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  • El mensaje que te excita

    El mensaje que te excita

    Llegabas tarde, como de costumbre, a tu cita. Siempre te cuesta decidir la ropa que ponerte y al final, una vez elegida, acabaste cambiándola de nuevo.

    El maquillaje también contribuía a esa tardanza, y sin embargo, no podías salir de casa sin encender el ordenador y comprobar si tenías un mensaje suyo. Te morías de ganas de leerle, de saber algo más de él, de sentirlo tan cerca como cada vez que leías algo suyo, y tan intenso como si estuviera al lado tuyo haciendo sobre tu cuerpo las caricias que describía con sus palabras.

    Ahí estaba su mensaje; sus palabras formaban hileras de letras que al ser interpretadas por tus ojos provocaban esos estremecimientos en lo más profundo de tu cuerpo.

    Te habías esmerado especialmente en el atuendo interior ese día, habiendo hecho uso de buena parte de tu lencería preferida. Te habías puesto tus medias negras con liguero, que te hacían sentir aún más sexy. La acompañabas con un tanguita negro muy pequeño, que dejaba tu depilado sexo aprisionado bajo él, si bien tus labios siempre acababan saliéndose por los lados con tus movimientos… notabas la delgada cinta del tanga completamente pegada a tu sexo, habiéndose quedado por fuera tus labios. En cuanto al sujetador, hacía perfecto juego con el resto de lencería.

    Para vestirte habías elegido un ceñido vestido negro, bastante corto, que realzaba tu figura, dejando ver perfectamente las curvas de tu cuerpo, de tu cintura, de tus pechos y, al tiempo, mostraban un generoso escote que sin duda, invitaba a la imaginación. La sensualidad que irradiabas era increíble, y tu sola contemplación bastaba para acrecentar la sensación de intenso deseo que te inundaba. Unos tacones bastante altos, nada cómodos pero terriblemente bonitos, completaban la bella imagen que te devolvía el espejo cuando apareciste delante.

    Comenzaste a leer su mensaje. Era otra indecente propuesta suya que tanto te gustaba recibir. Insinuaba lo mucho que le excitaba la idea de que pudieras masturbarte para él. Tu excitación iba en aumento. También te excitaba la idea. El recuerdo de tu sensual imagen en el espejo acudía repetidamente a tu mente. Notabas el tanga completamente pegado a tu sexo. Estabas siendo invadida por una arrolladora avalancha de pensamientos a cuál más erótico.

    Conectas tu cámara. Sólo por ti. Sólo para ti. Te excitaba mucho la idea de verte en tu pantalla, vestida para follar, y cuando te viste, no pudiste resistirte a la tentación de dejar deslizar sobre la piel de tu escote tus dedos, recorriendo lentamente tu cuello con el dorso de dos dedos. Notas tu sexo entre tus piernas arder de deseo. Te levantas de la silla y contemplas la imagen que está en la pantalla… Tus manos recorren todo tu cuerpo, tus muslos, tus piernas, tus caderas, deslizándose suavemente sobre la suave tela. Tu vientre, tus pechos, tu cintura es recorrida lentamente, hasta que tropiezas con la cremallera del costado, y vas bajándola suavemente.

    Tu vestido cae dejando ver tu ropa interior; tu sexo rebosa por los lados de tu pequeño tanga, y tus dedos juguetean con ellos. Tus manos acarician tu sujetador notando como tus pezones se endurecen aún más. Los aprietas entre el encaje que los rodea. Los pellizcas suavemente dejando que tus dedos noten su dureza. Acabas quitándote el sujetador y te quedas con tu minúsculo tanga, y unos pechos enormes que se mueven sensualmente al compás de tu cuerpo.

    No paras de acariciarlos dulcemente, de pellizcarte los pezones, de rozar con la yema de tus dedos esos duros apéndices que rematan esos pechos tan bellos, que no paran de moverse, de bambolearse ayudado por el movimiento de tu cuerpo. La imagen de la pantalla te tiene cada vez más excitada. Te gusta, te excita el contemplarte así de sensual.

    Ya solo te quedan las medias, los tacones y tu tanga, pero tus manos hace tiempo que no paran de acariciar tu clítoris por encima del tanga, de pellizcarte los labios que sobresalen por los lados y darles pequeños tironcitos que te están volviendo loca. Tus jadeos cada vez son más fuertes, más sonoros, más excitantes.

    Colocas una pierna sobre la silla y te dedicas a abrir tu sexo todo lo que puedes. Te clavas la cinta entre tus labios y aún más cuando coges entre tus dedos tu tanga y tiras hacia arriba, moviéndolo suavemente hacia los lados, de manera que la cinta negra acaba arrastrando tus labios de un lado a otro, uniéndolos, dejándolos escapar por un lado, para de nuevo introducirse entre ambos separándolos, para volver a dejarlos escapar por el lado opuesto. Vuelves a tirar hacia arriba, notando cómo acaba queriendo penetrar en tu sexo.

    Te demoras en este juego un buen rato, sin prisas, jugando con tus labios, con el roce de tu tanga sobre tu clítoris, sobre tu vulva, que palpita de deseo, notando sobre tu sexo los latidos de tu acelerado corazón.

    Tienes el tanga totalmente empapado de la humedad que estás sintiendo. Te gusta estar así. Ya no tienes ninguna intención de llegar a tu cita, con lo que acabas abandonándote al placer y acabas quitándote el tanga. Sólo tus medias negras, tus ligueros, y tus tacones.

    Te inclinas sobre el teclado, viendo tus pechos sensuales, y como tus manos están acariciando tu clítoris con movimientos rítmicos, tus pechos reproducen esa cadencia incrementando la sensualidad del momento. Abandonas momentáneamente tu clítoris porque tus dedos están entrando por fin en tu húmedo sexo.

    Tienes dos dedos lo más profundo que has podido meterlos dentro de ti. Despacio, sin movimientos bruscos. Simplemente has colocado dos dedos en la entrada de tu vagina, y suavemente, has ido empujando sin retroceder hasta que el resto de la mano ha hecho de freno. Han sido increíble las miles sensaciones que has tenido en un momento. Poco a poco los vas retirando, despacio, notando cómo tu sexo vuelve a cerrarse, como si no hubiera estado totalmente entregado a tu propia penetración un instante antes.

    Sacas los dedos y despacio los llevas a tu boca para sentir tu sublime sabor. Te excita. Sentir el sabor de tu coño en tu boca es algo que siempre acaba llevándote a la locura. Los chupas despacio, sacando todo el sabor, notando la textura tan peculiar que adquieren tus dedos cuando los metes en tu sexo. Esa humedad, ese tacto, esa viscosidad, ese sabor, ese olor, te transportan a un mundo de sensaciones que siempre te desborda. Como te estás sintiendo ahora.

    Tus dedos vuelven al camino anterior, invadiendo tu intimidad, contemplando tu imagen abierta de piernas y con tus dedos dentro en la pantalla de tu ordenador. Colocas la cámara de manera que capte perfectamente el momento en el que te sientas de nuevo ante el ordenador, colocar ambas piernas sobre la mesa, totalmente abiertas y tus dedos comienzan a entrar y salir a mayor velocidad de tu sexo. Notas cómo tu mano te está follando, cómo tus dedos te están follando, llenándote de placer, ya no son dos, sino tres los dedos que has metido, pero aún tienes ganas de más…

    Estás tan excitada que no sientes dolor ninguno cuando tus dedos pellizcan tus pezones fuertemente. Tampoco cuando tu mano abierta acaba dándote un cachete bien fuerte en tu propio culo, sintiendo aún más placer por el golpe sonoro y seco que produce sobre tu piel. Por fin te dedicas a penetrar tu sexo con una mano mientras la otra está totalmente centrada en tu clítoris… Te ves en la pantalla. Te excitas aún más.

    Tus gemidos y gritos de placer inundan la habitación… No puedes más…

    Tus ojos no pueden estar abiertos… El placer los cierra… tu mano se empapa aún más…

    Te has corrido de una forma espectacular… tu mano está empapada…

    Recoges todo el líquido que puedes y lo esparces sobre tus pechos, que lo recibe mientras todavía sientes espasmos de placer en tu sexo.

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  • Me encanta disfrutar de esa enorme macana

    Me encanta disfrutar de esa enorme macana

    Me casé en 2001 y tuve mi primera hija en 2003. En diciembre de 2005 fui a una fiesta navideña que ofreció la escuela en la que doy cursos de manera ocasional. Llevé un vestido corto negro y unas zapatillas muy bellas. De acuerdo a comentarios de las personas con las que bailé me veía muy bien. Mi esposo se quedó en casa con la niña. Una amiga que era quien había prestado su casa me presentó a su hermano, Carlos. un hombre fornido de como 1.80 de estatura y que tenía bigote y una barba mal cuidada. Tenía aspecto de policía judicial, pero en realidad era un migrante que vivía diez meses en Estados Unidos y que venía en diciembre y se marchaba nuevamente en enero.

    En la fiesta bailé con él y me dio de beber puros preparados dulces que obviamente me emborracharon muy rápido. Se ofreció a llevarme a mi casa. Le comenté que era casada y que debía llegar temprano. Eran cerca de las 24 h. Me llevó y en el camino me preguntó si podíamos pasar a su casa para que recogiera algo que había olvidado y acepté. Quedaba de camino.

    Una vez que estuvimos en su casa, fue por el paquete que le urgía y yo me senté en el único sofá que había en la sala, a esperarlo. Pero vino y me abrazó violentamente y me besó a la fuerza. Yo traté de separarme de él y no lo logré pues era mucho más fuerte que yo. Me quitó el vestido hasta casi arrancármelo y me siguió besando a la fuerza. Yo decidí no oponer resistencia y fingí corresponderle un poco porque tenía miedo que me violara o al menos eso pensaba que ocurriría.

    Una vez que me dejó apenas con mi tanga -no llevaba sostén- me metió el dedo en la vagina y me dolió pues sus manos eran grandes. Fue a la cocina y se untó un poco de mantequilla y me penetró. Me dolió pues tenía un pene muy grande y jadeó hasta que se salió y arrojó el semen en el piso. Me dijo que me vistiera y me llevó hasta la esquina de donde yo vivía.

    Me quedé muy contrariada y lo volví a ver a mediados de enero. Paró su camioneta pick up y me pidió que subiera. Lo hice sólo porque me pidió disculpas y añadió que había tomado mucho y que había perdido el control. En esa ocasión fue tierno. Estaba a punto de marcharse a Estados Unidos y dijo que no quería irse así. No le creí mucho pues él era casado y tenía tres hijos a pesar que era un hombre de apenas 26 años. En ese entonces yo tenía 31 años.

    Me pidió si le permitía llevarme a casa y ya su actitud era distinta. Una vez que pasamos frente al campo militar me preguntó si quería dar una vuelta y accedí. Se desvió hacia un lugar llamado Medellín y en un paraje inhabitado se desvió nuevamente y puso su camioneta debajo de varios mangales. Allí comenzó a besarme y acariciarme con delicadeza y me excitó mucho. Me quitó el sostén que llevaba y la falda también y me acarició mi vulva y la lamió como todo un experto. Yo estaba ardiendo.

    En eso él llevó mi mano izquierda a su pene cubierto por el pantalón y pude sentir un bulto enorme. Se quitó el pantalón y la trusa y su pene sin erectarse se veía muy grande. Inmediatamente que lo metí en mi boca comenzó a erectarse y de repente ya se veía descomunal. Fácilmente y sin exagerar debe medir por lo menos 25 centímetros completamente erecto y además grueso. Se lo mamé y lo lamí. Yo me preguntaba qué iba a hacer otra vez con ese pito en mi vulva pues lo agarraba con mis dos manos y todavía quedaba un buen trozo de carne.

    Él estaba muy excitado y me pidió que me sentara en su pito. Antes de eso cuidó que yo estuviera bien lubricada para que pudiera entrar sin tantas complicaciones. Primero sentí dolor y luego un inusitado placer pues él arremetió muy delicadamente. Me sacó el pito y me lo volvió a meter sólo que ahora mi espalda chocaba con su pecho y fue una sensacional tremenda. Gemí de placer al sentir esa macana adentro. Luego me cogió en otras posiciones y al final eyaculó dentro de mí. Fue una gran sesión de sexo.

    En marzo de 2006 comencé a sentirme mal. Perdí el apetito, bajé de peso, tenía náuseas y me mareaba con facilidad. Me desmayé durante un curso y me llevaron con el médico de la escuela quien pidió una prueba rápida de embarazo y se comprobó que estaba esperando un hijo. Aunque tenía encuentros con mi esposo como es lógico, recordé que mi migrante me dejó ir chorros abundantes de semen. No tenía duda que el bebé que tendría era de él.

    Él regresó hasta diciembre de 2007 y nos encontramos otra vez y a partir de allí, año con año tenemos uno que otro encuentro furtivo. Tener sexo con él es sensacional pues, aunque sólo lo veo una vez al año me encanta disfrutar de esa enorme macana que la vida le regaló.

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  • Mi hermana y yo nos quitamos la calentura (parte 2)

    Mi hermana y yo nos quitamos la calentura (parte 2)

    El lunes cuando regresó mi novia de casa de su familia le conté lo que pasaba con mi hermana y su marido. Se apenó mucho, pero como ella sabía que yo salía los fines de semana pensó que ahora que mi hermana estaría en casa de viernes a domingo podría golfear menos, con lo cual también se alegró, lo que ella no sabía es que la golfería podía hacerla ahora en casa.

    Mi hermana me había dejado como una moto o lo que se suele decir muy cachondo así que tomé a mi novia y me la llevé a la habitación, pues no aguantaba más, sin decir ni permitir que dijera palabra la tiré sobre la cama, empecé a besarla mientras mis manos le iban desabrochando la ropa. Primero la blusa, después la falda y por último unos sostenes negros pequeños que dejaron al descubierto sus pechos con sus pezones rozados.

    Acerque mis manos a sus pechos acariciándolo con cuidado al principio y amasándolos después con fuerza, para seguir de inmediato recorriendo los pezones con la lengua. Llevaba ya mucho tiempo dedicado a dar masaje a sus bubis que es así como le llamaba ella a sus protuberancias mamarias.

    Ella no movía ni un músculo, solo su respiración sé hacia más profunda y entrecortada. Aparte sus bragas a un lado y deje al descubierto la raja de su concha pase un dedo por ella intentando averiguar lo húmeda que se encontraba. Estaba realmente cachonda a decir por los jugos que salían de su concha.

    Sin apenas tocar su concha se vino con un colosal orgasmo. Yo le puse mi polla en la boca y me dediqué a follarla por aquel lugar pero sin querer aun terminar.

    Mi boca bajo hasta su vulva la lengua penetro entre los pliegues de sus labios recorriéndolos de arriba abajo hasta pasar por los más recóndito rincones de su sexo.

    Poco a poco llegué a concentrarme en el endurecido clítoris. Mi lengua pronto paso a lamer circularmente la zona y a pasar la lengua por encima del clítoris. Cada vez que hacía presión sobre su clítoris todos sus músculos sé tensaban todos, de pronto todo su cuerpo se convulsiono en un orgasmo descomunal. Yo aún seguía con mi pene en su boca.

    Deje que se repusiera un poco para volver a la carga con ella, pero esta vez le ensarté su almeja con mi verga y empecé a bombear con fuerza y a un buen ritmo, mi pene que aún no se había corrido ninguna vez y estaba más duro que una barra de hierro empezó a brotar leche como si de una fuente se tratara, todo se quedó adentro de su coño, poco a poco la leche que deje dentro fue saliendo de su vagina.

    Le acerqué mi verga a su boca para que la dejara limpia mientras lo hacía me llegó una nueva erección más dura si cabe que la primera, le di la vuelta a mi novia le abrí las nalgas y empecé a lubricar su ano con mi saliva al tiempo que le metía un dedo en el ano seguí lubricando su ano y metí otro dedo. No quería meter muchos dedos ya que como era la primera vez que se la metería por el culo no la quería muy dilatada.

    Jamás me había dejado que se la metiera por aquel agujero, pero hoy ya estaba tan agotada que creo que no se enteraba de lo que se le venía encima le abrí las piernas ella no opuso ninguna resistencia apunte con mi pene la entrada de su ano y de espacio fui acercando mi verga a su ano.

    Cuando toqué su ano ella solo tuvo fuerzas para decir que por allí no por favor, no termino de decir la frase que ya tenía la punta del glande metido en el ano y seguía entrando despacio muy despacio. En el desvirgue anal tuve que detenerme algunas veces para lograr que su ano se acomodase a tener mi polla dentro. Una vez conseguí que mi polla estuviera dentro me detuve solo un momento y empecé a bombear primeramente con suavidad y después más rápidamente mí novia no pudo decir nada de tanto en tanto solo algún quejido.

    Al rato me vine allí dentro todo su recto quedo inundado por mi leche mientras aun salía la leche de su vagina saque mi verga de allí dentro y se la puse en la boca para que la limpiara.

    Mientras me cogí a mi novia soñaba que estaba ella, mi hermana y yo dándonos placer.

    Aquella semana empezaba bien aún no era la tarde y había desvirgado el ultimo agujero que le quedaba para desvirgar a mi novia.

    Por la noche nos esperaba otra sección de sexo.

    Después de cenar nos sentamos delante del televisor no hacían nada interesante y nos empezamos a besar y acariciar nuestros cuerpos. Yo le quite la ropa hasta que se quedó como su madre la trajo a este mundo. Mis manos recorrieron cada centímetro de su piel ella se calentó con mucha facilidad.

    Yo me calenté otra vez pensando que estaba contemplando a mí hermana y ella haciendo el amor como si fueran lesbianas.

    Esta vez no aguante tanto tiempo antes de meter la en su coño estaba super excitado así que toda para ella. Empezando a bombear casi de inmediato mientras le metía un dedo en el culo para ver como termino el trabajito que había desarrollado en la sección anterior. Cuando sintió mi dedo ella se quejó diciendo. Aun me duele. Deje que ella se fuera recuperando del desvirgue que había sufrido. Por lo tanto, no hicimos sexo anal.

    Pronto nos corrimos los dos y decidimos irnos a la cama allí jugamos otro ratito dejado para mañana otra sección de sexo.

    Aquella semana aprovechamos para tener sexo en todas las ocasiones que se nos presentaron y por todos los sitios. Aunque tardamos 3 días en tener sexo anal.

    Todos los días hasta que llegó mi hermana el viernes fantaseé con ella y mi novia cogiendo entre ellas y conmigo.

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  • De regreso a la escuela

    De regreso a la escuela

    Bueno, lo que les voy a contar me sucedió hace tiempo en un local bailable.

    Yo estaba colaborando con la escuela de mi pueblo, pertenecía a un comité que ayudaba en actividades para recaudar dinero para el funcionamiento. Se decidió realizar un baile, desde el día que lo planearon pensé que esa sería la noche en que yo iba a culear con otro hombre. Esa noche me tocaba con una amiga estar cobrando la entrada al baile, era de la escuela de mi pueblo. Estaba decidida a ser culeada por el primer hombre guapo que me lo pidiera, a pesar de mis cuarenta y cuatro años me conservo muy bien. Ya había pensado donde lo podría llevar para que me cogiera.

    Ya estando allí me encontré con una amiga de mi barrio la cual me presentó a su amigo que había venido de otra ciudad a pasear y bailar un poco, grande fue mi sorpresa cuando la vi, era un hombre de unos 25 años, tez morena, pelo castaño corto, de 1,70 de altura aproximadamente, con una cola espectacular y un bulto que yo se lo deseaba a mi marido, pero lo que más me impactó fue su mirada (de seguro se reirán por esto) ya que tenía una mirada de “come-mujeres” que mataba. Con solo verlo la vagina se me puso a mil, sentí donde se me comenzó a mojar con solo ver a este hombre.

    Después de presentarnos, (él se llamaba Carlos) el ingresó al baile siendo la admiración de las mujeres, yo me propuse que no iba a ser para ninguna de ellas, tenía que ser mío esa noche mientras mi marido estaba durmiendo en la casa yo me tenía que culear a Carlos a como diera lugar, se tomó un refresco y buscó mi mirada.

    Yo tenía puesta esa noche una blusa donde sobresalían mis pechos, a pesar de mis cuarenta años yo los conservaba hermosos por mis ejercicios, yo también le busque su mirada, y con un gesto le dije que me llevara a bailar, dejé a mi amiga sola cobrando y nos pusimos a bailar y a cada movimiento que dábamos trataba yo de apoyarlo un poco a mis pechos, cosa de lo que él se dio cuenta ya que él también se pegaba un poco mas a mi a cada apoyada.

    Luego de esto nos fuimos a tomar unos tragos y luego de charlar un rato le dije si podíamos salir afuera un momento ya que allí dentro hacía mucho calor. Accedió y salimos, cuando pasé por la puerta le dije a mi amiga:

    -Busca quien te ayude a cobrar, yo tengo que culearme a este hombre, hoy le voy a poner los cuernos a mi marido, me tengo que desquitar que él tenga otra mujer y creo que voy a estar ausente por largo tiempo, si te llama mi marido le dices que estoy ocupada adentro y que no lo puedo atender, que me deje el recado.

    Caminamos un poco y llegamos hasta un paredón de la escuela de mi pueblo y nos sentamos a charlar. La misma giraba en torno a si tenía pareja, cosa que me negó diciéndome que hacia un par de meses que “nada de nada”.

    Esto me ponía mojada de solo pensar las ganas de coger que tendría este macho. Luego me preguntó a mí, y le dije que yo tenía pero que tenía algunos problemas de pareja por el momento, no le podía contar cuando me culeó el primer yerno, el camionero, el amigo de mi amiga Merce, o el chofer de mi marido. De repente se quedó mirándome muy serio y me preguntó… “¿hace cuanto que no la ponés?”…

    Yo me quedé absorta por la pregunta y le dije:

    -¿La pongo a qué?

    -Pones tu vagina a que te coja tu marido

    -… Desde hace un par de meses…

    Él se sonrió y me dijo… “creo que estamos en igualdad de condiciones…”. Yo no aguanté más y lo tomé por la cintura, acerqué mis labios a los suyos y nos fundimos en un solo beso en el que nuestras lenguas eran solo las que hablaban. Yo comencé a sobar su verga y el mis hermosos pechos a lo que yo acepté con unos suaves quejidos.

    Sus manos no abarcaban por completo mis pechos eran grandísimos. Luego llevó sus manos a mi cola y pudo sentir la dureza de mis nalgas. Yo mientras tanto, entre gemidos, le tocaba la verga, que para ese momento estaba dura como una piedra, yo no podía creer lo que me estaba pasando.

    Después de un rato de toqueteo le dije que nos fuéramos al fondo de la escuela, ya tenía bien mojada mi vagina y no aguantaba las ganas de que me metiera su verga, yo tenía la llave del portón, en ese momento por la calle no pasaba ninguna persona ya que estaban en el baile, y hacia allí nos dirigimos, llegamos hasta la parte trasera de un aula la cual estaba iluminada por un bombillo y desde allí no nos podían ver desde la calle, en reuniones que había tenido en la escuela yo había analizado el lugar donde podría llegar a culear, ya que un padre de un alumno un día que nos quedamos solos me había propuesto cogerme ahí pero yo no lo acepté porque quedaba poco tiempo para que mi marido llegara a recogerme e irme a casa.

    Una vez allí, me subí la blusa y me desabroché el corpiño, los pechos mas hermosos y grandes que vio en su vida los tenía ante el ahora. Los tomó entre sus manos y se llevó uno a la boca, tenía los pezones grandes los cuales comenzó a chupar como si fuera un bebe.

    Yo le preguntaba entre quejidos si le gustaban mis tetas, que se me las podía comer a gusto. Mis manos ya habían desabrochado su pantalón y comenzaba a jugar con su verga por encima de sus calzoncillos. Luego se los bajé y me agaché delante de él engulléndome todo su pedazo hasta las bolas. Yo gemía por el placer que este hombre me estaba dando mientras el me acariciaba y exprimía mis pechos entre sus manos. Miró hacia abajo y podía ver mis ojos mirándole fijamente y moviendo mi cabeza hacia atrás y adelante, haciendo ruido con mi lengua sobre su verga. lo tomaba por los cachetes del culo y lo llevaba hacia mi pidiéndosela mas adentro.

    Él ya estaba por acabar y sacarla de mi boca, pero yo la muy puta le apreté de los cachetes del culo para que no me la sacara. El sintió un escalofrío por su espalda y un placer extremo por lo que me descargó toda la leche en mi garganta, de la que no se escapó una sola gota. Luego con mi lengua se la dejé limpita.

    Cuando estuvo un poco repuesto yo le miré y le dije “ahora te toca a vos darle placer a esta mamita…” y sin más ni más me quité los pantalones. Tenía puesta una tanguita color crema que se me metía toda en el culo, de solo verme se le puso dura de nuevo, a lo que se agachó y hundió su cara entre mis piernas besándome a través de mi ropa interior, estaba toda mojada por mis flujos de la excitación que sentía. El comenzó a morder mis labios por encima de la tanguita y a pasar un dedo por encima de mi clítoris, yo me quejaba y decía:

    -… así, mi bebe, así, comeme toda… ayyy.

    El directamente me arrancó los calzones de un tirón quedando ante una espesa mata de pelos del cual se desprendía un hermoso olor a perra en celo. Abrí mis piernas y las apoyé en un filo de la pared con lo cual mi vagina quedó toda a su disposición.

    Se abalanzó sobre sus labios carnosos, los cuales mordía suavemente y con lo cual yo pegaba un gritito de placer, sus dedos tocaban mi clítoris arrancando los suspiros más lindos que oí en mi vida. Uno me lo empezó a meter suavemente a la vez que me chupaba el clítoris.

    Yo parecía una loba, me movía arriba y abajo emitiendo quejidos cada vez más fuertes, sus dedos se movían cada vez mas fuerte dentro de mi, los tenía empapados por mis jugos.

    Luego tomé sus cabellos y comencé un mete y saca con su cabeza que yo creía que me lo iba a ahogar, a todo esto el no dejaba de meter lengua y dedos. El orgasmo que tuve, según como le conté luego, fue espectacular. Mi vagina se contraía con unos espasmos espectaculares a la vez que su cara se iba llenando de mis jugos orgásmicos. Mis gritos eran realmente fuertes, por lo que pensé que nos podrían estar escuchando, cosa que me excitó a sobremanera, no me di cuenta que mis gritos llamaron la atención del padre que me quería culear, él estaba en la escuela y se acercó para ver que pasaba.

    Carlos se paró y con su verga al palo me la hundió hasta el fondo. Yo pegué un grito de placer de sentir bien ocupada mi vagina y me aferré a su espalda comenzando un sube y baja genial, nuestros cuerpos se acoplaron perfectamente a un movimiento realmente excitante. A cada empujón de él, yo gritaba que por favor no me la saque más que me la deje toda adentro…” soy tu putita” le decía. Él me tomaba por mis nalgas y me la hundía más al fondo. Tenía sus manos empapadas.

    Me movía como ninguna, mientras el chupaba y mordía mis hermosos pechos que tenía ante él. Nuestros gritos llenaban el silencio de la noche, yo le arañaba la espalda y le decía…”quiero que acabemos juntos, mi amor, por favor”. De repente comenzó un movimiento furioso de mete y saca al saber que ya estaba por llegar “… ahora, mi amor…” me dijo y me descargó un chorro mas grande aún que el primero, yo arqueaba mi espalda mientras le gritaba: “… que bien me cogiste, mi amor, me acabé toda con vos… que puta que soy… soy la mas puta de todas…”.

    Por sus piernas corrían nuestros jugos, a lo que yo me agaché y los comencé a beber diciendo: “… mirá como mamita se toma toda la leche…”, luego seguí con su verga en la que no dejé ni un rastro de nuestra aventura.

    Después nos vestimos, y nos quedamos un rato mas charlando entre besos y toqueteos Le dije que vaya a mi casa, que vivía sola en el día ya que mi marido sale a trabajar y no regresa hasta en la noche y mis hijos no pasan el día en la casa, y que allí podríamos continuar esto que habíamos comenzado, que hacía mucho tiempo que no me ocurría algo así, que podíamos culear en la cama sin ninguna prisa de que llegara alguien. Salimos del fondo de la escuela y al pasar frente a la oficina noté que había luz y me asomé, ahí estaba el padre de familia que me quería culear.

    Le dije “Hola, pasé por aquí porque vi luz y vine a revisar”.

    Me contestó ¨Hola Haydeé, que está haciendo Ud. aquí si tenía que estar cobrando la entrada al baile”.

    Andaba en mi casa.

    -No me mienta Haydeé, si yo la vi en el fondo de la escuela culeando con su amigo, que pasa que no ha querido culear conmigo, sus gritos me hicieron asomarme para ver que pasaba. Si no se deja culear se lo cuento a su marido, Ud. es la que pierde.

    -Deme tiempo al tiempo, voy a ir a dejar a mi amigo y después hablamos.

    Cerré la puerta y le di un gran beso, él me acarició mis tetas y yo su verga.

    -Espérese que un día de estos voy a ser toda suya, vamos a culear sin presiones, con buen tiempo.

    Salí, me despedí de él y salí con Carlos a la calle comprobando que no pasara nadie y nos viera salir de ahí y le fueran con el cuento a mi marido que me vieron en la escuela a altas horas de la noche sola con un hombre. Luego fuimos hasta el salón para cerrar caja, y mi amiga me preguntó como me fue en mi culeada, le dije que de maravilla, me dijo tu marido llamó que no te podía venir a recoger, que te acompañara a la casa, pero tu amigo te puede ir a dejar y yo le digo que fui yo, cuando cerramos el salón el padre de familia me dijo:

    -Haydeé, yo la voy a dejar a su casa, tal vez podamos culear de camino en un lugar apartado de la calle.

    -No, mi amigo me va a ir a dejar a mi casa, después hablo con Ud., su tiempo llegará

    Carlos me acompañó hasta la casa y como todavía teníamos ganas en el garaje nos pusimos a culear de nuevo sobre la tapa del carro, me bajó los pantalones hasta la rodilla se sacó su gran verga y de un solo envión me atravesó mi vagina, que estaba bien lubricada de la cogida anterior y de la sobada que me dieron en la oficina, de sus embistes movíamos el carro y me dio otra descarga de semen y allí nos despedimos, yo con mi vagina bien mojada y el con su verga bien exprimida, lo cité para el lunes cuando no hubiera nadie en la casa y pudiéramos culear muy rico en la cama de mi habitación.

    Al siguiente día se iba a su ciudad, llegó el lunes en la mañana a culearme, esperó que se fuera mi marido y nos dimos gusto culeando toda la mañana en mi cama.

    En la noche tuve reunión para cancelar las deudas del baile, al final me quedé sola con el padre de familia, le dije:

    -Ya se fueron todos solo Ud. y yo quedamos, aprovechemos para culear antes de que venga mi marido a buscarme, yo le dije que su tiempo iba a llegar.

    Quitamos todo del escritorio, el comienza a acariciarme las tetas y al poco tiempo me quita la blusa y me las deja al descubierto y me da una buena mamada, yo le acaricio su verga sobre el pantalón, se siente que es de gran calibre, me deja pensando todo lo que me va a meter.

    Me quito el pantalón dejándome solo mi tanga y él se inclina y me comienza a dar besos sobre mi vagina, aparta la tela y me da una buena mamada que me hace gemir y suspirar, me quita la tanga por completo, se pone de pie y se quita el pantalón quedando en bóxer con su gran bulto bien erecto, me acerco a él y se lo bajo dejando libre para mi aquel gran pedazo de carne, me quedo asombrada de ver su tamaño, es un poquito más grande que la de mi amigo con quien me vio culeando. No me haga daño porque entonces mi marido se va a dar cuenta que estuve culeando.

    -No se preocupe, Haydeé, yo se la meto poco a poco, a lo que Ud. aguante.

    Me acuesto sobre el escritorio levanto mis piernas y le dejo mi vagina a su disposición, él se coloca al frente y me acerca su gran verga a la entrada, me la comienza a rozar de arriba abajo, me hace temblar de sentirla a la entrada, poco a poco me la comienza a hundir y yo a gemir, comienza con un mete saca poco a poco y cada vez más apura el paso, al lubricarse más mi vagina me la hunde más hasta metérmela toda, es delicioso sentir toda mi vagina bien ocupada.

    -Tómate todo el tiempo en culearme, necesito disfrutar esto.

    Estuvimos cinco minutos en esta posición después de que me la metió toda, me desconecta sintiendo un ¨plof¨ cuando me la saca, me bajo del escritorio y me coloco dándole la espalda inclinada sobre el escritorio con toda mi vagina a su disposición, me la hunde de un solo envión sintiendo donde me separa todo los pliegues de mi vagina con su gran verga

    Siento delicioso sus embestidas y me agarra de mis hermosas tetas para apoyarse y no dejarme nada afuera, me hace gemir y gritar, me saca suspiros de la gran cogida que me está dando, apura el paso y al poco tiempo siento donde me va a descargar todo su semen el cual pretendía regármelo en las nalgas y no lo dejo que me saque la verga de mi vagina, quiero sentir sus chorros dentro de mis entrañas, siento donde me inunda toda y los dos llegamos a nuestros orgasmos al mismo tiempo, me tiene conectada cuando suena el timbre del portón, es mi marido que me llega a buscar, termina de darme toda su descarga y se queda dándome varias embestidas

    -Ya, ya, pare, no siga que me busca mi marido, no nos dimos cuenta del tiempo, otro día culeamos en otro lado. Póngase la ropa mientras yo me limpio y me pongo mi ropa, no voy a llegar a mi casa con mi vagina toda llena de semen, entreténgalo mientras me alisto.

    Salió al portón y atendió a mi marido:

    -Dele un momento, ahorita viene Haydeé, está ocupada recogiendo y guardando unas cosas.

    Escucho donde él le responde:

    -No tenga cuidado, aquí la espero.

    El regresa a la oficina y me encuentra poniéndome la tanga y me toma de la cintura y me da un beso, y me toca mi vagina y al momento tiene su verga fuera del pantalón y me la introduce nuevamente y me comienza a culear ahí, de pie, yo le respondo ya que su verga me ha dejado bien satisfecha y excitada, culeamos por cinco minutos y da otra descarga de su semen, me desconecta y sale su semen sobre mi pierna, me tiene bien inundada mi vagina, me limpia con una toalla las piernas de abajo hacia arriba hasta llegar a mi vagina la cual me mama.

    -Ya, pare, me tengo que ir, mi marido me está esperando, hoy tengo que culear con él y voy a llegar sin fuerzas y sin ganas.

    Me suelta, me visto rápidamente y salgo. Le digo a mi marido:

    -Estaba recogiendo todos los documentos de la actividad y guardándolos en los archivos.

    Pero el que me estaba recogiendo a mi era el padre de familia y me estaba guardando su verga en mi vagina.

    Tiempo después fui al pueblo de Carlos y me fui a su casa, en ese tiempo estaba de vacaciones junto con él su sobrina amiga mía, o la que nos había presentado, era una chica un poco gordita pero muy linda. Algo pasó con ella también que tuvo que salir de la casa y nos quedamos solos culeando para envidia de las jovencitas de su pueblo que a pesar de mis cuarenta años él siempre me quería coger, prefería una buena vagina con experiencia.

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  • La esperada aventura con Conchi

    La esperada aventura con Conchi

    Recordaba haber pensado en Conchi alguna vez antes. Si que había tenido alguna fantasía antes con ella, algo rápido, nada especial ni recurrente.

    Sin embargo, creo que lo que paso después creció por puro morbo, o quizás un juego de seducción, un juego mutuo. Un juego largo.

    No sé cuándo pudo haber empezado, nunca se lo pregunte, ni soy consciente siquiera de cuando empecé yo a jugar. Estas cosas surgen de tantas veces que salimos en pandilla. Su marido y yo nos conocíamos desde hacía muchos años y en cuanto empezaron a salir juntos nos la presento a todos, sin embargo, pasaron muchos años desde aquello.

    Si soy consciente de haberla observado, algunas veces detenidamente durante nuestras tardes de vinos, y si recuerdo especialmente un día de final de primavera donde prefiero empezar a pensar en nuestro juego. La tarde empezaba a oler a estío a hierba agostada y a pesar de estar anocheciendo, se agradecía estar sentados en aquella terraza. Yo había llegado con mi mujer un poco tarde, para no perder esa costumbre tan propia de nosotros dos. Todos nos esperaban sentados en dos mesas circulares de madera, de cara al jardín donde corrían los hijos de las otras parejas del grupo.

    Cuando me senté, quedé situado entre las dos mesas y Conchi sentada enfrente de mí. La curvatura de las mesas dejaba prácticamente vacío todo el espacio entre nosotros y cuando bajé mi vista encontré sus piernas cruzadas delante de mí. Vestía un vestido muy ligero de color turquesa con unas sandalias en el mismo color, con tres finas tiras con algún adorno blanco. Creo que al menos deje caer los ojos hasta sus pies en un par de ocasiones para subir despacio por su pantorrilla y su pierna hasta donde el vestido me dejaba disfrutar de la adorable vista.

    Mientras continuábamos la conversación con muchas risas y alborotos, mi mirada cayó una vez más, disfrutando de las sandalias de tacón, de sus juguetones deditos, del fino tobillo, la suave piel de su rodilla y muslo, y… de su mano, que separo despacio la abertura de su falda para dejarme libre una extraordinaria vista del interior de sus muslos ya ligeramente bronceados y del comienzo de la braguita blanca que vestía.

    Un poco turbado fui incapaz de volver a bajar la vista durante toda la tarde, ni siquiera le presté atención durante la cena. Y lo cierto es que pensé en aquel gesto muchas veces en la siguientes semanas, pero fui incapaz de adivinar mas intencionalidad que la simple y fantástica casualidad.

    Poco a poco mi juego se fue intensificando durante las siguientes tardes de vinos y cervezas. Mis miradas se multiplicaron, pero no aprecie gestos tan severos como para ajustar mi hipótesis de la casualidad.

    Hasta el episodio de la playa, la playa era probablemente el lugar mas tranquilo donde solíamos quedar todos juntos, una playa que me gustaba pasear de un lado a otro, subir las dunas y caminar por la orilla., como siempre, solía anunciar mis caminatas, me agradaba la compañía durante esa hora de relax.

    Ella se animó como otras veces, cuando subíamos una de las pequeñas dunas de la playa, dio un pequeño respingo y un gritito de dolor y se agacho, me giré hacia ella y le pregunté que le sucedía.

    ―Me he torcido un poco el pie en la arena.

    ―Déjame ver tu tobillo, ¿te duele?

    Me agaché y senté a su lado para comprobar su tobillo y cuando puse mis manos sobre él, ella cerró sus manos sobre las mías cuando las tenía sobre el final de su empeine, apoyo su cara sobre la mía.

    ―No es nada. Dame un pequeño masaje y acompáñame hasta el agua.

    Bromeé y traté de no darle importancia, no la tenía. Su sanación fue casi milagrosa a los dos minutos del suave masaje por su puente, empeine y tobillo. Creo que la necesidad del paseo al agua y el rápido y terapéutico baño que nos dimos estaba más recomendada por mi calentura que por el dolor de su articulación.

    Cuando regresamos a las toallas la mire en dos o tres ocasiones, siempre empezando por sus pies y terminando en su mirada que siempre me esperaba tras el recorrido por sus piernas.

    Esa noche durante la cena en el restaurante de tapas del paseo marítimo, nos sentamos enfrente uno del otro. Estaba casi seguro que iba a ocurrir, yo me había rezagado a la hora de sentarme, mi mujer estaba sentada de mi lado de la mesa y su marido cerca de mi mujer. Yo espere para sentarme cuando solo quedaban unos pocos sitios y Conchi se sentó enfrente. Llevaba puestas las sandalias turquesas de tacón del final de primavera, escasos eran ya aquellas molestias vespertinas de su tobillo… je.je.

    Durante la cena nuestros pies se juntaron en mas de una ocasión, alguna vez dobló su pie sobre el juego que le daba el alto tacón de la sandalia, para apoyar su pie contra el mío. La piel de mi mocasín era tan delgada, que cuando levantaba mi pie sobre el talón podía notar las tiras de las sandalias por todo el exterior de mi pie. La cena fue absolutamente deliciosa, hoy en día soy incapaz de recordar el menú. Durante la copas no creo que estuviésemos a menos de tres metros uno del otro.

    Después de la gloriosa cena de verano no tuve absolutamente ninguna oportunidad para continuar con nuestros juegos, ni siquiera hasta el día de hoy hemos tenido ocasión de volver a disfrutar de los placeres bajo mesa.

    Sin embargo la gloria se acercó durante estas navidades.

    Nos encontramos a primeros de diciembre a las puertas del centro comercial que queda muy cercano a las urbanizaciones donde vivimos.

    ―Hola

    ―Dos besitos, ¿De compras de Papa Noel?

    ―Mas o menos, estoy acabando con las compras para fin de año, acaba de dejar el vestido a arreglar y voy a comprarme bolso y zapatos.

    ―Uhhh.

    ―Vamos, ven conmigo, me vas a ser de ayuda… E… estoy segura de que te va a gustar.

    En el centro comercial había un par de zapaterías. La selección fue extraordinaria, acorde al increíble gusto que había demostrado siempre, unas sandalias negras y plata de tacón alto no excesivamente fino, unos zapatos de salón negro y bordados verdes y unos zapatos de aire 80s, perfectamente escotados para su pie y con el talón abierto.

    Estos eran un acierto absoluto, con la falda rodillera y aquellas medias negras tupidas y brillantes, Sin duda, un acierto, sin ver siquiera el vestido que había elegido solo una hora antes.

    ―Estos, no dudes.

    ―Seguro, no crees que el tacón es un poco alto.

    ―Stiletto perfecto, juego seguro para una noche de glamour y lujuria, para una seductora como tú.

    Estaba casi seguro de poder liberarme lo suficiente de mi mujer durante la fiesta de fin de año para continuar con el juego abandonado durante el verano.

    ―¡!Adulador, vicioso!!

    ―Je je je

    ―Te invito a un café, Pero salgamos de aquí, es calor es espantoso con la marea de gente que hay aquí.

    La cafetería era la de un pequeño hotel que había a una manzana del centro comercial. Nos sentamos y charlamos durante casi media hora de medio millar de tonterías.

    ―Espera un segundo.

    Conchi se levantó de la mesa y me dejó desordenado entre el pensamiento rápido y mis oscuras fantasías para la venidera fiesta de fin de año.

    ―Click click click, ring click ring,

    El mensaje era tan devastador que mi pecho empezó a hacer un ruido que hasta el camarero percibía.

    “Coge mis cosas y sube a la 212″

    La puerta ni siquiera estaba cerrada, la empuje suavemente. Ella estaba sentada a los pies de la cama. Tiré todas las cosas que llevaba en la mano sobre la butaca y me quedé callado delante de ella.

    Puso sus pies entre mis piernas y me pidió que le pusiese los zapatos nuevos. Cuando me puse de pie, subió sus pies acariciando mis piernas por el interior hasta apoyar la planta sobre mi entrepierna dura y palpitante. Se levantó y se desnudó, no me dejo moverme mientras ella se desnudaba de pie sobre la cama, pero sin quitarse las medias y los zapatos.

    Cuando se sentó de nuevo al borde de la cama levanto de nuevo sus pies recién calzados con aquellos hermosos zapatos y recorrió acariciando el interior de mis piernas desde mis pies hasta con una lujuria asombrosa posarlos sobre el bulto del pantalón donde mi polla, durísima ya por la excitación los esperaba ansiosa.

    Se adelantó para desnudarme completamente, comenzando a acariciarme la tiesa polla que la apuntaba directamente a la cara. Recostándose de nuevo ligeramente alzo sus piernas para atrapármela de nuevo entre sus zapatos.

    ―¿Esto es lo que querías, verdad?

    Y comenzó a pajearme apretándola suave entre los dos zapatos. Cuando estaba en pleno orgasmo, a punto de empaparle las piernas, se acercó de nuevo, cogiéndomela la metió solo hasta el glande en su boca y empujó despacio con la punta de la lengua la punta hasta que notó como empezaba a humedecerse y dejar que explotara por fin sobre su cara.

    Se separo, y tirándose en la cama, separo sus piernas en el aire y agarrando mi cintura me empujo hacia ella.

    ―Ahora te toca a ti.

    La arrastre hasta que solo la mitad de su culo quedaba apoyado en la cama, arrodillado la vista que me ofrecía era increíble.

    Su coño estaba recién afeitado, sus labios se separaban ligeramente en su parte final, podía distinguir claramente como unas pequeñas gotas de babilla colgaban de finos hilos brillantes. Comencé a lamerle sus muslos para ascender despacio hasta la piel suave que separaba su culo y aquel increíble coño. Con varias lamidas largas a cada lado de la entrada, disfrutando de sus pliegues, su cuerpo empezó a moverse, sus manos de bajaron y separando ligeramente con los dedos los labios me mostró su rosado y pequeño botón del placer.

    ―Vamos, cómelo. Lámelo.

    Me entretuve un buen rato lamiéndolo, dejando que mi saliva bajase por la lengua para que su clítoris estuviese siempre empapado y mientras tanto empecé a penetrarla con un dedo.

    Llego de golpe y silenciosamente a una pequeña cadena de orgasmos e inmediatamente me decidí a follarla para que continuase con su placer.

    Me puse de pie para penetrarla, solo un poco mientras deslizaba mis manos sobre sus piernas Le levante ambas piernas a la vez para ponerlas a un lado de mi cabeza, le besaba los tobillos y le apretaba los pies a un lado y otro de mi cara mientras y la incruste lo mas profundo que pude para allí darle ligeros golpecitos contra la pared final de su empapad ismo coño hasta reventar.

    Hoy solo puedo pensar en la fiesta de fin de año.

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  • Mi frustrada madre

    Mi frustrada madre

    Me llamo Guillermo. Soy un chico de 20 años, de cuerpo atlético, muy sano, bien proporcionado y cuando digo esto, creo que es importante puesto que mi pene mide unos 21 centímetros. Hace años que vengo teniendo relaciones con chicas, es decir que para mí el sexo es algo habitual.

    Sin embargo, sé que las personas de otras generaciones como las de mis padres no han podido vivir de la forma que lo hacemos ahora. Mi madre por ejemplo, es una mujer todavía joven; tiene 40 años es muy guapa. Se casó con mi padre a los 20, cuando éste tenía 40; es decir que es 20 años mayor que ella. Además, cuando la conoció ya era calvo, regordete y bastante feo.

    Mi madre no se casó con él por amor o por que le gustara sino porque tenía la necesidad de ello. Salir adelante. Así ha sido en muchas familias. Bueno, luego ha sido una madraza. Se ha dedicado a mí por completo. Nunca me ha faltado de nada. Mi presencia física, ya digo no tiene nada que ver con la de mi padre que tiene ahora 60 años.

    Creo que lo que mi madre ha tenido siempre es represión. Lo noto muchas veces cuando me mira paseando sin camisa, o a otros chicos jóvenes. También me he dado cuenta cuando alguna de mis amigas viene a casa, me acueste o no con ellas. A veces me parece que está muy tensa. Si suena el teléfono da un respingo. Es como si estuviese disimulando su sufrimiento; como si tuviese celos y lo ocultase, incluso a si misma.

    A veces me he fijado que me mira en la entrepierna.

    Esto se lo he contado a una amiga muy inteligente, que me dijo que podía hacer algo. Exhibirme desnudo un día haciendo como que yo no me daba cuenta o algo así. Darle una oportunidad de disfrutar. La verdad es que esta amiga es un poco extravagante, pero es así.

    En mi habitación hay una puerta corredera, que si la cierras del todo con un enganche, te pueden ver desde fuera. Quiero decir que se puede quedar ligeramente entreabierta. Si es por la parte derecha no pasa nada pero si es por la izquierda da a un pasillo y al salón, que es donde está el teléfono. Si alguien está allí sentado en el sofá hablando te puede ver tumbado en la cama. Esa ha sido mi gran preocupación a la hora de hacerme pajas. Ese lado la puerta tiene que estar cerrada porque si no te ven.

    Una tarde quise hacer caso a mi amiga. Me estaba pajeando tumbado y desnudo sobre la cama con todo mi miembro viril. La puerta corredera estaba algo abierta por su lado izquierdo. Sabía que mi madre estaba en el salón.

    Sonó el teléfono. Y me quedé allí tumbado con toda naturalidad. Oí a mi madre sentándose en el sofá y descolgar el auricular.

    -No. Aquí no es -me pareció oírle decir.

    Luego no se percibía ningún sonido. Los sofás son viejos y siempre se oye cuando te sientas o te levantas. Debía estar quieta. ¿Me estaría viendo? Posiblemente. ¿Por qué estaría haciendo caso a la loca de mi amiga? Yo me masturbaba muy despacio. Levanté un poco la cabeza y por un momento me pareció ver a mi madre que miraba y luego oí el ruido del sofá.

    Dos días después volvió a pasar lo mismo. Sonó el teléfono y yo estaba haciendo lo que estaba haciendo. Entonces vi que mi madre me miraba con una sonrisa y no se levantaba. Yo soy moderno, me levanté completamente desnudo, entré en el salón, cogí de la mano a mi madre y la llevé a mi habitación. Esta vez si que cerré la puerta.

    En mi dormitorio hay dos camas. Me volví a tumbar en la mía y me madre en la otra. “Relájate”, le dije. “No pasa nada”. Mi madre no dejaba de sonreír, mirándome. Entonces se quitó el vestido. De todas las chicas que había conocido, mi madre tenía uno de los cuerpos más bonitos, mejor formados. Lleva el pelo corto y rubio. Sus pechos no son grandes, pero son puntiagudos. Su cara sigue pareciendo la de una niña. No hace aeróbic y sin embargo lo parece. Jamás había sentido una erección así. Pero ella no se atrevía a tocarse. Yo si, arriba y abajo.

    Entonces se levantó con su vista clavada en mi polla, y me pasó la lengua; luego la beso; oso tocarla; la agarró con toda la mano; la agito; la volvió a lamer; y se la metió en la boca; aspiraba; movía la lengua; la volvió a besar. Hizo un conato de levantarse, pero antes volvió a pasar su lengua. Le gustaba mucho mi capullo. Finalmente se levantó y se fue.

    Me quedé ahí tendido.

    Una media hora después volvió a entrar en la habitación. Sus ojos estaban encelados. Debía haber estado masturbándose. Se volvió a quitar el vestido. Me dijo que me irguiese y me sentase en la cama. Entonces ella se arrodilló y se la metió en la boca. Ahora la subía y la bajaba con ella dentro, sujetándola con la mano izquierda. No dejaba de salivar. Yo todavía no me había corrido, pero lo que estaba haciendo me gustaba mucho. Estoy acostumbrado a aguantar el orgasmo para que la otra chica disfrute.

    Mi madre con la mano libre la derecha se estaba pajeando, se acariciaba el clítoris y se metía los dedos. Su respiración era cada vez más intensa; se convertía en jadeos; y luego como gemidos, hasta que en unos minutos pararon. Luego volvieron de nuevo. Debió tener dos orgasmos. Su boca estaba llena de mis jugos y su baba.

    Cuando se marchó. Me fui al servicio y eyaculé con fuerza.

    Dos semanas más tarde vino una novia a mi casa para despedirse de mí. Se iba de vacaciones a Holanda. El caso es que el adiós fue definitivo. Rompimos en ese momento. Mi madre fue testigo de ello. De verdad que esa chica me gustaba bastante y me quedé un poco deprimido.

    Estaba tumbado en la cama con los pantalones puestos. Entró mi madre. Me dijo que me los quitara. Pero yo no quería. No estaba bien. Me fije que sus ojos estaban entornadísimos. Ante mi negativa salió de la habitación.

    Una hora después explotó en mí el deseo más morboso. Le dije a mi madre que viniese. Me encontró desnudo con mi polla totalmente erecta, bamboleante. Ella se quitó el vestido. Yo me senté como la última vez y antes de que se la metiese en la boca, literalmente se le estaba cayéndosele la baba. Se puso otra vez arrodillada en el suelo y con una mano se acariciaba la vagina.

    Parecía no tan remilgada como las veces anteriores. Me besaba, en el torso, pasaba su lengua, me mordisqueaba los pezones. Se movía de forma muy agitada. Me lamió el cuello, los hombros. Y se la metió en la boca. La chupaba de una forma muy acelerada, yo cerraba los ojos disfrutando locamente. Sus gemidos eran bestiales. Sonaban maullidos.

    -Cabrón de hombre -me dijo.

    Me beso en la boca y me metió la lengua. Luego otra vez a por mi polla. Fue bajando hasta mis testículos; apretó con su boca uno de ellos, pero me hacía daño y se lo dije. Entonces me lo lamió, pero seguía doliéndome igual.

    -Levanta las piernas -me dijo-. Su voz parecía haber perdido el control.

    Hice eso y se tiró a por mi sucio culo.

    -Mama. No -le dije.

    Esto ya lo había hecho en alguna ocasión con alguna amiga pero los dos nos habíamos puesto antes enemas.

    No me hizo caso. Mordisqueaba los glúteos y luego me lamió el ano. Metía su lengua, me lo comía. Se apretaba como si fuera a exprimirlo. Le encantaba. Y con la mano izquierda me masturbaba, subía y bajaba mi pene. Me sentía incapaz de aguantarme con lo que estaba haciendo. Me chupaba el culo mientras me pajeaba y ella se masturbaba. Tuve dos espasmos, se me escaparon dos flatos, salió un chorrazo de semen. Puse la cama, la sabana, mi cuerpo y el suyos perdidos. El suelo estaba empapado de todo lo que había soltado ella. No sé si incluso se había llegado a mear.

    Mi madre lo limpió todo antes de que llegara mi padre.

    No recuerdo haberlo hecho después con tanta pasión.

    Sigo saliendo con otras chicas y alguna vez dejo que mi madre disfrute conmigo. Nunca hemos hecho el coito.

    Lo que venimos haciendo últimamente es masturbarnos cada uno en una cama, mirándonos mutuamente.

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  • La seducción de mamá

    La seducción de mamá

    Mi madre y yo, hemos vivido solos desde hace ya algunos años, metida siempre en el trabajo, casi no tiene tiempo para sí misma, y resulta que un sábado se me ocurrió invitarle un trago, ella al principio se hizo de rogar, pero de tanto insistirle al fin accedió y empezamos por un tequila, suave para no espantarla porque ella no es afecta a tomar.

    Como siempre pasa, después del primero los demás y estos más seguidos uno de otro, ella se fue alegrando y más animada hasta para platicar, empezó a contarme de lo sola que se sentía sin la presencia de mi padre, y todo el esfuerzo que tiene que hacer para mantener la casa, así fueron pasando los minutos.

    Puse la música y empezamos a bailar, ella al principio mantuvo su distancia y claro entre baile y baile un tequila, y yo con las ganas que le traía, no encontraba la forma de tratarle el tema del sexo… Ella es de estatura media, sus pechos no son grandes, más bien pequeños, lo que si tiene es un trasero sabroso; está hecha a la antigüita, no es destrampada, sino recatada, un poco gordita, de esas gorditas que se antojan a cualquier hora con solo verlas.

    Cuando menos nos dimos cuenta, ya estábamos en estrecha confianza y me preguntó:

    —Luis, ya tienes novia…

    —Claro mamá, te la voy a traer para que la conozcas, a ver si te cae bien…

    —¿Y qué tal te la pasas con ella?

    —Bien… vamos al cine, al teatro, a cenar y luego a dar la vuelta por ahí…

    —¿Y nada más das la vuelta…?

    —¿Cómo que si nada más doy la vuelta…?

    —Sí, quiero decir, ¿no la besas, no la acaricias, o algo…?

    —Bueno si, la beso, la acaricio y nos abrazamos, creo que lo normal, o ¿qué más hay que hacer mamá? le contesté haciéndome el inocente, aprovechándome de la oportunidad que me daba para no descubrir mis lujuriosas intenciones…

    —Bueno, es que ahora los tiempos están tan cambiados que según me platican, los jóvenes desde los 18 años o antes ya saben todo lo que es el hombre o la mujer y antes, que esperanza que nos dejaran salir a solas con el novio…

    —¿A poco tú y papá no salieron solos alguna vez…?

    —Claro que no y sí, porque si nos dimos nuestras escapadas y pues una también siente ganas de eso que los hombres quieren y una desea…

    —A ver mamá cuéntame que te hacia papá, le pregunté…

    Ya con esta plática pensé que mi madre también andaba con ganas de coger y no podía desaprovechar la ocasión y, empecé a preguntar cosas más calientes a modo de despertar los deseos de mi madre…

    —¿Que tanto acariciabas a papá cuando dices que se escapaban mamá?

    —Cositas que no te voy a contar, porque son mis cosas íntimas y tú eres mi hijo y a lo mejor no está bien que te las platique…

    —Mamá que ya estoy grande, tengo 20 años mamá, además estamos solos tú y yo y ni pensar platicarle a nadie…

    —Bueno solo que me prometas que todo quedará entre tú y yo, porque capaz que me muero de vergüenza si alguien se entera…

    —No mamá ya soy hombre, puedes confiar en tu hijo, además a quien más puedes platicarle si no a mí, ¿no crees mamá?

    —Bueno, es que tu papá siempre andaba tocándome lo que podía, y claro aunque a mí me gustaba, no era bien visto que una se dejara, pero me acuerdo que yo me ponía bien caliente de mi vagina, empezaba a mojarme y a desear más y más que me acariciara… se iba sobre mis tetas, era lo primero donde metía las manos y pues yo no era de piedra, me dejaba acariciar y mis pezones se ponían duros y empezaba a respirar agitadamente, creo que eso calentaba más a tu papá, se nos olvidaba todo, luego de las caricias empezaba a chupármelas y ahí sí ya no podía hacer nada por resistirme, luego sus manos bajaban a mi pantaleta sin darme cuenta o, tal vez con lo caliente que me ponía, ni cuenta me daba cuando ya me estaba acariciando mis vellos, y de eso a meter sus dedos tan solo un instante, me acariciaba tan delicadamente que me derretía en sus brazos y a escurrir mis orgasmos…

    Al escuchar todo esto, mi verga se fue poniendo dura a más no poder, y como estábamos bailando, la fui apretando contra mi cuerpo y a pegarle lo grueso de mi verga para que la fuera sintiendo, ella como si no se diera cuenta, también se fue pegando más y más a mi sexo, bajé mi mano sobre su espalda y llegue a sus nalgas, esas nalgas que me han traído alucinando, las empecé a acariciar… ella no decía nada y para calentarla más, le pregunté:

    —Oye mamá ¿y tú no le hacías nada?

    —Bueno, él tomaba mi mano y la metía en su pantalón para que le acariciara su verga, la primera vez que la toqué, sentí hervir mi sangre y mi cuerpo se puso caliente, caliente…

    —¿Y luego mamá…?

    —Pues luego, él me levantaba la falda y me ponía su verga en la vagina, yo me moría porque me la metiera, pero como todo era a escondidas y no podíamos estar mucho tiempo sin que supieran donde estábamos, me dejaba toda caliente y ganosa…

    Metí mi mano en su pecho y le acaricié una teta, ella como que se quiso retirar de mi cuerpo, pero más la apreté hacia mí y empecé a jugar con su pezón que se puso duro… luego le dije al oído… “¿así te hacia mamá? ¿así te apretaba tu pezón…?… ¿te gusta mamá, te gusta mi caricia…?”.

    Ella no respondió nada, pero empezó a respirar agitadamente, se abrazó a mí y me besó en la boca, yo reaccioné con todas mis ganas, la abracé también y mis manos se fueron a acariciar sus enormes nalgas y mi verga buscando su rajada…

    Así estuvimos un rato agasajándonos, le empecé a meter mano en su vagina y ella dejándose llevar por lo caliente que ya estábamos los dos, sus vellos son sedosos y muy hermosos, bueno a mí me encantan, mi dedo entraba y salía suavemente de su rajada, que para este momento ya estaba destilando sus jugos calientes, y con ese aroma tan excitante de quien tiene tiempo sin haber cogido… el ambiente se puso enloquecedor…

    Nos fuimos a la cama, me bajé el pantalón y le enseñé mi sexo, le dije:

    —¿Mamá te gusta mi verga?

    —A ver déjame verla bien… Luis, pero si está hermosa, que bárbaro sí que la tienes buena ¿eh?… diciendo esto y se empezó a sonrojar… mi verga como si estuviera modelando, empezó a lucir sus venas llenas de sangre.

    Mi mamá no quitaba la vista de mi verga y como que se le hacía agua la boca.

    —La tienes más desarrollada que tu padre y eso me gusta Luis.

    Aproveché y le dije:

    —¿Mamá me la quieres mamar? ¿Te gustaría chupármela y tenerla en tu boca mamá?

    No dijo nada, pero abrió su boca y empezó a mamármela, sentí la suavidad de sus labios, lo caliente de su boca, su saliva empapando toda mi verga, entrando y saliendo de su boca, yo a punto de vaciarme, haciendo esfuerzos por resistir sus caricias, esas caricias que con sus manos y su boca me estaban volviendo loco y me tenían a punto de explotar en mil alucinantes pedazos…

    La recosté sobre la cama, le bajé su pantaleta le abrí las piernas y pude deleitarme con su hermosa vagina rosada, anhelante, brillosa, ansiosa me coloqué sus piernas sobre mis hombros, su vagina me quedó en la cara, tomé con mis manos sus pechos metí mi lengua en su vagina, lamiéndole suavemente gozando el momento sublime de tener semidesnuda a mi madre, ella empezó a retorcerse de placer y a gemir como desesperada, mis manos acariciando sus pezones y sus tetas, mi boca succionando su clítoris tan duro que me fue fácil atraparlo con mis labios y junto con la lengua darle masaje que no aguantó… y empezó a balbucear:

    —Luis me vengo mi amor… me vengo… ¡¡me vengooo…!!

    Me tomé todo su orgasmo, me inundó la boca con sus líquidos, los saboreé, gozando infinitamente el indescriptible sabor de sus efluvios vaginales… así nos quedamos unos momentos, hasta que nuestros cuerpos se medio apaciguaron.

    —Luis, mi amor eres único, me has hecho vivir nuevamente, gracias cariño… me encantas amor.

    —Me alegro mamá, me alegro que te haya gustado y que hayas gozado mis caricias…

    Luego me puse de pie junto a ella y mi verga quedó al aire a todo su esplendor, ella se le quedó viendo y dijo:

    —Que hermosa está y no se puede quedar así, ahora me toca a mí hacerte los honores… espero poder satisfacerte completamente…

    Tomé de la bolsa de mi pantalón un preservativo, lo saqué de su envoltura y le dije:

    —Mamá colócame el condón —y ella de tan emocionada y caliente que estaba lo tomó al revés y no podía ponérmelo…

    Entré en su auxilio diciéndole:

    —Así no mamá, debe de desenrollarse sobre lo grueso de la verga…

    —Bueno enséñame cariño que yo no sé de estas cosas, además está tan delgado que se puede romper…

    —Si lo tomas con las uñas no nos va a servir, mira mamá, esto que sobresale aquí le dije mostrándole la punta del condón debe de quedar precisamente en la punta de la verga para que deslizándolo sobre de ella quede colocado, mamá…

    —Ay Luis, que chistosa se ve, fue el comentario de mi madre…

    —Si mamá, pero te va a gustar mucho y seguí deleitándome con lo que tenía al frente, una carne deliciosa, deseada por mi durante noches y días en que la lujuria se apoderaba de mis sentidos…

    Aquí está mi manjar, mi sueño de muchas noches, estos muslos suaves, acariciables y también llenos de deseos… tenía por primera vez a mi madre a mi disposición, para hacerla mía y llenarle su vagina con lo grueso de mi verga, metérsela toda era mi mayor locura, mi más grande deseo y estaba a punto de conseguirlo… la locura en mi mente, en mi cuerpo y en mis pensamientos, mis deseos insatisfechos, el placer, mi pasión ardiente a punto de ser la más delirante realidad…

    A mí también me falló la colocación del condón, pero me valió madres ya lo que quería era cogerme a mamá, sentirme adentro de ella y verla disfrutar…

    —Mamá abre tus piernas que ya no aguanto más, quiero estar dentro de ti, quiero que me sientas penetrarte, quiero deslizar mi verga en esa “cosita deliciosa” que tienes para darme el mayor placer de mi vida…

    —Ven Luis, ven a mí que también te estoy deseando, hazme tuya y méteme tu sexo, quiero que me claves con fuerzas esa hermosa verga que tienes amor… y lentamente fue separando sus piernas y dejando para mi lujuriosa vista, su vagina mojada y sus vellos revueltos y llenos de su orgasmo.

    Pasión, lujuria, deseo, irrefrenable sensación de poseer a mi madre, ardiente ansiedad de llenar su vagina con lo grueso y duro de mi verga… me acerqué lentamente a ella y colocando sus piernas sobre mis brazos, se las fui levantando, suave y lentamente para ir abriendo sus nalgas y exponiendo su deliciosa vagina a la impaciente verga que irremediable y dulcemente le iba a meter…

    Le puse la cabeza de la verga en la entrada de su vagina y se estremeció gimiendo y respirando con ansiedad, le di unas talladas a todo lo largo de sus labios vaginales y su vagina empezó a contraerse convulsivamente, su respiración entrecortada empezó a acelerarse, tomando mi verga se la restregué en su clítoris y no pudo contener un largo “¡¡aggggh!”

    Al escucharla, se la restregué con mayor fuerza, de derecha a izquierda haciendo que su delicioso y duro clítoris se tensara más, no resistí el deseo de volvérselo a chupar, me volví a bajar a su vagina y directo al clítoris dirigí mi boca para succionar tan hermoso y delicado botón de placer de mi madre…

    Fueron tantas mis ansias y mis ardores sexuales, que empecé a mordisquearlo, mi madre no soportó y en segundos se volcó en un estremecimiento y en una convulsiva contracción vaginal, con tanta fuerza que con sus piernas atrapó mi cabeza y así me mantuvo hasta que terminó su orgasmo… mi cara quedó empapada de sus líquidos vaginales, sabor enloquecedor, indescriptible sabor a mamá…

    Sin darle tiempo a reponerse, me volví a colocar sus piernas en mis brazos y nuevamente la tuve en posición fantástica para meterle todo mi sexo y se lo fui dejando ir lentamente, gozando el deslizamiento en su ardiente vagina, cuando ya lo tuvo todo adentro, empecé a bombearla y ella con sus ojos cerrados contraía rítmicamente a cada embestida mía sus músculos vaginales y la locura en mi sexo, sentir las succiones en mi verga, y bombearla hasta el fondo fue como detener el tiempo y ansiar desesperadamente tener una enorme verga para atravesar con desenfrenada pasión el cuerpo entero de mi madre…

    Así seguimos por un largo rato, se la clavé con ansias, gocé al irla penetrando, lo que más deseaba era tenerla en mis brazos por tiempo interminable, metiéndole toda mi verga, poco a poco se la fui dejando ir lenta y furiosamente, viendo como totalmente se la comía… la vagina de mamá está deliciosa, es grande y de labios gruesos, llena de vello púbico que me pusieron a punto de vaciarme… como pude me mantuve sin moverme para poder controlar mi venida, sus piernas sabrosas, las tuve en mis brazos, me fasciné mirando la penetración que le estaba dando, ella empezó a retorcerse de placer, sus ojos brillaron con lujuria… deseo… pasión ardiente y desenfrenada.

    Le saqué la verga a mamá, y su vagina quedó medio entreabierta, ansiosa, golosa, insaciable, pidiendo más y más verga… ella me dijo:

    —Luis cógeme agachada… ardo en deseos de sentir que me partes en dos con tu verga…

    Se fue colocando como ella quería y me ofreció ese enorme culo que tiene mamá y me extasié en sus voluminosas nalgas, enormes, deliciosas, sabrosas, con esas caderas apropiadas para apoyarse en ella y penetrarla con toda fuerza y de golpe para hacerla enloquecer…

    —Mamá agáchate más y párame bien tu trasero, quiero verlo bien, quiero disfrutar esta alucinante visión… estas tremenda mamá, estas deliciosamente buena, tienes el culo perfecto para mi verga y te la voy a meter toda mamá, voy a ver cómo te penetro, voy a ver como se pierde mi verga dentro de ti…

    La acomodé de tal manera que el enorme culo de mamá se abriera un poco, y apareció maravillosamente su rajada, una inmensa rajada, una vulva abultada y jugosa, con sus vellos enmarañados, una locura de vagina… la tomé de sus caderas y lentamente la fui jalando hacia mí y mi verga se fue perdiendo en esas grandiosas nalgas de mamá…

    —Ayyy Luis… me matas… me estas volviendo loca…

    —Si mamá eso quiero, volverte loca, quiero que vuelvas a sentir y a gozar a un hombre… quiero que encuentres en mi todo el placer y las fantasías que hayas alguna vez soñado…

    —Luis… Luis que ardiente eres cariño…

    —Te gusta mamá?… estas gozando la verga de tu hijo mamá…?

    —Estoy volviendo a vivir cariño… estoy enloqueciendo de ganas, siento la delicia de tu verga cuando se va deslizando dentro de mí, es una ansiedad desquiciante la que siento en mi vagina cuando me clavas tu vergota cariño… ¡¡agggh!!

    La locura fue cuando después de bombearla y sujetarla por sus caderas, le di con furia como queriéndola desbaratar y que acabara con otro orgasmo, se empezó a estremecer y a gemir ardientemente…

    —Ya Luis cariño que me matas… ya mi amor que no aguanto más… ¡aagh! ¡Me vengo Luis… me vengooo ahhh!

    Estalló mamá en mil convulsiones y estertores… su vagina se contrajo con tantísima fuerza que de mi verga brotaron chorros de leche, caliente y espesa… me aferré a las caderas de mamá, le clavé las uñas y en un empujón brutal, le volví a clavar toda la verga y terminé de expulsar el semen… caí recostado sobre mamá, así la tuve un buen rato con la verga adentro de sus inmensas nalgas, su culo maravilloso que supo sacarme la leche, como jamás me la han sacado… esa es mamá y esta es mi deseo cumplido.

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  • Recorrí desnuda mi ciudad y fui descubierta

    Recorrí desnuda mi ciudad y fui descubierta

    Mi nombre es Helen y tengo 24 años, yo y mi hermano tomamos un gusto por salir desnudos a la calle cuando es de noche desde hace un año. Soy alguien de 1.64 y peso 63 kilos y me considero alguien bastante sexy.

    Acá les voy a contar la historia de la vez que aleje más de mi casa estando completamente desnuda.

    Eran las 2 am y ya todos o la mayoría estarían dormidos y si estaban despiertos no saldrían de sus casas, yo ya había pensado en tomar otro camino pero no tenía pensado alejarme tanto, cuando dio la hora me quite toda la ropa y me puse un suéter negro algo largo para salir así de primeras pero se me hizo una buena idea ir descalza para que así si alguien me veía con el suéter sospechara de que estaba desnuda al ver mis pies descalzos.

    Me salí de la casa por la ventana de mi cuarto y crucé el patio para abrir el portón y así salir de casa, me abrí el suéter y comencé a caminar así por la calle vacía, el aire me tenía los pezones duros y ya mostrando los hombros con el suéter más abajo. Casi al final de la calle me quité el suéter y me mostré desnuda en la noche. Me amarre el suéter a la cintura y tome nuevo camino que quería seguir yendo hacia la izquierda.

    La calle era igual de tranquila y las casas también estaban apagadas, no había mucha diferencia con las calles por las que ya había pasado, pero si tomaba ese camino llegaría a una calle que si era más frecuentada aunque fuera muy de noche, todo iba bien hasta que al pasar junto a una casa el perro me comenzó a ladrar y me asusto mucho porque no me lo esperaba, muy rápido di la vuelta a esa casa por si alguien se despertaba no me viera pero el perro me siguió y seguía ladrando.

    Decidí acercarme un poco y dejar que me oliera y pareció calmarse, pero escuché una voz que le gritó al perro que se callara y me agache junto al portón por si se asomaba quien dijo eso. El dueño del perro pregunto quien andaba ahí y otra señora solo respondió que el perro seguro le estaba ladrando al aire como siempre, el perro seguía asomado por el portón, pero ya tranquilo y cuando me levanté para seguir mi camino me sostuve de un barrote y seguí rápido para no estar más expuesta.

    Me puse el suéter por si acaso, aunque no lo cerré y seguí caminando, comencé a escuchar varias voces a lo lejos y ahí noté que una casa tenía luces prendidas, seguro eran señores que se juntaban para beber y platicar, también había música ni muy fuerte. Cuando llegue a esa casa vi que el patio era grande y los señores estaban lejos así que podía pasar por el frente sin problemas y no me verían o al menos no a la primera, pero justo eso fue lo que me hizo querer jugármela.

    Me quite el suéter y me quedé completamente desnuda a un lado del portón de la casa y tire el suéter hasta el otro lado, quería pasar desnuda frente a todos, me puse en cuatro y comencé a gatear despacio frente al portón, conté a 8 hombres ahí, y según yo no me vieron pero cuando llegue al otro lado del portón y agarre mi suéter escuché que se quedaron callados un momento y uno dijo “no wey era un perro acá hay un chingo y luego sacan la basura” me puse el suéter y me aleje rápido de ahí.

    Supongo que alguno debió verme y al estar algo lejos no noto bien que era pero debió comentar que vio algo pasar frente al portón y le dijeron que era un perro. Me dio algo de miedo, sé que es peligroso salir así y mas de noche, me puedo topar a alguien que me quiera violar o hacer daño.

    Aún con todo no paso mucho y me volví a quitar el suéter y corrí de puntas, seguía libre por la calle y no podía pensar en el peligro, solo llevaba el suéter en la mano mientras corría por la calle.

    Cuando me di cuenta ya había llegado a la calle principal pues unas luces pasaron rápido frente a mi, me puse el suéter y me acerqué más hasta ver cómo venían carros, sin pensarlo mas cruce al otro lado de la calle donde había un muro con un terreno vacío y me senté en el pasto para quitarme el suéter. Los conductores me vieron cruzar la calle pero no se iban a detener y el muro no me dejaba descubierta a la primera.

    Abrí mis nalgas en dirección a la calle y un carro paso, y luego otro, así hasta que me decidí sentar en la banqueta, seguro pensarían que soy un vagabundo así que me puse el suéter y me senté en la banqueta. Lo malo paso cuando solo vi una luz y lo que pasó era una moto, se alejó una voz diciendo “era mujer”. No tenía descubierto mi cuerpo pero aun así lo noto.

    No me hice hacia atrás y me calenté lo suficiente para quitarme el suéter y ver cómo pasaban 2 carros después de un rato pero ya casi no venía nadie y dejé el suéter para ponerme a media calle totalmente desnuda, me agache y quedé de cuclillas masturbándome. Hice algunas poses pero no venía nadie hasta que a lo lejos vi una luz, era otra moto así que luego de ponerme brevemente de cuclillas me levanté y fui a la banqueta pero seguí caminando hasta que me pasó por un lado y me pintaron, eran dos personas en la moto y me vieron desnuda en la calle.

    Ya había cumplido lo que quería pero luego de ponerme el suéter me escondí por si los de la moto volvían y luego de un rato decidí seguir avanzando. Con el suéter puesto pero dejando ver bastante de mis piernas y mis pies descalzos así camine hasta una zona donde hay varias tiendas, todas estaban cerradas obvio pero por la esquina paso vi llegar a un señor ya bastante mayor en un triciclo

    Quizá es de los que junta botellas y latas para vender pero se me quedó viendo obviamente, eran casi las 3 am y una chica estaba sola en la calle, más cerca me miró como estaba descalza, me le quedé viendo y el no dijo nada pero me miró mucho las piernas y cuando se alejó levanté la parte de atrás del suéter para mostrar el culo, él no lo vio pero eso fue caliente.

    Llegué a una tienda algo grande obviamente cerrada pero donde podía entrar en un gran pórtico, me quite el suéter y me masturbe hasta finalmente correrme, ya me temblaban las piernas y parecía ser que ahí terminaba mi camino pero nuevamente vi el resto de la calle vacía y volví a comenzar a caminar, tenía el suéter puesto y la calle era una bajada, estaba nerviosa y camine las rápido cubriéndome la carne viendo que algunas casas tenían cámaras y también me apresure ya que me comenzaron a ladrar varios perros, así hasta que llegue a un parque que nunca se terminó de construir y estaba olvidado, entre a una especie de caseta y me seguí tocando desnuda ahí dentro con todas las casas a mi alrededor.

    De pronto vi un grupo de perros de la calle peleándose y me agaché pues eso encendió las luces de una casa, esta noche los perros eran mis enemigos pues incluso podían morderme si no les agradaba al verme, los perros se peleaban por montar a una del grupo y alguien les tiró agua y se fueron pero me calenté, no quería que me hicieran daño pero ¿y si un grupo de gente me veía? Se pelearían por quien me usaría primero y en mi situación no me podría defender.

    Me preguntaba a qué horas serían pero yo seguí caminando más lejos sabiendo que si ya estaba ahí debía llegar a la mejor parte, ya estando a más de un kilómetro de mi casa seguí caminando por calles vacías hasta que paso un coche junto a mi y me pintaron y me di la vuelta mostrando mi cuerpo desnudo al abrir mi suéter, salte un poco para mover las tetas y luego me di la vuelta para correr.

    Conocía estás calles, era un sitio donde por alguna razón estaban varias casas de profesores de una primaria, 5 de mis profesores vivían alrededor de dónde estaba caminando y me preguntaba que pensarían de mi en esta situación, una de sus ex alumnas estaba corriendo desnuda por las calles. Incluso abrí el suéter para imaginarlo, definitivamente quería que las personas me vieran así pero obvio no podía.

    Llegué al final de esa gran calle y solo conseguir un poco a la derecha ya estaba en la avenida principal de mi ciudad. Veía unos pocos carros pero me fijé que si había personas caminando, unas 3 solamente pero en suficiente peligro, sería gente sin hogar o personas mayores que por alguna razón hacían cosas a esas horas como el que juntaba plástico y latas.

    Decidí seguir caminando y cruce la calle para al menos estar más lejos de las personas, aun así sentí caliente cuando alguien me chiflo y era un señor bastante mejor pero noto mis piernas descubiertas, yo solo camine rápido sin voltear lo a ver fijamente y finalmente llegué a lo que es el parque principal de mi ciudad, estaba bastante iluminado y era muy probable que me vieran aunque sea de lejos.

    Camine por una zona donde de día hay muchos puestos de comida y algunos carros pasaron a mi lado, yo me recargue en un poste y abrí el suéter para ver cómo pasaban carros que seguro iban saliendo de la ciudad para sus trabajos, deje caer el suéter y ahí estaba desnuda en la zona más transitada de mi ciudad tanto por personas como por carros, solo que era de noche. Agarré el suéter y me dirigí a un escenario que hay en el parque que es para eventos, subí gateando por la parte de atrás y llegué a la parte alta.

    No podía ir más lejos de aquí porque de un lado era una parte donde seguro habría borrachos y más lejos estaría lo que es la alcaldía y ahí seguro hay policías.

    Aun así es el mejor lugar donde quería estar, un escenario en la parte más abierta del parque y yo estoy completamente desnuda encima, podía imaginar como seria tener público y me pare en la punta del escenario para tirarme al suelo y comenzar a masturbarme, me metí los dedos por la vagina y también un dedito por el ano hasta correrme ahí mismo y seguido comencé a orinar despacio, se sentía increíble estar ahí.

    Luego me baje y camine un poco por la zona abierta y me volví a subir al escenario para mover el culo e imaginarme que había gente viendo, me metía los dedos pensando en estar siendo penetrada frente a una multitud y todo era calentura hasta que alguien me llamo “chiquilla” y me dieron escalofríos, di la vuelta y abajo del escenario aún mejor había un señor seguramente borracho, solo salí corriendo con el suéter en la mano y así me aleje del parque.

    Ya con el suéter puesto pase el recorrido para entrar a la calle grande que me llevaría a casa, sabiendo que era aún más tarde y que antes no había visto a nadie me quite el suéter y aunque seguía nerviosa por ser vista mientras me masturbaba desnuda en el parque y de noche pues ya estaba más tranquila y pensaba que al final eso es lo que quería y no me pasó nada.

    Corrí desnuda por todas las calles hasta llegar a el terreno vacío donde decidí dejar el suéter colgado en unos clavos que había del otro lado del muro, mañana lo buscaría pero ahora solo quería no llevar nada ni siquiera en la mano.

    Seguí caminando algo rápido hasta llegar a la casa donde antes había una especie de reunión, no había nadie ya pero aun así me pare frente al portón y pose desnuda un rato mostrando las nalgas y todo mi cuerpo, seguí la calle y ahora ya muy emocionada por la gran noche.

    Después de eso llegué a la esquina para llegar a mi casa y cuando llegue a mi casa vi que eran las 4:32am. Entre a mi casa y me quedé en el patio un rato antes de entrar por la ventana de mi cuarto y meterme al baño para limpiarme todo el cuerpo de fluidos y algo de polvo, en especial las patas pues caminé descalza todo el tiempo.

    Me tire a la cama ya una vez seca pero aún sin ropa y en la mañana me despierto algo tarde a las 11 am.

    Mi hermano entra al cuarto para avisarme que ya me tengo que levantar porque mamá hizo ya la comida y primero me pongo de espaldas, hazlo la colita y me quito la sabana para dejar a mi hermano ver todo mi culo.

    Unas lamidas de coño y de ano después ya estaba comiendo vestida como siempre.

    Ese día salí de compras así que decidí ir por el camino de la noche y así tomar mi suéter que seguía ahí, aunque algo lleno de polvo pero al ser negro no había problema, luego lo lavaría.

    Subí a un taxi que me llevo al centro de mi ciudad y en todo el trayecto solo podía pensar en que esa misma noche lo había caminado desnuda. No es muy grande la ciudad, aun así fue poco más de 2 kilómetros lo que cine lejos de casa y sin ropa. Me bajé en el final del parque y seguí por otro camino donde estaban las tiendas de estilo departamental y mejor posicionadas, era el centro de la ciudad pues, y yo solo pensaba en estar desnuda otra vez… quizá de día.

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  • Empleada dominada por un cliente

    Empleada dominada por un cliente

    Marta dejó de mirar el monitor de su portátil, respiró hondo, metió la tripa, apretó el culete y se levantó de la silla.

    Le tocaba presentar y estaba nerviosa.

    Durante un instante temió que el calor que sentía se transformase en abundante sudor y apareciesen manchas en su blusa blanca. Por fortuna llevaba falda, y el aire de la sala de reuniones dónde se encontraba, sin censura, se colaba bajo la prenda acariciando sus partes íntimas y proporcionándola frescor.

    En la sala, aparte de su jefe y un compañero, estaban los clientes, Clara, que tendría cinco años más que ella, y por tanto rozaría los cuarenta y Jorge, que no pasaba de los veintiocho.

    Jorge era un “gilipollas” según Marta. El típico tocapelotas que pregunta para “pillar” y tiene el “don” de necesitar cosas urgentes en los momentos en que ella estaba hasta arriba de trabajo. Le odiaba. Le odiaba con un odio que no podía concretar puesto que era el cliente. Y no un cliente cualquiera, sino el segundo en importancia. Así que tanto en la anterior reunión, en la que se habían conocido, como en esta, Marta dedicaba al joven la mejor de sus sonrisas, esforzándose al máximo para parecer natural. Bueno… para ser sinceros, en esta ocasión la sonrisa de Marta fue genuina. No tanto por un cambio de opinión, como por un cambio de situación.

    En esta ocasión la empleada necesitaba suplicar clemencia.

    El tener que concentrarse y exponer el tema fue un alivio efímero. Fue cruzar la mirada con Jorge y notar un nudo en el estómago. Por fortuna su breve intervención había acabado y no hubo preguntas. Durante los siguientes minutos su mente volvió al incidente que tuvo lugar poco antes de la hora de comer.

    Había compartido con una compañera de curro su indignación con el cliente mientras leía el correo y luego, movida por la estupidez, había improvisado una redacción en la que, en tono vengativo, hablaba de Jorge. El personaje del escrito, ella misma, se erigía como una dominatrix que disfrutaba sádicamente azotando el trasero de aquel joven inmaduro (el cliente). La historia no quedaba ahí, y seguía describiendo como humillaba al chaval que, figurada y literalmente acababa besándola el culo en el relato.

    Cuando se percató de lo que estaba escribiendo se sobresaltó, miró con miedo a derecha e izquierda y suspiró aliviada cuando comprobó que todos se habían ido a comer. No lo había pasado tan mal desde aquella vez en la oficina, hace un par de años, en la que se le había escapado un pedo justo antes de que su jefe llegara. De hecho creía que el hombre “se había hecho el loco” ya que al menos, aunque no hubiese oído el ruido, por narices había tenido que olerlo.

    Marta continuó recordando lo que ocurrió después. La llamada, el correo, las prisas y sobre todo los malditos adjuntos. De alguna manera había enviado el fichero con el relato prohibido al cliente, al mismísimo Jorge. Luego llegó el intento de recuperar lo irrecuperable, de estrujarse el cerebro pensando en algo que borrara lo que no se podía borrar. Incluso, y esto la sorprendió, pasada la zozobra inicial, pasada la sensación de “lo hecho hecho está y nada se puede hacer”, pasado todo lo que se puede pasar, notó un ramalazo de excitación.

    De repente estaba en manos de aquel joven y, aunque las consecuencias de ser delatada la aterrorizaban, imaginó que compraba el silencio de aquel tipo vendiendo su cuerpo. Y ese pensamiento pecaminoso y lascivo la persiguió durante las horas previas a la reunión.

    -Marta, me oyes.

    La voz de su jefe la sacó de sus pensamientos.

    -Sí. -respondió la aludida intentando volver a la realidad lo antes posible. Ahora no era el momento de perder el control.

    -Marta, Jorge me ha comentado que…

    -¿El qué? -interrumpió la empleada dándose cuenta casi enseguida de su inapropiada reacción.

    -Perdona Jorge, no sé qué le pasa hoy. -continuó su jefe dirigiéndose al cliente.

    Jorge miró a Marta y sonrió mientras la mujer tragaba saliva y sus mejillas se ruborizaban ligeramente.

    -Lo que te iba a decir Marta, Jorge me ha comentado que teníais pendiente ver un informe.

    Eso era mentira en ningún momento habían hablado de un informe. No obstante la empleada captó el mensaje subliminal. De momento nada parecía haber sido revelado y eso significaba que Jorge quería hablar con ella… en privado.

    -No hace falta que se queden, yo ya me arreglo será un minuto.

    Respondió Jorge confirmando las sospechas de Marta.

    Minutos después empleada y cliente estaban a solas en una oficina vacía a medio iluminar.

    Marta tragó saliva y cerró y abrió los puños tratando de encontrar calma.

    “Habla, di algo cabrón.” Pensó.

    Aquel silencio la estaba volviendo loca.

    -He leído tu dedicatoria y veo que me tienes ganas. Eso de azotarme en el culo… no sé… tengo que pensármelo… ahora lo de besarte las nalgas puede que hasta me apetezca.

    Las mejillas de Marta enrojecieron violentamente con la insinuación.

    Jorge sonrió disfrutando cada segundo de todo aquello. Y pasados unos segundos continuó.

    -Solo que ahora, según parece, yo tengo la sartén por el mango… no me gusta abusar pero, viendo que a ti esto te gusta, quizás podamos hacer algo.

    -El… el qué. -respondió Marta incapaz de disimular su mezcla de nervios y excitación.

    Luego miró a Jorge y se fijó en el bulto a la altura de sus pantalones. Aquel tipo estaba calentándose.

    -Podemos empezar con algo humillante… ven aquí. Por cierto, no creo que tenga que mencionar esto pero el correo con su adjunto están a buen recaudo y sería una pena que saliesen a la luz…

    -¿Me estás chantajeando? -espetó la mujer con voz ronca.

    Jorge se limitó a sonreír mientras desabrochaba el cinturón de sus pantalones y hacía lo propio con el botón. La prenda cayó hasta la altura de las rodillas dejando a la vista muslos jóvenes y con vello.

    “El bulto bajo los calzoncillos no pasaría desapercibido ni para un topo.” Pensó Marta.

    -De rodillas. -ordenó sin titubear su nuevo dueño.

    Marta, como hipnotizada, sin apartar la vista del paquete, obedeció.

    Luego, siguiendo instrucciones, tiró de los “gayumbos” dejando a la vista un pene joven, de gran tamaño, a media erección.

    -Mírame y comienza a chupar.

    La empleada tocó la punta del pene con la punta de su lengua y levantó los ojos mirando la cara del joven. Después, sujetando el falo con su mano derecha, le dio tres lametones y lo introdujo en su boca.

    Jorge gimió y sus piernas temblaron al tiempo que contraía los glúteos.

    La felación dio paso a una chupada de huevos.

    Un rato después, el cliente se vio sorprendido por su propia eyaculación. Parte del semen salió disparado y cayó en la mejilla de la mujer madura.

    -Levántate y prepárate para ser castigada.

    Jorge apoyó la mano en la cara de Marta pringándose con su propio semen.

    Enfadado, la dio una sonora bofetada.

    -Eres una guarra, tienes que limpiarte.

    Un nuevo tortazo, esta vez de revés, en la otra mejilla.

    -Por favor… -dijo la victima

    -Vamos, demuéstrame que quieres colaborar, quítate la camisa. El sujetador también.

    El hombre sobó y pellizcó los pechos desnudos de Marta durante un buen rato. Luego, quitándose calzoncillos y pantalones del todo para evitar enredarse, quedó solo en camisa y calcetines.

    -A cuatro patas, gatea hasta aquí, eso es. Bajo mis piernas.

    La empleada obedeció pasando bajo las piernas de Jorge. Este se agachó y sacó el cinturón de los pantalones que yacían en el suelo, “pinzó” el tronco de la muchacha con las piernas y agachándose le levantó la falda y le bajó las bragas exponiendo su culete.

    Dobló el cinturón cogiéndolo con su mano derecha.

    -¿Lista?

    Marta susurró un “sí” y recibió el primer latigazo.

    Con cada nuevo azote sus nalgas cogían color y calor.

    A mitad de castigo aquello empezaba a escocer en serio.

    Al terminar, por su rostro caía una lágrima.

    Jorge la abrazó y luego, mientras le acariciaba el culo, metió el dedo corazón en la vagina y comenzó a hurgar, moviéndolo a gran velocidad.

    Marta arqueó la espalda, se llevó la mano al sexo por delante y tras varias convulsiones, temblando, alcanzó el orgasmo.

    Más tarde él la besó en la boca y ella respondió al beso con pasión.

    -Creo que es suficiente. -dijo Jorge.

    Marta le miró y sin pensarlo le hizo una petición.

    -fóllame

    Y sin esperar respuesta abrió el cajón de un compañero, sacó un preservativo y rasgando el sobre, ayudó a ponérselo a su amo.

    Sensualmente, tras darle un nuevo beso en la boca metiendo toda la lengua, se dio la vuelta y se arrodilló sobre una de las sillas de oficina sacando trasero.

    Jorge se acercó, separó las nalgas de la mujer y la penetró empujando con decisión.

    Marta gritó mientras el pene la inundaba de placer.

    Una hora después de quedarse a solas, ya vestidos y aseados, cliente y empleada salieron de la oficina.

    Él tomó un taxi, satisfecho con la acción disciplinaria.

    Ella se dirigió a casa a pie.

    Al doblar la esquina se frotó las nalgas.

    Escocían.

    Pero ese escozor no se quedaba ahí.

    Y de nuevo comenzó a sentir el cosquilleo en sus partes.

    La noche tenía un olor especial.

    Pensó en su casa, a la que llegaría en unos minutos. La ducha bajo el agua caliente y, por supuesto, un ratito de auto placer antes de dormir.

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  • Estudiante modelo quiere ser sometida

    Estudiante modelo quiere ser sometida

    Lluvia, frio, oscuridad… Típica tarde invernal del norte. Contexto perfecto para estudiar, ya que el clima invita más a estar encerrado que de paseo. Eso mismo debieron de pensar los centenares de alumnos que estaban en la biblioteca de la universidad, preparando sus exámenes. Y allí estaba yo, en medio, estudiando para los exámenes de la carrera que había decidido comenzar.

    Mi vida había dado un giro en los últimos años; subes y bajas que habían conseguido que terminase todas las relaciones sentimentales que había tenido, aprendizajes que me habían hecho alejar de mi a la gente que no me aportaba; en fin, cambios que me habían llevado a encontrarme a mi mismo, sentirme bien y estable por primera vez en mucho tiempo. Descubrí que el dinero no lo es todo: cuando no lo tienes es muy importante, pero cuando lo tienes esa importancia baja mucho porque no sirve de nada sin otras cosas.

    Y en ese proceso había conocido a mi novia: joven, preciosa, con una energía maravillosa y unas ganas de comerse el mundo tremendas. Yo le daba estabilidad y ella, a mí, me rejuvenecía. Aunque hubiese 7 años de diferencia parecíamos hechos el uno para el otro. Y además, de mente muy abierta, lo cual resultaría ser importante para esta fase de la relación.

    Desde el principio se dejó iniciar en el mundo de la sumisión de mi mano, y ya era una sumisa muy buena. Juntos disfrutábamos mucho y nuestra química era especial. Sin embargo, motivos personales me habían hecho regresar al norte y ella se encontraba ahora mismo en otro país estudiando. Así que decidimos que, como queríamos seguir juntos, sin que la distancia nos lastrase, íbamos a tomar dos decisiones: la primera, que al menos una vez al mes uno de los dos iría a donde el otro para seguir manteniendo esa química que hay cuando estás frente a la persona que quieres; la segunda abrir la relación.

    Podríamos estar con otra persona, por mero interés sexual, durante este período. No era un acuerdo en el que puedes salir y llevarte por delante lo que pase, pero si que podríamos tener una relación sexual con alguien, e incluso compartirla cuando estuviésemos juntos. La idea, a priori, era excitante, y trataba de mantener la chispa y reducir los impulsos sexuales durante este periodo separados. Siempre se daría estando en lugares distintos, y avisando al otro, y podríamos unir a una tercera persona estando juntos.

    Mi novia había tenido alguna experiencia con otras mujeres unos años atrás, así que no le importaba incorporar a una mujer, en un momento determinado, a nuestra relación. No le llamaba un trío con otro hombre, y en nuestra relación abierta, le llamaba más jugar con alguna amiga que tirarse a un tío. En cambio, le encantaba verme con otra mujer y luego acudir a ella; además, de este modo, sabía que podía estar descargado sin presión y eso le daba a ella un punto de ventaja para saber que no la iba a cambiar por otra.

    Y así me encontraba yo, estudiando en el mismo lugar que lo hacía años atrás. Intentaba concentrarme, pero tengo que reconocer que miraba a los lados cada vez que escuchaba pasearse tacones. Y es que la verdad es que por mi mente se pasaban todo tipo de pensamientos recordando los tiempos de universidad…

    En una de esas idas y vueltas se había sentado enfrente de mí una chica muy mona. Tendría la edad de mi novia, rubia, una cara bonita y un cuerpo llamativo. Botas vaqueras y un look actual, serio, pero bien vestida… Todo muy similar a mi chica, algo que me llamo la atención. Así que la siguiente media hora fue un continuo de miradas furtivas y sonrisas ocultas, hasta que decidió salir dejando el material de estudio sobre la mesa.

    Vi mi momento y me decidí a salir detrás, hacía la máquina de café. Iniciamos con una conversación trivial sobre estudios y nos presentamos (desde ahora será Clara); ella me comentaba que hacía medicina y que le estaba yendo muy bien. Yo le conté un poco sobre mí, las vueltas que había dado, y la verdad que escuchaba atenta como si de un mundo nuevo le estuviese hablando. Ella siempre había sido una buena estudiante, centrada en forjar su futuro, y proveniente de un entorno muy bueno, así que le llamaba la atención escuchar historias acerca de aventuras, viajes, países… Hasta que la conversación fue entrando en terreno más privado.

    Clara me contó acerca de su ex; lleva unos meses soltera ya que había tenido una relación toxica desde joven. También que había descubierto la bisexualidad y le llamaban la atención las mujeres; yo le conté acerca de la mía y de como la estábamos gestionando:

    C: ¿Así que… Podéis acostaros con otra gente?

    Y: Si, pero no… No lo hacemos con cualquiera, no lo hacemos cada día, y le comentamos al otro acerca de quien es.

    C: Wow… ¿y no tenéis celos?

    Y: No porque sabemos que es puro sexo y que nos queremos

    Esto despertó una inquietud en ella. De repente, sintió que podía hablar de ciertos temas con alguien, cosa que nunca había podido hacer, por lo que me propuso desconectar un rato del estudio, y salir a tomar una caña, que sin dudar le acepté.

    La conversación siguió por muchos caminos; hablamos de energías, de sentimientos, debatimos acerca de como gestionarlos, de las casualidades… Y en un momento en que el que la charla volvió a las relaciones, me decidí a contarle sobre mi gusto por el bdsm. Esto. Provocó en ella un cambio de actitud, un sonrojo que aumentó aún más su curiosidad. Me confesó que se había sentido atraída por la sumisión siempre, pero que le había dado miedo porque nunca nadie le había confesado esa misma atracción.

    Buscaba info a escondidas pero no se atrevía a dar el paso. Y comenzó a realizar muchas preguntas: sobre mi pareja, sobre sensaciones, sobre como llevarlo a práctica o donde buscar información. Así que de una vez por todas me lancé:

    Y: ¿Tu eres muy curiosa no?

    C: Entiéndeme… Es la primera vez que hablo con alguien abiertamente de esto… Lo tenía muy adentro

    Y: Es curioso si… Es como si las energías nos hubiesen atraído, como si algo me hubiese enviado a conocerte hoy

    C: Yo también lo creo. Además vengo de unos días donde este sentimiento ha estado más presente, sobre todo a las noches… Y justo va y hoy te conozco. Es raro tío

    Y: Raro no es… Las energías se atraen… Y tú buscabas algo así

    C: Tengo mucha curiosidad por saber que se siente atada

    Y: Ven a mi casa y te puedo enseñar algo…

    C: No sé… Me da miedo…

    Y: Iré poco a poco, no haremos nada que no quieras probar, y cuando quieras irte te acerco a casa de nuevo.

    C: ¿Te importa si le aviso a una amiga?

    Y: Por supuesto que no. Y si quieres le mandas ubicación desde mi casa, para que sepa donde estás

    Esa confianza generada durante una hora, y las ganas de probar el mundo de la sumisión, pudieron más que le miedo y la inseguridad, y se decidió a venir conmigo. Le escribió a su amiga más cercana, comentándole que vendría a mi casa. Ella, extrañada, le contestó muy rápido preguntándole más info, así que le envío un audio contándole que había conocido un chico con el que llevaba toda la tarde, y que se iban a tomar algo a su casa. Ellas compartían su ubicación así que en todo momento sabría donde estaba.

    Fuimos a mi vehículo, dispuestos a irnos a la casa. Conducimos charlando tranquilamente con música indie de fondo; a mi me gustaba ese estilo y a ella, al parecer, también, así que se abrió una nueva ventana de diálogo. Estos 15 minutos de conversación en el trayecto le ayudaron a calmar los nervios. Para Clara todo era nuevo; todavía estaba gestionando el ir con un casi desconocido a practicar bdsm y eso la tenía tensa, pero ver que detrás de un mundo a priori tan oscuro, había una persona que, al menos, parecía totalmente normal, la ayudaba a naturalizar la situación. Yo trate de hacerle entender que no era nada malo, ni lo que hacía ni lo que le atraía.

    Una vez en casa, me propuse darle aún más confianza. Nos sentamos en el sofá, puse la chimenea y abrí un vino blanco, ya que me dijo que no bebía tinto. Hasta en eso se parecía a mi novia. La deje sola un segundo y procedí a comunicarme con mi pareja. Le mandé un audio donde le conté un poco todo; ella me pidió descripción y, cuando se la di, me respondió con un chistoso ”las buscas igual que yo eh”. Pero no se equivocaba, se lo confirmé, y nos despedimos hasta el día siguiente.

    Me senté con ella de nuevo y tomé la iniciativa:

    Y: Hay unas cosas que tenemos que hablar antes de que pase nada

    C: Dime

    Y: Primero quiero comentarte que esto es algo para experimentar ambos, pero no puedo ponerte a mi nivel, cualquier duda que tengas, adelante. Me gustaría que escojas una palabra de seguridad. Si en algún momento te sientes incómoda o piensas que no estás preparada, solo tienes que decirla, y pararemos. Si estuvieses amordazada la clave será 5 respiraciones cortas seguidas.

    Se sonrojo nada más escuchar la palabra mordaza, pero me contesto medio tímida:

    C: Biblioteca… La palabra es biblioteca

    Y: Genial. Por otro lado, quiero que me cuentes tus limites o tus fobias. No quiero hacer o decir algo para lo que no estés preparada

    C: No creo que esté preparada para algo doloroso. Quiero ver la sensación de estar atada, de que me humillen. Me da igual como pero no quiero sentir dolor ni ver sangre. Ni nada escatológico. Bueno, y nada que sea un delito, ya sabes que ni drogas ni nada tomo

    Y: Perfecto, me parece muy correcto. Ahora ponte de pie, sácate la ropa y déjate solo las botas. Yo voy a por mis juguetes y cuando vuelva quiero verte de rodillas con los brazos en la espalda

    Me fui a por las cajas donde guardaba todos los juguetes, y cuando volví, allí estaba esperándome. Se la veía avergonzada, con la cabeza agachada, aunque poco tiempo tendría de pensar en lo que venía.

    Empecé a sacar cuerdas, y ella miraba atónita a todo lo que allí había. La puse de pie, y comencé a realizarle un arnés con la primera cuerda. Ella miraba como las cuerdas daban vueltas a su alrededor, de sus pechos al cuello, pasando por la espalda. Mientras miraba la trayectoria de las cuerdas, sin darse cuenta, sus brazos ya estaban amarrados. Me agaché y realicé sendas ataduras en rodillas y tobillos. Se la veía espectacular. Cogí dos pinzas y se las puse en los pezones, a lo que hizo una pequeña protesta, pero sin mucho efecto. La puse de rodillas y me miró:

    Y: ¿que sientes?

    C: No sé… Me da miedo y vergüenza al mismo tiempo, pero me siento bien también. Sentir las cuerdas, sentirme humillada, a merced de alguien… Hay algo por dentro que se me remueve como nunca y me tiene excitada

    Y: Eres más puta de lo que pensaba. Pero si aguantas esta noche vas a salir de aquí toda una zorrita

    Su cara cambió de golpe. El caballero que había conocido le hablaba como nunca antes esa tarde. Su primera reacción fue de sorpresa, pero a la vez una excitación enorme se apoderó de ella. En ningún otro contexto se dejaría hablar así, pero ahí no era capaz de decir nada. Así que me acerque a ella, me quité los pantalones, y me quede con el pene delante de su cara. Ella no podía ni mirarlo de la vergüenza de la situación.

    Y: Ahora vas a abrir la boca y empezar a chupar, ¿o tengo que obligarte?

    Sin dudar alzó las vista y se lo metió en la boca. Estaba totalmente erecto y Clara comenzó a chuparlo con una delicadeza que me dejo loco. Lo hacía genial. Cualquiera pensaría que era una niña pija acostumbrada a no tener que hacer mucho en el sexo, y siempre recibir. Nada más lejos de la realidad, lo tragaba hasta donde llegaba, lo lamía de arriba hacia abajo, y de vez en cuando subía la mirada con lascivia, lo que me ponía aún más enfermo. Llevaba toda la tarde tan caliente, que en apenas 15 minutos le iba a regalar la primera corrida de la noche.

    Lo hacía muy bien, sabía donde tocar para ponerme a temblar; tanto que acabe sentado dejándola hacer de rodillas. Pero cuando estaba llegando, me levanté, agarré su coleta y su mandíbula, y empecé a follarme su boca. Golpeaba tan fuerte y rápido que cada pocos segundos le venían arcadas, pero aun así aguantó hasta el final, hasta que vacié mis testículos en su garganta. Y no defraudo, porque no desperdició ni una gota del fruto de mi placer.

    Y: ¿Como la chupas tan bien?

    C: no se tío…

    Y: ¿Tío…?

    Eso fue lo último que escucho antes de darle una bofetada que la dejó perpleja.

    Y: ¿Qué pasa? ¿Qué te sorprende? -(procedí a darle otra)- creo que aún no sabes donde estas ni como hablar con respeto

    Ella, atónita, solo supo decirme:

    C: Pe,pe, perdón… Señor…

    Y: Eso ya me gusta más.

    No quería ser el típico dom que enseña a base de castigos, pero tenía que entender que respetar a su dominante, aunque fuese solo por esa noche, era básico. Y el tratamiento personal no había sido el correcto. Además, en su mirada, se notaba que esa sensación la había humillado terriblemente, y le excitaba de sobre manera.

    Sin perder más tiempo, dado que ya era algo tarde, y no quería volver muy tarde a su casa, procedí al plato fuerte. Me propuse darle un orgasmo tan fuerte que cada día pensase en él y desease volver a sentirlo. Así que le puse una mordaza de bola, de color rojo, y me la llevé al cuarto.

    Allí desaté sus piernas y sus brazos, y la tumbé boca arriba. Até cada uno de sus brazos a un lado de la cama. Después, levanté sus piernas y puse un pequeño cojín por debajo de su cadera. Por último, até cada una de sus piernas a un lado de la cama, de modo que quedo totalmente expuesta.

    No le di mucha explicación, cogí el bote de lubricante para disponerme a lubricarla. Su vagina ya estaba completamente húmeda, aunque igualmente eché un chorro, que también utilizaría para lubricar su ano.

    Cogí el plug más pequeño que tenía y comencé a introducirlo. No se quejó mucho; yo miraba continuamente por si la señal llegaba, pero ella se mantuvo disfrutando del proceso. Comencé a tocar su clítoris, suavemente y hacia los lados. Ella gemía de placer mientras yo jugaba con su coño depilado. Era rosadito y toda una delicia, tanto que en un momento tuve que bajar y comérselo. Temblaba de placer mientras mi lengua recorría su sexo. Para ese entonces yo ya tenía otra erección, así que decidí que le iba a dar un orgasmo a ella primero, y luego terminaría yo.

    Cogí un vibrador y se lo puse en el mismo clítoris que tan sensible estaba. Sus ojos se abrieron de golpe; nunca había tenido ese cúmulo de sensaciones y no sabía como reaccionar. Se intentaba mover aunque estaba totalmente inmovilizada, gemía, cerraba los ojos y apretaba manos y pies. Bailaba con la cadera y, aunque por momentos, parecía que quería apartarse, en otros parecía que se movía al son del aparato.

    Yo, ya enfundado en un condón, ponía la punta de mi pene a la entrada de su vagina, y la acariciaba a la vez que le daba golpecitos con la punta. Ella me miraba y empujaba sus caderas hacía mi como queriendo que la llenase. Pero aún no era el momento.

    Seguí 10 minutos más con el vibrador; gritó una y otra vez, gemía, respiraba, y volvía esa sensación. Placer extremo mezclado con sensibilidad máxima. Estaba exhausta orgasmo tras orgasmo, viendo como no me apartaba y seguía encime de ella. Llegado un momento, cerró los ojos, y se entregó por completo. No podía más, así que llegado a ese punto sabía que esa cita no se iba a quedar en una noche sola. Separé el vibrador y comencé a bombearla.

    No sé cuánto fue pero acabe vaciando tanto en ese condón que parecía que se salía por los lados. Acabe con la sensación que acababa cada polvo con mi novia, y eso era maravilloso. Y ella destruida, atada de manos y pies, expuesta, sudada, follada por todos sus agujeros, humillada y vejada… Y feliz, muy feliz.

    Me limpie y le quite la mordaza, y una sonrisa gigante salía de su boca.

    C: Gra, gracias señor… Ha sido maravilloso

    La desaté y me tumbé a su lado. Nos abrazamos y comenzamos a charlar, ya sin roles. Hablamos de sus sensaciones, de gustos, de que probar, de como se había sentido. En un momento determinado, hasta me preguntó si creía que a mi novia le apetecería conocerla. Yo estaba seguro de que a mi novia le encantaría conocerla, y de que los tres íbamos a pasar muy buenos momentos, y así se lo hice saber. Ella sonrió y se quedó a mi lado un rato más.

    Finalmente, nos arreglamos un poco, lo justo para no levantar sospechas, y la acerque a casa. Al día siguiente nos volveríamos a ver estudiando, quien sabe como terminaría esta vez…

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