a mi culo y a mi sexo. Nunca me había sentido tan humillada y tan avergonzada. Pero, aun así, me da cierto morbo. No puedo evitar excitarme.

    -¡A que te gusta, puerca!

    -¡No, no!

    -Venga, ponte en cuclillas y limpia mi polla con tu lengua. Espera que te grabo. Sí, muy bien, venga, relámete ante la cámara, que se vea que te gusta. Me estás poniendo a cien, cerda. Va, chúpamela, guarra, sí, así, así ¡oh, ah, guarra!

    Vuelve a agarrarme las tetas y me las masajea con fuerza mientras le hago una buena mamada. Vuelvo a estar cachonda y me sorprendo al pedirle que me toque el clítoris y él no se hace de rogar y acompaña sus caricias con varios dedos en mi culo hasta que me corro y le lanzo tanto esquirt que le dejo empapado.

    -Eres una cerda, parece que te hayas meado encima de mí, guarra. ¡Toma, toma, bébete mi leche caliente! ¡Ah, uh, hum! ¡Toma, toma!

    -¡Sí, sí, papi, qué sabrosa, oh, ah! –sigo corriéndome y eyaculando encima de mi amante.

    Al cabo de un buen rato, Lucas está satisfecho y contento.

    -No, no te laves, no. Quiero que salgas así, meada y rezumando de tus jugos y de los míos.

    -Pero… ¡Lucas! Deja que por lo menos me duche ni que sea solo con agua.

    -No, no. Me complace que huelas a mi semen y a mi orina. Y a tus abundantes ambrosías. Esther, que sepas que te mandaré una buena cantidad de dinero.

    -No, Lucas, de verdad que no lo necesito.

    -Ya, ya lo sé, pero te has portado muy bien conmigo. Y me gusta pagar a mis putas.

    -Pero yo no… o sea… tú sabes que yo no…

    -Sí, para mí eres una putita, mi putita. Y me encanta que sea así.

    -¡Lucas, eres un cabrón!

    -Puedes vestirte e irte, putita. Ya te mandaré el dinero. Verás que soy generoso. Te lo has ganado. Ah, y también te diré los días que vendrás a dar clase a mis hijos y cuándo estarás conmigo.

    -¡Qué remedio! Vale, ya me dirás.

    -Ah, no, no, las bragas y el sostén, no. Me los quedo yo. Para acariciarlos y olerlos y lamerlos mientras me masturbo mirando tus fotos y videos.

    -Pero Lucas, es que esta blusita sin sostén…

    -Sí, ya sé. Se te marcan mucho los pechos. Que se vea que eres una guarrita exhibicionista.

    -¡Por lo menos las bragas!

    -No, no, a ver… ponte los pantaloncitos… sí, sí, así, sin bragas, que se te marquen bien los labios. Oh, y además los estás mojando ¡ja, ja, ja! ¡Qué guarra!

    -De verdad, Lucas, que eres un…

    -¡Va, calla, calla, Esther, que mira que has disfrutado!

    -Sí, eso no lo puedo negar. ¡Adiós, papi! –le doy un besito en la mejilla.

    -¡Adiós, hija! Da recuerdos a tus padres y a tu novio el cornudo ¡ja, ja, ja!

    -¡Eres lo peor!

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  • Enculada como regalo de Reyes Magos

    Enculada como regalo de Reyes Magos

    Estando en a Madrid y a un mes de regresar a Buenos Aires, me contacté con Natalia (32 años) a través de Internet. Por las fotos que me mostró se la veía de cabello largo y abundante, castaño, y físicamente, creo que la palabra correcta seria “sabrosa”, no era una barbie-cintura cocacola, pero si de curvas generosas y su cara expresaba pasión y su piel tenía un brillo especial. Tuvimos buena comunicación desde el principio, cateamos algunas veces, chuzeándonos a veces con algo de seducción cada tanto, lo cual nunca lo tuve muy en cuenta dado que en este medio, el chat, es muy común que se seduzca a alguien solo por el hecho de hacerlo.

    En alguno de esos chat me envió unas fotos muy sexy (se las había tomado un novio) donde se la veía siempre con una enorme sonrisa. En una de ellas se encontraba de rodillas en la cama con el cuerpo erguido y con los brazos elevados y las manos sobre sus tetas.

    En ese mismo momento le comenté que se me había pasado por la cabeza una fantasía, de verla así, pero con los brazos más elevados y atados en algún lugar de mas altura. Con lo que nos reímos y jugamos nuevamente con algo de seducción.

    Habíamos tomado algo de confianza contándonos algunas cosas privadas, por mi parte que me gustaba la mujer atrevida, osada y pulcra, pero sin perfumes dado que me encantaba poder oler el perfume natural de su cuerpo. Nos pasamos números de teléfono y direcciones para conocernos personalmente a mi llegada. Yo le comenté que llegaría el 6 de enero y que, aunque llegaría con poco dinero, ella, igual tendría su regalo de reyes, jejeje, que fuese preparando la lencería,  respondiéndome ella que encontraría algo para regalarme a mí, esto no lo tomé muy en cuenta, por lo que ya comenté antes.

    Ya en Buenos Aires, muy temprano y saliendo del aeropuerto recibí en mi móvil su llamada saludándome y preguntándome si podríamos encontrarnos ese día. Respondiéndole que sí, que hacia la noche sería posible y luego de esa mi respuesta, ella riéndose dijo que descansara bien porque me había llamado para reclamar su regalo de reyes y darme el mío. Reí también y volví a no tomarlo muy en cuenta. Quedamos que la pasaría a buscar por su casa a las 22 h exactas. Me pidió que por las dudas la llamara apenas yo salga de mi domicilio.

    Descansé unas buenas horas, me preparé para salir y la llamé para avisarle.

    Al llegar me abrió el portal Alejandra, su amiga, hablamos dos minutos, me dijo que había venido a ayudar a Nati, que ella ya se iba y que la entrada del departamento estaba abierta y que Nati ya estaría lista.

    Entré, era un piso enorme, la sala principal estaba iluminada, había dos puertas más cerradas y otra entreabierta sin iluminación de la cual colgaba una pegatina que indicaba 2Reyes Magos por aquí”.

    Abrí más la puerta, encendí una luz tenue y sorpresa menuda que me llevé, amigos. Allí estaba Nat, arrodillada sobre la cama imperial, con las muñecas atadas a la parte superior del techo de la cama, vestida solo con una seda traslucida que permitía ver a la perfección su vulva y sus pezones.

    Su pregunta -¿te gusta? se confundió con mi expectación. En lo tenue de la iluminación resaltaban sus gruesos labios y la característica sonrisa de las fotos. Debo haber estado tieso unos minutos observando, solo pude decir algo que ya le había dicho en los chats “quiero morderte toda”, mientras sentía el calor característico en mis hombros y brazos, sumado al cosquilleo en mis huevos agrandándose y dilatando la piel de su bolsa.

    Dentro de mi quietud momentánea pude esbozar “promesas de reyes son deudas”, con lo que salí de la sorpresa. Me acerqué a ella para acariciar entera y lentamente todo su cuerpo, aun tibio por la incertidumbre propia del “primer contacto”.

    Comencé a lamer milímetro a milímetro su cuerpo, comenzando desde sus pies, ascendiendo por sus muslos, su piel respondía a mí estimulo abriendo sus poros al paso de mi legua. Continué hacia arriba, saboreando sus nalgas, su cadera y cintura, rotando lento alrededor de ella, mostrando la calidez de mi lengua esta vez por encima de su delgadísima seda, explorando su abdomen y su espalda y latigueando mi lengua en sus pezones subiendo por sus tetas, sus hombros y luego su cuello mordisqueando el lóbulo de sus orejas y también su cuello en la base de su cabello, como le había antes amenazado. No habiendo dejado milímetro sin recorrer, deleitándome con su delicioso sabor de su piel y su aroma a sexo.

    Mi temperatura corporal no dejaba de subir… Nat me acompañaba mostrándome en su piel que su cuerpo se calentaba al ritmo que crecía nuestra excitación.

    Si alejarme demasiado de ella, para no privarnos del calor corporal, quité mis ropas quedándome solo el bóxer puesto. Volviendo a colocarme por delante de ella, acercando a su cara mi creciente bulto cubierto por el algodón del bóxer… La destreza de sus labios y dientes le permitió bajármelos lo suficiente para deleitarse con mi caliente fruta, lamiéndomelo breve por debajo y capturándolo con sus labios.

    Con muy sutiles mordisqueos en el glande, breves lamidas e intermitentes movimientos de su cabeza hacia los lados, me hacía sentir el intenso calor y humedad de sus labios, las sensaciones eran exquisitas.

    Me aferré a su cabello para disfrutar de su temperamental mamada y brindarle enteramente mi golosina para su deleite. Sus labios incandescentes (figurativamente, capaces de quitarle la piel a cualquier polla) recorrían mi falo una y otra vez. Su mirada de picardía y placer me confirmaba su gustosa satisfacción y su convencimiento de saberse orgullosamente morbosa y eficiente.

    Agachándome un poco y lo suficiente para no quitarle su chupete de carne, desabroché los dos botones de su transparente seda para liberar sus tetas al calor de mi cuerpo. Dirigí mis manos a ellas acariciándolas y recorriéndolas por debajo y hacia delante; masajeando sus pezones con los dedos.

    Nat irradiaba calor, química y satisfacción… ¡yo ni les cuento!

    Mi nabo estaba en su esplendor ocupando su boca; su vulva mostraba el brillo delatador de su humedad y su ininterrumpida excitación. De continuar así un minuto mas todo se terminaría allí, bañando su boca de leche y dejándola a ella a mitad de camino.

    Quitándole su golosina de la boca, Le dije que “ahora vamos a realizar parte de mi fantasía”. Ella se mostró gustosa y expectante, sus ojos brillaban de morbo.

    Nat continuaba arrodillada al borde de la cama, lo que me permitió acomodarme mas abajo y deleitarme y deleitarla, chupando y mordisqueando sus deliciosas tetas, pudiendo ver que ya en estos momentos mis mordisqueos “mas duros” en sus pezones le producían mayor placer. Mis dedos acariciaban y exploraban su húmeda vulva descubriendo sus cálidos jugos.

    Me dijo que le encantaban mis mordidas y que las había estado esperando desde que se lo había mencionado. No la privé de tal sensación y la mordí acrecentando la presión en sus rígidos pezones, apareciendo algo aislados los primeros jadeos; por lo que me dirigí directamente a su coño, lamiéndolo primero por alrededor de sus gruesos labios externos y altercando con leves lengüeteos sobre su clítoris, el que rápidamente salió de su escondite. Sabía perfectamente que atada como estaba el castigo lingual sobre su coño la haría correrse indefectiblemente.

    No perdí tiempo y acercando sus piernas mas al borde de la cama, le brindé una intensa lamida, explorándola dentro de su mojadísimo coño con mi lengua, sin dejar de estimular también su clítoris con mis dedos.

    Su cuerpo se llenó de vibraciones, pidiéndome varias veces que la penetrara, pero ese gusto se lo daría mas tarde. Chupé y lamí su carnoso tajo; llegaron los jadeos pronunciados, los temblores y sus voces de ¡Cabrón!, ¡cabrón!, ¡Hijo de puta , metemela! a lo que respondí diciéndole ¡goza así! mójame la cara con tu flujo. Nat presionó su coño contra mi boca, sus repetidos gemidos llegaron con el consiguiente aumento de densidad de su jugo vaginal y los jadeos propios de un abrupto orgasmo.

    Repitió nuevamente “ahora metemela… metemela adentro”. Me abracé a ella dejándola descansar y que su respiración volviera a la normalidad… hablamos un poco sobre lo bien que había “acabado” y reclamándome ella que aún “debía metérsela”.

    Unos minutos mas tarde me coloqué por detrás de ella apoyándole el nabo en su cuello, Nat torcía su cabeza hacia el costado para atraparlo y recibir y absorber todo su calor. Me dijo lo mucho que le gustaba su excitación y la que ella me provocaba; cada tanto giraba su cabeza moviéndola hacia atrás y me daba fuertes lengüetazos por debajo de mi garrote, haciéndome sentir los bruscos bombeos de mi sangre.

    Jugué con mi nabo fregándoselo por la espalda, agachándome un poco hasta llegar a sus nalgas, haciendo varios círculos alrededor de sus glúteos. Nat fue encorvando su espalda hacia atrás, levantando al mismo tiempo su culo y sus tetas, mostrando su deseo de ser penetrada. Bajé mi nabo lentamente por la raja de su culo, siguiendo hasta su almeja una y otra vez fregando ambas zonas. Deteniéndome varias veces también en su agujero posterior, haciendo un poco de presión en él, enterándola de mis intenciones de dilatarle el pequeño agujero.

    Nat endurecía cada vez mas su cuerpo apoyando su nuca en mi hombro buscando mi boca con la suya. Nuestras lenguas hicieron un morboso juego… Mis manos fueron nuevamente a sus tetas con mucha mas firmeza que antes, para darles mejor tratamiento, sobándoselas por debajo y estirándoselas hacia delante, pellizcando y alargando sus duros pezones. Me ayude con una de mis manos en mi nabo a hacerle pequeñas penetraciones en coño y ano, aumentando poco a poco la cantidad de centímetros de nabo, que le introducía en ambos orificios… mas vigorosamente por el coño y más suave pero más profundo en su creciente y cada vez más dilatado agujero trasero.

    Continué abrazándole con uno de mis brazos, fuerte sobre sus tetas, metiéndole los dedos índice y mayor en su culo y bombeándole repetidamente mi falo en el coño; logrando que en cada embestida hacia atrás de su cuerpo, mis dedos se metieran mas y más adentro de su estirado y ablandado esfínter. Ella se acopló perfectamente a mis movimientos.

    Ambos jadeábamos de placer. Sin dejar mi abrazo, fui metiéndosela nuevamente por el culo, ayudándome ella con movimientos de su cadera hasta que tuvo mi nabo totalmente metido adentro.

    Mi mano libre fue directamente dentro de su coño, dejando el pulgar fuera para estimular de nuevo su clítoris. Rápidamente Nat se movía frenética clavándose mi duro y venoso nabo, mas y más rápido.

    Para ambos, cada vez que el anillo central de mi polla dilataba su morboso agujero, nos producía nuevas convulsiones. Nat presionaba hacia atrás cada vez y cada vez mas violento… Ya me costaba muchísimo respirar.

    Mi garrote estaba a punto de reventar, su agujero trasero hervía por la fricción. Creí que ella aguantaría así mas tiempo, pero su estridente y fuerte grito la inmovilizó contra mi nabo, el que retiré casi todo y volví a clavárselo con toda dureza posible hasta llenar su culo de leche mientras ella me deleitaba, mojándome por completo la mano introducida en su raja delantera.

    Nos brindamos algunas arremetidas más hasta quedar ambos exhaustos y agotadísimos.

    Desaté con suavidad los lazos de sus manos, haciendo algo de presión sobre sus hinchadas muñecas. Recostándonos luego sobre la cama para descansar y aguardar que nuestra respiración se acomodara y poder contarnos y regocijarnos con lo sucedido.

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  • Quería ver a mi mujer con un antiguo novio

    Quería ver a mi mujer con un antiguo novio

    Hace 20 años que estoy felizmente casado y hasta la fecha nos hemos sido fieles el uno con el otro, o al menos eso creo, vamos estoy seguro, pues la conozco muy bien.

    Hace tiempo que me ronda por la cabeza saber que haría mi mujer si se volviera a encontrar a un amante que tuvo cuando éramos novios, y que yo sé, aunque ella diga que no, que le gustaría volver a encontrar, pues según me dijo nunca ha conocido a nadie que le chupe el coño como él.

    Me corroía la curiosidad y el deseo de verla con otro, pues cada vez que me la imaginaba en la cama con Carlos me ponía muy caliente.

    Y lo que son las cosas de la vida, un día por motivos de trabajo lo conocí. Él no sabía que yo era el marido de Ana, su antigua amante, pues en esa época él sabía que Ana tenía novio, nada más.

    Desde el primer día tome la decisión que debía volver a juntarlos y ver como se follaba a mi mujer. Durante varias semanas fui cultivando la amistad de Carlos sin que mi mujer Ana sospechara ni supiera nada.

    Carlos y yo salíamos a menudo a comer, a jugar a squash, y alguna que otra cena, habíamos intimado lo suficiente para que un día, durante una de nuestras cenas, me contara sus aventuras y he aquí que me relato su aventura con Ana.

    Durante la cena me estuvo relatando sus múltiples aventuras, tanto de soltero, como de casado y ahora de divorciado.

    Cuando termino sus relatos me dijo que de todas ellas apenas recordaba unas cuantas por lo que significaron para él en algún momento de su vida.

    –La primera que significo algo fue cuando yo todavía era soltero, se llamaba Ana, apenas duro tres semanas, pero fueron intensas. Tu ya me entiendes, sexo a todas horas.

    Carlos no sabía como se llamaba mi mujer, sólo que estaba casado. Le pregunté:

    –¿Y cómo es que duro tan poco?

    –Ella tenía novio y decidió volver con él

    –¿Y el novio no lo sabía?

    –No, quizás lo dejo porque él comenzaba a sospechar. La verdad es que no lo sé y es una lástima porque lo que más recuerdo de ella son sus mamadas, nunca he conocido a otra que la chupe mejor.

    –¿Y en la cama que tal? –le pregunté.

    –Muy bien, le gustaba follar y cada día lo hacíamos al menos un par de veces

    –Jo, vaya tía –le dije

    –Si, a veces he pensado que me gustaría volver a verla y poder seguir con ella

    –Vamos, que te gustaría volver a follártela ¿no? –le pregunte en tono jocoso

    –Sí, claro, tenía un buen polvo –y se echó a reír

    La conversación continua con otras historias sobre sus mujeres y amantes favoritas o que mejor recuerdo el guardaba. Ahora, ya sabía que si Ana y Carlos volvían a encontrase había un 50% de posibilidades de que acabaran en la cama.

    Mi siguiente paso fue preparar el material necesario para el día ‘F’ (de follar), conseguí que en el trabajo me dejaran dos cámaras de vídeo, de estas que filman sin apenas luz, y compre algún material para cuando llegase el día poder seguir al detalle lo que sucedía.

    Por fin, después de un mes, coincidió que nos quedábamos mi mujer y yo solos en casa sin los niños, así que ese sería el día ‘F’. Le dije a mi mujer que el viernes vendría un amigo a cenar a casa y que se pusiera elegante pues aparte de amigo era un cliente importante.

    La mañana del día ‘F’ instale las cámaras de vídeo de forma que no se vieran y las conecte al televisor de la planta baja.

    Una de las cámaras estaba en la sala escondida al lado del equipo de música y la otra en el dormitorio en el escritorio. Hice las pruebas pertinentes mientras mi mujer había salido de compras.

    A eso de las nueve llega Carlos, abrí la puerta y subimos a la sala (vivo en una casa unifamiliar de tres plantas), al poco bajo Ana del dormitorio, ella al ver a Carlos su rostro mudo de color, este por su parte balbucea, pues también la había reconocido.

    –Encantado… de… conocerte Ana –y le dio dos besos en la mejilla

    Ana llevaba un vestido negro muy ajustado con un escote tipo bañera, como era invierno iba con medias y ligas, pues se las había visto poner.

    Tomamos unas copas antes de pasar a cenar, Ana y Carlos evitaban mirarse y yo me reía dentro de mí de la situación que yo mismo había creado. Mi mujer se toma dos whiskys casi de un solo trago pues estaba algo nerviosa. Él por su parte hizo casi lo mismo.

    Durante la cena la conversación discurrió por los consabidos y manoseados temas y a pesar de que yo quería llevar la conversación hacia temas de sexo, no lo conseguí. Después de cenar volvimos a la sala a tomar café, Ana se toma otro whisky y como ya iba algo alegre se sentó dé tal forma que se le vislumbraba las ligas.

    Yo, que llevaba el teléfono móvil en el bolsillo, lo apreté con disimulo e hice una llamada a casa. Al sonar el teléfono me levanté rápidamente a contestar, hice ver que hablaba con mi madre. Cuando termine Ana me dijo:

    –Que quería tu madre

    –Que se les ha estropeado la calefacción y si puedo ir a mirárselo, le he dicho que ahora iré.

    Me dirigí a Carlos y le dije:

    –Perdona chico, pero tengo que salir, vuelvo en una hora, luego nos vamos los tres a tomar algo a una bar ¿os parece bien?

    –Si claro, no te preocupes –dijo Carlos

    –No tardes amor –me dijo Ana mientras me besaba– cuidare bien de Carlos –añadió.

    Abrí la puerta del garaje y salí. Para al cabo de un minuto entrar sigilosamente e instalarme frente al televisor de la planta baja. Me di cuenta que sólo estaba conectada la cámara del salón, así que pense que si no iban al dormitorio todo iría bien.

    Ana y Carlos se quedaron mirándose mutuamente y sin mediar palabra. Fue mi mujer la que rompió el hielo.

    –Deberías marcharte Carlos, mi marido puede volver en cualquier momento

    –¿Tienes miedo de que suceda algo? –le pregunto Carlos

    –No, pero preferiría que te fueras, esto es absurdo.

    Yo ya creía que mi encerrona iba a fracasar cuando Ana se dirigió al mueble bar y se puso un whisky, Carlos se levantó y fue hacia ella mientras le decía:

    –Va Ana, que hay de malo, yo estoy encantado de volver a verte. Sabes no he podido olvidarte, siempre has ocupado un lugar en mi corazón –yo pensé que lo que había ocupado era un lugar en su polla. Ahora Ana estaba de frente a la cámara cuando Carlos la abrazo por detrás.

    –Ana, nunca te he olvidado, lo pase muy mal cuando me dejaste. ¿tu marido era tu novio?

    –Si, y yo también lo pase mal, pero quería casarme y tener un familia y tu no estabas muy dispuesto a ello

    –no me diste tiempo

    Carlos comenzó a besar el cuello y las orejas de Ana, ella echo la cabeza hacia atrás y cerró los ojos. Su mano derecha comenzó a acariciar sus pechos mientras su otra mano le subía la falda hasta la cintura y se deslizaba a su coño. Ella ladeo la cabeza y ambos se fundieron en un largo y apasionado beso.

    Ana, que se dio la vuelta, de espaldas a la cámara, debió desabrochar el pantalón de Carlos pues este cayó al suelo, ella se puso de rodillas y por la cara de él deduje que se la estaba mamando. Si, se la estaba chupando pues Carlos le dijo:

    –¡Oh Dios! No sabes cuantas veces he deseado esto –Carlos se dirigió al sofá y se sentó.

    Ana, que ahora los veía a los dos de lado, continuó mamando la polla de Carlos, al poco él le dijo:

    –Para Ana o me correré

    Carlos se levantó e hizo sentar a mi esposa, le quito las bragas y el vestido, ella se queda sólo con el body y las ligas. Entonces él se agacha y poniendo las piernas de Ana una en cada hombro comenzó a chuparle el clítoris.

    –¡Oh Carlos! ¡Oh amor! Cuanto tiempo he deseado volver a notar tu lengua en mi coño –al tiempo ella toma con sus manos la cabeza de él y la empuja con fuerza hacia sus entrañas.

    –No pares, por favor, no pares, voy a correrme –ella se convulsiona, se recostó en el sofá unos instantes e incorporándose y separando la cabeza de Carlos lo beso durante largo tiempo.

    En ese instante, me asalto la terrible duda de sí había hecho bien organizando esa encerrona, pues me pareció que entre Ana y Carlos había algo más que sexo.

    Mientras meditaba en ello, Carlos se estaba follando a mi mujer, ella echada en el sofá y él encima, luego la voltea sin sacar su polla de su coño. Ahora era Ana la que estaba montando la polla de Carlos. Viendo como los dos jadeaban decidí llamar a casa. Sonó el teléfono y se puso ella y entre jadeos dijo:

    –Si, diga

    –Hola cariño, te pasa algo –pues ella seguía follando, cosa que veía por la televisión, y su voz era entrecortada.

    –No… no… ¿por qué?

    –Mira tardare media hora más –le dije

    –¡Ah! Vale… vale…

    –¿Sucede algo, Ana? –era divertido ver como hablaba por teléfono mientras su cuerpo subía y bajaba.

    –¿Qué tal lo está pasando Carlos?

    –Muy… bien… me está contando cosas de su adolescencia…

    –Bueno, pronto iré, procura que Carlos no se aburra. ¿Vale amor?

    –No… te preocupes… que no… se aburre…

    Colgué el teléfono y pensé para mí lo guarra y mentirosa que era mi mujer. Ana se agarra al respaldo del sofá y comienza a moverse con furia mientras ambos se besaban sin tregua.

    Sin necesidad de cámara sus gritos y gemidos se oían en el piso de abajo. Ambos gritaron y se corrieron. Ella se deja caer en brazos de él.

    –Cuanto tiempo te he recordado y he deseado volver a tenerte en mis brazos –le dijo Carlos.

    –Si, yo también te he deseado muchas veces, incluso me he masturbado pensando en ti y en como me chupabas el coño.

    Vaya, vaya lo que uno descubre, pensé al oír las palabras de Ana.

    –Y yo sé lo que a ti te gustaba –añadió Ana mientras se ponía de rodillas y comenzó a mamarle la polla otra vez.

    Carlos se recostó en el sofá y cerró los ojos, iba yo a realizar mi entrada cuando él dijo:

    –No pares Ana, que voy a volver a correrme

    Mire la pantalla justo en el momento que él sujeta a mi mujer por la cabeza y se corre en su boca (la muy zorra, a mí casi nunca me deja) al tiempo que menea su culo para meter su polla hasta el fondo de la boca de ella. Unos goterones de leche bajan por las comisuras de Ana.

    Abrí la puerta del garaje y vi como ellos a la velocidad del rayo se vestían, subí arriba mientras decía:

    –Hola, ya estoy de vuelta

    Al entrar en el salón los vi mal vestidos, con los rostros sofocados y algo jadeantes.

    –¿Qué os pasa?

    –Nada –dijeron al unísono Ana y Carlos

    –Pues de esta guisa, cualquiera diría que habéis estado pegando un buen polvo

    Ana se puso roja y Carlos rápidamente me dijo:

    –Mira que eres chistoso Juan, eso no se lo hago a un amigo ni borracho

    Que cabrón que era, pensé al oír las palabras de Carlos, acababa de follarse a mi mujer y tenía la desfachatez de decir que él no se follaría a la mujer de un amigo. Vaya morro.

    –¿Por qué no salimos a tomar unas copas? –añadió Ana intentando desviar la conversación. Los tres asentimos y nos fuimos al bar Dos Torres.

    Al acostarnos no dije ni palabra de lo que sabia, y, en cuanto Ana se durmió baje a desmontar las cámaras.

    Estaba ya en la cama pensando en cual sería mi siguiente paso, y sin ser muy consciente de la que se me venía encima pues sin darme cuenta había abierto la caja de Pandora, puesto que al día siguiente me di perfecta cuenta de lo que había hecho.

    Como mi mujer y yo tenemos horarios distintos ella siempre se levanta una hora antes, así que al día siguiente vi como ella se vestía para ir al trabajo mientras yo dormitaba. Lo que me llamo la atención fue que se puso un body negro con ligas y sin bragas. Me pregunte porque se vestía de esa guisa cosa que nunca había hecho. Yo seguía haciéndome el dormido hasta que sonó mi despertador.

    Normalmente coincidimos unos 15 minutos por la mañana, me acerque a darle un beso y al tocar su cuerpo y notar el body le pregunté:

    –¿Dónde vas así de vestida?

    –Tengo un cocktail esta tarde y seguramente llegare a casa a la hora de cenar

    Me dio un beso y se fue. Yo comencé a sospechar que no existía tal cocktail, así que al llegar al despacho llamé a Carlos.

    –Hola Carlos ¿qué tal has dormido?

    –Estupendamente, estaba agotado.

    Si de follar a mi mujer, pensé yo.

    –¿Quieres salir a comer hoy?

    –Oye, Juan, cuanto lo siento, pero hoy tengo un compromiso, quizá mañana. Nos llamamos ¿ok?

    –Bien de acuerdo.

    Ahora estaba convencido de mis sospechas, Ana y Carlos habían quedado a comer y, seguramente, a follar. Y, realmente, lo que me daba rabia era que no podría grabarlo.

    A la hora de la salida de Ana me fui a su despacho, cuando ella salió la seguí hasta el restaurante El merendero de la Mari donde, evidentemente, la esperaba Carlos. Ambos se besaron y se sentaron en una mesa de la terraza.

    Mientras comían no pararon de reír y darse la mano como dos enamorados, cuando terminaron los seguí hasta la casa de él. Hasta al cabo de tres horas ella no salió para ir a casa.

    La curiosidad corroía mis entrañas, ardía en deseos de saber como habían estado follando durante esas tres largas horas.

    Al llegar a casa le pregunte a Ana.

    –¿Qué tal la fiesta, amor?

    –Muy bien, me lo he pasado muy bien.

    Estuve toda la noche dando vueltas en la cama imaginándome que es lo que habían hecho y como poner una cámara para grabar en casa de Carlos.

    Después de varios días de indagar como controlar lo que sucedía en casa de Carlos y no encontrar como hacerlo, decidí contactar con un detective.

    Este consiguió poner dos cámaras en la casa de Carlos, bueno en realidad las instale yo siguiendo sus instrucciones. Estas podían accionarse por control remoto (unos 100 m) y estaban muy bien camufladas. Coloque una en el salón y otra en el dormitorio.

    Por suerte, Ana no había vuelto a ver a Carlos y yo me debatía en la duda de sí seguir espiando a mi mujer como follaba o pescarlos infraganti y montar un trío.

    Decidí dar un empujón al asunto, y le dije a mi mujer que hoy llegaría tarde y que no me esperara a cenar pues tenía trabajo. Ella aprovecha para decirme que se ira al cine con su madre, cosa que era mentira como más tarde comprobé llamando a mi suegra.

    A eso de las ocho Ana salió de casa vestida con un abrigo, yo la seguí, fue directa a casa de Carlos.

    Aparque el coche y puse las cámaras en marcha justo cuando ella entraba en la casa, nada mas cerrase la puerta del piso Ana abrió su abrigo y yo me quede de piedra. La muy puta no llevaba nada debajo, solo un liguero y las medias. El abrigo cayó al suelo y Carlos abrazándola la beso. Ya me extraño ver a Ana con abrigo pues nunca, o casi nunca, lo usa.

    Carlos la tomo en brazos, es un tipo bastante atlético, y la llevo hasta la mesa del comedor echándola en ella, le separo las piernas y comenzó a chuparle el coño, Ana puso sus manos encima de la cabeza de él.

    –Amor no pares, así, así, no pares –gemía mi mujer

    Carlos debía estar metiéndole la lengua hasta el fondo pues ella se revolvía de placer. Estaba sintonizando mejor el mini-televisor cuando oí un grito de mi mujer.

    –¡aaaah! Me corro Carlos, me corro.

    Carlos se puso de pie, se quitó el pantalón y comenzó a follarse a mi mujer allí mismo, encima de la mesa del comedor. No se le podía negar a Carlos que sabia tratar a las mujeres, primero comenzó con pequeñas embestidas, para lentamente, ir aumentándolas. A cada embestida Ana le decía:

    –Me vas a matar –y cosas por el estilo

    Después de estar largo rato follando a mi mujer, o al menos eso me pareció, Ana le dijo:

    –Carlos, fóllame por el culo

    Él que nunca se había follado a Ana por el culo, la voltea y bajándola de la mesa la puso apoyada encima de ella y con los pies en el suelo, le separo las piernas, puso un poco de saliva en su ano y poniendo la cabeza de su polla comenzó a empujar hasta el fondo. Ana se agarraba con fuerza a los bordes de la mesa mientras él la enculaba cada vez con más furia, pues era la primera vez que profanaba el hermoso culo de Ana.

    Una vez Carlos se corrió dentro del culo de ella, se besaron y fueron hasta el baño y luego al dormitorio, allí ambos se echaron, Ana se abraza a él.

    –Creo que mi marido sospecha algo, pero la verdad es que me importa un bledo. El destino ha vuelto a unirnos y no quiero volver a perderte. De hecho, os quiero a los dos.

    –Yo también te quiero –Y volvieron a besarse, la mano de Ana se deslizo hasta la verga de él comenzando a masturbarle suavemente.

    En ese momento la imagen se me fue y cuando conseguí volver a sintonizar la señal ella estaba montando encima de él.

    Ana estuvo montando sobre la polla de Carlos un tiempo interminable y cuando se corrió él la puso a cuatro patas y la penetro por detrás. Sacaba su polla del coño y se la volvía a clavar. A cada embestida, solo se oía el chapoteo de la verga de Carlos con los jugos vaginales y los gemidos de placer de ella.

    Cuando Carlos se corrió se desplomo en la cama y ella se echo a su lado y le chupo la polla.

    –¿Te gusta?

    –Si, sabes que como tu nadie me la ha chupado igual.

    Ana se levantó y se fue al baño, cuando salió se puso el abrigo y dándole un beso a Carlos, le dijo:

    –Me voy a casa que es tarde. Llámame.

    Apagué todo y salí disparado a casa para llegar antes que ella. Al poco Ana llega.

    –¿Qué tal la película?

    –Bien, era muy romántica. Me voy a dormir que estoy cansada

    Si, cansada de follar, pensé. No sabía que hacer, mi mujer se acostaba con Carlos y yo había propiciado eso, y, yo lo único que quería era montar un trío, pero no encontraba la forma de hacerlo, y, mientras, Ana se enamoraba de Carlos y no paraba de acostarse con él.

    Tome la decisión de probar por última vez y sino cortaría, o al menos lo intentaría, la relación de Ana y Carlos. Para ello invite a Carlos a cenar a casa el viernes, día en que yo tenía que ir de viaje a Madrid, los niños los coloque en casa de mi suegra.

    Al llegar el viernes ya lo tenía todo preparado desde el día anterior, cámaras y micros por doquier, de vuelta de Madrid a primera hora de la tarde me fui al cine, antes, llame a mi mujer y le dije que posiblemente llegaría tarde a cenar, pues había retrasos en los vuelos, y que si llegaba Carlos fueran cenando ellos y que lo entretuviera.

    A eso de las nueve me deslice sigilosamente en casa y conecte todos los aparatos pues Carlos estaba al llegar. Ana se había puesto un vestido rojo super ceñido, sin nada debajo, sólo unas medias a media pierna. Sonó el timbre y Ana bajo abrir.

    –Hola –dijo Ana mientras se daban dos besos en la mejilla

    –Hola, espero no llegar tarde, toma te he traído una botella de vino

    –Gracias –Ana cerró la puerta y subieron hasta la sala

    –Juan no ha llegado, tiene problemas de avión, me ha llamado y que si queremos comencemos a cenar.

    Carlos, al oír que estaban solos no perdió el tiempo, tomo a Ana en sus brazos y la beso, mientras sus manos se posaban en su culo y le subía el vestido hasta la cintura, le separo las nalgas y comenzó a juguetear con su ano.

    –Para Carlos, mi marido puede llegar

    –Llámalo y pregunta dónde esta

    Ana cogió el teléfono y me llamó.

    –Hola Juan ¿dónde estás?

    –Ahora subimos al avión, supongo que en una hora, hora y media estaré en casa. ¿ha llegado Carlos?

    –Sí hace cinco minutos

    Por la pantalla veía como Carlos besaba los pechos y le metía mano en su coño y culo.

    –Bueno, trátalo bien, y si queréis ir cenando

    –No ya te esperamos

    Ana se dirige a Carlos.

    –Tardara unas dos horas

    A Carlos le faltó tiempo para sacarle el vestido a Ana, esta se quedó sólo con las medias. Él la echa en el sofá y comenzó a mamarle el coño, cosa que, según mi mujer, hacia a las mil maravillas, Ana cerro los ojos y se dejó llevar por el placer.

    Carlos, como buen amante y gran experiencia con las mujeres, estuvo jugando con su coño casi 30 minutos, iba alternando su lengua en el clítoris con besos en sus pechos y la boca.

    Cuando vio que Ana estaba en el éxtasis, la puso a cuatro patas en el sofá y le hizo chuparle la polla, luego le hizo dar la vuelta y en esa misma postura la penetro.

    No se habían percatado, pero llevaban más de una hora con sus juegos amorosos, así que decidí esperar 10 minutos mas y aparecer. No sabía lo que pasaría, pero esperaba poder montar un trío. Justo cuando iba a realizar mi entrada vi como Carlos se sentó en el sofá y ella se puso a horcajadas, comenzando a embestir su coño con furia y maestría.

    Abrí la puerta con sigilo y la cerré de forma que se oyera, mientras subía por la escalera dije

    –Hola, ya estoy aquí. –evidentemente no les di tiempo a vestirse.

    Entré en el salón y me encontré a ambos desnudos, ella con el coño chorreando y él con la polla tiesa.

    –¡Vaya! Veo que en mi ausencia os lo pasáis muy bien y no perdéis el tiempo.

    –No es lo que crees –menuda respuesta estúpida me soltó mi mujer

    –¿Podríais avisar y así nos lo pasaríamos bien los tres? ¿No? Venga Ana sigue que el pobre Carlos se le va a quedar fría la polla.

    Me bajé el pantalón y le dije a mi mujer:

    –Anda, chúpamela mientras Carlos te da por detrás

    Carlos y Ana no daban crédito a lo que sucedía, con timidez, ella se acercó a mi polla y comenzó a mamármela, él seguía de pie sin saber muy bien que hacer.

    –Venga Carlos, métesela de una vez.

    Carlos, algo indeciso, se acercó y volvió a meter su polla en el coño de mi esposa, ahora, por fin, me estaba follando a mi mujer junto con otro hombre, ella enseguida toma el ritmo de estar con dos hombres.

    –Carlos, mientras me desnudo vete follando a mi mujer. –le dije.

    Se puso en el sofá y ella se sentó encima de su polla, mientras follaban, yo me desnudé y me serví una copa. Que espectáculo, yo sentado en un sofá con un whisky y mi mujer en el otro siendo follada, en vivo y en directo.

    Cuando Carlos terminó con ella le dije a mi mujer.

    –Límpiale la polla y luego ven aquí

    Ana se arrodillo, tomo la polla de Carlos y se la chupo durante un rato, luego vino hasta mí y se subió encima de mi verga. Estábamos follando cuando Carlos se sentó a nuestro lado y comenzó a besar los pechos de Ana, ella por su parte nos besaba a ambos.

    Luego él se puso de pie, detrás de ella, y comenzó a empujar su pene en el culo de mi mujer, Ana se detuvo para facilitar la enculada de Carlos, cuando ella la nota dentro, volvió a moverse, pero algo más despacio. Los tres estábamos empapados en sudor, después de corrernos subimos al dormitorio donde nos duchamos y luego nos echamos en la cama a descansar un poco.

    Nos dormimos, me desperté cuando note un jadeo cerca de mi oreja, era mi mujer que estaba siendo enculada otra vez por Carlos, como yo estaba cansado me limite a observar de reojo.

    Amanecimos los tres y nos duchamos, y, después de desayunar Carlos se fue a su casa, no sin antes pegar un polvo a mi mujer, en la cocina, a modo de despedida.

    Después de aquello, muchos fines de semana nos hemos reunido los tres, preferentemente en casa de él, para follar. Lo malo de mi encerrona es que mi mujer, digamos que a escondidas, se ve con él entre semana, dos o tres veces (lo sé, puesto que todavía están las cámaras) con lo que Carlos se folla a Ana más veces que yo. Incluso han llegado a la desfachatez de irse un fin de semana los dos solos.

    En fin, ella dice que nos ama a los dos, pero estoy seguro que prefiere follar con él, pues al cabo de varios meses de esta ‘extraña’ relación, Carlos ha llegado a meter mano en público a mi mujer y ella sin inmutarse, a veces lo trata a él como si fuera su marido y yo un amigo.

    No sé cómo acabara nuestra relación, pero lo cierto es que ella cada vez está como más distante de mí y más cerca de él.

    Ya veis, cornudo y apaleado.

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  • Una joven accidentada y un hombre maduro (3 de 3)

    Una joven accidentada y un hombre maduro (3 de 3)

    No había vuelta atrás y, sobre todo, era la primera vez que me ocurría una cosa así, así que decidí que era el momento de cumplir todas mis fantasías y de dejarme llevar por el placer sin importarme nada más.

    Durante toda mi vida, solo había habido una mujer, un solo cuerpo se me había entregado, una sola boca había mamado mi polla y un solo coño había tocado, perforado, taladrado, penetrado y hoy se me ofrecía lo que tanto había soñado y nunca me había atrevido a buscar. Pero era diferente, no lo había buscado, sino que había venido a mí.

    Decidido a dejar salir mi verdadero yo, tantas veces reprimidos… como ya estábamos en el polígono junto a la Universidad, decidí buscar una calle más tranquila, y encontré una sin salida con un enorme descampado al fondo, y hacia allí dirigí el vehículo. Frené, eché el freno de mano y me dediqué a tocarla.

    Mis manos estaban desatadas y no podía creer lo que un cuerpo tan sensual estuviera a mi disposición, así que le quité la cazadora vaquera y la tiré al asiento de atrás, mientras ella buscaba una y otra vez mi polla cada vez que al desvestirla, tenía que dejar de mamarla. No podía esperar siquiera a quitarse la camiseta, y pretendía lanzarse de nuevo a por ella.

    —Espera, Zorra, que no vas a pasar hambre esta mañana… no te apures, que tendrás tu leche. Te la daré para que te la bebas toda y no dejes escapar ni una sola gota —le dije mirándola a los ojos directamente, esperando ver la reacción a mis palabras.

    —Eso espero, y hazlo pronto, que cuando pruebo el sabor del semen, es cuando verás lo puta que puedo llegar a ser —decía mientras me miraba y pasaba sensualmente un dedo por sus labios.

    Le bajé la falda y la tiré al asiento de atrás, mientras que no tuve la misma paciencia con sus braguitas de algodón, a las que le metí dos dedos y de cada mano para hacerla jirones y poder arrancárselas sin necesidad de quitárselas.

    —Ummm… me pone muy perra que me rompan la ropa, cabrón.

    —Y a mí me pone sentir un coño empapado como he notado el tuyo antes —le dije yo mirando su desnudo coño tras haberle arrancado las bragas.

    —Así que te gusta lo mojado que está mi coño, ¿no? —dijo mientras apoyaba su espalda en la puerta y se ponía totalmente de frente a mí, subiendo una pierna sobre el salpicadero y la otra, pasándola entre los dos asientos delanteros para quedarse totalmente abierta de piernas ofreciéndome su coño ante mis ojos…

    Mientras decía eso, sus dedos jugaban con su clítoris con una mano y los dedos de la otra, no paraban de mover los labios vaginales a un lado y a otro, separándolos lentamente y volviéndolos a juntar, mientras de vez en cuando, se llevaba los dedos a la entrada de su coño para introducir la yema de los dedos y llenarlos de la brillante humedad que emanaba de su sexo.

    —A mí también me gusta sentir mi coño mojado mientras me masturbo para un hombretón tan mayorcito como tú —dijo mientras forzaba su voz haciendo que aún pareciera más pueril y más infantil, sin querer darse cuenta del juego peligroso al que estaba jugando, volviéndome tan caliente.

    —Pues disfrutemos los dos —dije yo mientras seguía pajeándome lentamente sin quitar mis ojos de ese sonrosadito coño— pero seguro que a una zorra como tú, le gustará también sentir algo más que suaves caricias de sus dedos sobre su coño.

    Mientras ella iba tocándose mirándome descaradamente a los ojos, yo fuí acercándome poco a poco a ella. No recordaba lo incómodo que era tener sexo en el coche, pero al tiempo, lo morboso de verme ahí, donde cada aburrida mañana me veía dirigiéndome hacia el trabajo… ahora estaba teniendo sexo con una desconocida.

    Empecé a lamerle la pierna a la altura de la rodilla, lentamente, besándola mientras ella miraba hacia abajo sin dejar de mantener la mirada fija en mis ojos, y yo sin querer dejar de mirar su coño al que cada vez me acercaba más. El olor suave y sensual de su cuerpo me estaba llegando puesto que invadía todo el coche. Mis manos iban subiendo por un muslo mientras que mi boca iba subiendo por el otro, al tiempo que ella seguía acariciándose lentamente el clítoris.

    —Quítate el sujetador que te vea los pezones

    Ella parecía resistirse a dejar de tocarse, por lo que decidí avanzar de manera mas rápida hasta que por fin, estando delante de su coño, abrí mi boca por completo y noté que mi lengua estallaba contra todo su coño, contra sus labios, contra su clítoris, contra su vulva… tenía mi boca totalmente abierta y sentí ese primer contacto de un coño joven, un coño diferente al que había estado presente en mi vida desde que era un adolescente. Por fin, tenía otro coño en mi boca… y qué coño.

    No quería mover la lengua, ni la boca, ni los labios, me encontraba totalmente pegado a él, notando su calor, y notando casi las palpitaciones que su clítoris sentía a cada golpe de latido de su corazón. Retiré suavemente la boca mientras iba cerrando los labios tras de cada centímetro que me retiraba, notando cómo mis labios eran los que iban notando su clítoris, y su vulva, sus labios, su sabor… hasta que por fin, junté los labios y le di un beso delicado… para sin remisión, sacar la lengua y empezar a lamer sin parar ese clítoris que me estaba llamando…

    Lo acorralaba, sin dejarlo escapar… lo aprisionaba contra su propio cuerpo, y lo empujaba hasta que finalmente, cedía y se escapa hacia algún lado sin que mi lengua pudiera mantenerlo firme, para volver a atraparlo de nuevo en su posición inicial, una y otra vez… sin parar… notando como la respiración de mi entregada estudiante se iba agitando irremediablemente.

    De vez en cuando, miraba hacia sus ojos con los que me encontraba una y otra vez… se notaba que casi más que la comida de coño que le estaba pegando, la excitaba sobremanera ese contacto visual, sentirse observada, sentirme mirada y mirar a la vez, a la persona a la que había decidido entregarse en esa mañana.

    —Cómeme así y fóllame con tus dedos —jadeaba sin dejar de pellizcar sus pezones que ahora sí que estaban totalmente duros y pequeños, regalándome una imagen tan diferente a la que estaba acostumbrado a ver.

    Sin esperar un instante, mis dedos se introdujeron en su coño de manera violenta y profunda, al tiempo que mi lengua seguía lamiendo y mis labios devorando su clítoris y sus labios, jugando con ellos.

    —Ummm… siii asíii mas más dentro —decía sin dejar de mirarme.

    Me estaba volviendo literalmente loco y notaba que ella se estaba acercando al orgasmo así que incrementé el ritmo de metida de mis dedos al tiempo que mojé el dedo gordo de mi otra mano y lo empecé a introducir en su culo lentamente…

    —Me corrooo… —gritó— sigueee… me corro… cabrón…

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  • Mi tercera infidelidad

    Mi tercera infidelidad

    Me empezaba a gustar engañar a mi marido, tanto por lo prohibido como por la sensación de dominio que me da el hecho de seducir y llevarme a la cama a un tipo y hacerle creer que fue él que me sedujo… ¡qué huevones son a veces los hombres!

    Durante enero me porté bien, ya que como fui de vacaciones con mi marido y mi hija de cinco años, mucha libertad no tuve… sin embargo, noté que mi marido estaba preocupado por alguna cosa; yo le pregunté varias veces y siempre me contestaba que eran cosas del trabajo. Finalmente, me confesó, una vez en casa, que tenía miedo que lo echaran del trabajo, en febrero se esperaba una reducción de personal y creía que él, con 35 años, podía quedar incluido… por supuesto que todo eso me preocupó, pero ya una vez acostada en nuestra cama, me puse a pensar y me acordé acerca de algo que mi marido mencionó cuando se refirió a su jefe, el dueño de la pequeña empresa donde trabaja:

    “Es un viejo verde, que se pasa todo el día mirando el culo a las secretarias…”

    Bueno, bueno, pensé yo, algo voy a tener que hacer para defender a mi maridito. Y ahí nomás comencé a preparar un plan de emergencia.

    Un día, durante el desayuno, le dije a mi marido que lo pasaría a buscar al mediodía para almorzar juntos, tal como esperaba, me dijo que creía que no iba a estar en la oficina porque tenía que visitar unos clientes; para justificar mi visita a su oficina, le contesté que pasaría de todas maneras, ya que estaría por la zona y si no estaba, me volvía para casa.

    Como ese día era muy caluroso, me puse un conjunto de pantalón y casaca de bambula blanca, semitransparente y saqué del cajón de la ropa interior un corpiño y bombachita (panties) color rosa fuerte, también transparente y con encajes; me miré en el espejo y me gustó lo que vi: el corpiño se traslucía por la bambula, lo mismo que la bombachita, si me levantaba el faldón de la casaca. Estaba segura que el jefe de mi marido iba a fijar su vista en el triangulito rosado que ni con la mejor buena voluntad del mundo podía tapar mucho de mi culo.

    Cerca del mediodía entré a la oficina y pregunté por mi marido, que no estaba; entonces le dije a la secretaria que me gustaría ver al señor Carlos (pongámosle este nombre). A los pocos minutos Carlos me hizo pasar a su oficina.

    Carlos es un hombre de más o menos 60 años, un poco barrigón y pelado, no más de un metro sesenta de altura, no muy cortés, al que le gusta tener lindas secretarias (aunque tengan más aire que cerebro en la cabeza); se cree que se las sabe todas, que todas las mujeres son potenciales putas. Por último, es bastante hijodeputa en su trato con los que considera inferiores a él.

    Le dije que, ya que había pasado a buscar a mi marido y no lo encontré, quise saludarlo, pues no lo había hecho para Navidad. Su mirada pasaba de mis ojos, mientras hablábamos, mis tetas…

    Me preguntó cómo nos había ido en las vacaciones; le contesté que bien, pero que a mi marido lo notaba preocupado, especialmente por el trabajo… el tipo, no decía mucho, asentía con la cabeza y decía algunas frases comunes sobre la situación del país.

    Le seguí comentando que yo también estaba un poco preocupada por cómo estaba mi marido pues algunas cosas personales no andaban del todo bien… mientras lo decía, dejé caer mi bolso al piso, entonces me levanté de la silla y me agaché para mostrarle un poco mi traste… me senté nuevamente (Carlos ya me miraba más atentamente y se refregaba las manos).

    “¿Si?… me imaginaba que todo andaba bien entre ustedes dos –dijo– creí que eran la pareja ideal”.

    “Si… si… claro… pero… no sé cómo decirlo… pero, bue… mi marido siempre dice que Ud. es como un padre para él… así que creo que no va a haber problema si le hago una pequeña confesión” mentí yo, sabiendo que tiraba el anzuelo y el pescado lo iba a morder.

    “Resulta que con todo estas angustias que le genera saber que habrá una reestructuración en la empresa… bueno… ya no funciona como antes… me entiende, ¿no?”.

    El viejo se hacía el que no comprendía, y me alentó a ser más explicativa.

    “Bueno… no es fácil contarlo… pero es que desde hace unas semanas… bueno… con mi marido no pasa nada en la cama…”, al tiempo que lo decía, bajé la vista como si tuviera vergüenza de lo que contaba y lamentaba no saber cómo hacer para fingir un rubor.

    El viejo se adelantó y apoyó sus codos en el escritorio.

    “No sabía que tu marido estaba tan mal…”, dijo, “… no debe ser fácil, ¿no?”.

    “Imagínese…”, continué yo, “… siempre tuvimos una vida sexual muy activa… y ahora esto… y todo por el temor de perder el trabajo…”, y como hablando a mi misma, “… haría cualquier cosa para que no se quede sin trabajo” suspiré. Entonces pensé, que si con esto no se da cuenta, no sé qué más insinuarle.

    El viejo se acercó a mí, me puso una mano en mi brazo y en tono meloso me aseguró:

    “No se preocupe… ya veremos que podemos hacer por su marido”, y agregó: “¿te puedo tutear?”

    “Claro que si… cómo no me vas a tutear”.

    Me levanté de la silla.

    “Ahora me siento mejor, más tranquila…”, le dije sonriéndole, y agregué en tono de complicidad: “… ya tengo telas de arañas entre las piernas…”.

    Apenas terminé de decirlo y me arrepentí, me di cuenta que había ido, quizás, demasiado lejos, parecía demasiado evidente que me regalaba; por suerte para mí, Carlos estaba más que caliente; se acercó a mí, hasta que su barriga tocó mi vientre y me susurró al oído:

    “Quizás te pueda ayudar… tengo un buen “cepillo” para sacarle el polvo…”.

    Emití una risita tonta y confesé. “… mal no me vendría…”.

    Enseguida sentí su mano ancha, de dedos gruesos y callosos, apoyada sobre el pantalón y que me frotaba el Monte de Venus. Uno de sus dedos empujaba contra la tela y se metió ligeramente entre los labios entreabiertos junto con las telas del pantalón y la bombacha y forzó un poco más la entrada, la costura del pantalón cedió y el dedo me penetró junto con la tela de la bombacha; no pude evitar un suspiro de placer.

    “Si tenés tiempo… quizás podamos charlar un poco ahora… ¿te parece?”.

    “Si… no tengo que volver a casa hasta dentro de tres horas…”.

    “Esperame en el bar de la esquina… voy a buscar el auto y te paso a buscar por allí, ¿Ok?…”

    Bajé y lo esperé. A los pocos minutos paró su auto y subí. Me llevó a un hotel que está en las afueras de Buenos Aires, sobre la autopista que lleva a la ciudad de La Plata, y que parece un castillo medioeval.

    “Ya reservé una habitación para los dos… creo que te va a gustar…”.

    La habitación era estupenda, tenía un jacuzzi y, además, una ducha con paredes de vidrio que daba al dormitorio.

    Carlos pidió una botella de champan y mientras llegaba comencé a desnudarme ante él, que me miraba tirado sobre la cama, ya descalzo.

    “Metete en el jacuzzi…” me ordenó, “… cuando llegue la botella voy para allá”.

    Preparé el jacuzzi y me metí en él para disfrutar del agua tibia. Enseguida llegó Carlos, todo desnudo y se sentó a mi lado. La vista no era del todo lo sensual que una espera en estas ocasiones: pecho peludo y canoso, los pechos un poco gordos, la panza peluda que tapaba en parte los órganos genitales, una verga de piel amarronada y no totalmente erecta y, finalmente, un par de huevos que colgabas de dos sacos arrugados.

    Me abrazó y comenzó a besarme, metiéndome su lengua dentro de mi boca, con una manos amasándome una teta. Yo busqué su verga, que yacía bajo la barriga; aún estaba un poco flácida, así que jugué con ella para que endurezca, con un poco de esfuerzo logre que tomara mejor aspecto. Cuando creí que Carlos ya estaba a punto le pregunté si quería ir ya a la cama. Salimos del jacuzzi y nos secamos con un par de batas que allí había.

    Nos tiramos sobre la cama , me abrazó, comenzó nuevamente con sus besos y sus manoseos en mis tetas y vagina… yo volví a agarrar su verga que ya había perdido parte de su dureza. Lo giré para que quedase boca arriba y me corrí hasta quedar con mi boca a la altura de su verga; me la metí y chupé como si fuera un caramelo, esperando que pudiera volver a endurecerla. Los pelos de su pubis se me metían en la nariz, causándome cosquillas, pero poco a poco, pude conseguir que estuviera lista.

    Me di cuenta que no tenía que perder mucho tiempo si no quería que se aflojara nuevamente; entonces busqué un preservativo que estaba en una mesita junto a la cama y se lo coloqué, me subí encima de Carlos, un poco incómoda por la barriga de él, agarré su miembro y me lo acomodé entre los labios vaginales; descendí y me dejé penetrar.

    Lo cabalgué suavemente. Me preguntaba cuanto duraría el viejo y si pudiese yo acabar antes que se le pasara la erección. Puso sus manos en mis tetas y me las apretaba, como si quisiera exprimirlas. Una leve baba le apareció en la comisura izquierda de la boca. Me miró a los ojos y me dijo que siempre había querido cogerme, que me miraba el culo cada vez que me veía y que sabía que detrás de mi apariencia de mujer casada, no había otra cosa que una putita mal cogida. Por supuesto que no era momento para refutarle lo de mal cogida, así que lo dejé pasar.

    En ese momento sonó mi celular, que lo había dejado sobre la mesita; de un vistazo veo que el numero de la llamada entrante corresponde al celular de mi marido.

    “Es mi marido… atiendo un momento…”.

    Carlos no quiso que atendiese, pero igual lo hice.

    “Hola, cómo estás…” dije mientras continuaba cabalgando a Carlos, “… pasé por la oficina y no estabas…”.

    Carlos pareció asombrado porque cabalgaba y hablaba por celular al mismo tiempo.

    “… como no te encontré, salí a caminar un rato y a ver vidrieras en el shopping…”.

    Me bajé de Carlos y me puse en cuatro patas, le hice señas que se moviera y me diera por atrás. Él se empezó a excitar con la situación: yo hablaba con mi marido y él me estaba cogiendo.

    “… no, no… no me compré nada…”.

    Carlos me agarró de las caderas y me la metió hasta el fondo de mi húmeda y caliente concha.

    “… no… voy a llegar mas tarde a casa…”

    Carlos bombeaba su verga, sacándola casi por completo y volviéndola a meter, yo movía las caderas acompañándolo.

    “¿Para qué querés saber donde estoy?… ya te lo dije… en el shopping…”

    Yo oía la respiración jadeante de Carlos y noté que estaba por terminar, como a mí me faltaba algo de tiempo aún, apoyé la cabeza contra la almohada, con una mano sostenía el celular y con la otra me frotaba el clítoris.

    “¿No me crees?… bueno… te confieso la verdad… estoy encamada con un conocido. Cuando acabe voy para casa…”.

    Carlos casi se muere del susto cuando oyó esto.

    “Bueno… un beso… yo también te amo… chau”.

    Carlos me miró con ojos interrogantes.

    “No pasa nada… es un juego entre nosotros dos… ¡¡dale seguí que no sabe nada!!”.

    Terminó enseguida… yo aún no había acabado. Nos acostamos los dos sobre la cama y dejé que Carlos se relajara. Comencé a jugar con su pito dormido, pero no hubo caso, no se despertó, de manera que yo me quedé caliente.

    “Muy bueno, espectacular… ¿acabaste bien?…”

    ¿Qué podía contestarle?

    “Hacía tiempo que no terminaba así… gracias!…”, le mentí con mi mejor cara de satisfacción (fingida, por supuesto).

    Carlos me dejó cerca de casa.

    Después de la cena, lo agarré a mi marido en la cama para que me sacara toda la calentura que me había quedado desde la tarde. A él lo excité contándole, como si fuera una invención mía, que me había cogido a un viejito conocido, medio asqueroso, por cierto, pero que de ninguna cogía como él.

    Dos días más tarde, mi marido llegó contento a casa y me contó que le habían dado un pequeño aumento de sueldo.

    “Parece que don Carlos tan sorete no es…”, dijo un poco extrañado por tanta generosidad.

    Por lo pronto, la semana que viene me daré otra vuelta por la oficina de mi marido.

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  • El culito de mi hermana Florencia

    El culito de mi hermana Florencia

    Esta historia me sucedió hace ya un año. Resulta que tenía para ese entonces 20 años de edad y mi hermana unos 18 años. La verdad que ella muy repentinamente empezó a formarse como mujer desarrollando su hermoso cuerpo, sus tetas, su culo, digamos todo. Estaba hecha una verdadera hembra. Yo de un día para el otro me empezaba a excitar con sus movimientos y verla tan atractiva, aunque fuese mi hermana.

    Todo empezó un sábado cuando estaba con mi novia, resulta que esta se había enojado cuando traté de aprovecharme de ella en mi auto. La maldita me dejó y yo estaba al re palo todavía. Llegando a mi casa a eso de las 11 pm mi hermana Florencia me abre la puerta. Que linda estaba la nena, estaba más linda que mi novia, vistiendo una camiseta pegada a sus tetas y una minifalda ajustada.

    Se le notaban todas las curvas a la perfección. Y más me excitó cuando se dio la vuelta yendo a la cocina mostrándome su culito. Yo le dije de donde venía, contestándome que de ir a bailar con sus amigas y que recién había llegado. Yo con la calentura que mi novia me había dejado no sabía qué hacer. Estaba como loco. Le pregunte dónde estaban nuestros padres lo cual me respondió que habían ido al cine hacia media hora.

    Estuvimos hablando en la cocina durante un buen rato cuando de repente se cortó la luz en toda la casa. Eso era común en mi barrio. En eso ella fue a buscar velas a un cajón, luego yo acercándome le pregunté si las había encontrado. Negándome ella, yo estaba con la idea de poseerla allí mismo, así que haciéndome el que me tropezaba me tiré contra su cuerpo apoyando mi vientre en su culo, enseguida me dijo que tuviera cuidado, pero yo comencé a manosearle las tetas sobre su camiseta y refregando mi bulto sobre su colita. Se resistió al principio, pero luego de mi insistencia se dejó llevar gimiendo levemente.

    Cuando me disponía a subirle la minifalda escuché el timbre de la casa, eran mis padres. Habían arruinado todo. Así que ella se separó de mí y fue a abrirles la puerta.

    Luego de lo sucedido los días transcurrían, pero distinto a siempre ya que mi hermanita me miraba de otra forma, hasta que dos semanas después sucedió lo mejor. Fui hacia la pileta, una no tan grande que tenemos en el patio, y allí estaba ella tomando sol boca abajo vistiendo su traje de baño rojo de esos de una sola pieza y ajustados.

    Acercándome allí me senté en una reposera para tomar sol, y no solo para eso. Un minuto después aparecen mis padres diciéndome que se iban al supermercado que iban a tardar un tiempo en regresar. Al momento en que ellos se marcharon mi hermana me dijo si yo no le pondría crema en su espalda, por supuesto que acepté.

    Empecé a pasarle por toda su espalda muy despacito hasta que en un momento le propuse ir a bañarnos a la pile, ella aceptando, le dije que me iría a cambiar.

    Al regresar, ella ya estaba dentro haciendo unos largos. Luego de sumergirme empezamos a competir un ratito hasta que ella sumergiéndose me bajó el short del que rápidamente surgió mi erecto miembro, estaba a full. Se estaba riendo de una forma muy pícara cuando la tomé entre mis brazos y empecé a besarla hasta acercarla contra el borde de la pileta en la zona baja.

    Le manoseaba las tetas con una mano y con la otra su culito. “Me tienes loco, hermanita, te quiero follar ahora”, le decía mientras sobaba todo su cuerpo. Me tomó la pija con una mano y la empezó a pajear arriba y abajo, por dios que sensación, me volvió loco y por eso la tomé del cuello y la bajé hasta quedar su cabeza frente a mi miembro. Abriendo su boca se la metió toda adentro, mamaba de maravilla, como una experta.

    La levanté de los brazos diciéndole que la quería follar, así que ya de pie la giré inclinándola sobre el borde de la pileta corriendo así su traje de baño hacia un costado y posicionando mi pija en su concha la penetré lentamente. Sus gemidos comenzaron a salir de su boca mientras mis embestidas aumentaban. Estaba por acabar, pero no quería terminar ahí, sino en su culo. Ese había sido mi sueño durante tanto tiempo, dársela por atrás. Saqué mi pija de su interior y lo posicioné en la entrada de su ano, pero su reacción fue repentina empujándome hacia atrás. Me dijo que era un sucio degenerado, o algo así. Luego se marchó dentro de la casa. Durante todo el día no me habló.

    En la noche mientras estaba en la cama todavía repasaba las imágenes de la pileta y todavía quería cumplir mi sueño, dársela por atrás. En eso me fui hacia la cocina a tomar un poco de agua cuando escuché a alguien bajar las escaleras y para mi sorpresa era Florencia que venía hacia aquí. Al verme se asombró y puso cara de enojo. Luego me pregunto por qué había hecho eso en la pileta. Le dije que se me había ocurrido en ese momento. “Además, es lo que más me gusta de ti”.

    Una risita salió de su boca y dándose la vuelta inclinándose sobre la mesa me dijo que esperaba para someterla. Por dios, la posición esa y sus palabras me dejaron fuera de sí. Le dije si estaba segura, respondiéndome que estuvo pensando en probarlo. Sin más ni menos la tomé de su trasero, le bajé su short de lycra, luego las bragas hasta las rodillas. Le dije que abriera sus nalgas con sus propias manos y así facilitar la sodomizarían.

    Posicioné mi aparato ya bien erecto en su culito. Con una mano le tapé la boca y de uno, dos, tres y hasta cuatro intentos perforé su lindo trasero. Gritos de puro dolor trataron de escapar de su boca, pero mi mano lo impedía.

    Sodomicé ese culito cuanto más pude, penetrándolo salvajemente mientras mis huevos rebotaban en sus perfectas nalgas. Me sentía en la gloria, era lo máximo para mí, mi hermana ofreciéndome su culito para sodomizarlo en la cocina. Con mi mano libre tomé su cabello fuertemente jalándolo hacia atrás mientras ella sacaba mi otra mano de su boca gimiendo de placer. Sus gemidos eran leves ya que mis padres dormían.

    Me incliné totalmente en su espalda y así la penetración se hacía más placentera, y cuando la metía, ella empezó a gemir más fuerte así que tuve que taparle la boca nuevamente. Mientras le decía que era mi perra y que lo haríamos todos los días, ella movía la cabeza afirmativamente. Los movimientos se hacían más rítmicos hasta que no pude más y besándole el cuello le descargué todo mi semen, que era bastante, dentro de sus entrañas, sintiendo luego un suspiro de satisfacción de parte de ella. Por fin había cumplido mi sueño, el de desvirgar el culo de mi hermana sellándolo con mi semen.

    A partir de ese día los días siguientes fueron diferentes, lo hacíamos en la terraza, en la habitación de nuestros padres, el baño, el altillo, sótano, etc. siempre y cuando no estuvieran mis padres.

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  • Descubriendo a mi familia (1)

    Descubriendo a mi familia (1)

    Mi nombre es Pedro y soy bombero. Pero no un bombero de ciudad, trabajo como bombero en incendios en pozos de petróleo o gas. En esta actividad me inicié, hace ya varios años, en el sur de Argentina de donde soy y gracias a mi difunto padre, que era petrolero también y murió en una explosión en un pozo que ardió por más de 1 mes. Yo tenía tanta furia por la injusta muerte de mi padre, que me apunté como voluntario para ayudar a apagar el descontrolado pozo.

    Llegaron unos bomberos especializados de USA a apagarlo y me vieron trabajar con tanta creatividad, entrega y valentía, que cuando terminaron su tarea me invitaron a unirme con ellos. Yo en ese entonces tenía 21 años. Acepté y luego de entrenarme durante varios meses en Houston, me enviaron a Irak a apagar los pozos que incendiaban durante la guerra.

    Somos tan profesionales en nuestra tarea que nunca corremos demasiados riesgos. La cosa que trabajaba 30 días en Irak por 30 días de descanso en Argentina. Luego de un año, me cansé de tanto viajar (30 h por viaje), que decidí establecerme en Torremolinos, cerca de Málaga. Allí renté un departamento en un condominio y viajo a Irak o donde me necesiten por 30 días y luego mis descansos los disfruto en la costa del sol.

    El verano pasado se casó mi única hermana, 2 años menor que yo y fui a su casamiento. Mi regalo fue su luna de miel en Torremolinos.

    Cuando llegué a la casa de mi madre, que hacía más de 2 años que no regresaba, la encontré bastante cambiada. Había hecho un régimen estrictísimo, iba al gimnasio 3 veces por semana, estaba hecha una belleza. Me encantó y se lo dije. Le pregunté si tenía pareja y me dijo que no, que lo hacía por ella. Mi madre hoy tiene 48 años, mide 1.65 y debe pesar unos 50 k. Tiene todo muy bien repartido. Es flaca, lindas tetas y un culito bien puesto para 48 años. La ceremonia y fiesta de casamiento fue muy linda, sencilla y humilde. Al día siguiente se fueron los novios a España, yo les dejé las llaves de mi departamento y el auto e indicaciones de las playas donde podrían ir. Yo iría en 10 días más.

    Cuando nos quedamos solos en casa, al segundo o tercer día, me doy cuenta que mi madre está bastante caída y silenciosa. Al tratar de hablar con ella, se pone a llorar y me dice que ahora sin Julia, mi hermana ella se sentirá muy sola en la casa y eso la tenía mal. Entonces le propuse que se fuera a pasar unos meses conmigo a España, que el departamento tenía comodidades para los dos y que ella podría disfrutar de la Costa del Sol y salir del horrible clima frío y ventoso de la Patagonia.

    Y que la gente en el sur de España es muy agradable y que cuando yo me ausentara la iba a pasar muy bien yendo a la playa o paseando por los centros de compras. Que yo la iba a mantener mientras ella estuviera en mi casa. Se le iluminaron los ojos y aceptó. Hicimos los arreglos del viaje y trámites para su dinero y en 10 días nos fuimos a Málaga.

    Cuando llegamos al departamento estaban Julia y su esposo, felices y radiantes como recién casados, nos contaron lo que habían estado haciendo y a las playas que habían ido. Inclusive una nudista que está cerca de casa.

    –¿Una nudista? –Pregunto mi madre.

    –Si una nudista, es hermoso –respondió Julia.

    –Pues yo quiero ir también, –dijo mi madre. ¡Otra sorpresa para mí! Yo voy seguido a esa playa porque me gusta mucho mirar y de vez en cuando algún ligue extranjero encuentro.

    Esa noche me toco dormir en el sofá de la sala por que el departamento tiene solo 2 cuartos y le dejé uno a los mieleros y el otro para mi madre. A la noche escuchaba como cogía mi hermana y eso me dejó con una calentura terrible. En eso estaba, ya tocándomela para hacerme una paja cuando en la oscuridad aparece mi madre y me pregunta si estoy dormido.

    –No puedo, hay mucho ruido, –le digo con una sonrisa

    –A mi me pasa lo mismo, ¡y no soy de hierro!

    –¿Que te calienta escuchar? Porque a mí sí.

    –Claro que me calienta, te digo que no soy de hierro.

    –Entonces hace como yo, tócate un ratito y vas a dormir de primera.

    –Si, ya me estuve tocando, pero sigo mal.

    Era un dialogo increíble con mi madre, no por mí porque el mundo me ha hecho muy liberal, pero en ella, demostraba un cambio de conducta que no conocía. Y me gustaba.

    –¿A ver cómo estás? –Pregunto ella.

    –¿Te parece que te tengo que mostrar? Soy tu hijo y tengo 30 años.

    –Dale que te cuesta.

    –Bueno, yo te muestro, pero vos también.

    –Dale, –me dijo

    Yo me destape de la sabana, porque hacía calor y lentamente me baje el calzoncillo. Salto mi poronga que es respetable -21 cm–y estaba bien parada.

    –Vaya pedazo que tiene mi niño, –dijo ella excitada, se acercó a mirarla bien y ante mi sorpresa, pego media vuelta y se fue a su cuarto.

    –Eh, ¿y vos?

    –Otro día, buenas noches.

    Me dejo más caliente que antes, los novios habían terminado, y todo era silencio. Maldije en voz baja, pegué media vuelta y me dormí.

    Me desperté en la mañana con el ruido de un mensaje en el celular.

    Mierda, me convocaban a una operación para viajar al día siguiente. Aunque era mi tiempo de descanso, ellos ante emergencias me convocaban y lo pagaban doble. Supuse que en una semana estaría de regreso.

    El resto de la familia se fueron levantando de a uno y acercándose a la cocina a desayunar. El día era precioso y se presentaba como para ir a la playa. Desayunando hicimos planes y a eso de las 10 nos fuimos. La playa que querían los chicos no estaba más de 30 minutos. Dejamos el coche y caminamos por un sendero hasta la playa solitaria. Va no tan solitaria porque había gente desparramada pero como esta escondida de la vista, no es muy conocida.

    Ni bien llegamos, acomodamos toallas, heladera y bolsos y los chicos se desnudaron completamente. Primero mi cuñado, se bajó lentamente y de frente a nosotros las bermudas que traía y se quedó en pelotas. Tenía una linda pija, toda depilada, morcillona y no muy larga ni muy gruesa, normalita nomás. Me sentí tranquilo en mi orgullo de macho, yo estaba mejor dotado. Y tenía un culito de nene, paradito y redondito. Mi mamá lo miraba a él y a mi alternativamente, pero cuando lo miraba a él, le miraba directamente la pija. Yo me sonreía y pensaba, ¿hasta dónde va a llegar esto?

    Casi en simultáneo se sacó la ropa mi hermanita. Se desprendió la blusita que traía anudada a la cintura y quedaron sus tetas al aire. Vaya par de tetas que cargaba la chica, buen tamaño, nada caídas para sus 28 años. Con unas aureolas chiquititas y marrones y unos pezones largos y en ese momento empitonados como dicen por aquí. Se ve que la excitaba mostrarse.

    Luego se dio la vuelta para dejar su blusa en el bolso y luego de espaldas a nosotros se bajó el short de jeans que traía contorneando el culito y no llevaba tanga. Se agacho a dejarlo también en el bolso y al hacerlo le pude ver bien su ano rosadito y su conchita desde atrás. Cuando termino de acomodar el bolso, nos miró por arriba del hombro a ver que efecto nos había causado. Yo estaba sin respiración y su marido se había empalmado. Mi mamá sonreía, pero lo miraba a su yerno.

    Mi hermana se dio la vuelta con una inmensa sonrisa y de frente le pude ver su concha totalmente depilada. Mi hermana es realmente una belleza de mujer, mide 1,65 como mi madre, pero tiene piernas largas y bien torneadas. Y al estar toda bronceada, sin marcas, me tenía embobado. Por supuesto todos se dieron cuenta de mi turbación. Mi hermanita nos invitó a ir al mar que estaba como a 50 m. Yo le dije que después, le tomo la mano a Juan, su marido y se fueron.

    Nos quedamos mi mamá y yo solos. Ella desde la toalla se sacó la camiseta que traía y los short y se quedó en bikini normalito, nomás.

    –¿No te vas a despelotar como dijiste?

    –Yo nunca dije que me iba a desnudar.

    –Pero querías venir a una playa nudista.

    –Si, pero nunca dije que me iba a desnudar.

    –Seguís con tus trampas como anoche…

    –Je, je… ¡A ver desnúdate vos!

    –No lo puedo hacer ahora por que no estoy en condiciones

    –Que, ¿estás empalmado por tu hermana?

    –Si y me da vergüenza reconocerlo…

    –Vergüenza te tendría que dar no excitarte por esa belleza que tienes de hermana, en definitiva, es una mujer que no ves habitualmente desde hace mucho.

    -Tienes razón, –y me bajé el short de baño y me quede desnudo en la toalla y me di la vuelta boca abajo.

    –¡Lindo culito tienes! –Me dijo mi madre al mismo tiempo que me lo pellizcaba.

    Me sobresaltó que me pellizcara y pegué un respingo. La mire a mi madre y se estaba sacando la parte de arriba del bikini, mirándome…

    Tenía unas tetas hermosas, grandes y turgentes. Caídas lo normal para su edad y su tamaño, las aureolas marrones oscuras y los pezones largos. Y muy blancas. Me di la vuelta para mirarla bien, ya no me cortaba nada porque me daba cuenta que ella tampoco tenía vergüenza. Al quedar boca arriba, mi pija que estaba en semi erección quedo apoyada en una pierna. Mi madre la miro directamente y sin cortarse un pelo la acaricio por un instante.

    –¿Que poco pelo que tienes ahí?

    –Si, me lo corto con la maquinita del pelo, pero no me rasuro ni me depilo.

    –Pero en los huevos no tienes nada…

    –¡¡Miras mucho vos!! Si allá abajo me rasuro.

    –Se ve muy linda, y si miro mucho es porque hace tanto que no veo una que me llama la atención.

    –¿Y te excita lo que ves?

    –Si me excita, no te lo puedo mostrar, pero créeme.

    –Y por qué no me muestras, anoche tampoco quisiste….

    –Lo que pasa es que estoy muy peluda y no me gusta así, los veo a Uds. tan limpiecitos que no me gusta como estoy.

    –Bueno, rasúrate cuando llegues a casa y así te sentís más cómoda.

    Llegaron los chicos riéndose y jugando y cuando estuvieron al lado nuestro nos vieron desnudo a mí, a mamá en topless.

    Mi hermana se paró al lado mío, se arrodillo junto a mí, mostrándome su conchita abierta y en un solo movimiento me agarró la verga y me la meneo un par de veces diciendo:

    –¡Mira Juan que pedazo de pija que carga mi hermanito!

    Juan se arrodillo del otro lado mío y dijo cierto es grande y se la saco a mi hermana de la mano y para mi estupor me la meneó él un par de veces. Con todo este toqueteo que no habrá durado más de 1 minuto, mi pija se puso dura. Yo miraba para todos lados a ver si alguien nos miraba y ellos seguían con el tocamiento. No había nadie cerca ni mirando y como lo que pasaba no me disgustaba, no dije nada.

    Mi hermana riéndose le dijo a Juan, “dale, probala”. Y Juan, se agacho sobre mi y ante la mirada de mi mamá y mi hermana se la metió en la boca.

    –¡Para! –Dije yo, que esto ya no es chiste, mientas Juan me la seguía chupando.

    –No, no es chiste –dijo mi hermana–, ¡es una hermosura! Y se agacho y se la saco a Juan de la boca y me la empezó a chupar ella mientras mi cuñado me acariciaba los huevos.

    Yo estaba sorprendido por toda la situación, pero a su vez estaba gozando un montón y me daba mucho morbo. Mi hermana me pasaba la lengua por el frenillo y después se la metía hasta la garganta, cuando la sacaba bajaba hasta las pelotas y su lugar era ocupado por Juan que no solo me la chupaba, sino que me pajeaba también.

    La mire a mamá y estaba tan sorprendido como yo pero se veía en sus ojos que estaba muy excitada.

    –¡Bueno chicos, ya esta que me van a hacer acabar!

    –Dale, así te probamos todo, y seguían haciéndome una hermosa mamada a dúo.

    Ma si, me dije yo y me relajé a disfrutar, sentado como estaba veía como mi hermanita y mi cuñado se comían mi pija y mis huevos alternativamente, hasta que no aguanté más y les dije, me corro! A lo que ellos se centraron en mí y se fueron tragando todo mi semen entre los dos.

    Cuando terminaron, mi cuñado tenía una buena erección, se acostó en la toalla y mi hermanita se sentó arriba de él y se la metió en la vagina de un solo envión.

    Ella saltaba sobre él mientras Juan le agarraba las tetas y se las apretujaba. No se cortaban ni un pelo. La mire a mamá y ella se tocaba la concha por arriba de la bikini.

    –¿Quieres que te ayude? –Le pregunte.

    –No en este momento no, después quizás. Ahora miremos a estos locos.

    Mi hermanita estaba teniendo un orgasmo intenso, por sus gestos y sus ruidos y Juan terminó dentro de ella.

    Se quedaron abrazados ella arriba de él mientas se besaban y se decían cosas al oído.

    Después se separaron y pude ver claramente como le salía semen de la concha inflamada y abierta de mi hermana.

    –Nos vamos al agua, –dijeron y se fueron, dejándonos nuevamente solos.

    –Vaya con los chicos, –dijo mi madre–. Son bastante liberales

    –Y Juan bisexual –dije yo.

    –Si lo sabía, tu hermana también es bisexual. Ellos me lo dijeron hace bastante, pero nunca lo había comprobado como ahora. ¿Te parece mal?

    –A mi nada me parece mal sino dañas a otra persona, –conteste. Yo pienso igual dijo mi madre y se paró y en topless camino hacia el mar, moviendo su culito.

    Vaya con la familia que tengo y yo sin saberlo…

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  • Una visita al dentista

    Una visita al dentista

    Querido lector/a, ante todo quiero aclarar que esta historia es producto de la imaginación del escritor, los hechos aquí narrados son demasiado sorprendentes para ser verdad.

    Esta es una historia que le ocurrió a la amiga de un amigo. Algunos dicen que sucedió realmente, otros afirman que es solo un cuento para pasar el tiempo.

    Era tarde ya, Jessica había pasado todo el día trabajando en la clínica y ya era hora de que se fuera a casa. Ella había conseguido el empleo hacía solo unas semanas atrás, poco después de que se recibió de lo que más le gustaba: enfermera odontóloga. En verdad era una chica muy pero muy linda, morocha, pelo castaño claro tirando a rubio y largo hasta los hombros, ojos marrones y una buena personalidad según ella. Como iba contando, sólo le faltaba ordenar un poco el lugar y ya podría irse a descansar, cuando de pronto llegó un muchacho con un gran dolor de muelas.

    –¿Hola… hola? sé que no tengo una cita, pero… –dijo

    –La clínica cierra a las 19, terminamos por el día de hoy.

    Jessica notó al instante que el muchacho estaba algo concentrado en su cuerpo (eso le causo gracia) ya que no quitaba ojo de sus pechos. Era verdad que con el guardapolvo se veía muy sexy, por eso tomó la mirada como un cumplido. Aparte de eso, el recién llegado parecía tener un dolor casi insoportable, tanto que sin previo aviso se tiró de rodillas ante ella gritando

    –¡Owwah! ¡ay, ay, ay, ay! por favor, ¿no podría revisar mi muela? ¡Oohh! ¡ah! ¡ayúdeme doctora, por favor!

    –No soy una doctora, soy enfermera. El doctor ya se ha ido.

    –Pero ¡¿qué hago yo ahora?!

    –Entiendo, pero yo no puedo…

    –¿No podría darme una inyección, algún tipo de analgésico?

    –Perdón, pero yo no…

    –¡Wahh! ¡ay, auch!

    –Ssss… realmente duele mucho ¿verdad?

    –¿Usted que cree? ¡aaay!

    Por mucho que quisiera ayudar ella no podía administrar nada sin presencia del doctor, eso estaba claramente prohibido. Pero al ver al pobre sometido a tanto sufrimiento pensó que si le daba alguna pastilla o analgésico se podía ir en paz, nadie lo sabría, así que le dijo:

    –Mmmm, está bien. Te voy a inyectar un analgésico.

    –Sí… por favor.

    Entonces lo condujo hacia la sala en donde se encontraba la cama para intervenciones, y allí le ordenó que se acostara. Buscó todas las cosas que necesitaba y se preparó para pincharlo.

    –Abre tu boca, estás siendo muy valiente, –le decía mientras usaba el succionador.

    –¿En serio? –preguntaba él sin mucho convencimiento.

    Como todos sabrán por el tipo de trabajo que tiene Jessica necesita estar cerca del paciente, casi sobre él. Por esta razón sus pechos se pegaban a la cara del adolorido paciente, pechos que no eran precisamente para pasar inadvertidos. Entonces, por simple curiosidad más que otra cosa, Jessica vio de reojo la entrepierna del tendido para percatarse de que tenía una ¡tremenda erección!. Realmente le sorprendía el tamaño del miembro que se escondía bajo el pantalón, que dificultosamente lo ocultaba.

    ¡Increíble! parece que está a punto de romper el cierre, pensó para ella misma.

    El muchacho todavía seguía allí, pero al parecer no se había dado cuenta que alguien estaba admirando su talento. Él se sentía muy nervioso al quedar en tan buenas manos, así que dijo:

    –Soy afortunado de tener tan hermosa enfermera trabajando en mi boca.

    –Je, je… no necesita decirme piropos… –respondía ella.

    –¡No, no! es lo que pienso.

    –Tienes una cavidad bastante grande, ¿cepillas tus dientes cada día? –le dijo la enfermera mientras prestaba más atención al bulto que a su boca.

    –Bueno sí… la mayoría de las veces.

    –Está bien, ahora abre la boca que te voy a poner la inyección.

    Jessica aplicó la inyección sin resistencia alguna. La sorpresa llegó luego, ya que por alguna razón al terminar el personaje se durmió al acto. Como pudo trató de despertarlo, pero sin éxito. Alterada y sorprendida tomó la ampolla de donde había sacado el analgésico solo para darse cuenta de que eso no era analgésico, ¡sino anestesia!

    –Señor… ¡despierte! ¿señor? por favor…

    Trato nuevamente en despertarlo, pero nada, seguía profundamente dormido sin deseo alguno de volver en sí. No podía creer que le pasara eso justamente a ella, lo tenía allí recostado totalmente ido… y a su merced, mmmm… completamente a su merced. De repente le vino a la cabeza una idea muy pícara, de esas que hacen sonreír maliciosamente. Supo que la anestesia solo lo haría dormir un par de minutos, tiempo suficiente para observar eso que la había hecho equivocar en primer lugar, ya saben que… sin pensar demasiado bajó el cierre del pantalón y allí salió disparado como un resorte su un gran pene. Estaba tan parado que salía casi con totalidad de la ropa interior, era fascinante.

    –¡Mierda, es gigante! nunca había visto uno tan grande antes… –gritó sin poder controlarse.

    Como poseída (cosa que no haría nuevamente) se agachó para quedar a la altura del gran miembro y lo lamió levemente. Claro está que no podía conformarse solo con eso, así que lo hizo nuevamente, una y otra vez. Quiero aclarar que Jessica no era el tipo de persona que se acostaba con cualquier extraño, pero en ese momento pensó que no llegaría otra oportunidad del mismo tipo, así que decidió aprovechar el momento. Puso el mástil en su boca y como pudo lo metió hasta el fondo para deleitarse por completo.

    –Aaahh aahh ¡Gloups! ¡Increíble! siento que me voy a descolocar la mandíbula, –suponía al mismo tiempo que chupaba con muchas ganas

    Fácilmente lo podía tomar entre sus dos manos y aun tener espacio suficiente para lamer la punta, que tampoco se quedaba atrás. Gozaba al sentir como escurría más y más líquido, tanto que chorreaba hacia sus testículos y las manos de Jessica.

    –¡Glaps! ¡¡¡mmmm!!! lap lap lap, –eran algunos de los sonidos que se escuchaban en esa habitación. Por suerte el paciente seguía totalmente dormido mientras ella lo examinaba a fondo

    –Aaahhh… gulp, gulp ¡que verga! ¡aah! ¡aah! tan gruesa… tan larga… y tan dura!

    Sus pezones estaban más duros que nunca, parados mirando al cielo. Jessica quería seguir probando ese gran fruto de las mil y una maneras. Con algo de esfuerzo se puso sobre él (que depravada) para hacerle una paja francesa mientras la seguía chupando golosamente, como una niña que finalmente consigue el dulce que tanto desea. Allí, abierta de piernas dijo:

    –No lo puedo creer… no creo que algo así de grande… nnn, nnn, nnn, ¡gasp! ¡gasp! pueda quepar en mí…

    La idea le daba miedo, pero tenía que tratar. Además, ella estaba a cargo de todo y si las cosas salían mal podía parar en cualquier instante, no tenía nada que perder. Entonces se dio vuelta para quedar en la misma posición que estaba el dócil muchacho, abrió de piernas lo más que pudo y las flexionó hasta bajar a la altura de su pene. Una vez allí corrió la panty que era solo un estorbo, abrió bien sus labios vaginales y comenzó a comerlo lentamente (dicen las malas lenguas que siempre tuvo una entrada muy dulce, 100% afeitada todo el tiempo).

    –¡¡Nnnnnn…!! ¡aah! ah… oh, ¡si! ¡está entrando!, –pensaba.

    Cuando finalmente tuvo la herramienta dentro comenzó a moverse poco a poco para ir acostumbrándose, ya a los pocos minutos podía sentir como la llenaba, más que ninguno anteriormente. Por eso no pudo aguantar mucho tiempo las ganas y comenzó a moverse precipitadamente, sabiendo que se lastimaba pero que gozaba al mismo tiempo. Lo cabalgaba desesperada, casi con furia.

    –Aaah aahh aha aaahh… ¡¡mmmm…!!! me está partiendo al medio… ¡siento como si estuviese a punto de explotar! aaahh aahh… ¡¡esto es a lo que yo llamo una buena inyección!! ah ah…

    Parecía que las cosas eran muy buenas para ser ciertas, y así era. En ese momento Jessica notó que el adolorido estaba pronto a despertarse, ya que se movía incómodamente y hacía ruidos extraños. Ella rogaba para que él no recobre el conocimiento, no hasta que haya acabado la fiesta ¿verdad? Entonces muy a gusto con lo que estaba haciendo y sin ganas de terminar le dijo

    –No… no despiertes todavía… un poquito más… solamente duerme un poquitito más, quiero probar una cuantas cosas antes, aquí… allá…

    Como una loca sacó el pene de su vulva y lo rozó con sus labios vaginales, solo para desear tenerlo dentro de nuevo.

    –En… enfermera… mmm… mmm… enfermera, –murmuraba el paciente que estaba pronto a darse cuenta de todo.

    –No, no despiertes todavía seguía suplicando ella.

    Entonces supo que hacer para ganar más tiempo, ya que el juego recién había comenzado. Era una locura, pero debía tomar el riesgo, sí o sí. Extendió el brazo y tomó la jeringa que tenía todavía algo de anestesia y le dijo al oído:

    –No… duerme un poco más… un poco más… te voy a dar otra inyección de anestesia… necesito usar tu “jeringa” más tiempo…

    Hasta aquí se sabe de la historia de Jessica, que le dio el mejor tratamiento a un extraño ¿quién iba a pensarlo? Esta es una historia que le ocurrió a la amiga de un amigo. Algunos dicen que sucedió realmente, otros afirman que es solo un cuento para pasar el tiempo.

    Fin

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  • En un camping nudista

    En un camping nudista

    Hace ya más de diez años que mi marido y yo vamos todos los veranos a playas y campings nudistas. Para aquellos que nunca han ido y creen que estos sitios son una especie de antro del vicio, les diré que los campings nudistas suelen tener un ambiente absolutamente familiar y hasta puritano.

    Por eso me sorprendió lo que me sucedió.

    Llegamos al mediodía al camping donde solemos tener instalada una caravana, saludamos a antiguos conocidos y nos fuimos directamente a la playa a darnos un buen baño después de tantos kilómetros.

    Siempre los primeros momentos en un camping de este tipo son los más excitantes, después ya te acostumbras al desnudo y casi nada te impresiona.

    Después de zambullirnos en el agua, abrazarnos y tocarnos secretamente, nos tumbamos al sol. Al volver mi cabeza vi que junto a mí se había tumbado un chico joven, extranjero, atlético, quizás alemán, con un precioso broceado y sin un solo vello en todo su cuerpo. Yo tengo treinta y dos años, delgada, dicen que atractiva, muy morena, quizá por eso el contraste me llamó la atención. Mi marido con sus 43 a cuestas, no es que esté mal, pero al pobre la cerveza le está jugando una mala pasada y además su cuerpo está cubierto de vello.

    En fin, que no sé porqué no podía quitar mi vista del guiri. Debo decir que él tampoco de mí, aunque también que su mirada era bastante más osada porque no hacía ora cosa que mirar hacia mi coñito, depilado. Yo notaba su ojos en cada uno de mis pliegues y me estaba entre cabreando y poniendo a cien. A él por su parte comenzaba a notársele una poderosa excitación.

    Pasada una media hora fuimos al bar, desnudos claro, a tomar unas cervezas. Al poco tiempo apareció el guiri. Málaga, calor, dos de la tarde, barra a tope. El guiri a lo tonto se puso a mi espalda (a mí no me importó, la verdad) e intentó acercarse a la barra para pedir la bebida.

    Noté un mínimo roce, no me aparté, él se acercó más, sentí su miembro en mi culo en toda su extensión, un segundo, dos, tres, un rato interminable. Estábamos casi en el rincón. Nadie podía ver lo que pasaba, porque además había mucha gente.

    Insistió en pedir la cerveza como si nada pasara, yo notaba como su polla se iba poniendo cada vez más dura, el chico olía bien, le miré a los ojos, me devolvió una preciosa mirada azul y puso su mano en mi cadera.

    Le trajeron la cerveza, se apartó un poco mientras tomaba el primer sorbo, observé su erección, temí que alguien pudiera ver lo que estaba pasando, todos, incluido mi marido que hablaba con unos amigos, estaban a lo suyo.

    Volvió a acercarse, esta vez se puso en el mismo rincón de la barra, justo a mi costado. Sentí su sexo en mi muslo, caliente, noté que su mano se dirigía hacia el mío despacio pero imparable, me coloqué un pareo para evitar que nadie pudiera verlo y dejé que tocara mis labios depilados y se diera cuenta de que estaba empapada ¡Qué vergüenza!, miré a mi alrededor, al ver que nadie nos observaba, dirigí mi mano hacia su miembro, duro como una piedra, y comencé a masturbarlo lentamente, muy lentamente.

    Menos mal que se corrió pronto, justo antes de que se acercara mi marido para preguntarme ¿Todo va bien?

    Yo no sabía dónde meter mi mano mojada. El guiri el pobre tampoco sabía dónde mirar.

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  • Una noche universitaria

    Una noche universitaria

    El primer año en la universidad fue el típico año de adaptación, coger el ritmo de estudio, hacer nuevas amistades, etc.

    El segundo año es siempre mejor que el primero, sigues conociendo a gente y entablando más amistades.

    En una asignatura una parte del examen era la presentación de un tema por un grupo de estudiantes, para ello quedábamos para recoger información, redactarla, aprenderla y ensayar nuestra presentación. (lo típico).

    Ese grupo de trabajo estaba formado por 3 chicas (dos de ellas vivían en casa de sus padres y una al ser de fuera vivía en el típico piso de estudiantes).

    Después de varios ensayos acordamos que la presentación de unas diapositivas que incluimos con el trabajo la haríamos la chica que vive en el piso de estudiantes y yo, cosa de la que me alegre porque tendríamos que ensayar aún más que los demás y lo mejor aún, los dos solos.

    Quedábamos muchas tardes en sus piso para estudiar el trabajo y su presentación, estábamos tan a gusto los dos que el tiempo pasaba volando y muchos días se nos hacía de noche estudiando, muchas noches me ofrecía cenar con ella porque la relación con sus compañeras de piso no era muy buena.

    (Problemas de chicas…)

    Cada vez más se acercaba la época de los malditos exámenes y quedábamos para estudiar no sólo el trabajo de grupo sino también otras asignaturas.

    La presentación del trabajo la teníamos a mediados del mes de julio (¡Qué calor!) unos días antes a esto las dos compañeras de piso de mi amiga se marcharon a sus respectivas ciudades ya que terminaron mucho antes los exámenes y para que mi compañera no estuviera sola en el piso me invitaba a comer, merendar y hasta a cenar. Pasaba con ella más tiempo que con otra persona, siempre claro está basando nuestra relación en los exámenes y en la pura amistad.

    Un día antes a nuestra presentación estuvimos en una famosa cata universitaria, con lo que perdimos tiempo para acabar nuestros ensayos, así que tuvimos que merendar deprisa y ponernos a estudiar el trabajo y como no, nos dieron las tantas estudiando y ensayando, apagábamos la luz del salón y dejábamos el flexo enfocando a la pared mientras practicábamos nuestros papeles para el gran día. Ya era de noche y paramos un poco para cenar y descansar, después de cenar con el calor que hacía subimos un poco a la azotea del piso donde habitualmente ella aprovechaba para tomar el sol y estuvimos un poco charlando y relajándonos para poder seguir estudiando.

    Cuando bajamos de nuevo al piso el cambio de temperatura era brutal, el calor era sofocante y decidimos ponernos más a gusto quitándonos un poco de ropa. Ella se cambió de ropa y se puso un pijama de dos piezas pequeñas que me hicieron abrir mis ojos y descubrir toda la belleza de su cuerpo, además al cambiarse se impregno con un poco de perfume que me excitaba mucho más; yo me quite la camiseta y me quede en vaqueros.

    Con aquella calor nuestros ánimos para estudiar eran prácticamente nulos, además creo que los dos teníamos la cabeza pensando en otras cosas que hacer juntos y no precisamente era la de estudiar.

    Ella sacó un par de copas de ron, tenía la costumbre de cuando no se podía concentrar tomarse una copa y bueno pues yo tome otra, así pasó el tiempo pero ya no fue una sola copa sino varias y nos relajamos demasiado, entonces yo le propuse un juego, nos íbamos haciendo preguntas de examen muy concretas y el que no la acertara tendría que beberse un chupito de ron, a ella le pareció bien la idea, sacó unos vasos pequeños pero cambio el ron por tequila, un limón y un poco de sal, la fiesta estaba servida, ya sabíamos los dos que acabaríamos muy mal con la ingesta de tanto alcohol.

    Así que empezó el juego y como las preguntas que nos hacíamos eran tan concretas y rebuscadas pues la botella de tequilla bajaba y bajaba y cada vez más no acertábamos a contestar bien a las preguntas y cada vez más se nos escapaban las risas.

    No podíamos seguir bebiendo a ese ritmo, de lo contrario acabaríamos con el tequila y con una resaca de campeonato, por eso ella sugirió cambiar de juego ahora se trataba de que si no se respondía correctamente teníamos tres opciones:

    ―Decir la verdad a una pregunta del otro.

    ―Hacer un prueba que el otro ordenara.

    ―Quitarse una prenda de vestir.

    Con una regla, y es que no podíamos elegir la misma opción sin antes haber elegido las otras dos.. ¡un juego tan infantil y que se convirtió en el detonante de una noche de estudio sin igual!

    Como os podéis imaginar habíamos bebido tanto que era raro que acertáramos a las preguntas, cuando comenzamos el juego todo era muy inocente, pero se nos acabó la imaginación y todo paso a ser más picante:

    ―¿Con cuántos chicos/as has estado? ¿ Les has puesto los cuernos alguna vez? ¿Eres virgen? ¿Te masturbas? ¿Con quién tienes sueños eróticos? ¿Con quién querrías hacerlo?

    ―Haz el pino apoyándote en la pared. Chupa fuerte el limón, Baila lo más sensual que sepas. Haz flexiones encima de mi sin llegar a tocarme.

    ―Zapatillas, relojes, calcetines, vaqueros…

    Así hasta que paso lo que los dos estábamos deseosos de que pasara, ya sólo estábamos en ropa interior, yo en calzoncillos largos y ajustados, ella en sujetador y braguitas a juego. Pudimos contemplar nuestros cuerpos semidesnudos, ella no intentaba tapar su cuerpo para nada y eso que mis ojos la miraban muy fijamente, estaba guapísima.

    Con sólo la luz del flexo su cuerpo estaba compuesto de sobra y de luz haciendo ver sus curvas de un modo mucho más seductor para mí y después de mantener el cruce de miradas nos echamos a reír nos cogimos de la mano y nos fuimos para el dormitorio y sin más dilaciones dejamos salir lo que toda la noche llevábamos deseando.

    Nos desnudamos en la oscuridad de la habitación que sólo se rompía por lo poco de luz que entraba del exterior por entre los huecos de la persiana. Nos pusimos en la pared donde iba a parar la luz, nos veíamos completamente desnudos y con nuestros cuerpos llenos de pequeñas gotitas de luz que nos hacían ver nuestros cuerpos muchos más sugerentes y daban una impresión más morbosa.

    La verdad es que con las copas que llevábamos de más nuestra vista era ya un poco deficiente y nuestras manos hacían las función de ojos, con ellas palpábamos nuestra desnudez y descubríamos las maravillas de los cuerpos.

    Para mí era una situación muy erótica el poder contemplar el cuerpo desnudo de mi compañera tapado por la oscuridad y a la vez insinuado por los pequeños puntos de luz que en su piel iban a parar, al moverse la luz cambiaba de posición en su cuerpo y eso me excitaba aún más y me dejaba alucinado, con lo que podía ver y con lo que mis manos palpaban.

    Estuvimos bastante tiempo con nuestros sugerentes cuerpos insinuados en aquella pared entre las sombras y la poca luz, acariciándonos y besándonos sin prisas…

    Hasta que terminamos acostados en la cama, nuestros cuerpos estaban ya bastante sudorosos y nuestros ritmos cardiacos parecían estar acompasados.

    Nos besábamos delicadamente por todo el cuerpo mientras nuestros cuerpos se juntaban más y nuestros sexos se rozaban haciendo los preeliminares de una noche movidita.

    Podía notar como sus pezones se fueron endureciendo, mis manos apretaban su trasero con la intención de unir nuestros cuerpos al fin.

    Y por fin pude notar como poco a poco ella me dejo descubrir el inmenso placer al sentir como sus labios me dejaban entrar en lo más profundo de su cuerpo acompañado de unos pequeños gemidos y unos movimientos muy lentos y suaves que con maestría ella realizaba, yo no quería causarle ningún dolor y deje que mi compañera marcara el ritmo y seguía al pie de la letra las pocas “instrucciones” que ella daba.

    Y si buena fue la noche que pasamos, para mí fue también algo precioso despertarme junto a ella, con nuestros cuerpos desnudos en la cama, con las sábanas alrededor, enrolladas en nuestros cuerpos. Si algo me gusta es este tipo de despertar, poder besar a mi pareja, poder acariciar todo su hermoso y delicado cuerpo desnudo, me encanta estar mucho tiempo en la cama con mi pareja admirándola.

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