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  • La sobrina de mi mujer, toda una experta

    La sobrina de mi mujer, toda una experta

    Bueno al grano. La familia de mi mujer, es bastante grande (son cinco hermanas y un hermano), Ya todas casadas y algunas con nietos. Un día celebrando el cumpleaños de la tercera hermana (la que sigue a mi mujer en edad) como es habitual nos juntamos todos para cenar en casa de ella (cuando nos juntamos todos somos más de 30). A mi lado se puso la hija pequeña de mi cuñada de 26 años.

    No es que sea guapa, mide 1;60 y es algo regordeta, pero a mí siempre me han querido mucho y soy algo así como el consejero de la familia (varios trabajan para mí en mis empresas, desempeñando diferentes labores), está en particular no, no quiere trabajar para la familia y hasta la comprendo (ya se sabe, en ocasiones basta que trabajes para la familia, eres el que más trabaja, el último en cobrar y a veces trabajas sin cobrar) aunque en mi caso procuro que esto no sea así.

    Aquella noche la fiesta se alargó más que de costumbre. Eran las dos de la mañana y lo estábamos pasando tan bien y era sábado, por lo que no teníamos que madrugar y la noche se metió en conversaciones y cubatas. Pese a que ya había marchado la mitad de la familia y ya había suficiente espacio en la mesa mi sobrina en vez de cambiarse se quedó a mi lado.

    No sé si sería la bebida o que, lo cierto es que mi sobrina me puso una mano en la pierna y sin mirar para mi continuaba en la conversación de los demás y al poco me tocó la entrepierna, entre risas y conversaciones, pronto retiró la mano y yo creí que había sido un acto involuntario, asique decidí probar si había sido así. Al poco fui yo quien le puso la mano en la pierna y comencé a subirla hacia su entrepierna, ella ni se apartaba ni hacia nada por evitarlo.

    Decidí dar un paso más y refregarle mi mano en su entrepierna, lo cual ella acepto separándose de piernas y permitiendo que la magreara. Por supuesto no nos mirábamos y continuábamos nuestras conversaciones como si nada. Tuvimos que interrumpir nuestra sesión pues su padre (mi cuñado) se vino a sentar junto a nosotros, pues se habían formado tres corros diferentes de conversación y a él le interesaba más la que manteníamos nosotros.

    Al poco mi sobrina se levantó y tardo un rato en venir (más tarde me enteraría que se había ido a masturbar al servicio). Este día quedó la cosa así. Al día siguiente después de superada la resaca, yo estaba confundido, no sabía si lo que había sucedido era fruto de lo que habíamos tomado o había sido buscado (la verdad que habíamos acabado todos un poco borrachos). Lo dejé pasar, mi sobrina y yo siempre nos veíamos, pero en familia, yo observaba que me miraba de forma especial, aunque tampoco me percaté en aquellos momentos pues tanto ella como sus dos hermanas siempre mi habían querido mucho.

    Y llegó la oportunidad de celebrar un nuevo cumpleaños. Tengo que decir que la familia de mi mujer siempre celebra todos los cumpleaños, porque es la escusa que tenemos para reunirnos todos y cenar juntos, unas veces en la casa de unos y otra en la de otros, aunque casi siempre es en la mía, pues es una gran casa con un comedor en que entran más de 50 personas. También tengo que aclarar que al ser muchos de familia, celebramos todos los cumpleaños de los que lo celebren en el mismo mes.

    Por ejemplo, el cumpleaños de mi mujer es en junio y en ese mismo mes es el de una sobrina de mi cuñada la pequeña, el de un cuñado y un hijo de otra sobrina, por lo que buscamos un sábado (siempre sábados), que nos venga bien a todos y celebramos todos juntos.

    Ese día se hizo en mi casa pues era el cumpleaños de mi hija, de un cuñado y de un amigo de toda la familia, que, aunque no era de la familia es un gran amigo de todos nosotros. La mesa estaba puesta solo faltaba sentarnos y yo observé que mi sobrina no se sentaba, estaba esperando a ver dónde me sentaba yo, para ponerse a mi lado, yo lo hice pegando a mi hijo y ella se sentó a mi derecha.

    Al poco me dijo que, si le cambiaba el sitio que de ese lado no le gustaba. Me lo dijo al oído, yo accedí y ella se sentó a mi izquierda, aprovechando que yo me levantaba para ir a la cocina, no por nada sino por disimular, ella se cambió de sitio para comenzar a hablar con mi hijo, como disimulando, yo regresé y me puse a su lado. apenas habíamos acabado de cenar y ella me puso la mano en la pierna, al poco me magreó los huevos ¡eureka, no había sido algo debido a lo que habíamos bebido, sino que mi sobrina lo buscaba!

    Yo por mi parte hice lo propio y comencé a magrearle la entrepierna, ella se abrió todo lo que pudo y creo que tuvo un orgasmo, eso sí muy bien disimulado, pues observe como sus músculos se contrajeron y después se relajaron. Tenía un jersey largo por lo que se lo colocó para que no se le viese el pantalón mojado y se fue a uno de los servicios. Yo creo que a hacerse una paja. Yo estaba con mi polla a tope. Al poco regresó y un poco después vi como con disimulo acercó mi cubata a la orilla de la mesa, al oído me dijo “tíramelo por encima, porque tengo el pantalón mojado y se me nota mucho”.

    Así lo hice en un momento de la conversación le di un manotazo a mi cubata y se lo tiré por encima, ella se retiró, pero estaba empapada por el jersey y los pantalones, con lo cual tenía la justificación apropiada para que no se le notase la corrida. Mi mujer la llevó a su habitación y le dio ropa, por supuesto todos se rieron de mi diciendo que era “un manirroto”.

    A los pocos días nos vimos en la ciudad (no pongo el sitio, pues no quiero dejar demasiadas pistas), era mercado y aunque nunca suelo asistir a estos, ese día tuve que acompañar a mi mujer a la autoescuela (estaba sacando el Canet de conducir) yo paseaba haciendo tiempo y entré en un bar a tomar un café, vi a mi sobrina por los ventanales y salí, la invité a un café y después salimos juntos, como teníamos tiempo hablamos.

    –A ver chica, que me tienes en ascuas. ¿Lo que pasó entre nosotros, ha sido solo por calentarte o quieres algo conmigo?

    –¿A ti que te parece? –Me pregunto ella.

    –Yo creo que quieres que te folle, pero…

    –Pues eso… cuando tú quieras y donde quieras.

    Yo me quedé a cuadros y a la vez excitado.

    –Ahora por que no puedo que estoy esperando por tu tía, si no ya verías los polvazos que te echaba.

    –Menos lobos, me conformo con que me heches uno bien echado, que a los tíos se os va la fuerza por la boca.

    –¿Qué te parece si quedamos por la tarde aquí mismo?

    –Estupendo ¿A qué hora?

    –¿Te viene bien a las 4?

    –Estupendo a las 4 estoy aquí como un clavo.

    Mi sobrina ya era experta en estas lindes del folleteo, había tenido cinco novios, pero nadie le había complacido, ahora estaba saliendo con un tío que le sacaba medio cuerpo, aunque también sabíamos toda la familia que se había estado beneficiando a un hombre casado, lo que fue un disgusto para sus padres, pues fue el motivo de una ruptura matrimonial.

    Después de comer, le puse una disculpa a mi mujer, sobre temas de la empresa y me fui. Llegué media hora antes, pero ya estaba allí mi sobrina, paré el coche y se subió, nos dimos un par de besos en las mejillas (siempre lo hacíamos toda la familia).

    –¿A dónde vamos? –Le pregunté

    –¿Qué te parece un hotel?

    –No, los de los hoteles me conocen todos

    –¿Que pasa que le sueles poner los cuernos a mi tía?

    –Que va mujer, es por cuestiones de empresa, bien sea por reuniones, por traer clientes, por jornadas de trabajo o comidas.

    –Pues tu dirás

    –No vamos por ahí y lo hacemos en el coche.

    –Puto coche –Dijo ella– Estoy hasta las narices de follar en coches.

    –Creo que tengo aquí las llaves de uno de los pisos que aún no he arrendado –Dije yo. Busqué las llaves y allí estaban en el salpicadero. –Lo malo es que no está amueblado, tendremos que tumbarnos en el suelo.

    –Es igual, siempre y cuando no sea en el coche cualquier sitio es estupendo.

    Me dirigí a mi ese piso, aparque el coche y nos bajamos, era un segundo, le dije a mi sobrina que esperase un momento antes de subir (no quería que ningún vecino me pudiese ver, porque a mí me conocían, pero a mi sobrina no). Abrí la puerta y la deje abierta, en mitad del salón había unas mantas de esas que utilizan los de las mudanzas, las extendí en el suelo, al poco entró mi sobrina y cerró la puerta. Esta, tan pronto estábamos solos se me abalanzó encima.

    Nos quitamos la ropa entre morreos, nos tumbamos y comencé a chuparle las tetas, las cuales eran de considerable tamaña y unos pezones hinchados que pedían una buena succión. ella comenzó a pajearme, mi polla estaba a mil. Le quité la mano para no correrme y me puse entre sus piernas a pasarle mi lengua por aquellos labios ya húmedos y un clítoris que se había dilatado más de un centímetro. Mi sobrina tuvo un fuerte orgasmo que casi me desnuca, pues apretó sus pantorrillas contra mi cabeza de forma exagerada, tuve que hacer fuerza con ambas manos para que no me ahogara.

    Me incorporé y ahora yo de pie y ella de rodillas comenzó a hacerme una mamada de campeonato, comenzando a pasarme la lengua por el glande y bajando hasta los huevos, luego introduciéndose toda mi polla y mientras succionaba me pasaba la lengua por la parte inferior del nabo. Le dije que parase, pero no hizo ni caso. me agarró por el culo para que no pudiese sacar mi polla de su boca y así tuve una fuerte corrida. Me dejó exhausto. me tumbé a su lado y al poco ella me dijo:

    –¿Te gustó?

    –Me ha encantado

    –Pues espero que no seas tan flojo como los novios que he tenido… Ninguno ha conseguido dejarme satisfecha

    –¿Por eso cambias tan pronto de novio?, porque que yo te conozca has tenido lo menos cinco

    –Esos los que conoces, pero me he tirado lo menos a otros tantos, el que más aguantó fueron dos seguidos, claro que todos los ligo en los pub y claro algunos ya están bien puestos de alcohol.

    –O sea tú lo que buscas es un tío que te folle bien follada.

    –Exacto.

    –Pues con el que estás ahora parece que es con el que más has durado

    –Pues si con… ya llevo más de un año. ¡Tenías que ver que cacho polla tiene!, y como solo nos vemos un par de veces a la semana (él trabaja fuera a más de 200 km), ese sí que cumple, no hay día que no me acabe follando tres veces en la noche.

    –Con aquel caso que te encoñaste, también debía tener buena polla porque según me han contado estuviste tirándotelo una buena temporada.

    –Se dicen muchas tonterías, la primera es que con aquel portugués cuando comencé con él ya estaba separado, yo no rompí su matrimonio, su mujer lo abandonó y se fue para casa de sus padres en Portugal. Pero no era con él con el que más follaba, era con él y su amigo, vaya unos tríos que nos formábamos en aquella casa.

    –¡¡No jodas!! –Dije yo todo sorprendido.

    Ella se río al ver mi cara,

    –Si Charli ¿Que te crees que tu sobrinita es virgen y una estrecha?, yo tengo bien follado el culo, el coño y la boca.

    –Cuéntame que te hacían…

    Continuará.

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  • Primera vez en un hotel con mi hijastra

    Primera vez en un hotel con mi hijastra

    Hola a todos, la última vez que escribí por acá, les hablé sobre la relación que llevo con mi hijastra desde hace 3 años, bueno desde ese largo tiempo hemos tenido muchos encuentros sexuales y hoy le relataré uno más.

    Ocurrió una vez en temporada de lluvias en mi país, ella estaba estudiando en una universidad a las afueras de la ciudad donde vivimos y ese día por el mal tiempo me pidió que la fuera a buscar ya que el transporte no estaba trabajando. Primero antes de irla a buscar le comenté a mi esposa el inconveniente que había tenido Alexandra, bueno y la fui a buscar normalmente.

    Al llegar a la universidad se montó en el carro y comenzamos a conversar de todo un poco, me dijo que se sentía cansada y le propuse un masaje, me miro y me dijo “yo sé dónde terminan tus masajes” me sonreí y seguí manejando. El clima se comenzó a poner mucho más fuerte, el chaparrón de agua era brutal, cuando llegamos a la autopista unas montañas se habían derrumbado y taparon el paso.

    Duramos allí como 2 horas y toda la gente se comenzó a regresar, llame a mi esposa y le hablé sobre el problema y le dije que nos íbamos a quedar en la casa de una compañera de Alexandra porque el paso en la autopista estaba cerrado. La verdad no íbamos para la casa de ninguna amiga, directamente nos fuimos a un hotel, me dijo que no íbamos a estar juntos yo le dije “está bien yo solo quiero dormir”.

    Entramos a la habitación me dijo “tu duermes en esta cama y yo en esta”, “como quieras” le digo. Se comenzó a quitar la ropa delante de mí y le dije “no te da pena que te vea desnuda”, ella me contestó “no me da pena o es que no recuerdas que varias veces me has cogido” y se siguió desvistiendo como si nada, solo quedó en hilos y se metió al baño.

    Enseguida también me quité la ropa y me metí al baño con ella, al momento se quiso hacer la dura, pero al final se dejó besar, yo tenía mi guevo super parado y le dije que me lo mamara y me dijo “No”. Bueno la seguí besando y cada vez la sentía más excitada poco a poco fue deslizando su mano por mi cuerpo hasta que llego a mi guevo y me comenzó a hacer la paja.

    Eso me puso a millón y comencé a chuparle las tetas y le metí un dedo en su cuca, luego se arrodillo y paso su lengua por mi bolas y después metió mi guevo en su boca, lo comenzó a mamar como toda una experta, lo que me hacía era divino. Al rato la agarré y la comencé a besar y la senté en el tanque de la poceta, abrí sus piernas y comencé a mamarle la cuca, se estremecía cada vez que mi lengua rozaba su clítoris y empujaba mi cabeza hacia su cuca mojada por tantos fluidos vaginales.

    De ahí la agarré y la llevé a la cama y me acosté y le dije “quieres que te siga mamando la cuca” y me respondió que si, entonces le dije “como quieres que lo haga me meto entre tus piernas o me pones la cuca en la cara” y ella sin decir nada puso su divina cuca rubia en mi cara y comencé a chuparla, le comencé a agarrar las nalgas y le comencé a rozar el culo con mi dedo, eso la puso caliente y se vino con un orgasmo sobre mi cara.

    Luego que acabó se quedó un rato sobre mí y cuando recobró las fuerzas se sentó y agarró mi guevo y lo metió en la cuca y se puso como si fuera a orinar, esa posición me dejaba ver como mi guevo entraba y salía de ella cada vez que subía y bajaba, mi leche estaba a punto de salir y le dije “quiero acabar”. Entonces se paró, se metió entre mis piernas y comenzó a mamarme el guevo y mi leche comenzó a salir a chorros, me comenzó hacer la paja y jugaba con la leche. Yo estaba muy excitado y ella se reía con cara de mala y me dijo “mira cómo te pongo”, le dije “me gustas mucho”.

    Esa noche follamos tres veces, cada vez era mucho mejor, esa noche no teníamos que preocuparnos por si alguien llegara, fue la primera vez que la cogí en un hotel, sinceramente su piel rubia me pone caliente.

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  • Me cogí a mi tía Belem en la playa

    Me cogí a mi tía Belem en la playa

    Llegamos a la playa uno de los señores de la empresa le presto un casa. Llegamos ella, su hijo y yo. El primer día transcurrió normal.

    Al siguiente día a las 12 am fuimos a la playa y ella se puso su bikini azul, no podía creer el cuerpazo que tenía, era algo sensacional, todos los hombres de la playa la devoraban con la mirada y a mi tía eso parecía gustarle. De más está decir que cada noche me masturbé pensando en esas tetas de ensueño y en cómo sería poder cogérsela hasta acabar a chorros en su concha.

    Al otro día en la tarde una tarde, en la playa mientras compraba un helado, la sorprendí en amena charla con un tipo desconocido, ella se reía con las ocurrencias del hombre y parecía muy a gusto, luego fui al agua y al salir no la vi por ningún lado, le pregunté a mi primo por ella y me respondió que había regresado a la casa porque le dolía la cabeza le dije “ahorita regreso” me dijo “si te espero o me voy”, dije “te vas”. Por supuesto que sospeché de inmediato y volví a la casa, entré sin hacer ruido y me dirigí a su alcoba, entonces pude oír sus suspiros pues ellos ya habían empezado.

    Mi tía Belem estaba en la cama, sin la parte de arriba del bikini, por fin pude vislumbrar sus pezones erectos y rosados pues el tipo se estaba dando un festín con ellos, chupando, lamiendo, besando, devorando ese par de tetas celestiales, al mismo tiempo su mano se perdía en la entrepierna de mi tía, pude notar que le estaba metiendo el dedito por debajo de la tanga.

    –¡Oooh Juan, que rico, me vuelvo loca, sigue así! –susurraba mi tía.

    Después de unos minutos de excitación mi tía empezó a acariciar el imponente bulto que se había formado en el short de Juan y sin perder tiempo sacó su verga afuera masturbándola de lo lindo.

    –La quiero toda, Juan, no puedo más, quiero probar esa vergota tuya hasta el fondo –suplicó mi tía Belem.

    –Lo que pidas, cariño, pero antes quiero que me la mames, quiero ver esos labios devorarse mi verga –pidió el tipo.

    Por toda respuesta mi tía se arrodilló en la cama acariciando el miembro con ambas manos y se lo llevó a la boca, su mamada era increíble, desde la punta hasta los huevos de Juan recorriendo su verga sin parar, como la que me hizo a mi la primera vez que me la cogí, el “chuc, chuc” se oía por todo el cuarto y el tipo satisfecho sonreía acariciando su sedoso cabello.

    –¡Ya, ahora métemelo, y esta cogida será en honor de mi sobrino que en estos momentos debe estar nadando en la playa! (Osease yo) –le ordenó mi tía.

    Ambos se desnudaron completamente y Luis enfiló su verga hacia la vagina de Belem, el gemido de mi tía me dio a entender que ya se la había clavado toda, era una visión total, mi tía con las piernas abiertas y el tipo sobre ella, acogiéndosela toda, metiendo y sacando su miembro a todo ritmo.

    –¡Así, cariño, que rico me la metes, no parees, aaah, puedo sentir tu verga hasta el fondo! –gritaba mi tía Belem.

    –¡Pídeme más, putita caliente, eres la más rica de todas las turistas que me he tirado! –le ordenó Juan.

    –¡Sííí, síí, amor, seré tu puta, todo lo que quieras, pero sígueme follando que no doy más! –gemía Belem.

    La cama se estremecía como en un terremoto y los gritos de mi tía seguían oyéndose hasta que los dos acabaron, mi tía primero y luego el tipo sacando su verga justo a tiempo y bañando la concha, el vientre y hasta las tetas de mi tía.

    –¡Oooh, Luis, me corro, fóllame que me corro, cariño, que orgasmo, aaah, sí, sí! –decía mi tía.

    –¡Toma toda mi leche, zorra, goza, goza, tu sobrino nunca te cogerá así! –le gritaba el tipo.

    Cuando terminaron corrí a esconderme hasta que salió Juan y volví a la alcoba, pude ver a mi tía Belem en toda su espléndida desnudez descansando después del polvo, aun con rastros de semen del tipo y no supe como, empecé a desnudarme, avanzando a la cama. Belem trató de taparse con un cojín, pero ya era tarde.

    –Me gustó mucho tu número, tía, pero también quiero probarlo si no quieres que le vaya con el cuento a tu novio. Es una oportunidad que no puedo desperdiciar y quiero hacerlo con una mujer tan buenota como tú –le dije.

    –Está bien, cariño, me tienes en tus manos, además veo que estas bien erecto –dijo ella observando mi verga erecta.

    Entonces acarició mi miembro y se lo llevó a la boca, succionándolo lentamente, yo no podía creerlo, por fin mi tía estaba mamando mi verga, luego de un rato se puso en la posición del perrito, levantando sus caderas tentadoramente.

    –Muy bien, sobrino, veamos si puedes hacerme gozar tanto como Juan, que cobra muy caro por sus servicios, debo añadir. Mete pronto eso en mi concha que estoy ardiendo de nuevo.

    La cogí por las caderas y deslicé mi verga en su sabrosa humedad, por fin estaba follándome a una chica y nada menos que a la más sexy de mis tías con quien tanto había soñado.

    –¡Eso, sobrino, oh, tienes buena verga, sígueme follando, que rico! –gemía Belem.

    –¡Tu concha es divina, tía, no sabes cuantas ganas tenia de volverte a coger! –decía yo.

    Ella acabó primero entre gritos de placer, cuando yo sentí que no daba mas, se lo saqué de su vagina, la di vuelta y lo puse en su boca, ella de inmediato empezó a mamar y en segundos me corrí en su boquita, soltando ríos de ardiente semen que Belem supo tragar como si fuera experta

    En eso estábamos cuando sentimos ruidos de mi primo llegando, rápidamente nos vestimos y me fui a mi habitación. Estas fueron las mejores vacaciones de mi vida y demás esta decir que cada noche me pasaba a su cama cuando mi primo dormía para gozar como locos, follamos en mil poses.

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  • Últimos días en Singapur (parte 3)

    Últimos días en Singapur (parte 3)

    Hola a todos, perdonen el espacio entre un relato y otro, pero realmente, no suelo tener tiempo de sentarme y ponerme a escribir, y rara vez que puedo, estoy mirando tele o terminando cosas de la vida profesional. Así que este relato fue escrito en 3 días diferentes.

    Quería relatarles la última y tercer parte de mi viaje laboral por el sudeste asiático que se extendió 10 días más de lo programado. Se acordarán de mi compañero Oaki, con quien tuve un sexo bestialmente morboso y siendo el segundo hombre de su vida. Tres días antes de lo que sería el regreso mío a Buenos Aires por la empresa, estando ambos en mi departamento luego de una hermosa culeada, Oaki se pone a llorar en el baño, escuchando su llanto me acerco y le pregunto si se encontraba bien, él me responde:

    Que estaba enamorado de mí y que yo era el mejor hombre que tuvo en su vida y que me iba a extrañar mucho.

    Por un lado, me pareció muy dulce de su parte esa muestra de cariño que me llevó a abrazarlo. Por otro, soy un pibe que suele rechazar ciertas muestras de cariño cuando no son el contexto adecuado. O sea, repito, fui el segundo hombre con el que estuvo en mucho tiempo. Su primera vez y en palabras suyas, fue desastroso, y conmigo se entregó y se sintió pleno en el sexo, aparte de haber aprendido muchas cosas, y sabiendo que mi estadía allí sería limitada.

    Como decimos en Buenos Aires, flasheo amor, y esa situación donde él piense que pasaría algo más me enfrió. Él debe salir, conocer otras personas, romper con esa actitud conservadora y conocer alguien que pueda retribuirle afectivamente.

    Luego de esa muestra de afecto, le expliqué mi parecer de una manera amigable y cariñosa y fue para peor, lloró más y se fue. Al día siguiente tuvo que haber ido a trabajar, y avisó que se encontraba enfermo y que no iría.

    Ese mismo día en una videocall, me avisan que debía quedarme 10 días mas para recibir a unos clientes de Malasia y cerrar un negocio y era fundamental Oaki que servía de traductor.

    El director de la seccional de Singapur, fue en persona a buscar a Oaki a la casa y ver que tan mal se encontraba. Cuando regresó a la oficina, nos dijo que tenía la cara hinchada de haber llorado tanto, que estaba en un estado deplorable, que en varios años jamás lo había visto así.

    Le envié un mensaje de WhatsApp amigable, preguntándole si se encontraba bien y si necesitaba hablar más y ni me respondió. Una de las mas compañeras de Oaki, desde que se ausentó me empezó a tratar diferente, distante y de malas maneras, por lo que supuse que él le habría contado de lo que pasó entre nosotros. No veía la hora de volver a Argentina.

    Esa semana de clientes malayos, donde tuvimos que contratar un traductor por unos días ya que Oaki finalmente fue a refugiarse a la casa de su padre, fue desgastante.

    Una tarde llegando al departamento cansado y muy caliente, me puse a buscar en internet a algún taxiboy, alguien que me ayude a bajar la calentura. A cambio de dinero no habría emocionalidad. sexo y listo.

    Me topo con una publicación llamativa. El anuncio era de un Spa para hombres “exclusivo” y que a cambio de una buena suma podría vivir una experiencia única. Había imágenes sugerentes, pero exigía escribir por correo electrónico o WhatsApp. Por las dudas, decidí usar una casilla de correo electrónico que tengo para cosas como esas.

    Me responden a los 20 minutos de haber escrito, me explicaban que era un servicio top ejecutivo para empresarios o gente de poder, que según la experiencia que eligiese sería el importe de dinero. El servicio se ofrecía tanto para hombres como para mujeres y total discreción.

    Elegí el servicio para hombres dado por hombres y un combo de cosas, entre ellas, un masaje “relajante” para empezar el circuito. Reservo una cita para ese día y me exigen dejar un número de celular de contacto.

    Me visto y salgo al lugar. Tomo un taxi y cuando le indico al taxista la dirección a través de Google Maps, sonríe y hace un comentario que no entendí, pero ante mi cara decidió solo dedicarse a manejar y dejarme en la dirección señalada.

    Llego y, era un edificio, ingreso y me dijeron que vaya directamente a los ascensores del fondo, 4º piso.

    Se abre la puerta, y la entrada era como la de cualquier departamento normal, pero con cámaras de seguridad en distintas esquinas. A través de un intercomunicador, le digo en inglés mi código de reserva y la puerta se abre.

    El lugar se encontraba con música suave como de jazz, y un mostrador iluminado con una luz azul y un muchacho delgado, con una camisa negra y una linda sonrisa, me da la bienvenida y verifica los datos de mi reserva y me dice que el circuito que había elegido era premium y tenía un precio de 1500 dólares. Que las atenciones o propinas eran únicamente en efectivo y que el servicio podía abonarlo con efectivo o tarjeta. Decidí pagar con tarjeta y rezaba que fuera el mejor servicio del mundo porque a cambio de Argentina era más de un millón y medio de pesos.

    El muchacho me hace un gesto con su mano que pase por la puerta que estaba hacía la izquierda atravesando un living muy sencillo, y que deje mi ropa en un locker room y que la llave la lleve conmigo. Deje mi ropa guardada, me pongo una toalla sujeta a la cintura, y me ato la cerradura en la muñeca. Espero a ser llamado y se abre una puerta lateral donde un muchacho muy pequeñito de apenas 1.60 de altura y con una bata blanca me hace pasar a una sala de masajes. La sala olía muy bien, no era incienso eran otras hierbas, aromas a maderas, mezclas con cosas semi dulces, iluminado con luces bajas matiz de naranja con rojo. Muy cálido y provocativo.

    El muchacho me hace gesto de que me acueste en la camilla, que siendo yo muy alto y grande, era un camilla amplia y cómoda. Me saco la toalla y me acuesto boca abajo. El masajista en ningún momento me miró, se encontraba frente a un mueble donde tenía diferentes botellas y cuencos y con mucha lentitud y suavidad mezclaba cremas o aceites, no se veía muy bien.

    Decido relajarme y disfrutar por lo que había pagado.

    El muchacho masajista comienza a desparramar el ungüento por mis pies y piernas, y masajea con una suavidad y seguridad impresionante la planta de mis pies, mis dedos, mis gemelos. Asombrado de como ese cuerpito tenía tanta fuerza y firmeza para saber tocar un cuerpo grande como el mío. Realmente se sentía muy relajante. Empecé a dormirme cuando el masaje empieza a subir hacía mis muslos, y hacía mis glúteos lo que hace que automáticamente me empalme cuál roca. Dejé hacer, ya que se notaba la experiencia de tacto del muchacho.

    Sus dedos bajaban hacia mis cuádriceps y dos de las yemas de sus dedos tocaban suavemente mis huevos, con una técnica muy delicada, se acercaba suavemente con las yemas de sus dedos aceitadas al tronco de mi pija y a mis huevos. Continuó con esa técnica durante algunos minutos donde me puso al 1000%, pero luego subió a mi espalda y realizó un masaje relajante que realmente, fue de los mejores que probé en la vida. El masajista era muy parecido en físico y en rasgos a Oaki, quería darme vuelta y penetrarlo, pero quería esperar a ver que más sorpresas me tenía ese lugar.

    En un inglés algo desacomodado el masajista me pidió que me de vuelta boca arriba. Mi pija era indisimulable, estaba al palo y muy caliente. Cubre mi pelvis con una tela muy fina que no era una toalla, arroja algo de aceite en mi torso y masajea suavemente, deteniéndose en mis pectorales, pasando suavemente las yemas de sus deditos por mis tetillas. Mi pija estaba inquieta, se movía hacía todos lados. Necesitaba meterla en algún agujero o boca. Cubre mis ojos con un paño fino y blanco que olía muy bien. Deja lo que está haciendo y escucho que se acerca a una de las puertas de la habitación, habla en voz muy baja con alguien, y unos pasos más firmes se aproximan hacía la camilla.

    Manos más grandes y fuertes comienzan a acariciar mi pecho embadurnado de aceites, y el masaje tuvo un poco más de presión. Avanzaba por mis hombros, mis brazos, volvía a mi pecho, bajaba a mis abdominales, llegaba a mi pelvis y volvía a subir. Cambia la posición, siento que corren el paño que estaba sobre mi pelvis y pija porque era más una carpa, y sujetan mi pija con una mano.

    Corro lentamente el paño sobre mis ojos, y era un chico trans, con pelo largo negro liso, sin tetas, muy delgado, con un maquillaje muy suave, manos muy suaves. Vestía con una tanga negra y tacos. Labios apenas oscuros, me mira, me sonríe, apoya una de sus manos sobre mi pecho, y me pide que me recueste y me relaje.

    ¡Shhh…! Giro mi cabeza, y a un costado, sentado en una silla contra la pared, se encontraba el masajista parecido a Oaki que muy atento miraba la situación.

    La masajista que entró segunda, se colocó algo de aceite en la mano y comenzó a pajearme de una manera que era un sueño, dominaba mi pija con una sola mano y con la otra acariciaba lenta y suavemente mis huevos. Estaba completamente entregado en cuerpo, alma y pija a ese momento. A los pocos minutos siento un calor muy suave sobre mi pija y había comenzado a chupármela de una manera hermosa y muy delicada. Mi pija era piedra.

    La sujetaba con ambas manos y sobraba algo de tronco y se la metía en la boca despacio. Le costaba, trataba de ponerse de diferentes posiciones, pero le costaba metérsela entera en la boca. Vino el masajista que estaba sentado, se acercó, observó de cerca y probó él si le entraba completa, y tampoco pudo. Ambos me la chupaban como podían, entre ellos se reían y murmuraban cosas inentendibles.

    El primer masajista riéndose se acerca a mi oído y me dice en un torpe inglés: no suelen venir clientes tan bien dotados.

    El chico trans de la no sabía su nombre me toma del brazo y me invita a que me incorpore y me ponga de pie lentamente al lado de la camilla. No había visto que tenían una especie de escaloncito al lado de la camilla para llegar más cómodos a clientes como yo que somos grandes.

    El chico trans se pone en 4 bien abierto sobre la camilla, toma su pelo y se lo lleva hacia su izquierda y me hace un gesto para que lo penetre, mientras tanto el otro masajista me pajeaba y me chupaba la pija, como preparándola para la culeada que le iba a pegar al chico trans. Era más alto que el masajista, tenía unos tacos, medias finas, piernas delgadísimas y suaves (creo que por las medias), un culo delgadito pero bien formadito, lampiños los dos, pero el chico trans una cinturita y un cuello de cisne.

    El masajista no se despegaba de mi pija. Me agache para correrle el hilo de la tanga negra al chico trans, y debajo de la camilla se posiciona el masajista para continuar con la mamada. Comienzo a chuparle el orto y gemía cuál nena, lo que me calentaba muchísimo, más con el masajista debajo de la camilla contorsionado mamando cuál ternero. Le tomo el orto con ambas manos, se lo empiezo a abrir y le metía lengua y saliva. Ese culo estaba cerradito, suave, limpio pero muy cerradito.

    Luego de unos minutos de cogida con lengua y de gemidos, tomo un poco de aceite con el que me masajearon que estaba a un costado, me lo paso por la pija, y comienzo a enterrársela en el culo al chico trans, que pegó un pequeño grito y pidió que lo haga despacio.

    El masajista indignado porque le saqué su juguete. Se puso debajo de mi, entre mis piernas, y lamia mis huevos y mi orto, cosa que me causó gran placer ya que casi nadie lo suele hacer conmigo.

    Me excité por demás y mis embestidas contra el chico trans fueron más brutales, me sujetaba de la cadera, gemía, le dolía trataba de que sea más suave pero no podía. Tanta cosa bien hecha me convirtió en un toro. Aceleré un poco más y el chico trans gemía, apretaba el colchón de la camilla, lo mordía y trataba de taparse la boca. Me calmé porque se me vino la leche casi para acabar. El masajista se quedó parado, el chico trans se bajó de la camilla, y fue a una piletita a lavarse la cara y yo me acosté sobre la camilla con el mástil recto.

    El masajista, se acercó, la miró y se sentó encima ya que quería que lo parta a él. Se colocó aceite, y yo lo sujeté de sus bracitos y en un pequeñito empujón se la metí entera. Gritó, pero se tapó la boca, y comencé a moverme de abajo a arriba, lo tomé de sus nalguitas y se las empecé a mover de arriba a abajo, deslizándose completo por mi tronco. No sacaba sus manitos de su boca. Con su mano libre intentaba pajearse y tocaba mis pechos.

    Se acerca el chico trans y chupa mis pechos y me besa. Tranzamos y acelero las embestidas al masajista. Él extiende una mano y comienza a masajear mis huevos, muy suavemente. Les avisé que me venía y el masajista salió de arriba de mi pija, el chico trans comenzó a masturbarme con la mano llena de aceite, tomo mi pija de su cabeza, masturbo y en unos segundos retorciéndome de placer lancé chorros de leche que ambos intentaron atrapar en sus caritas y en sus bocas. Y eso que lanzo mucha leche cuando estoy muy estimulado. Los tres nos quedamos como muy relajados uno sobre otro, bah, ellos sobre mí.

    Toman un pañito húmedo y me limpian, se limpian ellos, se ríen de la situación, me siento sobre la camilla, y el masajista tomaba mi pija morcillona con su manita y trataba de sacar una medida. El chico trans toma una bata, me la da, me ayuda a incorporarme y me acompaña a un cuarto contiguo que era el sauna de vapor. Que en unos minutos pasarían a buscarlo para ir a la sala de té.

    El vapor pesado, espeso cubrió todo el cuarto de vapor. No se veía nada. De un lado las paredes tenían vidrio que apenas se veía hacia adentro, y después eran paredes blancas de azulejos. Se escuchaba una música muy baja y relajante y el vapor no sé qué tenía o era la hermosa culeada que di lo que me relajó mucho que me saqué la bata, la dejé a un costado, me senté cómodamente, extendí mis brazos hacia los costados y abrí mis piernas. Estaba yo solo, y hacía donde mirara no se veía nada por lo espeso del vapor.

    Logro relajarme y escucho que la puerta se abre, y se cierra rápidamente. Se ve una figura pequeñita que atraviesa el vapor. Se acomoda entre mis piernas y con un solo movimiento de su boca, comienza a mamar mi pija. Traté de sacarlo porque necesitaba recuperar un poco, pero no quería. Cuando me acerco veo que era el masajista con una peluca semi rubia y cortita, era todo lo que llevaba puesto. Quedó con ganas, lo dejé chupar ya que lo hacía excelente. Y era hermoso ver su lucha por metérsela completa en la boca.

    Finalmente y derrotado no lo logró pero si quiso que lo penetre. Se subió rápidamente arriba mío, tomó mi pija con su manita y la apoyo en su agujerito que ya estaba lubricado, y lo sujete de sus nalguitas, el me rodeo con sus bracitos, me paré y empecé a menearlo de arriba a abajo, gemía, lloraba, me pedía más despacio pero que no me detenga. Inclinó su cuerpito hacía atrás y me dejó más margen de movimiento para cogerlo.

    No pesaba nada, con un brazo mío sostenía su cuerpito y con el otro le manejaba las nalgas, empujándolas hacía mi para que le entre toda. así estuvimos unos minutos, hasta que lo puse en 4 contra la pared con ventanas, se apoyó sobre el marco mirando hacia afuera, y lo culee a mi modo, gemía, lloraba, balbuceaba comentarios que no entendía, pero pedía que no me detenga. Lo tomé de su cuellito y aceleré la penetrada. Se había convertido en un animal en celo y se puso en disposición para que le haga lo que quiera.

    Yo me encontraba a punto de explotar, la diferencia de tamaño entre él y yo era bestial, lo tomé de su caderita y le acabé tanto adentro que sale de ahí con 3 hijos míos. No paraba de soltar leche, no se si fue la situación por demás excitante o el vapor tenía algo extra. Me quedé casi desfallecido sobre ese cuerpito que ya no podía sostenerse en pie. Me salí de su orto y se sintió una especie de presión y que me cayó de mi leche sobre mi pie. Se dio vuelta, me acaricio el pecho, y se retiró, me senté nuevamente en el escalón, poco a poco el vapor comenzó a desaparecer.

    El chico de la recepción vestido con una bata, abre la puerta y me invita a salir. Me invita a pasar a la ducha. Me duché tranquilo, me relajé lo que me faltaba, salgo de ese baño y el chico de recepción me da una toalla y una bata. No dejaba de mirarme la pija. Estos se habrán hablado entre ellos de lo que pasó y él quiere probar también. Realmente no daba más, necesitaba combustible y aire. Me pide que lo siga, me lleva a una mesa de té donde me invitan a elegir diferentes tes de sabores variados, muy ricos, había otra mesa con una separación hecha de algo parecido al bambú y se ve a otro hombre, pero oriental que estaba ahí.

    Terminé mi té, comí algo de frutas, y habiendo pasado unos 20 minutos, el muchacho de la recepción me invita a pasar a la sala del facial. El encargado del trabajo era él mismo. Ok, me pone una mascarilla, distintas cremas, vapores, masaje en el cuero cabelludo. Me resultó más relajante que el masaje en sí.

    Me comenta que dejaría actuar unos minutos y luego retiraría con una esponja suave. Me encontraba tirado sobre una especie de camilla, con mis brazos cruzados sobre mi torso, pero mis piernas, abiertas y no me había dado cuenta que mi pija se asomaba. Mis ojos se encontraban tapados por las rodajas de no sé qué, por lo que solo escuchaba y percibía movimientos.

    Escucho escurrir algo, escucho algunos pasos, escucho que retiran unos envases cerca mío y les cierran las tapas. Me toma de los brazos y me pide que los deje a los costados. Comienza retirar los productos sobre mi cara, me limpia con una esponja suave y tibia, por último, coloca un ungüento y masajea mi rostro con suavidad, se pone de frente mío y masajea mi cuello, lleva esas manos por debajo de la bata a mis pechos, desata el nudo de mi bata y la abre. Continúa con el masaje por mis abdominales y llega a mi pija, donde finalmente quería llegar.

    Se pone de pie, se saca su bata, y tenía un cuerpo delgado, más tonificado que el resto de los empleados, un culo duro, levantado, duraznito, lampiño y piernas algo tonificadas. Acaricio esas nalgas que eran la suavidad de la piel de un durazno. Se coloca sobre una especie de silloncito enfrente de mi camilla se abre de piernas en posición de 4. Me acerco, me agacho, le tranzo el culo, se retorcía de placer. Me sujetaba del cuello para que siga con la tranzada de culo. Pero se la quería meter, y como ya estaba muy vaciadito, iba a durar más y esté iba a tener que bancársela en serio. Me unté una crema que estaba al lado del sillón, se la puse a él en el culo, apoyé la cabeza de pija, hizo una mueca de dolor, pero respiraba agitado, pero se relajó y con movimientos despacio, entró completa, me quedé así un instante y comencé a moverme más rápido.

    Gemía cual loba en celo, y se tomaba las piernas para acercarlas a él y quedar bien abierto y entregado. Era real que los asiáticos son las mejores putas. Lo tuve sobre ese sillón varios minutos hasta que se levantó y se puso boca arriba sobre una mesa. Se abrió de piernas, se la metí y con sus piernas me encierra y me atrae hacía él de manera de no sacar mi pija de su culo y que no me escape. Me apretaba los pectorales, gemía, le dolía pero lo disfrutaba. Lo tome de la cintura y lo empujaba hacía mi para que la sienta toda completa, su cara de dolor y placer era única.

    Se masturba y acaba rápidamente, yo continué como si nada. Me pide que me salga, me salí me senté en el sillón donde comencé a cogerlo, se acerca se sienta sobre mi y me cabalga, unos movimientos increíbles, lo sujeté de la cintura aceleré la cogida, y no aguanté pero sujetándolo fuerte, lo preñe con fuerza. Ambos sudábamos, jadeábamos, y nos quedamos uno sobre el otro. Cuando mi pija se relajó, él salió de encima de mí y me ofreció agua y más té. Bebi ambos. Paso a ducharme nuevamente x que me sentía extremadamente cansado. Había perdido la noción del tiempo.

    Me cambió, me acerco al mostrador y no había nadie, toco la campanita y sale de atrás de una puerta el chico de la recepción con una sonrisa de oreja a oreja y acomodándose la ropa. Me pregunta como me sentí y me ofrece pedirme un taxi.

    Esperando el auto me di cuenta que ese lugar tiene empleados máquinas sexuales que terminan de satisfacer al cliente y continúan con su labor diaria.

    Volví al departamento, al día siguiente armé las valijas, cené con mi equipo y tomé el avión tan esperado a mi Buenos Aires.

    Gran experiencia, gran país.

    Hasta la próxima.

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  • Ares: fuego, lujuria, fotos prohibidas y confesiones húmedas

    Ares: fuego, lujuria, fotos prohibidas y confesiones húmedas

    Ares volvió a mi vida cuando menos lo esperaba. Mensajes ardientes, fotos prohibidas y un deseo incontrolable nos llevaron a los límites del placer. A miles de kilómetros de distancia, me hizo suya con solo palabras. Esta es nuestra historia, un juego de lujuria que nunca debió empezar… pero tampoco detenerse.

    Hay personas que nos dejan huella en la piel. Otros, en la mente. Ares lo hizo en ambas… y con solo un abrazo, ya me tenía temblando.

    Todo comenzó en un país que siempre había querido visitar, durante una conferencia de trabajo. El último día, tras una excursión a las montañas, mi agotamiento físico contrastaba con la calma que aquel paisaje me regaló. Decidí sentarme junto a un caballero que había sido amable conmigo durante la semana.

    Él… Él será Ares, el dios de la guerra. Alto, fuerte, con manos grandes que parecían diseñadas para sostener el mundo y unos ojos azules que hipnotizaban. Todo en él exudaba mucha masculinidad.

    ¿Fue el cansancio? ¿Fue su invitación silenciosa? No lo sé. Sólo recuerdo que, en el autobús, su mirada habló antes que sus palabras.

    Durante la excursión, tuvimos un breve momento a solas… bueno, casi a solas. Había otro colega con nosotros, pero Ares acaparaba toda mi atención.

    —¿Ustedes están casados? ¿Tienen hijos? —pregunté, rompiendo el hielo.

    Ares no dejó que su amigo contestara primero. Se adelantó abruptamente, esto dejó al descubierto esa masculinidad, y lo digo con todo el mejor sentido de la palabra, que me atrajo de él. Esa mezcla de hombre, de fuerza bruta, de control que me apasiona.

    —¿Y quién a nuestra edad no? —respondió con una mezcla de humor y melancolía que me desarmó.— Sí, tengo dos niñas, igual que tú. —añadió, sorprendiéndome.

    ¿Cómo sabía eso? Su atención a los detalles me desconcertó y, al mismo tiempo, me atrajo.

    Cuando su compañero se sinceró diciendo que estaba casado pero que no tenía hijos, pude ver la reacción de admiración de Ares, lo cual afloró su lado más humano. Al parecer trabajan juntos durante mucho tiempo y él no lo sabía. Ese contraste entre la agresividad y la ternura captaron mi atención y perversiones.

    Entonces para ayudar a desvanecer ese incomodo momento. Les comenté que sus esposas debían estar ansiosas por recibirlos, Ares soltó una frase que quedó grabada en mi memoria:

    —Todo lo contrario.

    Dijo esto mirando al vacío, con una tristeza que me partió el corazón.

    En el autobús conversamos, sobre todo: del futuro, la astronomía, los viajes espaciales… hasta poesía. Mientras hablábamos, algo cambió en el aire. Podía sentir cómo mi piel reaccionaba a su proximidad. Sus palabras, su aliento, cada gesto me envolvían en una burbuja de deseo.

    Mi cuerpo, sin quererlo, se acercaba cada vez más al suyo. El tiempo voló y, antes de darnos cuenta, estábamos llegando a la estación donde él y otros colegas se bajarían.

    Cuando mencioné que cambiaría de asiento para despedirme de los demás, me miró fijamente y preguntó:

    —¿Puedo darte un abrazo?

    Sus palabras, aunque simples, llevaron un peso emocional que no pude ignorar. Nos abrazamos, y su cuerpo fuerte, pero cálido, me envolvió de una manera que nunca había sentido.

    Pude sentir no solo su ternura, sino también mi deseo sin precedente, un erotismo que me llenaba de mucho miedo. Estoy en una relación estable hace 20 años, pero sin quererlo mi cuerpo reaccionaba a cada mirada que Ares me lanzaba.

    La despedida fue de golpe. Mientras el autobús se alejaba, mis ojos se llenaron de lágrimas. No quería que nadie lo notara, así que me aferré al paisaje, intentando procesar lo que acababa de vivir.

    De regreso a casa, mi mente seguía en aquellas vivencias. Dibujé paisajes inspirados en las fotos que él me había tomado y, al cabo de unos días, él me escribió.

    —¿Llegaste bien? —preguntó, enviándome más fotos que él había tomado durante el viaje, algunas de las cuales eran fotos de mi rodeada de los paisajes que siempre había querido visitar.

    Le agradecí y, poco a poco, iniciamos una conversación. Aunque torpe al principio por la diferencia del idioma, nuestras palabras empezaron a construir un puente entre nosotros.

    Un día, tomé valor y le envié una foto de una moneda de mi país. Él me había mencionado que quería una como recuerdo, pero en aquel momento no tenía ninguna para darle.

    Ese gesto desencadenó algo inesperado.

    Fue entonces cuando me sorprendió con un mensaje directo, sin rodeos:

    —Si estás interesada en mí, como una mujer está interesada en un hombre, dime “Sí lo estoy”.

    Quedé atónita. Esa rudeza que tanto me había cautivado volvía a aparecer, dejando claro quién era Ares: un hombre que no temía decir lo que sentía.

    Mi respuesta fue un susurro de valentía y deseo:

    —Sí lo estoy.

    Su respuesta, breve pero intensa, selló nuestra conexión:

    —Muy bien. Como decimos en mi país, me he quitado una piedra de encima.

    No sabía en qué momento había comenzado a perder el control, pero lo cierto era que Ares estaba de vuelta… y mi cuerpo lo sabía.

    A partir de ese momento, nuestra relación tomó un giro inesperado. Ares y yo no sólo compartíamos palabras, sino un deseo latente que se colaba en cada conversación.

    Sabía que lo que sentíamos era peligroso. ¿Hasta dónde estábamos dispuestos a llegar? Fue allí que empezó una manera única de relacionarnos. Él, tal vez por ser fotógrafo, es una persona muy visual, a los pocos días me contestó por otra red social:

    —¿Quieres que te mande una verdadera foto sexy? Obviamente bastante decente. De cuando estaba en el lugar dónde hice escala. La tomé completamente por accidente a la 5 de la mañana, pero resultó genial.

    Enseguida me llegó una notificación de que el chat estaba encriptado y de que todo desaparecería en 24 horas. Seguidamente de una imagen que hasta el día de hoy no la olvido.

    Cuando recibí la foto, mi respiración se detuvo por un instante. No era una imagen explícita ni vulgar, sino una obra de arte que jugaba con la luz y la sombra, con la insinuación y el misterio.

    El amanecer teñía el cielo de tonos dorados y anaranjados, derramándose entre los majestuosos edificios de la ciudad que aún despertaba. Ares había tomado la foto desde lo alto de su habitación de hotel, enfocando la vista imponente que se extendía más allá de los ventanales. Pero lo que realmente capturó mi atención fue su reflejo en el cristal.

    Su silueta, apenas una sombra perfilada por la luz de la mañana, irradiaba una masculinidad serena y segura. Su cuerpo desnudo tenía la solidez y la firmeza de un hombre que ha vivido, que ha sentido, que ha deseado y ha sido deseado. Sus líneas oblicuas, marcadas con precisión sobre su vientre, guiaban mi mirada tentadora, trazando el camino hacia lo prohibido, hacia lo que no se veía, pero que me podía imaginar con claridad desgarradora.

    La fotografía, era una invitación muda. Un testimonio de deseo contenido.

    Sentí un escalofrío recorrer mi espalda, seguido de un calor sutil que se expandió por mi piel. Mi mente empezó a divagar… ¿Se habría tomado la foto justo después de despertarse, con el cuerpo aún tibio de las sábanas? ¿Habría pensado en mí mientras sostenía la cámara? ¿Sabía, con esa certeza casi cruel, el efecto que causaría en mí?

    Era una imagen silenciosa, pero gritaba mil palabras. Y todas me quemaban por dentro.

    Me dio la sensación de que era un dios del Olimpo que le imponía al Sol salir. Fue allí que se ganó su nombre de Ares.

    Lo único que se me ocurrió responderle fue:

    —Eres hermoso, y tu foto es arte en su estado más puro.

    El erotismo que me transmitió me había dejado casi sin palabras.

    Mi mensaje quedó flotando en la pantalla por unos segundos, hasta que su respuesta llegó, envolviéndome en el recuerdo de nuestra despedida.

    —Quiero abrazarte y envolverte en mí.

    Cerré los ojos y, por un instante, volví a sentir aquel abrazo en el autobús, la calidez de su cuerpo junto al mío, el leve temblor de sus manos en mi espalda, la electricidad contenida en aquella despedida que aún me quemaba la piel.

    Las palabras pueden tocar más hondo que las manos… y sus mensajes me recorrían como caricias invisibles, deslizándose por mi piel, encendiéndome.

    —Tú foto me hizo sentir fuego por dentro, estoy toda mojada… —confesé sin reservas, dejando que la verdad fluyera entre nosotros.

    El deseo latente en mí exigía una respuesta, una entrega. Me levanté con el pulso acelerado, y fui al baño. Frente al espejo, me desnudé lentamente, sintiendo el aire fresco recorrer mi cuerpo, estremeciéndome ante mi propia imagen, con el deseo latiendo entre mis piernas.

    Su mensaje llegó en ese momento, encendiendo aún más la llama que ya ardía en mí.

    —Yo también me excité… Te deseo muchísimo. Quiero cogerte …

    Nunca antes me había tomado una foto desnuda, mucho menos enviado una. Pero algo en él, en lo que despertaba en mí, me hizo cruzar esa línea con la naturalidad de quien cede a un instinto profundo.

    Pensé jugar con la sensualidad y el misterio.

    Decidí que centraría mi manicura cómo foco de la fotografía. Tal vez para mantener el pudor. Cubrí mis pechos con una mano, mientras con la otra sostenía el teléfono frente al espejo, ocultando sutilmente mi cuerpo con modestia. La imagen mostraba mi torso firme, la curva de mi cintura y el inicio de mis caderas, dejando el resto a la imaginación.

    Antes de enviarla, tomé aire. Era un salto al vacío, una entrega a la pasión que habíamos construido en susurros y silencios. No le mostraba todo… pero dejaba volar a la imaginación. Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente. Era mi turno de devolverle el favor.

    Hice clic.

    Y esperé su reacción, sintiendo cómo el deseo nos envolvía a través de la distancia.

    —¡Oh Dios!… Estás buenísima. Tu cuerpo es perfecto.

    Definitivamente, había sido una foto acertada. Suelo vestirme de manera recatada cuando se trata de trabajo, y aunque no puedo esconder la sensualidad de mi cuerpo bajo la ropa, sé que despierto pasiones con detalles sutiles: un escote disimulado, una camiseta ajustada que resalta mis formas o una falda de tela delicada que juega traviesamente con la brisa. Pero esta vez le había mostrado más que eso: la desnudez de mi torso, la entrega de mi deseo, tal como él lo había hecho conmigo. Podía decirse que le estaba devolviendo el favor de haberme excitado hasta lo más profundo.

    —Estoy en llamas por dentro.

    —Y yo me imagino cómo te toco… Mis manos se deslizan por todo tu cuerpo, desde tus senos hasta donde arde ese fuego. Hasta tu pecera.

    —No me opondría en lo absoluto. Me encanta todo lo que me acabas de decir.

    Había cruzado un umbral sin retorno. Ya no podía fingir decoro, ni aferrarme a la ilusión de que aquello era solo un juego pasajero. Ares entendía mis deseos con una precisión inquietante, como si hubiese estado siempre dentro de mi mente, explorando cada rincón de mis fantasías más ocultas. Él era mi versión del éxtasis, el dios de mi desenfreno.

    Mi teléfono vibró. Su respuesta llegó cargada de deseo, con palabras que me hicieron apretar las piernas instintivamente. Esto ya no era un simple coqueteo… era un incendio que no sabía si quería apagar.

    —Yo te besaría desde tus labios carnosos, y bajaría… Bajaría hasta donde más me deseas.

    En ese momento, supe que las palabras no serían suficientes. Era la hora de la verdad. Tenía que describirle con precisión lo que imaginaba, lo que quería que él hiciera conmigo. Y no solo eso: quería que me escuchara, que sintiera mi respiración entrecortada, mi ansiedad contenida, mi vulnerabilidad expuesta.

    Le dejé un mensaje de voz. Acostada en la cama, con las piernas entreabiertas y la piel erizada de anticipación, dejé que mi voz se volviera caricia.

    —Quiero que me beses toda… todita.

    —Sí… yo te besaría por todos lados… recorrería tu piel con mis labios, saborearía cada gota de ti.

    Sus palabras eran un conjuro que me ataba a él, un deseo que ardía más allá de la distancia. Lo sentía real, tangible, como si en cualquier momento fuera a aparecer en mi habitación, listo para lamerme y chuparme toda.

    —Si tan lejos de ti estoy y ya me quemo… No quiero imaginar lo que pasaría si estuviéramos juntos.

    Yo también me lo preguntaba. ¿A cuántos orgasmos me llevaría sin que él llegara al suyo? ¿Cuánto placer podría soportar antes de perderme completamente en su dominio? Lo deseaba más que nunca. Y fue en ese instante cuando comencé a considerar seriamente una propuesta que me había hecho anteriormente: vernos en una conferencia al cabo de unos meses. Un encuentro planeado, un pretexto perfecto.

    —Tienes que aprender algunas frases en español… Porque cuando estemos juntos, quiero que entiendas lo que te susurraré al oído.

    —¡Oh, sí! Yo también espero aprender antes de nuestro encuentro. ¿Me ayudas?

    Supe entonces que había entendido mi insinuación. La posibilidad de consumar nuestro deseo era real.

    —Empieza de una vez. ¿Qué llevas puesto, querida?

    Me mordí los labios… Estaba lista para obedecer.

    Pero su insinuación en español me sacudió, aunque pude imaginar su mano fuerte apretando mi cuello, dominándome completamente. Algo me frenó. De repente, me di cuenta de lo que realmente me excitaba: el misterio, la barrera del idioma, la sensación de lo prohibido. Sin darle explicaciones, torpemente, le pedí que nos detuviéramos. Ambos decidimos tratar de calmarnos. Él, al otro lado del mundo a 10,000 km de distancia, seguramente pasaría la noche en vela por mi culpa.

    —¡Tienes razón! Es hora de reducir la velocidad… Me dejé llevar. Discúlpame. Voy a darme una ducha de contraste e imaginarte conmigo…

    Él no hablaba mi mismo idioma… pero el deseo es universal. Y en ese momento, no necesitábamos traducciones, sabíamos que no aguantaríamos más y estaríamos dispuestos a dejarnos llevar por la pasión.

    Pasaron los días.

    Un mes después, mi viaje estaba aprobado. Llamé a Ares, ansiosa por contarle la noticia. Saboreaba un caramelo mientras hablábamos, imaginando cómo sería el momento en que por fin estuviéramos cara a cara.

    Pero nunca imaginé lo que estaba por ocurrir.

    Mi marido sospechaba que estaba teniendo un romance, me conoce demasiado bien. Y como era de esperarse, aquello desató una tormenta. Me prohibió ir a la conferencia. Me prohibió comunicarme con otros hombres.

    Era inútil. No iba a poder cumplir mi promesa de encontrarnos.

    —Intentaré superarlo —me escribió Ares—. La felicidad estaba tan cerca… Todo este tiempo sin noticias tuyas me hizo pensar que esto solo pasa en el cine. Pero seguía con la esperanza de nuestro encuentro.

    Lo sentí devastado intentando consolarnos a ambos.

    —Cuando dos personas se desean tan intensamente como nosotros, nada puede detenernos. Ya encontraremos otra oportunidad. ¡Oh, mi dulce Afrodita! En mis sueños, yo estoy junto a ti.

    Quise aferrarme a esa ilusión. Le envié una foto de mis senos a través de una lencería de encaje que dejaba entrever a mis pezones paraditos.

    —Espero te haga sentir mejor.

    —Me levantaste no solo el ánimo.

    Entonces me envió una foto de su pantalón abultado y su mano sosteniéndolo debajo del escritorio.

    —¿Quieres que te bese lentamente… desde esos ricos senos hasta allí abajo?

    —¡Oh, sí, papi! Te deseo inaguantablemente.

    —Ya no me puedo contener. Te deseo tanto mi Afrodita… Mi pantalón ya no aguanta la presión.

    Seguidamente me envió la imagen de su miembro. Su piel tensa, sus venas marcadas, la necesidad vibrando en cada pulgada de él.

    Aunque había borrado inmediatamente la fotografía, era muy tarde ya lo había visto y me podía imaginar cómo el sudor corría por su frente y lo incomodo que estaba resultando para él mantener la cordura en su oficina.

    No me atreví a comentar. Quedé paralizada ¿Si la había borrado se había arrepentido? ¿Si no le comentaba algo tal vez iba a pensar que no me impacto verlo?… yo la verdad solo podía imaginarme atorándome con semejante pedazo de carne dentro de mi boca, chupándolo llevada por la pasión y el deseo.

    Lo deseaba más que nunca.

    —Mi lengua quiere jugar con tu flor mientras mis manos sostienen tus caderas trepando hasta tus pechos.

    Yo me imaginaba recostada expuesta a él con las piernas completamente abiertas, mientras acariciaba sus cabellos extasiada por las habilidades de su legua y sus dedos.

    —Te daría la vuelta y te lo metería completito mientras me agarraría de tus firmes glúteos.

    Una vez más nuestra conversación terminó para dejarnos paso a darnos cariño cada uno por su lado.

    Pero tristemente esa conexión estaba por ser interrumpida. Una noche, mientras dormía, mi marido tomó mi celular. Lo descubrió todo.

    Con el corazón en la garganta, le advertí a Ares. No había escapatoria. Tuve que bloquearlo.

    Aunque después puede lograr comunicarme con él. El daño estaba hecho.

    Al tiempo, cuando pude, le escribí desde otro teléfono. Pero él ya no era el mismo. Se había imaginado lo peor.

    Fue él quien tomó la decisión de distanciarnos.

    —Es lo mejor —dijo.

    No queríamos arruinar nuestras vidas. Yo no tenía el valor de decirlo. No tenía las ganas. Estuve jugando a la tumba abierta desde que lo conocí.

    Fue la última vez que hablamos.

    Ese fin de año, mi cuerpo y mi alma sintieron el impacto de nuestra despedida. Después de haber brillado como un Sol, ahora mi luz se había apagado.

    Las sombras de nuestros deseos, nuestras conversaciones, siguen seduciéndome.

    Tanto como aquel abrazo en el autobús.

    Nuestra historia quedó suspendida en el aire, atrapada en susurros y gemidos ahogados, pero sigue viva, latiendo en mi piel, mojando mis recuerdos.

    Cierro los ojos y aún puedo sentir el roce de sus palabras recorriéndome, sus manos imaginarias deslizándose por mi cuerpo, el peso de su deseo haciéndome arquear. Me estremezco al pensar en lo que no hicimos, en lo que quedó en pausa, en la explosión de placer que siempre estuvo al borde de consumarse.

    Pero… no importa. Porque aquí, en cada línea, en cada jadeo contenido, él me hace suya otra vez y mis labios entreabiertos están a punto de pronunciar su nombre en un gemido.

    Este relato es mi tributo a la lujuria que compartimos. Léelo, tócalo, vívelo… Y déjate ir.

    A veces me pregunto qué habría pasado si nos hubiéramos encontrado. Si sus manos hubieran recorrido mi piel, si su aliento hubiera chocado con el mío. Pero hay algo que sí sé… cada vez que leo esto, vuelvo a excitarme como si todo estuviera pasando de nuevo.

    Dicen que hay pasiones que nacen para consumirse rápido. Pero la nuestra nunca se apagó… y cada palabra escrita sigue ardiendo dentro de mí.

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  • Cumpliendo mi fetiche con mi prima Katy

    Cumpliendo mi fetiche con mi prima Katy

    Todo comenzó en un 23 de diciembre cuando mi tía hizo una llamada con mi madre, donde menciono que quería pasar la navidad con nosotros a lo cual mi madre con mucha alegría dijo que si.

    Mi tía tiene una hija de 18 años que se llama Katy, ella vive fuera de la ciudad por lo cual tenemos casi 7 años de no vernos y no tenemos una relación de primos muy buena.

    En fin, se llegó el día siguiente y yo me desperté a las 8 am ya que este día descanso por ser 24 de diciembre.

    A las 11:30 am le llama mi tía a mi madre que ya están en el parqueo qué por favor la salgamos a encontrar y yo en ese momento me estaba terminando de alistar porque iba a salir a comprar unas cosas al centro de san salvador.

    Al salir de mi habitación y llegando a la sala me encuentro a mi tía de 42 años, gordita, con buenas piernas y un culito qué le queda muy bien y ahí estaba mi prima Katy de 18 años, con un vestido color vino de tela de algodón qué le asienta muy bien ya que tiene unas tetas muy grandes y una cintura de infarto y que más mencionar que tiene unas piernas y unas nalgas mejor que las de mi tía, de reojo vi sus pies qué andaba unos tacones altos color negros y ahí me enamoro ya que la pies de ella es tes blanca, pues los pies son muy chelitos y andaba las uñas de blanco qué la hacía ver una señorita muy fresa, a la vez levantó mi mirada y ella con una sonrisa me saludo y a la vez yo correspondí con un abrazo.

    Las lleve al cuarto donde se quedarían a dormir y en ese momento mencione que saldría a comprar unas cosas y pues mi tía me pidió llevar a mi prima ya que no conoce la ciudad y pues acepte, mi prima solo me pidió que le diera unos 5 minutos para cambiarse y así fue.

    Al salir a la sala mi mirada cambió al ver a mi prima de 18 años con una minifalda que le encajaba super bien y una blusa muy escotada que hacía ver sus pechos muy grandes y salidos qué con un mínimo movimiento se le salían y usaba unas sandalias pequeñas, pero con sus pies se miraba super bien.

    En fin, nos decidimos retirar, me despedí de mi madre y de mi tía y al salir de casa mi tía solo me pidió que cuidara muy bien de su hija.

    Llegamos al parqueo común donde tengo mi vehículo y ella con una cara muy sorprendida me dijo que si ese era mi carro a lo cual respondí que si, y le pregunté que si le gusta:

    Katy: me gusta muchísimo primo, que lindo su carro.

    Yo: gracias prima y ahora se verá mucho mejor contigo.

    Katy: (ella solo se puso a reír y con una mirada seductora me dijo) se han de subir muchas chicas acá primo, cuidado que soy muy celosa.

    Yo: no prima, no subo a nadie es mi primera vez subiendo a una princesa como tú.

    Katya: primo te quiero pedir un favor.

    Yo: a ver dime

    Katya: ¿puedo tomarme fotos de mis pies en tu carro? Ya que me gusta como ando mis pies y me gustaría lucir tu carro en mis redes.

    En ese momento yo me quedé en total silencio, ya que si han visto mi información en mi perfil podrán ver que soy muy fetichista con eso, desde muy joven me encanta ver pies femeninos y siempre había querido besarlos y tocar unos que me excitaran y pues mi prima tiene los pies de infarto, muy hermosos y cuidados.

    Cabe mencionar que ella en esa tiempo tenía 18 años y yo 22 años.

    Pero bien, yo le contesto a ella que si, que sería un honor ver esos piecitos tan hermosos modelando en mi carro y ella soltó una sonrisa coqueta.

    Pues bien, arranque el vehículo y comencé a manejar, en eso ella se iba tomando varias fotos.

    Pues yo iba vestido con una camisa tipo Columbia, mi reloj y un pantalón negro.

    Al verle a ella tomándose fotos de sus pies, pues mi pene se comenzó a levantar y se puso tieso como una roca e iba que explotaba y quería sacar todo mi semen.

    En ese momento ella movió sus pies y los puso en mi pierna y me dijo que quería hacer eso para que vean que va con un hombre.

    Vine en ese momento y no desaproveche mi oportunidad de al fin tocar esos pies hermosos y así fue, comencé a tocarlos y acariciarlos y ella miraba como su respiración comenzó a hacer un poco más rápida, no sé en qué momento paso pero solo le agarre un pie y lo lleve a mi boca y comencé a besarle y ella sonrió y me dijo: primito no sabía que te gusta eso.

    Yo muy apenado le dije, si lo siento prima, me deje llevar por el momento ya que tienes unos pies que me vuelven loco y pues lo siento.

    Katy: pues por mi no hay problema primo, puede ser un secreto para nosotros dos y déjame confesarte que yo siempre quise conocer a alguien con este fetiche.

    Yo- al escuchar eso me puse rojo y mi pene volvió a ponerse duro y esta vez lo toco y así fue como ella levantó su pie y los puso en mi boca, sin decir nada comencé a besarlos cada uno, y ella comenzó a tocarse los pechos y con su pie izquierdo toco mi pene, ella me pidió que lo sacara y así fue, saque mi pene tieso no muy grande pero si grueso y ella se movió de lugar, y me dijo al oído que si le daba permiso de comerme mi pene, y yo bien feliz le dije que si. Ya que era mi primer experiencia que alguien me hiciera un oral mientras manejaba.

    En eso, subí su vestido corto y noté que andaba puesto un hilo rojo muy sexy y comencé a tocarle la vagina con mi mano derecha y ella solo me decía que rica verga tenía, ya que es gruesa y cabeza muy rosada…

    En eso iba pasando por un motel muy cercano a la casa y pues me metí, ella no se dio cuenta en ningún momento y pues al ingresar le dije que quería tener mayor privacidad y pasarla más rico ese 24 de diciembre.

    Ella le sorprendió, pero no se quejó y ella fue la que se bajó del carro y busco la cama del cuarto en el motel.

    Pues al llegar, esperamos que llegarán a cobrarnos y así fue.

    Después de eso comencé a besarle esos increíbles labios rosados y su lengua tocaba mi lengua y me decía que le guste mucho desde el momento que me vio.

    Yo le dije lo mismo, y comencé a buscarla con mi manos su rica vagina qué ya estaba muy mojada, y ella saco sus grandes tetas de la blusa qué andaba con mi boca llegue a ellas y comencé a besarlas apasionadamente.

    Baje y le quite la falda qué andaba puesta, quedando con un hilo de encaje muy lindo y hermoso en esas nalgas chelitas y grandes, seguí bajando la falda hasta llegar a esos pies hermosos y comencé a besarlo con locuras mientras ella solo se tocaba los pechos, seguí besando cada dedo de sus pies y esas plantas de los pies rosaditas y esos dedos qué le quedaban super lindos esas uñas color blanco…

    Y así fui subiendo hasta estar en frente de su vagina rosada de labios grandes, pues con mis dedos le abrí y busque su clítoris para besarle en ese lugar y ver como gemía mi puta prima, con mi dedo busque su ano y comencé a jugar con el ano de mi puta prima que la tenía a mi merced sin ninguna queja, más las que gemía y aproveche al bajar por su deliciosa vagina qué mi cara ya la tenía bien llena de su rico manjar y llegue a su ano, donde ella levantó un poco su espalda y me dejó que le besara todo el ano y jugando con mi lengua dentro de ello, y ella me decía que no parara que chuparle el ano que jamás se lo habían hecho.

    Entonces ella se dio vuelta y me tiro a la cama, dejando mi rabo bien duro a la vista y ella comenzó a mamarlo a lo bestia, yo me sentía en la nube a ver a mi prima mamándome la verga con locura, y ahí fue donde me corrí en su boca y ella se comió cada gota de mi semen caliente, y viendo así ella siguió chupándome la verga hasta ponerla tiesa nuevamente y se tiró encima de mi diciéndome que quería que le desvirgara el culo, que le encantó que le chupara el ano y que estaba lista para tener su primer anal con su primo y así fue, comenzó a meterse lo poco a poco mientras yo besaba sus increíbles tetas.

    Cuando sentí ya tenía todo mi pene en su ano tan rico, en eso se bajó y comenzó a chupármelo y lo lleno de saliva a lo vestía y la puse en 4 y así comencé a fallarle ese rico ano rosado, en eso pare se la saque y se la metí por esa rica vagina rosada y mojada que tenía, ella solo gritaba de excitación y seguí dándole por el culo por unos 10 minutos.

    Cuando me dijo que le avisara al acabar así fue, le dije: ya primita ya voy acabar, se acostó en la cama y me puso los pies en mi verga y me pidió que le llenara los pies de mi semen y así fue, salió un fuerte chorro de mi semen que le cayó en la cara y pechos pero la mayoría quedo en sus pies, al ver eso ella se sentó e hizo llegar sus pies a su boca y comenzó a chupárselos hasta no dejar ninguna gota de semen, al ver eso me comenzó a mamarme la verga y sacar mi última gota de semen.

    Al finalizar nos quedamos acostados en la cama y solo me dijo ella: vaya primito que si le hiciste caso a mi mami del encargo que te dijo que me cuidaras, y si que lo hiciste, mi culo ha quedado super abierto.

    Al ver la hora ya teníamos unas dos horas en el lugar, salimos del motel y regresamos a casa y nadie se dio cuenta de nada, ese día a las 12 de la medianoche nos abrazamos y nos dimos la noche buena, el día siguiente se fueron a su casa, a la fecha ya no nos hemos visto y platicado, solo sé que se casó.

    Pero al rato nos volveremos a ver, espero les haya gustado, perdón por la forma de relatar esto, no soy muy bueno para escribir, pero espero les haya gustado.

    Dejen sus comentarios, subiré pronto una hostería más con mi vecina.

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  • Brincando sobre su pene mientras llovía

    Brincando sobre su pene mientras llovía

    A mediados de primavera hicimos un viaje a Bariloche mi amiga Vicky y yo. Fue un viaje hermoso y linda estadía. Navegamos en el lago Nahuel. Hicimos excursiones en teleférico a los cerros aún nevados. Disfrutamos alguna fiesta bailable con algún romance fugaz que nos calentó, pero no pasó de eso…

    La víspera del regreso se nos ocurrió la bonita idea de ir a tomar fotos del atardecer sobre la cordillera y conocer la comarca de El Bolsón, distante ciento treinta kilómetros, por ruta de montaña.

    Hicimos todas las gestiones a fin de rentar un auto con chofer para llevarnos a tomar fotos, llegar hasta la comarca y regresar después de cenar

    Nuestro presupuesto era escaso y no alcanzaba para cubrir ese gasto. Pero nuestras ganas de ir eran grandes. Preguntando se llega a Roma dicen y nosotras llegamos a contratar un auto particular . Está variante permitió obtener un precio adecuado a nuestras disponibilidades.

    Ese día.

    A media la tarde el cielo se nubló malogrando la buena toma de fotos. Pero manteníamos intactas las ganas de llegar a la comarca andina.

    A las 18 horas pm, el auto contratado llegó a la puerta del hotel y conocimos a Ernesto, nuestro chofer. Un hombre delgado, de 1,75 de estatura. Muy simpático Nos sugirió llevar algo de ropa de abrigo.

    En ese momento vestíamos pantalones de algodón holgados, camisetas de lycra manga larga y campera liviana. Me parecía excesivo llevar abrigos largos, pero aceptamos la sugerencia. Ambas estábamos calzadas con zapatillas de running.

    Comenzado el viaje, llenas de emoción con nuestros ojos casi devorando Inmensidad de la cordillera.

    Ernesto se detuvo en todos los lugares donde le pedimos para tomar fotografías. También colaboró tomando fotos de las dos abrazadas con el lago Gutiérrez de fondo. Pero el sol continuó bajando hasta desaparecer completamente tras las cumbres.

    Pronto la oscuridad del cielo fue tal que ya no hubo más luz diurna y se acabó la sección de fotos.

    A las veinte y treinta llegamos a El Bolsón..

    Apenas descendimos del auto, nos sumergimos en un almacén de chocolates artesanales. Gastando hasta el último centavo, pero reservando lo necesario para afrontar dos pagos inevitable.

    Apartamos el dinero para pagar la cena y el servicio de Ernesto.

    Él nos acompañaba sonriente en todo momento. Muy caballero y por demás respetuoso. Parecía estar muy a gusto acompañando a dos chicas haciendo compras.

    Él dijo tener treinta y seis años, soltero. Vive junto a su padre.

    Lo invitamos a cenar con nosotras en un restaurante de estilo alemán. Los platos eran exquisiteces. Ernesto un poco tímido cenó lo mismo que yo, pero sin cerveza artesanal, únicamente bebió agua saborizada.

    Vicky y yo bebimos más de la cuenta porque comenzamos a reírnos por casi todo. Yo, un poco más osada, hasta tomé la mano de Ernesto para hablarle y con un pie toqué entre sus piernas, por debajo de la mesa. Él sonreía y dijo que no podría cobrarnos el viaje por todas las atenciones que recibe de nuestra parte. Varias veces busque sus ojos con mi mirada, Ernesto no bajo la vista, pero si una mano para tocar mis rodillas por debajo del mantel

    A las diez de la noche llegó el momento de emprender el viaje de vuelta. Vicky y yo cargadas con souvenirs, chocolates, mermeladas y muy soñolientas, nos acurrucamos en el asiento trasero. Ernesto dispuso nuestros equipajes en el asiento delantero del acompañante.

    A minutos de salir del restaurante comenzó a llover suavemente.

    Ernesto nos dijo ―Debemos ir despacio con el piso mojado.

    ―Estamos en tus manos, cuidamos ―le respondí.

    Apenas habíamos recorrido unos diez kilómetros cuando la lluvia se hizo más intensa.

    Casi no hablábamos por efecto del alcohol. Cuando miraba a Ernesto, veía su cara recortada en la luz del auto y el agitarse rítmico del limpiaparabrisas. Nadie circulaba en ese momento. La ruta era para nosotros y la lluvia barría el asfalto con densas cortinas de agua.

    Yo dormitaba hasta que abrí los ojos porque no oía el sonido del motor del auto. La oscuridad era total. Sobresaltada dije ―¡Ernesto, Ernesto…!

    —Tranquila, Belu ―respondió con voz pausada― Hay una falla eléctrica. Paramos y lo miro.

    El auto seguía avanzando porque estábamos en pendiente. Lo llevó lentamente hasta salir del asfalto y detenerse junto a un grupo de árboles.

    ―Pediré auxilio mecánico ―dijo Ernesto iluminando con la pantalla de su celular.

    ―¡Maldición! No hay señal ―Dijo y añadió― Iré hacia atrás, hasta la elevación que pasamos posiblemente allí si la haya. Permanezcan con las puertas cerradas. Regreso rápido.

    El miedo a la oscuridad y en un lugar desconocido me hacía temblar, y Vicky dijo ―Yo también tengo miedo.

    Apenas se alejó Ernesto bajo la lluvia, bajé del auto con muchas ganas de orinar. Y cuando regresé estaba un poco mojada. Vicky hizo lo mismo.

    Habían transcurrido unos veinte minutos y no veíamos a Ernesto. Intenté llamarlo, pero fue en vano.

    Permanecimos con los ojos muy abiertos mirando en la oscuridad, esperando a Ernesto como si fuera nuestro salvador.

    A los treinta y dos minutos de haber salido regresó totalmente mojado ―No hay señal en ningún lado ―Dijo y comenzó a quitarse la liviana campera que lo cubría. Se paró junto a la puerta del lado acompañante, pasó nuestras pertenecías al asiento de conductor luego se sentó. Con voz temblorosa por el frío dijo ―Estaremos aquí hasta que pare de llover. Perdonen chicas.

    Yo le toqué el hombro, su a camisa también estaba muy mojada ―¡Quítate todo lo mojado! ―Le pedí con verdadera angustia en mi voz.

    ―Pásate a nuestro asiento así te cubres con nuestros abrigos largos y te sientes mejor ―sugirió Vicky.

    Ernesto volvió a salir del auto para entrar por la puerta de mi lado.

    Pasó sobre mí y se sentó entre ambas. Le toqué el pecho, estaba frío y permanecía con el calzoncillo mojado.

    Apoyé una mano en su pierna fría y le dije ―¡Quítate eso! Está todo bien.

    ―Gracias Belu, eres muy buena ―Exclamó.

    Me volteé hacia el lado de la ventanilla y Vicky también lo hizo. Se quitó el slip mirando hacia adelante cubierto con nuestros abrigos largos.

    Mis ojos se fueron cerrando y permanecí callada oyendo respirar junto a mi cabeza. poco después se había volteado hacia Vicki. Su cola se apoyaba en mi cola y me calentaba el culo. Permanecimos callados mucho tiempo, quizás pensando o intentando dormir. Nos movíamos, reacomodando nuestros cuerpos, pero sin poder estirar las piernas.

    Llevé una mano hacia atrás para tocarlo. Fue una sorpresa para mí tocar su verga dura apoyada en mi culo, alineada en la separación de mis nalgas. Ernesto no dijo nada ni se movió. Retiré la mano, pero moví el culo empujando hacia atrás. Inmediatamente su mano tiró de la pretina de mi pantalón hacia abajo y calzó sus dedos debajo de la mini tanga. Lo dejé hacer, hasta que llevé la mano para tomar la suya y entrelazar los dedos. Luego guio mi mano hasta que le toqué el glande caliente. No pude contener un suspiro al tocar algo tan bonito.

    De pronto, Vicki se sentó y dijo ―¡No está bien que cojan callados!, yo no soy de madera ―Y abrazó a Ernesto por la espalda.

    Ambas nos quitamos pantalones y los tangas, también los brasieres quedando con las camisetas puestas. Comenzamos a jugar a quien lo mamaba primero. Lamí y chupé su verga en la oscuridad un corto tiempo para cederle el lugar a mi amiga, experta en el arte de mamar.

    Cuando dejó libre el lugar, me senté sobre las piernas de Ernesto. Su pene se hundió rápidamente en la profundidad de mi vagina. El respiraba pesadamente. Mientras, me levanté y senté tres o cuatro veces. Comencé a mojarme mucho y cedi el lugar a Vicki. Todo movimiento era tremendamente incómodo, pero logramos quitarle el frío a Ernesto. Y nosotras gozamos y disfrutamos su verga en medio de la lluvia.

    ―¡Mujeres bonitas y deliciosas! ¡Que hembras! ―Decía Ernesto.

    Su pene mediano, pero muy firme, hacía la delicia de nuestras hambrientas conchitas.

    Ernesto casi no se movía. Cuando lo monté nuevamente, clavándome a fondo, utilizó un dedo para masajearme el clítoris. No pude contenerme más grité como una poseída y convulsioné temblando mientras Vicki se reía. El me sujetaba por las caderas y me ayudaba a dar mis sonoras sentadas sobre su herramienta.

    Me levanté de sobre él y Vicky me reemplazó rápidamente comenzando a gemir y dando fuertes sentadas. Ernesto gruñó y se le fue la vida llenando de semen el interior profundo de mi amiga.

    Las dos apoyamos las cabezas sobre su regazo. Reímos y dimos lengüetazos a su pene casi flácido, aun dejando escapar su precioso líquido. Comimos los chocolates que habíamos comprado para regalar.

    Repusimos nuestra energía comiendo verga con chocolate e invitamos a Ernesto con alguna tableta para que se repusiera rápido. En poco tiempo ya estaba tiesa su herramienta nuevamente lista para darnos placer.

    ―Ernesto, ahora que la tienes buen dura llena a Belu .Te cuento que a ella le encanta que le partan el culo ―dijo Vicky, riéndose. Ernesto la miro y luego buscó mis ojos, pero todo era sombras.

    Me abracé a su cuello sin hablar, sin hacer ningún gesto de negación a lo dicho por Vicki. Lo monté suavemente enfrentando nuestras caras. Yo no lo veía, pero sentía su pene erecto entre los labios externos de mi vulva. Nos besamos buscando que nuestras lenguas se juntasen. Su verga aún se hinchó un poco más y también se inflamaron mis labios vaginales Me dolían los pezones por estar tan duros. Alcanzó a tomar uno entre sus labios, lo apretó y me quejé exagerando el dolor.

    Introdujo la punta de su verga en mi abertura que manaba jugos. Flexione un poco las piernas para sentirla mejor

    Con una mano, tomé su verga y restregué el glande caliente sobre mi ano. Ernesto entendió el mensaje. Mojó sus dedos en la vagina muy mojada y los presionó sobre el culito aún cerrado. Mi calentura era incontenible.

    Ernesto agarrándose a mis caderas me levantó un poco para apoyar la verga en el centro del fruncido capullo y luego me jaló hacia abajo por las caderas

    El estirón del esfínter me dolió porque no hubo elongación previa. Pero luego de pasar la cabeza fue delicioso sentir como me entraba toda su carne. Mis glúteos rebotaban en sus bolas con ese sonido tan caliente y peculiar

    Mientas, Vicky se introducía los dedos en la vagina y suspiraba.

    Le dije a Ernesto al oído ―Dame fuerte como para partirme.

    El vaivén se hizo intenso, profundo y con velocidad. Mi orgasmo se gestó cuando él sumó el dedo del corazón de su mano derecha a penetrarme por la vagina y acariciar el pequeño clítoris.

    ―¡Me estás partiendo hijo de puta! ―Grité. Después, tras convulsionar gimoteando

    Al tiempo que Ernesto descargó sus pelotas en mi recto, resoplando.

    Vicki también llegó a su orgasmo masturbándose.

    Nuestra tensión sexual cesó. Nos abrazamos las dos a él después de limpiarnos los fluidos con nuestras tanguitas y alguna servilleta de papel. Rendidas, nos dormimos para despertarnos con la primera luz del día. Había dejado de llover.

    La ropa de Ernesto continuaba muy mojada y Vicky le ofreció su saco largo para cubrirse al salir del auto. Ella tiene 1,73 de estatura. Y lo cubría bastante bien.

    Ernesto, salió del auto, levantó el capó y después de algunas pruebas dio con el problema causante de la avería ―¡Un terminal flojo!

    A los pocos minutos lo puso en marcha. Nos llevó hasta el hotel en Bariloche y continuó hasta su casa sin bajar del auto. Únicamente iba vestido con el abrigo largo y zapatillas.

    Antes de nuestra partida, regresó con el abrigo de Vicki. Y no cobró el viaje, aunque insistimos en pagarlo.

    Nos estrechamos los tres en un abrazo, sin hablar, pero yo a punto de romper en llanto. Nos despedimos de él.

    Belu

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  • Gordo policía hizo a mi esposa su puta (3 – final)

    Gordo policía hizo a mi esposa su puta (3 – final)

    Marcelo me decía que se estaba por ir pero necesitaba un último favor.

    En la comisaría estaba un preso llamado Ramon, que le decían el burro, que es quien mantenía el orden en las sendas, a cambio de protección, si alguno buscaba lío alguno, a la noche el o sus secuaces lo visitaban y le daban su merecido.

    Nosotros sabíamos sus métodos pero nos servía, el solía cada tanto hacer que la mujer de algún preso nuevo, o alguna hermana lo visite, o se descargaría sexualmente con el preso nuevo, más allá que más de una salía llorando de esa visita jamás realizaron quejas e incluso alguna pidió volver a verlo.

    El caso era que Noemi tenía que visitarlo, ya que Marcelo cuando estaba con Noemi la filmaba o le sacaba fotos y se las vendía a los presos, y cuando el burro la vio, dijo quiero a esa puta.

    Marcelo al principio dijo que le dijo que no, que era de él y que era cara, a lo que Ramon le recordó que una joncita estuvo en una reunión con él y otro poli gracias a él.

    Así que tuvo que acceder, la hizo que se cambie y se la llevó, yo preocupado le dije que tenía miedo y me dio la posibilidad de verla ya que lo grabarían sin que supieran, según el por seguridad.

    Así que al entrar a la comisaría, lo hicieron por el fondo, para no llamar la atención. Noemi tenía un vestido de esos elastizados negros pegados al cuerpo, no se había puesto ropa interior porque Marcelo de seguro que la llevaba para algo sexual dijo y que siempre le rompe las tangas o corpiños porque se los arranca.

    Todos pensamos lo mismo pero Ramon, o sea burro cuando la vio se le iluminaron los ojos y dijo, sos más linda personalmente y eso que ahora estas vestida, y le mostró una foto de ella con el pené de Marcelo en la boca, ella moría de vergüenza y enojo, jamás pensó salir así en una foto por ahí.

    Ramon la empezaron a besar y tocar los pesos, a lo que le bajo el vestido, y cuando metió la mano por debajo acariciando sus piernas y llegando a su destino, y pudo acariciarla sin encontrarse con ropa, burro también exclamó también sos más puta que en foto.

    La situación sin ser romántica hizo que a mi mujer como a él, los pusiera a full, con lo cual ella empezó a besar a él y cuando sus manos llegaron al miembro de él, se asustó, no podía creer el tamaño, él se paró y se la llevó a la boca de mi esposa que intentaba de alguna forma chuparlo pero no entraba en su boca.

    El también recorrió el cuerpo de mi esposa con su boca saboreando cada centímetro, y ya disfrutando la colita qué iba partir.

    La hizo subir y sentarse ella en su miembro, mientras la besaba, a la vez que se quejaba de dolor,

    Él le decía ahora tenés un macho de verdad, sos mi putita mientras empujaba más adentro, así estuvo un rato, hasta que le dijo que se ponga en cuatro, ella se dio cuenta lo que venía y le rogaba que no, y él decía, tranquila se romper culos te va gustar, jugo un rato con sus dedos que eran el tamaño de un pené normal, y después unto una crema y se la hundió, fue un solo grito de ella, Marcelo qué estaba también mirando decía mira esa puta que lindo coge le entra lo más bien, después de un rato que se amoldo a su pija, ella empezó a mover y gritar de placer, gritando que linda pija tenés hijo de puta y se corrió como nunca, después de un rato el le lleno el culo de leche.

    Ya cumplido con el propósito de Ramon, le comió la boca de un beso, le dijo que era una buena puta y se fue.

    Noemi se puso el vestido y apareció el guardia qué la llevó con Marcelo, quien se la llevo a casa mientras ella le hacía un oral en el viaje.

    Después llegue yo a casa ella salía del baño, no me dijo nada, solo que estaba cansada, y Marcelo le decía no le vas a contar nada ella solo se río y se fe acostar.

    Así fue que Marcelo la uso muy a su antojo en estos tiempos y se fue

    Ella desde entonces se viste más liberal o sexy como quieran llamar o sea esta más puta.

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  • Cogiéndome a Jacqueline, la hermana de mi novia

    Cogiéndome a Jacqueline, la hermana de mi novia

    Hace un par de años estuve de novio de una joven a la que amé mucho. Era una muchacha de 22 años llamada Fernanda, muy hermosa, con un cuerpo muy apetecible y unas tetas divinas, grandes y duras, pero esta historia no trata exactamente sobre la que entonces era mi novia, en vista de un problema que teníamos: ella pretendía llegar virgen al matrimonio, como consecuencia, sin duda, de la rígida educación que ha recibido de su familia. Yo respeté su decisión durante el tiempo que estuvimos juntos, por supuesto, pero eso me trajo el obvio inconveniente de que me era imposible satisfacer de manera adecuada mis naturales instintos sexuales.

    En fin, un día estábamos celebrando el cumpleaños de la mamá de Fernanda en su casa, ubicada en una urbanización muy exclusiva. La de los padres de Fernanda es muy amplia –tiene dos plantas- y lujosa, con un bellísimo jardín en la parte trasera.

    El cumpleaños de la mamá de Fernanda cayó un día jueves y la señora Raquel –así se llama la madre de la que entonces era mi novia- decidió que en vista de que era un día laborable, haría una cena muy pequeña, a la que asistirían su esposo Luis –el papá de Fernanda-, Fernanda, Jacqueline –la hermana mayor de Fernanda-, Jorge –el novio de Jacqueline-y yo. Estaba planeado que viniera también la tía Paola, hermana de la señora Raquel, pero llamó esa tarde para avisar que no podría asistir porque se le había presentado un problema doméstico que tenía que resolver (algo así como una tubería rota, pero no lo recuerdo con toda precisión y de todas maneras no importa).

    La que sí importa tener en cuenta en esta historia es a Jacqueline, la hermana de mi novia. A pesar de tener seis meses de relaciones con Fernanda, yo no conocía a Jacqueline, pues ella no vivía en casa de mi novia y tenía un apartamento propio en una zona que quedaba bastante lejos de la casa de su padre. Y digo la casa de su padre, pues Jacqueline es hija del primer matrimonio del señor Luis, quien quedó viudo de la mamá de Jacqueline pocos meses después de que ella nació y luego se casó con la señora Raquel, con quien tuvo a Fernanda.

    Como venía diciendo, yo no conocía a Jacqueline y la verdad es que Fernanda y sus padres tenían opiniones encontradas sobre ella, puesto que su estilo de vida parecía chocar un poco con el de ellos. La familia de mi novia es, como lo señalé antes, bastante conservadora, mientras que de Jacqueline se decía, de una manera bastante escueta, que tenía una forma de ver la vida más liberal. Como yo conocía ya la forma de pensar de los padres de Fernanda, me imaginaba simplemente que Jacqueline llevaba la vida de una mujer normal y contemporánea, que vive sola, que tiene un novio y que es activa sexualmente, lo cual seguramente escandalizaría al puritano grupo familiar.

    Siempre consideré que había sido un poco extraño no haber conocido a Jacqueline hasta ese momento. Creo que fue mera coincidencia que nosotros hayamos tardado tanto tiempo en encontrarnos. Lo que pasa es que cuando empecé con mi novia, Jacqueline estaba haciendo un curso en Italia que duró tres meses (ella es diseñadora gráfica), y después de su regreso solía visitar la casa de su padre en las tardes, cuando yo estaba en la oficina. De hecho, Jacqueline había convertido lo que antes era su habitación, ubicada en la planta alta de la vivienda, en una especie de estudio en el que a veces trabajaba.

    La noche de la cena del cumpleaños de la señora Raquel yo había llegado temprano y estábamos conversando en la sala mi novia, sus padres y yo, esperando a Jacqueline y a Jorge. A eso de las ocho de la noche sonó el timbre y la muchacha de servicio abrió la puerta, haciendo pasar a la hermana de Fernanda y a su novio.

    Cuando entraron a la sala, creo que quedé con una cara de bobo al ver a Jacqueline. De una vez debo decirles que aunque no es una miss, es una de las tipas más ricas que he visto, porque exuda sensualidad por cada uno de los poros de su piel y da la idea de una tigresa en celo que espera ser poseída salvajemente. No es muy alta (mide 1,60 metros de estatura), pero tiene una piel morena y brillante que despide un suave aroma de hembra que estoy seguro enloquece a todos los hombres que se le acercan.

    Esa noche tenía puesta una falda negra, ni muy larga ni muy corta, que le llegaba un poco más arriba de las rodillas, dejando ver un par de piernas bien torneadas y de la contextura que a mí me resulta perfecta: ni demasiado flacas ni gruesas, simplemente en el punto justo en el que hay suficiente carne firme para admirar y, si hay suerte, tocar. La falda era de una tela delgada que caía suavemente sobre su cuerpo y resaltaba unas caderas insolentes, una cintura celestial y apretadita, y un culo de antología que se podía adivinar enfundado en una pantaleta tipo hilo dental.

    En la parte de arriba llevaba una blusa color verde oliva, manga corta y ceñida, que permitía gozar en todo su esplendor de la vista de un formidable par de tetas, también de un tamaño perfecto, pues si bien no eran excesivamente grandes, si eran lo suficientemente voluminosas como para llamar la atención y resaltar como unos pechos de una calidad superior al promedio. Por otra parte, venía calzada con unas sandalias de tacón alto que dejaban ver unos pies exquisitamente bien formados, con uñas primorosamente cuidadas, detalle que me excita sobremanera.

    El rostro de Jacqueline no es una obra de arte (atención, tampoco es feo). De hecho, Fernanda es mucho más bonita de cara que su hermana. Pero Jacqueline posee un dejo de sensualidad animal que se refleja en la picardía de sus ojos oscuros y en su cabello negro y liso, que lleva un poco por encima de los hombros. La boca es quizás un tanto excesivamente grande, aunque de labios finos y siempre húmedos, y su nariz es hermosamente perfilada.

    El novio, Jorge, me pareció un perfecto imbécil. Es bastante alto (quizás 1,85 metros, a lo mejor hasta un poco más), pero más allá de eso me pareció un tipo sin mayores méritos, no demasiado inteligente y sin duda uno de esos sujetos de los que uno se pregunta cuál es la atracción que pueden generar en una mujer tan volcánica como Jacqueline.

    Vinieron las presentaciones de rigor y nos sentamos todos en el espacioso salón en el que la familia solía recibir a las visitas. Yo estaba sentado junto a Fernanda en un pequeño sofá de cuero, sus padres estaban cada uno en una butaca a la izquierda y a la derecha y Jacqueline y el novio se colocaron en una sofá más grande que quedaba justo al frente de mi vista. Es decir, que iba a poder disfrutar de la vista de tan rica hembra durante un buen rato.

    Lo primero que me pasó por la cabeza al cabo de unos cuantos minutos, luego de ver sentados uno junto al otro a Jacqueline y a Jorge, fue la imagen de los dos tirando salvajemente en el mismo mueble en el que estaban en ese momento. En esta escena imaginaria, Jacqueline estaba sentada sobre Jorge, dándole la espalda, mientras éste le clavaba la verga en la concha y ella gemía como posesa, con las piernas abiertas y las nalgas rebotando sobre los muslos del novio.

    Esta fantasía me perturbo bastante y me fue difícil concentrarme en las conversaciones banales que se fueron desarrollando a lo largo de la noche, pues no podía quitar mi vista de Jacqueline, especialmente cuando me di cuenta de que sus pezones estaban bastante erectos, al punto de que se podía imaginar no solamente la forma de aquéllos, sino también la de la areola, cosa que me puso como una moto.

    También comencé a observar que, no sé si por descuido o adrede (creo que fue más lo segundo, teniendo en cuenta lo que pasó después), en determinados momentos Jacqueline separaba las piernas lo suficiente como para dejarme entrever durante un par de segundos una pequeña fracción de sus pantaletas blancas y de sus muslos de diosa.

    Noté al mismo tiempo que Jacqueline mostraba una conducta excesivamente amable hacia mí y me ofrecía con bastante frecuencia toda su atención, pero no quise darle demasiada importancia a ese hecho, a pesar de que, repito, su sola presencia me tenía embobado y sentía unas ganas locas de que todos los demás desaparecieran, para poder follármela como loco en cada uno de los rincones de la casa, cosa que, por otro lado, me lucía como una fantasía inalcanzable.

    Al cabo de un rato pasamos a la mesa y sirvieron la cena, la cual, como era costumbre en esa casa, estaba deliciosa. Mientras comíamos, Jacqueline comentó, con una extraña mezcla de preocupación y picardía, que la computadora que tenía en su estudio le estaba dando problemas y que no había podido resolverlos.

    Acto seguido, dijo que Fernanda le había mencionado que yo tenía una habilidad especial en cuestiones informáticas y que quizás podría subir con ella a la habitación, una vez terminada la cena, para que la ayudara a solucionar el asunto. Al señor Luis le pareció una idea excelente y me pidió que una vez que nos levantáramos de la mesa acompañara a su hija a la planta alta de la casa para que yo revisara cuál era el desperfecto que presentaba la máquina.

    Después de terminado el postre, pasamos todos a un pequeño salón que tiene una amplia puerta corrediza que permite acceder al jardín de la casa.

    Jorge y el señor Luis estaban hablando aparte de un posible negocio que podían llegar a concretar juntos, y durante unos escasos minutos las tres mujeres y yo estuvimos intercambiando nimiedades hasta que Jacqueline dijo, con una voz entre seria y seductora: “Alberto, creo que es mejor que me acompañes arriba para que veamos lo de la compu, pues luego se hace tarde y nos olvidamos del asunto”. A mí todavía la situación no me había parecido sospechosa (como a ninguno de los presentes), pero mi güevo sí pareció intuir lo que venía, pues se irguió como un asta de bandera, al punto que tuve que hacer un esfuerzo para disimular mi erección mientras caminaba.

    Mi erección continuó en aumento mientras subíamos las estrechas escaleras, puesto que Jacqueline iba delante de mí y sus nalgas portentosas quedaban casi a la altura de mis ojos, mientras se movían cadenciosamente conforme ella iba superando cada peldaño, dejando adivinar nuevamente la forma de sus panties hilo dental.

    La habitación que había sido de Jacqueline y que ahora fungía como su estudio estaba al final de un pasillo a lo largo del cual se distribuían las puertas de los demás cuartos. Justo al lado de la entrada de la pieza de Jacqueline estaba ubicado un baño auxiliar que yo había utilizado muchas veces cuando había ido a la casa a visitar Fernanda. Atravesamos todo ese pasillo con Jacqueline manteniéndose delante de mí, avanzando lentamente mientras balanceaba sus caderas de forma exageradamente sensual; sin embargo, había en su actitud un dejo de distancia y frialdad calculada.

    Cuando pasó junto a la puerta del baño auxiliar, se detuvo junto a ella, la abrió, encendió la luz, oprimió el botón en la perilla interna que sirve para asegurar la puerta y la cerró. Como yo le dirigí una mirada que parecía decirle que no estaba entendiendo nada de lo que sucedía, ella esbozó una media sonrisa bastante enigmática y siguió caminado sin inmutarse, hasta entrar en su estudio.

    Yo me quedé parado, inmóvil, justo en la puerta, con la mente concentrada en descifrar la extraña actitud de Jacqueline y con la picha a punto de reventar. No me fijé demasiado en cómo era el estudio. Simplemente pude apreciar que era una habitación bastante grande, con una enorme mesa de dibujo en el medio, un escritorio con una computadora al fondo y una puerta que daba a un baño, cuya entrada estaba ubicada en la pared que estaba a mi derecha.

    Jacqueline se movió con gracia hasta el ordenador y lo encendió. Luego se dio la vuelta, caminó hacia donde yo estaba, me indicó con la mano que entrara y apenas me acerqué a ella su conducta sufrió una extraordinaria mutación, pues me fue empujando con algo de violencia hasta la pared izquierda de la pieza. Una vez que me tuvo acorralado, me dio un beso en la boca, al que yo correspondí introduciéndole la lengua casi hasta la garganta, apretando mis labios con fruición contra los suyos. Después de unos segundos, me dijo, con voz de diabla:

    -Maldito degenerado, ¿crees que no te pillé desnudándome con los ojos desde que llegué? ¿No te da vergüenza con mi pobre hermanita? Pues te diré que gracias a ti ahora yo estoy caliente y vas a tener que solucionarlo cogiéndome aquí mismo…

    Como yo la miré sin decir palabra, pero haciéndole ver que estaba entre sorprendido y nervioso, me increpó:

    -¿Qué, acaso eres maricon o no quieres hacerme el amor?.

    A esa pregunta estúpida le respondí acorralándola yo contra la pared y propinándole un beso más apasionado que el anterior, mientras le sobaba las tetas por encima de la blusa. Como ella se dio cuenta entonces de que yo estaba dispuesto a llegar hasta el final y que lo que tenía eran reservas de que nos descubrieran, aclaró todas mis dudas al decir sonriendo:

    -No te preocupes… Lo tengo todo planificado. No creo que alguien vaya a subir, pero por si acaso, prendí la computadora para que crean que estamos trabajando, cerré la puerta del baño de afuera y dejé la luz prendida para que si alguien sube piense que tú estás en ese baño y yo en el mío… ¡Porque me vas a follar en mi baño y me vas a tomar como un macho toma a su hembra en celo!

    Ante palabras tan crudas y directas no tardé en empujarla hacia el baño de la habitación. Una vez adentro y calculando que con suerte dispondríamos, a lo sumo, de veinte minutos de faena, cerré la puerta rápidamente (aunque cuidando de no hacer mucho ruido).

    El baño era, afortunadamente, bastante espacioso. En el extremo izquierdo estaba la bañera, inmediatamente después la poceta y el bidet y justo frente a la puerta había un enorme tope de granito rosado (que me sería de gran utilidad en esta jornada), en el cual estaba incrustado, hacia el centro, el lavamanos, pero con muchísimo espacio a los lados.

    Apenas hube cerrado la puerta y luego de besar una vez más a Jacqueline y de apretar sus tetas y de meter mis manos por debajo de su falda para acariciarle el culo, coloqué una toalla sobre el tope de granito para evitar que la frialdad del mismo apaciguara tan siquiera un poco el volcán en el que se había convertido esta mujer y la senté allí con las piernas bien abiertas.

    Le quité la blusa e inmediatamente le desabroché el sostén, con lo cual sus tetas quedaron en libertad plena. Les digo sin temor a equivocarme que las tetas de Jacqueline son las más increíbles que he visto en mi vida, pues son grandes, pero del tamaño perfecto, con una forma exquisitamente redondeada, y aunque la piel es suave al tacto, los pechos son de una firmeza extraordinaria, duros como rocas. Los pezones, oscuros, estaban erectos y a punto de reventar.

    Una vez que esas dos bellezas estuvieron a mi disposición, las masajeé a placer y acto seguido procedí a chupar y mordisquear suavemente uno de los pezones, sintiendo el celestial aroma que desprendía su piel, que recordaba el suave olor de los melocotones maduros. Apenas sintió el contacto de mi boca y de mi lengua con su hinchadísimo botón , emitió un gemido apagado, se crispó toda e inmediatamente dirigió una de sus manos hacia mi paquete, apretándolo con lujuria.

    Tuve que hacer un esfuerzo para no venirme con ese solo contacto de la mano de Jacqueline con mi güevo y mis bolas a través de la tela del pantalón. Retiré gentilmente su mano, le separé bien las piernas, le subí bien la falda e introduje mi cabeza en su entrepierna, con lo cual pude sentir el olor a hembra en celo que emanaba de su gruta. Con mi mano izquierda aparté el delgado trozo de tela que tapaba su cuquita y cuál fue mi sorpresa cuando me di cuenta de que la tenía toda afeitadita, sin un solo pelito alrededor.

    Aquello fue como si hubiesen puesto un manjar de los dioses frente a mí, porque sin piedad alguna comencé a meterle la lengua en la concha y a masajear su clítoris con el dedo índice de mi mano derecha. La mujer se puso como una posesa y de su vagina salían cantidades impresionantes de líquido que iban chorreando por su entrepierna, a pesar de que yo procuraba beber una gran parte de ese néctar divino.

    Una vez que ella tuvo su primer orgasmo y sin darle tregua, me quité los zapatos, me bajé los pantalones y los interiores, con lo cual mi pene a punto de explotar fue liberado de su ya insoportable prisión. Bajé a Jacqueline del tope de granito y ella, como hipnotizada, agarró mi pene como si fuera una empuñadura y lo masajeó varias veces hacia arriba y hacia abajo, a raíz de lo cual la cabeza de mi güevo se humedeció con una buena cantidad de líquido preseminal.

    Pero no había mucho tiempo que perder, así que le dije que me diera un segundo, que iba a buscar los condones que tenía guardados en la billetera que cargaba en uno de los bolsillos de mi pantalón. Ella me dijo que no hacía falta, que ella tomaba pastillas anticonceptivas y que quería gozar “al natural”.

    Así que le bajé la falda a Jacqueline, dejándola únicamente con las sandalias puestas y la pantie hilo dental. Hice que se parara frente al tope de granito y la doblé tumbándole la mitad superior del cuerpo sobre el tope, con lo cual su culo y su concha quedaron totalmente expuestos y a mi merced. Estuve unos segundos admirando cómo la tirita del hilo dental se insertaba deliciosamente en la raja que separaba aquellas dos nalgas perfectas y firmes, en las cuales no había ni un solo de gramo de celulitis. Luego le saqué el hilo dental y esa hembra quedó totalmente desnuda frente a mí, solamente provista de sus sandalias ultra sensuales, lista para recibir una follada de las buenas.

    Tomé mi pene, que ya no aguantaba más, se lo acerqué a la entrada de la chucha y comencé a introducírselo lentamente, hasta que finalmente llegó al fondo, lo cual le arrancó un gemido de perra. Cuando mi güevo se encontró prácticamente con las paredes de su matriz, lo dejé unos segundos inmóvil para disfrutar de lo estrecha y caliente que estaba aquella cuquita divina, que chorreaba unos jugos de aroma incomparable y que parecía el interior del mismísimo infierno. Comencé a bombearla lentamente, disfrutando cada segundo para prolongar el placer hasta el límite.

    Ella comenzó a respirar de manera cada vez más agitada y yo iba incrementando la velocidad del mete-saca, alternándolo con atrevidos movimientos de cadera que la volvían loca de lujuria. Jacqueline se había introducido en la boca un trozo de la toalla que yo había colocado arriba del tope y sobre la cual estaba tumbada, para ahogar sus cada vez más intensos gritos de perra en celo. Aunque yo estaba detrás de ella, podía ver su cara a través del espejo que estaba justo frente a nosotros y me puse aún más excitado cuando contemplé su expresión de puta viciosa.

    Transcurridos unos minutos, se sacó la toalla de la boca y me ordenó:

    -Ahora sí, desgraciado, dame bien duro, como a una puta barata, pues estoy a punto de venirme y si paras te mato…

    Apenas hubo pronunciado estas palabras empecé a moverme frenéticamente, al límite de mis fuerzas, y al cabo de pocos momentos ella se volvió a insertar la toalla en la boca, pues empezó a gritar como una demente, lo cual me indicó sin lugar a dudas que había alcanzado un orgasmo de película y me hizo acabar a mí también, provocando una explosión en mi pene, que inundó de leche todo el interior de su vagina.

    Con cierta rapidez, aunque también con cuidado, retiré mi herramienta del interior de su cuca. Pero ninguno de los dos estaba saciado, a pesar de que ambos habíamos experimentado orgasmos sumamente intensos. Ella me dirigió una mirada de absoluta depravación y con lenta sensualidad tomó la toalla y me limpió el mástil, el cual apenas si había perdido un poquitín de su rigidez.

    Acto seguido me tomó de la mano y me condujo hacia el inodoro, el cual tenía la tapa abajo. Allí me sentó y ella se arrodilló entre mis piernas abiertas. Ya yo sabía lo que venía y no lo podía creer. Abrió la boca y capturó mi glande entre sus labios, moviendo con lentitud la lengua a su alrededor. Esto me provocó una especie de choque eléctrico que me dejó la mirada en blanco.

    Cuando pasados unos pocos segundos me recuperé y volví a abrir los ojos, me percaté de que Jacqueline me estaba propinando una mamada sensacional, metiéndose mi güevo completo en su boca de animal salvaje y engulléndolo prácticamente hasta las bolas. A veces subía y bajaba los labios rápidamente a lo largo del mástil y otras veces lo recorría muy despacio con la lengua, concentrándose de vez en cuando en mis testículos, los cuales mordisqueaba muy suavemente.

    Yo estaba a punto de venirme de nuevo, así que decidí no perder más tiempo, le saqué mi pene de su boca con cierta violencia, la levanté bruscamente, permaneciendo yo sentado, la coloqué dándome la espalda y la senté sobre mi pene con las piernas bien abiertas. En otras palabras, la tenía en la misma posición en la que la había imaginado un par de horas antes con su novio Jorge, pero esta vez era real y el que le estaba enterrando la polla era yo.

    De manera alternativa, mientras ella rebotaba una y otra vez con mayor rapidez sobre mi falo erecto, incrustándoselo con violencia hasta el mismísimo fondo, yo le apretaba las tetas y se las sobaba bruscamente, y la masturbaba estimulándole el clítoris y hasta le pellizcaba y arañaba sus depilados labios mayores, todo lo cual hizo que finalmente se desencadenara en los dos un orgasmo arrollador que, una vez iniciado, provocó en ella unos chillidos agudos que tuvo que acallar mordiéndome el brazo, a la vez que de sus ojos salían lágrimas, producto de una mezcla de placer y algo de dolor, en tanto que de mi güevo salían borbotones de semen caliente que se desparramaron en el interior de su cuquita.

    Ella permaneció un par de minutos sentada sobre mi pene, el cual comenzó a perder su erección, mientras ambos tratábamos de recuperarnos de esa intensa aventura. De pronto, apenas pudo recuperar las fuerzas, me dijo que me vistiera rápidamente y que saliera mientras ella se lavaba y se arreglaba de nuevo. Me lavé la cara, sequé el sudor que corría por todo mi cuerpo y me puse la ropa, luego de lo cual salí del baño, cuidando que nadie me viera. No había moros en la costa, así que me senté frente a la computadora para simular que estaba trabajando en ella si alguien subía.

    Transcurridos unos cinco minutos ella salió perfectamente arreglada, con una cara de satisfacción increíble. Yo la miré una vez más, admirando su belleza, y le pregunté:

    -¿Y qué le vamos a decir a los demás sobre la computadora? Porque creo que ya tenemos que bajar. Ha pasado algo de tiempo…

    -No te preocupes, nene… Lo tengo todo fríamente calculado. Diremos que no has podido detectar el problema y que necesitas venir mañana al mediodía para arreglarlo. Estaremos solos tú y yo, pues papá estará trabajando y Raquel y Fernanda van a hacerse un chequeo médico. Mira que aún te falta un agujero por explorar…

    Dicho esto, me guiñó un ojo, sonrió seductoramente y luego bajamos a la planta inferior de la casa, donde nos reunimos de nuevo con el resto de la familia, como si nada hubiese pasado.

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  • Le fui infiel a mi novio en un aeropuerto

    Le fui infiel a mi novio en un aeropuerto

    Me sentía sola. Hacía días que había discutido con mis padres y la cosa en casa no iba de bien en mejor. Muy al contrario, había decidido marcharme al piso de unas amigas a la isla de enfrente por unos días para ver si el ambiente mejoraba un poco con la distancia. Por otro lado, con mi novio me iba bien. No era para tirar cohetes, pero habíamos pasado situaciones peores. Al estar yo tan desanimada y tan ausente del mundo, nos sentíamos mutuamente un poco más lejos, nos comunicábamos mucho menos y hacía varios días que no sentíamos esa sensación urgente llena de necesidad del otro. Él estaría harto de mis historias y yo prefería estar sola.

    Así, avisé en casa de que me iba a pasar un fin de semana a Lanzarote y le dije a él que esperaba estar de mejor ánimo y disposición el lunes siguiente. Preparé una mochila con apenas una muda de ropa, nada de falditas ni de taconcitos porque no pensaba ponerme guapa ni salir de fiesta, así que con mis vaqueros y mis tenis, mochila al hombro, salí en el coche rumbo al aeropuerto. Aparqué allí mismo, sabiendo lo que me iba a costar después el parking y notando el punzante dolor en mi cartera.

    Cuando hube facturado, pasé el control policial no sin antes escuchar los pitidos que indicaban que me había olvidado el cinturón en el pantalón; me quitaron la botella de agua que llevaba en la mano –no fuera a ser gasolina que promoviera un incendio el habitáculo del piloto― y me dejaron pasar.

    Siempre que viajo en avión, aunque el viaje sea tan corto como éste –de apenas media hora―, siento unos nervios horribles y la boca se me seca, la cabeza me funciona con mayor lentitud y me siento víctima de los actos de otra mujer que me quiere llevar en ese fatídico medio de transporte con lo poco que me gusta.

    Así mi cuerpo, me dispuse a gastarme un dineral en una botella de agua dentro de la zona de embarque –agua exenta de peligro para el avión― y me acerqué a la barra del bar que quedaba más cerca de mi puerta de salida. Había una cola de unas seis personas por delante de mí y tendría que esperar un poco. Cuando ya estaba cerca de la barra, me apoyé en la columna más cercana y noté una mano que pasaba justo por delante de mí en dirección a la barra y me rozaba los pechos. Esta mano cogió una botella y al irse de nuevo hacia atrás volvió a rozarme.

    Esta segunda vez un ligero escalofrío me recorrió la espalda. Miré hacia atrás ligeramente y me encontré la mirada directa y honda de un hombre un poco más alto que yo, que, lejos de disculparse por su “intromisión en mi espacio vital”, me miraba con cierto aire de arrogancia. No era guapo exactamente, pero tenía ese algo que hace que te quedes mirándole fijamente para descubrirlo. Nos miramos sin apartar la vista unos segundos, los suficientes como para inquietarme.

    ―Señorita, qué desea.

    Volví la cabeza. Le pedí a la apresurada camarera una botella de agua. Cuando buscaba en la cartera el dinero para pagar, sentí una mano tocarme el hombro para después bajar por mi espalda, entrar por debajo de mi brazo y atraparme un pecho. Me quedé estática, como una piedra. ¿De qué iba este tío? ¿Qué hacía yo que aún no le había pegado un grito para espantarlo?

    Él quitó su mano y yo acabé de pagar el agua. Me di la vuelta avergonzadísima, esquivé su mirada irreverente y me senté en una de las mesas que por allí había.

    Entre los nervios por coger el avión y aquella situación totalmente lejana de mi rutina diaria, me sentía totalmente bloqueada. Temí que aquel hombre se sentara en mi mesa, y bastó que lo pensara para que se acercara con aire gatuno. Ya a mi lado, le miré; él arqueó las cejas en dirección a la silla en señal de “¿Puedo, verdad?” y yo no respondí. Creo que estaba absolutamente idiotizada.

    El tipo me miró fijamente y me dijo:

    ―Te noto pensativa

    Tenía una voz grave, firme y delicada a la vez. Me gustó.

    Yo, en un alarde de elocuencia, respondí:

    ―Sí.

    ―No te he molestado hace un momento, ¿Verdad?

    ―Eh…

    ―No, si te hubiera molestado me habrías dado un guantazo, o habrías montado un numerito en plan víctima de violación. Sin embargo, te has puesto nerviosa. No te has enfadado. Incluso es probable que te haya gustado.

    ―No

    ―Sí.

    El tipo rodó su silla hasta colocarse al lado mío. No dejaba de mirarme fijamente y yo, ahora mismo, viéndolo desde fuera, no puedo comprender cómo no me levanté y me largué. Supongo que estaba entrando en algún tipo de trance donde yo no tenía nada que ver conmigo misma, donde no podía menos que quedarme impactada con lo que estaba sucediendo mientras mi otro yo se marchaba de vacaciones por unas horas.

    —Tienes unas bonitas tetas –Me lo dijo hasta con cariño, sin que sonara sucio siquiera.― Sí, verte desde atrás ha sido un verdadero privilegio. Me moría de ganas de verte la cara.

    ―Eh…

    ―Estás tan buena como imaginaba.

    ―Eh… gracias, supongo.

    ―Me gustas. Me gusta todo tu cuerpo.

    Aquel tipo con sus halagos desmedidos me estaba haciendo empezar a temblar de pies a cabeza.

    ―¿Adónde vas?

    ―A Lanzarote

    ―¿Visita de trabajo o de ocio?

    ―De ocio. Voy a visitar a unas amigas

    ―Sí, tienes cara de necesitar relajarte

    ―Sí.

    ―Vamos en el mismo avión. Voy a casa de mis tíos. La familia de mi padre vive allá y hace mucho que no les visito. Siempre hemos estado muy unidos.

    ―Está bien.

    ―¿Cómo te llamas?

    ―Adriana

    ―Precioso nombre. Yo me llamo Ángel.

    ―Ok.

    ―¿Tienes novio?

    ―¿Perdón?

    ―¿Que si tienes novio?

    ―Eh… sí, sí.

    ―¿Cómo se llama?

    ―Ehhh, Santi, se llama Santi…

    ―¿Y estás a gusto con Santi?

    ―Sí

    ―¿Seguro?

    ―Sí.

    ―Bueno, eso está bien.

    Me miró el escote con descaro, y tras percatarse de que me estaba poniendo más nerviosa todavía, agregó:

    ―¿Y tu novio te folla como se merece una tía como tú? ¿O pasas hambre?

    ―Vaya… vas directo al grano, por lo que veo

    ―No sé a qué te refieres, a menos que sea a que quiero follarte.

    Sin querer mi cuerpo comenzó a excitarse. Aquella idea, pensar en que aquel tipo me cogiera y me desnudara allí mismo para follarme me dejó desbancada. Sentí cómo me temblaba todo entre los nervios y la excitación.

    ―¿Y a tu novio se la chupas?

    ―¿En serio piensas que voy a responderte?

    ―Sí se la chupas. Se la chupas porque tienes cara de que te encanta ver disfrutar a un tío con lo que le haces.

    ―¿Esto lo haces con todas las tías que te encuentras en las barras de los aeropuertos?

    ―Fíjate tú que no me importaría que me la chuparas –Me ignoraba descaradamente― Estaría genial que me bajases los pantalones ahora mismo y notaras mi polla dura por tu culpa.

    Mi mano reposaba sobre la mesa. La cogió con suavidad y me la llevó hasta su bragueta. No pude quitarla de allí, ni siquiera hice nada por evitarlo, me sentía como imantada. Noté la polla enorme y durísima contra el pantalón. Sentí cómo me humedecía repentinamente. Él se acercó hasta mi oído y susurró:

    ―¿Ves lo que has hecho? Esto es por imaginarte desnuda sobre mí, por inventar cómo sería tener ese cuerpazo tuyo cabalgándome encima como si fueras una salvaje.

    ―Me estás… yo… por favor, no sigas. ―Cada vez me notaba más húmeda. Sus susurros contra mi oído me estaban poniendo a cien. Su respiración entrecortada hablándome me agitaba.

    ―¿Qué te pasa? –Su tono ocultaba un suave toque de sorna.

    ―Nada, esto es tan… esto no está bien.

    ―Estoy loco porque me la chupes. Sé que lo haces de maravilla.

    ―Bufff, a mí tampoco me importaría, no.

    ―¿No decías que tenías novio? –Se alejó de mi oreja y me miró de frente con aquellos ojos hondos.

    ―Sí

    ―¿Y qué pensaría él si te viera ahora mismo?

    ―No lo sé. No creo que le gustara… es algo celoso…

    ―Pero estás cachonda, con tu mano sobre mi pantalón, pensando en lo increíble que sería follar conmigo, ¿A que sí?

    ―Me gustaría decirte que no… pero sí.

    Fíjate, la niña está despegando.

    En ese momento, el aviso de que nuestro avión salía en breves instantes me hizo despabilar. Me levanté de la silla casi sin mirarlo, pasmada por lo que me estaba sucediendo; cogí mi mochila y me acerqué a la cola de gente que se dirigía a la puerta de embarque. Él, antes de que me fuera de la mesa, me agarró por un brazo y me dijo:

    ―Si quieres tener algo conmigo, siéntate junto a mí en el avión. Si no, olvida que me muero por tu cuerpo y por verte así de cachonda debajo de mí…y se acabó.

    El avión era muy pequeño, casi una guagua voladora, y los asientos no estaban numerados. Él se colocó delante de mí en la cola. Pensar que en breves instantes iba a estar despegando en el aire subida en aquel pequeño cacharro me puso muy nerviosa, y sumado a eso, estaba el culo de aquel tal Ángel, y no sólo el culo, sino aquella polla durísima que hasta hacía un segundo notaba bajo su pantalón. No podía dejar de sentirme excitada y un bloqueo como de ladrillos me aplastaba la conciencia, yo no era Adri, sino otra, una putita desmadrada que podría follarse a cualquiera por ahí sin importarle tener novio o no tenerlo.

    Entramos en el avión. Todo el mundo, más lentamente que nunca, se fue colocando en sus asientos. No había mucha gente. El avión iría medio lleno. Él se dirigió a la parte delantera, donde apenas se estaba colocando gente y se sentó pegado a la ventana, dejando el asiento del pasillo libre. No miró hacia mí. Yo apenas dudé, la verdad. Podría decir que mientras duró la cola y la entrada en el avión estuve divagando y pensando sobre los pros y los contras de aquello, pero no tenía cabeza. Fui directa y me senté a su lado. Él ni me miró. Me sentí como una verdadera estúpida y me pregunté qué carajo estaba haciendo allí.

    Cuando todo el mundo se sentó y la azafata anunció que el viaje iba a dar comienzo, se acercó a mi oído de nuevo y susurró:

    ―Muy bien por haberte sentado aquí. No sé si te dije que me vuelven loco tus tetas. Me muero por poder manosearlas y chuparlas.

    Me estaba acelerando. Ni me di cuenta de que la azafata empezaba con sus consejos para un vuelo y un accidente seguro. Cuando el avión comenzó a moverse, el corazón me comenzó a latir más fuerte. Odiaba aquel momento con todo mi cuerpo. Cerré los ojos con fuerza y sentí, agradecida, cómo su mano cogía la mía y la sostenía todo el tiempo, hasta que el avión estuvo estabilizado en el aire.

    Ahora sí me miraba. Y cómo me miraba. Sostenerle la vista era un triunfo. Parecía desnudarme con firmeza con aquellos ojos. Yo miré disimuladamente hacia su pantalón y noté su paquete abultado. Me encantó y me asustó un poco. Él se dio cuenta y me volvió a atrapar la mano para llevarla hasta allí.

    ―Adriana, voy a follarte.

    ―Vas a hacer lo que yo quiera, vas a disfrutar como nunca… te vas a convertir en mi puta… lo sabes, ¿verdad?

    Sin más preámbulos, metió su mano por debajo de mi camisa y me tocó un pecho con firmeza. Siempre me ha gustado que jueguen con mis tetas. Es algo que me pone muy cachonda, y aquel tipo estaba dando en el clavo. Mientras lo hacía, empezó a comerme la oreja, a besarme por todo el cuello, a lamerme con suavidad. Estaba tan mojada que sonreí al notarlo.

    Me entraron unas ganas locas de comerle la boca y me acerqué a sus labios con mi boca entreabierta, hambrienta. Él se alejó un poco de mí, sin quitar aún la mano de mis pechos.

    ―¿Qué pasa?

    ―Nada, no suelo dejar que me coman la boca.

    ―¿Y eso?

    ―No sé, supongo que lo reservo para las tías por las que siento algo fuerte.

    Aquello parecía un reto. Le respondí:

    ―No me pega que seas de esos. Pero yo me muero por besar esos labios que tienes. Por pasar mi lengua con suavidad por ellos y porque notes mi humedad en tu boca. Quiero besarte.

    Y se acercó y posó sobre mí los labios. Entré con mi lengua lentamente, saboreando con cuidado la boca de aquel desconocido que en dos segundos me había puesto tan caliente, con aquel tipo con el que, extrañamente, me sentía cada vez más cómoda y cada vez menos yo. Él fue respondiendo. Al segundo jugueteaba con más violencia con su lengua, mojándome con su avidez. Cuando nos despegamos, volvió a besarme, esta vez con una potencia y una ambición que me volvió loca.

    Parecía que con aquel beso pretendía poseerme entera, hacerme toda suya, y casi que lo consiguió, porque a aquellas alturas yo me habría desnudado allí mismo. Sin embargo, cuando nos separamos, me quedé como si nada hubiera pasado, sabiendo que estábamos en un avión y que allí no podía ocurrir nada. Me llevó la mano a su pantalón otra vez, y yo tapé mi mano con su chaqueta, para que la azafata, que estaba todo el rato yendo y viniendo, no se diera cuenta.

    ―Me la vas a chupar. Lo sabes. Me la vas a chupar con esa boca de putita que tienes. Me lamerás toda la polla y te gustará tanto que desearás no dejar de mamármela en la vida, para que me corra en tu boca tantas veces lo desees.

    ―Y te iré desnudando poco a poco. Te quitaré esa camisa y te besaré el cuello, los hombros, las tetas. Te arrancaré el sujetador con los dientes, mientras siento tus pezones duros contra mi cara, desearás que me los meta enteros en la boca y que respire sobre ti sabiendo que mi cuerpo está a punto de explotar.

    ―Me estás matando

    ―Te morirás de placer de verdad cuando sientas cómo mi mano busca hundirse bajo tu pantalón para encontrar ese coñito que debe estar ardiendo ahora mismo.

    ―Sí…

    ―Sabrás lo que es bueno. Te arrancaré el pantalón y esas braguitas finas y empezaré a juguetear con mi lengua sobre tu clítoris. Comenzarás a gemir como una loca cuando sientas mi aliento sobre tus labios y mi lengua subiendo y bajando, cuando notes que deseas que te la meta con todas mis ganas.

    ―Ahá…

    ―Te haré esperar, buscarás mi polla o mis dedos, ávida, y te la llevaré de nuevo a la boca mientras te masturbo con mis dedos. Sentiré el calor de tu coño y el de tu boca a la vez, y desearás que ese momento no acabe nunca.

    ―Diosss

    La voz de la azafata me devolvió a aquel avión y me di cuenta de que hacía rato que se habían iniciado las maniobras para el aterrizaje y apenas faltaban unos minutos para que tocáramos tierra. Él me miraba con una fijeza como para transformarme en humo y yo me moría de ganas por que cumpliera con todo aquello que acababa de relatarme. El período que transcurrió desde que aterrizamos hasta que nos vimos por fuera del aeropuerto pidiendo un taxi apenas lo recuerdo. Lo veo como una nube blanca –y húmeda― en la que flotaba, entre atontada y excitada.

    Él conocía un hotel a unos ocho minutos del aeropuerto y le dio las señas al taxista. Durante el trayecto, no paré de mirarme las manos, como si allí estuviera la respuesta a la pregunta: ¿Qué estás haciendo? Mandé un mensaje a mis amigas diciéndoles que llegaría esa noche, porque me había liado con unos asuntos. Mis asuntos no dejaban de desnudarme con los ojos, con el espíritu, diría yo. Al momento estábamos entrando en el hotel de tres estrellas y pagando una habitación doble, a la que subimos más despacio que deprisa.

    Cuando estuvimos dentro y solos, me entró una especie de pánico, se me fue el ladrillo de la conciencia y pensé en mi novio y en lo que él pensaría si me viera en aquel lugar. Pensé en que no me gustaría nada que él hiciera lo que yo estaba haciendo. Pensé que debía salir de allí en aquel mismo momento y alejarme de aquel tipo al que no conocía y que no sabía qué querría o qué clase de pirado sería.

    Demasiado tarde. Me sorprendió con un abrazo por detrás. Me quitó la mochila y la dejó en el suelo. Sin darme la vuelta, me recogió el pelo hacia arriba y empezó a lamerme la nuca con suavidad. Los escalofríos me recorrieron entera. Masajeó brevemente mis hombros y se acercó a mi oreja. Creí que iba a decirme algo, pero sólo pude notar su respiración y su calor humedeciéndome el lóbulo y dejándome temblando.

    Metió las manos por dentro de mi camisa y me masajeó las tetas por encima del sujetador, está vez siendo más delicado. Me quitó la camisa y empezó a besarme la espalda. Arrodillado, me besaba la cintura y poco a poco fue subiendo hasta desabrocharme el sujetador. La forma en la que se deshizo de él me hizo dudar de que aquella fuese la primera vez que hacía algo parecido.

    Realmente no sé en qué momento fue que él se quitó la camisa, pero me abarcó con sus brazos potentes y pude notar como me atraía hacia él, y como me pegaba contra su pecho mientras introducía su mano dentro de mi tanga… jugaba con mi coño, húmedo de sobra por su culpa, acariciándome el clítoris primero, y luego introduciendo, poco a poco, uno de sus dedos mientras me susurraba al oído que se moría por estar dentro de mí, por notar el calor de mi cuerpo y correrse dentro de mi … notarlo ahí, tan fuerte, y a la vez tan protector fue algo realmente excitante y a la vez tierno, casi romántico.

    Cuando mi cabeza empezó a desvariar y a llevarme por derroteros equivocados (el amor nunca estuvo presente en nuestro encuentro) Ángel me dio la vuelta para quedar cara a cara… volver a toparme con esa mirada hizo que se me fueran de la cabeza todos los pensamientos cursis y me volvieran los más salvajes… sentía que quería ser su puta, que deseaba ser su puta… había conseguido calentarme hasta el punto de que mi consciencia ya no existía, y él me dominaba por completo…

    En algún momento entre mirarle a los ojos y agacharme para quitarle los boxers que llevaba (negros y tan ajustados que dejaban entrever una polla más que considerable) y empezar a lamerle la polla, sé que pensé en mi novio, en que le quería de verdad, y en que aquello era una putada (nunca mejor dicho) que le estaba haciendo. Y lo peor de todo, es que era consciente de que él era incapaz de hacerme algo así…

    Pero todos los pensamientos se me fueron cuando empecé a bajarle los boxers… lo hacía lentamente, tratando de hacerle desesperar, como intentando recuperar porte del control que no tenía, como para recobrar parte de mi orgullo de mujer. Lo que apareció bajo los boxers… he de decir que me sorprendió mucho; mi novio, sin tenerla enorme, he de reconocer que está bien dotado, pero esto era otra cosa. Este tío jugaba en otra liga. Cuando se la saqué me di cuenta de que debía medir al menos 24 cm, y, aparte de lo larga, me sorprendió lo gorda que era. Era increíblemente bonita.

    Me quedé un momento como hipnotizada viéndola… aunque el trance se me paso pronto: en un momento la tenía en mi boca. Realmente la tenía gorda el muy cabrón. Le di algunos lametoncitos, jugué un poco con sus pelotas… pero lo que tanto él como yo queríamos era que me la metiera en la boca… y así lo hice. Noté como aquello le gustaba. Se aceleraba y me agarraba del pelo para hacerme seguir el ritmo de su pelvis. He de reconocer que si mi novio me hubiera visto en aquel momento, hubiese jurado que no era yo… de rodillas, en un hotel más bien mugriento, y tragándome casi hasta el fondo una polla que era dos veces la suya…

    Pero a aquellas alturas ya mi novio era como una bruma en mi cabeza. Sólo estábamos Ángel y yo.

    Noté cómo se iba acelerando, pero ni yo ni él queríamos que se acabara ahí la cosa, así que paré; me agarró de las axilas y me subió para besarme la boca. A mi novio siempre le había dado un poco de asco besarme si se la había chupado, aunque sólo hubiese sido un poco… y ver la fuerza con la que aquel hombre entró en mi boca, inundándome con su lengua hizo que me calentara aún más si era posible.

    Con un movimiento sorprendentemente ágil y rápido me colocó con mis piernas abrazando su tronco mientras me sostenía con sus brazos. Yo aún llevaba los vaqueros puestos, aunque me duraron poco, la verdad.

    Me tumbó en la cama y me arrancó a tirones los pantalones. Yo ya me dejaba hacer como si hubiese perdido toda capacidad de decisión. Empezó a besarme los muslos con tranquilidad. A medida que subía, mi respiración se aceleraba. Seguía empeñado en hacerme sufrir. No tenía prisa. Alcanzó la cara interna de mis muslos y se recreó en ellos… aún recuerdo que en esos momentos pensé que esa era, de mi cuerpo, la parte favorita de mi novio… el pobre.

    De repente paró para mirarme a los ojos como queriéndome avisar de lo que iba a suceder a continuación, como si fuera la última oportunidad para echarme atrás. Mi única respuesta fue: “Sigue cabrón, no pares ahora”

    Y así lo hizo. Me quitó el tanga casi sin darme cuenta y en una décima de segundo ya lo tenía entre mis piernas, jugando con su lengua alrededor de mi húmedo coño, acercándose hasta el clítoris, para alejarse de nuevo. Yo creía enloquecer. Fue en ese momento en el que atacó mi clítoris con toda la fuerza de una bestia enjaulada. No sé si me hizo daño o si me mató del gusto, pero a partir de ahí yo estaba en otra dimensión… mi cuerpo reaccionó con espasmos y era evidente que me iba a correr en ese momento. Mi cuerpo se tensó y noté cómo oleadas de placer me invadían, naciéndome en la espina dorsal y recorriendo todo mi cuerpo hasta la cabeza.

    ―¿Quieres que pare?

    ―¿Qué? ¿Qué dices?… No, no quiero que pares por nada del mundo…

    ―Quiero que me digas que eres mi puta…

    ―Eso ya lo sabes…

    ―Sí, pero quiero oírlo…

    ―Soy tu puta cabrón, pero fóllame ya…

    ―¿Quieres que te la meta?

    ―Sí, por dioos, siii

    ―¿Así? ―Dijo mientras introdujo un poco la cabeza de aquella monumental polla.

    ―Hijo de puta, me vas a matar…

    ―¿Te gusta?

    ―Diosss, qué gorda la tienes…

    ―Lo sé…

    ―Por dios, métemela ya… párteme en dos, por favor,,,

    ―Primero quiero que me jures que te tendré a mi disposición siempre que quiera follarte…

    ―Eso es imposible, sabes que no nos volveremos a ver…

    ―Eso no lo sabes…

    ―Vale, lo juro, estaré a tu disposición, haré lo que tú quieras cuando quieras…

    A todo esto Ángel no paraba de jugar con su polla, sacándola y metiéndola sólo unos milímetros…

    ―Bien… me gusta saber que serás una buena puta. ―Dijo mientras se colocaba un preservativo…

    Y en ese momento me la clavó hasta el fondo. Pensé que me iba a desmayar… aquella polla era más grande de lo que podía imaginar, pero estaba tan húmeda que entró como si tal cosa… Me penetraba como si lo hubiese hecho toda la vida, como si realmente mi cuerpo hubiera estado esperando aquello siempre. Me sentía a punto de explotar.

    ―Diosss, diosss, hijo de puta, cómo me follaaas joder…

    ―¿Te gusta así?

    ―Diooos, me vas a matar…

    ―Me gusta ver cómo te entregas… eres una puta, lo sabes, ¿Verdad?

    ―Sí, soy tu puta, soy toda tuya…

    Siguió metiéndomela un buen rato, aunque no podría calcular cuanto fue… lo único que recuero es que tuve como 3 orgasmos más, y ese tío como si nada; a veces paraba, para volvérmela a meter hasta el fondo…

    ―Date la vuelta y ponte a cuatro patas…

    ―¿Qué?

    ―Ya me has oído…

    ―Vale –contesté con la respiración entrecortada y jadeando. La verdad es que no sabía que iba a pasar a continuación, pero me di la vuelta.

    ―Ahora voy a follarte como te mereces…

    ―Haz lo que quieras conmigo…

    Creo que en mi vida me había entregado tanto al sexo.

    Pensé que me la iba a meter por el culo, cosa que con mi novio hacía pocas veces y no era especialmente de mi agrado, pero que en esos momentos estaba tan cachonda y estaba tan al servicio de los deseos de Ángel que nada me hubiese importado, pero me equivoqué. Sólo oí el sonido que hace el preservativo cuando te lo quitas…

    ―¿Qué haces?

    ―Te la voy a meter a pelo

    ―No por favor… es arriesgado

    ―Me da igual… quiero estar dentro de ti sin nada que nos separe. Quiero sentirte al cien por cien.

    ―Eres un hijo de puta…

    ―Shhh… ahora sólo disfruta ―Dijo mientras me la metió suavemente, como si acompañara con el movimiento sus palabras…

    ―Ohhh, dioss….

    ―¿Te gusta así, verdad?

    ―Síii

    ―Bien…

    ―Ah, ahhh, diosss

    ―Siii, eres una pedazo de puta Adri… quiero correrme dentro de ti…

    ―Sí por dios, córrete, no pares, no pares… ahí, dale, dale, me voy a correr… me voy a correr cabrón… Diooos, me corro, me corrooo, siii

    ―Síii, joderrr

    Me tenía agarrada del pelo, empotrada contra la cama sólo con la cabeza levantada. Me estaba volviendo loca. Sabía que follar sin condón era una locura, aunque tomase la píldora, pero la verdad es que notarlo tan dentro de mí y tan fuerte hizo que mi excitación se desbocase. Me encantó sentir como se derramaba dentro de mí, cómo se corría mientras gemía como un animal herido. Sin duda alguna ha sido el mejor polvo que he tenido nunca…

    Ya ha pasado casi un año desde aquello. Yo sigo con mi novio. Decidí que era mejor no contarle nada para no molestarlo, al fin y al cabo aquello sólo había sido físico, y a mi novio lo quería de verdad. De hecho, hasta nuestra relación ha mejorado en este tiempo.

    Sin embargo, el otro día, mientras paseábamos mi novio y yo como dos tortolitos, cogiditos de la mano, vi a Ángel de lejos… aun sabiendo que vivíamos en la misma ciudad, nunca pensé encontrármelo. Lo peor de todo es que el tío vino directo a nosotros. En ese momento mi corazón iba a mil por hora. Se plantó delante de nosotros, y cuando yo estaba dispuesta a soltarlo todo para salvar un poco del honor y de la confianza de mi novio, va Ángel y pregunta:

    ―Oye, perdón, ¿me podrías decir donde está la calle Santa Marcelita?

    ―Sí, mira… en la siguiente esquina…

    Cuando Santi se dio la vuelta para empezar con las indicaciones, el hijo de puta de Ángel me sobó una teta… como hiciera aquella vez en el aeropuerto… casi en ese momento mi novio se dio la vuelta para comprobar que le quedaba clara la indicación…

    ―OK, muy amable… gracias.

    ―De nada.

    Yo no podía creer lo que había pasado. Al despedirse, Ángel me guiñó el ojo, cosa que mi novio claramente podría haber visto, pero dudo que lo pillara. En ese momento sonreí, recordando la promesa que Ángel me había hecho hacerle… y me di cuenta en ese momento de que jamás la rompería.

    ―¿Por qué te ríes? –me preguntó él.

    ―Nada, que me parece a mí que eres muy amable…

    ―Claro, qué pensabas ―dijo Santi mientras volvía agarrar mi mano para continuar el paseo…

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