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  • Un albañil maduro desvirgó a mi novia

    Un albañil maduro desvirgó a mi novia

    Nuria. Ese era el nombre de una de las novias que tuve y con la que estuve saliendo varios años.

    Cuando la conocí, yo tenía 22 años, ella 20. Era una chica bastante atractiva, alta, de larga melena castaña y grandes ojos de color almendra. Le encantaba vestir de forma moderna y sexy para sacar partido a la belleza de su cuerpo y de su figura. Su carácter alegre y abierto la convertían en persona de agradable trato para los demás. Sin embargo, ella me confesó, al poco de conocernos, que no siempre había sido así: hasta los 18 años había sido una chica tímida e insegura, de carácter algo retraído y que le daba poca importancia a su imagen. Me contó qué fue lo que le produjo ese cambio y cuándo ocurrió. Estas fueron sus palabras:

    “Fue el verano de mi primer curso de universitaria. Las clases habían terminado, había aprobado el curso y estaba muy contenta, pero cansada. Necesitaba reponerme tanto física como mentalmente. Mis abuelos me ofrecieron irme con ellos a su casa en el campo para desconectar y relajarme en plena naturaleza. Me propusieron pasar allí el mes de agosto: podría incluso tomar el sol en la pequeña terraza que había sobre la vivienda. Acepté la invitación de mis abuelos y a principios del mes de agosto me instalé con ellos en la casa.

    La vivienda estaba situada en pleno campo, a unos 50 kilómetros de la ciudad donde yo vivía con mis padres. El rastro más cercano de civilización era un pueblo de unos 2.000 habitantes, a 8 kilómetros de la casa de mis abuelos. La vivienda estaba rodeada de árboles y césped, cosa que ayuda a mitigar el sofocante calor que azota a Andalucía durante el periodo estival. Un camino de tierra conecta la casa de mis abuelos con la carretera secundaria que transita por la zona y que dista unos 300 metros de la vivienda.

    La casa es bastante grande, demasiado quizás para dos personas ya mayores. Pero mis abuelos pasan allí todos los veranos muy a gusto. Ellos disfrutan con sus paseos por el campo, sus salidas al pueblo y con la paz y la tranquilidad de la vida en la naturaleza. A la azotea de la vivienda ya no suelen subir, pues hay que acceder por una escalera estrecha y la movilidad y reflejos de mis abuelos ya están algo reducidos por la edad.

    Mi estancia en la casa transcurría de forma plácida. Yo tenía el carnet de conducir desde hacía un par de semanas y mis padres me habían regalado un coche de segunda mano. De hecho, el primer viaje que hice conduciendo fuera de la ciudad fue a la casa de mis abuelos. Con mi coche los llevaba muchos días por la mañana al pueblo más cercano, para comprar las cosas necesarias y para dar un paseo. Las tardes las pasábamos tranquilamente en casa, ellos viendo la televisión y yo en la azotea tomando el sol.

    Cuando la tarde avanzaba, nos sentábamos en el pequeño jardín, que mi abuelo cuidaba todos los días, a leer o a charlar un rato y antes de que anocheciera paseábamos por los alrededores de la casa, por los distintos senderos que existen.

    Todos los días, mientras mis abuelos veían la televisión después del almuerzo, yo subía a la terraza a tomar el sol. Pese a que ellos ya no podían acceder a la azotea, me ofrecieron desde el primer día que subiese arriba siempre que me apeteciese broncearme. Así que a diario y después de comer, iba a mi habitación, me desnudaba, me ponía uno de los dos bikinis que había llevado de casa (uno de color azul y el otro verde pistacho), cogía mi bote de crema solar y vestida únicamente con el bikini subía a la azotea para tostarme al sol echada en la tumbona que ya había dispuesto para tal motivo.

    El primer día que subí me percaté de que varias losetas del suelo estaban levantadas y se lo hice saber a mi abuelo.

    -Normal, teniendo en cuenta el tiempo que hace que no subimos. Gracias por el aviso. Llamaré a algún albañil un día de estos para que venga a sustituirlas y a pegarlas al suelo -me comentó.

    Una de las tardes que estaba tumbada al sol se me vinieron a la mente, sin saber muy bien el motivo, las palabras de algunas compañeras de la facultad: hacían topless habitualmente en la playa. Yo les había dicho que era incapaz de tomar así el sol, que me moriría de la vergüenza estar con los pechos al aire en medio de la gente. Estuve dándole vueltas a eso varios minutos hasta que me levanté de la tumbona y me asomé al borde de la terraza: me encontraba allí sola, sin nadie que me pudiese ver, pues no había casas cercanas, mis abuelos no subirían y lo único que había alrededor era campo y árboles.

    Volví a la tumbona, me senté e hice lo que jamás pensé que llegaría a hacer algún día por mi timidez: me desabroché el sujetador del bikini azul y lo dejé caer al suelo. Mis tetas quedaron por primera vez desnudas en un lugar abierto. Me eché crema bronceadora en las manos y la extendí por mis pechos. Mis pezones rosados se endurecieron con el roce de mis manos y mis pechos quedaron cubiertos por una fina capa de crema. Me tumbé a tomar el sol, al principio algo insegura y nerviosa, pero poco a poco me fui relajando hasta que llegué a quedarme un rato dormida, escuchando música a través de mis auriculares y dejándome acariciar por el sol y por la ligera brisa que soplaba ese día.

    Cuando llevaba algo más de una hora tomando el sol, decidí que ya era suficiente: me puse la parte superior del bikini y abandoné la azotea. Pasé por el salón donde se encontraban mis abuelos viendo la televisión y les dije:

    -Voy a darme una ducha y ahora me siento un rato con vosotros.

    Ya en la ducha, desnuda y con el agua mojando mi piel, me sentía excitada, caliente. Fui acercando mi mano derecha a mi vagina y cuando estaba a punto de acariciármela, la voz de mi abuelo sonó al otro lado de la puerta:

    -Nuria, voy a hacer café. ¿Quieres que te prepare uno?

    -Ehh, sí, sí, gracias -respondí.

    Las palabras de mi abuelo llegaron en el momento más inoportuno y me interrumpió de golpe el intento de masturbación.

    Al día siguiente, de nuevo después de comer, volví a la azotea. Llevaba puesto mi bikini verde pistacho y esa vez ya no lo dudé: nada más sentarme en la tumbona me despojé de la parte de arriba del bikini y me apliqué crema solar, primero en la cara y en el cuello, luego en los brazos y hombros, después en mis tetas desnudas y por el vientre y por último por mis piernas. Sólo del roce de mis propias manos con la piel de mi cuerpo había empezado a excitarme y mis pezones estaban empitonados.

    Llevé mis manos a las caderas, pensé un instante y di el siguiente paso: me desabroché primero el lacito izquierdo de la braga del bikini y después el derecho, quedándome con esa parte del bikini en la mano. La dejé caer al suelo junto al sujetador y entonces me observé bien a mí misma: estaba completamente desnuda, con mi sexo poblado de vello púbico al descubierto. Me puse los auriculares y me relajé escuchando música. Cuando volví a abrir los ojos, no sabía ni qué hora era. Adormilada consulté el reloj y eran cerca de las seis, hora a la que solía bajar de nuevo al interior de la casa.

    Me quité los auriculares y, al ladear un poco la cabeza hacia mi izquierda, me llevé un susto de muerte: allí había un hombre desconocido a escasos dos metros de mí. Tendría unos 50 años, vestía una camiseta roja sudada y unos vaqueros azules y viejos. En el suelo, junto a él, estaban los típicos materiales de los albañiles para realizar sus trabajos. Fue entonces cuando caí en la cuenta: mi abuelo me había comentado por la mañana que lo más seguro era que esa tarde se pasara el albañil para reponer los desperfectos del suelo de la azotea.

    Me había olvidado por completo y ahora aquel tipo estaba ahí, viéndome completamente desnuda y con las piernas abiertas, que era la postura que tenía en ese momento. Lo primero que hice fue cerrar las piernas. Después fui a coger del suelo las dos prendas de mi bikini, pero no estaban donde las había dejado.

    -¿Buscas esto, putita? -me preguntó el desconocido.

    En su mano izquierda tenía el sujetador y en la derecha mi braguita y mostraba las dos prendas como si fuesen un trofeo.

    -Por favor, deje que me vista y que me vaya -le pedí ruborizada.

    -¡Eso ni pensarlo! Mira, zorrita, tienes dos opciones: o bajar y entrar en la casa completamente desnuda ante la mirada seguro que atónita de tus abuelos o esperar a que yo termine mi trabajo para después complacerme. Así que tú decides, porque esto no pienso devolvértelo de momento -dijo, mientras se guardaba en el bolsillo de su pantalón mis prendas.

    Estaba totalmente en manos de aquel albañil. Por supuesto que no bajaría desnuda a la casa, así que no me quedaba más remedio que aceptar su segunda propuesta y así se lo hice saber.

    -Ummm, buena chica. Tus abuelos no se enterarán de nada. Me conformo con una buena mamada. Tienes cara de viciosa, seguro que la chupas muy bien-me comentó.

    Yo traté de tapar mi desnudez con los brazos, al tiempo que el albañil se ponía a trabajar en la reparación.

    -Anda, ven aquí, que me vas a ayudar. Mientras antes terminemos mejor para los dos. Agáchate y aplica masa en esa zona. Después coloca esas losas nuevas para que se fijen y se peguen al suelo. Mientras tú haces eso, yo iré poniendo más a tono mi polla -dijo.

    Me agaché delante de él y en cuclillas apliqué la masa donde me indicó. Noté cómo mi rajita se abría en esa postura y cómo el viento acariciaba el interior. El hombre se bajó la cremallera del pantalón y se sacó la verga. No estaba aún erecta del todo y ya tenía una dimensión considerable, cosa que provocó un estremecimiento de deseo en mi interior.

    Empezó a masajearse la polla mientras contemplaba mi cuerpo desnudo. Yo procuraba no mirarle el pene, pues no quería que se diera cuenta de que me estaba excitando. Pero fue inútil: comencé a sentir un intenso calor y ardor en mi vagina y unas ganas enormes de probar aquel miembro viril. Volví a dirigir la mirada hacia la polla del albañil y este me pilló in fraganti:

    -Sabía que eras una auténtica puta. Mírate: eres incapaz de apartar la vista de mi verga. Estás deseosa de sentirla dentro, en tu boca, en tu húmedo coño. Creo que al final no me voy a conformar solo con una mamada -espetó el albañil.

    La reparación ya estaba terminada. Me levanté y me quedé de pie frente al desconocido. Ahora yo ya no hacía nada por cubrirme. Le mostraba mi cuerpo desnudo al hombre que estaba a punto de desvirgarme.

    -¡Ven, prueba de una vez mi polla! -me ordenó.

    Me acerqué un poco más a él y cuando estaba a punto de agacharme para hacerle la felación, me dijo:

    -¡Espera un momento! Deja que te toque antes esas tetas tan ricas que tienes.

    Me quedé inmóvil delante del albañil, a escasos centímetros. Él no tardó en poner sus manos sobre mis pechos y en empezar a magrearme a placer las tetas. Era la primera vez que sentía unas manos ajenas tocándome los senos y suspiré de gusto. El individuo gozaba apretándome los pechos a su antojo, pellizcando los pezones y jugando con ellos. Aproximé entonces mi mano derecha a su ya tremenda polla empalmada hasta que se la palpé y la envolví en mi mano. Mi coño ardía cada vez más y comencé a notar la humedad en él. Mientras el albañil seguía disfrutando con mis tetas, yo empecé a agitarle su miembro, moviendo la piel hacia atrás y hacia delante.

    -¡Ufff… Sííí… sigue, por favor, no pares! -me pidió con cara de placer.

    Aproveché que soltó por un momento mis senos para arrodillarme: tenía su tiesa polla a escasos centímetros de mi cara, abrí la boca, acerqué mi rostro y mis labios comenzaron a rozar el pene venoso del albañil. No me disgustó el sabor del glande ni el del líquido preseminal que de éste manaba. El hombre empezó a emitir los primeros gemidos y yo me puse a chuparle y a mamarle la verga a un ritmo más elevado. Mi entrepierna cada vez estaba más chorreante y sentía mis flujos correr por la cara interna de mis muslos.

    Entonces le desabroché el cinturón y el botón del pantalón, hasta que la prenda cayó a los tobillos del desconocido. Le bajé del todo el calzoncillo descolocado y negro que vestía y retomé la felación con más ganas todavía que antes. Le masajeaba ahora también los testículos peludos, a la par que le daba un ritmo ya frenético a la mamada. La polla chocaba con el fondo de mi garganta y me producía arqueadas que a punto estuvieron de hacerme vomitar. Aguanté como pude y seguí chupando sin cesar hasta que el albañil gritó:

    -¡Arrrgg… me corro, me corrooo!

    Inmediatamente sentí en el interior de mi boca varios chorros de semen espeso y caliente, que fui tragando como pude. Cuando dejó de salir leche, abrí la boca y la verga del hombre salió de dentro, con la punta manchada de restos de esperma.

    -¡Joder! Estás hecha una auténtica experta -exclamó el individuo, desconocedor de que era mi estreno.

    Su polla había ido perdiendo la dureza tras la eyaculación y ahora se mostraba blanda y flácida. El albañil sabía que debería esperar unos minutos hasta que se recuperase. Pero no estaba dispuesto a perder el tiempo: me pidió que me echase en la tumbona y yo le obedecí. Una vez tumbada, le abrí las piernas ofreciéndole toda mi vagina abierta, para que hiciese con ella lo que quisiera. Me tenía entregada y estaba dispuesta a complacerle en todo lo que se propusiese. Entonces se arrodilló junto a la tumbona, acercó su rostro a mi sexo y empezó a restregar su nariz y sus labios por todo mi coño.

    El rostro del hombre quedó enseguida empapado por mis flujos. El albañil, ansioso, comenzó a usar su lengua para rozar con ella mis labios vaginales y tocar mi clítoris. Yo empezaba a estar en una nube gracias al gusto que esa lengua me proporcionaba. Tras esos primeros roces comenzó a penetrarme con la punta de la lengua con mucha suavidad: la metía una y otra vez entre mi rajita, provocando en mí tenues gemidos. Yo me acariciaba las tetas para tratar de aumentar la sensación de placer, mientras observaba cómo la polla del desconocido iba recuperando poco a poco su estado de dureza y se empalmaba.

    -Por favor, no esperes más, quiero que me folles -le supliqué.

    -¿Ahora tienes prisa, puta? -fue lo siguiente que dijo.

    El albañil se puso primero en pie, luego se colocó de rodillas sobre la tumbona y quedó frente a mí, delante de mis piernas abiertas. Con las manos me levantó un poco mis piernas y las separó todavía más, todo lo que pudo. Aproximó a continuación su verga hinchada a mi sexo y con la punta de la polla me rozó durante unos segundos la cara interna de los muslos y mis labios vaginales. Por fin se decidió, entonces, a enterrar toda su inmensa tranca en mi sexo, que ardía por la quemazón de la excitación.

    El hombre comenzó a bombear primero lentamente, después cada vez más rápido. Yo notaba aquella gruesa y dura verga hundiéndose en mi interior, llegando hasta lo más hondo. Mis gemidos eran cada vez más fuertes y tenía miedo de que mis abuelos pudieran escucharlos desde el interior de la casa.

    Los goterones de sudor del albañil chorreaban sobre mis muslos y mi vientre, mientras él proseguí con denuedo con su incansable mete y saca. Yo me mordía el labio inferior de la boca intentando no emitir fuertes gemidos de placer. Comencé a notar pequeños espasmos en mi bajo vientre y sentía como si tuviese ganas de orinar. Toda mi zona genital y púbica estaba en tensión, hasta que de pronto experimenté como una explosión de placer, seguida de una relajación.

    De mi coño empezó a salir un pequeño chorro de líquido viscoso, que no supe si era flujo vaginal u orín. La polla del hombre quedó completamente empapada, pero él no se detenía: continuaba penetrándome, ahora ya a un ritmo frenético. Lanzó un par de embestidas más y gritó:

    -¡Ahhh… me corrooo… toma toda mi lecheee!

    Inmediatamente noté esperma caliente entrando por primera vez en mi coño desvirgado y llegando hasta lo más profundo de mi interior. El placer que sentí fue inolvidable. El albañil se quedó quieto, con su pene dentro de mi vagina. Dio un par de embestidas más con las caderas y sacó después su miembro de mi cuerpo. Ya con la verga fuera me besó en los labios. Yo le devolví el beso.

    -Tengo que irme. No quiero que tus abuelos se den cuenta de que tardo demasiado para una reforma tan pequeña -me comentó secándose el sudor de la frente.

    Se subió el calzoncillo y los pantalones hasta medio muslo y entonces sacó del bolsillo mi braguita y mi sujetador del bikini. Creía que me las iba a dar de inmediato, pero no: antes de hacerlo se limpió con la braguita los restos de semen que habían quedado sobre su polla.

    -Esto es tuyo. Y no andes desnuda por las azoteas: ya ves como puede terminar la cosa -me dijo al tiempo que me entregaba las prendas. Me las puse mientras él recogía el material que había traído. Cuando bajábamos por los estrechos escalones hacia el interior de la casa, noté una mano del albañil sobre la braguita del bikini, tocándome los glúteos y dándoles un par de palmaditas.

    -Ya he terminado. El suelo de la azotea está ahora en perfecto estado. Además, he contado con la amable ayuda de su nieta que se ha ofrecido a echarme una mano -les dijo a mis abuelos, que no se imaginaban dónde le había echado yo realmente la mano al albañil.

    Mientras mi abuelo le pagaba al hombre el servicio prestado, yo me dirigí a la ducha, donde permanecí bajo el agua más tiempo del normal mientras me daba placer con mis dedos.

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  • La niñera de mi hijo

    La niñera de mi hijo

    Mi nombre es Will, vivo en San Salvador, y pues estoy casado y tenemos un niño.

    Llegó un momento difícil económicamente para nosotros que mi esposa le tocó buscar empleo, entonces a la vez buscamos una niñera para mi hijo.

    Así fue, a la semana encontramos una niñera de unos 32 años, piel clara, algo pequeña de estatura (1.55) con unas tetas muy gigantes y unas nalgas normales pero muy redondas y duras.

    Pues pasaron unos 3 meses y yo cero contacto con ella, ya que salía muy temprano hacia mi trabajo y llegaba muy noche, pues con la que tenía mucho contacto ella era con mi esposa.

    Pues un día a eso de las 9 am le solicité permiso a mi jefe que me diera el día, ya que no me sentía muy bien de salud (mi trabajo es de escolta o guarda espaldas de una familia ricachona del país) pues el jefe me dio el ok de irme a descansar.

    Agarré mi carro y di marcha a mi casa, sin comentarle a mi esposa pues llegué a la casa y ahí estaba Claudia la niñera de mi hijo, salió a recibirme con un vestido muy corto color negro, y en serio que con ese vestido se le notaban mucho las tetas y como mencioné anteriormente pues ella es muy tetota. En eso se dio la vuelta ya que estaba haciendo comida para almorzar y en lo que camino noté que en medio de sus ricas nalgas andaba un delicioso y excitante hilo dental, pues la tela del vestido era muy rala y hacía que se le notará el hilo, andaba en unas sandalias para estar cómoda en casa y unos pies muy hermosos con una esclava en su tobillo que la hacía ver muy sensual y sus uñas de color blanco.

    Pues me fui al cuarto y solo le mencioné a ella que me iría a duchar para dormir un poco, no noté que no había llevado mi toalla conmigo y pues al terminar de ducharme le pedí a ella que me la alcanzara, ella llegó rápidamente y pues al salir vi que ella me estaba esperando para ofrecerme comida, yo por estar morboseando y pensando en el rico hilo de ella pues se me paró la verga a lo máximo, y saliendo del baño solo tenía la toalla puesta sin nada debajo, ella rápidamente notó mi pene que estaba muy erecto y le noté rápidamente que sus pezones se pusieron duros como una piedra.

    Le pedí permiso que me iría a cambiar, y pues entré a mi cuarto y cerré la puerta sin echarle pasador, como la verga la tenía bien dura y pensando en las ricas tetas de ella, imaginando su conchita rica y rosadita pues procedí a masturbarme y también me imaginé en mi boquita esos pies tan preciosos de ella, me imaginaba chupando cada dedo de ella y pues cuando estaba a punto de sacar todo mi semen, ella abrió rápidamente la puerta para decirme que ya estaba la comida y del susto pues únicamente pude cubrirme con el bóxer qué tenía a un lado.

    Ella soltó una risa muy sensual (mi hijo en ese momento estaba muy dormido ya que tenía un año de edad en ese momento) entonces yo me puse con mucha pena y ella igual, pero eso no quitó la duda de ella al preguntarme que porque me estoy masturbando, si para eso está ella para ayudarme en lo que yo le ordene, por eso es la chacha de la casa me dijo.

    Se acercó, quitó mi mano de mi verga y la agarró, a la misma comenzó a besar la cabeza de mi verga qué la tenía muy llena de mi fluido de cristal y ella comenzó a mamármela muy rico y suave, me dijo que tenía esa fantasía de coger con un jefe y ser la puta de la casa. Entonces la agarré y la tiré a la cama, la comencé a besar y bajé a esas enorme tetas a besarlas, bajé hasta su concha y pues ahí estaba viéndola al natural, una rica vagina rosadita y bien rasurada.

    Comencé a besarla y ella me pidió hacer el 69 y así fue, comenzamos con un 69 y le vi el culito bien rosadito y muy cerrado, le pregunté que si ya le habían cogido el ano y me dijo que no, pero que yo era su jefe y que si yo quería cogerle el culo que ella a gusto me lo entregaba. Al escuchar eso comencé a pasarle mi dedo por su vagina y llenando mi dedo de los ricos jugos de ella seguí llegando al ano y lubricarlo muy rico. Ella solo encogía sus piernas y gemía como una rica puta deseosa de sexo.

    Pues giré mi cuerpo indicando que quería cambiar de posición y así fue, se movió y la puse en 4, ella tomó todo su pecho a la cama y parando su rico culo me lo dejé a plato servido, y solo me dijo: “sírvase mi jefe, soy su putita y amo ser su puta traviesa, haga conmigo lo que quiera”. En eso comencé a hundir toda mi lengua por su increíble ano y estuve sacando y metiendo mi lengua por su ano como que si la estuviera penetrando, ella muy excitada comenzó a tocarse la vagina muy fuerte, me pregunto que si alguna vez me habían acabado en la cara y le dije que no.

    Me pidió que me acostara y lo hice, puso toda su concha en mi cara y seguí masturbando, la ayudé con mi boca a jugar con su vagina y con un dedo dentro del ano de ella comenzó a temblar y solo sentí todo su chorro de fluidos en mi cara, en mi pecho, me entró en la boca ese rico líquido de cristal qué uufff me calentó a mil, la agarré y comencé a cogerla en la cama, yo arriba y ella abajo.

    En eso me acordé de sus hermosos pies y los agarré con mis manos y comencé a besarlos apasionadamente, ella me dijo que era la primera vez que le hacían eso y pues más se los besaba, se calmó un poco, sacó mi verga y la agarró con la mano derecha llevándola a su estrecho ano y me dijo que quería darme la virginidad de su ano, rápidamente fui metiéndolo poco a poco y me dijo que a una puta no se le trata con amor, que quería que le metiera la verga en el culo con mucha fuerza y así hice, la agarré y se la metí toda, pegó un grito de dolor y placer y solo me dijo que siii que así se trata a una perra en brama.

    Seguí cogiéndola y de lo muy rico que la estaba pasando solo sentí como ella volvió a chorrearme con sus fluidos qué salían de esa rica vagina rosada y muy mojada, yo abrí mi boca para recibir cada gota y en eso sentí el deseo de tenerla en 4, pues no, ella se tiró de la cama y se puso a una orilla de la cama, dejando su cabeza al filo del suelo y su espalda q topaba con la cama y sus pies al aire como una puta qué es en verdad, le agarre los pies y me puse a chuparlos, me ensalivé la verga y se la introduje en la vagina y me dijo que quería sentir toda mi leche por su ano.

    Le hice caso y le metí toda la verga por el ano y así pase como 3 minutos hasta que no aguante más, le llene todo ano de semen y ella muy feliz, se giró y agarro mi verga y me dijo que mi semen no hay que desperdiciarlo, siguió mamándome la verga hasta dejarla sin ninguna gota de lecha caliente, se tiró a la cama y se metió dos dedos por el culo sacando leche y se lo metió a la boca como chupando una verga.

    Ambos nos tiramos a la cama, nos acostamos y estuvimos platicando qué cuando sería el otro encuentro…

    Se los contaré más adelante, pero al final salió siendo una putita de placer Claudia la niñera de mi hijo.

    Espero les haya gustado.

    Saludos desde El Salvador.

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  • Madurez y juventud, ambas lozanas, ambas deseosas (1)

    Madurez y juventud, ambas lozanas, ambas deseosas (1)

    -“Hola don Rafa”.

    -“Hola preciosa, te veo cara de contenta”.

    -“Y lo estoy, ayer entré en la mayoría de edad y mañana es la ceremonia de finalización del secundario”.

    -“¿Aprobaste todas, Eugenia?”

    -“Sí, este año no tengo deudas”.

    -“Perfecto, te felicito, cuando tengas tiempo me gustaría que pases unos minutos por mi negocio”.

    Rafael de Anduaga tiene un negocio de lencería, modesto pero con prendas de muy buena calidad, que atiende con la ayuda de una sola empleada; hace cinco años que es viudo y, a sus sesenta años, se conserva lozano y fuerte, producto de una vida ordenada.

    La niña que saludara es hija de un matrimonio que vive en el piso de arriba, familia con la cual mantiene una cordial y cercana relación desde que llegaron al edificio un par de años atrás. Más de una vez cuando ellos viajan le dejan la llave del departamento al maduro vecino por si se diera alguna emergencia; tampoco es raro que compartan alguna comida y en las fiestas de fin de año el viudo suele ser invitado de honor.

    Los esposos habían iniciado la cuarentena, lo que indicaba que muy jóvenes habían tenido a la única hija, un calco de la madre, ambas muy lindas dentro de su delgadez.

    Al día siguiente, luego de la ceremonia de entrega de títulos, padre, madre e hija fueron a la lencería.

    -“Pero que gusto inmenso, recibir a la familia completa”.

    La esposa, voz cantante del grupo, respondió.

    -“El gusto es nuestro Rafa, Eugenia nos contó de tu pedido y decidimos acompañarla”.

    -“Me parece bárbaro, vos preciosa, recorré el negocio, meté mano donde quieras y elegí un conjunto que sea de tu gusto”.

    La voz del padre se escuchó nítidamente.

    -“Me parece que metí la cabeza en la boca del león”.

    -“No creo que sea para tanto, Pablo”.

    -“Seguro que sí, acompañar a dos mujeres a una lencería es un seguro desbalanceo del presupuesto familiar”.

    Mientras madre e hija evolucionaban por el local mirando, buscando y eligiendo para después decidir, Pablo y yo intercambiábamos algunas frases sentados en dos sillones casi enfrentados; durante una pausa en esta débil comunicación veo a Laura agacharse frente a un exhibidor para mirar el último estante quedando en cuclillas frente a mí, tres metros nos separaban y en esa corta distancia tenía la privilegiada vista de los muslos entreabiertos y, en la unión de ambos, un triángulo de tela celeste con un leve acanalado vertical en el medio.

    Mientras estaba en ese deleite visual, mordiéndome el labio inferior, al levantar algo los ojos me doy con la mirada seria de quien era observada que, habiendo comprobado a dónde iba dirigida mi deseosa observación, juntó lentamente las rodillas y giró para quedar enfrentada al mueble y, con su llamado, sacarme de esa carnal ensoñación.

    -“¿Rafa, me mostrás lo que hay en este estante?”

    Acudí a su llamada y me puse a su lado pero dando frente a los sillones de manera que, si ella giraba para hablar conmigo, quedara de espaldas al marido; poniendo una rodilla en el piso para estar a su altura miré lo que ella señalaba, pero era necesario dar alguna explicación a mi comportamiento anterior.

    -“Qué vergüenza que me hayas sorprendido en un momento de debilidad”.

    -“Por qué debilidad”.

    -“Porque el poder de la tentación de mirar esos muslos entreabiertos e imaginar la delicia oculta tras la bombachita celeste, fue muy superior a mi fuerza de voluntad para girar la cabeza hacia otro lado”.

    -“Te recuerdo que estás hablando con tu vecina casada”.

    -“Lo tengo muy presente, y por eso trato de responder con palabras que o sean groseras u ofensivas, aunque por dentro esté muy lejos del equilibrio”.

    El diálogo fue cortado por la joven.

    -“Ya encontré lo que quiero”.

    Las dos piezas que mostraba eran de un diseño clásico pero gran parte de la tela trasparentaba bastante, lo que motivó cierto desacuerdo de los padres; Laura fue quien pidió mi opinión y se la di.

    -“Salvo que esta joven dama piense andar por la calle mostrando esa prenda íntima, cosa que descarto, creo que un gusto personal, que a nadie perjudica ni molesta, cuyo costo no es desproporcionado, hay que dárselo”.

    A la sonrisa agradecida de la involucrada le siguió el pedido de la madre.

    -“Tenés razón Rafa, ahora, entre todo tu stock, ¿habrá algo así, pero menos transparente y un número más grande?”

    -“Acá no, pero creo que en el depósito sí podemos encontrar; si quieren acompañarme cierro y así buscamos tranquilos, no conviene que el salón quede sin nadie”.

    Ante eso Pablo se ofreció para permanecer en el salón y avisarnos si entraba algún cliente. En la búsqueda pude deleitarme, aunque con cierta vergüenza, observado los muslos y el nacimiento de las nalgas de Eugenia, que quiso subir a la escalera para bajar una caja del estante superior; por supuesto, interiormente rogaba que la madre no se percatara de la mirada bastante inapropiada para una persona de mi edad.

    Con toda suerte encontramos algo que satisfizo el gusto de Laura pero nuevamente la mente me traicionó, pues al mirarla me la imaginé vestida solo con lo que tenía en la mano y mi miembro salió de su letargo adquiriendo una rigidez inusitada, que rápidamente ubiqué de manera que pasara desapercibido; vueltos al sector de ventas nos recibió la voz varonil.

    -“¿Viste Rafa que tenía razón al decir que no conviene acompañar a dos mujeres a una lencería?”

    -“No te preocupes por un desajuste presupuestario pues los dos son obsequios de la casa”.

    -“Entiendo el regalo de la niña pero el de Laura no, a menos que estés tratando de levantarte a mi mujer”.

    -“El valor de estas prendas es insignificante comparado con todas las atenciones que ustedes tienen conmigo, por otro lado, ¿vos crees que una hermosa señora como la tuya se compra con un juego de corpiño y biquini, y encima por un viejo cualquiera como yo?”

    -“Era una broma”.

    -“Me lo imaginé”.

    Aceptada la invitación a almorzar disfruté una verdadera comida y no los platos improvisados que me cocinaba en casa, por supuesto también engordé los ojos deleitándome con las hermosas figuras de madre e hija, en particular de la mayor que parecía mejor dispuesta a permitirme ver algo más de lo usual; daba la sensación que el episodio de la mañana iba a tener algo de continuidad, pues mientras esperábamos que se calentara la comida en el horno, ella sentada al lado de su marido más de una vez cruzó las piernas de manera que yo, sentado al frente, pudiera ver de nuevo su bombachita celeste; al término de la sobremesa y cuando me despedía para descansar algo antes de volver al trabajo recibí el comentario socarrón de Pablo.

    -“Cómo te envidio, pensar que vas a poder dormir siesta mientras yo estoy obligado a una partida de cartas con mis amigos del bar”.

    -“Una lástima que no puedas evadirte de ese compromiso, y ahora se presenta una duda”.

    -“Sobre qué”.

    -“No sé si desearte suerte por aquello de…”.

    -“No hay problema, deseá que me vaya bien sin temor porque mi amor queda en casa”.

    -“Bueno entonces me quedo tranquilo al saber que no te perjudico, hasta otro momento y gracias, estuvo delicioso el almuerzo”.

    -“¿Rafa, tendrás algunos folletos de tu ropa para mostrarle a mis amigas y así te hago propaganda?”

    -“Sí Laura, algo tengo en casa, cuando quieras te los doy”.

    -“Perfecto lavo la vajilla y te voy a ver antes que te acuestes”.

    Diez minutos después llamaba a la puerta de mi departamento.

    -“Vengo a agradecerte el obsequio como es debido, si lo hubiera hecho antes, en presencia de Pablo, tendríamos que haber soportado sus comentarios de macho celoso, aunque en los hechos sea de rendimiento regular”.

    Y, acercándose, me dio un beso en cada mejilla para permanecer abrazada diciéndome al oído.

    -“Gracias por el regalo, es hermoso el conjunto, y ya me lo puse para probar, aunque no te lo pueda mostrar”.

    -“Una lástima, le voy a encargar a la imaginación que haga la tarea y me dé el resultado, aunque la edad y el trabajo que hago me debieran habilitar para evaluar de manera directa”.

    -“Degenerado”.

    -“Es verdad, degenerado pero feliz, acabo de constatar que mi cuerpo está dentro de cierta normalidad, pues ha reaccionado bien ante el contacto de un cuerpo deseable”.

    -“Me alegro de haber contribuido a tu felicidad pero me parece que estoy entrando a un terreno peligroso”.

    -“Es verdad pero me parece que el peligro aumenta mucho el placer de tener tu cuerpo pegado al mío sujeta por mis brazos que te atraen, un poquito para no contrariar tu voluntad, pero lo suficiente para que sea evidente mi deseo”.

    El diálogo tenía lugar mientras duraba el abrazo y nos hablábamos al oído mientras mis manos recorrían, su espalda.

    -“Acordate que soy casada y no debo mostrar partes de mi intimidad”.

    -“Lo tengo muy presente, pero podría darse como un pequeño descuido, similar al que tuviste en el negocio”.

    -“Es que al ser consciente de ello me daría mucha vergüenza”.

    Seguíamos hablando sin despegar los cuerpos, sus pechos aplastados contra mi tórax y las pelvis habiendo iniciado imperceptibles presiones para sentir mejor lo que tenían en frente; ya obnubilado por el deseo, en las pausas para escuchar le atrapaba con los labios el lóbulo de la oreja para soltarlo en seguida, como si hubiera sido algo casual; ella demostraba que lo sentía con un pequeño temblor, pero sin oponerse.

    -“Hagamos una pequeña trampita, seguimos tal cual estamos, pero yo levanto la parte de atrás de tu vestido y veo, en el espejo que está a tu espalda, cómo te queda la biquini, así atemperamos el efecto del pudor”.

    -“No puedo creer que tan mansamente acepte exhibirme así ante vos”.

    Mientras ella hablaba yo le iba subiendo la pollera hasta que la tuvo enrollada en la cintura.

    -“Te queda preciosa, justo tapando la mitad de cada nalga y así incitando a descubrir la parte cubierta; permitime que saque una arruga que la afea”.

    -“Desgraciado, me estás agarrando toda la nalga desnuda y algún dedo se mete en la divisoria”.

    -“Es que la arruga estaba entre los glúteos”.

    -“Por más que usés palabras elegantes la verdad es que me estás amasando el culo, ¡No! Eso no, tus dedos han bajado hasta la unión de los muslos y siguen hacia adelante; mejor nos sentemos.”

    Nos ubicamos en sillón grande, apenas separados.

    -“Estás enojado”.

    -“No tengo razón para estar enojado”.

    -“Pero algo te pasa”.

    -“Sí, pero no es enojo, espero poder explicarlo. Estando abrazados con los cuerpos pegados y yo, con una excitación creciente, casi, casi descarrilo, el equilibrio desapareció y mi cabeza dejó de trabajar porque el instinto dominaba. Tu sensatez hizo la parada que yo no era capaz de realizar y ahora estoy en proceso de serenarme”.

    El intento de volver al equilibrio duró lo que un pedo en una canasta porque después, de mirarme a los ojos unos segundos, se movió para quedar bien pegada tomando mi mano entre las suyas.

    -“Perdoname, yo también estaba alterada, quisiera haber seguido, pero no podía pensar con claridad, además sentía vergüenza de estar con las nalgas al aire exhibiéndome como una puta”.

    Y mientras charlábamos mi mano quedó con la palma sobre su muslo a escasos centímetros de esa conchita que me tenía obsesionado.

    -“Vos no te exhibías, yo te levanté la falda, y el hecho de que te guste agradar en ningún momento te convierte en una puta; el deseo de ser admirada es tan natural como beber al sentir sed”.

    El hablar con ella no impidió que mi dedo pequeño se separara del resto, estirándose en busca de esa parte mullida; cuando esa yema traviesa hizo contacto, la mano izquierda de Laura que estaba encima de la mía permaneció inmóvil y ella apoyo la mejilla en mi hombro tomando con la diestra el brazo que cruzaba hacia su falda apretándolo contra las tetas. La acción del dedo provocó un pequeño hipido que la hizo girar la cabeza de manera que en mi hombro, en lugar de la mejilla se apoyara la frente.

    -“Por favor, no me mires”.

    Simultáneamente desapareció la rigidez de las piernas que se separaron unos centímetros y así, el pícaro meñique dio paso a sus compañeros medio y anular con la misión de continuar la tarea de frotar más fácilmente, pues el incremento de la excitación corrió parejo con la apertura de los muslos.

    Después de recoger su fada en la cintura, tomé su mano para llevarla a mi pija que, erguida, se asomaba por la bragueta; cuando mi mano se internó bajo la biquini despegó su cara de mi hombro para taparla con un almohadón mientras los quejidos acompañaban el resbaloso recorrido de los dedos. La sorpresa grande fue cuando cojín voló por el aire y, girando un poco la cabeza, tomó mi cara con las dos manos mirándome fijamente.

    -“A la mierda las buenas costumbres, las palabras delicadas y la vergüenza, mi primer orgasmo con vos quiero tenerlo con tu verga adentro; ¿tenés un espejo de mano? Aunque me voy a incorporar un poco, quiero ver el momento en que tu pija ingresa y, una vez que esté bien adentro, me encantaría chupar tu lengua mientras me serruchás”

    -“Lo que vos digas mi cielo, ya te lo traigo”.

    -Cuando volví con el espejo me esperaba reclinada sobre los almohadones, con las nalgas sobresaliendo del borde del asiento y ls rodillas a la altura de los hombros; esa postura de entrega hacía que los labios de la conchita estuvieran algo separados y se atisbara entre ellos el agujerito que parecía invitarme a ingresar.

    -“Vení querido, no prolongués mi espera”.

    Y me evadí del tiempo, sacarme pantalón, calzoncillo, zapatos y medias no sé si me llevó treinta segundos o una hora, pero cuando volví a la conciencia estaba de rodillas a pocos centímetro de las nalgas de Laura, tomando mi pija por el tronco y apoyando el glande entre los labios que me habían cedido el paso.

    -“Preciosa, avísame cuando debo empujar”.

    Sosteniendo el espejo en el ángulo apropiado me dio vía libre.

    -“Ahora mi amor, en cámara lenta, que pueda ver cómo, milímetro a milímetro, tu miembro ocupa mi vagina, yo la voy a contraer un poco para ayudarte en la entrada lenta, seguí, seguí tesoro, ya llegaste al fondo, ahora sacá la lengua para que pueda chuparla y dame duro”.

    Al juntar nuestras bocas cruzó sus piernas en mi espalda y sincronizamos los empujes; en ese momento agradecí la edad que tengo pues me permitió aguantar lo suficiente para que ella se corriera antes que yo

    -“Estoy llegando papito, apretame las tetas, dame una estocada fuerte y quédate ahí, me corro, estoy acabando como una burra, ¡sí!”

    Nos repusimos de la tensión vivida sentados, yo abrazándola e intercambiando besos afectuosos que en nada se parecían a los pasionales de momentos antes.

    -“Qué pensaras de mi marido y de mí”.

    -“De vos pienso que sos una dama, hermosa, dulce y deseable, que por alguna razón que ignoro me ha hecho el honor de gozar con ella y darle placer. De tu marido pienso que es una buena persona, pero que sería mejor si gruñera menos. Opinar mal de alguno de ustedes sería obrar como un malparido”.

    -“Tengo que volver a casa”.

    -“¿Estás bien?”

    -“Sí, he pasado unos momentos maravillosos gozando lo indecible, pero tengo la cabeza hecha un lío y así no puedo hablar coherentemente, voy a volver cuando pueda y me haya serenado”.

    El beso de despedida fue el de dos personas que sienten verdadero afecto y disfrutan la cercanía física del otro, fue un acto de separación y promesa de reencuentro.

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  • Mi esposa masturbó y mamó a su hermano

    Mi esposa masturbó y mamó a su hermano

    Tuvimos un tiempo de receso en nuestras actividades sexuales extramaritales, debido a una época de viajes de trabajo y después unas vacaciones familiares. Durante las vacaciones viajamos por carretera a una playa del océano pacifico donde pasamos unos días maravillosos con nuestros tres pequeños.

    De regreso pasamos tres días en una ciudad donde vive mi cuñado, el único hermano de mi esposa y que recientemente se divorció y ahora vive solo en una casa grande y cómoda, nos recibió con mucho gusto y nos llevó a cenar en un restaurante italiano muy formal con botellas de vino de mesa y muy elegante, cenamos deliciosamente y platicamos un buen rato junto con los hijos.

    Regresamos a su casa y continuamos con la plática familiar, mi cuñado que se llama Alfredo, sacó una botella de whisky y nos invitó unos tragos, como yo soy aficionado a la cerveza, preferí esperar a que entregaran un pedido que mi cuñado ordenó por teléfono.

    Él tiene 36 años y es siete años mayor que mi esposa, de tal modo que la trata como si fuera una niña todavía y juega mucho con ella, la regaña y le propina nalgadas a manera de juego, hace como cinco meses que se divorció, tiene un buen trabajo, es profesionista y vive muy bien económicamente. Nos platicó de su nueva vida de “soltero” argumentando que así se siente muy bien por el momento.

    Continuamos con la conversación muy amenamente mientras bebíamos, después de dos horas él dijo que se sentía cansado y quería retirarse a dormir, nos mostró la recamara que nos asignó y se notaba algo ebrio y juguetón, cuando subíamos la escalera, metió su mano por las piernas de mi esposa y le dio un apretón de nalgas al mismo tiempo que gritaba para asustar a mi esposa, ella saltó muy sorprendida y los tres dejamos salir sonoras carcajadas festejando la broma.

    La habitación tiene dos camas matrimoniales, así que los hijos se acostaron en una y nosotros en la otra. Antes de irse a su recámara, mi cuñado dijo “no se pongan a hacer cochinadas, duérmanse tranquilos” nuevamente festejamos con risas y le dije “si lo hacemos, te despertamos para que nos acompañes” se fue diciendo “están pero bien jodidos, andan borrachos, duérmanse ya” mi esposa le contestó “el borracho eres tú” el regresó contra ella y le dijo “cállese cabrona” e hizo por abrazarla y tirarla en la cama, ella se defendía pero finalmente la derribó y le hacía cosquillas, yo solo reía festejando sus juegos.

    Después de un rato, bajé para traer unas cervezas del refrigerador y cuando subí la escalera, al pasar por la recámara de mi cuñado, escuché que dijo “ya acuéstate cabrona, a darle su cogida a mi cuñado” (seguramente pensando que era su hermana quien subía la escalera.)

    Le dije a mi esposa que el pobre Alfredo estaba borrachillo y lo que había dicho pensando que era ella quien iba por la escalera, “¿por qué pobre?” preguntó, “porque está pensando en el sexo y no tiene pareja” contesté, “no comiences con tus ideas locas” me dijo, “yo vi que te agarró los pechos y las nalgas cuando te tiró en la cama” le dije, “así juega el conmigo siempre” me replicó.

    Luego que se durmieron los niños seguimos bebiendo cervezas y nos desnudamos y comenzamos a acariciarnos, ella se movió para mamar mi verga mientras yo mamaba su panochita haciendo el 69, noté húmeda su rajita y se lo hice saber con el comentario de que andaba caliente por las caricias de su hermano, ella aceptó que si le había tocado las nalgas y los pechos pero que no se había calentado por eso.

    Seguimos en lo nuestro y de pronto escuchamos al otro lado de la puerta “Linda, Linda” golpeando suavemente. Linda se echó una bata encima y salió, yo no podía escuchar lo que decían, pero cuando volvió mi esposa, me dijo que Alfredo no podía dormir y quería que lo acompañáramos con unos tragos, bajamos y seguimos tomando.

    Mi cuñado preguntó “¿que estaban haciendo? huelen a sexo cabrones” (creo es su palabra favorita) “estás enfermo Alfredo, ¿pues que tienes?” dijo mi esposa, “no se hagan pendejos, estaban cogiendo ¿verdad cuñado?” “ya vete a acostar andas muy mareado” dijo Linda tratando de levantarlo, pero él la abrazó y se la sentó en su regazo diciendo, “ni calzones has de traer cabrona” riendo todo el tiempo.

    Al fin, después de casi hora y media aceptó irse a dormir y lo acompañamos hasta su cama debido a su evidente embriaguez y se echó de espaldas quedando dormido e inmóvil con las piernas colgando y con sus zapatos y pantalón puestos todavía. Había poca luz en la habitación, solo una lamparita sobre una mesita.

    Linda comenzó a quitarle sus zapatos, cuando terminó de quitar sus calcetines, él estaba totalmente dormido ya, le ayudé a subirlo totalmente sobre la cama y ella comenzó a soltarle su cinturón y a desabotonar el pantalón, fue entonces que notamos que el gran bulto en su entrepierna, nos miramos uno al otro con picardía, yo comencé a abrazar a mi esposa por detrás, pegando mi verga algo dura a sus nalgas y acariciando sus pechos mientras ella le quitaba el pantalón a su hermano.

    Era un momento muy emocionante y excitante para nosotros, ella disfrutaba mis caricias mientras notaba bajo la tela de la trusa que la verga de su hermano estaba creciendo, estando yo parado atrás de mi esposa, acariciaba con mi mano su panochita ya que ella en realidad no traía calzones, ella se animó a acariciar la verga sobre la tela con mucha suavidad mientras observaba el rostro de Alfredo para ver si realmente estaba dormido, “pobrecito” le dije con voz muy baja.

    Mi esposa me dedicó una picara sonrisa y guiñó un ojo mientras acariciaba la verga de su hermano, acto seguido metió su mano en la trusa y se la acarició por un instante antes de sacarla. Tomando a dos manos la verga de su hermano, lo comenzó a masturbar muy suavemente, mientras me hacía la señal de que yo me retirara. Lo hice, me retiré, no sin antes darle unas lengüeteadas en su culito y su panochita dejándole toda la bata levantada hasta los hombros, salí de la habitación dejando una abertura en la puerta para poder observar lo que mi esposa le hacía a su hermano.

    Ella sin quitarle su trusa, siguió sobándolo sin que él se despertara a causa de la borrachera que se había puesto con la botella de whisky. Linda se hincó en la cama y apoyada en una mano, masturbaba a su hermano muy suavemente, la verga de Alfredo era grande y gruesa, yo la noté muy grande y muy gruesa, hasta donde estaba yo se escuchaba el sonido que hacía la mano de mi esposa al resbalar con los abundantes jugos de mi cuñado que no daba indicios de despertar, yo me masturbaba en el pasillo viendo aquella escena tan excitante.

    Le indiqué a mi esposa que me mostrara la verga de Alfredo y ella apartándose un poco, la tomó desde la base para que yo pudiera verla con la luz de la lámpara. Era muy grande y gruesa, más que la de mi hermano Juan y nuestro compadre Antonio, tiene una mancha blanca como un lunar en forma de veta desde la base casi hasta llegar a la cabeza redonda y colorada, es una linda verga.

    Mi esposa siguió masturbándolo muy suavecito y su mano no se cerraba en torno de la verga, solo las puntas de los dedos se tocaban y contra la luz se veía el hilo del abundante liquido cristalino lubricante que escurría desde la punta hacia la base, desde la puerta le indiqué a Linda “mámasela” , ella volteó a verme sonriendo y se inclinó sin moverse mucho sobre la cama, acercó su boca y le pasó la lengua sobre la punta, varias veces como saboreando la vergota, parecía que no le iba a caber en su boca, enseguida, la besó y la comenzó a tragar poco a poco.

    Aquello era algo increíble, yo pude imaginar muchas cosas pero no esto; ver a mi esposa mamarle la verga a su hermano, con su mano lo masturbaba y al mismo tiempo le mamaba, la respiración de mi cuñado se hizo mas agitada y levantaba casi imperceptiblemente la cadera, la verga se notaba hinchada como a punto de estallar, las venas estaban inflamadas al máximo, Linda sacó la verga de su boca por un momento pero seguía sobándola con su mano, fue muy notorio cuando su hermano iba a eyacular, ya que comenzó a moverse un poco mas y su respiración se volvió más agitada.

    Mi esposa lo notó y lo volvió a meter en su boca, se comenzó a tragar la leche de su hermano, solo algo se derramó por entre sus labios pero quedó en su mano masturbadora, lo mamó hasta que se notó que ya no salía nada de leche, incluso las últimas gotas que quedaban en la salida de la cabeza, las recogió con su lengua.

    La verga de Alfredo todavía estaba dura y amenazante, pero mi esposa decidió que ya era suficiente y se la volvió a guardar en su trusa y le colocó una sábana encima, apagó la luz de la lamparita y salió de la habitación cerrando la puerta sin que su hermano despertara.

    Apenas cerró la puerta, yo la abracé y la comencé a acariciar y a besar, ella estaba muy caliente y de su panochita escurrían sus propios jugos, me besaba introduciendo su lengua muy adentro en mi boca y pude saborear los restos del semen de mi cuñado, era tanta la calentura de los dos, que ahí mismo en las escaleras cogimos sobre los escalones, yo eyaculé abundantemente y ella tuvo varios orgasmos mientras me decía lo rica que le había parecido la verga de su hermano.

    Seguimos calientes todavía en la recámara, la acomodé en cuatro sobre la cama, e intenté penetrarla por el culito sin ninguna resistencia, así que se lo llené de saliva y con sus propios jugos, metiendo los dedos primero en su panochita muy mojada y luego en su culito, dos y tres dedos hasta que le acomodé la punta de la verga en el ano y la penetré suavemente, recordando como me enseñó mi hermano Juan, hasta que me descargué totalmente en su interior mientras con una mano le sobaba su clítoris para provocarle su orgasmo.

    Al día siguiente no pudimos despertar temprano, mi cuñado nos levantó para que fuéramos a almorzar. Cuando íbamos en el coche, el preguntó con voz muy baja para que los niños no escucharan, ¿Qué pasó anoche? ¿Qué pasó de qué? Preguntó mi esposa, ¿Quién me desvistió? “Entre los dos te ayudamos”, dije yo “solo te acostamos y tú te desvestiste solo, Linda te echó una sábana encima y ya”, ¿Qué me hicieron cabrones? “nada, pues que te íbamos a hacer” contestó mi esposa, y ahí terminó la conversación sobre el tema.

    La noche siguiente mi esposa y yo cogimos varias veces calentándonos solo con el recuerdo de lo sucedido la noche anterior, como; el gran tamaño de la verga de su hermano y lo abundante de su eyaculación dentro de la boca de mi esposa, de la vista que tenía yo desde la puerta, ella empinada con su culito y su panochita expuestos y sus pechos colgando sobre las piernas de su hermano, su mano tratando de abarcar la gruesa verga y sus labios totalmente distendidos para mamar semejante cilindro.

    Fantaseamos con cosas como: Me gustaría que mi cuñado se cogiera a su hermanita, ¿Le aguantarías la verga en tu culito? Me gustaría que me cogieran entre tú y él. ¿te gustaría que el compadre, mi hermano, tu hermano y yo te cogiéramos y que te aventáramos la leche en tu cara y en tu boca y chiches? Me gustaría que todos en la misma noche me llenaran la panochita de leche, ¿y en tu culito? Me gustaría que me hicieran sándwich mi hermano y tu hermano y después tu y el compadre, ¿Cuáles vergas quisieras en el culito? La de mi hermano y la del compadre, ¿por qué? Porque están muy gruesas y me llenan más.

    Mi cuñado Alfredo aparenta ser muy duro de carácter, pero creo que en realidad no es así, quiere mucho a su única hermana, pero Linda y yo creemos que estando él en sus cinco sentidos no dejaría que pasara lo que les acabamos de relatar. Su forma de beber entre otras cosas que desconocemos, es uno de los causales de su divorcio, esperamos que pronto encuentre pareja si no, pues tendremos que volver a visitarlo y provocaremos que se embriague lo suficiente para ver si ahora si hacemos algo entre los tres.

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  • Me recuperé del accidente gracias a mi madre

    Me recuperé del accidente gracias a mi madre

    Mi nombre es Carlos, tengo 22 años, mi principal afición es el motociclismo, participo en carreras de 500 cc. Hace un par de meses, realizando unos entrenamientos en el circuito del Jarama, sufrí un aparatoso accidente golpeándome la cabeza contra una valla de protección. Debido al tremendo golpe, sufrí un derrame cerebral y me ingresaron en el hospital en estado de coma.

    Mi familia está compuesta por mi madre y mis abuelos, mi madre tiene 44 años y lleva 1 divorciada de mi padre por causas que no vienen al caso, ella es una señora de lo más normal, ni guapa ni fea ni tampoco tiene un cuerpo espectacular, pero es tremendamente agradable y cariñosa, ella prácticamente desde mi nacimiento tuvo problemas con mi padre por lo cual volcó todo su cariño sobre mí y yo siendo único hijo estaba realmente enmadrado, la única mujer en el mundo que para mí existía esa era mi mama, en absoluto eso quiere decir que yo no conociese chicas, por mi condición de piloto de competición las conocía y en cantidad, a los 18 años dejé de ser virgen.

    Desde que se divorció vivimos con los abuelos (padres de ella) Los abuelos tienen una posición muy desahogada, al ser ella hija única para ambos no existe el más mínimo problema. Para los abuelos fue una alegría tremenda el divorcio de su hija, nunca vieron con buenos ojos a su yerno, siempre le consideraron un vividor y desde luego no se equivocaron en absoluto. Los abuelos a mí me querían con locura sobre todo el abuelo debido a que yo tenía exactamente el mismo carácter, decía que era su mismísima copia y figura, aparte del carácter heredé en muy buena parte su físico, alto, fuerte y muy bien armado.

    Debido al accidente durante un mes estuve entre la vida y la muerte, al cabo de ese tiempo remitió la gravedad pero seguía en estado de coma, pasado algún tiempo recuperé el conocimiento pero no podía moverme ni me acordaba absolutamente de nada, solo me apetecía dormir, cuando abría los ojos al no reconocer a nadie ni entender nada de lo que pasaba a mí alrededor seguía durmiendo, me llamaba la atención una señora que constantemente día y noche estaba a mi lado me acariciaba y me hablaba de una forma tremendamente cariñosa y no hacía mas que llorar, me visitaba una pareja de ancianos todos los días, se les veía realmente preocupados.

    Todo el personal sanitario se portaba conmigo maravillosamente bien, sobre todo una enfermera rubia, la pobrecita era todo dedicación hacia mi persona, le encantaba lavarme especialmente mi hermoso pene a este le dedicaba una especial atención, lo lavaba y acariciaba con una delicadeza tremenda, yo diría que estaba enamorada de él, esta enfermera, Sofía que así se llamaba le decía a la señora que estaba conmigo constantemente que cuando a ella le tocase guardia nocturna no era necesario que se quedase, ella me cuidaría perfectamente.

    La señora un día acepto por lo visto se encontraba muy cansada y a parte debía arreglar algunas cosas en casa por lo cual dejó mis cuidados a cargo de Sofía, debo aclarar que por la posición económica de los abuelos yo tenía una habitación para mi solo por lo cual gozaba de una cierta intimidad.

    Una noche noté una sensación extraña, algo que me agradaba pero al mismo tiempo no entendía que era lo que me pasaba, muy despacio abrí los ojos, Sofía estaba sentada en mi cama y me acariciaba suavemente el pene, seguramente y debido al accidente yo había perdido en cierta manera la sensibilidad sexual las caricias me agradaban pero no me excitaban precisamente, mi pene mide 23 centímetros tanto en posición de reposo como en estado de firmes por lo cual para ella era muy agradable acariciarle aunque estaba en posición de reposo, ella debía excitarse mucho porque una de sus manos alternaba las caricias entre sus hermosos muslos y una teta que se había sacado fuera del sujetador.

    Una noche todo cambió para mí, al igual que las noches precedentes ella acariciaba dulcemente mi pene pero esta vez se inclinó sobre él y comenzó a acariciarlo con su boca y lengua, su boca estaba tan caliente y su lengua lamía con tanta suavidad que las sensaciones comenzaron a inundarme de golpe, en mi cabeza comenzaron a destellar pequeñas lucecillas y mi cuerpo comenzó a sentir una serie de pequeñas descargas eléctricas, de pronto mi pene comenzó a elevarse majestuosamente en ese momento ella me miró a la cara y sonrió con dulzura yo cerré los ojos para permitirle que siguiera, ahora sentía verdadero placer.

    Sofía se quitó las bragas, introdujo dos dedos en su vagina y siguió chupando y lamiendo aquella hermosa herramienta, después de un buen rato se subió a la cama y se colocó de cuclillas sobre mi pene, lo cogió con la mano y lo guio directamente a su fuente de placer, en cuanto lo encajó en la entrada comenzó a dejar caer lentamente su cuerpo sobre él hasta que se lo introdujo totalmente, soplaba como una gata en celo y lo que yo sentía era algo indefinido pero maravilloso, no recordaba haber sentido nada semejante en mi vida, bueno no recordaba nada, lo que pasaba por mi cuerpo era una sensación maravillosa.

    Sofía comenzó a subir y a bajar su culo a mayor velocidad, comenzaron de nuevo a brillar las lucecillas en mi cerebro y de repente estalló como un relámpago, algo comenzó a salir a gran presión de mi pene produciéndome un placer extraordinario, mientras Sofía se mordía los labios para no gritar de placer, ella también sentía lo mismo que yo. Se levantó rápidamente, se colocó las bragas a toda prisa y salió corriendo de la habitación.

    Sofía no volvió a cuidarme, nunca supe porque, pero a partir de ese día algo había cambiado en mí, ahora me despertaba muy a menudo con mi pene totalmente erecto y muchas veces estaba tan tieso que me producía dolores intensos. La señora a la falta de Sofía comenzó a quedarse todas las noches conmigo, era muy cariñosa, me acariciaba y me hablaba constantemente de cosas que no entendía, me decía que ella era mi mama, que tenía que recordarla y yo por mas que me esforzaba no sabía que significaba eso de mama ni sabía que era lo que tenía que recordar.

    Una noche me desperté con una erección terrible, el pene me dolía y comencé a quejarme, la señora se despertó y me preguntó que era lo que me estaba pasando, encendió la luz, al fijarse en mi pene y la tamaña erección que tenía se tapó la boca con sus manos, los ojos desorbitados…

    –¡Dios mío! Cómo estas querido… ¿Te duele?.

    En esos días yo no hablaba absolutamente nada y aparte de las erecciones del pene solo hacía algún que otro gesto, era lo único que mi cabeza conseguía coordinar, por lo cual le hice un gesto afirmativo con la cabeza y lancé un gemido, ella se quedó dudando mirándome fijamente, yo no entendía él porque no hacía lo mismo que me había hecho Sofía para aliviarme, acercó su mano dubitativamente y cogió mi pene soltándolo otra vez rápidamente, yo estaba totalmente desconcertado, lancé otro gemido y parece que una lágrima afluyó a mis ojos.

    Ella entonces con toda decisión volvió a cogerlo y su mano comenzó a deslizarse suavemente, arriba, abajo, me lanzó una sonrisa, se levantó rápidamente fue al baño y regresó con una toalla, yo no entendía para que era, luego lo entendí, ella cogió mi pene otra vez y su mano siguió con sus dulces movimientos, la sensación que yo sentía no era la misma de cuando Sofía me lo hizo con la boca y mucho menos cuando lo metió en el agujero que ella tenía, de todos modos la sensación era muy placentera y las lucecitas comenzaron de nuevo en mi cerebro.

    Ella debió intuir lo que me pasaba porque aceleró sus movimientos y de pronto comenzaron a salir unos potentes chorros de un líquido espeso, yo gemí muy fuerte y me quedé casi sin conocimiento, debió ser poquito tiempo, la señora llorando acariciaba y besaba toda mi cara, abrí los ojos y ella lanzó un suspiro de alivio y satisfacción…

    –¿Cómo estas querido? ¿Cómo te sientes?

    Yo hice un gesto que debió parecer una sonrisa, ella me dio un beso en la frente…

    –Duérmete cariño mío, mamá estará siempre contigo y hará por ti todo lo que necesites.

    Muy relajado y con las sensaciones de las caricias que aquella señora me prodigaba, quedé profundamente dormido.

    Los médicos del Hospital consideraron que por comodidad para mi y la gente que me rodeaba, era preferible seguir la terapia de recuperación en casa, por lo cual prepararon una habitación especialmente acondicionada para que pudiésemos estar cómodos la señora y yo, ella seguiría conmigo día y noche.

    La segunda noche en casa volví a despertarme con el pene duro como una piedra, lancé un gemido y la señora se despertó al igual que la vez anterior me cogió el pene con su mano y comenzó a moverlo delicadamente, pero esta vez noté algo raro, ella estaba agitada, su mano estaba metida en medio de sus piernas y en cuanto aceleró el movimiento de su mano sobre mi pene su otra mano aceleró los movimientos también de modo que cuando yo comencé a largar aquellos chorros de líquido blanco ella lanzó un gemido apagado dejando caer su cabeza sobre mi pecho y mirando fijamente mi Instrumento, enseguida me limpió y se acostó a dormir, yo me quedé dormido también.

    Pasaron dos días, la señora me había dado de comer (yo solo no podía) y pasado un tiempo yo noté molestias en mi pene, sin más este se estaba levantando y comenzó a hacer una gran carpa en la sábana, la señora se fijó y me la retiró de encima, el pene quedó rígido apuntando al techo, ella se quedó mirándolo fijamente y con una de sus manos se acarició los pechos sobre el suéter que tenía puesto, bajó la sábana y salió de la habitación, a los pocos minutos regresó y cerró la puerta con llave, me quedé asombrado la señora se quitó el suéter y el sujetador, tenía una tetas gruesas y firmes con unos grandes pezones totalmente erectos.

    Mi asombro siguió en aumento cuando la señora volvió a retirar la sábana pero en lugar de acariciar mi pene con la mano esta vez lo hizo con la boca como había hecho aquella vez Sofía y mientras chupaba afanosamente mi pene ella se acariciaba sus hermosas tetas, esta vez un gran chispazo iluminó mi cerebro y sin mas empecé a descargarle grandes chorros de líquido blanco en su boca, ella la retiró rápidamente y su cara se puso perdida, esta vez si creo que realmente lancé una sonrisa…

    –De modo que te hizo gracia ponerme así de perdida ¡He bandido!

    Ella se limpió y seguidamente salió de la habitación, yo estaba incómodo, recordaba cuando Sofía después de hacérmelo con la boca se metió mi pene en su agujero y me había gustado tanto, notaba algo confuso pero obsesivo, comenzaba a tener reacciones casi inconscientes, sin saber como a veces realizaba movimientos y mi cabeza comenzaba a coordinarlos, comenzaba a tener sensaciones cada vez más fuertes y ahora mi pene comenzaba a reaccionar solo con mirar a la señora.

    Una tarde la señora estaba leyendo un libro sentada en un sillón situado al lado de mi cama, lo que leía debía ser excitante porque abrió sus piernas y una de sus manos acarició sus muslos suavemente, fue subiendo su mano lentamente hasta llegar a sus bragas, yo la estaba viendo y en mi cabeza comenzaron a saltar chispazos, mi pene comenzó a levantarse de improviso y sin poder evitarlo lancé un gemido, ella elevó su mirada del libro y la dejó clavada en la carpa que hacia mi pene, dejó el libro y levantó la sábana, acarició suavemente mi pene con la punta de sus dedos, como pensativa, dudando de lo que haría…

    Sin mas se desnudó totalmente, al igual que había hecho Sofía se subió a la cama, se colocó sobre aquella barra candente y con su mano la condujo directamente a su agujero, muy lentamente, parecía que le dolía, bajaba un poquito, paraba, subía y volvía a bajar hasta que le entró totalmente, entonces empezó a bajar y a subir suavemente, su agujero me emitía pequeñas vibraciones, mi cabeza comenzó a entrar en ebullición y comencé a gemir, las luces en mi cerebro cada vez se hicieron mas brillantes, mis manos comenzaron a elevarse lentamente y comenzaron a acariciar aquellas preciosas tetas, la señora puso los ojos como platos, lanzó una gran sonrisa y sus movimientos se aceleraron, simultáneamente los dos comenzamos a gemir de placer, los dos tuvimos un orgasmo maravilloso…

    –¡Hijo! ¡Hijo mío! Esto es irracional y prohibido, pero hoy me hiciste inconscientemente la mujer más feliz del mundo.

    Yo la miraba fijamente y mi mente comenzó a recordar y dar órdenes a mi boca…

    –¡Mamá! ¡Tú me has curado!

    Al escuchar aquello ella que todavía seguía sobre mí pegó un salto y se bajó de la cama…

    –Carlos, hijo mío ¿Fuiste tú el que habló o fue mi imaginación que me hizo escuchar esas palabras?

    –Fui yo mama, ya puedo recordar, mi cerebro al recibir las descargas del tremendo placer que me diste reaccionó como si de pronto se le sacase un tapón y se despejase. Secretamente siempre te he deseado y ahora después de haberte entregado tú y cumplirse mi sueño creo que fue lo que aceleró mi curación, aunque te diré que la curación la inició una enfermera rubia en el Hospital.

    Mama me lavó y a continuación se lavó ella se puso unas bragas y un sujetador y se sentó en mi cama…

    –Cuéntame cariño ¿Qué fue lo que te hizo Sofía?

    Empecé a relatarle desde el principio, al recordar aquellos hechos, comencé a excitarme, como algo natural según le relataba cogí a mama de los hombros y la recosté sobre mí, casi inconscientemente mis manos comenzaron a acariciar suavemente sus pechos, ella se pegó mas a mí y mientras una mano seguía acariciando sus pechos la otra fue bajando lentamente sobre su terso vientre, que placer me producía acariciar su vagina sobre sus braguitas, ella alargó su mano y comenzó a acariciar mi pene, su mano se deslizaba suavemente a lo largo de aquella barra, mientras yo seguía relatando la terapia de Sofía, al finalizar el relato mama me dijo…

    –A Sofía una noche la sorprendieron masturbando a un paciente y la expulsaron del Hospital, lo que no cabe duda es que ella inició tu recuperación por lo cual habrá que localizarla y compensarla.

    Dicho esto mama comenzó a besarme por todo el pecho con enorme cariño y fue bajando lentamente hasta que cogió mi barra ardiente y comenzó a besarla y darle ligeras chupaditas, yo pedí a mama que se girara para poder acariciar su conejito, ella se giró, le quité las bragas y por primera vez en mi vida vi un coño en toda su dimensión, su perfume me embriagaba con mis dedos separé aquellos hermosos labios, el pensar que hacía unos cuantos años yo había salido por allí me excitaba hasta el paroxismo, acerqué mi boca a aquella adorable abertura y la besé tiernamente.

    Mamá dio un respingo era la primera vez que alguien le besaba la vagina, mis labios recorrieron toda aquella grieta con mucha delicadeza, su clítoris comenzó a crecer de una forma desmesurada, lo atrapé con mis labios y chupé como un desesperado, mama se retorcía al igual que una serpiente, de pronto se tensó, dejó escapar un gemido profundo y mi boca se llenó de un líquido espeso y dulzón, mama tuvo un orgasmo formidable yo entonces bastante torpemente, todavía no coordinaba bien mis movimientos me coloqué sobre ella.

    Ella cogió con su mano mi pene y lo situó en la entrada de su vagina, bastó empujar suavemente y comenzó a deslizarse por aquel túnel adaptándose a él cómo si fuese un guante, a los pocos segundos mi cuerpo comenzó a recibir descargas eléctricas, mis nervios se tensaron y comencé a inundar el cuenco materno de una forma inusitada, fue tan tremendo el orgasmo que sufrí un desmayo, mama me recostó en la cama con gran delicadeza, cuando abrí los ojos ella me acariciaba y besaba con tremenda dulzura.

    A partir de esa fecha mi recuperación fue vertiginosa para asombro de todo el mundo sobre todo los médicos que no podían entender como me había recuperado tan rápidamente, los abuelos estaban radiantes de felicidad, al tener a su nieto casi totalmente curado se marcharon en un viaje que hacía mucho tiempo tenían programado y habían aplazado debido a mi accidente por lo cual mama y yo estábamos en la gloria hasta un día en que yo le dije que quería coger la moto, ella se puso muy seria y no dijo nada.

    Desde que se habían marchado los abuelos dormíamos juntos en la misma cama, esa noche ella se fue a su habitación, yo muy desconcertado la llamé y no me contestó, casi llorando volví a llamarla, ella entonces me abrió la puerta…

    –Atiende bien lo que voy a decirte Carlos, si vuelves a coger la moto dejas de ser mi hijo y lo que posiblemente sea peor para los dos dejaras de ser mi amante para siempre, no quiero volver a sufrir lo que he sufrido ya, si quieres seguir conmigo tienes que jurarme dejar las motos para siempre.

    Por supuesto y con enorme dolor de corazón le juré dejar las motos y además lo he cumplido, la quería demasiado como para perderla. Después del juramento nos acostamos juntos he hicimos el amor con dulzura, como dos verdaderos enamorados.

    Fin

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  • La subyugación de Luisa (1)

    La subyugación de Luisa (1)

    Mi nombre no importa, vivo en la Costa Mediterránea, mi ocupación es fructífera pero poco recomendable, digamos que me aprovecho de las debilidades sexuales de algunas personas para cubrir las necesidades de otras, eso me permite vivir sin trabajar y disfrutar de situaciones aberrantes e irracionales y en este ámbito consigo casi todo lo que me propongo.

    Ni que decir tiene que solo me muevo por dos motivos dinero y depravación, este relato empieza en una tarde tonta, revisando uno de mis calientes correos, me llamo la atención la imagen de una mujer, tendría unos 40 años, gordita con unos buenos melones, una imagen tomada cerca del mar, pelo negro con una raya al medio que separaba su cabellera en dos mitades por la altura de sus hombros, vestía un pantalón blanco con una camiseta con rayas cruzadas y el bolso colgando a un lado, con una especie de crucifijo de madera colgando entre sus tetas, el correo lo enviaba su hijo, un tal Manolito.

    No sé cómo se puso en contacto conmigo, ni cómo me dio por indagar en el correo. Manolito era un chaval mexicano que había emigrado hace tiempo a España, lo que me proponía era si no más que excitante, depravado y maquiavélico darle una buena follada a su madre, la idea me intrigo y le devolví el correo citándolo en un lugar público.

    Quedamos en una cafetería y nos sentamos en una mesa alejada, Manolito era el mayor de dos hermanos y pronto dio rienda suelta a sus fantasías más oscuras, con una mezcla de nerviosismo y entusiasmo empezó a describirme la situación. Su madre Luisa estaba casada con un hombre mayor, su amor y fidelidad estaban intactos, pero debido al trabajo físico de su padre su actividad sexual en la actualidad nula e inexistente y eso le provocaba a su madre una frustración evidente.

    Mi curiosidad me llevo a seguir con detenimiento y expectación la conversación, Manolito describió a su madre cómo fiel, pero cachonda y atraída por otros hombres, sobre todo más jóvenes, una mujer de carácter fuerte que no se dejaba intimidar y que la idea de que la sometiesen y la domasen sexualmente le producía un morbo tremendo.

    La verdad que también a mí me producía un morbo terrible escucharlo, él siguió describiéndola y dándome detalles cruciales. Luisa era mujer de clase media, católica, recatada y reprimida sexualmente, con tintes racistas a moros, negros y homosexuales.

    Note la obsesión de aquel chaval por su madre, el muy cabrón la visualizaba follando con otros y me mostraba lo muy excitado que estaba.

    -¿Qué es lo que quieres? –le pregunte de forma directa.

    Manolito se quedó callado, pensé por un momento que se vendría atrás, que se derrumbaría, que desistiría.

    -¡Quiero verla follar! –Balbuceó con voz cautelosa y temerosa– hacerla una esclava sexual total.

    Lo miré detenidamente para asegurarme, pude ver en su mirada la obsesión que reflejaba, era un puto enfermo, le dije que me enviara los movimientos de su madre por correo y que lo estudiaría, sin ningún compromiso.

    Al día siguiente recibí un correo detallando sus movimientos de la manera más precisa posible, así como más fotos de Luisa, era una mama gordibuena, vaya culazo y tetas que gastaba la cabrona, sospesé la situación detenidamente, por supuesto lo tendría que hacer por depravación, luego lo compensaría económicamente, aquello daba para exprimirlo de infinitas maneras, ya se me ocurrirían, que fuese una mujer de carácter no me preocupaba en lo más mínimo, de hecho sabía por experiencia que luego eran las más putas.

    Después de estudiar su rutina y su forma de ser, estaba convencido que tan solo chantajeándola conseguiría doblegarla, pero como chantajeas a una mujer con una moral firme.

    La oportunidad surgió de improvisto y de la manera más sencilla, su hijo me informo que el fin de semana acudiría a una despedida de soltera y eso era mi terreno.

    El fin de semana un autobús lleno de mujeres descarriadas, aparco delante del local D-Pecado, un antro ideal para esos menesteres y dónde yo provenía de camareras y strippers.

    Entraron todas a tropel, coincidieron con otras dos despedidas de soltera, en total eran más de 80 mujeres descarriadas y con ganas de pasarlo bien, la sala era amplía y eran una gran tarima de escenario alargada, se apagaron las luces y tan solo quedaron unos focos que iluminaban la tarima.

    Mabel la encargada, se dirigió a las mujeres pidiéndoles respeto por los strippers y dando una serie de normas.

    -Aquí se puede hacer de todo y con quien quieras, podéis tocar a los chicos donde queráis y hacerles lo que vuestra pervertida imaginación quiera, disponemos de reservados y si alguna quiere visitarlos en compañía será libre y por supuesto íntimo y totalmente confidencial -vociferaba Mabel a través del micro-si alguna no ésta de acuerdo puede marcharse, cerramos a las 5 de la mañana.

    Todo el grupo de mujeres atronó la sala con un NO estruendoso y empezaron a gritar.

    Mabel fue presentando a los strippers con apodo libidinoso, salían a través de las cortinas y desfilaban por la tarima con unos apretados tangas y vestidos de policías o médicos y se arrancaban los disfraces quedándose en pelotas y provocando un griterío en la sala.

    Mabel y dos strippers, tenían controlada a Luisa en todo momento, le sirvieron varios Gin tonics cargados, que junto a la bebida de la cena hizo que Luisa se mostrase descontrolada.

    Omar con un pantalón con la bandera americana y lo arranco delante de un gran número de mujeres, su polla flácida colgaba entre sus piernas y desencadeno una atronadora ovación entre las mujeres.

    Luisa quedo un poco avergonzada, tímida y un poco apartada, los hombres subían a mujeres a la tarima las sentaban en una silla y movían sus pollas delante de sus caras.

    Varios strippers bajaron del escenario, entre ellos Omar, se mezclaron entre las mujeres haciendo su espectáculo, se sentaban en los amplios sofás llenos de mujeres y se dejaban sobar y tocar, empezaron a aparecer las más atrevidas y alguna mano ya pajeaba alguna polla de los strippers incluso algún stripper se ponía detrás de una columna dejando que le chuparan la polla tapándose con una toalla. Los strippers desnudos cogían con las manos los billetes de 5/10/20€ y Mabel y otra chica los recogían y los llevaban hacía un lado apartado donde los guardaban.

    Luisa se quedó sentada en un taburete al lado de una mesa redonda rodeada de varias amigas del trabajo, Omar se puso delante de ellas y empezó a moverse, alguna mano le agarró la polla y empezaron a bailar junto a él, Omar se dirigió hacia ella, se puso delante de ella moviendo su enorme polla.

    -¡Hazme una paja guarra! -le dijo Omar al oído y agarrándole la mano llevándosela encima de su polla y iniciando los movimientos.

    Las amigas de Luisa empezaron a gritar histéricas, no sabían que se encontraba incomoda con aquella situación, pero guardo la compostura y se dejó llevar por la fiesta.

    Luisa apartó a Omar empujándolo con las manos, el se apartó y se dirigió a otra mujer y empezó a restregarle la polla por el escote, ella se levantó en medio de los gritos de sus amigas y se fue a la barra y se pidió un Gin tonic, la camarera se lo sirvió y se lo fue a tomar a un lugar apartado, no podía negar que estaba cachonda y salida.

    Una mano la agarró por la falda y estiró de ella hacía un lado, era uno de los strippers que la empujo hacia el interior, era un pasillo estrecho que hacía las veces de almacén, el stripper la arrinconó contra las cajas de bebida, otra figura apareció, era Omar, entre los dos la manosearon, tocándole las tetas, la sujetaron por la cara mientras los dos la obligaban que agarrase la polla de Omar con la mano.

    -¡Déjame! -le pidió Luisa-quiero volver con mis amigas.

    -¡No te voy a dejar ir marrana! -le susurró Omar

    Ella intentaba hacer fuerza para apartarse pero Omar hizo más fuerza y se impuso rápidamente, empezó a flojear y a sollozar tímidamente, entre los dos la forzaron a agacharse.

    -¿Quieres chupármela? –le susurraba Omar mientras acercaba su polla a la cara de Luisa.

    -¡Por favor! -suplico ella- ¡déjame marchar!

    -¡Hazme una paja guarra! –le vociferó Omar.

    Aturdida por el alcohol y la situación empezó a mover su mano asustada y a pajear la polla de Omar, el otro stripper se sumo a la fiesta poniendo su polla en la otra mano de Luisa, ahora estaba consternada pajeando a los dos, así durante unos instantes, de golpe la soltaron y dejaron que se marchase.

    Mabel le abrió la puerta y salió y se mezcló en la sala con las demás mujeres, al cabo de un rato Mabel le trajo un Gin tonic y la obsequio con una sonrisa morbosa.

    Aquella noche pasé una hora comprobando la grabación, fue bastante fácil sacar unas buenas imágenes y montar un video de un par de minutos, suficiente.

    Unos días después Luisa estaba sentada en un banco, me acerque y me senté a su lado, le acerque discretamente un sobre.

    -¿Qué es? –pregunto intrigada a la vez que sorprendida.

    -Ábrelo tú misma –le digo con total naturalidad.

    Luisa tomo el sobre y lo abrió, sacó una imagen y palideció, arrugo el folio con las manos y me dedico una mirada odiosa.

    -¡No rompas la siguiente, tengo más! –le digo tranquilamente.

    -¿Qué es lo que quieres? –pregunto con la cara descompuesta.

    -Todo depende de ti –le susurro con una sonrisa y mirándola fijamente a los ojos.

    -No entiendo –susurró ella con voz temblorosa.

    -Mañana por la tarde, tú y yo nos veremos y dejaras que disfrute de estas tetas –le digo con voz pausada– y de esa boquita y de tu cuerpo.

    -¡Estás loco! –me contesta con una negativa clara– No voy a hacerlo.

    -Bueno pues todo esto le llegará a tú marido –digo levantándome y dispuesto a marcharme– y le explicas porque estas así con dos pollas en la mano.

    -Por favor –me dice con voz temblorosa agarrando mi brazo e insinuando que me vuelva a sentar.

    Me vuelvo a sentar, su mirada me hace saber que entiende perfectamente lo que quiero, se produce un instante de vacío.

    -Abre tus piernas.

    Ella me mira extrañada y temerosa, le tengo que repetir otra vez lo que quiero, se hace la tonta, pero abre las piernas lentamente, girando la cabeza y mirando a todos lados.

    -Ahora tócate el coño con la mano.

    Luisa me mira despavorida, me lanza una mirada suplicatoria, le hago un gesto negativo con la cabeza, ella me devuelve la mirada resignada, lleva su mano a su entrepierna y se acaricia el coño por encima de sus jeans.

    -¿Estás disfrutando putita?

    Ella no contesta, aparta la mirada, pero puedo ver como se muerde el labio y se le acelera la respiración. La mama católica y recatada deja ver que es un poquito guarra, ya he visto bastante.

    -Mañana por la tarde te envió una ubicación.

    -¡Pero y mi marido y mis hijos! –Susurra ella indecisa con los ojos vidriosos- ¿Qué les digo?

    -¡Eso es cosa tuya! –Contestó levantándome- ¡Ya te inventaras algo guarra!

    Me alejo con paso tranquilo, pero con una sonrisa en mi interior, sé que voy a explotar a aquella pudorosa y precavida hembra.

    Al día siguiente le envió la ubicación, un chalet apartado en una tranquila urbanización, el ruido del motor de un vehículo me anuncia su llegada, la espero en la puerta, ella entra nos quedamos los dos solos totalmente aislados del exterior.

    Ella lleva unos jeans, con una camiseta que resalta sus tetas, unos zapatos que dejan ver sus pies, sus uñas están recortadas y bien pintadas, le quito el bolso, miro en su interior, dejo su móvil a un lado y le sugiero que entre.

    La llevo a una habitación donde tengo una cama redonda tamaño king size, le señalo la cama, ella se quita los zapatos y hago que se ponga en medio de la cama, la empiezo a besar en el cuello, ella se resiste y intenta apartarse.

    -¡Te vas a estar quieta y vas a hacer todo lo que yo te diga guarra! –le digo agarrándola de su pelo y girándole la cara al mismo tiempo que con mi otra mano le arranco el collar que lleva colgando, ella suelta un grito.

    -¡No me hagas daño! –me suplica con voz temblorosa.

    -Hoy no te voy a hacer daño –le susurro con voz triunfal ante la sumisión de ella.

    Le acaricio la cara mientras la conmino a quitarse el jersey, ella obedece dócilmente con la mirada perdida, se queda en sujetador, le meto dos dedos en la boca, observo que tiene un grano cerca de la nariz, a la derecha de su rostro, me pone cachondo su mirada, le desabrocho el sujetador y sus dos melones quedan ante mí, los masajeo con las manos, los aprieto y los estrujo, le pellizco los pezones, se le ponen erguidos y suelta un suspiro, me da indicios que se pone cachonda, la mama decente ya no es tan decente.

    -¡Vaya tetas que tienes guarra! –le digo bajando la cabeza y lamiéndole los pezones, los mordisqueo con los dientes suavemente y le arranco un suspiro profundo.

    Mis manos le manosean su culo mientras no dejo de comerme sus tetas, vaya culazo gasta la guarra, le conmino a quitarse los pantalones, ella emite un quejido, pero se desabrocha el botón, flexiona las rodillas y deja que su pantalón salga por sus pies, sus bragas son antiguas, le manoseo las piernas y llevo sus pies a mi cara, aspiro el aroma de sus pies, el olor me pone muy cachondo, tengo un fetiche por los pies olorosos.

    -¡Te huelen los pies! –Susurró mientras los beso y meto su dedo gordo en mi boca para chuparlo- ¡Eres un poco marrana!

    Ella hace un gesto despectivo mientras deja escapar un gruñido, le molesta que le diga que tiene unos pies olorosos.

    -¿Té habrás lavado el coño? –le susurró para humillarla– ¡oh hay eres también tan marrana!

    Ella lanza otra lamentación, le molesta que le hable de su higiene personal, la sujeto por las axilas y la pongo de rodillas delante de mí, me saco la bata y le dejo ver mi rabo, no dice nada, pero veo su expresión de sorpresa.

    -¿Té gusta el rabo que voy a dar puta?

    Ella aparta la cara, yo la sujeto por la cara y le restregó mi rabo por toda la cara, ella deja escapar pequeños gritos, yo sigo restregándole el rabo por la cara, le doy golpes con la punta en los labios, ella los cierra al mismo tiempo que los ojos.

    -Abre los ojos guarra –le vociferó– Y saca la lengua.

    Ella me hace un gesto negativo, yo le abro la boca con los dedos y los muevo dentro de su boca, los meto profundamente, busco su campanilla.

    -¡Empieza a chupármela puta!

    Ella me agarra el tronco con la mano, me lanza una mirada suplicatoria, las lágrimas le bajan por las mejillas, se siente humillada al mismo tiempo que suelta una arcada, le saco los dedos y le meto el rabo en la boca, ella abre los ojos como platos, sus labios se dilatan al recibir mi rabo, lo saco lentamente y lo vuelvo a meter suavemente para que se acostumbre.

    -No sabes hacer una buena mamada –le vocifero humillándola- ¡Que le haces a tú marido!… Te voy a enseñar a comerte un buen rabo.

    Mis manos sujetan su cabeza y empiezo a meterla y sacarla con fuerza, ella intenta echarse hacia atrás, pero yo la sujeto con fuerza, abre los ojos y me golpea con las manos en mi pecho, suelta sonidos guturales, su cara se enrojece al momento, le doy una estocada y la punta de mi rabo le golpea la campanilla, ella se agita dándome golpes, le saco el rabo y la dejo descansar, ella se deja caer apoyándose con la manos, tose violentamente mientras aspira aire de forma desesperada, la dejo recuperarse, le subo otra vez la cabeza.

    -¿Vas a chupármela bien?… o te tengo que follar la boca.

    Ella hace un gesto mientras aspira una última bocanada de aire, sujeta mi rabo con las manos y empieza a chupármela con intensidad, se mete mi capullo en la boca y lo aprieta con los labios, luego saca la lengua y me da lametazos en el glande, yo la sujeto por la cabeza, esta vez acompañando sus movimientos de vaivén.

    -¡Cómeme los huevos!

    Ella hace caso omiso, le golpeo la barbilla con la mano y le vuelvo a repetir lo que quiero, ella deja de hacerse la tonta y sujeta mi capullo con la mano mientras empieza a chupar y morderme los huevos, la obligo a agachar la cabeza, ella asiente y empieza a comerme los huevos por debajo, mi rabo está a punto de estallar, las venas se vuelven oscuras, la mamada que me está haciendo me va a provocar una corrida.

    Le aparto la cara no quiero correrme aún, la empujo y hago que caiga de espaldas en la cama, le quito las bragas, ella intenta cerrar las piernas para evitarlo, pero le saco las bragas, mis manos le agarran los muslos y empujan de ellos hacia afuera, ella opone resistencia y tengo que darle un cachete en las nalgas, suelta un grito mientras solloza abriendo las piernas lentamente, me deja ver su descuidado coño, lleno de vello que le llega hasta el culo.

    -¡Eres muy marrana! –le digo para menospreciarla– Ese coño tan peludo.

    Ella gira la cara mientras muerde su mano, se siente mortificada al enseñar su intimidad a otro hombre que no sea su marido, mis dedos apartan sus pelos y le acarician los labios y pasó un dedo por su raja.

    -¡Ya tienes el coñito mojado! –le digo sonriendo

    Ella vuelve a apartar la mirada avergonzada, sabe que su cuerpo está reaccionando al contrario de lo que quiere expresar, me agacho y le pasó la lengua por la raja, ella suelta un suspiro y su cuerpo se agita, mi lengua le da varias pasadas y le doy una pasada por el clítoris, ella suelta un suspiro profundo mientras sus piernas tiemblan.

    -¡Te gusta que te coma el coñito! –Susurró dándole unos mordiscos en los muslos– tú coñito tiene sabor a mal follada.

    Ella me golpea con las manos en la cabeza para hacerme saber que le molesta el comentario, bajo la cabeza y vuelvo a darle lengüetazos, mi lengua busca su clítoris, lo encuentro inflamado, le doy con la punta de mi lengua con movimientos parpadeantes, ella gime de forma agitada, su cuerpo me da síntomas de lo que va a pasar, le muerdo el clítoris con los dientes y ella estalla en un orgasmo salvaje, se retuerce arqueando la espalda y agitándose lanzando grititos con los ojos cerrados y su cabeza en agitación.

    -Ahora voy a hacer que te corras otra vez guarra.

    Le abrí las piernas y el metí dos dedos en el coño, ella soltó un grito y levanto la pelvis de forma inconsciente, mis dedos buscaban dentro de su coño, lo notaba apretado, gire los dedos y ella soltó un grito cuando hice un movimiento, ella se agito sujetando con sus manos mi brazo, volví a hacer el mismo movimiento y ella soltó un chillido potente, había encontrado su punto más débil, mis dedos entraban y salían de forma fluida golpeando aquel punto, ella chillo y se agito encima de la cama revolcándose mientras su coño lanzaba chorros de líquido sobre las sábanas, había experimentado su primer squirt y su primer gran eyaculación.

    -¡Mira cómo sabe el olor de tu coño! –Le digo mientras le meto los dedos empapados en su boca– tú marido no te hace correr así.

    Ella no me hace caso sigue sufriendo la bestial corrida, convulsiona con los ojos cerrados, el abro las piernas y llevo mi rabo a la entrada de su coño, la penetro profundamente pillándola desprevenida, ella suelta un grito desgarrador, sus manos me aprietan los brazos, sus uñas se clavan en mi piel, le tengo que soltar una bofetada para que abra los ojos.

    -¡Si me arañas te follo de malas maneras y te dejo llena de cardenales!

    Ella me lanza una mirada aterrorizada, me hace un gesto con la cabeza al mismo tiempo que sus manos me masajean donde antes me ha arañado, le vuelvo a clavar el rabo, ella convulsiona al sentir mi rabo en el fondo de su coño, le dejo el rabo quieto y empiezo a moverlo lentamente, ella abre los ojos y me mira dócilmente.

    -¡Fóllame despacio! –me susurra con la voz quebrada.

    Mis caderas empezaron a moverse cada vez más rápida y fluidamente, ella tenía otra vez el coño humedecido y sus fluidos actuaban como lubricante.

    -¡Por favor… no me dejes señales por el cuerpo! –Suplicó con voz ronca –que no lo vea mi marido.

    -¡Ábrete bien de piernas que te pueda follar bien follada y no te dejare señales!

    Ella me lanzo una mirada desconcertada, abrió sus piernas ofreciéndome su coño, por primera vez estaba participando activamente en la follada, yo supe en aquel momento que iba a hacer de aquella hembra un puta de tamaño descomunal.

    -¡Tú marido no te folla así! –le chillaba yo.

    -Tan duro no –gimoteaba ella– la tienes muy grande… me vas a romper el coño.

    Empecé a moverme con movimientos circulares, note que se iba a correr y acelere los movimientos, ella se corrió y yo deje el rabo quieto en su coño mientras ella temblaba y sus manos se enredaban en su propio pelo con los ojos cerrados.

    -Ahora te voy a abrir bien este coño peludo que tienes.

    Empecé a moverme otra vez entrando y saliendo de forma fluida, alternaba los movimientos circulares con penetraciones profundas, mis huevos golpeaban en sus nalgas, ella empezó a chillar y a suspirar agitadamente

    -¡Así me gusta… que se te estire el coño!

    -¡Si me follas así… me voy a volver a correr! –gimoteo ella con voz temblorosa.

    Le subí las caderas y la sujete dejando su culo suspendido y la penetre con intensidad y profundamente, ella ya chillaba descontroladamente, su rostro se desfiguraba y sus pupilas se encerraban dentro de sus parpados dejando los globos oculares en blanco, se corre salvajemente, insultándome y diciendo palabras incomprensibles, yo descargue mi corrida en su interior, ella chillaba cada vez que sentía como mi semen inundaba su coño, quería quejarse, pero no tenía fuerzas, tan solo soltó gemidos de protesta perceptibles, saque mi rabo y me puse de rodillas al lado de su cara y le metí en su boca, sujetándola por la nuca.

    -¡Límpiame el rabo guarra!

    Ella chupo mi capullo de mala gana y sin fuerzas, le abrí las piernas y vi cómo su coño estaba abierto soltando mi semen que quedaba atrapado en sus pelos, poco a poco su coño se fue cerrando y el semen dejo de salir, la deje estirada en la cama temblando y respirando agitadamente, fui a la cocina y le di un buen trago a una botella de agua, cuando volví ella ya se estaba vistiendo.

    -¡Eres un hijo de puta! –Bramó lloriqueando- ¡Porque te has corrido dentro de mí!

    -Antes de llegar a tu casa te paras en una farmacia y que te den la píldora del día después y empieza a tomar anticonceptivos.

    Ella se quedó quieta, dejo de vestirse y me miro aterrada.

    A partir de ahora te voy a follar cuando quiera.

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  • Inseguridades con mi novio

    Inseguridades con mi novio

    Como ya les he contado llevo mucho tiempo con mi novio, poco más de 12 años, en este tiempo he reafirmado mi rol femenino, ese lado femenino que me tocó ocultar durante las épocas de secundaria.

    Este rol ya no tuve que ocultarlo más cuando conocí a mi novio, él es totalmente activo, es el hombre más inteligente que conozco, sabe de matemáticas sabe de computadores y sabe tocar guitarra, él trabaja en el área financiera de una multinacional.

    Conocerlo a él fue lo mejor que me pudo pasar por qué pude aceptar mi rol femenino, con el perdí la vergüenza de usar tangas y de afeitarme mis zonas íntimas como la zona del ano y las nalgas.

    Trabajo desde hace mucho tiempo desde casa en call Center atendiendo llamadas en inglés, normalmente trabajo en pijama, con mi novio normalmente somos muy calientes y tenemos mucho sexo, por lo cual mi trabajo desde casa da la posibilidad de tenerlo.

    Lo que les quiero contar sucedió hace como 3 años no recuerdo bien, estábamos teniendo sexo yo estaba en la posición de perrito y mi novio atrás de mi cogiéndome mientras me apretaba las nalgas.

    Yo estaba disfrutando de esa sesión de sexo, sintiendo el pene super profundo. Mi novio estaba gimiendo como el macho que es, y yo estaba en las nubes del placer anal.

    Mi novio eyaculo adentro y saco su pene de mi trasero. Nos acostamos y me dijo que me quería.

    Se paró a bañarse y yo abrí Instagram, yo sigo páginas de chicas trans bastante guapas y en una de esas vi la foto de un chico femboy con nalgas grandes y en tanga.

    Me puse a pensar que si mi novio tuviera la oportunidad de irse con ese chico femboy no lo dudaría ni una sola vez así que me preocupé, cuando el salió del baño le mostré la foto del chico femboy y le pregunté que si me dejaría por ese chico femboy.

    Me dijo que no sin dar explicaciones, yo le dije que ampliara más la respuesta.

    Me dijo que yo le gustaba porque soy muy femenino me dijo que le gustaba mi manera sencilla de ser, que yo trato muy bien a los animales, que yo lo comprendo.

    Y le pregunté que en lo físico que le gustaba de mí.

    Me dijo que le gustaba que yo tengo buen culo y que soy lampiño y me depilo bien.

    Nunca pensé eso de mí, yo pensaba de mí que era un gordo a secas, también me dijo que se me veían muy bien las tangas y que ya me tenía mucha confianza por eso mismo no me dejaría tan fácil.

    Yo quedé muy tranquilo con la respuesta de mi macho, de mi hombre, con el puedo abrazar mi feminidad que aún es de closet. Dado que me visto como hombre hetero común y corriente pero por debajo siempre llevo tanga.

    Amo a mi novio, amo sentir su pene adentro, sus caricias su intelecto y todo de él.

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  • Disco

    Disco

    —Un beso, mi amor, me voy a acostar.

    —Un beso.

    Cuelga la llamada, se levanta y va directo al closet. Se viste rápido, ajustándose bien la licra y subiendo el escote.

    —¿Tú piensas salir? —pregunta su madre desde la cocina.

    —Sí, mami, y él no tiene por qué saberlo.

    Minutos después ya está en la calle, camino a la disco.

    Lleva más de una hora bailando cuando la sed la lleva a la barra. Unos ojos la han seguido toda la noche. Él levanta una cerveza y se la ofrece.

    Ella lo mira, sonríe. Se la toma sin apuro, su gesto lo invita a más.

    El beep del móvil lo despierta. Medio dormido, lo toma y abre el mensaje:

    “Mi amor, tengo un bicho enorme delante de mí, ¿qué hago?”

    Sonríe con malicia y responde:

    “Te portaste mal. Hoy solo la vas a chupar y a sufrir. No puedes acabar, solo tocarte un poquito. Y la foto, por supuesto…”

    El teléfono de ella vibra. Lo lee, muerde su labio y sonríe.

    Mira al tipo frente a ella, lo tiene ahí, caliente, con la pinga dura en la mano.

    —Es lo que te toca y no hay más.

    Se arrodilla y se la mete en la boca. Lo devora, lo chupa lento, lo traga. Su saliva brilla en su piel. Lo mira a los ojos mientras sigue. Saca el teléfono y tira la foto. Solo su cara y la pinga en su boca.

    Otro beep. Él abre la imagen y sonríe antes de apagar la pantalla.

    Ella sigue, lo siente desesperado, pero lo frena.

    —Solo esto y nada más.

    Lo succiona más fuerte hasta que todo queda en su boca. Se limpia con la mano y coge el móvil.

    “Buenas noches, amor. En camino pa’ la casa. Un beso.”

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  • El hijo de Raúl el verdulero

    El hijo de Raúl el verdulero

    Después de que se fue Marcelo y lo que pasó en la comisaría el único que quedaba dando vueltas era Raúl el verdulero quien gracias a Marcelo se había comido por todas lados a Noemi, mi esposa. Así que ella evitaba ir a esa verdulería o solo iba cuando estaba Raúl y la mujer, ahí él se comportaba y era que va llevar señora, aunque se les caía las babas al verla.

    Un día nos estábamos preparando para ir a la pileta en la casa de mi hermana y comer un asado, a lo que Noemi se pone una biquini de las que se atan en la cintura y se pone un pareo creo que se llama, también lo usan para taparse un poco, cuando llama mi hermana que, si podíamos llevar para ensalada, al mirar para la verdulería ve con agrado que Raúl se va así que aprovecha a comprar, pensando que estaba la mujer.

    Al entrar ve que estaba Óscar el hijo de Raúl, fiel reflejo del padre pero más joven, típico gordito flojo, cero ganas de trabajar y estar siempre con el celular y eso que tiene como 22 años y Pablo el amigo morocho delgado misma edad, cuando la ve Pablo lo codea a Oscar y este la mira y se ríen, ella pensó que era por el asombro la sonrisa, pero ya van a ver que no.

    Automáticamente Óscar le dice que vas a llevar, le pareció raro que la tuteara siempre la trató de señora, pero igual a Noemi no le molestaba eso.

    Mientras tanto Pablo seguía con el celular y la miraba a Noemi, mientras la atendía, Oscar le preguntó si estaba Marcelo a lo que le responde mi esposa que no, que ya no vivía más con nosotros y Óscar le dice lastima queríamos pedirle el mismo favor que le hizo a mi papá y le muestra justamente lo que estaban viendo en el celular, el video donde Noemi le chupaba a Raúl y dice soy una puta y Raúl me hizo la cola.

    Noemi se puso de todos colores.

    En ese momento atino a irse, pero Óscar le dice, no te vayas o esté video va parar al grupo del barrio y obvio al celular de mi vieja, y ahí van a estar en problemas. Mi mujer empieza a llorar y pedirle que no lo haga y borre ese video, a lo que Pablo un poco más despierto que Óscar le dice si no querés que pase eso, vas a tener que portarte bien con nosotros y ella solo atinó a decir sí. Óscar la lleva para la pieza del fondo donde guardan algunas cosas, mientras que le decía que tenía que hacer a los dos, lo que le hacía a Raúl en el video. Noemi al momento de ir con Oscar engancha el pareo a lo que se le sale y queda solo en boquini ayudando a la motivación a los muchachos al ver esa colita.

    Noemi ya sin posibilidad de zafar empieza con Pablo que al momento de ir a la pieza ya se había bajado el pantalón esperando su momento, Oscar viendo la hora cierra la verdulería así, nadie los interrumpe.

    Mi esposa toma con su mano el pedazo de Pablo, que era buen tamaño y empieza a jugar con su lengua, metiéndose también por momento en la boca, aprovechando Pablo para tomar la cabeza de Noemi y empujar la pelvis haciendo una garganta profunda con mi mujer que empieza a tocar, en ese momento que Oscar le desata la biquini quedando solo cubierto sus pechos, su conchita y culito a la vista de los jóvenes, como Pablo la tenía bien agarrada, Oscar puso su pene en la vagina y empujó haciendo que Noemi pegara un brinco seguido de un quejido, Oscar tenía hasta el pito igual que su padre, no largo pero si gordo.

    Pablo no se quería perder la posibilidad de comer semejante hembra con lo cual pidió cambiar de lugar, ahora ella le chupaba a Oscar y Pablo se la clava. Noemi lo que no se dio cuenta es que la estaban grabando los dos, Pablo que como dije era más despierto le hace seña qué la agarre bien se echa saliva en la mano se moja el pene y se lo introduce por el culo a mi esposa que al sentirlo atina a decir nooo y Pablo sin hacer caso alguno se lo mete hasta el fondo, estuvieron así unos minutos gozando ya los tres ya que ella en un momento empieza a ponerse como loca y tiene un orgasmo terrible, Oscar y Pablo se miraron y dijeron que hermosa puta.

    A lo que Noemi dice que hermosa cogida, palabra suficiente para empezar a descargar Oscar en la boca de mi esposa y Pablo en el culo al mismo tiempo, como había dicho antes, los chicos estaba grabando y sacando fotos con lo cual Pablo le dice a Noemi enserió te gusto, mi esposa se da vuelta para mirarlo y decir que si, mostrando la boca y cara correando la leche de Oscar y también se veía el culo qué salía la leche le dejo Pablo, mi mujer una vez ya vestida pide irse, los muchachos le agradecía con palmaditas en las nalgas, ella llego se pegó un baño y nos fuimos, en el camino le pregunto porque tardo tanto a lo que me dice, mejor no preguntes.

    Días después me contó Raúl lo sucedido ya que lo vio por la cámara de seguridad.

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  • La subyugación de Luisa (2)

    La subyugación de Luisa (2)

    Habían pasado varios días después del encuentro con Luisa, quedé con Manolito en la misma cafetería, cuando llegué, él ya estaba esperando, me senté y le di un USB, contenía todas las imágenes que tenía de su madre, incluida una grabación en el chalet, se lo guardo en el bolsillo, a grosso modo le conté lo que paso, pude observar como sus ojos mostraban un grado de excitación traviesa.

    Paso a contarme que su madre había sufrido un cambio en su comportamiento y tras un tiempo en que no se arreglaba demasiado, había ido a la peluquería y vestía de manera más sexy, yo conocía bien a que venía esa conducta.

    Le pregunte si quería seguir con sus intenciones y su respuesta fue contundente y paso a explicarme que el próximo fin de semana su madre se quedaba sola, eso encendió mi juguetona bombilla, estaba ofreciéndome en bandeja a su madre para que la usase a mi antojo.

    Le pedí un momento y salí a hacer una llamada, Kaya me debía un favor y había llegado la hora de cobrármelo, volví a sentarme y le pregunte si quería espiar a su madre cuando la volviera a someter, se le encendieron los ojos como luces incandescentes, su sonrisa me asombro hasta a mí, era un perfecto degenerado.

    El fin de semana, prepare el chalet, había sido diseñado como una ratonera, podía hacer grabaciones, enviar imágenes en tiempo real, audio y una pequeña sorpresa, la habitación estaba separada de una sala pequeña por un simple biombo que permitía ver y oír todo lo que pasaba en la habitación y se podía entrar y salir sin ser visto.

    Manolito llegó y le enseñe donde tendría que ponerse, más tarde llego Kaya, la acomode en otra habitación y tan solo era cuestión de esperar.

    Ya oscureciendo el ruido de un motor y las luces me anunciaron que llegaba Luisa, la había vuelto a convocar, pero ella no sospechaba que esta vez tendría compañía y público.

    Luisa entró en el chalet, vestía de forma más provocativa y su peinado había cambiado, cómo la otra vez le quite el bolso y le apague el móvil, la hice pasar a la habitación, ella caminaba delante de mí, la guarra se aseguraba de balancear bien las nalgas, obsequiándome con la sensualidad de su culo en movimiento girando su cara y lanzándome una mirada enredadora, la mama recatada estaba deseosa de ser follada.

    -¿te ha follado tú marido esta semana? –pregunto sin ningún tapujo.

    -Una vez –contesta Luisa con voz pícara sin saber que su hijo la estaba escuchando– ¡pero no me ha dejado satisfecha!

    Empiezo a manosearle las nalgas, ella se deja y levanta los brazos y los cruza por mi cuello en actitud provocativa.

    -¿Vas a follarme? –me susurra con voz incitadora y anunciándome algo que ya sabía– hoy si quieres me puedes abrir las piernas toda la noche y ya tomó anticonceptivos.

    Manolito asistía atónito al espectáculo, reconocía la voz de su madre, pero esa actitud no, ofreciéndose para que la follaran.

    -¡Tranquila que hoy vas a follar por donde nunca te han follado! –le susurró de forma retorcida.

    Solté a Luisa y salí de la estancia un segundo, cuando volví lo hice acompañado, Luisa suelta un gritito de sorpresa cuando vio a kaya que se acerca y pasando una mano por la nuca de Luisa intenta besarla en los labios.

    Se inicia un pequeño forcejeo entre las dos, tengo que intervenir y me pongo detrás de Luisa, la sujeto por los brazos y se los levanto.

    -¡Que hacéis! –Chilla Luisa- ¡No! –sigue gritando.

    -¿Qué te pasa? –Le murmura Kaya mientras vuelve a buscar su boca- ¡No te gustan las negritas!

    Luisa se revuelve y patalea inútilmente mientras nos lanza una mirada mezcla de confusión e indignación.

    Kaya la sujeta sin compasión, las quejas de Luisa la calientan más aún y poco a poco logra imponer su fuerza mientras yo también la inmovilizo por detrás.

    Manolito busco un buen ángulo de visión los tres tan juntos no le dejaban ver bien la escena, escuchaba a su madre sollozar y lloriquear pidiendo que la soltaran en vano.

    Kaya impone su contundencia, es una mujer negra un poco más bajita que Luisa, pero su aspecto intimida, corpulenta con el pelo muy corto y una fuerza descomunal, portera de seguridad de un club de lesbianas, aparte de follarse a las clientas, un puto clon de Grace Jones en miniatura.

    Luisa sigue chillando y forcejeando, Kaya ya ha pasado sus manos por debajo del jersey y lleva sus dedos a desabrocharle el sujetador, me hace un gesto y arrastramos a Luisa hasta la cama, pierde las chanclas que lleva y la soltamos encima de las sábanas, patalea intentando huir, pero le empiezan a fallar las fuerzas.

    -¡Estate quieta putita! –le vocifera Kaya

    Ya desfallecida Luisa solloza mientras va perdiendo fuerzas y es un juguete para Kaya que la mueve a su antojo quitando sus pantalones, en un instante Luisa ya está desnuda.

    -¡Acércame eso! –me insinúa Kaya señalando con su mano las chanclas de Luisa.

    Le acerco las chanclas y da la vuelta a Luisa en la cama, sus nalgas quedan a la altura de la cintura de Kaya, que levanta una chancla con la mano y la deja caer con fuerza sobre las nalgas de Luisa.

    Se oye él ensordecedor ruido que hace la chancla al impactar en la nalga, Luisa suelta un grito de dolor escandaloso, Kaya deja caer la chancla varias veces más sobre Luisa que ya llora desconsolada chillando que para que pare.

    -¡Dime que vas a ser muy putita y dejo de castigarte! –vocifera Kaya

    -¡No quiero… dejadme! –suplica Luisa con voz cortada.

    -¡No es lo que quiero escuchar!

    La mano de Kaya empuja el cuello de Luisa contra las sábanas, yo me aparto y me deleito del espectáculo, veo algún movimiento imperceptible en el lugar donde esta Manolito, seguro que se está haciendo una paja.

    La chancla fustiga las nalgas de Luisa sin parar, ya están muy enrojecidas por los azotes, ella ya solo solloza débilmente entre lloriqueos.

    -Por favor –brama Luisa incapaz de recibir más castigo- ¡Haré lo que me pidas!

    Kaya deja de fustigarla mientras me lanza una sonrisa y un gesto con la cara, ya tiene a Luisa obediente y preparada para ser sometida. Luisa se deja caer en las sábanas y queda lloriqueando desconsolada, Kaya le da un golpe y Luisa se gira, Kaya se acomoda al lado de la cintura de Luisa y la busca con los ojos.

    -¡Ábrete de piernas! –Ordena Kaya con voz tajante– Quiero ver ese chocho de marrana que tienes.

    Luisa se lleva las manos a la cara y abre sus piernas lentamente ofreciendo su coño, aparta la mirada avergonzada, una vez tiene las piernas abiertas Kaya pasa sus manos por los muslos pegándole golpes, Luisa obedece y se abre completamente.

    -¡Pero cómo eres tan marrana y descuidada! –grita Kaya humillando a Luisa– Todo ese felpudo… ¡Mañana te rasuro el chocho!

    Kaya le abre el coño con las manos, sus dedos frotan la raja de Luisa, levanta la cabeza y me mira complacida.

    -¡Mira cómo le brilla el chochito! –Me enseña Kaya abriéndolo bien con los dedos- ¡Esta putita está muy mojada!… Voy a follarla para quitarle la calentura.

    Kaya le frota el coño con la yema de los dedos, es una lesbiana experta y sabe como calentar los motores de otra mujer, Luisa arquea la espalda y suelta un gemido placentero.

    -¿Te come tu marido el chochito?

    -¡Muy poco y mal! –contesta Luisa desatada.

    -¿Quieres que te coma el chochito? –Le susurra Kaya acercando su cara y acariciándola con las manos– Estas muy cachonda y necesitas correrte.

    Kaya abre los labios del coño de Luisa y baja su cabeza y le da un lengüetazo en la raja, que provoca que Luisa tiemble, sus dedos acarician lenta y suavemente con movimientos circulares, Luisa arquea los dedos de los pies mientras sus piernas tiemblan descontroladas.

    -¡Pídeme que te coma el chochito! -Insiste Kaya sabiendo que Luisa no va poder resistirse.

    Kaya deja repentinamente de tocarla Y Luisa desconcertada y sus súplicas no tardan en llegar.

    -Joder… ¡No pares! –grita Luisa en tono desesperado y abriendo sus labios vaginales con sus dedos- ¡Cómeme el coño!

    Kaya se acomoda poniéndose de rodillas entre las piernas de Luisa, le separa los muslos con las manos y empieza a lamerle el coño, Luisa gime profundamente.

    -¡Cómo te funciona el clítoris! –murmura Kaya levantando la cara y mirando Luisa fijamente- ¡Te vas a correr enseguida!

    La lengua de Kaya hace movimientos rápidos y parpadeantes sobre el inflamado clítoris de Luisa y se corre salvajemente, cierra las piernas de manera violenta mientras convulsiona de forma agitada, Kaya le abre las piernas y le mete los dedos, los pelos del coño de Luisa están impregnados de un suave líquido blanquecino.

    -¡Ahora te voy a follar con los dedos! –grita Kaya metiendo y sacando sus dedos de forma continua y fluida y girándolos cuando los saca, lo que provoca que Luisa chille intensamente.

    Kaya y yo nos cruzamos las miradas, yo estoy empalmado como un burro y deseoso de unirme a ellas, supongo que Manolito debe haberse hecho más de una paja, el squirt provoca que Luisa se vuelva a correr otra vez, los orgasmos son cada vez más largos y continuos.

    Kaya la deja descansar un poco, se levanta de la cama y vuelve con un dildo pequeño y un bote de lubricante, le obliga a Luisa a chupar y ella misma lo impregno de su saliva.

    Ya era un juguete en las manos de Kaya, le pasa el dildo por la raja del coño impregnándolo también de fluidos, Luisa se muerde el labio de abajo y le arden los labios del coño, pero ese no es el destino del dildo, kaya le abre las piernas e insinúa una penetración en otro lado.

    -¡No! –Chilla Luisa- ¡Por el culo no!

    En previsión de que se resista, me levanto y me uno a ellas sujeto a Luisa por los brazos y le inmovilizo las piernas, Kaya le unta lubricante y la penetra con el dildo.

    Luisa suelta un grito desgarrador y doloroso, le están dilatando el culo con el dildo, entonces comprende lo que quieren hacerle, intenta levantarse, pero le fallan las fuerzas y esta inmovilizada.

    -¡Por ahí no! –chilla inútilmente.

    -¡Chilla lo que quieras te voy a romper el culo! –contesta Kaya aplacando los chillidos de Luisa

    -¡Para te lo suplico! –Solloza- ¡Me haces daño!

    -Tú esfínter se está dilatando –le susurra Kaya– lo estás haciendo muy bien, aguanta un poco.

    Yo dejo de inmovilizar a Luisa y le acaricio la cara, su rostro esta desfigurado de dolor y suelta gritos dolorosos, por sus quejidos puedo notar cuando el dildo la penetra con profundidad, ella suplica que le hace daño, pero Kaya la sigue penetrando sin compasión, preparando su culito para que yo la desvirgue con mi rabo.

    El dildo entra y sale fluidamente y los gritos dolorosos se convierten en tímidos gemidos placenteros, Kaya me hace una señal y me preparo poniéndome un condón e impregnándolo de lubricante.

    Luisa empezó a jadear y gemir profundamente, me gire y vi como los dedos kaya le frotaban el coño y alternaba las penetraciones del dildo en el coño y en el culo.

    -¡Tiene el chochito como una sopa! –Dice kaya con una sonrisa- ¡Que puta es esta tía!

    Me preparo masturbándome, Kaya empieza a frotar los dedos de forma intensa mientras penetra el culo con el dildo profundamente, Luisa alterna gemidos con chillidos dolorosos, pero se vuelve a correr.

    Kaya no la deja, la gira con fuerza y pone sus nalgas al borde de la cama, Luisa queda con las piernas suspendidas mientras Kaya la sujeta con fuerza por la espalda apretando el cuerpo de Luisa contra las sábanas, pongo la punta de mi rabo en su culo, ella se revuelve, pero Kaya logra contenerla inmovilizada, la penetro con fuerza, ella chilla y se agita violentamente, yo la sujeto por las caderas empujando su cuerpo contra las sábanas.

    -¡No se deja encular la guarra! –Me quejo yo al sentir que solo le puedo meter menos de la mitad de mi rabo- ¡no colabora!

    Kaya le sube la cara a Luisa y le vocifera fuertemente al oído y amenazó otra vez con la chancla en la mano.

    -¡O te dejas follar el culo o te lo violamos y te lo rompemos de malas maneras!

    Luisa lloraba desconsolada, pero hace un gesto con la cabeza, yo saco mi rabo e impregno el culo de Luisa con más lubricante, Kaya la flexiona y me la pone a estilo perrito, le da un azote en las nalgas y Luisa me abre las piernas.

    La vuelvo a penetrar en dos golpes, consigo penetrarla más que la vez anterior, ella chilla mientras gimotea afligida, una sensación recorrió mi cuerpo, nunca había metido mi rabo en un culo tan apretado como ese y saber que la estaba sodomizando delante de su hijo hizo que mis ganas de romperlo fueran atroces, la penetre con furia sin importarme sus chillidos.

    -¡Por favor ya me dejo! –Gimotea– pero no me hagas más daño.

    Kaya le gira los brazos y los pone sobre su espalda, yo me apoyo en ellos y sigo sodomizándola, pienso en Manolito y me corro, saco mi rabo y me quito el condón, hago un nudo con él y lo dejo al lado de la cara de Luisa, ella llorando observa horrorizada como el condón atado está lleno de lefa e impregnado de sangre y heces.

    La dejamos descansar un tiempo, ella se repuso dolorida, Kaya le limpio el culo con una gasa y le unto de lubricante para que ayudara a calmar su dolor.

    Luisa ya era una puta en nuestras manos, había desaparecido la mujer decente que fue anteriormente, aquella noche le follé la boca y me corrí dentro de ella mientras Kaya le rasuraba el coño con unas tijeras.

    Cuando me junté con Manolito pude ver su cara de perversión, el cabrón había disfrutado oyendo chillar a su madre.

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