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  • Despertando la puta interior de mi esposa

    Despertando la puta interior de mi esposa

    ¿Cómo llegamos a este punto? A este cuarto de motel donde mi esposa está vendada y atada de pies y manos, usando solo un corsé medio abierto y siendo devorada en su sexo por mi y el amigo cómplice dándole gusto total en sus senos, mamando, chupando, apretando, lamiendo. Creo que debo contar todo desde el principio…

    Hoy cumplimos 8 años de casados y tras vivir la típica vida de matrimonio con dos hermosos hijos, mi esposa sigue siendo tan hermosa como cuando la conocí, bueno yo así la veo, me gusta su rostro con rasgos orientales, se ve mucho más joven de los que es, bueno aun es muy joven a sus 33 conserva unos senos hermosos, grandes en aureola, de buen tacto, piernas hermosas, estar en medio de ellas es todo un espectáculo visual y siempre me ha vuelto loco su culito, es a la primer mujer que realmente desee romperle el culo. Yo soy mayor para ella por 17 años, es mi segunda esposa. La llamaremos Elisa en ese relato y yo Antonio.

    El hecho de tener esa diferencia de edad me ha hecho consiente de que estamos llegando a la etapa en donde yo solo no soy capaz de darle la diversidad o calmar sus calenturas ahora que está en plena juventud de su sexualidad. Antes de conocerla yo había vivido experiencias swingers o de relaciones libres y sé que eso es algo que tarde o temprano se presenta en las parejas. La monotonía y el aburrimiento puede estancar las relaciones, lo importante de abrirse a este tipo de interacciones es siempre comunicarse y acompañar a la pareja para cuidar de ella. Eso es algo vital.

    Para empezar a darle variedad al sexo he comprado juguetes y la he hecho fantasear con más personas mientras tenemos sexo. Al principio le parecía raro, sobre todo por la forma en la cual fue educada, una crianza cristiana en donde todo es malo o prohibido. Platicaba con ella, le hacía ver que tenía plena libertad de pedir lo que deseaba con relación a su sexualidad y que yo era su pareja y cómplice y siempre le daría seguridad para vivir sus deseos… Todavía le cuesta trabajo expresar esos deseos locos… Sin embargo, no se ha cerrado a la invitación.

    Así empezamos los juegos de roles, las fantasías, las travesuras en público, al grado de que por fin en una noche especialmente cachonda en la cumbre de la calentura le dije…

    Antonio: imagina que ahí a pie de cama está el tipo que te gusta y esta excitado de ver como te cojo… ¿Qué le dirías?

    Elisa: ay mi amor ya vas a empezar (respondió con voz jadeante)

    Antonio: si anda, dime, imagina que ahí está viendo tu cuerpo desnudo siendo penetrado, ¿te gustaría que él también estuviera desnudo?

    Elisa tomándose unos segundos en responder, con los ojos cerrados y relamiéndose los labios dijo -si, me gustaría… mmmm… Si.

    Sabía que había llegado el momento de meterle más candela al asunto. Continué diciéndole.

    -Imagina que lo ves a los ojos, le sostienes la mirada con total seguridad, con descaro. Y le pides que se masturbe, ¿te gustaría ver como se masturba viéndote a los ojos mientras yo sigo bombeándote?…

    Tardó unos pocos segundos en responder y yo veía como se sonrojaba y de su boca salió un…

    -Uy si me gustaría (jadeando y con tono muy cachondo), si si quiero verlo mmm

    Antonio: me gustaría que le pidas que se acerque y que tú lo masturbes… ( debía ponerla muy cachonda para que se atreviera a decirme el nombre de la persona con la cual estaba fantaseando)

    Elisa: ¿de veras te gustaría que yo masturbe a otro mientras cogemos?

    Antonio: yo solo quiero verte siendo la puta que aun no dejas salir (le dije pellizcando sus hermosos senos)

    Elisa solo seguía disfrutando y seguramente todavía imaginándose la escena.

    Antonio: anda dime, ¿quieres un trío? ¿Quieres estar gozando con otra verga ahora mismo? ¿Quieres mamársela a ese tipo? ¿Se la mamarías?, anda dime, admítelo.

    Tras unos segundos de jadeo fuerte, solo respondió -siiii, se la quiero mamar, quiero sentir su verga.

    En ese instante mi temperatura subió y empecé a darle más duro, me puso muy caliente oírla admitirlo. Ese era el momento para sacarle la confesión.

    Le pregunté. Dime ¿quién es? ¿Cómo se llama? ¿La verga de quién quieres? Dímelo putita, dímelo. Le decía en cada estocada. Al parecer la ponía más caliente que le dijera puta.

    Y ahí Elisa lo soltó -el panadero, es el panadero, me gusta, lo deseo…

    Después de esta confesión ya me dejé ir sin control solo quería llenarle el coño de lefa, quería sacar toda la leche y premiarla por la audacia de su confesión. La eyaculación fue riquísima y también la vi entregarse a la fantasía por completo… Fue grandioso y además marcó el parte de aguas para hacerlo realidad. Elisa me dijo después -te pusiste más cachondo de lo normal, ¿en verdad me regalarías un trío?

    Solo respondí -sin lugar a dudas, te amo.

    Lamentablemente nos mudamos a otra ciudad y nunca pude organizar nada para darle ese gusto a Elisa. Pero la idea seguía viva.

    Elisa es algo pasiva y nunca iba a intentar vivir esa fantasía por su cuenta sin embargo es el tipo de persona que una vez se encuentra en la situación sigue adelante sin rajarse, así que darle esa experiencia dependería de mí.

    Me hice amigo de una pareja swingers, me tomé el tiempo para escoger al caballero adecuado y sobre todo que sepa como interactuar con respeto y no tener alguien latoso que intente molestar a mi esposa después del encuentro. Así decidí por Alberto. Unos cinco años más grande que Elisa y sin duda demostró ser un caballero. Su esposa entendió lo que yo le pedía a Alberto y nos dejó hacer los planes sin interferir, con la condición de que después podamos interactuar los cuatro (a ella le gustan también las chicas).

    Primero decidí el vestuario que le regalaría para la ocasión. Tenía muchas ganas de ver a Elisa en corsé, con ese par de tetas seguro se vería fabuloso en ella, afortunadamente el corsé se vende con la tanga a juego así que encargué uno de color negro. También compré una falda corta de vuelo color negro. La altura perfecta para mostrar sus piernas y cubrir lo indispensable, coqueta pero discreta. Listo ahora a preparar el escenario.

    Alguna ocasión Elisa había manifestado querer ir de copas y que yo me quedara a la distancia y ver quien le coqueteaba. Así que abordé esa idea, solo que el seductor ya estaba decidido sin que Elisa lo supiera.

    Le sugerí a Elisa vivir esa experiencia de estar separados en el bar a ver que pasaba y que ella podía estar de calienta vergas. Acordamos que ella me indicaría cuando debería acercarme para dar fin al juego e irnos los dos al motel. Aunque ella no sabía que eso sería solo el siguiente paso para sacar su puta oculta.

    El plan consistía en que Alberto se le acercara e hiciera toda la labor de prenderla y después nos ancalzaría en el motel sin que ella supiera lo que iba a pasar ahí. Alberto esperaría mi mensaje para llegar y hacer su parte.

    Le dije a Elisa que le tenía preparadas varias sorpresas para la noche en el motel, compré una mascada de seda para vendarle los ojos, un juego de arnés para sujetarla a la cama de muñecas y tobillos y le compré un antifaz de zorrita cubierto con brillitos.

    Así llegó el día, ya estaba todo preparado, Elisa quedó encantada con la ropa que elegí y me dio gusto usándola, se veía divina, esas tetas pedían a gritos salir, apenas llegaban a cubrir el inicio de sus preciosas aureolas. Ella se puso unos tacones altos y se sujetó el cabello dejando libre su cuello y sin oportunidad de que su largo cabello negro cubriera el escote de muerte.

    Le dije a Alberto que estuviera ahí antes para evitar que algún otro le ganara la oportunidad. Al llegar al bar como habíamos acordado ella entró primero y luego yo.

    Lamento no haber podido ver la cara de los tíos cuando Elisa entró sola, hubiera sido una pasada poder disfrutar de eso, pero Alberto me dijo que varios hombres voltearon de inmediato al verla y la siguieron con la mirada comiéndosela en su mente. Los que no voltearon fue porque iban con pareja. Yo entré a los cinco minutos y me ubiqué al otro lado de la barra donde ella se había colocado. Alberto ya estaba cerca de ella perfilándose, él es alto y de manos grandes seguro que le gustaría a Elisa pues le daba un aire a su querido panadero, que no había podido comerse.

    Alberto no tardó nada en acercarse y hacer la plática, obvio Elisa no se hizo del rogar pues esa era la intención del juego. Al estar la música alta no podía escuchar nada de lo que se decían, pero ella ponía cara de entretenida y se reía de las tonteras que le decía Alberto. Ocasionalmente volteaba Elisa a donde yo estaba y me guiñaba un ojo o tomaba de su copa relamiéndose los labios mientras me veía, se le podía apreciar qué se estaba divirtiendo y se veía sonrojada, señal de que se estaba poniendo cachonda.

    Alberto le acariciaba su brazo, le acomoda el cabello en su oreja y ella se dejaba hacer, se acercaban para decirse cosas al oído porque la música solo permitía hablar de esa forma, yo estaba entre caliente, celoso, y feliz de ver a mi mujer siendo tan coqueta. Alberto no tenía ningún reparo en ver descaradamente el escote a Elisa y no le importaba si ella se daba cuenta. Al contrario, parece que se las elogiaba de forma directa y ella disfrutaba de ese descaro. Sin duda en algún momento Alberto le estaba acariciando las piernas porque vi como ella bajaba su mano para liberar sus piernas del ataque del descarado amigo, pero demostrando que no le molestaba para nada, jugando al estira y afloja.

    Durante esas cosas que se decían estoy seguro que le dijo a Elisa que lo tenía muy caliente porque claramente se vio que la invitó a que viera su erección y ella abrió los ojos y se rio con ganas al ver al monstruo debajo del pantalón, y los colores se le subieron más al rostro… Estoy seguro que Alberto la invitó a que ahora ella tocará la virilidad de su paquete porque él le tomó su mano y desapareció debajo de la barra, Elisa no apartó la mano, se tomó su tiempo sin duda para poder comprobar lo que ella había provocado y quería disfrutar de su logro. Mi amigo Alberto estaba gozando de lo lindo cachondeando a mi mujer y yo sin perder detalle de la novela muda erótica qué mi tierna y recatada mujercita estaba protagonizando.

    Elisa ya llevaba varias copas y se veía mucho más desinhibida y entregada a la plática la cual siempre estaba acompañada de toqueteo entre estos dos. Elisa se levantó y quiso ir al baño, Alberto como todo caballero (si claro) la acompañó al tocador. Cuando pasaron a mi lado pude ver como él la llevaba abrazada y bajaba su mano tocando el hermoso trasero de mi mujercita dibujando círculos con sus dedos por encima de la falda y ella dejándose hacer, solo me guiñó una vez al pasar. Una vez Elisa entró al baño, Alberto volteó a verme y me levantó los pulgares con una sonrisa de oreja a oreja, yo solo levanté mi copa brindando a su salud.

    Tras salir del baño Alberto no perdió oportunidad para repetir la maniobra pero ahora no dibuja círculos y en su lugar fue a tomar de forma firme y decida el trasero de Elisa, sin duda uno de sus dedos debió llegar hasta su ano porque ella dio un brinquito respingón y le premió con una sonrisa su descaro. Solo estuvieron unos cuantos minutos más y Elisa me hizo la señal de que era momento de que la sacara de la situación, sin duda estaba lista para irnos a apagar su calentura. Así que me dirigí hacía donde estaban y al llegar solo escuché…

    Elisa:… bueno Alberto ha sido muy divertido pero ya llegó mi maridito y debo irme antes de que regañe por ser una niña mala…

    Elisa lo tomó del cuello y le dio un beso suave en los labios, no demasiado largo, no corto, solo lo suficiente para dejarlo alucinado y con la otra mano vi como se despedía del amigo que seguía despierto debajo de sus pantalones.

    Ahora yo fui quien le guiñó a Alberto y salimos de ahí. Al llegar al auto Elisa me dio un beso tan caliente y se notaba la lujuria qué estaba sintiendo en ese momento. Su respiración estaba entrecortada y al llevar mi mano debajo de su falda pude notar lo empapada qué estaba. En cuanto estuvimos adentro del auto le dije que se quitara la tanga y nos fuimos metiendo mano durante el trayecto al motel. La ventaja de vivir en una ciudad pequeña es que el trayecto entre dos puntos es muy corto. En 10 minutos ya estábamos en el motel pidiendo una habitación.

    Al entrar le dije que si había disfrutado de ese momento y ella solo decía que si que fue muy divertido y que estaba muy caliente, que se sintió muy puta al saber que yo no perdía detalle de ese momento de seducción.

    Antonio: me da gusto que te sientas tan puta porque ahora solo empieza la noche. (Saqué el antifaz, el arnés y lo coloqué en el colchón de la cama).

    Elisa: y ¿esas cosas? ¿Me vas a vendar y a esposar? ¿Vas a atarme?

    Antonio: tú solo déjate llevar, ¿si? Esta noche puedes pensar que soy tu amigo del bar que dejaste todo prendido. Y deja que tu imaginación haga el resto. Solo disfruta de lo que sentirás hoy, ¿de acuerdo?

    Elisa: ok, estoy demasiado caliente así que has lo que te plazca y dame todo el placer.

    Antonio: ok solo dejame ir al baño rápido y regreso a colocarte todo.

    Ya en el baño le mandé mensaje a Alberto, le di el número de habitación y le dije una vez más, que debía recordar el plan… Elisa estará atada y vendada. Yo simularé pedir room service y él llegara a la habitación 20 minutos más tarde… Elisa pensara que es el chico de room service, pero se sacara de onda al saber que alguien más entró al cuarto y ella estará completamente expuesta. Escuchará toda la conversación y todo lo demás fluirá para hacerla sentir atendida por dos hombres deseosos de darle placer, de ser utilizada a nuestro antojo.

    Salí del baño y empecé a vendarle los ojos a colocarla en la cama, le puse las esposas en sus muñecas, en sus tobillos, le coloqué el antifaz de zorrita y ella solo se dejaba hacer… Con toda calma le baje su falda dándome un festín oral con su completamente húmeda vagina…

    Antonio: dime putita ¿te divierte calentar vergas y después irte así como así?

    Elisa: pues si, me divierte mucho ver como siempre las vergas se paran ante mis coqueteos, disfruto tener ese poder.

    Antonio: ah ¿si? Pues ahora si me voy a desquitar por haberme dejado todo prendido en el bar, y tu marido pendejo va a lamentar tener una esposa tan puta como tú.

    Como me imaginaba Elisa se prendía cada vez que la hacía sentir puta, se escuchaba como aceleraba su respiración y se veía ansiosa por intentar mover sus manos para tocar… Y eso la estaba mojando a chorros, no la había visto tan húmeda como esa noche.

    Le abrí los primeros broches del corsé y se veía maravillosa, sus pezones totalmente erguidos, duros, y yo me relamía con eso… Le dije que estaba tomando video y fotos para que después se las enviara a su marido y se la jalara viendo a su esposa puta como se la cogía un extraño (debía desempeñar bien el papel de Alberto y jugar con la mente de Elisa).

    Elisa: ay si, gózame esta noche soy tuya, hazme lo que quieras, soy tuya papi, dame verga, dámela.

    En eso sonó el teléfono de la habitación, anunciando qué había llegado alguien preguntando por nosotros, solo dije -ah si adelante lo estamos esperando.

    Elisa: ¿quién era? ¿A quién esperamos?

    Antonio: no te preocupes amor, es el de room service, cuando fui al baño pedí algo de comida y bebida.

    Elisa: ah ok, muy bien

    Antonio: espera, creo que está por llegar déjame ir por las cosas…

    En unos instantes ya estaba Alberto tocando a la puerta.

    Alberto: servicio al cuarto, aquí esta su orden.

    Antonio: ah claro, pasa, pasa… deja las cosas en el tocador junto a la cama. (Obvio no llevaba nada)

    Solo pude ver como Elisa levantaba la cabeza y decía ¿qué? Espera no, espera, ¿cómo así?

    Antonio: tranquila amor, seguro este joven está acostumbrado a ver estas cosas y no lo ve raro, ¿verdad joven?

    Alberto: no se preocupe, es algo normal para mi, además con ese antifaz de zorrita no la podré reconocer si algún día la veo en la calle y usted por lo que veo no puede verme a mí, así que está segura.

    Antonio: ¿ya ves amor? El joven es todo un profesional.

    Elisa: ¡pero yo estoy aquí toda expuesta me da pena!

    Alberto: Como le dije señorita no podré reconocerla así, salvo que la vuelva a ver desnuda porque esos pechos si serán difíciles de olvidar, con todo respeto señor, su novia o lo que sea está muy rica.

    Antonio: gracias aprecio tu comentario de la belleza de mi putita.

    Elisa: ¡Antonio! ¡Espera a que se vaya el joven!

    Antonio: bueno bueno, deja le pago… Ah pero joven me va a perdonar pero no traigo cambio para la propina, si tienes tiempo nos puedes tomar unas fotos y video y así te ganas una propina más grande, ¿nos ayudas?

    Elisa: ¡Antonio!

    Alberto: claaaro, será un gusto ayudar.

    Sin dejarle reclamar me acerqué a la boca de Elisa y la callé con un beso apasionado y le metía dos dedos en su rica y mojada conchita.

    Elisa solo suspiraba y me decía -no Antonio para, me da pena, no sé, esto no lo esperaba, es demasiado loco.

    Antonio: disfruta, deja que nos vea y como te dije tú déjate llevar, esta es tu noche, esta noche te gradúas de puta

    Alberto ya estaba con mi teléfono tomando fotos y videos y también puso su teléfono en el tocador para grabar todo.

    Antonio: ¿a poco no mi mujer tiene una pinta de putita?

    Alberto: si sin duda, a todas las mujeres se les da ser algo golfas, pero su mujer si se ve bien puta, se ve que esta super mojada, a ver métasela, sin duda se va a ir hasta el fondo porque ese chocho esta que chorrea.

    Haciendo caso del director de escena improvisado me coloqué entre las piernas de mi amada y pude sentirla hirviendo, estaba super caliente

    Antonio: aaah qué rico, esta super caliente mi putita aaah qué bien se siente.

    Efectivamente mi verga se fue hasta el fondo sin dificultad, Elisa estaba empapada. Le bombeaba tan rico y estábamos disfrutando de lo lindo. Elisa ya se había olvidado de respingar, solo jadeaba e intentaba liberarse de sus ataduras.

    Antonio: ¿te gustan las tetas de mi mujer?

    Alberto: sii claro, como le dije, son difíciles de olvidar. Seguro le salieron caras, una lana invertida ahí.

    Antonio: no que va, son naturales, ven tócalas para que veas que buen tacto.

    Elisa: ¡Ah ah Antonio?! ¿Qué?!

    Pero no le dio tiempo de nada más, ya que casi de inmediato mi amigo ya estaba tocando ambos senos y se los pellizcaba y jalaba

    Elisa solo abrió más la boca y dejo salir un gran suspiro y su respiración se agitó más…

    Antonio: ya ves que son naturales, pruébalas, saben riquísimo.

    Sin dudarlo Alberto se acercó a uno de sus senos y se metió todo en la boca, sin duda lo estaba deseando desde que le vio ese escote.

    Elisa solo podía jadear y moverse agitadamente por el placer y la desesperación de saber que un extraño la estaba disfrutando sin su consentimiento, pero su calentura podía más y se entregaba al placer que su cuerpo estaba sintiendo.

    Antonio: amigo, quítate la ropa y deja que mi putita toque tu palo, déjala que goce de tu verga.

    Alberto: claro que si, usted es el jefe y yo estoy para servirles.

    Nunca había visto desnudarse a nadie tan rápido como a él, sin duda el que Elisa lo haya puesto tan caliente en el bar había hecho que él estuviera muy ansioso por gozar de ella.

    De inmediato se subió a la cama y acerco su palo a una de las manos de Elisa quien de inmediato la buscó y empezó a recorrerla a lo largo y ancho.

    Alberto: ¿qué tal putita? ¿Te gusta mi verga? Dale, date gusto golfa.

    Elisa: si que rico, que grande, uy ay que cosa tienes, ay si.

    Yo al verla ya totalmente entregada en el juego me prendí y seguía dándole por su rica concha era una visión como se mordía el labio inferior y ver como meneaba la verga de mi amigo que ponía los ojitos en blanco ante la artes de mi mujercita.

    Antonio: ¿ ya viste que carnosos labios tiene mi putita? No te niegues el placer, bésala y deja que te lo mame, ¿no ves que esta puta va a hacer todo lo que quieras? Méteselo en la boca a la golfa.

    Salí de la vagina de Elisa me dediqué a darle sexo oral. Alberto seguía comiéndose la boca de Elisa, el beso era más que apasionado y su verga brillaba de lo duro que estaba, después de ese beso, Alberto puso una pierna a cada lado de Elisa y su cara quedo inevitablemente de frente al palo de mi amigo quien de una se la puso en los hermosos labios de mi putita. Ella ni tarde ni perezosa se lo engulló, casi no le gusta hacer sexo oral pero ahora mismo parecía que lo disfrutaba sobremanera, se tragaba todo lo que podía.

    Alberto: uuf que rico lo mama esta perra, uuf, es toda una puta mamadora, así mami chupa, trágatelo todo.

    Antonio: disfruta mi querida putita, disfruta de estas dos vergas.

    Elisa no podía hablar pero su cuerpo decía lo que las palabras no podían, se contorsionaba debido a las ataduras y su vagina no dejaba de chorrear… Cual fue mi sorpresa que por primer vez tuvo un squirt y tuve el placer de recibirlo en mi rostro… Se sacó la verga de la boca y solo emitió un profundo aaaah de placer.

    Elisa: a aaah Dios que rico, que rico, ay que puta que me siento, amor desátame, quiero tocar, gozar, me siento muy perra, háganme todo, soy su puta, los quiero dentro de mi.

    Antonio: ok putita te soltaré, pero no te quites la venda y el antifaz.

    Elisa: si ok pero no paren.

    Le quite las esposas de sus muñecas y tobillos y Alberto sacó su verga de la boca de mi esposa y me pidió chance ahora de comerle el coño a mi mujer…

    Así que cambiamos lugares pero ahora Elisa ya acariciaba la cabeza de mi amigo o tocaba mis huevos al estar mamándome…

    Si quieren segunda parte manden comentarios.

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  • Seduje a mi vecino

    Seduje a mi vecino

    Sucedió, Hace varios años, en un condominio de la Col. Nápoles de la ciudad de México, donde viví varios años. Era la administradora de este, lo que me permitía interactuar con los 11 condominios restantes, algunos de los propietarios rentaban sus departamentos y me pedían que me encargará de ese trámite.

    Así conocí a este extranjero qué rento por 6 meses la propiedad.

    Me había llamado la atención su estatura, pero solo eso.

    Una ocasión que una hermana me visitaba, paso a dejarme el cheque de la renta y del mantenimiento, lo invite a pasar en lo que le realizaba el comprobante respectivo. Cuándo se marchó me pregunta mi hermana, ¿viste el tamaño de sus zapatos? A lo que respondí, claro, corresponden a su estatura, se carcajeo y me dice, no sabes que su miembro corresponde al tamaño de su pie, me sorprendió porque inmediatamente mi cerebro se imaginó el monstruo que tendría que tener el vecino

    Desde ese día, ya no lo vi igual. Habitualmente el me llamaba telefónicamente para avisarme que pasaría a dejarme la renta, después de colgar la llamada, lo primero que pensé fue en esmerar mi arreglo para llamar su atención. Procedí a elegir un vestido suelto con un escote provocativo, sin caer en la exageración, arriba de las rodillas color hueso, y me puse unas zapatillas de tiras del mismo color con 10 cm de tacón.

    Lucía muy bien y me puse un poco de perfume y maquillé mis parpados y cejas.

    Mi esposo llegaría más tarde, ya que le comenté que le había puesto la mira al vecino del 402, mi esposo es cómplice de mis locuras.

    Sonó el timbre de la puerta, abrí y lo invite a pasar y le ofrecí agua, hacia calor y sabía que el llegando de la calle, traería sed.

    Tuve el tiempo suficiente de que me observará, me senté frente a él y empecé a llenar el recibo, argumente que la pluma no servía y me incorpore para buscar otra, pase frente a él y gracias a la alfombra exagere el contoneo de las caderas, hablamos de varias cosas, entre esas, mi estado civil. Guardé silencio un momento y le respondí que felizmente casada con un hombre que me quería mucho y yo a él, somos un matrimonio, pero sabemos que existen momentos que uno quiere probar algo diferente y vivimos en armonía.

    Se sorprendió con mi respuesta y en voz casi imperceptible dijo “muy bien” me extendió su mano para despedirse, sentí un apretón de manos muy afectuoso y no pude resistir acercarme y darle un beso en la mejilla, bajo el rostro para que lo alcanzará, después supe que medía 1.95 yo 1.65 aun con los tacones me quedaba lejos.

    Salió del departamento, sentí como escurría de lo caliente que estaba, no podía retirar la mirada de su entrepierna, el nivel del sillón donde se sentó me dio la altura perfecta.

    Ansiaba recibir la llamada de mi vecino, pasaron varios días, hasta que por fin llamo.

    Después del saludo, me comento que había cambios en relación con su estancia en el país, por lo que deseaba platicar conmigo al respecto, para esto me invitaba a comer cerca de su oficina, ya que probablemente nos llevaría tiempo y no quería levantar rumores si algún condómino se percatara de la duración de su paso por mi departamento. Accedí, nos veríamos a las 2 pm, colgué y de inmediato hablé con mi esposo para enterarlo.

    Vestida para seducir, me vestí con un conjunto de color rojo, pantalón tubo y un saco qué no requiere llevar blusa.

    Cuando llegue al restaurante que acordamos, el ya esperaba, se levantó al verme y fue a mi encuentro, nos saludamos con beso en la mejilla, pidió un vino tinto, charlamos sobre el asunto de su anticipada partida y de otras cosas sin importancia, de pronto nos quedamos en silencio y el tomo mi mano, diciendo que había sido un placer conocerme y que le hubiese gustado tratarme más tiempo, yo solo sonreí y agregue, podemos despedirnos de una forma especial.

    De inmediato él preguntó si yo podía llegar un poco más tarde a casa, asentí al momento que le daba el último sorbo a mi copa, pidió la cuenta y llevamos mi auto al estacionamiento de la empresa donde trabajaba, subimos a su auto y nos dirigimos a un motel en periférico sur.

    Tan pronto entramos me disculpe y pase al tocador, me quite el pantalón y el saco, para quedar con una tanga y sostén color rojo pasional y mis zapatillas. Retoqué mi maquillaje y puse un toque sutil de perfume en las zonas especiales. Escuché que tocaban a la puerta principal de la habitación, esperé unos segundos antes de salir.

    Cuando salí, él se encontraba de espaldas sirviendo unas copas del vino que había solicitado, me acerque y tape sus ojos, le pedí que diera la vuelta sin abrir los ojos hasta que yo se lo pidiera. Se encontraba justo frente a mí, me retiré unos pasos y le dije “ábrelos”.

    Abrió sus ojos y enmudeció al verme “Que maravilla” fueron sus palabras y de inmediato se abalanzo sobre mí, me abrazo y me levanto para besarnos mientras sentía como su miembro crecía rápidamente bajo su pantalón.

    Me llevo hasta la cama, me acaricio suavemente, sentía sus caricias en cada centímetro de mi piel, desbotone su camisa y afloje la corbata, se levantó y fue por las copas, me dijo “Quiero brindar por la mujer más hermosa que conocí en México” chocamos las copas y bebimos.

    Terminó de desnudarse y es cierto que el tamaño del pie es igual al de su miembro, era muy largo con un grosor que temí me doliera al intentar tenerlo dentro de mí, empecé a sobarlo con ambas manos, mi calentura me incendiaba, me recostó boca arriba en la cama, retiro la tanga abrió mis piernas y acerco su boca a mi vagina, sentí inmediatamente descargas de placer, el movimiento de su lengua dentro de mí, me hacía vibrar y en momentos brincar por las sensaciones que me producía, eran pequeñas descargas eléctricas, sentía su respiración en mi vulva, lo que incrementaba mi excitación.

    Con ambas manos acariciaba mis senos y pellizcaba sutilmente los pezones, llevo su mano derecha a mi boca e introdujo uno de sus dedos, lo chupe imaginándome que pronto tendría ese gran pedazo de carne dentro de mí. Retiro su mano y sentí como me introducía el dedo lentamente en mi ano, ya no pude más y exploté con el primer orgasmo, jadeaba del placer que estaba viviendo.

    El advirtió que había logrado lo que quería, se incorporó y me extendió sus brazos para ayudarme a levantar, se sentó a la orilla de la cama, alcanzo el condón para colocárselo y me acomodo para que me uniera a el de frente con mis piernas rodeando su cuerpo, la vagina la tenía lo suficientemente lubricada, acomode el principio de la verga en mis labios vaginales, poco a poco sentía como me abría, un poco de dolor, sin embargo, el placer era mayor.

    Empecé a moverme clavada en ese gran falo, queriendo comérmelo todo, con el brazo izquierdo el me abrazaba y con la mano derecha seguía jugando su dedo en mi ano. Vinieron mas orgasmos, puedo recordar al menos 3 en esa posición, su pene tenía la firmeza que me conducía a avivar el incendio que tenía en mis entrañas. Después de unos minutos me desvanecí, ya no podía más, me cargo y me recostó en la cama, diciéndome “Vamos a descansar un poco”.

    Sirvió otras copas, la bebi de un solo trago, la boca me había quedado seca, se sentó junto a mí, coloque mi cabeza en su pierna a unos centímetros de ese gran pedazo de carne, le quite el condón y acaricie su glande sintiendo el líquido preseminal, me gusta jugar sentirlo en mis dedos. Me levanté y empecé a pasar mi lengua por todo el pene, con mis manos acariciaba sus testículos y masturbaba.

    Mi cuerpo me exigía meterme nuevamente ese portentoso falo, me puse en 4 a la orilla de la cama, le quedaba muy abajo, por lo que pusimos unas almohadas para elevar mis caderas, la vagina seguía lubricada mis labios vaginales se habían hinchado, se colocó otro condón y me la fue metiendo despacio, la metía y sacaba con cuidado, ya que sintió que el camino estaba abierto, arremetió con mucha fuerza, me tomo de la cadera y sentí que me entro “TODA” es indescriptible la sensación, sabia moverse bastante bien, yo no me quise quedar a atrás y empecé a moverme como se, en momentos apretando con mis músculos internos la verga, me pregunta ¿Qué haces, siento riquísimo?

    Ambos nos enajenamos de placer, con una mano me tomaba de la cadera y con la otra me nalgueaba, vinieron varios orgasmos míos, cuando el ya estaba a punto de hacerlo, me levanto sin sacármela, busco mi boca y nos dimos un gran beso, me grita ya lo voy a hacer, saque fuerzas como pude para darle los movimientos y apretones que se merecía.

    Sentí como me tomo del cabello, me jalo como si fuera una yegua y con la otra mano me nalgueaba, una última acometida a mi vagina y exploto dentro de mí, yo no dejaba de apretar para sacarle hasta la última gota de semen. caímos hacia un lado de la cama sin separarnos, me acariciaba los senos, las piernas y susurraba, que hermosa y especial eres.

    Mientras conducía me decía que esperaba regresar pronto a México, que haría todo lo posible, yo solo respondí, ya sabes donde vivo.

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  • Él me veía mientras le besaba las chichis a su novia

    Él me veía mientras le besaba las chichis a su novia

    Esta etapa de mi vida es algo complicada, quizá por eso no te la he contado completa, no sé, algunas cosas las sabes a medias, otras no, aunque me has demostrado comprensión y no ponerte celoso ni reclamar nada, para mí no es fácil contar todo, hay aún cosas no dichas, a veces es mejor no hablar de ciertas cosas.

    Esta es una de esas que no te he contado o no he mencionado por completo. Sé que te apasionan estas cosas, “mis cochinadas” como dices, y mientras más te cuente para ti es mejor: “el diablo está en los detalles” dices, porque te excitan mucho. Cada vez hay menos que contarte, no recuerdo todo y a veces lo tengo que recrear. Mi temor es que cada vez necesites más y después no tengas llenadera o esto nos lleva a otro nivel que ponga en riesgo a la relación, en fin, te lo contaré.

    Siempre sentí excitación con el porno, con las películas y las revistas, me tocaba mucho, ver a hombres y mujeres desnudos, gimiendo, con vergas impresionantes y con los gemidos de ellas me encanta, pero tenía cuidado con las personas en la vida real, para mí era preferible dar besos y fajar para luego tocarme viendo películas o revistas, eso siempre fue seguro y satisfactorio porque lo otro era acostarme con personas que no conocía y que podían no ser confiables, además yo no quería quedar embarazada o con alguna enfermedad.

    Me gustaba sentir como se pegaban a mi cuerpo y me frotaban su verga en el pubis, mi panochita se mojaba, pero lo que más me prendía era que me besaran y me chuparan los pezones, creo que por eso se me hicieron grandes y largos.

    En el verano antes de entrar a la universidad las cosas se pusieron intensas, estuve en fiestas en donde veíamos cómo fajaban otras parejas, me gustaba verlas y que me vieran. Era seguro el estar en una fiesta rodeada de gente y en una esquina tener las chichis siendo tocadas por alguien mientras veía a mi otra amiga y el cómo también se las chupaban. En otras ocasiones compartimos cuarto por 10 minutos, unos en la cama y otros en un rincón también. Así me tocó ver a mi primo con mi amiga tetona, aunque él sufría porque estaba enamorado de mí, pero esa sensación de ver a alguien con una teta en la boca y que me mire me excitaba y me hacía ser más atrevida con quien estaba fajando.

    En otra ocasión salimos con mi novio y su amigo, paramos en un mirador, ya estábamos con algo de alcohol, nos empezamos a besar y podíamos ver cómo nos chupaban las chichis la otra novia y yo, pero el amigo de mi novio me veía de reojo, sabía que le gustaba.

    Mis aventuras eran excitantes, pero seguras. Ya te platiqué cuando le enseñé mi cuerpo a su amigo mientras mi novio dormía borracho. Esa sensación de estar cogiendo con otra persona viéndote es hipnotizante, así como una verga gorda bien parada, es muy difícil dejar de verla. Alguna vez me metí al clóset con un chavo muy guapo y borracho, que no se le paró, aunque se lo tocaba, mientras otra pareja estaba cogiendo.

    Ella sabía que la estábamos viendo, él primero se la cogía en cuatro, pero después le pidió que se lo chupara, después te platicaré de eso, pero una cosa es verlo en la pantalla y otra en vivo, es muy diferente ver y que no te miren, eso es algo que me gustó porque venía con los gemidos, los sonidos de los cuerpos al chocar y las partes íntimas al descubierto.

    Después del primer año de la Uni pasó algo que me sacó de la vida ordinaria, las cosas no funcionaron con mi novio, vino un gran cambio por un evento traumático del que sabes algo y, que luego te contaré por completo por lo contradictorio de la situación, pero el caso es que estaba deprimida; fue un período de seis meses donde experimenté el descontrol. Iba a fiestas y antros y me besaba con cualquier desconocido que se me antojara. No me importaban las apariencias, aceptaba citas con hombres mayores muy vividos, me ofrecían cosas para acostarme con ellos y ser su amante.

    Me gustaba todo ese poder de seducción. Yo era joven, muy delgada, con este gran trasero y tenía la chispa que llama la atención, pero la verdad es que no tenía mucha experiencia. En realidad, sólo había tenido una pareja, me había acostado con mi novio, que era muy bruto, y había pasado algo más que no era justo una relación. Eso era todo, tenía más experiencia en los fajes que en coger.

    Al encontrarme en esos vaivenes una pareja de novios de la misma facultad me adoptó, por así decirlo, para cuidarme. Empezamos a salir juntos a comer, a bailar, a tomar en antros, poco a poco, empecé a mejorar y con eso a relajarme. Les gustaba estar de fiesta, beber y que los acompañara a todos lados. Y sí, fue a todos lados. Con sus subordinados que le rendían culto a su personalidad, así visitamos antros con ficheras vulgares y sexosas, cantinas de baja categoría y finalmente, a un hotel de paso. Él siempre presumía de que la tenía muy grande y ella que él era muy bueno cogiendo, que sabía cómo hacerlo porque daba mucho placer y se venían luego-luego, “rapidito”.

    Una tarde-noche después de ir a bailar dijeron estar cansados y que necesitaban relajarse y descansar, por lo que se les hizo la mejor opción ir a un hotel y ahí fuimos los tres. Era una situación algo extraña porque ellos eran pareja y yo era una tercera, “el tercero en discordia”, cualquiera podría pensar que estorbaba, así lo sentí cuando el amigo de mi novio se había quedado con nosotros, pero esta vez yo era quien estaba en ese lugar. Los tres estábamos en la misma cama. Veíamos la televisión, pusieron casualmente una película porno.

    Él decía que lo tenía más grande que el actor porno. Ella, su novia, sólo se reía orgullosa. Los vi muy confiados viéndose entre sí y riéndose como si yo fuera una novata, así que hice mi movimiento, me acosté boca abajo y me apoyé en mis codos para ver la película. Mi trasero se levantó así y volteé a verlos. Él no despegaba su vista de mis nalgas, sabía que le gustaba porque siempre me veía, pagaba mi entrada y la cuenta cuando salimos en grupo, en el auto me tocaba la pierna desde el asiento del conductor cuando yo iba atrás. Yo lo dejaba avanzar un poco. Ella torció la boca, frunció la frente e infló sus tetas ya no eran todo risas.

    La película trataba de una chica que entra, “por casualidad”, cuando otra pareja está teniendo sexo y se une a ellos. La trama es lo de menos en esas películas. Sí, ya sé que me vas a decir que cuando te cuento cosas es por el contrario, lo más importante. Ella lo empezó a besar, él me veía, así que ella intensificó sus besos y caricias para estimularlo, captar su atención y que él me dejara de ver. Él me veía y yo lo veía de reojo y también por el espejo del techo que siempre hay en los hoteles y otro que había en la pared.

    Ella se sentó sobre él en la cama dándome la espalda a mí, lo hacía para verlo de frente y evitar que me viera las nalgas. Él le sacó las tetas y se las empezó a chupar. Yo podía oír sus gemidos y su respiración agitada y verlos de reojo en el espejo. Ya antes había visto cómo le chupaban las tetas a varias mujeres, una de ellas mi amiga chichona, otra las novias de los amigos de mi exnovio, o la mujer que vimos cómo se la cogían desde el clóset, pero esta vez la mirada era diferente. Él me veía mientras le chupaba las chichis a su novia, aunque ella trataba de impedirlo.

    Con la película porno enfrente, con los gemidos de la pelí y los que escuchaba pensé que cualquier cosa podía ocurrir, pero nadie me había dicho que hiciéramos un trío, aunque eso parecía lo que iba a pasar. Yo no iba a dar el primer paso en esa cama donde estábamos los tres, entonces el paso llegó a mí. Salté de sorpresa, sentí que me tocaban la vagina, en la entrada de mi hoyito, pero no se trataba de una mano, era algo muy diferente, era el pie de él, su dedo gordo que presionaba mi vagina, la entrada de mi hoyito. Ella no se dio cuenta.

    Así es, me veía y tocaba con su pie en mi vagina mientras le besaba las chichis a su novia. Yo traía jeans ajustados de mezclilla. No lo sé, si hubiera traído falda quizá su dedo habría hecho de lado mis calzones y se hubiera metido en mi hoyito. Ese atrevimiento me sorprendió, me enojó y le hice una cara, pero nuevamente me gustó, podía sentir en mi la humedad en mi hoyito y la excitación al sentirme tocada, aunque no fuera por mi voluntad. Eso es algo raro que he terminado por aceptar ya que está en mí el sentir ganas al excitarme, aunque la situación me haga enojar o me vea sorprendida u obligada a algo, no sé si está en mi cuerpo o en mi mente esas cosas.

    Lo volteé a ver. Él sonreía, sentía su dedo presionar mi hoyito y luego lo sentí hacer el recorrido por mis nalgas. Nunca había estado tan cerca del contacto con alguien que estaba con otra mujer. Algunas de mis amigas de la prepa me habían dicho que alguna vez estuvieron con un chico que les habían besado las chichis a las dos, fue para que les pagaran una cuenta, pero no me dieron más detalles. Levanté las cejas y me moví para recorrerme en la cama.

    Su novia se levantó y destapó algunas cervezas de lata. Él aprovechó para poner algunos vídeos musicales. Era música donde se hablaba de perras, es esa música de putonas que me divierte. Ella empezó a bailar, se subió a la cama y se fue quitando la ropa. Tenía muy buenas chichis por la edad, el peso y la genética. Me animó a quitarme la ropa también, yo me fui bajando el pantalón y les di la espalda para bajarme los jeans. Mis nalgas siempre han sido mi punto fuerte, baile con mucha gracia porque me podía ver en el espejo, nos quedamos en ropa interior, aunque ella se quitó el brasier porque tenía tetas anchas y muy lindas.

    Él se notaba excitado, podía ver el bulto en su pantalón. La tenía muy grande y gorda. Agitó su cerveza y la espuma me cayó en el cuerpo, mis pezones se veían erectos. Yo estaba mojada por todos lados. Me veía con mucho deseo y ella se dio cuenta. Ella le dijo que fueran a la tina. Se fueron al baño y se metieron a bañar. Cerraron la puerta, pero era de esas puertas de baño en que se puede ver por el cristal, se escuchaban los gemidos y cómo el agua se chapoteaba con sus movimientos.

    Pude ver cómo ella era penetrada en cuatro, veía cómo se movían y chocaban sus cuerpos, sólo que los veía de espaldas y aunque me estiraba no podía ver más, pero los gemidos y el oler la pantaleta de ella que dejó saliendo del baño me hicieron desear que también me cogieran a mí. Ya en otra ocasión había visto algo así, pero yo estaba encerrada para mi protección, ya después te platicaré.

    En ese momento me bajé los jeans, estaba muy mojada, mi clítoris estaba hinchado y muy sensible. Me toqué al escuchar los gemidos de ellos y con la película de fondo y con el espejo de frente me tocaba el clítoris con una mano y con la otra acariciaba mis chichis, hasta me jalé el pie para tocarme con mi propio dedo gordo y sentir que lo hacía él. Me vine muy rápido y muy rico, sentí los temblores en el vientre y cómo me palpitaba el clítoris, después me vestí y me acosté como si nada hubiera pasado.

    Pasaron algo de tiempo, quizá quince minutos. escuché el abrir la puerta y que ella le pedía que le llevara su bolsa que había dejado sobre el buró, a un lado de la cama. Sentí un beso entre los dedos del pie que me prendió por su humedad y sensación. Era él que llevaba la toalla ajustada a la cintura. Me miró en silencio y la abrió frente a mí. Tenía una gran erección. Yo no podía dejar de mirarlo, su pene era largo y grande. Él parecía secarlo mientras me observaba, en realidad lo movía y jalaba para mí. El otro pene, el del amigo de mi ex, lo había visto a varios pasos, pero a este lo tenía frente a mí.

    En ese momento viéndolo así, tan cerca y con las ganas que se me despertaron por el beso en el pie, quise tenerlo entre mis manos y que me cogiera, pero los nuevos reclamos por la bolsa hicieron que se apresurara y se fuera.

    Iba a haber otra ocasión en la que él y yo estuviéramos solos, pero esa es otra historia que después te contaré. Sí, está bien, dejaré que me toques con el pie como él lo hizo y te contaré cómo movía su vergota frente a mi cara.

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  • Profesora particular (8): En casa de todo un caballero

    Profesora particular (8): En casa de todo un caballero

    Este sábado he recibido mis notas semestrales del máster que estoy estudiando y son las mejores de la toda la clase. ¡Y de las cinco asignaturas! Siempre se me han dado bien los estudios. Aparte de eso, en el grupo hay gente muy maja. He hecho buenos amigos. Más de uno me ha pedido para salir, pero les he contado que tengo novio y eso. Aunque no descarto que quizá, con alguno podamos vernos y pasarlo bien liándonos un poco. Una chica, Clara, también se ha querido liar conmigo, pero, aunque es muy guapa y agradable, le he dicho que no me van nada las mujeres.

    Lucas me hizo sentir muy mal. Su falta de respeto y amabilidad es intolerable. Pero debí aceptarle todas sus humillaciones y así asegurarme de que no dirá nada a mi novio, ni a mis padres ni a nadie. Me avergüenza confesar que, a pesar de ser tan mal educado conmigo, no pude evitar sentir morbo y placer con él. Lo que más me duele es que el cabrón, claro, se dio cuenta y eso todavía le dio más motivo para tratarme como a una cualquiera. Y yo, corriéndome y corriéndome como una loca con él. Espero que no se repita y que me deje en paz. Pero hace un rato, me ha llegado un mensaje suyo con el horario para que vaya a dar clase a sus hijos.

    Todos los miércoles y jueves por la tarde, de cinco a siete. M pide que los jueves vaya ya a las dos y así le enseñe a él. Le he contestado que a las dos es imposible, porque no termino mi última clase hasta esa hora y que no podré llegar antes de las tres. Y sin almorzar antes ni nada. Me ha contestado que vale, que acepta que no llegue hasta las dos y media, pero que eso merecerá un castigo, el muy cerdo. Y que recuerde que cuando los miércoles vaya a dar clase a los niños, vaya siempre sin bragas y con una faldita muy, corta. Y los jueves, para él, que me ponga un tanga de esos que son poco más que un hilo por detrás.

    Me da rabia descubrir que me excito y mojo las bragas al pensar lo que puede pasar los jueves con Lucas e incluso me calienta al imaginar que Jorge y Ángel me lo verán todo cuando les dé clases sin usar bragas bajo mis minifaldas. Por suerte, sé que ellos me aprecian y les gusto y serán amables y educados conmigo. No son como su padre.

    Hoy es domingo y ahora debo acudir a mi cita con el Señor Garboz. He tenido que contar una mentira a mi novio al no poder ir al teatro con él. Por lo menos, aprovechará las entradas e irá con su hermano menor, que, por cierto, es muy guapo. Tanto o más que él. Pero bueno, yo estoy muy contenta con Gustavo. Y le quiero un montón.

    El Señor Garboz me dijo que fuera a su casa a las cinco y que vistiera muy guapa y sexy. Así que me he puesto un vestidito rosa muy escotado y muy corto, un sostén blanco de encaje muy fino y unas braguitas a juego, tipo culote encima de un tanga minúsculo, también blanco. Creo que para el striptease eso quedará bien. Me he puesto unas medias blancas que me llegan hasta un poco por encima de la rodilla, con un lazo azul en la parte de arriba. Como hace bastante frío, me abrigo con una chaqueta larga así como una bufanda muy elegante. Antes de salir de casa, me he estado maquillando durante más de una hora. Y me pongo mi mejor perfume.

    Cuando voy al váter, me doy cuenta de que tengo el tanga algo mojado e incluso ha traspasado la humedad al culote. Y es que me excita pensar en lo que puede pasar esta tarde. Pero no me cambio de bragas, no, porque creo que son las más sexis que tengo. Y no creo que al señor Garboz le importe si se da cuenta de que las tengo manchadas de mi flujo. Eso suele gustar a los hombres. Aunque quizá, a algunos, les dé un poco de asco, no sé.

    -¡Hola, Esther! Llegaste muy puntual. Oh ¡y muy guapa!

    -Gracias, Señor Garboz.

    -Hija, llámame Joaquín.

    -De acuerdo, señor Garboz… ¡Joaquín!

    -Oye, debo decirte que no debes preocuparte porque yo te haga nada malo.

    -No, no, ya. Si creo que, en el fondo, usted es un caballero.

    -Pues sí, es cierto. Solo tengo dos grandes defectos: me gusta tener mucho dinero y también me gusta contemplar chicas guapas. Y claro, contigo consigo las dos cosas: el dinero abundante que me dio tu tío Lucas y poderte ver hoy así de guapa.

    -Gracias, señor Joaquín. Bueno, en realidad, Lucas no es mi tío.

    -¿A no? Pues se ve que te quiere mucho porque pagó para que puedas estar tranquila.

    -Ya, sí… o sea… en realidad, él…

    -La verdad es me extrañó que si era tu tío no pusiera ningún impedimento en que yo te hiciera hacer un striptease y otras cosas en mi casa conmigo.

    -Ya, bueno… él… es muy buen amigo de mis padres. Señor Garboz, me supo mal que usted me engañara en la playa. Fui una ingenua al posar para usted y enseñárselo todo.

    -No hice nada malo. Es un sitio público y no está prohibido tomar fotos ni videos ni nada de eso.

    -Ya, pero me duele que me haga un chantaje.

    -A ver, es que me gusta contemplar a mujeres guapas. Al principio, simplemente tomaba fotos a chicas sexis que veía en sitios públicos. Después, contraté a chicas guapas para que me hicieran striptease y ellas contentas de lograr un dinero fácil. Pero a mí eso me salía muy caro. Después descubrí que en la playa es muy fácil poder tomar fotos de chicas enseñando demasiado e incluso haciendo cosas que luego no quieren que se sepa. Y así ganar un buen dinero. La verdad es que ahora soy un hombre rico. Pero bueno, ninguna me lo puso nunca tan fácil como tú. Se ve que te gusta exhibirte. Y, además, eres la más guapa.

    -Gracias, señor Garboz. Es usted muy amable.

    -Es la verdad. ¿Te parece empezar con el striptease? Y luego, durante una hora, te pediré que hagas algunas cositas, pero verás que no será nada humillante ni doloroso, de veras.

    -Confío en usted, señor Garboz.

    Me sirve una copa y pone una música adecuada para mi striptease. Antes de sentarse en el sofá enfrente de mí, pone a grabar una cámara sobre un trípode.

    -En mi casa tengo muchas cámaras que graban durante todo el día, por seguridad, pero esta tiene más calidad. Seguro que tu pequeño show merece la mejor imagen.

    -Bueno, Señor Joaquín, yo, en realidad, nunca antes he hecho un striptease. O sea, con algún novio y eso, sí, como un juego, pero… o sea…

    -Seguro que lo harás bien y me complacerá.

    -¿Y debe usted grabarme? Desearía que no.

    -No te preocupes, no te haré chantaje con las imágenes. De verdad que solo serán para uso personal, hija.

    -En fin. Estoy en sus manos.

    -Puedes estar tranquila, Esther.

    Me muevo sensualmente al ritmo de la música. Me quito el abrigo. Juego un poco con la bufanda hasta que se la lanzo al señor Garboz, que la huele con placer. Doy la espalda a mi espectador y muevo las caderas. Me doy la vuelta y juego con mi vestido para aumentar el escote y luego muevo la falda para enseñar por un momento las braguitas y volverlas a cubrir. Repito el juego unas cuantas veces hasta que dejo caer el vestido a mis pies. Bailo sensualmente solo en ropa interior. Me quito las medias eróticamente, primero una, luego la otra. Por suerte, en la casa se está muy bien y no hace ningún frío.

    Así que bailo solo en sostén y bragas y él aplaude cuando me pongo de espaldas y me quito el culote y descubre que debajo llevo el tanga, que muestra todo el culo. Miro al señor Garboz y juego un poco con mis pechos aun con el sostén. Me lo bajo debajo de las tetas y mi admirador aplaude cuando aparto las manos y le muestro las aureolas sonrosadas y los pezones, que tengo en punta como si quisieran salir disparados. Y no es por frío, ya te digo. Sigo bailando, ahora ya solo con el tanga minúsculo, que noto completamente empapado. Me lo quito muy sensualmente y se lo ofrezco.

    Me tapo el sexo con una mano. Él, como era de esperar, huele el tanga con gusto. Finalmente, aparto la mano de mi vulva y bailo un ratito más completamente desnuda para él. Después pruebo distintas poses eróticas. Veo que también me toma fotos con una cámara. Me pongo en pompa apoyando los codos en un sillón y contorneo el culo. Noto que el flujo me resbala por los muslos. La verdad es que disfruto al exhibirme así ante él. Ando a cuatro patas hacia mi admirador para que vea como mis pechos apuntan hacia el suelo y se balancean a cada paso.

    Cuando estoy cerca de él, me siento y abrazo mis rodillas. Separo mis piernas, muy lentamente, para juntarlas en un juego muy sexual para terminar, al cabo de un momento, abriéndome de piernas completamente y así mostrar mis labios y mi culo mojados.

    El señor Garboz aplaude. Muy elegante, me toma de una mano, me la besa y me ayuda a levantar.

    -Hija, ha sido mucho mejor de lo que me imaginé. Y me parece que lo has disfrutado ¿verdad? –observa mis pezones erectos y después el flujo que resbala por mis muslos.

    -Sí, es cierto, señor…

    -Joaquín, llámame Joaquín.

    -Sí, señor Joaquín.

    -¡Qué chica más educada!

    -Y usted, muy amable.

    -Bueno, ahora, debes ir haciendo lo que te pida.

    -Sí, sí, lo que usted desee, señor –tomo mis bragas y mi sostén.

    -No es nada raro. Y creo que te va a gustar. No te pongas la ropa, no, Bueno, si acaso, el vestido tan bonito sí, pero sin bragas ni sostén.

    -¡Qué pillín es usted!

    -Es que me gustas mucho. Se podría decir que me enamoraste en la playa. Tan guapa y elegante.

    -Gracias, señor. Pero ¿va a seguir grabando?

    -Sí, sí, por supuesto. Y tomándote fotos.

    -Bueno, ya… vale.

    -En el fondo te gusta que te grabe ¿no?

    -O sea… quizá sí, o sea, me da morbo.

    -Ya, ya, es natural. Va, empecemos. Espera, que vuelvo a poner música. Vale, bien, juega con el vestido como antes, bien, sí, baila muy sensual, así, juega con la faldita, enséñame el culo, mueve las caderas, bien. Ahora enséñame tu sexo. Vale, vale. Bájate el vestido debajo de las tetas y juega con ellas, con tus pezones, bien, ofrece tus pechos a la cámara. Vale, siéntate en el sofá. No te preocupes por si lo manchas con tus jugos. Levanta tus piernas. Sepáralas. Buena chica, sí. Juega con tu clítoris. Abre tu chichi con los dedos y enséñame tu vagina. ¡Qué sonrosada! Sigue jugando acariciando tu clítoris, Esther. Separa más las piernas.

    -Ay, no, es que… o sea…

    -Ya, entiendo. Ya te digo, no te preocupes por manchar el sofá.

    -Es que si sigo tocándome… ah… hummm… yo… ¡y! ¡Oh!

    -Sí, hija, sí… córrete, no pasa nada. Métete un dedo en el culo y otro en el coño. Sí, así, pero no dejes de jugar con tu clítoris respingón. Ábrete más de piernas. Levántalas más, que se te vea bien el agujero del culo. Así, sí, buena chica. ¡Guapísima!

    -Ay… me voy, me voy, señor Joaquinnnnn, ah!

    -Sí, sí, córrete, que yo te grabo.

    No puedo evitar lanzar abundante squirt mientras me corro incontables veces. No solo empapo el sofá sino también la moqueta e incluso salpico al señor Garboz a más de tres metros de distancia. Al cabo de unos quince minutos:

    -Señor Garboz, oh ¡cuánto placer! ¡Me ha encantado! –le confieso sentada abierta de piernas en el sofá y con mi vagina aun chorreando.

    -Sí, sí, ya lo vi. Me ha gustado mucho.

    -Señor Garboz…

    -Joaquín.

    -Sí, señor Joaquín, si usted lo desea… yo puedo… -le miro la bragueta con deseo.

    -Gracias, Esther, pero no, no. Yo solo… me gusta mirar, pero no… nunca haría nada contigo. ¡Es que podrías ser mi nieta! Además, soy un hombre casado y…

    -Bueno, yo tengo novio, ya sabe.

    -Sí, ya.

    -Pero, señor… pero Joaquín, le encuentro a usted agradable y, en el fondo, se ha portado bien conmigo.

    -Pues claro, hija.

    -Le voy a masturbar, que seguro que lo está deseando –acerco mis manos a la cremallera de su pantalón, que muestra un gran bulto.

    -¡No, no, ja, ja, ja! Deja, deja.

    -¿No quiere que le haga una paja? Bueno, si lo prefiere, se la puedo chupar y correrse en mi boca. O en la parte de mi cuerpo que desee.

    -No, no, hija. Hace años que no tengo contacto con otras mujeres Solo con mi esposa. En cambio, me gusta mirar a las chicas guapas como tú y luego pensar en vosotras mientras hacemos el amor con mi esposa. O masturbarme pensando en vosotras. Y más si dispongo de tantas fotos y videos porno vuestros –apaga la cámara.

    -Ya, entiendo. Cada uno tiene sus gustos. –me voy poniendo las bragas y después el sostén –Es muy honesto no ser infiel a su mujer.

    -Sí, sí, así es.

    -Yo también soy fiel a Gustavo, mi novio.

    -Ya. Bueno, Esther, me ha encantado tu visita. Cuando lo desees, ya podrás irte.

    -Bueno, en realidad… no tengo prisa. Mi novio está en el teatro con su hermano.

    -Me sabe mal que te hayas perdido la obra. Pero es que mañana salgo de viaje y no volveré hasta dentro de diez días. Y tenía ganas de que me ofrecieras el striptease. Y así, durante el viaje, podré verlo en el portátil.

    -Lo comprendo, señor Garboz. Si Gustavo me dice que la obra le ha gustado, la podemos ir a ver otro día.

    -Bueno, con el dinero y tu numerito de hoy, considero tu deuda saldada. Así que ya está, no te preocupes. No le voy a enseñar las fotos de la playa ni el vídeo a nadie.

    -Muchas gracias, señor Garboz –me pongo el vestido– ¿Así que no tengo que volver otro día?

    -No, no, ya está. Te has portado muy bien.

    -Bueno, ya… o sea… pero… si usted lo desea… a mí no me importaría…

    -¿Querrías volver a venir a mi casa? ¿Sí? Siempre que quieras. Hija.

    -Sería una manera de mostrarle mi agradecimiento por no enseñar las imágenes a mi novio ni a nadie.

    -Sí, sí, entiendo. Además, te lo has pasado muy bien ¿verdad?

    -¡Sí, mucho! –me sonrojo.

    -No se hable más, cuando vuelva del viaje, te llamo y quedamos otro día.

    -Sí, de acuerdo. Y ahora ¿ya me debo ir?

    -Cómo quieras. Puedes quedarte el rato que desees. ¿Te apetece merendar?

    -Pues sí, la verdad, señor Garboz.

    -Vale, pues espera un momento, que te preparo una buena merienda.

    -No querría darle ninguna molestia.

    -Al contrario, me encantará merendar contigo.

    Me lo paso bien en ropa interior merendando y charlando con el señor Garboz. De vez en cuando, él me toma alguna foto más. Me encanta ver que le gusto tanto. Estoy segura de que le vendré a ver a menudo. Es difícil encontrar caballeros educados como él.

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  • Mi vecina, mi compadre y yo

    Mi vecina, mi compadre y yo

    Esto sucedió el sábado, el primer día del año cuando mi compadre me fue a visitar. Resulta que en la mañana todos dormían en casa luego de la amanecida del año nuevo, como mi compadre deseaba seguir la parranda, le sugerí que visitáramos a mi vecina Pilar, quien me había llamado la noche anterior para invitarme a su casa, ya que realmente somos amantes.

    Nos montamos en el carro del compadre y nos fuimos, ya él la conocía desde hace tiempo, razón por la cual aceptó acompañarme.

    Cuando llegamos nos recibió mi vecina, que estaba sola porque sus hijos estaban con su exesposo, con un hermoso traje ceñido a su cuerpo, un poco arrugado por lo de la noche anterior, nos invitó a pasar nos sirvió un par de tragos y nos sentamos a conversar. Al rato cuando ella se paró a servir mas tragos la seguí hasta la cocina, la tomé por la espalda, la abracé y le recosté mi pija que la tenía a millón, por cuanto en la madrugada mi esposa me había dado una mamada magistral de año nuevo y me había cogido en el baño mientras todos disfrutaban en la sala de la casa.

    Cuando Pilar sintió mi bulto en su culo, se echó hacia atrás para restregarse en él. Fue cuando metí mis manos a través de su pronunciado escote que dejaba poco a la imaginación, tenía las tetas brotadas, lo único que no se le veía era sus pezones.

    Ella se volteó y nos fundimos en un largo beso, mientras yo le levantaba su casi transparente vestido y le agarraba sus nalgas, en ese momento pasó mi compadre rumbo al baño, nos vio, hizo algo de ruido, pero nosotros no le paramos y seguimos con nuestro beso.

    Cuando mi compadre salió del baño ya Pilar tenía las tetas al aire y estaba recostada de la cocina sintiendo el bulto de mi pantalón. Debo decir que Pilar es una chica muy desinhibida razón por la cual no se inmutó al ver a mi compadre.

    El siguió a la sala y nosotros luego de medio arreglarnos salimos a la sala también.

    Como ya le había terminado de arrugar el vestido a mi vecina, ella decidió ir a cambiarse, yo la seguí y le sugerí que se pusiera algo cómodo, ya que estábamos en confianza.

    Cuando salió llevaba un conjunto de short bastante corto y una blusa de satén verde (tipo baby doll), se sentó a mi lado y mientras hablábamos ella me hacía cariñitos.

    Entre tragos y chistes fue pasando el rato, cada vez hacíamos comentarios más calientes, pero todo dentro de un juego de palabras, sin embargo, yo observaba que a mi compadre se le iban los ojos y era que la posición que tenía Pilar dejaba ver una de sus tetas y parte de su bombacha. En ese momento comencé con el juego macabro de hacer chistes sobre el bulto que se le veía a mi compadre, mientras besaba cada vez más eróticamente a mi vecina y le acariciaba sus piernas, cada vez subiéndole más el borde de su short para mostrar más su diminuto bikini.

    En ese momento ella se dio cuenta y se paró del sofá y me llamó al cuarto con la intención de reclamarme por mi actitud, pero como ya estábamos entonados por los tragos, la recosté de la pared le quité la blusa y sus tetas quedaron al descubierto, la bese, le agarre las tetas y comencé a bajarle el short, al principio se negó diciéndome que me quedara tranquilo porque afuera estaba mi compadre y se daría cuenta, pero en ese momento baje mi cremallera saqué mi pija y la puse en sus manos.

    Ante aquel trozo de carne caliente ella se dejó llevar, logré bajar su short y quedó totalmente desnuda, la hice bajar hasta mi pija para que me la chupara lo cual hizo con mucho gusto, abrió su boca y comenzó a tragarse lentamente mi verga, a succionarla suavemente, la metía y la sacaba, la envolvía con sus tibios labios, arrancándome suspiros de placer.

    Mientras ella me mamaba mi pija yo me desvestía. La levante, la llevé hasta la cama y la recosté, dejando sus piernas colgadas al piso, bajé hasta su concha y metí mi lengua en aquella concha muy húmeda, le recorría su concha desde el clítoris hasta el filan de su raja, ella gemía cada vez mas fuerte, yo seguí chupándole la concha hasta que tuvo uno gran orgasmo. En ese momento la levante y me senté en la orilla de la cama y la monte sobre mi, cara a cara, cuando Pilar sintió los embates de mi pija se estremecía, me besaba y gemía cada vez mas fuerte.

    Luego la puse en cuatro patas sobre la cama y me dediqué a bombearla desde atrás, en aquella posición frente al espejo le pedí que se mirara, que viera la cara de puta que tenía, ella me dijo que no quería ver sino sentir, entonces tome la funda de la almohada y la puse alrededor de su cara tapando sus ojos.

    Ella hacia cada vez más ruido, fue cuando mi compadre se acercó a la puerta y vio lo que pasaba, él hizo el amago de retirarse pero yo le hice una seña para que pasara, mientras Pilar estaba ensartada en mi pija con los ojos vendados, le pedí al compadre que sacara su pija y se parara frente a mi vecina, fue cuando decidí quitarle la venda, ella se sorprendió pero no le dio tiempo de reaccionar porque mi compadre enseguida le metió su verga en la boca.

    Pilar ante esa situación, que nunca antes había vivido (aunque luego reconoció que esa era su verdadera fantasía, la de estar con 2 hombres a la vez) estaba como enloquecida, movía sus fuertemente caderas, mientras succionaba con pasión la verga blanca de mi compadre. Ante aquellos movimientos no pude contenerme y me vacié dentro de su concha, mientras mi compadre seguía cogiéndole la boca hasta que se la llenó de su leche.

    Pilar se recostó boca arriba en la cama y nos dejó ver su cuerpo desnudo, con su concha destilando mi semen y su boca chorreando con la leche de mi compadre.

    Se levantó, fue al baño se duchó y regresó envuelta en una toalla, mientras mi compadre y yo ya estábamos sentados de nuevo en la sala conversando y riendo de lo sucedido. En ese momento ella se acercó a mí compadre abrió su toalla y le dijo: “ya te chupé tu pija, ahora quiero que me chupes la concha, y tú Gustavo, como eres un degenerado y un depravado quiero que te masturbes mientras ves a tu mujer siendo chupada por tu compadre”. Aquella petición hizo que mi pija se levantara nuevamente y comencé a frotar mi verga mientras mi compadre metía su lengua en la concha de Pilar y ella se sobaba sus tetas.

    Cuando ella vio que yo estaba a millón quitó su concha de la cara de mi compadre y le bajó el pantalón, se subió frente a él, le agarró su enorme pija y se la ensartó en su concha, mientras me miraba de reojo viendo la expresión de mi cara, y me decía que ahora si se sentía una puta y que me odiaba por lo que yo le había hecho, pero cuando se restregaba en la pija de mi compadre reía con cara de placer.

    Cuando vi que estaba totalmente entregada a mi compadre me le acerqué por detrás le agarré las tetas y le puse mi pija en su culo, como estaba muy lubricado solo tuve que apuntarla bien y ¡zuas! se la metí, como siempre teníamos sexo anal no tuve problemas para penetrarla, Pilar estaba muy excitada y poseída de placer porque estaba teniendo una doble penetración, gemía, gritaba, me maldecía, me amaba mientras hacía movimientos rítmicos con nuestras dos pijas dentro de ella.

    Esa situación hizo que me vaciara nuevamente dentro de ella, pero esta vez en su culo, llenándole sus vísceras de semen mientras mi compadre le llenaba de nuevo la concha de leche.

    Luego nos metimos los tres al baño a duchamos mientras jugueteábamos con el jabón y nuestros cuerpos.

    Salimos y nos vestimos, Pilar nos invitó a almorzar, pero yo no acepté y decidí irme a casa por cuanto ya habían pasado unas cuantas horas desde mi salida y mi esposa me estaba llamando al celular, Pilar me despidió con un beso, pero el desgraciado de mi compadre si aceptó la invitación y se quedó.

    Al día siguiente, eran las 11 am y él muy degenerado aún no había salido de la casa de mi vecina.

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  • Mi suegra, gordita inesperada

    Mi suegra, gordita inesperada

    Comencemos presentando a los personajes personales, mi suegra Alejandra es una mujer madura de 51 años y no es de esas que tiene un cuerpazo ni que aparenta menos, realmente es una mujer de baja estatura 1.52 m de complexión gorda, pero lo que resalta de ella es que tiene un trasero inmenso. Por el volumen siempre tiende a usar pantalones muy apretados, pero solo pantalones porque es una señora muy conservadora, pantalones y vestidos, pero vestidos que con el tremendo trasero que se maneja siempre tienden a pegársele. Nunca uso minifaldas por complejos de sus gordas piernas, pero yo estaría encantado en verlas.

    Pero bueno, yo tampoco soy un Adonis a mis 30 años soy de contextura gruesa, de más joven hice poco ejercicio y con el trabajo y la familia ya no me da tiempo ni ganas de ir a un gym.

    Bueno yo tengo ya tiempo con mi esposa me case muy joven y los dos siempre fuimos de practicar sexo mucho al principio eran todos los días, pero con el paso del tiempo y los hijos hizo que los encuentros sexuales fueron más ocasionales, pero yo siempre quería más, ¡además que mi esposa al igual que mi suegra tiene un culo hermoso! Grande y que siempre fue víctima de mis mordidas y penetraciones porque a ella como a mi nos fascinaba practicar el anal.

    Pero bueno al punto. El trata con mi suegra siempre fue muy cortes como amable (además de no perder la oportunidad de mirar su trasero o sus piernas cada vez que pudiera) además de que ella siempre tuvo un cariño por mi debido a mi buen trato y mi caballerosidad muy diferente al carácter de mierda de mi suegro, al punto de siempre estar de mi lado en una discusión mi esposa (su hija). Pero a todo esto mi suegra más de una se había percatado que le miraba el trasero cuando nadie me veía.

    Mas de una vez ,muchísimas veces, pero nunca dijo nada y algo que me gusto fue que me di cuenta que cada vez que había alguien se tapaba de más o sus senos transparentados por algún vestido de dormir o sus piernas con algún cojín cuando estaba sentada. Pero cuando estábamos los dos solos, tampoco mostraba de más pero no se cubría y yo ya lo había notado también, pero nunca paso de eso miradas al trasero y piernas.

    Hasta que llego el día; mi esposa me mandó un encargo para mi suegra que después de trabajo le llevara, dado que su casa estaba en camino y bueno era sábado y el jefe nos dio salida temprano al medio día. Entonces aproveche para ir a pasar a casa de mis suegros, para esto ya sabía que mi suegro se había llevado a pasear mi hijo varón que es su consentido y mi hija había salido de compras con su mamá y todos regresarían más o menos a las 8 pm.

    Entonces llegue a la casa de mi suegra y al tocar la puerta me abre y veo que estaba haciendo limpieza con uno de los característicos vestidos que usa, de los que su trasera igual se marca y podía llegar a ver su ropa interior de color negro. Se sorprendió al verme, pero igual me hizo pasar muy amablemente le dije lo del encargo y al revisar me dijo que eso no era. Así que tendría que volver a pasar el lunes nuevamente. Bueno y como yo ya sabía mi suegra había estado con dolor de piernas para lo que el médico le recomendó unos analgésicos además de una crema.

    Le pregunté por sus dolencias y me dijo que no había podido echarse la crema a lo que atiné a decirle que yo podía aplicársela, que yo había recibido un curso de masoterapia y del que ella sabía, pero se opuso. Cualquier otro día hubiera desistido pero ese día insistí, le dije que nos conocíamos de tiempo que solo eran los pies y el tobillo y que era prácticamente su hijo, la verdad no pensé que aceptara, pero grande fue mi sorpresa cuando me dijo que ya pero que la esperara que estaba limpiando y se iba a enjuagar. No lo podía creer iba a tener cerca las piernas de mi suegra algo que nunca me había pasado.

    Mi suegra al salir del baño salió con el mismo vestido, pero ya bañada. Era un día muy caluroso ya que estamos en verano así que comenzamos. Nos sentamos en el mueble de 3 cada uno a un lado, ella estirando las dos piernotas y apretando su vestido para que no se le vieran mas allá de las rodillas, no obstante, para hacerle el masaje tenía que levantar su pierna así que las tuvo que separar y pegar una al lado del mueble y la otra que tenía en mis manos.

    Ella para no pasar apuros enseñando sus muslos agarraba el vestido, pero ya comenzado el masaje comencé a sudar tanto por la posición, la situación y el calor. Lo que noto mi suegra y me dijo que si quería podía tomar un baño para continuar ya que venía de trabajar que ella me prestaba un short de mi suegro a lo que yo acepte.

    Mi suegra me dio el short y lo vi me di cuenta que a pesar que mi suegro es policía y tenía una contextura formada tenía piernas menos torneadas que las mías que al haber jugado futbol gran parte de mi juventud y adultez tengo unas piernas gruesas y definidas que mi suegra ya las había visto tiempo antes cuando me vio por primera vez en short y que se le salió al decir “Uff que piernas”, pero al darse cuenta lo que dijo se puso roja de vergüenza.

    Pero volviendo a la situación me bañé, pero no me puse ropa interior, no voy a decir que tengo un miembro enorme como siempre dice, lo normal 17 cm muy bien usados. Cuando salgo del baño mi suegra nuevamente se percata del short de mi suegro es pequeño, pero no dijo con la boca sino solo con los ojos los cuales se les abrieron. Regresamos a las posiciones anteriores en el mueble mi suegra sentada frente mío con la pierna estirada a la altura de mi miembro y la otra a un lado.

    Mi suegra cuando aplico algo de presión al pie de mi suegra ella lo estira esto hace que su dedo me toque los huevos esto me sorprendió, pero no hice mayor movimiento ella se percató y se quedó quieta a lo que yo seguí trabajando con la mayor naturalidad del mundo.

    Seguí con mis masajes, pero mi miembro ya estaba creciendo y se pudo notar, al pasar el otro pie de mi suegra para masajearlo esto ya fue conscientemente, lo pasé ligeramente por mi miembro ya bien erecto a lo que me hice el desentendido y pude ver disimuladamente que mi suegra mi miro, pero no hice caso y seguí masajeando. ¡Mi pene ya estaba bien erecto y mi suegra ya había dejado de agarrar su vestido y se le había subido por lo que me dejaba ver sus piernotas carnosas! Lo que me ponía más a mil. Mi suegra me dijo:

    S: por favor las pantorrillas también

    Y: claro suegrita

    Y mis manos comenzaron a subir hasta las rodillas. Yo quería agarrar esos muslos que ya me tenían loco y al inclinarme rozaba mi pene con sus pierna las cuales ya estaban juntas entre las mías. A lo que siento que mi suegra comienza estirar sus dedos y lo que paso hace un momento casualmente ahora literalmente me estaba sobado todo el miembro y los huevos con sus pies. Ella estaba con los ojos cerrados, pero yo si los tenía bien abiertos. La miraba y me excitaba ver como esta mujer me estaba poniendo. De repente recoge sus pies y pensé… Todo se fue al tacho… Pero grande fue mi impresión cuando se acostó boca abajo y me dijo:

    S: ahora el otro lado de las pantorrillas por favor

    ¡Yo no me lo podía creer me dejaba al alcance de mis manos ese hermoso grande y carnoso trasero que tantos años lo admire!

    Comencé con los pies subí a las pantorrillas ya estaba detrás de las rodillas, entonces mi suegra:

    S: un poco más arriba por favor Andrés

    Entonces comencé ya no a masajear sino acariciar sus muslos a las que ya no llegaba sentado entonces me tuve que para y eso hace que se note claramente mi erección. Mi suegra lo vio ya que al pararme volteo a verme. Me vio y cerró los ojos para seguir sintiendo el “masaje” en sus muslos. Yo ya estaba llegando a la base de las nalgas que tanto soñaba cuando mi suegra me dice:

    S: Andrés estoy incomoda acá me duele mis senos en mi cuarto estaremos mejo.

    Y: claro suegrita normal, como usted quiera, donde este mas cómoda

    Ya en el cuarto mi suegra se acuesta y ella sola levanta su vestido y pude ver sus nalgas que tanto había soñado y ya me fui directo al grano y comencé a acariciar y masajear el tremendo culazo de mi suegra. Yo estaba en la gloria yo parado acariciando esas nalgotas siento que me agarran el miembro. Mi suegra me comienza a tomar el pene por encima del short y me lo baja. Yo le doy una mordida a una nalga y eso fue el detonante ella comenzó a hacer un oral riquísimo lo quité la ropa interior como pude y nos comenzamos a hacer una 69 maravillosa la puse encima mío y ella me succiona el miembro con unas ganas estuvimos ahí mucho rato.

    S: por favor esto no está bien

    Y: suegra que rico, siempre la desee

    S: Andrés por favor no sigas

    Y: suegra esta riquísima quiero comérmela completita

    S: No digas eso… esto no está bien… (seguía chupando)

    Me levanté y la puse en la posición del perrito, quería ver ese culazo. Se lo comencé a meter poco a poco amasando esas nalgotas.

    S: oh oh no Andrés por favor… Oh… Oh… Andrés esto está mal

    Y: que hermoso culo tiene suegra, su trasero es riquísimo, no sabe cuántos años la quise tener así.

    S: No te creo Charo (su hija) también tiene lo tiene grande.

    Y: pero el de usted es más grande más rico y con más experiencia, no sabe cuánto la he deseado

    S: oh oh… En serio… Pero está mal oh… Soy tu suegra oh… Ohh…

    Y: usted me ha visto cuando le miro su culazo

    S: oh… Si si te he visto oh…

    Y: y acaso no le gusta que la mire

    S: si si me gusta ohh ohh

    Y: y esto no le gusta

    S: si si me gusta ahh ohh… Pero está mal… Oh que rico, pero no está bien

    Y: le gusta suegra le gusta como le mete el pene su yerno querido

    S: si… Oh… Me encanta…

    Y: vas a querer más

    S: si si quiero mas

    Y: te lo voy a meter por el ano

    S: oh… Si dámelo por favor… Si ohhh que rico

    Y le comencé a meter por el ano, pero estaba tan excitado que se le metí de golpe. Mi suegra dio un grito, pero después siguió el movimiento hasta que comenzó a convulsionar y termino justo en ese momento termine yo también inundándole el ano con mi semen.

    Al terminar abrace a mi suegra y la comencé a besar ella me dijo que lo que habías hecho estaba mal, pero le había encantando, ella muy recatada todavía seguía con el vestido y se fue a la ducha, pero yo la seguí detrás, ella no quería que la viera desnuda, pero me metí en la ducha con ella

    Nos comenzamos a besar y morder sus tetas que son de tamaño normal, pero yo estaba en el cielo, mientras la mordía ella agarraba mi pene y yo le metía un dedo en la vagina. Otra vez mi pene estaba erecto y comenzamos a hacer perrito en la ducha mi suegra ya gemía de placer

    S: oh oh que rico me encanta quiero que lo volvamos a hacer por favor Andrés, me encanta como lo haces me tienes loca… Oh oh oh…

    Me senté el piso de la ducha y en cuclillas dándome la espalda mi suegra comenzó a devorarme mi pene hasta gritar de placer.

    Terminamos y nos cambiamos no sin antes manosearnos hasta no poder.

    Al salir de la dicha mi suegra recibe la llamada de mi suegro. Iba a regresar más temprano con mi hijo.

    Al llegar lo saludo cordialmente como siempre y nos dice que lo envían a provincia (él es policía) por 15 días y salía el lunes…

    Mi suegra y yo nos miramos, 15 días para seguir disfrutando de mi suegra por lo pronto tenia de pretexto el lunes para el cambio de paquete del que se equivocó mi esposa.

    Todo lo que tengo por delante… ¡Y gracias suegrita!

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  • Al fin lo conseguí con mi cuñada (3 de 3)

    Al fin lo conseguí con mi cuñada (3 de 3)

    Camino a casa no cruzamos palabras sobre el tema, más bien fue un viaje en silencio, Verónica acurrucada en mi hombro y yo haciéndole cariño en sus piernas, de vez en cuando subía la mano y acariciaba su cara y su pelo, de repente me preguntó, ¿te gustó? Si mi amor muchísimo, te admiro y te agradezco que seas como eres, me has hecho muy pero muy feliz, y a ti te ha gustado. Mucho, dijo, gocé y vi que tú y Laura gozaban como locas y eso me ha dado mucho placer y calentura, me di cuenta que Laura se sintió realizada como hembra y por otra parte mi macho nos hizo gozar a ambas, si mi amor me gustó mucho.

    Se acercó hacia mí y nos dimos un gran beso en la boca, metí mi mano en su entrepierna y encontré aun todo mojado por efecto de la tremenda relación que habíamos tenido.

    Cuando llegamos a casa después de guardar el auto fuimos al dormitorio y nos acostamos desnudos como es nuestra costumbre, nos abrazamos y nos quedamos profundamente dormidos.

    Al despertar como a las once de la mañana, vi a mi esposa durmiendo dándome la espalda, levanté la ropa y me deleité mirando su culito que aún tenía la marca del diminuto tanga que usa, pensaba en lo de la noche anterior lo maravilloso que fue la cacha con las dos hermanas, bastó eso para que se me parara el pico, le puse la punta en el entrepierna y empecé a presionar, todavía tenía líquidos en su vagina por lo que no se me dificultó mucho que entrara la cabeza, Verónica se despertó empujando hacia atrás, diciendo, aun te quedan ganas, si es que pensaba en todo lo que hicimos anoche y solo deseo metértelo y gozarte a ti, se retiró y se puso de espalda murmurándome al oído, ven caliente métemelo que te quiero sentir.

    Me monté encima de ella y se lo metí casi en forma violenta, sintiendo un choro mojado y ardiente, nos abrazamos y besamos moviéndonos lentamente, Verónica comenzó a resollar y suspiraba e inmediatamente le vino un orgasmo violento que arrancó un tremendo grito. Deduje que estaba pensando en lo de la noche y eso la excitaba sobremanera, así que se le pregunté, que te pasa mi amor estás pensando en algo especial. Si, me respondió, en todo, fue tan rico, nunca me imaginé que llegaríamos a eso, lo que hemos hecho con las empleadas también ha sido muy gratificante pero con Laura ha sido el sumo de las delicias.

    Yo sentía en mi pico como cambiaba la temperatura de la vagina de ella, poniéndose cada momento más caliente lo que me dio un morbo espectacular, como estaba súper caliente no tardé en acabar con gritos y espasmos, fue una gran acabada, sacándole otro orgasmo a Verónica. Nos quedamos abrazados un largo rato cada uno con sus pensamientos pero que eran los mismos. Luego nos levantamos, bañamos e iniciamos el ajetreo del día.

    Alrededor de las doce y media sonó el teléfono, que contestó Verónica, era Laura, se saludaron y preguntaron como estaban cada una, Verónica le decía que muy bien y si acaso ella había tenido algún problema con Eduardo.

    Laura le decía que no, nada en absoluto, solo que se había despertado con una caña, (resaca) tremenda, efecto de lo mucho que había bebido lo cual no tiene costumbre, ahora fue a buscar a los niños a casa de mi suegra, por eso pude llamarte con tranquilidad y darte las gracias una vez más a ti y a Raúl, lo pasé maravilloso me siento plenamente mujer, satisfecha de sexo, dale besos a tu esposo, Verónica le responde que no tiene nada que agradecer, nosotros también lo pasamos extraordinariamente bien, te quiero mucho hermanita, Raúl también te manda besos. Después de conversar varias cosas cortaron.

    El resto del día no se tocó el tema pues fuimos a casa de mi suegra ahí se nos pasó el resto de la tarde luego llegamos a casa y ambos estábamos muertos de sueño y nos acostamos a dormir ya que al otro día había que levantarse temprano a trabajar.

    Durante siguientes días ninguno hizo mención a lo sucedido, hasta que el jueves en la noche Verónica recibe un llamado de su hermana para contarle que Eduardo que trabaja en una empresa del rubro metal mecánico, lo mandarían a una feria a Europa por una semana, a contar del próximo miércoles regresando al otro miércoles, conversaron del tema y otras cosas, al cortar Verónica me hace el comentario sobre el viaje de Eduardo, me alegro por él ya que siempre lo habían postergado para esos viajes.

    Para mis adentros pensé, Laura estará sola el fin de semana por lo que habrá que preparar algo para estar los tres solos de nuevo. Verónica al parecer leyó los pensamientos, ya que me dice, que estás pensando, que Laura estará sola el fin de semana, no de ninguna manera, respondí cínicamente, pero algo podríamos inventar.

    Pasaron los días y el miércoles Verónica me llama al trabajo para decirme si en la noche podemos acompañar a Laura a dejar a Eduardo al Aeropuerto, a lo que accedo gustoso con tal de verla, partimos ella iba con sus dos hijos para despedir al padre, abrazos chaos besos y partió Eduardo. Cuando íbamos de regreso a casa de Laura para dejarla con sus hijos, hago el comentario, podríamos juntarnos en nuestra casa el viernes a conversar un trago, ¿les parece?, claro que si saltó Laura a lo que Verónica dijo, por supuesto que sí. Como mi suegra, dijo Laura, siempre se quiere quedar con los niños los fines de semana, hablaré con ella. Hasta ahí llegó el tema, no se habló más.

    Cuando llegamos a casa Verónica me dice, al parecer a Laura le sedujo la idea de juntarnos, parece que si, dije yo y a ti te ha seducido, le pregunté a mi esposa. Si me respondió ella, bastante, tanto como a ti, fresco, risas abrazos y besos. Esa noche tuvimos sexo en forma muy placentera, sin comentar nada de lo que ambos estábamos pensando y era lo que se avecinaba.

    El viernes llegamos de nuestros trabajos alrededor de la siete treinta de la tarde, ambos nos duchamos y que damos en ropa liviana, Verónica con falda, tanga hilo dental, blusa y sin sostén y unas chalas de taco medio, yo con un pantalón de buzo sin calzoncillos una polera y una zapatillas de descanso.

    Me puse a preparar unos tragos para damas pero más cargados al licor que lo que decía la receta, cercano a las nueve sonó el timbre y salió Verónica a recibir a su hermana Laura, se dieron un gran abrazo muy cálido y que encerraba un gran cariño, yo la saludé con un abrazo muy apretado y un beso en la boca con lengua. Ella venía con un abrigo delgado y como en la casa la calefacción estaba muy agradable se despojó de inmediato quedando con un vestido mini, de una tela como de gamuza, con cierre por delante que no alcanzaba a llegar hasta el borde, quedando una graciosa abertura en sus muslos, completaba el cuadro unas medias color tostado y zapatos de taco alto.

    Se pusieron a conversar ellas dos mientras yo servía el trago que había preparado, nos abrazamos en forma muy amistosa e hicimos un salud por estar nuevamente juntos, chocando los vasos, yo dije al seco por Uds. y ellas me siguieron bebiendo hasta la última gota.

    Se sentaron ellas en el sillón grande mientras yo volvía a llenar los vasos y traía unos entremeses que había preparado Verónica, luego de un rato de conversación de cosas triviales Laura dijo, voy a llamar por teléfono a mi suegra para avisarle que ya llegué acá, así estará tranquila, se paró y partió donde estaba el fono yo me quedé mirándole el poto y las piernas que se lucían con el vestido corto, sentí en mi pierna la mano de Verónica que me dice, ¿te gusta?, fresco, está casi tan buena como tú, respondí dándole un beso en la boca y metiéndole la mano directo a su choro que se encontraba levemente húmedo, ella se me apretó, muy caliente y me dice, espera un rato, empieza con Laura. Encantado, asentí yo.

    Cuando vuelve Laura comenta que los niños están acostados con su abuela y le había dicho que por cualquier cosa la llamara para nuestra casa. Como yo estaba sentado al lado de mi esposa me corro un poco más a ella y le hago espacio a Laura a mi lado quedando yo al medio de las dos mujeres.

    Hago un nuevo brindis chocando el vaso primero con Verónica y luego con su hermana a la que beso en la boca, se sorbió el líquido hasta desocupar de nuevo el vaso, se lo tomo y lo deposito en la mesa junto a l mío y le tomo la cara y le doy un nuevo beso en la boca, pero este si empieza a ser interminable, nuestras lenguas jugaban, se empujaban y con nuestras manos nos apretábamos la cabeza, como tratando de meterse uno dentro del otro.

    Mi erección ya era bastante notoria en el pantalón del buzo, comencé a bajar mi mano hacia los pechos de Laura, tome el carro del cierre y lo corrí muy lentamente hacia abajo, hasta la cintura, dejando a la vista los lindos senos enfundados en un sostén blanco de gasa que resaltaba sus pezones, no duró mucho mi visión pues rápidamente le desabroche el sostén y se lo baje para acceder a sus tetas y comenzar a besar y chupar.

    Como ya mi erección era total, Verónica me empujó para que me sentara más a la orilla del sillón procediendo a bajarme el pantalón y tomar mi pico con sus manos, se hincó en la alfombra y me los saco totalmente junto con las zapatillas, nuevamente tomo el pico y se lo introdujo en su boca, iniciando un chupete de película, mientras yo seguía chupando los senos de Laura. Ya le había desabrochado entero su vestido y sacándole la parte de arriba por los brazos, dejándola desnuda de la cintura para arriba.

    Le metí la mano directamente a su choro, encontrando una zorra depilada completamente mojada con el calzón metido en toda la raja. Como pude la levante un poco para que pasara su vestido y calzón por debajo y sacárselo por completo dejándola totalmente desnuda. Ella me sacó la polera, que era lo único que me quedaba, le metí un dedo en su choro hasta alcanzar el clítoris que no logré tomar bien cuando le vino un tremendo espasmo como inicio de un orgasmo tremendamente largo y violentísimo, así que aceleré mis movimientos en su choro para provocarle un mayor goce. Se reclinó hacia atrás apoyando la cabeza en el brazo del sillón quedando medio acostada en él.

    Verónica continuaba con su chupete, pasándome la lengua a todo lo largo de mi pico llegando hasta los testículos y mirando de reojo la espectacular acabada que se había pegado su hermana. Lo que me llamó la atención fue la persistente mirada al choro de Laura.

    Al quedar ésta acostada le levanté una pierna pasándola por encima de mí quedándome toda su depilada raja a la vista y que vista era la que tenía yo, me deleité un momento y luego metí mí cabeza entre sus piernas aspirando ese olor a hembra en celo, sorbí sus líquidos con mi lengua alcancé su clítoris y comencé a morderlo suavemente y succionarlo como si chupara un pico, no pasaron mas de dos minutos y se contorsionó violentamente con cualquier tipo de quejidos iniciando un nuevo orgasmo que la dejó extenuada en el sillón.

    Lo juro que estaba tan concentrado en mi labor de hacer gozar al máximo a Laura, que me olvidé por completo lo que me hacía Verónica, solo me percaté cuando sentí los quejidos y suspiros de Verónica que también estaba acabando de una manera brutal, le conté en un lapso de un minuto dos orgasmos, creo que principalmente fue la situación de sentir gozar a su hermana y a mí. Dejé a Laura un rato y me agaché para tomar a Verónica y ponerla de pie ante mí para comenzar a sacarle la ropa dejándola totalmente desnuda, me levanté tomando de la mano a ambas y partir a nuestro dormitorio donde estaríamos más cómodos.

    Cuando llegamos al dormitorio nos acostamos en nuestra cama, yo al medio de ellas, sin mediar ninguna palabra Laura se fue directamente a mi pico y comenzó a chuparlo, pues al parecer era lo que deseaba sobremanera por la forma que lo hacía, lo tomó introduciéndolo por completo en la boca pasaba la lengua de arriba abajo y sonaba su sorbeteo que me producía una sensación de placer y de risa, mientras yo besaba a Verónica me acomodé para hacer un sesenta y nueve con Laura, poniendo a la vez a Verónica en sentido contrario para así tener acceso a las dos conchas al mismo tiempo.

    Metía mi cabeza entre las piernas de Laura le chupaba su clítoris y jugaba con los dedos en la chucha de Verónica, luego cambiaba y chupaba la zorra de Verónica y jugaba con la de Laura y viceversa, mientras yo chupaba el choro de Laura Verónica miraba extasiada lo que yo hacía, en la segunda vez que me fui a la chucha de Verónica le alcancé a tocar y mamar un poco el clítoris y comenzó a acabar en forma desesperada, y como les he contado que caliente es multiorgásmica por lo que tuvo tres orgasmos seguidos, con gritos que a la vez contagiaron a Laura que también acabó, pero sus gritos se acallaron un poco por el hecho de tener el pico metido en la boca.

    Cuando ya Verónica se tranquilizó un poco le seguí chupando la concha a Laura y Verónica se puso hincada a mirar como le chupaba la zorra a su hermana, estaba tan cerca de mi cara que yo la levantaba y besaba su boca refregando en su cara los líquidos que tenía de ambas por todo mí rostro, pensé que no le gustaría pero me equivoqué ya que sola refregaba su cara en la mía, quedándole hasta el pelo impregnado de ese líquido.

    Me excitaba sobre manera la situación que estaba viendo, Verónica a escasos centímetros del choro de su hermana mojada su cara y pelo con los líquidos que salían de él. Sentí que iba a acabar por lo que preferí salir de esa posición para liberar mi pico de la boca de Laura, pero sin sacar mi boca de entre sus piernas, así seguir gozando de tener la cara de Verónica a mi lado, cada cierto rato cuando yo juntaba bastante líquido de Laura daba vueltas la cara y le daba un beso en la boca a mi esposa traspasándole los líquidos a su boca, junto con meterle la lengua hasta el fondo, para sorpresa mía Verónica en vez de rechazar tal actitud me daba los besos y se refregaba contra mi cara empapándose en todo su rostro de esos jugos maravillosos que emanaba Laura.

    Al tercer beso que le di a Verónica llenándole su boca de jugos, ahí me percaté que se estaba masturbando y alcanzó el orgasmo al tragarse lo que yo le había depositado, fue un orgasmo distinto no tan furioso como los anteriores, pero no por eso de un gran placer.

    Mientras Laura con sus manos se abría los labios vaginales quedando a mi vista un tremendo hoyo que yo lamía y lamía hasta arrancarle otro tremendo orgasmo, fue una acabada de película, durante todo el orgasmo ella no soltó los labios abiertos, siempre manteniendo ese hoyo a la vista, por lo que levanté mi cara y deje esa exposición a la vista de Verónica, la que miraba extasiada la concha de su hermana, que chorreaba de jugos, Verónica me tomó la cabeza y me la llevó a la zorra de Laura para que siguiera chupándola, luego metió su mano tomando mi cara y darme un beso en la boca traspasándole los jugos que yo había sacado.

    Al pasar la mano para tomarme la cara yo vi que restregó su mano en los labios vaginales de Laura, pensé que era idea mía pero cuando me llevó de nuevo la cara al choro de Laura nuevamente se lo rozó, sí esta vez dejó un momento su mano en contacto con esa chucha mojada y ardiente. Este hecho me hizo bajar todos los morbos y los recuerdos de las relaciones de Verónica con la Pilar esa mocosa exquisita con que habíamos gozado los dos.

    Con esos pensamientos me salí de entre las piernas de Laura, a la que tomé poniéndole un par de cojines en las caderas dejándola muy levantada yo me hinqué entre sus piernas quedando su choro justo a la altura de mi pico, cuando se lo iba a meter en el choro a Laura, Verónica lo toma y lo empieza a chupar, demostrando una calentura bárbara. En los años que llevamos juntos y pese a todas las cosas que hemos hecho, jamás la había visto tan ansiosa, con una tremenda desesperación de hacer algo.

    Como al estar Verónica chupándomelo y yo hincado a punto de metérselo en el choro a Laura, el rostro de Verónica quedaba rozando la pelvis de su hermana, con mi morbo enorme que sentía en ese momento, presioné la cabeza de Verónica dejándola apoyada en la pelvis y retiré mi pico de su boca, por lo que esta quedó casi en contacto con la chucha de Laura, me bastó girársela un poco y Verónica quedó apoyando sus labios en los muy pocos pelitos que tenía Laura en su zorra, nuevamente ejercí una leve presión en su cabeza hasta que los labios tomaron contacto con los labios vaginales de Laura, quiso retirar la cabeza pero no la dejé, diciéndole, hazlo si lo deseas.

    Fue suficiente para que Verónica se largara a chuparle el choro de una manera que solo ella sabía hacerlo. Miré la cara de Laura, que al parecer no se percató de lo que pasaba, solo demostraba ese rostro un gran placer, placer que se tradujo en una convulsiones que indicaban la llegada de otro gran orgasmo, así fue comenzó a contornearse de una forma lanzando quejidos y gritos de placer que fueron prontamente seguidos por los gritos de Verónica, quién también llego al clímax, con un tremendo orgasmo.

    Yo solo era veedor de un espectáculo sin precedente, como me habría gustado tener en mis manos una filmadora para inmortalizar los gestos de ambas hermanas, la cara de placer de Verónica, con una desesperación con que chupaba la zorra de Laura y lo maravillosamente bella que se veía ella acabando abrazada al culo de su hermana.

    Cuando quiso retirarse, fui yo quién le dio un beso en la boca, impregnándome de los jugos de Laura a través del rostro de Verónica, jugos que habían saltado mojando los almohadones que tenía en sus caderas, me abracé a Verónica quién me besó y me apretó queriendo fundirse en mi cuerpo. No hubo palabras, sobraban, no procedía decir nada en ese momento.

    Me tiré encima de mi esposa abriéndola de piernas y metiéndole el pico de un solo empujón, dado a la tremenda calentura que experimentaba, su zorra estaba muy pero muy lubricada por lo que mi pico se fue solo hacia adentro, nos quedamos quietos besándonos y gozando, es una de las cosas que más le agrada, tener el pico metido y quedarse quieta sintiendo como palpita en su interior, ella contrae su vagina de una manera muy rica, acto en el cual ambos sentimos un gran placer, incluso a veces ambos acabamos de esa manera, casi sin movernos, le recomiendo que lo experimenten y verán que es sensacional.

    Mientras tanto Laura tendida al lado nuestro nos contemplaba embobada, mientras nos dispensábamos una relación a todo dar. Luego de un momento, cuando sentí los primeros síntomas de una inminente acabada por parte mía, me despegué de Verónica, poniéndola al igual que Laura, sobre los cojines, para a donde apuntaba esto, repetir lo que había hecho antes.

    Quedó mi pico a la altura del choro de Verónica, le comencé a pasar la cabeza del pico por los labios vaginales, resbalaba solo por la gran lubricación que tenía, junto con mi líquido que salía, de repente acerco a Laura para que me lo chupe, no se hizo de rogar, era una de sus aficiones por tanto tiempo reprimida, fui acercando su cara al choro de Verónica conjuntamente con mi pico, cuando tomo contacto su rostro con los bellos de la chucha de su hermana, sujeté su cabeza dejándola apoyada en ellos, acto seguido retiré mi pico y doble la cabeza de ella a la chucha de Verónica, con tal suerte que los labios quedaron directamente apoyados en la zorra de Verónica.

    Laura quiso echarse para atrás, pero lo impedí ejerciendo una mayor presión hacia el entrepierna de Verónica, esta consciente de lo que yo estaba tratando de hacer tomo con ambas manos la cabeza de su hermana y la mantuvo pegada a su choro, Laura no demoró mucho en darse a ese placer, iniciando una succión como la lesbiana más experimentada del mundo, resultado de la calentura acumulada y de lo que su hermana le había otorgado antes, yo me retiré dejándolas actuar libremente, solo suavemente saqué los cojines de las caderas de Verónica para permitirles un libre accionar.

    Me senté en la cabecera de la cama tomando las nalgas de Laura y girándola para que se ubicara en un sesenta y nueve con su hermana, reconozco que bastante me ayudó Verónica, pues tomó a Laura pasándole una pierna por sobre ella y quedó con los brazos entre las piernas de Laura permitiéndose abrirle la zorra apartando los labios y dejar a su vista tremendo hoyo, agujero que aún no había podido ser penetrado a entero gusto y gozar con el pico en su interior, pero al parecer la lengua de Verónica estaba haciendo maravillas pues ambas gritaban de placer, señal que las dos estaban alcanzando sendos orgasmos casi al unísono.

    Yo no daba más de caliente, solo con mirar ese espectáculo ya me iba de acabada, como pude me acomodé tras Laura que tenía su hoyo a mi vista, abierto por las manos de Verónica, por lo que me costó muy poco meterle el pico, apartando un poco la lengua de Verónica, iniciando un mete y saca violento, profundo, me detenía y sacaba el pico para ponerlo en la boca de mi esposa, luego ingresaba al choro de Laura en forma bruta arrancándole gritos de dolor y placer que repentinamente ayudaron a que no pudiera aguantar más y solté un chorro de moco en su interior retirándolo de ahí para soltar el segundo chorro en la boca de Verónica.

    Lo introduje de nuevo en esa zorra llena de semen, para soltar los siguientes chorros de moco, sí esto acompañado de unos gritos de placer, gritos que deben haberse escuchado en la China, pues no me contuve en lo más mínimo, dando rienda suelta a mi descarga, dado a que lo que sentí en ese momento al ver a las dos hermanas acabando con su sesenta y nueve y mi pico entrando en ese hoyo, fue superior a mis fuerzas de retención.

    Juro que caí agotadísimo a un costado de ellas, en cambio ellas siguieron en lo que estaban, como al parecer yo las estorbaba en su placer, sí Verónica chupaba el semen que yo había depositado en el choro de Laura, lo que a mi parecer le producía un tremendo goce. Me quedé inmóvil deleitándome con el espectáculo, hasta que Laura fue la primera en acabar, una acabada de esas brutales, mientras Verónica le metía tres dedos en el culo, cuando Verónica sintió como acababa la otra, inició un orgasmo tremendo lleno de lujuria y de placer, yo solo miraba no quise por ningún motivo interponerme en el desarrollo del acto que estaban viviendo, habría sido un crimen.

    Después de un largo rato en que solo se sentían sus suspiros y la respiración agitada de ambas, Verónica se giró un poco para mirarme, le guiñé un ojo y le murmuré, estuviste fantástica mi amor, tienes una cara de haber satisfecho algo que profundamente tenías guardado, te amo mi vida.

    Ella me respondió, yo también te amo, mi amor, anda al living déjanos solas por un momento. Accedí de inmediato, por algo me lo pedía mi esposa, salí del dormitorio claro que obviamente dejé la puerta sin cerrar completamente, llegué al living, metí bulla con los vasos, me serví un trago, lo necesitaba luego de tremendo ajetreo y sigilosamente me desplacé al dormitorio, para mirar por el resquicio que había dejado en la puerta, ¿qué es lo que vi?

    Ambas hermanas abrazadas y conversando en voz baja, después supe ya que me lo contó Verónica con pelos y señales, pero en ese momento solo veía un tremendo abrazo y de súbito Laura tomó el rostro de Verónica y le plasmó un beso en la boca, beso que fue correspondido por mi mujer, ambas se metían las manos por el pelo y se apretaban la cabeza.

    Este acto evidenció que aparte del cariño de hermanas, había una tremenda alegría y calentura por lo efectuado, por ese tremendo descubrimiento y entrega, continuaron así por algún espacio de tiempo en el que no me perdí ningún movimiento, solo que no escuchaba lo que conversaban.

    Verónica soltó el rostro de Laura y me llamo, Raúl, ven te necesitamos, yo me demoré un poco, volviendo al living metiendo ruido con los vasos, entré a la habitación encontrándolas aún abrazadas masturbándose mutuamente, me coloqué entre ellas dos pero a la altura de las piernas para no perder ningún detalle de cómo se tocaban los choros cada una, metí mi cabeza en la entrepierna de Verónica, cuando las dos me dicen, te vamos a estrujar hasta dejarte seco y se tiran encima mío, Verónica a cabalgar en mi pico y Laura se sienta en mi cara para que le siga chupando la zorra.

    Lógicamente que me entregué a tan maravilloso suplicio, no tardé mucho en acabar conjuntamente con el orgasmo de Laura sobre mi boca, lo que no pude ver que luego lo supe, era que mientras cabalgaba una en mi pico y yo le chupaba la zorra a la otra, ambas se besaban con una pasión sin freno.

    Me rendí extenuado, ambas se ubicaron a mis costados, haciéndome cariño, Laura le dice a su hermana, tengo que ser franca con Uds. extrañé esta relación en estos días, quise hacer lo mismo con Eduardo y este se enojó diciéndome que qué me pasaba, solo le dije que tenía ganas de chupárselo, el me respondió que eso lo hacían las putas. Yo la tomé y le dije, eres la segunda puta más maravillosa que existe, no te preocupes por lo que él te dice en lo referente a sexo, él es así, nosotros tres somos como somos, esta es tu forma de ver el sexo, disfrutémosla, ¿te parece?, por supuesto que si, dijo ella.

    Verónica la tomó y le da un beso, hermanita al fin nos henos complementado en algo que nunca supusimos que nos agradaba a ambas, nunca es tarde para comenzar. Nos tapamos con la ropa de cama y nos abrazamos los tres.

    Verónica comenzó a hacerme cariño en el pico con una mano, mientras con la otra acariciaba un seno de Laura, esta inmediatamente reaccionó e inició una serie de caricias en el busto de Verónica, Laura golosa bajó a chupar mi pico, que lentamente comenzó a revivir, mi esposa al sentir como lo chupaba su hermana, también bajó a chuparlo, ambas se turnaban llevándoselo a la boca aprovechando de besarse mientras jugaban con el pico que ya se había recuperado y tenía una buena erección.

    Algo cuchichiaban entre ellas y empezaron a masturbarse mutuamente mientras ambas me masturbaban y me lo chupaban, no tardó mucho Verónica en provocarle un orgasmo a Laura quién al comenzar sus quejidos hizo que Verónica también acabara. En ese momento las dos se turnaban para echarse el pico a la boca. Yo me deleitaba viendo como una le metía los dedos en la zorra a la otra, era tanto el éxtasis que expresaban con sus gritos que no aguanté más y comencé ha acabar en forma violenta.

    Como estaba casi sentado en la cama, pude apreciar como entre las dos se tragaban el poco semen que apenas me salía, siendo Laura la que se quedó con el pico en la boca, succionando como para sacar más y más moco. Obviamente después de tremenda acabada, quedé lacio resollando de cansancio, nuevamente se puso cada una a mis costados, nos abrazamos y en silencio nos dormimos profundamente ya alrededor de las cinco de la mañana.

    Como a las nueve me desperté, y me levanté directo al living, tomé la ropa de mis dos mujeres y la llevé a nuestro dormitorio, para borrar las huellas de lo que ahí había sucedido, pues luego llegaría Sonia, la criada, salí de nuestro dormitorio y me dirigí al dormitorio de visitas para desarmar la cama aparentando que en ella había dormido alguien.

    Me tendí un rato sobre la cama, rememorando lo sucedido, paso a paso, desnudo como andaba siempre por la casa me quedé un poco traspuesto, reaccionando solo cuando sentí la voz de Sonia que me decía, buenos días don. Raúl, ¿por qué está durmiendo en esta habitación, discutió con la señora?, nooo… dije, no te preocupes, es que ha venido su hermana a dormir acá y se han quedado conversando toda la noche, tú sabes como son Uds. las mujeres para darle a la conversa y yo quería dormir un poco por eso me vine para acá.

    Ella se rio y me miraba el pico que se encontraba a medio camino de una erección, de caliente degenerado y con una morbosidad sin freno, con una idea fija en la sucia mente, me paré y la tomé por las tetas, empezando a puntearla por atrás y besarle el cuello.

    Ella se dejó pues yo sabía que eso le gustaba mucho, sin mediar mayor trámite la hice agacharse y apoyarse en una silla, le levanté el vestido le corrí el calzón y se lo metí sin mucho miramiento, arrancándole un gritito de placer, inicié un movimiento lateral y un mete y saca prolongado, la pobre como hacia tanto tiempo que yo no le daba nada, gozaba como endemoniada no tardando en comenzar su orgasmo que hacía días debe haber necesitado y lo tenía reprimido, yo la ayudaba moviéndome y manoseándole las tetas como a ella le agradaba que yo le hiciera.

    Eran tantas las veces que me la había culiado que le conocía el más mínimo de sus gustos y preferencias, ya llevaba dos años con nosotros.

    Cuando ya se aquietó de su tremendo orgasmo, se lo saqué, nos besamos y le dije, voy a ir a despertar a las señoras, para que tomemos desayuno, ella se sobresaltó diciéndome, va así desnudo estando la señora Laura en la pieza, si no te asustes, dije, total todo queda en familia, partí y me metí a la cama entre las dos hermanas despertándolas a besos y cosquillas en sus respectivas chuchitas que aún estilaban exquisitos jugos, al meter mi cabeza bajo las sábanas me llegó un marcado y exagerado olor a sexo lo que me hizo salir rápidamente a la superficie, diciendo, chiquillas han amanecido un poco fuerte, nos hace falta una ducha a todos.

    Verónica rio y me dice tú tienes todo el pico mojado, que estuviste haciendo, nada dije, nada mi amor, llegó Sonia y nos servirá desayuno.

    No seguiré relatando lo que sucedió todo ese día, pero se los resumo en que hacía mucho pero muchísimo tiempo que no culeaba tanto en un solo día, no sé de donde saque pico y fuerzas para darle a esas dos mujeres después que se fue Sonia a la hora de almuerzo. Esa noche me acosté reventado.

    Estas sesiones las hemos seguido repitiendo. Con distintas excusas va Laura a nuestra casa, dejando a los niños con Eduardo, su esposo, o cuando este sube a la nieve con ellos, o dejándolos en casa de su suegra.

    Las dos hermanas practican sus relaciones mientras yo las observo y luego me dan duro a mí y yo a ellas.

    Les contaré que la última tarde completa que estuvimos juntos fue ahora el fin de semana del sábado treinta y uno de Agosto, desde las cuatro de la tarde hasta las diez y media, hora en que llegó Eduardo de la nieve con los niños, para quedarse un rato con nosotros e irse con su esposa, mientras el esquiaba yo me culeaba a su señora y se comían ambas hermanas.

    Es y será una relación maravillosa, durante la semana estamos programando algo para la semana de fiestas Patrias, que como son varios días libres, dejarnos alguno para darnos con todo, me dan ganas de incluir a Sonia para tener un trío de mujeres en la misma cama, veremos que opina Verónica tengo que trabajar mucho en el tema, si sucede algo obvio que se los contaré.

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  • Lo hice con mi cuñada

    Lo hice con mi cuñada

    Mi cuñada insistía permanentemente. Hasta un día que vino a casa y mi mujer no estaba llegó a mostrarme las tetas para convencerme de que sería bien recibida en nuestro ambiente de parejas “swingers” al que habíamos ingresado hacía un par de meses y en el que la estábamos pasando muy bien.

    Lo peor era que mi esposa la incentivaba. Lo único que a ella le daba un poquito de vergüenza era que en el entrevero en alguna reunión yo pudiera quedar pegado a su hermana. La apañaba porque le tenía bronca al marido de ella porque según contaba era un atrasado, un celoso, que no se la cogía nunca, que prefería ver fútbol a estar con ella y que ésta ya no lo aguantaba por lo que quería ir sola porque necesitaba tener sexo.

    A mí no me parecía bien que concurriera sin su esposo, pero en definitiva no era mi problema. Para colmo mi mujer la entusiasmaba contándole lo bien que la pasábamos y los amigos que habíamos hecho.

    Así que un día me decidí y lamentándome por su marido armé una pequeña reunión en casa con un par de amigos. Era una parejita joven y muy perversa, El superdotado y ella bisex. Por supuesto que la invitamos a mi cuñada, quien para no levantar sospechas con su esposo llegó temprano y como siempre, con un paquete de facturas. Mi cuñado nunca venía porque iba a la cancha y después se quedaba viendo fútbol por televisión hasta el último partido.

    A la pareja joven también la hicimos venir temprano y en un momento dado mi cuñada me descolocó. Es que yo para entrar en clima charlaba para que se fuera conociendo con la otra pareja y de pronto dijo: ¿Cuándo empezamos? No tengo mucho tiempo y quiero disfrutar a pleno de la fiesta.

    Eso desencadenó todo, porque esos jóvenes son muy zarpados y en un minuto estaban los dos en bolas apretándose a mi cuñada. Ella metía mano por todos lados y chuponeaba tanto a él como a ella..

    Ahí nos dimos cuenta con mi mujer que a su hermana también le iban las mujeres, sobre todo por la pasión con que le tocaba la concha a la otra.

    Se tiraron sobre un sillón mientras mi mujer sacaba las tacitas de café y las facturas para que no se aplastaran. La desnudaron y pude comprobar que mi cuñada tenía un buen lomo. La había visto en malla, pero en bolas era realmente excitante. Me hizo calentar de inmediato. Sus pezones son grandes y morados y su concha rapada tiene unos labios rosados oscuros que parecen una boca abierta. Le nace bien arriba el tajo y su clítoris sale hacia fuera y al frente como si fuera una pijita.

    Le chuparon la concha entre los dos, primero uno y después el otro. Luego él se paró en el sillón y le puso la verga en la boca. Ella la agarró con las dos manos y mientras gemía se la introdujo hasta la mitad, que era toda su capacidad bucal. El empujaba queriéndole llegar a la garganta y en un momento mi cuñada se ahogó y tuvo un pequeño acceso de tos. La chupó un buen rato mientras tenía un orgasmo tras de otro por la mamadas que la mujer bisexual le propinaba. Descubrimos con mi mujer que su hermana era una multiorgásmica insaciable.

    A esta altura estábamos nosotros también desnudos, pero sin participar así que me acerqué a ella mientras lamía el miembro del otro hombre. Me miró de reojo y me hizo señas de que me aproximara más. Así lo hice y me agarró la pija y lentamente comenzó a masturbarme. Después giró lentamente y al momento que soltaba las dos vergas que tenía en sus manos nos pidió que la cogiéramos. Yo cedí mi lugar al otro, porque estaba mi mujer y no sabía cómo reaccionaría, y éste se la metió bruscamente por la vagina. Ella gritaba de placer y pedía entre gemidos que yo le acabara en la boca.

    Se la puse, ella la degustó con pasión, pero yo controlé mi orgasmo.

    Fue entonces que mi mujer se me acercó y me dijo que llegábamos hasta ahí, que no la fuera a coger, que recordara que era su hermana.

    Mi cuñada mientras tanto se desparramaba en orgasmos. El flaco se retiró de su vagina y me dejó lugar para que se la pusiera. Dudé un instante, pero ante los insistentes reclamos volví a mirar a mi esposa quien me contestó con un “sí” tímido. Mi pija entró sin escollos hasta el fondo.

    La situación era maravillosa, mi mujer se olvidó hasta tal punto que me besaba mientras yo me cogía a su hermana. Fue tan fuerte que acabé de inmediato. Mi verga se ablandó, pero ella no me dejaba ir, parecía que gozaba más con un miembro fláccido dentro de su vagina.

    Por fin me soltó y mi lugar lo ocupó el otro hombre que deseaba terminar lo que había comenzado. Lo hizo acabándole en su cara, llenando de semen su frente y su cabello. Ella estiraba la lengua para capturar las gotas que resbalaban por su piel ardiente.

    La reunión continuó intercambiándonos las parejas. Mientras mi esposa le chupaba la pija al joven yo le hacía el culo a la minita y ésta se zambullía en la concha de mi mujer. Mi cuñada nos acariciaba a todos por igual, salvo a su hermana y ésta jamás la tocó.

    Después la joven me la chupó al unísono con mi cuñada y les acabé en sus bocas. Resultaba gracioso ver cómo se disputaban mi pija. Se la pasaban de boca en boca y hasta temí que me la mordieran, cosa que no sucedió por suerte.

    Mi mujer mientras tanto se aguantaba estoicamente el terrible pedazo del joven quien la había puesto en el suelo con las piernas levantadas e iba alternando sin parar con la concha y el culo de ella. Culo que estaba acostumbrando a recibirla porque eran unos de los habituales asistentes a las reuniones que hacíamos. No todas las mujeres lo podían soportar pero la mía lo dilataba de tal modo que le entraba como si nada.

    Terminamos todos extenuados pero fue complicado convencer a la hermana de mi mujer de seguir otro día. No se quería ir, quería más y más. Por fin la llevamos a su casa después de ofrecerle un profundo baño que le sacara el olor a semen que tenía por todo el cuerpo para que su marido no se diera cuenta.

    Hoy en día mi cuñada coge con nosotros. Ya traspasaron la barrera con mi esposa y se propinan caricias por todo el cuerpo. El que resulta más complicado soy yo que tengo que atender a las dos por eso es que a veces le organizamos fiestitas con la presencia de otros hombres que colaboran conmigo.

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  • El día que jodí con mi madre

    El día que jodí con mi madre

    Me llamo Juan y para no dar su nombre verdadero, diré que mi madre se llama Carmen. Actualmente vivimos en una gran ciudad. Yo tengo cerca de 40 años y ella pasa de 60.

    Mi madre es de altura regular, rubia, no muy gorda, aunque algo rellena, todavía luce unas tetas bastante aceptables, aunque algo caídas, un culo respingón y unas piernas y muslos bastante bonitos para la edad que tiene.

    La historia comenzó cuando yo tenía 24 años y ella 42. Se había quedado viuda hacía unos años, yo tenía un hermano mayor que se había independizado y estaba en otra ciudad, aunque a veces venía a visitarnos. Así que los dos solos vivíamos en nuestro piso de la ciudad.

    La rutina diaria era que yo me iba a trabajar y ella se quedaba de ama de casa, haciendo las comidas, limpiando, arreglando la casa etc.

    Cuando venía yo por la tarde, aprovechábamos para hablar de cómo me había ido el trabajo, ver la tele, leer alguna revista y así esperar para la hora de la cena y después ver un poco la tele y a la cama, a prepararse para la rutina del día siguiente.

    En verano, con las puertas de nuestras habitaciones abiertas debido al calor, una vez en la cama, algunas veces desde la habitación donde yo dormía, llegaba desde la habitación de mí madre hasta mis oídos, unos sollozos, que, si agudizaba un poco el oído, más que sollozos eran gemidos, si, si, gemidos de placer.

    Como es lógico, yo a mis 24 años sabía que mi madre se estaba masturbando. Algunas veces, aunque lo evitaba para que yo no lo oyera, se le escapaba algún gritito de placer y algunas veces, las sesiones eran largas y yo deducía que tenía varios orgasmos y se corría varias veces hasta quedarse totalmente satisfecha. Yo sabía que, por su edad, 42 años, necesitaba un hombre que la satisficiera.

    Otras veces, sigilosamente yo salía al pasillo y me ponía al lado de la puerta de su habitación donde la oía perfectamente suspirar y jadear masturbándose. Esto me excitaba muchísimo, mí poya se ponía tiesa y dura como un palo y después de la sesión, me iba a mi habitación a masturbarme y tenía unas corridas sensacionales, pensando en las pajas que se hacía mi madre. Algunas veces, cuando volvía de trabajar, ella me decía:

    —Anoche tuviste pelea cinco contra uno, hay que ver como estaba la sabana.

    Y yo le decía:

    —Mamá pues tú también la tuviste.

    Al decirle yo eso, ella me sonreía maliciosamente.

    Así iban pasando los días de ese verano y cada vez miraba más a mí madre, le miraba el culito respingón, las bonitas y torneadas nalgas, los carnosos muslos, las protuberantes y hermosas tetas. Incluso durante el trabajo no podía dejar de pensar en estas cosas y creo que ya estaba deseándola, de poseerla.

    Todos los días, al terminar de cenar, y una vez recogida la mesa, mi madre se iba a duchar, dejaba la puerta a medio cerrar y yo desde fuera la espiaba ansioso. La veía enjabonarse todo su cuerpo con el gel favorito dándose frotes en las tetas, en el culo, en el sexo, lavándose bien su rajita. Antes de que saliera me iba al comedor. Al poco tiempo salía ella con el pijama puesto y se sentaba a mí lado en el sofá a mí lado, donde veíamos algún programa de la tele o charlábamos o leíamos alguna cosa hasta la hora de irnos a dormir.

    Una noche, bastante calurosa, después de ducharse salió como siempre, pero esta vez no llevaba el pijama de pantalón corto como siempre. Se había puesto un camisón blanco, muy cortito, que le tapaba escasamente el culo y dejaba sus muslos totalmente al aire. Como era muy transparente se le veían perfectamente las tetas, los sonrosados pezones y, sobre todo, su hermosa rajita. Sonriendo me dijo:

    —¿Te gusta el modelito que me he comprado?

    Yo le dije que sí, que me encantaba y que se diera unos pasos hacia detrás para que pudiera verla bien. Ella sonriente me miraba provocadoramente, mientras yo también sonriente, le miraba los turgentes pechos y los enormes pezones que ya tenía duros y tiesos.

    Ante esta visión me fui hacia ella y sin mediar palabra, la abracé y juntando nuestras bocas, comenzamos a besarnos desesperadamente. Nuestras lenguas se juntaban una y otra vez mientras en el sofá le quité el mini camisón, mientras ella me quitaba el slip y los dos desnudos nos seguimos frotando y acariciando.

    Ella me tenía cogida la verga masajeándola, mientras yo le besaba las tetas y le comía y le chupaba con placer los pezones duros y sonrosados, mientras mí madre jadeaba de gusto. Después, bajando la mano, le busqué el sexo que, ella bien abierta de piernas, me ofrecía con placer.

    Con los dedos le abrí los labios del chocho que ya estaba ardiente y supermojado, le empecé a masajear el clítoris, mientras ella se retorcía y gemía de placer como todas las noches y me susurraba al oído:

    —Sigue, sigue por favor, no pares cariño hasta que me haya corrido.

    Al poco, tuvo su primer orgasmo, gimiendo y disfrutando como nunca lo había hecho. Después acariciándole la espalda y bajando la cabeza, lamiéndole todo el cuerpo, me ofreció su coño mojado para que se lo comiera y acto seguido, con mí lengua masajeando el clítoris, se volvió a correr regando mí boca con sus sabrosos y calentitos jugos vaginales.

    Viendo ella que ya no podía aguantarme más, con cara lujuriosa de hembra ardiente, me rogó que la follara sin parar, que le metiera mi verga dura y tiesa hasta lo más profundo diciéndome:

    —Fóllame, fóllame cariño mío, métemela toda, quiero que me la metas hasta dentro, hasta los huevos y lléname de tu leche calentita.

    Y así, en un alocado mete y saca, con un bombeo suave que duró una eternidad y estallamos al unísono en el orgasmo más maravilloso que hemos tenido.

    Después de descansar un rato, nos metimos en la ducha donde nos enjabonamos y envueltos en la espuma del gel de baño, volvimos a follar durante un buen rato, mientras jadeábamos de placer y volvimos a corrernos abrazados.

    Desde ese momento hasta ahora mismo, hace de eso casi 20 años, todos los días follamos por la mañana y por la noche. Ambos disfrutamos muchísimo. Ella, Carmen es mi madre, pero también es mí amante, mi querida, mi esposa, algunas veces me encanta que sea mí putita viciosa y, sobre todo, nos realizamos sexualmente a diario. Así somos felices, muy felices.

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  • Iniciando a nuestros hijos mellizos (16)

    Iniciando a nuestros hijos mellizos (16)

    La llegada de Mario interrumpió de golpe nuestra platica. Después de los saludos y la bienvenida, Mario fue a la barra a servirse algo sin dejar de hablar sobre asuntos generales y familiares con sus padres.

    “Ahora cuéntanos como le hiciste para poder salir en fin de semana. ¿Qué le inventaste esta vez a tu esposa?”

    “Simplemente que no me esperara a cenar, le platique sobre los modelos recientes de autos que llegarían al área de ingeniería de ensamble, habría una presentación por la tarde y después un convivio con los compañeros, lo más probable regresaría muy tarde. La realidad fue que después de la presentación me vine al mejor convivio que habrá hoy en la ciudad, con mis padres y sus amigos” Contesto Mario sirviéndose generosamente una copa de whisky. Juan y yo lo acompañamos a llenar nuevamente nuestros vasos, mientras mi esposa y Martha se quedaron en el sofá mirando algo en una revista de decoración.

    “¿Que tal el trabajo Mario?”

    “Todo excelente Miguel, no me puedo quejar, el mes pasado recibí un ascenso.”

    “¡Wow te felicito!” Conteste sentándome en una de las bancas de la barra junto a Juan. De repente Mario nos abandona y se dirige al sofá, se acerca a Martha, toma un sorbo de su whisky y la rodea con sus brazos, tirando de ella y plantándole un beso apasionado en la boca, Martha un poco sorprendida sonríe y corresponde, sus mejillas se enrojecen. Myriam a un lado igual sonríe sorprendida, Juan y yo observamos la escena desde la barra.

    Separándose de su madre aprovecha la proximidad de mi esposa para expresarle también sus deseos. Le extiende la mano para que se levante y mi esposa accede divertida acomodándose el vestido, Mario la voltea y se acerca a ella por detrás, colocando sus manos firmemente en sus caderas, se inclina, la besa en el cuello y le aprieta los senos sobre el vestido. Myriam desconcertada me mira, pero no se aleja. Mario la voltea con rudeza y al quedar frente a su cara la besa, metiéndole la lengua y apretándole las nalgas.

    Después de besar a mi esposa atrajo a su madre por la nuca, y la obligó a unirse, no hubo resistencia, cerró los ojos y permitió que su boca se uniera nuevamente a la de su hijo, fue un beso profundo y apasionado.

    Sin perder el ritmo, Mario empujó la cara de Martha contra la de Myriam, mi esposa se enrojeció y asomo un rictus de nerviosismo, fue algo abrupto e inesperado, Mario guio la boca de su madre y la de mi esposa, logrando que sus labios se tocaran suavemente, se acercó y les metió la lengua entre los labios mientras Martha y mi esposa se besaban, fue algo muy erótico, jamás había visto a mi esposa besar a otra mujer, mi corazón latía con anticipación por lo que se vendría. Juan y yo, paralizados por la escena. Mario realmente estaba ansioso, fiel a su carácter impetuoso y perverso.

    Mi corazón se aceleró al escuchar las palabras de Mario. “Hoy vamos a disfrutar a estas maduritas, mañana no podrán ni caminar de tanto que las usaremos,” Miriam y Martha intercambiaron una sonrisa nerviosa. Juan, me guiñó un ojo y levantó su vaso en un brindis silencioso. Mario regreso a la barra, a acompañarnos, Martha y mi esposa se acomodaron el vestido y regresaron sonrientes a el sofá después del vendaval.

    Juan y yo, aun en la barra, intercambiamos comentarios picantes en tono bromista acerca de lo que podía suceder en la noche. Los ojos de Mario eran de lujuria, ignoro si había consumido alguna sustancia, pero me parecía diferente su actitud a la primera reunión. La tensión sexual en el aire era palpable. Mario se pone de pie, toma la copa de whisky que aún mantiene en su mano y la acerca a la de su padre brindando. “¿Estás listo para la fiesta, padre?” Preguntó con un brillo travieso en sus ojos. Juan asintió, con la seguridad de alguien que ha disfrutado de muchas veladas similares.

    “Pues vamos a darles con todo, no hay tiempo que perder,” dijo Mario, tomando a su madre de la mano y subiéndola a la alcoba de sus padres. Myriam me mira con ojos desconcertados, Juan me hace la seña con una mano de que los siga mientras él toma algunas viandas y licor.

    Subimos las escaleras, Mario abrió la puerta de la habitación acariciando las nalgas de su madre. La habitación de Juan y Martha es un refugio lleno de luces tenues, aromas seductores y un gran espejo en la pared. Habíamos pasado muchas horas en la sala, compartiendo experiencias y sexo con otras parejas, pero este era un territorio nuevo para nosotros. Una habitación espaciosa decorada con excelente gusto, dado la profesión de Martha como diseñadora de interiores.

    La cama es de tamaño King, Martha se separa de su hijo y se mete al baño, Mario entonces se acerca a mi esposa no importándole mi presencia y que nos tomábamos de la mano, el joven la toma de la cintura, la acerca a él y la besa profundamente. Myriam responde sin soltarme de la mano y con la mano libre recorre el torso de Mario. Decidí soltar a mi esposa y me puse cómodo en una silla a esperar a Juan y observar la escena.

    Martha regreso y se unió a ellos, decidí que no podía ser un simple espectador. Con la excitación en la punta de la piel, me acerqué a la cama y tomé suavemente a Martha, y la besé. Ella respondió sus labios se movieron suavemente contra los míos, abriéndose y ofreciéndome su lengua. Mario le saco el vestido a mi esposa y se alejó también al baño, entonces Myriam se acercó a nosotros semi desnuda, se unió a la fiesta de bocas besando a Martha y a mí al mismo tiempo como lo había hecho antes con Mario. Escuche la voz de Juan subiendo las escaleras y solicitando ayuda de su hijo para acomodar en una mesa el improvisado bar.

    “¡Vaya, no perdieron el tiempo!” Exclamo. “¿Algo de beber?”, se sentó despojándose la ropa sin ningún pudor, después de ayudar a su padre, Mario se acostó junto a nosotros totalmente desnudo y erecto a un lado de mi esposa besándole la nuca y acariciándole las nalgas, mientras Martha y yo continuábamos besándonos.

    “Chicos, aquí todos somos de confianza, sé que Mario no anda con prostitutas, y que nuestros amigos tienen todas las precauciones, sugiero que sea una noche sin condones. ¿Están de acuerdo?”

    La pregunta de Juan me desconcertó ya que la vez anterior con sus hijos tampoco los usamos.

    “Por mí no hay ningún problema” Le respondí y Myriam se encogió de hombros.

    Mario, lentamente deslizó sus manos por espalda de Myriam, le quito el brassiere con habilidad, liberando la piel suave y sus pechos firmes. Ella jadeó al sentirse desnuda. Sin embargo, al intentar quitarle las bragas, Miriam se tensó y protestó suavemente retirando con brusquedad la mano de Mario, recordando el plug anal que tenía insertado en su ano. Martha, se encontraba a mi izquierda, me miro con una media sonrisa intrigada, Juan, se acercó con las bebidas, se detiene un instante, curioso por la interrupción y rechazo a su hijo, y al notar la confusión, Miriam le susurra algo al oído a Juan. Su rostro se iluminó con una sonrisa maliciosa y su respiración se agitó.

    “¿Tienes un secreto para nosotros, Miry?” Preguntó Juan.

    Mi esposa se ruborizó y asintió con la mirada baja, quizá un poco apenada, pero sin duda muy excitada.

    “¿Podemos saber cuál es?” Pregunto Martha, intrigada por el gesto de Miriam.

    Ella, aún avergonzada, respondió: “Solo es un juguete que me puse por si… por si acaso.”

    Mario, con un brillo divertido en sus ojos, pregunto: “¿Podemos verlo?”

    Con un suspiro, Miriam me miro y al notar mi asentimiento se incorporó y se levantó de la cama, caminando lentamente.

    Mario la siguió con la mirada masturbándose, estaba muy ansioso.

    Mi esposa sin ningún pudor se quitó la pantaleta agachándose y abriéndose las nalgas “Esto…” Mostrándonos el juguete insertado en el ano. La pequeña cola de zorro se expandió al liberarse.

    Martha, Juan y su hijo se quedaron con la boca abierta, atrapados en la escena de mi esposa exhibiéndose de tal manera.

    La sorpresa en sus ojos se tornó en un deseo voraz al ver la intrusión artificial que se albergaba en el intimo reducto. Martha, se acercó a mi esposa despojándose de la ropa que aún conservaba quedando en lencería, se paró a un lado de ella y le acaricio el cabello, su respiración se agitó al ver la cola de zorro que sobraba del orificio de mi esposa. Sin pensarlo dos veces, se inclinó y la lamió suavemente las nalgas y alrededor del artilugio presionándolo, provocando un jadeo en Miriam. Juan, se acercó y le susurró, “¿Te gustaría que lo saquemos y que todos disfrutemos ese orificio?” Miriam asintió con la boca seca y los ojos cerrados.

    Mario dijo “Vaya me parece que tu esposa quiere realmente divertirse Miguel. ¿Trabajo su culo para recibir algo adentro acaso?”

    Martha y Juan se acercaron a Miriam, que se encontraba parada en el borde de la cama, Martha tomó la cola de zorro con dos dedos, deslizándolos suavemente por el material, y empujándolo levemente a lo que Miriam reaccionó con un gemido ahogado. Mientras Martha jugueteaba con la cola, Juan se puso enfrente de Miriam, acercando su miembro ya erecto a la entrada de su vagina. haciéndola que se estremeciera al sentir la combinación del plug, la boca de Martha y la verga de Juan rozando su pelvis.

    Miriam, con la boca entreabierta y la respiración agitada, se apoyó en la cama abriendo más las piernas y permitiendo a Martha jugar a su antojo con la cola de zorro y su vagina, Juan entendió la invitación y se acostó descansando su cabeza en la cama y saboreando la vulva de mi mujer, empezó a moverse metiéndole la lengua, disfrutando del calor y la humedad, Mario se acercó a la oreja de mi esposa “¿Te gusta sentir como te lamen el culo y la cuca mis padres?” Susurro con una sonrisa. Miriam asintió, sin alzar la vista, la intensidad del placer que la atravesaba era abrumadora, se sentía exhibida, usada, vulnerable, la sumisión era algo que acaba de descubrir y a mí me encantaba verla así.

    ¿En dónde estaba la abogada de carácter fuerte, la que peleaba en tribunales?

    Mario, no dejaba de masturbarse, se acercó a Juan que seguía sumido dándole lengua. “¿Papá, tú se la vas a meter primero?” Preguntó con ansias, su miembro ya listo para la acción. “Yo quiero ser el primero, si no te importa” dijo con el miembro a centímetros de la vagina de mi esposa no importándole estar tan cerca de la boca de su padre. Juan se detuvo por un instante “Claro, si ella lo pide, serás el primero, o quizá lo podamos hacer los dos” Respondió con la cara llena de fluidos.

    “¿Te gustaría jugar con los dos Miry? Pregunto Juan.

    Miriam, asintió, la idea de ser tomada por dos a la vez la excitaba mucho. Juan se movió lentamente, permitiéndole a Mario acercarse y levantar a mi esposa en vilo, poniendo sus piernas en los hombros, penetrándola de golpe. Mi esposa soltó un gemido. Enseguida Mario la volcó sobre la cama en la posición de misionero, Juan de inmediato se subió y puso su miembro en la boca de mi esposa que lo empezó a mamar con devoción, en realidad mi mujer necesitaba un buen polvo había pasado semanas de muchísima tensión sexual.

    Me acerqué a Martha, que se encontraba sentada en la cama, sin perder la compostura, le acaricié la mejilla con suavidad, bajando mi mano por su cuello y hombro, siguiendo la curva de su seno. Martha cerró los ojos y suspiró profundamente al sentir mis dedos juguetear con su pezón erecto. Apoyando mi pene en su estómago, comencé a moverlo lentamente, disfrutando del calor que irradiaba su piel.

    Con cada movimiento, la respiración de Martha se elevaba, sus pechos se alzaban y bajaban con cada inhalación, la imagen de mi esposa a un lado de nosotros, disfrutando de la atención de Juan y Mario, me tenían muy excitado. Sin una sola palabra, me acerqué a su boca y empecé a besarla apasionadamente, nuestras lenguas se enroscaron.

    Mis manos se deslizaron por su espalda mordisquee su pezón, haciéndola gemir, su respiración se aceleró. Martha me miraba, la lujuria que sentíamos era palpable. Con la punta del dedo, dibujé círculos alrededor de su ombligo, bajando cada vez más, mi miembro ya chorreando de excitación contra su piel. Ella se movió, abriendo sus piernas, invitándome a acercarme a su intimidad, su vagina ya humedecida, mi nariz percibía su aroma embriagador.

    A mi lado los gemidos de Miriam se volvían cada vez más intensos, el ruido de su vagina empapada y la saliva que se escuchaba cada que Juan le metía el miembro en la boca. Martha, tomo mi miembro y se lo introdujo en la boca como tantas otras veces, lamiéndolo, chupándolo e invitándome a ver lo que sucedía a un costado.

    Mi esposa se movía desesperada, buscando un alivio que solo la penetración le podía dar. Ahora Juan la penetraba y recorría el miembro erecto de Mario de punta a rais con la boca y la lengua, sus ojos se cruzaron con los míos, la excitación y la complicidad que sentíamos. Juan noto nuestra mirada y se detuvo “¿Te gustaría sentirnos dentro de ti a los dos a la vez?” Le preguntó con la duda de si Myriam podía soportar tal placer. Ella asintió con la boca llena, su respiración jadeante, la idea de sentir a los dos al unísono la volvía loca se había preparado para ello.

    “Seguramente eso vino a buscar padre. ¿Como explicas que llegara con ese tapón en el culo?”

    “¿Es verdad Miry?, ¿te lo pusiste con esa intención?” Pregunto

    Juan… “Tiene 3 días usándolo” Conteste como si a mí me lo hubiesen preguntado.

    Mario se recostó en la cama y mi esposa se subió montándolo con furia, el tapón anal y la cola de zorro emergían en cada embestida, Juan, viendo la escena, se colocó detrás, observando como el miembro de su hijo desaparecía, le ordena se detenga y con cuidado quita el plug anal, al sacárselo por completo mi esposa tiene un fuerte orgasmo que la hace caer sobre Mario, sus piernas tiemblan y dice algo guturalmente que no puedo descifrar, es un espectáculo ver como su cuerpo se estremece, Mario intensifica sus embestidas sacándole otro orgasmo, aún más fuerte que el anterior.

    Martha toma un tubo de lubricante que ya tenía sobre la cama y se lo da a su esposo, sonriendo maliciosa, saboreando la idea de la escena que se prepara. Juan la mira, toma el lubricante y se unta generosamente el pene. Martha me abandona y se acerca a Miriam, que aun jadea por la intensidad del orgasmo que acaba de sentir, y comienza a untar el lubricante en su culo, preparando la entrada.

    Juan, empapado en lubricante, se acerca a Miriam que esta aun jadeando y temblando del intenso y nuevo orgasmo que Mario le provocó, su culo abierto y dispuesto. Martha le pide a su hijo que se detenga un momento, Juan se alinea con su culo y empieza a penetrarla lentamente, me levante de la cama y me puse a un lado de mi esposa para ver su rostro que al sentir la intrusión se tensó.

    Miriam se mueve y se acomoda en la posición, Juan coloca su verga en el ojete de mi esposa, lo empuja suavemente y comienza a penetrarla, acompasando su movimiento a la respiración jadeante de Miriam. Ella se mueve lentamente, adaptando su ajuste a la sensación de ser tomada por dos penes a la vez. Juan y Mario empiezan a moverse al unísono, cada uno adentrándose en un agujero y saliendo en el ritmo opuesto, la escena se torna cada vez más salvaje, Miriam jadeando y gritando, su cara reflejando la locura que la invade al sentir la doble penetración.

    La cara de mi esposa es de placer, su boca se abre cada que la penetran, comienza a moverse más rápido, Juan acelera el ritmo, la vagina y el culo de mi esposa se adaptan.

    Comienza a moverse con frenesí, la sensación de la doble penetración la consume por completo. Sus ojos se abren, la respiración se convierte en jadeos, su cara se pone roja de placer, es evidente que no aguanta más. Martha, se encontraba a un costado de la cama, no podía dejar de masturbarse al ver la escena.

    El cuerpo de Miriam se convulsiona mientras alcanza un nuevo y abrumador orgasmo. Sus piernas tiemblan incontrolablemente y jadea entre las embestidas rítmicas de Juan y Mario. ¡Les pide que paren!, Ellos continúan unos minutos más, sus súplicas resuenan en la habitación, Juan y Mario, aunque están ansiosos por continuar, respetan su necesidad de un breve respiro, Ambos retiran lentamente sus penes, la polla de Mario brillando con sus jugos y la polla de Juan aun palpitando por el esfuerzo.

    Martha, ya se encontraba bastante lubricada, se coloca en la posición que acaba de abandonar Miriam. Entre su esposo y su hijo. Juan, que no pierde el ritmo, le introduce su pene en el culo con un movimiento fluido y experto, demostrando la práctica que han tenido como familia en la doble penetración. Mario, se mantiene en la posición inferior, introduce su pene en la vagina, continuando el ritmo que Juan ha impuesto. Los tres se mueven al unísono, creando un espectáculo de lujuria y depravación que se refleja en el espejo que cubre la pared.

    Por instinto de protección me acerqué a Miriam, para preguntarle como se sentía ya que la vi bastante descompuesta después de zafarse de la brocheta en la que la tenían Juan y su hijo, está en el otro extremo de la cama recostada, su piel brillando por el sudor y la excitación, su rostro enrojecido y la mirada vidriosa por el exceso de placer. Su vagina y ano, aun abiertos por la reciente penetración, palpitan suavemente al ritmo de su respiración jadeante. Los gemidos de Martha y los gruñidos de Juan y Mario se intensifican, y pude ver que la escena es aún más salvaje que la anterior. Los movimientos de Martha se hacen más bruscos y su respiración más agitada, demostrando que se acerca a su propio clímax.

    Mi esposa, me mira y me sonríe, “¿Te gusto lo que viste?” Me dijo entre jadeos. Le devuelvo la sonrisa y le acaricio la cara. Mi pene duro, apuntando directo a su rostro, la invito a que me lo chupe.

    Sin pensarlo agarro mi miembro con sus manos y lo acerco a su boca, por mi parte comienzo a moverlo lentamente, su boca se abre, saca la lengua y lo recorre y se lo introduce hasta la garganta, la sensación era de alivio y excitación, los gemidos de Martha aumentaban, la voz de Mario gritándole obscenidades a su madre y a Juan pegándole nalgadas mientras le perforaba el culo me erizo la piel, estuve a punto de venirme en la boca de mi esposa. que seguía chupando lamiendo mi pene con calma, parecía en otro lugar ajena a lo que ocurría a menos de un metro de nosotros, por momentos tenía espasmos y escalofríos, estaba aún en shock, a ciencia cierta no definía si era por lo que acababa de recibir o porque ya estaba lista para otra sesión de penetraciones.

    Miriam se da cuenta que para mí es imposible dejar de ver al trio unido y envuelto en una masa de cuerpos en donde ella estuvo minutos antes y sin dejar de masturbarme decide unirse y acompañarme en el deleite voyerista.

    Abrió las piernas, sentí el estremecimiento que recorría su cuerpo, su coño seguía palpitando, lo toque y estaba resbaladizo, su mano se unió a la mía y empezó a jugar con su clítoris hinchado apretándolo con dos dedos, soltó el aire y jadeo “Míralos…” Susurro con la voz cargada de lujuria “Son como animales en celo” Deslizo un dedo en su coño y tuvo nuevos espasmos, las sensaciones que me transmitía a través de mi miembro ya sea por chupetones con la lengua o masajes con la mano aunado a nuestra complicidad de tantos años era como si yo fuese una extensión de su cuerpo, me transmitía totalmente sus sensaciones.

    Mi esposa a comenzó un mete y saca en su encharcada vagina sin dejar de ver al trio y sin dejar de jugar con mi miembro que cada vez estaba más cercano a soltar mi leche. Conozco muy bien a mi mujer, más allá de la emoción de ver al trio, a medida que la excitación volvía a apoderarse de ella. La idea de ser observada, de ser disfrutada, de estar tan expuesta era un afrodisíaco que corría por sus venas.

    Como si le leyeran la mente, Mario y Juan también la observaban. Cambiaron hábilmente de orificios, Martha, con los ojos vidriosos de placer, se sentó a horcajadas sobre Juan, su coño engullendo su gruesa polla. La visión de los abundantes pechos de Martha rebotando con cada embestida profunda era electrizante, Mario, sin apartar sus ojos de los de Miriam, se colocó detrás de su madre que gemía y comenzó a acariciar sus regordetas nalgas. Con una sonrisa diabólica, trazó una línea húmeda por la grieta de su culo, su dedo medio rodeó su agujero fruncido. La anticipación era exquisita, todo su cuerpo temblaba de necesidad al sentir la punta de su erección empujar contra su apretado anillo.

    La presión crecía a medida que él empujaba, centímetro a centímetro, llenándola con su circunferencia mientras Juan continuaba golpeando su coño. La doble sensación era demasiado para Martha que no dejaba de gritar de placer.

    Mi esposa continúo tocándose y masturbándome acariciando mis testículos llenos, su boca apretando mi pene, su garganta tragando cada centímetro que podía, la escena que se veía en el espejo la ponía cada vez más húmeda y caliente. Martha se encontraba encima de Juan, sus senos rebotando al ritmo de la embestida, gritando de placer mientras su hijo le daba de nalgadas metiéndole profundamente la polla en el ano.

    A medida que el trío en la cama alcanzaba su crescendo, Miriam se metía los dedos en el coño con desesperación.

    “Me parece que tu mujer está lista para otra ración de vergas Miguel” opino Mario acelerando los embates en el culo de su madre.

    Mi mujer al escucharlo se inclinó hacia Mario, su cuerpo suplicando que la liberara, sus ojos suplicándole que le diera lo que necesitaba. Él lo entendió, y con un rápido movimiento, se separó del culo de su madre, me arrebato nuevamente a mi esposa, se limpió brevemente con una toalla húmeda y hundió su polla hasta el fondo de la encharcada vagina de mi esposa. El rictus en la cara de Myriam era indescriptible, el calor de su polla la estiraba mientras la polla de Juan continuaba llenando el coño de Martha. Los gemidos de los hombres se fundían con los gritos de las mujeres, el olor a sexo era embriagador, el calor de sus cuerpos era palpable en el ambiente.

    Continuará en breve.

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