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  • Desnuda en la universidad y casi fui atrapada

    Desnuda en la universidad y casi fui atrapada

    Mi nombre es Helen y está historia paso cuando tenía 22 años y estaba terminando la universidad, ya hace un tiempo que yo hacía seguido cosas como desnudarme en público aunque siempre era de noche o en lugares donde sabía que no sería atrapada. Solo que está vez de verdad tuve muchas ganas y terminé desnuda en mi universidad casi siendo vista mis compañeros y profesor.

    Normalmente salgo a las 2 de la tarde de la universidad pero aquel día el profesor que era conocido por ser algo holgazán nos decidió sacar 30 minutos antes y así varios de mis compañeros solo se fueron a casa mientras que yo fui a los baños del piso de arriba ya que no son muy usados y quise quitarme algo de estrés.

    Rápidamente me quité las bragas y la metí a mi mochila para comenzar a tocarme, tenía la puerta abierta pero yo podía escuchar perfectamente si alguien venía.

    Tenía la falda abajo y tan pronto escuché pasos solo la subí y hice como si saliera del baño pasando junto a una compañera, salí del baño algo frustrada pies quería terminar y irme a casa pero ahí mismo solo vi como las luces se apagaron, se había ido la luz y aunque no estaba oscuro si faltaba iluminación.

    Ahí mi compañera sale del baño y se despide. Yo me quedé parada pensando pues la idea de quitarme más ropa había surgido.

    Sin más desabroché mi falda ahí mismo y la dejé caer. Mi culo y mi vagina estaban expuestos pero luego pensé más y di unos pasos hacia atrás para llegar a unas escaleras que son la salida de emergencia del segundo piso, ahí nadie me vería a mi ser que quisieran bajar y no hay razones para hacerlo. Estando ahí deje mi falda en los escalones y me quite la camisa del uniforme, luego el sostén y finalmente mis zapatos.

    Sentía el piso frío y estaba muy nerviosa, comencé a temblar un poco y no dejaba de pensar en que pasaría si me vieran pero tampoco lo creía muy posible, o al menos eso pensaba hasta que escuché pasos y rápido trate de ponerme la camisa y la falda aunque sea, al final escuché a un grupo y reconocí sus voces como 4 compañeros míos 3 siendo hombres y todos hablaban sobre ir de compras al salir pero también de como se la iban a pasar en una fiesta de la que no tenía idea ya que no vivía en esa ciudad, solo iba por la universidad.

    Escuché como uno hablo sobre invitar a más mujeres del salón de clase para ligar con el ambiente e incluso otro hablo sobre querer tener sexo con una compañera que ya tiene novio.

    La chica del grupito hablo también de que si iba ya había pensado usar algo ajustado para llamar la atención y ahí solo escuche 2 palmadas y a los chicos diciendo que ella ya llamaba suficiente la atención, claramente la habían dado nalgadas pero habían sido 2 y ella hasta parecía alegre.

    De ahí solo se fueron después de que uno pasara al baño pero ya no hablaron de nada interesante.

    Yo salí de mi escondite y ya viendo que era la 1:48 decidí terminar lo que comencé y me volví a quitar todo ahora ya estando arriba de las escaleras y en una zona donde sería descubierta si alguien llegara. Decidí poner mi celular en una pared y desde ahí tomé video y algunas fotos mías estando ahí parada y encuerada en la uni.

    Ahí mismo decidí entrar a una oficina que estaba desocupada y no tenía función, pero estaba prácticamente abierta a la vista pues sus paredes eran de cristal por toda la mitad superior.

    Había una silla y yo me senté para subir las piernas en el escritorio y seguir masturbándome aun con el celular grabándome. Debo ser sincera y decir que estando así sentada y con las piernas encima decidí tomar algunas fotos de mis pies pues en aquel momento yo ganaba algo de dinero con ellos, a la gente le gustaban las suelas de mis pies y mis piernas en general. Era sexy que mis fotos se tomarán en lugares públicos.

    Ya demasiado caliente no tarde mucho en finalmente correrme y me quedé ahí un momentico hasta que escuché una puerta y era mi profesor que apenas estaba saliendo de mi salón, lo veía al final del pasillo y yo no sabía que el seguía ahí, me hice hacia atrás como escurriéndome por la silla para no ser vista pero al bajar las piernas moví algo que sonó fuerte y rápido me metí bajo el escritorio.

    Me asusté mucho al escuchar pasos hacia mí dirección y yo ya estaba pensando en que decir, quizá habría arruinado mis años de estudio o quizá habría sido buena idea tratar de seducir al profe y me salvaría aunque tendría que cogérmelo pero nada de eso, el solo abrió otro salón que ya estaba vacío para esas horas y que estaba al final de otro pasillo, aun así el paso junto a mi y solo una pared lo separó de verme desnuda.

    Quizá pensó que el ruido había venido de ese salón y finalmente solo se fue.

    Ya eran casi las 2 y solo quedaban 3 minutos yo corrí rápido por mi ropa pero no me la puse y corrí así por el pasillo hasta meterme en el salón donde había abierto mi profesor. Me metí y encendí la luz, obvio seguí tocándome pero me senté sobre el escritorio.

    Tenía las piernas abiertas y levantadas mientras me masturbaba en un salón de clase. Cuando finalmente terminé un chorro cayó al suelo y obvio puse mi celular a grabar en una de las sillas.

    Lo próximo que hice fue ponerme frente al pizarrón como profesora y tomarme unas fotos como si la profesora estuviera desnuda dando su clase. Hice algunas poses sexta y guardé mi celular.

    Ya eran más de las 2 y escuchaba algunas voces a lo lejos pero yo aun así volví a pasar desnuda por ese pasillo y al asomarme vi a varios alumnos pasar hacia el piso inferior sin saber que una chica estaba haciendo sus cochinadas al otro lado. Obvio me toqué un poco y cuando dejaron de salir espera un poco y ahí volví pasar el pasillo desnuda, y estaba por entrar a mi salón para quizá tomar otras fotos y finalmente vestirme pero me dio un escalofrío cuando por la ventana del salón vi a un compañero aún sentado, era un chico que tenía autismo y todos lo queríamos mucho ya que era una gran persona. Él tenía la cabeza en su celular y si no hubiera sido así me habría visto mínimo las tetas.

    Yo corrí por dónde volví para vestirme en las escaleras o en la oficina de antes pero en el paso mire hacia arriba y Vi la cámara, estaba ahí apuntándome directamente mientras estaba sin una sola prenda, ni siquiera las calcetas, ni un collar ni nada. Yo bajé la cabeza sabiendo que eso era muy grave pero luego recordé… no había luz. Así me volvió el alma al cuerpo y me vestí para ver luego la cámara y efectivamente estaba apagada.

    Salí de mi escuela unos minutos después pero nadie me dijo nada, y llegando a casa obvio le conté a mi hermano mientras nos tocamos.

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  • No se debe apostar si no es sobre seguro

    No se debe apostar si no es sobre seguro

    Estaba tomando una copa esperando una mesa y por el espejo la vi y cruzamos la mirada un instante se trataba de una mujer preciosa a la que el metre acompañó hasta una mesa cercana y un tipo que había un poco más allá comentó.

    -Esta buena la jodía.

    -Sí, es una dama muy bella.

    -¿Te gustaría llevártela a la cama?

    -Perdone pero no creo que debamos hablar así de una mujer a la que no conocemos o al menos es mi forma de pensar.

    -Veo que estás solo y no parece que esperes a nadie y me da la sensación que estabas pensando en algo cuando te he interrumpido y por cierto me llamó Miguel.

    -Yo soy Erik y tienes razón no espero a nadie y pensaba en cómo encontraré los sitios que no he visto en los últimos tiempos, he estado fuera seis años.

    -Bueno pues bienvenido y volviendo a esa guapa ¿te gusta? se sinceró.

    -Sí, me gusta pero me parece que espera a alguien para comer porque no han retirado el segundo cubierto.

    -¿Sueles apostar? yo lo hago continuamente pero no soy jugador es más bien el juego por el juego.

    -Alguna vez pero no me considero ni jugador ni afortunado en el juego pero puedes decirme en que has pensado.

    -Come con mi esposa pasea con ella que te muestre la ciudad ya que has estado fuera después cenáis y llévala a bailar y si no regresa a nuestra habitación hasta mañana has ganado tú y naturalmente el premio es haber pasado la noche con ella.

    -¿Y si me pide después de bailar que la lleve de vuelta a su habitación?

    -Pues pagarás las copas mañana y mientras, me contaras como ha resultado la velada.

    -No sé qué decir, no tiene la culpa de que juguemos con ella.

    -Tranquilo porque sé que eres un caballero y no la harás sentir violenta, vamos y os presentaré.

    Nos acercamos a la mesa y Miguel besó a la mujer en la frente y dijo sonriendo.

    -Ana, este es Erik y te acompañará esta tarde noche porque estoy un poco cansado y no me apetece rondar por aquí, pediré que me suban algo para comer pasaré la tarde tranquilo y por la noche cenaré algo y me acostaré, pasad una agradable velada.

    Me estrechó la mano y le vimos marchar.

    Me disculpé con la intención de dejarla tranquila.

    -Le pido disculpas, no debí aceptar el venir aquí a imponerle mi compañía, le deseo que pase una buena tarde.

    -No te vayas por favor siéntate y al menos come conmigo, me molesta estar sola en un restaurante donde algunos no hacen otra cosa que juzgar a los demás sin tener ni idea.

    Me senté frente a ella y su mirada era cautivadora y sus palabras sonaban sinceras.

    -¿Qué te apetece comer? Aquí tienen una carta muy variada.

    -Pida por los dos por favor, hace años que vivo fuera y prefiero que me sorprenda.

    -Lo primero es que me tutees de otro modo pareceremos un par de desconocidos.

    Reí la ocurrencia y respondí.

    -Tienes razón.

    Miro la carta unos instantes y levanto la mirada por encima de mi cabeza y apareció una chica que tomó nota y desapareció.

    -Cuéntame algo de ti aunque sé que eres un caballero de otro modo no estarías en el local porque Miguel es como es, seguro que lo primero que te ha dicho al verme aparecer habrá sido alguna grosería en referencia a mi persona o vestimenta y por fortuna para todos habrás respondido como lo que eres, un verdadero caballero.

    -La verdad es que me gusta lo bello pero no necesito decir en voz alta lo evidente.

    -Muchas gracias pero no hablemos más de Miguel y tratemos de pasar un tiempo agradable.

    Calló a la espera de que le contara algo sobre mí.

    -Nací me crie estudie y viví aquí hasta los veintisiete años me fui a Estados Unidos y llevo allí desde entonces y en estos seis años no he regresado hasta ahora.

    -Pues debe ser importante lo que te ha traído porque parece que mencionarlo te ha entristecido.

    -Vengo por una boda y la verdad es que al decirlo en voz alta me pareció más real.

    -Ya veo ¿alguien importante para ti? Debe serlo si has venido de tan lejos para asistir.

    -Pues lo cierto es que no debería asistir pero quiero estar cerca para poder cerrar de una vez ese capítulo oscuro de mi vida que tanto ha influido en ella y que me empujó hasta Los Ángeles en California donde sí tengo amigos porque aquí no me queda ninguno y es por lo que vine a comer aquí, lejos de donde encontrarme por casualidad con algún antiguo conocido.

    En ese momento llegó la cena y cuando la camarera se retiró Ana me sonrió mostrando esos graciosos hoyuelos que se le forman en las mejillas y comentó.

    -Pero aquí estas por suerte para mí.

    -Honor que tú me haces.

    -Si no piensas asistir a la boda ¿a qué has venido?

    -Quiero cerciorarme de que se cierra el círculo, que realmente ha concluido la historia.

    Quedo en silencio a la espera de una explicación.

    Después de tres años viviendo juntos hablamos de abrir la pareja y Olga a pesar de que siempre fue una mujer empoderada no quiso y su argumento principal era el miedo a qué me enamorase de otra pues aunque jamás le di motivos el simple hecho de proponerlo era suficiente para pensar en ese riesgo que no quería asumir y después de hablarlo unas cuantas veces aparqué el tema definitivamente pues lo cierto es que vivíamos muy bien, nos entendíamos perfectamente en todos los aspectos y dos años después de dejar el tema acorté un viaje y llegue a casa un día antes de lo previsto y me presente en casa con un ramo de flores, no era ni suelo ser detallista y sabía que la sorprendería pero el sorprendido fui yo pues la encontré en la cama con dos de nuestros amigos y me quedé en la puerta con el ramo en la mano escuchando estas palabras que tengo grabadas a fuego.

    Hola Erik, esto es porque llevo tiempo preparándome para sorprenderte, cuándo dejaste de hablarme de abrir la pareja lo comente con Raúl y me hizo ver que era una buena forma de estrechar los lazos como pareja y como tú no insististe supuse que no habría problema si vencía mis reticencias y como ves ya lo he superado, ven y únete a la fiesta.

    Salí de la casa y me quedé en la terraza del bar de enfrente y cuando vi que “mis amigos” se fueron entré en la casa dispuesto a escuchar.

    En este tiempo he descubierto el poliamor y estoy con Raúl y Alonso pero quiero que entiendas que no he dejado de amarte.

    -¿Cuándo empezó?

    -Un par de semanas después de nuestra última charla sobre el tema y en estos dos años he aprendido mucho de los dos y lo habrás notado en que cada vez soy más activa en la cama y es gracias a ellos que me han ayudado a ser mejor amante.

    Sin responder metí algunas cosas en una bolsa y me fui a casa de mi hermana, respondí a una oferta de trabajo en Los Ángeles y cuando obtuve el visado marché y allí he conocido gente estupenda y por casualidad supe que Olga se casaba pero no sé con quién y sin pensarlo tomé un vuelo y aquí estoy con lo puesto porque llegue esta mañana sin equipaje.

    -¿Piensas reventarles la boda?

    -No. No soy así, solo quiero saber quién o quiénes son los afortunados aunque lo que quiero es no tener motivos para volver a pensar en ella.

    Llegaron los postres y mientras los tomábamos Ana preguntó.

    -¿Tienes a alguien especial allí o en algún lugar?

    -No, a nadie especial como dices, sí que hay algunas amigas con las que salir de vez en cuando pero libres como yo y no en exclusiva.

    -Y solo por curiosidad ¿cuál era la apuesta esta vez?

    -Si conseguía que pasaras la noche fuera sin regresar a vuestra habitación pagaría las copas de mañana pero si regresabas antes del amanecer las pagaría yo.

    -Pero no se especificó que ganabas igual si estábamos jugando al parchís hasta el mediodía o que ganaba él aunque hubiéramos estado haciendo el amor hasta minutos antes del crepúsculo.

    -No, no se comentó nada en concreto pero en teoría ahora deberíamos ir a pasear después a cenar y luego a bailar y seguro que contaba con que nos enrollásemos.

    -Te contaré algo que lo aclara todo, desde que empezamos a salir me ha exhibido ante sus clientes, en reuniones sociales incluso me ha usado para acercarse a gentes más cultas que él pero el pasado martes empezó lo que considero el principio del fin, sucedió algo insólito en ésta misma mesa, nos disponíamos a cenar y vi que saludaba a alguien que apareció desde detrás mío y esto es lo que pasó.

    -Hola Javier ¿cómo estás? Hacía tiempo que no nos veíamos, siéntate cena con nosotros nos ponemos al día y conoces a Ana, esta belleza que puedes admirar.

    Le tendí la mano pero me sujetó por los hombros besándome en las mejillas rozando por accidente sus labios con los míos y al sentarse preguntó si me gustaban las joyas ya que no lucia ninguna pero lo pasé por alto aunque entendí después porqué Miguel me aconsejo mostrar el cuello desnudo.

    Y antes de los postres Miguel se disculpó aduciendo que esperaba una videoconferencia en la sede de uno de sus más estrechos colaboradores desde Japón recomendándole encarecidamente a Javier que cuidará de mí que me acompañara a bailar y como se alojaba también en el hotel cuando lo considerásemos oportuno me llevara de vuelta a nuestra habitación, desapareció sin esperar respuesta y después de tomar el postre Javier se puso en pie mostrando un estuche y colocado detrás de mí lo abrió mostrándome un bello collar de perlas, dejó el estuche frente a mí y cuando fue a colocarlo lo detuve diciendo.

    Soy alérgica a las perlas y a los manejos de su amigo Miguel y sepa que queda dispensado de acompañarme a ningún lugar, llamé a Miguel y le pedí que pasara a buscarme, no se enfadó o al menos no lo demostró y le quitó importancia al asunto pero al aparecer por aquí un tipo como tú, elegante culto prudente educado y atractivo ha visto tu potencial y su oportunidad, si paso la noche contigo porque me apetezca me tendrá en sus manos y la próxima vez que me ceda a otro tendré que aceptar, te aseguro que me encantaría pasar la noche contigo pero supongo que me entiendes.

    -Te entiendo perfectamente y te aseguro que me gustaría ayudarte pero es complicado intervenir en asuntos matrimoniales si no hay violencia física o psíquica.

    -Algo que tengo a mi favor es que no estamos legalmente casados al menos entre nosotros porque el si tiene esposa y algún hijo pero jamás los menciona.

    -¿Has pensando en dejarlo?

    Ana sonrió abrió su pequeño bolso y sin sacarlo me mostró el pasaporte apuntando. Lo renové hace unos meses sin tener previsto viajar pero ayer decidí dejarlo y marchar muy lejos, he movido todo mi capital a una cuenta que apenas empleaba de un pequeño banco regional y tengo tarjeta de crédito de ese banco.

    -Pues parece que lo tienes todo dispuesto.

    -Una última pregunta ¿piensas que vale la pena saber con quién se casa o prefieres pasar la noche juntos en algún lugar lejos de aquí?

    Me puse en pie la tendí la mano que tomó y caminamos juntos hacia la salida del restaurante y al pasar junto al metre le dijo.

    -Cárguelo a la habitación 332.

    -Naturalmente señora, que pasen buena tarde.

    Respondió el tipo con una mueca que pretendía esconder una sonrisa.

    Caminamos unos metros vi acercarse un taxi y lo paré.

    -¿Dónde vamos?

    -Al aeropuerto salidas internacionales.

    Por primera vez nos besamos y poco después comenté.

    -Supongo que tampoco llevas equipaje.

    -Acertaste ¿vamos a tu casa?

    -Si te parece bien si, está en Venice y se tarda en coche menos de quince minutos.

    -¿A qué hora llegaremos?

    -Pues si nos dejan embarcar entraremos en la que será tu casa de momento antes de las once de esta misma noche porque volamos a favor del día y no sufras por el idioma porque se habla más español que inglés.

    -No me preocupa nada estando contigo y menos aún el idioma, soy traductora jurada en España y la UE y trataré de ver si se puede convalidar para serlo también aquí.

    El taxista miró un par de veces por el retrovisor y preguntó.

    -¿Les importa si pongo música?

    -En absoluto. Respondió Ana comentando a continuación.

    -Quiero que me llames Sonia que es como me llamó en realidad, lo de Ana es algo que no merece explicación y mejor empleamos el tiempo en otras cosas.

    Continuamos el trayecto en silencio escuchando la emisora que selecciono el taxista y al llegar al mostrador mostramos los pasaportes compramos los billetes y unos minutos después nos hicieron pasar a una sala donde se hizo el último chequeo y al preguntar el motivo por el que no llevábamos equipaje respondí.

    -Como ve llegue ayer a buscarla y tampoco lleva nada porque mi esposa no llevará nada usado traído de España, lo comprara en Rodeo Drive y lo estrenará allí junto a mí.

    El funcionario nos miró sonrió y nos hizo pasar.

    -¿Esposa? Vas muy deprisa.

    -No lo tomes al pie de la letra, mira que pronto nos ha hecho pasar.

    Me abrazó por primera vez para murmurar junto a mi oído.

    -Gracias por ayudarme a escapar.

    -Un verdadero placer.

    Al iniciar el rodaje el avión dirigiéndose al principio de la pista Sonia me cogió la mano y no la soltó en las trece horas que duró el vuelo y poco antes de aterrizar el piloto anunció.

    La temperatura es de trece grados la humedad del setenta y ocho por ciento y gracias a un viento de cola desde que salimos de la península ibérica hemos ganado más de una hora y por tanto la estimada de llegada será las veintiuna treinta.

    -Antes de las diez estaremos en Venice y podremos comer algo antes de acostarnos y mañana ya veremos cómo nos organizamos aunque el jet-lag será importante al menos para mí que hace más de treinta horas que no cierro los ojos.

    -Yo velare tu sueño.

    Eran poco más de las diez y media cuando salíamos del restaurante y nos dirigimos a casa cogidos de la mano y al llegar a mi casa fuimos directamente a mi habitación me dejé caer en la cama y desperté a mediodía solo y desnudo en mi cama, me puse pantalón y camisa salí al salón escuché ruidos en la cocina y al asomarme vi a Sonia con un delantal frente al fogón y al acercarme se giró a mirarme y dijo.

    -El desayuno está listo.

    Había preparado tortitas y salido a comprar cruasán pan huevos y fruta.

    -Comamos porque tenemos tareas pendientes.

    Empezamos a comer con verdadero apetito y entonces pensé en su comentario y dije.

    -Es cierto, yo tengo lo que dejé aquí antes de marchar pero necesitamos comprar de todo para ti.

    Seguimos comiendo y al terminar dije.

    -Me calzo y nos vamos.

    -Eso puede esperar.

    Me cogió de la mano y tiro de mi camino de la habitación.

    Hicimos el amor hasta media tarde y después de reposar un poco se vistió con unos pantalones míos su blusa y un chaleco mío y para terminar una chaqueta para ir en moto y así vestida fuimos a comprar ropa para ella y al volver a casa comentó.

    -No quiero que cambies tus costumbres por mí y cuándo tengas que recibir alguna de tus amigas lo dices y desaparezco.

    -¿Acaso piensas que teniéndote cerca pensaré en otras? vamos a la habitación e intentaré explicártelo varias veces.

    © PobreCain

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  • Ella

    Ella

    Suspiré molesto, aún no sé cómo terminé accediendo a venir a esta estúpida fiesta alternativa tan famosa en redes sociales. La música está demasiado alta para mi gusto, y realmente por dónde lo mires, un asalariado panzón y cuarentón como yo no encaja para nada aquí.

    Le hice señas al barman, para que me atienda. Cuando se acerca tuve que hacer un gran esfuerzo para disimular mi confusión, ¿Era un hombre o una mujer?. En fin, pedí una cerveza bien fría y seguí escaneando el lugar.

    No fue muy difícil para mí notar que solo hay chicos y chicas jóvenes. Todos vestidos con arneses, ropa de látex y cadenas. Varios se estaban besando entre ellos e incluso se toqueteaban sin importarles nada.

    Sin querer, desvíe mi mirada hacia un hombre que estaba literalmente chupando la vagina a una mujer sentada en los taburetes más lejanos de donde yo estaba. Me estremezco y vuelvo a replantearme qué hago carajos aquí.

    Nervioso, tomé un sorbo de cerveza, fue entonces que la vi. Era “Ella”, pero desgraciadamente no estaba sola.

    Mi irritación se incrementó exponencialmente al ver qué estaba besándose indecentemente con esa otra joven, una rubia gorda y totalmente insulsa. Muy desagradable para mi gusto.

    En medio de su apasionado intercambio de saliva, “Ella” notó por fin mi presencia y me miró a los ojos con esa intensidad tan característica suya.

    Veo el hambre y el deseo crudo en su mirada. Por un momento, me perdí en mis pensamientos. Estaba absorto en los recuerdos de como “Ella” siempre dio la imagen de ser un dulce e inocente corderito. Una niña muy tranquila y ejemplar, quien se suponía que crecería para casarse con un hombre proveniente de una buena familia y ser una dama digna. Nada más lejos de la realidad.

    Decidí sostenerle la mirada, chocando con esos profundos ojos negros que parecen hechizarme cada vez mas y más. En una danza ardiente, en este maldito sin fin de deseo prohibido que tanto nos gusta a ambos. A veces me pregunto quién fue quien inició con esto, pero es realmente difícil saber incluso cuándo empezó todo. La única certeza aquí, es que, en una noche de verano hace aproximadamente cuatro años, el deseo nos venció y nos entregamos mutuamente al placer de entrelazar nuestros cuerpos por primera vez.

    Con un suspiro prolongado, vuelvo en mí y bebo un poco más de cerveza. Levantó el rostro y mi mirada se encontró nuevamente con la suya.

    Mi orgullo, mi sentido de superioridad, mi estatus social… todo queda reducido a cenizas cada que me enfrento con esos perversos ojos oscuros. Qué mirada tan terrible, seductora y provocativa, aún no doy crédito a qué exista una mujer así. “Ella” tiene absoluto control sobre mí y, es algo lamentablemente, el que lo sepa tan bien.

    La gorda notó el ardiente intercambio de miradas entre “Ella” y yo, y estúpidamente se aferra a su brazo buscando llamarle la atención al restregarle esas asquerosas tetas hechas con silicona barata. Que puta tan regalada.

    Fruncí el ceño ante esa escena y la observé a “Ella” sonreír con arrogancia. Molesto, decidí desviar mi mirada hacia cualquier otra parte, para evitar seguir viendo más de esa mierda.

    “Ella” sonreía altanera, claramente estaba disfrutando eso. Unos minutos después, se acercó con la rubia hasta la barra, donde casualmente me encontraba yo. Ambas se acomodaron a mi lado.

    Mierda. En ese momento, deseaba enojarme, putearla, decirle que no vuelva a mandarme más mensajes, simplemente deseaba odiarla… pero cuando “Ella” esboza esa maldita sonrisa. Suspiré. Dios… Cómo detesto no poder decirle nunca que no y sentir que mis mejillas se ruborizan, al mismo tiempo que mi pene se erecta debajo de mis pantalones, aprisionado por el aparato de castidad que “Ella” me obligó a usar.

    Aún después de tantos años no puedo creer que, con tan solo sentir su mirada arrogante sobre mi y ver esa estúpida sonrisita suya, hace que yo me ponga cachondo de esta manera. Incluso le permití ponerme un puto vibrador en el culo, y puedo sentir como “Ella” está jugando con el controlador, haciéndome jadear levemente.

    Y a pesar de todo esto, no puedo entender cómo es qué la deseo tanto, qué aún anhelo sentir sus besos hambrientos sobre mi piel y el tacto de sus suaves dedos en mi verga palpitante. La piel se me erizó al recordar algunas de nuestras tantas noches de pasión compartida.

    Salí de mi ensoñación cuando escuché un jadeo suave a mi lado, inconscientemente dirigí mi mirada, un tanto curiosa, hacia la fuente de aquel sonido.

    “Hija de puta”. Esa simple frase, llena de veneno, se escapó de mis labios en un áspero murmullo. Bajé la mirada, con el ceño fruncido, tratando de ignorar cómo “Ella” está metiendo la mano debajo de la pollera de la rubia.

    Mordí sutilmente mi labio con impotencia. Al ser de aluminio, la barra reflejaba la mirada petulante de “Ella” sobre mí. Sí, así es la cosa, “Ella” está gozando con mi miserable molestia y, mientras tanto, sigue metiéndole los dedos a la gorda puta esa.

    Mis propios dedos aprietan con bronca el vaso casi vacío de cerveza, cuando “Ella” sube la falda de la gorda asegurándose de que yo, desde mi posición, pudiese ver perfectamente como sus finos y expertos dedos, le acariciaban el clítoris, robándole varios gemidos a la rubia. Parecía que a ellas no les importaba el hecho de que yo estaba justo a su lado o que había muchas personas alrededor. Pero bueno, la música era tan fuerte que solo yo, que estaba literalmente a su lado, podía escuchar esos espantosos chillidos de cerdita.

    Suspiré nuevamente y tomé un sorbo de mi cerveza fría. “Ella” nunca perdió su sonrisa, salvó que ahora está lamiendo y mordiendo el cuello grasoso y sudado de la chica esa. Sus dedos ya están por debajo de la tanga de la gorda. Puedo ver cómo “Ella” bombea rítmicamente dentro de esa olorosa vagina, haciendo que le tiemblen las piernas a la «Miss Piggy».

    Quiero irme, ya no aguanto más de esta mierda. Me levanté de mi asiento, mi molestia ya era evidente y las intenciones de irme, para ponerle fin a ese juego tan enfermizo que estábamos jugando, también. Sin embargo, una fuerte vibración en mi ano me hizo gemir ruidosamente. Frene mi andar y mire conmocionado hacia todos lados, por suerte, nadie me escuchó. Y si lo hicieron, todos estaban demasiados borrachos y drogados para entender algo.

    “Ella” sonreía mostrándome el pequeño controlador del vibrador que tengo insertado en el culo. Me hace señas con su mano libre para que me acerque. Al igual que un perro obediente y fiel a su amo, fui hacia “Ella”.

    Note que la gorda había tenido su tan ansiado orgasmo, en la mano de “Ella”, quien retiró sus dedos de la vagina ajena. Se veían viscosos y húmedos, producto del orgasmo de la cerda rubia. “Ella” sonrió mostrándome los cuatro dedos sucios y no hicieron falta palabras.

    Conozco muy bien las intenciones perversas detrás de ese gesto. Me moví hasta llegar a su lado y guíe mi boca hacia esa mano impura. Chupando y lamiendo todo, hasta dejar completamente limpia de aquellos jugos ácidos y salados cada rincón de su mano. “Ella” sonrió y luego dejó a la rubia sentada en el taburete para acercarse a mí.

    —Buen chico, Jorge.

    Sonriéndome con una dulzura casi angelical, me acarició la cabeza cual perro.

    —Pagá la cuenta y nos vamos. Te voy a dejar en tú casa antes de que se despierte tú mujer para ir a trabajar.

    Por su tono de voz, me di cuenta de que “Ella” no iba a darme lugar a responder. Pagué mi cuenta y la de “Ella”, después salí del lugar y me subí al asiento de acompañante.

    “Ella” no dijo ni una palabra en todo el camino, yo tampoco hice un gran esfuerzo por hablar. Conmigo siempre fue una forra, egoísta, malcriada. Pero jamás pude recriminarle nada, puesto que, a sus ojos, yo no soy más que un inmoral hijo de puta. Pero no puedo evitar sentir placer en esto y, aunque lo niegues, “Ella” también lo siente.

    Antes de bajarme del auto, “Ella” me agarra del brazo, atrayéndome hacia su cuerpo, y ahí nomás, me encajó un tremendo beso.

    —Bajate.

    La miré confundida, sintiendo una mezcla de deseo, excitación y furia. Peto finalmente baje del auto, viendo cómo esa pendeja de 23 años me mira de forma sobradora, sabiendo que me tiene comiendo de la palma de su mano.

    —Nos vemos el domingo para el asadito familiar. Ah, y, papá… Déjale mis saludos a mamá.

    Sonríe de forma cínica, pero con una sensualidad irremplazable. Luego arrancó el auto y se fue en dirección a su casa, dónde la estaban esperando mi yerno junto a mi nieto.

    Suspiré, mientras me prendía un pucho y miraba a mi hija alejarse. El sonido de una puerta abriéndose llamó mi atención, haciendo que gire mi rostro para ver a mi señora asomándose. Tenía una sonrisa maternal y amorosa, se acercó a recibirme y preguntó cariñosamente por nuestra hija quien ya se encontraba a una cuadra de distancia. Mire a mi mujer y le indique que entrara a la casa, mientras yo miraba el coche de mi hija perdiéndose en el paisaje y jurando, nuevamente, guardar eternamente el secreto de nuestro amor.

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  • Mi esposa y yo sedujimos a mi hermano (final)

    Mi esposa y yo sedujimos a mi hermano (final)

    La siguiente ocasión que Linda y yo entramos en acción después de seducir a mi hermano, sucedió después de mes y medio aproximadamente, mismo tiempo en que la vida sexual de nosotros fue muy activa y explosiva porque no podíamos dejar de pensar y excitarnos con los recuerdos y comentarios de la primera vez que mi hermano Juan se había cogido a mi esposa.

    Nuestras conversaciones casi en un cien por ciento, eran en torno al asunto y nuestras sesiones de sexo se tornaron altamente satisfactorias y muy frecuentes, hubo llamadas telefónicas entre ellos dos y en una ocasión Linda le dijo a Juan “aquí hay alguien que te quiere saludar” y me entregó el teléfono. Cuando yo tomé la bocina para hablar con mi hermano, lo saludé y le comenté que ella andaba muy eufórica, (mientras, Linda me acariciaba la verga y me la ponía dura y sonreía con picardía) le dije que ella se acordaba mucho de él, que ¿qué le había hecho? El me dejó oír una risita algo nerviosa de su parte, y yo solo aguanté la situación y traté de guardar la compostura en la conversación con él.

    Después de algunos escuetos comentarios acerca de cosas triviales, nos despedimos con un “a ver cuando nos juntamos para asar una carne”, (cosa que se acostumbra mucho en las reuniones de todo tipo en nuestra región, lo cual tardó mucho en realizarse) luego linda tomó el teléfono nuevamente y se despidió de él, dando un beso en la bocina del aparato.

    Llamadas parecidas se dieron varias veces ya que ella le hablaba ocasionalmente a su trabajo donde mi hermano tiene un puesto relevante y siempre le contestaba la llamada o se reportaba. Después de la seducción inicial nunca le volvimos a llamar a su casa por temor a las sospechas de su esposa.

    En uno de estos telefonemas, concertaron otra cita en que tendrían otras relaciones sexuales en complicidad conmigo. La idea de ir a nuestra casa para estar con los dos, no le entraba todavía a Juan. Acordamos que fueran en un motel de paso que está en el lado norte de nuestra ciudad, nosotros vivimos en la zona centro y pensamos que por aquel rumbo no nos encontraríamos con personas conocidas. Era un martes y la hora la habíamos fijado a las seis y media de la tarde en el estacionamiento de un centro comercial muy grande que está frente a un hospital y tiene un restaurante con gente todo el día.

    Todo estaba muy bien planeado. Llegó la hora esperada, Linda se vistió algo provocativa y con ropa interior nueva y muy sugestiva para la ocasión. Yo la llevaría en mi pick up y la dejaría que se bajara para abordar el auto de Juan, sin que él y yo nos viéramos o saludáramos siquiera.

    Nos fuimos de casa encargando a los niños al cuidado de mi suegra que vive a unas cuantas casas de nosotros, con la instrucción de que cenaran temprano y se acostaran porque al día siguiente dos de ellos irían al jardín de niños. En el trayecto, mi esposa denotaba algo de nerviosismo, y yo, estaba emocionado pues era novedad todo lo que estaba sucediendo. Llegamos al estacionamiento y yo no veía el coche de Juan, nuestro pensamiento fue que se había arrepentido o se le había olvidado la hora de la cita o tal vez que no quedó claro el lugar de reunión.

    La realidad fue que en nuestra ansia y nerviosismo, llegamos unos diez minutos antes de la cita y se nos hicieron eternos, nos quedamos sentados platicando acerca de lo que podría pasar ya en la cama. Yo le recomendé que no hiciera cosas que no le gustaran o que no había hecho conmigo, que lo disfrutara al máximo, mientras; yo esperaría allí en el mismo lugar hasta que volvieran, pues no queríamos que mi suegra nos viera llegar por separado.

    Al fin en el retrovisor apareció su auto, se lo dije a Linda y nos dimos un beso antes de que bajara, se acercó al coche y subió, pude ver que le dio un beso en la mejilla y dije para mis adentros “que falsedad, quisiera ver lo que sucede en el cuarto del motel”. Estuve un buen rato en la camioneta pensando y extremadamente excitado, mi verga estaba toda mojada a punto de estallar a causa de mis pensamientos, miré para todos lados y me bajé el cierre del pantalón y la saqué, escurría mucho líquido lubricante.

    Siempre vigilante, comencé a masturbarme pues no aguantaba la calentura, estaba en eso cuando advertí la presencia de un guardia de seguridad del centro comercial que se acercaba, Maldito guardia, pensé, a buena hora te apareces por aquí, me guardé la verga y decidí salir de la camioneta y me dirigí al restaurante, pedí una cerveza y luego otra y otra mas, luego volví a la pick up con mis pensamientos todavía hasta el cien.

    Habían pasado dos y media horas desde que se fueron al motel, ya estaba yo desesperando, cuando logré ver el coche de Juan entrar al estacionamiento, se detuvo precisamente atrás de la camioneta y los ví besarse en la boca fugazmente como despedida, Juan dio la vuelta y se fue, linda llegó a mi lado dándome un beso muy apretado en la boca y le noté el aroma a semen, a esperma y le dije, “me trajiste lo que te encargué” y respondió, “vengo llenita”.

    El viaje de regreso a casa se me hizo eterno y Linda me dijo, “por donde empiezo”, por el principio, respondí.

    “Bueno” dijo mi esposa, “tu hermanito resultó ser todo un semental, cuando íbamos al motel, me acercó hacia él y comenzó a meter su mano derecha entre mis piernas, me hizo mi calzoncito a un lado y me acariciaba mi panochita, metía sus dedos y me tocaba el clítoris mientras que con su brazo me tocaba las tetas, yo le cogí la verga sobre la tela del pantalón y la traía durísima, así entramos al motel y nos dieron un cuarto, en el interior me abrazó y me apretaba las nalgas y las chiches con mucha desesperación, me besó mucho en la boca y el cuello y los hombros mientras me quitaba la ropa, yo sin dejar de acariciar su verga, le solté el cinturón y desabotoné el pantalón y lo dejé caer al piso y detrás del pantalón me fui yo, solo que derecho a mamarle la verga que tanto me gusta”.

    Mientras me narraba lo sucedido, me sacó la verga y la comenzó a masturbar muy lentamente, diciendo, “hoy se la observé y están mucho muy parecidas solo que la de él es un poca mas blanquita y gruesa” luego se inclinó y la mamó un rato para luego a insistencia mía, continuar el relato.

    “Fuimos a la cama y me acosté y él se fue encima de mí, sin dejar de acariciarme y besarme, me separó mas las piernas, y comenzó a metérmela, para entonces, dijo, yo ya estaba súper caliente y lo recibí con las piernas bien abiertas, luego me las levantó hasta sus hombros mirando por un buen rato, como su verga desaparecía en mi vagina” dijo que eso la excitó mucho y que tuvo su primer orgasmo, “en seguida me pidió que estando el acostado de espaldas, yo le mamara la verga pero con mis senos apretados contra su verga a ambos lados”.

    Eso le excitaba a mucho a él, ver a su cuñada abrazándole la verga con sus lindas chiches y mamándosela con mucho furor al mismo tiempo. (Mi esposa es una gran mamadora, pero esa manera no la conocíamos)

    Dijo que le descargó todo el semen en la boca y que algo le escurrió por las comisuras de sus labios, tomaron un respiro, besos, caricias, comentarios y otra vez.

    Ahora la acomodó en cuatro (como de a perrito) sobre la cama y se hincó detrás de ella, le besó las nalgas y acarició su raja peludita con sus dedos y enseguida le acomodó la verga entre los labios de su panocha para penetrarla desde atrás, dice Linda que se la introdujo muy adentro, que sentía su grosor como algo nuevo para ella y que sus nalgas estaban pegadas al vientre de mi hermano y que tomándola de sus amplias caderas le daba unas embestidas profundas y gemía de placer al observarse en el espejo de la pared, viendo como estaba penetrando a su caliente cuñada, ella también se miró en el espejo y sus miradas se encontraron.

    Y en corto tiempo, me dijo, que lo observó cuando juntándola lo mas que podía con sus manos temblorosas aferradas a ella, le descargaba toda la leche en su interior, se levantó al baño y solo se limpió con algo de agua y con papel higiénico por su exterior, y dijo, “aunque no lo creas me acordaba de ti”.

    Después de otro descanso, ella volvió a mamarle su verga hasta ponerla como roca y decidió cabalgarlo de nuevo, clavándose en aquella verga que parecía una estaca (así la describe Linda, aquí está a mi lado) haciéndolo eyacular nuevamente en su interior, porque las imágenes que reflejaba el espejo aumentaban su excitación.

    Dijo que él se duchó después para no despertar sospechas en su casa pero que ella no lo hizo, comentándole que ella no tenía nada que ocultarme a mí y que me excitaba mucho verle la vagina llena de semen. Nuevamente el me agradeció por medio de mi esposa, la apertura mía para el asunto y que todavía no podía asimilarlo y que se ponía muy nervioso al hablar conmigo. Yo dije ¿Cómo no se pone nervioso cuando te está metiendo la vergota? Y nos reímos mucho por el comentario.

    Llegamos a casa y apenas despedimos a mi suegra y mi esposa dijo, “se me hace que mamá te observó tu verga dura, se te nota sobre el pantalón. Pues ni modo, comenté sonriendo, quien le mandó tener una hija tan buenota y tan caliente.

    Enseguida nos desvestimos y la besé largamente en la boca, encontrándole aroma y sabor a semen, comencé a revisar su panocha, a ver sus labios de color rosado rojizo a causa de tantas metidas de verga y por supuesto, metiendo mis dedos para palpar la leche de la verga de mi hermano, Linda me observaba excitada, mientras yo “cuantificaba los daños” de aquella tormenta de leche.

    Acto seguido, como un recién nacido, comencé a mamarle su panochita mientras ella me decía, “¿te gusta lo que te traje mi amor? vengo bien cargada de la leche de tu hermano para ti, mete la lengua y saboréala, está muy rica”, mientras me agarraba fuertemente por la nuca para que no me apartara de su panocha inundada de semen.

    Luego de mamar todo el jugo de mi hermano, Linda, con susurros y palabras al oído acerca de lo acontecido, me impulsó para que la penetrara mas profundo. Me dijo, “cogimos y cogimos y cogimos no recuerdo cuantas veces en todas las posiciones, tu hermano es un comelón”.

    Tan calientes estábamos que hicimos las mismas posiciones que ellos habían hecho en el motel, mientras ella me decía “así me cogió tu hermano Juan, así me metió su vergota, así me llenó de leche” y cogimos muchas veces y acabamos exhaustos quedando dormidos, desnudos hasta ya entrada la mañana. Solo por orgullo me levanté me bañé y me fui a mi trabajo dejando a mi esposa en la cama para un merecido descanso.

    Me hice adicto al semen de mi hermano e igual que mi esposa, después de esta cogida hubo otras en las mismas circunstancias y gran mejoría en las relaciones entre Juan y yo. Posteriormente Linda nos juntó para platicar y planear una carnita asada en nuestra casa que les platicaré mas adelante.

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  • Dos amigos de mi marido me follan en la casa de la playa

    Dos amigos de mi marido me follan en la casa de la playa

    Esta es otra historia que me ocurrió este verano. Mi marido y yo tenemos un chalecito en la Costa Brava, donde pasamos parte del verano. En julio de este año, se empeñó en invitar a dos amigos suyos de la mili que estaban solteros. A mi, la verdad no me hacía mucha gracia, pero como la casa es suya, tenía que aceptarlo.

    Nosotros estábamos allí pasando el verano y ellos llegaron un viernes por la tarde. Uno se llamaba Andrés y otro Luis. Rondaban los 35 años. Andrés era bastante apuesto, alto y atlético, moreno de muy buen ver. Luis era más gordito y más bajo, pero muy simpático y sonriente y un poquito vacilón, cosa que a mí me agradaba mucho.

    Mi marido notó que a mí no me gustaba demasiado que vinieran y me pidió varias veces que fuese amable con ellos. Cuando llegaron, yo estaba vestida informalmente, con unos vaqueros muy cortos y muy bajos de talle, con lo que a nada que me agachase se me veía el tanga negro que llevaba. Luego llevaba una blusa anudada y bastante abierta que me dejaba un escote muy generoso, por supuesto sin sujetador, porque era verano y hacía calor.

    Entre lo que se me veía a través del escote y a través de la camisa, imaginaos. Enseguida noté sus miradas en mis tetas y en mi culo, sus sonrisas insinuantes y sus pequeños roces, cosa que me empezó a poner cachondona, por lo que disimuladamente me dejé desabrochado el botón del pantalón y aflojé el nudo de la blusa para enseñar un poquito más. Durante la cena les servía y aprovechaba para que me vieran las tetas y para pasar cerca de ellos y rozarles con ellas o con el culo.

    Después de cenar me quité el tanga y bajé un poco la bragueta para que pudieran adivinar mis pelos. Me senté enfrente de ellos para que al abrir mis piernas tuvieran una buena visión, pero esa noche no pasó nada. Nos fuimos a dormir, pero yo estaba tan caliente que no podía hacerlo y me levanté al salón. Llevaba puesto un camisoncito corto muy fino, sin ropa interior. No podía más y me empecé a masturbar pensando en ellos. Lo hacía con las dos manos, con las piernas muy separadas encima del sillón, tocándome el coño y el culo, chupándome los dedos y tocándome las tetas.

    Me había bajado las hombreras y las había sacado fuera para poder sobarlas mejor y tenía remangado el camisón hasta la cintura. Tuve un orgasmo muy rico y cuando me estaba recolocando la ropa vi a Andrés con un vaso de agua. ¡Hola! me dijo, – he ido a por un vaso de agua-. Yo le sonreí. No sé lo que vio, pero probablemente fue todo a juzgar por el bulto que se adivinaba bajo su calzoncillo, de esos justitos que marcan paquete. Nos fuimos a dormir. A la mañana siguiente fuimos a la playa. Me puse un biquini tanga blanco muy sexy y encima un vestidito a juego, muy corto y casi transparente.

    Cuando llegamos, mi marido y Luis se fueron a bucear. Andrés dijo que no le apetecía y yo me puse a tomar el sol. Al rato, me dijo que si quería que me pusiese crema, que tenía que cuidar mi piel tan bonita. Yo le sonreí y le dije que si, mientras que me acomodaba tumbada boca abajo y me desabrochaba la parte de arriba del biquini. Empezó a extenderme el protector con un masaje que me estaba poniendo a mil. Sus manos pasaban por los laterales de mis tetas, por mi cuello, y se acercaban peligrosamente a mi culo. Yo me dejaba hacer porque me estaba dando mucho placer.

    -¿Qué te pasaba anoche? -Me dijo

    -No podía dormir, le contesté

    -Yo tampoco, y después de lo que vi, menos, -me volvió a decir

    Entonces extendió crema en mis nalgas, sobándolas sin ningún disimulo. Yo ronroneé.

    -¡Que puta eres!

    Esas palabras me excitaron sobremanera, de forma que arqueé mi culo para que me lo sobara mejor. Cogió el bote de crema, retiró la cinta de mi tanga, echó un chorrito entre mis nalgas y empezó a extenderlo con sus dedos, recorriendo desde mi clítoris hasta mi ano. Me estaba dando un placer inmenso.

    -Esto si que te va a gustar, me decía.

    Nos colocamos de tal forma que tenía mi cabeza apoyada en su pierna, muy cerquita de su ingle. Su polla empezaba crecer, podía sentir su olor de lo cerca que la tenía de mi cara. A medida que crecía se aproximaba a mi boca. Si sacaba la lengua la lamía cosa que no pude evitar hacer mientras él me metía los dedos en el culo y en el coño que ya lo tenía chorreando y con la otra mano me tocaba los pezones. Me corrí como una loca justo antes de que llegaran mi marido y Luis. Enseguida se hizo la hora de comer y nos fuimos a casa. Antes, mientras recogíamos las cosas Andrés me dijo al oído:

    -Zorrita, ponte el vestidito sin nada debajo.

    Le obedecí. Así vestida me sentía medio desnuda pero esa sensación me encantaba. Mi marido ni se fijó, pero se me clareaban los pezones que los tenía tiesos como velas de lo excitada que estaba. En el coche de vuelta yo me senté atrás con Andrés, que se puso justo detrás de mi marido que conducía. Mientras marchábamos me iba sobando las piernas y levantándome el vestido cada vez más arriba, dejándome el coño casi al aire. De pronto me cogió la mano se sacó la polla y me hizo agarrársela. Con un leve gesto se dirigió a Luis que miró y me vio con el vestido remangado y haciéndole una paja a Andrés.

    -¿Ves?, le dijo. ¿No te lo decía yo? Luis soltó una carcajada cuando Andrés estaba a punto de correrse me dijo:

    -Mira lo que buscabas antes. Era un excusa para que me agachase y me metiese su polla en la boca.

    -¿Qué es? Dijo mi marido

    -Un pendiente, le respondió Andrés, que me había cogido de la nuca a la vez que fingía agacharse también para empujar mi cabeza y que no me pudiera sacar la polla de la boca.

    Se corrió llenándome de su leche caliente toda mi boca. Yo intentaba tragármela toda pero algo se me salía por la comisura de los labios que me limpié disimuladamente para que mi marido no se diese cuenta.

    Al llegar a casa empezamos a preparar la comida. Ellos se habían quedao en pantalón de deporte, de esos pequeños, de atletismo, con el torso al aire. En un momento en que mi marido estaba en la cocina y nosotros en el salón Andrés le dijo a Luis delante de mí:

    -¿No te decía que esta tía es un zorrón? Me ha hecho una mamada en el coche.

    -A mi me vas a hacer lo mismo me decía Luis, mientras me hacía agacharme delante de él y me restregaba el paquete por la cara.

    -Si, le decía yo, claro que si, ya verás.

    Yo iba y venía llevando cosas para poner la mesa mientras mi marido preparaba una paella en la cocina. Aprovechaba cualquier situación para agacharme y enseñarles el culo, o las tetas, y ellos para sobarme. Una vez casi nos pilla mi marido: yo estaba apoyada en la mesa, con el culo en pompa. Luis me había levantado el vestido y se había sacado la polla que había metido entre mis nalgas. De pronto entró mi marido y apenas tuvo tiempo de guardársela. Andrés soltó una carcajada y Luis se puso colorado, pero no pasó nada.

    En los postres, mi marido propuso ir de pesca. Tanto Andrés como Luis dijeron que estaban cansados y que preferían echarse la siesta. Mi marido les preguntó si les importaba que se fuera él a lo que respondieron que de ninguna manera, que hiciera lo que le apeteciera, que había confianza suficiente etc. etc., pero en realidad estaban deseando quedarse conmigo, y yo con ellos. Dijo que volvería sobre las siete. Cuando entraba de despedirlo, ya me estaban esperando con mirada de sátiros.

    -Sácate las tetas y ven a cuatro patas me ordenó Andrés.

    Me bajé los tirantes del vestido y me lo deslicé un poco para que me salieran las tetas. Al ponerme a cuatro patas quedaban colgando, y el vestido se me subía dejándome el culo al aire. Ellos se sacaron la polla. La de Andrés era normal pero la de Luis era muy gorda cosa que a mí me encanta.

    -Mira lo que tenemos para ti, guarra me decían.

    Yo iba despacito, relamiéndome sin quitar los ojos de la polla de Luis, bamboleando mis tetas y mi culo. Al llegar a la altura de Luis que estaba sentado en el sillón, puse mi cara entre sus piernas y empecé a lamerle desde los muslos hacia arriba, pasando por sus huevos, hasta su polla, que agarré con la mano y me la metí en la boca. Me cogió la cabeza con las dos manos y empezó a moverse metiendo y sacando su polla que yo atrapaba y acariciaba con los labios.

    Luego la sacó y la empezó a restregar por las tetas, empujándome los pezones con ella como si me los follara, mientras que en la mano tenía la polla de Andrés al que le estaba haciendo una paja lentita. A todo esto, ellos no paraban de decirme guarrerías, lo puta que era y lo que me gustaban sus pollas. Andrés se levantó y empezó a restregarme sus huevos y su polla por mi espalda, mientras me daba pequeños azotes en las nalgas, que acabaron rojas.

    -Te voy a dar por culo, me dijo. ¿Tu marido te lo folla?

    -No, le contesté

    Me separó las nalgas con las manos y me escupió dentro para llenármelo de saliva. Con su polla la extendió y poco a poco la fue metiendo dentro. Apenas me dolió, todo lo contrario, la sensación de placer fue inmensa. Sentir una polla en mi culo y el pollón de Luis otra vez en mi boca me enloquecía de placer, hasta que me corrí. Al rato cambiaron de posición.

    Ahora era el rabo de Luis el que me daba por culo. Era bastante mas gordo, pero como ya lo tenía dilatado tampoco me dolió. Andrés me hizo levantar y me la clavó en el coño. Ahora me follaban por los dos agujeros. Yo estaba sentada a horcajadas encima de Andrés que follaba mi coño, y por detrás Luis metía su enorme polla en mi culo. La sensación era tal que me volvía a correr y al verme, Andrés también lo hizo. Luis la saco de mi culo y me dijo:

    -Lo prometido es deuda. Me sentó en el sillón y se puso encima de mi. Metió su polla entre mis tetas primero y después me la volvió a meter en la boca, mientras me cogía las manos y me hacía agarrarle de las nalgas bombeándome en la boca hasta que se corrió. Echó tanta leche que me chorreó hasta las tetas que me quedaron empapadas. No dejaron que me limpiase.

    -Queremos que huelas nuestro semen durante toda la noche me dijeron. Y así fue.

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  • Compartiendo con mi padre

    Compartiendo con mi padre

    Mi esposa y yo habíamos tomado una decisión en cuanto a ser tres los que ocupáramos nuestra casa y el elegido para ello era nada menos que mi padre, ellos ya se habían entendido muy bien, al pasar un tiempo juntos, lo que motivó que decidiéramos compartir la casa y otras cosas con él.

    Así que pronto nos encontramos los tres viviendo bajo el mismo techo, no pasó mucho tiempo para que probáramos las mieles de tal convivencia.

    En una ocasión, ya estando instalado mi padre con nosotros, tomó una ducha antes de dormir, pero no quiso bañarse él solo, por lo que le pidió a mi esposa que le ayudara.

    Situándome cerca de la ventana que mira hacia el baño, pude ver como ella se desvestía para entrar en la regadera con él, fue algo que erizaba los cabellos por el morbo, pero a la vez era algo muy excitante, ver sus blancos pechos bamboleantes cuando se quitó el brasier, sus muslos carnosos rematados por una matita rasurada de vello rizado y su cuerpo bañado por el agua que salía de la regadera fue algo realmente hermoso y emocionante, pero el ver como tomaba el jabón y hacia espuma para luego empezar a limpiar el cuerpo de mi padre y recorrerlo hasta llegar a su pene, que se encontraba ya erecto, masajearlo, acariciarlo y empezar a estimularlo, es otro tipo de experiencia voyerista.

    Ella bien sabía como asear y bañar a una persona, pues los gemidos y expresiones de mi padre así lo demostraban. Después de un tiempo, los roles se cambiaron y él entonces pasó a ser quien enjabonaba el cuerpo de mi esposa, le llenó de espuma los pezones rosados, le lavó el deseado monte de venus, pero fue más allá en su tarea de limpieza, le hundía los dedos dentro de su vagina abriendo sus torneadas piernas, la volteó de modo que ella quedara de espaldas a él, para asearle con espuma su apretado culo, ella gemía y se retorcía extasiada, pronto dirigió la cabeza de su pene hacia el ano de mi esposa, para ensartarla y empezar cadenciosos movimientos.

    Ella: ¡Papá! Estás verdaderamente duro, dame más, trátame como tú quieras.

    Él: así te quería tener, tantas veces que imaginé tu lindo culo perforado por mi verga, toma todo para que quedes bien llena.

    Ella: ¡sigue papa, no pares! tienes una riquísima verga, igual a la de tu hijo, pero más gruesa, sigue, perfórame todita.

    Él: ¡mamacita con razón mi hijo se ve muy feliz, si te ha de dar unas cogiditas de antología! ¡comételo todo! ¿Así te lo hace él? ¿Cómo le gusta cogerte?

    El escuchar a mi padre hablarle así, preguntándole por mí me excitó grandemente.

    Yo seguía viendo y escuchando sus gemidos y el sonido de sus cuerpos chocar y lubricarse con el agua de la regadera. Ella entonces se agachó para quedar con el trasero a merced de mi padre y gritando estalló en un fuerte orgasmo. Descansó un momento y sentándose en el piso de la ducha, empezó a masturbar a mi padre, que no tardó en descargar su leche en su cara y pechos.

    Después la levantó y se asearon mutuamente, despacio y sin prisas, ella lo secó con una toalla y él la secó a ella, fue un momento muy erótico. Cuando yo me di cuenta, mi pene ya había descargado toda su blanquecina carga. Me metí al otro baño para limpiarme y cuando salí para ir a mi habitación la encontré a ella semidesnuda peinándose su larga y negra cabellera, la espalda desnuda y sus pechos apenas cubiertos por la toalla, sentada en la cama enseñando sus piernitas húmedas, fue una imagen difícil de olvidar, pero su rostro radiante, lleno de satisfacción fue lo que realmente me encantó.

    Le pregunté por mi padre y picaronamente me dijo que estaría durmiendo como un bebé, feliz y complacido, le dije que los había visto y escuchado y ella sonrió guiñándome un ojo, me dijo que sería bueno ahorrar agua y bañarnos los tres, que había pensado en actividades para que disfrutáramos los tres, como compartir sofá para ver películas, compartir la cama, salir los tres en fin muchas actividades.

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  • Tía y sobrino

    Tía y sobrino

    Mi hermano regresó a casa después de vivir cuatro años en el extranjero. Fue una alegría reencontrarme con él y con mi sobrino, que acababa de cumplir 18 años y ya era todo un hombre. Yo tengo 44, estoy casada, tengo una niña de la misma edad y por un momento pensé que tendría que cuidar a los chicos, porque ya se sabe que entre primos suelen suceder ciertas cosas… Lo que nunca imaginé fue que mi sobrino se interesara en mí y no en mi hija.

    Mi hermano Alberto, su esposa Susana y su hijo Rodrigo se quedaron un tiempo en mi casa hasta comprar una nueva para ellos. Fue el último verano, y pasábamos largas tardes en la piscina. En esos días descubrí que mi sobrino me miraba de una manera muy especial. Al principio creí que era sólo mi imaginación, pero terminé convencida de que no me sacaba los ojos de encima porque yo le atraía.

    Para una mujer de mi edad, ser la atracción de un joven tan guapo como Rodrigo no es poca cosa. Una a veces cree que ya no puede seducir a nadie, y no es así. De manera que empecé a prestar atención a sus miradas, y en cierto modo me divertía provocarlo (también me excitaba hacerlo, pero al principio no era muy consciente de ello). Todo esto sin que ni mi marido ni mi hermano se enteraran, era una especie de secreto que sólo mi sobrino y yo conocíamos, aunque no hubiéramos hablado del asunto.

    Hacía mucho calor, pasábamos el tiempo en la pileta, así que Susana y yo estábamos casi siempre en bikini listas para tirarnos al agua. A la noche me quitaba la parte superior del bikini y me ponía una blusa liviana que se transparentaba un poco, con un escote profundo. Disfrutaba viendo a Rodrigo que espiaba hacia mis pechos que se movían suaves, libres, y estoy segura que adivinaba mis pezones largos y oscuros marcando la tela.

    Otras veces yo me ponía una falda corta hasta la mitad de los muslos y me sentaba enfrente de él con las piernas ligeramente abiertas para que viera mis bragas. Durante la cena, cuando yo me ocupaba de la mesa llevando platos de aquí para allá, buscaba la ocasión para apoyarle mis pechos en la espalda (él sentado, esperando que yo le sirviera su plato). El chico estaba cada vez más entusiasmado, le costaba ocultarlo y empecé a temer que hiciera una locura de modo que dejé de provocarlo por un tiempo.

    Entonces una tarde sucedió algo que yo no me propuse. Estábamos jugando en la piscina, tirándonos al agua. En una de esas veces que me lancé al agua, se me quitó por accidente la parte superior del bikini y me quedó enredada en el cuello. Cuando salí del agua, sin darme cuenta, tenía los pechos al aire.

    En ese momento sólo Rodrigo y yo estábamos en la piscina. Él no podía quitar los ojos de mis senos y yo, con toda la paciencia del mundo, sin dejar de mirar a mi sobrino, volví a colocarme el bikini. Luego me arrojé otra vez al agua, como si nada. Se me pusieron los pezones durísimos por la excitación.

    Rodrigo me devolvió la jugada en forma descarada. Al día siguiente estábamos otra vez solos en la piscina, él se arrojó al agua y cuando salió tenía el pantalón de baño a la altura de las rodillas. No dije nada y me hice la distraída, pero pude verle claramente el pene. Lo tenía a medias erecto, la situación de estar prácticamente desnudo delante de mí lo excitaba, y me pareció hermoso. En plena erección debía ser una herramienta formidable.

    Descubrí que fantaseaba con mi sobrino tanto como él conmigo. Nunca habíamos hablado del tema, pero los dos lo sabíamos. Las miradas que intercambiábamos, que nadie más veía o comprendía, lo decían todo. Me halagaba que mirara mis pechos y mi trasero, y yo hacía lo mismo con su entrepierna. A veces él usaba pantaloncitos ajustados, que le marcaban el bulto, y no pocas veces se lo acariciaba con disimulo cuando yo dirigía mi vista hacia allí.

    Mi hermano y su esposa tuvieron que viajar de urgencia otra vez porque les surgió un problema, y nos preguntaron a mi marido y a mí si no teníamos problemas en que Rodrigo se quedara con nosotros unas semanas. Por supuesto, no hubo el menor inconveniente. Sentí que podía suceder algo entre mi sobrino y yo, la oportunidad se acercaba.

    Una tarde mi marido y mi hija se fueron al cine. Nos invitaron, pero Rodrigo dijo que se sentía enfermo y prefería quedarse en su habitación. Yo inventé otra excusa y también me quedé en la casa.

    Apenas mi marido y mi hija se fueron, Rodrigo me llamó a su habitación. Estaba en su cama, a medias cubierto por una sábana. Podía verle el pecho desnudo.

    —Tía, ¿me preparas un té por favor?

    —Claro, ¿qué sucede, te duele el estómago?

    —Sí, lo tengo como endurecido, mira.

    Me senté a su lado en la cama, de frente a él, con las piernas ligeramente entreabiertas, y le toqué el estómago por encima de la sábana. Lo noté normal. Mi sobrino tomó mi mano e hizo que la bajara.

    —Es un poco más abajo —me dijo.

    Bajé mi mano y descubrí que estaba muy duro pero no era su estómago, sino su verga. Rodrigo tenía una erección monumental.

    Dejé mi mano quieta, como si nada pasara y lo miré a los ojos. De pronto empecé a dudar. A todas luces era incorrecto hacer eso.

    —¿Crees que podrás hacer algo para que se me pase esto tía? —me preguntó Rodrigo.

    Yo estaba inmóvil, no podía siquiera hablar, con mi mano suavemente apoyada en su pene por sobre la sábana. Mi sobrino deslizó entonces su mano entre mis muslos, por debajo de mi falda, rápidamente llegó a mi entrepierna y apoyó un dedo sobre mi vagina, por encima de mis bragas.

    Empezó a mover su dedo con muchísima suavidad y rápidamente me di cuenta de que me excitaba. Era un placer sentir su carne dura y palpitante en mi mano, me transmitía toda la fuerza increíble de su calentura juvenil, mientras su dedo me acariciaba de esa manera. Abrí la boca, pero no me salieron palabras, solo un suspiro.

    —Quizá tú sientes algo parecido tía, y podemos curarnos juntos —me dijo Rodrigo.

    Cerré entonces mi mano sobre su verga, siempre por encima de la sábana, y empecé a masturbarlo. Suave al principio, rápido después. Yo miraba a la cara de Rodrigo, él cerró los ojos y gimió de placer. En apenas un minuto soltó un torrente de su savia, y creció una gran mancha en la sábana. Su excitación era enorme, no había resistido más.

    Me puse de pie, me bajé la falda que se me había subido al sentarme en la cama y salí de la habitación, aunque mi sobrino me pedía que no me fuera en ese momento.

    De pronto me descubrí pensando que todo aquello era una locura y quise olvidarme del tema. Fui al comedor y estaba ordenando la vajilla cuando llegó Rodrigo y me abrazó por detrás. Sentí claramente su verga, que estaba dura otra vez, apoyada con firmeza en mis nalgas por sobre la tela de la falda.

    Las manos de mi sobrino subieron hacia mis tetas, que estaban libres bajo la blusa, y se pegó más contra mí mientras me besaba la nuca. Giré hasta estar frente a él para decirle algo, pero me plantó un beso en la boca, profundo, largo, húmedo. Nuestras lenguas excitadas se entremezclaron.

    Rodrigo puso sus manos sobre mis hombros e hizo fuerza empujándome hacia abajo. Como en un sueño empecé a deslizarme hasta terminar de rodillas. Su verga quedó pegada a mis mejillas. Ahora podía verla bien. Era tan deseable… gruesa, firme, con una vena hinchada que la recorría a lo largo, la piel algo replegada dejaba al descubierto una cabeza abultada en forma de hongo. ¿Cuántas chicas la habrían disfrutado ya? No muchas, estaba segura. Mi sobrino no era virgen, pero tampoco tenía demasiada experiencia. ¿Cuántas veces habría sentido una boca de mujer comiéndose su virilidad con las ganas que yo tenía de comérmela, cuántas vaginas habría penetrado haciendo gritar de placer a la mujer debajo suyo, como yo quería sentirlo?

    Sin embargo, yo seguía paralizada. Como vio que no hacía nada, mi sobrino la tomó con su mano desde la base y me pasó la punta por mis labios cerrados, pintándomelos con el jugo de su excitación. Apenas abrí un poco la boca dio un fuerte empujón hacia delante y me clavó su lanza de carne hasta la garganta.

    Me dio una arcada, pero no se detuvo, era un chico algo salvaje. Tiró de mis cabellos con ambas manos mientras movía sus caderas obligándome a tragar más y más. Me estaba cogiendo la boca. Ahora era todo un hombre conquistando a su hembra, sometiéndola.

    Traté de detener su ritmo poniendo mis manos sobre su vientre para frenar sus embestidas e inicié una mamada más lenta, aunque igual de profunda. Quería disfrutar de esa verga maravillosa, saborearla con toda mi lengua, sentirla recorrer el interior de mi boca. Sólo se oían nuestros gemidos y el ruido que yo misma hacía con la succión. Tenía la boca llena de saliva que me corría por los bordes de la boca. Se la chupaba sin tocarla con las manos, mis dedos estaban ocupados porque con ellos me apretaba los pezones, los estiraba y retorcía. Mi calentura era tremenda.

    —Ahhh tía —dijo él con voz ronca— nunca me la habían chupado de esta manera. Qué boca tienes, eres una mujer mamadora increíble.

    Se la chupé largo rato, cada vez más entusiasmada. Me la saqué de la boca, se la pegué contra el vientre y le comí las bolas, una a una, delicadamente, pasándole la lengua primero y metiéndomelas de a una después. Las tenía duras, rebosantes de leche, aunque hacía apenas unos minutos había descargado una buena cantidad. Era un chico maravilloso. Se la mamé un rato más, como premio. Se lo merecía. Le di suaves chuponcitos y mordisquitos en la cabeza y me la comí entera, pegando mi nariz contra su vientre.

    Rodrigo me tomó por las axilas y me hizo subir, para apoyarme sentada en el borde de una mesa. Se arrodilló él ahora, subió mi falda, tiró de mis bragas hacia abajo y clavó su boca en mi vagina. Lancé un bramido de placer cuando me metió la lengua.

    Junto con su lengua me metió también dos dedos, y yo a mi vez me metí otros dos. Él pareció sorprenderse, se alejó un poco con los labios brillantes de mis jugos y me susurró:

    —Ábretela bien.

    Separé los labios mayores y metí los dedos índice y mayor de cada mano en mi concha, y la abrí todo lo que pude como me ordenaba.

    —Me enloquece ver tu agujero así de abierto tía —me dijo él con un suspiro— Creí que me gustaban las vaginas estrechas pero esta concha tuya es increíble. Mantenla así.

    Se puso entonces de pie, sujetando otra vez su verga como una lanza, y me la enterró con un solo movimiento. Sentí la cabeza y el tronco deslizarse dentro de mí hasta hacer tope en el útero. Sólo sus pelotas quedaron afuera. Lancé otro bramido.

    Mi sobrino me sujetó por las caderas, me clavó los dientes en las tetas y empezó a empujar con toda su potencia, metiéndome y sacándome su pedazo de carne dura sin piedad. A cada empellón se me escapaba un grito. Me estaba cogiendo sin piedad, la sentía llegar a fondo, salirse casi por completo y clavarse otra vez. Tuve la fantasía de que me llenaría de leche y me dejaría preñada.

    Rodrigo suavizó un poco sus empujones para no venirse. Yo para entonces tenía una cadena de orgasmos ininterrumpida, mis jugos me llegaban hasta los muslos y escuchaba el chas chas chas de su verga clavándose en mi concha inundada.

    Hubiera querido tirarlo al piso y montarlo, cabalgar sobre él con todas mis fuerzas, pero justo en ese momento lanzó su densa descarga dentro de mí. Lo hizo dando un alarido, clavándome su verga bien adentro. Sentí toda su leche caliente inundándome y volví a tener un orgasmo.

    Se retiró de a poco, y me dijo “tócate”. Obedecí. Llevé una mano a mi concha donde sus abundantes jugos se mezclaban con los míos. Tenía en los dedos una buena cantidad de una mezcla viscosa, casi transparente; ante su atenta mirada, me metí los dedos en la boca y me lo comí todo.

    Nos bañamos juntos. Bajo la ducha le hice otra mamada, muy tierna, larga, mirándolo a los ojos, y dejé que se viniera en mi boca. Pude saborear su leche, se la mostré en mi lengua antes de tragarla.

    Cuando mi marido y mi hija regresaron del cine, Rodrigo seguía en su cuarto simulando estar enfermo y yo tenía casi lista la cena. No sospecharon nada, ni siquiera mi marido notó algo raro cuando a la noche caí rendida en la cama y me dormí antes de decir una palabra. Aún guardaba el sabor del semen de mi sobrino en la boca, y la sensación de tener plantada su verga en mi entrepierna.

    Pasaron dos o tres días de tranquilidad. Yo tenía terror de que alguien descubriera algo, pero mi sobrino, despreocupado, seguía con el juego. Me miraba en forma lasciva y se acariciaba el bulto cada vez que podía delante de mí. Él quería más y por supuesto que yo también, pero no encontraba la ocasión.

    La suerte estuvo entonces de nuestro lado. Con mi marido tenemos una pequeña casa en un pueblito junto al mar, a tres horas de viaje. Un vecino nos llamó por teléfono para avisarnos que había ocurrido una tormenta muy fuerte que había provocado algunos destrozos en la casa, que debíamos ir a arreglar ese asunto.

    Mi marido no podía ir por su trabajo, mi hija tampoco porque estaba preparando un examen. De manera que me ofrecí a viajar yo, y por supuesto Rodrigo también se entusiasmó con la idea.

    Salimos al otro día bien temprano a la mañana en mi automóvil. Yo conducía; llevaba un vestidito corto, de verano, con un escote profundo, y Rodrigo se había puesto un pantaloncito corto y una camiseta sin mangas de jugador de básquet.

    Dejamos atrás nuestra ciudad y apenas estuvimos en la carretera, Rodrigo me pidió que lo dejara conducir el automóvil. Estuve de acuerdo. Me detuve a un costado y sin salir del vehículo me pasé al asiento del acompañante, de manera que quedé sentada sobre mi sobrino. Mi trasero quedó pegado a su bulto. Nos miramos con complicidad, yo me moví con sensualidad para excitarlo un poco; luego él tomó mi lugar en el sitio del conductor.

    Rodrigo manejaba, pero no dejaba de echarle miradas a mis piernas. El vestido era corto, además se me había subido y por mi posición en el asiento se me veían un poco las bragas. “Quítatelas”, me pidió él.

    Con un rápido movimiento me quité las bragas, giré un poco y me senté apoyada contra la puerta, de frente a mi sobrino. Separé mis piernas y con los dedos me abrí la concha como a él le gusta.

    —Oh tía, ese agujero que tienes… no sabes qué loco me vuelve…

    Volví a la posición original, mirando hacia el frente, estiré uno de mis brazos y empecé a acariciarle la verga. La otra mano la metí en mi vagina. Al rato estábamos tan calientes que me incliné sobre su entrepierna, le bajé el pantaloncito y empecé a mamársela.

    Mientras Rodrigo conducía por la carretera a toda velocidad, durante varios kilómetros, yo fui con su verga en la boca chupándosela. Me encantaba hacerlo, tenía una firmeza, un sabor, increíbles. Pasaron muchos otros automóviles, creo que algunos me vieron en esa posición. Cuando me di cuenta de que mi sobrino estaba por venirse me detuve, la expulsé tiernamente de mi boca y volví a sentarme.

    —Espera a que lleguemos —le dije.

    Por fin arribamos al pueblo y a nuestra casa de verano. Los destrozos no eran tan importantes como nos habían dicho, la reparación podía esperar. Frente a la puerta de la casa me temblaban las manos con las llaves hasta que finalmente pude abrir.

    Nada más entrar nos abrazamos como dos lianas y nos besamos. Rodrigo metió su lengua en mi boca, me alzó en andas como si fuésemos recién casados, me llevó hasta el dormitorio y me tiró en la cama boca arriba.

    Sólo se quitó el pantaloncito, subió mi falda, abrió mis piernas y me la clavó de un golpe con ese salvajismo que tanto disfrutábamos.

    Lancé un grito de placer. Era la primera vez que lo hacíamos en una cama y resultó fabuloso. Rodrigo bombeaba mientras me mordía las tetas por sobre el vestido.

    Luego se puso de rodillas sin sacármela, subió mi pierna derecha hasta apoyársela en su hombro y la derecha la mantuve sobre la cama. Así la concha me quedaba más abierta, como a él le gustaba. Se escuchaba el ruido de su penetración en mis jugos.

    Creí que se vendría rápidamente, pero a cambio de eso la sacó, me dio vuelta con suavidad y quedé completamente boca abajo. Se puso sobre mí, aplastándome con el peso de su cuerpo, y con una mano me abrió las nalgas. Con la otra guio su verga hasta apoyar la cabeza en el agujero de mi ano.

    —Despacio amor —le rogué— despacio hasta que me acostumbré.

    No me hizo caso. Empujó con fuerza y grité de dolor cuando me abrió el anillo del ano. Sentí cada centímetro de su carne abriéndose paso, avanzando sobre los pliegues de mi esfínter, mientras yo mordía las sábanas y clavaba mis uñas en ellas.

    Cuando entró hasta el fondo se quedó quieto un momento y me dijo al oído:

    —Tienes un culo tremendo tía, desde que te lo vi soñaba con el momento de rompértelo.

    Empezó a moverse, lentamente al principio, más rápido después. Al cabo de un rato el dolor desapareció y empecé a gozar de sus empujones.

    Me hizo alzar el culo en pompa, con la espalda quebrada y la cabeza sobre las sábanas. Él flexionó sus piernas y caía con fuerza sobre mí, manteniendo mis nalgas separadas todo lo que podía con sus manos.

    —Quiero abrirte el culo como tienes de abierta la concha —me dijo entre jadeos.

    Mientras yo me acariciaba el clítoris y gozaba más y más, mi sobrino estuvo largo rato dándome por atrás hasta que lo logró. Podía metérmela hasta el fondo, sacarla por completo y volvérmela a meter sin ningún esfuerzo. La tenía cada vez más dura.

    —Así, asííí —se entusiasmó— ahhh tía, si pudieras verte… tienes el agujero del culo completamente abierto, métete los dedos, siéntelo.

    Me toqué y quedé impresionada por estar tan dilatada. Tres dedos me entraron sin esfuerzo.

    —Me matas Rodrigo, me haces gozar como nadie —susurré.

    Con un alarido de placer, mi sobrino me echó gruesos chorros de esperma en las nalgas y la espalda y cayó a mi lado.

    Dormimos un rato para recuperar fuerzas. Nos despertó el ruido de la lluvia contra las ventanas. Llamé a mi marido, le mentí que la situación era más grave de lo que pensaba, que debía hacer muchas reparaciones y que regresaríamos recién al otro día.

    Rodrigo me propuso salir a caminar un poco bajo la lluvia. Las calles estaban desiertas, íbamos de la mano como dos enamorados. Mi vestido completamente mojado se transparentaba y se veía claramente que no llevaba nada debajo. Se me marcaban la redondez de las tetas, los pezones duros y oscuros y el escaso vello de mi entrepierna. Me sentía una niña otra vez.

    Mi sobrino me apoyó contra la pared de una casa y nos besamos larga y profundamente. Apoyó su verga contra mi entrepierna, era increíble, pero la tenía dura otra vez. La sacó allí, en plena calle, subió un poco mi falda y me la clavó.

    —Aquí no mi amor, pueden vernos —le dije.

    Pero él no se detuvo y me cogió de pie en plena calle, apoyada contra esa pared. Pasaron algunos automovilistas que se sorprendieron con la escena. Las piernas me temblaban, Rodrigo sacó una de mis tetas afuera y me mordió con fuerza el pezón hasta hacerme doler, sin dejar de mover sus caderas bombeándome verga. Ese chico me tenía todo el día mojada y con la concha estirada, deseando más y más de su carne dura.

    —Basta —le impuse, luchando contra mi calentura— Vamos a la casa, rápido.

    Corrimos bajo la lluvia y regresamos a la casa. Antes de seguir con el sexo tomé un baño, y luego Rodrigo hizo lo mismo. Mientras él estaba en la bañera me peiné, me puse otro vestido y lo esperé. Pero en eso tuve incontenibles deseos de ir a orinar. Y la casa tiene un solo baño.

    Entré, Rodrigo seguía en la tina.

    —No aguanto, tengo necesidad de orinar —le expliqué.

    Rodrigo me miró lascivamente y me dijo:

    —Méate sobre mi verga.

    Vacilé un poco, pero él me estiró la mano invitándome. Me quité el vestido, entré a la bañera, de pie frente a él, y cerré los ojos para concentrarme. Al fin el chorro me salió. Las primeras gotas cayeron sobre la verga de mi sobrino y empezó a masturbarse, pero después le mojé también el pecho. Entonces él se incorporó un poco y mi meada le cayó en pleno rostro. Cuando terminé me chupó la concha y se tomó las últimas gotas.

    —Ahora es mi turno —dijo.

    Se puso de pie, yo me acosté en la bañera y abrí mi vagina. Nunca había hecho algo así y no estaba segura de si me gustaría. Le salió un poderoso chorro de meada que fue directo a mi clítoris, luego lo dirigió a mi vientre, a mis tetas y a mi rostro. Yo no podía creer cuánto me calentaba aquello.

    —Trágate mi meada tía.

    Claro que sí, quería tragarme todo lo suyo. Abrí la boca al máximo, todo lo que pude y Rodrigo de pie frente a mí dirigió su chorro directo a mi garganta. No hacía tiempo a expulsarlo todo y tragué bastante mientras me masturbaba con mis dedos.

    —Tía eres fabulosa, la mujer más increíble —suspiró mi sobrino cuando terminó.

    Se inclinó sobre mí, tomó mi cabeza y me metió la verga en la boca. Movió sus caderas salvajemente, cogiéndome otra vez en forma oral. Yo quería eso y más, deseaba todo lo suyo.

    Me puso de pie, dándole la espalda. Apoyé mis manos contra las paredes del baño, inclinada en ángulo recto hacia delante. Rodrigo me la metió en la concha y en el culo alternativamente, en el agujero que dejaba libre de su verga metía sus dedos. Era increíble, su erección no terminaba nunca y mis orgasmos tampoco. Finalmente me puse de rodillas ante él para mamársela, y recibí con infinito placer la descarga de su leche cremosa en la boca.

    Esa larga noche me cogió varias veces más con los dedos y con la lengua mientras reponía fuerzas. El amanecer lo sorprendió encima de mí, otra vez con una erección, metiéndomela suavemente y comiéndose mis tetas hasta vaciarse en mi concha.

    A la mañana reparamos rápidamente todo lo que la tormenta había dañado y regresamos. Al tiempo sus padres volvieron de viaje, compraron otra casa en las cercanías y Rodrigo se fue con ellos. Ahora él tiene novia, pero igualmente de vez en cuando nos reencontramos para revivir esos días hermosos que pasamos juntos.

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  • Me estrenan el culo

    Me estrenan el culo

    En mi vecindario, había una estética atendida por un gay, siempre me cortaba ahí el cabello porque estaba cerca de mi casa y me gustaba como me dejaba el cabello. Nunca me paso por la cabeza lo que pasaría después.

    Entraba en mí una oleada de cambios, entre ellos mi despertar sexual, aunque me gustaban las mujeres, también me llamaban la atención los hombres, tanto fue mi curiosidad que decidí experimentar ese lado gay. Deseaba probar una verga.

    Un día como cualquier otro fui a cortarme el cabello, pero estaba decidido a coquetearle al estilista, todo transcurrió normal, platiqué con el de cosas simples como cualquier día, sobre el frio de la mañana, de su cachorrito que tenía, todo muy normal, no sabía cómo coquetearle sin que mi corazón latiera demasiado, estaba muy nervioso y frustrado pues no iba a conseguir mi objetivo, desesperado le dije que se veía muy guapo ese día, fríamente solo me dijo gracias.

    Mi cara se ruborizo demasiado, y decidí callarme, casi al terminar estaba dando los últimos tijerazos a mi corte, estaba a mi lado derecho y su paquete me quedaba al alcance, discretamente empecé a acercar mi mano, y lo empecé a sobar, le dije con la voz temblorosa y muy nerviosa, que quería chupárselo.

    Termino el corte y no dijo nada, me puse de pie y me acerqué a él quedando muy cerca de sus labios, le dije:

    -Me gustaría chuparte el pito, estoy muy cachondo.

    Se dio la vuelta me dijo:

    -Estás loco, estás muy joven para mí, eres muy joven -le dije que ya tenía 18 años y que de verdad tenía muchas ganas, él cerró su local por dentro y me dijo- pues si quieres chuparla tendrás que trabajarla para que se pare.

    Saco su pene flácido y yo hipnotizado por la situación me arrodille, lo tome con mi mano y empecé a saborearlo con la lengua, me lo metí a la boca y jugaba con mi lengua, me prendió mucho sentir como se iba poniendo dura y grande.

    Me tomo bruscamente del cabello y me empezó a follar la boca, me ahogaba, pero me excitaba mucho la forma ruda con la que me obligaba a mamárselo.

    Me puso de pie, me dio la vuelta y me empino sobre la pared, sentí su saliva caer por mi ano, seguida de sus dedos, no tuvo delicadeza al dejarme caer toda su verga dentro de mí, grite casi llorando de dolor, y le pedí que fuera más gentil. Me respondió que no me hiciera la apretada, que se veía que yo era muy zorra y me encantaba la verga.

    Con lágrimas de dolor le dije con voz quebrada que era mi primera vez, no le importo mucho pues me empezó a bombear con fuerza, me empezaba a acostumbrar a su imponente verga, pero seguía doliendo, ayudo mucho que empezó a manosearme de maneras muy morbosas, me apretaba mis pequeños senos de hombre, y me llamaba zorra,

    Toda esa situación me prendió demasiado que me corrí me agarre mi pene tratando de no tirar mi semen y no ensuciar mi ropa que estaba debajo de mí, pero el me obligo a comerlo, era mi primera vez comiendo semen y era un sabor muy agrio, que entumeció mi lengua.

    No me daba descanso y me follo como puta durante 20 minutos sin parar, hasta que me dio la embestida más fuerte y profunda que las demás, y sentí su caliente liquido de hombre recorrer mi ano, y escurrir por mis muslos, me dio una pequeña nalgada y me dijo que me fuera.

    Me vestí demasiado rápido no recordé ni limpiarme su semen que seguía escurriéndome las piernas, solo tomé mis cosas y me fui. No volví a verlo y a los pocos meses se fue de ese local, nunca supe su nombre, ni él el mío, solo me estreno el culo, y me corrió.

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  • Me tragué mi semen y el de mi cuñado

    Me tragué mi semen y el de mi cuñado

    Soy travesti de closet joven, nadie sabe mi secreto (o mejor dicho nadie sabía). Mi experiencia ocurrió una vez que usaron mi casa como bodega de ropas del grupo de teatro al que pertenece mi hermana. Como imaginarán yo me moría por usar las prendas femeninas.

    Esperé tener la casa sola y me puse las prendas más sexis: posé frente al espejo, actué como chica, disfruté cada vestido, las falda, peluca, etc., y hasta algo de maquillaje. Uno de esos vestidos era tan cortito, de color rosado con mangas holgadas, pero ajustado en la cintura, que me sentía super sexy como una chica prepago. Esa imagen me excitó tanto que me froté por encima y estaba tan caliente que no resistí la eyaculación y la recibí en mi mano para no ensuciar nada.

    Justo en ese momento escuché que alguien trataba de entrar al cuarto (aunque yo había cerrado por dentro), pero escuché que ese alguien estaba usando llaves. Entré en desesperación por mi aspecto y también por el semen en mi mano que no se me ocurrió nada mejor que tragarme mi propio semen: sentía cómo se deslizó ese líquido espeso y viscoso por mi garganta. Se abrió la puerta y resultó ser el novio de mi hermana. Lo primero que hizo fue reírse, pero al verme que prácticamente caí de rodillas para que cierre la puerta algo cambió en su rostro.

    Puso una expresión de confianza y poder mientras me miraba de arriba hacia abajo. Le dije que estaba buscando hacerle una broma a un amigo, pero no me creyó. Me dijo “peluca de rizos negros, labial, sombra, vestidito corto de putita… ¿qué dirían tus padres?”. Yo dije “nooo por favor, no digas nada”. Me dijo que siga arrodillada, sacó su verga y se sentó en un silla. Yo sabía lo que él quería así que fui directamente con los ojos cerrados de tanta vergüenza y me metí su verga en la boca.

    Lo mamaba suavemente y sentía como se iba poniendo dura y más grande. Seguí mamando hasta que la boca se me puso toda tibia y me dijo “me muestras la boca limpia cuñadita”. Entonces me tragué todo lo que tenía en la boca, su semen caliente combinado con mi saliva, y le mostré mi boquita vacía. Él solo levantó, tomó unas cosas del lugar y me dijo que será nuestro secreto o la pasaré mal. Se fue y yo me quedé procesando todo. Noté que su semen sabía mejor que el mío mientras me mordía los labios. Me dije “ya basta, cámbiate rápido”.

    Me cambié y dejé todo en orden. Pasaron unos minutos y me llegó un mensaje privado, esos que solo se pueden ver una vez. Era mi cuñado, decía “calladita o lo difundo”. En el vídeo estaba yo mamando su verga y mostrando mi boca y lengua después de tragar su semen. Quedé en shock. La única explicación que encontré fue que las gafas que él estaba usando son de esas que tienen una cámara en el centro ya que él es ciclista y le gusta filmar sus viajes. Le respondí “nunca diré nada, por favor borra eso”. Me dijo “no cuñadita, así me aseguro de recibir más mamadas en un futuro”.

    Luego de esa ocasión me hizo practicarle orales varias veces, especialmente en su auto, pero ya les contaré en un futuro más detalles.

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  • Una nueva etapa

    Una nueva etapa

    Reciban un saludo todas y todos. Mi nombre es Tomás y me considero una persona bastante sexual. Aunque ya se me empiezan a notar los años, a mis 45 todavía me conservo bastante bien. Soy de tez morena, y aunque no soy muy alto, lo compenso con habilidades reconocidas por mis ex compañeras en la cama.

    En esta etapa de mi vida me he ido alejando poco a poco de viejos prejuicios e inseguridades para abrir más mis horizontes sexuales. Experimentar sexualmente, y en particular un trío es algo que siempre me había parecido lo más excitante, y luego de varios años de verlo en películas porno, llevaba ya tiempo sintiendo que requería ver algo más real que ver un acto pagado en la pantalla de mi tableta.

    Les decía que afortunadamente me ha ido bien en la cama, pues tras mi divorcio tuve la oportunidad de conocer a varias chicas que me han dado buenos comentarios sobre mis aptitudes, lo que me ayudó a elevar la autoestima, que durante largos periodos en mi vida estuvo bastante baja. Para mi fortuna, las buenas valoraciones sobre el tamaño de mi verga siempre han sido una constante (mediana/grande pero muy habilidosa), y tras mi divorcio y verme de vuelta al ruedo, las buenas valoraciones continuaron producto de noches memorables de citas ocasionales: poco hablar y mucho coger.

    Así fue que, tras varias relaciones pasajeras, un día conocí a Valentina —mi pareja actual—por una app de citas. Y lo que empezó como todas las demás (tomando en algún bar y después buscar un motel para coger en la noche), con el paso del tiempo más bien fuimos conociéndonos y gustándonos, al grado que la cosa fue escalando y ya llevamos 4 años de pareja.

    Aunque Vale es más grande que yo —me lleva 4 años—es claro que ella es una de esas personas cuyo físico desafía al tiempo, pues como toda buena norteña mexicana, es más alta que yo, bastante guapa y preserva su figura con buena alimentación y ejercicio. Aunque no tiene pechos muy grandes, tiene unas piernas largas y muy bien torneadas, desarrolladas luego de varios años de gimnasia durante su juventud, (y actualmente con la bicicleta, que no deja nunca), lo que también le ha dado un culo firme y bien torneado.

    Pero lo que sin duda más atrae miradas sobre ella, es que es una de esas rarezas de piel morocha con ojos verdes, que combina con pelo castaño oscuro. Es común presenciar que tanto hombres como mujeres le digan “qué guapa eres, qué lindos ojos tienes…”. En esta etapa de mi vida, esos comentarios que escucho que le hacen, lejos de molestarme o darme celos, me halagan y me excitan muchísimo.

    Aunque Vale se ha encargado siempre de transmitirme la tranquilidad de serme fiel y ser cauta con esos comentarios, también me ha confesado que ha habido ocasiones en que se le han insinuado y ha sentido alguna conexión. Por eso cuando empecé a fantasear con la idea de proponerle experimentar algo diferente se presentaba como algo especial: además de atracción física e intelectual, hay muy buen sexo (el mejor que he tenido en pareja) y un amor creciente.

    Y es que debo compartirles que Vale ha resultado tener una personalidad especial: cordial y a veces hasta un poco seria con amigos o en eventos sociales, pero en la cama se desata y se entrega como pocas; y con alcohol, verdaderamente se vuelve una perra. Pese a ello, las conversaciones sobre experimentar siempre llegaban a un vacío:

    —Acepto que me ha pasado por la cabeza esa fantasía, pero no creo ser capaz de llevarla a la realidad. Realmente no sé qué piensas de mí y de nuestra relación cuando platicamos de esto Tomás —Me terminaba diciendo siempre, para mi frustración y desasosiego.

    Y así seguimos durante un muy buen tiempo, hasta que en una ocasión mi suerte fue diferente. Todo empezó cuando Vale y yo decidimos ir de último momento a la fiesta de cumpleaños de Dinorah, la hermana de un buen amigo de la universidad. Dinorah es 15 años menor que nosotros, una aspirante a actriz con un carisma muy particular y con un cuerpo cuya juventud se complementa con una atractiva figura —tan delgada como apetecible— y una actitud extrovertida. Dinorah era una chica atractiva pero inocente; de ese tipo de perfil que invita a ver varias veces por semana sus posts en Instagram.

    Ese día Vale iba muy bien vestida porque fuimos a cenar para celebrar nuestro aniversario, con un pantalón ajustado y un abrigo negro que cubría una blusa blanca y un sostén muy ligero. Salimos con varias copas encima, pero quisimos seguir la fiesta y no nos costó mucho animarnos a seguir la fiesta en el festejo de Dinorah.

    Cuando llegamos a la fiesta, fue muy fácil saber dónde estaba la festejada: Dinorah sencillamente se veía espectacular, con una minifalda que dejaba ver su delgada y bien formada figura, con botas negras.

    Cuando llegamos a felicitarla notamos que ya traía varias copas encima —igual que Vale y yo—. Al presentarle a Vale, me llevé una gran sorpresa, pues apenas la conoció Dinorah me dijo con desparpajo:

    —Oye qué guapa está tu novia, ¡te la quiero bajar! (lo que en mexicano implica intentar quitarte a tu pareja).

    Como niña detrás de un dulce —y ya barriendo algunas palabras—Dinorah no dudó un segundo en acercarse a Vale para expresarle su deseo:

    —¡Encantada de conocerte Vale! Como sabes hoy es mi cumpleaños, y como regalo, quiero un beso tuyo.

    Para mi sorpresa, ella solo se limitó a responderle con una de esas sonrisas sexys que le caracterizan:

    —Vaya jaja ¡pero qué muchacha tan atrevida!

    Dinorah se volteó de inmediato a verme:

    —¿Puedo Tomás? ¿Verdad que le das permiso de besarme?

    Usualmente soy de reflejos algo lentos para actuar rápido ante los juegos de seducción (confieso que por cada acierto logrado a lo largo de mi vida sexual, he tenido también varios yerros lamentables), pero esta vez actué con nervios de acero y proyectando total seguridad:

    —Pregúntale a ella. Es a ella a quien quieres besar. Yo no tengo ningún problema.

    Creo que en medio de la súbita propuesta, Vale agradeció esa afirmación y confianza de mi parte, por lo que sonrió nuevamente, y para mi sorpresa reaccionó muy tranquila:

    —está bien. Ven Dinorah.

    Dinorah no dudó un segundo en acercarse y darle un beso inocente. Apenas vi sus bocas rozarse, sentí un deseo descomunal y una sensación de haber logrado finalmente ver un poco de lo que tantas veces he fantaseado. Mi verga se puso al rojo vivo, pero seguí fingiendo estar perfectamente controlado.

    —¡Vamos, eso no es un beso! -les dije, tratando de disimular al máximo mi excitación.

    No necesité decir más para que Dinorah se volteara nuevamente para sacar su lengua y meterla en toda la cavidad de Vale, quien no dudó en regresarle el gesto con la sensualidad y refinada sensualidad que la caracteriza. Fue un beso tan caliente, que todos los que estaban cerca de la escena se paralizaron con cierto asombro y morbo para ver tan increíble espectáculo entre dos chicas atractivas.

    Cuando finalmente se separaron luego de unos segundos (que ojalá hubieran sido horas), Vale solo atinó a decir:

    —Bueno, pues ¡muchas felicidades Dinorah! Le sonrió nuevamente y tras una breve pausa, Dinorah le dio otro beso de despedida, para ir a perderse entre sus amigos y seguir festejando.

    Debí mostrar cierta compostura para que el espectáculo no molestara a nadie, y todo terminó como una fiesta cualquiera.

    Pero al otro día, no podía pensar en otra cosa más que en ese momento. Era la primera vez que finalmente lograba que mi pareja intimara con otra persona. Era una sensación de fascinación y deseo que no me dejaba pensar en otra cosa.

    En algún punto de la tarde, no pude más y me confesé con ella:

    —amor, debo decirte que lo que pasó ayer es lo más caliente que he visto. Tu beso me llenó de excitación y solamente de pensarlo se me para de nuevo.

    Sorprendentemente, esta vez escuché una respuesta bastante diferente que la de siempre:

    —la verdad que a mí también me gustó amor. El hecho de que fuera yo quien le dijera que sí podía besarme me hizo sentir empoderada. Además, Dinorah es una chica francamente atractiva.

    Ante esa respuesta, me animé y nuevamente le propuse:

    —Vale, sé que lo hemos hablado antes y me has expresado tu opinión. Quizá no lo he planteado bien amor, pero contigo siento esa seguridad de abrirme más a seguir explorando posibilidades como la de ayer.

    Ella, en un tono tranquilo me dijo:

    —Entiendo que en el pasado te dije que no me gustaría. Quizá porque lo planteabas como una fantasía tan tuya que yo me sentía desplazada al papel de una cualquiera. Pero francamente encontré muy excitante el arrebato de Dinorah.

    —mi amor ¿Te gustaría que intentara que la veamos de nuevo?

    Y cuando después de pensarlo, finalmente me esbozó un tímido pero más que suficiente “sí, creo que estaría bien”, tuve que hacer un esfuerzo enorme por ocultar mi júbilo.

    Al otro día, le escribí a Dinorah por Instagram (porque no tengo su celular). Le escribí en los términos más sencillos posibles para agradecerle por la invitación a su fiesta, y decirle que lo habíamos pasado excelente.

    Impacientemente esperé su respuesta, que finalmente llegó unas horas más tarde:

    —“por nada Tomás!! gracias a Uds. por venir… oye y disculpa por lo de ayer, ¡espero no haber ofendido a tu novia!”

    Pensé mucho en mi texto de regreso, pero me animé también:

    —Todo lo contrario Dinoh (así le digo de cariño). De hecho Vale y yo pensamos que deberíamos continuar lo que empezó en la fiesta. Estamos en una etapa en la que nos gustaría probar cosas nuevas y tú siempre me has parecido una chica muy atractiva, y le caíste muy bien a Vale”.

    Solamente esperaba no ofenderla, pero para mi sorpresa, y con el arrebato que la caracteriza, Dinorah me contestó:

    —“Wow! ¿en serio? ¿Cuándo o qué? ¿Pero con los dos o cómo? Soy inexperta en esto también, jajaja”

    Me envalentoné de nuevo y le respondí

    —“¡Claro! Para los dos sería un placer la verdad. Y nosotros tampoco tenemos nada de experiencia realmente. La idea es que ustedes dos se la pasen bien, y de ahí vamos viendo si se sienten cómodas conmigo… ¿Quizá podemos invitarte un trago en mi casa y vemos cómo va saliendo, sin presiones?”

    Mi cabeza voló con su respuesta

    —“¡Claro! Puedo el jueves en la noche. ¿A las 8 les queda?”

    Tras responderle inmediatamente que sí (en realidad tenía otro compromiso pero nada era más importante que esto), mi estado de excitación solamente se incrementó aún más con la respuesta de Vale por WhatsApp:

    —Perfecto amor. Me queda muy bien.

    Su sonrisa en texto alteró todos mis sentidos.

    Los días siguientes solo podía pensar en el jueves por la noche. El simple hecho de ver otro beso como el que se fundieron Vale y Dinorah me parecía de lo más espectacular. No podía imaginarme la sensación de verlas coger sin que me alterara y excitara al mil.

    El día previo fuimos con Vale al cine, y al final sentí que debía abordar el tema:

    —Amor, sobre mañana, quiero decirte que si te parece algo desmedido o que te haga sentir incómoda, siempre podemos cancelarlo.

    Pero ella me respondió muy tranquila:

    —mira, ya estamos a un día. Veamos a Dinorah y vamos fluyendo, a ver qué pasa.

    Nos dimos un beso con la pasión de dos personas que elegían experimentar algo nuevo juntos, y nos despedimos.

    Llegó el jueves y para las 8 de la noche en punto yo no podía con la adrenalina de la expectativa. Me bañé perfectamente bien y usé mi mejor repertorio de shampoo y fragancias para estar impecable.

    Luego de 15 minutos llegó Vale. Se veía que también se había tomado su tiempo arreglándose, con un pantalón negro apretado que delineaba sus piernas hermosas y su culo torneado, y una blusa ligera complementado por mi brassiere favorito: rojo carmín con transparencias en los pezones. Labios rojos y sus cejas delineadas resaltaban sus hermosos ojos verdes. Se notaba nerviosa, pero resaltaban su atractivo y sonrisa.

    Platicábamos pretendiendo que era una noche como cualquier otra, cuando sonó el timbre. Al abrir, Dinorah estaba en la puerta y yo hice mi mejor esfuerzo por contener la mirada: traía lentes obscuros, la boca pintada con un lápiz labial de chispitas (perfectas para una chica en sus 20s), una blusa abierta que dejaba ver sus pequeños pero firmes pechos sin brassiere, botas de tacón y una minifalda que dejaba apreciar lo bien torneado de sus piernas y su culo.

    —¡hola! Disculpen la tardanza, ¡me perdí un poco! —dijo con su carácter jovial, pero esta vez con un notable tono nervioso.

    —descuida, estamos empezando apenas.

    Pasa.

    Tras empezar la velada algo nerviosos y con una evidente tensión sexual, los whiskies y la música de fondo empezaron a hacer su trabajo, acompañados por los canapés que elegí con premeditación.

    Luego de hora y media, y ya con algunas copas encima, Dinorah finalmente cambió la música por reggaetón y nos dijo:

    —¡uuh les voy a bailar esta canción que me gusta!

    Nos llevó de la mano al sofá y al sentarnos nos unió las manos, y acarició la cara de Vale. Con eso entendí que era su forma de iniciar lo mejor de la noche.

    —¡Qué bien bailas Dinorah! Le dijo Vale con una sonrisa, mientras Dinorah arqueaba las caderas y bajaba hasta el suelo, dejando ver su increíble tanga de hilo y un asomo de su raja deliciosa. Era evidente que quería calentarnos y poner el ambiente.

    —les propongo un shot de Tequila para brindar por esta nueva etapa—nos dijo ya más desinhibida.— Vengan los dos aquí conmigo a la pista.

    Al acercarnos, nos abrazó y ya sin ningún pudor me dijo que quería brindar con Vale por haberle dado el mejor regalo de cumpleaños en su fiesta. Al beber con ella no dudó en buscar sus labios. Vale le correspondió enseguida con un beso apasionado y muy pronto siguieron subiendo el tono con la boca tan abierta como podían.

    Dinorah empezó a acariciar el culo de Vale y a manosearla por todos lados.

    —Eres muy guapa, Vale. Me gustaste mucho.

    —Gracias, tú también, correspondió Vale, un poco tímida.

    —Ven, tócame. Le dijo Dinorah llevándole la mano hacia su culo mientras seguía bailando la canción de fondo (imposible compartirles qué canción era porque ni siquiera pude poner la menor atención a la melodía). La tanga de Dinorah era para morirse: negra semitransparente y con un fino detalle de un nudo en cada parte de la cadera.

    Pronto entendí que Dinorah quería empezar con Vale, por lo que decidí tomar asiento y ver el espectáculo. Era increíble ver cómo cada beso era más apasionado que el previo, con un intercambio de saliva en que sólo podía darme un adelanto de lo que seguiría. Mi verga y yo explotábamos como prisioneros en mis calzones.

    Pronto Dinorah empezó a acariciar la raja de Vale por encima del pantalón, a lo que esta reaccionaba agarrándole más abiertamente las tetas y sobándole el culo. Pronto noté la cara de Vale enrojecida, y tras estarse tocando un buen rato, Dinorah muy pronto metió la mano por su pantalón para llegar a tocar la vagina de Vale por dentro.

    Vale con eso llegó al grado de separarse de la boca de Dinorah para soltar un gemido profundo:

    —Oohhgh

    —Te gusta? —le preguntó Dinorah, con la voz claramente entrecortada—me encanta pensar que serás mía hoy. Y volvió a meterle la lengua en la boca.

    Era evidente que la ropa les estorbaba. Con rapidez, ambas se fueron quitando desnudando mutuamente, hasta quedar en ropa interior, sin dejar de besarse en ningún momento.

    —¡Quiero probarte ya! —Dijo Dinorah empujando a Vale al sofá para caer a mi lado. Mientras llegaba a mi lado, la rodeé con mis brazos y reposé mis manos sobre sus pechos. Vale, visiblemente enrojecida, solo me dijo un “te amo” mientras la besaba y reforzaba los esfuerzos de Dinorah.

    Sin dudarlo, Dinorah bajó hasta las piernas de una Vale ya entregada. Le abrió las piernas y le hizo el calzón rojo carmín al lado, para descubrir esa vagina que tanto me gustaba.

    Dinorah comenzó a comerse a Vale como si no hubiera un mañana. Lengüeteaba su clítoris con avidez y experiencia, de abajo a arriba y de un lado al otro. Vale solamente la veía complacida haciendo el trabajo mientras le acariciaba del pelo. Los movimientos de la lengua de Dinorah siguieron sin parar hasta que muy pronto encontraron una respuesta de mi novia ya muy caliente:

    —Ooohgh así, sigue así moviendo tu lengua… ¡¡Me encanta!! —le dijo con la voz entrecortada y la cara enrojecida.

    Era tal el espectáculo y mi excitación que fue casi instintivo unirme a la fiesta. Vale empezó a corresponder mis caricias en las tetas acariciando mis brazos, mientras se apoyaba en mi espalda para abrir las piernas y seguir recibiendo la mamada de Dinorah. Luego me volteó a ver y con esa cara de cachonda nos besamos un buen rato.

    Explorar la boca de Vale con las marcas del lápiz labial de chispitas de Dinorah fue tremendamente excitante. Mientras Vale y yo nos besábamos, Dinorah seguía lamiendo a Vale mientras se sacaba la ropa que le quedaba encima.

    En un movimiento súbito, Dinorah subió nuevamente para darle un beso a Vale con toda la lengua y los restos de su humedad, y para mi sorpresa, después se volvió hacia mí para darme otro beso.

    —me gusta a qué sabe tu novia —me dijo, mientras yo solo atiné a sonreírle y devolverle el beso. “Espero que no te moleste que le enseñe a tu novio a qué sabes”, dijo Dinorah mientras yo aproveché esa confianza para estirar la mano y tocarle las tetas a las dos, embelesado con la belleza lujuriante de ambas.

    Luego de un rato de estar así, Dinorah insertó dos dedos en la vagina de Vale, que ya era una alberca, y los empezó a doblar adentro buscando su punto G

    —¡¡oooh qué rico!! ¡¡Sigue así!! ¡vas a hacerme que me corra!

    —mmmhhh Vente en mi boca, anda

    —¡Oooghh que delicia! Y Vale empezó a arquear el cuerpo en un claro signo de que Dinorah había cumplido su objetivo. En algún punto, Vale paró las lamidas de Dinorah para que pudiera recuperarse un poco de tan profunda explosión.

    Después de darle un beso y abrazarla, Dinorah se sentó en el sillón para que Vale le devolviera el favor. Yo le dije a Dinorah que abriera sus piernas para que Vale la chupara (¡dios qué vagina tan joven y rica! Pensaba hacia mis adentros al ver las piernas abiertas de Dinorah), mientras que puse en cuatro patas a Vale.

    —No aguanto las ganas de cogerte mi amor… ¡Espero te guste así! —le dije, a lo que Vale volteó a verme con la cara enrojecida, en clara señal de aprobación.

    —¡Cógeme! Anda mi amor, métemela.

    La escena de ver a mi pareja haciéndole sexo oral a una chica tan atractiva me parecía simplemente de otro mundo. No recuerdo haber sentido tanta excitación. Me volví un animal y pronto sacaba mi miembro completamente para volvérselo a meter:

    —¡Toma mi verga amor!

    —¡siii métela toda! Me dijo Vale ya completamente entregada.— ¡Anda dame duro!

    En algún punto fue tanta mi excitación que la dejé de penetrar para enterrar mi cara en su culo, con esa vagina empapada que se veía deliciosa, y también subí la lengua hacia su ano para chuparlo y acariciarlo con mi lengua. Un gemido más intenso de Vale me dio la confianza de seguir adelante.

    Dinorah por su parte se metía los dedos en la boca y acariciaba los pechos de Vale.

    —¡Qué bien lo haces! Le dijo.— anda, ¡succiona mi clítoris como una perra! Le dijo agarrando del pelo a Vale (lo que me sorprendió ya que por lo general a mi novia no le gusta que le tiren del cabello, pero esta vez estaba totalmente entregada). Vale solo se dejó llevar y siguió mamando sin parar hasta que Dinorah se enfundó en un violento orgasmo, que la llevó a retirar a mi novia de su sexo:

    —¡¡Ooooh oooh!! gemía Dinorah mientras estallaba contorneando la cadera.

    El episodio fue tan excitante que Ale y yo interrumpimos nuestra cogida para poder apreciar ese orgasmo tan poderoso.

    —qué rica está mi amor, y qué cachonda es esta chica —me dijo Vale mientras acariciaba el culo de Dinorah.

    —mucho, muy rica mi amor. Le dije, mientras decidí que era ya tiempo de intentar probar algo más de ella. Sin dudarlo y mientras reposaba un poco, acerqué mi verga a la boca de Dinorah. Ella al verla solo sonrió y sin dudarlo empezó a pegarme una gran mamada:

    —Mmmh sabes rico muy rico Tomás, ¡a la vagina de Vale!

    Cada mamada de Dinorah era el cielo en la tierra. Subía y bajaba con una destreza que en algún momento tuve que interrumpirla para no venirme. Impactado por la belleza de Dinorah, decidí pasearle mi verga en toda su cara, embarrándola con los fluidos que ya teníamos de los tres. Después le hice la cara a un lado para ver mi verga entrar y salir marcándole la forma de hongo en las mejillas.

    —¡mmmhh qué buena verga tienes! me dijo Dinorah, clavando sus ojos en los míos.

    Por un momento olvidamos a Vale, quien veía con una cara de fascinación cómo mi verga dominaba a Dinorah.

    —Cógetela mi amor. Que disfrute ahora ella.

    —¡Claro que sí amor! Le respondí con mi verga tan dura como roble.

    Cuando abrió las piernas, bajé unos segundos a darle una mamada (no podía no hacerlo con una vagina tan rica y joven), y de inmediato respondió mis caricias despidiendo más humedad

    —Ooohgh ven a cogerme —me dijo agarrando mi verga y apuntándola a su orificio.

    Cogerme a Dinorah mientras besaba en la boca a Vale era tan delicioso que era claro que ya no iba a poder aguantar mucho más tanta excitación. Al poco tiempo intercambiábamos besos entre los tres, mientras penetraba con furia a Dinorah y frotaba el culo de Vale.

    Quería seguir por horas pero el momento sencillamente lo hizo imposible. Dinorah le dijo a Vale que se pusiera encima de ella para lamer su vagina mientras yo la penetraba. Así seguimos otro rato hasta que era claro que no podía aguantar más

    —¡Córrete amor, córrete afuera y ensúcianos! ¡Anda, te damos permiso! me dijo Vale con el gesto aprobatorio de Dinorah, que también ya tenía la cara enrojecida.

    Vale rara vez me dice con tal cachondez que me venga afuera, por lo que no tuvo que pedírmelo demasiado para que explotara:

    —¡ooohh me vengo! ¡Agarra mi verga y hazme venir! —le dije a Vale. Apenas se asomó mi verga del orificio de Dinorah, Vale me masturbó con tal destreza que terminaron saltando chorros de semen por la vagina, tetas y hasta el cuello de Dinorah, y el resto en el brazo y abdomen de Vale.

    Me sentí tan cachondo y tan ardiente ese momento, que decidí atreverme a acercar mi verga a ambas. Para mi sorpresa, se dieron un beso entre el semen que todavía colgaba de mi verga, y cada quien le dio un último chupetazo, para mi absoluta fascinación.

    Al terminar, los tres estábamos visiblemente satisfechos por haber tenido un sexo que pareció transportarnos a otra dimensión.

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