Categoría: Sin categoría

  • Mi vecino el urólogo (Parte 5)

    Mi vecino el urólogo (Parte 5)

    Después de la cogida que me dio Francisco había quedado exhausto y me había quedado dormido hasta la mañana siguiente, me desperté vi que la habitación estaba desordenada, revise el celular y tenía un mensaje de “mi padre” decía que llegaría por la noche junto a un colega que lo había venido a visitar ya que estaba de vacaciones y quería alejarse de la ciudad me sorprendí un poco y pensé que tal vez ya no podría estar a solas con “papa” pero bueno, yo seguía en la cama con rastros del semen de Francisco así que me fui a la ducha para limpiarme, me fui a cambiar y ver si me encontraba con Francisco en la recepción y contarle que “papa” regresaría por la noche.

    F: Hola Ricardo como estas?

    Y: Hola Francisco bien y tu?

    F: Descansas de lo de anoche?

    Y: Si ya recupere energías jejeje

    F: Listo para otro round? jejeje

    Y: “Mi padre” regresa esta noche y viene con un colega

    F: Entonces ya no podremos hacerlo de nuevo??

    Y: Creo que no

    F: Siempre tendremos el sauna

    Y: Lo olvide es cierto entonces podría darme un escape hasta el día que me regrese

    F: Deberíamos aprovechar entonces jejeje

    Y: Claro que si jeje. Mejor subo a la habitación porque debo ordenarla después de las de ayer jeje

    F: Estare aqui si me necesitas

    Subí a la habitación para disponerme a arreglarla y limpiarla cuando golpean la puerta pensé que era Francisco pero no era “papa” que había adelantado su llegada al hotel, entro a la habitación junto con su colega me saludo y su nombre era Gabriel era soltero, era un viejo conocido de la familia de “papa” y cuando me vio me dijo “Tu debes ser el amigo de Darío, Mario ya me conto que los habías acompañado en el viaje y que estabas de ayudante en su consultorio”, “si señor me llamo Ricardo soy el mejor amigo de Darío y ahora ayudante de Mario”, Gabriel venía a pasar las vacaciones junto a nosotros obviamente en otra habitación así estuvimos conversando por unas horas conociéndonos, bromeando…

    M: Por cierto Gabriel pidió mi ayuda para realizar un trabajo y ocuparíamos sus vacaciones para terminarlo.

    G: Jajaja te voy a robar a tu jefe pero solo en las noches para seguir una investigación y escribir acerca de la misma.

    M: Vine a descansar y ahora debo trabajar jajaja

    G: Empecemos esta noche, así descansamos por la mañana.

    M: Ricardo si deseas puedes ir a dormir en el cuarto de Gabriel así no te molestamos y puedes dormir déjame te llevo.

    Eso me sonó raro pero tenían razón así yo tampoco lo interrumpía y evitaba aburrirme, así salimos de la habitación buscando el cuarto Gabriel que quedaba un piso arriba de nosotros…

    Y: Pensé que estaríamos solos y disfrutando “papa”.

    M: También yo “hijo”, mira ya llegamos tenemos unos momentos porque no le das un recibimiento a “papa”.

    Y: Aquí está mi culito para mi “padre” bienvenido te extrañábamos.

    M: Que rico culo, ya lo extrañan, empecemos “hijo”.

    Y: Uuufff si papa que rico es tener tu verga dentro de mi siii no pares… dame más.

    M: Recíbelo todo, aprieta mi verga.

    Y: Si dámelo llena este culo ahh aaaahhh.

    M: Te lo llenare pero otro día, ya debo regresar a la habitación.

    Y: En serio “papa”? me vas a dejar con las ganas otra vez?

    M: Lo siento “hijo” debo ir con Gabriel.

    Así mi “papa” regreso a la habitación con su amigo, aunque nuestro encuentro fue un poco más rápido de lo normal, había quedado con ganas y ahora con la duda del comportamiento de “papa” desde que llego con Gabriel, me acomode mi ropa vi unas horas la tv decidí bajar a recepción y buscar a Francisco, decidí pasar por la habitación de “papa” ya que aún tenía la tarjeta abrí la puerta silenciosamente no los vi en la sala escuche unos ruidos en el baño me acerque y vi a “papa” junto a Gabriel desnudos en la ducha frotándose sus vergas besándose Gabriel jugaba con el culo de “papa” mientras que el agarraba su verga con la mano y lo masturbaba cerraron el agua salieron de la ducha y yo me fui corriendo a la puerta y ver qué pasaba, Gabriel salió primero se acercó al filo de la cama se sentó y salió “papa” que inmediatamente se arrodillo y se metió la verga en su boca y empezó a chupar, Gabriel se acercó a su maleta y saco un consolador y le dijo a “papa” que se sentara en el y que siguiera chupando mientras estaba sentado en el consolador no me lo creía no daba crédito a esa escena…

    G: Te recuerda viejos tiempos eh?

    M: Si… ya había olvidado lo bien que sabe su verga amo.

    G: Te acuerdas como empezó todo putita? fue cuando te divorciaste me llamaste para contarme lo sucedido te invite a mi casa tomamos unos tragos te emborrachaste y salió la putita me pediste que te coja que te haga mía esa noche te desvirgué ese culo y pasaste a ser mi putita personal porque al día siguiente me pediste que te coja en la sala y cada vez que tengamos oportunidad, me fui por un tiempo te quedaste sin tu ración de verga pero ahora vas a volver a ser mi puta estos días, vas a obedecerme y hacer todo lo que te diga cuando estemos solos como lo hacías antes.

    M: Si amo esta puta hará todo lo que diga, esta puta le pertenece.

    G: Así se habla putita, ahora sigue en lo tuyo que después voy a romperte el culo.

    M: Este culo es solo suyo amo y hace lo que quiera con él.

    G: Eso puta, ahora quiero que me la chupes y si lo haces bien te doy por el culo esa es tu recompensa.

    Me retire despacio sin hacer ruido sorprendido por lo que pude ver y escuchar, nunca me imaginé y ahora todo cobraba sentido el porque querían trabajar en la habitación y el porqué se había ido de la habitación, decidí seguir con lo mío e ir a la recepción…

    Continuará.

  • Algo que no quise controlar con mi tía

    Algo que no quise controlar con mi tía

    Esto sucedió a fines del 2001, pero la relación se fue dando un par de años atrás. Yo soy Luis Antonio y esta es mi confesión:

    Vivo en una casa de renta de dos pisos, 1 recámara abajo donde coloque una sala de TV y dos recamarás arriba, una para mí y otra como oficina donde tengo mi computadora. La cocina está en la planta baja y un pequeño patio atrás de 3 por 7 metros con mucho pasto y algo de plantas.

    Tengo 5 años de haber llegado de mi ciudad natal a esta bella ciudad semi colonial y a la vez moderna, ubicada en el centro sur de México, conseguí trabajo en una compañía importante que comercializa varios productos en todo el país e incluso en el extranjero. Pronto destaque en mi labor de supervisión de los procesos de comercialización, esto me permite vivir tranquilo, con un buen sueldo y muy a gusto. Sin embargo, y como somos dos hijos (cuento con un hermano ya casado), mi mamá no deja de preocuparse, así que le pidió a mi tía Guadalupe (su hermana menor) que me diera vueltas, ya que ella es casada y radica en esta misma ciudad, solo que al otro extremo.

    Mi tía tiene actualmente 42 años, es de 1.72 metros de estatura aproximadamente, blanca apiñonada, cabello castaño corto y ojos cafés. Su rutina transcurre en el hogar y ocasionalmente da clases de cerámica a conocidas o recomendadas. Ella es seria, de carácter fuerte, decente, antisocial y amante del ejercicio físico, lo que la tiene en excelente forma y además de su buen gusto para vestir la hacen verse elegante y distinguida.

    Desde que llegue a vivir aquí y me establecí me viene a ver muy a menudo, 2 a 3 veces por semana, supongo que para mantenerme vigilado y rendir informe telefónico los domingos. La frecuencia de sus visitas hizo que nos lleváramos mejor ya que nuestra convivencia antes era esporádica, y su misión era asesorarme en cuestiones alimenticias, domésticas y a la vez distraerse y desahogarse de sus turbaciones.

    Ella casi no convivía con mi tío, persona extrovertida, social y bebedora pero sin embargo muy agradable con la familia.

    Cierta ocasión empezó en mi lo inevitable, mi tía llegó muy seria, entro en la salita y se abatió en el sillón, su mirada era evasiva, entre para ver que le ocurría y tardo un rato en comenzar a hablar, me dijo que mi tío le había reñido fuerte y que debido a eso, él partió a la ciudad de Veracruz a visitar a su hermana y pasar con su familia la semana. Ella estaba muy triste y me contagió, me acerque a ella, me senté y siguió hablando, de repente comenzó a llorar en silencio y le tome de su hombro recostándola contra mi pecho, ella lloro y se fue tranquilizando.

    Cambiamos el tema y se fue reponiendo. Para sacarla de su depre, la invite al cine y fuimos a ver una película X, al estar en el cine (que a ella le fascina) se relajó y vimos el filme. Más adelante pasaron escenas de sexo entre dos hermanastros (ella y él) que eran hijos de un mismo padre y diferente madre acostándose para procrear un heredero de sangre y linaje real limpio, que gobernaría su pueblo (situación común en el antiguo México). En fin la escena fue penosa y me disculpe con ella, pero me dijo… “no te preocupes, entiendo la trama”.

    Ese acercamiento causó en mi cierta sensación, me comenzaba a atraer mi tía. Ella siguió visitándome y yo a ella. Una ocasión me invitó a comer, mi tío había salido a un viaje (muy común por su trabajo) y deseaba conversar. Llegue un poco antes de las 2 pm, ella iniciaba su labor en la cocina por lo que me senté junto a la mesa a un lado de ella. Ella traía un traje cómodo pegadísimo al cuerpo, de una sola pieza color amarillo brilloso, no tenía mangas y terminaba como minifalda. Me excité y no dejaba de observarla (discretamente), note que por prendas íntimas tenía un mini bikini y su brasiere. La apreciaba en sus dimensiones precisas. Ella seguía embelesada en la cocina y yo creo no percibía mi mirada, de pronto volteó me dio la espalda y se agacho a recoger unos platos del suelo, guauuu, aprecie su tanguita y buena parte de sus nalgas, ella continuo con sus cosas sanamente. Yo ni decir estaba a mil. Comimos y paso la tarde.

    Dos días después llegó a mi casa (ya que contaba con un juego de llaves extra por aquello de perderlas) y entró, la note normal, después de comer me hizo una pregunta que me helo la sangre…

    -Anteayer, cuando estabas en la casa note que estabas tenso, note que me observabas mucho mientras cocinaba, sucede algo?

    -sí -le dije- es que me di cuenta lo bien que te ves físicamente y lo atractiva que eres, y como eres mi tía me sentí raro.

    Ella sonrió y me dijo “gracias”. Paso todo y siguió contándome lo mal que iba con mi tío, me dijo incluso que hacía años no tenían relaciones íntimas y eso le preocupaba. La calme y le dije que lo olvidara. En ese momento me preguntó:

    -No tienes una película? veámosla y yo hago unas palomitas.

    Entonces recordé que en la video tenía unas películas porno que compre a un amigo, pero ella me gano, llegó y encendió la video, metió el cartucho (sin etiquetas lo que hace más fácil guardarlos) y zass, apareció la escena, ella lo mira un par de minutos y luego ruborizada la apagó.

    -¿por qué ves estas cosas Luis?

    -es que estoy solo y tengo necesidades…

    -supongo que tienes razón, además es tu casa, discúlpame. -Se puso más nerviosa y se marchó.

    A la semana, llegué a casa antes de tiempo (11:30 am) debido a que salí a realizar unos pagos y me tome el resto del día. Al llegar a mi casa, me estacione a unos 10 metros debido a que mis vecinas me ganaron el lugar por lo temprano del día, al caminar vi su coche, entonces me extrañe pues ella llegaba siempre por las tardes. Decidí entrar sigilosamente y con una gran excitación por mi actitud de espía, veo que no está en la planta baja y subo las escaleras lentamente. Escucho ruido y me acerco a mi habitación, ahí estaba mi tía sentada sobre la cama de lado a mí, absorta en la TV, viendo una película porno. Note que tenía ligeramente abierta la blusa y se acariciaba con una mano un seno, la falda que normalmente le llega un poco arriba de la rodilla, pero en este momento estaba ligeramente subida y ella se acariciaba también su entrepierna. La observe un rato, de pronto se recostó y se subió toda la falda, ahora utilizaba sus dos manos, con una subió su bikini y con la otra comenzó a acariciarse su monte de venus y la vagina. Su agitación y la mía subieron rápido, ella continuaba y se estremecía, de pronto se vino. Yo interrumpí mi observación y descendí a la planta baja, no sabía si salir o quedarme, decidí lo último y espere en la sala, prendí bajito la TV y espere.

    Ella tardó unos 20 minutos más en bajar, lucía elegante pero ruborizada, me pregunto…

    -¿cuándo llegaste?

    -hace unos minutos.

    -¿sabías que estaba aquí?

    -sí, vi tu coche -entonces se puso muy nerviosa.

    -¿subiste?

    -me temo que sí.

    Entonces empezó a llorar en serio, yo estaba asustado, la conduje al sillón individual y comencé a calmarla, ella tenía tapada su cara con ambas manos, lloraba y lloraba, repetía “¡qué pena por Dios, qué vergüenza!”, yo le decía que estaba bien, que había hecho algo natural, hermoso y que no se preocupara que yo no lo contaría jamás (y lo respeto pues no menciono apellidos). Ella me vio directo a los ojos, vio mi sinceridad y se tranquilizó un poco, dejo de llorar y comenzamos a hablar.

    ¡Ah, que bocota tengo! le empecé a decir que yo también lo hacía, que es la única forma de mitigar la soledad y que no me arrepentía que era excitante y saludable ya que no corrí riesgos de enfermarme con extrañas. Ella sonrío nerviosa, dijo…

    -es verdad es muy rico pero cuando lo haces solo.

    Sí, pero es más rico cuando lo ves en el sexo opuesto y sin ser visto -bromeaba. Ella volvió a sonreír y dijo:

    -bueno esto está olvidado, será nuestro secreto.

    -No te preocupes tía, aunque seamos hombre y mujer, somos de la misma sangre así que descuida, aquí estás segura…

    -gracias, bueno mijo voy a hacerte de comer debes traer hambre.

    Terminó el día y yo estaba extasiado con su imagen en mi cabeza.

    Sorpresivamente fue al día siguiente sábado como a las 9 de la madrugada, yo dormía como bebé, al despertarme el ruido de la reja, me levante y al asomarme vi su coche, me extrañe y decidí bañarme y vestirme. Baje después de un rato con una bermuda de mezclilla y una playera, ella estaba en la cocina.

    -Hola tía, no fuiste al gimnasio hoy?

    -no, decidí venir a aclarar lo de ayer, estoy muy apenada…

    -olvídalo, yo ya ni me acuerdo.

    -no seas mentirosillo, a poco no pensaste en lo que viste después de que me fui?… -se volteó y me vio fijamente a los ojos, con esa mirada penetrante que le caracteriza-… pues… no digas más, lo entiendo eres hombre y fue una situación no planeada.

    Para entonces me di cuenta que traía su vestido amarillo brilloso, ajustado, su tanguita y brasiere, luego pensé en los vecinos que pudieran haberla visto legar tan sexy y fue cuando vi la chaqueta para el frío con la que disimulo su ropa al llegar. Estaba desconcertado.

    -Bueno y de que quieres que hablemos?

    Me acerque hasta quedar junto a ella recargado con mis posaderas sobre la barrita de la cocina integral y de lado a ella, que cocinaba…

    -Es que no sé cómo explicarte… yo… me sentí apenada y…

    -déjame adivinar… te sentiste apenada, excitada y cuando llegaste a tu casa la excitación aumento recordando la situación… voy bien?

    -Sí…

    -Luego te desconcertabas por tus sentimientos y terminaste con una masturbación deliciosa…

    -Luis, fíjate con quien hablas, soy tu tía, llevo tu sangre y me mereces respeto.

    -Mira tía, yo te quiero mucho, te respeto y lo sabes pero aun no me contestas… sucedió así?…

    -puesss…

    -Olvídalo tía es normal, en las hormonas no se manda…

    -¿cómo sabes todo eso? como es que…

    -que lo sabía? Pues muy sencillo, a mí me sucedió igual. Mírate tía eres bellísima, tienes una silueta muy femenina, usas ropa muy sexy sin mencionar tu tanguita…

    -Es que me gusta verme bien, disfrutar mi cuerpo y sentirme atractiva…

    -Entonces porque no te vistes así para salir?

    -no, ni loca que dirán los vecinos? la gente…

    -y por qué te vistes así aquí?

    -porque solo estas tú y eres de confianza, de la familia…

    -si tía pero no soy de palo.

    -Te desagrada que me vista así cuando vengo?

    -no, por el contrario me fascina…

    -Que te gusta de mí? vamos dime…

    -pues me gusta tu cintura esbelta, tus caderas amplias, tus pompas y tu busto paradito…

    -es decir que me veo bien no es así?

    -preciosa pero lo que más me excita es ver tu sugestiva tanguita.

    -Gracias, creo que esta ropa me favorece más de lo que yo pensaba.

    Sin poder evitarlo me coloque detrás de ella mientras cocinaba, ella me miraba de reojo, me acerque y le di masaje en los hombros, suave y terso, masaje que se facilitó porque no traía mangas. Ella se tensó un poco pero parecía disfrutarlo. Comencé a masajear con mis dedos siguiendo su columna, ella se detuvo y coloco sus dos manos sobre la estufa, estaba tensa, seguí mi masaje suave pero consistente sin tocar nada prohibido…

    -continuo?

    -sí, esta delicioso.

    Seguí el recorrido de regreso a sus hombros, volvía a bajar y esta vez llegue a su cintura, la tome de los dos lados y seguí el masaje de la cintura sin avanzar, ella se comenzaba a relajar, incluso empujo muy poco sus nalgas hacia mí, baje y comencé a masajear sus nalgas con un pánico, eran duritas, tensas y de muy buen tamaño, ella respiraba más agitada, de pronto se empujó hacia delante y pretendió huir, la sujete por la cintura con vigor y la reubique como estaba, ella miraba de lado, baje mi mano y recorrí sus piernas hasta la rodilla pero por la parte trasera, volví a subir y levante su minifalda hasta la cintura, ahora veía sus nalgas hermosísimas apenas ocultas entre la tanga, ella observaba entre nerviosa y excitada, masajeé un poco las nalgas y di vuelta con mi mano derecha hacia su monte de venus pero sobre la tanga, baje un poco y toque su vagina, estaba muy húmeda, ella se estremeció y suspiro, metí la mano debajo de su tanga y toque sus labios húmedos y calientes, localice el clítoris y lo masajeé un rato, ella se estremecía, intento volver a escapar y la sujete impidiéndoselo, sus manos seguían sobre la barrita de la estufa, entonces con ambas manos sujete los lados de su tanga y comencé a bajarla, no sin que ella apretara las piernas para impedirlo, logre bajarla hasta apenas descubrir sus nalgas y monte de venus, como estábamos de espaldas, me recargue sobre ella mientras con mi aliento soplaba cerca de su oído ya que ella miraba de reojo, acaricie sus nalgas un ratito, entonces comencé a bajar por su espalda aun cubierta por el vestido y llegue a su cintura desnuda, baje un poco más y mordisquee su enorme culo apiñonado, abrí con ambas manos sus nalgas y chupe su ano, ella se estremecía aún más, de pronto se apoyó con los codos en la barrita y casi quedo doblada, presentándome una mejor posición de su culo. Chupe con mi lengua y acariciaba su ano con ella, su olor era excitante, y su visión muy erótica. Me incorpore poco a poco regresando por su espalda, subí su vestido hacia la cabeza y lo deje cubriéndole la cara como si fuera una máscara (quería que sintiera sin ver, usando su imaginación), desabroche el brasiere y lo retire, ella se cubrió los senos con ambas manos, aunque no era necesario ya que yo en su espalda no podía verlos. Bese y recorrí con mi lengua sus hombros, cuello y espalda, mordisquee su culo y acaricie sus piernas, acaricie su vagina y sentí la terrible humedad y calor nuevamente, ella se volvió a doblar y abrió un poco sus piernas, yo aproveche para quitar la tanga y acariciar por abajo su clítoris. Ella estaba tranquila, vibraba de placer.

    Entonces me baje la bermuda que cayó al suelo junto con la trusa y tome su mano derecha, la guie hacia mi pene duro y caliente, ella lo sujeto sin atreverse a mover la mano, entonces la volvía guiar en un movimiento suave de sube y baja y la solté, ella siguió el ritmo, me pegue a su espalda y ella soltó mi pene (por lo difícil de la posición), con mis dos manos lo guie y roce su vagina, ella dio un brinco y se puso erguida…

    -No Luis, ni te atrevas, soy de tu sangre, tu tía lo olvidas?

    -shhhh, solo te voy a rozar, confía en mí.

    Y comencé a hacerlo nuevamente, ella seguía tensa pero al poco se relajó y comenzó a disfrutar. Yo casi me venía, así que suspendí el roce y me concentre en su espalda, con mis manos acaricié sus senos, duros, rígidos y con un pezón enorme duro y puntiagudo, las apretaba y ella se recargaba en mí, al notar que mi excitación seguía y no así las ganas de eyacular volví a rozar su clítoris con mi pene, un entra y sale lento que lo friccionaba pero sin penetrar la vagina. Ella se estremecía y note que se venía, por la intensidad de la situación.

    Entonces humedecí mi mano con su vagina e introduje el dedo índice con cuidado en su ano, ella volvió a brincar…

    -Luis, por ahí no, no me gusta -ella apretaba su ano y solo tenía un poco de mi dedo dentro de ella…

    -no te gusta o te da pena?

    -las dos cosas… sácalo de ahí!

    -lo siento me gusta darte masaje…

    Ella reintento zafarse, pero al sentirse sujeta se resignó, saque el dedo y volví a humedecerlo con sus jugos, lo volví a introducir totalmente y ella no hablo, solo resistió un poco apretando su esfínter. Empecé el mete y saca y ella comenzó a relajarse, lo disfrutaba, para entonces mi erección había puesto mi pene rojo intenso, ella sola lo sujeto sin ver y comenzó el masaje, al acercarlo a su ano, ella descubrió mis intenciones, se zafó y dio vuelta, yo la sujete fuertemente de los brazos arriba del codo y acerque mi pene a su vagina, ella no podía saberlo porque continuaba con la ropa como máscara, impulsando mi cuerpo hacia ella, seguí el roce de su vagina ahora con más dificultad porque cerro sus piernas, ella respiraba agitada y la imaginaba mirándome directo a los ojos con un poco de coraje. Ella se zangoloteo y escapo dando unos pasos torpes por su ceguera momentánea, chocó con la mesa del comedor (para 4 personas y de forma circular), donde la aprisione nuevamente, hubo una resistencia fuerte…

    -suéltameee, soy tu tía, de tu sangre, esto no está bien…

    Entonces haciendo acto de fuerza la acosté boca abajo en la mesa con su vientre colocado al borde de la misma y su culo a mi vista, ella se resistió un poco, cuando sintió mi pene rozando su vagina se paralizó y comenzó a respirar agitada, entonces guie mi pene con mi mano derecha y lo introduje un poco en su vagina, ella seguía inmóvil, entonces lo metí lentamente y empuje, llegó con facilidad al fondo y ella gemía, ahora sin disimulo, comencé a bombear y ella se relajó, era delicioso, ver su cuerpo sumiso de espaldas, era hermoso, ver su culo siguiendo el ritmo de mis envestidas, sentir su tremendo calor vaginal, saber que estaba acogiéndome a mi cariñosa y decente tía, saber que se resistía por ser una relación filial pero a la vez se sentía excitada y dominada por el hombre que la estaba poseyendo, siendo este a la vez su prohibido sobrino. Era el éxtasis…

    Seguí bombeando por unos minutos hasta que la sentí en su segundo orgasmo, lo que desencadeno el mío, saque lentamente mi pene y note que aún seguía rígido contra mis expectativas, lubrique con mi dedo y sus jugos su ano y lo acaricie con la punta de mi pene, ella se intentó incorporar y zafar, pero esta vez la sujete brutalmente de sus manos a la altura de sus hombros, ella volteo y de reojo me veía…

    -no Luis, me va a doler, tengo miedo…

    -tranquila tía te prometo que no será así, solo relájate y no aprietes…

    Se relajó y me permitió soltarla para guiar mi pene nuevamente, entro la cabeza y me detuve, ella no apretó, solo un poco, permanecí así unos minutos y me aventure a avanzar, el pene fue desapareciendo en su ano poco a poco, sacándolo constantemente, hasta que mis huevos chocaron con su culo…

    -te duele tía?

    -no, solo un poco…

    Con esto sentí su aprobación y comencé a bombear lentamente hasta acelerar el paso, ella pujaba y gemía, bombeé y bombeé hasta que estallo en un nuevo tercer orgasmo, entonces me vacié dentro de ella, saque lentamente mi pene y observe como al salir su ano estaba enorme, hueco y escurriendo mi leche, su culo estaba coloradito por el golpeteo pero precioso, entonces la ayude a incorporarse y la abrace. Ella se abrazó fuerte a mí, se arrancó su máscara y se recargo en mi pecho, permanecimos así unos minutos.

    Al poco tiempo voltea y me ve a los ojos, no dijo nada, grandes lágrimas recorrían su mejilla y dibujo una sonrisa en su rostro, de nuevo se recargo en mi pecho. Entonces nos sentamos en la sala. Seguía aferrada a mi pecho, yo le acariciaba su espalda y despeinaba su pelo, era muy dulce, tierno y relajante.

    Como a los veinte minutos ella comenzó tímidamente a lamer mi pecho, siento que se apenaba, yo bese su frente dándole confianza, ella siguió, se apodero de mi tetilla izquierda y luego la derecha, chupaba y lamía, mientras mi fiel compañero despertaba y comenzaba a erguirse, aunque más lento que al principio. Ella perdía poco a poco la timidez y se concentraba en mi pecho, subió y recorrió mi cuello, hombros y oído, con su mano izquierda acariciaba mi pene como despertándolo de su modorrez, comenzó a bajar hacia mi vientre lo que me ocasiono un poco de cosquilleo, ella se detuvo y disfruto la travesura, siguió y se detuvo contemplando mi pene ahora erecto, tenía un poco de residuos de semen y jugos suyos pero no le importo, lo sujeto de su base y comenzó a lamerlo, así estuvo un poco rato mientras yo desesperaba un poco, sentía que no se decidía así que se lo pedí…

    -Chupalo tía, por favor -ella me vio con cierta ternura y comenzó su febril tarea, un poquito torpe porque con sus dientes me lastimaba un poco, le dije- chúpalo como si fuera una paleta…

    -Soy nueva en esto, pero te prometo mejorar.

    Después de mamarme el pene a su gusto, continuo acariciándome, entonces cambiamos de lugar y empecé yo, hice lo mismo que ella, era delicioso, sus pezones eran rígidos, grandes y muy erectos, su cuello me encantaba, sus senos los mordisqueaba sintiendo su excitación y lo fuertes que eran, no cabe duda el ejercicio la hacía perfecta a sus 42 años.

    Después la penetre despacio y comencé el bombeo de nuevo, ella ahora si observaba, no perdía detalle. El día transcurrió rápido casi volátil para mí. Ella partió.

    Es importante mencionar que era mi primera vez, que sospechaba que pasaría y no deseaba impedirlo. Ella es ahora un poco más feliz y más mujer, descubrió placer en superar sus inhibiciones, adquirió más autoestima y comenzó a disfrutar en serio del sexo anal.

    Continuará.

  • Algo que no quise controlar con mi tía (Final)

    Algo que no quise controlar con mi tía (Final)

    Cuando las cosas comenzaron a ir bien entre nosotros, el desconcierto fue desapareciendo y entre más dialogábamos mejor comprendíamos lo sucedido. La culpa casi desapareció.

    Nuestra relación es excitante pues aún continua, es prohibida y por tanto apasionante. Algunas personas me han escrito y preguntan que más sucedió con esta relación y la verdad pensaba ya no escribirlo pero créanme, es como una bola de nieve rodando cuesta abajo, lo que está pasando cada vez sube más de tono.

    Una vez que probamos de todo tipo de placeres, algunas posiciones nuevas (para las que no soy muy bueno), seguimos aprendiendo y disfrutando. Un buen día ocurrió que mi primo Lalo (hijo de mi tía) comenzó a percibir cambios en el estado de ánimo de ella y por lo tanto ante la duda, la seguía en varias ocasiones durante sus constantes salidas al supermercado, banco, etc.

    Mi tía me manifestó aquel descuido y la consiguiente situación que se avecinaba, que haríamos al respecto?

    Pensé en hablar con él a solas pero decidí que era una locura, pensamos mil y una formas de resolverlo y ninguna nos convenció, por tanto decidimos no vernos 4 meses e intentarlo después de ese periodo con mayor precaución.

    Comenzamos un contacto por e-mail (ya que no consideramos prudente el teléfono) y la situación se fue tranquilizando, estaba funcionando nuestra estrategia. Durante las siguientes conversaciones detecte en mi tía una sensación extraña, ella hablaba en demasía de mi primo, me comento algunos encuentros bochornosos como el siguiente:

    En una ocasión, cuando se quedó sola en la casa, comenzó a realizar el aseo y transcurrieron unas horas, mi primo y mi tío por lo general llegaban después de las 9 pm de sus respectivos compromisos de trabajo-diversión. Ella como a eso de las 4 pm se dio un baño y se colocó una ropa muy ligera y fresca ya que hacia algo de calor (una tanguita y un brasiere). Al salir se dirigió a su cuarto para ponerse una bata y cuál fue su sorpresa que al entrar estaba mi primo. El la miro entre asombrado y apenado pero lo hizo directamente recorriendo su figura. Ella se cubrió de inmediato y no le dio importancia, él solo indicó

    —¿eres preciosa, sigue ejercitándote y seguirás así!

    Deduje con el tiempo que ella se sentía excitada y le comenzaba a gustar la provocación hacia mi primo. Él es algo alto (1.82 m.) blanco, pelo castaño claro y ojos miel, bastante atlético aunque es medio parrandero y con 25 años.

    En una conversación por correo le pregunte que si había comenzado a sentir interés por su hijo, ella se descontrolo, después de una pausa algo incomoda, me aclaró que si, que comenzaba a sentirse atraída pero que nada sucedería. Yo estaba celoso. Después de tocar el tema varias ocasiones y con distintos puntos de vista concluimos lo inevitable, el solo pensar en hacer el amor con él la excitaba, pero a su vez, el posible rechazo la aterraba, no sabía qué hacer. Pasaron los meses y reanudamos relaciones con más serenidad e igual intensidad. ¡Carajo! Me encanta su culo.

    Reposando en el sofá de la sala, le pregunte porque no se lo sugería con indirectas y esperaba su reacción. Acordamos varias tácticas pero nos decidimos por la ropa sexy, después de todo yo no pude resistirlo. La tarea no fue fácil pero insistió. Un día comenzó a surtir efecto, el pasaba mucho tiempo en casa y no se le despegaba. Decidimos que se debía jugar el todo por el todo, que hablara con él y le explicara sus sentimientos y que el decidiera, si Lalo no estaba de acuerdo nada pasaría, habría discreción.

    Desgraciadamente él no lo tomo tan bien, se molestó y dejo de hablarle varios días, la miraba con odio y rencor. Una tarde que vino a copiar un par de CD’s de Grupos Norteños y Nicho Hinojosa. Como no queriendo comencé a sacarle platica en referencia a su estado de ánimo. El aguantó pero al final comenzó a hablar, me conto más de lo que yo sabía y finalmente reconoció la propuesta de ella. Me dijo que él también la deseaba pero iba contra sus principios. Le recomendé que lo pensara con calma y que volviera a verla como una amiga, el me miro a los ojos y preguntó ¿entre ustedes hubo algo verdad?,

    —Así es le respondí, sucedió muy natural y tratamos de ser discretos y no lastimar a nadie.

    —¿Aún siguen viéndose?

    —Apenas nos hemos visto un par de veces recientemente.

    —¿Tienen sexo completo?

    —Sí, pero es más una relación de amigos que de amantes.

    La conversación finalizó y se marchó. Lo volví a ver a la semana (más o menos), me saludo bien pero algo seco, yo estaba medio preocupado. Una tarde vino a hablar conmigo.

    —Fíjate que no puedo quitarme todo este asunto de la cabeza, pienso en lo excitante que sería tener sexo con ella, pero a la vez me apena, siento temor, vergüenza, mil cosas.

    —Lo sé, lo mismo nos pasó.

    —Cuéntame cómo sucedió, no omitas detalle por favor.

    Le comente que no podía hacerlo, pero le entregue el texto que ustedes ya conocen (relato llamado «algo que no quise evitar con mi tía») en un diskete de 3.5 pulgadas. Le dije que ahí lo explicaba claramente.

    Después de un par de días regresó con otra actitud, esta vez parecía decidido pero nervioso. Platicamos de otras cosas y al final toco el tema.

    —Estoy decidido, quiero hacerle el amor a mi mamá pero no es como hacerlo, donde, como decírselo, no sé qué voy a sentir, ¿qué hago?

    —Mira, le comente, sabes que nosotros tenemos relaciones, sabes de que calibre son, ella es una mujer en todos los sentidos, es decente y prudente pero descubrimos un mundo increíble de excitación que ya no podemos controlar. Ella está muy excitada contigo también, tardo meses en decidirse y más aún sufrió para insinuarse a ti. Tu actitud la descontroló, pero ahora está tranquila. Yo no le he comentado nada lo que conversamos (y así era) y por tanto, ella desconoce tus sentimientos. Tengo miedo de que si hablan de frente, puede que todo salga mal y no sea lo que esperan.

    —Tienes razón y acepto que son pareja, pero que sugieres… no aguanto más.

    —Mira, ella viene el sábado como a las 11 am (Ya que mi tío viajaba el viernes a la Ciudad de México para afianzar no se bien que negocio), que te parece si te escondes en el patio trasero, observas un poco por la ventana que dejare abierta al igual que la puerta. Yo le voy a poner un antifaz en los ojos, acariciándola poco a poco para excitarla, la voy desnudando y tú entras, pero te advierto, descalzo, no debe oírte. Para mayor seguridad pondré un poco de música.

    Una vez que reconozca algo de mis caricias me quito y tu continuas, fíjate bien ella no debe sospechar, así que te diré que debes hacer y como lo hagas y sobre todo no hables, suspires o emitas sonido alguno. Si ella quiere hablar tu solo di shhh… y se callará. Una vez que esté a punto tú haces el resto y listo.

    La idea no solo nos encantó, me excitó el solo imaginar el encuentro y la cantidad de adrenalina que fluiría.

    Así sucedió, ella llego alrededor de las doce del día, venía hermosa, tenía un vestido de una sola pieza que llegaba debajo de la rodilla, algo floreado pero discretón, su escote era breve pero coqueto y su aroma delicioso… mmmm me encanta que use Opium.

    El plan vario un poquito, ella cocinó unas milanesas y arroz, preparó un agua de sabor Jamaica y comenzamos a conversar. Lalo estaba muy prudente y se mantuvo escondido en el patio, ocasionalmente se asomaba, pero entendía la situación. Después de un ratito ella entró al baño y se hizo no sé qué cosa, salió y comenzamos a hablar sentados en el sofá sobre trivialidades. Ella se acostó sobre mis piernas y yo le acariciaba la cabeza, la bese con algo de dificultad por la posición y algunos kilitos, pero fue un beso sabroso, largo.

    —Amor, hoy quiero hacerte el amor de una manera totalmente diferente, te voy a vendar los ojos y acariciar, está prohibido hablar, tú serás mi esclava, obedecerás todos mis movimientos, estás de acuerdo?

    —Sí, que debo hacer?

    —Ponte de pie y colócate de espaldas a mí, pega tu cuerpo y nariz a la pared y no digas nada, el resto lo hago yo.

    —Ella obedeció, la presione contra la pared y le coloque un antifaz en los ojos (de los que se usan para dormir), necesitaba la garantía de que no viera, no se le moviera pero al mismo tiempo que estuviera cómoda.

    —Comencé encendiendo (a control remoto) el estéreo con unos discos de «All my Love 2» (Kansas, Outfield, etc), me pegue a su cuerpo y frote mi nariz y boca en su nuca, su cuello y suspire en sus oídos, inmediatamente sentí su excitación que iniciaba, coloque mis manos en sus muslos sobre la falda y subí lentamente, aprisioné sus nalgas (que estaban duras), abrace su cintura y masaje sus hombros.

    Ella comenzaba a incrementar su excitación, realice una seña con la cabeza y entró Lalo, después de una breve duda, venía descalzo y en shorts, se paró junto a mi como a un metro y medio. Seguí acariciando, me puse de rodillas detrás de ella y subí mis manos por los ejercitados y depilados muslos (esta vez dentro de la falda), mordí suavemente su culo (sobre la tanguita) y comencé a bajar su vestido. Este calló sin dificultad mostrando un cuerpo maduro, apiñonado, ejercitado y perfectamente torneado, su aroma es delicioso, me fascina.

    Al extraer su vestido me despegue y entro Lalo, él siguiendo mis indicaciones tenía las manos cálidas (se las envolvió antes en una toalla) y funcionó, ella no noto el cambio.

    Usábamos el mismo perfume «Stetson». El continuó acariciando sus muslos subiendo lentamente, sin prisa, paso las manos dentro de la tanga y acarició su hermoso culo, ella seguía concentrada en sus sensaciones y yo estaba a dos metros por un lado de ambos, me senté en el sillón y observe con detalle todo el proceso. Lalo estaba concentradísimo, saco sus manos delicadamente de su culo y subió por su espalda, con delicadeza recorrió su columna vertebral del cuello a su cintura con la lengua, ella estaba gozando de lo lindo.

    Repitió el recorrido de la columna al menos tres veces con la lengua. Después sujeto la tanga de ambos lados y la bajo muy lentamente, se hincó y comenzó a mordisquear su culo sin causar dolor, lo hacía mientras iba descubriendo la totalidad de sus nalgas. Liberó la tanga de su hermosa prisión y ambos la dejaron caer al piso. Subió besando la columna hasta llegar al brasiere. Lo desabrochó algo torpe pero con delicadeza, tomo los dos extremos y lentamente retiro los tirantes de los hombros otorgando una caricia. Mi tía vibraba, soltó el sostén que se detuvo en sus senos aprisionados en la pared. Ella no deseaba dejar de sentir un solo instante. Él adelanto sus brazos entre sus costillas hasta alcanzar sus senos (eran casi perfectos, medianos ligeramente grandes, blancos por la falta de sol, duros a pesar de su edad y con los pezones ligeramente apuntando hacia arriba. Los sujeto aún con el brasiere atrapado, jaló su cuerpo con suavidad y ella cedió logrando que el sostén cayera al suelo. Lalo se apodero de sus pechos acariciándolos con una especie de masaje, sujetó los pezones que estaban hinchados, rígidos y los pellizco un poco fuerte causándole apenas algo de dolor, pero aún más placer.

    Mientras su mano izquierda continuaba su travesura en el seno de ella, su mano derecha bajo despacio. Llegó, no sin antes un leve cosquilleo, hasta su monte de venus, jugueteo con ese frondoso mechón de bellos (que nunca le permití rasurase, excepto en las orillas para que no se vea con el bikini), y comenzó a acariciar su vagina. Ella estaba húmeda y comenzó a empujarlo con su espalda y culo pero él recargando su cuerpo logro someterla a su postura original. Siguió su húmeda caricia y beso su cuello y oídos.

    Era visible que ambos estaban listos. El la tomo de los brazos sin voltearla y la dirigió al sofá grande, ella dio dos pasos torpes y sintió el sofá con sus pies, él la doblo con delicadeza hasta que su cabeza toco el fondo del sillón, dejando su culo arriba. Se encuclillo y comenzó a acariciar sus nalgas, ella ya bramaba. Él entreabrió los cachetes de sus nalgas con ambas manos y acarició con su lengua su ano (eso le fascina), chupo por unos minutos y ella se contoneaba entre espasmos. Paso su mano derecha por debajo y acaricio su vagina que a estas alturas estaba chorreando ligeramente una babita brillosa, viscosa. (Eso me encantaba a mí, ella genera muchos fluidos y por ello, casi siempre se chorrea un poquito).

    Sin duda estaba lista. Él se bajó su short y trusa sin casi ruido y dejo salir «su asunto», estaba muy erecto y totalmente amoratado. Comenzó a rozar su vagina para humedecer su pene y al mismo tiempo excitar a mi tía. El roce duro apenas unos segundos, comenzando a explorar y dirigiendo el miembro hasta la entrada de su coño. Ella seguía parada, doblada a 120 grados sobre el sillón con su culo hermoso al aire. Lalo entro lentamente y se incorporó hacia atrás ligeramente disfrutando la sensación, comenzó un ligero mete y saca que fue acelerando. Ella seguía dando gemidos muy discretos y disfrutando. Le pase el lubricante ya destapado y mientras la penetraba ahora más lento (para no venirse), le aplicó un poco de gel en el ano. Ella al sentir la gel fría se sobresaltó y excito aún más. Con el dedo medio de la mano derecha fue metiendo el lubricante en el ano con un lento mete y saca.

    Ella sabía lo que seguía, Lalo saco su pene de la vagina y apunto a su ano, entro un poco y espero, al poco fue metiéndola hasta que quedó totalmente ensartada. Ella al fin rompió el silencio.

    —Ahhh, me encanta que me cojas por atrás.

    —Shhhh….

    Ella calló al instante y siguió al compás de las acometidas empujando su culo para que el golpe fuera más violento y así acelerar el mete saca.

    Cuando casi se venía, se retiró despacio y por primera vez la volteó, ella se veía frágil, insegura en sus movimientos pero muy excitada. El la sentó en el sillón y acerco su pene a su boca, ella apenas sentirlo dio un ligero respingo hacia atrás pero igual de rápido volvió a él acariciándolo con su lengua (Lalo siguiendo mis indicaciones se había rasurado los pocos pelitos que salen directamente en el pene y los huevos, lo que disfrutaba mi tía ya que dice que se siente como piel de bebe). Su lengua recorrió la cabecita en círculos hasta que finalmente abrió la boca y comenzó a mamar como solo ella sabía hacerlo. Sus manos siempre se mantuvieron quietas y detrás de su espalda, con lo cual dirigía sumisamente el pene con su boca en un delicioso mete y saca.

    Finalmente Lalo comenzó a estremecerse y dejo salir su leche, mi tía se atraganto un poco por la sorpresa y apresuradamente engulló toda la leche que le bombeaban. Finalizó limpiando el pene con su lengua y recostándose sobre el sofá exhausta.

    Lalo se sentó junto a ella y se apoderó de un pezón mamándolo delicadamente, ella estaba cansada pero feliz, entonces le indique a Lalo que se parara, sin acercarme, le pedí a mi tía que cerrara los ojos, que iba a retirarle la venda. Ella obedeció, retire el antifaz y aprecie su rostro, era apacible. En ese momento le dije:

    —Abre los ojos y guarda silencio unos minutos.

    Al hacerlo su expresión cambió, la pena la golpeo de improviso, se incorporó con violencia y trato de correr al baño, la sujete de espaldas, se volvió hacia mí, y con sus ojos cerrados me beso y abrazó.

    Yo la comencé a vestir tiernamente, tal y como la había desvestido, la acompañe a la sala y empezamos a platicar. Le explicamos la treta y al final con mucha vergüenza nos agradeció.

    Ella sigue teniendo relaciones conmigo (solos) y en ocasiones con mi primo (solos también). Él y su mamá comenzaron una relación madre-hijo más estrecha y franca. Hasta ahora me comenta que después de aquella vez solo han hecho el amor un par de veces.

    Nuestra relación es ahora más fuerte, excitante y feliz.

  • Cogida por mi compadre

    Cogida por mi compadre

    Hola que tal, una vez más su amiga Karina ahora para contarles de una deliciosa cogida que me dio mi compadre el cual me coge desde hace ya algún tiempo y con quien empecé a coger incluso antes de casarme, ya que en ese tiempo era y sigue siendo amigo de mi esposo y desde hace muchos años es nuestro compadre.

    Ya tenía más o menos un mes que nos veíamos y solo hablábamos por teléfono o nos masajeábamos, y un día me habla y me dice:

    -hola comadre como estas?

    -bien compadre y tú?

    -como esta mi comadre y mi ahijado?

    -bien todos bien gracias,

    Después de los breves pero sinceros saludos me dijo:

    -oye me dijo mi compadre que sale de viaje mañana y que regresa hasta la próxima semana y pues la verdad tengo muchas ganas de verte, quiero cogerte y que me mames la verga como solo tú sabes, quiero ver cómo te tragas mis mecos puta, digo aprovechando que no va a estar mi compadre y podemos coger,

    -ay compadre que rico sabes que me encanta como me coges y me fascina tu leche.

    -Bueno pues que te parece si paso mañana por ti y nos vamos a coger putona?

    -Me parece bien compadre.

    -ok te veo mañana puta.

    Para la ocasión me puse un coordinado de bra y tanga en color rojo, blusa escotada, minifalda y zapatillas, pasó por mi después del trabajo y rápido subí a su carro, ya en el carro nos besamos y me dijo:

    -uff comadre tu siempre me sorprendes te ves bien puta y sabes que me gusta mucho verte así de perra, haces que se me pare la verga cabrona.

    Yo solo sonreí y lo volví a besar muy rico y le agarre la verga sobre su pantalón.

    El acaricio mis piernas y yo las separe para que pudiera meter la mano y acariciar mi panocha.

    -aaaaah papi me prendes, me pones a mil, mmmm que ricooo sobas mi panocha papiiii.

    -si te gusta cómo te dedeo putona?

    -siiii papi sabes que me encanta, pues sabes que esto es solo el principio puta porque ahorita que lleguemos al motel te voy a meter la verga hasta por las orejas putona.

    -Ay papi que ricooo ya quiero sentir tu verga dentro de mí y exprimirte hasta dejarte seco.

    Llegamos al motel y enseguida se quitó la ropa, nos besamos y cachondeamos súper rico, mientras me quitaba la blusa, el bra y la minifalda (dejándome en tanga y zapatillas le fascina cogerme así) me besaba, las orejas (sabe que es mi punto sensible y me excita mucho), el cuello y mis tetas, las cuales chupaba y daba suaves mordiscos a mis pezones, los cuales estaban súper duros por lo excitada y cachonda que estaba, yo le agarraba la verga y los huevos y acariciaba su espalda con las uñas y se ponía aún más caliente de lo que ya estaba.

    Me recostó sobre la cama con las piernas abiertas y colgando a un lado de la cama y se puso en cuclillas a chuparme la panocha, lo hacía tan rico, que me tenía jadeando y gimiendo de gusto.

    -ayyyy papiiii, que rico me estasss, chupando me matass, papiiiii -me retorcía de gusto y el más metía su lengua en mi panocha y chupaba mi clítoris arrancándome gritos y gemidos de placer, no resistí mucho y tuve mi primer orgasmo con tan deliciosa mamada que me estaba dando.

    Termine de venirme y él tenía la cara empapada de mis jugos, lo bese y le dije ahora te toca disfrutar a ti papi, lo acosté boca arriba y comencé por besarlo en la boca, después baje besándole el cuello, el pecho, bese sus tetillas y mientras hacía eso con una mano acariciaba su verga y sus huevos, seguí besándolo bajando por su abdomen, hasta llegar a su verga, bese sus piernas y después tome su verga, le di un beso a la cabeza de su rica verga y le pase la lengua disfrutando de su liquido pre seminal, el cual comí golosamente y baje besando y lamiendo toda su verga, al llegar a sus huevos les pase la lengua y los bese, también me los metí a la boca y después volví a subir besando y lamiendo su verga, al llegar a la cabeza la chupe y le pase la lengua alrededor volviéndome a tragar ese líquido cristalino que seguía saliendo.

    -Siiii, asiiiii, mmmm, aaaah que bien mamas putonaaa, lo haces bien ricoooo putaaaa, sigueee chupámela hasta que me saques toda la lecheee putonaaa.

    -Si papiiii quiero todaaa tu rica lechita papi, damelaaa todaaa.

    Se la chupe por un muy buen rato hasta que de pronto me empujo toda su verga hasta el fondo de mi boca y comenzó a venirse y me trague toda su leche, se la chupe y le saque hasta la última gota, su verga seguía durísima y así como estaba me monte sobre él, hizo de lado mi tanga acomode su verga en mi panocha y comencé a cabalgarlo, subía y bajaba en su deliciosa verga y le decía:

    -así, así, así papiiii que rica verga tienesss, me encanta tu vergaaa me coges muy ricooo papi, aaaaah me vengoooo papiiii.

    -siii putaaa vente dame tus jugos putonaaa -y le empape la verga y los huevos con mis jugos.

    Me desmonte y rápido me puso de perrita ensartándome toda su verga de un solo golpe dejándomela ir hasta el fondo.

    -aaaah putaaa, que ricooo se te fue todaaa la vergaaaa putonaaa.

    -Ayyyy papiiii siiii la siento hasta el fondo, mmmm que ricooo me la metiste papi.

    -siiii putaaa -y me daba nalgadas y la metía y sacaba riquísimo- Quien es mi puta, quien es mi puta?

    -yooo papiiii soy tu putaaa, que ricooo me coges.

    -siiii putonaaa que ricooo te comes mi vergaaa, que ricooo mueves las nalgas putaaa. No dejes de mover el culo putaaaa, que rico te la comes, me encantas por putaaa -me metía y sacaba la verga delicioso al mismo tiempo que me daba nalgadas.

    -siiii papiiii asiii, asiii métemela toda, ayyyy que ricooo papi, me fascina tu vergaaaa.

    -mmmm putaaaa, que rico te comes mi verga, eres una perra, eres una putona aaaah, que ricooo -me dio una fuerte embestida y dejo su verga hasta dentro de mi panocha y se vino al mismo tiempo que yo explotaba en un delicioso orgasmo, terminamos al mismo tiempo y quedamos recostados en la cama, recuperándonos de esa rica cogida.

    Una vez recuperados comenzó a chuparme la tetas y yo a acariciarle la verga, para después chupársela y ponerla lista para que me la volviera a meter, mientras se la chupaba, hizo a un lado mi tanga y comenzó a jugar con mi culito metiendo sus dedos y preparándolo para recibir su verga, me volvió a poner de perrita y dio unos lengüetazos en mi culito, lo lubrico, después coloco su verga en la entrada y apenas la sentí empuje mis nalgas hacia su verga para ensartarme yo sólita esa deliciosa verga.

    -Que puta y golosa eres, por eso me gusta coger contigo putona, ve que rico se te va mi verga en el culo putaaa.

    -ayyyy papi siiiii la siento muy rico mmmm, me encanta que me la metas por el culo papi.

    -siiii perraaa, te la comes bien ricooo uffff, que cogida te estoy dando putunaaaa.

    Me la metía muy rico y acariciaba mis tetas y me metía los dedos en la panocha, era delicioso sentir su vergota en mi culo y sus dedos en mi panocha que una vez más me provocaron otro delicioso orgasmo, hacia contracciones con mi culito para apretarle la verga y el también sintiera rico, después de un rato estas contracciones provocaron que él se viniera y me llenara de leche el culo.

    Quedamos desfallecidos en la cama y me dijo:

    -uffff vaya deslechada que me has dado puta, me dejaste seco.

    -siiii papi me encanta sacarte toda esa rica leche que tienes.

    Por ultimo nos metimos a bañar y dentro del baño le chupe la verga, salimos nos vestimos y me fue a dejar a mi casa, quedando de volver a repetir otra cogida así de rica.

    Bueno espero les haya gustado esta deliciosa aventura con mi compadre, y ya saben espero sus comentarios en [email protected].

    Bye besitos.

  • Primera vez con un maduro

    Primera vez con un maduro

    Hola, es mi primera vez que publico, he leído muchos relatos que me han gustado y esta vez quiero platicarles de mis experiencias que he tenido a lo largo de mi vida con hombres mayores que poco a poco les iré contando.

    No soy una gran modelo pero actualmente tengo 25 años soy enfermera de profesión, lo que más me gusta es mi trasero se me forman unas curvas que a cualquier hombre me voltea ver y eso me excita tengo muy poco bustos, soy morena clara, mido 1.58 y me gusta leer los relatos que publican al grado que me excito nunca me he masturbado siempre busco quien me quite las ganas ya sea mi esposo o mi vecino de a lado que en otra ocasión les contare como me lo lleve a la cama y me busca como loco me envía mensajes o me llama desesperado pero ese será otro historia.

    Mi primera vez con un hombre mucho mayor que yo, fue a mis 18 años, trabajaba en el negocio de mis padres en puesto de jugos y licuados, atendíamos desde las 5 am hasta las 4 o 5 pm dependiendo la venta. En ese entonces acabada de cumplir 18 y mi cuerpo ya estaba bien desarrollado, obvio tuve algunos amoríos pero eran chicos de mi edad, pero ese hombre que llegaba a comprar al negocio de mis papas tenía una mirada que me ponía nerviosa y más cuando estaba de espalda sabía que me miraba mi trasero, y eso me hacía sentir extraña. Hasta que un día domingo me atreví a decirle que quería platicar con él y me dio su número de su trabajo y me dijo en que horarios lo podía encontrar.

    Al día siguiente pregunte por él, me lo pasaron, le dije que día lo podía ver personal y me contesto que ese mismo día a las 3:30 en una plaza cercana a su trabajo. Llegue y al ver que carro llevaba me sorprendí era un civic deportivo color rojo, me encanto el carro, me hizo señas y me acerque a él y me dijo “sube”. En el camino se presentó muy amable y respetuoso hasta que llegamos a un parque y paro el carro. Fue muy directo y me dijo que yo le gustaba mucho y que quería conocerme poco a poco y le dije que sí, él se sorprendió cuando le dije mi edad y no lo creía. Me tomo de la mano y acariciaba, lo mire a los ojos y nos dimos un gran beso que no podía desapartarme de él, pase mi mano sobre su pene y sentí que estaba casi erecto, él se recostó en el sillón y me puse encima de él, desabrocho mi blusa y empezó a chupar como loco mis pechos, yo desabroche su pantalón y empecé a jugar con su pene, con mis manos lo acerqué a mi boca y me dijo que ese no era el lugar indicado, que me vería al otro día, me dio la dirección y me dijo que ya era un poco tarde y que su esposa esperaba, me dio dinero para mi taxi y me despedí con otro beso.

    Al otro día marque a su trabajo para con firma la salida y me respondió que sí, me emocioné tanto me puse un pantalón de vestir y una tanga una blusa blanca y un bra me puse zapatillas alta y llegué a donde había acordado, yo estaba tan ansiosa, y en un par de minutos se acercó a mí en su carro rojo. Nos dirigimos a un motel fuera de la ciudad y al llegar como loco empezó a desvestirme y al llegar a mis pechos empezó a mamarlos que solo sentía placer, le trate de quitar el la pantalón y él se rehusó, siguió quitándome mi ropa hasta llegar a mi vagina donde metió dos dedos y empecé a gemir me gustó tanto que a los pocos minutos explote con mi primer orgasmo, él se puso un condón y empezó a coger como loco y me hizo gritar al grado de las embestidas que me daba, tenía un pene grande, me corrí y gritaba de placer. Estuvimos un rato así hasta que él se vino y yo también, disfrute mucho, nos recostamos y me empezó a platicar su vida, que era un don Juan, pero que jamás había estado con una chica de 18 años. Aparte de que le gusto el sexo conmigo me premio dándome un dinerito extra que no me cayó nada mal.

    Y así empecé mi vida adicta a los hombre mayores que yo. Espero que les guste mi relato, saludos, un beso.

  • Mónica Galán

    Mónica Galán

    La cama del dormitorio del motel de carretera estaba iluminada con luz roja del neón de un puticlub que había enfrente. Encima de una mesita de noche un maletín cerrado con los 100 mil dólares producto del atraco al banco. Sobre la cama estaba Mónica Galán, una joven morena, con media melena negra, con cara de no haber roto un plato y era de las que rompían vajillas enteras. Tenía unas buenas tetas y un culo precioso. Mónica, desnuda, arrodillada y con el culo en pompa, tenía todo el coño de Valentina en su boca, un coño pequeñito, empapado y totalmente rasurado. Su lengua chapoteaba en sus jugos y luego subía, chupaba, mamaba y lamía su clítoris. Detrás de ella, Akanni, un negro de 35 años, todo músculo, que habían cogido en su auto robado cuando hacía autostop, también desnudo, la follaba con una verga descomunal, que al entrar y salir del coño brillaba con el jugo que la cubría… Era el jugo del tremendo orgasmo que Mónica acaba de tener y tras el que Akanni, le siguió dando caña, al tiempo que azotaba sus nalgas con sus grandes manos:

    -¡¡Plas. plas, plas…!!

    El hijo puta del negro, que era un sádico, sacó la verga del coño y le metió el enorme capullo en el culo. Mónica, chilló:

    -¡¡Qué me rompes, maricón!!

    Akanni no le hizo ni puto caso. Tenía el culo de Mónica a su disposición, y cogiéndola por las caderas, la siguió clavando, y nalgueando.

    Akanni, le preguntó a Mónica:

    -¿Quieres mamármela? Debe tener un rico sabor a mierda.

    -No, cerdo, prefiero que me sigas rompiendo el culo.

    -La mierda de negro sabe a plátano.

    -¡Qué la coma tu madre, hijo puta!

    El puto negro se la clavó con fuertes arreones, y la nalgueó con más fuerza con sus grandes manoplas.

    Valentina, que era una rubia de 20 años, delgada, tetona y con un culito respingón, le dijo al negro:

    -Tú no sabes con quien te estás jugando los cuartos, maricón depravado.

    Akanni, le respondió:

    -Con dos putas blancas. Cuando acabe con ella te voy a romper el culo a ti.

    -¡En la selva debías estar, mono!

    A Mónica, que ya había sido enculada multitud de veces, le estaba empezando a gustar que el mono la enculara. Lamió el clítoris de Valentina con celeridad.

    -No sigas, Mónica, que me vengo -Mónica aún aceleró más las lamidas- que me vengo, que me vengo, que me vengo que me vengo que me vengo. ¡¡¡Me vengo!!!

    Valentina se corrió torrencialmente en la boca de Mónica. Akanni le metió tres dedos en el coño a Mónica y la masturbó a toda mecha hasta que el coño de la mujer apretó los dedos y los encharcó con el jugo de su corrida. Akanni, con los ojos en blanco y con la verga clavada hasta el fondo del culo de Mónica, se lo llenó de leche. Mónica, se sacudía y jadeaba como una perra.

    Se les iba cortar el rollo al oír una voz que venía de un megáfono.

    -Salgan con las manos en alto.

    Akanni, corrió la cortina de la ventana de la habitación y vio una docena de autos de la policía de Charleston, con dos agentes apostados tras ellos y con sus armas desenfundadas, y les preguntó a Mónica y a Valentina, que ya había empuñado sus pistolas.

    -¡¿Qué coño habéis hecho?!

    Le respondió Valetina, con su Walther P99 en la mano.

    -¡Calla, negro de mierda, o te meto la pistola por el culo y te reviento de un tiro!

    Mónica, nerviosa, le dijo a Valentina:

    -¡Pégale un tiro en los huevos!

    -Pégaselo tú. A mí no me rompió el culo.

    Mónica apuntó con su pistola a los huevos de Akani. El negro recordó como la tratara y comenzó a mear por él con el miedo. Mónica, le dijo:

    -¡Largo antes de que cambie de idea y te vuele los huevos negro cabrón!

    Akanni, temblando, abrió la puerta de la habitación, llegó a la puerta de salida del Motel, y salió con las manos en alto y la tremenda verga colgando.

    Valentina le preguntó a Mónica:

    -¿Nos entregamos o salimos pegando tiros?

    -¿Cuánto nos puede caer?

    -Depende del juez, pero podían ser un par de años al devolver el dinero… o veinte. Voy a echar de menos tu coño.

    -Te sobraría coño en una cárcel de mujeres, coño y polla de los guardias. ¿Qué hacemos?

    Lo que hicieron fue entregarse.

    Fueron condenadas a cinco años y enviadas a cárceles diferentes.

    Ya cayera la noche cuando Mónica llegó a la cárcel. Un guardia la fichó, la fotografió, le tomó las huellas, le dio un uniforme naranja, unas sábanas limpias… Toda esa parafernalia, y después, adrede, la metió en una celda con una reclusa llamada Lidia, que era muy alta y muy fuerte. Al cerrar la celda el guardia, Lidia, empotró a Mónica contra la pared, le echó una mano al cuello, se lo apretó, le echó la otra mano al coño, y le dijo:

    -¿¡Vas a ser mi puta?!

    Mónica, con aquella manopla en el cuello, se asustó, y le respondió:

    -Sí, no me hagas daño.

    El guardia, un negro gordito, sonrió al imaginar lo que iba a pasar, y se fue. Sabía que esa noche habría fiesta.

    Lidia le comió la boca a Mónica. Le quitó la parte superior del uniforme. Le comió las tetas. Su lengua se posaba sobre los pezones y con ella le pegaba unas mamadas que hicieron que Mónica se mojase y comenzase a gemir. Lidia, le dijo:

    -Me gusta que te guste, zorra.

    Lidia le bajó a Mónica la parte de abajo del uniforme, el tanga, los calcetines y los tenis. Se agachó, le dio unas lametadas en el coño, y le preguntó:

    -¿Te vas a correr para mí, ramera?

    -Síííííí.

    -Sí, ama.

    -Sí, ama.

    -¡Dilo en alto, que te oigan todas mis amigas!

    -¡¡Sí, me voy a correr para usted, ama!!

    De una de las celdas del módulo, se oyó la voz de otra reclusa:

    -¡¡Hazla chillar de gusto, Lidia!! ¡¡Quiero hacerme una paja!!

    Se oyó la voz de otra reclusa:

    -Eso, y hablad en alto que yo también quiero pajearme.

    Lidia iba a complacerlas.

    .¡Desnúdame, nena mala!

    -¡Sí, ama, la desnudaré!

    Mónica, desnudó a Lidia… Tenía unas tetazas y una gran mata de pelo negro en el coño. Tenía tatuajes en cuello, en la espalda, en el culo, en las tetas, en el vientre… tenía tatuajes hasta en la orejas.

    -¡Cómeme las tetas!

    -¡Sí, ama! Le comeré las tetas!

    Mónica, caliente como estaba, le comió las tetas con lujuria.

    Al rato…

    -¡Comes las tetas de maravilla! ¡Ahora come mi delicioso coño!

    -Sí, ama, comeré su delicioso coño!

    Se oyó la voz de otra reclusa.

    -¡No se oye nada! ¡Así no hay quien se haga una buena paja!

    -¡Vamos a la cama, conejita!

    -¡Sí, ama, como mande, ama!

    Otra de las reclusas, dijo:

    -¡¡Subid el tono de voz, tú y el caramelito!!

    Sentada en el borde de la cama, le dijo Lidia a Mónica:

    -¡¡Acaríciame, bésame y lámeme los pies!!

    -¡¡Sí, ama!!

    Mónica, arrodillada, le cogió un pie izquierdo y le besó y le lamió la planta, le besó, lamio y acarició el tobillo, y el talón. Le besó, lamió y chupó cada uno de los dedos y entre ellos. Acabó con el pie izquierdo e hizo lo mismo con el derecho. Al ser de noche y estar todo en silencio, los gemidos de Lidia inundaban el módulo carcelario. Las reclusas se pajeaban y sus gemidos fueron acompañando a los de lidia… Hasta Carmen, una mujer de setenta años, se estaba haciendo un dedito y gimiendo.

    -¡¡Sube besando mis piernas hasta llegar al coño!!

    ¡¡Si, ama! ¿Puedo tocarme, ama?

    -¡¡Ni se te ocurra acariciarte, bicha!!

    -¡¡No me tocaré, ama!!

    Lidia, estaba que echaba por fuera. Cogió a Mónica por los pelos y le llevó la cabeza a su coño.

    -¡¡Come coño, pécora!!

    -¡¡Sí, ama!!

    Lidia, se echó hacia atrás en la cama. Mónica, que comía el coño como nadie, hizo que Lidia se pusiese perra.

    -¡¡Me vas a hacer correr, lagarta!!

    -¿Quiere que le ponga mi coño en la boca, ama?

    -¡¡No, tú te vas a correr cuando yo quiera!!

    -¡¡Sí, ama!!

    -¡¡No aguanto más!! ¡¡Hazme correr, puta barata!!

    -¡¡Sí, ama!!

    Mónica le hizo unos recorridos rápidos del ojete al clítoris metiendo la lengua en el coño, y al décimo recorrido…

    -¡¡Me veeengo!!

    Se sintieron los gemidos de siete u ocho reclusa que se corrieron con ella.

    Al acabar, se oyó la voz de la reclusa de setenta años.

    -¡¡A por ella, Lidia!!

    Lidia, aun tirando del aliento, se echó a lo largo de la cama, y le dijo a Mónica:

    -¡¡Pon tu coño en mi boca, guarra!!

    Mónica se sentó sobre la boca de Lidia, que la cogió por la cintura y metió su lengua dentro del coño empapado. Mónica se acarició las tetas y movió su pelvis buscando el orgasmo. Minutos más tarde, decía.

    -¡Me voy a venir, ama!

    -¡¡Dilo en alto, puta!! ¡Qué te oigan todas!!

    -¡¡Me voy a venir, ama!!

    Lidia aceleró los movimientos de su lengua sobre el clítoris de Mónica y le metió un dedo en el culo.

    -¡¡Me voy a venir, ama!!

    -¡¡Mas, alto, furcia!!

    -¡¡¡Me veeengo, aaama!!!

    Al acabar de correrse se oyeron un rosario de gemidos de las corridas de las reclusas que se estuvieran masturbando.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

  • Mi vecino el urólogo (Parte 6)

    Mi vecino el urólogo (Parte 6)

    Seguía sorprendido después de ver aquella escena pero una parte de mí se había excitado, decidí juntarme con Francisco en recepción y contarle todo lo que había sucedido, pero cuando llegue lo vi ocupado atendiendo a varias personas que querían registrarse me vio y le hice señas de que volvería mas tarde, decidí salir hacia el jardín del hotel y estar unos momentos ahí, regrese a ver a mi anterior habitación la luz estaba encendida sabía que seguían en lo suyo momentos después llego Francisco dijo que ya estaba libre y que ahora si podíamos hablar se sentó junto a mí, le dije si podía guardar un secreto y se lo conté todo.

    Me dijo que estaba tan sorprendido al igual que yo no lo podía creer, le dije que me siga subimos hasta la habitación y lo compruebe y así lo hicimos entramos en silencio y vimos que Gabriel estaba jugando con el consolador en el culo de “papá” él estaba con la cabeza en el colchón y el culo levantado Gabriel metía y sacaba el consolador…

    G: Te gusta como meto y saco esta verga de goma de culo putita?

    M: Si me gusta pero más me gustaría la suya amo quiero una de verdad

    G: Tranquila putita por el momento disfruta

    M: Si amo, utilíceme todo lo que quiera

    G: Te voy a coger toda la noche y mañana igual, así que ponte algo introdúcete el consolador y vas a hablar con el chico por la mañana y te inventas cualquier cosa para que nos deje solos toda la mañana para regresar por la noche y cogerte en tu casa escuchaste putita!!!

    M: Si mi amo, hare todo lo que me diga

    ————-

    Y: (y pensar que tú me sabes meter tu verga y ahora te veo pidiéndole verga a tu amigo)

    F: Tu padre se ha vuelto toda una puta sumisa con su amigo

    Y: No conocía ese lado suyo

    F: Ambos han tenido un lado oculto y yo conozco muy bien el tuyo jejeje

    Y: Tú empezaste en la piscina y después “conversando en la habitación” también tienes la culpa por provocar e incitar jeje

    F: Pero no te negaste o sí? jajaja

    Y: Como tú al aceptar ver esto jeje

    F: Debemos irnos antes que nos descubran

    Y: Si vámonos, voy a mi habitación a esperarlo

    F: No quieres que te acompañe?

    Y: Tengo una idea, ve por mi ropa que está en la lavandería y subes a mi habitación, golpeas la puerta y así tenemos una excusa jejeje

    Así subí a mi habitación y espere hasta que suba “papá” y así paso tocaron la puerta y ahí estaba…

    M: Hola “hijo”

    Y: Hola “papá”

    M: Debo decirte que el trabajo con Gabriel nos va a llevar un poco más de lo pensado así que vamos a pasar toda la mañana en la habitación trabajado, por la noche nos vamos a regresar a casa

    Y: Esta bien “papá” espero que avancen bastante y puedan hacer todo y terminar

    M: También yo “hijo”, yo te avisare por la noche para volver junto con Gabriel y continuar el trabajo en casa ya que parece que nos llevara más tiempo de lo previsto.

    Y: Entiendo nos iremos por la noche No te preocupes “papá”

    Tocaron la puerta y como estaba planeado era Francisco con la ropa lo hice pasar y “papá” se despidió recordándome lo de mañana

    F: Entonces que te dijo?

    Y: Que no los interrumpiera porque iban a pasar toda la mañana “ocupados” y que por la noche nos volveríamos

    F: Ya van a volver?

    Y: Si porque me dijo que iban a seguir “trabajando” en casa

    F: Entonces deberíamos despedirnos no crees?

    Y: Que tienes en mente?

    F: Que te parece empezar en el sauna y subir a la habitación

    Y: Me parece bien vamos?

    Fuimos al sauna ambos sabíamos lo que pasaría y que lo íbamos a disfrutar, entramos solo con la toalla saco su verga y empecé a chuparla no me di cuenta que entro un anciano y se coló atrás mío Francisco le había dado aprobación para que se junte a la fiesta y jueg con mi culo, el viejo se colocó atrás y empezó a comerme el culo estaba tan excitado que lo deje así estuvimos hasta que intercambiaron lugares ahora se lo chupaba al anciano y Francisco estaba en mi culo, ya no pensaba en nada mas estuvimos así hasta que Francisco interrumpió y dijo que era hora de subir a la habitación para continuar el anciano nos agradeció y se despidió de nosotros y subimos al cuarto.

    Entramos y fuimos directo a la cama donde me volví a meter la verga en la boca y dejarla lista para que entre en mi culo la chupe durante varios minutos hasta que Francisco se levantó se acomodó atrás mío y me metió su verga me embestía como nunca los sonidos y mis gemidos se escuchaban por toda la habitación, lo hicimos en varias posiciones toda la noche me dejo el culo todo lleno de su semen y caímos rendidos, Francisco se quedó a dormir en mi habitación, lo desperté con una buena mamada fuimos a la ducha y de nuevo en la cama descansamos pedí comida a la habitación y pasamos viendo tv hasta que le toco ir a su turno en recepción, y me dijo que en la noche nos despediríamos.

    Llego la noche “papá” subió a verme en la habitación y me dijo que se iba a ir con Gabriel a ver el auto en el estacionamiento y dejar las maletas en el maletero, bajamos hasta el lobby “papá” y Gabriel fueron al auto con las maletas, Francisco me llama y me lleva a una habitación en donde estaban los monitores de la cámaras y en ellas aparecían los 2 llegando al auto subiendo las maletas, en eso Gabriel dice algo “papá” mira alrededor se inclina Gabriel se saca su verga y le empieza a dar ahí mismo Francisco se estaba tocando y sin pensarlo lo ayude y me puse a mamarle la verga por unos minutos porque la acción en el auto ya había terminado, nos despedimos con Francisco y me fue a dejar en la entrada hasta que llegara el auto, me subí y note que Gabriel estaba manejando y “papá” de copiloto, en el trayecto como salimos de noche me acomode en la parte de atrás y trate de dormir, y me desperté cerca de llegar a casa no me levante y seguí acostado, ni “papá” ni Gabriel se dieron cuenta que estaba despierto y hablaban como en el hotel.

    G: Que rico putita no veo la hora de llegar a casa y culearte en la cama donde dormías con tu esposa

    M: Soy su puta amo y lo haremos donde Ud. diga

    G: Ya estás bien amaestrada, dime cuál es tu comida y bebida favorita

    M: La verga y leche de mi amo

    G: Así se habla puta, a quien le pertenece ese culo? y sin la verga de quien no puedes vivir?

    M: Le pertenece a mi amo o sea a Ud., sin su verga mi culo y boca piden su verga

    Así llegamos a casa nos despedimos yo me fui a la mía Gabriel se fue con “papá” a la casa,

    Continuará…

  • El último viaje

    El último viaje

    Este relato me pasó hace solo unas semanas. Por confidencialidad la vamos a llamar Mercedes.

    Mercedes era mi mejor amiga desde que éramos muy pequeños. Ella siempre había sido bastante bonita, pero, en los últimos años se había vuelto aún más hermosa, no solo por su cuerpo, también por todo lo demás. Ella era bajita. Desde siempre había tenido un culo perfecto, pero, últimamente sus pechos habían crecido bastante, y se habían vuelto mucho más notorios. Antes, lo que volvía locos a los hombres por ella era su culo, ahora eran sus pechos.

    Durante un tiempo estuve bastante triste por mi ruptura con Sofía, aunque fui yo el que la dejó yo estaba bastante triste.

    Pero, ya se acercaba fin de año. Todos los de último año siempre iban a un paseo de casi una semana a unas cabañas con piscinas y que tienen un río al lado.

    El primer día, al llegar, todos nos fuimos a las habitaciones a dejar todas nuestras cosas y después nos fuimos al río. Ahí todos estuvimos por varias horas, hasta el atardecer. Nos habíamos separado por grupos, yo me había quedado con mi mejor amiga hablando en la orilla del rio. Estuvimos hablando hasta bastante tarde. Al final solo quedábamos ella y yo, sentados, bajo las estrellas de una noche completamente despejada. La verdad es que nunca la había visto de una forma ni romántica ni sexual, ya que éramos mejores amigos desde que éramos muy pequeños, pero, esa noche lucía muy hermosa. La luz de la luna reflejaba en sus ojos, al mismo tiempo que resaltaba sus curvas, que volvía loco a más de uno. Noto que ella para de hablar en medio de una frase, la verdad no sé qué es lo que estaba diciendo. Ya que, sin notarlo, me había quedado mirando fijamente sus ojos. Por un momento creí haber visto algo en sus ojos, era como si deseara decir algo, pero las palabras, después de atravesar un laberinto de obstáculos para reprimir lo que quería decir, al llegar a la salida chocaran contra una barrera de vergüenza e inquietud. Por un momento ninguno de los dos habló, solo nos quedamos mirando. Noté que ahora, la distancia que nos separaba era tan solo de unos sentimientos y que con cada segundo que pasaba se iba acortando cada vez más. Al estar casi juntos, nuestros rostros se detuvieron por un instante. Nos miramos preguntándonos si en verdad íbamos a hacerlo. Decidí cerrar mis ojos y dejar al destino lo que pasara. Antes de lo que me imaginé sentí como los labios de Mercedes rozaban los míos, al principio con algunas dudas, pero rápidamente esas dudas se transformaron en deseo. Ella siempre me había parecido hermosa pero nunca me nos había imaginado juntos. Nuestras manos se fueron acercando lentamente hacia el cuerpo del otro. Al llegar empezaron a recorrer por completo nuestros cuerpos. Pero, al estar semidesnudos no tardaron en dejar de recorrer nuestros cuerpos por afuera para hacerlo por abajo de la poca ropa que teníamos. Yo ya estaba al máximo, por lo que cuando ella metió su mano debajo de mi pantaloneta y agarró mi pene casi me vengo.

    Cuando metí mi mano en la parte inferior de su bikini sentí como estaba incluso más excitada que yo. Sentía como si en vez de estar en la orilla del rio, en verdad estuviéramos dentro. Al empezar a frotar mi mano contra su vagina ella empezó a gemir con bastante intensidad, mientras seguíamos besándonos, y cuando metí mis dedos dentro de ella sentí como no pudo aguantar más y se vino. Eso me excitó aún más, por lo que yo tampoco pude resistir más y me vine. Seguía con mi mano dentro de su vagina, no quería que mi mano saliera de ahí, me encantaba como se sentía estar dentro de ella. Creo que ella sentía lo mismo, ya que seguía agarrando mi pene, como si fuera una niña que no quiere soltar sus dulces por miedo a que se los roben. Seguimos besándonos un poco más antes de tan solo dejarnos caer. Lo único que se escuchaba eran nuestras respiraciones, aún agitadas. Nos quedamos en esa posición por algunos instantes antes de volvernos a ver.

    Al ver su cara de felicidad noté que quería eso desde hace tiempo, y que no era un breve momento de deseo. Saqué mi mano de su vagina, y por un momento su rostro de felicidad se extinguió. Pero, al notar lo que me disponía a hacer volvió.

    Metí mi mano por debajo de su espalda y la atraje hacia mí y la coloqué sobre mí. Nos volvimos a besar y nos quedamos hacía por bastante rato.

    Volví a ver hacia el cielo y vi que la luna estaba en lo más alto del cielo, no soy experto en las etapas lunares, pero creí que eso significaba que ya era bastante tarde.

    -Creo que deberíamos ir- le dije mientras la bajaba de mi.

    -Tengo una mejor idea- dijo con una sonrisa pícara.

    Se levantó de un salto y me jalo de las manos para levantarme. Una vez arriba me jalo de una mano hasta el río. Al llegar al río me atrajo hacia ella y me empezó a besar, mientras me bajaba pantaloneta. Al comprender lo que quería hacer empecé a hacer lo mismo con la suya. Al terminar de quitarnos la ropa la lanzamos a la orilla del río. Al sentir como mi pene chocaba contra su cuerpo y como sus tetas contra mi pecho me excité hasta un punto que creí imposible. La atraje más hacia mi y la empecé a penetrar, fue mucho más fácil de lo que esperaba, no solo porque estuviéramos en el agua, también porque ella estaba tan excitada como yo. Agarré su culo con mis manos y lo movía hacia adelante y hacia atrás para coordinarnos. Ella gemía, cada vez con mayor intensidad. Nunca había disfrutado tanto con nadie. Con todas con las que lo había hecho se sentía siempre igual, pero, ahora que lo estaba haciendo con Mercedes me sentía diferente. Me encantaba estar dentro de ella, sentir el calor de su vagina, y sentir su suave piel, mezclándose con la mía hasta ser tan solo una piel. Éramos uno. Seguimos así por un rato hasta que los dos nos vinimos al mismo tiempo.

    Nos quedamos abrazados, completamente desnudos, en el río. Aún seguía con mi pene dentro de ella, mientras nos besábamos. Al separarnos seguimos en el agua, viéndonos, ella lucía demasiado hermosa bajo la luz de la luna. Ahora la veía con ojos diferentes, como si volviera a verla por primera vez, pero ahora no la veía como la pequeña niña que me habló de pequeños cuando nadie más lo hacía, ahora era una mujer, una hermosa y perfecta mujer. Nos quedamos en el río, charlando, bromeando y de vez en cuando dándonos algún beso ocasional. Al ver que ya estaba amaneciendo salimos del río y nos pusimos rápido la ropa para ir a nuestras cabañas y que nadie supiera lo que habíamos hecho durante toda la noche.

    Al llegar a mi cabaña uno de mis mejores amigos (Luis) ya estaba despierto.

    -¿Que estuviste haciendo toda la noche?- me preguntó.

    -Nada, eso solo que no me podía dormir así que fui a caminar y no me di cuenta de que hora era.

    A la hora del desayuno, Mercedes se sentó al lado mío. Al principio me asusté, porque pensé que alguien nos iba a descubrir, pero luego recordé que éramos mejores amigos y que para los demás eso era normal. La verdad es que fue diferente de lo que creía, pensaba que sería como antes, pero que estaríamos algo «avergonzados». Pero, esperaba algo totalmente distinto, esperaba que ahora fuera diferente. Y terminó siendo una mezcla entre los dos, seguíamos como antes, pero ahora éramos más «unidos» y más «cariñosos». Pero, mi parte favorita, era que cada vez que nadie nos veía, nos besábamos, y cada vez que nos quedábamos completamente solos, lo hacíamos.

  • Madam Viudez

    Madam Viudez

    Adela, sexagenaria, se plantó desnuda ante el espejo vertical del armario ropero de su dormitorio y se contempló. «Bueno», se dijo, «no estoy nada mal, aún conservo mi femineidad, creo que soy una mujer deseable para los hombres.»

    No se equivocaba Adela en su valoración sobre sí misma: sí, era deseable; además, su físico concordaba con muchas de las características del nuevo estilo de pinturas que se importaban de Venecia: Adela tenía una ancha cara agraciada, de rasgos finos y bien perfilados; tenía unos pechos grandes y redondos, algo caídos; tenía una cintura acogedora, con pliegues; tenía anchas las caderas y un grueso trasero; y su coño y sus trémulos muslos eran los de una mujer esplendorosa.

    ¿Cuánto tiempo hacía que Adela no probaba a un hombre? Ella ni se acordaba: su marido murió hace seis años, no obstante dejó de hacerla su mujer, sexualmente hablando, desde hacía más años. ¡Alto!; esperen, ¿y aquella escaramuza con el deshollinador? Un tipo áspero que no le quitaba ojo a cada pausa que hacía en su trabajo; decía: «Señora, el boquete se ve muy atorado», y la miraba fieramente; hasta que, a la tercera vez que se lo dijo, ella contestó: «Ciertamente, deshollinador», y se alzó la falda y las enaguas hasta el ombligo mostrando su pelambre púbica al hombre, que, como animal en celo, la poseyó sobre el sucio suelo de la cocina con desesperación. Adela quiso que se quedara con ella a dormir esa noche, para poder disfrutar más del macho, pero él dio una excusa y salió rápido como rata que abandona el barco que se hunde.

    «Adela», oyó; una voz cantarina. «¡Quién!», exclamó; «Ade-la.»

    Adela se giró. Su cuerpo desnudo quedó reflejado de espaldas en el espejo. «¿Quién llama?»

    La vela de la mesita de noche chisporroteó, después se apagó. «A-de-la.»

    «¿Qué broma es esta?», gritó indignada Adela, sintiendo un leve roce en la espalda. Se giró de nuevo. El espejo; no estaba.

    «Ay, ay, ah, ah, ay», exhalaba lánguida Adela mientras el hombre la follaba. «Ah, ay, ah, no… es… un… sueño, ay, ah, lo… siento… dentro, ay, ah.»

    ¿Cómo había ocurrido? ¿Una materialización de un deseo? ¿Un ladrón se había colado en su casa? Adela no lo sabía; ella sólo sabía que aquel hombre la hacía feliz: la hacía sentirse de nuevo mujer. Al principio, a oscuras, sintió las manos sobre sus tetas, después la saliva en su boca y en su cuello; más tarde, un leve arrastre la llevó a su cama y, mientras sus tetas estaban siendo lamidas, diría más, sorbidas, notó la dureza en su entrepierna abriéndose camino en sus entrañas. Adela no veía nada, era demasiada la oscuridad, sin embargo estaba segura que quien la estaba poseyendo de esa manera era un muchacho joven, musculoso, depilado. Súbitamente, el hombre paró de bombear y la volteó para ponerla a gatas y penetrarla por detrás. «Ay, ay, ay», se quejaba Adela de gusto. Sí, estaba algo cansada, la edad no crecía de balde, pero Adela se encontraba en el mismo cielo: tanto tiempo sin tener un orgasmo, y ahora le venía uno detrás de otro. Se dio cuenta, porque los oyó, oyó los feroces resuellos, que el hombre estaba a punto de terminar; esperaba que el borbotón de semen inundara su culo en cualquier instante; y así fue: la líquida calentura se desparramó dentro de ella, la llenó y dijo: «¡Guau!» Entonces, deslizó sus rodillas sobre las sábanas hacia atrás y cayó de frente sobre el colchón, completamente estirada, con la cabeza de perfil en la almohada, los ojos semicerrados y la respiración agitada.

    Adela, desfallecida, noto el leve empuje ascendente del colchón al liberarse de un peso. «¿Te vas?», preguntó arrastrando las dos sílabas. Como respuesta obtuvo el sonido del picaporte de la puerta al cerrarse.

    Al día siguiente, Adela fue al mercado a comprar alimentos. Frente al puesto de verduras, se topó con un corrillo de vecinas que comentaban algún hecho acaecido en la ciudad. Adela, acercándose, prestó oídos:

    «Dicen que un hombre aparece de la nada para fornicar»…; «No creo una palabra»…; «¿Saben cómo es?»…; «Pues entrará por las ventanas»…; «Sólo lo hace con viudas»…; «¿Sólo?, ¡vaya!, mi marido me tiene a secas»…; «Dicen que es joven y musculoso»…; «¡Envidia me dais alguna!, ¡ay, Adela, estás aquí!»…

    «Sí, Paquita, ¿decís que un hombre se aprovecha de las viudas en sus propias casas?, ¡qué horror!», dijo Adela mientras le reconcomía una corriente por dentro, corriente que reconoció al instante: eran celos.

    Terminó de hacer la compra Adela y se dirigió al convento del que era feligresa a dejar algo para las pobres monjas. «Ave María Purísima», saludó nada más superar el pórtico; «Sin pecado concebida», respondió la joven y vigorosa monja que le abrió, «oh, gracias, Doña Adela, ¡qué haríamos nosotras sin usted!»; «Ni nosotros, desamparados viudas y viudos, sin vosotras»; «Bah, bah, Doña Adela, no exagere»; «Veo, hermana Remedios, que estás leyendo, ¿qué es?», dijo Adela al percatarse que la monjita portaba un librito apretado en una mano; «Bah, Doña Adela, lo encontré delante de la puerta, tirado, cuando barría…, parece ser poesía, de esas de moda, Carpe diem y todo eso, un poco sacrílegas, tendré que confesarme pronto», explicó la monjita con una sonrisa de oreja a oreja, «tome, se lo regalo», añadió; «No… sé… yo…», titubeó Adela: «Sí, anda, tome, se distraerá…, a fin de cuentas… usted no es monja, además, hoy tengo mucho trabajo, los hombres viudos reclaman cada vez más mis servicios en sus casas, les cocino, les plancho»…; «Ay, hija, ten cuidado, hay mucho desaprensivo suelto y tú… tú eres tan inocente»; «Descuide usted, Doña Adela, sé lo que me hago, y me dan dinerito para el convento, pobres, tan solos y desconsolados, figúrese que me han puesto hasta mote, ¿sabe cuál?»; «No»; «Sor Linda Tez.»

    Adela caminó por las sucias calles, llenas de defecaciones y detritus, y llegó al Parque Real. Allí se sentó sobre un banco de mármol y abrió el librito. Los poemas, sonetos en su mayoría, resultaban bonitos y bien rimados; sí, algo picantes, pero sin escándalo. Pasó una página, otra, hasta que algo la detuvo: ahí, vio un papel doblado en cuatro. Lo pinzó con sus dedos y lo desdobló: ante ella vio un soneto que la sumió en una inquietud galopante. ¿Sería obra del violador? No creía: el violador las prefería viudas, como ella. Además, se veía con claridad a quien iba dirigido:

    «Esclava de Dios, voluntaria mujer,

    Los viudos te llaman por tus cuidados,

    Sin tus visitas no serán aliviados,

    Su hiel se les desborda, la quieren verter.

    Desnudos tus senos desean poder ver,

    Estrujarlos, más, chuparlos; «amados»,

    Les dices a ellos; ya están excitados;

    Sus bocas arrugadas quieren beber.

    Son muchos, pero es mayor tu caridad;

    Tu hábito se abre, y así das tu desnudez

    A esos maduros sin gran vitalidad.

    Les mamas las pollas con gran sencillez.

    Te arrodillas, tragas su virilidad.

    Llena eres de semen, tú, Sor Linda Tez.»

    «Hola, Doña Adela», se sobresaltó; «¡Ay, Héctor, qué susto me has dado!», exclamó Adela metiendo el papel en el libro y cerrando este con decisión; «¿Lee, usted?»; «Sí…, nada, unos poemas». Héctor, un pobre retrasado, un muchacho sin oficio pero de alta alcurnia, acostumbraba a pasear por ese parque a contemplar embobado los pájaros de las jaulas y los peces de los estanques. «Héctor», pensó Adela, sintiendo su coño húmedo a causa de la lectura anterior. «Héctor, acompáñame», pidió Adela; «¿Dónde?»; «A ver pajaritos.»

    Adela condujo a Héctor a través de una fronda apartada. Se detuvieron. Adela miró a Héctor; «Héctor, me han dicho que escondes un pájaro ahí», afirmó Adela señalando la entrepierna del chaval; «No es un pájaro»; «Déjame que lo vea», ordenó Adela mientras iba arrodillándose y bajando el calzón a Héctor, «sí, lo es, y precioso, lo voy a besar», Adela besó el capullo de Héctor y éste se abrió dejando florecer el glande, «Oh, mira, ha crecido, espera, lo calentaré en mi boca, no sea que pase frío», y Adela se metió la gruesa polla de Héctor en la boca y comenzó a mamar de ella como cachorro con hambre. Los labios de Adela, adaptados a la fálica forma, se curvaban, avanzaban, retrocedían; a Adela le sobrevino la asfixia y respiró ruidosamente por la nariz mientras escuchaba los gemidos de placer del retrasado, mientas notaba como ardía el miembro junto su paladar, y, después, el líquido viscoso se derramaba sobre su lengua, pegajoso más tarde sobre su barbilla lampiña.

    Adela se despidió de Héctor junto a la salida del Parque Real: «Adiós, Héctor, ya sabes, no debes contar este secreto o tu pajarito morirá al instante, otro día le daremos de nuevo calor para que esté contento»; «Oh, sí, contento, contento», respondió Héctor, alejándose de ella dando saltitos de alegría.

    Continuó Adela el recorrido hacia su casa, cuando, en una esquina, observó que dos estudiantes, ropas y capas negras, discutían. Pegó la oreja:

    «¿Dices que era un soneto?»; «Sí, el mejor soneto»; «¿A quién iba dirigido?»; «¿A quién iba a ser?, a esa monjita, rosa de pitiminí, que me tiene el seso sorbido»; «¿La de la puerta del convento?»; «¡Esa!»; «¿Qué ocurrió?»; «Lo leerá, seguro, pero…, mísero de mí, anoche me dormí, ¡se me olvidó firmarlo!, y esta mañana lo llevó un criado, tal y como le indiqué antes del sueño, a la puerta del convento.»

    «En fin, caballero», interrumpió Adela viniendo desde atrás, «a mi parecer, muy amoroso no es, el soneto digo.»

    Los dos estudiantes se giraron sobre sus talones sorprendidos.

    Acabar en su lecho junto a dos hombres no entraba en sus planes; sin embargo, y es así que ocurre en la mayoría de los casos, la literatura nos conduce al intercambio, el intercambio a los sentidos, los sentidos a la sensualidad y la sensualidad al sexo. Y esto les ocurrió a estos tres: que si sí que si no; que qué era lo amoroso, el ideal, y qué lo carnal… Había que comprobarlo, había que experimentarlo; «Tendrás que arrodillarte sobre el colchón, yo te la meteré desde abajo por el coño y mi compañero, desde detrás, te la meterá por el culo», dijo el estudiante escritor; «Sí, será lo mejor para disfrutar los tres», consintió Adela.

    Ay, vibración de la carne; ay, suspiros, gemidos, exhalaciones; ay, ventosidades que escapan de los huecos húmedos rellenados una y otra vez por viriles mástiles. «Ah, ah, ay, ay»; «Oh, ah, oh, mmmpf»; «Mujer, mu-jer»; «Ay, dale, más, ay, ah.»

    Sujeta por las caderas, Adela recibía las embestidas. Las palmas de sus manos y las rodillas sobre el colchón, su cara contorsionada, transfigurada por el placer, sus tetas grávidas se balanceaban en todas direcciones; Adela recordó el soneto dedicado a la hermana Remedios que encontró en el librito, y recordó el último verso esbozando una sonrisa de satisfacción: «Llena eres de semen, tu»; cambiando las cuatro últimas sílabas métricas: «Llena eres de semen, tú, Madam Viudez.»

    Entretanto, en el convento, la hermana Remedios, dentro de su celda, en la oscuridad, se despojaba de su hábito color marrón, quedando al descubierto su enorme polla colgante, sus musculados tórax, brazos y piernas. Con fuerza de titán retiró los pesados barrotes de hierro de la ventana y, de un potente salto, clavó sus pies descalzos en la calle embarrada. Jamás lo pillarían porque, mientras de día era la pobre monjita que ayudaba a los viudos, de noche se convertía en el gran depredador sexual violador de viudas. No podía faltar a la cita: la siguiente era un bocado apetecible: la reciente viuda del Rey que sería asesinado en breve por su hijo legítimo, él mismo.

  • Voy a visitar a mi hija a la universidad (Parte 4)

    Voy a visitar a mi hija a la universidad (Parte 4)

    Después del encuentro con mi hija en la universidad, donde nos chantajeó su compañera Sonia, y me hizo follármela, habíamos decidido que nos veríamos más a menudo.

    Yo ahora mismo era un hombre satisfecho, muy satisfecho debería decir. Además de a mi hija, me tiraba a mi mujer, con lo que todo quedaba en familia y era perfecto. Mi hija no me había preguntado aun si follaba con su madre, aunque debía de pensar que era lógico que así fuera, si había vuelto a vivir con ella.

    Ese día decidimos hacer algo peligroso y excitante. Habíamos quedado para follar en el tejado del edificio principal del campus.

    Subimos por separado. Eran las 5 de la tarde y mientras los que no estaban haciendo deporte, dormitaban en sus cuartos, mi hija y yo nos encontramos en la terraza.

    El edificio principal del campus esta como a unos 2 kilómetros del centro de la ciudad, aislado de todo. El problema era si podían vernos o no desde el resto de la universidad.

    Delante nuestro estaba el campo de rugby o futbol, ya que era polivalente. Por detrás, las piscinas olímpicas, donde a esas horas solo había 3 o 4 despistados. En lado izquierdo la entrada al campus y en el derecho, nada absolutamente.

    Decidimos pegarnos más a ese lado, para ninguna mirada curiosa pudiera sorprendernos.

    Pese a que estábamos a finales de septiembre, aun hacía calor. Yo soy algo blanco de piel y decidí subirme una toalla para taparme un poco. Así además, podríamos escondernos en caso de “peligro”

    Me puse encima de mi hija como siempre, ella no me había montado todavía, y lo hicimos así.

    Terminamos tumbados encima de la toalla en el tejado. Decidí contarle que estaba haciéndolo con su madre también y que la compartía con ella.

    -Tranquilo papi. No pasa nada. Además, primero lo hiciste con ella para poder engendrarme a mí.

    Me alegraba que me comprendiera tan bien.

    Bajamos y nos despedimos.

    Pero algo me rondaba la cabeza. Había probado a su compañera, y me gustaría repetir con ella como os conté. ¿Estaba poniendo los cuernos a mi hija o a mi mujer? Quien sabe, eso no eran cuernos, ¿o sí?

    Tenía su número, ya que lo había copiado al bajar al cuarto de mi hija, y decidí llamarla. Ella por supuesto no sabía que era su padre como os dije, sino que pensaba que era su amante.

    El teléfono dio varios tonos y no contestaba. Estaba a punto de colgar, cuando contestó.

    -¿Quién es?

    -Hola, soy Gerardo, ¿me recuerdas?

    -Claro Gerardo. Has tardado en llamar.

    -Mi hija no sabe nada, pero quiero volver a verte y…

    -Dilo. Follar conmigo, ¿no?

    Me había pillado.

    Ella era muy madura para su edad, y enseguida llevó el ritmo de la conversación a su terreno y quedó conmigo para ese sábado a las 5 de la tarde en el centro comercial.

    No me dejó decirle que podrían descubrirnos.

    Llegó el sábado y me vestí bien, me perfumé y salí para el centro comercial. Mi mujer estaba de congreso ese fin de semana y mi hija no estaba en casa, estaba con su compañera de cuarto preparando unos exámenes.

    Antes de salir me sentí un poco culpable por lo que iba a hacer, pero al llegar a la calle no le di más importancia.

    Al llegar al centro comercial veo que Sonia está en un puesto de helados. El puesto consiste en un carrito con un toldo, que hay enfrente de una tienda de lencería.

    Sonia está bebiendo un batido. Cuando me ve, empieza a chupar la pajita de forma insinuante, como si estuviera chupando una polla, ya sabéis. Para ser tan cría, parece una experta.

    Me hace un gesto con la cabeza para que entremos en la tienda y tira el batido, sin terminar, a la papelera.

    -¿En qué puedo ayudarles? nos dice una dependienta nada más entrar.

    -Mi padre quería comprarme un conjunto bonito de sujetador y braguitas, o dos, ¿no papá? y un bañador y un bikini también. Aunque ya quede poco de buen tiempo, lo tengo para el año que viene, je,je.

    Yo la miro, pero no digo nada.

    La dependienta nos acerca a donde está la lencería, y nos enseña unos conjuntos y unos bañadores y bikinis. Sonia elige tres de ellos y nos esperamos a que se quede libre uno de los probadores. La tienda tiene bastante gente.

    Sale una señora de uno de ellos y entramos.

    -Vamos, rápido, tenemos poco tiempo.

    Sonia se baja el pantalón corto que lleva y las braguitas y me insta a comerle el coño. Yo obedezco sin más. Lo tiene rosadito, muy lindo y se lo como con ardor mientras ella me sujeta la cabeza.

    Al poco rato se corre. Siento como aprieta sus piernas contra mi cabeza, pero no me molesta, es más, lo disfruto.

    Se asoma a la puerta, después de subirse las bragas y los pantalones otra vez y le dice a la dependienta que necesita una talla más de sujetador. Como no puede probarse la ropa interior se lo puso por encima y vio que necesitaba uno más grande.

    Yo estoy empalmado y me doy la vuelta cuando abre la puerta para que la dependienta no me vea así

    Vuelve a cerrar la puerta y se baja el pantalón, las bragas y saca un preservativo que llevaba en el bolsillo trasero del pantalón. Me lo pone, lo desenrolla hasta la base de mi pene y la penetro a pulso.

    La agarro por las caderas mientras me muevo rápido. Entro y salgo de ella con fuerza, pero sin pararme a la vez. Tengo que aguantarme los gemidos para que nadie nos oiga.

    -Ugh, ugh, ugh, gimo cerrando la boca.

    Ella es una experta en tragarse su placer y en poco rato me corro dentro de Sonia.

    -Uuuggghhh. Gimo sin que nos oigan.

    Me salgo de ella, pero no llevo clínex ni ella tampoco encima. Así que nos vestimos y me dejo el preservativo puesto. No me importa que el lubricante manche los calzoncillos, luego los lavaré.

    Pago un par de conjuntos que le he comprado para disimular. No se lleva ningún bañador ni bikini.

    Cuando vamos a salir, yo llevo la bolsa y ella va detrás, veo a mi hija en el mismo carrito comiendo un helado. No nos ha visto y hago un gesto a Sonia para que se quede dentro de la tienda.

    Me hago el sorprendido al verla.

    -¡Hola papá! ¿Qué haces aquí?

    -¿Y tú?

    -Pues que he quedado con una compañera para pasar la tarde y me ha dado plantón, creo. ¿Y tú? ¿Qué haces por aquí? llevas un bolsa en la mano.

    -Un regalo para tu madre. Quería darle una sorpresa y le he comprado un par de conjuntos de ropa interior.

    En ese momento suena un pitido en su móvil. Lo mira y me dice:

    -Es Marta, dice que no puede quedar al final. Vaya por dios.

    Nos vamos juntos y Sonia me hace un gesto de despedida desde dentro de la tienda y me sonríe pícaramente.

    Como su madre está en el congreso, mi hija se queda en casa a pasar el fin de semana.

    Preparo algo de cena y hablamos de todo un poco. Se ha empeñado en que le cuente como lo hacemos su madre y yo.

    -Pues a tu madre le gusta hacerlo con ella encima. Ya sabes que las mujeres podéis controlar la penetración y vuestro placer y…

    -Me gustaría que la próxima vez lo hagamos así papi.

    -Está bien, le respondo.

    Terminamos de cenar y recojo la cocina y fregó los platos, mi hija está muy cansada y se va pronto a dormir.

    Yo me quito los calzoncillos, llevo toda la tarde con el preservativo puesto y algo de semen se ha derramado. Están un poco guarros.

    Tras lavarlos, me ducho y me enjuago bien el pene que está un poco pringoso.

    Después me voy a dormir yo también. Antes me he asomado a la habitación donde duerme mi hija y me quedo mirándola dormida. Está preciosa.

    Es temprano cuando oigo abrirse la puerta de mi cuarto, yo todavía estoy medio dormido. Es mi hija. Me quita la sabana y me acaricia y me besa el cuerpo y luego la boca. He dormido desnudo y mi pene enseguida reacciona.

    Sara me baja la piel del glande que se había quedado tapado y me masturba despacio, con suavidad, me encanta.

    -Sigue mi niña, le digo.

    Mi hija obedece y me lo hace lento un rato más.

    -¿Te gusta papi?

    -Siiii, claro.

    -¿Aguantarás sin correrte si acelero?

    -Claro.

    Acelera el ritmo y creo que voy a correrme, pero pienso en otra cosa y aguanto.

    No me había dado cuenta hasta ahora que mi hija estaba desnuda. Se pone encima de mí y se abre los labios para que le coma el chocho.

    Después de comérselo un buen rato, está húmeda.

    -Ahora te montaré, me dice sonriendo.

    Se la clava despacio y miro como lo hace. Estoy muy excitado. El líquido pre seminal está a punto de escapárseme.

    Sara sube y baja sobre mí, preguntándome si me gusta y si lo hago bien. Le respondo que sí, que lo hace de forma increíble.

    Sigue subiendo y bajando sobre mí. Un poco más tarde echa su espalda hacia atrás y me cabalga así. Mi polla se dobla un poco.

    -Con cuidado mi niña.

    -Sí, papi, avísame si te duele.

    La visión de sus pechos adolescentes subiendo y bajando son lo más para mí. Estoy muy excitado y no puedo aguantar mucho más.

    -Mi niña, me corro, le digo. No puedo más.

    -Córrete papi. Córrete.

    -Ughhhhh, ¡me corrooo! ¡mi niñaaaa!

    -Échamelo todo, échamelo.

    Descargué bien fuerte en mi hija y me quedé relajado. Nos tumbamos juntos a descansar, pero sabía que mi niña no se había corrido aun.

    -Ahora vamos a terminarlo mi niña.

    -¿Cómo papi?

    -Que vamos a seguir haciéndolo.

    La puse a cuatro patas y se lo hice así.

    Mi pene estimulaba al máximo su punto g y en pocos minutos nos corrimos con un grito, yo por segunda vez.

    -¡Aaaaah! ¡Papiiiii!

    -¡Mi niñaaaa! ¡Qué gustooooo! ¡Ah, ah, ah!

    Ahora sí, nos tumbamos y nos quedamos dormidos los dos juntos.

    Al día siguiente volvía mi mujer. Mi hija no tenía clases el lunes y pasaríamos el día los tres juntos.

    Mi mujer llegó el lunes por la mañana temprano. Tenía el día libre por el congreso y decidimos tomarnos el día para nosotros.

    Hicimos muchas cosas juntos, pero en algún momento en que nos quedamos solos, mi hija me propuso contarle a su madre lo que habíamos estado haciendo.

    Le dije que ni se le ocurriera, que era una locura. ¿Cómo iba a contarle que me estaba tirando a mi propia hija? Me mataría o algo peor.

    La solución llegaría sin pensarlo más tarde.

    Eran así como las doce de la noche. Mi mujer y yo medio dormíamos, o eso pensaba yo, porque entonces noté su mano en mi paquete. Me medió desperté y sentí como mi mujer me masturbaba con su mano derecha.

    Subía y bajaba sobre mi polla y aunque apenas sentía placer, porque me lo hacía despacio, era muy relajante.

    Entonces se quitó el sujetador y me hizo una cubana con sus tetas. Las tetas de mi mujer siempre han sido lo mejor de su cuerpo junto con su culo. Mi polla se deslizaba sobre ellas como mantequilla. Debió echarse un lubricante, aunque yo no notaba nada.

    Siguió un poco más y acabé corriéndome en sus tetas.

    Cogió un pañuelo de papel y se limpió las tetas. Para entonces ya estaba despierto del todo.

    -Aun no has acabado, me dijo sonriendo. Ahora me toca a mí.

    Se subió encima de mí y me cabalgó. Me hizo una cabalgada profunda y luego se echó hacia atrás como había hecho mi hija antes. No sospeché nada, pero en ese momento, mi hija apareció desnuda y se quedó parada en el umbral de la puerta de nuestra habitación, mientras mi mujer seguía follándome.

    Con un par de dedos mi hija se masturbó mirándonos y justo antes de llegar al orgasmo, mi mujer se giró sabiendo que ella estaba allí.

    Yo no pude más y me corrí con un grito, y casi al mismo tiempo, mi hija y mi mujer se corrieron también.

    Mi hija se subió a la cama con nosotros y me dijo que le había contado a su madre lo nuestro.

    Misteriosamente mi mujer no puso ninguna pega. Yo entonces les confesé que tenía una tercera persona en mente, para que se uniera a nosotros. Sara sonrió y le dijo al oído algo a mi mujer.

    Nuria me hizo un gesto de afirmación con la cabeza.

    Quería que lo hiciera con las tres. Ahora tendría que prepararme y convencer a Sonia para que viniera a casa y folláramos todos juntos.

    Si os ha gustado el relato y queréis cambiar impresiones, escribidme a: [email protected].