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  • La relación con mi vecina

    La relación con mi vecina

    Que el aburrimiento da mucho de sí para quienes encuentran en la vida ideas sobre explicaciones es cierto, y que aquello de que la ociosidad es la madre de todos los vicios es algo que un cura ideó en un convento podría ser más cierto.

    Me aburría como un cuentamoscas una tarde de agosto, en realidad todo agosto del año pasado lo recuerdo así de no ser por mi redentora vecina. Una joven de aspecto defraudado ocupó el apartamento 3 bis que quedaba por encima de mis narices, nos cruzamos un día por el antiguo ascensor mientras portaba algunas cajas con algunos amigos servidores de los que toda mujer hermosa posee en su colección como quien posee sherpas en Nepal y tiene los medios para pagarlos.

    Tendría veintitantos, no más de veinticinco, y yo bien entrado en los treinta aun recordaba que aunque pocas algunas de aquellas tetas marcadas en camisetas que vendían cosas existían, ¡que mejor publicidad!

    ”Mac Donalds, Mac Menu Big Mac 3 x1” Decididamente la comida basura de Mac Donalds me interesó por primera vez anunciada tras dos erguidos pezones.

    Ese fue nuestro primer encuentro, yo vociferaba enfadado porque alguien había dejado la puerta del ascensor demasiado tiempo abierta y el dialogo más o menos creo recordar que fue así:

    (Yo gritando por el hueco del ascensor a las dos del mediodía)

    -¡Quieren cerrar la puerta de una puta vez!, ¡Cojones que aquí también vivimos otros!

    Ni ella ni sus imberbes amigos replicaron, apenas pude oír un murmullo de algún mascachicles de estos que decía ”Pasa tía, será el amargado de turno”, y a ella responder entre risas ”Pues que bien, vaya bienvenida ¿verdad?”.

    La puerta del ascensor se abrió al rato y apareció mi vecina con su camiseta, diosa, dueña y señora de la situación o al menos eso pensaba ella acostumbradísima en la vida a lograr reverencias tras esas dos tetas. Una sonrisa para comérsela allí mismo y dos idiotas cargados de cajas era la estampa de mi espera.

    Pensé ”Si te crees que soy el vecinito tipo que por tus ricas tetas soportará todo lo soportable del vecino de arriba vas lista” y le obsequié con un mueca de estas que más que expresiones son un enorme grafiti que dice ”Idiota”.

    En las semanas que siguieron septiembre ocupó el calendario pero aún vivía entre nosotros agosto con su insoportable calor, y la relación con mi vecina era más que defectuosa, apenas nos dirigíamos la palabra las raras veces que nos cruzábamos en el pasillo y día tras día sospechaba del error de mis reflexiones y ocurrencias para con los nuevos vecinos.

    Mi vecina había aprendido fielmente mi repertorio de muecas y me devolvía otras de su propia cosecha del estilo ”barre un desierto”, ”que alegría de día, apareció el tranvía”, etc., etc., etc. ”Adiós al intento de comerme un buen par de tetas” era lo único que podía pensar con aquella cara. Los días que siguieron mi error se convirtió en una reflexión constante para terminar convertido en una obsesión, especialmente cuando algunas noches la ligera brisa abría el visillo de la ventana de su dormitorio y casi la podía ver desnudándose antes de dormir.

    Mi apartamento tenía una doble ventana, un pequeño truco que me permitió un día sorprenderla intentando fisgar mis ventanas. Escondida y segura tras sus cortinas quedó un rato buscándome con sus vivos ojos, aquella zorrita me la ponía súper tiesa y sin saber cómo ni porque la sola idea de que quisiera fisgarme me sacó una erección bestial, no me lo pensé y ocupé rápidamente el hueco que ella miraba, simulé no sentirme observado y me tumbé sobre la cama.

    Abrí la mesita de noche y comencé a releer algún ejemplar antiguo de Penthouse. Temía mirar hacia arriba, cualquier error podría estropearlo todo, pero ”¿Cómo saber si realmente me estaba mirando?”. La chispa acudió rápidamente a mi ingenio, recordé la vieja cámara de video y con todas las prisas del mundo la coloqué en la pequeña abertura de la doble ventana de la cocina, enfocando hacia ella, aún estaba allí, con gesto contrariado.

    Regresé a mi escenario, como el actor ante la obra de su vida, y simulando cambiarme de ropa abrí un poco más la ventana mirando hacia abajo. Quedé desnudo sobre la cama con aquellas revistas y mi pene tan duro tan duro que parecía llamarla a gritos.

    Comencé a hacerme rápidamente una paja, sin preámbulos, moviéndome la polla de manera firme y dura, solo paré para cerciorarme de que aún estaba aquella zorrita mirándome. Así que regresé a la cocina y rebobinando la cinta por el visor comprobé como estaba allá, mordiendo sus labios, acariciando sus tetas, chupándomela con deseo tras la ventana, y como también cuando me acerqué a la ventana de manera asustada se echó hacia atrás.

    Tenía que jugarme el todo por el todo, por fin sabría si realmente mi vecina era digna de tener aquel par de tetas o por contra la naturaleza había desperdiciado aquellos dones en una pobre y simple estupidita. Si era tonta no ocurriría nada distinto de perderme aquel morbo si me lanzaba, si sabía realmente lo que quería en la vida todo estaría hecho.

    Mi vecina miraba y miraba la forma en que me pajeaba cuando coloqué sobre mi cama una enorme cartulina que decía:

    ”Me gustas, quiero que me la chupes… ¿qué dices? ¿Te animas?… anda, baja… ¿si? Hemos empezado mal así que es hora de ser buenos vecinos”.

    Después miré hacia arriba y saludé con la mano mientras sin pudor alguno le mostraba mi gruesa polla, desapareció rápidamente y solo un portazo se pudo oír tras la ventana. Algunos minutos después llamaba a mi puerta.

    -¿Estas vestido?…

    -Sí, por favor, pasa.

    Solo una ligera bata me cubría y aun dejaba entrever mi erección, la verdad es que me sorprendió su discurso:

    -Mira tío, no sé de qué vas, pero conmigo vas listo, te has pasado mogollón, eres un baboso de primera. ¿Qué mierda te crees? ¿Acaso pensabas que no tendría ovarios para decirte en tu cara lo sucio que eres? He bajado para darte una patada en esos huevos de marica que tienes y llamar a la policía, ¿Sabes que es un delito lo que estás haciendo?

    Aquella zorrita seguía y seguía, así que cerrando la puerta la hice pasar con mi dedo al salón.

    -¿Si?, ¿Delito de estar salido?… Ven al salón por favor… quiero que veas esto…

    De forma callada puse la cinta en la televisión… quedó muda, solo dije:

    -¿Quién espía a quién?

    Su expresión había cambiado, su gesto estaba lívido. De manera cómoda y resuelta había situado los pies sobre mi sofá. Mirándome con gesto duro casi en murmullo dijo mientras abría las piernas desde sus jeans:

    -Eres un zorro, fóllame.

    Me quedé pensando, mirando por la ventana, repliqué mientras señalaba el sitio aquel como quien señala un metro cuadrado.

    -No, chúpamela, ven tú aquí.

    Pareció no inmutarse, de un gesto visto y no visto que ni en la mejor paja podría haber imaginado mandó su camiseta al suelo dejando sus dos enormes y preciosas tetas ante mí. Hizo un escorzo con su espalda en el sofá abriendo su cremallera, bajo su pantalón y quedó de pie sobre el sofá…

    -Eres un mierda, me vas a comer el coño ahora mismo, tienes un pedazo de polla que no te la mereces. Óyeme bien estúpido, porque solo lo voy a repetir una vez. Vas a quitarte esa bata de marica que tienes y vas a venir aquí, bajaras mis bragas con tu puta lengua y me comerás la raja. ¿Comprendes?

    Tenía que reconocerlo, en la vida, en la realidad nunca había visto un par de peras como aquellas. No era el tamaño, era la forma, precisamente de eso, de peras, con unos pezones oscuros y erguidos que chillaban que de verdad aquella putita estaba salida y caliente.

    Nada más fácil que obedecerla, que hacerle caso, nada más evidente para llenarla de leche pero una voz dentro de mí me lo impedía, era como una especie de reacción química que llevaba a actuar de forma involuntaria, así que en contra de todo lo previsto e incluso mientras me gritaba a mí mismo lo loco que estaba y la oportunidad que estaba perdiendo comencé a calzar mis pantalones.

    -Creo que comer tantas pollas de descerebrados te ha contagiado, la tengo demasiado sensible para tu boca. Quédate si quieres, charlemos, pero vístete por favor.

    -¿Queee?… Maricón, hijo de puta, hijo de mala puerca…

    Mi vecinita se marchó tras ella dando el mayor portazo que recuerde mi puerta. Mientas se vestía me obsequió todo el amplio repertorio de su vocabulario, de su enfado, de la forma en que nunca le gustaba que la cortasen… Realmente estaba caliente aquella perra, así que seguí tocando y simulando que me masturbaba sobre la cama.

    Aquella perrita volvió a tocar la puerta, esta vez traía una mini falda con su enfado…

    -Vengo solo a decirte lo mierda que eres y que…

    Cerré la puerta… nos fundimos en un abrazo casi empujado de manera mágica por dos ángeles, dos entes extraños de la magia que nos empujaban el uno sobre el otro… Mi mano rápidamente levantó su falda y sacándome la polla del pantalón se la metí allí mismo, gimió de placer. Creo que en la vida me he podido nunca correr más rápido. Le pedí disculpas, esperaba otra reacción brusca, enfadada…

    -¿Te has corrido?

    -No, pero me ha encantado mucho más que si hubiera tenido un orgasmo.

    Salimos juntos unos cuantos meses, la relación terminó porque… adivinen… discutíamos demasiado.

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  • En el último tren de la noche

    En el último tren de la noche

    La estación se encontraba vacía, si se puede llamar estación a un paradero que apenas cuenta con un techo para evitar que en las frías y lluviosas noches los pasajeros muramos de una hipotermia o acabemos como una sopa, con alto riesgo de agarrar una pulmonía.

    No es habitual que tome el último tren de la noche y menos en el mes de febrero, pero las cosas nunca salen como uno quiere y menos en el trabajo, así que me encontraba en la estación intentando cerrar todos los huecos de la gabardina para evitar congelarme hasta los huesos.

    Las luces amarillentas de las farolas, que intentaban disipar las tinieblas, se veían como tenues puntos en la negrura de la noche. Un par de farolas se encendían y apagaban sin un ritmo preestablecido dejando la estación en una mayor oscuridad, si es que eso era posible. El tren se retrasaba hasta el punto de pensar que ya había pasado, pero no era posible, que llegue con retraso es habitual, pero, pasar con adelanto es prácticamente imposible, además había llegado con casi diez minutos de anticipación a la hora del último tren.

    En ese momento me arrepentía de no haberle dicho a mi jefe que se fuera al diablo, que si el trabajo era tan urgente que lo hubiera pensado antes, el estaría ya calentito en su casa después de haberse ido varias horas antes en su flamante Mercedes, nada parecido a mi viejo coche que estos momentos estaría tranquilo en el taller, como empezaba a ser habitual. Yo por mi parte estaba allí con grandes posibilidades de agarrar una pulmonía, saltando de un pie al otro en un vano intento de lograr que estos entraran en calor, o al menos que no me los tuvieran que amputar.

    Por la boca del paso subterráneo, el que comunica los dos andenes, subía una figura informe envuelta en un largo impermeable y aferrando un paraguas en un vano intento de evitar que la lluvia le alcanzara.

    La propia lluvia y la falta de luz me impedían ver claramente la figura, por breves momento miles de ideas se agolparon en mi cerebro, sería un asesino en serie que rondaba a la caza de su nueva víctima, tal vez mi jefe al que se le había estropeado el Mercedes o, mejor aún, el representante de la compañía que viene a decirme que ya no hay trenes y que me regalan una semana, todo pagado, en una playa del caribe.

    La silueta, se aproximaba entre la lluvia estaba claro que no era mi jefe, demasiado delgado para ser él, pero todavía me debatía entre el representante y el asesino. Sobre el ruido que producía el agua al chocar contra el suelo comenzaba a destacarse el ruido producido por unos tacones de mujer, el paraguas inclinado sobre su rostro me impedía distinguir su rostro y gran parte del cuerpo, pero el ruido poco a poco más cercano se hacía, a su vez, más insinuante.

    ¡Toc, toc, toc!, el ruido de los tacones resonaba en el andén desierto, caminaba despacio procurando no resbala, como casi me había ocurrido al llegar.

    Un impermeable no es la prenda más erótica o insinuante que existe en el mundo, pero el aburrimiento y estimulo de entretener mi mente, ya casi congelada, me llevaron a imaginar desde un cimbreante cuerpo, con unos atributos espectaculares, a un cuerpo de florero, de esos de muy estrechos por arriba y con una panza y trasero que forman una bolita a la altura media del cuerpo.

    Ya únicamente faltaban unos metros para que llegara a la marquesina donde me encontraba, realmente presentaría un queja formal a la compañía de ferrocarriles por poner la marquesina tan lejos de la salida del subterráneo, el ingeniero que diseño la estación debería estar en la cárcel por intento de asesinato de los usuarios.

    Primero entro el paraguas y tras él, con el monótono ruido de los tacones de fondo, la mujer. El paraguas bajo un poco más cerrándose al mismo tiempo. Al desaparecer el paraguas me dejo ver, a la tenue luz de la marquesina, el rostro de la mujer, tenía el pelo húmedo y por la cara le caían unas gotas de agua que reflejaban la luz de los pocos fluorescentes que aun continuaban encendidos en el techo de la marquesina.

    –Buenas noches, ¿no ha pasado el de las once?

    La voz era suave y parecía tener ese fondo de miedo a que mi contestación fuera que ya se marchó, pero en el fondo la pregunta era absurda, el de las once es el último tren y si yo estaba allí era porque no había pasado o bien porque era un masoquista redomado. Siempre me ha parecido que si no tienes nada interesante que decir mejor es no decir nada.

    –No, parece que llega con retraso, ya pasan… -mirando el reloj de pulsera- casi quince minutos de las once.

    –Menos mal, creí que no llegaba.

    Entre el frío y que mi mal humor cada vez empeoraba, no se me ocurrió ninguna respuesta para darla así que permanecí callado con esa mirada perdida en el infinito que me caracteriza cuando no tengo nada que decir.

    Pasaron los minutos, la situación parecía absurda, era como si dos náufragos en una isla desierta se pensaran si tenían que hablarse o no.

    Ella comenzó a caminar hacia las vías, abriendo el paraguas y mirando con cara de interrogación hacia la oscuridad por donde habrá de llegar el tren.

    En un momento dado pareció querer echar a volar, sus pies se separaron del suelo de la estación y mientras intentaba aferrar el paraguas su cuerpo se ladeaba peligrosamente hacia atrás. Instintivamente di dos pasos hacia ella mientras alargaba los brazos para aferrar su cuerpo, que finalmente quedo junto al mío en un abrazo involuntario.

    Tiré de ella, llevándola casi en volandas, hasta meterla nuevamente bajo la marquesina, mientras el paraguas quedaba sobre el suelo en esa postura ridícula que quedan los paraguas abiertos cuando se caen, parece como si quisieran, en lugar parar el agua, recoger el mayor número de gotas posibles.

    –¿Te has hecho daño?

    –No, gracias, pero creía que me iba a romper la crisma, muchas gracias. Menos mal que estabas aquí de lo contrario seguro que estaría… por lo menos empapada. -dijo mientras sonreía.

    –No te preocupes… espera te traigo el paraguas…

    Tras soltarla, salí del somero resguardo de la marquesina lo más rápido posible para tomar el paraguas y tras cerrarlo me dirigí a donde me esperaba la muchacha, su cuerpo quizá no fuera tan espectacular como había imaginado, pero definitivamente no era de florero.

    Según me acercaba puede ver como apoyaba únicamente la puntera de su pie izquierdo como si se hubiera hecho daño en él, sus piernas enfundadas en unas medias negras se escondían bajo el impermeable, pero tenía unos tobillos preciosos y bien torneados.

    –¿De verdad te encuentras bien? -le pregunté mientras le tendía su paraguas.

    –Gracias, si, si me encuentro bien, no hay problema… aparte de congelada no hay problema.

    Por alguna razón que aún no me lo explico, quizá ese instinto de protección que todos tenemos dentro, pase mi brazo por sus hombros y la acerqué a mi mientras ella dejaba reposar su cabeza sobre mi hombro.

    Permanecimos así unos segundos, tal vez un minuto, en silencio, mientras el ruido de la lluvia seguía su monótono repicar y una de las farolas de la estación de apagaba de manera definitiva dejando a la estación un poco más en penumbra.

    –Gracias, lo necesitaba…

    Su voz se había convertido en un suave murmullo, yo también lo necesitaba, pero como decírselo, ¿con palabras?

    Sin saber claramente que hacía acerqué mis labios a los suyos y la besé, con suavidad, mi lengua recorrió sus labios hasta entrar en su boca, su lengua me recibió, jugamos con nuestras lenguas, sin prisa, como un par de enamorados.

    –¡Uhm!, gracias -por segunda vez me daba las gracias en esa noche.

    Nuevamente no tenía nada que decir, así que opte por callar y apretar un poco más su cuerpo contra mi cuerpo, las telas mojadas de los impermeables se juntaron hasta casi parecer una sola.

    Su brazo, hasta ese momento quieto y aprisionado entre nuestros cuerpos paso por mi cintura haciendo más cercano el abrazo, el paraguas, su paraguas golpeo contra el suelo mientras su otro brazo ceñía igualmente mi cintura, estábamos abrazados y tan cercanos que no había espacio para las palabras.

    Nuevamente acerqué mis labios a los suyos y la besé, su cara estaba fría, sus labios me sabían deliciosamente frescos, mientras nuestros rostros se unían.

    Por mi parte comenzaba a sentir como todo mi ser se estremecía y mis pantalones oprimían mi sexo, tal vez era mi sexo el que intentaba salir de ellos.

    Un ruido nos volvió a la realidad, a lo lejos se comenzaba a ver la luz del tren y su ruido inconfundible inundaba la estación incluso a través del telón de la lluvia.

    –Parece que llega el tren… -me atreví a decir.

    –Si…

    Continuábamos abrazados cuando el tren comenzó su lenta entrada en la estación, a través de las ventanillas se alcanzaba a ver los vagones vacíos, las puertas con pintadas y los asientos rotos, nada diferente de los demás trenes. Pero, en esta ocasión, parecía el mayor de los palacios, era una promesa de calor y un ambiente seco.

    Por fin se detuvo, las puertas se abrieron, ella se agachó para tomar su paraguas. Mi brazo pasó por encima de sus hombros mientras ella se aferraba a mi cintura. Caminamos los pocos metros que nos separaban de la puerta abierta mientras la lluvia caía sobre nuestras caras. El vagón estaba desierto, ni un sola persona, invadía nuestro refugio.

    Mientras las puertas se cerraban nos dirigimos a uno de los asientos, ese que se encuentra junto a la puerta de comunicación entre los vagones, en silencio, casi con miedo de que una palabra rompiera el encanto del momento.

    Al sentarnos ella dejo reposar su cabeza sobre mi hombro, mi mano se deslizó hasta tomar su barbilla y nuevamente acerque mis labios a sus labios, nuestros labios se unieron y mis manos comenzaron a desabrochar su impermeable.

    Mi mano ciega, penetró entre sus ropas, palpo sus senos sobre la blusa, una blusa que mi mente imaginaba blanca y de seda por el tacto que ofrecía a mi mano.

    En voz muy baja, casi en susurros me atreví hablar.

    –Quiero hacerte el amor

    –… si, yo también quiero hacerlo… -me respondió, tal vez lo soñé, pero no lo creo.

    Con suavidad, la tomé por los hombros y la levanté de su asiento hasta que quedó de pies, frente a mí, le desabroché el impermeable, bajo él apareció una blusa, no blanca como había soñado, pero si de un color claro, la luz del vagón venia de su espalda y me era difícil discernir los detalles. Una falda oscura, negra o quizá de un azul marino muy oscuro se ceñía sobre su cintura.

    Lentamente comencé a subir su falda mientras ella sujetaba la gabardina para evitar que se cerrara, la falda llego hasta su cintura, unas medias aparecieron ceñidas a sus muslos, dejando, desde su final, ver su piel hasta donde empezaban unas tenues bragas de color negro.

    Mis manos subieron a su blusa, desabrochando cada uno de sus botones hasta dejar ver su vientre, firme, blanco, con una blancura que competía ventajosamente con el color de su blusa, el sujetador, de color blanco de puntillas, de esos que casi dejan ver parecía llamarme por mi nombre, pase mis manos hasta su espalda y luche unos segundos con el cierre, unos maravillosos senos quedaron a la vista y mi boca se posó sobre sus pezones, que, no sé si por el frío o la excitación del momento, estaban duros como pequeños botones oscuros, resaltando sobre la blancura de sus senos.

    Mis manos recorrieron su vientre, se posaron en su cintura, saltaron sobre la falda recogida, hasta llegar a sus bragas, mientras mi pulgares entraban entre la prenda y su piel, mis labios besaban, lamían, mordían sus pezones, su piel, su vientre…

    El tren avanzaba despacio, habría querido que se detuviera de forma definitiva, pero el traquetear de las ruedas sobre las vías también tenía su encanto.

    Sus bragas cayeron al suelo, mientras ella se arrodillaba frente a mí y sus manos, tan nerviosas como antes las mías, desabrochaban mi gabardina, aflojaban mi cinturón y abrieron mis pantalones. Mi sexo salió triunfante, duro, con esa humedad previa.

    Su cabeza se agacho hasta que sus labios abrazaron mi sexo, lo humedecieron, su boca me abrazo, su cabeza comenzó a subir y bajar, sin prisa, amorosamente abrazándome entre sus labios.

    Comencé a sentir ese golpe eléctrico que sube por la columna, que llega hasta la cabeza y pone todos los cabellos del cuerpo de punta.

    Tome sus brazos por los codos y la pedí, sin palabras, que se levantara, sus rodilla fueron a posarse en el asiento, una a cada lado de cuerpo. Sus manos lanzaron la gabardina a los lados, quedando su bello cuerpo desnudo ante mí. Su sexo quedo sobre el mío, mientras sus manos tomaban mi cabeza y sus labios se pegaban a los míos.

    Entre, entre en ella, en su humedad, en su calor, en el estrecho camino que lleva al placer. El movimiento del tren y su movimiento se juntaron en uno solo.

    Fueron unos minutos, ¿cuántos? No lo sé ¿qué importa?, por fin me derramé en su interior, le entregué parte de mí, ella se detuvo, me abrazó, dejando su cabeza sobre mi hombro, sus labios junto a mi cuello, su respiración acariciando mi piel.

    Permanecimos un rato abrazados, después la reducción de velocidad del tren nos indicó que estábamos parando, ella se levantó, y comenzó a bajarse el sujetador, abrocharse la blusa, bajarse la falda, no se preocupó de abrochar el sujetador, las bragas continuaban en el suelo, mientras yo cerraba el pantalón y ajustaba el cinturón.

    Con un gesto rápido, recogió sus bragas del suelo del vagón y las introdujo en el bolsillo del impermeable, rápidamente cruzó la gabardina sobre su cuerpo, antes desnudo, y se dejó caer en el asiento junto a mí, apoyando su cabeza en mi hombro.

    –No pienses… que lo hago siempre -me dijo en casi un susurro.

    –Ni yo tampoco -contesté yo.

    Una sonrisa nos ocupó la cara a ambos.

    Las puertas se abrieron y por la puerta entro alguien, hombre, mujer, no lo sé, no lo recuerdo, con una gran discreción fue a sentarse exactamente en el asiento opuesto al que nos encontrábamos al otro lado del vagón.

    El tren reanudo su marcha, mientras mis labios se posaban por enésima vez en sus labios.

    La siguiente estación llego rápido, ya en los túneles de la ciudad, era la última, el destino del tren de aquel último tren, que ahora no me habría perdido por nada del mundo, abrazados salimos del vagón y caminamos por los vacíos pasillos hasta alcanzar la salida.

    –Ven a mi casa, está cerca -me atreví a decir.

    –No, no puedo… tengo prisa…

    Me quedé en silencio, como me había sucedido tantas veces en esa noche.

    –Al menos dime como te llamas… -me atreví a preguntar.

    –¿Qué importa?, llámame como quieras, siempre he querido llamarme Marta, llámame Marta.

    Casi gritó mientras corría hacia un taxi con luz verde que se acercaba por la calle.

    El frío y la lluvia me volvió a la realidad, realmente qué más da, Marta, Pilar o como se llamara, había sido un precioso viaje en tren, pero ya era pasado y únicamente un bello recuerdo.

    Si pensáis que regresé todas las noches a la estación, estáis equivocados, esas cosas pasan una vez y es mejor dejarlo así. Las segundas partes rara vez son buenas así que con el recuerdo es suficiente.

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  • Iniciando a nuestros hijos mellizos (18)

    Iniciando a nuestros hijos mellizos (18)

    “Tenemos que organizar algo en conjunto, estoy seguro que Myriam lo va a disfrutar como Martha ya lo hizo” Tuve que admitir que la idea me excita y a la vez me aterroriza.

    “¿En serio? confieso que desde que los mencionaron me han intrigado. Lo platicare con Myriam para ver qué opina”. Finalmente lo acepte como una posibilidad.

    “¿Podríamos organizar una reunión con 3 mandingos y nosotros para empezar, crees que nuestras esposas puedan con 5 hombres y 3 serían negros y muy dotados?”

    Al escuchar la propuesta de Juan, un escalofrío de excitación y miedo recorre mi cuerpo. La idea de ver a mi esposa con tres negros con la fama que los precede me éxito, y a la vez, la incertidumbre de si Myriam estará preparada para tal experiencia o pensar que quizá llegue a un nuevo nivel como los que ha ido escalando también me preocupaba. Eran demasiadas emociones por procesar, Juan era insuperable, todo lo que pasaba en su casa me rebasaba.

    “Me parece bien, 3 es un buen número para empezar” Respondí tímidamente. Y como queriendo aportar algo novedoso y excitante les comenté:

    “Por cierto, ¿recuerdan la sex shop del Mall Center?, Tienen cabinas de glory hole, compramos membresía para pareja por un año. ¿No les gustaría ir con nosotros?”

    “¿Un glory hole? Eso suena divertido, Martha, ¿tú qué opinas?” Juan mira a su esposa con ojos pícaros.

    ” Es donde extraños meten el pene por un orificio?”

    “Si, recuerda que en el Club Velvet lo vimos y no te animaste a entrar” Le recordó Juan.

    “Sería interesante si ustedes asisten con nosotros” Exclamo Martha dándole un largo sorbo a su taza con café.

    “¿Cuándo tienen planeado ir?” Pregunto Juan

    “La próxima semana, ojalá puedan acompañarnos, será excitante” Le conteste.

    Juan y Martha se miraron entre sí, su rostro reflejando la complicidad y el deseo, se sonrieron, “Parece que tenemos planes sexuales con nuestros amigos nuevamente para la próxima semana” Dijo Martha con la mirada llena de picardía.

    “Subiré a ver a Myriam, ya descanso un poco”

    Al llegar a la habitación la luz del sol se colaba completamente por la ventana, le daba a la escena un toque aún más erótico, vi a mi mujer desnuda profundamente dormida, su piel brillando y el reflejo plateado del plug sobresaliendo en su culo. Me acerco, le acaricio el pelo y le doy un beso en la frente tratando de despertarla, puedo sentir el aroma a semen que emana de su vagina y de su boca, la evidencia del doblete que Juan y Mario le dieron era evidente en sus abultados orificios. El fino maquillaje con el que llego estaba embarrado en toda su cara.

    Juan y Martha llegan y traen una taza de café para mi esposa, le muevo con cuidado los hombros tratando de despertarla, se despierta lentamente, abriendo los ojos con cierta dificultad, siente la luz del día que la invade. Mira a su alrededor, confundida, se sobresalta cuando nos ve en la cama rodeándola.

    “Vaya me quede profundamente dormida, ¿qué hora es?” Pregunto estirándose, al sentir la taza de café caliente en sus manos, da un trago y mira a su alrededor, notando que la habitación se ilumina con la luz del amanecer que se filtra a través de las cortinas.

    “Son las 6:30 de la mañana, y dormiste menos de una hora amiga” Le dijo Martha “Hace una hora todavía tenías dos pollas atendiéndote querida. ¡Que bárbaro me ganaste!”

    Myriam tomó nuevamente la taza de café con las manos temblorosas y tomo dos tragos sonriendo con la respuesta de Martha. “Gra… gracias por el café, lo necesitaba” Murmuró. De pronto se dio cuenta que era la única desnuda y también advirtió al tocarse que tenía el plug nuevamente instalado en su culo.

    “¿Como regreso eso a… ahí?” Pregunto sorprendida y divertida.

    “Bueno en esta casa no se pierde nada …lo siento por la colita sexy que tenía, pero nuestro hijo es un fetichista y se la llevo de recuerdo, no dudo que pronto la ponga en alguna gorra” Martha y Juan soltaron una carcajada.

    Mientras Myriam tomaba su taza de café y platicaba con la pareja me di a la tarea de recoger su ropa y le ayude a ponerse las pantaletas y el brassiere, Martha le acerco el vestido y entre los dos la ayudamos a vestirse y levantarse. Finalmente se puso de pie, decide conservar el plug en su culo y bajamos las escaleras, sus piernas temblaban, realmente se excedió, tenía razón Mario cuando vaticino que al día siguiente no podrían ni caminar.

    Nos despedimos de nuestros amigos y emprendimos el regreso a casa.

    Mientras caminamos despacio por la calle, la brisa fresca del amanecer nos dio un toque de alivio y pureza. Ella toma mi brazo, buscando un apoyo emocional, y me mira con ojos llenos de complicidad e incertidumbre. “¿Crees que me excedí?” Me susurra. Le sonrío y le doy un apretón de manos, “Todo fue consensuado, mi amor. todo está bien, te amo.” Mi respuesta no la tranquiliza del todo, la noto un poco angustiada. ¿Quizá se dio cuenta que vi como la trataron al final?

    Subimos al auto y emprendimos el viaje de regreso a nuestro hogar en silencio. Tendríamos tiempo para platicar todo lo que sucedió durante la noche como lo hacíamos otras veces desde la perspectiva de cada quien.

    Finalmente llegamos a casa, ya eran casi las 8 de la mañana. Durante el trayecto Myriam se durmió, el maratón sexual la había consumido hasta el punto de que apenas tenía fuerzas para salir del auto. Su cuerpo, por lo general tan lleno de vida y energía, yacía allí, agotado y magullado por las incesantes penetraciones y movimientos que había soportado.

    “¿Amor? ¿Cómo te sientes?”

    “Bien, me daré una ducha y dormiré hasta tarde” Contesto cuando ingresamos a la casa. Nuestros hijos aun no salían de sus habitaciones como era habitual los domingos.

    Al entrar a la habitación se desnudó, veo que aún tenía el plug instalado en el culo, el aroma de su cuerpo al desprenderse de la ropa era una potente mezcla de sudor, alcohol y sexo. Se metió a la ducha y para mi sorpresa escucho que cierra la puerta del baño con llave. Por mi parte también me sentía molido, la resaca estaba haciendo estragos, bajé a la cocina a tomar algo para hidratarme, entendí el mensaje al no permitirme bañarme con ella como era habitual; Necesita estar a solas y limpiarse tanto física como mentalmente de la intensa noche.

    Al bajar, vi sobre el sofá de la sala los vestigios de la reunión de nuestros hijos con sus amigos, bolsas de frituras sobre la mesa de centro, algunas botellas de cerveza y los controles de la consola en el piso. La sensación del hogar por ahora vacío me devolvía algo de paz, los años que mi esposa y yo dedicamos a formarlo, entender que nuestros hijos ya eran adultos quizá ya en los últimos años con nosotros antes de emigrar a formar ellos por su cuenta un hogar o simplemente su vida profesional y entonces llegan de golpe los recuerdos de la noche anterior, también recuerdo que nuestra hija desea ser parte de nuestro estilo de vida.

    Mi miembro aun molido me indica que está vivo y tengo una erección.

    Al regresar a la habitación mi esposa continúa duchándose, me desnudo a esperar mi turno y me llegan nuevamente de golpe las imágenes y voces de la velada. Myriam finalmente sale del baño, con la piel resplandeciente se acerca a la mesita de noche, escucho un sonido metálico al caer y veo que coloca el tapón anal sobre la superficie de madera, un testimonio silencioso de la noche anterior.

    Inicio su ritual de cremas corporales, untando en sus piernas mientras las masajea. Veo leves moretones, tiene marcas rojas y amoratadas en sus glúteos y rodillas otra evidencia física, la emocional aun no me la confesaba, estaba muy seria más de lo habitual, me preocupe un poco sin embargo el cansancio era evidente, por ahora no había razonamiento lógico.

    Sin decir palabra alguna Myriam levanto las sábanas y se metió en la cama desnuda, de inmediato su respiración me indico que se había adentrado en un profundo sueño. Me di una rápida ducha, me uní a mi mujer y la abracé. Su cuerpo se relajó al sentirme, me embriague con el aroma de su piel recién lavada y el perfume de la crema.

    Levanté las sábanas para ver su cuerpo desnudo, recorrí su espalda y me detuve en sus nalgas, con mucho cuidado le separe los cachetes y note su ano ligeramente hinchado y rojo, toque su vulva, sus genitales aún estaban hinchados, desisto de mi inspección al notar un gemido de dolor, fue demasiada fricción sexual. Me acurruco en su cuello y sin esperar respuesta le dije al oído: “Amor, te amo, eres la esposa perfecta” Myriam se agita, y veo que una suave sonrisa se dibuja en sus labios. Enseguida quedo también profundamente dormido.

    El sonido de Sandra tocando la puerta me despertó. ¡Eran casi las 4 de la tarde!

    “¡Hola! ¿Están bien?” Grito

    “¡Ahora bajamos hija, todo bien!” Le respondí

    Con el cuerpo molido y una resaca tremenda, después de unos minutos me vestí y bajé, Myriam seguía durmiendo.

    Sandy estaba en la sala viendo una película, le di un beso en la mejilla y fui directo al refrigerador.

    “¡Vaya, parece que fue una gran fiesta!”

    “Si, se prolongó más de lo planeado, nada que no se cure con dormir e hidratarse.”

    “¿En serio? Parece que no dormiste nada, ¿Mamá, está bien?”

    “Si, un poca cansada, molida es la palabra jeje” Respondí.

    “¿Por el desvelo y lo que tomaron o por exceso de sexo?”

    “Las dos situaciones Sandy” Me parecía increíble tener esta charla con mi hija.

    “Me lo puedo imaginar, he visto en la página de contacto como son esas fiestas. ¿Tocaron el tema con sus amigos sobre mi cita con la pareja?”

    “Si y no” Le respondí sirviéndome una espumosa taza de café, mi hija me siguió a la cocina.

    “¿Podrías ser más explícito papi?”

    “Hablamos sobre ti y como has evolucionado en el tema y que estas decidida a integrarte en algún nivel a este estilo de vida, sin embargo, no tocamos el tema de tu próxima reunión” Le conteste.

    “¿Hablaron en general, es decir el hijo de sus amigos también lo sabe?”

    “Emm… fue inevitable, ya que Mario y Lily sus hijos participan con nosotros, tenemos cierta confianza, disculpa si cometimos alguna indiscreción o te cause alguna molestia”

    “No, solo que es algo extraño” Respondió dirigiéndose al refrigerador, al darme la espalda pude verla en el ajustado short que se metía entre sus nalgas, aun me sentía excitado.

    “No sé si deba contarte porque no está tu mama presente algo muy íntimo de Mario el hijo de la pareja que nos hace ser más cómplices y me da la tranquilidad que será discreto”

    “¿Mas secretos papá? cuéntame tengo suficiente criterio. ¿No crees?”

    “Hubo varios temas y confesiones en la reunión de anoche, te contare una; Mario quiere involucrar a su esposa también en sus juegos”

    “¡Wow! ¿Es decir, con sus padres? ¿Con ustedes incluso?”

    “Por ahora solo tiene una fantasía y es ver a su esposa con otro chico”

    “¡En serio!”

    “Se que te es difícil de entenderlo”

    “De alguna manera ya nada me sorprende papi”

    “Si, Juan su padre ya está también buscando un candidato para su nuera”

    “¡Wow! lo dices tan normal jajaja”

    “Al igual que a ti con la pareja, Juan es nuestro guía espiritual” Le dije en tono de broma.

    “Y sexual” Complemento mi hija.

    “Le enviare un mensaje en este momento para ver cuando podrías reunirte con la pareja ¿que te parece?”

    “Me parece perfecto, de hecho, sigo en contacto con ellos anónimamente por medio de la página de contactos y también con otras parejas” Confeso.

    “Me gusta que sigas explorando e investigando hija, ya sabes que cuentas con nosotros”

    “¿Y que otras confesiones hubo se puede saber?”

    “Por ahora me reservo, no es algo que por ahora siento debería compartirte y menos su no está tu mama presente” Para mí la posibilidad de una reunión con el grupo de los Mandingos no era algo para contar a mi hija.

    “Está bien papi, me daré un baño y saldré con Alejandro pasara por mí en un par de horas, me informas que te respondió Juan” Me dio un beso y se dirigió a su habitación.

    Después de enviarle el mensaje por WhatsApp a Juan regrese a la habitación, Myriam seguía dormida, le lleve café, jugo de naranja y un sándwich de jamón con queso panela y unas aspirinas por si las necesitara.

    “¿Amor? Como te sientes’” Le moví los hombros con suavidad logrando despertarla.

    “¿Qué hora es?”

    “Son casi las 5 de la tarde, te traje algo de comer” Le respondí ofreciéndole la taza con café.

    “Dormí todo el día” Respondió dando un largo sorbo a la taza.

    “¿Descansaste?”

    “Aún tengo sueño, estoy realmente molida. ¿Y los chicos están en casa?”

    “Enrique salió temprano y Sandy se prepara para salir con Alejandro”

    “Que bien, así estará más en silencio la casa”

    “Sandy vino preocupada a ver como estábamos, tu dormías. ¿No escuchaste los toquidos en la puerta?”

    “Si la escuché y sentí que bajaste. ¿Te pregunto Sandy algo de anoche?”

    “Estaba preocupada por nosotros, me pregunto cuando tendría su cita con la pareja, realmente está decidida a explorar” Le respondí

    “Esa chiquilla siempre ha sido obsesiva, y no va a parar hasta que lo haga y quizá después de la experiencia diga que no lo quiere repetir y lo abandone como otras actividades en su vida, lo cual créeme que no me molestaría a veces pienso que la estamos induciendo a algo indebido” Confeso mi esposa tomando el vaso con jugo de naranja

    “Me dijo que sigue explorando la página y anónimamente sigue en contacto con Carlos y Valeria la pareja que eligió Juan para su iniciación y que además se escribe con otras parejas del sitio”

    “Lo repito está obsesionada y no va a parar hasta que lo consiga. ¿Te hago una pregunta?”

    “Las que quieras amor”

    “Como te sientes al respecto, que ella vaya a esa cita con la pareja”

    “¿Te refieres a la cita en el café en donde se conocerán?”

    “Me refiero a la cita del encuentro”

    “A esa cita debo confesar que aun la veo lejana no tengo algún sentimiento, quizá en el café ella desista y se dé cuenta que no es realmente lo que busca” Conteste y por alguna razón inicie a tener otra erección.

    “Estoy segura que nuestra hija ira a la reunión con ellos, al sitio que aun ignoro en donde será, ese es otro tema. ¿En dónde se van a reunir? Así es que asume que ella va a ir y va a estar con la pareja. ¿Como te sientes al respecto?”

    “No te voy a engañar y sé que tú sabes que me excita la posibilidad” Confese.

    “Lo sabía, solo quería que lo dijeras”

    “¿Y a ti que te causa, te preocupa o te excita?”

    “Primero me preocupa, una vez que este convencida de que estará segura, no sé qué sensación tendré”

    “Se que te excitara también” Le dije con una sonrisa

    “Y a ti te sobre excita la posibilidad porque siento que la tienes muy dura” Me dijo sonriendo al sentir mi miembro chocar contra su espalda.

    “En realidad sigo excitado después de lo de anoche amor”

    “Si, fue demasiado sexo”

    “¿Te gustó? Pregunte besándola en la nuca

    “Lo disfrute, fue diferente más intenso” Confeso agarrando mi verga y besándome en la boca suavemente

    “Si me encanto verte con dos vergas, una en cada orificio. ¡Wow! lo recuerdo y me excito”

    “Vi tu mirada, estabas muy caliente Miguel. Las dos lo disfrutamos, solo que no pude repetir como Martha te juro que aún me duele”

    “¿La colita o la concha?”

    “La cola, enfrente solo siento que está muy hinchada y sensible”

    “¿Me estás diciendo que no vamos a tener recalentado esta noche?”

    “Yo creo que no, pero si te portas bien te puedo hacer algo con la boca, aunque también la tengo algo sensible e hinchada, igual puedes masturbarte”

    “Solo si me dices alguna fantasía o que sentiste anoche cuando experimentaste en forma tu primera doble penetración”

    “Sentí muy rico, creo que ya que me recupere será uno de mis platillos favoritos”

    “Bueno no siempre tenemos la posibilidad de que este otro hombre con nosotros”

    “Se que tú lo resolverás amor” Me dijo besándome apasionadamente

    “¿Recuerdas que antes de que entrara Mario, nos contaron del grupo los Mandingo?

    “Si, los negritos, el grupo al que fueron con Tomas y Linda”

    ” Si, ellos. Bueno cuando dormías en casa de Juan y Martha y ya se había marchado Mario, tuvimos una charla entre los 3. Palabras más o palabras menos nos sugieren que vivamos la experiencia con un grupo pequeño, Juan sugiera que sean 3 mandingos. ¿Qué te parece?”

    “¿Te refieres a que Martha y yo estemos con 3 negritos?”

    “Si, ignoro si en casa de Juan y Martha o en el club como lo hicieron ellos. ¡¿Qué opinas?!

    “¿Y ustedes? ¿Es decir, Juan y tu no participan?

    “Bueno pregunta, pienso que hay que vivir la experiencia, quizá en algún momento también nosotros participamos” Conteste.

    “No lo sé, los negritos tienen fama de tener una herramienta especial” Me contesto mi mujer apretando mi verga subiendo y bajando el glande.

    “Si tienen fama de tener vergas muy grandes y resistentes, en verdad me excita la posibilidad de mirarte con ellos” Conteste excitado.

    “Si Martha está de acuerdo y a ti te excita la idea, podríamos vivirlo, no te aseguro que vuelva a intentar hacerlo por los dos lados al mismo tiempo con ellos”

    “En verdad que me excita mucho vivir esa experiencia, también les conté que compramos la membresía para las cabinas de glory hole en la tienda para adultos”

    “No entendí que tiene de particular o similar a lo que ellos proponen con los negritos”

    “Simplemente el hecho de hacer algo juntos con ellos en otro ambiente, pienso que estamos avanzando en complicidad con Juan y Martha, primero la reunión con sus hijos, después el quinteto con Mario y la nueva propuesta de reunirnos con los Mandingos. Pienso que será divertido y excitante que entremos los 4 a una cabina, les sugerí que compren la membresía y quizá la próxima semana podamos asistir. ¿Qué te parece?

    “Pues me parece que tienes muchas ideas jaja”

    “Amor todas son excitantes” Conteste acercando mi miembro erecto a su cara. Myriam abrió la boca y con una mano me masturbo mientras la penetraba oralmente.

    “Eres un pervertido, será un preámbulo a la reunión con los negritos” Contesto recibiendo y humedeciendo mi verga con su lengua.

    “Ya te excito la idea de los mandingos. ¿No es así?

    Conozco a mi esposa a pesar de estar molida y sus genitales hinchados la forma como me masturbaba y se introducía mi pene me indicaban que se estaba imaginando todo lo que podría suceder. Estaba a punto de eyacular en su boca cuando veo que llegan mensajes a mi celular que por lo regular ignoraría en esta situación sino fuese que en esta ocasión eran de Juan. Tome el teléfono sin dejar de recibir sexo oral.

    “Miguelito, me preguntan Carlos y Valeria si podrían ver a tu princesa el próximo miércoles en el Café que sugirió Myriam. ¿Qué les contesto?” Le mostré el mensaje a Myriam.

    “Contéstale que está bien que el miércoles Sandy puede mirarlos a las 6 de la tarde” Me dijo sin dudar. Le conteste a Juan y el solo hecho de saber que mi hija se vería con ellos me provoco eyacular en la boca de mi esposa a borbotones.

    Al día siguiente lunes, mi esposa decidió quedarse en casa a recuperarse totalmente de la velada del sábado. Los chicos a la universidad y yo fui por la mañana al despacho aun con los estragos del fin de semana. Ya en la oficina cerca del mediodía reviso mi correo tanto el profesional como el privado y veo un mensaje de Juan, siempre sus mensajes me causan un sobresalto cargado con una dosis de excitación:

    Re. ” Un videíto”

    Lo abro y leo un mensaje “Miguelito te envió un video muy privado que se te encantara, puse dos cámaras a grabar nuestro último encuentro, las cámaras son especiales ya que se pueden camuflar fácilmente, las compre para grabar nuestros encuentros, solo tú y yo sabemos este secreto. también las pienso usar para grabar la reunión de mi nuera y si estás de acuerdo la de tu princesa. Disfruta el video, es solo un extracto, si quieres el video completo ven a casa y te lo doy en un dispositivo”.

    Al final del texto veo un link a Google drive con acceso a un archivo en donde estaba el archivo, lo descargue de inmediato, tardo menos de 2 minutos era un video corto que Juan seguramente edito mostrando principalmente a mi esposa recibiendo una verga en cada orificio. Era un poema mirarla en ese sándwich sexual.

    Esa misma noche Myriam y yo le informamos a Sandy sobre el compromiso el miércoles con Carlos y Valeria, mi hija se emocionó y aunque nerviosa por el encuentro nos dijo que estaba más que lista.

    El miércoles llevamos a Sandy a su cita, el nerviosismo de los tres en el auto era evidente.

    “¿Como te sientes cariño?” Pregunto mi esposa

    “Bien, no se preocupen solo voy a una cita a un café”

    Continuará.

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  • Lucía, una mujer de color

    Lucía, una mujer de color

    Mi nombre es Jaime, de nacionalidad mexicana, a los 26 años separado de mi primer esposa me fui a trabajar a Colombia, un país hermoso y con gente maravillosa, en ese tiempo era de complexión delgada, pelo chino, 1.80 de estatura, recio de carácter y muy serio según decían por ahí.

    Trabajaba en una empresa pesquera administrando embarcaciones de bandera mexicana, como parte del convenio que teníamos con una empresa pesquera colombiana contratamos tripulantes locales para salir a pescar, cuando los barcos zarpaban a viaje me quedaba solo en la oficina con mi secretaria.

    En una ocasión una de las embarcaciones salió a trabajar por tres meses a alta mar, los familiares de los tripulantes iban a cobrar a la oficina su la paga correspondiente de la semana, Lucia la esposa de uno de ellos, una mujer de color, con muy bonitas facciones, ojos café claro muy bonitos, unos pechos grandes que resaltaban por su blusa, un trasero suculento, nalgas paraditas, unas piernas sumamente hermosas.

    Lucia era toda una hembra, una belleza de mujer, llegaba y sé ponía a platicar conmigo buen rato, así paso el primer mes cuando llega nuevamente a cobrar la semana de su esposo, en la plática me dice algo seria y un poco apenada que se sentía mal porque no estaba su esposo, que se estaba enfermando, le pregunte que si ya había ido a checarse con el médico, me dijo que sí, que el médico le había dicho que la estaba afectando la falta de relaciones sexuales que en eso no podía ayudarla.

    Me quedé de una pieza cuando escuché eso, ella continuó diciendo que tenía muchas ganas de quitarse la calentura porque se estaba enfermando, le digo “busca a alguien para que te la quites”.

    Yo no quería comprometerme, a lo que me respondió que no tenía confianza con nadie del puerto porque la gente es bochinchera (mitotera) entre el nerviosismo de escuchar lo que decía y tener enfrente a semejante mujer con esa necesidad, me empalmé de inmediato y aun más cuando fue directa conmigo diciendo “¿y usted licenciado me haría el favor?”. Por dios que fue como un balde de agua fría, claro que mi repuesta fue un rotundo sí.

    Nos pusimos de acuerdo en que viajaríamos el sábado a un pueblo cercano para que estuviera tranquila, al despedirse se levanta, se acerca para darme un beso, al pararme para recibirlo ella observa el bulto, mi erección era más que notoria, va a la puerta pone llave al privado, se me acerca, la tomo de la cintura pegándola a mi cuerpo, la beso, ella jadeaba, baja su mano y soba mi pene por encima del pantalón diciéndome “también yo te voy a quitar la calentura”, se separa y sale de la oficina dejándome con un calenturón enorme.

    Era día jueves así que tendría que esperar hasta el sábado para quitarme las ganas, no hay plazo que no se cumpla, llego el día me despierto temprano y procedo a darme un regaderazo, me visto, salgo en mi carro a recoger a lucia, estaba esperándome a la salida del puerto, me quedo de una pieza al verla con un vestido blanco, largo, bien maquillada, se sube al carro y le digo que se ve muy bella.

    Nos dirigimos al pueblo cercano durante el trayecto platicamos de muchas cosas entre la plática se me acercaba, me besaba, me acariciaba el pene, el trayecto duró hora y media. Al llegar buscamos un buen hotel y nos hospedamos, era un día lluvioso parecía mandado a escoger para lo que queríamos hacer, al entrar al cuarto no perdemos tiempo, estaba ansioso por ver el cuerpo de lucia desnudo, nos besamos frenéticamente, ella empieza a quitarme la ropa desesperadamente, al quedar desnudo toma mi pene y se lo mete en la boca comenzando a darme una mamada increíble, usando su garganta como si fuera su vagina, comenzó a clavárselo brutalmente.

    Yo estaba maravillado, masajeaba mis testículos mientras insertaba mi pene hasta el fondo, su boca esta tan caliente que casi me hace venir, la levanto, le quito el vestido dejando al descubierto su cuerpo, era sumamente preciosa, un cuerpo espectacular y un trasero de revista porno, de buena gana me le hubiera abalanzado, pero me contuve, quería hacerla disfrutar al máximo, tenía que calmar su enfermedad…

    Lucia ansiosa por sentir y tener su cura, se acuesta en la cama boca arriba me pongo encima de ella, besando su boca, su cuello, bajo a la altura de sus tetas, las comienzo a lamer, chupar esos pezones negros, los mordisqueé y vi cómo se iluminaban sus ojos por el placer, bajo por su vientre, recorro con mi boca sus piernas, llego a su conchita estaba peludita roja tirando a morado y muy mojada, paso mi lengua por su rajita, al sentir mi lengua acariciarla suelta un grito de placer.

    Me tenía pasmado ver que cada vez que le tocaba su botón del placer soltaba al exterior su flujo, por lo que decidí probar su sabor, me dice desesperadamente “cógeme”, me pongo en posición y la penetro, su vagina era un horno, al sentir esa calor tan intenso en mi pene provoco que me viniera rápidamente, era la primera vez que estaba con una mujer de color, ella al sentirlo me dice tenemos todo el día el siguiente estarás más relajado, para ser honesto relajado estaba solo que sentir esa vagina tan caliente me hizo explotar.

    Bajamos a desayunar, caminamos un rato por los locales del pueblito viendo artesanías, regresamos al hotel, al entrar al cuarto me dice te traje un preparado de ron para que entres en calor, era una botella oscura me sirvió una copa, el líquido olía a ron pero parecía más bien licor de café, me tome dos copas platicando con ella, se levanta y me dice vamos a la regadera, nos desnudamos y nos metimos a bañar, le enjabone su hermoso cuerpo, se arrodilla agarrando pene, lo empieza a mamar poniéndolo duro rápidamente, salimos del baño nos vamos dirigimos a la cama.

    Yo no dejaba de pasar mis manos por su espalda acariciándola y jugueteando con su larga melena morena. Entonces la tumbé sobre la cama y le sujeté las dos manos indicándole que me dejara hacer.

    Lentamente fui tocando su rostro con la punta de las yemas de mis dedos y jugueteando con sus labios, tratando de no dejar que ella mordiera mis dedos cuando lo intentaba. Luego bajé por su cuello muy despacio dejé que mis dedos marcarán circunferencias que se cerraban sobre sus senos hasta que mis dedos llegaban a rozar la punta de sus pezones. Entonces me dediqué a jugar con ellos hasta que se endurecieron tanto como mi pene en ese momento. Mi mano continuó bajando, pasando por su vientre. Podía notar por el tacto los negros pelos, así es como comenzaba la raja de su vulva que escondía su monte de Venus.

    Marque con mis movimientos los labios de su vagina tocando libremente su húmedas conchita mis besos y sobre todo mi lengua, apagaban los gemidos de gozo que su garganta emitía cada vez que mis escurridizos dedos pulsaban su clítoris. Recorriendo su cuerpo a besos llegue a su conchita poniéndome a chupar los labios de su vagina con mi boca no dejaba de lamer y chupar buscando que el placer que obtuviera fuera infinito. Con mucho cuidado mis dedos se introdujeron en su fogosa cueva y comenzaron a explorarla con movimientos circulares.

    Su respiración entrecortada hizo que mis dedos de repente comenzaran a entrar y salir de su conchita buscando que alcanzara un genial orgasmo que hizo que se estremeciera de arriba abajo. Sonriendo me miró a los ojos. Entonces hizo que me tumbara y me devolvió el favor agarró mi verga con delicadeza y empezó a acariciarla buscando que alcanzara su máxima erección al excitarme. Cuando lo consiguió la introdujo lentamente en su boca y comenzó a succionar como si de un helado se tratara.

    Los besos en mi glande se intercalaban con largas lamidas de su lengua a lo largo de mi pene cosa que hacía que me volviera loco de placer, luego la volvía a introducir en su boca y simulaba hacerme una paja con su labios. Yo mientras tanto seguía tocando sus nalgas, como podía y cuando la postura me permitió volví a introducir mis dedos en su chorreante conchita. Así estuvimos un buen rato hasta que tuve que hacer que parara para no aguara la fiesta, no quería venirme.

    La coloco en posición de perrito, veo su hermoso trasero negro, de su conchita le escurren sus flujos me acerco con mi pene duro y la empiezo a penetrar, ella jadeaba, resoplaba de placer mientras yo veía como el culo de la negra se devoraba mi pene, movía su trasero para clavarse más, acelero el ritmo de las envestidas arrancándole un fuerte grito mientras está teniendo un abundante orgasmo se notaba no solo por sus gritos sus jugos le escurrían por sus muslos, se tira en la cama pensé que iba a descansar un momento pero inmediatamente se colocó sobre mí tratando de imponerse.

    Lentamente comenzó a balancearse adelante y atrás frotando su clítoris contra mi vientre a la vez que mi pene se incrustaba más y más hondo en su empapada conchita. Sus manos sujetaban a las mías para que tocara su tersa piel morena y juguetearan con sus oscuros pezones. Cuando yo buscaba acelerar ella me sujetaba con sus piernas y me mantenía a raya.

    Cuando vio que ya no aguantaba más aceleró el compás e hizo que su último orgasmo se confundiera con el mío y que yo gritara de placer, mientras mi pene descargaba toda su leche en su interior. Tras besarnos y tocarnos suavemente sin hablar nos quedamos abrazados después de un rato baja su mano y acaricia mi pene, baja su cabeza y empieza a mamarlo enérgicamente poniéndolo duro nuevamente, sonriendo con una mirada picara me dice ¡sí que funciona el preparado que te di! ¡La negra seguía caliente!

    La coloco boca arriba, abriendo sus piernas empiezo a penetrarla de pronto siento sus piernas que abrazan mi cintura con fuerza mientras ella misma es está moviendo frenéticamente, siento que me va a partir en dos, le agarro sus pezones, los pellizco dándole más placer, me inclino y se los muerdo para que soltara un poco pero más apretaba las piernas, las mordidas en los pezones le provocaron el mayor orgasmo que haya sentido, por fin suelta mi cintura bajando sus piernas, adolorido me separo de ella observando que de su vagina le salían un chorro de flujos, ahí descubrí lo que realmente le gustaba, la tomo del pelo y la acerco a mi pene diciéndole, a ver perra caliente límpiame todo, pasa su boca, su lengua por mis empapados testículos y pene dejándome seco, limpio.

    La pongo en mis piernas y diciéndole ahora vas a sentir lo que quieres, le doy de nalgadas cada vez que sentía mi mano gemía pidiéndome más, tanto lo disfrutaba que su respiración estaba muy agitada, la puse en cuatro con sus mismos flujos le lubrique el culito, lo metí de un solo golpe haciéndola gritar, así métela toda me decía, se la metía y sacaba con fuerza sintiendo el culito de esa hermosa mujer siendo penetrado por mí, estaba tan caliente que me pedía que le diera más nalgadas mientras la penetraba, así lo hice, en cuestión de unos minutos le solté lo que me quedaba de semen en sus entrañas, ella al sentirlo le viene otros orgasmo mundial aún más abundante que el anterior.

    Quedamos tirados en la cama hasta que finalmente nos fuimos a bañar al salir nos dirigimos a la cama en donde nos quedamos dormidos unas horas antes salir de regreso al puerto.

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  • A mi marido le gustaba verme sometida a otros

    A mi marido le gustaba verme sometida a otros

    Como sabéis por otros relatos, soy una mujer de 31 años, casada y un poco zorrona. Mi marido Luis, es muy soso y no me satisface sexualmente, pero afortunadamente, han surgido en mi vida otros hombres, entre ellos su jefe, con los que le pongo los cuernos de forma inmisericorde. En esta historia os voy a contar como ha descubierto que es un cornudo y como creo que hasta le gusta.

    Ocurrió a finales de junio de este año, una tarde en que Mario, su jefe, tenía ganas de follarme y aprovechando que sabe lo loca que me tiene, que es un pervertido cabrón y que tenía su ordenador roto, nos ofreció a mi marido y a mi ir a su casa a arreglárselo (él, claro) y luego a invitarnos a cenar.

    Llegamos a su chalet de las afueras de Madrid sobre las 6 de la tarde. Hacía un día buenísimo. Nos recibió en bañador de esos ceñidos, luciendo un bronceado que le quedaba fenomenal en ese cuerpo que tiene, que aunque con su barriguita está bastante bien. Me puse cachonda nada más verle, pero me puse más cachonda aún al ver a Matías, un amigo suyo que estaba allí, también en bañador, moreno, de pelo en pecho, guapo y con un paquete enorme que se intuía debajo de su bañador. Tampoco era un musculitos, pero la comparación de estos dos tíos con mi marido estaba fuera de lugar.

    Me ofreció ir a la piscina con ellos mientras mi marido arreglaba el ordenador.

    -Es que no tengo bañador, le contesté

    -Bueno, pero al menos tomas el sol, me dijo.

    Como llevaba puesto un pantaloncito vaquero muy corto y una camisa anudada al ombligo, sin mangas, accedí. Al poco rato tenía calor. Mario me lo notó y me dijo:

    -¿Quieres bañarte?

    -Si, pero… -le contesté

    -Bueno, -me dijo- hazlo en ropa interior

    -Me da vergüenza de Matías, -le contesté.

    -Matías, -dijo él- ¿a qué no te importa que Elena se bañe en tanga y suje?

    -Al contrario, contestó Matías, así podemos ver ese cuerpazo mejor, -dijo mientras me miraba y se reía.

    -Mi marido puede vernos.

    -No nos ve, no te preocupes por ello, -me dijo Mario.

    Me quité la ropa. Llevaba un sujetador de media copa blanco, con puntillas y un tanga a juego. Cuando iba hacia el agua, Mario me dio un azote en el culo mientras me decía:

    -¡Pero qué buena estás! ¿Verdad Matías que está buena? -Y ambos empezaron a reírse.

    Cuando salí del agua, os podéis imaginar el espectáculo. El tanga se me transparentaba completamente, dejando que se vieran los pelitos de mi coño y me costaba trabajo mantener las tetas dentro del sujetador. Cuando fui a coger la toalla, Mario me la quitó. Empezaron a jugar conmigo pasándose la toalla de uno a otro. Yo saltaba para cogerla y las tetas me botaban y se me salían del sujetador constantemente y ya no me preocupaba de ponerlas en su sitio.

    -¿Quieres la toalla? -me dijo Mario, pues ven a por ella a cuatro patitas, me ordenó.

    Y así lo hice, me puse a cuatro patas con mis tetas fuera del sujetador, colgando y fui gateando hacia ellos con cara de putona.

    -Te la cambio por tu ropa interior, para lo que te sirve…

    Me la quité y se la tiré, mientras seguía gateando hacia ellos, ahora ya desnuda.

    -¿Ves lo puta que es? -Le dijo Mario a Matías

    -Ven putita, me dijo a mí, si quieres la toalla tendrás que obedecerme

    -Claro, le dije.

    Se acercaron a mí hasta que se quedaron muy cerca. Yo estaba de rodillas entre ellos dos.

    -Haznos una paja, me ordenó Mario.

    Les bajé el bañador y les saqué las pollas. La de Matías era más grande todavía que la de Mario. Empecé a acariciárselas a los dos a la vez, masajeándolas de arriba abajo mientras me decían toda clase de obscenidades.

    -¿Te gusta verdad puta?

    -Siii, contestaba yo.

    -Me encanta ver como se te mueven las tetas, me decía Matías. Hazme una paja con ellas.

    Me la empezó a restregar por los pezones, hasta que la metió entre mis dos tetas. Me las cogió y se empezó a masturbar con ellas hasta que se corrió salpicándome toda la cara de su leche. Casi a la vez también se corrió Mario, que me llenó la mano y la cara también.

    -¡toma la toalla, zorra, límpiate que esto no acaba más que empezar, me dijo Mario! Venga, vamos a la casa que tu marido ya habrá acabado.

    No me dieron la ropa interior así que me puse los pantalones y la blusa solo. Llevaba los botones del pantalón sin abrochar con lo que los pelos de mi coño asomaban por encima, y tampoco me dejaron abrocharme la blusa, solo hacerla un nudo en el ombligo, con lo que prácticamente se me veían las tetas si hacía cualquier movimiento. Caminábamos hacia la casa cuando llegó Juan que era el jefe de todos ellos. Un hombre algo más mayor, de unos 50 años, alto con una barriga prominente pero atractivo. Me lo presentaron y me dijo:

    -He oído hablar de ti, pero eres más guapa de lo que me habían dicho y mientras lo decía pasaba un dedo por mi escote, recorrió mis tetas hasta los pezones y luego lo metió por mi pantalón rozándome el vello del pubis

    Me cogió de la cintura y así fuimos caminando hacia el interior de la casa. En ese momento mi marido bajaba del piso de arriba.

    -Tienes una mujer muy guapa, Luis, le dijo Juan

    -Gracias señor, le contestó mi marido, poniéndose colorado, pero al verme con el pantalón y la blusa desabrochados, y a Matías y Mario, en bañador, con una camisa por encima sin abrochar, palideció.

    -Vamos a tomar algo dijo Mario, y nos condujo a un salón donde había unos sillones en los que nos sentamos.

    Mi marido sabía que los tres eran unos pervertidos e intuía lo que estaba pasando, pero no se atrevía a más. Al sentarnos, Juan me cogió de la cintura y me sentó en sus piernas.

    -Tú aquí conmigo, dijo, ¿no te importa verdad Luis?

    -No, balbuceó mi marido, mientras los tres se reían de él

    -¡Qué bonita eres! Volvió a decirme, mientras tocaba con descaro mis piernas y la parte interna de mis muslos. Además, creo que te va la marcha ¿no?

    Yo le contesté con una sonrisa melosa mientras sacaba la lengua y la pasaba por mis labios. Estaba cachondísima. La situación me estaba poniendo como una moto. Estaban humillando a mi marido a mi costa y él se dejaba. Juan me metía la mano por la pernera del pantalón hasta llegar a mi rajita. Sacó los dedos empapados.

    -¡Joder que si le gusta, exclamó, está chorreando!, mira Luis, huele mis dedos, le dijo.

    -Don Juan, por favor, dijo mi marido

    -Mira cabrón, le contestó, sé que eres un cornudo sumiso, que te pone ver como se follan a tu mujer. ¿O crees que no te he visto cómo te hacías una paja viendo lo que hacían estos dos con tu mujercita en la piscina?

    Mi marido estaba rojo como un tomate admitiendo su perversión y yo cada vez más cachonda porque ya no tenía que temer que me descubriese.

    Juan siguió diciendo:

    -Vais a ser míos los dos y voy a hacer de vosotros lo que me de la gana si queréis seguir trabajando y que nada de esto se sepa, ¿de acuerdo cornudín?

    -Si señor, contestó Luis

    -Pues venga, desnúdate, le dijo

    Mi marido se desnudó y le hicieron ponerse mi sujetador y mi tanga. Le pusieron también unas medias de mujer, negras de rejilla y le hicieron traernos las copas.

    Mientras y ya tenía las tetas fuera y me había corrido porque don Juan me había hecho una paja mientras mi marido se vestía de mujer. Me había dejado sin camisa y con los pantalones a medio bajar, el coño chorreando y el pollón de don Juan en las manos

    Mario y Matías también se habían desnudado y se habían sentado a ambos lados de mi marido. Se reían de él y le preguntaban cual era más puta si él o yo. Don Juan me dijo:

    -¿Cual te gusta más, la del cornudín o la mía?

    -La suya don Juan, le dije,

    -Pues lámela zorra me ordenó

    Yo empecé a lamerle la polla y los huevos y veía como a mi marido se le ponía dura mientras los otros dos le hacían acariciarles sus vergas. Estaba otra vez excitada y chorreando. Don Juan me sentó encima de él y me la metió en el coño, mientras me hacía mirar la paja que Luis les estaba haciendo. Mientras me estaba follando le llamó y le hizo chupar mi clítoris y sus huevos a la vez que me follaba. Se corrió en la boca de mi marido y yo me quedaba con Matías y con Mario. Mientras se la chupaba a los dos mi marido se tenía que hacer una paja por orden de don Juan. Los otros me la pasaban por la cara y por las tetas y me decían:

    -Esto son pollas y no eso que tiene tu marido.

    Me hacían ir de uno a otro a cuatro patas, con mis tetas colgando, me daban azotes en el culo y no paraban de decirme obscenidades:

    -¡Que guarra eres, como te gustan las pollas!

    -¡Como me gusta follarte! me decía Mario. Quiero que le digas a tu marido quien es tu macho de verdad.

    -Eres tú Mario, le decía mientras me follaba a lo perrito. ¡Mira que puta soy!, le decía a mi marido. ¡Mira cómo me follan! ¡Soy su puta! ¡Quiero que me folle siempre que quiera!

    Mientras decía eso, mi marido se corrió, pero siguió viendo como me follaban por todas partes. Me tumbaron en el suelo, boca arriba. Mario me levantó las piernas y me la clavó en el culo, mientras que Matías me la volvió a meter entre las tetas y yo las apretaba para que me las follara bien. Se corrió en mi cara y Mario en mi culo. Mi marido se la chupaba otra vez a don Juan que cuando estaba llegando dijo:

    -Espera cabrón, que acabe ella.

    Me acerqué a él se la cogí la restregué por mi cara y me la metí en la boca hasta dentro, recibiendo su leche caliente en mi garganta.

    -Toma puta, esto es lo que te gusta, verdad. Así hay que follarse a estas putas, cornudín, le decía a mi marido.

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  • Mi hermana Jenny

    Mi hermana Jenny

    He leído muchos relatos con el tema del incesto, pero muy pocos me han parecido historias reales, muchos tienen un toque de erotismo sutil y fino, sobre todo los que son escritos por damas.

    Soy el de en medio de 5 hermanos, de los cuales solo 2 somos varones, todos estamos ya casados, la mayor de mis hermanas frisa los 53 años y todos tenemos hijos, por herencia familiar, las mujeres siempre han tenido muy buenos cuerpos y a sus edades y con hijos se han conservado muy bien.

    Cada año, durante la semana santa tenemos la reunión de familia, en lugares diferentes cada vez y no juntamos casi 45 personas, entre cuñados, sobrinos y uno que otro invitado, además de nuestros padres, este año del 2003, toco a las playas de Huatulco en Oaxaca, México.

    Una de esas noches, muy calurosa, mi esposa quedo dormida junto con nuestro hijo y yo salí a la alberca donde escuchaba algunas risas y gritos, me asome a ver como se divertían y eran tres de mis hermanas, el encargado se me acerco y dijo sin saber del parentesco, “están re guenas esas chilangas”; si era verdad, se veían muy hermosas con sus trajes de baño jugando en la alberca apenas iluminada por las luces del fondo.

    Una de ellas me alcanzo a ver y me grito ven al agua, esta fresca, yo me acerqué, pero no muy convencido de zambullirme, me empezaron a lanzar agua y ya mojado no me quedo otra, entre con ellas y se me acercaron, para comentar de las cuñadas y y los cuñados, mas los chismes del trabajo, nada de importancia como siempre sucede en pláticas de chicas.

    Una de ellas, Silvia, se me recargo y sentí su piel en la mía y mi mente voló a los relatos que conozco de hermanos que tienen sexo entre ellos, otra de ellas accidentalmente me toco la pierna con sus pies y no los quito, siguió frotándose, la charla siguió y una propuso irnos al mar.

    Ya entre las olas jugamos a empujarnos y detenernos del empuje del agua, al tocarlas me excite, era algo nuevo para mí y afortunadamente el agua arriba de la cintura y la oscuridad de la noche, ocultaban mi erección.

    No esperé más a la siguiente revolcada, aproveché para meter mano, como si fuera accidente, Jenny tiene sus pechos turgentes nada del otro mundo, y no dijo nada, dejó que yo hiciera, creí que se alejaría de mí, pero no fue así otra ola “por accidente” la lanzó contra mí y le di otra manoseada esta vez mas descarada, no dijo nada, así estuvimos otro par de veces más y en una de esas que me atrapa del bañador y que lo baja, sin pudor me tocó el pene y descubrió mi secreto.

    Mis otras dos hermanas Silvia y Mago se fueron y nos dejaron, vi la hora era casi la medianoche, no sentamos en la arena y platicamos esta vez de cosas más serias, nuestras vidas de pareja, planes de trabajo a futuro, y de nuestros padres ya ancianos.

    Estábamos muy cerca uno del otro, y nos recargamos hombro con hombro, yo gire para verla, es una mujer guapa, de ojos grandes, nariz delgada y respingada, de poros grandes y boca de labios delgados, barbilla ligeramente salida y cara larga, algunos dicen que parece jalisqueña, de 1.60 de estatura más o menos, de cuerpo ágil esbelto, su única imperfección es la barriguita, restos de dos embarazos, es muy deportista y atrevida.

    Vestía un traje de baño verde neón, con vetas amarillas, de espalda descubierta y escote grande por el frente, que le dejaba ver las pecas de su pecho, y una tela delgada que se amoldaba a su figura, su pelo mojado, lo recogió y al hacer el movimiento de hombros hacia atrás saco los senos al frente, lucía soberbia, mi cuñado debe haber disfrutado mucho ese cuerpo.

    Me sentí extraño, estar viendo a mi hermana como lo haría con cualquier otra mujer de la oficina o de la escuela, y tuve que cambiar de postura, otra erección me sorprendió.

    Nos levantamos a caminar y como titubeé, me miro y sonrió, “haaaa, otra vez estas como en la playa”, río alegremente y, me jalo de la mano, no tuve alternativa, me incorpore y caminamos por la playa, me tomo de la cintura y apoyo su cabeza en mi hombro, me condujo hacia lo zona mas apartada y oscura de la playa, yo la rodee con el brazo y acaricie la piel de sus hombros, llegamos a un área de senadores totalmente sola, los empleados se habían ido y, dejaron una cuantas luces encendidas.

    Paso sin pensarlo, nos encerramos en un dulce beso, mis labios probaron su boca, húmeda y dulce, olí su perfume de mujer, su lengua entro a mi boca como la serpiente que tentó a Eva, me repegué a ese cuerpo esbelto y fraterno, y puse mi verga hinchada entre su piernas.

    Con la mano hice jale la pierna de traje de baño y sacando mi tolete, le dio un pequeño empujón en su vagina, ella se quejó un poco, y trato de sacarse, pero la sostuve fuerte y empuje un poco más, sintiendo su tibia humedad, ella dejo de besarme y dijo “hasta ahí, hasta ahí”, pero no la solté y baje mis besos a su cuello, ella tenía un rictus de placer en la cara.

    Una voz ronca “jóvenes, no pueden estar aquí”, nos asustó y de un movimiento rápido enfunde mi miembro y nos desprendimos del abrazo.

    Caminamos hacia el área de cuartos del hotel y en las partes oscuras que había al paso intercambiamos caricias, al llegar a una pista de baile, donde aún había gente bailando y bebiendo, me quede a tomar una cerveza, necesitaba relajarme, y ella me acompaño, brevemente comentamos lo que paso y, le conté algunos comentarios que he leído en esta web, como si fueran míos, que si es de los más natural, que si es secreto no pasa nada, que esto, que aquello, y resumimos, somos adultos, y podemos enfrentar una situación como esta con madurez.

    Vi que la posibilidad de llegar a culminar el acto se alejaba, así que insistí en que deberíamos dejarnos llevar por la lujuria fraternal. Pero esa ocasión la noche se acercaba a su fin, junto con su marido que salió a buscarla, el que compartió conmigo una cerveza con gusto, como compartió los besos de su esposa, mi hermana.

    La aventura en Huatulco, entre Jenny y yo terminó bruscamente, y antes de dejar la playa, acordamos vernos en su casa, aprovechando que la constructora de su esposo, le reclamaba en otro estado del país, y de que se llevaría a su hijo de 10 años, pensando en que se interesara en la ingeniería civil.

    Puntual llegue a la cita el miércoles, ese día me rasure y me bañe con todo esmero y excitación, escogí la ropa que ella en una ocasión me dijo que me hacía ver muy bien y, para evitar algún desgaste, deje de tener sexo esos días fingiendo estar agotado de manejar 12 horas desde Oaxaca, hasta la capital del país.

    Antes de llegar la casa pase a una farmacia por condones, que compre sintiendo unas mariposas en el estómago, como cualquier adolescente novato; me abrió la puerta desde adentro, eran la una de la tarde y la calle estaba sola, nadie salía de sus casas, normal en un barrio como ese; la encontré sentada en un sillón de su sala, hermosa, como nunca la había visto, ahora era un hembra, no mi hermana, y eso aumento mi excitación, llevaba puesto un pantalón negro, muy ajustado, y una blusa blanca de algodón, de las que tienen un hombro descubierto, su pelo peinado hacia atrás, aún se apreciaba húmedo, su rostro mostraba un maquillaje discreto y el perfume llenaba la estancia, sus pies los calzo con unas zapatillas blancas de tacón y no llevaba medias.

    ¿Quieres algo de tomar?, dije “no gracias”, pensé lo que quiero es encuerarte, llevarte a la cama y meterte el pene, el cual ya estaba a plenitud, me acerque para tomarla de la mano y levantarla, los tacones le daban más estatura y casi quedamos a medida, la bese suavemente, sin prisas, ella cerro los ojos y levanto su cara ofreciendo esos labios que ya habían tenido acción.

    Lentamente le pase la lengua por sus dientes, ella no hacía nada solamente se dejaba acariciar, y la abrace con ternura, su cintura se apoyó en la mía y mi pene presiono su pelvis, me rodeo con los brazos por el cuello y nuevamente bese su cuello, para de ahí subir a sus orejas y atrás de ellas, su nuca olía a perfume caro, le hice a un lado el pelo para poder chupar su nuca.

    Mi mano derecha tomo su pecho izquierdo y lo acarició, era algo difícil de narrar quería guardar en mi mente, en mi memoria todas y cada una de las sensaciones, me abrazo con fuerza y subió su pierna a mi espalda, frotándose con placer.

    La tumbe en el sofá y le baje la blusa, no traía brasiere así que su seno desnudo quedo al aire, con su pezón como fruta esperando a ser comido, con la punta de la lengua le acaricie el pezón y la aureola, su respiración agitada me indico que estaba por buen camino, quise quitar la blusa pero no lo permitió, solamente me jalo de la mano hacia le fondo de la casa, al cuarto que ocupaba la mucama, tenía la única cortina corrida lo que dejaba entrar mucha luz, pero ella la cerro, y después se acercó a mi para que la desnudará, le quite la blusa y después le baje el pantalón, que ahora se son de licra y permiten que no tengan zipper o botones, las zapatillas las arrojo con hábil movimiento y quedo en pantaletas.

    Ella me quitó la camisa y el pantalón, yo me despoje de los zapatos y calcetines, observo detenidamente mi cuerpo desnudo, no aguanté más la atraje hacia mí y la abrace para besarla con más fuerza que las otra veces, ella abrió sus piernas para acomodar su sexo en el mío, y sentimos lo cálido de nuestra pasión, con suaves movimientos nos dimos placer, intercalando nuestras respiraciones cortadas con suaves suspiros y apretones.

    La acosté en la orilla de la cama, miro al techo, quizás imaginando lo que le esperaba, estaba totalmente mojada, y mi miembro se le fue con toda rapidez y al fondo, suspiro y se quejó de forma tan profunda como no había escuchado a mujer alguna, movió su cadera para ponerse más cómoda.

    Y empezamos los movimientos que nos llevaron al placer único del sexo, sus rodillas se elevaron más y su cuerpo trato de incorporarse, la sostuve con fuerza, mientras ella decía con voz entrecortada “ya, ya, ya, ya,”, hasta que una parálisis y un profundo gemidito, me indico que había orgasmado, más humedad sentí en su sexo y, me esmere, por darle otro orgasmo, lo que logre poco más delante, pero ahora en vez de quejido su garganta soltó un gruñido, su pelo estaba en desorden y su cara estaba roja, con marcadas ojeras, los cuerpos de ambos estaban sudorosos, y yo a punto de terminar, entonces me acorde de los condones, le dije “me pondré un condón”, respondiéndome, “si es por el sida, ya es tarde y, por embarazo no temas, tu termina”.

    Volví a las caricias, y penetración rítmica dentro de mi hermana mayor, hasta que le anuncie, “voy”, arreciando sus movimientos de cadera, mordí sus pezones y ahogue un gemido cuando, mi miembro tuvo la primera contracción, apretaba tan fuerte mi pito, que no podía eyacular, tres, cuatro, contracciones más y el líquido salió de mi cuerpo para alojarse en el de Jenny , mi vientre y la parte superior de mis piernas rozaban con sus nalguitas, aumentando el gozo incestuoso, otro suspiro y me dijo “también termine, ay, ay, ay”.

    Dejamos de abrazarnos cuando mi pene se salió de la vagina por la flacidez natural, y me tumbe a su lado, nos abrazamos de lado y, nos miramos, intercambiamos sonrisas y me pregunta ¿cómo estuve?, “excelente”, replique, “y yo”, “también estuviste maravilloso”, después de largos minutos de relax y silencio, se levantó y recogió la ropa, me ordeno que la siguiera y entramos a la casa, eran casi las 3 de la tarde, yo tenía que volver a casa por mi esposa, pues teníamos comida en casa del otro de mis hermanos.

    Me llevo a la regadera del cuarto de su hijo y ahí nos bañamos uno al otro, le enjabone el pelo, la cara, pecho y la espalda, le lave las piernas y la crica, de la que se escurrió mi semen cuando íbamos de la habitación de la mucama al interior de la casa, me lavo el cuerpo y me seco con cariño, como se espera de una hermana.

    Nueva erección nos puso en juego otra vez, pero lo paramos pues ya no teníamos tiempo, salí de la casa, como si flotara, había leído muchas historias, pero no pensé que fuera protagonista de una y, no he dejado de pensar que todo el tiempo tuve a una hembra caliente en casa para desahogar mi sexualidad juvenil, sin saberlo.

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  • Conociendo lo desconocido de mi cuñada

    Conociendo lo desconocido de mi cuñada

    Olimpia, es el nombre de mi cuñada, su familia y la mía se conocen desde hace mucho tiempo. Cuando mi hermano tenía 6 años nació Olimpia y sus padres le comentaron a los míos que ya había nacido la novia para mi hermano, en ese tiempo solo rieron y nunca se imaginaron que 18 años después este comentario se haría realidad, pues ellos se hicieron novios y a los 4 meses se casaron pues mi cuñada estaba embarazada.

    Cuando nace mi sobrinita Olimpia tenía 19 años cumplidos y yo en ese tiempo acababa de cumplir los 18, cursaba el último año de prepa, ellos vivían en la misma casa que nosotros por lo que mi cuñada y yo al trabajar mis papas y mi hermano estábamos completamente solos.

    Debo decir que durante ese tiempo que pasábamos entre mis tareas escolares y caseras que me asignaba mi mamá solo nos quedaba un ratito de una o dos horas para platicar. Ella y yo nos llevábamos bien, pues a ella la conozco como ya mencioné desde que nací, por lo que de niños jugábamos juntos, entrada la pubertad íbamos al cine, a comer, en fin, a todos lados en compañía de sus hermanas que se llevaban un año y Olimpia es la mayor, por eso al casarse con mi hermano estábamos todos felices pues todos éramos muy amigos y nos veíamos como hermanos, pues prácticamente crecimos juntos los cuatro.

    Durante un tiempo mi cuñada abogó porque tanto su hermana Claudia como yo fuéramos novios, situación que nunca sucedió pues, aunque nos llevábamos muy bien, teníamos intereses muy distintos.

    Mi hermano tenía en ese entonces un trabajo muy absorbente de tiempo y muy mal pagado por lo que ellos tenían problemas económicos algo serios, si bien nuestra situación no era muy holgada nunca nos faltó nada, por eso mis padres decidieron tenderles la mano y hospedarlos en casa el tiempo que fuera necesario.

    Olimpia es una mujer de aproximadamente 1.60 de estatura, busto pequeño, cintura estrecha, caderas anchas y pompas algo pequeñas, como ven no es una belleza ni mucho menos exuberante.

    Por estas razones aunado a que la conocía de toda mi vida y que es la esposa de mi hermano, realmente nunca me había llamado la atención como mujer hasta un día en el que tuve que regresar temprano a casa pues se interrumpieron las clases en la Universidad.

    Llegué poco antes de las 11 de la mañana y con unas ganas intensas de orinar por lo que al entrar me dirigí directamente a baño, pero al entrar a dicho cuarto, me sorprendí al ver a mi cuñada salir de la ducha totalmente desnuda y húmeda, en ese momento yo sabía que debía salir corriendo hacia el otro baño, pero algo me detuvo y no puede dejar de verla ni ella de verme con mirada de sorpresa, en ese momento ocurrió lo que quería evitar, me oriné en los pantalones, a ella le dio en ese instante un ataque de risa y me dijo:

    -Déjame te pongo un pañal de mi bebita -y la risa continuo.

    Seguido a ese comentario salí del baño orinado y muerto de pena, esperé a que saliera y enseguida me metí a bañar para posteriormente cambiarme, una rato después ya calmado de la pena, recordé la imagen de mi cuñada desnuda, y me empecé a excitar pues realmente se veía apetecible. Un rato después entró mi cuñada a mi cuarto aun con la bata de baño, aunque ya pintada y peinada, en ese momento yo estaba ya haciendo mi tarea y aun con risilla me pregunto qué había sucedido.

    -Pues nada que llegué corriendo con ganas de ir al baño y al entrar te vi ahí parada, desnuda y aun mojada, no puede reaccionar y me oriné.

    -Que bárbaro, hubieras hecho ahí mismo ya estabas dentro de baño, por cierto, ¿por qué no tocaste?

    -Discúlpame, pero cuando alguien se baña pone el seguro a la puerta, al no tener seguro yo entré, y si hubiera estado puesto el seguro me hubiera ido al otro baño.

    -En eso tiene razón, pero bueno ¿qué te pareció?

    -Que me pareció ¿Qué?

    -Lo que viste

    -Mmm ¿sinceramente?

    -Si

    -Estas muy riiica Pía (así le decimos).

    -¿En serio si estoy bien?

    -Claro ¿por qué la cuestión?

    -Resulta que tu hermano me dice que he subido mucho de peso, que no me arreglo, e incluso que ya no soy igual de caliente que antes.

    -Pues de peso si has subido, pero eso hace que te veas mejor pues se te ven más grandes las tetas, y el trasero, bueno se antoja darle un apretón, en cuanto a lo caliente, no se ahora que si quieres mi opinión…

    -Que, ¿qué quieres decir?

    -Pues…

    -Que anda habla

    -Tú y yo podríamos…

    -¿Hacerlo?

    -Quieres saber si eres caliente, ¿o no?

    -Bueno si, ¿pero de esta forma?

    -¿Conoces alguna mejor?

    -No

    -¿Entonces?

    -No sé, no estaría bien, ¿o sí?

    -Pues…

    -Mira, Claudia me contó hace unos días lo que ella y tu habían hecho, con lujo de detalles y realmente al ser no muy buena mi vida sexual pues me surgió la curiosidad de hacerlo con…

    -¿Conmigo?

    -Si. Uff, te confieso que no lo había pensado hasta hace un ratito que te vi desnuda, pero, es difícil por los problemas que se podrían suscitar.

    -En eso tienes razón, pero, tu hermano fue el primero, y hoy día me gustaría saber lo que es hacerlo con alguien más, esta rutina me esta fulminando, al grado que ya no siento placer, ya lo hago por obligación y eso tarde o temprano va a afectar mi matrimonio pues tu hermano ya se dio cuenta de esto.

    -Que te puedo yo decir, caliente ya estoy, tú me gustas, pero yo creo que mejor no.

    -¿Seguro?

    Acto seguido se quitó la bata de baño y estaba completamente desnuda, en eso se acercó a mí, se sentó en mis piernas y me empezó a besar, yo correspondí al beso, pero no la toqué así que ella me empezó a acariciar todo el cuerpo y de la misma forma a desnudarme mientras murmuraba…

    -Hazme tuya, te quero sentir, quiero sentir tu palo, chuparlo, comerme toda tu leche.

    En ese momento ya no pude más y como desesperado la aventé a la cama, besé, mordí y chupé cada rincón de su cuerpo que vibraba cada vez que me sentía, al sentir la chupada en el clítoris no aguantó y se vino, esto me calentó más pues segregaba de su juguito a mares y sabia delicioso, ella gritaba, se movía como posesa hasta que después del segundo orgasmo me gritó:

    -¡Métemela ya cabron quiero verga dentro, apúrate que ya no puedo más quiero palo todo dentro ya!

    Pues que podía hacer más que obedecer, le metí la estocada de un solo golpe y gritó como nunca ante la había escuchado, y mientras entraba y salía mi palo, ella movía sus caderas acompasadamente acrecentando el placer al máximo, una y otra vez, probando tantas posiciones como pudimos hasta que después de 3 orgasmos más exploté dentro de ella terminando los dos juntos, en eso me da un beso en los labios y exclamó:

    -Wow, jamás había cogido tan rico, prométeme que lo vamos a volver a hacer.

    -Seguro Pía, esto estuvo muy pero muy padre, así que mi pito es tuyo.

    Me besó nuevamente, nos bañamos otra vez, nos vestimos y juramos que este sería nuestro secretito.

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  • Convencí a Noemi de prostituirse

    Convencí a Noemi de prostituirse

    Como ya había comentado en el relato “Gordo policía hizo a mi esposa su puta”, yo me llamo Santiago y tengo 33 años y mi esposa, una morocha tetona, con culito manzana y una boca que con verla te alucina qué te la chupe.

    Mi trabajo consiste en auxilio a camiones con la parte eléctrica y algunas cosas de mecánica. Es así que un 24 de diciembre, cuando pensábamos ir de compras por eso andaba con Noemi, me llaman porque un camión rompió una manguera de aire, algo sencillo, pero como era el que activa el pulmón llevaría aproximadamente una hora repararlo.

    Siempre se llama para coordinar donde verlo que sea cómodo tanto para el chófer como para mí.

    Es así que llame y no me atiende, pero al rato me manda un audio diciendo que lo vea cerca de la costanera, era un lugar tranquilo, además de andar varias prostitutas que es lo que el tipo buscaba. Fue ahí que se me prende la lámpara y hago escuchar el audio a mi esposa, diciendo a la vez, te podés ganar unos pesos, ella enojada me dice, porque no lo haces vos el servicio, ahí para que afloje le digo, solo un pete y listo.

    Cuando estábamos cerca yo ya no le insistía cuando dice, bueno, pero solo sexo oral, a lo que mi contestación fue, vos arreglas con él, a mí no me conoces.

    Fue así que la deje a la vuelta de la esquina y me fui al camión.

    Cuando llegue, miraba de reojo cuando venía caminando entonces me acomode de forma que el la vea, a lo que exclamó mira esa putita, así me gustan, hasta el culo te piden que le hagas.

    Yo me reía pensando que era obvio si el pagaba pero que a la vez esta vez solo le chuparía. Empecé a reparar lo del camión cuando viene el José, así se llama el chofer, tipo grande de origen boliviano, a preguntar si tenía que entrar a la cabina, a lo que contesto que no y ahí me confirma que ella está en el camión.

    A los 15 minutos siento que el camión se meneaba, lo que me llamo la atención ya que era chupar, ya prácticamente había terminado, así que me asome, mirando un espectáculo pornográfico por el espejo, la tenía patita al hombro, y la clavaba como si fuera atravesar, José tenía tremendo pedazo y se la hacía sentir, al mismo tiempo que la besaba y pega un alarido provocado por un orgasmo descomunal.

    Le hace chupar nuevamente su pija, un rato, y la hace poner el cuatro, ella estaba en modo sumisa, hacia todo lo que el decía, aprovecho José para meter la lengua donde más le complacía, y luego poniéndose bien atrás de ella, penetra su culito haciendo que ella pegue un grito, apoyando todo su cuerpo en la espalda de ella. Noemi no daba crédito como se la estaba cogiendo, si bien yo ya estaba con la temperatura a full, cuando el, hace decir que le gusta como la coje, por poco me acabo ahí mismo.

    Fue esta vez cinco minutos más cuando se para y le termino sobre la cara de Noemi, entrando también en la boca.

    Yo antes de que salgan fui de nuevo bajo el camión cerré todo y salí, cuando justo José aparece y me dice.

    -Que linda cogida le pegué, quería solo chupar, cuando se descuidó la puse patita al hombro y después me pedía que no se la saque.

    Otra vez a full me puse, y me fui al auto, mientras José se iba, quedé asombrado porque mi esposa se dejó coger, y ahora no estaba.

    Me fui hasta la estación de servicio pensando que se había ido a limpiar, pero no era así, al rato la veo entrar, con el pelo revuelto y pelo mojado, cuando le preguntó que paso, me dice, ese forro me forzó, pero me gusto, y después le chupe la pija a un pendejo, nos fuimos a comprar y pasamos una noche buena espectacular, sobre todo ella.

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  • Travesura

    Travesura

    Esta vivencia, que relato hoy ya aconteció hace varios veranos, pero tengo el deseo de compartirla con los lectores.

    Fue un viaje de vacaciones a Mardel con mi amiga Vicki y nuestros amigos Claudio y Roberto. Ellos eran una pareja gay.

    En esa oportunidad alquilamos un departamento a dos cuadras de la playa.

    La principal finalidad era divertirnos y disfrutar de nuestra sexualidad en libertad. Como se diera con nuevos amigos o amigas.

    Nuestra estadía estaba finalizando sin nada relevante para contar.

    El último sábado que estuvimos en Mardel había mucha gente en la playa.

    Vicki, Roberto y yo estuvimos desde la media mañana en la arena. Nosotras dos tendidas sobre una lona protegiéndonos un poco del sol con una sombrilla roja y blanca.

    Roberto un poco apartado sobre otra lona y su sombrilla.

    Su compañero Claudio (activo), no estaba junto a él.

    Claudio tenía programado compartir un almuerzo en el puerto con un chico muy lindo. Ellos se habían conocido hacía dos días ahí en esa misma playa.

    Roberto permanecía muy cerca nuestro escuchando música en sus auriculares, pero estaba un poco bajón.

    Vicki y yo disfrutamos mirando a los hombres que pasaban a nuestro lado.

    En especial, mirábamos sus bultos y comentábamos riendo por cualquier insignificante cosa.

    ¡Algunos estaban realmente muy buenos!

    Acostada sobre una lona en la arena, yo los miraba desde abajo; con detenimiento.

    Coincidimos las dos, en que un vendedor ambulante de vestidos playeros, estaba muy bueno por sobre los demás.

    Vicki lo llamó y demoró haciendo preguntas sobre el producto que vendía.

    Yo lo evaluaba, aún tendida en la arena.

    Ella le agradeció y sonriente le dijo: ¡Gracias! En otra vuelta tuya por aquí. Vemos los playeros con mi amiga.

    El chico continúo ofreciendo sus vestidos.

    Ambas coincidimos que era el más bonito.

    Un chico alto, delgado de piel muy oscura, ojos pardos, cabello renegrido y un bulto apreciable en su pantalón bermudas.

    Al cabo de una hora más tarde, nuevamente lo vimos al vendedor.

    Lo llamamos para ver las prendas que tenía a la venta.

    Se entretuvo con nosotras, mostrando los livianos vestidos playeros.

    Sus ojos recorrían nuestros cuerpos calculando como se verían los vestidos puestos sobre ellos.

    Nos causó gracia su forma de calcular talles.

    Continuamos preguntando tonterías para demorar su partida.

    Dijo llamarse Mauricio. Hablaba español con cierta dificultad.

    Posiblemente fuese oriundo de un país africano.

    Míranos todas las prendas que cargaba Mauricio. Hicimos movimientos sensuales con nuestros cuerpos a fin de ser miradas por él.

    Sonreímos por todo y le pregunté si tenía otros playeros con estampados diferentes a esos.

    Mauricio movió la cabeza afirmativamente y dijo que tenía otros.

    Le pedí si podría llevarlos hasta nuestro departamento y que lo invitaba a beber una cerveza.

    Acordamos encontrarnos a las 9 pm luego que finalice su jornada laboral.

    Mauricio se alejó sonriendo y cada vez que paso cercano a nosotras, saludaba y le respondíamos con sonrisas.

    A la tarde regresamos al departamento con Roberto.

    Antes de ducharnos le dijimos que tendríamos una visita.

    Él dijo alegrarse, pero lamentó no tener plan alguno. Debía permanecer oculto en el dormitorio ante la llegada de Mauricio.

    Pidió si podía instalar su camarita en el living para ver desde el dormitorio como cogíamos con el nuevo amigo.

    Lo mirábamos con pena.

    De pronto Vicki dijo: -Tengo una idea mejor a la cámara, voy a lograr que participes con nosotras.

    Roberto estaba bajonazo, escuchó sin demostrar entusiasmo. Y dijo: -Es suficiente con que disfruten ustedes…

    Después de ducharnos juntas, nos vestimos con tangas negras y vestidos de gasa, casi transparentes. Sin corpiños.

    Luego de perfumar mis cabellos y toda zona erógena. Fui por tres latas de cerveza.

    Una le ofrecí a Vicki. Otra llevé al dormitorio, para Roberto.

    Él estaba desnudo, aplicándose crema humectante en su piel enrojecida. Me agradeció y la dejé sobre la mesita de noche.

    Mauricio llegó a la hora acordada, cargando un enorme bolso lleno de vestidos playeros.

    Vicki lo recibió con un beso en la mejilla y le pidió perdón por estar sin corpiño, justificándose diciendo que su piel estaba sensibilizada por tantas horas de playa.

    Yo lo saludé con un beso en la mejilla y lo invité a sentarse en el único sillón de la sala.

    Le ofrecí una cerveza.

    Él la aceptó y dejo el bolso sobre la alfombra.

    Luego de dar un sorbo, comenzó a sacar los vestidos de su bolso.

    Me alcanzó uno y otro a Vicki.

    Levanté mis brazos sobre la cabeza y le pedí ayuda para quitarme lo puesto.

    Inmediatamente se puso de pie y desde atrás levantó hacia arriba mi vestido.

    Mientras Vicki se quitaba ella misma la ropa.

    Me volví hacia él, dándole las gracias y brindándole la visión de mis tetas a treinta centímetros de su cara .

    -¿Mauricio, como me ves con este vestido? -Pregunto Vicki.

    -Hermosas las dos, todo les va bonito. -Dijo y agregó sonriendo:- ¡Y sin vestidos son más hermosas!

    Mauri ayudó a Vicki a quitarse el vestido que se probaba. Luego ayudó a quitarme el mío.

    Luego probamos un segundo vestido y un tercero, alternando sorbos de cerveza.

    Fingí haber perdido un arito de mi oreja. Me puse a buscarlo de rodillas en el piso, gateando sobre la alfombra. Vestida únicamente con la tanga negra, con la tirita metida entre mis nalgas gordas.

    También Mauricio se esforzó por encontrar el arito perdido.

    Se arrodilló junto a mí.

    Pero sus ojos se desviaban hacia mis tetas balanceándose cuando me movía.

    -Quizás se fue debajo del sillón. -Dije y pegué la cara al piso, levantando el culo. Esa posición para buscar era demasiado hot para el pobre chico.

    Mauri estaba a mi lado sin decir nada. Cuando nos pusimos de pie, permaneció a mis espaldas, intentando ocultar su erección.

    -Lo buscaré mañana. -Dije a mi amiga. Luego di un paso hacia atrás y choqué contra Mauricio con el culo desnudo.

    Sin duda alguna, Mauri tenía una buena erección y percibí claramente la dureza de su pene en mi cola.

    -¡Perdón! -Exclamé y llevé una mano hacia atrás apoyándola en su miembro ya erecto.

    Giré el cuerpo para mirarlo de frente. Apoyando mis tetas en su pecho. Pareció dudar o estar sorprendido, pero llevo sus manos a mi cintura y me atrajo hacia su cuerpo.

    En ese momento llegó Vicki, cargando una bandeja con tres cervezas.

    Ella tenía puesto un vestido playero, pero se había quitado la tanguita. Preguntó con ingenuidad o desparpajo: -¿Cómo me va este?

    Él la miró, pero antes de que dijera alguna palabra; Vicki le rodeo la cintura con un brazo y le ofreció una cerveza.

    Mauricio mantenía su otra mano apoyada en mi cadera.

    Yo busqué la hebilla de su cinturón y bajé mi mano sobre el bulto de su pantalón.

    -¿Todo esto es verdad? ¿Todo esto es un sueño? -Dijo Mauricio con sus ojos cerrados.

    Vicki y yo nos reímos, apoyamos las cervezas sobre una mesita. Acariciamos su pecho y lo ayudamos a quitarse la remera celeste.

    Él nos juntó en un abrazo sobre su pecho desnudo.

    Yo, la más audaz; desprendo su cinturón. Abrí la bragueta liberando la tremenda verga oscura, con cabeza color borra de vino y sin prepucio.

    -Queremos jugar con vos. -Le dije-. Debes acostarte en la alfombra, te vendamos los ojos y atamos tus manos por detrás de tu cabeza. -Le expliqué pausadamente. Al tiempo que Vicki dejaba caer su vestido al piso.

    Continúe hablándole a Mauri.

    -Te daremos a probar nuestros pechos. Si aciertas de quién es puedes seguir comiéndolo. También tendrás otros premios. Si yerras te lo retiramos de tu boca. Ella Vicki, yo Belu. ¿Estás de acuerdo?

    -Siii -Exclamó Mauri. Acostándose boca arriba y llevando las manos hacia su nuca.

    Vicki le unió las manos con un cintillo y le cubrió los ojos con su antifaz para dormir.

    Él se reía nerviosamente. Su verga ya levantada hacía movimientos hacia su pelvis.

    Era una oscura verga de gran porte y bastante gruesa. Bella por tener el glande siempre expuesto.

    Inclinada sobre él, apoye un pezón en sus labios y preguntamos a dúo: -¿De quién es?

    Lo acarició con su lengua y respondió: -Belu

    Bajé un poco mi cuerpo y se lo di a chupar. Lo hizo con tantas ganas que inmediatamente me moje mucho. Luego de tres minutos me separé de él.

    ¡Su verga levantada tenía movimientos propios sin que la tocará!

    Vicki agachándose en cuclillas sobre él, hizo rozar su entrepierna con la punta del pene y preguntamos a dúo: -¿De quién es?

    Mauricio suspiró profundamente y respondió: Belu.

    Le acariciamos el pecho diciendo a dúo: No.

    Apoyé mis rodillas a los costados de Mauri para acercar mi vagina mojada a sus labios. Preguntamos: -¿De quién es?

    -Belu. -Respondió.

    Apoyé totalmente mi vagina en su cara. Mientras Vicki lo pajeaba suavemente y con gestos llamaba a Roberto.

    Él vino hasta Vicki, sigilosamente gateando desnudo.

    Ella suavemente le ofreció en su boca el pene de Mauricio.

    Roberto comenzó a devorarlo con ansias de verga.

    Continuó chupando hasta que la cabezota se hizo monstruosa y estalló en su boca.

    Mientras Mauri me penetraba con su lengua y mordía los labios de mi vagina.

    Nuestro amigo regreso rápidamente al dormitorio con la boca llena de semen.

    Vicki se recostó sobre el vientre de Mauri y le lamió las bolas. Ella también estaba tan mojada como yo.

    Se acariciaba los pezones y suspiraba.

    Sentada sobre su pecho espere el tiempo necesario para que Mauri recuperará la erección, mientras él se deleitaba acariciando mi clítoris.

    Advertí el endurecimiento de su pene, segundo tras segundo.

    Cuando estuvo listo para encajarse en mí. Sentí estirarse la piel de los labios vaginales.

    Él me penetraba con envites profundos llegando a tocar el fondo vaginal con el glande de su miembro.

    Me cogía fuertemente levantando mi vagina ensartada cuando movía subiendo y bajando su pelvis.

    Mientras Mauri me penetraba; Vicki libero sus manos y le quitó el antifaz.

    Mauricio me aprisiono las nalgas, calzó sus pulgares en mi ano. Arrodillándose detrás de mí; bombeo frenéticamente hasta hacer que grite y comencé a venirme a chorros cuando me llenó con su semen caliente.

    Quedé tirada en la alfombra hasta recuperarme e ir al baño con una toalla entre las piernas. Luego fui a la cocina por más cervezas.

    Cuando regresé, Vicki le acariciaba el pecho a Mauri. Su verga permanecía aún flácida.

    Luego de beber mi cerveza, dije que iba a ducharme.

    Ellos continuaban hablando en voz baja con sus cabezas muy juntas.

    Mauricio se deleitaba con las tetas de mi amiga. Ella acariciaba su pubis.

    Luego de ducharme cuando comenzaba a secarme el cabello oí el musical sonido del sexo, proveniente de la sala. También oí el quejarse de Vicki.

    Fui hacia ellos, pero me detuve al ver a mi amiga de rodillas sobre el sillón y a Mauri, martillando su concha desde atrás.

    Su oscuro pene se hundía en ella, arrancándole quejidos y luego un grito cuando la llevó al orgasmo.

    Mauricio continuaba golpeando violentamente el culo de Vicki, con su pelvis sudada. Escuchaba el sonido “plop” al choque de Mauri en el culo de ella. Con envites espaciados luego incrementando su velocidad hasta detenerse cuando se descargó en su vagina.

    Exhausta, luego de unos minutos, Vicki corrió hasta el baño conteniendo con una mano los fluidos que le bajaban.

    Regreso desnuda del baño cuando Mauricio ya se vestía.

    -Optamos por comprarle tres vestidos playeros. Uno por cada polvo de él  -Dije a Mauri.

    Él dijo: -Dos para Vicki, uno para Belu.

    Nunca imaginó, que no fue ella quien recibió su primera eyaculación en la boca.

    Belu

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  • Micaela y sus sobrinos (6): La carnada virtual

    Micaela y sus sobrinos (6): La carnada virtual

    Anteriormente: Micaela pudo probar el miembro de Marcos y tener en su mano la de Agustín.

    Cuando arranca su tarea perversa tiene un orgasmo que la deja en el suelo acostada solo con su ropa interior roja de encaje.

    Con espasmos y el fluir de líquidos de su interior no puede reponerse, su cuerpo ha disfrutado de todo el orgasmo que la ha dejado tirada.

    Sus sobrinos al verla allí acostada deciden homenajearla masturbándose a la vista de ella.

    Después de algunos largos minutos terminan eyaculando chorros de leche en todo el cuerpo de su tía, que al recibir unas gotas en su boca y ver los enormes miembros y bolas de sus sobrinos vuelve a tener un orgasmo y grita de placer solo por sentir la tibia crema de sus sobrinos en su piel y su boca.

    Suena el celular insistentemente. Micaela mira hacia el costado y ve borroso, se pasa las manos en los ojos tratando de limpiar el exceso de lágrimas o lo que sea para poder enfocar bien.

    Está en su cama, tapada con su sábana blanca. No entiende qué está pasando.

    El teléfono sigue sonando, es su esposo. Lo atiende tratando de entender qué es lo que pasó o qué está pasando.

    Hablan un poco de trivialidades, ella le dice que recién se despierta y parece sorprenderle a su pareja.

    “te dejaron de cama los sobris, ya es mediodía” le dice

    Abre las cortinas y el sol de verano entra a su cuarto haciéndole cerrar los ojos.

    Se mira al espejo y ve que está con su misma ropa interior. Está muy despeinada. Se acerca un poco más y ve en detalle que tiene manchas brillosas en la piel, en todo su cuerpo, en su cara y se toca las pestañas, están todas juntas pegadas.

    En cada lugar que hay brillo pasa su dedo y caen como escamas.

    Evidentemente no lo soñó, lo que ocurrió, ocurrió. ¿Ahora habrá pasado algo más que no recuerda?

    Termina de hablar con su esposo nuevamente sin haber escuchado ni una palabra de lo que dijo.

    Esta vez se pone una bata más decente y sale hacia el living.

    No hay nadie, tampoco en la cocina, se asoma hacia el jardín y la pileta, tampoco hay nadie.

    Revisa su celular y no hay mensajes de sus sobrinos, simplemente se fueron.

    Decepcionada camina por toda la casa y va a darse un baño. Tiene hasta ganas de llorar, se siente despreciada.

    Sale con el pelo húmedo mientras se seca el cuerpo camino a su cuarto, abre el cajón de su ropa interior y esta vez no elige nada sexy, sino una bombacha más ancha color crema y un corpiño que cubre todas sus tetas.

    Se pone un vestido floreado y se va a desayunar, sola.

    Mientras toma su café con sus tostadas con queso crema mira hacia la pileta que dio origen a todo lo ocurrido el día y noche anterior.

    Sus ojos se llenan de lágrimas, pero no sabe bien por qué.

    Un poco se siente culpable porque ha hecho algo prohibido, ha tenido situaciones sexuales extramatrimoniales, y no solo con uno sino con dos hombres a la vez.

    Pero la culpa se expande al considerar que no son hombres cualquiera, sino sus sobrinos, sus jóvenes sobrinos hijos de su odiosa cuñada que habían solo a librarse del calor del verano de Buenos Aires en su pileta.

    Estarían haciendo sus primeras experiencias con sus novias o parejas pasajeras y Micaela se aprovechó de ello para satisfacer una calentura momentánea.

    Unas lágrimas más gruesas caen por sus mejillas y lanza el primer llanto, pero esta vez ya no es por culpa, sino por bronca. Se siente rechazada. Ella no tuvo su noche de sexo desenfrenado como deseaba, sino que luego de recibir el semen de sus sobrinos se desmayó de placer y ellos solo la levantaron y acostaron en su cama.

    Testigo de esto son sus prendas que quedaron puestas, sabe bien que no hubo nada más, no hubo borrachera, ni amnesia. Simplemente sirvió como objeto de masturbación de sus sobrinos y al acabar la desecharon.

    Se repone, se limpia la cara y camina hacia la puerta de vidrio corrediza que da hacia la pileta y el jardín.

    La abre y sale, el piso está caliente, así que camina por la sombra, el sol del mediodía está ardiendo e inmediatamente siente el calor en su piel.

    Chequea el pronóstico y verifica que ya está en 36 grados y recién es mediodía. Su App le advierte que pasará los 40 grados esa jornada.

    Vuelve al interior de su casa, a la protección del aire acondicionado, se dirige a su cuarto, abre sus cajones y elige la bikini más chica que tiene.

    Un juego no tan diminuto pero que al menos es de dos piezas.

    Al mirarse al espejo quisiera que fuera más chico de lo que es, en su mente ya planea comprar ropa más reveladora.

    Va hacia la pileta y tras un chapuzón sale para ponerse crema solar.

    En la reposera siente como el sol la abraza y dedica unos minutos a poner su mente en blanco.

    Con sus ojos cerrados logra abstraerse de todo y hasta sonríe por ese momento de paz.

    Abre los ojos de repente, un flash vino a su mente, el recuerdo de la última gota de semen de Marcos cayendo hacia su boca cuando estaba aún temblando por los espasmos de su orgasmo.

    Trata de eliminar ese pensamiento y quiere volver a poner su mente en blanco pero ya es tarde, nuevamente sentimientos de culpa, bronca y suposiciones vuelven.

    Se pone a mirar su celular, las redes sociales.

    Ve como las famosas y hasta sus amigas suben historias en playas o piletas en bikini mostrando sus cuerpos para recibir el halago de muchos hombres y mujeres.

    Micaela no era de subir muchas historias de ese estilo, pero se vio tentada al leer los comentarios y las reacciones hacia las publicaciones de las amigas y las famosas.

    Ensaya selfies y fotos para poder publicar y no se convence.

    Su bikini turquesa que era la más chica y moderna parecía de una abuela comparada a las que veía en las redes sociales.

    Decidió entonces hacer algo.

    Vuelve a su cuarto y toma la tanga roja que usó la noche anterior. Esa pequeña tanga con transparencia.

    Aún tiene restos secos de las eyaculaciones de sus sobrinos, pero no le importa.

    Se la cambia y va hacia la reposera.

    Allí toma fotos mostrando el bondadoso culo blanco que tiene, con la tela roja metida entre sus nalgas y solo unas tiritas que la sostienen en sus caderas.

    Se pone más osada y se saca la parte de arriba, no habría nada de malo, está tomando sol y no quiere las marcas de un corpiño.

    De alguna manera logra tomar una foto de ella cubriéndose los pezones, sin ser grotesca, acostada en esa reposera mostrando su inocente cola y la pileta de fondo.

    Duda mucho en subirla, y cuando lo hace usa una opción de mejores amigos, solo para algunos elegidos.

    Todas sus amigas están incluidas, también compañeros de facultad y de trabajo, excluye a familiares directos, excepto a dos: sus sobrinos Marcos y Agustín.

    Llueven las notificaciones y reacciones, de amigas que la felicitan, que le dicen que es una bomba, que es hermosa, etc.

    También de los compañeros de trabajo y facultad y hasta de la secundaria, hasta con comentarios subidos de tono, sin respetar que es una mujer casada.

    Se indigna cuando ve que hombres con novia o esposa e hijos le comentan la foto.

    Le agrada gustar, le sube el ánimo. Pero con decepción ve que sus sobrinos al ver la foto no hacen nada.

    Sigue tomando sol y siguen cayendo notificaciones, y le llegan mensajes al whatsapp de hombres que buscan excusa para ver si tienen alguna oportunidad.

    Algo la hace enojar, en la cantidad de notificaciones le llega una foto temporal que solo se abrirá al tocarla.

    Es de un ex compañero de secundaria, y a pesar de que sabe que no debe abrirla lo hace.

    Era lo obvio, una foto de sus genitales. El pobre creía que tenía algo poderoso entre las piernas y solo causa risa, asco y gracia a Micaela. Un pequeño pene feo, rosado, con muchos pendejos castaños, todo aestético. Sacado en su propio baño, se ve un inodoro, un calzón con manchas. Todo menos erótico.

    Micaela se cansa y borra la foto, también silencia el teléfono. Se pone auriculares y escucha su música favorita mientras sigue al sol transpirando con sus pechos ofrecidos y su diminuta tanga roja manchada.

    Sumida en una canción vuelve a recordar los miembros de sus sobrinos, y no puede creer la diferencia de cuerpos y de aparatos que portaban ellos comparado con el desubicado que le envió esas fotos poco agraciadas.

    Recuerda como su mano comprobó el ancho y el largo del falo de Agustín y del tamaño enorme de sus bolas bamboleantes.

    Vino a su mente el sabor y el calor del enorme glande de Marcos, y de cómo intentó comer centímetros de carne hasta que tuvo ese orgasmo.

    Sus dedos volvieron por instinto a su vulva, metiéndose por debajo de la pequeña tanga.

    El sudor, el calor y sus propios jugos se activaron. Hicieron fácil la entrada de sus dos dedos mayor y anular.

    Arquea su cuerpo y escucha el chapoteo de sus dedos en su vagina a pesar de tener auriculares.

    Esto la calienta más y trata de meter más profundo sus dedos, como queriendo llegar más lejos, pero sabe que es limitado el largo de estos, el largo de los miembros de sus sobrinos sería más del doble de sus delicados y femeninos dedos.

    Pierde la noción del tiempo y el espacio. Su otra mano toca sus pezones buscando mayor estimulación.

    Jadea y gime de forma sonora, no le importa. Está extasiada.

    Comienza a temblar, está llegando nuevamente al clímax del orgasmo.

    Grita y el movimiento hace caer uno de los auriculares. Abre los ojos por instinto y al girar su cabeza ve a sus sobrinos Marcos y Agustín en la entrada de su casa, con la puerta corrediza abierta, mirando el espectáculo.

    Ella intenta sacarse los dedos que están bien profundo en su interior y en ese movimiento acelerado roza su inflamado clítoris.

    “nooo” grita gimiendo mientras tiene un orgasmo similar al de la noche anterior.

    Tiembla y jugos caen por el costado de sus muslos.

    Está toda roja, transpirada, despeinada, en tetas y vestida con la pequeña tanga roja transparente, húmeda y brillosa por la leche de sus sobrinos.

    Sus sobrinos siguen estáticos en la puerta.

    Micaela se levanta como puede, camina temblorosa hacia ellos.

    Al acercarse se contonea, no le importa estar en tetas. Llega hasta sus sobrinos.

    Vuelve sus manos hacia su vulva. Marcos y Agustín se debaten entre mirar las tetas maduras de su tía y lo que hace con sus manos.

    Ella toma de sus jugos y les dice:

    “abran la boca pendejos”

    Marcos y Agustín obedecen. Micaela les mete sus dedos con sus jugos producto de su masturbación que fue causada por el recuerdo de lo que hicieron ellos.

    “esto lo causaron ustedes, así que se lo van a comer” les dice Micaela.

    La escena si es erótica.

    Micaela parada solo con su tanga roja húmeda frente a sus sobrinos, con sus dedos dentro de la boca de sus sobrinos.

    El calor del ambiente es poco comparado con el que sienten Micaela y sus sobrinos en ese momento. Y no parece que vaya a terminar allí.

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