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  • El chico, mi marido y yo

    El chico, mi marido y yo

    Como mis anteriores relatos, este sucedió hace varias décadas, una de las ventajas de tener un marido que ha aceptado su condición de cornudo sumiso es que, con toda tranquilidad, solo limitada porque fuera de casa no se sepa lo que sucede dentro, es que puedes llevar a tu hogar a los amates ocasionales, aunque tu marido esté allí.

    En esa ocasión había salido en busca de un joven para follar, me había puesto un vestido azul a media pierna, y me encontré con un chico de apenas veinte años, debía de ser deportista, por su musculatura, supongo que él tenía ganas de echar un polvo así que no me costó nada llevarle a mi casa.

    Una vez en mi casa, como una loba, me lancé a por él, primero le quité la camisa, dejando su pecho al aire, era un pecho sin una gota de grasa, bien trabajado tipo gimnasio, y después me arrodillé ante él, cosa muy propia ante un dios griego, baje sus pantalones y su short, dejando al descubierto una polla de un buen tamaño, me disponía a hacerle una buena mamada, cuando oímos como sonaba la puerta de mi casa, el chico se asustó, yo sabía que solo podía ser mi marido, y efectivamente así era, cuando entró donde estábamos yo, con voz potente dije:

    -Hola cornudo, no te esperaba tan pronto, luego añadí aquí estoy con este jovencito tan buenorro, ni punto de comparación con un viejo decrepito como tú, y para que este chico lo pueda comprobar, venga desnúdate.

    Mi marido, como no podía ser de otra forma obedeció, se quitó la ropa hasta quedarse completamente desnudo y entonces yo dije, dirigiéndome al chico;

    -Compara mi amor tu cuerpo joven y musculoso, con el cuerpo viejo decrepito y panzón de este cornudo, ¿Cómo una mujer como yo, teniendo esto en casa, no va a salir a la búsqueda de un dios como tú? Fíjate la diferencia de tu polla propia de un dios griego a la cosa pequeña y arrugada de él. Bien sigamos.

    Nos sentamos en el sofá besándonos mientras mi marido miraba, hasta que yo dije:

    -Perro, ven aquí.

    Mi marido sabía que cuando yo decía eso él debía de ponerse a cuatro patas e ir a donde yo estuviera y eso hizo, cuando llegó a las cercanías del sofá, le ordené ponerse de lado mientras yo seguía masturbando al chico y su divina polla, yo seguía vestida, y llevaba unos zapatos negros con un cierto tacón que puse sobre la espalda del perro, mientras con mi mano seguía masturbando la polla de mi dios, hasta que noté como la polla del chico estaba durísima, entonces le dije:

    -Deja que este perro te rinda culto.

    Nos levantamos y fuimos donde estaba mi marido, yo me puse detrás de él con mis piernas a cada lado de su cuerpo y le dije:

    -Venga cornudo maricón, chupa la polla de este chico tan guapo que ha venido a vernos.

    No sé si el chico se dio cuenta de mis intenciones, o actuaba guiado por su instinto, el caso es que se puso delante de mi marido dejando su polla al alcance de la boca de este, yo dije a mi marido:

    -Venga chupasela.

    Mi perrito muy obediente abrió su boca y se tragó la polla del chico, mientras yo le decía:

    -Venga perrito que nuestro dios vea que al menos la chupas bien, que no piense que además de feo viejo y maricon eres un vago.

    Y mientras le decía esto mes senté encima de él, como si el fuera un caballo, o un burro jajaja, y yo su jinete. Mientras le decía:

    -Venga maricón complace a nuestro invitado:

    Yo creo que mi marido desde que yo le obligaba a chupar pollas le, iba cogiendo gusto al asunto y se la mamaba al chico con ganas, mientras yo cabalgándole rozaba mi coño, aunque con un tanga de por medio, contra su espalda, era algo que me gustaba, estuvimos así hasta que Héctor, que así se llamaba el chico, se corrió y toda su leche fue a parar a la boca de mi marido, que sabiendo lo que le había ocurrido otras veces en que se le había escapado, se tragó toda la leche del chico.

    En ese momento yo le dije:

    -¿Has disfrutado mariquita?, me alegro por ti, pero ahora me toca a mí, quiero que me desnudes para que este dios vea todo mi cuerpo y me folle, todo lo que le apetezca y por donde le apetezca, cosa que tú nunca podrás hacer, pero debes de empezar por desnudarme.

    Mi marido, muy obediente me desabrochó la cremallera de mi vestido y me lo quitó con delicadeza, yo me quedé con un conjunto de lencería rojo, que él también se encargo de quitarme lo primero el sujetador, mis tetas quedaron a la vista, noté como el chico me miraba con ganas, mientras el chico se había sentado en el sofá y se masturbaba para que su polla, por último, mi marido me quitó las bragas, de esta manera los quedamos los tres desnudos, en ese momento yo le dije a mi marido:

    -¿Sabes cornudo?, me apetece tener cierta intimidad con este chico.

    Y le ordené ponerse mi sujetador sobre sus ojos y colocárselo de tal manera que sus ojos no pudieran ver lo que pasaba, aunque el resto de sus sentidos si iba a estar presentas, una vez que el obedeció le hice sentarse en el sofá al lado, y yo me puse encima del chico y me fui sentando sobre él de manera que su polla quedara debajo de mi coño, y me fui agachando poco a poco, hasta que nuestros sexos entraron en contacto.

    Sentir la polla de ese joven dios dentro de mi coño me resultó extremadamente placentero, se notaba que era una polla joven y vigorosa, entrar y salid de ella me estaba resultando muy placentero, supe que iba a probar muchísimas pollas de jovencitos hasta que mi coño no pudiera más, mientras mi marido estaba escuchando y oliendo lo que hacíamos, pero yo quería que tactara, así que cogí una de sus manos con la mía y la conduje hacia una de mis tetas, el entendió perfectamente mis deseos y comenzó a acariciármela. Mientras y seguía cabalgando la polla del chico, la sensación era muy agradable. Mientras yo le decía a mi marido:

    -Venga cornudo ya que no sabes follar al menos intenta hacerlo bien acariciándome las tetas, quizás no tengas otra oportunidad de hacerlo en mucho tiempo.

    Mientras yo estaba al borde del orgasmo y me corrí sobre la polla del chico, pero no estaba dispuesta a de salirme sin haber logrado que el se corriera, así que seguí cabalgando sobre su polla, el chico verdaderamente tenía una polla deliciosa, entrar y salir, pero yo notaba como cada vez estaba más excitado y uve claro que estaba al borde de correrse, cuando lo hizo llenó mi coño con su leche.

    En ese instante decidí quitarle mi sujetador a mi marido de sus ojos, cuando los abrió yo puse mi coño cerca de ellos y le dije:

    -Mira cómo me ha puesto de leche nuestro dios griego, y tú, que no eres capaz de ponérmelo así me lo vas a limpiar, túmbate sobre la cama.

    Mi marido lo hizo y yo le puse mi coño sobre su boca, el comenzó a lamérmelo para dejármelo limpio, en ese momento yo llamé al chico para que se acercara y le dije:

    -¿Qué le ocurre a esta cosa tan rica?

    Me refería a su polla que tras nuestro polvo estaba arrugada, y cogiéndola con mis manos comencé a acariciarla, lo que la hizo reaccionar, pero yo no tenía suficiente con ello y me la metí en la boca, el chico se puso a gemir y dijo:

    -Que bien la chupas.

    Mi boca es tuya cuando quieras, dije yo, ya ves que no hay problema, añadí señalando a mi marido, que continuaba limpiando mi coño.

    Y en esta postura estuvimos un tiempo, hasta que noté que mi coño se encontraba completamente limpio y entonces dije a mi marido:

    -Nuestro invitado necesita que nos ocupemos de él.

    Le dije al chico que se sentara en el sofá, y yo me arrodillé ante él y ordené a mi marido hacer lo mismo, en ese momento le dije a mi marido:

    -¿Ves lo que es una buena polla, y no lo que tienes tu? Ahora me vas a ayudar a ponérsela en forma quiero volver a follar con él y aumentar un poco más tus cuernos.

    Mi marido comprendió su misión y puso su lengua sobre los testículos del chico y comenzó a lamérselos, cuando esto ocurrió yo le dije:

    -Venga cornudo, deja que nuestro invitado vea lo maricón que eres, chúpasela.

    Como mi cornudo había aprendido el concepto de obediencia siguió chupando la polla de nuestro invitado mientras yo hacía lo mismo, y logramos que la polla del chico se volviera a poner en forma, cuando el chico sintió que se polla estaba a tope me miro y me dijo:

    -Me encantaría metértela por el culo.

    La idea me encantaba, así que le dije a mi marido:

    -Cornudo ponte cómodo, va a ver lo que es capaz de hacer un hombre de verdad.

    Mi marido se tumbó sobre la cama, yo me puse a cuatro patas sobre esta de manera que mi culo quedaba al borde de la cama, y mi marido pudiera ver cómo me la metían desde atrás, mientras el chico se levantó de la cama, su polla seguía dura como el acero, acercó su polla a mi culo de un golpe me la metió. Yo sentí una sensación increíble y solté un fuerte gemido, le pedía que continuara enculandome mientras yo le decía a mi marido:

    -Fíjate cornudo como folla un macho de verdad y no un poco cosa como tú, por eso a él le entrego mi culo, mientras a ti solamente te meto un pepino en él.

    El chico sin dejar de follarme, preguntó:

    -¿Le metes un pepino en el culo?, jajaja

    -Por supuesto, respondí yo, de vez en cuando me gusta que compruebe lo maricón que es.

    Estuvimos así durante un rato hasta que el chico dijo:

    -Quiero hacer algo que nunca he hecho en mi vida, pero no te pienses por eso que soy gay.

    -Amor, dije yo, aquí tu eres nuestro invitado y nuestro dios, todo lo que te apetezca se hará y nadie juzgará tus deseos.

    -Quiero metérsela a tu marido por el culo, contestó él.

    La idea me hizo gracia y me reí, y tras pensarlo un momento, me pareció que la idea tenía su morbo, así que le respondí:

    -Si ese es tu deseo mi amor, y dirigiéndome a mi marido añadí, ¿Oyes cornudo? Parece que nuestro dios quiere hacerte un regalo.

    Después sugerí al chico que se tumbara de medio lado en el sofá y a mi marido ponerse en la misma postura delante de él, en esta postura el chico encamino su polla hacia el agujero de mi marido y de un golpe le introdujo en su interior, y comenzó a gemir, mi marido, aunque estaba acostumbrado a que yo le metiera por ahí toda clase de objetos dio un grito de dolor, que poco a poco se fue calmando para transformarse también en gemidos cada vez más intensos. Yo me senté a su lado y le dije:

    -¿Verdad que te gusta cornudo?; Tu culo este teniendo la suerte de que un joven y bello dios haya deseado poseerle, así que disfruta de este honor, aunque te duela.

    Pero la escena me estaba poniendo muy caliente, así que dirigiéndome al chico le pedí:

    -Mi dios me gustaría rogarte una cosa, quiero que este cornudo maricón, mientras recibe tu polla en su asqueroso culo, me dé algo de placer a mí.

    -Cariño como tú quieras, dijo el chico y dirigiéndose a mi marido le ordenó, oye cornudo haz lo que te pida tu mujer.

    Mi marido me miró con cara de interrogación, la misma que se había acostumbrado a poner en nuestras sesiones de sumisión, y esperó mi orden, yo comprendiéndole le dije:

    -Cornudo, chúpame una teta.

    Mi marido alargó su cabeza hasta donde estaba mis tetas y abriendo su boca se introdujo uno de sus pezones dentro de su boca y como un niño comenzó a chupármele:

    -Hazlo con más fuerza, inútil le grité.

    No sabía que me producía más placer si sus labios sobre mi teta o el poder insultarlo y humillarlo delante de otra persona. El seguía chupándome las tetas, y aunque delante de él nunca lo reconocería me estaba produciendo un gran placer, al cabo del rato decidí que me apetecía algo más fuerte y le ordené:

    -Cornudo, quiero que metas dos de tus asquerosos dedos en el interior de mi coño, ver como nuestro joven dios te rompe el culo me está dando mucho placer, y quiero que lo sientas en tus manos.

    Ni que decir tiene que él obedeció, cuando lo hizo yo le dije:

    -¿Ves cornudo lo caliente que esta mi coño viendo como nuestro dios griego te da por el culo? Para ti esto es un honor que no debes de olvidar nunca.

    Mientras mi marido y yo sosteníamos esa conversación, el chico seguía dándole por el culo a mi marido, que pese a lo humillante de la situación se le notaba disfrutando, y el chico también, una vez más me estaba dando cuenta de lo absurdo de los prejuicios hetero u homo, ¿Qué más daba? Lo importante era que los tres lo estábamos pasando muy bien.

    De esta manera estuvimos un buen rato hasta que el chico no pudo más al sentir que se venía me preguntó donde quería yo que se corriera, a lo que yo le respondí:

    -En el culo de mi cornudo, por supuesto, cariño.

    El chico haciendo lo que yo le decía continuó enculando a mi marido hasta que no pudo más y tras un gemido muy intenso se corrió dentro del culo de mi marido.

    En ese momento yo ordené a mi marido salirse, era necesario hacerle una buena limpieza en la polla del chico, así que ordené a mi cornudo que le acompañara al baño y que allí, como correspondía a su condición de sumiso se encargara de la limpieza de su cuerpo, muy especialmente de su polla, ya que tenía que seguir metiéndomela, por mis agujeros. De esta manera los dos salieron del salón rumbo al cuarto de baño.

    Me quedé sola en el salón, y en ese momento me di cuenta de que el culo de mi marido había soltado parte de la leche del chico por el suelo, cuando los dos volvieron, acerqué mi cara a la polla del chico, olía a perfumada, parecía que mi marido había hecho un buen trabajo, así que decidí premiarle con una nueva humillación y dándole una bofetada le dije:

    -Cornudo mira como has puesto el suelo con la leche que se ha salido de tu culo. Límpialo ahora mismo con tu lengua.

    Mi marido muy obediente se puso a cuatro patas, sacó su lengua y con ella limpio las gotas de semen que se habían derramado por el suelo y el sofá cuando lo hubo hecho le dije:

    -Muy bien cornudo como premio vas a oír como este dios griego me folla salvajemente.

    Le pedí que, a cuatro patas, dada su condición de perro me acompañara hasta nuestro dormitorio, y allí le hice permanecer así, luego a continuación me fui a la cocina, donde guardaba un trozo de cuerda para tender la ropa, le ordené a mi marido ponerse de rodillas y le até las manos a su espalda, y luego le dije:

    -Disfruta de lo que vas a oír

    Y a continuación me encaminé al salón donde el chico me esperaba, su polla se había recuperado, le pedí que se pusiera de pie y se la volvía a oler, no cabía duda de que estaba muy limpia, lo suficiente para inspirarme confianza, así que introduje esa polla en mi boca y comencé a mamársela, fue el principio de una tarde increíble, donde, ignorando la presencia de mi marido, el chico y yo disfrutamos a tope.

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  • Yo, Clara, amando sumisamente a Gunilda, el amor de mi vida

    Yo, Clara, amando sumisamente a Gunilda, el amor de mi vida

    Todo lo que deseo y fantaseo con Gunilda, la mujer madura de la que llevo meses locamente enamorada. Lo más morboso de todo es que ella en la vida real es hetero y yo soy bisexual y muy femenina, más que ella (no es ni masculina ni tampoco muy femenina), y en mis fantasías yo soy su dama sumisa y bisexual y ella mi gladiadora dominante, capaz de amar mi cuerpo como lo haría un hombre y más lesbiana que las lesbianas.

    Así es:

    Era una tarde cálida en una ciudad del sur de Catalunya, con el sol poniente proyectando una luz dorada a través de la ventana abierta del pequeño apartamento con unas espectaculares vistas al mar y al acueducto y el circo romanos donde nos habíamos refugiado después de un día explorando la ciudad. Yo, con mi menudo cuerpo (1,59 m, delgada, femenina), mi blanca y delicada piel y mi cabello lacio castaño recogido con una coleta, estaba sentada en el suelo, con mi vestido estampado favorito y mis manos delicadas con dedos de pianista descansando nerviosamente sobre las rodillas.

    Delante de mí, ella —mi amada, Gunilda— se sentaba en una silla, su figura robusta e imponente (gordita, mide cerca de 1,90 m, todo un armario ropero) llenando el espacio con aquella esencia dominante 50/50 (ni muy masculina ni muy femenina) que tanto me encanta. Su majestuoso cabello largo y castaño con flequillo recto le caía por encima de los hombros, no llevaba puesto nada más ni nada menos que un top y un culote deportivos de licra negra, intuyendo un prominente bulto por debajo del culotte. Además, sus botas altas negras de cuero, con plataforma y tacón grueso reposaban firmes sobre el suelo, marcando su presencia dominante.

    Me miró con esos ojos profundos detrás de sus gafas de cristales grandes y montura negra, una sonrisa tierna jugando en sus delgados labios, y levantó una pierna con gracia, ofreciéndome la bota como un regalo silencioso. «Ven aquí, pequeña mía», dijo con esa voz profunda, cálida y sensual, y yo, con el corazón latiéndome con fuerza, me acerqué, arrodillándome ante él. Mis manos temblaron ligeramente cuando acerqué los labios a la piel brillante de la bota, besándola con reverencia.

    El tacto del cuero, la plataforma y el tacón grueso era frío y suave bajo mis labios, y dejé que mi lengua paseara con delicadeza, un gesto de adoración que me hacía sentir pequeña pero conectada con ella. Minutos después, ya estaba besando y lamiendo las dos botas. Ella me observó, con una mezcla de ternura y placer en los ojos mientras con los grandes dedos de su manaza acariciaban mi cabello y movía los dedazos de su otra mano dentro de la bota, como si disfrutase de mi gesto.

    En un momento dado, vi como se levantaba un poco del sillón y sus dedazos se deslizaban sensualmente por su culote, haciéndolo bajar lentamente por sus poderosas piernas, hasta llegar a sus pies, a sus botas. Sentía más y más calor y humedad dentro de mí. Mi olfato, mis labios y mi lengua empezaban a deleitarse con el dulce néctar de su amor por mí al mismo tiempo que con sus sexys botas. Sentía más y más calor y humedad dentro de mí, hasta el punto de sentir un irrefrenable instinto de estimular mis sensibles y duros pezones por encima y hasta por debajo de mi vestido turquesa y mi sujetador.

    Entonces, ella me sonrió con dulzura y picardía, tomándome de la barbilla con dos de sus dedazos y acercando mi rostro al suyo así como nuestras mandíbulas, la mía tan delicada y la suya tan tosca. Mis carnosos labios se encontraron con los suyos y nos besamos. Seguidamente, tomé con mis manitas sus dos manazas y empecé a lamerlas una por una, introduciendo con gran avidez sus dedazos en mi boca, abarcándolos hasta la entrada de mi garganta.

    Transcurridos unos minutos, la abracé y mi boca descendía por cada milímetro de su blanca y dulce piel: su cuello, sus anchos hombros, sus grandes tetas por encima y por debajo del top, lamiendo con avidez sus estremecidas areolas así como sus carnosos pezones y colocándole de nuevo la prenda.

    Seguidamente, por la blanca piel de su fuerte y gordita barriga, hasta llegar donde más deseo. ¿Qué es lo que me encuentro? Un primer plano de su intimidad, de su humedísima rosa del amor sin ningún rastro de vello, cuyo dulce aroma se filtraba por mis fosas nasales, así como de su grande clítoris bien enrojecido y en tensión. Al mismo tiempo, me encuentro con que lleva un arnés bien fijo a su grande cintura con un aparato en forma fálica y no precisamente pequeño, de ahí el prominente bulto por debajo del culote.

    Entonces, mis carnosos labios y mi lengua succionan su grande y precioso clítoris acompañado de su dulce néctar y al mismo tiempo hacen una ardiente felación al aparato, al principio lentamente y con cuidado y después con más avidez y gula, haciendo que mis carnosos labios y mi boca abarquen todo lo posible, como con sus dedazos hasta la entrada de mi garganta, sin llegar a ahogarme. Todo con una pasión desenfrenada. «Así, mi pequeña, mi princesa, así, muy bien», me dice excitada acariciándome el cabello y las mejillas, mientras lleno su cuerpo de amor.

    Sus gemidos eran una sensual melodía que inundaba toda la estancia e hice que su cuerpo terminara fundiéndose en intensos orgasmos.

    Después de un momento eterno, se subió de nuevo el culotte y se inclinó hacia delante, su pelo largo rozándome sensualmente la cara mientras desataba lentamente la bota con movimientos deliberados. La sacó con una suavidad calculada, dejándola caer al lado con un sonido sordo, y entonces liberó a la otra, quitándolas una a una delante de mi cara.

    El olor a cuero se mezclaba con el aroma natural de sus pies, que habían estado encerrados dentro de esas botas todo el día, y yo sentí un calor creciente dentro de mí. Sus preciosos pies, bien robustos y grandes para pertenecer a una mujer, aparecían delante de mí, con una piel ligeramente enrojecida y una capa de sudor que sólo añadía una capa de autenticidad al momento.

    Con un susurro suave, ella me dijo: «Tócalos si quieres», y yo, con las manos temblorosas, me acerqué más. Mis labios encontraron la piel cálida de su pie, besándolo con devoción, probando la sal del sudor con una mezcla de admiración y sumisión que me hacía sentir viva. Dejé que mi lengua pasara suavemente, trazando los contornos de sus dedos grandes y la planta ancha, sintiendo cómo ella se relajaba bajo mi toque. Sus pies eran fuertes, como ella, pero existía una vulnerabilidad en su respiración entrecortada que me hacía sentir conectada con su esencia más íntima.

    Ella sonrió, levantándome la barbilla con sus largos y gruesos dedos, y me miró con una ternura que me hizo temblar. «Eres un tesoro», susurró, y me atrajo hacia ella, abrazándome contra su cuerpo robusto mientras sus pies descansaban junto a mí. Ella sentada en el sillón y yo agachada ante su poderosa presencia. Me sentí pequeña y protegida, con el caliente sabor de sus pies todavía en mis labios, y supe que ese momento lleno de devoción, sumisión y amor era una pura expresión del vínculo que siempre había soñado.

    Entonces, se levantó del sillón, me abrazó con sus brazos robustos rodeándome y me besó con una pasión que me hizo temblar.

    Nuestras manos exploraron nuestros cuerpos: mis manos delicadas acariciando su piel cálida y llena, su cintura y su gordita barriga desnudas, sus caderas y sus nalgas por encima y por debajo del culotte deportivo de licra negra; ella acariciando mi cuerpo entero por debajo de mi vestido con una ternura que contrastaba con su fuerza, hasta sentir como baja la cremallera así como mi vestido hasta dejarme sin nada más ni nada menos que mi elegante y sensual conjunto de lencería negra de seda y seguidamente adentrando más y más sus manazas en mis nalgas por debajo del vestido y de mis braguitas de seda negra.

    En medio de nuestro fuerte abrazo, puedo sentir demasiado el tacto del aparato (no precisamente pequeño) atado en forma de arnés que lleva puesto por debajo del culotte.

    Transcurridos unos minutos, nos abandonamos una a otra, nuestros cuerpos fusionándose en un baile de amor y deseo.

    Entonces, con un movimiento seguro y decidido, se bajó el culotte y su presencia dominante llenando el espacio mientras me empieza a penetrar con una suavidad que me hacía sentir protegida y amada Lo hicimos en todas las posiciones posibles, las dos agachadas estando ella encima de mí quitándome el sujetador y amasando mis tetas con sus manazas, tomándome en brazos y apoyando mi espalda contra la pared, yo delante y ella detrás estando las dos derechas y apoyándonos a la pared estando sus robustas manazas encima de mis delicadas manitas, estando ambas abrazadas y yo sentada en su falda, etc.

    A cada acometida suya, sentía más y más una mezcla entre fuerza e intensidad y suavidad, cariño y amor. Mientras tanto, me susurra de manera reiterada que me ama y siempre me amará y me protegerá, que soy increíblemente hermosa, que estoy tremendamente buena y que ella, como mujer, también es capaz de hacerme sentir mujer y de poseerme tal y como lo haría un hombre.

    Cada movimiento era una expresión de nuestro vínculo, un equilibrio perfecto entre mi sumisión y su ternura, y yo me rendía a ella con gemidos que eran tanto de placer como de adoración. Ambas nos deshicimos en profundos besos, gemidos y orgasmos, yo por su penetración y ella por como el aparato estimulaba su grande clítoris.

    Cuando todo terminó, nos quedamos abrazadas, mis labios todavía con el gusto de sus ardientes fluidos, del cuero y de sus pies, sus brazos rodeándome como un escudo. «Eres mi tesoro», susurró, besándome la frente, y yo, con las lágrimas de emoción en los ojos, supe que ese amor lleno de devoción, fuerza e intimidad era todo lo que siempre había soñado.

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  • Minerva es el erotismo tabú puesto al desnudo (2)

    Minerva es el erotismo tabú puesto al desnudo (2)

    Dándoles la espalda, y con las piernas un poco abiertas, Minerva tomó su móvil de la roca donde estaban las mochilas, y se puso a deslizar la pantalla del Spotify.

    —D-dicen que el c-culo más bonito de toda la universidad es el t-tuyo.

    Minerva giró la cabeza y miró al gordo desde arriba. Pareció percatarse de que los dos chicos, que estaban medio tumbados en el suelo, tenían un ángulo de visión que les permitía verle los glúteos bajo las ondas de la minifalda. Sin cambiar de posición, volvió su atención al Spotify de su móvil y les contestó:

    —¡No podéis decir tal cosa! ¿O… acaso nos habéis visto el culo a todas?

    —A casi todas —contestó el flaco—. Durante las olimpiadas de natación del curso pasado, los chicos de la facultad votamos por el culo más bonito. Tú ganaste.

    Minerva se decidió por la canción Vagabundo, de Yatra, y se giró de nuevo frente a ellos con las dos manos en la cintura en actitud de superioridad.

    —¿A eso vais a las piscinas de la U, a vernos el culo a las chicas?

    —Un poco sí.

    Todos rieron.

    —¡Debería daros vergüenza! Apuesto que os hacéis pajas pensando en esas pobres chicas —dijo ella haciendo un mohín de asco.

    —Yo siempre me hago una paja pensando en ti —le contestó el flaco apretándose el pene por encima del vaquero—. Es que estás para reventarte.

    —Aquí todos nos hacemos pajas pensando en ti —dijo el negro.

    —¡Madre mía, no puedo con vosotros! ¿Todos los chicos de ingeniería sois tan… salidos?

    —Sí. T-tenemos unas fotos de ti d-desnuda que un compañero se mo-montó con Photoshop.

    Minerva puso un tono divertido en su cara.

    —Enséñamelas —dijo mientras se sentaba de nuevo al lado del negro.

    El gordo se las enseñó en su móvil y ella se descojonó de risa.

    —¡Pero, por favor! ¡Qué Photoshop tan malo! ¡Han puesto mi rostro en el cuerpo desnudo de una chica con un culo gordo y flácido!

    —¿No lo tienes así? —le dijo el negro.

    Minerva le dio un codazo divertido.

    —¿Serás capullo? ¡Por supuesto que no!

    —No lo sé —dijo el negro encogiéndose de hombros—. Es que nunca te he visto el culo. No estuve en tus olimpiadas. Estaba en las mías. ¿Qué tal si nos lo enseñas?

    —¿Qué dices? Dijo ella con una risilla, como si el negro hubiera dicho algo muy gracioso.

    —Que nos enseñes tu culo.

    —¡Nooo!, ja, ja, ja, ¿cómo se te ocurre?

    —Venga, solo es ponerte de pie y levantarte la falda por atrás.

    —¡Ni de coña, Miguel!

    —Estos dos babosos te han visto el culo y yo no.

    —Me lo han visto en bañador, no en tanga.

    —Pero un tanga es como un bikini. ¿No vas a la playa en bikini?

    —Sí que voy.

    —Pues es lo mismo, pero con más gente, y desconocida. Aquí solo somos tres amigos. Venga…, que no paro de imaginarme tu culo en tanga.

    —No, que me da corte.

    —¿Al final eres de esas chicas estrechas?

    —No soy estrecha, Miguel, pero os conozco hace poco. Me da corte que me veáis el culo.

    El negro bostezó.

    —Vale, vale. No insisto más —dijo en tono decepcionado, tras lo cual hubo un silencio incómodo que duró media canción. Se rompió cuando el negro se puso de pie. —Vámonos, chicos; ya me harté.

    Minerva y los otros dos chicos se miraron arqueando sus cejas. El flaco y el gordo se pusieron de pie sin mucho ánimo.

    —¡Venga, tío! No nos caguemos la tarde —dijo el flaco.

    —N-no te rayes. La estamos p-pasando bien.

    —¡Tú que te conformas con hacerte pajas viendo porno! —El negro arrojó con fuerza la copa al agua, tomó su mochila y pelota de baloncesto y se giró en redondo para marcharse.

    —¡Espera! —le dijo Minerva, tomando con su delicada mano la manaza del negro—. ¿Qué te pasa conmigo?

    —Que pensaba que eras buen royera, pero está claro que no lo eres.

    —No te enojes por eso —le dijo ella con su voz eternamente grave y susurrada—. Está bien.

    —¿Está bien… qué?

    —Que tenéis razón. Es una tontada. En la playa todo el mundo le ve el culo a una y no pasa nada. Así que… Os lo enseñaré, ¿vale?

    Los universitarios se miraron con alegría y se acomodaron en el suelo de nuevo, tumbados de medio lado. Minerva engulló de un trago lo que le quedaba en la copa, seguramente para envalentonarse, tras lo cual se puso de pie, se giró de espaldas y, con la cabeza vuelta hacia ellos, se levantó la falda hasta la cintura. Los tres chicos tragaron saliva con dificultad.

    —Entonces, ¿os parece que mi culo es gordo y flácido como el del Photoshop? —Su voz había vuelto a sonar achispada y divertida.

    Al desnudo se podían apreciar dos glúteos redondeados, de piel tersa y aspecto firme, como si hiciera deporte. La parte trasera del tanga consistía en un triángulo de fino algodón blanco, de la que se desprendían dos hilos elásticos hacia la cintura y otro que se ocultaba entre las dos nalgas.

    —¡Puf! ¡La madre que te parió, Minerva! Tienes un culazo de narices.

    —¡Búa! Si ese culito fuera mío, no pasaría hambre.

    —Les dije que era el mejor c-culo de la u-universidad.

    A pesar de haberse negado en un principio a ser escudriñada con carácter sexual por esos chicos, a Nicolau Prats le dio la sensación de que, en realidad, esa chica se sentía a gusto siendo el único centro de atención de tres varones en un paraje tan íntimo, donde los frondosos árboles, abrazados por sus ramas, rodeando la balsa de agua, garantizaban que lo allí ocurriera, allí se quedaría.

    De repente, el negro estiró su brazo y le dio una palmada en el culo. Ella dio un respingo.

    —¡Auch! ¡Miguel! —se quejó, haciendo un mohín mientras miraba con detalle la mano escarlata que se iba dibujando en su glúteo izquierdo—. Me has dejado el culo rojo.

    —Joder, guapa; es que tienes un culo que dan ganas de castigarlo —contestó asestándole otra palmada aún más sonora en el otro glúteo.

    —¡Oye! Que me estoy portando bien. No hace falta que me lo castigues.

    Una marca escarlata, aún más intensa que la anterior, se dibujó en el otro glúteo.

    Nicolau Prats flipaba con el hecho de que la chica se tomara lo de las hostias en el culo con tanto jolgorio. Estaba excitado viendo cómo ese rudo chico negro trataba a esa delicada chica blanca con dureza, y la docilidad con la que ella le correspondía. Envidió tener ese tipo de personalidad tan dominante y segura de sí mismo.

    —Inclínate hacia delante —le ordenó el negro.

    Ella, sin rechistar, apoyó sus manos en la roca a media altura en la que estaban sus cosas, puso el culo en pompa y volvió de nuevo la cabeza hacia ellos.

    —¿Así está bien?

    —¡Genial, tía!

    —¡Puf! Me muero, tía. ¡Qué buenas estas!

    —Enséñanos el hilo del tanga que va entre la raja del culo.

    —¡Nooo! ¡Qué vergüenza! —dijo con una risilla absurda.

    —Anda. No lo c-contaremos a n-nadie.

    —Venga, di que sí.

    Minerva pareció verles el anhelo en la manera en que se acariciaban el bulto que había crecido entre sus pantalones.

    —¿Seguro que no decís nada a nadie?

    Todos prometieron que no lo contarían.

    Minerva puso una mano abierta en cada glúteo, y los separó, permitiendo que vieran el hilo elástico que discurría a lo largo de la raja del culo. Era tan delgado que no cubría por completo su lampiño ano, permitiendo distinguir las delicadas estrías que rodeaban el sonrosado orificio.

    Mantuvo esa posición varios segundos, escuchando la lluvia de halagos sexuales y guarros a sus atributos traseros:

    —¡Búa!, tía. Es el ojete más lindo que he visto en mi puñetera vida.

    —Dan g-ganas de ch-chuparlo.

    —Yo te daría por el culo toda la noche, guapa.

    —¡Con ese culo, te invito hasta a cagar a mi casa!

    Minerva los escuchaba con la boca abierta.

    —¡Pero bueno! ¿Con esa boca coméis? ¿De dónde sacáis tantas guarradas? —les preguntó.

    —Tú nos inspiras, pibón —le dijo el negro—. Bájate el tanga, te vemos el ojete.

    —¡Nooo! —dijo ella, dejando caer su falda como un telón tras el fin de un espectáculo y volviéndose hacia ellos—. Creo que ha sido suficiente.

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  • La primera vez

    La primera vez

    Juan, un hombre heterosexual de 28 años, siempre había sido curioso sobre la experiencia de tener sexo con un hombre. Un día, decidió explorar esta curiosidad y se unió a una aplicación de citas en línea. Fue allí donde conoció a Carlos, un hombre gay de 30 años con ojos verdes y cabello castaño. Carlos tenía una sonrisa encantadora y una personalidad carismática que atrajo inmediatamente a Juan.

    Los dos comenzaron a chatear y a conocerse mejor. Carlos era muy abierto sobre sus experiencias y siempre estaba dispuesto a compartir sus historias. Juan se sentía cada vez más intrigado y excitado por la idea de estar con Carlos. Después de varias semanas de charlas y coqueteos, finalmente decidieron conocerse en persona.

    Un viernes por la noche, Juan se dirigió a un motel cercano donde se habían citado. Al llegar a la habitación, Carlos lo esperaba con una sonrisa traviesa. “Hola, Juan”, dijo Carlos con voz suave. “Estoy muy emocionado de finalmente conocerte”.

    Juan se acercó y ambos se abrazaron. La tensión sexual en el aire era palpable. “Tú también”, respondió Juan, sintiendo un cosquilleo en su estómago.

    Carlos lo besó suavemente en los labios, y luego profundizó el beso, extendiendo su lengua para tocar la de Juan. Juan respondió con entusiasmo, sintiendo una oleada de deseo recorrer su cuerpo.

    Carlos comenzó a lamer y morder suavemente el cuello de Juan, haciendo que este gimiera de placer. Luego, se movió hacia los pezones de Juan, lamiéndolos y chupándolos suavemente, lo que hizo que Juan jadeara.

    Carlos se arrodilló y comenzó a bajar los pantalones de Juan, dejando al descubierto su erección. “Mmm”, murmuró Carlos, “parece que estás muy ansioso”.

    Carlos tomó el pene de Juan en su boca y comenzó a lamerlo suavemente, saboreando cada centímetro. Juan gemía de placer, sintiendo la lengua de Carlos recorrer su pene. “Aaaah, sí, cariño, así”, susurró Juan.

    Carlos se movió más rápido, chupando y succionando el pene de Juan, haciendo que este jadeara y se retorciera de placer. “Sí, sí, así”, repetía Juan, sintiendo una oleada de placer recorrer su cuerpo.

    Carlos continuó chupando y lamiendo, haciendo que Juan se acercara al borde del orgasmo. “Voy a correrme”, gritó Juan, y Carlos se movió más rápido, haciendo que Juan explotara en su boca.

    Juan jadeaba, agarrando la cabeza de Carlos mientras se recuperaba del intenso orgasmo. “Eso fue increíble”, dijo Juan, sonriendo.

    Carlos se levantó y besó a Juan una vez más. “Me alegra haber podido darte esa experiencia”, dijo Carlos, con una sonrisa traviesa.

    Ambos se desnudaron completamente y se tumbaron en la cama, listos para explorar aún más. Carlos se sentó a horcajadas sobre Juan, comenzando a moverse lentamente sobre su pene. Juan gemía de placer, sintiendo cada movimiento de Carlos.

    “Mmm, te sientes tan bien”, dijo Carlos, moviéndose más rápido. Juan respondió con gemidos y jadeos, sintiendo su cuerpo acercarse nuevamente al orgasmo.

    Carlos se inclinó hacia adelante, besando a Juan mientras seguía moviéndose sobre él. “Quiero sentirte dentro de mí”, susurró Carlos, y Juan asintió con entusiasmo.

    Carlos se giró y se arrodilló en la cama, invitando a Juan a penetrarlo. Juan se colocó detrás de él y comenzó a lamer su ano, preparándolo para la penetración. Carlos gimió de placer, sintiendo la lengua de Juan en su cuerpo.

    Juan lubricó su pene con saliva y comenzó a penetrar lentamente a Carlos. “Aaaah, sí, así”, dijo Carlos, sintiendo el pene de Juan entrar en él. Juan movió más rápido, haciendo que Carlos jadeara y gimiera de placer.

    “Dame más, dame más”, gritó Carlos, y Juan respondió, moviéndose más rápido y más fuerte. Ambos gemían y jadeaban, sintiendo la intensidad del placer recorrer sus cuerpos.

    Finalmente, Juan alcanzó el clímax, gritando de placer mientras se corría dentro de Carlos. Carlos también alcanzó el orgasmo, gimiendo y jadeando mientras se recuperaba del intenso placer.

    Ambos se recostaron en la cama, jadeando y sonriendo. “Eso fue increíble”, dijo Juan, besando a Carlos.

    “Sí, lo fue”, respondió Carlos, sonriendo. “Espero que podamos hacerlo de nuevo”.

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  • Masaje masculino (2)

    Masaje masculino (2)

    Luego del primer masaje volví a más sesiones. Lo hacía cada tres meses, más o menos.

    Las sesiones eran extremadamente excitantes, y me dejaban muy relajado, pero no sentía necesidad de hacerlo con mayor frecuencia. Además de lo sexual, las sesiones consistían realmente en masajes.

    Las tres sesiones siguientes a la primera fueron similares a la de mi primer relato. Pero en la quinta sesión la cosa pasó a mayores.

    Estaba acostado desnudo sobre la camilla, boca abajo; cerré los ojos para disfrutar de lo que ya sabía que se avecinaba.

    Empezó con mis piernas, subiendo a los muslos, primero la parte posterior pasando lentamente a la parte interior y llegando hasta mis nalgas. Desplazaba sus manos por ambos muslos, con bastante aceite, y ejerciendo la presión adecuada, desde abajo hasta arriba.

    Cuando lo hacía por la parte interna, seguía con las manos por mis nalgas, abriéndolas con los pulgares y acercándose cada vez más a mi ano. Hasta que lo acariciaba cada vez que pasaba por allí.

    En un momento se detuvo en mi culo, dejando una mano allí. Con el pulgar de esa mano frotaba la entrada de mi culo, y con la otra mano se dedicaba a masajearme los testículos; la sensación era muy excitante. Su dedo pulgar por momentos describía círculos por mi ano, y por momentos lo frotaba de abajo a arriba, ejerciendo una leve presión pero sin introducirlo.

    Retiró su dedo pulgar, y pasó a utilizar el índice, esta vez para introducirlo en mi culo. Me follaba muy rico con el índice, mientras no dejaba de masajearme los testículos con la otra mano.

    Pero no duró mucho. A pesar mío retiró su dedo de mi culo, en las sesiones anteriores se había dedicado más tiempo a esa tarea.

    Pude sentir que se paró frente a la cabecera de la camilla, frente a mi cara; yo estaba todo el tiempo con los ojos cerrados. Entonces empezó a masajearme los hombros y el cuello, con bastante aceite; se sentía relajante. Apenas empezó con mis hombros pude sentir algo rozar mi cara, por lo que abrí los ojos. Se había desnudado, era la primera sesión en que el masajista se desnudaba completamente, y pude ver su verga morcillona frotar por mi cara. Sonreí y volví a cerrar los ojos.

    Al frotarla por mi cara pude notar que estaba buscando mi boca, por lo que decidí a unirme al juego. Cuando la verga se acercaba a mi boca movía mi cara, buscando su verga con la boca y separando levemente los labios, pero sin dejar que entre. En uno de los roces puede sentir que estaba largando jugos, y me tentó a sentir el sabor. Al sentir su verga acercarse a mis labios, saqué mi lengua para sentir el sabor de los jugos, y me gustó. Él lo notó, porque ahora frotaba su verga solamente por mis labios; separé los labios y dejé que la verga ingrese a mi boca.

    Estaba morcillona, largando jugos. Continuaba masajeándome los hombros, pero ahora además me follaba la boca con movimientos lentos. Podía sentir como su verga se ponía dura dentro de mi boca.

    Extendió la mano por sobre mi espalda y con un dedo me acariciaba el culo.

    Al poco tiempo de que su verga esta dura, la quitó de mi boca, dejándome la boca llena de mi saliva y sus jugos; el sabor no era desagradable y lo tragué.

    Su verga era delgada y no tenía más de diez centímetros.

    Se puso detrás de mí haciéndome bajar una pierna de la camilla, y frotó varias veces su verga por mi culo, luego intentó meterla, pero la posición era incómoda.

    Me tomó por la cintura, sentándose él en el banco de madera que estaba a un lado, y haciendo que me siente sobre él, dándole la espalda. Su verga entró en mi culo, y cuando la tenía toda adentro él me hacía subir y bajar, tomándome por la cintura. Luego soltó mi cintura, yo hacía el movimiento, y pasó sus manos hasta alcanzar mis pezones para acariciarlos.

    Llegados a este punto debo confesar que era la primera vez que me metían una verga real en mi culo, pero no la primera vez que me follaban por el culo. Tenía una pareja (mujer) que varias veces me había follado el culo con un arnés…

    Mi verga se había puesto muy dura, y la sensación de ser follado era fantástica. No sentía dolor, posiblemente porque su verga no era grande, y trataba de moverme lo mejor posible, recordando las veces que practicamos pegging con mi pareja.

    Pero el masajista aguantó apenas unos minutos. Estaba disfrutándolo al máximo, cuando pude sentir cómo descargaba su leche dentro de mi culo; la sensación fue muy rica.

    Me tomó nuevamente de la cintura, levantándome y sacándome su verga del culo. Sentía su leche salir de mí, deslizándose por mis piernas, pero él me limpió enseguida con servilletas.

    Me indicó que me acueste en la camilla, boca arriba. Mi verga, que antes estaba muy dura, ahora estaba morcillona.

    El masajista empezó a masturbarme, mi verga no tardó en volver a estar dura. Largaba mucho jugo, creo que más de lo normal, y esos jugos actuaban de lubricante mientras me masturbaba.

    Cuando mi verga estaba dura, el masajista hizo un anillo en la base de mi pene con los dedos, ejerciendo presión.

    Se introdujo la verga en la boca, esta vez la mamada fue mejor que las veces anteriores. En un determinado momento quitó mi verga de su boca, ejerciendo cierta presión con los labios al retirar la boca lentamente, y luego se acercó a mi cara. No me agradó en absoluto la idea de besarme con otro hombre, pero de entre sus labios empezaron a brotar mis jugos cayendo sobre mis labios. Entendí la intensión, así que abrí la boca y dejó que mis jugos caigan de su boca a la mía. Me gustó el sabor, más aún que el sabor de sus jugos, y me lo tragué.

    Volvió a meterse mi verga en la boca, y un par de veces volvió a hacerme tragar mis jugos.

    La mamada cada vez era más intensa, hasta que liberó la presión de los dedos en la base de mi pene. Eyaculé intensamente dentro de su boca.

    Mantenía mi verga dentro de su boca, ejerciendo presión con los labios; gran cantidad de semen se deslizaba de sus labios y bajaban por mi entrepierna. Entonces empezó a quitar la boca de mi verga, sin soltar la presión de los labios. Se acercó nuevamente a mi boca y descargó gran cantidad de mi semen en mi boca; encontré el sabor delicioso.

    Luego regresó a mi verga, para lamerla y tragarse todo el semen. Mi verga, mis testículos, la entrepierna… me dejó limpio. Terminó la limpieza cuidadosamente con servilletas.

    La sesión había terminado.

    Me fui muy relajado, más que las veces anteriores, pero con algo de culpa por haber sido cogido por otro hombre.

    Sin embrago pesaban más las sensaciones vividas, por lo que no descarté acudir a más sesiones, aunque decidí que lo haría con menor frecuencia.

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  • Encontramos pareja para intercambio

    Encontramos pareja para intercambio

    ¿Cómo están queridos lectores de CuentoRelatos?

    Somos una pareja madura, mi esposo Jhonny, delgado con una pija normal de 17 cm, con 56 años, y yo Carmen de 53 con los estragos que dejan los años y los embarazos, aun así mis pechos y nalgas todavía se antojan y

    Cómo antecedente de nuestros relatos anteriores, Jaime es nuestro corneador de planta, 15 años menor que yo, con el iniciamos con nuestra apertura sexual, pero resulta que lo promueven y se va a la sucursal que han puesto en Pachuca, así que ya no lo tendré tan a la mano, y ya no podremos vernos tan seguido, sin embargo cuando venga a la oficina matriz podremos salir a coger, siempre con el permiso de mi esposo.

    Ante esto, platicando con Johnny mi esposo me dice y si hacemos algo diferente, ya hicimos trio, ya fuimos a un club, hagamos un intercambio con alguna pareja que conozcamos en internet.

    Pero en eso recordamos a la pareja con la que coincidimos en el lobby del hotel después del festejo del día de reyes con mis compañeros de la oficina, (ver relato a un paso de convencer a mi esposa), ella se llama Felicia e intercambiamos número de teléfono, le dije a Johnny que precisamente, he platicado algunas veces con ella, y de hecho ella fue la que me animó a coger con Jaime y hacer el trio, también me oriento para estrenar el culo y hacer la doble penetración, mi nueva amiga, esa vez fue con una pareja de amigos con el que estaban realizando un intercambio, su esposo Rogelio ya estaba en otra habitación con la esposa de su amigo, les habían asignado habitación antes que a ellos.

    Con la confianza generada entre las dos, el lunes le marqué a Felicia para hacer una cita con ella y su esposo del cual me ha compartido fotos y algún vídeo, y me comentó que le diría a Rogelio su esposo que le va a encantar la propuesta y me tendría una respuesta al día siguiente.

    Felicia me llamó para ir a tomar un café al siguiente sábado con nuestros esposos y conocernos más, le confirme de inmediato, nos veríamos en un café del centro de la Ciudad de México.

    Por si se daba algo con ellos, el resto de la semana me arregle mis uñas y cabello, así como el depilarme mis axilas, mi vello púbico solo lo empareje con el biquini, pues en las fotos que me compartió se ve que le gusta que la mujer tenga vello púbico, compré en la farmacia una ducha vaginal, un edema y un lubricante anal, si se daba el intercambio estaba segura que también se le antojaría a Rogelio darme por el culo.

    Le pedí a Jhonny me llevase a comprar la lencería para usar ese día, pues sé que al igual que a mí le calienta ir a comprar la ropa interior con la que otro me meterá la verga.

    Compramos en la sex shop un juego de bra con tanga rojos, el bra en la parte delantera con la leyenda “Soy tu puta” y la tanga en la parte delantera dice “Cógeme” y en la parte trasera que dice “solo anal”, me pareció cachondo el detalle, un liguero y medias color negro, con una línea trasera que me hace ver muy provocativa, por no decir muy puta jajaja pensando en mmmm, que rica cogida me dará Rogelio, adelantándome al acontecimiento.

    Me puse una mini roja y una blusa blanca.

    Llegamos al lugar y ellos ya estaban en una mesa, presentamos a nuestras parejas y nos sentamos frente a ellos.

    Él tiene 50 años delgado de pelo en pecho y muy simpático, después comprobé que tiene un buen miembro de 20 cm y más gruesa que mi esposo, Felicia vestía un bra negro de media copa transparente con vivos rojos brillantes dejando ver unos pechos grandes, una mini negra acompañada de un panti liguero negro brillante, y una tanga roja brillante haciendo juego con el bra, enfundada en una blusa negra transparente.

    Al principio la plática se concentró en el tema de conocernos, a qué nos dedicamos, cuánto tenemos de casados, hijos, como nos llevamos etc., después de un rato abordamos el tema sexual, iniciando con que son pareja abierta y les gusta compartir.

    Nosotros le platicamos que hemos tenido trio con un corneador compañero de de mi trabajo, y últimamente visitamos un club donde se dio un intercambio, que Jhonny es el que ha trabajado más para convencerme de abrir nuestra sexualidad, esto debido a que yo no quería, les contamos del viaje a Cancún al hotel para adultos y sin embargo aunque en ese viaje no hicimos esa apertura, si sirvió para más adelante plantear ponerle el cuerno consentido a Jhonny.

    En el caso de ellos fue al revés, ella es la que insistía en hacer algo diferente para salir de la rutina sexual que ya los estaba asfixiando, y en el hotel donde la conocí su esposo ya estaba en otra habitación con la esposa de su compañero, nos contaron que después se dio otro intercambio con otra pareja en una convención del trabajo de Rogelio, en Chicago, que han hecho otro dos intercambios siempre en diferentes habitaciones, dicen que esto les permite tener sexo con más libertad y sin que haya molestia de la pareja por si ve algo que no le guste, les dije que si había la química para hacer el intercambio por nosotros no habría problema, podríamos hacerlo en habitación diferente del hotel para estar más cómodos.

    Ella acepto de inmediato, y para iniciar con algo de morbo pidió que intercambiamos de lugar a los esposos y discretamente nos fuéramos dando una manoseada, esto me confirmó la idea de que ella era la activa calenturienta, y él el pasivo complaciente, así que nuestros esposos cambiaron los asientos, acercamos las sillas para estar más cerca, como las dos llevamos minifalda tendríamos facilidad para un manoseó discreto jajaja.

    Pedimos unas mezcalitas para des desinhibir un poco y seguir con la plática, en la segunda mezcalitas sentí la mano de Rogelio tocar mi rodilla acción que me empezó a calentar, también puse mi mano en su pierna, acercó su cara para darme un beso, le correspondí metiendo mi lengua y dejando que metiera su lengua, sentí como nos excitábamos por la respiración entrecortada de ambos.

    Fue subiendo su mano hasta llegar a mi entrepierna y frotar mi vagina que ya ardía y noto su humedad pues me dijo, estás muy caliente y eso me encanta, te voy a dar una buena cogida, tócame para que sientas lo que te voy a meter en tus agujeros, de reojo vi a Felicia que también se dejaba tocar la entrepierna besándole el cuello y la boca, Johnny un poco más atrevido ya le agarraba las tetas, haciendo que Felicia suspirara, me dio un poco de celos pero a la vez me excitó solté más flujo humedeciendo más la tanga, no me lo creía.

    Se acercó el mesero para preguntar si se ofrecía algo le pedimos la cuenta para retirarnos al hotel, salimos y pedimos los autos al ballet parking.

    Ya en el auto le pregunté a Johnny ¿qué te pareció? me dijo que excelente, que no se depilo, solo se rasuro el área del bikini y que eso le encanta, le calienta mucho sentir los bellos púbicos y que le dijo al oído cuando la besaba que se la mamaria muy rico y que yo también le diera lengua en su cosita que ya está muy húmeda y también desea que le penetre el culo que le encanta recibir una buena rociada de mocos por ahí, y eso me puso muy caliente.

    Llegando al garaje del hotel cambiamos de pareja, está situación me causó mucho morbo, en el camino se adelantaron Felicia y Johnny abrasados, él la tomo del talle y bajó un poco más de lo normal su mano casi tocando el culo, algo se decían y rieron.

    Rogelio también me abrazo, pero no se detuvo, el si tocó mis nalgas y hasta las frotó, parecía que le excitaba que nos vieran, también me decía que rico culo tienes, te lo voy a mamar y penetrar hasta el fondo para llenarte de leche.

    Llegamos al lobby y se pidieron las dos habitaciones nos las asignaron juntas, así que en el camino nos fuimos agasajando, Felicia ya le agarraba la verga a Johnny por encima del pantalón, yo permití que Rogelio me siguiera agarrando las nalgas y subiera la minifalda, sentí algo de pena con las personas que nos veían, Rogelio lo noto y me dijo que eso le excita mucho y además a esas personas no los volveríamos a ver, entonces comprendí el por qué de su proceder.

    Aquí separaré la narración para dividirla en dos partes, primero lo que viví con Rogelio y después Johnny lo que pasó con Felicia.

    Primera parte:

    Rogelio y yo:

    Entramos a la habitación y le pedí a Rogelio me permitiera pasar al baño para asearme, momento que utilice para ponerme un edema pues sabía que me daría por el culo, salí del baño y Rogelio me tomó de la hombros para darme un beso metiendo la lengua y moviendo con pasión, pues sentí como se le endureció aún más la verga, bajo sus manos tocando cada parte de mi cuerpo hasta llegar a las nalgas, me apretó muy fuerte y sentí en mi bajo vientre nuevamente su gran pene, diciendo al oído, por unos momentos serás mi puta y mira lo que te voy a meter por todos tus agujeros.

    Esto me enardeció y separándome me fui al tubo para hacerle un baile erótico, moví mis caderas y fui desabrochando la blusa para mostrarle mis senos sujetos por el brassier con la leyenda de soy tu puta, él no lo esperaba y abrió sus ojos con sorpresa, al son del baile fui abriendo el cierre de mi falda para bajarla lentamente hasta mis pies, me empine para que contemplará mi culo envuelto en la tanga roja con sus leyendas, “cógeme y solo anal”, moví mi culo de un lado a otro en forma sensual, cuando vio la leyendas de la tanga me dice, “claro que te voy a coger bien rico putota y te voy a dar por el culo”.

    Desabrochó su cinturón y bajo su pantalón junto con el bóxer para dejar ver esa rica verga, grande depilada y con líquido seminal en la punta, me acerque para darle un arrimón con el culo, sentí su tronco duro y me agarró de mis caderas para gozar aún más del roce de mis nalgas, me volteo y voy tocando todo ese tronco, lo empecé a pajear sintiendo el grosor y lo largo, se me hizo agua la boca por estar a punto de mamarlo, poniéndome de rodillas quedó frente a mi cara esa verga grande y gruesa, tomo mi cabeza y la metió en mi boca poco a poco disfrutando la mamada, yo tocaba sus huevos y los sobaba.

    Sentí que aflojó el culo y fui metiendo un dedo en su ano, al principio puso un poco de resistencia y me dijo que no pero sintió rico y dejó que se lo estuviera metiendo y sacando, disfrutaba el masaje prostático junto con la mamada que le estaba dando, tuve que parar pues sentí que se venía, fui levantándome besando su abdomen y desabrochando su camisa le mamé sus tetillas y llegué a su boca nuevamente para darle otro beso metiendo mi lengua, me tomó de espaldas y con una mano agarro mi seno y la otra la metió sobre el bikini y me empezó a masturbar metiendo dos dedos meneando y metiendo y sacando.

    Me enloqueció con esa caricia, hice mi cara hacia atrás para que me besara, sentí nuevamente la dureza de su miembro, me acosté en la cama y el deslizó el bikini por mis piernas para sacarlo y ponerlo en su nariz para olerlo, abrió mis piernas y empezó a meter y sacar su lengua dándole una buena mamada a mi panocha, ardía de deseo y se pasaba a mi ano, esto me hizo llegara a mi primer orgasmo de la tarde, y me dice ya ves puta, y eso que apenas estamos empezando, ya verás cómo vas a gozar cuando te meta la verga, sus palabras lograban calentarme más.

    Y le dije eso espero de ti cabron, voltéate para mamarte la verga nuevamente mientras mamas mis agujeros en un delicioso 69, estuvimos un rato así, nunca había estado tanto tiempo haciendo y recibiendo placer oral y eso me enloqueció, así que le dije que ya me lo metiera, pero me dijo que primero me quería romper el culo, así que me pare por el lubricante anal y puse generosamente en su verga y en mi ano para que no me lastimara, me puso en cuatro y para aflojar mi esfínter metió primero un dedo, poco después el segundo, cuando sintió que mi culo ya estaba preparado puso la punta de su miembro y la fue metiendo poco a poco.

    Volví a sentir como me volvían a romper el culo, que aunque ya estaba más que estrenado ese pitote me lastimó un poco al entrar.

    Me sorprendió aguantar todo ese pitote en mi culo, así que una vez que lo metió todo me empezó a mover las caderas y el mete y saca, me decía que rico aprietas puta, hasta parece que te estoy estrenando, por lo caliente que estaba tuve otro orgasmo y él se empezó a vaciar, arrojando un buen chorro de leche caliente que me encantó sentir corriendo hasta el fondo de mis intestinos, que ricooo, me tuvo ensartada así por un rato hasta que se puso flácido, nos recostamos para descansar unos minutos me, abrazo dándome un beso y me dio las gracias diciéndome que lo hice gozar mucho con ese culo apretado que tengo, que después de esta ensartada de vergon no sé cómo vaya a quedar mi culo.

    Después de unos 30 minutos me pidió que se la volviera a mamar para ponerlo duro otra vez, así lo hice limpié con mi boca los restos de leche que tenía, con las manos lo masturbaba y con la boca chupaba la cabeza, no tardó mucho en volver a ponerse duro, me jalo hacia el banco del amor que hay en los hoteles poniendo una toalla y recostándose con el pito hacia arriba solita me lo fui encajando y una vez que lo tuve todo adentro lo comencé a cabalgar, me sobaba mis senos y de repente me los mamaba y me decía que pinches chichotas te cargas puta, más grandes que las de mi esposa y que rico mamártelas mientras te mueves en mi verga.

    No me pude aguantar y tuve un orgasmo tras otro, no los conté pero fueron varios, de pronto él se puso tenso y me gritó vamos putona muévete que me vengo y soltó otro chorro de leche caliente diciéndome así así que rico te mueves puta, se quedó quieto y me dijo que no me saliera hasta que se le bajara.

    Ya que tuvo la verga flácida nos paramos y nos recostamos otra vez en la cama para descansar un rato.

    Aproveché para preguntarle ¿por qué le gusta hacer el intercambio en habitación separada? y me dijo que así se desplaya mejor diciendo cosas calientes y con su esposa presente no puede hacerlo por qué después le reclama por disfrutarlo más que cuando se la coge a ella, y que a él también le pasa cuando el otro la tiene más grande o la hace gozar más, mejor me imagino como se la están cogiendo o cuando me platica como se la cogieron, eso me calienta más que verla.

    En seguida me dijo ¿Cómo crees que nuestras parejas estén cogiendo ahora?

    Seguro Felicia le ha de estar dando unas buenas mamadas y pidiendo que se lo meta por el culo, eso le encanta.

    Mientras descansamos nos agasajamos tocando nuestros cuerpos, el me decía que ricas Chiches y chiquito tan apretado tienes, yo le tocaba también sus piernas y pectorales, con las caricias medio se le paró y le hice otra mamada de verga pero ya no respondió.

    Esperamos a que nos hablarán para salir del hotel e irnos cada quién con su pareja.

    Segunda parte:

    Johnny y Felicia:

    Hola a todos soy Johnny, y está es la parte que me tocó vivir con Felicia.

    Una vez que entramos a la habitación, Felicia se metió al baño para asear su vagina y darse una ducha anal, saliendo del baño con pasos pequeños y viéndome con mucha coquetería, me tomó de la mano y me empujó sobre el colchón para desabrochar el pantalón y bajarlo junto con el bóxer.

    Tomó de inmediato mi pene y con su mano lentamente me empezó a masturbar hasta que lo puso completamente duro, voy a darte la mamada más rica que te hayan dado en toda tu vida me dijo y tomó mi verga y la llevó a la boca metiendo todo, lo metía y lo sacaba y al sacarlo rodeaba con su lengua alrededor de la cabeza con mucha maestría, bajaba lamiendo con la lengua todo el tronco hasta los huevos chupándolos y terminaba en la entrada de mi ano, haciendo que me enloqueciera de placer, no mintió, me dio una rica mamada.

    Poco después se separó para quitarse la minifalda y la blusa, quedando solo en lencería preguntándome, ¿Cómo ves lo que te vas a comer cabron?, le dije super, estás buenísima, mientras me besaba en la boca metiendo la lengua al fondo de mi boca una y otra vez en forma desesperada, voy a hacer que me metas esta hermosa verga por todos mis agujeros ponme en la posición tú quieras, me apretaba con su mano la verga.

    Terminé de quitarme la ropa y me levanté para seguir en un beso largo y al mismo tiempo fui agarrando sus redondas y aún firmes nalgas, seguido de estás deliciosas caricias seguí subiendo mis manos por su talle hasta topar con esas ricas chiches, un poco más pequeñas que las de Carmen pero aún paraditas y duras baje mi cara para darles unas buenas mamadas, esto la enardeció y me dijo acábatelos son tuyos por un rato, y quiero que también me des lengua en mi panocha y culo, se empinó y abrió sus nalgas con las dos manos mostrándome su muy abierto ano, señal que le han dado por ahí muchas veces con vergas más grandes, no le hice el feo y le metí mi lengua.

    Suspiro y abrió más las nalgas diciendo mete tu lengua hasta el fondo cabron, eso me calienta mucho, estuve dándole lengua por un rato y después me pidió que le comiera la panocha, metí mi cara entre sus piernas y me tomó de la cabeza con fuerza restregando su húmeda panocha en toda mi cara y gritaba de placer, así así cómetela toda hijo de la chingada, hazme venir.

    Se volteó para ponerse en cuatro y me pidió que le metiera la verga por la vagina, ella misma tomó mi verga y la puso en la entrada, se metió con facilidad pues estaba muy lubricada, así lo estuve metiendo y sacando hasta que llegó al orgasmo gritando no pares, sigue dándome fuerte hijo de putaaa, se lo metía y sacaba una y tras vez, me di cuenta que es multiorgásmica pues se venía como loca y lo goza mucho.

    Se detuvo y me pidió que descansemos un ratito para reponerse, estaba sudando a chorros, se limpió con la toalla de mano.

    Poco después me dijo, quiero saborear tu lechita, ponte cómodo y hacemos un 69 para que goces viendo y mamando mis dos agujeros mientras te saco la leche y así lo hicimos, esto la excitó aún más pues otra vez se vino junto conmigo.

    Exhaustos los dos nos recostamos abrazados.

    Le pregunté que por qué el intercambio en habitación separada y me dijo que los dos les dan celos ver qué gozan con la otra pareja y eso los limita y no gozan igual, gritando palabras fuertes y moviéndose más.

    Un vez que se repuso me dijo ahora sí dame solo por el culo.

    La puse de patitas al hombro y ella misma guio la cabeza hacia su culo, se lo fui metiendo poco a poco hasta que lo tuvo todo adentro, la estuve bombeando hasta que tuvo otros orgasmos logro que me viniera de nuevo, derramando mi leche caliente dentro de su culo soltando un asssi que rico siento tu leche.

    Nos acomodamos uno al lado del otro para relajarnos, acariciamos nuestros cuerpos, le agradecí por todo el placer que me dio y ella me dio también las gracias y me dijo que esperaba que no fuera la última vez, que estuvo muy a gusto conmigo.

    Después de media hora se vistió y se arregló para salir, le marco a Rogelio para vernos en el lobby.

    Esperamos como 10 o 15 minutos y aparecieron abrazados.

    Entregamos las llaves en la recepción.

    Rogelio le preguntó a Felicia ¿Cómo te fue?, y ella le respondió que estaba fascinada, que lo disfrutó mucho, el le respondió que igual que ella disfrutó mucho con Carmen.

    Carmen me abrazo y me dio las gracias por dejarle disfrutar con Rogelio, la besé y nos encaminamos al estacionamiento.

    Al despedirnos nos pidieron que lo volviésemos a repetir, les dijimos que si, que fue una hermosa experiencia y que nos hablarán pronto.

    Cada uno tomó su auto y nosotros nos dirigimos a casa.

    En el camino Carmen me platicó su experiencia y yo la mía, nos tomamos la mano más que como pareja, como buenos cómplices.

    Pues bien amables lectores esperamos les guste este relato y puedan enviarnos sus comentarios, gracias y hasta la próxima.

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  • Dejé que se follaran a mi esposa embarazada

    Dejé que se follaran a mi esposa embarazada

    Mi esposa es médica y tenía enamorados en la clínica desde pacientes hasta compañeros de trabajo, sin ser una belleza, pero tiene lo suyo. Alguna vez fuimos invitados a una finca en Fusagasugá a un día con asado incluido, mi esposa tenía 4 meses de embarazo y unos de sus pacientes enamorados nos llevó en su carro.

    El día pasó lleno de sorpresas, un asado super delicioso acompañado de algunas cervezas, ya siendo las 5 de la tarde hora de regresar a Bogotá, mientras salíamos de la finca a la ciudad de Fusa, como dicen ya estaba oscuro, bien el viaje fue bueno, pero viniendo por la autopista sur el carro pinchó una rueda trasera, paramos en un montallantas a que arreglaran la rueda.

    Allí comenzó el paciente su ataque, me pregunto qué opinaba de la infidelidad, le respondí que eso era algo personal y de pareja, si uno de los dos quiere acostarse con otro es problema de cada uno. Entonces me preguntó que, si mi esposa me era fiel o en alguna oportunidad había sido infiel, le respondí: no sé, pregúntele a ella. Seguido me preguntó que si queríamos seguir hasta su apartamento y tomarnos unos vinos que tenía unas botellas de vino importado, a la que le dije: por mí no hay problema, pero ella es quien lo decide, sé que mañana domingo no tiene turno, a ella le gusta el vino.

    De modo, que usted tiene que convencerla, y entonces yo me aventé y le pregunté: ¿Le gusta mi mujer? y él respondió: si, esa mujer me encanta desde que la conocí. Le pregunté: Por qué no se lo dice, a lo mejor usted le cae bien. Entonces, dijo: sé que le caigo bien, pero no me acepta ni un tinto. ¿Cuántas veces le ha invitado a tomar algo? me respondió: he perdido la cuenta; y ¿la ha invitado a salir?, me dijo: sí, pero siempre tiene una excusa. Entonces que dije, lo que pasa es que en sus ojos se ve las ganas que tiene de follarla, ¿o no es así? Me respondió: perdone, pero es lo que más quiero, acostarme con ella y ahora que está embarazada es mi mayor deseo.

    Al carro le pusieron la llanta y continuamos el viaje por la carrera treinta hacia el norte, y él comenzó a hablar sobre sexo y hacer preguntas, mi esposa respondía algunas, yo otras, a la altura de la calle 26, nos hizo la pregunta: ¿quieren venir a mi apartamento, y nos tomamos unos vinos? Yo, dije: no sé si se pueda, decide mi esposa. Y ella, dijo: Vamos, mañana no trabajo.

    El amigo enamorado solo sonrió, llegamos a apartamento en chapinero alto, nos acomodamos y puso la primera botella de vino sirviendo en tres vasos, puso música, invitó a bailar a mi esposa y salieron y estuvieron bailando muy divertidos. hacia las doce de la noche mie esposa me dice estoy medio borracha, debo dormir un poco.

    El amigo enamorado le prestó un pijama de él, y la llevamos a la alcoba principal, muy amable, le cedió su cama para dormir. Yo me quedé acompañando a mi esposa mientras se dormía, ella gusta de dormir sin ropa interior, se puso la camisa del pijama nada más, yo la tape con la colcha y le calenté metiéndole mano, en esa vagina hambrienta, mi mujer era muy cachonda. Se durmió y salí de nuevo a la sala.

    Allí seguimos bebiendo, el paciente enamorado me insistía que él deseaba tener sexo con mi esposa, yo le pregunté: ¿Si le dejo tener sexo con mi mujer que está embarazada, yo que gano? El tipo se levantó, fue a su estudio y regreso, puso en la mesa de centro un fajo de billetes, yo los metí en mi bolsillo. No me ofendí, el paciente quería un trato.

    Entonces le dije; escuche: “mi esposa desde que está embarazada se mantiene muy caliente, yo tengo sexo con ella hasta dormida, entonces, le voy a dar unos consejos, entre a la alcoba y se quita la ropa, no vaya a hablar, mete su mano entre sus piernas y ella las abrirá, usted se mete entre ellas y le hace sexo oral una muy buena chupada de clítoris hasta que ella tenga un orgasmo. Luego, usted toma la almohada, la hala y se la coloca bajo su cola, y ahí usted comienza a penetrarla suavemente, se la mete despacio, mete y saca lento, cada vez se la mete más, hasta que ya se la está metiendo toda, y sigue despacio. Cuando ella diga: así… así… usted acelera las embestidas, y llene es vagina de leche”.

    El paciente enamorado entro a la alcoba puso luces bajas y siguió a la perfección las instrucciones, le hizo un fellatio por 15 minutos, mi esposas le puso las manos en su cabeza y lo empujaba contra su vagina y mi esposa llegó a su orgasmo y él siguió chupando el clítoris y ella llego a su segundo orgasmo, luego el cogió la almohada y mi esposa levantó su cola y él la colocó bajo su nalgas, y comenzó a penetrarla tal como se lo había indicado, el morbo era tremendo y estaba yo iniciando a cumplir mi fantasía de tener sexo: mi esposa, un amigo y yo, sin darme cuenta yo me la estaba meneando pues estaba muy excitado observando.

    Cuando ella comenzó a gemir y a decir: “ahhh rico, dame más… más… rápido, duro…”, no aguante y entré a la alcoba me subí a la cama y se la puse en la boca, ella la abrió y me la comenzó a mamar fuertemente, que morbo: ella me lo mamaba, el amigo la follaba y de pronto ella gritó, estaba llegando a su otro orgasmo, mi amigo bufo y el lleno la chocha de semen a mi mujer y yo le llene la boca a mi esposita de semen, que por primera vez lo degusto.

    Después de este polvo el amigo salió de la alcoba, mi esposa me dice gracias por la sorpresa, y se levantó al baño, el paciente enamorado trajo sendos vasos con vino y nos metimos los tres a la cama a beber, el paciente enamorado le hablaba diciéndole lo hermosa que era y lo rico que lo había pasado, yo comencé a besar con lengua a mujercita, ella alternaba los besos con mi amigo, y nos pusimos a tono, mi mujer se colocó en cuatro paticas y yo comencé a follarla y que morbo sentir la chocha de mi mujer lubricada con semen de otro, yo seguía follando a mi mujer y ella se lo mamaba a mi amigo, fue un polvo super los tres sincronizados llegamos al tiempo.

    Y luego, después de otro vaso con vino, nos quedamos dormidos.

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  • No me pude resistir con la vigilante del edificio

    No me pude resistir con la vigilante del edificio

    En el edificio donde trabajo hay guardias en el acceso para evitar que los trabajadores se roben material y no hace mucho cambiaron a los polis por dos chicas. Una como de unos 30 y otra más madurita, como de 45. Todos los días nos saludamos amablemente, pero no hace mucho empezamos a saludarnos de mano y sentí algo extraño, pensé que solo era mi imaginación, pero de repente sentía como si me acariciara la mano cada que la saludaba a la madurita.

    Decidí poner a prueba mi teoría y un día le traje un café con pan para que desayunara y ella me dijo que cuanto me debía y obviamente le dije que nada.

    Cabe hacer la aclaración que este edificio está prácticamente abandonado. Solo tiene gente en planta baja y el primer nivel es de solitarios y bodega, pero los otros 6 niveles están completamente vacíos y sin cámaras.

    Después de ese café empezamos a platicar más seguido y a intercambiar miraditas y sonrisas hasta que antier en la mañana le dije que hacía mucho frio y ella dijo que también lo sentía. Entonces le dije que el día se antojaba para estar abrazaditos y ella dijo que si, que arriba se podía bien padre y no hacía tanto frio, ambos reímos y ahí quedó la cosa.

    Pero hoy que entro de nuevo a su turno y el frío continuaba decidí ser más atrevido. Le dije que si el frio seguía así de fuerte en la tarde le invitaría un cafecito para ir a tomárnoslo en los pisos de arriba cuando ya todos se hayan ido a lo cual dijo que sería genial.

    Le tuve que inventar a mi esposa que necesitaba quedarme más tiempo por una junta con mis jefes para quedarme un rato más.

    Llego el momento de la salida y cuando todos se fueron me fui a la tienda, compre los cafés y unos panes y me regrese a la oficina. Le dije:

    –Pues aquí está el cafecito,¿ no tienes problema en dejar cerrado aquí e irnos para arriba?

    –No, para nada, ya nadie viene y mi supervisión llega hasta la media noche.

    –Excelente, pues vamos.

    Yo tomé los dos cafés y ella el pan. Le di el paso para que subiera primero por las escaleras y me recalentó demasiado ver sus nalgas bien redonditas en esos mallones que traía puestos. Supongo que ella sabía que la iba mirando porque movía aún más cadencioso ese trasero.

    Ya estando dos pisos arriba, se veía algo obscuro ya que no hay luz en niveles superiores así que nos sentamos en unos botes y empezamos a platicar de cualquier cosa y de la nada ella me dijo que se antojaba andar bien empiernados con ese friecito y le dije que sí, pero que pues yo me tenía que ir a mi casa, pero si pudiera seguro me quedaba con ella.

    Se me quedó mirando y me dijo que podríamos empiernarnos un ratito para matar el frío y después me iba a mi casa y se empezó a reír. Entonces le pregunté si era en serio y dijo que sí.

    –Pues vamos a donde te quedas y vemos que hacemos.

    Llegamos a su catre y me preguntó que si así nada más nos acostábamos o que quería hacer y no me pude contener y la abracé y la besé apasionadamente. Ella me contestó el beso y lo único que pude hacer es prenderme de sus nalgas, las deseaba tanto y se sentían tan ricas, suaves pero firmes.

    Sin darme cuenta ella ya estaba desabrochando el pantalón y se puso de rodillas, me bajó el pantalón y se llevó mi verga ya muy dura hacia su boca, no podía creer lo hábil y experta que era, pero me estaba dando la mejor mamada de la vida.

    Después de un rato la puse la pie, le di la vuelta, la recargué sobre la pared y empecé a besar su cuello y a sacar sus tetas de la playera, ya no me importaba nada. Le abrí las nalgas y se lo metí frenéticamente hasta terminar.

    Nos acostamos un rato en su cama y de la nada se sentó en mi cara y obviamente hicimos un 69 tan rico hasta que ambos nos venimos dejándonos llenos de fluidos.

    Me vestí, la bese y le dije que tenía que irme baje al baño y me lavé un poco.

    Al llegar a mi casa mi mujer estaba caliente y tuve que cumplir ahí también. Fue tan excitante.

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  • El amigo de mi papá

    El amigo de mi papá

    Los viernes, mi papá hacia un reunión con sus amigos. Se encerraban en el cuarto de billar, mientras bebían cervezas y conversaban, por el contrario mi madrastra salía con sus amigas a tomar tragos, mi hermanastra y yo normalmente rondábamos en fiestas de la facultad o dates con amigos.

    Conocía a ambas amistades de mis padres y no podía negar que me sentía tan caliente al ver a Julián, el mejor amigo de mi padre. Un hombre maduro, alto, se ve que hacía gimnasio y soñaba con que me cargaba con esos brazos enormes, apiñonado con barba, siempre olía bien y sinceramente no me importa que supiera que me gustaba, al saludarlo siempre movía un poco el cachete para sentir la comisura de sus labios y al parecer no tenía ningún problema, porque me acercaba de la cintura y me pegaba a su cuerpo, todo eso pasaba siempre que lo saludaba.

    Ese viernes decidí no salir y sin motivo alguno me sentía muy caliente, así que tomé una larga ducha y me puse un conjunto negro de encaje a juego y me tomé algunas fotos, me veía muy rica y no quería que nadie se lo perdiera.

    Escuché voces abajo y supe que ya habían llegado los amigos de mi papá, cogí un par de licras y una blusa diminuta para bajar a saludar.

    Saludé a cada uno de ellos y al final vi a Julián alejado de todos, vestía un pantalón negro y una camisa azul a 3/4 con los primeros dos botones abiertos, sentí como me palpitó del coño y caminé decidida hacia él.

    —Hola Juli —Pude notar como su mirada me recorrió todo el cuerpo, así que sin descaro alguno le plante un beso simple y nulo, pero en la boca, duro menos de un segundo y nadie lo noto. Lo tomé por sorpresa, pero esa sorpresa duró poco porque me tomó de la cintura y me dio un “abrazo” y me susurró al oído “que rica estás”. Me sentía tan caliente y mojada, desafortunadamente mi padre interrumpió y se llevó a sus amigos a la sala de billar.

    No podía quedarme así, subí corriendo a mi habitación y me quite la ropa quedando solo en ropa interior, moví un poco mi tanguita para tocarme, pero quería que lo hiciera él. No perdía nada en intentarlo, ya había tenido mínimo una señal, así que me acosté en la cama frente al espejo, abrí las piernas, moví mi tanga de lado y tomé una foto. Ni siquiera lo medite, abrí mi mensajería y le envié la foto a Julián con un pequeño mensaje “te espero aquí arriba”.

    No pasaron ni 5 minutos cuando se abrió la puerta, Julián entró rápidamente y se quedó recargado en la puerta viéndome.

    Por mi parte ya no traía ropa, solo una bata transparente, estaba sentada en la cama con las piernas abiertas y tocando mis pezones. Cerró los ojos e hizo la cabeza hacia arriba, trataba de resistirse, aunque era inútil. Me paré y caminé hacia él, se quedó quieto y aproveché para besar su cuello, fui dejando besos por su clavícula mientras desabotonaba su camisa, su respiración cada vez era más irregular pero no se movía. Baje a sus pectorales y lamí su abdomen duro, me hinque y desabotone su pantalón, el bóxer se veía apretado, riquísimo.

    Así que sin demora lo saque, salive… estaba grande, venoso con una cabeza mojada, lo metí a mi boca, sentí como enredó su mano en mi cabello. Tenía un sabor delicioso y sin pensarlo le di la mejor mamada qué había dado en mi vida, lo ojos me lloraban de tanto que me metía su verga a mi boca y tenía saliva hasta la barbilla, él ya tenía sus dos manos en mi cabello y empujaba durísimo mi cabeza a su verga mientras gemía despacio para que nadie oyera. Yo aproveche para con una mano masajearme mi coñito que escurría de mojado, pero antes de seguir mi levanto de jalón, puso mi cara y cuerpo contra la puerta y con una de sus manos presiono las mías contra mi espalda.

    —No sabes cuantas veces he soñado que te tengo así, zorrita —Me metió un azote en la nalga durísimo, me calenté mucho más. Empezó a besar la oreja, el cuello y fue bajando hasta mis nalgas, esparció besos y chupetadas por mi culo.

    —Qué rico culo tienes —Me dio otro azote y me soltó las manos, yo las puse sobre la puerta para no perder equilibrio mientras paraba más el culo. El me abrió el culo y sin mucho preámbulo me empezó a comer. Sentía su lengua húmeda en mi coñito, la movía como todo un experto. Entre lamidas y azotes me derretía de excitación y sin previo aviso me di la vuelta para que me comiera bien el coño, lo hizo sin chistar, yo enrede mis manos en su cabello.

    —Si, si más rápido papi, más rápido —movía la cadera más rápido sobre su boca y un segundo después me vine sobre su boca, lamio todo y se levantó para cargarme y llevarme a la cama.

    En la cama se inclinó para ahora comerme las tetas, lo hacía duro, experto y me mordía los pezones con fuerza, sentía que me iba a venir de nuevo solo con eso.

    —Me la he jalado tanto pensando en tus tetas y ahora las tengo aquí para mí —Me dio una palmada en una mientras chupaba la otra.

    —Comételas, son tuyas.

    —Que zorrita me saliste —Quise demostrarle que tenía razón, así que me moví y me senté encima de él, tome su verga y la puse en mi entrada, baje poco a poco e hice la cabeza hacia atrás cuando sentí su grosor en mi, que rica verga.

    Una vez que entro, empecé a moverme rápidamente encima de él y él me tomó de culo para moverme más rápido, entre azotes y movimientos rápidos sentí que me vendría en cualquier momento, pero el sonido del teléfono de Julián nos sacó a los dos del trance.

    Era mi papá quien le llamaba, ya se había tardado bastante para solo ir al baño y sin importarle contesto, me dio la vuelta dejándome ahora abajo de él y con una mano me tapo la boca.

    —Me llamaron del trabajo ya voy para allá —Me estaba dando durísimo.— Si hombre, que ya voy —Lo hacía rápido y el hecho de saber que lo que estábamos haciendo estaba mal y que mi padre lo esperaba abajo, hizo qué finalmente me corriera. Justo al momento de colgar y tirar el teléfono de lado me dijo— Me voy a venir.

    —Hazlo adentro, quiero ver mi coño escurriendo de tu lechita —No basto más se vino durísimo y sentí como su semen caliente escurría en mi coño, se veía deliciosa esa imagen, entonces lo bese, ni un beso nos habíamos dado y juro que es uno de los besos más calientes y ricos que he tenido en mi vida.

    —Nos vemos el próximo viernes zorrita —Me dio una palmada en mi coño abierto que me hizo brincar, y se comenzó a vestir mientras me lo comía de nuevo con la mirada, antes de salir regreso a besarme y después salió de mi habitación.

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  • Todo por una deuda

    Todo por una deuda

    Después de lo que pasamos en el barrio que la mayoría de los tipos se dieron el gusto de coger a mi esposa nos tuvimos que mudar, ya que las esposas de ellos la buscaban, algunas para pegarle, otras para probarla también.

    Noemi, mi esposa una morocha hermosa con unos pechos divinos y linda cola.

    El problema era que hasta que vendamos la casa tuvimos que pedir in préstamo para alquilar.

    El error fue que se lo pedí a mi jefe, y como garantía está el auto, algo que a mi jefe mucho no le interesa pero al menos lo acepto.

    El primer mes todo bien, pero a medida que pasaba el tiempo es como que buscaba apurarme más y para colmo un problema en el trabajo me costó el descuento de una suma importante de mi sueldo, cuando le dije que si hacía eso me iba complicar pagarle, me contesto que no puede hacer excepciones porque si no los otros trabajadores no lo respetarían.

    Llegado el día de pago salí a buscar un resto de lo que me faltaba y mandé a mi esposa a llevarle lo que en ese momento teníamos, para darme tiempo en juntar el dinero, ese fue mi error.

    Al llegar al despacho de mi jefe, la secretaria me dice que entre qué me esperaba, al entrar veo a mi jefe en su sofá y al lado mi esposa, el me recibe lo más bien diciendo, me imagino que trajiste el dinero, mientras tenía su mano en la pierna de mi esposa.

    Cuando le informo que me falto una pequeña suma comparada con la cuota, me dice que él contaba con todo el dinero, por eso el me lo presto, pensando que yo cumpliría, pero que no me preocupe que por esta vez me va perdonar ese faltante pero debo aceptar que mi esposa le haga una linda mamada, yo me levante enojado, pero me dice sentate si no querés perder tu casa, tu auto y todo lo que tenés.

    Tengo los documentos donde dice la deuda y los intereses serán proporcional a los intereses bancarios.

    No me quedo otra que aceptar lo que pidió, así que empezó a besar a mi esposa, tocaba sus pechos y su entrepiernas, el muy cabrón ya estaba cobrando los intereses, en si tenía pensado más que una mamada, desprendió la camisa qué llevaba Noemi y mesaba los pezones y pegaba algunos mordiscos haciendo que ella gimiera,

    Volviendo a su boca besando, hizo que chupara sus dedos el cual metió después dentro del jogging de mi mujer, haciendo movimientos con su mano, lo que hacía qué mi esposa se retuerza, tomó la mano de Noemi y la puso sobre tu pené qué ya lo había sacado, y estaba duro, ella atino a bajar a chuparlo y el la freno, mientras seguía metiendo mano, se podía ver que ella no daba más de calentura y el lo confirmó, diciendo está muy mojada esta putita.

    Mientras la mira y le pregunta, te gusta lo que tenés en tu mano, ella sin más le dice que si, a lo que él le preguntó ¿querés que la meta? Ella con lágrimas en los ojos mientras me mira, le dice que si, el siguiendo su juego, le pregunta ¿si qué? A lo que ella dice si la quiero dentro mio por favor.

    Mi jefe se ríe y dice es muy puta, y la baja para que se la chupa, ella empieza por la cabeza, pasa la lengua por todo el tronco, y se mete toda en boca, así por varios minutos, hasta que la hace desnudar, y la sube arriba de él, ella con la calentura qué tenía empieza a cabalgar.

    Yo sé que no es la primera vez que la veía así, pero me puso a mil, y empecé a masturbarme.

    Mi jefe se ríe y me dice me parece que te voy hacer pagar parte de la deuda con ella, coge muy lindo.

    La pone en cuatro y empieza a meter la lengua por sus cuevitas, ella ya sabía que iba pasar ella lo besa y le ruega que por detrás no, y el dice que si, no se iba perder ese lindo culo y empezó a intentar encontrar, y presionaba con fuerza, Noemi gritaba, hasta que veo que el se deja caer sobre ella, ahí la había metido toda, y empezó a moverse, ella gemía como loca hasta que de repente tuvo un orgasmos.

    El la besa y le dice, viste que te gustó putita, ahora me vas a dar ese culo todos los meses. Ella lo besa y dice que si, al rato él se mueve más rápido y da un jadeo fuerte, había llenado de leche las extrañas de mi mujer.

    Minutos después me dice valió la pena tu deuda, cuando la vi por primera vez a tu esposa, y vi esa carita de puta no era porque si.

    Se visten se acomodan, me da el recibo y nos fuimos.

    Al mes siguiente el mismo buscaba que yo no llegue a poder pagar y Noemi pagaba el faltante.

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