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  • Pesadilla en el autobús (Parte 2)

    Pesadilla en el autobús (Parte 2)

    Al momento de llegar, ya al sitio donde nos debíamos bajar, el muy amablemente me tomo de la mano y luego me abrazo por la cintura. Me ayudo a bajar y como aún faltaban algunas cuadras caminando para llegar a mi casa, me detuvo y me dijo.

    – ¿Quieres que te lleve a tu casa y hablemos con tus padres de lo ocurrido?

    Yo un poco más calmada y con mucha vergüenza por lo ocurrido, sólo quería olvidar y borrar mi fea historia. A lo que le respondí que no.

    – no don Julio, por favor no, yo solo quiero dejar así. Ellos no lo soportarían.

    Mientras temblaba y estaba a punto de entrar en shock de nuevo.

    – está bien mi niña pero, en ese estado no puedes llegar a tu casa, mira como estas de des arreglada y demacrada. Ellos notaran que te paso algo. Por lo menos vamos a mi casa para que te tomes una aromática y te organices un poco.

    Yo me mire y estaba un asco, a lo que le dije que sí.

    -Muchas gracias don Julio – lo abrace lo vi como un padre. Llegamos a su casa, entramos, todo era muy bonito y muy organizado. Me sentó en la sala y me dijo que si quería entrara al baño a organizarme un poco, mientras el preparaba mi aromática.

    Yo le pregunte donde quedaba y me señalo al fondo de la casa. Fui me encerré con seguro, me lave mi cara, saque toallas húmedas intimas de mi bolso me limpie mi vagina y mis piernas, organice mi uniforme me maquille y me llene de fuerza. Salí fui a la sala pero don Julio aún estaba en la cocina, me dijo:

    – mi niña si quieres llama a tus padres y les dices que estas acá, ya es tarde y se van a preocupar.

    Yo le vi mucha lógica y eso me genero más confianza aun en don Julio, pero, pensé que si decía

    Que estaba en casa de un extraño y más del vecino, me iban a interrogar peor, y no quería que nadie más supiera.

    – No don Julio más bien voy a llamar y diré que estoy donde Mafe mi amiga, es menos sospechoso

    Y de nuevo mi fortaleza cayó al piso y me senté a llorar, él ya llegaba con su aromática, me la dio se sentó a mi lado y empezó a decirme que me calmara.

    – Cálmate mi niña más bien tomate el agüita y llama a tus padres.

    Yo me tome el agua y de inmediato llame a mis padres y les dije, que me demoraba un, que estaba esperando el auto bus porqué me había quedado con Mafe haciendo un trabajo. Ellos me dijeron que no había problema.

    – Don Julio por favor que nadie se entere se lo suplico, que este sea un secreto.

    Él se paró en frente mío, me tomo de las manos me paro, y me abrazo me dio un beso en la frente y llevo su boca a mi oído y me dijo:

    – Tranquila Marcelita lo que te hicieron fue injusto, un hombre de verdad te habría hecho gemir de placer y te lo hubiera metido por todos tus orificios, pero tranquila yo te voy a enseñar cómo es que se coge bien rico una hembrita como tú.

    Mientras deslizaba sus manos y se apoderaba de mis nalgas, yo de inmediato me horrorice y me aparte de él, caí sentada en la silla de la sala pero, cuando fui a incorporarme el mundo empezó a darme vueltas, lo que hizo que me sentara de nuevo.

    – Jajaja veo que ya te hizo efecto la agüita mi vecinita rica, pero tranquila la dosis que te di no te va a dejar dormir ni mucho menos solo vas a disfrutar de lo que te voy a hacer.

    No sé qué diablos me había dado, pero, a pesar de ser consiente no podía reaccionar, de nuevo empecé a llorar y le dije:

    – No, don Julio por favor no me haga más daño.

    Él se paró frente a mí, tomo mi rostro con sus manos, me acaricio y me hizo poner de pie. Yo temblaba y lloraba, mientras el solo me miraba y sonreía.

    – tranquila marcelita no te voy a hacer daño. Solo te voy a hacer pasar un rato delicioso y de paso yo me quito estas ganas que tengo de culearte, me tienes loco nena.

    – por ahora te vas a portar como una niña de casa y me vas a obedecer, arrodíllate…

    Y con sus manos me empujo de mis hombros y caí de rodillas, zafo su correa desabrocho su pantalón y lo bajo junto con sus calzoncillos de viejo. De inmediato dejo ver su verga a medio parar y la uso en mi cara.

    – Vamos Marcelita empieza a chupármela abre la boca.

    Yo, lloraba y casi me vomitaba al sentir su olor, pero nada podía hacer mi cuerpo no reaccionaba, me tomo del pelo y me restregó su pene y de nuevo me ordeno abrir la boca, yo solo obedecí y deje que metiera su asqueroso pene en mi boca.

    – Bien perrita ahora chúpalo, saboréalo, lámelo.

    Yo nunca lo había mamado era algo que aún no conocía pero, empecé a meterlo y sacarlo de mi boca.

    – Veo que es tu primera vez mamita, que bien solo hazlo así y usa tu lengua.

    Yo solo obedecía y empecé a sentir como su pene crecía y se ponía más duro dentro de mi boca, tanto que me ahogo y me hizo toser mucho.

    – Jajajaja, que mal lo haces pero, lograste ponérmelo bien duro, ahora párate.

    Y de nuevo con sus manos me levanto de los hombros y me condujo a su habitación. Yo caminaba como si no coordinara. Pero aun así no entendía como era que le hacía caso en todo. Sin mi voluntad.

    – Ahora quítate la blusa y desabróchate la falda.

    Yo sabía que no debía hacerlo pero, estaba entontada por esa bebida. Y de nuevo solo obedecí y quite mi blusa quedando solo en mi top blanco.

    – Ahora desabróchate la falda.

    Me dijo mientras se manoseaba su pene y se saboreaba la boca. Yo zafe el botón de mi falda y baje la cremallera lo cual hizo que esta callera al piso sin ningún impedimento, quedo solo en mi top y en mi diminuta tanga.

    – que delicia marcelita, esto es justo lo que me imaginaba cada vez que te veía pasar y me masturbaba pensando en ti y en tu culo bien parado. Ahora voy a eternizar este momento.

    Y acto seguido saco una cámara de video y la puso de tal modo que todo en esa habitación fuera grabado. Yo solo miraba llena de angustia pero, entontecida. Se quitó su camisa y quedo totalmente desnudo y frente a mí, con su cuerpo escuálido, arrugado, pero con un pene más bien firme y palpitante.

    Se acercó lentamente a mí, tomo mi rostro y empezó a besarme, mordía mes labio y metía su asquerosa lengua hasta mi garganta. Luego empezó a besar mi cuello, mis hombros y muy suavemente fue quitando mi top para dejar descubiertas mis téticas. Las tomo con sus carrasposas manos y las masajeo dándome pequeños pellizcos en mis pezones, para luego chupármelas de tal manera que se me pusieran muy duras.

    – Vez como te gusta Marcelita.

    Continúo besando mi vientre, bajo a mi ombligo metió su lengua. Yo ya empezaba a reaccionar pero también sentí muchos corrientosos en mi cuerpo. Continuo descendiendo con su boca y mientras con sus manos tomaba los bordes de mi tanga para irla bajando y quitándomela, dejo su cara frente a mi vagina y oliéndola. Me empujo a su cama y haciéndome caer acostada en ella, abrió mis piernas y metió su cara y de un lengüetazo hizo que nuevamente mi cuerpo se estremeciera.

    – Qué maravilla, mi putica hermosa que vagina más preciosa.

    Empezó a succionar mi clítoris de tal manera que mi cosita se mojó de inmediato y yo gemí.

    – Mmmmm no no no don Julio.

    El solo metía su lengua se deleitaba con mi vagina, mientras me la chupaba masajeaba mis senos y lo hizo de tal manera que mi cuerpo me traicionara y causara mi primer orgasmo en la vida. Yo mordí mis labios y con mis manos agarre las sábanas blancas de su cama.

    El solo la chupo más y trago parte de mis líquidos.

    – Jajaja, vez como te corriste. Ahora sigue lo mejor.

    Yo ya con mi orgasmo pude recuperar mi sentido y mientras fui dimensionando lo que me estaba pasando, el viejo asqueroso de don Julio abría más mis piernas e iba poniendo su pene en la entrada de mi cosita. Y la metió con tantas ganas, que de un solo taco me la llevo hasta el fondo, yo solo alcance a gritar y poner mis manos en su pecho para empujarlo pero, él ya me la había empujado a mí, y bien adentro. Tomo mis manos con la suyas y me las abrió para con su boca apoderarse de mis tetas.

    Mientras lamia mis erectos y duros pezones, seguía con su pene dentro de mí en lo más profundo de mí, para luego sacarlo muy lentamente y metérmelo de nuevo hasta el fondo. Debo reconocer que ya estaba resignada y excitada y solo relaje mis manos y deje que mi cadera empezara a moverse al ritmo de las embestidas de don Julio.

    – Ves cómo te gusta Marcelita, esooo así muévelo así de rico que mi pene se meceré todo el placer de estar dentro de tu vagina calientica.

    – Don Julio por favor no diga más, solo hágamelo y ya déjeme ir.

    Empezó a besar mi cuello, eso me volvió más loca, luego beso mi boca y mi instinto de perra llena de placer me hizo responder también besando su asquerosa boca con olor a tabaco. Siguió penetrándome con más fuerza y más seguido algo que hizo que de nuevo yo empezara a gemir de placer.

    – Ahhhh ahhhh uffff nooo siiiii.

    – ¿Te gusta cómo te lo hago mi perrita hermosa?- me decía el viejo

    – Siiiii siiiii – yo ya estaba jodida de placer.

    – Pero por favor no se venga dentro de mí.

    El viejo empezó a empujar más seguido, soltó mis manos y me tomo de los hombros para hacer que sus embestidas llegaran más hondo, yo solo lo abrace y arañe su espalda pero de placer pues sentía como con cada penetrada mi nuevo orgasmo brotaba de mí. Mis piernas rodearon su espalda y solo deje que saliera mi fluido, el siguió y siguió dándome metiéndomela chocando contra mí para de un momento a otro dejar visear todo su semen acumulado dentro de mí.

    – Ahhhhh que ricooo Marcelita mamacita ya eres mía solo mía.

    Yo reaccione y le dije que porque lo había hecho porque dentro de mí, y del placer pase de nuevo al llanto.

    – Ya deja de llorar niña que se nota que lo disfrutaste, esas dos corridas que te pegaste solo fueron de placer. Más bien vístete que ya es tarde, y empieza a planificar porque lo que se viene de hoy en adelante es mucho mejor- ve preparando ese delicioso culo que la próxima vez te lo voy a meter por ahí y te lo voy a llenar de leche. Jajaja.

    Como pude tome mis prendas me las puse y me dispuse a salir, mientras él tomaba su cámara de video y me grababa mientras me vestía e iba saliendo. Y justo antes de llegar a la puerta de salida me tomo por el cuello, palmoteo mis nalgas y luego me beso a la fuerza diciéndome al oído.

    – Ni una palara de esto a nadie, no sería bueno que este video rotara en las redes. Además eres ya mi perrita hermosa.

  • Suegrita linda (1): Viuda necesita verga

    Suegrita linda (1): Viuda necesita verga

    Era la primera vez que estaba en una relación que por la frecuencia excedía la calificación de amigovio, por el trato dispensado por Linda, la madre de Alicia, podría decirse que solo valía la calificación de “novio”.

    Había sido mi compañera del secundario, pero hace dos años había dejado de asistir un año por el fallecimiento de su papá, ahora luego de asistir a la fiesta de graduación nos volvimos más íntimos y por tal motivo las visitas y salidas habían tomado un tono de casi formalidad.

    El cálido verano calentaba la relación, las visitas a su casa para usar la piscina nos acercaba en la relación, la frecuencia favorecía la intimidad y la intimidad necesitaba ser calmada. Su crianza en un hogar tan apegado a los cánones religiosos por parte de madre y el régimen de orden por parte del padre un militar del rango de coronel, habían moldeado su carácter y decisión respecto de la sexualidad que no condecía con los tiempos y el común de sus amigas, ella debía ser la única virgen de su grupo de pertenencia.

    La relación de intimidad no tenía perspectivas de llegar a una relación sexual, con gran insistencia había llegado a permitirme darle unas mamadas a sus pechos y meterle mano hasta conseguirle el orgasmo, ella solo se permitía darme una masturbación hasta que me venía en su mano, de mamarla solo una vez y como me vine en su boca no le gusto el semen y lo vomitó, por lo tanto solo quedamos en repetir la masturbación, eso sí con bastante asiduidad y muchas veces era retribuida casi en simultáneo, casi siempre en la despedida, de parados, en un rincón oscuro del jardín.

    Ese sábado me había invitado a comer, luego descanso a la vera de la piscina, pintaba para una tarde en familia, mamá Linda, Alicia y el “novio de la nena”, pero… llegaron sus amigas de toda la vida y la convencieron de salir comprarse ropa, una tarde toda para ellas, la madre insistió que me quedara a disfrutar de los necesarios chapuzones para sobrellevar el calor de ese verano súper caliente.

    Cada uno en su reposera, hablando de trivialidades hasta que sin saber cómo, el diálogo se hico de tono más intimista y confidencial, arrimó más su reposera, y poniéndose de lado fue tocando el tema de nuestra relación, de cuánto y hasta dónde había llegado cuando nos encontrábamos a solas.

    – Pues, no mucho más de lo que puede observar. Quédese tranquila que no he intentado derribar su virginidad si es eso lo que le preocupa.

    – No, precisamente eso, sé por boca de ella que no ha sucedido, pero quiero decirte que confío en tus buenas intenciones, sobre todo el sacrificio que te debe costar no deshonrar nuestra casa.

    – Linda, quédese tranquila que eso no ha pasado

    – Lo sé y valoro tu resistencia de hombre, como te darás cuenta las paredes y puertas no pueden acallar todos los gemidos y por otra parte también he estado vigilante de algunos momentos de franela (tocamientos extremos) y cómo ella se negaba a… bueno… a eso que le pedías.

    – No sé qué decir, me ha puesto en un lugar incómodo y complicado…

    – No te compliques ni quiero incomodarte, solo fue un comentario, y que valoro el estoicismo de su resistencia a no ir más allá de un trabajo manual de Alicia. Te lo hacía bien…

    El tono jocoso y atrevido había derretido la tensión, derribado la situación incómoda, su palmada sobre mi rodilla era la confirmación que todo estaba bien, la sonrisa pícara y cómplice el aprobado de los avances de la seducción masculina.

    Su mano ascendía por el muslo, repto por debajo del short, respiración agitada y no saber qué decir o hacer le otorgan el poder de seguir hasta tener el miembro en su mano. Mi suspiro complaciente dibujó su sonrisa, la motivó sentarse en mi reposera. Masturba despacio, por dentro del short, agita la mano sin dejar de mirarme.

    – Te lo hago bien?

    – Sí, sí, muy bien, mejor que…

    – Y ahora mucho mejor….

    Me había sacado el short y estaba haciendo una paja brutal, a dos manos, era evidente que la escucha de nuestro franeleo la noche anterior había hecho estragos en su abstinencia de más de tres años sin carne, ahora la fortuna le había dejado con el hombre de su hija y no pudo contener la necesidad de sentir una verga en sus manos.

    – No te resistas, déjame a mí, estas en buenas manos…

    – Uffff, sí y que buenas, por favor no pares…

    Doña Linda sonrió y se colocó a horcajadas sobre mis piernas, pajeándome a dos manos, estiré mis manos para meterlas por el escote, bajando los breteles y volcando la copa del soutién pude tocar la suave textura de ese generoso par de tetas maduras que se ofrendan para será comidas como el fruto prohibido.

    Todo se había desmadrado, desmontó de mi reposera para cumplir mi deseo de sacarse la falda. En un pie de igualdad, terminé por desnudarla y meterle mano en la entrepierna, desbrozar el enrulado vello púbico, introducir un par de dedos curvando hacia arriba de modo que la palma quedara frotando el clítoris.

    Sus gemidos se ahogan sobre mi pecho cuando se abraza para reprimir la ansiedad de esa excitación que se manifestó como shock eléctrico que la conmueve toda.

    La tumbé sobre una mesa, metiendo los dedos dentro de la aromática cueva, mientras con la boca y lengua acoso sin piedad al vulnerable clítoris, la respuesta incontenible, agitarse en convulsiones, estrujarse los pechos, respirando con suma dificultad. Podía sentir las emociones que transitan por su cuerpo, ese shock que comenzó cuando la emprendí de modo desesperado a lamer y encerrar en mi boca al frágil clítoris, esa corriente se irradia haciendo latir la pelvis, ascender por estómago y producirle contracciones incapaz de controlar, era como si una explosión hubiera tenido lugar dentro suyo, las mejillas enrojecidas, acalorada y sudando, el rostro transfigurado y los ojos con la mirada pedida, daba la impresión de que había perdido el sentido.

    Por un momento acusé el impacto de tamaña revelación, detuve mis lamidas y detuve el movimiento de mis dedos. Realmente me había impactado su comportamiento, saqué la boca del acoso y mirándola a los ojos pregunté: – Está todo bien?

    – Sí, sí, está todo bien… es que de pronto sentí ese fuego interno que me invadió, como que algo estaba latiendo dentro de mí pelvis, una sensación que no podría explicar, algo profundo, como… un cosquilleo que me atravesaba desde el clítoris hasta hacerme vibrar la zona anal. Creo que por un momento perdí el sentido, hasta creí que iba a morir de placer. No fue un instante sino que perduró un tiempo aún después que dejaste de chuparme la vagina.

    – Ahora puedo seguir un poco más.

    – No, por favor déjame tomar aire, si no vas a matarme. Bájame de la mesa y vamos a mi dormitorio.

    Tomé la cintura y bajé de la mesa, recogimos las prendas, tomada de mi mano me condujo a su cama.

    Ese tratamiento bucal parecía que hubiera liberado las necesidades olvidadas, tanto así que mientras escondía su pudor entre mis brazos confesó que su marido había quien la hizo mujer y no fue mucho lo que le había enseñado, por esa razón la sesión de sexo oral fue totalmente inédito, sorpresivo y gratificante, tanto que la dejó totalmente descolocada, la seguridad y el aplomo habían claudicado en las manos y la boca de un joven con la edad para ser su hijo y ahora lo tenía como el hombre que había develado una mujer nueva que ni sabía que podía sentir tanto placer.

    Tendidos a la par, comenzó a gratificarme con una suave masturbación, como la tenía recostada en mi brazo, lo levanté como indicando que acercara su cara a la verga, se dejó llevar, tomarme a dos manos y mirarla bien de cerca. – Quieres que te la bese…

    – Sí, me gustaría mucho.

    – Nunca lo hice, ni sé cómo… bueno… pero estoy tan loquita que si me ayudas casi me animo a…

    Fui su guía, indicando cómo y de qué modo hacerlo. Venciendo el pudor y la aprensión a metérsela en la boca, se dejó convencer. Los tímidos besos dieron lugar a inocentes lamidas, colocar su boca formando una “O” hizo lugar para que el glande buscara asilo en ella. Sus dudas se esfumaron cuando entendió el mensaje de mi mano sobre su nuca para dejarla entrar en su boca.

    – Cubre los dientes con los labios y lamiendo bien la cabeza, me gusta sentir como tu lengua hurga entre la piel del prepucio y el glande, me excita a mil.

    Lo que faltaba de experiencia compensa con la ganas por hacerme disfrutar. Entre mis manos que la empujan y la elevación de la pelvis le estoy dando deliciosa cogida bucal, mis ganas y su calentura presagia la eyaculación, no está preparada para esto, se la arrebaté de la boca.

    Tendida y las piernas abiertas ofrece la mejor perspectiva de admirar es cuerpo de mujer madura, con el pudor de ser estudiada por un hombre joven, nerviosa, las tetas suben acompañando la agitación propia de la hembra, temor y ansiedad por recibirme, la verga con erección a pleno la intimida, dice que más gruesa que la del marido, el sexo es una herida en carne viva disimulada entre los rulos de vellos brillosos de jugos y lamidas.

    Se la voy colocando despacio, moviendo la cabeza entre los labios, buscando el carnoso interior rosado, con la mano recorro esa boca temblorosa que se agita entre el deseo y el temor.

    – Tranquila, todo estará bien, súper bien.

    – Despacio, por favor despacio, la tienes bien gruesa, antes no er…

    Para no dejarla pensar me afirmé, las rodillas levemente debajo de sus nalgas, elevé los muslos sobre mi pecho y fui dejando que la verga buscara por sí sola el camino sanador de los ardores de Linda.

    Acomodando el cuerpo para poder hacerle sentir esta incontenible calentura, empujando y saliendo, despacio para acostumbrarla a nuevas sensaciones, entraba deliciosamente forzada, en verdad disfrutaba de lo estrecha que era la señora, las primeras embestidas suaves pero hasta el máximo, algo de dolor y mucho de ansiedad, sus gestos condicionan el ritmo del “garche”. La calentura marca los tiempos y la intensidad, volcado sobre su cuerpo, los muslos sobre mi pecho, tengo la postura ideal para entrarle hasta los testículos. Aferrado a sus caderas como naufrago que pelea por su vida, me impulso bien dentro de la mujer, intensos, bruscos y hasta con algo de brutalidad propia por ser atravesado por la lujuriosa visión de una hembra ansiosa de sexo, el instinto de macho dominante, de animal primitivo impera en esta cogidota de la desmesura.

    Los gemidos descontrolados, las mejillas encendidas, boca abierta y mandíbula caída, las manos apretando mis flancos hasta clavar sus uñas en mi carne, flexionando la planta de los pies, respira con dificultad, espasmos y la espalda tensa como cuerda de violín, respira a golpes de bocanadas de aire. Nuevamente las señales inequívocas del orgasmo se apropian de su cuerpo, las contracciones de la vagina aprietan al pene que se mueve con la fiereza de un tiburón. Los golpes de verga acentúan y replican las sensaciones de ahogo, incontenible grita el pedido de – Para, para!! no puedo seguir, me ahogas, para un poco, por favor!!!

    Seguí dentro, bien en el fondo, quieto, presionando cuanto podía, por nada del mundo abandono este, mi lugar en el mundo del sexo. Un poco de movimiento basta para replicar las ondas de placer que la invaden, repito varias veces con el mismo éxito, ruega piedad, no puede aguantar más la angustia de seguir agitada por las olas de un orgasmo que agota su cuerpo maltrecho por tanto placer.

    La pausa me permitió demorarme y prolongar el momento supremo, ahora es tiempo de encender motores, subirme en la cúspide la curva sinuosa del placer y dejar correr libremente el tiempo de descuento hasta que los movimientos propios de la calentura sin remedio preanuncian el momento supremo.

    Linda entiende esos signos, los lee en mis ojos turbados de lujuria, en un momento de lucidez atina a dar el aviso urgente… – No me termines dentro, soy fértil, por favor termina fuera.

    El aviso había llegado con el tiempo y la precisión para sacarla en el momento que los estertores propios de la eyaculación. Retiré la verga en el instante previo a la eyección de un salvaje y potente chorro de semen brotara de la pija, la fuerza del primer disparo le llegó hasta el cuello, el segundo entre los pechos y los restantes calmados esparciendo el resto de la carga sobre el vientre.

    La descarga de energía masculina pareció llevarse mis fuerzas, tendido a su lado, la señora decorada con el semen del guerrero tendido a su vera.

    – Cuánta leche tenía mi hombre! Qué caliente!

    Sus dedos se untaron en la energía láctea vertida sobre sus tetas, el silencio placentero y culposo del éxtasis nos invadía. Casi no hubo palabras, todo había sido dicho en el crudo lenguaje del deseo. Me vestí en silencio, un beso en la boca y su sonrisa fueron el compromiso de volver por más.

    Cerré la puerta con suavidad, no turbar las culpas de la suegra con la impagable alegría de haber consumado ese deseo inalcanzable de poseerla, la causalidad había puesto en mis manos la posibilidad de haber despertado a esta hembra de su forzado letargo sexual, ahora se le agrandó el horizonte…

    Esa fue mi primera vez con doña Linda, los días siguientes nos fue difícil por la continua presencia de Alicia, hasta que a la semana siguiente se nos dio la oportunidad, pero eso tendrá que esperar a mañana para escribir las emociones de ser el hombre de esta suegrita Linda.

    Te espero en [email protected]

    Lobo Feroz

  • Me encanta su barba

    Me encanta su barba

    Regularmente no me dejo crecer la barba y cuando lo hago, regularmente es para esos días del más duro invierno por la zona, pues verdaderamente ayuda para mitigar el viento frio y a mí me gusta caminar en todas las épocas. Aquel día venía de mi caminata cuando veo que mi hermana va saliendo del estacionamiento de la casa y me grita invitándome a ir a desayunar con ellos. Reconocí a Sofía, una hermosa rusa con la que tuve algunas aventuras sexuales años atrás, pero no sabía que alguien más iba en el asiento trasero, pues el vehículo todo terreno de mi hermana tiene las ventanas traseras polarizadas.

    Me encuentro con la sorpresa de conocer a su prima hermana y a quien me presentaron como Aleksandra. Una chica rubia como Sofía, linda como la prima, diez años más joven que ella y mucho más coqueta y abierta que a la rusa que me cogí hace 10 años y que ahora cuenta con 38. Aleksandra es risueña y gesticula mucho sus emociones y aunque casada, cuando tiene la oportunidad de coquetear se muestra con una seducción muy abierta, solo hay que esperar el momento, pues no quiere que nadie más lo sepa, porque después de todo, es casada y no quiere levantar sospechas de su conducta promiscua.

    Resulta que ya en el restaurante mi hermana y Sofía se desaparecen por unos cinco o siete minutos para ir al tocador, típico de la mayoría de mujeres y me quedo a solas con la hermosa chica rusa quien tiene un acento todavía que denota su origen. No desaprovechó ningún segundo; tan pronto vio a mi hermana y a su prima desaparecer, me arrojó sus cartas con una provocación difícil de contener, pues Aleksandra tiene una mirada angelical, ojos azules, unos labios carnosos que llaman mucho la atención, unas piernas alargadas y bien torneadas y con una curva divina que forma un atractivo trasero. Y con el vestido que modelaba en esa ocasión, realmente a uno le hace volar la imaginación e indagar como se miraría totalmente desnuda. Ella fue directa a donde quería llegar y sabía que tenía poco tiempo.

    – Me cuentan que es soltero… ¿Cómo un hombre tan guapo, tan apuesto como usted puede estar libre por esta vida? ¿Imagino le gustan esas compañías temporales y sin ningún compromiso?

    – ¡Algo así! –le he contestado.

    – ¿Cómo las prefiere? Casadas, solteras, jóvenes, maduras… ¿Cómo?

    – Creo que debe haber algo de química… lo demás realmente es secundario.

    – ¿Qué le parece si lo invito a almorzar a mi casa uno de estos días?

    – ¿Y tú esposo?

    – A él no lo invitamos, además no me agrada la idea de un trío. – y se sonríe sensualmente.

    – Digo, ¿no crees que tomas muchos riesgos?

    – Bueno, la vida es un riesgo y no sabes cómo se me sube la adrenalina el pensar que estoy con alguien más en la misma cama donde mi marido piensa que solo me entrego a él. ¿Tú te arriesgas conmigo?

    – Sí, me gustaría tomar ese riesgo contigo. –le he contestado con una sonrisa.

    – ¿En ese caso que te parece pasado mañana? Es el día que regularmente tiene más ocupado y viaja alrededor del estado.

    – Me parece bien, solo que tengo una condición.

    – Dime.

    – No me gustan las objeciones en el sexo y soy muy abierto en ello.

    – Yo también, mientras no hayan golpes o moretones. Tú sabes, no puedo dejar ningún tipo de evidencias de nada… ¿me entiendes verdad? Aunque yo también tengo una condición.

    – Dime.

    – No te vayas a quitar esa barba… quiero que me haga cosquilleo en mi cuerpo. Créeme que ya la imagino haciéndome cosquillas.

    Mi hermana y Sofía llegaron, comimos el desayuno, nos despedimos y ya para ese entonces ya habíamos intercambiado teléfonos con Aleksandra. Exactamente como había acordado, a las diez de la mañana recibo el texto donde me da su domicilio y salgo con ese nerviosismo característico en lo que es la sensación de estar haciendo algo prohibido con alguien a quien poco conozco. El marido de Aleksandra en un hombre peruano, quien es ingeniero y viven muy bien. Su buen salario le dio la oportunidad de comprar una bonita casa, como también comprar a una bonita esposa de esas que se ofrecen en estas nuevas redes sociales, pero Aleksandra necesita más de lo que su marido le da, pues al ver sus fotografías colgadas en la pared, me doy cuenta que está fuera de condiciones físicas y si hay que darle un adjetivo, diría que está entre los obesos.

    Llego y Aleksandra viste un pantalón corto de nylon el cual me permite ver la tanga que lleva puesta. Sus medianos pechos son sostenidos por un bustier deportivo y el cual me permite ver su bien trabajado abdomen, esa bonita cintura, como lo sensual de su ombligo. Me ofrece algo de tomar y me da una muestra de su casa, me lleva por los jardines y finalmente pasamos por las recamaras hasta llegar donde ella duerme con el Sr. Sánchez. Es Aleksandra la que toma la iniciativa y se me acerca y me ofrece sus labios, los cuales beso mientras ella me toma de los glúteos. Su respiración es profusa y comienzo a lamer su cuello y me dice que siente delicioso el cosquilleo de mi barba en esa zona. Me tomo mi tiempo y esta preciosa mujer solo respira y me dice repetitivamente: ¡Tony, me gustas mucho!

    De beso en beso, me fui deslizando hasta sus pechos, donde ella me asistió en removerle su bustier y me quedaron aquellos melones blancos con una areola rosada deseosos a ser lamidos, devorados a placer. Aleksandra solo gemía y entre palabras recortadas lograba decir: ¡Me encanta, comete mis pechos Tony! Se los mamé por un buen tiempo y de esa manera llegué a su ombligo y descubrí ese pelvis desnuda de vellos y al remover su tanga color blanca pude ver como esos hilos de lubricación espesa se desprendían como si fuesen telas de araña. Aleksandra se estaba muriendo de las ganas; sus gestos, sus gemidos, todo parecía indicar que quería ser penetrada. Yo todavía estaba vestido y ella me asistió al removerme la camisa mientras me lamia los pectorales, me bajo el pantalón y observo mi paquete queriendo tomar libremente esa erección esperada, pues con ropa interior estilo bikini, se restringe su crecimiento absoluto. Ella me lo tocó y me dijo: ¡Tony, que rica y hermosa se mira tú verga. No esperó y me los quitó y se puso a mamarla con todas sus ganas.

    Aleksandra mama rico, tiene una buena técnica, que tuve que interrumpirla en un par de ocasiones, pues ya me mandaba al paraíso. Hay que tener fuerza de voluntad para que esta chica no te mande al paraíso en unos minutos, pues debo decir que está entre las mejores mamadas que le han dado a mi verga. Desde lo visual, es una delicia ver mamando a esta rusa y su técnica es exquisita. Es un proceso progresivo que te envía unos toques de choque desde su mamada sublime, hasta que Aleksandra intentaba meterse toda mi verga en su esófago. Realmente le doy un diez por su forma de mamar.

    Le correspondí con un oral de mi parte, pero yo si la mandé al paraíso en minutos. Ella debió estar tan excitada con la mamada que me dio, que cuando yo me bajé entre sus piernas y comencé a besar su clítoris y succionarlo, me lo anunció con sus movimientos al principio, pues ella hacía ese movimiento con su pelvis, para que su conchita se restregara con mi boca. De esa manera llegó el orgasmo, un orgasmo potente que le descontroló los músculos y aun cuando ya no tenía ese contacto con mi boca, ella siguió con el movimiento como si estuviese cogiendo hasta que le pasó en minutos. Se ríe y me dice:

    – Me has sacado un orgasmo delicioso. Eso de sentir tu barba entre mis piernas, sentí que fue un agregado para que fuese tan potente. ¡Que rico Tony, que rico mamas!

    En esa plática estaba cuando me limpiaba mi rostro con una toalla y acomodaba a Aleksandra en posición de misionero y le comienzo a dar en esa posición con un ritmo semi lento. A mis 50 años, he desarrollado la habilidad que no me vengo tan fácil y de hecho, llego a un punto que se me hace difícil venirme, pero cuando lo hago llega de repente y son las eyaculaciones más ricas y cargadas que he tenido. Le doy con un ritmo más elevado a Aleksandra y donde me encorvo para poderle mamar las tetas a esta mujer. En los minutos, ella me pide que aumente el ritmo, que siente que se va a venir… yo siento como su vagina se contrae y puedo sentir el calor que me quema por dentro. Aleksandra hace una mueca de placer y entre gemidos explota con un segundo orgasmo, el cual no parece con la potencia como el primero, pero que lo obtiene con solo diez minutos después del primero. Eso es lo que envidio de las mujeres, se pueden venir muchas veces a la vez.

    Tengo tan lubricado mi pene, que en esa misma posición pretendo taladrar ese culo ruso y solo levanto sus nalgas y ella sabe cuál es mi idea, Aleksandra asiste y permite que su rico culo se alinee con mi erecta verga. Poco a poco se la he introducido, hasta que mis testículos chocan con lo que es la parte baja de su columna. Aleksandra solo me mira y me da una expresión con una sonrisa coqueta, seductora y me dice: ¡Que rico coges Tony!

    Prácticamente estábamos en la misma posición del misionero, pero ahora mi verga se deslizaba adentro de su rico culo. Volví en esa misma posición a mamarle las chiches, pues me pareció que esa combinación de ser penetrada y a la vez sentir que le mamaba las tetas elevaban sus excitación y no me equivocaba, a los cinco minutos ella me vuelve a decir: ¡Tony, siento algo extraño, creo que me vas hacer acabar por el culo… ¡No pares!

    Efectivamente, ella en ese momento comenzó con su movimiento de caderas que a los minutos fue acompañado con un gemir constante que parecía que lloraba y gritó: ¡Tony, me vengo! – No paré a pesar que sus movimientos eran descoordinados, y pude ver que sus ojos tampoco tenían coordinación, como si se tratara de una persona embriagada, y le di y le di hasta que sentí que yo me iba a venir y le dejo ir mi descarga.

    Cuando retomamos la compostura, pues nos calmamos aun cuando mi verga estaba ensartada en el culo de esta chica rusa, cuando se la removí, Aleksandra sintió todo mi esperma salir y quedó admirada como quedó el cubrecama de empapado de ese liquido blancuzco de mi corrida. Ella tomó algo de mi esperma entre sus manos y me dijo: ¡Nunca vi tanto esperma en una sola descarga! ¿Desde cuándo no cogías?

    La verdad que solo tenía 4 días de no coger, pero mi alimentación es de muchas frutas y líquidos y cuando me contengo de esa manera, parece que mis testículos produjeran mas semen en el proceso. Hay veces que tengo semanas de no coger y si me vengo rápido, la descarga es normal, un poco más de lo normal quizá, pero no tanto como cuando me contengo de no eyacular prematuramente.

    Aleksandra me habló que nadie le había sacado un orgasmo anal tan potente y que ella adjudicó al tamaño y grosor de mi verga y según ella, era de las más grandes que había cogido hasta ese instante. Según ella, no era tan inclinada al sexo anal, pero este día lo hicimos dos veces más por su rico culo y cada vez logró obtener un orgasmo. Quedó tan fascinada con su experiencia, pues siempre que hablamos por teléfono o me envía un texto provocativo, la insinuación de que le abra el culo es latente. El problema con Aleksandra es que ella piensa que es única y yo me debo a otras chicas y algunas por no decir la mayoría, están casadas y cansadas de esperar que sus maridos las complazcan dándoles un buen servicio. Yo creo que es el problema de los matrimonios, esa maldita rutina de hacerlo en el mismo lugar y de la misma manera. Según Aleksandra, su marido nunca le ha pedido el culo y raras veces le da placer oral. Sus únicas experiencias anales fueron cuando era una joven cuando recién conocía su sexualidad.

    Obviamente quiere más y me llama todos los días, pero ya se le pasará, es cuestión que encuentre a alguien más con quien vivir otro momento diferente y prohibido.

  • Mi primera vez con una trans (Segunda y Tercera parte)

    Mi primera vez con una trans (Segunda y Tercera parte)

    Segunda Parte

    A partir de mi primera salida con Sylvia, no sólo mi homosexualidad creció, sino que experimenté un nuevo tipo de relación sexual al hacerlo con una travesti. Y eso que esta primera experiencia había sido sólo una exquisita mamada que me había hecho una noche dentro del auto. Pero esta mamada, no era ni parecida, a todas las que me habían realizado distintas mujeres y de diversas edades. No la puedo describir con palabras, para que se pueda comprender qué sensaciones me hizo sentir. Porque uno piensa que es ponerse una pija en la boca, succionarla, pasarle la lengua y nada más. Pues, con simpleza es así, pero ellas, las trans, sienten distinto y saben qué es lo que les gusta a los hombres hetero cuando les chupan el pene.

    Dejando todo este comentario creo que necesario para aquellos que no lo saben, me meto de lleno, en la segunda noche que la pasé a buscar a Sylvia por aquella esquina de la avenida donde hacían el yiro tanto mujeres, como travestis.

    Había pasado un par de semanas, cuando me dieron ganas de ver nuevamente a Sylvia. Digo de verla, porque en ese momento no tenía dinero, por lo que decidí, pasar a verla, para arreglar para la siguiente semana.

    Llegué a «su» esquina a las 20:30, y ella aún no había llegado, por lo que estacioné el auto para esperarla, por lo menos unos 15 minutos más. Habían pasado unos cinco minutos, y delante de mí paró un taxi con una persona, le pagó al taximetrista, abrió la puerta, salieron dos hermosas piernas de mujer, y bajó ella. Hermosa con su cabellera moviéndose, pues había un poco de viento. Miró mi auto, pero por supuesto, ni me reconoció, se dirigió hacia «su puesto de trabajo», contra la pared de la casa de la esquina. Prendí el motor del auto, avancé, a los pocos metros doblé a la derecha y paré el auto, bajando la ventanilla del acompañante. Ella se acercó, y cuando iba a empezar a hablar, me reconoció: «¡Holaaa, mi amor! ¿Qué tal? ¡¡Viniste!! La verdad no creía que volvieras a buscarme», y diciendo esto abrió la puerta del auto, se sentó y cerró la puerta.

    «Ay, Sylvia. No te enojes, pero pasé sólo para verte porque no tengo dinero en este momento», le dije, y de inmediato, sin pensarlo, me acerqué a ella para darle un beso, a lo que ella, en primera instancia se sorprendió, pero me devolvió el beso y nos quedamos besando como dos enamorados.

    «Mi amor, si no tenés dinero no te preocupes. Te la chupo en el auto y cuando vuelvas a buscarme otro día me lo das».

    «Es que no me gusta deberle dinero a la gente», le respondí.

    «Te digo en serio, mi amor. Te la chupo. Dale, vamos al mismo lugar del otro día», y diciéndome eso se me acercó y me dio en beso de labios.

    Arranqué y me dirigí a aquella cuadra oscura que ya les conté en el relato anterior. Pero esta vez, ya estacionado, lo primero que hice fue bajarme pantalón y bóxer hasta las rodillas, ella me chupó la pija deliciosamente otra vez y su mano derecha luego de pasar por mis testículos y ano varias veces, agarró mi pija y mientras chupaba me la iba pajeando. En resumen, me hizo ver las estrellas.

    La única diferencia, es que esta vez, mientras ella me hacía gozar como loco con sus dedos, con mi mano derecha le sobaba su entrepierna, donde estaba «escondido» su pedazo, por lo cual, ella empezó a moverse para que mi mano pudiera tocar toda su pija. Al darme cuenta de lo que ella quería seguí pasándole una y otra vez mi mano, hasta que le acabé en la boca. En ese momento, yo levanté mi mano y al momento que ella levantaba su cabeza de la tomé de la nuca y la llevé hacia mi boca donde nos besamos en forma muy delicada. Hasta diría, con mucho amor. Tanto ella como yo. Hermoso e inolvidable beso.

    «Bueno lamentablemente te tengo que llevar a la esquina otra vez», le dije.

    «La verdad que es una lástima, mi amor, pero lo lindo es que sabemos que nos vamos a ver otra vez. Y ahora estoy segura, de que es así».

    «Sí, preciosa. Voy a volver otra vez y según lo que estoy sintiendo, nos vamos a volver a ver unas cuantas veces más. Me encantás».

    Y esta fue la segunda vez… la tercera, fue la primera de otras de dejar de estar en el auto, para ir «al mueble» (hotel de alta rotatividad).

    *************************

     

    Tercera Parte

    Pasada otra semana de haber estado con Sylvia, la pasé a buscar, ya por nuestra esquina, de la avenida. A la misma hora: 20:30. Esta vez cuando llegué, ella ya estaba «trabajando». Reconoció el auto a media cuadra antes de llegar, por lo que fue caminando hasta la esquina misma, para abrir la puerta del auto, entrar, darnos un beso e irnos al amoblado (Hotel de alta rotatividad).

    Este amoblado, en todo su perímetro está rodeado de un muro y tiene dos aberturas grandes: una para entrar y la otra para salir los autos. Una vez dentro de ese muro hay un edificio cuadrado de dos pisos. La planta baja está formada por garajes con cortinas elevadizas de hierro que corresponden a cada habitación, las cuales cuentan con una cama, la cual puede ser redonda, de agua, común de dos plazas, dependiendo de lo que la pareja quiera y/o pueda gastar, salita de estar con sillones, televisión y por supuesto, un baño. Para llegar a la habitación se sube por una escalera desde el garaje. Al llegar al tope de ésta, hay una puerta por la que entra el servicio de habitaciones para limpiar y cambiar sábanas.

    Pues bien, esta tercera noche, fuimos al amoblado. Aunque no me puedan creer, yo temblaba. Era mi primera vez que me iba a acostar con una travesti, es decir, con otra persona que también tenía pene como yo. Me sentía como infiel con mi Primo (para los que no han leído todos mis relatos, mi Primo fue mi primer amor y mi Mentor en lo sexual).

    Sylvia mientras íbamos hacia el amoblado, depositó su mano izquierda en mi muslo derecho, el cual lo iba acariciando, y además me tocaba y agarraba mi pene que, eso sí, estaba bien pero bien duro. Estando por llegar, se inclinó y puso su boca abierta tratando de agarrar mi pene con su boca por sobre mi pantalón. Llegué, ingresé por la entrada y en el primer garaje abierto, metí el auto. Me bajé en seguida y bajé la cortina metálica para indicar que este cuarto estaba ocupado. Sobre el comienzo de la escalera había una luz roja, que indicaba que el servicio de limpieza estaba todavía en la habitación por lo que todavía no podíamos subir, por lo que entré al auto y me senté.

    «Están limpiando el cuarto», le comenté.

    «Y bueno esperamos, mi amor, entonces», y empezó a tocarme el pene por encima del pantalón, y empezamos a besarnos.

    Como no estaba cómodo le dije de bajar y esperar en la escalera, a lo que accedió en seguida. Fuimos hasta la escalera y en cuanto subimos un escalón, la tomé del brazo y la apoyé contra la pared para besarnos de una forma totalmente desaforada. Nuestras lenguas se entrelazaban y bailaban con la música de nuestros propios jadeos. Mientras tanto, su mano derecha bajaba el cierre del pantalón, metía su mano y me sacaba la pija que estaba a más no poder, y la pajeó un poco. Y su mano izquierda se apoyó en mi cola que me apretaba contra ella para sentir nuestros cuerpos a través de nuestras ropas. Mientras mis manos recorrieron prácticamente todo su cuerpo: cara, hombros, pechos, cintura, cola, entrepierna, muslos. Me sentó en un escalón y empezó a chuparme la pija, mientras yo le pedía que no me hiciera acabar, pues tenía dinero, sólo para «un polvo», es decir, los $500 que me cobraba y pagarle la chupada de pija que me había hecho la semana anterior.

    «¿Mi amor, en serio trajiste la plata de la chupada de la semana pasada? No te preocupes, amor, si me acabás ahora no te lo voy a cobrar. Tranquilizate. Aflojate», me dijo.

    Y siguió chupando, y justo tocaron el timbre para avisarnos que la habitación ya estaba pronta para nosotros. Nos dimos un beso, y subimos rápidamente, tomados de la mano.

    Entramos a la habitación, nos desnudamos, yo me acosté y ella fue al baño.

    Cuando salió estaba desnuda con sus hermosos pechos y una pequeña tanga, mostrándome su hermoso cuerpo de mujer. Luego se acercó a la cama, se puso dándome la espalda, se sacó la tanga, se acostó tomó la sábana y nos tapó a los dos. Ella fue directo a mi pija, para metérsela en la boca y chuparla.

    «Me gusta tu pija, mi amor. Es deliciosa. Mmm. Mmmm . Deliciosa.»

    Y mientras me decía esto, su mano derecha me acariciaba el abdomen hasta llegar a mis tetillas con las cuales empezó a jugar con ellas. Al sentir sus dedos sobre éstas, sentí un nuevo placer totalmente nuevo para mí (en esos momentos), y con la mano izquierda me tocaba los testículos y parte de mi ano, como si fuera por accidente. Por estar en la zona.

    Dejó de chupármela y subió para besar mis tetillas, y moviendo la punta de su lengua muy rápidamente sobre éstas. Yo le agarré la cabeza y la hice subir para, primero chuparle las tetas, y luego darnos besos de lengua desesperados de pasión. Sus manos ya me tocaban todo, tetillas, pija, testículos, nalgas, ano. Yo desesperaba.

    «¿Te gusta mi amor?», me preguntó.

    «Sssííí´»

    «¿Qué querés hacer, mi amor?»

    «Cojerte», le dije.

    Ahí bajó me chupó la pija un poco más, y luego se acostó boca abajo.

    Yo me acosté sobre la espalda de ese cuerpo escultural, hermoso, y ella, levantó la cola para que yo la pudiera penetrar. No tardé ni un segundo, en hacerlo.

    «¡¡Ay, preciosa, mi vida, que culo hermoso que tenés!!»

    «¿Te gusto tanto?»

    «Sí. Sos preciosa…»

    Y continué cogiendo ese culo hermoso, bien redondito, duro, y cómo se movía, por favor, no se hace una idea de cómo levantaba y subía la cola, Llegó un momento que yo me quedé quieto, y ella era la que se movía, la que cogía. Un placer exquisito. Mis manos agarraban sus caderas hasta que fui tratando de meter mi mano derecha entre su cuerpo y la cama, pues quería poder llegar a tocar su pene. Al darse cuenta de lo que quería hacer, ella levantó más la cola y se fue poniendo en «cuatro patas». Entonces ahí sí, mi mano recorrió primero su abdomen para luego ir bajando hasta llegar a tocar su glande, para luego agarrar con sumo cuidado su pija. Yo ya estaba absolutamente fuera de mí. Me fui inclinando para besarle si podía una teta, pero me dio para pasarle sólo la lengua, y luego bajé besando parte del abdomen, y quería seguir bajando pero no pude. La pajeé un poco, pero era tanto la calentura que tenía que le descargué toda mi leche en el culo casi en dos minutos desde que la empecé a coger, nada más. Después que acabé, me acosté boca arriba en la cama y ella quedó boca abajo, dándome besos en la boca, en las tetillas y en la boca otra vez. En ambos lugares, besos de lengua, por supuesto.

    «¡¡Ay, mi vida. Cómo me hiciste gozar!! Me encanta todo tu cuerpo», – le dije – «Todo.»

    «¿Todo… todo?, me preguntó.

    «Sí. Todo»

    «¿La próxima vez no te gustaría probar hacer alguna que otra cosa más?», me preguntó.

    «¿Qué otras cosas más?»

    Y… no sé…» -me dijo, mientras se ponía de costado mirándome, a los ojos y besándome – «¿qué te parece que vos también juegues con ésta?»

    Y llevó mi mano izquierda hacia su pija para que yo la agarrara. Al agarrarla sentí que estaba «hirviendo» y muy dura.

    «No sé… podría ser» -le contesté mirándola a los ojos, muy nervioso (y además muy satisfecho que ella me lo pidiera, – «pero ¿estás segura de lo que estás pidiéndome?»

    «Por supuesto, mi amor.»

    Luego de mirarla a los ojos unos segundos más, me acerqué a ella, le dí un apasionado beso, para luego quedarme mirando ese caliente pedazo que tenía en mi mano. Me agaché, me lo metí en mi boca y lo saqué en seguida, diciéndole con una sonrisa:

    «No sé… Podría ser… Bueno… PUEDE ser…

  • Me masturbé por el móvil

    Me masturbé por el móvil

    Sonó el móvil, eran las 3 de la mañana, estaba muy cansada… aun así cogí el móvil, Juan llamando…

    Juan es mi «amigo» en todos los sentidos, con el tuve mi primera experiencia sexual, no somos novios ni nunca lo hemos sido… pero siempre ha existido esa chispa entre nosotros…

    -Qué quieres? Sabes qué hora es?

    -Si lo se… Es que… estaba tumbado en la cama….y me he puesto a pensar en ti… en tu cuerpo… en tus caderas… en tus pechos…

    -Y qué?

    -Necesito… necesito sexo Silvi…

    -Juan, es muy tarde, vete a dormir…

    -Desnúdate por favor… dentro de la cama… rozando tu dulce piel contra las sabanas… te puedo imaginar… yo estoy desnudo… la tengo muy dura… Quiero acariciarte… tocarte esos pezones que tienes y que me vuelven loco… abrazarte por detrás… inmovilizarte y hacerte mía…

    Si… la verdad… es que el calor empezó a invadir mi cuerpo… mis pezones intentaban atravesar las sabanas… comencé a rozarme… acariciarme…

    -Te estas tocando…??

    -Si…

    -Estas mojada???

    -Si…

    -Deseo… Deseo seguir…

    -Yo también…

    Comencé a tocarme los pezones… pronto baje al clítoris que deseaba ser rozado… Él se estaba haciendo una paja… podía escuchar sus gemidos por el móvil… y yo estaba haciéndome un dedo al mismo tiempo…

    -Por favor baja el móvil… quiero oírte…

    Así lo hice… el sonido de mis fluidos con el dedo entrando y saliendo siempre le había excitado… a mí también… coloque el móvil cerca de mi clítoris… podía escuchar sus gemidos… inconscientemente yo también empecé a gemir…

    Cada vez me metía el dedo más rápido. Oí un gemido final… él se había corrido… Dejé el móvil en la almohada y puse el manos libres… seguí masturbándome… me faltaba poco para llegar el orgasmo… pero esta vez Juan me guiaba poco a poco y yo obedecía… Acaríciate los pezones con una mano… y con la otra el clítoris… poco a poco… haciendo circulitos…

    Si… acerca tus dedos a tu boca… Chúpalos… saborea tus fluidos… mmm ahora metete 2 dedos en la vagina… despacito primero… entra… sácalo… metelo… sácalo…

    Ahora 3 dedos… Cada vez más rápido…

    Si…

    Que duermas bien Silvia…

    Buenas noches Juan.

  • El gordo pene de Carlos

    El gordo pene de Carlos

    Sensual, elegante, femenina, distinguida, Mayra siempre había sido lo que la dignidad de su linaje exigía, su doble apellido, su vida perfecta. Todo en ella tenía y mantenía la clase, el estilo que se esperaba, moderación, conducta y apariencia habían sido toda su vida una constante. Y ahora en la madurez, con toda la plenitud de sus virtudes femeninas no podía permitirse tirar todo aquello por la borda.

    Pero la situación la había superado, se había permitido un cierto coqueteo con algunos empleados de la firma, el empleado del servicio de seguridad entre ellos, pero esto se había salido de la vaina, el muchacho había ingresado a su oficina privada, y se había llenado descaradamente la boca con palabras casi obscenas describiendo su masculinidad e insinuándole que podría darle placer, ¡el engreído le ofrecía placer sexual! Había controlado medianamente la situación -aunque se asustó un poco por la insistencia del muchacho- mirándolo con desdén, pretendiendo asustarlo con su frialdad natural, intentando disuadirlo con la posibilidad de un despido, a fin de evitar que la situación pase a mayores. Pero luego él había dicho aquello que la había descolocado. Y acto seguido cumplió su promesa y se la mostró.

    Momentos antes de aquel instante crucial había -creía ella- alardeado acerca de sus atributos masculinos y ahora ella, se encontraba en una situación desconcertantemente diferente.

    No podía creer por ningún motivo lo que había oído, no podía creer desde ningún punto de vista lo que estaba viviendo, lo que veía, lo que sentía…

    Carlos, el joven empleado de seguridad del décimo piso, se encontraba ante ella, Mayra, la respetada directora de marqueting blandiendo su pene ante su escritorio, con una expresión de satisfacción indescriptible ante la cara de asombro de Mayra, sus palabras habían cesado al instante, dando paso a un silencio sepulcral. La dureza de la expresión de superioridad de la cara de Mayra rápidamente dio paso algo completamente diferente y difícilmente descriptible detrás del rubor creciente de sus mejillas por la incomodidad de tan inesperada situación.

    Mayra había olvidado quién era, estaba atónita ante la visión de la masculinidad de Carlos, no podía, -aunque hubiera querido- retirar la vista del gordo pene y los holgados testículos que la bragueta muy abierta de Carlos había permitido ver.

    El orgullo de Carlos en aquel momento era incomparable, siempre había recordado las palabras de su padre, que al llevarlo con una mujerzuela, le había aconsejado que a las mujeres difíciles de coger (o las calienta pijas como las había llamado) había que darles de su propia medicina, «mostrales la pija» -había dicho- «hacéselas tocar, así se encariñan».

    Carlos no recordaba una sola vez en la que aquello no había dado resultado, desde aquella gloriosa primera vez en la que lo había hecho por instinto -antes de recibir tan sabio consejo- con su prima Betina unos años menor. Carlos le había dicho a Betina que si quería ver su pito, ella no había querido pero él la acorraló en un rincón de la habitación grande y se había bajado los pantalones, Betina se había tapado los ojos, pero la curiosidad pudo más que su pudor, y al cabo de unos minutos, había pedido jugar con «eso», pidió tocarlo, e instantes después, lo acariciaba y besaba con ternura inocente. Ahora esta hermosa mujer lo miraba embelesada…

    Mayra no podía creer lo que sus ojos veían, Carlos era buen mozo, nada del otro mundo a la vista de una mujer que había sido objeto de infinitos intentos de conquista por parte de los más guapos argentinos de clase alta, pero el espectáculo que el muchacho ofrecía ahora distaba mucho de lo que ella hubiera esperado. En medio de su bragueta colgaba esplendoroso un soberbio pene de color más bien claro, longitud y diámetro formidables.

    Con mirada satisfecha, casi sonriendo Carlos tomó por la base sus testículos, terminando de sacarlos del pantalón para exhibirlos en su total magnitud y masturbándose luego suavemente preguntó en tono sarcástico: -«¿Qué te parece lo que te ofrezco belleza?»

    No esperaba respuesta, pero la reacción de Mayra lo sorprendió levemente.

    Ella levantando apenas un segundo su mirada para dirigirla a los ojos de Carlos, dejando caer sus lentes sobre sus pechos pendiendo de su cadena dorada, se levantó de su sillón y rodeó el escritorio que los separaba.

    Él, aun temiendo una reacción agresiva, giró sobre sí mismo apoyando una mano sobre el escritorio, y como en actitud sumisa, sabiendo que se había propasado, intentó guardar su polla, pero la mano derecha de Mayra lo detuvo.

    Sosteniendo aún la mano de Carlos con la suya, comenzó a desabrochar suavemente los botones de la camisa del muchacho, cuando hubo terminado, describiendo círculos con su mano izquierda sobre su pecho descubierto, procedió a desabrochar su cinturón, luego pasó al botón del pantalón y dejando por fin libres los atributos masculinos del muchacho, dobló sus piernas agachándose hasta su pelvis y dirigió su boca al trozo de carne que ahora ardía entre sus manos.

    Carlos, ya más calmado después del pequeño susto, la dejó hacer, con otros aires, relajó sus manos, apoyándolas ambas al escritorio a sus espaldas y relajó los músculos de sus piernas dispuesto a disfrutar esperando su momento de actuar…

    Mayra tenía ahora toda su atención en la gran pija que tenía frente suyo, y en sus huevos, los más grandes que había visto. Aferró parte de ellos con su mano izquierda y sosteniendo el pene por debajo, le dedicó varios besos suaves con sus labios húmedos y pasó su lengua tratando de abarcar su totalidad, sin dejar de observar sus reacciones y el magnífico tamaño que éste iba tomando ante sus estímulos. Veía como la erección se hacía tangible, la flaccidez del principio daba lugar a una mayor firmeza y con placer observaba como la piel del prepucio se ensanchaba, estirándose dejando ver su cabeza, de color más rosado. Sacando todo lo que podía su lengua comenzó a lamer su frenillo, haciendo que Carlos reaccionara contrayendo sus nervios, lo que hacía que el pene, que ya había tomado mayores dimensiones y se veía potente y muy venoso- se elevara, para caer nuevamente en sus fauces, ensanchándose un poco más en cada movimiento y resaltando su diámetro y permitiendo apreciar la descomunal circunferencia de su orificio, que prometía despedir grandes cantidades de semen. Esto excitó muchísimo a Mayra, que estaba dispuesta a todo, y con gran maestría se las arregló para introducir gran parte de la dispuesta verga de su empleado entre sus labios, y lamiendo apasionadamente su cabeza con su lengua mientras apretaba moderadamente sus genitales jugando con sus testículos.

    Comenzó un pausado pero enérgico movimiento de masturbación con su mano, abarcando la totalidad del miembro que quedaba fuera de su boca y que era lo suficiente como para requerir grandes movimientos pese a que lo sentía llegar a su garganta de a momentos. Al cabo de apenas unos segundos, muy excitada, sentía la humedad brotando violentamente en su entrepierna y se encontraba a punto de tener un orgasmo, cuando obsesionada, decidió retirar el pene de su boca sin dejar de masturbar ninguna de sus partes, comiéndolo con los ojos. Le encantaba ver aquel carnoso pene y sentirlo latir entre sus manos. En desenfrenado clímax soltaba gemidos al ritmo de sus frenéticos movimientos sintiendo oleadas de placer vaginal, segregando flujo con cada uno de los latidos del pene que ahora adoraba y que amenazaba con un inminente vendaval de semen proveniente del dilatado orificio del medio del gordo pene.

    Carlos viéndola en tal estado de frenesí se dejó llevar, diciéndole con voz ronca y la respiración entrecortada:

    -«Estoy a punto de explotar, toma mi leche divina…»-

    Ella al oír esto desabrochó prontamente su blusa blanca ofreciendo sus bellísimos senos y volviendo al violento movimiento masturbatorio replicó:

    -«Dámela, dame tu leche, mi rey, báñame con tu semen, soy tu puta, ¡soy tu puta y quiero todo tu semen! ¡¡¡Soy tu puta!!!»-

    Un instante después, abría muy grande su boca sin dejar de mirar su objeto de devoción mientras el orgasmo la invadía plenamente. Carlos explotó violentamente con tres grandes lechazos que se dirigieron a la boca abierta de Mayra, uno penetró y dos de ellos se estrellaron en sus mejillas, un momento después otra increíble oleada de placer lo invadió y otros tres nuevos lechazos salieron despedidos de su tensa verga hacia los preciosos pechos de Mayra que lloraba ahora de placer al observar la gruesa pija eyacular.

    Entre llanto y risa Mayra tomo la verga con ambas manos e introduciéndola todo lo posible en su boca, recibió el resto de la salvaje eyaculación en su boca, mirando el rostro de Carlos, que con sus ojos aún cerrados intentaba recuperar el aliento.

    Momentos después Carlos era testigo de cómo la hermosa directora retiraba la polla completamente limpia de su boca y bebía todo lo que podía del semen residual de su busto, con su cuerpo aún recorrido por espasmos de placer después del descomunal orgasmo. Ambos en silencio, sin decir palabra y mirarse siquiera se vistieron, Carlos dejó la oficina con un gran vacío, no había imaginado este final, aunque fue extremadamente placentero, creyó que sería diferente…

    Mayra al cabo de un minuto de soledad se encontraba deshecha.

  • Suegrita linda (2): Viuda lujuriosa

    Suegrita linda (2): Viuda lujuriosa

    Esa tarde, en su cuarto, un polvo rapidito, con la hija cerca no podía gritar, era la oportunidad, sacarla y terminar dentro del culo. Aguantó sin gritar, se tragó todo.

    La causalidad nos encontró en un momento de abstinencia sexual por viudez de doña Linda, y quien relata mal atendido por que su hija se obstina en no entregar sexo hasta que haya libreta.

    La doña había escuchado tras la puerta las excusas de su hija y las masturbaciones como alternativa, esto sumado a los más de tres años sin sexo fueron los condicionantes para que la “causalidad” de la ruleta de la vida me hiciera acertar el pleno de conseguirnos como amantes.

    La permanencia de la hija en la casa complicaba volver a repetir esa primera vez de sexo, pero a las dos semanas otra salida de mi novia con sus amigas para ir al cine, nos dio la oportunidad de tener unas horas para el sexo.

    – Ven rápido estoy ardiendo, por favor rápido

    – Espérame, pero desnudita, cuando abras quiero verte desnuda.

    Ese pedido siempre es ganador, también ahora que estaba hecha una puta, después de esos primeros polvos quedó con sabor a poco, ahora habría entendido el mensaje de su cuerpo pidiendo carne masculina.

    No necesité ni tocar el timbre, estaba en la mirilla, tan pronto me acerqué se abrió la puerta, doña Linda, estaba con una bata de raso blanca, abierta para mostrar su desafiante desnudez.

    Ahí mismo en el recibidor me senté en el sofá, solté el cinto, ella terminó de bajarme el pantalón, se quedó en las rodillas. Mientras ella me lo baja aproveché para tomarla y forzarla a montarme, ahorcajadas, sentí la conchita pletórica de jugos tibios sobre mis pendejos, le hice guiar mi poronga hasta la entrada, tomada de sus cintura halé hacia abajo, de un golpe se la ensartó a tope.

    El efecto sorpresa produjo un molesto sentón, el fondo de su vagina fue el topetazo brusco pero incitante, de ahí en más todo fue energía en movimiento, elevando mi pelvis se la enterraba hasta hacerla vibrar. Exigí acción, que se mueva, la torpeza inicial trocó en intuición para aprender a dejarse conducir en el zarandeo de cadera. Autodidacta de la movida sexual, pasó los brazos para tomarse del respaldo, eso le permitía balancearse, subir y bajar a su antojo, ser artífice de su propio placer.

    Tampoco era cosa de hacérsela fácil, quería gozarla antes de permitirle el orgasmo tan pronto

    – Desmonta, te quiero arrodillada, entre mis piernas y que me la chupes.

    – Como usted mande señor.

    Arrodillada comenzó a mamar, entendía que debía hacerlo sin dejar de mirar a su hombre, entender sus necesidades y complacer al macho. Aprendía y le gustaba chupar pero se negaba a que le terminara en la boca, de alguna manera posponía esa forma de terminar el acto.

    Debido a que ella había descubierto, con su marido, que era alérgica al látex, no había posibilidad de hacerle sexo con condón, de ese modo siempre tenía que terminarle fuera de la vagina, se mostraba reticente a que me corra dentro de la boca, y por el ano, no había pasado de jugar un poco con mis dedos pero tan pronto se lo tocaba se le fruncía, un poco por virgen y otro poco por temor al grosor.

    Luego de una suculenta mamada volvió a cabalgarme, aferrada del respaldo comenzó a hacerlo con todo el vigor de una abrasadora calentura que le había encendido las mejillas. Los gemidos y quejidos cuando la dejaba caer a tope la estremecen, toma ritmo de cabalgata en una atropellada de los últimos metros de carrera. El estallido emocional del orgasmo fue increíble, me costaba sostenerla en la tensión de su espalda, aprieta sus rodillas contra mis muslos, balancea sus pechos y me los friega en la cara, avanza el torso y retrocede, todos sus movimientos son vibrantes y desordenados, sube a la cima de su mundo de lujuria, una pausa para tomar aire y nuevamente repite la escena de agitación y locura.

    La descarga de adrenalina aportada por el orgasmo se hace sentir en su cuerpo y la mente, se desvanece la carga de agresividad sexual, se me viene encima abraza y por primera vez besa en la boca, busqué su lengua, respondió buscando la mía. Me comió la boca, haciéndome respirar dentro de la suya, Linda había perdido la cordura, se deja llevar en este torbellino de pasión y desenfreno.

    Deviene en momentáneo relax de quietud física y contención emotiva, disfrutó ser doblegada por el miembro que abrió su intimidad, sus pechos fueron presa fácil de mi voraz deseo de succionarlos, este estímulo la fue poniendo nuevamente en la carrera hacia el prometido orgasmo.

    Nuevamente volvemos a tomar el ritmo, le cedí el manejo del acto, gozar y ser gozado, ella la que tiene la tarea de llevarme a la cima, exprimir mi calentura hasta la última gota.

    No le costó demasiado trabajo ponerme al límite, aunque en medio de esa tarea ella disfruto un segundo orgasmo breve pero disfrutado. Nuevamente me recuerda que no me venga dentro de ella, cuando el tiempo apremia le aviso, desmonta y se coloca entre mis piernas, pajea y esparce la abundante y tibia lechada sobre sus pechos.

    Antes de levantarme le urgí una lamida sobre la cabeza del pene, quería que aprenda a sentir el sabor de la leche, acostumbrarla, sin otra opción accede y los gestos demuestran lo poco que le agrada sentir el contacto de su lengua con el semen.

    Se limpió el profuso lechazo, unas cervezas calmaron los sudores propios del verano y de la feroz calentura.

    Mientras ella buscaba las cervezas pensaba en la forma de poder terminarle dentro del ano, pero si me retaceaba la boca, no me sería fácil vencer la resistencia de dejarme hacerle el culo, éste era realmente bueno y firme, sin ninguna duda me gusta mucho más que el de su hija. Se nota que puede leerme el pensamiento. – Me estabas mirando el traste, te veo muy interesado en él.

    – Bueno, soy un macho y lo tienes bien bueno.

    – Sí, lo sé, pero… siempre eso fue algo prohibido, además con esto (me la toca) tan gordote, no me entraría

    – Sí que entra, ninguna mujer muere por recibir una verga.

    – Está bien pero… aún no es mi tiempo, entiéndeme sí?…

    Nuevamente volvíamos a la postergación, dilatación, dejar para otra ocasión, que habría oportunidad, todas eran formas de ganar tiempo mientras yo acumulaba ganas de no seguir largando mi leche fuera. Entiendo que me había vuelto un poco recurrente y obsesivo.

    La hija seguía siendo el obstáculo para tener sexo, en el mientras tanto en cada oportunidad que se nos daba de estar en algún lugar a solas nos pegamos una buena apretada, hasta una mamada y paja incluida.

    Con la mamá dándome sexo cuando se podía no necesité estar cargoseándola para conseguir esas migajas de erotismo, de ese modo seguíamos en lo mismo, ella gozando yo regando su vientre o tetas con los chorros de leche.

    Hasta que… esa calurosa tarde, con amigos disfrutando en la piscina, doña Linda les ofrece ir por bebidas y emparedados para todos, por esa causalidad, me propuso como ayudante, era la ocasión propicia para un rapidín.

    – Ya tengo todo preparado, ese tiempo es todo nuestro, vamos tengo prisa por sentir tu pija.

    Desde la ventana de la cocina podíamos observarlos, me deshice del short, levante su falda, corrí la bombacha y le metí mano hasta conseguir ese momento donde se aloca y pide verga. Senté sobre la mesa, con las nalgas colgando del borde, la ensarté de una estocada, a fondo y con la violencia que impone la limitación del tiempo.

    Enterrado a fondo, aferrado a su cintura, sus piernas enlazadas en mi espalda y sus manos estrujando mi cara entre sus tetas, nos movíamos como poseídos, sobre todo ella cargada de la adrenalina de entregarse a un polvo desafiando al peligro de ser descubiertos. Nada importaba, ella se había transfigurado, apurando las sacudidas hasta estallar en ese orgasmo obligadamente silencioso, sus gemidos se ahogaron en mi cuello. Breve y silencioso pero vibrante y estruendoso en latidos y contracciones.

    – Ahora vamos por el tuyo… bájame que me apoyo sobre la mesa.

    Apoyó el busto sobre la mesa, separa las piernas para recibirme, todo ese culazo es una tentación difícil de respetar, pero fui directo a entrarle por la conchita. Los empellones fueron con inusitada violencia, aferrarse a los bordes de la mesa para contener los embates del macho bravío.

    Es una postura ideal para dominar y someter, el tiempo se termina, la tentación crece, la calentura rige el rumbo de que está por suceder. La tengo ensartada como nunca, este culazo es desde hace tiempo la atracción fatal, premeditación y alevosía para consumar la necesidad que subyace dentro mío de poder venirme dentro de esta deliciosa madura. Negado hacerlo en la vagina, sin protección es impensado, con el condón no por la alergia al látex, en la boca le produce asco y arcadas, el único y delicioso nido donde poder sembrar mi esperma es este hoy delicioso y caliente que calienta mi pasión y turba mi razón.

    Es el ahora o nunca, la tengo entrampada en su madriguera, gritar o quejarse produciría un escándalo, solo le queda aguantarse mi locura por venirme dentro de ese tentador hoyo.

    Todo debía ser con la precisión de un acto quirúrgico, sacarla de la vagina y apoyarla en el hoyo, sujetarla hasta que pueda entrarle. Sujeté con fuerza y precisión, para cuando intentó desasirse del abrazo forzado ya la cabeza de la verga pugnaba por abrir el esfínter, resiste sacudiéndose, una palmada con fuerza y precisión me dio el tiempo de distracción para entrarle toda la cabeza.

    Siente la intrusión, se agita, vuelve a intentar salirse, empujo un poco más adentro. Es tiempo de calmarla para que deje de resistirse.

    – Tranquila, no pasa nada, la primera vez duele un poco, menos si te relajas y dejas de pelear.

    – Claro como no es tu culo el que están rompiendo… Ayyyy me duele (muy bajito)

    – Si no peleamos terminaré pronto, estoy recontra caliente, déjame hacerlo, muero por acabarte dentro.

    – Hijo de puta, me estás rompiendo… me estás rompiendo el culo!!!

    Asume que no tiene más remedio que ser sodomizada, su negativa a dejarse hace incrementar mi deseo por consumar el acto, sobre todo evitar que se salga de ese estuche tan apretadito que la penetración se siente como delicioso paso a la inmortalidad de los placeres.

    Sin dejar de sujetar su rebeldía el metisaca con intensidad y fuerza necesaria para consumar el desvirgue del ano, entrando y dilatando, abriéndome paso en sus entrañas, bombeo con toda la pasión acumulada.

    – Ya estoy, ya estoy llegando, siente como me vengo dentro.

    – Dale, dale, por favor, no seas hijo de puta, no te demores, acaba, acaba de una buena vez. Me estás rompiendo el cu…

    No pudo terminar la frase, cuando el golpe de pija anunció el primer chorro de semen, un segundo empellón sirvió para meterme todo lo adentro que permitía la anatomía, el resto de los chorros se corrieron con levísimo movimiento, siempre dentro, entrado a top.

    El bufido propio de la liberación de la energía acumulada marcó el fin de la eyaculación, sus gemidos siguen ahogados contra la mesa, los latidos de la expulsión del semen y los que se suceden luego de una acabada tan brutal se transmiten a su cuerpo.

    – Me está doliendo, me duele, pero no te salgas, espera que pierda un poco, sale despacio porfa…

    Me retiré despacio, de todos modos cuando salió la cabeza sentí como que estaba descorchando una botella de champan. Los sonidos propios de cuando se bombea tan efusivo se producen acompañando con las burbujas de semen blanquecino que asoman del orifico anal, que va comenzando a cerrarse.

    Permaneció tumbada, de bruces sobre la mesa, las piernas abiertas y el culito destilando semen. Con papel de cocina limpie el ano y mi pija, bajé la falda y ayudé a sentarse, lo hizo de lado.

    – La puta madre, sos un hijo de puta, me sometiste, ahora me está doliendo el culo, me duele mucho.

    Nos sabía cómo hacer para calmar su bronca reprimida, no podía quejarse, solo simular que caminaba con cierta dificultad aduciendo que se había tropezado con el escalón cuando volvíamos con los emparedados y las bebidas.

    En la despedida volvió a recriminar lo salvaje de la cogida y las molestias, que hasta le había dejado rastros de sangre saliendo del culo abierto. Le dije que tomara un baño de asiento con agua helada, que no pasaba nada, que era algo común en la primera vez. – Común tu hermana! Como no fue a vos a quien le rompieron el culo! No me vas a volver a coger más…

    Regresé con todas la ínfulas del haber consumado esa asignatura pendiente, con ganas de volver a repetirlo. Las palabras e insultos de doña Linda eran la forma la forma de sincerarse en su justificación por haber sido sometida.

    A los pocos días todo se había calmado, aunque para volver a terminar corriéndome en su ano debí esperar que le calmara el ardor propio del debut en el sexo anal, a partir de ahí muchas veces terminaba eyaculando en la “colectora”, como le decíamos.

    Todo ese verano fueron mis vacaciones en su piscina, doña Lina mi mujer, luego tomamos caminos distintos, no tuvimos más sexo pero seguimos siendo amigos entrañables y tal vez en alguna ocasión…

    Te lo relaté tal y como lo recuerdo para contártelo [email protected] a tu disposición.

    Lobo Feroz

  • La visita de mi ex y cómo se fue llena de mi semen

    La visita de mi ex y cómo se fue llena de mi semen

    El lunes no abrimos el bar dada la poca afluencia de clientes por estarse arreglando la calle (Parece que va para largo) Como a las 7 de la noche me hallaba en casa mirando la tele y preparando la cena, papá en su habitación dormía tranquilo, de repente tocaron a la puerta y abrí ¡Era Isis mi ex esposa! ¡Hola! ¿Puedo pasar? ¡Claro adelante! Después de los saludos de rigor y de preguntarle yo cómo estaba nuestro hijo casado en la norteña ciudad de Tijuana donde viven le dije: Que guapa estas! Y es que su padre es mi vecino el cual vive con su hermana, así que me platicó que llegó en la mañana y pasó el día con ellos, por el calorón que ha estado haciendo se puso un pantaloncillo súper corto y una playera sin mangas y me pasó a saludar ya que su hermana le dijo que yo estaba en casa, me vio cuando fui por el pan.

    Se veía guapa, sin maquillaje, solo un poco de carmín en los labios, pero el shorcito mostraba generosamente sus piernotas hermosas, le invité a tomar un café conmigo, me preguntó por mi papá y le dije que estaba durmiendo, me le quedé mirando y le dije: De verdad estás muy guapa (tiene 41 años) Pues gracias ¿Por qué no estás en el bar? Y le conté lo de la calle y eso. También me miró profundamente, yo vestía una licra negra arriba de las rodillas y una blusita fresca de esas que regalan para propaganda, unos huaraches y nada más, sin aretes y el cabello recogido en una coleta. Platicamos un poco y de repente le pregunté por su marido y cómo estaban sus relaciones ¿Sexuales o qué? Me respondió como preguntándome. Pues… de todas. Bien, solo que este cabrón me salió hace poco con una aventura con una tipa de San Diego. Se le humedecieron los ojos. ¡Cuéntame todo!

    Y así me platicó del romance de su marido con una chica de 27 años que es su asistente en el consultorio. Gracias a que en Tijuana vie mi hijo, su esposa y mi nieto ha soportado el desengaño, bueno eso me dijo. La consolé como pude y me acerqué a ella diciéndole lo guapa que era y, es que de verdad se ve muy guapa, digamos gordibuena pero hermosa. La chulee tanto que se puso un poco a la defensiva ¡Ya vas a empezar! No, pero mis ojos ven en ti una mujer muy guapa, cualquiera andaría como perro babeante detrás de ti. Ese mediquillo no valora lo que de veras eres. Me puse detrás de ella y comencé a cepillarle su larga melena, ella se dejó y también le acaricié los hombros, se volteó a mirarme con los ojos húmedos y deseosa de verga (Si no la conoceré) Le besé el cuello y puse mi mano entre sus piernas que lentamente se abrieron para dejar que mis dedos acariciaran esa conchita rica sobre el pantaloncito de mezclilla.

    Se levantó y nos besamos con pasión, acaricié sus piernas una y otra vez mientras ella se fue encajando en mi pelvis ¡Pinche Julieta! (Ella no me dice Mara) ¡Qué rico me haces! le bajé como pude el entalladísimo pantaloncillo que parecía que quería reventar entre esos muslossss deliciosos y lo logré, quedó solo en pantaletas (bragas) blancas cacheteras, ya muy caliente la volteé y la puse en cuatro sobre el sofá, le puse mi verga y se la froté entre el ano y la papaya. Se humedeció y así separada de piernas ella le mamé todos sus jugos mientras gemía como puta. La llevé a mi cama y le pedí que se desnudara toda mientras me fui a asomar si papá estaba bien, él dormía a pierna suelta aunque sabía que en cualquier momento se despertaría para pedirme de cenar. Me valió y regresé al cuarto que habito. Ella estaba ya sin pantaletas acariciándose la papayota rica y jugosa, se dejó el brasier para más morbo, posee unas tetazas enormes y bonitas… me lancé como una loca poseída y sobres… se la metí hasta dentro, un rato después nos giramos y se puso encima de mí. Así pude mamarle a gusto las tetas hasta hartarme. Volvió a pedirme que me pusiera encima de ella y abriendo sus piernas y alzándolas lo más que pudo mientras se las sostenía entre mis hombros se vino y yo detrás de ella ¡No mi amor perdóname, no mi amor perdóname! Le dije: Toma uta, trágate mi leche puta…

    Luego lloró un poco y se fue, regresó ayer a mi casa a llevarle fruta a mi papá.

  • En el pueblo con mi cuñado

    En el pueblo con mi cuñado

    Llegamos al pueblo a las dos de la tarde aproximadamente. Mi chico y yo nos las prometíamos muy felices este año: íbamos a estar solos los dos en su pueblo; su padre, ya viudo, no podía acompañarnos, pero nos ofreció su casa para que pasáramos ahí unos días.

    Llegamos al pueblo a las dos de la tarde aproximadamente. Nada más bajar del coche, Jesús me dijo:

    -Aquí el calor es mucho más húmedo. Si quieres, mañana podemos ir a bañarnos al río…

    Razón no le faltaba, pero el calor era tan intenso y el viaje se me había hecho tan largo, que como toda respuesta le fruncí el ceño. El termómetro rozaba los cuarenta grados, la luz del día era casi cegadora y la ropa se me pegaba al cuerpo. Pensé que no resistiría una semana en ese lugar… ¡Y acabábamos de bajarnos del coche!

    -No te preocupes, dentro de casa hay aire acondicionado. -Dijo Jesús leyéndome el pensamiento.

    -Menos mal, ¡porque creo que me va a dar algo! -Contesté riendo.

    Entramos a los bultos a la casa y yo enseguida pregunté por el termostato. Subimos las escaleras y me enseñó las habitaciones.

    -Esta será la tuya. -Sentenció con su voz ronca.

    -Pensaba que íbamos a dormir juntos.

    -Sí, pero es mejor que dejes aquí tus cosas. Si viniera alguien y viese todas las bolsas en una sola habitación…

    Jesús y yo llevábamos 2 años saliendo juntos y ninguno había salido del armario. Jesús, desde luego, no podía hacerlo, en su bufete no lo hubiesen entendido, y yo, si quería seguir siendo su pareja, debía permanecer en un discreto segundo plano. Tampoco nuestras familias sabían de nuestra relación ni de nuestra orientación sexual; o al menos, se habían acomodado a no saberlo…

    Durante los siguientes días apenas salimos de casa, al menos durante las horas de sol. Por las noches, salíamos con algunos amigos de Jesús a cenar, a hacer una copa o simplemente a pasear disfrutando de la bajada de la temperatura. El pueblo era uno de esos rincones perdidos en el Pirineo aragonés, tan lleno de encanto, con restos de lo que fue una ciudad floreciente, un antiguo (y muy deteriorado) monasterio, un par de acueductos y unos habitantes encantadores. Esos días perdí la noción del tiempo y los horarios. Aunque solo duró justo hasta que llegó su hermano.

    Serían las once de la mañana cuando comenzó a sonar el móvil de Jesús. En la penumbra que ofrecían las persianas bajadas escuche en silencio la conversación:

    -Sí, estaba durmiendo. Si, si, es que anoche salimos de farra con Sergio y los demás. Ah! Debe de estar también durmiendo. Claro, claro. Venga, un abrazo «txiquet».

    Tan pronto como colgó, Jesús me dijo que me fuese a mi habitación que su hermano estaba de camino. Busqué mis calzoncillos y le ayudé a cambiar las sábanas que estaban arrugadas y manchadas de sudor y semen, restos de nuestros revolcones. Lo cierto es que mi chico tiene un pollón -le mide unos 13cm, pero del grosor de un vaso de cubata- y, después de dos años juntos, sabe perfectamente cómo hacerme jadear igual que una perra en celo.

    Mi novio y mi cuñado son bastante parecidos físicamente, aunque mi chico tiene una barriguita cervecera que mi cuñado no, y algo menos de pelo. Eso hace parecer a mi cuñado un par de años más joven. De ojos verdosos, mentón pronunciado, piel clara y cuerpos velludos ambos son bastante bien parecidos (pero mi novio más, jajaja).

    Cuando llegó Mauricio –en casa le llaman Mauri- me levanté a saludarle llevando tan solo unos bóxer holgados. Creí ver cómo me repasaba con la mirada, pero no le di más cuenta pensando que serían imaginaciones mías… Le extendí la mano y nos miramos durante un segundo fijamente a los ojos, me ofreció una sonrisa amplia y sincera que yo respondí disculpándome:

    -Siento estar de esta guisa, pero es que estaba durmiendo…

    -Tranquilo, estás en tu casa. Jesús ya me ha dicho que ayer volvisteis tarde, ¡que os pasasteis la noche de parranda!

    -Jajaja, ¡ya veo que tu hermano no se calla una!

    -Jajaja, no creas, que algún secretillo seguro que debe esconderme. Me dijo entornando ligeramente los ojos mientras se le iluminaba ligeramente la mirada volviéndome a repasar el cuerpo.

    Estando a solas, Jesús me explicó que Mauricio había discutido con su mujer y por eso había decidido ir al pueblo a pasar unos dias «hasta que se les pase el enfado».

    La compañía de Mauri no se convirtió en un inconveniente como había yo pensado. Todo lo contrario. Los dos hermanos se llevaban de maravilla y la convivencia con ellos era de lo más amena. El único inconveniente, claro, era que los encuentros sexuales con mi chico se habían reducido a cero pues su hermano, supuestamente, no tenía ni idea que fuésemos pareja.

    Al tercer o cuarto día de su llegada decidimos ir a bañarnos al río. Jesús se embadurnó todo el cuerpo de crema protectora y se zambulló el primero en el agua. Decía que no tenía ganas de pasar calor. Mauri y yo también nos metimos en el agua y comenzamos a jugar tirándonos de la goma de los bañadores hasta que sin querer le rompí la suya.

    -¡No sabes cuánto lo siento!

    -Pero si no pasa nada, hombre, ¡ya está muy viejo!

    -¿Hablas de ti o del bañador? Preguntó Jesús divertido.

    Jesús se salió a la orilla a recostarse un rato. Mauri y yo continuamos jugando, cada vez aproximando más los cuerpos mientras yo le intentaba quitar el bañador y él se resistía.

    -No es justo. Dijo.

    -¿El qué?

    -No estamos en igualdad de condiciones. ¡Tu bañador se sujeta bien sin necesidad de que tú lo hagas! ¡Yo solo tengo una mano para defenderme!

    -Ah, se siente…

    Entonces deslizó la prenda entre sus piernas hasta quedar completamente desnudo. Lo que vi me dejó estupefacto: era la polla más grande que jamás hubiera visto. Le colgaba un tronco fláccido que era más grande que el mío en erección. La tenía descapullada y le colgaban dos huevos bien proporcionados al miembro.

    -¿Qué pasa? ¿No habías visto ninguna polla antes?

    -Sí, sí – titubeé- pero no de ese tamaño.

    Mi cuñado me miró a los ojos, miró hacia donde estaba Jesús (que se había quedado dormido y no se enteraba de nada, el pobre) y volvió a mirarme a los ojos, ruborizado.

    -Volvamos a las toallas. Dijo.

    Sentados en las toallas, yo no podía dejar de mirar el impresionante pollón de mi cuñado. Le miraba de reojo, intentando disimular sin mucho éxito, igual que la incipiente erección que comenzaba a tener bajo la tela. Mauricio fingía no darse cuenta mientras demostraba demasiado interés en arreglar su bañador. Hasta que se despertó Jesús ninguno se atrevió a hablar. Cruzamos un par de miradas furtivas y nada más.

    Durante la cena, Mauricio nos anunció que marcharía al día siguiente. Esa misma tarde había telefoneado a su mujer y los dos estaban más calmados para discutir las cosas. Jesús y yo le felicitamos por su decisión, aunque yo lamentaba por dentro que tuviera que irse tan pronto. Acabamos de cenar y rápidamente nos fuimos cada uno a su habitación.

    Yo no podía conciliar el sueño. La visión de mi cuñado desnudo me tenía tan caliente que estaba pensando en asaltar a mi novio en su habitación… Así caí en un duerme-velo, del que desperté al abrirse lentamente la puerta de mi habitación. Imaginé que era mi novio, que me había leído el pensamiento y venía a apagar mi calentura, por eso apenas me moví cuando se metió en mi cama. Me giré para abrazar a mi novio, pero me encontré con su hermano, completamente desnudo y empalmado.

    -Como te había gustado tanto antes, había pensado que igual te apetecía verla de más cerca… Susurró.

    -Mauri, esto no está bien y yo…

    Calló mis argumentaciones con su boca, rozando su lengua con la mía. Sorbía mi boca mientras me sacaba los bóxer, aguantando mi cabeza con la otra mano. Apretó su cuerpo contra el mío sin dejar de besarme con furia. Agarré su mástil y comencé a masturbarle. Me detuvo un momento, el tiempo necesario para pasar el pestillo de la puerta y volver a la cama. Ya más acostumbrado a la oscuridad admiré su tranca que apuntaba al techo. A sus treinta y nueve lucía muy buen tipo. Y esa verga tan larga y gruesa, con un capullo tan grande como un huevo, y chorreando líquido preseminal me estaba volviendo loco. Cuando llegó a la cama, me abalancé sobre ella y me la metí con dificultad en la boca. Me sujetó la cabeza con ambas manos e intentó meter más verga en mi garganta, comenzó un ritmo cadencioso como si quisiera follarme por la boca. Estuvimos así por diez minutos aproximadamente hasta que noté como la polla se le endurecía y le engordaba todavía un poco más.

    -No me quiero correr todavía. Dijo mientras me sacaba su rabo.

    Le miré suplicante y volvió a besarme. Con sus manos cacheaba mis nalgas buscando mi ano. Metió un dedo en mi boca y lo chupé como si de su polla se tratase, lo sacó y me lo metió por el culo suavemente, metiéndolo y sacándolo, moviéndolo en círculos, dilatándome para acoger su miembro.

    -Ponte en cuatro.

    -Pero me va a doler…

    -No te hagas el tonto, seguro que mi hermano ya te tiene bien entrenado en esto.

    Me sorprendió que supiera lo mío con Jesús y que aun así se hubiera metido en mi cama. Al ver mi reacción, puso mis piernas sobre sus hombros y fue bajando la cabeza hasta encontrar mi entrada. Comenzó a lamerme, a meter su lengua en mi intimidad, hasta hacerme retorcer de gusto. Tapó mi boca con la mano para callar mis gemidos sin dejar su tarea. Luego fue girando hasta quedar su polla delante de mi cara. Me la volví a meter en la boca todo lo que pude.

    -Venga, ahora sí estás bien lubricado. Ponte en cuatro.

    Obedecí esta vez sin recatos y se puso detrás de mí apretando su capullo contra mi ano. Poco a poco se abría paso. Yo apretaba la cara contra el colchón y el seguía con el avance implacable de su polla en mi culo hasta ensartarla toda entera hasta la empuñadura. Estuvo un momento quieto, besándome el cuello y las orejas antes de comenzar a bombear lentamente. A medida que me acostumbraba a su tamaño, comencé a moverme a su compás. Él enseguida se dio cuenta y empezó a embestir con fuerza. Me follaba violentamente, con firmeza y seguridad. Sentía sus jadeos en mi nuca. De vez en cuando me mordía o metía sus dedos en mi boca. El ritmo de su follada era frenético, teníamos que hacer verdaderos esfuerzos para no despertar a Jesús que estaba en la otra habitación. En el silencio resonaba el plap-plap de su cuerpo impactando con el mío. No sé cuánto tiempo estuvimos así, tal vez más de media hora. Finalmente, me agarró fuertemente de las caderas y echó su cuerpo hacia atrás mientras yo sentía su polla palpitar derramando su semen en mis entrañas.

    -Me corro, me corro! Bramó.

    -Shhhhh que te va a oír

    Se dejó caer encima mío y estuvimos un rato así, con su pollón todavía metido hasta que perdió firmeza y se salió solo. Cuando dejamos de resoplar, Mauricio se levantó de la cama. Me dio un beso y dijo:

    -Cuñadito, has estado muy bien. Habrá que repetirlo de vez en cuando!

    Me lo quedé mirando mientras atravesaba el umbral y volvía a su habitación.

  • Las tres primas de mi mujer

    Las tres primas de mi mujer

    Estoy casado y conozco a mi mujer desde mucho antes de casarnos. Mi mujer tiene unas primas (tres hermanas) que cuando yo las conocí algunas eran todavía niñas pero sobre todo una, ya era de mi edad. La mayor, Elisabeth, siempre me gustó, pero no quise tirarle los trastos porque me daba miedo que al estar saliendo con su prima no solo me dijera que no sino que además me montara un pollo y se lo contara a todo el mundo, aunque yo a ella la veía con interés pero como las mujeres son tan difíciles de entender.

    La segunda hermana, Sara, cuando la conocí ya despuntaba. Tenía noviete y aunque era joven yo ya sabía que mantenía relaciones sexuales con él y eso me daba un morbo.

    Y la tercera, Vanesa, a la que yo notaba demasiado suelta con los tíos.

    Para no enrollarme mucho pasaré a deciros que Elisabeth, la mayor, se casó y se estropeó. No solo porque al tener hijos los cuerpos se estropean sino porque pasó a ser una mujer dejada y conformista, por lo que perdí interés sexualmente por ella.

    Pero las otras dos hermanas, madre mía. Sara con la edad había cambiado de novio y había desarrollado las cualidades físicas que me gustan en una mujer. Caderas muy anchas, boquita sensual y un enorme y vistoso par de tetas. Y la pequeña además de parecerse en el cuerpo a su hermana inmediatamente superior, desarrolló otras habilidades que no quiero en una mujer, en la mía claro porque en una extraña… vamos que como ya apuntaba de niña era un poquito ligerita de casos, es decir, que le gustaba más una polla que a un niño un lápiz.

    En fin, que un buen día la hermana mayor de traslado a una casa nueva con piscina y nos avisó a todos para ayudarle a hacer la mudanza. En uno de esos momentos de «tú te quedas aquí montando tal mueble y nosotros vamos a por más, estas te ayudan», me quedé solo en la casa con las tres hermanitas. Lejos de ayudarme a montar decidieron darse un baño ahora que el resto se habían ido. Así lo hicieron. En este momento recuerdo una imagen de las tres bañándose. Cuando Sara entró en el agua y notó el frío de esta, sus pezones se pusieron duros como piedras y puse observar la ubicación que tenían dentro de sus enormes tetas, en todo lo alto. La polla en aquel momento, y ahora al recordarlo, se me puso tan dura que tuve que dejar los muebles y ponerme tras una persiana a observarlas.

    Creo que se dieron cuenta por lo que Vanesa provocaba a sus hermanas para hacer juegos y mostrarme un maravilloso culo en bikini. La única más recatada era Elisabeth que no hacía más que decirles que tuvieran cuidado que yo las estaba viendo.

    De pronto Vanesa salió del agua se secó un poquito y entró en la casa. Antes de que pudiera darme cuenta estaba junto a mí.

    -¿Te gusta lo que ves?

    Yo no sabía que responder pero me lancé, «Pues claro, las tres me gustáis mucho y los sabéis». Cogió su teléfono móvil y llamo al resto que estaban haciendo la mudanza para informarse de donde estaban con la excusa de que se trajeran algo olvidado. Cuando colgó…

    -«No vendrán hasta dentro de un rato, ¿crees poder satisfacernos a las tres?»

    Yo no creía lo que estaba sucediendo pero es que era un sueño hecho realidad, entonces le dije «no sé si voy a poder pero lo voy a intentar».

    Lo siguiente que recuerdo es mi cuerpo tendido en una toalla y tres mujeres acariciándolo. La más lanzada por supuesto era Vanesa que directamente agarró mi pene, que por cierto estaba erecto y duro como una piedra y empezó a hacerme una paja a una velocidad que tuve que decirle que parara porque iba a correrme en breves instantes y además en su cara. Eso creo que aún le dio más morbo y siguió dándome con su mano arriba y abajo mientras una de las otras besaba mis huevos y la otra me besaba a mí. Efectivamente me corrí y aunque os parezca mentira las tres corrieron a beber mi leche que, al ser la primera corrida, era abundante.

    Yo entonces pensé esto se ha acabado porque, aunque cuando me hago pajas me puedo hacer más de una rápido, cuando lo hago con mi mujer entre un polvo y otro pasa rato. Pero ellas ni siquiera me preguntaron. Vanesa aprovechó que estaba ahí abajo y antes de que se bajara mi erección paso su lengua por todo mi falo para limpiármela y se fue a la ducha a quitarse todo el semen de su cara porque acaparó mi polla con respecto a sus hermanas y fue la que más se llenó de mi preciado jugo.

    Elisabeth colocó su coñito a la altura de mi boca y no tuvo que decir más nada. Comencé a mover mi lengua entre su clítoris mientras sus hermanas sorprendidas le preguntaban por qué. Ella les dijo: «la prima (es decir mi mujer) y yo hemos hablado varias veces de lo bien que come el coño su marido y doy fe de ello». Al oír eso me esmeré más aún y notaba como su coño soltaba su jugo de una manera impresionante. Jamás en mi vida sexual (corta, todo hay que decirlo) había conocido a una mujer tan húmeda. Aún me faltaba por conocer a las otras que os puedo anticipar eran exactamente iguales.

    Conseguí que se corriera en mi boca. Madre mía como se retorcía antes de llegar al clímax. Cuando dio el grito final, casi era como un vaso de agua sobre mi cara. Me había concentrado tanto en el coño de Elisabeth que descuidé un poco a las otras que entre ellas seguían calentado motores. Para entonces de nuevo estaba erecto y yo creo que más que nunca en mi vida, porque estaba pensando que ahora le tocaba a la que más me gustaba de todas, Sara. Quiso comerme la polla u rato, a lo que evidentemente no me negué. ¡Qué maravilla! Su lengua era una delicia. Arriba, abajo y toda la polla para dentro de su boca. De vez en cuando me enseñaba la lengua llena de mi líquido preseminal. De pronto sentí una lengua penetrando por mi ano. Era la putita de Vanesa, ¡que experta es la muy puta! Quizás por eso fue a la única que no le comí el coño, pensé sobre la marcha que allí habrían entrado demasiados hombres.

    Aquello de la lengua en el culo fue el remate. El pene se me puso tan duro que hasta me dolía, pero allí estaba Sara trabajándola. Le dije que quería una cubana en aquellos fabulosos pechos en las que tanto había soñado. Ella por supuesto accedió, su grado de calentura era tal que haría lo que le pidiera. Soltó su bikini y el mundo se acabó para mí. Eran las mejores tetas que había visto nunca. Comencé a meter mi pedazo de carne entre ellas y Sara en un alarde de experta cuando mi polla llegaba a la altura de su cara pasaba su lengua por la punta. Solamente tuvo tiempo de hacerlo dos veces, a la tercera solté una churretada de leche entre las tetas y boca que la sorprendió tanto que sin tocarle el coño se corrió, si, si como lo oís se corrió sin ni siquiera tocarla, tan solo de la sensación del calor de mi líquido en sus tetas y cara.

    No teníamos tiempo para pararnos así que con un gran esfuerzo, porque mi polla no estaba acostumbrada a tanto, me puse a comerle el coño a Sara en recompensa por lo bien que me la había chupado.

    Elisabeth ya había vuelto e intentaba paliar la falta de haberse corrido de Vanesa. Las dos me dijeron que lo entendían, que no podría empalmarme tan pronto, pero en un resto de amor propio mi polla volvió a ponerse dura. A mí también me sorprendió pero es que aquello era lo que nunca había ni siquiera soñado, las tres hermanas.

    Al ver mi empalmera las tres pasaron a decirme que ellas también querían cumplir un deseo. Sus novios y maridos eran reticentes a follarles el culo, y ellas querían sentir esa situación. Yo accedí, quien no? Aquello era digno de ver. Tres culos frente a mí para que me los follara. La verdad es que mi mujer tampoco quería sexo anal, pero a mí me da un morbo… Comencé a meterle la polla a aquellos culos. Al principio costaba algo de trabajo pero algo me decía que aunque sus maridos no hubiesen metido nada allí, ellas se habían encargado de hacerlo por su cuenta. Les pregunté y confirmaron mi versión, pero si a mi erección le faltaba algún centímetro por el cansancio, este desapareció cuando Vanesa dijo «pero queremos algo de carne dentro y empujado por ti».

    Mete y saca por culitos apretados. ¡Como chillaban las tres! Chillaban hasta cuando se la estaba metiendo a la de al lado tan solo de oírla. Las tres se corrieron una tras otra y la que más disfrutó con aquello fue la más guarra: Vanesa. Aquella imagen de sus tetas moviéndose al ritmo que marcaba mis empujones de polla es una cosa que no olvidaré nunca.

    Como sabéis cuantas más veces seguidas te corres más tardas en hacerlo. Yo estaba sorprendido de no haberme corrido después del episodio de los culos pero allí estaba el tío, con toda su polla tiesa (como estoy ahora mientras escribo) y sin embargo no la había metido ni en un solo coño.

    Las tres se dieron cuenta del detalle e hicieron también un esfuerzo y eche el que he dado en llamar el polvo del siglo. Jamás me hubiera imaginado sacando mi polla de un coño y metiéndola en otro. Y lo que aún me da más morbo, viendo como las tres disfrutaban. Yo no sé si fingían o no pero a mí verlas retorcerse de gusto cada vez que le tocaba a ellas me hacía retrasar mi eyaculación y disfrutar como nunca. Yo que solo me había acostado con tres mujeres y una fue gatillazo! Se volvieron a correr una tras otra. Sara era un espectáculo corriéndose. Madre mía. Por un momento pensé que nos iba a escuchar todo el vecindario. Además, como ya he comentado antes, notaba perfectamente cuando se corrían porque empapaban mis huevos con sus líquidos calientes, como ellas.

    Cuando las tres se habían corrido siguieron mamándomela por turnos hasta que llegó el momento esperado, esperado sobre todo por cansancio. Las tres me pidieron que fuera en su boca porque era otra cosa que sus maridos no querían hacer y yo no iba a hacerles un feo. Volví a sorprenderme a mí mismo, fue la corrida más descomunal que jamás he tenido. La fuerza era impresionante. Llené su pelo, su lengua, sus ojos y… sobre todo sus tetas.