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  • El primer encuentro

    El primer encuentro

    En una tranquila tarde de domingo, en la ciudad de Buenos Aires, la señora María Rodríguez, una mujer de 38 años, de piel morena y cabello negro rizado, estaba en el jardín trasero de su casa, disfrutando del sol. María era una mujer de curvas generosas y ojos castaños, casada con el padre de Felipe, un hombre de negocios que viajaba con frecuencia. Felipe, de 19 años, recién había llegado a la universidad. Era un joven alto, de piel clara y ojos verdes, con un cuerpo atlético.

    Felipe salió al jardín, donde su madre estaba sentada en una silla leyendo un libro. “Hola, mamá,” dijo, con una sonrisa tímida. “¿Cómo estás?”

    María levantó la vista y sonrió a su hijastro. “Hola, Felipe. Estoy bien, gracias. ¿Cómo te va en la universidad?”

    Felipe se sentó en la silla junto a ella. “Bueno, está bien. Me gusta, pero es un poco difícil adaptarse.”

    María puso su mano en su rodilla y dijo: “Lo entiendo. La universidad puede ser un cambio grande. ¿Te gustaría un café?”

    Felipe asintió. “Sí, gracias.”

    María se levantó y fue a la cocina. Al regresar con dos tazas de café, notó que Felipe la observaba con interés. “¿Qué pasa, Felipe?” preguntó.

    “Nada, solo… tú siempre has sido tan amable conmigo. Gracias.”

    María sonrió. “Eres mi hijastro. Siempre estaré aquí para ti.”

    A lo largo de las siguientes semanas, Felipe y María comenzaron a pasar más tiempo juntos. María lo invitaba a cenar y a ver películas con ella. Felipe se sentía más cómodo en su presencia, y María disfrutaba de su compañía.

    Una noche, mientras veían una película, María se inclinó hacia Felipe y susurró: “¿Te gusta la película?”

    Felipe se giró hacia ella. “Sí, es interesante.”

    María se acercó más y susurró: “¿Te gustaría ver algo más interesante?”

    Felipe se sorprendió, pero sintió una excitación inmediata. “¿Qué tienes en mente?”

    María sonrió y le acarició el brazo. “Algo que nunca has visto antes.”

    Felipe sintió un cosquilleo en el estómago. “¿Qué es?”

    María se levantó y extendió la mano. “Ven, te mostraré.”

    Felipe la siguió hasta su habitación. María cerró la puerta y se volvió hacia él. “Felipe, sé que esto es inusual, pero… he sentido una conexión contigo. ¿Te gustaría explorar eso?”

    Felipe tragó saliva. “Sí, quiero.”

    María se acercó y comenzó a besarlo suavemente en los labios. Felipe respondió, abriendo la boca y permitiendo que sus lenguas se encontraran. María puso sus manos en sus mejillas y profundizó el beso, explorando su boca con su lengua.

    Felipe puso sus manos en la cintura de María y la acercó más a él. María desabrochó su blusa, revelando un sujetador de encaje negro. Felipe bajó la vista y se sorprendió por la vista. “Eres hermosa, mamá,” susurró.

    María sonrió y le quitó la camisa. “Y tú eres muy guapo, Felipe.” Se inclinó y comenzó a besar su cuello, lamiendo y mordisqueando suavemente. Felipe jadeó y se arqué hacia ella.

    María bajó sus manos y desabrochó su pantalón, deslizándolos por sus caderas. Felipe se quedó en bóxer, su pene ya erecto. María se arrodilló frente a él y miró hacia arriba con una mirada traviesa. “¿Listo para algo nuevo, mi amor?”

    Felipe asintió, jadeando. “Sí, mamá.”

    María tomó su pene entre sus manos y lo besó suavemente en la punta. Felipe jadeó y se inclinó hacia adelante. María comenzó a lamer la cabeza de su pene, moviendo su lengua en círculos. Felipe gimió y puso sus manos en su cabello.

    María empujó su pene más profundamente en su boca, tragándolo lentamente. Felipe jadeó y comenzó a moverse hacia adelante y hacia atrás. María lo tomó con ambas manos y lo empujó hacia atrás, permitiéndole controlar el ritmo.

    “Oh, mamá, eso se siente increíble”, susurró Felipe.

    María lo miró a los ojos mientras lo chupaba, creando una conexión intensa. Felipe sintió una oleada de placer y sabía que no tardaría en venirse. “Voy a correrme, mamá,” dijo entre jadeos.

    María sacó su pene de su boca y lo tomó con sus manos. “Quiero sentirlo, mi amor,” susurró.

    Felipe jadeó y le disparó su semen sobre el pecho de María. María sonrió y se lo llevó a la boca, tragándolo todo. “Mmm, delicioso,” dijo.

    Felipe se quedó allí, jadeando, mientras María se levantaba y le daba un beso en los labios. “Eso fue increíble, mamá,” dijo.

    María sonrió. “Lo sé, mi amor. Lo hicimos juntos.”

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  • Amor, pasión y sexo con mi sobrina Florencia

    Amor, pasión y sexo con mi sobrina Florencia

    Mi nombre es Ignacio, pero todo mundo me conoce por Nacho. Soy un tipo normal, es decir que me gustan mucho las mujeres. Estoy casado, pero cuando se presenta la ocasión me apunto a lo que se presente, obviamente con algunos límites estéticos.

    Tengo casi 40 años y llevo 12 de casado con Olga, mi esposa. Un hermano de Olga tiene una hija llamada Florencia que hoy tiene 23 años; recibida de arquitecta después de una carrera brillante trabaja en un estudio vecino a mi oficina. Sin ser una mujer físicamente espectacular podría decirse que tiene sus atributos bien distribuidos. No es bonita de cara, pero como siempre va sonriente tiene un encanto particular. Tiene unos lindos senos, normales y nada de exuberancia en ellos, pero sus piernas largas y estilizadas dan un excelente marco a su cola que es singularmente atractiva por su tamaño y forma curvilínea.

    Con Florencia siempre hemos tenido mucha química. Desde que la conocí durante mi breve noviazgo hicimos buenas migas. Siempre tuvimos una relación muy afectiva. En las reuniones familiares buscaba permanentemente estar cerca mío, porque decía, que yo era su tío favorito.

    Dado que trabajábamos muy cerca, la relación se estrechó porque más de una vez nos poníamos de acuerdo para viajar juntos en mi auto. La dejaba en la casa de sus padres, camino a la mía, ocasión que servía para conversar sobre muchos temas, incluido el sexo.

    La situación había cambiado hace algunos días. Florencia en dos años de duro trabajo, había logrado comprar un departamento para salir de la esfera paterna. Demás está decir que está orgullosa porque lo considera su primer logro económico.

    El episodio que voy a relatar sucedió hace un par de semanas y aún hoy no salgo de mi asombro y regocijo. Salía en mi auto pensando donde cenaría porque era viernes y se avecinaba un fin de semana sin planes porque mi mujer e hijos estaban pasando unos días de vacaciones fuera de la ciudad. Al poco de hacer unos metros, veo a Florencia caminando. Detuve el coche y le pregunté adonde se dirigía y si la podía acercar. Me respondió que iba a su departamento y de mucho gusto aceptó que yo la llevara, aunque me desviara de mi camino.

    En el trayecto conversamos de varios temas triviales hasta que le pregunté qué haría ese fin de semana. Me respondió que esa noche la iba a dedicar al descanso porque había tenido una semana agotadora y que recién al día siguiente saldría con unos amigos.

    Cuando llegamos me preguntó:

    —Tío, ¿no quieres bajar a conocer mi departamento? Te advierto que es pequeño pero muy acogedor.

    —Claro que sí, se lo mucho que te costó y lo orgullosa que estás de él.

    Aproveché que en el camino hay una tienda de vinos y compré un par de botellas frías de cava, para brindar por la compra del departamento. Al llegar, Florencia me invitó a pasar revista de los espacios que no eran muchos, pero ella los había arreglado con muy buen gusto. Me llamó la atención que el dormitorio tenía una cama de dos plazas.

    Mientras iba al baño por mis necesidades urinarias, Florencia entró al dormitorio a cambiarse de ropa. En el baño, encontré un canasto para la ropa sucia y al levantar la tapa para curiosear, vieja costumbre mía, encontré unas bragas que seguramente mi sobrina había dejado por la mañana. Me venció el instinto y no resistí la tentación de tomarla para embriagarme con sus aromas, los que despertaron mi libido. Después de olerla durante un par de minutos y pasarle la lengua en la parte que cubre la vagina, la froté en mi verga y abandoné el baño recaliente.

    Al salir encontré a Flor luciendo un juego deportivo que le quedaba muy bien. El buzo le marcaba los senos y el pantalón su lindo culo. Le pedí unas copas para beber el cava que previamente había descorchado, y nos sentamos a conversar de temas varios sobre nuestros trabajos y referencias a la familia.

    En una pausa de la charla, Flor puso a funcionar el equipo de sonido con temas muy suaves y melódicos. Copa va, copa viene, nos empezamos alegrar. Sorpresivamente Flor me invitó a bailar unos temas lentos. Como el espacio no era muy grande, bailamos en un sitio reducido. Muy abrazados y apretados. Casi sin darme cuenta empecé a empalarme, y mi sobrina al comenzar a sentir el roce de mi verga, en lugar de separarse, se pegó más a mí, ubicando mi pene en su entrepierna. Alentado por esa jugada, le di unos besos en el cuello que la calentaron un poco más.

    A partir de allí se desató lo que todos imaginan. Mis manos se deslizaron para menear sus nalgas, a lo cual Flor respondió dándome un cálido beso en mis labios. Ese beso inicial dio paso a otros más apasionados. La tomé de su nuca para besarla más profundamente y su boca se abrió a mi lengua para jugar ambas entre sí durante un largo rato. Habíamos llegado al punto en donde la pasión se vuelve incontrolable.

    Dejamos el baile y nos sentamos en un sofá para seguir con nuestro amoroso, abrazándonos y besarnos durante unos minutos. Del abrazo pasamos a las caricias. Mis manos se posaron sobre su pecho para magrear sus tetas y a decirle al oído lo mucho que me gustaba. De Flor solo se oía una respiración profunda, amén de algunos jadeos y suspiros.

    Levanté sus brazos y le quité el buzo para liberar sus senos del corpiño dejando a la vista un par de tetas blancas hermosas y de una suavidad exquisita rematadas por aureolas rosadas y unos grandes pezones, que por su de estado de excitación, estaban duros. Los chupé y mordí durante un buen rato. Los encontraba deliciosos. Mientras hacía esto, me preguntaba que designo extraño me había dado esta oportunidad de hacer el amor con mi sobrina.

    Flor, a su vez no se quedó quieta porque una de sus manos se deslizó por mi pantalón y se adueñó de mi verga para apretarla y acariciarla. Volvimos a besarnos con pasión durante varios minutos hasta que Flor me miró con sus hermosos ojos y señalando el dormitorio me invitó a ponernos de pie. Me tomó de la mano y me dijo, ¿vamos?…

    Le pedí permiso, y me fue concedido, para quitarle las prendas faltantes. Desabroche su sostén y liberé totalmente sus senos, baje pantalón hasta sus pies y por último sus bragas. Verdaderamente fue una delicia ver a mi sobrina completamente desnuda. Lucía un cuerpo maravillosamente juvenil con una piel blanca. Sus tetas, hermosas, eran firmes y sus pezones apuntaban al techo. Su entrepierna se veía un pelambre cuidadosamente recortado. En fin, un manjar delicioso listo para disfrutarlo.

    Me desnudé rapidísimo y me acosté junto a ella para retomar la sesión de besos y caricias. El grado de calentura iba creciendo a medida que las caricias se hacían en las zonas erógenas. Flor se había adueñado de mi pene y lo meneaba logrando que éste se pusiera como un garrote. Yo respondí con más magreos a sus senos, para luego meter mano en su entrepierna, donde encontré una concha empapada de sus jugos.

    Cuando ambos empezamos a sentir los síntomas de la llegada de un orgasmo, pues los jadeos se hacían más profundos, comencé a besarla por todo su cuerpo. Comencé desde su frente, para continuar por su boca, cuello, senos, estómago, ombligo, hasta llegar a su entrepierna para observar la delicia que el azar había puesto en mi camino. El pequeño triángulo piloso daba marco a una vagina de labios externos finos y colgantes como las alas de una mariposa. Adentro, una vulva de color rosa pálido que enmarcaba su conducto vaginal que esperaba mis caricias.

    Demás está decir que la zona estaba totalmente empapada de sus jugos. La visión era completamente hermosa y enloquecedora, Florencia sabedora de lo que se avecinaba abrió sus piernas para facilitar mi trabajo. De esa cueva fascinante emanaba un perfume de hembra en celo que me trastornó, de modo que mi boca se posó allí para dar comienzo a un festín de chupadas, lamidas y hasta suaves mordiscos que tuvieron su punto culminante cuando liberé su clítoris para darle un tratamiento especial de besos y chupones.

    Florencia que hasta allí me venía acompañando con sus profundos suspiros y prolongados gemidos, explotó con un tremendo orgasmo que la hizo vibrar con todo su cuerpo, mientras me decía

    —Qué locura que es esto. Cuanto placer, no pares por favor que estoy en una nube y no me quiero bajar. ¡Es hermoso lo que siento, que locura! Quiero más, más y más. No termines por favor. Sigue, sigue.

    Y yo seguí. Y lo hice porque además de hacerla gozar a mi sobrina, yo creo que gozaba más viéndola disfrutar de tal forma. Creo que en esa tarea mi boca y lengua estuvieron más de diez minutos en los cuales Flor se derramó un par de veces más.

    El grado de excitación había llegado a su punto culminante y nos preparamos para el ritual de la penetración. Su vagina palpitante parecía que me llamaba a penetrarla. Levanté sus piernas sobre mis hombros y apoyé la punta de mi verga en su vulva. La penetración fue suave y lenta, tratando de gozar en cada milímetro de avanzada. Flor parecía estar en otro mundo, sus ojos cerrados mordiéndose los labios y de su boca solo se oían suaves quejidos y suspiros de satisfacción.

    —Qué cosa tan hermosa, quiero ser tuya siempre. Métemela toda, la quiero toda dentro de mí. Te amo tío Nacho, te amo. Sigue, sigue que voy a explotar.

    —Yo también te amo querida mía. También yo estoy gozando mucho.

    —Quiero que me llenes de tu leche. La quiero toda.

    —Ya voy mi amor, todo para ti.

    Empujando al máximo de mis posibilidades llegué al momento en que mi verga disparó una sucesión de chorros de semen que inundaron la vagina de Florencia, mientras una sensación de alegría y lujuria se apoderaban de mí. Al recibir mi entrega, Florencia se estremeció con otro orgasmo total y atrayéndome hacia ella me abrazó fuertemente para besarme.

    Fue un polvo maravilloso que, aún hoy, pasados unos días, recuerdo y vuelvo a sentir que mi verga se endurece.

    Después el relax. De espaldas y tomados de la mano, nos quedamos unos minutos en silencio, que Flor rompió para decir

    —Qué bárbaro, ¿verdad’ Todavía no me cae la ficha, vos y yo acá en mi cama lo más campantes y contentos. Debo decirte que me hiciste gozar como nunca antes lo había experimentado. Creo que logramos una comunión total. Yo te deseaba desde hace tiempo, pero no supuse que eras tan fogoso. ¿Sabes una cosa? Me gusto ser tuya de esta manera.

    —Florencia, querida, lo que acaba de pasar ha sido maravilloso. Me gustabas mucho pero nunca pensé que yo podía llegar a esto. Fue un regalo del cielo y una hermosa sorpresa que te agradezco mucho. Merecemos otra copa de cava, ¿no te parece?

    —Por supuesto, brindemos por nosotros dos y nuestro secreto encuentro.

    —Flor ahora que lo pienso, no nos cuidamos y yo me derramé…

    —Olvídate de eso, yo tomo la pastilla. Mejor pensemos otra cosa. ¿Por qué no te quedas a cenar y a dormir conmigo esta noche?

    —Excelente idea, yo no tengo planes y que mejor que quedarme contigo toda la noche.

    Después de pasar por el baño para asearnos, ordenamos una pizza que llegó en medio hora, y de la cual no dejamos nada porque el apetito que teníamos era feroz.

    Eran pasadas las 10 de la noche cuando nos acostamos. Como disponíamos de toda la noche Intentamos mirar una película, pero a la mitad de la misma, coincidimos que a ninguno le interesaba y que estábamos perdiendo el tiempo. Volvimos quitarnos la poca ropa que llevábamos y quedamos desnudos uno al lado del otro. La locura que nos llevó al primer polvo había cesado, al menos en mi caso, y dio paso a un ataque de sensualidad que me llevó a pedirle que se pusiera boca abajo. Fue en ese momento que volví a reconocer el regalo que me había dado el destino.

    Un cuerpo hermoso que empecé a acariciar muy lentamente comenzando por su cuello. Mis manos, mejor dicho, mis dedos, se deslizaron por su espalda sintiendo el calor de esa piel suave y tersa. Pasé de su cintura a sus pies. Mi lujuria se desató y besé sus pies y piernas hasta llegar a su trasero. Me deleité con su forma y lo llené de besos, para luego abrir sus piernas y acariciar su entrepierna en la zona próxima a su vagina. Mi sobrina hizo su parte para ayudarme empinando su culo. Toqué sus labios externos y Flor se estremeció. Seguí y mis dedos buscaron el refugio de esa vulva apetitosa.

    Miraba sus pliegues y el brillante rosado que se volvía a ofrecer a mi apetito. No dudé y me dediqué a mamar con loca pasión ese rincón tan apetecible. Estaba poseído, una y otra vez mi lengua pasaba por esa superficie que tanto placer me producía. A la vez que mi lengua recorría toda la vulva y el clítoris, mi boca succionaba y degustaba los líquidos que Flor me brindaba junto con palabras de amor y pasión. Fue inevitable que se volviera a derramar en un orgasmo que la enloqueció de placer.

    Nos calmamos y vueltos nuevamente cara a cara, nos fundimos en un beso interminable. Sin embargo, la lujuria y el deseo seguían latentes. Ambos sabíamos que debía haber más, así que tímidamente primero y con mayor intensidad después, volvimos con las caricias en las zonas calientes.

    Fue su turno. Se adueñó de mi verga que estaba durísima, la miró atentamente por un rato para luego empezara besarla suavemente desde su base hasta la cabeza. Eran besos cálidos que me gustaron mucho, pero eso no era todo. Se llevó la punta del miembro a su boca y comenzó a lamer y chupar, siempre en cámara lenta como midiendo mi reacción que a esas alturas era de éxtasis total. Estaba en un paraíso de donde no quería irme. Flor siguió su tarea y mientras mantenía la verga en su boca, con su mano me hacía una paja también lenta. Cuando estaba a punto de vaciarme en su boca, le rogué que se detuviera.

    —¿Por qué, no te gusta?

    —Ya lo creo que me gusta y mucho, pero si sigues, voy a acabar en tu boca y tal vez no te guste.

    —Si vos prefieres, paro. ¿Pero tal vez alguna vez pueda?

    —Si mi amor, ya habrá ocasión. Ahora quiero volver a sentirme dentro de ti y entregarte mi leche.

    Me puse de espaldas y le pedí que se montara arriba mío. Entendió la propuesta y rápidamente tomó mi falo y lo llevó a la entrada de su cueva. Se deslizó muy despacio hasta que sus nalgas se juntaron a mis piernas. Me miró con cara de complicidad y empezó a hamacarse en un sube y baja que fue de menor a mayor, y donde poco a poco fuimos llegando al paroxismo total, que fue el preludio de un orgasmo mutuo de brutal intensidad.

    El goce fue infinito y durante un buen rato permanecimos en esa posición con mi verga dentro de su vagina hasta que ya perdido el vigor se deslizó fuera. Flor se dejó caer sobre mí para volver a besarnos con profunda intensidad. Luego de unos minutos nuevamente nos llamamos a sosiego, puestos de espaldas y tomados de la mano.

    —¿Sabes una cosa Flor? Creo que esta noche ha sido la mejor de mi vida. Lo que me has hecho vivir excede todo lo anterior.

    —Nacho, yo todavía estoy en una nube. Esta es una experiencia que no creo que se pueda igualar. Sabes una cosa, te amo, te amo mucho.

    —Y yo también pequeña. Tú eres un regalo en mi vida que no esperaba. Me has vuelto loco de placer.

    El dialogo siguió por unos cuantos minutos hasta que poco se fue apagando debido al cansancio. Me puse en posición de cuchara con una mano sobre sus tetas y así nos dormimos profundamente. El agotamiento producido por el juego sexual nos había dejado sin fuerzas y el descanso fue inevitable.

    Nos despertamos cuando amanecía, siempre abrazados. Como si nos hubiésemos puesto de acuerdo, apenas abiertos los ojos, nos empezamos a acariciar nuevamente. La pasión había descansado y se despertaba con todas sus fuerzas, razón por la cual casi ni hubo juegos previos. Mi verga, recobrada su energía, dijo presente y buscó su entrepierna. Florencia recogió el desafío y se dispuso a recibir al intruso. Frente a frente la penetré mientras la besaba con pasión.

    Estuvimos así largo rato. Mi verga moviéndose dentro de su cueva y besándonos y cada tanto jurándonos amor. Fue un polvo mañanero lento pero hermoso, fuimos llegando poco a poco al desenlace. Primero Flor se descargó mientras me abrazaba fuertemente, y luego me tocó el turno para volver a llenarla de mi leche.

    Era mañana avanzada cuando decidimos levantarnos. Flor marchó al baño para ducharse, mientras yo preparaba el desayuno. No quise bañarme, porque como le dije a ella, quería llevarme puesto su olor y sus jugos por un rato más.

    Nos despedimos luego de otra larga sesión de abrazos y besos, con la promesa de volver a repetir los momentos vividos.

    Debo reconocer que me costó mucho retirarme, porque verdaderamente había pasado una noche espectacular y deseaba fervorosamente repetirla. Por fortuna, no tendría que esperar mucho.

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  • Un fin se semana en la isla (1)

    Un fin se semana en la isla (1)

    Todo comenzó con la idea de pasar un fin de semana distinto y Marcelo mi amigo el policía nos recomendó una Isla.

    Me dijo como viajar y hasta una lancha media grande que nos puede llevar, fue así que nos preparamos y emprendimos el viaje, nos tomamos un auto hasta la costanera donde nos esperaba Rubén un hombre grande con barba, el capitán de la lancha.

    Nos dijo que estaba haciendo unas compras pero que ya nos íbamos, fue así que a hora aproximadamente, zarpamos, contento con el día soleado, que nos permitió guardar las cosas en el camarote y tomar solo.

    Noemi, mi esposa había traído una triquini alucinante roja que hacía resaltar su piel, y su hermoso cuerpo, sus pechos parecían escaparse y su cola redonda resaltaba.

    Nos recostamos en cubierta como nos indicó el capitán, ya que nos dijo tenemos entre 40 minutos una hora de viaje.

    El capitán tenía la mejor ubicación para ver a mi esposa de todos los ángulos tomando sol, desde la cabina se veía todo perfecto, ya estábamos relajados al punto de no ver que nos alejamos de la costa hasta que ya no se veía tierra y de repente se detiene el motor y se escucha como algo que caía al agua, lo que estimo fue el ancla.

    Yo al querer levantarme el capitán me pega una piña a lo que no entendía nada, veo que aprieta una perilla que cortaba la corriente de la lancha y me encierra en la cabina, mi esposa ya asustada tampoco entendía nada y le preguntó que pasaba a lo que le dijo, ¿así que eras la putita de Marcelo? Ahora vas a ser mi puta y la quiere besar, a lo que ella se resiste, y el capitán la bofetea dejándola atontada, aprovechando a la vez para desnudarla.

    Al verla así sin ropa exclamó, tremenda puta se cogía Marcelo, y le pregunta ¿vas a ser mi puta o los tiro por la cubierta? A lo que ella sin poder dar más resistencia dijo que si, pero igual cada vez que la quería besar ella decía que no, el viejo la tomo de los pelos y bajo su pantalón, dejando ver un pene de gran tamaño que apuntaba directamente a la boca de Noemi.

    Ella ya con poco por hacer empezó a besar y chupar la pija del capitán que ya pegaba alaridos con cada roce de los labios de mi mujer, a la vez que el metía sus dedos en la conchita de ella, con cada minuto el aumentaba la velocidad de la penetración de los dedos, lo que hacía ya retorcer a mi esposa, por momento se mojaba los dedos y metía uno que otro en el ano de ella, lo que hacía pegar unos queridos.

    En un momento la mira el capitán y le dice al final sos mas puta de lo que dijeron, estas toda mojada, la empuja acostándola de prepo y se le sube, poniendo patita al hombro a lo que ella empieza a los gritos, lo que hace mas gozara con cada embestida.

    Desde la cabina podía ver como entra y sale ese pedazo de carne, en un momento el sale de encima de ella y la obliga a subirse, para que lo cabalgue, después de unos minutos donde ella se mueve arriba de él, donde aprovecho para besar sus pechos y a ella hasta con besos de lengua, ella pega un alarido, moviéndose más enérgicamente, llegando a un orgasmo terrible, haciendo que el viejo este en las nubes cuándo ella se deja caer sobre sus pechos y se deja besar ya sin resistencia, a lo que el viejo dice, ya sabía que te iba domar como la yegua que sos, y ella lo vuelve a besar.

    Ahora la pone en cuatro metiendo su lengua por todos lados y ella le rogaba que no lo hiciera, se refería a lo que el viejo tenía pensando que era entrar por detrás, pero el apunto como una lanza de carne y la fue hundiendo en el culo de mi mujer que gritaba, pataleaba hasta que entro toda, minutos después tuvo otro orgasmo mi mujer.

    Ahí el dejo caer su cuerpo y disfruto de esa cola hermosa, yo para entonces me había masturbado, cuando siento el grito del viejo que le lleno el culito de leche.

    Ahora ya contento la beso nuevamente, recibiendo lo mismo de mi mujer, se vistió y volvió a poner todo para seguir viaje.

    Mi esposa estuvo un rato desnuda permitiendo que él le de unos besos y chirlo en el culo, hasta que llegamos.

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  • La sumisión de Naty (2): Dominación en el parque

    La sumisión de Naty (2): Dominación en el parque

    El sol de la tarde bañaba el parque con una luz dorada, pero Naty no podía apreciar su belleza. Su mente estaba atrapada en la red de dominación que Natasha había tejido alrededor de ella. Con el collar aún apretado alrededor de su cuello y la correa colgando de él, Naty seguía a Natasha a través de los senderos concurridos, sintiendo las miradas curiosas de los transeúntes. El parque estaba lleno de familias, parejas y grupos de amigos, todos disfrutando de la tarde, ajenos al juego de poder que se desarrollaba ante sus ojos.

    Natasha, con una sonrisa cruel en sus labios pintados, se detuvo junto a un banco donde un grupo de hombres jóvenes charlaban y reían. “Aquí está tu primera lección, Naty”, susurró con voz melosa, pero firme. “Ve con ellos y ofrece tu cuerpo. Quiero ver cómo te humillas por unos cuantos billetes. Y recuerda, cada vez que te niegues, el castigo será peor”.

    Naty tragó saliva, su corazón latiendo con fuerza. Sabía que no tenía opción. Con pasos vacilantes, se acercó al grupo de hombres. Su falda corta y su blusa ajustada dejaban poco a la imaginación, y los hombres no tardaron en notar su presencia. Sus miradas se posaron en ella, llenas de deseo y curiosidad.

    “Hola”, dijo Naty con voz temblorosa, intentando mantener la compostura. “Me pregunto si alguno de ustedes estaría interesado en… pasar un buen rato. Por un precio, claro”.

    Los hombres se miraron entre sí, sorprendidos pero intrigados. Uno de ellos, un joven con barba de varios días y ojos penetrantes, se adelantó. “¿Y cuánto cuesta ese ‘buen rato’, cariño?”

    Naty sintió cómo las mejillas le ardían de vergüenza. “Lo que puedan ofrecer”, murmuró, evitando su mirada.

    El joven sonrió, sacando un billete de su bolsillo. “¿Esto te parece bien?”

    Naty asintió, tomando el billete con manos temblorosas. Sabía que Natasha estaba observándola desde las sombras, disfrutando de su humillación. “Sí, está bien”, susurró.

    El joven la tomó del brazo y la llevó a un rincón más apartado del parque, detrás de unos arbustos. Allí, sin preámbulos, la besó con fuerza, sus manos recorriendo su cuerpo con avidez. Naty cerró los ojos, intentando bloquear el mundo exterior, pero los sonidos del parque y la conciencia de estar siendo observada por Natasha la mantenían anclada en la realidad.

    El joven la empujó contra los arbustos, levantándole la falda y bajándole las bragas. Naty sintió cómo su miembro duro y caliente penetraba su entrada, y un gemido ahogado escapó de sus labios. A pesar de la situación, su cuerpo respondía, traicionándola con su propia excitación.

    Mientras el joven la embestía con fuerza, Naty escuchó la voz de Natasha, burlona y distante. “Vamos, Naty, parece que estás disfrutando. No te olvides de quién manda aquí”.

    Las palabras de Natasha actuaron como un recordatorio brutal, intensificando la mezcla de placer y humillación que Naty sentía. Sus gemidos se volvieron más altos, más desesperados, mientras el joven la llevaba al borde del orgasmo.

    Finalmente, el joven alcanzó su clímax, llenando a Naty con su semen. Se apartó, ajustándose la ropa, y le lanzó una última mirada antes de desaparecer entre la multitud.

    Naty se quedó allí, temblorosa y descompuesta, intentando procesar lo que acababa de suceder. Natasha apareció de entre las sombras, una sonrisa satisfecha en su rostro. “Buen trabajo, Naty. Pero esto es solo el principio”.

    Sin darle tiempo a recuperarse, Natasha la llevó a otro grupo de hombres, esta vez sentados en una manta, bebiendo cerveza y riendo. “A estos les gustará lo que tienes que ofrecer”, dijo Natasha con una risita.

    Naty se acercó, sintiendo la náusea subirle por la garganta. Pero no había escape. Con voz temblorosa, repitió su oferta, sintiendo cómo su dignidad se desmoronaba con cada palabra.

    Los hombres la recibieron con entusiasmo, y pronto Naty se encontró en el centro de un círculo, siendo tocada y besada por varios de ellos a la vez. Sus manos la recorrían, su boca era reclamada, y ella se sentía como un objeto, un juguete sexual para su placer.

    Natasha observaba, disfrutando del espectáculo. “Mira cómo te desean, Naty. Eres solo una putita para ellos, y te encanta”.

    Las palabras de Natasha eran como latigazos, pero también despertaban algo profundo en Naty, algo que no podía negar. A pesar de la humillación, su cuerpo respondía, su sexo se humedecía, y sus pezones se endurecían bajo la blusa.

    El grupo de hombres la llevó a un lugar más apartado, donde la desnudaron por completo y la hicieron arrodillar. Uno tras otro, se acercaron a ella, utilizando su boca y su cuerpo para su placer. Naty se sintió como una muñeca inflable, un objeto sin voluntad propia, y sin embargo, en lo más profundo de su ser, sabía que esto era lo que deseaba.

    Después de lo que pareció una eternidad, el grupo se dispersó, dejándola exhausta y vacía en el suelo. Natasha se acercó, una expresión de satisfacción en su rostro. “Buen trabajo, Naty. Pero aún no hemos terminado”.

    Naty intentó levantarse, pero sus piernas temblaban demasiado. Natasha la tomó del brazo, ayudándola a ponerse de pie. “Ahora, vamos a llevar esto al siguiente nivel. Quiero que te acerques a esa pareja allí”, dijo, señalando a un hombre y una mujer sentados en un banco, ajenos a lo que estaba a punto de suceder.

    “Pero… ¿qué quieres que haga?” preguntó Naty, su voz apenas un susurro.

    Natasha sonrió, una sonrisa llena de promesas oscuras. “Quiero que les ofrezcas un espectáculo. Algo que nunca olvidarán. Y recuerda, Naty, cada vez que te niegues, el castigo será peor”.

    Con el corazón en la garganta, Naty se acercó a la pareja. El hombre la miró, sorprendido pero intrigado. La mujer, en cambio, pareció incomodarse, pero su curiosidad era evidente.

    “Hola”, dijo Naty, su voz temblorosa. “Me pregunto si les gustaría ver algo… especial”.

    La pareja se miró, y luego el hombre asintió, una sonrisa pícara en su rostro. “Depende de lo que tengas en mente, cariño”.

    Naty sintió cómo la adrenalina la inundaba. Sabía que no había vuelta atrás. Con manos temblorosas, se desabrochó la blusa, dejándola caer al suelo. Luego, se quitó la falda, quedando completamente desnuda ante la pareja.

    El hombre silbó, impresionado, mientras la mujer miraba con una mezcla de asombro y deseo. “Vaya, vaya”, dijo el hombre. “No todos los días se ve algo así”.

    Naty se arrodilló frente a ellos, mirándolos con ojos suplicantes. “Por favor, ¿me permitirían… unirme a ustedes?”

    La mujer pareció dudar, pero el hombre la tomó de la mano, animándola a participar. “Vamos, cariño, ¿cuándo vamos a tener otra oportunidad como esta?”

    Lo que sucedió a continuación fue un torbellino de sensaciones para Naty. La mujer, inicialmente reacia, pronto se dejó llevar por el momento, sus manos recorriendo el cuerpo de Naty con avidez. El hombre, por su parte, no perdió el tiempo, penetrando a Naty con fuerza mientras ella besaba y acariciaba a la mujer.

    El trío se convirtió en una danza de cuerpos, un intercambio de placer y deseo. Naty se sintió como el centro de un universo de sensaciones, su cuerpo respondiendo a cada estímulo con una intensidad que nunca antes había experimentado.

    Pero, en medio del éxtasis, la voz de Natasha la trajo de vuelta a la realidad. “Mira cómo te usan, Naty. Eres solo una putita para ellos, y te encanta”.

    ¿Cómo continua la historia para Naty, descúbrelo en el siguiente relato?

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  • A la tercera me lo garché

    A la tercera me lo garché

    En la App, me encontré un perfil sin foto, solo tenía visible la edad, 20 años. La verdad yo ni eso tengo visible, solo el rol: ACT. Yo por ese entonces tenía 30 años.

    Yo tenía lugar por poco tiempo, y una calentura de no aguantar, lo saludé y le dije que buscaba solo una mamada. Me dijo que sí. Ninguno pasó foto. Nos vimos a la vuelta de casa, y era un chico joven (mayor de edad), caminamos casa, estaba tímido, hablamos mientras íbamos a casa. Me dijo que no era virgen, pero que tenía poca experiencia. Ya en casa fuimos a la cama y empezó a darme una mamada grandiosa, la verdad se metía toda mi chota.

    Yo lo manoseaba todo, le toqué la cola, era chiquita, va todo él, era flaquito, eso me re calienta, unas ganas de entrar. Se lo propuse, me dijo que no, de cola si era virgen. LPM unas ganas. Le dije si me dejaba chupársela, mi idea era re calentarlo. Me dio el ok, y así fue, lo disfrutaba, pero así y todo, no quiso. Solo le apoyé un poco y le masajeaba con mi verga, pero nada más que eso, pero al menos me dejó acabarle en la boca, se tomó mi leche. Se ve que tenía experiencia oral. Me dice que estuvo bueno, que otro día le vuelva a escribir, que estaba cerca… bla bla bla. Se fue y… me bloqueó.

    Creo que a todos nos ha pasado que por arte de magia, por paso del tiempo o porque algún motivo desconocido al pasar un tiempo, me lo volví a cruzar, no estaba seguro si era él, pero sí. Lo mismo, quedamos en una mamada (para no hacerlo muy larga pasó lo mismo) Me la chupo, la cola no me entregó pero me dejó jugar con ella, y volvió a tomar la leche de mi verga… Luego me volvió a bloquear.

    Hace una par de semanas nuevamente me lo volví a cruzar, aunque esta vez tenía foto, pero estaba vestido con ropa fem (la verdad me la baja, pero quería revancha) Le dije que quería ponerla… y ¡aceptó! Viene con pelo un toque más largo, flaco, y hablando me dice que acaba de empezar a transicionar (la verdad no me excita para nada, sin discriminar, me gustan hombres en todo sentido, pero insisto necesitaba romperle la cola) Así fue…

    Empieza a mamarme la verga, esta vez no le chupe la cola, directamente con dedo ensalivado se lo metí en la cola, y no fue difícil ingresar (hijoputa no me diste la primicia a mí, pensaba) Empecé a cogerlo con el dedo, y creo sintió molestia, igual no me detuve. Al rato le dije ahora va la verga, le pedí que me entregué la cola, y se la metía despacio pero sin lubricante. Él se puso saliva, yo estaba caliente y rencoroso (jaja).

    Le agarré las manos y lo penetré, una vez dentro esperé se acostumbre, luego lo cogí con fuerza, él ya estaba muy dilatado, lo disfrutó tanto, me lo cogí unos 10 min, luego se la saqué, me saqué el forro y se puso a mamar y le dije “ahora me vas a dejar la pija seca y limpia como la encontraste” Se tomó la leche, luego le tomé del pelo y me pasó la lengua hasta llevarse todo el resto que quedó. Le di papel, y se fue (la de siempre estoy cerca, cuando quieras, y bla bla bla).

    Entré, y lo bloqueé.

    Luego a ducharme. Si me lo vuelvo a cruzar no ocurrirá nada, no me van las personas trans, y ya la siguiente vez va a aparentar casi mujer.

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  • Ducha caliente

    Ducha caliente

    En mi vida hay 3 cosas que aprecio mucho: masturbarme, follar y ducharme. Y aún mejor, siempre puedo combinar la ducha con alguno de los dos primeros hábitos ¿No es increíble? El caso es que la ducha es mi lugar de paz, es mi lugar de introspección y disfrute personal, es casi inevitable que cuando entro a la ducha mi cuerpo se excita al entrar en contacto las gotas con mi piel, nunca falta ese momento en el que después de llegar a casa de un largo día, me meto a lavarme y termino masturbándome compulsivamente mientras la habitación se llena de vapor, ahora contaré uno de esos momentos.

    La ducha es un ritual, siempre me ducho por la noche, cuando mis padres están acostados y yo puedo deambular inocentemente por el pasillo completamente desnuda sin el temor a que me vean como dios me trajo al mundo, pero con 20 años más efectos hormonales. En una de esas noches quise masturbarme por el culo, por ello fui acompañada por un dildo rosa de 30 cm de largo, ideal para una viciosa como yo.

    Comencé a mojarme con el agua frotando suavemente mi piel con mis manos, sintiendo cada curva y la suavidad de mi dermis y deslizando mi pelo entre mis dedos. Cuando estaba totalmente mojada me eché champú y más tarde gel en una esponja, comencé a frotarme haciendo que la espuma se pegase y deslizase por mí. Primero empecé por mis pechos, bajé por el vientre hasta llegar a la vulva, de ahí pasé a frotarme los glúteos acabando con mis piernas.

    Mientras acababa crucé mirada con el glande del dildo que lo había dejado en una esquina de la ducha, en el suelo. Me estaba mirando, diciendo “sé que quieres hacerlo, ¿a qué esperas?”. Era mi vicio hablándome. Cuando terminé agarré el dildo y eché gel sobre él para comenzar a masturbarlo, era un juguete muy largo que obviamente no me iba a entrar entero en el ano, pero con la práctica que desarrollé durante tantos años es el juguete perfecto para mí.

    Aprovecho para presumir mi dildo: era un dildo de silicona transparente rugoso de color rosa, lo dicho, medía 30 cm. En la boca es muy agradable, el tacto es muy deslizante, perfecto para practicar en un momento de intimidad en la ducha.

    Después de mirar con ojos viciosos cada detalle, me metí el juguete en la boca para saciar el hambre que me había creado pensando en el juguete. Mirando a ojo creo me pude meter hasta 18 cm en mi boca de semejante juguete, me lo introduje hasta el fondo de mi garganta, hasta tener arcadas y luego sacarlo totalmente mojado por mi saliva. Repetí postre varias veces hasta soltar lágrimas por los deepthroats que estaba haciendo, era excitante pensar que realmente me estaba comiendo una buena polla y que me la estaban metiendo hasta el fondo de la boca, todo ello bajo el agua de la ducha y a un ritmo endiablado.

    Cuando acabé con la mamada, pegué el dildo en el suelo, me puse de cuclillas sobre el pene orientando mi ano hacia la punta. Primero froté suavemente mi ano con mis dedos mojados en gel, luego eché gel sobre el dildo para tenerlo lubricado y finalmente me animé a bajar. El glande del dildo abrió mi culo, la sensación me dejó sin aire, hice unos pequeños movimientos de sube-baja para estimular mi ano únicamente con la puntita, después fui bajando aún más, haciendo que el dildo me penetrase hasta el fondo del recto, sin prisa, pero sin pausa.

    Cuanto más entraba más me excitaba, cuanto más sentía el juguete dentro de mi más me sentía caliente. No paré, deseé que no se acabase, deseaba que me abriese por dentro. De tanto desear no me percaté de que terminé tocando suelo con mis nalgas. “No puede ser” pensé impactada “los 30 cm”. Si, conseguí meterme los 30 cm enteros en mi culo.

    Hasta ese momento solo me metía 25 cm y un poco más, no me animaba a más ya que no era capaz, sentía que mi culo decía “hasta aquí”. Pero después de hacerlo tantas veces al parecer si pude, tenía 30 cm de mi recto ocupado por ese dildo. Me puse aún más caliente sabiendo esto, comencé a botar apasionadamente chocando mi culo en el suelo, sintiendo como el dildo me penetraba y destrozaba el culo con cada sentón.

    Subía hasta la punta y bajaba rápidamente hasta tocar el suelo y así repetidamente. El agua caía sobre mi nuca y se deslizaba por toda mi espalda hasta llegar a mis glúteos, mis tetas, con mis pezones erectos, no paraban de rebotar, el agua chapoteaba con cada sentón y no pude aguantarme los gemidos. Me sentía increíble.

    Durante mi animada follada también empecé a meterme los dedos hasta el fondo del coño, estaba mojado y caliente, no me costó nada deslizar mis dedos hasta el interior ya que de por sí estaba mojado y no solo por el agua de la ducha sino por mis propios fluidos que brotaron debido al éxtasis. Los dedos en el coño y el dildo en el culo eran una combinación maravillosa, tan así que tuve un orgasmo sumado a un squirt a presión que disparé al suelo. Rendida me saqué el dildo del culo y me senté un rato para descansar. Tenía los músculos del ano tensos, y el culo un poco abierto. ¿qué iba a ser lo próximo?

    Agarré el dildo y lo pegué a la pared de la ducha a la altura de mi culo, lubriqué de nuevo el juguete, me enculé hacia el dildo y empujé hacia atrás lentamente para ir metiéndomelo hasta el fondo, pero esta vez de pie. De nuevo pude metérmelo entero, y de nuevo emocionada comencé a empotrarme a mí misma (si es que puede decirse así) con el dildo pegado en la pared. Mis nalgas chocaban violentamente contra la pared, me agarraba a las paredes para no perder equilibrio y poder mantener el ritmo, sentía como el juguete se curvaba dentro de mi para adaptarse a la forma de mi recto, sentía mis piernas temblar mientras el agua se deslizaba por toda mi erótica figura.

    No podía más, estaba jodidamente cachonda. Comencé a meterme los dedos al igual que antes, mis cuatro dedos taladrándome violentamente hicieron que no tardase en expulsar un potente squirt y soltar un pequeño grito de placer que intentaba retenerlo durante todo el acto. Me quedé un rato parada, con el dildo aún dentro de mí y con la espalda apoyada a la pared para descansar y recuperar el aliento. “Ahora tengo que comprarme otro dildo aún más largo” me dije en mi cabeza. Cuando me recuperé, fui sacándome poco a poco el juguete hasta la punta.

    Una vez completamente fuera rocé mis dedos con mi ano, lo tenía abierto, podía meter dos de mis dedos sin necesidad de hacer esfuerzo. Era algo completamente normal, no era la primera vez que me pasaba. Varios segundos después mi ano fue cerrándose y volviendo a la normalidad, aunque con una sensación de tensión constante.

    Terminé de ducharme, lavé el juguete con el cariño que se merecía y fui directa a mi habitación, aún desnuda, completando mi noche de lujuria.

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  • Benito logró hacerme llorar y gritar

    Benito logró hacerme llorar y gritar

    Este año resultó atípico en lo que respecta a la fiesta anual que realiza la empresa en la que trabajo. Porque se celebró un día laborable. Fue una reunión de las cinco sucursales en una misma fiesta. Eso nos brindó la oportunidad de conocernos. De escuchar buena música, compartir tragos y bailar.

    Todo transcurrió con normalidad y formalismo hasta que las chicas comenzamos a interactuar con los chicos de otras sucursales

    Algunas parejas comenzaron a moverse en la pista de baile, apenas iluminada por luces de colores cambiantes en movimiento. El volumen de la música era demasiado alto.

    Abstraída en mis pensamientos, acomodada en la penumbra sobre un mullido sillón, apenas vi a un hombre de pie junto a mí; invitando a bailar. Era un hombre mayor. Se presentó diciendo llamarse Benito y me beso la mano.

    “Que antigüedad” Pensé. -Me llamo Belu. Le respondí al tiempo que me ponía de pie, permitiendo me conduzca de la mano hasta la pista de baile.

    La música bailable era para comenzar a mover los pies. Estime su edad en 60 años.

    Canoso. Aproximadamente 175 su estatura. Vistiendo saco y pantalón sport.

    -Eres muy bella y muy joven. Dijo sonriendo y buscando mirar mis ojos.

    -¡No exageres! Respondí.

    -No exagero Belu. Siempre que voy a una fiesta me digo: empezaré invitando a la chica más bonita. Si no soy aceptado voy bajando pretensiones.

    -¡Que interesante! -Dije…- ¿A cuántas chicas has invitado hoy?

    -Eres la primera. Se apresuró a decir.

    Me reí y dije: Tu eres el primero en invitarme a bailar. Mientras platicábamos, seguíamos el ritmo de la música tomados de las manos.

    -Es delicioso hablar contigo Belu. Estamos de igual a igual. Nuestros nombres comienzan con B. Dijo sonriendo.

    -Que curiosidad, ¿será por eso que me siento bien hablando contigo?

    Benito dio un paso más diciendo: -Me encanta estar a tu lado. Y si pudiera cambiar mi nombre, me llamaría Carlos para estar a tus espaldas.

    No respondí intuyendo que Benito había visto mi voluminoso traste.

    Me sentía atraída por su forma sencilla de hablar y por su buen humor. Su edad no me molestaba. Porque físicamente estaba bien. Pulcro. Oliendo buen perfume masculino. Suave al tomarme las manos entre las suyas tan grandes con dedos gruesos.

    Cuando me preguntó si deseaba volver al sillón o si esperaba por alguien, le respondí que estaba sola. Que no tengo compromisos y deseaba simplemente divertirme.

    Sus ojos se iluminaron y me propuso beber algo en la barra.

    Luego fuimos a la penumbra del sillón. Cuando me senté, Benito pudo ver casi la totalidad de mis piernas desnudas o quizás hasta mi tanguita de encaje, al replegarse mi pollera. Permanecimos mucho tiempo hablándonos al oído, para no hablar gritando. Yo preguntando como buena preguntona que lo soy. Él halagando mi belleza, sensualidad y otras cualidades que nunca he tenido.

    Cuando comenzaron a sonar los temas bailables lentos, me condujo a la pista apoyando una mano en mi baja espalda.

    En ese momento sentí que era agradable estar con él. Benito me tomó con delicadeza y comenzamos a bailar con roces espaciados de nuestros cuerpos que activaban mis hormonas y elevaban mi temperatura corporal. Luego se hizo más frecuente la fricción de mis pezones duros en su pecho. Me parecía hermoso sentirlos así. Y di un paso más en nuestra relación. Apoyé mi cabeza en su hombro mientras bailamos. Creo que ese gesto lo encendió. Comencé a percibir toques en mi vientre, con su bulto en crecimiento. Nos miramos a los ojos y descubrí que me gustaba.

    Que fuera tan seguro y sereno. Que respetara mis tiempos y me entendiera a pesar de nuestra diferencia de edad. Comencé a desearlo.

    Volvimos al sillón y me senté muy junto a su cuerpo. Él me abrazó. Me sentí segura y confiada entre sus brazos

    Benito permaneció sin hablar un tiempo prolongado, compartiendo el calor generado por nuestros cuerpos hasta que considero que podía dar un paso más y me pidió un beso. Primero un pico en los labios. Luego cuando entreabrí la boca, buscó mi lengua y la devoró. Le respondí de la misma manera; aferrándome a su cuello para que nuestras bocas no se apartasen.

    Benito me dijo al oído: -Eres la mujer que no he encontrado en años. -Y continuo:- Soy viajante vendedor de la compañía. En cada viaje intento amenizar mis estadías pero nunca he conocido una chica tan sensual y hermosa como tú.

    Mi mano bajo desde su cuello, acariciando su pecho por sobre la camisa. Me detuve sobre su cinturón. Él tomó mi mano y la beso con pasión. Suspiró y dijo muy bajo: -Belu preciosa, me has encendido tanto que mi mayor deseo es disfrutar tus encantos en la intimidad. Conocernos tal cual somos; sin máscaras ni trajes. ¡No puedo ocultar cuánto te deseo!

    Yo estaba con los pezones duros y con bastante humedad en la tanguita. Me límite a bajar mi mano desde el cinturón hasta apoyarla sobre el bulto de su sexo. Y le dije: -Deseo conocer todo lo que has insinuado.

    Benito me devoro la boca dos veces más. Bailamos muy pegados. La fricción de su sexo en mi cuerpo era constante.

    Luego salimos de la fiesta, tomados de la mano hasta llegar a su automóvil estacionado en la cochera. Antes de comenzar a rodar, Benito me preguntó si disponía de tiempo para estar juntos. Le respondí que me encantaría saber que tomaremos todo el tiempo que deseamos brindarnos.

    El comenzó a conducir suavemente hasta llegar al hotel que dijo haber visto cuando venía para la fiesta.

    Luego de cerrar tras nosotros la puerta de la habitación. Benito me levanto en brazos. Mi pollera ajustada y breve, se subió hasta la cintura. Ante sus ojos quedó expuesta mi tanguita muy mojada. Él no hizo comentarios. Me cedió el paso al baño. Oriné y me duché. Luego volví hacia Benito, envuelta en una toalla. Me recibió besándome mucho. Luego se dirigió al baño.

    Oí el sonido del agua de la regadera. Poco después también regreso cubierto con una toalla. Me beso apasionadamente y sentándose al borde de la cama intentó elegir un canal musical. Preguntándome: -¿Qué música prefieres preciosa?

    -Me encanta la música suave y romántica… Espérame dos minutos más. Le pedí y volví al baño.

    -Te espero todo el tiempo, niña hermosa. Dijo él cariñosamente.

    Apliqué perfume en crema sobre mi zona íntima. Calce mis sandalias de tirantes y desnuda fui hacia él.

    Benito ya había sintonizado un canal musical con temas románticos. La intensidad de la luz roja era mínima. Él estaba acostado con los brazos bajo su cabeza. La toalla doblada en cuatro cubría únicamente su sexo. Al verme llegar desnuda se reincorporo de un brinco y me elevó del piso entre sus brazos. Besándome cuello y orejas. Me retorcía de gozo por las cosquillas que me provocaban sus labios en las orejas.

    Dejándome sobre la cama, me quitó el calzado y comenzó a besarme toda, desde la punta de los pies centímetro a centímetro hasta llegar a la cabeza. Durante muchos minutos me beso suavemente siendo meticuloso en no dejar piel sin tocar con sus labios o lengua.

    Llegué dos veces al orgasmo. Una cuando besaba los labios de mi vagina y su lengua jugaba con el clítoris. Luego cuando se ensañó en mis duros pezones. Deseaba sentirlo adentro. Pero el reservaba su verga sin ofrecerla.

    Cuando la tuve ante mis ojos la ví gruesa y bien rígida. Me sentía en un concierto musical.

    Escuchando música romántica y el prodigando caricias con su lengua al derecho y a mi revés. Cada vez que me movía retorciendo el cuerpo me abrazaba diciendo que le permitiera el placer de recorrer mi piel. Minutos más tarde mis fluidos vaginales manaban en abundancia. Con los pezones doloridos por su dureza. Con mi boca ansiosa de engullir su carne, como una perra hambrienta. El capullo de mi ano, flexible a las caricias de su lengua caliente, también reclamaba ser atendido.

    Comenzó a magrear las tetas y a lamer mis pezones. Acariciaba mi vulva e intentó meter un dedo grueso, inquieto y juguetón. Mientras me comía la lengua, sus dedos se encargaron de jugar en el esfínter, distendiendo su cierre original.

    Llegué a un orgasmo gritando su nombre, pidiendo me diera su verga. Se lo pedí con desesperación real. Se acostó y puso los brazos a ambos lados de su cuerpo Yo comencé a darle besos y caricias en el pecho y en su vientre poblado con buena pelambrera. Continúe bajando hasta meterme su pene en la boca. Yo me esforzaba en abrirla para alojarla. Su grosor me hacía doler las mandíbulas.

    Mientras él me acariciaba la cabeza, espalda y el culo. Yo se la chupaba haciendo arcadas. Él no me forzaba a nada.

    Un poco después me pidió que lo cabalgue. Su pene estaba extremadamente duro y lo froté sobre los labios de mi vagina y el clítoris. Mi cuerpo ya enviaba señales de estar gestando un orgasmo. Tomé con una mano su verga y la orienté a la entrada de mi concha húmeda e inflama da. El calor del glande me hizo sentirlo delicioso. Benito me sujeto por las caderas. Me apretó contra su cuerpo y su verga se hundió en mi hasta quedar sentada sobre sus pelotas hinchadas. Comencé a moverme y pronto a convulsionar liberando mucho fluido. Casi literalmente meando sobre él.

    Así permanecimos varios minutos. Su pene permanecía dentro de mi cuerpo. El introducía dos dedos en mi dilatado ano. Diciendo palabras hermosas: -Eres tan sensual Belu. Sabes disfrutar los buenos momentos. Tienes un cuerpo divino. Tus pechos son un manjar. Tu vulva rosada y sin pelitos es de muñeca. Tu ojito marrón es un capullo de pétalos cerrados que con caricias se abrirá, así permite que mi gusanito lo visite y le deje regalitos. Eres única mi reina.

    Este hombre mayor bien podía ser un poeta. Pero entendí que deseaba meterme su tremendo pene en el culo. Para mí es normal entregar la cola en cada encuentro que me resulte bueno. Por eso seguí el juego hasta darle el gusto a Benito. Cuando quitó la verga de mi vagina, le pregunté si había acabado. Me dijo que no pero que me estaba disfrutando mucho: -Me gusta que me mires. Me encanta mirarte cuando llegas al orgasmo. Eres una hembra divina. Tu ojito marrón es una tentación irresistible de la que no puedo olvidarme.

    Me abrazo y comenzó acariciando mi cabeza, luego la espalda. Me dio suaves palmadas en las nalgas.

    Me acomode para chupar nuevamente su hermoso pene hasta ponerlo duro. Casi no fue necesario porque ya lo estaba.

    Benito me dijo que había disfrutado infinitamente estando en mi vagina, profunda, suave y cálida. Pero que también lo enloquecía la idea de abrir el capullo marrón de mi cola. Que deseaba conocerlo y explorarlo si se lo permitía.

    Sonreí, lo besé y le dije que podía disfrutar como quisiera pero sin lastimarme.

    Me acostó de espaldas y me penetró a fondo por la vagina.

    Levantó mis piernas hasta apoyarla en sus hombros y hundió profundamente su verga en mí. Casi no se movía y rozaban el clítoris con su entrepierna. Me agité y grité no sé qué cosas. Temblando lloré de gozo. Me la saco dejando salir fluidos que bajaron resbalando por mis muslos.

    Me dijo que me pusiera en cuatro sobre la cama. Sus dedos untuosos, mojados en algún lubricante, jugaron con el anillo de mi ano. Suavizando y distendiendo el cierre original.

    Apoyó la cabeza de su gruesa verga en la pequeña entrada y sin urgencias me fue penetrando sin lastimar y sin dolor. Tomándose todo el tiempo; permitiendo adaptar el anillo anal a la entrada de su grueso falo. Cuando estuvo todo metido en mis entrañas, con sus pelotas junto a mi piel. Dijo: -Mi reina, perdóname pero quiero darte fuerte para saciar este deseo loco de llenar de semen tu hermoso culo.

    Comenzó un frenético mete y saca. Empujando con su pelvis, hasta hacer que pierda mi posición de cuatro patas. Él mismo volvía a acomodarme para darme sin tregua.

    Yo no veía hacia atrás, pero percibía que mi ano había dejado de ser capullo para ser una flor abierta en plenitud.

    Un potente orgasmo anal me llegó sin aviso, cuando Benito se aferró a mis nalgas. Abriendo con sus manos; mientras los envites de su pelvis eran profundos y sin pausas. Sentía su pelambre púbica acariciándome la piel. La rigidez de su cuerpo, su respiración pesada y las contracciones de su pene me indicaron que estaba llenándome con su preciosa carga de semen untuoso. Casi dos horas duraron las erecciones de Benito. Cuando su miembro se ablandó, nos duchamos juntos mientras él me acariciaba con ternura y me llenaba de besitos.

    Feliz y cansada aun sintiendo su fuego en el ano; por tanta fricción recibida, lo besé y él me habló: -Belu eres una hembra divina, muy sensual, sin prejuicios y buena mina. Por eso me esmeré en darte lo mejor de mí.

    -Gracias Benito, la pasé de diez. -Dije. Él me escuchó sonriendo e hizo una pausa, para continuar: -Mi regalo para ti, con amor; contó con la ayuda de una pastilla azul que hizo maravillas en mí y logré complacerte. Lo merecías así y mucho más.

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  • Mi hijo pequeño y mi compañera Sara

    Mi hijo pequeño y mi compañera Sara

    Alguno de los trabajadores de seguridad de mi edificio había definido a mi compañera Sara como una vacaburra fea pero con mucho morbo, y era cierto, es una mujer que aparenta una edad mucho mayor de la que tiene, es unos diez años mayor que yo, pero parecemos de la misma edad, con un cuerpo desproporcionado y unos rasgos nada armoniosos, pero resulta atractiva para muchos hombres, el que dijo eso de ella intentaba verla mientras se cambiaba, era viuda desde que hacía unos años, su marido había muerto en un accidente de coche.

    Había tenido sus aventuras y un día cometió el error de contarme su fantasía, desvirgar a un joven, y eso encendió mi imaginación, se lo podía hacer con mi hijo el pequeño, él no era virgen lo había desvirgado yo no hacía mucho, pero si él no decía nada, jajaja, ella no lo notaria.

    Y la oportunidad se dio un día mi compañera me contó que tenía que arreglar un armario en su casa, se estaba descentrando, y yo la ofrecí que mi hijo fuera a hacerle el arreglo, y se lo hizo, jajaja, ya que era bastante manitas, y amiga comprendería cuanto, jajaja.

    A él le expliqué que si se hacía el virgen tendría fácil follar, y le puse como condición que tenía que contármelo todo con el máximo detalle, ya empezaba a aplicarle la misma política que a su hermano, si quería seguir follando conmigo. Y esto fue lo que me contó, la primera vez que nos quedamos solos antes de follar,

    Llegué al piso de tu compañera, con mi caja de herramientas, y cuando esta abrió la puerta me encontré con una mujer que me atraía mucho, llevaba una falda gris, por encima de las rodillas, una blusa roja que mostraba una gran parte de sus tetas, y una parte de su sujetador rosa con figuritas, me mando pasar, me ofreció un refresco y tras una conversación normalita, aunque yo no podía dejar de mirar su escote y creo que ella me miraba con ganas me dijo:

    -¿Sabes tu madre siempre me habla de su hijo como si fuera un niño?, Pero a mí me pareces un chico guapo, seguro que tendrás enamoradas a muchas compañeras de clase en la universidad.

    Recordé tus instrucciones y me hice el tímido, y la dije que no tenía novia que las chicas me daban miedo, ella dijo:

    -Eso te lo quitaba yo de un polvo.

    Me volví a hacer el tímido, y ella me dijo:

    -Bueno será mejor que te pongas manos a la obra. Porque si no se te va a hacer muy tarde.

    Y me llevó hasta el sitio donde estaba el armario, era su habitación ella iba delante de mí, y yo estaba embelesado viéndola mover su culo, mi polla se puso dura. Cuando llegamos, me mostró el armario, el arreglo era muy fácil y lo hice en poco tiempo, mientras ella me trajo una cerveza y me dijo:

    -Ya que estas aquí, me gustaría conocer tu opinión sobre el conjunto de lencería que llevó puesto, este fin de semana salgo con un amigo y no quiero que se desilusione cuando me desnude.

    Y dicho esto se quitó la blusa sus tetas quedaron al aire tapadas solo por un pequeño sujetador que apenas tapaba una parte de ellas, después de manera lenta, con algo de baile se quitó la falda, unas bragas rositas de tamaño mediano quedaron a mi vista, en ese momento me preguntó.

    -Crees que gustare a mi amigo.

    Yo estaba nervioso y balbucee. Pero ella mirando mi pantalón dijo:

    -Parece que tu polla me dice que si, y veo que no es la polla de un niño sino la de un hombre.

    En ese momento ella me puso una mano sobre mi polla y se puso a acariciármela, esto hizo que me empalmara y ella al verlo dijo:

    -Por lo que se nota aquí veo que realmente eres un hombre.

    Me la siguió acariciando, mi polla creció hasta que casi no me cabía en el pantalón, ella al verlo sonrió pícaramente y dijo:

    -Creo que es mejor que liberemos al pajarito de su jaula.

    Y llevando su mano a mi cinturón me lo desabrochó, luego hizo lo mismo con mi pantalón y cogiendo mi polla con su mano la sacó del bóxer, después dijo:

    -Decididamente esto es de un hombre, y de un hombre bien dotado, jovencito.

    Se inclinó hacia mi polla, que mantenía sujeta con una mano y se la llevó a su boca, dando comienzo una mamada.

    -Que polla tan rica tienes, dijo, ¿No me iras a decir que voy a ser la primera en mamártela?

    Recordando las instrucciones de mi madre le dije que sí, ella se puso a chupármela, se notaba que, como me había dicho mi madre, no era la primera polla que chupaba, lo hacía divinamente, aunque que mi madre me lo hiciera me gustaba más, pero el caso es que ella me estaba haciendo pasar un rato divino. Aún no se como pero el caso es que sin sacársela de la boca me hizo levantarme para quitarme los Pantalones y el bóxer, quedándome completamente desnudo de cintura para abajo, ella se la sacó se quitó la blusa y la falda quedándose en ropa interior, y después saco sus enormes tetas del sujetador, aquí me volvió a preguntar:

    -¿Nunca te han hecho una cubanita?

    La verdad es que yo sabía lo que era eso, pero como mi madre me había dado la instrucción de hacerme pasar por alguien completamente virgen, le dije que no, ella me pidió que me tumbara sobre la cama, con las piernas en el suelo, de manera que mi polla quedara en el borde, se arrodilló delante de mí, llevó sus tetas hasta mi polla e hizo que esta se situara entre ellas, después las apretó de manera que mi polla se quedó bien apretada entre ellas, como si fuera un coño. Me sonrío y me preguntó:

    -¿Te gustan mi niño?

    Aquí no tuve que mentirle, claro que me gustaban, era algo divino, ella comenzó a moverse como su fuera un coño o una boca y eso hizo que mi excitación aumentara.

    -No sabes lo maravilloso que es para mí desvirgar a un macho como tú, vas a causar mucho furor entre las chicas, bien sean de tu edad, o las viejunas de la mía, jaja.

    En esta postura estuvimos un tiempo hasta que ella dijo:

    -Creo que es hora de que me desnude del todo.

    Y levantándose se quitó primero el sujetador y luego las bragas, una vez desnuda me preguntó:

    -¿Mi niño, alguna vez le has comido el coño a una mujer?

    Otra vez recordé las instrucciones de mi madre y aunque había chupado el coño de esta contesté que no.

    -La tía Sara te va a enseñar, me dijo.

    Se tumbó en la cama con las piernas bien abiertas y me dijo:

    -Ven aquí.

    Lo hice, llevé mi boca hasta su coño e introduje en él mi lengua, mi madre me había enseñado a hacerlo, pero debía parecer que no sabía, así que hice que me dejaba llevar por sus instrucciones, pero lo que de verdad recordaba eran las enseñanzas de mi madre, le metí la lengua dentro de su coño y procuré lamer cada centímetro de él, ella comenzó a gemir de una manera muy intensa, mientras decía:

    -Para ser tu primera vez lo haces muy bien mi amor vas a volver locas a muchas mujeres.

    Yo seguí chupándoselo hasta que logreé que se corriera, y tragué sus líquidos que me encantaron, poco después ella se fijó en mi polla que estaba durísima, la cogió con su mano y la acaricio, me dijo:

    -Ya es hora de que este pollon tan precioso disfrute de su primer coño, ven aquí mi amor.

    Siguió con su coño bien abierto, me incitó a acercarme y poner mi polla cerca de mi coño, me lo agarró y acaricio, para ponerlo bien duro. Cuando lo hubo logrado abrió bien sus piernas, hasta ponerme una de ellas en mi hombro y me dijo:

    -Mi amor aquí tienes mi coño bien abierto para recibir una polla tan deliciosa como la tuya, métemela.

    Yo estaba impresionado, el asunto es que tenía ganas de meterla y un poco nervioso llevé mi polla hasta la entrada de su coño y la penetré, ella al sentirlo dijo:

    -Muy bien mi amor. Pese a tu inexperiencia lo haces muy bien, como te he dicho antes vas a volver locas a muchas mujeres, quizás, si quieres te presente a alguna amiga, pero no le digas nada a tu madre.

    Por supuesto no le dije que lo iba a hacer, jajaja, seguí moviéndome dentro del coño de Sara, me recordaba al de mi madre, pero en cierta manera era diferente, estuve moviéndome dentro de él, mientras ella gemía, y yo también, ella gemía cada vez más fuerte hasta que se corrió, en ese momento dijo:

    -Eres un buen follador y la tía Sara te enseñara a hacerlo mejor, ya montaras a otras mujeres, y a mí más veces si te apetece. Pero ahora deja que la tía sea quien llevé el ritmo, túmbate en la cama.

    Primero me quité la camisa para quedarme completamente desnudo y luego me tumbé en la cama, y siguiendo sus indicaciones junté bien mis piernas, ella se puso encima de mí y llevó mi polla hasta el interior de su coño y dijo:

    -Deja que la tía Sara te de mucho amor.

    Y comenzó a moverse arriba y abajo, demostrándome que sabía llevar el ritmo adecuado para volver loco de placer a un tío, además tenía sus tetas encima de mí, eran enormes no pude aguantarme las ganas y se las acaricié:

    -¿Te gustan las tetas de la tía?, me preguntó mientras gemía.

    -Si tía, le dije yo.

    -Cariño pues no te cortes acarícialas todo o que te apetezca.

    Estuve un rato acariciándoselas, pero de repente mi imaginación fue hacia su culo, le tenía encima de mí, a pocos centímetros de mi cuerpo, así que soltando sus tetas llevé mis manos hacia los acachetes de su culo y me puse a sobárselos.

    -Que bien lo haces cariño, dijo ella si esta es tu primera vez no quiero ni pensar en cómo lo harás cuando tengas un poco de experiencia, pero entonces ya ni te acordaras de tu tía que te desvirgó.

    No era verdad, ni ella me había desvirgado, ni me iba a olvidar de ella esto último se lo dije:

    -No tía no me olvidare de ti te prometo venir a follarte mientras tú quieras.

    -Eso espero mi amor, dijo ella, o eso o mándame a algún amiguito, me encanta la idea de desvirgar jovencitos.

    Sara no era mi tía, pero el hecho de jugar a que lo fuera se había convertido en una parte de nuestra relación, y la idea de enviarle a algún amigo me daba morbo, así que la dije:

    -De acuerdo tía, pero a condición de que me dejes mirar y me presentes a alguna amiga que folle tanto como tú.

    Sara se dio la vuelta y siguió cabalgándome, ahora tenía la visión de su maravilloso culo, lo cual me resultaba muy morboso, y me respondió:

    -Cariño nadie folla como yo, pero si, te presentare a alguna amiga que este muy salida para que te la folles, pero eso sí no le digas nada a tu madre.

    Yo acepté la oferta, aunque la última parte no la iba a cumplir sí que tenía varios amigos que estarían encantados de que una madura les desvirgara, e incluso estarían dispuestos a pagar por ello.

    Ella me siguió follando hasta que vi que me venía en ese momento se lo dije:

    -Tía me corro.

    -Tranquilo cariño, dijo ella, hazlo dentro de mí, pensar que la leche que entra en mi coño es la primera que manda un joven a ese lugar me da mucho morbo.

    Tras sus palabras no tuve ningún prejuicio en correrme y un auténtico reguero de leche, como pocas veces salía de mi polla, salió derecho hacia el coño de Sara, llenándole con mi semen.

    Ella se salió yo la hice una señal para que se acercara, ella arrimó sus labios a los míos y yo la dije:

    -Muchas gracias, tía me has hecho muy feliz.

    -Mi amor, dijo ella, para mí sí que ha sido maravilloso, cuando una folla con un joven siente rejuvenecer.

    Pero en ese momento volví a pensar en su trasero, ese que acababa de ver moverse mientras me corría y le dije:

    -¿Tía, me darías tu culo?

    -Caramba con el chico tímido, dijo ella riendo.

    -Es que contigo es muy fácil expresarse, le respondí.

    -Bueno pues si el nene quiere inaugurar su polla por los tres agujeros el mismo día ¿Quién soy yo para negárselo?, dijo ella riéndose.

    Y poniéndose a cuatro patas añadió:

    -Aquí me tienes, soy toda tuya.

    La contemplación de su trasero en esa posición tan especial me resultó espectacular, si había pensado en follarme ese culo, su visión en este plano hizo que mi excitación fuera en aumento, decididamente ese culo tan increíble debía de ser mío, ella apoyó sus brazos sobre la cama, hundió su cabeza y dijo:

    -Aquí me tienes cariño

    Aunque anteriormente me había follado el culo de mi madre, la idea de hacerlo con el de Sara me resultaba muy morbosa, me acerqué hasta él, me puse de rodillas, y de un golpe introduje mi polla, que en ese momento se encontraba durísima, dentro del divino agujero de esa diosa.

    Ella al sentir mi polla en su trasero gimió de una manera muy intensa, no había rastro alguno de dolor, al contrario, parecía estar gozando a tope, ella dijo:

    -Que bien lo haces amor, resulta increíble que esta sea tu primara vez.

    En realidad, no lo era, jajaja, pero si pensar que ella me había desvirgado la resultaba agradable, ¿Porque la iba a llevar la contraria?

    Mi polla comenzó a moverse hacia delante y hacia atrás, Sandra tenía un culo muy agradable para follar, así que comencé a moverme, sus gemidos me indicaban que ritmo debía de llevar para que ella disfrutara a tope, llevé, tal y como mi madre me había enseñado a hacer, una de mis manos dentro de su coño y comprobé que estaba muy húmedo, al sacarla, sin dejar de follar su culo, me llevé los dedos a mi boca y el sabor que se desprendía del coño me resultó muy agradable, mientras ella decía:

    -Sigue mi amor, me estas volviendo loca de placer.

    Sus palabras me excitaban, pero yo intentaba contener mi eyaculación, no quería que ese momento terminara. Disminuí un momento el ritmo, para contenerme y luego lo reanudé, esto me permitió resistir un poco más, pero finalmente no pude evitar correrme y mi leche inundo su culo. Cuando me salí, ella dijo:

    -Voy a llamar a mi amigo ya follaremos otro día hoy contigo he tenido bastante.

    Cuando salía de su casa, pensaba en la maravillosa tarde que había pasado y en lo bueno que es que sea tu madre la que te guie en el terreno sexual.

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  • Esposa dominada

    Esposa dominada

    Les voy a contar como descubrí que mi esposa y su amiga Naty frecuentan a un tipo que las domina e induce a que ellas le satisfagan de múltiples maneras.

    Todo sucedió cuando la amiga de mi esposa Rudy empezó a frecuentar un gimnasio situado en el centro de la ciudad de Bogotá. Luego de varios meses Rudy se dedicó a tonificar su cuerpo, dejando notar un vientre totalmente plano, unas caderas prominentes y un par de nalgas grandes y bien definidas, las cuales disfrutamos en intensas noches de placer y sexo que practicábamos en nuestra habitación.

    Sin embargo, luego de que su amiga Naty había ingresado a dicho centro, empecé a notar en las siguientes semanas que mi mujer ya no quería coger todos los días como lo hacíamos normalmente, incluso había semanas que no culeabamos.

    Platicamos esta situación con ella y me decía que se sentía cansada, que el hogar, el trabajo y cualquier pretexto para no hacerlo. Yo tengo un pene prominente y muchas veces andaba desnudo con mis de 18 cm de rabo erecto y ella ni siquiera me hacía caso alguno.

    Una noche, salí a un bar con mis amigos y le encontré a su amiga Naty celebrando el cumpleaños de una compañera de labores. Me acerqué a ella y le pregunté qué sucedía con mi esposa. Al principio no me dijo nada, pero luego empecé a bailar y beber con ella para obtener algo de información, pero no tuve suerte.

    Mientras bailábamos, pude ver sus enormes tetas ricas con los pezones erectos ¡y me puse a mil! empecé a sobarle mi pene erecto en las nalgas y la perra se excitó. Le dije que fuéramos a mi vehículo y ella aceptó. Dentro del carro la desnudé y le hice cabalgar mi verga mientras le comía las tetas hasta que la puta empezó a correrse mientras yo le dejaba toda mi leche adentro de su vagina.

    Después, le pregunté que sucedía con Rudy y me dijo que había un tipo que ella conocía en el gym y se llamaba Jordan, y que él era un cerdo completo.

    Me empezó a contar que Rudy la había presentado en el gym y que le había dicho que folla rico. Yo me asombré pues no tenía conocimiento de nada y me dijo que incluso un día mientras yo me encontraba fuera del país, ella le había llevado a su amante a mi casa, y que habían pasado culeando desde la tarde hacia el día siguiente. Yo le pregunté a Naty que más cosas han sucedido y me dijo que cree que ella se obsesionó con el tipo, ya que le compraba ropa y le daba dinero, así como comidas en restaurantes y mucho más. Yo insistí en que Naty me contara, pero ella no lo hacía, entonces de tanto insistir, Naty me dijo te voy a contar y empezó a narrar.

    Resulta que estábamos con Rudy en el gym y ella estaba con una licra bien ajustada que dejaba ver la raya del trasero y sus nalgas pronunciadas; yo le dije que está muy provocativa y me respondió que a Jordan le gusta así. Un tipo se acercó y ella nos presentó tomándole de la cintura a Rudy y nos dijo que si queremos ir a su departamento a tomar algo luego del gym. Yo al principio me negué pues recién lo conocía, sin embargo, Rudy me pidió que lo hagamos y yo acepté.

    Salimos del gym y llamé a mi esposo para decirle que iba con Rudy a comer algo; entonces nos fuimos al departamento de Jordan que quedaba cerca y al llegar, entramos a un lugar poco aseado con ropa, consoladores, esposas, revistas eróticas, condones usados, etc.; un ambiente sexual extremo y hasta bizarro que me causó intriga. Había una cama destendida allí y Jordan nos dijo que nos pongamos cómodas. Rudy se fue hacia un lado de la habitación y trajo consigo unos artilugios eróticos y me persuadió para que me los coloque.

    Se trataba de un dildo, una bala vibradora y un juego de pinzas. Al principio me quedé esperando que sucedía, pero luego vi que Rudy se desnudó completamente se acostó y colocando lubricante se insertó un plug en su ano. Al verle a mi amiga Rudy colocarse de esa manera me excité luego veo que se acerca Jordan vistiendo sólo una tanga cachetera que resaltaba sus nalgas y su prominente verga. Ni bien se acercó, Jordan se volteó y se puso en cuatro ordenando a Rudy que le chupe el ano.

    Rudy se acercó y empezó a darle lengua a ese cabron mientras le sobaba los testículos. Jordan estaba tan arrecho que le colgaba una verga de 20 cm enorme. Así estuvieron un rato hasta que Jordan le ordenó que le chupe las bolas y la verga… Rudy empezó a darle una tremenda felación hasta que el cabron de Jordan se arrechó y estaba listo para penetrar. Rudy le dijo que por favor le clave, pero él le dijo que no. El cabron se dirigió a mí, me desnudó y luego me ordenó que me ponga en cuatro, con sus manos tomó el otro plug y escupiendo en mi orto lo metió suavemente en mi ojete.

    Después, Jordan le ordenó a Rudy que se coloque un cinturón con arnés que contenía un pene de goma de unos 15 cm más o menos. El cerdo dominante me dijo que me acostara y se subió en mi cuerpo empezando a comerme las tetas. El cerdo lamia, mordisqueaba y estrujaba mis tetas hasta que salía leche de mis pezones.

    Luego arqueando su espalda y sacando su trasero, le dijo a Rudy que lo coja. Rudy escupió el orto de Jordan y empezó a meter el consolador hasta que estuvo bien dilatado y empezó a cabalgarlo de una manera brutal. Este cerdo había corrompido a mi amiga y ella se lo cogía por el ano mientras este me comía las tetas. Después de un rato, ella saco el pene de goma y el cabrón se acostó ordenándome que le cabalgue; así lo hice, me situé encima del pene de ese puto y empecé a cabalgarlo mientras el me comía los senos, hasta que siento que Rudy se acerca por atrás y extrae el dildo que estaba en mi ano.

    La muy puta me escupió el orto e introdujo el dildo en mi ojete mientras tenía ensartada el pene de Jordan en la vagina. Estos dos puercos empezaron a darme duro y yo me corría por todos mis orificios. Culeamos por un buen rato hasta que veo que Rudy empezó a correrse mientras bombeaba mi culo, y también Jordan descargaba todo su esperma en mi chepa. Una vez que terminamos, Jordan me dijo que puedo irme; yo tomé un poco de agua y me vestí, le dije a Rudy que se fuera conmigo, pero Jordan dijo que no, que todavía ella debía quedarse para pagar su cuota de sexo.

    Me despedí de Rudy y bajé hacia mi vehículo pensando en las perversiones sexuales que haría ese puerco de Jordan a mi amiga y eso fue todo. Finalizó el relato y Naty me preguntó si estaba molesto, pero yo estaba impactado y la verdad excitado, Naty me sugirió que trate de que ella no vea más a ese tipo pues parece un desviado sexual extremo…

    Nos despedimos y al llegar a casa en la madrugada veo que Rudy dormía plácidamente… al llegar me saludó y le ordené que se desnudara. Rudy al principio no quería, pero tome mi cinturón y le dije que si no lo hacia la castigaría. Ella accedió y desnudándose me dijo que la coja..; le puse en cuatro patas y pude ver sus nalgas con marcas de chupetones y mordiscos, su ano totalmente dilatado y su vagina chorreando semen. Sin escrúpulos le clavé mi verga y mientras ponía mi pie sobre su cabeza, le dije que lo sabía todo.

    Ella abriéndose las nalgas me dijo que era la esclava sexual de ese cabron y que quería preñarse de Jordan; así también me susurró que si yo aceptaba tendría su vagina, pero que el ojete le pertenecía a Jordan. A mí me molesto mucho y me excitó más, entonces me tomé el pene y le metí en su ano fuertemente mientras ella decía que no. La forcé e inserté mi pene en su ano empezando a bombear duro, y mientras la cabalgaba, me escupí la mano y empecé a sobar su vagina mientras ésta se corría a chorros.

    Después de unos instantes ya no daba más y terminé dejando todo mi leche en su orto. Nos incorporamos y le dije que debíamos ir al médico para buscar un método anticonceptivo para que no quede preñada de ese cerdo, así mismo, le dije que quiero conocer a Jordan y culearme a su esposa. Ella aceptó siempre y cuando le permita culear con ese cabron dos días a la semana y también, que cada quince días, quiere culear con los dos al mismo tiempo. Yo le dije que no tenía inconvenientes siempre y cuando permita también darle verga a su amiguita Naty en los días que vaya a coger con ese tipo.

    Le pregunté a Rudy que, si esto cambiaría nuestra relación y me dijo que no, ya que ella solo quiere placer sexual con Jordan pero que jamás me dejaría. También me dijo que su esposa es una zorra ya que días atrás habían practicado un trio con ella y follaron de una manera muy bizarra. Le dije que quería culearme a la mujer de Jordan, y quedamos en intercambiar lechos el próximo fin de semana en donde ese cabron de Jordan vendrá a mi casa y yo iré a la suya.

    También, insistió nuevamente que quería hacer el amor con los dos al mismo tiempo, le contesté que no había problema, sin embargo, no estoy dispuesto a practicar penetración o algo parecido con ese puto de Jordan. Ella río y me dijo: ¡Lo veremos!

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  • Mi primera corrida con Sonia, mi zorra preferida

    Mi primera corrida con Sonia, mi zorra preferida

    Comienzo este relato diciendo que Sonia es la madre de un sobrino de mi mujer por parte de su hermano. Cuenta en la actualidad con 43 años de edad y físicamente es morena, de estatura normal pero que posee unas maravillosas tetas medianas tirando a grandes que finalizan en unos riquísimos pezones de color marrón oscuro, un culazo extraordinario con unas muy apetecibles cachas, piernazas con muslos encomiables y un adorable coño peludo en el pubis, pero cuidadosamente depilado a la altura de sus deliciosos labios.

    Es, por tanto y además de una extraordinaria mujer, una milf que pone dura cualquier polla que se cruza en su camino -máxime si luce ropa ajustada- con objeto de ser follada con pasión para proporcionarle todo el placer del mundo sin parar.

    Sonia tiene pareja desde hace algo más de 12 años aunque residen en ciudades diferentes y se encuentran tan solo los fines de semana pero, aun así, desde que nos conocimos personalmente la compenetración entre ambos es total en todos los sentidos y una buena muestra de ello es que a diario hablamos telefónicamente durante largo tiempo y nos escribimos vía WhatsApp numerosas veces, enviándonos mutuamente fotografías íntimas -yo a ella de mi polla erecta y mis corridas y ella a mí en lencería ya que sabe que adoro las medias sexys y los ligueros.

    Lo que ha propiciado que mi deseo por ella haya sido siempre enorme y desde el primer instante en que la vi sintiese irresistibles ganas de follármela, lo que ella sabe sobremanera desde el principio puesto que nuestras conversaciones diarias giran en torno a todo lo imaginable e inimaginable y que no le ha disgustado jamás en absoluto sino todo lo contrario a pesar de esa barrera que a ambos nos separa para pasar mucho más tiempo juntos y que no es otra que su pareja ya que por mi parte y la de mi mujer.

    Conocedora también de mis deseos desde el inicio, jamás existió problema alguno, habiendo sido muchas las pajas que yo me he realizado pensando en ella y las majestuosas corridas que le he brindado, lo que ella sabe muy bien ya que yo se lo he confesado en numerosas ocasiones en el transcurso de nuestras conversaciones y que le agrada sobremanera animándome inclusive en muchos momentos a que lo haga ya que el saber que yo la tengo presente la pone muy caliente y cachonda.

    Un buen día de hace varios años Sonia y yo estuvimos hablando por teléfono a media mañana durante largo tiempo, algo más de dos horas, y mientras ella se encontraba trabajando en labores domésticas en uno de los domicilios en los que presta su servicios, como no podía ser de otra manera el sexo fue uno de nuestros temas de conversación de forma distendida lo que hizo que ambos experimentásemos una excitación desmedida máxime cuando yo le conté alguna de mis fantasías con ella y le reiteré mis enormes deseos de follarla algún día.

    Confesándome que se sentía muy mojada y con muchísimas ganas de correrse, invitándola yo a que se pajease con su vibrador una vez se relajase en su casa tras la comida y pensando en todo lo que habíamos hablado a lo que me respondió que tenía otra idea mejor y que ya me la contaría a lo largo del día.

    A media tarde yo me encontraba solo en casa porque Nuria, mi mujer, había salido con una amiga y su hija y volvería tarde cuando sonó mi móvil, al ir a cogerlo vi que era Sonia y un gusanillo recorrió todo mi estómago. Contesté a la llamada y pude escucharla con una voz más sensual de lo normal. Ella sabía que yo estaba solo en casa y me propuso quedar hora y media después para recogerme en un lugar próximo a nuestros domicilios -vivíamos muy cerca- e ir a tomar algo cuando finalizase unas gestiones que tenía que realizar en la calle, a lo que accedí sin problema alguno encantado y sin pensármelo dos veces.

    A la hora convenida me personé en el lugar donde habíamos quedado para encontrarnos y con puntualidad meridiana se presentó Sonia en su coche a recogerme. Tras saludarnos cos con dos besos muy “calientes” en las mejillas nos dirigimos a tomar algo a una cafetería cercana, en el transcurso del recorrido me quedé mirándola de arriba a abajo apreciando lo atractiva y sexy que se había puesto para la ocasión, con un jersey de espuma, morado y de cuello alto, que le marcaba un espléndido par de tetas, una minifalda negra, medias del mismo color y tacones rojos.

    Lo que provocó una erección de mi polla a la que ella no fue ajena respondiendo tan solo con una muy pícara y cachonda sonrisa diciéndome “¡Cari, tu polla parece que está despertando!”, a lo que le contesté “¡Mi polla te desea hace mucho tiempo y despierta siempre para ti!”, quedándome muy sorprendido cuando, sin mediar palabra, llevó su mano derecha hacia ella para acariciarla de arriba a abajo por encima del pantalón mientras que mordía su labio inferior fruto del deseo y me confesaba que también se sentía muy cachonda.

    Con un calentón tremendo por parte de ambos llegamos a una cafetería y nos dispusimos a tomar algo en un ambiente distendido pero muy subido de tono teniendo el sexo como principal tema de conversación y sin dejar de mostrarnos mutuamente nuestro deseo por desfogarnos juntos.

    Después de más de una hora volvimos a montar en su coche y, cuando creía que volvíamos a casa, Sonia enfiló por la carretera desconociendo yo tanto el lugar hacia donde nos dirigíamos, así como sus intenciones. No le pregunté nada y, tras salir de la ciudad, continuó varios kilómetros por carretera hasta que se desvió para tomar un camino que conduce a un embalse, en plena naturaleza, comenzando yo a hacer distintas elucubraciones e imaginándome lo que ocurriría poco tiempo más tarde aunque también sin preguntas por mi parte.

    Tras llegar al lugar en cuestión y totalmente excitado nos bajamos del coche y yo me dispuse a fumarme un cigarrillo acompañándome Sonia, que no es fumadora. Me apoyé en el vehículo y ella se situó justamente a mi lado pudiendo sentir su aliento y disfrutando de su olor corporal y de su envolvente perfume, comenzamos a charlar y la conversación iba subiendo de tono.

    En un momento de nuestro diálogo Sonia me cogió de la mano, la atraje hacia mí e introduciendo mi otra mano entre su pelo comenzamos a morrearnos y a besarnos con una pasión desmedida, recorriendo su cuello con mis labios mientras ella me susurraba al oído “¡Ya me tienes en tus brazos como querías, cabrón! Aquí estoy, ¡goza conmigo como tanto has deseado!”, a lo que le respondí “¡Sí, zorra mía, claro que voy a gozar contigo y te voy hacer gozar a ti! ¡Estás buenísima y te deseo con locura desde que te conocí!”.

    Sus palabras me excitaban aún más y comencé a acariciar sus fabulosas tetas por encima del jersey de espuma que llevaba arrancándole gemidos y jadeos de placer. Soltamos nuestras manos y comencé a acariciarle su extraordinario culazo. Abrazados, con la que me quedaba libre, me dirigí a su entrepierna levantando su bonita minifalda y sorprendiéndome muy gratamente cuando comprobé que bajo ella lucía unas maravillosas medias sexys con liguero que incrementaron aún más mi calentura.

    Comencé a acariciar su coño por encima del excitante tanga que portaba primero y por dentro después, un coño majestuoso, peludo en el pubis y depilado a la altura de los labios vaginales, que estaba totalmente húmedo por la excitación contenida por lo que no me costó ni un ápice introducirle mis dedos en su gran raja, estremeciéndose ella de placer mientras me pedía entre gemidos que no parase porque deseaba correrse con locura, algo que me puso aún más cachondo de lo que ya estaba.

    Totalmente excitado fui aumentando el ritmo y conseguí provocarle un orgasmo brutal mientras le decía “¡Sonia, jodida puta, vaya pedazo de coño que tienes, cómo me gusta amor mío, me encanta!”, respondiendo ella “¡Es todo tuyo, cabrón! Cómo me lo tienes de caliente a todas horas. Goza con él, cariño, ¡goza y disfrútalo!”.

    Mi excitación crecía a pasos agigantados y Sonia lo sabía por lo que procedió a desabrocharme el pantalón y comenzó a acariciar mi polla durísima y tiesa mientras me decía “¡Jodeeer, qué polla tienes, cabronazo, cómo me gusta. Las veces que me he pajeado con mi consolador y me he corrido de gusto mientras miraba las fotos que me has enviado y pensaba en ella. ¡Es inmensa y la quiero para mí!”.

    Seguidamente metió su mano bajo mi bóxer y comenzó a masajearla hasta que me pidió que yo siguiese de pie, bajándome el pantalón de todo y poniéndose de rodillas ante mí para comenzar a brindarme una espeluznante mamada que me llevó al éxtasis de placer. Fue maravilloso ver cómo la mamaba y se recreaba en mi capullo hinchado mientras me pedía que le diese toda mi leche en su boca.

    La mujer por la que tanto suspiraba desde hacía mucho tiempo me estaba dando un placer inimaginable. Por fin había conseguido hacer realidad mi sueño y allí la tenía a ella, arrodillada ante mí y chupándome la verga con una maestría insuperable.

    Tras varios minutos chupándomela de vicio le pedí que parase y nos metiésemos en los asientos traseros del coche. La recosté hacia atrás, le quité la minifalda y el tanga y le pedí que se abriese de piernas lo que hizo sin mediar palabra mostrándome su majestuoso coño en todo su esplendor e invitándome a comérselo para obtener un nuevo orgasmo.

    Encajé mi cabeza entre sus riquísimas piernas y mientras ella me la sujetaba comencé a deleitarme pasándole mi lengua por su riquísima almeja de arriba a abajo y deteniéndome en el clítoris, lo que la hizo estremecerse de puro placer mientras me decía totalmente fuera de sí “¡Sigue, amor mío, sigue! Qué bien me comes el coño, hijo de puta, cómo me gusta. Dame placer, cabrón, todo el placer del mundo. No pares, no pares, te lo ruego. Todo mi coño para ti como querías, aquí lo tienes, ¡todo tuyo!”.

    Tal era el placer que estaba recibiendo que segundos más tarde gritó “¡Me corro, me corro amor mío, me corrooo! Ah, ahh, ahhh. ¡Qué ricooo, no pares por Diooos, no pares!”, derramando una gran corrida en mi boca que degusté como el más exquisito de los manjares.

    Seguidamente se incorporó y la abracé con un solo brazo mientras que con la otra mano procedí a acariciar sus maravillosas tetas y a besar y chupar recreándome sus exquisitos pezones oscuros, lo que de nuevo la excitó sobremanera por lo que llevé mi mano a su coño y comencé a pajearla nuevamente mientras nos morreábamos con pasión hasta que conseguí provocarle otro inmenso orgasmo que la hizo gozar como lo extraordinaria puta y zorra que es.

    Tras su deliciosa corrida le dije a Sonia que no podía más y deseaba follarla con todas mis fuerzas algo a lo que no accedió diciéndome “Cariño, sabes que tengo pareja y a eso por el momento no quiero llegar pero todo a su tiempo, no creo que tarde mucho en decidirme”, añadiendo “Tú goza ahora con la nueva y buena mamada que te voy a realizar y dame tu leche en mi boca, que lo deseo con locura”.

    Sin más se acomodó en el espacio del que disponíamos, cogió mi polla y comenzó a pajearme suavemente y a chuparla sin descanso mientras me decía “¡No te preocupes, mi vida, muy pronto podrás meter tu magnífica polla dentro de mi coño y de mi culo, yo también estoy deseosa de sentirla muy dentro de mí, pero por ahora disfruta del momento y goza conmigo de esta forma!”.

    Yo asentí, recosté la cabeza hacia atrás y con los ojos cerrados me dispuse a disfrutar de la maravillosa mamada que Sonia me estaba proporcionando, comiéndose mis huevos y chupando mi polla de arriba a abajo mientras me decía “¡Que rabo tienes, cariño mío, cómo me gusta, lo deseo con locura, me vuelve loca!” y añadiendo “¡Córrete, hijo de puta, dale tu leche a tu zorra caliente! ¡Córrete, córrete mi amor!”.

    Tras varios largos minutos gozando ya no pude aguantar más y avisé a Sonia de mi corrida exclamando entre gemidos de auténtico gustazo “¡Me corro, mi puta! Sigue, sigue… Toma mi leche, tómala, toda para tí, gran puta. ¡Ah, ah, ahhh!”, comenzando a derramar en su cara y en su boca gran cantidad de leche que ella degustó con exquisitez y tragó en su totalidad mientras se relamía sin parar.

    Continuó chupando mi polla hasta dejarla reluciente y limpia por completo y finalizamos con un apasionante morreo que volvió a calentarnos sobremanera, totalmente satisfechos procedimos a vestirnos para volver a casa aunque ambos mostramos muchas ganas de continuar gozando uno del otro pero convinimos en guardarlas para otro encuentro que no tardaría en llegar.

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