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  • Gordo policía hizo a mi esposa su puta (1)

    Gordo policía hizo a mi esposa su puta (1)

    Hola, soy Santiago y mi esposa Noemi, nos casamos desde los 20 años y hoy tenemos 33 los dos con diferencia de meses entre los dos.

    Un día entre las charlas íntimas le digo que cuando la conocí que fue un momento muy ardiente, ya que mis manos recorrieron su cuerpo en el pasillo del boliche no era yo quien metía mano, qué yo la besaba y el tipo que estaba al lado comenzó a tocarla, algo que era mentira, pero quería ver su reacción. La que fue sorpresiva ya que su nivel de temperatura corporal fue grandísima.

    Ahí pude ver lo puta que era y lo que podíamos hacer para pasarla bien.

    Las lista de fantasías se me venían a la mente y con ella podía llegar a ser realidad.

    Un día un amigo, policía un tipo gordo desarranchado, típico panzón y barbudo, se encontraba con un problema y buscaba donde quedarse unos días, a lo que le dije sin consultar a mi mujer que se venga que le prestaba una pieza.

    Eso me trajo primero problemas al principio porque lo hice sin consultar, ya que a ella ese tipo no le gustaba, decía que cuando la veía la desnudaba con la vista, a lo que le decía “bueno a lo mejor sabe que sos una putita”.

    Y era obvio que le atraía, ella es una morena delgada, con unos pechos hermosos y un lindo culito tipo manzana, llamaba mucho la atención y la otra razón a ella le gustaba andar en ropa interior y ahora no podría.

    Los primeros días todo bien más allá de la queja que el mirarle el culo cuando pasaba sin disimulo, pero le decía y no lo culpo.

    Una noche después de cenar los tres, estábamos tomando unas copas y le pregunte a mi amigo cuanto tiempo más se iba quedar, y me contestó que una semana más, a lo que le digo, “mi esposa le gusta andar en ropa interior en la casa, y estando vos no pudo, ¿a vos te molesta si lo hace?”. Y con los ojos lujuriosos me dice “para nada, todo lo contrario”, mi esposa me mira toda colorada de vergüenza.

    “Listo, todo arreglado, ya no te vas a tener que cuidar de que te vea”, y le saco sorpresivamente la remera sabiendo que no tenía corpiño, pero haciendo que no lo sabía, dejando sus lindas tetas a la vista de mi amigo, ella me mira y se tapa con sus manos, creo que el efecto del alcohol me tenía sacado, porque le tomo las manos y le como la boca, mientras le decía, “bueno que mi amigo sepa que sos una putita”.

    Mi amigo escuchando eso, le empezó a comer las tetas, ella quería evitar que él la besara en la boca, y eso a mí me calentaba más, ver como él la obligaba fue muy excitante, así que me levanté y se la entregué. Ella tenía un pantalón cortito qué fue arrancado con tanga y todo por él que la seguía besando de prepo, en un momento él la toma de los pelos y la hace arrodillar y empieza a chuparle el pene, ya asumiendo su rollo dejo de resistirse y hacía lo que él decía.

    Para todo esto había preparado todo para seguir entre los tres divirtiéndonos, ahora mi esposa era la puta de los dos.

    Mi amigo se dio el lujo de cogerla por su vagina, que le chupara la pija, y que ella le dijera que era su puta, antes de hacerle el culo.

    Después de ahí ella volvió andar en ropa interior y era la putita de los dos, pero ya contaré como siguió después de esta noche, donde ella quedó con su boca llena de semen de los dos.

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  • Devolución con polvo

    Devolución con polvo

    El calor de la tarde se colaba por la ventana entreabierta, y el ventilador zumbaba inútilmente en un rincón. Lara estaba tirada en el sofá, con una pierna colgando y el vestido subido hasta los muslos, aburrida de la rutina que la tenía atrapada desde hace meses. Su marido, Miguel, estaba en una de esas jornadas eternas en la oficina, o eso decía él. Últimamente, sus excusas olían a mierda, y ella lo sabía. Pero esa tarde no le importaba. Estaba caliente, inquieta, y el cosquilleo entre las piernas no la dejaba en paz.

    Sonó el timbre. Era Carlos, el vecino del tercero, un tipo grandote, con manos de obrero y una sonrisa que prometía problemas. Había venido a devolverle una herramienta que Miguel le había prestado semanas atrás. Lara lo miró de arriba abajo mientras él hablaba, notando cómo la camiseta se le pegaba al pecho sudoroso. “Miguel no está”, dijo ella, apoyándose en el marco de la puerta, dejando que el escote del vestido hablara por sí solo. Carlos se rascó la nuca, nervioso, pero sus ojos se clavaron en sus tetas como si fueran imanes.

    “¿Quieres pasar un rato? Hace calor y tengo cerveza fría”, soltó Lara, sin rodeos. Él dudó un segundo, pero la forma en que ella se mordió el labio lo decidió. Entró, y el aire entre ellos ya estaba cargado de algo sucio, algo que ninguno de los dos iba a parar.

    Se sentaron en la cocina, la cerveza sudando sobre la mesa. Charlaron un poco, pero las palabras eran solo ruido. Lara cruzó las piernas despacio, dejando que él viera el borde de sus bragas negras. Carlos tragó saliva, y ella supo que lo tenía. “¿Hace cuánto que no te follas a alguien, Carlos?”, le soltó de golpe, con una sonrisa filosa. Él se rio, sorprendido, pero no apartó la mirada. “Hace un tiempo. Mi mujer anda más fría que esta birra”, respondió, y su voz tenía un filo que a Lara le encantó.

    No hicieron falta más vueltas. Ella se levantó, se acercó y se sentó a horcajadas sobre él, sin pedir permiso. Las manos de Carlos fueron directo a su culo, apretándola con fuerza mientras ella le metía la lengua en la boca. El beso era puro fuego, desordenado, con dientes chocando y gemidos que se escapaban sin control. Lara sintió cómo él se ponía duro bajo los jeans, y eso la mojó todavía más. “Eres una puta calentona, ¿eh?”, le gruñó él al oído, y ella se rio, encantada con lo bruto que sonaba.

    Se bajaron al piso de la cocina como animales, arrancándose la ropa. Lara le desabrochó el pantalón y sacó esa verga gruesa que había imaginado un par de veces mientras se tocaba en la ducha. Se la metió en la boca sin pensarlo, chupándola con ganas, dejando que la saliva le corriera por la barbilla. Carlos le agarró el pelo y la empujó más profundo, gimiendo como si lo estuvieran matando. “¡Así, coño, sigue chupando!”, le ordenó, y ella obedeció, perdida en el morbo de tenerlo ahí, duro y palpitante.

    Pero Lara quería más. Se puso en cuatro sobre las baldosas frías, abriéndose con las manos para que él viera todo. “¡Métemela ya!”, le dijo, y Carlos no se hizo rogar. La embistió de una, llenándola hasta el fondo, y el grito que se le escapó a Lara rebotó en las paredes. Él la cogía con furia, como si quisiera partirla en dos, y ella se retorcía, pidiéndole más, insultándolo entre jadeos. “Dame duro, hijo de puta, hazme acabar cabrón”, le gritaba, y él le daba nalgadas que le dejaban la piel roja.

    El sudor les chorreaba, los cuerpos chocaban con un ruido húmedo y obsceno. Lara se corrió primero, temblando como loca, con las uñas clavadas en el suelo. Carlos no tardó en seguirla, gruñendo mientras se vaciaba adentro, sin preguntar si podía. Se quedaron ahí, tirados, respirando como si hubieran corrido una maratón. La culpa no aparecía todavía; solo había un silencio pesado y el olor a sexo flotando en el aire.

    Minutos después, Carlos se levantó, se subió los pantalones y agarró otra cerveza. “Esto no pasó, ¿eh?”, dijo, más para sí mismo que para ella. Lara, todavía desnuda y despeinada, se rio bajito. “Claro, como tú digas”. Él se fue, y ella se quedó mirando la puerta, sabiendo que Miguel llegaría en un par de horas con cara de cansado y ninguna idea de lo que había pasado en su propia casa.

    Se tocó entre las piernas, sintiendo la mezcla de los dos todavía ahí, y sonrió. La rutina podía irse a la mierda. Esto era mucho mejor.

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  • Quería saber que les hacía mi hijo a sus novias

    Quería saber que les hacía mi hijo a sus novias

    Mi nombre es Manuela. Tengo 44 años. Soy todavía joven, hermosa, seductora. Llevo el cabello teñido de rubio y mi figura me atrevería a decir que es muy sexy. Mis pechos están algo caídos, pero son sensuales. Tengo algo de barriga que yo creo que resulta más estimulante. Y lo mejor son mis piernas. Robustas. Lo fueron siempre.

    Mi marido se llama Ángel y tiene 52 años. No es por presumir, pero sigue siendo muy viril. He disfrutado mucho con él. Recuerdo especialmente la cuarta noche después de casados.

    Como ustedes estarán intuyendo soy una mujer muy liberal. Es importante que comente esto para que puedan entender la experiencia que les voy a contar.

    Mi hijo se llama Rafael tiene 20 años. Es alto y atractivo.

    Creo que supera a mi marido en casi todo. Es la suerte que tienen siempre las nuevas generaciones.

    Le dejamos a nuestro chico que se traiga las novias a casa y se acuesta con ellas. Y así podemos escuchar como ellas gozan de placer; jadean, gritan, gimen, chillan. Mi marido cuando lo oye se ríe. Pero yo no me río, yo es que me hago pajas por las noches pensando en lo que les hará. Con mi marido yo he llegado a hacer hasta sexo anal. Pero se me mete en la cabeza que Rafael debe hacerles más cosas. No sé el qué.

    Así es que la idea de acostarme con mi hijo rondaba sin cesar por mi cabeza.

    Una tarde me decidí y le pasé un mensaje por debajo de la puerta. Y él aceptó.

    Mi marido tomaba un avión para marcharse al extranjero de vacaciones (En esta casa lo hacemos así cada uno se va por su lado, pero esto no tiene que ver ahora con lo que estoy contando).

    Le vi marcharse con el coche desde el balcón. Me desnudé por completo y entré en la habitación de mi hijo. Allí me esperaba tumbado, toqueteándosela. Su pene era muy largo. Me lancé a por él y cogí el miembro con la mano. En seguida se me puso pegajosa.

    Me la metí en la boca casi llegando hasta lo más profundo, pero me atragantaba. Entonces ocurrió algo inesperado. Se corrió, tragándome todo su esperma. Esto he decir que lo había hecho alguna vez con mi marido.

    Siendo así me disponía a masturbarme sentada en la cama y mirándole fijamente, pero con una cierta desilusión. Entonces él acompañándome me metió un dedo en mi culo. Y tuve un espasmo tremendo que me hizo gritar. Justo en ese instante sonó el teléfono. Era mi marido que estaba en el aeropuerto y que había decidido cancelar su viaje. Estaría en casa en unos 15 minutos.

    Le dije a mi hijo que aquello había terminado y que su padre volvía a casa. Cuando ya me disponía a vestirme mi hijo me agarró con fuerza y me llevó de nuevo a su habitación. Yo me agité intentando soltarme con mi corazón acelerado.

    Nos tumbamos en la cama en la posición del 69 y él me comía el coño. Yo veía que su pene que acababa de eyacular hace unos instantes se volvía a poner todo recto. Quería librarme, pero no podía. Me dominaba. Iba venir mi marido y nos iba a pillar. Pero no pude resistir y me puse a chupársela como loca. Rafael me volvió a meter un dedo en mi culo y yo se lo metí a él. Esto no se lo había hecho jamás a mi marido. ¡Como gritaba yo!

    Oímos como se abría la puerta de la calle. Mi hijo se levantó y puso el pestillo. Luego con un pañuelo me amordazó. Y me sentó sobre él. Follándome. Nos mirábamos a los ojos. Se puso a follarme a una velocidad de vértigo. La mordaza amortiguaba los gritos que pese a todo se tenían que oír como gemidos desgarradores.

    Se detuvo un momento. Y entonces así sin más y en esa misma postura me la metió por el culo. Muy lentamente, no rápido. Poníamos perdida la cama. Muy despacio. Me hizo tener un orgasmo estremecedor.

    Me la sacó de dentro. Me quitó el pañuelo de la boca y meneándosela se corrió obligándome a que me tragase todo su semen de nuevo.

    Pero ahí no acabo todo.

    Rafael abrió la puerta de su habitación. Miró a un lado y a otro por si Ángel se encontraba en alguna parte. Me cogió y los dos andando de puntillas fuimos hasta el servicio.

    Me metió en la ducha y allí se orinó sobre mi cara. Yo me bebí enfebrecida su pis. Y luego bese sus muslos; las palmas de las manos, su boca…

    Días después mi marido me confesó que en realidad sus vacaciones no eran otra cosa más que visitas a una amante. Como el marido no se había marchado tuvo que cancelar ese viaje y por eso regresó a casa. Cuando volvió escuchó mis gemidos y los de mi amante, pero no dijo nada puesto que quería jugarme limpio. Me dijo que se comprometía a no serme infiel más. Yo la verdad es que no me he comprometido a nada.

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  • El pito duro de mi tío Bernardo

    El pito duro de mi tío Bernardo

    Llegó desde Oaxaca, de un poblado hacia la sierra. No llegó de huaraches como andan los indígenas en aquella zona. El tipo era muy listo y había sabido ganarse la confianza de los habitantes de ese pueblito. Tenía un auto compacto con el que transportaba a indígenas hasta los hospitales más cercanos que en realidad no estaban tan cercanos. Uno podía ir a tocar a su puerta a cualquier hora del día y de la noche para solicitar sus servicios. Hacía un gran negocio con ello.

    Vino de visita al puerto de Veracruz para acudir al hospital para ver a un tío suyo que pocos meses después moriría. Era un tipo de 1.70, trigueño y le gustaba vestirse bien, aunque en el lugar donde vivía no había ocasión de lucir esas ropas, pues la pobreza allí era tremenda. Había logrado amasar una pequeña fortuna pues no sólo le pagaban sus servicios con dinero, sino que también le regalaban pollos, gallinas, cerdos, guajolotes, cualquier animal que valiera el precio de sus servicios.

    Yo tenía 20 años y estaba en la flor de la edad, aunque para ese entonces ya era una experta en las artes sexuales. Fue quizá por aquellos años, entre los 18 y los 24 cuando más deseaba tener sexo y lo tuve. En ocasiones me cogían a diario, a veces era un novio o en ocasiones vecinos, ex novios, amigos y hasta amigos de mis novios, yo me consideraba un bocado que todos debían probar y vaya que eso lo supo percibir mi tío Bernardo.

    Desde que me vio me miró con mucho deseo. Jamás se había casado. El tío rebasaba los 40 años, pero se veía interesante, sobre todo porque para la familia era novedad que estuviera allí cuando casi no había convivido con ellos, por lo menos no con mi mamá y vaya que era su prima hermana.

    Esa noche conversó hasta muy tarde y se marchó cerca de la medianoche al hospital para cuidar a su tío. Sólo se quedaría tres días así que mi madre decidió prestarle el sofá de la casa para que allí descansara.

    Al otro día desperté y me arreglé para ir a la uni y salí a toda prisa pues se me había hecho tarde. Volví al mediodía. Mi madre aún no estaba en casa pues llegaba sobre las dos de la tarde de trabajar y de mis hermanas Karen trabajaba en una unidad deportiva y Laura cuidaba a un bebé en una casa que quedaba lejos de la nuestra. Abrí la puerta y vi que el tío dormía. Sólo estaba en calzoncillos pues a lo mejor pensó que estaría todo el día solo. Lo miré, dejé mi mochila y fui a mi cuarto para cambiarme. Me puse una playera larga que me cubría el culo y anduve descalza. Fui a la cocina para prepararme algo de comer.

    Preparé agua de limón y pensé ofrecerle a mi tío pues el calor era tremendo y aunque dormía con el ventilador encendido no se soportaba el calor a esa hora. Volví a la sala y lo vi nuevamente. Esta vez no pude dejar de mirar que tenía una tremenda erección. Seguía dormido pero su pene se veía muy bien debajo de su ropa interior. No puedo negar que sentí ganas de tocarlo pues en esos días había andado muy caliente debido a que un chico quería cogerme y yo no lo permitía, pero sí me había metido mano y me había dejado con muchas ganas.

    Mi tío se medio despertó y me saludó y trató de cubrirse el pito erecto. Sin embargo, no pudo evitar mirarme pues sólo llevaba mi playera que hacía ver mis bellos muslos. Le di un vaso con agua de limón y volví a la cocina para seguir preparando algo de comida. Él se levantó al baño y volvió más tarde pero lo curioso es que no se cambió de ropa, sino que se quedó en playera y calzoncillos. Conversó conmigo y me hizo reír mucho con sus chistes.

    La conversación fue cambiando de color pues hubo un momento en que comenzó a alabar mi belleza y sobre todo mis piernas. No era algo raro para mí, yo estaba encariñada con mi familia y a lo largo de mi vida he tenido estupendos encuentros sexuales con primos, primas, hermanos y tíos, he quedado muy satisfecha. Sólo que en aquella ocasión no sabía si estaba preparada para tener una relación con un tío al que había conocido unas horas antes.

    Sin embargo, me gustó que me estaba haciendo saber que para él yo estaba preciosa. “El hombre que te posea será muy afortunado” me dijo.

    No me di cuenta en qué momento se levantó, sólo vi de reojo que estaba junto a mí y me arrimó su enorme pito en mi culo. No supe qué hacer. Podía haber gritado, pero a la vez pregunto ¿quién puede resistirse al toque, al arrimón de una macana erecta en un mediodía de intenso calor? No pude hacerlo y sólo sentí como mi tío comenzaba a sobar su pene sobre mi culo. Lo hacía lento y luego muy rápido, con mucha fuerza. Yo me resistía en mi interior a ceder ante la acometida de mi tío precisamente porque era mi tío, sin embargo, colocó sus manos sobre mis caderas y me acarició. Sopló en mi nuca y eso comenzó a encenderme.

    Vaya, el tío Bernardo era un hombre muy caliente y estaba logrando hacer mella en mí, pues estaba venciendo mi resistencia. Me hizo que me volteara y me repegó su pito en mi vientre y un poco más abajo. ¡Estás muy hermosa nena, desde ayer que te vi tuve ganas de estar contigo! ¡Dáme tu culito, dáme tu culito! jadeó…

    No podía evitar ver su macana completamente erecta. Para ser un hombre de más de 40 años tenía bastante vigor y eso me excitó.

    El tío Bernardo se olvidó de su tío enfermo, de que estaba hospedado en casa de su prima y de que yo era una chica casi inocente -esto es broma-, yo estaba atrapada entre sus brazos y la única forma de librarme de ello era abriendo las piernas.

    Para sorpresa de mi tío me dejé que besara mi cuello y tocara mis tetas y yo comencé a besarlo en su boca. Eso le encendió pues yo era apenas una chiquilla que si bien ya había sido cogida muchas veces por mis novios y jóvenes que fueron amantes ocasionales me mostraba como lo que era, una mujer caliente que amaba el sexo por encima de cualquier otra cosa.

    ¡Nena, sigue así, sigue así, vas a hacer feliz a muchos hombres! profetizó. Yo estaba encantada pues ya había comenzado a apretarme mis duras y redondas nalgas. También rozaba con su dedo mi vulva. Eso me hacía enloquecer.

    Irremediablemente metí mi mano en su calzoncillo y pude sentir ese enorme pito duro que se había puesto así desde que estaba dormido. Siempre he amado el sexo matinal pues los pitos están especialmente duros. Mi tío estaba hirviendo y yo quise complacerlo. Sacudí su verga y comencé a masturbarlo. Estaba realmente caliente y me pidió que se lo chupara. Yo fui lentamente, no me avoracé sobre esa verga de unos 20 centímetros para no verme muy zorra, pero ya quería que estuviera dentro de mí.

    Me dijo que me deseó desde el primer momento y que se había hecho el propósito de cogerme mientras estuviera allí. ¡Chúpamelo más, anda niña, chúpamelo! me dijo mientras me metía el pene hasta la garganta. Yo aprisionaba su falo con mis labios y chupaba vigorosamente ese hermoso pene. Era una auténtica macana que haría muy feliz a mi vagina, no tenía duda de ello.

    Mi tío me cargó hacia mi recámara y allí me depositó mientras se desnudaba por completo. No era atlético, era flaco pero lo que le destacaba era ese enorme pito estaba completamente parado. Se lo lamí y eso le encantó. Entonces me pidió que me acostara y alzó mis piernas separándolas y utilizó otro instrumento que me volvió loca: Su lengua.

    Con la punta de su lengua acariciaba los labios de mi vulva y mi clítoris, inclusive con su nariz simulaba que la metía. Me volvió loca con sus caricias y yo me veía literalmente clavada por esa fenomenal verga, pero seguía lamiéndome y mordisqueando mi vagina. ¡Tío, por favor, méteme tu verga, méteme tu verga, por favor! supliqué casi al borde del llanto. Estaba completamente excitada y muy mojada esperando la acometida.

    Alcé mi cabeza y vi que su falo venía hacia mi vagina y entonces comenzó a acariciar mi clítoris y lo pasaba sobre mi vulva sin meterlo y eso me hizo desearlo más. Yo quería la clavada e inclusive me arqueaba para tratar de atrapar ese enorme pito. Mi tío sonreía, parecía que le complacía tenerme allí, deseosa y suplicante.

    Me siguió rozando con su pene hasta que lo metió, yo lancé un fuerte gemido pues me lastimó un poco, pero a la vez no quería que lo sacara, ya que estaba allí comencé a apretarlo para que él también sintiera la misma pasión, me arqueé nuevamente y moví mi culo de tal manera que comenzó a jadear: ¡No imaginé que te movieras tan bien hija de la chingada, anda, mueve el culo, aprieta mi pito! dijo, visiblemente apasionado.

    Comenzó a meter y sacar su verga con tremenda rapidez que me hizo gemir de placer e inclusive gritar.

    Me pidió que me pusiera boca abajo y puso una almohada debajo de mi vientre. Me quedó el culo parado y él me volvió a clavar en mi vagina. Arremetió con fuerza y nuevamente hizo que gimiera fuertemente. Estaba tan caliente y disfrutaba tanto que casi le gritaba que lo amaba, aunque no fuera cierto, pero es algo común que ocurre cuando tenemos un orgasmo.

    Me puso en posición de perrito y lamió mi culo que estaba humedecido ya tras haber escurrido varias veces. Me clavó en la vagina y ahora arremetió contra mi culo.

    Nuevamente le pedí que me diera más, que me siguiera cogiendo, mientras esperaba una descarga de su semen. ¡Tío, arrójame la leche en la cara, por favor!, sin embargo, no veía trazas de que fuera a terminar rápido.

    Siguió culeándome hasta el cansancio, el tipo era un prodigio pues siguió cogiéndome quizá por espacio de 20 minutos, yo estaba cansadísima, llena de verga, pero quería más y seguí moviendo el culo. Ya me había clavado por todos lados y esperaba aún más, pero él también comenzó a cansarse y por fin, me dijo: ¡ya me vengo, acomódate! y yo me hinqué para recibir su descarga. Su leche cayó en mi cara y restregó mi pene en mis mejillas, párpados y en mis labios. Jadeó y me dijo que le había complacido.

    Fue una rica sesión de sexo y mi tío realmente me sorprendió.

    Se marchó unos días después y prometió volver.

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  • Las aventuras sexuales de Madame Pussy (1)

    Las aventuras sexuales de Madame Pussy (1)

    Cuando llegó el momento de inscribirme en la Universidad, visité varias instituciones posibles. Ninguna me convencía demasiado, estaba indecisa acerca de lo que quería estudiar y dónde.

    En una de ellas me invitaron a una charla informativa donde un profesor con cara de aburrido nos explicaba las materias que tendríamos que estudiar y el régimen de aprobación de las mismas, etc. Estaba a punto de pararme e irme, convencida de que en ese lugar no estaba lo que yo buscaba cuando la puerta se abrió y entró un hombre. Unos 50 años, alto, atractivo, muy bien vestido, cabellos oscuros y ojos penetrantes. El profesor nos lo presentó como el director de la carrera y mi corazón comenzó a latirme más fuerte. Deseaba a ese hombre con sólo verlo.

    Por supuesto sin pensarlo más me inscribí en la Universidad. Y para mi mayor alegría el director de la carrera también era profesor de una de las materias que yo tenía que cursar. Me juré a mi misma que ese hombre iba a ser mío. Siempre fui muy buena estudiante y pronto conseguí llamar su atención. Me acercaba a él donde lo encontrara a saludarlo o consultarle cosas. Me vestía especialmente sensual para sus clases y me sentaba en los asientos de adelante. Pronto comenzó a tener conmigo más familiaridad que con el resto, pero no pasaba de una relación correcta y apropiada de un profesor cincuentón a una alumna de 19 años.

    Pasó todo el año y yo me consumía. Esperaba toda la semana que llegue el día de verlo, me masturbaba pensando en él, uno dos tres dedos en mi vagina repitiendo su nombre. El verano fue interminable cuando tuvimos vacaciones. Cuando ya casi iniciaba mi segundo año, se realizó un evento en la universidad.

    Yo me vestí para matar, pensando que él estaría ahí. Un vestido ajustado, con un profundo escote que resaltaba mis tetas grandes y generosas. Pero no, para mi decepción él no estaba. Sin embargo, el destino decidió allanarme el camino y conocí esa noche a un hombre de unos 30 años. Atractivo, simpático y muy interesado en mi desde el primer momento.

    Hablamos, tomamos vino, nos reímos mucho y finalmente me propuso ir a un lugar más tranquilo. Subimos a su auto y fuimos a un edifico a pocas cuadras de ahí, subimos a un departamento, que yo pensé que sería su casa, pero cuando entramos veo que era una oficina. Me explica que es su empresa y que ahí vamos a estar tranquilos. Nos sentamos en unos sillones y empezamos a besarnos, sus manos fueron directo a mi escote, se metieron por debajo de la tela, sedientas y empezaron a apretar mis pezones que se pusieron como rocas.

    Me quitó el vestido y el corpiño y vestida sólo con una diminuta tanga de hilo dental me arrodillé delante de el para chuparle la pija. La tenía durísima y caliente y sentía muchos deseos de tenerla en la boca. Me comí su pija hasta los huevos, toda entera, hasta legar a las arcadas, golosa de su leche y él estaba enloquecido. Gemía y pedía más hasta que estalló en toda su pasión dentro de mi boca dejándome los labios chorreando de semen.

    Se la limpié hasta la última gota y entonces me dijo: ahora quiero comerte yo a vos… me tiró hacia atrás en el sillón, me quitó la tanga, me abrió las piernas y se sumergió en besos franceses con los labios de mi vulva… y ahí estaba yo, con la cabeza colgando hacia atrás del placer, cuando a punto de perder el control mis ojos se posaron sobre una foto que estaba pegada en la pared… el esfuerzo por enfocar la vista era supremo porque este tipo tenía toda su lengua adentro de mi vagina y con el pulgar de una mano me sobaba el clítoris… en ese momento me metió un dedo en el culo y yo lancé un grito ahogado.

    Pero no fue solamente por el placer de su dedo dentro de mi, sino porque al fin mis ojos habían identificado en la foto de la pared a la persona que, sonriente, estaba fotografiada con el tipo que se estaba comiendo mi concha… ¡mi hermoso profesor!

    La vista de mi profe me calentó tanto que tuve un orgasmo espontáneo. Él me empezó a penetrar por la vagina y estaba buenísimo, pero yo ya no podía concentrarme… necesitaba saber qué hacia la foto de mi profe ahí… sabiendo que mientras más colaborara más rápido acabaría y podría satisfacer mi curiosidad, me dediqué en cuerpo y alma a coger y así le arranque a esa pija otra catarata de leche deliciosa. Quedó exhausto unos momentos en el sillón.

    Me indicó un baño donde podía lavarme, lo hice, luego lo hizo él y nos quedamos tirados desnudos, recuperando el aliento en el sillón. Ahí aproveché a iniciar mi interrogatorio y supe que mi profe y él eran socios y dueños de esa empresa y que estaban con mucho trabajo porque habían comenzado a organizar un viaje con el que premiarían a algunos clientes importantes.

    El viaje sería de ahí a un par de meses a una ciudad turística en las montañas. “Son cuatro noches” me dijo, “donde estaremos lejos de la ciudad y de mi mujer… ¿te gustaría que te agregue a la lista de invitados?”… cuando le pregunté cuanto costaba la estadía me contestó: “a vos te va a costar cuatro noches de sexo caliente como el de recién”…

    -Tu socio también vendría?

    -Si, claro. Vamos los dos representando a la empresa.

    -Contá conmigo.

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  • El tío caliente

    El tío caliente

    Yo vivía con mi madre, su pareja y un hermano de él. Este que lo voy a llamar “tío” a pesar de que todos sabemos que no lo es.

    Sucedió un domingo luego del almuerzo. Habían estado festejando algo y por ese motivo habían brindado varias veces y habían tomado un poquito de más.

    Entonces Luis -mi “tío”- se va a su habitación, mi madre y su pareja a descansar en la suya y yo me quedo en un sillón del comedor solo, leyendo una revista.

    Luego de un rato, me levanto para ir al baño. Paso por la puerta de la habitación de Luis y veo que la puerta está algo entornada y una luz muy tenue dentro. Al regresar del baño rumbo al comedor nuevamente, siento que Luis me llama en un tono bajito y cómplice.

    Me asomo por la puerta y lo veo acostado a medio cubrir su cuerpo, ya que hacía calor y pienso que sin ropa interior.

    Al ingresar me dice que cierre la puerta y me siente en la cama. Yo asiento a su pedido.

    Me siento a su lado y él me pasa un brazo por encima de mis piernas. Yo tenía un pantaloncito corto y una camisa muy fina. Luego de un rato me dice que me recueste a su lado y me parece que está algo excitado, seguramente por la lectura que estaba llevando a cabo.

    Cuando me acuesto me invita a quitarme la ropa, para quedar, así como él, y así lo hice.

    Me gusto sentir la piel contra mi piel, fue una sensación extraña y agradable, y comprobé mi primer pensamiento, ¡no tenía ropa!

    De inmediato puso la mano sobre mi muslo y continuaba leyendo. Masajeaba un poco mi muslo y yo lógicamente me excité, cosa que él notó con su antebrazo al acariciar mi muslo.

    Entonces puso mi mano sobre su pene que estaba muy duro, yo nunca había visto ni sentido un pene en ese estado. Me hizo que lo masajeara como para masturbarlo y me invitó a que lo chupara.

    En un primer momento rechacé la invitación, pero sin decirlo, quedé recostada a su lado con una mano agarrando el miembro y la otra apoyado en la cama y mirando la cabeza del pene que estaba caliente y roja.

    Reitera la invitación, ya con una voz más nerviosa y seductora, me agaché y lo puse en mi boca, él comenzó a moverse como si estuviera cogiendo mi boca y comenzó a gustarme. Yo también movía mi lengua y lo sacaba de mi boca para pasarle la lengua a lo largo y nuevamente lo metía en la boca para meterlo todo lo que podía dentro de mi boca.

    En eso siento que comienza a latir de una forma incontrolada y ahí comienza a salir la leche caliente, en ese momento y creo que, por ser la primera vez, Luis retira el pene de mi boca para derramarlo sobre su abdomen y lo frota lentamente… Me gustó mucho…

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  • Tina y sus cuñados

    Tina y sus cuñados

    Los que sigan mi historia recordaran como mi suegro, un hombre sesentón pero muy bien conservado, padre de once hijos, entre ellos mi marido, y hombre con un cierto éxito en el mundo de los negocios, tras afrontar un intentó de rebelión de sus hijos, motivado por la decisión de su padre de separarse de su madre y juntarse con otra mujer, los dominó y tomo una drástica decisión emputecer a todas sus nueras, yo fui la primera y me encomendó la misión de ayudarle a hacerlo con el resto de sus nueras, la tercera de ellas se llamaba Tina.

    Varios días después de que esto sucediera, recibí la orden de conectarme al sistema que mi suegro, con la colaboración de sus nueras emputecidas, había instalado en nuestras casas, cuando me conecte apareció el salón de la casa de Tina. Al poco apareció ella con mi marido y Fernando, el esposo de Mirtha, que era a la vez su cuñada y su prima, Ella les preguntó, con una voz muy sensual:

    -¿Qué os trae por aquí cuñaditos?

    Y mientras lo hacía acariciaba los pechos de sus cuñados, en esto Fernando, viendo la actitud de su cuñada-prima, dijo:

    -Nuestro padre nos ha ordenado traerte estos papeles para nuestro hermano, y dirigiéndose a mi marido, añadió, ¿No te parece hermanito que nuestra cuñada, además de estar muy buena, parece estar muy caliente y ser muy puta, por suerte nuestras mujeres no son así, y para que se la folle otro mejor nos la follamos nosotros? Que ella elija.

    Cuando Fernando decía esto demostraba ser un hipócrita, no hacía mucho. siguiendo las ordenes de mi suegro, yo había follado con él, y lo que no sabía era que su mujer, por el mismo motivo, había follado con mi marido. Tina dijo:

    -Nunca he hecho un trio, y si vosotros os animáis, seréis los primeros.

    Y rápidamente despojaron a Tina de su vestido, para descubrir que no llevaba anda debajo.

    -Que buena esta nuestra cuñada, hermano, dijo mi marido.

    Tina se inclinó hacia Fernando, le bajo los pantalones y el short y se puso a lamerle la polla, y después se la metió en la boca dando comienzo a una intensa mamada que hizo que su primo-cuñado comenzara a lanzar fuertes gemidos.

    Pero mi marido no se quedó quieto, sino que, al ver la postura de Tina, de noventa grados, y como su coño había quedado a su alcance, se bajó los pantalones y el short y se disponía a metérsela cuando Tina, dejando un momento la mamada le indicó:

    -Cuñadito, ponte primero un condón, están en el cajón, y con su mano señaló un mueble.

    Mi marido abrió el cajón del mueble, sacó el preservativo, se lo puso y de un golpe metió su polla dentro del coño de su cuñada, esta acusó el golpe, pero siguió chupando la polla de Fernando que dijo:

    -Cuñada la chupas divinamente, mucho mejor que tu prima.

    -Y tienes el coño más caliente que mi mujer, dijo mi marido.

    Ver esta escena me puso caliente, no estaba celosa de mi marido, aunque me molestó que fuera tan hipócrita, estaba segura de que mi coño era bien caliente y placentero y en esos momentos no pude evitar llevar mis dedos hacia mi sexo e introducir dos de ellos en mi interior.

    Mientras el trio que había formado continuaba su actividad, hasta que Tina, sacándose la polla de Fernando de su boca dijo, mirando a mi marido:

    Cuñados me estoy cansando de estar así, túmbate, Jorge, se refería a mi marido, en el sofá. Mi marido, siguió la indicación de Tina y se tumbó bocarriba, su cuñada se puso encima de él, formando un ángulo de noventa grados y se puso a cabalgarle, mientras con su mano agarró la polla de Fernando, que permanecía de pie, y se puso a chupársela.

    -Ya me imaginaba yo, que nuestra cuñada era putisima, pero no creí que lo fuera tanto, dijo mi marido.

    Estuvieron en esta postura hasta que mi marido se corrió, Tina al sentirlo le hizo una señal a su otro acompañante y se sacó la polla de Fernando de su boca, limpió con su vestido la polla de mi marido.

    -Así cuando lo lavé me acordaré de ti cuñadito.

    Se sentó en el sofá, Fernando llevó una de sus manos hasta su coño y se lo acarició y después dijo a mi marido:

    -¿Sabes que desde que comenzó a salir con Manuel, Manuel era el marido de Tina y hermano de los que se la estaban follando en ese momento, notaba que le gustaba enseñarme las bragas, y desde que comencé a salir con su prima aún más?

    -Y tú te morías de gas por follarme primito, dijo Tina refiriéndose a su primo cuñado.

    Después le pidió al aludido que se tumbara ahora el en el sofá, cuando lo hizo Tina le colocó un condón en la polla, y ella dirigió el miembro de su cuñado hasta el interior de su coño mientras ordenaba a mi marido sentarse en el respaldo del sillón, cerca de su boca y agachándose llevó la polla de este al interior de su boca, mientras Fernando, viendo la cercanía de las tetas de su cuñada a sus manos se puso a acariciárselas.

    -Menos mal que nuestras mujeres no son así, dijo mi marido, mientras gemía disfrutando de las acometidas de la boca de Tina sobre su polla.

    Me dieron ganas de reír, sabiendo como sabía que, si éramos unas putas, pero nuestros mariditos no imaginaban o cornudos que eran, pero más que ganas de reír lo que tenía ganas era de masturbarme. Ver como mi cuñada daba gusto y exprimía a sus dos machos me resultaba muy excitante.

    Los tres parecían funcionar como una máquina muy bien ensamblada, mi marido parecía no poder guardar bien el equilibrio, así que se puso de pie, esto hizo que también su cuñada hiciera lo mismo, volviendo a formar con el cuerpo de Fernando un ángulo de noventa grados, en ese momento Tina llevó una de sus manos a su coño y comenzó a acariciárselo, en la expresión de su cara se la notaba que estaba gozando a tope y tuvo varios orgasmos, pero en ese momento Fernando dijo:

    -Prima siempre me ha encantado tu culo y apenas te lo he acariciado.

    Ella se rio y dijo:

    -¿Acaso crees que no lo había notado?, más de una discusión he tenido con mi prima por eso, tenía que convencerla de que eran puras fantasías suyas, pero sabía que no era así.

    Fernando se puso a acariciarla el culo de manera intensa, Mi marido preguntó:

    -¿Entonces ahora no te lo toca?

    -Hace mucho que no, seguro que esta liado con alguna zorra de vuestra oficina, dijo Tina, y vosotros lo sabéis, pero los tíos, os lo tapáis todo.

    -Ahora primita de lo que se traba de es taparte a ti tus agujeros, dijo Fernando, de nuevo.

    Tina agarró las pollas de sus cuñados y se puso a acariciarlas, y pese a la actividad que estaban desarrollando, estas se volvieron a poner en forma enseguida, después Tina ordenó a mi marido tumbarse en el suelo, ella se arrodilló sobre él y comenzó a cabalgarle de nuevo, en ese momento dijo a su cuñado:

    -Venga primo tráeme mi chorizo.

    El aludido se acercó a ella y le puso su polla cerca de la boca, Tina la abrió y se introdujo el miembro de su cuñado en su interior, en ese momento Fernando, dirigiéndose a mi marido dijo:

    -La zorra de nuestra cuñada hace unas mamadas divinas, no em extraña que nuestro hermanito este siempre en las nubes.

    Mientras decía esto apretaba la cabeza de Tina contra su cuerpo, lo que hacía que las mamadas de esta fueran más intensas, mientras mi marido añadió:

    -Y hace unas folladas increíbles.

    Mientras Tina seguía con unos movimientos, en su boca y en su coño, que dejaban alucinados a sus cuñados, dejando por un momento la polla de Fernando dijo:

    -Y vosotros cuñaditos tenéis unas pollas increíbles, vuestras mujeres tienen que estar muertas de ganas de que las folléis.

    Acto seguido volvió a meter la polla de Fernando dentro de su boca y continuó con la mamada, yo viendo la escena estaba calentísima, tenía los dedos cansados de tanto masturbarme, menos mal que con la paliza que les estaba dando su cuñada mi maridito esa noche no quería nada.

    Los tres seguían llevando a cabo su folleteo con mucha pasión, hasta que mi Fernando dijo:

    -Mi polla ya no aguanta más me voy a correr.

    Y soltó un fuerte gemido que demostraba que se estaba corriendo en la boca de su cuñada prima, cuando terminó, ella, sin dejar de cabalgar a mi marido, se dedicó a limpiar con su boca la polla de Fernando, cuando terminó dijo:

    -¿Sabes primito? Alguna vez os espiaba a mi prima y a ti mientras follabais y veía como ella te chupaba la polla, la verdad es que me daba envidia.

    -Y yo tenía la fantasía de que tu ocuparas su lugar, dijo él

    En ese momento fue mi marido quien llamó la atención y dijo:

    -No puedo más.

    Y se corrió, tras esto descansaron un momento, pero rápidamente Fernando se recuperó y dijo:

    -Prima estamos hablando mucho, pero yo lo que tengo es ganas de metértela por el culo, seguro que el cabrón de nuestro hermano te lo hace a menudo.

    -No creas, dijo ella, seguro que se lo hace a otra, y vosotros lo sabéis, pero me da igual quiero dejaros muy satisfechos, mi culo es vuestro.

    Tina cogió la polla de mi marido, que aún no se había recuperado del último polvo y la acaricio un poco, después dijo:

    -Tendremos que trabajarla un poco, ponte de pie.

    Mi marido obedeció, Tina se puso a cuatro patas, al lado de la polla de mi marido y se introdujo la polla de este en su boca, después cogió la polla de Fernando con una de sus manos, comprobó que estaba en forma y le dijo:

    -Bien primito, si te apetece mi culo es tuyo.

    Fernando no se hizo de rogar, y colocándose detrás de ella la introdujo su polla en el culo, y comenzó a moverse de delante hacia detrás.

    -Caramba, primito que bien enculas, dijo Tina dejando, por un momento de chuparle la polla a mi marido.

    -Es que tenía muchas ganas de hacerlo, dijo el aludido.

    Tina volvió a chupársela a mi marido, mientras Fernando continuaba haciendo realidad su fantasía de follar el culo de su prima cuñada, hasta que mi marido dijo:

    -Oye cuñada la chupas estupendamente, pero viendo a mi hermanito hacértelo por el culo siento celos, quiero hacértelo yo también.

    Tina se río y con ironía dijo:

    -Me encanta que lo compartáis todo como buenos hermanos.

    Pidió a mi marido que se sentara sobre el sofá ella se puso encima y dirigió la polla de mi marido hacia su culo y poco a poco se la introdujo en su interior, y fue ella la que se movía de arriba abajo. Después llamó a Fernando e introdujo su palla en la boca de ella.

    -Que guarra eres prima, dijo este, primero te la metes por el culo y sin lavarla luego te la metes en la boca.

    -Si quieres vete a labrártela, dijo ella soltando por un momento su polla.

    -No primita, dijo él, creo que yo también soy un guarro, jajaja

    Y siguieron con lo que estaban haciendo.

    Desde luego Tina estaba demostrando ser putisima, como le gustaba a su suegro, y por lo visto a sus cuñados también, jajaja. Y yo viendo cómo funcionaba su trio me puse cachondisima, no podía sacar mis dedos de mi vagina, disfrutaba de ser una cornuda.

    Tina seguía chupándole la polla a mi marido que no pudo aguantar más y se corrió, pero Fernando seguía con su polla en el interior de su cuñada.

    -Primo que manera de meterla, se te nota que tenías ganas, jajaja.

    -Llevas razón primita tenía muchas ganas de darte por el culo respondió él

    Poco después se corrió. En ese momento Tina les dijo:

    -¿Sabéis una de mis fantasías? Tener una polla en ele coño y otra en el culo a la vez.

    -Pues por nosotros que no quedé, dijo Fernando.

    Entonces mi marido propuso.

    -Pongámonos de pie, yo acopló mi polla con su coño y tu desde atrás se la metes por el culo.

    Y eso hicieron, se pusieron los tres de pie, Tina y mi marido el uno frente al otro, pero ella estaba emparedada puesto que, si su cuerpo se juntaba por delante con el de mi marido, por detrás era Fernando quien restregaba su polla contra su culo.

    Mi marido la alzó y no sé como pero el caso es que en esta acrobática postura consiguió meter su polla en el coño de ella, Fernando por su parte al tener el culo de ella a su altura se la metió por este agujero, Tina comenzó a emitir unos gemidos muy intensos, mientras decía:

    -Joder, no pensaba que esto fueran tan divino, estoy gozando como nunca.

    Estuvieron un rato en esta postura hasta que tina dijo:

    -Lo estoy pasando de maravilla, pero esta postura es un poco incomoda, mejor tumbémonos en el sofá.

    No sé muy bien como lo hicieron, pero lo cierto es que cuando me quise dar cuenta, mi marido estaba tumbado en el sofá, Tina estaba encima de él, con su polla dentro del coño de ella, y Fernando que seguía de pie tenía su polla dentro del culo de su prima cuñada, que seguía jadeando intensamente mientras decía:

    -Nunca pensé que esto fuera tan placentero me estáis matando de gusto cuñaditos, me estáis follando divinamente.

    Ellos continuaron con su labor, Fernando decía:

    -Meterla dentro de tu culo es algo maravilloso, cuñadita, parece estar hecho para recibir pollas.

    Y así siguieron otro rato, ver las dos pollas de ellos situadas muy cerca, aunque penetrando distintos agujeros de Tina resultaba muy morboso, parecía que las dos pollas estaban a punto de chocarse, la cosa duro hasta que mi marido dijo:

    -Venga Fernando hagamos un cambio de agujeros.

    Tina se giró sobre si misma, mi marido no se movió, y ella desde la postura de sentada introdujo la polla de mi marido en el interior de su culo, ahora miraba a Fernando que continuaba, de pie y rápidamente se la metió por el culo, y de esta manera estuvieron follando otro rato, cuando vieron que se iban a correr Tina les pidió que se corrieran encima de su cuerpo y así lo hicieron.

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  • Me masturbé observando a la mamá de Eusebio

    Me masturbé observando a la mamá de Eusebio

    Eusebio y yo somos amigos desde el primer grado de estudio, y recuerdo desde pequeño ya me gustaba su madre, fuimos creciendo y ya siendo adolescentes recuerdo que cada fin de curso, ellos me invitaban a irnos de vacaciones a su chalet, que tenían en el pueblo de sus abuelos

    La madre de Eusebio es una mujer hermosa, pero un cuerpazo estupendo, unas tremendas tetas y un culazo espectacular, cada verano nos vamos de vacaciones a su chalet que está bastante bien, el padre nos lleva a los tres y luego él se devuelve a la ciudad y allí pasamos unos 20 días.

    Ellos son de origen portugués, así que cada vez que vamos al chalet se la pasa ella en la piscina tomando el sol ya que es de piel muy blanca y se pone un bikini pequeñito que deja ver esas hermosas tetas y la parte de abajo se nota sus labios vaginales que se ve que son grandes, y la parte de atrás se le mete en la rajita de su culo yo enseguida me tengo que meter en la piscina para que no se me note mi verga parada.

    Luego cuando subo al baño me hago tremenda paja pensando en ella, ese verano me acuerdo que cuando bajamos al pueblo conocimos a dos muchachas y enseguida Eusebio se enredó con una, la verdad la otra no era muy bonita así que yo nada, a los días hicieron una fiesta en la casa de una de ellas y fuimos.

    Eusebio la estaba pasando muy bien mientras yo solo pensaba en su madre, así que como a media noche le dije que me iría a dormir.

    Al llegar a la casa, entré, me dirigí a tomar un poco de agua, y al rato apareció la madre, se asustó al encender la luz y verme allí.

    Madre: Luis que haces aquí me asustaste no estabas con Eusebio en la fiesta.

    Luis: si señora, la cosa fue que tenía sueño y me vine.

    Madre: y no sabes cuándo va venir Eusebio.

    Luis: no sé, no me dijo.

    Mientras yo estaba nervioso hablando con ella porque llevaba puesto un pijama que se le trasparentaban sus pezones y se veían rosaditos y paraditos, y la parte de abajo del pijama era un short pequeño que igual se trasparentaban y dejaban ver sus bragas que eran de color negras, y al voltearse y abrir la nevera para agarrar el agua se dibujaban sus bellas nalgas que le salían de su short.

    Menos mal que había un banco cerca de la mesa que agarré rápido para que no se notara el bulto en mi pantalón y me tapé, porque esa verga la tenía a reventar y me senté rápido, ella seguía medio agachada en la nevera buscando yo no sé, y empinando ese culo más y ya se le salía media braga por lo corto del short.

    Me armé de valor, me acerqué por detrás de ella sin que se diera cuenta y le recosté en ese bello culo mi verga parada, ella pegó un brinco, se volteó y me cacheteó, diciendo que hacía, si estaba loco, como podía hacerle eso.

    Me disculpé y salí corriendo a mi cuarto, allí me acosté y recordé que mi verga estuvo recostada en la raja de su culo y me empecé a masturbar con fuerza.

    Al día siguiente no quería salir del cuarto y mucho menos verle la cara a ella, pero Eusebio insistió y tuve que salir, allí estaba ella preparándonos el desayuno, y no se veía molesta, actuaba normal, eso me tranquilizó porque estaba muy nervioso, ella llevaba el mismo pijama, pero esta vez llevaba el brasier.

    Desayunamos y luego fuimos a la piscina y Eusebio me dijo que anoche lo había pasado de maravilla y que había tenido relaciones con ella, y luego salió la mamá y no me pudo contar más.

    Ella llegó con otro bikini de espanto que no dejaba mucho para la imaginación, así que otra vez me haría sufrir por ponerme mi verga súper parada, tuve que salir corriendo a echarme un chapuzón.

    El teléfono de Eusebio sonó y al rato le dijo que volvería que tenía que salir, se acercó y me dijo “es ella, quiere que vaya a su casa ahora que sus padres salieron, distrae a mi madre” riéndose y se fue.

    Yo no quería salir de la piscina por la erección de mi pene, pero ella me llamó y me dijo que teníamos que hablar, salí, agarré la toalla y me tapé y fui a donde ella súper nervioso, para ver que me decía.

    Madre: Luis sabes que lo que hiciste anoche no está bien, verdad.

    Luis: si señora estoy muy apenado con usted no sé qué me pasó anoche, perdóneme no va volver a pasar más nunca, le ruego que no le diga Eusebio.

    Madre: bueno entiendo que son loqueras de la juventud, pero bueno ya está olvidado, y ahora para hacer las paces échame bronceador solar, que sabes que soy muy blanca y me quemo rápido.

    Se volteó, se acostó y dejó otra vez su bello culo a mi vista, agarré el bloqueador, se lo eché en su espalda y luego yo en mis manos y empecé a frotárselo en la espalda.

    Cuando terminé me dijo que se lo echara en las piernas y así se lo hice, al tocar ese cuerpo tan rico mi erección era tan fuerte que me dolía mi verga, y luego sube un poco más, y yo veía que ya todas sus piernas estaban, solo era su culo que le faltaba, así que con un poco de miedo subí y con mis dedos rozaba el pliegue de su piel que hacían separar sus piernas con el comienzo de su culo, y visto que no decía nada, me atrevía y subía cada vez más, hasta que llegué hasta sus nalguitas redonditas y paraditas y las frotaba con más fuerza y veía que con esos movimientos su bikini se iba metiendo en su rajita.

    Cada vez mis dedos estaban más cerca de su rajita, rozaban su agujerito anal y yo seguía, hasta que me dijo “está bien, ahora por delante por favor Luis”, se volteó y vi esas hermosas tetas tan cerca de mí, le eché bloqueador en sus hombros y empecé a frotarlo y disimuladamente con mis dedos rozaba sus tetas.

    Estuve un rato, medio tocándole las tetas por el costado, y viendo crecer esos hermosos pezones, parecían dos ciruelitas por lo bien paraditas que estaban, luego bajé a su vientre y las piernas y mientras subía y frotaba más fuerte, pasó lo mismo de antes, su bikini se metía entre sus labios vaginales, y se notaban que eran grandes, disimuladamente me acercaba a ellos y sentía con mis dedos el comienzo de esos labios, cada vez estaba más cerca de ellos, que ricura tener esa vagina rozándola con mis dedos.

    Ya estaba dispuesto a recibir otra bofetada, porque no aguantaba más meterle mano, cuando me dijo “ya está bien Luis, gracias por todo”.

    Agarré la toalla y me fui al baño a masturbarme, lo que había hecho, era burlarse de mí, pero se salvó que llegó Eusebio, porque ya estaba dispuesto a follármela.

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  • Recordando aquella verga rica que me comí

    Recordando aquella verga rica que me comí

    Este hombre despertó en mí una pasión sexual difícil de controlar, luego de decidir escribirle e incluso haber logrado vernos y echar una rica culeada, pues este deseo por el aumentó.

    No había probado ni sentido una verga tan rica como esa, de muy buen tamaño, hermosa en apariencia, rica muy rica, caliente, provocaba chuparla y chuparla hasta que dejara esa rica leche calientica en mi boca.

    Con tan solo cerrar mis ojos puedo imaginármelo conmigo, él recostado en la cama deliciosamente desnudo, con su espalda sobre algunas almohadas, ligeramente inclinado, yo con mi cabello suelto me voy acercando a él desde el extremo inferior de la cama, muy sensualmente voy acariciando su cuerpo con mi cuerpo y mi cabello, sus piernas, sus caderas, al tener su verga rica frente a mi cara no puedo evitar lamerla, darle una probada y metérmela completa, pero me retiro y sigo subiendo…

    Quiero probar su boca, pero antes beso su abdomen, su pecho, llego al cuello, chupo, beso, mordisqueo suavemente, voy a sus orejas, que me encantan porque le da un cosquilleo cuando me acerco a ellas y les doy una rica y sutil chupadita, me dirijo a su boca, en mi abdomen sentía su verga clavándoseme, paradísima, dura, caliente…

    Al llegar a su boca surgió aquel beso tan excitante que hacía que todo se mojara más, que todo se endureciera más, aquella lengua que se enlazaba con la mía, comunicándose ellas entre sí, haciéndose saber que el placer aumentaba.

    No pude más y tuve que bajar a metérmela en la boca, quería chupársela, quería que él me agarrara el cabello dirigiéndome el movimiento según su gusto, que rico sentir esa dominación, la chupo completa, le paso la lengua, le chupo la cabecita, sigo lamiendo todo, completa, el agarrándome del cabello me guía el movimiento, rápido, arriba, abajo, más lento, completa, que sintiera que me llagaba más allá de la garganta.

    “Qué rica verga tienes mi amor”, le digo, “quiero comérmela toda”, “es que toda todita te la vas a comer”, me dijo… pasados los minutos le dije, “quiero que me la metas, cógeme, pero cógeme duro”, él toma acción y me agarra y me baja rápido la ropa y antes de metérmelo me da aquella rica mamada, chupándose toda la humedad que ya mi cuerpo había dejado salir, “que rico, sigue, no pares”, le decía…

    Él seguía haciendo maravillas con esa lengua, su verga estaba parada, caliente, métemela le dije, él lo hizo, embistiéndome con toda aquella fuerza y pasión que el también acumulaba, al cabo de unos minutos dándome duro le dije “quiero cabalgarte” se me quedó mirando con aquellos ojos libidinosos, me lo saca, pero sin soltar mis caderas se acuesta montando mi cuerpo encima de su verga “¡Que rico!” Le dije, de verdad, que rica verga, con ese tamaño, haciéndome sentir dolor, pero dolor de placer, ya que me llena completa, moviendo mis piernas y caderas podía sentir como entraba y salía, su cara era demasiado excitante, provocaba moverme más rápido solo de ver su cara de placer.

    “Te quiero poner en cuatro” me dijo, “ponte, así como una perra en celo, pidiendo verga” bien abierta y en cuatro sentí como su verga me seguía penetrando, “que ricura” era todo lo que yo pensaba, me jalaba el cabello con aquella bestialidad mezclada con sensualidad. “dame rico, no pares” le decía. Él introdujo un dedo en mi boca, chupándoselo me sentía más aún como una perra, una puta, toda una puta para mi amante, dándome una que otra nalgada, dolor que se volvía placer, sintiendo como su verga entraba y salía, que placer el que yo sentía…

    “Quiero que me des por el culo” le dije, eso aumentó más el placer, me lo sacó, me volteó, me besó metiéndome la lengua a más no poder, su respiración estaba aceleradísima, chupando mi cuello, mordiendo suavemente las tetas, lamiéndome la vagina por unos segundos, todo rápido, él necesitaba metérmelo rápido por el culo, yo estaba muy excitada, acostados de lado, solo hizo falta aplicar el lubricante, más nada…

    “Métemela… uyyy que rico, dame mi amor, soy tu puta”, de nuevo jalándome el cabello, “méteme dos dedos por delante” le dije “así que me sienta bien puta”, que rico era sentir mis dos zonas totalmente llenas, sentirme cogida por todos lados.

    A los minutos sacó los dedos y me hizo chuparlos me agarraba las tetas, apretándomelas, me mordía la espalda, “ponte en cuatro me dijo” lo hice, obedecía a cada una de sus órdenes, metiéndomela de nuevo, haciéndose notar con una rica nalgada, “vamos, muévete bien rico, bien culeona” me dijo, “no pares” le dije, “quiero que me llenes el culo de leche”…

    Él me seguía dando, rico, muy rico, aquella rica verga entraba y salía, yo no podía más de placer, las piernas me temblaban, gemía de placer, “vamos, sigue, como a una puta” le dije, siguió dándome, hasta que dejó mi culo todo lleno de leche, más besos, aun las respiraciones aceleradas y yo, con más ganas de seguirle dando culo, menos mal, que este, mi amante, Alexander, es todo un macho alfa y su tenacidad da para seguir y seguir.

    Que rico imaginar estas cosas y de solo imaginarlas y escribirlas, mi cuerpo se despierte todito.

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  • Cuando mi mujer se iba a trabajar

    Cuando mi mujer se iba a trabajar

    El siguiente relato ocurrió hace muchos años, cuando vivía con mi primera esposa, con la que sí disfruté mucho el sexo, se portaba desinhibida con la que seguramente habríamos llegado a hacer muchas locuras si se nos hubiera ocurrido.

    Resulta que por su trabajo, mi esposa tenía muchas amigas, las cuales en su mayoría eran mujeres que vivían en comunidades muy apartadas y al concluir hasta muy tarde su jornada laboral tenían que quedarse a dormir en hospedajes cuyo costo a final de mes les restaba mucho de sus ingresos.

    Por tanto, al ver que sus dos amigas, Patricia y Josefina mermaban mucho sus ingresos por tener que hacer pagos de hospedaje o de servicio de transporte cuando no tenían donde quedarse, optó por darles oportunidad de quedarse a dormir en casa.

    La verdad es que a pesar de que me gustaban, nunca les falté al respeto, porque pensaba que podrían quejarse con mi mujer de que les había pedido una cita o bien invitarlas a tomar el café, entonces guardaba mis sentimientos en el baúl de los olvidos.

    El caso es que en una ocasión mi mujer tuvo que viajar fuera de la ciudad para visitar a unos familiares, porque una de sus tías había enfermado y decidió acudir a atenderla por unos días porque no había pariente cercano que se hiciera cargo, por tanto, su estadía fuera de la ciudad se prolongó por espacio de varias semanas.

    Ante la ausencia de mi mujer una tarde decidí entrar en una taberna para tomarme unas cervezas, ya que había bastante calor, siendo grande mi sorpresa porque una de sus amigas, Patricia, estaba almorzando ahí. Después de platicar un rato se despidió, porque además argumentó que una compañera de trabajo nos había visto y se lo iba a decir a mi mujer que nos había visto juntos y no quería problemas.

    Sucedió lo que se espera. La compañera de trabajo de mi mujer le dijo que me había visto muy acaramelado a la hora del almuerzo con Patricia porque la había ido a buscar y seguramente de ahí nos fuimos a un motel.

    Mi mujer me reclamó muy enojada, que como era posible que en su ausencia por cuestiones de enfermedad de su pariente me había dado la gran vida cogiendo con una de sus compañeras de trabajo. No sólo yo fui víctima de sus celos enfermizos y los comentarios infundados, sino que también su amiga Patricia sufrió las consecuencias porque aparte de dejarle de hablar, ya no le permitió quedarse a dormir en casa.

    Entonces busqué a Patricia y le indiqué que eran lamentables las acusaciones que nos hacían mi mujer y su compañera de trabajo, por lo que llegamos a la conclusión que para que mi mujer se enojara con provecho, que pusiéramos en práctica nuestros sentimientos, porque ambos nos gustábamos.

    A raíz de eso, Patricia y yo disfrutamos de nuestro amor, y me topé con una mujer que era totalmente caliente, que no le podía tocar los muslos porque empezaba a mojarse totalmente, a través de su ropa interior podían palparse sus jugos que salían a chorros

    Durante muchos meses disfruté al máximo las relaciones sexuales con Patricia, toda vez que es una mujer que se entrega en cuerpo y alma a la relación, ya que hacíamos el amor casi a diario, se me entregaba totalmente, siendo su platillo favorito el sexo oral, anal y que me corriera en sus senos.

    Nuestra relación fue muy duradera, la disfrutamos al máximo porque a pesar de mi matrimonio, Patricia me atendía muy bien, conocía mis gustos sexuales, ya que después de que terminaba, le gustaba volver a ponerme erecto el pene metiéndolo en su boca cuando estaba flácido hasta despertarlo totalmente, no sin antes lamer los restos de semen que quedaban en la punta.

    Desde luego que yo no me quedaba atrás, ya que también le lamía su conchita y me tragaba mi semen y sus fluidos, que al juntarse en uno sólo eran un manjar, mejor que un ostión.

    Además, le gustaba rasurarse su conchita, le gustaba que yo se la rasurara, además de que en muchas ocasiones me decía que terminara en sus pocos pelos y que ese semen me lo echara en la boca y así la besara.

    Quiero decirles que por arte de magia mi mujer “perdonó” a Patricia y nuevamente le permitió llegar a dormir a casa al concluir su jornada laboral, lo cual era aprovechado por Paty y por mí, para dar rienda suelta a nuestro amor mientras mi mujer se encontraba ausente, ya fuera porque saliera temprano a trabajar, o aun no llegara de sus cotidianas labores.

    Cogíamos de lo más rico en mi casa, donde disfrutábamos de nuestro amor, donde dábamos placer a nuestras fantasías sexuales que eran de lo más fabuloso, porque cogíamos en la misma cama donde más tarde me acostaba con mi mujer y cogía también con ella que gemía de placer, lo cual se los contaré en otra historia.

    Hicimos muchas locuras sexualmente hablando, muchas posiciones.

    Fueron muchos meses de felicidad, hasta que un día me dijo que lo nuestro ya no podría ser porque debía volver a su pueblo, por lo que un día nos despedimos sexualmente, haciendo el amor como locos, nos bebimos sus jugos, mi semen, terminé en su boca, en su culo.

    Desde ese entonces ya no la he vuelto a ver, como tampoco a la que en ese entonces era mi mujer.

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