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  • Después del funeral con mi yerno

    Después del funeral con mi yerno

    Hola mi nombre es Itzamara, soy de Paraguay, tengo 55 años, de complexión soy delgada, con pechos chicos y un culo parado y respingón, soy una mujer cristiana muy recatada de la vieja escuela, uso vestidos largos hasta los tobillos, no uso ropa de moda como dirían, ni ropa enseñona, esto que me paso fue hace dos años después de la muerte de mi marido.

    Mi yerno Raúl y mi esposo siempre tuvieron una relación muy cordial más que yerno y suegro eran excelentes amigos. Por lo que cuando mi marido murió todos sufrimos mucho y entre los que más se apenaron estuvimos yo mi hija y su esposo.

    Soy una mujer que considero aún me conservo muy bien por lo que al quedar viuda a los 53 años me dolió mucho, con mi esposo no hacíamos el amor con mucha regularidad, nuestros encuentros se reducían a hacerlo una vez al mes, de la forma mas tradicional y nuestros encuentros duraban 10 o máximo 15 minutos, por lo cual me encontraba insatisfecha desde hace años, pero como decía mi madre, no se hablan de las intimidades de alcoba con el marido, y así después de un mes de la muerte de mi marido me encontraba anhelando tener sexo de nuevo, me sentía completamente necesitada de satisfacción. Fue ahí cuando hice la cosa mas equivocada que pudiera pensar.

    El hermano de mi marido, Roberto, un hombre maduro dos años mayor que yo, vino una tarde para acompañarme y saber como iba superando mi perdida, ambos nos sentamos en el sofá, empecé a llorar en su hombro, después de una hora de platicar sobre mi marido .mi cuñado puso mi cabeza sobre su regazo para que descansara un poco. Era casi de noche y estábamos solos en la casa, mi hija y su marido viven a unos pocos minutos de acá.

    Me sentía un poco cansada, sin embargo cuando coloque mi cabeza sobre su regazo pude sentir la erección dentro de sus pantalones, me sentí un poco nerviosa, entonces empezó a acariciarme, antes de que pudiera reaccionar de nuevo estaba ya en mi dormitorio y el hermano de mi difunto marido me estaba poseyendo. Su pene no era tan grande como lo hubiese deseado pero logro calmar mi creciente ardor.

    Estaba haciéndole una caliente mamada cuando escuche un pequeño ruido que mi cuñado concentrado en su placer no escucho, gire mi vista y entonces <mire a mi yerno parado en la entrada de la puerta de la habitación, nuestros ojos se encontraron en el momento exacto en que mi cuñado disparaba su semen dentro de mi boca.

    Mi yerno retrocedió rápidamente y salió de la casa, rápidamente le dije a mi cuñado que se vistiera y se fuera, me encontraba completamente avergonzada, el esposo de mi hija me había descubierto teniendo sexo con mi cuñado.

    Pasaron cerca de tres semanas sin que tuviera noticias de mi yerno, aunque mi hija venía a visitarme, este no la acompañaba, pensé que mi yerno no le había dicho nada a su esposa pues nunca me dijo nada. Pero cada vez que recordaba el incidente me sentía completamente avergonzada.

    Cerca de un mes después de que sucedió el incidente, empecé a tranquilizarme pensando que mi yerno nunca mencionaría nada de lo sucedido, un sábado mientras acomodaba mi cama escuche un golpe en la puerta de la habitación cerrándose fuertemente, trate de dar vuelta para mirar pero fui empujada sobre la cama, una mano sostenía mi cara contra las sábanas, fui incapaz de ver quien estaba detrás de mi, entonces oí su voz, rápidamente lo reconocí, ¡era Raúl mi yerno!

    Rápidamente se inclinó sobre mi y me susurro en mi oído “¡Me la voy a coger señora, le daré lo que usted necesita!” Yo no podía hablar pues mi cabeza estaba siendo empujada fuertemente contra mi cama, sentí como una mano subía mi vestido hacia mi espalda y como mis nalgas eran apretadas por su potente mano.

    MI yerno soltó un momento mi cabeza permitiéndome hablar “¡Raúl por favor no haga esto!” suplique

    “Cállese puta, sé que usted quiere que se la cojan, tardo solamente un mes para acostarse con el hermano de su esposo, ahora yo le voy a dar una verdadera lección” hablo mi yerno.

    Sentí como mis medias se rasgaban rápidamente, entonces escuché a mi yerno desabrochar su cinturón, mientras hacía esto yo podía haberme levantado sin embargo un gran temor me detenía.

    Giré mi cabeza y entonces pude ver como mi yerno bajaba su pantalón, dejando libre su erecto pene. Era el pene mas grande que hubiera visto media por lo menos 10 pulgadas y era bastante grueso.

    Entonces rápidamente trate de levantarme y escapar pero mi yerno me tomo por el cabello y me empujo haciendo que cayera de rodillas. Entonces se puso frente a mí aun sujetando mi cabello.

    “¡Abra la boca!” ordeno

    “¡Raúl, por favor…!” le suplique ahora con los ojos llenos de lágrimas que empezaban a caer por mis mejillas.

    Pero al tratar de terminar, mi yerno empujo la cabeza de su enorme pene entre mis labios, “¡Muéstreme como mama verga una vieja caliente como usted, hágamelo como se lo hizo a su cuñado!”, entonces empezó a empujar todo su pene pulgada a pulgada dentro de mi boca hasta que entrara casi hasta mi garganta.

    Fui forzada a mamar su pene, empecé a deslizar mi lengua sobre la cabeza de esta mientras empecé a chuparla con mis labios, la saque un poco de mi boca y empecé a chuparla recorriendo con mi boca la longitud entera de su herramienta, mi yerno soltaba suaves gemidos cada vez que mi lengua descendía y se deslizaba suavemente acariciando sus gordas pelotas. Sentí como su pene se ponía rígido como una roca, pensé que estaría cerca de terminar, pero el presintiéndolo retiro su pene y me arrojo de nuevo sobre la cama, boca arriba.

    Entonces mi yerno rápidamente se colocó sobre mí, cerré los ojos nerviosa por lo que este iba a hacerme, entonces lo sentí, de un empuje Raúl enterró su enorme miembro dentro de mi vagina, gemí fuertemente al sentir como su grueso y largo aparato se abría campo en mi interior, sin embargo debía reconocer que empecé a sentir un leve hormigueo de placer.

    MI yerno empezó a penetrarme rápida y fuertemente, con gran esfuerzo trate de ocultar el placer que había empezado a experimentar, pero mis gemidos empezaron escapar, había pasado un mes sin sexo otra vez, desde el incidente no había querido hacer anda mi cuñado.

    Me sorprendí al darme cuenta de que yo misma había levantado un poco las caderas emparejando mis movimientos con los de mi yerno, me sujeto por las caderas mientras continuaba penetrándome ahora mas duro, su pene se deslizaba profundo dentro de mi mojada vagina, pocos segundos después sentí como llegaba mi orgasmo, no lo pude ocultar gemí fuertemente mientras mi cuerpo empezaba a convulsionar disfrutando de aquel inmenso placer.

    “Si suegra, demuéstreme lo puta que es, quería verga pues aquí tiene la de su yerno que le está dando tanto placer” gemía mi yerno

    “Oh si Raúl cójase a su suegra, así ahhh” entre mas sucio me hablaba mas disfrutaba.

    Fue entonces cuando mi yerno empujando su pene fuerte y profundo dentro de mi vagina empezó a gemir aún mas alto, sentí como su pene empezaba a disparar potentes cantidades de esperma que iban a estrellarse en lo profundo de mi ser, mi cuerpo volvió a ser sacudido por oleadas de placer.

    Sentía como mi yerno llenaba toda mi vagina con abundantes cantidades de semen, adoraba sentir todo esto, nunca había sido penetrada por un pene tan grande y que me satisficiera tanto.

    Después de algunos minutos Raúl se retiró de mi, y permaneció a mi lado en la cama, jadeaba como recobrando energía durante algún tiempo. Entonces se volteó hacia mí de nuevo y rasgo totalmente mi blusa, mis pezones estaban completamente erguidos, entonces tomo mis senos entre sus manos y los acaricio inclinando su boca los beso, luego me jalo haciéndome colocar sobre él.

    Sabía lo que iba a hacer, su pene estaba completamente erecto otra vez, tomo este en su mano y lo acerco a mi vagina. Empecé a cabalgar su pene furiosamente disfrutando de todo el placer que me pudiera dar, gemía cada vez que su duro miembro desaparecía profundo en mi interior.

    Sentía de nuevo como se acercaba el clímax, sujete mis senos entre mis manos apretando mis pezones, y me desplome enterrando completamente su enorme pene en mi interior mientras gemía de placer, mi yerno acelero los movimientos de su pene dentro de mi vagina, sentía como su respiración se hacía cada vez mas rápida a medida que también llegaba al orgasmo, entonces me abrazo contra él, chupando mis pezones mientras poderosos disparados de su semen llenaban mi interior.

    Era el mejor sexo que había tenido en mucho tiempo y había sido con el esposo de mi hija, mi yerno, cuando este terminó de eyacular, me retiré y me acosté a su lado, relajada con todo el placer que había tenido.

    Unas horas mas tarde me levanté para ir a la ducha quería refrescarme un poco, cuando estaba por cerrar la llave de la ducha vi como mi yerno entraba dentro de la habitación desnudo aun y acercándose me daba un ardiente beso.

    Mi yerno empujo de nuevo su enorme pene dentro de mi vagina otra vez, tuve tres orgasmos antes de que este terminara. Ahora mi yerno me coge casi a diario, algunas veces me siento celosa de saber que debo compartir con mi hija al hombre que me da tanto placer, pero no puedo decir nada, no quiero que mi yerno me niegue el placer de recibir su enorme verga dentro de mí.

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  • Pelirroja… peligrosa (6ª parte)

    Pelirroja… peligrosa (6ª parte)

    Apenas tenía ganas de comer, pero tragué una magdalena con el café bien cargado que bebí de pie. Hacía apenas unos minutos que Bea se había ido, dándome un largo beso con lengua, y había dicho que me llamaría.

    Y yo ya no sabía qué coño estaba pasando.

    De repente parece que las mujeres me encontraban irresistible. Llevaba más de tres meses de sequía absoluta, cuando tres tías se me lanzan encima y me dejan que me las folle así, por amor al arte. Una de ellas, por si fuera poco, me ha dado la llave de su casa. Otra es su mejor amiga. Y la tercera, para terminar de liarlo, es una ex que me tuvo loco hace tres años.

    Era domingo, hacia las dos de la tarde, y tenía la cabeza dándome vueltas sin parar. Silvia era una chica maja, una niña cándida y dulce a la que realmente gustaba, y con la me encontraba bien. Pero es que Nuri estaba muy buena. Y qué decir que Bea, una tía que folla como una tigresa.

    Bendita encrucijada.

    En realidad Nuri estaba descartada. Se había liado conmigo borracha perdida, y cuando se le pasó la borrachera se arrepintió. Así de simple. Un problema menos. Quedaba pues, decidir entre Silvia, mi niña pelirroja, y Bea, mi caliente ex. Y así me pasé un par de horas, mientras recogía la casa y preparaba una comida rápida.

    Me dispuse a fregar los platos, cuando llamaron a la puerta.

    Era Silvia.

    Cuando la vi frente a mi puerta, sonriente, tímida, con un poco de maquillaje, se me encogió el corazón. Llevaba una ropa ajustada, un vaquero negro y una entallada blusa amarilla. No esperó ni un momento para darme un beso en la boca.

    -¡Hola, C…! -dijo alegre cuando separamos nuestros labios.

    -Hola Silvia… pasa, pasa… ¿cómo tú por aquí? -¿Que suena estúpido? Hombre, tengan en cuenta que acaba de follarme a mi ex no hace ni seis horas, apenas había dormido, y estaba realmente sorprendido.

    -Nada… como ayer no pudimos charlar tranquilamente… -Silvia recorrió con la vista mi apartamento. Comparado con su pedazo de chalet no es gran cosa, pero en fin… -¿Me invitas a un café?

    -Claro… siéntate… -Silvia se sentó frente a mí, y empezamos a hablar de cosas intrascendentes, hasta que salió, inevitable, el tema de la noche anterior.

    -Bueno, y ¿qué tal ayer? -me preguntó.

    -Bah… un poco aburrido. Llevé a Bea hasta su casa y me vine a casa… no sé, sobre las cuatro o así.

    -¿Qué tal con Bea?

    Hey. Cuidado. Interpelación directa. Maniobra.

    -Bien… charlamos un buen rato… -eso es, despreocupado.

    Así seguimos por un tiempo, ella preguntándome cosas y yo fintando como podía y dando evasivas, disimulando. Cuando nos cansamos de ese jueguecito que no conducía a ninguna parte, resolvimos salir por ahí a tomar algo. Nos pasamos por varios locales de moda, y Silvia enseguida recupero el aire jovial y tierno que tanto me atraía. A las tres horas de salir ya estábamos dándonos morreos de tornillo en uno de los locales, que tenía unos amplios y cómodos sillones. Una agotadora sesión que me dejó los labios totalmente dormidos, hasta que conseguí parar unos minutos para aunque fuese tomar una copa.

    Cuando volví, Silvia me miró de una manera… no sé cómo explicarles. Especial.

    -C… -me susurro al oído -Creo que me he enamorado de ti.

    Les juro por lo más sagrado que eso es lo que dijo. ¿Sorprendidos? Pues imagínense yo, que casi se me cae el cubata al suelo. ¿De qué carajo iba todo esto? Yo simplemente me había enrollado con una pelirroja hacía unos días, y ¿de repente me encuentro con que me da las llaves de su casa y me dice que está enamorada de mí? Me entraron ganas de reír, pero no creo que se lo hubiese tomado muy bien, así que hice lo que otro hubiera hecho en mi lugar: le cerré su boca con la mía. Nos estuvimos besando como locos por otros diez minutos, sin apenas descansar, con lo que se pueden ustedes imaginar como terminé. Aunque quizá no se lo imaginen. Pero no adelanto acontecimientos.

    Cuando nos cansamos de darnos el lote en el bar, simplemente salimos en dirección a mi casa. No dábamos cinco pasos seguidos y ella se me lanzaba a besarme, a abrazarme, a darme chupetones en el cuello, o a las tres cosas a la vez. En otras circunstancias me lo habría pasado de muerte (¿y quién no?) pero después de tres días de no parar, me sentía, cómo decirlo, un poco abatido.

    En casa fue mucho peor. Casi no habíamos entrado y Silvia se estaba desnudando a toda prisa. Me mostró su ropa interior riéndose con su carita de niña buena salpicada de pecas, sus braguitas y su sujetador de color negro, y dio una graciosa vuelta para mostrarme el contraste entre su piel blanquísima y el oscuro encaje. A mí me parecía que estaba buenísima, mejor que nunca, y fijo que estaba empapada hasta las rodillas. Me la quería follar, pero a degüello, sin esperar ni media. Y entonces…

    Joder, como sabrán yo llevaba tres días sin parar de meterla en caliente, en lugares bastante angostos por añadidura, y después del polvazo con Bea de esa misma mañana yo no estaba para nadie… además había tenido un fin de semana de poco dormir… había bebido bastante… y encima estaba la tensión, el enamoramiento de Silvia que me daba pánico…

    En fin, no pongo más excusas. Que no se me levantó. Así de simple, así de claro.

    Y no sería poque no lo intentara. Cuando Silvia me bajó los pantalones, arrodillada frente a mí, mi polla apuntaba una leve semi-erección, pero no un levantamiento general revolucionario como yo hubiera querido. No dijo nada, y siguió masajeándome los muslos, a la vez que yo enredaba mis dedos en su melena pelirroja. Metió dos dedos en el elástico de mi slip, y tiró hacia abajo despacio, descubriendo mi miembro hinchado, pero aun blando.

    Se lo metió en la boca y lo chupó con un entusiasmo digno de encomio, pero a pesar de que sentía un gusto considerable, y tenía unas ganas locas de clavársela hasta el útero, mi amigo el calvo había plegado velas y se negaba a dar la cara. Silvia lamió, succionó y pajeó con cariño y ternura, pero definitivamente, no conseguí más que un dolor de huevos bastante a tener en cuenta, y una frustración equivalente.

    -¿Qué pasa? -me preguntó Silvia, mirándome desde abajo, con la boca entreabierta, y unos ojos llenos de desconcierto.

    -No… no lo sé -Fue lo único que acerté a decir.

    Silvia se incorporó, vestida con su ropa interior, y cogiéndome de la mano me llevó a la cama. Habrá unos doce metros entre el hall y mi cama, pero les juro que fue el trayecto más largo que he hecho en mi vida. Acababa de tener un soberbio gatillazo… a los veintisiete años, con una tía que estaba bien apetecible, y después de que ella, señores, me la chupara. Supongo que había motivos de sobra para explicarlo, sobre todo teniendo en cuenta las agitaciones que había sufrido (bueno, disfrutado) los últimos tres días… pero yo no estaba para racionalizaciones ni zarandajas.

    El caso concreto que me estaba poniendo loco era que yo tenía una ganas impresionantes de echarle un buen polvo a Silvia, y no conseguía que mi polla se endureciese. Maldita la gracia que me hizo.

    Cuando llegamos a la cama, nos tumbamos y nos besamos otra vez, acariciando nuestros cuerpos, pero yo no conseguía quitarme el “problema” de la cabeza.

    -Oye, Silvi… no sé lo que… -le dije en susurros.

    -Shhh… no importa -Silvi me calló con un dedo, y de vez en cuando bajaba su mano hasta mi miembro dormido, frotando, acariciando, estirando hacia atrás la piel y masajeando con delicadeza mis huevos. Joder, si hubiera dependido de mí en ese momento la habría ensartado como una bestia. Pero nada. Nada de nada. No se rían. Mi autoestima en esos precisos momentos estaba bajo mínimos. Aunque Silvia se lo tomó con bastante calma. Con una sonrisa divertida me tumbó boca abajo en la cama, completamente desnudo, y se subió a horcajadas sobre mis piernas. Con gestos suaves y pausados me comenzó a frotar la espalda.

    Noto sus manos de tacto aterciopelado, cómo suben y bajan por mis omoplatos, y pequeños escalofríos de placer me recorren justo en el lugar donde sus manos acaban de tocar mi piel. Percibo en mis piernas el calor de su entrepierna, en peso de sus nalgas, y me dejo llevar en una ola de sensaciones.

    Oigo su risa bajita cuando nota que estoy disfrutando, y sigue acariciándome la espalda hasta llegar a mi culo, que aprieta bien fuerte, clavando sus dedos, arañándomelo cariñosamente. Entonces noto que ella se desabrocha el sostén y se tumba sobre mí, dejando que sus pezones recorran los caminos de mi espalda, provocándome una sacudida casi eléctrica.

    Sus duros botones rozan apenas mi piel, escabulléndose, cosquilleándome, desde la nuca hasta el culo, alternando su roce leve con la fuerza de sus manos, y cuando menos me lo espero, son sus labios los que me cubren la espalda, con besos livianos, soplando y aspirando aire sobre mi columna vertebral, sobre mis costillas, en los glúteos. Su pelo también se posa, dibujando espirales rojas, sus rizos paseándose como serpientes en mi carne. Me siento totalmente excitado, fuera de mí.

    A un gesto de Silvia, me doy la vuelta. Ella se levanta en la cama y se quita las bragas con rapidez, dejándome contemplar ese monte de venus cubierto de vellos de color llameante. Con las piernas abiertas veo sus labios, su coño abierto y seguro que bien mojadito. Se acerca con pasos torpes, conservando apenas el equilibrio, y se arrodilla con la entrepierna sobre mi cabeza, totalmente abierta, totalmente entregada, roja como una fresa madura.

    Cuando toco con mi lengua su coño, Silvia tiembla un poco y suspira. Me inunda, me cubre con su vulva, con sus labios, con su clítoris. Me lo ofrece con deseo, y yo le hago los honores chupando como un maldito condenado a muerte. Me abrazo a sus muslos y entierro mi lengua inquieta en su agujerito estrecho, disfrutando a sorbos y a lametones. En mi recuerdo está fresco el sabor de Bea, y noto que Silvia sabe diferente, más tenue, pero más salado, menos dulzón y penetrante, más neutro. Los labios de Bea eran más gruesos, y su clítoris más grande. Pero igualmente disfruto del chochito humedecido de Silvia.

    -Mmmm… sííí… -Silvia gimotea, y aprieta mi cabeza con sus piernas. Estoy seguro de que nunca le han comido el coño decentemente, porque tanto la primera vez como ésta la he notado muy abandonada. Así que no me detengo, y con mi lengua haciendo filigranas en su coño mis manos buscan otras partes de su cuerpo. Cuando las poso sobre sus nalgas, las siento tan blandas, tan suaves, que durante un rato no hago sino frotarlas y manipularlas, recorriendo sus cachetes blancos de cabo a rabo, abriéndolas, apretándolas, casi arrancándolas de gusto. Tiene un culazo absolutamente delicioso.

    -Mmm… así… mmmm -Silvia no deja de gemir, de pedirme en jadeos que siga comiéndomela, así que mi lengua no descansa, viajando sin parar entre su clítoris y su agujerito, buscando perderse en sus profundidades, sacudiendo su pepita con rapidez, volviendo a recoger sus jugos y acariciando con la punta su interior, explorando como un gusano curioso esa fuente, esa caverna. Mis manos buscan ahora sus tetitas pequeñas y duras, y pellizco sus pezones erguidos arrancándole un gemidito.

    -¡Aummm!… sí… aah… -Recorro toda su entrepierna con mi boca, deteniéndome en su ano ligeramente inflamado, pero en cuanto poso mi lengua en su orificio trasero Silvia se levanta un poco -No… -me dice, así que me dirijo de nuevo a su coño y me dedico a comérselo sin pausa. -Sí… así… ooooh… -Durante un cuarto de hora me empapo bien de sus jugos, bebiendo de su coño abierto, gozando como un niño de un caramelo. La verdad es que me gusta chupar coños, me encanta jugar con mi lengua en los chochitos que me quiero follar.

    Cuando Silvia se corre, aprieta muy fuerte mi cabeza entre sus muslos, y empieza a gemir muy alto, casi gruñendo, un largo estertor de gusto -¡Mmmamaum! -Se corre en mi cara, literalmente, casi asfixiándome, durante más de un minuto. Recojo con gusto sus jugos densos y de olor indefinible, y meto más mi lengua dentro de su agujerito, todo lo que puedo, para después dedicarme a chupar su clítoris, moviendo la lengua de lado a lado.

    -Mmmm… no… puedo… más… -Silvia se agarra a la cabecera de la cama, apoyando la frente sobre el travesaño. El pelo le cubre la cara, y apenas puede hacer otra cosa que jadear y emitir sonidos ininteligibles, guturales, totalmente agotada después del orgasmo. Pero no por ello me detengo. Tiene un coño exquisito, de los que uno no se cansa de comer, así que prosigo sin descanso besándolo, dándole lametones interminables, conociéndolo de punta a punta con ansia, gozando con su placer.

    -Oh…. mmma… ohhh… -Silvia sigue disfrutando, y yo continúo respirando el aroma casi imperceptible a sudor y a gel de sus vellos largos y rizados, enterrando mi nariz en su bosque pelirrojo, mamando su clítoris como si quisiera sacar zumo de su pepita, frotando a su vez mis manos por su espalda, por ese culo impresionante, por sus muslos blancos y carnosos, por su vientre plano, por sus tetas pequeñas, por su costado, chupando, lamiendo, sorbiendo, metiendo mi lengua bien adentro en su coño, besando ese cáliz.

    -Ah… ah… oummm… -El segundo orgasmo de Silvia es aún más fuerte. Unos jadeos, un gemido, una pausa… y empieza a berrear y a echar todavía más caldos en mi boca, en mi cara, en las sábanas. Afloja las piernas, las aprieta, vuelve a aflojar, mientras profiere su largo chillido y finalmente se calla, respirando como una locomotora, con la boca abierta. Su piel está caliente y humedecida de sudor.

    -Uf… uf… uf… joder… qué… gustazo… -Silvia respira extenuada y habla casi a soplidos, todavía apoyada contra el travesaño de la cabecera. Pero no le doy ni una tregua, y prosigo mis lamidas y mis chupadas con ahínco. -Ooooh…. -Silvia lo nota enseguida, porque se vuele a crispar y apretar las piernas. -Ooh… basta… basta C… no puedo… más… -trata de levantarse, pero abrazo con fuerza sus piernas y no despego su coño de mi boca ansiosa.

    Mis lametones son cada vez más largos, más fuertes, más atrevidos. Mi lengua se mete como un pistón en su coñito, abriéndolo, tanteando las paredes de su vagina con la punta. Mi boca chupa con fuerza cada vez mayor en su clítoris, y lo muevo cada vez más rápido, más rápido, hasta que le arranco unos gemidos largos, graves, rendidos.

    -Mmmm… -Silvia levanta la cabeza hacia el techo, y con la boca cerrada emite sus largos gemidos. No paro de comerle el coño, y los minutos se hacen eternos, mi universo se pliega reduciéndose a su entrepierna, a su agujerito de color rosa, a su montañita de carne retorcida, a sus labios cubiertos de finos vellos rojos, a la superficie que mi lengua ha conquistado y que se abre en una fruta de carne, un torrente de flujos y placer, una catarsis de sexo y lujuria.

    -¡Aaaahm! -Nunca he visto nada parecido al tercer orgasmo de Silvia. Aprieta su entrepierna contra mi cara como si quisiese hundirme bajo la cama atravesando el colchón, y sus muslos se contraen con una fuerza increíble, retorciéndose, provocándome un dolor agudo en el cuello, durante un rato interminable. Se corre con tanta fuerza que casi me mete el coño entero en la boca, llenándomela de carne, vello y caldos espesos como claras de huevo.

    Silvia se desploma a un lado después de un rato, quedándose tirada encogida sobre la cama. Yo, medio asfixiado y con un dolor horroroso en mi cuello, toso de manera muy poco erótica, la verdad. Durante unos instantes reprimo las ganas de vomitar, pero no por mucho tiempo. Estoy atragantado, congestionado. Corro al baño y allí vomito todo el contenido de mi estómago.

    Joder con la niña.

    Vuelvo a la habitación, y Silvia está donde la dejé, sin resuello. Me duele mucho el cuello, justo debajo de las orejas, y todavía respiro con alguna tos. Pero cuando Silvia se gira, veo su cara de entrega y placer tan absolutos que se me pasa todo.

    -La virgen… C… dios… -Silvia me mira con los ojos enrojecidos, la cara totalmente congestionada, y una sonrisa tímida en sus labios mordidos. Miro a mi cobarde compañero de batalla, y lo veo todavía inerme, fuera de combate. No debo de hacer muy buena estampa. Pero cuando me tumbo en la cama, algo húmeda y manchada, Silvia se me abraza y me come a besos.

    Creo que en algún momento ella dice que me quiere. Estupendo. Pero a mí el cuello me duele una barbaridad.

    Pasamos un rato en silencio, recuperando a duras penas el compás de nuestra respiración, entre caricias y besos, que fueron haciéndose más y más apasionados. En un momento, coloqué a Silvia boca abajo. Recorrí su espalda con mi lengua y con mis labios, notando su respiración agitada, sus estremecimientos. Caminé por su columna, besándola, hasta llegar al inicio de su culo. Lamí a la inversa, hasta su cuello, haciendo pequeños círculos con mi lengua, mientras mis manos galopaban traviesas sobre su piel cubierta de pecas.

    Silvia tenía los ojos cerrados, la cabeza vuelta hacia la derecha, y una expresión satisfecha y feliz. Se encogía con una sonrisa cuando mordía suavemente su espalda, o cuando peinaba su melena pelirroja con mis dedos. Fui bajando, sin prisas, mi cuerpo, mi boca, hasta su culo. Abrí las nalgas con mis manos, pero enseguida noté que se tensó.

    -No… -me susurro, apretando con fuerza sus glúteos. Acaricié su espalda y la calmé con palabras dulces. Sabía que estaba rendida, cautiva de mi deseo, rota de orgasmos. Así que sin mucho esfuerzo logré que relajara sus nalgas y permitiera que yo contemplase su hoyito, inflamado e irritado, y me lanzase sobre él con mis fauces abiertas.

    En cuanto mi lengua se posó sobre su orificio, éste se apretó, con un suave quejido de Silvia. Estaba bastante hinchado, y lo noté como una brasa en mi lengua. Pero esa cuevita era mía, ese culito me pertenecía por derecho: yo lo había abierto, lo había desvirgado. Mi lengua se entretuvo en sus pliegues, en su piel enrojecida, humedeciéndolos uno a uno, probando el sabor a cremas y a jabón de su esfínter.

    Lamí toda la raja de su culo, desde la espalda hasta el agujerito de su coño, que aún estaba cubierto de jugos y saliva. Mi lengua paseó en círculos por su ano, jugando, tanteando, acariciando. Cuando me coloqué entre sus piernas y enterré mi boca entre los cachetes de ese culo que tanto me gustaba, Silvia gimió y se relajó por completo.

    La punta de mi lengua hace un trabajo de exploración, de pura caricia lenta, procurando que cosquillee y relaje el orificio. Cuando me canso, simplemente paso mi lengua de arriba abajo, lamiendo sin pausas, como un helado, como si quisiera desgastar su anito salado y sabroso a base de lamidas largas y húmedas.

    -Mmmm… -Silvia se estira, levanta una pierna, y lanza un largo y bajo quejido, abriendo y distendiendo su hoyito. Yo separo más sus nalgas, abriendo todo lo que puedo este anito tan apretado, y con la punta de mi lengua me lanzo en el centro mismo de ese anillo lleno de frunces.

    -Oummm… -Silvia no reaccionó más que gimiendo cuando la punta de mi lengua entró otra vez por su culito, estirando un poco el esfínter. Jugué un rato con apenas unos milímetros de mi lengua metidos en su culo, probando las paredes de su anito, quemándome la lengua con el calor que despide. Mis labios sorben de ese agujerito enrojecido, lo besan con fuerza, y cuando saco la lengua chupo con fruición, como si fuera un dulce. Gozo durante lo que me parecen horas metiendo mi lengua, jugando, disfrutando como un loco de su culito.

    -Mmmm… sigue… -Silvia se abandona, haciendo movimientos incontrolados, golpeando el colchón, pateando. En un momento dado, es ella misma quien tira de sus nalgas a los lados para abrir más el culo. Mi cabeza está en la gloria entre sus nalgas, mi boca pegada a su culo, sorbiendo y chupando y tragando y lamiendo. Sigo así unos minutos, el aire de la habitación lleno de los gemidos y las palabras entrecortadas de Silvia, y los ruidos húmedos de mi lengua jugando en su culo. Tras un rato, noto a Silvia apretar como una loca, y su grito resuena por toda la casa.

    -¡aaaah! -Silvia tiene otro orgasmo con mi boca chupando su culito virgen no hace tanto tiempo. Noto como se relaja después del orgasmo, cómo su culito se abre aún más, y mi lengua se introduce todo lo que puedo, apretada en las paredes de su recto, entrando y saliendo, sodomizándola con mi lengua. Silvia guarda silencio, pero noto que se estremece de gusto cuando mi lengua se endurece dentro de su culo.

    Finalmente, con un último beso y un último recorrido por su esfínter, suelto sus dos nalgas de ensueño y éstas se cierran sobre su hoyo, protegiéndolo. Muerdo esa carne blanca y apetitosa, y finalmente apoyo mi cabeza sobre ese blanda almohada, pegando mis mejillas contra su culo, abrazado a ese cuerpo que me vuelve loco.

    Silvia se queda tumbada, acompasando el ritmo de su respiración acelerada. Se levantó apenas, y yo me separé de esas nalgas que ya consideraba mías (con todo lo que atesoraban, claro), para dejar que mi pelirroja me besara por toda la cara, me abrazara y me abriera los labios con los suyos. Yo la besé a mi vez por todo su cuerpo, su cuello, sus hombros, sus tetitas, su ombligo, su cara arrebolada, su boca entreabierta. Nos tumbamos abrazados y charlando en voz baja, besándonos a cada minuto, nos fuimos quedando dormidos.

    Mi pobre amigo, el calvo, no había hecho acto de presencia en toda la noche… pero tampoco le eché tanto de menos.

    En mitad de la noche, con Silvia durmiendo a mi lado, ronroneando como una gatita satisfecha, me levanté hasta la terraza. El frío me caló hasta los huesos, pero no le hice caso. Me quedé mirando la ciudad, envuelta en un resplandor casi fantasmagórico, y pensando el Silvia.

    Esos, señores, esos minutos nocturnos y furtivos fueron en los que más cerca he estado nunca desde que Bea me dejó, de sentar mi cabeza loca, de echarme una novia estable, irme a vivir con ella y qué sé yo, comprar un piso, compartir hipoteca, cuenta corriente y un futuro en pareja. Repasé los tres años que había pasado a salto de mata, enrollándome con todas las que podía (y, por extraño que pudiera parecer si han leído todo el relato, no han sido tantas, desgraciadamente), viviendo de alquiler, encadenado a un trabajo que yo mismo consideré temporal en su día.

    Así que cuando cerré las cuentas con mi pasado reciente, había tomado una decisión: por la mañana le diría a Silvia que saliera conmigo, y empezaría a hacer con ella todas esas cosas que se suponen hacen las parejas de enamorados. Realmente no sé si estaba enamorado de ella, porque desde que Bea me dejó nunca había estado seguro de nada, pero si no era amor, sentía por ella algo muy parecido.

    Así que volví a la cama, acostándome a su lado, y deseando en secreto que a partir de ahora, todas las noches fueran como ésta.

    Qué idiota fui. Porque al día siguiente me esperaba una sorpresa.

    Continuará.

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  • A él le gustaba mostrarme

    A él le gustaba mostrarme

    Esto pasó con mi novio hace tiempo y no lo he contado a nadie. Él tenía la fijación de mostrarme, de acariciarme delante de la gente, porque eso lo ponía a mil y conectamos de tal forma que ya nada me parecía raro y además terminaba gustándome, la pasión era inmensa y nos olvidábamos de todo, solo queríamos sentir placer. Al final, fue una relación tan larga, que terminó por dejar que otros me tocaran frente a él y jugábamos mucho con eso.

    Fuimos de viaje a Puerto Vallarta y él tenía una lancha que guardábamos allá, con la cual nos íbamos a pasear siempre al mar… nos fascinaba la sensación del viento salado y la relajación que causaba viajar en ella. Normalmente nos gustaba hacer amigos y amigas y los invitábamos a ir de paseo con nosotros, pues éramos muy sociables.

    Esa vez, habíamos conocido un chico que nos había caído muy bien y lo invitamos a pasar el día con nosotros. Llevábamos nuestros drinks, botanas, y algo de comer, todo para estar a gusto.

    Estuvimos un buen rato en lo que salíamos de la marina y nos adentrábamos al mar, yo ya me sentía excitada desde el momento en el que supimos que íbamos a pasar un día maravilloso, porque además el chico me había visto con buenos ojos desde que lo conocimos y se había sorprendido mucho de la reacción tan positiva de mi novio.

    La plática había estado muy buena y nos estábamos divirtiendo mucho por lo que me sentí en confianza y me quité los shorts y el top para quedarme en bikini, que era chiquito y apenas tapaba mis formas. Mi novio se puso feliz y me tomó de la cintura, acercándome hacia él y por lo que pude ver, él estaba tan cachondo como yo. El chico, que se llamaba Juan, como que se ponía nervioso, pero al mismo tiempo, no dejaba de mirarme.

    Como mi novio iba manejando la lancha, me dijo que porqué no me iba a tomar el sol a la punta, mientras él platicaba con nuestro nuevo amigo. Mientras me acomodaba para que me pudieran ver bien, de frente, lo escuché claramente como le decía: “Fíjate bien Juan, lo buena que está mi mujer, le fascina que la observen”, a lo que el chico le preguntó: “Pero no te molesta que la vea?” Y él dijo: “Al contrario, me gusta mucho que aprecien lo que tengo”.

    Uff! Yo ya estaba mal, después de escucharlos, me encantaba oír como decían cosas sobre mí. Me apoyé sobre la espalda y le pregunté a mi novio: “mi amor, ¿puedo quitarme el bra delante de Juan?” Y mi novio: “Juan, ¿quieres que se quite el bra y deje al aire sus hermosos pechos?”, a lo que Juan no podía creer lo que oía y veía y apenas audible dijo un: “sí, claro”, con voz ronca. Así que me lo quité y comencé a ponerme un poco de crema para que no se resecara mi piel, acariciándome los pechos con descaro, disfrutando de mis propias caricias en ellos, dándome pequeños pellizquitos en mis pezones, y mirando hacia los dos hombres que no dejaban de observarme.

    Mi novio le dijo a Juan: “¿No quieres ayudarla a ponerse la cremita?” Y Juan dijo: “No me lo va a permitir”, pero mi novio le dijo: “ella se va a dejar, créeme, atrévete, le gusta que la toquen frente a mí”. Así que Juan, tímidamente se acercó hacia mí y primero solo intentó darme un pellizquito en un pezón, para ver mi reacción, y al ver que yo gemía y miraba a mi novio con pasión y sin quejarme, comenzó a hacerlo con el otro… jugando a hacerme cuerdita con ellos.

    Yo me arqueaba y comencé a unir mis pechos para ofrecérselos, pues adoro que comiencen con ellos a disfrutarme… Juan no tardó en comenzar a manoseármelos con gusto y mi novio le decía: “¿Te gustan su pechos, verdad que están buenos? Disfrútalos, gózalos, que a ella le fascina” y Juan no dejaba de estrujármelos hasta que se acercó y comenzó a lamer mis pezones y a chuparlos con fuerza, queriendo succionarlos todos y poniéndomelos rojos e irritados.

    Mi novio le decía: “Juan, te doy permiso de hacer con ella lo que quieras, menos penetrarla, eso me lo dejas a mí y si quieres te pajeas mientras nos ves”. Y Juan no hablaba ya, solo asentía con la cabeza y seguía disfrutando de mi cuerpo. Me sentó en la punta de la lancha, de tal forma que yo quedara con las piernitas abiertas, viendo hacia mi novio y se arrodilló en el piso frente a mí, pero dejando bien a la vista lo que hacía, pues ya se había dado perfecta cuenta de que esto nos gustaba a todos.

    Juan me dijo: “Hazte a un lado la tanguita y muéstranos tu coño”… así que obedeciendo, dejé mi rajita al aire, disfrutando la frescura que me daba en ella. “Ahora comienza a tocarte para nosotros” a lo que mi novio dijo: “sí chiquita, obedece a Juan… haz lo que te dice”. Así que comencé a pasar mis dedos de arriba abajo, sintiendo mi humedad y moviendo mi cadera de arriba abajo”.

    Juan le dijo a mi novio: “Tu chica está que arde, creo que voy a darme un banquete con ella” y comenzó a pasar su lengua por mi conchita, con un arte que yo nunca había sentido. Me comía y me chupaba sin piedad, pero suavemente, sin hacerme daño, disfrutando como iba saliendo mi lechita y lo hacía de tal forma que mi novio podía ver absolutamente todo. Me pidió que me abriera más los labios para que su lengua pudiera entrar toda en mi rajita y me la metía y sacaba delicioso, para después seguir lamiendo mis labios y chupando mi clítoris con majestuosidad.

    Mi novio ya había comenzado a tocar su enorme paquete y decidió sacarse la verga que ya tenía bien parada. Le dijo a Juan que me hiciera venir, que me hiciera retorcerme de placer en su boca, que me dejara lista y recién venidita para que él pudiera meterme su verga en mi coño mojado.

    Juan siguió chupándome y dándome lengua mientras yo me contorsionaba del placer, hasta que logró sacar un grito desesperado del orgasmo que yo estaba teniendo sin la menor vergüenza. No podía controlar la excitación de tener un hombre extraño chupándome y sabiendo que después sentiría la enorme verga de mi novio entrando en mí sin la menor piedad.

    Cuando terminé, inmediatamente, mi novio le dijo a Juan que se levantara y tomara el timón. Juan obedeció, no sin dejar de tocarse su verga, que también tenía ya enorme. Mi novio me dijo: “Ahora nena, voltéate y apóyate con las rodillas para que pueda ver bien tu coño y tu culo de putita que le gusta ser gozada”.

    Me puse en 4 patas sobre el sillón de la punta de la lancha y terminé quitándome la tanguita para que nada estorbara. Mi novio se puso detrás y comenzó a jalarme los cachetes hacia un lado para poder ver mi coño. Comenzó a meterme un dedo mientras con el pulgar me daba empujoncitos en mi culito.

    Volteaba como podía para ver a Juan y aunque no lo podía ver muy bien, sabía que se estaba pajeando viendo mi gran culo y a mi novio jugando con él, lo que me ponía todavía más caliente. Mi novio lo sabía, así que comenzó a meter la cabeza de su verga dentro de mí y después me la dejó ir toda a fondo, entrando y saliendo, resbalando dentro de mí junto con mi lechita que lo dejaba bien lubricado. Me bombeó con fuerza y ya no podíamos más, hasta que me llenó toda la puchita de leche, mientras yo tenía otro orgasmo brutal…

    Se salió y me pidió que me quedara así, mostrando mi culo chorreadito para que Juan pudiera terminar. Le pidió a Juan que se acercara y que terminara sobre mis cachetes, para que yo terminara de sentir lo putita que era.

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  • La esposa del socio de mi padre

    La esposa del socio de mi padre

    Sofía era una mujer extremadamente bella y sensual.

    La posición acomodada de su marido,10 años mayor que ella, le había permitido no tener que trabajar nunca y dedicar ese tiempo a su propio cuidado. Tenía 46 años y un cuerpo excepcional. Alta, como de 1,75 metros, era esbelta y bien proporcionada. Su cabello era rubio y corto. Su rostro poseía el atractivo de una modelo entrada ya en la madurez.

    Ojos celestes, nariz perfectamente respingada fruto probablemente de un hábil bisturí, senos abundantes, caderas exactas, glúteos firmes y piernas para el infarto. Pero eso se potenciaba con su buen gusto al vestir y sus finas maneras. Escogía vestidos cortos, escotados, y remataba el conjunto con altos zapatos de tacón o sandalias altas de finas tiras. Era verdaderamente una hermosa hembra.

    Tal vez como esas mujeres hermosas que suelen acompañar a los gánsteres gordos y viejos de las películas y que uno sabe que sólo lo hacen por el dinero.

    Pero Sofía era la esposa del socio de mi padre.

    A mis 26 años, yo ya había asumido desde hacía muchísimo tiempo que estaba enamorado de ella. La deseaba. Y la deseaba tanto, que desde mi adolescencia temprana me masturbaba imaginando que la hacía mi amante.

    Pero claro. Eso era imposible. Sin embargo, con los años muchas cosas empiezan a verse más claras. Si de pequeño el sólo hecho de pensar en insinuarle mis intenciones era una locura, ahora, que acababa de recibirme de abogado, la opción ya no me parecía tan lejana.

    Yo me había transformado en un adulto. En mis años de Universidad, mi cuerpo privilegiado me había permitido ganar algo de dinero por sólo posar como modelo en algunas revistas de modas. Jamás había dejado de tener a las mujeres que me proponía conquistar ,con excepción de Sofía, con la que sólo me frenaba el pudor familiar.

    Sin embargo, desde la fiesta que mis padres ofrecieran en honor de mi graduación, eso ya no me estaba importando demasiado.

    Entiéndanme. Durante años su maduro esposo, Genaro, había sido como mi padre sustituto. Pero durante aquella fiesta empezaron a suceder cosas.

    La primera fue que Sofía asistió vestida de una manera que quitaba el sentido. Su corta falda blanca y sus zapatos de finísimo tacón habían sido cuidadosamente elegidos para mostrar la belleza de sus largas piernas, a las que había cubierto con un par de finísimas medias de seda. Casi era imposible resistirme a estirar las manos para acariciarlas.

    La segunda fue que viendo a Genaro, gordo, calvo y siempre con un vaso de whisky en la mano, me di cuenta de que la hembra de su esposa se estaba exhibiendo para que alguien la follara como ya el borrachín de su esposo obviamente no podía hacerlo.

    Y entonces ocurrió la tercera cosa. Había mucha gente esa noche en la mansión de mi padre. Todos me saludaban y todos bebían. Incluso Sofía, a la que yo no perdía de vista ni por un segundo. Avanzada ya la noche, noté que Genaro estaba sentado, muy borracho como para mantenerse en pie. También noté que Sofía caminaba con pasos inseguros que se esforzaba en disimular y que se dirigía a los toilettes de la planta alta.

    Ese era sin dudas mi momento. La fiesta me había calentado y la verdad es que no moriría sin intentarlo. Dejé que Sofía entrara al toilette, si perderla de vista ni un segundo. Mi plan se consolidaba sobre la marcha. Ningún sitio era mas perfecto que ese toillete. Nadie, salvo Sofia y Genaro, que eran casi como los dueños de la casa, se atrevería a usarlo. Y Genaro no estaba en condiciones de subir esa escalera.

    Además, había una ventaja adicional: ese toillete tenía una puerta directa a mi dormitorio, al cual, nadie, ni siquiera mis padres ,se atrevía a entrar desde hacía mucho tiempo atrás.

    Subí la escalera distraídamente sabiendo de antemano que Sofía, en su borrachera, no habría trabado la puerta. Así que directamente tomé el picaporte, abrí, entré y la cerré tras de mí para encontrarme frente a una escena que jamás habría estado preparado para ver. Simplemente quedé atónito.

    Sofía estaba propinándose un “saque” erguida sobre la mesada del lavatorio.

    Su dedo índice tapaba un orificio de su nariz, mientras que con la otra mano sostenía el tubito para aspirar una prolija línea de polvo blanco.

    Sus piernas rígidas por el toque, nunca me parecieron más bellas.

    Ella giró su vista hacia mí con rostro asustado, mientras sus manos intentaban nerviosamente de ocultar lo obvio. Yo sonreí al mirarla como para infundirle tranquilidad y descargué mi espalda sobre la cerrada puerta.

    “Bien, bien, bien, dije. ¿Qué tenemos aquí? Parece que la preciosa “tía Sofía” es una viciosa. Me pregunto si el bueno del tío Genaro sabrá las aficiones de su querida esposa…”

    Ella, sintiendosé descubierta, detuvo los nerviosos movimientos de sus manos y, arreglando su precioso cabello rubio intentó en forma tambaleante de erguirse frente a mí ates de ensayar una súplica:

    “¡Por favor, no se lo digas! Me matará si se entera de esto”.

    Y comenzó con un amago de sollozo.

    Yo me acerqué a ella y levanté su rostro con mi mano hasta que logré que sus ojos celestes se clavaran en los míos. Mi cerebro trabajaba a mil revoluciones por segundo.

    “Está bien. Quédate tranquila… No se lo diré. Pero… ¿Sabés una cosa?: A cambio te pediré que me ayudes a conseguir algo que hace mucho que deseo”.

    Sus ojos brillaron. Era evidente que en su nebulosa no pensaba con claridad.

    “Haré lo que me pidas”.

    Yo sonreí. “Picó”

    “Entonces todo va a estar bien.”

    Dicho esto, la tomé de la mano y la conduje a mi habitación cerrando con llave la puerta a nuestro paso. Una vez dentro, volvió a mirarme a los ojos .

    “¿Qué cosa vas a pedirme?”

    Esta vez lancé una corta y leve carcajada. Y cuando le hablé,mi tono había cambiado de condescendiente a imperativo y calmo.

    “Quiero que te arrodilles frente a mí y me comas la polla como si fueras una puta sedienta de leche”

    Ella abrió sus ojos enormemente. No esperaba ese tono de su “sobrino”.

    “No, no. ¡Por favor no me pidas eso! Jamás le he sido infiel a Genaro. Esto lo mataría”.

    “Vamos perrita, ¿qué tan malo no ha de ser?: Te he deseado mucho tiempo y no voy a dejarte escapar ahora. Hazlo bien, y tal vez te dé unas pelas para que compres tus polvos. No lo hagas y Genaro sabrá de tus vicios”.

    “¡Eres un hijo de puta!”, me dijo y se dio vuelta escondiendo el rostro entre las manos.

    Yo me acerqué a ella por detrás y apoyé mi ya dura polla sobre su trasero.

    “Anda, mirá cómo me has empalmado. Te deseo desde hace años muñeca”

    Y al decir esto tomé sus senos, cuyos pezones respondieron irguiéndose instantáneamente. Ella emitió un débil jadeo. Y al hablar, su tono ya no era el mismo.

    “No me lo hagas Juan. Hace tiempo que no tengo sexo. No podré resistirlo.”

    “Si fueras mi hembra no pasarías hora sin sentir la polla dentro de tu cuerpo”.

    Levanté su falda, y para mi placer, pude ver la tanguita de hilo dental que durante tantas pajas había imaginado. Sin dudar metí mis dedos para tocar su rajita. Estaba muy húmeda y muy caliente.

    “Ah perra, así que esto te calienta, ¿eh?”.

    Comencé a besar su cuello suavemente y a pasar toda mi lengua lentamente desde su base hasta el lóbulo de su oreja. En la que me entretuve penetrándola y salivándola en su interior. Ella gemía cada vez más. Su cuerpo vibraba espasmódicamente. Metí mis manos en su vestido y con mis dedos apreté suavemente sus durísimos pezones. Eso fue el factor que quebró su resistencia.

    Giró hacia mí y sus labios se abrieron para que chocaran las lenguas.

    Sus manos abrieron mi pantalón y nerviosamente sacaron mi durísima polla.

    La sentía tocarla. Apretarla. Lo estaba gozando. Al fin, se dejó caer de rodillas y la introdujo en su boca. Mi placer era inmenso: tenía a la hembra mas hermosa del mundo hincada ante mí, comiendo mi polla como una hambrienta. Pero yo no quería acabar en su boca. Quería su coño. Y quería hacerla adicta a mis caricias.

    La levanté, nuevamente la besé, la acosté en la cama, y apartando el hilo dental que cubría la rajita, la penetré con fuerza descomunal. Ella gritó su placer en mi oído.

    “¡Házmelo, házmelo duro!”, me decía.

    Yo bombeaba con fuerza desde mis pelotas hasta la glande y ella parecía acabar sin parar. Sentía su leche inundar mi polla. Me la bebería luego.

    Con mis labios pegados en su oído le murmuraba:

    “Perrita, eso vas a ser: mi puta perrita. Te follaré hasta que ni tú puedas creer lo puta que eres. Y te llevaré conmigo donde me plazca. Serás mi mujer. Si no lo haces terminarás tus días como una prostituta adicta en algún burdel de mala muerte…”

    Ella contestaba entre gemidos de placer.

    “Ssí, sí… Haré lo que digas. Sólo no me quites esa polla… Rómpeme el culo.  Quiero sentirla en mi culo”.

    Al oírla, tuve que hacer un esfuerzo descomunal por no llenarla de leche.

    Me controlé. La puse en cuatro patas y sin preparación previa, la penetré por el culo de un solo golpe. Tuve que taparle la boca para ahogar su grito mezcla de dolor y de placer. Y ahí ya no aguanté más. Mi lechazo llenó su recto.

    Sus jadeos y los míos fueron decreciendo mientras nos relajábamos.

    Al fin, ella tomó mi polla y la succionó hasta dejarla reluciente.

    Finalmente lo había conseguido: Sofía era mi mujer.

    Habría que manejarlo un poco, pero era mi mujer.

    Cuando después de arreglarse salió del baño, me regaló un profundo beso coronado con un “Te amo”. “No sé qué estoy haciendo, pero no me importa. Necesito esa polla tuya dentro mío todo el tiempo” .

    Yo salí a la fiesta minutos más tarde. Nadie había notado nada.

    Sofía estaba sentada junto a Genaro, espléndida con sus piernas cruzadas. Era el ideal de señora respetable que yo deseaba. Trataba de acompañar a su “amado maridito” como su rol le exigía. Sólo yo sabía que la perra era mi puta viciosa.

    No importaba la diferencia de edades, veríamos más tarde cómo llevarlo.

    Esa hembra estaba tan sola que se acomodaría a mí tan bien como lo había hecho con Genaro años antes. Lo haría con gusto porque polla no le faltaría.

    Genaro estaba tan borracho que pugnaba por no dormirse.

    Mi padre, observando el estado de su amigo, se me acercó y me dijo:

    “Sé que es tu fiesta y discúlpame, pero Genaro y Sofía no podrán guiar hasta su casa en ese estado. ¿Podrías llevarlos en tu auto?…”

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  • De esposa modélica fiel a puta sin remedio (2)

    De esposa modélica fiel a puta sin remedio (2)

    Me presentaré, mi nombre es Eva. Aunque el primer relato lo escribió mi marido, éste lo he escrito yo misma, ya que él no estuvo presente en la mayor parte de esta historia. Al igual que el primer relato que publicamos éste también es completamente real.

    Después de mi primera cita con David quedé prendada de su polla (¡tiene un aguante ilimitado!), de su físico (¡es un bombero guapísimo! y con unos labios irresistibles) y de su saber estar. La verdad es que me parecía del todo increíble que una mujer como yo fuera capaz de hacer lo que había hecho y que además no pudiera frenar el deseo de repetirlo.

    Y aunque me cueste reconocerlo a partir de aquí mi mente sin querer empezó a tramar un plan para poder tener otra cita con mi nuevo amiguito y que mi amado marido lo asintiera con gran satisfacción.

    Soy una chica muy poco dada a hacerme fotografías, y mi marido está siempre deseoso de que pose delante de la cámara con poquita ropa. Así que un buen día empecé a calentarlo poniéndome la minifalda que me compré con David, unos zapatos de tacón alto y también un mini-sujetador. Le dije que lo hacía para probar como me quedaba aquella ropa pero de paso le sugerí disimuladamente a mi maridito que si quería me podía hacer unas cuantas fotos en unas posturitas provocativas. Como era de esperar, el corrió a por la cámara y me hizo toda una sesión.

    Nosotros seguíamos teniendo contacto con David y claro a mi esposo le faltó tiempo para enviarle esas fotos. Así mientras mi marido creía que él estaba chuleando de mujer lo que realmente hacía es poner a tope a mi amante, que es realmente lo que yo quería.

    Al cabo de unos días le dije a mi marido que tenía ganas de comprarme unos pantalones vaqueros bien ajustados. Sabía que a él le encantaba este tipo de ropa y se moría de ganas de verme cuanto más provocativa mejor. Así que fuimos a comprarlos y me puse un tanga para la ocasión. Yo misma me encargué de elegir unos que marcasen todo mi trasero y hasta la raja de mi coñito y además un jersey tan pequeño y apretadito que pareciera sacado de una muñeca. Y claro, él estaba encantadísimo de ir a comprar con su ejemplar esposa aquella ropa que lo ponía a mil.

    Hacía tiempo que tenía que solucionar unas gestiones pendientes y que se tenían que ir a resolver a la ciudad donde vive David (qué casualidad, ¿no?). Así que ese mismo día le comenté a mi esposo que aquellas gestiones no podían esperar más y que mañana mismo iría a solucionarlas. Como quien no quiere la cosa añadí:

    “Claro, ya que voy hasta allí, si le va bien a David quedaré con él para charlar un rato… pero solo para hablar ¿eh? No pienses nada más…” al menos eso es lo que yo creía (o quería creer) y así lo hice entender a mi marido y al mismo David.

    Y así fue como volví a ver a David, recuerdo perfectamente que fue casi un par de semanas después de la primera cita, un jueves por la tarde concretamente. Yo me puse los tejanos nuevos sin estrenar y el mini-jersey también sin estrenar, y cogí el coche de mi marido. Él se quedó babeando en casa viendo lo guapa que se había puesto su mujercita. Quedé con David delante mismo del lugar donde yo tenía que hacer los trámites. Sólo en vernos ya nos dimos el primer morreo, en plena calle y hice mis gestiones entre tocamientos, abrazos y besos.

    Aquellos vaqueros que mi marido había comprado con tanta ilusión los estaba disfrutando David a base de bien. Yo lo encontraba todo muy natural y no creía que la cosa fuese a más. Al salir de allí, fuimos a charlar, pero como que hacía algo de frío cogimos mi coche (bueno el de mi marido) y… uff… aquí empezó todo. Y es que con esos labios… esos ojos… y esa herramienta que sabía que tenía David… no pude controlarme.

    Empezamos a besarnos… a tocarnos y enseguida yo estaba tan cachonda que ya no me importaba nada… sin darme cuenta ya me había quitado los pantalones, y eso que yo estaba en el primer día de la regla. Y es que incluso aún ahora no me lo puedo creer… yo estaba como loca de deseo. El coche estaba aparcado delante de un parque ajardinado donde paseaba gente y en pleno día.

    David estaba en el asiento del copiloto, él lo reclinó un poquito, ya tampoco llevaba ropa por la parte de abajo y en seguida me senté encima de él pero claro con su miembro bien tieso dentro de mi húmedo coñito, y empecé a follarlo sin parar, por el cristal delantero del coche sólo se veía mi culo totalmente desnudo que iba hacia arriba y abajo frenéticamente.

    Me sentía una puta, pero me ponía caliente pensar que lo era… sí, una esposa puta e infiel. Mi mente iba a mil por hora, pero por si fuera poco y para sentirme aún más golfa le pedí a David que llamara a mi marido y que le contara lo que estaba haciendo, lo guarra que se había convertido su mujercita y para que se enterase de que él se estaba convirtiendo en un cornudo sin remedio. David, que de morboso no hay quién lo gane, llamó enseguida a mi marido al trabajo justo cuando estaba con unos clientes:

    David: Hola soy David, ¿a qué no sabes con quién estoy?

    Mi marido: Supongo que con Eva…

    David: ¿Y sabes qué está haciendo en estos momentos tu querida esposa?

    Mi marido: Pues no…

    David: Está sentada encima mío sin pantalones ni tanga follándome como una auténtica zorra en tu coche. Tú sabes lo bien que lo hace… ahhh… ahhh que gusto… ufff me está poniendo… uy como me pone tu mujer… ahhh…

    Mi marido se quedó mudo, sin palabras, yo cogí el teléfono y le dije entre gemidos: “¡ahhh! cariño te quiero. Ummm te quiero pero me gusta tanto follar… ¡uuuf! que gustazo cariño! No puedo parar… ¡Aaaah!” y le colgué el teléfono.

    Yo seguí un buen rato follando con David tan apasionadamente que no me di cuenta que me hice unos buenos morados en la pierna derecha con el freno de mano (siempre digo que fueron los morados más placenteros de mi vida). Le susurraba al oído “¿te gusta follarte a una mujer casada eh? Y además en el coche de mi marido… ¿sabes que él nunca me ha follado aquí?” y le pasaba mi lengua por sus orejas, labios, cuello…

    Yo seguía moviéndome arriba y abajo con la polla de David dentro de mi coño. A veces despacito. Otras veces compulsivamente. Me lo follé y follé hasta que ya no podía más y me corrí como una guarra, sin dejar salir su polla de dentro de mí… ufff sólo de pensarlo ya me vuelvo a excitar y al mismo tiempo me ruborizo de pensar en aquella monumental corrida… en aquel lugar… con otro hombre… pero claro, yo aún no tenía suficiente, aún no había merendado y me faltaba mi lechecita. Para mí es una necesidad que siempre tengo que saciar.

    Cuando por fin saqué mi coño de su polla, ésta estaba un poco rojiza de sangre (como he dicho, estaba con un poco de regla), pero yo tenía demasiadas ganas de comerme aquel miembro como para esperar que David se lo limpiase, y sin dejarle ni un momento empecé a chuparle aquella polla como una posesa tragándome todos aquellos jugos, incluidos los de mi regla. No paré de mamar hasta que él no pudo más y explotó… uauuu que gozada. Me lo bebí todo, sin dejar ni una gotita. ¡fue demasiado! Se la deje bien limpia como a él sé que le gusta. Y así ya nos despedimos.

    Mi marido cuando llegué a casa estaba con la polla tiesa como un nabo. Me explicó que después de que lo llamáramos ya no hizo nada más en el trabajo ya que su mente estaba completamente descolocada y era incapaz de pensar. Dejó a los clientes en medio de una reunión alegando que tenía que irse por problemas personales… me dijo que no podía pensar en nada más que imaginarse a su mujer follando con David, en su coche, un coche en el que aun nunca habíamos follado, y con la ropa que él tanto había deseado verme puesta y que ya la había estrenado otro.

    Realmente se sentía cornudo, pero contento de tener una mujer tan calentorra. Me dijo en tono sarcástico que estaba hecha una buena puta y yo le dije “si, pero mira a ti como se te pone” y le toqué la polla que estaba dura como una piedra. “Soy una puta, pero como cualquier puta pienso tener contenta a la clientela… ven cariño”. Así que tuve que hacer otro servicio, esta vez con mi marido.

    Pero lo más curioso es que no lo hice por obligación sino, porque deseaba seguir follando aunque fuera con mi marido, la verdad es que mi coño se había excitado tanto por la tarde que seguía estando preparado para volver a ser penetrado. Y así lo hicimos, aquel polvo fue muy especial, pues por primera vez le estaba contando a mi esposo su fantasía que se había hecho realidad.

    En los días siguientes, parecía vivir un interrogatorio, mi marido creía no haber tenido suficiente información con lo que yo le conté aquella noche ni con lo que le escribió el día siguiente David. Así que no paraba de hacer preguntas hasta que el domingo por la tarde, ya un poquito harta, llamé a mis padres para que se quedaran un rato a nuestros hijos y me vestí con la misma ropa que llevé el día que quedé con David.

    Cogí a mi esposo sin decirle nada lo metí en el coche y lo llevé al lugar donde cometí el delito de infidelidad.

    Él quedó alucinado que su esposa llegara a follarse a un tío en un lugar tan y tan concurrido y empecé a explicarle (sólo verbalmente) lo que había hecho aquel día, ufff como se estaba poniendo mi marido… él me pidió que lo follara igual que lo hice con David… y ¿sabéis lo que ocurrió? Que la fiel esposa y madre de familia no se atrevió a hacerlo, eso que quería darle el gustazo a mi marido, pero me daba mucho pudor y vergüenza hacerlo en aquel lugar tan transitado… y la verdad es que no me vi capaz ni de sacarme los pantalones. Mi marido me decía un poco molesto: “vaya, con él sí y conmigo no ¿eh?, vaya guarra que estas hecha”.

    De regreso a casa conducía mi marido y como realmente me había excitado al recordar todo aquello, le pude obsequiar con un viaje muy y muy movidito pues estuve todo el trayecto con las piernas abiertas y el pantalón bajado, masturbándome todo el rato, diciéndole: “ves cariño como me pone pensar en David…! ufff.¡ en lo que le hice… ahhh ahhh en lo que lo deseo… ay ay ay en los hermosos cuernos que llevas… y en los que llevarás…” mientras también le tocaba su hermosa y tiesa polla, cada vez más y más húmeda… si supierais el espectáculo que estuve ofreciendo a los coches que pasaban por nuestro lado pero en aquel momento si que no me importaba.

    Mi amado marido se lo merecía todo, pues era (y es) el mejor marido llevando cuernos y yo me sentía (y me siento) realmente orgullosa de él y lo quería (y quiero) más que nunca.

    No llegamos a casa sin antes terminar la faena y en un lugar donde había una casa en obras, entre piedras, hierros, cemento… yo me puse a cuatro patas encima de unos ladrillos y mi marido me metió su pepino directamente por el culo y me dio como lo que soy y me merezco, como una verdadera guarra… La introdujo todo lo que pudo de golpe, hasta que sus huevos ya golpeaban contra mis nalgas. Mientras me daba por el culo en plan bestia, me decía que era una zorra, una golfa y que no sabía estar sin follar con otros tíos… uff qué placer… no os lo podéis ni imaginar. Me encantaba ser así de guarra.

    Él no tardó mucho en correrse dentro de mí y yo seguidamente volví a tener un orgasmo increíble metiéndome tres dedos en mi coñito, ya que no tenía otra polla a mano.

    Realmente nunca había pensado que pudiera llegar a ser tan y tan pervertida… pero es lo que le digo siempre a mi maridito: tú me has llevado a esto, ahora tendrás que atenerte a todas las consecuencias. Si quieres una mujer muy puta, la tendrás hasta el final y así se lo estoy demostrando hasta el día de hoy.

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  • Mi última cogida con Otavio

    Mi última cogida con Otavio

    Ya me había vuelto a Buenos Aires y me encontraba por escribir mis relatos de ese último viaje a Brasil, cuando mi jefe me informó que debíamos viajar nuevamente a Sao Luiz, noticia que me puso muy contenta pues me encontraría nuevamente con Otavio, ese morenazo que me hizo vibrar con su enorme morcilla.

    Llegamos al aeropuerto alrededor de las 4 de la mañana, y de allí al hotel. Me di una ducha porque debíamos ir a la empresa. Desde allí llamé a Otavio y quedé en que nos veríamos en mi hotel después de las 10 de la noche. No quise ir a ningún otro lado porque me encontraba muy cansada y, en realidad, yo sólo quería sexo.

    Al mediodía a mi jefe y a mí nos invitaron a almorzar. Fue un almuerzo con comidas típicas nordestina, con camarones en una salsa de buen sabor y picante, pero de ingredientes no identificables. A decir verdad, la comida no me cayó muy bien, pues como a la hora, me crujían las tripas y un poco más tarde, comenzaron los gases que pugnaban por salir a la atmósfera. Por suerte, los que se me escaparon eran inodoros, pero no por eso menos peligrosos.

    Durante una reunión, se me escapó un pedito, también inodoro, pero algo más consistente que los anteriores; se podrán imaginar cómo me ruboricé al darme cuenta que tenía algo líquido entre mis nalgas. Mi jefe me vio y me preguntó si me sentía mal; le contesté que necesitaba ir a tomar un poco de aire fresco porque me sentía mareada. Fui lo más rápido que pude al toilette, con las nalgas apretadas para que no me cayera nada más. Allí limpié lo que pude mi bombacha, la hice un bollo y la guardé en mi bolso.

    Como durante la tarde continuaron tanto los gases como la diarrea, al llegar al hotel, me crucé a una farmacia y compré unas pastillas para cortar la diarrea y así estar bien para recibir a Otavio.

    Me di una ducha y me puse encima una remera grande que suelo usar para dormir cuando hace mucho frío y nada más; me puse a leer un libro hasta que se hicieran las 10 de la noche.

    Cuando éste llegó a mi cuarto, nos fuimos derechitos a la cama. Inicié la sesión con una buena mamada de su pija negra… ¡cuánto la extrañé!… se notaba que a ella le gustaba mi boquita porque estaba bien durita y enseguida saboreé el presemen; cosa que me excitó más, y me llevó a chupársela con más ganas, pero cuidando que aún no acabara… teníamos tanto para hacer.

    Me acostó de espaldas en la cama y él se ocupó de mi concha; comenzó por besarme y morderme suavemente los labios y, cada tanto, lamerme más adentro. A medida que mi concha se humedecía más y más, la lengua de Otavio penetraba más loca en mi rosado agujero.

    Entonces él subió mis piernas por encima de sus hombros y me penetró como a mi me gusta: ¡hasta el fondo!… con sus bolas tocando mis labios vaginales me sentía llena, pero no satisfecha, recién empezábamos y quería más acción todavía.

    Otavio comenzó a bombear, su pistón retrocedía despacio hasta que casi salía su cabeza de mi concha y luego penetraba con fuerza… retroceso suave, penetración fuerte y profunda… así me arrancaba espasmos de placer. Él me dio vuelta, me puso en cuatro patas y siguió cogiéndome a gusto; ambos disfrutábamos de la noche.

    Pero mis tripas me jugaban una mala pasada, volví a sentir sensaciones indeseables en ellas, le rogué a quien correspondiese que no pase nada, que todo siguiese así como estaba, que iba muy bien. Así con esos pensamientos, me vino un orgasmo vibrante, uno que deseé desde el momento en que pisé suelo brasileño y que esperaba fuese el primero de varios en esa noche.

    Otavio, viéndome así con mi culo al aire, no tuvo la mejor idea que cambiar de agujerito para bombear. Cuando sentí la punta de su pija en mi culo, le pedí que no lo hiciera, pero lo tomó como parte del juego; sin muchas vueltas y de la misma manera que había bombeado en mi concha, sentí su pedazo de carne que me entraba hasta que los huevos chocaron contra mis nalgas, abriendo mi esfínter para adaptarse a eso.

    Me seguí negando, quise retirarme, pero me sujetó con fuerza de las caderas; con cada penetración, yo sentía que junto con el placer que me daba tenerlo ahí, crecían dentro de mí, al mismo tiempo, como ganas imperiosas de defecar, ganas que aumentaban y disminuían según Otavio entraba o se retiraba.

    Yo así no podía disfrutar de la culeada; Otavio, sin conocer lo que me pasaba, seguía y seguía, hasta que finalmente eyaculó. Le pedí que aún saliera de dentro de mi culo, deseaba que se quedara un poco más hasta que se calmara esa pulsante necesidad de defecar; pero en vez de disminuir, crecieron hasta hacerse casi incontrolables, me lo quise sacar de encima para correr al baño, pero apenas sacó su pija de mi culo, con un espasmo que no era de placer precisamente, me salió un chorro de diarrea acuosa, que ensució la pija y las bolas de Otavio, el resto cayó de mi culo, goteó por los labios y se derramó en la sábana de la cama.

    Otavio me miró, primero con sorpresa, luego con asco y finalmente con enojo. Me trató de puta cerda y me dijo que no quería volverme a ver más; se limpió la mugre con la sábana, se vistió rápidamente y se marchó sin aceptar mis excusas, dejándome sola y roja de vergüenza en el chiquero que se había convertido la cama.

    Desde esa noche no quiso aceptar más mis llamadas a su celular. A la tarde siguiente, la cara de reprobación con que me miraba Vivianne –la chica que me presentó a Otavio– supe que él algo le había contado. Afortunadamente, volví pronto a Buenos Aires, ya que cada vez que me la encontraba en la empresa, recordaba lo que me había pasado y me moría de vergüenza.

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  • Al fin conquisté a mi hijo

    Al fin conquisté a mi hijo

    Soy Mercedes, madre de 40 años, divorciada hace 12 años y no volví a tener pareja, hasta que un día vi a mi hijo sin ropa en el baño, ya él tenía 18 y no me había fijado del cuerpo que tenía, solo lo miraba con ojos de madre hasta esa noche que lo vi.

    Desde ese momento comenzó mi gran conflicto interno, deseaba sentir el calor de su piel, sentirlo dentro de mí, a partir de ese día me puse más cariñosa con él, en casa vestía con franelas cortas sin sostenes y shorts muy cortitos sin panties para llamar su atención, me doblaba frente a él para que me viera las nalgas y despertar su morbo.

    Estuve así por 4 meses sin tener una respuesta por parte de él, luego de eso un fin de semana nos fuimos a la playa con una pareja amiga y yo aproveché para ponerme un biquini de hilo y cuando llegamos a la playa decidí jugármelas todas.

    Después que nos instalamos la pareja de mis amigos mi hijo y yo, decidí broncearme pero sin top, le pedí a mi hijo que me echara el bronceador, primero en mis piernas y espalda y por último en mis pechos y cara, sabía que ya a partir de ese momento había llamado su atención. Me fijé que se le puso un poco dura, pero me hice la desentendida. No me reconocía, jamás en mi vida use hilo dental y menos sin top, pero mis ganas eran más fuertes que mi moral, no lo podía comprender.

    Mi amiga se incomodó un poco porque su marido no paraba de mirarme, en verdad me incomodaba un poco, pero lo dejaba pasar porque mi objetivo era mi hijo.

    Una hora después me metí en la playa y le pedí que me acompañara para no ir sola, estando dentro del agua trate de ir a la parte un poco honda para poder aferrarme a él y hacer que me sintiera y yo sentirlo a él.

    Él me reclamó por la forma en que estaba en la playa, que debería ponerme el top y la próxima usar un bañador más decente, dentro de mi sabía que era lo correcto, pero solo quería que él se excitara conmigo. Solo le respondí que yo era una mujer que tenía buen cuerpo y tenía derecho de exhibirme y sentirme linda, sentirme atraída por otros hombres. No me dijo nada, pero yo sé que eso le dio celos.

    Estando ya en una parte onda lo abracé y le pedí que no me soltara que tenía frio, aproveché y le puse mis pechos desnudos en su espalda y mis piernas en su cintura, que dejaba rodar hasta sus partes y sentía como se ponía duro, hasta que llegó un momento que estaba duro completamente y lo abracé de frente. Le pregunté que le pasaba y me respondió “el frío mamá, el frío”.

    Yo me solté y me fui a la orilla a donde teníamos todo, pero sabía y me daba cuenta de que me miraba, de que lo excitaba, sabía que ya me miraba con otros ojos.

    Al anochecer cuando llegamos a casa yo me metí a la ducha, pero por supuesto dejé la puerta completamente abierta para que me pudiese ver, yo me hacía como que no lo veía, pero si lo hacía, veía como se frotaba su pene, eso me excitaba mucho me hacía sentir mujer deseada otra vez.

    Esperando que esa noche él reaccionara me acosté sin ropa, pero no dio el paso, así que me dormí y al día siguiente me vestí para la oficina con un vestido muy provocativo. Cuando lo llevaba a la universidad manejé con mis piernas abiertas a tal punto que se me veía todo, yo igual no lo miraba, pero él sí lo hacía, lo podía ver por el rabito del ojo, le ponía mi mano en su entrepierna, pero igual no daba el paso.

    Después lo dejé en la universidad y cuando salí de la oficina compré una peli porno de incesto, sin decirle nada llegué a casa, él ya había llegado y yo me cambié y me puse una franela sin nada abajo, cociné la cena para los dos y al igual que los otros días me doblaba de manera que se me viera todo, ya él me miraba sin descaro y sentía como me morboseaba, eso me excitaba mucho, me chupaba el dedo frente a él le daba a probar salsa de mis dedos, pero igual él se contenía.

    Al terminar de cenar dejo todo listo y me fui a la cama, puse la peli a volumen y me abrí de piernas para tocarme, ya me había quitado la franela estaba completamente desnuda con la puerta abierta y tocándome, hasta que pasaron veinte minutos y cuando entró y me vio desnuda yo hacía como si tuviese los ojos cerrados y él estaba parado estático mirándome, sin saber que hacer, estaba toda abierta tocándome y gimiendo, hasta que le dije que pasara que no se apenara que es normal, y le pedí que se sentara a mi lado en la cama a ver la peli conmigo.

    Él apenado a duras penas se tocaba, pero tenía su bóxer puesto, yo tomé su mano y la puse sobre mi vagina, él me la quitó, pero le dije que necesitaba que me ayudara, que se quedara, y le volví a poner su mano sobre mi vagina y suavemente empecé llevándosela para que me la acariciara, hasta que lo empezó a ser él solo. Cuando ya estaba excitado, metí mi mano dentro de su bóxer y le agarré el pene y empecé a acariciárselo.

    En ese momento yo no me aguantaba, estaba loca por metérmelo en la boca, para chupárselo, besárselo y acariciárselo con mi lengua, me moría porque me penetrara por todos lados, tenía años sin sentir. A medida que se fue sintiendo más en confianza empezó a meterme los dedos y cuando lo hizo tuve mi primer orgasmo en años. Le dije que se quitara el bóxer y me lo metí en la boca, disfruté de su sabor una y otra vez, me sentía mujer.

    Después de estar un rato lo acosté boca arriba y me senté sobre él enterrándome su ser hasta el final, sintiendo su calor, su palpitar, su movimiento, sentir como me deseaba y me lo hacía, esa fue mi gran noche, mi gran victoria, mi hijo que tanto lo amo, sentir como cada vez que se excita sabe que está su mujer al lado.

    Después de esa noche hemos tenido relaciones por tres años consecutivos, cumpliendo fantasías y viviendo plenamente, él tiene su novia, pero su mujer soy yo y eso me llena de plenitud.

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  • Tuve que enseñarle a follar a mi hijastro

    Tuve que enseñarle a follar a mi hijastro

    Alex es el hijo de mi marido fruto de su anterior matrimonio. Tiene ahora 22 años, es alto, guapete y estudia en la Universidad, ha vivido siempre con su madre en una capital de provincias y ella ha hecho todo lo posible por distanciarlo de su padre, así que solo lo conocía de coincidir escasas veces en alguna celebración familiar, donde habíamos cruzado simples saludos y frases de cortesía.

    Su padre me anunció que su hijo pasaría con nosotros 15 días de sus vacaciones, lo que me sorprendió, aclarándome que el chico hacía coincidir su estancia con la de su novia, que tenía a sus abuelos en la capital y venía a pasar con ellos unos días; así entendí mejor el motivo de su visita. Llegó a mediodía y después de comer se fue a pasar la tarde con su novia. Llegó a la hora de la cena y después de un rato de sobremesa se fue a dormir.

    Su padre se fue a las 8 de la mañana al trabajo, como es costumbre y sobre las nueve escuché ruidos en casa, señal de que Alex se había levantado. Me levanté apresuradamente para ir a la cocina a prepararle el desayuno, sin percatarme que inconscientemente llevaba puesto solo el camisón, sin nada debajo como me gusta dormir, un salto de cama que escasamente me cubría el culo y el sexo.

    Mientras preparaba el desayuno el chico no dejaba de mirarme, me percaté se fijaba en mis intimidades mostrándose nervioso y excitado, era evidente que mi desnudez le estaba violentando, pero ya era tarde para ir a buscar algo con que cubrirme, ya me había visto todo lo que podía ver, que era todo. Me di cuenta, que al agacharme para sacar del armario alimentos y utensilios de cocina, cada vez que me inclinaba, quedaban a su vista mi sexo y trasero de forma ostensible y provocativa.

    Le había preparado zumo, huevos con beicon, repostería y solo me faltaba servirle café. Cuando estaba llenando su taza, con la cafetera hirviendo, él metió su mano en mi entrepierna hasta llegar a mi sexo, que pudo tocarme al no poder soltar la cafetera que le hubiera ocasionado quemaduras. Fueron segundos suficientes para conseguir tocarme el coño desnudo.

    Enfadada le dije qué había hecho, pero él simplemente contestó que le había puesto mi coño demasiado cerca y a la vista para invitarle a tocarlo, algo instintivo que no pudo evitar. Además, siguió diciendo, sabía que todos los hombres podían follarme y no entendía me molestara tanto con él por solo tocármelo. Le había contado, que antes de casarme con su padre, follaba con muchos hombres y que a él lo conseguí con mi coño.

    Le pregunté ofendida quien le había contado aquellas cosas tan horribles de mí, pero se negó a decírmelo. No me di por vencida y opté por usar mis armas de mujer para que confesara. Me senté en sus piernas frente a él y llevé sus manos a mis pechos, el chico los tocaba excitado, me besó con lengua y le correspondí, a la vez que deslizaba los tirantes del camisón para hacerlo caer y dejar mis tetas al aire a su disposición. El chico me comía las tetas y chupaba los pezones con fruición, a la vez que notaba como crecía su bulto debajo de mi trasero.

    Entonces volví a preguntarle quien le había hablado tan mal de mí y confesó que su madre, siempre le contó que su padre se había casado con una fulana que se entregaba a todos los hombres, incluido su padre, que se había enamorado de mí solo por mi sexo, rompiendo así su matrimonio. Ante esta confesión no dudé que a la bruja de su madre le iba a dar su merecido, y ello utilizando a su propio hijo y con la medicina que ella misma decía aplicaba tan bien, mi coño.

    Seguí dejando que el muchacho se diera el lote conmigo y viendo como aumentaba el tamaño de su paquete, le pedí se pusiera de pie y sacara su polla. No estaba mal para tan jovencito y se la mamé poniéndola en su punto máximo de erección. Antes de que se corriera me levanté apoyándome en la mesa boca abajo, dejando a su disposición mi culo y sexo en pompa, puse saliva en mi sexo para lubricarlo bien y le animé a que me la metiera, la tenía tan dura que me la clavó de una embestida y después de un corto meteysaca se corrió.

    Cuando a la mañana siguiente salió mi marido para ir al trabajo, fui a su habitación y me metí en su cama desnuda. Nos besamos, acariciamos y en pocos minutos ya la tenía dura y dispuesto a montarme. Le dije que se tranquilizara, que le iba a enseñar a hacer sexo y a disfrutar sin prisas. Le expliqué que debía aprender a satisfacer a una mujer, para eso solo debía pensar en cómo hacerle disfrutar, pues así recibiría su recompensa gozando más.

    Mientras me comía las tetas su mano acariciaba mi sexo, yo me dejaba hacer y le iba indicando cómo debía acariciar en cada momento. Su polla estaba a reventar y deseaba a toda costa penetrarme, pero le tranquilizaba diciéndole me tenía que preparar antes de follarme, para así disfrutar los dos de la cogida.

    Le expliqué cómo debía bajar rozando con su lengua cada centímetro de mi piel hasta llegar a mi coño, una vez allí le fui indicando como debía lamer mi clítoris haciéndolo crecer, ya estaba duro y fuera de su capuchón para su disfrute, le dije lo apretara suavemente con los dientes y lo lamiera, entonces se asustó con mis estremecimientos y temblores y le pedí siguiera chupando y succionando el clítoris.

    Ya estaba caliente y mi coño rezumaba abundantes flujos, era el momento de dedicarle atención y le hice bajar la lengua a mi raja para que lamiera, abriendo despacio los labios con la presión de su lengua, que impaciente deseaba entrar en su interior. Pronto estaba entre mis piernas con la cara empapada de flujo intentando descubrir los secretos de mi cueva. Me hacía gozar como una perra y tenía su cabeza oprimida entre mis muslos y con mis manos lo apretaba contra mi sexo. Me hizo correr y mis temblores, junto con las palpitaciones de mi coño y el manar de mis fluidos lo volvía loco de excitación.

    Le hice tumbarse boca arriba y poniéndome a horcajadas encima de él, llevé su capullo entre los labios de mi vagina y dejándome caer me entró de golpe hasta el útero. Le cabalgué haciéndole disfrutar mientras me sobaba las tetas y me decía lo mucho que estaba disfrutando con una puta tan rica. Impedía que se corriera alargando su eyaculación, diciéndole pensara en otra cosa para evitar correrse rápido, quería me diera un buen orgasmo antes de que se corriera.

    Al final no pudo aguantar más y noté como un chorro de leche me inundaba, sentía sus espasmos y su esperma llenarme el coño, que empezó a palpitar y tener contracciones con un orgasmo intenso que me hacía venir y que duró una eternidad. Caí fulminada respirando entrecortado y profundo para no desmayarme.

    Todos los día siguientes iba a su cama y copulábamos sin descanso hasta la hora que él se iba a ver a su novia, con la que pasaba el resto del día. Llegó el fin de semana y la presencia de mi marido en casa, nos obligó a tomarnos un descanso forzoso, que haría que el lunes retomáramos nuestra actividad sexual con más ganas. Solo pudimos darnos algún beso o tocarnos de forma furtiva en momentos puntuales, evitando nos viera su padre.

    El martes cuando llegó a última hora de la tarde para la cena, le anuncié que su padre había salido de viaje de trabajo y no volvería en un par de días. Se puso muy contento y después de la cena nos dispusimos a ver un rato la tele. Nos sentamos en el sofá y pronto Alex me pasaba el brazo por encima de mi hombro y comenzó a meter su mano por el escote y tocarme las tetas. No conforme me metió mano y empezó a jugar con mi sexo, lo que hizo que nos calentáramos demasiado y nos fuimos a la cama. Esta vez pasamos la noche en mi habitación y no dejamos de follar en toda la noche, el nene se recuperaba rápido después de cada polvo y eso me encantaba.

    Además, había aprendido a controlarse y ya aguantaba la erección sin correrse, lo que me permitía venirme varias veces seguidas. Lo hicimos de todas las formas y posturas posibles hasta caer rendidos. Amaneció con una buena erección que hubo que sofocar volviendo a hacer sexo hasta media mañana. De la misma forma disfrutamos la noche siguiente.

    Cuando marchó, acabadas las vacaciones, seguimos en contacto telefónico y me decía lo mucho que me echaba en falta y lo que me deseaba. Siempre que tenía ocasión nos visitaba, con lo que su padre estaba contento y yo muy bien follada, pues siempre encontrábamos momentos para disfrutar de buen sexo. El muchacho era muy buen alumno y había aprobado la asignatura con sobresaliente, demostró ser digno alumno de su profesora y se había convertido en un excelente amante del que disfruté durante algún tiempo.

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  • La enfermedad de mi hijo

    La enfermedad de mi hijo

    Hola soy Manuela, he de decir que vivo sola con él en nuestro piso, tengo 46 años y trabajo como médico en un centro de salud. Mi trabajo consiste sobre todo en hacer revisiones médicas laborales. Las empresas o fabricas hacen pasar a sus empleados revisiones médicas anuales y yo me ocupo de hacerlas en el gabinete.

    Una mañana mi hijo me llamó desde su cama: —¡Mama!!! ¡¿Puedes venir?!

    —¿Qué pasa hijo?

    —Mamá me duele mucho ahí abajo y creo que está hinchado, —dijo mi hijo señalándose su entrepierna.

    —Déjame ver, —dije yo apartando las sábanas.

    Sus testículos estaban muy hinchados, él ya los tiene grandes de por sí, pero esta vez bastante más de lo normal, se veían rojos.

    —Pues sí que están hinchados, ¿desde cuando te duelen?

    —No sé, llevo ya unos días aguantando el dolor.

    —¿Y por qué no lo has dicho antes?

    —No sé, no quería asustarte.

    —Bueno pues, después de desayunar te vienes conmigo al hospital y pasas por la consulta de mi amiga Marta que es uróloga y sabe de esto mucho más que yo.

    —Vale.

    Después de desayunar fuimos a mi trabajo, al hospital y lo llevé a la uróloga del hospital, Marta. Marta tiene 57 años y bastante experiencia en el tema por lo que estaba segura de que ella lo podría solucionar.

    —Hola Marta

    —Hola guapa ¿qué tal?

    —Bien, veras mi hijo dice que le duelen mucho los testículos y se los he visto y los tiene muy hinchados.

    —Vale, bueno pues si quieres déjamelo y le haré unas pruebas y cuando acabe lo llevaré a tu cabina.

    —No hace falta, él ya sabe el camino. Muchas gracias y por favor cuando acabes avísame y dime que es lo que tiene vale

    —De acuerdo.

    Me fui a mi puesto de trabajo y le hice el chequeo médico a toda una fabrica.

    Cuando acabé entró mi hijo.

    —¿Y bien? ¿te sientes mejor?

    —Un poco mejor, dice la doctora Marta que la vayas a ver.

    Fui a la seccion de urología y entré en el despacho de Marta.

    —¿Ya sabes lo que tiene mi hijo?

    —Si, lo primero es que tiene un pene descomunal.

    —Si eso ya lo sé, al principio tuvo problemas con eso, pero ahora ya está todo solucionado. ¿Cuál es el problema?

    —Tu hijo tiene hyperspermia. Sus testículos producen unas grandes cantidades de semen y si no se evacuan producen que los testículos se hinchen hasta el punto de doler. Es como si llenas demasiado un globo, al mínimo golpe puede explotar. Tranquilízate porque los testículos de tu hijo no van a explotar, pero sí que necesitan ser evacuados de ese semen. Lo único que puedo darle a tu hijo son unos calmantes para que el dolor de los testículos disminuya, pero el semen se tiene que evacuar manualmente. Lo puede hacer él, pero lo más seguro es que con tanto dolor no tenga muchas ganas ni fuerzas. Si consigue hacerlo él solo, cosa poco probable por culpa del dolor, perfecto y si no lo consigue hacer solo puedes traerlo aquí y yo se lo evacuaré sin problemas.

    —Vaya… ¿Pero la hyperspermia es hereditaria o algo? Además, antes no la tenía.

    —Es normal, es algo que puede pasar a una cierta edad. Tiene que evacuar el semen cada vez que sienta el más mínimo dolor así ataca el problema desde la base, si mantiene el tratamiento durante 3 o 4 semanas aproximadamente se le irá definitivamente. No es hereditaria, son cosas que pasan y no es nada grave pues se irá en unas semanas.

    —Menos mal, estoy mucho más tranquila ahora que me has explicado todo, gracias Marta eres la mejor.

    —De nada guapa, bueno, como ya te he dicho, si no consigue hacerlo solo lo puedo hacer yo sin problemas.

    —¿Y no podría hacerlo él solo?

    —Poder puede, pero querer es diferente, como tendrá el dolor no creo que tenga muchas ganas de tocarse ahí, es normal.

    —¿Y si le quiero ayudar yo tendría que hacerlo de alguna forma especial o seguir algunas pautas?

    —Para nada, solo lo tienes que hacer normal, como si masturbaras a cualquier persona solo que no hagas movimientos muy fuertes o bruscos porque le pueden lastimar. Si ves que te da corte o algo ya sabes que puedes contar conmigo.

    —Lo intentaré y si no funciona te lo traigo.

    —Perfecto.

    —Muchas gracias Marta hasta mañana.

    —Hasta mañana Manuela.

    Sali de su cabina mucho más tranquila sabiendo que mi hijo pronto irá bien y que tenemos suficiente confianza como para hablar de este tema sin problemas. Cuando llegué a mi cabina mi hijo estaba estudiando y a mí me quedaban solo 15 pacientes por revisar ese día y habré acabado mi jornada y podré irme a casa. Le dije a mi hijo que se fuera al despacho de al lado así podía hacer mis chequeos sin que estuviera presente y él podría estudiar más tranquilo.

    Cuando acabé fui a buscar a mi hijo, pasé por el despacho de Marta para recoger los medicamentos que tenía que tomar mi hijo y nos fuimos a casa. Al llegar a casa le expliqué a mi hijo todo lo que Marta me había explicado horas antes.

    —Así que para que ya no te duela tendrás que masturbarte cada vez que te duela y en unas semanas ya no habrá ningún dolor. También tienes que tomarte estas pastillas para que te duela menos. Cuando quieras puedes empezar y si ves que no puedes o te duele mucho o algo me llamas y tú decides si te ayudo yo o te ayuda Marta si quieres.

    —Vale si me duele te lo diré.

    Sali de la habitación de mi hijo, me quité la ropa y me dispuse a ir a la ducha. Estaba duchándome cuando oí a mi hijo hablar por la puerta.

    —¡Mamá! me duele mucho y no consigo hacerlo.

    —Ven hijo entra ¡entra!

    Entró mi hijo a la ducha le dije de quitarse la ropa y de meterse a la ducha conmigo. El agua caliente le ayudó a calmar el dolor entonces fue cuando cogí la gran polla de mi hijo que media unos 21 cm en ese momento y empecé a masajearla poco a poco, cuando la sentí bien dura me arrodillé y le masturbé lentamente, aun no recuerdo como, pero me metí la polla de mi hijo en la boca, bueno hasta donde me entraba pues además de larga es bastante gruesa y empecé una mamada lenta y sabrosa, mi hijo cerraba los ojos y disfrutaba de aquel placer exquisito.

    Sentí a mi hijo muy cercano al clímax así que la saqué de mi boca y con unos meneos rápidos empecé a sentir como se arqueaba y empezó a soltar semen sin parar, nunca había visto algo así, con tanta fuerza ni tanta cantidad, me llenó la cara entera y parte de mis operados pechos. Cuando acabó me ayudó a limpiarme y acabamos la ducha entre risas.

    —¿Te sientes mejor?

    —¡Mucho mejor! Creo incluso que se me ha curado completamente.

    —Jajaja no seas iluso cielo es solamente ahora, desgraciadamente más tarde te dolerá también y tendrás que volver a hacerlo y así unas semanas como ya te dije antes.

    —Bueno pues cuando me duela lo volveré a intentar y si no lo consigo te aviso.

    —Vale muy bien. El problema es que tengo un viaje la semana que viene y tendré que estar fuera de casa 2 días así que estoy pensando en cómo vamos a hacer para ayudarte si no estoy. Me gustaría quedarme para estar tranquila, pero este viaje es muy muy importante.

    —No te preocupes mamá ya encontraremos alguna solución.

    Eso mismo fue lo que pasó, encontramos una solución. ¿Cual? Eso ya os lo contaré en el próximo relato.

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  • Como una muñequita

    Como una muñequita

    Esa noche estaba toda excitada y mi dueña, quien comparte mi gusto por tener relaciones mientras estoy vestida como toda una mujercita estaba muy animada y quería jugar un rato conmigo antes de irnos a la cama, así que me propuso que me vistiera como una muñeca y así ella jugaría conmigo en una forma tiernamente pervertida, a mi me encanto la idea, entonces fuimos a nuestra habitación para que ella me vistiera toda como su muñeca.

    Me dijo que lo que más le gustaba de jugar con muñecas es que les podía poner toda la ropita que ella quisiera al mismo tiempo, entonces me dijo que me pusiera unos sostenes rosados y unas pantis tipo cachetero rosadas, yo lo hice mientras ella miraba entre la ropa interior y sacaba pantis y sostenes, entonces me entrego unas medias de liguero blancas y unas ligas blancas y me dijo que me las pusiera, pues ella me pondría el resto.

    Yo me puse las medias de liguero y mientras me ponía el liguero ella se acerco con mis tacones rosados y me los coloco, entonces me dijo que me quería con otras pantis encima y otros sostenes, además de unos guantes rosados, a mi me encanto la idea, entonces tomo una tangas blancas que había separado y me las coloco, yo camine un poco para que me las mirara, entonces me dijo que no le gustaba su muñeca así, que si bien me quería como una mezcla entre muñeca de trapo y perrita caliente no me quedaban las tangas encima de los cacheteros, entonces yo me las quite, ella tomo un panti de algodón blanco y me lo coloco, nuevamente desfile y a ella le encanto como se me veía el culito.

    Entonces tomo otros dos pantis tipo calzón y me los coloco, también me puso un sostén blanco trasparente y uno rosado, ambos de telitas muy femeninas, me coloco los guantes y me dijo que quería ponerme una pijamita.

    Busco dentro de sus pijamas y saco una batola rosada y unos pantaloncitos de otra pijama también rosados y me los coloco, así vestidita me puso mi correa de perrita rosada y me dijo que quería tomar algo, que la acompañara a la cocina, entonces me llevo halándome de la correa hasta la cocina en donde se sirvió un poco de vino y comenzó a tocar mi nalguita por encima de la batola cuando metió su mano por debajo se dio cuenta que era muy trasparente, entonces me dijo que fuera por unas enaguas blancas y otras rosadas y me las pusiera subiéndomelas hasta los pechos.

    Fui y la habitación y me puse como me lo había ordenado, cuando regrese ella me siguió tocando, y acariciando por encima de la pijama y yo la tocaba por encima de sus pantis negros, que eran todo lo que tenia, entonces me dijo que me tenía una sorpresita en el congelador, yo fui caminando sensualmente y al abrirlo encontré un plug anal rosado, ella me dijo que se lo entregara y me agachara, cuando lo hice bajo mis pantis y calzones, levanto mi batola y me hecho un poquito de lubricante de efecto frio en el culito y después metió el plug adentro de forma suave pero ininterrumpida, mientras yo gemía como toda una putica y sentía mi culito muy frio y caliente al mismo tiempo.

    Cuando termino de meterlo subió cada uno de los pantis que me había puesto y me organizo la pijama, me dijo que me enderezara y tomando mi correa me llevo otra vez a la habitación en donde me dijo que le ayudara a ponerse un dildo con arnés, cuando se lo coloque aproveche para tocarla y lamerla por encima de las pantis mientras ella gemía y me halaba la correa de perrita rosada para que me pegara mas a sus pantis, entonces me dijo que acabara de subirle el arnés y cuando lo hice metió el dildo a mi boquita y empezó a comerme por ella como a una mujer, yo chupaba el dildo lo mejor que podía mientras sentía como iba mojando mis pantis de lo excitadita que estaba, además de unas gotas de agua que soltaba el plug que tenia metido en mi culito.

    Como me había puesto de rodillas para que ella me pudiera comer mejor por la boquita, me dijo que la siguiera caminado en cuatro patas como una perrita cariñosa y coqueta, entonces yo me puse en cuatro y camine así moviendo mi nalguita hasta que ella me indico que me subiera a la cama, entonces comenzó a tocarme la espalda suavemente y fue bajando primero mi batola y luego subiendo las enaguas que tenía puestas, bajo su mano suavemente y la metió por debajo de todas las pantis que me había puesto y los pantaloncitos para tomar el plug y comerme con el todita mientras yo gemía, mientras lo hacía noto lo mojaditos que estaban mis pantis.

    Y comenzó a decirme que era una mujercita muy caliente y ganosa, entonces volvió a meter el plug dentro de mi culito, saco su mano y tomo un vibrador con control remoto y lo metió dentro de mis pantis, ubicándolo en todo mi culito, bajo mis ropas y me dijo que me acostara de boca arriba.

    Cuando lo hice tomo mis manos y las amarro hacia arriba de mi cabeza, después tomo una cuerda atándola a una arandela en el techo y después cada punta a mis piernas de forma que las tuviera levantadas y abiertas, teniéndome así comenzó a jugar con el control remoto del vibrador que tenía en mi nalguita mientras me acariciaba y metía su mano en mis pantis, yo gemía y ella me decía que era su puta, su perrita coqueta y mimada y que me quería comer toda, entonces tomo una tijeras de un cajón y levantando las pantis fue cortándolas una a una en mi nalguita, sin quitármelas.

    Cuando llego a la primera se dio cuenta que la tenía toda mojadita, como una mujercita excitada, entonces saco el plug de mi culito sin quitarme ninguna panti y tomando un dildo vibrador lo metió todo y lo prendió, yo gemí como toda una hembra y ella me dijo que le faltaba algo.

    Entonces se paro y se fue dejándome así amarradita y con el culito todo comido por el dildo, yo comencé a moverme como si me estuviera comiendo, lo cual me excito mucho mas, así estaba cuando ella regreso con una toalla higiénica en su mano, me miro toda lujuriosa y me dice que es lo que debo usar para no estar mojando las pantis como una hembra fácil, entonces desato una de mis piernas por lo que pude bajarlas ambas y por lo cual el dildo se metió mas adentro en mi culito, entonces ella levanto mi cadera y bajo todas las pantis juntas hasta mis rodillas, abrió un poco mis piernas y puso la toalla higiénica en las primeras pantis rosaditas que me había puesto y me las subió dejando el dildo adentro y subiendo la velocidad de la vibración.

    Subió un poco toda la ropa interior que me había puesto y volvió a levantar mis piernas, mientras tomaba un lubricante y lo aplicaba en el dildo que tenía en el arnés y sacando el dildo que tenia entre el culito comenzó a meterlo lentamente, hasta que sentí como su cadera tocaba mis nalguitas mientras tenía el culito completamente lleno por su imaginaria verga dura y caliente, entonces comenzó a comerme como a una mujer, primero lenta y profundamente, haciéndome sentir que me lo metía todo, que me comía toda, después empezó moverse cada vez más rápido y me lo metía cada vez más duro mientras me decía que era una perra y yo entre gemidos femeninos le rogaba que me comiera toda.

    Cuando ella me comenzó a dar nalgadas tuve un orgasmo y como aun estaba completamente vestida como ella quería y tenia puesta la toalla higiénica, sentí como me mojaba toda y mis fluidos llegaban hasta mojar mas mi culito, cuando ella me tuvo así toda sometida y mojada me comenzó a comer más duro hasta que comenzó a gemir mientras tenía a su vez un orgasmo y se dejaba caer encima de mí.

    Tardo al menos cinco minutos en recuperarse, dejando durante ese tiempo al menos dos terceras partes del dildo dentro de mi culito, cuando se recupero saco el dildo lentamente de mi culito y desamarro mis piernas, después desato mis manos y se acostó a mi lado, así dormimos juntas mientras ambas estábamos completamente mojaditas y satisfechas.

    Cuando desperté aun tenia puestas cuatro pantis, también unos sostenes, y mis pantis tenían un agujero justo en culito, el cual estaba todo mojadito y caliente, ella ya se había levando, vestia una linda pijama en bata y tomaba algo de café mientras me miraba, yo sonreí todavía seducido por la noche anterior y supe que estaría con ella mientras pudiera respirar, camine hacia el baño lentamente mientras ella me seguía con su mirada, cuando entre pensé en desnudarme y volver a ser el mismo de siempre, pero todo se sentía tan íntimo y cómodo, además me encantaba sentirme femenina.

    Así que después de asearme un poco con lo que había en el baño y tomar un poco de agua salí del baño aun en ropita interior y ella me había servido un café en una tasa femenina, yo fui a la mesa y me senté frente a ella feliz a tomarme mi café.

    Espero les haya gustado este relato.

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