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  • Mi esposa bajo la lluvia blanca

    Mi esposa bajo la lluvia blanca

    En los dos meses de descanso nos dedicamos a nosotros, a nuestro trabajo, visitar a nuestros padres, etc. Estábamos listos para volver a la acción.

    En un día libre que coincidí con mi esposa aprovechamos, esta vez escogió un vestido amarillo sencillo y tacones negros, ropa interior no recordamos seguramente no se usó nada… Llegamos a la zona donde los vagabundos, y como siempre ahí estaba Héctor y Antonio, nos bajamos a saludar y esta vez sí veníamos con intención que mi esposa pasara un buen rato…

    Mientras hablamos con ellos, algunos vagabundos se acercaron a saludarnos, mas a mi esposa pues a fin de cuentas ella era querida ahí era como “lo nuevo” en el lugar, entonces nos acordamos de Julio y así que lo fuimos a buscar y lo trajimos para charlar un tanto… Antonio se puso un tanto celoso de Julio, pero bah ambos se cogían a mi esposa así que no sé porque tanto celos, luego apareció aquel mismo vagabundo que se había colado en los bailes, y de ser Antonio y Héctor, ahora pasaron a ser 4, que lío…

    Pero para no alargar, les dijimos la intención de volver a la acción con ellos y obviamente que aceptaron.

    Pero el problema es que ahora serian cuatro con mi mujer… que cosas… pero al final nos ordenamos, y nos pusimos manos a la obra o bueno manos encima de mi mujer… Era complicado para ella satisfacer a todos, ya que cada uno quería su parte, mi esposa se levantó y era como un imán, ella se levanta todos se levantan, ella se mueve los otros se mueven, es algo gracioso.

    Los cuatro rodearon a mi esposa y comenzaron a besarla, uno cada uno… y así hasta que la temperatura se elevó, después de eso fue Antonio quien tomó la delantera… Mi esposa entendió su mensaje y se arrodilló, cerró sus ojos y abrió la boca… Antonio entonces se quitó el pantalón y posó su glande en la boca de mi esposa y ella comenzó a mamarle la verga y eso fue el detonante… Como que si niña con un caramelo se trataba lo hacía con gran placer seguramente ya le hacía falta.

    Engullía con serenidad y firmeza, hasta que cambió era turno de Héctor y al ser la mas grande de todos, incluido el mío, comenzó desde la punta hasta llegar a los huevos, los cuales se los metió en la boca y comenzó a chupar, las bolas de Héctor pasaron a estar todas babeadas lo mismo sus pelos, era turno de Julio su verga en forma de cono era única y esa mamada tenía que ser única según mi esposa.

    Hizo lo mismo que con Antonio, cerró sus ojitos y abrió la boca, Julio procedió no a poner su verga, si no a meterla en su boca y a penetrarla como que si de su vagina se trataba, un movimiento suave de penetración, mi esposa luego abrió bien la boca para poder engullir lo más posible no era larga la verga de él por lo que si problema lograba llegar, según ella, hasta inicio de garganta… Y por último dejó al vagabundo que se había colado en los bailes, su nombre era Rubén, mi esposa le dedicó una buena mamada menos que los otros pero de igual calidad… La baba caía de la boca de mi esposa al acumularse la saliva.

    ¿Y yo? Nada mas disfrutando como mi esposa se esforzaba en mamar.

    Y la faena continuaba, hasta que llegó el momento que ellos querían, nuevamente discordia, pero se turnaron al final… ¿Y qué momento era? ¡Exacto! El momento de penetrar a mi bella esposa.

    El primero en comenzar fue Rubén, él tuvo los honores… para ello le dijo a mi esposa que se pusiera en cuatro, y así lo hizo…

    Mi esposa le decía que escogiera por donde que todo estaba a disposición… Y eso hizo encender mas la noche, y Rubén muy emocionado empezó a penetrar a mi esposa por su vagina… podía ver como aceleraba y disminuía el ritmo, mientras que mi esposa pujaba, pero pujaba con una verga en la boca… Antonio había aprovechado para que le continuara haciendo un oral… La escena era épica, mi esposa desnuda adentro de una calle, se escuchaba el choque de pelvis con el culo de mi esposa, y con vista a otros vagabundos espectadores… era increíble.

    Cambiaron de puesto, esta vez era turno de Julio quien decidió penetrarla analmente, fue un poco mas tardado pero logró penetrarla y se quedó quieto con la verga adentro del culo de mi mujer, esperando a que todo se acomodase, finalmente pudo comenzar a meter y a sacar… Mi esposa pujaba nuevamente hasta que su característica vibración de pierna apareció señal de que estaba teniendo un orgasmo…

    Mi esposa les decía que le fascinaba, y me miraba a mi para mandarme un beso, mientras su cuerpo rebotaba estando en cuatro… hasta que Julio se la sacó, y procedió a que se la mamara y nuevamente mi habían ganado el mandado con mi esposa… por segunda vez logró que mi esposa le hiciera un oral después de un anal. Héctor al ver eso se acomodó atrás y empezó a jugar con el culo de mi esposa, hasta que poco a poco empezó a abrirse paso hasta meter su verga en el culo… mi esposa se quedaba sin aire, gemía en silencio, gemía sin aire… aquella verga de Héctor seguramente estaba llegando a lugares que yo no había podido acceder…

    Hasta que mi esposa tomó aire y la hizo bramar, el sudor chorreaba por la frente… la mezcla entre dolor y placer en la cara de mi esposa era poesía…

    Esos pujidos fueron ahogados por la verga de Antonio quien había vuelto a la acción… Y así pasaron un buen rato disfrutando de mi esposa hasta que llegó el punto de clímax…

    Mi esposa comenzó a mamarles otra vez las vergas hasta que hizo correr a Antonio en su boca, y me enseñó el semen de Antonio empozada en su boca… posteriormente continuo con Julio… ya sabía lo que intentaba hacer… hasta que finalmente todos acabaron en su boca… Había hecho una especie de bukkake… el semen de los cuatro encharcado en su boca… hasta que ella los tragó…

    Los cuatro quedaron satisfechos ante tal escena… en su vida seguramente se les iría a presentar una oportunidad así…

    Después de esa noche, las cosas iban cambiando de a poco… literal mi esposa se volvió la puta de ellos cuatro, y mi esposa iba ganando fama al menos en ese lugar… E incluso algunos vagabundos se le acercan para pedirle un rato, cosa que mi esposa rechaza.

    En una ocasión, nos pidieron algo totalmente inesperado, nos pidieron o mas bien me pidieron una noche con mi esposa, que ella se quedase con ellos … ya se había quedado una vez con Julio, pero yo estuve con ella, esta vez quería que la dejara sola… Nos retiramos del lugar con eso en mente… y tras dos semanas de pensarlo… sabiendo que Antonio la había cuidado anteriormente de vagabundos abusivos y el miedo a Julio al parecer todo estaría bien. Entonces aceptamos.

    Nos preparamos mentalmente, una vez llegados la noche, fuimos a la exconstructora y no podían creer que habíamos aceptado, queríamos esa experiencia, además que ellos cumplen con nuestros deseos, así que era como entre agradecimiento y aprovechar la oportunidad.

    Y la deje sola ahí con una calle llena de vagabundos…

    A partir de aquí relata mi esposa.

    Para ese entonces recuerdo me puse un short de mezclilla a media nalga y un top blanco… Traje una mochila donde traía mas cosas, entre ellos un camisón transparente…

    El ambiente fue raro, un frio recorría mi cuerpo, esa sensación de estar sola en toda una zona donde solo habían muros, escombros, e intentos “de casas” a medio hacer… Héctor y los demás tenían todo preparado para recibirme, quería que durmiera con ellos cuatro algo difícil pues no me podía multiplicar, por lo que decidí en ese entonces dormir con Antonio y Héctor, me quité toda la ropa y me puse un camisón transparente, se me notaban los pezones y bastantes erectos por el frio de octubre, entonces a acomodarme iba cuando Antonio me pregunta sobre que estaba haciendo a lo que le respondí…

    Es que tienes que ir a decirle buenas noches a algunos aquí… abrí los ojos… quería que estando desnuda solo con un camisón transparente fuera a darle las buenas noches a cada grupito de vagabundo, pero ni corta ni perezosa así lo hice… ¿Pensaron que me iba a molestar? Pues no.

    Finalmente llegó la hora, unos cartones como cama y a dormir entre Antonio y Héctor…

    ¿Dormir? Para nada, en eso comenzaron a tocarme y con una delicadeza que no habían mostrado comenzaron a acariciarme, sin ropa ya estaba… por lo que Héctor trepo encima mío y empezó a lamer y morder mis pezones por encima de mi camisón, el frio y el estímulo hicieron erguir mas mis gomitas, me empezaba a mojar de mi parte, Héctor llevó sus dedos y se enteró de lo mojada que estaba, por lo que bajo un poco su trusa y procedió a penetrarme como un marido a su esposa, de una manera suave y tranquila, disfrutando mi interior… nada de agresividad, me besó lo cual le correspondí hasta que pasados unos minutos, finalmente acabó adentro mío y le di las gracias.

    Era turno de Antonio él no se andaba con miramientos no me dio tiempo de nada ni me dijo nada, se subió en mi pero con su pelvis en mi rostro, e hizo un misionero pero en mi boca… no me había percatado pero ahí estaba nuevamente aquella esmegma pero esta vez en Antonio, quería vomitar del horrible sabor pero le hice frente, era un sabor revuelto entre orina, sal por el sudor y el horrible sabor del esmegma, mis lagrimas comenzaron a salir sentía que me ahogaba, apretaba los puños hasta que Antonio me dejó respirar tome una bocanada de aire y nuevamente entró su verga en mi boca.

    Continuaba con el mete y saca, con la misma saliva lo que había de esmegma se despegaba y era algo que no podía detener, continuaba mamándole la verga hasta que mi boca comenzaba a llenarse de saliva, lograba sacar una parte por las comisuras de mi boca hasta que finalmente me vi obligada a tragar toda la saliva… en el proceso de tragar también lo hice con los residuos de esmegma… hasta que finalmente Antonio se quitó de mí.

    Y me dice: Se lo que hiciste con Julio ni te atrevas a protestar… ¡Vi cómo se la limpiaste con la boca y eso no me gustó! – dijo de una forma seria

    Pe…ro… – y me interrumpe

    Ese era el objetivo de hacerte quedar esta noche, no me podía quedar así…

    Ahora abre la boca, y ni sé porque, pero le hice caso.

    Esta vez continuó metiendo y sacando su verga de mi boca de manera tranquila, al parecer el enojo se le había pasado, hasta que finalmente acabó en mi boca y me tragué su semen.

    La parte de la madrugada fue relativamente tranquila, si pude dormir pero el mismo ambiente de estar sin ropa y dormir en la calle no me dejaba conciliar al 100% el sueño.

    En la mañana llegó finalmente mi esposo, en su momento no le conté lo sucedido hasta llegar a casa… Si lo hubiésemos tomado a mal pues lógicamente no estaríamos ni escribiendo aquí.

    Para la noche en la que me quedé con Rubén y Julio, pues ellos me pidieron que literalmente no usara nada de ropa, solo tacones para caminar bien, al llegar al lugar me quité todo adentro del auto pues no podía salir de casa desnuda, llegamos tipo 11 pm salí del vehículo tal cual me pidieron, solo con tacones puestos y caminé así a lo largo de la cuadra silbidos y piropos subidos de tonos no faltaron de todas formas la fama de puta ya me presidía. Mi esposo se había retirado del lugar.

    Julio y Rubén me saludaron, y me quedé en su espacio, pasado de unos minutos nos dispusimos a dormir, solo me quité los tacones y me acosté entre ellos dos, pudo mas el sueño y me quedé dormida tal vez una hora… cuando siento caliente uno de mis glúteos y era Julio que por su incontinencia se había orinado y como me tenía de cucharita justo en mis glúteos, no lo podía creer, pero lo dejé así… a los minutos un rose en mis labios me despertó era Rubén, quería que se la mamara y entre dormida y despierta así lo hice hasta que acabo en mi boca y me tragué su semen…

    En eso Julio me empieza a sobar un pecho y a dedear un pezón, luego al parecer se reactivó porque se despertó y me dio la vuelta, y me dijo que me pusiera en cuatro, pensé que quería anal, pero no fue así empezó a penetrarme de una manera muy torpe, hasta que lubricó bien y continuó metiendo y sacando como se debe… a todo esto ya era de madrugada y hacia frio, no había conque arroparse, después de unos minutos Julio acabó sentí que esta vez si llenó hasta mi útero con su semen… finalmente pude dormir o eso pensé.

    Tal vez ya tipo 5 am abrí un ojo pues el otro aún estaba dormido al parecer jaja pues vi a un vagabundo que nunca había visto y se estaba masturbando, quería ver a Julio y a Rubén y no estaban, hasta que medio me incorporé Rubén se dio cuenta y hecho al vagabundo de la calle y Rubén me dice:

    No te preocupes putita, aquí te cuidamos – y apretó mi pecho

    Justo yo estaba tomando agua de una botella que había traído y aparece Julio, se arrimó a un muro y empezó a orinar, lo vi con los ojos entrecerrados…

    Luego de eso, Julio me ve y me dice: Ahh que bueno que despertaste hay que asearnos – dijo acercándose a mi

    Me puso su mano en el rostro y abrió mi boca, puso su verga en mi boca, no me lo podía creer… dejó ir un chorrito de orines en mi boca y pude sentir ese olor característico en mi boca y el sabor salado, otra vez las lágrimas saliendo de mis ojos ante tal asquerosidad, me puse a darle un oral sin tratar de respirar para no sentir el olor y a la vez pensaba que no tenía a mi esposo cerca, recapitule que básicamente a la fuerza he comenzado a hacer algunas cosas y que las peores siempre pasan cuando él no está.

    En la primera noche me tragué toda esa asquerosa esmegma y ahora este vagabundo me dejo ir un poco de su orina en mi boca, lo habían hecho con mala intención de humillarme… No me lo podía creer, en mis pensamientos estaba cuando Julio empezó a eyacular en mi boca, semen que escupí esta vez.

    ¿Qué les pasa a estos sujetos? – pensé

    Nunca en mi vida creí que serían así de calientes y de locos… es cierto que entre mi esposo y yo tomamos a bien este tipo de aventura, pero otra cosa era no medir lo que hacíamos…

    Pero… esa calentura estaba en mi cuerpo y caí en mis propios pensamientos y me dije a mi misma:

    Erika forma de detener esto tuviste! Pero querías saber hasta donde llegar y no paraste, y te dejaste hacer… ¡Eso quiere decir que te gusta!

    No me malinterpreten si me gusta, pero no había descubierto cuanto, desconocía eso… no es algo que piensas en la vida, ocurre y ya, son de esas que le ocurren a pocas personas… Todas esas divagaciones tuve un par de meses pero si me gusta, todo es saber donde parar y en la actualidad estoy perfectamente bien.

    Retomando el relato.

    Finalmente amaneció, me puse mis tacones, yo seguía desnuda y con mucho frío y me dieron algunos de sus harapos, y como son las cosas … las colchas que les dimos en diciembre a todo el sector era lo que me servía ahora, pero bueno, a la hora llegó mi esposo, en ese instante quería salir de ahí para darme una buena ducha, después de eso nuevamente nos pusimos al día sobre lo ocurrido y tomamos una decisión… Seguir pero manteniendo el control.

    De todas formas ya me habían penetrado, eyacularon en mi boca, vagina, culo, orinaron en mi boca, tragué esmegma casi obligada, les baile, me han visto desnuda, en ropa interior, en lencería, en tacones, me había quedado a dormir con ellos, en fin tenía fama de puta entre los vagabundos de ahí, todo eso desde diciembre hasta agosto es decir en 8 meses, entonces… ¿Qué más da? Todo era entre nosotros y los usamos para nuestros fines, era un ganar y ganar.

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  • Padres pervertidos: El documental

    Padres pervertidos: El documental

    Nadie es perfecto en este mundo, ni siquiera los padres y, si bien de infantes solemos verlos como figuras de autoridad perfectas, al crecer nos damos cuenta de que son adultos con defectos y virtudes. Sin embargo, pese a lo anteriormente dicho, existen padres con menos falencias que otros y, en esta historia, te hablare de unos padres que, si bien amaban a su hijo con todo el corazón, tenían un gran defecto, y es que eran unos pervertidos.

    Dicha familia de las que les voy a narrar hoy estaba compuesta por:

    Pamela (40 años): es una mujer bisexual de gran altura, de piel bronceada, pelo marrón, muslos gruesos, tetas inmensas, un culo gigantesco, con un cuerpo musculoso y lleno de tatuajes, y que parece más joven de lo que realmente es. Pese a estar casada, ella y su marido tienen un matrimonio abierto, y se la pasa teniendo sexo salvaje tanto con hombres como con mujeres.

    Raúl (45 años): es el esposo de Pamela. Es un hombre alto, musculoso, barbudo, bronceado, y con varios tatuajes por todo el cuerpo. Al igual que su esposa, disfruta al máximo de su matrimonio abierto y se la pasa teniendo encuentros casuales con tantas mujeres como pueda.

    Enzo (18 años): es el único hijo del peculiar matrimonio. A diferencia de sus padres, Enzo es un joven bajito, delgaducho, pálido, y algo tímido, el cual tiene una gran pasión por el reportaje y estudia para ser periodista. Pese a ser muy diferente a sus padres e incomodarle un poco el estilo de vida que estos llevan, él los ama y ha aprendido a aceptarlos tal cual son.

    Todo comenzó un día en el que Enzo les pidió a sus padres tener una reunión familiar para poder hablar con ellos acerca de un tema y, al cabo de unos minutos, los 3 estaban reunidos en la sala de su casa.

    “bien, hijo ¿de qué querías hablar?” pregunto Raúl “y, por favor, se breve, que me están esperando dos putas”

    “si, y a mí me están esperando dos policías para que los ayude a “relajarse”” dice Pamela

    “verán: hoy, en la universidad, la profesora nos asignó un trabajo final, del cual dependerá la aprobación de la materia” explica Enzo “el trabajo consiste en hacer un documental de nuestra vida familiar, y esperaba que ustedes me ayudaran a hacerlo”

    “¡pero por supuesto que te ayudaremos, hijo!” exclamo Raúl

    “¿de verdad?” preguntó el joven, contento

    “¡pues claro!” exclamo la milf “a tu padre y a mí nos encanta que nos graven mientras tenemos sexo ¡nos hace sentir estrellas porno!”

    “¡no, nada de eso!”

    “¿y por qué no?” preguntó el padre, sintiéndose un poco ofendido “si se supone que los documentales deben mostrar la verdad, y así es como tu madre y yo somos realmente”

    “si… pero… lo que ustedes hacen… puede incomodar a ciertas personas” dice Enzo, con incomodidad

    “¿es que acaso te avergüenzas de nosotros?” pregunto Pamela, con cierta tristeza

    “¡no, nada de eso! Ya saben que yo los amo con todo y su estilo de vida, pero este trabajo es muy importante, de él depende si paso al siguiente año de la carrera o no, y no puedo arriesgarme a poner nada… que pueda escandalizar. Se los pido por favor, solo finjan ser unos padres normales frente a la cámara, con eso es más que suficiente”

    “¡está bien, hijo!” exclamo Raúl, sin estar del todo convencido “si eso es lo que quieres, pues eso es lo que tu madre y yo haremos”

    “¡son los mejores padres del mundo!” exclamo Enzo, mientras abrazaba a Pamela y a Raúl

    Tras una semana de rodaje, Enzo termina el documental, y se los muestra a sus padres. En dicho video, a los 3 integrantes de la familia se los veía haciendo lo que hacia cualquier otra familia (cenar juntos en la cocina, ir a pasear al parque, mirar la tele en la sala, etc.), y finalizaba mostrando una foto familiar. En dicha foto, los 3 estaban vestidos de una forma muy elegante, con Raúl parado a la derecha, Enzo en el medio, y Pamela a la izquierda.

    “¿y?” preguntó el joven, emocionado “¿Qué les pareció?”

    “pueees…” dijeron ambos padres al unísono, indecisos sobre que debían responder

    “genial ¿no? Solo debo retocar un poco la edición y se lo enviare a mi profesora esta noche ¡voy a sacar la calificación más alta!”

    Tras la presentación, Enzo se va a su cuarto, y Pamela y Raúl se quedan discutiendo.

    “¡ese fue el video más aburrido que he visto en mi vida!” exclamo Raúl “honestamente, no creo que la profesora le dé una buena calificación por eso”

    “si, pero Enzo insiste en que es perfecto” dice Pamela, y luego se le ocurre una idea que la hace sonreír “creo que es hora de que metamos nuestra “visión artística”… digo… todo por el bien de nuestro hijo”

    “¡me encanta como suena eso!” exclamo Raúl, contento, y él y su esposa empiezan a formular su plan

    Más tarde, Pamela ingresa a la habitación de su hijo, vistiendo únicamente con una bata de baño, y lo ve a este editando el documental.

    “¿y cómo va el trabajo, Enzo?” pregunto la milf

    “ya está terminado, solo tengo que enviarlo” dice el joven “¿por?”

    “es que a tu padre y a mí nos gustaría dedicarle un par de palabras a tu profesora para cerrar ese magnífico documental con broche de oro”

    “¡qué gran idea! Me parece genial”

    Al rato, los 3 se reúnen en el dormitorio matrimonial, y se sientan en el borde de la cama, mientras eran filmados por una cámara con trípode.

    “bien, esta es una dedicatoria de mis padres a mi profesora” dice Enzo, quien estaba sentado en medio de sus padres “díganme ¿Qué es lo que le querían decir?”

    “lo único que queríamos decirle es que ese soso documental que nuestro hijo grabo no nos refleja en absoluto, ni como pareja ni como padres” dice Raúl

    “¿Cómo?” preguntó el joven, sorprendido

    “¡así es, y ahora mismo le vamos a mostrar como mi esposo y yo hacemos las cosas!” exclamo Pamela, quien agarra a su hijo y lo besa apasionadamente

    El beso entre madre e hijo fue tan intenso que, al momento de separar sus bocas, varios hilos de baba seguían uniéndolas.

    “¿pero qué carajo hacen?” pregunto Enzo, quien estaba en shock

    “¡metiéndole un poco de emoción a tu documental!” exclamo Pamela, y vuelve a besar apasionadamente a su hijo

    Tras muchos besos, Pamela se quita su bata de baño, quedándose completamente desnuda y, con ayuda de su esposo, desviste a Enzo. Luego, Pamela hace que su hijo se siente en sus piernas, y atrapa la cabeza de este entre sus inmensas tetas mientras que, al mismo tiempo, lo masturba con gran fuerza. Enzo trato de librarse del poderoso agarre de su madre con todas sus fuerzas, pero fue incapaz de hacerlo debido a la enorme diferencia de tamaño y de fuerza.

    Para que el video fuese lo más detallado posible, Raúl decidió agarrar la cámara y filmar él todo con mucho lujo de detalle.

    “vera, señora profesora: a mi esposo y a mí nos encanta buscar todo tipo de nuevas experiencias en la cama” dice Pamela, mientras se escupe en la mano con la cual masturbaba a Enzo “por ejemplo: desde hace mucho yo he querido probar el incesto y, la verdad, me parece algo muy excitante”

    “¡papa… por favor… ayúdame!” exclamo Enzo, mientras luchaba por no caer en la lujuria

    “no puedo, tengo ambas manos ocupadas” dice Raúl, mientras agarraba la cámara con una mano y se masturbaba con la otra “perdone si el video se ve medio movido, señora profesora, pero soy incapaz de contenerme cuando veo a mi dulce esposa dominar a jovencitos inexpertos”

    Luego, Pamela se pone encima de Enzo, y ella le empieza a dar una mamada, mientras que obliga a su hijo a lamerle el coño.

    “¡eso, dale cariño al agujero por el cual naciste!” exclamo Raúl “¡pásale la lengua por el clítoris, eso le encanta!”

    “como podrá ver, nosotros somos padres muy modernos” dice Pamela, entre gemidos “en nuestra casa, le enseñamos a nuestro hijo como debe complacer a su pareja sexual solo que, en vez de hacerlo con libritos inútiles, yo pongo el cuerpo para que mi amado Enzo “practique”, mientras que su padre lo ve y le da consejos”

    Después de un buen rato filmándose dándose placer oral mutuo, Pamela cambia de posición y aplasta la cara de su hijo con sus enormes nalgas.

    “¡es hora de los besos negros!” ordeno la milf, con una gran sonrisa

    “¡no lo hare!” exclamo Enzo “¡es asqueroso!”

    “solo al inicio, pero después te encantara el sabor, créeme” dice el padre

    “¡ahora mete tu lengua allí o juro que te castigaremos por una semana!” ordeno Pamela y, al sentir como su hijo le chupaba el culo, comenzó a gemir con gran fuerza “¡si, justo allí!”

    “¡permíteme ayudarte para que lo disfrutes más!” exclamo Raúl, mientras estrangulaba a su esposa con su única mano libre “como vera, señora profesora, a mi esposa le gusta el sexo duro”

    “¡porque, si no es duro, no es sexo!” respondió la madre, mientras disfrutaba de la situación

    Un rato después, la milf se preparó para tener sexo anal con su hijo.

    “¡mama, detente por favor!” exclamo Enzo, quien sentía una gran excitación a la par de una gran vergüenza “¡soy virgen!”

    “¿de verdad?” pregunto Raúl, con sorpresa y alegría

    “¡ay, que emoción!” exclamo Pamela, contenta “¡no solo seré yo la que le quite la virginidad a mi hijo sino que, además, podre conservar el recuerdo en video! Presta mucha atención, Raúl ¡no quiero que te pierdas ni un solo segundo de esto!”

    “¡jamás lo haría, querida!” exclamo el padre “¡ahora deja de perder el tiempo y mete la verga de nuestro hijo en tu coño!”

    “¿en mi coño? ¡Claro que no!” exclamo ella, mientras guiaba el miembro viril de su hijo hacia su culo “¡nuestro amado Enzo merece algo muy especial!”

    “¡no, espera!” exclamo el joven, pero su madre no lo escucho, y ambos comenzaron a tener sexo anal desenfrenado “¡Jesús Cristo, que apretado tienes el culo, mama!”

    “¡ahora vez porque me case con ella!” exclamo el padre, mientras él y su esposa se reían

    “¡qué buena verga tienes, hijo mío!” exclamo Pamela, entre gemidos, mientras le daba poderosos sentones a Enzo “es de las mejores que he probado ¡y vaya que he probado de todo tipo!”

    Finalmente, y tras mucho sexo anal desenfrenado, madre e hijo se vinieron al unísono, y Enzo se terminó desmayando por el brutal esfuerzo que había hecho.

    “¡ahora es mi turno!” exclamo Raúl, quien le puso la verga en la cara a su esposa, y le eyaculo en la cara, dejándole todo el rostro cubierto por abundante semen “¡buen provecho, querida!”

    “y bueno, señorita profesora, así concluye este documental” dice Pamela, mientras lamia el semen que le escurría por la cara “espero que le haya gustado y, por favor, sepa apreciar el inmenso esfuerzo que hizo nuestro hijo, que el pobre literalmente hizo un esfuerzo sobrehumano para completar el trabajo que le asigno”

    Tras el último comentario de Pamela, Raúl pauso la filmación, y ambos se fueron al cuarto de su hijo para editar el video.

    Al día siguiente, Enzo se levantó mareado y, tras recordar todo lo que había pasado la noche anterior, fue hasta la cocina y encanto a sus padres desayunando.

    “¡buenos días, hijo!” exclamo Raúl, contento

    “¿tan temprano te despertaste?” pregunto Pamela “aprovecha a dormir un poco más, necesitas recomponerte después de lo de anoche”

    “¡olvídense de eso!” exclamo el joven, nervioso “¿Qué paso con el documental?”

    “no te preocupes, se lo enviamos a tu profesora anoche” dice el padre

    “¿Cómo?” grito Enzo, asustado “¡no puede ser! No solo voy a reprobar la materia sino que, además, me van a tachar de degenerado”

    “pues siento decírtelo, pero el primer documental que hiciste no solo era aburrido, sino que no reflejaba lo que realmente es nuestra familia” dice Raúl

    “además, no puedes quejarte, porque no solo te ayudamos sino que, además, perdiste la virginidad” dice la milf, entre risas, y Enzo se va a encerrar a su habitación “¡que sensible!”

    “déjalo, ya se le pasara” dice el padre

    Al día siguiente, Enzo va a su universidad y, al terminar la clase, su profesora pide hablar con él en privado. Una vez que todos los demás alumnos se van, la profesora cierra la puerta, y se sienta enfrente de Enzo.

    “bien, Enzo” dice ella, en tono serio “supongo que ya sabes porque estás aquí”

    “lo sé, profesora” dice el joven, avergonzado “mire, sobre mi documental… pudo explicarlo

    “¡no hay nada que explicar!” exclamo la docente, en tono serio “he visto suficiente, y he decidido que tu trabajo… ¡se merece ser el mejor de la clase!”

    “¿de verdad?” pregunto él, sorprendido

    “¡pues claro! Ya estaba aburrida de ver tantos documentales aburridos sobre padres jugando a las cartas o paseando por el parque y, en contraste, tu trabajo fue mucho más original, excitante, atrevido, y con un pequeño toque artístico”

    “pero… profe… ¿no le genera nada ver porno incestuoso?”

    “Enzo, mis padres son primos, no tengo derecho de juzgar a nadie. Pero en fin, estas aprobado, y de mas esta decir que no te preocupes por tu documental, que no se lo mostrare a nadie ¡será nuestro pequeño secreto!”

    Al terminar de hablar con su profesora, Enzo regresa a su casa con gran alegría, y les cuenta a sus padres lo ocurrido.

    “¿vez? Te dije que no había nada de qué preocuparse” dice Raúl

    “¡y no hubiera podido hacer esto sin ustedes!” exclamo Enzo, y abrazo con cariño a sus padres “¡gracias por todo! Les horneare algunas galletas como agradecimiento”

    “¡olvídate de eso!” exclamo Pamela, mientras apoyaba sus enormes tetas contra el brazo de su hijo “¡si realmente quieres compensarnos, acompáñanos a tu padre y a mí a la orgia que haremos esta tarde!”

    “¿lo dices enserio?” pregunto, sorprendido

    “¡hablamos muy enserio!” exclamo el padre “¡las cosas son más divertidas si la familia entera participa!”

    “bueno… supongo que podría intentar” dice Enzo, con una sonrisa

    “¡ese es mi muchacho!” exclamo la milf, con orgullo, y beso apasionadamente a su hijo.

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  • Desnuda en la universidad y casi fui atrapada

    Desnuda en la universidad y casi fui atrapada

    Mi nombre es Helen y está historia paso cuando tenía 22 años y estaba terminando la universidad, ya hace un tiempo que yo hacía seguido cosas como desnudarme en público aunque siempre era de noche o en lugares donde sabía que no sería atrapada. Solo que está vez de verdad tuve muchas ganas y terminé desnuda en mi universidad casi siendo vista mis compañeros y profesor.

    Normalmente salgo a las 2 de la tarde de la universidad pero aquel día el profesor que era conocido por ser algo holgazán nos decidió sacar 30 minutos antes y así varios de mis compañeros solo se fueron a casa mientras que yo fui a los baños del piso de arriba ya que no son muy usados y quise quitarme algo de estrés.

    Rápidamente me quité las bragas y la metí a mi mochila para comenzar a tocarme, tenía la puerta abierta pero yo podía escuchar perfectamente si alguien venía.

    Tenía la falda abajo y tan pronto escuché pasos solo la subí y hice como si saliera del baño pasando junto a una compañera, salí del baño algo frustrada pies quería terminar y irme a casa pero ahí mismo solo vi como las luces se apagaron, se había ido la luz y aunque no estaba oscuro si faltaba iluminación.

    Ahí mi compañera sale del baño y se despide. Yo me quedé parada pensando pues la idea de quitarme más ropa había surgido.

    Sin más desabroché mi falda ahí mismo y la dejé caer. Mi culo y mi vagina estaban expuestos pero luego pensé más y di unos pasos hacia atrás para llegar a unas escaleras que son la salida de emergencia del segundo piso, ahí nadie me vería a mi ser que quisieran bajar y no hay razones para hacerlo. Estando ahí deje mi falda en los escalones y me quite la camisa del uniforme, luego el sostén y finalmente mis zapatos.

    Sentía el piso frío y estaba muy nerviosa, comencé a temblar un poco y no dejaba de pensar en que pasaría si me vieran pero tampoco lo creía muy posible, o al menos eso pensaba hasta que escuché pasos y rápido trate de ponerme la camisa y la falda aunque sea, al final escuché a un grupo y reconocí sus voces como 4 compañeros míos 3 siendo hombres y todos hablaban sobre ir de compras al salir pero también de como se la iban a pasar en una fiesta de la que no tenía idea ya que no vivía en esa ciudad, solo iba por la universidad.

    Escuché como uno hablo sobre invitar a más mujeres del salón de clase para ligar con el ambiente e incluso otro hablo sobre querer tener sexo con una compañera que ya tiene novio.

    La chica del grupito hablo también de que si iba ya había pensado usar algo ajustado para llamar la atención y ahí solo escuche 2 palmadas y a los chicos diciendo que ella ya llamaba suficiente la atención, claramente la habían dado nalgadas pero habían sido 2 y ella hasta parecía alegre.

    De ahí solo se fueron después de que uno pasara al baño pero ya no hablaron de nada interesante.

    Yo salí de mi escondite y ya viendo que era la 1:48 decidí terminar lo que comencé y me volví a quitar todo ahora ya estando arriba de las escaleras y en una zona donde sería descubierta si alguien llegara. Decidí poner mi celular en una pared y desde ahí tomé video y algunas fotos mías estando ahí parada y encuerada en la uni.

    Ahí mismo decidí entrar a una oficina que estaba desocupada y no tenía función, pero estaba prácticamente abierta a la vista pues sus paredes eran de cristal por toda la mitad superior.

    Había una silla y yo me senté para subir las piernas en el escritorio y seguir masturbándome aun con el celular grabándome. Debo ser sincera y decir que estando así sentada y con las piernas encima decidí tomar algunas fotos de mis pies pues en aquel momento yo ganaba algo de dinero con ellos, a la gente le gustaban las suelas de mis pies y mis piernas en general. Era sexy que mis fotos se tomarán en lugares públicos.

    Ya demasiado caliente no tarde mucho en finalmente correrme y me quedé ahí un momentico hasta que escuché una puerta y era mi profesor que apenas estaba saliendo de mi salón, lo veía al final del pasillo y yo no sabía que el seguía ahí, me hice hacia atrás como escurriéndome por la silla para no ser vista pero al bajar las piernas moví algo que sonó fuerte y rápido me metí bajo el escritorio.

    Me asusté mucho al escuchar pasos hacia mí dirección y yo ya estaba pensando en que decir, quizá habría arruinado mis años de estudio o quizá habría sido buena idea tratar de seducir al profe y me salvaría aunque tendría que cogérmelo pero nada de eso, el solo abrió otro salón que ya estaba vacío para esas horas y que estaba al final de otro pasillo, aun así el paso junto a mi y solo una pared lo separó de verme desnuda.

    Quizá pensó que el ruido había venido de ese salón y finalmente solo se fue.

    Ya eran casi las 2 y solo quedaban 3 minutos yo corrí rápido por mi ropa pero no me la puse y corrí así por el pasillo hasta meterme en el salón donde había abierto mi profesor. Me metí y encendí la luz, obvio seguí tocándome pero me senté sobre el escritorio.

    Tenía las piernas abiertas y levantadas mientras me masturbaba en un salón de clase. Cuando finalmente terminé un chorro cayó al suelo y obvio puse mi celular a grabar en una de las sillas.

    Lo próximo que hice fue ponerme frente al pizarrón como profesora y tomarme unas fotos como si la profesora estuviera desnuda dando su clase. Hice algunas poses sexta y guardé mi celular.

    Ya eran más de las 2 y escuchaba algunas voces a lo lejos pero yo aun así volví a pasar desnuda por ese pasillo y al asomarme vi a varios alumnos pasar hacia el piso inferior sin saber que una chica estaba haciendo sus cochinadas al otro lado. Obvio me toqué un poco y cuando dejaron de salir espera un poco y ahí volví pasar el pasillo desnuda, y estaba por entrar a mi salón para quizá tomar otras fotos y finalmente vestirme pero me dio un escalofrío cuando por la ventana del salón vi a un compañero aún sentado, era un chico que tenía autismo y todos lo queríamos mucho ya que era una gran persona. Él tenía la cabeza en su celular y si no hubiera sido así me habría visto mínimo las tetas.

    Yo corrí por dónde volví para vestirme en las escaleras o en la oficina de antes pero en el paso mire hacia arriba y Vi la cámara, estaba ahí apuntándome directamente mientras estaba sin una sola prenda, ni siquiera las calcetas, ni un collar ni nada. Yo bajé la cabeza sabiendo que eso era muy grave pero luego recordé… no había luz. Así me volvió el alma al cuerpo y me vestí para ver luego la cámara y efectivamente estaba apagada.

    Salí de mi escuela unos minutos después pero nadie me dijo nada, y llegando a casa obvio le conté a mi hermano mientras nos tocamos.

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  • No se debe apostar si no es sobre seguro

    No se debe apostar si no es sobre seguro

    Estaba tomando una copa esperando una mesa y por el espejo la vi y cruzamos la mirada un instante se trataba de una mujer preciosa a la que el metre acompañó hasta una mesa cercana y un tipo que había un poco más allá comentó.

    -Esta buena la jodía.

    -Sí, es una dama muy bella.

    -¿Te gustaría llevártela a la cama?

    -Perdone pero no creo que debamos hablar así de una mujer a la que no conocemos o al menos es mi forma de pensar.

    -Veo que estás solo y no parece que esperes a nadie y me da la sensación que estabas pensando en algo cuando te he interrumpido y por cierto me llamó Miguel.

    -Yo soy Erik y tienes razón no espero a nadie y pensaba en cómo encontraré los sitios que no he visto en los últimos tiempos, he estado fuera seis años.

    -Bueno pues bienvenido y volviendo a esa guapa ¿te gusta? se sinceró.

    -Sí, me gusta pero me parece que espera a alguien para comer porque no han retirado el segundo cubierto.

    -¿Sueles apostar? yo lo hago continuamente pero no soy jugador es más bien el juego por el juego.

    -Alguna vez pero no me considero ni jugador ni afortunado en el juego pero puedes decirme en que has pensado.

    -Come con mi esposa pasea con ella que te muestre la ciudad ya que has estado fuera después cenáis y llévala a bailar y si no regresa a nuestra habitación hasta mañana has ganado tú y naturalmente el premio es haber pasado la noche con ella.

    -¿Y si me pide después de bailar que la lleve de vuelta a su habitación?

    -Pues pagarás las copas mañana y mientras, me contaras como ha resultado la velada.

    -No sé qué decir, no tiene la culpa de que juguemos con ella.

    -Tranquilo porque sé que eres un caballero y no la harás sentir violenta, vamos y os presentaré.

    Nos acercamos a la mesa y Miguel besó a la mujer en la frente y dijo sonriendo.

    -Ana, este es Erik y te acompañará esta tarde noche porque estoy un poco cansado y no me apetece rondar por aquí, pediré que me suban algo para comer pasaré la tarde tranquilo y por la noche cenaré algo y me acostaré, pasad una agradable velada.

    Me estrechó la mano y le vimos marchar.

    Me disculpé con la intención de dejarla tranquila.

    -Le pido disculpas, no debí aceptar el venir aquí a imponerle mi compañía, le deseo que pase una buena tarde.

    -No te vayas por favor siéntate y al menos come conmigo, me molesta estar sola en un restaurante donde algunos no hacen otra cosa que juzgar a los demás sin tener ni idea.

    Me senté frente a ella y su mirada era cautivadora y sus palabras sonaban sinceras.

    -¿Qué te apetece comer? Aquí tienen una carta muy variada.

    -Pida por los dos por favor, hace años que vivo fuera y prefiero que me sorprenda.

    -Lo primero es que me tutees de otro modo pareceremos un par de desconocidos.

    Reí la ocurrencia y respondí.

    -Tienes razón.

    Miro la carta unos instantes y levanto la mirada por encima de mi cabeza y apareció una chica que tomó nota y desapareció.

    -Cuéntame algo de ti aunque sé que eres un caballero de otro modo no estarías en el local porque Miguel es como es, seguro que lo primero que te ha dicho al verme aparecer habrá sido alguna grosería en referencia a mi persona o vestimenta y por fortuna para todos habrás respondido como lo que eres, un verdadero caballero.

    -La verdad es que me gusta lo bello pero no necesito decir en voz alta lo evidente.

    -Muchas gracias pero no hablemos más de Miguel y tratemos de pasar un tiempo agradable.

    Calló a la espera de que le contara algo sobre mí.

    -Nací me crie estudie y viví aquí hasta los veintisiete años me fui a Estados Unidos y llevo allí desde entonces y en estos seis años no he regresado hasta ahora.

    -Pues debe ser importante lo que te ha traído porque parece que mencionarlo te ha entristecido.

    -Vengo por una boda y la verdad es que al decirlo en voz alta me pareció más real.

    -Ya veo ¿alguien importante para ti? Debe serlo si has venido de tan lejos para asistir.

    -Pues lo cierto es que no debería asistir pero quiero estar cerca para poder cerrar de una vez ese capítulo oscuro de mi vida que tanto ha influido en ella y que me empujó hasta Los Ángeles en California donde sí tengo amigos porque aquí no me queda ninguno y es por lo que vine a comer aquí, lejos de donde encontrarme por casualidad con algún antiguo conocido.

    En ese momento llegó la cena y cuando la camarera se retiró Ana me sonrió mostrando esos graciosos hoyuelos que se le forman en las mejillas y comentó.

    -Pero aquí estas por suerte para mí.

    -Honor que tú me haces.

    -Si no piensas asistir a la boda ¿a qué has venido?

    -Quiero cerciorarme de que se cierra el círculo, que realmente ha concluido la historia.

    Quedo en silencio a la espera de una explicación.

    Después de tres años viviendo juntos hablamos de abrir la pareja y Olga a pesar de que siempre fue una mujer empoderada no quiso y su argumento principal era el miedo a qué me enamorase de otra pues aunque jamás le di motivos el simple hecho de proponerlo era suficiente para pensar en ese riesgo que no quería asumir y después de hablarlo unas cuantas veces aparqué el tema definitivamente pues lo cierto es que vivíamos muy bien, nos entendíamos perfectamente en todos los aspectos y dos años después de dejar el tema acorté un viaje y llegue a casa un día antes de lo previsto y me presente en casa con un ramo de flores, no era ni suelo ser detallista y sabía que la sorprendería pero el sorprendido fui yo pues la encontré en la cama con dos de nuestros amigos y me quedé en la puerta con el ramo en la mano escuchando estas palabras que tengo grabadas a fuego.

    Hola Erik, esto es porque llevo tiempo preparándome para sorprenderte, cuándo dejaste de hablarme de abrir la pareja lo comente con Raúl y me hizo ver que era una buena forma de estrechar los lazos como pareja y como tú no insististe supuse que no habría problema si vencía mis reticencias y como ves ya lo he superado, ven y únete a la fiesta.

    Salí de la casa y me quedé en la terraza del bar de enfrente y cuando vi que “mis amigos” se fueron entré en la casa dispuesto a escuchar.

    En este tiempo he descubierto el poliamor y estoy con Raúl y Alonso pero quiero que entiendas que no he dejado de amarte.

    -¿Cuándo empezó?

    -Un par de semanas después de nuestra última charla sobre el tema y en estos dos años he aprendido mucho de los dos y lo habrás notado en que cada vez soy más activa en la cama y es gracias a ellos que me han ayudado a ser mejor amante.

    Sin responder metí algunas cosas en una bolsa y me fui a casa de mi hermana, respondí a una oferta de trabajo en Los Ángeles y cuando obtuve el visado marché y allí he conocido gente estupenda y por casualidad supe que Olga se casaba pero no sé con quién y sin pensarlo tomé un vuelo y aquí estoy con lo puesto porque llegue esta mañana sin equipaje.

    -¿Piensas reventarles la boda?

    -No. No soy así, solo quiero saber quién o quiénes son los afortunados aunque lo que quiero es no tener motivos para volver a pensar en ella.

    Llegaron los postres y mientras los tomábamos Ana preguntó.

    -¿Tienes a alguien especial allí o en algún lugar?

    -No, a nadie especial como dices, sí que hay algunas amigas con las que salir de vez en cuando pero libres como yo y no en exclusiva.

    -Y solo por curiosidad ¿cuál era la apuesta esta vez?

    -Si conseguía que pasaras la noche fuera sin regresar a vuestra habitación pagaría las copas de mañana pero si regresabas antes del amanecer las pagaría yo.

    -Pero no se especificó que ganabas igual si estábamos jugando al parchís hasta el mediodía o que ganaba él aunque hubiéramos estado haciendo el amor hasta minutos antes del crepúsculo.

    -No, no se comentó nada en concreto pero en teoría ahora deberíamos ir a pasear después a cenar y luego a bailar y seguro que contaba con que nos enrollásemos.

    -Te contaré algo que lo aclara todo, desde que empezamos a salir me ha exhibido ante sus clientes, en reuniones sociales incluso me ha usado para acercarse a gentes más cultas que él pero el pasado martes empezó lo que considero el principio del fin, sucedió algo insólito en ésta misma mesa, nos disponíamos a cenar y vi que saludaba a alguien que apareció desde detrás mío y esto es lo que pasó.

    -Hola Javier ¿cómo estás? Hacía tiempo que no nos veíamos, siéntate cena con nosotros nos ponemos al día y conoces a Ana, esta belleza que puedes admirar.

    Le tendí la mano pero me sujetó por los hombros besándome en las mejillas rozando por accidente sus labios con los míos y al sentarse preguntó si me gustaban las joyas ya que no lucia ninguna pero lo pasé por alto aunque entendí después porqué Miguel me aconsejo mostrar el cuello desnudo.

    Y antes de los postres Miguel se disculpó aduciendo que esperaba una videoconferencia en la sede de uno de sus más estrechos colaboradores desde Japón recomendándole encarecidamente a Javier que cuidará de mí que me acompañara a bailar y como se alojaba también en el hotel cuando lo considerásemos oportuno me llevara de vuelta a nuestra habitación, desapareció sin esperar respuesta y después de tomar el postre Javier se puso en pie mostrando un estuche y colocado detrás de mí lo abrió mostrándome un bello collar de perlas, dejó el estuche frente a mí y cuando fue a colocarlo lo detuve diciendo.

    Soy alérgica a las perlas y a los manejos de su amigo Miguel y sepa que queda dispensado de acompañarme a ningún lugar, llamé a Miguel y le pedí que pasara a buscarme, no se enfadó o al menos no lo demostró y le quitó importancia al asunto pero al aparecer por aquí un tipo como tú, elegante culto prudente educado y atractivo ha visto tu potencial y su oportunidad, si paso la noche contigo porque me apetezca me tendrá en sus manos y la próxima vez que me ceda a otro tendré que aceptar, te aseguro que me encantaría pasar la noche contigo pero supongo que me entiendes.

    -Te entiendo perfectamente y te aseguro que me gustaría ayudarte pero es complicado intervenir en asuntos matrimoniales si no hay violencia física o psíquica.

    -Algo que tengo a mi favor es que no estamos legalmente casados al menos entre nosotros porque el si tiene esposa y algún hijo pero jamás los menciona.

    -¿Has pensando en dejarlo?

    Ana sonrió abrió su pequeño bolso y sin sacarlo me mostró el pasaporte apuntando. Lo renové hace unos meses sin tener previsto viajar pero ayer decidí dejarlo y marchar muy lejos, he movido todo mi capital a una cuenta que apenas empleaba de un pequeño banco regional y tengo tarjeta de crédito de ese banco.

    -Pues parece que lo tienes todo dispuesto.

    -Una última pregunta ¿piensas que vale la pena saber con quién se casa o prefieres pasar la noche juntos en algún lugar lejos de aquí?

    Me puse en pie la tendí la mano que tomó y caminamos juntos hacia la salida del restaurante y al pasar junto al metre le dijo.

    -Cárguelo a la habitación 332.

    -Naturalmente señora, que pasen buena tarde.

    Respondió el tipo con una mueca que pretendía esconder una sonrisa.

    Caminamos unos metros vi acercarse un taxi y lo paré.

    -¿Dónde vamos?

    -Al aeropuerto salidas internacionales.

    Por primera vez nos besamos y poco después comenté.

    -Supongo que tampoco llevas equipaje.

    -Acertaste ¿vamos a tu casa?

    -Si te parece bien si, está en Venice y se tarda en coche menos de quince minutos.

    -¿A qué hora llegaremos?

    -Pues si nos dejan embarcar entraremos en la que será tu casa de momento antes de las once de esta misma noche porque volamos a favor del día y no sufras por el idioma porque se habla más español que inglés.

    -No me preocupa nada estando contigo y menos aún el idioma, soy traductora jurada en España y la UE y trataré de ver si se puede convalidar para serlo también aquí.

    El taxista miró un par de veces por el retrovisor y preguntó.

    -¿Les importa si pongo música?

    -En absoluto. Respondió Ana comentando a continuación.

    -Quiero que me llames Sonia que es como me llamó en realidad, lo de Ana es algo que no merece explicación y mejor empleamos el tiempo en otras cosas.

    Continuamos el trayecto en silencio escuchando la emisora que selecciono el taxista y al llegar al mostrador mostramos los pasaportes compramos los billetes y unos minutos después nos hicieron pasar a una sala donde se hizo el último chequeo y al preguntar el motivo por el que no llevábamos equipaje respondí.

    -Como ve llegue ayer a buscarla y tampoco lleva nada porque mi esposa no llevará nada usado traído de España, lo comprara en Rodeo Drive y lo estrenará allí junto a mí.

    El funcionario nos miró sonrió y nos hizo pasar.

    -¿Esposa? Vas muy deprisa.

    -No lo tomes al pie de la letra, mira que pronto nos ha hecho pasar.

    Me abrazó por primera vez para murmurar junto a mi oído.

    -Gracias por ayudarme a escapar.

    -Un verdadero placer.

    Al iniciar el rodaje el avión dirigiéndose al principio de la pista Sonia me cogió la mano y no la soltó en las trece horas que duró el vuelo y poco antes de aterrizar el piloto anunció.

    La temperatura es de trece grados la humedad del setenta y ocho por ciento y gracias a un viento de cola desde que salimos de la península ibérica hemos ganado más de una hora y por tanto la estimada de llegada será las veintiuna treinta.

    -Antes de las diez estaremos en Venice y podremos comer algo antes de acostarnos y mañana ya veremos cómo nos organizamos aunque el jet-lag será importante al menos para mí que hace más de treinta horas que no cierro los ojos.

    -Yo velare tu sueño.

    Eran poco más de las diez y media cuando salíamos del restaurante y nos dirigimos a casa cogidos de la mano y al llegar a mi casa fuimos directamente a mi habitación me dejé caer en la cama y desperté a mediodía solo y desnudo en mi cama, me puse pantalón y camisa salí al salón escuché ruidos en la cocina y al asomarme vi a Sonia con un delantal frente al fogón y al acercarme se giró a mirarme y dijo.

    -El desayuno está listo.

    Había preparado tortitas y salido a comprar cruasán pan huevos y fruta.

    -Comamos porque tenemos tareas pendientes.

    Empezamos a comer con verdadero apetito y entonces pensé en su comentario y dije.

    -Es cierto, yo tengo lo que dejé aquí antes de marchar pero necesitamos comprar de todo para ti.

    Seguimos comiendo y al terminar dije.

    -Me calzo y nos vamos.

    -Eso puede esperar.

    Me cogió de la mano y tiro de mi camino de la habitación.

    Hicimos el amor hasta media tarde y después de reposar un poco se vistió con unos pantalones míos su blusa y un chaleco mío y para terminar una chaqueta para ir en moto y así vestida fuimos a comprar ropa para ella y al volver a casa comentó.

    -No quiero que cambies tus costumbres por mí y cuándo tengas que recibir alguna de tus amigas lo dices y desaparezco.

    -¿Acaso piensas que teniéndote cerca pensaré en otras? vamos a la habitación e intentaré explicártelo varias veces.

    © PobreCain

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  • Ella

    Ella

    Suspiré molesto, aún no sé cómo terminé accediendo a venir a esta estúpida fiesta alternativa tan famosa en redes sociales. La música está demasiado alta para mi gusto, y realmente por dónde lo mires, un asalariado panzón y cuarentón como yo no encaja para nada aquí.

    Le hice señas al barman, para que me atienda. Cuando se acerca tuve que hacer un gran esfuerzo para disimular mi confusión, ¿Era un hombre o una mujer?. En fin, pedí una cerveza bien fría y seguí escaneando el lugar.

    No fue muy difícil para mí notar que solo hay chicos y chicas jóvenes. Todos vestidos con arneses, ropa de látex y cadenas. Varios se estaban besando entre ellos e incluso se toqueteaban sin importarles nada.

    Sin querer, desvíe mi mirada hacia un hombre que estaba literalmente chupando la vagina a una mujer sentada en los taburetes más lejanos de donde yo estaba. Me estremezco y vuelvo a replantearme qué hago carajos aquí.

    Nervioso, tomé un sorbo de cerveza, fue entonces que la vi. Era “Ella”, pero desgraciadamente no estaba sola.

    Mi irritación se incrementó exponencialmente al ver qué estaba besándose indecentemente con esa otra joven, una rubia gorda y totalmente insulsa. Muy desagradable para mi gusto.

    En medio de su apasionado intercambio de saliva, “Ella” notó por fin mi presencia y me miró a los ojos con esa intensidad tan característica suya.

    Veo el hambre y el deseo crudo en su mirada. Por un momento, me perdí en mis pensamientos. Estaba absorto en los recuerdos de como “Ella” siempre dio la imagen de ser un dulce e inocente corderito. Una niña muy tranquila y ejemplar, quien se suponía que crecería para casarse con un hombre proveniente de una buena familia y ser una dama digna. Nada más lejos de la realidad.

    Decidí sostenerle la mirada, chocando con esos profundos ojos negros que parecen hechizarme cada vez mas y más. En una danza ardiente, en este maldito sin fin de deseo prohibido que tanto nos gusta a ambos. A veces me pregunto quién fue quien inició con esto, pero es realmente difícil saber incluso cuándo empezó todo. La única certeza aquí, es que, en una noche de verano hace aproximadamente cuatro años, el deseo nos venció y nos entregamos mutuamente al placer de entrelazar nuestros cuerpos por primera vez.

    Con un suspiro prolongado, vuelvo en mí y bebo un poco más de cerveza. Levantó el rostro y mi mirada se encontró nuevamente con la suya.

    Mi orgullo, mi sentido de superioridad, mi estatus social… todo queda reducido a cenizas cada que me enfrento con esos perversos ojos oscuros. Qué mirada tan terrible, seductora y provocativa, aún no doy crédito a qué exista una mujer así. “Ella” tiene absoluto control sobre mí y, es algo lamentablemente, el que lo sepa tan bien.

    La gorda notó el ardiente intercambio de miradas entre “Ella” y yo, y estúpidamente se aferra a su brazo buscando llamarle la atención al restregarle esas asquerosas tetas hechas con silicona barata. Que puta tan regalada.

    Fruncí el ceño ante esa escena y la observé a “Ella” sonreír con arrogancia. Molesto, decidí desviar mi mirada hacia cualquier otra parte, para evitar seguir viendo más de esa mierda.

    “Ella” sonreía altanera, claramente estaba disfrutando eso. Unos minutos después, se acercó con la rubia hasta la barra, donde casualmente me encontraba yo. Ambas se acomodaron a mi lado.

    Mierda. En ese momento, deseaba enojarme, putearla, decirle que no vuelva a mandarme más mensajes, simplemente deseaba odiarla… pero cuando “Ella” esboza esa maldita sonrisa. Suspiré. Dios… Cómo detesto no poder decirle nunca que no y sentir que mis mejillas se ruborizan, al mismo tiempo que mi pene se erecta debajo de mis pantalones, aprisionado por el aparato de castidad que “Ella” me obligó a usar.

    Aún después de tantos años no puedo creer que, con tan solo sentir su mirada arrogante sobre mi y ver esa estúpida sonrisita suya, hace que yo me ponga cachondo de esta manera. Incluso le permití ponerme un puto vibrador en el culo, y puedo sentir como “Ella” está jugando con el controlador, haciéndome jadear levemente.

    Y a pesar de todo esto, no puedo entender cómo es qué la deseo tanto, qué aún anhelo sentir sus besos hambrientos sobre mi piel y el tacto de sus suaves dedos en mi verga palpitante. La piel se me erizó al recordar algunas de nuestras tantas noches de pasión compartida.

    Salí de mi ensoñación cuando escuché un jadeo suave a mi lado, inconscientemente dirigí mi mirada, un tanto curiosa, hacia la fuente de aquel sonido.

    “Hija de puta”. Esa simple frase, llena de veneno, se escapó de mis labios en un áspero murmullo. Bajé la mirada, con el ceño fruncido, tratando de ignorar cómo “Ella” está metiendo la mano debajo de la pollera de la rubia.

    Mordí sutilmente mi labio con impotencia. Al ser de aluminio, la barra reflejaba la mirada petulante de “Ella” sobre mí. Sí, así es la cosa, “Ella” está gozando con mi miserable molestia y, mientras tanto, sigue metiéndole los dedos a la gorda puta esa.

    Mis propios dedos aprietan con bronca el vaso casi vacío de cerveza, cuando “Ella” sube la falda de la gorda asegurándose de que yo, desde mi posición, pudiese ver perfectamente como sus finos y expertos dedos, le acariciaban el clítoris, robándole varios gemidos a la rubia. Parecía que a ellas no les importaba el hecho de que yo estaba justo a su lado o que había muchas personas alrededor. Pero bueno, la música era tan fuerte que solo yo, que estaba literalmente a su lado, podía escuchar esos espantosos chillidos de cerdita.

    Suspiré nuevamente y tomé un sorbo de mi cerveza fría. “Ella” nunca perdió su sonrisa, salvó que ahora está lamiendo y mordiendo el cuello grasoso y sudado de la chica esa. Sus dedos ya están por debajo de la tanga de la gorda. Puedo ver cómo “Ella” bombea rítmicamente dentro de esa olorosa vagina, haciendo que le tiemblen las piernas a la «Miss Piggy».

    Quiero irme, ya no aguanto más de esta mierda. Me levanté de mi asiento, mi molestia ya era evidente y las intenciones de irme, para ponerle fin a ese juego tan enfermizo que estábamos jugando, también. Sin embargo, una fuerte vibración en mi ano me hizo gemir ruidosamente. Frene mi andar y mire conmocionado hacia todos lados, por suerte, nadie me escuchó. Y si lo hicieron, todos estaban demasiados borrachos y drogados para entender algo.

    “Ella” sonreía mostrándome el pequeño controlador del vibrador que tengo insertado en el culo. Me hace señas con su mano libre para que me acerque. Al igual que un perro obediente y fiel a su amo, fui hacia “Ella”.

    Note que la gorda había tenido su tan ansiado orgasmo, en la mano de “Ella”, quien retiró sus dedos de la vagina ajena. Se veían viscosos y húmedos, producto del orgasmo de la cerda rubia. “Ella” sonrió mostrándome los cuatro dedos sucios y no hicieron falta palabras.

    Conozco muy bien las intenciones perversas detrás de ese gesto. Me moví hasta llegar a su lado y guíe mi boca hacia esa mano impura. Chupando y lamiendo todo, hasta dejar completamente limpia de aquellos jugos ácidos y salados cada rincón de su mano. “Ella” sonrió y luego dejó a la rubia sentada en el taburete para acercarse a mí.

    —Buen chico, Jorge.

    Sonriéndome con una dulzura casi angelical, me acarició la cabeza cual perro.

    —Pagá la cuenta y nos vamos. Te voy a dejar en tú casa antes de que se despierte tú mujer para ir a trabajar.

    Por su tono de voz, me di cuenta de que “Ella” no iba a darme lugar a responder. Pagué mi cuenta y la de “Ella”, después salí del lugar y me subí al asiento de acompañante.

    “Ella” no dijo ni una palabra en todo el camino, yo tampoco hice un gran esfuerzo por hablar. Conmigo siempre fue una forra, egoísta, malcriada. Pero jamás pude recriminarle nada, puesto que, a sus ojos, yo no soy más que un inmoral hijo de puta. Pero no puedo evitar sentir placer en esto y, aunque lo niegues, “Ella” también lo siente.

    Antes de bajarme del auto, “Ella” me agarra del brazo, atrayéndome hacia su cuerpo, y ahí nomás, me encajó un tremendo beso.

    —Bajate.

    La miré confundida, sintiendo una mezcla de deseo, excitación y furia. Peto finalmente baje del auto, viendo cómo esa pendeja de 23 años me mira de forma sobradora, sabiendo que me tiene comiendo de la palma de su mano.

    —Nos vemos el domingo para el asadito familiar. Ah, y, papá… Déjale mis saludos a mamá.

    Sonríe de forma cínica, pero con una sensualidad irremplazable. Luego arrancó el auto y se fue en dirección a su casa, dónde la estaban esperando mi yerno junto a mi nieto.

    Suspiré, mientras me prendía un pucho y miraba a mi hija alejarse. El sonido de una puerta abriéndose llamó mi atención, haciendo que gire mi rostro para ver a mi señora asomándose. Tenía una sonrisa maternal y amorosa, se acercó a recibirme y preguntó cariñosamente por nuestra hija quien ya se encontraba a una cuadra de distancia. Mire a mi mujer y le indique que entrara a la casa, mientras yo miraba el coche de mi hija perdiéndose en el paisaje y jurando, nuevamente, guardar eternamente el secreto de nuestro amor.

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  • Mi esposa y yo sedujimos a mi hermano (final)

    Mi esposa y yo sedujimos a mi hermano (final)

    La siguiente ocasión que Linda y yo entramos en acción después de seducir a mi hermano, sucedió después de mes y medio aproximadamente, mismo tiempo en que la vida sexual de nosotros fue muy activa y explosiva porque no podíamos dejar de pensar y excitarnos con los recuerdos y comentarios de la primera vez que mi hermano Juan se había cogido a mi esposa.

    Nuestras conversaciones casi en un cien por ciento, eran en torno al asunto y nuestras sesiones de sexo se tornaron altamente satisfactorias y muy frecuentes, hubo llamadas telefónicas entre ellos dos y en una ocasión Linda le dijo a Juan “aquí hay alguien que te quiere saludar” y me entregó el teléfono. Cuando yo tomé la bocina para hablar con mi hermano, lo saludé y le comenté que ella andaba muy eufórica, (mientras, Linda me acariciaba la verga y me la ponía dura y sonreía con picardía) le dije que ella se acordaba mucho de él, que ¿qué le había hecho? El me dejó oír una risita algo nerviosa de su parte, y yo solo aguanté la situación y traté de guardar la compostura en la conversación con él.

    Después de algunos escuetos comentarios acerca de cosas triviales, nos despedimos con un “a ver cuando nos juntamos para asar una carne”, (cosa que se acostumbra mucho en las reuniones de todo tipo en nuestra región, lo cual tardó mucho en realizarse) luego linda tomó el teléfono nuevamente y se despidió de él, dando un beso en la bocina del aparato.

    Llamadas parecidas se dieron varias veces ya que ella le hablaba ocasionalmente a su trabajo donde mi hermano tiene un puesto relevante y siempre le contestaba la llamada o se reportaba. Después de la seducción inicial nunca le volvimos a llamar a su casa por temor a las sospechas de su esposa.

    En uno de estos telefonemas, concertaron otra cita en que tendrían otras relaciones sexuales en complicidad conmigo. La idea de ir a nuestra casa para estar con los dos, no le entraba todavía a Juan. Acordamos que fueran en un motel de paso que está en el lado norte de nuestra ciudad, nosotros vivimos en la zona centro y pensamos que por aquel rumbo no nos encontraríamos con personas conocidas. Era un martes y la hora la habíamos fijado a las seis y media de la tarde en el estacionamiento de un centro comercial muy grande que está frente a un hospital y tiene un restaurante con gente todo el día.

    Todo estaba muy bien planeado. Llegó la hora esperada, Linda se vistió algo provocativa y con ropa interior nueva y muy sugestiva para la ocasión. Yo la llevaría en mi pick up y la dejaría que se bajara para abordar el auto de Juan, sin que él y yo nos viéramos o saludáramos siquiera.

    Nos fuimos de casa encargando a los niños al cuidado de mi suegra que vive a unas cuantas casas de nosotros, con la instrucción de que cenaran temprano y se acostaran porque al día siguiente dos de ellos irían al jardín de niños. En el trayecto, mi esposa denotaba algo de nerviosismo, y yo, estaba emocionado pues era novedad todo lo que estaba sucediendo. Llegamos al estacionamiento y yo no veía el coche de Juan, nuestro pensamiento fue que se había arrepentido o se le había olvidado la hora de la cita o tal vez que no quedó claro el lugar de reunión.

    La realidad fue que en nuestra ansia y nerviosismo, llegamos unos diez minutos antes de la cita y se nos hicieron eternos, nos quedamos sentados platicando acerca de lo que podría pasar ya en la cama. Yo le recomendé que no hiciera cosas que no le gustaran o que no había hecho conmigo, que lo disfrutara al máximo, mientras; yo esperaría allí en el mismo lugar hasta que volvieran, pues no queríamos que mi suegra nos viera llegar por separado.

    Al fin en el retrovisor apareció su auto, se lo dije a Linda y nos dimos un beso antes de que bajara, se acercó al coche y subió, pude ver que le dio un beso en la mejilla y dije para mis adentros “que falsedad, quisiera ver lo que sucede en el cuarto del motel”. Estuve un buen rato en la camioneta pensando y extremadamente excitado, mi verga estaba toda mojada a punto de estallar a causa de mis pensamientos, miré para todos lados y me bajé el cierre del pantalón y la saqué, escurría mucho líquido lubricante.

    Siempre vigilante, comencé a masturbarme pues no aguantaba la calentura, estaba en eso cuando advertí la presencia de un guardia de seguridad del centro comercial que se acercaba, Maldito guardia, pensé, a buena hora te apareces por aquí, me guardé la verga y decidí salir de la camioneta y me dirigí al restaurante, pedí una cerveza y luego otra y otra mas, luego volví a la pick up con mis pensamientos todavía hasta el cien.

    Habían pasado dos y media horas desde que se fueron al motel, ya estaba yo desesperando, cuando logré ver el coche de Juan entrar al estacionamiento, se detuvo precisamente atrás de la camioneta y los ví besarse en la boca fugazmente como despedida, Juan dio la vuelta y se fue, linda llegó a mi lado dándome un beso muy apretado en la boca y le noté el aroma a semen, a esperma y le dije, “me trajiste lo que te encargué” y respondió, “vengo llenita”.

    El viaje de regreso a casa se me hizo eterno y Linda me dijo, “por donde empiezo”, por el principio, respondí.

    “Bueno” dijo mi esposa, “tu hermanito resultó ser todo un semental, cuando íbamos al motel, me acercó hacia él y comenzó a meter su mano derecha entre mis piernas, me hizo mi calzoncito a un lado y me acariciaba mi panochita, metía sus dedos y me tocaba el clítoris mientras que con su brazo me tocaba las tetas, yo le cogí la verga sobre la tela del pantalón y la traía durísima, así entramos al motel y nos dieron un cuarto, en el interior me abrazó y me apretaba las nalgas y las chiches con mucha desesperación, me besó mucho en la boca y el cuello y los hombros mientras me quitaba la ropa, yo sin dejar de acariciar su verga, le solté el cinturón y desabotoné el pantalón y lo dejé caer al piso y detrás del pantalón me fui yo, solo que derecho a mamarle la verga que tanto me gusta”.

    Mientras me narraba lo sucedido, me sacó la verga y la comenzó a masturbar muy lentamente, diciendo, “hoy se la observé y están mucho muy parecidas solo que la de él es un poca mas blanquita y gruesa” luego se inclinó y la mamó un rato para luego a insistencia mía, continuar el relato.

    “Fuimos a la cama y me acosté y él se fue encima de mí, sin dejar de acariciarme y besarme, me separó mas las piernas, y comenzó a metérmela, para entonces, dijo, yo ya estaba súper caliente y lo recibí con las piernas bien abiertas, luego me las levantó hasta sus hombros mirando por un buen rato, como su verga desaparecía en mi vagina” dijo que eso la excitó mucho y que tuvo su primer orgasmo, “en seguida me pidió que estando el acostado de espaldas, yo le mamara la verga pero con mis senos apretados contra su verga a ambos lados”.

    Eso le excitaba a mucho a él, ver a su cuñada abrazándole la verga con sus lindas chiches y mamándosela con mucho furor al mismo tiempo. (Mi esposa es una gran mamadora, pero esa manera no la conocíamos)

    Dijo que le descargó todo el semen en la boca y que algo le escurrió por las comisuras de sus labios, tomaron un respiro, besos, caricias, comentarios y otra vez.

    Ahora la acomodó en cuatro (como de a perrito) sobre la cama y se hincó detrás de ella, le besó las nalgas y acarició su raja peludita con sus dedos y enseguida le acomodó la verga entre los labios de su panocha para penetrarla desde atrás, dice Linda que se la introdujo muy adentro, que sentía su grosor como algo nuevo para ella y que sus nalgas estaban pegadas al vientre de mi hermano y que tomándola de sus amplias caderas le daba unas embestidas profundas y gemía de placer al observarse en el espejo de la pared, viendo como estaba penetrando a su caliente cuñada, ella también se miró en el espejo y sus miradas se encontraron.

    Y en corto tiempo, me dijo, que lo observó cuando juntándola lo mas que podía con sus manos temblorosas aferradas a ella, le descargaba toda la leche en su interior, se levantó al baño y solo se limpió con algo de agua y con papel higiénico por su exterior, y dijo, “aunque no lo creas me acordaba de ti”.

    Después de otro descanso, ella volvió a mamarle su verga hasta ponerla como roca y decidió cabalgarlo de nuevo, clavándose en aquella verga que parecía una estaca (así la describe Linda, aquí está a mi lado) haciéndolo eyacular nuevamente en su interior, porque las imágenes que reflejaba el espejo aumentaban su excitación.

    Dijo que él se duchó después para no despertar sospechas en su casa pero que ella no lo hizo, comentándole que ella no tenía nada que ocultarme a mí y que me excitaba mucho verle la vagina llena de semen. Nuevamente el me agradeció por medio de mi esposa, la apertura mía para el asunto y que todavía no podía asimilarlo y que se ponía muy nervioso al hablar conmigo. Yo dije ¿Cómo no se pone nervioso cuando te está metiendo la vergota? Y nos reímos mucho por el comentario.

    Llegamos a casa y apenas despedimos a mi suegra y mi esposa dijo, “se me hace que mamá te observó tu verga dura, se te nota sobre el pantalón. Pues ni modo, comenté sonriendo, quien le mandó tener una hija tan buenota y tan caliente.

    Enseguida nos desvestimos y la besé largamente en la boca, encontrándole aroma y sabor a semen, comencé a revisar su panocha, a ver sus labios de color rosado rojizo a causa de tantas metidas de verga y por supuesto, metiendo mis dedos para palpar la leche de la verga de mi hermano, Linda me observaba excitada, mientras yo “cuantificaba los daños” de aquella tormenta de leche.

    Acto seguido, como un recién nacido, comencé a mamarle su panochita mientras ella me decía, “¿te gusta lo que te traje mi amor? vengo bien cargada de la leche de tu hermano para ti, mete la lengua y saboréala, está muy rica”, mientras me agarraba fuertemente por la nuca para que no me apartara de su panocha inundada de semen.

    Luego de mamar todo el jugo de mi hermano, Linda, con susurros y palabras al oído acerca de lo acontecido, me impulsó para que la penetrara mas profundo. Me dijo, “cogimos y cogimos y cogimos no recuerdo cuantas veces en todas las posiciones, tu hermano es un comelón”.

    Tan calientes estábamos que hicimos las mismas posiciones que ellos habían hecho en el motel, mientras ella me decía “así me cogió tu hermano Juan, así me metió su vergota, así me llenó de leche” y cogimos muchas veces y acabamos exhaustos quedando dormidos, desnudos hasta ya entrada la mañana. Solo por orgullo me levanté me bañé y me fui a mi trabajo dejando a mi esposa en la cama para un merecido descanso.

    Me hice adicto al semen de mi hermano e igual que mi esposa, después de esta cogida hubo otras en las mismas circunstancias y gran mejoría en las relaciones entre Juan y yo. Posteriormente Linda nos juntó para platicar y planear una carnita asada en nuestra casa que les platicaré mas adelante.

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  • Dos amigos de mi marido me follan en la casa de la playa

    Dos amigos de mi marido me follan en la casa de la playa

    Esta es otra historia que me ocurrió este verano. Mi marido y yo tenemos un chalecito en la Costa Brava, donde pasamos parte del verano. En julio de este año, se empeñó en invitar a dos amigos suyos de la mili que estaban solteros. A mi, la verdad no me hacía mucha gracia, pero como la casa es suya, tenía que aceptarlo.

    Nosotros estábamos allí pasando el verano y ellos llegaron un viernes por la tarde. Uno se llamaba Andrés y otro Luis. Rondaban los 35 años. Andrés era bastante apuesto, alto y atlético, moreno de muy buen ver. Luis era más gordito y más bajo, pero muy simpático y sonriente y un poquito vacilón, cosa que a mí me agradaba mucho.

    Mi marido notó que a mí no me gustaba demasiado que vinieran y me pidió varias veces que fuese amable con ellos. Cuando llegaron, yo estaba vestida informalmente, con unos vaqueros muy cortos y muy bajos de talle, con lo que a nada que me agachase se me veía el tanga negro que llevaba. Luego llevaba una blusa anudada y bastante abierta que me dejaba un escote muy generoso, por supuesto sin sujetador, porque era verano y hacía calor.

    Entre lo que se me veía a través del escote y a través de la camisa, imaginaos. Enseguida noté sus miradas en mis tetas y en mi culo, sus sonrisas insinuantes y sus pequeños roces, cosa que me empezó a poner cachondona, por lo que disimuladamente me dejé desabrochado el botón del pantalón y aflojé el nudo de la blusa para enseñar un poquito más. Durante la cena les servía y aprovechaba para que me vieran las tetas y para pasar cerca de ellos y rozarles con ellas o con el culo.

    Después de cenar me quité el tanga y bajé un poco la bragueta para que pudieran adivinar mis pelos. Me senté enfrente de ellos para que al abrir mis piernas tuvieran una buena visión, pero esa noche no pasó nada. Nos fuimos a dormir, pero yo estaba tan caliente que no podía hacerlo y me levanté al salón. Llevaba puesto un camisoncito corto muy fino, sin ropa interior. No podía más y me empecé a masturbar pensando en ellos. Lo hacía con las dos manos, con las piernas muy separadas encima del sillón, tocándome el coño y el culo, chupándome los dedos y tocándome las tetas.

    Me había bajado las hombreras y las había sacado fuera para poder sobarlas mejor y tenía remangado el camisón hasta la cintura. Tuve un orgasmo muy rico y cuando me estaba recolocando la ropa vi a Andrés con un vaso de agua. ¡Hola! me dijo, – he ido a por un vaso de agua-. Yo le sonreí. No sé lo que vio, pero probablemente fue todo a juzgar por el bulto que se adivinaba bajo su calzoncillo, de esos justitos que marcan paquete. Nos fuimos a dormir. A la mañana siguiente fuimos a la playa. Me puse un biquini tanga blanco muy sexy y encima un vestidito a juego, muy corto y casi transparente.

    Cuando llegamos, mi marido y Luis se fueron a bucear. Andrés dijo que no le apetecía y yo me puse a tomar el sol. Al rato, me dijo que si quería que me pusiese crema, que tenía que cuidar mi piel tan bonita. Yo le sonreí y le dije que si, mientras que me acomodaba tumbada boca abajo y me desabrochaba la parte de arriba del biquini. Empezó a extenderme el protector con un masaje que me estaba poniendo a mil. Sus manos pasaban por los laterales de mis tetas, por mi cuello, y se acercaban peligrosamente a mi culo. Yo me dejaba hacer porque me estaba dando mucho placer.

    -¿Qué te pasaba anoche? -Me dijo

    -No podía dormir, le contesté

    -Yo tampoco, y después de lo que vi, menos, -me volvió a decir

    Entonces extendió crema en mis nalgas, sobándolas sin ningún disimulo. Yo ronroneé.

    -¡Que puta eres!

    Esas palabras me excitaron sobremanera, de forma que arqueé mi culo para que me lo sobara mejor. Cogió el bote de crema, retiró la cinta de mi tanga, echó un chorrito entre mis nalgas y empezó a extenderlo con sus dedos, recorriendo desde mi clítoris hasta mi ano. Me estaba dando un placer inmenso.

    -Esto si que te va a gustar, me decía.

    Nos colocamos de tal forma que tenía mi cabeza apoyada en su pierna, muy cerquita de su ingle. Su polla empezaba crecer, podía sentir su olor de lo cerca que la tenía de mi cara. A medida que crecía se aproximaba a mi boca. Si sacaba la lengua la lamía cosa que no pude evitar hacer mientras él me metía los dedos en el culo y en el coño que ya lo tenía chorreando y con la otra mano me tocaba los pezones. Me corrí como una loca justo antes de que llegaran mi marido y Luis. Enseguida se hizo la hora de comer y nos fuimos a casa. Antes, mientras recogíamos las cosas Andrés me dijo al oído:

    -Zorrita, ponte el vestidito sin nada debajo.

    Le obedecí. Así vestida me sentía medio desnuda pero esa sensación me encantaba. Mi marido ni se fijó, pero se me clareaban los pezones que los tenía tiesos como velas de lo excitada que estaba. En el coche de vuelta yo me senté atrás con Andrés, que se puso justo detrás de mi marido que conducía. Mientras marchábamos me iba sobando las piernas y levantándome el vestido cada vez más arriba, dejándome el coño casi al aire. De pronto me cogió la mano se sacó la polla y me hizo agarrársela. Con un leve gesto se dirigió a Luis que miró y me vio con el vestido remangado y haciéndole una paja a Andrés.

    -¿Ves?, le dijo. ¿No te lo decía yo? Luis soltó una carcajada cuando Andrés estaba a punto de correrse me dijo:

    -Mira lo que buscabas antes. Era un excusa para que me agachase y me metiese su polla en la boca.

    -¿Qué es? Dijo mi marido

    -Un pendiente, le respondió Andrés, que me había cogido de la nuca a la vez que fingía agacharse también para empujar mi cabeza y que no me pudiera sacar la polla de la boca.

    Se corrió llenándome de su leche caliente toda mi boca. Yo intentaba tragármela toda pero algo se me salía por la comisura de los labios que me limpié disimuladamente para que mi marido no se diese cuenta.

    Al llegar a casa empezamos a preparar la comida. Ellos se habían quedao en pantalón de deporte, de esos pequeños, de atletismo, con el torso al aire. En un momento en que mi marido estaba en la cocina y nosotros en el salón Andrés le dijo a Luis delante de mí:

    -¿No te decía que esta tía es un zorrón? Me ha hecho una mamada en el coche.

    -A mi me vas a hacer lo mismo me decía Luis, mientras me hacía agacharme delante de él y me restregaba el paquete por la cara.

    -Si, le decía yo, claro que si, ya verás.

    Yo iba y venía llevando cosas para poner la mesa mientras mi marido preparaba una paella en la cocina. Aprovechaba cualquier situación para agacharme y enseñarles el culo, o las tetas, y ellos para sobarme. Una vez casi nos pilla mi marido: yo estaba apoyada en la mesa, con el culo en pompa. Luis me había levantado el vestido y se había sacado la polla que había metido entre mis nalgas. De pronto entró mi marido y apenas tuvo tiempo de guardársela. Andrés soltó una carcajada y Luis se puso colorado, pero no pasó nada.

    En los postres, mi marido propuso ir de pesca. Tanto Andrés como Luis dijeron que estaban cansados y que preferían echarse la siesta. Mi marido les preguntó si les importaba que se fuera él a lo que respondieron que de ninguna manera, que hiciera lo que le apeteciera, que había confianza suficiente etc. etc., pero en realidad estaban deseando quedarse conmigo, y yo con ellos. Dijo que volvería sobre las siete. Cuando entraba de despedirlo, ya me estaban esperando con mirada de sátiros.

    -Sácate las tetas y ven a cuatro patas me ordenó Andrés.

    Me bajé los tirantes del vestido y me lo deslicé un poco para que me salieran las tetas. Al ponerme a cuatro patas quedaban colgando, y el vestido se me subía dejándome el culo al aire. Ellos se sacaron la polla. La de Andrés era normal pero la de Luis era muy gorda cosa que a mí me encanta.

    -Mira lo que tenemos para ti, guarra me decían.

    Yo iba despacito, relamiéndome sin quitar los ojos de la polla de Luis, bamboleando mis tetas y mi culo. Al llegar a la altura de Luis que estaba sentado en el sillón, puse mi cara entre sus piernas y empecé a lamerle desde los muslos hacia arriba, pasando por sus huevos, hasta su polla, que agarré con la mano y me la metí en la boca. Me cogió la cabeza con las dos manos y empezó a moverse metiendo y sacando su polla que yo atrapaba y acariciaba con los labios.

    Luego la sacó y la empezó a restregar por las tetas, empujándome los pezones con ella como si me los follara, mientras que en la mano tenía la polla de Andrés al que le estaba haciendo una paja lentita. A todo esto, ellos no paraban de decirme guarrerías, lo puta que era y lo que me gustaban sus pollas. Andrés se levantó y empezó a restregarme sus huevos y su polla por mi espalda, mientras me daba pequeños azotes en las nalgas, que acabaron rojas.

    -Te voy a dar por culo, me dijo. ¿Tu marido te lo folla?

    -No, le contesté

    Me separó las nalgas con las manos y me escupió dentro para llenármelo de saliva. Con su polla la extendió y poco a poco la fue metiendo dentro. Apenas me dolió, todo lo contrario, la sensación de placer fue inmensa. Sentir una polla en mi culo y el pollón de Luis otra vez en mi boca me enloquecía de placer, hasta que me corrí. Al rato cambiaron de posición.

    Ahora era el rabo de Luis el que me daba por culo. Era bastante mas gordo, pero como ya lo tenía dilatado tampoco me dolió. Andrés me hizo levantar y me la clavó en el coño. Ahora me follaban por los dos agujeros. Yo estaba sentada a horcajadas encima de Andrés que follaba mi coño, y por detrás Luis metía su enorme polla en mi culo. La sensación era tal que me volvía a correr y al verme, Andrés también lo hizo. Luis la saco de mi culo y me dijo:

    -Lo prometido es deuda. Me sentó en el sillón y se puso encima de mi. Metió su polla entre mis tetas primero y después me la volvió a meter en la boca, mientras me cogía las manos y me hacía agarrarle de las nalgas bombeándome en la boca hasta que se corrió. Echó tanta leche que me chorreó hasta las tetas que me quedaron empapadas. No dejaron que me limpiase.

    -Queremos que huelas nuestro semen durante toda la noche me dijeron. Y así fue.

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  • Compartiendo con mi padre

    Compartiendo con mi padre

    Mi esposa y yo habíamos tomado una decisión en cuanto a ser tres los que ocupáramos nuestra casa y el elegido para ello era nada menos que mi padre, ellos ya se habían entendido muy bien, al pasar un tiempo juntos, lo que motivó que decidiéramos compartir la casa y otras cosas con él.

    Así que pronto nos encontramos los tres viviendo bajo el mismo techo, no pasó mucho tiempo para que probáramos las mieles de tal convivencia.

    En una ocasión, ya estando instalado mi padre con nosotros, tomó una ducha antes de dormir, pero no quiso bañarse él solo, por lo que le pidió a mi esposa que le ayudara.

    Situándome cerca de la ventana que mira hacia el baño, pude ver como ella se desvestía para entrar en la regadera con él, fue algo que erizaba los cabellos por el morbo, pero a la vez era algo muy excitante, ver sus blancos pechos bamboleantes cuando se quitó el brasier, sus muslos carnosos rematados por una matita rasurada de vello rizado y su cuerpo bañado por el agua que salía de la regadera fue algo realmente hermoso y emocionante, pero el ver como tomaba el jabón y hacia espuma para luego empezar a limpiar el cuerpo de mi padre y recorrerlo hasta llegar a su pene, que se encontraba ya erecto, masajearlo, acariciarlo y empezar a estimularlo, es otro tipo de experiencia voyerista.

    Ella bien sabía como asear y bañar a una persona, pues los gemidos y expresiones de mi padre así lo demostraban. Después de un tiempo, los roles se cambiaron y él entonces pasó a ser quien enjabonaba el cuerpo de mi esposa, le llenó de espuma los pezones rosados, le lavó el deseado monte de venus, pero fue más allá en su tarea de limpieza, le hundía los dedos dentro de su vagina abriendo sus torneadas piernas, la volteó de modo que ella quedara de espaldas a él, para asearle con espuma su apretado culo, ella gemía y se retorcía extasiada, pronto dirigió la cabeza de su pene hacia el ano de mi esposa, para ensartarla y empezar cadenciosos movimientos.

    Ella: ¡Papá! Estás verdaderamente duro, dame más, trátame como tú quieras.

    Él: así te quería tener, tantas veces que imaginé tu lindo culo perforado por mi verga, toma todo para que quedes bien llena.

    Ella: ¡sigue papa, no pares! tienes una riquísima verga, igual a la de tu hijo, pero más gruesa, sigue, perfórame todita.

    Él: ¡mamacita con razón mi hijo se ve muy feliz, si te ha de dar unas cogiditas de antología! ¡comételo todo! ¿Así te lo hace él? ¿Cómo le gusta cogerte?

    El escuchar a mi padre hablarle así, preguntándole por mí me excitó grandemente.

    Yo seguía viendo y escuchando sus gemidos y el sonido de sus cuerpos chocar y lubricarse con el agua de la regadera. Ella entonces se agachó para quedar con el trasero a merced de mi padre y gritando estalló en un fuerte orgasmo. Descansó un momento y sentándose en el piso de la ducha, empezó a masturbar a mi padre, que no tardó en descargar su leche en su cara y pechos.

    Después la levantó y se asearon mutuamente, despacio y sin prisas, ella lo secó con una toalla y él la secó a ella, fue un momento muy erótico. Cuando yo me di cuenta, mi pene ya había descargado toda su blanquecina carga. Me metí al otro baño para limpiarme y cuando salí para ir a mi habitación la encontré a ella semidesnuda peinándose su larga y negra cabellera, la espalda desnuda y sus pechos apenas cubiertos por la toalla, sentada en la cama enseñando sus piernitas húmedas, fue una imagen difícil de olvidar, pero su rostro radiante, lleno de satisfacción fue lo que realmente me encantó.

    Le pregunté por mi padre y picaronamente me dijo que estaría durmiendo como un bebé, feliz y complacido, le dije que los había visto y escuchado y ella sonrió guiñándome un ojo, me dijo que sería bueno ahorrar agua y bañarnos los tres, que había pensado en actividades para que disfrutáramos los tres, como compartir sofá para ver películas, compartir la cama, salir los tres en fin muchas actividades.

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  • Tía y sobrino

    Tía y sobrino

    Mi hermano regresó a casa después de vivir cuatro años en el extranjero. Fue una alegría reencontrarme con él y con mi sobrino, que acababa de cumplir 18 años y ya era todo un hombre. Yo tengo 44, estoy casada, tengo una niña de la misma edad y por un momento pensé que tendría que cuidar a los chicos, porque ya se sabe que entre primos suelen suceder ciertas cosas… Lo que nunca imaginé fue que mi sobrino se interesara en mí y no en mi hija.

    Mi hermano Alberto, su esposa Susana y su hijo Rodrigo se quedaron un tiempo en mi casa hasta comprar una nueva para ellos. Fue el último verano, y pasábamos largas tardes en la piscina. En esos días descubrí que mi sobrino me miraba de una manera muy especial. Al principio creí que era sólo mi imaginación, pero terminé convencida de que no me sacaba los ojos de encima porque yo le atraía.

    Para una mujer de mi edad, ser la atracción de un joven tan guapo como Rodrigo no es poca cosa. Una a veces cree que ya no puede seducir a nadie, y no es así. De manera que empecé a prestar atención a sus miradas, y en cierto modo me divertía provocarlo (también me excitaba hacerlo, pero al principio no era muy consciente de ello). Todo esto sin que ni mi marido ni mi hermano se enteraran, era una especie de secreto que sólo mi sobrino y yo conocíamos, aunque no hubiéramos hablado del asunto.

    Hacía mucho calor, pasábamos el tiempo en la pileta, así que Susana y yo estábamos casi siempre en bikini listas para tirarnos al agua. A la noche me quitaba la parte superior del bikini y me ponía una blusa liviana que se transparentaba un poco, con un escote profundo. Disfrutaba viendo a Rodrigo que espiaba hacia mis pechos que se movían suaves, libres, y estoy segura que adivinaba mis pezones largos y oscuros marcando la tela.

    Otras veces yo me ponía una falda corta hasta la mitad de los muslos y me sentaba enfrente de él con las piernas ligeramente abiertas para que viera mis bragas. Durante la cena, cuando yo me ocupaba de la mesa llevando platos de aquí para allá, buscaba la ocasión para apoyarle mis pechos en la espalda (él sentado, esperando que yo le sirviera su plato). El chico estaba cada vez más entusiasmado, le costaba ocultarlo y empecé a temer que hiciera una locura de modo que dejé de provocarlo por un tiempo.

    Entonces una tarde sucedió algo que yo no me propuse. Estábamos jugando en la piscina, tirándonos al agua. En una de esas veces que me lancé al agua, se me quitó por accidente la parte superior del bikini y me quedó enredada en el cuello. Cuando salí del agua, sin darme cuenta, tenía los pechos al aire.

    En ese momento sólo Rodrigo y yo estábamos en la piscina. Él no podía quitar los ojos de mis senos y yo, con toda la paciencia del mundo, sin dejar de mirar a mi sobrino, volví a colocarme el bikini. Luego me arrojé otra vez al agua, como si nada. Se me pusieron los pezones durísimos por la excitación.

    Rodrigo me devolvió la jugada en forma descarada. Al día siguiente estábamos otra vez solos en la piscina, él se arrojó al agua y cuando salió tenía el pantalón de baño a la altura de las rodillas. No dije nada y me hice la distraída, pero pude verle claramente el pene. Lo tenía a medias erecto, la situación de estar prácticamente desnudo delante de mí lo excitaba, y me pareció hermoso. En plena erección debía ser una herramienta formidable.

    Descubrí que fantaseaba con mi sobrino tanto como él conmigo. Nunca habíamos hablado del tema, pero los dos lo sabíamos. Las miradas que intercambiábamos, que nadie más veía o comprendía, lo decían todo. Me halagaba que mirara mis pechos y mi trasero, y yo hacía lo mismo con su entrepierna. A veces él usaba pantaloncitos ajustados, que le marcaban el bulto, y no pocas veces se lo acariciaba con disimulo cuando yo dirigía mi vista hacia allí.

    Mi hermano y su esposa tuvieron que viajar de urgencia otra vez porque les surgió un problema, y nos preguntaron a mi marido y a mí si no teníamos problemas en que Rodrigo se quedara con nosotros unas semanas. Por supuesto, no hubo el menor inconveniente. Sentí que podía suceder algo entre mi sobrino y yo, la oportunidad se acercaba.

    Una tarde mi marido y mi hija se fueron al cine. Nos invitaron, pero Rodrigo dijo que se sentía enfermo y prefería quedarse en su habitación. Yo inventé otra excusa y también me quedé en la casa.

    Apenas mi marido y mi hija se fueron, Rodrigo me llamó a su habitación. Estaba en su cama, a medias cubierto por una sábana. Podía verle el pecho desnudo.

    —Tía, ¿me preparas un té por favor?

    —Claro, ¿qué sucede, te duele el estómago?

    —Sí, lo tengo como endurecido, mira.

    Me senté a su lado en la cama, de frente a él, con las piernas ligeramente entreabiertas, y le toqué el estómago por encima de la sábana. Lo noté normal. Mi sobrino tomó mi mano e hizo que la bajara.

    —Es un poco más abajo —me dijo.

    Bajé mi mano y descubrí que estaba muy duro pero no era su estómago, sino su verga. Rodrigo tenía una erección monumental.

    Dejé mi mano quieta, como si nada pasara y lo miré a los ojos. De pronto empecé a dudar. A todas luces era incorrecto hacer eso.

    —¿Crees que podrás hacer algo para que se me pase esto tía? —me preguntó Rodrigo.

    Yo estaba inmóvil, no podía siquiera hablar, con mi mano suavemente apoyada en su pene por sobre la sábana. Mi sobrino deslizó entonces su mano entre mis muslos, por debajo de mi falda, rápidamente llegó a mi entrepierna y apoyó un dedo sobre mi vagina, por encima de mis bragas.

    Empezó a mover su dedo con muchísima suavidad y rápidamente me di cuenta de que me excitaba. Era un placer sentir su carne dura y palpitante en mi mano, me transmitía toda la fuerza increíble de su calentura juvenil, mientras su dedo me acariciaba de esa manera. Abrí la boca, pero no me salieron palabras, solo un suspiro.

    —Quizá tú sientes algo parecido tía, y podemos curarnos juntos —me dijo Rodrigo.

    Cerré entonces mi mano sobre su verga, siempre por encima de la sábana, y empecé a masturbarlo. Suave al principio, rápido después. Yo miraba a la cara de Rodrigo, él cerró los ojos y gimió de placer. En apenas un minuto soltó un torrente de su savia, y creció una gran mancha en la sábana. Su excitación era enorme, no había resistido más.

    Me puse de pie, me bajé la falda que se me había subido al sentarme en la cama y salí de la habitación, aunque mi sobrino me pedía que no me fuera en ese momento.

    De pronto me descubrí pensando que todo aquello era una locura y quise olvidarme del tema. Fui al comedor y estaba ordenando la vajilla cuando llegó Rodrigo y me abrazó por detrás. Sentí claramente su verga, que estaba dura otra vez, apoyada con firmeza en mis nalgas por sobre la tela de la falda.

    Las manos de mi sobrino subieron hacia mis tetas, que estaban libres bajo la blusa, y se pegó más contra mí mientras me besaba la nuca. Giré hasta estar frente a él para decirle algo, pero me plantó un beso en la boca, profundo, largo, húmedo. Nuestras lenguas excitadas se entremezclaron.

    Rodrigo puso sus manos sobre mis hombros e hizo fuerza empujándome hacia abajo. Como en un sueño empecé a deslizarme hasta terminar de rodillas. Su verga quedó pegada a mis mejillas. Ahora podía verla bien. Era tan deseable… gruesa, firme, con una vena hinchada que la recorría a lo largo, la piel algo replegada dejaba al descubierto una cabeza abultada en forma de hongo. ¿Cuántas chicas la habrían disfrutado ya? No muchas, estaba segura. Mi sobrino no era virgen, pero tampoco tenía demasiada experiencia. ¿Cuántas veces habría sentido una boca de mujer comiéndose su virilidad con las ganas que yo tenía de comérmela, cuántas vaginas habría penetrado haciendo gritar de placer a la mujer debajo suyo, como yo quería sentirlo?

    Sin embargo, yo seguía paralizada. Como vio que no hacía nada, mi sobrino la tomó con su mano desde la base y me pasó la punta por mis labios cerrados, pintándomelos con el jugo de su excitación. Apenas abrí un poco la boca dio un fuerte empujón hacia delante y me clavó su lanza de carne hasta la garganta.

    Me dio una arcada, pero no se detuvo, era un chico algo salvaje. Tiró de mis cabellos con ambas manos mientras movía sus caderas obligándome a tragar más y más. Me estaba cogiendo la boca. Ahora era todo un hombre conquistando a su hembra, sometiéndola.

    Traté de detener su ritmo poniendo mis manos sobre su vientre para frenar sus embestidas e inicié una mamada más lenta, aunque igual de profunda. Quería disfrutar de esa verga maravillosa, saborearla con toda mi lengua, sentirla recorrer el interior de mi boca. Sólo se oían nuestros gemidos y el ruido que yo misma hacía con la succión. Tenía la boca llena de saliva que me corría por los bordes de la boca. Se la chupaba sin tocarla con las manos, mis dedos estaban ocupados porque con ellos me apretaba los pezones, los estiraba y retorcía. Mi calentura era tremenda.

    —Ahhh tía —dijo él con voz ronca— nunca me la habían chupado de esta manera. Qué boca tienes, eres una mujer mamadora increíble.

    Se la chupé largo rato, cada vez más entusiasmada. Me la saqué de la boca, se la pegué contra el vientre y le comí las bolas, una a una, delicadamente, pasándole la lengua primero y metiéndomelas de a una después. Las tenía duras, rebosantes de leche, aunque hacía apenas unos minutos había descargado una buena cantidad. Era un chico maravilloso. Se la mamé un rato más, como premio. Se lo merecía. Le di suaves chuponcitos y mordisquitos en la cabeza y me la comí entera, pegando mi nariz contra su vientre.

    Rodrigo me tomó por las axilas y me hizo subir, para apoyarme sentada en el borde de una mesa. Se arrodilló él ahora, subió mi falda, tiró de mis bragas hacia abajo y clavó su boca en mi vagina. Lancé un bramido de placer cuando me metió la lengua.

    Junto con su lengua me metió también dos dedos, y yo a mi vez me metí otros dos. Él pareció sorprenderse, se alejó un poco con los labios brillantes de mis jugos y me susurró:

    —Ábretela bien.

    Separé los labios mayores y metí los dedos índice y mayor de cada mano en mi concha, y la abrí todo lo que pude como me ordenaba.

    —Me enloquece ver tu agujero así de abierto tía —me dijo él con un suspiro— Creí que me gustaban las vaginas estrechas pero esta concha tuya es increíble. Mantenla así.

    Se puso entonces de pie, sujetando otra vez su verga como una lanza, y me la enterró con un solo movimiento. Sentí la cabeza y el tronco deslizarse dentro de mí hasta hacer tope en el útero. Sólo sus pelotas quedaron afuera. Lancé otro bramido.

    Mi sobrino me sujetó por las caderas, me clavó los dientes en las tetas y empezó a empujar con toda su potencia, metiéndome y sacándome su pedazo de carne dura sin piedad. A cada empellón se me escapaba un grito. Me estaba cogiendo sin piedad, la sentía llegar a fondo, salirse casi por completo y clavarse otra vez. Tuve la fantasía de que me llenaría de leche y me dejaría preñada.

    Rodrigo suavizó un poco sus empujones para no venirse. Yo para entonces tenía una cadena de orgasmos ininterrumpida, mis jugos me llegaban hasta los muslos y escuchaba el chas chas chas de su verga clavándose en mi concha inundada.

    Hubiera querido tirarlo al piso y montarlo, cabalgar sobre él con todas mis fuerzas, pero justo en ese momento lanzó su densa descarga dentro de mí. Lo hizo dando un alarido, clavándome su verga bien adentro. Sentí toda su leche caliente inundándome y volví a tener un orgasmo.

    Se retiró de a poco, y me dijo “tócate”. Obedecí. Llevé una mano a mi concha donde sus abundantes jugos se mezclaban con los míos. Tenía en los dedos una buena cantidad de una mezcla viscosa, casi transparente; ante su atenta mirada, me metí los dedos en la boca y me lo comí todo.

    Nos bañamos juntos. Bajo la ducha le hice otra mamada, muy tierna, larga, mirándolo a los ojos, y dejé que se viniera en mi boca. Pude saborear su leche, se la mostré en mi lengua antes de tragarla.

    Cuando mi marido y mi hija regresaron del cine, Rodrigo seguía en su cuarto simulando estar enfermo y yo tenía casi lista la cena. No sospecharon nada, ni siquiera mi marido notó algo raro cuando a la noche caí rendida en la cama y me dormí antes de decir una palabra. Aún guardaba el sabor del semen de mi sobrino en la boca, y la sensación de tener plantada su verga en mi entrepierna.

    Pasaron dos o tres días de tranquilidad. Yo tenía terror de que alguien descubriera algo, pero mi sobrino, despreocupado, seguía con el juego. Me miraba en forma lasciva y se acariciaba el bulto cada vez que podía delante de mí. Él quería más y por supuesto que yo también, pero no encontraba la ocasión.

    La suerte estuvo entonces de nuestro lado. Con mi marido tenemos una pequeña casa en un pueblito junto al mar, a tres horas de viaje. Un vecino nos llamó por teléfono para avisarnos que había ocurrido una tormenta muy fuerte que había provocado algunos destrozos en la casa, que debíamos ir a arreglar ese asunto.

    Mi marido no podía ir por su trabajo, mi hija tampoco porque estaba preparando un examen. De manera que me ofrecí a viajar yo, y por supuesto Rodrigo también se entusiasmó con la idea.

    Salimos al otro día bien temprano a la mañana en mi automóvil. Yo conducía; llevaba un vestidito corto, de verano, con un escote profundo, y Rodrigo se había puesto un pantaloncito corto y una camiseta sin mangas de jugador de básquet.

    Dejamos atrás nuestra ciudad y apenas estuvimos en la carretera, Rodrigo me pidió que lo dejara conducir el automóvil. Estuve de acuerdo. Me detuve a un costado y sin salir del vehículo me pasé al asiento del acompañante, de manera que quedé sentada sobre mi sobrino. Mi trasero quedó pegado a su bulto. Nos miramos con complicidad, yo me moví con sensualidad para excitarlo un poco; luego él tomó mi lugar en el sitio del conductor.

    Rodrigo manejaba, pero no dejaba de echarle miradas a mis piernas. El vestido era corto, además se me había subido y por mi posición en el asiento se me veían un poco las bragas. “Quítatelas”, me pidió él.

    Con un rápido movimiento me quité las bragas, giré un poco y me senté apoyada contra la puerta, de frente a mi sobrino. Separé mis piernas y con los dedos me abrí la concha como a él le gusta.

    —Oh tía, ese agujero que tienes… no sabes qué loco me vuelve…

    Volví a la posición original, mirando hacia el frente, estiré uno de mis brazos y empecé a acariciarle la verga. La otra mano la metí en mi vagina. Al rato estábamos tan calientes que me incliné sobre su entrepierna, le bajé el pantaloncito y empecé a mamársela.

    Mientras Rodrigo conducía por la carretera a toda velocidad, durante varios kilómetros, yo fui con su verga en la boca chupándosela. Me encantaba hacerlo, tenía una firmeza, un sabor, increíbles. Pasaron muchos otros automóviles, creo que algunos me vieron en esa posición. Cuando me di cuenta de que mi sobrino estaba por venirse me detuve, la expulsé tiernamente de mi boca y volví a sentarme.

    —Espera a que lleguemos —le dije.

    Por fin arribamos al pueblo y a nuestra casa de verano. Los destrozos no eran tan importantes como nos habían dicho, la reparación podía esperar. Frente a la puerta de la casa me temblaban las manos con las llaves hasta que finalmente pude abrir.

    Nada más entrar nos abrazamos como dos lianas y nos besamos. Rodrigo metió su lengua en mi boca, me alzó en andas como si fuésemos recién casados, me llevó hasta el dormitorio y me tiró en la cama boca arriba.

    Sólo se quitó el pantaloncito, subió mi falda, abrió mis piernas y me la clavó de un golpe con ese salvajismo que tanto disfrutábamos.

    Lancé un grito de placer. Era la primera vez que lo hacíamos en una cama y resultó fabuloso. Rodrigo bombeaba mientras me mordía las tetas por sobre el vestido.

    Luego se puso de rodillas sin sacármela, subió mi pierna derecha hasta apoyársela en su hombro y la derecha la mantuve sobre la cama. Así la concha me quedaba más abierta, como a él le gustaba. Se escuchaba el ruido de su penetración en mis jugos.

    Creí que se vendría rápidamente, pero a cambio de eso la sacó, me dio vuelta con suavidad y quedé completamente boca abajo. Se puso sobre mí, aplastándome con el peso de su cuerpo, y con una mano me abrió las nalgas. Con la otra guio su verga hasta apoyar la cabeza en el agujero de mi ano.

    —Despacio amor —le rogué— despacio hasta que me acostumbré.

    No me hizo caso. Empujó con fuerza y grité de dolor cuando me abrió el anillo del ano. Sentí cada centímetro de su carne abriéndose paso, avanzando sobre los pliegues de mi esfínter, mientras yo mordía las sábanas y clavaba mis uñas en ellas.

    Cuando entró hasta el fondo se quedó quieto un momento y me dijo al oído:

    —Tienes un culo tremendo tía, desde que te lo vi soñaba con el momento de rompértelo.

    Empezó a moverse, lentamente al principio, más rápido después. Al cabo de un rato el dolor desapareció y empecé a gozar de sus empujones.

    Me hizo alzar el culo en pompa, con la espalda quebrada y la cabeza sobre las sábanas. Él flexionó sus piernas y caía con fuerza sobre mí, manteniendo mis nalgas separadas todo lo que podía con sus manos.

    —Quiero abrirte el culo como tienes de abierta la concha —me dijo entre jadeos.

    Mientras yo me acariciaba el clítoris y gozaba más y más, mi sobrino estuvo largo rato dándome por atrás hasta que lo logró. Podía metérmela hasta el fondo, sacarla por completo y volvérmela a meter sin ningún esfuerzo. La tenía cada vez más dura.

    —Así, asííí —se entusiasmó— ahhh tía, si pudieras verte… tienes el agujero del culo completamente abierto, métete los dedos, siéntelo.

    Me toqué y quedé impresionada por estar tan dilatada. Tres dedos me entraron sin esfuerzo.

    —Me matas Rodrigo, me haces gozar como nadie —susurré.

    Con un alarido de placer, mi sobrino me echó gruesos chorros de esperma en las nalgas y la espalda y cayó a mi lado.

    Dormimos un rato para recuperar fuerzas. Nos despertó el ruido de la lluvia contra las ventanas. Llamé a mi marido, le mentí que la situación era más grave de lo que pensaba, que debía hacer muchas reparaciones y que regresaríamos recién al otro día.

    Rodrigo me propuso salir a caminar un poco bajo la lluvia. Las calles estaban desiertas, íbamos de la mano como dos enamorados. Mi vestido completamente mojado se transparentaba y se veía claramente que no llevaba nada debajo. Se me marcaban la redondez de las tetas, los pezones duros y oscuros y el escaso vello de mi entrepierna. Me sentía una niña otra vez.

    Mi sobrino me apoyó contra la pared de una casa y nos besamos larga y profundamente. Apoyó su verga contra mi entrepierna, era increíble, pero la tenía dura otra vez. La sacó allí, en plena calle, subió un poco mi falda y me la clavó.

    —Aquí no mi amor, pueden vernos —le dije.

    Pero él no se detuvo y me cogió de pie en plena calle, apoyada contra esa pared. Pasaron algunos automovilistas que se sorprendieron con la escena. Las piernas me temblaban, Rodrigo sacó una de mis tetas afuera y me mordió con fuerza el pezón hasta hacerme doler, sin dejar de mover sus caderas bombeándome verga. Ese chico me tenía todo el día mojada y con la concha estirada, deseando más y más de su carne dura.

    —Basta —le impuse, luchando contra mi calentura— Vamos a la casa, rápido.

    Corrimos bajo la lluvia y regresamos a la casa. Antes de seguir con el sexo tomé un baño, y luego Rodrigo hizo lo mismo. Mientras él estaba en la bañera me peiné, me puse otro vestido y lo esperé. Pero en eso tuve incontenibles deseos de ir a orinar. Y la casa tiene un solo baño.

    Entré, Rodrigo seguía en la tina.

    —No aguanto, tengo necesidad de orinar —le expliqué.

    Rodrigo me miró lascivamente y me dijo:

    —Méate sobre mi verga.

    Vacilé un poco, pero él me estiró la mano invitándome. Me quité el vestido, entré a la bañera, de pie frente a él, y cerré los ojos para concentrarme. Al fin el chorro me salió. Las primeras gotas cayeron sobre la verga de mi sobrino y empezó a masturbarse, pero después le mojé también el pecho. Entonces él se incorporó un poco y mi meada le cayó en pleno rostro. Cuando terminé me chupó la concha y se tomó las últimas gotas.

    —Ahora es mi turno —dijo.

    Se puso de pie, yo me acosté en la bañera y abrí mi vagina. Nunca había hecho algo así y no estaba segura de si me gustaría. Le salió un poderoso chorro de meada que fue directo a mi clítoris, luego lo dirigió a mi vientre, a mis tetas y a mi rostro. Yo no podía creer cuánto me calentaba aquello.

    —Trágate mi meada tía.

    Claro que sí, quería tragarme todo lo suyo. Abrí la boca al máximo, todo lo que pude y Rodrigo de pie frente a mí dirigió su chorro directo a mi garganta. No hacía tiempo a expulsarlo todo y tragué bastante mientras me masturbaba con mis dedos.

    —Tía eres fabulosa, la mujer más increíble —suspiró mi sobrino cuando terminó.

    Se inclinó sobre mí, tomó mi cabeza y me metió la verga en la boca. Movió sus caderas salvajemente, cogiéndome otra vez en forma oral. Yo quería eso y más, deseaba todo lo suyo.

    Me puso de pie, dándole la espalda. Apoyé mis manos contra las paredes del baño, inclinada en ángulo recto hacia delante. Rodrigo me la metió en la concha y en el culo alternativamente, en el agujero que dejaba libre de su verga metía sus dedos. Era increíble, su erección no terminaba nunca y mis orgasmos tampoco. Finalmente me puse de rodillas ante él para mamársela, y recibí con infinito placer la descarga de su leche cremosa en la boca.

    Esa larga noche me cogió varias veces más con los dedos y con la lengua mientras reponía fuerzas. El amanecer lo sorprendió encima de mí, otra vez con una erección, metiéndomela suavemente y comiéndose mis tetas hasta vaciarse en mi concha.

    A la mañana reparamos rápidamente todo lo que la tormenta había dañado y regresamos. Al tiempo sus padres volvieron de viaje, compraron otra casa en las cercanías y Rodrigo se fue con ellos. Ahora él tiene novia, pero igualmente de vez en cuando nos reencontramos para revivir esos días hermosos que pasamos juntos.

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  • Me estrenan el culo

    Me estrenan el culo

    En mi vecindario, había una estética atendida por un gay, siempre me cortaba ahí el cabello porque estaba cerca de mi casa y me gustaba como me dejaba el cabello. Nunca me paso por la cabeza lo que pasaría después.

    Entraba en mí una oleada de cambios, entre ellos mi despertar sexual, aunque me gustaban las mujeres, también me llamaban la atención los hombres, tanto fue mi curiosidad que decidí experimentar ese lado gay. Deseaba probar una verga.

    Un día como cualquier otro fui a cortarme el cabello, pero estaba decidido a coquetearle al estilista, todo transcurrió normal, platiqué con el de cosas simples como cualquier día, sobre el frio de la mañana, de su cachorrito que tenía, todo muy normal, no sabía cómo coquetearle sin que mi corazón latiera demasiado, estaba muy nervioso y frustrado pues no iba a conseguir mi objetivo, desesperado le dije que se veía muy guapo ese día, fríamente solo me dijo gracias.

    Mi cara se ruborizo demasiado, y decidí callarme, casi al terminar estaba dando los últimos tijerazos a mi corte, estaba a mi lado derecho y su paquete me quedaba al alcance, discretamente empecé a acercar mi mano, y lo empecé a sobar, le dije con la voz temblorosa y muy nerviosa, que quería chupárselo.

    Termino el corte y no dijo nada, me puse de pie y me acerqué a él quedando muy cerca de sus labios, le dije:

    -Me gustaría chuparte el pito, estoy muy cachondo.

    Se dio la vuelta me dijo:

    -Estás loco, estás muy joven para mí, eres muy joven -le dije que ya tenía 18 años y que de verdad tenía muchas ganas, él cerró su local por dentro y me dijo- pues si quieres chuparla tendrás que trabajarla para que se pare.

    Saco su pene flácido y yo hipnotizado por la situación me arrodille, lo tome con mi mano y empecé a saborearlo con la lengua, me lo metí a la boca y jugaba con mi lengua, me prendió mucho sentir como se iba poniendo dura y grande.

    Me tomo bruscamente del cabello y me empezó a follar la boca, me ahogaba, pero me excitaba mucho la forma ruda con la que me obligaba a mamárselo.

    Me puso de pie, me dio la vuelta y me empino sobre la pared, sentí su saliva caer por mi ano, seguida de sus dedos, no tuvo delicadeza al dejarme caer toda su verga dentro de mí, grite casi llorando de dolor, y le pedí que fuera más gentil. Me respondió que no me hiciera la apretada, que se veía que yo era muy zorra y me encantaba la verga.

    Con lágrimas de dolor le dije con voz quebrada que era mi primera vez, no le importo mucho pues me empezó a bombear con fuerza, me empezaba a acostumbrar a su imponente verga, pero seguía doliendo, ayudo mucho que empezó a manosearme de maneras muy morbosas, me apretaba mis pequeños senos de hombre, y me llamaba zorra,

    Toda esa situación me prendió demasiado que me corrí me agarre mi pene tratando de no tirar mi semen y no ensuciar mi ropa que estaba debajo de mí, pero el me obligo a comerlo, era mi primera vez comiendo semen y era un sabor muy agrio, que entumeció mi lengua.

    No me daba descanso y me follo como puta durante 20 minutos sin parar, hasta que me dio la embestida más fuerte y profunda que las demás, y sentí su caliente liquido de hombre recorrer mi ano, y escurrir por mis muslos, me dio una pequeña nalgada y me dijo que me fuera.

    Me vestí demasiado rápido no recordé ni limpiarme su semen que seguía escurriéndome las piernas, solo tomé mis cosas y me fui. No volví a verlo y a los pocos meses se fue de ese local, nunca supe su nombre, ni él el mío, solo me estreno el culo, y me corrió.

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