Categoría: Sin categoría

  • Mi primera doble penetración con dos hombres

    Mi primera doble penetración con dos hombres

    Soy una mujer que disfruta su sexualidad con quien yo elijo como lo comenté en mis primeras anécdotas, casada y que fue fiel hasta cierto día.

    Mi siguiente anécdota comienza el día que mi esposo se fue con mis hijos a San Juan de los Lagos, era un fin de semana común y corriente para mí.

    En esa ocasión un amigo con el cual tenía contacto desde la prepa, me habló y me dijo que fuera a su finca en el estado de Hidalgo ya que él es de allá, me lo dijo según él para que no estuviera sola todo el fin de semana y obviamente quería cogerme, después de hacerme del rogar accedí, nos llevábamos muy bien la verdad, lo conocí cuando yo tenía 15 años en ese entonces por messenger, vino a conocerme cuando yo tenía 16 y me propuso tener relaciones sexuales, yo era muy joven y la verdad no me llamaba la atención aunque eso sí, jamás dejó de ser un amor conmigo.

    Vino por mi hasta mi casa en Michoacán y nos fuimos, en el trayecto compramos algo de bebida, comida, en fin suministros para pasar el fin de semana.

    Ya en su finca comenzamos a platicar, a beber etc… Era un lugar muy bonito, con áreas verdes y animales, me dijo que me pusiera cómoda, hacía mucho calor, yo solamente me coloque un short, mis huaraches y una blusita. Parecía que la íbamos a pasar muy bien y en efecto fue así.

    Comenzamos a platicar, y le pregunté que si estábamos solos, él me dijo que por el momento si, que no había nadie para poder estar más a gusto y en confianza, al calor de las copas poco a poco fueron saliendo cosas más perversas y excitantes, lo cual provocaba en mi que me pusiera obviamente “cachonda”. Jugamos verdad o reto, a la botella, ¡en fin! Era obvio lo que iba a pasar.

    Aguante lo que pude sobria, se me comenzaron a subir las copas hasta que se me acerco y comenzó a decirme muchas cosas que jamás imagine oír de él en ese momento, entre ellas todas las perversiones que quería hacerme.

    Me beso y lo bese, me quito la ropa y lo desnude. Comenzó a meterme los dedos en la vagina, mientras chupaba mis pechos yo lo disfrutaba y gemía, mientras yo lo masturbé y besé, tomé su pene entre mis manos y comencé a subir y a bajar, mientras él seguía haciéndome un rico oral, llego el momento en que no aguante y le pedí que la metiera, accedió; me puso en 4 en un sillón de la sala y comenzó a mamar mi ano, sentía delicioso como recorría y dilataba con su lengua así mismo bajo a la vagina, lamió tanto ano y vagina alternadamente, mientras chupaba, metía sus dedos era mucho placer el que sentía en ese instante.

    Acto seguido me la metió; me la dejó ir toda así en 4 y sin condón, sentía tan más rico como se movía, como estando yo de perrita entraba hasta adentro… hasta que me lo saqué y comencé a mamar de nuevo, solo le veía para saber si le estaba gustando mientras con su pene me pegaba en la cara y en la lengua, eran cachetadas que me causaban placer y sabía por su expresión que le estaba encantando, él me pidió que mientras lo chupaba no le quitara la mirada de encima, me tomo de los cabellos y me metía todo su pene en la boca, así lo seguí haciendo hasta que me subí en él.

    Lo senté en el mismo sillón y le di la espalda, mientras yo me movía él me metía los dedos en mi ano, era una sensación exquisita el sentir sus dedos y su pene dentro de mi, mientras yo gemía y gritaba le pregunte que si quería meterlo atrás, ni tardo ni perezoso dijo que si… Cuando me disponía a sacar de mi vagina su pene mi sorpresa fue que uno de sus ayudantes nos veía desde afuera, estaba escondido en los cuartos de frente, le quise decir a él pero la verdad me pareció excitante y sinceramente hasta más cachonda me puse, seguí moviéndome mientras yo me tocaba los pechos, a lo lejos se veía solamente la cara de ese señor que estaba al tanto de todo lo que hacíamos Enrique y yo.

    Lo saqué de mi vagina y me acomodé para irlo metiendo poco a poco en mi cavidad anal, así me la metió hasta adentro y seguí yo dándome unos ricos sentones en su pene sentía como mi ano se dilataba y mi vagina pedía más, el señor solo nos observaba a lo lejos y eso provocaba en mí excitación, mientras me movía me nalgueaba y jalaba del cabello, lejos de dolerme me excitaba aún más y gracias a eso más me movía hasta que me dijo que se iba a venir en mi ano, llego su orgasmo y llego uno mío, ¡si!

    Así como lo leen tuve un orgasmo anal-vaginal, no me preguntes como, pero mientras sentía como se venía sentí como me venía yo también, mi ano y vagina se llenaban de contracciones, contracciones que solo se sienten en un orgasmo.

    Me lo saqué y me beso, me dijo que le había gustado muchísimo, nos recostamos y comenzamos a platicar.

    El viaje me cansó y más el haber cogido como cogimos.

    Al estar platicando durante la noche de nuestras vidas nos quedamos dormidos. Al otro día al despertar volvimos a coger en su cama, lo desperté con un oral en el cual engullí su pene hasta que me canse, mientras se la chupaba comencé a masturbarme, él aún estaba medio dormido así que ya estando su pene arriba le coloque un preservativo y me subí, cabalgué en él mientras apretaba mis pechos, al ver que despertó por fin, me bajé de él y me recostó boca arriba, abrió mis piernas y metió su pene, yo solamente apretaba las sábanas con mis manos mientras él me penetraba, tomó mis pies los puso en su pecho y siguió metiéndole hasta que se vino, fue algo intenso y normal, pero placentero.

    Nos metimos a bañar, nos vestimos e hicimos de desayunar entre los 2, ese sábado nos fuimos a pasear la mayor parte del día a Pachuca. Entonces se me vino a la mente una fantasía que ya había cumplido con mi marido, pero usando juguetes.

    Paseando por Pachuca, y estando en un centro comercial se me ocurrió una idea y una fantasía que tenía reprimida, comencé a sondear a Enrique acerca de que pensaba de compartirme con alguien más y verme teniendo sexo. La idea no le pareció del todo, me dijo que no le gustaba compartir con nadie, paso el tiempo durante el día, seguimos en nuestro paseo y yo no quitaba el dedo del renglón, le dije que tenía esa fantasía que me la cumpliera pero él seguía con esa negativa, me dijo que porque mi esposo no me la cumplía obviamente le dije que él tampoco nunca me compartiría, además de que hay en Pachuca nadie me conocía más que él.

    Al llegar la noche nos regresamos a su finca, no sin antes pasar a una farmacia a comprar algunas cosas que según él ocupaba, en el trayecto comencé a cachondearlo y a tocar su pene tratando de convencerlo pero no fue así.

    Llegamos, sirvió unos tragos, prendió la caldera de su alberca nos metimos a nadar un poco y comenzamos a cachondear, mientras nadábamos me metía los dedos en la vagina, yo le agarraba su pene duro y erecto.

    Se quito el traje de baño y me recargo en la orilla de la alberca, quiso penetrarme así sin condón nuevamente pero no lo permití, solamente dejaba que rozara con su cabecita la entrada de mi vagina y entonces se me ocurrió algo para que aceptará mi idea. Le dije que lo dejaba penetrarme sin condón otra vez pero tenía que complacer mi fantasía, me dijo que era difícil porque muchas veces esos hombres se terminaban dando entre ellos jajaja yo le dije que no, que yo quería que ambos me dieran a mi.

    Me dijo que ya era noche y que no podía llamar a nadie así que tuve que contarle lo de su peón. Le dije que mientras cogíamos el día anterior su peón nos observaba de los cuartos que están frente a su sala, me dijo que quien había sido a lo que le respondí que no sabía, por lo que se lo describí y llegó a la conclusión de que había sido Leopoldo, “Polo” como ellos le decían.

    Me dijo que él era el velador no un peón, y que se le había olvidado decirle que no fuera a dar sus vueltas en esos días. Así que le pregunté de nuevo y me dijo que si eso quería estaba bien, que me quería complacer y meterlo así, me arreglé mi traje de baño se colocó él el suyo y salimos de la alberca.

    Buscamos a Polo pero no estaba en la finca, ya andábamos cachondos los dos, la verdad a donde íbamos nos besábamos con pasión y deseo, metía sus dedos, mordía mis pechos, dejaba que me diera unas metidas sin condón, pero solamente un par para ponerlo más caliente, andábamos deseosos ya, bueno yo mucho más. Al ver que no encontramos a Polo nos metimos de nuevo a la sala, si me desánimo bastante el no encontrarlo pero también sabía que no se podía tener todo en la vida.

    ¿¡Comenzamos a besarnos de nuevo me subió a una barra y me dijo que cogeríamos toda la noche, y qué creen!? Saco lo que fuimos a comprar a la farmacia y era viagra, se lo tomó y comenzó a besarme de nuevo, me recostó sobre la barra de la cocina, hizo mi traje de baño a un lado y comenzó a hacerme un oral delicioso, lamia mi clítoris riquísimo y ni que decir el como me metía sus dedos era delicioso, le puse mis pies en sus hombros mientras mis piernas abiertas recibían sus lengüetazos. Estábamos muy excitados, calientes, el jugueteo previo nos calentó muchísimo y creo yo también, la plática que tuvimos.

    Se me ocurrió la idea de desnudarme y sacarlo de la cocina para hacerlo en la alberca, salimos, me recargue en el respaldo de un camastro parando mi colita, se colocó atrás de mi y me penetró. Mientras metía su verga yo gemía de placer gritaba y pedía más, quería que me cogiera con todo, pero la sorpresa fue que se vino muy rápido, así recargada en el camastro me dejó llena de su leche, se disculpó y le dije que no pasaba nada. Nos metimos a nadar un poco más, el agua caliente hacía que fuera algo placentero, delicioso.

    La “pastillita” hizo efecto y al pasar menos de una hora en la que nadamos, tomamos, salimos de la alberca y fuimos a la cocina, preparamos alguna botana, se declaró listo para el segundo round.

    Dentro de la cocina comenzamos de nuevo, hasta que llegamos a la sala, parado delante de mi me arrodilló en la alfombra y comencé a chupar su pene de nuevo, comencé a besar sus testículos mientras con mi mano se la jalaba, tome su “paquete” y comencé a rozar mis pezones con él, chupe la cabeza hasta comerlo todo. Así mamaba su pene hasta que decidí subirme en él, pasamos a la sala, lo senté en el sillón y de frente me subí, chupo mis tetas mientras yo agarrada del respaldo me movía y sentía como su pene entraba y salía de mi.

    Al cambiar de posición me lleve una agradable sorpresa, Polo estaba de nuevo en los mismos cuartos escondido, no le dije a Enrique, me coloque en 4 y espere su embestida, mientras me la metía yo no le quitaba la mirada de encima a Polo le dije a Enrique pero él se puso nervioso y hasta se bajo aquellito.

    Fue entonces cuando Enrique le grito, y le dijo que qué hacía observando, Polo salió y pidió disculpas y se disponía a irse, pero fue cuando Enrique le dijo que si no lo acompañaba a darme, que era mucha hembra para él solo, no digo que yo lo sea, él se lo dijo a su velador.

    Era ya un señor algo canoso con bigote, sin pensarlo lo besé, le quité la chamarra y camisa que traía, el señor se sacó de onda y comencé a desabrochar su cinturón hasta quitarle el pantalón y botas de trabajo. Ambos estaban cohibidos, no había erección por lo que comencé a mamar el pene de don Polo, comencé con pequeños besos y a jalarla, mientras veía como se ponía dura, Enrique tomó la suya estando sentado en el sillón e hizo lo mismo, jalo hasta pararla.

    Ya teniendo 2 penes duros para mí, fui hasta el sillón y le di la espalda a Enrique, me senté en él y comencé a moverme, mientras Polo solo nos veía lo invite, le llamé y se acercó, puse su pene en mi boca y se la mame, estaba muy excitada, estaba cumpliendo mi fantasía, aunque faltaba mi deseo de sentir 2 penes dentro de mi al mismo tiempo.

    Seguimos así, Polo entro en confianza y ya me tomaba del cabello para meterla aún más a mi boca. Le pedí a Enrique que se saliera, me fui a la alfombra, acomodé los cojines y les llamé, arrodillada comencé a mamar ambos penes, era una digna postal de fotografía, mis tetas, mis pezones erectos y mi vagina súper mojada pedían pene.

    Acosté a Polo le di un preservativo y me subí en él, lo monté mientras Enrique nos veía se acerco y me dio su pene a chupar, mientras Polo tomaba mis tetas con sus manos yo solamente me concentraba en sentirlo a él y a Quique en mi boca, le dije que me la metiera por atrás, que quería sentirlos a los 2, se colocó atrás de mi y comenzó a dilatar mi ano, mientras Polo seguía moviéndose sentí su pene más y más duro, era señal de que se iba a venir y así fue, antes de tener una doble penetración se vino el señor Polo, me sentí frustrada, estaba haciendo mi fantasía realidad y se nos terminó viniendo el señor.

    Me pare molesta, desilusionada y solamente comencé a besar a Enrique, Polo pidió disculpas, se disponía a irse, le dije que no, que se esperara.

    Así que seguí cogiendo con Enrique. Polo nos veía y tomaba su pene entre sus manos, yo sabía que él quería más y yo también. Enrique sin decirme más me la metió por atrás, mientras me cogía yo observaba a Polo.

    Lo miraba con lujuria, lo quería tener también dentro de mi, sin embargo Quique termino viniéndose en mi ano, mientras yo pedía más y más solamente sentí como su leche me llenaba la cavidad anal.

    Cuando termine de disfrutar como Enrique se había vaciado dentro de mi, note que Polo ya no estaba, fue una lástima el no haberlos tenido a los dos dentro pero sabía que tenía que cumplir esa fantasía algún día, al terminar nuestra sesión de sexo nos dispusimos a descansar, así que nos fuimos a dormir ya que debía regresar a mi casa, al otro día no cambió nada, preparamos mi maleta nos bañamos y antes de salir de su casa me dijo que me quería dar un recuerdito, así que saco su pene del pantalón y al sacarlo ya sabía lo que debía hacer, mamar.

    Así que comencé a hacerlo, a chupar de nuevo, su pene erecto hacia que me prendiera más así que le hice una rusa, puso su pene entre mis tetas mientras yo las apretaba y se movía, mientras yo veía su cara de placer el simplemente dijo, me vengo y no alcanzó a llegar a mi boca, me los echo en la barbilla, mientras escurría su leche me metí de nuevo en la boca su pene y le limpie el resto que tenía en la punta.

    Me levante, limpie mi cuello y barbilla, y nos dispusimos a regresar, me trajo hasta la puerta de mi casa y a las pocas horas de haber llegado yo, llegó mi familia, sin levantar sospechas seguí con mi vida normal, madre abnegada y cariñosa, esposa y pareja recatada en la mesa y toda una pu… En la cama.

    Esta fue la primera vez que se me ocurrió una doble penetración con personas, con mi esposo ya la había hecho pero con dildos, plugs y vibradores, sin embargo yo quería sentir el movimiento de 2 hombres dentro de mi.

    Les mando muchos saludos y espero me vuelvan a leer y dar sus puntos de vista. Un abrazo y gracias.

    Loading

  • Mi mujer lo quiere hacer con otro

    Mi mujer lo quiere hacer con otro

    Siguiendo en la onda de mi primer relato, ahora les cuento lo que nos ha pasado después de nuestras “confesiones”.

    Como ya saben, mi esposa Ana me confesó que le había gustado otro hombre y que habían tenido un flirteo, pero que no pasó de allí. Yo he estado muy ansioso y excitado a partir de ese momento, nuestros encuentros sexuales han mejorado notablemente, ahora nos permitimos fantasear mientras nos tiramos. Cuando procuro darle un masaje al acostarnos ella sabe que esa noche tendremos sexo rico.

    Comienzo por recorrer suavemente su cuerpo y al detenerme en su enorme concha, ella me pide que le describa lo que le hago, cuantos dedos le meto, me pide que le meta uno o dos dedos en su culo, que le frote el clítoris, pero que siempre le describa lo que le hago y lo que estoy sintiendo.

    Para seguirle su juego, recientemente le pedí que me contara su fantasía sexual, ella me dijo que era hacer el amor conmigo dentro de un jacussi, eso me pareció que no era una fantasía, sino un deseo, y le insistí. Cuando estaba más caliente accedió a decirme que cuando ella estaba a solas veía películas pornográficas y se masturbaba pensando en que ella le mamaba una enorme verga negra a un negro, que ella deliraba porque un negro la cogiera así como en las películas. Eso me puso a millón, encendí el DVD y le puse una película que había comprado recientemente.

    La puse en cuatro patas frente al televisor y comencé a bombearle mi pija, que, aunque no es enorme, es bastante gruesa, con una gran cabeza. Le dije mira la peli y coméntame: ¿Que sientes cuando ves al negro? ¿Te gustaría estar allí en lugar de ella? Al principio se negaba, pero al ver esa enorme verga entrando y saliendo y al sentir que yo la estaba cogiendo, soltó su vergüenza y me dijo que si, que le envidiaba a esa mujer, que quería chupar esa pija.

    Aceleró los movimientos de sus caderas y acabamos juntos en ese mismo momento. Se recostó a mi lado y muy apenada me dijo que lo que me había dicho solo era una fantasía y que no creyera yo que ella fuera capaz. Pero ya sus comentarios habían hecho efecto en mí. Ya me comenzaba a rondar por la mente la idea de saber a mi mujer en brazos de otro hombre, total ya había dado los primeros pasos con su amigo.

    Al día siguiente me fui a la tienda de videos y me compre 3 películas de genero interracial, llegué temprano a casa y las revisé. Cuando mi mujer llegó a la casa le preparé un trago y había hecho unos pasapalos, ella se sintió halagada y me respondió con un beso. La abracé y estuvimos conversando animadamente.

    Pasaron como 3 horas y ya mi mujer estaba algo mareada y me dijo que quería acostarse, la acompañé al cuarto y la acosté boca abajo para darle otro masaje, le puse una de las películas que había comprado y en la escena estaba una chica con dos negros, mi mujer tuvo un brillo especial en sus ojos. Mientras la masajeaba le iba preguntando acerca de su opinión de una mujer con dos tipos y me dijo pícaramente que esa era otra de sus fantasías. Eso me puso a millón y me dediqué a sobarle firmemente sus nalgas.

    Como ya estaba excitada le pregunté que si su fantasía era con dos tipos desconocidos y ella respondió que la idea era que uno de ellos fuera yo. En ese momento mi verga iba estallar y ella se dio cuenta, como vio que yo estaba muy excitado, agarro mi gruesa pija y se la metió en la boca. Mientras me la mamaba, me hacía comentarios acerca de mi actitud y de cómo me ponía cada vez que ella me hablaba de tirar con otro hombre.

    Le insistí en que me detallara su fantasía y me dijo que ella quería chuparle la verga a un negro, pero que lo que más placer le daría era ver mi cara mientras lo hacía y como el negro acababa en su boca (cosa que conmigo no le gusta). En ese momento me corrí llenándole sus cara de leche. La recosté a mi lado y comencé a tocarle su clítoris mientras le imploraba que me siguiera contando. Ella me dijo aún con la cara llena de leche que después que el negro le acabara en su boca quería que yo la besara para que sintiera sabor de la leche de otro hombre.

    Eso me volvió loco y subí hasta su cara a lamerle las comisuras de sus labios y probar por primera vez mi leche. Eso hizo que ella reaccionara y se subió encima de mi cabalgándome fuertemente, pidiéndome que le dijera que era una puta por ese tipo de pensamientos que estaba teniendo, pero que se había destapado a pensar y hablar así desde el momento que yo le di apertura. A partir de ese momento cada vez que hacemos el amor ella me pregunta que acerca de mis fantasías y yo le digo que me gustaría estar con otra mujer mientras ella me ve y se masturba, aunque le aturde la idea sé que se estremece de solo pensarlo.

    Loading

  • Wish you were here (1) (querría que estés aquí)

    Wish you were here (1) (querría que estés aquí)

    -Terriblemente hermoso tema de Pink Floyd, -le dije a Jazmín y ella me contestó:

    -Es lo que estoy deseando ahora, que estés aquí conmigo.

    La distancia nos mata, no hay tiempos que alcancen para una escapadita. Dos horas en un hotel significan 24 horas sumándole el viaje de ida y vuelta, difícil de justificar, difícil de realizar.

    El bendito WhatsApp nos mantiene en contacto, hay días en que nos quedamos sin baterías y solo ahí se corta la comunicación.

    Nos une el cariño y nos mata el deseo, nunca estuvimos juntos, solo nos vimos por fotos.

    Nuestro primer contacto por chat fue tan caliente que terminamos masturbándonos desesperadamente… cada uno en su pueblo.

    Las primeras fotos fueron muy calientes, solo mostraban nuestros sexos, ardientes, húmedos de tanta paja… después nos fuimos conociendo más, fuimos descubriéndonos y la onda que se creó entre los dos hizo que intercambiáramos las direcciones del Facebook y así conocimos nuestros rostros, nuestros cuerpos, nuestras historias…

    Así nació el deseo de encontrarnos, hubo algunos encuentros frustrados que solo avivaron más las ganas… el deseo… desearía que estuvieras aquí… necesito abrazarte, besarte, sentir tu piel

    Nos prometimos dormirnos pensando en el otro, por eso, todas las noches deseo soñar con ella, ese ratito antes de dormirme es exclusivo para ella. En mi mente, en la tranquilidad de la noche, solo hay lugar para ella, cierro los ojos y ya no me importa la que está durmiendo a mi lado, solo deseo tener la capacidad de hacer un viaje astral y que mi cuerpo sutil recorra los cientos de kilómetros que nos separan para poder llegar esa noche hasta su cama, ese amplio somier para acostarme a su lado y abrazarla. Poder aparecerme cuando ella esté pensando en mi diciendo desearía que estuvieras aquí…

    Hacerle cucharita mientras mis manos se deslizan debajo de su remera para acariciar sus pezones y ver como se ponen duros, calientes.

    Luego con una mano seguir jugando con sus pezones y con la otra recorrer su cuerpo con una suave caricia hasta llegar a su muy mojada conchita y deleitarme jugando con su clítoris. Ir besando su tibio cuello y que el perfume de su piel me excite cada vez más, que sus suaves gemidos logren que incremente mis caricias, que mi pija, ya muy dura, se haga sentir apoyada en su cola que se mueve al compás de mis dedos refregándose contra ella.

    Que un fuerte gemido y los acompasados espasmos me digan que llegó a la cima del éxtasis, abrazarla fuerte y quedarnos así un rato hasta que se de vuelta y me bese. Que recorra mi cuerpo con sus labios, suaves, húmedos, tibios, que copie cada centímetro de mi anatomía. Y ahora el que gima sea yo, que lentamente vaya llegando hasta mis huevos y me los bese y lama con pasión para luego recorrer muy lentamente el tronco de mi pija… muy suavemente y luego, al llegar a la cabeza la rodee en círculos con su lengua…

    Yo estar en el cielo y que ella atrape mi cabeza entre sus labios y se la introduzca en su boca muy lentamente. De a poco trague mi pija, que sus labios bajen hasta que desaparezca dentro de su boca y luego vuelva a comenzar todo de nuevo…

    Como explicarle con palabras lo que me gusta esto… si ya lo ve en mi cara.

    Después comience una tragada frenética que tenga un solo fin, quedarse con su preciado néctar, y tan grande será mi calentura que varios chorros de tibio esperma inundarán su dulce boca y ella se encargará de no perder ni una sola gota.

    Nos dormiremos abrazados para despertar cada uno en su pueblo… cada uno en su cama, como cada mañana.

    Deseo estar con ella allá, tomarme un micro, habiendo hallado la excusa perfecta y desembarcar allí y que ella me esté esperando. Darnos ese abrazo tan deseado y besarnos apasionadamente en la terminal.

    ir hasta algún hotel y que nuestras ropas vuelen por los aires apenas pasemos la puerta para tirarla en la cama y, con mi cabeza entre sus piernas poder beber de su néctar haciéndola acabar una y otra vez y después poder coger muy lentamente, como queriendo recuperar todo el tiempo perdido. El mundo se tiene que detener en ese instante. Nada importa, solo estamos ella y yo y solo existe ese segundo en que nuestros cuerpos son uno. Pero todo acaba y también acabamos nosotros, juntos, a la vez, y nos quedamos abrazados sabiendo que pronto tendré que partir.

    Somos solo dos almas perdidas nadando en una pecera, año tras año, caminado por el mismo viejo suelo, ¿Qué hemos encontrado? Los mismos miedos de siempre… ¡Como desearía que estuvieras aquí!

    ¿Qué pasó después?… ¡si viajé! y en la próxima entrega se las cuento.

    Loading

  • Robé tu foto

    Robé tu foto

    Es cierto. No puedo negarlo. No quiero. Robé tu foto. Y he sido mala. Muy mala.

    Hastiada brujuleaba por el espacio exterior cuando tu imagen se posó frente a mí.

    El destino burlón quiso que fueras tú. Sólo tú.

    Sonreías a cámara. Me sonreías a mí. Mirada limpia, intensa. Tan viril y relajado.

    Esa atrayente despreocupación de quien se sabe un hombre de verdad.

    Sentí que tu jugosa boca me hablaba. Tu voz resonaba en mi cabeza. Me tiranizaba.

    “Maya… Deseo follarte, Maya… Quiero ver tu cuerpo salvaje en un mar de placer”.

    Y el fuego de Vulcano se apoderó de mí. Furtiva y perversa corrí a mi diván.

    Mi ropa voló por los aires. Encendida como brasa candente me acomodé.

    Mi cuerpo desnudo resplandecía bajo la tenue luz de las candelas. Tus ojos clavados en mí. Casi pude percibir tus fuertes manos escalando mis piernas. ¡Ohhh!

    Un grito sordo se fugó de la cárcel de mis labios. Mi piel era ya pura alta tensión.

    En cada descarga tu imagen se hacía aún más vívida. La quería poseyéndome.

    Te atraje a las puertas de mi sexo. Húmedo. Anhelante. La mano aferrada a mi pecho ya hinchado, firme. Golosa lo saboreé. Mi lengua era hábil. Libre. Eras tú. Sólo tú.

    Estaba tan cachonda. Dios, sí, tanto que te veía. Me besaste. Descubriste el dulce sabor de mi boca. Imaginé ser guitarra española entre tus brazos. Voluptuosa. Racial. Mis lúbricos dedos conocían bien el juego. Y tu voz suspendida en el aire.

    “Hazlo”. Me toqué febril. Todos los secretos de mi cuerpo al descubierto. Dámelo todo. Te quiero dentro de mí. Nuestros cuerpos se fundieron. Te soñé carne palpitante partiéndome en dos. Rítmico, furioso. Me gusta. Te siento. Sonreíste. Me muero. Gocé hasta perder el control. Vi naves en llamas más allá de Orión.

    Sí, es cierto. Robé tu foto. Y soy mala. Muy mala. Pero es que me gusta tu sonrisa.

    Esa perpetua sonrisa impregnada para siempre de mi olor, de mi sal, de mi miel.

    Loading

  • Pelirroja… peligrosa (5ª parte)

    Pelirroja… peligrosa (5ª parte)

    Cuando Nuri salió de la habitación caminando con dificultad, yo ya había recogido la casa, me había dado una buena ducha y estaba preparándome para salir. Nuri se acercó a mí con la cabeza gacha, la ropa totalmente arrugada y caminando con dificultad.

    -Hola -le dije, mientras sacaba una taza y servía café. Ella ni siquiera me contestó, simplemente se sentó en silencio. Le puse la taza delante, y ella se sirvió un poco de azúcar y bebió a sorbitos.

    -Oye C… -Levantó la cabeza y vi que tenía los ojos húmedos y que estaba muy colorada, nerviosa.

    -Dime, Nuri -Yo tomaba otro café de pie, frente a ella, apoyado en la encimera.

    -Lo que ocurrió anoche… bueno, esta mañana… -Cada vez le costaba más hablar. Yo la miraba, procurando permanecer impasible. -… lo que ocurrió… bueno yo… vaya… quiero decirte que no… que estoy muy arrepentida…

    Es en estos momentos cuando un hombre se siente desorientado. ¿Arrepentida? ¿Arrepentida de qué? ¿De qué te emborrachases? ¿De qué te me echases encima como una loba? ¿De qué me pusieses a cien mil por hora y nos interrumpieran a mitad del polvo? ¿De qué te quedases frita y prácticamente te violase mientras dormías desnuda con ese cuerpazo que tienes?¿Arrepentida de no haber disfrutado de un buen polvo?

    Naturalmente no le dije eso. No soy el colmo de la sutileza y la diplomacia pero tampoco totalmente gilipollas.

    -Ya… bueno, yo también… -le dije, serio cual esfinge. Ahora era el momento de quedar como un señor. Atención a la jugada -Creo que fue culpa mía. Bebí demasiado y me dejé llevar…

    -Bueno… -Nuri me miraba casi agradeciéndome que le dijese lo que quería oír. En el fondo la culpa era mía, ¿no? Al fin y al cabo, fui yo quien se metió su lengua hasta la tráquea, fui yo quien le quitó las bragas, fui yo quien preguntó por un condón, y fui yo quien la sentó encima de mi polla. -… yo creo que la culpa fue de los dos…

    Ya le he dorado la píldora, ahora hay que procurarle una salida airosa.

    -Mira, Nuri… da igual. Verás… a mí Silvia me gusta mucho, y yo… me siento como un cabrón por lo que he hecho. -La pelota está en su tejado. Veo cómo a Nuri se le llenan los ojos de lágrimas.

    -Joder C… Silvia es mi amiga…

    -Nuri, lo mejor es que olvidemos lo que ha pasado… por favor, no le digas nada a Silvia. No sé cómo pudo ocurrir… -Hombre, tengo una ligera idea, pero…

    -Tienes razón. Joder, estaba superborracha…

    -Es igual Nuri, mira, no pasó nada, y ya está.

    A Nuri parecía que le bastaba con eso. A mí, para qué decirlo. Así que nos tomamos un café, y como ya era bastante tarde, me ofrecí a llevarla a su casa. Cuando paré delante de su portal, me dio un beso en la mejilla.

    -C… de verdad… no sé lo que…

    -No importa Nuri. Venga, hasta otro día.

    Se dio la vuelta y se marchó. Yo me quedé mirando su culo ajustado en esos pantalones rojos… realmente estaba buena. Pero dentro de una hora tenía una cita con Silvia, y era mejor tomarse un par de tragos por si acaso. No sé si Marga habría largado lo de Nuri, pero tenía que estar preparado para cualquier cosa.

    Tres cuartos de hora y tres copas más tarde me dirigí, paseando, hacia el restaurante.

    Era un restaurante caro. No de los más caros, no sé si me entienden, pero sí uno bastante pijo, muy de moda. Aunque llegué un poco tarde, Silvia aún no estaba allí, así que me senté en el bar… perdón, hice equilibrios en el bar sobre una de esos endemoniados taburetes diminutos y altísimos que ponen en los pubs de diseño, y pedí otra copa.

    La vi entrar y casi se me cae el vaso. Supe enseguida que no sabía nada de lo de Nuri, porque estaba radiante, y preciosa. Caminaba con lentitud y con alguna dificultad, pero estaba realmente guapa con ese vestido corto, color granate, muy escotado y entallado, y un abrigo blanco. Además se había cambiado de peinado y su larga melena rizada caía sobre sus hombros. Me levanté y fui a su encuentro, besándola en los labios. Dios mío, hasta su olor a perfume me encantaba.

    No sentamos en la mesa, ella con evidente incomodidad, y apenas puedo recordar de qué hablamos. Pero si sé que durante esa cena, me sentí cautivado una vez más por el embrujo de sus ojos oscuros y su cara de niña buena. Era dulce, inteligente, pero con ese candor típico de las chicas tímidas. Y yo le gustaba de verdad, lo notaba en cómo me miraba, en cómo jugaba con mis dedos encima de la mesa. Y en como apoyó su cabeza en mi hombro cuando salimos, agarrados, del restaurante.

    Nunca he sabido qué hacer en esta clase de situaciones. Paseando un sábado por la noche por el centro de la ciudad, como dos enamorados en una comedia romántica… buf. Entonces ocurrió lo de mi ex y las cosas se enredaron un poco más.

    No les he hablado de mi ex porque no ha salido el tema, no se vayan a pensar. Lo tengo más que superado. ¿Que salimos más de seis años? Tampoco es para tanto ¿Que convivimos durante dos años? Bueno, y qué. ¿Que cuando me dejó tuve que volver a casa de mis padres porque no soportaba vivir en la misma casa que cuando estábamos juntos? Cosas de la vida.

    Mi ex se llama Beatriz, Bea. Tiene el pelo castaño, ondulado, y es guapita de cara, con una sonrisa amplia y unos ojos preciosos, verdes. Por lo demás, es bajita y está rellenita. No es que esté gorda, pero tiene las caderas bastante anchas y un pandero amplio, y siempre le acomplejó, cosa que trataba de combatir con un carácter fuerte y bastante mal genio. Fuimos juntos a la universidad, y cuando acabamos la carrera nos fuimos a vivir juntos. Yo llevaba dos años trabajando en la tienda de ordenadores, y ella enseguida encontró trabajo en una empresa de telefonía, como comercial. Así que sin posponerlo ni medio mes, cogimos los bártulos y nos fuimos a un piso del centro.

    Y pasó lo que tenía que pasar. Bea descubrió que para follar e ir al cine, nos entendíamos de fábula, pero que no soportaba mi cinismo, mis neuras, mis manías y mi inmadurez. No quise darme cuenta, pero nuestra relación se fue deteriorando, y llegó el día en que me contaron que me estaba poniendo los cuernos con uno de sus compañeros, así que, aunque seguía enamorado hasta las cachas, finalmente me convencí de que las cosas se acaban y que era mejor dejarlo antes de tirarnos los trastos a la cabeza. Entonces ella me dijo que iba a mudarse a Madrid, y fue así como, de un día para otro, nos perdimos la pista mutuamente tras dejarlo “como amigos”, repartirnos los discos, las cintas de video y un puñado de buenos recuerdos. Nunca la he vuelto a ver.

    ¿A quién trato de engañar? Han pasado tres años de aquello y todavía pienso en ella.

    Silvia y yo paseábamos por una de las calles peatonales del centro de la ciudad, confundiéndonos con un buena cantidad de parejas que deambulaban por las cafeterías. En una de ellas noté cómo unos dedos se clavaban en mi cintura. Sorprendido, me giro y me encuentro cara a cara con Bea.

    -¡Hola guapísimo! -Me dice, sonriente. Yo, totalmente cogido por sorpresa, me callo y me quedo mirándola con una cara me imagino que harto graciosa, porque ella se echa a reír. -¿Pero qué te pasa? ¡No me digas que ya no me conoces!

    Cuando me repongo de semejante shock, la miro de arriba abajo y noto que no ha cambiado demasiado. Si acaso, está un poco más delgada, pero sigue poniéndose esos vaqueros que resaltan su amplio trasero. Balbuceo un saludo, y le doy dos besos. Me vuelvo hacia Silvi, que no parece estar a punto de dar saltos de alegría, y las presento.

    -Silvia, esta es Bea, mi… mi ex novia. Bea, Silvia. -Prescindo de nada más, antes de meter la pata. Las dos se dan dos besos, muy corteses, pero creánme, el aire entre las dos podría haberse cortado con un cuchillo y vendido en filetes. Sobre todo por Silvia.

    -Bueno C., qué casualidad. ¿Cómo estás, a qué te dedicas? -Bea se sentó en nuestra mesa tras hacer un gesto a un grupo que estaba de pie en la barra.

    -Uf… yo bien, sigo de informático… pero cuéntame, ¿qué haces aquí? Hacía la tira que no te veía. -Estaba bastante incómodo, más que nada porque estaba frente a la chica que me había dejado hace tres años, y al lado de una pelirroja con la que, qué caramba, me encontraba muy a gusto.

    -Nada chico, estoy de vacaciones y he venido a ver a mis padres. Siento no haberte llamado, pero… ya sabes.

    ¿Siente no haberme llamado? ¿Cuándo? Hace tres años, tres, que no sé nada de ella, y de repente me la encuentro por casualidad en un bar. Y me dice que siente no haberme llamado. No sé que contestarle, así que la dejo seguir charlando y charlando.

    Así era siempre. Ella hablaba, era el centro de atención, y yo me limitaba a pensar cómo era posible que una chica así estuviera con un tipo como yo. Ojo, no me considero ni más listo ni más tonto que nadie, ni más guapo ni más feo, ni nada parecido. Sencillamente es que ella tiraba de mí a todas partes, mientras yo me derretía en cuanto me ponía la mano encima o me miraba a los ojos.

    Y ocurre exactamente así. No lo de derretirme, sino lo de tirar de mí. De repente me encuentro junto a los amigos de Bea, unos madrileños que han venido hasta aquí con ella, y presentándoles a Silvia. Son tres chicos y una chica, una tal Olga, totalmente insufrible, que sale con uno de los tipos, Javier, el gilipollas más integral que imaginarse puedan. Los otros dos son pareja, se llaman Pau y Marcos, son creativos publicitarios, y ellos mismos parecen anuncios de una marca de ropa. Los cuatro son super cool, y trabajan en una agencia de publicidad, donde también trabaja Bea.

    Apestan a snob. Cuando se enteran de que trabajo en una tienda de ordenadores me miran como pensando “qué pintoresco”, pasando enseguida a charlar sobre lo guapos que son todos, la mucha pasta que ganan, y lo grotesco que es todo en cuanto abandonas la capital. No los soporto, y noto que Silvia tampoco, pero Bea no para de charlar conmigo y al final terminamos todos en un bar de esos muy bohemios, con velas en las mesas, decorados con madera, y con actuaciones de jazz todos los miércoles por la noche.

    Un rato después, Silvia se va. La acompaño hasta la puerta del bar, y una vez fuera me encojo de hombros. Ella se ríe y me da un beso. “Ven hasta mi casa cuando quieras”, y me alarga una llave. Me quedo a cuadros. Así que para eso era la cena. En apenas unos días, me acaba de convertir en su novio formal.

    Cuando ella se aleja, se da la vuelta y me lanza un beso. Tengo su llave en el puño, bien apretada. Entro en el bar otra vez y me la guardo en el bolsillo de la chaqueta.

    No les voy a aburrir con detalles, porque desgraciadamente está claro cómo terminó todo aquello. No lo pude evitar. Hubo un momento, un segundo, en el que pude cambiar el desenlace de aquella noche, pero se pasó. Cuando Silvia me lazó aquel beso, desde media calle de distancia, estuve a punto de despedirme y salir tras ella. Sin embargo…

    Me aburro como una ostra. Estos cuatro pijos me hacen sentir como un fracasado por no tener tanto talento ni tanto éxito como ellos. Viven en lofts, tienen coches caros, se van de vacaciones a Egipto y a Bali, y no tienen que montar tarjetas de memoria o viajar en furgoneta por media ciudad. Si me quedo y no les mando a la mierda, es por Bea. Ha cambiado, si no por fuera, sí por dentro. Es más alegre, menos trascendental. Ya no trata de esconder sus inseguridades tras una máscara de extroversión: ahora realmente disfruta siendo el centro de la conversación, el centro de las miradas.

    Hacia las cuatro de la mañana, me entero de que los amigos de Bea van a un hotel, pero de que ella va a su casa. Así que me ofrezco para llevarla.

    Dice que sí.

    Cuando montamos en el coche, todavía podría simplemente conducir hasta su casa, despedirme de ella e ir a buscar a Silvia. Pero algo sucede en el coche que me obliga a claudicar.

    Al principio conduzco en silencio, pero desgraciadamente pasamos por delante del portal donde vivíamos hace años. Bea lo señala y comenta en voz alta.

    -¡Joder C.! Pero si es donde vivíamos, ¿te acuerdas?

    -Ajá -Yo ni siquiera la miro.

    -Hace ya… buf, tres años por lo menos, ¿no?

    -Hum… sí, más o menos, por ahí…

    -¿Te acuerdas de cuando…? -Con esa frase, vencida y desarmada mi templanza, tomó la nostalgia sus últimos objetivos emocionales. La resistencia había terminado.

    Aparqué el coche en la falda del monte, en un mirador sobre el manto luminoso de la ciudad que dormía a nuestros pies. Hablamos durante una hora, por lo menos, de los viejos tiempos. Ella me dijo un montón de cosas, que se equivocó, que se acordaba mucho de mí, pero que el orgullo le impidió llamarme y decírmelo. Yo le conté lo mucho que la eché de menos. Antes de que saliera el sol, estábamos besándonos en el asiento de atrás.

    Habían pasado tres años y algún tiempo más desde la última vez que lo hicimos, pero recordaba perfectamente lo bien que nos compenetrábamos haciendo el amor, lo insaciable que era. Apenas nos besamos y le toqué un poco la espalda, ella se lanzó sobre mi bragueta y me desabotonó el pantalón, liberando mi polla que se irguió, casi saltando. Aún la sentía irritada y ardiendo, pero en cuanto Bea la engulló, glotona, golosa, me invadió de nuevo la excitación y no pude sino prepararme para lo que venía.

    Siento que mi polla crece en su boca mientras ella la recorre por completo, metiéndosela hasta la garganta, chupándola, tragándola, devorándola, lamiéndola más tarde como un helado de carne, haciéndome cosquillas con su lengua, mordisqueándome el capullo, follándose ella misma la boca, acariciándolo con sus labios carnosos. La mama con auténtica devoción, haciéndome estremecer de gusto. Se coloca de rodillas en el asiento, inclinada sobre mi nabo como si estuviera rezando, con su gran culo apuntando hacia la ventanilla empañada.

    Yo voy bajando mi mano por su espalda inclinada sobre mi regazo, poco a poco, hasta llegar hasta esos dos globos carnosos que esconden sus tesoros. Su pantalón es como un segunda piel, y magreo sus nalgas abundantes, un poco fofas, desbordantes. Llego hasta su coño, y lo froto con fuerza, despacio, recorriendo su entrepierna desde el monte de venus hasta el culo. Ella gime con la boca llena de mi polla, meneando el trasero como una gatita. Cuando vuelvo a recorrer sus nalgas con mi mano y a apretarlas, ya sé cómo hacerle pagar estos tres años.

    Con la polla bien tiesa y embadurnada de saliva, la levanto un poco y la desnudo como puedo. Su camiseta roja vuela hacia el asiento de delante, y pronto le sigue su sostén. Sus tetitas son muy pequeñas, y apuntan hacia arriba, con unos pezones color marrón claro, pequeñitos, que recuerdo me volvían loco. Las chupo un poco y las acaricio, apretándolas en mis manos, poco más grandes que pelotas de tenis, y trato de meterme una entera en la boca. Enseguida la emprendo con el pantalón y el tanga. Ajustados como son, nos cuesta un rato y un poco de contorsionismo el poder bajarlos por sus piernas, pero pronto está completamente desnuda junto a mí.

    En la penumbra puedo adivinar su piel morena, el tatuaje de su hombro (un delfín), y noto casi la oleada de ardiente fuego que se desprende de su cuerpo. Sin esperar ni un segundo se vuelve a lanzar sobre mi polla, arrodillándose otra vez a mi lado en el asiento, así que yo vuelvo a frotar el culazo que tiene, un poco caído, pero todavía hipnótico, rebosante. Cuando acerco mis dedos a su orificio posterior, se saca la polla de la boca y comenta, apartándose el pelo de la cara, sin mirarme, con voz traviesa:

    -Hmmm… ¿quieres darme por el culo, cabronazo?

    Por respuesta yo poso mi dedo corazón en su esfínter, que yo recuerdo oloroso y dulce, haciendo círculos en torno a ese arrugado anillo, hasta que finalmente empujo para clavarlo dentro de su orificio. Sé que lo hacíamos regularmente por ahí, y que debería tenerlo bien entrenado y elástico, pero noto una sorprendente tensión, una tenaz resistencia. Eso quiere decir que no le han abierto bien el culo últimamente. Bea sigue chupando, pero se detiene con un gemido cuando le inserto el dedo por la puerta de atrás. Se saca mi polla de la boca y levanta la vista.

    -Hmmm… hazlo suave… tú eres el último que me la ha metido por ahí.

    Por mucho que lo intente, no me pienso apiadar. Le pienso perforar ese culo de niña pija que tiene, me la voy a menear con sus tripas, la pienso encular hasta que se me desgaste la polla. Saco el dedo de su ano, me acerco la mano a la boca y me escupo en los dedos. Los froto humedeciéndolos bien, y empiezo a masajear su orificio a la vez que ella se traga mi miembro, cada vez más duro, ahora lubricándola bien. Sabe que se la voy a percutir por el ojete, y quiere que esté bien preparada.

    Se tensa cuando le meto un dedo, y después, venciendo la resistencia de su ojal, dos. Los meto y los saco, gozando con el tacto de su culito, ella gime y menea el culo en círculos, lubricando mi polla a la vez con su saliva.

    -Bea, colócate. -le digo finalmente.

    Ella se incorpora y se pone delante de mi, medio acuclillada, de espaldas, y lista para sentarse sobre mi polla. Cuando veo ese culazo enfrente de mi polla, me siento en el paraíso. Bea se abre el culo con una mano, y con la otra mano se apoya sobre mi pecho para controlar la penetración. Yo mantengo mi polla bien tiesa con la mano, bien dirigida hacia su negro agujero. Ella baja esas dos nalgas redondas que tiene, muy despacio, hasta apoyar su culo en la punta de mi nabo, y entonces se deja caer un poco.

    -Aaaayy… joder… -Está bastante tenso, y cuando noto que entra el capullo, Bea se detiene con un grito. Ya no recordaba su culo… ¡qué gozada! Está superapretado, y me da un gusto de la hostia. Bea respira fuerte, tratando de acostumbrarse a tener el culo otra vez relleno de polla. Pero no estoy dispuesta a dejarla tomar la iniciativa de la enculada. Llega el momento de la venganza. Con un movimiento brusco aparto su mano de mi pecho, y entonces cae con todo su peso sobre mi polla, ensartándose sin remedio, hasta las pelotas, con su culo todavía sin dilatar del todo.

    -¡Ooouuu! -Me ha dolido hasta a mí, y el grito de Bea ha tenido que oírse hasta en su casa. Con sus nalgazas apoyadas en mis piernas, temblando, sacudiéndose, con esas dos montañas apretando bien mi polla, la escucho quejarse y casi sollozar, mientras a mí me duele horrores, en serio, por culpa de la fricción. Noto como si me la fuera a arrancar de lo que aprieta el esfínter la muy puta. Su culo está ardiendo, y lo noto bastante seco y muy cerrado.

    Aun así, en medio del dolor, escalofríos de placer recorren mi espina dorsal. Dejo pasar medio minuto, entre los gemidos de Bea, pero sin descanso la levanto por la cintura y la desempalo hasta el capullo. Miro mi polla entre esas dos masas de carne, que parecen querer engullirla, y la suelto dejando que su propio peso la clave otra vez y literalmente embuta mi nabo en su intestino.

    -¡Auuuu!… ¡Joder!… -No la dejo descansar, cuando siento que sus culazo se posa en mis piernas vuelvo a levantarla, gozando de cada milímetro de sus tripas que me pajean la polla como un puño bien cerrado.

    -Aaayy… joder cabrón… ¡más suave! -No hay contemplaciones. Ya no soy aquel chaval que dejaste tirado hace tres años, guapa. Ahora soy una polla que te va a dar por el culo hasta que te salga por la boca. Así que la dejo caer otra vez, excitándome con sus quejidos. Sigo arriba, abajo…, disfrutando con el tacto del blando cojín de sus nalgas golpeándome los muslos, resoplando de puro gustazo al abrirle bien el culo a esta zorrita. Después de seis o siete penetraciones profundas y presumo que dolorosas, Bea se cansa de protestar al ver que yo sigo perforándole el trasero sin tregua, así que gimiendo de dolor y placer, se agarra al reposacabezas del asiento delantero, lo muerde y se deja hacer… al fin y al cabo, no hay más remedio.

    Ahora la subo hasta sacarle la polla, y no me limito a dejarla caer, sino que tiro de ella con fuerza, metiéndosela bien, venciendo a puros tirones la rigidez de su anillo y de sus entrañas. Bea gime al compás de mis penetraciones, sin duda disfrutando también del agudo dolor mezclado con el placer de la enculada. Tanto es así que cuando le suelto la cintura para agarrarle bien las tetitas que tiene, es ella misma quien se la mete, levantando el culo y bajando, jadeando y gimiendo de puro gozo.

    -Mmmm… así… sí… oooh… -Habla en voz alta, me pone muy burro darle por el culo, mirar cómo mi nabo se pierde en su interior, cómo se lo come ese antes cerrado agujerito.

    -Tómala por el culo… te gusta que te den por el culo, zorra… -No me contengo, casi grito y le acompaño en sus gemidos, insultándola, clavándole mis dedos en sus pechitos, pellizcando sus pezones, mordiendo su cuello, agarrando con las dos manos ese culazo que me obsesionaba desde hace tres años.

    -Sí… dame por el culo… rómpeme el culo… -Eso me pone a mil. Hasta ahora estoy sentado, pero entonces la agarro de la cintura y la empujo contra el asiento delantero hasta que éste se inclina hacia el volante. Ella queda apoyada con su pecho en el asiento inclinado, las piernas flexionadas. Yo me coloco de rodillas sobre el asiento, con la polla bien metida en su culo, y veo como ella se abraza al asiento y se prepara para la cabalgada. Yo la agarro por los hombros y emprendo un metesaca endemoniado, furioso. Ella chilla, sacudida por espasmos de dolor, de gusto, excitada y dolorida.

    -Ay… ay… sí… au… rómpemelo… au… dame duro… -Bea me pide que le reviente el culo, así que no me corto ni un pelo. Empujo como si quisiera sacarla del coche por el parabrisas, con fuerza, de un solo golpe se la enchufo hasta las pelotas, la saco entera, y cuando su orificio se vuelve a cerrar la penetro con todas mis fuerzas gozando con sus gritos y sus lamentos. Sus entrañas me ordeñan la polla, y yo las abro con saña, las arraso, las hago papilla, arañando casi su grupa y ese culo que estrujo y masajeo. ¡Qué culo, joder! No hay nada mejor que darle a tu ex bien duro por detrás para gozar de verdad.

    -Hmmm… ay… sí… dame… dame… sí… -Quiero hacerle migas ese culazo, así que la emprendo a azotes con sus nalgas, que se sacuden con cada cachete. Bea grita, pero noto que menea el culo en círculos dándome un gusto tremendo, con mi polla percutiendo como un émbolo enloquecido, así que que azoto su culo una y otra vez, hasta que se pone rojo como un tomate, y las marcas de mis dedos se pueden ver perfectamente.

    -Auu… cómo me gusta que me des por el culo… ay… dame duro C… -Suspira, grita, gimotea, y aprieta bien el culo para sacarle el jugo a mi polla. Pero no pienso correrme tan pronto. Así que grito como un endemoniado:

    -A mí me gusta darte por el culo… te lo voy a dejar bien abierto… -La saco entera, y entonces le cierro las piernas, apretándolas bien. Sin contemplaciones, abro sus culazo con una mano y con la otra se la endiño sin hacer caso a sus lamentos, que ahora son de dolor. Siento su esfínter tratando de impedir la invasión, pero la tengo dura y bien lubricada, así que entra reventándole el ojete.

    -Auu… ouuu…¡¡aaauu!! -Bien metida, bien apretada por sus tripas y sus glúteos, otra vez me pongo a meterla y sacarla a golpes, sin piedad, disfrutando una barbaridad al notar su esfínter volverse de dentro afuera siguiendo a mi polla, abrazándola, aprisionándola, dándome un placer acojonante. La agarro del pelo, tirando de su cabeza hacia atrás, y con mi cintura empujo, empujo, empujo, a pura fuerza, casi como queriendo metérsela hasta el estómago.

    -Aaah… sigue… uuuumm… -Se la meto así, sin pausa, a empujones largos, todo el rato que puedo, y ella se corre soltando jugos como una fuente por su coño. Cuando noto que se estremece debajo de mí, contrayendo aún más su culo y provocándome una auténtica catarata de gusto, noto como una sacudida eléctrica en los huevos, un temblor me recorre por completo desde los dedos de los pies hasta la punta de mi pelo, y finalmente mi polla se contrae y crece a espasmos, escupiendo dentro de sus tripas.

    Se la meto todo lo profundo que puedo, y la dejo ahí, abrigada, cobijada en sus tripas escocidas por la fricción, abiertas como una granada, calientes y acogedoras, mientras los dos recuperamos la respiración. Bea se afloja, se queda reclinada sobre el asiento, y sólo bufa y resopla. Los dos sudamos a chorros, y por las ventanillas resbalan gotas de agua. El aire dentro del coche es denso, casi líquido, y apesta a jugos, a semen, a sudor, a sexo.

    Después de unos momentos su culo palpitante expulsa mi polla ahora fláccida. Dándole una palmadita me siento, me subo los pantalones y sin darle tiempo a decir nada, salgo por la puerta del conductor y me monto en el asiento delantero.

    Esto lo termino yo en mi casa, tranquilamente.

    El viaje hasta mi casa fue una peripecia. Bea se vistió con bastante dificultad, y yo tuve que conducir con los cristales empañados. Se sentó medio de lado en el asiento trasero., y no dijo ni una palabra hasta que llegamos a mi portal y la ayudé a bajar del coche. Bea andaba con bastante dolor, apoyándose en mi hombro. En el portal nos besamos, nos comimos la boca con pasión, hambrientos, enredando las lenguas. Subimos en el ascensor metiéndonos mano, sobándonos, mordiéndonos el uno al otro. Casi no pude abrir la puerta de la excitación. Bea me agarraba el paquete, subiendo y bajando a lo largo de mi polla otra vez hinchada, pajeándome con suavidad por encima del pantalón.

    Dejé las llaves sobre la barra de la cocina, y casi sin darme a tiempo a reaccionar se arrodilló frente a mí y me bajó los pantalones, dejando el bulto de mi polla aprisionada en mis calzoncillos, a punto de estallar. Me apoyé contra la barra, arrojé mi camisa al suelo, mientras ella frotaba mis muslos, me acariciaba el culo, y me miraba desde abajo con una cara de vicio que me asustaba. Tenía el maquillaje totalmente corrido, con manchas negras alrededor de los ojos. Sin decirme nada, me bajó lentamente los calzones, y mi polla saltó delante de su cara. Bea clavó la mirada en mi nabo, un poco sucio, y lo empezó a pajear con su mano derecha, moviendo la piel de arriba abajo con soltura. Yo suspiraba de placer, dejándome masturbar por esta zorra pija.

    De pronto dejó de pajearme, se incorporó y se estiró para darme un beso en los labios. Traté de cogerla por los hombros, pero se zafó.

    -Espera espera… tengo que ir al baño… -Vi como su culazo recién abierto se meneaba mientras ella iba hacia el baño, tensando la tela vaquera de su pantalón. Me miré la polla, que estaba tiesa otra vez, con las venas resaltando como cables. No me explicaba como era posible que todavía fuera capaz de tener una erección, después de tres días de follar sin parar. La tenía un poco sucia, así que me la limpié con un poco de papel de cocina. El tacto del papel me molestaba, me escocía, pero tenía ganas de follarme a Bea a base de bien.

    Tardó una eternidad, pero salió del baño desnuda, húmeda y preciosa. Yo estaba desnudo, listo para la acción, tumbado en la cama con la polla apuntando al techo.

    A Bea siempre le gustó chupar pollas, así que no me extraña que se lance de nuevo a comérmela. Se la traga entera otra vez, hasta la garganta. Yo la empujo hacia mí, hasta que se coloca a cuatro patas con una pierna a cada lado de mi cuerpo, ofreciéndome en sacrificio su entrepierna a la altura de mi boca para que haga con ella lo que quiera. Yo no me hago de rogar, y sin perder tiempo paso mi lengua por su coño peludo y negro. Tiene un olor fuerte, acre, pero no me importa. Mi lengua recorre sus labios y su vulva, húmedas y casi goteantes, haciendo que Bea gima de gusto y me chupe más fuerte la polla.

    Abro con mis dedos su chochito, y lo miro babeante, rebosante de jugos, de color rosa fuerte, para pasar enseguida a meter mi lengua en su interior lo más profundo que puedo, recogiendo sus caldos densos y de intenso sabor, restregando mi lengua por el interior de su vagina, estremeciéndome de placer a la vez que ella, notando que succiona mi polla como si se la fuera a tragar. Sigo jugando con mi lengua dentro de su coño caliente y empapado, lo sorbo, lo chupo, queriendo devolverle un poco del placer que me está dando su mamada.

    -Mmmm… -Bea emite un sonido gutural con la boca llena, subiendo y bajando la cabeza. Me está follando con la boca. Yo rebusco su clítoris entre los pliegues de su coño, y lo encuentro grande, dilatado… lo aprisiono con mis dientes y empiezo a frotarlo con la lengua, a chuparlo, a apretarlo, a morderlo, dándole suaves tirones, aplicándome a ese pequeño montoncito de carne como si fuera un pezón. Bea se saca mi polla de la boca y emite un largo gemido.

    -Mmmaaah… -Se aparta su larga melena oscura de la cara y se aplica de nuevo a la tarea, chupando a un ritmo más vivo, y apretándome los huevos suavemente con la mano. Yo me encuentro en el séptimo cielo y redoblo mis esfuerzos en su coño, con las manos acariciando sus abultadas nalgas, sus muslos prietos, y mi lengua moviéndose cada vez más rápido. Me detengo y recorro todo su coño, con sus pelitos encrespados haciéndome cosquillas en la nariz, hasta su ano, que está algo hinchado e irritado.

    Lo miro, arrugado y de color oscuro, amoratado por la enculada de antes, entreabierto como una flor, rodeado de pequeños y suaves pelos negros, lo chupo y lo relamo bien con la punta de mi lengua, relajándolo, saboreando su orificio como un caramelo. Mi lengua se mete un poco por su agujerito, mientras Bea se retuerce de placer. Le hago un beso negro como dios manda, con paciencia, con esmero, dedicándome a recorrer cada pliegue, cada arruga, cada rincón de ese hoyito con mi lengua, suavemente, e introduciendo la punta con cuidado en el centro, curvándola, masajeando la cara interna del esfínter, cosquilleando, bebiendo de él con mis labios, besándolo con deleite.

    Bea se detiene a disfrutar del momento, dejando mi polla refrescarse al aire, húmeda y brillante. Sacude la cabeza, la hunde entre mis piernas, y jadea, moviendo el culo, hundiéndomelo en la boca, tensando todos los músculos.

    -Aaaah… sí… cómemelo… mmm… -Bea se abandona al placer, culebrea, abre su culo dejado que mi lengua lo repase de arriba abajo, lo recorra por entero, lo devore. Yo no ceso de darle lametones, de girar mi lengua alrededor de ese anillo delicioso, de endurecerla, de meterla y sacarla como una polla diminuta. Cuando después de un rato abandono ese agujerito y bajo de nuevo hasta su coño, Bea exhala un largo suspiro y gira la cabeza hacia mí.

    -Joder C… qué bueno… -Enseguida se pone de nuevo a chupar como una desesperada mi polla, que no ha perdido ni un ápice de dureza. Recorre toda su longitud con su lengua larga y húmeda, desde el glande hasta la base, y entonces juega con mis huevos, los lame, se los mete en la boca, los acaricia con sus labios, y vuelve a subir por mi polla hasta el capullo, para abrir la boca y metérsela sin contemplaciones. Lo hace una, dos, tres, diez veces, y yo no paro de comerle el coño como antes el culo, sin prisa, saboreándolo, mordisqueándolo, deteniéndome unos segundos en mamar el clítoris, frotarlo a toda velocidad con la lengua, y subiendo otra vez hasta la entrada de su chochito, comiéndomelo entero sin dejarme nada en el plato.

    Durante unos minutos largos y maravillosos, seguí disfrutando de su mamada experta y de su coño. Me detuve unos instantes, dejando su entrepierna llena de saliva, y me apliqué a la tarea de comerle el clítoris sin descanso. Eso la volvió loca. Dejó de chupar mi polla, y se dedicó a gemir y berrear de gusto, estirando sus brazos y apretando mi cabeza entre sus rodillas. En ese instante se sacudió como si la hubieran dado un correazo, se tensó entera y con un intenso gemido empezó a echarme encima jugos a litros.

    -¡Aaauuum! -Yo sigo comiéndole la pepita sin parar, mientras Bea se retuerce y se corre como una perra. Cuando termina su orgasmo, se tumba encima de mí con la cabeza apoyada en el colchón, y su coño rezuma aún en mi boca, así que continúo chupando y lamiendo mi premio.

    -Ufff… que gusto… -En silencio dejo de chupar, y Bea resbala lentamente y se tumba boca arriba a mi lado, totalmente satisfecha. Me incorporo sobre mi codo y la miro, tendida con las piernas semiabiertas, el pelo chorreante y revuelto, sudando, con la cara arrebolada y reluciente, los ojos cerrados, respirando irregularmente, jadeando, recuperándose del orgasmo. Mi polla aún está tiesa, y me duelen los huevos de lo excitado que estoy. Me acerco a ella en silencio, y aprovechando que tiene las piernas abiertas, me coloco sobre ella y dirijo mi miembro a la entrada de su coño chorreante.

    Ella lo nota en la entrada y abre los ojos, clavándolos en los míos. Sonríe un poco y yo le beso las mejillas, la frente, la nariz, la boca entreabierta de labios rojísimos. No aguanto más y empujo con fuerza, con decisión, mi polla en su coño.

    -Aaaaah… sííí… -Bea cierra los ojos y deja que mi nabo separe los pliegues de su coño… entra de un golpe hasta el fondo con una sensación maravillosa. Ya no acordaba lo bien que se siente su chocho rosado, su cueva de terciopelo rosa, tibia, húmeda, que se ajusta como un guante en torno a mi polla. La dejo ahí mientras ella me abraza y curza sus piernas alrededor de mis caderas. Entierro mi cabeza en su pelo, húmedo y perfumado, y saco mi polla con lentitud para volverla a enterrar al momento, gruñendo de puro y primario placer.

    Repito el movimiento y sostengo un ritmo estudiadamente cadencioso, parsimonioso, prolongando en todo lo posible este momento de éxtasis.

    Su coño es perfecto, y ella se mueve con maestría, moviendo la pelvis al compás de mi penetración, elevándome a una cima de gozo que hacía tiempo no alcanzaba… cuando se la meto hasta el fondo gime acompañando mis jadeos, y yo siento unos calambres electrizantes, una sensación deliciosa que recorre todo mi miembro, desde la punta del capullo hasta la base de mi columna, tan fuerte y tan intensa que quisiera convertirme todo yo en una enorme polla, sumergirme entero sin parar en ese coño de vicio, sentir esa sensación por todo mi cuerpo y por todos los días de mi vida.

    -Oh sigue… sigueee… así… más… más… más… sigueee… -Bea me araña la espalda, y no lo puedo evitar, aumento el ritmo, y empiezo a buscar sus orejas pequeñas, sus mejillas cubiertas de rubor, sus labios ansiosos, y busco en su boca el sabor a polla, y dejo en su lengua el sabor a su coño, a sus jugos, a su orgasmo. Me levanto sobre mis codos, observando mi polla entrar y salir entre esas dos piernas que me encarcelan, que me atan a este cuerpo de mujer, subiendo y bajando tras ese tupido bosque de vello oscuro que guarda ese coñito que me está matando de gusto.

    Miro sus pechos diminutos, de cría, moverse al mismo compás de mis embestidas, miro su cara, colorada y sudorosa, sus ojos entreabiertos, y su boca que jadea buscando aire. No paro ni por un momento de meter y sacar la polla, pero es cuando aumento un poco más el ritmo de mis golpes de cadera cuando Bea parece soltarse de verdad y mirándome a los ojos empieza a soltar obscenidades.

    -Así cabrón… metémela hasta el fondo… empuja maricón… así así… mmmm -Me sorprende, porque nunca lo había hecho, pero me gusta, así que no hago oídos sordos a sus sugerencias y empujo más fuerte, más profundo.

    -Oooh… cómo me gusta… dale joder dale… así cabronazo… fóllame duro… -Bea sigue murmurando y yo no paro de largársela hasta los huevos. Entonces me detengo un poco y la saco. Bea me mira, un poco desconcertada. -¿Qué… pasa? -balbucea.

    -Date la vuelta -Le digo. Ella al principio duda, pero entonces yo la agarro de las caderas y le voy dando la vuelta.-Ponte en cuatro. -Ella se coloca ofreciéndome el coño bien abierto, y yo observo cómo se asoma por debajo de ese culazo indecente. Le palmeo las nalgas -Vaya culo que tienes…

    Ella se gira un poco.

    -C… otra vez por el culo no… -Noto el miedo en su voz, pero no eran esas mis intenciones… todavía. La tranquilizo con un movimiento de cabeza y me acerco de rodillas hacia su trasero. Apoyo mi nabo contra su coño, una fruta bien madura, y empujo otra vez sin medias tintas. Hago tope con su culazo, que me recibe suave y blando.

    -Aaaaa… mmm… -Bea baja la cabeza y gime con un agudo chillido. Esta vez mi polla se introduce más adentro, hasta lo más profundo de su coño, y Bea lo nota. La agarro bien de las caderas y la emprendo a golpes, pam, pam, pam, golpeando su culo con mi pelvis, mirando temblar esas carnes con mis arreones, excitándome con el ruido que hace mi vientre al estrellarse contra esas dos medias lunas morenas. Si antes estaba disfrutando, ahora estoy directamente en el jodido paraíso. ¡Qué coñito más bueno!

    -Sigue cabrón sigue… métemela… fóllame… así… asííí… -Bea poco a poco se va hundiendo, hasta que apoya la cabeza sobre sus brazos cruzados en el colchón, y pone el culo un poco más en pompa. Yo la sigo enterrando en su coño con un sonido húmedo, acompañando sus gemidos y sus murmullos.

    Y otra vez, me preparo para vengarme de ella.

    No bajo el ritmo de mis acometidas, pero me preparo para un bonito cambio de objetivo. Sin previo aviso, saco la polla, abro su culo con las manos y empujo mi polla dentro de su irritado hoyo trasero como un poseso.

    -¡¡Aaauuu!! -Bea pega un salto tremendo -¡Aaauuu!!… ¡no! ¡no! … ¡Otra vez por ahí no! -Aunque entra bastante bien hasta el capullo, gracias a la lubricación, enseguida me encuentro con dificultades para seguir avanzando. Bea grita como una endemoniada, pero yo me agarro bien a sus caderas, la sujeto y sigo empujando, aunque su culo ofrece una resistencia importante, seguramente porque está apretando mucho.

    -¡Sácalo! ¡Sácalo!… ¡Joder…! ¡¡¡Me matas cabrón!!! -Ni caso. Sigo empujando, fuerte y sin pausa, hasta que noto que su esfínter se afloja y se abre -¡¡Aaaaauu!!…-Bea chilla, y de repente se deja caer otra vez en el colchón y empieza a gemir en voz baja -…me has roto… me has roto cabrón… mi culo… au… hijodeputa… -Y se echa a llorar. Mi polla vuelve a poder entrar, sin que nada le haga frente, en ese soberbio culazo.

    Empujo, empujo, y me alojo en su intestino con un placer tanto físico como espiritual: le acabo de reventar el ojete a mi ex, a la zorra que me dejó hace tres años. Así que no me paro ahí, sino que la meto y la saco a un ritmo cada vez más acelerado, entre el llanto y los hipidos de Bea. Pero pronto se acostumbra a mi polla, y se retuerce de placer cuando se la meto bien adentro, hasta acomodarle las tripas.

    -Tómala zorra… ¿la notas en tu culo?… Te lo voy a romper… voy a reventar este ojete de niña pija -Realmente disfruto con esto, con el fuerte apretón de sus entrañas en mi polla, el calor abrasador de sus tripas.

    -Auu… sigue joder… abreme el culo… fóllamelo… -Bea vuelve a disfrutar, así que aumento la cadencia hasta que mis huevos parece que van a reventar. Noto que me voy a correr de un momento a otro, así que saco la polla entera, la restriego entre sus nalgas y la vuelvo a meter bien fuerte en sus entrañas, con un auténtico grito de placer y dolor de Bea. Después de cuatro buenos enviones, mi polla explota en un orgasmo tan duro, tan prolongado, tan frenético, que casi me duele. Dentro de su reventado ano me corro, dándole bien duro, hasta que mi polla se deshincha y yo caigo sentado sobre el colchón.

    Bea se queda en la misma posición, culo en pompa, mientras su esfínter, terriblemente abierto e inflamado, expulsa gotas de mi semen a chorros que se pierden en los pelos de su coño. Tengo la polla embadurnada de semen, de flujo y de heces, y puede que incluso un poco de sangre. Pero es que no puedo ni levantarme. Bea respira con dificultad, y se queja.

    -Hostias… joder… que daño… hijoputa… me lo has dejado roto… -Poco a poco Bea se queda tumbada boca abajo, tratando de recuperarse -Me duele la hostia… pero qué gustazo… y qué daño… joder… te dije que otra vez por ahí no… pero qué bueno…

    Estoy absolutamente derrengado. Llevo tres días sin parar, como en mis mejores sueños. Ahora mismo me siento totalmente vacío, seco, acabado. Hago un esfuerzo para incorporarme, pero me desplomo boca arriba, despatarrado encima de la cama. Giro la cabeza cuando Bea se levanta, con mucha dificultad, y camina cojeando, quejándose a cada paso, agarrándose el culo, hasta el baño. Yo también me levanto después de otro par de intentonas, y renqueo tambaleándome tras ella.

    La veo sentada en la taza, desnuda, con la cara crispada por el dolor, los puños apretados.

    -¿Qué haces? -le pregunto casi sin voz.

    -Joder… me has hecho trizas el culo y me han entrado ganas de… ¡¡sal!!

    Iba a salir del baño, pero noto como se retuerce de puro sufrimiento cuando aprieta el culo. Gime y le resbalan dos lagrimones. La miro con curiosidad, y ella abre los ojos inyectados en sangre y vuelve a gritar.

    -¡Que salgas!

    No le hago ni caso. Me acerco a la bañera y empiezo a lavarme bien la polla, frotándola con jabón y con mucho cuidado, porque me escuece la hostia. Bea se enfada.

    -¡¡Pero quieres salir de una vez, joder!!

    -Estoy en mi casa y en mi baño, así que cállate. Haz lo que dé la gana, pero no me grites.

    Bea no tiene ganas de discutir. Con atroces dolores, porque su cara y sus lamentos no mienten, termina de evacuar. Se queda sentada un momento, recuperando el aliento, y me dice sin volver la cara.

    -Eres un cabrón… me has dejado el culo que no voy a poder sentarme en una semana. -Se limpia con mucho cuidado, bufando y maldiciendo. Termino de limpiarme bien y me giro hacia ella mientras aprieta el botón de la cisterna.

    -Tengo crema en el armario.

    Bea abre un cajón y rebusca hasta sacar un bote de crema analgésica. Al principio trata de aplicársela, pero en cuanto se toca el ojete pega un salto y se queja con los ojos llenos de lágrimas.

    -Espera. Primero te lo limpio bien y luego te la unto.

    Me mira con desconfianza, pero supongo que el dolor de su culo puede más, así que se mete en la bañera y se inclina, enseñándome el culo. Lo tiene bastante mal, sucio, un poco tumefacto, hinchado, todavía sin cerrar del todo, pero sin males mayores. Lo limpio bien con agua fría, cuidadosamente, entre sus lamentos y sus respingos, dejándolo bastante limpio. Después le aplico la crema con un dedo, suavemente, con ternura, aunque noto que le molesta bastante el contacto.

    Al final nos vamos a la cama los dos, ella bastante dolorida y renqueante. Se tumba boca abajo, y no puedo más que admirar su cuerpo, sus curvas, la raja perfecta de su culo entre sus dos nalgazas. Me tumbo a su lado, y me pongo a pensar en estos tres días de locura, en los que he desvirgado el culo a una pelirroja, me he follado dormida a su mejor amiga y he echado un polvo de escándalo con mi ex a la que no veía hacía tres años. Me duermo con una sola idea en la cabeza…

    “Esto no puede acabar bien”

    Continuará.

    Loading

  • Zorrita infiel y sumisa (2)

    Zorrita infiel y sumisa (2)

    ¡Hola a todos!. Os voy a contar una aventura que me sucedió hace un tiempo, a finales de este verano para ser más concreta. Ya sabéis que soy una mujer casada, de 31 años y un poco “casquivana”. Guapa, con un buen cuerpo que no me importa exhibir de vez en cuando. Soy castaña, aunque llevo mechas rubias, uso una talla 100 de suje, tengo un buen culo y cara de viciosa según me dicen algunos. Y en realidad lo soy, porque me gusta mucho el exhibicionismo y la sumisión suave, sin dolor, pero si que me hagan sentir una putona.

    Me encanta ir en ocasiones sin ropa interior y provocar a los tíos, que me miren las piernas, las tetas… ya sabéis. Sin embargo, mi marido es muy convencional en esto del sexo, muy monótono y aburrido, así que tengo que buscarme la vida.

    Esto que os voy a contar me ocurrió con su jefe, un hombre de 43 años muy atractivo. Habíamos coincidido alguna vez en alguna comida de empresa y desde el primer día sabía que acabaría follándome porque nada más mirarme me sometía. Y yo creo que él también lo sabía por su forma de comportarse conmigo, de mirarme… es como si supiese lo que me gustaba, mis deseos más íntimos.

    Un día, con el pretexto de que mi marido tenía que acabar un trabajo para la empresa, nos invitó a su casa de fin de semana en la sierra a pasar un puente. Así mi marido acabaría el trabajo y yo no me quedaría sola. Podría bañarme en la piscina, montar a caballo…

    Pues bien allá fuimos el viernes por la tarde. Llegamos a cenar y mi sorpresa fue que había otros dos hombres que eran amigos suyos a quien también había invitado. Cenamos y luego estuvimos tomando una copa, situación que yo aproveché para enseñar mis piernas y… un poquito más. Pedro, que así se llama, y sus amigos, me miraban y me dedicaban sonrisas pícaras, junto a algún pose de manos algo atrevido cuando pasaba a su lado, cosa a la que yo me prestaba gustosa.

    Enseguida me di cuenta de la situación y me desabroché otro botón de mi blusa para que mirasen a gusto cada vez que me inclinaba a coger algo, cosa que hacía con frecuencia, y también me abría de piernas más de lo que lo hace una esposa decente, con lo que me vieron todo lo que quisieron. Pero esa noche no pasó nada más y nos fuimos a dormir con un calentón que no veáis.

    La mañana siguiente nos levantamos a desayunar. Miguel, mi marido, tenía que trabajar y se fue a las oficinas que tenían allí. Pedro me dijo:

    ―¿Quieres bajar a la piscina con nosotros?

    Le dije que sí.

    Llegamos y ellos se quedaron en bañador. Por cierto, los tres usaban bañadores ceñidos que les marcaban sus paquetones, de los que no podía quitar el ojo.

    ―Pedro, le dije, ¿no tienes un biquini para mí?, no me he traído.

    ―Vaya, me dijo, no tengo, pero puedes quedarte en suje y bragas, me contestó

    ―Es que son un poco atrevidas, le contesté.

    ―Bueno, ayer ya te vimos todo lo que nos enseñaste, me dijo, y los tres se rieron a carcajadas, así que te lo podemos volver a ver. Venga, siguió, no te hagas la estrecha guarrona.

    Aquellas palabras me ruborizaron, pero me excitaron muchísimo, así que sin pensármelo dos veces me saqué el top que llevaba y la mini, quedándome con un sujetador negro pero transparente y un tanga a juego que dejaban ver mis tetas y mi chochito con claridad.

    ―¡Joder, como estás!, me decían, mientras me dejaban sitio entre ellos para tomar el sol.

    ―Dános crema, casi me ordenó Pedro. Y así lo hice. Primero uno, luego otro, recorría sus cuerpos con mis manos, mientras notaba como se iban empalmando.

    ―Dame por los muslos, me dijo Pedro. Empecé a hacerlo, subiendo cada vez más.

    Le metía las manos entre el bañador para llegar a sus ingles y sentir los pelos de su pubis. Estaba tumbado boca arriba con las piernas separadas y yo arrodillada entre ellas, masajeándole las piernas. En un momento en que tenía las dos manos metidas una por cada pernera del bañador, noté que uno de los otros se ponía detrás de mí y me acariciaba las nalgas, subía las manos por mi espalda y me desabrochaba el sujetador. Mis tetas quedaron libres y las manos de Pedro empezaron a acariciármelas. El de detrás mío me separó el tanga y me acariciaba desde mi coño hasta la raja del culo que embadurnaba con mi flujo que era abundantísimo. El otro se sacó la polla y empezó a masturbarse.

    ―Cómo está esta puta de salida, le decía a Pedro el que me estaba tocando.

    ―Ya lo veo, le contestó

    ―Sácamela, me dijo. Y yo le obedecí le saqué la polla y empecé a acariciársela.

    Me empujó de la espalda hasta que metió la polla entre mis tetas.

    ―Así, hazme una paja con las tetas, guarra, que me quiero correr en ellas

    Con esas palabras y con las caricias de Tomás, el otro amigo, yo si que me corrí, y mientras me corría, Pedro lo hizo entre mis tetas. Tomás la puso entre mis nalgas y se masturbó con ellas, corriéndose en mi culo. Ya solo quedaba Alberto. Me acerqué a él a gatas, chorreando semen por mis piernas y por mis tetas , se la cogí con la mano y le di un lametón en la polla, con lo que se corrió dejándome la cara perdida.

    Ya era la hora de comer, pero no dejaron que me limpiara más que la cara. Tampoco me dejaron que me pusiera la ropa interior, así que me puse la mini y el top. El top era de esos anchos que llevan dos tiritas para sujetarlos y cae por encima de los pechos sin tapar mas que un poquito con lo que dejaba ver el semen que escurría hacia abajo por mi tripa y por mis piernas. El solo sentirlo, me excitaba aún más, pero me daba miedo que lo viera mi marido por lo que lo cogía con los dedos y me los chupaba, mientras los tres se reían y me decían:

    ―Cómo te gusta.

    ―Me encanta, les decía yo con los dedos en la boca.

    Estuvimos tomando el aperitivo, ya con mi marido, y ellos aprovechaban cualquier ocasión para sobarme el culo, el coño o las tetas, y yo para enseñárselo, con mi marido delante, que me daba muchísimo morbo. Solo tenía que levantar los brazos para que se me vieran las tetas, o agacharme un poco para enseñar el culo, y mi marido sin enterarse de nada.

    Mientras comíamos Pedro dijo:

    ―Después de comer podríamos ir a montar –él tenía caballos allí.

    ―Si, dijeron los otros, es buena idea

    ―Si, dijo Miguel, yo todavía no he acabado y así Elena no se aburre, pero no tiene equipo adecuado.

    ―No te preocupes, le dijo Pedro, en las cuadras hay ropa que podrá ponerse.

    Terminamos de comer y nos dirigimos hacia las cuadras en coche. Miguel se echaría una siesta y luego seguiría trabajando.

    Al llegar bajamos del coche y pasamos dentro. Pedro me dijo:

    ―Toma ponte esto.

    Eran unas mallas negras, unas botas de montar y un chaleco de cuero que no se abrochaba. Las mallas resaltaban mi coño y mi culo y el chaleco no me tapaba las tetas. Ellos se pusieron pantalones de montar debajo de los que claramente se apreciaba que no llevaban nada. Los mozos de la cuadra alucinaron al verme y Pedro les dijo:

    ―Os gusta la yegua ¿verdad? La vamos a sacar para domarla un poquito, y lanzaron una carcajada.

    Yo no sé montar, por lo que me monté con Pedro, delante de él y salimos los cuatro a pasear. Mientras caminábamos, notaba como mis tetas se balanceaban y como mi culo se rozaba con la polla de Pedro, que se iba poniendo cada vez más dura. Con la mano libre me sobaba sin parar las tetas, el culo y el coño y yo le tocaba la polla que se había sacado del pantalón.

    ―¿Queréis un poco de zorra?, les dijo a los otros y así me hicieron ir cambiando de caballo y de jinete.

    Enseguida volvimos a las cuadras a las que yo llegaba montada con Alberto, que me había quitado el chaleco, me metía la mano en el coño y luego me hacía chupar sus dedos. Yo estaba tan salida que tenía manchadas las mallas de flujo cosa que ellos vieron cuando nos bajamos de los caballos.

    ―Fijaos como viene la puta, dijo Tomás.

    ―Ven que te vamos a montar a ti ahora -me dijo Pedro, mientras pasaba

    Alrededor de mi cuello un lazo de cuero, con el que me ató a una argolla de la pared, aunque como era muy largo, me dejaba libertad de movimientos.

    ―Quítate las botas, me ordenó. Y así lo hice.

    Me pusieron de rodillas y se acercaron.

    ―Bájanos los pantalones

    Se los baje y restregaron sus pollas en mi cara y en mis tetas.

    ―Cómenos la polla

    Empecé a chupársela alternativamente hasta que las tuvieron como palos. Pedro se puso detrás de mí y me bajó las mallas hasta las rodillas y empezó a meterme un dedo en el culo mientras yo seguía chupando pollas. Luego Alberto se sentó delante de mí, me cogió la cabeza y me la metió en la boca mientras Pedro me enculaba. Tomás se acercó y se puso al lado de Alberto. Se las cogí con las manos y les iba masturbando y chupando. Se fueron alternado los tres y me follaron el culo, el coño y la boca. Me daban azotitos y me decían guarrerías que me ponían cada vez mas cachonda:

    ―¿A que a tu maridito no se la chupas así?

    ―o ¿verdad que no te mete el rabo tan bien?

    Yo me corrí varias veces y ellos se corrieron en todos mis agujeros. Después llamaron a los mozos, que no se perdieron detalle. Eran dos chavales de 18 y 19 años a los que me obligaron a hacerles una paja, de rodillas delante de ellos para que se corrieran en mi boca y en mi cara.

    Luego volvimos a la casa, descansamos un rato porque Pedro esperaba invitados para una fiesta que daba. Vendrían varias personas a cenar y luego charlaríamos un rato.

    ―Espero que te portes bien esta noche putita, me dijo Pedro

    ―¿Acaso lo dudas? Le contesté . ¿Qué quieres que haga?

    ―Lo que mis amigos y yo queramos. Que seas mi puta particular

    ―¡Pues claro que lo soy! Le dije mientras le sobaba la polla.

    ―Para empezar quiero que esta noche te pongas muy sexy.

    ―Pero mi marido se puede dar cuenta

    ―Tu marido no se entera de nada. Vive para su trabajo. Además, le vamos a emborrachar y vamos a abusar de ti delante de sus narices.

    Esa situación entre miedo y morbo me volvía loca. Claro que me pondría sexy. Quería ser la más puta del mundo.

    Me estuve duchando y arreglando. Me puse una blusa negra semitransparente con un sujetador negro debajo, que me dejé un poco holgado para que al mirar se me pudieran ver los pezones y me abrí un escote generoso. Me puse una mini muy mini que además tenía una abertura por detrás y unos pantys negros sin bragas ni tanga debajo. A nada que abría un poco las piernas se me veían los pelos del coño.

    ―¡Hala!, me dijo mi marido. ¿Dónde vas tan de negro?

    ―¿No estoy guapa?

    ―Si, pero un poco lúgubre, me dijo el capullo.

    ―Te vas a enterar tú, pensé.

    Cuando bajamos al salón ya estaban Pedro y sus amigos y dos parejas más. Ellos no se cortaron en elogiarme a la vez que me sobaban si tenían ocasión. Luego llegaron otros dos hombres amigos de Pedro y empezamos a cenar. Yo me senté al lado de Pedro y de uno de los recién llegados que se llamaba Antonio, que no paraba de mirar mis tetas que le enseñaba sin ningún recato. Durante la cena me tocó varias veces las piernas cada vez más arriba al ver que yo me dejaba hacer. Mi marido no paraba de beber vino y Tomás se encargaba de tener su copa siempre llena.

    A los postres estaba que no se tenía. Después de cenar pasamos al salón a tomar una copa. Yo aproveché para desabrocharme otro botón de la blusa con lo que el escote me llegaba casi al ombligo. Me senté entre Antonio y Carlos, el otro, y enfrente de Pedro. Uno de los dos matrimonios se fue y el otro se quedó. El marido de ella estaba tan bebido como el mío, por lo que sospeché que a ella se la iban a follar también. Era una morena jovencita y preciosa que se llamaba Cristi. Llevaba unas medias de rejillas con unos pantaloncitos diminutos junto con un top muy ceñido sobre el que se notaban sus tetazas. Tomás y Carlos la sobaban sin parar y aunque se hacía un poco la estrecha, les dejaba hacer.

    Los marido estaban dormidos y los llevaron a un sitio más apartado. En ese momento Pedro me dijo que me quitase el sujetador, que estaría más guapa, así que fui al baño y me lo quité. Entre el escote y la blusa era como si llevara las tetas al aire. Los pezones se me marcaban exageradamente y ya estaba mojada. Me volví a sentar entre ellos cuyos ojos no se separaban de mis tetas ni sus manos de mis piernas, con lo que cada vez tenía la falda más arriba.

    ―¿Os gusta?, les preguntó Pedro

    ―Ya lo creo, respondieron

    ―Es una guarra fantástica. Quítate la falda, me ordenó

    Y así lo hice. Mientras me la quitaba, me tocaban el culo y las piernas. Me desabroché del todo la camisa y dejé que me sobaran toda entera.

    Mientras Pedro se fue a por Cristo, que estaba sentada entre Carlos y Tomás, la cogió del pelo y arrimó su cara a su polla. Ella intentó retirarla, se resistía y Pedro le dijo:

    ―¿Quieres que tu marido siga trabajando conmigo?

    ―Si, dijo ella

    ―Entonces ya sabes lo que tienes que hacer

    Entonces Tomás la quitó el top y la dejó con las tetas al aire, la bajo el pantalón hasta las rodillas y empezó a restregar la polla por su culo mientras decía:

    ―¿Te vas a comer todas estas pollas puta?

    Y ella asentía con cara de vicio. La puso a cuatro patas y la llevó del pelo hasta donde estaba Pedro que ya estaba empalmado.

    ―Lámeme los huevos, zorrita, le ordenó , y ella sacó la lengua y empezó a lamer masturbando a la vez la polla de Pedro

    ―Tu marido te tendrá que dar las gracias por esto, mírale, como duerme el cabrón, la decía mientras Tomás se ponía detrás de ella metiendo su polla entre sus nalgas.

    A mí la situación me excitó muchísimo y me puse a hacer lo mismo en la polla de Antonio, pero lo que siguió pasando os lo contaré otro día.

    Loading

  • De profesión: Puta (3)

    De profesión: Puta (3)

    Medio adormilada noté como mi marido me besaba en la frente despidiéndose antes de salir hacia el aeropuerto para salir de viaje y me volví a quedar dormida

    Cuando me desperté fui al baño y tras asearme un poco caí en la cuenta de que hoy era el día señalado, sabía que había decido no llamar para saber si finalmente había sido la seleccionada, pero desde el momento en que lo recordé era incapaz de pensar en otra cosa.

    Con la tarjeta en la mano estuve dando vueltas cogiendo y dejando varias veces el teléfono sin decidirme a llamar me dije a mi misma bueno vamos a hacerlo de esta forma y si me equivoco me olvido del tema porque si no me va a dar algo.

    Marco de memoria el teléfono y si me equivoco pues nada tiro la tarjeta y no vuelvo a pensar en ello.

    Marqué los números y mientras sonaba el ruido de la llamada me di cuenta que deseaba no equivocarme.

    Buenos días

    –hola llamaba por unas pruebas que hice.

    –¿Ya realizó unas pruebas?

    –si

    –Por favor podría verificar el número de tarjeta con el que llamó

    Miré el reverso de la tarjeta y le dije el número.

    –¿Vanessa?

    –si

    –Le paso, un momento por favor

    Mi corazón latía a mil por hora.

    –hola, Vanessa soy Raimon

    –hola Raimon, ¿Qué tal estas? Llamaba para saber el resultado…

    –estoy bien gracias, esperaba tu llamada, se nota que estas nerviosa pues no tienes porque estarlo, has sido la elegida Vanessa

    Me quede callada como una tonta.

    –Vanessa ¿estás ahí?

    –si si

    –¿podemos vernos esta tarde?

    –si no hay problema

    –perfecto entonces hasta esta tarde a eso de las 5

    –hasta esta tarde entonces

    Me despedí y colgué.

    Eran ya pasadas las 5 y estaba en el despacho hablando con Raimon y aunque me parecía increíble ya no estaba nerviosa.

    –Como has visto somos muy selectos con nuestro personal y con nuestros servicios así que tienes que tener las cosas muy claras, es lógico que siendo casada tengas muchas dudas, aunque te veo tranquila, te diré que algunas de nuestras chicas también están en tu misma situación pero como esto es totalmente confidencial no les crea problema alguno, si quieres dejarlo ahora mismo no hay problema te vas y aquí no ha pasado nada pero si decides seguir adelante quedas comprometida con nosotros durante al menos un año tendrás la obligación de cumplir, aquí tienes el contrato, como puedes leer esta conversación está siendo grabada y en caso de que no cumplas con lo acordado nos otorgas derecho a publicar o entregar a quien nosotros creamos conveniente esta grabación, como ves la seguridad y discreción son lo más importante y en caso de que no pudieras cumplir tus funciones por causa mayor o de tu marido sería comprobado y no habría problema alguno, ¿alguna duda?

    Le pregunte sobre varias dudas que tenía sobre la privacidad, los trabajos a realizar, los pagos cosa que Raimon me aclaro por completo.

    –está bien, cogí el contrato dudé un instante y firme.

    –muy bien Vanessa, toma esta tu tarjeta te identificaras con ella cuando llames y me entrego lo que parecía una tarjeta de crédito, ¿tienes algún problema de horarios esta semana?

    –no, precisamente esta semana ninguno

    –ok, ves a comprarte algún modelito de buen gusto y caro pero cortito, quedamos aquí mañana a las 8 y luego iremos a cenar.

    –disculpa Raimon veras lo del vestido si me compro uno de tan alto precio hace poco hemos salido de un gran bache económico y aunque ahora nos va bien tampoco podemos despilfarrar y mi marido podría…

    Raimon se levantó alejándose mientras dijo:

    –la tarjeta, Vanessa, usa la tarjeta esta vez el vestido va por cuenta de la casa después ya se cargara todo a tu fondo de cobro, hasta mañana, ciao.

    Me fui de compras disfrutando de entrar y salir de tiendas de lujo donde jamás antes había puesto un pie, y donde me trataron como a una reina, finalmente me decidí por un traje negro de noche con un bonito escote de cintura ceñida y falda cortita de caída lisa acabando en varias puntas, me quedaba de impresión, pagué con la tarjeta que Raimon me había entregado a pesar del alto coste no hubo ningún de problema.

    A las 8 de la tarde me encontré con Raimon tal y como habíamos quedado.

    –estas preciosa

    –gracias

    –¿llevas ropa interior?

    –si un tanga negro y sujetador a juego

    –perfecto, acompáñame.

    Pasamos a otro sala donde había un sillón y un trípode con una cámara delante de él, Raimon se situó detrás de la cámara y yo me senté en el sillón cruzando las piernas el vestido apenas tapaba mis muslos y mis pechos quedaban resaltados por mi sujetador y mi amplio escote.

    –muy bien sólo tienes que ser natural este video será tu presentación, di tu nombre, habla un poco de ti y luego te pones de pie y das una vuelta sobre ti misma y te despides.

    –así que hable con la cámara de las cosas que me gustaban etc. Siendo natural aunque con un toque sexy terminando poniéndome de pie frente a la cámara, después de perfil y por último de espaldas a la cámara para que su pudiera apreciar bien todo mi cuerpo para luego volverme a sentar y despedirme dando un beso al aire.

    –ha quedado muy bien Vanessa me dijo Raimon sonriendo. Pues ya esta, verás aquí no te vamos a dar ningún aprendizaje como en otros clubs, allí les enseñan técnicas y formas de actuar entre otras cosas pero a nuestra manera de ver y de nuestros clientes una vez que has follado con una has follado con todas aquí dejamos que cada una actué como desee y si no sirve pues adiós.

    –entiendo

    –bueno ¿tienes hambre?

    –la verdad es que si

    –pues vámonos a cenar

    Tardamos bastante en llegar con el coche pero el sitio valía la pena era realmente increíble se notaba que hay solo se movía gente de mucho dinero de hecho la entrada estaba restringida aunque a Raimon lo reconocieron enseguida y nos sentaron en una de la mejores mesas.

    Cuando el camarero se acercó para atendernos Raimon le pidió unos martinis de momento pediremos más adelante.

    –¿si te parece bien claro?

    –si, si claro, Martini es perfecto blanco por favor

    El camarero trajo las bebidas y continuamos charlando de cosas triviales y bebiendo de nuestros martinis hasta finalmente Raimon me hizo reparar en un caballero que estaba de espaldas a nosotros, elegante y a pesar de estar de espaldas no parecía tener mala presencia

    –¿lo ves?

    –si ya se a quién te refieres

    –debes conseguir que te invite a cenar con él, obviamente que pague él la cena y (sacando tarjeta y un mont blanc escribió sobre ella una cifra) que te pague esto por tus servicios

    –pero titubee ¿Cómo?

    –mira esto no funciona así pero hay que ver de que madera estas hecha, ciao

    Y se levanto alejándose sin volver si quiera la mirada atrás.

    Me quede un rato pensando cual sería la mejor forma de llevar a cabo lo que Raimon me había pedido, me di cuenta que él estaba a punto de pedir la cena así que apuré mi el resto de mi martini de un sorbo y me levanté, abrí la cremallera de mi bolso, y con aire resuelto me dirigí hacia él, cuando llegue a su altura tropecé intencionadamente con su silla dejando caer el bolso que al estar abierto dejó salir varios objetos.

    –lo siento disculpe.

    –no se preocupe no es nada

    Me agache para recoger los objetos personales que había salido de mi bolso dejando que mi escote quedara a su vista.

    Le miré sonriendo volviéndole a pedir disculpas.

    –lo siento es que estoy algo alterada, una amiga me había invitado a cenar y me ha dejado digamos colgada y ya me tiene usted sola sin cenar y sin vehículo para volver a casa ahora tendré que pedir al camarero que me pida un taxi pero aun así llegaré sabe Dios a que hora a casa para cenar en fin no quiero molestarle con mis tonterías.

    Cerré el bolso y me levanté.

    –disculpe la molestia y mi torpeza

    –al contrario ha sido un placer, no se preocupe.

    Di un par de pasos esperando que él dijera algo cosa que no ocurrió, no sabía que hacer, así que di un par de pasos más y mire a un lado y a otro haciéndome la tonta como buscando al camarero para que me pidiera el taxi dándole tiempo para…

    –señorita

    –¿si?

    –quizás le parezca atrevido pero si le apetece y no le importa mi compañía podría usted cenar conmigo, aborrezco comer sólo, al parecer se haya usted en la misma situación, ambos salimos ganando.

    –no sé, no me gustaría importunarle aunque la verdad tengo apetito

    –para mí sería un placer invitarla a cenar, por favor acepte mi invitación

    –muy bien si insiste

    La cena transcurrió con una conversación amena la verdad es que era fácil ya que era bastante simpático aunque no dejaba de observarme una y otra vez el escote aunque de manera distraída y yo hacía como si no me percatara de ello y coteaba una y otra vez con él.

    Estábamos ya tomando la copa de después de la cena entre risas y miradas, no sabía muy bien por donde entrarle para decirle que era una prostituta, la verdad es que ni yo misma asumía esa situación aunque admito que me daba mucho morbo y estaba caliente.

    –¿oye no me has dicho de qué trabajas Vanessa?

    –soy mujer de compañía

    –en serio

    –si

    Risas. Y después silencio un sorbo.

    –¿en serio?

    Me incliné acercándome hacia él con cara lujuriosa y susurrando le dije y por sólo esta cantidad puedo ser tuya.

    –es que estoy casado, tontear es una cosa…

    –¿si no me penetras crees que sería engañar a tu esposa porque te prometo que aunque no hagamos eso tendrás el mejor orgasmo de tu vida?

    –viendo lo buena que estás, no lo dudo. ¿Así que tendré un buen orgasmo?

    –Palabra de Vanessa y le guiñe un ojo.

    –Camarero por favor la cuenta.

    No hubo mucha conversación en el coche estaba nervioso y la verdad es que yo también, temiendo que pudiera echarse atrás le empecé a preguntar por su gustos sexuales con la excusa de así hacerle pasar un mejor rato por fin llegamos al hotel, reservó una habitación y al rato subimos.

    Había un pequeño sillón que quedaba situado delante de la cama

    –siéntate allí

    –lo que tú digas

    Saco la cartera y me entrego el dinero.

    –¿es lo acordado no?

    –si perfecto, no te arrepentirás, tú déjame a mí.

    Me puse frente a él junto a la cama y lentamente desabroche los cierres de mi vestido, comencé a contonear mi cuerpo haciendo que el vestido se deslizara suavemente sobre mi piel cayendo por su propio peso al suelo, le deje que observara por un segundo mi cuerpo quieto allí de pie cubierto sólo por ese sujetador de encaje negro y el pequeño tanga, parecía que los ojos se le iban a salir de sus orbitas de tan abiertos que los tenia, comencé a caminar hacia él moviendo mis caderas de un lado al otro de forma muy sensual pude ver su polla dura marcándose en el pantalón, comenzó a frotársela con la mano.

    Yo continuaba acercándome a él, cuando estuve justo delante suyo me incline pegando mis brazos a mis pechos y los agite para que mis pechos se movieran y pudiese ver los firmes que son, me quede un momento quieta mirándole a los ojos con deseo y me aleje mientras con mi mano le acariciaba la cara, él se tocaba cada vez más rápido, seguí caminando hacia atrás de la misma forma que había ido hasta él pero ahora mis manos jugaban con mi pelo recogiéndomelo y soltándolo.

    Cuando llegue junto a la cama tire mis brazos hacia atrás sacando pecho y comencé a moverlos de lado a lado poco a poco fui parado a la vez que mis manos subían hasta la tiras del sujetador, baje los tirantes hasta los codos y jugué con ellos como si los fuese a quitar, cogí las copas del sujetador con mis manos y tiré de ellas hasta casi dejar al desnudo mis pechos entonces pase mis brazos por el interior de los tirantes y con un rápido movimiento estirando mis brazos hacia arriba deje mis tetas desnudas quedando el sujetador justo debajo de ellas.

    Él se apretaba su polla con fuerza, continué moviéndome sensualmente con mis brazos cruzados sobre mis cabeza dejándole admirar mis pechos desnudos, redondos, firmes con sus pequeños pezones rosados duros por la excitación, baje mis manos hasta llegar a mis tetas y las agarre con fuerza haciendo que se tocaran la una con la otra para luego llevar mis dedos hasta los pezones y empezar a pellizcarlos intensamente tirando de ellos, a la vez que con mi lengua relamía mis labios.

    Le di la espalda dejando que viera mi culito sólo tapado por la rayita del tanga, desabroche el sujetador y lo deje caer inclinándome hasta apoyarme en la cama y moviendo mi culo como si estuviera en celo, cogí el tanga con ambas manos y tras varios movimientos de subida y bajado sin llegar a quitármelo lo baje hasta mis tobillos pasando ambos pies y lanzándose lo a la cara, él lo cogió y lo olió intensamente sin dejar de masturbarse.

    Ahora podía ver toda mi rajita totalmente depilada y brillante por estar mojada, me incorporé y volví a girarme para quedar de cara a él, mis manos recorrían todos mi cuerpo notando cada centímetro de mi piel mis pechos, mi barriguita plana, mis nalgas, mis muslos y mi coño el cual comencé a acariciar con mis dedos a la vez que empezaba a jadear por el placer que eso me producía, pensé que se levantaría, vendría y me follaría ahí mismo, pero no, él seguía tocándose por encima del pantalón supongo consciente de que si se sacaba su polla ya no podría controlarse.

    Así que me acerque hasta él y me senté sobre sus piernas notando su polla dura en mi culo, sus manos cogieron mis pechos acariciándolos suavemente y apretando mis pezones, me incline hacia él y pudo pasar su lengua por ellos, mordisquearlos a placer mientras una de mis manos frotaba mi clítoris y la otra masturbaba su polla, su manos acariciaban todo mi cuerpo, yo situé la rajita de mi culo en su polla y comencé a moverme restregándome contra su polla para darle placer, cogí su mano con la mía y la lleve hasta mi coño, dejando que acariciara mi clítoris haciéndome gemir de gusto, sus dedos bajaron hasta la entrada de mi vagina y me introdujo uno de ellos, al notar lo mojada que estaba me metió un segundo dedo y empezó a moverlos para follarme lentamente con ellos, me mordí la mano, mientras mi culo seguía masturbando su polla.

    Él comenzó a morderme el cuello a la vez que sus dedos me follaban cada vez más rápido, mi culo se pegaba contra su polla que parecía estar a punto de estallar, yo también estaba a punto de correrme y él notándolo introdujo un tercer dedo en mi coño clavándomelos los más profundo que pudo, grite de placer, me retorcí a la vez que mi culo noto como su polla estallaba y soltaba chorretones de leche caliente en su ropa interior, me convulsione arqueando mi espalda sobre él, su mano me agarro por la garganta a la vez que con la otra mantenía sus dedos muy dentro de mí, empecé a gritar de placer y me corrí intensamente llenado su mano con mis fluidos.

    Todavía resoplando me dijo:

    –realmente ha valido la pena Vanessa

    –te lo dije y besándole en la mejilla me levante, ¿te importa que me duche?

    –no, no, adelante.

    Recogí mis cosas y me metí en el cuarto de baño me duche tranquilamente y cuando salí, él ya había desaparecido, bajé al hall del hotel con la intención de pedir un taxi y cuál fue mi sorpresa al ver que allí estaba Raimon haciéndome señas para que me acercara hasta él.

    –te esperaba, vamos yo te llevo a casa.

    Salimos fuera del hotel y una vez ya en el coche.

    –¿y?

    Abrí el bolso y saqué el dinero.

    –Aquí tienes justo lo que me habías pedido.

    Raimon cogió el dinero, me sonrió cogió una parte y me devolvió el resto.

    –¿dijiste que esta semana no tenías problemas de horarios no?

    –así es.

    –entonces quedamos para pasado mañana sobre las 8 de la tarde pero llama antes por la mañana para confirmar.

    –muy bien, pasado mañana sobre las 8 y llamo por la mañana para confirmar.

    –eso es

    El trayecto transcurría sin nada más mencionable, me dejo un par de calles antes de llegar a mi casa por precaución, ya en casa me desnudé y me metí en la cama quedándome dormida casi al instante.

    El día concertado por la mañana llame.

    –Si, hola mi número de tarjeta es…

    –Un segundo por favor verifico tu agenda

    Pude oír como tecleaba en el ordenador.

    –Vanessa, Raimon quiere hablar contigo y tienes una cita con él hoy a las 8 de la tarde, un momento y te paso con él.

    –hola Vanessa ¿como estas?

    –bien ¿ y tú?

    –bien también gracias, sólo quería comentarte ¿después de la 8 tienes algún problema de horarios hoy?

    –no, ninguno.

    –perfecto, nos vemos esta tarde, ciao.

    –ciao.

    Más tarde me di cuenta de que no me había dicho como tenía que ir vestida así que final me decidí por un vestido rojo de tirantes un poco más largo que el vestido negro pero también muy bonito y sexy, de ropa interior cogí un tanga rojo y sujetador a juego, como no zapatos de tacón alto.

    Cuando llegue Raimon cogió una mochila y simplemente dijo:

    –A la venga vámonos.

    Fuimos a la estación de tren saco dos billetes, no me dijo donde íbamos ni tampoco se lo pregunte por el camino como de costumbre hablamos de cualquier cosa hasta que el tren llego a la siguiente ciudad.

    –esta es nuestra parada.

    Bajamos y cogimos un taxi que nos llevó a esta un pequeño edificio

    en un barrio no muy recomendable por el aspecto que tenía, entre una cosa y otra eran ya casi las 12 de la noche, subimos a un despacho donde había un tipo delgaducho con melenas con las típicas cadenas de oro colgadas de su cuello, le faltaban un par de dientes que habían sido sustituidos por otros de oro.

    –hola tío ¿como estas?, esta es Vanessa

    –hola Vanessa

    –hola buenas.

    –Vanessa espera fuera por favor.

    Así que salí del despacho y espere fuera, al cabo de unos minutos salió Raimon.

    –todo arreglado, -y entregándome la mochila- cámbiate.

    Me metí en el baño, saque la ropa que había en la mochila y me quité la mía para luego guardarla en la mochila, mirándome en el espejo no me reconocía, seguía llevando mi ropa interior y mis zapatos pero ahora llevaba puesta una mini roja muy muy cortita y un top blanco ajustado que dejaba al descubierto mi ombligo y apenas tapaba mis pechos.

    Raimon me dijo que dejara allí la mochila y nos fuimos caminando un par de calles, al girar la última esquina pude ver lo que era una avenida de doble dirección con putas a ambos lados de la calle, pasamos caminando entre varias sin que nos dijeran nada, en la siguiente esquina Raimon comprobó el nombre de la calle, se dirigió a una puta ya mayorcita que estaba al lado le dijo algo y volvió.

    –mira Vanessa se que hasta ahora has cumplido pero también sé que no tienes claro lo que es sentirse realmente puta y eso nos puede traer más adelante problemas hasta ahora lo que has hecho siempre ha sido con gente de más o menos buen nivel hoy te darás cuenta de lo que siente realmente una puta y si puedes vivir o no con ello, veo que llevas ropa interior

    –si

    –quítatela no te hará falta

    Metí mis manos debajo de la minifaldita y saque el tanga dándoselo y luego desabroche mi sujetador y lo que por debajo del top para entregárselo también, con la mini tan corta al poco que no caminara bien estirada se me podía ver el culito y a poco que me agachara mi coñito, Raimon se acercó a mi pellizco mis pezones sobre la camiseta, que enseguida reaccionaron quedando bien marcados en ella.

    –bien a todo el que se pare quiero que le pidas lo mismo que a tu anterior cliente, te pida lo que te pida siempre di esa cantidad yo estaré allí viéndote así que no tienes porque temer por su seguridad vale, con semejante precio no hay la menor posibilidad de que ninguno te pida que subas aun así haz lo que te he dicho, ¿de acuerdo?

    –claro, Raimon.

    Después de varios minutos desde que Raimon se había ido la sensación de estar allí sola expuesta era bastante impactante.

    Poco a poco comenzaron a pasar coches no había coche que no se detuviese ante mí, si estar allí parada entre otras putas expuesta me había parecido impactante no es nada comparado con la sensación de ir hasta el coche cuando se para, sabes que te estas vendiendo no importa quién sea el comprador, mis sensaciones eran contradictorias, cuando el primer coche se detuvo, fui caminando hasta la ventana contraria al conductor que estaba bajada podía notar su mirada recorriendo todo mi cuerpo, por culpa de mi mini tan corta me incline despacio en la ventanilla, clavo sus ojos en mis pechos.

    –¿cuánto por follarte?

    Le dije cantidad.

    –y ¿por una mamada?

    –lo mismo

    –tu estas locas puta de mierda y arranco.

    Las primeras veces lo pase mal hasta estuve a punto de ir hasta Raimon que me observara y decirle que me sacara de allí hasta que finalmente me dije hasta ahora no te has comportado como si fuera un juego pues haz igual y deja de hacer la tonta ya, comencé a caminar mas desenfada y con menos aire de superioridad hacia los coches que paraban e incluso hacia algún comentario gracioso con el que se paraba con mi alto precio siguiendo habiendo algún mal educado como el primero pero la sensación era distinta ahora me inclinaba descaradamente sobre la ventanilla exhibiendo bien mis pechos y sin importarme que mi culito y rajita quedaran a la vista.

    Incluso con un coche que iban 5 jóvenes de unos 18 años bromeamos porque me pidieron descuento si me follaban a los 5, entre risas me negué, les pregunte porque 5 jóvenes tan guapos iban de putas y me dijeron que iban de putas porque era el cumpleaños de uno de ellos, les dije que entonces me regalaran entre todos, riendo me dijeron vamos que no llegaban ni entre 50.

    –¿de quién es el cumple?

    De ese dijeron todos señalando con el dedo como críos al que estaba sentado en mi ventanilla.

    –pues hale nene toca que a esto invito yo.

    Le ofrecí mis pechos y él puso ambas manos sobre mi top una en cada teta, y dándole un cachetito en ambas manos se las retiré.

    –ya nene ya

    Luego me aparte del coche para que siguieran y se alejaron a toda velocidad dando gritos de tía buena etc.

    Más tarde un hombre mayor que debía estar ya jubilado porque al decirle mi precio maldijo a zapatero por la crisis y la miseria que tenía de pensión me dijo un par de piropos muy graciosos los cuales le agradecí y me alejé del coche, pero él lugar de irse me grito: guapa, anda enséñale algo a este viejecito que pocas más guapas va a ver, enséñale un poco de lo que se ha perdido.

    Me paré y gire un poco mi cara para poder verle y sonriéndole me incline dejándole ver mi culito y parte de mi rajita.

    –Chiquilla cuando atraque un banco volveré para que me des un buen meneo

    Y yo dándome un palmadita en el culo.

    –aquí estaré para dártelo

    –Adiós ¡simpática! me grito y se fue.

    Poco después Raimon se acercó.

    –vaya Vanessa por lo que me ha parecido ver te estas sabiendo adaptar muy bien, me llegó a dar la sensación de que ibas abandonar pero veo que eres una mujer de recursos jejeje

    –una hace lo que puede gracias, ¿hemos terminado entonces?

    –si ya casi has terminado quiero que ahora cuando llegue el siguiente coche y te pida la cantidad, le digas que no te dejas tocar ni que te desnudas pero que haces mamadas por este precio

    –solo eso, pero si no es nada

    –eso es, no quiero que ninguno se te escape porque no sea de tu agrado entiendes, con ese precio el que pare aceptara, no hay excusa

    –si ya entiendo lo que quieres decir, no habrá problema no te preocupes

    –eso espero Vanessa, en cuanto subas al coche me iré al bar que está justo debajo del despacho de donde hemos venido, cuando acabes vuelves, subes, le dices al tío de allí que has terminado, te cambias y me vienes a buscar

    –ok

    El siguiente coche paró me acerqué a la ventanilla y pude ver a un cuarentón ya con su buena barriguita y poco calvo.

    –¿cuánto nena?

    Le dije lo que Raimon me había dicho.

    –mmm tentador pero el no poderte tocar ni verte desnuda además hoy me apetecía más follar

    –la chupo sin condón y trago todo.

    –sube nena

    Abrí la puerta del coche y me senté en su interior, entonces caí en la cuenta de que no sabía donde teníamos que ir.

    Raimon no me había dicho nada al respecto y yo no conocía para nada la zona por suerte el cliente sin decir nada arrancó se notaba que era un habitual, llegamos a un parking cercano que estaba a oscuras y aparcamos al lado de otros vehículos que estaban allí para el mismo fin. Él tiró el asiento del conductor para atrás, me dio el dinero.

    –hale guapa toda tuya

    Inclinándome sobre él, le abrí la cremallera del pantalón y metí la mano debajo de su ropa interior hasta encontrar su polla cuando la cogí con la mano estaba ya completamente dura, la saque con cuidado, pude ver que era un polla de tamaño de medio con el capullo algo más grueso de lo normal.

    Empecé a mover mi mano de arriba abajo sin prisas, masturbándole para terminar de dejar a punto su polla, luego llevé mi lengua hasta la punta de su capullo y empecé a hacer circulitos con ella ahora mis labios se posaban sobre su polla y la apretaban ligeramente él comenzó a gemir poniendo su mano sobre mi cabeza y apretando para que su polla entrara en mi boca afloje la presión de mis labios y su polla se deslizó dentro de mi boca a la vez que me movía de arriba abajo con si me estuviera follando con ella.

    –si me gusta si nena

    La saque de mi boca para respirar un instante a la vez que mi mano lo masturbaba con rapidez y le miraba mientras lo hacía con cara de estar pasándolo muy bien y volví a meterme su polla en la boca para tragármela por completo, él comenzó dar respingos con su cadera como si me follara

    –oh si nena así

    Yo ahora seguía chupándole su polla con fuerza presionando bien mis labios sobre ella, mi cabeza subía y bajaba tragando su polla, su polla se puso aún más dura y lleve mi mano hasta sus huevos para acariciarlos suavemente mientras seguía mamándosela.

    –espera

    Me detuve y saqué la polla de mi boca. Entonces él cogió su polla con la mano y empezó a masturbarse.

    –he cambiado de opinión mírame con esa cara que me has puesto antes, quiero correrme en tu cara de zorra

    Volví a ponerle la misma cara. Se masturbaba cada vez más rápido.

    –sigue mirándome así puta.

    Le continúe mirando y humedeciendo mis labios con deseo. Con su otra mano me cogió del pelo y tiro de él para que mi cara quedara en el ángulo y distancia idónea y con un par de movimientos fuertes y secos de la mano que tenía su polla a la vez que decía:

    –toma cremita guarra

    Su polla escupió un chorro de leche que cayó en mi cara cruzándola casi por completo para luego seguir soltando varios chorretones más de leche caliente que fueron cayendo llenando toda mi cara para luego ir resbalando por ella, recogí un poco con mis dedos y la llevé a mis labios chupando su semen aún caliente.

    –mmm que rico

    Él se rio ofreciéndome un pañuelo de papel con el que limpie los restos de su semen de mi cara, se guardó su polla y al poco arrancamos dejándome poco después en el mismo lugar en el que me había recogido, Raimon tal y como me había dicho ya se había ido, así que me fui hacia al edificio decir que ya había acabado, cambiarme y pasar a recoger a Raimon por el bar.

    Después de salir de la avenida central las calles estaban desiertas así que me alegre al ver por fin el edificio y un poco más al fondo de la calle luz del bar al que Raimon había hecho referencia.

    Subí hasta el despacho y golpeé con mis nudillos la puerta para llamar antes de entrar.

    –demonios pasa seas quien seas

    Tras entrar pude ver que estaba sentado en una silla detrás de un escritorio cochambroso.

    –hola soy Vanessa te acuerdas vine con Raimon

    Me miró de pies a cabeza como desnudándome aunque tampoco era mucho la ropa que llevaba, haciendo un ruido chasqueando la boca.

    –si claro te recuerdo, si la puta que hoy iba a usar la esquina 11

    –si, le dije sin tener ni idea si donde habíamos ido era o no la esquina 11 pero lo lógico es que así fuera

    –Raimon me ha dicho que te dijera que ya he terminado, de usar la esquina 11, añadí por mi cuenta

    –muy bien, quítate el top

    –¿cómo dices?

    –no pensarás que las esquinas son gratis porque te crees que Raimon te ha enviado

    –entiendo

    Cogí con ambas manos el top y lo saqué por mi cabeza, mis pechos se movieron ligeramente al quedar libres y luego lleve mis manos a mi cintura, quedándome allí, sólo cubierta por aquella minúscula minifalda roja y zapatos de tacón alto.

    Él se recostó sobre su silla admirando mi cuerpo

    –tócate las tetas

    Subí mis manos hasta mis pechos y comencé a acariciarlos suavemente primero pasando mis manos alrededor de ellos para luego cogerlos y apretarlos demostrando lo firmes que son, mis manos continuaron tocando mis pechos pasando lentamente sobre ellos notando mis pezones, que con el contacto de la palma de mis manos reaccionaron poniéndose rígidos, con dos dedos de cada mano cogí mis pezones y tiré de ellos, los pellizque varias veces y luego los solté, mi pechos se movieron suavemente hasta quedar de nuevo firmes y mis pezones quedaron puntiagudos y duros.

    Él se sacó lo polla de su pantalón, era algo más larga de lo normal aunque no muy gruesa y se levantó viniendo hacia mí con la polla fuera.

    –eres una puta muy guapa y sexy

    Se situó detrás y pegándose a mí comenzó a restregar su polla contra mi culo por encima la mini, al mismo tiempo que sus manos agarraron con fuerza mis pechos estrujándolos, manoseándolos a placer, apretó con fuerza mis pezones haciéndome que se me escapara un gritito entre el placer y el dolor, los soltó para inmediatamente volver a apretarlos haciendo que de nuevo se me escapara otro gritito, cuando me volvió a soltar mis pezones rosados estaban duros como piedras.

    Me puso sus manos en la espalda y de un empujón hizo que me reclinara sobre la mesa apoyándome en mis manos para no caer, se apartó un poco de mi, la mini era tan corta que ni siquiera se molestó en subírmela hasta la cintura, dio un paso atrás.

    –mmm bonito culo y rajita bien depilada, me encanta pero veamos que tal coño calzas

    Y cogió su polla con la mano y de nuevo pegándose a mi empezó a restregarla por los labios de mi coño, que si ya estaba húmedo ahora estaba completamente mojado, situó su polla en la entrada de mi vagina y empujó levemente hasta que me metió la punta de su polla y una vez así de un fuerte golpe me clavo el resto de su polla hasta el fondo.

    –que coñito más caliente tienes, te preveo un gran futuro como puta Vanessa

    Y dicho eso, me agarró por la cintura con ambas manos y me empezó a follar lo más rápido que podía, clavándome su polla hasta el fondo, golpeándose una y otra vez contra mí, él resoplaba por el esfuerzo y yo gemía de placer notando como su polla me follaba sin parar.

    Estuvo follándome así un rato hasta que poco a poco fue bajando el ritmo a pesar de eso mi coño chorreaba por mis fluidos, ahora me follaba despacio, recuperándose del esfuerzo al mismo tiempo que saboreaba cada centímetro de mi vagina con su polla, entonces puso su mano en mi espalda presionando inclinándome más sobre la mesa hasta que mis tetas tocaron la madera, entonces pude oír como chupaba uno de sus dedos y sin dejar de follarme lentamente lo llevo hasta la entrada de mi culito presionó primero suave y al ver que cedía presiono de nuevo con más fuerza hasta que consiguió meterlo.

    Gemí.

    Introdujo todo lo que pudo su dedo en mi culo a la vez que hizo lo mismo con su polla en mi coño y se quedó quieto, yo no podía más así que comencé a mover mi culo restregándome contra él, notando su polla y su dedo, yo gemía de gusto una y otra vez, entonces note como su polla se endurecía aún más, no podía faltar mucho para que se corriera, yo también notaba ya mi coño muy caliente así que acelere los movimientos de mi culo pero él saco su polla de mi coño y dejando solo su dedo en mi culo, comenzó a moverlo follándome el culo.

    –¿te gusta zorra?

    –si, más, no pares más

    Sacó su dedo de mi culo y escupiéndose sobre su polla, la apretó contra la entrada de mi culito hasta que sin mucha resistencia cedió y al igual que había hecho en mi coño antes, de un fuerte golpe me la metió hasta el fondo.

    Grite, gemí, volví a gritar y seguí gimiendo mientras él de nuevo me follaba con todas sus fuerzas, pero esta vez lo que se follaba era mi culito, sus embestidas eran tan fuertes que hacía que me moviera hacia delante y hacia atrás produciendo que mis tetas en especial mis pezones se rozaran con la mesa lo que hacía que estuviesen durísimos y yo sintiera aún más placer por el roce.

    Notaba su polla entrando y saliendo una y otra vez de mi culo, sus manos me agarraron con más fuerza y su polla se puso de nuevo muy dura.

    –me corro en tu culo Vanessa

    No sabía si era una pregunta o una afirmación pero le dije:

    –si vamos córrete quiero notarte

    En la siguiente embestida su polla comenzó a soltar su semen en mi culo puede notar los dos primeros chorretones calientes y varias sacudidas de su polla inundando mi culo con su leche, tras terminar de soltar toda su leche, se pegó contra mi espalda un instante recuperando el aliento y luego se levantó sacando su polla de mi culo haciendo que salieran restos de su semen.

    Me levanté e instintivamente tiré un poco de la minifalda pero de poco servía con esa en concreto, me di la vuelta para ir a buscar mi top, pero nada más girarme el de nuevo me empujo con suavidad hasta hacerme caer sobre la mesa y cogiéndome con sus manos las piernas, me las hizo abrir en forma “v” metiendo su cabeza entre mis muslos y empezó a comerme con ansia el coño.

    Su lengua recorría todo mi coño sin parar, pasaba por mis labios, jugaba con la entrada de mi vagina, para luego centrarse en mi clítoris, yo gemía sin parar, disfrutando. Mis manos cogieron mis tetas buscando mis pezones para pellizcarlos y tirar de ellos, el ver cómo me tocaba, hizo que me comiera aún más intensamente el coño, podía oír su lengua re chupeteando mis jugos, notando como se introducía un poco en mi vagina o como me volvía loca de placer dando lengüetazos sin parar en mi clítoris, tenía rojos los pezones de tanto tirar de ellos y empecé a notar ese especie de escalofrió que precede a mi orgasmo, mi cuerpo se tensaba por segundos, solté mi tetas y agarré su cabeza por los pelos pegándola contra mi coño.

    –no pares, no pares, me corro.

    Mi cuerpo se convulsionó y con un par de fuertes espasmos me corrí entre gritos de placer mientras restregaba mi coño contra su boca a la vez que él saboreaba mis fluidos hasta que mi orgasmo cesó.

    Se levantó restregando su brazo contra su boca limpiando los restos de mis fluidos y se dirigió a su silla al otro lado de la mesa donde se dejó caer, yo me levanté y finalmente pude recoger el top.

    –me voy a cambiar y me iré

    Él no dijo nada excepto un gesto con la mano como diciendo puedes irte.

    Llegue la baño donde estaba la mochila metí el top dentro de la misma, me quite la mini y me limpie como buenamente pude, Raimon había dejado allí también mi ropa interior, me vestí por completo con mi ropa y salí de allí sin volver a entrar en el despacho, fui a buscar a Raimon al bar.

    Tras encontrarle y que todos los tíos que estaban en el bar no me quitaran la vista de encima hasta que salimos fuera, cosa a la que ya no le di ni la más mínima importancia.

    –¿cómo es que has tardado tanto?

    –pues vaya pregunta, le habías dicho al tío ese que le pagaría el haber dispuesto de la esquina

    –¿le has puesto alguna pega?

    –no

    –¿has accedido sin rechistar?

    –si

    –¿te ha follado?

    –si

    Raimon empezó a reír.

    –¿pero qué pasa?

    –Vanessa, la esquina ya se la había pagado yo desde el principio en metálico.

    –el muy cabrón

    –jajaja no te preocupes, me encanta tu reacción y que hayas cumplido, eso deja bien claro que ya has asumido tu papel, ahora si que de verdad te has convertido en una puta.

    Loading

  • Mis padres (2): Mi madre me pone bloqueador solar…

    Mis padres (2): Mi madre me pone bloqueador solar…

    Después de la arenga de mi mamá, nos abrazamos todos y nos besábamos con amor y ternura.

    Si hoy me pongo a justificar lo que pasó en esas vacaciones, la única explicación que le encuentro es el entrañable amor que nos tenemos todos. Mis padres me aman con locura a mí y yo a ellos. Yo lo amo muchísimo a Pablo y mis padres entre ellos. Nosotros no somos swingers ni muy liberales tampoco. Y mis padres mucho menos. Son naturistas, pero en privado (hasta que llegamos nosotros), pero lo que pasó, no nos cambió la vida ni mucho menos. Seguimos siendo todos lo que éramos antes de llegar a ese barco.

    ¡Vamos todos al agua!, gritó mi papá y uno a uno nos fuimos zambullendo en esas cristalinas y templadas aguas. Nadamos, jugamos, nos abrazábamos, mis padres se besaban y disfrutaban de ellos y de nuestra compañía.

    Luego que salimos, nos secamos, y nos tiramos al sol. Mi mamá y yo en las tumbonas y mi papá y Pablo en la cubierta delantera. Hablábamos de cualquier cosa y nos reíamos mucho.

    Como a la hora, mi papá dijo: vamos a levantar anclas e ir a otro lugar más reparado para pasar la noche allí y tenemos como 3 horas de navegación.

    Pablo se fue con él a ayudarlo en las maniobras de levantar el ancla y a su vez, quería aprender a conducir un bote. Desde siempre mi papá y Pablo congeniaron en todo, es como el hijo que nunca tuvo. Era divertido verlos ir y venir desnudos, con sus porongas depiladas que se sacudían para aquí y para allá. Cuando se agachaban se les veían los músculos tensarse y si apuntaban hacia nosotras, se les veía claramente su ano prieto y marrón en el caso de mi papá y rosado oscuro el de Pablo.

    A mi esas visiones me excitaban mucho y se lo comenté a mamá, que me dijo que a ella le pasaba lo mismo, no solo con mi padre, sino con Pablo también, y debe ser por la novedad de ver a otro hombre desnudo a bordo. También me dijo que a veces cuando estaban solos, ella se calentaba más que papá y que ella a veces lo buscaba para follar y que era muy satisfactorio ya que tu padre es un gran amante, pero que dos o tres horas después ella tenía ganas de nuevo y a papá le costaba excitarse. A lo mejor con Uds. a bordo la cosa cambia. Son la novedad.

    Por ejemplo ahora yo estoy excitada, mira, dijo mi madre y se abrió los labios de la concha y me mostró su humedad. Yo me levanté de la tumbona y me acerqué a mirarla, era hermoso y excitante verle adentro de la concha a mi madre. Yo nunca había visto una de tan cerca, excepto la mía a través de un espejo. Esto era distinto. Sentí que mi propia humedad afloraba. Estiré un dedo y le saqué un poco de juguito a mi mamá y lo olí. Ella en ese movimiento mío exhaló un suspiro y yo otro porque su olor me encantó. Era un delicioso olor a dulce, a miel.

    Me tiré nuevamente en la tumbona y cerré los ojos. El bote se mecía suavemente y el motor bramaba. Estábamos en camino y yo me empecé a adormilar.

    No se cuanto tiempo pasó, pero me despertó las manos de mi madre sobre mi espalda aplicándome protector solar. Te tienes que poner mucho, nena. Aquí el sol es muy fuerte y después te va a arder, me dijo. Sus manos hacían maravillas en mi espalda, mis nalgas y mis piernas. Me masajeaba con mucha dulzura por todos lados. Abrió mis cachetes y me colocó sobre mi ano también. Allí se detuvo un poco más y me decía, a este hay que mimarlo más, porque nunca le ha dado el sol y encima hace un rato lo usaste y muy bien.

    Cuando terminó con las piernas, me pidió que me diera vuelta y me aplicó protector desde la frente hasta los pies, deteniéndose largo tiempo en mis pechos y mis pezones, que se habían puesto como piedras. Ella los estiraba y apretaba con una enigmática sonrisa en el rostro.

    Cuando llegó a mi conchita, me hizo abrir bien las piernas y me aplicó por los bordes y los labios recién depilados e hinchados. Yo cerraba los ojos y me dejaba hacer. En determinado momento dejé de sentir sus manos y al instante era su lengua la que me acariciaba los labios vaginales. Me sorprendí y abrí los ojos. Mi madre estaba entre mis piernas y me miraba con los ojos muy abiertos comiéndome el coño con una suavidad inaudita. Algo que jamás había sentido.

    Siguió así por varios minutos, con su lengua recorriendo mi interior y deteniéndose en mi clítoris que estaba muy hinchado y haciéndolo saltar con sus lengüetazos, yo me derretía de placer. Cuando ella sintió que estaba por tener un orgasmo, se detuvo y me dijo. Ahora poneme bloqueador vos a mi y se tumbó al lado mío.

    A mi me temblaban las piernas, estaba muy caliente y quería terminar. Pero tomé el bloqueador y se lo esparcí por toda la espalda y piernas. Mis manos temblaban y al llegar a sus nalgas me encontré con su anito semi abierto. Mi mamá, al ser flaca, es de esas personas que tiene los cachetes abiertos permanentemente y su rosado ano se ve desde afuera. Le deposité una cantidad de crema sobre su culo y directamente le metí un dedo hasta el fondo, que entró suavemente. Mi mamá pego un respingo y me dijo: ¡Así nena, esto es la gloria!

    Seguí con mi dedo adentro y hasta me animé a meterle un segundo dedo que recibió con mucha complacencia. Ella gemía y fuerte, mientras con la otra mano le acariciaba el nacimiento de sus senos por el costado y le pellizcaba los pezones cuando ella arqueaba la espalda y se despegaba de la tumbona.

    Me acerqué a su oído y le dije: esto es además que con placer, con amor. Ella giró la cabeza y me dio un hermoso beso en la boca. Nuestras lenguas se acariciaban intensamente mientras yo seguía con dos dedos en su ano y mi otra mano acariciándole la espalda.

    Ella con mucha delicadeza se desprendió de mi y suavemente se giro quedando boca arriba. Mis dedos se habían salido de su culo y mi mano ahora acariciaba su vagina y pellizcaba dulcemente su clítoris.

    Vení, me dijo. Acostate en la tumbona. Al ponernos de pie, aún abrazadas y dándonos besos en la boca, alcancé a mirar a mi papá y Pablo en la cabina de mandos. Ellos nos estaban mirando y tenían unas fuertes erecciones. Pablo se acariciaba lentamente su pija, papá solo nos miraba. Estaban uno al lado del otro, y me sentí importante al ver sus porongas paradas por nosotros.

    Mi mamá me guio a la tumbona, me acosté boca arriba y ella se puso sobre mí, en sentido inverso y empezó a besar mi concha. Yo tenía la de ella frente a mis ojos, y su delicioso olor me impregnaba la nariz. Ese olor que minutos antes había degustado y que me parecía magnífico.

    Cerré mis ojos, estiré mi lengua y le acaricié el clítoris directamente. Ella dejo escapar un ¡Ahhh!, y continuó dándome placer en mi conchita. Estoy seguro que para ella, yo era su primera vez con una mujer y para mí también. Estábamos debutando juntas y era glorioso.

    De su clítoris pasé a su vagina que estaba muy mojada y metía la lengua lo más que podía. Cuando habría mis ojos, veía su ano muy dilatado por mis dedos anteriores y eso me tentaba. Levanté mi cara para pasarle la lengua por allí y no me gustó. El gusto a la crema bloqueadora era desagradable, seguí con su conchita que me gustaba más su sabor. No sé, la verdad, que me gustaba más, si que ella me comiera el chocho a mi o yo a ella. En su conjunto era glorioso. Lo que si se, y con certeza, es que me encaminaba al punto de no retorno en mi culminación sexual.

    Yo soy multi-orgásmica, y Pablo lo sabe muy bien, y saca provecho de eso. Me hace terminar varias veces en un solo polvo.

    Pero cada vez que estaba a punto de terminar, mi mamá sacaba su cara de entre mis piernas, y me acariciaba los pies, se giraba y me amasaba las tetas, y volvía a su dulce manjar en mi vagina.

    En uno de esos parates, giré la cabeza hacia la cabina de mando y mi papá y Pablo no estaban. Giré la cabeza hacia el otro lado y Pablo estaba tras mi cabeza y mi papá a su lado. Ambos tenían sus manos en las pijas, pero cambiadas. Mi papá le empuñaba la poronga a Pablo y este a su suegro. Se acariciaban lentamente sin perder detalle de lo que nosotros hacíamos. No sé como empezó ese intercambio de caricias entre ellos, pero el verlos me excitó mucho más de lo que ya estaba.

    Mi mamá continuaba con sus besos en mi abierta y rosada concha y mi papá levantó la poronga de Pablo y suavemente la dirigió al ano de mi mamá, la apoyó sobré la rosada roseta semi abierta y Pablo empujó suavemente. Mamá ni despegó la cabeza de mi entre pierna, mas aún, parece que me comía con mayor intensidad. La pija fue entrando lentamente pero sin pausa hasta que los huevos sin pelos de Pablo quedaron sobre mi frente. En ese instante exploté en un orgasmo violento. Tan violento que el contacto de la lengua de mi mamá me molestaba.

    Al sentir esto, ella estiró los brazos hacia atrás, aprisionó las caderas de Pablo y empujó hacia ella y tuvo un orgasmo con gritos y convulsiones. Como el mío en la mañana con la pija de papá en mi culo.

    Cuando mamá se calmó un poco, se salió de la postura que estaba y la pija de Pablo quedó balanceándose en el aire, a cm. de mis ojos. Pablo no había acabado.

    La tomé con la mano, se la acaricié unos instantes y le dije: Vení cosita, ahora tengo ganas de vos, pero a solas.

    Con su pija en mi mano, lo llevé al baño, se la lavé, me la metí 30 segundos en la boca y nos metimos en nuestro camarote a coger como conejos.

    No sé qué habrá sido de mis padres, papá no había terminado tampoco. Eso es cuestión de mi mamá.

    Ni cenamos esa noche. Cuando abrí los ojos, el sol estaba alto.

    Era otro día.

    Loading

  • Follando con mi hermana (2 de 2)

    Follando con mi hermana (2 de 2)

    Después de aquella primera vez con mi hermana. Seguí follando con ella regularmente. Me contaba que salía con algunos chicos, que también se la follaban, pero que disfrutaba siempre más conmigo. Y claro, yo nunca le decía que no. Cada vez nos volvíamos más salvajes en nuestros polvos.

    Un día mientras que follábamos sentados en una silla delante del ordenador mientras navegábamos por páginas porno como la primera vez. Encontramos un video en donde una chica era follada por otra chica con un descomunal cinturón consolador mientras un tío la daba por detrás. Eso excitó muchísimo a mi hermana, y me propuso una aventura.

    Tenía una compañera en su clase. Era la típica chica pelota y empollona, que se llevaba fatal con todos sus compañeros de clase. Según parece mi hermana se la tenía jurada, y éste era el momento.

    Así que un día fuimos a comprar un cinturón-consolador, nos miraron un poco raro, pero lo conseguimos. Esa era la primera parte.

    Ahora mi hermana iba a pedirle a esta Marta, la empollona, que le echara una mano con unos problemas. Intentaría convencerla para que fuera a casa un día que mis padres estuvieran fuera todo el día. A la semana siguiente mi hermana me dijo que había conseguido convencerla. El resto era fácil. Teníamos una poción que había conseguido mi hermana de uno de sus amantes que era capaz de poner cachonda a la tía mas frígida del mundo. Así que se la pensábamos dar con algún refresco.

    A la siguiente semana apareció un día mi hermana con Marta. Era un poco más baja que mi hermana, se intuía que era más bien delgada y que no tenía que estar mal dotada de tetas, pero llevaba una ropa tan a la antigua que la hacía quedar fatal. Luego unas enormes gafas de las que no se llevan ya y el pelo recogido hacia atrás como las abuelas. Era todo un panorama.

    Las dos se fueron a su cuarto a estudiar. A la media hora o así, entré en la habitación, y las dije si querían tomar algo de beber, había hecho algo de limonada con unos emparedados. Mi hermana dijo que sí, Marta no le apetecía mucho, pero fue a la cocina. No quería ni comer ni beber, al final conseguimos convencerla de que probara un poco de limonada. Bebió un par de sorbos, pareció gustarle y se terminó el vaso. Mi hermana y yo nos miramos con satisfacción.

    Ellas volvieron a su cuarto, y yo entré al rato para charlar un rato con ellas. Entonces empecé a ver que Marta empezaba a sudar bastante, se la notaba acalorada y empezaba a ponerse colorada. Mi hermana la dijo si se quería quitar el jersey. Al principio dudó, pero aceptó al final. Al quitárselo, pudimos ver que efectivamente tenía unos grandes pechos, debajo llevaba una camisa, pero sus tetas marcaban un gran volumen debajo, y también parecía delgadita. Seguimos charlando. Marta apenas hablaba. Seguía sintiendo los efectos. Entonces continuamos con nuestro plan.

    Me acerqué a mi hermana y empecé a acariciarla, nos empezamos a besar mientras que le empecé a tocar los pechos. Mientras veíamos cómo Marta se mordía los labios, estaba ardiendo y luchando contra su pudor. Entonces me puse de pie, mi hermana me bajó los pantalones y mi enorme polla saltó fuera de los calzoncillos. Marta dio un respingo en la silla al ver tal aparato. Se mordió el labio inferior. Mi hermana empezó a chuparme la polla, que se iba haciendo cada vez más grande y se empinaba más y más.

    -¿Quieres tocarla Marta? -le pregunté. Ella estaba como paralizada. Se lo pregunté otra vez girándome hacia ella para que pudiera ver las dimensiones de mi aparato.

    -¿Puedo? -respondió por fin con una pregunta.

    -Claro que sí -la dije yo acercándome. Me puse a su lado, con una mano empezó a tocármela un poquito, tenía unas manos muy suaves y tersas.

    -¿Quieres probarla con la lengua? -le dije. Ella acercó su boca y pasó la lengua por la punta de mi polla. Una corriente recorrió toda mi espalda. Siguió dándome algunos lametones.

    -Marta, ¿por qué no te pones más cómoda? -le preguntó mi hermana. Ella aceptó. Entre mi hermana y yo empezamos a quitarle toda la ropa, la verdad es que desnuda, con el pelo suelto y sin las gafas, Marta era una autentica chica cañón, delgadita, buenas tetas, morenita, era un bombón.

    La tumbamos en la cama mientras mi hermana y yo nos desnudábamos. Ella nos contemplaba retozando encima de la cama. Yo me tumbé a su lado, nos estuvimos besando, mientras mi hermana se había metido entre sus piernas y estaba empezando a chuparle su conejito. Entonces le dije que me la chupara, ella me la cogió como una principiante, apenas sabía chuparla, pero esa novedad me encantó, sólo me la había chupado hasta entonces mi hermana, que era una auténtica experta, así que sentir esa otra boquita y esa lengua caliente en mi polla me puso a cien. Ella se retorcía cada vez que mi hermana le metía la lengua hasta el clítoris.

    -Por favor, házmelo, házmelo -empezó a gritar, evidentemente quería que la follase. La tumbé en la cama, la abrí las piernas, tenía el sexo empapado, creo que la pobre ya se había corrido. Le puse la polla a la entrada de su coñito y se la metí de golpe tal y como había hablado con mi hermana.

    -Aaaauuaa -gritó ella al sentir mi enorme polla perforándola. Mi hermana se puso encima de su cara, puso su depilado sexo en su boca y le dijo que se lo chupase, la pobre apenas podía sacar la lengua ante los envites que recibía en su coñito. Yo le magreaba las tetas, que se le habían puesto bastante duras.

    -Así estuve follándomela un buen rato. Cuando se la saqué ella ya estaba como loca cabalgando.

    -No, quiero más -me dijo.

    -Espera chiquilla, que ahora vas a tener doble ración. -la dije. Entonces vio a mi hermana que se había puesto el cinturón consolador, era casi del mismo tamaño que mi polla. Marta quedó sorprendida. Mi hermana se tumbó en la cama, cogí a Marta y la puse encima de ella, intentó resistirse un poco, pero acabó empalada en aquel consolador enorme

    -Aaaaggg -gritó, pero entonces la agaché, le abrí las nalgas, y le metí un dedito en el ano, lo tenía realmente pequeño, desde luego iba a disfrutar con la venganza de mi hermana.

    -Nooo por favooor nooo -gritó ella cuando sintió la punta de mi polla en su culito- nooo por el cul… aaaagg -fue su respuesta cuando empecé a embestirla por el culito, ella se iba más contra mi hermana, que la embestía más por el coñito.

    -Aaay por favvv… nooo -gritaba la pobre mientras mi polla la perforaba más y más su estrecho culito. Desde luego que me costó mucho poder llegar hasta el fondo, ella se retorcía de dolor y de placer clavada en aquellas dos pollas.

    Entonces empezamos a follárnosla de la manera más salvaje. Yo la empujaba por detrás y mi hermana por delante. La pobre no paraba de gritar y jadear, temblaba y se retorcía, mi hermana sintió su coño derretirse al mismo tiempo que el de Marta, yo no pude más y descargué todo mi semen en su culito. Al final acabamos los tres tumbados agotados de tanto placer y lujuria.

    Loading

  • La policía y el ladronzuelo (3)

    La policía y el ladronzuelo (3)

    La oficial Álvarez se despertó unos minutos antes de su horario habitual. Al entrar en la habitación donde retenía al delincuente lo vio que dormía aunque no profundamente. Sin darle tiempo a desperezarse le dio de beber un vaso de agua. Después se preparó para su día de trabajo. Antes de salir del departamento, guardó adecuadamente los utensilios cortantes, volvió a colocar el aparato de castidad al malviviente, desató una de sus manos, y finalmente escribió una nota al atado delincuente.

    “Cariño: ya tuve que irme al trabajo. Espero que tengas un lindo día y esperame a que regrese. Hay comida en la heladera y algo de ropa para vos en el placard, agarrá lo que quieras, pero dejá limpio. Divertite sin mi, pero no se te ocurra tocarte” al finalizar dio un beso en la nota, marcando sus labios.

    La policía no creía que el ratero entendiera la ironía, pero igualmente le divertía pensar que si lo hizo. Cuando regresó lo encontró sentado en el sillón con un pantalón y una remera de las que le había dejado. Si bien se lo veía enojado ya no trató de atacarla. Aun así decidió noquearlo para poder cambiarse tranquila. Al revisar la cocina vio que había comido, pero no había limpiado. “Un último intento de resistencia” dijo para si misma.

    -¿Qué te pareció mi casa? –dijo cuando entró en la habitación. Había dejado al delincuente atado y completamente desnudo. La erección que se produjo cuando la vio le sacó una sonrisa a Agostina- veo que al menos te pusiste cómodo.

    -Dejame ir, por favor

    -Oh las palabras magicas si pueden salir de tu boca –se acercó y acarició su rostro. Pudo ver que estaba empezando a temerle– pero eso no es suficiente para que recuperes tu libertad –la oficial pudo ver el momento exacto en que el joven ladrón se tragaba su orgullo.

    -Por favor. Te pido disculpas por haberte gritado y insultado…

    -Vaya vaya, dos de tres en menos de un minuto. Viste que no era tan difícil.

    -Ahora dejame irme. Ya hice lo que querías. Te juro que no vas a volver a verme.

    -No es el momento todavía –se sentó en el cuerpo del cautivo– Además aún siendo buena con vos no sos capaz de hacerme caso.

    -Ya te pedí disculpas, ¿Qué más querés? –una cachetada sorprendió al indefenso ladrón.

    -Quiero –su tono era duro, totalmente diferente al trato cariñoso que había tenido hasta el momento– por empezar que no me interrumpas cuando hablo. Además quiero que si te dejo quedarte en mi casa muestres algo de gratitud y al menos limpies lo que ensuciaste. Para mi sería muy fácil tenerte todo el día atado a la cama. Darte agua y comida solo cuando me levanto y cuando llegue. Dejar que te mees y cagues en tus pantalones –hablaba lento, dejando que imaginara lo que le iba diciendo– oliendo tu propia orina y mierda todo el día. Puedo hacer eso mañana si querés probarlo.

    -No, por favor.

    -Entonces agradeceme lo que hago por vos –el joven delincuente no contestó y Agostina se levantó y se dirigió a la puerta de la habitación– como quieras.

    -No, disculpame. Te agradezco que me dejes quedarme en tu casa y me des de comer.

    -Mucho mejor –dijo volviendo sobre sus pasos– Pero después de tantas ofensas con palabras no va a ser suficiente –abrió un abrojo del traje que dejaba libre su vagina y la acomodó sobre su prisionero– quiero que me comas la concha.

    -No voy a hacer eso, puta. Las únicas que chupan conchas son las lesbianas –el esfuerzo por seguir resistiendo divertía a la policía– y las putas como vos tienen que chupar pija –Una sonrisa se apoderó de Agostina. Sin perder contacto visual con el ladrón dirigió su cara a su ya duro pene. Dio un beso y empezó a meterlo despacio en su boca– Si, así. Al final son todas putas –La oficial seguía mamando con suavidad– Se hacen las rudas pero solo quieren chupar pija y tragar leche –Le clavó despacio los dientes en su miembro y comenzó a sacarlo de su boca. Repitió el proceso a mayor velocidad– Después de tragarte toda mi leche me vas a desatar y me vas a pedir que te rompa el culo– La agente sintió en ese momento que el pene en su boca vibraba y dejó de estimularlo– seguí puta.

    -¿De verdad pensaste que iba a comerte la pija y tragarme tu leche? –dijo sonriéndole– solo lo hice para que aprendas de una vez cual es tu lugar. Si querés alguna vez volver a acabar vas a hacer todo lo que te diga. Sino esto –agarró la llave despacio con dos dedos– se va a la basura.

    Eso fue el golpe de gracia. Toda resistencia desapareció del joven ladrón. Estaba visiblemente derrotado. No tenía sentido en ese estado pedirle nada, ya que su mente lo había abandonado. Era un cuerpo sin alma. Lo dejaría descansar una noche y luego, ya consciente de su situación, comenzaría con su reeducación.

    Loading