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  • Faje en el auto

    Faje en el auto

    Hola, este es uno de los primeros relatos que escribo y es acerca de nosotros iniciándonos en este tipo de aventuras.

    Bueno comenzaré comentándoles que yo empecé hacer estas cosas por mi esposo, ya que, han sido sus fantasías a las que yo no me animaba a llevarlas a cabo, pero después de insistirme mucho termine cediendo, ya que cuando teníamos relaciones íntimas y cada vez eran más frecuentes comentarios como el de me gustaría verte hacerlo con otro, con otros con otras parejas o simplemente muchos haciendo lo mismo y todos contra todos y así fue como empezamos.

    Les comento una de las primeras, para esto nos pusimos de acuerdo para salir una noche a un pueblo cercano y buscar a alguien, ya noche y que estuviera solo o pidiendo aventón, para hacer que esa persona interviniera en una travesura, y para ello yo me iba hacer la borracha al grado de no poder sostenerme sentada y mucho menos parada para que mi esposo le pidiera ayuda para acomodarme en el asiento y yo me las iba a ingeniar para mostrar mis senos, mis muslos y mis choninos.

    Bueno pues nos fuimos a un pueblo cercano y dimos varias vueltas hasta que por fin cerca de un tienda de abarrotes a la salida del pueblo estaba un joven de unos 23 años nosotros teníamos como 38 más o menos, mi esposo se detuvo estacionando el carro a unos pasos de el chavo y yo me hice como que estaba borracha y estaba en el asiento delantero muy mal sentada me iba para delante o para los lados y mi esposo trataba de acomodarme mientras el chavo lo veía que batallaba para acomodarme y dejarme quieta con el cinturón pero claro que no lo iba lograr, esa era la idea.

    Después de un ratito mi esposo voltea y le dice al chavo que si le puede ayudar, para esto yo ya tenía la blusa bien desabrochada hasta la mitad y se me veía la mayor parte de mi senos ya que antes me quite el bra, así que me empezaron a acomodarme los dos pero obvio yo me resistía a ello, el joven me agarraba de los hombros para pasar el cinturón peor cuando lo iba a abrochar me movía y se soltaba y me tocaba mi seno con el brazo derecho y después me ponía el brazo en los dos senos para sujetarme mientras mi esposo se hacía pato tratando de abrochar el cinturón y al no poder hacerlo mi esposo le dice al chavo:

    -sabes, que te parece si la movemos al asiento trasero

    -como usted quiera -le dijo el chavo

    -pero me ayudas -dijo mi esposo

    -claro que si señor.

    Bueno pues se ponen de acuerdo ellos y el chavo me baja los pies volteándome para la salida y pues me tuvo que manosear los muslos para acomodarme y mi esposo por dentro del carro me sostenía la espalda y pues mi senos se salieron y al levantarme el chavo yo me agarre de su cuello y le puse mis senos descubierto en su pecho, después mi esposo se da la vuelta para moverme entre los dos al asiento trasero y otra vez mi esposo me sujeta por la espalda y me mueven, mi esposo se sienta y se recorre en el asiento trasero y me sientan la orilla.

    Y después mi esposo me hala metiendo los brazos por las mis axilas y me agarra por los hombros y me ponen en la mitad del asiento y me dejo caer acostándome en el asiento mi esposo sale por la otra puerta y la cierra mientras el chavo me detenía mi cuerpo para que no cayera, mi blusa y mi falda ya no me cubrían nada hasta que mi esposo medio me las cubre con una falsa intención.

    Después a mi esposo se le ocurre ir a comprar unas cervezas y le dice al chavo que si me cuida un momento y él le contesta que sí, entonces le dice que se suba conmigo pero por el otro lado para que me sostenga la cabeza y evitar que me caiga, se va mi esposo y el chavo me empieza a sobar las tetas bien desesperado y eso me calienta un buen pero no podía hacer nada para responder ya que estaba semiinconsciente así que lo deje hacer lo que quisiera, me aprieta la tetas y luego baja la mano, ay que rico pensé me va acariciar la panochita.

    Y si, así lo hizo metió la mano por abajo del calzón y me metió la mano agarrándola toda rico y después me mete un dedo, luego dos a mi panocha que ya estaba súper húmeda y súper caliente así que empiezo a dar pequeños quejiditos de calentura y con más ganas me acariciaba y me beso, me mordió rico lo senos, hasta que llego mi esposo yo estaba supercaliente siendo manoseado por un desconocido. Llega mi esposo y le pregunta:

    -todo bien

    -Si todo bien no se ha movido nada

    -Que bien -dice mi esposo.

    -Parece que está dormida -dijo el chavo

    -Ok entonces podemos irnos, oye a propósito para donde vas -le pregunto mi esposo.

    -Voy aquí cerca, unos 30 km.

    -Si quieres te dejamos, nosotros vamos a pasar por ahí y aparte sirve que me detengas a mi mujer y no se lastime.

    -Me parece bien dijo el chavo.

    Se subió mi esposo prendió el carro y arrancamos, y el chavo volvió a la carga y me empezó a acariciar mi panocha metiéndome los dedos y masajeando mi clítoris sentía tan rico que no quería que el tiempo pasara era tanto que mi gozo que no quería venirme, mientras hacía esto con la otra mano estaba apretando mis tetas hasta que no pude detenerme y me vine rico y silenciosamente. Obviamente seguí dormida hasta que lo dejamos y una vez que se despidió de mi esposo nos fuimos y ya en el camino me fui al asiento delantero para platicarle a mi esposo lo que mi hizo el chavo. Y ya en casa imagínense como me fue.

    Otra cosa mientras todo sucedía mi esposo le pregunto su nombre, que hace en su trabajo, su horario en el trabajo y también el celular.

    Ha sido la primera vez en mi vida en la que tengo un orgasmo silencioso y que no digo palabra alguna.

    Espero le guste nuestra aventura espero sus comentarios, sugerencias o ideas para nuevas aventuras.

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  • Vacaciones en Zuana Bech Resort

    Vacaciones en Zuana Bech Resort

    Mi esposa Luz Stella de 1.7 m de estatura, 60 kg de peso con un par de tetas coronadas de unos pezones listos para ser chupados y con un culo de campeonato, yo su esposo un ingeniero de 1.75 m de estatura, 70 kg, la naturaleza me doto con un pene de 23 cm en erección, que mi esposa gusta de mamar.

    Viajamos a Estados Unidos a visitar amigos y a divertirnos, en nuestra Colombia tenemos algunos amigos muy queridos, entre ellos la fantasía de mi esposa su amigo Manuel, que siempre quiso follárselo, no sé por qué no se lo folló, al menos yo no lo sé.

    Porque Manuel siempre le acompañaba al apartamento hacia las 11 de la noche, venían de las típicas reuniones en la administración del conjunto, en el apto yo había instalado cámaras para vigilar lo que sucedía en su interior, y muchas veces al entrar por el cuarto piso se besaban, Manuel le magreaba las tetas y el culo, y ella le sobaba la verga por encima de su pantalón, ahí había dos alcobas con sus camas, pero ellos solo se morreaban y nunca follaron dentro del apto. Si follaron, tuvieron que salir a fornicar en algún motel.

    A mi esposa se le ocurrió invitar a su amigo a pasar una semana en Zuana Beach Resort, pues en agosto tenemos la semana para disfrutar, de paso celebrarle a Manuel el cumpleaños, cuando le llame para invitarlo a instancias de mi esposa, ella le dijo le partiría el biscocho. Después le comenté a mi esposa: “Manuel no tiene biscocho, el tiene es un par de huevos”; a lo que ella me respondió: “lo sé, entonces que él me parta el biscocho y yo le rompo los huevos para chupar esa miel deliciosa que tendrá”, y le dije: “por lo que dice, lo que quiere usted es follarse a Manuel y chuparle la verga y tragarse su semen”, ella solo sonrió enigmática.

    El domingo 18 de agosto día que Manuel cumple años llegó Manuelito a Zuana hacia las 10 de la mañana, mi esposa y yo le esperábamos en el lobby, mi esposa muy nerviosa, se saludaron de abrazo y Manuel la beso, beso que fue correspondido con apretada de culo por ambas partes, conmigo un apretón de manos, y subimos a la suite a dejar la maleta del cumpleañero, esperamos que se pusiera el bañador y bajamos a la piscina.

    Hacia la 1 de la tarde pasamos al comedor y almorzamos, para finalizar le cantamos el happybirth Day y repartió una torta, y nos fuimos a la playa nos recostamos en las tumbonas y conversamos de todo, luego pedimos unas cervezas a la mesa de la piscina al igual que unos cocos locos, unos cupitos y a jugar en la piscina. Hacia las 7 de la tarde fuimos a la suite nos duchamos y nos vestimos a ir a la disco a celebrar.

    En la disco se pidió una botella de whisky y una botella de vino para mi esposa, se sirvieron los vasos y copa y se brindó por el cumpleañero, copas vacías y segunda ronda y así, bebíamos muy rápido hasta la quinta ronda, Manuel invitó a bailar a mi mujer, ella se colgó a su cuello y muy apretaditos bailaban, Manuel le acariciaba la espalda y bajaba hasta su culo y se lo apretaba, mientras ella con disimulo le acariciaba la polla y se besaban.

    Después de cuatro piezas volvieron a la mesa y bebieron a fondo blanco, pasadas tres canciones baile con mi mujer, la abrace la aprete y la bese, le aprete el culo y le dije entonces la celebración es en grande, te vas a follar a Manuel y me dijo que si, que tenía la verga super parada y ella ya estaba cachonda con la chocha super húmeda, le dije: te duchas y te pones un vestido sin nada debajo. Hacia las 11 de la noche subimos a la suite.

    Nos duchamos y cambiamos para seguir la celebración, ronda de tragos a fondo blanco, ya estábamos bastante contentos, nos pusimos a bailar los tres con mi mujer en sándwich, nos morreábamos y nos besamos y le acariciábamos todo a la putica de mi mujercita. En un momento yo le deslice las tiras del vestido por los hombros, el vestido cayó y mi putica quedo desnuda entre los dos, Manuel le besaba, le chupaba las tetas y mordía sus pezones, yo me baje metí mi cara entre sus nalgas y le lamia el culo y el chocho, Manuel se arrodilló y comenzó a comerle el chocho y le metió dos dedos ensalivados en su vagina, ella gemía.

    Yo me retiré y les observaba, Manuel la acostó boca arriba y se metió entre sus piernas le chupaba el clítoris y le follaba con al lengua y sus dedos, ella le dijo que se girara para chuparle la verga, hicieron un 69 estupendo mientras yo me pajeaba, él le dijo si me sigues chupando así me voy a correr Luz Stella, ella dijo no importa quiero tu semen dentro de mí, en mi boca o en mi chocho pero bien dentro, también me voy a correr en tu boca Manuelito, quiero tu verga en mi chocho, follame, follame por favor.

    Él se giró le abrió más la piernas y se lo metió de un solo envión y ella gritaba: oh que rico me estoy corriendo en tu verga, hágame más, follame fuerte, más duro, rómpame el chocho, ahh ahh, me estoy corriendo de nuevo, préñame, préñame, después de 10 minutos de meter y sacar su verga del chocho de mi mujer Manuelito llegó al orgasmo y le lleno el chocho de semen a mi mujer y simultáneamente ella tuvo su tercer orgasmo y yo eyaculé cayendo mi semen al piso. Se besaban y acariciaban dejando que su respiración se normalizara.

    Me miraron sonrientes, serví una ronda y brindamos por el polvo y por el cumpleañero, Manuelito se giró y comenzó un nuevo 69, chupaba el chocho de mi mujer y se comía todos los flujos que salían de esa vagina, Hasta que dejo el chocho limpio de flujos y ella le dejo la verga limpia y reluciente, además Manuel y yo las teníamos tiesas y duras listas para el segundo polvo.

    Manuel se quedó boca arriba, y mi esposa lo monto, toda una amazona se daba buenos sentones, sus tetas rebotaban por el movimiento, me puse detrás de ellos, incline a la zorra de mi mujer sobre Manuel y comencé a comerle el culo y a dilatárselo con lubricante, hasta tres dedos le metí en el culo, cogí mi verga que estaba como una roca y se la puse en el ano y comencé a empujar despacio, fue entrando sin problemas y yo empujaba mis 23 centímetros de verga, hasta que mis huevos chocaron con su chocho.

    Y comenzamos en sincronía un meter y sacar del culo y del chocho, mi mujer gritaba, gemía, y decía me están matando cabrones, que rico sentir y disfrutar de sus pollas, los dos dándome verga, oh Dios que rico, me corro, me corro y seguimos serruchando el chocho y el culo como por 15 minutos y tuvimos un orgasmo simultáneo, por segunda vez Manuel le llenaba el chocho a la putica de mi esposa y yo le llenaba el culo de semen, ella tenía su nuevo orgasmo, quedamos los tres acostados descansando mi mujercita entre los dos.

    Mi esposita comenzó de nuevo a chupar nuestras vergas alternadamente, Manuel girado le comía el chocho y sus fluidos y su propio semen, yo le metí dos dedos en su culo y mi semen le salía del culo por entre mis dedos ensuciando las sábanas, yo me senté recostado en el cabecero de la cama para que mi mujer siguiera chupando mi verga.

    Manuel se dedicó a comerle el chocho y el culo a mi mujer dejándole los orificios muy limpios, mi esposa en cuatro mamando mi la verga y Manuel se la metió por el culo, los dos gemían, bufaban, decían vulgaridades y después de 20 minutos Manuel le lleno los intestinos de semen a mi putica preferida y yo me derrame en su boca tragándose mi semen. Nos quedamos dormidos los tres desnudos con nuestras vergas flácidas, mi mujer con su culo y vagina inflamados de tanto follar.

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  • Sexo por sexo

    Sexo por sexo

    Soy Carmen, una universitaria de 21 años, con un físico no muy llamativo ya que mi figura no presume de muchas curvas, al contrario que la mayoría de las chicas de mi edad, sino que soy la sensual esbeltez personificada, lo único que resalta de mi es mi largo cabello rubio, mis ojos azules, mi piel blanquecina como la nieve y unas posaderas redonditas.

    Sin embargo, aquellos y aquellas afortunados que han tenido la oportunidad de pasar una noche lujuriosa conmigo dirían que mi esponjosa vulva y rosados mis pezones son también muy envidiables, soy una petite en toda regla, una con mucho apetito sexual ya que no han sido pocas las personas con las que he tenido sexo casual, poseo cierta fama de “putilla barata”, pero dejemos eso de lado. Lo importante es Laura.

    Laura es una solterona bisexual cuarentañera, morena de piel y pelo oscuro, con un cuerpo voluptuoso ya que tanto sus tetas como su culo eran facciones muy llamativas de ella, es mi contraparte física. Pero posee más facciones muy seductoras, su suave voz latina, sus carnosos labios, su sexy sonrisa… ay dios estaba encaprichada por ella, mis sentidos más lésbicos se agudizaban cada vez que ella estaba cerca…

    Laura es una amiga muy cercana de mi madre, según ellas me contaban en el salón de mi casa (bueno, de mi madre) se conocían desde secundaria, hicieron la ESO y bachiller juntas, pero distintas carreras, sin embargo eso no impidió que siguiesen siendo tan amigas, a día de hoy las dos tienen la cabeza sentada, las dos tienen familia y las dos tenían un plan para mí.

    -¿Tienes pareja Carmen? -Me preguntaba la latina buenorra-.

    -No…

    -¿Cómo puede ser que una chica tan linda como tú no tenga pareja?

    -Es que a ella es muy cerrada con las personas -Decía mi madre mientras me recolocaba el pelo-.

    Mamá, si tu supieras la de gente que ha pasado por mi… bueno, me callo.

    -Mi hijo está igual que tú, no es cerrado pero lleva un tiempo sin pareja…

    Comenzó a hablarme de su hijo, llamado Miguel, poniéndolo en un pedestal. Yo escuchaba y escuchaba, intentando que mi mirada no se desviase a su escote. Tras presumirlo me enseñó unas fotos suyas, no era feo y estaba bueno, era un chico de 23 años, moreno, fuerte y con facciones mexicanas casi idénticas a su madre en algunas cosas, como en los ojos o en la nariz.

    -Si quieres te lo presento -Me dijo sonriendo Laura-.

    -Es guapo la verdad, por mi vale…

    -Perfecto, veníos algún día a nuestra casa y os conocéis.

    Me quería matar por dentro, esa reunión entre dos madres que querían que sus dos hijos saliesen… parecía casi pactado por las dos desde la adolescencia, pero ya no había nada que hacer. Ese día llegó una semana después, en la casa de Laura conocí a Miguel, un chico bastante hablador y amigable, la verdad era muy básico pero como hablaba tanto no aburría, hicimos buenas migas aquel día, compartimos nuestros instas y seguimos hablando durante varios días. Supongo que el plan de las supermadres había funcionado porque a la semana ya nos estábamos enrollando y un día después de nuestro primer lío él ya me estaba empotrando contra el cabecero de su cama.

    ¿Que cómo fue mi primera noche con él? Espectacular. Estábamos compartiendo saliva hasta que nuestras hormonas nos calentaron, sobre todo a mí, ya que durante nuestro largo beso puse mi mano sobre su pantalón para notar cómo su miembro crecía con espasmos y se endurecía cada vez más. Le quité el pantalón junto al bóxer dejando expuesta una polla de por lo menos 16 centímetros y mientras él estaba sentado en su cama le practiqué una mamada, de las mejores que hice, babeando, escupiendo y metiéndome esa verga hasta el fondo de mi garganta para lubricarla completamente.

    Tras ello nos desnudamos, me puse en cuatro y me comenzó a embestir con su empalmado miembro, penetrando mi húmedo y rojizo coño mientras me agarraba de mis lindas tetillas y me azotaba como a una zorra. Llevaba meses sin follar, meses sin que ningún ser humano me cepillase de esa forma, un sexo duro y guarro me iba a sentar de maravilla. Tras gemir por todo lo alto (ya que vergüenza es lo último que tengo y si me escuchaba su madre poco me importaba), lo tumbé y me puse sobre su pene, fui bajando poco hasta tenerlo completamente dentro de mi, Miguel me agarró de la cintura y comenzó a follarme en esa posición.

    Yo no podía hacer nada más que disfrutar, temblar y chillar de placer mientras mis ojos se desviaban hacia arriba por sentir esas deliciosas penetraciones. Cuando él se cansó comencé a cabalgarlo a un ritmo frenético y salvaje, mis tetitas botaban sin parar, mis posaderas chocaban ferozmente contra sus muslos, mi coño estaba excesivamente húmedo y en general mi cuerpo estaba muy sudado.

    Después de montarlo se puso de pie, me arrodillé y comenzó a masturbarse para obsequiarme con su esperma, estaba impaciente y para acelerar su orgasmo le comencé a chupar sus huevos, metiéndomelos en la boca y jugando sobre ellos con mi lengua, exigiendo que sus hijos se deslizasen por mi boca hasta mi garganta, tras un rato por fin se corrió dentro de mi boca, algunas eyaculaciones se desviaron manchando parte de mi rostro pero poco me importó.

    No fue la única vez que tuvimos sexo, follamos por toda su casa y por la mía, en el salón, la cocina, la ducha, en la cama de mis padres, en la cama de su madre… y en todas las posiciones posibles, misionero, de pie, contra la pared o algún mueble, en 69, prono… no faltaba ningún día que no follásemos, ningún día que no gritase de placer con mi aguda voz, ningún día que no fuese maltratada y reinada a la vez. Pero había una cosa que no se iba, mi obsesión con su madre.

    Ahora que recentaba su casa la veía más veces, hablaba mucho con ella y su relación conmigo mejoró a pasos agigantados, me trataba casi como si fuese hija suya, aunque suene muy mal teniendo en cuenta de que su hijo me regalaba orgasmos y que le limpiaba el miembro con mi boca tras eyacular cada vez que nos veíamos… Mi relación con Miguel no era mala, pero tampoco muy importante para mí, solo salíamos y luego follábamos, era una rutina agradable. Decidimos además ir más allá y dejar que él se corriera dentro de mi comenzando así a tomar pastillas que evitaban el embarazo. Sin embargo, mi panorama cambió por completo un martes por la mañana.

    Me desperté en una cama pequeña junto a Miguel, el olor mañanero se colaba por la ventana empujado por una leve brisa que hacía mover la cortina de seda que él tenía. Miguel se fue despertando igual, nos estuvimos besando, él estaba tan caliente que se puso encima de mi, me quitó las bragas, me abrió las piernas y comenzó a empotrarme haciendo que mis primeras palabras del día sean “¡¡¡Aaay sí sí sí que rico!!!”. Grité y gemí sin limitarme durante varios minutos, se corrió dentro de mi, me besó aún con su pene metido en mi vagina. Tras acabar él rápidamente se metió a la ducha y se fue preparando para ir al trabajo, yo mientras aún desnuda estaba con el móvil tumbada en la cama.

    Después de media hora de que él se fuese mis tripas rugieron, intuí lo obvio, que tenía hambre, por ello me levanté y fui directamente a la cocina, aún en cueros ya que a esas horas su madre está en su trabajo. Entro en la cocina, miro en la nevera buscando algo que me saciase el apetito…

    -¿Que fresca vas no?

    Con los ojos como platos miré a la puerta de la cocina y vi a su madre apoyada en el marco y mirándome de abajo a arriba con una sonrisa, me quedé congelada, rápidamente traté de taparme mis zonas más pudientes.

    -Perdón es que pensaba que no había nadie en casa y…

    -Y decidiste ir desnuda por mi casa.

    -Si… -Dije con la cabeza gacha-.

    Ella se acercó a mí, puso su mano sobre ni cabello deslizándola lentamente.

    -Tranquila mi niña, no me importa, estate como si esta fuese tu casa, ¿vale?.

    -Gracias.

    -Además, este cuerpazo no merece menos.

    Se acercó más a mí, casi pegando sus tetas con mis pechos. Apoyó sus manos sobre mi cadera para sentir mis muy discretas curvas. Me estaba sintiendo muy nerviosa y a la vez muy excitada, su tacto me inundaba la piel de una sensibilidad que era estimulada con cada mínimo contacto que recibiese.

    -Tu cuerpo es mejor que el mío -Dije yo mirando a sus grandes pechos-.

    -¿Ah si? Pues para mi tu cuerpo es muy bonito y atractivo.

    -Es que tú tienes un culo y unas tetas muy envidiables.

    Se echó a reír.

    -No digas tonterías mujer, además mira el culo que tienes, tan redonditos y tan suave, ya le gustarían a muchas chicas tener uno así.

    Se puso a un lado de mi para manosearme suavemente mis glúteos, los cuales estaban aún rojizos por las empotradas que me dio su hijo esta mañana.

    -¿Y tú coño qué? Tan gordito y rosadito.

    -El tuyo se verá increíble seguro -Dije sin pensármelo-.

    -¿Acaso quieres verme como dios me trajo al mundo?

    Se puso de nuevo frente a mí y muy pegada, yo me apoyé en la encimera pero su cuerpo se apoderaba de mí. Acercó su cara a mí y comenzó a besarme lentamente con sus carnosos labios, nos dimos besos lentos y húmedos, el sonido de nuestros labios me volvían loca, nuestras lenguas entraron en contacto compartiendo saliva. Puse mi mano sobre su culo, lo agarré y sentir su grasa en la palma de mi mano me excitaba, era tan agradable tocar su cuerpo que quería tenerla desnuda ya de ya, por ello tras besarnos le quité la blusa, ella se desabrochó el sujetador dejando al aire sus grandes pechos, tan firmes y tan suaves al tacto…

    -Son para ti.

    Me acerqué a uno para meterme el pezón en mi boca, chupé sus tetas mientras la miraba, su cara se desviaba hacia el techo soltando leves suspiros a la vez que sus manos acariciaban mi cabello…

    -Vamos a mi habitación cariño.

    Así hicimos, al llegar ella se deshizo de sus tacones, del pantalón vaquero y las bragas que llevaba dejando a la vista su gran culo y un coño gordo y moreno. Se echó en la cama con las piernas abiertas y se puso a masturbarse delante de mí. Yo acerqué mi cara a su coño y comencé a lamérselo como si fuese un helado a la vez le que metía mis dedos. Me centré en juguetear con su clítoris y penetrarla con mis dos deditos. Ella me fue respondiendo en forma de gemidos y una acelerada respiración. Comencé a masturbar violentamente su húmedo coño, el cual sonaba y chapoteaba que daba placer escucharlo.

    Ella agarrándose las tetas comenzó a gemir alto y a temblar, la excitación se apoderaba de ella, mirarla así me motivaba a seguir masturbándola tanto tiempo como mi brazo me dejase. Tras acabar saqué mis mojados dedos y me los metí en la boca para probar sus jugos vaginales mientras intercambiaba miradas con Laura.

    -¿Te gusta? -Dijo ella entre suspiros.

    -Me encanta, sabe muy bien.

    -Ahora me toca a mi masturbarte querida, quiero oirte gemir.

    Me tumbé apoyando mi cabeza sobre su almohada, me abrí de piernas para dejar que la cabeza de Laura se acercase a mi coñito. Tímidamente ella comenzó a lamerme los labios bajos mientras me miraba con sus morenos ojos. Rodeó mis muslos con sus manos tirando levemente mi cintura hacia su cara, pegó su boca a mi vulva y comenzó a comerme el coño. Me sentía viva y muy excitada, mojada y cachonda, enrojecida y sin poder aguantarme los gemidos que salían de mi boca. Mientras más me comía más me temblaban las piernas y se mojaba mi conejito, su forma de masturbarme con su lengua… dios no olvidaré nunca esa sensación.

    Tras comerme el coño, ella se acercó a mí y soltó sus babas mezcladas con mis fluidos dentro de mi boca. Nos volvimos a besar, sus carnosas labios rodeaban casi toda mi boca, tan húmedos, tan esponjosos…

    -Somos unas guarras -Dijo ella con su cara a centímetros de mi-.

    -Estoy obsesionada contigo -La besé apasionadamente sin dejar que me contestase-.

    -Quien diría que también me follaría a la hija de mi mejor amiga -Me besó de nuevo-.

    -¿A qué te refieres con “también”?…

    -Tu madre y yo somos más que amigas -Dijo mientras me acariciaba la cara-.

    -¿Mi madre y tú folláis?

    -Desde hace años, incluso cuando estuve con mi ex marido. No le digas que te lo he dicho, ¿vale cariño? y menos a tu padre.

    -Será nuestro pequeño secreto, con una condición -Empecé a acariciar su coño con mi mano-.

    -Creo que se a que te refieres.

    -Quiero que me folles de la misma forma que te follas a mi mamá.

    Volvimos a besarnos con más euforia y pasión que antes, nos dábamos besos húmedos y rápidos, hasta hundir nuestras lenguas en la boca de cada una. Yo además me puse a masturbarla de nuevo, sus besos venían acompañados de gemidos, su vulva se notaba más húmeda que antes. Metí mis dedos para taladrar su coñito gordito, ella se tumbó encima de mi dejando caer su cara sobre mi hombro izquierdo y acariciando mi mejilla con su mano rogándome que la follase entre gemidos y gritos de placer. Tras varios minutos sintiendo su figura sobre la mía y después de acabar de masturbarla, ella se levantó para sacar del armario un dildo.

    -¿Cuánto mide? -Dije mientras me toqueteaba el coño-.

    -22 centímetros.

    Se acercó a mí, puso el glande de silicona sobre mis labios, me puse a besarlo. Ella cedió también y nos pusimos a besar el dildo las dos a la vez, empapándolo y llenándolo de babas.

    -¿Vas a follarme con eso?

    -¿No querías que te follase como a tu madre? Ponte en cuatro cielo.

    La hice caso, ya en cuatro y ella detrás de mí, sentí el glande del dildo rozando con mis labios inferiores, Laura escupió a mi coño, me acarició con sus dedos y procedió a introducirme el juguete. El glande era bastante grueso, sentí cómo poco a poco me iba abriendo el coño, cómo el tronco venoso iba profundizando cada vez más dentro de mi vagina, me dolía y me gustaba a la vez.

    -¿Te está gustando?

    -Ay si mami si.

    -Pues prepárate, esto te va a encantar.

    Empezó a penetrarme repetidas veces, el juguete no entraba del todo dentro de mí ya que me dolía mucho pero el cacho que entraba me excitaba muchísimo. Mis gemidos eran suaves pero conforme más aumentaba su ritmo más gritaba de placer, no conforme con follarme con un dildo de 22cm, también me azotaba el culo y me tiraba del pelo violentamente.

    -¿Te está gustando cariño?

    -¡Ay!… ¡Sí… sí…! ¡Sí por favor!… ¡Sigue sí!… ¡Sí más más… más!

    -Me gusta oírte gemir, siempre que te escucho gemir mientras eres follada me pongo muy caliente.

    -¡Fóllame sí sí!… ¡Rómpeme el coño aayyy!…

    El ritmo era frenético, mi coño chapoteaba y mis muslos estaban completamente mojados, mis piernas no paraban de temblar. Alcancé un orgasmo que me dejó agotada y temblorosa, me dejé caer sobre la cama para tranquilizarme después de tremenda follada.

    -¿Estás bien cariño?

    -Si… solo necesito descansar.

    Laura me separó las nalgas y comenzó a lamerme el ano, me resultó muy agradable, satisfactorio e incluso relajante. Después de restregar su lengua con mi ano, me di la vuelta aún tumbada, ella se acercó con el dildo y me lo metió en la boca, de lo grueso que era tuve que abrir la boca entera. Nada más tenerlo totalmente dentro de mi empezó a penetrarme la boca con el juguete, haciendo parones para gargantas profundas, yo babeaba sin parar y me ahogaba pero ella seguía, incluso solté algunas lágrimas.

    -Incluso con un pene dentro de tu boca te ves linda -Dijo ella mientras yo mamaba su dildo-.

    Después del oral, ella se metió el dildo en la boca limpiándolo de todas las babas que tenía. Me besó y lamió toda mi cara, yo me dejé, sentir su lengua y su cara tan cerca de mi… dejarme follar de esa forma… me estaba volviendo loca pero me encantaba. Ella se levantó, fue de nuevo al armario y sacó otro dildo pero esta vez más pequeño.

    -Toma, quizás este te guste más, mide 17 centímetros.

    Se tumbó a mi lado, me besó y mamó el dildo para lubricarlo haciéndose gargantas profundas, metiéndose el dildo entero en su boca.

    -Tienes experiencia -Dije entre risas-.

    -Tú también la tienes, no mientas.

    Me dio el dildo recién lubricado, nos besamos y las dos a la vez nos metimos ambos dildos, yo el de 17 y ella el de 22, para masturbarnos juntas y gemir como locas. Nos besábamos y nos excitábamos por ver a la otra masturbarse, sus tetas estaban caídas y vibraban con el más mínimo movimiento de su cuerpo. Tenerla tan cerca de mi y verla masturbarse así me ponía loca, nuestros gemidos se mezclaban e inundaban la habitación, nuestros húmedos coños sonaban muy mojados, nos entraban los dildos sin problema alguno.

    La primera en alcanzar el orgasmo fue Laura, quien al alcanzarlo soltó un gran squirt que parecía una fuente, mojando toda la cama. Sin dudarlo ni un segundo fui a lamerle el coño, ella se metió de nuevo el dildo y se corrió de nuevo pero esta vez en mi cara, mojándome entera. Nos reímos las dos, me puse encima y la besé, ella se notaba agotada pero yo quería practicar la tijera así que aún ella estando tumbada me puse encima de su coño juntando el mío con el suyo y levantando una de sus piernas.

    Frotaba ferozmente mi vulva contra la suya, las dos estábamos muy mojadas y sensibles, las dos gemíamos como guarras y desesperadas, la cama chillaba, nuestros labios vaginales se cruzaban, nuestras miradas coincidían, sus tetas no paraban de temblar y nuestras expresiones eran de éxtasis y disfrute total. Al final las dos conseguimos el orgasmo a la vez, ella se corrió en mi coño y yo me quedé temblando y soltando profundos suspiros.

    Me tumbé a su lado para besarnos de nuevo, nuestras vulvas estaban mojadisimas y rojizas de tanto roce y penetración. Nuestros besos eran lentos, suaves, con sabor y húmedos. Sus labios me eran irresistibles, su curvilínea figura tan pegada a mi, sus pechos tan firmes y a la vez tan movedizos, su pequeña cintura y grandes caderas… no soy capaz de definir la sensación pero me transmitía una mezcla de satisfacción, sensualidad y erotismo que hasta ese sexo solo era capaz de imaginar. “Qué mujerón acabo de follar” me estaba diciendo en mi cabeza.

    -¿Qué tal cielo? -Pasó su mano junto a mi mejilla apartando parte de mi cabello-.

    -Me ha encantado, ha sido increíble.

    Me besó de nuevo, agarrándome del culo y tirando de mi figura para pegarla más a la suya.

    -Hacía mucho que no follaba así con una chica -Dije mientras agarraba una de sus tetas-.

    -Cada vez que vengas a mi casa y estemos solas podremos hacer lo que queramos.

    -Quiero que me folles tanto como hoy.

    -Te follaré tanto como tú quieras hija.

    ¡Espero que os haya gustado! Recordad que soy una autora primeriza por lo que cualquier recomendación será muy bien venida. Un grandísimo beso para todos y todas.

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  • Trío inesperado con mi pareja y un amigo

    Trío inesperado con mi pareja y un amigo

    Hace ya varios años nos habíamos mudado por un tiempo a una ciudad al norte de España. Casualmente, a una hora de viaje vivía un antiguo amigo de la escuela, con el que manteníamos un esporádico contacto por internet, y no nos veíamos desde que terminamos la escuela, hacía ya unos 20 años.

    Al estar más cerca, el contacto se volvió más frecuente, y luego empezamos a vernos en persona. Por comodidad, él venía a visitarnos a nosotros; al principio a pasar el día, y luego solía quedarse todo el fin de semana.

    Como donde vivíamos no era un lugar muy amplio, las veces que quedaba a pasar la noche le dejábamos un colchón con sábanas en un rincón del living para que duerma allí.

    Pronto él y mi pareja entraron en confianza, y las conversaciones entre los tres podían ser de cualquier tema, sin tabúes.

    Un fin de semana en que nos visitó, sábado por la tarde salimos a tomar algo. La conversación derivó en temas sexuales íntimos, y para sorpresa nuestra nos insinuó haber tenido alguna vez alguna experiencia bisexual. Pero el tema no prosperó, lo dejamos pasar, y cambiamos de tema.

    Ya por la noche continuamos con las charlas en nuestra casa, tragos de por medio. La noche avanzaba, los tragos empezaban a surtir efecto, el cansancio nos invadía, pero no queríamos finalizar la velada.

    Nos sentamos en el sofá; él, yo al medio, y mi pareja a mi otro lado. Buscamos alguna película para pasar el rato, pero no había nada realmente interesante, por lo que quedó la menos peor. Apagamos las luces, nos cubrimos las piernas con una manta porque hacía algo de frío, e intentamos centrarnos en la película. Yo estaba que me dormía.

    Estaba adormecido, cuando de pronto siento una mano frotar mi entrepierna. Miro de reojo a mi señora y estaba dormida a mi lado, luego miro a mi amigo y parecía estar centrado en la película; la mano se había retirado. Cierro los ojos pero sin quedar dormido. Entonces vuelvo a sentir la mano, acariciando mi entrepierna.

    Entre el alcohol y el cansancio, quedé inmóvil, pero sintiendo lo que ocurría.

    Mi verga empezaba a ponerse dura con las caricias, y quien la acariciaba se dio cuenta. Tenía un pantalón con elástico, y a la mano no le costó abrirse camino para que el contacto sea directo. Creo haber sonreído con la situación, pero sí sé que lo estaba disfrutando.

    La mano tomó mi verga, ya dura, y empezó a masturbarme, lenta y suavemente.

    Vuelvo a mirar de reojo a mi señora, y estaba dormida; ya tenía en claro de quien era la mano…

    La situación me estaba excitando mucho, y no sabía qué hacer. Entonces me incliné hacia mi mujer y empecé a besarla en la boca.

    Ella estaba muy cansada, pero reaccionó medio dormida respondiendo a mis besos. Deslicé mi mano por debajo de su ropa, y le acariciaba los pechos mientras nos besábamos.

    Mi pareja empezó a suspirar y gemir, por lo que se estaba excitando.

    Mi amigo continuaba masturbándome, mientras observaba lo que ocurría.

    Llevé mi mano a la vagina de mi pareja, abriéndome camino entre la ropa; estaba mojada. Empecé a acariciarle entre las piernas, centrándome en su clítoris. Sus gemidos se hicieron más intensos, y semidormida como estaba se quitó las prendas superiores, se recostó en el sofá y se masajeaba los pechos con ambas manos, mientras yo empezaba a masturbarle con mis dedos.

    Mi amigo llevó sus manos al elástico de mi pantalón, me levanté levemente, y me lo bajó. Luego se inclinó para lamerme la verga, y luego metérsela en la boca. La mamada que me estaba haciendo se sentía muy rica.

    La excitación me llevó a masturbar más a mi pareja, que continuaba como dormida, pero reaccionando con suspiros y gemidos.

    Le quité las prendas inferiores, quedando recostada en el sofá completamente desnuda. Mientras lo hacía, mi amigo terminó de quitarme el pantalón y el calzoncillo; me quité la remera y quedamos mi pareja y yo completamente desnudos.

    Mi pareja seguía recostada en el sofá, semidormida; le separé las piernas, me arrodillé, y metí mi cara entre sus piernas para lamerle el coño.

    Mi amigo se puso a mi lado, y con una mano me masturbaba a mí, y con la otra se masturbaba él mismo.

    No sé cómo llegamos al colchón situado en un rincón.

    Mi chica se acostó de espaldas, y rápidamente se me adelantó mi amigo. Le separó las piernas y se acercó para lamerle el coño, mientras yo observaba.

    No estuvo mucho tiempo así, luego se apartó dejándome vía libre. Me puse entre sus piernas, y le metí mi verga en el coño. Tanto ella como yo estábamos muy excitados; en mi caso la excitación era mucha, dada la situación que estaba viviendo. Mi chica parecía no darse cuenta que éramos tres.

    Apenas empezamos a follar, siento a mi amigo deslizar sus dedos entre mis nalgas, hasta llegar a mi culo para acariciarlo con los dedos.

    Se había puesto detrás de mí; sentí que me separaba las nalgas con ambas manos, y de pronto siento pasar su lengua por mi ano. Me lamía el culo mientras follaba a mi chica, la sensación era extremadamente excitante, parecía que iba a explotar de placer, pero no quería…

    Dejó de lamerme, se puso encima de mí, y frotaba su verga por mi culo. Me llamó muchísimo sentir su verga blanda; me la frotaba por el culo, pero no se le ponía dura.

    Sentía que ya no aguantaría mucho más tiempo.

    Él se apartó y decidió meterme un dedo en el culo. Cuando enterraba mi verga en el coño de mi pareja sentía como el dedo salía de mi culo, aunque sin salir por completo; cuando me apartaba, el dedo entraba en mi culo. Se sentía riquísimo; aceleré el ritmo, sintiendo el doble placer.

    De pronto ya no aguanté más y exploté dentro de mi pareja. Acabé de forma intensa, largando gran cantidad de leche. Caí a un lado, casi sin fuerzas.

    Mi pareja entreabrió los ojos. No sé si se había despertado del todo, ni si pudo ver a mi amigo, ya que la habitación estaba oscura.

    Pude ver como mi pareja se levantó, a ciegas tanteo hasta encontrar su ropa, y la pude ver ir tambaleándose hacia el baño.

    Quedé acostado de espaldas sin fuerzas, mi verga estaba morcillona, llena de leche y jugos. Cerré los ojos.

    Pero entonces sentí la lengua de mi amigo, empezó a lamerme la verga. Reaccionó poniéndose levemente dura, se la metió en la boca, y me dejó completamente limpio, sin un rastro de semen ni jugos…

    Le dije que me iba a dormir, y como pude llegué a nuestro dormitorio, donde encontré a mi mujer durmiendo en la cama.

    Al día siguiente nos levantamos tarde. El ambiente estaba raro; no tenso, pero raro. Atribuimos a los efectos de la resaca.

    Mi pareja parecía no haberse dado cuenta de lo que había sucedido durante la noche.

    Esa vez mi amigo se fue antes de lo habitual. Por varias semanas no nos comunicamos, y mi pareja empezó a hacerme preguntas incomodas con respecto a aquella noche.

    Evidentemente ella no sabía exactamente qué había ocurrido, pero por un tiempo la notaba bastante molesta.

    Al cabo de algunas semanas retomamos el contacto con mi amigo, sin mencionar ninguna palabra con respecto a aquella noche…

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  • Lo hicimos detrás del escenario en un festival de rock

    Lo hicimos detrás del escenario en un festival de rock

    El calor insoportable azotaba la ciudad. El sol con sus rayos castigaba la humanidad de quien fuera que se animara a deambular por las calles, a los que tomaran sol, a los que jugaran al futbol. Las bocas se resecaban, ávidas de alguna bebida y los cuerpos transpiraban un sudor pesado y denso.

    Caminaba lento, con desgano, casi agobiado por las cercanías del parque. Al llegar noté lo sobrepoblado que estaba. Añoraba las épocas en las que se podía correr tranquilo tanto por fuera como por dentro del parque sin la molestia de tanta gente, que ahora parecían hormigas molestas, mediocres personajes de la ciudad que sin nada que hacer anegan el lugar con su presencia.

    Yo había ido a comprarme el anillo que había visto la otra vez, ese con diseño de dragón, para mí gusto muy oriental. Cuando llegué al puesto del senegalés me puse contento de que aún lo tuviera. Lo probé y se lo compré. Quedé muy satisfecho.

    Trataba luego de cambiar de rumbo. Me molestaba estar caminando en medio de tanta gente en actitud de turista en vacaciones. Me fui alejando apenas veía un claro para rescatarme. Me fui dejando llevar por algunos acordes de prueba que sonaban a lo lejos y que a medida que avanzaba los recibía más cerca. Una multitud más inteligente se había acomodado alrededor de una banda de rock, “Motor loco”, que estaba a punto de empezar a tocar.

    Me busqué un lugar para protegerme del sol y que si bien estaba empezando a ocultarse sus rayos aún eran potentes. Me senté luego al lado de un árbol grande.

    La banda resultó muy buena. Tocaba un rock simple, callejero, sin cosas raras. Éramos todas gente joven, y algunos adultos jóvenes también había. Toda gente copada, desprejuiciada y con buena onda. Muchos en pareja, unos cuantos con alguna cerveza en la mano y un par como yo con un “faso” de marihuana sostenido en nuestras bocas.

    Qué bien tocaba esa banda. Al rato llegaron dos chicas. Ambas con anteojos negros, pantalones tipo pescador y aire soberbio. Una de ellas me cautivó la atención. Desde ese momento mis ojos alternaban ver la banda y mirarla a ella, con esa remerita corta y naranja que dejaba entrever su cintura, y ese pantalón negro y ajustado que le llegaba hasta antes de sus tobillos. Su gran culo se destacaba por sobre los demás atributos. A medida que pasaba el tiempo mis ojos casi no miraban otra cosa que esa curva tan llamativa que llevaba por detrás.

    Al encender mi segundo faso de marihuana el olor que se había generado a mi alrededor era importante. Muchos al percibirlo se alejaban desdeñosamente mientras que a otros, como a ella, les llamaba la atención. Cuando me miró por segunda vez saqué mi faso de la boca y extendiendo mi mano le ofrecí una pitada. Al principio no quiso y volvió su mirada hacia el improvisado escenario. Yo la imité, pero al cabo de unos segundos lo vino a buscar.

    Otra vez nuestras miradas se encontraron.

    —¿Está bueno…? —pregunté como para iniciar la charla.

    Ella asintió con su mirada esbozando una sonrisa.

    —Te lo dejo para vos… ¿Cómo te llamás?

    —Carla ¿y vos?

    —Ale

    —¿Venís de lejos?

    —Más o menos, de unas 15 cuadras —dijo señalando un punto cardinal

    —Yo también pero más para el otro lado —le contesté ya con mi nuevo faso encendido

    Yo no paraba de mirarla. No era tan soberbia y antipática como creía. Al cabo de un rato de charla, su amiga, que había quedado unos metros más adelante no se percató de que Carla estaba conmigo. La buscó con la mirada, intercambió dos frases con ella y volvió a alejarse apenas Carla le dio a entender que volviera a su lugar.

    El sol había caído. El cielo ahora era bastante oscuro y nos dejó a todos en penumbras. Tomé coraje y busqué los labios de Carla. Mostró cierta timidez ante mi audacia, pero luego me comió la boca. Ante tal gesto mi lengua no demoró en buscar la de ella. Juntas empezaron a jugar y a luchar, humedeciéndonos las bocas mientras los labios se mimaban con ganas.

    Ambos de costado nos inclinábamos sobre el otro, sosteniéndonos al piso con una mano y con la otra toqueteándonos. Debo confesar que no tardé en excitarme. Mi pene se endureció tanto como ella me tanteaba la pierna y parte de la cintura, gesto que imitaba a los míos, aunque no tan audazmente.

    Su amiga nos miró de reojo y apartó su mirada luego de ver en qué estaba su amiga. Se mordió los labios de la envida y finalmente no tuvo otra alternativa que seguir mirando a la banda de rock y tener que soportar que algún pesado tratara de seducirla.

    Carla me seguía comiendo la boca y yo a esa altura, de la calentura que tenía, le manoseé el trasero a riesgo de que me quitara la mano o se ofendiera, pero para mi sorpresa me contestó con un gemido electrizante a mi oído.

    La oscuridad reinante jugaba a mi favor. Decidido a darle lo mejor de mí, me levanté de un salto y tomándola de la mano la invité a ir por detrás del escenario, que era un lugar arbolado, con buen espacio y por sobre todas las cosas oscuro y sin gente. Fuimos casi corriendo, torpemente. Nos ocultamos detrás de los baños, protegidos por unos cuantos árboles y la arrinconé contra uno de ellos. Rápidamente me bajé los pantalones al mismo tiempo que ella se arrodilló para recibir a la carne rígida que emergía de mi entrepierna.

    Mientras consumía mis últimas pitadas de marihuana, Carla me frotaba la pija con muchas ganas, que erecta en máxima extensión gozaba con la mano de ella y con su lengua que comenzaba a degustarla. Ah, cuánto placer me hacía sentir. La combinación entre la alucinación marihuanesca, tan psicodélica como siempre, y las mamadas que me proporcionaba mi nueva amiga me hacían estallar de placer.

    Ahora tragaba hasta más allá de la mitad de mi pene. Su boca me la comía de un buen bocado y con ayuda de su mano la terminaba de introducir hasta adentro para luego retirarla y empezar todo de nuevo. Yo le acariciaba la cabeza, como para a veces guiarla y mis ojos se perdían en cualquier punto de aquella oscuridad mientras recibía placer.

    Sentí que mi leche quería salir. La detuve. Cuando mis ojos miraron a los suyos me calentó su mirada lasciva y determinada. Le subí la remera para besar sus tentadores pechos. Tenía grandes pezones como a mí me gusta, nunca me interesó que las mujeres tengan grandes pechos sino buenos pezones como los de Carla. Con ambos de pie me entretuve unos segundos besándole los senos una y otra vez.

    A veces subía para besarla descontroladamente, al tiempo que ella me manoseaba la pija larga y dura pronta a entrar en ella. Pero antes le bajé el pantalón hasta los tobillos. Quise sacárselo todo para estar más cómodos, pero ella no quiso. A lo que no se negó fue a que le chupara la concha, a que lamiera ese tajo divino, sediento de mi saliva y de mis lengüetazos en su clítoris.

    Los acordes roqueros sonaban con fuerza todavía desde el otro lado del escenario y recibían aplausos de la gente cada vez que terminaban un tema. Yo lo que mejor oía eran los ahogados gemidos de Carla, que reventaba de goce cuando mi boca le devoraba la vulva inundada de fluidos. Nada me da más placer que chupar la concha de las pendejas como Carla. Entretenido en mi celestial tarea ella me interrumpió con: “Ya está, vení, ponemela Ale, ponemela”.

    Subí y le enterré mi tronco loco en su profundidad. Cómo exclamó cuando yo estuve adentro. Manoseándole el culo me apoyaba sobre ella para bambolearme una y otra vez penetrándola rápida y profundamente. Volví por un instante en mí. Me di cuenta de que no teníamos que tardar mucho. Me calentaba mucho estar en una cogida de emergencia. Son de las mejores.

    Los gemidos de Carla me hicieron retornar al goce. La penetré una y otra vez. Ella me mordía y chupaba la oreja de ella. Sus piernas abiertas se ajustaban a las mías al tiempo que las mías, juntas, hacían fuerza para penetrarla con más ganas. “Dale ahora, dale ahora”—me rogó y yo le derramé generosas cantidades de semen dentro suyo en mis últimas entradas a su tajo sagrado. Agotados y sudados tardamos en componernos y vestirnos. Después nos fuimos juntos y buscamos a su amiga que hacía rato nos había perdido el rastro.

    Finalmente nos despedimos. Le pedí de intercambiar los teléfonos. Es el día de hoy que seguimos en contacto. Ya pasamos por varias otras aventuras.

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  • Orgía de sexo oral en la piscina

    Orgía de sexo oral en la piscina

    Les contaré un breve relato de sexo oral. Soy Jessica, bajita, pero tetona y con buen culo, pelo moreno largo.

    Me encontraba un día en las piscinas de la ciudad en que vivía. Era invierno, así que eran cubiertas. Me apeteció nadar un poco así que fui. El agua estaba estupenda, y yo lucia palmito bajo un pequeño bikini rosa. Estaba deseable, y notaba como muchos de los hombres me miraban mientras nadaba. Estoy acostumbrada, y me gusta.

    Estuve una hora haciendo largos, descansando, y nadando un poco. Lo hice tranquila, pero aun así estaba algo cansada cuando salí chorreando del agua. Pase las duchas obligatorias y entre en los vestuarios. De repente algo me hizo sorprenderme, no encajaba. ¡Estaba lleno de hombres! Era la primera vez que iba a esas piscinas y debía haberme equivocado.

    Me miraron sonriendo, y yo con una sonrisa tonta, de las que ponemos cuando nos equivocamos, me di la vuelta para salir, pero al girar di de frente con un chico joven que estaba entrando, y caí al suelo, con tan mala suerte que se me bajó la parte de arriba del bikini, mal sujeté ya que era diminuto. –Uy- y me dispuse a subirlo, pero antes de que me diera tiempo el chico con quien tropecé me tendió la mano, decidí levantarme antes.

    De repente observé que se había formado un corrillo a mi alrededor. Un par de padres, uno con dos hijos pequeños, salieron a la piscina, y yo me disponía a hacer lo mismo, pero noté una mano tocándome el culo. -Vaya culito señorita- Hablaba un calvo de unos 50 años. Cuando me di la vuelta para recriminarle me di cuenta de que no había subido mi bikini, y tenía las tetas al aire. Noté unas manos que las sobaban.

    Me encontraba en una situación complicada. Los que se habían quedado no tenían intención de ir a la piscina o a sus casas, porque querían disfrutar viendo mi cuerpo mojado, al menos. Grité:

    -¡Eh, quieto todo el mundo! -se callaron, esperando mi reacción.– Me he confundido y me vuelvo a mi vestuario. Me voy a duchar.

    -Oye, ¿por qué no te quedas un poco guapa? si lo vamos a pasar bien. – Oía al resto asentir. Era justo lo que ellos querían.

    -No, me voy, y… -La parte de arriba de mi bikini había desaparecido.–¡Dame eso! Perseguí al tipo, pero comenzaron a pasárselo entre ellos, y mientras iba de un lado a otro, con mis tetas botando arriba y abajo, ellos me sobaban todo lo que podían. Paré.– ¿Qué os pasa?

    El chico joven con quien me había tropezado represento a los demás.

    –Te lo daremos, si tú nos das algo a cambio -Sabían que no iba a salir en topless afuera. Estaba atrapada ahí. Y tanto roce me empezaba a poner cachonda.

    -¿Qué queréis? -Los observé, eran 8, de edades variadas. No iban a pedir nada escandaloso, pues yo podía llamar al vigilante, y además cualquiera podría entrar en cualquier momento y preguntarse qué estaba pasando.

    Se reunieron y hablaron entre sí, yo me metí en una cabina de las que ay para cambiarse. Para que nadie más me viera así. Pensé en la oportunidad, y me gusto, la aprovecharía.

    -¿Por qué no nos la chupas zorrita? -dijo.

    -Os la casco, con la mano.

    Pensaron y hablaron otra vez –De acuerdo -luego podrás irte. Pero vamos a ese rincón.

    El sitio hacia esquina, para que al menos fuera discreto. Yo me senté en el suelo, semidesnuda, mojada, y caliente. Hicieron abanico enfrente de mí. –A todos a la vez, empieza cuando quieras.

    Vi las 8 pollas de delante mí, unas grandes, otras más pequeñas, todas estaban empalmadas, o casi. Recordé que eso me gustaba, y con las dos manos comencé a agarrar rabos y menearlos como yo se. A mi contacto se ponían duros del todo, y bajaba la mano en una caricia fuerte abajo y arriba, y pasados unos segundos, agarraba otra, y así un buen rato.

    Les estaba gustando, me miraban con cara de depravación. Seguramente yo tenía cara de puta, porque me estaba gustando. No entro nadie más. Ellos iban ayudándose con sus manos el tiempo que yo no les frotaba la polla. Era el clímax. Todas las caras decían que estaban a punto de estallar, y los rabos igual. Me dijeron que me quedara quieta y acercara la cara. Lo había imaginado.

    Ellos se dieron el toque final y se acercaron a mi cara. Empezó el primero. Yo había cerrado los ojos y la boca. Note el calor del semen en mi mejilla, luego salpicó a mis labios, y luego a la frente. Después comenzaron los demás, pensé. Me estaban duchando, como había querido minutos antes, pero no como imaginaba yo. Su leche empapo mi frente, parte del pelo, mis ojos, nariz, boca, mejillas, barbilla, algo cayo en mis tetas, y no paraba. Nunca había recibido tanto. Volvía una y otra vez a mi cara, en ráfagas.

    Pensé que había terminado cuando una mano me pellizco un pezón tan fuerte que abrí la boca para chillar, pero una gruesa polla se introdujo en mi boquita, derramando lefa por toda mi garganta. La llenó, y reboso las comisuras de mis labios, llendo cuello abajo hasta mi pecho, tuve que tragar, ya había abierto los ojos, aunque no veía muy bien, mi cara entera estaba mojada, calentita, me tragué todo el semen que pude y otra polla se introdujo en mí, volví a tragar, tanto que sentí que no daba abasto y tuve una arcada. Otro chorro me cegó, al darme entre los ojos y la nariz.

    Había acabado. Habían disfrutado de lo lindo conmigo. Algunos comenzaron a irse.

    -¿Y mi bikini? -Una tela me seco todo el semen. La mire, era rosa. Todo el semen que no había tragado lo estaba restregando un cincuentón. No tenía ganas de resistirme. Tendría que ducharme de todos modos, pero se habían corrido en mi bikini.

    -Ahí tienes guapetona. ¿A qué te ha gustado? -Una voz se alejó riendo.

    Me quede sentada un poco más, pensando lo que me acababa de pasar. No lo podía creer. Me pase las manos por la cara y las tetas. No pude aguantar una punzada de morbo, y lamí mis manos empapadas. Me di una ducha rápida, Lavé mi bikini, me lo puse, y salí, tratando de aparentar una dignidad que había perdido por completo. Todos me miraban. Algunos habrían oído la historia de los que lo habían hecho y se estaban bañando. Me sentí demasiado puta y me entraron ganas de llorar. Enrojecí de la vergüenza, entre al vestuario de señoras y me fui como alma que lleva el diablo.

    Espero que les haya gustado. Besos a todos.

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  • ¿Quieres que pare?

    ¿Quieres que pare?

    Laura era la vecina del quinto, a sus 48 años, tenía una figura capaz de parar un tren, desde que su marido la dejó por otra más joven, Laura en vez de hundirse, muy al contrario, supo salir a flote, siempre fue bella, al menos eso dice mi padre, pero hace unos años, comenzó a ir al gimnasio, comenzó a cuidarse y no sólo a eso, sino a llamar la atención de una forma provocativa.

    Cada día podía ver como Laura hacía su desfile particular, el sonido de sus tacos finos impactando en el suelo a cada paso avisaba de que se acercaba a tomar su BMW, de repente la puerta se abría y ella contoneaba sus caderas de forma exagerada sabiendo que era mirada.

    Estaba de verdadero infarto, a sus 48 años, luciendo unas piernas torneadas por el aeróbic y enfundadas en unas medias negras, una falda por encima de la rodilla negro a juego con su chaquete ejecutiva, que pese a ello, no ocultaba el tamaño de sus tetas. Tenía una colita bien parada y prensada, de esas carnes que da gusto palpar.

    Laura era una persona ajena a la vida que se desempeñaba en el edificio, se limitaba a saludar cuando se topaba con algún vecino y a sonreír, sin intercambiar ningún otro comentario. En el edifico, todas las señoras, incluida mi madre la tachaban de puta, de fácil, y en cambio todos los hombres la mirábamos con cara de tontos, babeando.

    Pero yendo al meollo de la cuestión y para mi suerte todo comenzó un fin de semana, en el que mis padres salían de la ciudad a casa de mi hermana, yo en realidad quería ir con ellos, pero a consecuencia de que había quedado con mi novia pues celebrábamos nuestro primer aniversario decidí quedarme.

    Tras varias horas sólo, sin nada que ver en la tele, lo que me dio por hacer es sacar del baúl, en donde guardaba el material de faena, unas películas porno y comenzar a pajearme la ritmo de las mamadas que la actriz porno procuraba, imaginando que su culo salía de la pantalla, así me vinieron hasta dos corridas, habiéndome pasado, no por el número, sino sí por la intensidad del manoseo, así que pude comprobar que tras la segunda corrida, mi verga se me había hinchado levemente, tenía una leve hinchazón en la piel exterior, a la altura de glande, que no me permitía tirar de mi piel para atrás.

    Decidí ir a ducharme, y de repente tocaron al timbre, yo no me preocupé, ya llamarán luego, pero insistieron, así que me envolví en una toalla y salir a ver quién era, cuando fue mi sorpresa cuando la vi. Laura en la puerta.

    –Hola chico, mmm vaya recibimiento.

    Yo me quería morir, pero allí estaba ella, con su atuendo habitual, y pese a lo embarazoso del momento, no pude evitar que se me empalmara, sintiendo la tirantez de mi piel.

    Tras unos segundos en estado de shock…

    –¡Ho… ho… la! ¿qué tal?

    –No tan bien como tú, por lo que veo, creo que tus padres se han marchado este fin de semana, al menos es lo que se comenta en la escalera

    –Si, si se han ido

    –Y te has estado divirtiendo, lo he visto todo por la ventana

    No me había percatado de que me había dejado la ventana entreabierta mientras me pajeaba, ahí si que me olvidé de la erección y quería que me tragase la tierra…

    Se acercó a mí y susurrando, me dijo:

    –Sabes que, creo que te has hecho daño… es más, déjame que voy a curarte –y me dio una leve lamida a mi lóbulo.

    Empujándome, entró en mi casa y me llevó al salón, haciéndome sentar en el sofá y retirando mi toalla, yo estaba paradísimo, pero ella eso no le importó, sin desnudarse siquiera, se arrodilló ante mí y comenzó, lamiendo la punta de mi polla.

    –¡Veo que te has hecho daño, chico malo! ¿Sabes qué? Después de esto, creo que después de esto pasaran varias semanas antes de que vuelas a pajearte…

    Y comenzó a meterse toda mi verga en su boca, sin cerrar sus labios, causando un tormento, yo quería que cerrase la boca y la succionase, pero no, se limitaba a introducir mi pija en su boca sin cerrarla, tocándola levemente con su lengua. Sobra decir que mi polla ya estaba más que parada, así pidiendo que la hicieran explotar.

    Entonces, abandonó mi pija y con su mano la presionó contra mi estómago, comenzado a succionarme ferozmente los huevos, lo que me estaba produciendo un cosquilleo enorme, en la punta de mi verga pude ver como salía el líquido preseminal, ella también lo vio y me miró, sonrió y le metió una lamida feroz, metiéndose toda mi polla en su boca y dándole fuertes sacudidas, haciéndome correrme en su boca. Se la tragó toda y no paraba de ascender y descender, mi cuerpo se convulsionaba, mis gemidos eran feroces.

    Aún con mi polla latiendo, ella se reclinó para atrás y se limpió con las manos el resto del semen que le había quedado en la comisura de los labios, mirándome fijamente, mientras yo me recostaba, derrotado.

    –Esto no ha terminado aún chavalote, –me dijo, mirándome con sonrisa lasciva.

    Se sacó su camisa y pude ver su brasier de encaje negro, vaya par de lolas me dije, y antes de que pudiera reaccionar, ya se lo había quitado y mi polla estaba entre sus tetas, sacudiéndolas, apretándome entre ellas, mi pija apenas se había derrumbado y ya estaba en pie otra vez, la notaba más gorda aún por la hinchazón.

    –Para por favor…

    –¿Seguro que quieres que pare? –Al tiempo que me dijo esto, comenzó a darle toquitos a mi glande con su lengua, mientras me miraba, con mirada maliciosa.– Quieres que pare…

    Yo estaba perdido, no, no quería que parase, así que comenzó a acelerar el ritmo, y cada subida de mi polla era un chupeteo de la punta en sus labios. Ya comenzaba de nuevo a sentir las ganas de correrme y ella lo notó, por la tensión de mi cuerpo y le dio una última chupada dura a mi verga, retirándose y dejándome al punto de correrme.

    Yo la miré y ella se limitó a sonreír.

    Mi polla estaba ahí latente, dejó pasar unos segundos y sin dejar de mirarme, se acercó y le dio una mordida suave, que me volvió loco, retirándose después.

    –Ahora viene lo mejor papito, te la voy a destrozar

    Diciendo eso, se levantó, se quitó la falda y pude ver que sus medias estaban cogidas con ligero, lo que le daba un aspecto sumamente erótico, y no llevaba nada debajo, contoneándose se dio la vuelta y me exhibió su culo, abriendo sus nalgas, metiéndose un dedito primero.

    Se agachaba en un sensual baile, acercándome su culo y concha a mi cara, para alejarla después, se sentó sobre mí, impactando con su culo en mi verga y haciéndome daño, lo que le produjo una carcajada…

    –Mmmm más daño te voy a hacer ahora cariño

    Y se levantó, tomando mi polla y apretándola fuertemente entre sus manos, para luego dirigirla a su asterisco y clavársela duramente, tan duramente que me hizo casi saltar del sofá, de repente me di cuenta de que sin estimulación toda mi pija había desaparecido en su culo, la sentía latiendo y entonces comenzó un vaivén mortal, se movía en círculos, de un lado para otros y no me hice esperar, me corrí…

    Ella se dejaba caer hacia atrás, pasando sus manos sobre mi cabeza, mientras ronroneaba, gemía, pero no paraba de moverse.

    –Vamos a por la cuarta campeón…

    Y comenzó a saltar brutalmente sobre mi verga y yo apenas ya reaccionaba, pero era yo, cansado, mi polla sí que reaccionaba y de qué forma, a los estímulos de esta puta de 48 años, que me estaba dejando la verga destrozada.

    No tardé mucho en correrme de nuevo y fue ahí cuando viendo que ya no podía sacar nada de mí, se levantó, se limpió un poco y dándome un beso en la mejilla.

    –Gracias achote

    Se fue…

    Me quedé tendido en el sofá, donde me quedé dormido, al despertar, tenía una hinchazón en mi polla descomunal, sentía dolor, no me la podrá volver a tocar en semanas.

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  • Esposa pudorosa es sabrosa (1)

    Esposa pudorosa es sabrosa (1)

    Vanesa estaba en la cocina, descalza, con un vestido ligero que apenas rozaba sus muslos. El calor del verano se filtraba por las ventanas abiertas, haciendo que su piel brillara levemente con una fina capa de sudor. Se movía lentamente, como si saboreara cada paso, cada roce de la tela floreada contra su piel joven y atractiva. A sus 50 años, el ejercicio, y las buenas dietas, la mantenían bella; dama sexy y sensual por su energía positiva y presencia jovial.

    Como ya era costumbre, estaba sola en casa, ocupada con los quehaceres cotidianos del hogar.

    Manuel había salido desde temprano por cosas del trabajo, y su amigo Esteban había pasado a dejar unas herramientas que le había prestado, pero en lugar de marcharse, se había quedado a saludar a Vanessa, y el saludo termino convirtiéndose en una charla de casi dos horas.

    —¿Te molesta si me tomo un vaso de agua antes de irme? —preguntó Esteban, con la voz algo ronca y cortada…

    —Claro que no —respondió ella, sonriendo apenas, pero notando la forma en que él le miraba, sus pies, sus manos… su cara, sus ojos; rápidamente, y repentinamente, y nuevamente hacia los pies que le gustaban tanto a Manuel.

    Después de varios segundos; que parecían prolongarse, tal fuesen una incómoda eternidad, ella susurro, “¿quieres un poco más de agua?”

    Sus ojos recorrían su cuerpo sin disimulo: la curva de sus caderas, la piel desnuda de sus piernas, la forma en que la tela del vestido se pegaba a su pecho por el calor.

    Ella lo sintió, sintió su deseo tan claro como el suyo propio; el calor, la charla, la proximidad entre ambos-y “entre cuatro paredes, siempre puede llegar el diablo”

    —¿Quieres algo más? —susurró, apoyándose contra el filo del lavatrastes, suavemente acariciando el frio de la piedra en su tela; la superficie dando un poco de alivio y un poco más de calor a su cuerpo inquieto con ganas de atención; su voz, apenas un murmullo, pero en ese instante la tensión entre ellos se volvió palpable, intensa, con chispas, con tintes de un fuego suave pero sensual.

    Esteban, dejó el vaso en la mesa, y antes de que ella pudiera pensar, sintió su cuerpo pegado al suyo. Su aliento cálido contra su lindo cuello de cisne, hizo que un escalofrío le recorriera la espalda. La miró a los ojos, buscando algún indicio de duda, pero todo lo que encontró fue el mismo deseo que a él ya lo consumía.

    La besó. Lento al principio, probando la suavidad de sus labios, saboreando el ligero sabor a mar, a hembra nerviosa… pero pronto la urgencia se apoderó de ambos, y el apoderándose de ella, del momento, con sus manos exploró su espalda, bajando hasta aferrarse a sus caderas.

    Ella gimió suavemente contra su boca cuando él la levantó para sentarla completamente en la superficie fría del granito y metal.

    Vanesa deslizó sus manos bajo la camiseta de Esteban, sintiendo la firmeza de su torso. Su piel caliente contra la de ella la encendió aún más. Él bajó los tirantes del vestido, dejando sus hombros desnudos, y con un movimiento pausado, la tela cayó a su cintura, revelando sus blancos senos cansados pero firmes y antojables.

    —Eres tan hermosa… —susurró Esteba, antes de inclinarse para besar su cuello, su clavícula, y luego recorrer con la lengua la curva de uno de sus lindos pezones color champaña.

    Ella se arqueó hacia él, perdida en las sensaciones, mientras sus piernas lo envolvían, invitándolo, acercándolo más al fuego de su hoguera en verano. Con manos torpes y desesperadas, desabrochó su pantalón, sintiendo la dureza que ya imaginaba y esperaba…

    Esteban la bajó bruscamente, y la giró, presionando su cuerpo contra la mesa. La rodeó con un brazo, deslizándose con una lentitud tortuosa hasta que ambos se estremecieron al unísono. Ella jadeó su nombre, de puntillas aferrándose al borde de la mesa, sintiendo cada embestida más profunda que la anterior.

    El sonido de la piel chocando contra la piel se mezclaba con sus gemidos. Él la tomaba con fuerza, con deseo contenido por demasiado tiempo, y ella lo recibía con la misma hambre que había tenido para Manuel quien era su hombre, su esposo, y su amigo; ¡hoy Esteban era su gran amante, su macho, su corneador!

    Cuando ambos alcanzaron el clímax, sus cuerpos temblaron, aferrándose el uno al otro, respirando pesadamente.

    Sin decir palabra, Esteban la giró para besarla con ternura. Sus labios aún ardían, pero esta vez el beso fue más suave, más íntimo, sensual pero con huellas de éxtasis prohibido de un licor fino y dulce pero sin culpabilidad.

    —Esto… —murmuró él contra su boca.

    —No lo pienses —susurró ella, acariciando su rostro—. Solo… quédate un poco más.

    Y él, sin dudar, la besó de nuevo.

    M A

    Continuación.

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  • El deseo prohibido

    El deseo prohibido

    Había una vez en Ciudad Juárez, una ciudad vibrante y llena de contrastes, donde las fronteras entre lo permitido y lo prohibido a menudo se difuminaban. Allí vivían Fernando, un apuesto joven de 23 años, de ojos verdes y cabello castaño, con un cuerpo atlético y una sonrisa que podía derretir el corazón de cualquiera. Fernando había llegado hace unos meses para vivir con su padre y su nueva esposa, y su media hermana, Valentina, que tenía 19 años, con ojos claros y cabello negro como el ébano, y una figura delgada pero curvilínea.

    La primera vez que Fernando y Valentina se encontraron fue en la cocina de su nueva casa. Valentina estaba de pie frente al refrigerador, con un vestido corto que dejaba ver sus piernas largas y torneadas. Fernando, que había entrado sin hacer ruido, se quedó mirando, hipnotizado por la gracia y la belleza de su nueva hermanastra.

    —¡Hola! —dijo Valentina, volviéndose y sonriendo—. ¿Qué buscas en el refrigerador?

    —Oh, sólo estaba buscando algo para comer —respondió Fernando, tratando de disimular su nerviosismo—. ¿Y tú?

    —Solo un poco de agua —dijo ella, tomando una botella y cerrando la puerta del refrigerador.

    Fernando notó el brillo en sus ojos y el tono de su voz, suave y cálido. Sintió una atracción instantánea hacia ella, algo que nunca había sentido antes.

    —¿Te gusta Ciudad Juárez? —preguntó Valentina, rompiendo el silencio incómodo.

    —Sí, es un lugar fascinante —respondió Fernando—. ¿Y tú? ¿Qué haces en tus ratos libres?

    —Me encanta leer y pasear por el río —dijo ella, con una sonrisa—. ¿Y tú?

    —A mí me gusta correr y explorar la ciudad —respondió Fernando.

    Así comenzó su coqueteo sutil, con conversaciones casuales que lentamente se volvieron más personales. Cada vez que se encontraban, había una chispa en el aire, una tensión que ambos sentían pero que ninguno se atrevía a mencionar.

    Una noche, después de que sus padres se habían ido a una cena, Fernando y Valentina se encontraron solos en la casa. Fernando, sentado en el sofá, observaba la televisión con una expresión distraída. Valentina entró en la sala de estar, con una taza de té en la mano.

    —¿Qué estás viendo? —preguntó ella, sentándose a su lado.

    —Nada en particular —respondió Fernando, apagando la televisión—. ¿Y tú? ¿Qué estás haciendo?

    —Solo disfrutando de una taza de té —dijo ella, tomando un sorbo.

    Fernando notó el aroma de su perfume, una mezcla dulce y sexy que lo envolvió por completo. Se giró hacia ella, sus ojos verdes encontrándose con los claros de Valentina.

    —Valentina —dijo él, con voz baja—. ¿Te has preguntado alguna vez qué sería de nosotros si no fuéramos hermanastros?

    Valentina lo miró, sorprendida por la pregunta. Su corazón latía más rápido, sintiendo el mismo deseo que él.

    —A veces —admitió ella, su voz temblando ligeramente—. Pero no puedo permitirme pensar en eso.

    Fernando se acercó más, su mano tocando suavemente su mejilla. Valentina cerró los ojos, sintiendo el calor de su piel.

    —¿Y si te dijera que no puedo dejar de pensar en ti? —susurró Fernando, sus labios a centímetros de los de ella.

    Valentina abrió los ojos, encontrando los de Fernando llenos de deseo. Sin decir una palabra, se acercó y lo besó, un beso suave y cálido que pronto se volvió apasionado. Sus lenguas se encontraron, explorando y gimiendo de deseo.

    Fernando la recostó en el sofá, sus manos recorriendo su cuerpo con una intensidad creciente. Le quitó el vestido, dejando al descubierto su piel suave y sus curvas perfectas. Valentina gemía bajo sus caricias, sintiendo un fuego arder dentro de ella.

    —Fernando —susurró ella, su voz llena de deseo—. Por favor, quiero sentirte.

    Él la miró, su deseo palpable. Se quitó la camisa, mostrando su torso musculoso y sus pechos duros. Valentina tocó su piel, sintiendo su calor y su dureza.

    —Déjame prepararte —susurró Fernando, bajando hacia su entrepierna—. Quiero que estés lista para mí.

    Valentina se estremeció cuando su lengua tocó su clítoris, gemidos de placer escapándose de sus labios. Fernando saboreaba cada centímetro de su piel, haciéndola gemir y gritar de placer.

    —Fernando —gemía ella—. Por favor, quiero sentirte dentro de mí.

    Fernando se colocó entre sus piernas, su pene duro y listo. Con cuidado, lo introdujo en su vagina, sintiendo cómo se ajustaba perfectamente a su cuerpo. Valentina gemía de placer, sus manos agarrando sus hombros.

    —Dios, Fernando —susurró ella—. Eres increíble.

    Fernando comenzó a moverse, sus caderas chocando contra las de ella. Los gemidos de placer llenaban la habitación, sus cuerpos sudando y jadeando. Cambiaron de posición varias veces, probando diferentes ángulos y ritmos, cada uno más intenso que el anterior.

    En el clímax final, Fernando se colocó en la posición del misionero, mirando a los ojos de Valentina mientras la penetraba con fuerza. Ella gritaba de placer, sus uñas marcando su espalda.

    —Fernando —gritó ella—. ¡Ven dentro de mí!

    Fernando sintió su orgasmo, su cuerpo temblando de placer mientras llenaba a Valentina con su semen. Ella gemía de satisfacción, sus cuerpos juntos y sudorosos.

    Después de recuperar el aliento, se miraron, sonriendo y sintiendo una conexión más profunda que cualquier otra cosa.

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  • Sara, cumpliendo fantasías y anhelos (3)

    Sara, cumpliendo fantasías y anhelos (3)

    Quedamos tendidos recomponiéndonos en la cama.

    Era medio día, Sara había tenido la precaución de pedir un checkout de salida a media tarde (bien pensado), con lo que nos daba tiempo para comer en el restaurante del hotel, el hambre después de aquella jornada de polvos había hecho mella.

    M Zorra, vístete, vamos a comer. Nos dimos una ducha rápida entre besos, manoseos y azotes en ese culazo. Dejando airear la habitación que emanaba ambiente a sexo.

    El metre del restaurante le realizó un escaneo completo, deteniéndose obviamente en su imponente culo y tremendas 95C.

    S Se nos ha abierto el apetito después de una ajetreada mañana.

    El metre solo se limitó a asentir y acompañarnos a nuestra mesa. Preguntando por las bebidas

    M Un Ribera del Duero

    S Yo no suelo beber y me he tomado casi la cerveza entera. Preferiría un…

    M Ribera del Duero. Es todo. Gracias.

    Mientras le dirigía una mirada de reprobación a Sara.

    S Está bien, perdón.

    Trajeron rápidamente la bebida, lo que dio lugar a que ambos sugeríamos un brindis

    M “Porque se cumplen las fantasías”.

    S “Porque las que se han cumplido, sean el comienzo de otras nuevas“ ja, ja

    Comimos en el buffet, con una animada conversación acerca de lo experimentado en cada momento, los instantes más intensos, divirtiéndonos cada vez que Sara se levantaba a por algún plato y se hacía un pequeño silencio en el salón, seguido por un pequeño revuelo de cuchicheos. Ella exageraba sus paseos al sentirse una puta observada y deseada

    Al acabar decidimos volver a la habitación y tomar allí el café. Pagué y volví a situar mi mano a ras de su imponente culo. Despidiéndonos del metre y cuantos nos encontrábamos en el camino hacia la salida

    Nos sorprendió que nuestra “amiga” la limpiadora, había hecho la habitación y cambiado de nuevo las toallas.

    M Café cortado para mí, con azúcar moreno. Todavía nos quedan dos horas de fantasías. Le dije mientras azotaba su culo.

    S Yo lo quiero con leche.

    M Póntelo como quieras, pero prepáralos rápido.

    Sara me acercó mi café,

    M Joder como quema, chúpamela mientras se atempera zorra, y los huevos también.

    Se arrodilló y comenzó a chuparla con largos lengüetazos, mientras me miraba. Metía cada uno de mis huevos en su boca y los ensalivaba con su lengua. La puso tiesa en menos de lo que pensaba.

    M Zorra a la cama, a cuatro y con el culo para follar.

    Sara tomó su taza de la mesa, sopló un par de veces y sorbió de su taza el café en un trago.

    Una bofetada la sacó de su regusto.

    M No te entretengas, prepara tu culo.

    Se quitó los leggins, lanzó el top hacia el sillón liberando sus ubres y abrió su camisa, cogiendo de la mesilla rápidamente el gel, lo aplicó sobre su ojete, chupo su dedo con lujuria, dirigiéndome una mirada viciosa, con la cara pegada al colchón, ahora era yo quien tomaba mi café, deleitándome en ese cuerpo que esperaba mi próximo paso.

    Un par de azotes, fuertes, secos le indicaron que retomara de nuevo su experiencia como puta sucia de un viejo.

    Esta vez no hubo preámbulos, metí mi cara en aquel culo, empezando a besarlo, follármelo con la lengua, azotándolo y mordiéndolo. Con mi mano frotaba su coño Sara estaba encantada, ronroneando de nuevo, moviéndolo, provocándolo para que se lo follara con la polla. Me coloqué detrás, puse un condón en mi miembro y dirigiendo mi capullo hacia ese rosado ojete, presioné hasta que entró la cabeza, tras un instante de acomodación le metí el resto de golpe, produciendo un grito de asombro en ella. Volvió a agarrar las sábanas con fuerzas y sin mediar palabra fue ella quien comenzó a follarse mi polla marcando el ritmo, yo la azotaba, alternando una y otra mano.

    M Puta, sigue, eres una guarra, te encanta que te enculen.

    S Si, si que liberación, joder, como me gusta, más fuerte, quiero que llegue reventado, más. Agg, agg.

    Había llevado su mano al coño y no paraba de pajearse.

    La agarré del pelo y tiré de ella arqueando su espalda, profundicé algo más, pasado unos segundos y notando que estábamos a punto de corrernos, solté su melena y agarrando fuertes sus caderas, aceleré mis movimientos hasta a punto de estallar, saque mi polla y quité el condón.

    M Tu boca zorra.

    Se giro rápidamente y se la metió en la boca a la par que soltaba mi mano y derramaba en su interior mi semen. Una sonrisa de satisfacción inundaba su cara, mientras se relamía y me mostraba que no quedaba resto alguno.

    La subí, besándola, entrelazando las lenguas, notando el sabor del café y mis jugos en ella. Amasando sus tetas la volví a lanzar sobre la cama, agarré con mis manos sus tobillos y puse sus pies sobre la cama, dejando frente a mí a una mujer totalmente con el coño expuesto para ser comido de por segunda vez en el mismo día.

    Su cara de lujuria lo decía todo.

    S Joder hoy me lo van a comer más que en los últimos veinte años. Sin miramientos, soy una puta disfrutando.

    M calla perra, ábrelo bien quiero saborear hasta el último rincón, antes de volvértelo a follar.

    Diciendo esto, me aplique de lleno en aquel coño que palpitaba con cada lamida, unas veces me recreaba en su periferia, en sus muslos, en sus labios, tan pronto aceleraba el ritmo y profundidad, como bajaba la intensidad y era momento en que ella intentaba llevar el ritmo frotándolo contra mi boca, mi lengua, levantando sus caderas y poniendo sus manos en mi cabeza para acelerarlo. Sara lo abría con sus manos, indicando donde aplicar mi lengua para su disfrute. En cada frase aplicaba un calificativo indicando lo que sentía y lo que pedía su cuerpo.

    S A esta perra le gustaría que succionara su clítoris para sentirse más puta, y caliente. Esta puta está disfrutando de como su amo le come el coño, no pare.

    Aplicaba sus manos sobre las zonas libres de su coño y tetas, amasándolas y tirando de ellas para chupárselas. Su cuerpo no paraba de serpentear.

    S Por favor, úseme, estoy que estallo.

    M-Vamos al 69 quiero que me la levantes de nuevo.

    Comenzamos un 69 frenético con el objetivo de volver a follarme ese coño rasurado. Cuando me la había conseguido levantar de nuevo, con esa destreza que la caracteriza.

    Enfundé mi polla en un condón, mientras ella seguía masturbándose sin parar de mirarme. Pidiendo que la follara. Tire de sus tobillos hacia mí, y la penetré de golpe, ella era un manojo de excitación, cerro sus piernas tras mi culo, y se colgó de mi cuello, para hacer más presión sobre su cuerpo, intentando que la traspasara.

    Me miró fijamente con una cara de deseo que no había visto hasta ahora, y empecé a follarla con lentitud, disfrutando de cada embestida, lenta pero profunda, le palmeaba las tetas, ella simulaba dolor pero pedía más, estaban enrojecidas, se dejó caer hacia atrás soltándose de mi cuello, tras lo cual se desató un frenesí, me agarré de sus caderas y de manera violenta la follé como hasta ahora no había hecho.

    Las palabras salían de mi boca sin procesar.

    M Zorra, puta, perra, ramera…

    Ella parecía una muñeca de trapo, desmanejada en cada envite, dejándose hacer, sobando esas tetazas y mirando con vicio en cada empujón, mordiéndose los labios.

    S Soy una puta, puta, más, más, puta, zorra. Me gusta que me follen, sentirme sucia, más. Agg, agg. me corro, me corro…

    M Zorra, toma lo que estabas buscando.

    Empecé a bombear en su coño,

    Saqué mi polla y quitándome el preservativo en el camino hacia su boca, le agarre la cara para que abriera su boca y terminar de vaciar lo que quedaba en ella. Mientras alargué mi mano hasta tu coño y le metí dos dedos masturbándola fuertemente, ella quiso sujetar mi mano, pero un azote sobre sus 95 la frenó en seco.

    M Ahora te vas a sentir como la sucia puta que eres, mientras te corres en mi mano zorra.

    Metí un dedo más acelerando el ritmo, Sara se revolvía en la cama el placer la inundaba, prácticamente botaba en ella, teniendo de nuevo un squirt, está vez convulsionaba cerrando las piernas mientras todo aquel liquido salía de su coño. Poco a poco fue decayendo su presión, abrió los ojos como ida,

    M Toma zorra, Pruébalo.

    Le pase mi mano totalmente mojada por su cara, su boca, la limpió, ahora no había mirada lujuriosa, solo de extenuación, de satisfacción por haber llegado al clímax. Lamia como lo hacen los perros, de manera constante, autómata.

    Quedo espatarrada sobre la cama, observándome sentado en el sillón de la habitación mirándola como una muñeca usada, observando el entorno. Como queriendo hacer una fotografía de aquel momento, empaparse al máximo de todo, lugar, emociones, sensaciones, para dejarlo bien grabado en sus recuerdos, mientras se reponía.

    La dejé unos minutos, permanecía adormecida, extenuada, sobre la cama. Había pasado casi 10 minutos y se acercaba el momento de irse.

    M Vamos hay que recoger esto, está sesión ya ha acabado. Voy a ducharme.

    Me dirigí al baño con toda mi ropa, debíamos dejar la habitación. Entré en la ducha mi tren salía en poco más de una hora.

    Abrí el grifo del agua haciendo un repaso mental de todo lo acontecido ese día, de cómo habíamos llegado a ese punto. Sara entró en el baño y sin mediar palabra se metió en la ducha, me beso, agarrando mi polla y empezando a enjabonarme, con una cara de complicidad total.

    M la sesión ha terminado.

    S Lo sé y lo siento. Por fin me he liberado. ¿Y ahora?

    M Ahora, cada uno a su casa, lo analizamos y vemos que hacer. Esto consistía en hacer realidad nuestras fantasías.

    S Y se han realizado. Uff.

    M Creo que ambos las hemos hecho realidad, al menos en gran parte. Quedan cosas pendientes y eso es lo que hay que valorar. Procesar esto y ver como seguir cumpliéndolas.

    S OK, lo hablamos y si estamos de acuerdo planificamos otro encuentro.

    Volvió a besarme. Esta vez fui yo quien cogió el jabón y fui enjabonando ese pequeño cuerpo, disfrutando de cada centímetro de piel. Nos vestimos, ella con un look mucho más acorde a su estatus y vida cotidiana. Una falda negra de tubo más baja de las rodillas y una blusa morada, todo bajo una chaqueta.

    Salió de la habitación dirigiéndose a la recepción para el chekout mientras yo me dirigía al parking con las llaves de su coche.

    Apareció a los pocos minutos, con un aire sofisticado, que se notaba estar acostumbrada a lucir, se detuvo un momento junto a la puerta del conductor, antes de subir al coche, creía que para arreglarse la falda

    S Todo arreglado.

    Volvió a besarme, metiendo su lengua hasta la garganta, busco mi mano y me entregó sus bragas.

    S Recuerdo de tu sucia puta sumisa.

    Arrancó dirigiéndose a la estación de tren. Al llegar al último semáforo volvió a decir sonriendo:

    S “La más puta, hacerme lo que quieras por donde quieras”.

    La misma frase que había dicho a la ida, esta vez con conocimiento perfecto de lo que significaba. Ambos reímos.

    M Habrá que repetirlo.

    S Puede…

    M Serás zorra.

    S Eso sólo tú y yo lo sabemos. Mientras me guiñaba un ojo.

    M Tienes pendiente un castigo, por saltarte el tratamiento, ¿recuerdas? Sea lo que sea.

    S ¿Y cuando te lo vas a cobrar, casi hemos llegado?

    M Ya se me ocurrirá algo. No dije que tuviera que ser hoy.

    S Con esa imaginación tuya que tanto me sorprende, me puedo esperar cualquier cosa. Ja, ja

    Llegamos a la Estación con tiempo, Sara aparcó un poco retirado, levantó un poco su culo y remango su falda, metiendo la mano bajo su falda y me ofreció sus dedos humedecidos en su coño

    S Para el camino de vuelta

    Los lamí una vez, mirándola fijamente.

    M Eres una guarra incorregible. Prefiero servirme yo.

    Metí mi mano bajo su falda que directamente busco su coño

    Empecé a masturbarla rápido, ella echo la cabeza hacía atrás y abrió lo que pudo sus piernas.

    S Puta, soy una puta, tu puta, agg, agg me corro.

    Abrió sus grandes ojos marrones y me beso, fuerte, intenso, mientras yo retiraba la mano, chupé uno de mis dedos, dándole el otro a probar, lo limpió sin dejar de mirarme, con esa cara de puta que tenía.

    Saqué sus bragas del bolsillo, las dejé después de olerlas junto con un billete en el salpicadero y una nota con un número de teléfono.

    M Por tus servicios de sucia puta sumisa.

    S No hacía falta. Para ti siempre será gratis.

    M Lo sé, pero las putas siempre cobran por su trabajo. Las bragas mejor guárdalas tú, sin flecos que justificar. Un placer putita.

    Abrí la puerta y me fui sin más. Oí como arrancaba el coche y se alejaba.

    Sara, sabía que ahora disponía del número del teléfono que yo había adquirido para la próxima sesión

    Llegando a Madrid recibí un WhatsApp de un número desconocido con una foto adjunta. “Disfrutando el pago de mi primer servicio” mientras imagino cual puede ser mi castigo “Sea el que sea”.

    Sara, había parado a descansar en un área de servicio, tomando una 0,0, con las bragas y unas monedas en la mesa, poniendo los labios en forma de beso, junto a la botella y un emoji guiñando un ojo.

    A los pocos días retomamos nuestras conversaciones, contando sensaciones, compartiendo lo vivido, el famoso video y lo que ha significado en la vuelta a nuestra vida cotidiana.

    Está organizando una nueva sesión en Madrid que incluya toda una noche, para seguir cumpliendo fantasías. Sara es muy concienzuda en la planificación y logística, yo pienso en buscar nuevas formas de hacerla sentir mi sucia puta sumisa.

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