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  • Mi primera infidelidad antes de casarme (parte 1)

    Mi primera infidelidad antes de casarme (parte 1)

    Conocí a mi futuro esposo siendo muy joven. Estuvimos tres años de novios, y cuando nos conocimos, yo era inexperta en el ámbito sexual. Aunque tuve un par de oportunidades antes de él, siempre sentí que no era el momento adecuado. En aquella época, mi cuerpo era joven y esbelto: piernas tonificadas, curvas pronunciadas y un busto firme que llamaba la atención. Cuando cumplimos nuestro tercer aniversario, él me propuso matrimonio. Acepté sin dudarlo. Nuestro futuro parecía prometedor, con el apoyo incondicional de nuestras familias.

    Los preparativos de la boda avanzaban sin contratiempos, y estábamos a solo un mes de dar el sí cuando mis amigas me sugirieron organizar una despedida de soltera en un boliche de la ciudad. Los amigos de mi prometido harían lo propio en nuestra casa, así que accedí, con la condición de que fuera una salida tranquila, solo para bailar un rato y regresar temprano. No podía imaginar que esa decisión marcaría un antes y un después en mi vida.

    La noche llegó, y al entrar al boliche, noté que estaba medio vacío. Aunque no era lo que esperaba, me alegró, pues solo quería disfrutar de la compañía de mis amigas. Pedimos unas copas, reímos y bailamos un rato, hasta que un grupo de hombres llamó nuestra atención. Eran cuatro tipos atractivos, altos y con cuerpos trabajados que no pasaban desapercibidos. Poco a poco, se acercaron a nosotras, nos invitaron a bailar y, casi sin darnos cuenta, cada una de mis amigas terminó emparejada con uno de ellos. Yo, incómoda con la situación, decidí retirarme a la barra. No quería involucrarme con nadie; después de todo, estaba a punto de casarme.

    Mientras observaba a mis amigas, perdidas en la música y en los brazos de aquellos hombres, uno de ellos se acercó a mí. Era alto, de mirada intensa y una sonrisa que desprendía confianza. Se presentó como Alan, y su voz era suave pero segura.

    —Hola, ¿te molesta si me siento aquí? Mis amigos parecen estar… bastante ocupados —dijo, señalando hacia el grupo, donde las risas y los movimientos sugerían algo más que un simple baile.

    —No, no hay problema —respondí, tratando de sonar indiferente.

    —Gracias. No suelo hacer esto, pero no pude evitar notarte. Pareces diferente al resto —comentó, con una sonrisa que me hizo sonrojarme.

    —Diferente, ¿en qué sentido? —pregunté, arqueando una ceja.

    —No sé… más reservada, quizás. Como si no pertenecieras a este lugar —dijo, mientras pedía dos tragos al barman.

    —Es mi despedida de soltera —expliqué, mostrando el anillo de compromiso—. No suelo salir mucho.

    —Ah, eso explica muchas cosas —respondió, con una carcajada—. Aunque, con tu belleza, no me sorprende que ya estés comprometida.

    La conversación fluyó con naturalidad. Alan era encantador, divertido y sabía cómo hacerme reír. Los tragos comenzaron a llegar, uno tras otro, y antes de darme cuenta, ya había perdido la cuenta. Mis inhibiciones se desvanecieron, y la noche se convirtió en una mezcla de risas, miradas cómplices y un creciente deseo que no podía ignorar.

    —Basta, era solo un trago —dije entre risas, intentando recuperar el control.

    —Relájate, es tu noche. Mereces disfrutarla —respondió él, acercándose un poco más.

    En un momento de descuido, intercambiamos números. Aunque intenté poner límites, sabía que estaba jugando con fuego.

    —No me mandes mensajes a cada rato. Mi novio es celoso —advertí, tratando de sonar firme.

    —No te preocupes, pero con una mujer como tú, es difícil no intentarlo —dijo, mientras sus ojos recorrían mi cuerpo con una intensidad que me erizó la piel.

    La música sonaba más fuerte, y el ambiente se volvía cada vez más cargado. Él extendió su mano hacia mí, con una mirada que no dejaba lugar a dudas.

    —Ya sé que estás cansada, pero… ¿no te gustaría bailar? —preguntó, con una voz que era casi un susurro.

    En ese momento, supe que estaba a punto de cruzar una línea de la que no habría vuelta atrás.

    Entre dudas, acepté. Bailamos un rato, riendo y disfrutando del momento, hasta que comenzó a sonar una canción lenta. Con un poco de vergüenza al principio, nos acercamos cada vez más, hasta que nuestros cuerpos quedaron pegados. Fue entonces cuando lo sentí: su enorme erección, dura y firme, presionando contra mí. Una oleada de deseo recorrió mi cuerpo, una calentura que nunca antes había experimentado. Él también parecía estar igual de excitado, y en un gesto audaz, deslizó sus manos por mi espalda hasta llegar a mi culo, apretándolo con firmeza.

    —Qué hermoso cuerpo tenés… —murmuró al oído, con una voz cargada de deseo.

    Estaba a punto de perder el control, de devorarle la boca allí mismo, pero en un último momento de lucidez, me separé bruscamente de él, sintiendo cómo las mejillas me ardían de vergüenza.

    —¡Perdón, no puedo! —exclamé, casi sin aliento.

    Y antes de que pudiera decir algo más, salí corriendo, buscando a mis amigas para irnos de allí lo más rápido posible.

    Esa noche, el sueño fue esquivo. Cada vez que cerraba los ojos, volvía a sentir sus manos en mi cuerpo, su respiración caliente en mi cuello, y cómo me hacía suya en mis fantasías más íntimas. Soñé con él, con su cuerpo sobre el mío, y desperté con las sábanas empapadas, el corazón acelerado y una mezcla de culpa y deseo que no podía sacudir. Por suerte, mi novio se había quedado dormido en el sofá, exhausto por la cerveza que había bebido durante su despedida de soltero. Me levanté rápidamente, limpié la habitación y me preparé para enfrentar el día.

    Mientras recogía los restos de la fiesta en la sala, mi mente no dejaba de divagar hacia lo ocurrido la noche anterior. Fue entonces cuando mi teléfono vibró. Era un mensaje suyo.

    —Hola, soy yo. Perdón por lo de anoche, creo que me pasé con un par de tragos.

    Leí el mensaje varias veces antes de responder, tratando de mantener la compostura.

    —Hola, no pasa nada. Lo que pasó, pasó. Solo que no vuelva a ocurrir, por favor.

    La respuesta llegó casi de inmediato.

    —¿Eso significa que puede haber otra salida?

    Vacilé un momento antes de escribir.

    —Mmmm, puede ser.

    —Jajaja, dale. Te prometo que será solo para charlar como lo hicimos. La pasé muy bien.

    —Yo también me divertí mucho —respondí, sintiendo cómo una sonrisa se dibujaba en mi rostro a pesar de todo.

    —Bueno, después te hablo. Tengo que ir a cocinar. Chau.

    —Chau, hermosa.

    Estaba tan caliente que no podía creer lo que estaba haciendo, dándole lugar a él de esa manera. Pero la verdad es que, cuando sentí su pene, fue una sensación tan única que mi esposo nunca me había dado. Él era tan distinto a mi marido que me hizo cuestionarme si realmente estaba con la persona correcta. Esa experiencia me hizo dudar, incluso a pocos días de mi boda.

    Pasaron los días y traté de no mirar el celular. Tenía varios mensajes suyos, pero no respondí a ninguno. Quería hacer las cosas bien con mi novio, a pesar de que todavía no habíamos tenido relaciones sexuales. Cada vez que dormíamos juntos y él me rozaba con su pene, nunca sentí nada parecido a lo que él me hizo sentir. Quizás eso era lo que necesitaba.

    Luego, un viernes, a una semana de mi boda, salí a hacer algunas compras. Todavía nos faltaban algunas cosas pequeñas para la ceremonia. Salí con ropa deportiva que se ajustaba perfectamente a mi cuerpo, resaltando cada curva. Al llegar a la tienda, me excedí comprando cosas que no necesitaba, y como estaba sola, me costaba llevar todo al auto. En un momento, se me cayeron un par de bolsas, y de repente, un hombre se detuvo para ayudarme.

    —Disculpe, déjeme ayudarla, señorita —dijo, agachándose para recoger las cosas.

    —¡Muchas gracias! —respondí, y cuando levanté la vista, lo reconocí de inmediato—. ¡Alan!

    —¡Alma! ¡Qué hermosa sorpresa! —exclamó, con una sonrisa que me hizo sonrojar.

    —Llegaste en el momento justo. ¿Me ayudás a llevar estas cosas al auto? —pregunté, sintiendo cómo mis mejillas se encendían.

    —Por supuesto, no te hagas problemas. Te ayudo —dijo, riendo.

    No podía creer que me había encontrado con él, el hombre que me había hecho dudar de mi relación. Mientras caminábamos hacia el auto, la conversación fluyó entre risas incómodas y miradas cargadas de tensión. La atracción entre nosotros era palpable, y ambos lo sabíamos.

    —¿Por qué no me respondés los mensajes? —preguntó de repente, rompiendo el silencio.

    —Disculpá, en estas semanas lo último que miré fue el teléfono. Estuve ocupada con los preparativos de la boda —respondí, tratando de sonar casual.

    —Ah, claro. Yo pensé que ya me habías olvidado —dijo, con un tono de broma, pero sus ojos decían otra cosa.

    —No, no —reí, intentando disimular mi nerviosismo.

    —Bueno, aprovecho para invitarte a unos tragos mañana. ¿Qué te parece? —preguntó, con una sonrisa pícara.

    —Mmm, no lo sé. No estoy segura de que mi novio esté de acuerdo o qué pensará —respondí, jugando con las bolsas que llevaba en las manos.

    —No te preocupes, podés decirle que salís con tus amigas. Yo llevaré a mis amigos, y la pasaremos bien, como «amigos» —dijo, guiñándome un ojo antes de soltar una carcajada.

    Llegamos al auto, y mientras guardaba las cosas, noté cómo sus ojos no se despegaban de mi cuerpo. Yo, sintiendo la calentura recorrer mi piel, me incliné un poco más de lo necesario, fingiendo que estaba acomodando las bolsas, pero en realidad estaba coqueteando con él. Funcionó, porque al mirar por el espejo retrovisor, vi cómo se quedaba embobado, mirando mi culo.

    —¿Perdiste algo? —pregunté, mirándolo a través del espejo con una sonrisa pícara.

    —No, solo me aseguraba de que estuvieras acomodando bien las cosas, para que no se te cayeran —respondió, acercándose más.

    En ese momento, sentí cómo su cuerpo se pegaba al mío, y su erección presionaba contra mi culo. Un escalofrío recorrió mi espalda.

    —¡Alan! ¿Qué estás haciendo? —exclamé, tratando de sonar seria, pero mi voz tembló.

    —Perdón, me resbalé —dijo, riendo con nerviosismo.

    —Está bien, no pasa nada, pero ya podés alejarte —respondí, intentando mantener la compostura.

    —Sí, sí, perdón —dijo, dando un paso atrás.

    —Bueno, Alan, mil gracias por ayudarme. Te debo una —dije, cerrando la puerta del auto.

    —Listo, entonces mañana salimos, y así estamos a mano. Invitá a tus amigas, y yo llevo a mis amigos —propuso, con una sonrisa que me hizo dudar.

    —Mmm, bueno —respondí, mirándolo con indecisión.

    Nos despedimos con un beso en la mejilla, pero nuestros labios estuvieron a punto de rozarse. Mientras tanto, sus manos apretaron mi cadera con firmeza, dejando claro que la tensión entre nosotros estaba lejos de desaparecer.

    Continuará.

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  • El complejo de Marisa con su culo

    El complejo de Marisa con su culo

    Hola, me llamo Sergio tengo 25 años, mido 182 cm, y estoy delgado, aunque ligeramente musculado, trabajo en una oficina, mi vida es totalmente normal, tengo novia desde hace 6 meses, pero lo que os quiero contar sucedió hace dos meses en la oficina donde trabajo.

    Yo tengo tres jefes, Juan, Vicente y Marisa, de los cuales Vicente es el Presidente de la compañía, Juan encargo de personal y Marisa encargada económica.

    Desde que entré a trabajar mi relación con ellos siempre ha sido buena, me sentí parte del equipo enseguida, llevando parte de la contabilidad es lógico que mi relación con Marisa fuera desde el principio constate, ya que era mi jefa directa.

    Marisa tiene 25 años igual que yo, era hija del mejor amigo de Vicente por ello que cuando terminó la carrera enseguida entró a formar parte del equipo directivo de la Compañía. Ella medirá 1.60 aproximadamente, tiene el pelo color caoba (aunque el suyo natural es castaño), destaca su rostro, que el de una auténtica musa, tiene unos dientes perfectos que completan unos labios preciosos, nariz algo achatada y ojos marrones, alguna que otra pequilla y una sonrisa que quita el hipo, ella es muy risueña y siempre está riendo.

    Con respecto a su cuerpo, ella es delgada, tiene un pequeño, pero bonito pecho y un culo de esos que te desmayan sólo de verlo, tiene culo, no es de esas que el culo se le caen, tiene de donde agarrar, aunque no es exagerado. sus medidas rondaran los 87–63–98. De ella físicamente cabe destacar su carita y su culo. Ella tenía una pega y es que al vestir, intentaba siempre ocultar su culo, tras camisas largas, jeseys o camisas anudadas en su cintura, las pocas veces que había tenido la oportunidad de ver en plenitud su trasero, me había dado cuenta que siempre utilizaba bragas, nunca tangas, las costuras le delataban.

    A mí me llamaba este dato la atención, ya que estando de moda el tanga para evitar lo feo que quedan las costuras, ella no los utilizaba, pese que cuando hablabas con ella te daba impresión de ser una tía muy moderna.

    Después de 1 año con ella trabajando, se puede decir que éramos amigos, solíamos tomar copas después del trabajo, por lo menos una vez a la semana, uno de esos día habíamos bebido bastante los dos, acabamos hablando en la puerta de su casa en el coche, pues yo la había llevado. Entre la conversación en un momento se me ocurrió preguntarle:

    –¿Tú tienes algún complejo?

    –(risa) ¿Yo?, no ¿por qué preguntas eso? –Respondió

    –Mujer yo creo que si

    –No sé el que.

    En ese momento dudé, ya que nunca habíamos hablado de intimidades.

    –Creo que te acomplejas de tu culo. –Respondí.

    –Que tonterías. Yo estoy muy orgullosa de mi culo.

    Me sorprendió que entrara al trapo.

    –Yo creo que no, –dije– es más creo que estas muy acomplejada, pues siempre tratas de ocultarlo, además no te gusta llevar tangas porque eso destacaría mucho tu trasero.

    Ella, mantuvo el silencio durante unos instantes, no hablaba y entonces le dije:

    –Mujer, yo no te lo digo por mal, pero es que creo que tienes un bonito trasero, es más tú sabes que a los hombres le gustas mucho por tu trasero.

    Ella lejos de enfadarse, me contestó:

    –Sergio, cuando tenía quince años iba en una pandilla de amigos, y ellos se metían constantemente con mi culo, es verdad, que yo entonces estaba gordita, pero desde entonces, no hago más que acordarme no me gusta que la gente se ría de mi culo.

    Era obvio, que había acertado, desde ese momento, seguí hablándole convenciéndole que tenía un culo, de esos que gustan a los hombres y dan envidia a las mujeres. Finalmente nos despedimos todo quedó ahí.

    En los días siguiente no noté ningún cambio en su forma de vestir ni nada. Hasta que llego el viernes siguiente, día que habíamos quedado unos cuentos para cenar después del trabajo.

    Ese día ella apareció, con una blusa de color negro con estampados en rojo, con un generoso escote que dejaba ver un bonito sujetador de encaje granate, y un pantalón muy ceñido de color rojo, eso si llevaba anudada una sobrecamisa de tergar negra. No sé, la noté más arreglada que nunca, maquillada, que ella no solía ir.

    Al llegar a la cena, ella se sentó a mi lado, una vez sentada se quitó la camisa que llevaba anudada con mucho disimulo. Empezamos a cenar y una de las veces que se hizo hacia delante, me fijé y vi asomar como el triángulo de un tanga rojo. Fue un instante, pero esto me puso, cachondo al momento, ella llevaba tanga, estaba casi seguro. Cada vez que podía miraba y me encantaba. Ya finalizando la cena me atreví a decirle:

    –Marisa, veo que me has hecho caso.

    –¿a qué te refieres? –Contestó.

    –Llevas tanga, ¿verdad?

    –Si, claro, el pantalón era muy ajustado.

    Lo reconoció, le insistí que no tenía porque taparse el culo, y ella finalmente me hizo caso, estuvimos tomando copas, y bailando con el resto de la gente y ella no se tapó, se veía genial, ¡que culazo!

    Volví con ella a casa, la llevé yo, en el camino la veía contenta y le dije:

    –Ves, todos se han fijado en tu culo, pero no para meterse, por admiración, es que hoy estabas genial.

    –Ya lo he visto, los hombres sois muy simples pero me ha gustado. El problema que tengo es que sólo tengo este que me regalo la novia de mi hermano en una nochevieja.

    Diciendo esto, con un dedo por el lateral me enseñó el elástico del tanga, yo tenía mi pene a tope, pero por respeto no intenté nada. Quedamos en que le acompañaría a comprarse más.

    Quedamos el sábado, ella llevaba braga, estuvimos eligiendo pero no tuve la suerte que se probara ninguno, pero compró doce, alguno de ellos verdaderamente escaso. A partir de ese día todos los días iba con pantalones ajustados y tanga, había cambiado. Y yo cada vez más cachondo intentando ver por el borde el triángulo del tanga para saber cuál llevaba hoy.

    Como 1 mes después, nos tocó ir a una convención Madrid, en el hotel nos tocó a los dos en la misma habitación, éramos los dos únicos de la empresa.

    Cuando entramos, ella entró al servicio a ducharse primero, al salir casi se me cae un huevo, llevaba un pantalón blanco y un top negro, pero cuando la vi de culo llevaba bragas. Yo enseguida se lo recriminé, y ella me dijo que en ese pantalón se notaba mucho el tanga. Le convencí para que se lo probara. Me enseñó tres tangas que tenía: 1 blanco de encaje, algo anchito de detrás, otro blanco de algodón y un tercero rosita claro de encaje que por detrás sin llegar a ser de hilo, era muy reducido.

    Ella al final se puso el más anchito de detrás, la verdad es que se veía muy claro, pero estaba genial. Me dijo que me esperaba abajo y yo me metí en la ducha. Salí con la toalla envuelta y allí estaba ella con el tanga rosita puesto en la habitación, tenía el culo en pompa casi. Estuve muy cerca de desmayarme, ella del susto se sentó en la cama, y me dijo que perdonara, pero con el otro no se sentía cómoda y había subido a cambiárselo.

    Yo estaba petrificado, y con la polla a reventar, unos 17 centímetros, que hacía tienda de campaña con la toalla, yo le dije que tranquila, que total éramos compañeros y que no era la primera mujer en ropa interior que veía. Así que sin más me acerqué a mi cama y saqué unos bóxer ajustados negros que iba a ponerme, dejé caer la toalla, mi pene estaba a tope, y ella me dijo:

    –Tío, como te pasas

    –Joder, no soy de piedra tienes un super culo.

    –¿Tú crees? –Contestó.

    –Ya te digo

    Entonces se levantó y me dijo que yo no podía salir así, y se dio media vuelta poniendo su culo en pompa y enseñándome la mejor vista que nunca he contemplado. Y me dijo:

    –Va si tanto te gusta, pajeate mirándolo, que me dejo, total es para que no vayas haciendo el ridículo, y total somos amigos.

    Yo perplejo, me acerqué a ella y me agaché y empecé a chuparle el ano, que por cierto tenía algún pelillo. Ella se dejó hacer, le aparté el hilo del tanga y le metí mi polla. Ella gritó de dolor, me dijo que nunca lo había hecho por detrás, pero ya era tarde, yo había empezado el bombeo, mis huevos chascaban contra su culo, era genial. De momento se apartó de golpe, se arrodilló y se metió mi polla en su boca, al quinto meneo le solté todo el semen que llevaba dentro y ella tragó. Se levantó, se quitó el top y el sujetador, el tanga y se fue para el aseo, y me dijo:

    –Anda, ven a ducharte que estas algo pegajoso.

    A partir de ahí, mi relación con ella mejoró.

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  • Me masturbo con mi hermosa sobrina

    Me masturbo con mi hermosa sobrina

    Recibí a mi sobrina como de costumbre, un fin de semana, es una chica de piel morena, alta, con senos enormes y una vagina que sabe a gloria, tiene 23 añitos… Sí, se imaginan lo correcto, es mi amante desde hace poco tiempo cuando descubrí que no era una santa como todos creían.

    Llegó a mi casa un sábado por la tarde, vestida de manera provocativa, con una blusa que solo cubría su pecho, una falda de cuero bastante corta y un hilo debajo de toda esa belleza. No perdimos tiempo, llegó, nos dimos un abrazo, me dijo que me extrañaba y me pidió la bendición de una manera perversa, con una mirada pícara y enseguida puso su mano en mi paquete.

    La tomé del cuello y le dije: “te voy a preñar, te voy a dar duro”, (la verdad no habría penetración, pero somos muy vulgares cuando tenemos nuestros encuentros), a lo que ella sonrió, soltó todo su cuerpo y dejó que la tirara en la cama.

    Me acerqué colocándome encima de ella, sin sentarme completamente para no lastimarla, bajé el cierre de mi pantalón y saqué mi pene, estaba duro, velludo y olía muy fuerte, no tenía pensando tener sexo pero todo llegó de sorpresa (al menos ese día no la esperaba en casa), luego, ella excitada extendió uno de sus brazos, tomó mi pene y comenzó a masturbarlo suavemente, rozando sus dedos por mi glande que estaba babeando, y yo, sin dudarlo me acerqué más, abrí su blusa rompiendo los botones, y quedaron sus enormes pechos descubiertos, los apreté y acaricié, ¡estaban tan blandos!…

    Luego, empecé a mamarlos uno por uno, ella gemía y yo no podía detenerme, así que usé una de mis manos para introducir mi dedo en su vagina que ya estaba mojada y demasiado tibia, pasaba mi dedo por el borde de su clítoris, y variaba entre eso y meter el dedo en su interior mientras hacía movimientos circulares, eso la excitaba tanto que sus piernas comenzaron a temblar y se orinó, no paraba de gemir y de vez en cuando me decía que no parara, que quería seguir viniéndose mil veces de esa manera.

    Aún, ella sostenía mi pene que estaba a punto de explotar por la masturbación que desde hace un rato estaba recibiendo por sus tiernas manos.

    Pasaron unos minutos y de tanta estimulación y con ayuda de palabras obscenas, llegó nuestro momento de orgasmo, comencé yo, cuando al sacar mi dedo de su vagina me lo llevé a la nariz, y olí sus fluidos, en ese instante la señal llegó a mi cerebro y mi pene no aguantó más, me vine sabroso sobre la mano de mi sobrina, y parte del semen caliente cayó sobre su ombligo, mientras que ella al sentir mis fluidos aprovechó para masturbarse usando dos de sus dedos, y masajeando su clítoris logró venirse. Mientras sus fluidos salían de su vagina y ella se retorcía de placer, yo mamaba sus senos sin pausa.

    Cuando ambos terminamos de descargarnos, nos relajamos, nos arreglamos la ropa como pudimos y nos quedamos acostados uno al lado del otro, viéndonos sin decir ni una sola palabra, mientras nos tomábamos de la mano, temerosos y con muchos pensamientos de arrepentimiento en nuestras cabezas porque sabíamos muy bien que teníamos ganado el infierno.

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  • Vi desnuda a la hermana pequeña de mi esposa

    Vi desnuda a la hermana pequeña de mi esposa

    Mi mujer tuvo que marcharse al hospital por una urgencia y decidimos aplazar los planes de irnos al centro comercial a pasar la tarde con Estíbaliz, la hermana pequeña de Almudena, de 21 años que había venido a pasar con nosotros una quincena en julio. Entre que estaba lloviendo y que me dolía la cabeza, Estíbaliz dijo que vería una peli en vídeo y yo me tomé una aspirina y me fui a mi cuarto a echarme una siesta.

    Cuando me desperté ya eran las seis y cuarto. Me había acostado a las cuatro y me había quedado completamente dormido. El dolor de cabeza se me había pasado y fui al salón a ver qué estaba viendo Estíbaliz. Pero el salón estaba vacío y la cinta de vídeo dentro. La saqué y vi que era una película porno de nuestra colección. Entre eso y que al levantarse uno tiene la minga un poco amorcillada, mi mente se puso a imaginar fantasías.

    Al acercarme de nuevo a mi cuarto, oí unos jadeos en el cuarto de invitados donde Estíbaliz estaba alojada. Pensé que estaría masturbándose después de la película y mi polla terminó de desperezarse. Estíbaliz es una chica casi tan guapa como Almudena. Ahora está teñida de rubio y su cara es bastante aniñada. Tiene un cuerpo de escándalo y una figura de maniquí. Me di cuenta que era la primera vez que pensaba en ella como una mujer, no sólo como la hermana de mi esposa. Veía su vientre liso, sus muslos largos y duros, su culito apretado y respingón, su pecho firme aunque menor que el de Almudena…

    Me asomé a su cuarto. La puerta estaba entreabierta y esperaba ver algo a través del espejo. Con mucho cuidado, la abrí un poco más y la visión me dejó estupefacto: Estíbaliz estaba sobre un hombre cabalgándolo y gimiendo y acariciándose sus pechos. La visión de su pezón redondo y puntiagudo como una fresa se me quedó en la retina y no supe si ella me vio cuando se giró hacia la puerta.

    Me metí en una habitación alejada de ellos para no seguir oyéndolos con una erección de caballo y me puse a ver la tele. Pero no me podía concentrar, seguía a mil y me quité la ropa para hacerme una paja que me calmara la calentura. Descapullé mi verga y trataba de estirar cuando echaba la mano atrás, aunque mi cuerpo me pedía a gritos machacármela a toda velocidad. Trataba de pensar en mi mujer, en cuánto la quería y me hacía disfrutar en la cama, de sus halagos diciéndome lo bueno que era en la cama, pero sólo me venía la imagen de aquella teta de perfil de su hermana…

    Estaba tan concentrado en masturbarme que no oí cuando Estíbaliz se despidió de su amante ni cuando entraba en donde estaba. Cuando me puso la mano en el hombro me sobresaltó. Acercó inclinando su cabeza lentamente a mí por si la rechazaba, pero no pude hacerlo.

    Abrí mi boca para recibir sus labios y luego ella la abrió también. Nuestro beso se fue caldeando y nos abrazamos mientras ladeábamos nuestras cabezas cerrando y abriendo la boca y entrelazando nuestras lenguas haciendo que los chasquidos sonaran de modo que parecía que nos estábamos comiendo desesperadamente.

    No sé cómo se me despegó de mis labios para despojarse de su camiseta larga con la que estaba vestida. Contemplé sus pezones sonrosados y me abalancé sobre ellos succionándolos con avidez. Ella me acariciaba el pene y sobre todo el glande con suavidad, llevándose la mano a la boca lamiéndolo provocativamente y con ganas mientras se dejaba arrastrar por mis lametones y apretones en sus senos. Bajé la punta de mi lengua por su esternón, su estómago, su ombligo, su coño depilado en una sugerente línea de pelos cortos.

    El olor a mojado, a sudor, a flujos vaginales desatados hicieron que enterrara mi boca en su vulva tras comerle los labios. Por suerte con el otro había usado un preservativo y pude saborear sus jugos y tragarlos sin asco. No tardó en correrse, según me indicaban sus espasmos. Aunque me dijo que ya con sólo besarle los pezones ya se había corrido.

    Ella quería corresponderme, pero yo necesitaba que mi verga estuviera dentro de ella, así que reuní fuerzas para levantar su cabeza y despegar sus labios de mi glande, que lo había dejado brillante y sin goterones con una maestría insuperable. La tumbé en la cama y puse sus piernas sobre mis hombros para facilitar una mayor y más placentera penetración. La niña no paraba de gemir y de sollozar de gusto. Me decía que era cierto lo que decía su hermana, que me había estado deseando hace mucho, que era un semental. Yo, aunque muy excitado, no quería dejar de disfrutar de aquella diosa tan pronto e intentaba aguantar lo más posible.

    Me aparté de ella y me senté en un sillón. Le dije que se sentara encima de mí. Ella se puso a horcajadas y llevó las riendas del polvo. Nos besábamos y ella se retorcía de gusto apretándome la verga con el cuello de su útero o contoneándose en movimientos circulares. Necesitaba ahora más ritmo y la levanté en volandas y la empotré contra la pared.

    Sus piernas se enroscaron en mi cintura y yo la acomodé en un pequeño mueble para que sus nalgas reposaran en algo y me permitiera centrarme en follármela sin estar destrozándome los músculos. Ahora éramos dos animales en celo intercambiándonos saliva en nuestros besos y sudor en nuestras manos apretadas recorriendo nuestras pieles. Para redondear la faena, mi orgasmo coincidió con otro más suyo y hasta que no derramé la última gota de mi semen dentro de ella, no salí de su mágica cueva.

    Más tarde, ya calmados y duchados y arrepentidos, me dijo que viendo la peli porno se había calentado y había llamado a un ex, pero que el polvo con él la había dejado más insatisfecha que antes. Vio que la había pillado y fue a pedir su silencio, pero que al verme desnudo se le desató la libido. No hemos vuelto a acostarnos y evitamos quedarnos solos por si acaso, pero el hijo que espera no es de su novio, sino mío. Me lo dijo el otro día, para que lo supiera. Es lo malo de no tomar precauciones y ahora mi conciencia me hace sentirme bastante culpable.

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  • Me follo a mi hermana y a su amiga

    Me follo a mi hermana y a su amiga

    Una tarde como otras muchas, estaba solo en mi casa. Me acosté en el sofá y me empecé a masturbar, llevaba un rato masturbándome cuando de repente se abrió la puerta de casa y tras ella apareció el rostro de una amiga de mi hermana, se llama Alba, tiene aproximadamente 22 años, es morena de estatura media, pelo liso a la altura de los hombros, tetas no muy grandes, pero tampoco pequeñas, pero muy bien puestas.

    Bueno el caso es que entró en casa (me supongo que estaría la puerta abierta), y me pilló en pleno acto de masturbación, por lo que rápidamente me subí los pantalones. A mí se me caía la cara de vergüenza al pensar que una amiga de mi hermana me había pillado masturbándome. Entonces me apresuré y me puse en pie y de mi salió un disimulado “hola”, a lo que ella contestó “¿cómo te encuentras?”.

    Yo me quedé parado al escuchar esa frase en tono de juego conmigo. No salió ni una sola palabra de mi hasta que ella dijo:

    -Tranquilo, no te preocupes, eso es normal en un chico.

    Esas palabras me hicieron relajarme un poco, ya que me encontraba muy tenso ante esa situación. La miré y me reí un poco ya que no sabía que decir. Entonces ella se acercó a mí me cogió por el brazo y dijo:

    -Venga anda saca esa gran polla que la tienes que parece que va a estallar.

    En ese instante ni me lo pensé y me quité los pantalones, entonces mi polla quedó liberada y muy grande. Ella me empujó hacia el sofá y me sentó, entonces me agarró la polla y se la metió en la boca y comenzó a chupármela. Yo estaba en la gloria y estaba a punto de correrme, Alba se dio cuenta de la situación y paró, entonces se comenzó a quitar la falda y las bragas hasta que se quedó totalmente desnuda. Puso su coño empapadito sobre mi boca y le metí mi lengua, ella emitía gemidos que hacía que yo aumentara mi velocidad con la lengua hasta que ella dijo:

    -¡Venga cabrón fóllame ya! ¡Métemela hasta dentro!

    Entonces se subió encima de mí y empezó a cabalgar a gran velocidad, ella gemía, pero continuaba a gran ritmo, hasta que de repente se abrió de nuevo la puerta de casa.

    Era mi hermana, se llama Yaiza, de pelo castaño claro, liso, grandes tetas y aunque un poquito gorda estaba muy bien. Alba paró y se puso de pie y se acercó a mi hermana y comenzó a besarla, esa situación me daba mucho morbo, entonces mi hermana se arrodilló frente a mí y comenzó a chupármela mientras Alba le comía todo su coñito.

    Al cabo de un rato así se acostó boca arriba en el sofá y comencé a follarla, primero despacio para que su coñito se adaptara y cada vez más rápido hasta que estaba a punto de correrme y se lo hice, por lo que se separó y se colocaron las dos en frente de mí de rodillas y comenzaron a chupar las dos cambiando de boca en boca a cada rato hasta que no aguanté más y descargué toda mi leche sobre sus bocas, se tragaron toda mi leche sin dejar rastro alguno, después me la limpiaron y nos vestimos.

    Nunca pensé que podía follarme a mi hermana y a su amiga. Repetimos esto casi todos los fines de semana y ya mi hermana se ha follado a un amigo mío mientras yo me masturbaba.

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  • Sara, cumpliendo fantasías y anhelos (1)

    Sara, cumpliendo fantasías y anhelos (1)

    Este relato es fruto de la imaginación y de las conversaciones mantenidas con una lectora a lo largo de tres meses en los que hemos dado rienda a nuestras fantasías y anhelos. Liberándonos sexualmente a pesar de la edad y condicionantes que nos rodean. Algunas situaciones y diálogos son sacados de esas “conversaciones”.

    Pongo en situación a los lectores:

    Mi nombre es Miguel, 60 años, vivo en la periferia de Madrid, casado, 1.78m, 90 kg, ojos azules y con el cartón aflorando desde hace años. prejubilado, de aspecto normal. Ella es Sara, vive en Barcelona, muy bien posicionada socialmente, casada, trabaja en RR.HH. de una multinacional, 1,55 m, 60 kg, morena (pigmea según ella), ojos marrones, bien parecida, melena sobre los hombros, por debajo de los cincuenta, cuerpo de envidia. firme, bien mantenido con las curvas de la vida y experiencia, un pecho 95 y un culo torneado por el Spinning para forrar pelotas.

    Habíamos estado hablando por mail durante más de meses, a mí me gusta la dominación en el sexo, aunque siempre he fantaseado con ella nunca la había podido llevar a cabo por influencias de mi entorno familiar y social, tenía una vida sexual “aceptable” excesivamente tradicional, falta de chispa, algo similar le ocurría a Sara, sus fantasías se centraban más en sentirse sucia, humillada, usada y vejada como una puta, por “un viejo”.

    Al inicio de nuestras conversaciones me confesó que en sus fantasías se sentía atraída por situaciones con hombres de aspecto desagradable, ya que acentuaban su sensación de sentirse sucia, dándole mucha más importancia a sentirse sucia, vejada y humillada que al plano sexual. Según sus palabras textuales (No quiero un “atleta” sexual. En el sexo, los hombres tendéis a pensar que todo consiste en “meterla”. Puedes conseguir que me excite muchísimo con mi fantasía con palabras, gestos, expresiones, situaciones, etc. Y con sexo, también. Por supuesto).

    Su entorno de clase privilegiada (casada con un alto dirigente de una aseguradora internacional) pesaba mucho en su decisión y no se atrevía a llevarla a cabo, entre otras cosas por miedo a perder su estatus y vida acomodada, resignándose a una rutina sexual, escasa y sin ningún aliciente.

    Ambos nos conformábamos con una vida sosa y monótona, animada por nuestras conversaciones intermitentes donde dar rienda suelta a nuestras fantasías, sin ningún tipo de tabúes, habíamos compartido numerosas situaciones imaginarias, y anhelos que hacían conocer los deseos más profundos del otro mejor que nuestras respectivas parejas, teniendo ambos claro que el salvaguardar nuestro entorno, privacidad y a las personas que nos rodeaban, era prioritario e innegociable. Vivir en ciudades distintas, aunque muy bien comunicadas nos permitía planificar posibles encuentros sin que esta distancia supusiera un problema.

    Aunque mi perfil no encajaba en su patrón inicial, la diferencia de edad no era tan amplia como se había imaginado, ni tampoco mi aspecto, el de alguien totalmente normal que pasaría desapercibido al cruzarse contigo en la calle. En cuanto a mis exigencias no eran especiales, sin importar la edad, ni especialmente el físico, belleza, altura u aspecto. Enfocado más en conocer los deseos de quien añoraba el sentirse de esa manera. Fuimos forjando la complicidad y confianza necesarias.

    Finalmente, Sara, consciente de la fuerza que tenían en ella sus anhelos y fantasías decidió avanzar en nuestras conversaciones y hacerlas realidad. Debíamos planificar detalladamente el encuentro. Quedamos en Zaragoza, ciudad intermedia, ella se desplazaría en coche pues decía que le daba más libertad de movimiento, en mi caso me desplazaría en tren.

    Habíamos acordado por su seguridad que fuera ella quien hiciera la reserva del hotel para este primer encuentro, pudiendo elegir el sitio y fecha. así como algunos puntos innegociables antes: Palabra de seguridad, penetración siempre con condón, nada de golpes, marcas, ni cualquier otra acción que pudiera suponer una intromisión en la vida del otro.

    El día en cuestión me levanté a las 6 y me dirigí hasta Madrid, a primera hora tomé el tren que me llevaría hasta la cita, llegué sobre las 10 habíamos quedado a las 10:30 en la estación, lo que me dio tiempo a buscar un bar en el que pudiéramos hablar primero y dar rienda suelta a nuestras fantasías, le envié un mail con los datos y ubicación. Por su parte Sara había reservado un hotel, quería ir antes, y prepararse para asumir plenamente su papel, poniéndose como ella denominaba… ”su uniforme de puta” y venir a recogerme, forzar un “encuentro casual”. En su fantasía quería sentirse una verdadera puta, zorrear un poco antes con un desconocido. Todo un servicio completo puerta a puerta.

    A la hora acordada, entró en el bar, se le notaba algo nerviosa y a la vez, decidida a dar el paso, con la incertidumbre de lo que se iba a encontrar.

    Llevaba unos leggins simulando vaqueros como segunda piel, superajustados lo que marcaba su imponente culo y dejaba intuir unas mini bragas debajo, siendo imposible no fijar la mirada en su final de espalda en un primer reconocimiento, una blusa blanca con los dos primeros botones abiertos dejando muy poco a la imaginación sobre el tamaño de sus tetas, un pañuelo al cuello, una cazadora por encima de sus hombros y unos tacones que la elevaban al menos 6 cm, sus labios pintados de un rojo intenso.

    Tenía toda la pinta de un putón llamando a ser follada. Nos habíamos enviado fotos, algún vídeo e incluso últimamente al chatear ella había conectado la cámara del portátil (mi Pc de sobremesa no tenía), no habíamos pasado de tener “charlas” sobre nuestras fantasías y como poder hacerlas realidad.

    Se dirigió a la barra para pedir un café, a la vez que recorría con la mirada el local, para localizarme, mientras lo hacía me acerque a ella.

    M: ¿Te encuentras bien?, me ha parecido que te torciste el pie antes de entrar.

    S: Si gracias, ha sido un traspiés, por las prisas y los tacones

    M: Hay que tener cuidado con los traspiés, nunca se sabe dónde puede acabar uno. Y las prisas depende para qué no siempre son buenas.

    Sara entró de lleno en su papel, el juego había comenzado, habiéndome reconocido, me dirigió una sonrisa socarrona y decidió tomar la iniciativa de la conversación.

    S: Donde… ni con quien, se puede acabar, total por un simple traspiés y aquí estoy hablando con un desconocido sin saber quién es, ni a donde pretende llegar.

    M: Hola, soy Miguel, de momento pretendo llegar hasta mi mesa, si quieres me puedes acompañar con el café y así descansas. -le dije dándole dos besos de rigor, mientras rodeaba su cuerpo atrayéndola suave pero firmemente hacia mi.

    S: Perfecto, gracias. Yo soy Sar… Saaandra

    Me produjo una sonrisa por su intento de cambiar el nombre delante de la camarera. Le apoye la mano en la espalda dirigiéndola hacia la mesa dejando la mano a una altura intermedia entre la espalda y ese imponente culo, al llegar a la mesa ya estaba mucho más cerca del culo que de la espalda. La camarera, una joven de veintipocos, nos miraba con cierta incredulidad y algo de desprecio, por la situación.

    Colocados en la mesa, y bajando ambos el tono de voz, iniciamos nuestra particular conversación, soltó el aire de golpe

    S: Uff…, el ir con mi ansiado uniforme y cuando has ido bajando tu mano por la espalda, me ha puesto en situación, disfrutar mi fantasía. Estoy algo nerviosa por como irá esto. En mis fantasías había siempre alguien de aspecto muy desagradable, aunque no es tu caso algo me dice que no me arrepentiré.

    M: Gracias por la parte que me toca. En cuanto a cómo irá, ya lo hemos hablado antes, nos tomamos el café para conocernos un poco más y pasamos a realizar nuestras fantasías, sin prisas.

    Sara dio un pequeño sorbo a su café, asintiendo.

    Estuvimos unos minutos intercambiando, sensaciones de nuestras charlas, dudas, poniéndonos al día de otros temas que habíamos tocado de pasada en nuestras largas conversaciones, repasamos también los límites y palabra de seguridad en una conversación muy distendida que nos llevó a un segundo café. En ocasiones me acercaba a decirle algo al oído siendo ella quien se giraba para favorecer el roce y la visión descaradamente de sus pechos. Todo este tiempo había estado mirando sus tetas y su boca, sin disimular, quería que se sintiera totalmente escaneada de una manera directa, como una autentica zorra. Ambos nos estábamos relajando, tomando confianza.

    M: Dado que estas tan metida en tu papel, quiero ver el producto.

    S: Por supuesto, espero que te guste lo que ves.

    Se levantó y colocó uno de sus pies sobre la silla, pareciendo que examinaba su pie tras el fingido traspié, mirándome de frente y de espaldas al resto del local, mientras sus tetas se habrían paso entre los botones la camisa y ella sin dejar de mirarme mordía su labio inferior.

    M: Veo que has ensayado muy bien tu papel.

    S: Es mucho tiempo deseando sentir esto, y lo estoy disfrutando. ¿Qué te parece? ¿Te gusta?

    M: Mucho, vas a tener un gran futuro en esta profesión. Sólo hay que ver como tienes pendiente de ese culo a los parroquianos. Ja, ja,

    S: Esa era la intención, me pone mucho

    M: Pues lo estás logrando, ahora vas a ir al baño y me vas a traer tus bragas. querías zorrear, pues comienza ahora, me apetece disfrutar de la vista tanto a la ida como a la vuelta.

    S: Empiezas fuerte, apenas llevamos media hora y ya me estas chuleando.

    M: Vamos, no me gusta repetir las cosas, estas disfrutando de la situación y poner trabas no evitará que muestres tu parte más zorra, lo estás deseando. No vamos a estar aquí toda la mañana. ¡Empieza!

    Sara se giró despacio y cruzó todo el local hasta los baños recreando su mirada en las pocas personas que quedaban en el bar y contoneando ese culo, al cabo de unos minutos, apareció con una sonrisa contenida y un puño cerrado con sus diminutas bragas, dejando patente la marca de los leggins en su coño, que no llevaba nada debajo, sin apartar su mirada de mí, cruzo de nuevo el bar, sentándose esta vez a mi lado, para entregármelas.

    M: Bien, veo que no te ha costado nada el seguir mis instrucciones e incluso te excita que te observen, a juzgar por como están. Ponte la cazadora sobre las piernas y ábrelas, quiero ver cómo estás.

    Se giró rápidamente hacia mí, con una mirada confusa, indicando. ¿Aquí?

    M: Ahora esta es tu profesión, no hay vergüenza y este es un entorno controlado como pedias. Voy a tantearte un poco.

    Cogió su cazadora y la colocó sobre sus piernas a la par que las entreabría, poniendo mi mano en su muslo, la fui deslizando hacia el interior de los mismos, notando su calor, las abrió un poco más, mientras cerraba momentáneamente los ojos. Me acerque a ella, impregnándome de su olor y le susurre al oído.

    M: Te gustaría que esto empezara ahora, ¿verdad?

    Abrió de despacio los ojos. Con una voz muy sensual me miró y dijo:

    S: El hotel está a 10 minutos.

    M: Ok, nos vamos. ¿Llevas tu material de trabajo?

    S: ¿Material de trabajo?

    M: Condones, lo habíamos pactado, es como el papel o los bolígrafos en una oficina ja,ja,

    S: No, siempre los han comprado ellos.

    M: Bien, pasamos por una farmacia y aprovechas para mostrarte como lo que eres, ahora. Disfruta de tu papel.

    Salimos del bar, con mi mano rodeándola de la cintura. La camarera salió disparada hacía la cocina a comentar la situación que había observado. En la misma Estación de tren había una farmacia, una vez dentro, nos dirigimos directamente hacia la zona de los condones.

    M: Quiero ver cómo le dejas claro que son para trabajar.

    Sara, me mantuvo un segundo la mirada, los tomó muy decidida, encaminándose hacía la caja, totalmente metida en su papel, me quedé unos pasos atrás, cuando puso los condones sobre el mostrador, se dirigió al farmacéutico y con una ligera sonrisa de resignación, dijo

    S: Me he vuelto a quedar sin ellos; cada vez me duran menos.

    El farmacéutico la miro de arriba abajo, con cara de repulsa, los miro y la miro de nuevo a ella, cuando fue a pagar le puse el bote de gel lubricante de fresa en el mostrador que había cogido tras su marcha.

    M: Esto también, luego me lo agradecerás.

    Sara se giró, dedicándome una sonrisa de complicidad. El farmacéutico hizo una mueca de asombro y resignación contenido.

    Salimos de la farmacia y nos dirigimos hacia su coche, situado en el parking. Mi mano estaba directamente en su culo. Su cara triunfante lo decía todo.

    M: Si tienes que hacer alguna llamada, hazla ahora y pon en modo avión o apaga el móvil. No quiero interrupciones.

    S: No, ya está todo arreglado.

    Al entrar al coche, apoyo sus manos en el volante y totalmente emocionada.

    S: ¡Que pasada!… ¡ha sido alucinante!, casi me corro, he sentido como los del bar querían follarme, tratarme como una puta y al farmacéutico creo que le ha quedado muy claro. Hoy soy una puta, por fin.

    Dirigí mi mano a sus muslos, la miré fijamente a la cara y a sus labios, mientras apretaba mi mano en sus muslos, subiéndola hacia su coño. Empezamos a besarnos de manera incontrolada unos minutos.

    M: Vamos zorra, a cumplir fantasías.

    Una vez puesta la dirección en el navegador, arrancó, sin decir nada, yo continuaba con mi mano en su muslo, rozando su coño, Sara abría más las piernas para dejar que lo fuera frotando. En el primer semáforo se volvió con una cara rebosante de satisfacción.

    S: Darling… hizo una pausa, Cuando se cierre la puerta vas a disfrutar de la más puta, “hacerme lo que quieras por donde quieras”. Ya sabes.

    Llegamos rápidamente al hotel. Había cogido parking (previsora Sara) lo cual nos daba acceso directo a la planta sin pasar por Recepción y evitar miradas indiscretas.

    Antes de bajar del coche, en el parking, prácticamente vacío a esas horas, nos dimos un buen repaso de lenguas mientras seguía frotando su coño, diciéndole lo puta y zorra que era, las cerdadas que quería que me hiciera y las que le haría yo a ella.

    Sara se dejaba llevar apuntando alguna idea más de las que habíamos hablado y que me sorprendieron por el nivel al que estaba dispuesta a ser vejada y humillada, toda una cerda, metí dos dedos en su boca para que los lamiera, lo hizo con una cara de vicio que solo una puta pondría, subió un poco el culo para bajarse los leggins y dejar espacio disponible a mi mano, la cual entró en ellos, llegando a lo que ahora era un volcán, totalmente depilado, introduje dos dedos y empecé a follarla con ellos, ella me miraba, con los ojos como platos, agarrando mi muñeca para marcarme el ritmo.

    S: Soy una puta, me gusta, soy tu puta, quiero que me folles, totalmente dispuesta a todo… umm.

    Paré antes de que se corriera.

    M: vamos puta, tienes que empezar a trabajar. Cierra el coche y dame las llaves.

    Nos dirigimos al ascensor con mi mano en su culo, comiéndonos las bocas, al entrar en él, pasó la tarjeta y pulsó la 7ª planta, mientras sobaba aquellas tremendas tetas por encima de la blusa y mi mano seguía palpando su coño por encima del humedecido pantalón, hasta llegar a la planta.

    S: Es a mitad del pasillo, la 742

    Un poco más allá se veía un carro de la limpieza, estaban haciendo las habitaciones.

    Mi mano estaba disfrutando de ese imponente culo, al llegar casi a la altura de la habitación dejé caer las llaves de su coche, Sara me miró con picardía pues sabía que ahora debía cogerlas sin doblar las rodillas y exponiendo completamente el culo, al inclinarse le di un enorme azote en el culo que se oyó en todo el pasillo, lejos de reaccionar salvo un ligero umm, siguió en la misma posición, hasta recibir un segundo sonoro azote, en el momento en que se incorporaba con una sonrisa maliciosa asomaba de tres habitaciones más allá, la señora de la limpieza alertada por los sonidos.

    Sara me había confesado que le gustaban los azotes y que le hablaran de manera soez, insultándola, mientras follaba, aunque ninguna de las dos cosas, además de otras, se las permitía a su marido.

    Abrió la puerta dejándome pasar primero. Al cerrar la puerta

    S: “Toda tuya” dijo de manera triunfante, la maleta entreabierta al lado de la cama y unos cuantos pinceles de maquillaje, pintalabios en el baño, indicaba que se había preparado a conciencia.

    M: Zorra, he esperado demasiado para que te sintieras segura y te atrevieras a dar el paso. Vamos a ver si ha merecido la pena. Quítate los pantalones, el sujetador y levanta los brazos, vamos a disfrutar de esas ubres que tienes.

    S: No son ubres, son unas pedazo tetas, unas 95, 95C remarcó.

    M: ¡Ubres! Ya sabes teta que la mano no cubre, no es teta es…

    Agarre fuertemente una de ellas sacándola del sujetador, y le di un chupetón, jugando con mi lengua en el pezón.

    Sara inclinó la cabeza hacia atrás y apoyo su mano en mi cabeza para afianzar su abandono al placer, cuando me retiré, sin apartar sus ojos de los míos, desafiante, se quitó los leggins arrojándolos sobre la cama y se deshizo del sujetador en una rápida maniobra que siempre me ha alucinado de las mujeres. Dejando la camisa a falta del último botón.

    Me acerqué a ella, abriéndole ese último botón, haciéndola girar sobre sí, levantando sus brazos y dejando su culo a merced de mi mano, tomé su pañuelo vendándole los ojos, luego le di un fuerte azote, ella intentó girarse bajando los brazos.

    M: Zorra ni se te ocurra moverte.

    La volví a girar y esta vez mis manos agarraron esas tetas de 95 y empezaron a masajearlas desde atrás, a la par que besaba su cuello, ella intentaba buscar mi boca, mis manos agarraban sus pezones y tiraban ligeramente de ellos, Sara a veces se quejaba por el dolor otras veces expresaba que le gustaba. Estuve jugando con ellos unos minutos, para volver a su coño. Ella echaba el cuerpo sobre mi buscando el contacto. Estaba excitada, ambos estábamos excitados.

    S: Deja que esta puta te coma la polla, como nunca te la han comido antes.

    Se dejó caer y se giró para quedar frente a mi pantalón, se deshizo del pañuelo, rápidamente bajo los pantalones y tirando de los calzoncillos, cogió mi polla y tras un largo lametazo, se la metió en la boca. Sin dejar de mirarme.

    M: Puta, seguro que es la primera vez que se la comes a un viejo, no es como la de tus exnovios de los que me hablabas, y eso te hace más puta si cabe, ahora te dedicas a comérsela a viejos, te lo vas a tener que currar mucho, quiero que la mantengas con esa boca empalmada.

    S: Sin problemas, me gusta comer rabos.

    Ella no paraba de chupar, bajo una mano a su coño para seguir excitándose, pasados unos minutos.

    M: ¿Eso es lo que estás buscando, perra?, ponte en la cama, voy a comerte el coño mientras me dices lo puta que eres y cómo estás de caliente, guarra.

    La agarré del pelo, la subí besándola, a continuación, le escupí en la cara y la lancé sobre la cama, su mirada desafiante, invitaba a follarse aquella boca que ahora relamía mi saliva.

    Con las piernas abiertas, empecé a comerle el coño más que húmedo, de manera frenética, diciéndole lo puta que era y como le ponía que un viejo le comiera ese coño que ahora nadie le comía, porque era una pija de bien y esto era de putas.

    Ella asentía, cuando empezó a masajearse las tetas y a decir,

    S: Si, Si soy la sucia puta de un viejo que me come el coño y me encanta, quiero hacerte una cubana con estas tetas, comerte la polla y que te corras en mi boca

    No paraba de sobarse las tetas e intentar chupárselas, paré de comerle el coño y le di dos palmadas en las tetas, junto a sus pezones, ella se mostraba más que excitada, volví a su coño, recorría con mi lengua su coño y empecé a introducir un dedo en su ano todavía no estaba preparado, tome el gel lubricante y le aplique un poco, iba de uno a otro follándomelos con la lengua, le metí otra vez los dedos y empecé a lamerle el clítoris con mi lengua estalló en un orgasmo, intentando taparlo con sus manos. Las aparté de un manotazo.

    M: Puta, disfruta de tu fantasía, vaya guarra estas hecha.

    S: Si, Si, joder que bueno, como me gusta ser una puta, me meo del gusto.

    Sara se movía cadenciosamente mientras los flujos resbalaban por sus piernas hasta el suelo.

    En ese momento cogí un preservativo y se lo di.

    M: Puta pónmelo, hazlo con la boca, voy a follarte ese coño empapado.

    Sara, rápidamente se incorporó y quitándome el condón se lo puso en la boca, como si de una exhibición se tratara, lo fue desenrollando sobre mi polla.

    Se dejo caer hacia atrás y se abrió de piernas sin dejar de sujetar mi polla para guiarla hacia aquel mar de fuego, mirándome con cara de lujuria.

    Ni que decir que resbaló hasta el fondo, debido a sus jugos Sara empezó a moverse lentamente intentando disfrutar de la nueva situación, yo quería que se sintiera expuesta, con lo que termine de abrirlas completamente sujetándola por los tobillos, sin dejar de mirarla lleve sus piernas a mis hombros y levantándola un poco empecé a follarla con fuerza. Su cuerpo iba y venía con cada empuje.

    Sara se amasaba de nuevo sus tetas y me animaba a seguir follándola.

    S: Más, más, este coño de puta es tuyo, fóllatelo, sigue agg, agg,

    M: ¿Te gusta que un viejo te folle, zorra?

    S: Si, sigue quiero sentir como te corres.

    No tardé mucho más hasta correrme.

    Dejé caer sus piernas que permanecieron abiertas y me incliné sobre ella, palmeando sus tetazas, las azotaba mientras la besaba. Ella se estremecía con cada azote, pero lejos de quejarse se ofrecía para que continuara.

    M: ¿Querías humillación, vejaciones, ser tratada como una puta, que me corriera en tu boca?

    S: Si quería sentir tu leche, pero ya te has corrido.

    M: Zorra todavía está caliente. Abre la boca

    Me quité el condón y lo vacié en la boca de mi puta. Al principio parecía extrañada por la ocurrencia, cuando acabo de tragarla me mostró su lengua orgullosa. Se sentía sucia, plena.

    Descansamos unos instantes. Sara me había comentado en nuestras charlas que su suegra tenía muy controlado al soso de marido y que era casi obligación comer los domingos en su casa. Tomé su teléfono y se lo pasé

    M: Llama a tu suegra con cualquier excusa, le dices que no tienes tiempo y le haces cualquier pregunta tonta para este domingo.

    Sara me miró valorando cuales eran mis intenciones con aquello. Mirando su cara le dije –querías sentirte vejada y puta, como ahora, verás la satisfacción que te produce hablar con esa bruja mientras un viejo, juega con tu coño, tu coño de puta. Sin dejar de mirarme, disipando toda duda, inició la conversación. Apretando mi cabeza sobre su coño.

    S: ¿Marta? Soy yo. Quería saber si te parece bien este domingo, llevo yo el postre y así no te lías tanto en la cocina… OK, te dejo que hoy estoy fuera y no me da la vida.

    S: Cabrón, creía que me iba a dar algo, mientras me estabas follando el coño con tu lengua. Me he sentido toda una cerda.

    M Y lo eres, se ve que lo has disfrutado. Ahora déjala bien limpia.

    Sin mediar palabra empezó a chupar, para un nuevo asalto.

    Continuará.

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  • Mi regalo por el día de la mujer

    Mi regalo por el día de la mujer

    Hace unas semanas inicié un diálogo con un compañero de trabajo que lleva trabajando hace un mes aproximadamente en la empresa, es menor que yo, le llevó 9 años más exactamente, ya saben que paso de los 40 así que sabrán más o menos qué edad tiene él.

    Su cercanía hacia mi comenzó desde que nos ha tocado trabajar juntos, buscó mi confianza solicitando ayuda ya que llevo más tiempo trabajando allí y entre risas coqueteos y demás me pidió mi número la cual accedí con algo de inquietud ya que él tiene novia y lleva con ella según en nuestras conversaciones año y medio.

    A él le gusta admirar mi ropa mi cabello y hasta mi foto del carnet de la empresa, un día agarró mi carnet que estaba sobre el escritorio se quedó mirando mi foto e hizo un comentario:

    -Qué mujer más rica veo -posteriormente le da un beso a mi foto

    -¡Oye! le arranco de sus manos mi carnet al ver su reacción

    -Jajaja… Era por molestar, pero no es mentira te ves muy guapa en esa foto

    Lo miro y sonrió junto con él.

    -¿Siempre eres así de coqueto?

    -No te estoy coqueteando, solo admiró tu belleza, ¿te molesta?

    Lo miro y la verdad no me molesta su forma de tratarme eso es lo que me atrae de él.

    -No para nada, y una pregunta ¿en dónde queda tu novia?

    -Ella es mi novia y ya, la quiero, pero no estoy enamorado de ella.

    Ahora entiendo su comportamiento conmigo.

    Un día mientras estábamos trabajando me vio que estaba tensa y llevó una mano hacia mi nuca he hizo un masaje introduciendo sus dedos por mi cabello, en ese momento no pude decirle nada ya que estaba atendiendo una llamada pero mi cuerpo reaccionó de una con un escalofrío que recorrió por toda mi espalda, mi respiración se aceleró y mis manos temblaron; no se si él se dio dé cuenta de mi reacción ya que también estaba atendiendo una llamada. Puedo asegurar que me sentí excitada, hace mucho tiempo que un hombre no me toca y creo que por eso mi cuerpo reaccionó de esa manera.

    Los días pasaban y por cuestiones de diferencia de horario entre nosotros no estamos trabajando cerca así que él me busca y sin importar nada me toma por sorpresa me da un beso en la mejilla y se va. Un día estaba sentada en un borde de una ventana a unos 15 a 20 cm del piso checando mi celular cuando de repente lo tengo en frente de mí.

    -¿A qué hora sales a almorzar?

    Levanto mi mirada y le respondo:

    -Ya fui, en 10 minutos entró a mi turno.

    -Ash… lastima -se queda mirándome tomando mi mentón te extraño y se va así como si nada dejándome sonrojada por su expresión.

    Llega el día de celebración y después de terminar turno pasamos al comedor ya que por ser sábado nos invitan almorzar, entre el medio de las personas veo que él se va acercando hacia mí.

    -Hola corazón -así es el trato que tiene conmigo dándome un beso en la mejilla.

    -Hola como estas

    -Algo aburrido, pero con tu presencia me alegra el momento

    -Jajaja no cambias

    -Como estas de bonita hoy

    -Gracias

    -No creas que no tengo mi obsequio, ahora cuando termine la reunión te lo doy

    -Okey

    Pasamos a la mesa sentándonos, juntos la verdad con él me río mucho la paso bien la celebración llevo al almuerzo, trago, música y demás.

    Al caer la tarde ya con tragos en la cabeza y bailando mucho con él me llevó de la mano saliendo del comedor camino a los baños que estaban muy retirados del lugar en donde estábamos.

    -¿A dónde me llevas?

    -A entregarte mi obsequio

    -¿Pero vamos a los baños?

    -Ven entra

    -Jajaja loco ¿qué vamos hacer en los baños?

    Entramos y cerró la puerta con seguro.

    -A darte mi obsequio -se acercó hacia mí y me robó un beso

    -¡Oye! lo alejé de mi

    -Sabes que me gustas mucho Gaby

    -Si eso se te nota

    Me miro y nuevamente se acercó a besarme el cual correspondí a ese beso ya que él no es indiferente para mí, los tragos el ambiente y la adrenalina hizo que me entregará a ese momento.

    Nos besamos con hambre voraz se notaba que nos deseábamos mucho… me alza sentándome sobre el mesón del lavamanos, retira mi blusa y posteriormente mi brasier quedando en frente a él mis tetas que por mis días de ovulación están más grandes y sensibles.

    -¡Wao, que delicia se ven!

    Las agarró a dos manos apretándolas con fuerza.. Las amasaba las pellizcaba y por consiguiente se las llevó a la boca para chuparlas a su antojo.

    -¡Oh sí que rico se siente!

    Lo tomé por el cabello para no permitir que se alejara de mí y así lo hizo chupaba cada una ellas dejándome marcas. Mientras él está ahí fui desabotonando su camisa para acariciar su torso que tiene algo de bello, arañe su espalda haciendo que saliera un gemido de su boca.

    -¡Te deseo mucho cielo! -como puede me baja mi pantalón

    -Que esperas para hacerme tuya le suelto el pantalón cayendo al piso y veo su verga apuntando hacia mí con sus bóxers aún puestos

    -Alguien muere por salir -miré hacia su verga

    -Muere por estar dentro de ti, pero antes quiero comerme ese coño tan rico

    Separó mi piernas corriendo a un lado mi tanga y se prendió a mí. Sus lamidas me llevaron a otro nivel, escupía y succionaba mi clítoris hurgando con su lengua mi cavidad vaginal. Estaba tan arrecha que grité pidiendo más.

    -Me corro, me corro mi cuerpo temblaba

    Él aumentó la velocidad haciendo bien su trabajo así que explote en su cara… lamia mis jugos, pasó sus dedos entre mis labios y se los llevó a la boca.

    -Que delicia de mujer

    -Métamela ya temblaba desesperada

    -¡Así será cosita rica!

    Coge su falo y se lo froto en frente de mi provocándome más mientras mordía sus labios.

    -Te voy a partir en dos esa chochita rica la decencia quedo a un lado

    -¿Que esperas? ¡Métamela ya! -como perra en celo me frotaba mi coño

    Me halo de las piernas y se clavó en mi con fuerza.

    -Ah Dios, me quieres atravesar

    -Por mi te meto hasta mis huevos

    Sus embestidas fueron duras haciendo que mis tetas rebotaran por el movimiento; al rato se retiró bajándome de allí para girarme y clavármela nuevamente tomándome fuertemente de mis caderas. El sonido del choque de sus huevos contra mis nalgas hizo que me excitara más; en frente había un espejo así que me tomó por el cuello dificultando mi respiración.

    -Mira cómo te ves de rica mientras te culeo a mi antojo -pasó su lengua por mi oreja

    Me suelta y me llevó contra el mesón enredando sus dedos por mi cabello… por el frío del mesón mis pezones se pusieron duros el cual disfruté más del momento.

    -No pares, dame más duro

    -Andas bien ganosita -me nalgueaba con fuerza

    -Si, así que deja a esta hembra bien satisfecha

    Paso una mano por su boca para pasarla por entre el medio de mi raja.

    -Ese culito pide verga -hundió su dedo pulgar mi hoyito

    -¿Que esperas?

    Sacó su verga y metió tres dedos en mi coño para sacar mis jugos y mojar mi culo, también escupió en su mano para lubricar la punta de su verga. Apuntó en la entrada y se hundió poco a poco por ese canal estrecho mientras gemía con fuerza.

    -¡Mn… oh si, que delicia ¡Como aprieta de rico!

    -Lléname de lechita

    -Así será cosita, de aquí nos iremos de la mano mientras sientes como sale de ti mi lechita mojando tu ropa

    Me tomó por el cabello y se clavó con fuerza por el culo mientras con la otra mano me frotaba mi coño para aumentar la dosis de excitación, morbosidad y lujuria… ese hombre sabía cómo me gustaba, sabía leer las reacciones de mi cuerpo ya que viajaron olas de corrientes por toda mi espalda, me nalgueaba y seguía ahí dándome con ganas; hace mucho que no me cogían de esa manera así que no quería que ese momento terminara.

    -¡Que rico papi!

    -Que rico culo tienes y no aguanto más

    -Lléname papi de tu leche

    Aumentó sus embestidas gimiendo duro cuando siento como explotó dentro de mi llenando mis intestinos de su lechita caliente.

    -Súbete la ropa porque quiero que lleves mi leche

    -Eres un pervertido

    Así lo hice mientras él seguía clavado en mi culo para no perder nada de su leche me incliné para subirme mis pantis y el pantalón.

    -Esa pose hace que me dé más ganas de cogerte

    -No me tientes

    -Si quieres la seguimos

    -Pero no aquí, vamos a otro lugar

    Terminé de subirme mi pantalón sacando él su verga y al instante siento como moja mis pantis.

    -Hueles a hembra cogida

    Terminamos de vestirnos y salimos de ahí cogidos de la mano rumbo a un motel donde la pasamos toda la noche… que buen regalo me dieron.

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  • La vecina (1)

    La vecina (1)

    Era el 2014 pasaba trabajando no me percataba de quién era la mujer de mi medio amigo los cuáles vivían frente a la casa de mi mamá.

    Un día al salir de compras miré una morena de 1.62 en leggins de algodón qué usaba con un diminuto hilo que resaltaba en el sol, caderona y con pompas regulares poco delgada se recuperaba pues de su maternidad de su segundo hijo.

    Cierto día tocó la puerta por que necesitaban un tape para pegar unos globos su primer hija estaba cumpliendo años y desde ahí empezamos una amistad, siempre que me veía en la calle me saludaba con un hola o qué le vaya bien, sin importar su marido.

    Intercambiamos números telefónicos y comenzamos a textear, notaba que las cosas no estaban bien con su pareja, peleaban y el solo se dedicaba a beber y beber.

    Un fin de semana el marido me invitó a departir unas cervezas con él en su casa y pues ella también estaba bebiendo, se terminaron las que él tenía y yo saqué dinero para que fuese a comprar más. En eso ella me dijo “entre a la casa y siéntese” cerró la puerta, me acomodé en una silla y ella se sentó en mis piernas de frente y me dijo “¿no era esto lo que quería?”.

    Yo nervioso porque su marido nos encontrara ella me besó sin pensarlo en la boca, luego seguimos como si nada, bebiendo hasta quedarme ebrio dormido en un sofá, a los días siguientes acordamos encontrarnos un domingo de noche en su casa ya que ella pasaba sola ese día.

    Ella me lo propuso suponiendo que yo no tendría valor de llegar a su casa, pero a la semana se llegó ese domingo y por la tarde le dije en un texto por teléfono: no se le vaya a olvidar qué tenemos un trato y ella me puso: ¿de verdad va a venir? A lo cual le respondí pues claro solo me dice la hora.

    Yo trabajaba domingo tarde noche, pero pensaba cómo hacer para que los demás vecinos no me vieran ni mi mamá se enterara pues había una lámpara pública que alumbraba toda la cuadra…

    Continuará.

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  • Regresa mi esposo y…

    Regresa mi esposo y…

    Cuando mi esposo volvió de su viaje de casería lo espere semi desnuda, con un whisky como le gusta a él, esa noche tuvimos mucho sexo.

    Sé que a él le gusta los juegos vestirnos o encontrarnos por ahí y fingir que no nos conocemos, así que esa semana lo tuve toda la semana así jugando y todo el tiempo lleno de deseo por mí, iba a su trabajo y me quitaba la tanga y dejaba en sus manos, le enviaba fotos desnuda, le hacía video llamada y me masturbaba, lo dejaba que me contara sus aventuras sexuales de adolescente, le contaba fantasías etc., todo para convencerlo de que tuviéramos sexo con mis amigos, ellos y yo nos vimos el sábado en la mañana y tuvimos otra sesión de sexo, solo que está vez el me pidió ser más sumisa aún y a mí me encantó.

    El lunes en el trabajo Julio fue y me invitó a mí y mi esposo a su cumpleaños era el martes una cena temprano y unos tragos, fuimos al llegar a su casa todo normal había familia de ellos y algunos amigos, mi esposo enseguida tuvo buena onda con Julio y Jesi, vi como la miraba a ella y noté que le gustó, dije bien.

    En determinado momento mi esposo y Jesi se pasaron los números y ella armó un grupo para hablar los cuatro, sentí tanta calentura, la noche termina normal, pero apenas subí al auto mi esposo me pidió que se la chupe, lo hice sin pensarlo acabó en mi boca y al llegar a casa me dio la mejor revolcada hasta ese momento.

    Al otro día en el trabajo recibo un mensaje del grupo era Jesi, decía que se había quedado con su auto cerca de la oficina de mi esposo, él se ofreció a ir a ayudar, yo sabía que significaba, fue y ella grabó todo, él llega saluda, intenta solucionar lo del auto no puede y se ofrece llevarla, ella dice que mejor esperen la grúa, entran al auto y charlan hasta que ella simplemente lo besa el responde y ella le muestra que no tiene tanga, él dice varias veces que eso está mal mientras ella se pone sobre él, ella le dice directamente que quiere tener sexo conmigo, él y su esposo, él dice que yo nunca voy a querer.

    Ella sonríe y dice déjame a mí y me llama mientras está sobre el me pregunta si yo quiero estar con ellos tres, le digo que, si él quiere yo también, ella se baja de arriba de él y le decía que se vaya, el confundido se va.

    Luego cuando nos vimos hablamos y él quiso ir a la casa de ellos el sábado…

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  • La zorra de mi mujer follada por su sobrino (2)

    La zorra de mi mujer follada por su sobrino (2)

    Tras el majestuoso show porno de mi mujer y su sobrino, Nuria se marchó al baño para “adecentarse” y posteriormente a la cocina para ponerse manos a la obra y comenzar a realizar la comida.

    Mientras tanto Javier y yo nos tomamos unas cervezas y nos fumamos varios cigarrillos en el salón comentando los pormenores de lo acontecido y mostrándose él encantado por cómo su tía lo había hecho gozar de placer diciéndome “¡Jodeeer! qué buena está mi tía, vaya coño, culo y tetas que tiene y cómo come la polla de bien. ¡Es increíble!”, preguntándole yo “Te ha gustado por lo que veo, ¿no…?”, a lo que me respondió “¡No es que me haya gustado sino que me ha encantado!”, diciéndole yo “Pues eso no es nada, no te puedes ni imaginar cómo folla”, respondiéndome él “También espero poderlo comprobar”.

    Conforme iba transcurriendo nuestra conversación pude observar cómo la verga de Javier se levantaba y se ponía dura como una piedra mientras él se la acariciaba de arriba a abajo. Con ella ya bien erecta me dijo “Voy a la cocina a coger otra cerveza y a ver a mi tía”. Yo me imaginé lo que podía ocurrir, pero aguardé sentado en el sillón el devenir de los acontecimientos.

    No habían transcurrido ni 3 minutos cuando escuché el sonido de besos en la cocina, no pude reprimirme y me dirigí hasta la puerta pudiendo observar cómo Javier y mi mujer se morreaban apasionadamente mientras él le masajeaba las tetas con ambas manos por detrás y ella, casi de espaldas, tan solo con la cabeza girada, hacía lo propio con su tieso y duro pollón.

    Cogí una silla del salón y tomé asiento junto a la puerta para disponerme a presenciar otro grandioso espectáculo sexual de mi zorra con su sobrino mientras me tomaba otra cerveza y me fumaba un cigarrillo. Totalmente expectante y al ver la escena que ambos me brindaban, mi polla comenzó a experimentar una nueva erección y comencé a sentirme muy caliente y cachondo.

    Mi mujer y su sobrino no dejaban de morrearse con una pasión extrema mientras él le refregaba la polla entre las cachas de su hermoso culo y el comienzo de su coño. Javi le decía mientras le comía el cuello a besos “¡Jodeeer! tita, qué buena estás. Me pones la polla a mil por hora. ¡Deseo follarte con todas mis fuerzas!”, mientras que mi mujer le respondió entre jadeos “¡Tú a mí también me pones muy caliente y cachonda, cariño mío! Me encanta tu enorme polla, mi rey. ¡Quiero gozar con ella y ser tu zorra puta, mi amor!”.

    Totalmente entregados y con inmensos deseos de gozar, Nuria apartó todo lo que había sobre la encimera de la cocina y se recostó en ella con las piernas bien abiertas y mostrando su hermoso coño peludo en todo su esplendor le dijo a su sobrino “Javi, cariño mío, cómeme la almeja y dale gusto y placer a la tita, que está deseando gozar y correrse”. Sin mediar palabra él obedeció a mi mujer y con pasión desmedida comenzó a comerle el coño de forma majestuosa arrancando inmensos gritos y jadeos de Nuria por el enorme placer que estaba recibiendo y logrando tras varios minutos que ella se corriese en su boca varias veces.

    Seguidamente mi mujer se incorporó y se puso de rodillas ante su sobrino comenzando otra espléndida mamada a su tiesa y dura polla que hizo que Javier vibrase del gustazo que recibía.

    Era tremendamente morboso ver a mi puta zorra, con su liguero, sus medias y sus botas, mamando con deleite la verga de su sobrino, lo que hizo que yo me excitase sobremanera y me comenzase a realizar una grandiosa paja.

    Tras varios minutos me levanté de la silla y me fui hacia ellos pidiéndole a mi mujer que parase de mamársela a Javier y abriese la boca para echarle toda mi leche caliente, totalmente excitado comencé a correrme entre grandes gemidos de placer y a soltar una gran cantidad de lefa que saboreó y tragó mi puta con gran deseo mientras que su sobrino le decía “¡Así, tita, así; muy bien! Trágate toda la leche de tu marido cornudo gran puta, puta más que puta, y sigue mamándomela a mí que también te voy a dar la mía, pero dentro de tu riquísimo coño caliente, ¡zorra cachonda!”.

    Tras mi abundante corrida, que Nuria degustó con deleite, ella volvió a tomar entre sus manos el inmenso rabo de Javier y prosiguió chupándoselo con una maestría insuperable -chupar pollas, hacer grandiosas pajas y tragarse la leche que emana de todas las geniales vergas que se cruzan en su camino, que son muchas, son tres de sus maravillosas especialidades-, lo que hizo que su sobrino volviese a levantar la cabeza al techo para, con los ojos cerrados, continuar gozando de inmenso placer.

    Yo, por mi parte, volví a tomar asiento para continuar presenciando el espectáculo sexual que brindaban a mis ojos mi grandiosa zorra y su sobrino. Tras correrme me sentí más aliviado pero continuaba muy excitado y con la polla totalmente dura y tiesa por lo que seguí acariciándomela sin parar de arriba a abajo para mantenerla así.

    Por su parte, mi mujer siguió mamándole el rabo a su sobrino durante varios minutos hasta que llegó el momento que él tanto deseaba. Nuria se puso en pie y se apoyó en la encimera de la cocina levantando su pierna izquierda y diciéndole a Javier “¡Ha llegado el momento que tanto esperabas! Fóllate a la tita. Fóllame con esa pedazo de verga que tienes y métemela hasta lo más profundo del coño, cariño mío. Estoy deseando sentirla dentro de mí. ¡Dame placer, mi rey, mucho gusto y placer, que me tienes muy caliente y muy cachonda!”.

    Javier, complaciendo a su tía, se puso detrás y comenzó a introducir suavemente su tiesa polla en el peludo coño de mi mujer, que comenzó a gemir y a chillar de gusto desde el primer instante en que la sintió dentro. El joven ensartó a Nuria y comenzó a darle duras acometidas sujetándola por las caderas que volvían loca a su tía, quien con la cabeza girada hacia mí entornaba los ojos entreabiertos sin dejar de gritar y jadear de forma muy morbosa y excitante.

    Mientras se la follaba sin descanso, Javier le decía a mi mujer “¡Toma gran puta, aquí tienes mi rabo! ¿Te gusta mi polla? ¿Te gusta la polla de tu sobrino, zorra? ¿Te gusta cómo te folla tu niño? ¡Estás buenísima, hija de la gran puta! No imaginas las pajas que me he hecho pensando en ti y las corridas que me he pegado mirando fotos tuyas en el móvil. ¡Ha sido mucha la leche que he derramado gracias a ti y muy grande el placer mientras me pajeaba!”, a lo que mi mujer, entre fuertes suspiros y jadeos de puro gustazo, le respondió “¡Sí, mi vida, sííí! Me encanta tu polla, mi rey. La quiero siempre toda para mí y quiero que vengas a casa a follarme todos los días, hijo. También me encanta que te hagas pajas y te corras pensando en mí, ¡en la puta y zorra de tu tía!”.

    Palabras que calentaron aún más a Javier, que aceleró el ritmo de sus embestidas mientras mi mujer le decía totalmente entregada “¡Fóllame, hijo mío, fóllame y no pares! Dale fuerte a tu tita puta y zorra. Me encanta, mi vida, me vuelve loca tu polla y tu forma de joderme. Me encantaría que la puta de tu madre viese cómo me follas, ¡cómo me haces gozar de placer y el gusto que me da tu riquísima verga, mi vida!”, añadiendo fuera de sí “¡Amor mío, tenemos que quedar los cuatro, hacer un trío con tu madre y conmigo y que nos folles a las dos juntas y que tito también le meta su rica verga a mamá para que se corra como merece una buena golfa y puta como ella!”.

    Estas palabras hicieron que Javier acelerase el ritmo de su follada a mi mujer y provocase que tuviese un nuevo y fantástico orgasmo entre gritos y gemidos para también, minutos después, avisar él a su tía de su inminente gran corrida, comenzando a llenarle el coño de leche mientras exclamaba “¡Qué bueno, titaaa! Qué ricooo. Qué pedazo de polvo te acabo de echar y cómo me ha gustado. Me corro, me corrooo. Toma mi leche caliente en tu rica almeja, titaaa. Tomaaa, grandísima puta, zorra mía!”.

    Con su polla aun totalmente dura y tiesa dentro del coño de mi mujer y chorreando las últimas gotas de leche de su corrida, Javier se echó sobre su tía cogiéndole sus riquísimas tetas por detrás y comenzaron a morrearse morbosamente mientras que seguía embistiendo a Nuria suavemente hasta darle la última gota de lefa en su almeja. Acto seguido, mi mujer volvió a agacharse y se encargó de realizarle una buena mamada a su sobrino hasta dejar su rabo y su capullo totalmente relucientes.

    Por mi parte yo me levanté y me fui hacia ellos pidiéndole a Nuria que también mamase mi polla hasta volver a correrme, lo que hizo magistralmente hasta que, en menos de cinco minutos, mi leche bañó su cara y su preciosa boca, tragándola toda y volviendo a quedarme inmensamente relajado.

    Tras la maravillosa follada con su sobrino, mi mujer volvió al cuarto de baño para ducharse en unos instantes antes de hacer la comida mientras que Javier y yo volvimos al salón totalmente desnudos para tomarnos unas cervezas y fumarnos unos cigarrillos durante la espera. A los 5 minutos Nuria se dirigió a nuestra habitación y en un abrir y cerrar de ojos volvió a aparecer en el salón para nuestra gratísima sorpresa con un nuevo y precioso juego de lencería de color carne, portando tan solo liguero y medias así como unos extraordinarios zapatos de tacón.

    Ni que decir tiene que al verla, tanto Javier como yo experimentamos una nueva erección de nuestras vergas, que volvieron a ponerse duras y tiesas deseosas de recibir inmenso placer por parte de mi mujer, aunque en esta ocasión nos pidió paciencia para que pudiese realizar la comida con la promesa de que continuaríamos con nuestra sesión de sexo al concluir la misma.

    Tras una exquisita pero no copiosa comida para reponer fuerzas, mi mujer se dirigió a nuestra habitación mientras que entre Javier y yo recogimos la mesa y fregamos la vajilla para que todo quedase niquelado, preparando un café al mismo tiempo para la sobremesa. Ya de vuelta al salón, Nuria continuaba en nuestra habitación sin hacer acto de presencia en el mismo por lo que esperamos por ella para tomar el café. A los diez minutos más o menos apareció mi zorra cachonda y caliente totalmente radiante y preciosa, con su largo pelo suelto y retoques fabulosos de maquillaje que la convertían en más golfa y puta de lo que realmente es.

    Verla así de guapa, vistiendo tan solo medias sexys preciosas de ancha blonda y encaje con liguero, portando los maravillosos tacones y mostrándonos sus encantos libres de ropa, nos puso muy calientes a Javier y a mí, que al alimón experimentamos una grandiosa erección de nuestras pollas, que se pusieron totalmente duras y tiesas para disfrute de mi mujer.

    Con Nuria ya en el salón, junto a nosotros, procedí a servir el café para los tres, sentándonos Javier y yo a ambos lados del tresillo y dejando a mi mujer en el medio de los dos. Mientras comenzábamos a degustar el café encendimos unos cigarrillos y nos pusimos a comentar todo lo acontecido antes de la comida, mostrándose Nuria maravillada por la polla de su sobrino y por la follada con él, que calificó como ‘polvazo extraordinario’, mientras que Javier no salía de su asombro por lo buenísima que está su tía y por haber conseguido follársela como era su ferviente deseo desde hacía tiempo.

    Yo, por mi parte, no pude hacer otra cosa que aceptar mi rol de cornudo consentido y mostrar mi satisfacción por el grado de excitación al que ambos me habían llevado merced a su relación sexual, que califico como magnífica y muy caliente. En el transcurso de nuestra conversación mi mujer mostró nuevamente a su sobrino la disposición para hacer un trío con su hermana -madre de Javier- y con él mismo ya que, según puso de manifiesto, la ponía muy caliente la idea de ver a Javier follándose a su madre con su inmensa tranca y de que también se la folle a ella en presencia de su progenitora y de que yo me folle a mi cuñada en presencia de ambos, algo a lo que los dos accedimos.

    La conversación iba subiendo de tono poco a poco y Javier mostró claramente que no podía aguantar más -tenía su verga, al igual que yo, totalmente dura y tiesa- por lo que abrazó a su tía por el cuello y comenzó a morrearla con pasión inusitada, morreo al que mi mujer correspondió de la misma manera mientras comenzaba a acariciar su rabo de arriba a abajo con la mano izquierda. Yo, por mi parte, comencé a masajear las tetas de Nuria y a besar y chupar sus pezones, lo que la estremeció sobremanera por lo que se abrió de piernas para que con mi mano comenzase a acariciarle el coño y a masturbarla con mis dedos.

    Ella me respondió cogiendo mi polla con su mano derecha para acariciarla suavemente de arriba a abajo diciéndonos a ambos “¡Hijos de la gran puta vaya placer y gustazo que me dais, seis insaciables y tenéis unas pollas maravillosas que quiero solo para mí!”, respondiendo su sobrino “¡Tita, tú sí que eres bien puta y bien golfa! Me encantas y estás buenísima. ¡Ten por seguro que vendré por aquí a diario para verte y echarte un buen polvo como tú te mereces, para gozar contigo y para que tú lo hagas con mi polla!”.

    Mi mujer, al escuchar las palabras de su sobrino, se iba calentando en grado máximo mientras nos pajeaba a ambos suavemente por lo que nos pidió que nos pusiésemos de pie frente a ella para brindar a nuestras vergas una mamada gloriosa en toda regla.

    Cuando nuestras pollas ya estaban a su gusto, Nuria se levantó del tresillo y agarrándonos por ellas, duras como piedras, nos condujo hacia nuestra habitación pidiéndonos que nos tendiésemos en la cama para proseguir con su riquísima mamada a nuestros rabos erguidos y tiesos.

    Tras varios minutos haciéndolo y brindándonos inmenso placer, nos incorporamos los dos y nos pusimos de rodillas junto a mi mujer en el centro de la cama, flanqueándola por ambos lados, comenzando ambos a magrearla y besarla por todo el cuerpo mientras que le proferíamos expresiones como “¡Gran puta, qué buena estás, qué golfa eres!” u otras como “¡Follas de vicio, zorra! ¡Me encantasss! ¿Cómo no vas a ponerle la polla dura a todos los tíos que se cruzan contigo?”, mientras que ella disfrutaba con lo que le decíamos y acariciaba nuestras vergas de arriba a abajo con suavidad para mantenerlas bien duras.

    Seguidamente mi sobrino le dijo a Nuria “Tita, ponte a cuatro patas porque voy a follarte por el culo, lo deseo muchísimo y no voy a marcharme sin hacerlo”, a lo que ella accedió de inmediato mientras que yo me situé de rodillas ante mi mujer para que, al mismo tiempo que Javier la follaba por el culo ella me realizase una buena mamada a mí. El joven preparó y lubricó bien el culo de su tía y suavemente comenzó a penetrarla mientras que ella se estremecía de gusto, por mi parte yo gozaba de inmenso placer con la mamada de mi mujer a mi durísimo rabo.

    Javier fue aumentando la fuerza de sus embestidas a mi mujer mientras le decía fuera de sí “¡Qué rico, tita! Qué culazo tan inmenso tienes, ¡cómo me pone de caliente follártelo! ¿Te gusta cómo te follo el culo, gran puta? Te gusta, ¿tita?”, Nuria asentía entre alaridos de puro placer y le decía “¡Me encanta, mi niño, me encanta y me vuelve loca! Sigue, sigue follándomelo así y no pares, cabronazo. Sigue dándome tu polla rica por el culo, ¡amor mío!”, acelerando ella el ritmo de su mamada a mi verga por lo que en previsión de poder correrme pedí a Javier que parase de follar el culo de su tía para tenderme yo en la cama y poder follar a mi mujer por el coño y que así sintiese nuestras dos pollas dentro al mismo tiempo.

    Nos situamos de esa manera y ni que decir tiene que mi mujer comenzó a gemir y gritar como una puta perra al ser follada por dos rabos que le encantaban. La seguimos embistiendo con fuerza de esa manera durante varios minutos mientras ella se corrió varias veces pidiéndonos después que invirtiésemos las posiciones y que fuese Javier quien la follase por el coño y yo hiciese lo propio por el culo.

    Tal y como ella nos había pedido comenzamos a embestirla con el propósito por nuestra parte de corrernos y darle nuestra leche a mi mujer al mismo tiempo lo que a ella puso más caliente y cachonda aún solo de pensarlo. Seguimos haciendo gozar así a mi puta zorra mientras nos decía totalmente entregada “¡Qué gusto, qué placer, por Diooos! ¡Seguid follándome así! ¡Folladme, folladme, folladme hijos de puta! ¡Quiero polla, quiero polla! Vuestras pollas son mías, son mías. Dadme vuestra leche ya, quiero vuestra leche en mi coño y en mi culo. ¡Leche, lecheee!”.

    Estos gritos y gemidos nos pusieron muy calientes a los dos y le pedí a mi mujer que nos avisase cuando fuese a correrse. Continuamos follándola sin parar durante varios minutos cuando nos avisó de su inminente corrida, Javier y yo nos miramos y, al mismo tiempo que mi mujer se corría de puro vicio y placer, comenzamos también a corrernos soltándole una gran cantidad de lefa de nuestras pollas y llenándole el coño y el culo de rica leche caliente.

    Extasiada por el placer nos pidió que nos pusiésemos de rodilla frente a ella en la cama y para concluir nos brindó al alimón una maravillosa mamada para limpiar y quedar relucientes nuestras vergas mientras las acariciaba con suavidad y cariño.

    Ya era media tarde y Javier tenía que marcharse, quedando en repetir la experiencia y despidiéndose de su tía con un fantástico morreo y un magreo a sus tetas, coño y culo que le volvió a propiciar una nueva erección bajo el pantalón del chándal, marchándose sin más. Por nuestra parte, mi mujer y yo preparamos otro café para tomarlo ya tranquilos aunque, como es de imaginar, el calentón prosiguió y nos pasamos follando el resto de la tarde-noche para gustazo y placer de ambos.

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