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  • Cuando mis padres contrataron a Yeneila

    Cuando mis padres contrataron a Yeneila

    Todo comenzó el día en que mis padres contrataron a Yeneila para el servicio doméstico de limpieza de la casa. Era una mujer de casi 40 años, una mujer mayor para mí que tenía 18 en ese entonces, La Sra. Yeneila era muy conversadora conmigo, no las llevábamos bien, soy el hermano de en medio y era más apegada a mí y me tenía más confianza que al resto de mis hermanos.

    Era una mujer de buen ver, algo baja, con una cintura media, senos medianos y eso si… brazos y piernas gruesas, rayando en musculosas. Una tarde, hablando con ella le pregunté el por qué de sus piernas y brazos fuertes? Ella se sonrió y contestó…

    -Lo que pasa Luis, es que en mi adolescencia practiqué Judo.

    -En serio? -respondí algo incrédulo.

    -Sí -me dijo ella… fíjate que hasta fui del seleccionado regional y hasta fui a campeonatos nacionales, pero luego mi padre murió y por motivos económicos ya no pude continuar con aquello -me dijo ya en un tono de tristeza.

    Yo le dije en ese momento…

    -no te pongas triste, lamento eso de tú padre, estará orgulloso de ti en donde se encuentre.

    Ella tiernamente se sonrió y me abrazó sin yo esperarlo, me dijo:

    -gracias, es muy tierno de tú parte.

    Yo en ese momento quedé algo desconcertado y luego no dejaba de pensar en lo sucedido. Transcurrieron los meses y llegaron las vacaciones y mis hermanos se fueron donde un tío a vacacionar; yo quedé en casa como castigo porque me quedaron materias pendientes y debía reparar. Yeneila y yo quedábamos solos en casa ya que mis padres trabajaban durante el día, yo notaba que ella estaba muy conversadora y cada vez que tenía chance me abrazaba y hacía llaves de lucha para luego decirme…

    -algún día te demostraré quién manda en la arena.

    Eso tocó mi hombría y un de esas veces le respondí…

    -cuando quieras te demuestro lo contrario (todo esto, confiado en mí fuerza de hacer barras paralelas y multifuerza)-

    Me dijo:

    -ven y demuéstramelo ahora -mientras dibujaba un círculo con una rama en una jardinera que quedaba en el patio de nuestra casa. Me recalcó las reglas…- todo lo que debes hacer es sacarme de este círculo o inmovilizarme en el piso y que yo no pueda moverme.

    -Ok -le dije… que comience el juego.

    Lo primero que hice fue tratar de simplemente empujarla por los hombros fuera del circulo… craso error… ya que me tomó por uno de los brazos se los paso por el hombro, dio un giro, se medio agachó, me pasó por encima de su espalda y… cata plum… estaba yo fuera del círculo, mientras ella se reía de mí. Me levanté y le dije…

    -otro intento.

    -ok… -me dijo ella.

    Esta vez fui más cauto y pensaba bien mis movimientos, hice un amague de tomarla nuevamente por los hombros, ella me tomó solo de la mano, intentó girarme de nuevo, pero como ya me lo esperaba, la tomé con la otra mano de la cintura e intente con una pierna que perdiera el equilibrio… no fue tarea fácil, porque sus poderosas piernotas hacían mucha resistencia y al ver que no caía y se burlaría de mi otra vez, con una mano le agarré una teta.

    Se rio a carcajadas y me soltó, la tome por la cintura, la empujé fuera del circulo y caímos… yo debajo de ella y ella encima de mí.

    -sabes que hiciste trampa cierto…

    -claro que lo sé, pero no quiero perder tan feo, además, el referí no dijo nada.

    -Jajajajaja -se reía Yeneila nuevamente y continuaba encima de mí; a esas alturas ella ya debía haber notado que mi pene estaba a reventar. Entonces… me dijo ella- no dirá nada tampoco si yo aplico esta llave -y metió su mano por debajo de mi short y apretó mi miembro muy duro y lo halo, nos sonreímos, se levantó y se fue a hacer sus quehaceres.

    Después de eso ella seguía siendo la misma, pero yo no, algo en mí se despertó y comencé a verla como la mujer deseable que era; lo demás ocurrió sin planearlo y sucedió así:

    Mis padres se fueron a una fiesta, ella miraba tele y yo estaba sentado en mi cuarto estudiando para sacar la materia pendiente. Se asomó en mi habitación y me dijo:

    -qué haces debilucho, leyendo un manual de lucha para ver si me puedes ganar?»

    Le dije…

    -eso lo puedo hacer sin leer nada y con los ojos cerrados…

    Entró me tomó del cuello y quedó a mis espaldas aplicándome una llave estranguladora, yo me impulsé con las piernas, como pude me zafé y quedé sobre ella; como ella llevaba un vestido este se la había subido hasta más arriba de la cintura, cuando me di cuenta instintivamente acaricié sus muslotes, ni siquiera pensaba en si ella estaba de acuerdo o no, solo lo hacía y ella no decía nada. Acaricié sus muslos, nalgas y ella solo se dejaba hacer, entonces en una maniobra puso sus piernas sobre mi cara y con un movimiento quedé yo abajo de ella mientras que me bajaba la pijama junto con el bóxer, corrió su pantaleta hacia un lado y se pasaba mi polla por la raja lentamente hasta que en una de esas se la introdujo lenta y totalmente… yo estaba alucinado, en el éxtasis solo atiné a decirle…

    -esta llave no la conocía…

    Ella rio como loca y me dijo:

    -haz de cuenta que ganaste y este es tú premio.

    Comenzó a subir y bajar frenéticamente sobre mí, yo quité como pude su vestido y agarraba sus tetas, las magreaba y besaba cuando podía, comenzó a gemir y en unos instantes gritó y cayó sudada y cansada sobre mí.

    Qué les puedo decir… mi primera vez, con una mujer madura, luchadora, y sin correrme… no sé si de miedo o emoción.

    -ha sido muy rico, no había gozado tanto desde hace mucho -se levantó me vio el pito erguido, se paró frente a la mesa de mi computadora, me dio la espalda, se inclinó y me dijo- no me hagas esperar -di un brinco, la tomé de la cintura y se lo fui clavando lentamente…- me encanta tú ternura, me haces sentir querida -yo inicié el mete y saca, le acariciaba por donde podía, ella comenzó a gemir y nuevamente aquel grito me indicaba que se había corrido.

    Yo no aguantaba más y se lo dije…

    -avísame cuando ya estés casi derramándote mi cielo… Ahora -le dije…

    Se lo sacó, cayó de rodillas y me hizo una paja con la mano derecha mientras con la otra acariciaba mis huevos, y yo acabando bestialmente sobre ella. Luego nos abrazamos, besamos largamente, mi leche hacía una suerte de aceite sobre nuestros cuerpos, nos bañamos y nos fuimos a ver tele por si mis padres llegaban, pero no nos pudimos aguantar las ganas porque aún era temprano y las ganas de volverlo hacer nos ganaron la pelea.

    Esto pasó en mi adolescencia y espero les guste ya que es un pedacito de mi vida que comparto con ustedes, saludos.

  • Enojada por las infidelidades de mi pareja

    Enojada por las infidelidades de mi pareja

    Bien con el pretexto del 10 de mayo, me fui de viaje a ver a mi mamá al pueblo a Michoacán, supuestamente me fui sola, pero la verdad es que me llevaron. A las 4 de la mañana me levanté y me bañé, me puse una tanga que apenas me cubría la panocha, me acomode un sostén esos de maternidad que solo se abren del pezón y me puse un pans para disimular ya que mi marido estaba despierto y se hacía el dormido, así que cuando dieron la 5 de mañana salí rápido, corrí a la esquina y ahí estaba el con quién me iba a ir, una camioneta con cristales polarizados.

    Ya saliendo de la ciudad, me dijo que si podía ir más cómoda, yo me bajé el pan y dejé ver mi tanga negra que contrastaba con mi piel blanca, su mano empezó a recorrer mis piernas y de vez en vez tocaba en medio, ya en un lugar poco transitado se paró y comenzó a sobarme los pechos, me beso y después empezó por el cuello y bajo más saco mis chiches y empezó a mamar, agarro el pezón y comenzó mordisquear, lo me calentó.

    Yo tomaba su cabeza para que no se soltara, mientras su mano acariciaba mis piernas hasta que de un movimiento hizo a un lado mi tanga y comenzó a dedearme. Yo estaba feliz de sentir como me mamaba y la tragaba toda, mientras sentía su dedos hurgar en mi panocha, le saque la verga y empecé a masturbar cosa que no aguanto nada y se vino en mis manos, yo quedé bien mojada pero no termine, así que ya más tranquila me acomode la ropa y dejé que me llevarán a mi destino.

  • Venancio, el viejo tendero

    Venancio, el viejo tendero

    El viejo tendero, Venancio, solía parar en el mismo bar que yo paraba desde hacía unos años. Siempre solía estar hasta altas horas de la noche, hacía ya bastantes años que había quedado viudo. Tenía una tienda de ultramarinos en la calle donde yo vivía, la misma además de tienda, era también su vivienda.

    Siempre que me veía, me saludaba, pues aunque no iba a comprar a su tienda; solamente había ido en contadas ocasiones; él me conocía desde que yo era un niño, y desde que yo había quedado ciego hacía 5 años en aquel accidente que había tenido, siempre que me encontraba, me saludaba y me preguntaba si necesitaba ayuda.

    Los recuerdos que tenía de él, es de un viejo fortachón, y de más o menos 1,75 metros de estatura, y no muy agraciado en cuanto a belleza; vamos que era de cara fea; al menos esos eran los recuerdos que tenía del viejo tendero.

    Aquel sábado, como todos los días, se encontraba en el bar que solíamos parar. Yo había llegado a eso de las 11 de la noche con los amigos; veníamos de pasar el día en la playa; allí siempre solíamos hacer la última parada antes de marchar para casa. Pero como al día siguiente era domingo, ese día no teníamos prisa por marchar.

    A eso de las 12:30 horas de la noche, empezó a sonar el teléfono móvil que me habían regalado en casa; era mi madre que siempre que iba solo, o con los amigos, me llamaba por si necesitaba que me fueran a buscar; contesté a la llamada y después de decirle que estaba bien y que no necesitaba nada, que se quedara tranquila que seguramente llegaría bastante tarde y que no se preocupara, que estaba acompañado y no necesitaba que me fuesen a buscar.

    Poco a poco los amigos se fueron marchando, pero yo estaba muy a gusto y no tenía ninguna prisa por marcharme. Les iba diciendo a los amigos que no se preocuparan que no tenía ningún problema por llegar yo solo desde allí a mi casa; además para algo llevaba el bastón blanco.

    Ya eran las 3 de la madrugada, y el dueño del bar ya estaba esperando para cerrar, además las cervezas que había bebido, empezaban hacer su efecto. En el bar solo quedaba un par de parejas, Venancio el viejo tendero y yo. Así que me dispuse a pagar y coger la pequeña mochila en la que llevaba la toalla de playa, el bañador que estaba mojado, y donde también llevaba el teléfono móvil, la cartera y llaves de casa.

    El dueño del bar me dijo que si quería lo esperara que el mismo me acompañaba hasta el portal de mi casa; no te preocupes, que se el camino y estoy bien; como quieras me contestó el dueño del bar.

    Cuando estaba saliendo por la puerta, Venancio, el viejo tendero me agarró por el brazo y me dijo que esperara que él también se iba para casa, y como íbamos en la misma dirección, podríamos ir juntos; así nos haremos compañía mutuamente me dijo mientras salíamos por la puerta.

    Iba agarrado a su brazo izquierdo con mi mano derecha, mientras en la mano izquierda llevaba el bastón blanco para poder detectar cualquier obstáculo. Íbamos hablando de todo un poco. Me preguntaba qué tal llevaba el haberme quedado ciego, si me defendía con los quehaceres de la vida, etc. etc. etc.

    A mitad de camino nos paramos pues él quería encender un cigarrillo, me ofreció otro a mí; toma fuma uno de los míos me dijo; me lo puso en la boca, y con su mechero me dio fuego.

    Seguíamos el camino sin mucha prisa ya que íbamos hablando, y a cada paso hacíamos una parada para seguir con la conversación. Cuando llegamos a la altura de la tienda donde tiene su vivienda, nos paramos y durante unos 15 minutos, estuvimos parados mientras seguíamos con la conversación.

    Sacó otra vez el paquete de tabaco, y me volvió a ofrecer otro cigarrillo; nos vamos secar la boca de tanto hablar y fumar, la verdad es que ahora sí vendría bien otra cerveza le comenté. Pues si tú quieres entramos en mi casa, y te invito a una. No, le contesté, es tarde y además me está apretando las ganas de mear.

    No te preocupes, y agarrándome por el brazo me llevó hasta la puerta de la tienda a la vez que me decía que en la tienda tenía aseo, además del aseo de su vivienda. Abrió la puerta y cuando me di cuenta, ya estábamos dentro de la tienda.

    Ven me dijo mientras me agarraba por el brazo, al fondo tengo la cocina y un aseo. Entramos en la cocina y me dijo que podía dejar la mochila y bastón en el banco. Me indicó donde estaba el banco, y allí dejé la mochila y el bastón después de plegarlo. Quieres ir ahora a mear, o bebemos primero la cerveza.

    Mejor primero mear le contesté.

    Me llevó hasta el aseo y preguntó si necesitaba ayuda.

    Indícame donde está la taza del wáter, que no quiero tirar nada, y menos mear donde no es.

    Ven me dijo mientras me empujaba hasta la taza del wáter.

    Bajé un poco el pantalón del chándal que llevaba y como no llevaba nada más puesto, ya que el bañador lo había sacado por estar mojado y lo llevaba en la mochila, saqué la polla y procurando apuntar bien me disponía a empezar a mear.

    Espera me dijo él. Y de pronto noté su mano agarrarme la cadera mientras me iba girando para colocarme mejor y no meara por fuera. Ahora echó la mano a mi poya y la dirigía al hueco de la taza del wáter.

    Deja que no hace falta le dije. No te preocupes que la vergüenza ya hace tiempo que la perdí.

    Ya no aguantaba más, así que empecé a mear.

    Cuando terminé de mear, él viejo se puso a menearme la polla para que no quedaran gotas.

    La verdad es que se me estaba empezando a poner morcillona la polla, y la cara colorada como un tomate.

    Te estás poniendo cachondo me dijo el viejo. Se ve que llevas tiempo sin hacerte una paja.

    Pues sí, le contesté.

    ¿Y hace tiempo que no follas?

    Pues de eso ya casi no me acuerdo, fue antes de tener el accidente, le dije.

    Pues eso tiene fácil solución me decía el viejo, sin dejar de menearme la polla.

    Como veía que no le decía nada y me había quedado quieto, el viejo se iba animando, y ahora me estaba bajando poco a poco el pantalón del chándal.

    Primero me sacó los huevos y a la vez que me los agarraba, con la otra mano me iba bajando por detrás, para que me quedara el culo al aire.

    Empezó a acariciarme el culo con la otra mano mientras me decía que tenía un culito muy bonito.

    Siempre me fijaba cuando pasabas, que tenías un buen culito, y no me equivocaba.

    ¡Dios! Ya estaba con la polla tiesa a más no poder, y una calentura y ganas de que me dieran por el culo, que hacía mucho tiempo que no recordaba.

    Ven me dijo el viejo tirando de mi polla. Ponte aquí, que te voy hacer un buen tratamiento, que veo que lo estás necesitando.

    Me puso delante del lavabo, mientras terminaba de bajarme el pantalón del chándal.

    Se agachó y agarrando la polla se la metió en la boca.

    ¡Dios! Me hizo gemir de placer y las piernas me empezaban a temblar ¡ooohhhh! Gemía mientras sujetaba su cabeza con mis manos.

    Ahora saco la polla de la boca, y se metía los huevos en la boca, y con su lengua me lamía el escroto y pirineo.

    Yo me abría de piernas todo lo que el pantalón del chándal me dejaba, a la vez que me apoyaba sobre sus hombros.

    Con sus manos me sacó los playeros, haciéndome sacar el pantalón del chándal.

    Así estarás más cómodo, me dijo.

    Se puso de pie a la vez que con las manos me sacaba la camiseta que llevaba puesta. Cuando tenía las manos arriba y sin terminar de sacarme la camiseta, se apoderó de mi boca, y aunque a mí al principio no me agradaba, no tenía escapatoria tal y como me tenía. Terminó por meterme la lengua en la boca y saborear todos mis jugos.

    Fue bajando luego por el cuello cosa que me hizo estremecer de placer y soltar un fuerte gemido, ¡ooohhh! Y las piernas empezaron a temblar con más fuerza, cosa que al viejo le agradó al ver cómo me hacía gozar.

    ¿Te gusta lo que te estoy haciendo gozar mi niño?

    Claro que sí mi niño, tu papi te está haciendo gozar, ya verás cómo te va hacer gozar hoy tu papi. Hace mucho tiempo que tenía ganas de tenerte así, hoy te voy hacer gozar como nunca te han hecho gozar.

    Hoy quiero que seas mío, quiero follarte ese culito que me vuelve loco. Quiero llenártelo de leche y dejarte preñado.

    Te voy abrir ese culito con mi polla que te va hacer gozar y vas desear que te folle siempre.

    Había terminado de sacarme la camiseta, y ya se había sacado su pantalón y calzoncillo, cuando agarró mi mano y la llevó a su polla. Mira como me tienes mi niño, está deseando que le des cariño, y le dejes entrar en este culito tan bonito que tienes.

    ¡Joder! Menuda polla que se gastaba el viejo tendero, aquella polla me iba reventar el culo. Hacía 5 años que no me daban por el culo, y aquella polla era mucho vergajo para mi pobre y hambriento culito.

    Me colocó las manos en los hombros, a la vez que me empujaba hacia abajo y me decía, anda cómela un poquito ya verás que rica sabe.

    Me agaché y sujetándome sobre sus piernas, dejé que me fuera metiendo aquella polla en mi boca.

    ¡Dios! Ya me tocaba la campanilla aquella polla, y aún quedaba un buen trozo fuera. Chupé cuanto pude, y después de al menos 5 minutos, ya no podía más; las piernas se me cansaban de estar en cuclillas, y necesitaban estirarse un poco.

    Me ayudó a ponerme de pie haciéndome girar hacia el lavabo, y quedara mi culito a su disposición. Me hizo colocar las manos sobre el lavabo, y que quedara inclinado para tener un mayor acceso a mi culito.

    Con sus manos abrió mi culito, a la vez que iba pasando su lengua por todo el culo hasta llegar al esfínter, pararse en él, y tratar de meter la punta de su lengua.

    Yo no paraba de temblar y la polla me estaba empezando a chorrear semen sin parar.

    Se puso en pie, y arrimando su polla al huequito de mi culo, empezaba a empujar tratando de abrirlo.

    Ya empezaba a entrarme aquella gran polla que se gastaba el viejo tendero, y el dolor que me estaba produciendo era tanto que no me dejaba relajar.

    Estás muy tenso mi niño, anda relájate y deja que te entre mi polla.

    No puedo, hace mucho tiempo que no me han dado por el culo, y tu polla es mucho vergajo.

    Entonces espera que le vamos a aplicar un poco de crema, y lo suavizamos un poquito.

    Echó la mano a una botella, y con su mano me fue esparciendo aquel líquido por mi culito.

    Es un poco de jabón líquido, me decía mientras lo iba esparciendo y a la vez con su dedo iba abriendo mi huequito.

    Al notar como su dedo se iba introduciendo dentro de mi culo, me hacía suspirar y gemir, ¡oooohhh! ya, ya prueba ahora, le dije.

    Se volvió a colocar en posición, y nada más colocar la punta de su polla en mi culo, me sujetó por las caderas, y de una estocada, me clavó toda la polla.

    ¡Aaaahhh! Solté al notar como entraba aquella polla dentro de mí, ¡uuuffff! Espera un poco le pedí.

    Se quedó parado con toda la polla dentro de mi culo, se colocó mejor y arrimándose más a mí, empezó a mover poco a poco las caderas y su polla iba saliendo y entrando de nuevo. Poco a poco iba imprimiendo mayor velocidad, hasta que ya me arremetía con todas sus ganas.

    Así, así, ¡aaahhh! Como me gusta tu culito mi niño, ¡ooohhhh! Que gusto, que ganas tenía de follarte este culito tan bonito que tienes, ¡oooohhh! Como me gusta.

    Yo sudaba y temblaba de placer, ¡oooohhhh! Cuanto tiempo deseando que me dieran por el culo, y aquel viejo tendero sin yo pensarlo, me estaba volviendo hacer gozar como hacía años que no gozaba.

    Llevábamos un buen rato follando, y Venancio, el viejo tendero, no tenía trazas de terminar. Cada vez me daba más fuerte y profundo que hasta me levantaba los pies del suelo, y aquello me estaba llevando a mi clímax. Estaba seguro que yo no tardaría mucho en correrme; mi polla ya hacía mucho tiempo que no paraba de chorrear semen, y cada vez que aquella polla rozaba mi próstata, me hacía delirar de placer hasta hacerme poner los ojos en blanco.

    ¡Oh dios! Me estaba corriendo y aquella máquina de darme por el culo que no era otra que la polla del viejo tendero, no paraba de taladrarme el culo, ¡ooohhh! Me estoy corriendo, ¡oooohhh! Me corro, tartamudeaba yo.

    Goza mi niño, goza y disfruta. Suelta tu lechita, que tu papi te va hacer gozar y te va preñar esta noche.

    Ya me había corrido como hacía mucho tiempo que no lo hacía, y el viejo tendero, seguía sin trazas de terminar. Pasaron por lo menos 5 minutos, hasta que noté como me clavaba sus dedos en mi cintura, y dándome clavadas mucho más profundas, empezaba a correrse dentro de mí.

    Así, así, toma lechita, ¡oooohhhh! Toma lechita mi niño, ¡oooohhh! Que culito tienes, como me está haciendo correr, ¡oooohhhh! Ya, ya, mi niño, tu papi se está corriendo.

    Terminó de correrse, y apoyando su cabeza sobre mi espalda, seguía diciendo ¡ay que culito! Que ganas tenía de probarlo, quiero que volvamos a follar otra vez, y otra vez, y todas las veces que quieras mi niño.

    Sacó la polla de mi culo, sacó una toalla, y con ella nos limpiamos los 2.

    Quédate así en pelotas, y vamos ahora a la cocina a beber esa cerveza que te prometí.

    Nos fuimos a la cocina, nos sentamos en el banco, trajo 2 botes de cerveza, las abrimos y mientras bebíamos, volvimos a encender un cigarrillo, y seguir hablando. Ahora el tema solo era sobre el sexo, y que quería seguir follándome esa noche, y todos los días que yo quisiera.

    Volvimos a beber otras 2 cervezas, y mientras bebíamos estas cervezas, el viejo tendero, se había arrimado a mí, y cada vez que podía me acariciaba con sus manos, con la boca me iba mordiendo por todo el cuerpo. En una de las veces llevó mi mano a su polla, y me decía mira como está de nuevo mi polla, es por tu culito tan bonito que tienes mi niño; bueno y gracias a la biagra que tomo.

    Si quieres y no tienes prisa, me gustaría volverte a meterla en este culito, me decía a la vez que me acariciaba el culo con su mano.

    Anda arrímate a mí y deja que te de calorcito con mi cuerpo. Me arrastré por el banco hasta quedar pegado a él, y él con sus manos iba acariciando mi polla y con la otra la metió por debajo de mi culo, hasta que consiguió meterme un dedo en el culo.

    Lo tienes aun calentito y ahora ya lo tenemos abierto y listo para recibir mi polla.

    Deja que te chupe un poquito esa pollita que tienes, para que te vaya calentando un poquito, y luego te vuelva a follar, mi niño.

    Se echó sobre mí, y agarrando mi polla se la llevó a la boca. Me chupó todo lo que quiso, y con su lengua me volvió a lamer todo el pirineo, escroto, y huequito del culo.

    Ya volvía a tenerme a mil, y con ganas de volver a sentir su polla dentro de mi culo. Desde que me había quedado ciego en aquel accidente, no había vuelto a follar ni a ser follado, buscar quien te diera por el culo, se había puesto prácticamente imposible. Ser ciego y gay, y querer tener intimidad y privacidad, es muy complicado. Además está el que la gente se aparta como si los fueses contagiar, así que esa noche aprovecharía y me dejaría dar por el culo todas las veces que el viejo tendero quisiera. No es que fuese la persona que deseara, pero mi culo estaba desde hace mucho tiempo necesitado de una polla que le diese placer.

    Ven mi niño, siéntate sobre mi, y deja que te vaya metiendo la polla en el culito tan bonito que tienes.

    Me puse de pie, y pasando entre sus piernas, me coloqué sobre él. Espera, abre el culo con las manos, y ve sentándote poco a poco.

    Así lo hice, y poco a poco se fue metiendo de nuevo aquella polla dentro de mi culo.

    Así, así, ya la tienes toda dentro, ahora ve subiendo y bajando con cuidado para que no te salga fuera.

    Apoyándome sobre la mesa, iba subiendo y bajando sobre aquella polla que estaba dentro de mí.

    Cada vez iba cogiendo más ritmo, y ahora ya era como si estuviera cabalgando. Mi polla ya soltaba alguna gota de semen, y es que la polla del viejo tendero, no paraba de rozar mi próstata y me estaba haciendo gozar otra vez, como hacía poco tiempo que lo había hecho. Era un placer que hacía algo más de 5 años que no sentía. Como echaba en falta sentir de nuevo aquel placer.

    Llevaba un buen rato cabalgando sobre aquella polla que tanto placer me estaba haciendo sentir de nuevo, cuando de nuevo me volví a correr, ¡oooohhh! Me corro, ¡oooohhh! me corro, Me estoy corriendo.

    Así mi niño, así, goza y deja que salga tu lechita. Ya Veras como te va hacer gozar esta noche este pobre viejo.

    Cuando terminé de correrme, tuve que parar de cabalgar sobre aquella polla, ya que las piernas me temblaban, y apenas tenía fuerzas para levantarme.

    Descansa un poquito, me decía el viejo mientras seguía con su polla dentro de mi culo, a la vez que con su mano me acariciaba la polla, y su boca me besaba por toda la espalda.

    No puedo más le dije al viejo, me tiemblan las piernas y apenas tengo fuerzas.

    Levántate me pidió el viejo, vamos a cambiar de posición para que estés más cómodo.

    Me levanté dejando que el viejo saliera del banco en que nos encontrábamos, y llevándome por la mano, me colocó junto a la mesa. Espera que voy apartar lo que hay en la mesa, me pidió. O prefieres que subamos y sigamos en la cama.

    No, le contesté, si quieres en la cama, lo hacemos otro día. Es que hoy ya es tarde y estoy algo cansado, y seguro que al final me quedo dormido.

    Te dicen algo en casa, me preguntó el viejo. No, pero no me gusta que sepan dónde estoy y que es lo que hago.

    Me cogió por la cintura, y apoyando mi culo sobre la mesa, me empezó a besar, para seguir por el pecho, parándose en las tetillas. Luego me sujetó por las piernas y me hizo sentarme sobre la mesa. Terminó acostándome sobre aquella mesa, y levantándome las piernas, me volvió meter aquella polla que tanto me estaba haciendo gozar, en el culo.

    Empezó a moverse a un ritmo suave, para ir poco a poco imprimiendo mayor velocidad.

    ¡Dios! Ahora sí que me estaba clavando la polla bien profundo, y hasta me hacía dar gritos de placer, ¡aaahhh! Vas acabar conmigo, me vas reventar el culo.

    Esta noche te voy dejar preñado, mi niño. Tienes un culito muy apetecible, ¡ooooohhh! Como estaba deseando poder follarte este culito, ¡oooohhh! Que gusto me está dando, quiero que seas mío, quiero darte por el culo todos los días y que goces de la polla de este pobre viejo, como nunca has gozado.

    Cuando ya llevaba un buen rato follándome, empezó a gritar, ¡ya, ya ya! Me corro, ya me corro, ¡ay mi niño! Te voy preñar bien preñado este culito.

    Terminó de correrse, y sin sacar la polla de mi culo, me agarró la polla, y se puso a menearla. Suelta tu lechita, anda se bueno y deja que vea como gozas de mi polla, mi niño.

    Termine por echar 2 gotitas, y le pedí que parara que ya no podía más.

    Sacó la polla de mi culo, y agarrándome de los brazos, me puso de pie. Espera que voy por la toalla y nos limpiamos un poco antes de nada.

    Trajo la toalla, me ayudo a limpiarme un poco, luego le pedí que me ayudara a encontrar mi ropa. Me trajo la camiseta, la cual me puse, luego me ayudo a poner el pantalón del chándal, aprovechando a sobarme una vez más el culo, luego sentado sobre el banco, terminé por calzarme los playeros.

    Terminamos de beber las cervezas y fumar otro cigarrillo, y después de ponernos de acuerdo en repetir aquello, me acompañó hasta el portal de mi casa.

    Esa noche iba dormir como hacía mucho que no lo hacía, el culito bien abierto, lleno de semen, y por supuesto bien follado.

  • Era caprichosa, mimosa y traviesa

    Era caprichosa, mimosa y traviesa

    Era caprichosa, mimosa y traviesa. Se llamaba María, le gustaba que le llamaran Mery, y debía llamarse Salomé, por lo calienta braguetas que se iba a volver con su padre y por lo buena que estaba.

    Vivía en un pazo con piscina, campo de tenis, campo de golf, un campo de fútbol y que, por supuesto, estaba amueblado a todo lujo.

    La habitación de Meri era la más grande del pazo, y tenía desde jacuzzi a sofá de masajes, pasando por una descomunal tele de plasma.

    Mery había cumplido hacía poco la mayoría de edad. Medía metro ochenta y dos, era morena, sus ojos eran grandes y negros, como su larga melena. Sus tetas eran medianas, tirando a grandes, su cintura de avispa, sus caderas eran anchas, su culo redondito y sus largas piernas rozaban la perfección.

    Mery, desde los dos años de edad, en la que su madre los abandonara por un músico, encontró en su padre todo el cariño que necesitaba. Lo malo de esto fue que al ir creciendo fueron creciendo sus caprichos. Le fue cogiendo la manta a su padre y acababa haciendo siempre lo que le daba la gana.

    La muchacha tenía de todo. Un Porsche, Joyas, dinero… pero las caprichosas siempre quieren más, y si es algo casi imposible, mejor que mejor.

    Un día, Félix, a torso descubierto, y en pantalón de deporte, entró en la ducha y se tropezó con su hija, que salía de ella cubierta sólo con una toalla. Al tropezar, la toalla cayó al suelo y Mery quedo como había venido al mundo. Se quedaron sin palabras unos segundos. Después, Meri, se agachó para coger la toalla y vio que su padre se había empalmado. Sonriendo, le dijo:

    -Tienes que echarte novia, papa. El bicho se te levanta por nada.

    Félix, mintió.

    -No es lo que piensas, muñequita, se pone así todas las mañanas con las ganas de orinar.

    -Y yo me chupo el dedo.

    Desde ese día ya nada iba a ser igual. Félix, no se quitaba de la cabeza el escultural cuerpo de su hija. Mery, lo sabía, esto la excitaba y disfrutaba provocándolo. Más de una vez se inclinó delante de él después de ponerse unas gotitas de perfume Coco Noir de Chanel para enseñarle algo con un gran escote y lo que le estaba enseñando en realidad eran las tetas. Más de una vez le miró descaradamente el paquete mientras estaban hablando. Más de una vez mandó caliente a su padre para cama por culpa de sus distintas provocaciones, con lo que eso conllevaba, para Mery, ya que sin saber si se la pelaba o no, se hacía un dedito pensando que su padre se estaba haciendo una paja pensando en ella.

    Era sábado, Mary, consciente de la lujuria que despertaba en su padre, iba a hacer que traspasase la delgada línea que separa el amor paternal del amor carnal.

    La cosa se empezó a fraguar a las diez de la mañana, Félix, estaba tomando un café sentado en una silla de la mesa de la cocina. Llegó Meri vestida con un picardías transparente que dejaba ver sus tetas con las rosadas areolas y sus bellos pezones y la mata de vello negro que rodeaba su coño. Félix, en un ataque de padre, sin dejar de mirarle a su hija a los encantos, y de respirar el delicioso aroma que desprendían las gotitas del perfume Coco Madeimoselle de Chanel que se había echado su hija, le dijo:

    -¡Vete a vestir!

    -Hoy no viene el servicio a trabajar.

    -Pero estoy yo en casa.

    -Ya lo sé, por eso vengo así de sexi.

    Mery se puso mimosita. Poniendo morritos, y acariciándole el cabello a su padre, le dijo:

    -¿Te apetece jugar con tu muñequita?

    Félix, la tenía calada.

    -¿Qué buscas, María?

    -A ti. Sé que me deseas.

    -¡Cómo se puede ser tan mala hija! Te lo he dado todo y mira como me lo pagas.

    -Dándote todo a ti. ¿Sabías que aún soy virgen? Bueno, si meter el dedito no cuenta.

    -No me cuentes tus intimidades que no me interesan.

    Meri, cogió un plátano del frutero, le quitó la parte de arriba de la piel, lo chupó mirando a su padre, y le preguntó:

    -¿Se chupa así?

    -¡Como no te vayas a vestir te quedas un meses sin paga!

    Mery posó el plátano en la encimera y quiso darle un masaje en el cuello a su padre, al tiempo que arrimaba las duras tetas a su espalda.

    -¿Pone la nena nerviosa a su papito?

    -¡Dos meses sin paga! ¡Esos ya no te los quita ni Dios!

    Meri, al verse rechazada y castigada, pilló un cabreo criminal. Dejó de masajearlo, y yéndose de la cocina, le dijo a su padre:

    -¡Yo siempre consigo lo que quiero, y esta vez no vas a ser una excepción! Nos vemos esta noche.

    -Ni en tus sueños, hija, ni en tus sueños.

    A las once de la noche…

    Félix, que era un hombre de 52 años, 1,85 de estatura, de pelo cano, ojos negros y apuesto, estaba en bata de casa en el tresillo de la sala de estar, sobando y con la televisión encendida. Llegó a la sala Mery. Venía descalza, con un CD en la mano. Llevaba puesta una camisa blanca de su padre con sólo tres botones en los ojales, lo que hacía que se viesen parte de sus preciosas tetas y el vello púbico.

    Puso el CD en el reproductor, y se sentó al lado de su padre. El título de la cinta era: Perdiendo la virginidad.

    La imagen de una joven morena, desnuda sobre una cama apareció en la pantalla… Al rato se comenzaba a masturbar. Al oír los gemidos de la joven, Félix, abrió los ojos. Vio lo que estaba haciendo la actriz y luego vio a su hija, a su lado, con los ojos cerrados, echada hacía atrás en el tresillo, con las piernas abiertas y magreando con las dos manos las dos tetas. No supo que hacer. Aquello sobrepasaba su margen de reacción. Cerró los ojos, dejándolos un poquitín entornados… Al rato dos jóvenes rubias, con caritas de ángeles, y cuerpos de escándalo, entraban en la habitación, se metían en la cama, se desnudaban, y se comenzaban a dar el lote. Vio por el rabillo del ojo como su hija bajaba una mano al coño y comenzaba a tocarse. Estaba empalmado… Más adelante, cuando los dedos de Mery ya chapoteaban en el jugo de su coño, oyó como le decía:

    -¿Quieres ver cómo se corre tu muñequita, papa?

    Félix hizo como si se despertase.

    -¿Qué decías, cielo?

    -¿Qué si quieres ver como se corre tu muñequita?

    Félix, haciendo de padre severo, miró a su hija, y le dijo:

    -¡No tienes vergüenza! Hace años que debí sentarte en mis rodillas y darte unos buenos azotes.

    -Aún estás a tiempo. ¿Quieres azotarme el culo? ¿Quieres que me eche sobre tus rodillas?

    -¡Deja de tocarte!

    -¿Estás empalmado, papá?

    Mery le echó la mano a la polla. La encontró tiesa como un palo y mojada como una esponja dentro de una bañera. La meneó un poquitín. Al estar ella a punto, se levantó del tresillo, sin dejar de tocarse, le puso el coño en la boca, y entre sensuales gemidos, le dijo a su padre:

    -¡¡Me corro, papá!!

    Un chorro de flujo, calentito, impacto en los labios de Félix que instintivamente, los lamió. El coño de Mery, que se restregaba contra la boca de su padre, al sentir el contacto de la lengua, se desbordó cuan catarata.

    Al acabar de correrse, Mery, le pasó los pezones de las tetas entre los labios, y otra vez encontró la lengua de su padre. Acto seguido le quitó la polla de su escondrijo, se sentó sobre sus rodillas. Pasó la cabeza de la polla por el coño mojado. Le dio besitos con los labios. Hizo círculos con ella en el ojete. La puso en la entrada de su coño. Metió la puntita. Entraba muy apretada.

    Félix, deseaba decirle a su hija que la metiese hasta el fondo, pero le dijo:

    -No sigas hija, por favor. Estamos cometiendo un incesto.

    -Sabes que soy atea.

    -Yo, no.

    -Me deseas, y eso también es pecado, ¿o no?

    Quitó la puntita y le besó otra vez la cabeza de la polla con los labios del coño.

    -Hay muchas clases de pecados.

    -¿Quieres que tu muñequita meta tu polla dentro de su pequeño chochito?

    -Eso es un pecado mortal.

    -Sí que lo es, Nos moriremos de gusto.

    Merí, le dio un beso con lengua a su padre que lo dejó temblando, luego, le dijo al oído y susurrando:

    -¿Meto, papá?

    Félix ya no aguantó más.

    -Mete, muñequita, mete.

    Mery, metió la puntita otra vez. Después se sacó de encima de su padre, y sonriendo, le dijo:

    -¿Continuará?

    Félix, se dio cuenta de que su hija estuviera jugando con él. ¿Qué sería lo que se traía entre manos?

    -Debe ser algo muy gordo lo que quieres esta vez, hija. Te has pasado trescientos pueblos.

    -Bien que te gustó. ¿Quieres que acabe lo que empecé?

    -Mentiría si te digo que no. ¿Qué es lo que quieres a cambio?

    -Quiero tener una experiencia lésbica.

    -¿Y qué pinto yo en eso?

    -Quiero que me compres dos vírgenes.

    -¡Tú estás loca! ¿Crees que crecen en los árboles?

    -Yo creo que con 12.000 euros lo conseguirías.

    -¡Se te fue la olla, hija, se te fue la olla!

    -¿Quieres el chochito de tu muñequita? Pues tu muñequita quiere beber de dos cochitos sin estrenar. Cómpramelos.

    -¿Tienes curiosidad por saber que se siente jugando con dos mujeres?

    -Tengo ganas de probarlo todo, papá. Vírgenes, putas, machos, maricones…

    -¡¿Pero a ti que te enseñaron las filipensas?!

    -A creer en mi misma. ¿Sabías que se entienden entre ellas?

    -Tu mente está sucia, está muy sucia.

    -Un día encontré a dos profesoras besándose en el lavabo, y otro día a otra profesora masturbando a una alumna. No es mi mente… y de aquellos barros vienen estos lodos?

    -Los lodos son las pajas que me hice pensando en ellas. ¿Te gustaría ver cómo me masturbo?

    La boca pequeña de Félix quiso decir que sí, pero la grande, dijo:

    -¡No!

    Mery desabotonó los tres botones de la camisa. La echó sobre la alfombra. Félix no vio a su hija, vio a una femme fatale. Su polla latía. Meri se sentó a su lado, le cogió una mano a su padre y se la llevó a las tetas, unas tetas duras como el granito. Le volvió a menear la polla y lo besó. Al ver a su padre con los ojos vidriosos, a punto de correrse, se levantó, y le dijo:

    -Primero las vírgenes. ¿Me vas a dar el capricho? Mi chochito bien lo vale.

    -¡Mira que eres retorcida! Veré lo que se puede hacer, muñequita, veré lo que se puede hacer.

    Lo primero que hizo Félix fue ir a su habitación y hacerse una paja como una catedral de grande.

    En el convento de la ciudad, que era de monjas de clausura, estaban pasando por una situación económica delicada, y de modo excepcional, decidieron que dos novicias fuesen por las tiendas ofreciendo mantecados, panecillos de yema de huevo y licor, galletas cocadas… productos que las monjas hacían en el convento.

    Las novicias, sor María y sor Pricia, eran dos jovencitas muy hermosas. Salieron del convento un domingo por la tarde para reconocer el terreno. Al pasar por delante del pazo, le dijo sor Patricia a sor María:

    -¿Les ofrecemos a los del pazo, hermana?

    -Nos dijeron en las tiendas y sólo mirar donde están.

    -Ahí, debe trabajar mucha gente, y con los señores….

    -Lo que quiere es ver un pazo por dentro… Si no llevamos mercancía para mostrar.

    -¿No tiene curiosidad, hermana?

    -¿Y si nos está tentando el diablo?

    -¿Qué nos pueden hacer?

    Sor Patricia llamó al timbre del portal del pazo.

    Meri, que salía de la ducha, vestida sólo con una toalla, las vio en la televisión de la cámara del telefonillo, y les preguntó:

    -¿Qué queréis?

    -Vendemos nuestros pastelitos de crema y otros dulces.

    Mery, pensando que su padre hiciera los deberes, les abrió el portal.

    Al ser domingo el servicio tenía el día libre. Félix se fuera a Roma en viaje de negocios… Mery, estaba sola en casa. Les abrió la puerta del pazo, y les dijo:

    -Pasad.

    Las monjas entraron en el pazo. Mery cerró la puerta y las llevó a la sala de estar.

    -Sentaos en ese tresillo.

    Las monjas se sentaron, mientras miraban el lujo que las rodeaba.

    -¿Cuánto os pagó mi padre?

    Sor María, le respondió:

    -Aún no le vendimos los pastelitos. Estamos explorando.

    -¿Sois vírgenes?

    Sor Patricia, se mosqueó.

    -La duda ofende. Somos monjas

    -Sin teatro. ¿Acordamos 6.000 euros cada una? Os extiendo yo los cheques al portador, que ya me los devolverá mi padre con intereses.

    Aquello era mucho dinero. Las monjas ya se habían dado cuenta de que iba la cosa, e iba de dulces, sí, pero de los dulces que tenían entre las piernas? Sor María se alarmó.

    -¡El diablo, hermana, fue el diablo el que nos trajo aquí.

    Sor Patricia miró a sor María, y le dijo:

    -Los caminos del Señor son inescrutables. Y ese dinero son muchos dulces.

    -¡El dinero es la semilla del diablo!

    Meri se quitó la toalla y se sentó en un sofá.

    -A ver si termináis con el numerito. Mi chochito se impacienta.

    Sor Patricia, le preguntó:

    -¿Qué tendríamos que hacer?

    -Lo que yo os diga. Quiero que os corráis en mi boca y beber de las dos, después ya veremos que surge…

    Sor María no quitaba los ojos del cuerpazo de Meri. Se había olvidado del diablo. Estaba como hinoptizada. Viéndola absorta, le preguntó sor Patricia:

    -¿Quiere correrse en la boca de la señorita por 6.000 euros, hermana?

    -Sí, pero que conste que es por el bien del convento,

    Merí comenzó a mandar.

    -Besaos.

    Las monjas se dieron un pico sin lengua… Merí se sentó entre las dos, y besó con lengua a una y después a la otra. Se puso de pie, le puso el coño en la boca a Sor Patricia, y le dijo:

    -Lame, y tú, como te llames. Levántate y cómeme las tetas.

    -Me llamo María.

    -Come mis tetas, bonita.

    Las monjas ya estaban coloradas como granas. En vez de gemir Mery, las que gemían eran ellas.

    Al rato largo…

    -Desnudaos.

    Las monjas quedaron en pelotas. Sor Patricia y Sor María era rubias, con grandes tetas y tenían unas grandes matas de vello rubio rodeando sus coño.

    Merí se sentó en un sofá, delante de ellas, las monjas se volvieron a sentar en el tresillo.

    -Echaos una frente a lo otra en el tresillo y hacer lo que haga yo.

    Meri se acarició las tetas y apretó los pezones. Después acarició el clítoris con los dedos haciendo sobre él movimientos circulares y de abajo arriba. Magreaba las tetas con la otra mano… Unos minutos más tarde, se levantó y le comió la boca a sor Patricia. Cuando vio que sus ojos se entornaban, la desplazó hasta que sus pies tocaron la alfombra. Sor Patricia quitó la mano del coño, Mery, se arrodilló sobre la alfombra, metió su cabeza entre las piernas, le lamió el coño y la monja, retorciéndose de gusto, se corrió en su boca. Mary, saboreó la primera corrida de una virgen, que no fuera la suya. Sor María, sin que Mery le dijera nada, se puso en la misma posición de la otra monja, abrió las piernas, Mery volvió a lamer, Sor María, cogiendo su cabeza, movió la pelvis hacia delante, y soltando un squirt, se corrió con unos gemidos tan dulces que parecían música celestial.

    Al acabar de correrse las monjas, les dijo Mery:

    -Seguidme a mi habitación.

    La siguieron. Al llegar a la habitación. Mary se echó boca arriba en la cama. Las monjas, a pesar del lujo que había en la habitación, no quitaban los ojos del escultural cuerpo de la anfitriona, que les dijo:

    -Comedme la boca.

    Continuará.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

  • Pesadilla en el autobús (Parte 1)

    Pesadilla en el autobús (Parte 1)

    Hola, buenas noches, lo que les voy a contar me sucedió hace algunos meses cuando salía de mi jornada estudiantil y me dirigía a mi casa.

    Mi nombre es Marcela tengo 18 años y curso grado 11 de bachillerato, soy de estatura mediana 1,57, delgada, piel color blanca, cabello negro largo. Mi rostro es muy dulce y pues estoy muy bien formada cintura delgada buenas caderas, cola bien parada piernas firmes. Gracias a mis clases de patinaje y natación, mis senos si son algo normal ni grandes ni chicos.

    Mi casa quedaba bastante alejada de mi colegio pues yo vivo en samaria y estudio en un colegio de Dosquebradas un municipio al lado de Pereira, mi ciudad natal, era un viernes 6 de la tarde estábamos en pleno verano yo estaba en mi habitual uniforme de diario camisa tipo polo color beige y un top por debajo de esta, color blanco, falda color azul no muy larga ni muy corta 4 dedos sobre mis rodillas y pues ese día lastimosamente por tanto calor decidí no ponerme short y solo llevaba puestas unas tangas rosadas tipo brasileras.

    Salí del cole como de costumbre a abordar el bus con mis dos amigas Mafe y Pao las cuales tomaban la misma ruta pero vivían mucho más cerca, el bus tardo un poco en llegar casi 6.30 ya empezaba a caer el día. Llego nos subimos, esta vez iba más lleno que de costumbre y nos tocó de pie, aunque no estaba lleno del todo unas cuadras más adelante se empezó llenar mucho más a lo cual el conductor nos pidió que nos fuéramos más para atrás para dar espacio y eso hicimos en medio de nuestra charla y risas.

    Un poco más adelante volvió a parar y esta vez ya demasiado lleno el bus se subió aproximadamente 7 tipos integrantes de una barra llamada Morgan del equipo de la ciudad, los chicos tenían cabello largo, muy mal aspecto y encima olían a marihuana. ¿No sé cómo el chofer los dejo subir? Los hombres subieron haciendo recocha y escandalo pero mis amigas y yo hicimos caso omiso y seguimos hablando entre nosotras. Se fueron corriendo en medio de la gente hasta llegar atrás donde estábamos nosotras y a lo que nos vieron dijeron algo como

    “uyyy nos tocó al lado de las fresitas del colegio “

    Algo que nos hizo reír un poco

    “así si entro a estudiar”

    Dijo uno de ellos mientras nos miraba de arriba abajo y los otros reían, todo iba normal piropos de aquí a allá algo a lo que estamos acostumbradas pero, no prestamos mucha atención. Todo iba normal hasta que a Mafe y a Pao les toco bajarse del bus pues ya habían llegado a su destino y yo quedaba sola, me despedí de ellas y seguí ahí prendida de la baranda lateral y uno de ellos se me acercó y me dijo

    “¿la dejaron solita bebe?”

    A lo que yo solo medio mire y sonreí

    “aaah pero es mudita mira”

    Dijo uno mientras los otros reían y la demás gente parecía indiferente y con algo de incomodidad por la presencia de los tipos.

    De repente uno de ellos dijo en voz suave

    “mucho mejor, así no jode, esta me toca a mí”

    Yo escuche y me puse algo incomoda pero no había forma de moverse, de pronto se fueron posicionando a mi alrededor algo que si me asusto y me hizo pensar que me iban a robar. En ese momento sentí como uno de ellos me tomo por la cintura y me dijo al oído.

    “es mejor que siga así calladita, mudita y vera que llega a su casita bebe”

    Yo me puse pálida y mis piernas empezaron a temblar y más aún cuando uno de los que estaba en frente mío me mostro una navaja, luego sentí que el que me tenía por la cintura puso su mano en mi cola y con la otra tapo mi boca. Yo solo solté lágrimas y cerré mis ojos.

    El tipo luego bajo la mano que tenía sobre mi cola y empezó a levantar mi falda para tocar mis nalgas solo cubiertas por mis tangas. A lo que me dijo

    “uuuff que rico ese culo durito y en tanguitas “

    “bueno pues tontica abra esas patas o la bajamos de acá y nos la culeamos es todos”

    Yo entre en shock y moví mi cabeza a los lados y llore más, cedi y abrí mis piernas para que él se apoderara de mi con sus dedos, empezó a frotarme el clítoris algo que causo que me mojara después metió uno de sus dedos y al notar que estaba lubricada metió su otro dedo y con tono burlón dijo “ya estas listica mamacita hora de que sepas que es lo rico” luego soltó mi boca y sentí como se retiró un poco bajo su cremallera y saco su pene para tomarme de nuevo levantar mi falda, sacar mi tanga de entre mis nalgas correrla a un lado, hacerme agachar un poco con mis piernas abiertas y con su otra mano guiar su Berga, ponérmela en la entrada de mi vagina. Sentí como frotaba la cabeza de su pene en mis labios vaginales algo que me hizo mojar mucho más en medio de mi angustia. Para luego tomarme por la cintura, hacer un poco de presión e írmela metiendo lentamente y hasta el fondo lo que hizo pegara un gemido que no se escuchó por el ruido de la gente y la música del bus.

    “que rica y apretada tienes esa cuquita bebe, si tuviera más tiempo hasta te la chuparía.”

    Sentí como me empezaba a meter y sacar, bombeaba y bombeaba. Yo solo lloraba mientras los demás delincuentes nos tapaban con sus putas banderas. Sentía como con cada embestida me abría más mi casi virgen vagina, luego subió una de sus manos por debajo mi blusa y la llevo hasta mis senos, los cuales empezó a masajear y apretar al ritmo de sus penetradas. Yo sentía dolor, rabia, impotencia y nadie se percató o eso pensaba yo.

    Empezó a quejarse de placer y a decirme cosas sucias y morbosas como:

    -uuffff que rico es culearte fresita, metértelo por esa chochita tan apretadita es todo un placer bebe.

    Mientras aceleraba cada vez más sus penetradas, tanto que tuve que agarrarme con fuerza de las manijas de las sillas para no caerme. El tipo no tenía ni un mínimo de compasión pero, ya en ese momento solo quería que terminara pero no dentro de mí, y como pude le dije.

    – Por favor no se venga dentro de mí se lo suplico.

    Solo siguió dándome sus embestidas, de pronto me apretó con más fuerza ya mis senos estaban maltratados y saco su pene de mi vagina y derramo su semen en mis nalgas dejándolas calientes y llenas de su leche. Me tomo por el cuello y me dijo al oído.

    – No te llene esa cuca de leche porque, te portaste muy bien zorrita de colegio mira como me lo dejaste de escurrido bebe.

    Me volteo me corrió a besar sin éxito, me hizo mirar su pene ya flácido, subió su pantalón lo abrocho. En ese momento paro el auto bus y los tipos se bajaron muy rápido, yo medio alcance a acomodar mi ropa, mis tangas y solo sentía como escurría su semen por mi pierna. Saque una toallita y trate de limpiarme como pude mientras lloraba en silencio.

    Como aun no llegaba y algunos puestos quedaron vacíos, me senté y continúe llorando a un lado de la ventana. De repente sentí cono alguien se sentó a mi lado y con una vos algo grave me dijo.

    – Disculpa niña me percate de lo que te ocurrió, disculpa no haber hecho algo pero, me dio miedo. Es injusto lo que te hicieron.

    Yo mire muy asustada y con mucha vergüenza y note que era un vecino de mi casa, don Julio un hombre ya de unos 50 años viudo, que se la pasaba mirando mucho las chicas del barrio.

    Yo solo lo mire y me eche a llorar, él me puso una mano en mi hombro y me abrazo y en ese momento me dijo al oído.

    – Ya cálmate es injusto lo que te hicieron los perros esos, pero, ya lo vamos a solucionar.

    Yo solo llore en sus brazos.

    Continuará…

  • Una vela de cumpleaños

    Una vela de cumpleaños

    Entré al salón de clases y el profesor tomaba lista, aquí vamos dije, era el curso de Derecho de Obligaciones el curso más aburrido de todos, pero aun así ese día iba a la universidad por un solo fin y se llamaba Cristian, no era el prototipo de hombre guapo carita bonita, era más bien una carita normal, pero recontra macho, alto sin cuerpo de gym, pero espalda ancha y abdomen plano y duro, justo como me gustan.

    Entre y compartimos una sonrisa lujuriosa, no es que este enamorado de él, es más yo tengo enamorada y él tiene la suya, solo que éramos algo más que amigos, más que compañeros de clase, éramos amantes, y los jueves que son los días que me tocaba el curso eran los días donde aprovechábamos para follar en los baños de los últimos pisos del edificio de la biblioteca de la universidad o también en cualquier otro lugar, pero los baños de la biblioteca siempre estaban vacíos.

    Recuerdo que todo empezó como una broma sobre mi cumpleaños.

    Estaba sentado con una amiga en la clase, hablando sobre el trabajo de investigación que íbamos a realizar y cuando lo íbamos a elaborar.

    -Qué tal si lo realizamos el próximo miércoles – me pregunto ella.

    -No puedo sabes que ese día es mi cumpleaños – dije yo riendo.

    -No me importa tu cumple, lo hacemos ese día – dijo ella bromeando.

    -Así que el miércoles es tu cumpleaños, Maximiliano y yo te ponemos las velas – dijo Cristian volteando y riendo.

    Yo no le respondí, solo atine a reírme, pero por dentro me moría de ganas de contestarle que encantado se la soplaría.

    Pasaron los días, llego el día de mi cumpleaños, desgraciadamente tenia clases, y caminando por la facultad me encuentro con Cristian.

    -Feliz cumpleaños – me dice dándome un abrazo.

    -Gracias – le conteste yo.

    -Cuantas velas vas a soplar hoy día – me pregunto haciendo notar el doble sentido.

    -Solo las que tú me ofreciste – respondí yo siguiéndole la corriente.

    -Huy no, esa cuando se prende no se apaga hasta que se derrame toda la cera – respondió riendo.

    -Y si te digo que yo soy bueno haciendo eso – me dejarías soplar la vela.

    -Primero tendrías que pedírmelo, apropiadamente – dijo esta vez serio.

    Mire a mi alrededor y como era de noche no había nadie, lleve mi mano a su paquete que estaba semi erecto, y dije

    -¿serias tan amable de darme tu verga para poder celebrar mi cumpleaños?

    -Ya ves que pidiendo las cosas con propiedad todo es mejor.

    -Ven sígueme – me dijo caminando delante mío.

    -No me digas que lo haremos en aquí en la U – pregunte

    -Si, donde más, además es más excitante no crees – me dijo sonriendo.

    -Bueno coger es como dormir, donde sea es igual de rico – dije guiñando un ojo.

    Llegamos al décimo piso del edificio de la biblioteca, estaba totalmente obscuro, prendimos las linternas de los celulares para poder ver, posteriormente entramos a un baño, como estábamos completamente solos no entramos a ningún cubilo, dejamos los celulares en un lavabo y sin decir más, ya me encontraba de rodillas bajándole el pantalón y su ropa interior a las rodillas de la cual salió una hermosa verga de color trigueña igual que el resto de su piel, con unos huevos enormes y peludos, la olí primero por todos lados, olía excitantemente bien, tenía olor a húmedo pero no olía mal, al contrario me encantaba.

    -Ahora si sopla tu vela de cumpleaños – me dijo el zambo (así le decíamos en clase).

    Me la trague lento y de a pocos, saboreaba cada rincón de aquella sabrosa verga, me no me entraba por completo a la boca, estaba incrustada hasta mi garganta, pero aun así un poco quedaba fuera de mi cavidad bucal.

    -Que pasa, no puedes con mi pequeñez – dijo en tono de ironía.

    -No entrará en mi boca, pero si de un lugar donde podrá entrar – le dije y la volví a chupar.

    Se despojaba de sus prendas mientras se la mamaba, se sacó la camiseta y dejo ver su pecho, y su cuerpo ancho, con una mano sujetando mi cabeza me comenzó a follar la boca bruscamente lo cual me generaban arcadas y con la otra sostenía su polo.

    Me hizo poner de pie, se terminó por sacar toda la ropa y posteriormente me saque la mía.

    Me incline con las manos sosteniéndome en el lavabo, él se colocó detrás de mí, se arrodillo y comenzó a comerme le culo, lo cual lo hacía de maravilla.

    Pasado un rato se puso de pie, y con su pene aun babeante me lo incrusto hasta el fondo.

    -Hijo de puta, eso es atacar a traición – dije quejándome.

    -Lo siento, pero cuando yo no hago el amor, yo follo y cuando follo, follo bien – dijo el besándome mordiéndome el cuello.

    -Entonces cógeme perro – le dije muy excitado tras escuchar sus palabras.

    Me incline mucho más y el con las dos manos en mis hombros me comenzó a bombear muy fuerte, el zambo me metía la verga tan profundamente que parecía querer traspasar mis entrañas, mi pene se balanceaba de arriba abajo al ritmo de sus embestidas, de pronto sonó su teléfono.

    -Es Maximiliano – dije alcanzándole el teléfono.

    -Hola maxi – dijo esta vez bajando la intensidad de las envestidas.

    -A que no sabes con quien estoy dándole su regalo de cumpleaños – dijo el moviendo la pelvis lentamente.

    -Cállate cabron – le dije yo.

    -No te preocupes Maxi es de confianza y también te tienes ganas – dijo.

    -Hazme video llamada – le dijo el zambo.

    Conecto la video llamada y el zambo alargo su brazo para podernos enfocar bien.

    -Hola Jon te veo disfrutando tu regalo de cumple – me dijo maxi por el teléfono.

    -Hola, pues y uno que no le gusta estas cosas – le dije yo girando la cabeza para verlo.

    -Maxi estaba a través de la pantalla desnudo con la verga erecta en su cama.

    -Bueno Maxi te voy a poner a un lado para seguir con lo mío – dijo el zambo.

    -Pero ponme en un ángulo donde pueda ver todo, viejo – dijo maxi.

    El zambo así lo hizo, luego cambiamos de pose y esta vez en modo perrito, el zambo se aferró a mi cintura con las dos manos y me siguió envistiendo muy fuerte otra vez, yo por supuesto jadeaba a más no poder, y un charco de líquido preseminal se formaba en el suelo.

    -Te gusta tu regalo de cumpleaños – me decía Cristian penetrándome fuertemente.

    -Siiii ahhh – decía yo gimiendo.

    Paso el tiempo y Cristian no paraba, sí que tenía mucho aguante pensé yo.

    -Mi novia no es así como tu cabron – dijo el cómo en susurro

    -¿Cómo así? – le pregunte yo volteándolo a mirar.

    -Que ella no se deja coger, así como tú – dijo dándome una nalgada

    -Entonces si te gusta tanto dame más duro perro – le dije yo moviéndome de adelante hacia atrás clavándome yo mismo su verga.

    Hizo caso de inmediato, me comenzó a taladrar con toda la fuerza que tenía, yo disfrutaba al máximo y sudábamos a chorros, podía sentir como su sudor caía en mi espalda.

    -Cabron me vengo donde quieres la leche – dijo apresurando las envestidas.

    -Donde tú quieres, papi

    Y me dio sus últimas envestidas como queriendo meter más verga hasta el fondo, pero ya toda estaba adentro.

    La dejo un rato más metida en mi culo hasta que toda su erección haya bajado, yo en ese tiempo apenas me roce la verga y me corrí en el suelo, bastante semen pensé yo.

    Pasado un tiempo el zambo se separó de mí, me ayudo a ponerme de pie y nos dimos un profundo beso, me arrodille para chuparle la polla con restos de semen que aun tenia y se la deje muy limpia, después de ello fui a un retrete y expulse toda la leche, estaba en eso cuando escucho alguien hablar, era la voz de Maxi que estaba por video llamada.

    -Apoteósico, ni los actores porno igualan esa escena – dijo Maxi riendo.

    -Pare que aprendas que así se coge – dijo el zambo.

    -Que pensara si Laurita descubre eso – dijo Maxi en forma de broma.

    -Lo mismo que diría Carlita si se entera que a su noviecito también le entra estos asuntos – dijo el zambo riendo.

    -Que hubo perros, que paso – dije yo saliendo del retrete.

    -Cuando nos vemos para darte las felicitaciones personalmente – dijo Maxi

    -Cuando quieras Maxi, cuando quieras.

    Terminamos de vestirnos y salimos, él se fue por su lado despidiéndose y diciendo que lo había disfrutado demasiado y me deseo suerte con Maxi.

    -No te molesta que Maxi me haya propuesto tener sexo – pregunte yo.

    -No para nada, no soy tu dueño así que todo fresh, más bien luego me cuentas si es tan bueno como yo y avísame si quieres repetir – dijo guiñándome un ojo.

    **************

    Este relato es como un pequeño calentamiento para introducirme en el mundo de los relatos.

    Publicare uno o dos capítulos de una serie por semana, y uno que otro relato erótico más.

    Gracias por leerme. Por favor escríbanme comentando mi relato [email protected].

  • Regresando a la casa de Martín (Parte 2)

    Regresando a la casa de Martín (Parte 2)

    – ¡Mamá… mamá…! ¿dónde estás?

    Inmediatamente nos sentamos correctamente en el sofá mientras ella se acomodaba la falda cuando bajó Martín nos vio conversando

    – ¡Hijo acá estoy tu amigo Miguel que vino a verte y te ha traído los apuntes de la clase de hoy!

    Se alegró al verme en su casa y nos abrazados y les preguntó cómo está, me dice que mucho mejor su madre se fue a la cocina y volvió con dos vasos de limonada para mi helada imagino para bajar el calor corporal que aún tenía y para Martín sin helar.

    Habremos conversado una hora cuando veo que bostezaba recién hacía efecto la pastilla que le había dado su madre ahí le digo que vaya a descansar que yo volvería otra vez para conversar hago como si me fuera a mi casa él se despide y subió a su dormitorio

    Nelly va a ver como estaba su hijo mientras tanto yo la esperaba en la cocina demoró como una hora en bajar, yo estaba ya bastante nervioso por la espera.

    Cuando Nelly bajó del dormitorio de su hijo me dijo que ya estaba durmiendo ahora sí, ella estaba algo nerviosa porque por un poco casi nos sorprende Martín ahí si se venía un problema bien grande para los dos, así que tenía que actuar rápido antes que ya no quiera continuar con los que estaba haciendo.

    – ¡Mira como estoy aún!… No puedes dejarme así ahora.

    Y me bajé el pantalón y le enseño como tenía la verga bien dura, entendió rápido y se arrodilló metiendo él falo en su boca su lengua recorría todo el glande al inicio y fue bajando por el falo y besaba mis testículos y su mano derecha la tenía en su sexo se estaba masturbando al mismo tiempo que se tragaba toda mi verga.

    – ¡Ahh qué rico Nelly así… así, chúpalo así, esta pinga es tuya… ahh!

    Eso pareció que la motivo más porque aumentó la rapidez del mete y saca en su boca de la pinga creí que todo terminaría eyaculando en su boca nuevamente me equivocaba con ella porque sola se acomodó sobre la mesa que había en la cocina y se levanta la falda dejando a mi disposición otra vez su culazo.

    Dirigí el falo duro entre sus nalgotas y buscó la entrada de su sexo que estaba bien lubricada a causa de su autoestimulacion realizada antes y la voy penetrando muy lentamente se sentía bien rico estaba bien apretadito y caliente su chucha debido al tiempo que no recibió una verga…

    – ¡Aggg papito siii metelo toditooo!

    Obedecí a su deseo y se lo metí todo hasta que mis testículos chocaron con su cuerpo, sus gemidos eran seguidos pero a baja voz por temor a su hijo que dormía en la planta superior de su casa, era mi debut penetrando a mi primera mujer y lo cumplía gracias a la señora Nelly…

    – ¡Ahh… siii que apretada esta tu chucha ricooo ahhh!

    Ella movía la cintura con movimientos rápidos como si fuera una licuadora humana la chucha bien jugosa al tener una verga dentro, estaba completamente fuera de sí la falta de actividad sexual todos estos años la tenía bien arrecha.

    – ¡Ayyy… ayyyy ya había olvidado lo rico que se siente ayyy!

    Las nalgotas saltaban a cada movimiento de sus anchas caderas dejé que fuera ella quién manejé el ritmo de la penetración por ahora y lo estaba disfrutando mucho, hubiera querido que el tiempo se detuviera mucho más y poder seguir gozando de una mujer de 42 años muy necesitada de sexo.

    -¡Aggg… Meee vengooo…!

    – ¡Siii déjame toda tu lechecita… ayyyy… que ricooo!

    Casi terminamos simultáneamente llegar al clímax del sexo, sujeto firme sus caderas y meto hasta el fondo de su vagina la verga que soltó bastante semen hasta la matriz.

    – ¡Ayyy… Miguel que ricooo!

    No me despegue de la señora hasta que deje todo mi semen dentro de ella e hice algo que siempre quise le di dos palmadas a cada nalga que inmediatamente se pusieron rojas.

    – ¡Ay no seas brusco Miguel!

    (Continuará…)

  • Mi primera vez con una trans (Primera parte)

    Mi primera vez con una trans (Primera parte)

    Mi primera relación con una trans, surgió debido a que como todos ustedes saben, mi primer amor y mentor sexual fue mi primo, F. También saben que a los 24 años, me casé, y lo estoy hasta el día de hoy. Pero hay algo que no puedo negar, y es que realmente hubo muchos momentos, pero muchos, que me sentí absolutamente homosexual. Gracias, por supuesto a mi primo, que demás está decir que no le culpo por eso, porque su seducción para poder lograr penetrarme por boca primero y mi culito después, me encantó. Lo deseaba al igual que él a mí. Lo amaba al igual que él a mí. Y aún lo sigo deseando y amando.

    Pero bueno, me estoy yendo del tema sobre mi primera relación sexual con una trans.

    Ya habían pasado varios años de casado, y el contacto con mi primo, se hizo nulo, ya que como es sabido, él también se casó y no él no quería seguir con lo nuestro. Debido a esto, más los sueños sexuales con él, que tenía prácticamente todas las semanas, me llevó a cada día que pasaba, mi mente pensaba cómo podía hacer para poder estar con un hombre. Pues a fuerza de ser sincero, yo tampoco, en esos momentos, quería «salir» con otro hombre que no fuera mi primo. No sé si era fidelidad a él o simplemente, miedo de aceptar que era puto (como decíamos en esa época, a los homosexuales que luego pasamos a ser llamados gay. Como ven en estos momentos a pesar de seguir casado, me siento y acepto que soy gay, antes que nada).

    Retomando el tema, una noche que tenía reunión por el trabajo, iba en el auto, e iba por una avenida donde en casi todas las esquinas (en aquellos tiempos), había «yiras», mujeres que ejercían la prostitución. Pero llegó un momento, que una parte de esa avenida fue «invadida» por yiras, pero que éstas eran trans. La verdad, había cada trans hermosísimas y con unos cuerpos esculturales que les puedo asegurar, que eran la envida de muchas de las yiras mujeres y del resto de las mujeres de la «sociedad». Pues bien, iba en el auto y de golpe se me vino a la mente, el sueño con mi primo que había tenido la noche anterior. Y me fui «calentando» de a poquito, hasta que estaba sumamente «caliente». En eso veo, en una de las esquinas a una yira, aminoré la marcha la miré, era preciosa, ella también miró al auto, pero seguí de largo. Mi cabeza se revoloteó y ganó mi pene a mi mente, llegué a la siguiente esquina, doblé a la derecha, en la siguiente nuevamente a la derecha, y en la siguiente también doblé a la derecha. Finalmente, llegué a la esquina donde estaba ella, bajo el vidrio del acompañante y la llamo. Se acerca a la puerta y me dijo:

    «Hola lindo»

    «¿Cuánto cobrás?», le pregunté.

    «A vos $300 por una chupada y una acabada en el auto, y $500 si vamos a un mueble y también por una acabada.», me respondió.

    Lo pensé, verifiqué el tiempo que podía tener libre antes de llegar a mi casa, y le respondí, «Una chupada en el auto entonces», porque me vino ese «miedo» de acostarme con alguien que también tenía pene y NO era MI PRIMO.

    Abrió la puerta del auto, se sentó, cerró la puerta, me miró y me dijo: «Qué lindo que sos», – y puso su mano izquierda sobre mi muslo derecho – «seguí derecho tres cuadras y luego doblá a la izquierda que hay un lugar bastante oscuro para que no nos vean.»

    Seguí sus indicaciones, y llegué a una cuadra que estaba completamente sin luz. Durante todo el trayecto hasta dicho lugar, su mano izquierda recorría todo mi muslo y la pasaba por sobre mi pene y testículos. Una y otra vez.

    Al parar donde me dijo, yo ya estaba con mi pene latiendo a mil y con una erección «de aquellas»-

    «Guau, mi amor, ¡cómo está tu pija! No te enojes, pero primero pagame. No quiero tener problemas después» – me dijo.

    De inmediato le pagué, lo guardó en su cartera que la puso debajo de su asiento y se me acercó, poniendo estaba vez su mano derecha sobre mi endurecido y caliente pene. Acercó su cara a la mía, pero yo seguía mirando hacia adelante.

    «¿Me tenés miedo», dijo.

    «No. ¿Por qué te tendría que tener miedo?»

    «No sé, te noto muy tenso, como con miedo. ¿Es la primera vez que levantás a una travesti?»

    «La verdad que sí»

    «Quedate tranquilo. Aflojate. Dejate llevar. No te voy a hacer nada.»

    Y entonces empezó a bajarme el cierre del pantalón, metió su mano por debajo del bóxer, y agarró mi pene para sacarlo para afuera de la bragueta. Y empezó a chupármelo. Con la mano quería agarrarme los testículos, pero claro, no podía agarrarlos bien, por lo que le pregunté si no quería que me bajara un poco el pantalón, a lo que me respondió afirmativamente moviendo la cabeza y sin dejarme de chuparme la pija. Como vi que no dejaba de chuparla, empecé a aflojarme el cinturón, luego el botón del pantalón y le dije que dejara de chuparla porque ya podía bajar un poco el pantalón. Entonces dejó de chuparla.

    Levanto un poco la cola del asiento y me bajo el pantalón dejando la cintura de éste sobre mis rodillas.

    «El bóxer también bajalo un poquito más», me dijo.

    Lo que hice quedando sentado sobre el asiento con mi cola desnuda contra el asiento. Bajó su cabeza nuevamente y se metió mi pija en la boca, muy pero muy despacio, y gimiendo. Mientras, con su mano derecha, agarraba parte de mi tronco y acariciaba mis testículos. Me lamía el tronco de mi pija, y se puso los testículos en la boca pasándoles la lengua por alrededor de ambos. Debido a esta chupada de mis testículos, levanté un poco mi cadera, con lo que ella aprovechó para bajar su mano derecha y llegar a tocar mi raja del culo, para empezar a jugar con su dedo mayor por alrededor de mi ano, mientras no dejaba de chupar. Pero fue TOCAR mi ano con su dedo, que no llegó a un segundo que le disparé toda mi leche, movió negativamente la cabeza y se tragó toda la que salió en cada uno de los 4 «estertores» que tuve lanzando leche.

    Una vez que se la tragó, y me acariciaba pija, testículos y nalgas, me dijo:

    «¡Ay! ¡Qué rápido que acabaste mi amor! No tuvimos tiempo de mucho.»

    «Tenés razón… Me enloqueciste. Me encantó. Todo lo que me hiciste. ¿Estás siempre en esta misma esquina?», le respondí, mientras me iba subiendo el bóxer y el pantalón.

    «Si, mi amor. ¿Por qué?», me preguntó como si no lo supiera.

    «Porque así paso otra vez pero para ir a un mueble, porque verdaderamente me encantó lo que me hiciste.», y luego de decir acerqué mis labios a los suyos, y los besé, sorprendiéndola.

    «Si vas a venir, si podés, hacelo a eso de las 20:30 que yo llego a esa hora a la esquina. Así sos el primero, y podemos estar un tiempito más juntos. ¿Te parece?», me dijo.

    «Quedamos en eso. En cuanto pueda, vengo a las 20:30. Te aseguro que vengo a buscarte.

    Dicho todo esto, la llevé nuevamente a «su» esquina, nos despedimos, pero antes de bajar apoyó su mano izquierda sobre mi muslo derecho, me miró fijamente a los ojos, y me dijo: «Te espero, mi amor»

    Y así fue la PRIMERA vez que salí con Sylvia… salimos un par de veces más.

  • La deseada amiga de mi madre

    La deseada amiga de mi madre

    Lo que voy a relatarles es una experiencia increíble que ocurrió cuando cursaba mi último año de secundaria, es decir, a mis 18 años.

    Por aquel entonces yo era un estudiante normal, de una familia normal, de un colegio absolutamente común.

    Además jugaba rugby y mi cuerpo ya había adquirido formas esbeltas definitivas. No tenía dramas con las mujeres, que es lo mismo que decir que tenía las que deseaba.

    Con todo esto se imaginarán que mi vida transcurría sin sobresaltos y con alegría.

    Por aquellas épocas, frecuentaba mi casa una colega de mi madre (ambas son enfermeras) cuyo nombre era Alicia.

    Alicia era una belleza espléndida. Tenía 29 años (era significativamente menor que mi madre), medía 1,70 metros pero con las sandalias de tacón que usaba aumentaba unos 5 vitales centímetros más que la ponían a la altura de mi metro noventa…

    De cuerpo muy esbelto, nalgas como rocas, piernas hechas a mano, senos que sin ser gigantes eran magníficos y bien paraditos.

    Su pelo negro era lacio y caía hasta sus hombros por la espalda y llevaba flequillo sobre su cara, de manera de no ocultar unos ojos negros que bien maquillados derretían aquello donde se posaban.

    Y encima de eso, vestía minis súper cortas o pantalones muy ajustados.

    Todo rematado por el atractivo hecho de que era separada y que cada vez que presentaba un novio ocasional estos eran cada vez más patéticos. Nada que a mis ojos esa mujer mereciera.

    No voy a mentir tratando de disimular que Alicia me ponía a cien. Yo creo que ella lo sospechaba porque su trato hacia mí era excesivamente meloso, como si estuviera calentándome todo el tiempo apropósito.

    Tampoco negaré su éxito. Podría decirles que cientos de veces fue el objeto más preciado de mis pajas.

    Pero de ahí a lograr superar las barreras que me separaban de ella había una distancia inaudita que no se me ocurría vulnerar.

    ¿Cómo la hubiera encarado? Tal vez durante alguna visita a casa, en algún rincón fuera de las vistas y de frente a lo kamikaze. Pero el riesgo de encontrar una reacción histérica era grande. Me hubiese visto como un enfermo.

    O tal vez llegar a su cada sin aviso y por cualquier motivo, y tratar de seducirla. Pero seguramente mis técnicas de seducción serían a su criterio harto primitivas y graciosas, es decir un papelón.

    Ante esa situación, lo mejor era asumir mi lejanía y aporrear mi polla en soledad.

    Sin embargo, un día, todo iba a cambiar.

    Ocurre que en mi país los 21 de setiembre (día de primavera) son festejados por todos los estudiantes con un picnic y asueto escolar.

    Ese año, habíamos decidido con mis compañeros de clase, pasar el día en una quinta propiedad de uno de ellos y aprovechar en la piscina una ola de calor que singularmente azotaba la zona.

    Como todos éramos varones, alguien propuso que compartiéramos la fiesta con las novias ocasionales y todos estuvieron de acuerdo.

    Esto último era para mí un problema. En ese momento no tenía novia y no conseguiría una tan rápido como para cumplir con la idea, por lo que iría solo al

    Picnic y me aburriría un horror.

    No sé qué fue lo que me hizo contar esto en mi casa en un momento en que Alicia estaba presente. Y lo que ella sugirió naturalmente a mí me heló la sangre.

    Ella dijo:

    «¿Querés que yo te acompañe y fingimos que soy tu novia?»

    Al oírla yo traté de no desplomarme en mi asiento, y rápidamente contesté.

    «Gracias Alicia, pero me parece que aunque sos muy joven la diferencia de edad es insalvable como para hacerte pasar por mi novia. Simplemente nadie lo creerá».

    Pero ella no se rindió.

    «Si, eso está claro. Pero creo que sí puedo ser un «levante ocasional» y eso te haría presumir frente a tus amigos.»

    Bueno. Ante esa insistencia fue suficiente. Era obvio que ella quería prestarse al juego y era una boludez de mi parte negarme a comer el maná de los dioses.

    Así que acepté. Inmediatamente arreglamos que la pasaría a buscar en el auto a media mañana para llegar a tiempo de disfrutar la preparación del asado y la piscina desde temprano.

    Cuando llegó el día y la vi subir a mi auto, supe que sería un duro día.

    Ella llevaba un vestido corto y ligero, que dejaba transparentar una minúscula tanguita de baño.

    Además llevaba un bolso con ropa de recambio porque tal vez se prolongaba el picnic con una fiesta nocturna.

    Todo el viaje lo pasé mirándola cruzar y descruzar las piernas y escuchando las ganas que tenía de divertirse con la mascarada.

    Cuando llegamos, antes de tocar la puerta yo pasé mi brazo por la cintura de Alicia que no solo no se resistió, sino que me sonrió cómplice aprobando la iniciativa.

    De más está decir que solo al entrar me convertí en el ídolo de todos los varones presentes y en el objeto de deseo de sus novias que no alcanzaban a explicarse que era «aquello» que yo debía esconder para poder florearme con semejante muñeca.

    El parque del lugar era muy amplio, así que con Alicia elegimos un lugar para dejar nuestras cosas y tomamos un par de reposeras para solearnos.

    Ella sacó su vestido y creo que, si bien solo puedo dar fe de la mía, 20 pollas sintieron simultáneamente que varios miles de voltios las atravesaban.

    Andrea estaba recontramil buena.

    Luego se sentó a mi lado, y comenzó su baño de sol.

    Luego de la novedad, el día siguió su curso entre juegos, música, piscina y bebida.

    Después del almuerzo, cada uno tomó su novia y se distribuyeron por el parque para retozar.

    Yo tomé una botella de champagne y con Alicia de la cintura la conduje a nuestro lugar.

    Mientras caminábamos mi empalme iba en aumento. Ella estaba ya algo bebida y eso la hacía más dócil.

    Nos sentamos y me alargó su pomo de loción bronceadora para que la untara mientras sorbía su milésima copa de cava.

    Yo empecé a untarla con suavidad en la espalda, como si fuera un masaje relajador.

    Nadie me prestaba atención. Todos estaban en sus cosas.

    Al llegar a sus nalgas me entretuve probando cerca de su rajita y Andrea nada me dijo.

    Entonces fui más audaz y pasé un dedo por debajo de su tanguita, casi tocando su raja.

    Estaba mojada. Yo me sorprendí y ella debió darse cuenta porque me dijo sin moverse de su posición: «¿Te sorprende?».

    Yo me acerqué a su oído y en una demostración de valor insensato le dije suavemente «Te deseo».

    Ella se dio vuelta en la reposera, quedando sus labios muy cerca de los míos y cuando iba a responder algo, la besé suavemente sin que se resistiera.

    Al contrario. Abrió su boca y me entregó su lengua para que yo la buscara con la mía.

    El resto de la tarde lo pasamos besándonos y con mis manos acariciando con discreción todo su cuerpo.

    Pero lo mejor fue a la noche cuando empezó la fiesta.

    Alicia salió cambiada del vestuario vestida de una forma que para mí solo era un claro mensaje «Quiero que me des polla».

    Un vestido muy ligero y corto, maquillada para el infarto y sandalias de tacón negras.

    No necesitamos agregar más champagne a nuestra calentura.

    Silenciosamente nos apartamos de la juerga hasta la parte alta de la casa y nos encerramos en un dormitorio.

    Tan solo al cerrar la puerta se arrodilló ante mí y empezó a mamar mi polla.

    «Ahora vamos a jugar a otra cosa», me dijo. «Ahora no soy más tu novia. Soy tu putita».

    No tienen idea de los polvos que Alicia recibió esa noche.

    La follé vestida y desnuda. De pie y acostada. Acabé en su boca, en su raja y en su culo.

    Ella me confesaba su amor desde el primer día que me vio. Me contaba las pajas que yo le había inspirado. Sus miedos a confesarme todo. Su impotencia por mi temor a sincerarme.

    Yo estaba embelesado. A partir de esa noche comencé a cogerla regularmente. Como vivía cerca del colegio la follaba rápido antes de entrar a clase, la follaba luego de clases y la follaba por la tarde, ya con más tiempo.

    Luego ingresé a la facultad y comencé a llevarla como mi novia a todas partes.

    Años más tarde, en una noche de mambo etílico, le propuse matrimonio, pero ella lo rechazó:

    «Recuerda que No soy tu novia. Soy tu putita».

    Así que hoy, a 20 años de aquel picnic, y a pesar de que yo me he casado y tengo hijos, me la sigo cogiendo como mi amante.

  • Era caprichosa, mimosa y traviesa (Parte 2)

    Era caprichosa, mimosa y traviesa (Parte 2)

    Sor Patricia y sor María besaban a Mery y se besaban entre ellas. Parecían zorras en celo. Sus coños estaban empapados, pero sor Patricia aún controlaba.

    -¿Nos puede dar el cheque, señorita?

    Mery, le dijo:

    -Ya me cortaste el rollo, Patricia.

    Sor María, no tenía prisa ninguna por cobrar.

    -Tiempo habrá para cobrar, hermana, tiempo habrá para cobrar. Ahora gocemos que no nos vamos a ver en otra como esta en todas nuestras vidas.

    Sor Patricia, le dijo:

    -¿Ya no teme que estas sean cosas del diablo hermana?

    -Si fuesen cosas del diablo habría algún rabo por el medio, y rabo, rabo no hay.

    -Es cierto el dicho popular, hermana.

    -¿Qué dicho?

    -Que de monja a puta se pasa en cinco minutos.

    Mery ya se enfriara. Se levantó de la cama, cogió en un cajón el talonario de cheques y un bolígrafo, se sentó en un butacón que había enfrente de la cómoda y les preguntó:

    -¿Los cheques los queréis al portador o a vuestros nombre?

    Le respondió sor Patricia:

    -A nombre de la madre superiora.

    -Entiendo. Los queréis al portador.

    -No, un cheque solo, y a nombre de la madre superiora del convento.

    Mery no se lo acababa de creer.

    -¡¿Sois monjas de verdad?!

    -Novicias, yo soy sor Patricia y ella es sor María.

    -¡Hoooostiaaaas! ¡Me estoy tirando a dos monjas!

    Sor María, le preguntó:

    -¿Algún problema?

    -No. ¡Vaya morbazo! Volveos a poner eso que lleváis las monjas en la cabeza.

    -Las tocas.

    -Eso.

    Las monjas bajaron de la cama, fueron a la sala, se pusieron las tocas y volvieron a subirse a ella.

    Mery, después de hacer el cheque al nombre que le dieron, le preguntó a sor María:

    -¿Te apetece un masaje erótico, María?

    -¿Hará que me vuelva a correr?

    -Claro, para eso es.

    -Ya me tarda.

    Poco más tarde…

    Mery, a los pies de sor María, le echó aceite en las dos tetas, unas tetas puntiagudas, con grandes areolas rosadas y pezones como guisantes. Sor Patricia, arrodillada junto a la cabeza de sor María, con las dos manos, muy despacito, masajeó una teta y después la otra, para acto seguido masajear cada teta con una mano. Mery besó a sor Patricia y le masajeo las tetas, que eran unas tetas redondas, con pequeños pezones y pequeñas areolas. Después le echó a sor María aceite en el vientre y masajeó vientre y costillas. Sor María comenzó a gemir. Sor Patricia la besó sin dejar de masajear sus tetas. Mery abrió las piernas de sor María y derramó aceite en los labios mayores y menores del coño abierto y mojado. Masajeando los labios mayores, le dijo a sor Patricia.

    -Ponle el chocho en la boca, Patricia.

    Sor Patricia le puso el coño en la boca a sor María. Sor María sacó la lengua. Sor Patricia frotó el coño contra ella… Al ratito, sintiendo que se iba a correr, le preguntó:

    -¿Me deja que me corra en su boca, hermana?

    -Corra, hermana corra, corra que quiero conocer el sabor del pecado.

    Sor Patricia, temblando con el placer, jadeando, y apretando las tetas de sor María, se corrió torrencialmente en su boca. Mery, al ver el torrente que salía del coño de sor Patricia y como sor María tragaba con lujuria, notó como su coño y su ojete se abrían y se cerraba, y como el coño dejaba caer gotitas de jugo sobre la cama.

    Cuando sor Patricia acabó de correrse, Mery hizo un 69 con sor María. Estaban tan calientes, que un par de minutos más tarde, temblando Mery, sacudiéndose sor María y gimiendo las dos, se corrieron y bebieron una de la otra.

    Al acabar de correrse, hablando de cosas intrascendentes, cogieron el cheque, se vistieron y volvieron al convento.

    Ya eran las once de la noche cuando volvió Félix de Roma.

    -¿Hay alguien en casa?

    Le respondió Mery desde su habitación.

    -¡Ven papá que tengo una sorpresa para ti!

    Félix fue a la habitación de su hija. Abrió la puerta y desde el umbral vio la habitación iluminada por cuatro velas aromáticas y a su hija en medio de la habitación. Vestía una minifalda roja y un top blanco, llevaba unas medias rojas y unos zapatos rojos de tacón de aguja, que la hacían aún más alta de lo que era. Félix, le dijo:

    -Buenas noches, hija. Hoy no estoy para tus juegos.

    -¡Qué pena! Te quería hacer un baile de agradecimiento. Gracias a ti hoy me tiré a dos vírgenes.

    -Gracias a mí, no.

    -Sí, pensé que me las mandabas tú y me tiré a dos monjas, novicias para ser más exacta. Les tuve que pagar 18.000 euros, pero valió la pena.

    Mery estaba sisando a su padre. Era falsa para todo. Félix no la creía.

    -Estás de coña.

    -Ni de coña ni de coñá. La cosa fue de coños. Me tienes que devolver el dinero. Si ya no quieres mi chochito, es cosa tuya.

    -No, no lo quiero. Nunca lo quise. Mañana, si lo confirmo, te hago una transferencia… ¿A qué vinieron las mojas al pazo?

    -A vender pasteles.

    Félix, creyó a su hija. Le picó el gusanillo de la curiosidad.

    -¿Estaban buenas las novicias?

    -¡Buenísimas! Rubias, guapas, con bellos cuerpos… Y siguen siendo vírgenes. No me extrañaría que volvieran por aquí. ¿Siendo creyente te follarás a una monja?

    -A una, no, me follaría a las dos

    -¿Y podrías con ellas?

    -Y más que me echaran, muñequita.

    -¿Bueno, qué? ¿Me miras mientras bailo?

    -Estoy muy cansado.

    Volvió la mimosa poniendo morritos.

    -¡Joooo! Con lo que me costó escoger las canciones y ensayar el baile. Mírame un poquito, por fa.

    -Vale, pero sólo un poquito.

    Una sonrisa iluminó el bello rostro de Mery.

    -Siéntate en la cama.

    Félix, entró en la habitación y se sentó en el borde de la cama. Mery puso la música en el aparato. Eran tres canciones de Shakira: Ciega Sordomuda, Loca y Loba.

    Mery, comenzó a bailar moviendo el cuerpo sensualmente. Se acercó a su padre, cerró los ojos, movió las caderas cadenciosamente y le pasó los dedos entre el cabello. A Félix lo empezó a embriagar el perfume Coco Noir de Chanel. Cuando su hija, con las piernas abiertas, se balanceó de un lado al otro, muy lentamente, la tensión sexual se palpó en el aire. Meri, descendió bailando, acarició con sus manos el cuello de su padre, el pecho, su trasero, su paquete, y balanceándose se volvió a levantar. Acercó sus labios a los de su padre. Cuando Félix la quiso besar, retiro su boca. Se empezó a quitar el Top. Se subió las copas del sujetador rojo y dejó las tetas con los pezones al descubierto. Se quitó la minifalda. Llevaba puesta un lencería fina de color rojo. Moviéndose de lado a lado, se dio la vuelta y bajó un poco las bragas hasta de dejar la raja del culo al descubierto. Se sentó en las rodillas de su padre y restregó su culo contra la polla, que ya estaba dura como un hierro. Después se levantó, se quitó el top, el sostén y las bragas. Se puso a cuatro patas y gateando y moviendo sensualmente el culo, fue junto a su padre. Sus manos se posaron en sus rodillas y su boca mordió la polla por encima del pantalón… Se la quitó mojadita, se la meneó, se la llevó a la boca, la lamió, y cuando Félix pensó que se la iba a chupar, se levantó, y de nuevo moviéndose de un lado al otro le puso en la boca el coño peludo y mojado. Félix le pasó la lengua por los labios, una, dos, tres, cuatro, cinco veces. Mery se separó de su padre, después lo empujó sobre la cama. Félix, se echó a lo largo de la cama, vestido y con los zapatos puestos. Mery subió encima de él. Sin parar de moverse sensualmente, le dio las tetas a mamar largo rato. Después pasó la punta de la polla por el ojete, y le preguntó a su padre:

    -¿Meto papá?

    -Mete, cariño.

    Mery, empujó con el culo y metió la puntita en el ojete. La quitó. Acarició con ella su coño empapado, y le volvió a preguntar:

    -¿Meto en el chochito, papá?

    -Mete, muñequita, mete.

    Mery, metió la cabeza. Félix, creyó que la iba a sacar, pero su hija la metió hasta el fondo. Félix, como un jovencito eyaculador precoz, le dijo:

    -Me voy a correr, muñequita.

    Mery, besó a su padre, y le dijo:

    -Lo sé, papá. Córrete.

    -¿Tomas precauciones, muñequita?

    -Sí, puedes llenarme el chochito de leche.

    -Córrete conmigo. Siento que estás a punto

    -Estoy, pero quiero ver tu cara cuando te corras dentro de mí.

    Felíx, besó a su hija, acto seguido le agarró el culo, la apretó contra él y le dio canela fina. Mery no pudo ver la cara de su padre cuando se corrió, ya que se corrió ella unos segundos antes que él, y sus ojos se quedaron en blanco.

    Fue una noche larga, muy larga.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.