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  • Deseos cruzados (1)

    Deseos cruzados (1)

    El día es abrasador, el césped de los jardines en cada casa está seco y las familias en el parque disfrutan de los últimos momentos de la tarde del viernes, a la espera de que la llegada de la noche traiga consigo un poco de frescura a la ciudad.

    A pesar de que amo el calor, esta temporada el verano está siendo aplastante. Eso se refleja en los marchitos girasoles que, en un vano esfuerzo, los trabajadores de la ciudad intentan revivir. Al pasar junto a uno de ellos, un joven moreno, de espalda ancha y brazos gruesos, siento cómo se sobresalta. Vuelve a mirar hacia arriba con aires de hastío, pero al verme, la expresión le cambia al instante. Los hombres son tan básicos que a veces hasta es tierno lo bobos que se vuelven con una chica linda.

    —Disculpa, no me percaté —dice el chico mientras su mirada recorre rápidamente mis piernas enfundadas en una falda negra que termina por encima de la rodilla, se detiene en mi abdomen, expuesto por una blusa blanca, corta, que sube un poco más allá del ombligo, y luego va a parar a mis ojos, apenas realzados por una sombra rosa, mi color favorito.

    El pelo rubio lo llevo recogido en una coleta alta, muy ajustada hacia atrás y arriba por el calor, lo que me da un aire de seriedad que, si bien puede ser sexy, no termina de encantarme. Nunca he sido la chica de la personalidad seria ni desafiante; me percibo más a mí misma como una princesa de cuento fusionada con un osito cariñoso. Mis zapatos deportivos parecen anclarme al suelo bajo su escrutinio.

    —Lo siento, no es mi intención asustarte ni incomodarte. Se ve que estás ocupado —digo mientras vuelvo mi mirada hacia la fallida empresa de resucitar a aquellos pobres girasoles.

    El chico ríe y deja ver unos dientes blancos que, para ser honesta, no me desagradan.

    —Creo que está más viva mi abuela, y eso que falleció hace diez años —dice él mientras suelta una risa fingida.

    —Hey, qué cruel —digo mientras no puedo contener una pequeña risita coqueta. Sí, su sonrisa despierta algo en mi estómago, esa sensación de hormigueo que me sube por el vientre. Está a punto de responderme, con esa sonrisa todavía colgando de sus labios, cuando uno de sus compañeros de trabajo se acerca. Es un tipo sucio, gordo, de unos cuarenta y cinco años, que le da un codazo en las costillas sin ningún disimulo, como si compartieran un secreto. Luego, sin pudor, clava los ojos en mis tetas. No son enormes, pero tienen un buen tamaño, firmes y redondas, y sé que eso es lo que más atrapa las miradas, sobre todo con el escote de mi blusa que las enmarca tan bien.

    —Oye, Román, ¿quién es tu amiguita? —dice el fan número uno de mis tetas, que no se molesta ni por un segundo en dejar de mirármelas.

    —Solo una chica que pasa por aquí, no es mi amiguita —le responde Román con un tono de reproche mientras se ruboriza un poco. Yo, lejos de estar incómoda, estoy encantada con la escena.

    —Pues no te las quedes todas para ti, hombre —le dice mientras le repite la dosis del codazo—. Mira que tiene que haber justicia en el mundo. —Vaya, vaya, parece que este tal Román es un mujeriego.

    —Cállate y vete —le suelta Román, evidentemente enojado, ya que este tipo se ha encargado de arruinar el pequeño coqueteo que está surgiendo entre los dos.

    —Está bien, está bien, deberías cambiar ese humor —le contesta mientras, al fin, aparta los ojos de mis tetas y me mira a los míos—. Un gusto, señorita, me encantan sus ojos verdes. —Sí, claro, como si no se hubiera pasado todo el tiempo mirándome las tetas.

    El tipo se va dando tumbos, como un bebé que apenas da sus primeros pasos, y a medida que se aleja crece un silencio muy incómodo entre Román y yo. Después de semejante espectáculo, ninguno de los dos sabe cómo retomar la conversación.

    —Bueno —digo finalmente—, no te atraso más.

    —Descuida, discúlpalos a él. Trabajo con puros idiotas —me responde.

    —Para nada, es muy divertido todo —le digo, y la verdad es que no miento; es la dosis de humor que necesito antes de encaminarme hacia la casa de mis amigos.

    —De igual forma, disculpa —me dice en tono cortante, y noto que de verdad está muy molesto con su compañero. Pobre chico, de seguro cree que realmente podía conseguir algo conmigo.

    —Hasta luego, Román, se me hace tarde.

    —Al menos dime tu nombre.

    —Allison —le digo mientras le sonrío y comienzo a caminar hacia la torre de apartamentos que está justo frente al parque, donde viven mis amigos. De pronto, el ruido de un claxon corta el aire desde la calle, y miro mi reloj: ya casi son las siete. El tiempo se me escapa, y aunque la escena con Román tiene un sabor que me tienta a quedarme, la idea de llegar tarde a casa de mis amigos —con sus charlas intensas y esa energía caótica que siempre me arrastra— pesa más. Le hago un pequeño gesto con la mano, casi un adiós juguetón, y apuro el paso, sintiendo sus ojos todavía clavados en mi espalda.

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  • Martillazo inesperado

    Martillazo inesperado

    Era un vecino más, un tipo común, con su familia común y su vida común. Me lo cruzaba en la vereda cuando salía a tomar mate o lo veía lavar el auto. Nada que llamara la atención. Hasta que me miró distinto.

    Un sábado a la noche, por mi cumple número 26, habían venido las chicas con amigos a casa. Había mucha cerveza y música fuerte. No me cogí a nadie. No porque no pudiera, sino porque no tenía ganas.

    Me desperté tarde, con la boca seca y la sensación de haber dormido poco. Afuera, el sol rompía la tierra. Un calor de mierda.

    No sabía si era la resaca o los casi 30°, pero estaba transpirando. Me puse un short deportivo, la remera más fresca que tenía y fui por mi tarea de la mañana: el cuadro que las chicas me habían regalado en mi cumpleaños. Queda espectacular en la pared, pero no tenía martillo y quería sacarme el tema de encima.

    Salí de casa y crucé la calle con paso seguro. Alejandro estaba en la vereda, en ojotas y con el mate en la mano. Lo saludé con una sonrisa mínima, de esas que se hacen por educación, y antes de que pudiera meterse le solté:

    —¿Me prestás un martillo?

    Levantó la vista y me escaneó sin apuro. Sus ojos recorrieron mis piernas y subieron lento hasta mi cara.

    —Buen día, Mey. ¿Para qué lo necesitás?

    —Para clavar un cuadro.

    —Dale, ahí te lo traigo.

    Cuando volvió, lo agarré y me fui a hacer lo mío. Media hora después, estaba de vuelta.

    Ale seguía en la vereda, ahora en la reposera, con las piernas estiradas. Le devolví el martillo y me quedé un segundo más de lo necesario.

    —¿Te quedó bien el cuadro?

    —Sí. Me lo regalaron ayer.

    Se tomó un mate e hizo una pausa antes de hablar.

    —Ah, ¿fue tu cumple?

    Asentí con la cabeza.

    —Feliz cumpleaños entonces. ¿Festejaste?

    —Unos amigos cayeron con birras, nada grande.

    —Mirá vos… ¿Querés un mate?

    Me miró fijo. No había sonrisas esta vez.

    —Dale —dije sin dudar.

    Me invitó a pasar y me acomodé en una de las sillas del living y él se sentó en el sillón, inclinado hacia mí. Me pasó el mate y cuando lo agarré, sus dedos rozaron los míos.

    Llevé la bombilla a la boca y tomé despacio, sintiendo su mirada clavada en mis labios. No disimulaba ni un poco.

    —¿Estás entrenando? —dijo, con los ojos fijos en mis piernas.

    —No. Soy media vaga jaja.

    —Mirá. Pensé que sí, porque estás… —hizo una pausa y sonrió—. Estás re fuerte.

    No me dio tiempo a responder. Apoyó el mate en la mesa y se acercó más. Su mano, grande y firme se posó en mi muslo.

    —Te queda hermoso esto que tenés puesto.

    Su voz era baja y segura. Me prendió fuego. Lo miré con descaro y abrí apenas las piernas.

    —¿Sí?

    Él deslizó los dedos por mi short hasta el borde. No dudó, metió la mano y apretó mi concha por encima de la tanga.

    —Sí.

    Me besó con hambre. Su mano bajó la tela y sus dedos me abrieron, me exploraron con desesperación. Gemí contra su boca y él gruñó bajo. Me levantó de la silla y me llevó hasta el sillón.

    Me acomodó sobre él, con las piernas abiertas. La tanga apenas estaba corrida y sentí la tela de su short contra mi piel. Me froté contra él sin vergüenza.

    Me levantó la remera y se metió un pezón en la boca. Lo mordió y lo chupó con una desesperación que me hizo excitar más.

    —Sos hermosa —dijo con la boca pegada a mi piel.

    Le saqué la remera y él bajó su short y bóxer de un tirón. Su pija estaba dura y gruesa. Metió su mano en mi boca, mojó la punta de su verga con mi saliva y me la pasó por la vagina.

    —Metela —le rogué.

    No esperé respuesta. Me la metió e iba sintiendo cómo me llenaba. Nos quedamos quietos un segundo, con los cuerpos tensos. Me sostuvo de la cintura y empecé a subir y bajar lento.

    —La concha de tu madre… —gruñó.

    Lo monté desesperada, con las piernas apretando su cuerpo y las manos enterradas en sus hombros. Me cogió como si nos hubiéramos necesitado desde hace años.

    —Qué rica sos, puta hermosa…

    Me agarró del culo y me apretó con fuerza, enterrando sus uñas en mis nalgas. Grité sin poder evitarlo.

    —Eso… así te quería coger —dijo con la voz ronca.

    Después me puso en cuatro, me metió dos dedos y los sacó empapados. Me la metió de nuevo y esta vez no hubo pausa.

    Me empujó hasta el fondo mientras me agarraba del rodete y me lo tiraba con fuerza. Grité de placer, él jadeó fuerte. La embestida se volvió frenética, ruidosa y sudada.

    Me apretó contra el sillón, metió la mano entre mis piernas y me tocó el clítoris. No aguanté más. Me tensé y gemí su nombre mientras llegaba al orgasmo.

    Él siguió un poco más, respirando entrecortado. Me la sacó y eyaculó en mi culo con un gruñido intenso. Se quedó quieto unos segundos, recuperando el aliento.

    Nos levantamos sin decir mucho. Me besó el cuello y abrazó.

    —Esto fue tremendo.

    No le respondí. Me bajé la remera y me acomodé el short.

    —Nos vemos, Ale.

    Salí de esa casa con la adrenalina al máximo.

    Cuando llegué, Aye, mi hermana mayor, me miró con curiosidad.

    —¿Dónde estabas?

    Helena, la del medio, me estudió con desconfianza. Yo estaba despeinada y el maquillaje de la noche anterior se me debía haber corrido.

    —Salí a caminar —respondí, agarrando una botella de agua.

    Me encerré en mi cuarto y me tiré en la cama, cansada. La sensación de Alejandro cogiéndome contra el sillón todavía estaba en mi piel.

    No lo volvería a hacer, pero tampoco me arrepentía.

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  • Los viernes celebramos una fiestecita íntima

    Los viernes celebramos una fiestecita íntima

    De un tiempo a esta parte habíamos establecido la costumbre de celebrar una fiestecita los viernes por la tarde. Alrededor de las ocho de la tarde solía regresar yo a casa, después de dar por finalizada la semana de trabajo. Al llegar al portal de la calle la prevenía de mi llegada a través del portero automático y de esta manera ella disponía aún de los minutos que tardara yo en subir los tres pisos por la escalera. Llamaba al timbre de la puerta y esperaba que me abriera.

    Tras breves instantes, el tintineo de unos tacones acercándose al otro lado del umbral iba seguido del ruido de la cerradura al descorrerse, para abrirse la puerta a continuación y mostrar a Silvana en todo su esplendor: zapatos negros de alto tacón, medias y ligueros negros y un chal que cubría su torso sólo cubierto por un sujetador de blonda también negro; maquillada y con los ojos pintados. El aroma de un perfume dulzón, elegido especialmente para las fiestas, envolvía el umbral. Y una vez franqueada la entrada empezaba una tarde de lujuria sin límites.

    Sólo que en esta ocasión las cosas iban a discurrir por un camino un poco diferente, puesto que tenía una sorpresa para ella. Así que, tras haber pulsado el timbre de la puerta de nuestro piso, me aparté hacia un lado para quedar fuera del umbral. Silvana abrió la puerta y se quedó sin habla: no era yo quien estaba frente a ella, sino nuestro amigo Alejandro todo sonriente.

    Asomé la cabeza diciendo “hola, sorpresaaa…” y me adelanté a mi amigo traspasando el dintel y abrazando a Silvana la besé en la boca. Pregunté si no iba a dar la bienvenida a Alejandro y en respuesta dijo “sí, señor” y se arrimó a él y le besó en la boca. Él la abrazó y dejó discurrir las manos por su espalda en una caricia que llegó hasta las nalgas.

    “Silvana, hoy vamos a tener una fiesta especial, pues todo será verdad. Voy a entregarte a otro hombre y quiero que te sometas a todos sus deseos, sean éstos cuales sean. Hoy serás nuestra puta de verdad, se cumplirá tu fantasía. Y yo gozaré y te sentiré más mía que nunca al culminar mi acto de posesión entregándote”.

    Añadí que le pedía total sumisión y ella respondió agachándose frente a Alejandro para acariciarle el paquete por encima del pantalón. “Así me gusta”, le dije; y dirigiéndome a Alejandro: “Es tuya. Ella gozará dándote gusto; según tus deseos. Mira, seguro que a estas alturas ya tiene el coño mojado… prueba, compruébalo tú mismo”. Pedí a Silvana que se levantara para que Alejandro pudiera meterle mano entre las piernas, palparle el coñito y comprobar que, efectivamente, estaba chorreante. “¿Lo ves?”, concluí.

    Invité a Alejandro a acomodarse en el sofá y pedí a Silvana que nos trajera unos wiskis. Mientras ella los preparaba coloqué una cinta porno en el vídeo y la puse en funcionamiento. Silvana nos entregó un vaso a cada uno y quedó de pie junto al sofá, con las manos caídas a sus costados. Le dije que no debía mirarme a mí sino a Alejandro, que era hoy su dueño.

    Ni corto ni perezoso, Alejandro le ordenó que le ayudara a desnudarse y le fue entregando las prendas que se quitaba, pantalones, camisa y camiseta, hasta quedar en calzoncillos bóxer y calcetines a rombos. Silvana se retiró un momento para colocar adecuadamente sobre una silla la ropa del “cliente”. Alejandro se había sacado la polla a través del orificio delantero del calzón y empezaba a masturbarse.

    La llamó y le dijo “ven putita” y ella se acercó. Le pidió que le sacara los calcetines y que le besara los pies y ella así lo hizo. “Anda, quítate la ropa”, le ordenó y ella se fue desnudando lentamente mientras le miraba a los ojos y se mostraba todo lo insinuante que es capaz. Él la devoraba con los ojos encendidos de deseo y continuaba excitándose con la mano.

    Reiteré a mi amigo que no debía cortarse por nada y que podía hacer todo lo que quisiese con Silvana. Le previne que ella no había follado nunca por el culo, pero que no debía perderse sus cualidades para la mamada, género en el que era experta. No debía irse sin follarla de todas las maneras.

    Mientras decía esto notaba como aumentaba la respiración de Silvana, cuyo rostro estaba ya encendido y brillaban de sexo sus ojos. Alejandro, que ya se había despojado de los calzoncillos y lucía una considerable erección, le dijo “vamos a ver si es verdad, puta” y ella se arrodilló frente a él y se situó entre sus piernas, que la abrazaban por los costados.

    Tomó la verga de aquél sesentón con ambas manos y tras darle unos suaves masajes se la metió en la boca y chupó durante un rato. Alejandro la agarraba del cabello y de la nuca y dirigía el ritmo de la mamada. Ella deslizaba su lengua a lo largo de todo el pene, prolongando las lamidas hasta la peluda bolsa de los huevos, cosa que producía cada vez un estremecimiento en Alejandro.

    De repente la hizo parar y me dijo que deseaba pasar con ella un rato al dormitorio. Me preguntó si tenía inconveniente y respondí que no, que esperaría un rato mientras hacían sus cosas y después me incorporaría a la fiesta. Se levantaron cogidos de la mano y Silvana, tras darme un casto beso en la mejilla, le condujo hasta nuestra cama.

    La propuesta de Alejandro me había producido una inmediata erección que amenazaba anticipar los acontecimientos, por lo que decidí enfriarme un rato mientras esperaba. Así que me senté frente al ordenador y me entretuve ordenando unos ficheros. Puse másica a medio volumen, pues aunque la habitación está al otro extremo de la casa, quería que estuviéramos completamente aislados. Así dejé transcurrir poco más de veinte minutos, me desnudé y me dirigí hacia la habitación.

    Cuando entré en el aposento recibí la impresión más fuerte de mi vida: mi mujer estaba sobre la cama a cuatro patas y Alejandro, de rodillas y detrás suyo, la estaba follando con fuertes arremetidas mientras ella jadeaba, gemía y se retorcía de gusto saboreando el enorme trozo de polla que llenaba su vagina y su lujuria. Me acerqué a la cama y Alejandro se apercibió de mi presencia; me miró a los ojos y creí notar en su mirada un gesto de interrogación y a la vez de cierta satisfacción, en un rictus labial de prepotencia, por el hecho de estar follándose a mi mujer en mis narices mientras ella, ignorante aún de que yo la estuviera contemplando, disfrutaba como una perra en celo.

    Estaba ya junto a ellos y podía percibir el olor a sexo que emanaban y ver los surcos de sudor correr por la frente y el pecho de Alejandro. Alargué la mano y acaricié la espalda de mi querida compañera y esposa. Fue entonces, al sentir una tercera mano sobre su cuerpo –– Alejandro le tenía aprisionados los pechos con las suyas— que se enteró de mi presencia.

    Me situé frente a ella, de pie; acerqué mi polla a su boca con una mano mientras con la otra la agarraba por la nuca para hacerle saber lo que quería de ella. Tomó mi pene en su boca y lo tragó como nunca lo había hecho; prácticamente desapareció entero en su boca mientras con una mano me acariciaba los cojones casi hasta estrujármelos.

    Alejandro follaba y me miraba enfebrecido. Le pedí que continuara y que se la metiera con fuerza hasta el fondo, que a ella le gustaba así. Le pregunté si lo pasaba bien y dijo que de puta madre, que mi mujer era un volcán y yo un amigo de verdad.

    Le dije a Silvana que la quería con toda mi alma y que me hacía feliz su lujuria. Respondió que me amaba y que disfrutaba compartiendo su lujuria conmigo. Su mirada destilaba deseo incontenido y me siguió mirando mientras movía el culo y las caderas para adaptar mejor su cuerpo al de Alejandro, que en este instante jadeaba como un salvaje, mientras Silvana gritaba “que buena polla tienes, métela toda… asííí… más, no pares…”. Babeaba sobre mis cojones y los llenaba de saliva con cada lametón, retorciéndose mientras tanto por la sensación que le producían los pollazos de su semental.

    Alejandro y yo convinimos mediante un gesto que todavía no era el momento de corrernos, por lo que casi simultáneamente ambos paramos. Él salió de inmediato del coño y yo la solté y retiré mi polla de su boca. Al quedarse sin apoyos, ella rodó sobre sí misma y cayó de espaldas sobre la cama. Decidimos descansar fumando un cigarrillo, no sin que Alejandro pidiera a Silvana que nos sirviera unos wiskis. Cuando lo hubo hecho, brindamos por la ocasión y nos relajamos.

    Mi mujer había quedado en medio de los dos y ambos le acariciábamos suavemente los pechos mientras hablábamos. Alejandro me preguntó si la había azotado alguna vez y respondí afirmativamente. Quiso saber cuántos azotes resistía y le sugerí que lo comprobara. La tersura que de pronto adquirieron los pezones de Silvana denotaba que no era ajena ni contraria a lo que estábamos hablando, aunque prescindiéramos de su punto de vista.

    Alejandro me pidió algo para atarla y Silvana casi se corrió a juzgar por su respiración entrecortada. Le facilité dos cinturones de albornoz, que en alguna ocasión ya habían sido usados con el mismo fin y se aprestó a coger las muñecas de mi mujer. Hábilmente las ató a su espalda y amarró el segundo cinturón al nudo, de modo que quedaba como una correa desde la cual se podían dirigir y forzar sus movimientos. Mi amigo la besó tiernamente y le hizo saber que pensaba azotarla con ganas, con todo su ardor, por el amor que sentía hacia nosotros dos. Por eso mismo iba a extremar el vicio que le ofrecíamos.

    La agarró de las tetas y las estrujó en sus manos, provocando un gritito y un gesto de protesta. La llamó puta y le dijo que si seguía protestando se ensañaría con ella. Me dijo que la tenía mal educada y que necesitaba un correctivo. Estuve de acuerdo y le pedí, por favor, que la siguiera usando a su antojo. Empecé a meneármela con suavidad gozando de la escena que me ofrecía Silvana, ya ofrecida tumbada de bruces sobre la cama, con la manos atadas a su espalda y con el culo indefenso. Alejandro me entregó la correa y me ordenó sostenerla en tensión para evitar que ella pudiera protegerse las nalgas con las manos. A ella le mandó contraer las rodillas y elevar el culo.

    Y de esta guisa, mientras yo no solamente ofrecía mi mujer a mi mejor amigo para que disfrutara con ella, me disponía a sujetarla fuertemente para que otro la azotara. No había más que mirar la entrepierna de Alejandro para ver el efecto que la situación producía también en él.

    Descargó con rapidez y sin avisar una fuerte palmada sobre la nalga de Silvana, que gritó de dolor. Al cabo de unos largos segundos el ardor cayó sobre la otra nalga. Otros largos segundos de inactividad y espera precedieron a una descarga continua de palmadas sobre sus crecientemente doloridas nalgas. Hacía fuerza con brazos y manos para librarse de sus ataduras y para protegerse, pero mi participación hacía inútil sus esfuerzos. Las nalgas enrojecían a cada azote y por entonces chillaba como una loca. Pasé mi mano por debajo de ella y le agarré una teta.

    Estrujé el pezón y provoqué un nuevo estremecimiento. Entonces le dije a Alejandro que era el momento mejor para follársela, si bien antes quería que ella hiciera algo conmigo. Alejandro estuvo de acuerdo. La desatamos y pedí a Silvana que me diera las gracias por el placer que le había traído. Ella se giró y volvió la cabeza sobre mis nalgas, las separó con las manos y hundió su boca entre medio, buscando con avidez la entrada de mi ano. La halló con la punta de la lengua y empezó a penetrarme a base de lengüetazos que poco a poco se iban abriendo camino en mi interior, retorciéndome y matándome de gusto.

    Al mismo tiempo, Alejandro le estaba metiendo mano entre los muslos, palpándole todos los pliegues de su entrepierna. Me moví para verlo y pude observar como también le acariciaba el ano a la muy zorra. No podía más de excitación, mi cuerpo temblaba de pies a cabeza y pasaban por mi cabeza sensaciones que siendo tan deseadas como desconocidas se manifestaban con toda su brutalidad.

    Silvana quedó con el culo erguido al tener la cabeza hundida entre mis nalgas. Me estaba prodigando el mejor lametón en el culo de toda mi existencia; su lengua me estaba follando de verdad. Alejandro se deshizo de sus caricias y se colocó detrás suyo para hundir su tranca en ella, que la acogió con gemidos de entusiasmo que noté en lo más íntimo de mí merced a su lengua; y a sus manos, que ahora se cernían sobre mi sexo, ansiosas de darme placer.

    Silvana se corrió ruidosamente a las primeras embestidas. Yo lo hice entre sus manos, al compás de sus propios estertores y de las caricias que me estaba prodigando. Alejandro pronto no pudo resistir más: mientras pronunciaba nuestros nombres y otras palabras desconocidas dejó de moverse, tembló y prorrumpió en una serie de estertores que terminaron en una gigantesca eyaculación dentro del cuerpo de mi mujer, antes de derrumbarse satisfecho y sonriente sobre el catre para quedar inmediatamente adormilado, no sin antes haber palpado por última vez el coño de Silvana.

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  • Compañeras de piso

    Compañeras de piso

    Esta fue una pequeña experiencia con chicas, que me ocurrió al poco de cumplir los 18 años, tras un verano en que hice autostop. Me asenté en un trabajillo mal remunerado y logré compartir un piso con dos chicas estudiantes. Tenían 19 y 21 años, y yo 18. La primera, Silvia, era alta y delgada, tenía el pelo castaño y rizado.

    No tenía unas curvas como las mías, pero a los chicos les volvía locos pues parecía una modelo, tenía los ojos azules intensos. Dolores era morena, bajita, de pelo largo, y de facciones regulares, pero no especialmente atractiva. Sin embargo, lo compensaba siendo la compañera más divertida que he tenido nunca.

    Con ella me veía más a menudo, pues Silvia siempre que no estaba estudiando estaba saliendo con algún chico. Dolores y yo llegamos a tener bastante intimidad, y hablábamos de nuestras vidas, de trabajo y estudios, de chicos, de sexo, etc., sin ningún reparo. Cierto día en que llovía nos quedamos las dos en casa.

    Silvia se había ido como de costumbre, y nosotras no teníamos mejor plan. Además, yo estaba agotada de trabajar (limpiaba portales – en el orfanato había aprendido todo sobre limpiar y trabajar duro y para mí era una rutina sencilla hacerlo, pero era trabajoso, los “señoritos” son muy exigentes, aunque lo hagas bien).

    Me duché mientras ella preparaba una merienda ligera y seleccionaba un video para la velada. Me sentó tan bien la ducha que estaba contenta a pesar del día de perros. Sali con la toalla puesta y me cambie en la habitación mientras Dolores me preguntaba si me gustaba la película. Era una de terror.

    Con la merienda en la mesilla y la tele puesta, conforme la película iba avanzando y aumentando de intensidad, afuera la tormenta también era más y más fuerte, comenzaban a sonar truenos y los rayos iluminaban la sala durante fracciones de segundo. No me asustaban las tormentas. A ella un poco, me había confesado, pero no tanto como para hacerlo con cada una.

    El filme nos dio un par de sustos, y con el ultimo nos abrazamos. Ya no había merienda por supuesto y estábamos sentadas en el sofá, con las piernas dobladas hacia un lado. Yo llevaba una camiseta y unas braguitas, y ella un pantalón de sport, casi como un pijama, para estar cómoda en casa, y una camiseta holgada, con los calcetines. El abrazo no nos sorprendió, es algo común entre amigas. Pero seguimos así un rato, pues la película continuaba en esos momentos de clímax tipo gore que siempre hay.

    Cuando la inminente victima iba a abrir la puerta cogiendo el pomo, y descubrir quien, hacia ruidos en la habitación, un potente trueno invadió nuestros oídos, pegamos un grito agudo, nos abrazamos, y la luz se había ido. Dolores estaba asustada porque temblaba en mis brazos. La acaricie para consolarla –No pasa nada cariño, no te preocupes- Se iba calmando, pero siempre abrazada a mí con ternura, como una niña que se ha caído y acude a su madre.

    La emoción del trueno y la película me había excitado, me di cuenta al notar el pecho de ella contra el mío, ¡tenia los pezones durísimos! Ella lo debió de notar, porque me miro intrigante, de manera muy intensa, con sus ojos marrones. Me parecieron hermosos por primera vez. Dolores se acurruco junto a mí, cuerpo con cuerpo. Note sus pezones contra mis tetas. Estaba un poco aturdida, pero me sentía a gusto. La besé la cara con cariño, un beso tras otro. Ella me decía:

    -Gracias, te quiero Jessica, gracias. -y me besaba también.

    Note como se ponía encima de mí, tumbándome en el sofá. Hundió su boca en la mía, y sus labios calientes comenzaron a jugar. Yo devolvía el beso, con más y más intensidad. Metimos la lengua y la movimos, mezclándonos una con la otra. Ahora si estaba excitada entre la oscuridad leve que dejaba ver, pero lo hacía más emocionante, al reconocerlo al tacto todo. Comenzó a amasarme las tetas suavemente, y luego con pasión autentica. Son muy grandes y vuelven locos a todos, incluida yo misma. Seguimos besándonos y debimos tener la misma idea, despegamos los labios con violencia, como animales, y dijimos casi al tiempo:

    “Cómeme”

    Las miradas lascivas se cruzaron, estábamos mojadisimas. Las camisetas no tardaron en volar hasta el suelo, y las bragas las siguieron. Yo quede completamente desnuda, sobre el sofá, y ella en calcetines. No había tiempo para otra cosa, ¡y lo que yo quería era su chocho, desde luego!

    Me dijo que estuviera quieta. El sofá no era grande, pero suficiente para las dos. Me quede tumbada boca arriba, mientras ella giraba y colocaba su culito enfrente de mí, medio a cuatro patas. Lo agarre, y acerque mi boca al cercano coñito. Estaba bien depilado, húmedo, con los labios rosados. Estaba ansiosa como una perra por meter el morro ahí.

    Ella hizo lo propio conmigo, y el contacto de su lengua sobre mi pubis me encendió. Con la lengua lamí de abajo a arriba, notaba sus olores y flujos, no paraba. Saboreaba su chochito a fondo. A la vez estaba recibiendo un buen trabajo. Dolores jadeaba cuando sacaba su boca de mí. La intensidad crecía y crecía, lamiamos como putas desbocadas, sin control. Metí mi lengua todo lo que pude, me concentré en su clítoris, mientras mis caderas iban arriba y abajo.

    Nos habíamos sincronizado bien. Mordisquee su botoncito, sintiéndome perra, pero feliz, me encantaba ser tan guarra. Note como mi boca se empapaba entera: se estaba corriendo de gusto. Me deje inundar entera, abría la boca con la lengua recogía esos jugos, los tragaba… Y entonces fui yo. Un grito que oirían todos los vecinos me delato con ese espasmo de placer sin límites. Ella lo recibió igualmente bien. Nos quedamos jadeantes, tumbadas, y desnudas.

    -Te quiero Dolores -dije

    -Y yo a ti cielo -contesto.

    A los 10 minutos de estar inertes, recordando lo que habíamos sentido aun de cerca, la luz llego. Nos dimos cuenta de que estábamos desnudas y de que Silvia llegaría pronto. Entonces recogimos, nos vestimos, y con un beso en la boca, dejando los labios aprisionados mientras se soltaban, acabamos. No comentamos nada más. Todo siguió igual de alegre que siempre.

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  • Mi compañera de servicio social

    Mi compañera de servicio social

    Me llamo Carlos, soy de México distrito Federal, tengo 31 años, soy moreno mido 1.79 m, soy un hombre admirador de la belleza femenina, me gustan sobre todo las mujeres de 25 a 45 años, ya que las mujeres maduras tienen mayor experiencia en eso del sexo.

    Este relato que les voy a contar sucedió hace algunos años cuando yo estaba presentando mi servicio social en SHCP, ahí conocí a una chica que al igual que yo hacía también su servicio.

    Fue una tarde de junio del año 1996 cuando estábamos en pleno trabajo de captura cuando llegó María una chica de 19 años con un cuerpo muy lindo y un rostro angelical era su primer día de servicio, yo ya llevaba más de 3 meses ahí, nos presentaron y al instante hubo química entre nosotros, nos quedamos mirándonos mutuamente hasta que sin más salió un muy ahogado “hola” de mi parte. Ya que ella es una mujer muy hermosa, no tiene un cuerpo escultural, pero lo que tiene son unas piernas muy bien torneadas (parte del cuerpo femenino que me encanta), a mí me había encargado mi supervisor de servicio que fuera yo quien le diera una buena explicación de todo lo que tenía que hacer ella ahí.

    Estábamos sentados frente a mi terminal, empezando yo a explicarle cuando empecé a ver como se empezaba a acariciar ella sus piernas debo decirle que se sentía un poco de frío estaba lloviendo afuera, me sentí un poco incomodo por la situación pero en eso siento que ella ya estaba frotándome mi pierna derecha que pegaba a la suya, subía muy lentamente hasta mi bragueta para encontrar mi pene que ya se estaba poniendo duro en esos momentos, yo le correspondí acariciando su pierna izquierda ya que ella tría puesta una minifalda que apenas si le tapaba algo de su tanguita.

    Ella astutamente bajo el zipper de mi pantalón y sobre mi trusa empezó a masajearme la verga yo ya estaba a mil, mientras empecé a hacer a un lado su tanga para encontrar esa panochita húmeda y caliente, ya estaba muy mojada, empecé a juguetear con su clítoris ella respondía con unos muy leves gemidos, pues todavía había personal en la oficina, ya que la mayoría se quedaban a trabajar hasta las 5:30 de la tarde, en eso le digo algo al oído:

    –María que te parece si vamos a que te muestre toda la oficina, para empezar, vayamos al almacén donde esta toda la papelería.

    Yo sabía que a esa hora ya no habría nadie, pero como todos teníamos una llave para entrar por lo que necesitáramos le guiñé un ojo a mi supervisor y él entendió de inmediato ya que en otras ocasiones tanto él como yo habíamos hecho lo mismo con otras compañeras de trabajo.

    Entramos estaba completamente obscuro, encendí la luz, y nos fuimos hasta el fondo del almacén ahí ya se encontraba esperándonos un sillón amplio empezamos a besarnos y acariciarnos por encima de nuestras ropas, empecé a subir poco a poco su mini para meter de nueva cuenta mis dedos a que jugaran con su clítoris ella hacia lo mismo bajándome el zipper del pantalón para que sacara mí ya erguida verga en esos momentos.

    Empezamos con el tradicional cachondeo de desnudarnos mutuamente, nuestras boca y lenguas jugaban como locas, cuando ella ya me había sacado mi camisa completamente empezó a lamer cada parte de mi cuerpo, iba bajando muy lentamente hasta llegar a mi verga y me decía “papi que rica verga tienes esta enorme no se si me entre en mi boquita” a lo que respondí “métela muy despacio amor veras que entra toda” y así lo hizo.

    Empezó a lamer la cabeza de mi verga, luego todo el falo hasta llegar a los testículos eso me mata es muy rico que den unos ricos lengüetazos ahí, empezaba a meter poco a poco mi verga dentro de su boca hasta que se la metió toda (23 cm) casi podía sentirle su campanilla con la punta de mi pene.

    Empezó a mamar muy rico cuando sentía que me iba a venir intenté sacar mi verga de su boca, pero ella lo impidió me pidió que terminara en ella que quería tragarse todo mi semen, y así lo hice empecé a mandarle chorros de semen a lo que ella sin chistar se tragó completos hasta lo que habían caído en sus tetas enormes esos los recogió con los dedos y luego los chupo.

    Ahora me tocaba a mi probar sus jugos ya su vagina estaba muy mojada por la masturbación que ella misma se había hecho mientras se tragaba mi verga.

    Cambiamos de posición y quede enfrente de esa vagina deliciosa con apenas unos cuantos vellos. Empecé a besar sus muslos muy hermosos y duros, por cierto, paseaba mi lengua sobre de ellos mientras con mis manos acariciaba sus nalgas y jugueteaba con su ano, me fui muy lentamente hacia su concha ella mientras se acariciaba sus senos y jugaba con sus duros pezones.

    Empecé a lengüetear es vagina que emanaba deliciosos jugos, empecé primero por sus labios, luego con el clítoris, mientras con mi mano derecha empezaba a hurgar con dos dedos esa cuevita tan rica, ella solo decía “así papi sigue no pares hazme tu putita” “cógeme como quieras papi dame toda tu tranca por cualquiera de mi agujeros”.

    Ya estábamos muy calientes me pongo de pie y la acuesto sobre el sillón le abro las piernas y empiezo a jugar con la cabeza de mi verga contra sus labios ella pedía que ya la penetrara y lo hice acto seguido, de un solo golpe hasta el fondo cuando ella sintió mis huevos chocar contra sus nalgas me dijo bruto me vas a partir en dos, no importa no lo saques cógeme papacito hazme sentir una golfa, empecé con mete y saca.

    Bombeaba aquella panocha tan deliciosa, cuando me pide que se lo haga anal, se volteó para ponerse en cuatro patas y ella misma con su saliva y sus jugos de la vagina se lubrico ese deliciosos ano, me dirigí hacia eso agujero tan estrecho y muy lento lo empecé a introducir solo se alcanzaba a escuchar un leve gemido por parte de ella, me pedía que lo hiciera despacio.

    Y así era iba penetrándola por el culo muy lento y cuando sentí que podía entrar toda mi tranca la deje ir de un jalón empezamos con movimientos suaves mismos que por la excitación se fueron haciendo más rápidos y frenéticos estábamos a punto de venirnos al mismo tiempo cuando ella se pone de rodillas ante mi verga y me pide que se los dé de nueva cuenta en la boca, le empecé a mandar chorros de caliente semen ella se los tragaba.

    Luego cuando dejaron de salir me tomo de la verga y se la llevo a la boca quería probar su sabor de su culo y de su panochita, terminamos fundiéndonos en un beso muy cachondo, nos vestimos muy pronto porque si no pensarían mal de nosotros (jajaja como si nos fuera a importar) salimos del almacén no sin antes que ella me dijera “de hoy en adelante seré tu esclava sexual me cogerás cuando quieras y como quieras papi” yo solo pude responderle con una sonrisa y un beso.

    Llegamos al lugar donde empezamos a trabajar y nos dedicamos a ello.

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  • Virgen de novia y ninfómana de casada (1)

    Virgen de novia y ninfómana de casada (1)

    Con 24 años estaba en el último curso de Ingeniería Industrial y por influencia de mi tío, entré como becario en la empresa de don Manuel, un industrial importante de la ciudad, ya en la cincuentena, que había creado una gran industria con su esfuerzo y dedicación plena.

    Estaba casado con una mujer más joven, Helena, de unos 45 años, elegante y culta, con un cuerpo escultural que llamaba la atención. Era conocida por sus obras sociales y dirigía alguna organización que frecuentemente hacía actos benéficos con transcendencia en la ciudad. Tenían una hija, Eva, que con 19 añitos era un calco de su mamá y apuntaba a ser una mujer hermosa. Las pocas veces que tenía contacto con la familia, me fijaba más en su madre que me atraía con locura. Siempre tuve inclinación enfermiza por las maduras.

    Pasado un año y terminada la carrera, mi jefe de sección recomendó mi contratación como empleado fijo, con un sueldo suficiente para permitir independizarme de mis padres. Alquilé un pequeño apartamento y pude hacer mi vida con especial dedicación a trabajar, con el propósito de progresar profesionalmente. Ello no impedía disfrutar de la vida, especialmente del sexo. Mi inclinación por las mujeres maduras, me llevó a satisfacer a varias señoras casadas insatisfechas y más aún divorciadas hambrientas de sexo, que me colmaban de regalos y me paseaban por restaurantes, salas de fiesta y viajes. Como me gusta la buena vida, me prestaban dinero para mis caprichos, que jamás devolvía.

    No tenía interés alguno por Eva ni por otras jovencitas. Cuando la veía me limitaba a saludarla y cruzar meras frases de cortesía. Ya era una mujercita con más de 20 años y se había prometido a Luisito, un chico pijo de buena familia, con lo que todos estaban encantados de aquella relación que prometía boda a corto plazo.

    Una noche de fin de semana, coincidí con Eva en una discoteca, donde había acudido en compañía de sus amigas, aprovechando que su novia había viajado con sus padres por un compromiso social e iba a estar fuera un par de días. La invité a unas copas, charlamos, bailamos, reímos, ella parecía estar a gusto. Hubo algunos roces que no rehuyó, coqueteaba conmigo y parecía estar cachonda por momentos. Se había hecho tarde y dijo tenía que volver a casa, así que me ofrecí a llevarla.

    Mientras conducía veía sus piernas al descubierto por la escasa tela de su minifalda, me estaba poniendo a mil y aunque mi propósito no era meterle mano, no pude aguantar mi calentura. Paré el coche en un lugar discreto y me lancé a morrearla. Lejos de rehuirme se dejó llevar, ofreciendo sus labios sin resistencia, mezclando su lengua con la mía y comiéndonos la boca de forma apasionada. La zorrita besaba bien y estaba muy caliente. Pronto mis manos fueron a sus tetas que saqué de su camiseta y después de sobarlas bien, me bajé a comerlas y chupetear sus pezones que estaban duritos.

    Eran unas tetas preciosas, duras, en forma de pera, con sus aureolas oscuras y abultadas, rematadas por unos pezones pequeños tiesos y duros. Mi mano fue a su entrepierna y al subir para llegar a su sexo cerró las piernas y retiró mi mano. “El coño nooo, es para mi novio, quiero llegar virgen a la boda”. Respeté su deseo, aunque si hubiera insistido esa misma noche hubiera caído, la nena llevaba dentro una verdadera zorrita que se calentaba como un horno.

    Seguí magreándola y ella se entregaba a tope, llevé su mano a mi paquete y no tardó en bajar la cremallera de mi bragueta, le ayudé soltando el broche superior de mi pantalón sacando la polla erecta para su disfrute. La agarró con la mano y empezó a pajearla, me tenía bien empalmado la zorrita y con mi mano en su nuca le bajé la cabeza obligándola a mamar, ya que en un principio hacía ascos. No parecía muy experta y le fui indicando como debía hacerlo. No tardó en cogerle gusto y me la puso a punto de explotar.

    Entonces le dije se pusiera encima para que se corriera, que no tuviera miedo que no se la metería, solo pondría la polla por encima de la tela para que la sintiera. No parecía muy convencida pero su calentura pudo mas que su voluntad y se puso a horcajadas sobre mi polla. Noté su humedad en mis huevos y su raja en mi tronco y ella cuando sintió la polla dura en su coño, solo separada por la fina tela del tanga, empezó a frotarse con desesperación gimiendo y gozando como una verdadera putilla.

    Estábamos abrazados y nos morreábamos con deseo incontenible, mientras ella se removía dándose gusto en su coño. No me hubiera costado nada metérsela en aquellas circunstancias, pero quise respetar su deseo de no perder el virgo, aunque sabía que me la follaría cuando quisiera. La nena era toda una golfilla en potencia, aunque ella no era consciente.

    Se recostó en el salpicadero para poder frotarse mejor el chocho, hasta que se vino gimiendo y sintiendo sacudidas de placer. Al notar las palpitaciones de su coñito y sus tembleques, ya no pude aguantar y me corrí con varios chorros de leche que inundaron su tanga y su vientre, mojando la falda y escurriendo hasta mis pantalones y el asiento del coche.

    Desde ese día, cada vez que nos encontrábamos por la ciudad, la invitaba a un café, nos sentábamos en una mesa discreta y nos morreábamos escandalosamente, de paso le repasaba sin disimulo todo su cuerpo poniéndola cachonda y ella no podía resistir acariciar mi polla por encima de la tela, poniéndome la verga dura.

    Uno de esos días de calentón me dijo al despedirse, que esa noche sus padres estarían fuera de casa por un compromiso social, que su novio la dejaría en casa a las diez y que le gustaría la visitara entrando al jardín, dejaría la puerta abierta y así no nos vería nadie. Llegué puntual y los vi en el coche de su novio despidiéndose. Estuvieron un buen rato morreándose, se les veía las cabezas juntas por la luna trasera. Por fin Luisito se marchó y ella entró corriendo en casa, pasaban ya 15 minutos de las diez.

    Fui al jardín por la parte trasera de la casa y esperé a que abriera la puerta. Me llevó a una pérgola que estaba en penumbra, donde había colocados algunos muebles de jardín y nos sentamos en una especie de diván. Inmediatamente ella se lanzó a besarme de forma apasionada, se le notaba excitada, no sé si por la situación morbosa o porque su novio la había dejado caliente, la cuestión es que sin pérdida de tiempo nos estábamos dando un magreo espectacular, le había quitado la parte de arriba y la tenía medio desnuda con las tetas fuera, disfrutándolas, manoseándolas y comiéndolas a gusto.

    Me levanté para liberar mi polla que ya no aguantaba más, dejé caer los pantalones al suelo y la saqué de mi bóxer para que la mamara. Vaya si lo hizo y esta vez con técnica seguro que había practicado con su novio desde la mamada que me hizo en el coche la noche de la disco, de eso hacía ya dos meses. La guarrita me la puso a tope y decidí tumbarme junto a ella que siguió tocándome la pija con la mano.

    Después de un buen rato de besos y caricias, me bajé a su sexo, rompí su tanga de un tirón y empecé a comerme aquel coñito delicioso, ya super empapado de líquidos que sabían a gloria y olían mejor. Sus labios estaban cerraditos y mi lengua recorría de arriba a abajo aquella rajita deliciosa sin estrenar. Su botoncito estaba erecto y se retorcía de gusto cuando lo mordisqueaba y acariciaba con la punta de la lengua. Se corrió dos veces gimiendo de gusto sin preocuparse de que pudiera darse cuenta el personal de servicio, de que la nena de la casa se desahogaba en el jardín con un cabroncete sin escrúpulos.

    La zorrita estaba a punto y era el momento de hacerla mujer. Me arrodillé entre sus piernas bien abiertas, su cara de excitación lo decía todo, pedía polla a gritos, necesitaba ser penetrada y yo era el elegido para dejarle a Luisito el coño de su novia preparado para la noche de bodas.

    Coloqué mi capullo en los labios húmedos, lo restregué despacio, abriéndolos con cuidado, empujé lo justo para meterlo en aquel cepo delicioso, entraba ajustada y pronto me encontré con un obstáculo, había llegado al himen, paré y le dije se relajara y que no tuviera miedo, sin más preámbulo embestí con un golpe seco y salió de su boca un leve quejido. Paré un instante y fui moviendo mi verga despacio, con cuidado, estaba excitadísima, deseaba que aquella polla le diera placer y me pidió la follara.

    Se la saqué para ponerme el condón, mi polla tenía algunos restos de sangre mezclados con fluidos, volví a metérsela despacio, con cuidado, lo que me producía mas excitación, se retorcía de gusto, notaba sus temblores, movía su cuerpo sintiendo descargas y temblores y se vino con varios orgasmos de diferente intensidad, las palpitaciones de su coño los notaba en mi polla que ya no aguantaba más, exploté y al notar mis espasmos se corrió de forma brutal, gritando como si se volviera loca. Le tapé la boca y terminamos fundidos, sin movernos, tensando los músculos como deseando que no acabara nunca.

    Debió gustarle mucho porque siempre que sus padres tenían algún compromiso, me llamaba para que acudiera al jardín, donde follábamos dándonos cada día más placer.

    Continuará.

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  • Doble infidelidad

    Doble infidelidad

    Todo ocurrió en una calurosa tarde del mes de agosto. Mi marido y yo estábamos de vacaciones en Cádiz. Habíamos alquilado un apartamento en el paseo marítimo, muy cerca del estadio Ramón de Carranza. Nuestro plan de vida era semejante al de cualquier matrimonio sin hijos que disfrutaba de unas merecidas vacaciones: levantarse hacia las diez de la mañana, desayunar en la terraza del apartamento, ducharnos, ponernos los bañadores y bajar a la playa.

    Hacia las dos de la tarde comíamos en algún restaurante cercano al paseo marítimo, tras lo cual regresábamos a la playa, en la que permanecíamos hasta las cinco; luego nos íbamos al apartamento, nos duchábamos para quitar el salitre de nuestra piel y dormíamos un par de horas de siesta, la cual por descontado, incluía hacer el amor; hacia las ocho de la tarde nos arreglábamos y salíamos a cenar y a tomar unas copas hasta no mas tarde de las dos de la madrugada, hora en la que regresábamos al apartamento para dormir.

    Aquel día, después de comer, mi marido no se encontraba muy bien, por lo que decidimos no ir a la playa por la tarde. Nos fuimos al apartamento y mi marido se acostó. Como no era nada grave, yo decidí ir a visitar un centro comercial mientras mi marido se reponía. Tomé una ducha rápida y, como hacía mucho calor a esas horas centrales del día me puse un bikini seco y un pareo atado a la cintura. Bajé hasta el garaje, cogí el coche y me puse en marcha en dirección al citado centro comercial, el cual se encuentra a las afueras de la ciudad.

    Al abandonar el casco urbano e ingresar en una vía de circunvalación me encontré a dos chicos jóvenes, de unos veinte años, que hacían autostop en el mismo sentido de mi marcha. No tenían mala pinta y el calor era asfixiante, así que decidí parar y llevarles. Uno de ellos se sentó detrás y el otro se acomodó en el asiento de mi lado. Los dos iban en bañador y se dirigían a unas calas no muy lejanas de allí.

    A los pocos minutos, en mitad de la típica charla informal de presentación, el que iba detrás comenzó a bromear sobre lo atrevida que había sido al montar en mi coche a dos desconocidos cuyas intenciones ignoraba. Yo les dije que lo había hecho por dos razones. La primera porque eran muy jovencitos y me daba pena verles en el arcén bajo el calor sofocante de aquella tarde. La segunda porque no tenían aspecto de pretender violar a nadie. Los tres no reímos jocosamente con mis pobres razones, pero aquel segundo argumento, que dije casi sin pensarlo, hizo que un cierto miedo invadiera mi ser.

    Luego el chico que viajaba en el asiento de mi lado me preguntó que donde demonios iba a esas horas con el calor que hacía. Yo les conté mis intenciones de visitar el centro comercial, y también que estaba de vacaciones con mi marido, el cual se había sentido indispuesto aquel día. Para seguir con el tono de broma añadí que esas cosas pasan cuando ya has cumplido los cuarenta años. Entonces uno de los muchachos lanzó un halago diciendo que para mi edad estaba estupenda. Yo agradecí el comentario.

    A pocos kilómetros de las calas donde tenía intención de dejar a mis pasajeros, el joven que iba a mi lado posó suavemente una de sus manos sobre mi muslo derecho y comenzó a acariciarlo. Sin darme tiempo a reaccionar, ya que iba conduciendo, introdujo hábilmente sus dedos por debajo de la braguita del bikini y empezó a jugar con mi sexo. Yo no quise hacer ningún movimiento brusco para no tener un accidente, lo que el chaval interpretó como que me iba la marcha. Entonces se abrió camino entre mis labios vaginales y me metió un dedo en el coño. En ese mismo momento, su amigo que iba detrás, abrazándose literalmente a mi asiento me metió las dos manos por debajo del sujetador del bikini y empezó a masajearme las tetas.

    En un principio mi intención era parar suavemente en el arcén y aclararles que no quería que hicieran eso, pero increíblemente me excité como una perra en celo y les dejé continuar a sus anchas sin oponer la más mínima resistencia. Habíamos llegado a las calas, por lo que salí de la autovía y recorrí unos metros hasta detener el coche en un lugar solitario. En cuanto que paré el motor el muchacho de mi lado, sin sacarme el dedo de mi sexo, se giró hacia mí y me beso en la boca metiéndome la lengua hasta la campanilla.

    Su amigo para entonces se había librado del sujetador del bikini y me magreaba las tetas pellizcando de vez en cuando mis abultados pezones. Entonces mi excitación fue tal que introduje mi mano derecha por debajo del bañador del chico que me estaba besando y comencé a masturbarle el pene. A los pocos segundos pude apreciar que aquel chico estaba muy bien armado.

    El de atrás comenzó a abatir mi asiento hasta que quedé literalmente tumbada. Entonces el chico que iba a mi lado se quitó el bañador, se arrodilló en el hueco de los pedales, me apartó la braga del bikini y me penetró hasta el fondo. Su amigo, desde atrás, se quitó el bañador y colocó su nada despreciable rabo a la altura de mis labios, por lo que no me quedó mas remedio que metérmelo en la boca y chupárselo, mientras el otro me follaba.

    De repente me sobrevino un tremendo orgasmo que hizo que mis piernas temblaran y mi coño se abriera de placer. En ese mismo instante el rabo que tenía en la boca comenzó a expulsar leche como loco. Nunca en mi vida había visto, o mejor dicho degustado, una corrida tan abundante y espesa. Salía tanta cantidad que para evitar ahogarme me lo tuve que tragar todo. Luego comencé a notar una sensación extraña en mis piernas, pero comprobé que aquel cosquilleo húmedo era ni mas ni menos el semen del otro muchacho que, tras rebosar en mi coño, discurría por mis muslos hacia el asiento.

    Luego, mientras ambos se recuperaban de sendas corridas estuvieron lamiéndome el coño, las tetas y la boca, por turnos, hasta hacerme alcanzar tres inolvidables orgasmos. Una vez recuperados me hicieron el “sándwich”, es decir, uno me follaba el coño y el otro el ano, al mismo tiempo. No podía creer que existiera tanto placer. Me emborracharon de sexo hasta tal punto que me deje hacer todo lo que quisieron. Finalmente ambos se corrieron en mi boca, por turnos, para aliviar mi sed. Aquel día tragué más lefa que en toda mi vida matrimonial.

    Luego se bajaron del coche, me despidieron con dos besos en la boca y yo proseguí mi camino. Por descontado que me olvidé del centro comercial y regresé directamente al apartamento. Mi marido ya se encontraba mejor, por lo que hicimos el amor. Y reconozco que mientras lo hacíamos, cerré los ojos e imaginé aquellas dos enormes y musculosas pollas follándome por todas partes y terminando en mi boca. Fue una experiencia inigualable.

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  • La sobrina de mi mujer, toda una experta (2)

    La sobrina de mi mujer, toda una experta (2)

    Mi sobrina comenzó a contarme su historia:

    «Aquella noche yo ya había hecho la ronda por los pub, la verdad que ya estaba un poco cargada, entramos en… Estaba abarrotado y casi no se podía ni dar un paso, en un momento siento una mano que me palpó el culo, me giro y no veo a nadie que diese muestras de ser quien me metía mano, sigo con mi baile y al poco siento que de nuevo me vuelven a tocar el culo, pero esta vez más tiempo y de arriba abajo hasta casi la entrepierna.

    La verdad que me gustaba así que dejé que siguiera un poco más, luego me doy la vuelta y observo que quien estaba detrás de mí era Joan, el portugués, al cual conoces de sobra pues trabajó para ti. Me lo quedo mirando muy seria y él se disculpó, me doy la vuelta y de pronto me magreó una teta. Las tetas son el punto erógeno que más me excita, yo le dejé hacer, lo cual creo que le sorprendió.

    A mi aquello me estaba excitando y con la media borrachera que ya tenía pues como que estaba más desinhibida. Pronto comenzó a magrearme las dos, y eso me puso a mil. Ya no aguantaba más así que le dije a mis amigas que me iba, lo cual les extrañó, pues aún era muy pronto y normalmente éramos las últimas en retirarnos. Él me siguió a la calle a cierta distancia y cuando ya estábamos algo alejados y se cercioró que nadie nos seguía me abordó.

    —Hola encanto

    —Hola

    —Veo que te gustó el magreo, ¿Quieres que te invite a mi casa?

    —¿Para que, para follar?

    —No mujer, no necesariamente, nos podemos tomar unas cervezas y ver una película y charlar.

    —¿Y qué diría tu mujer?

    —Hace un par de meses que me abandonó, estamos tramitando el divorcio.

    —Vaya, lo siento.

    En fin, que así a lo tonto lo fui acompañando hasta llegar a su portal, abrió la puerta y lo acompañé a su piso. Entramos al salón, trajo un par de cervezas y nos sentamos en el sillón. Comenzamos una conversación sin importancia. Él se incorporó y puso una película en el DVD, y encendió la televisión.

    Aquella era una película porno sobre un trío. El comenzó una conversación un poco subidita de tono, preguntándome si había hecho el amor de tal o cual postura, la verdad aquella conversación, la película y el alcohol me empezaban a poner a tono. Al poco se ve una escena en la cual la chica se pone encima del chico y deja el culo en pompa para el otro chico y ambos le meten las pollas uno por el culo y otro por el coño.

    —Qué suerte tenéis las mujeres, tener tres agujeros por los que os la puedan meter.

    —Solo tenemos uno más que vosotros los hombres.

    —Ya (se río él), pero también aguantáis más, sois capaces de tener varios orgasmos y aun estar dispuestas a recibir más, en cambio los hombres, echamos uno y tenemos que descansar para poder echar otro.

    En fin, que entre conversaciones subiditas de tono me comenzó a meter mano, cuando me quitó el sujetador y me comenzó a chupar las tetas ya perdí mi conciencia. Me tumbó en el sillón y con una mano me magreaba las tetas y con la otra el clítoris.

    —¿Alguna vez has tenido dos pollas dentro? —Me preguntó

    —No, de ninguna manera, pero si que me han dado por el culo varias veces

    —¿Te gusta?

    —Me encanta, no tanto como por el coño, pero si me gusta.

    En fin de vez en cuando mirábamos la película y de vez en cuando seguíamos a lo nuestro. La película terminó y el enseguida puso otra, pero también de tríos.

    —¿Qué pasa que no tienes más películas?

    —Si, pero me encanta ver cómo le meten dos pollas a una mujer.

    En fin, que allí seguimos yo tumbada en el sillón, siendo magreada por todo el cuerpo. Cogí su polla y me puse a menearla, me la metió en la boca y luego se puso el debajo, me pidió que me pusiese yo encima y en esa postura me metió su polla en mi coño. Me abrazaba muy fuerte contra él, momento en que sentí en mi espalda otras manos, yo quise darme la vuelta, pero no me soltaba.

    —¿Qué vas a hacer?

    —¿No te gustaría sentir otra polla?, este es mi amigo Alberto y entre los dos te vamos a follar.

    Yo conseguí zafarme y me senté, la verdad que no sabía que hacer, si salir corriendo o continuar allí y más al ver que su amigo estaba muy bueno y tenía una buena polla.

    —He estado escondido, viendo cómo te mueves

    Yo no salía de mi asombro, él estaba totalmente desnudo y con su polla a la altura de mi boca, Juan me cogió la mano y la llevó a su polla.

    —Anda no seas tonta, ya verás que bien lo pasas.

    Yo de reojo miraba la película y observaba los gritos de placer que tenía la chica… Juan agarrando mi mano hacía que lo siguiera masturbando y su amigo seguía de pie con su polla apuntando hacia mí. Me cogió la otra mano y me vi meneándosela a dos a la vez. Juan comenzó a magrearme las tetas y su amigo a meterme dos dedos en el coño, lo cual me puso a mil.

    En fin que acabé siendo follada por uno mientras se la chupaba al otro, al poco se cambiaban y cambiaban las tornas. Juan en el tercer cambio me la metió poco a poco en el culo y el otro me metió un par de dedos en el coño… ¡Me estaba encantando! Al rato y después de un par de orgasmos por mi parte, Juan me puso encima de él introduciendo su polla en mi coño, en esa postura deje mi culo a disposición de su amigo, quien poco a poco me la fue insertando en el culo.

    Al principio me dolía, pero cuando comenzaron a metérmela y sacarla de forma rítmica me comenzó a gustar, creo que más por el morbo que por el éxtasis. Ambos se corrieron sin sacármela. (Menos mal que tomo medidas anticonceptivas). En fin, que al final se acabaron corriendo un par de veces cada uno y yo quedé plenamente satisfecha, eso si con el culo dolorido y escociéndome.

    Días después supe por que Juan y su mujer María, se separaron fue por que intentó hacer con ella lo mismo, y esta era tan recatada y católica que no se lo consintió, de hecho, me dijo Juan que antes de hacer el amor con ella se santiguaba y rezaba un padre nuestro y no todos los días porque eso era lascivia.».

    Después que mi sobrina me contó esa historia la verdad que yo ya estaba de nuevo armado y dispuesto para un nuevo ataque, así que la puse a cuatro patas y le di por el culo. Luego la tumbé y acabé follándole el coño… Me corrí encima de ella. Descansamos un rato y ella comenzó a hacerme una mamada de película, se la metí entre sus tetas y en cada embestida me daba con su lengua en el prepucio. Mientras ella la sujetaba entre sus tetas yo le metía un par de dedos en el coño y así tuvimos una nueva corrida. Yo ya no podía más, nos duchamos, nos vestimos y nos fuimos.

    —¿Que te pareció, doy el aprobado? —Le pregunté.

    —Estás por encima de la media —Dijo riéndose— Si mi tía se llegase a enterar.

    —Espero que no

    —No te preocupes, soy una tumba, Si te contase quien me ha follado… Y si mi tía supiese lo que es un trio, no daría crédito, con lo conservadora y recatada que es.

    Yo me sonreí pensando “si, si, si tu supieras quien es tu tía follando”.

    Pero claro a ella no le iba a decir nada.

    —¿Para cuándo quieres que repitamos?

    —Mira tío, casi es mejor que no… Porque igual hasta se acaba sabiendo. Ya sabes tanto va el cántaro a la fuente…, yo tenía el sueño de tirarme a mi tío y ya lo he conseguido, no quita que a lo mejor un día me entre la calentura de nuevo, pero por el momento creo que es mejor dejarlo así.

    —O sea que me has utilizado para poner una muesca más a tu curriculum sexológico.

    Ella se rió.

    —Algo así ¿Te ha molestado?

    —¡Que va ni mucho menos!

    Nos despedimos con un par de besos en las mejillas y ahí se acabó toda mi aventura con mi sobrina, ni tan siquiera se volvió a sentar a mi lado en las fiestas familiares, pero para mi mejor, yo también cumplí uno de mis sueños sexológicos, yo también puedo poner una muesca más, y se acabó algo que podría convertirse en un peligro.

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  • La profesora dominante (4)

    La profesora dominante (4)

    Después de dejarlo solo me fui a mi casa, él comenzó a llamarme y dejarme mensajes pero quería darle una lección, debía saber que él solo debía hacer lo que yo quisiera, tenía que seguirlo dominando, conforme pasaba la noche pensaba más y más en la situación, no quería tampoco que él se echará para atrás pero no podía demostrarle que me estaba doblegando, así que abrí los mensajes y sin ver qué me escribió le envié una foto en mis medias más sexys, una falda y sin ropa interior dejando ver mi vagina bien depilada y mojada, junto con un mensaje al pie de la foto “te espero en el cruce de tu casa en 15 minutos en mi auto”.

    Salí así a como envíe la foto y me dirigí rápidamente a un lote cerca de su casa, ni siquiera abrí sus mensajes, ni atendí dos de sus llamadas, llegué y aún faltaban unos minutos para que se cumpliera el tiempo que le dije, pasaban los minutos y se me hacían eternos, juraba que no llegaría y estaba muy mojada, con mucha ansiedad casi temblaba deseosa de poder cumplir con mi plan. Al cabo de unos minutos ya a punto de rendirme lo divisé a lo lejos, venía con ropa casual.

    -¿Acaso estás loca?

    Preguntó con cara de estar enojado, me le quedé mirando seriamente, abrí mi saco, mostrando como no llevaba nada debajo, sacando unos de mis pechos y pellizcando mi pezón poniendo cara de “quiero que me cojas”, su rostro cambio mientras veía mis pechos, abrí mis piernas mostrando mi vagina mojada, me miraba como dudosa esperando una orden, ahí supe que seguía siendo mío y que haría lo que yo quisiera, abrí levante más mi pierna.

    -Chúpamela.

    Sin dudarlo se agachó y comenzó a chuparme el clítoris, yo sentía la como me bajaban más fluidos de mi vagina, mis piernas temblaban, tomé su cabeza y lo empujaba más y más.

    -¿Harás lo que te pida?

    -Ujum

    -¿Lo que sea?

    Lo separé de mi vagina y viéndome a los ojos me dijo:

    -Haré todo lo que me pidas.

    Sonreí malévolamente y empujé de nuevo su cabeza para que siguiera chupando. Estaba a punto de tener un orgasmo, gemía fuerte, le estaba mojando toda su barba y la cara, me sentía en el éxtasis, quería que me penetrara, pero debía contenerme, le grité que no se detuviera y aparentando con mis manos y mis muslos tuve un orgasmo extenso que mojó todo su rostro y su boca, me quedé exhausta, pero quería seguir con mi juego

    -Mastúrbate.

    -¿Qué?

    -Sí, que te masturbes, es una orden.

    Tímidamente sacó su pene y claramente se veía mojado y que estaba a reventar, empezó a masturbarse frente a mí, yo me abría y me tocaba mi vagina empapada mientras él no me quitaba los ojos de encima, después de unos minutos me coloqué encima de él como si me fuera a sentar en su pene, pero solo puse mi pelvis encima, tenía una cara de tonto indeciso, mientras yo tenía una risa malvada le dije al oído.

    -Métemela, pero debes prometerme que cuando cruces la puerta de tu casa lo primero que harás será tomar tu celular, buscar a tu esposa, besarla fuertemente, luego la pondrás de rodillas y la pondrás a mamar, que pruebe mis jugos, tienes que grabar todo nuevamente y luego te la cogerás como una perra, graba todo y me lo envías, te prometo que tendrás una buena recompensa.

    Él solo decía que si con la cabeza.

    -¿Entendiste?

    -Sí, lo haré.

    Me senté en su pene y entró con mucha facilidad, me sentía en la gloria después de aguantar tanto, él tenía los ojos en blanco, mientras yo me movía sin control y ponía uno de mis pechos en boca, lo tomaba del pelo y lo jalaba hacia mí, no sé qué me pasaba, pero deseaba que se regara dentro de mí, pero debía dejarlo con ganas para su esposa y que mi perversión fuera saciada, solo de imaginar toda la situación tuve otro orgasmo y mojé todo su abdomen, le dije al oído:

    -Ahora sí, quiero que le des leche a tu esposa, desquítate con ella.

    Me bajé, me acomodé y me puse sería, se bajó y se fue casi corriendo, yo seguía empapada así que me fui rápidamente a mi casa, deseaba tocarme, pero tenía que esperar el vídeo y así mastúrbame a gusto. Pasó una hora y nada, me estaba desesperando, veía el chat y hace rato no se conectaba, no había señal de nada, decepcionada me alisté para dormir, cuando volví del baño me dispuse a poner la alarma y para mi sorpresa ahí estaba, un vídeo largo, mis ojos se iluminaron y mi vagina se puso a mil.

    El vídeo empezaba con él entrando a la casa, su esposa le preguntó:

    -¿Qué pasó cielo? ¿Dónde estabas?

    La tomó de su nuca y empezó a besarla apasionadamente, cuando se separaron le ordenó.

    -Arrodíllate y bájame el pantalón.

    -Cielo ¿qué pasa? ¿porque estás así? Tu boca sabe extraño.

    -Solo bájame el pantalón y empieza a chupármela.

    -¿Está bien cielo?

    Ella se empezó a meter el pene en su boca lentamente, luego él tomó su cabeza y aceleró la penetración al punto que ella casi no podía respirar.

    Mientras tanto, yo me masturbaba ya inconscientemente en el piso.

    -Quítate el calzón

    Sin decir ni una palabra así lo hizo mientras seguía chupando, él seguía grabando su carita mientras chupaba luego bajo la cámara hasta ver cómo su vagina goteaba, el bufaba como un toro y ella chupaba con más ganas, luego él la tomó del pelo, la puso en la mesa y de cuatro se la empezó a meter de golpe mientras le jalaba el pelo y ella gemía con fuerza y yo por mi parte estaba a nada de mojar todo mi piso.

    La nalgueaba, la llamaba perra y ella solo gemía como loca y sonaba bastante mojada.

    -¿Eres mi perra?

    -Sí, lo soy

    -¿Harás lo que te diga?

    Ella guardo silencio un segundo.

    -Si mi amor haré lo que me pidas

    Empezó a penetrarla con más fuerza, la jaló, la puso de rodillas y se rego en su boca, en ese momento mientras ella tragaba todo yo tenía otro orgasmo y dejaba todo el piso mojado.

    Al otro día me desperté desnuda, relajada por tanta “acción” de la noche anterior, cuando me repuse revisé mi celular y tenía un mensaje:

    -¿Te gustó?

    -Hoy sabrás si me gustó o no.

    Después de todo lo ocurrido la verdad es que ya ni siquiera parecía la yo de hace unos meses, pasaba constantemente caliente, pensaba mucho en sexo y en cómo podía seguir dominado al director, estaba cada vez más sumergida en esos pensamientos y más ahora que hice que hiciera todo eso con su esposa, hacia que mi cabeza volara más y más, nunca había tenido nada con ninguna mujer, ni había pensado en tenerlo, pero después de ver ese video, por mi mente pasaban constantemente imágenes mías disfrutando de una buena chupada de su esposa mientras él nos observaba.

    Ese día camino al trabajo no paraba de pensar en que le haría ahora al director y como podría aprovecharme de toda la situación o si debería detenerme acá, ya que cada vez que pensaba en algo se me venía a la mente involucrar a su esposa y no sabía cómo podría terminar eso. Por más que pensé en todo llegué a la conclusión de que debía dejar que las cosas se dieran ya que no podía pensar con mi vagina empapada y así estaba cuando me bajé del auto y dejé el asiento del auto mojado, ya que no llevaba ropa interior y tenía puesto un vestido holgado.

    El día transcurrió con normalidad, vi al director en un par de ocasiones, pero actuó con normalidad, eso me tenía pensativa y con un poco de ansiedad ¿que estaría pasando por su cabeza? ¿por qué no me buscara como siempre? La verdad estaba con muchos nervios, no sabía cómo actuar, pero para mi sorpresa una hora antes de salir recibí un mensaje suyo:

    -¡Hola! Profesora, me gustaría poder hablar en privado con usted en mi oficina a la hora de salida.

    -Claro señor director, ahí estaré.

    Estaba muy nerviosa, por su comportamiento temía que se cansara de toda la situación o que tendría miedo al ver como yo estaba involucrando a su esposa.

    Al llegar la hora de salida me fui con rapidez a su oficina, mi cuerpo temblaba, pero no debía aparentar nerviosismo, debía mantener todo bajo mi control.

    Al entrar a su oficina, estaba de espaldas en su escritorio, muy misterioso:

    -Cierra la puerta.

    Así lo hice.

    Se dio la vuelta y se estaba masturbando.

    -Profesora, no puedo más he pasado todo el día pensando en usted, en todo lo que hemos hecho, en…

    Pensó por un momento lo que diría.

    -… mi esposa

    Mis ojos se pusieron brillosos mientras veía su pene erecto y lubricado, ver su rostro sumiso y toda mi perversión volvió a despertar con más fuerza.

    -¡Ah! ¿sí? Dime ¿qué has pensado?

    Pregunté mientras me acercaba y ponía un pie ya descalzo encima de su pene.

    -En todo lo que me hiciste hacer con mi esposa, fue muy excitante, poder dominarla, poder sentir que tengo el control, pero a la vez me excita poder ser sometido por ti.

    -¿Así que te gustó que involucrara a tu esposa?

    Mantuvo silencio por un momento mientras no paraba de verme y temblar sintiendo mi pie en su pene cada vez más duro.

    -Sssi, si me gustó mucho y ella lo disfrutó también, por primera vez siento que sus orgasmos son genuinos, que de verdad disfruta el sexo conmigo.

    -¿Quieres que esto continue?

    -Si, lo deseo, quiero que ser capaz de dominarla como me dominas a mí.

    -Así será.

    Dije esto con una sonrisa malvada en mi boca y con mis pupilas dilatadas como si estuviera en el éxtasis, ahora si mi mente volaría sin miedo alguno, él estaba dispuesto a arriesgar su matrimonio a cambio de recibir más placer y yo podría cumplir cada una de mis perversiones.

    Habiendo acabado de hablar lo tomé fuerte del pelo y lo obligué a arrodillarse.

    -Quiero que me la chupes, mira cómo me has puesto.

    Tenía jugos bajando por mis piernas, sin pensarlo y sin decir nada, empezó a hacerme un oral, comencé a gemir sin disimulo, mientras sacaba uno de mis pechos y apretaba mi pezón fuerte hasta soltar un pequeño grito, no soltaba su cabeza y estaba a punto del orgasmo mi mente dando vueltas, pero no era momento para eso, debía plantar la siguiente semilla, mi plan que por fin haría que su esposa también sea sometida por mí.

    Así que separándolo de mi lo empujé y le hice sentarse, el me miraba con ojos expectantes mientras me arrodillaba y gateaba como una perrita ante él, tomé su pene y sin pensarlo mucho lo empecé a chuparlo si se me fuera la vida en ello, podía sentirlo palpitar, él gemía como nunca, tenía sus ojos cerrados y con su boca abierta, solté su pene y le dije:

    -Quiero que mañana por la tarde me cojas, que me penetres aquí en tu oficina, pero eso sí, quiero que tu esposa este aquí diez minutos después de que lo hayas hecho, quiero que ella te la limpie con su boquita, quiero que ella me vuelva a saborear, pero eso sí, no cierres la puerta con seguro.

    -¡Pero!…

    -¿Pero? o ¿no es qué harías todo lo que te pidiera?

    -Si, si claro, es solo que aquí me arriesgo mucho, no sé qué decirle a mi esposa.

    -Pues dile que la quieres llevar de compras, pero que venga qui mientras cierras todo (le decía todo esto mientras no paraba de chupar)

    -Eeestá bien, lo haré.

    -También quiero que te la cojas, quiero que la desnudes por completo y la sometas aquí.

    Él solo decía que sí a todo, tomé su pene erecto y lo introduje de golpe en mi vagina sentándome sobre él, su rostro era un poema, empecé a moverme con rapidez mientras le susurraba al oído.

    -Quiero que tu esposa sea mía.

    Él no decía nada, solo gemía, así que me detuve, se me quedo viendo asombrado.

    -¿Por qué te detienes?

    -Quiero que me prometas que harás que tu esposa también sea mía.

    Dije todo esto viéndolo a los ojos, fingiendo estar molesta.

    -Si, si lo prometo, la traeré mañana.

    Tomé su pene y comencé a masturbarlo y a chuparlo hasta hacerlo venirse, termino en mis pechos, me levanté y le dije:

    -Quiero que hoy la sometas en la sala, quiero que la hagas chupártela apenas llegues, quiero que te la cojas duro y que grabes todo.

    -Si, lo haré.

    Me fui con mi vagina muy mojada, iba con la cara roja y temblando, estaba tan emocionada pensando en mi plan, que olvidé tener un orgasmo, estaba empapada y necesitaba quitarme el calor.

    Entre al auto corriendo, respiraba muy rápido aun excitada, sentía ansiedad, emoción, de todo al saber que mañana haría algo tan loco, además de sentir un orgasmo tan cerca pero sin poder hacer nada en el parqueo, comencé a pensar en todo, en tener a la esposa del director de rodillas frente a mí haciéndome un oral, estando dispuesta a todo lo que yo ordenara, sin darme cuenta ya tenía un dedo en mi vagina y un pecho afuera, estaba como poseída masturbándome en mi auto con la puerta abierta y una pierna apoyada en ella.

    Gemía levemente mientras imaginaba de todo y cada vez salían más jugos de mi vagina y apretaba cada vez más mis pezones, mis mejillas estaban rojas y tenía la boca abierta, la escena era espectacular digna de una porno, después de tener ya tres dedos dentro no pude contenerme más y tuve uno de los mejores orgasmos de mi vida mojando parte del interior del auto y soltando un grito ahogado, todo muy rico hasta que ya relajándome miré a mi derecha y estaba la conserje con su bolso aparentemente lista para irse observándome con una sonrisa tímida y yo con la cara de todos los colores posibles.

    Cerré la puerta mientras soltaba un “lo siento” al aire y aceleraba, mi corazón estaba a mil.

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  • Convertido en sissy en una isla del Caribe (2)

    Convertido en sissy en una isla del Caribe (2)

    Habían pasado 3 semanas desde que me convertí en el esclavo de Sean.

    Al parecer el que Sean tuviera meses sin coger me hizo pagar los platos rotos.

    El segundo día sentía el culo roto sin embargo me hizo entender que no era broma lo de ser su esclavo sexual.

    “Ponte esto alrededor del cuello” -me ordenó mientras vestía solo una toalla.

    Me dio una correa de perro con picos unida a una cadena que estaba fija a un gancho en el techo.

    Era lo suficientemente larga para poder moverme por el cuarto pero no podría salir.

    “Híncate y ladra perro” -me dijo con un tono burlón.

    Yo estaba desnudo con una pequeña tanga y un cinturón de castidad.

    Pero este cinturón tenía una forma de vagina y era plano.

    Yo obedecí y el continuo ordenando me.

    “Se una buena perrita y ofréceme tu culo”

    Yo sin chistar me puse en cuatro exponiendo el culo cuando de repente sentí que jalaba mi cabello hacia atrás.

    “Sniffa esto puta es tu medicina para hacerte una putita” -de repente sentí que mi libido aumentaba y me sentía muy excitado al parecer era un popper.

    Unas nalgadas, apretones de huevos y amenazas después dejo caer su toalla.

    “Voy a arrancarte los huevos puta” vocifero mientras los sostenía yo seguía en 4 como zorra.

    “Pídeme que no lo haga, resístete me gusta es más divertido así” -yo comencé a suplicar que por favor no lo hiciera (todo fingido) y una vez adentro le pedía que se detuviera mientras cada embestida me hacía que sus huevos golpearon con los míos.

    “Detente por favor” -le decía mientras me embestía más rápido casi a punto de correrse, en eso me acerco su gigantesco miembro a mi cara y me dio la llave de mi cinturón de castidad.

    “Quítate tú cinturón ambos nos la jalaremos, pero tú ahí hincado quiero que recibas mi semen en la cara” -mientras jugaba con su tremenda verga.

    Me insultaba y decía lo mucho que necesitaba tener un culo para follar, yo no pude con tanta excitación y me puse a chupar sus bolas lo que solo lo hizo reírse y terminar en mi cara.

    Mientras aún sentía su semen él me decía “estás listo para pasar a lo que sigue” por cierto… no has llamado a alguna esposa y me dijiste que estabas casado… Quizás después de ser convertido en perra ella necesita con quién follar yo la podría cuidar y comerme una vagina de verdad.

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