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  • Cogiéndome a Jacqueline, la hermana de mi novia

    Cogiéndome a Jacqueline, la hermana de mi novia

    Hace un par de años estuve de novio de una joven a la que amé mucho. Era una muchacha de 22 años llamada Fernanda, muy hermosa, con un cuerpo muy apetecible y unas tetas divinas, grandes y duras, pero esta historia no trata exactamente sobre la que entonces era mi novia, en vista de un problema que teníamos: ella pretendía llegar virgen al matrimonio, como consecuencia, sin duda, de la rígida educación que ha recibido de su familia. Yo respeté su decisión durante el tiempo que estuvimos juntos, por supuesto, pero eso me trajo el obvio inconveniente de que me era imposible satisfacer de manera adecuada mis naturales instintos sexuales.

    En fin, un día estábamos celebrando el cumpleaños de la mamá de Fernanda en su casa, ubicada en una urbanización muy exclusiva. La de los padres de Fernanda es muy amplia –tiene dos plantas- y lujosa, con un bellísimo jardín en la parte trasera.

    El cumpleaños de la mamá de Fernanda cayó un día jueves y la señora Raquel –así se llama la madre de la que entonces era mi novia- decidió que en vista de que era un día laborable, haría una cena muy pequeña, a la que asistirían su esposo Luis –el papá de Fernanda-, Fernanda, Jacqueline –la hermana mayor de Fernanda-, Jorge –el novio de Jacqueline-y yo. Estaba planeado que viniera también la tía Paola, hermana de la señora Raquel, pero llamó esa tarde para avisar que no podría asistir porque se le había presentado un problema doméstico que tenía que resolver (algo así como una tubería rota, pero no lo recuerdo con toda precisión y de todas maneras no importa).

    La que sí importa tener en cuenta en esta historia es a Jacqueline, la hermana de mi novia. A pesar de tener seis meses de relaciones con Fernanda, yo no conocía a Jacqueline, pues ella no vivía en casa de mi novia y tenía un apartamento propio en una zona que quedaba bastante lejos de la casa de su padre. Y digo la casa de su padre, pues Jacqueline es hija del primer matrimonio del señor Luis, quien quedó viudo de la mamá de Jacqueline pocos meses después de que ella nació y luego se casó con la señora Raquel, con quien tuvo a Fernanda.

    Como venía diciendo, yo no conocía a Jacqueline y la verdad es que Fernanda y sus padres tenían opiniones encontradas sobre ella, puesto que su estilo de vida parecía chocar un poco con el de ellos. La familia de mi novia es, como lo señalé antes, bastante conservadora, mientras que de Jacqueline se decía, de una manera bastante escueta, que tenía una forma de ver la vida más liberal. Como yo conocía ya la forma de pensar de los padres de Fernanda, me imaginaba simplemente que Jacqueline llevaba la vida de una mujer normal y contemporánea, que vive sola, que tiene un novio y que es activa sexualmente, lo cual seguramente escandalizaría al puritano grupo familiar.

    Siempre consideré que había sido un poco extraño no haber conocido a Jacqueline hasta ese momento. Creo que fue mera coincidencia que nosotros hayamos tardado tanto tiempo en encontrarnos. Lo que pasa es que cuando empecé con mi novia, Jacqueline estaba haciendo un curso en Italia que duró tres meses (ella es diseñadora gráfica), y después de su regreso solía visitar la casa de su padre en las tardes, cuando yo estaba en la oficina. De hecho, Jacqueline había convertido lo que antes era su habitación, ubicada en la planta alta de la vivienda, en una especie de estudio en el que a veces trabajaba.

    La noche de la cena del cumpleaños de la señora Raquel yo había llegado temprano y estábamos conversando en la sala mi novia, sus padres y yo, esperando a Jacqueline y a Jorge. A eso de las ocho de la noche sonó el timbre y la muchacha de servicio abrió la puerta, haciendo pasar a la hermana de Fernanda y a su novio.

    Cuando entraron a la sala, creo que quedé con una cara de bobo al ver a Jacqueline. De una vez debo decirles que aunque no es una miss, es una de las tipas más ricas que he visto, porque exuda sensualidad por cada uno de los poros de su piel y da la idea de una tigresa en celo que espera ser poseída salvajemente. No es muy alta (mide 1,60 metros de estatura), pero tiene una piel morena y brillante que despide un suave aroma de hembra que estoy seguro enloquece a todos los hombres que se le acercan.

    Esa noche tenía puesta una falda negra, ni muy larga ni muy corta, que le llegaba un poco más arriba de las rodillas, dejando ver un par de piernas bien torneadas y de la contextura que a mí me resulta perfecta: ni demasiado flacas ni gruesas, simplemente en el punto justo en el que hay suficiente carne firme para admirar y, si hay suerte, tocar. La falda era de una tela delgada que caía suavemente sobre su cuerpo y resaltaba unas caderas insolentes, una cintura celestial y apretadita, y un culo de antología que se podía adivinar enfundado en una pantaleta tipo hilo dental.

    En la parte de arriba llevaba una blusa color verde oliva, manga corta y ceñida, que permitía gozar en todo su esplendor de la vista de un formidable par de tetas, también de un tamaño perfecto, pues si bien no eran excesivamente grandes, si eran lo suficientemente voluminosas como para llamar la atención y resaltar como unos pechos de una calidad superior al promedio. Por otra parte, venía calzada con unas sandalias de tacón alto que dejaban ver unos pies exquisitamente bien formados, con uñas primorosamente cuidadas, detalle que me excita sobremanera.

    El rostro de Jacqueline no es una obra de arte (atención, tampoco es feo). De hecho, Fernanda es mucho más bonita de cara que su hermana. Pero Jacqueline posee un dejo de sensualidad animal que se refleja en la picardía de sus ojos oscuros y en su cabello negro y liso, que lleva un poco por encima de los hombros. La boca es quizás un tanto excesivamente grande, aunque de labios finos y siempre húmedos, y su nariz es hermosamente perfilada.

    El novio, Jorge, me pareció un perfecto imbécil. Es bastante alto (quizás 1,85 metros, a lo mejor hasta un poco más), pero más allá de eso me pareció un tipo sin mayores méritos, no demasiado inteligente y sin duda uno de esos sujetos de los que uno se pregunta cuál es la atracción que pueden generar en una mujer tan volcánica como Jacqueline.

    Vinieron las presentaciones de rigor y nos sentamos todos en el espacioso salón en el que la familia solía recibir a las visitas. Yo estaba sentado junto a Fernanda en un pequeño sofá de cuero, sus padres estaban cada uno en una butaca a la izquierda y a la derecha y Jacqueline y el novio se colocaron en una sofá más grande que quedaba justo al frente de mi vista. Es decir, que iba a poder disfrutar de la vista de tan rica hembra durante un buen rato.

    Lo primero que me pasó por la cabeza al cabo de unos cuantos minutos, luego de ver sentados uno junto al otro a Jacqueline y a Jorge, fue la imagen de los dos tirando salvajemente en el mismo mueble en el que estaban en ese momento. En esta escena imaginaria, Jacqueline estaba sentada sobre Jorge, dándole la espalda, mientras éste le clavaba la verga en la concha y ella gemía como posesa, con las piernas abiertas y las nalgas rebotando sobre los muslos del novio.

    Esta fantasía me perturbo bastante y me fue difícil concentrarme en las conversaciones banales que se fueron desarrollando a lo largo de la noche, pues no podía quitar mi vista de Jacqueline, especialmente cuando me di cuenta de que sus pezones estaban bastante erectos, al punto de que se podía imaginar no solamente la forma de aquéllos, sino también la de la areola, cosa que me puso como una moto.

    También comencé a observar que, no sé si por descuido o adrede (creo que fue más lo segundo, teniendo en cuenta lo que pasó después), en determinados momentos Jacqueline separaba las piernas lo suficiente como para dejarme entrever durante un par de segundos una pequeña fracción de sus pantaletas blancas y de sus muslos de diosa.

    Noté al mismo tiempo que Jacqueline mostraba una conducta excesivamente amable hacia mí y me ofrecía con bastante frecuencia toda su atención, pero no quise darle demasiada importancia a ese hecho, a pesar de que, repito, su sola presencia me tenía embobado y sentía unas ganas locas de que todos los demás desaparecieran, para poder follármela como loco en cada uno de los rincones de la casa, cosa que, por otro lado, me lucía como una fantasía inalcanzable.

    Al cabo de un rato pasamos a la mesa y sirvieron la cena, la cual, como era costumbre en esa casa, estaba deliciosa. Mientras comíamos, Jacqueline comentó, con una extraña mezcla de preocupación y picardía, que la computadora que tenía en su estudio le estaba dando problemas y que no había podido resolverlos.

    Acto seguido, dijo que Fernanda le había mencionado que yo tenía una habilidad especial en cuestiones informáticas y que quizás podría subir con ella a la habitación, una vez terminada la cena, para que la ayudara a solucionar el asunto. Al señor Luis le pareció una idea excelente y me pidió que una vez que nos levantáramos de la mesa acompañara a su hija a la planta alta de la casa para que yo revisara cuál era el desperfecto que presentaba la máquina.

    Después de terminado el postre, pasamos todos a un pequeño salón que tiene una amplia puerta corrediza que permite acceder al jardín de la casa.

    Jorge y el señor Luis estaban hablando aparte de un posible negocio que podían llegar a concretar juntos, y durante unos escasos minutos las tres mujeres y yo estuvimos intercambiando nimiedades hasta que Jacqueline dijo, con una voz entre seria y seductora: “Alberto, creo que es mejor que me acompañes arriba para que veamos lo de la compu, pues luego se hace tarde y nos olvidamos del asunto”. A mí todavía la situación no me había parecido sospechosa (como a ninguno de los presentes), pero mi güevo sí pareció intuir lo que venía, pues se irguió como un asta de bandera, al punto que tuve que hacer un esfuerzo para disimular mi erección mientras caminaba.

    Mi erección continuó en aumento mientras subíamos las estrechas escaleras, puesto que Jacqueline iba delante de mí y sus nalgas portentosas quedaban casi a la altura de mis ojos, mientras se movían cadenciosamente conforme ella iba superando cada peldaño, dejando adivinar nuevamente la forma de sus panties hilo dental.

    La habitación que había sido de Jacqueline y que ahora fungía como su estudio estaba al final de un pasillo a lo largo del cual se distribuían las puertas de los demás cuartos. Justo al lado de la entrada de la pieza de Jacqueline estaba ubicado un baño auxiliar que yo había utilizado muchas veces cuando había ido a la casa a visitar Fernanda. Atravesamos todo ese pasillo con Jacqueline manteniéndose delante de mí, avanzando lentamente mientras balanceaba sus caderas de forma exageradamente sensual; sin embargo, había en su actitud un dejo de distancia y frialdad calculada.

    Cuando pasó junto a la puerta del baño auxiliar, se detuvo junto a ella, la abrió, encendió la luz, oprimió el botón en la perilla interna que sirve para asegurar la puerta y la cerró. Como yo le dirigí una mirada que parecía decirle que no estaba entendiendo nada de lo que sucedía, ella esbozó una media sonrisa bastante enigmática y siguió caminado sin inmutarse, hasta entrar en su estudio.

    Yo me quedé parado, inmóvil, justo en la puerta, con la mente concentrada en descifrar la extraña actitud de Jacqueline y con la picha a punto de reventar. No me fijé demasiado en cómo era el estudio. Simplemente pude apreciar que era una habitación bastante grande, con una enorme mesa de dibujo en el medio, un escritorio con una computadora al fondo y una puerta que daba a un baño, cuya entrada estaba ubicada en la pared que estaba a mi derecha.

    Jacqueline se movió con gracia hasta el ordenador y lo encendió. Luego se dio la vuelta, caminó hacia donde yo estaba, me indicó con la mano que entrara y apenas me acerqué a ella su conducta sufrió una extraordinaria mutación, pues me fue empujando con algo de violencia hasta la pared izquierda de la pieza. Una vez que me tuvo acorralado, me dio un beso en la boca, al que yo correspondí introduciéndole la lengua casi hasta la garganta, apretando mis labios con fruición contra los suyos. Después de unos segundos, me dijo, con voz de diabla:

    -Maldito degenerado, ¿crees que no te pillé desnudándome con los ojos desde que llegué? ¿No te da vergüenza con mi pobre hermanita? Pues te diré que gracias a ti ahora yo estoy caliente y vas a tener que solucionarlo cogiéndome aquí mismo…

    Como yo la miré sin decir palabra, pero haciéndole ver que estaba entre sorprendido y nervioso, me increpó:

    -¿Qué, acaso eres maricon o no quieres hacerme el amor?.

    A esa pregunta estúpida le respondí acorralándola yo contra la pared y propinándole un beso más apasionado que el anterior, mientras le sobaba las tetas por encima de la blusa. Como ella se dio cuenta entonces de que yo estaba dispuesto a llegar hasta el final y que lo que tenía eran reservas de que nos descubrieran, aclaró todas mis dudas al decir sonriendo:

    -No te preocupes… Lo tengo todo planificado. No creo que alguien vaya a subir, pero por si acaso, prendí la computadora para que crean que estamos trabajando, cerré la puerta del baño de afuera y dejé la luz prendida para que si alguien sube piense que tú estás en ese baño y yo en el mío… ¡Porque me vas a follar en mi baño y me vas a tomar como un macho toma a su hembra en celo!

    Ante palabras tan crudas y directas no tardé en empujarla hacia el baño de la habitación. Una vez adentro y calculando que con suerte dispondríamos, a lo sumo, de veinte minutos de faena, cerré la puerta rápidamente (aunque cuidando de no hacer mucho ruido).

    El baño era, afortunadamente, bastante espacioso. En el extremo izquierdo estaba la bañera, inmediatamente después la poceta y el bidet y justo frente a la puerta había un enorme tope de granito rosado (que me sería de gran utilidad en esta jornada), en el cual estaba incrustado, hacia el centro, el lavamanos, pero con muchísimo espacio a los lados.

    Apenas hube cerrado la puerta y luego de besar una vez más a Jacqueline y de apretar sus tetas y de meter mis manos por debajo de su falda para acariciarle el culo, coloqué una toalla sobre el tope de granito para evitar que la frialdad del mismo apaciguara tan siquiera un poco el volcán en el que se había convertido esta mujer y la senté allí con las piernas bien abiertas.

    Le quité la blusa e inmediatamente le desabroché el sostén, con lo cual sus tetas quedaron en libertad plena. Les digo sin temor a equivocarme que las tetas de Jacqueline son las más increíbles que he visto en mi vida, pues son grandes, pero del tamaño perfecto, con una forma exquisitamente redondeada, y aunque la piel es suave al tacto, los pechos son de una firmeza extraordinaria, duros como rocas. Los pezones, oscuros, estaban erectos y a punto de reventar.

    Una vez que esas dos bellezas estuvieron a mi disposición, las masajeé a placer y acto seguido procedí a chupar y mordisquear suavemente uno de los pezones, sintiendo el celestial aroma que desprendía su piel, que recordaba el suave olor de los melocotones maduros. Apenas sintió el contacto de mi boca y de mi lengua con su hinchadísimo botón , emitió un gemido apagado, se crispó toda e inmediatamente dirigió una de sus manos hacia mi paquete, apretándolo con lujuria.

    Tuve que hacer un esfuerzo para no venirme con ese solo contacto de la mano de Jacqueline con mi güevo y mis bolas a través de la tela del pantalón. Retiré gentilmente su mano, le separé bien las piernas, le subí bien la falda e introduje mi cabeza en su entrepierna, con lo cual pude sentir el olor a hembra en celo que emanaba de su gruta. Con mi mano izquierda aparté el delgado trozo de tela que tapaba su cuquita y cuál fue mi sorpresa cuando me di cuenta de que la tenía toda afeitadita, sin un solo pelito alrededor.

    Aquello fue como si hubiesen puesto un manjar de los dioses frente a mí, porque sin piedad alguna comencé a meterle la lengua en la concha y a masajear su clítoris con el dedo índice de mi mano derecha. La mujer se puso como una posesa y de su vagina salían cantidades impresionantes de líquido que iban chorreando por su entrepierna, a pesar de que yo procuraba beber una gran parte de ese néctar divino.

    Una vez que ella tuvo su primer orgasmo y sin darle tregua, me quité los zapatos, me bajé los pantalones y los interiores, con lo cual mi pene a punto de explotar fue liberado de su ya insoportable prisión. Bajé a Jacqueline del tope de granito y ella, como hipnotizada, agarró mi pene como si fuera una empuñadura y lo masajeó varias veces hacia arriba y hacia abajo, a raíz de lo cual la cabeza de mi güevo se humedeció con una buena cantidad de líquido preseminal.

    Pero no había mucho tiempo que perder, así que le dije que me diera un segundo, que iba a buscar los condones que tenía guardados en la billetera que cargaba en uno de los bolsillos de mi pantalón. Ella me dijo que no hacía falta, que ella tomaba pastillas anticonceptivas y que quería gozar “al natural”.

    Así que le bajé la falda a Jacqueline, dejándola únicamente con las sandalias puestas y la pantie hilo dental. Hice que se parara frente al tope de granito y la doblé tumbándole la mitad superior del cuerpo sobre el tope, con lo cual su culo y su concha quedaron totalmente expuestos y a mi merced. Estuve unos segundos admirando cómo la tirita del hilo dental se insertaba deliciosamente en la raja que separaba aquellas dos nalgas perfectas y firmes, en las cuales no había ni un solo de gramo de celulitis. Luego le saqué el hilo dental y esa hembra quedó totalmente desnuda frente a mí, solamente provista de sus sandalias ultra sensuales, lista para recibir una follada de las buenas.

    Tomé mi pene, que ya no aguantaba más, se lo acerqué a la entrada de la chucha y comencé a introducírselo lentamente, hasta que finalmente llegó al fondo, lo cual le arrancó un gemido de perra. Cuando mi güevo se encontró prácticamente con las paredes de su matriz, lo dejé unos segundos inmóvil para disfrutar de lo estrecha y caliente que estaba aquella cuquita divina, que chorreaba unos jugos de aroma incomparable y que parecía el interior del mismísimo infierno. Comencé a bombearla lentamente, disfrutando cada segundo para prolongar el placer hasta el límite.

    Ella comenzó a respirar de manera cada vez más agitada y yo iba incrementando la velocidad del mete-saca, alternándolo con atrevidos movimientos de cadera que la volvían loca de lujuria. Jacqueline se había introducido en la boca un trozo de la toalla que yo había colocado arriba del tope y sobre la cual estaba tumbada, para ahogar sus cada vez más intensos gritos de perra en celo. Aunque yo estaba detrás de ella, podía ver su cara a través del espejo que estaba justo frente a nosotros y me puse aún más excitado cuando contemplé su expresión de puta viciosa.

    Transcurridos unos minutos, se sacó la toalla de la boca y me ordenó:

    -Ahora sí, desgraciado, dame bien duro, como a una puta barata, pues estoy a punto de venirme y si paras te mato…

    Apenas hubo pronunciado estas palabras empecé a moverme frenéticamente, al límite de mis fuerzas, y al cabo de pocos momentos ella se volvió a insertar la toalla en la boca, pues empezó a gritar como una demente, lo cual me indicó sin lugar a dudas que había alcanzado un orgasmo de película y me hizo acabar a mí también, provocando una explosión en mi pene, que inundó de leche todo el interior de su vagina.

    Con cierta rapidez, aunque también con cuidado, retiré mi herramienta del interior de su cuca. Pero ninguno de los dos estaba saciado, a pesar de que ambos habíamos experimentado orgasmos sumamente intensos. Ella me dirigió una mirada de absoluta depravación y con lenta sensualidad tomó la toalla y me limpió el mástil, el cual apenas si había perdido un poquitín de su rigidez.

    Acto seguido me tomó de la mano y me condujo hacia el inodoro, el cual tenía la tapa abajo. Allí me sentó y ella se arrodilló entre mis piernas abiertas. Ya yo sabía lo que venía y no lo podía creer. Abrió la boca y capturó mi glande entre sus labios, moviendo con lentitud la lengua a su alrededor. Esto me provocó una especie de choque eléctrico que me dejó la mirada en blanco.

    Cuando pasados unos pocos segundos me recuperé y volví a abrir los ojos, me percaté de que Jacqueline me estaba propinando una mamada sensacional, metiéndose mi güevo completo en su boca de animal salvaje y engulléndolo prácticamente hasta las bolas. A veces subía y bajaba los labios rápidamente a lo largo del mástil y otras veces lo recorría muy despacio con la lengua, concentrándose de vez en cuando en mis testículos, los cuales mordisqueaba muy suavemente.

    Yo estaba a punto de venirme de nuevo, así que decidí no perder más tiempo, le saqué mi pene de su boca con cierta violencia, la levanté bruscamente, permaneciendo yo sentado, la coloqué dándome la espalda y la senté sobre mi pene con las piernas bien abiertas. En otras palabras, la tenía en la misma posición en la que la había imaginado un par de horas antes con su novio Jorge, pero esta vez era real y el que le estaba enterrando la polla era yo.

    De manera alternativa, mientras ella rebotaba una y otra vez con mayor rapidez sobre mi falo erecto, incrustándoselo con violencia hasta el mismísimo fondo, yo le apretaba las tetas y se las sobaba bruscamente, y la masturbaba estimulándole el clítoris y hasta le pellizcaba y arañaba sus depilados labios mayores, todo lo cual hizo que finalmente se desencadenara en los dos un orgasmo arrollador que, una vez iniciado, provocó en ella unos chillidos agudos que tuvo que acallar mordiéndome el brazo, a la vez que de sus ojos salían lágrimas, producto de una mezcla de placer y algo de dolor, en tanto que de mi güevo salían borbotones de semen caliente que se desparramaron en el interior de su cuquita.

    Ella permaneció un par de minutos sentada sobre mi pene, el cual comenzó a perder su erección, mientras ambos tratábamos de recuperarnos de esa intensa aventura. De pronto, apenas pudo recuperar las fuerzas, me dijo que me vistiera rápidamente y que saliera mientras ella se lavaba y se arreglaba de nuevo. Me lavé la cara, sequé el sudor que corría por todo mi cuerpo y me puse la ropa, luego de lo cual salí del baño, cuidando que nadie me viera. No había moros en la costa, así que me senté frente a la computadora para simular que estaba trabajando en ella si alguien subía.

    Transcurridos unos cinco minutos ella salió perfectamente arreglada, con una cara de satisfacción increíble. Yo la miré una vez más, admirando su belleza, y le pregunté:

    -¿Y qué le vamos a decir a los demás sobre la computadora? Porque creo que ya tenemos que bajar. Ha pasado algo de tiempo…

    -No te preocupes, nene… Lo tengo todo fríamente calculado. Diremos que no has podido detectar el problema y que necesitas venir mañana al mediodía para arreglarlo. Estaremos solos tú y yo, pues papá estará trabajando y Raquel y Fernanda van a hacerse un chequeo médico. Mira que aún te falta un agujero por explorar…

    Dicho esto, me guiñó un ojo, sonrió seductoramente y luego bajamos a la planta inferior de la casa, donde nos reunimos de nuevo con el resto de la familia, como si nada hubiese pasado.

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  • Le fui infiel a mi novio en un aeropuerto

    Le fui infiel a mi novio en un aeropuerto

    Me sentía sola. Hacía días que había discutido con mis padres y la cosa en casa no iba de bien en mejor. Muy al contrario, había decidido marcharme al piso de unas amigas a la isla de enfrente por unos días para ver si el ambiente mejoraba un poco con la distancia. Por otro lado, con mi novio me iba bien. No era para tirar cohetes, pero habíamos pasado situaciones peores. Al estar yo tan desanimada y tan ausente del mundo, nos sentíamos mutuamente un poco más lejos, nos comunicábamos mucho menos y hacía varios días que no sentíamos esa sensación urgente llena de necesidad del otro. Él estaría harto de mis historias y yo prefería estar sola.

    Así, avisé en casa de que me iba a pasar un fin de semana a Lanzarote y le dije a él que esperaba estar de mejor ánimo y disposición el lunes siguiente. Preparé una mochila con apenas una muda de ropa, nada de falditas ni de taconcitos porque no pensaba ponerme guapa ni salir de fiesta, así que con mis vaqueros y mis tenis, mochila al hombro, salí en el coche rumbo al aeropuerto. Aparqué allí mismo, sabiendo lo que me iba a costar después el parking y notando el punzante dolor en mi cartera.

    Cuando hube facturado, pasé el control policial no sin antes escuchar los pitidos que indicaban que me había olvidado el cinturón en el pantalón; me quitaron la botella de agua que llevaba en la mano –no fuera a ser gasolina que promoviera un incendio el habitáculo del piloto― y me dejaron pasar.

    Siempre que viajo en avión, aunque el viaje sea tan corto como éste –de apenas media hora―, siento unos nervios horribles y la boca se me seca, la cabeza me funciona con mayor lentitud y me siento víctima de los actos de otra mujer que me quiere llevar en ese fatídico medio de transporte con lo poco que me gusta.

    Así mi cuerpo, me dispuse a gastarme un dineral en una botella de agua dentro de la zona de embarque –agua exenta de peligro para el avión― y me acerqué a la barra del bar que quedaba más cerca de mi puerta de salida. Había una cola de unas seis personas por delante de mí y tendría que esperar un poco. Cuando ya estaba cerca de la barra, me apoyé en la columna más cercana y noté una mano que pasaba justo por delante de mí en dirección a la barra y me rozaba los pechos. Esta mano cogió una botella y al irse de nuevo hacia atrás volvió a rozarme.

    Esta segunda vez un ligero escalofrío me recorrió la espalda. Miré hacia atrás ligeramente y me encontré la mirada directa y honda de un hombre un poco más alto que yo, que, lejos de disculparse por su “intromisión en mi espacio vital”, me miraba con cierto aire de arrogancia. No era guapo exactamente, pero tenía ese algo que hace que te quedes mirándole fijamente para descubrirlo. Nos miramos sin apartar la vista unos segundos, los suficientes como para inquietarme.

    ―Señorita, qué desea.

    Volví la cabeza. Le pedí a la apresurada camarera una botella de agua. Cuando buscaba en la cartera el dinero para pagar, sentí una mano tocarme el hombro para después bajar por mi espalda, entrar por debajo de mi brazo y atraparme un pecho. Me quedé estática, como una piedra. ¿De qué iba este tío? ¿Qué hacía yo que aún no le había pegado un grito para espantarlo?

    Él quitó su mano y yo acabé de pagar el agua. Me di la vuelta avergonzadísima, esquivé su mirada irreverente y me senté en una de las mesas que por allí había.

    Entre los nervios por coger el avión y aquella situación totalmente lejana de mi rutina diaria, me sentía totalmente bloqueada. Temí que aquel hombre se sentara en mi mesa, y bastó que lo pensara para que se acercara con aire gatuno. Ya a mi lado, le miré; él arqueó las cejas en dirección a la silla en señal de “¿Puedo, verdad?” y yo no respondí. Creo que estaba absolutamente idiotizada.

    El tipo me miró fijamente y me dijo:

    ―Te noto pensativa

    Tenía una voz grave, firme y delicada a la vez. Me gustó.

    Yo, en un alarde de elocuencia, respondí:

    ―Sí.

    ―No te he molestado hace un momento, ¿Verdad?

    ―Eh…

    ―No, si te hubiera molestado me habrías dado un guantazo, o habrías montado un numerito en plan víctima de violación. Sin embargo, te has puesto nerviosa. No te has enfadado. Incluso es probable que te haya gustado.

    ―No

    ―Sí.

    El tipo rodó su silla hasta colocarse al lado mío. No dejaba de mirarme fijamente y yo, ahora mismo, viéndolo desde fuera, no puedo comprender cómo no me levanté y me largué. Supongo que estaba entrando en algún tipo de trance donde yo no tenía nada que ver conmigo misma, donde no podía menos que quedarme impactada con lo que estaba sucediendo mientras mi otro yo se marchaba de vacaciones por unas horas.

    —Tienes unas bonitas tetas –Me lo dijo hasta con cariño, sin que sonara sucio siquiera.― Sí, verte desde atrás ha sido un verdadero privilegio. Me moría de ganas de verte la cara.

    ―Eh…

    ―Estás tan buena como imaginaba.

    ―Eh… gracias, supongo.

    ―Me gustas. Me gusta todo tu cuerpo.

    Aquel tipo con sus halagos desmedidos me estaba haciendo empezar a temblar de pies a cabeza.

    ―¿Adónde vas?

    ―A Lanzarote

    ―¿Visita de trabajo o de ocio?

    ―De ocio. Voy a visitar a unas amigas

    ―Sí, tienes cara de necesitar relajarte

    ―Sí.

    ―Vamos en el mismo avión. Voy a casa de mis tíos. La familia de mi padre vive allá y hace mucho que no les visito. Siempre hemos estado muy unidos.

    ―Está bien.

    ―¿Cómo te llamas?

    ―Adriana

    ―Precioso nombre. Yo me llamo Ángel.

    ―Ok.

    ―¿Tienes novio?

    ―¿Perdón?

    ―¿Que si tienes novio?

    ―Eh… sí, sí.

    ―¿Cómo se llama?

    ―Ehhh, Santi, se llama Santi…

    ―¿Y estás a gusto con Santi?

    ―Sí

    ―¿Seguro?

    ―Sí.

    ―Bueno, eso está bien.

    Me miró el escote con descaro, y tras percatarse de que me estaba poniendo más nerviosa todavía, agregó:

    ―¿Y tu novio te folla como se merece una tía como tú? ¿O pasas hambre?

    ―Vaya… vas directo al grano, por lo que veo

    ―No sé a qué te refieres, a menos que sea a que quiero follarte.

    Sin querer mi cuerpo comenzó a excitarse. Aquella idea, pensar en que aquel tipo me cogiera y me desnudara allí mismo para follarme me dejó desbancada. Sentí cómo me temblaba todo entre los nervios y la excitación.

    ―¿Y a tu novio se la chupas?

    ―¿En serio piensas que voy a responderte?

    ―Sí se la chupas. Se la chupas porque tienes cara de que te encanta ver disfrutar a un tío con lo que le haces.

    ―¿Esto lo haces con todas las tías que te encuentras en las barras de los aeropuertos?

    ―Fíjate tú que no me importaría que me la chuparas –Me ignoraba descaradamente― Estaría genial que me bajases los pantalones ahora mismo y notaras mi polla dura por tu culpa.

    Mi mano reposaba sobre la mesa. La cogió con suavidad y me la llevó hasta su bragueta. No pude quitarla de allí, ni siquiera hice nada por evitarlo, me sentía como imantada. Noté la polla enorme y durísima contra el pantalón. Sentí cómo me humedecía repentinamente. Él se acercó hasta mi oído y susurró:

    ―¿Ves lo que has hecho? Esto es por imaginarte desnuda sobre mí, por inventar cómo sería tener ese cuerpazo tuyo cabalgándome encima como si fueras una salvaje.

    ―Me estás… yo… por favor, no sigas. ―Cada vez me notaba más húmeda. Sus susurros contra mi oído me estaban poniendo a cien. Su respiración entrecortada hablándome me agitaba.

    ―¿Qué te pasa? –Su tono ocultaba un suave toque de sorna.

    ―Nada, esto es tan… esto no está bien.

    ―Estoy loco porque me la chupes. Sé que lo haces de maravilla.

    ―Bufff, a mí tampoco me importaría, no.

    ―¿No decías que tenías novio? –Se alejó de mi oreja y me miró de frente con aquellos ojos hondos.

    ―Sí

    ―¿Y qué pensaría él si te viera ahora mismo?

    ―No lo sé. No creo que le gustara… es algo celoso…

    ―Pero estás cachonda, con tu mano sobre mi pantalón, pensando en lo increíble que sería follar conmigo, ¿A que sí?

    ―Me gustaría decirte que no… pero sí.

    Fíjate, la niña está despegando.

    En ese momento, el aviso de que nuestro avión salía en breves instantes me hizo despabilar. Me levanté de la silla casi sin mirarlo, pasmada por lo que me estaba sucediendo; cogí mi mochila y me acerqué a la cola de gente que se dirigía a la puerta de embarque. Él, antes de que me fuera de la mesa, me agarró por un brazo y me dijo:

    ―Si quieres tener algo conmigo, siéntate junto a mí en el avión. Si no, olvida que me muero por tu cuerpo y por verte así de cachonda debajo de mí…y se acabó.

    El avión era muy pequeño, casi una guagua voladora, y los asientos no estaban numerados. Él se colocó delante de mí en la cola. Pensar que en breves instantes iba a estar despegando en el aire subida en aquel pequeño cacharro me puso muy nerviosa, y sumado a eso, estaba el culo de aquel tal Ángel, y no sólo el culo, sino aquella polla durísima que hasta hacía un segundo notaba bajo su pantalón. No podía dejar de sentirme excitada y un bloqueo como de ladrillos me aplastaba la conciencia, yo no era Adri, sino otra, una putita desmadrada que podría follarse a cualquiera por ahí sin importarle tener novio o no tenerlo.

    Entramos en el avión. Todo el mundo, más lentamente que nunca, se fue colocando en sus asientos. No había mucha gente. El avión iría medio lleno. Él se dirigió a la parte delantera, donde apenas se estaba colocando gente y se sentó pegado a la ventana, dejando el asiento del pasillo libre. No miró hacia mí. Yo apenas dudé, la verdad. Podría decir que mientras duró la cola y la entrada en el avión estuve divagando y pensando sobre los pros y los contras de aquello, pero no tenía cabeza. Fui directa y me senté a su lado. Él ni me miró. Me sentí como una verdadera estúpida y me pregunté qué carajo estaba haciendo allí.

    Cuando todo el mundo se sentó y la azafata anunció que el viaje iba a dar comienzo, se acercó a mi oído de nuevo y susurró:

    ―Muy bien por haberte sentado aquí. No sé si te dije que me vuelven loco tus tetas. Me muero por poder manosearlas y chuparlas.

    Me estaba acelerando. Ni me di cuenta de que la azafata empezaba con sus consejos para un vuelo y un accidente seguro. Cuando el avión comenzó a moverse, el corazón me comenzó a latir más fuerte. Odiaba aquel momento con todo mi cuerpo. Cerré los ojos con fuerza y sentí, agradecida, cómo su mano cogía la mía y la sostenía todo el tiempo, hasta que el avión estuvo estabilizado en el aire.

    Ahora sí me miraba. Y cómo me miraba. Sostenerle la vista era un triunfo. Parecía desnudarme con firmeza con aquellos ojos. Yo miré disimuladamente hacia su pantalón y noté su paquete abultado. Me encantó y me asustó un poco. Él se dio cuenta y me volvió a atrapar la mano para llevarla hasta allí.

    ―Adriana, voy a follarte.

    ―Vas a hacer lo que yo quiera, vas a disfrutar como nunca… te vas a convertir en mi puta… lo sabes, ¿verdad?

    Sin más preámbulos, metió su mano por debajo de mi camisa y me tocó un pecho con firmeza. Siempre me ha gustado que jueguen con mis tetas. Es algo que me pone muy cachonda, y aquel tipo estaba dando en el clavo. Mientras lo hacía, empezó a comerme la oreja, a besarme por todo el cuello, a lamerme con suavidad. Estaba tan mojada que sonreí al notarlo.

    Me entraron unas ganas locas de comerle la boca y me acerqué a sus labios con mi boca entreabierta, hambrienta. Él se alejó un poco de mí, sin quitar aún la mano de mis pechos.

    ―¿Qué pasa?

    ―Nada, no suelo dejar que me coman la boca.

    ―¿Y eso?

    ―No sé, supongo que lo reservo para las tías por las que siento algo fuerte.

    Aquello parecía un reto. Le respondí:

    ―No me pega que seas de esos. Pero yo me muero por besar esos labios que tienes. Por pasar mi lengua con suavidad por ellos y porque notes mi humedad en tu boca. Quiero besarte.

    Y se acercó y posó sobre mí los labios. Entré con mi lengua lentamente, saboreando con cuidado la boca de aquel desconocido que en dos segundos me había puesto tan caliente, con aquel tipo con el que, extrañamente, me sentía cada vez más cómoda y cada vez menos yo. Él fue respondiendo. Al segundo jugueteaba con más violencia con su lengua, mojándome con su avidez. Cuando nos despegamos, volvió a besarme, esta vez con una potencia y una ambición que me volvió loca.

    Parecía que con aquel beso pretendía poseerme entera, hacerme toda suya, y casi que lo consiguió, porque a aquellas alturas yo me habría desnudado allí mismo. Sin embargo, cuando nos separamos, me quedé como si nada hubiera pasado, sabiendo que estábamos en un avión y que allí no podía ocurrir nada. Me llevó la mano a su pantalón otra vez, y yo tapé mi mano con su chaqueta, para que la azafata, que estaba todo el rato yendo y viniendo, no se diera cuenta.

    ―Me la vas a chupar. Lo sabes. Me la vas a chupar con esa boca de putita que tienes. Me lamerás toda la polla y te gustará tanto que desearás no dejar de mamármela en la vida, para que me corra en tu boca tantas veces lo desees.

    ―Y te iré desnudando poco a poco. Te quitaré esa camisa y te besaré el cuello, los hombros, las tetas. Te arrancaré el sujetador con los dientes, mientras siento tus pezones duros contra mi cara, desearás que me los meta enteros en la boca y que respire sobre ti sabiendo que mi cuerpo está a punto de explotar.

    ―Me estás matando

    ―Te morirás de placer de verdad cuando sientas cómo mi mano busca hundirse bajo tu pantalón para encontrar ese coñito que debe estar ardiendo ahora mismo.

    ―Sí…

    ―Sabrás lo que es bueno. Te arrancaré el pantalón y esas braguitas finas y empezaré a juguetear con mi lengua sobre tu clítoris. Comenzarás a gemir como una loca cuando sientas mi aliento sobre tus labios y mi lengua subiendo y bajando, cuando notes que deseas que te la meta con todas mis ganas.

    ―Ahá…

    ―Te haré esperar, buscarás mi polla o mis dedos, ávida, y te la llevaré de nuevo a la boca mientras te masturbo con mis dedos. Sentiré el calor de tu coño y el de tu boca a la vez, y desearás que ese momento no acabe nunca.

    ―Diosss

    La voz de la azafata me devolvió a aquel avión y me di cuenta de que hacía rato que se habían iniciado las maniobras para el aterrizaje y apenas faltaban unos minutos para que tocáramos tierra. Él me miraba con una fijeza como para transformarme en humo y yo me moría de ganas por que cumpliera con todo aquello que acababa de relatarme. El período que transcurrió desde que aterrizamos hasta que nos vimos por fuera del aeropuerto pidiendo un taxi apenas lo recuerdo. Lo veo como una nube blanca –y húmeda― en la que flotaba, entre atontada y excitada.

    Él conocía un hotel a unos ocho minutos del aeropuerto y le dio las señas al taxista. Durante el trayecto, no paré de mirarme las manos, como si allí estuviera la respuesta a la pregunta: ¿Qué estás haciendo? Mandé un mensaje a mis amigas diciéndoles que llegaría esa noche, porque me había liado con unos asuntos. Mis asuntos no dejaban de desnudarme con los ojos, con el espíritu, diría yo. Al momento estábamos entrando en el hotel de tres estrellas y pagando una habitación doble, a la que subimos más despacio que deprisa.

    Cuando estuvimos dentro y solos, me entró una especie de pánico, se me fue el ladrillo de la conciencia y pensé en mi novio y en lo que él pensaría si me viera en aquel lugar. Pensé en que no me gustaría nada que él hiciera lo que yo estaba haciendo. Pensé que debía salir de allí en aquel mismo momento y alejarme de aquel tipo al que no conocía y que no sabía qué querría o qué clase de pirado sería.

    Demasiado tarde. Me sorprendió con un abrazo por detrás. Me quitó la mochila y la dejó en el suelo. Sin darme la vuelta, me recogió el pelo hacia arriba y empezó a lamerme la nuca con suavidad. Los escalofríos me recorrieron entera. Masajeó brevemente mis hombros y se acercó a mi oreja. Creí que iba a decirme algo, pero sólo pude notar su respiración y su calor humedeciéndome el lóbulo y dejándome temblando.

    Metió las manos por dentro de mi camisa y me masajeó las tetas por encima del sujetador, está vez siendo más delicado. Me quitó la camisa y empezó a besarme la espalda. Arrodillado, me besaba la cintura y poco a poco fue subiendo hasta desabrocharme el sujetador. La forma en la que se deshizo de él me hizo dudar de que aquella fuese la primera vez que hacía algo parecido.

    Realmente no sé en qué momento fue que él se quitó la camisa, pero me abarcó con sus brazos potentes y pude notar como me atraía hacia él, y como me pegaba contra su pecho mientras introducía su mano dentro de mi tanga… jugaba con mi coño, húmedo de sobra por su culpa, acariciándome el clítoris primero, y luego introduciendo, poco a poco, uno de sus dedos mientras me susurraba al oído que se moría por estar dentro de mí, por notar el calor de mi cuerpo y correrse dentro de mi … notarlo ahí, tan fuerte, y a la vez tan protector fue algo realmente excitante y a la vez tierno, casi romántico.

    Cuando mi cabeza empezó a desvariar y a llevarme por derroteros equivocados (el amor nunca estuvo presente en nuestro encuentro) Ángel me dio la vuelta para quedar cara a cara… volver a toparme con esa mirada hizo que se me fueran de la cabeza todos los pensamientos cursis y me volvieran los más salvajes… sentía que quería ser su puta, que deseaba ser su puta… había conseguido calentarme hasta el punto de que mi consciencia ya no existía, y él me dominaba por completo…

    En algún momento entre mirarle a los ojos y agacharme para quitarle los boxers que llevaba (negros y tan ajustados que dejaban entrever una polla más que considerable) y empezar a lamerle la polla, sé que pensé en mi novio, en que le quería de verdad, y en que aquello era una putada (nunca mejor dicho) que le estaba haciendo. Y lo peor de todo, es que era consciente de que él era incapaz de hacerme algo así…

    Pero todos los pensamientos se me fueron cuando empecé a bajarle los boxers… lo hacía lentamente, tratando de hacerle desesperar, como intentando recuperar porte del control que no tenía, como para recobrar parte de mi orgullo de mujer. Lo que apareció bajo los boxers… he de decir que me sorprendió mucho; mi novio, sin tenerla enorme, he de reconocer que está bien dotado, pero esto era otra cosa. Este tío jugaba en otra liga. Cuando se la saqué me di cuenta de que debía medir al menos 24 cm, y, aparte de lo larga, me sorprendió lo gorda que era. Era increíblemente bonita.

    Me quedé un momento como hipnotizada viéndola… aunque el trance se me paso pronto: en un momento la tenía en mi boca. Realmente la tenía gorda el muy cabrón. Le di algunos lametoncitos, jugué un poco con sus pelotas… pero lo que tanto él como yo queríamos era que me la metiera en la boca… y así lo hice. Noté como aquello le gustaba. Se aceleraba y me agarraba del pelo para hacerme seguir el ritmo de su pelvis. He de reconocer que si mi novio me hubiera visto en aquel momento, hubiese jurado que no era yo… de rodillas, en un hotel más bien mugriento, y tragándome casi hasta el fondo una polla que era dos veces la suya…

    Pero a aquellas alturas ya mi novio era como una bruma en mi cabeza. Sólo estábamos Ángel y yo.

    Noté cómo se iba acelerando, pero ni yo ni él queríamos que se acabara ahí la cosa, así que paré; me agarró de las axilas y me subió para besarme la boca. A mi novio siempre le había dado un poco de asco besarme si se la había chupado, aunque sólo hubiese sido un poco… y ver la fuerza con la que aquel hombre entró en mi boca, inundándome con su lengua hizo que me calentara aún más si era posible.

    Con un movimiento sorprendentemente ágil y rápido me colocó con mis piernas abrazando su tronco mientras me sostenía con sus brazos. Yo aún llevaba los vaqueros puestos, aunque me duraron poco, la verdad.

    Me tumbó en la cama y me arrancó a tirones los pantalones. Yo ya me dejaba hacer como si hubiese perdido toda capacidad de decisión. Empezó a besarme los muslos con tranquilidad. A medida que subía, mi respiración se aceleraba. Seguía empeñado en hacerme sufrir. No tenía prisa. Alcanzó la cara interna de mis muslos y se recreó en ellos… aún recuerdo que en esos momentos pensé que esa era, de mi cuerpo, la parte favorita de mi novio… el pobre.

    De repente paró para mirarme a los ojos como queriéndome avisar de lo que iba a suceder a continuación, como si fuera la última oportunidad para echarme atrás. Mi única respuesta fue: “Sigue cabrón, no pares ahora”

    Y así lo hizo. Me quitó el tanga casi sin darme cuenta y en una décima de segundo ya lo tenía entre mis piernas, jugando con su lengua alrededor de mi húmedo coño, acercándose hasta el clítoris, para alejarse de nuevo. Yo creía enloquecer. Fue en ese momento en el que atacó mi clítoris con toda la fuerza de una bestia enjaulada. No sé si me hizo daño o si me mató del gusto, pero a partir de ahí yo estaba en otra dimensión… mi cuerpo reaccionó con espasmos y era evidente que me iba a correr en ese momento. Mi cuerpo se tensó y noté cómo oleadas de placer me invadían, naciéndome en la espina dorsal y recorriendo todo mi cuerpo hasta la cabeza.

    ―¿Quieres que pare?

    ―¿Qué? ¿Qué dices?… No, no quiero que pares por nada del mundo…

    ―Quiero que me digas que eres mi puta…

    ―Eso ya lo sabes…

    ―Sí, pero quiero oírlo…

    ―Soy tu puta cabrón, pero fóllame ya…

    ―¿Quieres que te la meta?

    ―Sí, por dioos, siii

    ―¿Así? ―Dijo mientras introdujo un poco la cabeza de aquella monumental polla.

    ―Hijo de puta, me vas a matar…

    ―¿Te gusta?

    ―Diosss, qué gorda la tienes…

    ―Lo sé…

    ―Por dios, métemela ya… párteme en dos, por favor,,,

    ―Primero quiero que me jures que te tendré a mi disposición siempre que quiera follarte…

    ―Eso es imposible, sabes que no nos volveremos a ver…

    ―Eso no lo sabes…

    ―Vale, lo juro, estaré a tu disposición, haré lo que tú quieras cuando quieras…

    A todo esto Ángel no paraba de jugar con su polla, sacándola y metiéndola sólo unos milímetros…

    ―Bien… me gusta saber que serás una buena puta. ―Dijo mientras se colocaba un preservativo…

    Y en ese momento me la clavó hasta el fondo. Pensé que me iba a desmayar… aquella polla era más grande de lo que podía imaginar, pero estaba tan húmeda que entró como si tal cosa… Me penetraba como si lo hubiese hecho toda la vida, como si realmente mi cuerpo hubiera estado esperando aquello siempre. Me sentía a punto de explotar.

    ―Diosss, diosss, hijo de puta, cómo me follaaas joder…

    ―¿Te gusta así?

    ―Diooos, me vas a matar…

    ―Me gusta ver cómo te entregas… eres una puta, lo sabes, ¿Verdad?

    ―Sí, soy tu puta, soy toda tuya…

    Siguió metiéndomela un buen rato, aunque no podría calcular cuanto fue… lo único que recuero es que tuve como 3 orgasmos más, y ese tío como si nada; a veces paraba, para volvérmela a meter hasta el fondo…

    ―Date la vuelta y ponte a cuatro patas…

    ―¿Qué?

    ―Ya me has oído…

    ―Vale –contesté con la respiración entrecortada y jadeando. La verdad es que no sabía que iba a pasar a continuación, pero me di la vuelta.

    ―Ahora voy a follarte como te mereces…

    ―Haz lo que quieras conmigo…

    Creo que en mi vida me había entregado tanto al sexo.

    Pensé que me la iba a meter por el culo, cosa que con mi novio hacía pocas veces y no era especialmente de mi agrado, pero que en esos momentos estaba tan cachonda y estaba tan al servicio de los deseos de Ángel que nada me hubiese importado, pero me equivoqué. Sólo oí el sonido que hace el preservativo cuando te lo quitas…

    ―¿Qué haces?

    ―Te la voy a meter a pelo

    ―No por favor… es arriesgado

    ―Me da igual… quiero estar dentro de ti sin nada que nos separe. Quiero sentirte al cien por cien.

    ―Eres un hijo de puta…

    ―Shhh… ahora sólo disfruta ―Dijo mientras me la metió suavemente, como si acompañara con el movimiento sus palabras…

    ―Ohhh, dioss….

    ―¿Te gusta así, verdad?

    ―Síii

    ―Bien…

    ―Ah, ahhh, diosss

    ―Siii, eres una pedazo de puta Adri… quiero correrme dentro de ti…

    ―Sí por dios, córrete, no pares, no pares… ahí, dale, dale, me voy a correr… me voy a correr cabrón… Diooos, me corro, me corrooo, siii

    ―Síii, joderrr

    Me tenía agarrada del pelo, empotrada contra la cama sólo con la cabeza levantada. Me estaba volviendo loca. Sabía que follar sin condón era una locura, aunque tomase la píldora, pero la verdad es que notarlo tan dentro de mí y tan fuerte hizo que mi excitación se desbocase. Me encantó sentir como se derramaba dentro de mí, cómo se corría mientras gemía como un animal herido. Sin duda alguna ha sido el mejor polvo que he tenido nunca…

    Ya ha pasado casi un año desde aquello. Yo sigo con mi novio. Decidí que era mejor no contarle nada para no molestarlo, al fin y al cabo aquello sólo había sido físico, y a mi novio lo quería de verdad. De hecho, hasta nuestra relación ha mejorado en este tiempo.

    Sin embargo, el otro día, mientras paseábamos mi novio y yo como dos tortolitos, cogiditos de la mano, vi a Ángel de lejos… aun sabiendo que vivíamos en la misma ciudad, nunca pensé encontrármelo. Lo peor de todo es que el tío vino directo a nosotros. En ese momento mi corazón iba a mil por hora. Se plantó delante de nosotros, y cuando yo estaba dispuesta a soltarlo todo para salvar un poco del honor y de la confianza de mi novio, va Ángel y pregunta:

    ―Oye, perdón, ¿me podrías decir donde está la calle Santa Marcelita?

    ―Sí, mira… en la siguiente esquina…

    Cuando Santi se dio la vuelta para empezar con las indicaciones, el hijo de puta de Ángel me sobó una teta… como hiciera aquella vez en el aeropuerto… casi en ese momento mi novio se dio la vuelta para comprobar que le quedaba clara la indicación…

    ―OK, muy amable… gracias.

    ―De nada.

    Yo no podía creer lo que había pasado. Al despedirse, Ángel me guiñó el ojo, cosa que mi novio claramente podría haber visto, pero dudo que lo pillara. En ese momento sonreí, recordando la promesa que Ángel me había hecho hacerle… y me di cuenta en ese momento de que jamás la rompería.

    ―¿Por qué te ríes? –me preguntó él.

    ―Nada, que me parece a mí que eres muy amable…

    ―Claro, qué pensabas ―dijo Santi mientras volvía agarrar mi mano para continuar el paseo…

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  • Enseñando a mi jefa

    Enseñando a mi jefa

    Hola, mi nombre es Javier, estoy divorciado, tengo 40 años y trabajo como director del departamento informático de una pequeña fábrica situada en el cinturón industrial de Madrid.

    En la empresa, trabajamos unas cincuenta personas, siendo los dueños, es decir, mis jefes, un joven matrimonio. Ella se llama Laura y tiene 35, y Carlos, su marido, 38,

    Debido a la cercanía de mi puesto a la dirección general, tengo un trato un poco más allegado hacia los propietarios que el resto de los empleados. Eso implica que solemos comer juntos, tomar café con frecuencia, y alguna cerveza al terminar la jornada en el bar del polígono industrial.

    Un día, Carlos me comentó que había comprado un ordenador para Laura, y que ella no sabía la forma de ponerlo en marcha, instalarle los programas básicos para su funcionamiento, y conectarlo a internet.

    Le comenté a Laura lo que me había dicho Carlos y me presté amablemente a hacerlo cualquier día después de la salida del trabajo, o algún fin de semana que no fuese demasiado molesto para ellos. A ella le pareció un idea genial, me dijo, se lo comento a Carlos, y te digo algo para que vengas a casa este sábado.

    Al día siguiente en el desayuno, estaban los dos y volvió a salir el tema de su nuevo ordenador. Les pregunté, ¿quieres que vaya este sábado y lo dejamos funcionando?

    Ella me contestó, no podrá ser este fin de semana, Carlos se va de caza con unos amigos hasta el domingo. Enseguida entró éste en la conversación y dijo: No importa que yo no esté, a mí no me necesitáis para nada. Acércate el sábado y se lo dejas funcionando, me dijo. Así tendrá entretenimiento para el fin de semana.

    La verdad es que me sorprendió que no le importara que fuese a su casa sin estar él, y sobre todo, sabiendo que no volvería hasta el domingo. No se trata de ser o no celoso, sino del hecho de meter a otro hombre en tu casa cuando tú no estás.

    No obstante, ese no era mi problema. Yo sólo quería quedar bien ante mis jefes.

    Laura era más bien baja, en torno a 1,60. Mentiría si dijera que es guapa, aunque si la definiría como atractiva. Su pelo rubio, media melena rizada. Su constitución era fuerte, tetas grandes, aunque si tuviera que decir de dónde le sobraban tres o cuatro kilos, no podría definir de donde quitárselos. Lo que más me gustaba de ella era su estilo, siempre con los últimos modelitos de firmas importantes, maquillajes caros, y sobre todo el glamour personal, que le hacía ser una mujer única.

    Si soy sincero, creo que jamás vi a mi jefa como una futura presa. Algo raro en mi, que cuando me cruzo con una mujer apetecible, suelo plantearme si tengo posibilidades de llevármela a la cama.

    Por fin llegó el sábado. Habíamos quedado a las 10 de la mañana para evitarnos madrugones y que nos diera tiempo a realizar todo el trabajo.

    Llegué a su casa, y estaba realmente preciosa ese día. Llevaba una bata rosa con un tacto muy suave, bastante larga, aunque cerrada sólo hasta la altura de los muslos, lo que permitía verlos cuando caminaba.

    Todo era muy sencillo. Instalé internet, sin ningún problema, y enseguida le bajé de la red todos los programas necesarios para poder trabajar en casa.

    A las 12 de la mañana, todo funcionaba correctamente. No hubo el más mínimo problema en la instalación.

    Una vez que habíamos terminado, me ofreció tomar un café, a lo cual acepté inmediatamente.

    Comenzamos a hablar de forma distendida, y me pidió que le hiciera una confesión personal.

    –Dime Javier, tú eres divorciado y un experto en informática, ¿has conocido alguna chica a través del ordenador?

    Me eché a reír, y asentí con la cabeza.

    –Es algo frecuente. Si, he conocido a bastantes chicas por aquí.

    –Pero dime, ¿has tenido sexo con ellas?

    Volví a sonreír, esta vez casi se escapaban mis carcajadas.

    –Si claro. Cuando dos personas de nuestra edad tienen una cita, es normal que terminen en la cama.

    Ella se sorprendió mucho.

    –He oído eso que me cuentas, incluso de personas que han dejado a sus parejas por este medio.

    –Si, es cierto, yo también conozco casos.

    En esos momentos, empecé a notar, que estaba muy interesada en el sexo.

    –¿Tú sabes que existe la posibilidad de tener sexo virtual?, –le pregunté.

    –¿Sexo virtual? ¿qué es eso?

    –Pues es sencillo, es como hacer el amor pero sin hacerlo, con otra persona que te cuenta en primera persona la situación.

    –Explícamelo, por favor.

    En esos momento pensé que me había metido en un jardín del que me iba a resultar difícil salir.

    –No es ético hacer sexo virtual con la jefa, y menos en directo, estando juntos ahora.

    –Javier, no me vas a decir que te excito, ¿verdad? Esto es sólo un juego, nada más. Quiero que me enseñes.

    No se lo dije, pero la verdad es que mi excitación, por el morbo de la situación, iba en aumento. Por un lado, quería salir corriendo, pero por otro, no quería perderme nada de lo que iba a venir a continuación.

    –Bien, pues empecemos. Imagina que estamos escribiendo, nos hemos conocido virtualmente y en esos momentos yo te digo… Te acaricio el pelo, te agarro con cariño las mejillas y te beso, metiendo lentamente mi lengua en tu boca. Ves, así comenzaríamos, y luego tú, irías escribiendo lo que tú harías.

    En esos momentos, agarró mi cara y me besó.

    –¿Es así?

    Esto no era virtual, no era hablado, era real. Me había besado, había metido su lengua en mi boca.

    Me quedé helado, no sabía qué hacer.

    –Esto no es virtual, esto es real.

    –Pero es mejor, ¿no? ¿No prefieres que meta mi lengua en tu boca en lugar que te diga, meto mi lengua en tu boca? ¿No es mejor conducir un gran coche que imaginar que conduces un gran coche?

    Realmente me dejó sin argumentos. Estaba desconcertado. Mi reacción fue volver a besarla, para ver si seguía respondiendo, y efectivamente. Esta vez a la vez que me besaba, me agarraba fuertemente apretándome con sus pechos.

    Me aparté un poco y comencé a tocar su teta derecha, después la izquierda, mientras mi boca iba bajando por su cuello. No llevaba sujetador, y comenzaban a marcarse los pezones sobre la ropa, fruto de su excitación.

    Comencé a desabrocharle la bata, momento en el que ella me mandó parar para dirigirnos al dormitorio.

    Me llevó de la mano a la cama. Su casa era enorme, y su lecho también. Se quedó sentada mientras a mi me tumbó y comenzó a desabrocharme la camisa.

    No podía dar crédito. Iba a tirarme a mi jefa, era impresionante. Esta son las historias que nos gusta contar a los hombres.

    Metí la mano por debajo de la bata, y llegué hasta sus bragas. Eran muy suaves y finas, con rejillas. Comencé a pasar mis dedos por encima de ellas, hasta que al poco tiempo noté que estaban húmedas. Su coñito estaba totalmente rasurado, con un pequeño mostacho en la parte de arriba. Tiraba de ellas hacia arriba, lo que hacía que la fina tela se metiera dentro de su rajita. Yo la movía lentamente, de tal manera que tuviera el mayor roce posible con su clítoris. Ella abría sus piernas todo lo que podía para poder sentir todo el esplendor sobre su clítoris.

    Su bata estaba medio desabrochada, sólo por la parte de abajo, por lo que decidí ver sus inmensa tetas. Así lo hice, la desabotoné completamente. Era una maravilla. Me habría encantado hacerle una foto en esos momentos. Con las piernas abiertas, con la bata totalmente destapada, sus pechos al descubierto, y la braguita metida entre medias de las piernas. La imagen era increíble.

    Seguí jugando un poco con su braguita, hasta que noté que se corrió. Ella se sintió relajada, y con la cabeza recostada, totalmente inerte por su orgasmo, aproveché a quitarle las bragas. Colaboró ligeramente.

    Volví de nuevo a besarla, le besaba las tetas, y de nuevo subía su excitación. Comencé a acariciarle su clítoris. Ella se levantó, y puso su cabeza encima de mis rodillas. Al momento, comenzó a chupármela. Lo hacía de una forma entrecortada, no era una experta. Le agarré la mejilla con cariño y le dije, mira cielo, abre la boca y yo te voy guiando con mi mano. Así lo hice. Mi empalme subía por momentos. Era realmente fabuloso lo que sentía. La solté y le advertí que me correría, no obstante, ella siguió y todo mi semen llenó su boca.

    –¿Sabes? –Me dijo–. Con Carlos no puedo hacer estas cosas. A él sólo le interesa follar, no quiere saber nada de juegos, por eso quiero aprender cosas nuevas.

    –Follar también es genial.

    En esos momentos empecé a besarla para volver de nuevo a excitarme y que mi polla se pusiera dura. La puse a cuatro patas primero y después la hice quedarse de rodillas, con las manos levantadas. Yo le acariciaba las tetas mientras ella notaba por detrás como iba aumentando de tamaño mi pene. Le besaba la espalda, el cuello y con las dos manos, le sobaba las tetas.

    Cuando la tuve suficientemente dura, la puse de nuevo a cuatro patas, con las manos palpé su sexo, hasta que encontré su vagina. Noté que seguía bastante mojada, por lo que dirigí mi polla hacia su orificio.

    Le agarré las nalgas y comencé a bombearla. Era realmente sensual la situación. Ella comenzaba a gritar y mientras recibía mis acometidas, veía como mordía la almohada fruto de su excitación. De vez en cuando, pasaba la mano por debajo, y le tocaba su clítoris, que estaba empapado, esto le hacía gritar más aún. Otras veces, subía hacia sus tetas, cuyos pezones parecían diamantes, por su dureza. Sus movimientos eran constantes y los míos también. A los pocos minutos, volví a correrme.

    Ella se derrumbó encima de la cama, y yo sobre ella. Estábamos agotados.

    Era ya más de mediodía. Le dije que me iría a casa, a lo que ella asintió sin decir nada.

    El lunes, volví a la fábrica. Nada más entrar, Carlos me dijo, vaya trabajito que le has hecho a mi mujer, está encantada con su ordenador. Realmente, el trabajito había sido más completo de lo que Carlos pensaba.

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  • Mi hermano y yo le dimos por el culo a mi esposa

    Mi hermano y yo le dimos por el culo a mi esposa

    Mi esposa y yo hemos estado juntos ya varias veces teniendo sexo con mi hermano. Esta relación ha dado lugar a mucha actividad para mi esposa y para mí y por supuesto de mucha comunicación como pareja, nos hemos abierto de una forma no imaginada.

    Pero volviendo al tema de las relaciones de nosotros dos con mi hermano Juan, estas se han incrementado en los últimos cuatro meses y las hemos alternado con las de nuestro compadre Antonio, llegando a tener casi cada quince días un encuentro con alguno de ellos. La más reciente con mi hermano, tuvo lugar en nuestra casa una noche que sin más ni más llegó Juan a visitarnos inesperadamente. Dijo que pasó por ahí y quiso llegar a saludarnos.

    La realidad era que había discutido con su esposa y no quería volver temprano a su casa. Del saludo pasamos a tomar unos tragos y de ahí, al cachondeo con mi esposa, en seguida pasamos a la recamara que ya para entonces habíamos decorado con dos espejos grandes, uno vertical en la puerta de un guardarropa y otro grande horizontal en la pared a un lado de la cama, Linda y yo ya los habíamos probado y las vistas eran fenomenales. Juan se sorprendió por la nueva decoración y lo que dijo fue “se la bañaron”, sin que eso llegara a ser algo que inhibiera a ninguno de los tres.

    Ya en la recamara y sin más preámbulos, Linda comenzó la labor que se notaba que le encantaba, mamar la verga de mi hermano primero para que yo observara mientras me masturbaba para luego unirme a ellos. Después de mamarlo un rato, mi esposa se acostó de espaldas y mi hermano se acomodó encima de ella y sin más, comenzó a penetrarla como si anduviera urgido, yo me acerqué por los pies de la cama para observar de cerca cuando la gruesa verga de mi hermano desaparecía entre los labios de la panochita de mi esposa.

    Mi excitación era tal que me acerqué para besar lo que se podía de la panochita. Las bolas de mi hermano me quedaban en mi frente, aquella fue una sensación jamás experimentada, noté que mi respiración se aceleró, así como los latidos de mi corazón, coloqué mi mano libre en las nalgas de mi hermano y las comencé a acariciar notando que después de un momento, Juan le sacaba a mi esposa, casi por completo la verga y paraba sus nalgas como dando lugar al toqueteo de mi mano.

    Decidí acariciar su ano para ver su reacción y ésta fue de aceptación ya que él prolongaba el tiempo que sus nalgas estaban paradas y separadas, luego mojé mi dedo con los jugos de mi verga y lo apliqué en el culo de mi hermano sin encontrar rechazo alguno, introduje un poco el dedo medio volviendo a mojarlo con el líquido lubricante de mi verga. Estaba yo tan caliente observando a mi hermano cogerse a mi esposa y al mismo tiempo, haciendo algo nuevo, metiendo un dedo en el culo de mi hermano.

    Por algunos momentos pensé que Juan rechazaría mis avances, pero no fue así, mi esposa comenzó a gemir anunciando su orgasmo y Juan comenzó a apretarme mi dedo con el ano, como si lo fuera a cercenar, al fin sentí cuando mi hermano pegaba su pelvis con la de mi esposa llenando de leche la panochita de mi caliente Linda.

    Después de un momento, se retiró mi hermano de encima de Linda y me sonreía con picardía. Linda me invitó a mamarle su panochita inundada de semen y así lo hice, acomodándome en posición de sesenta y nueve, yo encima de ella.

    En esa posición, Juan aprovechó para acariciar mis nalgas y hacerme lo mismo que yo le había hecho, pero también sentí la mano de linda que, después de acariciar mis bolas, junto con mi hermano me acariciaba el ano, esa sensación era nueva para mí, pero siempre me había llamado la atención, ya que yo si había visto películas de muchachos haciéndolo, tanto que algunas veces yo traté de introducirme una salchicha en mi culo, logrando hacerlo solo muy poco, calentándome excesivamente ya que eyaculaba casi de inmediato.

    En esta ocasión, me sucedió lo mismo, por un lado, estaba saboreando la esperma y por otro sentía los dedos de ellos tratando de entrar en mi culito, desde mi posición, yo también acaricié el culito de Linda pero ya no aguanté mucho y exploté en la boca de mi esposa con un dedo de mi hermano metido en mi culo.

    Cuando estuvimos algo tranquilos, los comentarios no se hicieron esperar, Linda nos dijo “que calladito se lo tenían, les gusta que les acaricien las nalgas, lo pude ver todo por el espejo”. Yo solo sonreí mientras mi hermano preguntó a linda, ¿no te han cogido por el culito? Linda contestó que nunca y yo expresé que hacía un tiempo lo intentamos, pero que a Linda le dolió mucho y ya no seguimos. Juan dijo que él nos iba a enseñar a hacerlo y que nos iba a gustar mucho.

    Pregunté que si a él ya se lo habían cogido y me contestó “Bueno, pues hubo un año que Tomas -nuestro primo- y yo, estuvimos juntos estudiando en otra ciudad, Tomas estaba en preparatoria y yo en profesional, nos rentaron un departamentito y allí vivimos juntos. Luego él y el resto de su familia se cambió a Chihuahua. Mientras seguimos platicando y tomando algunos tragos, Juan siguió con su confesión.

    En ese año Tomas y yo llegamos a tener relaciones sexuales, él me cogía y yo a él también, hicimos de todo y aprendí algunas cosillas. Seguimos platicando al borde de la cama y la excitación se apoderó de nosotros nuevamente, Linda de pie y nosotros sentados, comenzamos a besar y acariciar a Linda entre los dos, con marcada inclinación hacia sus nalgas mientras Linda comentaba que le gustaría conocer al primo Tomas y preguntó, ¿Qué tal verga tiene?

    Juan comenzó a besar sus nalgas poniendo especial cuidado en ensalivarle su culito abriendo sus nalgas con los pulgares y le pidió que se acostara de lado doblando sus rodillas para dejar acceso libre a su ano, diciendo, “no te ilusiones, que no te vamos a compartir con Tomas, ¿verdad que no, Héctor?” yo estaba muy atento a lo que Juan quería hacerle a mi esposa y no perdía detalle, comenzó a introducir un dedo luego dos y hasta tres, mi Linda se notaba excitada pero nerviosa.

    Mi hermano le pidió que se empinara sobre la cama, y pudimos ver su hermoso culo expuesto, él siguió metiendo sus dedos y luego yo también lo hice sin dejar de ensalivarlos, para entonces, las vergas de ambos estaban expulsando el líquido lubricante cristalino, que utilizamos en ablandar el ano de mi esposa. Yo nunca imaginé estar junto a mi hermano, metiéndole los dedos en el culito a mi esposa, y menos estarla preparando para desflorarle su agujerito, nos estaba entregando su virginidad del culito, y creo que no le importaba quien la fuera a penetrar primero, si mi hermano o yo.

    Observando la verga de mi hermano y la mía, yo pensaba que sería mejor la mía primero para no lastimar a mi esposa, ya que la de Juan era mas gruesa y pensé que ella no se la iba a aguantar, tomé con mi mano la verga de mi hermano, mojé mis dedos y froté el culito de mi esposa, luego la mía y se lo lubriqué aún más, mi hermano se masturbaba lentamente como preparándose para clavar a mi esposa

    Finalmente, Juan me indicó que ya era tiempo para coger a mi esposa, pero me cedió el primer lugar a mí haciéndose a un lado, me acomodé en posición para penetrar recorriendo con la punta de la verga el canal entre las nalgas llenando de líquido su culito, me detuve en el ano y comencé a empujar suave, pero firme, entró la cabeza de mi verga, sentí el calor y la presión de su culito, “suave”, decía Juan mientras se masturbaba lentamente, “detente ahí un poco”, agregó mi hermano, mientras Linda gemía y estaba inmóvil.

    Continué avanzando y mi cuerpo todo temblaba, al entrar la primera parte del cuerpo de mi verga, Linda se quejó de algo de dolor y me detuve, esperé unos segundos y continué avanzando poco a poco, retrocedí y avancé cada vez más, mi esposa comenzó a moverse un poco como pidiendo un poco más, ignorando el dolor, así avancé casi hasta clavarle la verga por completo, luego el mete y saca cada vez mas rápido y hasta las bolas, mientras mi hermano acariciaba las nalgas de mi esposa y las mías al mismo tiempo, aceleré el ritmo mientras mi hermano comenzó a acariciar el clítoris de mi esposa para provocarle un orgasmo, me aferré a las caderas de Linda con mi verga hasta el fondo y así descargué chorros de leche en su interior.

    Me sentí feliz viendo a mi esposa con su culito sabroso perforado por mí y satisfecha por la cogida tal como nos había dicho Juan. Mi hermano tomó mi lugar y la penetró casi de un golpe, haciendo casi gritar a mi esposa ya que su verga gruesa había desaparecido por completo en su culito, se la sacó por completo, dejando ver su ano totalmente abierto con residuos de la leche de mi descarga, para luego, antes de que se volviera a cerrar, metérsela toda otra vez repitiéndolo varias veces y diciendo, “esto es rico, muy rico, mira su culito como se abre”.

    Yo me acerqué a la cara de mi esposa y la besé, le indiqué que mirara por el espejo para que viera como se la cogía mi hermano, le acaricié su panochita toda mojada y froté su clítoris para provocar su orgasmo sin conseguirlo de esa manera, luego me metí debajo de ella con mi cara hacia su panochita y la mamé mientras veía como la verga de mi hermano desaparecía entre sus nalgas y ella empujaba hacia atrás para una penetración total. Con mi mamada, ella terminó escandalosamente, mientras Juan descargaba su leche en su culito desflorado.

    Descansamos unos momentos recostados en la cama y Linda nos dijo que quería acción entre mi hermano y yo, mientras ella nos observaba ya que nunca había visto nada entre hombres.

    Mi hermano y yo nos miramos y como andábamos un poco tomados, solo pudimos sonreír y encogiendo los hombros nos acercamos uno al otro. Juan, tal vez por ser el mayor, (seis años más que yo) me tomó de los hombros y presionó hacia abajo. Ya sabía lo que quería y me sometí, quería que le mamara la verga y yo me arrodillé delante de él. Tenía frente a mí la verga que tanto había admirado, que había visto dentro de mi esposa y ahora la iba a mamar.

    Linda nos observaba, yo la miré y ella me dijo “ándale, hazlo, no pasa nada” y yo, obediente, tomé la verga de mi hermano y la besé, me introduje la cabeza y al verla desde allí, me pareció mas grande de lo que la había visto anteriormente, comencé a mamarla con mucha excitación, cada vez me la introducía más y más, la sentí llegar a mi garganta mientras mi hermano, me tenía agarrado de mi cabeza, la saqué y la vi mientras descansaba y respiraba un poco para luego, con ansia, volver a metérmela hasta las bolas.

    Linda se arrodilló a mi lado y me besaba ardientemente y también aprovechaba para besar las piernas y el vientre de mi hermano, saqué la verga de mi boca para articular mis mandíbulas y Linda aprovechó para seguir mamándola momentáneamente, mi hermano nos dirigió las cabezas de ambos alternando su vergota en nuestras bocas hasta que con muchos gemidos, nos descargó su leche en los labios, yo mamé un poco, luego se la pasé a mi esposa y así, alternando, le exprimimos la verga a mi hermano sin dejarle una gota de semen.

    Mi esposa y yo nos besamos intercambiando la leche de mi hermano y luego nos pusimos de pie para besarnos con mi él. Era la primera vez que yo besaba a otro hombre en la boca, los tres nos besábamos y sentíamos el sabor de su leche en nuestros labios, así estuvimos unos momentos, abrazados, desnudos, besándonos y acariciándonos, mi verga seguía parada, le indiqué a Juan y a Linda, que a mi me faltaba y entre los dos, mi esposa y mi hermano, me empezaron a masturbar.

    Luego me acosté boca arriba en la cama y ellos cada uno a cada lado me besaban la verga y las bolas recorriendo con sus labios desde la base hasta llegar a la punta y ahí, se besaban, así lo hicieron por unos momentos, mientras con la mano libre mi esposa acariciaba la verga de mi hermano y el acariciaba su panochita metiéndole los dedos en la vagina, Juan me mamaba tan sabroso, que casi me hacía terminar, luego me soltaba y dejaba a mi esposa hasta que al fin, expulsé toda mi leche en la boca de mi hermano quien se la tragó totalmente.

    Esa noche terminamos exhaustos, pero con la promesa a mi esposa de que la próxima vez, nos vería hacer un sesenta y nueve a nosotros y tal vez nos cogeríamos, pero con la condición de que ella se prestaría para el “sándwich” ya que nos gustaría verla con las dos vergas clavadas al mismo tiempo, lo más difícil, que era penetrarla por primera vez por el culito, ya lo habíamos hecho, solo faltaba penetrarla los dos al mismo tiempo.

    La espera de la siguiente ocasión fue de mucha excitación para Linda y yo, me la cogí muchas veces por su culito y comprobé que le gustaba. Cuando le pregunté que, al pensar en una verga, cual de las que conocía se le venía a su mente, dijo; “la de Antonio”, al preguntarle el porqué, contestó; “por morena, gruesa y cabezona, tal vez porque me la ha metido menos veces”, le dije; “se la aguantarías en el culito”, “después de estas dos, aguanto cualquiera”, respondió. No cabe duda que hemos despertado su sexualidad, y en que forma, casi estoy seguro, que yo solo, no podría complacerla al cien por ciento.

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  • Gracias abuelo (1 de 2)

    Gracias abuelo (1 de 2)

    Mi abuelo es campesino y pícaro, lo que se dice “un viejito verde”, que me enseñó a manejar el tractor sentada encima de él para conducirlo; allí él aprovechaba para acariciarme las piernas y hasta a veces lo hacía con mis senos. Nunca le dije nada porque en el fondo eso también me gustaba, hasta me ponía un short corto para sentir sus caricias directamente sobre mi piel. Pero, aparte de esos toqueteos o de algunas otras caricias como al descuido, nunca había osado ir más lejos. Esos recuerdos me perseguían y excitaban, fue hasta que un día decidí que sería yo quien lo empujaría para ir más allá de sus manoseos.

    Mamá preparó todas las cosas y nos fuimos a pasar el primer día del año al campo como era nuestra costumbre y, cuando íbamos en el auto por la ruta, yo iba leyendo un relato de incesto que me excitaba bastante. En realidad, lo que más me excitaba era lo que yo misma me había propuesto y que me venía imaginando desde hacía un tiempo atrás. Yo deseaba llegar rápido al campo para ver a mi abuelo.

    Mi abuelo era cariñoso, pero debo reconocerlo que es un campesino brusco, hosco y bruto, medio flaco, alto y sus manos enormes parecían tenazas, que cuando tendía la mano te las estrujaba y te dejaba silbando de dolor. Recuerdo cuando entramos al campo, yo ya estaba exaltada, invadida por la lujuria de mis pensamientos, ansiosa y totalmente excitada.

    Mi mamá estacionó nuestro auto debajo del árbol y al primero que vimos aparecer fue al abuelo que sonreía de vernos llegar. Después aparecieron mi tío y mi tía. Bajé del auto contenta y abracé con fuerza a mi abuelo que no veía desde hacía dos años, porque yo me había instalado en España. El respondió ese abrazo pegándome contra su cuerpo y me cerró tan fuerte que casi me rompió las costillas. Pero era esa brusquedad que tanto extrañaba y me excitaba.

    Yo me había propuesto seducirlo desde el primer minuto y así comencé a hacerlo. Nos quedamos todos parados en la puerta de la casa y mi abuelo dijo que estaba muy linda, y todos estuvieron de acuerdo que mis 27 años me venían muy bien, inclusive mi madre asintió con una sonrisa. Enseguida preparamos la mesa para el almuerzo porque ya era mediodía pasado.

    Mi abuelo se comportaba como siempre, me miraba con deseos y yo aproveché eso para acercarme muchas veces a él en forma de abrazos, de palmadas en la espalda y hasta usé una sonrisa seductora que lo desconcertaba un poco, y como siempre me senté a su lado. Yo pensaba en ese juego que me había propuesto con él y mis ansias aumentaban. Mi deseo sexual crecía a cada minuto, con solo imaginarme que iba a provocarlo hasta que él me deseara desesperadamente; entonces apoyaba mi pierna contras la suya, otras veces lo abrazaba refregando mis senos contra su cuerpo.

    Cuando terminamos de comer, todos decidieron irse a dormir la siesta, inclusive mi abuelo. Le pedí que si veía que yo dormía mucho y mi mamá ya se había levantado, que fuera a despertarme. El asintió con la cabeza y se fue a su dormitorio. Yo tenía puestos un pantalón blanco con la cintura baja, una remera escotada color turquesa y debajo, una malla de baño de muchos colores. Antes de acostarme me saqué los pantalones y me quedé con la bombacha de la malla de baño y la remera, y así me fui a dormir.

    A las 6 de la tarde él abrió la puerta del dormitorio y me miró desde allí con una sonrisa. Yo me senté en la cama, lo invité a pasar y le hice un lugar al lado mío para que también se sentara. Mi abuelo se sentó casi recostado en la cama y me hizo algunas preguntas, sobre mi viaje a España mientras me miraba las piernas y yo le aclaré que lo que tenía puesto era una malla.

    Él hablaba y me miraba, y yo mostraba mis piernas completamente porque no tenía ninguna sábana que las cubriera. Pero no se animó a tocarme, ni siquiera como lo había hecho muchas veces casi al descuido y cuando dijo “Bueno, vamos a tomar unos mates”, para provocarlo más salté de la cama y delante suyo me puse el pantalón. El parecía un poco sorprendido de mi osadía, pero me miraba con deseos que ya no podía ocultar y yo disfrutaba de eso, quería lograr que él se abalanzara contra mí en cualquier momento, sin poder controlarlo y seguí toda la tarde con ese objetivo.

    Después de tomar mates, traje mis fotos de España para mostrárselas. Yo me ubiqué frente suyo y tirada sobre la mesa, dejándole ver bien mis senos, le iba explicando cada foto. El tiernamente me tocó la cabeza como lo hacen los abuelos y me dijo que estaba contento que no me había olvidado de ellos y de que siga yendo a visitarlos cuando iba de vacaciones a la Argentina.

    Luego fuimos al galpón donde guardaban los tractores y cada vez que me agachaba o me inclinaba él podía ver mis senos y se lo hacía cada cinco minutos. Entonces recordó cuando yo era chica y manejaba el tractor: “Eras un peligro” dijo. Entonces le dije: “Nooo, yo manejaba bien, además fuiste vos el que me enseñó a manejar!, ¿te acordás? yo iba sentada con vos en el asiento. Al final vos no me tenías fe”. Allí él respondió: “Si, como que no, mira ahora, te tomas esos aviones grandísimos y te vas a Europa. ¡Cómo no te voy a tener fe!” y reímos de eso.

    De pronto, señalando mis tetas preguntó si me las había hecho reducir, a lo que le dije que no, que estaban como siempre; luego preguntó si estaba sola, si no tenía algún “candidato”. También respondí que no, que debería estar fea porque nadie me miraba desde que había vuelto de viaje. Entonces le pregunté: “y vos, que sos mi abuelo ¿qué opinas?, ¿no estoy linda?” y él solo atinó a decir : “ojalá yo tuviera 10 como vos” a lo que respondí : “¡Ehh, con una es suficiente!” Después retornamos donde estaba la familia, ya había transcurrido toda la tarde y mi tía y mi madre preparaban la cena.

    Durante todo el día me había sentido excitada y mientras más pensaba en su rudeza, mientras más pensaba en sus antiguos manoseos sobre mi cuerpo, mientras más pensaba en lo prohibido de mis ideas incestuosas, más sentía en mi cuerpo la invasión del deseo y de una lujuria libidinosa, que hasta podría haber llegado a tener un orgasmo solo con mis pensamientos de endogamia.

    Pensé que si no pasaba nada con mi abuelo, me iría al baño a masturbarme, porque ya no lo soportaría. Entonces me levanté de la mesa con la excusa de ver el cielo que estaba todo estrellado. Un minuto más tarde mi abuelo me seguía y yo comencé a caminar hacia el parque comentando lo linda que estaba la noche. El venía a mi costado y le propuse que siguiéramos caminando por el camino que entra al campo.

    Era una noche espléndida, con una luna llena que parecía un farol y que nos permitía ver bien por donde caminábamos. Mi abuelo puso su brazo sobre mi espalda y yo le tomé la mano como para que no me soltara. El habló de lo lindo que sería tener una mujer para llevarla abrazada así, y le respondí que sí, seguramente, pero no una nieta sino una mujer, y también nos reímos de eso.

    Luego le pregunté si le gustaría tener una mujer en su cama y respondió que si, que le gustaría mucho. Así llegamos hasta la tranquera y ahí nos quedamos parados frente a frente. Yo hice otra broma, riéndome le pregunté: ” ¿ y vos te lo aguantarías con tus 75 años?” y él respondió rápido: ” ¡Claro!… Yo estoy de diez” y volvimos a reír de eso.

    De pronto se hizo un silencio entre nosotros, mi abuelo me había tomado de las manos y me miraba fijo a los ojos. Yo pensaba decirle que podía usar mi cuerpo para cumplir su deseo de tocar una mujer, pero no hizo falta. El volvió a hablar del tamaño de mis senos mientras los tocaba sobre mi remera con sus dos manos.

    Esa noche me había vestido de manera de gustarle. Llevaba un bermudas corto que dejaba ver bien mis piernas y una remera con breteles color piel adherida al cuerpo, sin corpiño. La noche estaba fresca y mis pezones se marcaban a través de la remera. Mi abuelo tocó el contorno de mi cintura varias veces con sus manos subiendo y bajando, después tomando los breteles de la remera los dejó caer mientras me preguntaba si hacía toples; le dije que no, pero que en España sí se hacía toples. Entonces preguntó “¿así?” y bajó mi remera dejando mis senos al aire.

    Yo me quedé callada y dejé que mirara y tocara mis senos. El los apretaba con sus manos como quien toma dos pomelos, pero no acariciaba mis pezones como yo hubiera querido. Después me abrazó apoyando mis senos contra su pecho. Me abrazó tomándome por la cintura y allí sentí su sexo erguido y duro apoyado sobre mi pelvis. Yo respondí ese abrazo con una mano tomándolo por la espalda, sintiendo su respiración cerca de mi oído.

    Pero eso no era suficiente para lo que me había imaginado y poder calmar mi excitación porque estaba sedienta de placer, y humedecí mis dedos y yo misma me toqué los pezones dándome pequeños pellizcos. El me preguntó si podía tocarme la vagina y le respondí que si. Enseguida quiso meter su mano por mi pantalón, pero como estaba prendido no podía, entonces yo lo desabroché y él pudo meter su mano para tocar mi cola, un poco mi clítoris y terminó metiendo su dedo en mi vagina con cuidado, casi como un chico que recién tiene su primera relación sexual y está temeroso.

    Mi pantalón y mi bombacha se cayeron al piso, quedando agarrados entre mis pies. Yo estaba desnuda, al aire libre, en el medio del camino, mi remera estaba enrollada en mi estómago y mis senos también al aire. Era una sensación exquisita la que recibía mi cuerpo en esas condiciones y en ese momento.

    El metió su dedo áspero y casi deformado por la artrosis en mi vagina como si estuviera penetrándome, apenas rozando mi clítoris. Mi abuelo dijo que él estaba como virgen porque hacía 40 años que no hacía eso con una mujer y seguía con su mano torpe y desordenadamente hurgando mi vagina. Entonces sacó su sexo del pantalón y dijo: “Mira, mira si no estoy bien todavía, tócalo” y me ofreció su pene para que lo tocara y lo masturbara.

    Allí me sorprendí, porque esperaba encontrar un sexo flojo y dormido, pero me encontré con un sexo joven, erecto, duro, largo y grande, parecía la pija de un hombre joven. Entonces lo masturbé mientras él hacía los movimientos típicos de una penetración. Yo tomé su sexo con toda mi mano y lo sostuve haciendo movimientos de arriba hacia abajo, pero mi abuelo se movía tanto que yo no podía hacerlo bien y eso tampoco terminaba por satisfacerlo.

    Me dio vueltas y me puso de espaldas, apoyando su sexo sobre la raya de mi cola ¡Qué sensación hermosa fue eso!… una especie de cosquilleo sentía por todo el cuerpo produciéndome pequeños espasmos; así tocó un poco mi panza, acarició torpemente mis senos y mi vagina, pero estaba preocupado con su propia excitación y no sabía tocarme. Yo pensé que así no tendría nunca mi orgasmo y le expliqué como tocarme para producirme placer, yo también pretendía disfrutar de ese acto. Él quería abrirme la cola para penetrarme por la vagina, y lo dejé jugar con su sexo entre mis nalgas y me apoyé más contra él.

    Mi abuelo volvió a darme vuelta ubicándome de frente, siempre haciendo movimientos como simulando una penetración, y yo lo masturbaba con mis manos. Después nuevamente me dio vuelta y me pidió que le permitiera penetrarme, él me decía: “Déjame mojarlo un poquito y eyaculo, déjame meterlo un poquito y lo saco”. Entonces me incliné apoyándome sobre la tranquera, levantando mi cola para que pudiera penetrarme.

    Le mostraba mi cola abierta abriendo mis piernas en compás. Mi abuelo desde detrás mío quiso penetrarme, pero no podía hacerlo, su sexo estaba erecto, pero sin consistencia. Yo traté de ayudarlo con mis manos por debajo de mis piernas, también sin éxito. Ante la imposibilidad de que su verga entrara en mi vagina él volvió a meter su dedo bien adentro; luego metió dos dedos juntos y eso me excitó enormemente porque sus dedos eran largos y parecían lijas de ásperos que eran.

    El movía sus dedos entrando y saliendo de mi vagina con fuerza, como si tuviera rabia por no poder penetrarme con su sexo, allí yo friccioné mi clítoris y sentía que mi orgasmo podía venir de un momento a otro. Yo gemía de placer y eso excitaba a mi abuelo, también sentía su respiración agitada. Pero el sacó sus dedos repentinamente de mi vagina y quiso volver a meter su pene sin poder hacerlo de nuevo, entonces abandonó y dijo: “bueno, no importa, por lo menos te toqué un poco”. Sin embargo, yo no quería abandonar y me quedé en esa posición pidiéndole que continuara, entonces él preguntó: “¿eso te excita?” y ya sin recado le respondí que sí.

    En ese momento no me sentía ya su nieta, yo era una mujer sedienta de regocijos que buscaba complacer mis instintos más vehementes. Todo mi cuerpo pedía una penetración del sexo que él no podía darme y con bronca le grité: “¡méteme el dedo en el culo!” y metió su dedo en mi cola con miedo de hacerme mal, por eso le volví a decir ” ¡Todo el dedo, por favor abuelo, todo el dedo!”. Su dedo entró seco en mi ano hurgando el interior de mi vientre, apenas lubricado por mi propia excitación, pero era una sensación deliciosa que yo misma aumentaba tocándome el clítoris, y en esa conjunción de movimientos, yo sentí que podía llegar un orgasmo.

    Yo ya me imaginaba gritando el placer de la amazona que triunfaba delante de su rival macho. Pero mi abuelo no quiso seguir y dijo: “¡bueno, basta!” y sacó su dedo de mi cola. Mi placer de nuevo se volaba y perdía el orgasmo que estaba naciendo desde el interior de mi cuerpo y me quedé con bronca, desilusionada, pero no podía obligar a mi abuelo a seguir tocándome, era la segunda vez que abandonaba.

    Sin embargo, como lo vi todavía excitado me dio pena. Le pregunté si quería que lo ayudara a eyacular y, sin esperar su respuesta, bajé hasta su sexo y lo metí en mi boca para chuparlo, succionando su pene al mismo tiempo que tocaba sus testículos con mi mano izquierda y con la derecha lo masturbaba. Era un pene grande y largo y su glande estaba hinchada, pero a pesar que lo masturbaba y lo chupaba al mismo tiempo, no lograba endurecerse como para permitirle una penetración.

    Continué hacerlo metiéndomelo todo en la boca, con movimientos suaves de adentro hacia afuera, de afuera hacia adentro, hasta que él dijo que ya estaba bien. El agarró su sexo con su mano y se masturbó un poco solo y dijo: “tendría que escupirlo”, le respondí “si” creyendo que hablaba de eyacular, pero él escupió entre sus dedos y tocó su sexo, luego lo metió de nuevo en su pantalón y satisfecho dijo: “me lo guardo para esta noche”, haciendo referencia a que se masturbaría después al acostarse.

    Yo me vestí y él arregló su pantalón. Después le dije que no contara nada a nadie de todo eso, y casi riéndome: agregué “es el favor de una nieta al abuelo” y él dijo: “Siii, nunca en mi vida me voy a olvidar de esto”. Cuando regresábamos a la casa comentó :”Hoy no vas a tener que tomar la pastilla” a lo que le respondí, “pero yo tomo siempre pastillas”. Él se sorprendió : “¡Ah mierda, entonces quiere decir que lo haces a cada rato!”.

    Yo me tenté de la risa y le expliqué “No abuelo, las pastillas se toman siempre, lo hagas o no, es un tratamiento”. Entonces él dijo, “¡No sabía, pensaba que tomabas una el día que lo hacías!”. Después me preguntó qué otras cosas se podían hacer, y le aclaré que yo tampoco sabía tantas cosas.

    Al día siguiente, en el momento que estábamos ya por regresar con mi mamá, me preguntó si volvería al campo antes de irme de viaje y le respondí que no, que tenía mucho por hacer y que no tendría tiempo de volver.

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  • Dominando al hijo de Eva

    Dominando al hijo de Eva

    Hola, soy Isabel, tengo 65 años y soy una ama de casa a la que le encanta divertirse. En realidad, estoy disfrutando de un estilo de vida de tipo matrimonio abierto y cornudo. He vivido toda mi vida para hacer realidad todas mis fantasías sexuales, ya que solo se vive una vez y no tengo intención de perderme nada. Llevo cuarenta años casada con mi marido, pero eso nunca ha sido un obstáculo para disfrutar de todo, incluso, al contrario.

    La historia que voy a contar sucedió hace varias décadas. Los que hayan leído mi anterior relato sabrán que había dominado a Eva una santurrona de buena posesión social y también me lo había hecho con su criada filipina Elena, quien me confesó que el marido de mi amiga pasaba algunas noches a su cuarto para follarla, lo que no he contado en que eso despertó mi curiosidad por el hijo de la pareja, Román, un joven que hacía poco había cumplido los 18 años, Elena al respecto me dijo:

    -No él no me visita, parece que tiene inclinaciones muy espirituales y que quiere ser sacerdote.

    De mis tiempos de interna en un colegio de monjas sabía que lo de las inclinaciones espirituales de muchos religiosos era algo más que cuestionable. Así que me decidí a liberar al chico, pocos días después de mi visita a su casa llamé a Eva, me contestó Elena con una voz muy irónica:

    -Aquí la residencia de los “…” , dígame.

    Le expliqué que era yo y que quería hablar con su señora, ella me respondió:

    -Como tú quieras cariño, espero que no tardes en volver a visitarnos.

    Llamó a Eva y esta se puso al aparato, le dije que había oído que su hijo estaba estudiando para sacerdote, y que una amiga, que ella no conocía iba a organizar una reunión religiosa y que quería que alguien me instruyera, Eva se ofreció a instruirme ella, por supuesto lo rechacé, no sé si eso la mosqueó, pero sabía que no podía oponerse a mis caprichos y aceptó hablar con su hijo, al rato él me llamó, quiero recordar a los más jóvenes que en esa época el teléfono móvil no existía, las conversaciones tenían que hacerse por el fijo.

    Me prometió que esa noche hablaría con él y que al día siguiente me contestaría, acepté y al día siguiente me llamó Eva, su hijo ha aceptado y estaba a su lado para quedar conmigo, conversamos para quedar al día siguiente, durante la conversación tuve la impresión de hallarme frente a un chico tímido, igual lo que le hacía falta era un buen polvazo para soltarse. Quedamos para el día siguiente.

    Me preparé poniéndome un vestido muy escotado con unas medias negras, debajo no llevaba nada.

    A la hora indicada, con absoluta puntualidad llegó él, comenzó a hablarme de cosas de la Biblia, pero yo me di cuenta de que sus ojos se iban hacia mis tetas que en gran parte estaban a su vista, y yo me preocupaba que lo estuvieran más. Le dejé explicarse un poco y cuando decidí pasar al ataque le dije:

    -Oye jovencito, crees que soy tonta, lo dije con un tono que pareciera de enfado, me he dado cuenta de que mientras me hablas de Dios no paras de mirarme las tetas.

    -Lo siento señora, dijo el muy avergonzado, le prometo que intentare que esto no vuelva a pasar.

    -Que hipócrita eres, dije yo, bueno debería de contarle a todo el mundo, ya sabes que conozco a mucha gente de tu parroquia, y a tu propia familia que mientras hablas de Dios eres un pecador y que no debes de entrar en el seminario.

    Él se sentía perdido, en ese momento yo añadí:

    -Pero sabes, quiero ayudarte, si haces lo que yo te diga nadie lo sabrá y te enseñaré maneras de vencer al pecado.

    Por supuesto con mi oferta el vio el cielo abierto, jajaja, y aceptó, aunque lo vería menos cuando con voz autoritaria le dije:

    -Desnúdate.

    Me miró horrorizado. Pero yo con voz muy autoritaria dije:

    -Estoy intentado ayudarte y no quieres, ¿Voy a tener que contarle a todo el mundo lo libidinoso que eres?

    Él, viendo que no tenía otro remedio, se quitó la camisa, debajo llevaba camiseta y luego se bajó los pantalones, llevaba unos calzoncillos propios de un viejo de más de sesenta años, y creyó que con eso me conformaría, pero yo le dije:

    -¿Estás de broma? Si yo te digo que te desnudes, quiere decir que te desnudes.

    Él se quitó la camiseta, tenía un buen pectoral, después con mucha vergüenza se quitó los calzoncillos dejando al descubierto una polla de mediano tamaño, más grande que la de su padre, pero tampoco para participar en un campeonato de tamaños.

    Le ordené sentarse en un sofá del salón, me puse a su lado y mis tetas entraron en contacto con su cabeza él se apartó, yo con un de mis manos cogí su polla y me puse a acariciársela, en ese momento le dije:

    -Así que esta es la parte de tu cuerpo que te lleva a pecar de pensamiento.

    -Si señora, dijo el con mucha timidez.

    Mientras, aunque intentaba acallarlos, los gemidos empezaban a salir por su garganta.

    -¿Te la meneas hasta el final?, le pregunté

    -Alguna vez, dijo él, pero trato de contenerme, aunque no puedo evitar tocarme.

    -Jajaja, dije yo, y ¿En quién piensas mientras lo haces?, ¿En Elena?

    -Alguna vez, y otras en chicas y mujeres de la parroquia, me respondió, mientras sus gemidos, eran más fuertes se estaba rindiendo. Y ahora en usted.

    -¿Y no te gustaría chupar mis tetas?, le pregunté, ten en cuenta que ya estas pecando así que disfrútalo al máximo.

    Mientras mi mano acariciaba su polla, el llevó su boca cerca de mis tetas y comenzó a dármelas besitos en las tetas, yo me saqué una de ellas y le ordené chupármela, mientras con mis manos masturbaba su polla, pero cuando comprendía que se hallaba cerca de correrse paraba, decidí seguir con el interrogatorio:

    -Y dime jovencito pecador, además de mis tetas, ¿Qué otras tetas te gustan?

    Intento no fijarme, me respondió, pero no puedo dejar de fijarme en algunas, en las que más me fijo son en las de Rosario, una amiga de mi madre, van juntas a la parroquia.

    -¿Te la imaginas, con sus tetas al aire y dejante de se las chupes como estás haciendo conmigo?

    -No me contestó, pero en su cara se notaba que la idea, por muy pecaminosa que fuera, le encantaba, jajaja, y tuve que dejar de masturbarle para que no se corriera, le dejé en el sillón sentado, y decidí tomar una medida drástica, llené un cacharro con agua y llevándola al salón se la eché sobre su polla.

    Su polla volvió a ponerse flácida, y era una pena verla así así que me decidí a calentarle de nuevo, así que le pregunté:

    -Bueno jovencito pecador, sigamos con tus pensamientos sobre Elena, alguna vez has soñado que te chupaba la polla.

    A la vez que le decía esto arrimaba mi boca a su polla, el volvió a gemir, aunque de nuevo intentara reprimirlo, mientras yo con mi boca daba placer a su polla, el chico de forma muy pasiva ya aceptaba todo lo que yo le hacía, me di cuenta que, como me había pasado antes con mi marido, tenía un esclavo a mis pies. Se la deje de chupar, por miedo a que se corriera, dime:

    -¿Quieres que te ayude a no pecar?, ¿A evitar tener malos pensamientos tal y como las monjas del internado a que fui me enseñaron a mí?

    Esto era totalmente falso, e incluso fue, al contrario, pero le servía a él para aceptar ante sí mismo a comenzar a andar el camino de sumisión hacia mí.

    -Si por favor, señora Isabel, ayúdeme, dijo el a ser virtuoso.

    Me daban ganas de reír, pero no lo hice y le ordené:

    -Mí reconocerás como tu única guía, y harás todo lo que yo te ordené

    -Si señora Isabel, dijo él

    -Bien vamos a ver hasta donde llegas, quero que como muestra de humildad beses mis pies.

    El agachó su cabeza, sacó su lengua y comenzó a lamer los zapatos que llevaba, tenía su culo en pompa delante de mí y no pude aguantar la tentación, yo que le estaba enseñando el camino hacia la virtud, jajaajaj, así que le ordene dejar de lamer mis zapatos, pero permanecer en posición de cuatro patas, como muestra de humildad, me fui a mi cuarto, busque entre los cinturones de mi marido uno que fuera muy fuerte, y volví al salón, mi perrito, creo que ya podía llamarle así me esperaba a cuatro patas, tal y como le había ordenado.

    -Vuelve a lamerme los zapatos, le ordene.

    Obedeció de una manera sumisa y resignada y cuando se puso a hacerlo, comencé a golpearle con el cinturón en su culo, el gritó, le dije:

    -Esto te ocurre por pecador, por suerte para ti, yo he entado en tu vida.

    -Si mi adorada querida señora, es para mí una suerte que tu estes en mi vida, dijo el.

    Seguí golpeándole el culo con el cinto, hasta que le dije:

    Esto te ocurre por ser un pecador, vamos a conseguir que odies el sexo, para ello te voy a poner algunos ejercicios, túmbate en el suelo,

    Le faltó tiempo para obedecer. Me quité las bragas y le dije:

    -Muy bien, dije yo, ahora tienes ante tus ojos las dos partes del cuerpo de una mujer que llevan a los hombres al pecado, vamos a hacer un ejercicio para que lo aborrezcas.

    Me puse de rodillas encima de su cabeza, mi coño quedó al alcance de su boca y le ordené:

    -Para que veas lo asqueroso que es, vas a comerme el coño ahora mismo.

    Él abrió su boca y metió su lengua dentro de mi coño y comenzó a moverlo de una forma torpe, pero la verdad es que sentirme la dueña de la situación me estaba poniendo muy caliente y tener un jovencito torpe comiéndome el coño, completamente dominado, me excitaba aún más, me hizo tener un orgasmo, yo me hice la enfadada y le dije:

    -¿Ves lo que me pasa, por intentar ayudar pecador libidinoso como tú? Has hecho que pequé, Te mereces un castigo,

    -Por favor, mi distinguida señora, dijo él, no me pegué de nuevo, comprendo que soy un horrible pecador.

    -Ni hablar jovencito, ponte a cuatro patas.

    Cuando lo hizo me di cuenta de que su polla esta dura, al muy cerdo lo que estábamos haciendo le excitaba, mis teorías sobre la supuesta espiritualidad del jovencito eran ciertas, lo que era en realidad el chico era un vicioso reprimido, llevé uno de mis pies hasta su polla y se lo aprete con mi zapato de tacón y le dije:

    -Dime ¿Qué significa esto?

    Él al darse cuenta de que le había pillado, se sintió avergonzado, o quizá fuera el pensar que iba a ser castigado, el caso es que con voz temblorosa dijo:

    -Lo siento mi señora, soy un horrible pecador, pero prometo que esto no volverá a pasar.

    -Palabras, muchas palabras, pero sigues siendo un vicioso, un perro vicioso, y como tal vas a padecer por tus pecados

    Le até el cinturón al cuello y le pregunté, dime perro en casa, quien saca a pasear a tu hermano canido, el comprendió, que me estaba refiriendo al perro de la casa. Él tembloroso me respondió:

    -Normalmente lo hace Elena, la criada filipina.

    -Pues a partir de hoy lo harás tú, en señal de humildad.

    -Como tu ordenes mi amada guía respondió él.

    Quería hacerle un regalo a Elena y así a quitaba una tarea a realizar, decidí hacerle asumir su condición de perro y con el cinturón de mi marido sobre su cuello le hice pasear por toda la casa, cuando me apetecía tiraba de la correa, apretándole el cuello, para que fuera más despacio y cuando quería que fuera más deprisa le daba un patadón en el culo, al rato le dije:

    -¿Has comprendido lo horrible que es el pecado?

    -Si mi maravillosa maestra, respondió él.

    Cuando me cansé de pasear le dije:

    -Bueno de momento ya has tenido bastante castigo, pero si vuelves a pecar te lo volveré a aplicar, es necesario que tu instrumento de mear no sea una fuente de pecado. Y para que, a ver si esta vez de verdad comprendes lo horribles que son los pecados de la carne, quiero que me lamas el culo, piensa que por ahí salen los peores excrementos humanos, ese es un sitio que debería de darnos asco, y sin embargo a las mentes libidinosas les da placer.

    Me tumbé en el sofá, boca abajo, el estaba de rodillas en el suelo, llevó su lengua a mi trasero, siempre me ha gustado tenerlo limpio porque nunca se sabe si va a tener una que enseñarlo y dejárselo tocar, pero con el chico quería que tuviera la impresión de hallarse ante algo sucio y asqueroso, me di cuenta de que eso le excitaba y cuando introdujo su lengua en el interior de mi culo, la verdad es que sentir su lengua en el interior de mi agujero trasero me calentó de una manera especial y por la forma en que me lo lamia me parecía que su polla debía de estar muy dura, aunque el trataba de que no la viera para evitar volver a ser castigado.

    En ese momento se me volvió a ocurrir otra de mis ideas y le dije:

    -Oye pecador ¿No estarás otra vez excitado?, ponte de pie.

    Él puso muchas objeciones a mi orden, pero insistí y cuando se levantó vi que, nuevamente su polla estaba durísima. La verdad es que estaba bueno, pero no iba a reconocérselo, le dije:

    Vaya otra vez con pensamientos libidinosos, te mereces un buen castigo y te lo voy a dar. Ponte de rodillas, me puse de pie delante de el y le ordené acercar su cara a mi coño, él se pensaba que de nuevo iba a chuparme el coño y sacó rápidamente su lengua, pero en ese momento yo solté un reguero de meado que fue a parar a su cara, otra parte se repartió por todo su cuerpo y finalmente otra fue a parar al suelo

    -¿Dime cerdo vicioso, le dije gritándole, Pensabas que ibas a comerme el coño de nuevo?, Pues no, parece que eso en lugar de darte asco te gusta.

    Y en ese momento me fijé de nuevo en su polla estaba dura, viéndola seguí haciéndome la enfadada:

    -Veo que el hecho de que te meen te excita.

    -Lo siento ama, dijo él nervioso, no es mi intención, pero todo lo que tu me haces me excita mucho, supongo que soy un gran pecador.

    Yo primero me reí y luego le dije:

    -Pues como castigo por tu lujuria y para que veas las penas del infierno a que te puede llevar vas a lamer con tu lengua el suelo hasta dejarle limpio de mis meados.

    Él se puso a cuatro patas y agachó la cabeza, y como su fuera un perro bebiendo agua de un arroyó, sacó su lengua y se puso a lamer cada una de las gotas de mi meado hasta que el suelo quedó limpio y reluciente. Al verlo le dije:

    -Bueno, aunque seas un perro salido, eres obediente.

    Le ordené tumbarse bocarriba y alzando uno de mis pies puse la punta de mi tacón sobre su polla y se la aplasté, estuve un poco y le dije:

    -Bueno creo que por hoy has tenido suficiente, pero continuaremos trabajando en contener tu propensión a pecar.

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  • El señor elotero. Entre elotes, dedos y más

    El señor elotero. Entre elotes, dedos y más

    Soy Many, ya con 23 añitos jiji. Después de mucho tiempo sin escribir, vuelvo de nuevo y con mucho más historias calientes y encuentros que he tenido.

    Eran casi las 8:30 de la noche de un día “normal” cuando escucho que suena el clásico carrito de los elotes pasando por mi cuadra en mi colonia. Al escucharlo salí de mi departamento y corrí para complacer mi antojo, sin darme cuenta que salí solamente en playera y lycras blancas casi transparentes y una diminuta tanga de hilo negra que se escondía entre nalgas regordetas. Le empecé a hablar al señor para que se regresara para satisfacer mi antojo. Al acercarse no pudo despistar la mirada hacia mis muslos y nalgas. Les aseguro que no recordaba cómo andaba vestida en ese momento, ya que estaba acostada viendo un poco de xxx de chicas sissys y transexuales cómo yo.

    Al darme cuenta que por qué el señor me miraba con esa mirada de sorprendido y de morbo. Solamente le dije que me disculpara ya que estaba acostada y salí de repente al escuchar su carrito de elotes. Al estar preparando mi elote no podía dejar de observar como me miraba, esa mirada de morbo y calentura que tenía, por supuesto mi hoyito empezó a humedecerse, algo que no puedo evitar.

    Ya dejándome llevar por la calentura, empiezo a voltearme cómo mandando mensajes en mi celular, dándole una vista de mis piernas y mis nalgas gordas, redondas y paradas, enfundada en esa Lycra blanca y solamente cubriendo mi entrepierna con mi diminuto hilo dental, que se perdía y devoraban mis nalgas. Al estar a punto de pagarle, obviamente olvide también el dinero jaja, así que le dije que un momento volvía, me respondió que me apurara que tenía que seguir vendiendo, yo solamente asentí con mi cabeza.

    Al regresar, le pagué y le agradecí que se devolviera una cuadra para cumplir mi antojo jaja. Le ofrecí una botella de agua a lo que aceptó, ya que lo miraba que había tenido una larga jornada. Pude notar que se mantenía bastante bien, a pesar de que su aspecto se veía casi de 60 años, volví al departamento y le di la botella de agua, todo agradecido y con pena me dijo que si le prestaba mi baño para hacer pipi, y por supuesto acepté, puso su carrito más pegado a mi departamento y le dije que pasara, lo dirijo al baño, pude notar que se le notaba un gran bulto en su pantalón.

    Me senté en un sillón a esperarlo, noté que se tardaba mucho, de hecho casi 10 minutos. Sin hacer mucho ruido me dirijo a la puerta del baño y escucho como unos gemidos y unos golpeteos entre la tela de sus pantalones y las manos. Obviamente sabía que se estaba masturbando. No quise interrumpirlo, así que me dedique a escucharlo y poco a poco empiezo a tocar ya mi mojado hoyito, mientras uno de mis dedos entra y sale de mi dilatado ano, al escuchar a ese macho con ansias y calentura.

    No sé en qué momento empezó sonar mi celular y fue cuando escucho que estaba a punto de abrir la puerta, así que corro al sillón a sentarme nerviosa de que descubriera que estaba intentando espiarlo. Al salir del baño, le pregunto si estaba bien, por la tardanza, me respondió que si, que lo disculpara por haberse tardado, yo sin pena, le dije que no importaba, que cuando quisiera un favor ya sabía dónde vivía. Al acompañarlo a la puerta, camino frente a él y en un momento escucho un tipo suspiro cómo de “uff” de parte de él.

    Obviamente me imaginé que me estaba mirando todas las nalgas, Pero lo que yo no imaginaba es que me había dejado el hilo de la tanga a un lado, y cómo mis Lycras eran blancas y transparentes, se notaba exageradamente mucho. Solamente volteé a verme y le dije “perdón” acomodándome el hilo, cosa que más lo prendió, ya sin vergüenza traía su bulto demasiado parado y me lo ofrecía para admirarlo, al acompañarlo a la calle.

    Al despedirme de él, le pregunto con mi mente depravada y sexosa que si cuánto me vendía un elote sin preparar, tomé uno de su carrito y empiezo a juguetear con él, al modo de masturbarlo, me respondía que me lo regalaba, no sin antes preguntarme que como lo prepararía, yo ya con toda la calentura del mundo, le dije que me lo iba a comer más noche en mi cama y me acordaría de el al hacerlo. En eso me responde, que le encantaría ver como me lo comía. Yo le respondí que con todo gusto, que si quisiera puede pasar a ayudarme a prepararlo y así comérmelo todo.

    No pensó ni una vez lo que le dije y ya de nuevo estábamos en la sala del departamento, a punto de ir a la cocina, lo invité a pasar. Tomé el elote con toda la sensualidad y calentura que traía, le empecé a quitar las hojas y lavarlo muy bien. No sé en qué momento siento su respiración tan cerca de mí que no pude evitar meter el elote a mi boca y empezar a chuparlo, solamente volteándolo a ver, y el cada vez más cerca de mis nalgas, ya sintiendo ese trozo de verga que se le notaba demasiado, cómo rosaban mis nalgas, que sin ninguna vergüenza empiezo a tallárselas en ese trosote de carne que se notaba ya desesperado por salir.

    El sentir sus manos rasposas en mi cadera, ufff. Fue la gota que derramó el vaso. El silencio se tornaba caliente, yo solamente estaba a punto de sacar la puta y depravada que siempre soy. Ya entregados en el jugueteo, empiezo a mamar con más fuerza el elote, mientras mi macho no paraba ya de tocarme, nalguearme y meterme mano todas mis gorditas piernas y culo, solamente pude sentir como poco a poco iba bajando mi lycra prácticamente con su cara enfrente de mis nalgas, yo de espaldas, entregada, solamente miraba de reojo esa cara de viejo pervertido, que está a punto de cumplir sus depravaciones, cosa que más me calentó.

    Al descubrir y quitar toda mi lycra, observé de nuevo su cara de pervertido, admirando mis piernas y mis nalgas, solamente con el diminuto hilo. Esas lamidas que le daba a mis piernas y nalgas, eran la locura para mí, más cuando abrió con esas ricas manos rasposas, mi par de nalgas, sentí como se hundió su cara para darme una ración de lengüetazos en mi hoyito súper mojado y dilatado. Estuvo cerca de 5 minutos dándome placer, mientras yo solamente gemía y gemía, ansiosa de nunca parara. Pero mi sorpresa más grande y depravada, me quita el elote de mis manos, empieza a pasarlo por mis nalgas, por la raja de mi culo.

    Cuando en el momento escuché de sus palabras. “Es hora de comerte lo que te regale”. Estaba a punto de ser penetrada con ese gran elote, mi ano estaba listo y mojado, empiezo a sentir como metía poco a poco ese trozo, no paraba de gemir, que ya no me importa si nos escuchaban, a lo pocos momentos ya tenía casi la mitad de ese trosote de elote abriendo mi hoyito, mientras el sacaba y metía el elote, no paraba de gritar de placer, teniéndome cerca de 10 minutos metiendo y sacando cada pedazo del elote.

    No aguanté más le pedí que parara, como loca me arrodillé y empecé a bajar su pantalón y al descubrir tremendo trozo de verga, la llevé a mi boca y empecé a mamar desesperadamente. No me importaba solamente mi calentura, deseaba acabar y beber cada gota se semen de ese macho, que a lo pocos minutos suelta tremendo chorro de leche inundando mi boca, obviamente no deje desperdiciar ni una sola gota. Lo que parecían horas de placer, se habían vuelto solamente minutos.

    Lo acompañe, nos despedimos con una gran beso. No niego que deseaba esa verga dentro de mí, pero mi elotero favorito prometió volver y darme más consejos para cocinar sus ricos elotes.

    Soy Many. Besos.

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  • Reto cumplido: Exhibida y marcada

    Reto cumplido: Exhibida y marcada

    Fue a media mañana que le hablamos a Ricardo, ciertos nervios había entre nosotros por la misma situación, así que para aliviar lo pusimos en alta voz para ambos poderlo escuchar.

    Entre lo que platicamos por teléfono fue su ubicación y estaba nada mas y nada menos que a una hora de nuestra casa, eso complicaba un poco las cosas, pero pudimos coordinar ir a cenar a un restaurante que nos quede en un punto medio entre ambos y un día que tuviéramos tiempo, obviamente nos ubicaremos en ese día por respeto al tiempo de lectura.

    Ni idea que fecha fue, pero sabemos que fue un lunes una última llamada acordar todo, al filo de las 7 pm nos pusimos rumbo a un restaurante que no es exclusivo pero es bonito y elegante, pero muy poco conocido y no sé porqué… pero para esa ocasión Erika se puso un vestido color borgoña un estilo bastante bonito era largo con una abertura a un costado de la pierna izquierda y no se puso ropa interior abajo para poner mas interesante las cosas teniendo en cuenta la abertura, y de zapatos unos tacones no muy altos color blanco, yo por otro lado y como cualquier hombre un pantalón y una camisa manga larga.

    Llegamos al restaurante y seguramente la intención de Ricardo era esperarnos en la mesa, pero fue justo la casualidad que nos encontramos en la entrada, al verlo le extendí la mano para saludarlo, luego mi esposa y él se saludaron de beso social y entramos al restaurante.

    Escogimos mesa redonda para no estar alejados los tres ni parecía que hace unas semanas se había cogido a mi esposa, la situación es como si por primera vez nos tratásemos.

    Mientras transcurría la cena íbamos conversando con nuestros respectivos trabajos del cual se mostró bien curioso y nos dijo que siempre quiso hacerla con una pero con el uniforme de trabajo puesto a lo cual le respondimos que no hay impedimentos para eso, y así platicando hasta tocar cosas personales, excepto que le escondimos la parte de los vagabundos pues no es algo que queríamos compartir así por así…

    Tocamos la parte de los exhibicionismos y le comentamos que si es algo frecuente que hacemos, pero usualmente por las noches o a veces con el cuidado de no ser muy obvio pues uno nunca sabe… Era muy reciproca la conversación.

    Él nos respondió que en la playa lo de no ser muy obvio nos quedó grande pues algunas personas si se percataron de lo que ocurrió a lo cual nos reímos porque a fin de cuentas tenía razón, entonces nos propuso algo y era siempre relacionado al exhibicionismo…

    -¿Qué propones? –pregunté

    -Es sencillo, bueno, sencillo de hacer pero no de realiza pues hay que tener en cuenta que estamos hablando de algo publico por algo se llama exhibicionismo –dijo él

    Mi esposa llevó su mirada hacia abajo pensando…

    -¿Qué tengo que hacer? –preguntó Erika

    -¿Que tanto te atreves? –preguntó Ricardo

    -Hay varias cosas aun así me da curiosidad, pero gana mas una nueva experiencia –dijo mi esposa

    -Bueno, lo que quiero es sencillo como había mencionado, elimina la pena y verás como lograrás mas cosas, quiero que vayamos a una calle de esas donde suelen estar las trabajadoras alegres y que te hagas pasar por una, por supuesto, solo es estar parada no harás mas nada –dijo Ricardo.

    Sinceramente eso nos ganaba por mucho sobre todo lo que teníamos pensado, era demasiado arriesgado para nosotros el punto a favor era que específicamente en el área de la ciudad en que estábamos rara vez íbamos y creo que mi esposa al parecer me había leído el pensativo y ella dijo:

    -Pe-pero con este vestido no es para estar haciendo eso, además, aunque sugieras que me cambie tanto nuestra casa como tu casa estan algo retirados de donde estamos.

    -Puedo creer que no quieres –dijo Ricardo retándonos

    -E-eh… no, no es eso, solo es que pensándolo bien no estoy vestida para la ocasión –contestó mi esposa

    -Sigo pensando que no quieres, si quieres echarte para atrás no problema solo eran unas cuantas cosas que tenia planeado, digo, si aun ustedes estan dispuestos o bien seguir comunicándonos –dijo Ricardo.

    -Si, si quiero –dijo mi esposa

    -La solución es sencilla, y ante mano lo menciono, corre por mi cuenta, pero hay que ir por ropa adecuada, a fin de cuentas, no es algo costoso… basta con cualquier ropa de segunda mano –dijo él.

    Y así nos pusimos en marcha cada quien en su respectivo auto, yo quería que mi esposa se fuera con él pero sinceramente aun no tenia esa confianza y era muy adelantado. Llegamos a una tienda de segunda mano y para ser menos obvios llevamos diferente ropa y la verdad Ricardo desapareció de nuestra vista y regreso pero desde afuera de la tienda, una vez en mano todo pusimos marcha al plan y nos fuimos a una calle que escogió Ricardo.

    Y como dije la calle la escogió Ricardo y ciertamente si daba nervios porque a diferencia de las calles de la exconstructora en este si pasan autos más a menudo o gente caminando y donde pasan los vagabundos no pasan peatones y algún que otro carro o a veces ninguno.

    Nos estacionamos a orilla de calle donde no hubiese problemas y Ricardo se subió en la parte de atrás de mi auto y Erika se subió atrás para poder cambiarse, para deleite de Ricardo encendió la luz interior del auto y cuando Erika se quitó todo la detuvo.

    -Umm que tenemos aquí –dijo Ricardo agarrando de la vagina a mi esposa

    -Veo que te lo has dejado crecer –decía sobando los labios vaginales de Erika

    -Hay que variar en los gustos –le dijo mi esposa

    Pero lo cierto es que mi esposa andaba a termino medio sus vellos, pero estilo japones a pedido de Antonio y los demás, pero era algo que no le íbamos a decir.

    Al fin pudimos ver el conjunto que había escogido Ricardo para mi esposa, sinceramente se rebuscó, un short de mezclilla muy interesante es un short tal cual pero que cubre a media nalga que entre las piernas la parte que debería de cubrir su vagina se hace mas delgada cubriendo apenas sus labios vaginales y en la parte de arriba una malla similar a la que ya teníamos pero era de rombos mucho mas abiertas y pegado al cuerpo, básicamente era como no llevar nada arriba ya que podías ver al 100% sus pechos incluyendo sus pezones que ya estaban erectos por el frío de los nervios y los infaltables tacones negros.

    Mi esposa se miraba tal cual como una puta, si de casualidad se encontrase con alguien conocido no habría excusa que valiera, no diferenciaba de las otras putas que estaban en la calle.

    Mi esposa tomó aire y amagó con abrir la puerta del auto varias veces hasta que agarró el valor y se bajó del auto, y por indicación de Ricardo se fue a parar a media cuadra donde podíamos verla y así pasaron los minutos, mi esposa caminaba de un lado a otro nerviosa entonces Ricardo desde mi celular le mando un audio para tranquilizarla y que se estuviera quieta.

    El tiempo pasaba hasta que una pareja venia caminando en la misma acera que estaba ella pasaron de largo solo viéndole los pechos y la cara, la típica reacción de alguien cuando ve a una prostituta en la calle.

    El plan de Ricardo era eliminar esa pena y nerviosismo que tenía.

    Ricardo le mandó otro audio a mi esposa diciéndole: Muy bien creo que ya es tiempo puedes hacerlo.

    Vi que mi esposa se desabrochó el short y bajó el zíper, bajo ligeramente el short pero hasta ahí.

    En eso un auto se estacionó frente a ella bajo la ventana, seguramente preguntándole cosas pero luego arrancó y se fue… Y después de una hora finalmente la experiencia iba a acabar ahí hasta que Ricardo se bajó del auto y se fue directamente hasta donde estaba Erika y se apartaron un poco de la orilla, el cuerpo de Ricardo cubría el de mi esposa al pararse frente a frente, solo vi que se sacó la verga y empezó a masturbarse.

    A los 5 minutos regresaron ambos mientras ella se acomodaba el short y se quitaba la blusa de malla dejando todo al descubierto y subió inmediato al auto, Ricardo me habló desde la ventana y nos agradeció la noche y nos despedimos.

    Yo estaba muy curioso comencé a preguntarle por el auto que se detuvo a la par y me dijo que le había preguntado si estaba disponible para un rato y que le respondió que ya estaba esperando un cliente habitual. La siguiente pregunta fue sobre que había hecho Ricardo frente a ella y ella nomas me respondió que se había tocado al verme así pero que luego se regresaron al auto.

    Yo quería llegar ya a la casa para comerme a mi esposa y dejar ir toda mi excitación acumulada, y al parecer ella también lo estaba pues la miraba muy agitada y moviendo las piernas.

    Al llegar a casa inmediatamente procedimos al cuarto me quite la ropa y quería arremeter sexualmente a mi esposa tirándola a la cama y besándola no se si mi verga se podía poner mas dura de la que ya la traía, después de besarla a mas no poder estaba dispuesto a jugar con su clítoris y le quite el short y mas fue la sorpresa al ver que toda su vagina estaba embarrada de semen fue todo en cámara lenta ver sus vellos cubiertos de semen y parte de sus labios esparcidos por la tela del short… Ricardo me la había jugado.

    Vi directo a mi esposa sumamente excitado y ella solo sonrió a sabiendas de lo que ella traía consigo y no mencionó… por eso venia inquieta de las piernas.

    ¡Ja! Eso me calentó demasiado y sin piedad la penetré de un solo y sentí todo su canal vaginal abrirse ante mi embestida, sacaba y metía mi verga para meter todo ese semen en su vagina y luego hundirnos en otro beso, el amor era reciproco ambos disfrutábamos.

    La halé hacia mi para hacer una especie de hamaquita mi esposa rozaba su clítoris contra mi pelvis hasta llegar a tener un orgasmo pero quería seguir y yo podía resistir un poco mas… o eso pensé… se separo de mi para darle un sublime oral me encanta como juega con su lengua hasta que le dije que estaba a punto de acabar, por lo que me dio vuelta para empujarme y caí acostado, y se montó en mi verga dándome la espalda hasta hacerme acabar de una manera incontrolada ya no pude resistir… Ella se levantó y por la gravedad el semen quedo en mi pelvis el cual ella se puso en cuatro viéndome y laminó todo el semen de mi pelvis… Vaya velada…

    Tal vez a los 30 minutos cae un mensaje: Espero hayas disfrutado la sorpresa, Román.

    Inmediatamente le respondí, después me llegó otro mensaje diciéndome que aún quedaban ideas por hacer, si es que estábamos de acuerdo.

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  • Economista y prosti: Invitación a Paris (final)

    Economista y prosti: Invitación a Paris (final)

    “Si gustan, podemos pasar a la sala de cine”, propuso Madame. La sala de cine, ubicada también en planta baja, era una sala grande, con una obvia pantalla de cine de las que abundan en los amenities de los edificios, ocho butacas muy grandes y cómodas. Y… delante de las butacas, entre ellas y la pared de la pantalla, una “cama”, enorme, seguramente 2.5 x 2.5 metros, implacablemente cubierta de sábanas blancas de raso. Monsieur Paul tomó la palabra: “Uds. saben seguramente acerca de nuestra afición por ciertos espectáculos, y en este caso no será cine”. Nos invitó a todos a sentarnos e hizo sonar una campanita de cristal.

    Las luces redijeron un poco su intensidad, aunque se mantuvo una perfecta visión, las controlaba monsieur Paul desde su sillón principal. Hizo sonar dos veces la campanita de cristal y dijo: “Espero que todos disfrutemos”.

    Al instante, desde atrás de los sillones, por una puerta auxiliar, entraron la chica que nos había servido y el mayordomo, completamente desnudos.

    No había dudas, iban a ofrecernos un lindo porno show. La chica hermosa, como ya dije, típicamente francesa, delgada, pequeños senos duritos y puntiagudos, vello púbico integral pero recortado… hermosa.

    El mayordomo, llamémoslo Charles, al llegar delante de la cama y darse vuelta… ¡ufff!

    Ya lo relaté, piel oscurísima, de la cabeza a los pies un solo tono, y entre las piernas… bueno, la mayor verga que jamás haya visto, enorme, todavía caída ya impresionaba. Tan negra como el resto de su piel, circuncidado, el tamaño de la cabeza de pija nos impresionó. Creo que esa pija le aseguraba su trabajo en el manoir, para goce de madame Jeanne.

    “Hoy tendremos, creo, un hermoso espectáculo” dijo el dueño de casa.

    “Son una hermosa pareja, será un privilegio verlos” aventuró Tommy.

    “Sí, nos encantará verlos” dijo madame Jeanne. He hizo un gesto a Charles.

    Pero en vez de comenzar la acción, Charles se me acercó y me tendió la mano.

    Debo haber mostrado sorpresa, pues madame me dijo “No te preocupes querida, te puedo asegurar, sin lugar a dudas, que es muy delicado y sabe hacer todo muy bien. Imposible negarme, tendí mi mano a Charles, mientras la chica pidió le liberarán el asiento entre Tommy y Charles, colocó una toalla en el asiento y se colocó entre ellos.

    Acompañé a Charles hasta el borde de la cama, exactamente frente a los anfitriones. Me desvistió frente a ellos, hasta quitarme todo lo que tenía encima. Entonces me hizo caminar frente a ellos, deteniéndome frente a cada uno… y fue la hora de arrodillarme para comenzar a chupar ese prodigio que tiene por verga.

    Me daba trabajo, a veces no podía respirar y tosía, hasta que por suerte me hizo poner en cuatro en la cama, mientras, él arrodillado en el piso, me chupaba todo lo que hay entre mis piernas.

    Chupa y lame muy bien, sin prisas, con largas pinceladas de lengua. Mis manos recorrían su verga, ya casi dura, pero no totalmente pues imposible.

    Cuando estuve con mi concha bañada en su saliva, se dedicó a mis tetas y a besarme de lengua. Una boca de labios gruesos, y una lengua sabia, me enloquecieron.

    En algún momento los dueños de casa acariciaron mis tetas para verificar que son efectivamente naturales.

    Y llegó el momento, nuevamente Charles me chupó la concha, inundada de mis propios jugos, le chupé la pija brevemente y me puso en misionero, de piernas al hombro, para solaz de los que nos observaban (Tommy y Ric ya desnudos manoseaban a la mucama, Marie, mientras nos miraban).

    Los señores de la casa, se acercaron para ver de muy cerca cómo me la metía.

    ¡Vaya si me la metió! Con cuidado pero sin pausa, aquel cilindro, sostenido en parte por su mano fue entrando en mi. Entendí el significado de lo que dicen a veces algunas mujeres me reacomodaron todo mi interior”. Yo sentía como aquello se metió en mí dejándome sin aliento, me sentía reventar pero me gustaba. Y no, no llegó a entrar totalmente, entonces comenzó a moverse en un in crescendo impresionante. Toda esa fricción me hizo acabar en pocos instantes, mientras él siguió como si nada.

    Y madame me tomó una mano y mientras un temblor recorría todo mi cuerpo dijo: “¿Verdad que lo hace bien?”

    Yo a duras penas respiraba, Charles seguía en lo suyo, me puso en cuatro y otra vez la metió todo lo que pudo, pero no pudo meterla toda.

    Un segundo orgasmo me sacudió y esta vez sí, un poco después, Charles me llenó con todo lo de sus huevos. Chorros tremendos de leche me pusieron al borde del delirio.

    Siguió y siguió bombeando, hasta decidirse a sacarla, casi blanda, recubierta en blanco de su leche y mi flujo batidos.

    Sentí que quedaba abierta, que tenía un agujero abierto en mí y un dedo me trajo a la realidad. Era un dedo de monsieur, que recogía líquido de mi concha y lo llevada a mis labios. Lo tragué con placer, varias veces repetido.

    Madame me besó, “te dije que lo disfrutarías”. Recién entonces pude mirar a Tommy y Ric que se estaban cogiendo a Marie. Doblemente ensartada, tenía los ojos en blanco, al parecer nunca le habían hecho doble penetración, aunque sí que estaba acostumbrada a la verga de Charles. Monsieur y madame se divirtieron viéndolos. Y nuevamente un dedo ocupó mi atención, un dedo negro y untado de gel, que comenzó a trabajar mi segundo orificio, afortunadamente lo había preparado yo con enemas en el hotel.

    No mentiré, el dedo se sentía como la pija de mi Tommy. Otro dedo se sumó y yo comencé a gemir. Todos se juntaron a vernos, nuevamente sobre la cama.

    Cuando después de un par de minutos Charles sumó un tercer dedo, el desenlace estuvo cerca.

    Vuelta a chuparle la verga y él seguía, dedos que iban y venían en mi ojete.

    Cuando Charles comenzó a acariciar su miembro, monsieur y madame se colocaron uno a cada lado para presenciar la entrada de ese acorazado en mi culo.

    Como hacen siempre los hombres, Charles lo intentó tres o cuatro veces, cada vez más fuerte, y finalmente, empujando un poco la verga con la mano, presionó a fondo. Un ¡Ayyy! surgió de lo más profundo de mí, esta vez no hubo tope al meterla, entró hasta los huevos.

    Lo demás fue lo de siempre, vaivén in crescendo hasta dilatación total, y entonces, mete saca frenético, que me hacía gemir, gritar y llorar.

    Luego nuevamente vaivén con la pija hasta las bolas, y un glorioso final con leche en mi cara.

    Cuando la sacó para acabarme en la cara, me sentí morir y renacer.

    Madame procedió a besarme y lamerme la cara.

    Marie me guio al baño más cercano para ducharme y me alcanzó mi ropa “informal”

    Salí, un poco desarmada pero eufórica, pensando que ya nos iríamos. Pero había nuevamente café bien caliente a la orden.

    Charles y Marie habían desaparecido y hubo unos minutos adicionales de café y conversación. Monsieur Paul nos comentó que vista la mala experiencia de la noche anterior en Boris de Boulogne, Charles nos llevaría al hotel pasando por la “zona buena”, para que lo conociéramos.

    Asimismo, nos invitaron para el viernes a tomar el té en un gran hotel de Paris, para conversar libremente sobre cierto tema, a lo cual accedimos gustosos.

    Monsieur Paul de aseguró de que Charles estuviera en condiciones de llevarnos.

    Al despedirnos, un gran regalo (en términos de sociedad francesa); se despidieron de nosotros con besos en las mejillas y pidieron que por favor los llamáramos Paul y Jeanne. ¡Un logro!

    Nos despedimos hasta el jueves. Y sobre la una de la mañana del miércoles, partimos rumbo a nuestro hotel, llevados por Charles.

    Al llegar (no sé si era de camino o si debió desviarse, no me orienté bien de noche), Charles nos dijo que asaríamos por la mejor zona de actividad sexual del bosque, la que frecuenta la clase alta más libertina.

    Era otro mundo diferente del que nos había mostrado el taxista. Avenidas iluminadas, gendarmería a caballo patrullando de a dos, coches como el que íbamos nosotros o más grandes, estacionados cada veinte o treinta metros. En el otro lado de la avenida, coches no tan importantes y varios camiones.

    Charles nos explicaba todo, sin jamás decir que sus patrones venían a esa zona. Los grandes coches pertenecen a matrimonios importantes, en general señores mayores, con esposas “trofeo” muchas de ellas de Europa del este, bellas, altas, impecables, que van allí a entregar a sus esposas a choferes de U… o a camioneros, que suelen tener, por alguna razón, imagen de buenos cogedores y de ser serios. A veces, los caballeros entregan a sus esposas, en este caso siempre, por vicio a cambio de 100 o 200 €, a automovilistas random que pasan por allí y se detienen a preguntar o ver.

    Las esposas, en general, casi uniformadas. Portaligas con medias integrales, altos arriba de la cintura, de entrepierna abierta y que dejan el culo al aire y sin tanga. Tetas al aire. Largos abrigos de piel sintética, las más osadas de piel natural, que llevan abiertos.

    Otras de micro vestidos elastizados, con las tetas al aire y caminan levantando el vestido a veces para mostrar el culo.

    Invariablemente, botas por encima de la rodilla, muy pocas de stilettos.

    Se paran y exhiben en la acera, cada una frente a su coche, y si lo desean, cruzan a elegir camionero o chofer de U… vuelven a su acera y cogen entre los arbustos, mirados por los maridos y algún transeúnte que se acerque.

    Charles detuvo el coche para que pudiéramos observar todo. Las chicas bellísimas, y no se contenían, siempre alguna entraba o salía del bosque con camioneros o choferes.

    No está bien visto que un marido vaya a ver coger a una mujer ajena, y tampoco los choferes pueden recorrer la fila de esposas las ver desde la acera de enfrente y esperan que los vengan a buscar.

    Conversamos con Charles acerca de la belleza de esas esposas trofeo. Le pregunté si alguna vez había tenido suerte viniendo con Monsieur y Madame. Y su respuesta fue fría… “Realmente no recuerdo haber venido”.

    Retomamos la marcha, llegamos al hotel y nos dormimos, agotados.

    Ya en el correr del jueves, llamada de Paul para decirnos que si no nos molestaba, se sumarían al té del viernes, tres o cuatro parejas que nos gustaría conocer “de las que vieron en el Bois, ya que les interesó el tema”, Charles había informado de todo a su patrón.

    Nuestro jueves y la noche al viernes fueron de diversión, abundante sexo en trío, incluyendo doble vaginal, ya que mi culo no quería sexo ja ja. Subimos a Montmartre el viernes, me encantó y el viernes casi a las 5 p.m. Nos vino a buscar Charles, llevándonos al hotel para el té a que nos invitaran nuestros nuevos amigos.

    Al llegar, los otros invitados habían sido citados para 5 y 30 pm pues Paul y Jeanne quisieron unos minutos a solas con Tommy y conmigo, pidieron disculpas a Ric, que no tuvo problemas y nos dejó solos. Trataré de ser breve pues el relato ya se alarga mucho.

    Fueron directo al tema, el tiempo era poco. ¿Estaba yo de acuerdo con lo que dejaron en mi bolso? ¡Más que de acuerdo eufórica! ¡Me regalaron 8 k! Yo en las nubes desde que vi eso.

    ¿Acaso podríamos venir otras veces coordinando con tiempo? Encantados de hacerlo. ¿Podríamos hacer cosas en Montevideo si ellos se decidieran a ir de visita? Obviamente sí.

    Y algo determinante, si ellos fueran a Montevideo, ¿podrían verme tener sexo en familia (o sea con papá y mi suegro)?

    “Sería un placer para todos”, respondimos.

    Y de vuelta, quise tener un poco de iniciativa, les sugerí que además de vernos en eso, podrían en otro viaje, presenciar mi fertilización por parte de los tres “machos familiares”, les aclaré desde luego que no hay incompatibilidad genérica con papá.

    Paul bajó la cabeza y quedó pensativo, miró a Jeanne y ella asintió, adivinando.

    “Sofía, nos has encantado, y este tema se ha transformado en un nuevo deseo. ¿sería posible, firmando papeles de consentimiento y de no reconocimiento filial, que yo participe en la fertilización? ¿Vuestras condiciones cuáles serían?”

    Ahora fuimos Tommy y yo que nos miramos…”Sííí, podrías participar y a Jeanne podría mirar” , y las condiciones… acerqué mis labios a uno de sus oídos y susurré algo”.

    “Así será” dijo Paul.

    Y comenzaron a llegar las parejas invitadas al té. Las chicas, en general de entre 30 y 40, los maridos de 45 a 70 digamos. Todas ellas bellísimas, pero todas con bótox o cirugías. Me animo a decir que yo resaltaba por tener todo natural y ni ellas ni yo, tatuajes.

    Paul les había advertido que los habíamos visto la noche anterior, pero por códigos sociales, eso no se menciona, solamente mientras se está en el Bois…o en una orgía en algún apartamento exclusivo o en un manoir, o incluso en un chateau. Comimos exquisiteces, conversamos animadamente, y yo invité a las chicas, señoras, mejor dicho, a Montevideo.

    Cada una de ellas recibió mi putitarjeta personal, con mi putifono y dirección de red social. Y se interesaron, al punto de que una de ellas, en un aparte tête a tête, me preguntó si en Montevideo el ambiente era liberal como en Paris.

    Le expliqué las diferencias, ciudad pequeña, sociedad cerrada… pero que había personas liberales, y que las esposas a veces satisfacíamos las necesidades nuestras y de amigos a cambio de generosos regalos… al mencionarle 2 o 3 k se rio y dijo, en voz muy baja, aquí mi marido me lleva al Bois de Boulogne y a las orgías gratis o por 100€ simbólicos. ¡Creo que visitaremos Montevideo, al menos me sentiré valorada, aunque no necesite de nada!

    Nos fuimos con mis hombres a una cena tardía en el Barrio Latino, y el sábado de mañana una rápida visita a Jardines de Luxemburgo y luego a emprender el regreso, llevados al aeropuerto por Charles y el coche de monsieur Paul.

    Un viaje de extraordinarias sensaciones, por Ricardo, por Paul y señora por nuevos conocidos, Por la economía y el futuro, y sobre todo por una ciudad de la cual ya conocíamos algo y cada vez amamos más.

    ¡Hasta la próxima! Besos a todos.

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  • Sexo mientras hablo por teléfono

    Sexo mientras hablo por teléfono

    Soy gay totalmente pasivo, esto lo decidí tras darme cuenta que el placer anal es mejor que usar mi pene.

    Sumado a esto mi pene es pequeño, esto nunca me produjo inseguridades porque tenía claro que mi rol en el sexo era ser el pasivo, por la facilidad con la que mi ano se abría y el placer que me producía meter dos dedos por ahí.

    En todo caso tuve la fortuna de conocer a mi novio y actualmente llevemos una relación de 12 años.

    La historia que les quiero es acerca de como mi novio me cogió mientras hablaba por teléfono con mi hermana

    Actualmente vivo con mi novio en un apartamento, vivimos allí hace 6 años y al principio los vecinos pensaron que éramos amigos pero luego se fueron dando cuenta.

    Mi novio es financiero y trabaja en una multinacional, ese día mi hermana me llamó para saber cómo estaba, acostumbramos tener sexo más o menos 4 veces a la semana y ese día mi novio llegó bastante excitado, se sacó el pene y yo con un gesto le dije que espere a que acabe la llamada.

    Pasaron 10 minutos y aún no así que me dijo al odio que yo me acostara de ladito o de cucharita y el hacía el resto.

    Me bajo la pantaloneta que tenía e hizo la tanga a un lado para poder chupar mi ano. Por cierto uso ropa interior femenina hace como 8 años, lo hago porque hace sentir libre y así reafirmo mi rol femenino en la relación lo cual me encanta.

    El caso es que mi novio estaba dilatando mi ano y yo estaba bastante relajado hablando con mi hermana, empiezo a sentir como mi ano se traga todo el pene y mi novio se empieza a mover lentamente.

    Al contrario de la fantasía que se ve en las películas porno, no se me escapó ningún gemido tan solo me relajé y dejé que mi novio me penetrara placentera mente, sentir como mi ano se abre para dejar que entre todo el pene de mi novio es algo que me encanta.

    El seguía cogiéndome silenciosamente mientras yo hablaba super relajado con mi hermana quien entre otras cosas me preguntó por mi novio. Jaja si ella supiera…

    Sentir el pene de mi novio adentro y profundo me hace sentir super tranquilo, protegido y seguro lo que hizo que la conversación con mi hermana fuera más fluida.

    Finalmente siento como no culo se llena de semen y también siento como poco a poco el pene de mi novio pierde su erección, luego el saco su pene de mi ano y fue por toallas para limpiarme.

    Si cogemos sin condón, pero es por qué nos tenemos mucha confianza, yo solo pruebo el pene de él, y él solo prueba mi culo.

    Después de limpiarme yo quedé en la misma posición y él se fue a ver su show de luchitas de wwe por Netflix y yo quedé ahí con las nalgas al aire jeje.

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