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  • Mi marido, yo y cuatro más

    Mi marido, yo y cuatro más

    Después de un año de trabajo, las merecidas vacaciones.

    Mis padres tienen un apartamento en un edificio de cuatro platas, cuatro apartamentos por planta, locales comerciales en la planta baja, garaje subterráneo para los vecinos, en total veinte plazas, está situado casi a primera línea de mar, nos conocemos todos los del edificio de varios años, pero en este, se había vendido un apartamento en el mismo rellano, del cual todavía no conocíamos a los inquilinos.

    Una mañana soleada llegamos al apartamento, era muy temprano para comer, el sol calentaba como invitando al refrescante baño, no lo dudamos, solo estábamos a dos pasos de la arena, sin abrir las maletas, solo con el bañador, dos toallas y la crema, nos apresuramos a recibir los primeros rayos de sol de la temporada, nuestro cuerpo estaba un poco dorado por los uva de que dispone el gimnasio que frecuentamos.

    Después de saludar a algunos vecinos de apartamento que como nosotros iban cada año, dispusimos las toallas para dorar un poco mas nuestros cuerpos.

    Al poco llego un grupo de cuatro hombres, uno de nuestros vecinos nos los presento, Antonio y Juan eran los que parecían más jóvenes entre veinticuatro y veintiocho años, Julio un poco mayor de unos cuarenta y Mario era el propietario, de unos cincuenta años, nos presentamos nosotros, yo Elvira treinta años, y mi marido Manuel de treinta y cuatro.

    No había mucho espacio disponible y se situaron cerca de nosotros, no pude resistir la tentación de mirarlos mientras se desnudaban, me daba una especie de morbo, naturalmente se dieron cuenta por mi descaro y me premiaron con una dulce sonrisa.

    Ellos tampoco ocultaron mirarme, solo llevaba la parte de abajo del bikini, mis pechos algo voluminosos pero erguidos, eran al blanco de sus miradas, soy muy coqueta, me gusta sentirme deseada, una de mis fantasías es hacer posiciones delante de un pequeño grupo de hombres para excitarlos, mi marido apenas se dio cuenta, estaba muy entretenido mirando de reojo a nuestras vecinas.

    Los dos más jóvenes con agua apenas en la cintura, se pusieron a jugar tirándose una pelota, a mi estos juegos me van, sin preguntar me incorpore al grupo, corriendo y saltando mis tetas se movían de un lado para otro, arriba y abajo, uno de los dos se zambullo alejándose un poco nadando, quería esconder la gran erección que mis pechos le habían producido.

    Por la noche coincidimos con nuestros vecinos, en una pequeña discoteca, fuera del pueblo, a mi marido no le gusta bailar, pero si ver como yo lo hago, se excita viéndolo, me hace vestir muy sexy y provocativa, si se acerca alguien insinuándose mientras bailamos sea hombre o mujer todavía se excita mas y como sé que le gusta dejo que me toquen un poco mientras contorneamos nuestros cuerpos.

    Julio y Mario se sentaron al lado de mi marido, Antonio y Juan bailaban conmigo, me pusieron en medio de los dos, la pista se fue llenando, nos quedamos a un lado, para no privarles del espectáculo a mi marido y nuestros vecinos.

    Los dos jóvenes no desaprovecharon la ocasión, me tocaban el culo y las tetas, en algún momento, se bajó el fino tirante de mi blusa dejando a la vista casi la totalidad de mi seno.

    Mario hablaba con mi marido mirándome a mí.

    Mario: Manuel espero que no te ofendas, pero tienes una mujer muy sexy.

    Manuel: Mario no me ofendo, al contrario, es un cumplido.

    Mario: ¡ha!, si tuviera unos años menos estaría con el grupo moviéndome.

    Manuel: No te prives, a mi mujer le encantara, le gusta bailar con los amigos, aunque sea solo un ratito.

    Mario se levantó se puso a mi lado, se movía sin seguir el ritmo, sus manos fueron directas a mi culo y mis tetas, acerco su boca a mi oído.

    Mario: Elvira, salgamos un rato fuera, me has excitado, quiero saborear tu culo y tus pechos, nos lo pasaremos bien.

    Elvira: Si hubiera querido salir tendrías el número tres, Antonio y Juan también me lo han propuesto, pero una cosa es bailar y la otra es la otra.

    Así paso la velada, cuando ellos se fueron, todavía nos quedamos un poco mas, me senté al lado de mi marido para comentarle que los tres se habían insinuado conmigo.

    Manuel: Quizás hoy hubiera sido un buen día para llevar a término nuestra fantasía.

    Elvira: No sé, no estoy muy convencida, solo se insinuaban conmigo, tu, era como si no existieras.

    Manuel: No estoy tan convencido, mientras tú bailabas con los tres, Julio intentaba ser muy amable conmigo, cuando me hablaba me miraba los labios, pero es mera suposición.

    El cielo estaba despejado, la noche era muy clara, las estrellas iluminaban tenuemente, junto con la luna los senderos, antes de irnos, paseamos un poco, comentando nuestra fantasía, en tres ocasiones habíamos dado un paso, dos de ellas, al llegar delante del local, nos faltaba un poco de valor para entrar, la última logramos pasar la puerta, estuvimos hablando con la relaciones públicas que nos explicó las normas que regían, si decidíamos continuar, me refiero a un local liberal.

    Mi marido estaba muy nervioso, toda la noche yo en medio de los tres, tocándome, pero lo que mas excitación le dio fue la idea de que Julio intentase ligar con él.

    Llegamos al garaje, todas las plazas estaban llenas, menos la nuestra, quería decir esto que no faltaba nadie, al bajar del coche nos rodearon nuestros vecinos.

    Mario: Solo faltabais vosotros, esto significa que no vendrá nadie, durante todo el día nos has estado provocando, estamos muy calientes, te deseamos, queremos follarte ahora y aquí mismo no aguantamos mas.

    Mi marido salto sobre él, dos de ellos lo sujetaron y ataron en la columna de la estructura del edificio, amordazándole, otro me sujeto a mi por detrás, yo chillaba pidiendo ayuda.

    Mario: Es inútil que os resistáis, nadie puede oíros, el local esta insonorizado, no vendrá nadie, si colaboráis, no pasara nada, sino, puedo ponerme nervioso y si mañana queréis denunciaros, no se quien se creerán vuestra versión, después de que nos han visto en público a los seis durante casi todo el día.

    Elvira: Bueno que queréis, id rápido.

    Mario: Ya te lo hemos dicho, estas muy buena, tienes unos pechos para comerlos y no hablemos de tu culo, para chuparlo, esta mañana en la playa nos has puesto muy nerviosos y solo faltaba la noche para acabar de calentarnos, solo queremos follarte los cuatro.

    Mientras me decía esto, fue bajando los tirantes de la blusa, dejando mis pechos al aire, con los pulgares acariciaba mis pezones, los otros dos levantaron mi falda, para acariciarme los muslos, el otro todavía me tenía sujeta, yo forcejeaba para liberarme.

    Mario: Estas dispuesta a colaborar.

    Mire a mi marido, la quitaron la mordaza para que pudiera hablar, en mi interior pensaba que a él le gustaría verme follada por cuatro, pero quizás no en aquellas circunstancias.

    Manuel: Elvira, creo que no tenemos alternativa, tienes que ceder.

    Dejé de forcejear, hinché mis pulmones de aire para mostrar mejor mis pechos, me soltaron y dejaron de tocarme, Mario saco su pene.

    Mario: Empieza por chupármelo a mí.

    Sin quitar la vista a mi marido me agache lentamente, poniéndolo todo en mi boca, no había dado mas de cinco o seis chupadas que.

    Mario: ¿Pero qué haces?, esto no es chupar ni nada, ¿Es que nadie te ha enseñado?, ¿Qué haces con tu marido?, míralo, si tu no la has sabido enseñar lo haré yo, ven zorra.

    Se puso delante de mi marido, mientras uno le tapaba la boca, le bajo los pantalones.

    Mario: Julio enséñanos como se chupa una polla, lo haría yo, pero ella tiene que ir repitiendo lo que tú hagas.

    Julio tomo la polla de mi marido, con una mano, con la otra le acariciaba los testículos, con los labios presiono el capullo, varias veces, lamía la punta con la lengua, con movimientos circulares, la fue entrando poco a poco con movimientos les tos y cortos de entra y sacar, mi marido en lugar de chillar empezó a jadear.

    Mario: ¡He! mirar le gusta, el marido nos ha salido un poco gay, ayudad a Julio.

    Antonio y Juan se pusieron uno a cada lado de mi marido, le abrieron la camisa y mientras Julio se la chupaba, le lamían los pezones uno cada uno, nunca había visto tanta satisfacción en el rostro de mi marido, aquello me animo he hizo que de verdad quisiera yo follarme a los cuatro, se estaba realizando nuestra fantasía, “los mismos que me follen a mí se follaran también a mi marido”.

    Mario se dio cuenta rápidamente que los dos queríamos aquella orgía, desató a mi marido, Julio y Antonio se quedaron con mi marido, Mario y Juan conmigo, se la chupé a los dos, ellos me comieron el coño, mi marido se la chupó a Julio y Antonio, ellos también a él, poco a poco nos fuimos desprendiendo de la poca ropa que llevábamos, quedando todos desnudos, Mario me follaba tendida sobre el capo de un coche, en el coche de al lado también tumbado sobre el capo, Julio estaba enculando a mi marido, Antonio y Juan tendieron una manta en el suelo y se la chupaban uno al otro.

    Tantos años buscándolo y apareció cuando menos esperábamos, encontrar un hombre bisexual que satisficiera a los dos, teníamos cuatro todo una pasada.

    Fuimos cambiando de pareja, hicimos de todo, tríos, cuádruplo, por un rato tuve a los cinco, uno me follaba, el otro me enculaba, se la chupaba a otro, en mis manos las dos pollas sobrantes.

    A mí me follaron y encularon los cinco, incluido mi marido, se las chupe a los cinco, mi marido se la chupo a los cuatro, también lo encularon.

    Entre ellos no sé lo que hicieron porque perdí la cuenta.

    Lo que quedaba de vacaciones fue una orgía continua, mantenemos una relación muy efectiva con nuestro vecino Mario que nos folla a los dos.

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  • Mi compañero de trabajo… Rogelio

    Mi compañero de trabajo… Rogelio

    Todo empezó con bromas, comentarios insignificantes, pero una invitación a comer fue el inicio.

    Fuimos a comer, en realidad ni comíamos por estar platicando, hablamos de proyectos, aventuras, anécdotas, antiguos novios y novias, trabajo, etc.

    Me llevó a casa y al despedirnos nos dimos un beso.

    Era excitante sentir su aliento cerca de mi nariz, su lengua junto a la mía, y me estremecí cuando puso su mano fuerte y grande en mi cuello. Que mano tan cálida, y yo correspondí al beso y le abracé y rodeé su nuca, nos despedimos y quedamos en volver a salir.

    Así pasó un mes y fue cuando estando a orillas de un río tuvimos la tarde más apasionante y llena de deseo de ambos. No aguantaba y le susurré que fuésemos a un lugar más privado. No deseaba entregarme a ese hombre en un carro, o en la tierra cerca de un río, deseaba tenerlo solo para mí, en un lugar cómodo y así pasó.

    Llegamos a un hotel y nos besamos tan profundamente, sus papilas gustativas con las mías mientras el acariciaba mi cintura, la otra mano recorría mi espalda y la otra hábilmente amasaba mis pechos.

    Me quitó la blusa y yo le desabotonaba su camisa, y me dice: “tócame, ¿lo sientes?”. Era maravilloso, y así me dirigió a la cama y se tumbó encima de mí.

    Recorrió mi cuerpo desnudo con su lengua, lamió los pliegues detrás de la rodilla, mi ombligo, detrás de mis orejas, y después descendió lentamente a mi sexo.

    Me dio una sesión de sexo oral profunda y larga, recorría cada parte de mi vagina, lamía y rechupaba mi clítoris, mis labios, mientras con su otra mano y su dedo índice me acariciaba el ano.

    Estaba a punto de venirme cuando él se detuvo y me dio un beso y me dijo: “prueba lo tuyo, ¿verdad que es delicioso?”. Yo solo pude afirmar con la cabeza, estaba emborrachada por sus besos y todo lo que él me hacía y así entró en mí…

    Empezamos ese juego de sube y baja y mientras él me acariciaba los pechos, ese hombre alto, carismático, de 42 años me estaba volviendo loca… me sentía como una adolescente con la hormona a mas no poder… yo tengo 23 años, esa fecha que no olvido esa vez, sus manos fuertes y algo ásperas, su aliento, una mezcla de cigarro con alcohol, sus besos dulces, eróticos y provocadores.

    Después fue mi turno de complacer a ese pene imponente, palpitante que reclamaba placer.

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  • Una corrida a distancia

    Una corrida a distancia

    Hola, me llamo Eva y soy casi una obsesiva del sexo. Hago mil diabluras para poner a mi macho a punto. Cuando no puede venir a verme y sé que él está trabajando en su despacho, recurro a un truco que al tío lo pongo a cien hasta correrse por debajo del pantalón.

    Cojo y me desnudo por completo, luego lo llamo por teléfono y le hablo bajito…

    –¿Estás ahí, cariño…?

    –Si, estoy aquí…

    –Tengo las tetas sueltas como a ti te gusta y mi coño, está como una hoguera…

    –¿Lo tienes caliente…?

    –Si, casi me chorrea el jugo. ¿Como tienes tú la polla…?

    –La tengo como un poste de dura, cariño…

    –Oh, yo me estoy metiendo el dedo, pero me gustaría más tu polla…

    Seguidamente comienzo a jadear y a excitarme tocándome todo mi cuerpo…

    –Escucha como respiro, estoy a punto de correrme. ¿La tienes bien dura…?

    –Si Eva, voy a explotar…

    Después, cojo el auricular del teléfono y me lo pego al coño…

    –Tengo el teléfono metido en mi coño. Es como si fuera tu polla, como si pudieras mandarme tu leche…

    –Ojalá fuera mi polla y mi leche, cariño…

    –Me lo restriego en el conejo y me vuelvo loca…

    –Yo sí que te restregaría esto que tengo en mi mano…

    –Mmmm… mira cariño, voy a metérmelo dentro y tu sigue hablándome para sentir tu voz dentro de mi chochete…

    –Abre tu raja, ábrela bien hasta que chorree de gusto…

    –Y tú, coje tu polla con tu mano y apriétala hasta estrujarla…

    –Sí, ya la tengo cogida… mmm… ya la aprieto…

    Él tiene aprisionada su verga que parece un tronco duro y caliente. Entonces él escucha mi voz lujuriosa…

    –Me voy a vaciar… me corro… cariño… me viene… aaahhh… ahora… ahoraaa…

    –Y también me corrooo… Evaaa… aaauh… me corrooo…

    Mi respiración se vuelve más serena y acompasada y le digo a él…

    –¿Te has corrido, cariño…?

    –Si ya lo creo, me has dejado muerto…

    –Así me gusta cariño, que tengas una buena corrida…

    –Eres una zorrita Eva, una linda zorrita…

    –Si, soy una zorrita que sabe darte gusto por teléfono…

    Después cuelgo y me pongo a pensar, ¿qué excusa le dará a su mujer cuando vea que se ha manchado el pantalón por su entrepierna…? Je, je, je.

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  • Me encanta viajar en tren

    Me encanta viajar en tren

    El tren arranca con suavidad y comienza a oscilar sobre las vías cogiendo cada vez más velocidad. Yo, tumbado sobre una de las literas del vagón recuerdo el correo de una amiga que me felicitaba por alguno de mis relatos. Entonces, mientras pienso en ella y en sus palabras una fantasía recorre mi mente en un flash y comienzo a imaginar…

    Oigo voces y risas femeninas por el pasillo. La estación estaba muy llena y todavía hay mucha gente por los pasillos del vagón buscando su compartimento. Alguien abre la puerta del mío y entra.

    “Es este chicas”. Dice una de las tres chicas que pasan por mi lado para acomodarse en sus literas.

    No van demasiado cargadas. Tan sólo una pequeña maleta por cabeza y algún que otro bolso de mano. Dejan las cosas donde pueden y se reparten cada una de las camas. Yo estoy allí, observándolas, pero ellas actúan como si yo no existiese. El culo de una de ellas pasa tan cerca de mi cara que casi lo rozo con la nariz. Una de ellas me dirige una mirada por primera vez. Parece ser la líder del grupo pues es la que ha tomado la iniciativa a la hora de repartir las literas. Habla con las demás sin dejar de mirar a su alrededor como si estuviese inspeccionando la zona.

    Finalmente deciden sentarse en una de las literas, la que está situada frente a mí. Por primera vez puedo verlas a las tres de cara. Son jóvenes, calculo que tienen más de 18, con cuerpos bien desarrollados que no se preocupan por esconder. La que en mi opinión es la líder del grupo es también a mi gusto la más guapa. De cabello castaño y larga melena, ojos negros y labios carnosos. Tiene puestos unos pantalones muy ceñidos que le marcan sus curvas y una blusa muy escotada que deja ver el color negro de su sujetador.

    En el medio de las tres se encuentra la menos agraciada, aunque sin llegar a estar mal. Sonríe constantemente y alterna sus miradas a una y otra de sus amigas, obsequiándome de vez en cuando con una fugaz mirada. No tiene tanto pecho como sus amigas, pero tiene unas bonitas piernas, las cuales deja ver casi al completo su faldita de color negra y blanca. En un momento en el que descruza las piernas para cambiarlas de postura me parece intuir la blancura de su ropa interior y siento un leve movimiento bajo mis pantalones.

    La tercera es sin duda la que tiene más pinta de viciosa. Su culo es redondo y durito a juzgar por lo que había podido ver hacía tan sólo unos minutos. Ahora que la veía también de cara me parecía más atractiva incluso. Era rubia y con los ojos verdes y me pareció verle un pearcing en la lengua y otro en el ombligo.

    Hablaban y se reían despreocupadamente, sin importarles que yo, un extraño, pudiera escuchar lo que decían. Que si a mí me ha venido la regla hoy, que si a mí me vino la semana pasada, que si tengo el culo grande, que si yo lo tengo más grande, que si ¿te has fijado en el revisor?, que si ¿la tendrá grande?, que si a mí me da igual…

    A mí me resultaba cada vez más incómodo permanecer allí callado, escuchando la conversación de tres adolescentes picaronas y decidí sacar el libro que me había traído para leer. Además, si no dejaba de mirarlas pronto iba a tener una erección y estaba seguro de que ellas se iban a dar cuenta de eso.

    El revisor apareció por nuestro compartimento media hora más tarde. Nos pidió los billetes a los cuatro y me preguntó si éramos familia.

    –No, no. Yo viajo solo. –dije yo.

    Entonces Marta, la líder, comenzó a tontear con el revisor. Se notaba muchísimo que intentaba coquetear con él y las demás la imitaron. El revisor al principio les siguió la broma, pero pronto se cansó y se despidió de ellas sin más.

    –Que pasen buena noche, mañana, media hora antes de que lleguemos a Cádiz paso a despertarles. –dijo el revisor y se fue.

    –Será capullo –dijo Marta. Ni siquiera me ha hecho caso ese idiota.

    –Seguro que es gay. –Dijo Laura, la menos agraciada.

    –Sí, seguro que es marica. –Afirmó Tania–. Y además no se le levanta.-Agregó.

    Las tres se rieron. Yo había vuelto a mi lectura, pero cada vez me costaba más concentrarme en ella.

    –Pues él se lo pierde –dijo Marta. Yo hubiese estado dispuesta a hacerle un favor si hubiese querido.

    –¿Pero no decías que tenías la regla? –le contestó Tania.

    –Sí, ¿y qué? Le hubiese hecho una buena mamada. Mi novio dice que se me da muy bien.

    A partir de ese momento no pude volver a concentrarme en la lectura. Las palabras de Marta se repetían una y otra vez en mi cabeza y comencé a sentir un cosquilleo en la entrepierna que comenzó a hincharse.

    –Pues yo no lo he hecho nunca. –dijo Laura.

    –¿No te has comido nunca una polla? –preguntó incrédula Marta.

    –No.

    –¿Y tú? –le preguntó a Tania.

    –Sí, una vez, con un amigo del pueblo.

    –¿Pero no os da un poco de asco? –preguntó Laura a sus compañeras.

    –No. –dijo Marta rotundamente.

    –Bueno, sólo al principio. –Dijo Tania–. Una vez que te dejas llevar ya no te importa nada.

    –Sí, eso es, una vez que la tienes en la boca ya solo quieres continuar chupándola, como un helado que nunca se acaba, aunque sí se acaba. –Añadió Marta.

    –¿Se acaba? –dijo Laura.

    Marta y Tania se rieron por la ingenuidad de la pregunta de Laura y luego ésta se unió también a las risas Yo mismo no pude evitar sonreír y alzar la mirada de nuevo hacia las tres chicas.

    –Seguro que antes de que volvamos de vacaciones te habrás comido unas cuantas pollas, de eso me encargo yo. –dijo Marta.

    Laura enrojeció un poco ante las palabras de su amiga y al descubrir que yo también la miraba. Luego las tres me miraron a mi. Era como si por primera vez fueran conscientes de que allí había alguien más, alguien que no era como ellas, alguien que había estado escuchando toda la conversación.

    –Mirad chicas, parece que a este sí se le levanta. –dijo Marta señalando con la mano hacia mi bulto en los pantalones.

    El descaro y la osadía de la chica me descolocó de tal manera que no supe cómo reaccionar hacia ese comentario. Además, ahora tenía clavada la mirada de las tres jóvenes en mi paquete, que verdaderamente se había hinchado un poco. Yo intenté disimular fingiendo no haber escuchado ese comentario, pero ellas no estaban dispuestas a dejarme en paz.

    –Nos has estado escuchando ¿verdad? –me interrogó Marta mirándome fijamente a los ojos.

    –Bueno, sí, no pude evitarlo. –me explicaba yo.

    –¿Y qué opinas?

    –¿Qué opino de qué?

    –De lo de nuestra amiga. Opinas que es normal que todavía nadie le haya puesto la polla en la boca.

    Me resultaba difícil reaccionar serenamente ante preguntas tan directas y tan inesperadas para mí.

    –Bueno, no sé, supongo que será porque ella no ha querido ¿no?

    Laura cada vez enrojecía más y más y Tania parecía divertida observando la manera en que Marta hacía surgir mi inseguridad con sus preguntas.

    –¿Y tú se la meterías? En la boca, digo. Parece que tienes una ahí dentro ¿no?

    El bulto de mis pantalones era cada vez mayor, al igual que mi confusión y sorpresa. ¿qué se suponía que debía contestar? Decidí apostar fuerte…

    –Bueno, quizás, aunque a lo mejor te gustaría probar a ti primero.

    Por primera vez Marta mostró sorpresa ante mi respuesta, pero no se arrugó demasiado.

    –¿Por qué no?

    Entonces Marta vino a sentarse en mi cama dejando en frente a sus dos amigas. Con decisión me acarició el paquete por encima de los vaqueros.

    –Guau, chicas, creo que esta noche nos lo pasaremos bien.

    Marta me bajó la cremallera de los pantalones y metió una mano dentro de mis calzoncillos. Antes de sacar mi polla de su escondite se entretuvo unos segundos en acariciarme los huevos. Yo mientras tanto había dejado el libro a un lado de la cama y comenzaba a magrearle las tetas por encima de la blusa.

    –Ahora mira y aprende. –le dijo Marta a Laura mientras se agachaba sobre mi polla para introducírsela en la boca. Primero tan sólo la puntita, luego fue tragando todo el resto mientras yo estimulaba una y otra vez sus grandes pechos. Tania y Laura miraban la escena desde la otra cama. La primera, excitada por lo que veía se desabrochaba la blusa y se acariciaba los pechos tal y como yo hacía con los de Marta. Laura sólo miraba, concentrada en la técnica de Marta, que por cierto era bastante buena tal y como decía su novio.

    Entonces Marta se incorporó inesperadamente y dirigiéndose a Laura le ofreció intercambiar su puesto. La chica vaciló un instante, pero parecía deseosa de probar aquel manjar que Marta deglutía con tanto afán.

    –Está bien, déjame probar a mí. –dijo Laura que se situó en el lugar que hasta entonces había ocupado Marta. Se llevó mi polla a la boca y comenzó a lamerla torpemente. Sus dientes rozaban mi glande produciéndome algún dolor y derramaba demasiada saliva al lamer.

    –Así no, debes hacerlo con más cuidado, como si chuparas algo frágil, que se puede romper, debes pasarle la lengua por la puntita, como si lamieras un helado.

    Con las instrucciones de Marta Laura mejoró notablemente en su técnica y mi placer comenzó a ir en aumento. De vez en cuando Laura se levantaba un instante para tomar aliento y Marta la relevaba en su tarea. Yo, que había tenido que separarme de las tetas de Marta introduje una mano por debajo de la faldita de Laura que cuando notó aproximarse a mis dedos hacia su coñito cerró las piernas como intentando impedir lo inevitable. Mi mano finalmente alcanzó la tela de sus braguitas y poco después varios dedos llegaban hasta su pubis.

    –Voy a correrme –dije intentando avisar a Laura para que se retirara antes, pero Marta se lo impidió apretando la cabeza de Laura contra mi verga hasta que comencé a correrme abundantemente. Laura tragó como pudo mi semen, aunque le vinieron varias arcadas al hacerlo. Marta sonreía y daba ánimos a su amiga mientras yo abandonaba su sexo y la dejaba recuperarse.

    –Muy bien, así se hace. Te lo has tragado todo, como una campeona, jajaja. –decía Marta.

    Tania se había quitado también los pantalones y sentada sobre la cama, con tan sólo unas braguitas rosas se masturbaba viendo la escena.

    –Mira a Tania, esta sí que sabe. –dijo Marta que se comenzaba a desabrochar también los pantalones mientras colgaba los de Tania en la puerta del camarote para evitar ser observados por los pasajeros que pasasen por el pasillo.

    Entonces Marta se sentó al lado de Tania y comenzó a acariciarle las tetas mientras la chica seguía con una mano dentro de la braguita.

    –Tienes unas tetitas muy monas. –dijo Marta. ¿me dejas que las pruebe?

    Sin esperar la contestación de Tania que parecía estar en otro mundo en vista de los gemidos que comenzaba a emitir, Marta se agachó sobre los pechos de su amiga y se los comenzó a lamer en círculos elípticos, primero abarcando la circunferencia total de sus pechos, finalmente sólo estimulando sus pezones erectos y oscuros.

    Laura se había acomodado en mi cama y observaba a sus amigas mientras permitía, ahora sin ningún tipo de resistencia que mis dedos volvieran a hurgarle la entrepierna. Mi polla volvió a endurecerse al ver como la mano de Marta, a semejanza de la mía, se colaba dentro de la ya manchada braguita de Tania y la acompañaba en su larga masturbación.

    Tania se acabó corriendo en un largo y angustioso gemido de placer que hizo estremecer a Laura tanto como lo hacían mis caricias.

    –Vamos Laura, ahora nos toca disfrutar a nosotras. –dijo Marta.

    Laura volvió a enrojecer cuando Marta advirtió que una de mis manos se había incrustado en el coño de Laura.

    –Vaya, veo que no pierdes el tiempo. Así me gusta. Pero estoy segura de que yo puedo hacerte gozar aún más.

    Marta hizo tumbar a Laura sobre los pies de la cama y acabó de subirle la faldita. Con un movimiento suave sacó mis dedos del sexo de Laura y metió mi mano dentro de su tanga. Entonces recordé que Marta había dicho hacía un rato que le había venido la regla y efectivamente, al intentar abrirle los labios vaginales me encontré con el tampax.

    –Espero que no seas demasiado escrupuloso. –me dijo ella sonriente mientras se disponía a comerle el coño a Laura.

    –No creerás que me voy a asustar por ver un poco de sangre –le dije yo devolviéndole la sonrisa y apretando su sexo con mis dedos.

    Entonces Marta se acomodó a cuatro patas sobre la cama y obligó a Laura a separar bien las piernas. Tania, como de costumbre, observaba la escena desde la otra cama.

    Yo tenía una mano ocupada en el sexo de Marta, pero con la otra le acariciaba el culo y las tetas. Una de esas veces en las que le acariciaba el ano lo noté algo dilatado y humedecido. Eran sus propios flujos que se escurrían hacia su ano con mis caricias. Decidí que era un buen momento para castigar el descaro y la desfachatez de Marta sodomizándola, pero lejos de disgustarle la idea, Marta se mostró bien dispuesta y excitada con mis claras intenciones. Ella misma, al notar mi verga golpear en sus nalgas separó todo lo que pudo las piernas para facilitarme la penetración.

    Probé primero con un par de dedos. Marta los recibió sin problemas. Estaba claro que no era la primera vez que se la metían por detrás. Entonces ensalivé mi polla y sin más dilaciones comencé a apretar para forzar su agujerito. Tengo que decir que no costó demasiado forzar su entrada. Mientras tanto Laura parecía estar disfrutando de lo lindo con el trabajito de lengua que Marta le estaba regalando. Era obvio que eso le gustaba mucho más que mamar pollas. Finalmente, Tania no pudo resistir más y acercándose hasta donde estábamos los tres se sacó las bragas y me pidió que la masturbase nuevamente.

    El compartimento se convirtió en un concierto de grillos en el que los jadeos, las obscenidades, los gritos de placer y las corridas se sucedían de un cuerpo a otro. Nuestros cuerpos intercambiaban sus posiciones de manera sincronizada y perfecta sin que eso interrumpiera en ningún caso el placer de una tercera o una cuarta persona. Después de sodomizar a Marta Tania quiso probar también mi verga y me la follé mientras ésta le comía el coño a Marta, que a su vez seguía comiéndole el coño a Laura.

    No dejamos de follar y de mamar en toda la noche y cuando al día siguiente el revisor apareció por allí media hora antes de llegar a Cádiz tal y como había dicho se encontró con un compartimento que apestaba a sexo pese a que cada uno de nosotros descansaba ya en su litera individual.

    En realidad, en mi compartimento tan sólo entró un hombre, un guiri con el que apenas intercambié un hola y un adiós, pero fue tan bonito imaginarlo.

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  • Zorrita infiel y sumisa

    Zorrita infiel y sumisa

    Hola, me llamo Elena y os voy a contar cómo por primera vez le fui infiel a mi marido con su jefe que hizo realidad mi fantasía de ser una auténtica zorra.

    Tengo 29 años y hace 3 que estoy casada. Mi vida marital es normal, algo monótona hasta entonces desde el punto de vista sexual, pero hace dos años, un verano todo cambió para mí.

    Físicamente estoy bastante bien, mido 1,65, peso 55 kg, tengo unas buenas tetas (talla 100 de sujetador) con unos pezones y unas areolas muy grandes, culo respingón y un coñito muy peludo. Soy morena, de pelo rizado, guapa y a veces me dicen que tengo cara de viciosa.

    Siempre he tenido fantasías sexuales que consisten sobre todo en que un tío me somete, me hace ser su puta y me exhibe como tal, teniendo que dar placer a quien él quiera.

    Mi historia ocurrió hace dos años, un día en que el jefe de mi marido nos invitó a una fiesta en su chalet de las afueras de la ciudad. Mi marido salía al día siguiente de viaje, por lo que en teoría nos iríamos pronto.

    Me gusta vestirme muy sexy (soy algo exhibicionista), aunque a mi marido no le gusta tanto, pero ese día ni iba a ser menos así que me puse un vestidito de punto blanco sin mangas abotonado por delante que me queda muy ceñido y muy corto, un sujetador blanco casi transparente, no me puse bragas para no marcar las costuras, unos pantys negros y unos zapatos de tacón de aguja.

    Me recogí el pelo en la nuca y me pinté los labios de rojo intenso. Cuando me vio mi marido, puso cara de no gustarle mucho, pero no me dijo nada. Llegamos a la fiesta y mi marido me presentó a su jefe, Pedro, un hombre de unos 40 años, moreno, muy atractivo y con algo en la mirada que me atraía muchísimo.

    El caso es que la fiesta fue transcurriendo bien, bebimos un poco y la conversación derivó a temas sexuales hasta que finalmente me vi hablando con Pedro de nuestras preferencias y fantasías de forma muy distendida. Yo le dije que me encantaba fantasear acerca de ser sometida por un hombre, que me exhibiera, que me hiciera su zorrita particular y él, al contrario, que le gustaba someter a las mujeres, sobre todo casadas.

    Le pregunté si alguna vez lo había hecho realidad y me dijo que si, que ahora tenía una. Le pregunté que le hacía y me contestó que la obligaba a vestirse como una puta, a masturbarle en los cines, a chupársela cerca de su casa con las tetas al aire… Sin darme cuenta cuando le estaba oyendo, me fui poniendo cada vez más caliente, hasta el punto de mojar los pantys, pero llegaba la hora de irnos.

    Se fue a hablar con mi marido y al rato este vino y me dijo que, si quería quedarme, que la fiesta estaba muy bien que él se iba directamente al aeropuerto y que Pedro me llevaría a casa. Naturalmente le dije que sí, así que me fui a despedirlo y al entrar de nuevo en la casa me esperaba Pedro con una sonrisa. Yo también le sonreí. De pronto me dijo:

    ―¿Quieres que juguemos?

    ―Si, le contesté.

    ―¿Te atreves a quitarte el sujetador?

    ―Se me va a notar mucho que voy sin él

    ―De eso se trata -me contestó- ya verás lo que te gusta, y quítate también las bragas

    ―No llevo, le dije

    ―Mejor, me contestó, porque quiero que me enseñes todo.

    Me fui al baño y me quité el sujetador. Estaba completamente mojada, en mis pantys había una mancha enorme, me miré en el espejo y vi cómo se me marcaban los pezones y se insinuaban las areolas (el vestido era bastante fino) lo que me excitó aún más. Al salir notaba cómo mis tetas se bamboleaban al andar con los tacones y no fui la única porque varios tíos se giraban para mirarme. Al llegar donde estaba Pedro, en un rincón de la sala que ahora estaba más oscura, con algunos amigos, me llamó. Me incliné porque estaba sentado y le dejé ver mis tetas, entonces empezó a decirme:

    ―Eres una puta guapísima. Seguro que tienes el coño mojado. Siéntate enfrente y enséñamelo

    Me dirigí al sitio de enfrente suyo y antes de sentarme me agaché para que pudiera ver mi culo, no solo el sino todos los que estaban alrededor. Luego me senté y abrí un poco mis piernas para que viera mi coño y la mancha de flujo que tenía, mientras me desabrochaba un botón más de mi escote y otro de la parte de las piernas. Me miraban él y sus amigos cuchicheaban y se reían y a mí me encantaba sentirme así, observada, exhibida. Me hizo un gesto para que me acercase a él así que me levanté y me quedé parada delante de él, entonces me metió las manos por debajo del vestido y me bajó los pantys hasta las rodillas y me dijo:

    ―¡Enséñanos el culo perrita!

    Me di la vuelta y me agaché apoyando las manos en el asiento donde antes había estado sentada. De esta forma, el vestido se levantaba y les dejaba verlo.

    ―Abre las piernas, me volvió a decir, mientras yo obedecía sin rechistar.

    ―Ahora el coño.

    Me senté de nuevo mientras me desabrochaba la parte inferior del vestido casi hasta el ombligo, para que viesen los pelos de mi coño bien mojaditos. Ya empezaban a resoplar y a tocarse la polla por encime del pantalón. Pedro se levantó, se puso detrás de mi y empezó a acariciarme el cuello bajando hasta que tuvo mis tetas entre sus manos. Mientras me las sobaba me dijo:

    ―¡Que puta eres! Ven con nosotros que te vamos a dar de comer polla. Te vamos a follar y te vamos a dar por culo hasta que nos cansemos de ti perrita.

    ―Lo que tú quieras, le dije. Estoy deseando de que te corras en mi culo.

    Terminó de desabrocharme el vestido, me levanté y me llevaron a otra habitación. Apenas podía andar porque me lo impedían los pantys y ellos se reían y me decían: Vamos puta, mira cómo te saltan las tetas.

    Me sobaban sin parar el culo, las tetas, el coño… Entramos en una especie de biblioteca y los tres se sentaron en un sillón. Pedro me dijo:

    ―Desnúdate del todo y ven hacia nosotros a cuatro patas, como la perra que eres

    Lo que sucedió a partir de ahí os lo contaré otro día.

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  • Cuando follé con mi suegra (3 de 3): Un desenlace inesperado

    Cuando follé con mi suegra (3 de 3): Un desenlace inesperado

    Tras nuestro segundo encuentro amoroso (anteriores relatos) mi suegra y yo buscábamos cualquier momento para vernos a solas. Muchos fines de semana en su propia casa nos dábamos roces y restregones de manera disimulada y compartíamos miradas de complicidad. Ella terminó aceptando que era una relación aceptada por ambas partes y que nuestras ansias eran más fuertes que la razón. La culpabilidad se dejaba a un lado en el momento que compartíamos caricias o disfrutábamos de nuestros cuerpos desnudos.

    Todo era fantástico, no todo lo asiduo que quisiéramos, pero cuando teníamos un encuentro merecía la pena con creces los días de espera. Llegamos a tal nivel de confianza que nos confesábamos nuestras fantasías más íntimas. Llegué a saber que a ella le encantaba el sexo pero que con mi suegro era demasiado aburrido y “tradicional”. Había cosas que si él supiera que ella sólo las pensaba le daría un infarto. Sin embargo, conmigo hacía realidad todas ellas. Incluso me reconoció que fue todo un descubrimiento el sexo anal, ya que tenía orgasmos fuera de lo común.

    El simple hecho de que la cogiera estilo “perro” la volvía loca y siempre pedía más. Por mi parte le confesé que me encantaba penetrarla por detrás y disfrutar de la visión. Olerla por todas partes, sus prendas íntimas (a las que me aficioné en demasía) y utilizar juguetes que jamás ella había imaginado que existieran. Su metamorfosis fue increíble, le encantaba susurrarme palabras fuertes durante el sexo, empezó a utilizar braguitas y sujetadores muy sensuales e incluso aprendió a masturbarse delante mía con un vibrador.

    En uno de los encuentros nos fuimos directamente a la cama de mi suegro. Generalmente hacíamos escapadas a hoteles, pero cuando teníamos pequeños momentos los teníamos que aprovechar donde fuera que estuviéramos.

    La desnudé rápidamente y recorrí con mis manos todo su cuerpo de manera frenética. Le mordí sus pequeños pezones y clavé mi cara en su delicioso coño. Sin muchos más preámbulos la puse de espaldas, a cuatro patas inclinando su espalda hacia delante. Su increíble trasero quedaba totalmente en pompa ofreciéndome sus agujeros en todo su esplendor. Cogí un gel lubricante y me unté los dedos. La penetré suavemente por el ano. Primero un dedo, luego dos y así hasta llegar al tercero.

    Seguidamente lubriqué un pene vibrador de goma cuyo tronco se ensanchaba a medida que llegaba a su empuñadura. Se lo introduje lentamente, muy lentamente. Cuando la cabeza invadió aquel negro agujero, volví a sacarlo. Su boquetito volvía a contraerse en acto reflejo. Volví a introducirlo, ahora un poco más y repetí la acción de sacárselo. El ano se cerraba nada más se liberaba de aquel falo de goma. Ella gemía levemente y movía sus caderas en cada entrada y salida: ummm, siii, ¡ummm!

    Tras varios intentos insistí hasta el final y su prieto ano quedó atrapado por un pene de gran grosor. Lo metí hasta el fondo quedando solo a la vista una empuñadura con tapón rojo al que inmediatamente giré para que todo el interior de su trasero vibrara de placer.

    Mi mano presionaba ligeramente, dentro… fuera, dentro… fuera. Empezó a tocarse como solía hacer cuando estaba muy excitada, pero sin que pudiera imaginárselo le volvía colocar sus bragas. Aquel día eran negras pero transparentes dejando ver toda la raja de su culo, así como los vellos de su coño. El vibrador quedó inmóvil, sin capacidad de escapatoria frente a la sujeción de sus bragas.

    Le di la vuelta y le dije que ese día le follaría el culo sin compasión pero que para eso tenía que tener totalmente dilatado su agujerito. Ella aceptó de buen grado, pero me ordenó que me sentara a los pies de la cama. Se recostó con una almohada al cabecero de la cama y sacó una crema no sé de qué tipo de su mesilla de noche. Empezó a restregarse sus tetas y abdomen sin dejar de mirarme.

    -¿Te gusta mirarme?

    -Me encanta –dije excitado.

    -Desnúdate y ahora y acaríciate delante de mí. -Dijo ella con tremenda decisión.

    Obedecí de inmediato y empecé a masturbarme viendo como ella se echaba más y más crema en sus tetas. Luego se metió una mano por debajo de sus braguitas y se acarició la raja. Mi erección era tal que ralenticé mis movimientos por miedo a correrme demasiado pronto.

    Se tumbó boca arriba y me invitó a subirme sobre ella. Rápidamente entendí sus intenciones y senté mi culo sobre su barriga metiendo sin pensar mi polla entre sus tetas. Ella se las sujetó apretándolas hacia el centro hasta que mi pene quedó prisionero de aquellas carnes resbaladizas. Empecé a moverme, follándome aquellas tetas que, sin ser todo lo grandes que se debiera, permitían que mi glande entrara entre ellas y asomara justo en frente junto a su boca.

    En cada envestida, aprovechaba para lamer mi pene. Mis huevos se deslizaban por su esternón mientras que mi pene entraba y salía deliciosamente de sus pechos. Estaba a punto de correrme y así se lo hice saber, pero ella insistió en que siguiera hasta el final.

    -¡Diosss!

    Me corrí entre sus tetas y la leche le cayó en su cuello, barbilla e incluso boca. Mi suegra no perdió el tiempo y me engulló el pene para que no se desperdiciara nada de lo expulsado. Le dije medio en broma que eso no estaba bien y me di la vuelta poniendo mi curo frente a su cara. Le bajé ligeramente sus bragas y mis dedos se dispusieron a acariciar aquel coño ansioso de buen sexo. Me humedecí los dedos, pero por entonces su vagina estaba ya bastante mojada. Restregué con fuerza mis dedos sobre el clítoris y pronto empezó a convulsionarse de placer. Fueron varios minutos y cuando quise darme cuenta, mi pene ya estaba otra vez apuntando al norte.

    Sin dirigirle palabra y sin tiempo de darle un respiro, la arrastré al filo de la cama rompiéndole las bragas. El pene de goma seguía haciendo su trabajo sonoro y vibratorio. Se lo saqué con suavidad y le indiqué que con sus manos se cogiera las piernas a la altura de las rodillas y las levantara para poder presenciar su agujero.

    Efectivamente, nada más sacar el vibrador, su ano había dilatado ostensiblemente impidiendo cerrarse a pesar de la postura. Dirigí mi polla a su interior y entró sin dificultad alguna. Me puse sus pantorrillas en los hombros y me dispuse a follarla con todas mis fuerzas.

    -Toma Elena… toma… hasta que te hartes…

    -Siii, métela fuerte, por favor… fuerte… siii.

    Mis huevos chocaban hasta hacerme daño en sus nalgas, pero cada envestida era de un placer intenso.

    En pleno éxtasis sucedió lo impensable…

    -¿Mamá?

    Se abrió la puerta y apareció Elena, mi estúpida cuñada.

    Mi suegra soltó un ridículo chillido y yo apunto de correrme seguí metiéndosela inconscientemente mientras miraba a mi asombrada cuñada. Tras unos segundos la saqué sin saber bien qué hacer, pero fue mucho peor porque de mi polla salió un chorro increíble de semen que puso perdida a mi suegra y las sábanas. ¡Y todo delante de Elena! Jamás había soltado tanta leche y tuvo que ser en esa surrealista situación.

    -Perdona yo… –tartamudeé.

    Mi suegra se recompuso como pudo y se metió llorando en el baño.

    Sin dejar de mirarme a los ojos, Elena se dirigió a mí y me abofeteó cruzándome la cara.

    -¡Vete! ¡Lárgate ahora mismo cabrón! Ya hablaremos tú y yo de esto.

    -Por favor no le digas nada a tu hermana… Por favor…

    Salí humillado y cabizbajo de la casa.

    Pasaron los días. Mandé cientos de mensajes al móvil de mi suegra, pero esta al principio se limitó a contestar que la olvidara para después dejar de contestarme. Mi mujer empezó a notar mi estado de ánimo y mi mal humor, pero lo achacó al trabajo.

    Siguieron los días, las semanas hasta que un buen día recibí un mensaje en el móvil. Era mi cuñada que quería hablar conmigo.

    Me esperaba lo peor ya que nuestra relación nunca ha sido demasiado buena. Además, ella era muy especial. Tenía unos 25 años y su forma de vestir no era de mi agrado y lo sabía. Se decía llamar gótica. Siempre vestida de negro, con uñas pintadas del mismo color y zapatos enormes. No le favorecía nada aquel tipo de ropa porque era una chica de anchas caderas con un culo enorme que resultaba desproporcionado en relación al resto del cuerpo. Tenía poco pecho e incluso no tenía demasiada barriga, pero tanto sus muslos como su trasero eran de grandes dimensiones.

    A diferencia de su madre no era de pantorrillas y tobillos anchos, pero evidentemente su rostro no era tan agraciado como el de mi mujer o el de su propia madre. Estaba pienso yo, algo acomplejada y de ahí que fuera tan borde con la gente. Encima llevaba el pelo demasiado corto y eso tampoco arreglaba demasiado todo el conjunto. Había tenido varios novios y por ahí decían que era “facililla”. El caso es que por aquel entonces había compartido alquiler de piso con su “noviete” y este la había dejado por otra días atrás. Así que el momento no podía ser mejor para hablar de tan delicado tema.

    Me citó en su apartamento y nada más entrar por la puerta me recibió con otra hostia monumental. Ya iban dos y todavía “recordaba” la primera.

    -Bueno… si empezamos así… la verdad… -me limité a decir en tono suave.

    -Eres un cabrón y lo sabes. Es imperdonable lo que le has hecho a mi hermana… y con mi madre… ¡Joder! ¡Qué asco!

    -Mira tu madre es una gran mujer y quizás cometimos un error que no debimos hacer, pero somos humanos y… sucedió casi sin darnos cuenta…

    -Mira payaso –me cortó ella. Si no quieres que diga nada lo haré, pero está claro que no porque tú me lo pidas, sino por mi hermana. Pero quiero que sepas que de alguna manera vas a pagar lo que has hecho.

    -Por supuesto. –Dije casi sin pensar. Lo que tú digas, pero por favor no la pagues con tu madre.

    -De acuerdo hijo puta. Siéntate en el sofá y no te quedes ahí de pie con cara de gilipollas.

    Obedecí cabizbajo intentando asimilar aquella violenta discusión cuando de repente ella hizo algo que me dejó alucinado. Lentamente, casi a cámara lenta y con total parsimonia, Elena se bajó sus pantalones y bragas dejando entrever un coño pobladamente peludo. Se sentó en el sofá y se abrió de piernas.

    -Cabrón. Empieza a comerme la raja. ¡Y no dejes nada!

    -Per… perdona? -Tartamudeé.

    Ella cogió el móvil y marcó el número de su hermana mientras yo digería la escena.

    -¿Mari Carmen? Hola soy Elena…

    Joder estaba hablando con mi mujer tranquilamente con su coño al aire delante de su cuñado. Mientras conversaba con ella, con un dedo me indicó su vagina y me flexionó el dedo para acercarme hasta allí.

    Sin saber bien como, me aproximé a su raja y empecé a lamerle poco a poco. Ella terminó la conversación con mi mujer de manera apacible y colgó. Me cogió de los pelos y me ordenó que terminara mi trabajo. Se recostó cómodamente en el sofá mientras yo no dejaba de chupar.

    -¿No sabes hacerlo mejor hijo puta?

    Le chupé el clítoris y sus labios vaginales y enseguida se concentró en su orgasmo. Llegó a los pocos minutos.

    Segundos después me ordenó que me bajara los pantalones y el slip.

    -Mira perdona… yo no puedo… verás…

    -¿Qué? Pedazo de mierda ¡bájate ahora mismo los pantalones!

    Obedecí con desgana, pero me sentía avergonzado porque de manera refleja me había empalmado al hacerle la mamada.

    Ella se echó a reír y sin decir palabra se introduje mi polla en su boca. Sabía hacerlo bien y en un momento determinado escupió al pene para que su mano me masturbara con facilidad. Me escupió varias veces y pude apreciar que con asco, pero no dejaba de mamármela. Me corrí dentro de su boca porque ella no hizo por retirarse. Me empujó en el sofá y me besó.

    La muy guarra me soltó toda mi leche dentro de la boca y cuando se levantó me miró con desprecio:

    -Ya puedes irte. Pasado mañana te quiero aquí y tendrás que contarme todo lo que has hecho con mi madre cabronazo. Ya veremos qué hago contigo.

    Y así empezó una relación un tanto peculiar porque mi “cuñadita” me hizo cosas que jamás me hubiera dejado hacer. Pero esa es otra historia.

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  • Mi esposa solo va a tomar un café (cuckold)

    Mi esposa solo va a tomar un café (cuckold)

    Yo estaba en el trabajo, salía a las 3 pm al igual que ella, pero unas horas antes me escribió para preguntarme que si tendría problema si aceptaba salir a tomar un café con un chico que no tenía mucho con el que se mensajeaba y trabajaba cerca de donde trabaja ella, yo como buen cornudo le pregunté si solo sería eso y ella me dijo que si, que solo un café, así que sin problema le dije que adelante, yo me encargaría de los niños en la tarde y que ella se fuera sin preocupaciones.

    Con eso de las 5:30 pm me manda una foto de una cafetería y me dice que habían salido de la ciudad a un pueblito cercano, solo me escribió para que yo no me preocupara, le pregunto si todo está bien y me dice que si, que es muy lindo de ahí ya no se volvió a conectar a WhatsApp.

    Llegó a casa como a las 9 pm y la vi un poco cansada, ahí empezó el placer y el juego para mí.

    De aquí les cuento todo, según me lo platicó a mi:

    Después del café, ya venían de regreso a la ciudad y pasaron a poner gasolina, ahí mientras esperaban una cosa llevo a la otra y terminaron dándose un beso, cuando cargaron gasolina él se estacionó más adelante y nuevamente la besó, ella correspondió, pero está vez fue más intenso, él la acariciaba y ella jugaba con el cabello de él.

    Lentamente él le comenzó a tocar y masajear los pechos, ella se levantó la blusa dejando que pudiera meterle mano directamente, Candy bajo su mano y comenzó a acariciar el bulto de su pantalón, así estuvieron un rato en cachondeo y ella le dijo que ya se fueran a otro lado, el sin pensar encendió el coche y siguió el camino, en el primer motel que vio se metió y en cuanto entraron al cuarto ella solo se quitó la blusa para estar cómoda, él la tumbó en la cama y le quitó el pantalón, solo le hizo a un lado el cachetero y comenzó a darle oral a su ya mojada vagina, que justo se acababa de depilar esa mañana.

    Según me dijo no lo hacía muy bien, pero lo disfrutaba.

    Él se quita toda la ropa y ella solo lo masturbo un momento hasta lograr una buena erección, (no era ni grande ni pequeña, pero si gruesa).

    El la recostó nuevamente, se colocó el preservativo y comenzó a penetrarla suave y despacio, la tuvo en esa posición y la puso de lado y ahí empezaron las embestidas más duras en intensas solo con el cachetero hecho a un lado.

    Le mamaba los pechos mientras metía y sacaba la verga de la jugosa vagina de mi esposa, ella se puso de perrito y el de un golpe la penetró, lo cual no le costó trabajo, pues estaba muy mojada, ahí ya estaba en el primer orgasmo gimiendo y disfrutando.

    Él la volteó nuevamente para abrirle las piernas nuevamente, le quitó el cachetero, y la siguió penetrando, le amasaba los pechos, la besaba y comenzó a gemir, señal de que ya se iba a venir ella lo abrazo con las piernas hasta que sintió que el término.

    Se levantaron y se vistieron y siguieron su camino, en el trayecto ella le comento que era casada(no le dijo que tenía permiso).

    Y el solo se rio y le dijo que lo disculpara si es que se pasó del límite y ella le dijo que no había problema, que también tenía ganas.

    La llevo justo hasta la puerta de nuestra casa, se despidieron como si nada, con un abrazo, ella entro y fue directo a la recámara, verla entrar, así fue algo muy excitante, al abrazarla aún olía a sexo, ahí le pregunté si todo bien y ella solo agarro mi mano y la llevo directo a su vagina y ufff aún estaba mojada, así que ahí solo le bajé el pantalón, la besé y comencé a coger a mi esposa recién cogida.

    De ahí según ella ya no han hablado, diciéndome que siente que lo espanto por ser casada, pero… no lo sé jeje.

    Quiero decirle que lo invite a cenar e ir los tres para que la vuelva a coger frente a mí.

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  • La preferida de mi suegro (3)

    La preferida de mi suegro (3)

    Luana no entendía. Esforzarse significaba quedar entrampado en el plan preconcebido para él y su hermano Carlos. Un ridículo compendio de reglas que había que cumplir a rajatabla para no disgustarlo. Para satisfacerlo. En la familia se habían pasado la vida haciendo eso. Lo que él decía. Solo para que los demás siguieran el juego que él planteaba. Y Roberto ya lo tenía decidido hace tiempo: no ser como él. Por el contrario, había hecho hasta ese momento todo lo contrario para diferenciarse de su padre.

    Los demás podían ver eso como un absurdo signo de rebeldía y un sinsentido, pero para Roberto esa resistencia simbólica significaba un leit motiv de vida. Para eso Roberto se había presentado esa mañana temprano de improviso: para mantener una conversación con su padre. Lo encontró como todas las mañanas, en su despacho que, sin embargo, parecía transformado. Su saco estaba en el piso y él llevaba la camisa desabotonada, como si acabara de levantarse de una siesta. Roberto vio la expresión de fastidio dibujada en su padre y lo asoció de inmediato al hecho de aparecerse sin previo aviso. Tal vez hasta pensara que se presentaba para pedirle explicaciones: sintió que debía apresurarse a hablar.

    -No es necesario que me des una disculpa -le dijo

    Manuel lo miró desconcertado.

    -Ya me he olvidado de lo sucedido, por lo tanto, ahórrate los sermones. No vine por revancha. Tampoco por reproche. Vos sabrás porqué necesitás hacer este tipo de cosas.

    Su padre lo miraba con interés mientras terminaba de arreglarse la camisa y se sentaba en el sillón de su escritorio.

    -Pero tampoco es necesario que le mientas -agregó Roberto, tras una pausa ensayada.

    -Disculpá… -habló por fin Manuel- son las nueve y treinta de la mañana y mi día aún no comienza. ¿Puedo preguntar a qué te referís?

    -A que no quiero que le crees falsas expectativas.

    -¿Acerca de qué?

    -Acerca de que puedas promoverme. Ambos sabemos que no será así.

    Manuel no pudo estar más de acuerdo y estaba a punto por darle la razón cuando la puerta que daba al baño de la oficina se abrió y apareció, rimbombante Luana, que al encontrarse a su novio en la oficina se congeló de la sorpresa.

    -Mi… mi… amor… que… ¿que… tal…?

    -Hola -Roberto había cambiado el adusto gesto por una sonrisa- ¿qué hacés aquí?

    Estaba algo despeinada y casi no llevaba maquillaje pese a ser siempre tan coqueta, sobre todo por las mañanas.

    -Te… eh… te estuve buscando… pensé que estarías aquí.

    -Pero quedamos en vernos en casa, ¿No te acordás?

    -Eeeeh… ah… si, tenés razón. Me había olvidado. Qué pavota…

    -Bueno… ya que estás aquí hijo -retomó Manuel- quiero comunicarte una cosa importante.

    Su padre ya se había arreglado el nudo de la corbata y repasaba sus cabellos alborotados con los dedos frente a un espejo mientras empezaba a hablarle.

    -Primero… me parece valioso que hayas venido a decirme lo que recién dijiste, precisamente porque tenés toda la razón.

    Luana se abotonaba la blusa clausurando el escote mientras intentaba bajarse su minifalda apretadísima, en un inconfundible gesto que Roberto imaginó de pudor por la presencia de su padre.

    -Va a ser difícil -siguió Manuel hablando- sino imposible promoverte por ahora.

    Roberto suspiró entre resignado y aliviado al mismo tiempo. Ahora su novia no se haría rollos respecto a una situación engañosa y lo más probable fuera que se fastidiara con su padre tal como solía hacerlo cuando se sentía manipulada. Era la aclaración que precisaba.

    -Mucho más -siguió razonando su padre- considerando que otras personas están haciendo tanto o más méritos que vos para ser también consideradas.

    ¿Méritos?, se preguntó Roberto, que se había quedado de una pieza, confundido.

    -El estudio del mercado que te pedí… ¿lo recordás?

    -Si… -dijo Roberto expectante.

    -Si te parece… -siguió Manuel- voy a seguir tratando el tema con Luana.

    -¿Con Luana?

    -Es mi manera de reparar lo que sucedió. Me siento culpable. Estoy dispuesto a sacar tiempo de donde no tengo.

    -Pero he estado trabajando en un gráfico para optimizar las ventas -argumentó Roberto.

    -Vos estás demasiado ocupado con los traslados como comisionista -le recordó su padre.

    -Pero pensaba que mi desempeño serviría para obtener…

    -Los temas importantes son otros… ¿entendés? -sentenció Manuel

    -¿Y de eso vas a hablar con Luana? Ella no sabe nada de esto…

    -Pero puedo aprender -intervino Luana de repente- ¿Por qué me subestimás?

    -Mi amor… no tenés estudios universitarios, ni capacitación.

    -No es bueno ser machista -dijo Manuel.

    -Gracias por apoyarme Manuel… usted sí que entiende -dijo Luana mirando resentida a Roberto.

    ¿Qué estaba pasando? De pronto la escena proyectada por Roberto en su cabeza era muy diferente a lo que sucedía: el fastidio de Luana lo tenía otra vez como destinatario.

    -¿Mi papá no es machista? -trató de esclarecerle- Ah bueno

    -Por favor, Ro, te lo ruego. No seas cerrado y prejuicioso. Tu papá cree que tengo condiciones… cualidades que podría pulir.

    -De eso no hay ninguna duda nena. Ninguna.

    -¿Pero que se supone que debo entender? ¿Qué harás un curso intensivo semanal para entender de venta y marqueting?

    -Diario… dice tu papá.

    -¿Todos los días?

    -Es mucho lo que debe aprender hijo, precisamente, por su falta de formación.

    -¡Pero papá! Con todo respeto… estuve esperando en los últimos 15 meses que me recibieras para hablar de este tema.

    -No seas cerrado Ro. Vos no sos así… -le reprendió ella otra vez.

    -Es que no se trata de ser cerrado… se trata de…

    -¡Bueno basta! -tronó el reto del padre- Luana debe recibir capacitación y así va a ser. ¿Entendido?

    “Ahí está… el capanga de siempre”, pensó Roberto. Desde que tenía uso de razón solía pasar por ese tipo de situaciones que terminaban de la misma manera. Su padre no había sido capaz de manejar su mal genio que lo exasperaba cuando debía ser diplomático tal como solo él lo concebía como experto en relaciones públicas.

    Las “charlas para tratar el tema” empezaron el mismo lunes, tal como había dejado expreso Manuel. Sin querer entrometerse demasiado a fin de no enojar a su padre, Roberto supo que estas tenían lugar en su despacho cada mañana, más o menos entre las 11 y 13 horas, poco antes del horario del almuerzo.

    Roberto lo confirmó al cabo de una semana cuando la secretaria explicaba pacientemente que el señor no aceptaba que le pasaran llamadas en ese intervalo, por más urgentes que fueran los mensajes que debían darle. Claro que no fue él quien llamó, sino que usó de cebo a un amigo para que hiciera las averiguaciones respectivas a fin corroborar lo que venía sospechando.

    -Mi padre está usando de excusa lo de Luana solo para darle el puesto a Carlos.

    -No creo que sea así -dijo su madre- Carlos y tú no tienen razón para juzgar el criterio y la ecuanimidad de su padre.

    Roberto se preguntó cuánto podría tener de razón su madre. Rara vez equivocaba una sentencia cada vez que se refería a su marido, al que decía conocer como la palma de su mano.

    -Solo dale tiempo y verás que tengo razón -sentenció Nuria.

    Nuria no tomaba por ello partido por su hijo Roberto ni mucho menos. Naturalmente, ella también quería a Carlos y estimaba a Felicia su otra nuera, tanto como a Luana. Como la devota compañera que había acompañado a su marido en la aventura de formar su propia empresa familiar, las había aconsejado a ambas que hicieran lo propio con sus respectivos hombres. Nuria incluso, no veía con malos ojos que ambos hermanos desplegaran una “sana” competencia” en procura de proveerse sus espacios dentro de la empresa familiar: era una prueba, estaba convencida, de carácter de ambos como futuros hombres de negocios.

    -Ellos son quienes van a manejar la firma muy pronto -decía en tono solemne.

    Solo faltaba que Manuel se decidiera a ceder el cetro que empuñaba con pulso firme y riguroso. Los empleados de la firma, todos, sin excepción, esperaban que eso ocurriera pronto. ¿Quién sería el elegido para tomar la posta? Ni Roberto ni Carlos parecían ser lo déspota y obsesivo que era Manuel en el estricto manejo del personal al que le exigía excelencia pese al magro sueldo que les pagaba. A los 54 años era feliz sentado en la larga mesa en forma de herradura de la sala de reuniones rodeado de sus vendedores más fieles a los que sabía utilizar y seducir. “Exprimía el limón” y sacaba de cada uno lo que quería saber.

    Tenía una mente ágil pese a su madurez incipiente, gran imaginación y mucha autoridad en el tono de su voz. Ningún empleado ni raso ni jerárquico procuraba llevarle la contra ni parecía estar a salvo de su mano implacable. Algunos lo evitaban hasta en el ascensor, para estar a salvo de cualquier reto inesperado.

    Nuria guardaba una pequeña luz de esperanza de que más tarde o más temprano, su marido se cansara y delegara en la prole el timón de la barcaza que consumía su existencia. Que se dedicara de una vez al ocio y al disfrute de la vida. Emprender un viaje juntos, disfrutar de las delicias de la eran apenas una fantasía que la mujer de vez en cuando se permitía en medio del vertiginoso ritmo de trabajo de su marido.

    Después de hablar con su madre, Roberto empezó a ver las cosas de otra manera. Se decidió a encarar a su padre y en consecuencia de ello se subió al auto y se dirigió a la oficina del centro. Le daría una sorpresa. No tenía que comportarse siempre tan previsible, se convenció. Cuando llegó al edificio se sintió con otro tipo de confianza y decidido a hablar con su padre irrumpió de pronto y encaró por el pasillo que lo llevaba a la oficina. Pero cuando estuvo a mitad de camino la puerta se abrió y salió Luana acomodándose el cabello mientras sujetaba una campera que llevaba en su mano. Apenas levantó la cabeza se extrañó de verlo: era la segunda vez que ocurría la misma situación en una semana.

    -Mi amor… ¿cómo estás? –Preguntó él entusiasmadísimo apresurándose a sostenerle el bolso-¿saliendo de la capacitación? ¿Todo bien?

    Luana lo miró unos segundos examinándolo. La sonrisa aniñada de su novio le confirmó que la pregunta no escondía ninguna ironía posible.

    -Si… Ro…Todo bien. Más que bien. Cada vez mejor.

    -Bueno, mirá ahora no vas a poder volver decir que soy un cerrado. He estado estudiando como ser flexible. Estoy haciendo el esfuerzo. He comprendido que para lograr los objetivos uno debe ser frío y solo fiarse de la estrategia que tiene.

    -¿De qué hablás?

    -De El Arte de la Guerra de Sun Tzú. Lo estuve leyendo hace un rato. Memorizando las partes debidas para mantener de una vez una conversación en serio con mi padre.

    La guerra ya había pasado sin que Roberto lo sospechara. Mientras hablaba, Luana se acomodaba distraída delante de un espejo los bucles rebeldes, retocaba sus ojos con un delineador mientras el lápiz labial buscaba el bermellón que había tenido antes.

    -A mi me parece -siguió Roberto entusiasmado- que es el momento para estar más cerca de mi objetivo. De eso venía a hablarle ahora.

    -Tu papá necesita descansar ahora. En serio. Luego lo llamás.

    -¿Estás segura? ¿No será mejor ahora demostrarle que estoy decidido? Sería una prueba de carácter.

    -No negri… ahora nos vamos y lo dejamos tranquilo…

    Luana terminó de peinarse y apretó los labios otra vez asegurándose de que el rouge la favoreciera antes de dar media vuelta y encarar hacia la sala donde estaban las secretarias que la miraban cada vez con mayor desprecio. Roberto la siguió con desgano llevándole el bolso. Estaba decepcionado de no haber concretado lo que tanto había planificado.

    -Pensé que me apoyarías -protestó- Que luego de un tiempo te ibas a cansar de este capricho.

    -¿Capricho?

    -Es un sinsentido, Lu -aseveró él- ¿vos capacitándote en marqueting?

    -Ufff Ro, creí que ya lo habíamos hablado. Vengo todos los días y ya. Ahora las cosas son así. ¿Ok?

    Roberto calló. Se dio cuenta que no podría hacerla cambiar de opinión.

    -Solo te pido una cosa -dijo de pronto ella.

    -¿Qué?

    -No se lo digas a Nuria. Que estuve hoy en la oficina. ¿De acuerdo?

    -¿Mi mamá? ¿Qué tiene que ver ella?

    -Por eso… no tiene nada que ver.

    Roberto se extrañó por el pedido que le hacía su novia. Se le ocurrió de pronto que su padre podría estar detrás de ello.

    -¿Te lo pidió él?

    -No Ro, te lo pido yo. ¿Es mucho pedir?

    -Yo por vos hago lo que sea. Mato si es necesario. Pero no te dejes engañar…

    -¿Porque lo decís mi amor? No creo que sea como vos decís…

    -¿No crees? ¡Te engañó! Y me engañó a mí.

    -¿En qué sentido lo decís amor?

    -¡Te cogió Lu! ¿Hace falta que te lo tenga que recordar?

    -Eso fue un malentendido Ro. Una cosa del momento. Ya te lo explicó… un error.

    -Sus errores siempre pasan… se acumulan en mi vida.

    -¿Por qué lo decís?

    ¿Había pasado antes? Luana se sintió extraña, como si una intriga empezara a invadirla de repente.

    -Fue hace mucho tiempo…

    -¿Qué pasó?

    -No…Lu… te lo pido. No preguntés más.

    -¿Acaso no confiás en mí?

    -Claro que sí mi amor. En vos confío como en mi propia sombra. Pongo las manos en el fuego por vos.

    -Entonces decime que pasó. ¿Tu papá se acostó con otra novia tuya?

    Roberto se sonrojó y le vino un ataque de vergüenza. En el rostro de Luana se había dibujado un rictus de desagrado.

    -¡Basta Lu… no quiero hablar de eso! Es tremendamente doloroso para mí.

    -Pero yo sí quiero hablarlo… Decime… ¿fue así?

    -Fue hace tres años.

    -¿Mónica? Me hablaste de tu ex. Lloraste por ella… me lo dijiste.

    -Por favor Lu…

    -O sea que se acostó con Mónica.

    -Fue una sola vez…

    -¿Una sola vez? ¡Igual que conmigo… cretino!

    -No te enojés Lu por favor…

    -Vos me estás jodiendo…

    -¿Qué te pasa?

    -¿Cómo sabés que no se la sigue cogiendo?

    -¿Cómo? Estoy seguro, mi padre no haría eso. ¡Además me lo prometió!

    -¿Te lo prometió?

    -Igual que con vos Lu. Estoy seguro que no va a volver a pasar…

    Luana no quiso seguir hablando. Estaba roja de la bronca y parecía presa de una tensión a punto de estallar. Roberto no quiso importunarla más. Sabía que su novia era una chica de carácter capaz de defender lo que era suyo con uñas y dientes, pero nunca la había visto así.

    -Si es necesario -probó Roberto- haré algo, lo que me pidas. Hablaré con él.

    -No dejá, cualquier cosa hablo yo. Como dijiste ya pasó.

    -¡No te enojés mi amor! ¿El domingo venís a casa?

    -Si… ya vamos a ver. ¿Vos esta noche que vas a hacer?

    -¿Esta noche? Voy a estar en la comisión de González pero si querés…

    -No… esta noche voy a estar ocupada.

    -¿Hasta qué hora?

    -Hasta después de las 12, seguro.

    Desde las 20, Roberto intentó comunicarse con ella sin éxito. Se había preocupado demasiado por la reacción inesperada de Luana pero a la vez se sentía también aliviado. Que ella le hubiera demostrado celos por lo de Mónica lo había sorprendido gratamente. Era la demostración de que lo amaba, de que lo seguía queriendo a pesar de todo. De modo que intentó comunicarse alrededor de la medianoche. Tampoco lo consiguió. Media hora después, volvió a llamar. Nada. Probó a la 1, a las 2 y hasta las 3 de la mañana. Exasperado, sacado de sí, Roberto daba vueltas en su cuarto ansioso preguntándose donde estaría Luana. Solo después de las 3, con el último llamado logró que ella contestara.

    -Hola…

    -Luana, ¿qué pasó? Intento comunicarme desde las 8 con vos. ¿Dónde estabas?

    -Te dije que me desocuparía a la medianoche.

    -Pero te llamé a la medianoche. Y a la 1 y más tarde también. Hasta recién intenté comunicarme.

    -Mucho trabajo. Muchas cosas

    -¿Y ahora que vas a hacer?

    -Estoy muerta, Ro, lo digo en serio… no doy más… me dejó hecha bolsa.

    -¿Cómo?

    -Nada. ¿Vos que hiciste?

    -Solo extrañarte. Pensar. Estuve pensando en eso.

    -¿En qué pensabas?

    -En que hace ya siete meses que no hacemos nada…

    -Mejor, así juntás más ganas para cuando lo hagamos…

    -No entiendo… antes te ponías muy mal por eso… ahora parece que no te importara.

    -Si me importa. Siempre me importa.

    -Puedo entender que estés ocupada con lo de mi padre. Las explicaciones que debe darte.

    -No sabés como me dio… las explicaciones.

    -¿Cómo? ¿Le preguntaste lo de Mónica?

    -No te preocupés. La verdad que después de lo de hoy no lo creo capaz. Fueron dos horas demoledoras.

    -¿Cómo dos horas? ¿Qué pasó hoy?

    -Dos horas desde que quedamos en hablar. A eso me refería. A cómo te extrañé…

    -El que te extrañó fui yo Lu.

    -Yo también, mi amor. No sabés como me estuve acordando de vos hace dos horas atrás.

    -Y si me extrañás… ¿por qué no te venís?

    -¿A esta hora? No, estoy cansada. Ya te lo dije. Y quiero estar bien porque mañana tenemos que regresar y me tiene que dar más… este… más explicaciones.

    -¿Vas bien con la capacitación?

    -Si… no sabés como estoy aprendiendo.

    -No pensé que fuera tan en serio lo de mi padre.

    -Yo tampoco lo creí posible. Pero estoy recibiendo y recibiendo explicaciones todos los días. Un relojito. Increíble.

    -Espero que sirva para algo…

    -Claro que va a servir. Estoy segura de eso. Se trata de nuestro futuro… ¿te acordás?

    -Si claro que me acuerdo. ¿Nos vamos a ver mañana eh?

    -Pasá por la mañana tipo 11.

    Antes de las 11, ansioso, Roberto ya estaba tocando el timbre del departamento de su novia.

    -¿A dónde vamos? –preguntó Roberto mientras Luana se subía el pantalón ceñido a su trasero mientras le daba la espalda.

    -Vos no sé. Yo… tengo que volver al despacho de tu papá.

    -Pero hoy es sábado. ¿Para qué vas?

    -Quedamos en intensificar la capacitación. No puedo interrumpirla ahora, ¿entendés?

    -No sé Lu. No me parece que esté bien. Nos estamos viendo cada vez menos.

    -Además… ¿no habíamos quedado en que hoy ibas a estar conmigo?

    -Y voy a estar. En cierta forma voy a estar con vos-Luana se acomodó la remera mirándose la silueta en el espejo -¿Cómo estoy?

    Roberto tenía que reconocer que estaba más radiante que nunca. Que desde hacía dos meses, al menos, su cuerpo había tenido una asombrosa transformación. Era extraño. Lo normal hubiera sido que crecieran sus virtudes intelectuales y no las prominencias de su físico que parecía más lleno de curvas que nunca. Algo le estaba haciendo demasiado bien. Roberto pensó que podía ser el gimnasio. Pese a que no la cogía hacía casi 8 meses su mal humor se había ido mágicamente. Estaba más coqueta y se arreglaba siempre como para salir. Era un cambio que coincidía justo con sus tres meses de “capacitación”.

    -Tomá el medicamento por favor, Ro.

    -Tenés razón. Ya me había olvidado otra vez.

    Tal vez se hubiera equivocado después de todo. Quizás su padre también hubiera cambiado. Se había vuelto de pronto servicial y estaba pendiente de su salud al punto que se había encargado de comprarle -por recomendación de un médico amigo- unas pastillas vitamínicas muy buenas que no debía dejar de tomar bajo ninguna circunstancia. Desde entonces y por pedido expreso de su padre, era Luana la encargada de recordarle e incluso de ser necesario, suministrarle una pastilla diaria que debía tomar indefectiblemente al mediodía.

    -No noto casi progresos, pero me pone bien verte mejor a vos -dijo Roberto luego de engullir la pastilla junto al vaso de agua que su novia le alcanzaba.

    -Vas a estar mejor cuando nos casemos, mi amor. En noviembre. Faltan dos meses.

    Parecía mentira como había pasado el tiempo.

    -Yo te extraño todo el tiempo -admitió él.

    -Y yo también.

    -A ver… ¿Cuántas veces hoy pensaste en mí…? -quiso saber Roberto.

    -Hoy tres veces… pero el viernes fueron cuatro. Increíble.

    -¿Como cuatro?

    -Cuatro. Cuatro cosas aprendí hoy.

    -No te entiendo. ¿Qué tiene que ver eso con que me extrañas?

    -Todo tiene que ver con todo, mi amor. Es lo que dice tu papá. Es impresionante lo que… tiene tu papá. Para transmitir como enseñanza, digo.

    -¿Te sorprendió?

    -Nunca me lo hubiese imaginado. Un promedio de entre tres y cuatro por día. Debe ser récord.

    -¿Cómo?

    -Ay Ro, no cazás una hoy. Quiero decir que la capacitación hoy por lo general está en manos de gente más joven ¿entendés? Y tu padre es un hombre… grande.

    -Si… puede ser.

    -Muy grande… diría, mirá que hay que aguantarlo ¿eh? No cualquiera.

    -¿Es pesado decís como un tipo mayor?

    -Y sí. No creo que tu ex se lo haya podido bancar así nomás. Mucho menos todos los días como lo estoy haciendo yo. Es como mucho.

    -Un poco bastante cargoso. Ya sé. Y tiene un carácter de mierda.

    -A propósito, tratá de cambiar los preservativos que compraste. O no comprés más de esos.

    -¿Cómo?

    -Que no sirven, me parece. ¿Por qué no probas con tipo tres? Bah…XL creo que se llaman. Son algo más grandes que los que compraste.

    -¿XL? ¿Y cómo sabés vos de eso?

    -No sé… no sé nada de eso, por eso te pido que te encargués vos Ro.

    -No sabía que venían XL… pero ¿para qué voy a comprar de esos si yo me arreglo con el tipo uno?

    -Y… mejor prevenir que curar. Vos sabés más que yo de eso. Por las dudas. Por ahí a mayor tamaño del forro hay menos chances de que me embaraces, ¿entendés?

    Roberto la miró con desconcierto. Hacía 8 meses que no tenían relaciones.

    -Es que no quiero tener hijos ahora que nos casamos. Quiero que pase un tiempito.

    -Ok voy a comprar… pensando en que vamos a tener más oportunidades. ¿Cuántos compro?

    -Y serán… a ver… cuatro por seis… ¿cuánto es?

    -¿Veinticuatro? ¿Para qué tantos?

    -Es que no sé, las dos cajas que tenía se acab… me parece que se perdieron. Dale Ro… menos preguntas y más acción.

    -Solo quiero que nos veamos, vos sabés.

    -Te juro que voy a tratar… pero al final del día quedo hecha piltrafa. Por más que quiera no puedo… ¿entendés? Estoy cansada todo el tiempo. Más ahora si va a ser también los sábados.

    Roberto no la quiso importunar más. Al fin y al cabo, aunque no quisiera reconocérselo a su prometida, él seguía sin tener el deseo sexual de antes. Tal vez las pastillas lo hicieran salir de ese estado. Lo único que sabía era que amaba intensamente a Luana y que haría todo para complacerla.

    -Yo también te amo… -dijo Luana subida a sus rodillas, colgándose de su cuello para darle amorosa un piquito.

    -Y te voy a querer cada vez más- le repitió enigmática mientras le acariciaba juguetona la cabeza, haciéndole dos circulitos en la frente

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  • Follando con mi hermana (1 de 2)

    Follando con mi hermana (1 de 2)

    Tendría yo unos veinte años, mi hermana tendría unos diecinueve. Era una chica realmente preciosa, alta, delgada, una buena delantera y cara de picaruela.

    Siempre me había llevado muy bien con ella, habíamos jugado juntos y compartíamos todos nuestros secretos, pero hacía ya casi un año que la notaba distinta, se había hecho toda una mujer, y según a mi me parecía, demasiado, vestía siempre muy atrevidamente, y siempre la veía con algún chico, siempre distintos y siempre mayores que ella, evidentemente se lo pasaba en grande, nunca me dijo nada, pero un día le encontré un paquete de condones medio vacío en su bolso, según parecía follaba como una loca, y eso me fastidiaba, yo a mis veinte todavía era virgen, y eso que tenía un miembro de más que considerables dimensiones, pero claro, no vas a ir por ahí diciéndole eso a las tías, yo en aquel entonces era muy tímido.

    Todo empezó un día, estaba yo duchándome, salí de la ducha como siempre, me secaba delante del espejo, desnudo, silbaba una canción distraídamente cuando me percaté que la puerta estaba entreabierta, cuando fue a cerrarla me encontré que mi hermana estaba detrás mirándome, al momento me tapé con la toalla y me puse coloradísimo.

    “Pero ¿qué haces ahí?” -la dije.

    “No sabía que la tuvieses tan grande” -me dijo ella.

    Aquello me hizo avergonzarme todavía más, no me acuerdo lo que balbuceé y cerré la puerta deprisa y corriendo, mientras pude oír a mi hermana riéndose detrás.

    Durante un par de días intenté esquivarla, estaba muy avergonzado, pero noté que ella cada vez me mostraba más atenciones, siempre quería hablar conmigo, y bueno, pasaba más tiempo en casa. Una semana después, cuando pensé que todo estaba olvidado, era viernes por la noche, nuestros padres habían salido a pasar fuera el fin de semana, estaba yo en mi cuarto estudiando, estaba terminando un trabajo en el ordenador. Entonces entró ella. Era verano, así que sólo llevaba una camiseta de manga corta que la llegaba a media altura de los muslos, era mía, se la di hacía tiempo, iba descalza y casi no la oí entrar.

    “¿Qué haces?” -me preguntó. Me sorprendió un poco. La miré, estaba increíble, sus muslos resplandecían a la luz artificial, y sus pechos se marcaban en la camiseta, dos pezoncitos en mitad de esas dos montañas.

    “Terminando un trabajo” -la dije volviendo al ordenador.

    “Tú tienes acceso a Internet, ¿verdad?”

    “Sí” -la dije sin separar la vista del trabajo, tenía que terminarlo cuanto antes.

    “Por qué no me dices cómo funciona, porfa” -me dijo

    “No tengo tiempo, tengo que terminar esto”

    “Venga hermanito, sólo un rato, nunca he visto cómo funciona” -me dijo, evidentemente eso era mentira, creo que nadie de nuestra edad no ha entrado alguna vez en Internet, pero ella se acercó, noté el calor de su cuerpo, me revolvió el pelo cariñosamente como solía hacer cuando me pedía algo.

    “Bueno, pero sólo un rato, luego te vas y me dejas acabar esto” -la dije. Se puso detrás de mí, casi podía notar sus pechos flotando encima de mis hombros la verdad es que empecé a excitarme un poquito. “¡Dios mío!” pensé, es mi hermana, pero es que está muy buena. La enseñé un par de buscadores, y unas cuantas páginas curiosas, quería que se fuese cuanto antes.

    “Bueno, esto está muy bien, pero sé que hay páginas más divertidas” -me dijo. La miré con sorpresa.

    “¿Páginas más divertidas? ¿De qué estás hablando”

    “Venga, no te hagas el tonto, seguro que las has mirado miles de veces, páginas eróticas, páginas porno, sé que hay muchísimas, enséñame una, venga”.

    “Pero tía, qué dices, cómo te voy a enseñar eso” -la dije.

    “Venga, no seas idiota, si tú puedes verlas, yo también, venga, enséñame una y te dejo acabar ese trabajo tan importante”.

    “Bueno, una más y te vas” la dije, pero me temblaba el pulso. Iba a enseñarle páginas porno a mi hermanita, ¡estaba loco o qué! Bueno, en aquel momento hubiese hecho cualquier cosa porque me dejase solo, de todas maneras tal y como estaba de excitado iba a entrar un poco más tarde para hacerme una paja, así que iría calentando.

    Entramos en una página que conocía, tenía bastantes fotos clasificadas, empecé por la desnudos de chicas, lo que siempre hacía, después de mirar unas cuantas fotos, ella me dijo:

    “Bueno, y ¿no hay chicos?” la verdad es que no lo sabía, nunca lo había mirado, pero allí estaban, tíos enormes, con enormes pollas, aquello pareció interesarle más, así que dio la vuelta a mi silla y se sentó encima de mi rodilla, yo estaba en pantalón corto, así que pude sentir el calor a través de mi pierna, se sentó solo en uno de mis muslos, abriéndose las piernas, pude notar como el calor y la dureza de sus glúteos, me estaba poniendo malísimo, mi polla empezaba a crecer debajo de mis shorts, y cada vez se notaba más, pero mi hermana seguía concentrada en la pantalla.

    “Qué interesante, déjame el ratón ahora, porfa” me pidió, la verdad es que tal y como estaba casi no llegaba al ratón, se lo dejé, estuve a punto de apoyar una mano en su muslo, en el último momento reaccioné y la puse en el brazo de la silla. La verdad es que para no haber entrado nunca en la web, se le daba muy bien. Después de ver la carpeta de chicos, pasó a la de hardcore, aquello se empezó a poner muy caliente.

    “Uff” decía ella. “¡Qué barbaridad!” yo ya no podía hablar, tenía la polla que me apretaba en el pantalón como mil demonios. Entonces abrió el enlace de hardcore-teenagers, empezaron a aparecer fotos de chicas no mucho mayores que mi hermana follando como locas.

    “Ya has visto bastante, por favor, vete ya” la dije, ella me miró con una sonrisa.

    “Un poquito más, porfa!” entonces me miró a la entrepierna , allí mi polla luchaba por salir de su encarcelamiento y el abultamiento era increíble, vi cómo se pasaba la lengua por el labio y volvía a la pantalla, antes se incorporó un momento para levantarse un poco la camiseta, ahora caía a los lados de mi pierna, y mi muslo estaba en contacto directo con su entrepierna, pude comprobar que llevaba un tanguita, de esos que se meten entre las piernas, y que estaba muy caliente, muy caliente. Ella seguía viendo las fotos, mientras empezó a moverse un poco entre mi pierna, frotándose contra mi muslo, primero muy despacio, luego fue aumentando. Yo estaba a punto de reventar el pantalón.

    “Hermanito, ¿tú crees que yo estoy más buena que estas chicas?” Me dijo, yo no sabía qué responder, entonces algo dentro de mí que no era yo la dijo.

    “Bueno, ellas están desnudas…” en ese momento me tapé la boca, intenté reaccionar “Bueno, quiero decir, que no es lo mismo…” Ella se mordió un poco el labio inferior como pensando. Se levantó.

    “Eso se soluciona fácil” me dijo mientras se quitaba la camiseta delante de mí, no llevaba sujetador como ya suponía, y su pechos empezaron a moverse, estaban brillantes, hacía mucho calor y tenía algunas gotas de sudor en la tetas, lo cual las hacía más deseables. Yo me quedé con la boca abierta sin saber qué decir.

    “Claro, esas chicas te parecerán más buenas, haciendo lo que hacen y excitándote tanto” dijo ella mientras se sentaba encima de mí, ahora notaba su sexo justo encima de mi polla, se pegó a mí y empezó a pasearme los pechos por delante de la cara.

    “¡Me deseas, a que me deseas! Yo te deseo como una loca, desde que te vi desnudo no he pensado en otra cosa que hacerte mío hermanito, y de esta noche no pasa” me dijo, mientras que se agachaba y se ponía entre mis rodillas, me aflojó la cuerda del pantalón y me sacó la polla, ésta saltó como un resorte.

    “Oh, Dios mío, sí que es grande. Hermanito, eres un egoísta, cómo no le has dicho que tenías esto tan increíble entre las piernas.” Me dijo mientras empezó a pajearla, yo estaba sin habla, entonces noté sus labios posarse en la punta de mi capullo, empezó a engullirlo, yo seguía allí parado mientras mi hermana me hacía la primera mamada, aquello era mucho mejor de lo que nunca hubiese imaginado.

    “Para, para” le dije “Nunca lo he hecho, soy virgen” la dije.

    “Tío, con este aparato que tienes y ¿todavía no te has tirado a ninguna tía? Tus amigas son gilipollas, o no será que tú eres…”

    “No, no, me gustan las chicas, me gustan mucho, pero…”

    “Así que voy a ser la primera. Voy a desvirgar a mi hermanito, ¡uy! eso hace que me ponga todavía más caliente”, me dijo mientras que se quitaba el tanguita, ahora pude ver su coñito, la tía se lo depilaba, sólo quedaba una pelusilla en la parte alta, no podía dejar de mirarla, sus tetas, su coño.

    “¿Te gusto? me preguntó. Yo moví la cabeza. “Quieres comerme el coñito?” la dije que sí, así que me llevó de la mano a la cama, casi me caigo, tenía los pantalones en los tobillos, me los quité y me quedé en pelotas. Ella se tumbó en la cama y se abrió de piernas, yo me puse entre ellas, olía extraño, lo más excitante que había olido nunca, empecé a lamerle el sexo, a chupetones, luego empecé a recordar las fotos y los videos que había visto, le abrí los labios del sexo y recorrí mi lengua por ellos, los noté muy húmedos, los separé más y metí toda mi lengua, hasta donde pude, mi hermanita se retorcía en la cama jadeando.

    “Ah, ah, ah hermano, qué bien lo haces, sigue metiendo tu lengua, ¡sigue!” me gritaba, yo seguí con la lengua, pero ahora también me ayudé de un dedo, el cual metía y sacaba de su coño, ella pareció perder el control en ese momento noté una oleada húmeda y caliente se me venía en la boca, ella empezó a gritar y a jadear como una loca.

    “Ah ahhh” se había corrido en mi cara la muy guarra. “Fóllame, Fóllame” empezó a gritar, yo estaba alucinando, allí estaba mi hermana tumbada en mi cama, desnuda, pidiéndome que la follase, y lo malo, es que yo quería hacerlo, era lo que más deseaba hacer. Así me lancé sobre ella, evidentemente en el primer intento no acerté ni a meterla, la espachurré contra su entrepierna y pensé que me la partía, ella se incorporó un poco, me miró mientras jadeaba.

    “Hay que ver lo que tiene que hacer una hermanita pequeña por su hermano mayor” me dijo mientras me ponía la punta en la entrada de su sexo, entonces yo empujé, casi toda mi polla se deslizó dentro de su coño, estaba tan mojado que no me fue complicado “Ahhh” gritó ella, pero quedaba otra buena parte, empecé a empujar hasta que se la metí toda, evidentemente por el grito que dio nunca se había metido un calibre como el mío por el coño.

    “Aaaah siii ohhh dios mío qué gusto ahhh” gritaba y jadeaba mientras que se retorcía como una serpiente, yo empecé a perforarla, al principio despacio, pero poco a poco me fui calentando , dejé de pensar que era mi hermana, era la primera tía a la que me follaba, y me convertí en un animal, la penetraba como un loco, pero ella parecía gozar más que yo, la apretaba los pechos, o me tiraba sobre ella para morderlos, así estuve gozando de ella era como estar en el paraíso, entonces sentí que me iba a correr, me entró miedo.

    “Me corro, me corro” la dije, ella me sujetó y apretó las piernas.

    “Córrete dentro, córrete dentro, quiero tu leche, ahhh” gritaba, yo no puede más y descargué todo mi semen dentro de ella, allí estaba yo descargando mi manguera que parecía no terminar nunca de sacar lefa, ella gritando como una loca, al final caí rendido encima de ella.

    “Ha sido increíble” la dije, ella me miró y nos besamos.

    “Yo te he desvirgado, pero ahora quiero que tú seas el primero” me dijo, no comprendí muy bien.

    “¿Qué quieres decir?”

    “Como sabrás, ya he follado antes, pero nunca me han dado por el culo, y quiero que tú seas el primero, me da un poco de miedo, porque la tienes muy grande, pero lo deseo tanto, así que quiero que me rompas el culito hermanito” la miré alucinado, si follar me ponía a cien, el tema de dar por culo a una tía era lo más lujurioso que hubiese pensado.

    Lo primero era recuperar a mi pobre polla, así que me tumbé, ella se puso encima de la cama, pude ver cómo se le salía el semen por el coño y le chorreaba por las piernas, ella lo notó, así que cogió parte con los dedos y se los llevó a la boca, luego empezó a acariciar su cuerpo contra el mío, acabó poniendo las tetas en mi polla, que empezaba a crecer y a crecer de nuevo, para acabar el trabajo me la chupó como siempre había visto en las películas, hasta que empezó a costarle meterse toda la polla dentro, estaba ya muy empalmado.

    “Espera así un momento” me dijo mientras saltaba de la cama y salía de la habitación, yo empecé a pajearme mientras la esperaba, volvió al rato con un bote, era vaselina, me la dio y se puso a cuatro patas encima de la cama.

    “Bueno, sabes lo que tienes que hacer, ¿no?” me dijo, mirándome con cara de lujuria. Yo abrí el bote, unté bien mis dedos y me puse detrás de ella.

    “Me he lavado bien”, me dijo, eso me sonó a “chúpamelo”, así me empecé haciéndole un dedito, luego empecé a aplicar mi lengua para humedecerlo, notaba cómo su esfínter se abría y se cerrada al sentir mi lengua

    ‘Ahhh” gritaba ella, entonces ahora empecé aplicarle la vaselina por todo su ano, me unté otra vez más, la verdad es que miraba mi polla y aquella abertura y pensé que jamás podría meterla, me puse un poco yo en mi polla.

    “Venga, hazlo ya, no puedo esperar más, me estoy corriendo como una loca de sólo pensarlo” entonces le abrí los muslos, puse la polla en la entrada de su culito, y empecé a metérsela, el principio fue fácil, estaba muy lubricada y la cabeza del capullo entró sin muchos problemas.

    ‘Aaaay” gritó, pero sólo tenía la punta dentro, el resto fue más complicado, era tan estrechita, fue empujando y empujando cada vez más fuerte para poder meterle toda la polla, ella no paraba de gritar todo el rato.

    “Aahhh dios, qué dolor, cómo me gusta, sigue, sigue, la quiero toda en mi culito, la quiero ah ahhh toda, diosss” gritaba mi hermanita según la sodomizaba, no sé cuánto tiempo tardé, pero al final conseguí empalarla del todo, mi hermana estaba muy tensa, su espalda erizada, gritaba como una posesa, entonces empecé a follarme su culito, la empalaba a dentro y afuera una y otra vez, ella perdió completamente el control.

    “Rómpeme el culo, rómpemelo, aaaaug qué bueno, cómo me corrooo” gritaba yo también perdí completamente el control, la perforaba como si fuese una planta petrolífera, sin contemplaciones, me agarré a sus pechos para poder metérsela más, y gozar el tacto más agradable, cada vez se me hacía más fácil meterla y sacarla, y la verdad es que como acababa de correrme mi capacidad de aguantar era increíble, pensé que perderíamos el sentido los dos.

    “Espera, espera, quiero ponerme encima, quiero ponerme encima”, me dijo ella jadeando, así me que tumbé en la cama, la espalda apoyada en el cabecero, ella se puso encima de mí, apoyó las piernas en mis rodilla y se dejó empalar, creo que llegó todavía más al fondo, ella temblaba según se la volvía a meter, siguió jadeando, ahora yo me agarré a sus tetas y no las soltaba, ella saltaba encima de mí, cada vez que caía yo la empujaba para arriba para perforarla más.

    “Aaahh ahhh” eran sus gritos ante cada embestida, estábamos completamente cubiertos de sudor, ella con una mano empezó a excitarse el coño, era como un manantial de flujos, entonces ya no pude aguantar más, esta vez ni se lo pregunté descargué toda mi carga en su culito, ella erizó la espalda, yo me apreté contra ella y le agarré los pechos con más fuerza, ella volvió la cabeza y nuestras lenguas se fundieron mientras que mis ultimas gotas de semen salían dentro del sodomizado culito de mi hermanita.

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  • Posesión

    Posesión

    Este es un relato mío que tenía en un cajón, y lo he rescatado para CuentoRelatos. Espero que lo disfrutéis tanto como yo en su momento de escribirlo.

    Se está despertando. Poco a poco abre sus ojos, lo que le dificulta ver su alrededor debido a la luz que tiene enfrente. La observo, su cuerpo desnudo, yacente, indefenso, totalmente accesible, inmóvil. Las correas que la sujetan impiden que se pueda liberar. La mordaza que tiene en la boca hará que cualquier sonido que quiera emitir, sea silenciado.

    Intenta moverse, y comprende que no podrá, sabe que está indefensa. Intenta gritar, y nota que algo impide que se le oiga. Aumenta su sensación de liberarse de esa situación y su angustia aumenta por momentos.

    Me levanto de mi sillón y me dirijo despacio hacia donde se encuentra. Oye mis pasos, y me busca, no pudiendo localizarme en la habitación. Las correas se tensan, y sus movimientos son cada vez más fuertes. Se pueden oír pequeños sonidos que salen de su cuerpo. Disfruto de lo que estoy viendo ante mí, me recreo en su angustia, en su cuerpo, que empieza a brillar debido al sudor que emana de su piel por zafarse de allí.

    -Shiiishh, Shiiishh, Shiiishh. Tranquila, no puedes liberarte. No puedes gritar, y nadie va a venir a sacarte de aquí.

    Al oír mi voz, se calma, pero aun es presa de una situación que la sobrepasa, que la posee y domina, como nunca se había sentido. Miedo, angustia, temor… es consciente que está a merced de esa voz que acaba de escuchar y que depende de otro.

    -¿No recuerdas nada verdad? Bien te refrescaré la memoria. Sonaba la canción que tanto te gusta y viniste hacia mí, contoneándote, sugiriéndote. ¿Lo recuerdas ya?

    En ese momento, cesaron sus intentos por liberarse, y sus gritos se tranquilizaron. Le ponía cara a esa voz que le hablaba. Empezaba a sentirse un poco más segura, pero tampoco era tranquilizador sentirse en manos de otra persona, a su merced, sin poder liberarse y ser dueña de su cuerpo.

    -Verás, te voy a enseñar en qué momento estás.

    Cogí mi móvil y empecé a grabarla, haciendo unos videos suyos, allí tendida sobre su cama. Observaba atentamente, como las esposas la sujetaban al cabecero de la cama, y las muñequeras a los pies de la cama en posición de X. Unas cuerdas la sujetaban a los costados de la cama. Observó como una mordaza de color rojo, se alojaba en la cavidad de su boca. Su pelo, recogido en una coleta, estaba también atado al cabecero. Sus pechos, pinzados en los pezones por unas pinzas unidos entre si a un colgante que rodeaba su cuello. Su pubis, mostraba poco debido a su poco gusto por tenerlo mas recortado.

    -Como verás, no puedes hacer otra cosa que permanecer ahí tranquila y a mi plena voluntad. Todos los intentos por liberarte, te harán sentirte más indefensa, impotente. Estás aquí por tu voluntad, y mi deseo de poseer tu cuerpo y mente. ¿Comprendes dónde estás tú y donde estoy yo? ¿Quién eres tú y quien soy yo? ¿Deseas seguir, y someterte a mi pleno antojo? ¿Hacer contigo cuanto me plazca, donde me plazca y hacerlo con quien me plazca? En definitiva, entregarte a mí para siempre, servirme para lo que desee. Piensa tu respuesta. De lo contrario te irás, pero no impunemente. Deberás ser consecuente con tus actos.

    Le mostré la colección de videos de ella esa noche, donde se la veía haciendo, diciendo y metiéndose de todo, en todas las formas y posturas.

    -Los dos sabemos lo que puede ocurrir si esto llega a ciertas personas y lugares. No creo que haga falta decir más. Por el contrario, si aceptas entregarte a mí plenamente, a mi entera disposición, acatando tu lugar y sin preguntas, podrás seguir manteniendo tus privilegios, pero no tu libertad. Mantendrás tu trabajo, amistades, familiares, pero te vuelvo a repetir, no serás libre ni dueña de tu vida, eso será mío exclusivamente.

    El silencio se apoderó de su vida, su casa, su cuarto, su cama. Todo quedó reducido a ese momento tan insignificante como inmenso en aquel lugar. Su mirada fija en la mía, y la mía en la suya. Mis manos acariciando su cuerpo, y su cuerpo receptivo por las caricias.

    -Te he dado tiempo de sobra para que lo pienses. Asiente o niega con la cabeza. Tienes 5 segundos para darme una respuesta. 5, 4, 3,

    Un movimiento afirmativo con la cabeza, indicó que aceptaba mi proposición. Se entregaba como una posesión mía. Sus ojos denotaban duda, temor, miedo, derrota, entrega, sumisión a lo que vendría, a lo desconocido. Era consciente de todo lo que perdería si se negaba.

    -Perfecto, así será a partir de este momento. Me perteneces, y como todo lo que me pertenece, lo uso y disfruto cómo, cuándo y cuanto quiero. Te cuidaré como lo que eres, mi posesión. Un objeto más. Quiero hacerte saber también, que deberás subir en esa escala de objetos, y ahora estas la última. Todo está por encima de ti.

    Eres lo mas insignificante de todo lo mío. De ti depende ganarte el ascender. Será fácil si me complaces, te lo aseguro. Por otro lado, y para tu tranquilidad, quiero que sepas que serás tratada con el máximo respeto que te mereces, y te aseguro que no sufrirás lesiones perdurables, amputaciones ni tu vida correrá peligro de muerte. Eso sí, tendrás dolor y placer, felicidad y angustia, miedo y esperanza. Espero que lo sepas disfrutar tanto como yo en infringírtelo.

    Dicho esto, de sus ojos brotaron lágrimas, que indicaban su sumisión por su nueva situación. Las cuales fueron recogidas por mí y saboreadas, como cuando alguien se proclama vencedor.

    -Ahora te liberaré de tus ataduras y cumplirás mi primer deseo. Rasúrate todo eso que tienes ahí. No quiero ver un solo pelo en tu cuerpo hasta nueva orden. Lo mantendrás siempre depilado y brillante para tu amo y señor. Nunca vas a saber cuando lo querré usar, puede ser todos los días o cada x tiempo. No quiero sentir tu vello creciendo y que me moleste. Hazlo. Y por cierto te dirigirás a mí siempre y en cualquier lugar, como amo y señor. Te lo explicaré una sola vez. Cuando vayas a rasurarte me contestaras, Sí mi amo, sí mi señor, mirándome a los ojos y me darás las gracias. ¿Has entendido?

    Despojándole la mordaza de la boca, y mirándome a los ojos, pronunció sus primeras palabras de su nuevo renacer.

    -Sí mi amo, sí mi señor. Gracias.

    -Buena chica, espero que aprendas así de rápido siempre. Ahora haz lo que te he pedido.

    Conforme se iba notando liberada de sus ataduras, amagaba con masajear esas zonas de su cuerpo doloridas. Los primeros azotes sobre sus pechos al querer tocarse sin mi autorización, la descolocó por completo.

    -No te he dado permiso para tocarte. No tienes libertad para decidir.

    -Sí mi amo, sí mi señor. Gracias.

    Sus pechos se empezaron a tornar rosados, y sus pezones reaccionaron como no podía ser de otra manera. Su voz sonaba a canto angelical. Era mía, para mí. Me sentía su dueño, la sentía como mi nuevo juguete, mi posesión más delicada, y su mirada triste y derrotada me lo confirmaba.

    -Ahora tienes 5 minutos solamente para quitar ese pelo. Hazlo rápido y no quiero ni una pequeña gota de sangre ni ningún corte sobre tu piel. ¡Ve!

    Se dirigía a su aseo cuando la tuve que detener y ordenarle como ir.

    -Así no. De pie no, de rodillas y las manos tras el cuello entrelazadas. Quiero ver como te insinúas nuevamente ante mí. Quiero ver como bailan tus pechos mientras arrodillada y mirándome te diriges al aseo.

    -Pero mi amo y señor, tardaré mucho mas tiempo, y no precisamente es lo que me sobra. ¡Gracias!

    Su insolencia, le costó nuevos azotes sobre sus pechos, lo que produjo que me excitara y mi polla empezará a despertarse nuevamente con ella. Se volvieron mas rojos, sus rebotes con cada azote, me producían una nueva sensación. Poder, dominación total y absoluta sobre ella, al mismo tiempo que mi polla ya estaba dura completamente. Decidí sacarla por fuera de la cremallera:

    -Ahora mientras te diriges al aseo, tal y como te he indicado, añadirás abrir la boca y buscar la polla de tu amo y señor antes de llegar al aseo. Con lo rápido que aprendías, y ya has dejado de hacerlo. Tendrás tu primer castigo cuando te lo rasures.

    -Sí mi amo, sí mi señor. Gracias

    Y en su nueva posición, de rodillas, con las manos entrelazadas detrás del cuello y la boca abierta, arrastrándose tras de mí, buscaba mi polla como lo que mas deseaba, como una perra detrás de un trozo de carne, buscándolo, deseándolo, ansiosa por sentirla en su boca y complacer a su amo y señor. Pero por supuesto, no le iba a permitir que lo obtuviera, por más ganas que tenía de profanar su boca con mi polla, e introducirla hasta el fondo de su garganta y forzarla a que se atragantara, que le diesen arcadas y dejarla allí alojada hasta que le faltase el aire. Eso sería para otro momento.

    Ahora quería hacerla sufrir, infringir dolor en sus rodillas, que se sintiera rastrera y notara el dolor. Verla seguirme, consciente de que no conseguiría lograr mi primer deseo, me hacía sentir como un verdadero cabrón sin escrúpulos, y en el fondo ella sabía que no lograría meterla en su boca, lo que le producía más impotencia y ansiedad, y expectante del castigo que sufriría por no poder mamar la polla de su amo y rasurarse en tan solo 5 minutos.

    -El tiempo corre, perrita, tic tac, tic tac… más deprisa, estoy ya en el aseo, y mi polla no ha podido sentir tu boca húmeda. ¿Conseguirás rasurarte? Recuerda que no quiero cortes ni sangre.

    -Sí mi amo, sí mi señor. Gracias

    -Coje lo que te haga falta para el rasurado. Creo que sabes donde está todo. Te rasuraras frente a mí, con tus rodillas bien separadas para poder ver que no rompes la piel. Ni una ínfima gota quiero ver salir de ese mi cuerpo. Te ayudaré con la afeitadora, el resto será cosa tuya. Por cierto, sigue manteniendo la boca abierta por si deseara invadirla.

    -Sí mi amo, sí mi señor. Gracias

    Obviamente, me tomé mi tiempo en despojarla de todo ese pelo que le cubría sobre su cuerpo y que tanto me disgustaba.

    -Se acabó el tiempo, perrita. Me has vuelto a desilusionar, y tendrá consecuencias. Por cada minuto que pase mas de los 5 establecidos el castigo aumentará. Puedes empezar.

    -Sí mi amo, sí mi señor. Gracias. ¿Puede esta perrita suya dirigirse a su amo y señor?

    -Adelante.

    -¿Prefiere mi amo y señor que su perrita se depile con cera o con espuma?

    -¿Cuál es mas rápido? Entiendo que vas mal de tiempo.

    -La espuma, pero puede provocar cortes con la cuchilla, mi amo y señor.

    -Entonces con cera. No quiero verte sangrar ni que cortes la piel. Agradécemelo y abre tu boca puta, te la voy a meter hasta el fondo cuando tires de la cera, y no quiero sentir ni un solo diente sobre mi polla. Tú verás como lo haces. No depende de mí que tardes más o menos. ¡Súbete ahí y separa más esas rodillas!

    -Sí mi amo, sí mi señor. Gracias

    -Espero estés disfrutando como yo, perrita. ¿Lo haces?

    -Sí mi amo, sí mi señor. Gracias

    -Déjame que lo compruebe, y espero no me estés mintiendo.

    Llevé mi mano hacia la raja de su coño, esperando que no estuviera para nada excitado, y poder castigar sus pechos nuevamente, pero para mi sorpresa, la muy puta estaba húmeda. No sé si porque lo estaba disfrutando y le gustaba sentirse así, o, por el contrario, al sentir la afeitadora sobre sus labios, y las vibraciones, le hicieron humedecerse. En cualquier caso, estaba húmeda, y de un solo golpe le introduje dos dedos, sin importarme si estaba preparada, si lo quería, o lo que mil demonios fuese.

    El caso es que allí mismo empecé a masturbarla violentamente. La lubricación de su coño fue en aumento, yo metía y sacaba los dedos con fuerza y velocidad, los sonidos de sus flujos, resonaban como el preámbulo del orgasmo que anhelante, buscaba y deseaba.

    -No te corras hasta que te de permiso para ello. No lo tienes, me lo vas a implorar, grita, gime, agárrate a mí o lo que desees, pero no tienes permiso para correrte

    Su cuerpo se tensaba cada vez más, su respiración era cada vez mas rápida. Mis dedos entraban y salían sin ningún tipo de miramientos, mi mano chocaba contra su pequeño tesoro escondido y golpeaban fuertemente, su voz entrecortada me decía que estaba a punto, y en ese instante, saqué mis dedos de su coño, y dejé de masturbarla.

    -Ahora, rasúrate. No te has ganado el poder sentirlo, el poder correrte, el gritar que te corres. Date prisa, llevo bastante tiempo esperando ver mi primer deseo y me estoy cansando de tus insolencias.

    -Sí mi amo, sí mi señor. Gracias

    Su mirada no podía dar crédito a que fuese capaz de tratarla así. La había dejado en el filo del éxtasis. Le había privado de su momento para buscar el mío.

    Se empezó a untar la cera sobre su pubis, cuando unos nuevos azotes cayeron sobre sus pechos.

    -No me estas mirando y tienes la boca cerrada, puta

    -Lo siento mi amo y señor, perdón

    Difícil y doloroso es rasurarte sin mirar donde y cómo lo haces, mientras miras hacia arriba, y muestras sumisión.

    -Cuando creas que has terminado, me lo dices puta.

    -Mi amo y señor, su puta está lista para quedar depilada tal y como a mi amo y señor le gusta.

    -Abre bien tu boca, perrita, y recuerda, ni un solo diente. Máma y tira para gusto de tu amo y señor, me tienes aburrido.

    -Sí mi amo, sí mi señor. Gracias.

    Mi polla alojada en el fondo de su garganta, su saliva brotando por las comisuras de sus labios, cayendo sobre sus pechos, empapándolos y dirigiéndose hacia su nueva zona, limpia y sin pelo. Su mirada fija en la mía, y lágrimas saliendo de sus ojos. Y yo allí de pie frente a ella, denotando mi dominación y mostrándole su sumisión. Restregando por su cara sus lágrimas, sus espumarajos, abofeteándola.

    -Perrita, ¿te duele tu coño? ¿te escuece? ¿arde?

    -Sí mi amo, sí mi señor. Gracias –logró decir cuando retire mi polla de su boca, y consiguió articular palabras.

    -Bien pues ahora volverás a cuatro patas al mismo sitio que cuando viniste y te preparas para volver a ser amarrada de la misma manera que cuando te despertaste. Pero esta vez, yo solo te ataré el pelo y una mano, el resto lo harás tu y te preparas para recibir tu castigo por desobedecerme. Cuando estes atada te contaré en que va a consistir tu castigo ¿entendido?

    -Sí mi amo, sí mi señor. Gracias.

    Primero empezó por liarse los muslos con una cuerda y conseguir atar el primero a la cama, el segundo muslo fue más complicado, pero lo consiguió. Continuó con las muñequeras a los pies de la cama, no sin bastante esfuerzo, debido a las limitaciones de movimientos y la dificultad de la postura. Cuando se fue a poner la mordaza, la detuve ante la nueva idea que me vino a mi mente. Cogí su tanga que estaba frente a la silla que había y se lo introduje en su boca, lo que le provocaría más sequedad, hasta que lo impregnase. Una mano fue más fácil de lo que esperaba, y de la otra y el pelo me encargué de terminarlo yo.

    -Bien bien bien. Volvemos al punto de partida. Tú inmovilizada y silenciada. Yo, frente a ti, dueño al completo de tu existencia. Verás, te pedí una cosa sencilla de hacer, y me has desobedecido, no lo has cumplido como te he pedido. Has tardado casi 1 hora y te dije 5 minutos. No te has rasurado y no conseguiste chupar mi polla en ese tiempo, hasta que te la tuve que poner yo en tu boca. ¿Crees que estoy contento contigo? ¿Qué te mereces mi clemencia? Por ser la primera vez que recibes un castigo, será de los más grandes que recibas y entiendas que puedo hacer contigo lo que quiera. Eso sí, seré benévolo, y el castigo no te dolerá, ni lo sentirás, ¿y sabes por qué? Te lo voy a explicar.

    Te voy a inyectar un suero que te inmovilizará completamente, después te inyectaré otro, que hará que no sientas dolor, pero te aseguro que me voy a aplicar salvajemente contigo, te azotaré y fustigaré tu coño sin compasión, hasta verlo más rojo de lo que lo tienes.

    Te daré en tu clítoris, con fuerza a hasta que crea verlo salir, te azotaré tu pubis reluciente hasta que me harte, tus pechos mostraran con cada varazo que te dé el lugar donde impactó con tu piel, y no pararé hasta que sangres o chorrees leche, te los morderé, pellizcaré y retorceré, casi para cortártelos, dejaré todo tu cuerpo marcado de señales, plagado de moretones y rojo como la sangre que va a manar de él, te adornaré con piercings tus pezones, tu coño, labios y clítoris, tu barriga y tu nariz, te marcaré con un hierro incandescente sobre tus nalgas como se marca al ganado, te implantaré electrodos en tu cuerpo, y todo esto sin anestesia.

    Cuando los efectos de los sueros se pasen, te retorcerás como si ardieras en el mismo infierno. No podrás gritar, lloraras desesperadamente, y al único que verás y disfrutar, será a mí. Yo estaré enfrente tuya, y cuando te vayas adaptando a tu nueva situación, te drogaré. Te inyectaré todo tipo de drogas, lamerás mi polla impregnada de Coca y te la comerás y tragarás toda. Te voy a cambiar para siempre, y ya no vas a poder ser mas que mía. Cuando me demuestres tu sumisión y total entrega hacia a mí, volverás a tu trabajo, veras a tus familiares y amigos.

    Me perteneces en cuerpo y alma. Vas a recibir la última follada de esta vida, relájate, disfruta y córrete cuantas veces quieras, grita, aunque no se te oiga, reniega o arrepiéntete de lo que has decidido, aunque no se te oiga. Intenta pegarme, arañarme o lo que quieras, aunque no puedas. Todo eso se va a quedar solo y exclusivamente para ti y nadie mas que para ti. Me verás reírme de ti, escupirte en tu cara, saborear tus lágrimas, y todo esto, ya lo sabes, tú no podrás hacer nada por cambiarlo. Despídete de tu anterior vida y empieza a comprender la nueva. Antes lo asumas, antes serás feliz. Va a ser larga la sesión, no voy a metértela y correrme rápido.

    Te voy a tener así cuanto quiera, y no creo que te castigue antes de un par de semanas. La sensación de incertidumbre de no saber que te va a pasar, quien te va a follar, o quien estará ahí libre, te va a pesar y te va a destruir mentalmente. Te alimentaré, lavaré, mimaré, abusaré, violaré, mientras permaneces ahí postrada. Gestionaré tus llamadas tanto personales como laborales, serás testigo de como manipulo todo tu entorno, y no podrás hacer ni decir nada. ¿Te imaginas tener que hacerte tus necesidades encima de ti, sentirte mojada por tu orina, sucia por tus heces? ¿Mis manos lavándote, rasurándote, masturbándote y corriéndote frente a mí?

    Dependes de mi para todo, hasta para dormir, porque te dejaré dormir cuando quiera y cuanto quiera. Vas a perder la noción del tiempo ahí atada, en silencio, y para hacerlo más llevadero te voy a taponar los oídos y vendar tus ojos. Solamente podrás respirar por la nariz para olerme cuando esté en tu presencia. ¿Preparada?

    Lo único que pude sentir de ti, fueron unos pequeños sonidos amortiguados, ininteligibles, las cadenas de las esposas sonando, y tu moviéndote con desesperación.

    -¿Empezamos? Te vendé los ojos y te taponé los oídos.

    El silencio y la oscuridad se apoderaron de ti. Tus fosas nasales, se abrían y cerraban al borde de la hiperventilación. Seis guantazos en tu cara hicieron falta para que te relajaras, volviendo tu cara roja, sudada, desprendías olor a miedo, rabia, furia, y tu coño estaba chorreante y no por la afeitadora.

    Continuará o no.

    Gracias por vuestra atención y lectura, espero haberos hecho pasar un rato de morbo y quien sabe que más. Agradeceros vuestros comentarios para bien o para mal, siempre desde el respeto. Todo comentario que no se salga de lugar y esté exento de educación será bienvenido.

    Hasta la próxima.

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